Texto digital

Texto digital de No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y convidado de piedra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio de Zamora
Atribución estilometría
Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y convidado de piedra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-plazo-que-no-se-cumpla-ni-deuda-que-no-se-pague-y-convidado-de-piedra.

Logo BICUVE

NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA NI DEUDA QUE NO SE PAGUE Y CONVIDADO DE PIEDRA

JORNADA PRIMERA

Victor el pasmo de Europa, Victor el honor de España Y víctor, para decir de una vez sus alabanzas, el segundo Minfingero. Victor. Buenay a la danza Qué voces son esas? Cómo ha tantos días, que faltas de Sevilla; te olvidaste de que este es tiempo, en que campan en la gente Estudiantina la vándola, y la guitarra, sus Estudios aplaudiendo. Es verdad, no me acordaba; mas qué mucho me diviertan cosas de más importancia? Es así, pues solo piensas en engañar a las damas. Si lo dices, porque ha- viendo pasado a servir a Italia, burlé en Nápoles a una; sabrás, que no por burlarla lo hice solamente; pues viendo, no obstante la gana que tuve, cuanto mi tío Don Pedro Tenorio tarda en enviarme a España, hice por donde me enviase a España. A ser otra travesura la que diese a tu jornada, causa, fuera disculpable; mas con las dos circunstancias que liuvo en el cuento, es en va- quererla dorar. Pues tratas argüirme, olvidando cuanto esos reparos me enfadan; dilas. La primera fue, ser la Dama, Julia Octava, de esclarecido linaje en Nápoles. Qué ignorancia! hecho el yerro, qué más tiene el ser Noble, qué Villana? Además, que yo a ninguna, en teniendo buena cara para complacer el gusto, la averiguo la prosapia Es la otra, que imitando acciones, vestido, y habla, de quien ya como su esposo, salía de noche, y entraba; en su casa, te atreviste a ser ladrón de su fama. Así es verdad, y por se ñas, que Filiberto Gonzaga era el dueño del cortijo; mas en fe de unas medarlas de oro, todo ese secreto me revelo una criada: quejese a ella, pues fue ella quien me guardo las espaldas. Lo cierto es, que tú::: Acortemos de réplicas, y demandas, y a otra cosa. Lindamente; y puesto que me lo mandas, sea tan esta la otra, que cada una sea entrambas, No lo entiendo. Pues por cierto, que está la letra bien clara. Di, que yo te doy licencia, ya que la música pasa por otra calle. Si el diablo, hiciera, que se parara en aquesta. Buen remedio, despejarlos a estocadas: pero ve diciendo:: Cuándo desamparastes la Patria en fe dé unas travesuras, muchas, pero muy honradas, pues fueron, dos, o tres muertes, sin motivo, y otras tantas Clausuras rotas; por solo unquítame allá esas pajas; no quedó de ti ofendida, y no con pequeña causa, Doña Beatriz de Fresneda; mujer ilustre, aunque hermana de un jácaro, que en la gería es el protoguapo en gradas? Sí: y toda su hincha fue no cumplirla la palabra, que la di de ser su esposo. Como quien no dice nada; pues si la pobre mujer estaba ya desauciada de esa esperanza, por qué (así que de tus andanzas vuelves) para otro desaire la despiertas la esperanza? pues todas las noches vienes tan a deshora a su casa, sin temer, que al hermanillo, que toda la vida anda en pendencias, se le antoje el venir a visitarla, y ande la de Dios es Cristo. Mira, Camacho, que ha- blas en razón; en cuanto a que ella desista ya de la instancia, no hay duda; pues no es mujer, que merece estar casada con todo un Don Juan Teno. río; pues demás de la distancia que hay en ambos, la fortuna desigualó las valanzas, en cuanto a los adquiridos explendores de ambas casas; pues hoy mi Padre en Sevilla sirviendo el puesto se halla de Camarero Mayor del Rey: y en cuanto a que salga el hermano a la defensa de su honor, (si acaso alcanza a saber, que, como a todas, di dado falso a su hermana) qué negocio? Pues acaso, porque es de los que recalcan las jotas, y tuvo en Cadiz el Barco de la Aduana, no sabré yo, sin traer estoque de más de marca, la valona de mucera, y el sombrero de antipara, darle con mis manos limpias muchísimas cuchilladas? El valor no te se niega: pues antes mil veces pasa a ser desesperación, mas no vas a ganar nada en tener un cuento, cuando casarte tu Padre trata ya, con Doña Ana de Ulloa, sembra rica, cuya tara entra, después de su hacienda, con ser hija, entre otras gracias, del Comendador Mayor del Orden de Calatrava. Esa es otra, pues creíste, (aunque el Cielo se juntara con la tierra) que me entregue yo a una prisión voluntaria? No, Camacho, que mi genio no es para andar de reata con mujer a todas horas, Pues con esa repugnancia, por qué afectas tantas finas, amorosas pataratas, galanteándola? Pues di, qué pierdo yo en galantearla? Si es boba, y me favorece, en lista de despreciadas, pondré una Doña Ana más; y si acaso se me escapa, conociéndome, me quedo tan libre como me estaba. Santa doctrina! Por ella la Andalucia me llama el burlador de Sevilla. El Tárquino de Triana; dijera yo. Deja ya locuras, y pues a pausas caminando, y discurriendo acabamos la jornada, haz la seña, y entraremos. A qué? A un rato de parleta. Yo apuesto, que estará Julia colgada de la ventana; pero allá va. Cé, es Camacho? Sin faltarle una migaja, dueño mío. Y tu señor dónde está? Aí a las ancas. Las ancas? Pues no es lo mismo el estar a las espaldas? Llámale, y entrad. Si haremos. Victor, a pesar de mandrias, nuestro Rector. Y revictor, para aplauso de la Patria. La música vuelve. Quieres, que el pasar se le olvidara por Calde Gallegos? Cierto, que es lástima no aguardarla, y deshacerla cuadrilla. Entra, señor; y repara, que eso es locura. Por sí entrando dentro me enfadan algo más, toma la llave de la puerta. Santas Pascuas: Si esta noche no riñere, que me den con una estaca a mi cien palos. 1. En forma Caballeros, y la daisa, para que haya la chillona, eche la jacarandaina. Vaya a la salud de uste- des. 2. Buen provecho mientras canta, todo el mundo diga el señor Rector Don Arias. Reinando en Andalucia Brutón el de Salamanca, só el gran poder de Tillostres seneció el buen Marco Ocaña; mas hombres asió, que el vino, más corrío, que las matracas, mas robó, que la hermosura, mas pidió, que las demandas: Digo, ha compadres. 1. Qué cosa? Qué tal va? 2. Cómo unas natas? Se proseguirá? 3. Primero descansemos de la marcha; que luego se andara todo. Ah dicho de pasmo. 1. Acanía. Qué se ofrece, seo Inojosa? 1. Yo quisiera, camaradas, que el Victor en esta esquina se clavase. Cuá de causa? 1. Es que en este cuarto alto vive, habrá algunas semanas, la hermanilla de Fresneda; tengo hechas mis carabanas de pretendiente, y quisiera::: 2. Hermoseando la fachada, hacerla ese obsequio? 1. Certum: 3. Que se jaga, Que se jaga. Y con la gente del bronce va usted, como en una caja. 1. Lo estimo, y pues venir hice a un costiller con la escala, voy por ella. Si Fresneda, Arráez de esta Balandra, supiera en los pasos, que ando! pero por dos bofetadas mas, o menos, no es razón dejar yo de ganar fama entre los del pendón verde. 1. A lo menos, ya no faltan martillo, escalera, y clavos. 2. Pues sube, y mientras que clavas, vuelva la Música. Ya se me bulle la garganta: toque ucé, Rey. 1. Pizpireta, aprieta, que importa, Vaya. Fueron golpes del Verdugo, que le trujeron la caza, Mostoles el de Toledo, y Obregón el de Granada: Carrascosa el de Alcalá, era duende de la manla, hombre, que a un sello en el gol- pe, le quiso quitar las armas. Digo, ha hidalgos. Don Juan, mira::: Qué he de mirar, si es infamia, sufrir tanta demasía? Qué infeliz soy! 3. Quién nos habla allá arriba? Un hombre, que sale a decirlos en plata, que la pared de su cuarto, no es postre de Salamanca para tener rotulones de almagre, y papel de extraza; y así pueden vuesarcedes, antes que baje, liarlas a otra parte. 3. Y diga ucé, que discurre hacer, si baja? Echar el Victor al suelo, y hecho astillas con la espada, metérsele en la cabeza. Agua va! 1. Claro es, que es agua. 2. Brava peste! Brava peste! 3. Usted, señor Don Urraca, pues claro está, quelo es, quien habla desde la jaula, se recoja; mas primero, para cumplir con la usanza, diga Victor: Bien apriesa os respondere, canalla. Cola, y récola, y con su añadidura de falda. 1. Tírale. 2. Mátale. Espera, y no arriesgando mi fama, tu vida arriesgues. 3. El Victor se quede, como se estaba, y en saliendo muera. Ahora llega lo de coger aldas en cinta, Pintado pues, empieza ya a llover balas. Gallinas, de esta manera sé yo cumplir mi palabra. 1. Pues se han errado los tiros, apele a las armas blancas el valor. Válgate el Cielo. 2. Pues la suerte hizo, que caiga, muera, antes que se levante. No muera, que hay quien le ampara. Pues ya me cobré, si acero rayo será, que desata la esfera de mi coraje. 3. Cada uno, camaradas, por donde pudiere, escape, pues el que a su lado se halla es el demonio, . No es sino el Ángel de la Guarda. Mas qué miro, vive Dios, que aquí hay uno, y mi tarama le ha de hacer rajas: qué bien metió el broquel: mas ya escam- Al va eso. (pa. Señora mía, dónde vas? Dónde la saña de mi adversa estrella, acabe con mi vida. Hombre, o fantasma, de palo eres, pues no sientes. Porque no la sombra añada otra fatiga, una luz trae, que el estorbo deshaga de las tinieblas. Por ella voy al instante en volandas. . Hay mujer más infelice? Parece, que oigo pisadas: agáchome, hasta que vengan los de la mano pesada. Pues los que a mí me tocaron huyeron, no será mala diligencia, ir recogiendo los despojos de las capas. Un bulto diviso. Pero, pues estando alborotada la calle, es natural, que Beatriz esté a la ventana, mejor es llamar, porque 1l. bajen una luz, mal haya la oscuridad de la noche. Ya tenemos en campaña un Moro. Beatriz? Mi nombre escuché; y pues cosa es clara, que es Don Juan, qué aguardo? No responden: vuelvo a llamarla; Beatriz? Aquí, dueño mío, está, quien ser, vida, y alma da en albricias de tu vida. O esta voz es de mi hermana, oh sueño! Y así, antes que mas gente acuda, mi planta sigue. Ya está aquí la luz. Mas ay! Los Cielos me valgan! que es mi hermano. Con quién, fiera, injusta, traidora hermana; hablabas ahora? Don Luis, si yo::: Mas para qué tarda mi furor en castigar tu traición? Ay, que la mata! No hay quién me socorra? Alón. Quién, viviendo yo te agravia? Quién en ti, y, ella de un golpe quiere tomar dos venganzas. Tan fácil es? Pues cualquiera riesgo esfuerza, que recaiga sobre mí, mejor, fortuna, (ya que está la suerte echada) es huir. Así, traidor, con una ofensa me pagas, haberte dado la vida? No te entiendo, riñe, y calla. Quién eres, que te resistes tanto? El diablo. Y no le engaña: Herido estoy. 1. Allí están. 2. Pues llegad, y a nuestra saña mueran todos. Ya volvió el diluvio de Sotanas. Así os respondo, gallinas. Que sin conocerle, vaya a quién me ofende? Por Dios, que van matando la caspa depasmo; mas por si hallo. a Beatriz, y a su criada, afusón. 1. De esta manera nuestra osadía restaura. aquel desairé primero. Para retirarme, aún falta aliento al pecho. Ya aquí preciso es volver la espalda al pelig 2. Hasta que huyan, apretar la mano, y caigan. Aquí podéis esperar al Rey, y tened por cierto, que os he, señor Filiberto, de asistir, y de ayudar, hasta que de vuestro honor falte el pequeño nublado, que le empaña. Si he tomado tan augusto protector, qué mucho que en la impor? tuña suerte de un influjo avaro, enmiende con vuestro amparo los hyerros de mi fortuna? y cuando con él contrasto su ceño, a decir me atrevo, que toda esta dicha debo al señor Marqués del Basto, cuya carta me franqueó el honor de tal Padrino. Cuanto en ella me previno, hiciera sin ella yo, por deuda de Caballero; pues es glorioso interés, amparar a quien lo es: Además, de que así espero . embarazar el tratado, que ya en Sevilla es notorio, de mi hija, y Don Juan Tenorio, que aunque de tomar estado es ya tiempo, y es su igual, no he de arriesgar su belleza con hombre, a quien la nobleza desaira el mal natural. Quién creerá, que cuando vengo solo a restaurar la fama. . de una Dama, sea otra Dama, a quien ya rendida tengo el alma, que me previene segunda ruina cruel? Plaza. El Rey sale, y con él Don Diego Tenorio viene. Poco el verle me embaraza, que aunque su hijo es mi ene- migo, en él tendré otrotestigo de mi razón. Plaza, plaza. A vuestros pies (celebrado invicto Alfonso el onceno, en cuyo brazo la espada, es otro segundo Cetro) en creencia de esta carta llega un noble forastero, a pedir, que le escuchéis. Poco favor para eso habéis menester, que yo jamás los oídos niego a suplica, o queja: alzad. Galán es el extranjero! Del Rey de Nápoles es la firma. Su nombre espero, . que haga sombra a mi fortuna. Por no errar el trata; miento, quién es, señor Don Gonzalo, ese hidalgo? Un Caballero Italiano, a quien por huésped tengo en mi casa. A qué efecto a España vino? Discurro, que le hoirá Usiria presto, y aún os pesara de oírlo. Ya acabó de leer. Sabiendo ya quien sois, saber también logre, cual es el empeño, que os ha traido a Sevilla, para que (en cuanto a los Fueros de Castilla no se oponga) os ampare. Oídme atento. Rendido al suave arpón de una hermosura, a quien die- ron Venus, y Amor el dominio de su Carcaj, y su Imperio; merecí ser admitido a los lícitos festejos de reja, papel, disfraz, paseo, Música, y terrero, grados, por cuyos precisos espacios sabe el deseo, caminando por la dicha, llegar al merecimiento. Bien mi fortuna lo dijo, pues en las alas del tiempo volando mis esperanzas, consiguieron, que su ceño menos esquivo, sin que dejase de ser tan bello, la entrada me permitiese de un jardín, en cuyo ameno espacio, no pocas noches logré hablarla, en el supuesto, de que sin más interés, que la dicha del empleo, (llos por entonces aspiraba solo, a que en nuestros dos cue- a la coyunda de amor echase un nudo Himeneo. En este espacio (no sé si sabrá, señor, mi aliento, ahogado de mi fatiga, pronunciar mi pena) pero que mucho sepa decirlo, el que pudo padecerlo. En este espacio, un indigno Andaluz, (porque no acierto a decir, según sus obras, un Andaluz Caballero) competidor de mi dicha, solicitando en secreto, sin mi noticia, su logro, apeló a tan viles medios, como son, noche, disfraz, engaño, y violencia ha Cielos! que mal puede la ignorancia cerrar el camino al riesgo, si desprevenido el daño, y desarmado el recelo, el primer aviso, que hay del despeño, es el despeño. Dígalo el ver, que granjeando una criada el vil cebo del interés, con mis señas, éntrase una noche dentro del jardín, donde valido de mi tardanza, fingiendo voz, y acciones, a la amante porfía de sus esfuerzos, lo que yo no pude amando, supo él conseguir mintiendo. En fin, ladión de su honor, y el mío, pues hizo a un tiempo una traición dos ofensas, con solo un atrevimiento; añadió la última infamia, que fue huir; pero no es nuevo, que a quien comete un delito tan vil, un horror tan feo, con valor para lograrlo, le falte el de mantenerlo. De estas causas, pues, movido, y de la de que mal puedo salvar mi opinión, si no (cho consta al mundo, ya que ha he- cuanto pudo ella, pues fue morir de su sentimiento, que de la mía he hecho yo, lo que a fuerde noble debo; Sabiendo, que está en Sevilla, a retarle en ella vengo a público desafío; en cuyo aplazado duelo, le haga confesar mi espada, ser él el infame reo de tan desairada culpa; a cuyo fin, me presento desde ahora: y como en armas haya lugar de derecho, le reto, cito, y emplazo, para el día, y en el puesto, que él nombre, y vos elijáis; porque aunque pudiera, atento a mi ira, matarle con vedadas armas de fuego, tosigo, o puñal, logrando a mi salvo el desempeño; nada consigo, si no consigo, que de mi acero al impulso, agonizando, diga la verdad, muriendo. Y así, generoso Alfonso, pues por mi sangre merezco esta licencia; y más cuando el perdido honor defiendo de una Dama, circunstancia, que hace más airoso el reto. Concededme, según Leyes de los Castellanos Fueros, seguro campo en Sevilla, para que árbitro Supremo de la lid, veáis, que, o no sale a la palestra, añadiendo desaire a desaire, o que si sale es a sertrofeo del castigo de mi brazo, y el rayo de mi escarmiento. Caso raro! Acción indigna! Solo siendo, Filiberto, vuestra sangre fiador de vuestra verdad, pudieron unirse en mí las distancias del escucharlo, y el creerlo. Es posible, que en Castilla hubo infanzón, que ofendiendo con tan indecente hazaña el lustre de sus abuelos, hizo lunar de sus timbres la sombra de tanto yerro? Sí señor. . Tenorio Ulloa, qué decís? Yo, que no encuentro (ble, hombre, en quien naciendo no- tanto lugar se haga el genio, que a esa vileza le humille. Yo, que en el espacio in- menso de lo posible, es más fácil, creer lo malo, que lo bueno. Decid quién es, para que no dudoso el pensamiento vacile. Es, señor invicto, quien osado, loco, ciego Ila tiró la piedra, engañando, y escondio la mano, huyendo, Don Juan Tenorio. Qué escucho! Qué decís? Válgame el Cielo. Gonoceisle? Cómo pude no conocerle, si siendo por sus continuos arrojos, reparo común del Pueblo, se hizo de todos notado? Y así, señor, me mantengo en que fue Don Juan Tenorio, un arrogante mancebo, que al abrigo de su tío Don Pedro, que hoy sirve el puesto de vuestro Embajador, quiso mi desgracia, que encubierto pasase a Nápoles, hasta, que aplacado vuestro ceño; por no sé que travesuras volviese a España; y supuesto; que sabido el agresor, solo resta hacerme bueno el campo que pido, otra vez a vuestras plantas puesto, la suplica revalido. Arrogante forastero, cuya pasión en la voz descubre el fondo del pecho? Don Juan Tenorio es mi hijo, y siéndolo, es argumento, de que en el caber no pudo, el desalumbrado exceso, que le acumuláis; y en suma, agradeced al respeto del Rey, que no de otra os diga. Ved, que n rguir, sino y que cuando vengo a eso, teniendo un contra río mozo, sobra un enemigo viejo; y así::: Las canas en mí parecen nieve, y son fuego? Para mí lo mismo vienen a ser helando, que ardiendo, Quién juzgue:: Qué es esto? Cómo estando yo de pormedio, hay quien osado::: Señor::: Bien está; y pues yo me tem- plo, mientras viéndola de espacio, vuestra acusación resuelvo; haced lo mismo los dos, pues si no, vivo Yo mismo, que sin servirme la pluma, decrete con el acero. Airado va el Rey. Ya que de esta acción, señor Don Diego, me hizo testigo el acaso, solo que deciros tengo, que el conferido tratado, que teníamos dispuesto, a fin de que la amistad pasase a ser parentesco, cesó desde hoy, pues ya veis, que acumulado un defecto tan público, no es decente Padrino de un casamiento: venid. Aunque en este caso caben pocos argumentos, por si tenéis que decirme, que soy huésped, os advierto, del señor Comendador. Id con Dios. Guardeos el Cielo. Si el hombre que tiene un hijo, tiene (según el proverbio) mil pesares; qué tendrá quien tiene un hijo perverso, tanto, que pasa a lo indigno el error de lo travieso? Qué haré, dudas? No es aquel mi Padre? Sí. Pues lleguemos, que bien presto su semblante nos dirá, si sabe el cuento de anoche. Tratar de ajuste, estando ya manifiestos acusador, y demanda, no es bien: poner de por medio tierra, ausentándole, es dar a entender, que le reservo del peligro de la lid: dejarle en Sevilla expuesto a que su poca paciencia añada materia al fuego, tampoco es razón. Cordura, qué me aconsejas entre estos tan implicados caminos, tan peligrosos rodeos? Si ya no es::: En qué, señor, u discursivo, u suspenso, abstraido detí mismo, batallas contigo mismo? Qué tienes? Te tengo a ti; con que en tenerte a ti ten un abismo de pesares, un piélago de tormentos: y quítate de delante, que vive Dios, que me temo mas a mí, que a tus delirios. Ya lo sabe, volaberunt. Dime, loco:: Sermoncillo? pues sea breve, que me duermo. A quién dejaste ofendido en Nápoles? No me acuerdo. A Filiberto Gonzaga, de los más Nobles del Reino, conoces? Creo, que sí; y por señas, que hubo un cuento entre él, una Dama, y yo. Pues ese, con el pretexto de tomar satisfacción, está en Sevilla. Me alegro! Delante de mí ha pedido campo al Rey, para que en due- público sean notorios tu infamia, y su desempeño. El Comendador Ulloa, no solo en desaire nuestro, le ampara, pues en su casa le hace el aposentamiento; sino que, ajando mi lustre, y el tuyo, de los conciertos de tu boda con su hija, se niega al contrato; y puesto, que mientras el Rey concede, o no, licencia, podemos discurrir el mejor modo de enmendar con el consejo, lo que ha errado la arrogante temeridad de tu genio, quédate a pensar contigo el empeño en que te has puesto, mientras yo, si a la fatiga de tanto dolor no muero, procuro obrar como, al fin, buen Padre, y buen Caballero. Y bien, qué decís, Cama de esto? Que sal quiere el huevo: mas tú qué piensas hacer, señor? Echar por en medio, y matar al Italiano: ven conmigo. Dónde? Necio, en cas del Comendador, porque yo no entiendo de esto de plazos, ni desafíos a lo antiguo; y en efecto, si no le encontrare, al paso diré unos cuantos requiebro a la Novía. Eso es, Señor, lo peor, y lo más presto? Ciego de cólera voy. Estupendo miedo llevo: mas porque a perder no lo eche, si va allá, dar soplo intento a su Padre; este hombre anda porque le den pan de perro. Quédate, Lesvia, a S puerta, y a nadie sin avisar, dejes a esta cuadra entrar. Aunque la veas abierta, pierde, señora, cuidado: rabiando estoy por saber a qué vino esta mujer. Ya, Beatriz, que hemos pasado le mi padre al cuarto, habiendo antes en el mío sabido la causa que os ha traído; que en él hallaréis, entiendo, enmienda a tanta traidora ruina como en males dos vos sentís, y yo por vos; y bien lo mostraré ahora, interponiendo mi ruego con mi padre, a fin, de que amparo en mi casa os dé. Si esa dicha a lograr llego, en vano mi bien arguye que la suerte le limita, pues cuanto abará me quita, piadosa, me restituye: mas como faltar piedad, para quien la va buscando, pudo en casa, que apostando timbres a la antiguedad, es el centro del honor? Pesar, en mal tan impío, acuérdate, que eres mío; no asomado mi dolor a labio, acción, o semblante, haga mi agravio notorio. Con que en fin, Don Juan Tenorio, de vuestra belleza amante, palabra de esposo os dio? Pues como de otra manera haber logrado pudiera que le diese entrada yo en mi casa; circunstancia que hoy mi quietud atropella; pues estando anoche en ella, de su genio la arrogancia ocasiono, mal sufrida, la pendencia, a cuyo ruido (como después he sabido) llegó mi hermano a dar vida al mismo que le ofendió, tan a su costa, que mal herido en tan desigual lance, por él arriesgó vida, libertad, y hacienda: mas para qué en mi tormento volver a contar intento lo quesabéis, sin que atienda a que mi desdicha grave lisonjeando el labio está? . Quién, si esto escucha; creerá, que en un pecho noble cabe tanto abismo de traiciones; añadiendo engaño a engaño? mas qué discurro, si un daño tiene dos satisfacciones? una, mostrando, que cuido (dos del mismo honor, que ha quita- y otra, haciendo a mi cuidado medianero de mi olvido; y más cuando otro pesar el nuevo huésped me trujo, Hado infiel! Adverso influjo! 2. Cómo::: No podéis entrar. Gente viene; y porque no antes, que a mi padre habléis, aquí os encuentren, podéis (en tanto que salgo yo al paso) en este aposento esperar a que os avise. No en vano, señora, quise fiar a vuestro entendimiento mi alivio: dolor, paciencia en ventura tan escasa! Pues cuando, yo, en esta casa hube menester licencia Ved, que yo::: Lesbía, quién es? Quién puede ser, que no hermosísima Doña Ana, (sea, quien de tus rayos a cuenta, Mariposa de tus luces, Salamandra de tu hoguera, viviendo está de los mismos incendios en que se quema. (cólera, disimulemos) . Que de esta suerte se mien No creí, señor Don Juan, que en hombres nobles cupieran tan traidores procederes, tan viles correspondiencias: mas yo me engañé, pues cuando de vos en toda esa tierra tan indignas voces corren, tan bajas noticias vuelan, quise, encendiendo la duda, deslumbrar a la evidencia; mas ya que::: Escúchame, y luego (dado que te los merezca) castíguenme tus rigores. Pues puedo desde esta puerta ver quien en el cuarto entró de Don Gónzalo, desmienta mi temor; pero Don Juan Tenorio es: albricias, pena; pues sabiendo, que aquí estoy, viene a librarme; y lo prueba ver, que de Doña Ana está informándose, o fineza. lo que debo a su cariño! Si son las disculpas esas, que alegáis, preciso es, que solo por ser vuestras, mientan, La llave de mi jardín dónde está? Qué quieres de ella? Que me la deis, para que la permitida licencia, que habiendo de ser mi esposo tuvisteis; viendo, que cesa la causa, niegue el efecto. Esto es ya de otra materia! celos, atención. Si de mi cordura se aprovecha vuestra porfía, fingiendo tanto diluvio de quejas, vive Dios::: Solo ahora falta, que me echéis una pendencia? Ea, entregádme la llave: mas no me la deis, que es fuerza, que no merezca ser mía, habiendo ya sido vuestra; pero advertid (por si acaso osáis, en fe de tenerla, transcender estos umbrales) que habrá poca diferencia, entre poner vos el pie, y yo castigar la desvergüenza. . Oye, que he de saber antes, quien te ha contado en mi osen tanto número de engaños. (sa Doña Beatriz de Fresa neda. Esto tenemos ahora? Bien por Cristo. Conoceisla? diréis que no; y yo lo creo, porque si la conocierais, no hubieran vuestras traicio- nes:: Poco a poco, y valga flema, Beatriz, que no estoy de humor de apurar quintas esencias de quejas, celos, y amor. Celos llamas las ofensas, traidor? Si tú, persuadida a que era fácil, que uniera un nudo nuestras dos almas, te engañaste, a quién te quejas? y pues no es razón, que demos que decir en casa ajena, quedate. Cómo quedarme sin que cumplas la promesa, qué hiciste? En vano te cansas. Daré de mi agravio cuenta al Rey. Con Don Juan Tenorio no se entienden las quererlas. Apelaré al Cielo, cuya justicia a nadie respeta. Si tan largo me lo fías, yo te permito la espera. Tarde fía, quien de Dios al Divino Juicio apela? Qué sé yo, déjame ahora, y lo que quisieres sea. Hombre infiel:: Estás quejosa. Mal Caballero:: Estás ciega. Si porqueves:: No des gritos. Que soy: Qué voces son estas? Turbada estoy. Vos aquí, señor Don Juan? Suerte adversa! Con Doña Beatriz; y señora, tan descompuesta en mi casa? De mi padre oí la voz; y por si media mi cordura el lance, es bien salir. Suerte no pequeña fue, que leyendo una carta se haya quedado a la puerta Filiberto. Al acordarme de que mi sangre desprecia Don Gonzalo, embarazando mis bodas, en iras nuevas arde el pecho. En fin, entrambos, negando el uso a la lengua, calláis, qué ha sido esto? Yo, señor, lo diré. Estoy muerta! Beatriz (en la confianza de que ha de ser tu nobleza seguro puerto al vaivén de su fortuna deshecha) buscándote entro en mi cuarto, desde donde, porque vea cuanto adelanto el alivio al riesgo de su tormenta, al tuyo la pasé, porque sin tantos testigos pueda informarte; en cuyo espacio, (abiendo hecho de él yo ausencia) creer debo, que a él (ah tirano!) haya venido tras ella el señor Don Juan Tenorio, de quien, como el lance muestra, podrás::: Señor Don Gonzalo, pues nada en estas materias es mejor, que el hablar claro; ni yo sé qué es lo que quiera esa Dama, ni en su busca he entrado en la casa vuestra; y para que veáis presto cuan distinta dependencia a ella me trujo, decidme::: Del Marqués del Basto era la carta, y en ella::: Cómo, cuando a su enemigo encuentra, no obra mi ira? traidor, muere. Qué haces? Cómo en mi presencia osáis::: Cielos, otro susto! Hay más raras contingencias! . Suéltame, o vive mi enojo:: Ya que esa Dama se empeña en embarazar lo que después llorará, si os suelta; advertid, señor Don Juan, que para ver donde llega ese ardor, tengo pedido campo al Rey, con evidencia, de que según el motivo de mi causa, le conceda; y pues estando retado, el que de noble se precia, debe no apelar a los acasos de una pendencia, reservad todo ese enojo para cuando en la palestra nos veamos. En cualquier parte que hallo a mi enemigo, es fuer- za darle a entender:: Ya os he dicho, que os templéis, cuando se tema pla el quejoso; y porque aún este aviso el resguardo tenga de otra acción, agradeced, que os hable de esta manera; a la casa en que os encuentro, pues no sé yo si allá fuera tan cuerdo obrara; y en fin, (pues la calle es más abierta campaña) no a estas señoras asuste la inadvertencia de vuestra ira, arguyendo cuan poco el veros me mueva con la mano en el acero, de ver que de vos se ausenta mi cordura; pues si otra acción el lance pidiera, no estuvieramos, Don Juan, por ninguna contingencia, vos, con la espada empuñada, y yo con la espalda vuelta. . Vive Dios, que ese es temor, y presto haré que os desmienta la experiencia. Dónde vais? A castigar su soberbia. Habiéndoos visto en mí casa, no ha de pasar a sangrienta la cuestión. Ved que mi enojo n ingunas canas respeta. De un empeño nace otro. Mi valor le hará, que apren- da. No le dejes ir, señor. Déjale salir, y muera. Ved que yo::: Vuestra porfía ya con más causa me empeña; y pues ya saqué la espada para defender la puerta, ved cómo ha de ser? Matando yo, a quien el paso me niega. Ay infeliz! Dónde iré, que no me siga mi estrella? Fabio? Arnesto? Lesbía? Nise? Muerto soy. De esta manera, a quien mi voz no persuade, mis cóleras escarmientan. . Que estoy mirando, des- dichas! Espera, traidor, espera, que aún estoy vivo. Qué es esto, ama mía? Una tragedia, tal, que disvade el sentirla, la incertidumbre de creerla. Padre? Señor? Fementido, aunque tropezando sea, te he de seguir, y por mí, el Cielo, que a todos venga, tome a su cargo mi muerte, Por si hay en mi daño en mienda, , n ayudente nuestros brazos. Ahora veréis, si quien era allí osado, aquí es valiente. Y vos, que el que allí os de- tenga, es para que aquí os castigue. El paso, señor, aprieta, si quieres llegar a tiempo. Mucho duras. Mucho alientas. i an. Filiberto, aguardad. Si no deseas, que despechada mi rabia, atropelle tu prudencia, quítate de enmedio. Cómo, bárbaro, cuando lo ruega un padre, no te detienes? Cómo en ocasión como está no es el respeto más, que una máscara de la flaqueza. Antes es sobre seguro bizarrear sin contingencia. Y así ya, señor Don Diego, por mí, mediando vos, cesa el empeño. Por mí, no, que no está mi espada hecha a reducirse a la cinta sin sangre. Ay tan mala bestia! Vive Dios::: Don Juan Tenorio, dónde está? Qué es lo que intentas, Fabio? Ya que le he encontrado, matarle, pues lo aconsejan mis lealtades. Quién te obliga, a que a tanta acción te atrevas? Ver, que ha dado muerte a mí amo. Qué dices? Qué muerto queda el Comendador. Ahora, (sin que a otro motivo atienda) sabré darle muerte yo. Ya escampa, y llovían piedras. Siendo dos los que te em- bisten, ya, hijo, estoy en tu defensa. Ténganse al Rey. La justicia. Poco ese nombre me en- frena. Qué es no enfrenarte, co- barde? Ah señor, coge soleta, que esto va de mala data. Dices bien, pues a ir me fuer- un padre, que me embaraza, y una dama, que me espera. . Dejad, que siga al que muerto en su propia casa deja al Comendador Ulloa. 1. Si esa es obligación nuestra, en vano es cansaros vos. Advertid 2. Vamos apriesa: esta es causa de importancia. Por si antes que ellos, llega mi venganza, atravesando la calle, que este más cerca, le saldre al paso. Contigo va mi valor. Quién dijera, que en dos horas solas, caben eternidades de penas? Mas pues no ay, de asegurarle mas modo, que el que le prendan; a que le prendan iré. Divina justicia inmensa! piedad, aunque su despecho abuse de tu clemencia.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda A vuestros pies, generoso Alfonso, Rey de Castilla::: A vuestras plantas, invicto Alcides de Andalucia::: Una mujer desdichada a pedir viene justicia. Buscando piedades, un noble extranjero, se humilla Y de ellos no ha de apar- tarse. Y a ellas es justo, que insista. Hasta saber que la logre. Hasta ver que las consiga. No estéis así, alzad del suelo: y ya que a mí tan unidas llegan suplicas, y quejas; sepa yo lo que os motiva a unir a ruegos, que abogan, persuasiones, que acriminan. Si este luto, si este llanto, melancólicas insignias de mi dolor, no os han dicho, que soy la infelice hija de Don Gónzalo de Ulloa, cuya fama esclarecida, después de su muerte, se hace venerar en sus cenizas; aún mejor, que ellos, señor, para informaros, lo diga, ser contra Don Juan Tenorio mi instancia; pues aunque sigan contra él tantas causas, cuantos hizo agravios su malicia, ninguna, con parte de tan superior jerarquía, como mi razón; pues esta es la primer vez que pisa Doña Ana de Viloa, losas, que pensó hollar algún día para Dama de la Reina. Quísolo así mi desdicha! La poca causa que tuvo, de Don Juan la tiranía, para dar muerte, a quien ya cansado de anos vivía, tallando en sus desengaños los mármoles de su pira: bien V. Alteza lo sabe, bien el mundo la pública, y bien mi dolor lo llora. Mas qué importa, en la precisa dañada influencia de una malévola Estrella impía, no haber causas, que provoquen, si hay ceguedades, que irritan. Tres meses ha, gran Señor, que sin dar a mi afligida queja más satisfacción, que la que tiene en sí misma; le tenéis preso, y aún está, mas la Pública Vindicta la debe al amor, que ampara, que a la equidad, que castiga; pues si por asegurarle de mirencor, de mi ira, (que al fin soy mujer, y airada, no es mucho, que esté temida) no hubiera sido su Padre quien a la torre, en que habita, le redujo; creo yo, que aún no tu vieran sus iras la pensión de estar suspensas, para no obrar, como altivas. Cuanto ha tocado a mi amor: para mostrar, cuanto estima de aquel helado cadaver las yertas pavesas frías; ha sido labrarlas noble sepulcro, que en la Capilla, que es honroso Patronato de nuestra ilustre Familia, religiosamente ultraje las memorias de Artemisa. Sobre él mi difunto Padre, al tallado mármol fía el dibujo de sus señas, el bulto de sus insignias, tan vivo, que bien podéis, si de vuestra Monarquía inquieraren las Fronteras las Escuadras Berberiscas, sacarle en Estatua, a que, para postrar su osadía, por vos haga su retrato, lo que hiciera su cuchilla. Pues si esto, que a mi cariño tocó, supo mi hidalguía desempeñar, vos, Señor, haced también, a la vista de mi razón, lo que toca al brazo de la justicia, en castigo de un aleve, (ay amor! no me lo riñas) . cuya traición, en un pecho, el noble resguardo os quita de vuestra Corona; y pues tanto es vuestra como mía la causa, muevaos el ver, que a vuestras plantas os pida venganza el triste lamento de una mujer afligida, que huérfana, triste, y sola, más logro no solicita, que ver su sangre vengada, ya que la miro vertida. Alzad, señora, del suelo, y no el fuego, que destila vuestra congoja, osabrase las flores de las mejillas. Pero antes, que a vuestra instan cia. responda, es acción precisa en mí, saber lo que intenta Filiberto; por si unidas. vuestras dos acciones, puedo atarlas, o convenirlas, de tal suerte, que no queden resquicios a la malicia, Mi súplica, gran Señor, aunque es con traria, es la mis- ma. La misma, y contraria? Sí, pues es pretender que viva, para que le mate yo. Y pues teniendo admitida Alteza mi demanda, (cuya instancia patrocinan los Fueros, que a cualquier No ble segura palestra libran) debéis mirar por mi honor, antes, que vea Sevilla a Don Juan en el cadahalso, dar satisfacción debida al difunto Don Gonzalo; (que es lo que pide su hija.) Que en su campaña le vea la verde estancia florida, exponer, Señor, el pecho; (cuando mi furor le envista) o al golpe de dos arneses, o al encuentro de tres picas: es lo que os suplico yo: aunque creo (si se mira a los efectos, que ofrecen mi esfuerzo, y su cobardía) lo mismo es que sentenciarle a muerte, porque si lidia conmigo; se sabe; que antes de que me acometa, espira. Ambos piden bien; y pues lo que mi cariño estima. . a su Padre, mi piedad, mas hacia esta parte inclina; esto ha de ser. Pues por ahora, Doña. Ana, lo que más insta, es, no quitarle la fama, pues le he de quitar la vida: dar tiempo al tiempo es razón: tomad vos esta sortija, que anillo Real, asegura el ser Yo quien os envía, y válido de su indulto, desde la torre en que habita, poned a Don Juan Tenorio preso en su casa, en la fija suposición, de que haciendo homenaje, y pleitesía, antes su Padre de darle, siempre, y cuando se le pida; estará de manifiesto. A vuestras plantas invictas: No os detengáis. Aunque sepa, que a Doña Ana desobliga mi intención, fuerza es mostrar, que entre el garbo, y la caricia, no puede ser con Don Juan airosa, y con ella fina. . Que esto vean mis pesares! Ah lisonja! Quién diría, que con el Rey pueda menos mi verdad, que tus mentiras? De esta manera podré, pues ya ajustadas tenían sus bodas, dar tiempo al tiempo, para ver si se suaviza este ceño, efectuando el contrato, pues rendirla podrán, o la autoridad, o el ruego. En fin, solicita vuestro precepto. Señor? albri- Don Diego Tenorio, (a cias, pues este acaso embaraza el que en sus quejas prosiga Doña Ana) qué traéis de nuevo? Muchas gracias, que rendida: a vuestros pies, como siempre, sean ofrendas votivas de mi reconocimiento. No os entiendo. Ay, ansias mías! Filiberto me ha contado:: Que a pasar a Don Juan iba a su casa, es verdad; pero si es eso lo que os obliga a darme gracias, sabed, que lo que hoy, para rendirlas, parece piedad, dilata su pena, mas no la evita; porque aunque hay favor, que templa, ay parte, que fiscaliza. n . Qué esto una privanza pueda! más vivo yo, que pues quita el Rey a mis esperanzas las que de lograr tenía mi satisfacción: el oro, pues todo lo facilita, me granjeará la venganza. Dónde va V. Señoría? A serviros; porque el ser mi hijo, quien os irrita, no es motivo, para que no sea yo, quien os sirva: y creed, señora, que nadie mas que mi amistad, sentida en vuestra desgracia, el todo de su dolor participa; pero el tiempo No señor Don Diego, en mis repetidas penas avivéis el daño, despertando la noticia: Pues venid. Con tales honras quedará desvanecida mi confianza. Esta es deuda, y no galantería; mi hija os pensé hacer, suplid el que os trate como a hija. Por qué quieres esperar, señora, que mi amo venga, en la calle, donde tenga la gente, que reparar? entra en su cuarto, y allí podrás esperar mejor. Bien dices, aunque el rigor de mi fortuna, (hay de mí!) en ninguna parte ofrece alivio al dolor que siento. Tú tienes de tu tormento la culpa, pues apetece a un hombre, cuya tirana falsedad, que viendo estoy, a cuantas engaña hoy, deja burladas mañana. Es muy fácil de engañar amor; mas dime (siquiera, por ser alivio, que espera la fuerza de mi pesar) como desde la prisión le traen a su casa? Eso, que es cuento largo confieso, que pidiera relación, a estar más despacio, pero de qué te has sobresaltado? De que con Favio, el criado de Doña Ana, a lo que infiero, cruzar a mi hermano vi la calle (Hay, Cielos!) Aí va, pues por estotra, que está mas sola, escapa, y así podrás, burlar tu temor. Porque no perder quisiera la ocasión, de que me oyera dos palabras tu señor; en San Francisco aguardando tu aviso estaré, que allí podrás tu buscarme. Di, porque no ande repasando la Iglesia, dónde estarás? Junto a la Capilla de los Ulloas, para que (pues no como las demás, en el Templo está, y su puerta une por la cercanía el Claustro, y la Porteria) con una seña me advierta tu cuidado, de sí es hora de verá Don Juan. Me place, que así podrán ver mis deseos, después que tú de ella hayas salido, el sepulcro, que han labrado al Comendador. Cuidado, pues no sabes ser olvido, haz de tu parte, por ver, si quien en su amante llama no le vence como Dama, le obliga, como mujer. . Aunque con bastantes verás la disvadiera el reclamo, pues buscar razón en mi amo, es pedir al Olmo peras: Quien a mi flema le mete en eso, Beatriz perdone, pues, en términos, se opone al oficio de alcahuete. Y pues: mas mi amo Don Diego a Doña Ana viene allí escudereando; ve aquí, que hiciese el diablo, que luego con Filiberto llegara mi amo Don Juan hecho, y dicho; qué Profeta es un capricho dé Lacayo, que repara: mesurome, como quien jamás ha quebrado un plato, y hago el arrimón. Pues ya desde aquí me encargo, hidalgos, de la guarda del señor Don Juan, a quien me ha entregado su Alteza, porque en su casa tenga por prisión su cuarto: desde aquí podéis volveros. 1. Pues es el orden que traigo obedeceros, en fe de mirar en vuestra mano el Real Anillo, quedad con Dios. 2. No nos despidamos, sin hablarle. 3. Vea Usía, señor si nos manda algo. Dios os guarde. 1. En este hombre es de alabar el agrado. Que haya yo de recibir de mano de mi contrario la libertad! vive Dios, que solo de imaginarlo, en nuevas iras fluctuo, en nuevas cóleras ardo. Ya, señor Don Juan, por mí:; No prosigáis, porque al paso he visto a mi padre. Y viene a Doña Ana acompañando, si no me engaño; y pues vos, como al fin buen cortesano, no querréis, que os vea; en este portal podréis, ocultaros mientras pasa. Si me viere, eche la culpa a el acaso, que lo quiso; y así, el día que los dos nos encontramos, paciencia, que yo por eso, no he de echar por otro lado. Venid, señora. Ay de mí! todo el corazón se ha helado: qué mucho, si he visto a quien dos veces me ha muerto. Oh cuanto siento, que al paso mi hijo esté; pero remediarlo . procuraré de esta suerte. Si otro más afortunado, que yo logró la ventura, señora, de acompañaros, permitidme, que partida la dicha entre dos criados, logre desde aquí servitos. Vuestro cortés agasajo estimo; mas creo, que con admirirle le pago. Llega a hablarla, y si el acero la injurió, acállela el garbo. Y que quieres, que la diga, si para mí son extraños filetes, que son mentiras, y parecen desagravios? Llega, pues. En cada pie muevo un monte. Lindo paso! Si el ceno de la fortuna (vive Dios, que estoy turbado) . dispuso hacerme instrumento de vuestro pesar; quejaos (bos, del destino, no de mí, pues no es razón que entre am- (hermosa está) pague yo . ofensas, que os hizo el hado. No le respondéis. Ya creo, que le ha respondido el llanto! ha traidor, que tanto siento . mi dolor, cómo tu engaño! . Ahogaronsela las voces en el pecho, no me espanto. Amor, como a un mismo tiempo la aborrezco, y la idolatro? Celos, poco a poco. Aquí, señor Filiberto, un rato me esperad, que luego, que haya a Doña Ana dejado en su casa, volveré, por serviros, a buscaros. Aguardad, que antes es fuerza, en la ocupación trocarnos, que trujimos. Cómo? Cómo, que deje, el Rey me ha mandado en su casa a vuestro hijo, el señor Don Juan, debajo de palabra, que habéis vos de dar, de entregarle, cuando su Majestad os le pida. Y pues en leales Vasallos, como vos, ya la obediencia va incluida en el mandato, quedaos con él, mientras yo a cumplir por vos me parto con aquel cortejo y ya, que he conseguido dejaros, señor Don Juan, si no libre, menos preso, de mi garbo aprended a manejar quejas de vuestro contrario. . Que esto oiga yo, y no le arranque el corazón a pedazos! En fin, hijo; mas por qué de esta manera te llamo? En fin, muerte adelantada de mis ya caducos años, de tu persona me fían la guarda, desconfiando, de que tú::: Pues lo quisiste, está muy bien empleado. Yo lo quise? Sí, pues fuiste quien mis iras sosegando, diste lugar, a que, como reo público, hombre bajo, en una Cárcel me metan; y pues dentro de ella he estado tres meses, agradecerme puedes, que un día de tantos, no lo haya pegado fuego. Y en tan conocido estrago, hombre, basilisco, o fiera, qué lograras? El gustazo de que yo, y todos los presos nos pasasemos de un salto a los infiernos, adonde he de ir, o tarde, o temprano. Calla, que solo de oírte, me estremezco. Hermosos actos de contrición! Entra en casa, mientras yo, dando a Palacio vuelta, a su Alteza doy cuenta, de todo lo que ha pasado. Porque se vaya, obedezco por ahora. Tú, Camacho, queda de guarda de vista de ese humano monstruo, en tanto, que yo vuelvo. No doy ya dos alberjas por mis cascos. Presto volveré: fortuna, afloja la cuerda al arco! Fuese ya mi padre? Sí. Pues ya que estoy libre, vamos. haciendo cuatro visitas a las Comadres del Barrio, Pues, y la palabra que dio de guardarte? Forracho, solo ahora falta, que tú des tu voto, como sabio, en las materias del duelo. Soy un bestia, soy un asno; mas no riñamos por eso. Si has de andarme a cada paso mareando con tus locuras, quédate, u te descalabro. Lo primero es lo seguro: Gallina menos. Andarlo. ya anda suelto; guardate, Comendador de Santiago. Ay Doña Ana, quién cre- hiera, que a quien, ni un solo cuidado costaste como marido, cuestes, como galán, tantos. . A avisar a Beatriz, pues quedo desocupado; iré, de que por hoy no hay ocasión, ni yo la aguardo, de que hable a mi amo: Dios me saque de ser Lacayo de Senor travieso. Ved, en que puedo, señor Favio, serviros. Viendo que ya estáis, a Dios gracias, sano de aquella pasada herida:: Así del pasado agravio lo estuviera; ah vil hermana! Que os suplique, me ha man- dado cierta dama, que en su casa, para haceros un encargo, os dejéis ver entre hoy, y mañana. Y qué despacho: es cosa de matar a alguien? Algo es de eso; y porque estan- do convaleciente, es razón cuidar de vuestro regalo, que admitáis, os ruego, estos cien escudos. Topo, y hago; y lo estimo, porque estoy hecho a matar más barato: mas decid. En esa esquina hablaremos más despacio, retirados del concurso; aunque es cansaros en vano querer, que os diga quien es, ni uno, ni otro; porque a tanto no me atrevo, sin su orden. Lindamente: pero aspacio, celos, que aquella es Catuja, . y viene, si no me engaño, con ella Don Juan Tenorio. Qué os detiene? Haber mirado, que en este portal mejor podremos hablar. Pues vamos. , y Desde aquí averiguaré sus traiciones, ocultando el rostro, hasta que después la hagamos cantar de plano. Señora Doña Cátanla, (pues con tan buenos apaños de damería, ya el tú es tratamiento ordivario) dónde bueno? Como es hoy el día que estreno el manto, y ya más convalecido del Doctor, y el jurgonazo, anda Don Luis por el mundo, voy a lucir a su lado, con cernícalo de seda. Haces muy bien. Por Dios Santo, que para convalecer no es mal julepe este trago, Cómo de música va? Ni un solo tono he cañ- tado desde la noche del Victor; y cierto, que estoy rabiando por echar de la gloriosa. Pues en fe de que hoy temprano me recogeré, si quieres dejarte ver en mi cuarto, para cantar mientras ceno, dos tonillos de porrazo: te lo estimaré. Ya sabe Usia, que en mis aplausos, el mayor es el servirle. Por Dios, que esto va desa pació. Dónde vais? Ya lo veréis bien aprisa. o. Estoy ya al cab Pues para que en mejor sitio esperes, si es que yo tardo, esta es del jardín la llave, con que creo, que has entrado otras veces; tomala, y de su licencia usando, espera en la galería. Ni una sola voz alcanzo a oír: mas qué me detengo, si esto ha de acabar en palos? Está bien: pero Fresneda, ay infeliz. Qué te ha dado, que así tiemblas? Qué sería lo que con tanto recato oculto de mí! No doy por mis nárices dos cuartos! Dejadme a mi llegar solo. Por si os puedo servir de algo, a la vista quedo. Aí va eso. Hidalgo. Pico más alto, Rey mío. No tan arriba. Caballero. Así me llamo. Esa Dama es cosas mías. Sealo por muchos años. No me ha parecido bien, que esté con vos mano a mano en conversación tirada; y más cuando ella ha tomado, no sé qué, que de mi oculta: y para que vamos claros en el cuento, sepase, qué es lo que ha habido en el caso, y daré la penitencía, conforme fue re el pecado? Con Don Juan Tenorio habla, si él supiera, que a subrazo . se fía su muerte. Aquí hay una de todos los diablos. En mi vida he respondido a quien trae ese aparato de crudeza, con más lengua, que la de un carabinazo. Mas porque sin esas armas vengo; usted, pues es tan guapo, reciba el deseo, y tome a cuenta esos cintarazos. Ahora se verá ese pleito. Qué es lo que miro! a tu lado estoy Don Luis, muera. Que haya de haber luego chincharrazos en cualquier parte que llego. Apartaos, que yo basto. Traidor, también tú me tiras. Soyleal, y fui criado del Comendador Ulloa. Todos sois pocos, villanos; la espada perdí. Yo en esas siligranas no reparo. Pues de Sa Francisco esto a la puerta, su sagrado guarde mi vida. Antes que sea la Iglesia su amparo, matémosle. Aún dentro de ella le he de hacer dos mil pedazos. Buena anda la gresca! pero en todo caso no es malo, llevar la llave conmigo. . No salgas, pues he escuchado ruido de pendencia. Un hombre se entra hasta aquí, retirando de otros dos. Y es mi señor. Con un hombre desarmado, cobardes, tanto rencor? Don Juan, mi bien, pues tú, cuando::: Qué intentáis? Darle la muerte. Ved, que estamos en el Claustro de San Francisco. Ay de mí! que es Don Luis. Dame, Camacho, esa espada. Don Juan? Hijo? Qué es esto? Cielo indignado, no es mi hermana aquella? Sí: p que mal pudo mi reparo cegar mi enojo. Qué hacemos aquí, habiendo ya llegado su Padre! Don Juan, mi bien no dijo? O si al escucharlo muriese yo! Qué es aquesto, otra vez digo? Haber dado, a quien sin razón me agravia, una vida de barato. Suerte, pues vivo ofendido; déjame quedar vengado, Ahora me huis, cuando tengo armas para castigaros? Eso haré yo, que aunque no sé la causa, que habéis dado; quien es mi contrario, no ha de tener más contrarios. Aguardad; y si es primero en un corazón hidalgo, amparar a las mujeres; a vuestra piedad encargo mi vida, pues en salir de aquí con vos, la afianzo solamente. Pues guiad, que en dos tan precisos actos del valor, cuando a este elijo, no es culpa ver, que a aquel falto. En otro traje esta noche buscaré a Don Juan. Quietaos, que conmigo vais: bien cumple Don Diego lo que ha jurado. . En fin, esta es la obediencia, que debes tener, por ley, a tu padre, y a tu Rey: Traidor? Para mi paciencia es bueno eso. Teme, que Dios te castigue algún día. Cuando aquella piedra fría me lo diga, lo creere. Pues no amentir enseñado su dueño está, que en rigor, copia es del Comendador. No lo había reparado. Así tu atención cumplió lo que en tu prisión, por ti, yo a Filiberto ofrecí? A bien que no he sido yo, Conmigo ven. Bueno fuera, que dijese mi enemigo, que de temor voy contigo. Pues qué hacer tu saña es- pera, lnco? Irme solo; y así, aunque de oírme te espantes, una de dos, o irte antes, o no salir yo de aquí. Hay hombre más infelice! Esto ha de ser, vete ya. Lo peor es, que lo hará de la suerte que lo dice. Peor es arritarle, adiós. Hay hombre más importuno? Luego voy. Cielos, en uno, ten lástima de los dos. Y a qué ha sido esta quedada tan sin juicio, y sin razón? A ver este fantasmón con su Manto, y con su espada. No esta bueno el aparato del sepulcro singular? Buen sufragio es, hermosear la ruina con el boato. Con qué ceño tan profundo nos mira su sobrecejo! miedo le tengo. Buen viejo, cómo os va en el otro Mundo? dirás que bien, claro está; pero si en el Purgatorio estás, a Don Juan Tenorio no le esperes por allá; y pues quien es tu contrario, ningún alivio te ofrece, no hayas miedo, que te rece, ni una Oración del Sudario. No está propio? Sí; y lo malo es, cuando entre aplausos medra, que tenga espada de piedra, el que la trujo de palo. Que así le hables? No he de hablar, si quiero su amigo ser? y para darlo a entender, si esta noche ir a cenar conmigo quiere, por mí hecho esta. El juicio perdió! Pues te he convidado yo, irás, Don Gonzalo? Sí. Ay, qué habló! Tú miedo advierta, que esa ilusión ha fraguado! No ves como se ha quedado con tanta bocaza abierta? Vamos de aquí, antes que em- bista segunda vez el temblor. Dices bien, Comendador, lo dicho, y hasta la vista. . Traidora, espera. Don Luis, si has creído::: Cómo, aleve, quieres, que no crean mis celos, que pues engañas, ofendes; y pues habiéndote visto hoy con Don Juan, de esta suerte, junto a sus jardines te hallo; (porque mi recelo aumentes) qué puedes decirme, ingrata? Que no soy de las mujeres, aunque con mantilla blanca, que a uno halagan, y a otro ven- den; y porque lo creas, sabe, que el que a estas horas me en- cuentres junto a su jardín, no es culpa. Cómo? Como Don Juan suele gustar de oír cuatro tonos mientras cena, porque quiere el diablo, quie entre otras gracias, cante yo bonitamente. Salió de la cárcel hoy; encontró conmigo; hablele; ofrécile venir; diome esta llave, con que entre al jardín; y sobre todo, me da ciertos dobloncetes, con que se abastece el garbo de cintajos, y alfileres. Y pues por ti (vamos claros) no pasa una alma (ya entiendes) y honradamente se busca con que trastejar el vientre, qué negocio? Espera, espera: o si la suerte quisiese abrir camino a mis iras! la llave del jardín tienes en tu poder? Vesla aquí, por más señas. Pues ya puedes, si procuras desmentirme, Cátanla, satisfacerme. Cómo? Entrando yo contigo, pues en sus frondosas redes oculto, podré yo ver si dices verdad, o mientes. Si le réplico, ha de haber solfeadura de mosetes: porque veas que por mí no hay ningún inconveniente, ven, más mira, que desde una reja baja, que guarnecen unos jazmines, a hurto, has de acechar solamente. Como tú quisieres sea: ea, honor, ya de la suerte menos airado está el ceno No hagas ruido, porque hay gente. Vil hermana, mientras lo gro o tu ruina, a mi ira consuele estar cerca de este estrago. Ven. se En qué estado, mis Reyes, la cena está? 1. Prevenida, porque no quiero, que encuen- tre con que tropezar mi amo, 2. La mesa, y el taburete, al paso del aire, que por esta ventana viene, pongamos. Digo; y el vino es de organos, u de nieve? 1. De nieve, y Lucena. Lindo! y qué ensaladilla? 2. Verde. No entrará ella en mi bar- riga; y después de lo caliente, pregun- to, ay algo fiambre? 1. Sus chistes. Dios le consuele: y en suma, qué postres hay? 2. El demonio que le lleve. Quedo con eso. A estas horas ha de estar mi cuarto siempre de par en par? 1. Cómo dijo Camacho, que no se cierre, porque ya venía Usia::: Si otra vez os acontece, con ahórcaros de una reja, haré yo, que se remedie. Sopla. Desde aquí seguro podrás ver lo que sucede. Ya ha venido. Hola? 3. Señor. Aquesa puerta de enfrente cerrad, y idme desnudando. Pues ya es hora de que entre; cuidado. Aquí aguardo; el pecho se enciende en iras, al verle. Mientras se desnuda, veamos a qué sabe este zoquete. Dios sea loado. Oigan, que tiene la casa duende! Cátanla, por Dios que cumples como honrada lo que ofreces. Y dígalo la guitarra, que por lo que sucediere, viene de remolque. Hasta que solo en su cuarto quede, iras, paciencia. Mujer, por dónde entraste? Bonete, no ves, que soy contrabando, y entro por alto? C me. La cena; y otro cubierto. Si ese es, para que yo cene, ya es después. Y qué ha caído? Un estofado de Liebre, con sus tomates al canto, t Pues canta. Como no temple. Porque Usia se divierta, irá algún tonillo alegre. Ay Dios! ha Ana, que no puedo, ni olvidarte, ni quererte. Mas que te lleve, Gileta, Cupido, que es diablo que sabe juzgar los desdenes: Mas que te lleve, y en su infierno apacible padezcas el mal de celosa, el tormento de ausente. Mas que te lleve, Gileta, Cupido, mas que lleve. Llamaron? Sí. Mira tú quién es, sin que este accidente estorbe, el que tu prosigas. Quién será, tirana suerte, quién a estas horas le busca? Vaya, que es lindo el juguete. Mas que te lleve, a pesar de tus vueltas, que es caso terrible el matar por quererte: Mas que te lleve, y en pago del juego, con que a todos burlas, su fuego te abrase, su incendiote queme. Mas que te lleve, 1. Señor? Qué traes? 1. Al abrir la puerta, (sin que dijese quién era) un hombre se entró en el cuarto; detenerle quise, pero él, sin decir, ni aún entrome acá, que llueve; con unos pasos de entrada de pavana, se nos mete de onga hasta aquí. Mentecato, no dirás, qué señas tiene? 1. Cómo todo eso está a oscuras, no le conocí. Pues puede ser mi padre, retirada a ese cercano retrete, no cantes, hasta que avise. Soy contenta: si supiese, . que está a la vista Fresneda. Quién será? Porque no llegue hacia aquí, pues de la mesa se le vanta, es bien me aleje de este sitio. Quién a esta hora, tan a hurto a entrar se atreve en mi casa, sin mirar que cuando::: Cielos, valedme! Ira de Dios, que es el muerto, cuando menos! Solo al verle, el cabello se espeluza! 1. La fantasma se parece de Don Gónzalo a la estatua. Pero yo temo, aunque fuese todo el infierno? A la mesa va pían, pían; mas que quiere cenar un par de Responsos. 1. Qué asombro! Dios me remedie. De qué es el pavor, cobardes? de que Don Gónzalo entre en mi casa, en fe de que yo le rogué, que viniese a cenar conmigo? pues sino es más que esto, y se debe aplaudir el que ella gane el honor de tanto huésped; vamos cenando, y llegadle esos platos. Que los llegue él, y su alma. Aunque has venido tarde, a aceptar el banquete, que cenar hay: ve comiendo. Dice, que le duele un diente, y está el pan duro. Eso no es venir a favorecerme; mas querrá beber? La copa. 1. Temblando llego. No tiembles, que el Comendador es ya mi amigo; cómo no bebes? Le habrá mandado el Doctor, que se regle. Aunque te niegues a ambos cortejos, a otro no podrás tola? 2. Qué quieres? Decid, que canten; y para que mi amistad manifieste, cuanto esta venida estimo, a tu salud. Están verdes. Ojos eran fugi- tivos, de un pardo escollo dos fuentes, humedeciendo pestañas de jazmines, y claveles. No dirás, que el Convidado es hablador. Qué despejen? Que sí dice por la mano. Idos; y porque no piense, que rhuso quedarme a solas, cerraré la puerta. Advierte:: Vete, bribón. 4. Que nos place. Ya estas solo; qué se os ce, Comendador? Bien, Don Juan, conocerás cuanto debes a mi amistad, pues por ella Dios licencia me concede de venir a visitarte, solo a fin de que aconseje a tu ceguedad, que tantos pasados hierros enmiende: breve es la vida del hombre, cierto su fin, y evidente el Juicio Divino; pues quien tales culpas comete, sabiendo de fe, que hay cierto sin; y vida breve? Tus delitos::: No adelante pases; y si el detenerte, es a fin de predicarme, u deja el Sermón, si vete, que para esos desengaños es tarde, y:: No te destemples, que quien del consejo huye, razón es, que se le niegue. mas para que le afiance nuestra amistad, has de hacerme un gusto. Di lo que mandas. Que para pagarme en breve la visita, has de ir, Don Juan, la noche, que tú quisieres, a cenar también conmigo. Si haré; y de ir muy pres- to a verte, palabra doy. Pues ahora, para que de aquí me ausente, la puerta abre, y mira si hay gente al paso. Tindamente. Quién si no yo despreciara tanto asombro? a , Qué pretendes, entrando en el cuarto? Calla; y por lo que sucediere prevén la llave. Qué harán, hombre infeliz, tus deleites, si aún para tu desengaño, las piedras se desvanecen? . ay, que pueda:: pero tente, susto, que del sitio en que le deje; se desparece, nunca la muerte más viva, nunca la piedra más leve. Don Gonzalo? Cómo, di, a entrar así te resuelves, teniendo por convidado a un muerto? Bueno es, que pienses, que me persuada un delirio, a no entrar; y pues en este traje, y a estas horas, vengo a ver si mi amor le vence: vuélvete. Santa palabra! Apenas para moverme, me ha dejado aroltrio el susto. Solo está; pues qué hay qu espere? A lí le veo; yo llego. Don Luis, mira, que te pier- des. Primero es mi honra. Mi hermano no es aquel, que se previene de una pistola? Pues qué hago? Aunque mil vidas arriesgue, que no le aviso! A mi onojo volcanes el aire fleche. Don Juan, qué te matan! Quién ay que osado. Traidor, muere. Ay infelice de mí! Qué es esto, que me sucede? n. . En el cuarto de mí hijo se oyó el ruido. Gente viene; qué hacemos aquí? Ya nada, pues su queja me previene, que logre su muerte. Hasta, que haya luz callar conviene. Entre mi hermano, y mí amante, es, con iguales báibenes. toda tragedias mi vida. , s, Hijo, qué es esto? 1. Qué tienes, señor? Mas que el muerto le ha dado algún par de cache- tes. No sé (ay infelice de mí!) pero ya lo sé, pues entre esa traidora, y yo, hallas la herida, y el delincuente. Traidora dijo; ay más dudas! Y pues al ver, que pre- tende darme muerte, es justo, que yo me adelante, y me venguo a mis iras. Qué haces, loco? si siendo mujer, no adviertes, que a ti te hajas? Y mujer, señor, que es bien que desee, que él viva, pues dueño injusto de su honor::: mas cese, cese llanto, que no le persuade lástima, que no le mueve. Y porque veáis cuanto engaña la pasión del que aborrece, no solo soy de su riesgo motivo, si no me debe, el que entrando aquí, y miran. do, (quísolo amor) que se vierte contra él, el negro veneno de alguna cabada sierpe, le rescatasela vida con mi aviso, y:: Mientes, mientes: mas quien, ya que tú no fuiste, fue el que quiso osadamente matarme? Eso no diré, sino a quien está presente, que es vuestro Padre. Por qué? Porque es bien, que me in- terese. en callarlo, y en decirlo, Venid mientras amanece a mi cuarto, y tú en el tuyo recogete. 1. Oyes, pobrete, qué se hizo la Pizpireta? Cómo vio cascar las nueces, se iría. Oh si con su aviso de tantas dudas saliese! 2. Pero el muerto? Fuese a oír alguna Misa de Requiem. 1. Esta casa está en pecado. Queda a Dios, Don Juan, teme, que pues siempre hay quien te amague, no haya quien te avise siempre; y teme, en fin, que por más, que tirano me desprecies, no hay deuda, que no se pagué, ni plazo, que no se llegue. Qué quiere el Cielo de mí? que, por si mi error convence, hiertos fantasmas abulta, vagas ilusiones teje:: que me enmiende? Sí Pues aunque con tantos golpes despierte el descuido de mi vida, no haya miedo, que me enmien- de.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Dónde vas, hijo? A pasearme, que no es razón, que metido entre mis propias paredes esté, hasta el día del Juicio. Ayer volvió a casa, y ya le parece, que es un siglo. Sin duda te has olvidado de que de tu desafío es mañana el día? Cierto, que te agradezco el aviso. Sabes, que depende de él tu honor? Sé, que muy altivo Filiberto, enmendar quiere su ofensa con mi castigo: Sé, que el Rey, de sus instan- cias obligado, o persuadido, para nuestro duelo, (en fe dé desear yo lo mismo) nombró el día de mañana, siendo el señalado sitio de la Caridad el Campo, en las orillas del Río, junto a la Torre del Oro, (donde el hundoso bullicio de Guadalquivir traslada en su espacio cristalino, la pompa de las arenas, al espejo de sus vidrios) Sé, que, como, al fin, retado, las armas, que yo he elegido, son espadas y rodelas; porque quise, que partido el primor entre los tiempos, ya del quite, y ya del tiro, luzca la naturaleza al lado, del artificio: Sé, que en la campaña es de mi contrario Padrino, Don Pedro Ponce de León, Señor de Marchena; el mío Don Gonzalo Girón, Conde de Ureña, para que unido, el explendor de dos Heroes, tan heroicamente invictos, a cada uno le alcancen las honras de su enemigo. Sé, que el mismo Rey pretende, en fe de nuestros servicios, ser Juez del Campo; y en fin, sé, para no ser prolijo, que si acaso el Italiano, de mi enojo vengativo se libra, en las tres venidas que de armas blancas elijo; abrazándome con él, bien como Hercules hizo con Anteo, ha de ir tan alto, que midiendo el aire a giros, por el cámino del Cielo, se despeñe, hasta el Abismo. Gran peste! Si acabará en lo de por vida del gijo:: Pues si eso sabes, por qué sabiendo, que hay quien previno anoche en una pistola encender tu precipicio, tan descuidado te burlas del riesgo, dando motivo, a que saliendo de casa, logre lo que no ha podido lograr hasta ahora? Si eso es, señor, lo que te dijo Beatriz, por disimular, que ella sola fue, quien vino a matarme, sabe, que ha mentido. No ha mentido: y porque a campaña salgas sin ese cuidado, hijo, abe, que ya disuadida de ser tu esposa, ha pedido, que a mis expensas acabe, r o su vida, o su martirio en el tranquilo sosiego de una Celda, que retiro de su desengaño, apoye los esfuerzos de su olvido: esto te he dicho, Don Juan; porque trates advertido, de hacer paces con el Cielo, cuyos enojos divinos castigan severos, aunque disimulan compasivos. Y pues para sujetarte, no hay medio, ni hallo camino, a diós te queda, y él quiera en tu genio, y tu peligro, o embarazar tu despeño, o alumbrartu desvarío. . Que en los viejos nunca haya de ser olvidado oficio andar estudiando arengas y vertiendo consejitos! vive Dios, qué es fiera cosa! Y ahora, pues mi amo se ha qué intentas hacer? (ido, No sabes cuan postrado, cuan rendido amo a Doña Ana de Ulloa? Lo sé, porque tú lo has dicho. Pues como dudas, que cuan- cerca del duelo me miro, (do no sabiendo, si los diablos querrán que yo quede vivo, solicite con violencia, (si no bastaré el cariño) ser dueño de sus favores? a cuyo fin he traído esta llave, que otro tiempo abrió a mi afecto el camino, para entrar por sus jardines, donde el volcán encendido de amor, la queme la honra a los soplos del capricho: esto, en suma, es lo que intento. Pues señor Don Juan Tar- quino, después de haber dado muerte a su Padre, no es delirio querer quitarle el honor? Jamás, Camacho, he en- tendido de más, que de hacer mi gusto; y puesto, que ir determino solo, y a la vista estoy de la esfera donde vivo, bien te puedes ir. Me place; porque si el muerto novicio estila hacer visíticas a su contrario, más fijo es, que a su hija se las haga; y sentiré, vive Cristo, volverme a encontrar con él, Adiós. Él vaya contigo: para vísperas de duelo, con buen Padre Capuchino se va a Confesar. Adónde Don Luis está? Prevenido de mí, en esa primer cuadra quedó esperando tu aviso. Dile, que entre, que no veo la hora de que el vengativo rencor de mi pena, abra a su venganza camino. Linda, visítica hay en camp ña Van dos cuartos, que adivino lo que es? Llega tú unas sillas, Lesvía, y vete. No replico: buena va la danza, Alcalde, y da en la albarda el granizo. Entrad; y para que cuando venir juntos nos han visto, juntos no nos vean salir, que es acertado imagino, esperaros a la esquina. Decís bien. Un Etna abrigo! En el pecho: Allá os espero. Id con Dios. Pues no ha querido dar satisfacción el Rey al difunto Padre mío, vénguele yo, aunque otro brazo haya de ser el Ministro. Ya a vuestras plantas, se ñora, está, quien desvanecido, con discurrir, que merece la fortuna de serviros, a ellas se acerca gustoso. Yo, señor Don Luis, estimo cuanto me favorecéis; y porque despacio aspiro a hablaros, tomad asiento. Noble dolor, que reprimo, déjame, pues aunque han oche burló mi saña el destino, tiempo de enmendarlo queda No poca dicha he tenido en que este solo este cuarto, pues podré::: pero qué miro? Con Don Luis Fresneda, a solas Doña Ana? Qué mal ánimo las voces! Pero qué mucho, si todo el aire es suspiros? Oigamos, recelos! Aunque parece, que era preciso, señor Don Luis, informaros de la ocasión, que he tenido para confiaros toda la venganza, que os confío; parece también, que a poca luz, se dejará entre visos adivinar mi intención; pues basta el haber sabido, que mi generoso Padre (con qué dolor lo repito!) muerto yace, y su ofensor, sin susto del homicidio, jactándose del estrago, aún no recela el castigo. Don Juan Tenorio (ah tirano!) fue el alevoso motivo de su muerte, y mi quebranto, de su ruina, y mi martirio; pues para que es necesario saber, que contra él írrito la sana de vuestro acero, si siendo mujer, es fijo, que en fuerza de lo quejoso, supongo lo vengativo? Muchas veces, de mis ruegos el esfuerzo repetido, solicitó con el Rey su escarmiento, y nunca he visto el semblante a la esperanza de que deshaga un cuchillo mi queja; pero qué mucho, si su Padre es su Válido, que en públicos desagravios persuada, más efectivo, que la razón de un Común; el favor de un Individuo. Viendo, pues, cuan poco valen mis lágrimas, mis gemidos, para mirar satisfecho a un Padre, que está ofendido, hacerme yo por mí misma justicia, es lo que he querido lograr; para cuyo efecto mandé a Fabio, (de quien fío el secreto) que buscase quien arrestado, y altivo, diese muerte a quien me ha muerto; y pues la fortuna quiso, que en vos pensase, quizá, porque, según imagino, también vos para matarle, no estáis falto de motivos. Ved, que resolvéis, en fe de que si del desafío sale mañana con vida, habéis de hacer lo que hizo su contrario, confiando del penetrante bruñido ceño de un puñal el logro, que quejosa solicito, colérica persuado, y desesperada animo. Bueno va esto: por cierto, que la estoy agradacido; mas antes de salir, veamos qué responde el Asesino. Anoche, sin que supiese (pues Fabio no me la dijo) vuestra intención, creí yo haceros ese servicio en profecia; pues sobre ciertos cuentos, que tuvimos los dos, haciéndome espaldas una Dama. Bien por Cristo! Entré a matarle en su cuarto, mas debe (según le he visto invisible) de traer algún demonio consigo, pues a quema ropa casi le erré; mal haya el impío Artífice, que labró armas, cuyo falso tiro, después que del pedernal encienda fuego el rastrillo, fiándole el plomo al viento, dejan el golpe al destino! Mas ya, que vuestro precepto, señora, da otro incentivo a mi cólera, palabra doy a los Cielos Divinos, (si de la batalla sale con vida) de que al continuo acecho de mi cuidado, y arrojo de mi capricho, muera Don Juan, porque ambos, ya que el agravio sentimos, la satisfacción logremos, dejando a la Edad escrito: Aquí yace quien, quitando tantas honras, la ha perdido. Y pues a entrambos nos puede estar mal, que en este sitio la samilia nos encuentre, hasta lograr el designio, quedad, señora, con Dios, segura de que me obligo. a quitaros ese estorbo. Feliz, yo si lo consigo. No me costará por cierto gran trabajo el conseguirlo, que no es tan fuerte el León. Ahora lo verás. Pues idos. Yo de buscar ocasión me encargo, en que sin testigos nos veamos. Para qué, si yo ese cuidado os quito? Qué veo? Cómo, traidor, tú aquí? sí, cuando::: Aspacito, que antes que a vos os responda, pretendo, habiéndolo oído dar a ese hidalgo las gracias, por tan grande beneficio como me hace, en pretender ahorrarme de un tabardillo. Muerta estoy! Iras, qué es esto? Lo que yo de vos he dicho: Todo lo sé; y aún por eso de aquesta manera os libro a cuchilladas la paga. Cuando tanto arrojo miro, ojos, pues fuisteis milagros, cómo no sois basiliscos? Muere, aleve. De esta suerte vienes a buscar tú mismo tu ruina? Ya loveremos. Qué mal hizo mi descuido en no recobrar la llave, pues es a quien tanto abismo franqueo paso. Muerto soy. Fabio, Lesbía. Allí es el ruido. Hola, criados, no hay quien escarmiente un atrevido? Yo os lo diré en acabando de cerrar este postigo. Hombre, fiera, asombro, o monstruo, qué intentas? Que de tu hechizo, apurando la ponzoña mi sed, apague el armiño de tu mano este volcán, que aún tiempo templo, y avivo. Qué dices? Veraslo presto. Suelta, infiel. Ese desvío me irrita más. Cómo, mal Caballero, fementido, a mi pundonor te atreves? Como a otros mil me he atrevido como el tuyo; y sobre todo, pues en vencerte porfío, para qué son resistencias? (no Contra un hecho tan indig. no hay en el Cielo venganzas? Por más que airada dés gritos, no te oirá, que está muy lejos. Qué sin fuerzas me resisto! Pues cerraron por aden- tro. Ya sus voces han oído. Echa la puerta en el suelo. Mas que mucho, si remiso el aliento a la fatiga de mi congoja, me rindo; hay de mí! Ya me espantaba, que no hubiese parasismo, paso estudiado de cuentas sienten lo que no han sentido. Pero, pues, alborotada la familia, en vano aspiro a conseguir mi deseo, tomando el mismo camino, que truje, quédese en duda ser yo el airado principio de la herida, y el desmayo de ambos. Ya saltó el pestillo. Entremos a ver quien pudo alterar de este retiro la quietud; pero qué veo? Mi ama es la que sin sentido yace en la tierra. Doña Ana? Señora? Quién ha podido, en el tiempo que de aquí falto, eslabonar, unidos, tantos trágicos acasos? Lesbía, entanto, que al herido acudo yo, averiguando las dudas en que vacilo, a vuestra ama retirad al lecho. Ya en este sitio van dos muertes, cuando menos. Quién tal confusión ha visto? Cielos, valedme! Ya havuelto. Pídeme albricias, cariño. Nise, ayuda. Quién dijera, que cuando postrado, y fino adoro a Doña Ana, encuentro, la vez que a verla he venido, porque un favor suyo sea iris de mi desafío, en dos cadaveres, dos presagios, dos vaticinios de mi infeliz esperanza? mas qué me espanto, si ha sido toda mi vida portentos, toda esta casa prodigios? Buena pesca, dónde vas? Majadero, no lo ves? donde me llevan los pies, a ver como las demás. Si porque el día del duelo, es hoy, sales a lucir, imaginando rendir algún albedrío al vuelo; deja esos vanos antojos, pues puedes tener por cierto, que hoy Don Juan, y Filiberto son quien se llevan los ojos Baste, que el señor Camacho, pues en enfadarme apuesta con su zumba, a la hora de esta ya debe de estar borracho; y si lo está, como siento, hace mal, entrando en corro, en no irse a dormir el zorro. Dejando a un lado ese cuento, buena ante noche la hiciste, picarona. (do Pues qué ha habido? Nada más, que haber meti- en casa, quien, como viste, dar muerte a mi amo intento. Cualquier pícaro insolente, que lo ha imaginado, miente; porque no soy mujer yo; que así había de vender a quien se fio de mí. Pues por qué, si no fue así, no volviste a parecer? Porque oyendo, desde donde cantando estaba yo sola, el ruido de la pistola, y que su padre responde al ruido; por donde eneré, volví asustada a salir. Pues no habremos de reñir, sobre si así fue, o no fue; que dices del aparato con que el campo se previene? Qué admirable vista tiene. Pues que dirás de aquí a un rato, . cuando el Río en sus espumas copie en los dos lidiadores mil primaveras de flores, mil occeanos de plumas? Diré, que tanta grandeza con la Majestad se mide de quien el campo preside, Plaza al Rey. Plaza a su Alteza, Ya, como el Rey ha llegado, salva hacen Caja, y Clarín. Pues a Diós, que siendo el fin que al arenal me ha guiado, verlo todo; ya es razón ir a tomar buen lugar. Si harás, que al fin estomar:: adiós, chusca. Adiós, busón: ̱.. Ya que vuestra Majestad a honrar la palestra viene, porque en ella ser previene del duelo su dignidad el Árbitro Soberano: ocupar el Solio es bien. Don Diego Tenorio, quien la vara tiene en su mano de la justicia, es razón, que use de oliva, y acero, con Natural, y Extranjero; y bien a mi inclinación tenéis que deber, si en juicio, que tan confuso se halla, a vuestro hijo, a una batalla le he conmurado un suplicio; más fuerza será después, buscar medio, que mañana nos desenoje a Doña Ana. A vuestros invictos pies:: Alzad, Tenorio, y decid, si está todo prevenido. Así, señor, lo he creído, según desean la lid: ay hijo! ay honra! ay amor! que en tan arriesgado estrecho, recelo de tu despecho, lo que fío a tu valor. Ya, señor, mi apadrinado está pronto a la batalla, Ya, a vuestra Alteza, en la Balla esperando está mi ahijado. Conde, Marqués, ya del día no espero infeliz suceso, pues con tan airoso exceso de aplauso, y de bizarría, en prueba de su nobleza, a uno apadrina un Girón, y a otro un Ponce de León. Rayo soy de vuestra teza Plaza, plaza. En cada pie muevo un monte. Aquesto ya de rota batida va; pero en qué discurro, que decir a gritos no trato su aplauso, haciendo notorio, que viva Don Juan Tenorio? yo le mato. a Vi pues en fe de que ya ningún peligro me asusta, pues muerto mi hermano, solo me amenaza la fortuna, de esta manera me atrevo a entrar entre las confusas tropas que de varia gente, toda la campaña ocupan. Veamos en que para, Cielos, la última acción, en que funda, o su logro mi esperanza, o su venganza mi injuria. Ya el Rey ocupo del Solio la Silla Real, desde cuya esfera, haciendo una seña, el Tambor Mayor promulga las leyes de la palestra. Oh amor! si como se ajusta a las del valor, supiese guardar las de la hermosura. Ya, al son de la marcha, en- trambos, de las Tiendas desocupan la portátil Babilonia; y ya, abreviando a la lucha el tiempo, los dos padrinos, el Sol partiendo, que alumbra, los arneses les entregan; los puestos les aseguran. Ya, en fin, al arma les toca la belicosa dulzura de Caja, y Clarín; a cuyo compás, con qué ardor se buscan! con qué enojo se acometen! con qué destreza se burlan! Pero si hoy con su tragedia acabar puede mi angustia, en qué pienso? Plegue a Dios, aleve, que de una punta, con tu corazón acierte la venenosa cicuta, porque del campo no salgas con vida, que por ser tuya, es tan traidora; y si sales, plegue a la justicia Suma del Cielo, que contra ti, en amotinada furia, las piedras se vuelvan, siendo en mi desenojo alguna, quien tus altiveces postre, quien tus alientos destruya. Mas ay! que en vano lo espero, pues ya el Rey, que el campo juzga, la vara dorada arroja, a fin de que los desuñan los padrinos, que ya el duelo fenecido, lo ejecutan. Quita, quita, aparta, aparta. Pero qué novedad turba el silencio, en quien hasta ahora aún estuvo el aura muda? Mas, pues para averiguarlo, hacia este sitio, en confusas, desmandadas tropas, todo el concurso se apresura, presto lo sabre. Prendedle. Señor? Señor? Nadie arguya mi resolución. Lo que es intercesión, no es dispura; y considere tu Alteza, que en mi desaire resulta su intento; pues no es bien di- gan, los que todos lo murmuran, que acabando de lidiar conmigo, se le conmuta, una tela, en que batalle, a una prisión, en que sufra. De más, de que cuán- do hombres, señor, de nuestra estatura el campo hacen bueno:: Basta, Mal sus ceños disimula el Rey. Cuál anda la gresca! Y nadie, si no procura enojarme, me replique. Saña, como si esto escu- chas, con el aliento no quemás, y con la vista no ahumas? Filiberto, quien en fe de ver cuan airoso busca vuestro brío el desempeño, dispuso, que le concluya sin perjuicio de otra queja; lo pudo hacer: pues no hay duda, que el que a la justicia falta, en vano el garbo consulta. Desde una Torre a su casa mi potestad absoluta os dio orden, de que pasaseis a Don Juan; y hoy cuerdo usa del poder tan al revés mi Cetro, que le procura pasar del campo a la Torre; porque satisfecha una queja en vos, se satisfaga en otra queja una culpa. otra dije? mal he dicho, pues sobre las que acumulan a su error, anoche, dando muerte a quien la fama usurpa tan vil hazaña intentó, que:: pero como artícula mi voz palabras, que ofenden el labio, que las pronuncia? Doña Ana de Ulloa es, quien le prende, no yo; y quien juzga, que hacer, que desde la balla a la prisión se reduzga, es sobrado ceño; advierta, porque lo contrario arguya, que de quien cumplir no sabe con lo que su padre jura, si de vista le perdiese, mal puedo esperar, que cumpla mi precepto, sin que encargue su libertad a su fuga. Prendedle, pues. Nadie, viendo, que con la espada desnuda le espero, habrá tan osado, que lo intente. Qué locura! Qué decís? Señor invicto, que él, y yo, a vuestras augustas plantas::: No más; y pues veo, ya aquí es mengua la cordura, que en fe de que nadie habrá, que os prenda; perdéis la justa veneración, que se debe aleco, que lo promulga. Yo (pues anxioma es vulgar, que en tal caso no hubo nunca mejor Alcalde que el Rey) os prendo, veamos, en suma, si contra mí tenéis armas. Pues quién, gran Señor, lo duda? Armas contra mí? Suspenda vuestra cólera sañuda su ceño; y mientras me oye, se temple, o se disminuya. De espada, y rodela armado, de vos me hallo perseguido; y si a una írrito atrevido, de otra me valgo, templado. Si al que pretendiere osado prenderme, con una ofendo, con otra de vos pretendo librarme, pues en mi brazo, cuando con esta amenazo; con estotra me defiendo. A otros amaga, no a vos, arma, que ofensiva es; y con vos habla después la que cabe entre los dos. Detrás de ella, vive Dios, mil pedazos me han de hacer antes, que consigáis ver, que acabando de reñir, pude sin armas salir, de donde vine a vencer; y así::: Vivo yo. . Señor:: En vano aplacarme juzga vuestro ruego. Aquí, Don Juan, mientras su cólera dura, la resolución más cuerda es huir el cuerpo a la furia de sus ceños. Cuanto un Conde de Urena, en acción tan suya, me aconseje, qué duda hay que será lo que conduzga a salir del campo airoso? Pues seguidme, antes que ocurra segundo empeño, que luego que os deje en parte segura, volveré a templar su saña. De ver cuán presto se muda el amor del Rey, el pecho en nuevas iras fluctua. Pues Don Juan se va, con él me halle en cualquier aventura su fortuna, que no es bien, que la voz común arguya, que para que le prendiesen le saque a campaña. Industria, desmintamos por ahora las iras, que me perturban: Tenorio? S Que lleguen la carroza. Oh disimula, o a Don Juan no ha echado me- nos. No ha sido poca ventura haber tan presto pasado su cólera. Yo, si duran de este mozo los despechos, aunque el amor lo repugna, que tengo a su padre, haré que escarmiente a costa suya. V. Excelencia:: De mi afecto, Useñoria discurra, que haré cuanto esté en mi ma- no ̱. Mucho temo, qu zca Hasta cuando, estrella in- justa, han de durar los temidos recelos de mi fortuna. Cé, Camacho. Quién me llama? Quién hasta aquí ha estado oculta, a fin solo de saber:: Ahora vienes con preguntas, sabiendo, que en estos pasos no está nadie para zumbas? Dime siquiera:: No puedo, porque hay mucho, si me apuras, que hacer en cierto convite, que echa menos la Tertulia. Adiós. Muc tantos acasos produ un monstruo, que al alma ofenda, con lo que a el enojo adula. , s, Fra Casa infeliz, cadahalso lastimoso de mi fama, mi vida, y mi reposo, (pues a no verte más mi horror me ausenta de ti) quédate a ser, en tan violenta borrasca, desleal, ira enemiga, padrón de mi dolor, y mi fatiga. Quédate. pues: ̱. No tanto te apasiones, que a gemidos, envueltos en razones, la calle alteres en tan desu sada hora como esta. No repara en nada ya, Fabio, mi pesar; y pues con- tigo, Lesbía, huyendo de otro norte, quizá para que sea, la quietud de una Aldea (efecto sepulcro de mi vida (a cuyo te mandé con secreto, que junto a San Francisco me esperase un coche, que el salir asegua (llegado rase sin testigos) que mir es, si ha es lo que importa. Allí aguarda parado mi orden, para servirte. Adiós, Sevilla; y mientras vuelvo a repasar su orilla, señor Guadalquivir, por la mañana delcusted dos abrazos a Triana. Pues ya que por la puerta de San Francisco paso, porque advierta, cuando de un muerto padre me despido, que aún parece fineza, el que es descuido, (aunque altere mí quieja noche, y viento) dejadme desahogar el sentimiento. Aquí ha de haber, según dice el semblante, hipo, que ruede, y lagrimón, que cante. Difunto padre mío, que en el silencio de ese mármol frío, a las iras voraces de un impulso traidor pavesa yaces, adiós, a dios tequeda; y pues con él mejor Región te hóspeda, (si tu virtud reparo) no me arguyas, el que no vengue las ofensas tuyas, dando la muerte a quien te dio la muerte: mas como de ese fuerte brazo la espada, aunque de mármol hierto, a quien de ti se burla, estando muerto, no castiga, no abrasa, porque empieces s a mostrar, que en tu ardor:: Jesús mil veces! Ay! qué relampaguza, y luego truena. Quién, mirando la noche tan serena, tal novedad pensara? Confianza, de que me he de vengar ya hay esperanza, pues con acentos roncos a mi anhelo, dio por un padre la respuesta el Cielo. Ved, si el ruido no miente, que hacia este sitio va llegando gente. Pues vámonos al punto. Ahora conversación con un difunto? Valor, qué no me mates? Llama al coche. Ya voy. Qué infelice soy! Que no adivines. Oscura noche! O si lo fuese tanto, que a casa te volvieses. Ni su espanto, ni tu miedo, vergante, han de lograr, que no pase? lante; mas que coche es le no adivines, que estando ya cayendo los Maitine S, será alguna Comadre, que va a un parto? Siempre has de estar de zumba? Y no hago harto, cuando con condición tan exquisita o? Y: Santa Bárbara bendita! te sin Qué ha sido esto? Un relámpago tremendo. De eso te asustas? Pues qué he de hacer? viendo, en lobreguez tan fiera, que trae su truenécito por carrera? Aplaudir el que el Cielo, viendo la oscuridad, que hay en el suelo, para ir adonde mi valor desea, nos dé en cada relámpago una tea. Yo le estimara en estas aventuras, que nos dejara caminar a escuras; mas, señor, donde en día, que uno te amaga, otro te desafía, el Rey te busca, el Conde te recata, Doña Ana te huye, y Beatriz te mata, a estas horas caminas? Necio eres, pues confundiendo varios pareceres, mirándome a la puerta del Convento de San Francisco, aún dudas lo que intento? Supongo como el Rey te la ha jurado, que buscarás su claustro por Sagrado. Mas ya escampa, y llovían de camino truenos de dos en o Qué desatino! mas porque de una vez tu duda acabe, que solo vengo, sabe, a pesar de relámpagos, y truenos, a cenar con el muerto, cuando menos. Con quién? Con Don Gonzalo. Pues quédate con Dios, que yo estoy malo. Espera, bribón; y pues una es de las principales puertas esa, llega, y mira si está cerrado. Mil diantres carguen conmigo, si yo diere un paso hacia delante. Anda, o por vida de:: Así te salve Dios, que repares, que esto estentar a Dios: mira las muchas atrocidades, que has hecho, y que quizá es este camino de que las pagues: mira cuantas pesadumbres cuestas a tu pobre padre; mira, que cuando de un duelo tan airosamente sales, el Cielo a truenos te dice, pues le ofendes, que le aplaques. Y mira:: Haz lo que te mando, Camachuelo, y no me enfades, sino pretendes:: Ya, ya llego; Dios, que nos dejastes: cerrado está a piedra, y lodo. Mientes. No, así Dios me guarde, Pues prara que irte no log yo lo veré. Que me place. Cerrado está, bien dijisteis. Pues cumpliste por tu parte, volvamonos. Ya que echamos a perder nuestro viaje, Comendador, yo he cumplido con venir a visitarte; mas pues oerrada la puerta tienes, tú eres quien faltaste a la palabra. Ay que abrieron, y ya desde aquí pasearse veo más detreinta muertos, con virretes, como hace calor por las noches. Ya que las puertas se nos abren, entra tras mí. Si allá dentro contigo no he de sentarme a la mesa, a qué he de entrar? A echar de beber, infame: No ves cómo truena? Así, para que no te me escapes, habrá de ser. Considera:: Anda. Dios, que nos dejastes. Conmigo vas, Ya, Divina justicia, que me fiaste tan nunca visto castigo, de su helado centro sale la animada piedra mía. A la escasa luz, que esparce la lámpara, me parece, que fuera del sitio yace (en que antes de ahora estaba) la estatua? Aí está de calles el convidado de piedra, Ahora bien, yo llego a ha blarle: Don Gonzalo, buenas noches, Con bien vengas. En paz te halle. Lindos cumplimientos; va, que nos sacan chocólate? Porque no digas, que soy poco atento, en excusarme a tu cortejo, contigo vengo a cenar, aunque tarde, porque he estado divertido. Y aún ciego; pues tus maldades, ni el aviso las enmienda, ni el peligro las disvade. Por si por acá no había quien sirviese los manjares, traigo ese criado. A no hay providencia, que falte; mas porque el suceso cuente, le permitiré quedarse. Pues si ha de ser, des chemos, que me va apretando el hambre Hola, la mesa. Aí va eso: hermosas caras de pajes! Siéntate. Si haré, que nada puede haber, que a mí me pante: no has de cenar tú? Yo ayuno; pero por lo que tronare, agachome aquí. Vianda. Quién creerá, que el ar rogante espíritu, que en mi pecho irás pulsa, y furias late, estremecido al asombro, su antiguo valor desmaye? En qué piensas, que no comes? Qué he de comer, si me traen solo un plato de culebras? En ellas quiero mostrarte un símbolo, que te avise los tormentos infernales. Es ya tarde para enmien- das. Para enmiendas nunca es tarde. Ah Camacho. Señor. Quieres, que de la mesa te alcance una presa? Por acá tengo yo hacia cierta parto bastante guisado verde. Para que pruebes, no obs- tante, de los platos del convite, toma esa pechuga de abe. Verbum caro; culebrita, no me comas, no me agarres, que yo no soy del conjuro. Sabes, Don Gonzalo, sa- bes, en qué he reparado? En qué? En que, cuando tu ce- naste en mi casa, tuve yo Músicos, que nos cantasen; y aquí, segun hasta ahora voy viendo, para igualarme, quien nos cante no has traído dos tonadas. Te engañaste; y para que no eches menos esa circunstancia, canten. Sí, sí, alcompas de los true- vaya un requiescat inpace? Mas qué me quieres; culebra de dos mil demonios, zape. Mortal, advierte aunque de Dios el castigo tarde, no hay plazo, que no se llegue, ni deuda, que no se pague. Qué escucho, Cielos! la letra, que habla conmigo es constante, pues burlándome del Cielo, creí, fuesen inmortales mis alientos; pero a mí no hay susto, que me acobarde? De beber. La copa. El vino ya estará vuelto vinagre, porque allá en el Purgatorio, siempre son Caniculares. Fuego me das a beber? Sí, Don Juan, para ense, ñarte a sufrir el que te espera. Qué dices? Lo que escuchastes. Pues yo (ay infeliz!) Ahora te turbas? No he de turbarme, si para un brindís me ofreces un dilubio de volcanes? Si asustan para minutos, que harán para eternidades? Qué sé yo? La mesa quiten, que tengo, antes de acostarme, que hacer::: En tu vida habrás hecho tan largo viaje. Don Gónzalo, hasta la vista. Tendrás valor para darme la mano? Pues por qué no? siendo en nuestras amistades razón apretar el nudo: mas hay infeliz, qué heces? Mostrarte el fuego, que animo. Hhy Jesús! que hace visajes así que le tomó el pulso. No me quemes, no me abrases. Por qué no, si de esta suerte me ordena Dios, qué te mate? Por qué tanto enojo:: Porque ni aún en las piedras ultrajes los respetos de la Iglesia. Deja, que tu hielo aplaque este incendio, que me quema. Ahora verás, que al postrar- te, no fía en vano, quien fía en que Dios le desagravie. Ya lo veo; y pues mí muerte su justicia satisface; Dios mío haced, pues la vida perdí, que el alma se salve. Dichoso tú, si aprovechas la Eternidad de un instante. Piedad, Señor; y si hasta ahora, huyendo de tus piedades, mi malicia me ha perdido, tu clemencia me restaure. . Hhí, qué le ha muerto, Dios mío! Pues se cumplió el inefable Juicio de Dios, de mi nicho ocupe el tallado jaspe; y el error humano advierta, que por más que se dilaten, no hay plazo, que no sellegue, ni deuda, que no se pague. Alabados, Letanias, Credos, Pater. Nostes, Salves, Artículos, Mandamientos, y todas las demás Partes del Catecismo, me ayuden. Culebra, quieres dejarme, lleve el Demonio tu alma? mas qué es lo que miro! tate, en su antiguo puesto el muerto se puso, sin acordarse del criado; pues qué espero, que a contar caso tan grave no parto? Pues ya amanece, poctica licencia, dame forma de que abrevie al po los términos. Nadie me hable en que a Tenorio perdone. Pues cuando le perdonases, bien, Señor, lo merecían los servicios de su Padre. Es así, Marqués; mas cuando son los delitos tan grandes, no se deben hacertan perniciosos ejemplares; pues si una culpa se indulta, muchos hierros se persuaden. Pues ya que ese ruego en vos, Señor, poco lugar halle, otro os merezca piadoso. Cuál es? Mi amor alcance ser de Doña Ana de Ulloa. esclavo. Yo de mi parte haré cuanto sea posible. He de entrar, no hay que cansarse. Sigámosle, hasta saber si prodigio tan notable. es verdad. Hacia este sitio, siguiéndole innumerable gente, Don Diego Tenorio viene. Si otro pesar trae? Tenorio, qué es esto? Esto es, Señor (si acaso sabe, decirlo el dolor) haber Don Juan::: Pasad adelante, Muerto tan trágicamente como vivió; pero en balde. se esfuerza el alivio! Qué ha sido? Que le dio muerte de lance Don Gonzalo. Don Gonzalo? Pues cómo, si muerto yace, pudo hacerlo? En su Capilla. fue esta noche a visitarle, y para postre de cena, hallándome yo delante, le hizo sacar un platillo. de alcaparrones mortales, El consuelo, que me queda, es saber, que en igualtrance se arrepintió de sus culpas. Yo testigo, y no soy Sastre. Sí será cierto este asombro? Para mejor informarte, venid conmigo, Señor, (be, donde, aunque el dolorme aca- veáis de mi mal los testigos. Veamos. Aunque en igual lance oyó mis quejas el Cielo, fuerza es (como al fin su amante) sentir su infeliz tragedia. Qué mucho, que en esto pa- ren cóleras, que al Cielo irritan? Aunque tu honor no res- taures, Beatriz, por mi cuenta corres. Así tendré, que estimarle algo al hado. Absorto estoy de oírla! Yo me meto Fraile, que es lo mejor. Y aquí, ilustre Senado, esrazón, que acabe. El Convidado de Piedra, vuelta a escribir, de quien hace del deseo de servirte, razones para agradarte.