Texto digital

Texto digital de No hay contra la suerte industria

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido preparado por Claudia Demattè y Anna Abate a partir de un manuscrito.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Benito Delgado y García Muñoz. Texto digital de No hay contra la suerte industria. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-contra-la-suerte-industria.

Logo BICUVE

NO HAY CONTRA LA SUERTE INDUSTRIA

Ya os digo que me sigáis seguiros sin ver, señora, sin esta nube el aurora un imposible mandáis que si lo que Dios no quiera a vuestro talle brioso. no corresponde lo hermoso. en vano él seguiros fuera no habiendo de veros más y que os descubráis es bien porque sin saber a quien no se guía a nadie jamás Con esto he de ver si allano que se llegue a descubrir demás que la he de seguir discreto es el cortesano. donaire y despejo tiene que me conocéis es cierto el no haberme descubierto es porque a mi honor conviene que entre el concurso de gente que veis y habéis admirado entre otros ha reparado cierto galán pretendiente de mi hermana, y si porfía y nos llega a conocer temo que llegue a emprender celoso una demasía que aunque obedeceros fuera obligaros por no dar a muchos que murmurar No me atrevo, aunque quisiera Pues yo no os he de seguir sin conoceros ni es justo ocasionarme a disgusto. ni a vos daros que sentir En fin, que habéis de dejarme A nadie sin ver seguí ¿Queréis que me pinte? Sí. Pues empezad a mirarme Pero primero procuro antes que el pincel toméis que de no mentir juréis Poned la mano. sí juro ni es negro ni es rubio el pelo lo atinado debe al uso que por adorno le puso una frente grande el cielo arcos no quiero llamar las cejas ni hay para qué mas que son cejas diré. y en cejas me he de quedar <-los ojos son esparcidos y grandes y son tan bellos pero no hay que encarecellos negres son pero dormidos> pero mías que prevenga que lo son es menester cuando no se halla mujer que de sayo cejas tenga las ojos son esparcidos. y grandes y son tan bellos pero no hay que encarecellos negros son pero dormidos la nariz proporcionada pequeños dientes y boca con una gracia no poca y es que no oso pedir nada cierto hoyo la barba tiene que por enterrarse con él No habrá hombre tan cruel, que a morir no se condene pero mis ojos por yerro matan por tan varios modos que puedo decir a todos Aquí mato y aquí entierro la garganta viene a ser blanca redonda algo llena, no corta que me dé pena sino como es menester la que veis el manto cubre siendo hermosa o siendo fea soy quien ser hiros desea soy quien no se descubre. Bien haya amen el pincel que la supo retratar. Déjame, señora, dar treinta mil beso en él, mas una falta está al lado: ¿sois manca? pregunto yo si tenéis manos o no, porque se os han olvidado. Pintarlas no es menester pues yo os las puedo mostrar. Eso sino es de apagar mano es por Dios de encender. Lindamente os retratáis, mas si yo a escoger llegara creed de mí que tomara todo lo que no pintáis. Suspensa al alma ha dejado vuestro retrato, señora, que es copia de la que adora deiad la que habéis pintado, y aunque es en esta ciudad la esfera de su hermosura, por temor de mi ventura, ignora mi voluntad, que a merecer mi deseo que fueses el dueño mío pero de mí desconfío y tanta dicha no creo. ¿Habéis, señora, nacido, acaso en el viernes santo? Sois sabio vi que me espanto como vos lo habéis sabido, si no es que como estos ven en la tierra o en cubierto, juzguemos por vuestro acierto los hay del alma también y que seréis uno entiendo y cómo le estáis mirando vais, señora, bosquejando lo que en el alma estás viendo. Dónde vivís no diréis Vivo en la calle, ¡ay de mí! Siempre este lance temí Ningún daño recebéis. A dios, señor. No, no os vais. Pesia con el forastero tanto hablar a caballero. Llega a ellos ¿Qué es, señor lo que mandáis? Aunque se ha permitido el hablar en tales fiestas en señoras como aquestas, tal vez no es bien recibido. Debo mirar por su fama, y así en la ocasión presente o ya por ser su pariente, o por arder en su llama, pues no os importan a vos y yo os lo llego a pedir fáciles de conseguir que los dejéis ir con Dios. Caballero, bueno fuera que otro llegue a imaginar que yo las he de dejar no más de porque ello quiera inadvertido llegáis que el irse solo ha de ser porque lo quieran hacer, No porque vos queráis. Pues lo pido bien sabré claro está que irse querrán, mas oíd y os lo dirán. Yo se lo preguntaré señora, lo que ha pasado a los dos habéis oído y lo que yo he respondido Conforme estoy obligado Decid lo que se ha de hacer si os queréis ir sola o no. si él ha de ir o si he de ir yo que ya forzoso ha de ser. De aquesta suerte mi amor si ellas son ha de saber. Él nos ha de conocer No hará no tengáis temor. Satisfaced a los dos queréis iros si con quien conmigo no Está muy bien. Sola os iréis si andad con Dios Si todas hubieran sido mudas, señor, gran bien fuera. pues un no al pedir pudiera no darse por entendido Dijiste donde vivía No, señora Pues ¿por qué? Porque tu gusto no sé y entendí que se servía. No os vais, pues me quedo yo el seguirlas se os impide. ¿Cómo eso a mí se me pide? Como a mí se me pidió Pues he llegado a lograr la atención que me dio pena vaya muy en hora buena mas yo quisiera asegurar de mi temor un recelo pues en el dudoso estoy por otra parte me voy. Id con Dios. Guárdaos el cielo. sus pasos he de seguir. Ya se fue aquel majadero que con termino grosero tu dicha llegó a impedir. Poco importa pues han de todo se informaría la criada. No, no haría, no me dijo nada a mí. Dudo que criada fuera. ¿En que lo echaste de ver? Fáciles de conocer en que no dijo quién era. Esta señor es la casa de don Pedro, en quien amor guarda un hermoso rigor en quien tu pecho te abrasa, y pues el pliego has de dar de tu padre razones para no volver después si está en ella preguntar. Cielos, ¿qué es lo que estoy viendo en su casa se han entrado Vive Dios que está informado y que las vino siguiendo mas estorbarelo así. Caballero vuestra acción pide esta resolución: No habéis de pasar de aquí. ¿Hay locura semejante? ¡Vive Dios! Si os oponéis… Suplico que reportéis vuestro furor arrogante, porque es hombre tan cruel que a otro hombre como pelota si de esta suerte se bota da en un tejado con él y vuestra merced(?) ¿Qué es esto? Si hasta mi cuarto os entráis Primo, señor, ¿qué buscáis vos aquí tan descompuesto? ¿Qué os puede haber obligado? Cierto atrevimiento ha sido. A dar un pliego he venido a don Pedro Maldonado y ha sido este caballero quién lo pretende impedir. Basta, yo he sentido. Caballero, cómo es justo, la ocasión de este disgusto, y que perdonéis os pido. A lo que un engaño obliga. Mi padre suele tardar. Ved si queréis esperar o ¿qué mandáis que le diga? Señora, he de volver y de mí sabrá quién soy. Pues ya satisfecho estoy: perdón llegué a merecer. De mí le habéis alcanzado. Creed que os he de servir Todo esto le has de advertir. a Él ira bien informado. Di que esta noche me vea. Sabes que me ha parecido que esta la tapada ha sido. Quiera e cielo que así sea. ¿Cómo, prima, no me habláis? ¿Por qué es el rigor? Porque sois, don Fernando, sin fe y a otra dama festejáis. Perdón de mi culpa espero, prima, y mi amor asegura que sola vuestra hermosura por quien vivo y por quien muero. Si sé que la habéis querido y con ella os ven hablar, será a llegarla a olvidar. Sí, que en cortesía ha sido. Mi padre viene y mi primo. Fernando, esperad, no os vais. No digan que os recatáis. Vuestro honor, señora, estimo y de obedeceros gusto. Demás que a don Luis verá y el parabién le daré de su venida, que es justo. Deseo el alma tenía. De veros dadme los brazos tomad don Luis mil abrazos. Primo… Señor… Prima mía… A la amistad de don Luis, Mucho, Fernando, debéis. Ya la mía conocéis. ¿Cómo de salud venís? Para serviros la tengo, gozoso de que haya sido mi cuidado agradecido, pues a ser esposo vengo de mi prima y merecer dicha que mi amor espera. Y, cuando no la trujera, aquí la había de tener. Después que mató a don Diego, ya satisfecho en su honor, no podré tenerle amor, o por ser ya de otro fuego; hoy don Juan mi muerte ha sido. Ser estimado merece don Luis. Si bien te parece, tómale tú por marido. Cumplo con la obligación de padre, pues es forzoso dar a doña Juana esposo. A don Luis debe afición y así, don Luis lo ha de ser, que es solo a lo que ha venido. Él la estima, y yo he querido este cuidado perder. Demás que a mi honor conviene, pues fue por ella homicida de don Diego, cuya vida el vulgo a los ojos tiene, y querrá el cielo otro día, logrando mi justo intento, que para mayor contento de esposo a doña María, que muchas se han mal casado de calidad y valor, o han puesto a riesgo su honor por un padre descuido. Siempre de vuestra cordura tales aciertos confío. Hoy mi amor debe a mi tío gozar la mayor ventura. Por él la vitoria alcanza. ¡Ay, prima, doña María! Quiera el cielo que seas mía, consiga amor su esperanza. Y pues ya logrado habéis vuestra justa pretensión, que descanséis es razón. cuarto en mi casa tenéis y yo voy a prevenir, lo que a su adorno conviene. Y mientras que Julia viene a avisar que podéis ir, bien podéis entreteneros con don Fernando. Hijas vamos. Serviros, señor, deseamos. ¡Qué amante tan enfadoso! ¡Qué aspereza tan hermosa! Dicha será ser su esposa. Será dicha ser su esposo. Gracias al cielo que os veo en Salamanca. ¡Ay, Fernando! ¿Quién me lo dijera cuando, en mi amoroso deseo, la fuerza se vio oprimida, siendo propia obligación el tomar satisfacción arriesgando honor y vida? Como ausente llegue a estar en esa ocasión, no sé como esa desdicha fue, ni sé qué os pudo obligar a dar a don Diego muerte. El suceso repetid, si de ello gustáis. Oíd, ello paso de esta suerte: ya sabéis que nuestros deudos mi casamiento conciertan con mi prima doña Juana, y como viniendo a verla y admirando su hermosura hallé mi esperanza incierta. Con este deseo el alma, como mariposa ciega, que al rayo de lo que busca por vivir las alas quema, así mi amor, cuyos ojos, en tanta luz de belleza, la vida buscó muriendo y vivió para más pena. Mi prima, pues, con rigores mi fe constante atropella, y yo, amante en tanto celo, mi llama cobró más fuerza, y acreditada en sí misma, señor, de amor se renueva. Y a su ingratitud procura con halagos con ternezas y con cuanto la fineza puede obligar a que el bronce del blando pecho enternezca. Mas la fuerza de los astros con imperiosa influencia solo su rigor permite, solo permite que muera. Con tanto desdén mi amor golfos de dudas navega, y el pensamiento formaba mil fantásticas ideas ya culpaba mi fortuna y ya con celos tropieza ya se despeñaba cuando mas no corsaros quisiera. Y así paso a mi desdicha por quien mi ventura empieza que hay desgracias que son dichas, y es bien que este nombre tengan. Porque la que el bien consigue esa es la dicha primera un día pues cuando el sol baña la rubia madeja y el blando lecho de espuma feliz amante leal alberga a poco mas cuando en sombras el parador de estrellas se descubre y de la noche la lóbrega luz despierta oprimido ya el discurso con tanta duda propuesta a casa volví y las plantas puse en el umbral la pena cuando confuso silencio vi que hacía el jardín cosecha(?) un hombre donde mi prima tienes a cuarto sospecha que induciendo las demás y acreditando tibiezas a satisfacer obliga dudas que al alma atormentan y así con este deseo imaginación resuelta por el cuarto de mi tía di al de mi prima la vuelta llegué al tiempo que en él mismo llegaba el hombre a la puerta detuve el paso entro dentro yo con la vista atenta sospechas examinaba el tósigo de mi pena turbose en verle mi prima indicio que la inocencia acreditó de ella entonces y agravo en la cautela sosegó de él sobresalto diciéndole que le ciega como este sagrado pisas como a la deidad supremo de mi honor, sino el eclipse permites que se escurezca. «Vuelve, vuélvete, señor, Vuelve don Diego no quieras que en tanto riesgo tu vida junto con mi honor se pierda». «Tuyo soy» él la replica, y como amante la ruega que le escuche aquí no pudo ni cordura ni paciencia sufrir tan duro tormento ni ha de ser tal afrenta. conocile bien y salgo pero al ruido de mis huellas volvió a entrarse en el jardín cerrando tras sí la puerta yo por matarse anhelando. celoso quise romperlas a tiempo que grillos fueron dos cristalinas defensas mi prima, pues abrasada de mí mi cólera aumenta y su dolor y mi agravio le dio a un desmayo licencia con que estorbando mi intento aunque el honor me hizo guerra atropellando imposibles me fue el detenerme fuerza. Confiesa entonces el alma en su perfección atenta, admiré el mayor milagro que formó naturaleza. Permitidme que os la pinte y como amante encarezca en el peligro mayor también la mayor belleza a su beldad la congoja robó lates de azucena y a sus hermosas mejillas la púrpura lisonjera solamente a su cabello el negro color reserva que me pareció haber sido apoyo de su tristeza en frio aljófar el rocío dio del occidente señas, y palpitando en el pecho el corazón con la pena quiso salir por la boca mas por ser la boca estrecha le dio una parte en suspiros y otra a los ojos en perlas arrojó el amor su aljaba que ya su deidad contempla en amagos de difunta de su arpón la mejor flecha Yo dudé el parasismo porque la juzgué en mi idea muy sin alma para viva muy hermosa para muerta pero al fin restituida del desmayo en vos suspensa. articuló la disculpa y con lágrimas intenta satisfaciendo mi enojo lavar de su honor la ofensa Díjome que era su amante pero que en entrar a verlas no tuvo parte jamás y que de esta verdad cierta dará por testigo al cielo abono de su inocencia rómpeme el pecho inocente Dijo «si incrédulo piensas qué atrevimiento tan grande mi honor consentir pudiera, vierte en púrpura caliente el humor que me alimenta, satisfaga con su vida agravios que te atormentan». Y entonces dejé a mi prima, y como advertí en las señas conociendo que don Diego de Arellano el dueño era de mi agravio a la venganza mi honrado furor me lleva parto a matar a don Diego, qua el honor poco sosiega, y no hallándole en su casa me fue el esperarle fuerza. Vino después cuando el alba su rosado coche apresta, y entre celajes confusos, dura montañas y selvas cerré con él enojado, y fue su muerte tan cierta que apenas llamó a su pecho mi acero cuando en respuesta me dio la arrogante vida entre el rojo humor envuelta. Ausente me pase a Italia y en Nápoles tuve nuevas como el ruego había alcanzado el perdón de mi tragedia embárgueme volví a España donde en mi dicha concierta el mayor bien para el alma la gloria que más desea, que es casarme con mi prima. Ruego al cielo que sosega porque acaben mis pesares, gozando en paz su belleza. Saque de una desgracia mil dichas que la sucedan, mil bienes que me coronan, mil placeres que me esperan, mil deseos que me llaman, mil afectos que me empeñan, mil glorias que me merecen, y mil vidas que me cuestan. Vuestra acción don Luis estimo, pues manifestáis en ella el valor de vuestro pecho, satisfaciendo la hacienda que como a primo os tocaba, y por quien a tener llega hombre de esposo en su casa dueño de tanta belleza. Poco sufre aquel que tiene y dalga sangre en las venas pero Julia viene aquí y saber mi amor desea cómo ha sido recibido. Dadme, Fernando, licencia y perdonadme. Manaña os veré yos daré cuenta de otro amoroso suceso. Cómo merecéis suceda. Adios don Luis, Él os guarde. Amor a tus aras llega un amante corazón que en tu fuego se alimenta y pues como a Dios te sigue como Dios su fruto premia. Don Luis, vengáis norabuena a vuestro feliz empleo. Servirte en todo deseo. Mi señor don Pedro ordena, porque no es justo negalle a un hombre la libertad, que os de esta llave. Tomad, que es del cuarto y de la calle y podéis entrar, señor, que todo está prevenido. Hoy, Julia, mi amor ha sido de su desdén vencedor. Por mi prima ahí, Julia, fui, como sabes, y mi suerte me da vida adonde muerte, que será muerte, ¡ay de mí! si aquel su rigor pasado injusto a tanta firmeza observase su belleza. Dime si mi dueño amado mi venida ha recibido con gusto o si fue molesta que de pesares me cuesta haber sido aborrecido. Desengaña mi temor que por no causarla enojas me ausentaré de sus ojos y haré obsequios a mi amor. Aunque el bien comunicado dicen que suele ser más porque de su amor me ha dado logra tu dicha en su empleo pues mereces ser su esposo, señor, como yo deseo. Siempre, Julia, lo esperé de tu voluntad y a mí y a mí me la debes y por ti. todo cuanto pueda haré Yo prometo darte esposo. si es que llego a merecer su hermosa mano y vencer. Tanto desdén riguroso y así pedirte querría segura de mi verdad tengas de mi amor piedad. Pues ves que de ti se fía como esta noche veré a mi prima, Julia hermosa. Es cosa dificultosa, señor, no me atreveré. A ser su esposo he venido. mi tío su padre gusta, y así cosa no es injusta pues he de ser su marido por el jardín me has de abrir a las dos ten abierta de mi ventura la puerta. Mayor mal se ha de seguir si a don Luis digo que no pues a la calle ha de estar y a don Juan esfuerza hallar y don Fernando quedó de ver a doña María que desdicha fuerte pena pero ya el amor ordena que valga la industria mía yo me portaré de modo y andaré en ello tan cuerda que con don Juan nada pierda y a don Luis le sirva en todo si tú, señor, prometieses como lo espero de ti. sólo obedecerme a mí y la palabra me dieses Haré de suerte que veas a tu prima. Ocasión loca. Deja, Julia, que mi boca ponga a tus pies: ¿qué deseas? Pide cuanto el pensamiento estienda su fantasía, cuanto en sí la tierra cría, cuanto obstenta el firmamento. Sola una cosa has de hacer fuera de lo prometido: de casarme, que un marido tanto obligue una mujer. En el jardín has de estar, señor, oculto hasta tanto —de mi locura me espanto— te avise puedes entrar. Y advierte que soy perdida, y pierdes tu casamiento si se conoce mi intento. Antes perderé la vida. Julia, guardaré el secreto. Pues como lo hagáis así Hallaréis, don Luis, en mí a vuestra esperanza efecto. Entrad que esperando están. Llegue amor a ser dichoso. Que don Luis entre es forzoso, no halle a Fernando y don Juan. La prisa que hemos traído. Vamos despacio, señor. Nunca es perezoso amor, Mateo favorecido. Dime, si esperar tenemos a que don Fernando diga a lo que su amor le obliga, es bien que nos serenemos. Yo esperando desespero. y más no habiendo afición mas va de murmuración, y será el tiempo ligero. La dama que vive en frente no sé yo porque es cruel, como el murmurar en miel, se me va pegando gente. Buena noche Quiera amor que en todo a posible sea Todo cuanto se desea va sucediendo, señor, ya don Fernando ha venido. Pues vamos de aquí, Mateo, ya se acerca mi deseo. En esa puerta escondido espera, que yo estaré a estotra calle, pues quiere mi fortuna que así espere. Vete y yo te avisaré. Dos hombres son solamente. Reconocerlos quisiera. Como es calle pasajera, irá por aquí esta gente. Ya se fue. Pues apercibe la seña. Ya estoy llamando. Ya abrieron. ¿Es don Fernando? Y el que de adoraros vive que como no puede estar sin alma, y vos la tenéis por vivir, es bien juzguéis que el alma vengo a buscar. Bien sabéis encarecer vuestro amor. Sé le decir porque le llegó a sentir. Yo no lo quiero creer, porque de otra dama ayer estimabais el favor, y así no será rigor el que lo llegue a dudar, porqué mal puede olvidar tan presto quien tuvo amor. Que si es fuego y alimento, es de este fuego quien ama, y es la belleza la llama a quien sopla el pensamiento, y más sería su ardimiento es el pecho bien se infiere, que quien del fuego no huyere y el pecho al riesgo entregare si a la llama se acercare que arder en su incendio quiere. Parece que a consumir llega la materia al fuego, y veréis que vuelve luego con el aire a revivir. De esto se viene a inferir que no me habéis de querer, porque se debe temer que al fuego de vuestro amor venga el aire del favor y se volverá a encender. Pero creed que agradezco el deseo que mostráis, y pues con él me obligáis ser reconocida ofrezco. Tan poco con vos merezco que así llegáis a dudar de mi fe, que os puede amar, porque otra dama ha querido. Mas si el acusa ha sido, que os quiero ha de acreditar distéis la antorcha aluciente a quien apaga la vida de una mano inadvertida curiosidad diligente, y que os iba por caliente para que vuelva a lucir y otro llama a recibir, si esa exhalación se aplica, otra luz le comunica su ardor y vuelve a vivir. Lo mismo en mi amor se ve que es luz del entendimiento, viose arder y al ardimiento apagó la poca fe de los celos. Y porque en sí conservó el calor viene a teneros amor que lo que exhaló mi fuego llegó a vuestra les y luego levantó llama el ardor, y así no habéis de dudar que os adoro y que os estimo. A un enamorado y primo el diablo puede esperar. Primo, déjame acostar. No debe de conocer mi amo que es menester descansar para vivir Pero pues esto es servir paciencia yo de ser. Pues yo satisfecha estoy de que es vuestro amor verdad. Idos con seguridad, Fernando, que vuestra soy. De ello la palabra os doy. A dios que siento ruido. Él os guarde dicha ha sido el suceso de mi amor. Vamos de aquí, gran favor mi esperanza ha conseguido. Gracias a Dios que se van, pero guardemos las gracias que no me voy acostar porque otro amante me la da. Avisar quiero a mi amo mas si el ojo no me engaña estese por dónde viene el es digo mi embajada. Ya don Fernando se ha ido. Que se quede o que se vaya poco importa. Yo, señor, no digo que importa nada, sólo digo que se fue. Así finezas se pagan, así el honor se atropella, yo soy quien te rinda el alma. Señor, ¿qué tienes? ¿qué dices? ¿Qué es lo que entre muelas hablas? ¡Ha cruel fiera enemiga! Ya se acabó mi esperanza. Mal haya… Espera y perdona que fe atajado el mal haya, y cuéntame lo que ha sido. Por aquella puerta falsa del jardín vi entrar un hombre. De poco, señor, te espantas, mas dime ¿no puede ser. que fuesa el tal de esa casa? Es verdad, mas ¿a estas horas? ¡Ay de mí! y ¿en esta casa? Imposible me parece. Así la seña llana llama que a los tres los dos bastamos. Pues ¿que ninguno me habla? No debe de ser a mí. Recogida está mi casa, entrémonos acostar. Mataréle. ¡Qué desgracia! Don Fernando. Que es mi primo, y escusada es esa resolución, no os conozca. Vista alma. Mirad que es don Luis mi primo. Don Fernando Mi duda a evidencia pasa, pues no me han de conocer. Cubrome muy bien la cara. hasta que a don Luis le diga mi amor no es cosa acertada que ninguno no me conozca. Dime, ¿cómo se acompaña tan presto con esta gente? Él ha estado en Salamanca otra vez y tiene amigos fue a ver alguna y a casa se ha venido acompañando. Mi duda con eso allanas. Mateo, si no me engaño, mira aquel talle y repara: ¿no es aqueste don Fernando? Él es, Señor, no te engañas. Pues que primo es el encuentro. Otro primo, que en la daza anda de amor esta noche. ¿Qué haré, pues de quien me agravia el tomar satisfacción es imposible? ¡Ha tirana! Con la cautela de primo así a tu amante disfrazas. Pero yo me vengaré con no verte. ¿A qué aguardan que no se van? Yo sirvo con don Fernando. ¿Por qué? que es locura extraña. Porque no cerró con el puesto, pues tuvo la misma causa deselos que yo… Señor, ¿por qué te enojas si él calla? No trae hechas pesadumbres [ y si responde verás que esa persuasión villana satisface la razón. Dices bien. De seña vaya. Don Juan Quiera el cielo que responda. Ves que abrieron la ventana. Llega, ¿de qué te suspendes? Hoy renace mi esperanza. ¡Qué recia imaginación! ¿Es don Juan? ¿Es doña Juana? Y quien alegre os recibe. Eternidad a que aguarda le parece lo que espera cuando ha de haber a quien ama. Bien lo habéis encarecido, que si por mí se juzgara el tiempo que os he esperado, desde que se fue mi hermana, fueron los instantes siglos Mi bien, no digáis más, basta, que para que esté contigo no es menester prisión tanta en vuestro donaire preso, dulce arder de mi esperanza. vive contigo el deseo y muriera si gozara libertad que fuera pena tener de vos libre el alma. Esta os consagra mi amor. Que no salga una criada Paciencia ahí a solas vaya. El amor sabe, don Juan, Si a dejaros voy forzada él os contará mi pena porque es fuerza que me vaya que breve con prisa el día. Es como os juzgan por alba que es temprano. No, don Juan, que ya el aurora desata la luz hermosa del día. ¡Qué rigor! ¿Mi bien, mañana no os he de ver? Claro está. Cuando más contento estaba quiso matarme un rigor. Qué poco rigores matan pero mira que se queda también del rigor la cama vamos señor a verla. Aurora no te tardaras cuando hablaba con mi bien lo que tardaste a esperarla que bien dice tu cuidado el gusto que te acompaña mas tienes viejo el marido. Mira que ofender la casa de doña Juana tu intento. De este jardín la puerta falsa han abierto mil deseos han de lograr hoy mis ansias. Espera, advierte primero que ofreciste a doña Juana disimular. ¿Cuándo viste que se los cumplen palabras? Sígueme, sabré quien es. Oye, espera, advierte, aguarda. Camina, señor, camina. Llave tiene que …? Primero le abrasaré en el fuego que me abraza. Dios nos de muy buenos días. ¿Qué haré? Que celos me matan. No fue en vano mi sospecha. Estos sin duda le guardan. En la puerta sentí un ruido y vuelvo a ver. ¿Esto pasa? Hombre en casa de mi prima mis celos piden venganza los dos que miro le esperan. Yo he de saber quién me agravia. Caballero, si yo soy a quien buscáis ya os aguarda mi valor ved, ¿qué queréis? Vuelva a vivir la esperanza ¿Qué es esto?¿Es don Luis? ¡Ay de mí! No en vano me recelaba. Del cuidado de don Luis vuelvo de Julia informada. Mas ¡ay cielo! No es cordura el embestirlos la causa las cuesta que se volviese a entrar no con sigues nada. Dices bien, esperar quiero, pues volvió abrir, a que salga y de mí por qué callara? ¿Qué se yo? ¡Válgame el cielo! Confusa estoy, pues la causa ignoro porque don Juan se detiene. Duda el alma. ¿Qué suspensión es aquesta? Pues conocerle no aguarda, volvámonos acostar. Aquí el honor de mi prima con mi detención se infama. Vámonos pues que se van. Vámonos pues. Vivid alma. Volved a vivir amor. Hoy tuvo el fin mi esperanza, no la he de ver en mi vida. Pues antes querrá y el alba me raya (¿) a mí si tú no volvieres a buscarla. Tan presto a verla te vuelves ¿no juraste de no verla? Mas juramentos de amantes escribe amor en la arena. Pues yo no la vengo a ver. Y esto qué quieres que sea. Dar esta carta a su padre porque al mío no parezca que tuve en darla descuido. A quien no te conociera lo podrás hacer creer, no a mí, que entiendo tus tretas. ¿Qué hay que entender? Yo lo sé. Si sabes esa es la puerta, entra y llama y si está en casa me avisa. No estará en ella, ni tú lo querrás tampoco. Que me cansas considera. ¿Sabes lo que me parece la carta? ¿Qué? Que hay en ella bula para doña Juana en que siempre puedes verla. ¿Qué es ver? A un contrito amante sucedió de esta manera confesose y apartose y al cumplir la sentencia su rosario fue a buscar y halló que perdido era el diablo sutil entonces pro el rosario le tienta que a las veces los demonios se valen de cosas buenas y de un rosario que había dado a su dama le acuerda y hace que para cumplirla parta por él de carrera y luego que los vio juntos aquí el refrancillo entra de el fuego junto a la estopa sopló y encendio la hoguera aplícame el cuento agora ves aquí que vas y a verla es esa carta el rosario por donde el diablo te lleva. Porque yo a su padre busco no es forzoso que la vea ni aun viéndola no es forzoso que sin mis agravios tengan(?) ¿En qué te canso? Cuando ves que es día de fiesta y que se va haciendo tarde. Tu porfía amor es necia con lo que mis ojos ven no han de valer tus cautelas. ¿Piensas que estás en Madrid? En vano amor me atormentas. No la he de ver. ¿Y la misa? Vamos a oírla. ¿A qué iglesia? A la mayor. Luego lo diré si está doña Juana en ella ¿no es mejor a otra? No, que solo me lleva el verla. Ves como fueron sus ojos Santelmo de tu tormenta con cuya luz tus recelos desecharon la fiereza porque te guiñó al soslayo tirando de sus rejas flechas que tu pecho encienden y un cupido en cada flecha. Quien a su beldad divina la voluntad no rindiera como a un enfermo sucede a quien la fiebre atormenta que conociendo el peligro al agua el lance lo entrega y bebe su propio mal si bien templar le desea siendo al ardor que le aflige el alivio quien le aumenta ansí yo de amor enfermo es forzoso que apetezca el peligro de quien huigo y que por los ojos beba el veneno de su vista que por alivio le tenga siendo a mi mal la templanza quien tras su ardor se alimenta. Mas ay que de verla me muero y he de morir de no verla pero por un pensamiento por una alabe sospechas su honor he de atropellar haciendo a mi amor ofensa siendo dudosa la causa y contingente que fuera claro está de cosa quien abrió a tal hora dos puertas pero salir del jardín por eso que no saliera si había de volver a entrar esta precisión es cierta vuelva a vivir la esperanza mi amor a servirla vuelva y examine la cordura pues es de honor centinela como propio el sentimiento y las dudas como ajenas. Gracias al cielo, señor, que todo al pie de la letra como lo dijo sucede disculpas hayan y vengan que amarla verla y dejarla fuera en amor cosa nueva. Que pocas veces se ha visto que quien por s no venza bastome amor tu porfía A menester poca fuerza que tu le das por vencido. Ven conmigo y burlas deja. Vamos adonde quisieres ya llegamos a la iglesia y ellos se vuelven a casa y don Fernando con ella. ¿Qué hemos de hacer? Que ponernos al paso que aunque nos vean no es en parte sospechosa. Lindamente lo conciertas. No paséis señor de aquí. Dadnos, señora, licencia Que os hemos de acompañar. El iros sirviendo es deuda. No es razón que se mormure. Quedaos, señor. La obediencia es siempre quien más obliga. Que soberana belleza. ¡Ha ingrato y cruel amante! Amor tu vitoria es cierta Sígueme, sígueme, ah Julia y di que a mi ingrata bella diga mi amor mi tormento su ingratitud y mi pena dile que por ella muero. Ya vuelvo con la respuesta. En efeto don Luis como os refiero mi prima hermana y alma de mi vida es su hermosura el fénix por quien muero a su donaire mi afición rendida y es desdén a quien rendirme espero su firmeza mi amor tiene ofrecida y al tálamo conduce de himeneo mi fe, mi inclinación y mi deseo cual fue el conejuelo pavoroso volverse de el peligro que va huyendo y al cazador se acoge temeroso buscando vida oír feliz muriendo yo así de aqueste basilisco hermoso de esta apacible remora temiendo ingratitud a su hermosura unida halló muerte donde busco vida. Yo pues a su beldad dichoso objeto mariposa a solas vivir procuro a su rigor mi voluntad sujeto de su correspondencia y seguro agradeció mi amor logre en efeto mi voluntad y como hiedra al muro se fue enlazando porque en primo siento falta recato y sobra atrevimiento. No a su belleza bárbaro accidente ha ultrajado el decoro su recato que mi deseo amando hidalgamente honesto sirve y corresponde grato que no y amor ni en … disiente? villano proceder que fuera ingrato solo y amor aquel en quien no alcanza mas que solo querer sin esperanza viendo mi casto amor mi fe creyendo pago en correspondencia mi cuidado y en reciproco amor los dos creciendo mi esperanza a su templo dedicado es paso de mi primo ser pretendo y por eso don Luis os he contado acreditando de mi verdad, mi intento, mi amor, mi bien, mi gloria y pensamiento. Y pues vos de la hermosa doña Juana mi prima habéis de ser dueño y esposo amparad mi intención y en gloria humana me permitid pueda vivir glorioso: solicitad la unión más soberana a que este lazo del amor dichoso dando lugar a mi afición que sea dueño de la hermosura que desea. De vuestro noble cuidado, de vuestra honrada afición estimo como es razón la parte que me habéis dado, la confianza que hacéis, agradezco y pues que gano ser Fernando vuestro hermano, quien os sirva en mí tenéis. ¿En quién sino en vos hallara, don Luis, alivio mi pena? Amor mis dichas ordena. ¿Quién sino es vos lo esforzara? hoy os debe mi adición la gloria de su ventura. Yo y don Luis os asegura mi amor su noble intención y por él llego a ofrecer queriendo mi prima hermosa que ha de ser infamada esposa. Vuestro honrado proceder asegura mi recelo. Por dueño a mí prima adora El alma. Vamos que es hora y nuestro amor logre el cielo. Es hora de que te viera. ¿Qué quieres? La ocupación de mi casa es la ocasión de no verte. Bien pudiera Tu ama por sola un hora darte licencia y podías pedírsela pues sabías los bardos de mi señora. ¿De qué esos males proceden? De tener un padre injusto y deudos que por su gusto con don Luis casarla quieren. Tiene amor y como empieza tal vez por locura amor. se le ha subido el humor a vivir a la cabeza. ¿Cómo con don Juan le va? Bien, aunque celos han sido mas ya satisfecho está y hoy le esperamos aquí asegurando cosas celos que quiere a injustos recelos el amor volver por sí. Pues cómo en casa le espera con tal riesgo se ha venido don Luis a ser su marido mirar por su honor le viera. Solas estamos en casa las dos por industria mía y ausente doña María quien ha de ver lo que pasa. Don Luis no lo ha de saber que con mi amo salió y por esto juzgo yo que a casa no ha de volver tan presto. A don Juan adora mi ama yo soy criada y estoy a hacer obligada lo que me manda mi señora. Y an(..?) sentir se debe pues escusar no podemos lo que culpa no tenemos y sobre nosotras llueve. Después de haber sucedido Los males se han de sentir Esto Celia has de advertir pero no cuando no han sido ella sale a responderte que tu recado le di y sabe que estás aquí. Otro día vendré a verte. Celia… Señora mía… Di a mi prima que estimado como es razón su cuidado. A saber tu mal me envía porque no puede esta tarde verte. Ya mejor estoy. Y yo señora te doy el parabién. Dios te guarde. Mucho tarda este galán. Como tu verle deseas juzgas que tarda, no creas que tal de a quien es don Juan que a mí me dijo Mateo lo mucho que este quería y que de verte pedía licencia y yo de esto creo de su voluntad lo firme y constante de su amor. No se, Julia, mi temor no quiere que lo confirme desde que fue mi hermano una eternidad ha habido o a mi lo ha parecido. Eso será cosa llana por tu deseo, señora. Fia más de tu hermosura de ese temor me asegura saber que don Juan te adora. Ay que desmayo me ha dado Dame, Julia, por tu vida Un poco de agua. Servida Serás desecha el cuidado que si el sentimiento llega a tanto y llevarte dejas de tus amorosas quejas es morir yo voy sosiega. Ya en mi alma mejor me siento o lo que me de este amor que presumido un rigor? al alma cause tormento. Hallarás la descuidada que este atrevimiento es mío. Yo de tu ingenio me fio. Mira que no sabe nada. Toma, Julia, esta cadena en pago de mi contento. Perdonad mi atrevimiento pues le disculpa mi pena. Señor don Juan… Al favor Que de vos es recibido viene a ser agradecido por tanta dicha mi amor. Vos venís muy lisonjero. No es lisonja la verdad. Julia Pues ya no hay necesidad de alguna dejar la quiero. Si somos uno los dos una la gloria y la pena sea de entrambos la cadena. Malos años para vos. Aquí es bien disimular, tu sola a mí me das pena que el pedirte la cadena ha sido, Julia, burlar. Siendo tan justo el favor el negarte fuera injusto. Yo sé don Juan que no es justo Que es muy niño vuestro amor. No habéis de juzgarle ansí cuando por dueño os estimo. Julia Mi señor viene y tu primo. Siempre desdichada fui. ¡Ay don Juan, qué confusión! Idos don Juan. No es posible sin verle. ¡Rigor terrible! Ya llegó mi perdición. Por tu honor me esconderé. ¿Hay dónde? No, que la llave de esta puerta está en la mía. ¡Qué desdicha! ¡Fuere lance! Pues no temáis, doña Juana, que en peligros semejantes siempre ayudó la fortuna vuestro esposo, he de nombrarme si estáis con vuestro marido el temor no os acobarde que con mi vida os defiendo. Temo, don Juan, el que os maten Ya tu padre entra y tu primo. De esta suerte remediarte tiene y tú disimula, porque es hacerlo importante. Villano viven los cielos que esta daga ha de sacarte el alma tú en esta casa. Reportaos, señor. Dejadme castigue desvergüenza quien portaba que a ver hacen un barro de agua que importa para que os ya alborotéis cosa a quien debéis respeto vos señores perdonadme por que un criado grosero groseros los amortaje? Es muy grave lo quería razón tiene de quejarse quien fue quien arrojó el agua que no ha de restar instante en mi casa. Yo señor. No veis de estar perdonadme quien advertencias obligan a términos semejantes ya veis que no está en mi mano idos allá fuera. Basta que solo la culpa tiene este criado ignorante que ocasiona groserías. No bastaba remojarme mas di por qué de sufrirse que sin decir nada acordarse de agua va un hombre honrado segunda vez le cristianen. Amor tuyo debes grande A industria y lo que consigues. Por vos reprimo mi enojo, Perdonadnos y mandadme. También yo he hecho mi papel. Caballero de mi parte me ofrezco a vuestros señores, seguro podéis mandarme y a don Pedro Maldonado mi tío también. No pase Con tan cuerdo ofrecimiento vuestra merced adelante. ¿Quién es este, señor don Pedro? Yo soy que queréis mandarme. Esta es señor vuestra casa a haberlo sabido antes no perdonara el delito de nuevo vuelvo a enojarme. Yo estimo vuestra lisonja. Qué bien la ocasión me vale. Y porque sepáis quien soy que es razón finezas pague sin que ingratitud me culpe ni la cortedad me ultraje. Sabed que yo soy don Juan Osorio y como es mi padre don Diego, a quien honra el pecho de Santiago el rojo esmalte y esta lo dirá por mí. ¿Vos soys don Juan? Abrazadme. Vos venís a Salamanca y no habéis venido a honrarme hoy con dos? en mi casa quéjome de vuestro padre Señor... No os disculpéis, don Juan, que no hay disculpa que baste, pues vuestro padre don Diego que es esta su casa sabe. Conoced al señor don Luis mi sobrino que a casarse con doña Juana ha venido. Dadme los brazos y honradme que soy vuestro servidor y sois —si se efetuase el casamiento— mi muerte. Vuestro soy que si obligarme fue parte la cortesía ya obligar loas nobles partes. ¿Qué agravios(?) Julia son estos? Todo es amor novedades oye veamos en qué para. Aquí escribe vuestro padre, mira por vuestra persona y como amo sola ampare una travesura dice que es quien ausentaros hace y mientras que se compone y seas en las amistades habéis de estar en mi casa de esta suerte satisface mi amor a la obligación en que estoy a vuestro padre no me habéis de replicar. Señor a merced tan grande no he de ser reconocido. Hoy se acaban mis pesares. Hoy empieza mi desdicha. Hoy mi amor será gigante. Id don Juan por vuestra ropa. Hoy por ella el cielo os guarde. Quien ha visto tal embuste. Ten lastima de mis males Julia que abrasan mi pecho celos del amor volcanes si alguna cosa te debo y si he podido obligarte aliviar Julia mi pena con esta cuadrs que sale a esta, pues has de ponerme y de suerte que escucharse pueda cuando con mi bien don Pedro y don Luis trazaren. Lo que puede una cadena. Vamos, iré por las llaves y a servirte, aunque el peligro se conoce, que es tan grande Oyen mi obligación y mi cuidado, pues ya su santidad ha dispensado he de lograr el fin de mi deseo. Que tan dichoso he sido aun no lo creo, señor, ya que la suerte ha permitido que llegue amor al tálamo dichoso mereciendo el feliz nombre de esposo dadme licencia que a mi prima ofrezca de nuevo el alma y que a sus pies rendido mi fe encarezca el bien que ha merecido. Llegad don Luis, decid nuestra alegría Hoy llega al cielo la esperanza mía. Pedidme prima albricias de mi dicha. ¡Ay de mí! Ya recelo mi desdicha. Aunque mi tío dilatar pensaba el desposorio. Acaba que dilatas Porque si ha de matarme no me matas. Sin ser vistos oiremos lo que pasa. Sabed que quiere hacerme más dichoso luego pretende que la boda sea Que luego desposarse. No sé cierto. Socorro amor que tu rigor me ha muerto mas oye que en mi muerte la sentencia pronuncia el juez en quien está mi vida. Señor, con tanta brevedad no fuera justo esperar a que salud tuviera que prisa corre lo mismo esotro día. Mira señor, propia desdicha mía Lo que ha de ser es bien que luego sea quien te da esposo tu salud procura. Que el casarse es medico que cura. A ayudarme a morir tu solo faltas aunque todo le sobra a mi desdicha pero que me congoja impedir quiero. Que necedad, que error tan conocido estima que le saque de marido. Que sufrimiento basta en tanta pena. Sufrir pues sufro y pierdo la cadena. Digo, señor, que es tuyo el albedrío y como padre obedecerte es justo. Eterna viva en mármol tu prudencia. Hoy en mi amor renace mi esperanza, solo quien no porfía es quien no alcanza. Como en llamas el pecho no reventa y ardiendo en ira me detiene un hielo si es cada pena el alma un monjibelo? como si en un volcán de sinrazones me abraso no consume mi fatiga la ingratitud cruel de mi enemiga como si un idra el corazón oprime no muero con dolor tan ecesivo, como con tanto mal muriendo vivo. Vamos don Luis. Adios, señora. ¡Ay triste! Buen suceso en tu amor, don Juan, tuviste. Vamos a que nos de el aire. Dime que tu engaño crea que tu fingimiento estima que tu desprecio no sienta ingrata cuando mi amor nave que al riesgo se entrega en tanto mar de imposibles, a tanto golfo de penas. Libre ya de la zozobra cuando ya al puerto se acerca eres remora alevosa y escollo adonde tropieza y deshaciendo deseos, y malogrando finezas anegar hoy la esperanza dando al través con tus fuerzas mudables irte engañosa déjame, no me detengas, déjame arrojar al agua que es mi remedio al ausencia. No me de ocasión mi agravio con detenerme a que sea escandalo de su honor a que el decoro se pierda. Óyeme don Juan, escucha. Dejad engañarme suelta que es fuerza que acierte alguna el que tantas veces yerra. Suelta porque daré voces hoy por mi mal se celebran con tu desposorio ingrata de mi muerte las obsequias, déjame que no hay remedio. Oye mi bien, oye, espera ¿Qué importa que la crueldad de mi padre ser pretenda contra mi propio dictame, tirano de mi obediencia? ¿Qué importa que rayo ardiente Vibre sueno gocen cellas? Si me ha de hallar su altivez laurel en la resistencia seré en lo invencible monte y así imperio mis potencias solamente han de ser mías para que más tuyas sean. Que si cobarde a mi padre le dije que dueño era de mi voluntad entonces respeto fue no fue ofensa pues hasta la ejecución tiempo al remedio no se queda y más quedándote en casa que antes en la azul esfera verás que se corjen… sembrar en el campo estrellas primero verás el que el oro causa a la avaricia penas cesara la antigua guerra que deje de ser tu esposa no hay para las almas fuerza mi bien, mi don Juan, mi dueño y posible que no pueda con vos aquesta verdad Deja de encantar sirena que por parecerlo en todo haces mar de lo que es perla que importa que su rigor constante laurel te ofrezcas si aunque le perdone el fuego villana segur le quiebra que aunque monte te presumas o roca te desvanezca si hay rodal que la deshace y al fin postras su dureza Tu padre cruel ingrata atropellando promesas será segur que te rinda será randal que te venza solo yo morir espero pues permite tu tibieza que de mi mal es testigo que este desprecio padezca mas cumpliré con tu padre, vendré a tu casa y apenas me verá en ella la aurora cuando salga huyendo de ella que si he de huir corriendo no podré donde te vea. Dejenme a don Juan, Mateo. ¿Cómo es posible, aunque quiera? Anda y que vuelva le di. Yo no podré hacer que vuelva. Si podrás, he por tu vida… No podré y para que veas que no puedo obedecerte hoy señora una cuenta que no siempre ha de ser cuenta caminaba a la ligera un gran señor iba en mulas y acertó a ser una de ellas cosa? cupole a un criado a quien el señor quisiera que fuese siempre a su lado y aunque hacía la diferencia No se meneaba la mula siendo al tal criado fuerza no poder obedecerle siguiendo al fin su carrera el señor y no le viendo andar, andar le busca y él por darle gusto entonces hallaba en sangre la espuela y con lugar de caminar aquí cae y allí tropieza tanto que eligió por medio dejarla y seguir su flema enojose el amo y dijo por dios que es muy linda flema anda y decí que camine fueron y él dio por respuesta ese recado a la mula y yo a ti doy la mesma dale a don Juan el recado para que yo te obedezca. Dile Mateo a don Juan que mi desengaño crea que aunque me juzga mujer es razón también que advierta que soy mujer con amor. que es otra naturaleza que es el que en el aljibe quien mi libertad sujeta si tiene efeto ausencia mas no, no le digas nada. llore el alma sufra y sienta que el que es amor verdadero no atiende a correspondencias y oso por mi le quiero el quiérame u no me quiera. Vete. Adios. Espere, espere. Si no mirara a una dueña Que me está haciendo del ojo y si era… Diga que hiciera. No me hubiera detenido porque antes ido me hubiera. Pues porque oído el enojo Sabiendo que soy tu prenda. Porque se enojó mi amo Y he de rendir su (…?) Que ya con quien ven tengo y ella con quien queda queda. ¡Ay de mí! pero que dudo todo el amor lo atropella don Juan es mi propia vida si ofendido me desprecia satisfecho en dulces lazos serán ternuras sus quejas y los que agravios presume los conocerá finezas. Dame un manto y no repliques. Mi fe dirá mi obediencia pero repara primero. Nada me aconsejes necia. Mira si hay gente en la calle. don Juan, señora, que espera. Amor mis dichas concierta. En todo he de obedecerte. Que lágrimas no te besan amándola no te rindes favorecido te alejo de bronce tienes el alma y el pecho tienes de piedra. ¡Ea señor! ¡Ay de mí! Pluviera al cielo pluviera Adios, que yo no la amara pues con eso no sinitera verla en ajeno poder. Oyme que no se llevan estas cosas por capricho razones quien los gobierna y escúchame una razón. Siempre en esta calle encuentran mis celos un embarazo siempre este hombre me atormenta y nunca he averiguado la verdad hoy mi sospecha ha de salir de su duda ates que llegue a evidencia a esta parte me retiro. De mi toda vengo muerta Oídme señor don Juan. mis dudas salieron ciertas. Pues como señora ansí Nada hay que admiraros pueda mas, ¡ay de mí! aquesa dama me esfuerza conocer en esa casa de adonde sale la esfera adonde de mis pensamientos sus esperanzas alientan su amante soy y su deudo o por su amante desea mi recelo averiguar tanto linaje de penas o por su primo y así y así mirado lo que os aconseja vuestro valor, porque el mío solo a castigar espera o por celos el agravio, o por honrado la ofensa. Caballero, aquesta dama, ya que mi dama sea o ya que no la conozca que puede ser todo fuerza o poco amante entregarla o cobarde el dejar verla si por amante me toca castigar vuestra soberbia. Si por quien soy es preciso ampararla y defenderla estas dos cosas me obligan y puesto que por cualquiera de estorbar vuestro intento o cuerdamente resuelva la razón en vos la deuda o bárbaramente quiera arrojarse a un imposible que en mí hallaréis la defensa pues solamente la espada es de los honrados lengua. ¡Ay de mí! Mi honor peligra. Su reputación refrena mi colera y el castigo no os doy aquí por respuesta los dos somos caballeros, conmigo a casa se vuelva esta señora o los dos la llevemos pues es serla y después sabréis que basto en el campo adonde quiera que os pareciere a tomar de resoluciones necias. Cuerdo la satisfacción si brioso sé emprenderla. No me está eso bien a mí aqueste criado sea quien la guarde pues así ni yo ni vos va con ella, y vamos donde quisieréis. Para mí no es conveniencia pues es el criado vuestro. Don Fernando, de pendencia Y con don Juan. Caballeros. Ya mayor es mi tragedia. Ya es mayor mi obligación. ¡Oh a qué buen tiempo que llega don Luis! Guardadme esta dama. ¡Oh fortuna y cuanto apriestas! Ni don Luis la ha de guardar ni la ha de ver aunque muera. De dos riesgos el menor sea de escoger este sea. Yo soy mirad por mi honor cubríos antes que os vea que ya importa a don Luis Ni os conozca ni lo entienda. perdonadme caballero que la pasión no le deja ni a la cordura el arbitrio ni con celos hay paciencia, yo presumí que esta dama otra a quien adoro era mas ya de ella satisfecho perdonad mi inadvertencia. Vamos don Luis y después os buscaré que le queda al honor averiguar. De la suerte que convenga daré la satisfacción. Pues esa dama se vuelva y yo la he de ver entrar. Ya me espantaba a que hubiera dados el señor don Juan ocasión para la queja que es a quien debemos todos honradas correspondencias y desde hoy es nuestro huésped. Nunca vos lo agradecierais Si supierades quien es. ¿Quién vio tan grandes quimeras? Guardeos Dios. El cielo os guarde. Mirad, don Juan, mis finezas. Vamos, don Luis, bien se ha hecho. ¡Ay, amor, lo que me cuestas! No quieres que me admire y que me espante si te conozco amante de doña Juana y vives en su casa donde a tu pecho su hermosura abraza tu afición ya es locura pues que tu ardor alivio no procura y más cuando Fernando satisfecho se fía de tu pecho conociendo que no es doña María por quien amante fue su bizarría. La ocasión de arriesgarse creyendo que fue acaso el encontrarse quien disimula con beldad que adora su sentimiento ignora los afectos de amor o poco siente que mal puede ocultarse el accidente que la pasión provoca si es fuego que se exhala por la boca. Llegaste a verla, amarla mereciste la libertad perdiste solecito a decir tu amor llegaste correspondencia en su rigor alzaste y huyes de su hermosura quieres su mal cuando tu bien procura. Ea señor cuando valor ha sido ofender a un rendido ingratitud no muestras si suspiras estima su belleza y pues la adoras paga su fineza ¡Ay Mateo, quién vio sus ojos bellos. y rindió el alma a ellos y en su donaire halló apacible trato, como ha de ser a su belleza ingrato! Amor, que sufra ordena y oculte mi dolor para más pena. Vivo en su casa como ves y quiero aunque por ella muero el ser huésped leal ser fiel amigo, y aunque en la acción un imposible sigo y a doña Juana ofendo espero de una vez vivir muriendo. Porque, como vivimos juntamente don Luis y yo si ante mayor tormento el alma que ignorante que soy como el de doña Juana amante su amor me comunica. y a mis pesares celos multiplica. y aunque es verdad que haberse dilatado el casamiento ha dado a mi esperanza, alivio en su tormento deseándolo su padre y don Luis siento que él sí que dio forzada ha de cumplir a mi pesar forzada. Pues si esto fuese así que mayor pena si haberlo me condena mi desdicha permítanme los cielos, pues es forzoso que me abrasen celos que ausente mi amor muera que es menos mal y muerte menos fiero. En fin, nos hemos de ir y tierra en medio eliges por remedio de tu tormento. Sí, que no le viendo mal me dejara que estoy temiendo porque menor se siente llegándole a saber que no presente cuerda elección resolución honrada y será la jornada. Pues para mi quietud importa, luego que alivie es fuerza el amoroso fuego que matarme dispone Pues dígole a tu amor: Dios te perdone. Gracias a Dios, que ya te has despedido de huésped y marido. Gracias a Dios qué mudas pensamiento que puedo murmurar del casamiento. Oye, pues los enfados que consienten y sufren los casados que mientras viene aquesta dama duende. que ser vista pretende sin que sepas quienes te diré en breve. el enfado mayor, que haya quien eleve dejó aparte preñados, antojos, niños, suegras y cuñados cuando esparciendo perlas el aurora de luz los campos dora y renaciendo a nuevo ser las flores la saludan canoros ruiseñores, y de su viejo esposo el pecho deja y tálamo amoroso. ver levantar a una mujer lozana. de un faldellín de grana rebozada echa moro y un birrete de una liga pastica por copete en chapines o a veces en chancleta. Sentarse en la silleta a la jineta. y volver tintando y zampuzarse en la cama y llegarse a enfadar otra vez con nuevo intento dirigiendo a otro fin su pensamiento. y el marido cuitado por cobijarla embadurnarse untado. Vive Dios, que es un puto el que se casa sabiendo que esto pasa un zurdo, que es peor si vivir quieres. sólo ha de ser casado no lo esperes, porque es tormento eterno y es el mejor vivir en el infierno no hay mayor ni puede gloria hallarse como a gusto casarse dichosa religión es, no hay duda, y la que más a la quietud ayuda viviendo sin recelo porque es seguro estado para el cielo. ¡Ay, doña Juana, dueña de mi vida! ¡Apacible homicida! ¿Yo he de dejar tus ojos? ¿Yo ausentarme? ¿Cómo ha de ser posible, sin matarme? Más permitirá el hado para más muerte vida a un desdichado. Dejándonos, señor, de estas quimeras porque a esta dama esperas sin conocerla, y más en esta casa y cuarto de don Luis, donde se pasa alguno que lo diga. ¡Ha doña Juana! Acaba tu fatiga. Más ya no hay que esperar, que ya ha venido. ¡Qué puntual ha sido! Bizarro talle, bravo frontispicio, de tarasca su garbo nos da indicio. Desvía, majadero. Si están solos pregúntalo primero. Como después de negra noche fría sale luciente el día, vuestra hermosura de ese negro velo saldrá a ser de mi noche claro cielo. ¿Estáis solos los dos? Sí, mi señora. Pues solo estáis, sabréis quién soy ahora. Señora… No os turbéis, que no he venido a turbaros, que ha sido saber, señor don Juan, vuestra partida ocasión solamente de mi venida. Sentémonos. Ya es largo su viaje. ¿Por qué? Llegó un embargo. En esa cuadra adentro te retira. Tu honor, señora, mira. Esa advertencia, Celia, es barbarismo: no hay guarda del honor como honor mismo. Segura estoy conmigo, sólo la voluntad es mi enemiga. A obedecerte voy. …? Oye Mateo: Logre amor mi deseo. A esa dama entretiene. Mateo Siempre fui amigo, desclasarme de ser de amor testigo. Aquí nos estorbamos, ¿quieres ver el jardín? Sí, quiero. Vamos. Que estrañéis mi venida no me admiro, tanto puede un retiro y ingratitud tal vez nos facilita imposibles, haciendo que remita, sin recelar agravios, una mujer venganzas a los labios. Yo, pues, señor don Juan, de bosquejos os previne dudosa, que vuestro amor oyese mi fatiga con Celia, que es criada de una amiga y con quien vengo a veros, pero sin intención de deteneros, sino obligada de mi noble trato conociendo os ingrato. Que como el pundonor su duelo tiene y por descanso a un hombre le conviene o materia de estado le den satisfacción si está agraviado. Yo así menospreciada no, no pido satisfacción, que ha sido obligación el dárosla y intento que descanse mi agravio en mi tormento para mayor consuelo; que esta es también de amor la ley del dueño. Digo, pues que por dueño os he estimado, por vos he despreciado a mi primo don Luis, que os he querido, vuestra mi voluntad en todo has ido. Por vos no tengo esposo; ya el serlo don Luis será forzoso, que es justo agradecer tanta fineza pagando su firmeza con recíproco amor, pues le merece, y pues ya mi rigor la mano ofrece a quien por dueño estimo: salid del alma vos y entre mi primo. Si vuestro amor correspondido hubiera con la fe que debiera y como amante osado se restara yo misma mi recato atropellara, y fuera agradecida, mas he querido yo sin ser querida. Pero no importa, haced vuestra jornada, que yo quedo vengada con que sepáis, me caso, que es preciso sienta un hombre perder lo que bien quiso viendo que en otros brazos dos almas une amor en dulces lazos. Idos con Dios, que ya queda mi pecho de agravios satisfecho. Guárdeos, señor, el cielo y si sentido acaso habéis mi firme amor perdido. De vos tened la queja, pues es cobarde quien su dama deja. No os habéis de ir, ni es razón. A vuestro asiento volved y de vuestra injusta queja la satisfacción oiréis, que si a vos cómo decís os ha obligado le ley, del duelo de amor a mí me llega a obligar también, que como amante milito debajo de su desdén y busco a mi mal alivio. Pues es fuerza el padecer de mi firmeza os quejáis y cargo a mi amor hacéis de que a don Luis vuestro primo por mí despreciado habéis, y con él os desposáis, puesto que os casáis con él, para que es satisfacciones ociosas vienen a ser. ¿Qué satisfacción mejor que vuestra mano? Que es por quien vive la esperanza que amante os sacrifique. Y pues esta no me dais, bien claramente se ve vuestro engaño, pues mudable a la lealtad más fiel, a la voluntad más firme a la más constante fe que alma y libertad os rinde ingrata correspondéis. A mí no me habéis querido ni a don Luis, solo queréis como mujer el casaros que viene en todas a ser general este deseo, y el casamiento es por quien os mostráis agradecidas. Y afables correspondéis y si a la que más constante llegasen a proponer no a su amante por esposo sino a otro galanes cierto que aquel se rinde sin mirar ni conocer finezas ni obligaciones, más que esté solo interés y si este no se efectúa y otro la proponen que con este fin la desea también la llega a querer que como todas casaros solamente pretendéis. y lo conseguís con todos no es difícil dentender que sin mudar voluntad A todos juntos queréis más importa no casaros que ausente me vengaré y pues amor no os obliga sino un deseo cruel, de mi venganza vos misma el instrumento seréis, que es forzoso padezcáis, pues sé qué le aborrecéis y casada con don Luis satisfacción tomaré de un rigor no merecido, de un ingrato proceder, de una voluntad fingida y de una mentida fe. Ya podéis iros con Dios, pues satisfacción tenéis yo de vuestro amor la tengo. muchos años os gocéis, ya yo no me quiero ir que a mi amor no le está bien, cuando sois vos quien me deja que de ingrata me culpéis. ¿No es ingratitud casaros y dejarme padecer? No, pues me dejáis morir y no me queréis valer Yo porque os casan me ausento Yo me caso por ver vuestro desprecio en mi agravio. No, sino porque queréis. Yo me iré que poco importa. Casaos, doña Juana, pues que aunque vivís en mi pecho, poco a poco os sacaré del alma. Espera, espera: ¿luego afición me tenéis? Pluviera a Dios no os quisiera. Pues don Juan, si me queréis, yo os quiero y temo a mi padre. Ved qué remedio ha de haber. Que darme la mano a mí. Porque conozcáis mi fe, esta es la mano y el alma. Tuyo soy y lo he de ser. Don Luis tu primo. ¡Ay de mí! muerta soy, si aquí me ve. Don Luis seáis bienvenido. Y vos norabuena estéis. El suceso más extraño os he de contar después que jamás hayáis oído. Esta, señora, que veis, o porque soy forastero o por amor que tal vez se conforman las estrellas, dice que me quiere bien. Vos venís en ocasión que estorbo a los dos seréis y porque no lo seáis hacedme don Luis merced de volveros, que despacio el suceso os contaré. Idos idos por mi vida, que después sabréis quién es. Buen talle, tiene buen talle, muchos años os gocéis. ¡Vive Dios, que se ha turbado! Si la intenta conocer, la vida le ha de costar. Corazón, teneos tened no puede ser doña Juana. Más que un vestido ha de haber, aunque vos no le hayáis visto. Claro está no puede ser. En mi vestido parece que repara. Idos ¿qué hacéis? Esperad que ya me voy. ¡Válgame el cielo! ¿Qué haré? Este sospecho me aflige. Noble soy, ya lo dudé. Saber tengo si es mi prima, pues que lo llegué a temer. en gran confusión estoy. Don Juan es noble también y si lo intento es forzoso haberlo de defender, y que no es mi prima es cierto. Yo me he de satisfacer. Pasar quiero por delante y así saberlo podré. Bien digo, don Juan, yo tengo necesidad que me deis licencia para sacar ciertas niminas que a mi prima he de llevar. Perdonad, que yo seré tan breve que no os estorbe. De esta suerte averigüe mi recelo. Vive Dios, que nos hemos de perder que ya es mi honor su defensa. En talle, en vestido es mi prima, necia ilusión. Honor, ¿qué habemos de hacer? Que irla a buscar a su cuarto, y si no estuviere en él bajar y quiera o no quiera morir o saber quién es. Quedaos con Dios que ya vuelvo. Este el remedio ha de ser, y porque no se me vayan mientras vuelvo dejaré por espía a mi criado. Gran mal ha de suceder. No hará, no tengas recelo. Todo el peligro escuché. Arriba sube furioso ¡Ea pesares! Corred a matarme, que uno es poco, venid todos de tropel. ¿Qué hacemos en tanto aprieto? Pues no se puede esconder ni salir, porque un criado deja por espía fiel. Yo me retiro allá dentro y si es que puedo sabré de Julia lo que sucede. Anda y procuralo, pues. Ven conmigo que tú sola eres quien me ha de valer. Favoréceme fortuna, pues hoy me rindo a tus pies Ya te sigo. El miedo es grande. ¿Adónde me esconderé? que una mala sabandija, que un demonio de mujer en tal aprieto nos ponga. No temas repórtate. no me hagas cobarde a mí. porque se ha visto tal vez si es cobarde el compañero serlo el valiente también sosiega, vuelva o no vuelva. ¿Que es gallina? Vuelva, pues, y verás quién es Mateo. Eso sí; mas quiero ver si puede irse doña Juana. No puede, señor, porque el criado no ha perdido la puerta un punto. ¿Qué hace? Yo nada, señor. Ya en mí desdichas logrado habéis vuestro rigor otra pena, mas con morir cumpliré. La vida me ha de costar y he de examinar quién es. Matemonos norabuena si lo intenta de ofender. Señor don Juan… ¿Qué mandáis? Decídme lo que queréis. Yo he de ver esa señora. Yo no la he de dejar ver. Yo vengo determinado, y ninguno ha de poder estorbarme que la vea pues solo yo he de poder. Celia quien toyo tembamente De esta suerte Suspended. Caballeros, repartid. ¡Válgame el cielo! ¿Qué ven mis ojos? ¿Hay tal embuste? ¿Ya qué tengo que temer? victoria amor por los celos. Hoy, fortuna, fijaré con clavo de oro en tu rueda mas ¿qué no hará una mujer? Con qué admiración don Juan, suspenso alegre y cortés me agradece con los ojos salir del riesgo, también don Luis gozoso me mira. Temeridad, no llaméis al valor, pues hoy alcanza el desengaño que veis. Todo en los riesgos es dicha. Don Luis Yo quiero satisfacer a don Juan. Pues que don Luis de mí no puede tener queja en tales desengaño   y del riesgo me libre, con él he de bizarrear. Don Juan, amigo, creed que estimo vuestro valor. No quiero que perdones mi acción que la estimo en mucho pues aquí sin alma entré y a vuestra resolución debo vida honor y ser. Vos, señora, perdonad, y en mí un esclavo tenéis al favor agradecido que al señor don Juan hacéis, y yo como interesado riendo el alma a vuestros pies. Bien hayan resoluciones. Dudé, si la causa sé de sus celos, Dios os guarde. Yo estimo cuanto ofrecéis, pero me tenéis confuso por no llegar a entender la causa que os ha obligado. Mas yo os perdono porque, si se ofreciere ocasión, vos a mí me perdonéis. Agradecele tú Celia, lo que por mí llega hacer. Por lo que a don Juan estimó mandarme, señor, podéis que a mí también me obligáis y a don Juan correspondéis, y pues que yo soy la causa del disgusto razones que ahora también lo sea de que en amistad quedéis. Daos las manos. Yo soy vuestro. A vos os llego a deber más de lo que presumís. No lo sabéis vos muy bien. A mucha dicha he tenido llegaros a conocer, señor don Luis, y así ahora darme licencia podéis que es hora de que me vaya. Yo os tengo de obedecer. iros no viendo? No es justo que solo a don Juan dejéis. Yo también he de ir con vos. Pues que vais permitiré hasta en casa de una amiga solamente. Vamos, pues. Mira, don Luis, que os suplico que a don Juan me le guardéis mucho, no me hable con nadie. No, no, yo os le guardaré y de ello os doy la palabra. Cierra y con nosotros ven. Yo, yo tendré cuidado, cómo lo mandas lo haré. ¿Qué te parece mi industria? Que el diablo no pudo hacer otro engaño semejante, pero no era menester. Pues ya te habrás retorcido y aquí no te había de ver. Yo tendré la razón porque si a buscarme fue por satisfacer sus celos cierto es que habrá de volver no hallándome, y si él aquí no vía a quien pudo ser ocasión de su recelo. su duda quedaba en pie. Y escrupuloso mi honor mira si salir podré. Bien podrás que ya se han ido. Bien el engaño logre. En gran confusión estoy. Julia, subir tan alborotado don Luis, gran peña me ha dado. A saber la causa voy. Toma este manto. Señora, ¿cómo con don Juan te ha ido? Felizmente ha sucedido, amor mi suerte mejora. Ya tendrán fin mis enojos. A verte don Luis subió y como aquí no te halló fuego echaba por los ojos de cólera. En que me vi. ¿Lo que fue no me dirás? Después la ocasión sabrás. ¿Viste a don Fernando? Sí, que en todo permite amor hacer mi suerte dichosa pues consigo en ser su esposa el bien del alma mayor. Él fue con resolución de dar a mi padre cuenta y en fe que ha de ser alienta la esperanza a mi afición. Que aunque mi primo no fuera por su hacienda y proceder se debiera apetecer y estimación se debiera. Claro está que duda tiene con este conocimiento, que se hará mi casamiento y que en él mi padre viene. Este, en fin es el concierto. Dame hermana el parabién, pues yo te le doy también, de mi diestra y de mi acierto. Sea hermana enhorabuena. Gran deseo hemos logrado. ¿Cuál es? Habernos casado. ¿Qué es el que nos da más pena? Hoy mi amor ha de saber de mi prima la ocasión de no estimar mi afición, aunque la llegue a perder y resulte al alma daño. No más pesar, no más celos, que no siempre en los recelos está a punto el desengaño. Prima, mi esperanza vive incierta de tu desdén, solo sabe querer bien mas no como se recibe. Hoy mi temor se apercibe a morir, y así porfía de esa dulce tiranía el desengaño entender, que aunque es gloria el padecer es en mi amor cobardía. Deidad oculta hay en tí que a mi amor fuerza adorarte no fue elección, no el amarte impulso de estrella así. Antes te amé que te vi, mi amor fue naturaleza, si te ofende mi firmeza nacida de tu hermosura, no culpes quién te procura, culpa sólo tu belleza. Tu rigor mi fe castiga, mi amor por ser tuyo anhela, ni a mí tu desdén me hiela ni a ti mi dolor te obliga para que en esta fatiga le alabe nuestro dolor: yo consiguiendo mi amor, tú logrando tu crueldad. O toma mi voluntad o préstame tu rigor. Aunque yo olvidarte quiera no es posible que la llama en quien mi pecho se inflama vive en tu beldad primera; en amarte persevera y procura obedecerte. Y aunque arriesgando el perderte por no disgustarte quiero omo recibes mi muerte. Don Luis, en la dilación podéis haber conocido lo que preguntáis que ha sido en mi falta de afición querer sin inclinación. Ya veis que no puede ser, yo no os la llegó a tener y así por desengañaros no porfíes, que es cansaros que no os tengo de querer. Es en la pena del afecto mío, tan terrible el dolor del mal que siento, que crece con el mal el sufrimiento y morir no me deja, aunque porfío. Mi prima ¡Ay, cielos! fuerza mi albedrío y amor que al alma causa el ardimiento ni me acaba la vida ni el tormento, y así de la esperanza desconfío aunque frustrar mi pena solicite. En tanto mal la crueldad delado al alma esta piedad no es permitida, solamente a mi dicha se permite vivir, porque la muerte he deseado. morir porque deseo tener vida. mi señora no está aquí y con don Luis he encontrado. Julia, a buen tiempo has llegado mi esperanza estriba en ti. La industria me ha de valer; mi prima a mi firme amor corresponde con rigor: esto procuro vencer. que no es bien haber venido a ser su esposo y burlarme mi prima, cuando el casarme nuestros deudos han querido. Y mi tío bien pudiera, pues que ya me conocía, saber antes si quería que yo a sus ojos volviera. Ya toca en reputación no conseguir el efecto que arguye en mí algún defecto dilatar la ejecución y así con tu ayuda quiero este imposible vencer. Oye pues como ha de ser la felicidad que espero: esta noche cuando el sueño quiera rendirse al cuidado, he de entrar determinado, que ya es preciso este empeño, donde mi prima estuviere y procurar con terneza llegue a estimar mi firmeza. Y si mi amor no admitiere, por fuerza la he de obligar a que voces se defienda hasta que su padre entienda mi amoroso porfiar. Y entrando, pues es forzoso, la casa, don Juan mi tío, de mi atrevimiento fío conseguiré ser su esposo la ha de obligar a casarse pues es fuerza el murmurarse que a su deidad me atrevo y así con seguridad lograré mi firme amor, obligada por su honor. Cuando no por voluntad con esta industria procuro tener el fin que es razón con que a mi reputación que no padezca aseguro tu ayuda me ha de valer. No tienes que replicar, ya no tengo que esperar pues no espero aborrecer. Señor, siempre he procurado servirte y has conocido de mi fe que he pretendido ver tu deseo logrado. Si para su ejecución necesitas de mi ayuda que la tienes es sin duda, tuya es mi resolución. Servirte me importa a mí. Entra pues muy en buen hora que en lo demás mi señora ello mirará por sí. Mi hacienda es tuya y mi vida de todo has de ser el dueño, y aun es servicio pequeño si es confianza de vida. Yo esa merced agradezco. A don Juan tengo obligado que casarse ha procurado, también a los dos me ofrezco. Nada vengo aventurar, si a quien fuere su marido quien fuere de agradecido por fuerza me ha de amparar. Y pues ya el oscuro velo de la noche cubre el día Quédate a Dios, Julia mía. Julia Guárdete, señor, el cielo. Conmigo, pues has de entrar ¿Para qué puede ser bueno? ¿Qué temes si vas conmigo? El salir conmigo temo más yo. ¿En qué soy menester? Para que si algún recelo puede haber de mi osadía, juntos los dos nos libremos. Yo defenderé a los tres. Tú entre tanto con mi dueño has de procurar librarte Si en eso soy de provecho, pues ya mi valor conoces; a servirte estoy resuelto. Ya estamos en el jardín: abrir el postigo quiero pues la noche nos ayuda. Entra pues que ya está abierto. Viento en popa la fortuna lleva, señor, tus deseos. Detén, aurora tus pasos, no dores ese hemisferio así en brazos de tu amante goces purpúreos desvelos. Esta noche quiere amor dar a mi esperanza el premio, y esta noche me asegura la dicha que amante espero. En silencio está la calle, rumor de gente no siento, llamar quiero por si es hora que cuando se espera el riesgo es valor anticiparse pues se excusa por lo menos la pena del esperarle y se aventura el suceso. Ya parece que a mi seña han respondido; bien puedo, amor, ofrecerte un alma en las aras de tu templo, dichoso yo con razón pues que conseguir merezco el mayor bien por quien vivió y la vida por quien muero. ¿Sois vos dueño de mi vida? Y quien es esclavo vuestro, que a vuestros ojos rendido la libertad os confieso. Ya es ociosa esa lisonja, excusad los cumplimientos pues por esposo os omito y os estimo como dueño. Poco os queda que esperar que ya se va recogiendo la casa y a doña Juan retirada en su aposento lugar ofrece a mi amor y mi padre hará lo mesmo Pues ya don Luis le ha dejado. El postigo queda abierto, por él entraréis después, y mientras que a saber llego si acaso están recogidos, que tengáis paciencia os ruego. Mi voluntad es la vuestra y así en todo os obedezco. Pero ¿qué ruido es aquel ¡Hola, Fabricio, Laurencio Dadme una luz, en mi casa castigad su atrevimiento. ¡Ay de mí! Mi padre es éste? Y es el alboroto dentro. Pues está la puerta abierta, yo sabré lo que es bien presto. ¡Villano, huésped infame! Hoy a de verter mi acero tu alevosa sangre el alma, te ha de arrancar del vil pecho. Tampoco de mí confías. ¡Repartaos! ¡Teneos! ¡Teneos! Aquí estoy en tu defensa. ¡Repartaos! ¡Teneos! ¡Teneos! ¡Ay de mí! ¿Qué es lo que miro? ¡Ingrato, mal caballero! ¿Así tu fe corresponde? ¿Así se pierde el respeto? Alenor mas puso y limpio que en la memoria del tiempo escribe en bronce la fama. ¿Así pagas los deseos de mi amistad? Con injurias, con agravios a honor hechos. ¿Tú a mi prima te atreviste? Yo castigaré soberbio tu loca temeridad, tu atrevido pensamiento. Paso don Luis, ¡Vive Dios! que a no mirar a don Pedro que como a señor estimo y como a padre venero, que a vuestra arrogancia loca fuera castigo pequeño daros mil veces la muerte y vuestra amistad ofendo y mi sangre correspondo, pues estimo como debo por esposa a doña Juana qué más agradecimiento de mi lealtad que elegiros por amigos y por deudos antes que yo os conociese la amaba y en este acierto el alma y sus tres potencias por esposa la eligieron sin ofensa al amistad. Entonces, no conociéndoos conocí, pues esta casa supe vuestro amor a tiempo que era imposible olvidar ni era obligación hacerlo, pues no la quise por vos. ni el ley de amistad hay duelo para que yo os de mi dama ni lo hiciera que es muy necio quien deja correspondido lo que ha de sentir perderlo porque argüir cobardía poco amor o menosprecio. Doña Juana es ya mi esposa, si queréis que nos matemos remitid, pues la venganza no a la lengua, a los aceros. Paso don Juan. Ea don Luis, ya a lo hecho no hay remedio del agravio de mi casa. Yo me doy por satisfecho, pues en don Juan ha caído hacer lo mismo del vuestro si vinisteis a casaros. Que lo consigáis pretendo a gusto de vuestro padre de quien que os case es intento con una de mis dos hijas. ¡Ay de mí, Cielos! ¿Qué es esto? Doña María es hermosa, en virtud y entendimiento es igual a doña Juana, el dote es también el mesmo; nada perdéis, solo os falta la voluntad, y esa el cielo os la dará tan cumplida como de esa mano espero. Antes me daré la muerte. No tenéis que estar suspenso, ya don Juan es hijo mío y como a tal darle quiero los brazos. Dale la mano. Soy tu esclavo. Y tú mi dueño. No hay contra la suerte industria. Paciencia amor, pues te pierdo, pero no se pierda todo, y pues amistad le debo a don Fernando, conozca que hay en mi agradecimiento: goce con doña María sus amantes pensamientos, que una mujer poco importa la amistad, no aventuremos porque un amigo es lo más y una mujer es lo menos. Señor, ya que en mis pesares mostró fortuna su imperio derribando mi esperanza, torre que funde en el viento, estimo en doña María y como es justo agradezco pues en calidad y hacienda en hermosura y ingenio es igual a doña Juana, tiene equivalente premio. Pero aunque sus muchas partes son bastante desempeño a cualquier burlado amor, del mío, señor, confieso que aunque le saqué del alma que es imposible remedio no he de hallar quien me la ocupe porque es mucho lo que pierdo no es desprecio de mi prima. Yo que la servo y quiero que con tu licencia sea hoy don Fernando su dueño, que sé que los dos se quieren, y conseguirás con esto dos hijos para tus hijas, dos dichas en un tormento, dos glorias en una pena, y a mí obligarme de nuevo. Celebre esta acción el mundo. ¡O, amigo el más verdadero! Cante tu valor la fama. Yo, señor te lo ruego y que me perdones pido pues son de amor estos yerros. Pues que don Luis lo permite, daos las manos. Y contento partiré desengañado de que no hay humanos medios: no hay contra la suerte industria. Pues celebrarase a un tiempo nuestra amistad y las bodas. Señor, yo estado suspenso porque en casarme he pensado. Julia es quien me tiene ardiendo. ¿No me casarás con ella? Si ella quiere, sí Mateo. Pues yo os doy dos mis ducados. Viváis los dos más que un suegro. Tuyo soy. Y yo si hoy tuya. Y darase fin con esto a No hay contra suerte industria. Recibid nuestros deseos.