Texto digital de No hay contra el hado defensa y destrucción de Tebas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán
- Atribución estilometría
- Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1764).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay contra el hado defensa y destrucción de Tebas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-contra-el-hado-defensa-y-destruccion-de-tebas.

NO HAY CONTRA EL HADO DEFENSA Y DESTRUCCIÓN DE TEBAS
JORNADA PRIMERA
Y infeliz de aquella, que hizo la culpa propia de la desdicha ajena! En este caos profundo lamento, lloro, y gimo, sin hallar en mi ansia más remedio que el suspiro, repitiendo mi pena: Ay infeliz de aquella, que hizo la culpa propia de la desdicha ajena! Adónde vas, señor? espera, aguarda, no ves de aquella oscura nube parda al crujir sin desmayos, con un turbión de truenos llover rayos? No importa, Migajón, al llano baja. Pues Migajón se siente una migaja debajo de esta roca, que es labio de este monte, si no es boca; que si es boca, no le he hecho mucho agra- quonde está la boca, allí está el labio; vio, que mientras, tú me vas haciendo calle, rodando desde el monte hasta aquel valle. Ya la senda encontré: baja a su centro. Ese es azar, que le has hallado encuen- pero en aquesta pierna del monte, enque su carne está más tierna, en su confuso yermo tiene una fuente, y él estará enfermo; pues con sabia destreza fuente le ha abierto aquí naturaleza. Esa, a quien Elicón entre sus quiebras hilo de plata se deshace en hebras, es la Elicona, que debió su oriente al bruto de Medusa. . Aquesta fuente es la que hizo la coz de aquel Caballo? mas una duda hay, que aquí la hallo. Dila. . Si la diré; y es duda pura: No es de una coz, que la hizo una herradura esta agua? . Aqueso es evidente. Pues cómo si es de coz está corriente? Pero ya el Sol deshace en esperezos a pedazos los humedos bostezos. Pues el Sol ha salido, quiero ver esta fuente, que yo he oído, que todo buen Poeta aquí se fragua; oh cuanta sabandija hay en el agua! Ah Lisandre, ha señor? Di, qué me nombras? A unas dudas que tengo como sombras: no dicen que es Poeta el que anduviere en esta fuente, y su cristal bebiere? c Eso es cierto. Si es cierto, dejo el fuero de Poeta. . Por qué? Porque no quiero andar yo con mi trapo entre tanto Poeta gusarapo. Mas ay de mí, señor, socorro luego: yo me abraso! (plas? A qué soplas! No echas de ver, que ardo en vivas co- o agua, que a conceptos ya me elevas! Calla, pues ya de Tebas el sacro muro mi ventura admira: sacro, pues a la Lira de Amsión su cimiento se labró con lo acorde de su acento, trayendo de ese monte, con espanto, agríos riscos lo dulce de su canto: Lleguemos a su puerta, pues ves que la fortuna me concierta este día feliz, que el alma aprecia, después que de la Grecia salí, y que ya de acasos tantos en favor de Ciro el Menor, que tirano, contra Artajerjes, su mayor hermano, hizo guerra en la Lidia, que es colonia de la grande Ciudad de Babilonia; donde (infelice suerte!) el Tigris llora su temprana muerte. Y después de diez años que tú has estado en Reinos tan extraños, querrá mirar tu amor, que lo desea, la beldad de tu amada Timoclea. Amada no. De aqueso fui testigo. Correspondida sí. También lo digo, que era el mirarla (muérome de risa!) seguirte, ajando lo Sacerdotisa en una, y otra parte, dejándote cansado, sin dejarte; que una mujer en dando a enamorada, descansa en lo que quiere ser cansada. Mas parece que he oído música en la Ciudad! . Has advertido no mal; pues que dijeron si lo escuchas:- Ah del Olimpo, ha de la altura, plumas, y luces, flores, y perlas, viva Venus bella; que hoy, sin segunda, en flor es batalla, en perlas tormenta, en luces es fuego, y uracán en plumas. A Venus, Madre de Amor, que el fuego nos dio en la espuma, esa aclamación consagra inmortal; adonde aunan los afectos en fragrancias, haciendo entre llamas puras, que la víctima ofrecida a ser sangre, fuego suba. No quede en Tebas su imagen: en esta flecha, que es pluma, vuele al monte, o caiga al agua, donde el Mar, o la espesura lo sepulte. Ay de mí, Cielos! Qué tienes, di? . Dura punta e aquese muro de Tebas, disparada ahora, sin duda, de arco ignorado, es la que me hiere, pasma, y me turba: Flecha? qué dices? por dónde? Por el pecho entro su furia, para que diga en mi pena::- Ay infeliz de aquella, que hizo la culpa propia de la desdicha ajena! Aquel es otro cantar: mas, señor, la dura punta saca del pecho, que luego se dará una punta dura a la cicatriz. . Según el sentido ahora lo juzga, solo el acerado extremo me hirió. . Tú tienes fortuna: tira de ella, qué te paras? sácala, pues. . Ya confusa la imaginación, la saco: . Válgame el Sol! . Y la Luna me valga a mí! este es encanto, o es Comedia? . Duda a duda me añades, bella deidad, pues al mirar tu hermosura, si Diosa te admiro, dudo como castigas sin culpa. Duda a duda, al advertir con efectos de admirar, sentí el no ver; y al miras nació el alivio al sentir con cerca, y lejos unir: En tu retrato, homicida, veo mi muerte, y mi vida; pues me pones ahora tibio tan de lejos el alivio, y tan de cerca la herida. Nieve y fuego, sin sosiego, te admiro, y flecha deshecha, si eres nieve, cómo flecha? sieres flecha, cómo fuego? Enigma del lince ciego, Dios avariento de hazañas, deja estas flechas, que extrañas ya que así herirme dispones, si son pestañas arpones, hiéreme con las pestañas. Discurro al haberte hallado, retrato, que miro fiel, tu original muy cruel, pues mata con el traslado: Deidad de dueño ignorado, pues te halago, no te alteres; no me hieras, qué me quiere mas, hay ansia idolatrada! qué harás deidad enojada, si así alagada me hieres? No tan del todo postrarme pudiste, bella homicida, que no le deba a la herida el alivio de quejarme: Por qué intentas el matarme? si es porque te vi al cegar, quédeme con mi penar; mas si es fuerza que ha de ser, si es culpa llegarte a ver, muera, y déjame mirar. Esto de amar de repente, yo lo tenía por burla. Qué quieres, Ninfa, que admiras? quien eres, deidad, que hoy juntas asombro a asombro? Batalla hasta con la tierra, espuma. Batalla esa voz me afirma que eres, divina hermosura, cuando en la lid de mi amor pelean dudas con dudas: bien dijo, que eres::- Tormenta el agua nos asegura. Tormenta en agua; qué mucho? pues en lágrimas fluctua al mirarte el pecho; siendo los suspiros que lo juzgan, en mi tormenta::- Uracán es el que alienta la espuma. Y qué bien; pues mis suspiros uracán deshecho en luchas en un mar de confusiones no hay ola que no sea duda, padeciendo en::- Fuego fuego. Huyamos a la espesur pues arde el Templo. . Que mucho, que en llama, que el juicio turba, el pecho, templo del alma, se encienda, si en él usurpa todo un fuego en un sentido, que abrasa con lo que alumbra? Mas esas voces conmigo no hablan; pues si se escuchan, son de un fuego, que amedrenta, de un uracán, que perturba, de una tormenta, que asombra, y de una guerra, que asusta; diciendo a un tiempo encontradas en aire, agua, fuego y grutas::- Plumas, y luces, flores, y perlas, viva Venus bella; que hoy, sin segunda, en flor es batalla, en perlas tormenta, en luces es fuego, y uracán en plumas. Oráculos esas voces fueron: aquí de mis dudas: si hablan conmigo (si hablan) esas voces que se escuchan? pues en encontrado acento prueban, que aquella hermosura, deidad de aquestas montañas, Diosa de estas selvas rudas::- (menta, , . En flor es batalla, en perlas tor- en luces es fuego, y uracán en plumas. Y pues los cuatro elementos paz, y guerra me aseguran, siendo entre llama, y tormenta, entre el uracán, y lucha, en fuego, agua, tierra, y aire, luz, y perla; flor, y pluma; vuelve a decir::- Sueñe el bronce, y arda en llamas la espesura, pues Venus es contra Tebas. Migajón? . Qué me preguntas? Qué es aquesto? . No lo sé. Vuelve a quedar con tu duda: mas no miras ese Mar, que sobre su espalda, nunca enjuta, mil vasos tiene hecha salvilla su espuma, si ya no es lienzo. Qué dices? No te parezca locura, que lienzo es el Mar, que labra el gobierno de la agu mas ya unos y otros repiten, aguardando las chalupas::- Amaina, pues la sierra nos abriga en su puerto. A tierra, a tierra. Ya miro que a la cala de ese cerro, dando fondo las Naves, echan ferro, tremolando al Fabonio las armas de Alejando Macedonio; admirándome más (ya eso me irrita) que si muerte le dio la helada Scita, como ahora repiten a esta sierra::- Al arma, Ciudadanos, guerta, guerra. Tebanos, que de estos campos vais pisando sus montañas, quién os asusta? . Qué miro? Mas qué veo? . Dicha extraña! Teágenes, Leonidas, dadme los brazos los dos. Y el alma, Capitán fuerte de Tebas, que no he sentido entre el ansia de mi pena otra alegría como el verte en nuestra Patria. Senador de Tebas, tú con pesar? cuál es la causa? Una hija que yo tuve, que cuando partiste al Asía dos lustros aún no tenía, esta fue fuerza entregarla al sacrificio, por ver en los Astros, que era causa de destruir nuestra Tebas: quitómela de mi casa Teágenes, que es Tribuno de la Plebe (ay pobres canas!) hasta un retrato de Venus, que este era su nombre (ay ansias!) y en él clavada una flecha, voló al monte, o cayó al agua. Este es mi dolor, Lisandre: (o mal haya, o mal haya ciencia en que interpreta al Cielo uno mismo su desgracia!) En una flecha clavado el retrato (a espacio, ansias!) de tú hi Y es muerta? . Sacrificada fue habrá un año. . De quién, di, fue la cruel mano tirana, que agostó la mejor flor, y anubló la mejor alba? que vivo yo, si lo sé, que entre los dientes le haga más pedazos, que::- . Primero fue la quietud de la Patria, que su vida; mas a ti qué te va en que viva? . Nada; de Leonidas soy amigo. Ay de ti muerta esperanza, aún antes de ser nacida! Bien he vengado mi rabia. . Acabósele el amor a la primera Jornada. Y de mí no se hace caso, que he muerto en esta batalla, dando capa al enemigo, lo que él quiso que matara? Capa, y en la guerra? Y cómo? y es forzosa circunstancia pelear en capa, y cuerpo. Por qué? Porque es cosa clara, que cuando uno sigue a otro, ha de ser cuerpo, y aún alma; pero cuando a uno le siguen, qué será de él, si no escapa? Antes que preguntes más, cómo en esta selva estabas? y donde queda la gente de Grecia? y como en el Asía qued an Ciro y Artajerjes, contrarios, y hermanos? . Trata mi voz ahora de sacarte de la duda en que te hallas. Sabrás, que::- Viva Alejandro. A tierra, a tierra. Arma, arma. Leonidas, el frío Scita en sus regiones heladas no le dio muerte a Alexandro? No arrojó Atenas la fama de que Alejandro era muerto? Eso, Lisandre, me pasma. Pero ya el prudente Lisias sabrá la verdad con maña; pues como que huyó de Tebas, ensangrentada la cara, hacia esa gente se fue, que ahora se desembarca: él avisará de todo al gran Senado. . Ya tarda; y es mejor que con el nombre de Embajador yo me parta, viendo Alejandro si es vivo, viendo este asombro si espanta a un joven heroe de Grecia. Pues, Lisandre, di, qué aguardas? Viva Grecia. . Viva Tebas. Viva el que nada le mata. . A la deidad del sacro Alejandro, de Júpiter hijo, en víctimas sacras la Grecia le rinda en vivos Altares muertos sacrificios. Qué bien que la voz sueña (na, del rithmo sacro, que a mi honor se estre- dándome de deidad el sacro nombre, teniéndome por Dios, y no por hombre. Olimpias fue mi madre, es verdad, pero Júpiter mi padre; pues de Olimpias mi padre enamorado en una sierpe estuvo transformado, mientras que a su despecho hizo divino de Filipo el lecho: por Leda, beldad suma, en la Fenisa Tropa se hizo pluma: de Amor en su desmayo, por Egina también no bajó en rayo? Y si más la memoria el curso corre, sobre la Argiba Torre, adonde Danae sube, no cayó en oro, que llovió una nube? Pues qué mucho, que desde el sacro oriente por Olimpias mi madre, hecho serpiente bajara a la Real cama, transformado en una, y otra escama, si se vio de Amor ciego vestir la piel, la pluma, el oro, y Como a hijo de Júpiter la tierra me ofrezca adoración, y cuanto encierra el mar, el monte, el aire en humos graves, ya sean peces, ya fieras, o ya aves, de Alejandro a la estatua, o sacro bulto, víctimas sean, inmolado el culto. A la deidad del sacro Alejandro, de Júpiter hijo, en víctimas sacras la Grecia le rinda en vivos Altares muertos sacrificios. Llóreme Tebas vivo, pues muerto me río: no quede altivo muro Griego, que al fuerte golpe del Ariete, en su postrer aliento en polvo no se esparza por el viento; aunque hoy la obra se aprecia de aquel que huyó sobre el Delfín a Gre- Acabe de tomar tierra mi gente, (cia. que antes que el Sol fallezca en occidente, el asalto he de dar. Ya, según vemos, van proejando las olas con los remos, venciendo la tormenta, que cada instante el uracán aumenta; diciendo aún con los remos en las manos: Viva Alejandro, y mueran los Pero si no me engaña (Tebaños. la vista, ahora de esa gran montaña miro un Soldado, un hombre, que es fuerza que me asombre; pues de sangre bañado, más parece tragedia, que Soldado: Pero ya en los temores, que fulmina, se viene a mí, corriendo la marina: mi confusión es mucha: hombre, quién eres? Un Tebaño; escucha. Ea, valor, no desmayes. Prosigue. . De aquesa Tebas, Ciudad que labró Ansión, vengo huyendo mi tragedia; pues porque aclamé tu nombre, diciendo, que toda Grecia mentía, y que no eras muerto, se tumultó de manera la Ciudad, que fue forzoso arrojarme de una almena para librarme del riesgo; donde a tus pies:- . Calla, cesa, que me irritan más tus voces: Una Ciudad tal soberbia contra Alejandro? más presto su aliento será su queja. En mi servicio, Tebaño, te queda. . Mi labio sella tu pie, gran señor. . Levanta. Ea, lealtad, cautela; que mejor de aquesta suerte podré avisar lo que intenta. Invencibles Macedonios, a todos se hizo la ofensa cuando mataron a Amintas mi Capitán, en Cadmea, presidio que sujetaba a los traidores de Tebas: y no para aquí el agravio, sino que derramó Atenas fama de que yo era muerto; agravio que fue blasfemia: pues si de Júpiter hijo el Orbe una vez confiesa que soy, como era posible que lo divino muriera? Este agravio (sobre la ira que le tengo a toda Grecia, como Troyano que soy por mi madre) de manera me ha despertado el enojo, que a fuego, y sangre la tierra he de talar, sin que el llanto a piadioso me conmueva, siendo música a mi oído la lástima de su queja: y porque de mí no espere piedad, lástima, o clemencia, como a mi enemigo hoy sus duras entrañas hiera esta lanza, donde diga, herida a mi golpe, Grecia::- Ay de mí! Cielos, favor! Mas qué voz de entre esas peñas me respondió lastimada, Oodiciendo el eco a la selva::- Ay infeliz de aquella, que hizo la culpa propia de la desdicha ajena! . . Feliz el que perdiendo hacienda, y vida, es su venganza su fatal desdicha. Infeliz el mal ajeno, propio le hace la pena de aquella, que inspira el llanto: feliz su daño lamenta este, que propia fatiga hace la desdicha ajena. Qué contrariedad de afectos, siendo una la causa misma, en uno alivia el dolor, y en otro aumenta la pena? repitiendo de aquel el canto triste, cuando dice de aquel la alegre queja:- Ay infeliz de aquella, que arrojada del Templo de la Diosa, del sacrificio el humo se convirrió en sacrílegas pavesas. Todas juntas las Sacerdotisas bajemos hasta el Mar, y nuestra queja hiriendo nuestra voz su sacra oreja, música diga al aire::- Cruel desagravie al Templo de Venus la ira de Marte. Herido el bronce en el viento de paz el eco haga seña, que pregunte, no que obligue; porque hallen la respuesta de paz, si quieren la paz, de guerra, si quieren guerra. Feliz el que perdiendo hacienda, y vida, es su venganza su fatal desdicha. En confusión los sentidos, a la razón enajenan de discurso; pues vagando entre aquellas voces hiertas, cuando en el papel del aire va el oído a la cadencia leyendo unas letras, otras donde acabaron empiezan, confundiéndose en el aire su caracter, de manera, etra escribe, lo va borrando otra letra. De ese risco a la marina teñido en su sangre misma un anciano atravesado con tu lanza, entre su pena cayendo dice en su ahogo en las ansias, que le cercan, el dolor de su fatiga::- Feliz el que perdiendo hacienda, y vida, es su venganza su fatal desdicha. Mira quien es, mientras yo de aquesta cerrada cueva inquiero también quien dice, entre el dolor de su queja::- ̱ . Ay infeliz de aquella, que hizo la culpa propia de la desdicha ajena! Pero qué veo? . No huyas. Cadáver, que representas viva una muerte, si hay muerte que viva parezca::- Deidad, que en contradicciones conmueves cuando te quejas, como si eres tan divina, tan humana te lamentas? Qué cruel Astro te trajo por aquesta inculta senda, para que tiñera ahora tú nieve en tu sangre misma? Qué mano cruel tan blanco Ármino en tan dura breña escondió, para que fuese bruta la mayor belleza? Hombre, que piadoso llamas a más sentir las potencias, que dormidas en su mal a nuevo dolor despiertas::- Joven, que saber pretendes del hado la cruel estrella, que vaticina conmigo la destruición ajena, su fortuna haciendo eco en el ruido de mi tragedia::- Pésame morir pues muero gustoso, aunque en tanta pena vengándome del ultraje con que me trataron esas gentes Tebañas, mirando que el hado cumple su fuerza; pues muero porque amparé la que ha de arruinar a Tebas. Déjame volver a ese sepulcro, que vivo encierra aqueste cadaver vivo antes que Aristarco vuelva. Quién es Aristarco? . Yo, que feliz siento mi pena con este aliento, que solo respira porque se queja. Cómo tu herido, sin que con la sangre de mis venas no ocupe ahora el vacío, que frío la tuya deja? Eso no; tú, Venus, vive, y yo a duro hierro muera; pues con tu vida, y mi muerte se cumple el hado de Tebas; repitiendo mi venganza, aunque explico mi tragedia, muriendo de aquesta herida, feliz el que perdiendo hacienda, y vida, es su venganza su fatal desdicha. . Aquesta es Venus Ismenia, . que sin duda tuvo maña de darle vida Aristarco; más bien la fineza paga. Mujer, encanto, o deidad, de quien mi atención aspira a saber una mentira, que disfraza una verdad: por qué en esta soledad estabas? tú padecer? di, como sabes hacer armonioso tu llanto? si eres mujer, cómo encanto? si adeidad, cómo mujer? Diosa eres, pues por tributos te rinden, sin tus enojos, esas pieles por despojos el instinto de los brutos: de deidad son estatutos rendir una, y otra fiera, mas si eres Diosa en tu esfera, según tus luces altivas, dime, para que tú vivas es menester que otro muera? Quién eres? . Una infeliz; que solo este nombre cabe en quien de la ajena pena hizo propios los pesares. Grande Príncipe Alejandro, por esos copados sauces (a quien el Ismeno riega, sierpe de cristal, que lame el fuerte muro de Tebas) Ejército de beldades (pues se compone de bellas Tebanas) hacia esta parte baja, repitiendo al monte en ecos, que el viento esparce::- Cruel desagravie al Templo de Venus la ira de Marte. Parte a saber lo que intentan. Ya te sirvo. Lo ignorante disculpe en mí la omisión de no haber pedido antes la mano a tu Alteza. . Hermosa mujer, levanta ahora y dame cuenta de tu mal. . Si haré. Prosigue. Escúchame: Grande Alejandro, a quien el mundo obedece; pues constante sabes del mundo a una voz sujetar las cuatro partes, rindiéndote como feudo con debido vasallaje de la Europa, cuanto riega en arroyos el Éufrates; del Asia cuanto el gran Tigris inunda en barcos de jaspe; del África cuanto el Nilo fertiliza, en sus cristales; y cuanto América en Ríos baña el espumoso Ganjes: a soy de Leonidas, sabio Tebaño, que el grande volumen de las Estrellas le inquiere, le estudia, y sabe, y a los contingentes riesgos examina los instantes de sus verdades dudosas, haciendo ciertas verdades. Llegué a edad, que los tres lustros matizó la joven sangre, viviendo desde este tiempo sin rendirle vasallaje a aquel Dios, que de los riesgos sacó las seguridades. (Pero mal dijo mi voz, pues fue mi pecho cobarde, desde que por el oído la fama entró de Lisandre: que hay voces que forman cuerpos en tropelias de amantes; hay oídos que son ojos, pues sabio Amor tal vez hace, y tal vez hizo al encanto de sus mentidas verdades, que ensordeciesen los ojos, y los oídos mirasen.) Vivia, dije, y suspensa me he quedado un breve instante; y no te admires, que voy cabando pasados males, desenterrando memorias del olvido, adonde yacen: cuando un día (que mejor noche pudiera llamarse) empezó a arrojar la tierra de su Rabernosa cárcel bostezos, que fueron nubes, que condensados al aire de las más blandas materias hicieron duros volcanes. Esa Adríática fiera, marino monstruo insaciable, que, atada al lazo de arena, muerde el nudo cuando late, irritada de los vientos, sus verdinegros cristales azotó, siendo al gemir sus bramidos uracanes, frente día que al muro de Tebas la planta lame, de un rayo herida su nieve convirtió la nieve en sangre. Asombrados los Tebanos consultaron al Dios Marte, y estremeciéndose el Templo, habló el bronce, y dijo al aire: Temed, Tebaños, la voz de Venus, porque es bastante para deshacer aquese divino muro de jaspe, que labró Ansión, sabiendo, que hay hados irrevocables, para que una voz destruya lo que otra voz labró antes; advirtiendo, que cualquiera que la defienda, o la ampare, ha de morir a las manos del gran Príncipe Alejandre. En este confuso abismo cruel conmigo mi padre me sacó al Pueblo, diciendo, Tebaños, oíd, escuchadme: Yo soy Leonidas, que sabio me llamáis, porque al caracter de ese libro de cristal leo las oscuridades: Yo he penetrado, que no es Venus de Amor la gran madre la contraria a Tebas, sino (oh ahóguenme los pesares!) Venus Ismenia mi hija, que es la que tenéis delante; que aqueste nombre le puse por nacer en los cristales del Ismeno; y así, Venus la llamé, que interpretarse quiere espuma: Aquí, Tebanos, infeliz su beldad yace, porque de vergüenza muera, o se aliente de cobarde: tomad, pues; sacrificadla a Venus, deidad amante; porque si es Venus la Diosa la que amenazó crueldades contra Tebas, y su muro; otra Ver la a templando el original los suspiros de la imagen; y si es ella (aunque inocente) infeliz su vida acabe; acabará con su vida el hado que nos combate. Esto dijo; y antes que el eco último acabase, Aristarco, Sacerdote de la Diosa (que ahora yace arrojando por dos bocas partida el alma a mitades) se opuso, diciendo al Pueblo: Tebanos, la acción loable de Leonidas, estimadla; mas no dejéis que la sangre de aquesa inocente vida el Ara de Venus manche: porque quien ha visto, quien, el que se castigue antes de cometida una culpa? Posible es que se engañase Leonidas, vuelva a leerse, o mejor a interpretarse, ese libro de cristal, como él dijo; y si anotare futuros males a Tebas, se remedien, o se atajen, fin que de males futuros se hagan hoy presentes males. Muera Venus, muera Venus, replicó el Tribuno infame de la Plebe, porque vil se vengó de algún desaire, que mi altivez le hizo; que hay hombres de tan mal dictamen, que el amor tienen por tema, fin advertir, que no es fácil hacer forzosos cariños de forzadas voluntades. Blasfemaron de Aristarco, rompiéndole la arquí flamen vestidura; mas sintiendo mi mal, y no sus pesares, en lo oscuro de la noche me libró, sin que le ataje el riesgo en perder su vida, como la mía se guarde. Un año aquí hemos vivido brutos, aunque racionales; y saliendo a traer hoy de aquese vecino Valle algunas silvestres frutas, que sin cultura aquí nacen, me dejó confusa, y triste; y acaudillando pesares, por hacer mayor mi pena, quejándome estaba al aire, segura de que ninguno me oyese; porque esta parte por oculta no la pisan de Tebas los naturales: y puesto que ahora los Dioses te han traído a que me ampares, venganza, grande Alexandro, contra Tebas: vuele al aire, o caiga al Mar en pavesas ese muro de diamantes, porque le enciendan los vientos, cuando las aguas le apaguen. Causa mi voz ha de ser de destruirla, más vale (qué dudo?) el mundo; mas la ira hará a las dudas capaces de advertencia: Ea, invicto joven, a tus pies hoy yace una mujer ofendida, que es forzoso que la ampares. Qué esperas? manda que vista el tonelete y me arme el blando pecho del duro acero, que forjó antes la fragua ardiente; que empuñe la obada costilla y saques sobre la espalda el carcaj con cien arpones volantes; que aunque el Áspid en las flores solo ha llegado a ocultarse, yo haré que se vea también en plumas oculto el Áspid. Hermosa Venus, o Palas, pues sabia juntar hoy sabes, si de Palas los enojos, de Venus las suavidades: Gran señor? . Qué hay, Filip Hice lo que me mandaste; a encontrarme con ese Ejército de beldades, que por la falda del monte bajaban hacia este Valle; y al preguntarles, quien eran, y por que así extremos hacen de llantos, y de suspiros, piden, que quieren hablarte; y al mismo tiempo pretende ya desmontado en los Reales un Embajador de Tebas lo mismo: tu Alteza mande si te han de ver las Tebanas, o si te ha de hablar Lisandre. Ay de mí! qué escucho, Cielos? . vuelve, alma, a recobrarte, y no el accidente ahora te descubra aquí el achaque. A Téágenes aviso daré de todo; y pues hacen presto los Venales juegos, y es forzoso que se pacte treguas aquellos dos días, pudiendo comunicarse unos con otros, cualquiera de las dos noches es fácil introducir quien a Venus Ismenia la prenda, o mate. Esto ha de ser; diles que entren. Ya llegan. . Temo el mirarle. . A vuestros pies::- . A esas plantas::- qué miro, sacras Deidades? Qué veo? no es este el bello . original, que a matarme, disimulado en arpón, voló pluma y paró Áspid? Si no tienes que rendir (pues ya el pecho avasallaste, Amor) tan galán, a qué a mi vista ahora le traes? Sin verme (a espacio, sospechas) . en Tebas está Lisandre? Tebanas, que tristes hoy, o alegres, mezcláis al aire con el suspiro del bronce del canto las suavidades; decid (pues que ya os escucho) de qué vuestra pena nace? Este ahogo que en el pecho se alienta fuego, que arde como ira de los Dioses de agravio de esas deidades, no sé si cabrá en la voz al querer así explicarle; que hay tal linaje de penas, y tal género de males, que caben al sentimiento, y a la explicación no caben: Solo te sabré decir, que de Venus los Altares (de quien todas juntas somos Sacerdotisas) hoy arden a llama impura encendida de los Tebanos cobardes; y puesto que todo el Orbe a una voz común te aplaude Marte vencedor, vencidas a tus pies, señor, hoy yacen las Sacerdotisas todas de Venus, que en sus pesares tu asilo vienen buscando por remedio de sus males. Si hombre eres natural ley te enseña a que nos ampares: si Caballero, empeñado estás, pues de ti se valen unas mujeres: si Rey justiciero, este ejecrable delito justicia pide nuestro honor y nuestra sangre ultrajada: y si eres Dios (como quieres que te llamen) castiga a los que se atreven a profanar los Altares de la madre del Amor, encanto de las deidades; repitiendo nuestras voces en conceptos en el aire, o en gemidos en el viento, a montes, selvas y mares, pues eres Marte divino::- , u. Cruel desagravie al Templo de Venus la ira de Marte. ̱. Dame licencia, señor, para responder. . Me haces un gusto en eso; responde, pues ya esperan. . Ay Lisandre! Yo os juro, Sacerdotisas, por las eternas Deidades (que sobre Aras de Estrellas, haciendo del Sol Altares viven siempre lo que lucen a incendios de lo que arden) que ha de ser Tebas segunda Troya, que el incendio abrase en mi rabia, en mis enojos, en mi ira, y mi coraje. Yo soy la Venus Ismenia, que arrojada (no os espante) ha vivido en estos montes, hasta que hoy en su paraje me halló Alejandro, movido de un acaso irreparable; más advirtiendo que ahora soberbios, si no incapaces, a Alejandro no respetan, a mí me arrojan cobardes, a Venus queman el Templo, ardiendo su bella imagen: vive mi enojo (que vive mucho más que sus crueldades) que Tebas ha de ser hoy de las Macedonias aces escándalo; pues ya sé, que hados irrevocables en una voz, y de Venus se vaticinan los males, haciendo, que un viento lleve lo que antes formó otro aire. Y tú, Embajador, aquesta respuesta puedes llevarle; que hablar no te dejo, pues vienes a pedirme paces: a Tebas no he de hacer guerra, que para mayor ultraje sus mujeres han de ser las que sus muros asalten. Y vosotras (oh Tebanas Sacerdotisas, que el grave humo del incienso a Venus sacrificáis) quien os mande tenéis en Venus Ismenia, que no sin causa, y bien grande, guardaron en estos montes defendida en sus salvajes las Deidades, para ser caudillo de otras Deidades, venid conmigo diciendo, equivocando en el aire músicas y bronce a un tiempo::- , . Cruel desagravie al Templo de Venus la ira de Marte. ta era tratra tra tral tra tra tra tatia GUN
JORNADA SEGUNDA
Eso responde? . Esto dice; y que ha de dejar ejemplo en desagravios del Templo, y Venus (ay infelice!) Venus mi hija se sabe que vive? engaño, sospecho, que será; pero en el pecho el regocijo no cabe. Avisado a Lisias tengo de todas aquestas nuevas, en que los hados de Tebas consisten: bien lo prevengo, y mi desprecio se ingenia, en que pues nació Tebano, nos entregue por su mano aqueste encanto de Ismenia: puesto que atrevidamente traidor Aristarco osado la libró, que un despreciado no hay vileza que no intente. En fin, del Persa atrevido vencido te retiraste? Mal, Leonidas, lo pensaste: vencedor, y no vencido me retiré: (el alma lucha) Ay Venus! Pues ahora admiro, si Artajerjes mató a Ciro, cómo le venciste? Escuc o la baqueta al parche; sonó el bronce en la campaña; espumó el freno el Caballo; batió el aire nuestras armas; abrió jano el marcial Templo; dio el Oráculo esperanzas; clamó el valor, ardió Tebas, y salimos contra el Asia. Llamonos Ciro el Menor con cautelosa llamada, contra su hermano Artajerjes, Rey que a Persía gobernaba, ayudado de su madre Parisatís, que tirana quería matar a un hijo, porque otro hijo reinara. Iban marchando las Tropas Joj6 en híleras concertadas. desde elDicamo) al Éufrates, que, siendo muros de plata, Cevide (parte o la habitada! Siria de la despoblada Arabia. Y apenas, pues, descubrieron las enemigas Escuadras de los Caballos ligeros las adelantadas marchas, cuando pegaron al puente fuego, con fiereza tanta, que emprendido en la madera (por ser el puente de tablas) (ardió, y ardió de tal modo, que habiendo tocado al arma contra el agua, todo el fuego, se dieron cruel batalla agua, y fuego; de manera, que lo que uno apagaba, otro encendia; y luchando V nieve, y fiumo, en fuego, y agua, parecía desde lejos a las legiones Grecianas, anegarse el fuego en olas, o arderse Éufrates en llamas: Mas apenas se cayeron de las vecinas montañas todo el cuerpo de las sombras, que se tocan y no se hallan, cuando al curso del Éufrates mis animosas Escuadras se arrojaron; y surgiendo de una playa, a la otra playa, haciendo la frente proa, remos los brazos, las ansias velas, y timón el juicio, contra el riesgo que surcaban, rompiendo cristales vivos, fueron bajeles con alma. Retirose el enemigo hasta llegar a la raya del Tigris, donde Artajerjes valiente nos aguardaba con quinientos mil Infantes; y al son de trompas, y cajas se acometieron los campos frente a frente y cara a cara. Abanzadas las dos huestes del batallón de su guardía, salió Ciro sobre un bruto, tan hijo de las escuadras, tan aborto de la guerra, tan dueño de la campaña, que del militar asombro nació parto de las armas; pues al correr o al parar, parecía que formaba cada crin una bandera, cada herradura una caja, cada relincho un clarín, y cada aliento una marcha; siendo pecho, y anca a un tiempo, cuando espera, o cuando abanza, frente de vanguardía el pecho, y el anca la retaguardía. Sobre este batallón bruto (Ejército con un alma, que su irracional milicia formó un cuerpo de batalla) buscó a su hermano, que altivo, y feroz sentado estaba sobre un ferretrado muro, que sobre nerviosa espalda de un ceniciento Elefante los campos señoreaba. O Dejó el Caballo y sacando el acero de la vaina, se fue al bruto, que esgrimiendo sus dos cuchillas de nacar, le amenazaba furioso; mas cubierta la celada con el escudo (defensa contra las flechas, y lanzas, que arrojaban del Castillo) debajo de las erradas conchas del valiente bruto se metió, y por las hijadas (al tiempo del respirar del peso que le cargaba) le clavó el valiente acero con presteza tan osada, que antes de acabar el aire, que respirando arrojaba, yendo a coger otro aliento le vino a faltar el alma. Cayó el bruto en el arena, y cayó en si desplomada aquella torre de nervios, que antes fue marcial montaña. Entre la sangre, y el polvo Artajerjes naufragaba, cuando Ciro valeroso le hirió; pero aún no acababa cuando un y de la guardia de Artajerjes viendo herido a su Rey, tiró la lanza contra Ciro, tan ligera, tan valiente y tan osada, que pasándole furioso el pecho desde la espalda, le clavó en la seca arena; y con la pena, y la rabia, con la boca hería el suelo, y con las manos tiraba, mezclada en su misma sangre, al aire la tierra parda, cayendo encima hecha polvo, donde antes que acabara, para enterrar su desdicha abrió el sepulcro su ansia. Esto en el ala derecha pasaba, mientras que el ala izquierda ya los Grecianos rompiendo iban las Escuadras; y al aclamar la victoria, diciendo con voces altas: victoria por Ciro: oimos otras voces encontradas, diciendo a gritos: victoria por Artajerjes; en tanta confusión suspensa estuvo nuestra gente, no turbada, hasta que a otro día oímos de Ciro la cruel desgracia, y que Artajerjes pedía todas las armas Grecianas. Victoriosos, no vencidos, estamos, dije en voz alta: Política militar es, que las armas abata el vencido al victorioso; y así, siguiendo esta panta, Persía ha de entregar a Grecia, como vencida, las armas: Mas si traidores, juntando Arabes gentes Persianas, derogáis la militar ley, que obtuvo la campaña; viven los Dioses de Grecia, que en estos campos de Arabia diez mil Grecianos que somos, los que veis formar Escuadras, primero que capitulen han de estar todos sin alma. Temió el Persa; y dionos luego Cpor seguro su palabra, qué perjuro no cumplió, opicando en la retaguardía, marchando el día, y la noche siempre en la mano las armas. Llegamos, por fin, a Grecia, después que en esta jornada gastamos diez años; muchos se volvieron a sus patrias: yo, con la gente de Tebas, tomé a su Ciudad la marcha; cuando al llegar a ese monte de nuevo me sobresaltan vapores negros, que al aire cubrieron la región vaga, y al apagarse la luz, rayos el Cielo exhalaba. Bajo al Valle, atiendo acentos en la Ciudad, oigo Cajas e Templo, admiro voces en el monte, escucho salvas en el Mar; y al confundirme los ecos, todos me pasman; pues si allí músicas sueñan, otros repiten, al arma; y si unos huyen del fuego, otros peligran en agua: de modo, que en tanto abismo, si a uno sigo, otro me para, busco a aquel, y me detiene este, y en confusión tanta a ninguno sigo y todos a un tiempo juntos me arrastran. Encuentros en este monte, el verme os turba, y espanta; la causa os digo de hallarme en el monte: fue la causa de unos, y otros encontrados ecos, que oí en la montaña, que el grande Alejandro viene a destruir la murada Ciudad, que labró Ansión con acorde consonancia. Mas, Grecianos valerosos, vuestras victorias no cantan el mármol gravado en bronce, el bronce esculpido en tablas? Cuando por amago solo el brazo Tebas levanta, no teme el Lacedemonio? los Arabes no se pasman? los Atenienses no feudan? los Tesalios no se espantan? y cuantos desde la orilla del Jonio Mar, a la playa de la Adríática espuma, no temen vuestras Escuadras? Pues qué os amedrenta ahora? qué os asusta, ni acobarda? El arco estire la cuerda, la mano vibre la lanza, llénese el cárcaj de flechas, y las Baleares armas de los honderos prevengan plomo disparado en balas. Suene en el aire el Clarín, gima en el viento la Caja, instrumento que labró Ulises; todo sea rabia; para que Alejandro sepa, si vencedor hoy se llama, que pelea contra Tebas, Y que Lisandre la guarda. A la lid, a la lucha, y al fuego venid, y volad, Tebanos, que hoy a la hija del agua se ofrece por Madre del fuego tanta adoración. Volad, y corred venid a mi voz del Templo de Marte, al Templo de Amor. Esta música ha avisado las treguas, mientras los Juegos duran encendiendo fuegos a la Diosa. . Si yo osado su sacro Templo abrasé, sentir ggclamación. Yo ao lope tal acción, Lofe sodos fue. . Al mir ahora la puerta, para que cuantos quifieren, y a ver los juegos vinieren entren::- . Ya hoy se concierta . mi venganza. . Uno de parte del Tebaño Lisias:- . Di. Aa llegado ahora aquí, y dice que quiere hablarte. El aviso es: ya prevengo . el vengarme; y si consigo que muera aqueste enemigo, mi desaire bien le vengo. Dadme licencia los dos. Id con Dios. El Cielo os guarde. Ay Ismenia! nunca, o tarde te veré. Señor, adiós. Dónde vas? . Ay tal aprieto! i. A. Di, soy racino, Sel secreto? que me el saberlo apriete. Dilo ya. . Ay tal entedo! voy ahora a ver si puedo ser: . Qué has de ser? Tu alcahuete. Venus con amor? pretende un disparate tu error. Ella está en Tienda, señor, y si está en tienda, algo vende. Pues di, qué has de hacer? Haré todo lo que yo quisiere. Dile, que por ella muere el corazón. . Si diré. Amor, si acaso eres Dios, deidad de una, y otra esfera, no te digo que mitigues lo hermoso de flecha fiera: Mas dime, Amor, qué consigues en que aquel que rindas muera? Alivia, Amor, el dolor con que me has llegado a herir: mas no, prosigue el rigor, que si alivias el sentir, dejarás de ser Amor: Y pues en tosigo lleno vino el retrato en enojos y hallo alivio en lo que peno, por la copa de los ojos vuelva a beber más veneno. Con las treguas, que pactadas están, mientras que los juegos duran (fiestas consagradas a la gran deidad de Venus) me he atrevido (sin que sepa Venus el que a Tebas vengo, porque ninguna Tebana quiere que entre, porque el ruego de padre, hermano, o marido no muden su noble intento) a entrar en Tebas, por ver si hablar a Lisandre puedo: y dejando el popular concurso, que va hacia el Templo, en su casa he entrado, adonde criado ninguno enventro, y a esta sala::- mas qué miro? sino se engaña el deseo, mirando está en un retrato tan fuera ya de sí mismo, que me lo miente la vista al mirarlo mi tormento, mármol hecho de sentidos, o estatua de sentimientos: yo me acerco. . Dime, herm retrato de origen bello, (si acaso para mi alivio te concede voz el Cielo) qué consigues en matar lo que rindes? . De ira tiemb con el retrato (ha pesar!) hablando está, y es de Venus: ha falso, ha traidor amante! bien se recelaba el pecho. Es culto de la deidad, que las paredes del Templo, donde se gravan milagros, las adornen escarmientos? No por cierto: pues si no, dime, hermosísimo objeto, por qué cometes estragos, dónde has de lograr trofeos? Rinde; pero sea el rendir::- Que aquesto sufran mis celos? Ya que el cautiverio es fuer que sea alivio al cautiverio, quisiera que me escucharas el golpe de los afectos, cadena donde su ruido, si se escucha, no es lamento; porque en prisiones de Amor, como haya atención, no hay hierros que en escuchando la queja, son quietudes los estruendos. Parece que en la batalla de sus locos pensamientos, ya que no hizo el dolor paces, las treguas le puso el sueño. A quitarle ahora el retrato me animo; yo me resuelvo, y en su lugar uno mío le he de poner: de qué temo? Ay Lisandre! qué mal pagas mis amorosos extremos. Quiero por aquella puerta salir a la calle: celos, dejad ya de atormentarme, que en vuestra ira arde el pecho. Lisandre? pien llama? amigo? Perdona, divina Venus, el tiempo que de adorarte perdí. . Lisandre, el intento con que te busco, es con que apenas se corra el velo de la noche, mientras yo a cierta interpresa llego al campo del enemigo, que en el tiempo de los juegos descuidado está; tú, amigo, con cuidado, y con secreto has de estar en la muralla, para abrir la puerta, a tiempo que yo vuelva de los Reales con la interpresa. . Tu esfuerzo alabo, y fía de mí: cual será de este el intento? . Júpiter te guarde, amigo, que si se logra mi intento, tú, y el Senado de Tebas han de premiar mis trofeos. Amigo, vamos: y tú, tirana Venus, que el Cielo de dos extremos contrarios unió en ti los dos extremos de hermosa y aborrecida, guárdate de mí, que llevo para abrasar tu desdén la llama de mi desprecio. Con bien te vuelvan los Dioses: Ay idolatrada Venus! Suspende la ira, detén el arpón, hija del desdén, madre del Amor. Digo, qué he de entrar: ay tal! No puedes entrar. . Si puedo, que en los dos días de fiesta nos dan licencia los juegos de entrar, y salir adonde quiera cada cual. . Qué es eso? Aqueste hombre, señora, que se quiere entrar grosero en tu Tienda. Sí señora; y qué tenemos con eso? Dajadle entrar. . Entrad ya. Qué entre? ahora no quiero. Venid acá, por qué os vais? Porque tengo pies y puedo. Détenle, Fenisa. . Si haré: oíd, esperad. . Por cierto, . que es brava polla Fenisa: y diga usted::- . Qué es su intento? Cuanto habrá, que en las cenizas usté empezó a tener vuelos? Poco ha. . Creolo así, que aún el cañón está tierno; gran yentura es nacer Fénix. Bien va saliendo el enredo. . Por qué? . Porque sin Comadre nace; y en llegando el tiempo también muere sin Doctor. Buen humor tenéis. . Si tengo, mientras Doctores no llamo, que es el mal humor del cuerpo. Cómo os llamáis? . Migajón: soy hidalgo de por medio entré corteza, y corteza. Y vos sois Tebaño? . Bueno: yo Tebaño? no señora, ni lo pienso ser, temiendo mi desgracia: senté plaza con Lisandre, aquese excelso Capitán, que a la memoria dejará su nombre eterno: fui a la guerra contra el Persa, dimos la vuelta a este Reino; y por no poder sufrirle le he dejado. . Ay de mí, Cielos! Pues qué tiene, di, Lisandre? no es gran Capitán? . Concedo: Muy galán es, muy valiente, muy afable, muy discreto, muy galante, y todos cuantos muyes haya en el tintero; mas él me tiene sin juicio. No va muy malo el enredo. . Pues por qué? . Por cierta cosa; y es, señora, que está enfermo de un mal, que es peor que tiña, farna, sarampión, y muermo; porque está:- . Qué? Enamorado. Enamorado está? En cel el alma se está abrasando. Tú la conoces? (oy muero.) Parece que aqueste pez tenía gana del cebo. Como a ti pintiparada. Cómo a mí? Ni más, ni menos. Cómo se llama? . Del nombre ahora yo no me acuerdo: mas si quieres verla, es fácil; manda traer un espejo. Mas que me dan dos mil palos, . pero aqueste ya es empeño. Para qué el espejo quieres? Manda, señora, traerlo; porque yo estudié en mi tierra un poquito de hechicero, y sé la Nigromancia como un demonio maestro. Traedle. Aquí está, señora: . qué creas a este embusteto? Estoy tan fuera de mí, que ya por mirarla muero. Las que no son del conjuro vayan fuera; aquesto es hecho: a qué aguardan? Ya nos vamos. Váyanse, que eso queremos. Ea, señora, la luna miren esos dos luceros, y a la Dama de Lisandre verán. . En qué me suspendo? Ahora se mira, y se clava, . porque al mirarse cae luego en ser ella; pues que otra no está de la tienda adentro. Antes que llegue la noche, para que no me eche menos, a hablar a Venus he entrado: muerta de cólera vengo: qué así Lisandre me pague! pero según lo que veo con un hombre sola está; el cual tiene ahora cubierto con un espejo la e qué será? . Yo me resuelvo. Mira por Dios, que me canso. Ya miro; pero qué veo? Timóclea (ay de mí, Dioses!) es el adorado objeto de Lisandre? . Ves aquesa frente trigüeña? ese suelto cabello, que de aquel monte es profugo Vandolero? Ya le miro. . No le temes? Pues dí, qué tiene ese pelo para que le tema? . Mata: que la alabe quiere, es cierto. . Pasate a la boca, y mira esa breve regla, que ha hecho el Cielo su contador en la suma de su Cielo. Bien partida está la boca. Antes su sabio maestro la dejó a medio partir, yendo a partir por entero. Quien no se las entendiera. Mas lo miro, y no lo entiendo. Apártate, apártate, hombre, pues que ya han quedado ciegos mis ojos con lo que han visto: Esta es ira, esto es veneno, que en la copa de los ojos bebió el alma: yo me quemo, fuego, fuego, que me abraso. Dime, hombre, qué te he hecho, que tanto dolor me has dado? Quién me metió a mí a hechicero? Yo dolor señora? en qué, cuando fue solo mi intento::- De Lisandre es el Criado. Que vieras el rostro bello, por quien de día, y de noche mi amo, que es Macías nuevo, sin dormir, y sin comer en la tahona del deseo le hace moler esperanzas al asno del pensamiento. La quiere mucho? . La adora. Déjame, hombre, que me has muerto. Ya la enigma he penetrado, a costa de mi tormento. Hola? , . Señora? . A quién llamas? Quién me metió a mí a hechicero? Ven acá, dime, qué tiene aquella cara de bueno? Cuál, señora? . No la ves? la de Timoclea, el bello prodigio; que tu amo adora: mírala bien. . Esto es hecho; . el demonio ha andado aquí: quien me metió a mí a hechicero? Echad de ahí a ese hombre. Ves como era un embustero? No te vas? . Ya empiezo a irme; y es verdad, tal es mi miedo: aquesto es ser alcahuete? de tal oficio reniego. De celos no estoy en mí: dejadme todas. . Los Cielos te guarden: rabiando voy; yo me vengaré, si puedo. . Ay de mí! Qué es lo que tienes? Ay de mí! no sé que tengo. Pero como yo me rindo así a una pasión? qué es esto, corazón? adónde está la razón? el sufrimiento dónde está? mas qué pregunto, si en la pena, que padezco, el sufrimiento, que busco, está en la razón, que pierdo. Sola te quieres quedar, habiéndose ya el Sol puesto? Sí, Fénix, y antes que sola me dejes (por si suspendo este ahogo, que me anuda los suspiros al aliento) haz que un instrumento toquen: y tus sonoros acentos repitirá mi dolor, que quiero ver si di vierto tanta pena (dije mal) que pretendo ver si aumento con la música el dolor; pues al escuchar los ecos, si cantados son alivio, oídos serán tormento. Ya lo e tanto pesar, que no entiendo? . Pues que ya Fénix se fue, y sola conmigo quedo (aunque mal dije conmigo, pues no estoy en mí) ahora, celos, publicad de vuestra llama el nunca explicado fuego. n el silencio de la noche fría un Ruiseñor parlero, se quejaba celoso con grande ruido en el mayor silencio: Y cuando suspiraba su amor en su gemido por gorjeo, suspira al viento, y la trinada queja le causa más incendio, que al aite del suspiro se enciende más la llama con el viento: Y cuando suspiraba, su amor en su gemido porfiaba. Viendo llorar su fuego, un blanco arroyo se ríe de sus ecos; ay del enigma en que se ríe el agua de que llore el fuego: Y cuando suspiraba, su amor en su gemido porfiaba. Socorro, Dioses, que el muro, que labró Amsión, al centro baja deshecho en cenizas. Piedad, Dioses! Favor, Cielos! Guerra, guerra, arma, arma. . Mas qué pavoroso estruendo con idioma de más pena responde a mi sentimiento? El demonio que allá vaya, que se viene abajo el suelo. Qué ruido es ese? . No sé: mucho peor es aquesto. Qué tienes? . No tengo más que un miedo de Agualojero frío que quiebra los dientes. Ven acá. . Aquesto es hecho. Quiere mucho a Timocléa tu amo? . Ya estoy perplejo, . y todo esto va perdido, sino la barajo el fuego. Si quieres saberlo, escucha: todo el campo es un pañuelo en que el ruido se ha sonado. Con aquesto la divierto. Ella corresponde, di? Ya escampa, y viene lloviendo: . sin duda, que dan asalto a Tebas, porque el estruendo es mucho. . No me respondes? vive Dios::- . Tente, te ruego, que si me haces coscorrones, no seré Migajón tierno: Mi amo te adora, señora, desde que le pasó el pecho un retrato tuyo, en una flecha, que fue de buen viento, o de buen aire tirada: yo soy su criado; y viendo que suspiraba, y gemia, pido licencia y me vengo, por no ajar a tu deidad, ni atropellar tu respeto, a decirlo, sin decirlo: valime de aquel espejo, y cuando yo te esperaba con un dulcísimo gesto, con un enfado entre risa, y un enojo así halagüeño (porque a ninguna mujer le sonó mal él te quiero) de tu altivez en la torre mandaste tocar a fuego. Él, señora, a ti te adora, esto es claro, y sin rodeos; lo que ahora falta es que tú, si quieres por Dios hacerlo, me saques de la maraña, pues ya sabes el entedo. Tente, Filipo. . Ea, aparta: date a prisión. . Qué es aquesto? Que Timoclea, movida de piedad, o de otro intento, ampara a aqueste Tebaño. Si es Tebaño, muera luego. No muera. Pero qué miro? Ay, Amor, qué es lo que veo? . Que por retirarse, ha entrado . hasta la tienda de Venus! sin mí estoy. . Si es mi delito no darme por prisionero, por no cometer más culpa; a vista de Ismenia Venus, adonde los bríos solos no pasan de rendimientos, siendo en nuestras voluntades las adoraciones feudos, por culto de su deidad en las aras de su Templo, la humillo el acero y postro víctima pequeña al Cielo, rindiéndole de mi enojo la llama, que es ya respeto, entregándome al castigo gustoso, aunque soy el reo; pues doy para el sacrificio llama víctima, y acero. Vive Dios, que este es mi amo, que lo he dudado, advirtiendo, como está aquí. . A tan cortés acción, el corresponderos es deuda; libre estáis ya. Qué escucho? (rabio de celos) . El que vuelva libre a Tebas tú no puedes aquí hacerlo sin que lo mande Alejandro; y antes sabrá aquí mi esfuerzo quitarle la vida: muera, Soldados. . No muera. En esto de pendencia femenina lo mejor es estar neutro. Qué es esto? apartad. , . Señor::- Lisandre aquí, cuando tengo publicado, que ningún Capitán de ese soberbio Senado pueda pisar mi campo, ni aún en el tiempo en que los Juegos sagrados se ejercitan? qué es aquesto? hablad, porque a duda írrita más. . Oye atento. la hora, cuando el hacha ardiente Sol, desde el celeste candelero humeaba en las aguas de Occidente, Jetal dejando a todo el Orbe entero: Era la hora, que al morir luciente aquella lumbre del primer lucero, al apagar su luz en ansias bellas los humos que arrojó fueron estrellas: Cuando yo, que velaba ese sagrado muro de Tebas, cuando lo paseaba en la primera hora, oigo templado instrumento, que al aire se quejaba de una voz tan suave acompañado, que me adurmió en lo mismo que velaba; aunque en contraria métrica armonía me despertaba lo que me adormía. Así suspenso, el muro en infelices hados se estremeció, quebrando hyedras, brazos que son en pálidas raíces del cuerpo de los años verdes medras; estalló a un golpe, y porque solemnices las que puso Amsión sagradas piedras, sin mí, y conmigo, de mi mal seguro todamos a tu campo yo, y el muro. Timoclea la muerte me procura, Venus Ismenia darme vida intenta, y encontrada pelea, y lid tan dura, desaliento en lo mismo que me alienta, una cruel, afable otra hermosura; esta me anima, aquella me amedrenta, y en tanta confusión, y en tanto acaso, tú, gran señor, llegaste; este es el caso. Di, Timoclea, cual es tu intento? . Ay dolor fiero! El hacerle prisionero, para ponerle a tus pies. Habra más severa suerte que la mía, si se aprueba, pues porque a ella no le deba la vida, busco la muerte? Que ha de volver libre aquí porfío; pues que discreto, por no ofender mi respeto, se entregó ahora (ay de mí!) Con que tú solo pretendes el prisionero entregarme? Sí, gran señor. Declararme . no es posible. . Y tú ahora atiendes a que habiendo sido aquí contigo atento, y cortés, que vuelva libre? . Así es. Pues ya su remedio dia Cuál es? Al verla estoy ciego. No me asustes, corazón. . Estimarte a ti la acción, y a ti concederte el ruego: sin desairar aquí a una, ni otra con exceso; por ti Lisandre está preso, y libre queda por ti. Celosa en dolor tan fiero, . a fuera le he de aguardar, para hacerle allí matar; mas no haré tal, que le quiero. Dadme licencia. . Los Cielos te guarden: Vamos, Soldados, que mañana esos osados muros: . Ay de mí, Cielos! . Por aquesa inaccesible muralla, que está deshecha; he de asaltar por la brecha que se ha abierto. . Es imposible; porque han hecho los sitiados, con su militar apresto, un reparo, que su puesto será entierro a tus Soldados: antes, señor::- . Hados fieros, . qué me queréis? . Que ahora oses el asalto, haz que a los Dioses consulten los Agoreros. Aquí hay secreto; y en tanto, a Venus deidad obliga, porque la Diosa nos diga el prodigio del encanto. Toda esta noche no cese el sacrificio a la Diosa, que el corazón no reposa, hasta ver que desfallece ese muro: Venus bella, Júpiter tu vida guarde, para que ningún cobarde de Tebas quede con ella. Os vais, Lisandre? (ay No señora (sin mí estoy!) no señora, no me voy, cuando tengo el alma aquí. Qué decís? . Ahora se alegra. Señora, digo que ahora::- Hombre, no tanta señora, que ese es requiebro de suegra. Tan cobarde ahora se inclina vuestro brío? . Echó ya el fallo; el Soldado, que es más gallo, con una Dama es gallina. No es valentía el callar retórico el padecer, antes el enmudecer es más valor del penar. Quien dice su mal feroz, halla ya alivio en su suerte; mas ay de aquel, que en su muerte le atormenta más su voz! Del callar no diferencio el decir, si se ha de hablar. Por qué? . Porque en el calla habla tal vez el silencio. Pues sin decírtela yo mi pena ahora (ay de mí!) tú puedes saberla? . Sí. Y puedes decirla? . No, Pues en callar, qué granjéa tu voz? (ay bella enemiga!) Sí quieres que ahora te diga que tu Dama es Timociéa; y que su retrato en una flecha tu pecho pasó, y que dos veces te hirió, siendo la herida fortuna (pues fue alivio al padecer) para qué lo he de decir? No he visto en mi vida urdir . tal embuste de mujer; mi amo pensará que trato yo este entedo. . Hay corazón! engaño de Migajón (porque vea su retrato en mi poder) este ha sido. Ves como callas, oyendo que lo sé? . Estoy discurriendo quién, señora, te ha mentido. Quién lo dijo, no mintió. De Timoclea no es? Pues mostrádmele. . otra vez con la flecha se clavó. Así averiguar pretendo si el Criado habló verdad: Dadmele. Si haré; tomad: . más Cielos, qué estoy temiendo? Qué miro? . Qué linda lanza. Es verdad esto, o mentira? más suspéndase mi ira: Es esta vuestra esperanza? Ella es mi bien. Ciega estoy! Mira si mentira entablo. De verdad? Verdad os hablo. Sabes, Lisandre, quién soy? Venus, hija de Leonidas eres, Senador Tebano; y quien (ha rigor tirano!) rinde a su culto las vidas. Pues cómo, di::- A huir me arrojo. Aqueste retrato a darme os atrevéis? . Abrasarme a su luz os causa enojo? No miras, que soy mujer, y que en celos: pero, Cielos, qué es lo que dije? yo celos? yo amar? yo fácil querer? mintió mi voz. . Que me asombre permite, y que a preguntarte llegue, qué pudo enojarte? es culpa el amarte un hombre? Si por adorar tu estrella mi adoración te enojó, qué culpa, di, tengo yo, que tú nacieras tan bella? Entre la pena, que lucho, puede ser, cuando lo admiro, mentira aquesto que miro, verdad aquello que escucho? Esto intento. . Darle trato más cuerda: aquesta hermosura no miras que es tu pintura? Ah falso amante, ha ingrato! que así pagues mi afición! Lisandre? . Señora? . Llega. Qué bofetada le pega. Es este tu corazón? Ay de mí! Cielos, qué miro? Por Dios, que también me clavo; el desahogo le alabo. Señora::- (apenas respiro!) El juicio ha de quitarme el caso, y enloquecerme. Para dejar de quererme, fue preciso desairarme? Mi bien, señora, mi dueño, el Cielo solo es testigo (yo no sé lo que me digo) que yo sí, cuando::- Esto es sueño? Traidor y mal Caballero, falso, inconstante, atrevido:- Señora::- . Pierdo el sentido. Mira que yo::- . De ira muero. Suspende la ira, detén el arpón, hija del desdén, madre del Amor; no cese el rigor, la ira no cese, madre de la llama, hija de la nieve. Que no ofende a la deidad el que ignorante de la culpa ofende. Que el desaire del rendido, desaire se mira, y agravio se siente. Vete. . Si haré; mas antes que de tu vista me ausente, sabrás: . Qué sabré? Que el alma desde que te vio, sin verte, en víctima su albedrío sacrificó a tus desdenes, donde pretendiendo el fuego siempre vive y nunca muere; porque él respeto le apaga, si la osadía le enciende: y así, de tu justa ira el justo enojo se temple, diciendo con esa voz, que de Tebas oír se puede::- , . Que no ofende a la deidad el que ignorante de la culpa ofende. Luego el darme de tu Dama un retrato, no me ofende? Ea, vete de m qué aguardas, qué esperas? vete. Escúchame. . Cómo pides que te escuche, cuando advierten, a mi pesar, esas voces que en el sacrificio atiendes:- , . Que el desaire del rendido, desaire se mira, y agravio se siente. Pero antes que te vayas::- Pero antes que me ausente::- Sabe que en el campo dejas::- Sabe que a Tebas se vuelve::- Una mujer desairada, enemiga tuya siempre. Un hombre, que siempre amante te adorará eternamente. Pues la música que oyes::- Pues esas voces que atiendes:- Te está diciendo: . Te dice:- Si la escuchas::- Si la atiendes:- ̱. Que el desaire del rendido, desaire se mira, y agravio se siente. , . Que no ofende a la deidad el que ignorante de la culpa ofende. Toda la noche aguardando hemos estado en aqueste bosque esperando el aviso de Lisias, por si la suerte favorable, y no contraria, piadosa ahora dispusiese la prisión de Venus, pues con ella solo se emprende de Tebas la duración; mas hacia allí escucho gento. Industria, ampara mi intento, pues llega de ti a valerse aquel que su vida arriesga por librar su Patria: a este lado han de estar los Tebanos con Teágenes. . Parece que allí se ha parado un hombre, Lisias será. . A mí se viene un bulto. . Lisias? . Amigo, todos en silencio duermen; la ocasión los Dioses ponen, la Tienda cerca se advierte. Pues qué aguardas? . Avisarte, que aquí en este sitio esperes; que yo con cuatro Soldados Grecianos (de quien valerme ha sido fuerza) traeré ese prodigio, que tiene tan amedrentada a Tebas; queda en paz. . Ea, valiente libertador de la Patria; tu lealtad el mundo cuente. A Venus has de llevar, aunque la vida perdiese. . Amigos, hacia aquel lado, que más secreto parece, os podéis retirar todos, en tanto que Lisias vuelve. . Señor, dónde vas? aguarda. A qué quieres que me espere desesperado mi mal en el último accidente? cebas Sí, pero advierte, que en ahora es imposible que entres: no miras que es media noche? Dime, Migajón:- Qué quieres? pregunta mientras esperas. Habrá más infeliz suerte que la mía? . Y cómo que hay. Quién la tiene? Quién la tiene? el que se casa, y no enviuda. Cómo, dime, de qué suerte de Timoclea el retrato tenía yo? . Tú lo entiendes? No lo entiendo. Yo tampoco. Quién sería tan aleve, que el de Venus me quitó? El demonio, es evidente: aquí hay pacto. . Pues en qué? no lo entiendo. No lo entiendes? Del espejo que te dije, y el retrato que no entiendes: maldito sea el hombre, amén, que a ninguna mujer quiere. Traición, traición. cales se oyen voces. Feliz suerte: Ya se logró nuestro intento. Teágenes, toma, y vuelve . a Tebas con el destino que influye males crueles, y a Dios; porque a divertir voy a otro lado la gente. . Espera, tirano, aguarda, traidor, cualquiera que fueses, dame la muerte y no a Tebas vaya Venus. . Sueño es este que me pasa: Ay dueño mío! Enhorabuena en aqueste monte el día esperara, si tu luz iba a ponerse. Traición, traición, arma, arma. Sin duda, otro encanto es este. Teágenes valeroso, si acaso te compadece una mujer desdichada, que batalla con la suerte contraria de su destino, dame libertad; no intentes que aquello que tú quisiste (si fue verdad que quisiese quien se venga de este modo) muera hoy infelizmente: y si el rencoroso enojo de que yo no mereciese a tu amor el noble oído, pudo ahora ensordecerte; viven los sagrados Dioses, que antes que en Tebas yo entre, desesperada al remedio, yo misma me dé la muerte. Qué por vengar su desprecio . Teágenes tal intente? Vive Dios::- . Qué me respondes? Todo el campo se previene en arma; mas allí a Lisias a la luz, que resplandece de la Luna, he visto: Oh noble defensor sabio, y valiente de la Patria; pues lograste traer prisionera a aquese prodigio, que causa a Tebas tan no pensado accidente: qué esperas, que no la entregas? qué aguardas, que no te vuelves a tu campo, cuando miras el riesgo si te detienes? Qué he de hacer, Cielos, en tanto empeño como hoy se ofrece? . Yo soy amante, y soy noble; sino la entrego, perece mi Patria al cruel destino que por ella se previene. Si la entrego es a morir, y es mi Dama la que muere: mirar por mi Patria es fuerza, mirar también por aqueste prodigio, que el alma adora, es preciso; y se resuelve a esto el valor; y más cuando a este traidor no le mueve el seguro de la Patria, sino su venganza aleve; y esta es contra una mujer, a quien es forzosamente que la ampare; y más ahora que el sentido ya me advierte celos, que aunque despreciado su amor, a mi amor ofende. Muera Teágenes, y viva Venus, a esto se resuelven amor, y celos perdóneme Tebas; pues si solamente ciego de amor estuviera, puede ser el que advirtiese su peligro, más celoso, es estar ciego dos veces. Qué me respondes? . Ahora lo verás de aquesta suerte. Traición, traición. . Hacia Tebas nos retiremos, que viene el campo sobre nosotros. Puesto que la espalda vuelven, a tu Tienda te retira; mas en el monte no esperes. Hombre, que cortés me obligas con lo mismo que me ofendes, quién eres? pues ya discurro que Teágenes no eres; pues si fueras él, no ahora sacaras contra tu gente la espada. . Soy el que ha dado palabra de eternamente adorarte, aunque la tuya la ha dado de aborrecerme. Yo a ti? . Ahora no es tiempo de que aguardes, ni que esperes. Que en fin ahora he de irme sin saber de ti quién eres? Es preciso. Arma, arma. Qué esperas, qué aguardas? vete; Válgate Dios por Soldado, y qué obligada me tienes! . Válgate Dios por mujer, qué de finezas me debes! Válgate Dios por tan larga noche, qué tarde amanece! tasera tra era cia tra eora cesoro
JORNADA TERCERA
Arma, arma, viva Tebas. Toca a recoger, Tambor; qué quiere el Cielo de mí? de enojo rabiando estoy: qué así un mísero Lugar se defienda a mi valor? Señor, suspende el enojo, que el Tebaño te causó, y porfía en los asaltos, sin cesar en su furor, y venzalos la constancia, si el valor no los venció. El indulto de mujer te valga en esta ocasión, que al contemplarte Tebaña, te matara vivo yo, si a piedad no me movieras. Si tu piedad amparó a Venus (porque ella dijo que de había de ser y ordena, que sino la entrega hoy, muera, y cuantas son con ella Sacerdotisas de Amor. Has dicho bien: muera Venus, si a mi deidad le mintió, y mueran esas Tebanas, si antes que se ponga el Sol Tebas no se me ha rendido: De cólera en mí no estoy! . Oyé, escucha (qué crueldad!) Venus muera; acabe hoy el vaticinado estrago, que mi Senado temió. Venus, no ahora desmaye tu brío a la pena atroz: a aquesos Tebanos muros (de quien son hoy corazón maridos, padres, y hermanos) lleguemos rendidas hoy llorando, porque apiaden el enojado rencor que tenían con nosotras, sepan en la confusión que estamos. Muy bien nos dices; gima entre el llanto el dolor, suspire en ecos el pecho, y llore en ansias la voz, llegándonos hasta el muro, marchando al penado son de la destemplada queja, y del bastardo clamor; instrumentos que se tocan en la marcial confusión de un ejército de ansias, donde para más rigor los sustos de los sentidos son sueldos del corazón. Vamos diciendo, aunque en triste cadencia, en acorde voz::- Ah de ese divino muro, ha del monte, que labró un Dios, para que ahora fuese sacrificio de otro Dios: soíd, escuchad, atended el rigor, y si una voz os irrita, (piedad os cause rendida otra voz. a Ninguno, aunque asaltarla admire la Ciudad, a la muralla salga ahora inadvertido, sin que cierre la puerta del oído contra aquesas firenas: ningún Soldado salga a las almenas, aunque nos traiga el viento en su amargo suspiro el dulce acento. Quién sería aquel hombre, que para que mi suerte más se asombre, estorbó con arrojo de Venus la prisión (rabio de enojo) que no me persuado a que Lisias traidor me haya engañado. Adónde mi amo está? Qué quieres, Migajón? Oye: Yo estaba en esas almenas, que ven de día, y de noche el campo azul de Neptuno, de Ceres el verde monte, cuando a Tebas vi marchar un Ejército de soles, que me hicieron ver Estrellas, según me hirieron de golpes: todas piden al Senado, que de ellas se duelan, porque Alejandro ha promulgado auto sin apelaciones (que es como sin remisión) que mueran, si no disponen que Tebas se entregue. . Calla, o vive Dios, que te ahogue. Ay. Venus! ay hija mía! de tu estrella los rigores trágicos, si no contrarios, infausto influjo dispone, que pague el delito ajeno quien la culpa no conoce. Qué hemos de hacer? Qué que mueran, y viva Tebas al Orbe feliz: Ay hija! que el alma se me parte con mis voces. Oíd, escuchad, atended el rigor, una voz os irrita, d os cause rendida otra voz. Pues como caber podía que un noble pecho que oye el riesgo de una mujer, no ha de socorrerla? . El noble ha de anteponer la vida si la Patria riesgo corre. Pero si la propia sangre nos arrastra? . Ser innobles, que más padece mi pecho, que el vuestro, cuando conoce que Venus ha de morir, y es mi hija, y yo a los Dioses la sacrificara, si faltara otro Sacerdote; porque primero es mi Patria, que mi sangre: Ay de mí! pobre viejo, que aunque disimulo el corazón se me rompe. Sin duda, que quiere el Cielo . vengarme de sus rigores. No lo permita la suerte; pero si el hado dispone el que sus luces me faltan, para que sombras me sobren, moriré con ella: bien de mi fuego a los ardores, como aquel joven, que hizo arder el cristal salebre del Egido, no a volcanes; o bien como el otro joven, que fiado en blanda cera, labrada a susutro acorde, voló al airé, y cayó al agua, estragos de dos regiones; así mi amor, desde aquese gigante muro, que sobre blanda nieve es duro risco, seré Ícaro, o Faetonte, que despeñado en mi ansia, mi mismo dolor me arroje, y el que tálamo buscare, amargo túmulo llore. Ah de ese divino muro, ha del monte, que labró un Dios, para que ahora fuese sacrificio de otro Dios. o ha salido: parece que son de bronce a nuestros lamentos. . Cesen vuestros acentos veloces, en tanto que yo rendida al llanto, entre mis dolores mar me prevengo, en que infausto, sino, navegue, zozobre. Ah de la sacra muralla, ha de la divina Torre, que se asienta sobre espumas para levantarse monte: escucha mi acento, y pues que me oyes, ove mi ruego, y atiende a mis voces, Ah de ese sagrado muro, que labró Ansión, acorde, haciendo murallas duras con lo blando de sus voces: escucha mi acento, y pues que me oyes, ove mi ruego, y atiende a mis voces. Ah de quien a la luz, y sombra siempre mira, y siempre oye, de los días atalaya, centinela de las noches: escucha mi acento, y pues que me oyes, ave mi ruego, y atiende a mis voces. Abranse luego las puertas, y aunque el Senado lo estorbe, vaya Teágenes, Tribuno de la Plebe. . Por los Dioses, y por el Senado vaya Leonidas. . Y por el noble Estado vaya Lisandre. 3. Si haremos, si vuestras voces suspendéis hasta saber de qué nacen sus clamores. Parece que abren la puerta de Tebas, y que unos hombres hacia nosotras se acercan. Civil estrella, hasta donde han de llegar de tu influjo mis males, y tus rigores? Profugas hijas de Tebas, comuneras de estos bosques, piratas de aquestos mares, bandoleras de estos montes; qué queréis, emancipada sangre, que abrigó esa Torre sacra de Tebas, decid, qué queréis? que vuestras voces males vaticinan fuertes, presagios tristes proponen, qué queréis? . Si nuestra, pena puede articular razones, que lo dudo (porque hay males que no caben en las voces) escucha, padre, y señor, la causa de estos clamores. Ah tirano! no ha quitado . de Venus la vista. Dioses, o hasta cuando sus desdenes dejarán de ser rigores? Desde aquel infausto día, que vestido en confusiones fuego, tierra, agua, y viento en batallado desorden de uracanes, y de rayos, de rafagas, y temblores, el fuego eló tiritando, el aire se pasó a montes, la tierra voló ligera, y el agua abraso en ardores, (siendo el confundirse aquella unión de contradicciones, otra vez confusa mapa el mundo, y caos el orbe) hija infeliz arrojada fui de ti a los rigores de un acero, y de una llama, por vaticinar los Dioses, que Venus había de ser ruina de esas altas Torres de Tebas, sin distinguir del Oráculo las voces, si era la madre del fuego, o la hija de los montes: Librome Aristarco, en fin, y mientras los signos doce corrió el Sol, y en su carrera eló, y calentó los bosques, desnudando con los fríos lo que vistió con ardores, en una gruta silvestre, castillo de este Horizonte, estuve, hasta que Alejandro me halló en el espeso monte a mí, y a aquesas Tebanas, que ofendidas del desorden de quemar el Templo a Venus, venganza piden a voces. Nos llevó hasta sus Reales, templando nuestros temores, hasta que hoy irritado de ver que sus Escuadrones tantas veces arrojados de esas murallas de bronce, vimos que nunca bajaban precipitados Faetontes; acordándose que yo le dije en mis confusiones el pronosticado estrago de Tebas, cruel, e indócil, si antes afable, y cortés, de esta suerte nos propone: Tebañas, si en tanto que un giro ese Cielo corre, alumbrando con un día lo que oscureció una noche, no hacéis que Tebas se rinda; por esos sagrados Orbes, que movibles en su curso penden desde un Cielo innoble, que habéis de ser a mi Estatua sacrificadas, adonde vuestras vidas inocentes paguen culpa de traidores. En tanto mal, en tal ansia, mirando airados los Dioses contra Tebas (pues es fuerza, sino se rinden sus Torres, el que ahora mueran sus hijas) os llamé con tristes voces; y así, a tus plantas rendida hoy, padre, y señor, se pone una infeliz hija tuya: Si de padre te doy nombre, qué padre, di, no antepuso su vida, si riesgo corren sus hijos? casos, y ejemplos nos dan los brutos feroces; pues sabia naturaleza les enseña, y les impone política entre los riscos, y república de montes, que pierdan la vida, antes que el cauto Cazador logre robarles aquella imagen, que, pintada a sus borrones, aunque es concepto, que ignoran, es especie que conocen. Noble Lisandre, a tus pies también llorando se pone una mujer, que te obliga a ampararla como noble. Teágenes, gran Tribuno de la Plebe, no malogres con una crueldad el lustre que ha alcanzado tu renombre: entregad todos a Tebas, rendid esas altas Torres; pues cuando no por asalto se ganen, al duro corte de la sed, y de la hambre será fuerza que se postren; pues ya a la vista parecen de Tebas los moradores (desfallecido el aliento) cadaveres más que hombres, siendo aquesos homenajes, siendo esos muros disformes, sepulcros, mas que Castillos, mas que almenas, panteones. Padre y señor, no te obligan estos suspiros que oyes? ni a ti no te compadece, Lisandre, aquesta que corre nevada sangre del alma? Teágenes, mis razones, gemidos de mi pesar, no te mueven? con rigores tantos me tratáis así? merezca oír vuestras voces. Pero si mi tierno ruego vuestra dura oreja no oye; si lágrimas no aprovechan, gemidos de mis razones; si de aqueste negro traje, que sin adorno compone la tristeza, no os obliga; si el ver vagando sin orden el pelo, en señal del ansia que oprime los corazones, no os conmueve; si el mirar fustos, lágrimas, dolores; si ansias, ruegos, y suspiros no os ablandan; por los Dioses, que ven vuestra tiranía, mi justa queja oyen, que desnudando este traje que adorno mujeril pone, y vistiendo el frío acero que labró en la llama el golpe, correosa Haya embrazando, a quien una cuerda encoge, el cárcaj lleno de flechas, que son plumas, siendo arpones, batiendo el hijar a un bruto, negra nube que descoge, blanca nieve cuando para, tubio fuego cuando corre, después que abra la puerta Ariete de bronce, de entrar por la Ciudad matando a cuantos traidores han sido contra nosotras, más veloz que rayo rompe la nube, el aire, la tierra, relámpago, trueno, y golpe. Pero qué digo? Leonidas, padre, y senor y tú, noble Lisandre, Téágenes valiente, librad de aquestos rigores a tanta Tebaña, como a vuestros pies hoy se ponen: así vuestras armas triunfen del Peloponeso monte, a quien sujeta Alejandro; y así el más remoto orbe obedezca vuestras leyes; así viva vuestro nombre siempre eterno a los añales; y así a vuestros pies se postren del Asia las tiernas plantas, que exhalan dulces olores; del África la más blanda piel del bruto más indócil; de Europa la Regia Ave, que plumas bate veloces; de América rojo el nácar, que la perla blanca esconde; ofreciendo por tributo i las cuatro partes del Orbe, ya sean perlas, ya sean pieles, ya sean plumas, ya sean flores, por señal de su obediencia cuanto en distintas regiones nace al fuego vive al aire, surca el agua, y cría el monte. De piedra sin duda soy, . lo demás es crueldad; entréguese la Ciudad, pero fuera de mí estoy. De pena he quedado innoble; perdone ahora la fama, porque primero es mi Dama; pero primero fui noble. Con un engaño ahora tengo . de librarme; y pues constante Teágenes adora amante a Vemis (bien lo prevengo el darle ahora aquí trato (bien lo dispone el sentido) con un recado fingido de Venus este retrato; que a oír tan alegres nuevas como Tribuno, qué mueve el concurso de la Plebe, nos ha de entregar a Tebas. Que no os conmueve mi llanto? Ay desgraciada hermosura! Ay vejez, que hoy sin ventura acabáis con tal quebranto! Dejad el llanto (ay dolor!) tú eres el amante fiel? Qué padre ha de ser cruel? Qué amante ha de ser traidor? Su retrato? ya en qué tardo? logré su hermosura, Cielos. Así se vengan mis celos, y nos libramos. . Qué aguardo? Leonidas, Gobernador de Tebas? . Mi mal no cesa: . cuanto de oírle me pesa. Capitán Lisandre? . Amor, . qué haré entre ansia tan fiera? Dinos (aunque ahora te aflija) qué respondes a tu hija? Qué le respondo? que muera, y que Tebas no se entregue. Y tu voto ahora qué dice, Lisandre? . Ay infelice! Qué a esto mi fortuna llegue? En Venus vive el desdoro de mi sangre si ahora aquí se rinde Tebas por mí; pues muera Venus: la adoro. El pesar le tiene innoble. Pues como ahora inconstante . me acuerdo de ser amante, y me olvido de ser noble? Qué respondes? . Ea, aliento; que la Ciudad no se entregue. Ah falso! . El ansia me anegue al uracán del tormento: Tu voto falta. . Constante temo ahora de mi hado, que faltará el despreciado, si me ha faltado el amante. Ah tirano! . Vengativa será su voz (fijo es esto) si Venus le despreció. Ea, qué dices? . Que viva Venus y cuantas Tebanas están con ella, y que llegue a que la Ciudad se entregue a Alejandro. . Son tiranas las razones que refieres; y la Patria: . Lance fiero! No es primero? No es primero: primero son las mujeres. Entréguese la Ciudad, como nos den ofrecidas las mujeres y las vidas. Callad, Tebanos callad. La Plebe el tumulto empieza. Tebas no se ha de rendir, sin que primero morir se vea toda la nobleza. Los nobles con su valor a la Plebe se han opuesto. La Plebe es mucha; mas pre csto desvanecerán su error. Hija, lo consuelo en tanto sentir. Qué así me dejes morir? Es fuerza: Lisandre, ven: Ay de mí! . Qué así me dejas? no te enternece mi llanto? El corazón de quebranto se me parte al oír sus quejas: que aunque ahora no te cuadre, sin llevar intención doble, defiendo a Tebas: soy noble: siento que mueras: soy padre. . Lisandre (ha tirano!) en ti pretendo hallar más piedad. Ay adorada beldad! de dolor no estoy en mí. Venus::- . Qué dices? No sé. Qué, me dejas? . Qué rigor! Y he de morir? . Ay Amor! primero yo moriré. Fuese? . Sin hacer aprecio de nuestro mortal desvelo. Algún día querrá el Cielo, que yo vengue este desprecio. . Y tú has de morir? No hay duda: a media guisa iré en flor. Aguisa entera es mejor; por qué quieres muerte cruda? cuantas muertes vuestras nueces tendrán? . Una en mi sentir. Volveréis a revivir, aunque os maten siete veces. Por qué? . Ya decirlo trato: porque tienen (no te alteres) siete vidas las mujeres, como las vidas del gato. Alza un motín. . Un demonio, que pesa muclo esa pieza: no es mejor que por fineza se levante un testimonio? Qué friolera! ha busón? sepan cuantos aquí están, que aunque la ocasión nos dan, nunca hay hombre en la ocasión. . Mas Teágenes aquí se vuelve, y con él mi amo. Antes que en Tebas entremos tengo, Lisandre, que hablaros: Bien os acordáis de aquella noche, que de vos fiado al campo del enemigo entré venciendo por tantos inconvenientes, y riesgos. Bien me acuerdo; pues el sacro muro de Tebas conmigo vino cayendo hasta el campo. La interpresa no te dije. Ni yo te la he preguntado: aunque bien la supe, pues libré un bien de mayor daño. Pues has de saber, Lisandre, que en aquel último año que tú volvistes a Tebas, vi a Venus, aquese pasmo de Amor, pues para su Templo era el mayor simulacro. Vila unodla en que mi suerte enemiga hizo el acaso feliz, para que acabase lo dichoso en desdichado; orque hasta entonces, Lisandre, en el Templo había estado de Venus, y nadie en Tebas le había visto: A sus rayos quedé ciego, siendo Lince de su sol idolatrado; pues desde entonces me vio del Alba el luciente Astro, y el trémulo de la noche, que uno es sombra, y otro es rayo, a sus umbrales; que no es la primera vez que sabio Estatuario el Amor con el cincel de un cuidado labró Estatuas de finezas, haciendo un sentido mármol. Y ella, di, correspondió? El prodigio más ingrato fue, que admiraron los siglos; y tanto, que despreciado busqué venganza a mi amor, vileza fue, bien la alcanzo; y vileza sin disculpa, pues ni es noble, ni es honrado, ni discreto ni valiente el que intentó temerario vengarse de una mujer, que no se rindió a su alaje; mas ahora temerosa del trance que está esperando, o la ira ya depuesta de su desdén, o cansado de ser tirano su pecho, o mudada ya en contrario dictamen; porque quien dijo mujer, pareceres varios dijo también, pues que estas dan a la mudanza el paso; en señal de que ferá mi esposa, aqueste retrato me ha enviado, deponiendo, or lo tierno, lo enojado, cruel, por lo amoroso, por lo afable, lo ingrato: así he de intentar logras aunque por medios tiranos) lvencer este prodigio, el rendir aqueste pasmo, a tiempo que en la Ciudad están todos esperando de instante a instante la muerte, arque de sustentos faltos viven solo lo que alientan la respiración al labid: te pido, que no te opongas a mi intento; pues si osados la nobleza con la Plebe ahora se amotina en bandos, más presto entrará venciendo en la Ciudad Alejandro. Entreguémosla nosotros: Macedonios, y Tebanos sean amigos; y logre este portento este encanto, este asombro, este prodigio, y cumpla su influjo el hado; pues contra su vaticinio todo nuestro aliento es vano. A quién, sagradas Deidades, . a quien, Dioses soberanos, en vaso de una amistad sele habrá dado mezclado contra su Patria, y su Dama unos celos, y un agravio? Su retrato te envió? No te he de tratar engaño; este es. Válgame el Sol! p. no es este el mismo retrato que voló pluma, y fue flecha, que corrió arpón, y fue rayo? No hay duda, él es; pues al verle, el conocerle está claro, estando aquí de la flecha rota la vítela: a espacio, pesares, id poco a poco. Parece que te has turbado. No es turbación. Pues qué es? Que cansado de este barrio se ha ido a otro. . Qué locura Pues no lo miras mudado? Qué respondes? Mas si ahora corro a la memoria el campo dormido no me quedé con el retrato en la mano, cuando Teágenes entró? pues bien pudo amigo falso ponerme el de Timoclea, y hurtarme el de Venus; claro lo da el retrato a entender, y no habiendo antes logrado con amenazas su intento conseguir con este engaño, que Alejandro expugne a Tebas, que yo auxilie su bando, Venus agradecida le dé de Esposa la mano? pues no ha de ser vive el Cielo. Qué dudas? . Estoy pensando si es su retrato. . Querrás volver a verle. Y quitarlo . a un traidor, qué aleve amigo con falsedad me ha tratado, y castigar de este modo su traición. A tanto agrav no se suspende mi ira. Aunque me tiento, no me hallo. Caballeros: (mas qué miro?) si una mujer puede (ha falso!) pediros, que suspendáis aquese enojo (hah tiranó!) os suplica: . Ya mi acero está suspenso llegando tú; que no es acción cortés, política, ni de garbo, desairar a una mujer. Pues el mío no. . Villano es Teágenes en todo. Por más tiempo que estoy dando, quien los pueda detener . no registro en todo el campo. Dime, Teágenes, qué lance el disgusto ha motivado? Una ira. Oye, atiende. . Nada escucho; mas tocaron? Sí. . Sin duda que el metín en Tebas se va aumentando, y el estar presente es fuerza, dando aliento a mis Soldados: que el irme ha de ser preciso, . sin dar la muerte a un tirano! Yo te buscaré. . Antes yo te buscaré a ti: rabiando voy hasta que dé mi acero satisfacción a este agravio. . Algo yo a mí me debía, según ya me iba cobrando. Los Dioses te guarden. Oye. No ves que Tebas, en bandos amotinada, y confusa, yace en el último estrago? pues como quieres::- . Escucha, y no pretendas, tirano, irte, dando por excusa de Tebas el ruido, cuando tu ausencia solo es por ir a ver a Venus. . Andarlo: ella andaba con dolores, y llegósele ya el parto. Yo a Venus? qué dices? yo? Sí; tú a Venus quieres tanto, que alguna vez tu sentido fue Pintor imaginario; de modo, que haciendo idea, en la copia embelesado, fueron los ojos pinceles, y la voluntad la mano, que al llenzo de la atención, sin hacer borrón el blanco, dio el esmalte la fineza, el temor dio lo encarnado, las memorias las cenizas, y la mezcia los halagos, donde en el lienzo del alma, que deseos la imprimaron, todo cerca, nada lejos, poca sombra, mucho claro, nada duro, todo tierno, fue tu sentido sacando del prigibal la copla, y el (bosquejo del retrato. Cuando, si tú (ay Venus mía! pala, que sirve el negarlo, si las voces que lo niegan lo están ellas declarando) cuando, si tú, a decir vuelvo, nunza hasta ahora me has hablado, después que vine del Asia me viste tan tlevado con el retrato de Venus? Cuando yo te vi? (ha tirano!) cuando tú dándole treguas a la lid de tus cuidados (aunque no hay treguas adonde está el alma batallando) dormido con él quedaste, donde yo pude quitarlo, y poner en su lugar uno mío; de este engaño me valí para decirte mi pesar, y tu mal trato, mis celos, y tus ofensas, mis ansias, y tus agravios. Ven acá, Migajón. . Yo? Sí, tú, pícaro. Oiga el diablo. Te acuerdas cuando tomaste un espejo:- . Y con su marco. E hiciste que Ismenia en se que el demonio estuvo allí. No estuvo el demonio. El diablo estaría. . Yo si estuve. Lo mismo es en tales casos una mujer, que un demonio: por dónde pudo mirarlo? Detrás de Venus Ismenia estuve viendo el engaño de que supiese quien era de Lisandre el dueño amado, haciendo al cristal idioma del concepto de tu mano. En confusios los sentido por fuego en mi pecho, el paso sin saber adonde voy mil vueltas le doy al campo: más Timóclea, y Lisandre hablando están (ha tirano! detrás de estas ramas ahora oculta quiero escucharlos. Vive Baco, que decía Ismenia verdad. . Mas clara quieres mis desprecios, di? Mas propuestos mis agravios, mas mi queja averiguada, y mis celos más probados? . Mas esas Cajas, que ahora atiendes tronar al campos mas esos bronces, que al viento admiras gemir sonando; ase motín, que ahora escuchas, aquesos Civiles bandos, que ahora oyes, de mi ira son ejecución, y amago, trocando el amor en furias, en asombros el cuidado, la voluntad en enojos, y en crueldades los halagos, hasta que vea en cenizas, a la llama de mi pasmo, esa Ciudad, que de entierro te sirva, y de desengaño a los hombres, donde admiren de unos celos el estrago. . Señor, détenla, repara que las mujeres son diablos. Déjala, y ven, Migajón, a Tebas Hay adorado hechizo del pensamiento! ay Venus! y qué contrarios para ti, y para mi fueron los influjos de les Astros; pues a ti infeliz te hacen, y a mí me hacen desdichado. . De lo que miro, o escucho cual será verdad, o engaño? mis sospechas son verdades, pues ya miro averiguado, que Timocléa es su Dama. Ay de mí! mas también hallo que la deja ir recelosa; y entre el duro sobresalto de mí se acuerda, y suspira su infeliz muerte, y mi hado. Vuelva a vivir de mi amor el bajelillo encallado, que al uracán de los celos nació ira, y murió estrago. Pero cómo, si me quiere, se atrevió a darme el retrato de su Dama; y como (ay Cielos! mi vida menospreciando, a ellas a Tebas antepuso ya noble, o ya temerario: luego no me quiere? es fijo: luego me aborrece? es llano: con que mi desprecio es cierto, pues es seguro mi agravio. Mas ay de mí! pensamiento, y qué aprisa acaudillando vas memorias, que son viento, que otra vez amotinaron el piélago del discurso, que en bonanza iba surcando el bajel de mi cariño contra los celosos Astros; donde a esta nueva tormenta, a este nuevo sobresalto, timón es la voluntad, pierde del gobierno el mando, y naufragos los sentidos, que eran los remos del barco- del albedrío, se miran fin gobierno, y todo es bajios, de entre olas d rota el ancla del cuidado; sin que el sentido proeje, temo que ha de dar el vaso, quebrando jarcias de afectos, del escarmiento al peñasco, que a embates de ingratitudes hay riscos de desengaños: más cada instante que vuela el tiempo, se acerca el plazo de mi muerte: sacros Dioses, qué culpa tuvo mi infausto nacimiento, para que sea propio el ajeno daño? Qué culpa, sacras Deidades, A cometió quien (ignorando que nacia para ser de aquesa Ciudad estrago) nació para ser al mundo delincuente, y no culpado; tanto, que yendo a arrastrar, labrada de infeliz hado, la cadena de mi suerte, ajeno destino arrastro? Pero si estoy escogida por instrumento tirano, que destruya ena que fue asombro, siendo hoy espanto; como ya no manifiestan el enigma esos sagrados Dioses; pues ven que ese muro ni la llama lo ha abrasado, ni el agua lo ha destruido, ni el fuego lo ha deborado, y a mí me espera la dura sentencia que dio Alejandro? Mas sino miente la vista, de aquese etereo Palacio sagrada Deidad desciende, batiendo por plumas rayos: desciende desde el celeste coro al terrestre espacio en acentos que oyó el Valle. No te espantes, Venus, ta, no te espantes, que el aire no bata, a tierra no trague, el agua no inunde, el fuego no abraso, si en tus voces los Dioses sus efectos hacen del agua, y el fuego, la tierra, y el aire. Amsión, músico Rey, sagrado Cisne, que el aire de su voz en tierra, y vientos las fieras rinde, y las aves; a lo dulco de su Lira, de su voz a lo suave, desunió escellos, uniendo sin arte los riscos, las voces al artes bro esa Ciudad que mitas, con admiración tan grande, que transformó con su acento república bruta, a Político jasper mas sus cuipas castigando te escogieron las Deidades ra su ruina, porque él labró en ecos, tú en ecos acabes: modo, que si tu voz dere de Tebas vengarse, verás que a tu acento solo s Torres se hunden, sus muros se parte: intando tú, o repitiendo que otro acento cantare, serás de Tebas tu Patria la ruina mas cierta, estrago más fácil. Pordecreto de los Dioses esta embajada te trae Venus, porque vengue ahora de Venus divina, la humana el ultraje. Volviendo a decir mi voz, rompiendo al Sol los celajes: No te espantes, Venus, Ninfa, no te espantes, que el aire no bata, la tierra no trague, el agua no inunde, el fuego no abrase, si en tus voces los Dioses sus efectos hacen del agua, y el fuego, Clatierra, y el aire. . Espera, hermoso concepto do la carmín, y cristal formaron de nieve, y sangre un hechizo; escúchame: mas sin oírme corrió exhalación en giros, a ser Deidad, a quien rindan las Deidades sactificios. Mas qué Cajas destempladas; pero qué ronco gemido de bastardo, bronce sueva? Venus Ismenia, ya oído habrás la señal de que el plazo cumplió el edicto, y que es forzoso que mueras, pues Tebas no se ha rendido. Qué esperas? cuando la haguene arde ya junto al divino simulacro de Alejandro? Ya, Patria mía, te miro . segura de crueles hados, acabando este prodigio Sin duda, que son de bronta estos Tebanos altivos. Presto, señor, si me escucha verás postrado su brío, Ismenia, qué dices? cómo? Ya vistes que el vaticinio, que dio la Estatua de Marte fue que serían rendidos si oyesen la voz de Venus. Yo de Venus he sabido, que es mi voz dura saeta de Tebas al cruel destino, y que si quiero que caiga avina todo ese obelisco, al acento de mi voz será polvo aquese olimpo, que ahora es muro: Ea, qué aguardas? manda que estén prevenidos al asalto tus Soldados, que desde ese montecillo (a quien riega, hecho pedazos, ese arroyo cristalino) repitiendo yo lo que canten las que van conmigo, sus exequias oirá Te adonde admiren los siglos, que a la música de Venus los acentos repetidos, vencieron los Macedonios a los Tebanos altivos. Sin duda, aqueste es el hado, pues cuando hecho polvo vino ese Torreón al suelo, no hubo otra causa, o motivo mas de lo que escuchó a Venus. Pues a qué aguardan remisos mis Macedonios? Trompeta, toca al asalto: Prodigio hermoso de Tebas, manda, que ayudándote los rithmos, acompañando a tu voz, títubeen los Castillos, cayendo a voces humanas muros de acentos divinos. Ve a auxiliar, señor, tus Tropas; mandando al impulso herido del aire, el bronce que haga seña al asalto preciso, cuando a vocales acentos sean tuina los obeliscos. Tuya será la victoria. Tuyo el triunfo conseguido. Quién jamás pudo estorbar de los hados el destino! . Guerra, guerra, arma, arma. . Qué espera el ultraje mío, que no se venga de todos los moradores altivos de esa Ciudad; pues tiranos, crueles, falsos, e impíos, víctima humana me echaron a inhumano sacrificio, para ser racional queja entre irracional gemido? Muera un padre, que cruel, caduco, vano, y sin juicio, porque viviera su Patria, su hija entregó a un cuchillo: muera un falso, que engañando con dos diversos sentidos, dando verdaderos celos, mentía de Amor cariños; ni es galá padre, Galán, o padre, que hizo memoria de lo tirano, y de lo amoroso olvido. Caigan a mi voz deshechos esos soberbios Castillos, deshaciendo con encantos lo que se labró a prodigios; diciendo a un tiempo encontradas dulzuras, y parasismos. 4. Ay de ti, mísera Tebas, ay de ti, labrado bulto de piedras, que fueron aves, de acentos, que son hoy muros! Ay de ti, infeliz Ciudad, ay de ti, de Grecia escudo, que fuiste asombro a un acento, para ser a una voz susto! Hoy serás ceniza blanda, si ayer fuiste mármol duro, quedándote de advertido la memoria en lo difunto. Volverás a ser montaña, Ciudad, y en tu centro oscuro la que leyes dio a los hombres le impondrán leyes los brutos; porque al sabio destino de sacro influjo, vuelvan a ser riscos Llos que hoy son muros. Dioses celestes, favor. Socorro, Cielos divinos. Guerra, guerra, arma, arma. . Tebanos, este es castigo de Amsión. . Téágenes muerto (que era el aleve caudillo del motín) está segura la Patria; y así ahora, amigos, en esta parte del muro haced cara al enemigo. Adónde os podéis librar de mis voces? . Allí he visto a mi hija en el campo. . Mas, ay Dioses, qué es lo que miro! No vale nada esta tierra para flores; y es bien fijo, porque no pre Qué Ismenia vive! ay bien mío! Arma, arma; guerra, guerra. . Leonidas, aqueste sitio defiende, mientras las brechas reparo. Reparo hndo! Yo soy Tebas, la que vengo mi desaire en tu castigo; diciendo otra vez mi acento en voces, que son peliotos::- Ay de ti, mísera Tebas, e ay de ti, labrado bulto de piedras, que fueron aves, de acentos, que son hoy muros! Mas, Dioses, qué es lo que miro? sin duda, el hado de Tebas hoy se cumple; pues he visto caer a la voz de Venus la roca de aquel Castillo; Qué te espantas? a mi voz ina la que ha sido será m escándalo de la Grecia, y escarmiento de los siglos. Venus, ten piedad de Tebas. Por qué piadosos conmigo no fuisteis? . Hija, detén de tu música el fonido; pues lo que tu voz repite, ves acabar en suspiros: tu padre es quien te lo ruega. Mas que padre, mi enemigo es, a quien no enternecieron mis lágrimas, y gemidos, y dos veces intentó el darme la muerte impío: y así, repita mi acento::- Tente, señora, te pido, y salga yo de este jorno Migajón, y no ladrillo. Cielos, piedad. No te ablandan aquesos tiernos gemidos, que en militares acentos arroja el ardor ya frío? No te compadece el ver ansias, muertes; y emasem nm quiertos, que alentando mal el brío medio viven en la muerte, por estar el dolor vivo? Norte ablauda esta mojada nieve con sangre;, que en hale destila el alma al dolor? Solo a mi venganza aspiros Acuérdate, que mil neces mi vida estaba a peligro de perderse, y que: a entreguda fui de ellos al sacrificio; y que mi muerte han buscado, y que profuga he vivido, como enemiga arrojada, sin casa, ni domicisio, entre peñas como bruto, como fiera entre los riscos: no te conozco por padra, ni a ella por Patria la miro; y si acaso fuiste tú mi padre, sil acaso abrigo me dio Tebas, desde mi ser desnaturalizo; pues ni padre tu conozco, ni a ella por Patria la estimo? y así vuelva anra a debie voz que ha de acabar gemido. Ay de ti, mísera Tebas, ay de ti, de Grecia escudo, que fuiste asombro a un acento, para eser a una voz suste De legiones imagino que muere Tebas, y yo y es verdad, según admiro, que ella fallece, y el Templo está ya dando estallidos. Leonidas, con esa gente, que más descansada miro, socorre el Templo. Si haré, aunque en vano, si tú, amigo, no alcanzas que deje el canto ese, fiero Cocodrilo. Si haré (ay Venus divina!) Lisandre es (ha enemigo!) Ea, Soldados, al Templ que en venciendo sus Tebas expugnada está. No será mientras yo vivo, que hasta morir la defiendo. Bellísimo encanto, hechizo, que en la copa de los ojos bebió el alma; yo te pido que te duelas de tu Ratria, que muere al dulce delirio de tu voz. Eso deseo: muera, y vénguese mi brío: y tú, tirano (ay de mí! que le quiero, aunque me irrito mas no fue quien falso amante, no fue quien falso enemigo, por ser leal con su Patria, fue traidor con mi cariño? pues muera. Venga tu ira en mí, que a tus pies rendido, por dicha tendré el enojo, y por favor el castigo; y perdonales; que al dulce acento, que al blando hechizo de tu voz oyen la queja muriendo de haberlo oído. No, tirano, así pretendas librarte con lo rendido; pues a Timoclea estimas mas que a mí. Ay dueño mío! solo a ti te adoro. . Tebas fue antes que mi peligro en tu amparo. Nací noble, y el defender es preciso mi Patria. Y dejarme a mí en riesgo tan conocido, fue preciso? Ea, calla; mas qué aguardo, que no vibro contra tu vida el influjo más cruel del hado impío? Mira, que te adoro. Ah falso! Mira que te quiero. Ah si Oye mi bien. No te escucho. Mira mi amor. Es fingido. No te enternezco? Soy mármol. Que no te ablando? Soy risco: repitiendo mi venganza, al compás de los suspiros::- a. Volverás a ser montaña, Ciudad, y en tu centro oscuro la que leyes dio a los hombres le impondrán leyes los brutos; porque al sabio destino de sacro influjo, vuelvan a ser riscos los que hoy son muros. a Pues es fuerza que me oigas, que tal vez un beneficio ignorado de la parte de aquel que le ha recibido, si lo calla el que le hace, resulta en desprecio indigno de aquel que le recibió; y soy amante tan fino, que no sentiré el morir tanto como oír altivo tu natural, no pagase la deuda de un beneficio tal, que fue darte la vida a costa de mi peligro, en ocasión que mi gente ya prisionera te hizo: Esto es fuerza que te diga, esto advertirte he querido; no tanto por obligarte el que perdone tu brío a este amante, que postrado a tus pies está rendido, como porque no perezca tu padre al cruel destino, ya que los más Ciudadanos muertos yacen, y rendidos; y así tu voz::- No prosigas, Lisandre, que repetido en la ocasión, muchas veces ha podido oque no ha podido el ruego; le si, desde luego digo, e las vidas os concedo; ha de estar a mi arbierio estruir la Ciudad; de de su muro altivo han de quedar aún memorias, que, puedan decir al siglo venidero, la crueldad metieron sus hijos sina mujer, que solo e su culpa haber nacido sujeta a tan vil estrella, que un padre infeliz la hizo; y así, los muros dejad, jad a aqueste sitio, tes prosigan toidos de suerte, osy demolidos, ninguna señal, les quede de aquela mismo que han sido, Ya vamos a obedecerte. por Dios te pido? Seño que no tes, hasta que a salido. . i Si el que puede, y no se venga, mayor lauro ha conseguido; bien podré en esta ocasión decir, que el mayor ha sido el que he conseguido yo; pues a un tiempo he conseguido vengarme de los traidores, y perdonar los rendidos. Ya a tus órdenes nos tienes. Ismenia, a tus pies rendido No prosigas: a mis brazos llega; llega, padre mío, a mis brazos, y a mi alma: y ahora de nuevo prosigo mi venganza con mi voz; pues los Dioses han querido, que destruyese un acento lo que el otro acento hizo. Volverás a ser montaña, Ciudad, y en tu, centro oscuro, la que leves dio a los hombres le impondrán leyes los brutn porque al sabio destino de facro influjo, vuelvan a ser hoy rifeos los que hoy son muros. Válgame el Cielo Victoria por Alejandro. ̱ Cante aqueste trinnfo él Venus Ismenia, a tu voz este triunfo conseguido le debo, no a mi valo? Tu favor, señor, y con él a suplicarte. mo atrevo, que los ae en tu servicio se pues todos tus entre las tuinas perecen; soso, por estos, te pido: porque a un padre, y a un amante, dy el reservar ha sido, la obligación al uno, al otro por pii cariño; pues desde mis tiernos años E mi Esposo ha prometido, por qe retrato, que acaso a su mano el destino. lleve Y a mí, porque de este amor el sastre fui del Campillo? Todos estáis en mi gracia; y así marcharéis conmigo a mi Corte; con que todos a una voz digan rendidos: que en estando de los hados decretado algún peligro, no hay contra el Hado defensa. Mas si agradar ha podido la Comadia contra el Hado, alcance su Autor un vie
