Texto digital

Texto digital de Nobleza de un fiel amigo y premio de la traición

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nobleza de un fiel amigo y premio de la traición. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nobleza-de-un-fiel-amigo-y-premio-de-la-traicion.

Logo BICUVE

NOBLEZA DE UN FIEL AMIGO Y PREMIO DE LA TRAICIÓN

JORNADA PRIMERA

Bien, Señor, no ha tenido divertida Vuecelencia la mañana en el jardín? No hay cosa alguna que pueda serme del menor alivio ni gusto. . Pues qué tristeza, o qué pesar os aflige? am Qué quieres, Jorge, que sea sino continuas memorias de mi pasión, pues con ellas juzgando tener alivio, mas el alma se atormenta. Al Conde mi fiel amigo, he confiado las penas de mi pecho; le rogué esta mañana viniera conmigo para que viese el objeto en quien se emplean mis ansias, y para que notando sus muchas prendas, no cúlpase mi cariño de vil por la diferencia notable de nuestra sangre. Pero, ay de mí! nunca hubiera intentado tal delirio ni locura, pues apenas llegó a verla en el jardín, noté en él señales ciertas de estar igualmente herido: sus ojos, semblante, y tiernas expresiones: Ay amigo! si mis dichas te interesan, pido que en mi favor pongas a tu hermana; harás que sepa lo mucho que la idolatro, los suspiros que me cuesta; harás de modo que logre que su pecho se enternezca a los ruegos de un amante y en fin, que se compadezca de mí triste situación; pues si aquesto me granjeas, encontrarás en mi pecho aún más repetidas pruebas grib de gratitud, que has hallado hasta aquí. . Vuestro amor ciega, señor, vuestro entendimiento: es posible que no pueda persuadiros que mi hermana os ama con la firmeza; y cariño más constante? Aquese temor, aquesa vergüenza que estando solos a cada paso os demuestra, son, señor, de su cariño las más declaradas pruebas: y por hablar de una vez, va no me consta a mí con certeza que sois tiernamente amado. Sujerirle aquesta idea me importa, pues me pesara que de su amor desistiera. Qué me dices? Jorge, es cierto? Estad en la inteligencia de que en nada os he mentido. Está bien: pero quisiera A2 que que la dijeses primero mis sentimientos: la fuerza de tus vivas expresiones es preciso la comueva, por saber eres tú solo el archivo en quien se cierran los más ocultos arcanos de mi pecho: y porque advierta mejor su amor, la dirás determino hacer ausencia de sus ojos para siempre, pues sus rigores me fuerzan a que abrace este partido tan terrible. . Mi obediencia está dispuesta a serviros en todo cuanto yo pueda; pero me presumo que es excusada diligencia, indagar aquello que tan claramente de muestra. Ah! no, que cuando venía desde Renebourgo a verla, sus expresiones notaban más amor, que el que me muestra en todo el tiempo que estamos el Conde y yo en esta Aldea a divertirnos. . Señor, desechad esas ideas tan vanas, que su recató es solo: pero ella llega aquí. . Pues a Dios, no quiero que en esta ocasión me vea, porque el Conde está esperando. . J. Guarde el Cielo a Va Excia. Se fue ya el Barón, hermano? Sí Luisa; y con claras muestras! de ser más las inquietudes que ha causado tu belleza en su alma. . Detén la voz hermano mío, y no vuelva a oír yo esas expresiones, o me iré donde no puedas disgustarme. . Qué locura es la tuya! Dime, piensas que siendo de estado humilde y bajo, eres la primera que ha casado noblemente? Que lo piense o no, tu deja la contestación de un caso tan odioso, y que detesta mi pundonor. Tan odioso? Ya te entiendo: tú quisieras que te hablara de justino, no es verdad? Pues cómo sepa de que en casa le recibes, has de llorar tus demencias. Qué oposición! Justo Dios, posible es que la pobreza se mire hoy tan abatida en el mundo? Ah torpe y ciega ambición! y cual domina tu hidropesía sedienta los incautos corazones de los hombres. La pureza, la rectitud de costumbres, y la virtud no se cuentan meritorias en el mundo; el hombre las considera por ningunas, y las tiene por inestimables prendas del alma. La ostentación, solo el fausto, y las riquezas es lo que merece aplauso y estimación; Solas ellas caracterizan al hombre por de bien, y de sinceras costumbres. Solo el mirarle con la costosa opulencia de trajes, joyas y galas, coches, criados, libreas, le da la prerrogativa y nombre de cuanto encierra en sí la virtud. Y al pobre? al pobre mejor le fuera nacer y morir a un tiempo, y evitara las miserias:: Pero, justino, qué es esto? Qué mudanza es la que observa mi atención en ese traje? ya mis desdichas son ciertas. q. No te aflijas, no, bien mío, deja que Justino muera, y vive tú, dueño amado. Cómo, qué voces son esas? por qué has de morir, por qué? Porque lo quiere mi estrella. Declárate de una vez, no riguroso pretendas, que acabe mi vida a manos de mis confusiones fieras. Vierte ya todo el veneno. Pues que tanto lo deseas, escúchame un breve rato. En medio de esa floresta vecina con mis ganados ayer se hallaba mi pena, contemplando los objetos que formó naturaleza para agradar los sentidos, cuando miro que se acercan a mí tu padre, y hermano: lleno yo de la sorpresa de tan imprevisto acaso, los saludé; la fiereza, que retratada en sus ojos brotaba vivas centellas, me dio luego a conocer su venida, pues apenas llegaron a donde estaba, ultrajaron mi pobreza con dicterios, y amenazas que les dictaba su ciega ambición; y concluyeron tropel de tantas ofensas, en decir que si sabían insistía mi bajeza en aspirar a tu mano, lavarían tanta afrenta con tu sangre y con la mía. Sin aguardar mi respuesta me dejaron sumergido en un mar de mil funestas y horrorosas confusiones, pues no sabiendo que senda o qué camino eligiese en medio de tanta afrenta, di en seguir el ejercicio peligroso de la guerra. Con esta resolución me partí, Luisa; al Aldea, en donde me alisté al punto: y con toda diligencia voy al Conde mi Señor a darle del caso cuenta; pues si he de acabar la vida a la intolerable pena de verte en ajenos brazos, deja, mi bien, que perezca entre infieles enemigos de una bala a la violencia; que de este modo consigo, dueño amado, no padezcas de un fiero padre, y hermano, rigores, e iras sangrientas: y así recibe de mí el úiltimo: Adiós te queda. Atiende justino, aguarda: Qué es esto, fatal estrella! A dónde, Cielos, a donde vuestros rigores me llevan? susrirá vuestra justicia, que tanto afecto se pierda? Al justino, dueño amado, posible es, que te interesas de modo en mis desventuras, que rigurosas te fuerzan a dejarme? Pues te juro por el amor que sustenta mi pecho, no he de olvidarte, aunque contra mí se vuelvan iras, rencores, desprecios, odios, rigores, y penas, pues es el amor en mí segunda naturaleza. Ahora bien; amado Conde, Soy digno, o no, de indulgencia en adorar a mi Luisa? dime claro lo que piensas; soy culpable por mi amor? Hasta ahora en lo que muestras no eres más que desdichado; pero temo mucho venga tu amor a ser ya delito, Si atiendo a la diferencia. Huye, querido Lindors, huye de esta pasión ciega, que te conduce a un abismo, a un piélago de miserías: no te queda otro remedio. Si la amistad más sincera puede servirte de alivio, la mía tienes bien cerca: no te dejaré, Barón, y así es preciso que vengas conmigo a Berlín a causa de que dejes esta tierra. Alejarme de mí Luisa? privarme de su presencia? vivir sin Luisa? jamás, jamás, Conde. Pues qué piensas hacer si no? qué recurso, o qué esperanza te queda dando rienda a esa pasión? es desposarte con ella? Mira a tus antepasados, que el sepulcro que los cierra abrirán por disuadirte de unas tan bajas idenas. Sedncirla? no te juzgo capiz de tanta vileza. Luisa es un espejo claro de virtud, sus muchas prendas denota a primera vista tu candor, y su inocencia. Y aquel venerable anciano que tanto la ama y aprecia, será por ti deshonrado? le robarás una prenda tan preciosa? no, Barón, no juzgues no, que te crea capaz de tanto delirio: antes espero que atiendas a los gritos del honor, y de la Religión. Esas mis mas lágrimas que vierte me aseguran con certeza con tante arrepentimiento, ellas me indican la fuerza que te han hecho mis palabras: con que así, vamos apriesa a suplicar a tu padre te conceda su licencia para venirte conmigo; mañana haremos ausencia. Ay Condel partir mañana? mañana? alejarme de ella? no, no esperes, Conde amigo, que mi amor me lo consienta. Tus discursos, lo confieso, me persuaden de manera, que conozco tu razón; y mi corazón lamenta no haber, tenido, un amigo cual tú eres en las primeras impresiones de mi amor: mas son tarde, cuando llegan tus consejos; pues conozco que el fuego que me atormenta es del todo inextinguible. Sin embargo, porque veas sigo en parte tus avisos, yo te prometo no verla por espacio de unos días: y advierte, que mi dolencia no sufre mayor remedio, pues si aplicarle quisiera, en vez de sanar el mal, mataria su violencia. Ah, bien, Lindors; me convengo solo con esa promesa de no verla en unos días, que si es que a eso te sujetas, conseguiré mis desigmos. No lo dudes. . Eso espera de ti mi amistad. . Adiós, hasta luego. Oh! cuánto ciega una pasión los ventidos: bien dijo un sabio, que no era hombre aquel que no supiese mantener el alma exenta de vicios, y de pasiones, pues su horrorosa violencia quitándoles el discurso los asemeja a las bestías. El cielo, Señor, prospere la vida de Va Excia. Justino, pues cómo así? qué trasformación es esta? Yo, Señor, os agradezco con toda el alma la oferta, que hicisteis de protegerme, pues el destino me fuerza a dejar aqueste suelo. Ah! Justino se recela del Barón sin duda alguna. Y tu amor, qué ya le dejas? Es preciso, no hay remedio. Ningún recurso me queda; yo he de morir, o mi amor, y así, porque él no padezca elijo el morir primero: pero ha de ser en la guerra matando los enemigos de mi Reí: así licencia espero me concedáis. Yo no puedo concederla, si no te explicas más claro. Señor, la razón es esta: yo he perdido la esperanza de poder gozar la prenda de la hermosura de Luisa: los rigores que me muestra su padre, y del mismo hermano, las amenazas soberbias desesperanzan mi amor. Ya lo entiendo. Y Luisa emplea su afecto en ti solamente? Lo dudáis? acaso fuera si no mi amor tan constante, fiel, ni de tanta firmeza? Esta mañana: Ay de mí! la vi por la vez postrera de mi vida, y derramó un mar de lágrimas tiernas, capaces, sí, de ablandar el corazón de una peña. Pero yo espero, Señor, que lográndose mi ausencia será menos desdichada, pues cesarán las molestas iras de padre y hermano, que a causa de mi pobreza la maltratan: así os pido para partirme licencia; que tenga al fin este alivio, pues Justino no le esper Qué pasión tan noble! Ya es en mi precisa deuda el protegerle, y también frustro de aquesta manera los delirios de mi amigo. justino, me haces ofensa, en dudar el que te puedo hacer dueño de la prenda que tan merecida tienes: quítate esa escarapola, que el Conde sabrá cumplir lo que una vez te prometa. Deja, Señor, que mis labios:: alma de tanta nobleza, es posible que se encuentre? Los Cielos la hagan eterna; que yo en agradecimiento por el bien que me dispensas, verteré por ti la sangre que depositan mis venas, y aún es corto sacrificio para pagar tanta deuda. Has estado con tu hermana? Sí Señor: mi sutileza me valga. . Jorge, qué dijo sobre mi fingida ausencia? Al punto, Señor, que oyó, articulaba mi lengua que queríáis ausentaros, fue tan grande la vehemencia del dolor, que sin poderse aprovechar de las fuerzas hubiera dado en el suelo, si yo no la recibiera presuroso entre mis brazos; y luego que pude verla libre de aquel parasismo, noté que sus ojos eran dos copiosísimos ríos que inundaban la belleza de sus cándidas mejillas, sin ser parte a contenerla de su llanto las razones, que con amor y terneza dije para consolarla. Y sumergida en sus penas, la dejé para venir a pedir que os compadezca aquella desventurada, que con se pura y sincera os paga tanto cariño, ocultando por vergüenza en el centro de su pecho tanta llama, tanta hoguera. Qué escucho, Cielos Divinos! Habrá corazón de piedra que al oír tan grande amor, no no se ablande, ni enternezca? Ay dueño del alma mía! no juzgues, no, que consienta Lindorf escuchar tus males, Sin que luego su nobleza no corra precipitada a reparar tus miserias. Perdone el Conde, perdonen de amistad las preheminencias, que antes que todo es mi amor: censuren de mis promesas, de mi amor, de mi amistad, sobre mi pecho desciendan todas las iras de un padre, pues dice mi pasión ciega, que cumpla yo con mi gusto, y más que todo se pierda. Consiga yo mis designios, y lo que viniere, venga, pues sé, que si el amo la habla, se allanará a cuanto quiera. Gracias al Cielo por todo: de gozo el alma está llena, y no me cabe en el pecho de ver gente tan selecta como hoy hemos alistado; el más chico, tiene cerca de dos varas y seis dedos. En llegando a la refriega, destrozarán enemigos, como si gallinas fueran. Voy a presentar la lista a mi Señor. Qué braveza! Buen día señor Sargento. Dios se le dé a Va Excia. Se ha alistado mucha gente? Bastante, Señor, y buena. Hoy me ha dado mi Sargento la lista de la que lleva para el cuerpo de mis guardias, usted como antiguo, es fuerza conozca a los más. Bien puede. Creo que aquí he de tenerla; S. Eduardo, Juan, Sechendor, con Federico Bernsterda, y doce de su estatura, Granaderos de primera, Jus tino Resmelter. . Hola! ese rapaz también entra? Rapaz? no, en mi compañía no quiero yo trastos; ea le despediremos. . Cómo? guárdese bien Va Excia. aunque le llamo rapaz no lo digo porque sea inútil; no, no Señor; aunque jactancia parezca, es el más gallardo mozo de todas estas aldeas, no hallaréis mejor soldado, si con un cabo de vela le buscáis por todo el mundo. Has es una friolera! yo solo le despreciaba por algunas etiquetas. Creeréis vos, que a ese muchacho, se le puso en la cabeza ser amante de mí Luisa? Y la simplona tontuela dale que ha de ser su esposo, que quiera yo, o que no quiera. Un trasto que no ha tenido mas que el Sol que le calienta, ser él marido de mi hija? Antes creo que la hiciera dos mil pedazos yo mismo. Gracias a la providencia, de Dios, que ahora quedo libre de que pueda pretenderla. ob en Si con algún otro mozo ella casarse, quisiera, ema me haría mucho favor; porque me da mucha pena, Bup ya que me veo seguro nge por esta parte, no sea me inquieten por otro lado. Yo reparo, que se acerca demasiado el señorito, cada instante biene a verla desde Renebourgo, y oigo que la dice mil ternezas: él es amo, yo no puedo quitarle que entrada tenga en mi casa, y como siempre no puedo yo estar en ella, por salir a mis negocios, recelo:: No, si tubiera marido que la cuidase, me ahorrara muchas molestías. Ahora bien: si vos queréis, yo os buscaré quien merezca las perfecciones de Luisa: tango un joven de muy buenas costumbres y perfecciones, que me administra una hacienda en mi tierra de Valsteín: yo le daré en recompensa de sus continuos afanes, en servirme cuando quieras efectuar el matrimonio, porque mejor vivir pueda unos doscientos doblones, y porque envidia no tenga, otros tantos a la novia. Miraréis si os tiene cuenta, y quede ya contratado. Qué sí quiero? Señor, deja que muestre mi gratitud a tus plantas. No, Juan llega a mis brazos. . Mas:: recelan mis temores, que con Luisa desposarse no consienta si sabe haber sido amante de justino. . Nada temas, que no será de él celoso. Mañana haré yo que venga a que le conozcas. Hola! A dónde irá tan de priesa el Barón? no lo penetro. Que sea de la manera que más, Señor, os agrade. Yo me voy antes que sea mas tarde, a dar al Barón la lista. Qué gran presencia! Qué Señor tan generoso! de gozo el alma se anega! Adiós Señor. Él os guarde. El buen viejo, que tal tiembla de júbilo. Voy a dar a Luisa tan gratas nuevas. A dónde, Luisa infelice, tu dolor a sí te lleva? piensas encontrar acaso algún sitio donde puedas estar libre del rigor de los males que te cercan? Perdiste tu amado esposo, aquel a cuyas ternezas tus afectos cariñosos dispensabas alagüeña. Por qué, hado rigoroso, me quitaste aquella prenda? Ay de mí! que ya no tengo en mis ansias donde pueda recurrir; ninguno veo, que compasivo proteja de nuestro inocente afecto las intenciones sinceras. A dónde, Conde y Señor, a dónde están tus promesas? tan presto, dime, olvidaste la generosa protesta, de proteger compasivo nuestros males y miserias? Pero, qué es lo que pronuncio? yo culpo de esta manera a mi Señor, sí Justino obligado de las fieras amenazas de mi Padre, es causa de las acerbas penas que tanto me oprimen, por abrazar tan funesta, tan fiera resolución. Poco mi vida te cuesta, pues la dejas sumergida en la borrasca violenta de sus imaginaciones; si lo haces porque no sienta los rigores de mi Padre, esos rigores desprecia mi valor, esos rigores, es preciso los padezca en aquesta situación. Morir tan solo me resta; pero ausente de tus ojos, qué importará que yo muera? Qué miro? Dios mío! Luisa, ces en tus lágrimas tiernas, no te dejo, no, bien mío, a tus plantas tienes puesta mi vida, y cuanto yo valgo. Qué miro: Ay ingrata fiera! Qué es esto Barón? Dios mío! Pues cómo tú aquí? Di, es esta la ausencia comprometida? Toda la sangre se hiela! Qué le diré? Qué rubor! Yo::: sí::: Conde:: considera: pero cómo::: Yo abatido, cuando de celos revienta mi furor? Y dime Conde, no buscaba algo tu honesta pasión aquí? Pues amigo; no te engañaba tú idea si busca un horrendo monstruo, pues con mis celos encuentra. El Conde, Luisa, este agravio castiga de esta manera. Qué es esto, Luisa? Quá es esto? El Barón:: Detén la lengua, excusa ya de decirlo; la turbación que se observa en tu rostro lo declara, sola ella lo manifiesta. Ya conozco son fingidas tus lágrimas, tu vergüenza es salsa, sí. Disfrazabas ingrata la más horrenda malicia bajo del velo de virtud, con tu inocencia ofuscaste mis sentidos, me moviste a que pusiera mi conato en adorarte; y cuando mi vondad llena de júbilo, viene a darte las más deliciosas nuevas, halla, infiel, en tus traiciones tal premio, tal recompensa? Suspira justino, llora por tu amor, por él emplea tus fatigas y desvelos, que en este sitio te espera tu dueño en ajenos brazos; llega presuroso, llega, que premiará tus cuidados, con que mires tus afrentas. Escucha, justino, atiende. Cesa, cruel, no pretendan alucinarme tus voces con engaños, y cautelas. Yo vengaré mis agravios, castigaré mis ofensas dándole cuenta a tu padre de tus excesos. Lamenta tu desgracia, y situación, tus males y tus miserias, que tanto rigor merece la que engañó mi inocencia. Justino, mi bien, escucha::: Ahora males, ahora penas, juntad todos los rigores, juntad toda la violencia de vuestro poder, a causa que una desdichada muera. Ay infelice de mí! Cuando, Cielos, cuando piensan cesar tantas desventuras? Yo con la nota y sospecha de ofender a mi justino? A jJustino? Dura Estrella! acaba ya con mi vida, pues ya se cansan mis fuerzas. ACTO SEGUNDO. No tienes que darle vueltas,

JORNADA SEGUNDA

me has de decir por qué causa estás tan triste. . Señor, es aprensión, porque nada siento. . No, aqueso es engaño; yo te conozco en la cara que has llorado. . No Señor. Es diligencia excusada que lo niegues: pero en fin, ya que estás tan obstinada en no decirme el motivo, quiero que deseches tanta tristeza. No sabes, hija, que te tengo ya casada? Ay triste! Con quién? Al Conde ahora poco junto a casa encontré::: . Infeliz de mí! Y tratando cosas varias, me dijo como justino había sentado plaza en el cuerpo de sus guardías. Yo perdida la esperanza de que casarte pudieses faltando él, con eficacia le pedí le libertase; y así::: . Respiremos ansias. Le conté como con él te tenía ya tratada de casar::: . Qué escucho Cielos! El mirando tu desgracia, y apiadado de mis ruegos::: Ya mis desdichas acaban. Me dijo, que no podía eximirle, de que::: . Vaya. Por ocho años le sirviese; pero que si yo gustaba casarte con otro, él tiene en una quinta, cercana a esta Aldea, un Joven de tan nobles, como cristianas costumbres, que le administra todos los bienes que saca de aquel territorio, Yo advirtiendo las ventajas grandes que en esto consigues, al Conde di mi palabra; así prevente, pues pienso quedes casada mañana. Cielos, qué escucho! Infeliz, solamente le faltaba a mi pecho esta desdicha, porque a su colmo llegaran. Qué dices? . Señor, que yo a vuestro gusto humillada estoy siempre; pero que premeditéis las amargas consecuencias, que origina una unión; pena tirana! que el amor no ha producido, que del cariño las ansias::: No tienes que replicarme, es mi gusto, y esto basta. Mirad, padre, ocasionáis a vuestra hija su desgracia, e infelicidad. . Yo sé, que no serás desgraciada con el esposo que quiero darte. . Pero advertid salta en mi aquel conocimiento y trato::: . No importa nada que no le conozcas. . Ah! meditad, Señor. . He, calla. Quieres que ya que he salido del cuidado que causabas a mi pecho con justino, en otro de nuevo caiga con el Barón? Qué creías, que ignoro yo cuanto pasa? Oh morirás a mis iras, o te casarás mañana. Padre, Señor::: Ay de mí! Justos Cielos! qué me pasa? Ah, Cónde! por qué quisiste llégase a creer la esperanza de mi remedio, si al cabo has faltado a tus palabras y promesas? Mas valia me dejaras en mi infausta desesperación, que al fin no estarían renovadas en mi corazón mis penas al presente, ni me hallara en situación tan terrible, y dolorosa::: Ah, insensata, infeliz de mí! qué digo? Si solo el Barón la causa es de todas mis desdichas, de tan funestas, y aciagas consecuencias; pues el Conde a vista de su arrojada temeridad, me ha creído culpable, y por eso trata Ba de castigar mis delirios con una pena tan rara Oh, vos, Dios mío! que de mis puras, y castas intenciones sois testigo, mirad a esta desdichada, compadecedla, tomando a vuestro cargo su causa; pues solo vos sois quien puede en tanto mal consolarla. Segunda vez te suplico, Conde, que tan infundadas sos pechas grato perdones. Aunque es indigna tan baja presunción de mi indulgencia, sin embargo perdonada está ya, con solo que me digas, que te llevaba a casa de Luisa, cuando me prometiste no hablarla, ni verla por unos días? Saber que tierna me amaba, saber que su amor merezco, y con esta confianza iba resuelto, sí, amigo, resuelto a sacrificarla nobleza, patria, y fortuna; ofreciéndola mis ansias un secreto matrimonio, si temía que su fama se tómase por objeto de conversación; si nada de aquesto la parecía bastante a ratificarla, de que quedaba segura, dejaríamos la patria huyendo a un clima estranjero. Y te fueron aceptadas esas tan locas propuestas de Luisa? Ah! no, que tu entrada me impidió la declarase mis designios. Mas sí me ama constante, qué duda tienes? Me persuado que te engaña tu pasión, Barón amigo. Luisa discurro consagra su cariño en otro dueño. Desecha idea tan vana, no lo creas, no lo creas; la candidez que reparas en su pecho lo desmiente. Además, que ella no trata más personas que nosotros. Y un mozo de esa cercana con i- Villa, llamado Justino? Las gentes dicen que pasa de tres años que se quieren. La sangre sé quedó helada! Decidme, Conde::: Ay de mí! de quien sabéis tan infaustas, tan estrañas novedades? Preciso será que vaya a aclarar aquestas dudas. Tus desdichas despedazan mi corazón; no hallo cosa, Barón, que por aliviarlas no emprendiese mi cariño: más, amigo, si no apartas tus ojos de aquese objeto, serán inútiles cuantas precauciones quiera darte la amistad más extremada. Conde, mira::: Qué es aquesto! podrá ser lo que me pasa realidad? podrá justino, un pobre pastor y guarda de ganados competirme en amor? podrá mi Dama pretender un desdichado, en quien la mayor ventaja es haber sido dotado de aquellos bienes que llaman de naturaleza? puede, puede, digo, su jactancia ser mi ribal? ribal mío? Aún de pensarlo se infama mi nobleza. Sí, infundadas son en todo mis sospechas. Pero puedo en las palabras del Conde tener yo duda? El Conde::: el Conde se engaña; si le dieron la noticia, es la noticia falsaría y alevosa. Mas qué digo? Pues acaso no la iguala en la sangre? Sí, que solo la diferencia se halla en la posesión de bienes de fortuna. Qué batalla de afectos tan encontrados rigorosos despedazan mi corazón. No sé, Cielos, qué pueda pensar en tanta::: villano, Señor? . Infame, quítate, de mí te aparta, porque el ardor que respiro dentro del pecho, no te haga tan solo con el amagó desperdicio de mi saña rigorosa. Dime, aleve, por qué motivo intentaban persuadirme tus traiciones, que tan solo de tu hermana era yo quien conseguía el amor? El Conde acaba de notiviarme, impostor, que sus finezas alcanza un Pastor; ese justino, que he visto entrar en su casa diferentes ocasiones, es quien logra sus villanas correspondencias. Señor, aquí la industría me valga. No paséis más adelante en asunto que me causa rubor, solo el que penséis caben ideas tan bajas en mi hermana. Que::: advertid que el Conde sagaz os trata con doblez bajo el aspecto de amigo. Mi vigilancia en serviros ha logrado descubrir todas sus tramas contra vos: así os oculta, y de deciros se guarda ser él el que solicita con dádivas y con largas promesas la sencillez de Luisa. Sí, esta mañana le encontré::: Pero no intento descubrirle: mi desgracia es ya tanta, que presumo que juzgaréis mis palabras engañosas. . Qué profieres? es eso verdad? acaba, no apures mi sufrimiento. Di, qué sabes? Pero trata de no mentir, si no quieres dar motivo a que mi rabia entre mis manos te saque el corazón. . A mi nada me importa morir, logrando perder la vida en demanda de mi honor: así os aviso, que cuando llegué hoy a casa encontré al Conde con Luisa, que constante reusaba tomar no sé qué dinero en un bossillo. Mi entrada le sorprendió: suplicome vivamente que guardara el secreto, y ciertamente le guardaria por causa de no daros sentimiento, si no mirara que infama el Conde por otro lado a Luisa, con imputarla amores con un sujeto tan indigno: . Calla, calla, quítate de mi presencia, vete con tu padre, aparta, no vuelvas a presentarte en mi servicio, La llama de mis celos me consume. El Conde, Cielos, me agravia? mi caro amigo? Qué, miente, miente la lengua villana que a imputarle tal delito se atreve; cómo? en el alma reinará siempre mi amigo, sin sospechas de que paga con semejantes traiciones mi cariño. Pero tantas y tan repetidas muestras cómo he visto, serán salsas? serán todas aparentes? Difícilles.O! Si se halla culpado en tanto delito, ha de ser tan inhumana mi venganza, que esta ofensa será en su sangre lavada. Pero cómo lo sabré? que qué medio será, o qué traza mas segura? Ya la hallé; voy a indagarlo a su casa de ella misma; mas por Sí no pudiese acaso hablarla, llevaré un papel escrito y se le daré, O, mal haya pasión que tanto me oprime! Ah, Conde! Si ti me agravias, teme, teme los funestos estragos de mi venganza. Sí, Justino; aqueste acaso fue el que te hizo sos pecharas de mi cariño, y este es móvil de nuestra desgracia irreparable. . Mi bien, suspende el llanto, y aclara tu hermoso cielo; porque discurro, Luisa, te engañas en temer tal desventura y dudar de la palabra del Conde. . No, no Justino, cierto es, sí, lo que declara mi voz. . No importa, respira, aunque sea cierto nada tienes que temer; yo sé que me estima, y aclarada la presunción que ha tenido de tu culpa, su preclara nobleza sabrá cumplir lo que ofreció esta mañana a mi pena. . Dios lo quiera: más reinan desconfianzas en mi pecho; pues mi padre nunca olvidará la saña y aversión que te ha tenidó hasta el presente. . No, calla, nada receles teniendo al Conde con eficacia empeñado en nuestras dichas; él protejerá mi causa, y vive Dios que me pesa hayas pensado con tanta bajeza de sus ofertas. Es verdad, pues tu vizarra generosidad, es digna de mayores confianzas. Pues a Dios Luisa, que quiero hablarle antes de que salga. Adiós Justino. Mas dime, dudarás de mi constancia otra vez? . Amado dueño, tus virtudes en el alma de justino estarán siempre; y así postrado a tus plantas el perdón de aquella culpa pido:: . A mis brazos levanta mi bien, que ::: Qué miro? aleve, muere a mis iras ingrata. Ay! . Detente. Señor, deja castigue en esta villana mis oprovios. . Hé, detente. Cómo impedis que esta infamia castigue? . Porque es su esposo. Su esposo? . Sí. Qué me pasa? Quién es su es poso? Juguno. Quién postrado a vuestras plantas, suplica, le recibáis por hijo. Cesen ya tantas iras, rencores, y enojos, que contra mi reservaba vuestro pecho, y compadezca la situación de dos almas, que con ansia solicitan una unión, tan inmediata como veis. Ah! perdonadme los cuidados que la llama de mi pasión amorosa os causó, y dadme la grata satisfacción, de que puedan mis cariños y mis ansias daros aquel dulce nombre de padre. Curad la llaga, que mi corazón padece, deteando la prenda amada de Luisa; lleguen mis penas al puerto de vuestra gracia, , Señor, os aúplico, aquesto de vos aguarda conseguir este infelice, que postrado a vuestras plantas determina no dejaros, hasta que consiga la altá dicha de llamarse dueño de la prenda que idolatra. Alza del suelo, justino, cesen tus extremos, basta que el Señor lo contratase. Está ya reconciliada vuestra amistad? Sí, Señor, porque en nada está culpada. Padre? . Vamos, da la mano a justino. . Qué extremada ventura! . Ya soy feliz. Y decidme amigo, vaya, tendrá celos de justino, el novio? . Yo no pensaba de algún modo que sería Señor, el que dedicaba V. Excia. para dueño de mí Luisa. Mas la manda de los doscientos doblones, y la quinta, cosa es clara que será para justino. Todo es suyo. . Son ya tantas las mercedes recibidas de vos, que dejan atadas las voces, para poder daros las debidas gracias. Qué novedad es aquesta Señor? Justino:- . Sí, calla, porque es marido de Luisa. Muchacho, vamos a casa, . a quitarte ese vestido, no te quiero con casaca de Soldado: allí habrá alguno de Jorge. . Qué inesperada ventura. . Vamos Señor. Espérate Luisa, aguarda, que tengo que hablarte. El Conde de este golpe es solo causa: Pero mi amo viene aquí. Vuestros rigores acaban de ultrajarme con la frase de impostor. All mis palabras, a mi peser salen ciertas. Mirad, mirad donde se halla el Conde con Luisa. Cómo: . Sosegaos, dentre estas ramas podéis notar sus acciones. Con que en efecto, tan bajas ideas de mi formaste? De mi culpa a vuestras plantas. Mis brazos de mi cariño, den muestras acreditadas. Qué miro, Cielos Divinos! Oh, celos! Luisa abrazada con el Conde? . Dan a tu Padre cuando entremos en tu casa este bossilló. . Señor:: No hay qué replicarme nada? doscientos doblones lleva, a que cuando quedó tratada la boda, para tu dote le prometí. Declaradas están ya mis desventuras. Espero prueba más clara? No tomó Luis a un bolsillo? No percibo tus palabras, pero por la vista bebo el tosigo que derraman sus acciones. Y podré tolerar yo tanta infamia? Vamos: quiero despedirme de tu Padre, que hago falta en casa. . Ahl Señor, los Cielos os paguen mercedes tantas. Corre, Jorge, tu presencia impida queden logradas sus ideas. Cómo Luisa En vivas llamas se abrasa mi corazón! Esa aleve, esa esa perjura he ingrata después de una recompensa tan indigna, como acaba de dar a tantos desvelos, gozará tranquila:: calla, que no permiten mis celos, que queden articuladas las voces, sin que primero dejen ellos castigada tanta ofensa. Infame Conde, tú verás a donde alcanzan los éxtragos que medita esta pasión obstinada de mis celos. Sí, disfruta caricias de esa villana a costa de mis agravios, que tu castigo te aguarda. En aqueste mismo sitio, he de ver representada la rigorosa tragedia de mi afrenta, la inhumana satisfacción que pretendo tomar de las asechanzas y traiciones de un ingrato, que cubierto con la capa de amistad, supo quitarme la prenda, que idolatraban mis sentidos. Ah! vil Conde, O! qué de furias asaltan mi corazón: Ya le miro: dé principio mi venganza. Barón, amigo, qué hacéis? Esperar que mi arrogancia te despoje de la vida, si tú primero no acabas con la que ya me es odiosa. Escoge, traidor, y trata de defenderte. . Permite estrañe, Lindorí, que: . Nada escucho, y así procura defenderte, que mi saña la miro a todo dispuesta; con que así desesperada hará de mi propia vida desperdicio con la bala de esta pistola. Detente. Qué frenes! así te embarga la razón. . No escucho Conde, con que así toma, o mi rabia: Quítate monstruo, que yo desprecio así tu arrogancia. Nada reparo. Ay de mí! De hielo soy viva estatua! Qué delirio he cometido? no le maté? derramada no estoy mirando la sangre de aquella mitad de mi alma, de aquel amigo, a quien debo la mayor parte de cuantas riquezas y dignidades poseo? qué atroz infamia! dónde huiré? o en qué parte mi iniquidad sepultada puede quedar? Si declaro la razón de mi venganza en mi abono, será débil, y de todos reputada por ignominiosa, y torpe. Y podré vivir sin fama? podré cubierto de oprovio? no, mi muerte de mi infamia: Lindors, Lindorí, ay de mí! . Oh! qué frenesí, qué audacía! qué es lo que hecho? Conde amigo. No lamentes mi desgracia, llora tu destino, llora. La sangre que se derrama de la herida, mira, amigo, si es que puedes atajarla con un pañuelo. . Ay de mí! qué es esto que por mi pasa? por un amor detestable? he cometido la infamia de de maltratarte? yo? Conde. Amado Barón, tu infausta situación me compadece, me mortifica, y me causa el más vivo sentimiento, a el horror que ya dimana en tu pecho del delito cometido, Acrisolada con nuevos vínculos puede quedar tu amistad si tratas de jurar el concederme lo que te pida. . Que mi alma y la sangre de mis venas en tu servicio prometo amigo, sacrificarlas. Menos es lo que te pido; solo quiero que palabra me dés, de que entre nosotros ha de quedar sepultada la atrocidad de este caso. Y es eso lo que me mandas? O! alma digna de que en bronce tu virtud se eternizara. Pues, amigo, ve y procura que de la casa me traigan al guna cosa en que puedan conducirme; pues la falta de la sangre me satiga. O! dolor como no acabas con mi aliento? pues amigo mientras, que voy a buscarla quedarás aquí sentado, en medio de estas retamas. Finjo mi mal para que entre y mire escena tan grata, que cunar dichos a puede la pasión que oprime su alma. . Justino, qué ya te miro libre de tantas borrascas? Ponderarte amada Luisa, las penas y las desgracias, que he sufrido estos tres años, fuera desearte obligada, y pedirte por juaticia los favores que de gracia consigo de tu cariñío: y terla declarada fantasía imaginar, que podían mis palabras manifestar los diluvios de contento que en el alma han renacido este día con tu mano; pues es tanta mi alegría, que su sombra me persuado que no alcanzan los más dichosos amantes: de modo que a no templarla un infundado recelo de perderte, que dimana del valor de tanta joya, no dudo que peligrara mi:: Juan, amigos, el Conde está herido de una bala; acudid, acudid presto, no motive la tardanza mayor peligro, y llevad una cota acomodada en que poder conducirle. Oh Dios mío! qué desgracia. Vamos justino al momento. . Ohnoticia inesperada! Qué es lo que miran mis ojos? el bossillo que entregaba el Conde a Luisa es aquel; y justino se miraba tranquilo ya en la presencia de Juan. Ay de mí! qué claras miro mis atrocidades! digno soy de que irritada se abra la tierra y sepulte en sus cóncabas entrañas la pasión que oprime su alma. . este abominable monstruo que causó tantas desgracias. ACRO AERCERO l -̱

JORNADA TERCERA

Si amigo; Luisa llevada de aquel primer movimiento de tan gustos a noticia, ejecutó los extremos de gratitud, que miraste en aquel campo: y tu ciego, persuadido de un engaño, a presurasters angriento la venganza. . Desdichada víctima de mi perverso proceder, yo soy indigno de tu amistad, lo confieso; no merezco de tus labios escuchar el dulce acento de amigo; no, de tal gloria me privaron mis excesos inhumanos. . Ah! Lindorí, mi amistad está tan lejos de minorarse, que juzgo queda con vínculos nuevos prefijada. Si mis males han surtido tal efecto, como mirarte, ya sano de la herida que tu pecho satigaba, di, no quieres que en vez de llamar funestos mis accidentes, los llame los más eficaces medios que nuestra amistad conservan inviolable? Si tu ciego y obstinado proseguías, sin mirar ningún respeto, en amor tan detestable he indigno dé un caballero como tú, yo te debía reprender un pensamiento tan inicuo; mas si acaso dabas rienda a tan protervos apetitos, despreciando mis saludables consejos, era fuerza abandónase a pesar de los extremos y las voces del cariño, tu amistad: y así comprendo que más gano, que perdí en el acaso funesto de una tan pequeña herida. On justo Dios! Dios inmenso, tólera vuestra justicia, sin castigo mis excesos abominables? yo pude ofender al más perfecto de los hombres? Conde, amigo, amado Conde, no puedo escuchar ya tus razones, sin que mis remordimientos despedacen rigorosos mi corazón, El cotejo de tus amables virtudes con mis delitos horrendos, me confundé. Ah! ya te he dicho que es de muy poco momento la herida, pues el fingirme tan malo, fue con intento de que entras es en la casa, y quedases por ti mismo desengañado a la vista de tan felices objetos. En fin, Barón, porque quedes en un todo satisfecho de mi indulgencia, examina ese papel. Me avergüenzo de que puedas presumir, que de tu perdón sos pechó; pero leamos. Dios mío! puede ser lo que estoy viendo realidad? Amado Conde, solamente mi silencio puede dar alguna seña de lo mucho que te debo. No tienes que agradecerme tus muchos merecimientos mayor recompensa deben adquirir, Sí. Vamos luego a dar tan felices nuevas a tus Padres. . Oh! Los Cielos den el premio merecido, a un corazón tan perfecto. Válgame Dios! y que dicha ha sido que aqueste pliego, que habrá perdido el Barón, cáyese en mi mano. Pero de qué le sirve su amor, si se ha empeñado el desprecio de esa ingrata, en destruir indiscreta sus aumentos, juntamente con los míos? Cada ocasión que me acuerdo de la brillante fortuna que por su imprudencia pierdo, la más horrible venganza, médito. No, no hay remedio; no logrará una mujer verme rendido y expuesto a su capricho: a ella sola se dirigen los violentos rencores que deposita mi interior, y ella el objeto ha de ser de los extragos del mortífero veneno de mis iras. Esta carta ha de ser el instrumento de su desdicha: Pero ella viene aquí; disimulemos. Qué tienes hermano? acaso estás ahora conociendo tus delirios? te arrepientes de haber sido el fundamento de las desgracias que acabas de presenciar? . Empecemos el ardid. Amada Luisa, no puedes, no, los tormentos que mi corazón padece adivinar. . Cómo es eso? Declárate. . Crees acaso, que está todo tu contento y tu ventura, en unirte mañana en vínculo estrecho con Justino? . Así lo juzgo. Pues jamás ha sido el riesgo de perderte tú, y perderme más grande. Mira el empeño del Barón, mira esta carta, y conocerás el fiero destino que nos persigue. Ahora mismo con los ruegos más eficaces me dijo, te la entregara, . Y Protervo, tienes valor de poner en mis manos este objeto tan abominable? . Advierte bien, que sería en no hacerlo víctima de sus rigores. Pero bien está, a qué efecto has querido que lo viese? Para que sin perder tiempo le respondas, de manera, que no pasen sus excesos a más; para que te deje en paz, quietud, y sosiego con tu esposo, y para que logre mirarme yo exento de estar temiendo las iras de su amoroso despecho. Pues bien; di, que la respuesta fue tan solo este desprecio. Detente, hermana, repara que me pierdes con un hecho tan arrojado: responde de tu puño; te lo ruego a tus pies. . Cómo: A mi estado y a mi decoro es opuesto, que llegue a crer he parado mi atención en tan horrendo contenido. . Dile, que porque no juzgue le miento yo en la respuesta, has querido darla de tu puño mismo. Hazlo por mi solamente, toma la pluma, que viendo estaré sí biene alguno para avisarte. . Convengo solo por ti. Trae la carta: ponte a esa puerta. . Mi intento he logrado; y pues Juauino se halla ahora en el aposento del Conde, le avisaré. Vive Dios! que yo no acierto a empezar, Tanta osadía pudo caber en el pecho del Barón, que así pretende su preclaro nacimiento, oscurecer, con acciones indignas da un Caballero, y aún de un villano? Dios mío, ilustrad mi entendimiento. Ca Huye, que viene Justino. Ay de mí! guarda ese pliego. Qué es esto Jorje? qué carta ocultas? . Yo::: Sí: Di presto, qué estaba escribiendo Luisa? No era nada? . Yo he de verlo; muestra. . justino: Qué dices? Qué contiene un gran veneno, según juzgo, este papel. Por qué causa. Qué es aquesto? Por qué ahora poco, a mi hermana te le dio con gran secreto el Barón. . Pues bien, veamos. Desisto de tal empeño; baste saber que he de hacer que en un encierro perpetuo la ponga mi padre, a causa de que no venga a ser negro borrón de nuestro linaje. Qué me dices? . Qué será esto? Sí, esa villana, mirando solamente a sus deseos, infame esta unión abraza, para que su desarreglo. no se note. En fin, tú mira ese escrito, que en él creo encontrarás los designios de o dos. . habra perverso? su pastigo dará a todos los traidores, escarmiento. Justino: ; t - El Barón. Válgame el Cielo! qué acaso, qué accidente tan funesto! No tiene duda: la Carta que escribí cuando me dieron la noticia de que Luisa dedicaba sus afectos hacia Justino, es aquella. La perdí: pues al remedio acudamos prontamente, y ese traidor será luego víctima de mis rigores. Válgame todo mi aliento! Basilisco que en la vista traes escolidido el veneno con que matas, dime, acaba, que acaso fatal, y adverso pudo ponerte sañudo en mis manos, porque fiero acabes mi vida? Jorge, que con capaces de un hecho tan traidor estos aleves? Pues quét: di, no lo estás viendo? Dame, dame aquesa Carta que a presentarla al momento voy a mi padre. . No, tente, déjalo, amigo,,y esperemos a la noche; y cuando esté dentro el Barón le daremos cuenta a tu padre, y así los cogemos en él mismo M delito. . Tienes razón. Al! qué habra echado de menos la carta, y dará:: r . No temas, porque sorprendida al tiempo que yo entraba; los papeles tomo presurosa, y hechos pedazos por la ventana los arrojó dejando esto sobre la mesa olvidado con la sospresa. . Pues vete, no nos noren: El silencio te encargo. . Está bien. Ya di con dicha el paso primero. Y bien; qué es exto justino? podrás tener sufrimiento a tanto golpe? podrás ser escandaloso objeto, y blanco de un sementido, de de un traidor, que no contento con causarte tantos males antes de que fueses dueño de la que amaste, sino que cuando miras el tiempo de lograrla determina robártela; qué recuerdo! y aún haber Sidó el autor del accidente sangriento del Conde? Podras dejarle sin castigo? por el fuero de nobleza, y poderío ha de quedar así exento de tu rigor? Ahl inhumano, no quedarán sin el premio merecido tus infamias repetidas: mi despecho solo mira sus osensas, no le detienen respetos d . Y tú, ingrata, que de esposa, con el velo has intentado burlarte de mis caricias, y afectos teme, infeliz desdichada, teme mi rigor severo. Ya descubrimos la causa de tus fementidos llantos, y tus traidores lamentos. Yo que tubiera por dulce verme en el oscuro centro de una prisión, que daría, si mío fuese, el imperio de todo el mundo, por solo mirar tus ojos ajenos de otro amor, tal recompensa, tal paga, di, experimento de tu pecho? Sigue, ingrata, sigue tras dé tus deseos a juntarte con tu amante, que al ver su estrago sunesto haré que sienta tu amor lo que él mío está sintiendo. justino? Quién:: Qué queréis? Esta Carta me dijeron os entrégase. Mirad: Qué será tanto misterio? darme el papel, y marcharse sin responder? No comprendo qué podrá ser. En dando las diez estaréis fuera de ocasa, pues hay quien intenta mataros o después de haberos deshonrado. Quién pesto os avisa ofrece sácaros de cual- oquier riesgo que os pueda sobrevenir por dar muerte al agresor. De quien puede ser este papel? Sospecho será del Conde, pues otro no sé que con tanto esmero pueda por mi interesarse; no dudo que será cierto. Pero es posible, Dios mío, que tan públicos se han hecho mis agravios? Pues rencores a la venganza, apelemos, pues con tan noble Padrino, ningún infortunio temo y aunque me cueste la vida, qué pierdo sí la detesto? Querido Conde, te sientes mas aliviado? En aumento considerable conozco va mi salud, pues me siento con bastante agilidad, y casi del todo exento de dolores. . Pues amigo, en tanto grado me huelgo de tu salud, que esta noche celebraré que dispuesto te halles, para acompañarme a autentizar un festejo que quiere darnos justino. Pero qué: dime, es él mismo el que le dispone? . Nada, yo he de ser el fundamento. principal por cuya causa se ejecute. Lo primero, para que el mundo conozca que si pude en algún tiempo a una pasión entregarme, a esta hora estoy tan ajeno de pensar, como he pensado, que a Luisa, y justino dejo en en un estado, que nunca presuman que incurrir puedo en mis pasados delirios. Lo segundo, porque quiero vivamos los dos seguros por tan extraño suceso. Mis brazos, Barón Amigo, demuestren lo que agradezco resolución tan heroica. Nunca diste más completo testimonio de la sangre noble que de tus abuelos heredaste: tus pasiones cegaban tu entendimiento para que no conocieses los amargos desconsuelos, y desdichas que ocasiona el no pensar con arreglo al honor. . Es verdad, Conde; a tus reflexiones debo la luz, por quien he salido de aquel cahos vacilento de confusiones, que el alma poscían, conociendo la utilidad que acarrea la virtud; y los funestos precipicios que origina la iniquidad, advirtiendo la alianza de las virtudes con el honor verdadero. Ya pienso que será bien vayamos a disponernos para marchar. . Cuando gustes, Pues vamos. Jorge perverso, ya llega la hora en que pagues con tu sangre tus enredos. Funestos recuerdos, memorias tiranas, ces en vuestras iras de atormentar: dejad ni débil alma, Oh! Barón impío, Oh! Luisa villana, a qué precipicio vuestras viles traiciones hoy me arras- Infeliz Justino, (tran! qué suerte te aguarda? Ah! la más funesta que prevenime pudo la desgracia. Mi mayor tormento en desdichas tantas es que Luisa pudo abrigar en su pecho tal infamia. Esposa traidora, mis caricias pagas con dar a mis ojos un eterno llorar su suerte insausta. Ay desventurado! mi justa venganza el corazón llena de un horror que cruel le despedaza, El pálido rostro, la sombra inhumana de su indigno amante hallará en todas partes retratada. Su sangriento, pecho cubierto de llagas causará a su vista el más vivo dolor, mortales ansias. Cielos Soberanos mirad por mi causa, haced que no pueda cobrevivir Justino a su desgracia. Para qué la vida quiere, sí le aguarda eterna deshonra, vilipendio lamortal por su venganza? Qué haces Justino, bien mío:: Dónde vas? Qué causa he dado para que así te retires de mi vista? . Cruel hado! Porque creo que ya es hora de recogernos. . Reparo en tu pálido semblante justino que algún cuidado te agita. Parte conmigo, esposo mío, el quebranto que padeces. . Quita Luisa, no quieras con tus halagos atormentarme. . Mi esposo, en qué dime te he agraviado, que en tal extremo te ofenden mis palabras? . Oh qué enfado! Tube ahora poco un diegusto vuestras viles traiciones hoy me arras- por Jorge que estaba hablando (tran! con el Barón, pues sos pecho que tu pasión. . No mi amado justino, no, no receles pues creo haya ya mudado de parecer. . Ah traidora, ya comprendo tus engaños: como intenta disuadirme para poder:: Dios Sagrado! ya la hora de mis desdichas se aprojima. Qué quebranto! El corazón me parece encuentra pequeño espacio dentro del pecho. Adiós Luisa, me voy a acostar. Qué pasmo! Hay malograda hermosura! qué voí a perderte? O agravio! . Estántica estoy! absorta y confundida he quedado. Qué podrá ser? qué misterios son estos que yo no alcanzo? Partir llorando, justino, verle compungido cuando advirtió de que venía a su vista, diegustado de oír la voz que decía ser el hechizo y encanto de sus sentidos, confuso, el semblante demudado, perdido el color? O Cielos! mi mal está declarado; yo no puedo ser feliz aquesta unión abrazando. Lóbrega, y funesta noche, protectora de malvados, pues les prestas tus auxilios para los más deprabados intentos que sujerirles puede su pecho obstinado; en tus sombras encomiendo, cubiertas de negro manto, mi venganza; así vosotros luceros, que praparados estabáis para mirar mis ofensas, y mi agravio, veréis también el castigo riguroso e inhumano, que por lavar tanta afrenta ejecuta mi honor claro: y después que tanto oprobio deje con sangre lavado, iré entre los fieros brutos que habitan selvas y prados, a dar bado a mis gemidos, a sosegar mis quebrantos, a disipar tantas penas, como me han ocasionado los hombres brutos más fieros que los que habitan el campo: Pero qué es lo que examino? me parece que a lo largo diviso un bulto. Dios mío! rendido pido tu amparo. Pues Jorge, llega, y observa si están todo sosegado, y en silencio, para que me conduzcas a su cuarto, supuesto que tienes llave de la puerta. . Pero acaso el Conde, Señor: . No temas, todo lo sabe, y abajo quedará para guardarme las espaldas. . Mis agravios va a satisfacer mi hermana. Muere traidor a mis manos, pues ya no pueden mis celos estar más tiempo mirando a quien intenta alevoso deshonrarme. Qué fracaso es el que miro, Barón? qué es aquesto? . Dar el pago merecido a las maldades de un fiero impostor tirano. Juan, amigo, acudid presto, sacad luces. . Yo no alcanzo nada de esto: Di, Barón? yo estoy confuso. Qué: . El caso sabrás en breve. Hola? Juan? Quién es el que está llamando: Mas qué miro? un hombre muerto? Y es mi Jorge. Dios Sagrado. Qué es esto? Justino: . Dónde está, Justino? Vengando vuestro honor, y el mío:: Cómo: que aún estáis con vida? . Sí; yo como lo estás mirando estoy con vida, y tu honor ha estado, y está tan claro, y puro como el Sol mismo; y porque veas tu engaño, dale la Carta, que pudo obligarte a un atentado semejante a tu Señor. Mirad sí son infundados mis extremos. Ay de mí! Hijo mío, di qué acaso te pusó de esta manera? Mis delitos me causaron la desgracia. Sí, justino, yo solo de tantos daños sol el autor, mis delitos y traiciones ahora pago. . Sacad, amigo, a justino . de sus dudas. . Ay amado Justino! qué recompensa querías dar al conato que en idolatrarte puse. Desecha, Justino, cuantos recelos puedan tu pecho atormentar. Tus agravios no son ciertos: esta Carta la escribió mi amigo cuando ignoraba tu pasión, y antes dé que del estado que tienes ahora con Luisa supiese. Mas vos acaso no sois el que esté papel me hizó dar por un criado? No, Justino, ese papel es mío, pues escuchando las traiciones de ese aleve, y tus funestos engaños, te le escribí para dar castigo a los atentados de aquese infeliz que ha sido promotor de tantos daños. Y porque veas cuan lejos te encuentra mi pecho hidalgo de pensar como pensaba, porque vivas sosegado, y tranquilo con tu esposa, esta quinta yo os regalo, con condición que cuidéis, y alimentéis vuestro anciano padre, que mañana mismo tengo yo determinado ir con el Conde a Berlín, por lograr que descuidado vivas estando yo ausente. A vuestras plantas postrado os pido me perdonéis arrojos tan temerarios. No; amigo mío, tú has hecho lo que debe un hombre honrado. Ay esposa! aquí me tienes, castiga tantos agravios. Yo castigo tus delitos, sí:: con darte entre mis brazos indicios del sumo amor que siempre te he profesado. Este es, amigo, el fertejo que tenía preparado para restaurar mi honor. Oh! Barón, amigo caro, obraste como quien eres. Vamos a ver el estado en que se encuentra el herido, y pues queda demostrado por este suceso el premio de la traición, y su pago, escarmienten los inscuos en un ejemplo tan claro. Sal-