Texto digital de No hay cosa buena por fuerza
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay cosa buena por fuerza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-cosa-buena-por-fuerza.

NO HAY COSA BUENA POR FUERZA
JORNADA PRIMERA
JE poca prisa te das! está todo prevenido? Solo falta haber comido, que todo está lo demás. Garrón, quien tuviere amor, no está bien ser perezoso, cuando el camino es forzoso, y llama a cosas de honor. Ya sabrár como murió mi tío, (que tenga Gloria) ̱g. y para eterna memoria un Vínculo me dejó. Poner en razón sus cosas, cumplir su alma, bien sabes que son negocios muy graves, y obligaciones forzosas. Pues si el hacerlo dilato, por más que me estorbe amor, al Cielo seré traidor, in y a mí mismo tío ingrato, Dejome toda su hacienda, A que son veinte mil ducados, que estos los tengo heredados, sin que nadie acción pretenda; pues mira, amigo Garrón, si cumplir el alma es justo. Hoy con tu gusto me ajusto, por ver que tienes razón; pero Argila, qué dirá cuando sepa que has partido sin que ella lo haya sabido? Presto la vuelta será; muy breve pondré en razón el alma, y la hacienda toda. Bien tu gusto lo acomoda, a haber comido Garrón; pero no hemos de almorzar? Siempre piensas en comer? Qué pocos deben de ser los que dejan de pensar; oye lo que sucedió aún amo con un criado. Di, que fue con un recado. A cierta parte le envíó, y olvídosele lo que era, y tuvo necesidad de volver con brevedad que otra vez se lo dijera; y el amo de ello enfadado, le dijo, que en qué pensaba, que así el recado olvidaba? y él dijo, el no haber comido, el no comer mucho mengua las tripas, y la memoria: no has oído aquella historia, que al hambre no hay muda lengua? Bueno estás, pon las espuelas, mira que he de partir luego. Harta espuela es el fuego de Argila, pues con él vuela; ella te ha de hacer venir mas presto de lo que quieras. Ay, Garrón! mejor dijeras, que ella me ha de hacer morir. Eso será lo más cierto, pues no hay hombre enamorado, que en viéndose apasionado, no diga, que amor le ha muerto; y según esto, yo digo, que hemos de morir los dos muy presto, mediante Dios. Qué dices? Verdad te digo; tú no tienes amor? . Sí. Pues yo tengo un hambre fuerte, que es bastante a darme muerte, y amor a matarte a ti. No es bien que muerte se llame el mal que remedio tiene. Y si el remedio no viene, qué más muerte, y más infame? Ración, y sueldo doblado tienes desde hoy todo junto. La memoria en este punto mil varas me has alargado; quien te pudiera alargar el amor de Argila así! ya no hay muerte para mí, tú solo te has de matar. Quieres que hablarla vaya, y la diga que la adoras, y que en aquel pecho moras, sin que tu amor tenga a raya? quieres le cuente tu historia de esta resuelta partida? mira que en toda mi vida he tenido tal memoria: qué quieres? No quiero nada, si no que al punto partamos. Pues solo por ti tardamos de no hacer esta jornada; qué a Argila no piensas ver? Es aumentar penas mías, pues dentro de pocos días la vuelta habemos de dar. Pues ven, que el caballo aguarda. Adiós, Canturia dichosa, el alma lleva medrosa, de un no sé qué la acobarda. Á , , Esas canas reverencio, y el ver que con prisa tanta nos llamas aquí en silencio, esto en ti es cosa que espanta. Pues no os admiréis, Claudino, porque ahora determino hacer de mil cosas prueba. Qué nos quieres? Bien de espacio sabréis los dos a que os llamo. Cielos, si sabe que amo, . y tengo amor a Trebacio? Roselio, cierra esa puerta, y por un rato a ninguno, por más que llame importuno, no se la ofrezcas abierta. Yo me parto a obedecerte. No sé que siento en el pecho de esto que nuestro padre ha hecho. Yo me anuncio ya la muerte. Esas dos sillas tomad, porque para lo que intento habéis menester asiento. Qué notable novedad! . Bien sabéis, hijos del alma, que como a ella os estimo, y que aumentar vuestro estado siempre mi intención ha sido; y bien sabéis, que mi vida está asida al postrer hilo, el más roto, y más gastado, que el tiempo le ha consumido, y que no tiene seguro, porque ya el fiero cuchillo de la muerte le amenaza, sin que de otro quede asido; pues antes que el golpe llegue, quiero, mi Argila, y Claudino, daros a los dos estado, pues el Cielo os le ha ofrecido. Después que al mundo nacisteis, nunca, hijos, os he visto, que a él estéis inclinados, ni tener en él un vicio; nunca os vi gastar el tiempo en los torpes apetitos, que amor ofrece a los hombres, que en servirle están metidos; siempre vuestra inclinación de grande untud ha sido, sin mocedades algunas, y sin moltales peligros; de donde, considerando la virtud que habéis tenido, dos cosas os he buscado con que honraros, y serviros. A vos, Claudino, por ver, que de letras sois amigo, para haceros Sacerdote he hablado al Arzobispo de Canturia, que dispense el daros en un día mismo el Hábito que requiere el ser Vicario de Cristo. Ofreciómelo, y también me ofreció haceros Obispo de Baltridente, con renta muy bastante al tal oficio. Acetelo, y di palabra de que habéis de ser, Claudino, hoy Sacerdote de Misa, aunque, de ello sois indigno. Y a vos, mi Argila, también, para honrar vuestros designios, un velo en Santa Isabel la Abadesa me ha ofrecido. Díjome, que había dos años, que con un celo divino vos misma se le pedisteis, y que os le daría me dijo. También la di la palabra; hoy pienso tener dos hijos, uno que honre una Mitra, Envidiárame Canturia, y daranme mis amigos, gozosos de ver tal bien, parabienes infinitos. Baltridente os hará fiestas, siendo su Obispo Claudino, y a vos, mi Argila, el Convento, en veros, hará lo mismo. Y yo, en veros en estados tan buenos, y tan altivos, daré descanso a estas canas, con tal edad impedido. . Paréceme, que os ponéis turbados, y suspendidos, y que me dais a entender, que os pesa de lo que he dicho? De lo que has dicho nos pesa. Claudino, qué es lo que has dicho? Ay padre! Ay padre! Qué, qué decís? Ay padre mío! Cómo así me respondéis con ayes, y con suspiros? Argila, vos sois la Santa? vos el humilde Claudino? hablad, decid, qué tenéis? Oye, señor, lo que digo, y verás si con razón me puedo haber suspendido. El dar estado los padres sin darles cuenta a los hijos, es como hacer en el aire, sin cimiento, un Edificio, pues comienza por el fin, debiendo por el principio, y si se yerra la traza, va el Edificio perdido. Si para darme este estado mi intento hubieras sabido, nunca erraras, ni pudieras, pues llevabas buen principio; mas sin saber lo que el Cielo y tiene en mi pecho influido, hacer tú tu voluntad, quitarme a mí mi albedrío, es dar en tierra con todo. Ay, padre! lo mismo digo. Claudino, Argila, qué es esto? cual espíritu maligno os ha trocado los pechos, y os los ha puesto tan tibios? Cual áspid, con fiero encanto, os ha vuelto Basiliscos, y ha muerto vuestras virtudes, dando vida a vuestros vicios? No eres tú el que días, y noches, en estudiar divertido, de ti mismo te olvidabas? quién te ha trocado, y perdido? No eras tú el que deseabas el verte en lugar subido, donde disputar pudieras, haciendo de Maestro oficio? Y tú, Argila, no eras la que decías a gritos, que Monja querías ser, porque ese era tu designio? Argila, no eras aquella, que en lugares escondidos, siempre te hallaban rezando? Dime, quién te ha divertido? No te llamaba Canturia la Monja? y a ti Claudino, no te decían también que serías su Arzobispo, y te parecía bien? a qué estado más subido puedes venir? Ay, ingratos! quién así os ha reducido? habladme, que me tenéis en un piélago metido de dudas; y confusiones, por veros ya tan perdidos. Yo, habrá, señor, pocos días, que ciertos intentos sigo, que al matrimonio me llaman, y al matrimonio me inclino. Y vos, Argila, también? Si no os doy pena en decirlo, ha poco que un pensamiento::- Callad, que no quiero oíros, que si el demonio os divierte, yo solo he de reduciros, y talar los pensamientos, con que me habéis ofendido: amor os llama: villanos. qué, ya habéis dado en lascivos? Qué, ya os ha cegado amor, y en su cebo os ha cogido? Qué dirá Canturia, Cielos! sí, que soy hombre fingido, y que engañaban el mundo como hipócritas nocivos. Pues entre el rigor de un padre, donde hay hijos tan malditos, g y vuelva sus pensamientos que llevan tan abatidos, vive Dios, hijos villanos: mal digo, no sois mis hijos, que habéis de cumplir mi gusto, y lo que tengo ofrecido. La palabra tengo dada no menos que al Arzobispo, y a Fulgencia la Abadesa: cúmplase lo prometido, porque no digan de mí, qué dos hijos que he tenido han sido engaño del mundo, y falsamente han vivido. Disponeos luego al punto, o por los Cielos Divinos, que habéis de cumplirlo muertos, si no quisieredes vivos. Por fuerza habéis de tomar el estado que os elijo, que peor es que me digan, que a mis hijos he temido, y que por no refrenallos, han hecho lo que han querido, afrentado aquestas canas, que honor de Canturia han sido. Ello ha de ser, si queréis tener el nombre de hijos: obedeced vuestro padre, que a todo estará propicio; y si no, viven los Cielos, que en aqueste lugar mismo, pedazos os han de hacer los cansados brazos míos; que aunque tenerme no puedo, si a este palo no me arrimo, para haceros mil pedazos el honor me dará bríos. Sabéis qué es honra, villanos? No la tenéis, mal nacidos, pues no estimáis la palabra que vuestro padre ha ofrecido Qué dirá aquesta Ciudad? y qué dirá el Arzobispo? el Convento, qué dirá? sí, que soy hombre fingido. Pues viles, si no estimáis sino vuestros gustos mismos, vuestra sangre he de beber con un infame cuchillo, Harto os he dicho, villanos: cumplid lo que he prometido, o no os pongáis donde os vea, mientras estuvieres vivo. . Ay desdicha en el mundo cual la mía Hay mujer como yo tan desgraciada! Que este en mi padre tan deternlinad. una tan loca, y vana fantasía! Que en su pecho mi padre engendre cosa para mi gusto tan pesada! Que siendo Sofronisa de mi amada, de gozarla mi padre me desvíe! Que adorando a Trebacio persevere cautivarme mi padre! dura suerte! Que haya de tomar por fuerza estado Que tengo de ser Monja, aunque no quiera, y me quiten mi gusto! caso fuerte! Que me estorbe mi padre ser casado Claudino, qué hemos de hacer? Ay, Argila! amor nos llama: mas por no perder la fama, no hay ya más que obedecer. Bien veo que es caso injusto el darnos por fuerza estado, mas nuestro padre está airado, y habemos de hacer su gusto. Viva yo desesperada en una eterna clausura, pues fue corta mi ventura por nacer tan desdichada. No vea la luz hermosa del claro Sol ni la Luna, pues me quitó la fortuna ser de mi Trebacio esposa. Fálteme gusto, y contento, vengan penas sin espacio: más faltando mi Trebacio, para qué pido tormento? Dónde estás, prenda del alma, para que esta fuerza impidas? si ahora de mí te olvidas, hoy nuestro amor hace calma. Plegue a Dios, Padre cruel, pues tanta pena me das, que del trono donde estás caigas, como otro Luzbel. Plegue a Dios, padre enemigo, pues mi gusto me has quitado, que mueras desesperado por consejo de tu amigo; y pues por tu gusto solo, tan contra el mío me llevas, se oigan de ti malas nuevas desde el uno al otro Polo. Ya voy, tirano, a cumplir tu cruel palabra, y fiera: mas, hayl que mejor dijera, Cielos, que voy a morir! . Viva muriendo sin bien, pues mi gusto se acabó; y pues mi bien me faltó, falte mi vida también. El agua, acibar se vuelva cuando la llegue a beber, y el pan que llegue a comer en aire se me resuelva. No tenga en el mundo cosa de gusto, pues he perdido, el ser dichoso marido de mi Sofronisa hermosa. V Y pues tú, padre inhumano, con tanta inhumanidad mi cautiva voluntad. atropellas, cruel tirano, ruego al poderoso Cielo, que a tanta desdicha vengas, que ningún consuelo tengas, ni le halles en el suelo. Y seas, padre enemigo, tan perseguido en la tierra, que el demonio te haga guerra en figura de tu amigo. Y plegue a Dios tan forzado de pensamientos estes, que den contigo al traves, y mueras desesperado. Adiós, Sofronisa mía, que si a Claudino has perdido, solo ha sido por marido, mas no el amor que tenía. De tal merced obligado 1. Señor, mil años gozad en vuestro senil estado, vuestros dos hijos, que han sido honor de esas nobles canas. Con mercedes soberanas, que os lo pague el Cielo pido: que tan obligado quedo de esta merced tan cumplida, que ofrezco humilde la vida, servicios pagar no puedo. 1. Merece vuestra persona, señor Eraclio, que todos os sirvamos por mil modos. Vuestra nobleza me abona. 1. Estaréis, señor, contento, y con descanso, pensando, de ver que ya llego el cuando de un cuidadoso tormento. En verdad que me afligia el cuidado de pensar, cual estado había de dar a dos hijos que tenía; y en imaginar también, que ya libre de él estoy, al Cielo mil gracias doy por mercedes de tal bien. 2. Pues con vuestra licencia, señor, hasta vuestra misma casa os serviremos. . Ya pasa de merced tan gran favor. 1. Si os parece, señor, justo, y no recibís pesar, os hemos de acompañar. Obedezco vuestro gusto. Amor, que sacrificas en tus aras las almas tristes, que tesirven ciegas, y en el tiempo mejor tu favor niegas, y a todos, cuando quieres, haces dos caras; tú, que en andar, y quitar nunca reparas. y en todos a tener dominio llegas; tú, que los altos montes haces vegas, y haces, cuando quieres, cosas raras, pues eres poderoso, yo te pido, que a lástima te mueva Sofronisa, porqueu adoro a Claudino, y hoy le pierdo: y pues no puede ser ya mi marido, por estar ordenado, y cantar Misa, haz, amor, que le olvide, y serás cuerdo. Sofionisa de mis ojos, adorada Sofronisa, escucha, si no te ofende la mudanza de mi vida; escucha, para que entiendas, que a pesar de las desdichas te pierdo. . Aparta, Claudino, vete, vete, quita, quita, porque ya no eres, sí, sombra del Claudino que solía venir con nombre de esposo, a deei tiernas caricias: mira que eres Sacerdote, y que al mismo Dios imitas, y quelya no puedes ser mi esposo también lo mira, pues burlada me has dejado por tu gusto. . Ay prenda mía! la culpa tiene mi padre, él la tiene, Sofronisa, que haciéndome grande cargo, de que tenía ofrecida la palabra al Arzobispo, quiso con dura porfía, darme el estado que tengo, mira si la culpa es mía. Ya no puedo ser tu esposo; lo que en ello pierdo, digan los que han visto tu hermosura, y tu deidad, Sofronisa, y para mayor verdad, te lo diga el alma mía. Esto me pudor quitar mi padre, que el padre obliga a que le tengan respeto, aunque sinrazones pida, mas no el amor que te tengo, que hasta la muerte atrevida solamenté puede hacer, como cruel homicida; mas yo te hago juramento, si juramentos te obligan, al Cielo, a diós, y su Madre, a cuanto sustenta, y cria el Celeste Firmamento, y su máquina Divina, de no olvidarte jamás, como tú mi gusto sigas. Ay, Claudino . Lloras? . Lloro mi mucho mal; y desdicha, pues te pudiera gozar, sin que lenguas atrevidas cortaran mi honor, y dieran materia a que muchos digan: ay Claudino! . Si tal mar de perlas, mi bien, destilas, será forzoso anegarme. Pues qué quieres que te diga, si cuando más te adoraba, la fortuna te me quita? Busquemos medio, mis ojos, que junte aquestas dos vidas, aunque sea en el Infierno, si en la tierra las desvía; en Canturia ya no puedo gozar de tu alegre vista: largo es el mundo, mi bien, mucho el amor facilita. Ay, Claudino de mis ojos! mucho ie aprietas, y ánimas! Mas, pues, tú tan obligado, mi bien, de mí te sentías, cuando te viste apretado de tu padre, y de su ira, y que forzaba tu gusto, por qué esta ausencia no hacías? No pensé quererte tanto, aunque mucho te quería, que nadie piensa que yerra, si en algo se determina: y como más se aperece aquello que más se priva, como no puedo ser tuyo, mas el quererte me anima. Bien mío si yo pensara, que sentir tanto tenías, privarme de ser tu esposo, y de gozar tu alegría, si mil padres me forzaran, primeró diera mil vidas, y la entregara a la muerte, que viniera a cantar Misa. Sofronisa, ya está hecho, el Cielo, que es quien lo guía, o lo ha hecho para bien, o para mayor desdicha. Ay mi Claudino! haz tu gusto, pues a él me tienes rendida: hoy, honor, y hacienda pierdo, y cuando pierda la vida, no seré yo la primera, que estando de amor cautiva, haga tales disparates, porque amor a más obliga: que si siendo tú quien eres a tanto te determinas, poco hago yo en quererte, ni en que tus intentos siga. Dame esos brazos, mi bien, por merced tan infinita. Poco importa dar los brazos quien tiene dada la vida. Que al fin, mi bien seguirás mi gusto en cuanto te pida, y conmigo irás do fuere? Digo, que soy tu cautiva. Pues fiado en tal palabra, yo voy a mudar de vida, que por forzarme mi padre, a tales yerros me obliga. Amor, si te pedí que me quitases el amor de Claudino, ya te ruego que soples, y que enciendas más el fuego, y mi alma en su amor quemes, y abrases. Si pedí, con pasión, que me quitases del amor que tenía, vano, y ciego, que hice mal en pedirlo, no lo niego; pues ya te pido, que mi amor no tases, si que enciendas en mi fuego amor, que abrase de Claudino el pecho tierno; y pues sueles, amor, ser tan piadoso, y ves que por tu gusto me gobierno, usa conmigo como generoso, pues Claudino me ofrece amor eterno. Dame los brazos, dulce hermana mía, que el deseo de verte que he tenido, merece que le hagas cortesía. Seas hermano mío, bienvenido, que has trocado con verte, en alegría, penas que de tu ausencia habían nacido, y con verte en mis brazos, y a mis ojos, destierra tu presencia mis enojos. (do, Qué me dices, hermana, qué ha pasa- mientras en la famosa Baltridente, de tu vista; mi bien, ausente he estado? Después que de Canturia estás ausente, lo más principal de ella se ha trocado; si tienes gusto, hermano, que lo cuente, escucha un poco. . Ya estor temeroso; di, que en saberlo tengo gusto. Apenas de aquí partiste, un Martes, que ahora entiendo, que lo que se empieza en Martes, jamás el sin tuvo bueno, cuando en aquel mismo día, rompiendo el labio el silencio, en toda Canturia estaban hechos corrillos a trechos, a otra cosa no se hoía en el susurro del Pueblo: Dilo aprisa, que me tienes turbado, helado, y suspenso. Si no que Eraelio, por verse de edad, y cuidados lleno: Eraello? no digas más, que con su nombre me has muerto. Pues qué sientes, ni qué tienes, no importándote el suceso? oye hasta el fin. . Ay hermana! que el nombre de Eraclo temo! Al fin, como viejo padre, encerrado en su aposento, mandó llamar sus dos hijos. Para hacer sus casamientos: No fue para eso, hermmano. Ya me consuelas con eso. Pues Don Trebacio, qué tienes, que así en las olas del miedo, una vez penas te anegan, y otras te causan contento? No me preguntes, hermana, lo que decirte no puedo: sí, que no los ha casado. Ni tiene tal pensamiento; pero están más que casados. Mas qué casados? Es cierto. Acábilo de decir, porque ese enigma no entiendo, C Terma dada palabra al Arzóbispo, y al Cielo:: Era para desposallos, y ellos no lo consintieron? Válgame Dios, Don Trebacio, qué ciego, y loco te veo! que interés te va en la causa, muestras con esos extremos; pues bien sé yo quien pudiera con mayor razón hacerlos; . callaré, si no has de oírme. Di, hermana, que te prometo, hasta que dicho lo hayas, de callar como los muertos. Pues como dio su palabra al Arzóbispo, y al Clero, de que sería Claudino Sacerdote, quiso luego a su hermana Doña Argila meterla en un Monasterio: Monja está en Santa Isabel, su cabeza adorna un velo; en Don Claudino cantó Misa. No digas más. . Ya lo dejo. Amor, fortuna, es posible que me hayas dado ese puemio, después de servicios tantos, y de ser esclavo vuestro O, Cielos! dadme remedio, que estoy desesperado, y no le tengo. Altos pensamientos míos, que habéis ya dado en el suelo, cononnados al olvido, donde no tenéis remedio: Ojos, que tan atrevidos sastéis mirar aquellos, que se han vuelto Basilisco, si gloria fueron en tiempo, la fortuna, y la desdicha os escondan, a que luego perdáis toda la esperanza, de que estabades tan llenos: no tenéis ya que perder, pues perdisteis todo aquello, que soliades mirar cuando estabades contentos; llorad ojos ciegos, pues no tenéis que ver, si no tormentos. Que se entrase Monja Argila! Ahora te espantas de eso! Hermano, pues la querías? Ay, hermana! y con extremo. De un mal estamos heridos, y un mismo mal nos ha muerto. Monja Argila? no es posible. Cerca estáis de su Convento, donde sabrás la verdad, que no ay, sí, la calle en medio, llega, y hablala. . Ay, Garrón! Ay, Trebacio! ahora creo, que ninguna cuenta sale a medida del deseo: con la Dama más hermosa casarme en llegando pienso, y quieres que triste eiré? Cuando has visto casamiento adónde tristeza hay? Villano viven los Cielos, que esconda toda esta espada en tu vil, y aleve pecho: de mí te burlas así? No lo hago yo por eso, si solo por acordarte aquel antiguo proverbio, que dice, que nadie fie en la mujer, ni en el tiempo, porque se pasa volando, y se muda a cada viento; y también para decirte, que el día del casamiento me prometiste un vestido, y ya perdido le tengo. Matome la confianza: hermana, dame remedio. No te aflijas, Don Trebacio. Ay, hermana! cómo puedo! Háblala, y dile tu mal, pues estás junto al Convento. Llama al Torno, Sofronisa. Sosiégate, mientras llego: cual nos ha puesto a los dos amor, fortuna, y el tiempo! Deo gracias. . Por siempre, hermana. A Doña Argila de Arceo, diga, hermana, que la llama una amiga. . Aguarde un Credo. Llega, hermano, que ya sale. Llegaré de pena muerto; vete, hermana; y tu Garrón, no te apartes de este puesto. Deo gracias; quién me llama? Amor, la muerte, y los celos, la envidia, la ingratitud, la paciencia, el suslimienito, la mudanza, la desdicha, el olvido, y el silencio; todos estos te han llamado! Responder a todos pienso. Solo falta la esperanza, que acompañada de el miedo, no ha osado llamarte, ingrata. Habla, Trebacio, mas quedó, qué estás do pueden oírte. Oígame el Mundo, y el Cielo, porque sepan tus agravios, y lo poco que te debo; digan tu grande crueldad los Cielos, y desde el centro, hasta la cuarta Región, donde tiene asiento el fuego No queden peces, ni aves, ni cuanto sustenta el suelo, que tu crueldad no publiquen, y digan, que tú me has muerto. El fuego que has encendido, ingrata, dentro en mi pecho, podrá abrasarte, enemiga, y hacer ceniza estos hierros: mas para qué me quejo, si no tengo esperanza, ni remedio? Ay, Trebacio de mi vida! si en algo obligarte puedo, para que temples tu ira, que un poco escuches, te ruego. Qué temple darás a un alma, que está abrasada en el fuego de tu pecho cauteloso? Oye, que dártele pienso. La culpa de estar aquí, yo, y mi padre la tenemos, él, por forzar mi albedrío, yo, por consentir en ello. Ausentastete, Trebació, en tan peligroso tiempo, que ni yo pude avisarte, ni dejar de hacer aquesto. Ya lo hice, mi Trebacio, vamos ahora al remedio, que no te tengo olvidado; éntrame a ver aquí dentro, mi bien, y ordena tu gusto, que determinado tengo de quererte, y de seguirte, si me llevas al Infierno: mira si te quiero, pues pienso por tu gusto hacer mil hierros. S Argila, pues si me quieres, de tu amor prueba hacer quiero, poniéndole en los crisolés de los peligros, y el miedo: hoy he de ver si me amas, ea con lo que pedirte pienso, para saber si por ti, vida, y alma perder puedo. Pide, mi bien, lo que quieras, que yo soy la que al Infierno pienso bajar por tu causa. Pues obligado con eso, para que aquestas dos vidas gocen del dichoso empleo, que amor les tiene ofrecido tras de tan vario suceso, esta noche, cuando todos estén rendidos al sueño, entre las doce, y la una, esta casa escalar pienso. Para qué? . Para sacarte de entre paredes, y hierros, porque si vida has de darme, na de ser por este medio. Mucho me pides, prebacio; mas si bien lo considero, no es nada, si lo comparo con lo mucho que te quiero; y si siempre lo más priva a todo aquello, que es menos, menos mal es que me vaya, que vivir los dos muriendo. Tu amor, Trebacio, ha movido mi ligero pensamiento, que solo él puede obligarme a que haga tan gran yerro; pero como ya ha tocado amor al arma en mi pecho, a tu gusto estoy rendida, mas mira que con secreto vengas, que yo por las tapias de la huerta salir pienso, allí te aguardo a la Luna. Ahora sí que me amas; ahora sí, decir puedo, que sina muertas esperanzas hallaron dulce remedio. Bien veo que os ofendo, más perdonadme, poderosos Cielos, y Vive Cristo, si tuviera mando en esto de Conventos, que yo la ocalión quitara de nocivos parlamentos; vengo yo de esta jornada cansado, y de hambre muerto, y he de sufrir estas cosas? par Dios mudar amo pienso. Querer tn hombre una moza, que pueda palpar su cuerpo, bien me parece; más Monja, vive Cristo que es de necios. En tierra corre peligro, en el mar estar podemos, que es refugio de perdidos. Ya verme fuera deseo, jura que no has de olvidarme. El Mar me trague en su centro, si te olvidare jamás. Pues a Dios, y acude al puesto. Ah Garrón. . Gracias a Dios, que acabaron los parleros. Tu persona he menester esta noche. Si comemos, alquilarás mi persona. Darte de comer bien pienso. Pues qué es lo que mandas? Vamos, que yo te lo iré diciendo. Noche, dame tu favor, que te le pide un rendido, que está en los lazos asido, que tiene puestos amor: cubre con tu manto negro esas lumbreras del Cielo, que en escurecerme el suelo, me haces favor, y me alegro. a Cielos, si se habrá olvidado de lo dicho Sofronisa, pues ya mi venida avisa, que yo no me he descuidado? Quién está en la calle? Yo, que colgado de esperanza, culpaba ya tu tardanza. Hate visto alguno? . No, La Ciudad está segura? Aún el viento no se mueve. A la fortuna se atreve esta noches mi ventura, . ya bajo, espera. . Ea, noché, mientras saco a Sofionisa, no apresures, ni des prisa los caballos, de tu coche; no corras tanto, repara en que gran daño me harás, si muy aprisa te vas, y tu corriente no para, que si corres por buscar el Sol, y nunca le ves, y por prisa que te dés, nunca le puedes hallar; detente, y verás ahora, mi Sol, si verle deseas, y dirás, cuando le veas, noche, qué, te has vuelto Aurora, y si nunca el Sol del Cielo, en cuantas vueltas has dado, no le has visto, ni alcanzado, verás ahora el del suelo, que cuando virto le hayas, podrá ser, que si has tardado, lo des por bien empleado, y a buscar otro no vayas. En esos brazos, Claudino, mi vida, y alma te entrego, pues determinada llego de seguir este camino. E Cielo puede pagar, y decir lo que te debo, que yo, mi bien, no me atrevo. Pues empieza a caminar, que desde hoy pongo en olvido mi honor, hacienda, y hermano. Mi padre, como tirano, a tanto mal ha permitido. Cuál me llevas! Barrabás te puede servir, señor; si de esto trata tu amor, adónde demonios vas? Calla, y arrima esa escala en esa pared, Garrón. Mira, que estas tapias son del Convento, y es muy mala la burla. . 2iemblas, cobarde? Si no guardamos los dos nuestras vidas, vive Dios, que ninguno nos las guarde. Es Trebacio? . Es quien espera con pasos de temor llenos, que aquesos ojos serenos alumbren esta escalera, que este es paso de pasión, y es necesario la luz. Sí, que llevo yo la Cruz, sin ayuda de Simón. Mira por darte contento, mi bien, a lo que me atrevo. Mucho, mi Argila, te debo. Mas debes a este jumento. Yo te juro de premiar tan grande amor, y firmeza. Quieres acabar con presteza, qué es sospechoso el lugar? Toma, Garrón, la escalera, y vuélvela donde estaba; y en la puerta del Aljaba, allí a los dos nos espera. Eso, juráralo yo, que me habías de cargar con la Cruz. . Quieres callar? Pesar de quien me parió, callar tengo si me veo de tantos palos cargado? Haz, Garrón, lo que he mandado, que pagártelo deseo. Si alguien me ve en la Ciudad de esta suerte, con razón me podrán llamar ladrón, y dirán, por Dios, verdad. Mi bien, la noche convida, por su mucha oscuridad, a salir de la Ciudad. Ay, Trebacio de mi vida! llena de miedo, y temor, que tú me guíes espero, que por salir de aquí muero. Ah, tirano, y cruel amor! Por qué, Trebacio, suspiras? Por mi hermana hermosa, y biella, que queda solas, y doncella. Y de eso mi bien, suspiras? ilaqueza muestras. . Primero perderé el alma por ti. Pues vamos, mi bien, de aquí, que en esa palabra espero.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Muestra paciencia, señor, que golpes son de fortuna. No con persona ninguna jamás usó tal rigor; ay, hijos! a Dios pluguiera, que el más cruel homicida acabara con mi vida primero, que el ser os diera; o ya que al mundo salisteis, la muerte, con mano avara, la vida a los dos quitara al instante que nacisteis: qué se dice en la Ciudad? Murmuran de aqueste caso, y culpan a cada paso tu resuelta voluntad. La culpa me cargan? . Sí señor, pues los forzaste, y casar no los dejaste. Pues si yo la causa fui, padezca ahora la pena con tan grande deshonor; pues fui causa de su error; y dónde están no se sueña? Nadie lo podrá saber, que el delito cometido es grave, y se habrán huido, donde no se dejen ver. Cielo, para qué das vida a un hombre, que está afrentado por sus hijos, y que ha dado su nobleza tal caída? de pena el pecho se abrasa! qué he de hacer? adónde he de ir? pues ya no puedo salir con tal afrenta de casa! ya no es justo acompañar los nobles, que estoy manchado, y si me llego a su lado, algo les podré pegar; no es razón ponerme entre ellos en el Templo, ni en la plaza, que mancha que tanto abraza véranla, y será ofendelios; que como es de infamia, cubre todo el vestido, y la cara, y en saliendo a luz se aclara, y más el daño descubre, y no lo podrá sacar la greda de adulación, ni de la muerte el jabón no la ha de poder limpiar, que es mancha de tal metal, que aunque esté el paño raído, y entre en agua del olvido, se ha de quedar la señal. Por mis hijos afrentado? por mis hijos? no lo creo; mas sí, que a mis ojos veo, que el vulgo me ha murmurado; cierra, Roselio, esa puerta, que no quiero dar lugar, qué nadie me pueda hablar, pues mi honra está ya muerta; que si cuando uno se muere, por luto las puertas cierran, y en casa todos se encierran, más luto mi honor requiere; encerrado vivir quiero, sin consuelo, ni esperanza, que pues tanto mal me alcanza, a la muerte sola espero. Loco estoy mil pensamientos, en pensar tan triste historia, me ocupan ya la memoria con recelosos portentos. No piensas comer? . Advierte, que el comer ya se acabó para mí, no espero yo mas comida que la muerte. Cielo, si bien me has de hacer, acorta mis breves días, que mis locas fantasías empiezo ya a revolver. . Cumpliendo vas al deseo cuanto pinta la memoria, pues ya excede nuestra historia las fortunas de Aproteo: adonde piensas pasar, que Vi En esta intrincada sierra podemos ahora estar, entre pobres Labradores, hasta que el Mar oportuno nos ofrezca Barco alguno de sagaces Pescadores, que a uspaña, o Francia nos pasen; adonde con menos daño vivamos en Reino extraño, y nuestras vidas no tasen. Ay, Trebacio de mi vida! mucho me aqueja el calor, y la sed. . Pues al rigor de su fuego sin medida, sombra ofrecen estas peñas, y para pasar la fiesta nos dan oculta floresta la espesura de estas breñas; y el ruido, no pequeño, que las olas del Mar hacen, cuando en tierra se deshacen, para dar materia al sueño, solo al Estío importuno de tu sed ha de faltar agua, pues todo este Mar no es de provecho ninguno. Mi bien, el dulce regalo que de tu boca recibo, a todo es excesivo, y con ninguno le igualo; y aunque más mi sed aumente, los favores de tu boca la hacen menos, y la apoca el agua de su corriente. Con todo aqueso, mi bien, agua dulce he de buscar, y haré, pues no la da el Mar, que estás peñas me la den; Garrón, agua que beber nos falta, vamos los dos a buscarla. Vive Dios, qué yo no la he menester: agua? por el Cielo Santo, que antes me deje morir, que tal beba: aún en oír su nombre tiemblo de espanto: agua? la de aqueste Mar, si pudiera, por no verla, vino había de volverla. Vámosla, amigo, a buscar, para mi Argila, que está formando su boca agravios, porque el coral de sus labios la sed robándole va. Tú, mi bien, entre la hierba de esta espesura tejida puedes quedarte escondida, mientras que a tu sed acerva agua vamos a buscar, que no creo, si es posible, que en peñasco tan terrible agua nos ha de faltar. Sola me he de quedar? Bien presto, que el agua hallemos, o no, volveré a buscarte yo, no te apartes de este puesto. Los dos pudierades ir a buscar agua por Dios, pues que tenéis sed los dos, y yo gana de dormir. Pues ninguna cosa, viento, hay secreta para ti, no digas que queda aquí la causa de mi tormento. Haz, viento, ruido pequeño, porque se quede dormida el dueño de aquesta vida, y descanse en dulce sueño: vamos Garrón. . De continuo delante me has de llevar? agua vamos a buscar, miren qué gran desatino. Amaina. Ya amainamos, bien puedes tierra tomar. Este es el mejor lugar, do la Fragata escondemos, desde estas peñas veremos cuantos esta playa pisan; ̱e, pues desde ellas se divisan del Anglia los dos extremos, aquí podremos dar caza, a costa de poca guerra, al que pisare esta tierra. Es admirable la traza. Corred los dos la marina con la mitad de la gente por la parte del Oriente, que más al Anglia le inclina, que yo desde estas peñas, con la demás que quedaré, si alguna cosa pasare, os haré al instante señas. No quede ningún Cristiano del Anglia, Francia, o España, que con ingeniosa maña, no se rinda a vuestra mano, que yo en este paso estrecho, si todo el Mundo viniera, todo el Mundo resistiera, y a todos hiciera pecho. Roselán soy, a quien dio España el ser, y troqué en la leche que mame el ser de quien me engendró. Aborrezco los Cristianos con nacer de una Cristiana; pero engendrome villana, con pensamiento villano. Fui expúreo, a quien les Cielos mala influencia le ha dado, que siempre un mal engendrado es muy odioso en el suelo. Témome Francia, y España, que cuando más no tuviera de que España me temiera, es para mi honrosa hazaña, Id, destruid sin piedad el Cristiano que viniere, y el que renegar quisiere, como a mí mismo estimad. Alá conserve tu vida, para que de África sea fiel colmmna, y no se vea de otra Nación ofendida: Dragud, vamos a correr la playa. Vamos, Mami. Mirad que os espero aquí, y que aquí habéis de volver. Da la naturaleza artificiosa, poseedora de todo lo criado, lo que más le convienea cada estado, repartiendo con mano generosa, miedo al tímido cobarde, que no os ánimo, y valentía al que es otsado, carga al que es perezoso, y descuidado de pereza, y olvido (dura suerte!) al jugador se llena de deseo, al adrón de codicia, y de vergüenza, al que se ve ofendido, y esta creo, (za, qu es la que más me toca, y más me alcá- por sentírme ofendido cual me veo, de quien para engendrarme se hizo reo A traición me habéis cogido. Qué brío muestra el villano! De que soy villano es llano, porque mi suerte lo ha sido. Qué es ello? . Presa pequeña, dos villanos, que en la fuente, que despeña su corriente por lo alto de esa peña cogían agua. Llegad acá, de dónde sois? De una Aldea de esta Coria, que la apen el Mar, porque llega a ella. Sois humildes? . No lo ves? no muestra bien nuestro talle, que guarda en aqueste valle ganado? qué más nos quieres? Buen talle para Pastor: sin duda sois Mayoral. Mayoral, soy. . Yo zagal: alto, yo me voy, señor. Aguarde un poco, que hay más. Mas hay ematarme pretende; quién pudiera hacersa duende! humedo estoy por desrás; Madre de Dios, que he de hacer en tan terrible ocasión, que han agarrado a Garrón, Ministros de Lucifer? Yo me he movido a piedad por veros de aquesa suerte, y en lugar de daros muerte, os quiero hacer amistad; porque es lástima que andéis vagamundos, y perdidos, entre estos valles metidos, y que ganado guardéis; en mi Fragata Mamí, estos dos al remo atad. Qué con rigor te nos trata? es esa vuestra amistad? Sí, que es lástima, que esos brazos en guardar Cabras se empleen siendo mejor que pelcen, o hagan remos pedazos. De un Pastor no te enamores, tratanos de rescatar, podrás con los dos comprar brazos que sean mejores; mira lo que te he de dar, y pagaré de contado. Señor, esto es lo más acertado, mira que somos groseros, y no valemos diieros. Así de insignes victorias, de Capitanes vanentes, hagas, Moro, mil presentes, con mil preseas, y glorias, que nos libres, y me pide por ello cuanto quisieres, que si imposibies pidieres, mi pecho a todo se mide. Mayor deseo me pones de que mi Cautivo seas, por ver que tanto deseas la libertad que propones; que ser un hombre villano, humilde, pobre, y Pastor y ofrecer tan gran valor por su rescate, es en vano decir que trato verdad; y así, yo me determino a que por ningún camino os pienso dar libertad. A quién, Cielos, sucedió desdicha como la mía! qué mal mi estrella me guía, pues a tal puesto me echó! qué haré? Dejareme aquí mi dulce Argila querida. en este monte perdida, sin que ella sepa de mí? Pero, Cielos, si la adoro, cómo podré aquí dejarla? Mas no es peor entregarla en manos de aqueste Moro? Cómo podré sufrin tal? como apartarme, podré de la que adora mi fe, sin que sepa de mi mal? Que podré, Cielos, hacer sin mi Argila? pues por ella, contra el rigor de mi estrella, así te quieres vengar! Reluélvome a revelar la joya, que está escondida, que estimo menos mi vida, que no el venirla a dejar: vendré a ser como el que muere consiado en la fortuna, que el desdichado en la cuna todos los males adquiere: solo me puede alligir verla en poder de un tirano, por no poder poner mano, a lo que intente seguir. Qué estás hablando entre ti? Admírame tu crueldad, y que no tengas piedad con quien te la pide así: en efecto, no hay remedio de rescatarnos? . No hay duda. Hoy la fortuna te ayuda por extraordinario medio. De qué suerte? . Ay trance suerte! Pues qué es lo que sientes? Ay Moro! el descubrirte un tesoro, que ha de enriquecer tu suerte, que está aquí cerca escondido. Esa es quimera, y engaño, que tratas para tu daño, pues que no has de ser creído. Qué quieres hacer, señor? . Entregarle a aqueste Moro la dulce prenda que adoro. Pues no ves, que eso es error? Por qué? . Porque este tirano, viendo su hermosura bella, ha de enamorarse de ella, y que ha de gozalla es llano ya por fuerza, o por halagos, y en mostrándote celoso, también ha de ser forzoso matarnos un Moro a palos: dejátela aquí escondida, contra el rigor de tu estrella, que peor es que por ella perdamos los dos la vida, que pues queda en libertad, algún día querrá Dios no nos rescatemos los dos, y cese la tempestad. Y qué hará cuando se vea sin mí, sola de tal suerte? Yo te juro, que ella acierte a recogerse a una Aldea, adonde sirviendo viva con el disfraz que ahora lleva, que es más acertada prueba, que el ir contigo cautiva, y ocasión podrá venir, que la escribas. . Ay Garrón! Dad riendas al corazón. Tu consejo he de seguir, quédese mi Argila aquí, aunque el mundo de mi entienda, que dejo perder mi prenda por darme la vida a mí. Que tal sea mi desdicha! que tal pueda suceder! Oh qué bien se hecha de ver que nací con poca dicha! Pero como contra el Cielo intenté fuerzas, qué mucho que fortuna, con quien lucho, de con mi amor en el suelo? Si le he sido inobediente, C y sacrílego tirano, qué mucho que alce su mano, y que castigarme intente? Ay, amor! como recibes traiciones, y tiranías, como al gusto te desvías, y a los males te apercibes. Moro, el Esquise apercibe, entrarás en él un muerto, que deja en dudoso Puerto la esperanza con que vive; por tu cautivo me ofrezco. Yo también, señor Mahoma, y mire que soy carcoma del vino, y no lo aborrezco. Hola, Mami, llega el barco, Ya te puedes embarcar. Que en agua me he de ahogar! no fuera de vino el charco! por qué si mosquito yo, hijo de tabano, y mosca, en agua mi sed se enfosca, si el vino a mí me crió? a pesar de la fortuna verme tengo en gran trabajo, pues vengo a ser renacuajo de tan profunda laguna. Qué agarrasen a Garrón por buscar aguá! a pesar! Iza, y alto a embarcar. Con qué convida el ladrón! No estéis con pena, Cristiano, que si renegar quisieres, te daré cuanto pidieres, premiándote de mi mano, porque estimo un Renegado mas que al teloro que tengo. A mayor desdicha vengo. Yo me imagino empalado. Ven a embarcarte. . Ay de mí! qué mal de mi bien me alejo! Y yo qué haré, pues que dejo un vino cómo un rubí? Qué sueño largo, y profundo! con qué congojas despiertó! a tenerme en pie no acierto, parece trocado el mundo. Cómo mi bien no ha venido? que se tarda considero, porque todo un día entero me parece que he dormido. Si aquí me dejó durmiendo, y me prometio volver muy presto; qué puede ser? el tardar tanto no entiendo. Avecillas, que parlando de ramo en ramo voláis, si a mi Trebacio le halláis, decid, que estoy esperando. Decidle, que ya mis ojos, para mi sed impaciente, agua me dan suficiente, y su ausencia mil enojos. Pero a quién doy quejas, Cielos! pues que decirlas no puedé, si el corazón me concede mil fantásticos recelos? No es bien que mi voz se impida, mi Trebacio he de llamar, que si agua me fue a buscar, ya la tengo sin medida. Qué haré, que es tarde, y se oculta de sombras aqueste valle? Cielos, como iré a buscarle? que el Sol en el mar se encubre. Mi pena, y tormento es cierto, de temor me voy cubriendo, porque el Sol se va poniendo, y estoy sola en tal desierto. Qué desdicha es esperar de la suerte que yo espero! por no verle ya me muero! no sé donde irle a buscar. Que algún mal le ha sucedido me dice ya el corazón; porque las premisas son, que a mi Trebacio he perdido. Qué haré? esperarele aquí esta noche? Mas no, que pues sola me dejó, va hubiera venido a mí, si sucedido no hubiera algún mal, y grave daño: mas si me trató de engaño? No, que su fe es verdadera. Rumor siento: si son ellos? aquí tengo de esperar, pues que no me puede dar fortuna más bien que verlos, ya los diviso, y no son, que peregrinos parecen: qué de dudas se me ofrecen! qué saltos da el corazón! Peregrinos son, ya llegan, perdidos vendrán cual yo, porque siempre amor perdió a los que en su mar navegan. Largo camino has andado, descansa un poco si quieres, porque tus nevados pies el polvo habrá maltratado; ya estamos junto al Lugar, una Aldea buscaremos, adonde descansaremos, hasta habernos de embarcar; pero espera, que aquí está una Villana. Ay mi bien! los Cielos favor nos den Ella dárnosle podrá: Villana del Cielo, hermosa Villana, que para mi bien, en desdicha tanta, ha querido el Cielo, que viese tu cara. Guía a dos perdidos a tu Aldea, y casa, así cuando llegues si eres casada, halles a tu esposo con risueña cara, que vamos perdidos por estas Montañas huyendo de Moros, que por aquí andan; aquesta es mi esposa, que ya de cansada moverse no pueden sus nevadas plantas. Galán peregrino, que miro en tu cara el mudo traslado, que el alma arrebata, también voy perdida desde esta montaña, que se fue mi esposo a buscarme agua; díjome, que aquí, mientras las buscaba, le aguárdase un poco, y ya mucho tarda; llorole perdido, y entre penas tantas, desdichas ajenas dan consuelo al alma. Sola estoy cual veis; y si acaso agrada, que en vuestro viaje compañía os haga; será para mí merced soberana, que los desdichados siempre juntos andan, y el Cielos, que todo lo ordena, y lo alcariza, permite juntarnos en desdicha tanta. Serrana divina, movido has mi alma, porque eres retrato. de una bella hermana, que dejo en mi tierra. Qué dices? Que basta que tú fe lo pida. Qué cosa tan rara! . a no estar Claudino con Ordenes Sacras, y a poder casarse, que este era jurara. Válganme los Cielos! . qué hechura tan clara de mi hermana Argila! que era ella pensara, a no quedar Monja reclusa, y cerrada. De tal parecer estoy admirada! Si ella ser pudiera, . fuera cosa rara! Vámonos, que es tarde, por la espesa falda. de este oculto monte a buscar posada para aquesta noche, hasta que mañana busquemos la Aldea, que estos campos labra, donde consultemos las penas del alma, que menos tormento dan comunicadas, Entre aquestas peñas, que al Cielo amenazan, habrá algunas piedras, que hospedaje hagan, a nuestras desdichas, vamos a buscarlas. Esta Labradora. me tiene admirada. La naturaleza hace tales gracias, En su rostro miro a tu milma hermana, suspensa me tiene. Ven conmigo, y calla. Este Peregrino llevo en el alma. . Ligeros pensamientos, que a la flaca muralla de mi vida, ya con grandes portentos, dais asalto feroz, y acometida, y cual bala ligera, uno viene cuando otro sale fuera, dejad de atormentarme, que siento los golpes de tal suerte, que intento de matarme, por ver que no me quiere ya la muerte, que como estoy sin honra, de mí se olvida para más deshonra. Yo, que con regocijos, de los más nobles era acompañado, ahora por mis hijos, afrentado me veo, y abatido: para qué quiero vida, si la que tengo es tan aborrecida? Mis amigos me dejan, ninguno quiere verme todos huyen, todos de mí se alejan, todos a mí la culpa me atribuyen, no hay ya quien me consuele, que estó es lo que a un triste más le due- le. pues vida tan penosa, no es justo, que la viva un hombre triste, que es vida rigurosa: qué fiero pensamiento que me enviste, a que la vida pierda, colgando mi garganta de una cuerda! y otro tras este viene, y me divierte; pero llega luego otro, que me previene, a que pierda la vida a sangre, y fuego, que si vivo afrentado, perder la vida es ya más acertado. Un sueño me divierte de aqueste presagioso pensamiento; si fuera el de la muerte, con gusto le durmiera; y con contento, si ya posible fuera, que contento en un triste haber pudiera Mis débiles sentidos con el sueño se postran, y abatidos, cerrar quiero los ojos, por divertir durmiendo mis enojos. Ayúdame, Infierno, ahora en esta batalla fiera, para que aiga un alma más, que entretenga nuestras penas; ahora es tiempo que mueltren todo su poder, y ciencia, tus ministros, pues hicieron en los Cielos asistencia; pero yo basto, que soy la cabeza más suprema, y como mayor ministro, ando con más diligencia. Hoy pienso daros un alma, con que todos hagáis fiesta, si por quitársela al Cielo el infierno puede hacerla. Durmiendo está Eraclo, llego a tender la red primera, pues algunos hay que han dado crédito a cosas que sueñan: Eraclio, Eraclio. Quién me llama? . Tu amigo. Qué cosa nueva! qué amigo eres? . Don Mauricio. El mayor que tengo: llega, llega, abrázame, Mauricio, ya era tiempo que vinieras; cómo los demás no vienen? mas como saben mi afrenta, no querrán verme. . Es sin duda, que huyen de tu presencia, como te ven afrentado, y lo mismo de mi piensa, que si aquí he venido a verte, es solo para que sepas, que hoy tu verdadero amigo, de ti se olvida, y te deja, corrido de haberlo sido. Por qué, amigo? espera, espera, consuélame en mis trabajos. Qué consuelo de mi esperas, si yo, de desconsolado, voy a entregar a una cuerda mi cuello por acabar mi vida, y si ser pudiera, el poder aniquilarme, por no verme yo, lo hiciera? Qué dices? . Esto, qué escuchas? verdad es, aunque lo sueñas. Pues por qué? Porque tu amigo soy, que si yo no lo fuera, ni acompañara a tu lado, ni tu deshonor sintiera, ni fuera tan murmurado de gente noble, y pleveya, diciendo, que yo te di mal consejo, en que no hicieras la voluntad de tus hijos. Pues amigo, qué hacer piensas? Quitarme la vida quiero, colgándome de una almena: esto mismo te conviene. Haré lo que me aconsejas. Oh qué bien! lo que ha soñado le ha de suceder de veras; retirarme quiero aquí, que ya del sueño despierta. Aún durmiendo, pensamientos, al alma dais tanta penal qué ilusiones! qué fantasmas me amenazan de tan cerca! qué sueño tan prodigioso! pluguiera a Dios verdad fuera, pues acabará mi vida, y tantos males no viera. No hay quién me consuele, Cielos! qué maldición es aquesta, que me afligen pensamientos, y conmigo dan en tierra? para que quiero la vida, pues ningún consuelo espera? Ahora es tiempo que salga a dar principio a esta empresa, pues con aquesta figura, traigo la victoria cierta: Eraclio? Qué es esto, Cielos! es Don Mauricio? . Respuesta podrá darte mi figura. Pues di, quién te dio la puerta? A los amigos del alma, cuando las puertas se niegan? Dices bien, y más que vienen en rigurosa tormenta, cuando esto mismo he soñado, y me sucede de verás: dime, amigo, qué me quieres? aquí conmigo te sienta. Sentarme, amigo, no pienso, que mal, Eraclio, se sienta honra que no tiene asiento, y el hombre que está sin ella. con honor, le tienden silla, y el que está sin él, es bien que no se siente, y que sientas; y si duermes descuidado, Eraclo, y dices que sueñas lo mismo que te sucede, sin sentarte, en esto piensa. Piensa, que no tienes honra, y que de luto cubierta, toda Canturia te llora, y tus amigos lamentan; los niños a gritos dicen hiciste a tus hijos fuerza, y solo tus enemigos, de todo tu mal se alegran; y si quieres ver cual anda tu honor en calles, y puertas, sal, Eraclio, de tu casa: más mejor es no lo veas, pues de haberlo visto yo, traigo voluntad resuelta de desesperarme; mira la pasión a lo que llega; el cordel traigo conmigo, porque quiero en tu presencia colgarme, por no pasar en Canturia tal afrenta: no sientes, pues que me dices que me siente. . Espera, espera: Lloras? . Lloro tus desdichas, pues que vivir perseveras tan afrentado. . Ay, amigo! con razón de mí te quejas, que si tú, solo por ser amigo, tanto te afrentas, y determinado estás a que tu vida se pierda; que mucho que yo, que he sido causa de toda esta empresa, pierda una vida, y dos mil, d si dos mil tener pudiera? Dame otro cordel a mí, que en la muerte es bien se vean los amigos como en vida. Tú lo serás si te cuelgas; . de aquesta cuerda que traigo te quiero partir la media. Pues pártela, fiel amigo, y a este cuello me la hecha, que en sueños vi tu figura, y esto mismo que ahora intentas. Los trabajos que has pasado con aquesta muerte cesan: quiero ayudarte, que yo tengo para aquesta empresa más ánimo. . Muy bien dices. Conviene andar, aquí aprisa, . no se escape, de la red esta alma que tengo presa. Qué temor altera el alma! que de cosas se me acuerdan! amigo no sé qué veo. d No imagines en quimeras, será el Ángel de su Guarda, . que al alma deja desierta, despídase, porque ya está dada la sentencia, cuélgate. . Ay! . Ya no hay remedio, el alma despide apriesa, porque vaya a ser manjar u de nuestras llamas eternas; ya sale o qué negra va! vista luego mi librea: tomad esa alma, Demonios, que ya va el, cuerpo tras ella. Yo quiero cagar con él; muy bien salí con mi empresa, hoy me coronan de paz por victoria tan suprema. Ya, Garrón, en este estado acabaremos la vida, que el trabajo es sin medida. para quien no está ensenado, y la comida es muy poca, y manjares diferentes. Tú el poco regalo sientes, y yo siento que mi boca e no la puede visitar el vino, mira si es mengua, que ahora pruebe mi lengua el agua, que es rejalgar. Ese trabajo, Garrón, con paciencia le sufriera, si de mi Argila supiera. Muda de conversación, que el Alcayde viene. . Amor, duélete ver cual estoy, aunque imaginando voy, que me has de poner peor. Alza ese azadón, y caba, no nos halle Roselán holgando. . Qué fin tendrán mis desdichas? . Caba, acaba. Qué acabe? dices muy bien, pues fuera dicha acabar. Quién tanto supo de amar, sepa de cabar también; date prisa, que ya viene. Mi fortuna se la da en darme, penas, pues ya tan abatido me tiene. De que os agrade esa vida, y ese miserable estado, estoy, por Alá, admirado, pudiendo tener cumplida la merced que os he ofrecido. Alcaide, tu voluntad muestra liberalidad con quien jamás te ha servido: mas advierte, y considera, que no hay hijo, que a su madre, por más que el oro le cuadre, la deje por la extranjera; por el bien que nos ofreces, no nos conviene a los dos el dejar la Ley de Dios. Oh qué necio me pareces! di que renegar queremos, . cuando llegue la ocasión no será de corazón; y así engañarle podremos. No sigo tu parecer, . porque el honor que a Dios toca, el corazón, ni la boca jamás le han de oscurecer. Si yo os trato con rigor, no miráis que vuestra muerte intentáis de aquesa suerte, por no estorbar mi valor? Usa de él cuanto quisieres, que a tu rigor sin medida, ofrezco humilde la vida. No sigo tu parecer, vivir quiero, y no romper con esta hazada la tierra; necio es quien quiere la guerra, pudiendo la paz tener: hazada yo? yo cabar, pudiendo ser estimado? yo quiero ser Renegado, y de burlas renegar. Dame albricias. . Oh Mamí! tuyo es cuanto yo poseo. Si de oírme tienes deseo, diré tu fortuna. . Di. Llegamos, Alcaide noble, con tus cuatro Galeotas a tocar en las arenas, que el Mar en el Anglia bordan; y después de haber corrido con ellas la orilla toda, reconociendo las casas más ocultas, y dudosas, un día, al salir el Sol, pasó cobarde, y medrosa por delante, de nosotros una Fragatilla sola. Embestímosla al iustante, y apenas las blancas olas, tus Galeotas cortaron para seguirla furiosa, cuando humilde se rindio, sin que para nuestra historia fuera menester hacer la salva nuestras pelotas. Dímosla caza, y hallamos, que traía gente poco, pues con solo un Poblufete iba a Francia su derrota; entre los cuales había aquestas dos Españolas, y este bello Peregrino, que hermano suyo se nombra, mozo, que envidiarle puede nuestra África, y toda Europa, y cuantas Naciones tiene el Mundo dentro en su bola, Quisimos Dragud, y yo traer sus hermanas solas, y a él dejarle cautivo al remo en tus Galeotas; pero pidionos llorando, de quitarle sus hermanas, que como a su Dios adora. Obligonos de manera con palabras amorosas, que con ellas le traemos a que veas su persona: los demás quedan cautivos en la torre de la Costa, esperando que los mandes azotar las fieras olas. Solo vienen estos tres a dar fe a esta victoria, que es la gente más lucida? que hubo en la Fragata toda. Recíbelos, Roselán, y mi voluntad, que abona la falta de mis servicios y el efecto de mis obras. Toma mis brazos, Mamí, que bien merece amistad quien con tanta voluntad procura servirme así: estos cautivos te ofrezco, y te alargo los demás. Muestras de quien eres das con pecho noble, y altivo: pasad adelante, y besad los pies al Alcaide. . Cielo . el alma me cubre un hielo viendo aquesta novedad! Si no son vanos antojos, mi Argila es esta que veo, que no me engaña el deseo me dicen sus bellos ojos. De dónde sois? . Españoles. De qué parte? . De Sevilla. Su hermosura maravilla, y al Sol eclipsan sus soles: Donde ibadéis cuando disteis con mis Fragatas? . A Francia a un negocio de importancia. Poca ventura tuvisteis, mas si queréis renegar, buena la podéis tener, pues con eso os pienso hacer, que el mundo os llegue a envidiar: adornarán vuestros cabellos perlas, rubies, y esmeraldas, y h as al oro de esos cabellos; aljabas de carmesí vestiréis, con mil diamantes, y otras cosas semejantes, que os puedo ofrecer aquí. Con gran regalo, y amor al que es Renegado trato, y al que conmigo es ingrato, con aspereza, y rigor. Ay, mi bien! . Llámame hermano, . pues ya con aqueste engaño encubrimos nuestro daño, engañando a este titano. Alzad los ojos del suelo, hermosísimas Cristianas, que luces tan soberanas bien es que las vea el Cielo: no os de pesar el cuidado de haber la Patria perdido, que también Cristiano he sido, si ahora, soy Renegado. Noble Alcaide, la vergüenza es propio de las mujeres, no es justo que perseveres en que el amor no las venza tu rigor templar se puede, pues no hay en el mundo hombre que no se aflija, y asombre si algún daño le sucede. Déjalos, consultarán sus desdichas, y tormentos, que después mil pensamientos para Renegar tendrán. Dices bien; vamos, Mamí, quédense en este jardín solos, para ver el fin de lo que pretendo aquí: Celio, y Cardenio? . Señor. Ya compañeros tenéis, y como os determinéis a estimar mi gran valor, os prometo de premiaros, y poneros donde estoy; y si no lo hacéis, desde hoy, al remo pienso entregaros. Lindo envite! renagar pienso para estar temido, y no verme aquí abatido h hartándome de cabar. Garrón, no es Argila aquella? Ella parece, si acaso una Ninfa del Parnaso no se ha transformado en ella, porque trae su mismo traje. Pues, Garrón, qué podré hacer? Oír, y callar, y ver, hasta saber su viaje. Hablarla pienso: a Cristiana, mil años os guarde Dios. Así haga, amigo, a vos. Qué quieres, cautivo, a mi hermana? Hablarla aparte quería, si vos licencia me dais: ojos, si aquí os engañáis, loca está la fantasía A vuestro servicio está: mira, hermana, lo que quiere. Si aquí la verdad se infiere, buena mi ventura va. Sabes quién soy? . Bien lo sé, pues para desdicha mía una tarde en una selva te dejé sola escondida, por irte el agua a buscar. Ay, Trebacio de mi vida, qué historia tan desdichada! No digas más, ni prosigas, que al mismo instante que entré en este jardín, se iban mis ojos tras de los tuyos, como imanes de la vista. Quién son estos Peregrinos, que traes en tu compañía? Dos amantes, que de España nombran su Genealogía; aquestos dos me encontraron cuando me quedé perdida. juntámonos todos tres, porque ellos también lo iban, y anduvimos por la Costa buscando, si acaso había quien a Francia nos pasara, y hallamos una Barquilla de unos pobres Pescadores, que la derrota seguían; entramos dentro, y apenas navegamos doce millas, cuando estos nos cautivaron; y a saber yo que venía donde estabas, por regalo tomara el venir cautiva. Dame esos brazos. . Mil veces. Qué es eso, hermana? desvía. Bien puede abrazarme, hermano, que es mi dueño. . Ay tan gran dicha! Aqueste es el que esperaba cuando me hallaste perdida. Estima, noble cautivo, el amor, y cortesía con que a esta Dama he tratado, que el llamarla hermana mía, ha sido por encubrir mil daños que se seguían; por muchos años la goces. Tú, con la que tanto estimas, te veas en libertad, y alcances lo que condicias. Qué te parece, mi bien? Que tengo el alma afligida por estar en cautiverio. Pues mudaremos de vida: no renegarás? Ay Dios, y qué cosa tan mal dicha! Si aquí nos fuerzan, qué haremos? Perder por mi Dios la vida. Espérate, no te alteres, conmigo aquí te retira. El estar cautivo siento, que te has de ver abatida. Hacer lo que dice el Moro, y tendremos buena vida, que si renegando ofrece. tal amor, y tal caricia, renegar es lo mejor. Tu resolución me admira: no ves que hay Dios, y hay Infierno? Oh qué largo me lo fías! Si ya perdidos nos vemos, y puestos en tal desdicha, para vivir con regalo, forzoso es mudar de vida; pues que sacrílego has sido, para qué en aqueso miras? Ya mi suerte, y mi fortuna por esta parte me guían; renegar pienso, Trebacio, lo mismo hacer determina, que sirve ingrato el amor con tan grande cobardía. Di, qué importa lo que has hecho, si ahora aquí te retiras? No te acuerdas, engañoso, que dijiste a la partida, que en todo harías mi gusto, o la vida perderías? Cómo renegar no sea, haré todo cuanto pidas. Solo renegar importa para estar enriquecida, y no verte cual estás: qué respondes? Que me incitas a aborrecerte, y dejarte. Pues conviértase ya en ira todo el amor que te tengo. Temeraria estás, Argila. Y para Garrón no hubiera ahora una Pelegrina? nunca me tropiezo yo sino la miseria misma. Ya yo estoy determinado: perdóneme, Sofronisa, un yerro hice, y aquel, a que haga muchos me obliga. Vive tú en aquese estado, que aunque el mundo de mi diga, de él quiero gozar ahora lo que duraré la vida. Y yo juré de no olvidarte si tú mi gusto seguías; pues no lo haces, perdona, que mi fe no es la rompida. Soy noble, y no sé servir, y viendo que me convidan con tal majestad, no mires que mude deleite, y vida. Ay, Claudino! . Ya no sirven la lágrimas, que son perdidas, quédate a Dios, pues no quieres lo que quiere Sofronisa: Ay, Amor, y cual me has puesto por determinarme aprisa! bien dicen, que se arrepiente quien presto se determina. No me canses, que es en balde. Tú eres hombre? Aunque me digas mil blasfemias, no he de hacerlo. Yo diré al Moro, que sigas mi gullo, y haga por fuerza, que reniegues. Pues no miras, que no hay cosa que sea buena, cómo por fuerza se elija? Quédate, falso enemigo, que a rigor mi pecho incitas. . Enojada va. En mi vida tal resolución he visto. Qué era lo que te quería? Qué renegase. Por. Dios que es mujer muy atrevida, pero el nombre basta. Espera, sola está la Peregrina, y llorando; qué habrá sido? Llorará el verse cautiva. Peregrina de los Cielos, por que lágrimas destilas? Ay, amigo, por mil causas, que a derramarlas me obligan! porque renegar no quiero, mi dueño ingrato me olvida. Lo mismo, ha hecho conmigo aquella falsa firena; trocado habemos las suertes, más gana quien más se humilla: mil penas pasar tenemos por ellos; mas como sigas la ley de Dios, yo te ofrezco de hacerte fiel compañía. Ay Cautivo que mis penas vas trocandó en alegría! no sé qué miro en tus ojos. Y yo no sé qué me diga de los tuyos. . Pues el Cielo, disponga de nuestras vidas, como más a Dios agraden: qué cosa tan parecida . a mi hermano Don Trebacio. Vamos, bella Peregrina: retrato al vivo parece . de mi hermena Sofronisa. Doy gracias a Dios, que solo he quedado en la conquista: qué haré, cabar? eso no, que si una vil mujercilla renegar quiere, por verse en alto lugar subida, también yo lo pienso hacer con apariencia fingida. Así engañaré a Mahoma, y cuando entre en su Mezquita a adorar su zancarrón, y a hacer su zalá maldita, mi corazón dirá: no; y sí, dirá mi boquita.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Á . En el alma, por Alá, este servicio, he estimado, y cuanto el Cielo me ha dado sujeto a los dos está. Desde hoy, Ardáín valiente, te ofrezco toda mi casa, en ella manda sin tasa, que a todo estará obediente: que viendo cuan liberal t a mi voluntad lo has sido, por mi amigo te he tenido el más noble, y principal. Y porque el efecto veas de lo que te ofrezco aquí, hoy el cargo de Mami quiero que tú le poseas. Rige mis Fragatas bellas, pon en ellas banderolas, azota las verdes olas, y al mundo asombra con ellas. Rige, ordena, manda, pide lo que a tu gusto ordenares, que todo cuanto mandares, ninguno aquí te lo impide. Dame, Roselán, tus pies por la merced que me ofreces. Alza, Ardáín, que mereces, que en estos brazos estéis; y a vos, bella Celidora, os suplico me mandéis, que esa beldad que tenéis toda el África enamora. Buscad medios, por do pueda honraros, y hacer favor, que ahora empieza mi amor, y no ha de parar su rueda. Esos pies beso mil veces. Alza del suelo, si quieres, que se correrán los pies, viendo que el pecho mereces. Notable amor ha mostrado con aquestos Renegados Roselán. . Mil sobresaltos le dan al alma cuidado. El cargo de las Galeras, que tu tenías, le ha dado. Que así prive un Renegado! Yo no sé, Mamí, qué esperas con lo que has visto. Si alcanza venganza el que está ofendido, ya mi pecho se ha movido, Dragud, a fiera venganza: mil traiciones tiene el mundo, no me ha de faltar alguna. Ayudete la fortuna. Desde hoy mi venganza fundo, Digo, Ardán, que me he holgado de saber vuestra intención, y con mayor afición a honraros mas me animado. Y pues gusto de casaros tenéis los dosy es hazaña, que ha de dar temor a España, y todo el mundo envidiaros. Cien mil cequies prometo para que cala pongáis; y porque honrado viváis, y este caso tenga efecto, desde hoy eres mi Teniente, con diez mil cequies de renta; quedando aquí por mi cuenta el premiar toda tu gente. Señor, a esos pies me humillo por merced tan excesiva. Que un Renegado así priva! Yo me admiro, y maravillo. Vamos amigos, a hacer tan dichoso casamiento. Qué gloria en el alma siento! Yo me empiezo a enloquecer. Gastese mi hacienda toda, haya fiestas, y comida. Esta sí, que es buena vida; hoy engordo en esta boda. Cielo airado, y poderoso, qué justamente castigas! aunque en mis males prosigas, de ti no he de estar quejoso: bien sé, que he sido tirano sin riendas, y sin medida, humilde ofrezco la vida al castigo de tu mano. Pague el mal que cometí con riguroso tormento, que en venirme males, siento que Dios se acuerda de mí. Vida, y trabajos te ofrezco con una fe verdadera, que aunque más males me diera, mayor castigo merezco. Loco estuve, no lo niego, que enloquece mucho amor, y pues hice tal rigor, bien se ve que estuve ciego, Con paciencia he de llevar los trabajos que tuviere, y si mal me sucediere, de mí me podré quejar. Crispina viene, una Santa la considero, y el Cielo favorece su buen celo, que su vida al mundo espanta. Cardenio amigo? . Oh Crispinal en verte el alma consuelas. En lisonjas te desvelas? Tu pecho mal imagina de mi amor, si considera que la verdad lisonjeo, pues quien viera lo que veo, lo mismo que yo dijera. Por mil causas estimar debes mi grande afición, que mis efectos no son hechos a lisonjear. Miro en ti una cosa rara, que mis sentidos admira, y cuando el alma te mira, no sé que se ve en tu cara. Que te adoró, sabe Dios, y que es muy casto mi amor, sin que pueda haber error para siempre entre los dos; tanto, que estimar me debes, como si tu hermano fuera, porque es mi fe verdadera, por más que tú lo repruebes. Cardenio amigo, el cuidado con que mis trabajos miras, son flechas que al alma tiras, y enmedio de ella me has dado. Que te estimo, sabe el Cielo, y que te tengo en lugar de mi hermano, sin dudar en lo casto de mi celo. Y mientras esté cautiva, sé, que por mi mirarás, y que no me olvidarás mientras vivas, y yo viva. En qué te has entretenido estos días? . Con rigor me hace el Moro hacer labor, que aunque rezar he querido, casi lugar no me ha dado; pero a las noches me enmiendo, pues pongo en rezar cuidado: tú en qué te ocupas? . En la hazada es lo que ejército más. Pesada vida tendrás. Vida es, Crispina, cansada. No tienes Rosario? . Sí. Pues a la. Virgen María se le reza cada día porque se acuerde de ti; esta devoción te encargo, no se te olvide de hacer tu remedio en mal tan largo: a la Virgen se le ofrece con devoto corazón, pues en cualquiera ocasión nuestros males favorece. Esta sí, que es buena vida: hoy, aunque me haga gran daño, pienso comer para un año. Vete, Crispina querida, no te vean estos. Guárdete el Cielo. . Alcuzcuz es esto? hoy me pienso hacer un cesto hasta caer en el suelo; todo es blando, no hay tajadas, para sin muelas están; hola, barriga, allá van aquestas dos cucharadas. Garrón es este; ay infiel! a Diós has negado? No, que no he renegado yo. . No lo dice ese Alquicel? Mira, de burlas lo he hecho; no soy Moro, ni Cristiano. Eso es peor, Luterano; tú tienes infame pecho: dime, qué intentas hacer? No sé; déjame ahora ir a que me harte de muquir, que acaban ya de comer. . Mil gracias, Señor, os doy, porque mi pecho alentáis, y mi fe la conserváis en el estado que estoy. Mas mi constancia aumentáis, porque más mi fe se aumente, que así no habrá quien intente escurecer mi lealtad. Goce Argila con contento las grandezas de Palacio, mientras que pasa Trebacio con humildad su tormento, que los dos hemos de dar cuenta estrecha, con rigor, a un Juez, que ningún favor admite para juzgar: Al fin, ha sido mujer, y en esto bien lo ha mostrado, pues por un gusto ha mudado tan extraño parecer. Parte conmigo, Zulema. Qué parta? con un ladrillo te partiré el colodrillo, si conmigo tienes, tema. El Alcaide ha de saber, perro, que comes tocino, y que te hartas de vino. Qué cosa puedo yo hacer de más gusto para mí? de beberlo no dejara si ahora aquí me empalaran; y si no miralo. . Ansi yo voy a dar cuenta de ello; hoy, perro, te han de empalar. Aunque me manden quemar no dejaré de bebello; ya entiendo por qué lo haces, tu pensamiento adivino, pues no has de catar el vino, ni conmigo tener paces; anda vete. . Ya me voy, y por tu mal ha de ser. otra vez vuelvo a beber . de tan penoso que estoy. Hoy te han de hacer mil pedazos, por infame, Moro vil. Si piensas ser mi Alguácil, yo te acabaré a botazos. A cuantas penas, amor, por seguirte me has traído? pienso que no has perseguido a nadie con tal rigor. En Canturia fui estimado por el mejor, y me veo de tal fuerte, que no creo el mal que por mí ha pasado. Ya seguro podré andar, que no me podrá venir, ni más penas que sentir, ni más males que llorar. Bellas cristalinas fuentes, que al suelo de este jardín pagas tributo sin fin con vuestras claras corrientes. Hojas verdes, y pendientes, que entretejidas en lazos, con la hyedra os dais abrazos, esperando que Noviembre, por este jardín os siembre, hechas alfombra a pedazos. Avecillas, que cantando, los Cielos enamoráis, y el Alba esperando estáis, para estaros gorjeando; si al Sol estáis despertando con el canto que traéis, pues en el Jardín me veis, dadme el dulce parabién, sino es que de tanto bien envidia todas tenéis: decid a gritos, que soy Ardáín, que ya he mudado de Ley, de nombre, y estado, para verme en el que estoy. A Tiro amitando voy en majestad, y grandeza; mi soberbia ahora empieza, que al mundo piensa humillar, pues espero coronar de laureles mi cabeza. Sentarme pienso, que pierdo casi el juicio de contento, que la Majestad que siento volverá loco al más cuerdo; aún de dormir no me acuerdo, por más que el sueño me llama, súvame ahora de cama aquesta silla, que es justo dar a los sentidos gusto, pues tanto el cuerpo los ama. El sueño viene a vencerme, como ya lugar le he dado, dormir puedo descuidado, pues nadie viene a ofenderme, y si descansa quien duerme, descansar quiero, y dormir, que ya no puedo sufrir una carga tan pesada; alma, dormid descuidada, pues nada os puede afligir. Claudino, Claudino? Ay, padre! quién en tal lugar te ha puesto? no echas de ver qué te abrasas? sal de esas llamas. . No puedo, porque ya aquí eternamente tengo de tener asiento; ya no hay remedio a mis penas, no tengo lugar, ni tiempo, que como ya le perdí, ninguna esperanza tengo; solo para auxilio tuyo me han dado lugar los Cielos, y permiten que te hable, y que tú me oigas durmiendo. Pues di, padre, qué me quieres? mira que a entrar no me atrevo donde tú estás, que parece un símbolo del Infierno. Que te aproveches, Claudino, de este aviso, que entre sueños el mismo Cielo te envía, sin los que tendrás despierto; mira que este es eficaz, y para premisas de ello, en despertando sabrás, que contra el mundo, y el Cielo con tu hermana estás casado, de ella misma has de saberlo. Padre, padre, aguarda, espera, aunque me abrases. . No puedo, que el Cielo no da lugar: ya este aviso te he propuesto. Tras ti me voy, si no esperas, aunque me abrase el Infierno, padre: o qué sueño tan pesado! . Con qué congojas despierto! o májica fantasía! malditos sean los sueños; que los sentidos estén, en quietud, y paz durmiendo, y tu fabriques entonces tantas marañas, y enredos! mas con tan grande eficacia he sonado, que al Infierno bajé, hablé, y vi a mi padre, que me obliga a darle credito a mi loca fantasía; si fue verdadero sueño, que aún ahora me parece que le estoy mirando, y viendo? Afuera, vana ilusión: fantasía, qué es aquesto? Yo no se Este no es el jardín bello de Roselán? Yo no mando su Alcázar, y le gobierno? pues como un sueño me tiene lleno de temor, y miedo? darele crédito? No: Ver mi padre en el Infierno, no me dio a entender que yo, si mi vida no la enmiendo, me veré como él está atormentándome el fuego? pero esto no es disparate, si aquesto ha sido durmiendo? afuera, quimeras bajas, que volvéis loco al más cuerdo; vuelvo a dormir descuidado, los ojos mover no puedo; para un poco, fantasía, deja que descansé el cuerpo. Dónde estará mi Ardáín, que ha rato que no le veo? Si este jardín, no le esconde, de su ausencia me recelo: mas entre estas verdes murtas, que impiden al rubio sebo, que no aposente sus rayos, está a su sombra durmiendo: hablando está; qué será? desde aquí escucharle quiero, podrá ser darme a entender los secretos de su pecho, que muchos durmiendo dicen lo que tienen encubierto. Tú, padre, tienes la culpa, e que forzaste mis intentos, y los de mi hermana Argila. Válgame el Cielo! qué es esto? este es Claudino. . Si el Cielo al matrimonio nos llama, dejanos casar. Ya entiendo la materia; ello es verdad. Por qué quieres que tomemos estado por fuerza? mira que mal así viviremos. Este es mi hermano Claudino? descubrirelo el secreto, cuando despierte? mas no, que de él mismo he de saberlo. De Sofronisa me apartas? o padre cruel, y fiero! Ya no tengo que esperar; ello es sin duda; yo quiero despertarle: ha mi Ardán, vida mía, qué es aquesto? Oh qué sueños prodigiosos! casi despertar no puedo: quién eres? . Tu Celidora. Oh mi bien! perdona el yerro, que casi fuera de mí de aqueste sueño recuerdo; pienso que la dormidera me han dado a beber, y creo que en ella la fantasía sus actos tiene revueltos: siéntate aquí, Celidora, para que los dos tratemos, unidos en dulces lazos, mil amorosos efectos: qué tienes? De qué estás triste? Ardáín, ocasión tengo de entristecerme por ti. Por mí, mi bien? Sí, que entiendo que me has negado, Ardáín, tu Patria, y tu nacimiento. Cómo lo sabes? . No falta quien descubra los secretos. Si eso solo te entristece, oye, y tehago juramento de decirte la verdad, pues nada negar te puedo. Es el Angla, Celidora, mi propia Patria, y mi Reino, y Canturia la Ciudad, donde fue mi nacimiento; mi padre se llama Braclio, Doña justina de Arcedo mi madre. Y yo Doña Argila; harto me has dicho con eso. Qué dices? Que soy tu hermana. No lo creas. . Si lo creo, que el preguntártelo a ti, ha sido, porque entré sueños, cuando entro en este jardín, lo mismo estabas diciendo. Qué eres Argila? Hay más extraño suceso! bien el alma me lo dijo cuando vi tus ojos bellos. Y yo en ver los tuyos, tuve mil sospechosos recelos. Pues cómo, Argila, saliste, siendo Monja, del Convento? Este Cautivo que has visto, que en duras prisiones tengo, es Don Trebacio. . Qué dices? Verdad es lo que te cuento, amor nos trajo a los dos, y llegó a tan grande extremo, que una noche, me sacó para no vivir muriendo. Hecho, pues, este delito, para no ser descubierto, nos salimos, y fortuna. en tal puesto nos ha puesto. Ese Morillo es Garrón, testigo de nuestros hierros, y criado de Trebacio. En oírte estoy suspenso! las suertes nos ha trocado, amor, fortuna, y el tiempo, Sofronisa es la cautiva, que te sirvió en tu aposento. Causa de todo este daño, y de mi mal instrumento: mira cuando ha visto el mundo caso más extraño, y nuevo. Esto quiso nuestro padre; qué hemos de hacer? Pues nos vemos en tal piélago metidos, ir adelante con ello, fartuna nos favorece, seguir su rueda tenemos, que si hacemos novedades, podrá ser que la enojemos, y todo resulte en daño. Me amarás? . Con más extremo, que como sin conocerte gocé de tu ojos bellos, amor de hermana añadiendo, al que de mujer te tengo. Dame los brazos. . Y el alma, bella Tamar, que en mí has hecho mil hechizos con tus ojos. Olvidarasme? . No puedo, antes amor ha encendido nuevas llamas en mi pecho, y has de gozarme, y gozarte si bajamos al Infierno. Qué hemos de hacer de Trebacio, y Sofronisa? En ún fuego pienso abrasar a los tres por vengarme, y por no verlos. Pues hazlos luego llamar. Hola, Mamí. Qué es aquesto? Que venga yo a ser criado de un vil Renegado perro! y por él me hayan quitado los cargos! Viven los Cielos, que me he de vengar: qué mandas? Qué llames luego al momento mis Esclavos, y a Zulema. De mi fortuna reniego: paciencia, que a mi venganza ha de dar lugar el tiempo. Hermano, amigo del alma, dame los brazos de nuevo, que ser tu esposa, y hermana por mayor dicha lo tengo. Ya, contra Dios, y las almas habemos echado el resto, sueños me han amenazado, pero ningún temor tengo, lo que duraren las vidas pasémoslas con contento, que cuando venga la muerte arrepentirnos podremos. Mami dice que nos llamas: qué nos mandas? Que en vivo fuego os abrasen a los tres. Si es tu gusto, hazlo luego, pues somos esclavos tuyos. Qué humilde te muestra! . Debo tal humildad a quien sirvo. Sabes quién soy? . Por mi dueño te conozco solamente. Ya, infame, se ha descubierto la verdad para tu daño. Qué dices, que no te entiendo? Pues pregúntáselo a Argila, cuando al salir del Convento, Don Trebacio la lacó una noche con secreto, y si ella no lo dijere, aquí Garrón me está oyendo, que se halló presente allí. Turbado me tiene el miedo! Qué es esto? todo se sabe, sin duda el diablo anda suelto; abrasado he de morir a bien salir de este pleito. Y si Garrón no lo dice por truan, y lisonjero, Sofronisa que lo diga, que también sabe el secreto. Qué Sofronisa? . La hermana de Don Trebacio. Yo soy muerto! Y si ella no lo dijere, . yo, que soy Claudino, quiero decirlo, y darte, Trebacio, el castigo que tu yerro merece, porque sacó a mi hermana del Convento; yo tu hermana, y tú la mía: buenas las habemos puesto. Mamí, y Dragud, estos tres en un calabozo fiero poned, con duras prisiones. Como lo mandas lo haremos. Templa, Claudino, tu ira, que soy mujer. . Ya tus ruegos, en mí son ira, y crueldad. Garrón acaba con esto; hoy he de morir asado. Ay, hermana, que no puedo esperar mayor desdicha! El castigo que merezco haz en mí como liviana. Ah, tirana, que me has muerto! Llevadlos. . De desdichados hemos sido un raro ejemplo, pues el mundo no habrá visto tal suceso como el nuestro. Ardáín, y Celidora, ya será fuerza dividir a los dos. . Será morir. Muy breve será, señora. Nueva tengo, que han pasado dos Naves del Anglia, a Francia con riquezás de importancia; y ya, Ardáín, que te he dado el cargo de mis Galeras, como General valiente, armas toma, y busca gente, que las bogue muy ligeras: mañana te has de partir, dándote licencia ahora tu divina Celidora. En todo te he de servir. Por Alá Santo, que eres el donaire, y la hermosura del África. . Soy tu hechura. Y envidia de las mujeres: yo os quiero hacer favor de que conmigo comáis. Mucho nos honras. . Pagáis lo que debéis a mi amor. Venid, que yo no he comido, y después os podréis ver. Vamos, hermana, y mujer. Vamos, hermano, y marido. Ahora hay ocasión, Dragud, para que nuestro intento le ejecute, que es infamia muy grande, que nos mande un villano, que fue cautivo nuestro; el Alcaide a comer lo ha convidado, que sus propios criados me lo han dicho. Yo pienso que a comer han entrado ahora en este punto, que las mesas estaban esperando; pero dime, de qué suerte se hará sin que el Alcaide entienda que los dos lo habemos hecho? Cada día Ardáín, y Celidora en comiendo se salen a esta fuente, donde pasan la fiesta como amantes, donde envidia grande dan a sus cristales, que murmuran su amor, y su gran dicha, Y en pasando la fiesta en dulces lazos, sacan luego los vasos, que llenos de agua pura, y cristalina, el rigor de su sed templa, y mitiga; pongamos el veneno muy secreto en la oculta corriente de este cano, (le. que es cierto que esta tarde han de gustar Viene bien preparado? No pudiera Medea, Celellina, ni Medusa hacerle tan feroz como le traigo. No digo yo esta fuente, que es pequeña, pero el mar en veneno convirtiera, si esto lo echaran dentro. Pues Mahoma nos ayude, y nos vengue de este perro: ponle, Mamí, secreto en una esponja, cubierto con un elienzo junto al caño, si tiene buen efecto nuestro intento; al Alcaide diremos que lo han hecho estos fieros cautivos, por verse maltratados, y ofendidos. Mahoma nos ayude en nuestra empresa, con notable secreto queda puesto; pues nadie nos ha visto, u nos conviene a decir que aperciban las galeras, porqu el Alcaíde así me lo ha mandado Vamos, y muera el perro Renegado Notable amor ha mostrado el Alcaide en la comida. Es su afición sin medida, y tiene gusto extremado. Al sin es fuerza dejarte, solo me dilata amor esta tarde. . Gran rigor! pues mañana has de ausentarte, gozar quiero de tus brazos, pues de firme amistad serán los lazos. Tu amor excede a estas hiedras en abrazos. En la margen de esta fuente puedes sentarte, a quien hurta sus perlas aquesta murta, por bañarla su corriente; aquí canciones suaves oirás las aves cantar, y sus quejas publicar. Bien enamorar me sabes. Y estos laureles, que son contrarios de Apolo ciego, para templar tan gran fuego, servirán de pabellón. Contento estás. . Y con pena, de ver que me he de ausentar sin lo remedia pod que así el Alcayde lo ordena. Vendrás presto? Imitaré el Águila voladora de Júpiter Celidora, y más que ella volaré. Mira que aquestos cristales ya tu ausencia están llorando, y este jardín, esperando su vuelta por sus umbrales. Extraño amor! . Un volcán de fuego de amor se ha hecho en lo oculto de mi pecho. Las aguas le templarán, como a mí la sed que paso; pide un búcaro, que estoy con immortal sed. . No soy descuidada, aquí está el vaso. De esos cristales le llena, porque a la sed rigurosa, el Cielo no crío cosa más agradable, y más buena. Dentro del vaso te está con su cristal convidando. Pues si ella me está brindando, mi sed la razón hará: . qué famosa está, y qué fría! muy bien la puedes beber. Si haré, que la he menester. . Bébela, por vida mía: qué te parece? . Que el Cielo, con justa razón, crió este elemento, y le dio mil virtudes en el suelo. Qué flores tener pudiera este jardín, si faltara el agua que le regara en la verde Primavera? Cuando algún señor procura hacer casa de recreo a medida del deseo, primeró el agua procura. Ay mi bien el pecho se arde, Yo me siento caluroso, el beber más es forzoso, que hace destemplada tarde: agua me da, que me abraso. . Torna, y dame el vaso presto: Válgame el Cielo! qué es esto? que notable fuego tengo! Más calor siento, y más fuego: . que rabio, Cielos, y el pecho un vivo fuego está hecho. Qué extraño desasesiego! yo muero. . Ay hermana mía! remedia mal tan pesado, algún veneno han echado en aquesta fuente fría. Que me abraso! Que me quemo! Piedad, piedad, Roselán. Qué notables voces dan en este jardín ameno! Ay, Alcaide, que me muero! Ay, Roselán, que me abraso! Ay tan desdichado caso Rabio, Cielos. . Desespero! Qué tenéis? . En esta fuente algún veneno han echado, que apenas los dos bebimos de su cristal puro, y claro, cuando los pechos se encienden, y pensando de templarlos, bebimos segunda vez, y mucho más se abrasaron. Cielos, que muero! Yo, rabio. De fuego el pecho se abrasa. Yo estoy de fuego abrasado. Ay, Claudino, tus desdichas en qué mal sin han parado! No esperó remedio, Cielos, yo me doy por condenado. Ay, Argila! tus locuras aquí tienen justa paga, pues mueres desesperada. Cielos, que muero. Yo acabo. Hay caso más lastimoso! ̱. Al mundo asombra ese caso, Quién tal traición habrá hecho? Esto han hecho los esclavos, que oprimidos de la fuerza, y del rigor del mal trato, que aquestos dos les hacían, tal traición han intentado; y como aquí cada día la huerta están cultivando, lo habrán hecho con secreto. Tenio por muy cierto, y claro; porque quien, si no ellos, pudiera intentar caso tan raro? Hoy pienso en terrible fuego, por Ala Santo, abrasarios: ven, Dragud, y más prisiones pon a esos perros ingratos, que en ellos verás castigo, que al Átrica ponga espanto; y romperás ella fuente, que en esta no quede canto, hasta el claro nacimiento de sus cristalinos valos. Y tú, Mami, aquestos cuerpos puedes guardar, entre, tanto que la Mezquita se adorna, donde habemos de enterrarlos. . Oh qué bien ha sucedido! Mahoma nos ha ayudado. De aquesta suerte le paga soberbia de hombres tiranos. Ya, hermana, que un yerro hiciste, tu gran virtud he estimado, pues al fin no has renegado con la ocasión que tuviste: amor disculpa a los dos, los dos nos hemos perdido; de lo mal que hemos vivido pidamos perdón a Dios, que ya en tan dura prisión nuestra vida ha de acabar. En pensar tan gran pesar, dos fuentes mis ojos son; bien sabe Dios que en el punto que te vi, hermano querido, el alma, vida, y sentido se iba tras ti todo junto, y como puede engañarse lasciva imaginación, es la verdad confusión, cuando no puede allanarse. El calabozo han abierto, sin duda traen de comer porque ya echaron de ver, que un hombre puede estar muerte Albricias, si las merecen las nuevas. . Dragud, hermano, yo te lo mando de mano. Hoy vuestros males fenecen. De qué suerte? . Roselán, lleno de cólera, y ciego, os manda abrasar en fuego de un immortal alquitrán. Nuevas de gran gusto han sido para mí, yo estoy contento, pues tendrá fin mi tormento; y albricias de esto has pedido? Pues habéis de padecer en esta prisión tan dura, no tenéis a gran ventura tus tormentos senecer? A gran ventura, ladrón? tal te la de Dios a ti. Por qué Roselán así nos quema sin ocasión? Porque pusisteis veneno en la fuente del jardín, con que habéis muerto Ardáín, y a Celidora. . Oh qué bueno! bien inocentes estamos. Qué son muertos? Muertos son, que el veneno, en conclusión, acabó en un punto a entrambos. Ay Claudino desdichado! Ay soberbia Argila loca, a lástima me provoca el fin con que has acabado! Bien sabe Dios, Moro amigo, que ninguno de los tres lo ha hecho; mas esto es orden del Cielo, y castigo: paciencia. . Dentro de un hora seréis del fuego manjar. Que me llevan a quemar, valedme, Virgen, ahora. Bien os podéis prevenir, que al punto a sácaros vuelvo. Ya yo, mi Dios, me resuelvo en daros cuenta, y morir: hermana mía? Garrón? ya es tiempo que a Dios llamemos: nuestros hierros confesemos, y le pidamos perdón; ofensas terribles son las que habemos cometido, Dios está muy ofendido, lágrimas le han de ablandar, porque ellas han de borrar lo mal que habemos vivido. Una Imagen de María en el pecho traigo, hermano, Oh retrato soberano! el veros causa alegría, pidámosle, hermana mía, que nos dé gran Fe, y valor para sufrir el rigor de esta muerte tan terrible, que sufrirla es imposible sin su divino favor. Virgen, ayudarme ahora. Valedme, Virgen, aquí. María, acordaos de mí, que soy pecador, Señora. Pues vuestro Hijo os adora, pedidle, que no se olvide de quien llorando le pide de sus errores perdón. Con humilde corazón vuestros pies mi boca mide. Oh qué extraña claridad hay dentro del calabozo! El alma recibe gozo. Nuestra inocencia mirad, Señora, y tened piedad. Jesús, qué ciego he quedado! La vista se me ha quitado! Absorto caigo en el suelo! No parece, sí, que el Cielo al calabozo ha bajado? Dichosos sois, pues la Virgen os visita en pena tanta, y a quitaros las prisiones un Ángel con ella baja. La devoción puede tanto, que a esta Reina Soberana tienen los devotos suyos, pues de esta suerte les paga. Hoy saldréis libres de aquí, y por milagrosa gracia en bieve tiempo veréis de Canturia las murallas. Como de un sueño despierto. Suspensa estoy, y admirada. Qué ha sido aquesto, Trebacio, que ha pasado? . No sé nada, mis prisiones se han caído. Y las mías; cosa rara! El calabozo está abierto, qué cosa admirable, y rara! Que me llevan de la mano, Trebacio. También a mí, hermana, y no veo quien me lleva. Esta casa está encantada, volando voy por los aires: válgame la Virgen Santa! Abrid ese Calabozo, y en las rigurosas llamas los echad vivos. . Espera, que si la vista no me engaña, el Calabozo está abierto. Qué decís? De qué te espantas, si los Cautivos se han ido? Esa verdad hace clara sus prisiones, que son estas. Estos Cautivos me causan admiración por Mahoma! Si bien en ello reparas, verás que es prodigio. Cómo? Cuando en la Mezquita del gran Profeta Mahoma los cuerpos velando estaban de Ardáín, y Celidora, vino una tormenta extraña de un viento, que las colunas, y las piedras arrancaba, temor de vi, que con los cuerpos cargan, llevándolos por los aires, sin verse quien los llevaba. Estos han hecho lo mismo, porque la Nación Cristiana, dicen, que tales milagros hacen sus Santos, y Santas. Por Alá Santo, que admiran estas cosas tan extrañas! Ellos, Alcaide, han huido, ya por industria, o por maña. Mami, preven las Galeras, que quiero correr la playa, por si acaso los encuentro. Ven, señor, que ya te aguardan. Viva Trebacio, Rei de toda el Anglia 2. . Trebacio? de qué suerte, si ha que falta tan largo tiempo? El Cielo le ha sacado a dulce puerto, 2. Quién eres? . La fama soy, que a publicar vengo a gritos, que Trebacio es Rey del Anglia. 2. Dónde está? . Yo le he traído en mis hombros, y ya entra por vuestros Palacios mismos. Mil gracias, señor, os doy por bienes tan infinitos; ya pisamos en Canturia sus soberbios edificios, ya estamos junto a Palacio. Milagro del Cielo ha sido. Canturia se ha de admirar de verte. Habrán sucedido mil cosas después que falto, y están en eterno olvido. 1. Él es, lleguemos, que es fuerza saber tan extraño caso, que su rostro nos lo dice, y en el traje del vestido. 2. Trebacio, Rey, y Señor, danos los pies. Cómo, amigos, de aquesa suerte me habláis sin haberme conocido? 1. La Fama está de tu parte, eres lo ha dicho. C a vier de Murió Enrique, nuestro Rey, sin heredero ninguno, ni ascendiente que lo sea, el Reino bandos se hizo, y después de mil consultas, que los Consejos unidos hicieron para acordar tan gran duda en tal peligro, votaron todos, que luego por ascendencia de Enrico, era solo de Trebacio: y viendo, que por perdido, o muerto ya te juzgaban, ya disensiones ha habido entre Manfredo, y Guillermo, hasta que los Cielos mismos, para nuestro Rey, y amparo a Canturia te ha traído. Alzad, amigos, del suelo; ya reconozco, Dios mío, las mercedes que me hacéis después de tanto peligro. 2. Que has pasado mil trabajos dice el traje de cautivo. Es larga la historia mía, después sabréis lo que ha sido. Ya, Trebacio, que en Canturia tu nombre a voces he dicho, quiero, que sepáis también de Eraclio, Argila, y Claudino, volved, amigos, los ojos, veréis a lo que han venido. 1. Válgame el Cielo! qué es esto? que temerario prodigio! Todas las cosas del mundo paran en aquesto mismo. 2. A publicar voy al mundo este caso jamás visto. Temblando quedo! Yo absorto! Yo temblando! Y yo de miedo, y temor, por detrás he despedido un no sé qué, que parece que mucho me humedecido. Quede memoria de aquesto para los futuros siglos, y a la Divina María la he de hacer un Templo rico, porque en todos mis trabajos ella mi refugió ha sido. Señor, pues ya las desdichas fenecieron, yo te pido, que me hagas merced, Trebacio: De qué? De una Bodega de vino, que en los trabajos pasados mucha agua habemos bebido. T. Eso; y mucho más, Garrón, prometo. . Vivas mil siglos: ven, señor, a descansar, daremos al Reino aviso, que se junte a coronarte. Vamos, y pues hemos visto, que no hay cosa que por fuerza sea buena, nadie a sus hijos los fuerce a tomar estado, porque no hagan lo mismo. Y esta historia es verdadera, que en Canturia ha sucedido, y demos fin, con perdón de las faltas que ha tenido,
