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Texto digital de El nuevo mundo de Castilla

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
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Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nuevo mundo de Castilla. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nuevo-mundo-de-castilla-el.

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EL NUEVO MUNDO DE CASTILLA

JORNADA PRIMERA

JORNADA Señor don Juan de Almendrares co, Caballero, noble, y rí y en Alba de los primeros, en discreción talle, y brío: donde a estas horas me llevas por este apartado sitio tan denoche, y con misterio y junto al Palacio mismo del Duque que sale al Tormes, donde se mira narciso, te paras, y te suspendes. Qué hora será? . Yo imagino que serán las once en punto. Muy temprano hemos venido: en el reloj de quien ama, parecen las horas siglos. Claro está, que no es muy tarde, porque siempre en el estío son muy, pequeñas las noches. d . Ya declararme es preciso contigo Mendo, pues sabes lo que tu lealtad estimo. En este lugar, que es Alba de Tormes, os dos nacimos, yo para criado tuyo, y tú para dueño mío. A doña Isabel conoces, de Abendaño. Y que es prodigio de virtud, y de hermosura, y que la quiere infinito, mi señora la Duquesa, pues la tiene en su servicio desde niña. Qué más sabes? Que con un criado antiguo, que es don Lorenzo de Lara, casarla intenta el Invicto Duque Don García, y que por estar ausente el dicho don Lorenzo, no se ha hecho: porque está ya prevenido, que él la pida, y que se casen. Según eso, no has sabido que Isabel es ya mi esposa? Tu esposa? qué es lo que has dicho? Y determinado vengo a que por este postigo, que sale al campo, se (ras? aquesta noche conmigo. Qué escucho? . . De que te admi- De tu locura me admiro, porque son burlas pesadas las que dices? . J. Lo que digo lo verás ejecutado, si Isabel no me ha mentido. Juzgo que no será fácil, ni que intentes atrevido, contra tu vida señor, tan bárbaro desatino, tu profanar el Palacio de un Principle esclarecido, a quien España le debe tantos laureles invictos; Sabes que está retirado de la Corte, en este mismo lugar suyo descansando? de los marciales bullicios: Sabes que es terror, y asombro de los Moros fronterizos, que es hijo de don Fernando. de Toledo, aquel prodigio de la guerra, que en Requeña ganó el triunfo más altivo, la más celebre victoria que se eterniza en los siglos. El que se desde Hecija a Ronda, talando el campo enemigo, ganó a Málaga, y bizarro, viendo a su gente en un circo campal, cercado de Moros, siendo emulación de Ciao, desbocado con el bruto en que iba montado, hizo entre lanzas, y saetas, tan anchuroso portillo, que les ganó la victoria; siendo allí de los moriscos, rayo, asombro muerte estrago: Sabes, que después Invicto entre Gtanada, y ganó cincuenta Castillos. diez Villas, treinta Lugares. al Moro, siendo infinitos sus hechos; pues reguladas sus acciones, y servicios, salen a hazana por día, de los muchos que ha vivido: Del Católico Fernando; no sabes que es tan valido, que no hay caso de importancia. que no consuite, advertido con él pues hombre del diablo, qué intentas? vuelve en tu juicio, y volvámonos a casa, y si te sientes herido del amor, pídela al Duque por mujer amante, y fino: y si d de va de regalo, no vayas por descamino, y mira que tu gazaate, está pendiente de un hilo. Yo no te pido consejos, bueno fuera, Mendo amigo, que lo que tengo seguro, yo lo pusiera a peligro: y más cuando don Lorenzo de Lara, es solo valido de su Excelencia. . A que parte has de escaparte? en que sitio estarás del Duque seguro, iguorado, y escondido? siendo su poder tan grande, que solo con un aviso, un rengión, una amenaza, un decreto ejecutivo, en todo España no habrá quien no te entregue al suplisio. Siendo mi esposa Isabel, no temo ningún castigo, ningún riesgo me acobarda, que no es bien, que para el siglo no es para el cielo delito. Todo tiene su embarazo, el mundo lleva este estilo: para un bofeton, hay valas, para traiciones, hay chirlos, para cautelas, venganzas, para deshonras, y castigos, y a rompimiento de casas, hay rompimiento de hocicos. Esto ha de ser por ahora, en esto me determino: tú quieres acompañarme? Me ha dado un mal repentino que no sé, . . De qué te alteras De tu mal humor, y el mío se compone una terciana a modo de tabardillo, tú tienes la calentura. y a mí señor me da el frío. Qué siempre has de ser cobardo Cobarde yo, vive Cristo! que este es respeto, y no miedo, y en tocándome en lo vivo del pundonor, soy leal, y seguirte es ya preciso, y venga lo que viniere. Ya sé que es grande el peligro más metiéndome en la sierra de peña de Francia, es fijo que allí estaremos seguros: y aunque sea entre sus riscos, vivir como bruto indócil, llevando a Isabel conmigo, que es el sujeto adorado, por quien muero, y por quien vivo no temeré los ultrajes del tiempo, hasta que el distino, o acabe con mi fortuna, o dé a mis males alivio. Sien dices para escaparnos no hay, señor, otro camino, ape Su encumbrado laberinto nos asegura; mas quiero, Mendo, que estés advertido, que en traje de hombre bestida saldrá Isabel, su apellido ha de ser Celio. . Y qué más? Y que es Celio hermano mío. Bien hermanado está el caso, que ese es uso muy antiguo, tratarse los que se quieren, de hermanos, deudos, o primos. Señas oigo? . Ella será; pues de esa tapia el portillo veo abierto. Amor me fuerza, perdone el decoro mío. Isabel. . . Don Juan. Esposa, adorada, y dueño mío, Llegó mi amor al extremo mayor de cuantos ha habido, pues la posesión te entrega de vida honor, y albedrío. Con menos fe no pagaras lo que a la mía has debido. Quién es el que te acompaña? Es Mendo. En poco te sirvo, Dichoso mi amor ha sido. Pues qué ordenamos? Tomemos de la montaña el camino. Llevando mi amor por norte, iré aliviada contigo. Siendo mi esposa, es empeño tuyo, ese noble designio. Adiós Alba, adiós Palacio, decidle a los dueños míos, que amor me lleva, obligada de una violencia, y carino, y que solo es ya mi patria, la gloria del bien que sigo. La mía serán tus ojos, a Dios Tormes cristalino, pues creciste con mi llanto, mengua ahora con mi alivio. Adiós bolos, a Dios truque, a Dios hijos de vecino, quinolas, y sacanete, censo perpetuo del vino: a Dios puestos de lo caro, que me lleva un amo mío, por ser lacabo, y salbaje, a ser bruto de unos riscos; mas con una diferencia, que él lleva esposa, y yo grillos, ya A competir te atreves mano a mano, con mi valor indomito Mileno? Pues tu conmigo, bárbaro Silvano, siendo el primero yo del valle ameno? Si examinarlo quieres, baja al llano, que el llano los dará capaz terreno, adonde ejercitándose en acciones, calle la voz, y esgriman los bastones. Espera, que ya bajo, haciendo alarde que siempre llegue menos tarde, menos tardanza habrá para tu muerte. A no ser tu arrogancia de cobarde, pudiera recelar infeliz suerte: sin duda que mi brío no conoces, pues no te asusta el eco de mis voces. . Si sabes que a Taurina, mi cuidado procura solamente para esposa? Si ves que es ella sola a quien he dado el firme corazón, que no reposa? A Taurina, que es bella flor del padro. Taurina, que es del cielo humana rosa. Festejas . Solicitas. Siendo empeño. . A quién sigo por sol, Busco por dueño. O mi furor no temes, o estás loco: tu intentas suponer donde yo falto? que con la frente las estrellas toco, y el arroyo mayor brinco de un saltó? quien a Mileno veneró tan poco; que tuvo al mismo cielo por más alto? no soy yo aquel que el más robusto enebro desgajo arranco, agonio, trincho, y quiebro? No soy yo aquel que excedo deligente en lo veloz, por paramos extraños, al bruto, que en los ganchos desafrene, lleva sumado el curso de sus años? no soy yo aquel que paro la corriente, enternecida aleco de mis daños, y fatigando aquestos Horizontes, abasallo el imperio de los montes? No sabes tú, que de un aliento caro, desde un extremo al otro de este valle, que al lobo más feroz quito el cachorro, haciendo que a mi voz el viento calle, que con mis plantas las atenas borro, que tiembla el monte de mi rostro, y talle, y al toro más cerril, y menos tierno, las medias lunas dos, le descuaderno. No sabes tú, que apenas el Aurora raya esa cumbre, cuando ve primero os despojos des Pues ahora verás. ano. . Soberbio. De este bastón a fur ste invencible vi De Esperad batuecos homés, cese aquí la competencia. Por tu respeto es preciso. Ya por tu hermosura es fuerza, pues siendo tú la ocasión, Taurina, de esta contienda, no era razón que a tus ojos fuesen las iras groseras. De entrambos me hallo obligada, mas de ninguno contenta, a nadie puedo quitar que se me incline, y me quiera; mas puedo quitar a todos la esperanza de que puedan. Presumir que he de rendirme del amor a la violencia, cuando su poder resiste mi indomita naturaleza; mil serranas tiene el valle, ricos homes de Batueca, de más fermosura, y gracia, festejadlas; y queredlas: y dejadme el albedrío, que no es militar empresa el amor, que ha de alcanzarse con maña, y rebustas fuerzas: quien esa emulación viera tan repetida, en mi ausencia, pensará que os doy motivo, y podrá formar sospecha de que favorezco alguno: y es sinrazón manifiesta, que se arriesgue mi recato te brazo fiero. Verás ahora ̱̱. Indomi la, si te ale razo la pujanza. por una porfía vuestra, y que de ajeno delito, pague mi esquivez la pena: y si me culpáis de ingrata, ya restituyo la deuda con no engañaros serranos, que para una alma discreta, que ama la verdad, también el desengaño es fineza. Pues Tauri no es mijor, para evitar sus pendencias, que cases con entrambos? Yo adoro tus resistencias. Mas tus desdenes me obligan. Uno de los dos aceta, y noseas tan es Ya estas Catana, muy necia (quiva So una simple, non pensaba que iba el negocio de verás. Si nuestra amorosa lid te ofeade, cuando pudiera ser para muchas, lisonja: hago a los cielos promesa, o a tus ojos, que es lo mismo, pues son mejores estrellas, de no publicar mis ansias, ni sobre aquesta materia, tener competencia alguna: mas quiero que me concedas licencia para adorarte. Lo mismo pedirte intenta mi amor desde mi silencio. Para quererme, licencia me pedís? yo os la concedo, pero con condición sea, que el que no fuere eligido, de mí no ha de forr o. Pues en eso convenio quedamos, con advertencia, que se remita a las obras el oficio de la lengua. Y que el silencio amoroso, se expliquepor las finezas. Guarda el oso, guarda el oso. Qué es lo que escucho? una fiera desbocada hacia nosotros se precipita. . No temas Taurina, que aqueste brazo será tu heroica defensa. Yo haré que tu choza adorne su piel, y herizada testa. Ay, que se acerca. Indomable escándalo de la selva, feo aborto de las grutas, aguárdame en la palestra, que con mis manos las fauces, te he de apretar demanera, que por los ojos respires, la vida con que amedrentas. . Yo le he matar primero, aunque le amparen las peñas, o si lo viera Taurina! que hermosa hazaña era aquesta. Al oso se van los dos, como a vanasta de peras: pero el oso plegue a Dios, que no les de para ellas. Tras la fiera se emboscaron por la encumbrada aspereza. Taurina así Dios te guarde, y compita con las peñas tu larga edad, que me digas si has visto por esta sierra Mileño? aquel zagal, y gentileza, en la carrera, en el salto, en la pujanza, y las fuerzas, es de todo el valle envidia, y para mí tan de piedra, que al paso que yo le quiero, de mi afición se desdeña? Si le he visto, y tras un bruto feroz por esa maleza se entró con Silvano. . Ahora digo, que es tonto de verás Mileno. Por qué, Catana? Porque si tonto no fuera, no dejara una hermosura, por ir siguiendo una fiera. Nací con poca fortuna. No sé cómo te desprecia, tú que tienes en el valle fama de sabía, y discreta, y que con encantos tuyos, o con virtud de las hierbas, sabes mover voluntades, trastornando las estrellas, como a Mileno no obligas? Porque la fantasma negra, que me enseña, y con quien yo tengo amistad tan estrecha, no quiere que yo le hechice, que está mi virtud secreta, aprovecha para todos, mas para mí no aprovecha. Pues luego de qué te sirve? De curiosidades nuevas, y de saber lo que pasa en todo el mundo, En que lengua te habla el satiro? . En la propia Qué alcanzas más por tu ciencia Yo de las aves entiendo el canto, las contingencias futuras se, y por el humo reconozco la secrera intención de los mortales: y haré que de esa eminencia se abrasasen los peñascos a mi voz. Serranas bellas, zagales, sabed que nuestros batunecos, viendo el delito sin tienda, la razón muy abatida, y la injusticia muy suelta, quieren hacer Rey, pues dicen, que hasta las aves que vuelan, los animales que corren, su Rey tienen, y que es fuerza, que también tengan los homes, lo que no falta en las fieras: Y como de Rey la plaza, debe de ser cosa buena, todos por la plaza riñen; como si fuesen fruteras; mas para templar a todos, Tirso ha dispuesto, que sea el de mijor seso; y talle: yo; pues, que también quijera ser Rey, siquiera de gallos, aquestas Carnestolendas, vengo a que me deis él voto, que para la gentileza, es mijor, que el de los homes, el parecer de las fembras; meradme bien de alto a bajo, son barro estos pies y piernas, esta estarura, este talle, esta cara, esta presencia: sino dígalo Catana, que ayer me hijieron, que era más galán que su pollina, y que tengo las orejas del barraco de cimecho, Catana, no es verdad esta? qué dices? e razónt es. Qué Rey serás. De las serás, pues eres hongo cabal. Que mal Catana pergeñas de mi amor, que equillotrado está por su faz serena. Facer pocheros, non vale, porque no hay tan osca fiera, como una mujer que aburre. Eres mujer, o becerra? Mal ancho te despachurre. Yo te cogere en la sierra, que ya sé tus engañanzas. Zampuzado en desdén mueras. Tú soñaste esas locuras? Aquesto importa que sea: huélgome que estén aquí Gerarda, y Taurina bellas, que dirán, si razón tengo, pues siempre han sido discretas. Sujetos, dice que estemos Tirso, a una sola cabeza, que nos gobierne, y nos mande. Bien extraña es la propuesta. El águila de las aves, no es la coronada Reina, no domina en todo cuanto el bago elemento vuela? No es Rey de los doce meses el Mayo, a cuya belleza, se hacen les flores garzota, para adornarle las trenzas? El Sol que esas cumbres dora, no es el Rey de las Estrellas? En su república humilde no tienen Rey las abejas, que de su trabajo a todas les toma la residencia? pues porqué ha homes, por razón y en quien se inclupe tan noble naturaleza. Bien dices, pero por todos satisfacerte, es ya deuda; pues solo en un punto estriva, tu pregunta, y mi respuesta. Nosotros, o venerable Tirso, cuyas nobles luengas, canas, mas que el voj dentado, el desengaño las peina. Nosotros en este valle, cuya muralla, y defensa, poniendo miedo a los años sube a asustar las estrellas. Nacimos, sin que ninguno, por más larga edad que tenga, se acuerde, de que haya habido un home, que al otro exceda en dignidad, en honor, en cargo, ni en preferencia; ni sepa, quien fue el primero que nos dio principio: En esta igualdad, nuestros mayores vivieron sin competencia, sin vanidad, sin envidia, emulación ni cautela, dejando a sus descendientes, esta quietud por herencia. Si esto es así Tirso, como otra novedad intentas, que se introduzga en el valle, pasemos con esta misma costumbre de nuestros padres: qué nos falta en esta selva? No nos dan caza los montes? los árboles, no nos feudan a previdencia de manos, los frutos de providencia? No nos tributa abundante libranzas de oro la sierrar cuando sobre el campo forman sletras? no nos dan pesca los ríos? de que sirve, pues, que tenga más orden, o menos orden, el mundo, si con la regla de este uso comve, y estilo, ha tanto que se sustenta? La razón. Batuecos homes, que a aconsejaros me fuerza a que tengáis Rey que os mande, es ver la mucha atrevencia de los mancebos, que dan en facer mal, sin que tengan quien sus acciones corrija; porque si acaso vinieran del otro mundo otros homes, fuera una notable afrenta para todos, el hallarnos sin caudillo, y sin cabeza. Yo Tirso, me hallo cabal mi cabeza tengo entera con mi cerbidilio, y todo. Parece Tirso, que sueñas: pues hay más mundo y más gente que nosotros? no se encierra el mundo en aquestos valles? No es posible que eso sea, sino que el mundo es mayor de lo que pensáis; y en esta razón lo fundo: es posible que el que fizo las estrellas, el Sol, la Luna, esos cielos, astros, signos, y planetas, que en dilatadas mansiones, tanto espacio señorean, las crió para nosotros? Pocos somos! buena es esa, yo todas las noches que bebo el licor de las cepas, veo más de cinco mil homes, Sin duda, que esta belleza de árboles plantas, y flores, tas, va aves peces, y animales, la sabia naturaleza las fizo para otros muchos? Varios garzones, sobre esas cumbres han subido; y dicen, que se agota el mundo en ellas. No puede ser, es engaño, con una clara evidencia, os probaré; que es mayor el mundo. De qué manera? Adonde tiene su Ocaso el Sol, pues cuando se ausenta, nos deja por mucho espacio sus rayos, y antes que muera, nos alumbra, y no le vemos, porque el semblante nos ciega? Luego más allá se esconde de este valle, y cosa es cierta, que esparce sus resplandores a más distancia de tierra? Parece, que bien lo fundas? Notables cosas pergeñas! Tus razones nos admiran. A mi nada me hace fuerca, porque hasta ahora, no he visto que de otro mundo haya señas. Las fuentes, que de esos riscos, intrépidas se despeñan; que a otra parte van ligeras? es cierto, porque sino, sus corrientes lisonjeras, tocando en el fin del mundo, hacia nosotros volvieran; no vuelven luego es señal de que hay más mundo, y más sierra? Pardiobre, que en ello ha dado, Nadie de naturaleza puede alcanzar los secretos, y este es uno de ellos. Deja que haya otro mundo: tu acaso has sustentarlo? Aquesta arma notable, que hallé entre las ramas espesas de ese madroñar, me ha dado motivo, para que crea, que haya otra, gente pasado estos montes. En Batuecas, no hemos visto cosa igual. Válame el Sol, que extrañeza Por aquí se entra la mano. Y qué armadura tan luenga: parece culebra? Ay tal! para asador es muy buena, Dicen que facéis Rey, que así se nombra el que gobierna, rige, y se abentaja a todos los demás; mucho me asombra la novedad, que mi furor ataja: quien de este valle la florida alfombra intenta deslucir? quién los ultraja? quien nos viene a robar las vuesas dueñas? son ejércitos de homes esas peñas? ningún otro gobierno nos conviene, Barvecos, como aquel que ha tantos años, que de nuestro abolengo antiguo viene, y dado caso que alguno nos enfrene, o con el mal facer crescan los daños, como sin mí tenéis tal atrevencia, qué hacéis juntas, y corros sin mi ausencia? Si buscáis entre todos el más digno, Silvano es solo Rey del valle ameno, yo que manejo por bastón un pino, de sangre de osos, y otras fieras lleno, no lo extrañéis, que por el Sol divino, que si alguno presume, que no es tan bueno, que le he de hacer que a un golpe desatento boste por los sentidos el aliento. Rey se face sin mí, quien imprudente intenta facer Rey dónde no asisto? porque con el Sol mismo frente, a frente, sus rayos venzo, y su calor resisto: No sabéis que mi espíritu valiente, por afable, por noble, y por bien quisto, puede ser Rey de todo este Horiz onte? no me respeta el prado el valle el monte? Si habéis de elegir Rey que vos gobierne, a Mileno elegí, Batuecos míos, que hora faga calores, hora imbierne, a pie badeo los profundos ríos Si queréis que un cérril toro descuerne, echádmele, y veréis como mis bríos, resistiendo el furor de su despeño, logran haber por firme el desempeño? Ni se ha tratado de hacer Rey, ni ahora se fabla más, que de esta hallanza mía, que estaba en esta peña encubridora. Cuándo la hallaste? . Haber a medio día, Arma notable! . Extraña. Lidiadora. Ya es mía. . Mía es. Menos porfía, que yo ni la daré a Mileno, ni a Silbano de arrogancias lleno. Tirso. . Silbano. . Sue Tampoco quiero, que aunque viejo, por más que te embizarres, sabré matarte con el mismo acero. Aparta el brazo ya. No me desgarres, ni subas a mis canas altaneros, que aún hay en este tronco inútil, nerbios, para vencer a bárbaros soberbios. Non es razón facerle fuerza a un viejo. Si hubiera Rey, ninguno me ultrajara. La juventud disculpa su despejo: Que te venero yo Tirso, repara, perdona mi ignorancia. . Ya te dejo, respetando la nieve de tu cara. Facéis como fidalgos, que tal nome daban mis ascendientes al más home: pero advertid, que donde esta arma había, puede haber en sus huecos otra hallanza. Non se podrá buscar? Bien se podría, rompiendo de estos riscos la alianza. Mostrad los dos aquí la valentía. Aquí verás del brazo la pujanza. Verás mis fuerzas hoy. Válgame el cielo! Parece que se viene el monte al suelo 1. y. Válgame el Sol! qué es aquesto? Qué horror! Qué imagen! . Qué asombro! No os turbéis, qué os acobarda? esto es más que uno que con dos raras insignias, tiene por una este escollo? Muchas fantasmas he visto, más ninguna de este modo, ni que tanto atemorice. No os acerquéis tan curiosos, Qué dices? antes intento quitarle aquel pabes corbo, que me enamora su hechura: yo llego. . Atrevido mozo: si le diera un cozcorrón, anduviera el muerto airoso. Qué defensa tan lucida? bien parece este adorno Yo le quito la langa, que fuera heroico fecho, si estuviera vivo, quitársela rostro a rostro. Cerrad con aquesa losa la gruta, y escuchadme todos: que veis en aqueste escudo? Dos brutos, que dan asombro con el ceño, y la fiereza. Y iguales, no vimos otros. Luego hay otra sierra, en que se crían aquestos monstruos, Así es verdad. Luego el mundo no se encierra en este solo dístrito nuestro, supuesto que me confesáis que hay otro? Ya convenidos estamos de tu razón. Pues heroicos manzebos dejad la tibia homisión, de dar al ocio el venatorio ejercicio, subid ese promontorio, embestigad esas cumbres, por ver si halláis anchuroso espacio, y discubrís mundo mayor, que es injusto oprobio, que espíritus tan altivos, habiten un valle angosto; de mayores hemisferios, se compone este redondo aparato de la sierra, solicitadle animosos: y advertid, que el que primero trujere algunos despojos, o señales de otro mundo, ha de ser señor de todos: díceslo así? Si decimos. A la empresa me provoco. Pues yo al empeño Ahora veréis mi arrojo, y sabréis quien es Mileno. El cielo te haga dichoso. Tenme este escudo, Dardenio Guárdame esta lanza, Adulfo. Venid, que enseñaros quiero un rumbo, por donde solo, podáis subir a las cumbres. Para tanto mar de escollos, me libra la ligereza. Yo no he menester piloto, pues veloz de risco, en risco, animado de mi propio, subiré al Sol las Estrellas arrancaré de su techo. para lograr este aplauso, descubriendo un nuevo polo, pues no volveré en mi vida, o seré Rey de vosotros. Vivan Silbano, y Mileno. Todo este valle es asombro. Válgate Dios, lo que subes, fragosa sierra. Qué extraña parece que esta montaña, busca su centro en las nubes. Dónde me llevas, don Juan, por tan confusa aspereza, que ya mi naturaleza se rinde al terrible afán. de caminar noche, y día, por este monte desierto, descansa, y tomemos puerto aquí un poco? . Isabel mía, piensas tú, que del poder de un Invicto Duque de Alba así un hidalgo se salva, con una débil mujer? para hacerle resistencia, con más tibia diligencia, buscará albergue, y reposo; mas no teniendo defensa, saber escapar, es brío; y porque el recelo mío, se ha de midir con la ofensa, por eso inquiriendo vamos, del monte lo más secreto. Que lo es harto, te prometo, el sitio en que nos hallamos: alza los ojos verás peñas, que tocan al cielo, y bájalos luego al suelo, y apenas suelo hallarás, que una en una en aquel valle parece pedueña flor. Así, Isabel, es mejor, para que nadie nos halle: el cansancio no oscurezca tu hermosura, y alegría. Don Juan, en tu compañía no hay mal, que mal me parezca. Válgame Dios! que habrá sido de Mendo, que desde ayer, que fue a buscar de comer, sus voces no hemos oído. Su mucha lealtad le obliga a no venir sin bastante provisión, para adelante. Ardiente sed me fatiga: espera mi bien aquí mientras busco alguna fuente, que temple esta sed ardiente. Un arroyo sueña allí. Aquí aguarda. Vuelve luego. Si haré, bajo con temor: perdóname, que el amor agua pide, porque es fuego. . Verdes cerros levantados, bien podéis volveros tristes, que los días que me vistes alegres, ya son pasados; desde Alba mirar solía vuestra encumbrada aspereza, y aunque logre mi fineza, también perdí mi alegría; mi patria dejé a rigores, justo es que de ello me acuerde; ya de mi esperanza verde, se marchitaron las flores: ya entre riscos hospedada; pero pensamiento loco, no me atormentes: un poco quiero descansar sentada. Asombrado de haber visto tan dilatada región, y desengañado ya, de que es el mundo mayor; quisiera llevar de aquí algún despojo algún don, que asegure mi verdad, y acredite mi valor; quiero bajar de la cumbre, por uno y otro escalón, por ver si descubro peña, ave, bruto, planta, o flor, que se diferencie en algo, de las que allá dejo yo en mi valle; mas qué veo? allí diviso un garzón, sentado sobre una peña: respeto me da, y temor: válgame el Sol, que hermosura! si así de este modo son los homes, que serán, cielos, las mujeres? vive el Sol, que le he de llevar conmigo; que no puede haber me señal para que me den lo que he merecido yo: si hablaré? qué le diré? que notable confusión! A zagal. Válgame el cielo, que bárbaro tan feroz! Garzón, no suyáis de mí, no os espantéis, que home soy. Prodigio, no imaginado, fantasma monstruo, ilusión: qué quieres de mí? . Llevaros a mi tierra, que con vos espero de mis fazañas, lograr la dicha mayor. e. A Don Juan. No os resistáis. Don Juan. Detened la voz, sino queréis, que os despeñe, y venid conmigo. Yo, qué te importo? Una fortuna, digna de eterno blasón. Déjame, hombre. Os mataré: subid, no tengáis temor, que en hombros he de llevaros, por estas cumbres, veloz. Don Juan. que un monstruo me lleva. En los brazos llevo al Sol. Favor. . En vano resistes de mi violencia el rigor. Socorro, piadosos cielos. Qué es lo que escucho? ay Dios! Isabel no estaba aquí? Si el econo me engañó, jurara que me llamaba. Qué fantástica ilusión, de mis recelos amantes! ella sin duda buscó, para aliviar la fatiga, más apacible estación: Isabel, dónde te escondes? adónde estás? Ya, garzón, hemos llegado a la cumbre. Ay don Juan! como tu amor me deja, y no me defiende? Qué escucho? y qué veo? horro de las montañas, aguarda, que aunque a los rayos del Sol, te subas de peña en peña, siendo segundo Faetón, te he de quitar de las garras la presa, en cuyo explendor, me llevas robada el alma, y flechado el corazón. Piedad, cielos . No podrás, porque primero soy yo. Moriré en tu seguimiento, Subiendo la confusión de este valle de peñascos: más cielos adónde voy! todo mi aliento me valga: ya no parecen los dos, que el bruto con Isabel, ligero se trasmontó: como no caen los montes, y me sepultan! quién vio desemejante infortunio, infelicidad mayor? hacia donde iré, que ciego, sin luz, ni respiración, me perdí en el laberinto de este enmañarado atroz, abismo de estorbos dure que me embarazan la acción: buscaré la cumbre, y cuando no pueda alcanzar veloz, de aquel racional peñasco, la huella, que se mintió, ruda exhalación del viento; desde el más alto peñón, de esta bronca arquitectura, despeñándome el furor de mis iras, tendré vida, con la desesperación; porqué vengarse, o morir, toca al que noble nació: mucho tardo; quien ha visto más extraña confusión? pues, si me arrojo a subir, hallo el peligro mayor, pues es cierto mi despeño. Montes, que encumbráis al Sol vuestro enmarañado ceño; troncos, que frondosos sois pabellón de esta montaña: y reparando el ardor de aquesa antorcha del día, dais alivio al que os buscó: Aves, que en las soledades de esta desierta región; sois citaras de los vientos, y ramilletes con voz; amparad a un desdichado, que infelizmente perdió el rumbo a sus aventuras, y muere amante; o sino, conjurad contra mi vida, vuestro irracional furor. Y siendo cada peñasco vejetativo padrón de mi muerte, diga a voces, al que esta inculta estación penetrare peregrino, aquí se oculta el mayor portento de las desdichas,

JORNADA SEGUNDA

ORNADA SEGUNDA Que en fin, no se halla noticia del traidor? Con todo extremo, señor, para descubrirle, las deligencias se han hecho, pero ninguna ha bastado. Qué mal mis pasiones templo! . no halla el enojo, castigo para tanto atrevimiento. Por diferentes caminos, ya van en su seguimiento, para prenderle, o matarle. Aunque le sepulte el centro, no ha de escapar de mis iras. De doña Isabel, fue yerro, pues estando ya tratada de casar con don Lorenzo de Lara, criado antiguo de casa, y gran Caballero, se fue con Juan de Almendrares, atropellando el respeto debido, a tanto sagrado. Albar. Nuñez, no está lejos de la muerte, su delito, ni su osadía, del riesgo, que si le alcanzan, por vida del Rey, que ha de ser ejemplo para los futuros, siglos, mi castigo, y su despecho. Vueselencia, gran señor, me de los pies Daq Don Lorenzo de Lara, dadme los brazos. Loque toco, aún no merezco. Vos seáis muy bien llegado: presto habéis venido. Vengo por la posta, como quien Lenas salí de la Corté, sin que haya rendido al sueño, señor, la menor fatiga, y del Rey traigo este pliego, para Vuestelencia. Y cómo queda su Majestad? . . Bueno, señor, aunque de camino para Grañada, al empeño de su conquista, y le sigue la Reina con cuyo ejemplo, no queda hidalgo en Castilla. Guarden su vida los cielos, para defensa de España, y asombro del Agareno. Lee el Duque. , o Al Católico Fernando, muchos favores le debo; pero como este, ninguno, pues asegura en mi aliento el peso de sus victorias: Vos me habéis traído un pliego, para mí de grande gusto; pedid pedid, don Lorenzo, alguna merced. . . Solo una hoy de Vuexcelencia espero, que me debe hacer dichoso. Yo de mi parte, os la ofrezco, Mi señora la Duquesa, sabe mi amoroso intento, porque ya la he dado parte: y es, que casarme pretendo, con una criada suya, si es que Vueselencia en ello decid quién es el sujeto? Doña Isabel de Abendaño, Albar. Nuñez al momento tened prevenidas postas, porque a la Corte pretendo partirme dentro de un hora, con mi obligación cumpliendo: pues cuando me aguarda el Rey, no hurtarle instantes al tiempo, para pagar su fineza, fuera en la mía defecto: y más cuando sus favores, llaman mi agradecimiento, a mayores prontitudes: mirad que he de partir luego. . Señor, señor: Albar Núñez, sin responderme, qué es esto? me vuelve el Duque la espalda: no iguala mi nacimiento al de Isabel? es más noble su sangre, que la que heredo? es desigual mi fortuna? El caso no estriva en eso, sino que el Duqve, sentido, y lastimado, de veros pedir lo que es imposible, no se atrevió a respenderos. Es muerta Isabel? Yo juzgo. que para vos, es lo mismo. Lo mismo? pues cómo ha sido declaradme este secreto. No sé que os diga. También vos con el mismo silencio, añadís mis confusiones: que aclaréis mi duda os ruego, Por ser tan público en Alba, a decíroslo me atrevo: porque supuesto que vos lo habéis de saber, no quiero dejar de desengañaro Sabed señor don Lorenzo, que con don Juan de Almendrares, se salió Isabel, huyendo, y que los dos, con tal arte se escaparon, que el ingenio, con toda la diligencia, de ardid, cautela, y silencio, no ha podido descubrirlos. Qué es lo que he escuchadocielos! en Isabel, caber pudo, tan bárbaro desacierto! Noble sois, buscad motivo, que merezca vuestro afecto, siguiendo al Duque en la guerra. Eso, Albar. Nuñez, intento, siguiendo sus estandartes, que en los humanos empleos, suele ser feliz con Marte, el que fue infeliz con Venus. . Mucho se tarda Mileno, Tampoco a vuelto Silbano. Cada cual se fue sin freno, para ver si otro terreno descubren. . Es sueño vano, pensar que han de hallar señales de otro mundo, ni otra tierra, otros homes y animales, pues entre estos matorrales, el mundo, solo, se encierra. Es engaño, que un profundo pensamiento superior, me dice, y muy bien lo fundo, que un valle, para ser mundo, había de ser mayor: pero que veo? . Ay de mí! suelta, bárbaro asombro. h, Por qué te quejas así? n al hombro, y vienes llorando así? Sí, que más quisiera ofendido, que fueras ya, mi homicida, que verme en tu cuello asido: hay Don Juan! si te he perdido, . para qué quiero la vida? Huyamos. . Yo estó sinvicio, No es mucho tener temor. Yo cuasi, que desconfío. No os cause, homes, paborio, ni se vos mengue el valor, Silbano soy, veisme aquí. Qué es lo que traes así? Un home del otro mundo, que de este valle profundo, a los extremos subí. A quién habrá sucedido, ver los prodigios, que veo? viéndolo estoy, y no lo creo. Y junto al cielo he subido, donde no llegó el deseo, atalayando los lados: ni montes descubrí, tierras, ni arroyos, que despeñados, sembrando plata en las tierras, les daban oro los prados, ni campañas dilatadas, valles, y campos mayores, y con gallardos primores, estar las selvas pobladas de árboles, plantas, y flores: sin duda, Tirso, es mayor el mundo: y que mejor prueba? ni la puede haber mejor, que ver los homes que lleva, de tan hermoso color: y pues, que traigo, en persona, Tirso, de ocho mundos señas, como este garzón lo abona; de este valle, y de sus peñas, me habéis de dar la Corona Veis como no ha sido engaño: rudos Batuecos, mirad si os dijo Tirso verdad. Verdad dijo. Caso extraño! gente es que muestra piedad, Él tiene plumas ligeras, sin ser pájaro, y de lejos parece a mil primaveras: válgame el Sol de que fieras serán tan lindos pellejos? Él nos mira sin desdén. Fabla? Cómo vos fabláis. Oh sierra llena de bien! Fabla con él, no temáis, que él os fablará también. Home del mundo divino, lleno de tantos despojos, que por singular camino, en presencia, en talle, en ojos, en todo eres peregrino, dadnos nuevas de la tierra, donde tal gloria se encierra, que los que ves tan extraños, entre robles, y castaños, vivimos en esta sierra, sin haber visto algún home deltu fermosura, y faz, no fablas: de que no tome pena. . Alégrate rapaz. Dinos tu tierra, y tu nome, que nosotros no sabemos, que haya más mundo, que el valle que entre aquestos montes vemos? Aunques es bárbaro su talle . son piadosos sus extremos: raro asombro! que esta gente entre aquestos montes viva sin dueño? Así el Sol luciente) de barba, y tu vida aumente, que nos digas en que altura, en que sitio, o monte cano, de esotra sierra segura, para dar vida a ese llano, nizó el Sol tanta hermosura: hay otros cómo tú allá? Luego no habéis visto gente? No más de esta que aquí está, que de esa sierra la frente, asombro a los cielos da- Ni nosotros, ni ninguno, ya padre, ya avuelo sea, ha visto mundo ninguno. Quién habrá que aquesto crea! . No te esquives importuno. Serranos, que, no sabéis cuya es la tierra en que estáis, ni el gran señor qué tenéis? Qué señor? Luego ignoráis el dueño que obedecéis? Nosotros no conocemos otro Dios ni Rey, que el Sol, pues por él vida tenemos. Ni que es Fernando, Español, vuestro Rey? Nada sabemos: que Español? . . El Rey de España, Qué es España? Aquesta sierra, que el mar por mil partes baña. Qué es mar? El agua que encierra el mundo en sí. . Cosa extraña! España se llama el mundo? No sino una parte de él. Parte de él caso profundo! luego hay más que España en él? Y aún otro mundo segundo, que va a descubrir Colón, Quién es Colón? Un varón, que otro mundo piensa hallar, Por dónde va? Por la mar, que todas las aguas son. Será España del tamaño de este valle? . . Caso extraño! mas que cien mil valles es. Santo Sol Santo Sol, pues. No nos engañes. No engaño. Mira, que somos aquí docientos homes, y más: hay más en España, di? En tanta ignorancia estáis? Yo solo te he visto a ti. De escucharme, se han quedado absortos, y suspendidos, y aún yo dudo equibocado, si lo que ven mis sentidos, es verdadero o soñado: como habéis vivido aquí, hombres sin Dios, ni sin ley, y habláis Castellano así? Dicen, que fuiendo un Rey, vino a aportar por aquí, y que ciertos labradores, o soldados de una guerra, se encerraron en la sierra que miras. . Nuestros mayores nos dejaron esta sierra, la cual por estar cerrada de peñas, que al cielo llegan, no fue jamás penetrada, porque las montañas niegan a este hondo valle la entrada. Aquí nos hemos criado, y la tu lengua sabemos? sin duda en tiempo pasado fuimos como a ti te vemos, Sin duda sois Castellanos de la perdición de España, que huyendo los Africanos, guardados de esta montaña, habitáis en estos llanos. Cuánto habrá que eso pasó? Seiscientos anos habrá, que Rodrigo se perdió. Y desde entonces acá habitamos aquí? . . Yo lo juzgo, pues no pudiera con menos tiempo, olvidarse la Fe de Dios verdadera, y vino en vos a mancharse, que es la desdicha primera. Aquí con nosotros vive, porque tú los nos enseñes. Cierto estorbo lo prohibe. Dinoslo, y no te desdeñes, ni tu semblante se esquive. No estés triste, qué te falta? En la montaña más alta, un hermano me dejé. Pues yo te le buscaré. Como un corso corre, y salta. Qué facéis de esta manera, nobles Batuecos, holgando, cuando Mileno lidiando con un monstruo en la ribera, brazo a brazo, está luchando? Es cómo esté? Aún es mayor. Pues vamos todos allá. . Este es don Juan hay amor! su vida en gran riesgo está: serranos, di tu dolor, este es mi hermano, su ruina atajad. Al punto iremos. Tú joven, mientras vamos queda aqu Aprisa, que nos detenemos. Seguirelos con desvelos; pero temo su fiereza, y que se enojen recelo. Qué admirable gentileza . de garzón! válgame el cielo! si hablaré con él? Qué bulto de mujea! qué raro traje! Mas por qué lo dificulto? Mas todo cabe en lo inculto . de tan bárbaro linaje. Eres home? . . No lo ves. Quién te trajo aquí? Silbaño, que así le oí nombrar después. Desde qué sitio, a este llano bajaste? . . Mi patria, es, Alba. Alba es tu patria? . . Sí. Bien se mira en tu arrebol, que vienes de Alba. Ay de mí! Porque quien no fuera Sol, no viniera de Alba así; porque en tus facciones bellas, donde tanto incendio sellas, se ve que de Alba has venido; pues con ser el Sol salido, se ven en ti las Estrellas. Traigo mi Sol epelisado de llanto. Dices muy bien, que por eso te he mirado, que las estrellas se ven, en estando el Sol turbado: Feliz el hermoso suelo, donde así los homes son; por tanta ventura anhelo, que en ser de Alba, eres garzón, de linda parte del suelo, o en tanta rustiqueza, muestras tanto ingenio? Es qué me enseña alguna agudeza, en la admiración, que ve, la ruda naturaleza: Si cuando al Sol ve nacer, canta el ave dulcemente, qué mucho, que una mujer, que la Luna llega a ver, se explique por lo que siente. Pues, qué gloria ves en mí? La que no miré jamás, ni por estos montes vi; pues, el placer que modas, me tiene fuera de mí: con tu belleza me admiras, de suerte, que me desgarras, y el espíritu me riras: yo pienso que tienes garras en los ojos, con que miras; podríate, yo tocar? Esto me faltaba ahora, la bárbara me enamora: pues, no? bien puedes llegar. Ay, qué pellas del Aurora! yo juzgo, por casos llanos, que esta nieve tenga enojos, con tus ojos soberanos: que a verla el sol de tus ojos, te derritiera las manos. Discreta estás, y sutil; don Juan tarda, algo recelo. . Parece que en pardo Abril, bebí la lluvia del cielo, en un vaso de márfil: haste de quedar acá? Si viene mi hermano, es cierto, que viviré con vosotros, Cómo te llamas? Yo, Celio: y tú? Taurina me nombro, y desde ahora prometo ser tuya, si agradecido te mostrares a mi afecto. Soy naturalmente esquivo. Yo desde que te vi, tengo un pesar, como alegría, y un gusto, como tormento, que no sé, porque es suave, ni porque es penoso entiendo. Eso, me parece a mí, que será amor, cuando menos. Amor se llama una cosa, qué es de contrarios efectos? Yo no lo sé. Pues yo sí; amor debe de ser; puesto que eres tú quien ha causado (do? está batalla en mi pecho. Tan presto, amor me has cobra- Yo que ha sido tarde pienso, pues desde el verte, a inclinarme, se pasó un siglo de tiempo. Perdona el no responderte, porque el ver que está en el riesgo mi hermano, me tiene triste, Al valle, Batuecos, a la llanura. Qué escucho? Silbaño son, y Mileno, que con todos los serranos, que le han seguido, contentos al valle vuelven. Ya aquí a tu hermano te traemos. Hermano, dame los brazos, Qué mayor gloria! si en ellos e no esperana. Sin mí estoy! que a verte vuelvo, don Juan mío? De esta dicha, le soy deudora Mileno: pues cuando vine en tu alcance, por los encumbrados cerros, imaginándole fiera de estos montes compitiendo con él me vi en gran peligro: aporque a su robusto aliento, igualado de ninguno, estuve rendido, a tiempo que estos zagales llegaron: y en mi voz reconociendo lo racional, se apiedaron, y donde ves, me trajeron; para que logre dos vidas, en un beneficio mismo; una, por haberte hallado, otra, que deudor confieso, a estos no vistos serranos; cuyo admirable suceso. aún para soñado, es mucho, y para creído, menos. Ea, Batuecos, ya veis, si la aclamación merezco de todos, y si soy digno de ser Rey del valle vuestro: que Tirso, en nombre de todos, prometió, que el que primero trajese, ciertas señales de haber más mundo, por dueño le elegían conformes, entregándole el gobierno de todos estos contornos; este soy yo, que sediento de esta ambición generosa, ese enmarañado ceño subí, de gigantes riscos, y os traigo, de un mundo nnevo señales, en ese joven, para que la ley cumpliendo de Príncipe de estos montes, me deis el honor supremo. Eso fuera a no ser yo preferido en el empeño: pues antes que tú llegases, ya estaba adquirido el premio de mi valor, con la misma acción que estás propon iendo. La mi fazaña es más noble, pues empeñado en el riesgo, tuve que vencer. Qué importa, si fue la mía primero. Tú mis acciones desluces? Tú te opones a mis hechos? Aguarda villano. Espera cobarde. Amigos, teneidos. Silbaño a tu lado estoy. A tu lado estoy Mileno. Escuchad nobles serranos, que proponer quiero un medio, con que la lid excusando, quedéis los dos satisfechos. A lo que dijere Tirlo me allano. . Yo me sujeto a lo que Tirso ordenare. Bien está. . Pues según eso, diga Tirso. . Todos saben, que Taurina es el objeto del amor a que aspiráis, pues los dos a un mismo tiempo, en competencia amorosa, con ansias, y rendimientos, amantes, solicitáis vencer su esquivo desprecio. Así es verdad, yo la adoro. Yo su hermosura festojo. Pues según eso, zagales, a su elección lo dejemos, y el que Taurina nombrare por Rey; ese tenga el cetro: qué respondéis? Que admitimos el arbitrio. . Pues lo mismo decimos todos. . Taurina, tu determina este pleito. Yo, porque ninguno quede quejoso en tan arduo empeño, ni me acuse por ingrata, aquel que desfavorezco, y por excusar también envidias, odios, y encuentros, que es preciso que los haya donde hay parciales, y deudos, con vuestra licencia nombro por Rey de este valle a Celio. Quién es Celios Aqueste joven, que por ser de otro hemisserio, a ninguno dará envidia. Todos le obedeceremos. Pardiobre, que harán muy bien, que el rapagón es discreto. Como no sea Silbano Rey, cualquiera será bueno. Cómo Mileno no logre este honor, yo estoy contento, Pues decid, que Celió viva. Viva Celio años eternos. Parece que estoy soñando, pues lo que miro no entiendo? Yo os agradezco, zagales, la voluntad, y el afecto, con que ilustráis mi fortuna. Que nos enseñes queremos, la ley que adoras, y sigues. Si haré, que sin duda el cielo, para ese fin me ha traído, para que volváis al centro de la Ca porque el culto que venero, os fue borrando el olvido con la larga edad del tiempo: y entretanto que construyo en lo que ignoráis, pretendo que se árbole el estandarte de la Cruz, en cuyo leño se obró nuestra redención, para que sobre esos cerros el tosigo purifique, del áspid que os tiene ciegos. Y qué es Cruz? Es del Cristiano el principal fundamento, Y qué es Cristiano: El que sigue a Cristo Dios verdadero. Todo eso, Celio ignoramos, mas lo que dices haremos. Llevémosle a la cabaña mejor de este valle ameno, donde a nuestra usanza antigua, de laurel le coronemos. Ven con nosotros. Ya os sigo. Yo voy de admiración lleno. Yo voy confuso, y turbado. Boto al Sol, que es gran pergeño. que entre Alba, y Ciudad. Rodrí. (go estuviese este terreno, de toda España ignorado! Sí es esto ilusión, o sueño! Yo llevo por este joven, en el alma un vivo incendio. Isabel, qué es esto: Calla, después, don Juan, hablaremos, que este es el más singular, mas de juzgado, más nuevo, asombro que se habrá visto en los Anales del tiempo. res de mí; Detente, serrana, un poco, mira que me llevas loco por estas peñas tras ti. Quién eres detente allá: toda entelerida estó. Hombre soy, hombre soy yo, escucha, llégate acá Bien cuido en tu fabla, y talle, que eres home; mas no vi homé que semeje a ti, en cuantos sostienta el valle. No soy de este valle, no, porque a la peña de Francia. por un caso de importancia inamos mi amo, y yo: y en esta fragosa sierra, voy perdido desde ayer, que fui a buscar de comer: que infierno es este, o qué tierra? que solo por no quebrarle la ley de criado fiel, me atrevo a venir tras él, descendiendo a aqueste valle por peñascos tan cerrados, que volverlos a subir no espero, si no morir en la hondura de estos prados; dime, es posible que aquí habita gente: Hasta ahora non había cordado en sora, que se trascolaba allí: luego hay homes por allás Sin duda no ha visto gente mucho ha. . Vos soldamente venís posaros acá? El traje, y lengua es extraña aunque buen talle de moza: tienes muy lejos la choca: So faldas de esta montaña, y a la fe, si me atreviera, que por vuesa colta ya, os encarcillara a ella, y algo de yantar os diera: mas non sé. Grande favor fuera para mí. . Non puedo asegurarme tan cedo, del concibido temor; si os miro, y os voy a habrar, la mía pranta se me amuzga, porque el respeto remuzga, que me vienes a matar. Llégate acá. Tengo empacho. No te haré mal. Eso non, no me pecilguéis, garzón, retiraduos ende un cacho. Extraña rusticidad! llega, y en quien soy repara, mírame manos, y cara. Home es, por la mía verdad: ya vos pierdo el paborio. Todas las cosas tratas, espantan menos. . A osadas, que me paga el vueso brío, ya no querer con presura, un garzón del mío tamano, vos amara todo hogaño, por la vuesa catadura; mas en quizá no os verá, que yo vos esconderé. No puedo tenerme en pie, algo de comer me da. Cansado debéis de estar, descansad, por vida mía, que coido, que vos faria desfallecer, el no yantar. Ya de hambre estoy traspasado: dame, por Dios, lo que hubiere, Con lo que el zurrón tuviere, vos sirvirén, buen soldado, nobra muy pía: qué tienes de refacción? Tengo un poco dejamón. Venga aquesa porquería. Que hay también, fruta, imagino, Acábalo de sacar, que no se hizo el esperar, para quien come tocino. Todo está aquí; pero aguarda, que mi ama viene allí: toma, y vete. Ven tras mí. Non que nos verá Gerarda. Tienes vino? . Ni una gota Cómo te llamas? . Carana. Tubién puedes ser Cristiana, mas no eres mujer de bota. Andad garzón, fugid presto, que después vos buscare por todo el monte. Si haré. Rite, jao, craba. Qué es esto? quien hablaba aquí contigo, Catana, en esta espesura? Gruñía con el ganado, que con gran desenvoltura, de los serbales que guardo, se vien a comer la fruia: el valle está sin goberno, porque los ricos se bultan de la quija de los pobres. El tiempo, todo lo muda: ya tenemos quien nos mande, y quien justicia nos cumpla, Quién es? Un joven gallardo, que vino de las alturas del otro mundo. otro mundo? Ay tal! No se ha visto nunca, y hoy los zagales le buscan, para darle la obediencia de Mayoral. Gran ventura! Gerarda, qué haces tan sola? En esta estancia, procura divertirse mi cuidado: y ahora con tu hermosura, será mi tristeza menos; pero tú, qué lo preguntas: que causa te obliga a verme? Ay Gerarda! tengo muchas, ya solas quiero. Carana, vete, y del sembrado cuida, y déjame con Taurina. Yo me voy con gran presura: . buscaré aquel lindo home, que toda el alma me turra. . Yo estoy, Gerarda, ferida de amor, y padezco angustias por Celio, que por mi mal le trajo aquí la fortuna: mi ligereza no extrañes, si es que has visto su aermosura, su entendimiento, y su talle. En tu amor tienes disculpa. Hele dicho mi cuidado, y esquivo con mi ternura, tibiamente me responde: el debe de amar, sin duda, en otra parte, y quisiera, que tú con tu sabia industria: pues sabes la magía, y tienes artes, para hacer que crujan los montes, que el Sol se enlute, y se ensangriente la Luna, que el pecho le enternecieses con tus conjuros, porque una viva afición me cobrase, dárete si lo consigues, la ternerilla más lucia de mi ganado, una pieza de lienzo, apenas enjura, que aún tiene el color del prado: y también, si de ello gustas, el exambre codicioso, de una colmena fecunda, que en ruecas de oro al Sol hila; del Alba el néctar que chupa. Haré por ti lo que pueda, que la deidad que consulta mi admiración, ha de darte la posesión que procuras. Si esta fortuna me logras, será hacerme esclava tuya. Al pie de aquella haya umbrosa me espera, que en esa gruta haré los conjuros, para que tu deseo se cumpla. De mi promesa, Gerarda, tondrás la oferta segura. Oh tú, no entendido asombro; cuya formidable adusta, forma se hóspeda en el centro, de la oscuridad profunda: tú, que firmaste el contrato, de que siempre a mis preguntas vendrías grato, postrando tu gran poder a mi ayuda: responde a mi voz. Qué quieres? Qué sabio, y docto, reduzgas una voluntad rebelde, al lazo de una hermosura. Ya no me pidas, Gerarda, que a tus preguntas acuda, con el gusto, que solía, sin replicarte a ninguna, ni me pidas que enternezca la voluntad, que más dura) se resiste a quien la adora, y que mi fuego la infunda; porqué me voy de esta tierra, en cuya verde espesura, estuve seiscientos años, con tan próspera fortuna; desde el tiempo que Rodrigo, por una loca hermosura, rindió la mísera España, a la Africana coyunda: Ya me ausento de este valle, cuyas campañas profundas, cerró la naturaleza de estas nevadas colunas. Voyme, porque en estos riscos, apenas hay peña alguna, donde no estén los dos palos, que me afrentan, y me injurian: Esta fiera que ha venido, a este inculto monte; o nunca viniera! puso esos leños, para apresurar mi fuga: que tienen tanto poder, desde aquella sangre pura, que se esparció por sus brazos, que todo mi engaño frustan: Todos cuantos palos ves, por estas peñas desnudas, son flechas, que me han tirado aquellas manos injustas. Nuestra amistad se acabó, así los tiempos se mudan, seis siglos os tuve ciegos: Cristo vive, su Cruz triunfa. . Válgame el Sol! qué es aquesto? qué extrañas enigmas son, tan esponto sa ha propuesto: yo no entiendo lo que dice, más conozco que se va. Hiciste el conguro ya? Lo que me rogaste nice, mas aquel pálido horror. que responderme solía; negó lo que le pedía de parte de tu dolor; pues dice, que esta señal, que en estas peñas se ha puesto, su poder ha descompuesto. Qué señal, Gerarda, cual? Esos dos leños cruzados, que por los riscos se ven. Según eso, ya no hay quien de remedio a mis cuidados? Gemir, Taurina, y rogar, venze el mayor imposible; además, que es imposible, que Celio te llegue a amar, sino que por el temor de Silbano, y de Mileno, pondrá a su fineza freno. Eso alivia mi dolor. Él viene con los zagales. Mira aquel talle, aquel brío. Bien rendiste el albedrío. Direle a solas mis males. Muchos años logre, nuestro Mayoral, el laurel dichoso, que el prado le da; Por R nuestra voluntad, pues del otro mundo nos trajo la paz: pastores del monte, bajad al solaz, y veréis del valle, el mejor zagal. El otro mundo, Taurina, que lindos homes que lleva. Alábalos, mas no tanto Gerarda, que me das pena. Ya de las Cruces que has dicho, está poblada la sierra, cuya insignia veneramos, mientras que nos das la Regla de toda la Ley Cristiana. Vuestra ilustre descendencia, de los Godos se origina, serranos, y es causa vuestra adorar lo que adoraron; que la sangre que os alienta, en tantos siglos vertida, por la Católica Iglesia, allá en el alma, en impulsos os llama a tan noble herencia. Por esa, y por otras causas, te rendimos la obediencia: que en decir, que somos Godos, nos das honoranza entera. Qué te ha parecido el sitio? Que es la estancia más amena, de cuantas tiene. Castilla: y que estuviese encubierta tanto tiempo esta montaña, es lo que me admira. En ella, Celio, estaremos seguros, mientras que su enojo templa el Duque de Alba, y tomando por patria esta inclusa sierra, viviremos ignorados, hasta que los cielos quieran poner fin a los naufragios de esta impensada tormenta. Y quién es el Duque de Alba? Es señor de aquesta tierra que habitáis, por ley humana, y no por naturaleza. Y gran Príncipe en Castilla, señor de Valde Corneja, heroico Marqués de Coria, y Conde de Salvatierra, Condestable de Navarra, General de Mar, y Tierra, del Católico Fernando, cuya invencible grandeza, mas os querrá por vasallos, que cuanto a su arbitrio tenga, por el desusado, el nuevo suceso, de ver que en esta tierra suya os ocultéis, sin que hasta ahora se sepa en España, este prodigio tan raro. Detente, espera. Dejad que le despachurre: escondido con la fembra, estáis en la mía majada. No ves, que estás en presencia del Mayoral. . Tente, Bato. Señores, qué gente es esta? todos de pieles bestidos; son hombres, o son obejas? Mendo. Señor de mi vida, que aquí estabas? qué tú eras? e . A Celio abraza. Señor, acá estamos todos. . . Llega, Mendo, y calla a cuanto viere Qué estarán hablando aparte? Aquí, Silbano, hay cautela. Dime, ahora Bato, he porqué de Mendo te quejas? ̱. Por qué a solas con Catana le tope en mi choza misma, y que me estaba agraviendo, se me puso en la cabeza. Pues es tu mujer Catana? En soras non. . Verdad sea, que no es mi mujer, mas yo tengo espeluznos por ella. Qué son espeluznos? Son, toda melos. Calla, bestia: celos dirás? Celos digo, que no arcetaba la llengua, engrata. Tintón, salbaje. Ea, dejad las quimeras, y a nuestro Rey le llevemos a su choza. . . Norabuena. Cantad, y bailad, zagales, y prosígase la fiesta. Por los que me están mirado, . Gerarda, el callar es fuerza. Muchos años logre, Qué decís de esto. Silbano? Que me da alguna sospecha este, que estaba escondido, y se vino, sin dar cuenta a losidos, que es fuerte indicio de alguna traición secreta. Juzgo, que a la deshilada, van bajando de la fiera, para juntarse en el valle, solo a sin de hacernos guerra. También presumo lo mismo, y puede ser que estos sean as del Duque de Alba. Estemos, Silbano, alerta, porque en viendo que otros baja arderá en iras la selva, serán sus vidas, despojo de nuestra irritada ofensa. Di, que venga su Fernando, y cuantos su Imperio alienta, que mientras los netidos mando de estos brazos, y estas fuerzas, yo haré, que se acuerde el mundo, del valle de las Batuecas.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Los brazos, una y mil veces, me dad. Lorenzo de Lara. Vos seáis muy bien hallado, señor Albar. Nuñez, y hagan los míos, lo que les toca, en retorno si no en paga. El Duque mi señor, como viene? Muy bueno, a Dios gracias, que no fue poco milagro, escapar de la borrasca, en que el empeño le puso, de una empresa tan extraña. De todo me dad noticia. Hallose el Duque en Granada pero en decir, que se halló en su largo sitio, basta, para acreditar heroico, el triunfe de sus hazañas. Saliendo de Santa Fe marchando, en una emboscada le acometió el enemigo pero con violencia tanta, resistió al airado impulso de su barba arrogancia, que en breve tiempo, que pudo surar la ardiente bat le su bárbara arrogan que en breve tiempo, que pudo durar la ardiente batalla, de dos mil alarbes cuerpos, fue túmulo la campaña: quedó herido, y victorioso, que las heridas son gala, y lunares, que el valor con roja púrpura esmalta; pero no fue tan pequeña la ofensa, que le excusara del peligro de la vida, cuyo achaque, que se agrava: a hacer voto le obligó de ir a la peña de Francia a rendir sagrados cuitos primero que entrase en Alba: por cuyo motivo, yo me adelanté dos jornadas, para aposentar al Duque en este lugar, que llaman el Castañar, que el pie besa de esa altísima montaña, a donde el Sol de María esparce luces de gracia. Teniendo ese aviso yo, vine por la misma causa al Castañar, prevenido de regalos, y otras varias domésticas menudencias, para ese fin necesarias. Bien está; pero dejando aparte nuestras jornadas, y el suceso, que después as circunstancias; Decidme, no le ha sabido mas de Isabel? Su desgracia, ha sepultado el olvido; pues desde el tiempo, que faltan don Juan, y Isabel, su muerte se tiene por asentada: o que algún remoto clima de Ingalaterra, o de Francia habitan. . . Será posible: dejadme nemorias vanas, . qué los años, no han podido borrar su imagen del alma? Ya, todo está prevenido de viveres, y de camas, para toda la familia: y el lugar, por honras tantas, se pública agradecido a su Excelencia: pues manda, que por tan corto servicio, se nos duplique la paga. Boto al Sol, que es gran señor. En fin, como Duque de Alba. Pues Alcalde, los dos vamos a descansar, que mañana para mejor prevención se dispondrá lo que falta. . Ahora vamos Barrolo, al caso, prosigue, y habla, sin que en nada no me mientas, Verdad digo y que subiendo al monte mi ganado, que el cabrío de peñas, siempre amigo, andaba de unos pampaños colgado; vi a la sombra de un verde cabrahigo, un monstruo, un hombre, un animal sentado, Animal, monstruo, y hombre? de qué modo? Porque me pareció, que lo era en todo. Tena barbas? . Sí, barbas te Mira no fuese acaso alguna cabra. Cabra, o qué lindo! hablaba, y respondía, y le pude entender una palabra. Pues qué te dijo? . Al tiempo que subía detrás de una siluestre cornicabra, me dijo, hola, pastor, escucha. Y luego? Partió como cohete, a quien dan fuego. Por qué no respondiste? . Si me diera lugar el miedo, de mirar su talle, no hay duda, que le hablara, y respondiera, pero no me atreví, ni aún a mirarle: Una como esta, extraña, horrible fiera, subió a los montes, desde el hordo valle: habló con un pastor, el otro día, y le pidió del vino que tenía. Nunca jamás al valle ha descendido, ni de este pueblo, o de otro comarcano, hombre por más ligero, y atrevido que fuese, ni lo oí de algún anciano, como este, ni por señas lo he sabido, que habite nadie en su profundo llano, Estos días, Alcalde, solamente, ven los pastores luces, y oyen gente; destruyen las dhesas, y ganados, estos monstruos, que digo, cada día: no quedan huertas pampaños, sembrados, que no tale su bárbara porfía. Quizá serán, Bártolo, los benados, que al valle bajan, de la selva umbría. No son, si no los monstruos malechores, así lo dicen todos los pastores. Necesario será que el pueblo ordene, (pues es el Castañar, de los honrados, que la Peña de Francia, en sus pies tiene) Un Capitán mañoso, y cien Soldados, que baje al valle por donde ese viene, que, pues, él pasa, pasarán guiados del más diestro pastor de aquella sierra. A los monstruos, es bien que hagamos guerra, Quién será Capitán? a bajar del monte, a que los nidos de las noela Pues vamos, yo lo acepto. En Dios confío, que los has de vencer. Tocad las cajas. Vamos. . Ponte galán. Veraslo ahora, mas que se torna loca, en verme Flora, Preciso es ya, que este traje, querida Isabel, bistamos, pues de los que hemos traído, ninguna seña ha quedado. Con las costumbres, conforma tan inculto, tosco ornato, pues como fieras vivimos, sin Dios, ni ley, que aunque el lazo de nuestro amor venturoso, alivia el afán pesado, de vivir entre esos montes, con tan rústicos serranos; es insufrible la pena que me da, el vernos privados de los Católicos ritos, y del político trato, No tu hermosura se debe vencer de ese pesar tanto, que el cielo, que aquí nos trajo, por rumbos no imaginados, nos enseñará el camino, para que de aquí salgamos; que aunque el gran Duque de Alba viva ofendido de entrambos, no es posible, que en un pecho generoso, dure tanto el enojo; que no ceda a la piedad: y más cuando, de parte de nuestra ofensa, es el amor abogado, torres bajas. que sabe dorar los hierros, y siempre disculpa agravios? para saber si está en Alba el Duque, esos riscos altos subí, y topen dos pastores, que de mi traje asombrados huyeron, sin responderme, que sin duda, me juzgaron por fiera de estas montañas; pero Isabel, no me espanto, que el Sol, el aire, la escarcha, me tienen tan demudado, que viéndome el otro día en ese arroyuelo claro, a no ser yo, me tuviera por uno de sus peñascos; a la misma deligencia, hoy me de mi ruego obligado, Mendo ha subido a la cumbre, resuelto, y determinado, a entrarse en Alba, y traerme esta noticia, que aguardo. Mucho temo su peligro. Ya lleva, para reparo, de aquel sepultado Godo, el escudo, y lanza, cuando de los pies no se aproveche. Hoy más su lealtad alabo; pero que piensas hacer, en estando asegurado de que en Alba el Duque asiste Ponerme intento, postrado a sus pies, porque piadoso perdone mi error. Los años, hacen olvidar la ofensa; mas en un pecho irritado, tal vez suele el rendimiento; multiplicar el agravio. Pues que hemos de la que es cosa imposible, estarnos. aquí, sin grande peligro; perque Mileno, y Silbano, que son los más poderosos del valle, se arden en bandos por los celos de Taurina, que ha dado en quererse tanto, que temo su ceguedad: y que los dos irritados de envidia, furor, y celos intenten algún estrago contra tu vida. . . Eso temes? Hay más, que desengañarlos, y decir, que soy mujer? Y si entonces del engaño, ella ofendida, procura. la venganza; porque es raro de esta bárbara el capricho. Para todo habrá resguardo, porque yo: pero Taurina hacia aquí encamina el paso, vete, y déjame con ella. Lleva delante el engaño. Que tan ciega en su delirio, quiera rendirme a su halago? no pudo llegar a más de mi desdicha el estado! Lo que te pasa con ella, oculto estare mirando. Aquí está: ea amor mío, ceda a tu imperio el recato. Siguiendo vengo a Taurina; y escondido entre estos ramos he de examinar mis celos. Suspensa está. Mas qué aguardo? no vengo, como otras veces lo, a darte cuenta de mis ansias tristes; pues tú, que mejor las sabes. de la porfía obligado; mi esperanca aseguraste: antes a quejarme vengo, de que los días se pasen, sin que te deba mi afecto aquellas nobles señales, que en un pecho agradecido traslada el alma al semblante, cuando mi afición, las horas cuenta por eternidades: sin duda trocó la suerte el modo en las voluntades, pues siendo yo, la que adoro; tú, quien los desprecios haces. (ra! Qué esto escuche? a ingrata fie- Con que amor le persuade. He de pensar, que soy sea, aquí son oscuro ultraje, en mi hermosura los ruegos, pues te retiran amante. Siempre estimé tu fineza, Si es verdad, que la estimaste; cásate Celio conmigo, porque no murmure el valle, que en quien se tiene por noblo injustos desprecios caben. Rica soy, no habrá Zagal, que tu gentileza, y talle, no envidie con los pellicos, que labrar mi industria sabe, Dárete un arroyo fresco de pesca, tan agradable, que el sainete, de cogerla el gusto en el plato añade. Cien castaños te daré, tan copados, y gigantes, que contra el Sol en estío, bóbedas sombrías hacen. Dárete ducientas reses, entre pequeñas, y tan mansas, que con tus señas el ir, y venir las mandes: para los contrarios meses tendrás dos chozas distantes, una, entre pelados riscos, otra, entre frondosos sances: con el seno hasta la cinta, tendrás un prado abundante, porque si al campo salieres, te sirva de verde catre; donde dormido al zuzurro de las fuentes, y las aves, te mescan dulces favonios, te arrullen auras suaves. Dárete, pero que digo? cuando solo intento darte una fe, que te obedezca, y un ala, que te idolatre. Veré lo que le responde. En vano templo el coraje. . Una cosa se me ofrece, para quedar bien del lance, con que dilato el engaño, excusándola el desaire. Taurina otras muchas veces, tu afición me declaraste, mas nunca me propusiste el intento de casarte conmigo; que esa es la causa, porque yo tibio, o cobarde anduve con tus finezas: que en la ley, que adoro amante, siendo ilícito el amor, es el amor culpa grave: mas siendo el fin tan honesto se mudan las calidades: mas has de saber primero, que antes, que un noble se case, allá en mi tierra se estila dar cuenta a un Príncipe grande, porque el casamiento apruebe. así es menester dar parte Alba, y rendirle el vasallaje, como a señor de esta tierra, que en apoyando el dictameis, seré tu esposo, a aurina. Con maña la persuade. Y ese lugar, está lejos? Toda su distancia cabe en la jornada de un día. Qué mensajero ay, que baste a penetrar esa cumbre, tan remontada a los aires, que aunque el ir, es muy difícil volver a venir, no es fácil? Ruégáselo tú a Silbano. Ah traidor. En cuanto se hacen, bien mío, las diligencias, mis brazos, tu cuello en lazen. Eso no en presencia mía, porque los fieros volcanes de envidia, y celos podrán romper ese lazo infame. Cómo atrevido Silbano? Cómo bárbaro arrogante? Me estorbas. Me impides. . Calla ingrata mujer, no hables, y débele a mi silencio, que no publique a los aires tu traición, que por indigna, y incapaz de mi coraje, suspende el furor, que a ser tu resistencia más hábil, para el rayo de mis iras, no quedara en su gravamen trozo que otra vez pudiera traidoramente enojarme. Y tu advenedizo joven, que del dominio rausar alev traidoramente cobarde, robándonos las mujeres cautelosamente afable; pues no hay ninguna, de cuantas viven estas soledades, que con tus gracias, no rindas, y con hechizo no engañes: siendo escándalo del sitio: bien pagas el hospedaje, y el honor de mayoral, que te dio el batueco valle: mas, pues, que tan vil procedes, sin guardar respeto a nadie, ni a mí, que es a quien más debes; pues pudiendo despeñarte, te truje a ser Rey de todos, porque tus cautelas pagues, para morir te apercibe, que la vida he de quitarte. No podrás bárbaro asombro del monte que mis piedades, le defienden de tus tras. Y mi razón, que es bastante para resistir violencias de tu soberbia arrogante. Y yo, que por ser inotivo de tu furor, sabré darte el castigo, porque sirva de triunfo a mis plantas fácil. Todos para mí sois pocos. Ahora verás cobarde. como te engañan los bríos. No le mates. . No le mates. Mileno, Tirso. Dardenio. Aquí las voces me traen. Qué es esto? apartad los dos. No veis, que estoy yo delante, Sabed homes de batueca, advenidizos, nos quisan nuestras mujeres, No infames bárbaro, con falso informe la verdad, que todos saben. Testigo soy, de que a muchas ha desdeñado, y con arte se porta, por no ofenderos. De Taurina, es fino amante. Así es verdad, no lo niego. Celoso estás, de ignorante yo le he rogado mil veces, que con Taurina se case, por estarnos bien a todos: y porque aquí se quedase, pues nos enseña; y da luz de tantas cosas notables. Esto escucho? a Tirso aleve! . yo vengaré mis pesares. Bien dice Tirso, Silbano no quieras por fuerza a nadie, deja vanos amorios. desdén con desdén se pague. Ea, no haya más, conmigo, venid todos los Zagales a mi choza que allí quiero, que se celebren las paces. . Siguiendote iremos todos. Nuevos riesgos me combaten. La esperanza de ser tuya. hace el tormento suave. Albricias cielos que ya Mileno mi amor aplaude. Gerarda es mi nuevo norte. Yo vengaré mi desaire. De este hombre, no me aseguro, según me informa el semblante. , d , . Señor don Juan, aunque Celio es motivo de mi ultraje, por ser sujeto tan débil, y incapaz, para emularme. no le saco a desafío: a vos sí, que por su sangre os toca aquesta defensa, como hermano, y como parte. Y así mirad, que esta noche, junto al arroyo del Sauce os espero, cuerpo a cuerpo, para que el duelo se acabe: La espada llevo de Tirso, porque con armas iguales se dispute el vencimiento. Pero es menester, que calles, El silencio de la noche solo sabrá del combate. En el sitio me hallarás antes, que su curso acabe el Sol. . Grande es tu valor! El que venciere, es el grande. . Ya, que del profundo valle, por la cumbre de este monte subo al mayor Horizonte, y puedo alegre mirarle. Quiero ponderar la altura de estos prodigiosos riscos; del Sol en sus obeliscos descansa la arquitectura. Si de aquel Gigante, el celo fuera verdad, estos son los montes, con que Tisón quiso conquistar el Cielo. Por ver, si el Duque está en Alba vengo solo remitido de don Juan, que arrepentido pretende hacerle la salva. Mucho me atrevo a bajar, no sé hacia donde me incline, ni porque parte camine, que este es de peñas un mar. Hacia aquella sierrablar es el camino del Tormes, que baña en peñas disformes los muros de Salamanca. Salamanca, que es de Baldo centro ilustre, Aula triunfante, donde come el Estudiante, sine piquedine el caldo. Por allí deben de estar Bejar, Alba, y Salbatierra: o si hallara en esta sierra quién me pudiese infermar! Sueño ycansancio importuno me aprietan; guarde este canto el escudo, y lanza, en tanto, que duermo, y que viene alguno. Parad las cajas, y aquí nos pongamos a tratar por donde se ha de trepar. Todas las señas perdí. Luego ya no se te acuerda por donde el camino va. No hay senda en llegando acá, que deshaga, y pierda. Tratad de dar un refresco al pie de aqueste peñasco, salga lo añejo del frasco, y de la alforja, el pan fresco: y no penséis de otro modo pensar de sul ir allá. Cansada la gente está, Qué queréis, si es peñas todo. Donde dicen los pastores, que han visto los animales? Entre aquellos matorrales, que cubren siluestres flores, el que os dije vi sentado. que desventura me ha de tantos hombres cercado? Armados vienen, qué intentan? contra quién se arman así? quiero escuchar desde aquí, por ver si la causa cuentan. Tengo deseo notable de ver un monstruo de aquestos. De hosotros hablan estos. . El que viste, era espantable? No tiene el que arriedro vaya, Llorente, mejor facción. De tan mala hechura son? Sentado al tronco de un haya me cogió, cuando le vi; pero desde peña, en peña, hasta parar en aceña del río, rodando fui: era animal nunca visto, que daba horror. Al primero, que tope, matarle espero. Esto es bueno, vive Cristo. Boto al Sol, que al que escondido allare en aquestos prados, le he de comer a bocados. Y le toparás manido. Si todos no los matras, y permitís, que se ausente tan fiera, y bárbara gente: no hayáis miedo, que tengáis hijos, ni haciendas seguras. Vivo había de quedar alguno? No hay que aguardar, socorredme peñas duras. . que morir entre villanos, es la desdicha mayor, salto de mata es mejor, los pies defiendan las manos, struo aquel que va De salir ahora acaba, que entre nosotros estaba. Válgame el Cielo! Ay de mí! Tiradle un dardo. Va lejos. Que diestro va por las peñas, él tiene las mismas señas, abarcas, cinto, y pellojos. Sin duda, que aquí ha dormido, Hierbe de monstruos el monte. Alto, a seguirle disponte. Solo volando podría. Qué es lo que aquí se dejó? Una lanza, y un escudo, Lanza, y escudo? estoy mudo, Juzgaréis si os miento yo. En peligro está la tierra. Qué viejas armas traía! Para huir, las dejaría, más ligero, por la sierra. Extraña aspereza! . Extraña. Solo por quien vive aquí, caminar se puede así esta fragosa montaña: mas a que efecto serán las cajas, que hemos oído? Qué de monstruos han venid no nos sientan, que se irán. Sacudid de golpe en ellos, Qué gente es esta? Esperad, que esta es gente de Ciudad, hablad primero con ellos. vois monstruos? Tente villano. Sois monstruos? Bestia, detente. Cómo detente? qué gente? Deten la fu no, Sois monstruos? Estáis locos hombres, Digan si son monstruos, presto, No sin causa armas se ha, puesto. Son monstruos, digan sus nombres? De dónde sois, labradores? Del Castañar, que venimos a matar mostruos. Supimos, que en los peñascos mayores de este monte andan acaza de hombres, y hemos hechogante. Cosa ha sido conveniente, Cristiana, y piadosa traza. Digan si son monstruos? Hombre, deja el villanofuror, que es el Duque tu señor. El Duque, respeto el nombre, y humillome a vuestros pies. Que no son monstuos? Si salva, invencible Duque de Alba. la ignorancia: ya lo ves, perdona el atrevimiento de tus vasallos. Yo estoy satisfecho, a todos doy el perdón. Mucho lo siento, que no seáis monstruos. Que gente, es la que buscando vais? Yo lo diré pues estáis de este suceso inocente: Tras de esa eminente cumbre, se esconde un valle profundo, en circular forma todo, murado de riscos duros, tan igualmente disformes, y tan altamente juntos, turaleza, parece del arte estudio: circumbalado está el sitio de ese impenetrable muro, que en copa de nieve al alba, le bebe el primer arrulio; pues empedrando los aires con sus peñascos robustos, es primer cuna del Sol, y de la noche sepulcro: por cuya causa, señor, no se sabe de hombre alguno, que humana planta hasta ahora, pisase este sitio oculto: De unos días a esta parte, ha dado en decir el vulgo, que han visto, por estos cerros, hombres en forma de brutos, o brutos con forma de hombres, que tiranamente injustos, asombrando los pastores, hacen mil robos, y insultos: algunos quieren negarlo, y lo confirman algunos. También es verdad, que al Cura, moviéndose este discurso, (que es hombre docto) nos dijo, que se tiene por seguro, que aigente aquí, desde el tiempo que el Rey Don Rodrigo, puso a Castilla en cautiverio, huyendo, el tirano impulso del moro, y que entre estas peñas, él, y los secuaces suyos, se guarecieron, tomando este albergue por seguro, y, que los monstruos, que ahora se ven por aquí desnudos como satiros disformes, son descendencia, y trasunto, de aquellos antiguos Godos, que hallaron aquí recurso q. En el riñón de Castilla, habían de estar ocultos seiscientos años, y más, que el Imperio Godo tuvo su asiento en España Es caso imposible, y lo alleguro; queño cabe en la evidencia lo que se opone al discurso. No lo dudé Vuecelencia gran señor, que ahora estuvo aquí un monstruo entre nosotros durmiendo, y con el confuso rumor se hubó a la montaña, por señas, que con el susto, por escaparse dejó esta lanca, y este escudo. Escudo, y lanza dejó? Estos despojos son suyos. Válgame el Cielo mil veces! aún lo que estoy viendo dudo, que antiguedad tan extraña de escudo! Está con dibujos, tachonado por las orlas, y en él gravados descubro los invencibles Castillos, y los coronados brutos, que son blasones de España. Por admiración lo juzgo. Más abajo tiene el año, en guarismo, y no confuso; que es hera de serecientos y catorce dice el numero: serecientos y catorce, con que habrá según presumo, seiscientos años; y más, que se hizo el antiguo escudo: a no verlo no creyera este asombro sin segundo, que un valle habitan profando, hombres de seiscientos años, conocer Dios, ni Re hurtados al común uso de la polinca humana: quien lo habrá visto en el mundo? Ahora bien, a mí me toca, por ser el dueño asoluto de estas montañas, y valies, examinar los confusos laberintos de esa cumbre, y como Cristiano alumno de la Católica Iglesia, redacir a ley, y a culto, estos siluestres vasallos, que ignora os tantos lustros, han vivido en una cárcel de peñas, como los brutos. Será piadoso trofeo. El intento es como tuyo, y de Príncipe Cristiano. Publíquese un bando al punto, que todos los labradores. comáreanos se hallen juntos, y con crecido estipendo, que se dará a cada uno, abran camino a esa sierra, porque en persona procuro bajar a ver de este valle, los prodigios más ocultos. Es digna ación de quien eres. No ha de quedar hombre alguno, que con pico, y azadón, no venga a la empresa. Es justo. Pues alte, al lugar marchemos, que al Rey Don Fernando Augusto he de dar cuenta del caso, en dando fin a este asunto; porque eterna esta memoria, quede a los siglos futuros. No he de matarte en el sue le ero sino para pues con aquíen la Ya que mi valor confiesas, rendido noble Silbano, de tus celos quiero ahora satisfacerte en el campo, pagando ese rendimiento, con otro término hidalgo; y también porque me debas un beneficio doblado. Que más puedo yo deberte, que la vida? otro más raro exceso, que de tu dicha, puede ser feliz presagio. De mi dicha? no lo entiendo. De tu afición. . No lo alcanzo Mas has de darme palabra, que no saldrá de tu labio este secreto. pien puedes, de lo. ligadio Pues que Celio has de no es hombre e fueron falsos tus celos. Celio no es hombre? No, si no mujer Silbaño, y mi esposa, que aquel traje se puso, para escaparnos de una deshecha tortuna, por cuyo motivo estamos aquí tanto tiempo ocultos. Qué dices don Juan? Es llavo. Celio mujer? . . Y mi esposa. Mi esperanza has restautado con esa noticia. . luzgo. si de aquí los dos faltamos, que ha de admitirte Taurina; Pues yo a poneros en salvo el yd no nallo aliento para seguinos? A llevarla en hombros basto, que no es la primera vez, que esa cumbre he penetrado, con tu esposa. Y si Taurina, ofendida del engaño convoca el valle, que haremos? Modo habrá para ocultarlo. Serranos acudid presto, que junto al arroyo entrambos, salieron en desafío, El fingir importa al caso. Contra mi hermano. Detente, que amigo soy de tu hermano. Con la misma estimación, te correspondo Silbano. Luego a reñir no salisteis. No te dije, que era engaño, y que Silvaño ya estaba en su amor desengañado. Si lo estoy, y desde ahora, conozco eserror pasado de mi inadvertencia, Celio se logre infinitos años con Taurina, y porque vea, que quiero hacer desdeñado, lo que no hiciera envidioso, dar parte al Duque, me allano de estas bodas por Taurina. Don Juan noticia lo han dado . del secreto. Esa fineza, Silbano agradezco tanto, que a no saber, que eres noble, valiente, discreto, y sabio, por acció on tan mino era digno tu valor, de premios, triunfos, y lauros. Y conozco de Taurina, que a no estar aquí mi hermano de por medio, aquien ya tiene palabra de esposa dado, que ningún hombre tuviera mejor lugar en su agrado. Él solo a no serlo Celio, era capaz de su mano. . . Claro está Bien lo dispone, Don Juan, para lo que aguardo. Qué hacéis homes de Batueca? todo esotro mundo armado, por entre los altos riscos, baja de la cumbre al llano. Sangrienta guerra publican, contra nosotros, talando la selva, y poblando el monte de hombres armas, y caballos. Qué decís? cómo es posible, que puedan bajar? . Con varios instrumentos, van abriendo camino, y facilitando la seguridad. . Pues todos al encventro les salgamos. juntando nuestras escuadras. Vayan Mileno, y Silbano, a convo cartodo el valle, mientras a informarme bajo, del designio con que vienen. Pues yo? que perníquebrado vengo huyendo, lo diré! desde ese jugarcercano, os han echado de ver, a juzgándoos Semicapros, o creyendo que sois fieras, que destruis sus ganados, un escuadrón han formado, contra nosotros, y vienen, como a un ojeo de gamos, con orquillas, y barales, lanzones, chuzos benablos, dogos, podencos lebreles, gozques, ventores, alanos, con intento, solamente de abriros y desollaros; pues quieren de cada uno, hacer cecina de macho. Natural es la defensa, di que vengan todos cuantos a mi valor se opusieren, bárbaramente obstinados, que contra su airada furia, será este bastón estrago. Di que vengan, no os turbéis, Batuecos, que aqueste brazo, basta a libraros del riesgo. Al opósito salgamos, y dejadme gobernar la acción, si queréis libraros. Para esta empresa Don Juan, por caudillo te nombramos. Yo lo acepto. . Si lo aceptas, no hay que perder tiempo, vamos. Que en defensa debosotros, he de ser del mundo espanto. Yo a tu lado, Celio mío, no temo a ningún contrario. Seguidme, con lo que intento, hoy mi libertad restauro. Cerquemos todo el contorno, ninguno atrás vuelva el paso. Al monte. . Al valle. A la cumbre, los riscos, y los peñascos. (porta. nos embarazan. . . No imo Vencor, o morir, soldados. Por aquí van huyendo, al arma toca. Toca, que es caza dulce, y agradable, Subiendo van por esa altiva roca. El sitio en extremo inexpugnable, La resistencia de su parte es poca; pero el lugar tan áspero, y notable, que si por bien no fuese, es imposible. Tus pies me da abesar, Duque invencible. Don Tened, no le hagáis mal. . . Ni lo merezco pues te vengo a entregar tantos vasallos, Don Podraslo hacer? . . A dártelos me ofrezco, que no podrás con armas conquistarlos, no pienses que el servicio te encarezco, que por su cumbre, ni hombres, ni caballos podrán bajar; y sin saber las sendas, es imposible que ganarla emprendas. Conquistan los dos Reyes a Granada, dejan su vega bárbara vencida. mas esta de montañas coronada, se obstenta de si propia defendida; mas yo con arte, mas, que con la espada, haré que a vasallada, y reducida a tus plantas se postren, si una cosa haces, que no es dificultosa. Hombre, seas quien fueres, si me entregas esta gente, que aquí vive encerrada, haré cuanto me pidas. . . Pues no niegas esa piedad de Reyes heredada, por tantos años en costumbres ciegas, de sus primeras leyes olvidada, con solo, que una culpa me perdones, te rendiré los fieros escuadrones. Tu culpa, de qué suerte? . . Antes lo jura; pues de mi fe tan gran servicio infieres, Mi palabra te empeño. Pues procura tu gente recoger, y nada alteres, que mi esperanza en tu valor segura, ombres, y mujer que habitan e Parte presto. A hablarlos de tu parte voy. Qué es esto? qué ofensa puede ser la que este dice? Habrá muerto algún hombre de esta tierra. Dudoso me ha dejado: qué felice suceso espera Lara, de esta guerra! Para que más la emprésase autorice, y sepas bien lo que este valle encierra, mira lo singular de esta montaña. No hay eminencia igual en toda España: más estimará amigos, esta gloria, que todo cuanto vale mi riqueza, mas por la novedad de la victoria, que por el vasallaje, y la grandeza, que aventura aquí fábula, que historia, contiene una tan única extrañeza, como estar en el centro de Castilla, gnorada tan rara maravilla. Señor, vuelve el rostro, y mira, como en hileras formadas, van bajando de la cumbre, los bárbaros. . La prosapia, dirás mejor, de los Godos, cuya descendencia clara, conservaron tantos siglos, en una oculta montaña. Pues mi palabra he cumplido, cumple, señor, tu palabra; ves aquí los descendientes de los Godos, que en España habitaban aquel tiempo, que por la mísera Caba, perdió a Castilla Rodrigo. No, no os turbéis, gente hidalga llegad, y abrazadme todos. Todos llegan a tus plantas, ya como vasallos tuyos, pues es tuya esta montaña. Todos somos venturosos, en que de sangre tan alta, vengamos a tener dueño. Amigos, mi nombre ensalza mas, el ser nuestro señor, que la gran tierra heredada, de los claros ascendientes, que dan principio a mi casa: Yo os daré bautismo a todos, que a la gran peña de Francia, habemos de ir desde aquí. Señor, tu promesa falta. Di la ofensa que me has hech Yo soy. Qué temes, acaba. Señor, Don Juan de Almendrare y aquesta que me acompaña en traje de hombre, mi esposa doña Isabel, tu criada. Don Juan, y Isabel? Qué veo? Celio, mujer? qué desgra Yo os perdono, y nueva cias los dos vuelvo a mi gra y para eterna memoria, de aqueste valle, en las faldas fundaré algunos lugares, que con templos culto, y casas, tenga Sagrados Ministros esta noble gente, en guarda; quereislo así? Si queremos: argas. Ya, que del amor de Celio, Tirso, estoy desengañada, le doy la mano a Silbano. Yo se la doy a Gerarda, De todos seré padrino. Y aquí, Senado, se acaba, el Nuevo Mundo en Castilla, si es que perdonáis sus faltas.