Texto digital de Olvidar para vivir
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Miguel Bermúdez de Castro
- Atribución estilometría
- Miguel Bermúdez de Castro Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición de Doce comedias nuevas de Lope de Vega II (1630).
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Olvidar para vivir. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/olvidar-para-vivir.

OLVIDAR PARA VIVIR
JORNADA PRIMERA
No os espante que me admire, cuando os halló retirado del piélago de la corte, en la soledad del campo. Vos fuera de la ciudad? vos ausente de palacio? Carlos, sin vos, reinar puedo? vivir sin vos puede Carlos? En cuatro meses de ausencia tantas novedades hallo? el amistad, y el rigor, tan presto suertes trocaron? Por muerte de Leon Mas cuando, si se contempla, dejan de andar encontrados el pesar con el placer, las venturas con los daños? (go, Pudiera el Rey: . Paso ami- detened, por Dios, los labios, que el Rey puede, como Rey, deshacer, y hacer vasallos. No tuvo él la culpa, no, de mí me quejo? . Turbado me dejan estas razones; declaradme más despacio, si es que el sentimiento os deja, sino os lo impiden cuidados, vuestros males por entero; Escuchadme atento un rato, aldo heredó Carlos en años trece, s, que aún al nombrarlos, se enmudece: suerte de Leopa el cetro de Sicilia, trece fueron, no más de turbada, la lengua sus tíos, Cefio, y Lucio, con llamarlos, a asistirle vinieron, mientras crece, que gobernar un Rey con pocos años, suele al Reino ser causa del mil daños. Estos administraron con cuidado, el peso de su grande Monarquía, mirando de las cosas el estado, que él, como mozo entonces, no sabia, sino andar en festines ocupado; cumplio diez y siete años, y aquel día entre a servirle yo, y ellos dejaron el puesto que forzados ocuparon. Quisome, y yo le quise de manera, que ni él sin mí, ni yo sin el estaba; hablaba en mi alabanza donde quiera, y yo también en su alabanza hablaba; mi intención sabe el cielo, que solo era de acertarle a servir, pues procuraba, por darle gusto, atropellar lo justo, tanto estimaba yo del Rey el gusto. Del lugar, a mis cosas obligado, fui recibiendo varios beneficios; del vulgo era querido, y estimado, castigué culpas, y premié servicios: y puesto que me vi en tan alto estado, a todos procuré tener propicios, aunque nadie, imagino que se ha visto, con poder y privanza ser bien quisto. De la mar derrotado, y perseguido, Rogerio un Español; quién tal pensara? llegó a Sicilia, aquí pierdo el sentido, aquí, mirando mi desdicha rara, viendo que lo ganado se ha perdido, y que la suerte ha sido tan avara, rayos bomito por los mudos labios, y por contar venturas cuento agravios. El Rey; extraña suerte! en la espesura de un monte, cuya falda el mar bañaba, (tanta fue de Rogerio la ventura) cansado de cazar, durmiendo estaba, que convidaba el fresco, y la verdura, al silencio y descanso que gozaba cuando llegó Rogerio (triste suerte) casi luchando con la misma muerte. Despertó Carlos, y mirando un hombre, tan bizarro, y gallardo, que os prometo, que no es adulación, ni es bien que asombre decir que no le he visto tan perfecto: para dar a su fama más renombre, piadoso le llamó, y habló discreto, y con razones le obligón, a que diga la causa de sus penas y fatiga. Obedeciole, y dijo, que un torneo que en Aragón mantuvo, de adonde era, mas por obligación, que por deseo, fue de sus daños la ocasión primera: pues forzado de amor; y yo lo creo, que si amor ayudarle no quisiera, a nadie hiriera, aunque el valor le abona, ni muriera don layme de Cardona. Eran competidores en amores el muerto, y él, y con valor prudente, gozaban de una dama los favores, no escandalosa, si no honestamente, ambos se imaginaban vencedores del sujeto que aman igualmente; y cada cual, por obligar su dama, fue en el torneo envidia de la fama. Pero la suerte quiso, que Rogerio, a quien más se inclinaba su hermosura, hiriese a don Tibalte, y a Seberio, y matase a don Jayme; a quí procura pensar que no fue en ellos vituperio, cuando herir y vencer solo es ventura, pues al muerto y heridos (que desdicha) no les faltó el valor, si no la dicha. Temió la muerte, y escapose, cuando, ya, casi estaba del peligro en medio, y infinitos cáminos rodeando, vino a hallar en Sicilia su remedio: pues Carlos; sus desdichas amparando, compadecido a su razón, dio medio de llevarle a palacio, y estimarle, mas que por los servicios, por el talle. Y siendo yo, Rodulfo, su privanza, y su amigo el mayor, sin causa alguna, los cargos me quitó de confianza; y a que deje a Sicilia me importuna: sentí el rigor, sentí tan gran mudanza, mas viendo que son trances de fortuna, olvidé la ciudad por esta aldea, donde halla la verdad quien la desea. Contento vivo aquí, aunque en pobre estado, entre mis labradores, y mi gente; las galas y grandezas he trocado al cayado y gaban que veis presente: nada me inquieta, ni me da cuidado, aunque a veces mi historia el alma siente, que siempre que la traigo a la memoria, doy principio a mi mal, sin a mi gloria. principio haí De manera me ha dejado vuestra relación; de suerte el corazón lastimado; que estimara en más la muerte, que no el haberla escuchado. Que el ser desagradecido un hombre de baja ley, ya puede ser permitido; mas que también lo sea un Rey, me quita, Duque, el sentido. Bien pudiera, si quería, pues voluntad le tenía, favorecer a Rogerio, sin haceros vituperio, ni uiar con vos tirama. Ya sucedió, ya ha pasado, Referirlo es excusado, no refresques las memorias de tantas pasadas glorias, a quien fue tan desdichado. Yo vivo contento aquí, y Alcís, aunque es pobre aldea, es mía, y donde nací, y como mi bien desea, ya no siento el que perdí. La verda allá seprohibe, aquí la mentira muere, contento el pobre recibe; el que allá tiene, mas quiere, y el que no tiene no vive. Como en la mar los pescados, son los pobres y los ricos, en unos y otros estados, que atropellan a los chicos, de la ambición ayudados. Hay para el placer testigos, y mientras dura el poder sobran lisonjas y amigos; pero en viéndole caer, aún le faltan enemigos. En fin, Rodulfo, aquí estoy sin ser de nadie enviado, y gracias al cielo doy, pues conocerme ha dejado lo que va de ayer a hoy. A tan cuerdo discurrir, no tengo que responder, cuando he llegado a advertir, que este solo viene a ser el más perfecto vivir. Al menos, el más seguro, y aunque pobre, ver dadero; ̱. Que llego a envidiarle, os juro; Qué horéis esta aldea quiero, donde serviros procuro. Venid, porque descanséis, y despacio me diréis lo que en Roma os ha pasado, De lo que dejo tratado todo el suceso sabréis. . Dejadnos solos aquí: yo tengo, Rogerio amigo, mucho que tratar contigo: solo estás; Rey escucha, . Di, Yo adoro a cierta mujer, este es todo mi dolor: Y eso es mucho? . Sí que a- es lo más que puede ser. (mor Traigo la lengua oprimida, traigo los deseos en calma, traigo una vida sin alma; y traigo un alma sin vida. Bomita mi pecho fuego, gustos y disgustos paso; donde me hielo me abraso, tengo vista, y ando ciego. Y a tal furor me provoco, viendo la gloria que pierdo, que parezco loco cuerdo, y parezco cuerdo loco. Sin querer determinarme, ya determinado estoy, a quien me niego me doy, y aún no quiere amor dejarme. De Tántalo es mi pesar, su misma pena me toca, pues tengo el bien a la boca, y no le puedo alcanzar. Apenas puedo entenderte, sino me dices, señor, de otra manera tu amor, Porqué modo, y de qué suerte? No basta decir que quiero, y que dos años he amado, sin haberme declarado pena y causa por quién muero? No basta que Claudía ha sido a quien la vida ofrecí, a quien el alma rendí, y por quién pierdo el sentido? No basta? . Digo señor, que ya he entendido tu mal; Y hay pena a mi pena igual? Ni al mío mayor dolor. Ay desventura más rara, que querer lo que yo quiero? Amigo, remedio espero, tú me ayuda, tú me ampara. C Salió mi esperanza vana: Él no haberme yo atrevido, fue respeto que he tenido a su deidad soberana. Cómo, si en palació está Claudía y tu hermana, has podí tener, señor, escondido (do tanto amor? . Si he dicho ya la causa, deja preguntas, y acude amigo al remedio: Ay mil montes de por medio, y muchas desdichas juntas. Dila, que un Reino la espera, di, que por su amor padezco. dila que un alma la ofrezco, y ruégala que me quiera. Di que me miro en su espejo, y pues te doy mis poderes, dila lo que tú quisieres, que en tu voluntad lo dejo. Tú verás, más Claudía viene: Buen agüero de mi suerte, vida me diste: Y tu muerte; vete: . El amor me detiene. En dudas estoy deshecho; extraño imposible sigo; Mira que hagas como amigo, pues te he fiado mi pecho. Amor, en que ha de parar, tanto dudar, y sentir? hasta cuando he de sufrir? hasta cuando he de callar? Hasta cuando han de durar tus temores, y mi pena? o los rigores enfrena; o sácame de esta calma, porque una vida sin alma, para que puede ser buena? Claudía viene divertida, pues no ha reparado en mí: Al Rey, el alma le di, dueño es Carlos de mi vida: no estés, lengua, suspendida, pública a voces mi amor, nada te ponga temor, pues el camino te enseño, que amar sin saberlo el dueño no es amor, si no rigor. Ver su beldad me ha turbado estoy por irme, y dejarla, porque, como podré hablarla en otro ajeno cuidado, cuando estoy enamorado, cuando; pero dónde voy? como en tal locura doy, si es ley, si es razón, si es justo, el hacer del Rey el gusto, y yo su vasallo soy? No me deja sosegar, el amor que tengo a Claudía, pues vuelvo a verla, y a ver, si se duele de mis ansias, si estima lo que la quiero, si agradece mis palabras, que bien se yo, que Rogerio, con su discreción gallarda, sabrá bien encarecerlas: Sepa el Rey. Rogerio! Claudía. Que no me vean conviene, la antepuerta de esta sala, hoy me ha de encubrir aquí. Temores cercan al alma, si me ha escuchado Rogerio? pero amor me dará traza, para que saberlo pueda. Deseo, en vano te cansas, que la lealtad puede mucho; Ver sus dudas me acobarda; Señora, hablarte quisiera un negocio de importancia, pues da lugar, y ocasión, la soledad de esta cuadra. Bien empieza; Estoy confusa, que puede ser? . Oye Claudía, que cosas son que te importan: Mas me hielas, Tú me abrasas, el Rey mi señor te adora, tu hermosura soberana, Claudía, le trae sin sentido, sin ser, sin vida, sin alma; dos siglos ha que te quiere, que dos años, a quien ama sin declararse, son siglos, que aún a eternidades pasan, Bien es verdad, que a tus ojos, dice que comunicaba, con los suyos este amor, que a veces los ojos hablan. Mas tú, Claudia, no querías, ni dolerte de tus ansias, ni entender que eran verdad, finezas de amor tan claras Sufrió hasta ahora, mas viendo, que la resistencia es vana; y que a la fuerza de amor, no hay defensa de importancia: con turbación, y temores, en aquesta misma cuadra, su mal me dijo, y a ti, que te le diga me manda. Un Reino te ofrece, y dice, que si Sicilia, y Italia, fueran mundos, eran poco, para poner a tus plantas. Esto es justo que agradezcas, y que consideres, Claudía, que más te ha dado que Reinos, el que llegó a darte el alma. Que bien declaró mi amor; Quién tal dicha imaginara: Si Rogerio a Claudía amara, no lo sintiera mejor. Oh lealtad, lo que has podido: El gusto me tiene ciega, de ver que Carlos me ruega, siendo yo quien le ha querido. Mas disimular conviene. Rojerio, al Rey mi señor dirás, que estimo el amor, que dices tú que me tiene. y que el favor agradezco, o la lisonja, que ansí me lo ha parecido a mí, mas que a servirle, me ofrezco; y que mandarme podrá; y a Dios, que la Infanta espera: Llevarle un favor quisiera: Esta esmeralda será. Alma, los temores pierde: Tendrá Carlos confianza, pues alientas su esperanza, con esta esmeralda verde. . Quiero, pues Claudía se ha irme, que después sabré (ido, esto mismo que escuché; porque está tal el sentido Con el gusto, que es querer mi muerte, a Rogerio hablar, pues tambián como el pesar, suele matar el placer. Buen principio hemos tenido, en lo que el Rey pretendía, aunque bien a costa mía, este favor ha salido. En todas partes, amor, conmigo te has de estrellar; solo en mí quieres mostrar la fuerza de tu rigor? Alabanzas, por agravios, di, por llevar de leal palma, que otra cosa sentía el alma, de la que decían los labios. Qué remedio he de tener, siendo Carlos, quien ahora, a Claudía estima, y adora, pero Claudía no es mujer? Vuelve esperanza perdida, no temas, no temas, no, que a ninguna le pesó, de saber que ela querida. Mas el Rey, que me ha fiado su amor, qué dirá de mí? será bien pagarle ansí, si el ser que tengo me ha dado? No es razón, en dudas lucho, la lealtad quiere que pene; pero si honor me detiene, el amor me aprieta mucho. Pues como un noble se olvida de quién es? eso es valor? por amor perder honor? más vale perder la vida. Y pues claramente veo, que dar mal, por bien, no es justo, vénzase la ley del gusto, viva honor, muera el deseo. Goce el Rey a Claudía hermo. libre de desdicha alguna, (sa, pues le ayuda la fortuna, pues es su suerte dichosa; Sus glorias voy a contarle, sus dichas a referirle, Cla sus venturas a decirle, sus temores a animarle. A mostrarle mi valor, a que vea mi lealtad, y a darle a su Majestad, con el alma este favor. Cayó Roberto, y yo quedé sentida, sentida, porque en él el alma estaba; estaba loca yo cuando le amaba, amaba tanto, a quien tan presto olvida. Olvídase de mí, y es mi homicida, homicida, y traidor, pues me engañaba; engañaba a quien siempre procuraba, procuraba su honor, aumento, y vida. Vida que no estimaba por ser mía, mín la culpa fue, yo lo confieso; confieso que fue error quererle tanto. Tanto pudo en mi pecho su porfía, porfía que fue causa de mi exceso, exceso que no borro con mi llanto. A ninguna ha sucedido tal ventura como a mí, si lo que a Rogerio oí, no fue ilusión del sentido. Dos años al Rey he amado, y dos años me ha querido; el sin haberse atrevido, yo sin haberlo mostrado. Igual pena amor nos dio, aunque a mí quiso ayudarme, pues al ir a declararme el Rey su amor declaró. Claudía; . Señora: Qué es eso? ay Roberto: . En la tristeza, hablaba de vuestra Alteza; cómo estáis? . Cómo sin ses Duran las melancolías? (so. Y qué durarán recelo: Hasta cuando? . Hasta que el ponga límite a mis días. (cielo, Ay Claudía, hay amiga, ay Dios, quien pudiera: Di con quien es tu enojo? . Mira bien, si estamos solas las dos. Sí señora, ten sosiego: Cómo puedo, a fementido, cuando mi honor he perdido, cuando me abraso de fuego. No hay puñales, no hay venenos? No hay; mas oye mis cuidados, pues males comunicados, dicen, que suelen ser menos. Murió mi padre; qué digo? Carlos, o que mal comienzo, pues para decir mis males, ando buscando rodeos. Claudía, el Duque de Calabría, el fementido Roberto, que un tiempo tuvo en Cicilia, el peso de su gobierno. Siendo privanza de Carlos, y archivo de sus secretos, puso los ojos en mí, pluviera a Dios, que primero, de una fiera, en esos montes, fuera mi vida sustento, fuera menor mi dolor, y mi sentimiento menos. En fin, Claudía, del mirar, le dio amor atrevimiento, para poder declararse, y para lograr deseos. Persuadiome con palabras, y ocasionome con ruegos, a que creyese su amor, siendo su amor cumplimiento. Tantas fueron sus porfías, que yo, Claudía, te confieso, que pudo con ellas mucho, puesto que fue poco el tiempo. Rendime, que las mujeres, tenemos de vidrio el pecho, de cera la condición, ocasión de tantos hierros. Dile lugar en el alma, puse en él los pensamientos, siendo ejecutadas obras, quien me forzaban a hacerlo. Paso un lustro de mis días, de esta suerte, pareciendo, como eran tantos los gustos, todos los avos, momentos. De las promesas que hacía en mis brazos, no me acuerdo, porque como eran de burlas, se me olvidaron de presto. Mas que no hará un hobre, Clau- que no mira en el aprieto (dia, de la ocasión, por cumplir su apetito, y su deseo? El más valiente es cobarde, muestra humildad el soberbio; llora, y es Ángel entonces el que es después monstruo fiero. Oh mal hayan las mujeres que no escarmientan, mas cielos, quien a lágrimas de un hombre podrá pagar con desprecios? Qué importan las resistencias? que importan los juramentos, si en viendo que a llorar vuelven han de volvera quererlos? Cayó Roberto en desgracia de mi hermano, yo no entiendo si hubo otra causa mayor que la de venir Rogerio. Sea la que fuere, Claudía, él está en Aléís contento, él se fue sin despedirle, él vive cuando yo muero. Él no se acuerda de Laura, siendo Laura quien ha puesto su honor y vida por él en tan declarados riesgos. Estos son, Claudía, mis males, estos son mis sentimientos, estas mis melancolías, vil este el agradecimiento que da Roberto a mi amor, este es el pesar que tengo, estas mis desdichas son, mira si tendrán remedio? Esto has podido encubrir de quien tanto te estimaba cómo Claudía, Laura hermosa? mucho lo ha sentido el alma. Quejarme de ti pudiera, a no saber, que los que aman, prometen guardar secreto, aunque muy pocos le guardan, Como al Rey no le pediste por el Duque? No ves, Claudía, que fuera dar que decir, si por Roberto rogara. Demás, que Carlos es hombre de condición tan extraña, que aborrece a los que piden, y los favores le cansan. No es agradable? . Si es, pero aunque soy su hermana, me suele hablar con rigor, y con aspereza tanta, que me obliga a aborrecerle. Ya se, que sin darle causa, anda triste. . Amor será, que amor en todo se halla. Hoy he de hacer, que Roberto vuelva a Palermo, y hoy, Laura, has de ver, que por servirte; imposibles vence Claudía, Nueva obligación me pones, mas cómo ha de ser? Infanta ova tudo sabrás, cuando veas al Duque: Seré tu esclava. Oh soledad amada, de discretos y sabios envidiada, en cuyos campos llego a ver la paz, el gusto, y el sosiego, libre de aduladores, de engaños, de mentiras, y traidores. Qué más riquezas quiero? que busco, que procuro, ni que espero, si estoy con mis pastores sin penas, sin zozobras, sin temores, mirando los ganados veber las fuentes, y pacer los prados? Ya escucho el raudal frío, de ese, aunque manso, caudaloso río, cuyos limpios cristales ofrecen bienes, y divierten males, y estos holmos sombríos, que el calor viste, y los desnudan fríos, Sigo en el monte umbroso la libre liebre, y jabalí cerdoso, que herido, el monte trota, hasta templar su enojo en la bellota; el simple conejuelo, y la perdiz de tórpey tardo vuelo. Mas tengo que procuro, pues vivo amado, y de caer seguro, porque aquí, vez ninguna, temió nadie el rigor de la fortuna; que de ella temerosos, solo pueden vivir los poderosos, De nadie no me acuerdo, duermo con gusto, sin pesar recuerdo; levántome sin pena de tener grata voluntad ajena; y en limpia mesa como, aunque falta el cuidado mayordomo. Todo aquí se restaura; solo imagino a veces, en si Laura tendrá de mi cuidado, o si de tanto amor se habrá olvidado, si lo que siento siente; mas hay Dios, que es mujer, yv Oh maldiga Dios, amén, el primer inventor vuestro; tales seis leguas no he visto, notable causancio tengo. Bien pudiera quien las nizo, moderarlas, o alomenos, poner, para no semirlas, entre luega, y legua, un pueblo. Desde Palermo hasta aquí, todo es montes, todo es cerros; fragosidad, y asperezas; más gracias a Dios, que veo un hombre con quien hablar. Quién eres? . Soy un correo de mí mismo; Dónde vas? Señor, de Palermo vengo, y voy a Matua? . Qué llevas? No más de mis pensamientos, que han faltado los despachos, después que cesó el comercio; Qué intentas allá? . Servir; Pues no pudieras hacerlo en la Corte? . No señor, que allá se sirve sin premio. Qué tiempo asistide en ella? Dos años; . Con quién? Con cierto caballero de Milan. Y que hay, amigo, de nuevo en la Corte? Hay más preguntas? todo en ella ahora es viejo; mas cómo, estando tan cerca, ger. vame ausente. puedes dejar de saberlo? Hay causas que me lo impiden, Y así te suplico, y ruego, me diviertas con decirlo, que satisfacer prometo el trabajo . Tú me obligas de manera, que me aliento, puesto que vengo cansado, a servirte . Di; . Comien Hay gente que solo pasa (zo. mormurando a boca llena, faltas de la casa ajena, sin mirar las de su casa. Ay, por mil varios estilos, confiados con deshonra, y muchos que quitan honra, que les hieren por los filos. Diversos hombres honrados, que si es de buen parecer, hablarán vuestra mujer, sin mirar que son casados. Hay muchas doncellas bellas, y hay quien murmura, que son doncellas en relación, y es lo cierto que hay doncellas. Mujeres que dan entrada, siendo de buen parecer, a mozos, con que a perder viene la que es más honrada. Hay hombres desvanecidos, que si les dejan hablar, luego se quieren casar, y mueren por ser maridos. Ay valentías, que es juicio, sin que les importe nada, que esto de sacar la espada lo tienen muchos por vicio. Hy ricos con vanidad, y muchos pobres con ira, es uso el tratar mentira, y el encubrir la verdad. Que hay muchos hombres infiero, amigos por interes, pues sola su amistad es, mientras que dura el dinero. de decirte no me excuso, que hay pocos sin encomienda, la causa no hay quien la entienda, pero solo sé, que es uso. Hay engaños, hay traiciones, y entre la gente más noble, amistad con trato doble, sin pagar obligaciones. Hay justicia, y no hay temor, muchas barbas de Doctores, taberneros, aguadores, y poca fe en el amor. Hay hipócritas moatreros, gentes desagradecidas, muchas mujeres perdidas, y poquísimos dineros. Hoy es monte, el que ayer llano, verdades son las que digo, no hay amigo para amigo, no hay hermano para hermano. Y al fin, esta todo tal, que ni se compra, ni vende, y por momentos se entiende, que llega el juicio sinal. Bien muestra tu entendimiento, que debes de ser honrado, que bien, amigo, has pintado, lo que yo en el alma siento. Mas de lo que tengo diera, porque quedarás conmigo, no por criado, por amigo, en mi casa te tuviera. Cómo te llamas? . Lujan; Pues, Lujan, quédate aquí, que nada es lo que ofrecí, para lo que haré. . No van, Hasta ahora en mal estado mis cosas: . Quiéreslo ha- Fuerza será obedecer; (cer? tanto es lo que me ha obligado, Tu cortesía, y valor, que aunque mi vida importara, por ti el partirme dejara: Dame esos brazos: Señor, mira que parece exceso, Tanto favor; . En los dos, no ha de haber nada escondido; sabrás lo que no han sabido mas de yo, mi dama, y Dios. Quién eres? . El Duque soy, de Calabría: . El que privaba con Carlos? Y a quien amaba; Gracias a mi dicha doy. Ven, porque alivie el regalo, el cansancio del camino: Hay caso más peregrino! Conmigo, Lujante, i gualo: No temas, sígueme, y calla, que es necio el que el bien rehusa, ya Laura, el Duque no excusa de escribirte, pues se halla Con persona de cuidado; no quiero que entiendas, no, que aunque el poder me faltó, la voluntad me ha faltado. Extraña fue mi ventura: Laura, ten piedad de mí; que si a Palermo perdí, no he de perder tu hermosura.
JORNADA SEGUNDA
Ataja el monte; 2. A la espesura llega: Herido el ciervo, al agua se abalanza: Tírale Florisel; 5. La empresa es ciega; Los perros le acometen con pujanza; 2. Esta ventura el agua me la niega: Nunca en el agua tuve confianza: 5. Busquemos a su Dejade ya; que quedó de este monte en! le quedo desten Bien, Laura, mostraste el brío; Templó el ciervo sus rigores, granates hizo las flores, y en corales tiñó el río. Estás cansada? . No amiga, que como llegando voy, al bien que esperando estoy, tiene alivio mi fatiga. No te parece, que ha sido gallarda industria la caza? Como tuya fue la traza, 1. Por acá, que vas perdido. Mira que el monte es cruel, deja el jabalí detente: Esta es, Claudía, nuestra gente: 2. Vuelve, vuelve, Florisel. Dile al Rey, que esta aspereza es terrible, y que podrá despeñarse: Dónde está Claudía? 3. Quedó con su Alteza, lunto a la laguna: Allá Alteza, onto la maleza. guía; . Vamos a saber, lo que aquesto puede ser; El alma turbada está. 4. El trabajo es importuno, con los perros: 5. Que se va el Rey: 1. Acá, por acá, no se quede atrás ninguno. Tú le has visto? Yo le he visto; Dónde? En el monte cazando; Quién iua con el? Rojerio, y otros muchos cortesanos: Cielos, el Rey en mi aldea; o quien tuviera un palacio, para aposentarle en él, que igualara al de Alejandro; Qué ocasión le habrá traido? No sé Lujan, de turbado, con el gozo a hablar no acierto, que como le quise tanto, me alegra el oir su nombre: cómo le viste? . Lisandro, y yo, pusimos ayer, a unas liebres, unos lazos, y hoy a ver si habían caído, yuamos al monte entrambos, y antes dimos con el Rey. Qué gusto, Lujan, me has da. haz que prevenido esté, (do: aunque no sea necesario, lo que fuere menester; por si quiere el Rey, acaso, descansar en Aléís hoy: Seré viento, seré rayo, haré imposibles, señor, por servirte; A buen criado, yo quiero salir a ver esta dicha, este milagro, esta verdad que me admira, y esta novedad de Carlos. Apartarte de la gente, y decir que espere en Alcís, venir solo, y verte triste, no quieres tú que me espante? Qué es lo que tienes señor? ansi los cielos te guarden, que me declares tu pena, y no me encubras tus males, que formaré de ti queja, pues a quien tu amor fiaste, que es lo más, seguramenee, puedes mil vidas fiarle. Rogerio, haurás de saber, mas qué digo? ya tú sabes, que amo a Claudía: . Sí señor: Pues desde la misma tarde, que está esmeralda me diste, sabrás que procuró hablarme, sin ocasión de terceros; Fue discreción, di adelante. Hizome algunos favores, no sé si para obligarme, a lo que sabrás, Rogerio, pues sin parar muchos lances, me dijo; . Qué te suspede? Temo, amigo, el disgustarte, y las palabras detengo: Cuando quieren despeñarse, señor, por ocasión mía, dejas tú de declararte? dejas tú de tener gusto? no es bien, y podré quejarme de tu amor, si no prosigues. Dijo, que el Duque su padre, desde Mantua la había escrito, por Roberto me rogase, porque volviese a Sicilia, con los mismos cargos que antes; Y que por ver que era justo, me pedía de su parte, la hiciese aqueste favor, a que fue fuerza, mostrarme piadoso viendo que Claudía, por discreción, gracia, y talle, merece que un Rey la sirva, y haga lo imposible fácil. Aconsejome también, que para que no pensase Roberto, que yo tenía necesidad de llamarle, y esto le ensorbeveciese, viniesemos todos a Alcís, con ocasión de esta caza; burlas que de verás salen, pues he pensado, Rogerio, que el llegar Claudía a rogarme, por Roberto, es porque debe, de quererle, y estimarle; y como siente su ausencia, quiere a palacio llevarle, donde logrando sus gustos, pueda con ellos matarme, que una mujer. . No es razón, que se te pongan delante, esas imaginaciones. Claudía no es mujer, es Ángel, solo a ti te estima, y quiere, tú, señor, eres su amante, no puede quien es tan noble, querer más de en una parte. Quien a ti te hizo favor, por ninguno ha de olvidarte, a otros por ti puede ser, que un Rey más que todos vale; y no puedo persuadirme, a que Claudía ha de burlarse, porque burlas con los Reyes, pocas personas las hacen. Claudia obedece de suerte la voluntad de su padre, que todo cuanto te dijo, haría por obligarle. Vuelva Roberto a Sicilia, tu amor adelante pase, hágase de Claudía el gusto, y no quieras por honrarme, perder el bien que te espera, porque en ocasiones tales, cuando se va a ganar mucho, lo poco ha de aventurarse. No se como agradecerte el consuelo: . Con dejarte, de razones, y entender, que Claudía te espera en Aléis. Callando he de obedecerte, Y yo señor, ayudarte hasta morir. . Al fin tienes, Dí Rogerio Espáñola sangre. Quedarse mi hermano, pudo darme, Claudia, algún cuidado: También a mí me le ha dado, pues triste, suspenso, y mudo, Todo el camino ha venido, sin querer a nadie hablar, señal que debe de estar, ya de amarme arrepentido. Si quieres darme licencia, volveré al monte, señora. Parte, y di, que quien le adora, dice que culpa su ausencia, Que mal cumple con la ley de amante: . Voy a servirte; Todos hemos de seguirte, pues vas a buscar al Rey. Todo queda prevenido, bien puede el Duque pensar, que después que este es lugar, tal grandeza no ha tenido. Mas hice solo que el Cid, pues sin que interés me den, colgué el palacio tan bien, como Iglesias en Madrid. Camas, y cuadras alteran, a cuantos a verlas van, pues ellas mismas están diciendo el huésped que esperan. La cocina, bien infiero, que está sobrada de todo: Un hombre está allí; De modo, que si fueran: . Caballero, Sin el Bey? . Es por demás, Quinientos los que vinieran, todos quinientos comieran, y más si venían detrás. Lo que toca a la bodega: Sois de casa? . Yo imagino, que con ser de Italia el vino, al de Ribadabía llega. No respondéis? Con que al fin, pajes mozos, y lacayos, se pondrán como unos rayos. Si es sordo? . Y luego en latín Por postre a hablarse pondrán, en lengua que no se entienda: Dios de este hombre nos desienda. A ver si acabó Lujan, De prevenir lo importante, vuelvo mientras que se apea el Rey, que entra ya en la aldea. Laura, el Duque; Quién? . Tu amante. Válgame el cielo, que veo? Ay Claudía, que me ha turbado, solo el haberle mirado; Cumplí del Duque el deseo. Bien puede, mas aquel es; señor; pero donde vas, tente lengua, vuelve atrás, y no os mováis torpes pies. Pena el verlos me ha causado, el gusto trueco en disgusto: La fuerza de amor, y el gusto, las palabras me han atado. Alma, es tierra la que piso? no, ni a eso es bien que la iguales, pues donde ay Ángeles tales, más parece Paraiso. Apenas acierto a hablar, Laura. . Roberto; . Eso sí, hablad, hablad, pesia mí, y dejaré de dudar. Quién creyera dicha igual? Cómo reporto el furos? Mi bien, conmigo rigor? Contigo rigor, mi mal. Ay Laura, que te has mudado, Ay Roberto, que tu fuiste; Tú me burlaste, y mentiste, Tú mentiste, y me has burlado, Sabe el cielo; . El cielo sabe; Que te adoro; Que me engañas: Tú quimeras? . tu patrañas? Muera yo; . Mi vida acabe. Tato olvido? . Tanto olvido? Por quererte? . Por amarte? Tu perderme? . tu ausentarte? Loco estoy: Pierdo el sentido. Quién pensará; . Quién pensara: De un hombre tan priuerpal, De mujer de sangre real; Qué fingiera? . qué engañara? Ser puede esto? . Puede ser? Si amor; Si amor, no te asombre; Sí, pues que Roberto es hombre, Sí; pues que Laura es mujer. Cesen, Duque, las porfías, bastan, Laura, los rigores: Claudia oyo nuestros amores, creced penas, pues sois mías. Claudía, no ves mi razón? Sí pero ya te has vengado: Laura, sin duda, ha contado a Claudia nuestra afición. Qué he de hacer? mas ay de mí, que tras Laura amor se fue, y a la obligación falté, con que me crié, y nací. Descuido fue no llegar a hablara Claudia hasta ahora. Sin duda, que el Duque ignora, que sé su amor? Disculpar Quisiera el yerro que he hecho mas es tan grande mi culpa, Claudia, que no hallo disculpa, que pueda ser de provecho. Y así, con temor os pido los pies, y que perdonéis mi grosería, pues veis mi humildad: Mucho he sentido, Que me trate Vue Excelencia con cumplimientos, alzad, mis brazos, Duque, tomad, que Laura dará licencia. Acabó de declararse, no fue vano mi temor: guardará el alma el favor: Mucho ha sido no cansarse Los caballos, mas ay cielos, de que el poder me aprovecha? cierta ha sido mi sospecha, declarado se han mis celos. No tengáis pena ninguna: Humilde querrá engañarte: Si vos estáis de mi parte, no temeré a la fortuna. Repórtate, y ten valor: Cómo puedo, si esto he visto? mal la cólera resisto; yo muero: Ruje Mira señor, Que aquello puede haber sido fingido: Con tiernos lazos, darle Claudía al Euque abrazos, no Rogerio, no es fingido. Ya te han visto: A morir vengo: . De ambos Claudía se vegó; también tengo celos yo, pero callo aunque los tengo. Señor, vuestra Majestad sea mil veces bienvenido; a honrar esta pobre aldea, rica después que os ha visto: cómo venís? . Con salud, y deseoso infinito, de hallaros con ella, Duque. o Claudía lo que has podido. Beloos, gran señor, los pies, por favor tan peregrino, que tal merced no merece, quien en nada os ha servido. Basta, Duque, alzad del suelo, que ya sé que a los servicios que me habéis hecho no hay paga: Vos me honráis; . Pierdo el sentido. Claudia, hermana! . Bien enncubre su pasión: . Como el cami- habéis pasado las dos? Puesto que tan corto ha sido, algún cansancio ha causado la caza; . Yo traigo el mis- que no es pequeña ocasión, (mo, la aspereza de los riscos. Duque, veamos vuestra casa; Que descanséis os suplico, y después la podréis ver: Vamos Laura: . Ay dueño mío, quien pudiera no apartarse de ti un punto; Cuánto miro en Carlos, es diferente, en el semblante colijo, su mudanza, y mi desdicha. Oh amor; otra vez conmigo vuelves a luchar? detente: pensamientos bien nacidos, volved atrás, o matadme, matadme, pues imagino, que es mejor morir, que hacer ofensa a un Rey, a un amigo, que el ser que tengo me ha dado, y por cuya causa vivo, siendo dueño de Sicilia, poderoso, amado, y rico. Rojerio, qué te parece? no reparaste? no has visto, en que a Claudía se le van los ojos tras mi enemigo? Mira más bien; No hay mirar, las sospechas que he tenido, me han salido verdaderas. Entrad señor; Voy sin juicio; Laura, acordaos de Roberto; Mira al Rey; En ti le miro: Carlos, qué mudanza es esta? Ven, Rogerio; . Ya te sigo. Quedar solo deseaba, Rogerio, para deciros, cuanto estimo, que a esta aldea hayáis con el Rey venido, pues la voluntad que os tengo, es tan grande de serviros, que quisiera que las obras, dieran de esta verda indicios. Por amigo, desde hoy más, me tened, Lo mismo os di (go, si bien estoy temeroso, porque en aquesto de amigos, soy desgraciado, por Dios. Mucho, Rogerio? . Infiní Vos veréis, que os soy leal, (to; Y vos veréis como os sirvo; El Rey espera: . Aguardad, que ha un hora, que no he tenido lugar de poder hablar: Quiién es? De quien yo me fío. Vuesa merced me conozca por criado, que me inclino a Espáñoles en extremo, pues en valor, talle, y brío, no hay quien igualar los pueda, y ansi yo: . El favor estimo, Quisiera que me mandaráis; En mi tendréis un amigo, y en prueba de esto, tomad. Perpetuamente recibo; de otro que no sea mi dueño: Porqué? . Porque no es estilo de hombres de bien el hacerlo: perdonad, si en esto he sido grosero, que no soy yo, de los que tienen por vicio, que lo que dicen les paguen, que aunque por aquel camino ganan, quiero ansi ser pobre, mas que de otra suerte rico. Sean mis brazos la paga: Esos son los que yo estimo, mas que el interes mayor: Ay tal hombre! Es peregrino. Claudía, no hay que persuadirme: suelta, . Sin decir la causa, será imposible, señor: Suelta digo: . Si no bastan fuerzas, lágrimas te muevan, con ellas te pide el alma, le declares que ocasión te ha dado, para que hagas desprecios de quien te adora, desdenes de quien te ama. Mi bien, mi señor, qué es esto, tanto rigor contra Claudía, Carlos, la pasión me ahoga, Rey, aún palabras me faltan, que el sentimiento las tiene suspensas en la garganta. A cielos, baste ay de mí, porque con crueldad me tratas? tanto te enfadan mis ruegos, que les vuelves las espaldas? A señor, habla si quiera, sepa yo desdicha extraña! no vasta negarme el rostro, sino también las palabras? Déjame, Claudía, pues mu que te cansas, y me cansas, (ro déjame en Sicilia a mí, vete con tu padre a Mantua, logra gustos que deseas, con el Duque de Calabría, olvida un Rey de Sicilia, que por cumplimieto amaba No me veas, no me nombres, pues como sirena encantas, como basilisco ofendes, como cocodrilo engañas, mas eres mujer, no es mucho, conocerlo me bastaba, para acreditar sospechas, cuando verdades faltaran: Para olvidarme, señor, para que excusas buscabas: yo al Duque? cómo, o porquée solo este premio aguardaba mi amor de ti pero escucha. (Oh cuánto me cuestas, Laura) mi satisfacción, y en ella verás? . Yo confieso, Claudí que fue ilusión lo que vi: los brazos que al Duque dabas, engaño de los sentidos, y el haber venido a casa; gusto mío, no tus ruegos, y interes propio del alma; que el Duque vuelva a Sícili y que ha sido verdad clara, que busqué para olvidarte, excusas, y que sin causa te desprecio, y que mis celos, a ser necedades pasan. Que me quieres, que me estimas, que te aborrezco, y me amas, que soy mudable, y tu firme, y que mi lengua te agravia, cuando la tuya me obliga: quieres más, quieres más Clau- falta a tu satisfacción (día? mayor disculpa? Si falta; Yo lo creo, no lo digas: Mira, Miro la ventaja que tienes, siendo mujer, pues ya sin fuerza se halla, para responder, la lengua. La satisfacción aguarda: Porque se que has de vencerme, te dejo sin escucharla. Señor fuese, qué he de hacer? Carlos, oye, aguarda, espera, que aún responderme no quiera: tal agravio a una mujer? A dónde habrá sufrimiento? tú eres Rey?eres villano: vuelve a matarme tirano, será menor mi tormento. Porqué te adoro me dejas? tal crueldad, tanto rigor, que no te obligue mi amor? que no te enternezcan quejas? Tú eras, Carlos, el constante? tú el que amabas, tu? quisiera tener entrañas de fiera, tener alma de diamante, Para no sentir dejarte, para no sentir perderte, para poder ofenderte, y para poder matarte. Para no tener piedad, para vengarme de ti, y para que hubiera en mí, rigor, desprecio, y crueldad. Mas ay, que si considero que te quiero, es imposible ser, aunque olvides, terrible, cuando por amarte muero. Yo otro dueño, yo querer otro que Carlos no sea, ni ha sido, ni es bien que crea, nadie que pudiera ser. Porque al paso que se esfuerza a olvidarme, al mismo creo, que se alienta mi deseo, a quererle con más fuerza. Suele el alma, Claudía; Amor, disimulad vuestros males; mas quien en desdi chas tales, tendrá prudencia, y valor? Laura? . Qué tienes? . No Dime, Claudía, tu fatiga: (se? Para que quieres que diga, lo que en los ojos se ve? Un suceso parecido algo al tuyo, Laura, aquí me tiene fuera de mí; sin alma, ser, ni tormento. Adoro a quien me aborrece, y estoy, Laura, tan perdida, que le estoy dando la vida, cuando la muerte merece. A dos años de afición, paga con desengañarme, con despreciarme, y dejarme, en un caos de confusión. Pues ignorando el efecto, de su enojo, vengo a estar, como quien se ve en el mar, a la inclimencia sujeto, De sus ondas, que no sabe, si el tiempo tempestuoso, del invierno riguroso, llevará a puerto su nave. Y se juzga en medio de ellas, vivo, y muerto, a un tiempo mis- pues se mira en el abismo, (mo, y se halla en las estrellas. El Duque, y mi hermano: Ajena de su vista estaba, ven, a donde pueda más bien decirte, Laura, mi pena. Déjame lograr mis dichas, espera un poco; . No puedo; Por qué? Porque tengo miedo; A quién, Claudía? A mis desdichas. Conmigo os he de llevar, que el hospedaje no puedo pagarle de otra manera: Mil veces los pies os beso, por el favor que me hacéis: Los papeles del gobierno quiero que tengáis desde hoy; Tanta merced? Vive el cielo, que ha de ir Roberto a Sicilia, vaya a Sicilia Roberto, aunque me acaben pesares, aunque me atormenten celos; yo he de ver si Claudía le ama, yo he de ver si fueron ciertos los recelos que he tenido: aperceblos para luego; (de y a Dios? . Él, señor, os gua Qué te ha parecido de esto? Que te favorece el Rey: Sabes, Lujan, lo que temo? Qué señor? Que sabe. Carlos, que amo a Laura; Por lo menos, se, que el llevarte a Sicilia, no es sin ningún fundamento. Dudas, Lujan, me combaten volver a Palermo temo; Mira, señor, lo que haces, que estas mercedes no entiendo que son por bien: . Vive Dios que lo que imagina el pecho; y teme el alma, Lujan, todo es verdad, todo es cierto. Mércedes sin pretenderlas, favores sin merecerlos, honras sin ir a buscarlas, y todo, Lujan, a un tiempo; no me agrado; qué he de hacer que he de hacer, que pierdo el seso, pues muero si voy con Carlos, y dejar de ir, ya no puedo. Aquí prudencia aquí, aquí, aquí, Lujan, tu consejo, aquí, aquí tu discreción, aquí, aquí, pues ves que muero, busca remedio a mis males, considera que me pierdo. Mira el peligro en que estoy, de él me saca; o por lo menos, me da traza, con que pueda librarme de aqueste riesgo, en que me ha puesto el amor, y en que por Laura me veo. De quién, di, tu amor fiadas? De solo mi pensamiento, y aún al pensamiento a veces, se negaba los deseos. Criados, deudos, y amigos, saberlo jamás pudieron, que aún yo mismo, de mí mismo, me recataba en aquesto. Con tanta modestia andaba, con tanto cuidado, y miedo, que dar sospechas no pude, ni en público, ni en secreto. Si Laura, Lujan, no ha sido la que en esta ausencia ha hecho, al Rey notoria mi culpa, sin ver que fue suyo el yerro, por castigar mi descuido, o por pensar que con eso, de mí tomaba venganza; ni Carlos puede saberlo, ni yo temer su rigor. Pues de Laura yo no creo, que tal hiciese: Ay Lujan, que es mujer, y basta el serlo, para temer mis desdichas, para ser mis males ciertos. La mujer, con ser mujer, disculpa todos sus hierros, mas hay si dlo consideras, mucha diferencia en esto, que Laura es hija de un Rey, y nunce en los reales pechos, caben acciones villanas, caben bajos pensamientos. Palabras que a ofender lleguen, ni vengativos deseos, si temí, no fue de Laura, sino de algún vil tercero, o falso amigo, que son siempre los traidores estos. Pues has de pensar, señor, que los más de aqueste tiempo, usan el tener dos caras, y pocos sin ellas vemos. Y por lisonjear a veces, dicen, no lo que uno a hecho, pero aún lo que no imagina en su mismo pensamiento. Mas pues de ellos estás libre, ve a la Corte, donde es cierto, que te lleva la fortuna, para premiar tus intentos, No te acobarden temores, ni te suspendan recelos, sino goza la ocasión, pues la tienes del cabello, Ya la fortuna una vez me derribó: . Muchos ve- caer, y subir después, (mos que eso también lo hace el tiempo; si al principio te impedia el partir, ahora te luego, que olvides necias sospechas, y que logrés mi deseo, haciendo el gusto del Rey. A obedecerte dispuesto estoy, Lujan; Dios te guarde: Y a ti te pague el consuelo, Ya no puedo resistir tan fiero amor, ni hay pensar, que he de poder sosegar, sin llegarlo a descubrir: o declararme, o morir, es el remedio que veo, y que es mejor morir creo, como noble, y como honrado, que no vivir afrentado por un tan loco deseo. Mas ay, que no he de poder defenderme del amor, que su fuerza es superior, y Claudía más que mujer; que como llega a tener gracia, en todo peregrina, mas por Ángel la imagina el alma, que por humana, y beldad tan soberana, mucho tiene de divina. Desde el punto que la vi, a quererla me incliné; tras Claudía el alma se fue, dejándome a mí sin mí: cuando ciego pretendí declarar mis pensamientos, mayores atrevimientos, y fuerzas de un Rey amante, pasaron tan adelante, que humillaron mis intentos. Conocí, que mi Rey era, y que imposible sería, si él la amaba y la servía, que buen fin mi amor tuviera: y en pena tan dura y fiera procuré del alma echarla, procuré de mi apartarla, aborrecerla intente; pero que fue en vano sé, pues no he podido olvidarla. Si estoy solo, allí la miro, donde como y duermo está, tras mí, como sombra va, si de verla me retiro: y auque la culpo, y me admiro, lo tiene por desvarío, que es tanto su poderio, y lo rendido que estoy, que aún apenas dueño soy del natural albedrío. Solo en aquesta ocasión ser Espáñol he sentido; ser noble, ser bien nacido, y con sangre de Aragón; que a no serlo; mi pasión aliviara, pero fuera infamia, si tal hiciera, mas no fuera, amor es más: pero lengua vuelve atrás, antes padezca; antes muera. Poner quiero tierra en media, para triunfar del amor; volverme a España es mejor, que no con infame medio dar a mis males remedio: yo mismo me he de vencer, hoy mi partida ha de ser, Claudia; a dios, Carlos adios que por que os gocéis los dos quiero a Sicilia perder. Rojerio, dónde caminas? A cielos, que el Rey hubies de verme en esta ocasión? terrible mal, trance fuerte. Descolorido; y turbado te veo; qué es lo que tienes? quién te puede dar disgusto? quién agravia? quién te ofende si causa en ti esa tristeza, el ver que a Palermo vuelve Roberto; tuya es la culpa, tu dijiste que lo hiciese, pues gustaba de ello Claudía. Direrente causa tiene mi mal de la que imaginas; oye si saberla quieres. Mayor confusión me pones: Hoy de Sicilia conviene partirme a España, señor: Cómo a España? No te alteres. El Conde de Ruisellón mi padre, queda a la muerte; de esta verdad me dio nuevas, en Palermo, alguna gente que ha venido de Aragón, de quien, sin que conociese quien soy, informarme pude, y aunque la vida me cueste, partirme ha de ser forzoso, sabe el cielo, si lo siente el alma, mas no es posible dejar de hacerlo. Aunque fuese verdad lo que te han contado, mi voluntad no merece, que de esa suerte la olvides. Si otra persona no tiene el Conde, si no es a mí; que sus estados herede, puedo excusarlo señor? Sí, Rogerio, que bien puedes no partirte por ahora, pues mil remedios se ofrecen; Cómo? . Escribese a tu pa- que estás aquí, y encarece (dre el cuidado en que te ha puesto, lo que te dijo esa gente en Palermo, y que hasta ver carta suya, no te atreves a partir, temiendo el daño que acerte, el de Arago puede. Y en cuanto a lo que te estimo, lo que a ti te pareciere, podrás escribir también, con cuya disculpa puedes cumplir con él, y quedarte, mientras la respuesta vuelve. Señor, mira que no es justo: Si en esto no te resuelves, echaré de ver, Rogerio, que nada mi amor te debe, cuando tanto tu persona me importa, dejarme quieres, con crueldad pagas mi amor, que es ingratitud advierte. Fuerza es quedarme, y morir; Qué dices? Que te obedece el alma, y que cuanto has dicho haré al punto: Ahora tienen todos mis males alivio, con tu ayuda: Oh cuanto pueden, en los que han nacido nobles, las palabras de los Reyes. Mucho tengo que decirte: No quiere honor que me aliente; Hoy hemos de ir a Palermo: Porque nada el Rey sospeche, saco fuerzas de flaqueza: Vamos Rogerio; Mi muerte ha de ser Claudía, si el cielo, que yo la olvide no quiere.
JORNADA TERCERA
De nuevo vuelve amor a atormentarme, con lo que he visto, a estar más loco llego, libre el deseo, sin querer dejarme, atropella el honor, y me tray ciego; a mí solo procuras castigarme? que me dejes, amor, por Dios te ruego; mira mi mal, mis penas considera, si ha de morir Rogerio, Claudía muera, Ayer la vi en su lecho, y parecía, que airada me miraba con los ojos, siendo soles, que luz prestan al día, ofréciles el alma por despojos, turbáronse, y dijeron a porfía: no te canses, ya el verte nos da enojos; quiseles replicar, más confirmaron mi muerte, pues los parpados cerraron. Perlas hermosas contemplé en su boca. claveles en sus labios carmesies, en sus pechos jazmín, blancurales poca; que es esto corazón, que ansí te enfríes: como mi lengua su beldad apoca? no eran todos diamantes y rubies los que en ella miré? fue sombra vana ver mezclado el Mársil con Tiria Grava. Cándida nieve descubrían los brazos, cuyas venas celestes allí hacían lavor distinta entre tejidos lazos, que transparente túnica cubrían: a Hrisa pareció, que dos pedazos las manos de Márfil hurtado habían; una vi yo, que si las dos mirara, sin vista su blancura me dejara. Todo lo dicho ha de gozar un hombre, todo lo pierdo yo, porque soy necio: haurá quien viendo aquesto no se asombre? que llegue siempre en Claudía a ver desprecio, que apenas de su boca oigo mi nombre, cuando la estimo, escucho, adoro, y precio, mas si ella no lo sabe, y yo me alejo; porque la culpo? para qué me quejo? Estás ya desengañado? estás, señor, satisfecho de los celos que tenías? Claudía hermosa, yo confieso que de Roberto los tuve, uso, en quien ama, es tenerlos: pues nadie diga que amó, sino llegó a tener celos. Celos enseñan a amar, y con los celos, es cierto, que aquello que se aborrece se quiere con más extremo. Y es uso en los celos, Carlos, los agravios y desprecios, y el injuriar con palabras? Por eso se llaman celos; quieres tú, que quien los tiene hable humilde, hablecopuesto, si ellos en si son demonios, si ellos en sí son infierno? Claudía, hablar mal, es tener de los celos sentimiento; pues quien no llega a sentirlos, o es mal nacido, o es necio. Y piensas tenerlos más? Cómo puedo yo saberlo, excusa el dármelos tú, que yo excusaré el venerlos. Dónde me llevas amor? donde camináis deseos, por montañas de imposibles, atropellando respetos? que pretendéis de un rendido? que me queréis pensamientos? para que me combatís, si ya defensa no tengo? Si es envidia la que os cansa, que acabéis con ella os ruego, que en tanta suma de males, morir tendré por consuelo. Mirad con la obligación que nací, mirad: mas cielos, no es el Rey y claudía? sí; irme por no verlos, quiero. Rojerio, No quiere amor dejar de darme tormento: por fuerza hubieron de verme? por fuerza, cielos? . Rogerio, como viéndonos aquí te hiuas sin hablar? No entiendo, que cuando dos que se aman están juntos, es bien hecho interromper sus amores: pues pocos amantes creo que procuran ver estorbos en sus gustos: Qué discreto! Y ansí yo, considerando de ambos a dos esto mismo, me uua, por no darte enfado. No puedes darle Rogerio, a quien como yo te ama, por ti esta ventura tengó, tuya es la gloria que gozo, a ti mis dichas te debo, no hallo a tus servicios paga. No son servicios los hechos, cumplir con mi obligación solo ha sido: Apenas puedo hablar, contemplando en Claudía; toda es Ángel, toda es cielo: no ha hecho naturleza rostro, jamás, tan perfecto. Doña Costanza de Haro, que es en Aragón protento de beldad, y por quien yo un tiempo anduve sin seso. Con ser tanta su hermosura, no tiene merecimientos de compararse a este Sol, en cuyos rayos me quemo. Escribiste a Mantua ya? Para despachar el pliego, solo falta que le firmes: Dícesle al Duque, que luego venga a Palermo? . Señor, cuanto me mandaste he hecho. Pues a despacharle vamos, porque ansí, mi casamiento tenga mayor brevedad. Será en mi padre el contento, tanto, que en viendo tu carta, vendrá en sus mismos deseos. Hablé a Laura, como digo, junto al cuarto de su hermano, ocasión que darme pudo tu deseo, y mi cuidado. Dila el papel que llevaba, tómole, y con sobresalto rompió la nema, y leyó, ya temiendo, ya dudando. Y aunque encubrir quiso el gusto fue por demás intentarlo, pues el del alma mostró un descuido de los labios. Acabó de leerle, y dijo. Lujan, en lo que hace tu amo he visto, que este papel, y cuanto en él viene, es falso. Aquí encarece su amor, y su amor ha sido tanto, que desde que de Aléis vino, ni me a visto, ni me a hablado Luego miente en lo que escribe porque si me hubiera amado, no me olvidara tan presto; mas si es hombre, que me espanto Fuerza es culpar su rigor, fuerza es que sienta mi agravio que no es de diámate el pecho ni es el alma de peñasco. Aquí perdió las razones, y aquí suspiros tragando, dio a los ojos sentimiento, y ellos al alma descanso. No has visto hermosos claveles que aunque por si son bizarros lucen más, cuando los ponen entre los jazmines blancos? Pues lo mismo, si se advierte, fue, señor, en Laura el llanto; ansí parecían las perlas en su color sonrosado. No digo que lloró el Sol, que no hay sol que pueda tante ni que tan hermoso sea, como una mujer llorando. Consolela cuanto pude, diciendo, que tu recato no era olvido, ni era bien darle tal nombre, pues cuando dejabas de verla, entonces mas la estabas adorando; pero que el poder del Rey, tanto acorraba tus pasos, que sufrías padeciendo, y querías sin mostrarlo, que quien ama con estorbos, se esfuerza a morir callando. Quién ama, dijo, no teme, cuando hay respetos humanos; respondí: Yo lo confieso, pues fuera necio, si amando temiera, no siendo al Rey: mas si el cielo le ha criado con más que humano poder, virtud en su temor hallo. Quien no teme el Rey, no teme a dios; y en la tierra, es claro, que en lugar de Dios está, y ansi es fuerza respetarlo. Al fin, aquestas razones, de suerte a Laura obligaron, que olvidando sus sospechas me dijo, dile, que al cuarto de Claudía venga esta noche, después que este sosegado Carlos, y en silencio vea la confusión de Palacio; pues de esta suerte, ninguno podrá verle, y que aguardando. desde las doce estaré, que tengo negocios largos que comunicar con él: y que lo que más le encargo, es que venga solo aquí. Llegó Claudía, y yo dejando, por darte esta alegre nueva, la gloria de estar mirando, dos cielos, en Claudia, y Laura, beldades que son milagro; vine, no a pedirte albricias, que a los criados honrados, son las mejores, señor, el ver con gusto a sus amos. Yo estime el tuyo, de suerte, que quisiera, que en mi mano estuviera tu sosiego, y poder yo lo que Carlos, para que mi lealtad vieras, para que supieras cuanto te amalcejan aunque en esto, más vengo a decir callando. Lujan, con tu discreción, me vas de suerte obligando, que no hallo encarecimientos, ni premio a tu lealtad hallo. Todo cuanto tengo es tuyo, y con todo aún no te pago la voluntad que me tienes: Excusa favores tantos, y acude a lo que te importa. En fin, Laura está esperando esta noche? . Sí señor. Dichas, caminad de espacio, noche mía, llega, llega, Faetón apresura el paso, mira que el Indio te espera, y que me matan tus rayos. Ay Laura, ay Laura: es posible, que he de ver entre mis brazos otra vez, tu hermoso cielos loco estoy. . Habla más paso, que estas en palacio: . Amigo, el gusto sale a los labios, desde el alma, y no me deja callar las dichas que aguardo. A tu cuarto te retira, que ya es hora? Dueño amado, si te enojó mi descuido, hoy satisfacerte aguardo. Dejarme no ha querido, hasta ponerme amor en este estado, mis dudas ha vencido, con su poder, mi honor ha atropellado, que pienso que es tan fuerte, que aún el poder de amor teme la muerte. Disculparme procura con el traje de Ingles, cuando imagino, que intentarlo es locura; pero si amor no ha hallado otro camino, con este me contento, pues dará a mi intención atrevimiento. No pretendo acordarme de lo que soy, porque si a hacerlo llego, atras he de tornarme, aunque el pecho bomite voraz fuego. y aunque amorosa calma oprima al corazón, y abrase al alma. Mas hastair de este modo, pude considerar que era mal hecho, pude mirarlo todo, pero ya en la ocasión es sin provecho; mi vida en ella estriba; muera mi honor, y mi apetito viva. De Claudía el cuarto es este, la noche al sueño ha convidado a todos; valor amor me preste, pues ha querido, que por varios modos llegase hasta esta puerta. que ver espero, con mi industria abierta. La amscara conviene poner al rostro, porque más seguro logre el deseo que tiene el corazón, a quien seguir procuro; alma, ya estoy al vio, si reparas en que ya es uso en muchos traendos caras. Quiero abrir, pues la llave que hace a palacio, al Rey quitarle pude; nadie mi intento sabe: industria, tu poder aquí me ayude; la cerradura es esta, o cuanto, Claudia, tu afición me cuesta. Vive Dios que no quiere dar vuelta: qué será? válgame el cielo, hoy mi esperanza muere, que me ha de hallar el alba, aquí recelo; sin duda que ha pensado la llave mi traición, pues se ha turbado. Que la troque, imagino con la del cuarto mío; pena extraña, sacarla determino; tampoco puedo, que me falta maña, teniendo amor; mas creo que honor buscó este estorbo a mi deseo. Ya por fuerza ha salido, quiero ver si abre la que saco ahora: entró sin hacer ruido; abrió en fin: ya mi suerte se mejora, y ya puedo seguro ir a gozar la dicha que procuro. arlos: Detente, sombra, y advierte, que es rigor, siendo mi dueño o pesado sueño, propia, imagen de la muerte. Cielos, qué miro? Ay de mí, quién perturba mi sosiego? Que no des voces te ruego, pues para matarme aquí, Basta mi afrenta, señora; . mi dicha desdicha fue: Quién eres hombre? . No sé solo sé, que es quien te adora. qué traje es ese? . De amor: De traidor dí: No es ultraje, pues solo con este traje, puedes llamarme traidor. Descubre el rostro, No puedo, hasta que mude vestido: Ya, Español, te he conocido, ya Rogerio; Habia más quedo, No a España desautorices, pues en el traje que ofrezco, solo soy lo que parezco, y no Español, como dices. Quién te ha dado atrevimiento, para venir dónde estás? Escucha, Claudía, y sabrás la ocasión, y mi toriento. Fuera del traje que ves soy Español, y de Astolfo, Conde de Ruisesión, hijo; mi parria Aragón, de todo pienso que estás informada, pero a mi intento es forzoso decirlo, porque disculpes pensamientos amorosos. Lo que de España me trujo también oye, aunque conozco, que en esta ocasión decirlo, Claudia, viene a ser impropio. Doña Costanza de Haro, que es en Aragón asombro de beldad, pues almas tantas, rinden sus divinos ojos, soles que adornan un cielo, ansi comparo a su rostro, que después del tuyo, Claudía ninguno vi tan hermoso. Fue a quien el alma rendí, fue a quien serví, escucha el me un año con humildad, (do con atrevimientos otro. Goce favores, que aquí, porque a importar viene poco dejo en silencio, pues basta decirte Claudía, que de ocho amantes que la servían, ricos, galanes, y mozos, por ventura, y no por partes, vive a ser el más dichoso. Envidias, que en casos tales, nunca faltan envidiosos: murmuraron mi afición, y con pensamientos locos, procuraron impedir mi ventura, con estorbos, que estorbar gustos ajenos, es de la envidia muy propio. Viendo su intención, procuro ser, aunque mi amor mal logre mantenedor de un torneo, que con licencia de Alfonso, Rey de Aragón, sustente, vi a mis contrarios gozozos, porque con esta ocasión, pensaron vengarse todos. Llegó el día señalado, y antes que sus rayos de oro, mostrase el Sol a la plaza, con un escudero solo salí, fiado en el cielo, en quien mi esperanza pongo llevando sin vanidad, armas negras, cabos rojos, de siete tiendas que había, para esperar una escojo; siumilde; pues la adomaba pobre pabeslón, y tosco. En ella estuve, hasta que los acentos belicosos de instrumentos, avisaron su venida por mil modos. Entró Tibalte el primero, de azul, y nácar, que es propio de amor, colores alegres, armas blancas, y un vistoso adrezo de espada, y el ver el morrión, daba asombro, pues llevaba puesto en él un monte de plumas todo. Inigo Torrellas luego, siguió a Tibalte; no cobro opinión, si no te digo, que iua tan galán, y airoso, que admiro a todos su talle; armas relevadas, de oro y verde, cabos pagizos, Marte en valor, y anos pocos. Don Juan Coloma, don Diego de Aragón, y don Luis Cobos, fueron de la gente espanto, fueron de la fama asombro. Pero Claudía, el más bizarro, y el que se aventajó a todos, fue don layme de Cardona, deudo del Rey, pues brioso entró en la plaza con armas leonadas, labor costoso, gravadas de oro y azul, cabos blancos: color propio de su honesta voluntad; a cuyo gallardo modo encubrió su luz el Sol, lisonjero, o envidioso. En fin, Claudía, en el combate hería dos, suerte fue todo, que herir, y matar, es suerte, y no lo que dicen otros. Maté a don Jayme también, cuyo caso lastimoso sintió Alfonso con extremo; conocí que era notorio el peligro, si esperaba: y entre el confuso alboroto de la pleve, me escapé que casi me sacó en hombros hasta ver de Ebro la orilla. Un caballo tenía un mozo de un aventurero allí, remedio a mi vida propio: mire el riesgo en que me hallaba, y de las riendas le tomo, a que me ayudó el valor, y sin aguardar socorro, del estribo, en el salté, a caminar me dispongo. Hice del temor espuelas, llegué a Barcelona, y como lo deseaba, en su muelle, del cansancio alivio cobro: que hasta entonces, quiso el cielo, Claudia, hacerme venturoso. Embárqueme en un bajel, que a la vista del lustroso monte, que cerca a Palermo, se rompió en unos escollos. Viendo que a pique se hiua, sobre una tabla me arrojo; salí en ella en tierra, y quiso la fortuna; que dichoso fuese en conocer a Carlos, pues a mis males piadoso, dio remedio; llegué a verte; aquí tiemblo, aquí medroso muevo los labios? en fin, Claudía, a tus serenos ojos; a tu hermosura y donaire, que alabo, y que reconozco por superior, rendí el alma: hallo del Rey el estorbo; vuelvo atrás los pensamientos, mudo callo, y vivo loco. Resistime cuanto pude tú sabes, Claudía, del modo que te declaré su amor: al fin, viendo que tu esposo ha de ser, que mi mal crece, y que al aire quejas formo, pues buscándolos, jamás remedio ninguno topo, me determine a pasar otra vez, del mar el golfo. Impide mi intento Carlos, y de nuevo a amarte torno: quiere el amor atreverse, delante, mi honor, le pongo, pero con todo atropella; y aunque digo que es impropio a quien soy, dar mal por bien, cuando, por diversos modos, he recibido de Carlos tantas mercedes, me ahogo con la congoja, aún no basta; antes violento, y furioso, vence mis dudas, y obliga al corazón, que animoso imposibles atropelle. Yo porque no este dudoso de mi valor, mudé el traje de España, y el que ves tomo, para hacer mi culpa menos, si bien por ti, nada es todo. Quité al Rey la llave, y vine a tu cuarto: a fiero monstruo, a dar fin a mis deseos, y a dar a mis gustos logro. Llegué a verte en tu retrete, donde el sueño perezoso te dejó, sin acostarte: con el ruido, fue forzoso el despertar, y matarme, pues por necios, o por cortos, en la intención, se quedaron mis deseos amorosos. Esto Claudia, causa ha sido de mi atrevimiento loco: mas te quiero, mas te estimo, siempre que tu cielo hermoso llego a mirar: tú me ampara, Ángel, tu poder invoco. Hombre soy, mujer naciste; ten piedad, pues que te adoro: premia respetos de un año, paga mi amor, busca modo de dar remedio a mis males, pues en tus manos los pongo. De vuestro mal me apesado Rojerio, y más lo sintiera, si menos ingrato os viera a quien la vida os ha dado. No a quien sois correspondei en lo que ciego intentáis, pues mal al Rey le pagáis la obligación que tenéis. Sed a Carlos más propicio, y refrenad vuestro amor, que hace su culpa mayor quien confiesa el beneficio, Volved a España, a estimar de Costanza la hermosura, dicha que tenéis segura, y no queráis olvidar De su día el Rosicler, pues según la habéis pintado, naturaleza ha cifrado solo en ella su poder. Este es el remedio que puedo dar a vuestro amor, porque remedio mejor, ni le hallo, ni le sé. De Claudía, no os acordéis, que os ha de causar enojos, si sé, que de hoy más, los ojos, para mirarme movéis. Y si al Rey no tenéis miedo, poder que obliga a temer; temed el de una mujer, que es cuanto deciros puedo, Que mi amor no os obligó? que con tal crueldad, decí, Claudía, me despreciáis? . Sí, Y no a de haber piedad? . No. Pues cómo he de reprimir el amor que el alma os tiene? Con advertir que os conviene, olvidar para vivir. Que más desengaño quiero del que he visto, del que he oído? Claudía matarme ha querido, su gusto es, alegre muero, Echo el sello la fortuna a mis males con rigor, pues no ha dejado a mi amor muestras de esperanza alguna. Perdí la ocasión, que aquí entre las manos tenía; toda la culpa fue mía, por cobarde la derdí. Mas ya que ignorante he andado, ya que necio amante he sido, ya que mi amor se ha sabido, ya que suy tan desdichado, Sin irme, sin ausentarme, aunque es un confuso abismo, he de vencerme a mí mismo, y de mí mismo olvidarme. Al Rey he de obedecer, si gusto he de procurar, de mí mismo he de triunfar, y a Claudía he de obedecer, Sin que me obligue temor, dificultad que pondrán, pues todo fácil lo harán nobleza, sangre, y valor. Merecer es resistir la fuerza que el amor tiene, pues a mi honor le conviene olvidar para vivir. Oh fue ilusión del sentido, o voces escuché aquí: El Rey es este: ay de mí, si me encuentra soy perdido. Mi misma culpa me ha puesto plomo en los pies: Nada veo: Ánimo honor, que ansi creo que podré salir: Qué es esto? oola guardas, ola gente: Rogerio, criados, Laura; Mi vida ansi se restaura: Dadme una luz, celos siente el alma. La puerta no hallo: Celio, una luz; El Rey llama: Hoy pierdo honor, nombre, y fa Quién es? . (ma: Un traidor vasallo. No me responde? . Mi intento amparó el cielo, pues ya la puerta encontré: Quién va? Luz viene, de aquí me ausento, Por aguardar a que todos sosegados estuviesen, he dilatado el venir; el cuarto de Claudía es este, quiero ver si espera Laura. Luces hola. El alma teme: Señor, llamabas? Alumbra. Quién eres hombre, quién eres? no fue ilusión, vive el cielo: Roberto soy, no te alteres: A qué intento me mataste la luz? . Yo señor, advierte: qué luz? cuando; ahora; digo: No te turbes; suelta, vete, déjanos solos aquí, que esto a mi intento convien Perdido soy, vive Dios. Solos estamos, no tienes que recelarte, ninguno nos escucha, todos duermen: ciertos fueron mis temores, rabiando estoy: Trance fuerte. El cuarto tuyo es abajo; que ocasión pudo traerte a estas horas dónde estás? dime la verdad, no esperes, a que mirando tus dudas, alguna traición sospeche. Qué he de responderle, cuand tantos temores me vencen? si le diré la verdad? si, más no, que no conviene. Señor, a Rogerio dije, que ciertos papeles viese, de unas consultas, cuidados, que de su privanza penden. Son de dos pobres viudas, cuya ocasión: . No tropieo en tu traición, que esas cosas mañana podían saberse, y no ahora, vive el cielo, traidor, cobarde, que mient tú, villano: . No es razón que de esa suerte me afrentes cuando la verdad te digo: Qué verdad? mas pues no qu obedecerme, he de hacer, que lo digas de otra suerte: la vida te he de quitar, porque en tu muerte escarmienten traidores; . Nunca lo son, los que noble sangre tienen, y tú sabes mi lealtad, y que te he servido siempre, con amor, y voluntad; pero el tener poca suerte, es de mis desdichas causa, no traiciones, no intereses, sino es que llamas traición, amarte, y obedecerte. Finge humildad: A que fin, quisiste de Alcís traerme, si te enfadan mis razones, si te da disgusto el verme? Yo se bien, que a Claudía adoras, y se, Duque, que pretendes ser su esposo, y se también, que Claudía te estima, y quiere, y que ha sido gusto suyo, el que a su cuarto vinieses esta noche, sin guardar el respeto que se debe a mi persona, y palacio: pero de este agravio, aleve, intento tomar venganza, primero que el Duque llegue: no penséis que su favor, ha de ser parte a que deje la venganza que procuro. Señor, mira no te ciegue la pasión, pues por los cielos, que ni Claudía culpa tiene, ni yo en lo que tu imaginas; y porque seguro quedes, mira que satisfacción a tu sospecha conviene, y verás: . Sígueme, y calla, que antes que sus rayos muestre el Sol, he de averiguar mi desdicha; otra vez vuelve la fortuna a constrartarme: Ve delante. . A triste suerte. Ya, qué tengo que aguardar? las tres son, y no ha venido el Duque, pierdo el sentido, la puerta quiero cerrar, Y retirarme: mas cielos, no es luz la que viene acá? el alma turbada está. Aquí ha de acabar mis celos. El Duque, y mi hermano; ay tris- si se ha sabido mi amor? (te, Oh Laura; . Hermano, y se- Tan temprano te vestiste? (nor; La calor no me ha dejado sosegar, y al jardín iua: Todo mi remedio estriba, Laura, en haberte encontrado; dónde está Claudía? . Estará reposando: Aí te retira, y si viene alguno mira; Nuevo cuidado me da. El Duque, Laura: no acierto a decirte mi pesar; Qué tengo más que aguardar? Digo, que el Duque Roberto, Sin mirar la obligación que me tiene; mas no espero declararme, si primero Claudía: Hay mayor confusión? No me dice, si es verdad que ama: . Yo sé muy bien; Qué? Que a ti te quiere bien, A mí Laura? es necedad, Al Duqué dirás? . Señor, a ti es a quien Claudía quiere, por ti vive, y por ti muere, y así es necio tu temor. Pues como el Duque venía a su cuarto, y porque yo no le viese, me mató una luz, con que salía A ver el ruido que oí en el corredor? . Advierte, que otra ocasión le divierte a Roberto: . Cómo ansí? Dame la palabra, hermano, de darle al Duque perdón, y saldrás de confusión: Palabra te doy, y mano. Pues con esa confianza, sabrás que yo le he elegido, para mi esposo, y marido, con cuya ocasión alcanza Mis favores, y en efecto, por mi causa, de Aléís vino; amor buscó aquel camino, que siempre amor fue discreto. Claudía; en tu favor fiada, que al sin ser su esposo esperas, te pidio, que le trujeras, de mis ruegos obligada, Esta noche concerté, que solo a hablarme viniese, yo le mandé que me viese, no fue Claudía, mi amor fue. Cualquiera recelo es vano, todo a los dos los disculpa; sola yo tengo la culpa de tus sospechas, hermano. Yo sola fui la homicida, no pague nadie mi error, premia a Claudía el firme amor y quítame a mí la vida. Levanta, Laura, del suelo, llega a mis estrechos lazos, que bien merecen mis brazos quien me ha dado tal consuelo Deshecha hermana el temor, que mal te podrá ofender, quien sabe lo que es querer, y entiende lo que es amor. Hoy será el Duque tu esposo, y yo de Claudía seré, dichosa tu suerte haré, para poder ser dichoso. Que el Duque de Mantua acaba de apearse en este punto, dice un paje; Tal bien; junto llegó lo que deseaba, A recibirle salgamos: Mi ventura es manifiesta: Cielos, qué mudanza es esta! Venid Duque, Laura vamos. Válgame Dios, que será, el haber amanecido? y el Duque no haber venido, mucho cuidado me da. No debe bien de entender, pues vive con tanto espacio, los peligros de palacio; que esto pueda una mujer? O mal haya el querer bien, o amor, que a tantos enlodas, o mujeres, fuego en todas, y en quien no dijere amén. Toda la noche he pensado en lo que me ha sucedido, y aunque dormir he querido, no me ha dejado el cuidado. Es posible, que el respeto, Rogerio, a quien soy perdiese, y su afición me dijese, necio, atrevido, y indiscreto? Es posible, que faltase a la ley de la razón, ni a su justa obligación, aunque a ello amor le incitase? Es posible? pero aquí está Lujan, y no es bien, que llegue a entender de quien son las quejas. Necio fui, En decir con tal desvelo, mal de mujeres, sin ver, que está viene a merecer nombre de Ángel en el suelo. Lujan; . Señora; Ansí intento restaurar mi honor perdido: por unas nuevas os pido perdón de mi atrevimiento. El Duque, Claudía, ha llegado; Qué dices? Lo que es verdad, y ya de su Majestad, y la Infanta acompañado, Viene a veros; . Que ventura, llegó lo que deseaba, hoy mi confusión acaba, y mi temor se asegura. Desde hoy más habéis de ver mi lealtad? . Siendo eso ansí, tendréis un favor en mí, que os procure engrandecer. Pero vuélvoos a advertir, que no os dé mi amor cuidado: Claudía, al alma le ha impor olvidar para vivir. tado, Hija, con tanto descuido? Padre, y señor: Dulce prenda, cómo estas? Cómo ha de estar, quién está en vuestra presencia? Aprieta, Claudía; esos bra- con que mi vejez alientas, (zos, con que se aumentan mis dichas, y mis gustos se renuevan. Cómo venís? . Con salud, aunque el cansancio me aprieta, con el peso de los años, mas de cualquiera manera, vengo a tu servicio, Claudía. Qué valor! Qué gran prudencia! Ya por carta hauréis sabido, que a ser de Sicilia Reina, a Claudia, espera mi amor. Su discreción, y belleza, entendimiento, y virtud, me han obligado a quererla; y así Duque, si gustáis, haré que Palermo vea manana mi voluntad, y el Laurel en su cabeza. Mi gusto es, señor, el vuestro, mi voluntad, y mi hacienda, cuanto tengo, y cuanto soy, y Claudía también es vuestra. Cierta fue mi confianza, Mi ventura ha sido cierta: Vuestra mano, Claudía, espe- Razón es que os obedezca (ro; quien os estima y adora. Oh cuanto el alma interesa; Duque de Calabría, oíd. Aliente amor mi tristeza: Yo sé que queréis a Laura, y se, que Laura desea ser vuestra esposa, y no quiero, aunque casarla pudiera con Reyes, forzar su gusto dalde la mano; . La tierra que pisáis, mil veces beso. Levantad Cuñado? . Deja que inprimaren tus pies mis labios; Dejad humildades: llega Laura, y da la mano al Duque: Gran favor! Mi mano es esta; Envidie el mundo mis dichas: Rogerio, a mi cargo nueda tu premio: . Solo servirte es el que Rojerio espera. Olvidar para vivir, alma, importa no me vuelva a atormentar con memorias pues ves que nada aprovecha Vuestra Excelencia descans mientras se previenen fiestas para celebrar las bodas, de que ser padrino es fuerza. Tanto honor? favores tanto Ya de Lujan no te acuerdas que bien dicen, que los gust toda memoria destierran: a Señor: . Luja, los nobl no han menester advertencia tú verás quien es el Duque, pues en su servicio quedas. Bien merece mi lealtad la voluntad que me muestras. Decid todos. Viva Claudía; Viva Claudía: Y la comedia de olvidar para vivir, dé fin aquí si no es buena, no ha sido nuestra la culpa, sino ser nuevo el poeta.
