Texto digital de Obligar con el agravio
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco de Vitoria
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Obligar con el agravio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/obligar-con-el-agravio.

OBLIGAR CON EL AGRAVIO
JORNADA PRIMERA
Tan amigo os prevenís, cuando discreto obligáis, que a mi amistad le negáis. lo que a la vuestra adquirís. Mas como en ausencia tal, a nuestro afecto importuna tratadoos ha la fortuna? No se si os diga, que mal: porque entre injustos baiuenes, de sus rumbos desiguales, mis bienes han sido males, mis males han sido bienes. De suerte ha sabido dar a mis contentos disgusto, que no le he debido un gusto, sino a costa de un pesar. Pero pues sois tan amigo, que uno vivimos los dos, escuchad para con vos, lo que se para conmigo. Que aunque no recibe medio la pena que me condena; os he de hallar a la pena, ya que no os hallé al remedio. Supuesto que en vuestra ausen- (cia sentir vuestros males se, mejor os ayudaré a sentirlos en presencia. Y así, el pesar divertid, dividiendo por igual, entre los dos vuestro mal. Pues escuchadme. Decid. Seis años hace, don Diego, hoy diez y siete de Junio, que en Salamanca los dos acábamos nuestros cursos, de cuya madre común, infausto lecho de algunos, que no es milagro faltar, a pocos quien vale a muchos, Salimos los dos, siguiendo dos contrapuestos asunros; uno Venercos sosiegos, otro Marciales impulsos: de manera, que nos dimos en un mismo tiempo juntos, vos al aplauso de Venus, yo al Imperio de Neptuno; cuyos pielagos undosos, cuyos cristales ceruleos, sujetos a mi altivez, obedientes a mi orgullo; en vez del bramido Acuario que espumosamente bruto, promontorio de cristal previene al cielo dilubio; humilde cedió a mis plantas su arrogencia mas que mucho, si era desdichado yo y me esperaba otro susto mayor que aquel! y así, no fueron temores que tuvo a mi valor: si, deseos de darme mayor disgusto; que a un desdichado, los astros tal vez suelen importunos, concederle un bien, acosta de mayores infortunios. Con esta felicidad, que agora a desdicha juzgo; pues no la hallara en su solio a servirme de sepulcro; llegué a Napoles, adonde antes que viera sus muros, pluguiera al cielo, que hubiera por los undosos concursos hallado entre sus cabernas funesto ospedaje; en cuyo. ngubre seno, la muerte me fuera de más refugio, y me estuviera mejor; (pues al cabo de el tumulto, del tormento que me aflige, postrado a un tiempo, y confuso, he de humillarme a la parca, debido al cielo tributo) morir entonces; pues fuera, anticipándome a un susto, forcoso mentirme a tantos como noble disimulo. Pero quédense mis males en este estado, que dudo que haya tiempo para todos, si los refiero uno a uno. Llegué a Napoles en fin, fértil, y hermoso trasunto del Pensil, que a menos vidas piadoso el cielo dispuso su variedad a la vista, y su hermosura al discurso. Un tiempo la tuvo absorta; suspenso a un tiempo le tuvo, hasta, que de aquella esfera otro planeta segundo, al Dios que entre vidrios muere, y renace entre coluros, a tantas luces fue sombra, a tantas sombras fue bulto, a tantos rayos fue Sol, a tantas vidas berdugo; porque como suele Delio, cuando el contrapuesto curso del otro emisferio acaba, entre celajes noturnos, aparecer nueva luz en el estrellado vulgo; que fue mendigo a sus rayos, ostentación de carbuncos, y dar muerte a luces tantas con solo un amago suyo: así Julia (que este nombre por gracia el cielo le puso) nuevo Sol nació en la esfera del Napolitano vulgo, a quien las demás estrellas opacas cedieron culto: de este asombro suspendido, de esta gloria absorto, y mudo, en nuevas dudas me anego, en nuevas luces me ofusco. Llegué a verla, y llegué a amarla, que fuera en mi amor absurdo, a fuerza de causa tanta, no ver, y amar en un punto. Creció con la vista amor, con el amor el impulsó, con el impulso la audacía, con la audacia trato, y gusto; que aunque era noble, y hermosa, honrada, y prudente, pudo tanto imposible vencer, quien tanto amor tener supo. De tanta Venus Adonís, Júpiter de tanta Juno, casto laurel ofrecio a mi voluntad el triunfo: sin lugar de asentar plaza viví en Napoles un lustro, que las horas en quien ama pasan plaza de minutos. En este espacio, mi amor algunos aprietos tuvo, que no fuera amor, y mío, a no haber tenido algunos. De muchos triunfe, don Diego; pero en uno ay Dios! en uno espiraron tantos bienes, fallecieron tantos gustos. Pues los tormentos que paso, pues los pesares que sufro, de tanta desdicha son mal nacidos atriburos. Un día infausto; que noche le fuera nombre más justo: recibí un papel de Julia en que me manda, que oculto, y solo fuese a su casa; cuando el pabellón noturno por las ausencias del Sol viste los cielos de luto: amante mi dicha admiro valiente mi muerte busco, y amante, y valiente a un tiempo con gloria, y peligro lucho. Llegué a la calle (qué pena!) hice la seña (qué susto!) abriéronme, en fin (qué riesgo!) entre dentro (qué infortunio!) seguí unos pasos, y anduve por espacios tan ocultos, que sirvieron de presajios a los sucesos futuros. A tantas sombras su luz mi adorado dueño opuso envidia de cuantos rayos ostenta el Planeta Rubio. Estaba en su cuadra, como suele entre ropajes Turcos levantarse Infante el Sol para acostarse caduco, llegué turbado a sus ojos, que no llegarlo era injusto, cuando de quien ama es la turbación atributo. Amorosa recibiome, afable su luz construyo, y cuando logrando (ay Dios!) los más amantes arrullos estábamos; que desdicha. dieron golpes, sentí ruido, alboroteme animoso, ella a mante me detuvo, crecio la sospecha en mí, en los golpes el impulso, cayó la puerta en el suelo y entró un hombre mal seguro de su honor, y noble. Ved si hiciera temblar el mundo: puse la mano a la espada, la mano a la espada puso, y a Julia un desmayo entonces a brebe muerte condujo. Quédamos solos los dos, pienso que entrambos disuntos; porque el murió con su honor, yo con mi adorado bulto; él suspenso; yo turbado, en extasis iracundo, túvimos los dos alientos, pusimos los dos orgullos; mas yo, que menos airado, como ofensor que era suyo, estaba su aliento noble culpado, al fin me disculpo: oyó mi satisfacción, pero noble, y furibundo, la venganza de su agravio. en lengua de acero escucho, atrevido su valor, sin más palabras: qué injusto. robador del honor mío, morirás cómo te culpo, se arrojó a mí; pero yo con fuerza, y esfuerzo sumo, diestro a su espada me aparto, fuerte a su pecho me junto, y obrando entonces la dicha, mas que el valor que aseguro, con una punta le envisto, que tuvo efeto tan duro, que el pecho pudiera verla, mucho más lejos que el puño. Tan de repente murio, o de la herida, o del susto, que solo pudo su muerte servir a su fin de anuncio. Admirado, y vencedor, ya sin estorbo ninguno; si pueden dejar de serlo una mujer, y un difunto. Sin vida un hombre, prevengo muerta una hermosura, arguyo; un cuerpo sin alma, admiro; toco una deidad sin pulsos. En esta piedad me llamo, en aquel orror me busco, y entre lástima; y temor, elevado me confuudo. Aquí a su dueño hace exequias O funebre el amor purpúreo; y allí a su deidad molesto cede lo cándido cultos; hasta que con nueva vida del parásimo importuno volvió mi dueño: mal digo, volvió mi dano: pues cupo en su pecho tal crueldad, en su afecto tal insulto; en su alago tal rigor; en su piedad tal abuso. Volvió, y poniendo los ojos: en aquel mortal dibujo para los dos, su venganza a un tiempo pidio sepuseros; traidor digo, aleve amante, que profanas los indultos del sagrado de mi honor, a mi hermano has muerto? juro por los cielos, que has de ver como tu valor sepulto, como mi agravio castigo, y mi opinión restituyo. Que cuando el amor se enoja, sabe atropellar el gusto; y tomando el blanco acero que a los lánguidos coturnos de su difunto señor estaba manchado, y puro; para mi espada se viene, y apenas la suya cruzo para detenerla, cuando Narcisa, Flora, Tiburcio, que me matan, socorredme dijo a voces. Yo me turbo del aprito en que me hallo, del mal a que me pronuncio: pero advirtiendo el peligro, y que en mi ausencia vínculo el crédito del honor de Julia; de los pies uso; pues mirándola sanuda, con mi fuga restituyo la sospecha de su agravio, con el crédito de un hurto, con que segura su fama mi aliento, y mi amor seguros, entre opresiones la dejo, y entre elevaciones surco: más conociendo, que estar en Napoles, es profundo arrojamiento, sabiendo que con cuidado me buscan sus parientes, y su padre; juzgué por medio oportuno, antes que el Sol alumbrase otra vez al Indio adusto, partirme a Flandes, adonde mi conocimiento oscuro tuve, hasta que una nueva de que era muerto don Naño, que este era el nombre del Padre de Julia, un papel me trujo de un amigo mío, a quien en cargué este aviso, y junto, que Julia venía a España a estar con un deudo suyo, y a vivir en esta Corte, receví otro en que al punto me vengo: porque había muerto mi tío; a Madrid acudo, como heredero gustoso, como amante con disgusto; llego, y halloos venturoso: juzgo que con tal presudio, fausto fin a tanto mal la fortuna me propuso. Este de mi ausencia ha sido, amigo don Diego, el fruto, para mis bienes cuchillo, para mi vida verdugo, para mis males principio, para mis penas anuncio, para mis tormentos causa, para mi estrella tributo; más para serviros yo, a pesar de estos disgustos, con la vida que me sobra, poco importan infortunios: y así, desdichado, amante, celoso, triste, confuso, despreciado, aborrecido, postrado, humilde, seguro, perseguido, rico, pobre, dichoso, alegre, o sin gusto; pues nací para serviros, con ser vuestro esclavo cumplo. Julia la dama que amo, . don Nuño su padre muerto, en Italia el desconcierto, y su hermano el que mató; o es ficción de mi cuidado, o error de su fantasía, o a la noble sangre mía es Carlos quien ha agraviado mi padre, y de Julia fueron hermanos: pero huyó a Italia, donde casó el de Julia. Allí le dieron el castigo merecido los cielos, que justos son; pues fue la misma ocasión: porque huyo la que ofendido vida, y honor le quitó. Diome Julia luego aviso de su muerte, y fue preciso traerla a mi casa yo; mas no me he de declarar, ni con Julia, ni con Carlos, . hasta que pueda casarlos, o le tengo de matar. Si luego le doy la muerte por lo que escuché a su lavio, hago público mi agravio, sin remediarle: de suerte, que si la venganza intenta mi honor, que ofendido está, con la muerte que le da da nueva vida a mi afrenta: y así pretendo casarle, por no quitarle la vida; mas no se si de ofendida Julia ha dejado de amarle. Si me déclaro con él, que estoy ofendido alcanza, y es precisa la venganza; y así, piadoso, o cruel con mi prima, hacer intento, que le admita sin defensa; pues mi venganza, y su ofensa. cesan con su casamiento. Que dispuesto entre los dos, si Carlos niega su fe, a cuchilladas le haré, que se case, voto a Dios. Suspenso don Diego estáis de haberme oído. Si estoy, como vuestro amigo soy, siento lo que vos llorais. Mas porque tengo en Palacio negocios, y se me pasa. la hora: pues vuestra casa ya sé, y estamos despacio, después iré a visitaros: dadme licencia, que yo os veré presto. Eso no; yo tengo de acompañaros. No haréis tal, por vida mía, que aunque siento vuestra ausencia, tal vez una diligencia estorba la compañía. Pues para cumplir con vos, donde vivís? Ya queréis honrarme? vos lo sabréis: adiós don Carlos. Adiós. Jesús lo que te he buscado! Tanto buscarme sin verme? Tanto, que pudiera haberme arrepentido, y casado: y haber primero advertido lo arrepentido con tasa, es decir, que el que se casa está muy arrepentido: mas lo que me ha sucedido te importa agora saber, Di pues. Digo, que a perder hoy te saliste, y perdido, hecho un buscón adalid de tu persona, y que bien tope al buscarte. Con quién? Con la Villa de Madrid, que es topar sin igualdad, a un mismo tiempo que admira, muy subida la mentira, muy postrada la verdad. La lisonja muy valiente, muy adelante el engaña, la cortesía de un ano, y la insolencia de veinte. La malicia a cada paso, la traicióna cada esquina, cada Poeta una china, y cada china un Parnaso. Todo polvo, o todo lodo, que al más pacifico enfada, cifra, aunque todo de nada, y en fin, aunque nada, todo. Y mil cosas a este porte, que pudiera referirte; mira si miento en decirte, que he topado con la Corte. Y es eso lo que me importa Erarte atenderte, y escucharte? No: más lo que ha de impor- te dire en suma bien corta. Dinecio lo que quisieres. Óyeme, que yo diré: digo, que también topé en un coche dos mujeres, a quienes curioso vi con atención importuna; porque conocí la una, que era Julia. Julia? . Sí. Enqué parte, o calle viste a Julia? Pienso, señor, que era en la calle mayor. Pues como no la seguiste? Porque te andaba a buscar perdido, y si la siguiera, segunda vez me perdiera, y no te volviera a hallar. Y así fue acción acertada para avisarte, volverme; pues seguirla era perderme, y no avisarte de nada. Aunque estoy poco obligado de Julia, y de su rigor; tiéneme rendido amor de su furor violentado. Al fin, yo me determino, perdóneme su decoto, (pues que sabe que la adoro) a seguirla. Desatino: si es cierto que su malicia, siendo igual a tu desgracia, de las manos de su gracia te pondrá en las de justicia: Tan peligrosa fineza, no la intentar es mejor, que enfermedades de amor no están bien a tu cabeza. No es posible mitigar los ardores que me encienden. no hayas miedo si te prenden, que se dejen de apagar. Quiero buscar a don Diego, que nadie puede mejor ayudarme, aunque es error, pues a buscarle voy ciego. Él me dijo que vendría, en casa quiero aguardar, ven Donaire. A enamorar, o a casa? Necia porfía. Si es porfía, claro está; pero ruegote que vamos, señor, a donde volvamos. Necio estás, acaba ya. Dobla esos mantos Ines. Triste estás. Penosa estoy. Es posible que te deba tan poco afecto mi amor! tan poca amistad mi dicha! mi fe tan poca afición! que el tormento que te aflige no dividas en las dos: los males, comunicados, menores dicen que son: y así, cuanto más ocultes tu pena, será mayor; no te des toda a sentir; permite Julia a la voz, alivios de tu cuidado, remedios de tu pasión. Si como yo padecieras, si penaras como yo, (ay prima del alma mía!) no acusaras mi aflicción: viste, tal vez, un enfermo expuesto al parco furor; porque su mal a la ciencia del médico se ocultó; y sin su conocimiento no pudo el cauto Doctor buscar en hierbas amparo, ni en sus letras protección? pues penosamente enferma de la misma suerte soy, que muero a vista de males, sin saber quien los causó; mira como he de pedir remedios a tu favor, si aunque le diga la pena, no le digo la ocasión. Desde aquel amargo día, injuriosamente atroz, expuesta siempre al cuidado, mentida nunca al temor; tan fuera vivo de mí, tan ajena de mi estoy; que le debe a mi pesar muchos quilates mi honor. Desde entonces vivo, y muero; que aunque te parezca error, morir, y vivir, en mí una misma cosa son: porque si es el morir un olvido, una desunión de sentidos, y potencias, de forma, y materia no. Estoy muerta prima, cuando olvidada de mi estoy, ajena de mi discurso, privada de mi valor, desmentida de mi aliño, incierta de mi opinión. Claro está, pues tengo cuantos pesares la muerte dío, y entre mi vida, y mi muerte no conozco distinción: porque me tratan tan mal, que no se cual es peor. Si desde ese mal; por quien Julia tu pena empezó a que de tu gusto sientes tan injusta privación causa tiene tu pesar? Causa sí, remedio no: mas si tu juzgas, que puedes darmele (pluguiera a Dios! ) . pídote que me le des, que a mí me estará mejor, contingencias de un remedio, que aciertos de una pasión. Digo, pues, que si tu mal de aquel pasado nació, y aquel arguye imposible su remedio: no hay mayor daño, ni más justo medio, (salvo tu disposición) que olvidarle. Bien decías, si pudiera olvidar yo: tarde olvida quien bien siente, cuya odiosa sinrazón, y su imposible remedio lloro, y siento. Mi señor viene, señora. Pues prima, a Dios, que a llorar me voy, o pesares de una ofensa! o perdidas de un amor! Señor esposo, Don Diego, vos triste? confuso vos? que pesar os entristece? cuál os aqueja pasión? que prevención os molesta? que pena? qué disfavor? que desdicha? qué suceso? Mi agravio, y mi obligación me buscan a tanto mal. Qué me respondéis, señor? Que el negocio que me aflige no pide más dilación, de que al instante mandéis aderezar lo mejor que se pueda ese otro cuarto, que su alegre habitación corresponde a esa otra calle, adonde mi prima, y vos quiero que os paséis, tan luego, que no ha de haber suspensión. Pues qué es lo qué pretendéis? Hacer de mi casa dos, que pues que tiene dos puertas ados calles; Julia, y vos por esa otra os serviréis, sirviéndome de esta yo; quedando abierta otra puerta, queda en ese corredor, por donde puedan sin verse comunicarse los dos cuartos, y esto, sin que tenga descuido su ejecución: porque ha llegado a Madrid un Caballero, a quien yo debo muy buena amistad, es mi huésped; pero no a Julia ha de ver. No vea si eso os da pena: por Dios que juzgué que era otra cosa el huésped; pero yo voy a disponerlo al instante. Sois puntual. Vuestra soy. Con esto encubro a doña Ana su sospecha, y mi intención, y a Carlos, que Julia está en mi casa. Y a mi honor sin precipitarme busca mi agravio satisfacción: porque me obliga mi ofensa, que con piadosa atención, al mismo que me ha agraviado le sirva de Protector. arda. co quien aguarda, o Mucho don Diego ta Nunca se cansa por y más tú que le esperas, que parece por Dios, que desesperas, Mi penosa fatiga, a extremo tal me obliga. Cuando no te oprimiera bien poco se perdiera, que mucho se ganara, que tú vivieras, y yo no me acabara. Siempre gastas humor de mal ajeno. Por eso nunca tú le gastas bueno, y opuestos sin cuidado, tenemos un humor muy encontrado: pues tú por lo enfadoso, y yo por lo gracioso; opuestos, y viciosos, parecemos amo, y criado, siendo dos extremos; pero si no estoy ciego, allí viene don Diego. Pues vete si ha llegado. Antes habías de habérmelo mandado. Dieg. mucho me he detenido. No habéis tardado pues habéis venido a tan buena ocasión. Mas que hay enredo, en que servir os puedo? Ya os conté de mi gusto aquel suceso injusto de mi penoso estado, lo mal afortunado, de mi mal el suceso; de mi amor el exceso; y pues todo lo dije, oíd ahora lo que más me aflige. Julia en la Corte, esta: hoy lo he sabido, que mi criado, menos divertido que atento, esta mañana la vio en un coche, vana ficción no puede ser de su cuidado: porque la ha visto, y la ha comunicado en Italia conmigo, apenas, pues, de su beldad testigo, me informó la venida, cuando el alma a su afecto repetida, forzándome a seguirla, o a buscarla, con nuevas ansias me enseñó a adorarlas! y así porque remedio tenga mi mal, os elegípor medio; vos habéis de ayudarme, solo con avisarme, en sabiendo de Julia donde vine, y quien es el que primo la recibe, en su casa dichoso: esto por asistente, o por curioso podéis hacer mejor que yo pudiera entre vuestros amigos: de manera, que lo habéis de hacer luego, porque no sufre dilación mi fuego. Deba a vuestra nobleza mi amor esta fineza, con que obligada mi amistad os deba, a nueva obligación amistad nueva. n Vos me obligáis de suerte, que me habéis de obligar a daros muerte. Qué decís? . Que advertido, gustoso, y prevenido. o a serviros estoy. Felizmente desdichado soy; pues en vos (que ventura!) hallo dichosa protección segura; para esta diligencia, estorba mi presencia; y así me voy gustoso, y confiado. Fiadle vuestro amor a mi cuidado. De vuestra amistad fío el justo premio del tormento mío. . . Turbado, absorto, y mudo; a un mismo tiempo siento, callo, y dudo, y en tan incierta calma, no gime el labio; pero llora el alma: con su amante fatiga me desobliga Carlos, y me obliga; pues si mi pecho airado, de su amor, y mi honor estimulado, venganzas intentara, agravios publicara, y ofensas no mintiera; así es forzoso, qu on Apenas el alma vio, Julia ingrata tu hermosura, cuando su amante locura holocausto te cedió. Tanto tu beldad triunfo de mi vida con matarme, de mi fe con sujerarme, a impulsos de merecerte, que aún no he llegado a quererte, como supiste obligarme. De tu hermosura cautivo, y de mi fortuna incierto, con apariencias de muerto, lloré experiencias de vivo: de la pena que recibo solo sé, Julia, decir, que no quisiera morir, por no dejar de penar, o para enseñarte a amar, o para saber sufrir. El mayor tormento a que tu belleza me condena es, que a manos de mi pena ha de acabarse mi fe: morir solo sentiré, porque dejo de quererte, mas yo te amaré de suerte, mientras viviere mi ardor, que te sobre mucho amor para después de mi muerte. Si un muerto querer pudiera, después de muerto te amara, sino porque te obligara, e callando muera, porque más te mereciera: mas ya que abatido muera, cuando de quererte dudo, retoricamente mudo, cadaber decir me oirás: no te pudo querer más, quien te quiso cuanto pudo. Pero qué importa quejarme? que me alivia suspirar? si solo sirve el llorar de afligirme, y de ma tarme: Trata de solicitarme otros albios mi amor; que en tan penoso rigor, si no me elige otro medio, llorar es poco remedio; morir es mucho dolor. Don Diego es mi amigo, y tiene a su cargo como primo esta belleza que estimo, poder en que me previene triunfos mi amor, que detiene: pues ahora mi cuidado, si con mí prima casado, deudo, y amigo asegura, aciertos de mi ventura a mi pecho enamorado; sepa don Diego de mí, que Julia me cautivó, y acabe a penas de un no, o viva a glorias de un sí. Pero don Diego está aquí, quiero atreverme, y llegar a decirle mi pesar, sin darme más dilación; que quien pierde una ocasión, no quiere volverla a hallar: don Diego, tan divertido os halla aquí mi cuidado? Aveisme acaso buscado? Mi cuidadoso descuído os ha hallado. Pruevenido a serviros me hallaréis, porque como en mi tenéis continua acción de mandarme, no es necesario avisarme, cuando mandarme queréis. De manera me obligáis, con la merced que me hacéis, que a mi audacia prometéis alientos, y si me honráis de esa manera, excusáis que os diga si sois mi amigo. De mí amistad buen testigo ofrezco en mi voluntad. Ya sabéis mi calidad. Lustre en su valor consigo. Mi hacienda, y costumbres, ya conoceréis cuales son. Trato, y comunicación me dicen cuan bien está lo que la prudencia os da, con lo que os dio la fortuna, siendo desde vuestra cuna, noble, corrés, y prudente. Y ahora vuestro pariente, que falta me halláis? Ninguna. Con eso me aseguráis; porque en vuestro noble intento nunca cupo fingimiento; y pues que tanto me honráis, quiero ahora que sepáis, que idol atro una belleza, que enamoro una fiereza, que una libertad adoro, que amante suspiro, y lloro, mi pesar, y su dureza. p0 Una dama sirvo, a quien debe mi amante dolor, en pocas horas de amor muchos siglos de desdén. A A fuerza de tanto bien vivo expuesto a tanto mal, que en pena tan desigual, como morir de sentir; por no dejar de morir quisiera ser inmortal. Es noble, rica, y hermosa, juzgue vuestro entendimiento, si en mí será atrevimiento el pedirla por esposa aún deudo suyos forzosa es en mi amor la pasión, a vuestra disposición mi gusto; y acierto dejo, para que vuestro consejo les disponga la elección. Digo don Juan, que advertido y discreto preguntáis; pero demafiado amáis, siendo tan poco atrevido. La que me habéis raferido, dama en mi opinión no fuera, si menos parte tuviera, que vos decís, y yo creo; quien en debido imíneo vuestro valor mereciera: y así menos temeroso, pues mi consejo queréis, a ese pariente podéis pedirla amante, y esposo. Miradlo mejor. Dichoso será, y cuerdo en concedella; y si de mujer tan bella, amigo don Juan me hallara deudo yo, os solicitara, porque os casaráis con ella. Sigo pues vuestra elección, y escuchadme. Ya os escucho. Bien sé que me atrevo a mucho, más vos me dais la ocasión ya sabéis de mi afición que adoro una dama, pues quiero deciros quien es, porque conozcáis así, que fue discreción en mí, temer amante, y cortés. Vuestra prima Julia, ay Dios! es la dama a quien adoro, de atreverme a su decoro culpa tenemos los dos, que a no aconsejarme vos, no me llegara a atrever; y pues vuestro parecer sigo, procurad cumplir lo que supisteis decir, con lo que podéis hacer: esto os suplica humillado un pecho que amante adora. Solo se faltada ahora . este susto a mi cuidado. Suspenso os habéis quedado. Suspenso de que don Juan, Cuando cortés, y galán, disponiendo mi elección, fuerzas a mi obligación vuestras atenciones dan. La obligación que a serviros tengo, os puede asegurar, que procuraré buscar alibio a vuestros suspiros, Busque vuestro amor retiros, hasta que como es forzoso sepa Julia el venturoso premio que alcanza con ser vuestra dichosa mujer. eso, Yo le adquiero en ser su espo- y en vuestra amistad, don Diego, mil glorias adquiere el alma; pues con tan hermosa palma. triunfos ofrece a mi fuego: vuelva el pecho a su sosiego; pues mi mal entre los dos asife Don Juan a Dios, que por vuestro mal hoy querido seréis por mí. Dichoso seré por vos. Quedamos buenos honor, con dos generos de penas? uno de mi obligación; y otro de vuestras ofensas? Dos pesares me fatigan, dos empeños me molestan. una obligación me aflaje, y un agravio me atormenta. A Carlos le di palabra de ayudar a sus finezas: porque está bien a mi honor, que ejecute lo que intenta. A don Juan también la di; porque fue dársela fuerza, para que de Carlos, no llegase a tener sospecha: y celoso, con algunas amorosas apariencias, a Cirlos precipitase a rigores, o a ribiezas. Ahora bien, discurso mío, para ocasiones como estas es forzosa vuestra ayuda, necesaria vuestra ciencia. Yo he de salir de este empeño, mas Carlos viene tan cerca, que aún no me deja lugar con que prevenga en la idea alguna ficción: Amales que hasta el tiempo me molesta! Tanto don Diego mi amor me precipita, o me lleva, me atormenta, o me apresura, me descompone, o me aqueja, que juzgando que auréis hecho por mi aquella diligencia, para aliviar mi fatiga; vengo a veros, y a saberla: habéis sabido de Julia? publique amigo la lengua medios del remedio mío. Carlos, vuestras ansias tengan menos mal, y vuestro amor a más glorias se prevenga: esta casa que miráis, es caja de vuestra perla, es nube de vuestro Sol; es cielo de vuestra estrella; su dueño es don Juan Enriquez, Caballero de las prendas que sabéis, de esta ficción, valerse mi aprieto es fuerza; este es primo de la dama que adoráis, persona cierta de su casa me ha informado, mirad, que pide modestía, recato, y urbanidad a vuestro amor su nobleza. Gracias os cedan mis males, mi amor rendimiento os ceda, por la merced que me hacéis, por lo mucho que sosiega vuestra amistad mi cuidado; pues con tan felices nuevas el pecho vive a alegría; el alma muere a tristezas: de lo que hubiere de nuevo, antes que a nada me atreva os daré cuenta después. Pues a Dios, Carlos. Eternas edades os guarde el cielo. Antes al cielo pluguiera, que acabaran con mi vida tantos linajes de penas, si bien ahora a mis males algún alivio les queda: porque mi ficción ha sido, aunque impensada, discreta; pues fingiéndole a don Juan, primo de Julia, aunque vea Carlos más publicamente sus amorosas ternezas, y su amante vizaría de su amor precisas muestras; ha de juzgar (claro está,) que es sangre, y que no es fineza; con que de Carlos mentida, queda así bien la sospecha, y a don Juan la suya, Carlos es fuerza, que le desmienta; porque advirtiéndole primo de Julia su dama, es fuerza, que sus amantes acciones oculte de su presencia. Perdonen don Juan, y Carlos, que primero es mi nobleza: amén los dos engañados, satisfaga yo mi queja, fien de mí su cuidado, mi honor a su lustre vuelva, y engañe a los dos a un tiempo; que aunque parezca bajeza, no es de mi valor oprobio, ni de mi opinión afrenta, si me obligan con agravios, obligar yo con ofensas.
JORNADA SEGUNDA
acto segundo Para que mejor sepáis lo mucho que me debéis, dichoso dueño seréis, don Juan de quien adoráis, Después que ayer me aparte de vos a Julia le dije, que su esquivez os aslige, que le a lora vuestra fe. A que hone, la respondió, no si n ncciones de agrado, que en lo tocante a su estado, don Juan, dispusiese yo. En fin será vuestra esposa: más díjome os advirtiera, que algo más se detuviera vuestra pasión amorosa. Porque de supadre muerto, y de su hermano, sería celebrar con alegría las exequias, desacierto. Yo sé bien, que en vuestra ausencia sabe vuestro amor pagar, y que no le ha de estimar don Juan en vuestra presencia. Sufrid ahora advertido su desdén con vuestro amor, que no merece un favor, quien un desdén no ha sufrido. No sé don Diego, no sé, de que suerte agradeceros, lo que ha llegado a deberos dichosamente mi fe. La orden de Julia acrédito. que cumplirá mi pasión, que a tan justa privación, se rendirá el apetito. Sois discreto, Y vos mi amigo. Pues sufrir para lograr. Sabre sufrir como amar. Cumplis con Julia, y conmigo Es cumplir mi obligación; do a Diego a Dios. Dios os guarde. Mas dichoso que cobarde vivid desde hoy corazón. Con esta ficción lograda viva don Juan confiado, juzgando que su cuidado, Julia paga recatada. Y mientras él divertido ama, calla, sufre, y siente, dispondré yo diligente, que sea Carlos su marido; Y acabara mi temor de salir de penas tales: hay honor! y que de males le cuestas a mi valor! Ahora puedes entrar. Y cuando podré salir? Siempre me has de perseguir? Nunca te puedo obligar con mis consejos. Son tales, que sernecios es lo menos. Quizá los volverá buenos la experiencia de tus males. De mí señora me aparto, que a ver a su prima fue. Pues aquí la aguardaré; no doy por su vida un cuarto, De este cáncel escondido te puedes disimular; más sábeme disculpar. Yo quedo bien advertido. Y yo bien medroso quedo: pero hablando como es justo a tu talle, y a tu brío digo. Dirás que eres mío. Digo que soy de tu gusto, y que por tu causa, Ines, (viendo lo mucho que gano) aunque nací en Castellano tengo el alma en Portugues. Tu fineza estimo; pero hay desdichado de mí! que viene. Quién viene, di? Mi señora. Pues primero me he de esconder que me vea. A donde? En ese cancel. Está tu señor en él. Pues voyme a la chiminea. No hay lugar, mira por ti. Con quien hablabas Ines? Ya señora no lo vees? Qué es esto que hacéis aquí? que decís? no respondéis? que queréis? o qué buscáis? hablad; que es lo que mandáis? Respondo, que perdonéis; necio fue, quierome ir, busco lo que no he topado; si en entrar aquí he pecado, yo me volveré a salir. No os pregunto, sino a que habéís entrado? A volverme. Buen modo de responderme, Digo que yo me saldré. O sois loco, o me queréis hacer loca. Honraisme así. Este es donaire, ay de mí! ahora bien, libre os volveréis; más tened por advertida pena, que en volviendo a entrar en casa sin llamar, os ha de costar la vida. Tal ley no ejecutarás en mi persona. Por que? Porque yo no volveré a entrar en ella jamás. , h Hay honor! y quién pudiera . preguntar como sentir! Ya me es forzoso salir. Sígueme Ines. Julia espera: Quién eres hombre? quién eres? Ines qué es esto? qué dices? Yo señora no lo sé. no me espanto, que te olvides de quien soy: mas porque sepas lo que soy, y lo que fuiste, escúchame. No hay lugar. Breve seré. No es posible. Eres ingrata, Soy noble. Pues Julia, tú no has de irte sin escucharme. Y iraste? En diciendo prometo irme, Pues dí, para que te vayas. Oye para que te admires: yo soy, aunque tu memoria me desconozca, o me olvide, aquel feliz desdichado, aquel dichoso infelice, que de tu animado cielo flaco Atlante, corto Alcides se vio un tiempo; pues ahora ruinas llora que le oprimen. Yo soy aquel, que en Italia cedió a tu belleza humilde más olocaustos que tuno el vendado Dios en Cipre. Yo soy el que a los impulsos de tus desdenes, previene tanta oposición de amor, que ademas de resistirles, vatiendo siempre la fuerza de tu esquivez insufrible, a costa de mi humildad, pude soberbia rendirte. Yo soy Julia, quien entonces adoraste, y conociste; y soy Julia, a quien ahora desconoces, y no admites. Si estas noticias no bastan a declararte, y decirte quien es quien cortés te busca, quien es quien noble te sigue, sobre un alma que te di, para enseñarte, que asiste sujeto a tus males Carlos, cuando tú a sus ansias libre. Si esas señas no me mienten, o a caso tú no las finjes, ya me acuerdo de quien eres, casi te conozco: dime no eres tú aquel, que arrogante, menos atento que libre, a mi pureza agraviaste, y a mi sangre te atreviste? si eres este, claro está, que no es justo, no, que olvide el odio de mi venganza, que eterno en el pecho vive. Mas si un tiempo, temeroso de mis rigores viviste, como al peligro te buscas? como al rigor te permites? si acaso porque soy noble, y porque, Carlos, te quise, y te quiero, te confías; ciego, y engañado vives, que en los nobles los agravios tan fijamente se imprimen, que la muerte, o la venganza es sola quien los divide, y en quien amando aborrece piedades no solicites; porque el odio, y la piedad, siempre son incompatibles. Temeridad de mi amor, Julia ingrata, no acredites, buscarme al peligro amante, hallarme al riesgo insufrible: porque si desde el instante, que llegué a verte, y rendirme, vínculé a tu ingratitud el alma que no me asiste; desde entonces vivo a cuenta de tus luces apacibles, que como el alma me tienen, es forzoso que me animen. Y si tu vista el ausencia tiranamente me impide, viviendo solo de verte, vivir ausente es morirme. Luego a vista de este riesgo bien será que solicite en peligro más incierto tormento menos creible; pues cual mejor que buscarte? cual más sabio que seguirte? águila de tu fulgor, pues que vivo, del que vives, no tanto esa roja antorcha, que a los globos de zafires, ojo ilustra, luz adorna; rayo alumbra, y Dios describe, forzado de su hermosura adoro la verde efigie, que un tiempo coronó el prado, y ahora cabezas cme. No tantos cedio al ingrato mármol adorado de Iphis, rendimientos al alago de sus ansias juveniles; como la menor acción de mis amantes ardides rindió a tu belleza afable. postró a tu hermosura humilde. No fueron, no, sus finezas de mis amorosos timbres, a penas emulación; esto debes a su estirpe: mas si voluntades vencen, si rendimientos consiguen, si finezas ocasionan, y si obligaciones rinden; voluntades, rendimientos, y obligaciones admite de un alma, que a tu belleza amorosamente asiste: no de otra suerte, que suele la yedra al álamo unirse con el apretado lazo de las amorosas vides: y a pesar de los comunes caducos del tiempo fines, ostentarse para siempre de su amado indivisible. Así pues yedra mi amor desde el punto que te quise, tan uno vive contigo que parece que repite, para exceción de la muerte, la unión que amoroso elige. Bien para mostrar tu amor, del ejemplo te valiste de la yedra; que amorosa abraza el holmo que ciñe. Pero has de advertir ahora, ingrato, que no dijiste, que sus apretados lazos de manera el olmo oprimen (abriéndole el corazón con las torcidas raices) que su más amante alago de herida mortal le sirve; por quien el hielo y el sol la materia corruptible del árbol confume, haciendo negros sus verdes matices: de esta suerte; yedra tú, sus efectos aprendiste, cuando al olmo de mi honor lazos apretaste viles. Si como yedra me amaste, como yedra me ofendiste; pues con la mayor fineza me diste el fin más horrible. Mas para que mi nobleza conozcas, vuelvete libre, que más que vengarme ahora quiero, Carlos, resistirme, por deber a mi piedad lo que a tu amor me debiste. Eso te debe mi amor! Jamás amor me tuviste. Mis finezas no lo advierten? Tus rigores no lo dicen? Puedes negar que te amé? Digo, que no me quisiste. Mi fete pudo mentir? Bien pudo tu fe mentirme. Cómo, di, si en los empeños? Esos Carlos lo publiquen. Forzoso fue el ofenderte. Fuerzas el valor impide. No pude si no es matando. Fue crueldad de tu amor libre. Obligome el riesgo de ambos. Defenderte bien pudiste. Sin ofender no pudiera. Pudieras, más no quisiste. Obligome otro furor. Bien pudieras resistirle. Los cielos no lo quisieron. Los cuerdos los astros rigen. Con cólera no hay cordura. Pues nunca se encolorice, quien enamorado, no quiere perder lo que fuiste. Si me amaras valeroso, no me ofendieras terrible, porque el amor, solamente es un afecto que mide las pasiones del amante con la opinión de quien sirve. Porque en llegando a ofender, de ser amor se déspide: luego no pudiste amarme, cuando ofender me supiste. Ya te he oído Carlos; pues dijiste que habías de irte en hablando, vete ya, que tardas, que te reprimes? que respondes? Qué respondo? que sé Julia, que te afliges de verme, y porque te ofendo con estar aquí, no he de irme; agraviete mi presencia, pues tus ausencias me oprimen; que no es justo, que a mi costa gustosamente te alivies. En fin, no quieres volverte? En fin, yo no tengo deirme. Pues por donde entraste, Carlos podrás volver a salirte, que yo con entrarme cumplo. Etes cruel. Tu insufrible. Eres ingrata. Soy noble. Eres infiel. Tú lo dices. Y tú lo eres. Tú te engañas. Pues, Julia, no me quisiste? Yo te quise, y te aborrezco. Esa es liviandad creible. No es liuiandad. Porque no? Porque la culpa tuviste. No pudo más mi valor. Quien ama vence imposibles. Ay Julia lo que me debes! Hay lo que tú me debiste! Ay Julia lo que te quiero! Ay Carlos lo que te quise! Dónde vas señora? tente. Cómo el paso me resistes? Porque al pasar esa cuadra vi, ay Dios! un hombre subirse sin llamar por la escalera, y en entrarse, sin pedirme licencia: bien se conoce, que es tu primo. Ines, qué dices? Que esto es verdad. Ay de mí! perdite amor, y perdime, si entra don Diego, y vea Carlos, Carlos ha de descubrirse, ofendido de mi amor, y don Diego ha de pedirle satisfacción de mi agravio; y en fin han de combatirse; pues evito tanto mal, señor don Carlos oídme: Mi primo está en casa, y viene a ese cuarto, porque evite vuestra ausencia tanto mal, como tal aprieto pide: escondeos en esta cuadra. Esconderme no es posible. Porque en peligro tan cierto? Porque nací tan terrible, que cuando vos me estimaráis, aún fuera en mí muy difícil. Hay amor lo que me fuerzas! . hay honor lo que me impides! rinda lo más a lo menos, venza el aprieto al melindre, y lo que el honor oculta tanto peligro publique. Señor don Carlos, ya veis la opresión que nos asiste; y así es forzoso (perdone mi decoro) dividirse de mi silencio mi amor. Yo os adoro, como os quise en Italia, os quiero aquí, recato fue el reprimirme, si sois como allá cortés, no aguardéis a que os suplique segunda vez que os entreis. Es verdad lo que me dices? Que os ponderé más mi amor el tiempo no me permite; escondeos, porque os lo ruego. Ya me escondo por servirte. Ines, qué es esto! don Juan? Primero no te advertí, que yo no le conocí? Hay más riguroso afanl. Hermosa Julia, de que os suspendéis, y os turbáis? si es decirme, que mostráis respetos así a mi fe, sabrá mi amante cuidado explícaros lo que dudo, en vuestra presencia mudo, en vuestras luces turbado, para que notéis así cuan uno somos los dos; pues no admiro cosa en vos, que no la víncule en mí. Dime, este don Juan que ves es primo, o enamorado? Primo es muy azucarado, para no ser Portugues. No estoy poco agradecida de lo que os llego a deber; pero por mí habéis de hacer sola una cosa que os pida. Cuando mandarme podéis, no es bien que me prevengáis. Pues suplicoos, que os volváis, que en otra ocasión podréis lograr mejor vuestro intento. De quién os sabe querer es gloria el obedecer: volved a vivir aliento. Ay Ines, cual ha de estar, Carlos viendo lo que pasa! Con que don Juan es de casa te puedes bien disculpar. Carlos? Julia? Estoy turbada. De qué señora os turbáis? celos, porque me matáis? que decís? Soy desdichada. juzgo, que estaréis quejoso de haber visto aquí a don Juan tan amante, y tan galán; pues digo, señor, y esposo, que no niego su afición; pero haber así venido, por deudo, no amante ha sido, con que en cualquier ocasión como tan de casa, tiene su amor aquesta licencia, Disimulemos paciencia! . nunca aquejas se previene la fe con que me queréis. Así mi lealtad pagáis? Mas para que os disculpáis, cuando culpa no tenéis? Esos, Carlos, son recelos. No son Julia por mi vida. Yo estoy turbada, y perdida. . Yo estoy rabiando de celos. . Pues para que de una vez pueda mi amor consumir, en vos lo que a presumir en mi llegáis, a las diez De la noche sin tardar, abrirá la puerta Ines, venid, para que después podáis bien acreditar, (Cuando vuestro amor advierta) mi voluntad tan sin tasa, que no os ofende en su casa, quien os da la puerta abierta. Ha señor, a donde estamos? haces versos, o conjuras? hay venéreas mataduras, que los vulgares llamamos celos, di? qué te acongoja? que tienes? o qué te mueve? Tengo el diablo que te lleve. Tenle porque no me coja. Qué se disculpe constante, . Julia, por agravio estimo; pues a título de primo pudiera mentirle amante. Ha celos! pero dejemos. males esta fantasía, que en la oposición del día de tanta duda saldremos: ven Donaire. A qué ejércicio? Al que tu sosiego asalta. Dios te dé lo que te falta, que será, Carlos, el juicio. . En fin don Diego, soy por vos dichoso! dudaba enamorado ser esposo de Julia, cuando en vos le prometía seguro acierto la ventura mía; pero ahora que veo casi reciprocado mi deseo en sus mudos favores, con nueva vida informo a mis amores: como os digo, don Diego, su belleza paga hipocritamente mi fineza. Es sueño lo que escucho? con nuevos modos de pesares lucho, mas disímulo ahora: quien vuestras partes, y valor no ignora, nunca pudo dudar ese suceso. Honraisme con exceso; y así quise mi bien comunícaros por el gusto que había de causaros: a Dios don Diego amigo. El cielo os guarde: para nuevas desdichas nunca es tarde, cuando entendí que de mi mal salía, nuevos modos de penas a porfía persiguen mi cuidado, que Julia con don Juan se ha declarado! Don Diego? . . Carlos? Escuchadme atento. Ya se me acaba honor el sufrimiento, más que viene a contarme algo que ha de pesarme? decid, que ya os escucho. Escuchad poco, y atended a mucho. Llevado de mi amor, o mi destino, que iguales a los dos los imagino, llegue en casa de Julia esta mañana: o lo que puede la violencia vana de ese rapaz alado! llegué casi turbado, y arrepentido casi entre del todo, deciros de que modo, ni importa, ni lo intento; y así paso, don Diego, al sentimiento; de un cáncel escondido, a mi dueño querido, o a mi dano adorado, encubierto aguarde, y enamorado; salio. De su hermosura, cese aquí la pintura, que cuando trato de sentir agravios sueñan mal las lisonjas en los labios. Repetile las ansias de mi pena; pero a mi bien ajena desestimó mi amor, culpó mi exceso. Trájome a la memoria aquel exceso; quisela persuadir, y fue imposible: menos hermosa estuvo que terrible; pues me mandó salir, a que grosero le pagué la esquivez, con un no quiero. Quiso dejarme entonces, y salirse: pero al volver a irse, estorbo se interpuso una criada, que con voz desmayada le dijo, que venía su primo, a cuya causa me pedía, que porque no me viera, y recelos le diera, me escondiera; y aunque no fue injusto, falté a las obediencias de su gusto. Hizo mayor instancia en su porfía, y viendo que obstinado no quería, se declaro conmigo cautelosa, diciéndome amorosa, que en Madrid, como en Nápoles me amaba: industria con que falsa me obligaba. En fin yo me escondí poco constante, que obliga a mucho una mujer amante; entró don Juan, y habló tan amoroso, que pudiera pasar plaza de esposo, Pidiole que se fuera; fuese, y diome lugar a que saliera, salí, y hallé turbada a Julia, de su culpa embarazada; porque siempre la culpa se embaraza buscando la disculpa. Quiso satisfacerme, y yo advertido, disimúleme entonces ofendido, dejándole a mi amor, y a mi venganza en mejor ocasión más esperanza. Díjome que volviera esta noche a las diez, para que viera en su amante fineza, mi voluntad pagada, y mi firmeza: en fin para conmigo, Julia me ofende como sois mi amigo. Ved si este mal, don Diego, basta para inquietar a mi sosiego. Y aún para atormentara mi cuidado, Julia paga a don Juan enamorado, Carlos lo sabe ya, don Juan lo sabe: hay pena más cruel! dolor más grave! más quiero divertirle, si hallo medio, que después buscaré mejor remedio. Carlos, he reparado, que don Juan es casado con doña Ana su prima, y mal se infiere, salga mi industria aquí como saliere, que siéndolo también Julia, su afecto haya de malograr tanto respeto, siendo en una mujer de su nobleza, más que el amor mil veces la pureza. Bien decís; mas yo siento lo que llegué a escuchar. Ese tormento la ocasión de la noche lo sosiegue. Pues viva en pena el alma hasta que llegue con sus sombras mi claro desengaño, que bien le necesita tanto dano: y a Dios don Diego amigo, porque es tarde, que después nos veremos. Dios os guarde. Si a Carlos Julia (cielos) no quisiera, a deshora esta noche no le viera: y si a don Juan no amara, a Carlos no ocultara: y si lo hiciera entonces por recato, después no disculpara su mal trato, luego a entrambos parece que enamora: pues dudas mías, yo he de ver ahora, o he de saber de Julia, que es más cierto, en caso tan incierto, con una industria que mi honor me ofrece, cuál es a quien amante favorece. Llegó Carlos a saber (qué desventura!) el amor de don Juan (penosa suerte!) tuvo celos, que fue rigor más fuerte: hallé satisfacción, que fue ventura. En fin pudo con el más su locura, que mi amor, pues celoso le divierte, y sujeto a la vida de su muerte; a un infierno de celos se apresura: Expuesto a la opresión de sus recelos vive muriendo de sus celos, Carlos, o por fingir, o por tener sus duelos. Pero yo sin tenerlos, y sin darlos, pena me aflige más atroz, que celos: pues muero solamente de causarlos. No ca No llego a mala ocasión: Julia está sola. Ay de mí! . Julia? Señor, vos aquí? es ya tiempo? es ya razón, que os veamos, a pesar de vuestras melancolías? No sé qué traigo estos días, que ando triste. Procurar la suspensión, y el retiro para aliviar vuestro mal, (ro, es remedio desigual. No es mal remedio un suspi para un mal que ha de sentirse, y callarse; pero sí por algo la pena en mí ha de poder divertirse. Sola una resolución tuya ha de ser, y porque la sepas oye, A2LV6 quien me dice el corazón. Juan Enriquez ha días, que amoroso te festeja, y su premio libra, o deja en obligaciones mías. Pidiéndote por esposa, conmigo se declaró amante a noche, mas yo a su pasión amorosa. Sin consultar tu elección, no quise, Julia, premiar esto es en que has de tomar ahora resolución. Con que juzgo que tendrá fin mi penoso cuidado. Hay lance más apretado! no se que pueda haber ya otro disgusto mayor, pues si desprecio a don Juan, hago público mi amor con Carlos; y si le elijo, agravio a Carlos: ah cielos! en tan confusos desvelos no sé como me corrijo. Mas porque a entender no llegue, que adoro a Carlos, don Diego, y porque mi amante fuego de salumbrado se ciegue, Yo le tengo de decir, que quiero a don Juan, pues es quitar sospecha, y después con dilación divertir El efecto, hasta que a Carlos de este suceso de cuenta, en que mi firmeza intenta obligarle, y engañarlos. Qué respuesta, Julia, dan tus voces a mi disgusto? Que si es, señor, vuestro gusto será mi dueño don Juan, por no malograr mi amor: . de esta manera le engaño, Este ha sido el mayor daño, que habemos tenido, honor, - si Julia a don Juan adora, que remedio he de hallar yo? Dadme licencia, si no mandáis otra cosa ahora. Guardente Julia los cielos. Con Julia a solas don Diego! no es vano el desasosiego de mis penosos recelos. Andar siempre divertido darme priesa a prevenir otro cuarto, y no venir este huésped que ha fingido: Andar triste, imaginando, sin querer comunicar, y cuando le vengo ha hallar; toparle con Julia hablando Secramente, o me engañó, o en tan confusos desvelos, mucho más que de recelos tiene de celos mi daño. Señor don Diego, es posible, que os neguéis tanto al deseo! Hermoso dueño, bien creo, que la tristeza insufrible, que me aqueja, no aura dado lugar a mi cortesía. Si es solo melancolía, no es mal de mucho cuidado. En mí no siento otro afan: pero doña Ana ha de ser, quien estorbo ha de poner, a las dichas de don Juan. Ahora aquí con mi prima estaba, cuya belleza, como es razón, la fineza de don Juan tu primo, estima Tanto, que quiere premiar con la mano su cuidado; pero ahora he reparado, que será bien dilatar Este negocio, porque ha muy poco que murió su hermano, y su padre, y no será justo que su fe, Si con la razón se iguala, contra el fúnebre triburo, en tan breve tiempo, el luto quiera convertir en gala; Y así con tu persuasión a Julia ahora has de hacer, que me deje disponer esto con mas dilación, por el paternal respeto a que hagas esto te obligo. Si ella hace lo que le digo, no tendrá la boda efecto tan presto. Pues porque puedas luego empezarlo a tratar, te quiero sola dejar. Bien negociado lo quedas, estorbar quiere don Diego, que Julia, y don Juan se casen, con que es forzo que pasen mis humos a vivo fuego. Con migo se ha declarado juzgando amante, que no le he entendido; pero yo malograré su cuidado. En esta cuadra, o esotra, prevenido de silencio puedes estar hasta que venga mi señora. Debo a tu cuidado infinito. Cómo pagues a este precio las entradas, infinitas veces entraras: docientos escudos: qué lealtad? que temores? qué respetos? no atropellarán? perdonen don Carlos, y Julia: pero porque no se encuentren, que ha rato que entraron dentro Carlos, y Donaire, voy a decirles al momento, que anda don Juan cuidadoso, como amante, y como deudo. O si ya mi luz saliese! Si no me mienten los ecos de esta voneda, hacia mí pasos, y palabras siento: este es el puesto en que Carlos ha de aguardarme; yo llego, que él es sinduda, hay amor, como vences el respeto! Pasos oigo. . Dueño mío? Julia hermosa? amado dueño? Gracias a Dios, que me da el retiro, y el silencio lugar para disculparme de el no gustoso suceso de esta mañana. No es justo cuando toco, y cuando tengo tanta dicha, y tanto amor, que permita mi deseo satisfacción a tu labio. Mis turbaciones, y el tiempo no me ofrecieron lugar. Si este lugar me ofrecieron, que mayor satisfación? En fin estas satisfecho? Como enamorado estoy. Donaire, en ese aposento me aguarda, con atención de prevenirme en oyendo ruido; pues según lo que nos dijo ines, es perdernos, si nos encuentra don Juan. Yo me estoy todo durmiendo, y no te podré avisar. Déjate de burlas necio: mira el peligro en que estamos. Porque deberás me dejo, no puedo tenerme en pie: más si tu oyeres primero, despiértame, que yo se que me toparas durmiendo. Dichosa en extremo soy. Dichoso soy en extremo, pues águila de tus rayos tus luces, Julia merezco. Qué es esto cielos que escucho! que es esto que escucho celos! Julia no dijo esta voz, y la de Julia (a tormento infiel!) no pronuncia alagos al amoroso sujeto, que la asiste! vive Dios que son mis agravios ciertos. Quién adora como yo, no puede, Julia, olvidar: porque olvidar es faltar a la fe que me obligó: y como esta fe nació de mi propia voluntad, no tengo capacidad para hacerme a mi disgusto: porque el imperio del gusto sujeta la libertad. Luego, si saber quererte es no poder olvidarte, no tienes que recelarte de que podré aborrecerte: y si mi amor es de suerte que no ha de dejar de ser, por no ser contra su ser, siendo su principio amar; nunca te podrá olvidar, pues siempre te ha de querer. Que nunca vive olvidado quien ama, es cosa constante; pero bien puede el amante aborrecer al amado. luego no es vano cuidado el que intenta suspenderme; pues cuando sepas quererme, y no puedas olvidarme; puede tu gusto dejarme, y tu amor aborrecerme. Aborrecer, es dejar de amar lo que se ha querido: dejar de amar, es olvido de la afición; olvidar no puede quien sabe amar: luego cuando se adorarte, es imposible olvidarte, con que es forcoso quererte; mira si he de aborrecerte a un mismo tiempo, y amarte? A quien tan discreto arguye, será fuerza sujetarme; o por lo bien que ha de estarme, o por lo bien que concluye. Mil bienes al alma influye tu fe amorosa, y constante. Y tu discreción galante me obliga a decir valiente: tuya es Julia eternamente. Y dón Juan tu eterno amante. Como don Juan, ay de mí! . luego no es Carlos mi dueño? Tuya es Julia eternamente, y don Juan tu amante eterno, ciertos fueron mis agravios. Mis gustos fueron inciertos Ines. Señora! Trae una luz. Luego al punto. Luego? aquí es menester prudencia; peligro, y valor, tratemos de moderar advertido las acciones con el riesgo: don Juan es dueño de casa, Julia le adora, y no puedo salir bien de dos contrarios; pues paciencia sufrimiento, y prevención osadía; porque si ha sido concierto este engaño en que me hallo, venza el valor al aprieto. Ya tienes aquí la luz. Y ya mis males advierto, . vos, señor, conmigo aquí! vos, señor; en mi aposento! que novedad? qué locura? que ocasión? qué atrevimiento os ha movido? u Ay mujer, de más honroso despejo, hasta aquí todos alagos, todos amores, y afectos, y ahora que vio la luz, atendiendo a su respeto, de su voluntad se olvida cautelosa; pues yo quiero irme ahora: pues se que la obligo con mi silencio: si entrar aquí fue osadía, disculpe mi atrevimiento esta acción. Yo voy a abrirle, porque no se quede dentro. Hay mujer más infelice, ni más desdichada! Bueno: no sé Julia, porque nombras con atributos opuestos a tu ser; pues ser amante corresponderte el sujeto, que amoroso dueño eliges, es injuria de los cielos, es agravio de los hados, es de tu desdicha efecto. Hay mayor gloria, que verse correspondido un deseo: ni mayor dicha, que amarse recíprocos dos afectos? claro está, dígalo yo, que entre penosos incendios de los agravios que sufro, de las ansias que padezco, con los males que me afligen tus bienes experimento: pues si tú tienes de gloria lo que yo tengo de infierno, mal formadas son tus quejas, injustos tus sentimientos. Carlos; pero estoy turbada, que amor, en vano me esfuerzo, que agravio vuestro, ay de mi! que bien mío, soy de hielo! Por mi mal, y por tu bien me praguntas, y no entiendo, que le desconoces, Julia, antes de tu gusto pienso, que como el señor; a cuyo favor sucedió un acierto, que aunque del tenga noticia, a quien le avisa primero, hace que segunda vez le refiera por extenso el caso; porque como es favorable a sus intentos, el gusto se multíplica con duplicar el suceso; así tu Julia, aunque sabes tu amor, y mi sentimiento, como el uno no te aqueja, y el otro te hace festejos, quieres volviendo a notarlos multiplicar el contento. Y para que debas más a mi honor, que yo te debo, a costa del gusto mío darte este gusto pretendo. Tu bien Julia es la lealtad, con que tu amante te adora, y mi mal solo, quien llora mi pena, y tu liuiandad. Don Juan, quien con libertad ocasiona mi desdén, y tu ingrata, Julia, quien es causa de pena tal, de manera, que mi mal es efecto de tu bien. Paramentir mis recelos tomaste en mi ofensa medio; mas no es Julia buen remedior curarme celos con celos, de mis antiguos desvelos, yo confieso que he salido; pero en celo me ha metido el remedio que me has dado; luego si el mal me has doblado, mal remedio has elegido. Si tu amor con este daño, que me desengaña piensa, el engaño que es ofensa, es dano, y no es desengaño: Y aunque en sufrir tanto daño, cuerdo ahora me reprimo, cuando sabes que te estimo, ten a la ofensa la mano; que quien te mató un hermano, te podrá matar un primo. Y pues llegaste a agraviarme, no intentes satisfacerme, que es volver a prometerme lo que no has de poder darme: Yo sabré desengañarme de tu voluntad incierta, con que mi atención advierta, pues por tus agravios pasa, que me ofendes en tu casa, y no me cierras la puerta. Señora, tu prima viene, y tan cerca, que no puedo hablarte sin que me escuche. Hay más infeliz suceso, que aún para satisfacer, no me dé lugar el tiempo! Carlos, señor enojado estáis; pero yo no tengo la culpa. Señora? Ay Dios! no hay lugar, en otro puesto oiréis mi satisfacción; matad la luz, y escondeos, que viene doña Ana: a Dios, que no puedo más. Remedio advertido es apagarla para libertarme; pero vano es, pues trae otra luz. Entre los mudos silencios de estas horas, cierto ruido me ha alterado: mas que veo! De haberme visto, turbada perdió la luz: ahora es tiempo de huirme a tanto peligro, por esta cuadra me vuelvo. hombre en mi casa a estas horas recarado, y encubierto! o pesca la turbación, a quien mi valor sujeto, perdió la luz; pero ahora puedo acudir al remedio, volviendo por otra aprisa, y a conocerle volviendo, Con cuidado de saber, si satisface al indicio de la ofensa de don Carlos Julia esta noche he venido recatado: porque si no ha cometido delito contra su amor, de esta vez saldrá mi honor de peligros, obligándole mí modo, o forzándole mi brío. Quién es el que en esta cuadra tan necio como atrevido el sagrado de mi casa profana veré. Qué miro! Quién eres hombre? que aquí encubierto, y escondido de mi vista te recatas? Yo soy. Pues vos señor mío de esa suerte os recatáis? de ese modo os encubrís? que parece que decís más de lo que no intentáis: cuando en vuestra casa estáis tanto rebozo traéis? ladrón sagaz parecéis, con acción tan temerosa: que mucho si en casa hay cosa que vos robar pretendéis? advierta vuestra pasión, pues que a tal extremo pasa, que quien se encubre en su casa descubre su pretensión. Pueda con vos la razón más que puede el apetito, que aunque es proceso infinito el que vuestro afecto ordena; para incurrir en la pena vasta intentar el delito. Volved, y en vuestro aposento corregid vuestro albedrío, mientras yo me voy al mío a llorar el mal que siento: mudad don Diego de intento, y mirad obligaciones, que si en tales sinrazones prosigue vuestra malicia, para vos aura justicia, y para mi Religiones. Todo sucede en mi daño, no hay cosa que en perjuicio de mi valor no suceda: cuando intento vengativo desagraviar a mi honor, valiéndome del aviso que Carlos me dio, no solo no le encuentro; pero miro frustradas mis esperanzas en más notorio peligro: pues ademas de no hallar este remedio que sigo, a mi esposa le ocasiono en mis recatos, indicios. de su ofensa, cuando son cuidados del honor mío. Si agora busco a don Carlos, y me oye doña Ana, afirmo de nuevo sus presunciones, y sus agravios confirmo: y si a don Carlos no busco, dejo de cumplir con migo, pues que se yo si me ofende, no podrá estar escondido? Julia, no podrá engañarme? luego, si no determino buscarle, contra mi honor cobardemente me animo: no se que medio he de dar a estos extremos. Perdido, y turbado, que celoso, y enamorado es lo mismo, ni a Donaire encuentro ni hallo puerta, rastro, ni camino por donde salir, que haré? dadme tinieblas alivio, pues luces me dan tormento. Si yo no me engaño, ruido siento, y no muy lejos de mí. Si el silencio, y el oído no me mienten, pasos oigo. Si es Carlos, honor, perdimos nuestro remedio: porque si le hallo solo, público! sus engaños con mi industria, y mi intento no consigo; pues volverme sin saber quien de mi casa atrevido los respetos atropella, mas que cordura, es delito. Si es quien me busca don Juan, atropellando peligros he de vengar mis ofensas. San Lesmes sea con migo: tres horas aura que duermo, y cuando despierto, miro, que no miro a mi señor, a Ines, ni a la luz. . . Perdido voy, sin hallar lo que busco, más válgame Dios! Caído ha en mis brazos quien andaba siguiéndome. O el juicio me falta, o aquí hay fantasmas: no son buenos estos ruidos. Habla hombre: dime quién eres. Esta voz, si bien la explico de Carlos es, y no puedo desafirme. San Francisco, y todo el cielo de santos me libren de los aullidos de esta alma en pena, aunque sea quedando sordo. Resisto con mis fuerzas a tus fugas. Vanamente solicito apartarme de sus brazos. Señor muerto fugitivo, yo aunque me voy, me estoy quedo de miedo, mas yo me animo a llamar a Ines, y valgan a mis miedos sus auxilios: Ines, Ines, trae la luz. Si trae la luz soy perdido. Con la luz veré si es don Juan. A la voz, y al ruido vengo a ver: pero que veo! Don Diego? i. Carlos? Qué miro! Deja Ines aquesa luz, y vuelvete. Así te sirvo. Gracias a Dios que salí de fantasmas a hombres vivos. Dn Diego, yo entré esta noche a acreditar mis indicios; hizolos notorios Julia, testificolos su primo, que de muerto; por el respeto os lo cuento tan sucinto, quise volverme a salir, (no sé como me reprimo) y en esta cuadra sentí (en vano el furor resisto) pasos, que fueron los vuestros. bien ajenos de los míos: recatado os ocultastáis, y en hallaros, y encubriros, más os mostráis mi contrario, que decís que sois mi amigo. De hallaros en esta casa, y a estas horas, solo os digo, que lo que siente el valor, no es bueno para este sitio: más el tiempo, y el lugar no son para esto cubríos, y seguidme, que allá fuera os diré lo que imagino. Esto es malo. Aunque pudiera admitir el desafío por lo poco que fiáis de mi amistad, porque el sitio, como vos decís, y el tiempo no dan lugar, me reprimo; y para que no salgáis de hallarme aquí pensativo, oídme: sirva mi industria a tanto aprieto de alivio. Luego que a Madrid uneisteis, que fue el segundo principio de vuestro amor, me encargasteis, que os supiera en que distrito vivía Julia, y quien era en esta Corte su primo; para cuyo efecto, yo de Ines me valí, y me dijo todo lo que os referí: pues esto supuesto, digo, que como Ines supo, que esta noche, desmentido de la oscuridad habíáis de entrar, y también previno que don Juan enamorado, o celoso, o vengativo, negándose al sueño, estaba previniéndoos precipicios; juzgándome amigo vuestro, me avisó, con cuyo aviso, advirtiendo a vuestra vida en riesgo tan conocido, vine, y Ines me dio entrada, subí, y a los laberintos de las sombras de esta cuadra llego a penas, cuando admiro en lentos pasos horror, en bajas voces peligro: a poco espacio que anduve topasteis, Carlos, conmigo, dio una voz vuestro criado, Ines con la vela vino, volviose a mi ruego, y vos más celoso que advertido, hacéis agravio, lo que es en vuestra amistad servicio. Bien me pudiera enojar, mas yo perdono el delito, por el tiempo, y la ocasión: con lo mismo que me ha dicho . le satisfago, y así lo mejor, Carlos, es irnos, que aún estamos en el riesgo. Vive Dios, que estoy corrido de haber pensado de vos tan mal formado delirio. Ahora no es tiempo de eso, vámonos, y yo le sigo hasta su casa, por no causarle nuevos indicios. Vamos don Diego, que sois mi más verdadero amigo. Bien lo conocéis. Así con el agravio le obligo.
JORNADA TERCERA
acto tercero En vano buscas remedio para mi pena. Por qué? Porque mis agravios sé. Pues pongamos tierra en medio. Ese remedio vulgar, no es, Donaire, para mí. Si no es bueno para ti, hay más que no le tomar. Mas dime, ya que porsías, que remedio has de elegir, porque dejarte morir será pecaren Macias. Mi riguroso pesar matar a don Juan ordena. Jerara yo, que tu pena, se aliviara con matar. Pues de la razón distinto para lograr tus intentos, siempre a los diez mandamientos eres herege del quinto. Mas por ahora dejemos esta materia, que viene don Diego. Mipena tiene a mi amor en sus extremos. Carlos? Don Diego. . Yo voy . entre tanto a ver a Ines, que se comunicana pues aquí menester no soy. Como con vuestros desvelos don Carlos lo habéis pasado? Cómo quien enamorado está muriendo de celos. Después que a nochenoré los agravios que sentí, no sé don Diego de mí, solo de mi pena sé, Que solicita venganza. Aquí me importa saber, . como el vengarse ha de ser, y en que medio la esperanza De vuestro intento ponéis. En qué medio? en el mejor que pudo hallar mi valor: noticia amigo tenéis, De qué don Juan con su prima doña Ana vive casado, por cuyo medio mi enfado, es justo que se redima. Pues si él con servir mi dama pudo llegarme a ofender, yo con amar su mujer, sabré ofender a su fama. Desde hoy advertido, y sabio a dona Ana he de intentar de servir, para curar mi agravio, así con su agravio. Hay más riguroso modo de ofenderme! si esto intenta darele muerte. Esta afrenta intento. Perdiose todo como aquella vez primera, que me resirió su daño, le dije (penoso engaño!) que dona Ana mujer era De don Juan por divertirle de lo que llegase a ver, creyo que era su mujer, y ahora quiere servirle Para vengarse ofendido de las dichas de don Juan, y soy yo quien tanto afan sufronendo su marido. Sepa, pues, Julia, que yo se su voluntad, y olvido, y que a Carlos ha ofendido, aunque Carlos la ofendió. Y que es forzoso casarse con él, aunque tenga amor a don Juan, porque el honor, y no el gusto ha de mirarse. De que os habéis suspendido? De que en la acción que intentáis más temerario os mostráis, que estar podéis ofendido. Bien sé qué es temeridad; mas yo tengo de vengarme, de quien intentó agraviarme. ̱ . Vana es vuestra voluntad, porque el recato, y nobleza, de doña Ana, no ha de dar a que la logréis lugar. No me importa su firmeza; Porque como en caso tal, aunque amor no tenga efeto, por atreverme al respeto del dueño es la ofensa igual, Siendo ofensa solo amar, y así yo no he menester alcanzar para ofender, sino amar para agraviar. Él esta determinado, lo mejor es prevenir, pues en vano es persuadir estorbos a su cuidado. No os deis todo a vuestra pena, divertid el mal un poco. Estoy de sentirla loco. Si la variedad ajena, Los males al sentimiento, no os permitáis a suspiros; pues tratar de divertiros, es aliviar el tormento. Y cuál queréis que elijamos? El que os estará mejor, será la calle mayor. Pues vamos, don Diego. Vamos. En qué te puedo servir? Ahora sabrás en que. Seguros te da mifee. Pues oye. Empieza a decir. Yo sé que don Juan mi primo te sirve, y que su fineza pasa tu amor con terneza, cuya voluntad estimo; Pues porque amante, y dichoso logre el bien que le previenes, y tú el amor que le tienes, don Juan ha de ser tu esposo. Solo Julia en que te cases (por causas que ahora callo) medio a mis recelos hallo, de amiga a cruel no pases; Porque será extremo injusto contra tu amor, y mi intento, por duplicarme un tormento, no lograr Julia, tu gusto. Ya no falta a mi pesar otro modo de morir: amor ya es mucho sufrir, rigor ya es mucho matar. La dilación siento mucho . con que su respuesta ordena, que respondes a mi pena? Que me escuches. Ya te escucho. Para que pueda mi lengua aliviarme, y responderte, de mis antiguos pesares, es forzoso que te acuerdes. Solas estamos las dos, y amigas somos, de suerte, que ni el silencio me enfrena, ni el recato me detiene. Ya sabes que por mi causa, o por mi desdicha fuese, un hombre a quien adoré, le dio a mi hermano la muerte: Pues sabe, que este es don Carlos, en quien aurás muchas veces reparado, porque asíste tan a nuestra vista siempre, que con bien poca atención, que hayas advertido, puedes haber notado sus galas, más amantes que corteses. Este Carlos es a quien rendí mis potencias; y este quien puede darme la vida, quien quitarme el honor puede, con desestimar mi honor, con olvidarme; y perderme, más ni el cielo lo permita, ni su ingratitud lo intente. Carlos, prima, pues habita, después que en Madrid me tienen la ventura de asistirte, y el logro de merecerte en esta Corte: tan uno a los pasados placeres, que o sus finezas me finje, o sus ansias no me miente, y en mí, que a demás de amarle, cómo te he dicho, y tenerle notorias obligaciones: porque mi honor se remedie, y mi opinión se restaute, preciso es doña Ana hacerle, dueño, y señor de mi mano, que con esto se desmienten las injurias de mi sangre, de mi opinión los baivenes; ya conoces que esto es fuerza, y que niego justamente la obediencia a tus preceptos; y pues esto no te ofende, a mi intento has de ayudar; y porque lo hagas, atiende: a noche (que ya contigo no hay secreto) vino a verme don Carlos, y Ines me dijo, que curioso, y impaciente le halló mi primo, y salieron los dos a la calle, advierte, que para que más peligros se cviten, pues del presente de a noche salieron bien quizas por satisfacerse con la lengua, y no la espada, será mejor que se abrevie con tu ayuda nuestra boda, en cuya presteza adquiere mi honor el medio que busca; mi fe el premio que merece, Carlos logra su ventura, mi primo el recelo pierde, don Juan no queda ofendido, mi agravio se desvanece; tú quedas con este lauro, y yo tuya eternamente. Válgate Dios por mujer. . válgate Dios por pesar, que te dejas explicar, y no te das a entender! Ayer me dijo don Diego, que a Julia don Juan amaba, y ella resuelta intentaba apagar su amante fuego, Siendo su esposa, y aquí tan al contrario lo veo, que o mi oído, o su deseo debió de engañarse allí. Ahora bien, yo he de saber si esto es fingir, o engañar; a Carlos he de llamar, y si es verdad, ha de ser Luego su esposo, porque para que yo no me abrase; basta que Julia se case, con que en quietud viviré, Julia, porque mi amistad acabes de conocer; hoy tengo de disponer logros a tu voluntad. Carlos ha de ser tu esposo, sin que mi primo lo impida. Yo te debere la vida. Y yo a tu vida el reposo. Por un instante me topa con Donaire mi señor, el entiende nuestra flor, pues nos anda tras la ropa; Pero con no lo mirar, juzgue que se engaña a sí. De Carlos me despedí para venir a tratar Con Julia el justo remedio. que ha de tener tanto derío. O yo estoy ciego, o me engaño o es don Diego el que está en medio; Y en vano no viene aquí; pero escúcholos ahora. A dónde está tu señora? Miedo, que así me alborotes! señor, ahora salían Por adevino me habían de dar docientos azotes. Pues a Julia quiero hablar. Hallarasla en su aposento. Este parece convento de Religiosos de amar, no estaba a noche escondido de valde, pues vuelve hoy; pero a avisar presto voy a mi amo. Que advertido esta. . Vuelve a tu labor, que solo la quiero hablar. Acabaras de quitar los sustos a mi temor. Doña Ana llamarme a mí, sin haberla visto yo! o el criado se engañó, o el recado no entendí: Mas no, que si se engeñara, porque no me conociera, al principio lo dijera, y después se recatara: Y así tan buena ocasión, es injusto malograr. Siempre que te ando a buscar Estás en recolección. Pues que me quieres ahora con tanta priesa? responde? Qué vamos andando. Donde? En casa de mí señora Doña Julia, o doña Juana, doña diablo, o belcebú, de donde saliste tú a noche, y esta mañana, Después de verme contigo, y de reñirme después, me fui a parlar con Ines, y te dejé con tu amigo, Amago debe de ser de amistad la que profesa; pues tres pies a la Francesa, te dejó porirla a ver, Con Ines hablando estaba, cuandó él muy aprisa entró, y viendo que no llamó teniendo la puerta aldaba, Y que en Ines, conocerle, y dejarme, fue todo uno, curioso como importuno, los seguí para atenderle. Pregúntole por su ama, a que Ines le respondió, y luego le preguntó por doña Julia tu ama. Con quien dijo que quería, ofendiendo tu recato, hablar a solas un rato, mira que bellaqueria. Esto, y hallarle escondido a noche en su misma casa, de indicio a verdad se pasa; y así corriendo, o corrido, Te vengo ahora a avisar, a cuyo fin te protesto, que abuscarle vamos presto. Que a Julia entró a hablar, ha falso amigo! ah traidor! Anda, si quieres hallarle con Julia. Quiero, y matarle. Quebrarle fuera mejor. Esto, señor, es lo cierto; esta es señor la verdad, Carlos, señor, es mi esposo; digo, Carlos lo será primo, como vos gusteis, señor, como vos queráis: a mi honor le está muy bien, y a mi amor no le está mal. Carlos sé que lo desea, vos pienso que no gustáis; más de mi hermano lo pide tanto vertido coral, en esto no hay más remedio, que casarme, o que matar a Carlos; mas con matarle, a mí la muerte me dais, porque si amor de dos partes nos hizo un todo formal, y un compuesto pierde el ser si le falta la amistad, quitando a Carlos la vida, siendo de mi ser lo más, o la mitad por lo menos; claro está que me matáis, pues le quitáis a mi vida la vida más principal. A Carlos en fin adoro, ahora primo, tratad por mí, y por vuestro sosiego, y por lo bien que me está, que su voluntad se premie, que se logre mi lealtad, que mi ofensa se desmienta, y que vos quieto viváis. Y si está Carlos celoso? Yo me sabré disculpar. Que a Julia no conocéis decís, y que no la amáis? Esto he dicho, y esto afirmos aquí me importa negar. Qué es lo que veo? dón Diego con Julia, y a solas? ay más notorio atrevimiento de su loco amor? y hay más prueba de que es verdadero, que el quererme dilatar Julia mi intento, diciendo, que Carlos es su galán; y ser, según dice Carlos, tan notoria falsedads pues sepan que lo conozco, y lo que intento sabrán: para esto solo os quería. Pues de aquesa suerte os vais? Sí, porque al señor dón Diego no será justo estorbar. Carlos con Ana, ha cielos! Pues qué doña Ana: se va, . sabiendo también mi intento, debe ahora de importar, que los dos se queden solos, si en que os sirva no mandáis: dadme licencia. A Dios Julia. Ya se empieza a mirar, y sin hablarse, esto es malo, ello parará en tristras. De celos estoy muriendo. Zelos la muerte medan. Carlos aquí, y a estas horas? Bien me pudiera enojar, de que a entender no lleguéis, de que lleguéis a dudar las obras con que mi brío, le paga a vuestra amistad. y porque no las dudéis. digo, pues, que me escuchéis, que una noche que atrevido sin temer, ni reparar los peligros del valor de un noble ofendido, mas. enamorado que cuerdo, más terrible que galán, entre en casa de mi dama, (digo en casa de mi mal) y a pesar de los peligros, de los riesgos a pesar, me expuse a tal precipicio: pero vos, que puntual lo llegasteis a saber, lo supisteis remediar. De esta merced que me hicisteis, quiero que os satisfagáis, porque es bajeza deber quien tiene con que pagar. Esto supuesto, y que vos en el mismo aprieto estáis que yo me hallé, pues es una la casa, y la dama, mal pagará la obligación, en que mi honor os está, si viendo os en el peligro no os procurara ayudar. Y así sabiendo don Diego, que venisteis a gozar de vuestra dama favores, y que era en sin casual, que don Juan su primo os viese, de que podrá resultar enfado a los dos, porque a vuestra seguridad mi valor no le faltase; os vine honrado a buscar, por pagar en esta acción A lo que en otra me obligáis. Y ahora que en los empeños los dos estamos en paz, dejando aquí vuestro amor, porque podamos mostrar mejor el mío, en quien tengo ofensas que castigar, y porque para esto el puesto, tiempo, ni espacio no da, ni la ocasión nos ofrece en este sitio lugar, en el prado donde espero la tendréis, porque sepáis el castigo de un engaño, cuando se llega averiguar. Fuese, y déjome perdido, fuese, y dejome mortal; no tanto con las ofensas, que pública su amista como con las que mi honor siente ofendido: no más, muera Carlos, pues me ofende, y salga con acabar con su vida mi valor; mi honor de tanto pesar. Ello paró en el sidellum, y ellos por mi pararán también, porque la pendencia voy a dar a pregonar! a su amistad, Cansado de esperar mi bien espero, y como espero, de esperar cansado de no haber de mi amor desesperado, muchas veces estoy que desespero. Mas como quiero, y ensufrir adquiero el premio de mi amor, y mi cuidado: entre tantos tormentos obstinado, quiero sentir, porque lograr le quiero. Siento, pues, a pesares repetido los sustos de la gloria que no alcanza mi amor, sin que postrándose al olvido. Alivios solicite mi mudanza; que yo daré mi mal por bien sufrido, si logra mi cuidado su esperanza. Si busco agua, vive Dios, que no he de hallarla en el mar; pero aquí a don Juan he visto, señor don Juan? si gustáis de remediar un peligro, si le queréis evitar, don Diego, y Carlos mi amo, Caballeros, de quien ya tendréis noticia, hacia el prado, no sé porque enfado van desafados ahora; si lo queréis remediar seguidme. . n Diego? (mas Sí. . Voy, porque si hubiere le acompañe mi valor: vamos presto. . Caminad. Acábese de una vez mi valor, o mi desdicha, que no es razón que un engaño, justas venganzas impida, que así don Juiego me ofenda! y así oculte su malicia! de esta vez castigaré su villana alevosía. Que pues la luz de mi honor infiel turbar solicita, Ycaro de mis incendios, acabaré en mis cenizas. Aún al prado no han llegado, si no me engaña la vista. No me admiro, que a reñir, muy pocos salen a priesa: mas ya dimos con mi amo, jurara yo que saldría el primero a la campaña; porque es, si se encoloriza, en materia de pendencias, la persona más salida, que ha abido de Adán acá: pero por si acaso mira, me retiro, que no quiero que me vea. Porque sirva de embarazo mi presencia, y de estorbo mi venida, antes que venga don Diego, que mejor así se evita su enfado: hablar quiero a Carlos, pues no tiene compañía: señor don Carlos? Señor don Juan? Tan solo? Desdichas me acompañan. A qui entra lo que mi avuela decía: más te valiera estar solo, que con malas compañías. Esta soledad en vos, no se que me pronóstica. En mí solo es ociosidad. Mas parece valentía. Luego juzgáis que es pendencia. No lo será por mi vida, señor don Carlos, yo sé que aguarda vuestra cuchilla en este puesto a don Diego, de que he tenido noticia bien cierta, y vengo a estorbarlo, porque no es justo, que riñan dos Caballeros, y amigos sin causa muy excesiva; y porque la puede haber tan grave, que no permita treguas al rigor, suplicoos, que me digáis que os obliga, porque si es justa la causa la satisfacción no impida. La ocasión se me ha venido, como yo me la quería: don Juan me ofende, y lo ignora; pues para que mi mohina dél se desquite también, le diré que amo a su prima, y querino con don Diego; porque como yo la estima. Señor don Juan, pues sabéis, que en esta instancia florida a don Diego mis enojos sangriento fin le publican, o a mi soberbia los cielos, duramente le destinan, os quiero decir la causa, que nos ocasionas oídla, aunque sois interesado no os alborote, que diga lo que siento, que si acaso del enojo que me incita os resultare otra ofensa, o por su causa, o la mía, cuando la queráis vengar tiempo aurá para reñirla. Digo, pues, que la ocasión que a riesgos me solicita con don Diego, es su amistad, bien pagada, y mal fingida; pero de esta suerte, mal don Juan la causa se explica, digo: porque me entendáis: agora le doy la herida, que enamorado he servido algún tiempo a vuestra prima. Tened don Carlos, tened vos a mi prima? Y sabias que era don Diego su dueño. Mal entonces lo sabía, pero bien lo imaginaba. Por lo que a renir venían, es por mi agravio también: pues siofende fementida mi prima a don Diego, a mí también su agravio me irrita, y Carlos que me lo dice, sabiendo que es sangre mía, común quiere hacer la ofensa, pues muera: porque no viva quien mi deshonor pretende; que tan grandes demasias, y tan notorios agravios de esta suerte se castigan. Y de esta suerte se yo vengar las ofensas mías. Esto, por Dios que es traerle a mi amo con quien rina, y no quien le meta en paz. Don Juan, cuando yo venía a reñiros hallo a vos tan empeñado? reprima vuestro acero los impulsos, y en vos Carlos, es por dicha buen trato desafiarme, y antes que en los dos se midan las fuerzas, poner a riesgo con otra espada la vida? señordón Juan, antes que, o amistad, o vizarría os obligase a reñir, era esta pendencia mía; y pues que soy anterior, tengo agora de reñirla. Yo la tengo de acabar. Vuesarcedes no se aflijan por el primero lugar, que ya saben, que es antigua condición de aquel que debe tener entera noticia de sus deudas, por lo que continvamente le ostigan; y yo que soy contra quien tienen crédito sus iras, de sus derechos tendré (cierto es yla noticia misma: y porque si a un tiempo son, el que es más grave, se elija el primero, los refiero la causa, porque reñía con don Diego, que fue un tiempo mi amigo: es porque sabía que yo amaba a Julia, pues en ocasiones precisas, para lograr sus amores me había ayudado, y me había sido en parte mucha causa del logro de sus caricias; y no obstante, mal mirado, con infame alevosía logra su favor amante, goza amoroso sus dichas: esta ofensa, en quien a un tiempo, honor, y amistad peligran, es la más grave a mi ver, pues en ella se concilian contra mi honor, y amistad dos afrentas repetidas, con que el primero lugar se le debe de justicia: y así, con la espada digo a vuestra amistad fingida, que de esta suerte mi brío castiga su villanía. Y de esta. Tened la espada, que es acción poco advertida, que me hagáis a mí la ofensa, y que don Carlos la riña. Vos sabéis que a Julia adora don Carlos, y con mentidas palabras me entretenéis: esta es razón, o es malicia; y a demás de esto, es buen trato engañarme por servirla, y exponeros a peligros de que vuestro honor, más diga esta espada lo que siento. En vano vuestra porfía intenta, señor don Juan venganzas, cuando me quita las que ofendido procuro; y así, es forzoso que impida vuestro intento, y pues los tres en ocasiones sucintas nos habemos sido estornos a nuestras pendencias mismas, quedando en pie las ofensas, bien será que se remita para mejor ocasión la satisfacción. Y sirvan sus treguas de averiguar mis celosas fantasías. Ya no puedo la venganza que osadamente me anima lograr agora: porque encontradas nuestras iras, unos a otros, havemos de estorbarnos las heridas; pues suspéndase el valor, hasta que en veces distintas castigue en Carlos mi ofensa, y en don Diego sus mentiras. Corrido estoy; y agraviado de que don Juan califica engaños mis prevenciones, y de Carlos intima guerras a mi honor; pero antes que sus murallas altivas asalten infamemente sus amorosas insidias, le daré la muerte yo, que aunque agora no permita la ocasión esta licencia, otras aura que no impidan ni en don Juan satisfacciones, ni en Carlos venganzas mías. Cada cual va por su parte, y uno a otro no se mira. Si don Juan de mí se ofende; porque enamoro a su prima, siendo don Diego su dueño, como también se amohina de que la sirva don Diego? más dudas, y agravios sirvan de hacícate a mi venganza, de espuela a mi valentía. Yo tengo de ir a buscar agora a su casa misma a don Juan, para empezar mis venganzas. Boberia es muy grande intentarlo. Necio, pues tú me réplicas? No tengo de replicarte? si dices cosas indignas tu entendimiento? . No. Pues qué quieres? Que me sigas sin replicarme pala bra. Mira lo que haces, y mira, que es irnos al matadero. No vas conmigo gallina? pues qué temes? Que nos maten. Para que quiere la vida quien como yo está ofendido? ven, acaba. Qué porfías? si tú no quieres la tuya; yo quiero mucho la mía, y no he de darla a ese precio: pero porque no me rinas vamos, que cuando suceda lo de mueran, pues me incitan, el montante de tres suelas, que es el que siempre me libra, no puede faltarme ahora. Sígueme porque apercibas en mi venganza su muerte, o en su defensa su vida. No tienes que replicarme, queriendo satisfacerme, que eso será disponerme nuevos modos de enojarme. Dices que Carlos te adora, busco a Carlos en un punto, y cuando, ay Dios ! le pregunto de tu amor, dice que ignora. Y así Julia, pues, que llego a reconocer tu error, busca fines a tu amor, o medios a mi sosiego. Cuando responder pretendo. a tus quejas ajustada, me hallo confusa, y turbada, prima, porque no te entiendo, Qué recelos hay en ti si te he mostrado mi pecho; pero que es solo sospecho, porque infeliz nací. Si Carlos te ha respondido, que no me ama, ha pena fiera! podrá ser que no me quiera; mas no no haberme querido: Y digo, que en tanto afan, esta verdad que acrédito, los papeles que me ha escrito con su nombre lo dirán. Y porque contigo muera la sospecha que te doy con sus engaños, yo voy por los papeles: espera. En que ha de para, no sé engaño tan declarado. hasta este cuarto me he entrado sin ver a nadie, y dejé a Donaire por si via a don Juan que me avisara: ha, si de hallarle acabara mi valor! . . Es cortesía entrar hasta este aposento, sin llamar donde estoy yo? Si descortesía, no, será desalumbramiento: pues como si al día le falta. el sol cuya luz, y rayos. entre lucientes desmayos con sombras la noche asalta, Por ser en luz sin segundo, y en rayos único, y solo, mientras alumbra otro Polo, está en tinieblas el mundo: En cuya opaca porfía todo es temer, y dudar, hasta que vuelve a mostrar, que es alma ardiente del día. Así vos, cuya hermosura con animado arrebol es de esta eclíptica sol, de esta casa antorcha pura. Como a lo demás negáis vuestra luz, y aquí os venís, todo lo que no asistis entre tinieblas dejáis; Cuyas sombras discurria, ciego, y con incierta planta, hasta que de noche tanta en vos he topado el día. Señor, don Juan ha venido, y si yo mal no me engaño, me ha conocido, y te ha visto. A qué buen tiempo ha llegado! Si esto es llegar a buen tiempo, que ha de ser llegar a malo? Para revmr con don Juan, . solamente se he buscado, y no hay mejor ocasión, cuando de irritarle trato, que esconderme, pues me ha visto fingiendo así que le agravio con doña Ana su majer. Acaba ya con los diablos. Señora, ya conocéis en el aprieto que estamos, don Juan viene, y no quisiera disgustos ocasiónaros; y así para que se eniten, el mejor remedio que hallo es esconderme, hasta que se vuelva, y este criado también: sígueme Donaire. Aguardad señor don Carlos, que don Juan venga, no importa, antes disculpáis mi recato si os escondéis, porque viene no habéis de esconderos. Paso, que viene ya, y es forzoso esconderme; así le causo mas odios con más ofensas, más celos con más engaños. Por Dios que de mis costumbres se le ha pegado un pedazo al hermano compañero. Hay suceso más extraño! Carlos en este aposento! Carlos con mi prima, cuando él me ha dicho que me ofende! esta vez morirá a manos de mi ofensa; pero como ahora no lo vi hablando con doña Ana aquí? si honor, pues como le han ocultado sus cautelas a mi vista? pero en todo aqueste cuarto, no hay sino aquel aposento, y en él se ha escondido. Tanto me tiene el susto turbada, que no estoy en mí. De amparo no ha de servirle su industria. n Juan con tan poco espacio, y tan colerico aquí donde vais? A ver si hallo ciertos pliegos que dejé en esta cuadra olvidados; el otro día, ya vuelvo. Deteneos, reportaos, que buscar unos papeles, no es del respeto embarazo, siempre solias hablarme con el sombrero en la mano, y ahora poco cortés olvidáis este agasajo, y no sé porque. Porque esto es tenerle los pasos a mi honor. Decid porqué? Yo os lo diré de aquí a un rato en saliendo. Sin decirlo no habéis de entrar. Es en vano resistirme. Aquí me pierdo. Al ruido que en este cuarto he oído, salgo del mío, por ver quien le causa. Tanto porfiar, ya es malicia. No es si no nacer honrado. Qué es esto recelos míos! con mi esposa porfiando don Juan su primo, yo escucho para enterarme del caso. , , s Estos papeles Ines dirán: mas qué es esto? Carlos está escondido aquí adentro; que viniendo a verte acaso, para encubrirse a don Juan, se ha escondido, y él lo ha echado de ver, ayudame ahora a detenerle. . Ya lo hago. Ya es culpa la resistencia. Y la presunción engaño. La porfía es necedad, Sin duda que aquí hay agravio contra mi honor en las dos, salgamos honor, salgamos, y pues sondos a ofendernos, seamos dos a vengarnos. qué es esto don Juan? qué es esto? Hay lance más apretado! Muerta estoy. Yo estoy perdida. Yo también estoy temblando. O qué bien que se ha dispuesto! O que mal puestos que estamos! No me respondéis don Juan? de verme os habéis turbado? Mi turbación no os espante, cuando de ver no me espanto. Qué habéis visto? Vuestra esposa lo dirá. Yo? Declaraos. Aquí es forzoso salir. Más seguro es escaparnos. A quién habéis visto? A mí, que atrevido, y temerario he buscado esta ocasión, para morir, o mataros. Pues muera quién de mi honor así profana el sagrado. Tened los limpios aceros, parad los aceros blancos, atendedme, y permitid treguas al furor un rato. Seis años ha que mi amoroso pecho admiro satisfecho la gala, y el valor, la vizarría, y el aire de don Carlos que venía a Italia desde España. No fue rendirme valerosa hazaña, pues desuerte por astros superores el cielo concertó nuestros amores, que cuando él de obligarme no tratara, yo misma por mí misma le adorara: que en tales ocasiones, como son desiguales las pasiones, con que el alma afligida se quererla, quien tiene más, más riesgos atropella, debió de verme Carlos, y sitviome, festejome cortés, y al fin rendiome. Que la que a ser más firme se provoca, mármol viviente, o animada roca, aunque dureza su esquivez intima, el ruego escucha, y la fineza estima; cuanto más yo, que amante desde aquel mismo instante que le mire, rendida le entreguen el alma, y le cedí la vida. Rendida, y obligada, correspondida tanto como amada vivi algún tiempo, sin tener desvelos, que no es poco tener amor sin celos, hasta que periuadido, me dio Carlos la mano de marido, con cuya preominencia mi recato le daba más licencia, y el menos temeroso, a título de esposo, ocasiones buscaba, en que mis dichas con su amor lograva: que el más terrible empeño, le facilita el nombre de ser dueño. Pero una vez, ay Dios lance inhumano! en mi aposento le encontró mi hermano, a quien por resistir, penosa suerte! valeroso don Carlos dio la muerte; ausento se de Italia, murió luego mi padre, a cuyo ruego a la Corte me vine; y a penas en la Corte me previne; cuando a Carlos en ella considero: sígueme amante, digo que le quiero a pesar del agravio que me infama: que quien de verás ama, atropella imposibles, vence dificultades invencibles. Sin reparar si es justo, o si es injusto, que no tiene el amor más ley que el gusto, estas obligaciones sabe Carlos, que debe a mis pasiones, y no es bien que a mi amor de aquesta suerte le quitéis el remedio con su muerte: dad la vida a mi esposo, y sea poderoso mi amor para oblígaros a este medio, en que estriva mi honor, y su remedio: pues si intentáis soberbios ofenderle, me disponéis pensiones de perderle, con que desesperada, a la primera espada con varonil despecho, resistirá mi pecho, con cuya ardiente herida, empezará su muerte por mi vida. Negar lo que dices Julia, ademas de ser engaño, fuera desmentirme noble; y acreditarme de ingrato. En nuestro pasado amor confieso, que aurá seis anos, que me honrasteis, y os serví, y que maté a vuestro hermano, que os di palabra de esposo, y confieso todo cuanto en esta parte gustáis: mas digo, que no me hallo con esa disposición, por ciertas cosas que callo. Eso es agraviar mi honor, decid, pues, que os ha obligado? A mí me está mal decirlo, y a vos no es bien escucharlo; y así mejor es callar. LI Pues por ese mismo caso lo habéis de decir ahora. Si vos gustáis, no riñamos, que yo juzgué que os hacía más amistad en callarlo: Digo, pues, de a donde vos lo dejasteis, empezando, que es la causa, porque aquí con vos Julia no me caso, porque la primera vez que en Madrid a visitaros llegue, en que no mostrasteis aquel pasado agasajo; vino don Juan vuestro amante, estando con vos hablando, escondime a vuestro ruego; fuese, salí descuidado, quisisteis satisfacerme; de que recelos cobrando vuestra turbación fue tanta, que pronósticó mi agravio; mandasteisme que a la noche volese a veros, y hallo, si de vuestros brazos no, gozando de vuestros labios las más amantes caricias, los más tiernos agasajos, a don Juan, vase dichoso, y por suceso, o por trato no puedo hablar, porque vino doña Ana, con que asustado, quiero volverme a salir, y por el oscuro espacio de este aposento discurro, no hallo la puerta, y turbado, aunque poco, atento escucho hacia mi ruido de pasos, busco el rumor, hallo un hombre, con quien valiente me abrazo, trae la criada una luz, veo que es don Diego, y cuando ofendido me dispongo, me satisface, aunque falso. Vuelvo esotrodia aquí, porque me llamó un recado de doña Ana, estoy con ella, pregúntame si os he amado, niego entonces; déjame, veoos con don Diego, y trato de vengarme: sígueme donde le digo que aguardo, llega don Juan antes que él, cuentole advertido el caso; saca la espada conmigo, viene don Diego, y a entrambos nos pone en paz, quédase la pendencia en este estado; vuelvo a buscar a don Juan, entro me hasta aqueste cuarto, repréndeme doña Ana, disculpome cortesano, veo que viene ofendido, y a pesar del embarazo, que doña Ana me ponía noble, me escondo, en que trazo irritarle nuevamente, fingiendo así que le agravio, y cuando pienso, que solo estoy, Julia, retirado, sale don Diego, que estaba como yo escondido: harto juzgo que he dicho, no quiero ser, Julia, en esto más largo; Conventos tiene Madrid, y guerras Felipe Cuarto, en que vos podréis vivir, y yo sabré ser soldado: pero si acaso intentáis, viéndome solo, con cuantos tenéis en casa, obligarme a que os de Julia la mano de marido; voto a Dios, que me habéis de hacer pedazos antes que tal consigáis; porque los hombres honrados, como sin honra no viven, mueren por no ver agravios. La sospecha de don Juan peesto padiera evitaros, mis no debéis de querer más satisfacciones, cuando tenéis celos de mi primo don Diego porque le hablo. Cuando se que es vuestro primo don Juan, queréis ocultarlo con decir que lo es don Diego. Don Juan? Pues desengañado estoy ya de que mi esposa cumple bien con su recato, pues como Carlos refiere, hallarla con el hablando, fue averiguar sus recelos, y haberle escondido hallado, fue intención de su venganza, y no infamia de su trato, con que mis celos han sido fantasías del cuidado: salgamos de tanta duda, y de tanto mal salgamos. Señor don Carlos oídme, que no es justo que un engaño así nos suspenda a todos. Ya os escucho. Habrá medio año, que llegasteis a la Corte, y me contaisteis el caso que mi prima ha referido, como amigo, juzgando, que yo no era parte en él, escúchele, y como el dano me tocaba por pariente, dudé si era bien mataros, o casaros con mi prima; no me resolví; y en tanto me mandasteis, que os supiera, como amigo, y cortesano, quien era el deudo de Julia; vime con vos empeñado, y en este tiempo don Juan llegó a pedirme la mano de mi prima, de manera, que por cumplir con entrambos, y por quitar disensiones en vuestro amor engañado, al uno, y al otro os dije, a Carlos, que el más cercano deudo en cuya casa estaba Julia mi prima en amparo, era don Juan; y a él le dije, que dentro de poco espacio se haría su casamiento, disponiendo en este engaño, que vuestro amor con don Juan procediese tecatado, y el suyo para con vos fuese por deudo agasajo, que aunque os dije entonces que era mujer de don Juan, fue engaño, para divertir así vuestro celoso cuidado. De las demás presunciones bastantemente os aparto con deciros, que soy yo el primo de Julia, en cuanto, a si pude, o no ofenderos a los dos con engañaros digo, que no; pues quité con ese dano más daños que os pudieran resultar; y así con cuantos agravios fingidos os defendí, os he a los dos obligado: a vos, porque os estorbé pesadumbre con don Carlos, y adon Carlos, porque quise que lograse su cuidado: al recelo de don Juan satisfaga Julia, dando disculpa, o satisfacción. Digo que en haberle hablado como Carlos escuchó no le ofendí, pues juzgando, que era Carlos hablé así; porque en el puesto citado que le esperaba, le hallé; y así con el agasajo que hice a don Juan le obliguen. Pues si don Juane, a extraño, sin vuestro consentimiento, como pudo Julia hablaros? porque os hurré la ocasión con cautelosos engaños, sin que Julia lo supiese, que si a estos lances llegamos, primero que no mi amor es su honor, y su recato. Pues si son finezas cuantas juzgaba ofensas mi enfado, el agravio, obligación, y los celos, agasajos, y lo que antes ofendido; me hallo más obligado; esta es mi mano. Y esto es obligar con el agravio. Y yo satisfecha ya. de mis celos, vuestros brazos merezca. Ya convertidos mis recelos en agrados, son nuevas obligaciones en mi amor vuestros agravios. Gustoso de mi fortuna, aunque la vuestra envidiando, felicísimas edades digo que os gocéis los cuatro, Aguarde, y que nos gocemos los seis dirá de aquí a un rato; aquí del Poeta somos, Inesilla, y yo del Diablo, que no reza de nosotros la cartilla de casados. Yo aquí estol, si tú me quieres. Dijéralo un juez de palo, que portí no quedaría, pero no se seré muy largo, oíganme un cuento. Tenía cierto Mono un Boticario, cuya casa con la de un Barbero por un lado se correspondía, y como algunas veces acaso le veja el Mono afeitar, entrabase, y enredando por hacer lo que había visto, le echaba a perder los paños, le quebraba los espejos, los peines, la caja, y cuantos tenía en el aposento bárberiles a paratos. Amohínose el barbero, y ármole el cuello sin lazo, porque un día que le vio, tomo el espejo en la mano, llegó la navaja al rostro, y luego el filo tornando, se dio un tajo en los gañones, con que apartándose a un lado entró el seo Mono, que son Monos, y mujeres Diablos, y tomando la navaja, y el espejo a poco rato se sacudió en las agallas, sin volver filos, un rasgo, que de su ignorancia fue, y su muerte el sepan cuantos. Acómodo agora el cuento: notorio es que los criados, por desdicha nuestra, somos siempre Monos de los amos; y así Mono suyo agora, porque se casa me caso, aunque pienso, que he de ser el Mono del Boticario; que por hacer lo que veo, he de morir de casado: pero esta es mi mano, Ines. Y esta, Donaire, mi mano. Y pues me caso contigo, cuando te aborrezco tanto, porque el Porta lo quiere, diré viéndome forzado, que obligarme a casar, es obligar con el agravio.
