Texto digital de No hay mudanza ni ambicion donde hay verdadero amor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay mudanza ni ambicion donde hay verdadero amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-mudanza-ni-ambicion-donde-hay-verdadero-amor.

NO HAY MUDANZA NI AMBICION DONDE HAY VERDADERO AMOR
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIM RA Inocente Corderillo que del río a la frescura apurar tú sed procura en el ansia de beber; pues inquieto y bullicioso te separas del ganado, volverás aprisionado mi cayado a obedecer. Pues a la mitad del día, tan cercano el Sol se ve, Pastorcillos, a sudar, Corderillos, a beber, alternando placeres y afanes, y templando el afán con placer. A dónde vas, bella Elisa, tan presurosa? Qué objeto hayde tu cuidado digno? Tú solo amado Mirteo. Ay Dios! pues cómo te atreves a venir aquí, sabiendo que tan vecino a este valle está el campo de los Griegos? Y que del grande Alejandro de Macedonia, el inmenso ejército, ocupa todo nuestro fértil campo ameno? (nes Lo sé. . Pues por qué te expo- a los casuales riesgos de la campaña, tan sola? Cómo no puede haber riesgo para mí, como el no verte; y amor no toma consejo mas que de su voluntad. Y por mi hacer tal extremo? Ay mi bien! Con qué alma tan llena de esperanza vengo! Y hasta partirla contigo, no puedo encontrar sosiego. Pero en parte más segura, di, no, pudieramos vernos? Dices bien: aunque yo, en vuer hora lo diga, no teng queja de ningún Soldado. Yo de todos, porque veo que en sonando los tambores, se pone el ganado inquieto. Sin embargo, de Alejandro ofendéis con este miedo las heroicas nobles prendas, que le aplaude el universo: él es nuestra más segura esperanza; sus guerreros, nuestros escudos: no vino, como al principio creyeron sus contrarios, ambicioso de conquistas y de Reinos a Sidón, sino a librarnos de aquel tirano soverbio, que poseyó injustamente por tantos años el cetro; y roto el infeliz yugo, con tanto desprendimiento mira el trono, y la victoria, que reusa los obsequios, con que los nuevos vasallos se le sujetan, diciendo que él no es su dueño, sino un auxiliar de su dueño. Pues quién será nuestro Rey? Según dijo Meliveo que oyó en la Corte, se cree viva el ilustre heredero, tan desconocido acaso, que ignore que sea nuestro. Yo no sé quien soy, por esa razón, yo pudiera serlo. Y dónde le buscan? . Deja para cuidados ajenos esos asuntos, y vamos al principal que es el nuestro: mi madre (jay querida madre)! movida de los extremos de nuestro inocente amor, quiere al fin favorecernos; y porque nos una el lazo del suspirado himeneo, a solicitar va de mi padre el consentimiento, y lo logrará, que el alma misma, lo esta prediciendo, Ay pobre de mí! . Suspiras pues qué te aflige, Mirteo? dime, por qué has suspirado? Ah suerte fatal!; Ah Cielos, tan airados contra mí! Te irritas? Qué estilo nuevo es este? Qué? Me aborreces? No. . Pues dí, qué siente? Siento cuan poco digno de ti por todas partes me veo: tú eres de la Real Estirpe de Cadmo, hija de un nieto suyo, y única heredera de sus bienes: dulce objeto de sus altas pretensiones: Ídolo de cuantos Pueblos de Bostreno la ribera fertiliza; y embeleso digno de tantas ilustres almas. Yo me considero un oscuro Pastorcillo, que a las piedades de Alceo, sin saber quien me dio el ser, debí solo el alimento. Tú por mi dejar de un padre el rico apoyo? El empleo mejor a que de justicia te eleva el merecimiento? Qué error! Y más cuando yo solo puedo darte en premio un tosco redil, el corto número de mis Corderos, una cabaña, un estado humilde, y un campo estrecho. Mucho menos tengo yo que tú, amigo, y no me quejo: en verdad que el que no piensa en boda, nada echa menos. Pues qué, te has de estar, Corino, toda la vida soltero? Sí, Rosilda, mientras que conserve el entendimiento, y no tenga tal caudal que necesite herederos. Con que solo tu pobreza e produce tu sentimiento? Sí, Elisa mía. . Pues no te debes quejar del Cielo; que bien prodigo contigo andubo en tu nacimiento: pues aunque te negó el oro, y el lustre de los abuelos, te adornó de bizarría; te concedió lo discreto; infundió en tu alma valor, y sencillez en tu pecho; y mi amor no busca más en Mirteo, que a Mirteo. , Oh felicidad! Oh amada Elisa! Tu dulce acento::: Adiós, que vuelvo a mi madre, a ver otra vez corriendo, para saber la respuesta; y no receles, que presto daré la vuelta a tu vista, pues una hora, un momento no puedo vivir sin ti, ni puedo encontrar sosiego: pero al morir y al nacer, que nos verá el Sol espero desde hoy para siempre unidos. Qué ventura! Qué contento! Perdón, Cielos soberanos, que fui un injusto, un necio, que me quejé de vosotros: y arrepentido confieso, que es la mía la mejor estrella del firmamento; y que si hay hombres felices, yo soy el más feliz de ellos. Mas vamos, Corino, amigo, no con el gozo olvidemos a nuestro pobre ganado. Ay de mí infeliz! . Qué es eso? Que se va poblando toda la campaña de guerreros. Si nunca te han hecho mal, por qué huyes? . Porque no quiero que me le hagan: que la guerra dicen todos que es lo mismo que la música y los cuadros, que se han de ver desde lejos. Pues en verdad que se acercan a nosotros con efecto. Vendrán quizá a divertirse desde sus acampamentos. Señor, aquí está el Pastor. . Cormo, sígueme al cerro. Detente; amigo. . Qué mandas? Hablar contigo pretendo. Pues perdona, seas quien fueses, porque ya se pasa el tiempo de abrigar mi ganadillo, que es mi cuidado primero. Ya irás: un instante solo aguarda: qué noble aspecto! Qué quieres? . Cómo te llamas? Mirteo. . Y tu padre? . Alcco. Vive? . No; un lustro ha que yace en humilde monumento. Y de la herencia paterna qué tuviste? . Unos Corderos, un corto campo, una choza quemada para el sustento; una libertad sencilla, y un corazón satisfecho. Con todo, pobre es tu suerte. Es feliz, y no la trueco por otra, pues es bastante a completar mis deseos. Sin embargo, con sudor ganas el rudo alimento. Es verdad; mas le sazono con el hambre y el sosiego. Un aprisco te concede incomodo y duro lecho. Sí; pero en él aseguro la tranquilidad del sueño. Ignoras de otros estados las grandezas, los obsequios, brillantez, comodidades, aparato y lucimiento. No; pero tampoco ignora los pesares y los riesgos, las envidias, las traiciones, la ambición y el fingimiento. Tan sereno vives? Di: quién te podrá librar de estos Soldados que te rodean? Quién me ha de librar? El que protego a los humil destruye a los soberbios: esta misma oscura suerte, de que tú haces menos precio, y yo blasón, es bastante para separar el miedo de mi corazón, ien caso que yo pudiera tenerlo. Señor, dudas todabía? Déjame, que estoy suspenso de su alivio y su constancia, Si no pretenden más que esto de mí, queda en paz, Señor. Aguarda, que tus alientos tanto han llegado a agradarme, que si quieres, yo te ofrezco llevarte al mismo Alejandro. Lo estimo, mas no lo acepto. Por qué? . Porque estorbaría él mis cuidados groseros; y yo al mundo le usurpara de sus cuidados excelsos y bonéfico valor, también algunos momentos: cada uno debe atender a su estado; y son diversos: uno el deber de Alejandro es, y es otro el de Mirteo: una cabaña es muy ancha para mí, para él, estrecho todo el mundo: yo dirijo solo un rebaño pequeño: y él numerosas escuadras de formidables guerreros: yo un corto campo cultivo, él fecunda grandes Reinos: y en fin, entre los dos puso Dios, aquel espacio inmenso, que hay del más simple Pastor al Monarca más supremo. Bero en más feliz estado después, no pudiera el Cielo piadoso trocar tu suerte? Es verdad que puede; pero hasta ahora este me ha dado, que es al otro tan opuesto. Solo sé que soy Pastor, que ssoy feliz, y no debo desear trocar mi suerte por los mayores trofeos. Si el Cielo a mejor estado me llamare en algún tiempo, ya tendrá cuidado él mismo a inspirarme otros deseos: vamos, que estará el ganado impaciente ya y sediento. Si ustedes algo me tienen que preguntar, les advierto que aunque no tengo otra gracia, eso tengo yo de bueno, que soy respondón. . Aparta. Y que yo mi estado trueco por cualquiera en que se coma mas, y se trabaje menos. Vete a cuidar tu ganado. Aplíquese Un. ese cuento para el suyo, que hasta ahora más descarriados solemos ver por acá los Soldados, que por allá los Corderos. v. Qué os parece, gran Señor? Sin duda que el heredero de Sidón, oculto vive en aquel joven discreto: las pruebas que tú me has dado con grandes, mas su alagüeño rostro, su serenidad, son indicios más perfectos. Qué virtud! Qué alma tan dócil? Ven, Ajenor contemplemos la gran obra, y este sea el mayor de mis trofeos. Vencer enemigas tropas, abatir muros soberbios, dominar una gran parte del mundo, y adquirir Imperios, es placer de Héroes humanos, y su más común empleo: pero ensalzar al caído, dar felicidad a un Reino, desterrar de él las tinieblas, y solicitar el centro de la virtud para darla su lugar, es ministerio de las Deidades, que influyen sus prodigios en mi aliento: Si gue De tu grandeza admirado, te obedezco. Detente, Ajenor, escucha. Perdóname, que no puedo detenerme, Pastorcilla, porque los pasos siguiendo voy de Alexandro:: Pero esta no es Tamirís, si el deseo no me engaña? Dime, eres tú mi Princesa? . Sí. . Y mi dueño? Sí, yo sol. . Tú en este traje, mi bien? Tú en este desierto? Sí, Agenor, porque a este sitio, y a este traje, solo debo la libertad y la vida, que me han dejado los Cielos; ya que me privó Alejandro de mi padre, y de mi Reino. Ay Tamirís! Cuántas ansias me cuestas!; con cuanto esfuerzo y lágrimas te he vuscado? Adónde te fuiste? . Huyendo el día de la batalla, (mejor digera el tremendo día de las confusiones) de Sidón, y del funesto real cadáver de mi padre, que quiso más quedar muerto, que vencido de Alejandro, y verdugo de sí mismo se mató desesperado, sin amparo y sin consuelo de nadie, aquí llegué sola; y Elisa con placentero rostro, y lealtad como suya, me dio acogida y consuelo. Y dime, con qué designio:: spero cómo me detengo cuando me aguarda Alejandro? a diós, yo volveré presto. Detente, y para la fuga dame siquiera algún medio; dime gen qué lugar podré llorar segura a lo menos? Señora, si seguir quieres mi opinión, otro no encuentro más fácil, ni más airoso, que el presentarte al excelso Alejandro: ven conmigo. Qué dices? Yo ver al fiero homicida de mi padre? No te engañe el sentimiento, Tamirís, porque Alejandro no le mató; él, conociendo su error, fue quien se dio muerte, a pesar y en menos precio de la clemencia del grande vencedor: tu labio bello lo acaba de confesar, y bien lo sabes. . ó spero yo he de ir a solicitar mi esclavitud y sus hierros? Yo de las Griegas cadenas he de tolerar el peso? Mal conoces de Alejandro las prendas:: pero no puedo ahora desengañarte, mi bien: aguarda un momento, que yo volveré a tus ojos, y en todo discurriremos. Pues mira, aquel es de Elisa el albergue, allá te espero. Ya lo sé: adiós:: Pero dime, yen- cómo estoy en tus afectos? (e Cómo siempre: así tuviera igual lugar en tu pecho el mío. . Ya que lo dudas, preguntaselo a tus bellos ojos: ellos pues, que influyen, como preciosos luceros de amor, en mí la constancia, aseguren tus recelos, y confirmen la firmeza con que desde aquel primero instante que los miré, los amo, y los obedezco. Pero a Dios: qué mal se apartan dos, que bien se quieren, Cielos! . No os mostráis tan inclementes, joh Dioses! y tan severos conmigo, como creía: si trocasteis en un techo pajizo mi Real Palacio; en tosca lana mi regio adorno, y en soledad, de la Corte los obsequios; también me ofrecéis constante a mi adorado dueño, y bastante me han dejado: vuestras piedades venero, todos mis males olvido, cuando su constancia encuentro; y el cobarde corazón que antes latia de miedo, ya vuelve a latir colmado de alegría y de consuelo. Mientras tanto que a la margen del río goza el sediento ganado pasto y bebida, vamos a gozar del fresco nosotros, a la frondosa sombra de tilos y fresnos, o a las chozas. . No es mejor pasar la siesta en un juego, formar algún balle alegre, o ponerse a contar cuentos? Como quieras, que por mí en la vida se ha deshecho ningún partido. .. Y vosotros qué aconsejáis? . Qué ballemos. Pues vamos a sacar de las chozas los instrumentos; y Rosilda y Belisarda, que canten algo de bueno y alegre, con que los pies no puedan estarse quietos. También yo puedo bailar. Pues hay más de que cantemos, y ballemos todos juntos? Pues vaya al estilo nuestro: cantemos las dos; y el Coro repita ballando luego. Con qué gracia desplegan las rosas las hojas hermosas al amanecer. Con qué brío el botón encarnado del Sol animado despliega el clavel. Con qué gozo al venir el aurora por ver su Pastora madruga el Pastor. (brío, Con qué gracia, qué gozo, y que Zagales y flores saludan al Sol, porque vuelve a pintar con sus luces, cuanto con su sombras la noche borró, Corino, Rosilda, amigos, (sabéis dónde está Mirteo? Pues no está contigo, está sin duda con sus Corderos, porque nada le divierte, Elisa, sino tú, o ellos. Pues id a buscarle todos; decidle que venga presto: ves, Corino ve Rosilda; amigas y compañeros, id todos, porque me importa verle, que venga corriendo, ya que no quiso aguardarme, como lo dije, aquí. . Luego vendrá. . Como ha de venir, Sino sabe que le espero? Id por distintas veredas, y le hallaréis. . Yo no puedo porque del calor y el balle estoy rendido. Está lejos. . Todos estamos cansados, y vamos a echar un sueño. . A dónde iría? El ganado, sin duda le tuvo inquieto, y fue a cuidarle, o quizá oyó ladrar a sus perros, y temió que lo robasen; iqué día tan placentero! Qué felicidad! Oh amado padre mío! Qué discreto, a todas tus conveniencias preferistéis mis afectos! Si acaso podrá alcanzarle mi voz? Mirteo, Mirteo? Quieres dejarnos dormir, Elisa, o irte a los cerros a gritar? . No hay peor vecino cuando está uno sonoliento, que un enamorado; pues como está siempre despierto, no deja dormir a nadie. Perdonad, que ya me enmiendo. Si estará en la fuente? S me habrá ido a buscar al Pueblo? Yo voy a buscarle: cuál camino será el más cierto? Pero si el hecha por otro dilataré más mi anhelo. Voy a buscarle. Qué es esto? Dónde vas, Elisa mía? Es posible que ya has vuelto? Vamos. .3 A dónde? A mi padre. Pues qué? Se venció a los ruegos de tu madre? . No te dige, que mi corazón sincero me había baticinado la ventura que poseo? Pues no se engañó: mi padre, con impacientes deseos te espera y antes que el Sol alumbre en otro hemisferio, serás mi esposo, y veras de mi padre los afectos por una hija, tan amable en sus caricias y tiernos brazos con que te recibe: vamos, ven ven. . Mi dueño, ten piedad de un alma, que pasando de extremo a extremo, mas que en la desconfianza se acobarda en el contento. Vamos, que juntos respiraremos. ierra. Huyamos. Recibe, Monarca excelso, de tu vasallo más fiel, el homenaje primero. . Qué dice? Con quién habláis? Contigo habla mi respeto. Oh déjame en paz, o busca otro de más dócil genio para burlarte nací libre, si no quiso el Cielo que naciese Rey; y aunque homenajes no merezco, tampoco merezco ultrajes, ni sé tolerar desprecios. Hasta ver a lo que vienen. muchachos, estarse quietos. Esas generosas iras te descubren más atento oye, y sufre que te diga mi lealtad, tu supremo origen, ser, y destino. Cómo, pues qué no es Mirteo No. . Pues quién soy? Quién será? Abdolomino heredero del trono de Sidón. . . Yo? Sí: despojado del cetro tu padre, por Estratón, último Monarca nuestro, mas a fuerza de armas, que por legitimos derechos, te entregó a las confianzas del mío, Infante tierno, antes de morir. Mi padre te confió al pobre Alceo, sin que de él mismo fiara la importancia del silencio, hasta que projimo el día de su muerte con secreto me llamó, y de mis lealtades confió el caso, añadiendo tantas pruebas, que bastaron a que yo tomara empeño en colocar sobre el trono a mi Rey: y así, sabiendo de Alejandro el formidable valor, y el heroico aliento, de él me valí; y he logrado a costa de sus esfuerzos, y mis lealtades, el día de besar tus pies excelsos, y de ver al oprimido Sidón, feliz y contento. Oh qué júbilo! Oh, qué gozo! Qué nuestro, Rey es Mirteo? Aplaudámosle, Zagales. Muchachos, vámonos presto a ir contándoselo a todos. Cómo dige? Han. Ya me acuerdo. Mal pergamino. No hay tal, ébolo pepipo? En efecto. Viva Mirteo. . Aguardad, Viva Mirteo. Aguarda, Rey, hasta que volvamos los compañeros. Pues sabes lo que te estimo, no me dejes tú. . Ya vuelvo. . Vamos, Señor, que Alejandro te aguarda, y al dosel regio quiere con su mano invicta conducirte. .. Y qué es aquello que viene en los azafates? El manto, corona y cetro, bastón y espada. . Ay Elisa! Qué dices? . Sí será sueño? No, no. . Puede ser verdad tan imprevisto suceso? Sí; nada tiene de extraño para mí tu gran aspecto, tus grandes prendas, tu brío, y tus bizarros extremos, hacian notar a todos, que no te criaba el Cielo para Pastor: siempre el alma me lo estaba a mi diciendo. Así será; pero mientras que lo apuramos, primero que todo es ver a tu padre. Acude antes donde el Cielo, te llama: vete a remar; pua que si te acordares luego de mí, ya él irá a buscarte. Tu reprendes mi deseo? Tú me obligas a dejarte? Ay si tú vieras mi pecho como está. lleno de gozo y dulce esperanza. Pero no, no: callad importunos temores, y no pensemos sino en que Mirteo es Rey. Señor, no faltará tiempo después para Elisa, ahora acudid a los afectos de Alejandro. . Bien te dice: vete, mi bien: qué grosero es el amor: ve Rey mío; ve, Señor.. Aguardad: y el día que miro lejos tus brazos, como mi esposo, como mi Rey, a lo menos, logre yo besar tu mano. Dime, Capitán, jofendo la Majestad, si en mis brazos aseguro sus recelos? Sí: que en los Reyes, cualquier pasión pública, es defecto. Pues vamos. Adiós, Elisa, y cree que más me precio de ser un fiel Pastor tuyo, que de los faustos del Reino. Vete a reinar; solamente a tu memoria le ruego, que no se olvide de mí. No es fácil. . Con todo, temo que eres ya mi Rey. . La tropa se anticipe; previniendo los honores que le debe hacer el acampamento de Alejandro a Abdolomino. Vamos, Señor. . Ay Mirteo! Ay. Elisa! . Resolved. Ve a remar. . En ti me quedo. Proteged, Cielos piadosos, un amor tan verdadero.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEG DA Volvámonos a tu albergue, Elisa. . Por qué te tapas? prosigue. . Yo tiemblo toda! volvámonos si me amas, amiga. . Yo no te entiendo: antes, tanto te afanabas por ver a Agenor, y ahora que estamos ya tan cercanas a hallarle, quieres volverte? Es que desde la distancia, me ocultó amor el peligro; y ya cerca me acobarda mi temeridad. . Por qué? No soy yo la desgraciada hija de Estratón? No son estas tiendas y estas armas de los Griegos? Pues si alguno me descubre: dime, la cuantas desdichas me expongo? Huyamos por piedad, Elisa amada. Vano temor! Pues quién puede conocerte? Y cuando hallaras quien te conociera, acaso etan cruel y tan tirana es la condición del grande Alejandro? Tiene dadas muchas pruebas su virtud. No sabes ya del Monarca de Persía, su esposa y madre el suceso? . Sí: mas mada puede haber que me asegure, porque se que mi desgracia es mayor que sus piedades; y yo no quiero arriesgarlas: ven, volvámonos. . Perdona, o vuélvete sola a casa, si quieres; que yo no temo: y quiero ver sí mis ansias, de Mirteo lograr pueden siquiera la vista. Aguarda, que tú me infundes aliento. Pues vamos: qué, ya desmayas otra vez? . Valedme, Dioses. El pecho se sobresalta, a vista del riesgo. . Pues yo ya estoy determinada: a Diós Tamiris. . Escucha: (. dile a mi querido:: . Vaya, e qué le he de decir? . Que vine:: dile que aguardo:: Mal haya mi temor! Ya, Elisa mía, sabes mis desvelos: habla tú por mí; sabes mi suerte, y sabes lo que es constancia, y lo que es amor: si acaso le vieres, interesada por mí, píntale mis penas al temple de tus palabras. Esta parece la tienda mayor que hay en la campaña de los Griegos: asi a Mirteo encontraré aquí? Bizarra Ninfa,dónde vas? . Al Rey. Detente, porque se halla en consejo con sus Griegos, y no puedes verle. . Basta: con sus Griegos está? . Sí. Pues no me estorbes la entrada, que Alejandro no es mi Rey. Tente, que también hay causas para que ahora ver no puedas al Rey de Sidón. . Aparta, que con verle me contento; no vengo a pedirle gracias. No es posible que a su tienda pases, Elisa. . Pues Vaya, entra tú al instante, y dile que aquí le espero, que salga. Ni a él es decente, ni a mí permitida la demanda. Pues a mí me es permitido esperarle. . Tú te cansas por ahora, bella Elisa, y en balde nos embarazas: Vete: que yo con tu Rey te buscaré luego que haya presentadole a Alejandro. No, Agenor: bueno es, que engañas a Tamirís, y querías que yo de ti me fiara? Tendré paciencia, hasta que le vea; que a bien que faltan bastantes horas de Sol. Mira, Elisa, que me agravias en creer que olvido a Tamirís. Ahora en hablar pensaba por ella a Alejandro; vete, no estorbes con tu llegada (si saliere) mis intentos. Ya me voy: pero si tardas . mira que vuelvo al instante: No culparás mi tardanza. Adiós:: Pero tu entretanto, dile a Mirreo mis ansias. . Bien. Dile, que infiero las suyas. . Oh cuantas veces, oh cuantas se habrá acordado de mí! Muchas. Y me nombra? MHabla . de mi amor? . Siempre. Y, qué dice. No te irías, si empezara a contarte, sus extremos: ahora ne es ocasión marcha, No te enojes. Ya me voy; pero, cuando separada, me miras del dueño mío, y mis cuidados desairas, acuérdate que eres hombre; y de que quizá mañana puedes querer, con destino tan contrario a tu esperanza, que, al ir a coger el afruto, pierdas de vistaolas ramas. justos Cielos, influid hoy de Alejandro sen el alma, para alivio de. Tamirís, vuestra piedad soberana, que bien lo merece: pero donde encamina las plantas veloces, mi Rey? A Elisa vi aquí, que contigo estaba, desde lejos: dónde está? Por qué de mí se recata? Dónde se oculta? . Se ha ido. Sin haberme visto? Ah ingrata! Pero yo la alcanzaré. Señor, detente, no vayas. Y por qué? . Porque no puedes, Pues quién contiene a un Monares? Su justicia, su decoro, la razón, y su sagrada. dignidad. . Con que más libre fui Pastor en mi cabaña. Pues de qué me sirve el Reino? Si el Reino a ti no te basta a servir, tu bastar debes a servirle, pues le mandas. El Cielo al Reino, te envía, no el Reino a si, y así el alma generosa, el regio aliento, la excélsamente alumbrada de que ya te adornó, deben producir en cuanto abrazan tus dominios, la fortuna pública; y esta afianza la tuya. Mas dime, cómo si tus pasiones te arrastran, podrás gobernar pasiones enajenas? No me acordaba que eres mi Rey, no, Mirteo; perdona que arrebatada mi lealtad poncelo, erro: día es, gran Señor, de gracias, sea la primera el indulto de mi culpa. Qué haces? Alza, Agenor, y hablame siempre de ese modo; si me amas: es tan hermosa a mis ojos la verdad, que más me agravia al creer que me ofenda, que me obligaste al pronunciarla. ̱ Aho qué prueba de que el Cielo a reinar te destinaba! Mas dime, no tengo de amar a quien, meidolatra Es poco digna de amor Elisa? . Porque me ausalza la corona, he de dejar a la que Pastor me amaba? No he de tener compasión de su temor y sus ansias? Ni los Dioses, ni los hombres se podrán de mi constancia ofender, aunque la sepan. Nadie puede condenarla: pero antes de todo::: . Antes de todo es el consolarla: vamos, que después:: . Señor mira que luego que salga Alejandro del consejo que celebra por tu causa; con los grandes de Sidón, creyendo que aquí le aguardas ha de venir. . Pobre Elisa! i qué triste y desconfiada estarás de mí! . Mirteo? Yo creí que no te hallaba. Pues por qué no me seguiste? Porque tenía unas cabras, Celfo, de venta, y quería ver si las daba baratas. Y las compraste por fin? Qué habla de comprar: si anda todo el Egido revuelto lo poco que ha que tu faltas. Por qué? . Porque unos no creen que tú eres Rey: otros callan, hasta ver si es verdad: otros lo defienden a puñadas; otros te tienen envidia: y todo es una algazara. Pero lo mejor de todo es oír a las Zagalas, todas dicen que te quieren, y unas lloran y otras cantan. Qué? Ni el día de la boda de mi primo Floro y Tancia hubo tanta bulla como hoy, en toda la congirca, Y no has visto a Elisa? . Sí: ahora la deje seutada hay en la fuente del bosque con Tamirís, y al mirarlas tan mudas y tan suspensas, juzgué que eran dos Estatmas de dos silvestres Deidades, como Siringa, o Diana; hasta que ambas suspiraron, y advertí que eran humanas. No iremos por un momento a la fuente para hablarlas y nos volveremos? . No: que la consulta acabada, ya Alejandro se encamina aquí. . Cuál es, me señala. No conoces la divisa de todas las Reales Guardías? Sí. . Pues el que las precede, es Alejandro. . Turbadas mis potencias a su vista, no sé si hallaré palabras. Vete, Corino. . Por qué? Nos conviene cuando salga el Griego Rey, estar solos: mira, aquella es la morada que está al nuestro prevenida. Vere a ella, y allí aguarda que volvamos, advertido, de que aquel que en la cabaña siempre se acordó de ti, no te olvidará Monarca. Pues qué has de hacerme, Señor? Después lo sabrás, aparta, que llega Alejandro. . Voy. Corino, obedece y calla: si te tiene cuenta, estate, y si no te tiene escapa, Venza la gloria, cualquiera otro afecto que en ti haya: acuérdate de quien eres, y olvídate de que amas. A Lleno estor de sobresaltos! Ay Elisa idolatrada! a Agenor? . Gran Señor? a14 Mucho tenemos que hablar los dos después; pero qué miro! zcomo el Rey de Sidón, ya no ha tro- cado por la púrpura, el tosco desaliño? Porque hasta ahora las ocupación de tu gobierno, no me han permitido besar la mano que me eleva al trono, en muestra del obsequio que te rindo: permite pues, que a las gloriosas plantas de mi gran bienhechor::: No: de tu amigo ven a los brazos: el respeto deja pues, en esta facción, yo solo he sido ejecutor del orden de los Dioses: a ellos debes, no a mí, tu Real destino: solo me eres deudor a mí, del gozo que disfruto al mirarte, y al cumplirlo. Yo por tu gloria anhelo, y esta basta para satisfacción y premio mío. Qué gloria, gran Señor, habrá a que aspiré quien o con el cayado, o con el silvo apenas gobernar supo un rebaño? Serás buen Rey, si buen Pastor has sido. ama al nuevo ganado que te encarga el Cielo, como amastes al antiguo: y como aquel te amó, te amará el nuevo: eno fue antes tu cuidado en el apriseo buscar a tus Corderos sombra alegré, aguas puras, frondoso y verde sitio? Pues sea desde hoy buscar a tus vasallos la abundancia, la paz y el ejercicio: evelar las noches, y sudar el día por el ganado, con afán continuo, y exponer a las fieras robadoras en su defensa el generoso brío, te será acaso nuevo? Ya no sabes reprender los inquietos Corderillos, primero con la voz, que escarmentarlos con la bara, o el cáñamo torcido? Pues qué dudas, si sabes el manejo de justicia, valor, premio y castigo? Lleva al trono la heroica dócil alma de Mirteo el Pastor, y yo te afirmo que a los ojos de él mundo y de los Dioses serás buen Rey, si buen Pastor has sido. Yo me veo en un mar tempestuoso, y nuevo para mí; donde el asilo, donde el norte hallaré si tú te apartas? Quién me dará consejos? . Ya adivi- con el presagio solo de esa duda, (no el que serás un gran Rey. Del torbellino de ondas que surcas, ya prevees prudente el escollo peor, y más preciso que es el obrar los Reyes por diciames. Dar un dictamen justo y advertido, muchas veces no quiso aquel que sup y otras veces no supo aquel que quiso de valor, de virtud, de fe, y de celo, cada cual hace gala presumido; pero no siempre el agradable rostro es anuncio de un ánimo sencillo. Hallar quien sepa y quiera es el acierto y el acierto de un Rey, puede al advivio de pulso ajeno, confiar de Marte y de Astrea, los lauros y los juicios: pero lo interno penetrar de un alma, distinguir la verdad, entre los visos de la mentira, solo de un Monarca sagaz es privilegio privativo. (eis De donde luz tan clara y tan pre esperará un Pastor? Del Cielo mismo, que ilumina al que elige para el trono jamás hallarás sombras, si advertido, no dejas que en tu pecho se levanten nieblas de afectos. Y mi baticinio verán todos que en ti se cumple, cuando seas buen Rey, si buen Pastor has sido. Si tu brazo y tus labios:: Ve, y depuesto ese rustico traje, otro más digno vistete, y vuelve a verme: que ya es hora de mostrar su Monarca a los Fenicios: ve pues, mientras yo acá con tus vasa- llos de tu proclamación, dispongo el rito. Florezca, Cielos, está humilde planta hermosa a vuestra vista, y al cultivo corresponda en su fruto y sus verdores, de agricultor tan sabio y tan benigno; sin que olvide por verse trasplantada en sitio abierto, la estrechez del sitio en que nació, y la mano a quien le debe ser asombro del valle en que ha nacido, porque honre Mirteo desde el trono a los Dioses, al trono, y a sí mismo, Oh, si hallase de hablarle por í bella Tamiris, En fin, Ajenor, ya vemos el día de mirar sobre el trono a Abdolomino, hoy quedará jurado, y yo mañana, proseguir mis empresas determino, y partir de Sidón, pues no me sufre el deseo de glorias a que aspiro, largos descansos; aunque te aseguro, que no voy satisfecho: he conseguido romper el yugo vil que os oprimia: a la Estirpe Real restituido dejo el trono, un buen Rey dejo en Mirteo, y en ti le queda al Rey, un buen amigo: quizá eterno sería entre vosotros mi nombre por tan grandes beneficios. Solo (jon Cielos!) Tamirís le oscurece: qué se dirá de mí, donde haya ido huerfana, fugitiva y asombrada? Dirán que soy un bárbaro, un impío. Temerosa, como hija de un tirano, huyó, de escusa su temor es digno. Esa es su culpa, Qué temer podía? Si soy inexorable a los castigos del error, también soy para los premios de las virtudes, liberal. No ha visto tampoco otro Alejandro, Asia, hasta (mos! ahora. Cuántas glorias usurpa a mis desiga Ahl Yo dejara a todos satisfechos, y de nadie me fuera aborrecido:: Ánimo, corazón::: (vitrios Si ella no huyera, viera el mundo, mejor que en mis ad- sé distinguir del reo, al inocente. Aún puede suceder, Señor invicto: que yo se donde oculta está Tamirís. Y tanto retardastes el aviso? En este puesto acabo de saberlo; y ocasión aguarde para decirlo. Ve, apriesa, corre, traemela al (picio! instante. Voy, Señor, joh, qué día tan pro- Pero aguardajamas tan bello nudo logró atar el amor: ya podré, amigo, partir contento: corre, y a Tamirís procura hablar, y dila en nombre mío, que al nuevo Soberano hoy le daremos yo la corona, y ella el albedrío y la mano. . La mano? Sí: Qué extrañas? Así de sus dos almas hoy consigo coronar la virtud, y él sube al trono, Sin que ella baje de él: así confirmo la paz entre vosotros, y así logran mis fatigas el premio apetecido. Oh Deidades! oh día el más funesto! Callas? Mudas de color? Fiero martirio! No apruebas el consejo? No es Ta- miris: Digna del trono. Y el intento:: . Digno, de ti, y de ella, Señor. Pues de qué afecto son señal tu silencio y tus sentidos extremos? . Es asombro y alegría con que tus altas providencias miro. Ve pues, no la dilates el consuelo: y dila que Alejandro, enternecido de su llanto, enjugársele desea: que si contra Estratón a Sidón vino, no contra la belleza de su hija: y añade que del trono que la rindo otras gracias no quiero más, que sepa que soy justo, y que no soy vengativo. . Ah no esperado, ah fiero golpe! Ay bella Tamirís! Te perdí. Qué necio he sido! Yo propio soy la causa de perderte: bien pude adivinar::; Pero qué digo? Ajenor infeliz, así te irritas de un cetro que a tu bien has adquirido? Eres tú aquel que la virtud blasona? Eres tú aquel que con impulso altivo pretendes corregir a los Monarcas? Pues vuelve en ti; corrígete a ti mismo. Pero ay de ti!, Podrás en otros brazos ver tu esperanza bella y tus hechizos, sin morir? Sí, Agenor: esa disculpa es indigna de ti: solo es preciso atender a tu honor más que a tu vida, si a Tamiris y a ti quieres ser fino; mas que a tu gusto, mírala en el trono, y después muere del primer sus piro. Ay amor, el que te ha conocido, ay amor, no se fie de ti. Ay amor, pues ninguna que ama, ay amor, es del todo feliz, Ay amor chiquito y verdadero, como has acertado a mi corazón. En mi pecho lo fino, o yere a Corino con igual arpón. Ay amor, Por más que con pies de plomo, y con pasos de garganta de todo el acampamento voy corriendo las estancias; ni a Mirteo, ni a Corino puedo hallar: yo bien llegara a preguntar a las tiendas cual es la suya entre tantas; pero uno viene, aguardemos a ver si por aquí pasa. Oh estoy soñando, o estoy convertido yo en Estatua, o esta envoltura me ha puesto la cabeza alborotada: ya se me olvida a mí que fui Pastor esta mañana porque me veo esta tarde tan guapo: jvaya, vaya, que influyen con gran perjuicio de las verdades las galas! Mas ola, aquella es Rosilda: sí: qué buscará? llamarla quiero.. Pero no, veamos pues me mira, si me habla, o me conoce. . Corino? Qué hay hombre? Cómo te hallas en la Corte? . Eres acaso, corta de vista, Bien te conozco. . Pues mientes por no decir que te engañas. Qué no sois Corino? . No. Perdonad, porque esa facha de garrote mal vestido, esa estatura abreviada, y esa cara de guijarro, fueron de mi engaño causa. Y quién era ese Corino? Un Pastor que yo adoraba en mi Aldea, tan ingrato, que en su vida me dio gana: tan miserable, que aún no me quiso dar esperanzas. Hizo mal, porque esa es fruta que cuesta poco sembrarla, y suele producir mucho. Sin embargo, yo estoy arta de verlas sembrar, y ver coger solo calabazas. En sembrando en mala tierra, todas las corechas marran. Vaya, Corino, no finjas; mira que vengo enviada de Elisa, por una parte, y por otra a ver si es tanta mi fortuna, que te acuerdas de cuando yo en mi cabaña te tenía prevenida agua fresca y te guardaba las ubas, y los membrillos mejores que a mí me daban para merendar, y cuando te di para una Zamarra la piel de una Corderilla, que yo tenía pintada, se me murió de frío; tú me diste otra sarta del Corales, en señal de que mi amor apreciabas. No hay tal, que te la di por vivo no quedar a deber nada. Luego eres Corino? Ves ocomo yo no me engañaba? Si te engañaste, porque si de este mundo en la farsa a cada uno, según lo que aparenta se debiste, cuando llegaste, para merecer mi gracia, hacerle a mi gran vestido muchas, y muy cortesanas reverencias; pues él es quien nos distingue: que el alma aunque es igual, rara vez para distinguirnos basta. Poderosísimo Señor Cormo, quedo enseñada, y respetando el vestido, digo a su dueño, que vaya a buscar luego a Mirteo, y esta cestilla de natas le dé de parte de Elisa, que triste y desesperada verle desea, y saber si la olvida, o si la ama. Yo no me atrevo, porque Ajenor, que es quien nos manda, está empeñado en que ya ha de aspirar a más altas glorias que Elisa, Mirteo, y con él no quiero chanzas. Lo que puedo hacer por ti, es ponerte tan cercana a su tienda, que tu puedas verle, y darle, si te llama el recado y la cestilla. Con eso que por mí hagas estoy contenta. . Pues vamos. Dónde vas Corino? Aguarda. A ninguna parte: Cielo! nos ha cogido en la trampa Qué buscas aquí? . Venía a ver si acaso encontraba quien me comprase esta hacienda. Pues vuélvete a tu morada, que no estás bien aquí: toma estas monedas de plata y remédiate, si acaso has venido aconsejada de tu necesidad. . Tomo y disimulo: jqué malas nuevas llevo! Pobre Elisa! Mucho temo tu desgracia. ̱. Conoces bien a Tamiris, orino? . Como a mis Cabras. Pues al instante has de ir al aprisco, has de buscarla, y has de darle este papel de mi parte. . Y si me llama el nuevo Rey para alguna cosa de grande importancia? No importa: yo quedo aquí. para disculparte calla y obedece. . Qué función ha de haber con las Zagalas y los Zagalejos, cuando me vean! Valiente zambra ha de haber y bravamente tengo de llenar la panza: pues sin duda, harán convite general a mi llegada. Esto ha de ser valor sepa Tamirís a costa de mi amor y de mis ansias, que el Cielo la destina para el trono de Sidón, y que aquel que la idolatra aspira más a venerarla Reina, que a las caricias de su mano blanca. Ajenor, otra vez volvió Alejandro con su Consejo a las Consultas arduas de su gobierno: y otra vez té busco para ver si me cumples la palabra de que vamos a ver juntos a Elisa: envuelto en estas ropas tan bizarras, no podrá conocerme: dime, amigo, vamos ahora? . No: Señor, repara que es otro tiempo, y son otros cuidados a los que ha de atender un buen Monarca. Pues qué he de hacer? . Aas de olvidar a Elisa. (lo manda? Qué la olvide? Quién es quien me Tu destino feliz: el bien del Reino, y del trono el honor. Si es circunstancia para reinar, dejar de ver a Elisa, el dosel dejaré por la cabaña: ella ha sido y será toda mi gloria, y mientras ella y yo tengamos alma, siempre a Elisa amaré, y ella a Mirreo: tú sabes cuanto puede la crianza en dos pechos iguales: también sabes cuanto la debo. Sal Mi Rey, calma ese ardor juvenil. Que olvide a Elisa, que es toda mi pasión? Si lo intentara solamente, morir aquí me vieras. (ña, Mira, Señor, que tu pasión te enga- y que sobrecogido todabía, todo el valor de tu virtud no alcanza. 1 Qué más puedes decirme? Que Alejandro destinado a otra esposa Soberana te tiene ya. Mas ay! Que viene Elisa: vamos. . No quiero. Mira que si la hablas también la expones: ten piedad, Rey mío, de ella y de ti. . Te fío mi palabra de no hablarla: con verla me contento. Ni has de oírla tampoco: y si te enfada mi osadía, castigala; mas piensa en que solo es lealtad, y la más clara. Aguárdate, Ajenor. Mirteo, escucha. 3 Ay suspirado bien! Ah suerte airada! Tan presto te olvidaste de Tamirís, que de ti persuadida te aguardaba? De cuando acá le cuesta solo verte tantos suspiros a tu Elisa amada? ̱. Te volviste a acordar de mis afanes? Te volviste a acordar de mi espe- (te? ranza? Puedo saber en fin, cuál es mi suer- Encuentro todabía en la elevada persona de mi Rey mi Pastorcillo? Mas tu suspiras? Mi Princesa:: Habla. Mirteo, tú tampoco me respondes? Te miro y no me miras? Hablo y callas? Señora, yo debía Hablar no pue- do. (labras. Yo quería No encuentro las pa- Cómo::: . Qué fue? Sepamos el motivo. (gracia, Ninfas, no apresuréis nuestra des- y la vuestra: tiempo hay para saberlo; dejadnos entre tanto (retiradas) respirar solos. . Lo has oído, Elisa? todos mis gozos y mis confianzas tenía en Agenor, y me despide: mira tú si habrá suerte más contraria. Despedirnos? Qué dices tú, Mirteo? Que muero de pesar, y que anudad, la lengua, el pecho débil, torpe el labio, ni hablar, ni callar pueden, y desmayan, Ya te conozco infiel. Ya te conozco (da? inconstante. . Mi suerte te acobar- No amabas tú las prendas de Tamirs? A la Princesa de Sidon amabas. No eran por amor puro tus finezas; eran ociosidad de la campaña. Inconstante Agenor! Mírteo ingrato! No vi yo desde el trono la distancia que había de ti a mí, como tú miras la que hay de tu fortuna a mi desgracia. Tan presto el Real adorno te la trocado en aspereza las caricias blandas, que eran costumbre ya, mas qué deseo Ay Mírteo! Si el Cielo nos trocara las suertes, y qué poco yo pudiera vencer tan fácilmente mi constancia. Con qué acabón tu amor? Tal no presumas: primero faltarán del mar las aguas. Con qué al fin, me abandonas? No: primero será presagio de la sombra el alba. Pues qué señal me das de tu finez A dónde podré hallar enamorada el Pastor qué fue toda mi delicia? Mi muerte es la señal. Qué triste alhaja! En mi silencio, y mi dolor, Elía, te doy las pruebas de mi amor más claras. También pueden ser pruebas de olvido. Piérdase todo, y no desconfiada vaya, Elisa, de mí. Gran Señor, mira que Alejandro se acerca: ya sus guardías nos alcanzan a ver. Mirt ̱. Elisa. Ajenor. ̱. justos Cielos, tolerancia. ̱ Ah, qué será de mí! Cruel destino! ̱. Todo, Señor, se arriesga, si te paras. Amor, si eres Deidad, contra las iras de nuestros hados, vuelve por tu causa.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Felices soledades, amiga y clara fuente, que fuisteis tantos días centro de mi quietud y mis placeres; admitid un cuidado que hoy a vosotras vuelve, por si halla entre vosotras el antiguo sosiego que apetece. Mas ay de mí! Que alguno las frescas hojas mueve. Si será Agenor? Cuánto dominio su razón en mi amor tiene! Quiere que olvide a Elisa, quiere que en otra piense, quiere que la abandone: jol cuantas cosas imposibles quiere! Pretende ella que amante yo sus finezas premie, pretende que la estime, y yo sé la razón con que pretende. De Agenor las herocas ideas me suspenden; y de amor las ideas me confunden, me arrastran, y me vencen. Y este, infeliz destino, se vive así, o se muere? Infeliz traje, dime si eres ventura, o si desgracia eres. Qué importa que entre varios la púrpura y el oro por adornarme se unan, o se mezclen, si dejé mi apacible fortuna con mis pieles, y está más triste el alma cuando más el adorno resplandece? Ay de mi desdichado! Sin duda Agenor viene. Qué haré? Que a resistirle no me atrevo ni basto a complacerle. Del Bostreno a la orilla, celosa e impaciente, la triste Elisa llora, de su Zagal olvidos y desdenes. Qué es lo que escucho, Cielos! tan fatal es mi suerte que no hay ya quien la ignore, y hay quien me cante ejemplo crueldades. Bella y cruel Pastora, no con tu voz aumentes el peligro de mis ansias, ni el precipicio a mi dolor abrevies. Qué motivo te ha dado mi voz de qué te quejes? Yo no hablo con el nuevo grande Rey que a Sidón el Cielo ofrece: iba por divertirme, cantando con voz débil, de un Pastor fementido la falsedad y el ánimo rebelde. Y quién el Pastor era? Era el más obediente, más discreto y brioso de los que habitan nuestro campo fértil; era el que hizo envidiable la venturosa suerte de Elisa entre nosotras, por lo fino que fue con ella siempre. Y qué ya no es el mismo? No hay nadie que lo piense; porque no quiso hablarla una vez que ella se anticipó a verle, y por otras sospechas que la infeliz se tiene, de qué amor como es niño se oculta entre los grandes y se pierde. Pues Zagala, si acaso a Elisa otra vez vieres, dila que su Mirteo es más fino, aunque menos lo parece. Dila que su constancia durará hasta la muerte; y que todas sus dichas no igualan al pesar de verla ausente. Dila en fin, que Mirteo, sus finezas prefiere, sino son compatibles a grandezas, vasallos, y laureles: diselo, y al decirlo, así el amor te premie, procura consolarla con dulces expresiones que la alienten. Yo, porque tú lo mandas, haré lo que pudiese; pero amorosas quejas mejor el que las da las desvanece. Ajenor, de las tiendas salió ya vete, vete. Voy a decirle a Elisa que aquí queda, por si buscarle quiere. En tus manos, Zagala, pongo los intereses de mi vida. . En las tuyas los de Elisa discurro que se arriesguen. Posible es, que así a dejar tu Pabellón te resuelves, cuando Alejandro te espera, para coronar tus sienes? Y a vista de la Ciudad de Sidón, y el eminente Templo de Hércules camina a esperarte con tus gentes, dejando para que vayan comboyándote los Jefes principales de su Corte y la tuya? No rebelde tu pasión desacredite, gran Señor, tus excelentes prendas. . Ya, Ajenor, lo veo; y ya por los intereses comunes del reino y míos, me sacrifico obediente; vamos pues, donde Alejandro está. . Mas, Señor, advierte que Elisa y el trono, son objetos muy diferentes. Ya lo sé; pero de un Heroe tan generoso, que vierte su sangre por ensalzar la mía, no es bien desprecie el favor, ni a sus preceptos tampoco es justo oponerse. Ah Señor! y qué consorte tan ilustre te previene el Cielo! Bien sus afectos de tal Monarca merece; amala, Señor, que es digna del mayor amor. . No tienes que exagerármela tanto, que bien la conozco: y cree que si mi fidelidad, y es ocioso que me acuerdes sus méritos para amarla, la amo con tan obediente amor, y en tan sumo grado, que si Alejandro no quiere que reine mi esposa, en balde se cansa porque yo reine. De la cárcel de mi pecho salid, suspiros crueles; ya el respeto no lo estorba, ni ya mi lealtad se ofende. Ay Tamirís! Ay perdido dueño mío! mas quién viene? Señor, ya le di a Tamitis el papel; y ciertamente debes escribir muy mal, o ella no sabia leerle, porque le vi sentenciado a girones muchas veces; y le dio más de mil vueltas, ya confusa, ya impaciente. Y al fin, qué te dijo? . Poro pero bueno: así tuviese yo tanta memoria, como ella entendimiento tiene. Se irritó? . No me lo dijo Viste su semblante alegre, o triste? . Yo entiendo poco de semblantes de mujeres. Tamirís no es mujer. por qué lleva guardapieses? Es Deidad. . Qué las Deidades también citan en las fuentes a los hombres, para darles respuesta de los billetes? Qué es lo que dices? . Yo, nada; ella es, quien después de hacerse rogar mucho, para darme una respuesta muy breve, me dijo, con una cara mas que de Deidad, de sierpe, que te diga que la aguardes en el bosque que ya viene a darte las gracias de las fortunas que te debe. Ay de mí! Que mi constancia a resistir no se atreve este golpe: antes que venga huir de aquí me conviene. Y Mirteo? . Ya estará esperándome impaciente para llevarle al gran Templo des Hércules Ticio, al solemne acto de su aclamación: vamos, sígueme, no arriesgue la paciencia de Alejandro, y el gusto con detenerme vamos. . Detente, Agenor. Deidades, favorecedme. Voy a buscar a Mirteo que es lo que importa, que este debe de querer le sirvan de balde, y que se lo rueguen. . Con qué, Ajenor, nada menos, que un reino a tu amor merece la fineza de Tamirís? Dar un amante sus bienes a su Dama, es común; pero adquirirla, y ofrecerle los ajenos, es fineza que creo que tú la estrenes. No a mí, gran Señora, solo a tu mérito lo debes, y al Cielo. . Y una noticia de tan altos intereses por qué a un papel la fiaste? Mas pudieran complacerme tus labios que él, y eso más tuviera que agradecerte. Me pareció que era empeño demasiado. . . Y qué? El cederme tú a Mirteo, no es empresa mayor qué el que lo digeses? Es verdad, pero entre amor y respeto, no es prudente quien se expone. adiós, mi Reina. Aguarda. . El Cielo prospere tus años. . A dónde vas? Señora, a donde me acuerde de que eres mi Soberana. Soy yo porque tú lo quieres; y solo a tu bizarría debo tan excelsa suerte. Adiós, que mi lealtad clama, porque ya de ti me ausente. Ni el respeto, ni el temor son del caso, hasta que vieres que doy a tu Rey la mano; entonces serán decentes, y aún precisos. . Que yo vea ese caso, no lo esperes. Que no lo verás? Yo quiero y te mando que obediente a mi lado asistas, cuando mi real boda se celebre. Eso no: dame licencia, que el último a Dios es este. Aguárdate, a dónde vas? No lo sé; donde me lleve mi cruel contrario destino. Así a tu Reina obedeces? Pues ya sin mí:: No es posible que faltes. . Pues qué pretendes? Que vea mi bien hechor sus obras, y que complete, al ver mis felicidades, sus gustos y sus placeres. Qué tiranía. Señora, no mi tolerancia pruebes de ese modo; ten piedad. Es en balde cuanto ruegues: no te escucho: de un vasallo tan leal y tan valiente solo la obediencia quiero. Cielos! . Lo has oído? Adr que es crueldad el acabar de matar al que se muere. Cuando tú de mi dispones, y a otro albedrío me cedes, epor qué me has de hacer el cargo de la culpa que tú tienes? Pues yo soy la abandonada, y mi labio no te ofende, e mita tú mi dulzura, y ven donde airoso quede tu corazón, con la grande víctima que a amor ofreces: guíame donde Alejandro espera, vamos. Crueles, destinos hay más desgracias! Infeliz alma, prevente a tolerar un martirio que de ejemplares carece. Justo Cielo, tú que influyes. la piedad y la justicia sobre el trono de Fenicia, comúnica igual favor; y del gran Monarca Griego se propague a nuestro ruego el benefico esplendor. Ya el Sol cerca del ocaso su brillante giro abrevia; ccomo tarda tanto el Rey, Ajenor? Despacha, llega: y Tamirís? . A los pies de Alejandro la veis puesta. Qué vais a hacer? de Sidón sois vos la infeliz Princesa? Yo sol. . Y así lo aseguran mi lealtad, y mi obediencia. Ven pues, que aunque tu temor desairar quiso mi regia piedad, quiero que conozcas de Alejandro la clemencia. Perdonar a sus contrarios eno es magnanimidad nueva. en los Heroes; pero darles tronos en que se establezcan más dignos, es novedad, Alejandro, que tu estrenas. No se que impulso, Señor, Siento en mi pecho, que fuerza mi respeto a venerarte vencida, a que no te tema vencedor, a que te implore Numen en mi suerte adversa, y te ame mi bien hechor. Todas mis conglorias completa, hacen más excelso el trono con tan apreciable Reina. Aún no lo soy. . Solo falta el instante de que venga tu Real esposo. . Señor, Ajenor desde mi tierna edad fue todo mi gusto; y constante su fineza no hubo día que en su obsequie más motivos no adquiriera e has tachoy que fino, antepone tu precepto, y mi grandeza a su esperanza: tu juzga Si debo yo desatenta posponer sus esperanzas a mi fausto; considera si un alma tan generosa es digna de recompensa: y determina, Señor, lo que en este lance hicieras como Alejandro, porque yo, como Tamirís, pueda, imitando tus acciones, quedar airosa y contenta. Capaz fuiste de vencer una pasión tan violenta cómo amor? . Ohiela, mira sus sentimientos, observa su discreción y hermosura; y di luego isí tuvieras valor de quitar al trono una mitad tan perfecia? Y en efecto, tú tan fina también por él te demuestras? Óyele, y di si merecen expresiones tan sinceras, tal fidelidad, castigo, Así es, pero tú, Princesa, me parece que gustosa estabas, según las señas de tu semblante, del regio lazo nupcial. . No lo creas; más ambiciosa que amante me creíste; y mal cupieran la ambición ni la mudanza, donde un fiel amor se hospeda. Solo esa constancia, envidia dar a Alejandro pudiera. Qué virtud! Que sel Deidades, si habrá corsuelo a mis penas? justicia, piedad, consuelo, Quién eres? Y qué deseas? Yo soy Elisa, que imploro de Alejandro la clemencia contra el caso más injusto que historias y fama cuentan Haz justicia. . Y contra quién? Contra ti y tus providencias. Pues qué irjusticia Alejandro te ha hecho, Pastora bella? Alejandro es quien me roba mi único bien, quien ordena mis afanes, quien procura mi muerte, y quien enajena en mi vida, que es Mirreo, los medios de mi asistencia. Mirteo? pues qué razones, a tal extremo te empeñan? Óhielas pues, y consulta mi razón con tu prudencia. Desde la infancia con afán rendido, como Pastor que estima su Pastora, me dio su corazón; y yo hasta ahora su corazón en paz he poschido: mil mudanzas los prados han sufrido: con más o menos luz salió la aurora: mudó para alumbrar el Sol la hora: solo nosotros firmes hemos sido: ni el más soberbio que la tierra pisa, ni de la suerte el más airado ceño, a Mirteo apartar podrán de Elisa: y si la suerte, o tú, tenéis empeño, obstinada en empresa tan precisa, la vida cederé, mas no mi dueño. El que te dio el corazón, hermosa Ninfa discreta, bien dices era Mirteo pobre Pastor; mas no era el egran Rey Abdolomino. Rey oh Pastor, mis finezas solo aspiran a Mirteo. Ella pensaba en ser Reina, y se queda sin corona y sin marido: la perra que viendo estos ejemplares a ningún hombrel creyera. Señor, aquí está Mirteo, el Pastor. . Pues con qué idea vienes? . A restituirte toda esa pompa supersiva para mí; y a suplicarte que me otorgües tu licencia para que a mi rudo albergue, y a mi ganado me vuelva. Pastor nací, y Pastor quedo, nada he perdido en la feria. Pues qué, no es digna Tamirís de que tu mano la ofrezcas? Señor, Tamiris es digna de hacer feliz con su diestra al mayor, y más excelso Soberano de la tierra: pero tampoco es Elisa digna de que yo la ofenda con deslealtad. . Por un Reino hay un hombre que no venda su mujer; y otros las venden por otra mujer más fea. Estoy confuso. . Señor, escucha, y después sentencia. De la Estirpe de Cadmo, Elisa hermosa, y yo pobre Pastor desheredado había desigualdad; pero en mi estado tanto me amó, que se juró mi esposa: será razón, porque hoy más venturosa trueca la suerte en cetro mi cayado, que escuche, yo desde el dosel sentado con vil serenidad su voz quejosa? reine quien de reinar vive ambicioso; que yo con solo Elisa estoy contento, y a los ojos del mundo más glorioso: pues visto a luz de buen conocimiento, mas que Rey a tan solo un alma odioso, vale ser un Pastor leal y atento. No te dige yo, Agenor, que era imposible pudiera Mirteo, vivir sin mí? Conozco yo bien sus prendas. Cielos, cuando más felices pretendo que todos, sean, de cada bien que procuro me resulta una violencia! Pues no ha de ser: que Alejandro no separa las finezas de tan leales amantes, y tan finos: y así, vuelva Mirteo a su bella Elisa, sin que el trono desmerezca: pues en origen y afectos tan alta igualdad ostentas, hay tienes a tu Agenor, Tamirís, liberal premia su constancia; y yo te juro, que mi conquista primera será daros trono, donde vuestra virtud resplandezca. 3Oh, grande Alejandro! Oh justo! Ya más dé tu compañera no, te acordarás, Elisa. Ya desde hoy más . A no se hablará con los tontos. Rosilda, toda mi hacienda servirá de dote tuyo. Y tu dentro de tu esfera cuenta con mi amor, Corino. Si no tuvieras vergüenza, Rosilda, para casarte donde hay tantos que lo veas, te diera la mano. . Toma, que no soy pataratera. Y visto que donde amor vive con fe verdadera, no hay mudanza ni ambición que los corazones venza. Ansiosos de haber servido damos fin a la Comedia.
