Texto digital de Nuestra señora de la Luz
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nuestra señora de la Luz. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nuestra-senora-de-la-luz.

NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ
JORNADA PRIMERA
Suelta la presa, atrevido. No ha de salir de mis manos. Quien te supo hacer dichoso, te sabrá hacer desdichado: no fíes de la fortuna. Los favores, que yo alcanzo a mi valor se los debo, que no me los da el acaso, Pues agora tuvalor verá su intento feustrado, si ganalo presumido, y pierde lo asegurado. Ceguedad fue conocida del pecho más alentado la confianza, y en mí solo ha de lograr su aplauso. Que me importa que pretendas con argumentos bizarros hacer descuido el ocierto, si hago el arrojó cuidado? Esta prenda está en mis manos, y no es fácil conseguirlo. J. A mi pundonor seralo, pues ya una vez lo intenté. valor, y en mi atrevimiento arrojo, premio, y reparo. Cómo la victoria intentas atrevidamente osado, sabiendo que a mi valor no se opone aliento humano? Cómo tú a mi bizarría desatento, y temerario te atreves, viendo que soy escándalo de estos campos? Yo de Peral el Alcalde más temido, y respetado de esta comarca, soy hijo. Yo soy hijo de mis hados, respetados por ocultos, y por libres respetados, que aunque de mi padre Antonio, no sé qué impulsó en el alma pudieratimbres mostrando, hacer alarde, no quiero, cuando yo solo me basto. Yo soy Juan Peral el noble. Yo Diego Garcia el honrado, el corazón ha copiado. y no pronuncie atrevido alguna ofensa su labio, que no pudiendo sufrirla, haga venganza el amago. Deja agora bizarrías, y pues en el campo estamos, si el retrato ha de ser mío, si aquí la muerte de entrambos. No imagines que me asusta. ni el arrojo, ni el amago, que ni ha de ser mía la muerte, ni ha de ser tuyo el retrato. Díceslo de verás? Si . Pues riñamos. Pues rinamos, lr y depositado quede a ese nogal entretanto que en la lucha resolvemos el mérito que buscamos. Eso no, habiendo en mis brazos Hoy verás si mi valor en orgullos soberanos a sus repetidos triunfos añade mayores lauros. Hoy verás que mi ardimiento con dos opuestos contrarios hace un todo, en que víncule timbre al honor soberano. Bien peleas. . Bien peleas. Bien te defiendes, no acaso a empresa tan soberana te resolviste arrojado; lástima me da matarte, y al querer ejecutarlo, las acciones me ha embargado: quién eres, hombre? quién eres? Quién he de ser? un traslado, que de aquel original Soy un retrato del Sol, que hermosas luces mostrando, si con la vista ilumina, con el examen abraso. Este soy, que te detienes? a nuestra empresa volvamos, pues es palestra la hermosa República de esos Astros. Detente, y dime primero, pues estás determinado; porque peleas? . No sé, solo sé que me ha robado todo el corazón la vista, toda el alma ese retrato. bien la conozco, mas quiero disimular mis cuidados. . No lo sé, mas bástame que arrojado pretendas tú lo que yo tan rendido he deseado. Puede ser amor el tuyo? Bien puede ser, que los Astros en el instante que corren, en aquese están obrando; pero que te mueve a ti apedirle, no mirando, que el engaño que me culpas, también para ti es engaño. Favor, cielos, os pido. De mi hermana es la voz que agora he oído: Darás palabra de ser, si la verdad te declato, fiel Secretario, y amigo? Si dejares asentado, que el retrato ha de ser mío, yo te doy palabra, y mano de callar, y ser tu amigo eternamente, Y si acaso lo imposible del suceso revalidase el contrato, querás salir de esa tema? No, Juan Fernandez, no paso yo por aquesa amistad. (mos. Pues tiñamos. . Pues riña. o terrible congoja! en dos riesgos me miro. Quién te enoja? . No sé. Valedme, cielos. otra vez acrecienta mis desvelos: Juan Fernandez, mi hermana es la que escucho, que con voz tirana mi triunfo embargar quiere. Hoy tu valor no espera salir con él intento comenzado. Dos veces acrecientas mi cuidado, En vano desconfío. En vano de mi poca suerte fío. El retrato me llevo soberano. Eso no, pues le tengo ya en mi mano. No hay quién me favorezca? Qué rigores! No hay quien castigo de a aquestos traidores? Suelta, suelta, enemigo. Mal a mi riesgo tu congoja sigo. Ay de mi desdichada! Esta voz me atormenta. m está ya la fortuna en ampararme, esta vez el retrato has de dejarme, que es acción inhumana, conociendo el peligro de tu hermana, querer por solo un gusto, que padezca tu honor este disgusto. Tu prevención no alabo, que si de aqueste dueño soy esclavo, también del honor es amante empeño favorecer en la ocasión al dueño, si le mira arriesgado; luego entre dos peligros empeñado aqueste riesgo veo, y aquel, aunque le escucho, no le creo. Sofísticas razones embargan lo bizarro a tus acciones; mira que es cobardía, si es contra el pundonor aún la porfía de un aliento arrojado, que con su honor no hay hombre enamorado Bien puede ser que sea riesgo el que escucho, mas está en la idea incierto su bosquejo, y si el peligro en que me miro dejo, dirás de mi valor más envidioso, que lo cierto dejé por lo dudoso. Qué ingratas suspensiones así embargan el brío a tus acciones? no escuchas el peligro que te llama a autorizar el triunfo de tu famas Dos traidores intentan robar tu honor, si de tu honor te alienta las prendas que heredaste, dejando la porfía que empezaste con presunción villana, favorece a tu padre, y a tu hermana. Y vos, noble mancebo, a quien quizás más que a mi hijo debo; si estas lágrimas tristes os obligan, la causa que tuvisteis para aquesta porfía dejad, y si os merece de la mía dar nueva altiva voz a vuestra fama; favoraced a un viejo, y a una dama. Ya que Diego porfía en no seguirme, seguidme vos, pues permitis oírme, pues con eso dejáis a este atrevid en corresía, y en valor vencido. Movido de estas voces el retrato te dejo, que aunque goces del triunfo que deseas, porque en mis obras mi nobleza veas, yo mismo he de ampararte agora, y yo después he de quitarte otra vez el retrato, por castigardos veces a un ingrato Eso es lo que pretendo, pues yendo yo tras ti, también enmiendo, si en la tardanza algún delito hubo, la remisión que en mi venganza tuvo, y quedándome aquí con el retrato, me vengo de un traidor, y de un ingrato. Ambos a dos al riesgo se encaminan, pues que solo mis voces los animan, no falten de su lado mi porfía, mi amor, y mi cuidado, Traidores, que pretendéis de una mujer ofendida: queréis que pierda la vidas yo os daré lo que queréis. No por hermosa blasones, Labradora, de tirana, que si eres divina, humana te pablican tus pasiones. Tu belleza singular así nos hizo atrever, atropellando el poder, las empresas del gozar, En este campo quien quieres que favorezca tus voces? Yo misma; mal me conoces, si esa consecuencia infieres. Aunque más tu honor se ofenda, como podrá defenderte? Pues traidor de aquesta suerte subrás si hay quien la defiendas. En vano mi desconsueso quejas publicaba atroces, mirad si pueden mis voces abrir las puertas del cielo? En vano ya defendernos podremos de su irritada colera. Ya está mi espada a tu lado. . Conocernos pueden, Lisardo, camina, que todo el lugar se inquieta. Huyamos. Mal le sujeta el valor: ah infameruina! . Pues auque huigáis, animado he de segir vuestras huellas. Y yo, aunque el triunfo atropellas, no pienso dejar tu lado. Deteneos; adónde vais? es bien que así atropelléis el valor? no conocéis, que la victoria arriesgáis? yo os incité a defender esta prenda, no alidiar por ella, y el porfiar no es logro de obedecer: ellos huyen, ya el rigor hizo logro la experiencia; acabe, pues, la prudencia lo que ha empezado el valor: en nos caballos veloces miden el campo ligeros, temple mi voz los aceros, que destemplaron mis voces. Pues ya que así me detienes, cuéntame que ha sucedidos Aqueso mismo te pido, Y pues a tu orden me tienes, dame licencia que pueda primero a Jues cortésmente ofrecerme. . Suficiente licencia al valorle queda de tu persona en mi casa @BiB ib para que pueda mandar: bien puedes sues, llegar. De envidia el alma se abrasa; yo, aunque enemigos seamos, lo mismo ofrecer intento. Aunque otro es el pensamiento, en un pensamiento estamos. Yo, señor, agradecida al favor que me habéis hecho, sabré guardarle en el pecho con el alma, y con la vida. Un esclavo en mi tenéis: que hermosa es Ines, ay cielos! parece que a mis desvelos . otro volcán encendéis. Ya sabéis que aquesta villa es mi patria natural, y también sabéis que ha días que falto de este lugar, pues por conveniencias propias de mi esposa, que ya está gozando de mejor vida en vida que es inmortal. Mi casa llevé a Buendia, donde he estado con igual conveniencia todo el tiempo que el lazo matrimonial indisoluble gozó de mi noble libertad. Por fruto de aqueste Estado el cielo me quiso dar a lues, y Diego, que son los que presentes están, queridos ambos como hijos aunque el fiero natural de Diego, suele atrevido al amor atropellar. Después que murió mi esposa, quise volvera juntar a mi cariño la patria, y a mi sangre la amiasid. Víneme habrá doce días a Al monacid, perdonad si os canso con tan prolija noticia, que para dar muestras de lo que os estimo, pretendo que me atendáis, porque como sois tan mozo, no pudisteis alcanzar a conocerme, y yo agora quiero que me conozcáis. Él no haber estado Ines en Almonacid, me da ocasión a que la saquen mis canas a festejar por las salidas amenas que con Primavera igual visten de aquestas campañas. la pomposa vanidad. Y habiendo esta tarde visto ese sonoro taudal, que la fuente vieja llaman, vaga inquieta Majestad de los campos, pues en ellos se corona de cristal. Rodeando ese contorno, acertaron a pasar los forasteros que visteis, y ciegos en la beldad de Ines, tropezó su gusto, y al quererle levantar la cortés suplica mía, menospreciando mi edad, en sus atrevidas manos intentaron afiaázar portriunfo de la soberbia el logro de la humildad. Mis canas, que aunque encendidas con la ira, y el pesar, son ceniza, y no carbón, no pudiendo tolerar tanta afrenta, y no pudiendo tampoco en ella vengar su atrevimiento, acudí por el camino a buscar, si topaba alguien, al mismo tiempo que lnes ya mortal con las voces, y las quejas, que son las armas no más que dio el cielo a las mujeres, intentaba convocar de los troncos la dureza, de los hombres la piedad. Quiso el cielo que a vosotros no muy lejos a lidiar os condujo una porfía, cuyo arbitrio será quizás la fortuna mía, pues aunque Diego incapaz de razón, no atendió luego, vos atento a su impiedad, retrocediendo del gusto, tanto mi afecto obligáis. Venistis al fin, y viendo conocida su maldad, los atrevidos huyeron, porque el valor hace mal en empeñarse por causas que le pueden deslustrar. Pedí entonces que os templase la victoria, porque está muy cerca de temerario el que en por fiado da. Este es el suceso todo, agora me declarad que es vuestro disgusto, porque no es bien, debiendo os mirar yo como amigo, que niego sea vuestro enemigo ya. No respondes? . Obligado quedo tanto a esa amistad, que aunque la ocasión hubiera sido mayor, afianzar pudiere nuestro seguro, señor, vuestra autoridad. Qué es esto? cómole tan poco el retrato? igual respuesta debe mi afecto a vuestro amor, Juan Peral. Pues si queréis ser amigos, aquí las manos os dad, terciando a vuestro deseo segura mi voluntad. Diego Garcia Cantarero, vuestro amigo soy, llegad. Con los brazos agradezco tan firme seguridad. No echo en olvido la queja, yo os buscare. Y yo jamás, ni a la fortuna, ni al riesgo . volveré la cara atrás. Este hombre me ha cautivado; pero que mucho, si está para llevarme la vista dándome la libertad? Agora dadme licencia de que vaya a acompañar a Ines hasta vuestra casa. No excuso lo que me está tan bien, porque de camino de ella, señor, os sirváis. Dudoso estoy, mas no importa, que si aquí el retrato va de mi Luisa, cualquier riesgo es menos, si aqueste es más. . Dime, que traes, que turbado todo el semblante previenes, que alguna desdicha tienes? O mal haya mi cuidado! No merece mi recato que me cuentes tu pesar? Que tan ciega hube de estar, que perdiese mi retrato! ya sabes que ha algunos día; que me trató de casar mi padre en otro lugar, y que las venas porfías de parientes ignorantes, que conveniencias no vieron, deshacer después quisieron lo que pretendieron antes. Ya sé, señora, que fue Diego Garcia Cantarero el novio, y el que primero intentó sogrartufe, y también que tu inclinada, como él en Buendia vidia, quisiste darte un buen dia viéndote con él casada. También sabes, que un retrato mandó mi padre se hiciese, para que él en él me viese, y que cestando el contrato, el retrato se quedo en mi poder? . Ya lo sé, y que aquesta tarde fue al campo, y te acompañó, pues tu prima porfiando en que había de mirarle, a mí me hiciste sacarle. Llevele conmigo, cuando sallmos al campo, y fue tan ingrata compañera, que le perdí, y más quisiera haberme perdido a mí. Pues qué importa, cuando ya de él necesidad no tienes? A la duda que previenes, ya la respuesta te da con la verdad la razón: que mal se calla un pesar, cuando no le dan lugar, ni el alma, ni el corazón! Ha de casa. a estorbar viene el concepto, qué iba a explicarte mi afecto? Aquí es un hombre de bien; Cañamón soy, conocido del lugar donde nací; hay quien se acuerde de mí? Cañamón, seas bien venido. Mucho ha ya que no te vemos. A qué vienes? De mi parte quisiera, señora, hablarte, manda que solos quedemos. Juana no importa, empezar puedes, pues antes quería contarla mi amor. Sería cuento de nunca acabar: sabe en fin, que mi señor está perdido. Pensaba mi ama que yo ignoraba el acha que de su amor? Pues qué tiene? Tienezalos. Celos? de quién? Eso dices? téndralos de sus narices, que ha olido ciertos desvelos, que aunque pintados, recientes debió de hallar sus rigores, y el tufo de los colores le hizo estornudar serpientes. Dime, cuentame que ha avido. Un retrato tuyo ha hallado, y de ver su amor pintado, se quedó descolorido. Entre él, y Juan del Peral partir quisieron de verás, pensando que eran sus peras, retrato, y original. Yo no me hallé en la estacada porque este Poeta ingrato por sombra de tu retrato me ha dejado en la jornada, Mas helo sabido, y vengo a darte cuenta de todo, porque puedas de ese modo remediar lo que prevengo. Mira, Juana, si tenía harta ocasión de quejarme? Yo, señora, sin contarme el cuento, ya le sabia, que en este lugar bendito lo que una persona siente, mucho antes que lo intente, no está hecho, y ya está escrito. Por eso tú, Juana honrada, dicen que eres tan bonita, que aún antes que estés escrita, has de llegar rubricada. Cañamón, por mí has de haces una cosa. . Qué te ataja? Que pues ya la noche baja, y el día se fue a esconder, hagas venir a tu amo, siendo más tarde, a la huerta, que la puerta estará abierta. Pienso que ha de ser en vano; que como Peral ha sido el árbol de tu pecado, en la fruta del vedado ha de estar como vendido. Anda, necio, que no es cierta en los agüeros lafe; dile a tuamo, que se huelgue como en una huerta. Haz por mí esto, Cañamón, ya Dios, que tarde parece. Hoy por mi industria te ofrece sosiego tu corazón: digo, y ella no ha sabido agasajar mi cuidado? Pues él acaso ha topado algún retrato perdido? Qué importa aqueso talmada, si me dicen por al que estás perdida? y así no es peor que retratada? Aqueso le han referido? pues no hay que darle cuidado; si estoy perdida, el ganado será él, si es mi marido, A Dios, y a vernos después. Será lo que tú quisieres. Que grande pícara que eres, Qué grande talmado que es. ronde, hable, o busque a deshora Ya que de la noche el manto esparciendo negras sombras, en oscuros laberintos con aquesas peñas choca. Ya que del confuso día la máscara engañadora se quitó la presunción del engaño, y la lisonja, para hacer examen libre de las dudas engañosas, que apasionado concepto pudo hacer en la memoria, vengo a rondar las paredes de Pedro Miguel, que agora intenta que con su hija lazo conjugal componga, que aunque al amor no le debo . No puede estarya muy lejos; estas finezas, me exorta el lance de hoy a saber, si Diego Garcia la adora, porque aunque me dijo hoy, cuando al retrato animosa su mano se atrevió libre, que quién es su dueño ignora, mucho lance para incierto fue posponer a su honra un vano gusto, que solo pudo la tema hacer gloria. Cautivome la hermosura de su hermana, y aunque importa dará entender que mis bríos no ceden sus vanaglorias, me hólgara de hallar estorbo, para que agora mis bodas con Luisa no se efectuen. Y así vengo a ver si logran mis deleos el intento, que alas a mi amor le ponga. Veré si hay quien en su calle triunfos al original, que así en en el retrato informan. En fin dijo que viniese esta noche? . Y tan llorosa la vi rogarme, y regarme, que tuvepor cierta cosa, que el Cañamón ha crecido con sus lágrimas hermosas. Estaba muy bella? Ay cielos! que sea tan poco dichosa mi suerte, que habiendo estado, dispuesto el casarme agora, pueda por más rico otro robarme prenda tan propia? adónde la puerta está? Hazla acá llega una sombra. mas la oscuridad deforma nos la encubre, que algun culto parece que la hizo copia. Quién va? Soberanos cielos, que hemos dado con la ronda! y por topar con la puerta; ya con las guardas se tepa: Hidalgo, si acaso estar aquí no os importa, esta calle he menester. Yo también, y así en esotra podréis mejor que no en esta buscar lugar. . A tan loca resolución no responden otras lenguas, que las hojas. Aqueste es Diego Garcia, hoy mi presunción se abona. Juan Fernandez es aqueste, hoy mi venganza se logra. Pues como no te reporta el verte de mi obligado? Donde hay amor, no hay lisonjas, y así en vano me pretendes benigno. . Pues ya no corta mi espada contigo, Diego, que la defensa es forzosa, y solo por ella riño. No me obligas, pues agora solo con tu muerte puedo hacer mi vida dichosa. Muerto soy. . Ay desdichado de mí, si alguno me topa! Cañamón, pues sois redondo, no hay sino escurrir la bola. Hasme conocido? . Si . Por ti, Luisa, me he perdido, mas no importa, mas no importa, pues he ganado la dicha de ver que otro no te goza,
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Echa el ancora, aferra, que ya estamos en tierra. Tierra, tierra. Llega la lancha, porque yo el primero besar su arena quiero. Pues yo, señor, me quedo, que está la mar muy brava, y tengo miedo, Cuando a ti te ha faltado? quédate, pues, que aunque pensara a nado llegar hasta la playa, he de arrojarme atierra. . Vaya, vaya, Hombre, que has hecho? Al agua se ha arrojado pensando que era el barco. Ay desdichado de mi! valedme Virgen Soberana. Tras él un Moropor la espuma cana rompiendo va, y parece que ya favor le ofrece. Yo bien lo hiciera, pero no me atrevo, porque al agua le debo muchas, y no quisiera an caNda Esoaña que de mí se , , s Válgame Dios! Ya estás libre. Agradecido a tu celo, pagarte quisiera. . Solo haberte servido quiero, pues no sé que impulso ha sido el que me arrojó violento, cuando vi tu precipicio, a favorecer tu riesgo; que la razón de obligado quitó al agradecimiento. Toda es prodigios mi suerte, algún oculto misterio tiene mi vida, pues tanto la quiere guardar el cielo. Con el ansia de saltar en tierra, el esquise inquieto al recibirme en la popa, me precipitó en el centro, y si tú, piadoso Moro, no me favoreces, creo, que lo que el mar no ha podido, hubiera alcanzado el puerto: toma este diamante. El sea testigo de lo que espero merecerte, pues el alma en desconcertados ecos parece que me promete que he de hallar en ti el remedio. Bien puede ser: di quién eres? Soy un mísero remero, que con repetidos golpes de ese salado elemento enternezco la piedad, a cuyafuria sujeto, con la fuerza de mis brazos mi triste vida sustento: y tú quién eres? Yo soy Al ferez de aqueste Tercio, que agora se desembarca, que con despojos diversos que en corso habemos cogido, voy mi bandera siguiendo, deesterrado de mi patria, y ausente de mis deseos. Parece que tristemento esos últimos acentos que pronunciaba el valor, los embargó el sentimiento? No te espantes, porque traigo tan en la memoria impresos mis pesares, que al querer ocultarlos en el pecho, en humosale la queja, que se cóngelo en incendio, Harto me hólgara saber tus males, por si mi afacto pudiera ayudarte en algo. Pues que la vida te debo, no será mucho te pague contándola, que pues tengo de aguardar aquí a que todos desembarquen bien podemos tener lugar. . Yo te estimo el favor. Estame atento: Allá en Castilla la Nueva, y en lo mejor de su Reino, que es la Alcarría, hay una Villa, cuyo nombre por misterio, el Almonacid se llama que signisica en Hebreo Huerto del Sañor, y está en un valle como huerto alpie de unos altos montes, que elevados, y soberbios mentidos gigantes forman segunda guerra a los cielos. a quien como en un espejo se está mirando el Castillo de Zurita, que a los tiempos tanto blasón merecido, hizo su renombre eterno. De este apellido la Villa también se nombra, queriendo darnos a entender que estima tanto vecinos tan buenos, que ya que el tiempo consuma la memoria de sus hechos, en su memoria mantiene vivo aquel conocimiento. Sus campos hermosos forman un deleitoso, un ameno parailo, donde juntos están el gusto, y provecho, pues divertida la vista, cuando la admite el losiego, en sus verdores, el alma ensanchar puede el deseo; y el apetito en sus frutos tanto afianza el sustento, que ni de aquellos se olvida, ni tiene memoria de estos. La sacra oliva, aquien dio el Gentílico trofeo tanta Corona a los Carros, y tanta luz a los Templos, allí es donde más hermosa en soberanos renuevos crece altiva, luce noble, dando envidia a los que fueron por Minerva, y por Neptuno Fundadores de otro Imperio. La Vid cubriendo los campos de adustos racimos negros, está escribiendo la dicha de sus moradores, y ellos leyendo de su fortuna cada año renglones nuevos, De los Pinos levantados en las plantas los Romeros hermosas flores esparcen, que enjambre recoge hambriento de Avejas, para libar en Alcornoques inmenses dorado licor, que al Sol sus rayos desmienta bellos. Hasta el cañamo, que humilde se contenta con el riego de un mísero arroyo, tanto crece a la vista soberbio, que a mayor planta anhelando, inunda sus campos, siendo, si el Zéfiro airado sopla, tempestad de ondas el suelo. No le perdonó la espiga al Labrador el grostero trabajo de la hoz dentada, pues sacrificando el pecho alpesado afán, está todo el Estío cubriendo de secaarista los campos, de blancopan el granero. Verdes nubes los nogales se oponen del Sol al fiero rigor, siendo en los caminos naturales pavimentos, vegetativos doseles, que a la Majestad del Pueblo por todas partes le ofrece sitial para su recreo. Los ganados que sustenta toda la comarca, es cierto, que ni mejor bellón cubre, ni mejor pasto tuvieron en cuanto el Sol mide hermoso a rayos, y paralelos. De huertas copia es inmensa la que en los muros pusieron liberal Pómona en frutos, prodiga Flora en aseos, haciendo la Primavera casi allí todo su empleo. Esta es mi patria, perdona si me he alargado, diciendo sus alabanzas, y advierte, que es tanto más lo que siento, que apar de lo que no digo, lo que te he dicho es lo menos. Dos leguas de alli nací, que hasta este bien quiso el cielo quitarme; mas para mí cuando el bien no ha estado lejos Callo mocedades mías, que en el natural inquieto de un joven libre afianza los peligros, y los riesgos, y voy a lo que me importa, pues puede ser, refiriendo mis males, que me los temple la causa, si no el efecto. Trataronme de casar mis padres, porque con eso mas quieto vivir pudiese en Almonacid, sabiendo que Pedro Miguel, un noble, un rico, un hidalgo viejo de aquel lugar, una hija hermosa tenía, siendo ella única heredera de su hacienda yo sabiendo cuan infamemente vende del interés por el precio el hombre su libertad, quise ver mi cautiverio, y elegir yo con los ojos mas la cara, que el dinero. O nuncatan a mi costa hiciera experiencia de ellos! pues partiéndome unatarde en un alazan ligero, cuando ya el Sol menos fuerte declinaba a otro Emisferio me salieron al encuentro un bello escuadrón de Ninfas, que ocasionadas del fresco, ameno sitio, formaban, como a la deidad de Venus, a otra que lo parecia, adorado culto nuevo. Quedé absorto con su vista, y más cuando un compañero que la conoció, me dijo: Esta es tu esposa: oh turmento! que se me imprimió en el alma aquella voz, y no acierto a debir ue ya no es mía, último mal que padezco. Solicitela amoroso, y con el seoro cierto de que había de ser mi esposa, con menos rigor pudieron mis ansias enternecerla, ablandarla mis afectos, aunque siemprepor su honor, y su padre, con secreto solo de noche me via, que ni en el lugar supieron que yo estábs en él, pues siempre oculto me tuvo el tiempo que allí estuve un grande amigo: pero después advirtiendo, que me aguardaba mi padre para proseguir, volviendo. a mi casa, di la prisa que puede creerse, siendo el Interés conecido, y el amor tan verdadero. Volvió mi padre a apretar, pero en el suyo, valiendo mas el interés, deshizo segunda vez el concierto, por ser yo pobre, y el rico, de mi padre: o vi troplezo de la nobleza! o cilona condición del avntiento! que de veces su conicia por hacer oro, hizo hierre! En fin trató de casarla con etro; yo en este tiempo fui con mi padre a la villa, que habiendo mi madre muerto, quiso volverse a su patria, yo siempre correspondiendo a mi dulce amada prenda con recato, y con silencio, a cualquier parte que iba, iba sus pasos siguiendo. Saliose una tarde al campo, y yo mirando a lo lejos aquel sol, que deslumbrado me llevaba tras su cielo, vi caérsele un retrato, y disimulando atento, porque nadie reparase, la dejé ausentar, y al mesmo tiempo que iba a alzarle yo. llega mi contrario, y ciego también del retrato, emprende la conquista; yo resuelto, no quise soltar la presa hasta que por un suceso él mismo me le dejó, y aguardando en el silencio de la noche, que a veriba mi solicitado dueño, me salió al paso, yo altivo, llevado más de mis celos, que de la razón, cargado de todo mi sufrimiento, dos estocadas le di, y dejándole por muerto, alegre con la venganza, huyo el peligro; y me ausento de mi patria, socorrido de mi paure, y de mis deudos. Llego a aquesa gran Ciudad de Barcelona, advirtiando, que para limpiar las cestas, era ya de salir tiempo con las galeras a corso, y asentando plaza luego, me embarqué con un criado, que me ha venido siguiendo. Quiso al fin nuestra fortuna, que cuatro galetas viendo de Turcos, que con despojos ufanas daban al viento el velamen, y las aguas con la palamenta hiriendo de dos Islas victoriosas, se apartaban a su puerto. Encaró la Capitana, y seña una pieza haciendo. empezó presta aformarse, densa tempestad, crujiendo en oscuras nieblas de humo ardientes rayos de fuego. Ardía el valor en llamas, y tropezando el acierto, ni aún libre de los horrores sacaba los escarmientos. Cual en el agua nadaba, y pensando que era el miedo, por sacar limpia la duda, sacaba el peligro cierto. Cual cortándole los brazos algún infeliz remero, por palamenta en el agua, para nadar le sirnieron. Don Luis Requesens, que es nuestro Genetal, haciendo hechos valerosos, pudo dejar el triunfo por nuestro. En fin rendidas las cuatro, de sus despojos salieron todos los soldados ricos, y yo no menos contento, aunque con dos señaladas heridas, que allí me dieron Y viendo mi Capitán, que su Alferez era muerto, a mí me dio la bandera, debí en fin de merecerlo; mas como ya pelcaba desesperado, bien creo que pudo hacer mi locura, lo que no hiciera mi esfuerzo. Llegando, pues, victorioso a tomas tierra, y queriendo saltar primero al esquife, sucedió lo que tú mismo has visto, pues te he debido la vida, que no pudieron quitarme guerra, agua, amor, competencia ausencia, y celos. Esta es mi historia, repara ai con causa a mi tormento le debe sacrificar los suspiros, los lamentos, las quejas, las suspensiones, las ansias, y los incendios, que yo callava advertido, y tu conociste atento. Admirado me ha dejado tu historia; pero que mucho, si con afecto la escucho, que me dejara admirado, sienta tu mal como mío: Algún día puede ser que te sepa agradecer. De tu nobleza lo fío: Alá te guarde, que ya tu gente ha desembarcado. . Guardete Dios, mozo horado, que no sé quién es Alá. Que haya hombre tan perdido, que así al agua se arrojaso a que un Moro le topase? Dado aperros has salido sin doda alguna: a señor, no dirás cómo te haldo? secósete tu vestido con el fuego del amor? Cañamón, seas bien venido. Si haré, pero mal hallado; que haya hombre tan menguado que se embarque? y mal vestido tras un loco desatado, como si fuera a ser Rey, sin Dios, sin alma, y sin ley se haya metido a soldado? Pues dime, en esta ocasión, que ricos, y alegres vamos, si del cielo nos quejamos, no es infamia, Cañamón? No señor, pues el infiel lance a que allí nos pusimos; ni tú, ni yo no supimos si saldríamos bien de él. A mí a la agua, y a la guerra así me arroja el destino; aún si fuera al santo vino en el golfo de mi tierra, adonde piloto cierto de la derrota que sigo, el puerto donde me abrigo en cualquiera puerta es puerto, Vaya con Dios; pero aquí, adonde el rigor violento del agua inquieta, y del viento solo son dueños de mí. No, señor, no me va bien, que estos tragos inhumanos desbaurizan los Cristianos. Ya estamos en tierra, ven donde descansar podamos, pues ya la gente camina. Sí a ti esta vida te inclina; a mi no por cierto; vamos, que Dios querrá que algún día . Si porque tengo con él desquite el agua en que he andado con el vino regalado, si voy a la patria mía. No cesara en tu tormento el repatido rigor? No, porque vive en mi amor eterno mi sentimiento: porfía mi padre en casarme, y yo en resistir porfío, que soy de Diego, y confío que ha de volver a buscarme. Un año ha ya que se fue, y noticias de él no ha avido. Qué importa, si la ha tenido lo seguro de mi fe? Sanó el herido, y prosigue . Porque ignorado, en convencer tu rigor. Sabrá reustir mi amor, que su primer dueño sigue; pero quien se ha entrado acá? Tu amiga Ines pienso que es. Solo hallo alivio en lnes mientras su hermano no está donde pueda consolarme. Guárdete Dios, Luisa hermosa, Con que pagaré dichosa el venir, Ines, a honrarme? cómo estás? Con un pesar, que a ti te vengo a decir: puedenos alguién oír? No, Ines, bien puedes hablar, y tu Juana, vete fuera, por si alguien viene a avisar. No déjara de escuchar, Dime qué tienes? Amor. Pues amor es tan cruel? celos. Qué grave dolor! Mira si en breve explicado mi sentimiento te dijo, Luisa, de lo que me aflijo, pues sin dar a tu cuidado mas dudas el dolor fiero, diciendo, que celos son los que causan mi pasión, también te he dicho aquíe quiero Eaigma tan misteriosa no puedo, Ines, alcanzar, pues tener celos, y amar casi es una misma cosa: como oculto me has tenido tu dolor: estuviese más guardado de parecer ofendido. Y quién el dichoso es, Ines, que causa tu máls Juan Fernandez del Peral. Hablas de verás, ines? Parece que te has turbado: Engañote tu pasión, pues antes el corazón de las nuevas se ha alegrado. Por eso, Luisa, te dije, que con decirte mis celos, te contaban mis desvelos el pesar que los aflije, pues quejando me celosa, y contándotelo a ti, era lo mismo; ay de mí! que convercerte amorosa. Por eso yo respondía, lues, cuando lo escuchaba Juana, aunque su mal oyera. . que aquesa enigma ignoraba, pues car celos no podía. Bien sabes tú, que a tu hermano o venera, y que no es la vez primera que te aseguró mi mano, que solo de él ha de ser sin que pueda contrastar la fineza del amar la fuerza de obedecer. Pero dime nuevamente, que mal así te ha obligado a que me hayas declarado lo que callabas prudente? Presto te satisfaré a la pregunta, supuesto que ya declarada en esto en ti el remedio hallaré. Ya sabes que desde el día que mi hermano se ausentó por la herida que le dio mi padre, en hacer porfía demostraciones con él, que publiquen lo que siente aquel desaire, y que intente lograr su amistad fiel. Agradecida a la atenta demonstración arrojada, con que una tarde su espada libro a los dos de una afrenta. Desde entonces mi rigor acrecienta su crueldad, pues desde entonces la edad puedo contar de mi amor. Mírele yo agradecida, y el correspondiendo amante, me aseguró, que constante solo estimaba mi vida. Proseguimos tiempo mucho, en que aumentando finezas, el escucha mis ribiezas, y yo sus penas escucho. Yo que a mi padre me pida. le he dicho, pues de tu amor ya no con sigue favor, que su favor Él se excusa con decir, (ga, que hasta que mi hermano ven- y con su amistad prevenga la voz del vulgo, salir no quiere con ese intento, pues pueden imaginar, que el miedo le hizo casar. Vana disculpa, pues siento, que al mismo tiempo prosigue en tu conquista, y agora a ti busca, a mí me adora, y dos imposibles sigue. En fin viéndome oprimida, por conseguir mi disculpa, viendo que no tienes culpa, y que yo pierdo la vida, a llamarle me he atrevido de tu parte, pues sabiendo que tú le llamas, entiendo que vendrá desvanecido, creyendo que es ya tu esposo, y tú por mejor burlarle, también puedes engañarle, que si es verdad que mañoso a las dos quiere burlar, podremos con ese intento librarte tú de un tormento, y yo quitarme un pesar. Bien me ha parecido el modo, aunque si verdad te diga, ni aún burlando a mi enemigo hablar, Jues, me acomodo. Eso no te de cuidado, pues por mí a hacerlo te pones, mi amor te dará razones; pero parece que ha entrado. Señora él tal novió viene. Pues ya me escondo, ay dolor! Déjale entrar; a mi amor esta experiencia conuiene. A veros, señora, vengo, no como pensé algún día, pues de rigores armada, siempre fuisteis mi homicida. A obedecer un mandato me traen mis ansias rendidas, temeroso que no sea sentencia contra mi vida. El cielo aliente mi lengua, pues siendo su voz precisa, temo que no se equivo que, y tropezando le diga . desabrimientos, en vez de agasajos, y caricias. En fin, señor Juan Fernandez, que ya mi amor necesira de animar vuestras finezas? de solicitar mis dichas? de mendigar los favores, y buscar las cortesías? De aquella llama amorosa que un tiempo pública ardla, quién pudo apagar su incendio? no me diréis quien le obliga a tanto silencio al alma? vos aguardáis a que os pida que me veáis? si os turbaron mis resistencias precisas, no miráis que un imposible, como el adagio pública, tanto, como lo que cuesta, el vencimiento le estima? En fin, señor, vengo a ser yo la que rompo la enigma ya costa de mi silencio la que el sentimiento anima, por no dar lugar la tema aque se alegre la envidia? Como el que en oscura cárcel negro calabozo habita, y de toda luz ausente @ Bibliotec oscuras tinieblas pisa, que si piadosa le ofrece la libertad la lusticia, al gozar del día la luz del Sol le ofende la vista, y casi turbado niega aquello mismo que mira. Así yo, que en el oscuro calabozo tantos días viví de vuestros desprecios, hoy que el favor me convida con la libertad del alma, turbada mi fantasía, aún la dicha que me ofrece, me parece que es desdicha: vos me queréis? Yo os adoro: o nunca el cielo permita que sea verded, Aún de burlas sus ecos me atemorizan: o lo que puede el amor! Pues no me diréis, si había en vuestro afecto ese fuego, como la promesa entibia de vuestro padre la eterna resistencia de ser mía? Porque quise yo venceros por hermosa, y no por rica. Parece que verdad dice. Parece que no es mentira lo que está Luisa fingiendo: si la industria prevenida para probar un amante próbara agora una amiga? Pues ya que de vuestros labios mereden, hermosa Luisa, mis afectos ver logradas sus pasiones repetidas, olvidado del agravio que sabéis de aquella herida que por vuestra causa aquí me dieron, desde hoy prosiga más viva mi estimación, y alentado a la conquista de vuestro imposible hermoso, mil veces el pecho diga, que sois él único dueño de mi alma, y de mi vida. Ha traidor, como temieron bien mis cobardes noticias! No imaginéis que es tan fácil como juzgáis la conquista, que si calle enamorada, ya celosa no podía, y así el llámaros, no fue de amante, si no de activa. Vos celosa? pues de quién? La hija de Autón Garcia no es él sola quien seguís, como flor desvanecida, que imán de sus movimientos, a cualquier parte la inclina? Tan poco avuestra opinión le ha debido mi hidalguía, que imagináis que pudiera ser mi dama mi enemiga? si corteses cumplimientos que debo a su padre, obligan, esos solos me merece, y en ceremonias prolijas, el feudo que en la mujer del hombre es paga debida. En fin, que no la queréis? Que no la quiero, os afirman mi fe, mi amor, mi esperanza, y vuestra hermosura misma. Pudiera tamblén decirlo, pues quien vuestra luz divina mereció mirar, en vano a caduca sombra áspira. Perdona, Ines, que aunque atí el alma solo se inclina; porque esto le estám parece que lo acredita, Pues sues no es muy hermosa? Si será; mas quien no mira que a par del Sol, las Estrellas, ni tienen rayos, ni brillan. Según eso, mi presencia no puede estorbar la dicha de quien merece del Sol los rayos que le iluminan? Que poca paciencia tuvo, . mucho los celos la pican. Ay desdicha semejante? De qué os turbasteis? prosiga vuestro afecto: yo aseguro lo que vuestro amor pública; no os embarace el afecto agora la cortefía, yo me iré, si os hago estorbo; ya sé que merece Luisa, por más rica, y más hermosa, ser más amada, y querida. Ines. Qué vais a decir? Luisa. Qué es lo que os desvía? Yo no sé. Porque no habláis? . Cómo? Quién os desanima? . Amor, En vano le nombra quien tan mal le solicita, Celos. En vano los llama quien tan mal los acredita: Luisa a Dios, que ya no puedo sufrir tanta de masía. A Dios, y vos, Caballero, seguid el norte que os guía. Luisa, aguarda, Ines, aguarda, en vano mi afecto lidia, si de dos amadas hice aun tiempo dos ofendidas. . Mal haya, Amen, el juego, y las manos mal hayan del que injusto en tal desasosiego el tiempo gasta, y malbarata el gusto, siendo de su tormento, un pintado papel el instrumento. Yo, míseros despojos, para testigos de tan triste ruina, os pondré ante mis ojos, que ya que aqueste vicio no me inclina, quiero soldar atento nuestra rotura con su rompimiento. Para que los levantas? Señor mío, si hicieran todos esto, no con licencias tantas, envidaran a cadapaso el resto, pues viendo de la perdida el testigo, no juzgaran amigo al enemigo. Si rompen en perdiendo la baraja, y olvidan la fortuna, que mucho, que no habiendo testigo de su perdida importuna, vuelvan al gusto ciego y hagan para su mal del juego juego? Muy Filósofo estás. Bien lo has mirado, mas lo estás tú, señor, pues te has quedado sin tener cosa tuya. Buenas Pascuas me vengan. Aleluya. He de ahorcarme por eso? Grave exceso! aunque yo te doy soga; no es para eso, pero ya que la hacienda habías ganado, y volverte intentanas, para que la pintabas? no conoces tu hado que con infame tinta todo cuanto tu pintas, te despinta? conuienen, pues hastuentre los Médicos se tienen por señal mala, y suelen bien decillo virvelas, sarampión, y tabardillo. En fin quedamos pobres, y soldados, muy bien heridos, pero mal curados. A mi nada me aflije cuando esta espada aqueste brazo rige. Pues yo a tanta pelea no me allano, porque no me ha quedado el brazo sano. somos Santeros acalo? Rato ha, Cristiano, que atento que venderán a los Santos, ando a buscarte. Pues que pretendes? Que de tu Fe- fia un rescate mi intento. Este Moro te sacó del agua, y presumir debe, que de la perdida puede sacarte también; y yo creo, que estos embusteros saben mucho, y puede ser quiera algún encanto hacer, que nos vuelva Peruleros. Aquesta Imagen Divina, que el Cristiano Madre aclama . ( quieres tú alos dos, de su Dios, ahora te llama, a su rescate te inclina, por oír, que cuando al mar te orrojaste inadvertido, la invocaste, te he venido con ella agora a buscar; yo he de venderla, que a mí me cupo entre otros despojos. El alma se va a los ojos. Si la quieres, vesla aquí. Moro, hay más notable caso! sin duda julcio no tienes, pues con Vírgenes nos vienes? A soldados forajidos te vienes con esos tantos, y más cuando están perdidos? En que tus dudas están; faltábate una bendira Beata? un asanta Ermita? un Curay un Sacristan? Eran estos los encantos que creí de tus acciones? a nosotros devociones? parece que somos santos. Que te compremos ufanos quieres prenda tan lucida? ha de estar como vendida la Virgen entre Cristianos? Hoy, Moro, cuanto tenía perdí. estando dados a Dios, darnos a Santa María? No tengo ya aquesto es cierto, sino es dos reales de aocho. Mira tú que buen vizcocho para llegar a tal puerto? De esta Aurora singular el hermoso rosicler, pues que tú le has menester, le puedes, señor, lograr. Que, lisonjero pretendes mover nuestros corazones, y traidor, con tú raz la alabas, cuando la vendes? tu devoción no se embarque, aunque aqueste Moro quiera. Ay. Virgen, quién os pusiera en la Puerta de Volarque! Moro, yo voy aprobar mi suerte segunda vez. Camina en paz, que pardiez poco tienes que dejar. Virgen, si yo mereciera ganar con que os rescatara, o qué rico que quedara! o qué contento que fuera! haz me gusto de guardar aquesa prenda cortés. Yo te buscaré después. No a perder, voy a ganar. . Ay duelos más excesivos? hay hombres más temerarios? somos Frailes Mercenarios para rescatar cautivos? Aqueste Moro cruel a soldados va atentar, que es lo mismo que llegar con Camándulas a Argel? Mas ya se ha puesto a jugar mi amo, y él hace bien; pero que ha de parar quien no tiene tras que parar? Buen principio, buena mano. cargado de devociones, Oh qué bravo resto ha hecho! La intención fue de provecho; este Moro es buen Cristiano, Una, dos, tres, cuatro, cinco. que puedo decir, que estoy Qué es aquesto: Resto en quince. Pardiez que son quince. Salto, y brinco; todo lo que había perdido, pienso que ha ganado ya: adonde este Moro está, que nuestro remedio ha sidos Hoy he de dalle la palma de tan seguros provechos, que aunque tiene malos hechos, el Moro tiene buen alma. (do, Brava suerte! veinte ha echa. no hay quien con él jugar pueda. Vaya otro, y ande la rueda. A dos, o tres ha pelado: Virgen, si del singular poder vuestro mereciera que rico mi amo volviera, y os llevase a mi lugar, una Ermita, y devoción allí no os puede faltar, que hartas hay en el lugar, aunque no son de oración. Tan grande suerte se vio? que no haya perdido manos ya no hay que jugar. Hermano, paciencia, que así hice yo: Cañamón, adónde está aquel Moros Que sé yo, el diablo se le llevó, aunque con la Virgen va, porque hay hipocrita eterno que se va con sus acciones como un santito al infierno: en fin has aguado; Y tanto, rico ya. Pues desde hoy no ay, señor, si no ser santo: mes por allí viene el Moro. Pues llámale, Cañamón, que ya me está el corazón pidiendo aqueste teloro. Hola, Moro. Quién me llama? Mi señor. . Yo. Qué pretendes? Que pues esa prenda vendes, con ella alientes mi fama. Has ganado? Y tanto más de lo que perdí primero, que ser poderoso espero con la joya que me das, Milagro de esta Señora ha sido mi suerte aquí pues si primero perdí, fue para ganar agora: adónde la Virgen tienes? Presto tu amor la hallará, y en tu poder quedará, si agora conmigo vienes: vamos. No en vano te sigo, pues con la Estrella del mar bien se puede navegar. También voy, señor, contigo, Fuera del lugar me sacas? Sí: que en el campo escondido está el tesoro que buscas. Siempre, Moros, sois amigos de esconder así tesoros. En este apartado sirio, . que vieras ruinas componen, entre inmundos despercios la escondí, no imaginando que tú me hubieras podido buscartan presto, y agora ya que por ella has venido, vamos que aquí la hallaremos. Lle tú Revuelve ese muladar. Cómo, dime, tan indigno puesto elegiste: no había alguna cueva, algún limpio cóncabo de alguna peña, algún levantado tisno, que cubriese él siempre hermoso, el cándido, el puro armiño: Cada uno da lo que tiene, que de un lechón siempre ha sido el muladar el palacio, y esté a su palacio vino; mas cómo aquí no parece? No la topo. Si has perdido el puesto? Muy bien me acuerdo que este fue. Y lo habrá olido de cien leguas, porque el tal muladar huele, que es vicio. Todo lo ademos arado, y no parece. . Atrevido algún ladrón la ha robado. Bien puede ser, que no ha avido ladrón sin su devoción: ello no está aquí. Suspiros, buscadla, y abrid los cielos, si acaso a ellos se haldo. La Virgentuno buen gusto, que si este perro maldito la dejo en un muladar, que mucho se le haya huido? Pemas, señor de que si aquí hubiera parecido, era forzoso de la afrenta que padece, y no fuera bien oído la Virgen del Muladar, cuando es Reina del Impíreo. Moro, dime donde está. Cristiano, en aqueste sitio me acuardo que la dejé, después acá no la he visto. Pues Soberana Señora, porque es aqueste descuido? que pecador con sus voces vuestra piedad no ha movidos Lágrimas la tierra rieguen, y mis ojos hilo a hilo estos afectos del alma ofrezcan en sacrificio. Regará la tierra esteril el llanto, y a su continuo llover nacerá la Rosa de Jerico, el blanco Lirio, Yo también, Señora, os busco, pero llorar no he podido, porque las lágrimas mías no son de agua, son de vino. Si allá la Esposa descalza sale a buscar el querido Esposo, pisando el riesgo de su tenebroso olvido, Soberana Señora, a cuyos pies cómo de mis mudas ansias: habiendo mi bien perdido, no hace penitente alhago del sentimiento cuchillos Campos, si acaso sabéis del Aurora, que el rocío de la gracia en sus cabellos ofrece celestes visos, la elegida como el Sol, la armada como el Castillo, la hermosa como la Luna, decidme donde se ha ido? Yo bien sé donde estará, si es Luna, Sol, y Castillo, en los cielos, y en la tierra. De aquesta daga los silos han de hacer: Moro, que digas adonde la has escondido. Soldado, catala allí. Suelen con quien vengo vengo decir por adagio, y vimos, que con el Moro la Virgen lo hizo mejor que lo dijo, por alfombra la Luna miro estar, a quien de Estrellas hizo coronar el Sol que os viste, cual galán cortés. Si vio San Juan, que con misterios tres, mejor que yo os labría contemplar, no a lo menos haciendo a un muladar indigno tronco, que de luces es. Vos, que sois la Limpieza Soberana, en la inmundicia estáis, Madre piadosa, mas con aqueso acreditáis la vana Naturaleza, que sin mancha hermosa nacéis al mundo, aunque nacéis humana, pues ilnstrando el m ardich dais a entender, que como el Sol que os viste, Luna, y Estrellas vuestra gracia asiste, que aunque su Luz cualquier fealdad visita, nada a sus rayos la pureza quita. Absorto me tiene el grave portento que ha sucedido, y atenta la admiración, me cautivó los sentidos. Agora dime que quieres por este rescate? El mismo que intenté pedirte siempre: treinta reales. A su Hijo en ese precio otra vez la ceguedad le ha vendido: y su Madre de celosa por parecerse, ha querido, que aquesta tu ceguedad ímitase al Judaismo, mas con una diferencia, que si el pueblo inadvertido le compro allí por mosarle, aquí mi amor vengativo la comprapara adorarla. con que en misterios distintos, si allí todos se perdieron, tú solo aquí te has perdido; toma el dinero. Y yo agora haré como Judas hizo, . pues arrojando el dinero, que precio a un milagro ha sido, . Hagan todos fiesta no lograré su provecho, ya que imité su principio; mas con una diferencia, que si allí Judas impío la vida quiso perder, y no arrepentirse quiso, yo aquí la vida logrando, de mi culpa arrepentido, quiero volverme Cristiano, si tú me das el Bautismo. Sin duda era este el remedio que en otra ocasión me dijo tu afecto, que había de darte: vos, Soberano Prodigio, venid conmigo, y pues tanta luz ilumina este sitio, hoy la Virgen de la Luz os nombra el afecto mío. Y tú, Moro, que dichoso así lograr has sabido la ocasión, vente también, adonde verás unidos en Almonacid los pechos, que con Cristianos auxilios en el lagar de las almas esperan este rácimo. Rácimo, y lagar, quien duda que serán bien admitidos? Vamos, que en fin este Moro con ser bueno se ha salido.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA a la Luz que nace, a la Aurora hermosa la gala le canten. Hoy. Autora Divina, venís a dar- nos con la luz en los ojos por alume brarnos. Sea en buen hora. que con bien amanece, si es el Au- rora. Hagan todos fiesta a la Luz,. Venga el pandero, y toquemos. Vaya de fiesta, y de baile. A la Aurora hermosa la gala le canten. De qué es tanto regocijo? De que colocan la Imagen que Diego Garcia ha enviado, en la puerta de Volarque, y en la devoción del pueblo tanto su noticia vale, que en alegres parabienes gustosos festejos la hacen; porque no quieres salir a verlo? Porque mis males no pudiendo divertirse, cómo podrán alegrarse? Pues agora que ya tienes tan cerca de aquí a tu amante. que está esperando por horas solo a que llegue su padre, pues solo le ha detenido el componer los debates pasados, para poder sin escrúpulos lograrte, como te ha dicho su hermana, y que quiere suan Fernandez, desistiendo de la empresa, solo con ella casarse, porque como ya está rica, dicen que otro tanto vale: estás tú con pesadumbre? pues de que son tus pesares? Ay, Juana, como no entiendes lo que es amor: tu dictamen le guías por la razón, mas como es niño ignorante amor de razones, solo estima las realidades. Diego está cerca, es verdad, mas mis ojos, que mirarle quisieran, como le ven ausente, distinción no hacen de lo que el alma desea con lo que el discurso sabe. Tú a la fiesta puedes irte, que sola quiero quedarme a hacer en aquesta huerta de mis memorias examen. Pues a Dios, y él te consuele. Aunque no le niega a nadie el consuelo, a mi parece que escaso me le reparte. Árboles, plantas, flores, que tantas vez es fuisteis obedientes, testigo a mis amores, canoras aves, regaladas fuentes, que con sonoro ruido tantas veces turbasteis el oído, pues de ausencia sabéis, decidme acaso habrá remedio al fuego en que me abra El Sol resplandeciente, que vuestra vida aumenta fugitivo cuando llega al Ponie y sus rayos os va negado esquivo si sentís su partida cómo teniendo amor, no tenéis celos; Donde nace una rosa pocas veces segunda Primavera, otra compone hermosa, que la gala gasto de la primera la virtud que tenía la amada tierra, que su seno abría, así yo temo que se habrá olvidado mi dulce dueño del amor pasado. Sin haberme podido pasar ausente de la luz hermosa de mí Luisa, he venido de forastero al lugar, cuando gozosa la Villa, y descuidada asiste de la Imagen en la entrada y viendo de la huerta al pasar, apartado del camino, que la puerta está abierta, me he entrado, por si quiere mi destino, que a Juana encuentre; pero no es aquella mi prenda hermosa, mi adorada bella? Juana me dijo agora, que en la huerta quedaba divertida, y sola su señora. Qué es esto? otro riesgo a mi vidas Y ya determinado, sin repatar en nada a verla he entrado. Aquí esconderme quiero entre aquestos Rosa es, que a sus flores hacer testigos quiero, pues lo fueron también de mis amores en tan cuerdos desvelos del áspid ponzoñoso de los celos. Bien juzgaréis a atrevido arrojo, Luisa, el presente, mas amor, que no consiente dar más treguas al olvido. Turbado tengo el sentido, no prosigáis; como así os habéis entrado aquí: En vano ya os enojasteis, vos una vez me llamasteis,, y otra me he llamado a mí. Aunque yo os llamé, otro era ría Yo, que era vuestro sabia, pero nunca que pudiera ser detraiciones tercera; quien para lucir mejor la fineza, y el favor dando amorosos desvelos agasaja con los celos, y mata con el amor? Señor, no sé quien ha entrado, no quisiera que os hallaste, si es mi padre, y que culpase mi atrevimiento de errado: cuando vuestro amor ha dado causa a tanta de masía: yo me voy, porque podía entrar acá; por la puerta os ausentad de la huerta . No es esa la intención mía, y puede ser que no sea su padre, sospecha loca, como lo que no te toca, haces así que lo crea? Volver con Ines desea amor, y en tan dura calma, el pensamiento la palma le dará al atrevimiento, porque se aplaque el tormento, que está padeciendo el alma. Aquí me pienso ocultar, que si vuelve, la he de hacer tercera de mi placer, pues lo fue de mi pesar. No sé si disimular podré: hay rigor inhumano! él se ha escondido, no en vano me ha traído mi dolor a que me enseñe el amor lo que pierdo, y lo que gano. J. De este lugar no me he de ir hasta que la pueda hablar, De aquí no me he de apartar hasta que los pueda oír. Mi amor tengo de seguir. Mis celos he de apurar. A Ines tengo de lograr. A Luisa he de conseguir. Aunque me cueste morir. Aunque me cueste matar, Yo me voy, pues no está en casa vuestro padre. Alnes, señor, le debo aqueste favor de que me honréis. No es escasa mi voluntad, aunque tasa las visitas, que tal vez es causada la vejez. Para mi nunca lo ha sido. Ya sé que en vos siempre ha avido sabia atenta madurez. Ines, y su padre son. Mi padre, y hermana vienen, Ya mis esperanzas tienen mas alivio, galardón espero de la razón. Quisiera que se volvieran, porque estorbar no pudieran mi examen; curiosidad, no quisiera que verdad de amor mis sospechas fueran, Ya queda con vos Ines. Con ella mi amor pagáis. Parece que triste estáis. La soledad causa es. Beso os, señora, los pies. . Dios os guarde. Qué rigor! O si lograse un favor! Fuese ya? e no sél Hay amiga, que no sé en que me ha puesto tu amor! Como mi hermana se queda, oculto también se está; en que, cielos, parará? Pues dime, qué ha sucedido? mi amor a ti te ha ofendido? Déjame, que mirar quiero si alguien nos oye primero. Yo, Luisa, que aún no me ido, Si aquesto, Luisa, tenías? de que, dime, te quejabas? si ya con tu esposo estabas, para que me lo decías? a mi culpada me hacias, cuando tú la ingrata eras? o no amaras, o no fueras, tan vana, que de tu amor acrecentara el favor cuando testigo me hicieras. Deja, Ines, esos recelos, que llanas hipocresías son querer las bizarrías de amor encubier con celos. Y tú, Luisa, a mis desvelos hoy ayuda, pues infiero, que aunque te diga que quiero mas alnes, como ya Ines sabe que en tu favor es, me tendrá por verdadero. Qué es esto que escucho, cielos? así me trueca el amor. en sospechas del honor las sospechas de los celos? De que, Ines, son tus recelos no eres la que el otro día me dijiste, que venía a solo experimentar en mi engaño singular, si te burlaba, o querías Y si entonces de su engaño afrentada, conocí que solo te amaba a ti, te parece que es extraño, con tan claro desengaño temer, cuando aquí le veo, que apurando mi deseo, y castigando mi amor, acrédite tu favor, y desvanezca mi empleo: Y atí parécete justo, pues me llegas a apurar, que quisiera yo trocar por tu zozobra mi gusto? No, Ines, que si a tan injusto término mi amor llegara, mi intención te declarara, cuando la tuya supiera, porque aguardar no quisiera a que tu amor me estorbara; y vos a que habéis venido decid, pues de mí os valéis? A que en mi amor me ayudéis, solo este intento he tenido: amor, señora, no ha sido. el que así os solicitaba, pues solo le acreditaba. el empezado concierto: Y confieso que era cierto, que solo a Ines adoraba desde el instante que vi su hermosura soberana. luzgándola más que humana, alma, y potencias la di, mi libertad la rendí, y aunque con algún temor gozaba de su favor, deseando que viniese su hermano, porque tuviese fin nuestro feliz amor. Cegome la cortesía a que la leuguatrocase los favores, y dejase a nuestra antigua porfía algún triunfo el otro día, mas pues agora delante de vos confieso constante, que soy de ines, y he de ser mirad como he de querer que otra me llame su amante: El veniros a buscar agora, fue por saber lo que así os pudo mever a quererme a mi engañar; mas ya que pude alcanzar, que ines la culpa hatenido, pues con sus celos ha sido la que tento mi deseo; para que logre su empleo, vuestro amparo, Luisa, os pido. Ay dicha como la mía? hay suerte como encontrar al querer examinar de mis celos la porfía de mi honor la alevosía, un hon esto desear, un logrado porfiar, que hoy hará feliz mi casa; pues si con Ines se casa, a Luisa puedo lograr. Bien agradecida estar debes a fineza tanta, pues con ellate adelanta el premio en el desear. Y si quieres emplear, Ines, tu amor bien agora, no re turbe la mejora con que a adelantarme vienes, pues el logro que tú tienes, tendrá también quien me adora. Agradecida a tu amor, no te acierta a responder el mío, que convencer te quisiera en el favor. Con que cese tu rigor, quedaré favorecido, y siempre a tu amor rendido. Si acredita mi fineza por timbre de mi nobleza el ser, señor, mi marido. Si tu mano puede ser, Ines, testigo mejor, que acrédite este favor, llegándola a merecer con la mía su poder, muestre, siendo Luisa aquí su fiel testigo. De mí bien puedes asegurarla. Y para mejor lograrla, también yo te doy el sí. Esta es traición, vive el cielo. No te inquietes, Juan Fernandez que si antes fui tu enemigo, hoy que llegó a declararse tan en mi favor tu afecto, con rendido vasallaje perdón te pido, dejando que el tiempo acrédite afables de tan felices encuentros tan alegres amistades. Antes que tú fui de Luisa esposo, pues no te espante, que como prenda tan mía sintiese que me robases la voluntad en la prenda, y en su testigo la imagen. Sin que Luisa lo supiese, entrando a verla esta tarde, y viéndote entrar también, me escondí entre esos rolales, por si de segundo empeño amor quería sacarme victorioso, si no alegre, y escuchando tu dictamen, agradecido a la fina cortés oferta que haces de ser esposo deInes, quise, amigo, declararme, porque olvidando mis culpas; ilustres mejor tu sangre. Esta es la verdad de todo. Pues ya, Diego, que escuchaisteis mi intención, dadme los brazos. En ellos hoy afiance de dos graves imposibles. amor dos felicidades. Vuestro soy, Jnes hermosa. El cielo quiso pagarme mis afectos la conquista, que tanto con tu amor vale. Solo agora, Diego, resta, que los dos sin declararse esto, de aquí nos salgamos, y volviéndote tú, nadie sepa que nos hemos visto; hasta que hablando a tu padre, yo con Ines me despose, y de Luisa desengañe la pretensión, que con eso Pedro Miguel favorable con ella te casara, sin que pueda imaginarse, que en entrambas haber pudo traza que desluzga el grave. crédito de la opinión, tan seguro, como frágil. Hame parecido bien, y así a Dios, y al punto trace tu amistad la conveniencia, para que único te aclame restaurador del perdido sosiego que me quitaste. No en vano te quise bien siempre, que aunque enemistades pudieron equidocar de mi afecto las verdades, el corazón me decía lo que negaba el semblante. En fin te quieres volver: Es forzoso, porque alcance mas seguro de tus ojos con eso la luz errante. Siempre con susto te logro? No tendrás de que quejarte, Ines ya, pues si remiso hasta aquí pude estorbarme, fue acrisolar más el oro de tu fineza constante. Lógrete yo, que pasados y a los males, no son males. Yo me voy, que ya la nocho. con apacibles celajes me ampara, y la notabuena entre sus sombras me trae. Hasta salir del lugar quiero, Diego, acompañarte. A Dios, esposa querida. No con tu ausencia me mates, allá me llevas el almas si sabes de amor, ya sabes cuan poco vive quien vive sin lo que quiere delante. Yo te veré cada día, aunque mi ausencia dilate. Esa palabra te tomo, que ella sola puede darme con la esperanza que tiene, la posesión que no trae. A Dios, Ines. Dueño mío, dichosa ha sido esta tarde. Hermana, con Dios te queda, El cielo, hermano, te guarde. Ay suceso más extraño! Hoy logran felices paces por ti, Luisa, nuestras casas, y hoy que la sagrada Imagen de María a nuestra Villa ha venido, liberales muestras ofrece, que a Diego sus tiernos afectos pague. Ella concluya venigna lo que nos promete afable. Hombre, tanto preguntar, cómo no te causa enfado? porque tú te has bautizado, me quieres desbautizar? maza continua me traza con tu compañía la guerra, y ya que estoy en mi tierra, mas quiero mona, que maza. Ya que nos adelantamos, como la orden tuvimos, y a ver el lugar venimos, su puesto que en él estamos, no me le quieres mostrar? Pues sin que cansarte intente, escúchame atentamente, que te le quiero pintar: Este lugar afamado, viendo la soberbia extraña de aquesa altiva montaña, en su falda se ha asentado. Y como de su vestido por orla aquí se haquedado. de lo que en él se ha rozado, le vemos tan deslucido. De sus murallas decirse puede, viendo las roturas, que si son sus vestiduras, no tiene con que cubrirse. Una Iglesia singular haz cuenta que dentro ves, aunque su edificio es cosa de nunca acabar. El relos en una torre preso, y solitario está, debe de ser porque da, que esto en el lugar no corre. De dos plazas desmañada, lá fame confusa toco, que la una es para poco, y la otra es para nada. Aunque a mí no me embaraza, si a mi intenfo le convienen, cuando las faltas que tienen, tengo desacar aplaza. En la una al Ayuntamiento muchos portales le ofrece, y con su portal parece pintura de Nacimiento, En la otra no se borren aplausos que han de saberse, es donde suelen correrse aquellos que no se corren. Pero mi afecto procure callar faltas tan urgentes, que habiendo en ellas dos fuentes, no faltará quien mormure. Casas, y calles verás, pero aqueso no te espante, las unas hacia adelante, y las otras haciatras. Una calle singular. hallarás de árboles bellos, que toma el nombre de aquellos con que se suele engendrar. Pero aquello no te asombre, que la moza más astuta, ya que no gusta la fruta, se entre tiene con el nombre, Corren arroyos lucidos por la calle entre las gentes; mas que mucho sean corrientes, cuando los traen tan corridos? Las parra; con los favores de vecindades lucidas están tan desvanecidas, que se suben a mayores. Y como en sus embarazos tacimos miran espesos, en memorla de lus besa S ellas les dan mil abrazos. La fuente Viela estimada es, pero yo no me espanto, porque ya con curso tanto pudiera estar graduada. Allí a sus comodidades suele acudir mucha gente, porque tiene la tal fuente, aunque vieja, mocedades. Festines aventureros hallarás, que el gozo apresta, y mozas, que el día de fiesta se huelgan con sus panderos. Aunque con modesto atajo la vista a alzar no se mueven, y por lo bajo se beben un hombre de arriba abajo. En mil conveniencias fragua de todos aquí el destino, que unos andan tras el vino, y otros audan tras el agua. Y aunque el trabajo contino todos por lograr afanen, y mucho en el aguaganen, aténgome a los del vino. Ves aquí como el alarde de este lugar te he pintado. si es que te has enamorado, despacio puedes gozarle. Y ya que no se te escapa cosa alguna por saber, mira que tal puede ser lugar que no está en el Mapa? otra pintura mejor tu amo me enseñó algún día; Esa por mayor sería, y esta ha sido por menor. En fin, qué Diego no viene? No señor, hasta ajustar las riñas de este lugar. Aqueso es lo que conviene: y tú como te has hallado por allá? Yo me he perdido, porque hombre a la mar he sido, vuelto Cañamón pescado; no más mar con Barcebu en mis días, que es echar cañamones a la mar, como pelitos. . Y tú como, dime, te has hallado siendo ya Cristiano? A mí puedes preguntarlo aquí, que le traigo siempre al lado. Tan juntos los dos andamos, que yo le hice bautizar, y él me hace renegar, mira que buenos estamos. Hombre que a la Virgen vende, no te espantes que yo entienda, que también a mí me venda. En vano tu voz me ofende; tan contento con mi estado estoy, señor, que parece, que ya la luz me amanece, que hasta agora me ha faltado, Él, si Dios no lo remedia, y no escribe con decoro el Poeta, el santo Moro quiere ser de la Comedia; mas quien nos ha entrado acir? Mira, Cañamón, quién es. Yo, señor, que a vuestros pies un favor vengo apedir. Pues yo me quiero escurrir, y ver mi Juana entre tanto. Yo también me voy. Por cuanto me dejara de seguir? s, señor, lo que puedo hacer yo, cuando obligado a vuestras finezas solo con los deseos os pago? Por atajar de razones, señor Antonio, que en tanto que no público mi afecto, parece que le hago agravio. Olvidado de la queja; que en los disgustos pasados con vuestro hijo tenía, y de Ines enamorado, por componer cuerdamente de una vez peligros tantos, fiado en vuestros favores, os vengo a pedir su mano. Qué decís? que con el gusto todo el sentido turbado; aún en lo mismo que escucha, teme no se haya engañado? Este favor os estimo. Pero decidme, si acaso Pedro Miguel se disgusta, y Luisa? . No os dé cuidado, que si a Diego vuestro hijo tanto Luisa le ha costado, y ve que agora desisto yo, señor, de lo pasado, cuanto mejor le estará contentos déjara entrambos: Pues cómo lo dispondremos? Hoy en su casa juntarnos podréis, y llamando a Diego, hacernos amigos, dando por asentado entre todos, que se afianza el contrato solo con aquestas bodas, que los dos disimulados también allí fingiremos, que si amigos no quedamos en esta forma, que no hay medio para concertarnos. Muy bien pensasteis, pues yo voy al punto a ejecutarlo, y a llamar a Diego: penas, era tiempo de acabaros: sin duda esta santa Imagen por mi remedio ha llegado. Pues a Dios, señor, que ya con él si que me habéis dado de que lnes ha de ser mía, con más contento me parto. Bravamente has engordado, bravo mozo estás. No ves, amiga Juana, que es grande vicio el ser soldado. Agora por maravilla se atreverán a ofenderte; todos se admiran de verte. (lla O! un soldado hinche una Vi. Cualquier vecino admirado cuando tu pasas, se espera. Pues que fuera si saliera con capote colorado: Hecho estás mil Primaveras de galas. Es mucha cosa! Oh quien fuera muy hermosa, porque celos no me dieras! Ya sabes tú, Juana mís, que has de llevarte la palma. Ay soldado de mi alma, quien fuera tu compañía! y la mar, dime es muy fiera: Son sus resabios tan malos, que con ella, sino apalos no se puede hacer carrera. Y dime, tu peleaste. también: Anueso es muy bueno; el mar he dejado lleno Tantos mataste? De una cuchillada en roja sangre diez Moros bañé. Brava cuchillada fue! Era muy buena la hoja. Y en la mar tan arriesgado lance las armas consiente? Antes allí más se siente, porque cae sobre mojado. Yo no pensé que la guerra autorizaba el soldado que en la mar ha peleado, como el que pelea en tierra? Luego tú no los disciernes? pues sabrás que en las pendencias hay para las abstinencias también soldados de Viernes, y con aqueste cuidado verás que come la guerra de carne, cuando en la tierra; cuando en la mar, de Pescado. Y de que nacerá el verse mas aliñados vosotros? Es el caso, que los otros tienen más en que romperse, y como en una semana, que siete días nos tray solamente un Viernes ay. También en la guerra vana, si siete peleas vemos, en que los riesgos se enlazan, si ellos con las seis se alzan, nosotros una tenemos: si me vieras pelear con que brío, y con que gente. Pues no eras tú muy valiente: Ol hace milagros la mar, pero contra Moros cual no lograra lo que hiciere? Mate Moros quien quisiere, que a mí no me han hecho mal; mas mi señor, ay de mí! yo me voy. Haces muy bien: el mío viene también, yo me escurro por aquí. . Ya sabéis que vuestro amigo he sido siempre, y que quiero parecerlo en cualquier lance. Pues agora, Pedro, os ruego, que pues que de Juan Fernandez por los pasad os conciertos, ya casi su padre os nombra, que compongáis aquel duelo que a mi hijo tiene ausente. Yo os doy palabra de hacerlo; dónde está Diego: No puede tardar mucho. Yo os prometo, que me tienen estás cosas disgustado sobre extremo. Juan Fernandez ha venido. Al mandato obedeciendo, vengo a ver que me queréis. Hoy que por tu orden vengo a esta casa pero. En vano os turbáis, pues venís, Diego, muy seguro aquesta casa, que os recibe como dueño. No lo dijera mejor, aunque supiera el intento. A que, señor, me trujistes Yo solo sé que obedezco a Pedro Miguel, y vos por mí habéis de hacer lo mismo. De los pasados disgustos déjaros en paz pretendo, no es bien que en una Villa que blasonar puede eterno logro, por tan nobles hijos como los dos, descompuestos los mire, y en ocasión que con tan lucido premio al Rey, y a la patria ofrece el uno blasones nuevos: Juan Fernandez, dad la mano de amigo leal a Diogo, olvidando. Yo soy su amigo. Primero que yo lo sea vuestro, es bien que sepáis que a mis deseos debe Luisa muchas ansias, y así, que si de su empleo no desistís, yo no paso por ser vuestro amigo, Aún eso pudiera ser estorbara mi amistad en otro tiempo, mas agora, que olvidado estoy de aquese concierto por los despegos de Luisa, y sabio en Ines he puesto mis esperanzas, será vuestra amenaza mi premio. Qué decís? Lo que escucháis. Es verdad? Aquesto es cierto. Con ese seguro, yo soy vuestro amigo. Primero de Pedro Miguel el sí no será bien que logremos? Decid, señor, vuestro gusto. Si ya no tiene remedio, que puedo decir? y vos que fuisteis el que primero logró esperanzas, es bien que logréis agora empleos: llamarla quiero, porque cesen mis desasosiegos. Entrambas salen, que entranbas vuestra voluntad oyeron. Tu esposo tienes aquí, Diego Garcia Cantarero es quien al fin te merece. Con mucho gusto obedezco. Qué presto que lo acetó, no aguarda ruego de buenos. Vos, Ines, de Juan Fernandez también admitidatento empleo, que hoy en noblezca la dicha de vuestro empleo. Con el alma, y con la vida vuestra elección agradezco. Mas que no aguarda testigos para cumprir sus deseos? En vuestra amistad gustoso felices logros espero. Nuestra ventura afianza la fe con el lucimiento. No solo amigos quedamos; pues siendo amigos, y deudos, el contrato de la sangre, hará sangre del afecto. Antes, pues quedan cuñados, quedan enemigos nuevos. Milagro, milagro. Todos por milagro le tenemos. Qué inquietud es estas Adonde así alborotado el Pueblo camina? Yo lo voya ver. Detente, que yo decirte lo espero. Voilo a ver. Pues no te canses, que yo decírtelo quiero. Ya te atiendo. Ya te escucho. Pues óyeme. Estame atento. Aquese hermoso Prodigio, esa Imagen, que los cielos por nuestra Luz ha enviado encendida en su amor mismo. Ay desgracia semejante, que ni hablar siquiera puedo, que no se meta en meterse en todo lo que me meto! Calla, Cañamón, y deja que lo cuente. Callo, y dejo, que hasta a la Virgen la toma por su cuenta, o por su cuento. Esa, pues, que tu mande este que se pusiera en el cerco de la puerra de Volarque, adonde el piadoso celo, llevado de sus milagros, culto reverente haciendo, primero atento servía, después olvidando ciego aquel afecto, dejó de asistir como primero, convocando de las aves el piadoso alado imperio. Una entre todas elige, que con plumaje más bello, que con más dulce ar que con más veloz aliento de su harmoso rostro limpie el polvo, y del ornamento que la compone el tramado labe tinto, que tejieron de la transformada Arague los porfiados enredos. Esta, pues, que atenta acude, a su tarea asistiendo, dio que reperar a muchos, y el Corregidor viniendo con mucha gente a mirarlo, experimento lo mismo. Llegó la vara, y en ella se sentó el Pájaro, haciendo de nuestra lusticia humana burla su trabajo recto. Ibanle a coger entonces, porque en el lugar no vieron jamás de tan noble forma Pájaro alguno, y queriendo lograr; para su prisión el cauto astuto deseo, de las manos se les iba, y a su sagrado acogiendo la inocente vida, en ella hallaba libertad luego, haciendo con su dorado pico tan auevos gorjeos, que a sus dulces consonancias quedaron todos suspensos. Con este prodigio agora mirad el concurso inmenso de luces, con que la adorna de los Fieles el afecto, en demonstración amante de tan Divino Portento. Yo Soberana Señora; de ayudar aquí os prometo a que se os haga una Ermita. Y yo os ofrezco lo mismo. Y yo que fui quien os trujo, y quien más, Señora, os debo, esforzuré cuanto pueda. Quién ha de dejar de hacerlo? De mí el amor lo asegura. De mí lo asegura el pecho. Yo solo puedo ofrecer, pues soy Canamón, sustento, Señora, a aquel Pajarillo, que es propia comida de ellos, y juntamente pedir, que perdonen nuestros hierros al Auditorio, y si hubiere quien reparare en el presto milagro del Pajarillo, que nos lo supla discreto, que aunque fue mucho después, no había de estar escribiendo el Poeta la Come día, hasta que llegase el tiempo. Y de las faltas que tiene, también pide suplemento, porque la Virgen le dé Luz con que haga muchos versos.
