Texto digital

Texto digital de Non plus ultra. Amar por fuerza de estrella, y un portugués en Hungría

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jacinto Cordero
Atribución estilometría
Jacinto Cordero Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Non plus ultra. Amar por fuerza de estrella, y un portugués en Hungría. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/non-plus-ultra-amar-por-fuerza-de-estrella-y-un-portugues-en-hungria.

Logo BICUVE

NON PLUS ULTRA. AMAR POR FUERZA DE ESTRELLA, Y UN PORTUGUÉS EN HUNGRÍA

JORNADA PRIMERA

Terrible es tu condición. Tanto como tu crueldad, pues quiere tu Majestad sujetar esta opinión. Declárame la razón; pues no te quieres casar; fin a mi Reino has de dar, como a mi vida también, que solo eliges por bien lo que a mí me está tan mal. Si ha lara un hombre, a quien diera naturaleza poder l para poderme vencer, tu pretensión justa fuera; mas siendo de otra manera cansaste en vano, señor, que solo podrá el amor sujetar tanta dareza. Notable naturaleza! no vi tan raro valor: no es gallardo el Albanés, honier: que te pide en casamiento? Aunque lo sea, no intento poner mi gusto a sus pies, Gallardo el Príncipe es, pero no me satisface; será que de estrellas nace el no tenerle afición. También es gallardo Orón, por ti mil extremos hace. Esos extremos no importan, ni el ser Duque de Ferrara, si mi amor no se declara; amito y deseos se reportan. Mis esperanzas se acortan sin efecto en rigor tal: no trates, Laura tan mal mi cansada sangre fría, que no es bien que llore Ungria desdicha tan immortal, Rey sol, no tengo heredero, que me herede en mis Estados; pon, hija fin ha cuidados, porque yo siento que muero, Si no casas, confidero una martal destruición; sosiega mi corazón, di alegre fin a mis días, cesen, Laura, tus porfías, cesará mi perdición. No mires en fantasía, atiende a tan fieros males, verás, que corren iguales tu dureza y mi porfía. Llegue ya el alegre día de gusto tan desendo. Tu porfía y tu cuidado tendrán remedio, señor. Efectos son de mi amor e. recelos de mi cuidado. Es de gusto ese papel? que vienes muy divertida. Gusto; y que a gusto convida lo gustoso que hay en él: trátame en él de cruel el dueño que me le envía. Dime el nombre, hermana mía, Curiosa estás esta tarde. Dímelo, así Dios te guarde, que importa a cierta porfía, Tu porfía? No sé tal, ni hay porfía, que te importe, pues no hay en toda la Corte a quien quieras bien, ni mal, o Curiosidad natural nació siempre en la mujer. Todas mueren por saber, como también por hablar, que si supieran callar, no afrentaran, tanto el ser. Pues que he hablado, Serafina; que así me trata tu lengua, y contra mí le deslengua, cuando ofensa no la inclina? Ay, mi Laura peregrina! dichosa tú, que no sabes de amor, las penas suaves, y como tu amor no sientes, no te cuento las presentes, que para mí son tan graves. Pues a tu hermana no es bien que des parte de tu mal? Si no sabes mal igual, qué espera el alma en tal bien? Divierte, la pena a quien la padecea cuenta. Anes, hermana, se aumenta, si se dice a quíen la extraña; venciome en Ungria España; oye, escucha, estame atenta. Ay hermana mía! yo muero de amor; pero (ay, Dios!) qué digo; cuánd muerta estoy? Tiene el de Ferrara un hombre; a quien dio el Cielo su gracia con tal perfección, que pueden sus partes dar invidia al Sol. A este, como digo, y he sabido yo, Lusitania ha sido quien le ha dado honor, Solle aficionada por Estrella, y soy: por cierto me espanto de mi inclinación, Vile yo una tarde (tarde, que eclipsó libertades mías a tanta pasión) jugar en Palacio, desde un mirador, la pelota airoso: qué bien la jugó! Era el de Ferrara, su dueño, y señor. contra el Conde Cintio, y el Marqués Monroy, Mathías, y Oravio, y entre los seis, yo me admiré de ver solo al Español. Pues sobre una chaza, que tuvo en rigor con el Conde Ciutio, vi, le desmintió, Al Cónde? Y al Mundo, que tiane valor para más. Ay, Lauras admirada estoy! Levanto la pala, y con alta vez dijo. Miente el Mundo, y sustento yo; que no es esta chaza; y como un Lon se arrojó a la espada, El Daque le asió, diciéndole: Carlos, estás loco? Estoy, le responde Carlos; más loco de honor. Suélteme la espada, o sino, por Dios, que haga una locura. Mi padre salió al estruendo, y voces con que la cuestión cesó con su vista, y todo cesó; mas quedaron tales de miedo, y temor, los demás, que espanto verlos me causó. Con el Rey se fueron, mientras que en furor, su minando rayos Carlos se quedó. Luego vino el Daque, y ostentando amor, est le dijo: Ya, Carlos, basta tu opinión. No estás agraviado, que a estarlo, sé yo, que el Duque, y Ferrara se perdieran hoy. Viva Vnexcelencia más años que el Sol, Carlos le responde; yo tengo valor para que en Dngría conozcan quien soy. Sangre noble tengo, que no la hay mejor. Dijo el Daque: Carlos no tanta pasión; mucho te atreviste, volví por tu honor. Respóndele luego el fuerte Español: Y si Vuexcelencia juzga que es rigor, basque Secretario. Gran resolución! Fue para salirse. y el Duque le echó los brazos al cuello. Hecho de Señor. Yo, que con el alma miro en su razón, su arrogancia, y talle tan gentil ardor, tanta gallardía, tanta discreción, arrojó, al desaire, un guante, que alzó, Pídiosele el Daque; y éi en esta acción, demo amante grave, así respondié. Guante de tal mano, morir es mejor, que dejarle en prenda. Fuese, y es razón; que Estrellas juntasen el suyo, y mi amor. Ay, Laura adorada, no sabes qué son desvelos tan fuertes, fuerza tan feroz No duermo, ni como, y un encanto soy ya en mí no hay contente, vivo con dolor. Descanso ninguno tiene el corazón: de día me abraso, de noche es peor Solo Endechas tristes formo en triste voz, que hechizos tan fuertes el alma bebió por los ojos tristes, pues buscó ocasión para hablarme Carlos, y se la di yo. Amores me dijo, cifrando en su voz Sirenas de encantos de mi perdición. Respondile ingrata, A2 que me su er mi respeto altivo, mi grave opinión. Fuese, y yo quedeme tan muerta, que soy Tántalo en la pena, Césifo en dolor. ORI Veo el amor cerca puello en la ocasión: bajan mis deseos, sobe mi temor. Esta tarde, Laura, cortés me ofreció el papel que leo con tanta atención, que tengo mi alma en quien le escribio. Leele. Serafina. Ve qué discreción! Puede la pena de mi amargo llanto hacer, que crezca el mar de mis enojos, y corriendo las fuentes de mis ojos, poner lástima a Amor, si al Mundo espan Puede la voz de tu amoroso encanto (to. suspender de mis males los antojos, y pueden, Serafina aquesos ojos dar gloria a un alma, que te quiere tanto. Pero viendo el rigor con que la trata tu condición terrible, y desdeñosa, vive el deseo, si el desdén la mata. No seas no cruel, no rigorosa, que no puede ilustrarte el ser ingrata; basta para ilustrarte el ser hermosa. No te corres, loca, muí: liviana al valor, que tu pecho hereda del que te engendró? mio Tú, tu enamorada de un hombre; a quien dio arte el arte misma dedtula para emulación? Solo tol Qué importan sus partes i a quien le faltó la nobleza, y sangre, justre del honor? Fueran esas partes dignas de afición, ra- s un Príncipe fuera de ellas propia author; pero un Secretario? qué vil sujeción! Ay, que no has querido! Tengo más valor. ̱. Mira lo que dices. Miro que yo soy, mujer invencible. Ruega, Laura, adiós, que de amor te libre. No sé que es amor. Por eso me culpas, y mis culpas son, si de amor jazgadas, disculpadas hoy. Yo lloro dedichas. Culpa es de tu error. Ay! Qué eternos males pasa el corazón! Pensamiento atrevido, rigoroso al poder de triste estado; donde vuelas perdido, sin consejo, que impida tu cuidado? para, para, que siento, que vas desenfrenado, pensamiento, A la Infanta te atreves, Sol en Ungría, que su ocaso adora? Ligeros pasos mueves: exil. no temes en su eclíptica su Aurora? Vete más peco a poco, que todos te tendrán por necio, o loco. Qué quejas son las que da Vuexcelencia de esa fuerte? Son esas las de mi muerte, que solo en quejas está. Ay, Carlos! solo podrá tu industria con tanta pena, llevándole a mi sirena, cifrado en este papel, mi amor, Secretario fiel: tu suspensión me condena. Ee No me suspende, señor, que me mandes cosa igual; no me suspende tu mal, ni me admira, al fin, tu amor: suspéndeme mi dolor, admírame mi humildad: si tú con tu calidad vives, señor, despreciado, qué hará un hombre desdichado en tan triste tempestad? Tu amas, Carlos? Si señor; pero a un imposible adoro: mi pena, y su desdén lluro. No ves, que es notable error, qué tengas, Carlos, amor? Señor ya no está en mi mano, y como dueño tirano; me persigue, y me maltrata. Si el amor así te trata, va mi remedio está llano: Bien ves, que yo adoro un bien, que gusta de hacerme mal, y mi mal, amigo, es tal, que se alienta en su desdén. Señor, tu mal entrerén, sufre, que amando se alcanza; adora ten confianza en tan venturoso empleo, y ánima con el deseo tan venturosa esperanza: A la Princesa pasea, declara en ti tu intención, sepa de tu corazón la gloria que ver desea: pide al amor la librea de la color de tu gusto: sufre desdenes, que es justo que sufra males extraños el que en tan felices daños espera un bien tan augusto. Pero yo que en males tales, entrerenido, y quejoso, en mi mal no hallo reposo; sino agüeros funerales: yo, que en un centro de males paso la vida entre tanto cual alma deshecha en llanto, destila penas, y enojos, por las fuentes de mis ojos, fuentes tristes de este encanto; El Rey te esta aficionado, he inclinado a tu valor. Qué es lo qué dices, señor? ma Pregúntome por tu estado; yo como le vi inclinado, alabe tu entendimiento, tu generoso talento, tu saber, tu compostura, tu valor, y tu cordura; que estimo en mucho tu aumento. Mira que el Rey quiere hablarte; razones con él acorta Ya ves, Carlos, que te importa discreto, y cuerdo mestrarte; que si llega hoy a mirarte con venébola apariencia, yo sé, por mucha experiencia; que has de estimar to ventura, Solo la tendré segura, cuando sirva a Vuexcelencia. Solo su gracia pretendo, que como tenga esa gracia; temer no puedo desgracia. De tu amor así lo entiendo; y el secreto te encomiendo; advierte, Carlos, que vas donde valerme podrás, a Laura da este papel, que con la respuesta de él nueva vida me darás. . Mucho el Duque me encarece las partes de este Español. Rayos da su gracia al Sol, . con que sus rayos guarnece. Mucho dice que merece, Abónale su persona. Para con tigo le abona: Ay, Lauras si le abonara, como deseo, quitara de mis sienes la Corona para ponerla a sus pies, si fuera Reina del mundo. No le imaginas segunde; Hablas porque no le ves. Es Español Portugués. Oh como tu lengua yerra! Pues crió Dios en la tierra gente a su grandeza igual? Que deben a Portugal las Damas de Inglaterra? Quiso el Duque mi señor, que mi humilda Toy se atreva a besar tu heroica mano: y ha sido feliz mi estrella, pues llego en tal ocasión, que puedo a vuestras Altezas besar las suyas Reales, aunque indigna se confiesa un alma, que por ser mía aquí temerosa llega Llegad, seáis bienvenido; la fama, si se hace lenguas, vuela alentada con plumas de Cisnes, que la hermosean. Por qué. Vuestra Majestad dice, que la fama vuela? Por la tuya, Carlos, que es corta con ver tu presencia. Mucho el Duque de Ferrara me alabo tu gentileza, tu entendimiento; y valor: corto, corto el Duque queda: Seño, Vuestra Majestad, como el Doque lisonjea, para dejar hoy corrida mi humildad en mi vergüenza? Donarre tiene: qué talle! . Qué discreción! Qué presencia! Si esto es amor, no sé yo; pero sé que no me pesa de vir a Carlos. . Amor, . mucho se aprende en tu escuela, Notablemente le miras: qué te parece? . Pudiera, E6 a ser noble, aficionar a otra mujer de sus prendas Nobleza tiene, que basta; que quien sus partes profesa; alma noble le a compaña: si bien la mayor nobleza es la que nace del alma; l Cú luego ya el ser noble es fuerza? No hay fuerza en esa razón; que hombre humilde habrá que tenga todas las partes de Carlos. Sí; pero no tan perfectas. Tiénelas el que es humilde; pero avergonzado en ellas, ni se estiman, ni le dicen, ni por pobres, le celebran. Falta en esos la ventura, porque es culpa de su estrella? la mía es querer a Carlos, . que su vista me desveía. Carlos quiero que en Palacio ocupéis vuestra grandeza: dejad al Daque, y servidme de Secretario. . Porencias, alegremones, que es justo, con tan venturosa nueva, Señor, y el Daqué? Es mi gusto. Y tu gusto es ley, por fuerza: obedezco, y no replico, dándome el Doque licencia. Tú, Carlos, no se la pidas. Mucho me honra tu grandeza, indigno soy, gran señor, de tan liberales muestras: al Macedonio aventajas, que de él se escribe, y se cuenta, que a nadie que le pidiese dejo de dar (gran larguezal? mas hoy le excedes, que dis a quien sin pedirte premias. Qué discreción! Por vencida ya el alma amor se confiesa: . qué tiranas sujeciones serán ya las de tus flechas! Hoy, Carlos, por tu valor, en servirme, al fin, te empleas, mi gracia te da el favor, ninguna fortuna temas. a Cómo, señor, siendo Amiclas, en esta barca pequeña, temeré adversa fortuna llevándoos, invicto César? Qué divino entendimiento! temeroso amor pesea con la razón: que vencido, esta el pecho en dulce guerra! Qué te parece, di, Laura, del Secretario? . Que lleva su emulación, a la fama la mitad de su grandeza. Queda con él, y de espacio haz de su saber la prueba, examina lo que sabe: ven, Serafina. . Ay, ausencia! celosa voy, que es razón, que luego quien ama cela. Prestame, amor, ocasión. para que el Duque la tenga, ánimo, fortuna mía: parece que vuestra Alreza queda triste, y afrgida, o suspensa en algo queda. Es condición propia mía; que melancolías me cercan. Pues, señoras de qué nacen? De que mi padre por fuerza quiere casarme, y mi gusto, ni lo apetece, ni espera. No ves que el Rey mi señor tu bien, y el suyo desea con tu casamiento, que es de estos Polos la firmeza? Nace del alma el rigor de mi condición resuelta. Cuando al Duque mi señor con tanto rigor desprecias, se ve que del alma nace para que él con rigor muera; No muere de amor el Duque; En esa razón primera se ve que amor no has tenido, que a tenerle, conocieras que puede acabar Amor a un sufrimiento de piedra. No sé de Puilosofhías, ni sé de amorosas quejas, ni sé que haya amor, que obligue a tantas intercadancias; pero sé, que Prolomeo dice, y es razón discreta, que el virón labio es señor de signos, hados; y estrellas; luego vencerse podrá en toda ocasión? . No en esta: en amorosas porfías no hay vencerse; y quien lo piensa no sabe el rigor de amor, ni lo que cuertan sus penas. Qué es amor? . Un accidente, que en pesayendo las venas abrasa, quema y conseme. Cómo (si lo siento) en ellas . nace? . De los ojos nace, y el alma por ellos entra Sábtil será, según eso, si es que se entra, y no los ciega No hay ceguedad sin amor. Pues como quieres que quiera al Duque, si es fuerza luego, que la más noble porencia sujete la tiranía Si Aristoteles ensesía, que a no haber alma en el cuerpo, los ojos el alma fueran, y ha de cegarlos? No, Carlos, Dícese, que el amor ciega, y aunque ciegar no la vista; los apesitos refrena la razón le estaá rendida, el gusto, el querer, y es fuerza que viva en la cosa amada C por transformación, y en ella, como vive en dulces lazos, todo lo que es más desprecias Solo vive con quien ama, allí es lince, allí penetra, alí adora, allí hace extremos; Por no hacerlos, no quisiera; ualo, Pasad los ojos, señora, por ese papel; y sea con vuestra benigna gracia, que es del Duque, y solo intenta serviros con mucho amor. Secretario, el Rey empieza a levántaros, tened más valor; y cuando sea; OI SU solicitad para vos, pretended, y amad presencia tenéis, Secretario, y partes para mayores empresas. Señora? . Volvedle, Carlos; que os lo manda la Princela. Señora tanto rigor: Vos con papel y con quejas? qué voces son estas, Carlos? Tenéis muy poca firmeza, Señora, no es el papel de Carlos; y si lo piensa: Vuestra Alteza, esta engañadas No te, Carlos, si lo clea. Por tus dinss que es verdad. Por mis ojos? No quisiera, que tras engañarme, Carlos, falso jaréis. . Vuestra Alteza me ofende en dudas tan claras; y para que verdad sepa que trato, abra el papel, y verá que el Daque intenta decirle a Laura su amor. Mostrad romperé la nema. Señora, y al Duque luego, qué le he de decir? . No creas, que si eso fuera verdad, la mano me detuvieras. Si no le quiso tu hermana; y el volverle ha de ser fuerza; como le quieres abrir? Amor, y celos lo intentan; no, Carlos, no más papeles, y este os dul de esta manera. Advertid, que de mi padre sois Secretario; nobleza Vo os sobra, que al Daque podéis prestar: por respuesta le daréis estos pedazos, y el dárselos, Carlos, sea Da para no volver a Laura con otro papel, que os vuelva el Duque a dar: entendeisme? ni vos le toméis, ni os vea. Señora, si al Duque debo aquello que soy. . Pudiera el Daque emplear mejor, vuestra gallarda presencia, Por quererme tanto, quiso que este servicio le hiciera. No es, no, lícito, Carlos: mirad, que el Rey os alienta; y atended solo a servirle: el Duque busque quien sepa, mejor que vos, negociar; que esa gala, y gentileza es más para enamorar, que para acciones tan feas. Esto os mando, Secretario: si algo os faltare, no sea ocasión de sujetaros a su gusto, y a sus prendas; Estas, y aqueste papel up estimad, con la firmeza de un corazón, que os lo da por inclinación de Estrella. Haced galas, tomad pajes, coches, y caballos: vean en la librea, que dais, mis colores, y las vuestras. . Al cielo de su gracia me levanta, presintiendo temores mi fortuna; y entre el cielo que adoro, y dicha tanta; temer es fuerza que se oponga alguna: cuando a ventura igual muevo la panta, me entristece el rigor, que me afortuna: ánimo corazón, que Amor me inclina; luego que améis es fuerza a Sera fina. Si amáis, temen es fuerza la caída que en competencia Laura se os declara: por otra parte, amor, pende mi vida, que obliga mucho amor: el de Ferrara es mi dueño, y señor; y aunque lo impida la gloria de mi amor, a quien me ampara, obligado le estoy, y a pensar vengo, que si no pago al Daque, honor no tengo. A una Infanta he de amar, si una Princesa ánima, con tal gusto mi esperanza? ánimo, corazón seguid la empresa; que parece os altera la privanza. Ya declina el valor? Ya la flaqueza? si, que es bien que se tema la mudanza, que en el mar de privanza el que ha entrado, cuando más venturoso escapó a nado, Gracias a Dios qué pareces! Qué hay, Memorin? Qué ha de haber? buenas ganas de comer. Hambre, Memorina padeces? No sé señor, qué me tengo, hiprocondía me ha dado. Pues de qué? De enamorado: todo el día voy, y vengo. Ya soy Poeta matante, siguiendo su amor, y será; porque se engendra un Preta en el punto que fue amante. Y yo con este epireto, que sigo de lance en lance, he hecho medio Romance, y la mitad de un Soneto. Digo mal de cuanto veo, y hago visajes de enfado, que este es el primer grado del título que deseo. Candorizo en calto modo con jerigonza escasada: digo que no saben nada, y que yo me lo s? toda: Hay quien mis cosas apaya; escribe, traslada y precia; ya escribo cosas de Grecia, que pasaron sobre Troya. Nunca tan necio te he visto. Ni yo a ti tan elevad mas que estás enamorado? B En vano mi amor resisto: hablaste al Rey? . Si señor, su Secretario me han hecho. Llega Carlos a mi pecho, verás que salta de amor: EEI notable gusto recibo del oficio que te ha dado. Quién va bien apadrinado, vuelve, cual yo tan altivo: favores de Vuexcelencia me han puesto en tanta grandeza, aunque iguala mi tristeza, con tan alta diferencia. Confieso, que al Rey hablé, pero, señor, hoy perdí, que su favor merecí, lo que ha tanto que gané: que es fuerza que si tu gusto solicitaba a porfía; murió toda mi alegría a manos de mi disgusto. Hablé a Laura, y fueron tales Cioid los argumentos de amor, que a no ser til su rigor, alivio diera a tus males. Encarecile tu pena. estnon própasela tus enojos; respendiome: Por mis, ojos, que de ese amor vivo ajena. Fay a darla en esto el papel, ni le estimo, ni le quiso; sís y díjome de improviso, entre levera; y cruel: Pretende tú para ti, que amor a Reves te iguala. Freste y despejo la sala, para que quede sin mí. Salió en esto Serafina, y viéndome en pena igual, procuso saber mi mal su belleza peregrina. Viome el papel, tuvo celos, y con los ojos crueles, para tantas hay papeles, me dijo, con mil desvelos. Yo que la miro turbada, por mirigar su rigor, que era tuyo, gran señior, le dije. Y ella enojada dijo: Mientes, y no hay tal. Y yo, por sati facerla, le di el papel, por no verla rigorosa en pena igual. Y apenas tuvo el papel en sus manos, cuando luego encendida en vivo fuego, con él se muestra cruel. Después de haberle rompido, con que cesaron enojos, me atravesó con los ojos, y me dejó sin sentido. Cuando al verme así, atrevida; con un carmín alentada, probó menos enojada, relucitar esta vida. Del Rey sois ya Secretario, y no del Duque, en rigor, me dijo, mostrad valor, mirad no hagáis lo contrario. Estimad vuestra persona con levanta las efrendas. Fuese, y dejome estás reudas, y este papel por corona. Ni le he abierto, ni leido, que fuera mucha licencia: leale vuestra Excelencia, que por merced se lo pido. Viste al Rey con buena estrella; mereciste sus favores, dichoso tú, que en amores la tuviste clara, y bella. Gloria me ha dado este día la ventura de tu suerte, que me la da, Carlos, verte coronado de alegría. Sea muy en hora buena, que es fuerza no ser ingrato, pues me das este barato para que calle mi pena. Ayer mío, hoy Secretario de la Majestad del Rey, y yo tuyo, ya por ley: mira el mundo qué voltario! Bien es que esto solemnices, ganando lo que perdí, pues la fortuna hoy a ti te da muebles, y raices. Reprendido, si estimado, favorecido, procura tener firme a tu ventura, solo esto te de cuidade. Ya para ti solicita, y no te acuerdes de mí, que no es bien quitarte a ti, lo que amor a mí me quita. Preven plumas, preven galas, con alegre confianza, goza alegre tu esperanza si a tanta dicha rergualas. No hayas miedo que en tu vida; te encargue, que otro papel des a esa ingrata cruel, que hoy ha sido mi homicida. Gasta todos mis haberes con grandeza peregrina: festeja a tu Serafina con levantados poderes; que yo desfavorecido, y de mi amor despreciado, me iré, Carlos, a mi Estado; pues tan poco he merecido. Cuál va. . Su razón le incita; Pues mira por ti señor, que la invidia, y el favor, mil contrarios solicita. No es el Duque mi temor, que es gran señor, y es discreto, Despreciado, es indiscreto él hombre de más valor? tu estrella le desafía cuando tanto le atropella. Medarse a tal bien mi estrella, no entiendo de ella, que es mía.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Qué un Portugués ha podido merecer tanto favor, y quiera ostentar valor tan loco, y tan atrevido! Vive Dios, Conde, que rabio, de que mantenga el torneo, y cada vez que le veo, se renueva en mí el agravio, La pala que levanto para ofenderme con ella, no fue pala, fue centella del rayo que me abrasó. Y aunque el Rey apadrinar quiere tanta demasía, o moriré en la porfía, o le tengo de matar. Muera, pues que determina tan descuidado ese acero. Amigos, de celos muero, que le adora Serafina. Por Dios, que ayer en la tarde saló en un morcillo overo, y al pasar por el terrero le dijo el Rey: Dios te guarde. Y él, a tal favor atento (muero, y rabio en publicarlo) las piernas puso al caballo, con que dejó atrás el viento. De Seráfina los ojos, y los de Laura a porfía, le hicieron un claro día, nublado de mis enojos. Veis, Marqués, aquesta espada; que el de Ferrara me dio? pues con esta misma yo:- Por quien soy, que es extremada; qué buena coler de acero! qué buen filo! pesia tal! Será. Conde, por su mal, por la fe de Caballero. Condes, Marqués, qué tenéis desnuda, Cintio, la espada? La encarecí por preciada, como en ella ver podéis. La guarnición, os confieso, que es por extremo bien hecha. p Por Dios, que tengo sospecha de esta espada, y de este exceso. Guardadla, Conde, muy bien, que la espada en la ocasión, es muro de un corazón, como dese la también: y cómo va de torneo? está en efecto aestado? Ninguna cosa ha faltado de cuantas pidió el deleo; pero estoy señor, corrido, que le quiera mantener un hombre, criado ayer del Duque, y favorecido de vuestra Real Majestad, contra estilo, y contra ley, que los favores de un Rey son para otra calidad. La suya es, Conde, tan alta, que puede prestar nobleza a muchos, que en su grandeza ponen, por invidia; falta. Que en Dagria de marmura de los favores de Carlos, y deben Conde igualarios con su invidia. o su locora; pues ha de ver, Conde, Uogria los extremos de mi amor, que en el Sol de mi favor tendrá luz clara su día. Por él me han de hablar a mí, mi Reino ha de gobernar, que así quiero castigar las intenciones que vi. Tu gusto, es ley a porfía, y como tu gusto es ley, puedes, señor, como Rey. mandar le obedezca Ungria. Haré mi gusto en efecto, y basta ya, si os parece. Siempre el alma te obedece por sabio, cuerdo, y discreto. Carlos, seáis bien venido, cómo te va? . Señor bien. Falta abrazarle también. Es, que Carlos no ha querido; Dejémoslos, que no puedo suftir estas sinrazones. Carlos, en riesgo te pones, y yo con cuidado quedo. No os de cuidado, señor, que mantenga yo el torneo, porque, en fin, este deseo es hijo de mi valor. Vive Dios, que antes que llegue . te he de dar muerte, villano. Pues ves lo que en ello gano, no es bien, señor, se me niegue esta licencia, y perdona. Haz, Carlos, lo que quisieres, gasta en ello mis haberes, pues te ayuda mi Corona. Beso a vuestra Majestad los pies por tanto favor. Hase visto igual amor, favor, premio, y voluntad? Carlos, en esta ocasión te apercibe, como es justo, que sin Rey te espera con gusto; que desea tu opinión. No hay placer sin pesar, Clearco decía; ni gloria que no pare en descontento: que bien sintió Teognides su tormento! Y Menandro el poder de esta porfía! Lloró Pindaro el ver a la alegría segura, cual su sombra, en fin violento; Plutarco al desengaño descontento, Seneca el mayor bien no dura un día; Antístenes temió suerte tan rara: Demóstenes sintió rigor tan fuerte, Próspeto lo lloro; bien lo declara Laercio, temeroso de su fuerte: yo temo mi fortuna siempre abara; que mido sus extremos con mi muerte, Quién tiene amor no sosiega, porque padece mil ansias. Ha Carlos. . Señora mía. De qué estás triste? . Miraba en la idea de mi gusto mis historias retratadas, que ya les sirven de ejemplo a mi próspera venganza. Pues tú temes, Carlos mío? No es fuerza el temer si hay causa, pues va mi fortuna en popa de tantos vientos guiada, que queda atrás el deseo, y mi suerte le adelama? Talvió un tiempo Paliciates, Rey de los Samios, que ellaba tan próspero en su fertuna, que decían que igualaba su poder a su querer: y por probar su inconstancia, y saber que era pesar, a un anillo que preciaba. por ser rico, en grande extremo, arrojó al mar, y en sus aguas fue túmulo un pez, que al Rey le trajeron por hazaña, en cuyo vientre venía la sortija, que le daba cuidado, por ser tan buena. Notable suerte! . Extremada. Venturoso Rey por cierto. Y aún sin ventura le llama. Por qué razón, si un anillo, que al mar echo, se le saca un pez con tanta ventura? Lloro después su desgracia en el monte Micalense, vencido en una baralla del fiero enemigo Hrontes, que le ahorco por venganza. Sus carnes fueron sustento de aves y parros, pensara Polierates tal desdicha en tan próspera bonanza? No traigas a la memoria, Carlos historias pasadas, que sirven de darte pena. No temas, no tu privanza: mi padre te da el favor, y tu ventura mil gracias: Poder te presta mi amor, y tu estrella suerte grata; corre seguro, no temas, que yo sigo tus piladas. Ay, Carlos lo que me cuestas! Lo que te quiero no iguala a mi amor otro en el mundo, pudiste robarme el alma con esos ojos. . Señora, Seráfina, hermosa Infanta. Dime, querido bien mío, dime, qué colores sacas; ea dímelo, que quiero ver que colores te agradan. Las colores tuyas son, que descubro en verde, y nácar, mi esperanza siempre altiva entre círculos que igualan al Sal de mi pensamiento, la letra dice: Borrasca; no teme el Sol que me alumbra, que en su eclíptica de plata abrasa nubes de invidia, cuando opuestas le amenazan. Discreta letras en fin tuya, ya puedes ver si me agrada. Lleva el Duque mi señor. Tú señor, Carlos, le llamas? estás loco por ventura? Si cuante bien me acompaña debo a mi señor el Daque, qué te suspendes, y espantas? No tanta humildad, que amor a otro Cielo te levanta, en quien cuando Daque no, serás: De tan bellas plantas estampa humilde, señora. Ya nuestras almas se igualan por simparia de estrellas, por concierto, y concordancia de Astros, Signos, y Planetas, te adoro, Carlos, si me amas. Pagado estas, dulce amor, fino en correspondientes ansias; humilla mis pensamientos a tu bumildad, qué te espantas? Amor puede mucho, es Rey, y cuando reina en dos almas, ni desigualdades mira, ni en puntos de honor repara. Rey del Mundo me pareces, que ese donaire, esa gracia, ese valor de ese pecho, esa gravedad que mata, o tiene sangre de Reyes, o reina con jasta causa en mi altivo corazón, querida prenda adorada. Deja hermosa Serafina, que en recompensa de tantas mercedes, bese la tierra, que pisas, Carlos, levanta, no te quiero tan cortés: hay, hombre por qué me matas? . atreveré, que me muero, no cuando con hielo me abrasas: Jesús, qué terrible caída.! Qué ha sido, dueño del alma? Gracias a Dios que llegó! Qué márfií, qué terla plata compite con la blancura epus de esta mano, a quien las gracias rinden todo su peder, homillando su arrogancia? Tantas lisonjas, qué bien! Carlos solo, y con mi hermana dadas las manos: ha celos! ya comienza vuestra rabia. Laura nos ve, Serafina. Adiós, que quiero engañarla. Cómo, Carlos con tal prisa le ha ido el Sol que te abrasa? Temió eclipse, que era fuerza si a revido te esperaba. avrate becho mil favores. A merecerlos, dodara de su mucha honestidad, que tal hiciera. . Bien haya aquel que calla, cual tú merece lauros, y palmas. Si los hombres todos fueran de esa condición, hallaran gloria de amor en los pechos, y abn rendidas muchas almas, Pero hay algunos, que apenas les han mirado a la cara, cuando dicen. Oís, mi dueño? si lo que pasó os contara, con la señora, que veis, yo sé; y luego aquí se paran, para que entienda el que escucha, que ha vo muchas circunstancias. Señora, el hombre de bien, aunque termentos le partan, nunca público savores, ni fía de amigos causa, que toque a secreto honor: que es disculpa averiguada, que pues que no supo en sí ocuitarle, si importaba, a quien lo dijo, era fuerza, que cual él le publicara Qué entendimiento, y saber! Qué discrebión! Qué elegancia! Qué valor! Qué cortesía! no en vano corta la fama plumas para darte honor, eternícele en sus alas tu poder, aunque mis celos lloren hoy propias desgracias, La pena es mía; que amor fue favorable a mi hermana; hay, Seráfina, escogiste, como discreta: si hallara otro Carlos! Laura hermosa; vos quejas? Si me acompañan con excesivos tormentos, fuerza es sufrirlas. Mal hayan quejas que os dan tal disgusto; merezca ya vuestra gracia un Duque, qué por quereros llora ingratitudes tantas, que mide con sus desdichas los extremos de sus ansias. No te pasó ese accidente, que aún te duran esas bascas? terrible mal, ya delitas; válgame Dios, qué de gracia! Barlando está vuestra Alreza; pues cuando el Daque se abrasa; se ve la con tal rigor. Secretario, paso, basta: si habéis nacido discreto, bien veis que es locura crasa aprrecer ese oficio, y decirme esas palabras, que añiquiláis el valor de tan altiva esperanza: poned la vuestra en querer a quien por vos penas pasa; mereceréis atrevido, o por estrella o por gracia una Corona: de Uagria, y una Princesa que os ama. Mirad bien ese papel, veréis que en él se os iguala una majer con amor, poderosa, y declarada. . Mucho dijo en lo que dijo; que el declararse bastaba para temer dos mil muertes; bas papel, verte me mata! Secretario; amor me anima a que pablique mis ansias; pues vos sois la causa de ellas, procurad, pues remediarlas, Esto os importa la vida, la mía que dla cifrada en verme correspondida, y en que olvidéis a mi hermana; De dos podéis escoger; de la Princesa que os ama; o la muerte que os espera, sino olvidáis a la Infanta. Temí con razón caída del Cielo de mi privanza; si es que paran en mudanza los trofeos de esta vida: una Princela ofendida con tanto amor se adelanta; que apenas muevo la planta, cuando escribirme me altera? Carlos la muerte os espera sino olvidáis a la Infanta. La Jufanta es fuerza querer, y la Princesa olvidar, porque en este mar de amar yo no la puedo ofender: su desengaño ha de ver, y yo con sangrienta espada veré mi muerte cifrada en su enojo, y su rigor, porque es mujer con amor i poderosa, y declarada. Ausentareme? No puedo; quedarme es fuerza, y es ley: quién me anima? Amor, qué es Rey! si es Rey, seguro haqsí quedo: quien ama han de tener miedo? si parque nace a porfía la vispera de alegría, luego el día des pesar, y en mi pena escarmentar cualquier discreto podía. Rigores puede inventar contra mi poder desnudo, que seré en sufrirlo mudo, como lo he sido en callar, que yo la Jnfanta he de amar, aunque mil muertes me den, que adora el alma este bien cona entre nubes de cristal; y aunque de ello espere mal, es fuerza el quererla bien. Que yo la Infanta he de amar aunque mil muertes me den: Qué es esto! El paso detén, quién te ha podido enojar? Quién Carlos pudo eciipsar tu gusto en esta ocasión? Mis de dichas mi bien son; el alma lo adivinaba, cuando en verte recelaba mi mal, y mi perdición. Qué poco dora el contento, mi Seráfina, mi amor! ya solo espero rigor, y con el rigor tormentos, En vano glorias intento, hoy se acabaron aquí, ya mueren todas en mí con amenazas crueles, pues me dicen por papeles, que me olvide amor de ti. Como te puedo olvidar si te adoro, (hay, Dios!) de suerte, que antes sufriera la muerte, que dejarte de adorar? Empiézame a amenazar el poder de una tirana, esa Princesa esa hermana tuya, me dio ese papel con resolución cruel, rigorosa e inhumana. Es Princesa es poderosa, yo sin ventora en amor, es mujer en el rigor, y con ser mujer, celosa; y tu Seráfina hermosa, yo mi bien, soy desdichado, de muchos hoy invidiado, ella es regalo del Rey, mira a que tirana ley fortuna me ha sujetado. En ese papel declara, que me quiere, y que me adora. Hay Serafina! Hay, señora! quien tal trance imaginara: nunca ruego a Dios, te amara; por no llegar a perderte; pero qué digo! la muerte, gloria mía no me altera que el Sol saldrá de su esfera, y yo nunca de quererte. Gusto me ha dado, mi bien; haber visto este papel mezclado con lo cruel, un poco de querer bien; amenaza en el desdén con aire, y brío galán: glorias sus penas me dan, y me la dan sus cuidados; mas di tú; que amenazados también. Carlos, comen pan- A ti te da pena extraña este papel: Poco sabes con él, sus penas suaves suspende, alivia, y engaña; el poder vence con maña: toma la pluma al mamento; que yo respond a su intento; cuando aventaja el peder vencer, Carlos, el laber, Notable es tu pensamiento, Va de engaños, dueño mío, dila tu amor, No le siento. Burlemos luego su intento, su locura, y desvarío: yo, mi bien, de tu amor fío, Segura puedes fiar. Pues alto, toca a engañar; si con muerte te amenaza; haz la Cruz. Qué linda traza! Empieza. Di por burlar. Si alentáis con amor mi confianza; y obligáis con favor a mi osadía, como puede, señora, el alma mía, dejar de conseguir vuestra esperanza? Fuera en mí no quereros ya mudanza; grosería del gusto, y tiranía; y así para quereros a porfía, buscare con amor lo que él alcanza: Esto debo al favor, que habéis mostrado, indigno yo de haberle merecido; pero si a vuestra gracia levantado Me veo en vuestro amor favorecido, quiero mostrar amando, que obligado seré siempre al favor agradecido, Acabose. Ponle tuyo, y fírmale en conclusión, Desdice de mi afición decirle aquí que soy suyo: esclavo soy, pero tuyo, aunque el alma lo ocultó, en ella mi bien, quedó tu memoria retratada, fingir otro amor te agrada; eso no lo diré yo. No estoy obligado a hacer lo que a mi amor contradiga; aunque tu fuerza me obliga, que finja amar y querer, que te pesara de ver, si llego a firmarlo yo, que Carles aquí fiemó, que en etra parte quería: aunque dé en disculpa mía, que cuyo soy lo mando: porque el mandarlo es violencia, que pasad: de esta furia, come te dará celos la injuria de que firme esa sentencia: ten, Serafinal paciencia, que yo de tu amor arguyo, viéndome esclavo, y ser tuyo, que no te puede pesar, SS de que yo en este lugar no dijese que soy tuyo. Qué bien que sabes querer! qué discretamente amar! naciste para obligar con estrella, y con poder. Padiste a Laura vencer, y sin amor de tu parte, be puedes, Carlos, alabarte de la más notable hazaña, que emprendió el valor de España, y que puede eternizarte. Como de tu ingenio va, que eres bella, y peregrina: ay, mi hermosa Serafina; temerosa el alma está. Na sé mi bien, si sabrá decir amores a quien viene a quitarme este bien. Ea; que tú lo dirás. Quisiera la muerte más, n que esto, que mis ojos ven. Esta noche ve al terrero, porque a las doce te aguardo, mira que vayas gallardo, que con un favor te espero. Vuela con curso ligero, aunque imites a Faetón con tus caballos, que son postas alegres de un día; padre luminoso, guía a tu antipoda región. Soy Lacayo desterrado de tu presencia por ley; con la privanza de un Rey te olvidaste del privado. Bravo rigor has renido con Memorín tu Lacayo, sérviate un tiempo de Ayo, y ya no es visto, ni oído. Grandemente desvanecen ya los favores Reales por generosos, y tales, ya mis gracias no parecen. Un tiempo me acuerdo yo, que te holgabas de escucharme, y prestabas de alabarme, pero, en fin; esto pasó. Tú sabes, yo voy cayendo, Sy cosas son del Mundo varió; crees que escribo un sumario de las colas que voy viendo. El Duque vive quejoso descontento, y despreciado; y tú vives invidiado; por galán, por venturoso. Muchos dicen de ti bien, y muchos te quieren mal, porque no tienes igual, y por ser hombre de bien. Qué de invidiosos te miran discreto; y favorecido! si al Rey bien le has parecido, bien lo sienten, y suspiran. Mas lo que yo, señer; veo les causa más confusión, es que tomes por blasón, el mantener el torneo, Aquí pierden la paciencia, aquí el dolor se aventaja, y metome en la baraja, Bl que acabe con tu licencia. Esta sortija te doy por la gracia, que has tenido; laci extremade, y escogido balzo eres. . Tu hechura soy. Atreveste en el jardín O a dar aqueste billete? Sin títolo de alcahuete, la te servirá Membrín, a quién le tengo de dar? A la Princesa. . Está bien: Un paco aquí te entreten mu verás si sé negociar. B Como en Palacio te viste; no hay verte, Carlos, jamás. Siempre en mí, señor, tendrás un esclavo, tú lo hiciste, a Palacio me trajiste, y sabe Dios si quisiera tener mi suerte primeras que con esta la trocira. Quién, Carlos, imaginara verte en tan suprema esfera, de Infantas favorecido, de Princesas estimado, de Reyes reverenciado, de Caballeros servido? Feliz estrella has tenido, bien lo merece tu trato; Y si en todo eres retrato de discreción; y ventura, dame de tanta hermosura algo, Carlos, de barato. Señor, yo adoro a la Infanta, que favorece mi amor; al Cielo de su favor, mi ventura me levanta; pero su hermosura tanta ha suspendido en mi pecho; lo que debe de derecho a tu valor siempre augusto, que solicitó tu gusto, porque es mi propio provecho. Mil figuraciones hago, diciendo a Laura tu amor, y ella encendida en rigor, hace en mis ojos estrago; a tu nobleza le pago lo que debo de hacer tal, con ser esto desigual de mi sangre, y mi nobleza. Quién levantó tu bajeza merece respuesta igual. Toma, villano, el papel de tu Infanta en mil pedazos, porque te sirvan de lazos, y sus letras de cordel. Tú me eciste el laurel: hoy de su amor immortal: yo he sido causa del mal, de subirte a esa grandeza: quien levantó tu bajeza merece respuesta igual. Fuese, y su pena declara con terrible tiranía, vive Dios, que sangre mía puede dar honra a Ferrara: Vale, y vuélveme la cara con término tan mortal; sangre me dio Portugal, que pregunte a su grandeza: quien levantó su bajeza merece respuesta igual? Vive Dios que hoy he ver cual de los dos es mejor, y cual tiene más valor, mejor trato, y proceder. En campo le he de poner, y en él he de averiguar si él me puede a mi honra dar, o si yo a él darle puedo honor del valor que heredo, y con él le puedo honrar. Carlos, qué enojo has tenido, quien de él ocasión te ha dado, que estás todo demudado, y con el color perdido? Señora, el haber nacido con ventura desigual; de mi nobleza Real, es causa de que me queje, y que hoy mi fortuna deje mi persona en trance igual. Dije el rigor que has renido a quien intenta tu amor, y él con un nuevo furor, A que me dejó sin sentido, dijo en cólera encendido, ah fiero rigor mortal! aquí se enciende mi mal, que me dijo con fiereza: quien levantó tu bajeza merece respuesta igual. A mí me dio Portugal sangre de un Rey tan temido, que su nombre esclarecido, mi valor hace immortal. Mi honor verá, y el caudal de la sangre de mis venas, que si escuadras de hombres llenas trujera el Duque a porfía, viera que por honra mía sé pisar tierras ajenas: en las suyas mostraré el toque de mi valor. No es el Duque, no, mejor, ni llega en nada a tu pie; lo que dices yo lo sé, tu persona te acredita. Y aunque el Cielo te limita en Ungría menos que él, tú llevarás el laurel que tu fortuna le quita: de su loco desvarío ha nacido en ti el quejarte; pero si puede obligarte el amor que hoy de ti fío, suspende el honrado brío de tu enojo, y tu rigor: hazme, Carlos, un favor. En qué te puedo servir? Ponte luego allí a escribir, que importa mucho a mi honor, Señora si honor importa la pluma será excusada, que donde yo tengo espada puntos de plumas acorta. Jesús, la furia reporta; que riñas por mí no quiero; con ella excuso el acero: escribe que importa así. Para servirte nací, solo que digas espero, Amé, por ver si pedía conquistar vuestra belleza; que quise a vuestra dureza dar toques de gallardía. Perdonad, I fanta, mía. Señora, cómo decís? Parece que os divertís, escribid, y no os turbéis. Ah Cielo, en qué me metéis? cómo esta fuerza sufrís? Perdonad, Infanta, mía, que es fuerza, que Amor me ha hecho; a Laura puse en mi pecho, y a vos del aquí os delvía, Fue Fuerza de Estrerla mía trocar la fuerte de amor, no deja de ser riger el que con vos aquí he usado, pero es de estrella forzado, Carlos vuestro servidor. Mostrad, que quieto leer. Para qué? no lo leáis. Secretario, así os rurbáis! Señora, es fuerza temer a quien no hará suspender esa gravedad divina? Esa gracia peregrina, fin, y extremas de hermosura? Aquí muere mi ventura, si pierdo a mi Serafina. Amé por ver si podía conquistar vuestra belleza; que quise a vuestra doreza dar toques de gallardía. Perdonad, Infanta mía; que es fuerza que aquí me han hecho Laura ha forzado mi pecho, y a vos de él aquí os desvía. Fue Fuerza de Estrella mía, pues quiere forzar mi amor? ay, Seráfina! rigor tan extraño aquí has usado; que ella misma me ha forzado, Carlos vuestro servidor. Esto os mandé yo escribir. El alma así lo entendió. otra cosa entiendo yo, muy mal me sabéis servir. De celos me he de morir, tanto amor me ha de matar: que quiso el Cielo inclinar mi Estrella a querer un hombre; que para que más me asombre así me llega a tratar! Escribid allí al momento, sin más turbación, que hoy cuadre, o por vida de mi padre, que os quite del pensamiento ese desvanecimiento, que sin razón le traéis. Señora; siempre podéis como quien sois castigarme: tanta pena ha de matarme. Mirad Carlos, que no erréis. Ya, Seráfina, no quiero que amor os traiga engañada, porque déjaros burlada es mi intento lisonjero. Laura es mi amor verdadero; y el que os tuve era fingido: perdonad ser atrevido en declarar mi intención, que estos desengaños son de Carlos vuestro querido. Mal haya amen mi ventura, pues tanto de mí se extraña! para esto vine de España? ha fuerza de una locura: Aquí tiene tu hermosura el papel como has mandado. Notable pena os ha dado. A mi señora? no hay tal. Idos, Carlos. Voy mortal, que con poder me ha forzado. Así le he de aborrecer, y yo así me he de vengar, incendio he de levantar con mi celoso poder: soy celosa, y soy mujer, poderosa, y agraviada, Memorín me hara vengada, ya que le dejé encerrado: darele el papel cerrado, y en él su muerte cifrada. Fámola noche. Extremada. Su oscuridad ha de ver agravios vuestros vengados, y celos míos también. Que lea favorecido, un villano Portugués de tal suerte! Vive el Cielo, que en mí su muerte ha de vir. Llorará el Rey, y sus hijas su desgracia. . Todas tres, le adoran: jamás se ha visto tal privanza, y tal querer. De suerte le favorecen:- Y sabes, cual de ellas es o2 la que de noche le habla? Esa ingrata, esa cruel, esa Esfinge, esa Sirena, que tan mal me guardo fe. Cuál es? Decid. . Serafina: tos pero un poco suspended las voces, que oigo ruido. Llegarme quiero por ver si han abierto la ventana. Si será Carlos. . Él es. Quiero fingir que loy Carlos: cn Es Serafina? Es mi bien? ; Advierte, señora, que habla. Tu mal dijeras, cruel. Carlos ingrato, y tirano, en término, y proceder: Caballero, miento, miento; que ni lo será, ni fue, quien pretende, como falso, engañar a una mujer. Tú me escribes tiranías? Tu desengaños? Qué bien! Tú que Laura es ya tu dueño me escribes en un papel? Que fue estrella amar a ella, bien dices que bien se ve, que es más hermosa a tus ojos, si admiras su parecer. Mil años goce tus brazos, y en ellos veas tal vez celosas desconfianzas, que atropellén tu poder: goza, ingrato su hermosura: Qué es esto, Cielos, que veis? Vive Dios, que he de vengarme . en esta ingrata, y después daré muerte a este enemigo. Si he llegado a merecer, . que la Princesa me adote, que me idolatre, y pues es ya la heredera de Ungría, qué puedo, señora, hacer? Perdonad, que amor me obliga: Laura es dueño de mi te. Ah falso! ah vil! ah cobarde! quien se pudiera poner donde fuera con las manos ejecutivo Juez, de término tan ingrato, como aquí mis ojos ven! Estos eran tus amores, tus suspiros, tu querer, tus ansias, tu tierno llanto; tu llorar? Ah Portugués, eres hembre? p Tú, qué has sido, si no mudable mujer? Al Cónde Cintio no adoras? Yo al Cónde Cintio? Qué bien! no levantaste la pala para darle, y pude ver este agravio, que le hiciste sin satisfacerse de él? Yo había de querer al Conde? Valor tengo para ser Reina del mundo; villano. En mi agravio tropecé, pues me lo ha dicho la Infanta: gente viene al parecer. Ah, ingrata, gente me busca, y a ti vienen! Ya lo sé; mas yo le saldré al encuentro: morir quiero. . Amor, detén, tan generoso ardimiento, tan arrojado vaiven. Gente ay, que ocupa el puesto, llégala a reconocer. Soy corto, señor, de vista, y hace oscuro, no podré: vámonos, si te parece, que ellos, señor, no nos ven. Veome a mí mismo yo, y el verme no me está bien, si es para irme que en casa acordándome después que me fui, no quedo airoso con migo. . Si mal hablé; perdona, que todo es miedo, hombre soy, fuerza es temer. Este es Carlos, Conde Cintio. Pues alto, muera si es él. Ah Caballeros. . Quién llama? Un hombre honrado, y de bien. Pues qué quiere? . Suplicatos, que este puesto le dejéis, si puede la cortesía en vuestros pechos: creed me mostraré agradecido a esta merced si la hacéis. Qué cortesano que pide! qué humillado; y qué cortés! Ay, Fenisa; de mis ojos! temo la muerte le den, que son tres, y Carlos solo. Él se sabrá detener e con ellos, no temas nada. Mal huelo por el vauprés. Ah, Caballero embozado; deje el puesto. . No podré; hasta que de él os aparte. Señor, voy por un broquel, yo vuelvo luego, aquí espera. . No se va? . Soy Portugués. Muera Carlos. . Conoceisme? Pues va que me conocéis, vive Dios, que he de mataros, o que os he de conocer. Dios te libre, Dios te guarde, de que la muerte te den. Con la oscuridad apenas, Fenisa, se puede ver quien va mejor de partido. Señora, a mi parecer, los tres bultos se retiran, A redro vayas, Luzbel; qué cuchi ladas se tiran! Tengo el ímpetu Francés, luego se me va la cólera, y el miedo me viene a hacer ilusiones que me matan: aquí vienen: San Ginés! Pues que los dos te han dejado, y tu peleas, no es bien darte la muerte, villano. Válgame San Rafael: qué valiente que es mi amo! No me puedo defender. Suelta la espada, cobarde. Suelte la espada el lebrel, o vive Dios que le mate. Aparta, loco. . Detén el brazo, Carlos dichoso, el Conde soy, no me ves? Con la oscuridad no puedo: suelta la espada. . Poder tienes ya para quitarla; pero río seas cruel: ya que me dejas con vida, para que me quitas, pues, la honra en llevar mi espada? Eso se usa acá con quien es tan cortés como yo, dame tu espada, esta es, Conde, la mía, en memoria quiero dártela, que es bien que allá por ella te acuerdes de este enemigo que ves. Ay. Fenisa, quien no muere por hombre, que cumple a ley con las manos lo que dice? Tu amigo, Cintio, he de ser, mira que te doy los brazos; y no vuelvas otra vez a probarlos con la espada; porque en ella puedes ver el valor que me acompaña; y nací. . En Santaren nací yo, si voto a Cristo, en día de Santa Inés. Para amigos soy amigo; para traidores, cruel, para valientes, valiente; y rayo para quien es enemigo cauteloso. Tu amigo, Carlos, seré. Y yo, si por bien me llevan; mondongó me harán comer; pero por mal, voto a Cristo, que no me alcancen por pies. . Ay, Portugués, de mis ojos, Áquiles fuerte en poder, Héctor Troyano! En Ungría, quien te viera en ella Rey, don a y yo reinando en tu gusto, como reinas en mi fe.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Prolija, y sarga esperanza, Luna, que eclipies das al alma mía; Verdugo de bonanza, Sepulcro donde entierro mí a legría; Bien al Cielo dispenia, Que muera quien seguir tu dasio piensa; Con qué clava de Alcides, Sufrimiento de ti victoria alcanza, Cuando tu brazo mides Con el gallardo brazo de esperanza; Si el más diestro, y valiente, Menos el mal, y más tu daño siente? i. Está en casa Vuestelencia? Vienes, Memorín, borracho? No señor, traigo un despacho; y es a toda diligencia: en tu casa te busqué, y no hallándote, cortí hasta Palacio, y aquí Eug con verte me deslumbré; mi rudeza no te asombre, ni mi ceguedad te espante. Siempre has de venir picante? Notable hamor! . Es mi nombre digno de un grandioso fin; y mis grandezas son tales, que la fama en sus annales ha de escribir Memorín: Agravios que tocan honra es flaqueza conocida, por no aventurar la vida dejar pasar la deshonra. Estoy, cual sabe, ofendido, y agraviado en justa ley; aguardo al bosque del Rey para bonar mi partido. La espada solo acompaña. mi persona, y opinión, y armado de mi razón le aguardo en esta campaña. Carlos. . Y no dice más? Es noble, y está ofendido: valor notable ha tenido! pues, Memorín, no te vas? Si la respuesta no envía a mi señor Vueselencia. Yo quiero con mi presencia darla a Carlos este día. Notable valor encierra! No tiene igual en Ungría. Él es Señor, Laura mía, de alguna remota tierra, que hombre que vence un torneo, en quien lo mejor se halló de Ungría, no pienso yo, que es menos que Rey: . Deseo saber la ocasión, señor, que de España le ha traído. Alguna ocasión ha sido, que dibió importar su honor, Daqueecomo divertido venía con la Princesa, no os vi. Siempre tu grandeza; señar, me ha favorecido: guardeos el Cielo los años que yo para mi deseo, y no para ver dichoso empleo de la Princesa. Qué engaño! Gran señora, vuestra Alteza me dé su mano Real. Doy la yo, Duque muy mal a quien trata con bajeza a un hombre, que en la nobleza aventajar hoy podía a mil señores de Ungría; y cuando no por lealtad, pudiera vuestra amistad sosegar en su porfía; no ha de hacer Carlos por fuerza que me incline a vuestro amor, que el albedrío es rigor, que contra gusto se tuerza, ni le anima, ni le fuerza vuestro amor, vuestro poder; luego Carlos, qué ha de hacer cuando os descarra mi pecho? Tanto en vuestra ausencia ha hecho, que a sí se ha echado a perder. Marieron las ansas mías, no digo bien, ya son más, pues con nuevo amor verás arder sus cenizas frías: De nuevo empezaré, días, para penar mi tormento, que es rabioso por violento, que es fuerza por natural, que es triste, porque en mi mal mi tragedra represento. Qué ha parecido el torneo, decid, Duque de Ferrara? La fama no lo declara invidiosa de su empleo? No tuvo más el deseo que pedir ni desear. No podéis, Duque, negar, Cagia que en él Carlos imito vuestro valor, y que dio a mil ojos, que invidiar. Con lisonjas me convida; señor, vuestra Majestad. Yo digo, Doque, verdad. Ay, mi esperanza perdida! . Penetra el alma la herida de tan terrible dolor. Si fue de vuestro valor con amor apadrinado, no es mucho invidia haber dado a Ungría, heroico señor: tanta virtud le acompaña, y con ella tal ventura, que sujeta la hermosura de Ungría Carlos de España; su fortuna ha sido extraña él la merece por sí. Si pudo vencerme a mí, qué se puede decir más? Amor, tormento me das? Loco estoy! mi ser perdí! De mi amo en alabanzas están los tres a porfía. al Rey se le pasa el día en avementarle esperanzas, Hay frágiles confianzas con rigor desengañadas, por mías son mal tratadas! Mira que aguarda mi amo. Qué es eso? . Yo que le llamo, y aguardan mis camaradas. Notable humor! De quién eres? Criado de Carlos soy, soy su Lacayo, y estoy en guarda de sus haberes. Tan excesivos paderes te ha dado Carlos? . Señor, soy su privado: favor me hace siempre en lo que es justo No tiene Carlos buen gusto, pues no me ha dicho tu honor, Eso no nace de él, que nace, señor, de mí, pues la estrella en que nací por ser mía, es tan cruel; demás, que eso ha sido en él de su entendimiento ensayo, que es mal hecho que un Lacayo; como en Comedias se ve, con el Rey hablando esté, cual si fuere papagayo, que rabio de aquello yo: porque en España ya he visto Lacayo, que es tan bien quisto que con él se aconsejó el mismo Rey, y le dio pareceres por instante: a Reyes representantes digo, señor, que esto vi: No ves que mezclan así agrado para ignorantes? Vive Dios, que dice bien vuestra Majesad señor, que parece que es rigor que vea un hombre de bien, que se pare un Rey en quien la grivedad toda asiste, hora esté alegre, hora triste, a que él Lacayo hable un poco, esto me ha de volver loco; mas es lo que tu dijiste. Gracia tienes, y donaire: te llamas? . Yo? Mamorín, io para servirté sin fin por agua, frío, y por aire. Es dónoso su desgaire, y su humor da en que entender, Memorín, éntrame a ver todos los días un poco. Ay, amor! vuelto me has leco: lo que puede tu poder! Gran fuerza de heroico brío ánima mi corazón a volver por mi opinión ostentando el honor mío! ya aplazado el desafío con el Duque de Ferrara; verá en campo cara a cara su Secretario quien es, que si nací Portugués, hoy mi valor lo declara. Carlos, con migo atrevido? Aguardándote en el puesto, vine solo por mostraros vuestro loco atrevimiento, A mí queréis igualaros en medir el blanco acero? Conocéis al Duque otón, de Ferrara ilustre dueño? Conozco a vuestra Excelencia; su nobleza y valor veo, y que es Duque de Ferrara sé también, que no lo niego, Pues, Carlos, si lo sabéis para qué altivo y soberbio, loco, me desafíáis? Por mostrad, Duque, que tengo nobleza, si la tenéis, que la sangre de mi pecho cuando no sea de Duque, Otón, Reyes me la dieron: No sirven Reyes a Duques. Milagros son que hace el tiempo; mira, Orón, que la fortuna es madre de estos extremos; en ser Duque no te fíes, que de más altos asientos le han visto dar mil caídas; Fábulas son, que no creo, ni tu ser el que me dices. Desdicen, Daque. mis hechos de la sangre, qué he nombrado? Pero dígalo el torneo en Ungría mantenido, donde el aplauso plebeyo quiso levantarme estarbas en señal del vencimiento. Dejo las Damas, que en brazos por afición de mis hechos, me llevaran, a ser ellas señoras de sus deseos. Los Caballeros no trato, que por ser tan Caballeros, me aguardan de noche juntos para matarme soberbios. Y en vez de darme la muerte, las espadas me dan: esto no quisiera decir yo, por no pareceros necio en referir alabanzas mías, y así lo dejemos. Valor tienen no lo dudo, bien lo muestran: pero veo que un Porrugués en Ungría vale más que todos ellos. Villano, si te esperaran, cuando fueran Caballeros, no era tu muerte con causa para mayores efectos; y que imentaron matarte, no lo digas, ni lo creo, que no acredito arrogancias, ni cobardías acepto. Duque yo digo verdad, y por pagar lo que debo al ser que tengo, no os trato. aquí con menos respecto: y al que de mi presumiere, menos valor, menos hechos de los que he dicho, cobarde, miente, y en campo sustento, que mi nobleza aventaja la suya en cualquiera extremo, y donde hay manos, y espada, no doy palabras al viento. Ni yo tampoco, cobarde, qué por villano soberbio daré el pago a tu locura, hija de su atrevimiento. No sirven, Duque, palabras; pelead, y defenderos, mirad que estoy agraviado. Tu ventura solo temo, valor tienes. . Soy honrado. Fuerte eres. . Pues peleo con razón, Duque, qué mucho? Cayose mi espada (ah Cielo!) pero con la daga Carlos: Conoces, que ahora puedo tomar venganza, y matarte? Por venturoso os confieso, no por más valiente. . Ahora; Duqué, verás si te excedo. Pelea, toma tu espada, L a qué aguaídas, peleemos, que quiero que sepas, Duque, quien es Carlos, y si al riesgo vuelve a poner su persona; mostrando en aqueste extremo, que si a ti te estima en más, a si no le estima en menos. Con la espada me has vencido; y ahora vences de nuevo con altiva ostentación, cortés, generoso, y cuerdo, Sup dame los brazos de amigo, que serlo tuyo prometo. Estos, otón; son mis brazos, y no quedes, no, suspenso por el suceso que has visto, que un hijo del Rey Don Pedro de Portugal te ha vencido. Goces, Portugués, soberbio, todo el Imperio de España, corto a tan herosco pecho. Surques campos de Neptuno con tal multitud de leños, que apenas en anchos mares des vista a sus blancos lienzos. Obedezcan a tus plantas, por sujeción de tu Imperio, cuantas tocas tunecies no ponen por lauro, y concierto. Todos te obedezcan, Carlos, porque tus merecimientos son dignos de sujetar nuevos mundos, nuevos Reinos. Bien tu nobleza mostraste en mantener un torneo, donde Ungria de afrentada a Portugal rindio el premio: lo menos es tu valor, tu valentía, tu esfuerzo, que lo que en otros es más, en ti viene a ser lo menos. Tu estrella puede invidiarse, pues te la dio tal el Cielo, que robas las voluntades, y atropellas los deseos. Ya que las damas te adoran, dichoso tú, que das celos a muchos con ser querido, y a mí por llegar a tiempo, que escuché del Conde Cintio, que te hablaba en el terrero Laura de noche, y te adora ya, Carlos, con tanto extremo, que de su querida hermana le pidio al Conde, por yerro, celos pensando que hablaba contigo en el mismo puesto. Esto el Conde me ha contado, y por más señas, soberbio me mostró, tu misma espada; aunque ahora no lo creo, porque dijo, que llegaste con otros dos Caballeros, si bien los dos te dejaron por cobardía, o por miedo, y él te quitara la espada, donde a fuerza de tus ruegos te dio la suya después, lastimado del suceso. Duque, Cintio es tan honrado, que él, y el Conde Filiberto, y el Marqués Mathías, juntos me acuchillaron, y pienso, que estaba yo solo, otón, que no pudo hacer su miedo fantasmas para disculpa de un cobarde atrevimiento. Verdad es que le dejaron, y yo le puse en aprieto, que de burato la vida le di, como Caballero; pero emplear en traidores grandezas de nobles pechos, sirven, Duque, de aumentar más traiciones, más incendios. Palabra me dio de amigo; y al levantarse del suelo; quítele, Duque, esta espada, que fue vuestra en algún tiempor que no quise, que afrentado se viese tan noble acero en manos, que manos mías a mis pies llegar hicieron. Y en lo que dice de Laura, miente por el alto Cielo, que ni ofendo con la vista a tus nobles pensamientos. Solicitarla, y servirla para atraer su deseo a corresponder tu amor, eso mi lealtad ha hecho. Qué importa no haber podido, si con ella disponiendo, llegué a ejecutar la causa para fin de estos efectos? Verdad es, que Serafina es clima de amor, dispuesto a mi suprema afición, a mi amor, a mi deseo, en su esfera de cristal: aire amoroso da aliento al corazón con sus gracias, y al alma con sus empleos. Llegar el Conde, y hablarla, bien puede ser, no lo niego, porque es propio en el cobarde acechar bienes ajenos. Querer fingir que me amaba la Princesa, ya yo veo, que ha sido para inclinarte a que me pases el pecho, Pero por vida de Carlos, y del Duque, a quien deseo aumento en sus esperanzas, y en sus amores aumento, de con esta misma espada, si el mundo se mete en eso, dar castigo a su traición, y venganza a mi deseo. Carlos, dame aquesos brazos. Y el alma, Duque, que en ellos has de subir victorioso a la Iglesia de tu Cielo. Carlos mío, si tu haces, que el néctar toque supremo de sus soberanos sabios, tus pies serán bien opuesto al gusto de este favor. Levanta, otón, que me precio, que veas en mi lealtad opuesta ya a tanto riesgo, que un Portugués en Lngria pudo, Duque, darte un Reino. A quién no hará enloquecer hombre, que a todos agrada, si en la espada, con la espada su valor bien se ha de ver? Si a caballo con la lanza, muestra luego en ella al punto, que nacieron con él junto la destreza, y la pujanza? Si juega cañas, no ves, que por más que sobre él carga, no va segura el adarga en que acierta el Portugués? Si viste galas, al Sol en su esfera desafía: en todo, Fenisa mía, tiene gracia este Español. Confieso, que es su valor muy grande; así lo confieso; pero es mayor el exceso, porque nace de tu amor, y disculpa en culpa igual tu generosa afición, pues dignas tus partes son de una Corona Real, y quien emplea su amar en hombre, que partes tiene, disculpa justa le viene, si en tal caso hiciere errar. Toma, Fenisa, un diamante; que es de valor singular, premio a quien sabe alabar las grandezas de mi amante. Sí, pero con él ingrata fuiste el día del torneo. Resistió amor al deseo, que en él siempre se retrata? Sí; pero verle encubierta, fue crueldad en tu hermosura, en día, que su ventura le hizo entonces franca puerta, Laura gozo esos favores, que en público se mostró, si bien allí declaróo, que era Carlos sus amores. Le adoró desengañada por palabra, y por papel; y con ser conmigo cruel estoy más enamorada. Gracias a Dios, que mis ojos llegan a ver, Serafina, la luz hermosa, y Divina, en que cesan sus enojos. Gracias a Dios que te ven mis sentidos por ti locos, que ya para verte; pocos serán, si gozo tal bien: tienes, gloria mía, en poco mi contento, y afición. Tus extremos, necio, son, o de ignorante, o de loco: después de haberme enviado. rigoroso este papel, te atreves, Carlos cruel, a despertar mi cuidado? Tú te estimas por honrado? Tú me dejas despreciada? Vese, que Laura te agrada, cuando me escribes grosero: Ya, Seráfina, no quiero, que amor os traiga engañada. Tú eres aquel, que fingías apariencias engañosas? Pero que eran alevosas. descubren ya tus porfías. Tú eras el que no querías firmar el papel? Aa, fiero! No te llames Caballero, pues pona tu mano airada; porque déjaros burlada es mi intento lisonjero. l Loco, inconstante, traidor, tirano, falso, fingido, tu burlarme a mi atrevido? Mal conocéis mi valor: no provoques mi furor, cuando tan noble he nacido, que entre un furioso bramido te consume: o, vil! o, fiero! Laura es mi amor verdadero, y el que os tuve era fingido, Vive Dios, que a no tener por afrenta el castigarte, aquí llegara a matarte con rigoroso poder, y fuera en una mujer como yo, poca opinión quitar la vida a un Nerón, que escribe desvanecido: perdonad ser atrevido. en declarar mi intención. Tu hermana, amor, me forzó, a que hiciese ese papel, y entre severa, y cruel, tirana allí me obligo: pudiera un alma que amó, ingrata tanto haber sido? a hacerlo fui compelido por fuerza, y resolución, que estos desengaños son de Carlos vuestro querido. Cuando quieras disculparte del papel para engañar, no te podrás disculpar de lo que llegué a escucharte. Tú a mi volverasme loco, que desengaño te he dado. La misma noche embozado tuviste mi amor en poco, despreciándome atrevido con un rigor immortal. Mi Seráfina, no hay tal: mira que pierdo el sentido. No me dijiste, tirano, que a Laura solo adorabas, y que en quererla ganabas un Reino con propia mano? Oh, traidor Cónde! tu hiciste un enredo tan extraño? Mi Serafina, en mi daño otro de engaño se viste: el Conde Cintio fue el dueño de la traición que has contado, él ha sido el embozado, que en mi lealtad hizo empeño; yo despreciar tu favor, si indigno le merecí? Carlos olvidarte a ti, cómo puede en tanto amor? Vete, no me llores más, engañoso cocodiilo. Mis ojos hechos un Nilo, si así me envías, verás: Vete, falso, y vete luego, que ya el corazón te extraña, monstruo venido de España, para aumentar tanto fuego. Monstruo soy, pero en amar, monstruo soy, pero en querer, y ya solo habré de ser monstruo, señora, en penar. i Si no basta la disculpa, que he dado en abonación de Carlos, el corazón abre, y verasle sin culpa; y si es que alguna ha tenido, ha sido en ser tal mi amor, que llegué a servir, señor, naciendo para ser vido. Por fama de la hermosura de tu hermana, vive a Ungria, pero ha sido estrella mía adorarte mi ventura. Y pues que a tanto querer hoy has pagado tan mal, me volveré a Portugal a penar, y a padecer. De Ungria con tantas verás me destierra tu rigor, y que voy loco de amor, ingrata, no consideras? Adiós, Seráfina, a dios, que Carlos parte sin vida, mal pagada, y bien perdida n ser, infanta, por vos. No con tal rigor, Carlos, para, para, que me llevas presa de este cuerpo el alma. No ligero corras, que cuando te vayas, mis deseos tristes te siguen con alas. Hay, Dios! si te siguen, cómo no te alcanzan? Pero sin ventura, qué busca quién ama? Creo, Carlos mío, todas tus palabras, discretas por tuyas, si no fueron falsas. Creo cuanto dices, cuanto piensas, y hablas, y creo tu amor nacer de mis ansias. Yo te adoro, Carlos, de estrella forzada, porque tu ventura con estrella mata. Qué dichosa ha sido, si obliga a la infanta, Carlos, a quererte, cuando más la engañas! No ingrato a mi amor te ausentes sin causa, que te quiero firme, y adoro tu gracia. Adonde, atrevido, llevas mi esperanza presa en tu albedrío, con cadena el alma? Siempre ha de ser tuya esta, que idolatra en tu cielo hermoso, en tus luces claras. Tuyo soy, mi bien, que no me alejara por más que rigores contra mi inventaras. No se aleja nunca quien bien quiere, y ama, mi dueño querido, mi prenda adorada. Solo a ti te adoro, con firmeza tanta, que a mi amor ninguno, amando, se iguala. Tuyo sol. . Yo tuya. Te adoro, si me amas: querrasme? Si es fuerza, qué preguntas? . Basta, los brazos te pido. Y en ellos el alma. Haí, qué cortas glorias! Haí, qué breves ansias! Ah, celos! Mi muerte llego a ver cifrada: Carlos . Gran señora. Mi padre os aguarda, entrad, no os turbéis. El poder me aparta: Adiós, Serafina. Ah, cruel hermana! to Es, Seráfina, bien hecho, que te olvides de tu honor, y que sea tal tu error, que toque Carlos tu pecho? loca estas, según sospecho, y cual loca, enamorada: tú con Carlos abrazada, descompuesta, y atrevida? quien fuera aquí tu homicida, por no vivir deshonrada! Pues siendo Infanta en Ungría tu locura tanta es, que te vence un Portugues con su amorosa porfía. Si vence su gallardía. a quien él no hace favores, por qué repruebas amores? Por qué, Princesa? Por qué? Yo soy dueño de su fe, Y esto, Laura, es bien que llores. No nacen, no, tus desvelos de la nobleza que dices, que por más, que lo mátices, nacen solo de tus celos: no cortes más paralelos. con tu pena desigual, que por tuya es tan mortal, que con amenazas quieres forzar ajenos quereres, y en Lngria a Portugal. Mi locura te ha espantado, pero a mí la tuyano, porque donde amor entró, defenderse es excusado: huelgo que tengas cuidado de este amor, y de esta fe; ahora verás, y ve si puede decirse en suma, por más que nadie presuina: De esta agua no beberé. Por los filos que yo entré me heriste, hermana atrevida, peligro corre mi vida, cuando más me declaré: loca estoy, amor, qué haré? válgame tu industria aquí: si me amparo, amor, de ti, fuerza será que me ampares, y con tu industria repares la pena que siento en mí. Válgame tu industria, amor, engañaré a Laura bella: Sol hermoso, hermosa estrella, no conmigo tal rigor: suspenda el alma el temor de que vos os enojéis; rigorosa no os mostréis, vuestra hermana me forzó, que por agradarla yo hice lo que visto habéis: por engañarla fingí el abrazo, y los amores, forzome allí con rigores, no pude más, resisti; yo para vuestro nací, que vuestro, Laura, he de ser, ordenad vos con poder lo lo que fuere en vuestra mano, que de mi parte está llano el servir, y obedecer. En esta llave ha cifrado. mi amor su dichoso fin, es la que abre a mi jardín, con que hoy cesa mi cuidado: esta noche disfrazado entrar con ella podéis: mirad, Carlos, lo que hacéis, y lo que aquí aventuráis, que una corona ganáis, si esta ocasión no perdéis. No por tener mi favor, Carlos, os desvanezcáis, si atrevido me enojáis, mirad que puede el amor trocar, Carlos, el rigor: no acuchilléis atrevido, con ventaja en el partido a quien la tiene en ser tal, que os hiciera en Portugal:- Vive Dios, Rey, que han mentido, y de vos abajo, todos. mienten como desleales, que mis términos son tales como se ven por mil modos, que tengo sangre de Godos, y Pedro de Portugal me dio la suya Real, y he nacido Portugués; pero ya sé, Rey, quién es, y él me escucha por su mal. . Gallardos bríos! por Dios, que le soy aficionado. Qué arrogante se ha mostrado, señor, delante de vos: yo sé que a no estar aquí vuestra Majestad delante, no hablara tan arroganse, Carlos, delante de mí. No sé nada de eso, Conde, que Carlos tiene valor para volver por su honor, y como tal corresponde. No tan arrogante hablara. a no estar en tu presencia. Bale el seguro licencia, y así con ella se ampara. Estos pretenden su mal, y quitarle mi favor, la cautela de un traidor la nobleza de un leal. Basta, Cintio, Marqués, basta, que parece cobardía. de su ausencia esa porfía, que vuestra emulación gasta? ausente no le culpéis, que si ausente le culpáis, indicios en eso dais, que presente le teméis. Veo que le favorece tu Majestad con amor, sin advertir que es traidor, aunque no te lo parece. Traidor, Carlos? No sé tal. Yo sé, señor, que lo es. Mirad que deéís, Marqués, que Carlos es muy leal. Corrido nos ha dejado, y avergonzados también, Filiberto, Marqués, bien, veis como estoy agraviado. Ea, parientes, y amigos, matemos a este traidor, que es justo cobrar mi honor, vos de mi agravio testigos. La pala que levantó para tirarme con ella, me provoca cual centella del rayo que me abrasó. Carlos es muy hombre, Conde, y de noche cuando sale. va bien puesto, y mucho vale el valor, que en él se esconde. Los tres con tres escopetas esta noche le esperemos, y todos tres le tiremos; sirva el plomo de saetas, que de está fuerte vengado quedaréis, Conde, en secreto, que yo tenerle prometo. El consejo es extremado. Vamos, pues el Cielo quiere, que muera con tal castigo; quien perdona a su enemigo, cierto es, que a sus manos muere. Ea, Duque valeroso, entra, y goza tu esperanza, que hoy esta gloria te alcanza, mi corazón generoso, mira si has sido dichoso: y mira si te ha pagado. un Portugués tan honrado, que se quita el Reino a sí para entregártele a ti victorioso, y laureado. Alejandro mucho dio; pero no me iguala aquí, O porque quitar yo de mí un Reino que me tocó, solo en el pecho se halló de un Portugués tan leal, que con gloria general te ha entregado a manos llenas, posesión de alegres penas, y una Corona Real. Con esta llave has de abrir, la Princesa has de gozar, yo la puerta he de guardar, y aquí con lealtad morir: calla, y sabe bien fingir hasta que goces tu amor. Deja, que por tal favor hoy me arrodille a tus pies, generoso Portugués, en Ungría vencedor; el Reino tuyo ha de ser, que la Princesa me basta, porque pagar fe tan casta, Carlos, como puede ser; Rey de Ungría te has de ver. Rey, Duque, tú lo serás, entra, y mira a lo que vas, y que aquí Carlos te espera, donde si el mundo viniera, lo hiciera volver atrás. Cómo, señor, te has venido sin mí, y así me has dejado? No soy un lacayo honrado, que con amor te ha servido? téngote en algo ofendido? Mas soy desdichado, en fin: iguálame a mí, Merlín, o en lo valiente, y galán? fue más valiente Roldan acaso, que Memorín. Siempre te quieres hallar en lo que no has de saber, vete luego a recoger. Gente he visto allí asomar. Carlos es, no hay que dudar. Guarda, Memorín, que quiero reconocer el terrero. Válgame Dios, veinte son, qué terrible confusión! Aota vengarme espero: Quieren, señores, aquí alguna cosa que importe? Queremos que pague un porte, Retirémonos de aquí por desviarle de allí, que no se sienta el estruendo. Por Dios que no los entiendo. Luego nos entenderá. Dónde mi amo se va? Solo que ruveras pretendo. Válgame Dios! Todos tres a un tiempo le dispararon, ha Cielos, si le mataron! Ah villanos! De esta vez, si no os valieren los pies, por Dios que os he de matar. Ea, que quiero ayudar a mi amo yo también. Muerto soy. . Hay me las den esto es saber negociar. En mi aposento encerrado queda Carlos escondido, Amor, favor aquí os pido, dármele será acertado: diré al Rey que me ha gozado, pero como he de mentir, si apenas él pudo abrir, cuando yo le encerré luego, pero árdase Ungría en fuego, Carlos mi esposo, o morir. Padre; señor, Rey. . Qué es esto? qué te turbas, Serafina? No sé, señor, que me traigo: dicelo tú, mi Fenisa. Yo señora, vengo muerta: Padre, y señor de mi vida: Si sabes de amor las penas: Si de amorosas porfías: Padre, y señor, si mis ansias: Si el ser que me diste obliga: Si mi honra estimas, padre: si te mueve mi justicia: Si haberme Carlos gozado: Qué suspensión imagina el alma en tormentos tales? Fuera, villanos, no impida ninguno que entre, o por Dios, que os quite a todos las vidas. Qué voces son estas, Cielos! Gran confusión es la mía si aquella voz es de Carlos, qué engaños ya se fabrican? Rey poderoso, que amparas con grandeza tan invicta mil traidores que do son dentro en tu Corte de Ungría. Yo soy generoso Rey, que ya es razón que lo diga, Infante del Reino, a quien dio el mismo Cristo tus Quinas. Don Pedro de Portugal me dio sangre que me anima a que hoy muestre mi razón a los pies de tu justicia. Doña Inés de Castro, fue mi madre, si peregrina, por hermosa, y desdichada, su fama bien te lo afirma. Alfonso Cuarto mi Avuelo, que el Bravo llamó Castilla; porque ayudando a su Rey en los campos de Tarifa, venció la mayor batalla, que en añales se averigua, incitado de traidores, buitres que cría la invidia para verdugos crueles de inocencias perseguidas, la hizo matar una tarde, estando ella en una Quinta, que riega el claro Mondego con sus aguas cristalinas. Tomó mi padre venganza, que estando Pedro en Sevilla, dos traidores dio en Rehenes de otros, que en el Reino había. Hizo traer a mi madre de la Ciudad de Coimbra. hasta entrar en Santaren. qué grandeza tan altiva! pasaba el cuerpo por hachas que tenían encendidas, en veinte leguas de tierra, hazaña de su amor digna. Levantó en el Alcobaza un manseolo, que obliga, a que oscurezca su fama, el antiguo de Artemisa. Reinó mi padre diez años, llegó su postrero día, nombrola por su mujer; y a que le entierren pública en la sepultura propia do esta su Nise querida. Heredó Fernando el Reino, y entre discordias, y riñas, por sujecciones impropias me fui, señor, a Castilla; yo, y mi hermano Don Juan, que heredamos las desdichas, por ser nobles, de mi madre, viendo que me perseguían, me pasé luego a Rugón, y a su Corte esclarecida. Volo la fama dichosa de la hermosura divina de tu hija la Princesa, de Laura señora mía. Enamorado por fama vine a ver tu Corte invicta: del Duque fui Secretario, y lo fui de mis desdichas. Vi la Princesa, y la Infanta, turbome el verlas la vista: con respeto miré a Laura; con amor a Serafina: hizome el Duque tercero de su amorosa porfía; diome entrada en tu Palacio, y tu condición benigna con levantar mi humildad a nuevas glorias me anima. Solicité la Princesa para el Duque, que me obliga con lástimas, y con quejas de promesas, y caricias. Díjele a ella sus ansias, y Serafina en mil cifras de mi amoroso cuidado, las generosas primicias. Favoreciome su gracia, alentando mi osadía; pero traidores cobardes tanto de invidia se incita, que al Duque en mi daño informa de traiciones nunca oída. Tratome mal de palabras, por lo cual ofensas mías pudieron sacarle al campo, y más que su valentía pudo con él mi razón, pero fuerte en cualquier riña. Descubriome la verdad, y díjome las mentiras, los embustes, los engaños, que el Conde Cintio fingía; pues le contó, que la espada me quitara de la cinta. Dile entonces la palabra de su esperanza perdida dar renedio, y de vengarme: celos, y amor dieron riñas, a los dos Soles, que ves solo en competencia mía. Celosa Laura Frincesa, de su hermana. Serafina, me dio una ilave esta tarde de su jardira yo que había. dado al Duque la palabra de augmentar sus alegrías, le busque, le di la llave, y entro (alegría divina!) de su amor por estos brazos; pero traidores que miran sus venturas encubiertos mientras yo guardo sus dichas, a la puerta de ese parque tres escopetas me tiran, todas tres, Rey, me acertaron en la rodela que miras, saqué ligero mi espada siguiendo su cobardía. Al Conde Cintio di muerte, y a los dos di mil heridas: favoreciolos tu guarda, y a mi matarme querían: defendime, y conocieron que era yo a quien ofendían: A tus pies llego, señor, ampareme tu justicia, deme tu gracia el favor, y la mano Serafina: Don Dionis infante soy; no soy Carlos: Laura altiva, al Duque dad hoy la mano, y a Ferrara esta alegría, para que celebre loca, en gloria tan peregrina, el que alcanzo por estrella el sar Marqués en ungría. Padre, y señor, es mi esposo. Mis celos me martirizan, qué me engañase un tirano! Ah de mi guarda. . Maldita sea la Comadre, amén, que me vio nacer, podía escaparse Memorín de tan infeliz desdicha; más escurrirme así puedo. lave, enemiga. Muestra esa li Qué mandas, Aquí esta. . Qué mal la mira! Abre de Laura el retrete, y trae al Duque: honra mía, en dos basas sustentada, que mi valor aniquilan, qué estrella tiene este Carlos, o este Dionis, que a porfía le quiero por sus hazañas? muera el traidor; pero viva, que hombre que es tan valeroso, es grandeza el darle vida. A tus pies tienes, señor, al Duque, que se te humilla con temor de su grandeza castigue la culpa mía. Amor te hizo esta traición, que no Carlos, cuya vida para dilatar tu Reino, augmente el Cielo. . Consiga Laura el castigo en su error, da al Duque la mano. . En ira se abrasa el corazón, esta es mi mano. . Y la mía esta, ya muy venturoso. Dad, Dionis, a Serafina la mano. . Qué dulce gloria! Ay, mi bien, prenda querida! Vos con sangre, amigo amado? No es nada ved a Mathías, y a Filiberto, que a Cintio su misma espada os afirma, que no veréis, si no muerto. Solo tu brazo podía, Infante, hacer tal hazaña de quien eres solo digna. Prendan esos dos traidores. Ay qué glorias tan crecidas! Y aquí el Senado da fin entre celos, y porfías, Amar por fuerza de Estrella; tugués en Ungría.