Texto digital de La ofensa y la venganza en el retrato
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Antonio Mójica
- Atribución estilometría
- Juan Antonio Mójica Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La ofensa y la venganza en el retrato. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ofensa-y-la-venganza-en-el-retrato-la.

LA OFENSA Y LA VENGANZA EN EL RETRATO
JORNADA PRIMERA
Atras al viento deja. 1. Y a la oreja los perros casi asidos corren con el pareja. Al rededor del bosque prevenidos le aguarden los monteros. 2. Araja por detras de esos romeros. Qué es eso? Que en los montes, persiguiendo las aves, y las fieras de los dos orizontes el Príncipe examina las fronteras, Cuando a su esposa viene a recibir, cazando se entretiene? Mas que el amor le lleva su inclinación al belico ejercicio. Si ansí sus iras prueba, más que virtud, su inclinación es vicio: pero hoy en lo que miras, quiero atajar con el amor sus iras. Suele amor repentino hacerse de los ánimos tan dueño; que a poder el destino mudarse en su poder, casi me empeño a decir, que mejora su destino tal vez quien se enamora. Milagros grandes hace la voluntad, si a sujetarse llega: vuelvo a decir que nace segunda vez la vista que se ciega, y en tan divina calma, porencia, y sentidos muda el alma. Pues yo, Arnesto, advertido de aquesta natural filosofía, al Príncipe que ha sido tan dueño de su esenta fantasía, (por ver si en tanta duda muda de acciones quien de estado muda) en secreto he tratado de casar con la heredera de Saboya Margarita, que ha dado en la hermosura que su fama apoya, envidia al Sol, que atento la bebe el resplandor con el aliento. Ved Conde su retrato, para que os admiréis de subelleza. Bien puede en su aparato hacer su ostentación naturaleza, y bien a tanto objeto puede quedar el Príncipe sujeto. Esa es la marabilla, que esta tarde ha de entrar dentro en Viena a hacer su Regia silla trono del Sol, con Majestad serena, en cuyo dulce agrado, logrando su esperanza mi cuidado, antes que a Margarita vea Estefano agora, cuando vuelva del monte solicita mi atención enseñarle en esta selva su retrato, en quien creo, que ha de parar la rienda a su deseo. Bien puede la Duquesa (según es la beldad que la corona) salir con tanta empresa. Ladislao también, que su persona acompañando viene, como Almirante mío, dicha tiene. Que esta Eugenia, Farnesio, es de Parma blasón, y ya su esposa, que si en el templo Ephesío la mirara el Gentil, es cierta cosa, que mejor que a Diana culto la diera en Ara soberana. Y el ser después de aquesto tan deuda del de Parma, me ha movido a no oponerme a esto, que a dos vidas no más (por su marido) ser puede el Almirante Porentado de Italia. Eso es constante. No ha menester blasones él, más que los que tiene por ser hijo de quien de mis acciones fue tan dueño. Es verdad, de aquí colijo (si al Rey en su semblante penetro) que es su hijo el Almirante. Lucinda, madre bella suya, viuda del padre, le dio al mundo, y en amorado de ella el Rey entonces, en razor, lo fundo, por más que a mi pregunta el Rey calla, en honor de la difunta. Muy cerca suena el estruendo Infame Qué ruido es ese? Matalde. Santa Susana me valga, y el Rey, y Arnesto, pues estoy como la Santa ya metido entre dos viejos. Príncipe, Estefano, hijo, cruel siempre, siempre severo, cuando casándoos os hago Monarca de dos Imperios? Agora que a vuestra esposa galán, amante, y atento hhabiáis de recibir, de todo olvidado os veo: pues porqué? Porque le casas, que es darle el mayor tormento; yansi yo, que por haverle querido dar de voleo las nuevas de que llegaba ya la Princesa a este puesto, le espanté el corzo, le pido perdón postrado en el suelo, denuenas de matrimonio haber sido el mensajero: tasese quien va amorirse, que el casarse, solo es bueno para no morirse un hombre sin todos sus Sacramentos. Solo por eso que has dicho seperdono lo que has hecho. Qué altivez! .̱ . No me parece, que le agrada el casamiento. l. En fin está la Princesa san cerca ya? Yo que vengo sirviéndola, como primo, y de vuestra Alteza deudo, podré dar la mejor nueva. Sean Príncipe Amadeo mis brazos los que os respondan. Y vos Príncipe supremo de Ungría, viva milanos, para honor, timbre, y trofeo de este Imperio. A vuestra Alteza mil siglos le guarde el cielo para blasón de Saboya. Este por casamentero me enfada. Desapacible es el Príncipe en extremo. Y adónde, Príncipe, queda la Princesa? No ha un momento, que me aparte de sus ojos, que son dos Soles serenos, que aunque está nublado el día matizando el cristal terso del Danubio que navegan, al reberuerar en ellos el agua, se quema tanto, que entiviar puede los remos. Y ansí con vuestra licencia, señor a avisarla vuelvo, de que ya tiene a la vista la dicha de sus empleos. Vaya Arnesto a recibirla, con los demás Caballeros adelante, que en la quinta todos nos encontraremos. Para servirte he nacido. Darle aquí el retrato intento. Pues Madama Eugenia, esposa del Almirante mi dueño, vive Dios, que comparadas con su hermosura, y su aseo, fueron las antiguas diosas figuras de paramento, y Venus una tarasca. Calla, no prosigas necio, que cosas exageradas siempre nos parecen menos: y más a mí, que en mi vida tuve amor, pues solo siento el ser hijo de mi padre para obedecerle en esto. Mas estimo yo en el campo, sobre un caballo ligero, que parece según vuela que bebe (al correr) los vientos, ir siguiendo al fugitivo corzo, que herido, y sangriento, ciego se abalanza al agua, y a la orilla ver los perros, que furiosos le acosaron (porque alcance no le dieron) beber su sangre enel agua, (los; que arde aún mezclada en los ye- más gusto de ver a un oso, que en pie por el campo huyendo con el panal en los brazos (áspid del nectar Hibleo) se echa al agua, por librarse de las aves que le hirieron; que si hay muchos enemigos, no importa que sean pequeños; y si acaso de los montes de Albaniabaja a los nuestros algún león coronado, pa cual de seguirle me alegro. pe Ya le he visto en la campaña r tal vez, erizado el cuello, pe la cola ondeando el aire, las manos la tierra hundiendo la boca vertiendo espumas, le los ojos brotando fuego (por Monarca de los brutos, co aurado en cuatro elemento? rendirse al aliento mío, y humilde a mis plantas puestqu segundo Alcides de Ungriada darle a mi aplauso su aliento, pi Si en las guerras me ocuparalde vuestra Majestad, del fiero Marte siguiendo en las trompesi de mi espíritu los ecos. Yo sé que los enemigos de su siempre invicto Reind. por rayo de Austria en Euronde temieran mi blanco acero. Allí sí, que de mis bríos e se coronara mi es fuerzo, o rin sirviéndome en la campaña d el Bastón de Augusto Cetro qu Pero sujetarme agora a que violente en mi pecho so q la seguridad, que el alma goz a libre de amor ciego. es No es error, no es desvarío, que aquel espíritu esento, que al albedrío del hombre le dio (formándole el cielo lo se sujete a los engaños del amor: al debaneo y del cariño: a las cautelas d de un apasionado afecto; porque hablando el desengaña por la razón, con el cuerdo, si que es amor, sino mentira, cautela, engaño, desvelo, pasión lisonja, locura, pena, martirio, tormento, rigor, recelo, cuidado, pesar, y desasosiego: que es amor más que esto? y Guerra del alma de los discretos, como acaso os lo responden de esos clarines guerreros los ecos, más tan en tanto que acercándonos, iremos arecióir vuestra esposa; pues que ya la seña han hecho que deque llaga los clarines, ved en su retrato bello, si puede triunfos mayores de amor alcanzar su objeto. Válgame el cielo! qué hermosa deidad! qué raro bosquejo del Sol! que toda su esfera tifro en solos sus cabellos. Qué os parece? ̱. Qué es amor dios del corazón, pues veo que de su arpón ya está herido oMás válgame Dios, que hierro, que el retrato que le he dado es el de Eugenia Farnesio; que Arnesto el de la Princesa llevó, inadvertido, y ciego: mirad. Cesen los clarines, que a su militar estruendo seha desvocado el caballo de la Princesa. Y su aliento sigue el de Madama Eugenia por otra parte soberbio. ̱. Gran peligro. Dios me valga! Grave mal. Válgame el cielo! Ataja, ataja. Al socorro venid de tan gran yerro. Y más el que fuere amante del más soberano dueño. Ya va ciego por Eugenia sin duda el Príncipe, cielos, mudanza, y error notable. Del corazón en el dedo le ató el familiar Cupido, que es diablo de los afectos. Yo voy, pero no me voy, que irse un hombre es desconcierto; y quien diga lo que pasa no aura si me voy tras ellos. El Almirante un caballo sigue bizarro, y resuelto; y el Príncipe tras el otro, ambos casi a un mismo tiempo aunque a diversa distancia, porque el Almirante, lejos de aquí sus alientos sigue, han desjarretado fieros los caballos. Muere bruto, que al Sol despeñar violento quisiste. Paga en tu vida lo que usurpaste a los fueros de la lealtad. Hacia donde corre la Princesa riesgo vamos todos. . A esta parte viene el Príncipe; i no es menos que Eugenia a quien trae consigo No hay un sota caballero que ampare a una dueña honrada, que aunque su caballo quieto se está, puede ser que corra. Este es más seguro empeño, hágome para librarla Valdovinos, o don Bueso. Ya estáis, o Princesa hermosa libre. Qué es esto que veo! no es el Príncipe de Ungría! de su retrato lo infiero. Yo soy. Ya vuestro retrato me ha dicho que sois mi duej Qué escucho! Y quién vuestro esclavo ha de ser, soy yo, pues ciego, ignorando de amor el debaneo, llegué a ver tu retrato soberano; y resistida a tu poder en vano, el alma se escusó de tu trofeo. Si objeto eres de amor digo que creo que es dulce su poder, aunque tirano, rendido me confieso, y de tu mano pende ya la elección de mi deseo. Si antes dije que amor mentiraera, ya le vuelvo el honor que le he quitado; y digo, que él no amar es la quimera, porque según creciendo va el cuidado dentro del pecho, el alma lisonjera, para amar solamente se ha criado. Suelte vuestra Alteza, y mire que voces daré a los cielos, que agravios que Reyes hacen solos los castigan ellos. Pero qué es esto? este anillo que es de vuestra Alteza pienso, que con su ciega porfía me le dejó. . Y es afecto del hechizo con que empiezas a obrar en mis pensamientos. Porque? Porque su diamante es un corazón, que obletó es del mío, pues entrambos me has robado. Ya por eso se le vuelvo a vuestra Alteza porque a pesar de su empeño siendo de otro dueño esposa su amor estimar no puedo. Esposa de otro, qué dices? cuando te adora mi Imperio por mi esposa: este retrato no es tuyo? . Sí. Según eso, serás bella Margarita. Yo soy Eugenia Farnesio, esposa del Almirante de Ungría. Válgame el cielo! que es señora lo que has dicho? Aquí está el Príncipe. Luego podéis descifrar engaños que yo señor no penetro; que con vuestra esposa todos vienen ya. Que tarde llego aconocer mis errores. Hay más notable suceso! Ya Príncipe, vuestra esposa libre está por el esfuerzo del Almirante, el retrato suyo es este, que de Arnesto y mía fue inadvertencia daros el de Eugenia, cuerdo disimulad. Ya su engaño siente mi desasosiego. Qué decís? Que al Almirante la deuda le he satisfecho; pues de igual riesgo a su esposa pude librar. Yo agradezco avuestra Alteza señora laacción que el Príncipe hahecno por mí. Y yo más se la estimo, por lo mucho que te quiero. Y yo de entrambas finezas, (bien que agradecido) excedo el valor; pues via mi esposa en peligro manifiesto. Y al riesgo de la Princesa leal acudí, y atento, que entre atenciones iguales mi lealtad venció a mi afecto. Dios os guarde. Poco amante se muestra el Príncipe. Atento a Engenia el Príncipe mira; pero que ilusión. Pues puedo viéndoos ya del riesgo libre darme albricias a mí mesmo, Sea vuestra Alteza, señora, bien venida a ser mi dueño, gozosa de haber rendido el corazón más esento, el más ufano albedrío, y el más libre pensamiento: a no estar mirando a Engenia nada le dijera de esto, que con ella hablan mis ojos. Notables desdichas temo. Con toda el alma que os rindo no os pago el bien que poseo, que sobre ser Rey de Ungría, sois muy amante, y discreto. Mucho el Príncipe repara . en Eugenia; mas que necio temor. De Eugenia el retrato quitaré al Príncipe luego. Ya el Sol al Poniente baja, cesen de amor los desvelos, porque es fuerza que en Viena antes de la noche entremos a ver el aplauso que hace mi corte a sus Reyes nuevos. Diafeliz. Y en descansando se harán los dos casamientos del Príncipe, y Almitante juntos por mayor festejo, El principio de mi dicha todo es acasos, y riesgos. Temor, y desconfianza solí todos mis pensamientos. a- De vuestra esposa el retrato se os cayó; pero que veo! No es el retrato de Eugenia? él es. Qué notable aprieto, . cayóseme el de su esposa. De aquesta suerte lo emiendo, yo le llevaba en la mano, guardalde, pues es vuestro, que yo en el ya he disculpado vuestro amante pensamiento. O qué bienque ha sucedido. . Ha Eugenia, que triste agüero es ver tu honor en Ungría, por tu retrato en el suelo. Si acaso tiene licencia del diablo cojuelo, Rey que es de las dueñas, por ley, y del chisme, deme audiencia Vusiria, y de su nombre me diga el chisme también; Monseñora Urraca. Bien. Y la edad? Le importa al hombre saberla? Sí, que adivinos de tu edad, los siglos hallo, y hoy más que te via caballo, viva esta tua de Longinos. Qué descortes. Es en vano querer escurrir la bola, que a garrare de la cola, si es Urraca, y por su enano me agradecerá infinito quererla en palabras pocas, sin conjurarla las tocas, como a espíritu maldito, Y quérrame? Pues te empeñas en eso, y tu ya me amabas; digo, que el que es Tragaldabas también será tragadueñas. Yo entre tengo al Almirante con mi humor. Yo en el servicio de Eugenia estoy. Que mal vicio tienes; mas pasa adelante. Digo en fin que nos podemo? pues me voy de ti agradando ansi hablar de cuando en cuand Doña Urraca, nos veremos más temo a la Inquisición si llego a amarte leal, que la dueña es animal de otra especie en conclusión, y si llego al casamiento, temo me suceda a mí lo que al diablo, cuando ansí se vio. . Qué fue? Aqueste cuento. Enamorose un demonio de una dueña por desdicha, y pidiéndola la dicha palabra de matrimonio: el diablo aunque estaba loco, no quiso dársela, atento a que para casamiento deun diablo una dueña es poco y dijo, si en tal abismo dueña, y diablo es una cosa, fuera elegir dueña esposa, casarme conmigo mismo. Con lo cual Urraca entablo disculpas a tu porfía, que claro está que no había yo de casar con un diablo. Pues ya (aunque más te alborote) vendrás a ser mi velado. Porque? Porque ya me has dado entero un cuento dedote. Ya el perseguirme es ofensa. Ya el no escucharme es delito Qué tema. Que debaneo. Qué rigor! Qué desvarío! Que me manda V. Alteza. Nadie a quien tiene el dominio del alma, a mandar se atreve, a suplicar si rendido. Basta, que está ya tan ciego vuestra Alteza, que imagino que tropieza en mi decoro de suerte, que aún no ha caído en el reparo de quien le viere a solas conmigo. Ya el suceso del retrato al instante el Rey me dijo, con que dejo a mi recelo sin las dudas que ha tenido; y el señalar le estimara tan junto a su cuarto el mío, si el del Príncipe estuviera no tan cerca, mas que miro! En fin, señora, y o muero por vuestros ojos, yo he sido quien al ver vuestro retrato, que acaso a mis manos vino. Temores, no hay que irritaros, aunque si hay que preveniros, No prosigáis en desdoro de un honor tan vuestro, y mío, y pues de vos olvidado, como hombre habéis procedido, porque muera aquese intento porque acabe ese delirio, porque falte esa esperanza, y no se injurie a sí mismo. Yo, señor, soy muy amante de mi esposo; y más estimo que todas vuestras memorias solo un borrón de su olvido. Ceguedad será empeñarse a quedar, como es preciso, desairado en su deseo, descontento en mi desvío. No es razón que a riesgo ponga su honor quien Rey ha nacido, cuando en dudas de un desprecio no se obedezca a sí mismo. No hay fuerzas contra el recato, no hay contra honor señorio, que después de Dios, aquello que se quiere es lo divino. Querer por fuerza es agravio, amar por tema, es delito, y más cuando las ofensas pueden nacer del cariño. Haga empeño de no amarme, vuelva en su acción su albedrío; y verá que a un mismo tiempo con mi honor cumple, y con sigo Y últimamente agradezca la ocasión que me ha debido, de que en vencerse a si propio hoy pueda aclamarse invicto. Con reportar sus deseos, que yo atenta a mi honor, libro mi recato en sus hazañas, su crédito en mis retiros. En mis desdenes su aplauso, en su pundonor mi arbitrio, mis méritos en sus obras, y su honor en mis desvíos, siempre quedando su esclava. e Ire con vos, más que miro! acompañándoos? Señor, tanto honor a quien ha sido no más que un vasallo vuestro, disimular es preciso, que no es culpada mi esposa del ciego amor de un rendido. Aunque en nada estoy culpada sentiré nos haya oído. Por sí y por vos vuestra espos las honras ha merecido, que mi padre, y yo le hacemos mas de qué es este ruido? Ya Príncipe se ha llegado la ocasión en que los bríos que tenéis, han de mostrarse. Cercada el Turco enemigo tiene a Balgrado, que a toda priesa socorro ha pedido, y las tropas del Alfacía, que a estorbar van sus designios hijo a vos, o al Almirante piden por norte, y caudillo. Aunque ya tengo en el alma dulce guerra de suspiros, para ocasión tan forzosa, sobre vencerme a mí mismo. Amor que comienza en guerras mal suceso ha prometido, Príncipe, y señor al alma, que ya en celos enemigos se abrasa, después que agora en este cuarto le he visto. Vuestras Altezas se gozen en amor, y paz mil siglos, que esta empresa a mí me toca Quién le dijera al peligro apo que deja su honor en guerras, de celosos desvaríos; mas yerro será avisarle, quedándome yo conmigo. Cómo el semblante de Eugenia me avisa de lo que he visto; pero no puedo excusarme, por más que el alma la rindo. Señor, si el ser deudo vuestro y de la Princesa primo, y amigo del Almirante, oída crédito a mis bríos; los dos por recién amantes, gocen de halagos cautivos, que yo en la ocasión presente por ellos iré a serviros. Cuando V. Alteza viene afestejarse, sobrino a mi Corte, injusto fuera mereros en tan prolijo desvelo. Para mi siempre será honor vuestro servicio: y así con vuestra licencia. Fuera error el consentirlo donde yo estoy. Vuestra Alteza me perdone, que ya he dicho que a mí me toca esta empresa, por ser crédito a mi oficio, a mi valor, y a mi afecto. Pues Almirante, preciso es ya que luego os desposeis vos, y el Príncipe mi hijo en secreto, que el aplauso proseguirá más festivo, después que vuelvas triunfante de Belgrado: y ansi evito . auno el intento que tiene, ya otro el temor que ha tenido; que ya de entrambos semblantes la desigualdad coligo. Dad Príncipe a la Princesa la mano. Yo me anticipo aque mi Eugenia me deba, que no mandéis, lo que os pido que es que admitáis por esclavo el más noble desvarío, que entre temores villanos triunfante salio de oiros. Solo sátisfago a tanta fe, Almirante, con deciros, que soy (después de adoraros) yo quien soy, vos dueño mío. Luego le diré el suceso, . del retrato, y del anillo, no sea secreto agravio, lo que honor público ha sido. Pues Príncipe, qué dudáis? Tú hase amor al principio del querer; mas para cuando, sino para aquí se hizo, poder refrenar un alma impetus del albedrío: vuestro soy, todo soy hielo. Yo en vos mi suerte acrédito. desazonado se muestra el Príncipe a mis suspiros. . El aprieto en que la plaza se ve, no os permite altivo mas dilación. Vamos luego, si importa a vuestro servicio. Y importa que sea al instante pues todo está prevenido, porque amanezcáis mañana en Belgrado. En vano animo el temor que de mis celos se enreda en el laberinto. Toca a marchar. Vaya Arnesto con vos. Con lealtad te sirvo. . A Dios mi bien. Esta noche vedme un instante antes de iros, porque importa. Ved que tengo que hablaros despacio primo. Luego os veré. Quién pudiera tenerle ausente mil siglos. Señor. Hijo, qué queréis? mas que es cielos lo que he dicho. Hijo, señor, me llamáis? Y en llamaros lo me afirmo, que de Reyes que se precian de justos y agradecidos, son los vasallos leales los más verdaderos hijos. Qué queréis? válgame Dios, p y que natural carino. Que sepáis que a mis lealtades hago el mayor sacrificio en salir hoy de Viena; pero quedad adventido, que mi honor no quede a riesgo, pues mi vida va a peligro. Que del lance del retrato, no sé qué temor concibo, no del honor de mi esposa, que pues ya soy su marido. satisfecho vivo de ella. Temores del poderío de un ciego Príncipe llevo, que ausente yo, y el rendido, las demonstraciones locas manchan el honor más limpio Pues id seguro Almirante de que ansi os amo, y estimo, que a mi hijo matara si os ofendiera mi hijo. Fuera de que con decirle quien sois, sé yo que le obligo a mirar; no digo nada, que Engenia queda conmigo, Pues seguro, y animoso parto con eso a serviros, que su honor siendo ya vuestro mi temor fuera delito. Vitorioso os vuelva el hado Ya de mi esfuerzo lo fio En fin que a la guerra vas, sin pedirme ni un favor. Será para mí el mayor no acordarte de mi más. En ese rigor te empeñas, porque te llegué a querer. Si porque no han de tene? tanta voluntad las dueñas. Con todo eso, por si acaso la muerte en forma de Turca con su guadaña me amurca. Desde aquí para aquel paso mi heredera te he de hacer de cuanto hay en mi aposento Dime lo que es? Un asiento quebrado de descomer, una cama de cordeles, que está sin pies en cuelillas, un plato, dos escudirlas, cuatro suelos de pasteles, un cándil de garabato, diez y seis cabos de vela, el corcho de una chinela, las orejas de un zapato; con que oirás más desde hoy má en una arquilla sin tapa, y un pedazo de gualdrapa en que envuelto lo hallarás. Por lo picaron aqueste me tiene de par en par el alma como una yesca, sin haber dicho agua va. Ya es noche, a prevenir lucer quiero a la antesala entrar, que mi ama ausente, y triste, puesto se reconera. Dónde vas? detente Urraca, que si hoy fiel a mi amor das el favor que te suplico. ̱. Vuestra Alteza ha de mandar a la que siempre a su gusto dispuesta el alma tendrá? No consintiendo mis celos sufrir, ni disimular, al cuarto de Éngenla agora entre, y con su esposo está sin luz hablando en secreto; yo me quiero retirar almío, ya que les debo que hayan quitado a mi afan el temor de que esta noche la pueda el Príncipe hablar: que fingiéndose achacoso, que temer me ha dado más; pero gente aquí he sentido que está hablando, quien será? sin fin yo quisiera hablarla esta noche, pues qué hay ocasión de estar ausente. El Almirante a quien ya deje fuera de los muros. Qué escucho! Como será sin riesgo mío? Diciendo, cuando Engenia llegue a entrar que el Almiran te se ha vuelto a verla, fino, y galán, fiado en la noche oculta con que te disculparás. Y esta joya que es de estima, y otras mil te intento dar si salgo con esto. Pienso que con esto te saldrás. Digo, que una joya es bravo mazo de apretar. Esto ha de ser? ya mi esposo es el Príncipe: ya estan mis celos en la campaña. Yo tengo de asegurar mi temor, y ver si acaso de Eugenia hay que recelar, pues si le ha favorecido su acción lo descubrirá, fingiendo que soy Eugenia, que yo me sabre excusar del riesgo, aunque esté el más ciego. Válgame la oscuridad de la noche. Ya ella sale. Pues llégala tú a avisar. Señora Eugenia? Qué quieres? Nada, que aquesto es no ma? que el Almirante se ha vuelto. Señor mío, donde estáis? Aquí, que a verte me he vuelto) como marido, y galán, y como amante. Hay mi dueño. Habla quedo, porque están del Rey, y el Príncipe cerca los cuarros. Mejor será entrarnos esposo adentro, para más seguridad. Tu Urraca no enciendas luces Pierde cuidado. . Ya van vitoriosos mis empleos. Quién se vio en riesgo igual. Si alguien a Eugenia llamare agora, diré que está tomada para Palacio; pero va empiezo a temblar, y me pesa de lo hecho: quien la pudiera avisar del engaño; pero pienso n. se se vuelv Más dejar de ver tu belleza quise, que no ocasionar que la luz nos descubriese; pero que más claridad que la de tus ojos bellos, que entre la sondra incapaz de la nocche, nortes vivos son de mi amoroso imán. En fin vas ya satisfecho mi bien del engaño? Ya voy contento Eugenia mía que aqueste anillo traerá mañana al Rey Tragaldabas, y en un papel le dirán mis quejas, que le reporte al Príncipe. Bien está. Yo quiero a Eugenia decirle que es el Príncipe. Quién va? Yo soy señor. No receles que es Urraca, di que hay? Mira que el Príncipe es este. Qué desvarío: en fin vas ya sin dudas? No las tiene quien ya te ha llegado a hablar como esposo, y como amante; a Dios mi bien. Malo va, que ansí el vellaco lo finge, que yo me temo engañar: mira, advierte. Dios te vuelva victorioso Para dar eternos cultos Eugenia al hara de tu deidad. Aguarda solo a que salga, y a encender luces iras. Por haber al Rey sentido, no se ha podido lograr nuestro amor, como pudiere del agora os ocultad; que si hubiere ocasión, Juego me podréis volver a hablar; salga yo del riesgo agora, y sepa que no le ha Eugenia favorecido, que yo sabré asegurar su recato por mis celos, su honor por mi voluntad. Mira que te aguardo Eugenia si es que el Rey no sale aca, porque de lo que quería decirte olvide lo más con verte: que haya perdido ocasión tan singular mi amor. Del Príncipe agora no te has oído nombrar? Calla mujer, que me has muerto, si lo que has dicho es verdad: mas yo con mi esposo estuve, que será el que vuelve acá, ha señor. Vuelve tú a hablarle, y de tu engaño saldrás. Imagino que me vuelve mi Eugenia hermosa a buscar. Que era el Príncipe señora, Pues pudome a mi engañar su voz, di necia, aunque a escuras le hablé, ve porluz. Si está Eugenia el Rey recogido, bien puedes. Que ansí os volváis! Urraca, no traigas luz. Ya iba por ella. Aguardad; que hombre embozado ha salido. de aquí agora, que al pasar por esa cuadra le vi, y se me encubrió sagaz. Señor, el Príncipeera, que aquí se nos vuelve a entrar aperseguirá mi ama. Pues trae dluces, y callad. ̱. Vamos, mi bien. Deteneos, que aquí bien seguro estáis, ansi lo estuviera yo, porque ya empiezo a dudar de su voz, que me parece que no es de mi dueño, hablad. ̱. Al cuarto de la Princesa quisiera encubierto entrar, que el Príncipe se ha fingido. malo esta noche, y está en riesgo el honor de Engenia, y quisi éralo estorbar del Almirante, y Princesa primo, y amigo. . Si ya Engenia del alma mía, reconocido me has. Que he oído! Gente he sentido. Quien va? Mas suelta Eugenia, que hay ruido en la sala. Es por demás, y más cuando reconozco la cautela desleal, Príncipe, de vuestio amor. De amor fue la ceguedad, mas ya Eugenia, por tu honor, te importa disimular, que si la intención te ofende, te adora la voluntad. Quién el Palacio alborota! ansí me pienso excusar . del peligro en que me he puesto. Dad aquesa luz acá, y entraos Urraca allá dentro. Ya remo algun grave mal. . Muerta estoy! Pues vuestra Alreza, Señor, vuestra Majestad de esta suerte? Ya estas horas. en mi cuarto, estoy mortal! ̱. qué suceso ha sido aqueste. . De lo turbado que está . el Príncipe, mi desdicha coligo, y mi pesar Aay de mí! . Quien engolfado se ha visto en tanto bracan. qué ofendiede yo a miesposo ap, sin querer; no puedo más, que el corazón se me arranca. Pues porque Eugenia lloráis? Porque nací desdichada, y ausente mi esposo esta. No os de pena, que a mi cargo toma mi honor vuestro mal. Yo acaso al ruido entre, Yo también. No prosigáis, que uno de los dos ha sido, el que imprudente, y audaz se opuso a su pundonor, se atrevió a mi Majestad, cualquiera que es me ha ofendido: mas yo sé que no osará segunda vez a ofenderme con su intento desleal. Que en honor del Almirante, aunque parezca crueldad, matara a mi propio hijo, si le intentara agraviar. Retiraos, pues, vos señora, venid conmigo, ha pesar! . Sabiendo Eugenia que fui . quien la hablé, ya me ha de amar de temor, que no padezca su récato en mi desmán. . Por su honor me pondré a riesgo de morir, no debo más. . Si hubo intento de ofenderos ansi se remediará. Qué tarde el remedio llega: más nonor disimular, hasta que me ofrezca el tiempo venganza sin deslealtad. ̱. Mucho indicio de sus quejas, y ansí es forzoso estorbar que acá vuelva el Almirante, hasta saber la verdad.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA A ocasión llegué del riesgo por más que tarde en volverme envíome el Almirante a que al Rey un papel diese con un anillo, y pescome el Príncipe en su retrete, pidiendo se le dejara, tan encarecidamente, y que el al Rey le daría, que fue fuerza obedecerle, y volver con un bolsillo hecho un Júdicas al temples he respondido a mi amo, que ya en su poder le tiene el Rey, que al año una de estas cualquiera hacérsela puede. Quise hablar con Urráquilla, y no pude, mas dejele un papel en su aposento, que un chasco ha de darle al ver? Pase, y corra la palabra, que de munición se apresten Por munición. Mejor fuera por carne, vino, y pasteles. Ha España, patria dichosa de aqueste honrado pobrete, que por fortunas del ampa anda de tu tierra ausente. Que valerosos tus hijos, rayos de enemigas huestes, fueran siempre, si lidiasen con solo él acero siempre? Arma tocan, ya cargado cómo borrico el mosquete, rabio por soltar la carga. Ea Ungaros valientes, fortificado al contrario vemos, y a Belgrado enfrente de él, cercada, y oprimida de hambre, sed, fortuna y muera hoy emos de socorrerla, o morir, vasallos fieles de Dios; y nuestro Monarca. Bizarra aguarda la gente, y solo espera los rayos seguir de tu sombra fuerte. Y yo llevo intento firme, (si Dios hace lo que suele) de merendarme hoy un Turco en salpicón; y luquetes hacer otro para el vino; y cenarme en escabeche otro esta noche; y mañana almorzarme un Muley jeque frito en torreznos gallegos; ya medio día comerme hecho gígote un Bajá, y cinco, o seis Belerbeyes por postre, como aceitunas, y si necesario fuere, pepitoria hacer de todos cuantos en conserva vienen, de ese podenco Otomano, que ha de rabiar como suele esta noche, aunque Mahoma le salude seis mil veces. . Al socorro. A las trincheas. Pues toca a embestir, y apreste el Conde Arnesto a los suyos, para que el socorro entren en rompiendo al enemigo, cuando más no pueda hacerse. A ellos. Cada soldado un Hector Troyano parece. Del Rey para Vuecelencia es este pliego, y aqueste del Príncipe de Saboya para Vuecelencia viene. Orden me dieron entrambos, que aunque peleando estuviesen al instante que llegase en sus manos se los diese. Aunque anda vivo el combate es fuerza al instan te leerle. Ha vil temor de mis dudas con que fuerza me suspenden! Suceda bien, o mal la eme presa de Belgrado, estorbad por el modo que pudieréis el que el Almirante vuelva a Viena, hasta que yo avise, porque im- porta. No os importa menos que vuestro honor volveros al instante a Viena, porque puede ser que mi amistad no sea pode- rosa a estorbar lo que puede di- vertir vuestra presencia. Ya rompiendo las trincheas los Ungaros que acometen bizarramente se empeñan. Y ya el enemigo tiene . por todas partes cercado mi honor tirano, y aleve. Pero rechazando agora el Turco, los que pretenden el socorro, ya vencidos por aquel lado los tiene. Vitoria por Otomano. Ánimo, que ya del fuerte salimos a socorreros, o a morir. . Ea valientes Ungaros, al arma. Guerra. Tema hoy mi valor la muerte papel si el rayo desnudo llegue en el campo aleerte, no me ofendiste, que a nadie desnudala espada ofende. Hacia esta parte soldados. Todos a seguiros vuelven. Ea pues, qué peleando con celos, y honra al presente, fuerza es que venza atrevido quien va buscando la muerte. A sus fortificaciones, que va el Turco desfallece. Viva Ungría. Ánimo amigos. Seguidme aquí los que fueréis valientes soldados míos. Es imposible que pese un saco de San Francisco mas que el que llevé; y aqueste . Si el papel que a caso llevaba un Turco piojoso, a quien le casque las liendres. Y afe que pesa que rabia, válgame Dios si oro fuese, plata, perlas, o diamantes. Hago a Dios voto solemne, si es algo de lo que digo, de sacar luego que llegue de dueña a Urraca. Vitoria por Ungría. Hacia aquí viene uno de los Generales, si lo ve es fuerza que lleve la alcábala, yo me hago muerto por vivir alegre. Ya vencimos, y ya temo el riesgo que se previene de decirle al Almirante, que en la campaña se quede. Mucho ha costado la empresa, . Estáis muy herido; todo el campo en sangre hierbe; donde estará el Almirante; mas su criado es aqueste. que está muerto, No está, mas calla, cual si lo estuviese. Con el acero en la mano murio bizarro, y valiente. Sí, que estas son las candelo con que los soldados mueren Mas ya veo al Almirante. Harto de buscar la muerte, bañado el cuerpo de sangre, brota el alma fuego ardiente Dónde Almirante, si herido estáis, vais de aquesa suerte, confuso, y desesperado; limpiaos el rostro con este lienzo s se le cayó, el del Rey fuese; mas pues entre el lienzo pudo sacarle agora sin verle, de aquí pretendo apartarle, no en el repare, y me deje con mi temor; ay amigo, que ese remedio es muy leve para accidente tan grande como el que el alma padece. Vamos a la tienda, adonde esa sangre que se os vierte se ataje. Salga a los ojos en ella el valor que tiene el corazón, cuando esmalte la lealtad, que me ennoblece Arnesto, yo he de llevarle al Rey la nueva de aqueste suceso. más cierto aviso, y más breve embiaremos, porque importa que fortificada quede Belgrado, y será forzoso a ello estar los dos presentes, fuera de que no es posible, hasta que el Turco se aleje, que auque le emos derrotado, si el socorro que le viene es verdad, sobre la plaza ha de volver. Con que quede vuestro valor a la vista vendrá en vano, y solamente ese Españo! que me sirve irá conmigo. . Valiente ha quedado en la campaña muerto, adonde podéis verle. Mejor te lleven los diablos. No sé en tal riesgo que hacer- porque declararle el orden (me; del Rey, no es acción prudente, y sin ella, no es posible reportarle, y detenerle. Ml sn fin ya os he dicho Arnesto, que no es posible que deje de ir yo a Viena. Que en eso vuestro valor se resuelve? Si amigo. Advertid primero. Nada mi intención advierte: ya de sus dudas no aguardo alivio que me consuele. . Ar pues no es posible Almirante. Pues quién lo estorba? Quién puede. b. Quién puede? El Rey, que lo manda. Si él lo manda, obedecerle; mas porque razón lo manda? Porque a la posta me llegue, a Viena, y porque el campo solo fin los dos no quede. quédaros vos será fuerza. Soy su vasallo obediente, Con aquesto que he fingido . quito que en su mal sospeche, que esta noche iré a Viena en secreto, y si me diere el Rey otra orden, luego. volvere a Velgrado a verle. Ya se fue: yo quiero agora ver, que la carra contiene: si es la del Rey, Dios me valga! porque al verla se suspende la vista en su firma, como quien siendo leal se teme ofendido, y ya se queja de que vengarse no puede. Un áspid, un basilisco. cada letra me parece, cuando al verlas, y al tocarlas, me emponzoñan, y me ofende;, y como al temer mi agravio es forzoso que me acuerde, que ha inventado la malicia. veneno hasta en los papeles. Con el papel he quedado, como el hidrópico suele. quedarse a vista del agua, cuando entre dudas crueles. perder la vida que estima, si a beberse arroja, teme, y ansioso por otra parte. muere de sed, si no bebe; mas si ya hidrópica el alma, sin esperanza adolece, que aguardo, beban mis celos todo el mar, aunque se aneguen. Pues solo quedó mi amo, resucitar me conviene, y ver lo que hay: voto al soto, que si es oro; mas erreme, que de algún Albeitarera el costal; pues dentro tiene erraduras, pujabante, tenazas, muelas, y dientes de caballos, trementina, unto sin sal, pez sin peces y clabos, con que de clabo la fortuna echó mi suerte; pero también a mi amo le salió mal lo que lee, si es que de su amor el oro en yerro los clabos vuelven. Ol valgaos Dios por recelos, que orden de un Rey tan prudente no se da, si no es que alguna gran desorden se recele, que no vuelva yo a Viena a Arnesto el Rey le previene, cuando de hazañas invictas mi fama el lauro merece; y Amadeo, que al instante vaya allá; pero detente cauteloso pensamiento; mas como ha de obecerme, si corren por sus ideas tantos indicios aleves. Grande el daño es que le obliga que con tal ansia se queje. Pues a quién podré quejarme en estos campos siluestres, donde sin consuelo alguno me escucha, quien ya no siente? Si hay quien sienta tus pesares, y quien tus penas consuele, que aquí con su voto a Cristo tienes mi espada valiente. Quién eres? Soy tu criado. Vivo estás? Pues no lo adviertes. Muerto te vi. Engaño ha sido. Muerto estoy. Eso ser puede, que yo de haber muerto acaso esta tarde, quince, o veinte Turcos, que en sal dejo echados dormía aquí alegremente. No es así, que muerto estabas mas es mi pena tan fuerte, que aún los que sin alma yaces se lastiman, y la sienten. Ya el juicio perdido casi, tanto el pesar me en loquece, que si no voy a Viena, ha de asaltarme la muerte. Vamos pues, que yo a tu lado moriré. Disculpareme, con que a mí el Rey no me ha dio que no vaya, y envíarele (elo a Arnesto a darle las nuevas, que después que solo quede, sin ofender a ninguno, ir podré encubierto a verle. Qué es tu mal? No lo has oído? No señor. Pues callárele. . Dilo No es ya remediable. Muchísimo, este villete que hallé en mi aposento aye me espanta, por no saber quien ha sido su alcahuete. Mas de Tragaaldabas ser del sóbre escrito se saca; porque dice, a Doña Uiraca, que fue mi casi mujer. No me he atrevido hasta agora alcerle de puro espanto; mas leole tan en tanto que aca sale mi señora. Procurando mi valor, (bien que con suerte contraria) por verte dueña ordinaria, nacerte dueña de honor: a la guerra vine osado, mas fue mi esperanza vana, porque viniendo por lana, temo el volver trasquilado. Mas sies cierto que me he muerto que vendré a verte es notorio, si me voy al Purgatorio, ten tú, por si acaso, abierto tu aposento, que aunque en calma suele un espírituir, yo procuraré venir a verte en cuerpo, y en alma. Ya un gran temor me despeña. Y entiéndase lo tratado, si Dios perdona el pecado de haber querido a una dueña. Y pues de aqueste destierro fue la ocasión tu delito, para allá Urraca te cito, pues por ti me mató un perro. Grande miedo voy cobrando. . Mas esto no te exáspere, nque yo vendré si pudiere haverte de cuando en cuando. Tuyo, y fecha en conclusión, del infierno en la cocina, hoy día de Celestina, le víspera del mal ladrón. Ay de mí! qué si algún brujo . no trujo aqueste papel, según lo que dice en el algún demonio le trujo; porque si esta no es mámola, y el volver acá es factible un alma, como es posible que Urraca se acueste sola. Urraca, traeme recado de escribir. Yo voy por el. Cuando en riesgo tan cruel se vio un honor empeñado? mi esposo está deshonrado, yo de amarle ya impedida, y del Príncipe ofendida, (siendo también la ofensora) aborreciéndole, sgora al Príncipe estoy rendida. Mas válgame Dios! no fuera posible, que hubiera sido ilusión lo sucedido: ay Dios, si ansi sucediera, porque parece quimera haverme engañado ansí: mas que me consuelo aquí, si después que imaginé que allí con mi esposo hable con el Príncipe me vi: cierta es mi pena, y más cierto mi tormento irremediable; pues con ansia tan notable, vive un corazón tan muerto: la mayor congoja advierto en mi pasión repetida, pues no estando arrepentida de amar, tomara en tal hado, por no verle deshonrado, ver a mi esposo sin vida. Si al Rey pido en mi tormento venganza, no la consigo, que es padre del enemigo, y ha de oponerse a mi intento. Si a la Princesa le cuento mi mal, se irrita celosa; y si al Príncipe llorosa de él me quejo, como a juez me pongo a riesgo otra vez de su pasión amorosa; pues algún modo ha de haber para consolar mis males, lágrimas vuestros raudales den consuelo a una mujer. Llorar, sentir, y temer, todo es uno, en el decoro de amor, yo esposo te adoro; y han sí llegue a tus oídos el eco de mis gemidos; pues que temo, siento, y lloro, la ira de Dios, atenta a un llanto, por él se aplaca, de adonde claro se saca, cuál es del honor la afrenta; pues si el cielo se lamenta del que llora, y no el honor, parece ofensa mayor, que del cielo, la del duelo; pues el llanto obliga al cielo, y no mueve al pundonor. Y más pena en mi amor miro, que yo sin haber pecado lloro, y no se ha perdonado la ofensa por quien suspiro. (ro Lloro el mal, mi agravio admi- y honor el remedio ignora, no puede haber más traidora crueldad en este accidente, que llorar como inocente, y pagar como ofensora. , que Ya está aquí. Cierra esas puertas, que salen de aquí a los dos cuartos del Príncipe, y Rey; que aunque agora a escribir voy mis quejas a quien me ofende, le ciega ansi la pasión, que temo que a todas horas vuelva a profanar mi honor. Mas dime, estás cierta en que en el Príncipe, con quien yo hablé engañada? De mí no puedes quejarte, no, que ya te avisé que el era. Dices bien, yo hice el error Y la Princesa de ti quejosa está. Sin razón será. Es la verdad, mas comoE porque el Príncipe te amó, falta (fingiéndose enfermo) a corresponder su amor; pues aún escusa el hablarla, y después que a Ungría llegó, Llo te echa la culpa de todo. Todo es nota en mi opinio Y aún no sé con que cuida Margarita preguntó m si te había vuelto a ver el Príncipe. . Qué dolor! RReo haz lo que he dicho. Qué pena me da; más quién es? Yo soy, que seguro de que sepa mi padre ya mi afición; pues que le cogí mi anillo, ye que el Almitante envió yo? a ese monte de desdén, a ese prodigio de amor, a esa causa de mi mal, y a ese móvil de mi accion que vuelvo a asaltar tan constasea vuelvo a rogar tan sin Dios,qui vuelvo a insistir tan sin almiría. vuelvo a seguir tan veloz. pe como quien tan despreciad se d se ve de ella, que ansí estoy rendido al rigor que sigo, (aol que me deleita el rigor. Pues señor, yo no me atrevo. Toma, y calla. Pues por Dios que te está escribiendo a ti. Qué me dices? Galalón fue traidorcilio de teta conmigo; digo señor, que a cerrar esotra puerta del cuarto del Rey me voy. Hazlo ansí. Qué es lo que he oído? si acaso Engenia me oyó, y más blanda a mis suspiros, ya sus desdenes rindió. qué importa que hablar la vuelva; mas quien está aquí? Yo soy. Y Eugenia que hace? Escribir. . A quién? No lo sé. . Pues vos porque cerrabáis la puerta? Porque ella me lo mandó. y entraos allá. ̱. San Antón, yo te ofrezco seis cochinos si en limpio me sacas hoy. . Largo he escrito; pero es fuerza que es queja, y tengo razón. A solas lee lo que ha escrito, quien lo oyera. Ya acabo de escribir, y para si lo lee con turbación. V. Alteza, señor mío, se disponga por mi honor aolvidarme, le suplico por quien es, y por quien soy. Advirtiendo, que no olvide, si prosigue mi afición, que su intento, que ya en vano desdora mi pundonor, desautoriza mi afecto, y desmiente mi opinión. Al ser quién es se opondrá atrevido a su valor, que aunque me tiene por suya, engañada, desde hoy, a pesar de sus afectos, de su Imperio, y de su amor, me resistiré constante, muro, y firme roca soy de mi esposo, y para amarle siempre vive el corazón. Bien está, quiero enviarle luego; pero como yo hago acciones que ser puedan contra mi reputación. Que de pareceres muda. un agravio; pero no es bien que jamás se escriban indicios contra el hovor. Rompo el papel. Yo he de leerle; pues hacia mí le arrojó. Haced cuenta que cerrasteis, . Aunque rompió el papel quiero ver que ha sido su intención. Pero también el dejarle (aunque roto) aquí es peor, pues cualquiera que le hallare pensará. Válgame Dios! Mas sin duda el otro medio cogió el Rey. Mas si guardó el medio papel mi hijo, mas no será discreción el examinarlo agora. Turbado, y confuso estoy! . Príncipe, Engenia, que es esto? Grande es ya mi turbación . Gran Rey, yo no acierto hablar! Príncipe, lance feroz! dos veces en este cuarto vuestra Majestad, señor, con el Príncipe me ha visto: mas ya las quejas no son de provecho, porque cuando obra ciega una pasión, dio ya en llamar a las quejas lisonjas el ciego error, solamente la justicia, que mudo os pide mi honor. La piedad con que os invoco Príncipe, en esta ocasión me valga; pero que digo, cuando me miro entre dos, que uno ha de oír como padre, y otro obrar como ofensor. Mas pues declarar no puedo mas mi pena, yo me voy triste, afligida, y turbada, con fe, con lealtad, y amor, tierno el pecho, mudo el labio, desalentada la voz, mal formados los suspiros, y ahogado ya el corazón, si el mundo no me la hiciere, a pedir justicia a Dios. Tened Eugenia. Es en vano. Mirad señora. Es error. Qué intento. Ya no hay remedio. Qué aguardo. Darme ocasión para matarme, escuchando mi agravio, y mi deshonor, en afectos que atropellan, la más noble obligación. Ya el anillo que pensé que di a mi esposo, hace hoy cierto mi agravio en la mano del que más me des honró. Dajadme, o viven los cielos que haga tal demonstración: más perdonad señor mío mi apasionado furor, que en mi crédito ofendido mi obediencia tropezó. Y vos Príncipe, vos hijo, porque sepáis el valor que ofendéis, si aquestas quejas son ciertas, y justas son. Quiero deciros quién es el Almirante, a quien vos poco atento a su decoro, y al mío: mas que rumor es este? Tras cada instante, más me hechiza su afición, que a fuerza de sus desprecio en mi alma se imprimió. Dele vuestra Majestad, o vuestra Alteza señor, al Conde Arnesto los brazos del Turco ya vencedor. No entró Anibal en Carta no entró en Numancia Scipie con mayor honra, y aplauso, que hoy entro en Ungría yo. Seáis Arnesto bien venido. Gracias del suceso os doy. Del desdo de serviros llevar puedo el galardón, más de la gloria, y aplauso, del vencimiento mayor, se dé solo al Almirante, a cuyo invicto valor deben vuestras Majestade félice el suceso de hoy, perdido el Ungaro campo en tal extremo se vio, que cantava la victoria; ya altivo el Turco feroz, cuando bizarro, y valiente, en una mano el vastón, en otra el bruñido acero, y su lealtad en las dos; se empeño en los enemigos Ladislao, con tal valor, que aunque acosta de la sangre que en la batalla perdió, triunfo en favor de la Iglesia el nuevo, y fuerte campión de Ungría, que ya en Belgrado queda dando envidia al Sol. Pues que se vuelve al instante a gozar del vencedor triunfo que he de prevenirle; ya esto importa a su opinión . Beso a vuestra Majestad los pies por tan gran favor. Ya él está dentro en Biena, que encubierto en ella entró esta noche, y en mi cuarto se recata, donde estoy temiendo ya de sus celos la infame averiguación. Vamos; id acompañando al Príncipe Arnesto vos, que yo quiero acompañar a Madama Engenia hoy, que esto merece quien tiene tal esposo. Yo señor, por vuestra esclava obedezco. Bien merecido blasón. Más cada instante me muero de celos, desdén, y amor, que ya el Príncipe Amadeo me ofende con su atención . Qué importa el honor aquien por desdicha le perdió. . Que gran dicha! Por mi cuenta corre Eugenia vuestro honor. Pues lee de señor el papel, que está entre el Príncipe, y vos Ya se han ido, y yo siguiendo el norte de mi afición, ver quiero a quien escribia. Del papel media razón puede leerse. Dice ansí lo que a esta parte quedó. Vuestra Alteza. Señormío. Se disponga. Por mi honor. A olvidarme. Le suplico. Por quién es. Y por quien soy. Advirtiendo. Que no olvide. Si prosigue. Mi afición. Que su intento. Que ya en vano. Desdora. Mi pundonor. Desauroriza. Mi afecto. Y desmiente. Mi opinión. Al ser quién es. Se opondrá. Atrevido. A su valor. Que aunque me tiene: Por suya. Engañada. Desde hoy. A pesar. De su Imperio. Y de su amor. Me resistiré. Constante. Muro. Y firme roca soy. De mi esposo. Y para amarte. Siempre. Vive el corazón. Si el medio papel mi hijo como temo se llevó, que se le hubiera llevado entero fuera mejor. Si el otro medio papel mi padre acaso cogió, será mi mayor desdicha, la que es mi suerte mayor. Porque aunque roto le miro de cada medio rengión saco, que al Príncipe, Eugenia desdeña con fe, y valor. Porque aunque el medio fue solo el que en mis manos quedó, del saco que está ya Eugenia rendida a mi pretensión. Es sin duda, volver quiero a leerle. Porque si no fuera aquesto, el escribirme, de esta suerte, fuera error. Vuestra Alteza se disponga a olvidarme por quién es; ad- virtiendo (si prosigue) que su intento desdora, desautoriza, y desmiente al ser quien es atre vido, que aunque me tiene en- gañada, a pesar de su Imperio me resistiré muro de mi esposo siempre. Señor mío, por mi honor! suplico, y por quien soy, que no olvide mi afición, que ya en vano mi pundonor, mi afecte y mi opinión se opondrá a su valor, por suya desde hoy, de su afectos, y de su amor, constan te, y firme roca soy, y paraa marle vive el corazón. Que más claro ha de decirle que no persiga su honor. Que más amorosa puede admitir mi inclinación? Luego el temor que tenía se queda en solo temor? Luego la queja que daba fue solo exageración? Quién lo duda? Quién lo ignora? Qué suerte! Dichoso soy! Vuelva su esposo a la Corte Vuelva a alentarme mi amor Pues que ya estoy satisfecho Pues favo recido estoy.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA No es traición darle a un afeca que tan rendido suplica, favor, fuera de que vango llamado, porque ayer fina Engenia me escribia, cuando mi padre con su venida lo estorbo. Pues señor mío, ya es forzoso que te diga, que no pases adelante, que después de recogida mi ama, en su cuarto un hombre vi entrar, que embozado iba, y al verme, con una daga me amenazó con talira, forzoso. Y quién fue? Sería, o el Príncipe de Saboya, o el Rey, que por su honor miran. Mi padre no, que Amadeo debe de ser quien me incita, pues ya mi afecto recela de que tan fino la asista. Tarde es ya, y el Almirante . Qué injuria! rato ha ya que dijo que iba a ver su esposa; y teniendo sus celos causa precisa, vengo a estorbar no suceda el riesgo que antes temía: ya a la antesala he llegado de su cuarto. Ya a las iras de mi honor, no ha de poderse escapar tu alevosía. No es esta la voz de Eugenia? Si señor. Qué escucho! Digna es Eugenia tu memoria, de lauros, palmas, y olivas. Traidor espera. A mi cuarto me retiro a toda prisa, pues que no me han conocido, . Acaso. y Amadeo, prevenidas me dejó todas las puertas. ̱. Yo he de saber quien la incita . Nadie prosiga. ̱. Yo tengo de ver quien sale. . Sola yo, con la licencia, Ya yo estoy tan tamañica. Cobarde escucha, mas cielos con quien se encontró? desdicha grande! Arnesto. Sacad luces. que fue el callar, y el volverme . Qué estrella tan enemiga! Detras del tapiz me hago sorda, y quédome escondida. Qué es esto? en mí mismo cuarto, y a estas horas, desmentida la lealtad: pero qué miro! Príncipes? Eugenia: hija? Muerta estoy! De celos muero. Que alevosia! Vos en la mano el acero? vos descompuesta, y perdida? vos atrevido, y resuelto? y vos de esta suerte misma? dando al agravio venganzas, dándole fe a la mentira, dando al apetito rienda, y crédito a la malicia? Qué es esto? hablad: embainando las espadas vengativas me respondéis? pues que importan demonstraciones rendidas, cuando infames desafueros tanto honor desacreditan? Yo, señor. No hay que decirme. Cuando. Callad Margarita. Ninguno hable. Pudo ser. señor, de verme ofendida, (aunque suele hablar sin ella la que sin honra se mira) pues que no pudo el acero envainar, tema mis iras quien me ofende, y desagravie mi fama la lengua limpia de esta daga, que os informe en mi favor, cuando os diga que tener puedo el acero desnudo, estando ofendida; sin que aquí a traición se tenga de mi valor la osadía. Pero en fin, para que borre la lealtad notas indignas, y al ejemplo del agravio la traición no se permita: esta daga que a mis manos venganza a mi honor pedía, conozcala cuya fuere, si es que hay pasión atrevida, tanto que no se avergüence, que una mujer la corrija. Yo señor, suerte tirana! estaba, pena crecida! a mis solas, rigor fiero! esta noche, injuria impía! cuando; pero ya no puedo, ni me atrevo, aunque me obliga mi honora decir mi ofensa; quien la causa está a la vista: y el honor de quien nos oye se opone a quejas precisas, pues hable por el decoro de cuantos aquí se miran, el honor del Almirante, que limpio en mis ansias viva; él en la campaña atento a quien es, contra Turquía, dilatando el Reino, para el que ha de heredar su silla, Yo viendo, que sin reparo, ciego amor que a errores guía le conquista el honor, cuando el su fama le conquista, Pues qué es esto? cómo puede llamarse sacra, y divina, la Majestad que sujeta está a obrar cosas indignas? que aplauso dará a su fama, quien ciego de sí se olvida, y al escándalo le pone la espuela de la malicia. Yo sola, mi esposo ausente, él sin suerte, yo sin dicha, y oleal; el desdichado, constante él, yo compasiva, yo firme, el desconfiado, el amante, yo ofendida, yo sin culpa, el con recelos, suhonor muerto, Eugenia viva y demás a mos pesares, sin poder pedir justicia, ni vengarme, santos cielos? permitid en tal desdicha, o que no ofenda al vasallo el Rey que el honor le quita; o pues no puede vengarse de quien se le tiraniza, que sea justo que se mate quien agraviado se mira, como yo lo hiciera agora, dando por mi honor mi vida a no mirar que he nacido leal, y que alevosía delante de mi Rey propio, fuera matarme a mí misma. Oye Eugenia. Escucha. . Espera, Furiosa va. Margarita reportalda. Aunque inocente sé que esta, muero de envida mas ya es forzoso sacarla del engaño que imagina; porque yo tengo euidencia que del engaño me avisa. Qué lástima! Con la Reina id los dos. Grande desdicha! De esta vez temo, si acaso . me hallan aquí, que me pringan. Tan ciego el amor me tiene, que ne utral ya en mi porfía, cuando me desdeña, y llama, no entiendo el oscuro enigma mas si he visto que Amadeo. Príncipe oíd. La visita. de noche. Estefano oídme. Qué espero, que su osadía no castigo. Estáis en vos? No señor, que divertida el alma en dulces memorias, su objeto siguiendo iba; no estoy en mí, que en la gloria de una idea fugitiva, ciego estoy. Pues volved presto, volved en vos, que es cosa precisa, que yerre, el que ciego, y loco por tal despeño camina. No deis ocasión que haga demonstración Margarita, de desprecios indecentes: y en fin, porque vuestra altiva pasión deje gobernarse, de mi consejo advertida, ya os he dicho muchas veces, que al Almirante le estima mi amor tanto como a vos. Vuestra Majestad me incita mas con eso; y ya pudiera conocer por las premisas que le dan mis pensamientos, lo fuerte de mis fatigas, Yo estoy muerto por Engenia, sin ella no tengo vida, yo rendido la idolatro, ella corresponde fina. No paséis más adelante, con palabras tan indignas; que yo se lo que ha pasado, y no es razón, ni es justicia, de pretendidos agravios, hacer ofensas creídas. Tal está, que aún no me atrevo a declararle el enigma, por quien soy del Almirante defensor. El riesgo mira vuestra Majestad de lejos, pase en mí sus fantasías, y si se venciere, entonces culpe mi amante porfía. En fin no tienen remedio vuestras locas demasias? Mi esperanza en sus engaños es quien le imposibllita. Aqueso yo lo juzgara, que no creo aunque más digan, que haya, si no es por engaños, mujer noble que amor rinda. Pero en fin en el silencio se sepulte esa desdicha, sino queréis. Vano intento. Que yo. No aura quien reprima mi amor. Que en fin no hay remedio? Morir yo, o ella ser mía. Pues Príncipe, ya que habemos llegado en estas porfías a empeñar el duelo en leyes de obediencia, y de justicia. Vos habéis de resolveros a no hablar en vuestra vida, que es no hlablarlar a no mirarla, que es no mirarsa? a no oírla a Eugenia, y darme palabra que os fuerce el duelo a cunplirla, o emos de reñirlos dos. Ya esa es tema conocida. Esto ha de ser vive el cielo. Vuestra Majestad se sirva. No hay que replicarme a nada Pues señor, la pasión mía ya está tan dentro del alma, que a obrar se imposibilita más que amar a Eugenia hermosa vuelva a su edad primitiva vuestra Majestad los ojos, y haciéndose Coronista de su amor, cuando rendido quiso a la hermosa Lucinda, viuda del viejo Almirante, se verá en ciegas conquistas loco escándalo del Austria, y sordo incendió de Ungría. Si entonces alguien llegara a decirle. No prosiga vuestra voz, cuando disculpe con mi error sus demasias; sino tratad de ausentaros de mi presencia, y a dicha tened, que con este acero no castigo la atrevida libertad con que me hablasteis, Pues señor. y Idos apriesa de aquí, que aguardáis? Si es Dios el amor, nadie me diga, que obedece humanas leyes, quien quebranta las divinas. Y Eugenia? Ya sosegada queda. Desdichada hija. Quié dices? Oyenos alguién? No señor, sola se mira esta sala. Yo soy sorda, pues callo por más que digan; pero es porque me tienen aquí en mi trampa cogida. Mira bien si alguién nos oye No señor, dequé te admiras: Del aprieto más extraño, en que la suerte enemiga puso jamás a hombre humano oye, y sabrás mi desdicha. Aura ya casi treinta años Arnesto, que yendo un día por los campos de Viena, la memoria divertida, siguiendo una garza hermosa, (qué volando parecía, si no azuzena con alas rayo que subehacia arriba.) Cansado ya de correrla, vine a parar a la quinta, que hizo el Almirante viejo, en cuya esfera florida, mejor Sol, con vivos rayos, acaso estaba Lucinda su esposa, dando alagueña, (en virtud de ser su ninfa) al Sol resplandores bellos, al cielo castas envidias, al prado hermosos halagos, al aire pompas floridas, a la flor colores bellas, al cristal fecundas risas, nuevos ecos a las aves; y a todo el campo alegría. Y en fin si mal no me acuerdo, sacando en mi fantasía del amor que tuve entonces, agora la perspectiva; Adonís nunca por Venus, Hércules por Deyanira, Jacob por Raquel hermosa, David por el bien de Urías, Bruto por la bella Porcia, Hipólito por Amina, Apolo siguiendo a Dapiines, y amando Vireno a Olimpa, no hicieron tales excesos de amor, defe, y de caricias; pues vo excedilas verdades, y las fábulas antiguas. Casi seis años Arnesto, duró la amable conquista, fin que mi amor le debiese, ni una esperanza a Lucinda, que en la fe de quien se guarda (por más que el poder le oprima) solo el honor está esento de amantes soberanías. El Almirante su esposo murió a este tiempo en Ungría, y viuda Lucinda entonces (prosiguiendo yo en servirla) con fe, y palabra de esposo llegué a gozarla, y en cinta que dando del ciego empeño. (por estorbar las malicias populares) que quedaba preñada, fingio advertida, del Almirante en dos meses; y fue tanta nuestra dicha, que a los siete de mi empeño, retirándose a su quinta, fingió el parto, y a los nueve cumplidos, ya algunos días, me dio al mundo a Ladislao; bien que a riesgo de su vida, pues que la perdió en el parto: con que a pesar de mis firmas libre quede a la palabra, pues que no pude cumplirla, y por hijo Ladislao quedó del muerto, y Lucinda, Según esto, considera tu Arnesto, si la desdicha puede ser mayor, que haberse hoy empeñado las iras; de suerte, que a un hijo veo sin honor, y que justicia no puedo hacerle, por ser Jna. mi hijo también quien me indig El secreto que ha importado por el honor de Lucinda, ha puesto a mi honor agora en el riesgo que hoy se mira: el ofendido es mi sangre, quien le agravia, sangre es mía, si a uno ayudo, a estotro falto, si a este halago, aquel se irrita; decir el mal no es decoro, callarle, injuria es precisa, temeridad, avisarle, no avisarle, alebosía, consentirlo, infamia grande, dejarlo ansí, acción indigna, declararlo, riesgo cierto, encubrirlo, titanía. Dime, que he de hacer Arnesto, que yo entre tantas fatigas solo en la muerte de entrambos, halló el honor de sus vidas. Paréceme, señor mío, que apropósito sería, que el Almirante a Viena no vuelva en algunos días, hasta tanto que se sepa, si es verdad, o es fantasía lo que temes. . Hay amigo! que si es pesar, no mentira, fuera de que está llamado. Pues tú el remedio imagina, que el consejo en esta parte no es fácil, no que le admitas. Porqué? Porque no le hallo fin nota de la malicia. Vamos, ha cielos, que aprieto. Válgame Dios, que desdicha Malo va, y será peor si saben que causa he sido que haya quedado ofendido del Almirante el honor. Y en se mejante cuidado, no doy por mi vida agora, no solo dos cuartos de hora, más ni un cuarto de ahorcado. Mas de aquí quiero salir, que de miedo que se ha muerto y a Tragaaldanas, no acierto a andar, ni se adonde ir. Aunque simpre yo he tenido amor a la plata, y oro, no quisiera ser tesoro, por no verme un día escondido. Todos tuvieron por cierto, que en la batalla morí, y yo después que lo oí, también me tengo por muerto Más las luces mataré, porque acaso no me vea Engenia salir, y crea que yo al Príncipe aqui entre esta noche. Urraca oí, si está sola he de espantarla. Que en sin murió en la batalla el buen Tragaaldabas? Sí. Jurara que el eco tierno di de su voz agora? Ya tiembla la pecadora. Como si yo a solas hablo, me responde el eco aquí. Eres Tragaaldabas? Sí. Con quién hablas? Con el diablo. Porque en fin, y en conclusión, bien que acá será lo mismo, las dueñas en el abismo, son diablos de devoción. Si estás ya en el ataud, Misas te haré decir hoy. Aunque ya difunto estoy, dime algunas de salud; y escucha palabras dos, porque en miendes tu pecado Urraca, y de aquese estado salgas, volviéndote a Dios. Di pues. Ya yo te escribí que muerto Urraca me había, que fuera descortesía no darte cuenta de mí. Y que no hallando algún modo, aunque dije que era hidalgo, de irme al cielo por algo, me fui al infierno por todo. Donde la primer persona que allí hablé, me respondió con la voz gangosa, yo soy la dueña Quintañona: díjome, al fin te veniste al infierno por tu pie, tan solamente, porque bien a una dueña quisiste. Pues mira, triste de ti, de lo que las dueñas muertas sirven dentro de las puertas del infierno: y a unas vi, que fieras, tristes, y toscas, al diablo chismes decían. otras que aire le hacían, quitando a Luzbel las moscas. otras también, que en eternas penas (por más desconsuelo, enfermo, al diablo cojuelo trayendo estaban las piernas. Y entre las demás que vi, te vi (Urraca) en sombra allí por dueña de tus pecados. Válgame Dios, que he de hacer? Porque el diablo no la lleve, dejar de ser dueña debe Urraca cualquier mujer. No me dirás con que treta excusaré el ir allá? Sí, con volver lo que acá te han dado por alcahuera. Pues a quien lo volveré, triste de quien tal oyó. Dámelo tú a mí, que yo al diablo se lo daré. Porque al diablo? Porque arguyo que el lleva lo mal ganado; y si ganando has pecado, lleve el diablo lo que es suyo. Tómalo; mas pues porfías, dime que harán de ello allá? Todo se repartira al instante en obras pías. Tienes más joyas? No cierto. Míralo bien. Ya lo he visto. Pues queda con Jesucristo que aguarda un amigo muerto. Pues del infierno entre el susto como a Dios tu voz nombró? Cómo? porque me fuiyo al infierno por mi gusto. Yde tiré yo tan sola? Ven te serviré de guía. Jesús que mano tan fría. Válgame Dios que mámola Suspended la pena injusta, que ese intento, ese dolor, ni es digno en vuestro valor, ni con vuestro honor se ajusta. Ya el Rey sabe que aquí estáis; pero no obstante, advertido, hasta que el os llame, os pido amigo que no salgáis, de mi cuarto; que tenéis? Loco estoy. Qué discurris? que en lo que calláis decís aún más de lo que teméis. Y yo de la turbación de vuestros varios desvelos, saco que el mal es de celos, mas sé que sin causa son. Sois mi amigo? Quien lo duda. Teméis mi mal? Quien lo ignora. Pues oíd Príncipe agora. Ya os atiende el alma muda Después (oh ilustre Amadeo) que entre en Belgrado el socorro. nuevas glorias dando a Ungría, y a mí honor nuevos encomios. Después que a vuestros avisos, muda el alma, el pecho absorto quedó herido de los celos mi corazón valeroso. Nuevo temor le dio al alma, ver que sujeto el decoro esté a la opinión infame del vulgo siempre alevoso. Vínose Aruesto a Viena, segulle yo cuidadoso, y entrando de noche en ella, en vuestro cuarto me escondo. Celo el mal que me amenaza, y aunque mis agravios oigo, satisfago en ellos mismos la fe que rendido adoro. Pero en fin considerando, que al honor escrupuloso. aunque falso sea el indicio) le ofende el menor asomo. Ciego a la inocencia suya, y a mi afecto mudo, y sordo, entró en el cuarto de Eugenia a dar venganza a mi oprobio. Determinado a matarla llego al lecho, y al dudoso resplandor que una bujía daba desde un e scritorio. Que estaba junto a la cama durmiendo la vi, oíd como, para que más os lastimen su inocencia, y mis enojos. En el lecho recostada, aún no dormida del todo, (qué quien tiene algún cuidado con pena se rinde al ocio.) Aquel árbol de la vida, por tantas partes hermoso, floridamente suspenso, dejó el sueño inútil tronco. Un listón que aprisionaba la crespa madeja de oro, que las minas de su oriente fecundo con rayos tojos, Si abrasado de sus luces, no y a a sus violencias roto, soltó el raudal de cabellos, que oudeando de hombro ahombro. Mar vermejo parecíán, en cuyo confuso golfo, el Sol de su hermosa cara, se puso echándose afondo, Honestamente al descuido límite puso el decoro, que a pesar de la licencia. de aquel mortal desahogo. (Fuera de una mano) apenas ver pudiera el vano antojo, ni el menos lascibo impulso, ni el más amante soborno. Que dé asombrado a su hechi quedé a su belleza absorto, quede a sus reflejos ciego, y quedé a su encanto loco. Mas después considerando, que el hombre que receloso llega a estar ya se aventura a quedar sin honra, y todo. Mato laluz, y llevado de un ciego impulso, me arr a que acaben en su vida mis penas, y mis ahogos. Despierta en tonces Eugen da voces, yo la reporto, fingiendo ser mi enemigo, ella calla, yo la informo del amor de quien me infam y ella (a lo que agora noto) cautelosa me acaricia; yo atendiéndola celoso, y amante temiendo el daño me arrebato, y me reporto. Casi aliento con aliento llegué a escucharla, tan otro de mí que ya al temor mío sudaban sangre mis poros. Y cuando yo la esperaba alevosa, en testimonio del honor con que me estima diciéndome cariñoso: llegad Príncipe a mis brazos, pues que ya vuestra me nombro y cogiéndome la daga, prosguiendo con enojo, para vengar mis agravios en vuestro intento alevoso, me tiró una puñalada, aque yo sagaz me opongo; viendo en la vívora hinchada de mis celos venenosos, que dio a mi honor (a su costa) la vida en infame aborto. Ella agraviada me busca, yo asegurado me escondo tan neutral en mis ofensas, que no me encuentro a mi propio. Ella prosigue diciendo, donde estás traidor despojo de mi honor, Príncipe injusto, tausa del pesar que lloro, donde estás? llega atrevido, llega de mi infamia al trono, donde lascibo el deseo muera en casto Mauseolo. No escuche más, porque dando su honor por firme, y heroico, y por cierta mi desdicha, triste, asegurado, y loco, dejándola con mi acero hul con pasos medrosos. Esto pasa, ved agora si con razón me apasióno de verme ofendido, cuando vengar no puedo el desdoro. Mal haya la ley infame del duelo siempre injurioso, que en atenciones ajenas fundó pundonores propios. Mal haya el injusto fuero del agravio ignominioso, que en las mujeres dispuso tan inconstante el decoro, indomito horror del tiempo, causa vil de injustos odios, telador de los agravios, yulgo irás monstruo si agora me ves infame, mírame leal, y todo, porque en la deshonra mía halle mi honor sus abonos. Mas ya amigo no es posible dejar de sentir celoso, dejar de morir honrado, le al siempre, y valeroso; pues muera Eugenia inocente, perezca yo cuidadoso, y quede el Príncipe vivo; para que cumplamos todos, el con el mal que le aflige, yo con la injuria que toco, ella con la fe que estima, y con el honor que adoro, el con el amor que sigue, yo con la lealtad que invoco, y ella con la acción que intenta, para que de aqueste modo, muriendo yo por leal, y ella por honrada, y todo. Acaben en la fortuna que sigo amante, y celoso, las iras, los desconsuelos, las desdichas, los asombros, los tormentos, los martirios, las penas, y los ahogos; y en fin el mal; que los celos sin causa han dado a mi enojo, cuando tengo el alma herida del honor que firme adoro. Si no supiera que el daño que teméis, engaño es todo, gran de lástima os tuviera; pero según lo que noto, de lo que al Rey Margarita fio, y a mí en su decoro, si es que es verdad que estuvisteis vos con Eugenia amoroso; cuando os fuisteis a Belgrado. Eso es cierto. Pues estotro lo es también, que Eugenia piensa, que el Príncipe cauteloso, ser vos fingió aquella noche, a quien Margarita, y todo engañó, fingiendo ser Engenia de donde el monstruo de estos celos ha nacido, que trae confusos a todos con su engaño. Qué decís? La verdad, más temeroso se ha entrado acá Tragaaldabas Somos duendes, o que somos, que escondiéndonos, habemos de andar de un desvan a otro. Qué hay? que el Rey a este cuarto viene. Salgamos nosotros a recibirle Almirante, y os satisfaréis de todo. Vamos, y quieran los cielos, que an sí sea lo que os oigo? Por Dios, que estoy ya temiendo que sea el engaño notorio del anillo; mas direles al Rey, y Almirante, como al Príncipe se le di; que de lo que a Urraca oigo, el Almirante, y Eugenia sin causa están recelosos. Pero que haré con Urraca, que ya recibido el como, y picada de la burla, me enseño en un escritorio otras joyas, y me dijo: Tragaaldabas, si mi novio quieres ser, todo esto es tuyo; sino al instante lo escondo. Yo no la hablé más palabra, y suspenso, y temeroso, no sé que hacerme en tal cas Si no me caso, no gozo de las joyas; si me caso tengo cierto un Purgatorio casado con una dueña. Buen remedio, no ser bobo casarme, y tomar las joyas, y poner luego divorcio, que entre un hombre, y una dueñe no es válido el Matrimonio Pero hasta el cuarto de Eujen he llegado poco a poco, que hablando con la Princesa viene; a este lado me escondo y por detras del tapiz las apeldo, y las acojo. Eugenia, tus desconsuele me lástiman de manera, que en mi amor delito fuera no divertir tus desvelos. Deja esos vanos recelos, y no seas homicida de tu honor, que por mi vida y de tu amor por la fe, que tengo evidencia, y sé que hasta hoy no estás ofendid Señora, albricias te pido Yo te las prometo, aunque no alcanzo de que. De qué ya el Almirante ha venido. Norabuena hayas oído bella Eugenia nueva tal. Triste estoy. A verle sal, en tanto que yo a hablar voy también al Rey, porque hoy se ha de remediar tu mal. ya Ya la fortuna ha llegado al aprieto más terrible; ya el encubrir no es posible sus celos, y mi cuidado: que aunque Margarita ha dado a mi honor tal confianza, como puede haber mudanza en suerte tan importuna; sino puede haber fortuna en favor de mi esperanza. Yo voy, mas ni sé que haga, ni que diga, ni que piense, ycon que su honor recompense, ya mi afecto satisfaga; pero que miró! esta daga vuelve otra vez a mis ojos? Parece que en los arrojos de su dueño habla conmigo, cuando contra mi enemigo l vuelve a irritar mis enojos. Mas no puedo por mi honor hacer más, que aqueste acero darle a mi esposo, a quien quiero declarar ya mi ofensor: si se atreve a ser traidor, el por si vengarse trate, que yo en tan fuerte combate, que no puedo hacer infiero, mas que ofrecerte el acero con que se vengue, o me mate. mas que es lo que ciega miro! mas que es lo que absorta veo! sombra aleve del deseo, eco fiel de mi suspiro, cuando en tu retrato admiro el origen de mi mal, quedo tan triste, y mortal, de verte, que me provoco a decir que estas tan loco como el mismo original. Qué presumes, o qué intentas? temes ya por tu castigo, que le diga a tu enemigo y a mi esposo sus afrentas? porque en cuanto representes mi ofensor, pienso que sabio dices, sin mover el labio, por razón que en mi conoces, calla Eugenia, no des voces, que yo ocultaré mi agravio? sino es ya que en tus desvelos, tengas falso, y alevoso, de que vaya a ver mi esposo, envidias, rabias, y celos. Si a la puerta tus recelos te han puesto para estorbar que vaya a mi esposo a hablar, mira tú como ha de ser, porque yo he de entrarle a ver de tu amor ciego a pesar. Mas pues mudo a mi decoro tu retrato aún le da miedo, en el (ya que en ti no puedo) he de vengar mi desdoro; porque si del mal que lloro fue mi copia el desacato, hoy ciega en la tuya, trato lograr, por mi recompensa, pues fue un retrato la ofensa, la venganza en un retrato. Válgame Dios! quién me ha herido? Aquesto es lo que hal pasado. De todo estad satisfecho. A mi honor le importa estarlo de mi Rey; y esta experiencia que aquí miro, al desengaño. Príncipe, Eugenia, pues como herido vos? y vos dando a tanta lealtad indicios, con el acero en la mano? Señor yo, muerto me animo! Yo señor, paso de mármol! Es algo la herida? Pienso que no. Pues decid el caso. Estando el Príncipe herido, y yo de esta suerte estando; este retrato que en tierra herido está, y profanado, hable por mí en el suceso más prodigioso, y más raro. Viome el Príncipe de Ungría, y ciego, u enamorado, herido de mis desdenes la noche que fue a Belgrado mi esposo, fingiendo amante, que era el mismo Ladislao. No prosigas, que esa noche yo contigo estuve, cuando de tu retrato, y su anillo me descifraste el engaño. Pues yo que en aquese anillo funde mis recelos varios, sabiendo que había venido mi esposo, al ir a buscarlo, a la puerta se me opuso, cayendo el retrato acaso del Príncipe, y como en el no pude vengarme, dando ciega al retrato de heridas, hoy permitió el cielo santo, que agravio que solamente del honor fue imaginado, en bosquejo de una ofensa, hoy sea también vengado de una venganza en bosquejo, porque ejemplo al mundo dando se conozca en mi decoro, por mi fama, y por mi aplauso pues fue en retrato la ofensa; la venganza en el retrato. Yo estoy satisfecho Eujena porque también lo he quedado de haberte hablado esta noche, que ese acero que en mis mano tomo, yo dejé en las tuyas; y hoy a vuestros pies postrado, Príncipe invicto de Ungría, os le rinde un fiel vasallo, porque me castigue el mismo si es que os ha ofendido en alg No estéis de esa suerte Eugenia, Almirante levantaos, que vuestra lealtad estimo. Y vos dueño soberano mío, admitid rendimientos de un Príncipe vuestro esclave Males que sin tan dicho tienen, por bienes los hallo. Pues Almirante, hijo mío, vos sois del Príncipe hermano y partiendo esta corona, pondréis a Eugenia en el marme del tiempo por más ilustre, que las que el mismo ha ensalzado Qué decís? Que sois de Ungría Jfante, viva vasallos el Almirante mi hijo. Viva Engenia, y Ladislao. Con que fin tendrá dichoso (si le agradare al Senado) del retrato por la ofensa, la Venganza en el Retrato.
