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Texto digital de Nuestra Señora del Mar y conquista de Almería

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Atribución tradicional
Juan Antonio de Benavides
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Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Sevilla. Biblioteca de la Universidad: A 250/208[11]).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nuestra Señora del Mar y conquista de Almería. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nuestra-senora-del-mar-y-conquista-de-almeria.

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NUESTRA SEÑORA DEL MAR Y CONQUISTA DE ALMERÍA

JORNADA PRIMERA

Huyamos, que de Alá el brazo contra nosotros se opone. Arma, arma. . Guerra, guerra, Soldados, seguid el choque. Ahora verás mi furia. Tu probarás mis rigores. Válgame Alá! Pero aún mis bríos se reconocen. Levanta, Moro, y esgrime tu acero, que los blasones de los valientes Cristianos de lidiar con los rendidos; no así tu esfuerzo se postre. Caballero, que lo sois no dudo, pues vuestro porte, vuestro denuedo bizarro, y cortesanas acciones de tu esclarecido esmalte están dando cierto informe, no es desmayo de el valor las que miras suspensiones; antes son bárbaridades de mis osados rencores. Suspenso quedé cayendo, no al verte osado, no al bote de tu dura lanza, ni a el precipitado galope; si solo a el ver en ti tantas cortesanas atenciones, a que es preciso que falte, aunque de ingrato me notes: pues mi indoméstico brío, y mi natural disforme primero rinde la vida, que la libertad se borre, y así solo con la muerte se ejecutan mis prisiones. Valeroso Moro, mucho estimo, que altivo oses otra vez lidiar conmigo, que aunque perdistes al golpe de mi acero tu caballo, fábrico mis esplendores, de obligar con lo cortés, pero vencer con mí estoque. Ya que segunda vez lidio, merezca saber; o joven quien eres. . No has de morir sin ese gusto, mi nombre es Don Juan Villarro el. Fama tienen tus blasones: y porque sepas, que no es menos el que se te opone, sabe, que soy Alabez de Almanzora Alcaide noble. Tus hechos han publicado de el Clarín métricas voces. Aficionado te estoy, y siento que te malogres. . La espada, Alabez, lo diga. Ella Don Juan lo pregone: valiente sois, vive Alá! Mas lo sois vos, pues se corre mi brío, que duréis tanto. Tus Soldados te socorren. Morirás antes que lleguen, porque mis lauros no borres. El Capitán está aquí. Mueran los que se le oponen: Tened, Soldados, que ya se mira rendido; y porque seguro esté, vos Andrés llevadle preso, con doble gente a la Ciudad de Lorca, mientras siguiendo los trotes voy de los Moros, que huyen? . sigue Pulpo. . Estoy conforme, por llevarle a mi María un Moro, que la enamore por mí en lengua Sarracena, que ellos son encantadores. . Por qué, Mahoma, tan sordo es a mis deprecaciones tu Alcorán? Por qué tu auxilio a mi voz no corresponde? Vamos, Moro, no dilates de mi Capitán la orden. . Mi juir, semor Cristianilio. Aguarda, perro, que corres, por escapar de mis uñas, mas que galgos, y ventores. Tu estar gato, por garrar; yo podenco, por escorre. . Rinde, Moro, o te atravieso por medio de los riñones. Si estar tan cerca, no dar, que ya me rendir, seniore: atar, que ya ser tu esclavo: zalámele, de mi core. Ahora, perro Mahoma. Cristiano, tener más porte, y ya que ultrajarme a mí, con san Majoma no oses borlas, ni aún en chanzas, que no guantar sus baldones, no por la santa Gilaila, aunque a mi hacerme gígote, que entonces morir maturio, y ir derecho al Cielo entonces. ̱. Tan derecho al Cielo tú irás, como van las hoces, que es caminar hacia bajo, dando vuelco, y caracoles. Mi estar papaz, y papaces, estar junto allá los Dioses. Según eso de hechicero será fuerza que te sobre la habilidad, y que hagas con encantos mil primores? No con encantos; malagros. hacer con muchas visiones. Tú serás mi amigo, y mi valido, si compones, que una dama, a quien adoro, vea que me corresponde. Si ser tu privada yo, deja estar, que hacer te adore esa Cristiana, y las cuantas tus Reyes traer en Corte. Mero, que mora en mi pecho desde hoy, no en las prisiones has de estar de esclavo mío, si haces lo que propones. Con esa tu habilidad presto saldremos de pobres, que alargarán su moneda cuantos, y cuantas me oyen, los unos porque los quieran, y otras porque las adoren. Pus senior Cristiano, andar, porque tiempo balde corre. Cómo te llamas Morillo? Mazahur, a vuestro orden. Pues vaya usted, Mazahur. Vaya usted, que estar seniore. Tú eres mi amigo ya estrecho. Esclavo estar servitore. Qué discreto, y que cortés! me vences con tus razones. Ver, si poder escapar, pues que andar delante. . Oyes. a Moro, qué te detienes? Andar boscando unos coses. Pues vaya usted ya delante. No replicar, pues pillome. . Ya estamos fuerte Alabez a las puertas de la Noble Ciudad de Lorca, y ya es fuerza, que cumpliendo con el orden, que me dio mi Capitán, para que servirle logre, quedes en ella captivo. Saber de los superiores obedecer los preceptos, es de lo que se componen los esforzados Soldados, vos sois en todo conforme, Sargento Andrés de jaen, y así no admiro que tomes tan a pechos ejercer prontas las ejecuciones. Mas yo, a cuyos hechos grandes, estrecho les viene el Orbe, y es fuerza, para ampliarse, que en el Cielo se colo quen, viendo las puertas cerradas por los enroscados cobres, y que tan solo un postigo pende de los eslabones abierto, y por él mis bríos no caben, si se recogen: digo, que si no se abre. la puerta, es difícil logres, que de la hermosa Ciudad los fuertes umbrales toque. Las puertas se ven cerradas a mandatos superiores, en que no puedo arbitrar; y así es preciso que obres con agrado, o con violencia entrar dentro. . Antes al corte de este puñal, esas puertas verán su mayor derrote. Temeridades intentas, que es imposible se logren. Pues ya, que a el abrir las puertas, o romperlas tú te opones: y yo imposible es, que entre por el postigo: repose este cuchillo en mi pecho, . y muera antes que abandone mis siempre: válgame Alá! . Bárbaridad más enorme no se ha visto en hombre humano, este es bruto, que no es hombre. Mas yo para obedecer el precepto, con que logre entregarlo muerto basta. Soldados, ese disforme cadáver entregad a él Castellano de la Torre. Magnánimos Capitanes, valerosos Españoles, en la lid nunca vencidos, siempre en ella vencedores: cuyo formidable brazo, y cuyo cortante estoque, postrando toda la Europa, hace horrorizar el Orbe. Ya en aceleradas marchas mis Marciales Escuadrones, (a pesar de la inclimencia, y los frígidos rigores de él siempre helado Diciembre de caminantes azote) están a vista de aquese sublevado áspero Monte, cuya lata superficie, sustentando el Cielo, esconde una fortificación, hecha de cuantos primores, y defensas haso Euclides en sus estudios. Su nombre es la Alcazaba, y aquesta con tal arte, con tal orden predomina esa Ciudad, ese asombro de los hombres, esa sujeción de el mundo, y terror de las naciones; y porque más su valor, sin que me culpéis, asombre, es Almeria, la que los antiguos reconocen en tiempo de los Fenices, por Urcí: después el nombre de Puerto Magno tomó, porque sus habitadores, por marítimo comercio, o por ser piratas, ponen tanta multitud de Naves, que porque el abrigo logren, hacen el Muelle capaz de dos mil embarcaciones. Tan intrépidos han sido, tan crueles, tan feroces, tan guerreros, tan astutos sus soberbios moradores, que han sujetado los dos Elementos, que componen el material edificio, vistoso esférico Orbe: Pues en el campo espumoso; no habido Bágel, que el Norte haya guiado, que no rindiese sus Pavellones, y Gallárdetes, a él solo rinde, amaina, de sus voces. Ni habido armada terrestre de lucidos Escuadrones puesta en defensa, que al ver; ya flechas, que el aire corren, y ya alfanjes, que amenazan de la muerte los rigores, que no se rinda vencida, o asustada no se agobie. Dígalo el valor, con que los Afrícanos conformes, trescientos y treinta años la han mantenido por Corte, después que de Alfonso el Septimo la restauraron: blasone con más razón su osadía, al ver, que mis batallones, consentidos en tomar por cuatro veces sus Torres, le han retirado, obligados de tanta defensa noble. En riqueza es la Ciudad, que más tesoros esconde, y son todos sus vecinos los más opulentos, porque tienen comercio con todas propias, y extrañas naciones, a quienes venden de cuantos frutos bellos se compone la agricultura, y aún más, porque fuera de su orden, sin cultivo, sin afanes, sin surcos, y sin labores, tanto obstenta en frutos ricos naturales, que los hombres, sin la industria artificial preciosos granates cogen, en tanta abundancia, que de ellos fabrican montones. Cria Mármoles, Jacintos, Oro, Plata, y cuantos nobles Metales la tierra engendra, Piedras preciosas aborte. De esta constante perpetua verdad cierta, nos informe ese excelso promontorio Caridemo, a quien el nombre de Cabo de Gata dieron, cuya longitud disforme tanto el Mar peneira, que Atalaya reconoce movimientos Africanos, y Sarracenas acciones. Aqueste, pues, opulento supremo vistoso Monte, encierra entre otras riquezas, la Ágata Piedra, y no borre el olvido, aquel Divino Sacro Plato, en que Dios diose por el más apetecido sabroso manjar al hombre, que llevó Genoba en pago de lo que ayuda, y socorre: llámese la más feliz, y no agraviada se nombre, pues por una acción humana santo premio reconoce. Muchas veces se ha eximido por si de otras sujeciones, aclamando Rey, y haciendo su Trono de Regia Corte, sin más razón, que la Espada, ni más justicia, que el bronce, que siempre las armas son de el derecho decisiones. Es tan antiguo su origen, que Tubal famoso Héroe, Nieto de Noé, fue quien la edificó; y aunque corren autoridades, que fueron los Fenices, son conformes, porque estos la ampliaron, y aquel los cimientos diole. Fúndola como miráis, sujetando los rigores de el Mediterraneo, firme a tantos continuos golpes: sita esta Almeria entre Cartajena, que se pone hacia Levante: a Poniente de Málaga fabricose el vistoso Muelle. Llan es la planta, y murados todos los cercanos Montes; para evitar los padrastros, de Almeria sujeciones. Está la Ciudad cercada de tan fuertes Murallones, que para abrir brecha, no sirven las valas, ni ardores, ni los arietes falsean, los empedernidos goznes, no las escalas asaltan los duros argamasones, aún a el más voraz estrago están los Muros innobles: inútiles serán todas las marciales invenciones, pues de fuertes Valvartes las Murallas se componen, que a cada uno le sirven dos de guardia, que le abonen, sin la precisa defensa, que por si guarda, y recoge. Solo a un alivio apelar pudiera, de que hago informe; y es que el Rey Zagal opuesto, por los antiguos rencores, a Boadalí de Granada Monarca, porque no goce este el Reino de Almeria, que a quitarle se dispone con Cidhaya, que es su primo, discreto, valiente, y noble, quien por mantenerle el Cetro, su parcialidad socorre, me envió a decir, que viendo sus valientes Escuadrones incapaces de defensa, antes de entregar su Corte a Boadalí, dispondrá, que a mi dominio se postre. Mas si por nuestra desgracia, no lo permita Dios hombre, este intento se frustrare, dificulto el que se logre; mas no dificulto, cuando todas las contradicciones, y dificultades dichas, han pronunciado mis voces para a alentar vuestros fuertes no vencidos corazones; porque si esgrimis osados, batalláis como Españoles, mientras caláis los Fusiles, y manejáis los Arpones, no hay Plaza alguna segura, no hay defensa, que os trastorne, ni Ejército, que os aguante, aunque el Mundo se amonione. No os muevan los intereses, no los humanos blasones; solo os aliente la Fe, y los Divinos honores, veréis, que menguantes Lunas eclipsadas se posponen, y en su lugar reberbera, recibiendo adoraciones humanas, entre holocaustos, el mejor Sol de los Soles, el gran Dios de los Cristianos, y Cristo Dios de los Dioses. Gran Fernando, a quien el Cielo premia con altos favores, que por Católico Rey todo el Mundo te conoce; olvidando el atributo de Quinto, todos conformes, Oficiales, y Soldados, viendo a el riesgo que te expones, que de la cuajada escarcha, los destemplados rigores de tan fervoroso celo, no desmayan las acciones, pues domesticando riscos, de los intrincados montes, has penetrado asperezas, hasta hollar las suaves flores de los Almarienses Campos, talando Palmas, y Robles, con este cuerpo volante de los más valientes Heroes: viendo, que la otra mirad, que el Ejército compone, a cargo de nuestra Reina, que largas edades goce, viene penetrando los nunca pisados faetontes, de aquesa Sierra filabres, firme columna de el Norte; todos gustosos con tanta impaciencia el celo exponen por Dios, y por vos, que tarde les parece a sus acciones. Siempre gallardo Don Juan, siendo vos de aquella noble, leal, rica, antigua Casa, de los valerosos Condes de Santistevan, daréis con vuestro cortante estoque, horror a los enemigos, trofeos a mis Pendones, mas songuitud a mis Reinos, y ánimo a mis Españoles. Por cuyas prendas bizarras, de mi merecéis, que dobles empleos en vuestra corta edad provea, y coloque: sois Capitán de la gente, que a pie, y caballo compone ese numeroso cuerpo de lucidos Escuadrones. Y aunque conozco, que sois al mismo tiempo tan joven, vuestra experiencia, que es grande, pare tal vez los ardores, no por mucho aventurarse las victorias se conocen, a veces importa más la templanza, pues entonces, con ella se vencen todas las enemigas acciones. El valor, que por la Fe luce en Divinos Candores, nunca desmaya en cenizas, porque el riesgo se le opone. Nunca de Dios se acreditan mas los Soberanos Dones, ni de tantos Generales, Condes de Castilla, y nobles Caballeros, que te sirven, las difíciles acciones, que cuando los imposibles hallanan, y los disformes Ejércitos enemigos, postran solo con su estoque. Si de mi vida cuidando eso me prevenís, porque osado me arrojé, cuando con dos fuertes Escuadrones, el gran Virrey de Almanzora, Moro de los más feroces, desvanecido intentó pisar los fértiles bosques, gloriándose de triunfante, por ver, que solos diez hombres mi persona acompañaban; dígalo el fin, pues a el golpe de mi espada, y a el enristre de mi lanza, siendo bronce el Moro, de él a mi furia, cadena hizo a sus prisiones, porque al reencuentro primero de la escaramuza, doile con la pica vote tal, que deja riendas, y acciones, mando le lleven captivo, y con espuelas veloces, vuelvo a seguir los que huyen, hasta que pocos se acogen en la Ciudad, que los más fueron a ver a Aqueronte. Querer Vuestra Majestad, que los valientes Leones, Heroes esclatecidos, que le siguen, abandonen la valerosa osadía, que su ilustre sangre dioles, es querer se pierda todo, templar de el Can los ardores, y así suplico suspenda el expedir tal Real orden. Don Juan Chacón, no lo mando, solo os lo aconsejo, porque si faltáis antes de dar asalto, que se malogre temo esta conquista; pero . que marcial estruendo se oye. Según se colige por las Banderas, y Pendones, las huestes de nuestra Reina son, que penetran los bosques. Salgamos a recibirla. Difícil es, que se logre, porque su Majestad llega aquí con pasos veloces. Viva Isabel nuestra Reina. Viva, y en hora feliz vuestra Majestad, Señora, llegue; donde sepa unir las bizarrías de Venus en esta sangrienta lid a los trofeos de Marte, cual poderosa adalid. Gustosa es preciso venga; quien viene Esposo a vivir en vuestros brazos contenta, y más cuando a este confín me trae la voluntad ansiosa, por ver rendir tantas Otomanas Lunas en su menguante infeliz, al Sol, que en gracia atesora las riquezas de el Ofir. Señor, Vuestra Majestad me dé su mano, que así descansarán mis fatigas. Levantad Leonor. . Y a mí, Señor, conceded lo mismo. Luisa alzad, no estéis así. A vuestras plantas Señora, se ve mi valor lucir. A vuestro esfuerzo Don Juan Chacón, su altiva cerviz postrará el África toda. El que toque permitid, Señora, las huellas vuestras. Don Juan Alfonso, venís muy ufano con la empresa, no os aventuréis, no, así. Señor, el afán descanse, pues he logrado venir a vuestra presencia. . Don Mosen de Cardenas, y Duque de Maqueda, como mis Soldados al subir las asperezas de aquese enmarañado gentil Monte de Sierra Filabres, han pasado? Pues creí, que las repetidas nieves, urna hicieran de mársil. a sus cuerpos, y que hallaran todos su sepulcro allí. Cuando la invicta Isabel, vuestra amada Esposa, y mí Reina, a tolerado tantos afanes, para venir animando de sus huestes el corazón varonil, fuera usurpar a sus y lo que les toca decir. Señora, si es que el cansancio os lo permite, decid de vuestra jornada cuantos crueles golpes sentís. Después esposo, y señor, Quinto Fernando, que vi a las Católicas fuertes Escuadras nuestras rendir el orgullo a la Ciudad de Alama, día infeliz para los Moros, pues fueron vencidos en la cruel lid de la Higuera, y en la otra junto al río de Martín Gonzalez, donde captivo quedó Albohacen, y Audilí derrotado, y fugitivo, ambos Reyes, porque así siendo dos los que vencian, no hubiese agravio entre sí, porque aún es menor victoria vencer, que el hacer huir, pues el ganar, es fortuna, y el que huyó; me temió a mí. Rindiose con esto Loja, Málaga, Velez, Morril, Lucena, Vera, Mojacar, Baza, los Velez, y en fin las poblaciones, que hay desde la noble Murcia a Guádix. Viendo los Moros de España, que de sus glorias Zenit, y presagio de sus ruinas eran estas, escribir resolvieron al Suitan, y a cuantos. Reyes en sí obstenta el África en ricos tegidos de carmesí. Teniendo por cierto tú; que el gran Sultan, que el Visir, el Serás! ier, el Ag los Alfaquies, Abdí, los Bajaes han de hacer, para poder remitir cuanto sea necesario a mantener el Pais Español, esfuerzos tantos, que si consiguen venir, se imposibilita el echarlos de este confín. Viendo, que sola Granada es quien puede competir, por ser casi incontrastable el Alambra, y Albaicín: y que la entrada, y salida, que tienen para impedir nuestra fuerza, es Almeria, pues a ella conducir pueden Viveres, Peltrechos, y gente, por el Turquí fiero espumoso Elemento cuna, y tumba de el Delfín. Poner sitio resolviste a esa Ciudad, aunque aquí, para dominar sus Torres, a Púrpura convertir se mire en aquestos campos desde el Nardo hasta el lazmín. Para cuya ardua empresa tu Ejército dividir mandaste en tres cuerpos: uno que sujetase el Páis, jurisdicción de Granada, y quedaron a regir estas Tropas el de Cabra, Fernando de el Pulgar, y Don Alonso de Águilar, Don Mánuel Ponce, que allí como Leones mantienen, solo para divertr el tiempo, como si fuera la alegría de un festín, Moros, que cuando embestir intentes a la Ciudad te habrá llevado Genil en sus cadaveres cuantos te pudieran resistir. El segundo cuerpo a tus preceptos se vio venir a este acampamento: el tercero dejando a mí disposición, conducido fue: y para ello vestir me vio Marte sus adornos desde el pero al vorceguí morrión, y brazaletes, a quienes puso el buril en relieves tal aprecio, que pudieron competir con las que labró Bulcano con su habilidad sutil. Dia de la Concepción de MARlA Emperatriz Soberana de esos once Globos bellos de Zafir con mis Escuadras de la Ciudad de Baza salí. Mas a la primera marcha, luego que empecé a subir su intrincada Sierra, tanta fue la nieve, que creí otro dilubió en escarchas, que a mis huestes daban fin. Mas yo entonces de MARÍA con deprecaciones mil el patrocinio invoqué, y condescendiendo a mis ruegos, arca nueva fue, pues con sus favores vi de las Sierras, y peligros libres mis tropas salir, y tus Soldados, y míos todos he logrado unir. No se dilate el asalto, luego a el instante embestid: contra ese Goliar sed Rey Fernando otro David, pues contra ese Holofernes me verás nueva Judit, seré contra aquesa Garza alto soberbio neblí, hasta que cortando el vuelo a sus lauros, abatir vea de sus medias Lunas el enroscado perfil. Esa Ciudad se les quite, si los quieres destruir, cierréseles ese asilo de su mal proceder vil, Puerto por donde conducen las máquinas de la lid: con esto los de Granada se llegan a persuadir, siendo imposible el socorro, de que es su estado infeliz, que yo, porque aún no descanse el esfuerzo femenil en tan deseada conquista a mis Damas orden di, que despreciasen valientes traje, y vestido sutil de Venus; y de Belona ejerzan lo varonil. No se diga de Isabel, que cuando supo venir a ensalzar la Fe de Cristo, no lo pudo conseguir. Viva nuestra Reina, viva. Viva los años sin fin. Señora, con tanto gusto de tu santo celo oí la exortación, que nos haces, que gracias te rindo, mil. Oh dichoso aquel que llega, . por fortuna a conseguir mujer de su mismo geni o que próspero que fui! Porque conozcáis, señora, el que os deseo servir, y que vuestro parecer es el que se ha de seguir, muy breve para el asalto hará la seña el Clarín, y avisará ronco el Parche; más primero conferir es necesario tan ardua resolución, pues aquí se ha lan tres Capitanes, que pudieran competir en ciencia, y valor con cuantos duran en bronce, y marfil. Señor, pues por más anciano a mí me toca decir, soy de parecer que vuestra Majestad vaya a embestir con su Ejército por la Puerta de el Sol, porque así acudan todos los Moros a poderos resistir: mientras están divertidos. en la oposición, o ardid, con su Ejército la Reina mi señora podrá ir por esa parte contraria, que ve de el Sol el Cenit, y asaltar a la Alcazaba, que en llegando a conseguir su rendición, la Ciudad sujetará su cerviz. Los dos de ese parecer somos, y solo añadir podemos nuestro valor hasta vencer, o morir. Solo nos falta saber, que número encierra en sí de gente Almeria. . Eso, si licencia permitís, presto saberlo podréis. Quita Soldado, aprendiz. Qué alboroto es el que sueña? Sí queréis saberlo, oíd. Hay en aqueste distrito, aún más allá de el Gualí una posesión, que llaman los Cortilos de Pulpí, en ella captivé un Moro, a quien como Pulpo así, desde entonces tomé el nombre de ser Pulpo, sin mentir: el Pultomé de la tierra, y el pode el Mar, con que así Don Pulpo por Mar, y Tierra desde hoy me han de decir. Al entrar, las centinelas lo asieron, sin permitir su envidia, que yo pusiese a tus pies triunfo tan ruin. Trailo luego a mi presencia. Voy guapo como un espín. . Si de este Moro logramos saber lo que pasa, fin dichoso tendrá el asalto. Delante Usía ha de ir. Vostra insolencia primero. No ha de ser, seor Paladín. Jarasme estar porfiado. Parecemos matachín. Qué ruido traéis Soldado? El mayor, que hasta ahora oí: que este captivo, señor, tan valiente como el Cid, asombro a la Europa ha dado con su osadía gentil; que es el Moro más osado, que hay desde Vicar a Énix, el más cortés, que se vio desde Sorbas a Lubrín, las Roquetas a Felix, y con tantos atributos con mi acero le vencí: de esto infiere mis proezas con quien podrán competir. Hablar bien de mi enemigo . es acreditarme a mí; que no siempre ha de ser perro, galgo, lebrel, y mastín. Yo senior Malajestad, o artesa, querer decir verdad, mi estar Mazahur Moro que limpiar rocín, no ser caballera, no, ni menos gustar mentir. Señor, como los Cristianos dicen, que de sangre vil son, porque los den por poco, hace medio celemín. Bien está: que gente tiene la Ciudad me referid. No estar asmático, y por eso no contarla. . Di arismetico. . Berdona, señior, que haber de decir cismático por no errar. Si engañas, has de morir. Él lo dirá, porque es Moro de virtud, conciencia, y buen Cristiano en su ley. Tener la Ciudad seis mil Morilios, vero valentes, cual san Majoma, y Celín. Muy breve, y muy compendioso lo has dicho. . Estar mi sutil. Ea fuertes Generales, a lidiar, a competir. Ea Damas, y Soldados, o a vencerlos, o morir. El primero seré yo, señor, que te siga a ti. Yo, señora, de tus huestes la derrota he de seguir, que hoy Almeria, o el Cielo, será mi albergue, o Cenit. Excusado es ofrecerme, si siempre con vos he de ir, señora. . Todas dejando el ánimo femenil, nos verás de el duro acero para pelear, vestir. Mi espíritu verás pronto al precepto de el Clarín. Después de besar tus plantas, con el fuerte Alábez fui. Por el camino podrás contarlo Andrés, que la lid no se puede dilatar; a marchar toque el Clarín. Ya valiente Cidhaya, en quien la parca su guadaña ensaya, la ocasión ha llegado de que quede el Cristiano derrotado? ya Moros valerosos, llegó el tiempo de veros no así ociosos, si de empuñar altivos el escudo, y la lanza vengativos. Ya veis que el Rey Fernando, y su esposa Isabel vienen marchando con gente numerosa a sitiar a Almeria la famosa: temerario es su intento en querer asaltar el firmamento. Seis mil hombres encierra, que en destreza, y valor podrán dar (guerra a todo el Orbe entero si manejáis briosos el acero. Que os acordéis os digo cuando el Rey la perdió, que fue Ro- (drigo: refieren los Cristianos, que fueron de su Dios los Soberanos decretos causa extraña, que perdiese Rodrigo por atreverse osado a quitar de unas puertas el candado, en Toledo cerradas, por estar a su Virgen dedicadas, desde que Recismundo con juramento las vedó a este Mundo; supersticiones suyas, que es preciso Cidhaya redarguyas, pues la fama cantaba, fue la culpa Florinda, que es la Caba; porque su Padre el Conde Don Julian, venganza esconde en su pecho sin fin, la pidió al Rey Miramámolín. Aquí os pretendo atentos, pues de Tarif, y de este los alientos bastaron a ganarla, su osadía es preciso el imitarla, o la de el Rey Airan, que pudieron celosos con su afán cerca de un siglo verla, engaste hermoso de Africana perla, vuelvan esos Cristianos a los campos huyendo Castellanos. Haga, pues, la fortuna, hermana de el valor, que nuestra Luna la llenen los deseos de Cristianas victorias, y trofeos. Rey Zagal valeroso, de quien el Mundo todo está envi- (dioso, siempre parcial he sido de tu valor, y esfuerzo esclarecido, no solo por pariente, si por tocar a tu sagrada frente, no solo esta Corona, mas la de el Betis, que te quitó Belona: (nes. a tu lado me tienes igualmente en desdichas como en bie- Señior, detén Morilio, que aunque venir vestido Cristianilio, ser Mazahur. . Suspende el acero Soldado, y di que emprende Cristiano tu osadía. No estar Cristiano por la vida (mia, que el casaca que apaño, quitarle a un Cristianilio con engaño, solo por darte cuenta, que venir Rey Fernando con cuarenta mil hombres sin sosiego por tomar a Almeria a sangre, y fuego: según estar hablando, a la puerta de el Sol vienen marchando. Otomanos Soldados, a la puerta de el Sol todos armados. Porque la gente marche, haga seña el Clarín, llamada el parche. Para hacer más derrota, ̱ pringar tocino, y empinar la vota. Muere Agarena espía. El acero suspende mi María. Serás de mis despojos. Bastan para matarme esos tus ojos. Quién eres, y qué haces? Dírelo, pues te adoro, hagamos (paces. Yo soy, aquí te culpo, tu amante valeroso infeliz Pulpo: ya sabes mi experiencia, a un Moro captivé de grande ciencia, porque tú me quisieras, quiso hacer lo que brujas, y hechiceras, dijo para su enredo, que subiese a la Torre, que da miedo, y de cardenas llama, por haberla ganado él, la fama. Subiome hasta lo alto, tomo, pues, mis vestidos, y de un salto fue sin ser conocido; ido, en bajando me pongo su ver gó a este sitio cuando. Los dosmitamos, que se va acer- la Reina con su gente (cando a asaltar la Alcazaba incontinente, mientras que divertidos están los Moros a los no vencidos esfuerzos de el Atlante Rey Fernando, que avanza por Levante; y pues este divierte, mientras la Reina con su cuerpofuerte va a asaltar la Muralla, no perdamos la gloria en tal batalla. Con tu favor, y gloria, pues homnia vincit amor, ya hay victoria. Ea Soldados míos, antes que acudan, asalten vuestros bríos. Al Muro. . A la Colina. (mina. Al revellín mi esfuerzo se enca- Oh Almeria, o al Cielo. A la Torre, al Castillo. Al mongibelo. Arma, arma. . Guerra, guerra. Pues ya subí, morid canalla perra. Por la Reina victoria. Al aire sus Banderas de la gloria. Virgen, mi fe te aclama: la Puerta de el Socorro abierta llama. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Eso el Rey Zagal osado dio por respuesta resuelto? Primero, dice señora, que será su monumento la Ciudad, que el entregarla a tu Católico Imperio: No fue bastante Cidhaya a persuadirle con ruegos, proponiéndole lo inútil, que en tal caso es el esfuerzo: a mis muchas amenazas roca firme fue su pecho. Y más añadió, señora, pues finalizó diciendo, a mujer yo no me rindo, váyase a hilar, que es su empleo, Pues debane las mazorcas. hechas al uso de el hierro. Resolución temeraría, bárbara, y ciega, sabiendo, que siendo, señora, ya de aquesta Alcazaba dueño, es en vano el resistir, evidente el vencimiento, pues predomina de forma de Almeria el más extremo rincón, que su estrago, y ruina al más leve movimiento se verá, sin que ellos puedan molestar soldado nuestro. Nuestra artilleria llega de Almeria hasta el trasero, que aún adonde no da el Sol alcanzará nuestro fuego. Pues la Artilleria nuestra rayos vibre, aborte incendios. No quede piedra con piedra, desde almenas a cimientos, que su respuesta denota en nosotras vituperio. Quién tan cerca los tuviera, que árbitro fuera el acero para decidir en una vez sola los lauros nuestros. Parece que blanca seña de paz trémolan al viento los contrarios, y es sin duda de su rendición conciertos. Bajo de cuyo seguro, y de césar el incendio, hacia nosotros se acerca un gallardo Moro. . Bueno, que con el Mazahur viene, y me ha de pagar el perro que me dio, que en esto imito a cuantas desde aquí veo. Dejad que entre, por sí logro se rindan atentos a los partidos, que más que su estrago, y ruina aprecio. Este es María, aquel Moro valeroso, que alagüeño, en otra embajada quiso explicarme sus afectos. El mismo, y el mismo es el Morillo su escudero. Salud en Alá, invicta sacra Reina de el Imperio Español, a cuyos lauros, proezas, y vencimientos, es poco archivo la Europa, y aún el Orbe corto centro, bastardo clarín la fama, los hipérboles rodeos, el tiempo caduco, y solo fijo depósito el Cielo: pues has logrado rendir aquese Atlante supremo, alta Columna constante de el Excelso Firmamento, y con él por precisión esa Ciudad, ese Pueblo incorregible, tirano de Almeria Augusto Cetro; y por consecuencia rindes a Granada, porque veo muy difícil su defensa, impedido este comercio. Salud en Alá otra vez en nombre de el Rey mi dueño, de Audilí que es primo hermano mío, y esposo de el bello prodigio de Hiza mi amada hermana, que pisa el Cielo. Por mí te dice, señora, y no en balde así lo ofrezco, pues no sé que soberano prodigio Divino Excelso en mi predomina, que insistiendo a mis deseos, hace que mayor se vea para vosotros mi afecto. (Pero que mucho, si tú divina Luisa en mi pecho imperas con tal mandato, y mandas con tanto imperio, que de libre mi albedrío, captivo por ti le veo, en que llegas a tener más jurisdicción que el Cielo, pues él me le deja libre, tú le entras en captiverio.) Por mí el Rey Zagal te dice, que aunque pudiera resuelto defenderse hasta morir, dejando su nombre eterno: movido de las razones, que os participó otro tiempo por mí mismo, deseando ver dominado este Reino antes por vosotros, que por Boadalí Agareno, Rey de Granada; pues llega el odio a veces a extremo, que hasta el culto se profana, y se quebranta el precepto. Dice en fin, que rendirá a Almeria, porque el Pueblo no experimente los duros marciales estragos fieros. Y que para no cansarse en ir llevando, y trayendo razones, en que se gaste el precioso amable tiempo; han de ser las condiciones, que has de aceptar desde luego los capítulos siguientes, sin negar alguno de ellos. Primeramente, los Moros a su Corona sujetos, han de quedar libres, para disponer a su deseo. Item, que puedan llevar al África, así el divero, como cuantos bienes muebles poseen, y para ello señalar embarcaciones, y cuatro meses de tiempo. Item, si alguno llevado de la avaricia, su intento fuere dejar de Mahoma los suaves sacros preceptos, y abrazar los que observáis, no ha de haber impedimento, para que mantengas cuantas. heredades poseyeron. Pero que si niegas Reina, alguno de los propuestos preliminares, dará antes su vida al acero: aunque asbeles, tales; cortes Ciudades, Montes, y cuerpos: derribes, postres, y ignales Torres, Almenas, y Templos, arrojes, vibres, y exales mil iras, rayos, y incendios, porque antes que entregarnos en ellas pereceremos. Aunque siempre mi piedad, y mi carólico celo, mira a ampliar solamente la Fe de Dios Verdadero; sin que perezcan las gentes, sin que se arruinen los Pueblos, y en vuestra propuesta miro conseguido todo esto; quiero añadir por más fuerza, que no sé que en vos contemplo, que aún sin tales circunstancias condescendiera a los ruegos. Ved, decidle a vuestro Rey, que ya concedido tengo cuanto me propone, y más que siente, y no lo ha propuesto, Y es que las llaves, porque no le cause sentimiento a una mujer entregarlas, pase al campo de el Supremo Rey Fernando, y en sus manos. haga de ellas el entrego. En su nombre, y en el mío, por las honras, que me has hecho, señora, os rindo mil gracias, porque tenéis un imperió. tan extraordinario, que no solo sois de los pechos de vuestros vasallos norte, si aún de los más extranjeros; y dadme licencia, para que vaya a dar parte cuerdo de la merced, que le hacéis al Rey Zagal, y a su Pueblo. Parte en paz, Moro bizarro. Adiós divino portento: . que mal me despido, cuando llevo en mi alma su objeto. . Pues también seniora, aqueste Morilio estar majadero, en nombre de cuantos Bacos, o borrachos estar viendo, a mi majada prestar escuchas vuestras atentos. Decir yo, que en su Alco mandar Mahoma de puerco carne no tragar, que malo; pero aún peor es aquesto: vedar vinilio beber, y apura en este precepto a todos cuantos purar lo puro de el tabernero; si haber tabernero, que vinisio puro venderlo. Y así suplicar, señiora; que borrar este decreto, con que quedar Mazahur alegre, y los Mosqueteros: y porque estar bien común, y general, mas no espero; marchar confiado, en que pedir también Cabalieros. . Aguarda, Morillo, aguarda; no huyas como podenco. Quedando de guarnición todo el Ejército entero en la Alcazaba; nosotros adonde está el Rey marchemos. Siempre tus huellas, señora, irán las mías siguiendo. Marche la Real Guardía, y sean norte de el Clarín los ecos. María, tengo que hablarte, . camina con paso lento. Al descuido, y con cuidado venme explicando tu afecto. . Dichoso, hermosa Leonor, felice, adorado dueño, quien después de tantas marchas, penas; ansias, y tormentos, merece de vuestros soles ver los divinos reflejos. Lo mismo os puede decir, Don Juan Alfonso; mi acento; mas hago el reparo en ver, sintáis con tales extremos, cuando no ha dado metivo mi firme amor alagüeño. Constante te adoro, y sé me correspondes; y de esto nace mi mayor dolor. Menos ahora lo entiendo, pues debes estar gustoso. Oye, si quieres saberlo. Logra el ausente el dolor mayor: No puede haber sufrimiento a tal tormento, leve es la cruel sentencia. con la ausencia: Y aún no basta la elocuencia a explicar tal padecer, que sin duda viene a ser el mayor tormento ausencia. Si ausente de ti suspiro, miro en tan infelice suerte muerte, porque todo el pecho es llama sin mi dama. Desdichado de quien ama, que aunque querido me veo en lo mismo, que deseo miro muerte sin mi dama. Sin verte, por varios modos todos sienten, viendo en mi letales los males, sin aliviar lo fecundo de el mundo. Que mucho, si furibundo; ya no puedo resistir, pues sin ti me han de embestir todos los males de el mundo. Sin ti es el mejor manjar pesar; porqué tirano me arrojas congojas? Cuando a O belísimas Sirenas, qué no daréis despreciando, si dais, cuando estáis amando pesar, congojas, y penas! Muy bien confirmado está vuestro discurso, y lo apruebo, pues la experiencia la misma batalla en mi pecho ha hecho: que si estuvieras celoso más padecieras lo pruebo. Tiene el celoso fatal el mal infeliz, que apriesa viene, y tiene por esta causa impaciente el ausente: con que se ven igualmente, además de sus recelos, pues logra el hombre con celos el mal que tiene el ausente. Es muy leve resistencia la ausencia, no inventó el tirano Asirio martirio, aunque aplicó sus desvelos como celos. Corte al tormento los velos, pues mantiene aún con afrenta, el que celoso se obstenta ausencia, martirio, y celos. Bebo, si celoso peno, veneno, con él en mi pecho lidia la envidia, padezco con tal dolor furor. Y ay, quien de see a el amor padre preciso de celos, cuando da entre sus consuelos veneno, envidia, y furor! Discretamente, divina Leonor ha dado tu ingenio en la Catedra de prima muestras de tu entendimiento. Mas para que no discurras, que yo te puedo dar celos, y que puedas alegar mayor padecer con ellos; sabe, que pasión celosa no ay, que es un fingimiento, que las cómicas tarcas dieron a luz; y a este duelo toda la razón de estado, y de pundonor ha hecho protesta, y de no haber dado su voluntad, manifiesto. Solo el que ama pudiera tener entre sus desvelos, en caso que hubiera celos de estos el motivo fuera, de que amando a él, tuviera ficción, o verdad, que ama a otro sujeto su dama; y aquesto no puede ser, que la que llega a querer, un fuego solo es su llama. Pero por posible dando, que la que me adora a mí, a otro ame, es frenesí, está a mí me está agraviando, porque a mi amor engañando va con fingidos anhelos; si conozco estos recelos miro agraviada mi fe; y no celosa, porque donde hay agravios no hay celos. Si la dama, a quien aspiro a mí me desprecia, o sea porque en otro su fe empica, o porque libre la miro. Este es desprecio, y su tiro mas el vivir me limita, o hasta el cariño me quita; ajado yo, el odio crece, porque mi pecho aborrece la que desprecia, y irrita. Luego si en las ocasiones, que se hallarán celos necios, son agravios, o desprecios; tendrá alguno por blasones encargar a las razones de su voca agravios tales! Porque contra honor los males no hay quien los publique atento, que en tal caso es el acento mejor el de los puñales. . Mas supuesto, que en la vaga sutil esfera de el viento nos llaman de los Clarines, y de las Cajas los ecos, porque no hagas falta, hermosa. divina Leonor, marchemos. Pues a Dios Don Juan, y quiera mil años guardarte el Cielo. Porque merigusa viva, y muera solo a tu incerdio. . En aquese dilatado fértil campo, llano ameno, que será desde hoy nombrado la Cruz de el Humilladero, o de Caravaca, porque en ella el Moro entrego de las llaves ha de hacer de Almeria, cuyo aliento solo rendirse pudiera a tan católicos celos. como de el Rey Don Fernando, y Doña Isabel su dueño, a las huestes orden di, que hicieran acampamento. Que mucho Don Juan Chacón, Adelantado de el Reino de Murcia, que a mis Escuadras se rindan los más soberbios Obeliscos, si con tales Soldados, como vos, creo, que se rendirá a mis armas pavoroso el Universo. Supuesto, que retirados, después que el divertimiento logramos hacer por la Puerta de el Sol, cuyos lienzos, al salir Apolo, usurpan sus encendidos reflejos, estamos, di, retiraste aquí, Andrés, los instrumentos? Saqué mangones, arietes, brícoles, y los peltrechos todos cuantos se llevaron, señor, para nuestro intento; que en cosas de el Real servicio nunca en descuido me he puesto. Sois buen Soldado, jaen. Quién, señor, con tal maestro no ha de saber esgrimir picas, fusiles, y aceros. Señor, según se divisa desde aquí, envidiando al viento con la Reina mi señora las Damas, y Caballeros llegan, humillando a Marte, y ellas afrentando a Venus. Recíbanla victoriosa. los Marciales instrumentos. Hagan Real salva a la Reina los Clarines, y los Fresnos. Duplicado mi cariño, si acaso recibe aumento, os previene vencedora dos lugares en mi pecho: el uno por vos, señora porque esté siempre atento, como caracter de el alma vivirá aún después de muerto: el otro porque gallarda Amazona vas rindiendo con el valor, y hermosura a Marte, Palas, y Febo. Lograr tan feliz victoria, incomprensibles misterios son de el Soberano juicio, y como a móvil primero, solo a la diestra se deben de Dios Trino, Dios inmenso. Mas si en las segundas causas operaciones contemplo, mas a postrado la fama, que los más valientes hechos. Esla vuestra tan suprema, que no cabiendo en los ecos de el sonoroso Clarín aún por todo el Universo, a vuestro corazón vuelve, que es de todo el valor centro. Pues que mucho, que la gloria de tan fuerte vencimiento a vuestra fama se deba mucho mejor, que a mis hechos. Don Mosen, Don Juan Chacón, Don Juan Alfonso, al excelso origen de vuestra ilustre noble sangre fiar debo la acción, de que acompañar vayas al Moro, que esto es debido a su Real sangre; que una cosa son los cenos de la guerra, que no quitan los corteses cumplimientos. Menos por ser Moro pierde; lo noble es por nacimiento, y naciendo todos Moros, nobleza no hubiera, es cierto. En lograr la acción dichosos somos, y ir a tu precepto. . A quién, señora, os parece que se confiera el gobierno de Almeria, porque importa su seguro a nuestro Imperio. Los que más se han señalado en asaltos, y reencuentros, uno es Don Mosen Fernando de Cardenas, y a este el tiempo Duque de Maqueda le hace, digno de elevados premios. El otro es Don Juan Alfonso Villártoel, que heredero, aunque no en los Mayorazgos, lo es de el ilustre Regio, noble esmalte de los Condes de Santistevan de el Puerto, y señores de Almuñan, todos de un origen mismo: y aunque Don Juan es tan mozo, es valeroso, es esperto, y se le puede encargar cualquier enpresa a su celo. Oh como son, prima mía, estos ecos alagüeños al oído, y lisonjean con proezas de mi dueño. No así lisonjas les llames, que aún sin robarme el afecto, conozco en Don Juan, Leonor, mayores merecimientos. Señora, si en Almeria Don Juan queda, qué haremos? Quedarnos también, María, con mi tío, que está electo. No será razón, Andrés, pues eres tan gran Sargento, que pidas al Rey la plaza, aunque sea de Terrero. En eso estoy, más aguardo ocasión buena al intento. Sean para mi mandatos, señora, vuestros consejos. Don Mosen Cardenas quede señor, de Alcaide perpetuo, y hereditario de la Alcazaba, y el gobierno Político también sea de la Ciudad a su acierto, y de justicia Mayor se le haga nombramiento. Y Don Juan Villárroel Capitán se quede electo de la gente, que a caballo, y a pie en la Ciudad dejemos, cual Gobernador quedando de Marciales Regimientos. Don Juan Chacón con nosotros marche al asalto, y asedio de Granada, cuyos Fuertes en breve se verán nuestros, pues según avisa el Conde hay guerra Cibil entre ellos. No solo en eso se cumplan, señora, vuestros deseos; si porque sé, que miráis a Almeria con tan nuevo cariño, que aún reprimido en vos no cave el contento, y que deseáis, se aumente, franco le dejo el comercio, pues la libro de alcábala, y de los demás derechos de lo que embarcan, y sacan los vecinos; y les dejo a sus Regidores de gobernación el manejo, jurildicción ordinaria en las aguas: si estos fueros a tu voluntad, señora, le parecieren pequeños, conceded los que quisiereis, pues se rindió a vuestro aliento. No tengo más que añadir, cuando prodigo habéis hecho a Almeria las mercedes mayores; ahora os ruego, permitáis, que de mi mano algún favor quede bueno. Y es, que el Real Pendón costoso, que en nuestro cuartel traemos, bordado por mí, y mis Damas, para recuerdo perperuo quede en la Ciudad: y solo de su plata, y oro el precio infinito usurpe el Sol los más brillantes incendios, el día de San Esteban, que es hoy, en feliz recuerdo, todos los años, de aquesta entrega, toma, y trofeo. Pues es día de hacer gracias, en el que se dan al Cielo, logren las mías terrestres la gracia de ser Portero. Ya esa plaza tienes, Pulpo. Vivas más años que un censo; de los que en el principal, se dice, nula est redentió, y por los corridos sale cuotidie costas, y apremio, para que de el vil Mahoma quede el zancarrón deshecho, quede el Alcorán violado, y todo Afrícano muerto, que mientras yo viva, palo llevaran; no pan, los perros. caeñor, si es que mi lealtad mereciere de Torrero la plaza en Torre García. Vuestra es Andrés, y os advierto; que es de confianza, aunque parece, que es corto premio. Por las honras que me hacéis, señor, vuestras plantas beso. Salve, invicto Rey Fernando, Quinto de el Español Cetro: Salve, Isabel Reina, a cuyo valor se verá sujero, según la fortuna inspira, el circular Emisferio: Salve, Cristianas hermosas, bella emulación de Venus: Salve Adalides valientes, y esforzados Caballeros: Salve, en fin a todos cuantos están mi infortunio viendo. En fe de lo contratado, a ofrecer, Fernando, vengo en virtud de tu homenaje, y prestado juramento, las llaves de la Ciudad a tus pies Reales; y en ellos contra mi adversa fortuna ha de ser dulce remedio. Fuerte Alboacen, a cuya fama no basta el aliento sonoroso de el Clarín a publicar vuestro esfuerzo: sean mis brazos la lengua, que explique mi sino afecto. Y para corroborarle desde luego le prometo, a vuestra Real Majestan, que se verá de mi Imperio otro segundo Fernando, donde no echando el manejo menos de la Monarquía, le veneren, si su intento es de quedarse en España. Yo, Rey, confirmo lo mismo. A tan soberanas honras solo el agradecimiento puede explicarse con el ponderativo silencio. Mas me precisa el honor, que vaya buscando el riesgo, por no caer en la nota de traidor; que creerá África, viendo, que me he quedado en España, que hubo por la entrega precio. Y también, porque no es sabio, y prudente consejo, el que me igualen vasallo, los que Rey me conocieron. Y así con vuestra licencia partiré a África luego, que de Almeria tomado hayáis posesión, y asiento. Pues yo, si vuestra piedad, condescendiere a mi ruego, en España quedaré, sirviendo de Aventurero, Si esta Plaza concedéis, por el azul pavimiento, por el soberano Alá, y por Mahoma supremo, que verás a mi furor en iguales paralelos de Granada convertir la Alambra, Torres, y Cercos, hasta que a tus plantas postre su orgullo, cerviz, y aliento. Hay divina Luisa, a cuanto . obliga a mi amor tu ceño! Ya está concedido; y más, pues te conferiré el puesto correspondiente a tu ilustre prosapia, y merecimientos, Y pues cada instante ya, que tarda es un siglo entero, para que Almeria sea de la Fe constante asiento, en alegres regocijos el campo marche al momento. Pues para celebrar tantos aplausos, darán al viento en suaves armonías envidia nuestros acentos. Y más cuando todas juntas, señora, irán repitiendo. Venga en feliz hora el Alcides nuevo ceñido de tantos augustos trofeos. La invicta Amazona, afrenta de Venus, a cuyas proezas mil lauros debemos. Sean bien venidos, y siglos enteros vivan para ser de la Fe cimiento. Y pues ya a las puertas se miran de el bello albergue Cristiano, repitan los ecos. Venga en feliz hora el Alcides nuevo ceñido de tantos Augustos trofeos, Salve desde hoy, o nueva Jerusalén, que venero. Salve, renovada Arca de el Divino Testamento. Salve, Soberano Sacro de Salomón nuevo Templo. Salve o Sagrario dichoso de el Sacro Santo Cordero. Salve, Depósito firme de la Fe, que sino creo. Salve, dichoso escogido de Dios misterioso Pueblo. Salve, Ciudad, que has de ser Tesoro del mayor precio. Salve, Concha de la Perla Suprema, que nos dio el Cielo. Salve, Rebaño felice de aquel Pastor Indalecio. Salve, plato de la cena, para mí no seas Niceno. Venga en feliz hora el Alcides nuevo, ceñido de tantos Augustos trofeos. Morillo, aguarda, que mil cosas que mandarte tengo. Obedecer, qué decirme? Que me digas, que te quiero. Disparabs; no saber. Cómo así hablas, podenco, no miras, que eres mi esclavo? No estar clavo; tu estar yerro, borque, según artiéculos, libres salir Sarracenos. Tú fuiste mi esclavo antes, que se hicieran los conciertos; huiste de mí, y según a las leyes de el digesto al título de caprivís, postliminio reverso, dice, que el esclavo es mío, donde quiera, que le encuentro. Yo no entender de títulos, de míos, zapes, ni gestos; solo saber, que ser liebre, y ir a mi casa corriendo, venir, si querer cenar como en la de Meca. Meco, pues de aqueste Mico eres tú la maza, que esto quiere decir Mazahur, aguarda, que voy sig Me admira, que mis dos amas sientan con tales extremos, que desveladas de noche, dejan en amaneciendo las camas; Leonor por ser un Cristiano su desvelo: Luisa, porque un imposible Moro quiere, es su amor ciego. Yo que adoro, bravo peje! con reposo como, y duermo, sin que Pulpo me las pegue las conchas de sus tormentos: mas él viene: dónde vas con tanto desasosiego? . Camino a espulgarme al Sol, a la Luna a echar un sueño, a comer a un bodegón, a beber de un tabernero; corro mono de una maza, de un galgo huyo conejo, tan hecho de soliman, que se la echaré al Lucero, a la Luna, al Sol que sale, y a Rejalgar grande perro. Porque no andes con diretes, y dimes, este es el cuento. El Morillo Mazahur, que es grandísimo podenco, me convidó con su casa; yo acepté, y el medio perro, discurriendo que era el Moro buen Cristiano, fui a su suelo, o a su solar, pues de casa no hubo un grano, ni aún porpienso. Llegué a la puerta, y me tuvo zalaes, y cumplimientos: En fin pasé el escalón, y en el principio el fin veo, pues portal, patio, antesala, sala, alcoba, gavineto, cocina, corral, despensa miro en solo un aposento, Discurro se me cayera, según iba triste el techo, mas no se cayó; porque no tenía ni aún madero. Mas tuvo mucho de corte, porque viendo allí unos puercos, con coche acá, coche allá se empezó alterar mi sueño, que quien no se altera a coche, es borracho, o majadero. Un Morillo allí entre puchas llorando estaba, y no quiero, de asco decir la caca, que no pide, y hace él mismo, Entre estos pasos, y pasas la cena me previnieron, sácanme alcuzcuz, que era abstero padre de el yermo, porque solo a pan, y agua le olían los bostezos. El vino fue como agua, o vinagre, pues un gesto me hizo hacer, y por tragarle, eché en fin al agua el pecho. Unos paños de servicio por manteles me pusieron, la grosura, que no había en el caldo, se halió en ellos. Decir de la cama, es paja, pues un projimo, o jumento me despierta por tomar de mí, y de la cama un pienso, que aunque fue cama de galgos, me dio vuelta de podenco: sabanas de rasga, y rompe, y colchones, como el suelo. A la media noche, uñas necesita este reencuentro, los piojos, chinches, y pulgas me visitán, y te puedo decir, que entre chusma tal tuve la noche en un remo. menos vivo, y más rendido no me he visto, y pues despierto la noche pasé en tinieblas a dormir voy, y me acuesto a vista de el Sol, que sale hasta que se vaya huyendo. . Todos los hombres, como este obstentan solo su afecto por conveniencia, a estos darle de codillo, y huir el cuerpo. . Si es, que el vencido merece para su amparo disculpa, halle yo en tu protección alivio a mis desventuras. Cómo vil, cobarde Rey, si de esta dignidad suma de Monarca es digno, quien hace, y abriga calumnias: Como traidor, como infame, perturbador de la augusta tranquilidad, que en España la gente Africana abunda. Como aleve Rey Zagal, o Albohacen, no rehusas el venir a mi presencia con tan horrorosas culpas? Como sepulcro no hiciste de tu cuerpo las espumas; aunque en sus cristales ellas, como son tersas, y puras, creo, no quisieran dar túmulo a acciones tan fucias, Y porque de mi coraje, el ser pasión no discurras, te he de hacer cargo de cuantas graves cometiste culpas. No eres tú quien avariento, por ser tirano, procuras derriyar de el Solio Regio Granadino, a quien lo ocupa? No eres tú, quien para ello pides a Fernando ayuda, y homicida de tu partía de su sangre el campo inundas? No eres tu causa, de que en guerra civil confusa aún el padre diese al hijo horrible sangrienta tumba? No eres tú: aquí mi rabia, mi furor, mi pena, y furia de mí se apoderan tanto, que los sentidos me ofuscan. No eres tú, en fin, quien entregas a Almeria, y capítulas maliciosamente, solo por tener disculpa alguna? Cómplice de tantos cargos es tu alevosía, a cuya prueba los Moros de España unánimes artículan. Y porque en perdida, que es tan sensible, no rearguyas con inútiles descargos, que más que halagan, injurian. No está Almeria cercada de Murallas tan robustas, que solo con su licencia asalta el Sol su hermosura? No está la Alcázaba; en quien apuró la arquitectura líneas, y naturaleza lo más intrincado apura? No tenías gente, que con su valor, y su astucia defendieran a Almeria, y a otras Ciudades muchas? Pues por qué, di, permitiste, que nuestras crecientes lunas eclipsadas fuesen al polvo de Cristiana chusma? Porqué antes no entregaste la vida en defensa suya, que entonces perpetuo fueras en el lincel, y la pluma. Abdí Rey de Fez, no injusto me hajes, que no es bien sufia como Rey, ni Caballero, lo que tus voces pronuncian. Y porque veas, que es falso lo propuesto, y que te adulan cuantos Moros castigué, porque en algázara, y turba, osados se conspiraron contra mi Corona, escucha. Atribuyes por delito aquella acción noble, y justa de pedir auxilio, para mi Diadema hacer segura; no me ayudara Fernando, que es recto, si fuera injusta; que hubo muertes, y civiles guerras, eso no se excusa, pues para vivir un hombre con ira cruel sañuda, por ser mala alguna parte de el cuerpo la descoyunta, la corta, y aún de su sangre la débil arteria apura, porque no mate, que mucho que la ajena yo consuma; la culpa más grave, si es que hay en esto grave culpa, es que a Almeria entregué sin hacer defensa alguna; cuan al contrario, pues tanto la defensa mi ira apura, que antes de entregarme fuera pira, la que fue mi cuna, a no haber visto, que los Soldados se tumuituan, y en amorinados ecos la libertad articulan, sin ser bastante el castigo a sujetar las confusas ya sublevadas cuadrillas, que cuando el miedo vincula el corazón de los hombres, hasta la dicha le asusta; todo es vapor, miedo, horror, que los pasos arribula: Mira tú con poca gente, y esta alterada, y difusa en parcialidades, como no era la lid oportuna? Pues si tuviera yo gente a quien la guerra no asusta, quisiera con mi Corona perder la mayor fortuna? No le costara al Cristiano perder en sangrienta lucha, aún antes de imaginarlo, los Soldados que acomula? Pues para que en tiempo alguno no alegues leves disculpas, yo te daré gente tanta, y en las armas tan segura, que puedan a todo el Olbe poner precisa coyunda. Pero si con ella osado de aquesa Ciudad no arrugas la fuerte cerviz, entonces se conocerán tus culpas, y de ellas correspondiente pena es preciso que sufras. Desde luego tu palabra admito, que con tu ayuda, verás, que a ley Otomana breve Almeria se ajusta. Señior, también Mazahur tener valentía Turca, ser en la malicia grande matón (cuando al Sol es bulga) volver la garra siguiendo; (no, si de el vivo la vima.) Cómo Moro baladí te atreves aquí? Ceitunas. A venir, siendo de aquellos, que en precipitada fuga la defensa abandonaron, y ser osado divulgas? Cómo estar yo quien llevar, y traer noticias muchas, que convenir por defensa, y costarme grandes sustas. Vamos, pues, a prevenir municiones, y reclutas. Menester es, porque son quien la defienden, y ilustran Cardenas, Castros, Marines, Bazquez, Estradas, Iguñas, Percebales, Puches, Pinos, Sarzosas, Almanzas, Lunas, Benavides, Cariagas, Santistevanes, Seguras, Uréndez, Entrenas, Torres, Ballesteros, Gómez, Zuñigas, Palenzuelas, Villalobos, Perosas, Marros, Machucas, Chacón, Dávalos, Carrillos, Santa Cruz, Castillos, cuya nobleza siguen Igiños, Águilar, Joyas, y en suma Alcalá, Tamayo, Escamez, Gamez, Cabezas, y muchas hidalgas familias que aquí mi voz no pronuncia, pues imposible es copiar de las que Almeria abunda. Pues para ir a vencer, al aire el bronce sacuda. . En mi llevar Cristianilios una maza, que los mulla, . y si portar requiescar, traer nosotros Leluyas. c

JORNADA TERCERA

Piedad Ci Qué me ahogo. Alá favor. . Al Castillo. A la Torre. El Mar parece quiere asaltar el Impíreo. ah , - Serene de el Mar alterados bríos el Arco de Iris, Reina de el Olimpo. Almeria sea el Pueblo escogido, donde Puerto tome un Bajel Divino. De altas tierras viene, y trae consigo tesoro, que vale un precio infinito. Y en señal de salva, fiesta, y regocijo, repiran los ecos, motetes, y Himnos. Salve, Estrella de el Cielo, Madre de Dios Hijo. Salve, llena de Gracia, y Espejo Cristalino. Salgo a investigar quien causa tan confuso laberinto, pues sueña allí. . Piedad Cielos. Y oye a esta parte el sentido. Que me ahogo. . Y a la o Hacia la Torre, al Casiillo. Y hacia aquella. . Alá favor. Y en el Mar, cuando luz miro. Salve, Estrella de el Cielo, Madre de Dios Hijo: Salve, llena de gracia, y Espejo Cristalino. Pero quien tan armoniosa dulce melodía a oído! Música terrestre no es esta; sin duda Divinos acentos son, que demuestran algún singular prodigio. Bajo de la Torre, y voy a saber esto, que ha sido. . Señora, para ausentarnos, de Dios tenemos permiso: que solo el mandato es, para invisibles asistiros. Salve, Estrella de el Cielo, Madre de Dios Hijo, Salve llena de Gracia, y Espejo Cristalino. Hacia la orilla de el Mar mis pasos van: mas qué miro! Oh qué Soberana Imagen! qué prociosísimo Niño! qué resplandor! qué fragrancia! Pero lo que más admiro, es mirar toda la orilla, tan breve, tan de improviso, llena de cándidas, bellas Azucenas, y Narcisos! No hay arena, que no sea por todo aqueste distrito fértil ameno jardín, un segundo Paraiso! . Perdonad, Señora, que en tal honra divertido, de mí mismo enajenado, no me acuerdo de mí mismo. Ya sabéis con cuanto afecto os amo, quiero, y estimo. Permitid, que os lleve a la Torre, que es seguro sitio, mientras abrís para vuestro lvá Trono Regio algún camino. Pero no puedo moveros; mis culpas la causa han sido, porque a brazos de el pecado no se alberga vuestro armiño: de ellos me arrepiento, y tanto. Hacia la Torre. . Al Castillo, Pero por sendas diversas gente llega hacia este sitio. So Sargento. . Padre Andrés. Llegad, adorad, amigos. Madre de Dios: qué belleza! Hijo de Dios, y que Niño! Sin duda, el no haberme ahogado ha sido milagro fijo! Él no haberme captivado, causa vuestra, cierto, ha sido. Gracias os damos, Señora, por tan grandes beneficios. Llevemos la Virgen todos a la Torre: mas ya miro, que solo puedo llevaros, ya que estoy arrepentido. En hora dichosa, en Madre, y en Hijo tengamos de el Cielo felices auxilios. Soberano albergue eres de el propicio amparo, que obstenta nuestro patrocinio. Sirva de Altar esta mesa, señora, mientras que fino a avisar, para que os lleven, voy al Dean, y Cabildo. Vosotros, quedad haciendo compañía aqueste Archivo de cuantas gracias el Cielo prodigo obtiene, y benigno. . Hacia donde caminabas, María, cuando nos vimos? Sabe, Pulpo, que mi ama, para ver, me dio permiso, a mi padre; pero habiendo andado casi el camino de dos leguas, que hay a esta Torre García, registro una embarcación, y Moros, que nos salen al camino. Yo entonces, sin hacer dengues, pues eran de gran peligro, acompañada de aquesos Pastores, todos huimos, diciendo a voces confusos: hacia la Torre, al Castillo. Sabiendo, que aquí venías, por mostrarme amante fino, sigo tus pasos, y uncuentro emboscada de Morillos: ellos me pillan, y dan en su fragata conmigo. ero apenas la velambre echan, cuando un vientecillo se levanta, rematando en tormenta, o torbellino. Tal fue el bracán, que velas, remos, y timón perdidos, la que fue cuna, hizo tumba, y ruina, la que fue abrigo, de tal suerte, que nadando sin guardar ropa, caímos; no como dicen en tierra; sino en agua como digo. El Moro llama a Mahoma, miren, que santo tan lindo, para que todos no fuesen, como fueron al abismo, pasados por agua sal de el fuego remedio fijo. Como Cristiano, aún que malo de Dios invoco el auxilio, el Mar se serena al punto, y salgo de tal peligro: que no me valió el ser Pulpo, para evitar mi destino, que el librarme fue milagro de la Virgen; y así unidos en hacimiento de gracias cantémosle algunos Himnos. Salve, Estrella de el Cielo, Madre de Dios Hijo: Salve, llena de gracia, y Espejo Cristalino. Aquesta, Padre, es la Torre García, y este el Divino Retrato de nuestra Virgen, que parece, que está vivo. Todos, amigos, postrados, y humildemente rendidos, a esta Señora adoremos, y con afectos más pios, . la bienvenida le demos por este próspero arribo. Bien venida seáis, Señora, seáis, mi Dios, bienvenido: Venid en hora dichosa, venid en tiempo propicio; mas siendo Vos, quien venís, que sea felice, es fijo. Pues quebrando las espumas de ese golfo Cristalino, primera Venus Divina arrebatáis los sentidos, dulce fuego al corazón introducen vuestros giros. De adónde venís, Señor Cuál vuestro Origen ha sido? Mas no se sepa, que así se sabe bien sin decirlo, que se presume muy grande el ignorado principio. A la otra Venus profana, por no saber donde vino, hubo quien la colocase a un por hija de el Sol mismo. Mirad, de vos Santa Reina, que discurrirá mi juicio, si que soy hechura grande de Dios Sacro Uno, y Trino, y para nuestro consuelo, los Celestes Paraninfos por altísimo mandato a este Pueblo os han traído, considerando, que ha poco se ganó de Berberiscos, para que fuese de vos, Señora, perpetuo Archivo. Perdonad, no se dilate a mas gracias mi cariño, que estoy temeroso de perder tesoro tan rico. . Sean mis brazos ahora Bajel de norte tan fijo; y para no errar la senda, seguid estas huellas, hijos. Todos iremos gustosos. Yo me quedo en el Castillo. . Señor Don Molen de Cardenas, Duque de Maqueda invicto, si el mismo motivo os trae, que me trae a mí, es preciso, que en esta Puerta de el Mar quedemos, por si algún ruido le causare entre los Padres de el Guzman Santo Domingo, y los Clerigos, pues sale por la Imagen el Cabildo, Esa es la causa, porque vengo, que habiendo tenido noticia, de que el Torrero de la de García aviso dio de la Imagen primero a la Clerecia, vino luego al Prior, y también la notició, y improviso salió el Religioso; y antes, dicen, este la previno, y que marcha a su Convento con tan Celestial prodigio. Si antes logró la fortuna, porqué se opone el Cabildo? Y más sabiendo, que siempre es la Casa de Domingo precisa depositaria de la Virgen; pues no he visto Convento suyo, que no se vea favorecido. Señores, si aquí aguardad están la Virgen, les digo, que el Padre Prior la lleva, huyendo de los Ministros Eclesiásticos, por la Puerta Purchena, que impíos, por quitarla, vienen dando desde el Alquián martirio; mas a quien los Alguaciles por hurtarle, dejan vivo. Caminemos a la Iglesia. Vamos, por si conseguimos adorar la Santa Imagen. . Toda la gente ha venido a esta Puerta : ola, señores, al Convento, que ya ha ido. Es eso cierto, María? Qué tú la Virgen has visto? Sí señoras, por más señas, que por poco andan a ch Clerigos, y Religiosos. Pues que ya las Puertas miro de la Iglesia, entremos dentro. Vamos a ver este hechizo. . Salve, Regina Mater, Ya que en silenciosa marcha da nuestro Ejército vista, sin ser sentido de nadie a la Ciudad de Almeria. Tanto el silencio he guardado, que lograré la conquista, pues aún a nosotros mismos la respiración nos quita. Y supuesto que han quedado las centinelas dormidas, según se conoce, pues de habernos visto noticia no han participado, porque prevenciones no se miran. Toda la gente se ponga para batalla en dos lineas: la primera ha de abanzar a ese Muro, y necesita para ello prevenir escalas, por si podía lograr se abriesen las puertas, sin ser la gente sentida. Entonces a sangre, y fuego entrará la otra línea, haciendo, en voraz volcán sienta su estrago, y su ruina; cual segunda Troya arda en llamas de incendio vivas. Vuelva a ver, que aquesta Joya de preciosas pedrerías, tercera vez se nos rinde, y en nuestros Turbantes brilla. Señior, Cristiano estar diablo. Por qué lo dices gallina? Por Cristianillos jugarnos de diestros la morisquilia: no miras todos los Muros? no ver todos los Castillas? no conocer Baluartes? y también la Alcazabilia? que en un decir San Majoma, coronarse de cuadrillas con tantos Soldados, que no contar la Arismetica? . No sentir, que tocar Cajas, Clarines, y cencerrillas, que llamar ellos campaña de desvelar la dormida? qué más querer ver, señior? que hasta Mujeres se miran por defender la Ciudad, subir con faltas en cinta. Todo lo veo, que estos Cristianos de alevosías, y estratajemas se valen, y aunque es su gente infinita, no por eso escaparán de mis armas vengativas. Perdernos, si dar asalto, que cien mil hombres, y a inda, no me parecer bastantes a ocupar lo que registran ojos míos, que con luces, que han puesto, todo le mira: mas que asalta, valer salto de matas por esas triga que si no darnos Cristianos en capituza, y costilias, unas vuelta de bodencos, como así no la querría, que jametilios mirar mucho por la vida mía. A los Agarenos bríos nada asusta; y así arriba; Moros arrimad escalas, el asalto se dé aprisa. Tocar son, no de saltar, sino de juir a brincas: San Majoma, San Gilaila, San Zancarrón, San Mezquita me valga en fiesta, que hacer Cristianos algarabias: quien estar casa de Meca! que fuego no hacer ceniza sacro Alcorán, por librarme de la que andar chumasquina. Sentidos somos, huyamos, que imposible es la conquista. Yo arrimar a vuestro bando, que ser de salud cocina: ala senior, que querer alcanzar, y ir muy aprisa. . Aguardad canalla; o pese a quién de vosotros fía! o bien hayan los Soldados, que antes rinden la vida, que abandonar las empresas! No tiene en su Monarquía un Rey caudal para dar al Soldado, que bien sirva. Y pues yo no soy bastante a tan ardua empresa, siga los pasos de quien dos veces de el dosel me precipitan, me despojan de el honor, y al precipicio me tiran. Segunda vez vuelvó, o Sacra Celestial Virgen María, a ver si en vuestro Palacio ya ocupáis la Regia Silla. Mas ya estáis aquí, Señora, qué cuidados os retiran? qué confusiones os llevan? qué otro albergue os solicita? de adónde venís tan tarde? adónde fue vuestra ida? otra vez os he buscado, y no os he hallado hasta el día: Qué vanas son mis preguntas! cuando sois Virgen Divina, Patrona de esta Ciudad, y de sus vecinos pía Tutora, Abogada, y Madre, y así no en balde imagina mi discurso, abréis estado cuidando de todos fina. . Mas de Clarines, y Cajas, las confusas melodías rompen el aire: correr quiero otra vez la Cortina: las llamadas, que el rebato es de entidad pronostican. . Como Soldado, que soy de la gran Torre García, apenas amaneció, cuando subo a la garita, y descubro el Mar poblado de Naves casi infinitas, pues que no pudo contarlas la más clara aguda vista. Vuelvo los ojos a tierra, y conozco las orillas de el Mar adornadas todas de Volantes, y lucidas Escuadras, que de turbantes. y tocas oscurecían al Sol sus rayos, y al aire las rafagas detenían. Apenas de las Falucas. la espalda embreada pisan: y apenas al viento prestan Velas, que la nieve envidian, cuando dejando la Torre, con ese Soldado aprisa camino a vuestra presencia, y encontrando aquesa espía la traigo, y ella dirá la causa de esta venida. Señiores, marchar al grano, porque yo no estar espiga; que quedar como una paja, porque mucho echar almizcla. Di, Moro, aquesas Escuadras con qué designio venían? Y mira, que a la verdad no faltes; que si mentira dices, llevarás tormento, y te costará la vida. Amos Cristianos, a espacio, que estar turbado, y la ira no me deja hablar; dejar, que descansar una pizca. Oyendo, que la señal de el rebato nos avisa, nacido de tantas Naves como el Mar surca, venía a tomar órdenes vuestras para emplear mi osadía. Yo vengo con el motivo de saber, quien origina este rebaro, pues creo, nace de causa crecida. Nosotras, tío, venimos cuidadosas con la misma curiosidad, viendo, que tan de mañana salías. Y más oyendo el rebato. Ahora sabremos, sobrinas, y Caballeros, que causa a aquellas Naves traían. Cristianos, prestar orcias, que yo decir verdad fija, y de no faltar a ella, jurar, como Moro estila. Volver cara donde nace san Sol, y dedo hacia arriba, y poner a san Majoma por gran testigo de vista. Y es, que mandar Rey de Fez, que conquistar a Almeria; y para ello venir con gente mucha, y lucida: llegar, pues embarciones, y echar gente, que encamina sus marchas hasta Murallas: más apenas pretendían, Moros asaltar, sin ser antes de nadie sentida nuestra llegada, porque dormir a pierna tendida centinelas, cuando en breve, Moros conocer, ceñía todos los Fuertes, y Muros grande Ejército, y se hoía de prevención, y rebato muy alegres vocerías. Llenar toda la Ciudad de claridad, que lucia tanto, que de lumbrar todos los Moros, que aquí venían. Y lo que causar más miedo a nuestras huestes Morismas, era ver una Mujer que bella, y fuerte acaudí la Cristianos, y tan valiente, que a Moros cabeza humilla. Y viendo todos confusos prevención tan repentina, y que miedo les coger, juir a cual más podía: yo acompañar a Zagal, que sacar de una garita centinela, que llevar, y después correr a prisa tanto, que seguir sus patas no poder, y dar al día con Cristianos, que billar, y bortar hasta Almeria. Señores, esto es verdad, porque veáis se confirma: a media noche pasé al Templo, y en la Capilla no hallé a la Virgen de el Mar: y cuando el Alba lucia, volví, y ya de su Trono ocupa la mansión rica, con que por cierto se infiere, que esta Señora sería la Soberana Amazona, que la Ciudad defendía, y que Espíritus Divinos eran cuantos acaudilla. Gran prodigio! . Gran Milagro! Gran portento! . Acción divina! Suspenso quedo al oírlo. Bien haya amén tal María. Vamos a darle mil gracias. Todo esto ser brujerias. Si por preso, y por rendido, por alivio a mis fatigas, de vos mereciere menos cruel, y más compasiva, licencia para explicas mi pasión, señora, oídla. Audaces fortuna subar en este galán se cifra, y aunque es Moro, más parece Frances, pues basta petita, licer non concesa Bula Matrimonial Pontificia. La primera vez que os vi, soberana Doña Luisa, fue, pasando Embajador de el Rey mi primo a la misma Corte de el Quinto Fernando, y de Isabel: no fue mía la acción de quedar captivo a tu perfección divina. Y así hallando esta ocasión, mi rendimiento os suplica, tengáis presente mi amor, por si con vos merecía alivio a esta pena dulce, y a esta llama apetecida. No el arrevimiento os culpo Cidhaya, de que noticia de tu amor me pariicipes, que nieblas, que vaporiza una pasión, nunca pueden empañar la intacta activa llama de mi honor, que terso, sin mancharle nubes brilla. Lo que agraviarme ha podido, si la luz de la Feguía, es, Moro, que siendo tú de tan contraria, distinta falsa fecta, a la que firme verdadera me ilumina, te atrevas a declarar lo que imposible es consigas. Y si acaso de mi Ley la senda, que me encamina déjara, di, mereciera, señora, vuestras caricias? En dejándola, diré lo que mi amor determina. Oh fuerte pasión de amor, y cuanto en mi pecho lidi Vamos a vencer, valor, las penas, que martiriza Qué disculpa habrá que cuadre? qué razones, que me venzan? qué causa, que te disculpe? y qué motivo a tu ausencia? cuando al haberla perdido, vil perturbador, se llega el que a Granada tomasen al año sin resistencia, por haber cerrado el puerto, que le daba la defensa; cuando discurrí tomada a Almeria, y que ella fuera principio de mis fortunas, lo ha de ser de tus tragedias. Aunque las mismas disculpas, o Rey, que tuve al perderla, podía alegar con más razón, pues fuga, y ausencia, cuantos Moros alistaste debajo de tus Banderas, hicieron, aún sin tomar las armas para defensa: otras razones se añaden, de que por estenso cuenta te dará aqueste captivo Cristiano, que centinela estando de el valvarte de la incontrastable puerta de el Mar dormido, lo traje, para que testigo fuera. Di Cristiano, di, pues sabes esa Soberana Excelsa causa, que os proteje, y da pavor a las huestes nuestras. Señores Moros, yo sí aquí referir quisies lo que acá discurro; mas ya me explico con la idea. He, me entiende? Pues ya basta; porque a Divinas Potencias cede el valor, y no pueden atreverse humanas lenguas. Refiere aquí la verdad, que morirás si la niegas. Aunque no soy Relator, Notario, Ministro, Dueña, Escribano, Sacristan, Sastre, Músico, o Doncerla, que ellas pagan por hablar, y ellos por hablar nos pelan, ad pedelítera, todo lo diré en Dios, y conciencia, Ya tendréis noticia, que luego que Almeria queda en el dominio Cristiano, al año, cabal la cuenta, de Granada se hizo dueño el Rey Fernando, y la Reina. Después a muy poco tiempo en la Torre, que está cerca de Almeria, y de García la llaman, la más Suprema Mujer de cuantas nacieron, la más Soberana Reina, y la Fuente más peremne de virtud, y gracia inmensa, que es María Emperatriz de los Cielos, y la Tierra; se apareció, y fue llevada a Almeria, y es en ella Escudo, Muralla, Torre, Ejército, y Fortaleza, pues en cualquiera ocasión nos defiende por sí misma. La noche, que el Rey Zagal, o Alboacen, con violencia quiso asaltar la C la Imagen, que se desvela, tan grande Ejército junta, (según se infiere, y demuestra) de Espíritus Celestiales, que los tiene a su obediencia, que coronó la Ciudad, Castillos, Torres, y Almenas, con prevenciones, de forma, que tímidos se amedrentan tus Soldados, y a la fuga de el Sacro poder apelan. De este milagro, quien son testigos de vista cierta, serán tus tropas, pues vieron aquesta Señora Excelsa gobernar de nuestras armas las líneas, y las trincheras, mientras todos los Cristianos al dulce sueño le entregan, y hasta Pulpo se durmió, estando de centinela. No tememos con su amparo las operaciones vuestras, porque contra quien lo puede todo, no hay resistencia. Mas esa excusa me agravia; quien a una mujer rindiera el valor, que no quedara su cobardía por cierta? Mira que Ejércitos grandes, o marcial estratagema te venció? Di, no te corres ser a femeniles fuerzas rechazado? Mas me irritas con tan fríbolas propuestas. Y porque aquesa Mujer, y sus Ejércitos, sepas, que no me pueden vencer, y que se han de ver deshechas sus Tropas a un solo aviso de que van las Agarenas, comandadas de mi esfuerzo, gobernadas de mi ciencia, en persona he de ir a hacer sean alfombra a mis huellas. A sacrílego mastín, antes ciegues que tal veas. Y porque tú, no de vista, de oídas, testigo seas, allá en mi Nave has de ir, mas antes de mi soberbia, de mi rencor, de mi ira has de provar la inclemencia. De embasar da mi justicia contra ti ya la sentencia, que la vista no hará falta, a quien no sirve el tenerla. Cómo con tal impiedad trata tu bárbara ciega crueldad, a quien no ha ofendido en cosa tu Real Diadema? Por qué inhumano ejecutas contra mi acción tan sangrienta? Qué te quejas? Agradece el que con la vida quedas, que no te doy muerte, porque presente estés cuando venza. Mándame quitar la vida, que será mayor clemencia, que no estar siempre muriendo al dolor de aquesta afrenta. Ah de mi guarda, llevadle, y ejecutad lo que ordenan mis mandatos: viva, porque mas con la vida padezca. . Pues que tu rigor no mueven de mi justicia las quejas: plegue Alá, tirano Rey, que vencido a África vuelvas, que rabiando desesperes, y que sin vista te veas. . Ven, Cristiano, sin temor. Zalámele; qué me ordenas? Sabes tu bien de Almeria los cáminos, y las sendas? Si señor, mucho mejor, que enredos las hechiceras, que brujas a Baraona, que Gallegos las miserias, que los Judios la Biblia, que Ralandarios las fiestas, que Barberos cortar carne, que Médico hacer recetas; saliendo a caza de gangas, me perdí una noche en ellas, y las pesqué, habiendo estado con gran frío entre unas peñas, hasta que un pastor al día el camino real me enseña, en él me puso, y perdí mil veces la carretera; y desde entonces quedé diestro en aquesta materia. Pues conmigo has de ir a España, prevente, y con bien te queda. . Anda concién mil demonios, y ladra, como no muerdas. Mas allí viene ya el pobre Rey Zagal, que me da pena; estos Moros son demonios luciferes si se emperran, si esto hacen con los suyos, qué martirios, qué violencias con los Cristianos no harán? no quiero ver la experiencia. Ay quien a este infeliz Rey le acompañe en tal miseria. Un alma caritativa está aquí de verte en pena, y será tu lazarillo. Pulpo amigo, tal fineza! tan pobre estoy, que no puedo pagártela aunque quisiera. No te aflijas, porque yo me enternezco, alegre muestra el semblante, que ya tienes mayorazgo sin herencia, que allá en España los dos ricos seremos, si intentas andar tocando la gaita con perrillo que dé vueltas; andar pidiendo limosna, vender al son de viguela Yácaras, Coplas, y embustes, y aquello de la Gaceta. Aguarda asombro Divino, prodigio Celeste, espera, detente Sacro Portento, vuelve Maravilla bella, no huyas pasmo de el hombre, oye, Pastor de la Iglesia, deja caer en mis hombros esa suave Madera: de el rocío de la Gracia el cándido baño venga; y aunque ahora sordo a mis finos constantes ecos te muestras, iré siguiendo incansable tan apetecidas huellas. . Aguardar, señior, guardar, o brodio de vino, esbera; poner a mi amo loco cantadoras, y hechiceras, estas Cristianas, que andar traernos siempre en carrera, bero ser la de los siglos, querer meterlas a ellas. . Pese a Alá, pese a Mahoma, pues que afrentado me dejan, con ignominia tan grande, sin que a Almeria hallar pueda: cuando tres días he andado por descubrir sus almenas, se ocultan con los encantos a las vaporosas nieblas. Mira ahora mi disculpa si es fingida, o verdadera. Así verás lo que puede la Virgen de Gracia llena. A canalla, todabía nombráis causa tan adversa; morid a mi alfanje, a ver si ella a socorreros llega. La Virgen de el Mar me valga! Mas quién suspende mis fuerzas! mas quien mi aliento embaraza, la luz de mis ojos ciega, los sentidos me perturba, desvanece las potencias, de forma, que horror, y miedo de mí todo se apoderan: a embarcar, Soldados míos, huyamos de estas firenas. . Señor, pues que ya se han ido sin echarnos menos, entra a escondernos, mientras marchan. Dios castiga su soberbia. . Cuando todo el Mar poblado se mira, señor, de velas, segunda vez de Almeria las dichosas calles huellas triunfante, pues has logrado la más singular empresa en haber de Andalucia sujetado las fronteras, tomado a Granada, y cuantas Ciudades eran sujetas, de forma, que a España ya libre de Moros la dejas. Después de Dios, se ha debido a la Soberana Reina María de el Mar, de quien cantáis hazañas su premas. Son cortas las que decimos, que sus milagros, no hay lengu que los puedan explicar. Los Bageles, que navegan, en gran cuidado me ponen. Fábrica, y velambre muestrar ser de Moros, y aún de Fez, que hacia allá el camino llevan Cuidado, señora, cuando a tus Soldados enseñas a despreciar los peligros? Si quieren morir, que veng conocerán nuestro brío. Verán nuestra fortaleza. Ay quién dé a este pobre una limosna siquiera. Quién sois Moros? qué quere Aquí está el Rey, y la Reina A vuestras plantas, señor, es el Rey Zagal quien llega. Levantad, qué ha sido esto? Quién os causó tal tragedia? Larga es, señora, la mía, tiempo habrá en que la refiera ahora deciros puedo, que Abdí Rey de Fez, con fier osadía, y mucha gente ganar a Almeria intenta, surca el Mar, y desembarca de esta Ciudad legua y media tres días con sus escuadras marchó a esta parte, y no encu la Ciudad; rabioso, y ciego por esta causa se ausenta. Señor, tres noches, y días a que falta de su misma Capilla la Imagen, saliendo el Sol, volvió a ella. Desde la Torre a tres días vi, que pisando la arena marchaban a esta Ciudad las Escuadras Agarenas, y esta mañana volvieron a embarcarse con tal priesa, que el embarco embarazaba de unos, y otros la contienda. Con que de tantos testigos claramente se evidencia, que María Virgen pura de el Mar, con su gran clemencia, de ese lobo vil, cruel, libró este aprisco de ovejas. Tan conocidos milagros, todos Virgen reverencian. Mantenerse esta Ciudad, se debe a vuestra defensa. Con tal Patrona Almeria, en la Fe serás eterna. Entre dormido, y despierto una Cruz veo en mi idea, al mirarla muy pesada, al tocarla muy ligera: después miro, que San Pedro, ese Pastor de la Iglesia, con alagüeño semblante ser Cristiano me aconseja: vuelvo en mi asustado, busco, y mi vista no lo encuentra. Cristiano he de ser, mi nombre Pedro de Granada, que ella me ha de dar el apellido, pues fui a su asalto, y entrega. Aunque intentaba pasar a Velez de la Gomera, dando vista a los sentidos tan divinas experiencias, pido el Baptismo, no quede como el cuerpo el alma ciega Cuanto pidiereis, haré, y padrino con la Reina seré de ambos gustoso. Mi ser Cristiano desea, que hacer malagros Cristianas, que ya no ser hechiceras. Señor, en mercedes tantas, la mayor de vos merezca; y es, que Leonor, a quien amo a días, mi esposa sea. Tuya es, Don Juan, si ella quiere. Mi mano, Don Juan, es esta. Dichoso yo, que he logrado la mayor fortuna en ella. Señora, si alguna honra merezco a vuestra grandeza, sea, que de Doña Luisa felice esposo me vea. Pretensión es sin agravio; qué decís a la propuesta? Luego que sea Cristiano, veréis pronta mi obediencia. Cristiana, casar conmigo? Anda, y casa con la perra de tu madre, que María es mía. Y esta es la prueba. Pues vamos a dar mil gracias a la Emperatriz Suprema. Después Baptismos, y bodas se harán con nuestra asistencia. Y el Poesa perdón pide, sino agrada la Comedia de la Virgen de la Mar, y la Conquista sangrienta de Almeria restaurada, que en la Fe se mire ete Señor Santiago, Capitán ñola, Brigadier d el de here Y señor mío, y mi amigo, no la pasión de pariente, no el afecto de Patricio, de amistad el lazo fuerte, instan mi pluma, a que yo la Comedia, que contiene la Aparición de la Virgen de el Mar, y la Toma fuerte de Almeria restaurada, dedique; porque compelen aquesta acción dos motivos, que sin duda son celestes. El primero a la primera parte de el título viene: y es, que siendo tan devoto de esta Aurora refulgente, su patrocinio invocasteis, y a él liberal condesciende: pues en la sangrienta lid de Villaviciosa os hieren con tres mortales heridas, después que osado, y valiente dos Regimientos contrarios vencisteis con vuestra gente; que os envidiara Ecipión, y Hector, si entonces os viesen: mas que mucho, si en destreza vuestro valor les excede. En fin nuestra Virgen bella, como quien todo lo puede, os sacó, y agradecido cumples promesas, que ofreces: pues dones le contribuyes, que al Ofir en precio exceden. El segundo, porque siendo la Milicia, a quien compete las Conquistas, y Batallas, y este atributo florece en vos tanto, que la fama, aunque su Clarín resuene incesante, no podrá decir las proezas fuertes. de Guardías de Infantería Es itos, y Alcaide perpetuo por jur o de las Roquetas. Y si no, hable la Italia, que os miró con los Arneses lides vencer, y asaltar los Castillos eminentes: Hable España en Gibraltar, y en mil sitios diferentes. Y sobre todo Viruega, y Villaviciosa pueden hablar, pues Hijo de Algo, y aún más, lo que ellas digeren, será, pues la Noble sangre de tantos Héroes tiene, y fue milagro, de vos la última no tuviese. No me meto en referir vuestros claros ascendientes; porque a lo notorio agravia, cuando es menester papeles: ni que vuestro influjo a esta Comedia mi numen mueve. Con tan graves circunstancias por derecho a vos se debe Dedicatoria de asunto tan grande, que no se puede sustraer de vos, que fuera parar del Mar los corrientes, apagar al Sol las luces, y andar el Cielo sin ejes. Admitidla, mientras yo pido, que igualéis al Fénix, y que Atropos de vuestra estambre el acero ausente: contad de Nector los años, de Alejandro los Laureles amontonad, obreniendo de Creso apreciables bienes, Vuestro servidor, y amigo, que más os estima, y quiere es Don Juan de Benavides, fino, y constante pariente. Aquí señor Don Juan Diego de Castro; mi pluma cese.