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Texto digital de No hay contra el amor encantos

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay contra el amor encantos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-contra-el-amor-encantos.

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NO HAY CONTRA EL AMOR ENCANTOS

JORNADA PRIMERA

No la sigamos, que el viento imita, cuando en sus plantas alas acredita. Por la incluta montaña en la male- de abe jurando está su ligereza (za, Trepó la corza al monte, dando al viento envidian del diáfano elemento, siguiéndola, a la orilla llegamos, qué vistosa maravilla. Neptuno en crespas olas nos presenta en ellas cristal mueve, plata obstenta. Hacia allí; con anhelo acreditado veo unos pescadores, del salado mar, las redes conducen sus empleos, fiando en tal acción. . A mis deseos será lisonja ver sacar las redes. (des Mucha prisa se dan, ya presto pue- lograr hoy, gran señora, los cuidados, que curiosas te ofrecen. . Almirado unos a otros se miran, ya vuelven a tirar y más se admiran. Tira Silvio. . Ya tiro, y de lo que descubro ya me admiro. Tiremos todos juntos. Norabuena, ya el bulto conducimos a la arena. Un hombre entre las redes a la orilla sacamos. . Prodigiosa maravilla! Admirable suceso. Si esta vivo? (siyo. Ya estoy de verle, Silvio, conpas- Júpiter, si estuy muerto, en el golfo, en la playa, o en el puer- Ay de mí. (to? Vivo está, pues que se queja, con suspiros los montes blandos deja, portentoso trasunto se ofrece al fin. Parece que difunto casi quejas esparse, y repetidos a los Cielos dirige sus gemidos, gallardo cuerpo tiene. Piedad a su desdicha se previene, y a admiración obliga. Caso extraño! (ño? Es ilusión, es sombra, o es enga- esta deidad es del retrato dueño, causa divina de mi dulce empeño. Traed con que se abrigue. En un instante voy, y traigo un gaban. . Grave semblante, cuy dadoso me mira, y lastimado, al discurso le añade más cuidado; parece que luchando entre su pena el suceso escribir quiere en la arena. Caso ha sido espantoso. Aquí el gaban está. Pues ya piadoso el Cielo a mi quererla, hace que arribe al puerto de mi estrella dichoso me imagino, sin duda de los Dioses es destino, encanto me parece cuanto a mi pena el Cielo aquí se ofrece. Di, Joven, que suceso desdichado, contra inclemencias de inconstante hado, aquí te ha conducido? de Parténope Rey soy, advertido refiere la desdicha, a quien excedes y valor. con donued Oye, si puedes escuchar al que admira en desengaños futuro ejemplo de presentes daños: y en tanto que al aliento fatigado algo con tal favor dejo, alentado, aplaudiendo tus oídos un portento, y el suceso sabrás. Ya estoy atento. Sabrás, Monarca invencible, cn yo esplendiente renombre, Fénix le víncula al tiempo, triunfando de emulaciones, Como aunque rebeldes hados, o me embarguen, o me borren, grandeza, poder, y pompa, con obstinados rigores, que Príncipe soy de Albabía, que es Lirgandeo mi nombre, cuya notoria nobleza, cuyos heroicos valores, y cuya extirpe la fama de ilustres progenitores, dilata graves proezas, informa cabados bronces, desde el Páctolo al Cuistro, del Nilo, al Lurimedontes. Por fama, y por retrato, que me dio (ay de mí!) una noche un Pintor, de cierta dama, loca el alma enamorose. Ya este tiempo, cuando amor, por deidad, y la más noble, tierno le sacrificaba ardientes inspiraciones, el Rey mi padre insistió en que fuese mi consorte Rosalvirá la Princesa de Tinacría, y porque logre en su designio cuidados, que a matarme se disponen, de Rosalvirá un retrato me dio, para qué ocasione los tormentos una pena, un un disgusto los rigores. Díjele, que no trataba de casarme por entonces, y un, esto ha de ser, fue rayo, que destruyó más acciones, que taló mis esperanzas, y es causa de que me ignore a mí en mí, pues ya confusa, las diáfanas Regiones, poblando ardientes suspiros, quedó el alma, porque un hombre, que por fuerza ha de casarse, vencido de otros amores, las desgracias le interpretan, y cuando la muerte escoge, aún a sí mismo se niega, y aún de sí mismo se esconde. Miré el retrato, mal dije, el retrato a mi mirome, que es lo más cierto, que yo atiendo a otro más noble, cuyo dueño (ay Cielo santo!) cifra en un sol muchos soles; parentesís hecho el gusto estaba sin alma entonces. Diome en efeto, el retrato, y al mirarle, con mayores ansias, fue espelunca el pecho de Baboras, y Escorpiones. Mandó mi padre, que al punto me retraten, porque informe en Tinacría mi trasunto a Rosalvira faiciones. Y al retratarme, confuso, como quien espera el golpe de un ver lugo, esperé yo de un pincel vanos colores. Indiscreto fue el Pintor, que si al rostro corresponde del corazón el incendio, mostrando penas que aborte, y él no lo ignora, debiera, para adquirir más renombre, retratar un Etna, en vez de retratarme, y conforme fuera el retrato, a lo que era Lirgandeo entonces; pues despachado al dolor, para desdichas atroces, y habiendome de casar de mi albedrío fin orden, pasar plaza de volcán es poco, que el que se expone a casarse sin su gusto, se alimenta de rigores, que cometas se sustenta, y hecho tolo exhalaciones, rayo vibra, fuego exhala, daños busca, vive horrores, penas llama, adquiere asombros. y bostezando escuadrones de Áspides, Serpientes, Hidras, Tigres, Viboras, Dragones, Cocodrilos, y Alacranes, ofuscado en disenciones, él, y el infierno, sin duda, son en lo ardiente conformes, en las pena son iguales, y en los tormentos atroces. Dentro de muy pocos días dio a las capitulaciones, y a los conciertos mi padre fin, y porque más se asombre, fui por la posta a mi puna, pues brevemente dispone, que me embarque, obedecile, y para seguir su orden, surqué con cuatro Galeras. del mar las pompas salobres. Navegamos viento en popa muchas millas; pero ponen pausa al favorable viento los Cielos, y con rigores, de agua, y truenos ejecutan el dictamen de los Dioses, pues en un instante el mar, de airadas ejecuciones mostró imperios, y de espuma? formó plateados montes. Quita la vela mayor, el Piloto dice a voces, cruje la entena, y mirando ya los peligros mormes cuidadoso el Muraburo, el Comitre pide, y pone Solo ya enfurecido en el profundo los bordes de mi Galera, y tal vez con duras implicaciones, tan alta la sube, que a salir el Alba entonces, la cogiera por sus manos desde sus bellos balcones, a fin de que la sirviera, joyel para que se adorne. Echan la ropa en el mar todo es grita, y confusiones, y torbellnos de viento, y de agua, porque zozobre la Guiera, ya a la quilla las tablas no la socorren todo el viento lo de sune, todo lo desovicia, y rompe, todo daños pronostica, todo asegura temores, rigor con rigor se cnleza; y así viendo tantos golpes de fortuna, y que peligra mi vida, el Cielo dispone que en una tabla afligido me entregue al mar, donde examine en mis desdichas, si permiten duraciones. Fui, gran señor, fluctuando. sobre recelos, y sobre el gran Reino de Neptuno, donde en nevadas mansiones, cristalino centro empuña de los cristales mejores. Y al tiempo, al fin, que tiraban la red esos pescadores, pude asirme de sus lazos, porque a nueva vida torne. A la orilla, como ves, me han sacado, porque note, que he escapado de casarme contra mi gusto, y me informe dichoso ya, pues es bien, que en dos desgracias egnore cual pudo ser la mayor, el casarme, o el deserden de las olas que a mi vida amenazaban discordes. Mi gente, sin duda alguna, le perdió, porque a los choques ya de escullos, ya de vientos, nadie feliz se supone. Este retrato que ves. es de la dama que adore el alma siglos eternos, él me ha servido de Norte, y no habiéndole perdido, son mis dudas superiores: que aunque le tiene borrado el elemento salobre, y deslucido, por ser hecho de iluminaciones, en mi corazón amante, aunque las aguas le borre, para eternizar mi fama: forma graves impresiones. Este es, señor, mi suceso, admírale como noble; como sabio le pondera, pues enfasis se supone: vivo estoy, y muerte estuve, y libre de dos rigores, esento de dos desdichas, porque les deba a los Dioses, o a la deidad del retrato, que está luciendo esplendores, la vida, el ser, el cuidado, dichas, gustos, y favores, glorias, venturas, amparos, piedades, y aclamaciones, mientras, heroico Monarca, hoy desde el Sur, hasta el Norte, y grave de Tile, a Batro queda admirable tu nombre, para que altivo jamás surque el algozo Aqueronte, ni las ondas de Leteo, su brillante anzuelo estorben. Y porque tu fama ven repatidos los blasones, allanadas las hazañas, envidiados los valores, aplaudidas las grandezas, elevados los renombres, los Imperios dilatados, respetados, tus pendones, temidos tus estandartes, memorables tus favores. Y para que contra el tiempo en mármoles vividores, heroicos timbres esculpas, altos triunfos acomodes. Suceso extraño! . Notable. Da admiración a los hombres, atención a la desdicha, y a la ventura ocasiones. Bravo caso! . Prodigioso: de dos daños escapose, de tormenta, y casamiento; válgate Apolo por hombre! Preciso es, Príncipe, que vengáis conmigo a mi Corte, donde galas, y grandeza, clara progenie denoten, piadoso a vuestra desdicha, atento a vuestras pasiones, todo mi favor ofrezco a vuestro valor. . Los Dioses piadosos den a tus años felices repeticiones. Príncipe, a buena ocasión, después de tantos rigores. de tormentas, y peseres hoy vuestra fortuna os pone en Parténope mañana, viendo que afirma a sus soles veinte hermo sas Primaveras, Celaura, mi amor dispone hacer fiestas. . Es muy justo, señor, que tal dicha logres, que son a sus Primiveras émulos verdes las flores, que en sus años el Abril ser til imperio conoce, floridos aplausos cede, fragrante glorias dispone. El Príncipe me parece, aumentando admiraciones, por lo altivo, y lo amoroso, fuerte Marte, y bello Adonis. La fortuna es favorable, pues halló el alma su Norte, el deseo sus trofeos, y el corazón sus blasones, dichas el Cielo me anuncia. Vamos, Príncipe, a mi Corte. Ya el alma le sacrifico a sus airosas acciones, aunque el dueño del retrato en mi ocasiona temores. Yo acudiréngradecido, a lo que os debo. . Los Dioses te guarden contra el olvido eterno triunfe tu nombre. Cansado de la tormenta, de luchar con los rigores, de admirarme entre mis penas, y efligirme en mis pasiones, medio difunto escapé del mar, y sus confusiones: mas después que vi a Celaura, grave aplauso de los Orbes, en lo animoso soy ruyo, en la fortaleza, y torre. en lo valiente, yo mismo, y en lo firme, soy un monte. Ay suceso semejante! Es digno de admiraciones, No se ha encontrado tal dicha de nadie jamás. Que un hombre se fiase a la ainclemencia del mar, y llegase donde asiéndose de las redes la perdida vida cobre, gran dicha es, Silvio, gran dicha. Fue suerte de las mayores que he visto; pero qué miro? un hombre, porque te asombre mas, sobre una tabla llega hacia nosotros. Los Dioses le favorecen sin duda, salir quiere, y no dispone como salga. . Vamos todos a Valelle. Dos mil hombres me ainden de las deidades de mírame, y no me toques, y en faltando uno, no quiero que nadie me valga. Hombre estás vivo? . Traigan que yo coma, y en las acciones verán como vivo estoy. Voy a mi choza, de donde traeré vano, y pan. Ay, Agua. quien no te teme te compre. Vuelves en ti? Espero el vino, que no es bien aliento cobre sin que me lo mande el pan, MOR ENCANTOS, que sin el vino me dé el orden. Aquí tienes vino, y pan. Oh, licor de los licores! tu curas de tempestades, bebate quien te conoce, ya voy cobrando el aliento. . Qué lindamente lo sorbe. Mas aliento he menester. Él dejará a buenas noches la bora. . En aqueste dedo falta fuerza, que se oncoge, oprimido de sufrir de aquesa tabla los golpes, y para alentar le bebo. Gran figura es el tal hombre. Sabéis qué temo? Qué? . Temo, que en mis tripas se alboroten vino, y agua, pero es llano, que han de vencer los valores del agua, el licor precioso, que el vino es un rodamonte, un villano con dineros, y es suegra con espolones. Qué, hay suegras Gallos? Pues no, y suegras Rinocerontes. Cómo te llamas? . Moatran, siempre me buscan los nobles, en cañas, torneos, justas, y cuando toros se corren. que fiestas de mucho gusto nunca se hacen sin mi orden. Pues cuéntenos, señor Moatra, como vano dando bordes sobre la tabla. Atended a las que digo razones. a lo que hoy os narro historia, y a lo que pasé temores. Sabéis como el que aquí os cuento es suceso de lo caro, por lo exquisito poncerla; y hombre de bien por lo extraño: de una dama enamorose solo de ver su retrato. Doblemos aquí la hoja, y por si el aire soplando la desdobla, espera un poco. Dónde vais? Estoy turbado; porque no se desdoblase, quería ponerle un canto: más vamos a lo que importa del referido retrato, mi amo fue el contenido, fue el contenido mi amo; por si se rompía quise dejar el verso forado. Sin atender advertido a que de él enamorado estaba, su padre quiso contra su gusto enterrarlo; digo, dalle esposa, mas todo es uno voy al caso: Embarcose el tal mi dueño, y yo también embarcado sobre cierta tormentilla, con las olas, un fracaso me sucedió, y yo advertido, que no es mengua el huir de tantos, escurrí sobre esa tabla la bola; mas despechado de que el mar supercherías estaba conmigo usando, imaltraté furiosamente sus escamosos vasallos; y más arisco que un yerno, a un Dentón le di un sopapo, a un Besugo cuatro coces, a un Atún con un zapato, con un Médico di a un Pulpo, con una vieja a un Lenguado, y con un Sastre a un Cangrejo. mas no se quedó quejando, ni yo vengado quedé, porque no pude a lo bravo, pues con un Sastre le di, decir que le di con algo. Notable suceso ha sido, humor tiene. . Es extremado su despejo, a lindo tiempo del mar salisteis; vuestro amo se va de aquí con el Rey de Parténope; luchando con sus olas, y unas redes nuestras vino a dar tiramos, y de ellas asido, al fin, (duda. a la orilla le sacamos. Eso es cierto? . Esto es sin Al Rey su historia ha contado, y se ha aficionado a él, que es grave, y discreto. . Trato de ir a Patérnope. . Y yo trato, Moatra, de daros con que os vistáis, y a la Corte llevaros quiero. . Mas años vivas, que cualquiera trampa en poder de un Escribano; yo lo sabré agradecer. Vamos a mi chosa. . Vamos: cuando, Tirso, volverás? Volveré esta tarde, cuando dejando sin luz al mundo, entre el Sol en el Ocaso. Notables casos han sido. Sucesos fueron extraños. No más agua, si yo puedo, o vino divino, y lanto, en tu mar quiero embarcarme, donde las tormentas paso durmiendo, olitas no más, que en mi es mayor sobresalto, que el haberme de ahogar, el verme el agua en los labios. Gran ciudad. Es suntuosa Parténope, cuyos altos edificios por lo altivo tienen al Cielo cansado. Llama a Parténopa gloria, pues deidad a quien consagro la vida observa a Celaura su Princesa. . Pues de cuando acá, señor tu rindes a Celaura? y el Sol claro qué admiras en Rosalvira? Ya le habrá dado la mano a su esposo Lirgandeo, y así de pretender trato la hermosura que en Celaura la fama está publicando, prodigios en su grandeza, y en su belleza milagros: en mí vive, y Rosalvira goce de su esposo lauros, que yo, aunque perdido estu ve por su deilad, despechado de que le dio a Lirgandeo él si acosta de mi daño; si bien su padre lo quiso, disculpa que poco aplaudo, en su poca fe advertido, de sus desvelos me aparto, a sus cuidados me niego, y solo en Celaura aguardo dichas, favores, venturas, glorias, y heroicos aplausos. Bien haces; pero advertido atiende a lo que relato: En Parténope sabrás, que hoy hay gran fiesta, y la aguardo a fuer de Habreo, Celaura hoy cumple, señor veinte años, que así me lo dijo a mí un crindo de Palacio, y su padre solembiza e A MOR ENCANTOS, Por milagro de amor, los Dioses sin duda en sus Alcázares sacros celebrarán otra fiesta, cediando lo soberano de la deidad a sus ojos, de la grandeza a su agrado. Desde aquí la vi, aunque lejos de lo ardiente de sus rayos, en un balcón, vive el alma por su hermosura anhelando. Ya, señor siento el ruido, y el grande estruendo de tantos, que desde el Templo de Apolo, a Celaura acompañando, vienen a Palacio: el Rey sale a recibirla, dando muestras de alegría. . El Cielo favorece mis cuidados. El Sol veré desde aquí, en cuyo radiante carro se construye lo lustroso, se interpreta lo elevado. Celaura divina, deidad de jacmín, veinte Primaveras ofrece a su Abril. Torciose el chapín. . Ay Cielo, tu atlante seré. . Admirado. si el valor no titubea, indeciso está el agravio: o tu cualquiera que seas, (no no me admiráis? cómo osado, viendo que me adelanté a tal acción, temerario te opones a mí; responde? Soy por mi sangre tan alto, que en nobleza, y en valor, sino te excedo, te igualo. A mí? . A ti, cómo; quién eres? Soy un volcán, soy un rayo. Pues yo soy Jove, y no temo aquello que estoy vibrando. Castigaré atrevimientos. Sabré castigar osados. Príncipe, baste; qué es esto? Valor los dos han mostrado. En mi presencia, y en día donde regocijo tanto es triunfo de mis deseos, y de mi amor? Ya qué aguardo? diré quien soy. Quién anima vuestro esfuerzo temerario contra el Príncipe? quién sois, decidlo luego. . Ya rabio por darle la muerte. . Temo que le despeche mi amo, porque su espada en un tiempo fue Médico graduado. Turbada del forastero me valí, que el Cielo santo sabe que al Príncipe adoro. Qué diré? . No habláis? Ya salgo de confusos laberintos; oye, señor, y oigan cuantos te asisten, quien soy, y que fue causa, que tu Palacio ocupe ahora. . Di. . Escuch de mi nacimiento sacro honores a quien somenta la volante fama lauros. El Príncipe Artemidoro soy, y de mi sangre ilustre Apolo rayos aprende, para que brillen sus luces. Hijo soy del Rey de Arcadia, cuyas hazañas esculpe en la eternidad, al fin de que contra el tiempo duren: Fuy aficionado a las letras, con tales solicitudes en mi mocedad, que quise, dando al Imperio más lustre, saber, previniendo daños. cuanto en la Magia se oculto. Y obligado a la belleza de Rosalvira, quien funde alma a lo incencible, cuando a mirarla se introduce. Y de su fama llevado, fui a Tinacria, donde pude, no Princesa venerarla, que es bien que Deidad la juzgue, poco es Deidad, por encanto, poco es encanto, quien incluye lo grave de todo el Cielo, y de sus rayos conduce, entre docto, y admirado, candor hermosura, y lustre, Venerela al fin, sacta del donaire, pues con dulces heridas, el corazón sintió, para que asegure dichosa cura en el alma, amorosas inquietudes. Pardone Celaura al ver que la alabo, y no me culpo de grosero, que aunque es llano, que donde imperan sus luces, alabar otra hermosura es descortesía, juzgue como discreta, y verá, que el afecto que concurre en un amante, es tan vivo, y tan ciego por costumbre d de amor que le tiene absorto, y así es razón que disculpe hipérboles en quien ama, cuando la deidad dibuje, que dio causa a sus desvelos, motivo a sus quejas dulces, y a sus cuidados asilos, huciendo su pena ilustre. Dio Rosalvira (ay de mí!) en darme muerte, pues pude de repetidos favores, para que mi dicha funde en ellos, gozar aplausos felices, mas de la cumbro de la gloria me arrojó, para que penas anuncie, la fortuna, pues su padre contra su gusto; aquí añude el corazón sus alientos, en daños que le vincule el alma, porque mis quejas mas que mis desdichas duren. Casola, al fin, porque en mí los males se perpetuen, con el Príncipe de Albania, Lirgandeo, porque surque en mar de llanto el deseo, para que penas inunde, para que dichas aparte, y desasosiegos junte. Traté atajado el remedio, y absorto a la muchedumbre de recelos que en el libro del alma se constituyen, hojas penosas, jurando, por matarme de volumen, de dalle la muerte, mas halló el valor por más útil a mi venganza, el dejar que le case, porque frustre el casamiento su vida, mas que la Parca, que induce fatal daño cutado, MOR ENe AlroS porque si escribe, y no escuipe; y el casamiento a disgusto, es razón que le graduen de muerte cruel, y eterna, y más este en quien concurren desdén, y aborrecimiento: que de Rosalvira pude. saber como a borrecía a Lirgandeo, propuse, cuando juzgué que su amor en la voluntad no infunde del Príncipe algún consuelo al alma, porque consulte con el corazón el caso, y ella dice, que me incumbe ausentarme, porque así excuso las pesadumbres a los ojos, pues si ven que el Príncipe, sin dude, en la dicha goza aplauso, tierno amante de sus luces; o sean del alma afectos, o forzados se articulen a la obediencia de un padre, que voluntades desuñe, es ver su muerte, su daño; y así, es razón que procure ausentarme, traté de ello, más Rosalvira presume la ejecución de mi ausencia, oblígame a que la excuse. Pero ya de rabia lleno, dispuse el irme, y dispuse aborrecerla, pues ya como estrella, no me sufluye, con sus rayos no me abrasa, ni me alumbra con sus lucas. Que si firme me estimara, por más que lo disiculte, ni su padre, ni el poder de todo el Cielo, que infunde celenes constelaciones, fuera bastante a que un dulce si, fuera amargo veneno, que mis cuidados sepulte: Dirás, señor, que a que fin, amorosas inquietudes, te cuento: mas qué disculpes mi cuidado, por amante, te pido, que se introduce el afecto del amor en cualquier cosa, y descubre, sin saber para que fin, lo que las penas encubren. El Príncipe, como he dicho, de Arcadia soy, porque juzgues, si pueden altos alientos colocarme oxcel situdes. Lafema de tu Ciudad, Parténope, me conduce admirado, para que la alabe sin que la adule. Gózala siglos eternos, sin que el tiempo te diguste, sin que los hados te ofendan, la emulación te murmure, la desdicha te ocasione, y sin que el olvido oculte tu nombre, para que altivo, cuando tu grandeza esculpes, en archivo de diamantes, des a tu fama más lustres, para que glorioso imperes, y obstentamente triunfes. Él sol de tanta nobleza ya, sin que lo dificulte, admiro en vuestro valor. Tu nombre el tiempo vincule, para logros de tu fama. En mi volcanes se arguyen; . yo soy, si no me conoces, Lirgandeo, no se turbe tu semblante. . Mis valores jamás vieron inquietudes que si eres! de temor Lirgandeo, en mí se infunde por Artemidoro, cuanto de ánimo en Marte se incuye. Yo soy al valor añales. cuando de quien soy te informas, . Yo ofrezco a la fama lustre. (bro Yo soy prodigioso. . Yo ason? Yo portento. En mí se esculpen rayos. . Y en mí se establecen los valores más ilustres. Quién a Parténope, quien de Tinacría te conduce? El mar en estas riberas me arrojó, para que busque en ti venganzas, que aplaudan. los rigores que ejecute. Si me enojas, si me irritas, porque mi valor emules, he de arrojarte tan alto, que más allá de las nubes, las diáfanas deidades, que enupan tronos azules, Planeta te constitu yan, para Signo te consulten. Yo tan veloz al vibrar lo que mi rigor presume, te daré muerte, que absorto, entre rayos que te ofusquen, y entre asombros que te acosen, si estás muerto dificultes. Cesen ya las competencias en señores tan ilustres, que lo pido, y os lo ruego; baste Príncipes. . Señor, obedezco. Yo aunque alude a la venganza el valor, que rayo ardiente se induce. Aunque enfrene los rigores, porque el Rey lo quiere anuncie daños a su vida el pecho, cuando el valor inquietudes. Desairado Artemidoro es a mis ojos, y arguye en su talle Lirgandeo gracias, que glorias construyen. No me quiere? No le quero. Y a mí? . No sé. Eso descubre un no sé que de afición. Valor entrambos presumen. Vamos Príncipes. Celaura, hoy como Estrella me influye, y Artemidoro la mira; por que de nuevo procure dalle la muerte. A Celaura mira Lirgandeo, y infunde nuevo escándalo a mi muerte, porque su vida sepulte. Si el criado de Altemidoro dice me ofrece a mi azules. velos, y en los ojos de Lidia lánbica lo dulce, de mí estaque, que es punzón, haré su barriga estrucho. Aunque en Tinacría no quise: la Magia exercer ilustre, estorbando el calamiento, cuando sin favor me juzgues, y con finezas no pueda merecerla, cuantos pude caracteres adquirir en la ciencia que en mi ocurre, juntaré para este efecto; hoy a mi voz se conjuren, para que consiga glorias, porque dichas asegure, y para que a Lirgandeo desdichadamente anuncie, aunque el Cielo me lo estorbe, aunque los hados repugnen, aunque Júpiter le ampare, y el mismo Marte le ayude.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya sabéis, vasallos míos, en cuya iealtad, y en cuya nobleza, todo este Reino su amparo, y defensa funda, como la Parca inhumana, por darme dos muertes juntas, quiso cortar el estambre de dos vidas; fue la una la de mi padre, y señor, que en pavimientos ilustra de diamante, y pasa alfombras en Alcázar de luz pura. La otra de Lirgandeo, mi esposo, pues que va ocupa los siempre eternos Palacios de celeste Arquitectura. Porque al venir a casarse conmigo, fue suerte mucha, pues que aborrecía el alma hasta su misma pintura. He sabido, por muy cierto, que en una cruel fortuna, ese monstruo de diamante, esa de plata laguna, monumento le labró entre su argentada espuma, siendo sus cerúleas ondas del triste cadáver urna. Pasé con estos pesares aún más allá de difunta; porque si sola una pena tal vez todo el ser usurpa, qué hará cuando todas son de calidad tan perjura. que aún su menor crecimiento alma, y potencias ocupa? Mas miento en cuanto a mi esposo, pues lo que el labio pronuncia, lo está desmintientdo el alma con con afectos, y ansias mudas. Porque mentirme en tal lance, del consorcio a la coyunda mas fue favor que delito, mas fue lisonja que injuria. La ausencia de Altemidoro fue en mí la mayor angustia, que le adoro, aunque él ingrato mi amor pague tarde, o nunca. Y así, vasallos, pues ya Reina me veis absolota de estos Estados, ahora es bien que el honor descubra de aquesos heroicos pechos el valor con que se ilustran. Vosotros Reináis, vasallos, yo no, mi amor no rehula partir el Reino con todos, y así, migos, es muy justa razón que miréis por él. pues la lealtad me asegura, entre gratas obediencias, lo que emor no dificulta; pues sin vosotros (ay triste!) quien duda, amigos, quien duda que algunos rebeldes quieran, contra mi Corona Augusta oponerse? mas teniendo del Reino en defensa suya vuestro valor, poco importa amenazas de su furia, amagos de sus crueldades, pues vuestras hojas desnudas, serán rayos, que rigores de su violencia ejecutan. Yde esta suerte tendremos, a pesar de sus injurias, paz quietud, glorias, amores, y felicisades muchas. Goza, Rosalvira hermosa, siglos, y edades futuras, el lauro, y Cetro, con que hoy dichosamente triunfas. Tanto, que esa antorcha bella, émula de luces puras, en su tabla de diamante víncule grandezas tuyas. Porque vea el mundo a un tiempo, y admire la fama juntas las glorias de tres trofeos, lo heroico de tu hermosura. Ay, Altemidoro ingrato, nada estimo sin ser tuya un Raino pierdes, y un al ma, por aquesa ausencia injusta. Plegue a los Cielos, Princesa, pues que ya ese Solio ocupas, que por señora te aclamen las naciones más ocultas. Ya tus vasallos gozosos por Reina aquí te juran, y te ofrecen, liberales, vidas, y honor que tributan. Y en señal de tu obediencia, por el Palacio te buscan y tu heroico nombre aclaman. Viva el sol de la hermosura, Resalvira nuestra Reina. Qué me queréis, cruel fortuna? Sala aquesos corredores, verás la gente que cruza aquesos patios, y vienen en variedados confusas, solo a verte, y a mirarte. Vames, porque así descubran de mi amor el tierno efecto. Hoy las más heroicas plumas, entre alabanzas, señora, afectuosas discurran, pues no hay más gloria que verte, ni más triunfos que en ti ocurran. Sois leales, y mi amor hoy el premio os asegura. Vivas infinitos años. Decid, vasallos, pues jura hoy vuestra Reina, y señora, que que viva edades foturas. El parabién quiero darte, señor, de tu nuevo enpleo, ahora no hay que decir, que es fuerza que estés contento. No es muy hermosa Celaura? un canción es su cuello, su aliento, y su boca almibar, y en reque son todo el cuello: como con ella te va? Como a aquel que del mar fiero se ha escapado, y con la vida llega al descado puerto; pues después de aquel peligro, y aquel infortunio inmenso, nos condujo, donde he hallado la causa de mis desvelos. Quiéresla mucho, señor? Tanto la adoro, que pienso, que todo lo que es querer se cifra en mi amante afecto, pues si me busco en sus ojos, mariposa de su incendio, Fénix me hallo entre su rayos, y con su luz me alimento: de suerte, que viene a ser no en mi amor menor remedio examinarme prodigio, que registrarme escarmiento. Y como siempre en la idea su divina imagen tengo, hasta entre sueños amor, como ella estaba durmiendo, quiso esta noche enseñarme Pues, señor, si algo merezco, to suplico que me digas como la viste. . Oye atento: Soño, Moatra, que durmiendo estaba, y que una voz aprisa me llamaba, y que a voces me dice: sigue mis pasos, y serás felice. LAMOR EN ArTOS Del lecho me levanto presuroso; y una sombra me llama, y curioso sus plantas sigo, llévame a una Quinta, donde Amaltea sus imperios pinta, donde el Mayo florece, y cuando en ella estoy desaparece; y aunque quedo confuso, discurrir por sus piezas no reuso. Entrome, pues, en una hermosa sala, que el Sol para su esfera la señala, donde las colgaduras, y tapices envidia el Mayo para sus matices, si no es que enamorado, la Primavera en ella ha trasladado; y siguiendo dos luces que me animan, sin que el horror, y miedo me repriman, en una sala entré, donde una dama, cuya hermesura asombro es de la fama, con muda suspensión me está llamando, y alentando el valor voyme acercando, Entra, pues, más adentro, y yo la sigo, y al pasar a otro cuarto, así la digo: Prodigiosa mujer, dime quien eres, con de me llevas, donde, o que me quieres, que con fuso el valor y absorto el tino, voy entre estos asombros peregrino? Y volviéndose a mí, me dice: Espera; y admira aquí del Sol la cuarta essera. Un tafetan corrió, y un aposento la vista admira, y al mirar atento en una bella alcoba. que admiraciones libra, si almas roba, una cama admiré, donde el desvelo la desconoce cama, y juzga Cielo, pues una estrella hermosa en ella estaba, y en su globo pecueño la encerraba: pero qué dije estrella? fui grosero, pues más luces llevaba que un lucero, y aún el lucero es poco, fue Planeta, pues toda libertad tiene sujeta: mas que Planeta fue, si Sol sería, pues como el Sol mil rayos despedía; pero poco es el Sol, deidad hermosa, Diosa del amor, y del amor esposa; pero qué te encarezco, si esto cesa con decir que es Celaura la Princesa? Era la cama azul, labrada en oro, divina essera de la luz que adoro, y en las bellas cortinas, de oro, y nácar bardadas clavellinas, y bordados de aljófar, y granates, mil pájaros había en los remates, tan vivos que entendí se alimentaban de las rosas, y flores que pisaban y que al querer beber afectuosos del cristal de su pecho codiciosos; desde las bordadoras se arrojaban, y entre sus blancos copos se abrasaban. En un bufete de márfil bruñido, cuyos frisos argentan lo lucido, dos bugias había, que sentellaban porque el Sol dormía, si no es que como ya durmiendo estaba, sus rayos bellos les comunicaba, que ufanas con la luz, y las centellas, consultadas estaban para estrellas. Los adornos hermosos del cabello, fiado había a un azafate bello, que gozoso de verse en gloria tanta, a mayores esferas se levanta. Estaba, pues, rendida, quizá de algunas ansias oprimida, a los polvos tiranos del beleño, a la pensión humana, al cruel sueño, cuyo fiero letargo, siempre es del alma parasismo amargo. Desprendido el cabello, y sin aliño, era dulce prisión del rapaz niño, tejienddo una colonia, que servía que aún durmiendo no quise (cosa rara!) que nadie de sus lazos se escapará. Pareciome tal vez, que su acababa la máquina celeste, y se olvidaba del discurso eterno de sus luces bellas, pues dormidas estaban sus estrellas, Allí naturaleza, admirada de ver tanta belleza, parece que la dice: ya no tengo que hacer, pues que te hice; y al usar de pinceles, es impropio, pues las demás bellezas de ti copio. Llégueme a ella, y al querer tocarla, oí una voz, que dijo: es agraviarla, y oscurecer, tocándola, tu fama, cuando a glorias mayores ya te llama; y apenas, pues, un poco me retiro, cuando ella recordó con un suspiro; perdone el Sol, perdone su luz pura, que sombras fueron ya con su hermosura, Levantose enojada, y con el ceño, pretendió castigar mi dulce empeño, temiendo entonces más que sus enojos, los rayos que arrojaba de sus ojos, y al querer distinguir el caso incierto, entre estas confusiones me despierto. Esto, amigo, he soñado, aquesto he visto, con que en vano mi incendio yo resisto; mira si a este portento no es disculpable todo rendimiento, pues fuera de la vida grosería el no rendirse a tanta bizarría; porque en siendo la causa tan hermosa, es el amar obligación forzosa, y pues este es mi amor, está mi llama, no quiero ya más vida, ni más fama. Con tal arte, señor, me lo has pintado que dudo, si es verdad, o fue soñado; y pues yo te he escuchado atentamente, escúchame tú a mí, que brevemente, aquí pienso contarte otra fracaso, por caridad conmigo, voy hay caso: Bajé al jardín, señor, bajé a buscarte, de las almas la red con que prendia,que importaba que te diera parte de un praciso suceso, y apenas, pues, discurro, por lo espese de aquellas verdes ramas, haciendo celosías las retamas, cuando vio mi cuidado, escúchame. y sabrás lo que ha pasado: En la margen de aquese arroyo hermoso, por la margen de flores se sangrava, que al verle tan callado, y receloso, que había hurtado su plata parecía, y que alguien por prenderle le seguía, vi sentada una dueña, y que iba dando si de venda de plata, que a los ojos, al azafate de la hierba blando el vestido, y despojos: déjeme aquí guiar de mis antojos, de carne umana un monstruo, un camello: pues lo que hubo guardado y vi, señor (ay Dios!) que aquí fue ello, preciso aquí es pintarte su figura, muy breve pienso ser, va de pintura: Era su cara triste, y macilenta, como cara de novia mal contenta, y añadiendo desvelos, juraban sus dos soles de buñuelos, y la nariz en lánguido cuadrado, parecía pepino confitado, y tan cardena boca, y tan crecida, que era una verenjena mal partida: corto anduve con este vadulaque, que era su cara hermosa como vn zaque era su cuello, y nadie aquí lo ignora, como hurtado de alguna cantimplora: los pechos no los vi, porque sus retas, siendo de aquella torre dos veletas, tan crecidas las veo, que al mirarlas, por alforjas tal vez pude juzgarlas, tanto, que si la tal se mencaba, con ellas las espaldas se azotaba. Con esta, pues, figura peregrina a arrojarse en el agua se encamina; mas viendo su denuedo, por Júpiter, que yo la tuve miedo, pues al ver sus ensayos, dije: la Parca está de lacayos. Al agua se arrojó y al golpe airado se retiró, por no mirar manchado sucristal, que en aljófares corría, y un gran rato dudo si parecía. Pero al verse el arroyo detenido, y un copo de azabache en él metido, LCAMOR ENCANTOS, por no enfermar del susto que tocaba, y en buscaros de rosa, y de diamante, cogía el prado el desperdicio errante, que a las flores sérvíanle de enojos, porque no desmayasen, les ponia, en tanto que derriba la sangría. Labose, al fin; o arroyo desdichado! por cristal fugitivo entre sus vanas, derretido azabache hoy sus arenas le beben, a pesar de sus raudales, pues de tinta se vuelven sus cristales. Oh Poetas garifos, y tempranos, ayudadme con versos chabacanos a pintar de esta ninfa el auditorio, pues todos le pintáis, como es notorio, después que os ha cansado pintar la concha de ese mar salado, que no siempre ha de ser pla, y más plata, sin temor, que la embargue algún Pi- rata; sosiéguense esta vez en los raudales tantas guerras civiles de cristales: allí dejela, y vine a buscarte, para haber el fracaso de contarte. Esto me sucedió, mira tu ahora si eres tú en quien la dicha se mejora, tu viste Cielo, estrellas, y luceros, yo vi sus tres venteros taberneros, pues todo aquesto era aquel horrendo monstruo, aquella fiera, que aunque pienso que me sigue, pues su sombra en la idéa me parsigue: y porque veas, para más cuidado, que vengo con razón alborotado, y que el valor recela, contémplame, señor, en la cazuela, que me afligue, y me empeña, que aquesto me ha pasado con la dueña. Brava la pintura ha sido. Es parto de aqueste ingenio, bien merecía por ella un pan, y cuatro torreznos; más Celaura, señor, sale. Di, que viene todo el Cielo; mal dije, viene el Sol mismo, pues alumbran sus reflejos. Ciego rapaz, Dios vendado, de serlo en vano blasonas, pues al verme tan rendida, tu crueldades no reportas. Dul eemor, si con la nieve abrasas el alma toda, donde ha de haber resistencia qué a tal prodigio se eponga? Tanta prevención de flechas, tanto amago de congojas, mira! que contra un rendido, o tarde, o nunca se logran. Que en un globo de jazmín tod una llama se esconda, y que ella abrase las almas, y que no agoste las hojas, milagro tuyo es, amor. Príncipe. . Celaura hermosa Cómo os ha ido esta noche? Si ausente el Sol todo es sombras, qué he de poder responderos? Agradezco la lisonja; pero aqueso a Rosalvira. Si toda el alma os informa, que sois dueño del retrato, en vano estáis recelosa, a Rosalvira aborrezco. . Y a usted, señora hermosa, cómo le va con Dinero? porque es muy linda persona, y de mucha calidad, él da títulos, y honras, es discreto, es entendido, y él es, al fin, cualquier cosa. Su nombre aún no me ha brindado. que aunque Dinero se nombra, o se apellida, a Maatra todo mi brío se postra. Y Dinero? . Es desairado. Qué me dices? linda historia, yo pensé que el que Dinero se llamase, para todas, por el nombre solamente, sería galán de alcorza; quereisme hacer un favor? Y más de cuatro, si importa, como traigas. . Cómo, qué? A otro dinero en la bolsa. Bárbaramente me llevan mis celos, y penas locas, para mayor precipicio a donde el alma zozobra. Pero hablando (ay Cielo, están en aquesta salaa solas, aprietan mis celos, presto he de abrasar esta Troya con el incendio que el alma por todas partes aborta, y despreciado, mas Cielos, que no me vean importa, hacernos quiero invisibles, y con esta ciencia heroica desaparecerle, pues tanto me cansa, y enoja. A Tinacría he de llevarle, porque allá goce a su esposa Lirgandeo, y porque aquí no adore tan a mi costa. Si lo ejecuto, consigo heroicamente dos cosas, una, quitar de mis ojos quien los celos me ocasiona, y la otra, es el vengarme de Rosalvirá su cipasa, pues que le remito a quien aborrece, y de esta forma, podrá ser que mis finezas tengan mérito en sus glorias, pues C pues no habiendo competencia, con facilidad se logren: aquí, aquí de mis encantos; pero ya pienso que obran. Admirado en mis recelos, por el aire piso sombras; Celaura. Señor, espera, que ya haciendo cabriolas te busco, válgame un Dios. abogado de tramoyas . A Lirgándeo, Lirgandeo, ya te sigo, y con mi heroica acción verás lo que te amo, y lo que padezco ahora; Lidia. . Qué tienes? Ay Cielo. el alma tengo en la boca; y el cuchillo a la ganganta. Muy bien salió, amor victoria, si antes el ser invisible me importaba, ya me importa no serlo, y así, me vuelvo a lo que antes fui; señora, como vuestra Alteza aquí tan confusa, y tan abserta? Déjame, no me persigas mas, que muero afectuosa. Oí tus voces, y al punto. Ah desvanecidas glorias! Como Clicie, amante al Sol, sigue sus rayos, de escolta te estaba asistiendo el alma. Qué ya las deidades todas contra mi amor se conjuren! Vuelve, y atiende, señora, a un alma que está adorando esa imagen milagrosa. Déjame tirano (ay triste! pues que mis ansias me ahogan; tú con tu ciencia inhumana MoR Ene Anro de todo el bien me despojas, vete, vete. . Yo, pues, cómo? por los Dioses. . Vete ahora. Mira mi amor. Qué me quieres? Adorarte. . Es acción loca. Qué haré si muero? . Ausen- (tarte. No he de poder. Quién lo estorba? Tu belleza. . Agotarela. No harás, porque es muy heroica. Matareme. . No osará la muerte ser rigorosa. Pediré sepulcro viva. Poco a mi afecto le importa. Cómo así? . Porque tu imagen vive eterna en mi memoria. Lucinda, en vano pretendes buscar a mi pena alivio, pues lloro amante, y celosa un bien por mi mal perdido. Señora, si Artemidoro quiso ingrato ser contigo en vano lealtad le guardas, cuando tanto te ha ofendido. El mayor de mis tormentos, Lucinda, es no haberme escrito, ni saber adonde está. Disculpa en eso has tenido: quieres que mientras te tocas, para dar a los sentidos treguas, que cante una letra? Sí, y veré si mis suspiros me dejan de aquesta suerte. ya que de otra no han querido. Tirana ausencia, de un alma el más severo martirio donde la memoria sabe, si no de prisión, de grillos. Que bien has dicho, mi pena de esa prisión dará indicios, pues pues vasalla de mis ansias, obedezco mis delirios. Porque en aquestos tormentos es accidente preciso o habilitarse cadáver, o mentirse sensitivo. No cantes, Lucinda, no, que lo que has referido lo está padeciendo el alma, y más me aflige el otrio. Válganme los Dioses! . Val- y que no me olviden pido. (gan, Qué es esto, Cielos, que veo? Válgame el Cielo, qué miro? todo es confusión, y encantos. Señor, por donde venimos, que ya el techo que se abrió se cerró a macha martillo. No hay presteza como la que en tal Albañil se ha visto, a encantos me huele, Cielos, en mi nombre estoy metido. Válgame Apolo, qué es esto? yo me muero, yo me fino. Pues yo traigo aquí un remedio para sustos de improviso. Qué confusiones son estas? Todo es horror, y prodigios. No es aqueste Lirgandeo? si, que bien lo ha conocido el alma. . Ay de mí! no es esta Rosalvira, qué me admiro? Ella es, pues del retrato me está informando lo activo. No me dijeron, por cierto, que monumento de vidrio le dio el mar? pues como ahora; pero ya sé lo que ha sido, celoso de verme amante de Artemidoro ha venido, dándome mayor tormento, para estorbar mis designios. Oh tirano A temidoro! pues tus encantos han sido causa de tantas crueldades espera, ingrato, el castigo. Si las enaguas, y el moño no me engañan, digo, digo: mas no quiero decir nada, callo, y envaino el capricho. Sombras de un llorado esposo, ya para el alma perdido, qué me quieres? qué pretendes? no me dés nuevos martirios, que es imposible que pueda, aunque te examine vivo, dejar que mis tristes ansias no me usurpen los sentidos, pues te veo, y no lo creo, te hablo; y no te averiguo, te contemplo, y más te ignoro, te extraño, aunque más te miro, te dudo, aunque más me informes, y entre tantos laberintos, te examinan mis cuidados (mo. sombra, y hombre a un tiempo mis- Válgame el Cielo! qué haré? . pues si respondo remiso, ni a ella la disuado, ni yo mis ansias corrijo. Quiero fingir que la adoro, y que a casarme he venido: como, Rosalvira hermosa, divino cielo, y bien mío, cuando llegué a vuestros ojos, después de tantos peligros, tal género de daldenes, tal linaje de desvíos, no veis que soy Lirgandeo vuestro esposo? qué delito pudo haber? . Ay de mí triste! no te me acerques prodigio. Yo no soy prodigio, espera, veréis vuestro error mentido, Lirgandeo soy, señora, y el amante soy más fino. Señora como se llama, merezca este Peregrino, que viene de Babilonia, por un voto de poquito, visitar hoy de su templo la deidad. . No habla conmigo. Por qué? Porque estoy sin alma. Cómo así? . En dincro vivo. Todas las mujeres son de aquese mismo capricho. No me entiendo, pues taimado, piensa, que a interés me rindo. Estás ya desengañada? Ya lo estoy, aunque prolijo . el pensamiento me mata. Tened paciencia albedrío, . porque por fuerza he de ser amante esta vez fingido. Como estorbaré el casarme, . sin que en mí no sea delito? Si insiste en que el casamiento . se efectue, soy perdido, pues será pasar mi amor el último parasilno. Vamos, señor,? . Sí, mi bien; miento que es un Cocodrilo . para mis ojos. . Pues vamos; agasajadle sentidos, aunque finjáis, y yo muera, pues los Dioses lo han querido, para que mi esposo sea. No advierta, no mis desvíos, dichosa mil veces yo, pues tal dicha he merecido, as que la dicha de un triste es la muerte, y es lo mismo un casamiento a disgusto; y así, Cielos, bien he dicho, yo muero, porque me espera A MOR ÉNCANTOS vuelto el tálamo en suplicio. Que a quien aborrece el alma he de enamorar rendido: qué desdicha. . Qué rigor! Qué tormente! . Qué prodigio! Qué pena! Qué sentimiente Qué llanto! . Qué cruel destino! Qué de cuidados. (abiimos! Qué de ansias! Qué de horrores! . Qué de Voy a morir hasta tanto que de aqueste laberinto los Cielos con bien me saquen: venís, señor? Ya, ya os sigo, y ya entre tantos pesares, amante, triste, afligido, celoso, y desesperado, despechado, inadvertido, voy a morir de un cuidado, que es de mi muerte el ministro. . Y yo, pues ausente estoy de aquel mi aderado hechizo, añagasa del deseo, y arrullo de los sentidos, de pura rabia suspenso, y de puro amor perdido, iré a beber que a morir es bajo entre amantes finos. . Adorado dueño mío, . dulce hechizo a quien adoro, deidad que me anima el alma, de mi amor objeto hermoso, diamante a mí triste llanto, roca ingrata a mis sollozos, pedernal a mis ternezas, y a mi fuego inútil tronco: qué les dejas de crueldades a las fieras? estoy loco, pues parece que imitarlas tienes por blasón heroico. En vano son tus finezas, oh Príncipe Artemidoro, pues por desengaño tu yo bastaban ya mis sollozos, y saber que a Lirgandeo tan altamente le adoro, que aunque más ingrato sea, mas en su afición depongo del corazón los suspiros, las lágrimas de los ojos. Tú sí, que en vano te cansas, pues tu amor escrupuloso ignora que Lirgandeo se fue amante, ciego, y loco, con Rosalvirá a casarse. Mientes tirano, engañoso, que tú de mí le ocultaste con tu ciencia. Nunca tomo en competencias de honor tal venganza, que es impropio del valor tales facciones: mas porque veas tu enojo, la verdad acrisolada, y el desengaño a tus ojos, tráeme, Ludia, un espejo, y verás si como a esposa la enamora, asiste, y habla. Voy por él. Hoy ocasiono sus celos, y mi ventura. Valedme Cielos piadosos, qué temo alguna desdicha! Ya está aquí el espejo. . Cómo esto ha de ser? Con mi ciencia lo verás, pues yo lo abono, que no hay para ella imposibles. Ya aquí lo veo. Y yo, y todo: como no veo a Mobatra? Ni a Lucinda veo tampoco, sin Lucinda a Rosalvira, ea, aquí me quedo absorto, Mobatra sin Lirgandeo, y ella no parece, y todo, vive Apolo, que los los dos me fortifican los poros; sin duda mi agravio tratan, o traidores, o alevosos. Escucha como se adoran, Ya toda el alma dispongo. Si ya os he entregado el alma, sin tiempo ahora os informo de mis ansias, cuando ella lo hacen con mayor ahorro, no hay más gloria que adoraros, no hay más cielo que esos ojos. Quéreisme mucho? Mi amor es enigma de los otros. Qué más dicha? . qué más bien? Qué más gloria? Qué más logro? Mientes villano enemigo, pues solo mi vida, y solo mi amor es el que pudiera sufrir tan viles oprobrios. Viven los Cielos, tirano, pues afrentas mi decoro, que he de procurar tu muerte a costa de mi honor propio. Mas (ay de mí!) no te injurio, que aquesto es pedir socorros, ya que no de tus piedades, al menos de mis enojos, pues cuando intento agraviarte, dice el alma que te adoro; quita, quita allá ese espejo. Pues ves así tus oprobios, y viste su ingratitud, tanto llanto afectuoso, tantas finezas que ofrezco, tantos suspiros que arrojo, te enternezcan, que no bastan siem- siempre iras, siempre enojos? Déjame, que es imposible, ay Lirgandeo engañoso, dejar de adorar su imagen aunque sienta sus oprobios. Eso es crueldad. Es amor. Es rigor. No lo conozco. Por qué me ofendes? Porque amo. No te injurian? No lo ignoro. Por qué infiel? Soy mujer. Y tu afrenta? Ya las lloro. Sus engaños? ni es alivio de mis males, y así entre tantos sollozos voy a morir afligida, este es el remedio solo. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Verás, tirano, que ha sido en vano tu diligencia, para ausentarme violento de la más luciente esfera de un Sol, cuyos rayos sigo, Clicie de sus luces bellas, pues que vuelvo a castigarte, ya que con tu muerte tengan fin tus embustes, y encantos, tus engaños, y cautelas, para que conozca el mundo, que ya tus inteligencias vence mi heroico valor, TMOR ENCANTOS, que tus encantos desprecia, que no teme tus industrias, que tiene en poco tus fuerzas, pues estragando el valor con tan elviles empresas, ausentándome inhumano con encantos, evidencias son que temiste cobarde mi brío, y mi fortaleza: y admirando la ventaja se azoró en la competencia, sin advertir que en tal lance el acreditar finezas en competencia de amor con viles estratagemas, mas que favor fue delito, y más que amor fue bajeza; y aunque el Rey, que ya lo sabe, tomó por suya mi ofensa, poco importa, si es delito vengarse por mano ajena, y así. . No me digas más, que si sufro que me ofendas tanto, es porque imagino que tu loca madvertencia, que tu presunción altiva, que tu confi anza necia, teatro ha de ser al mundo en lamentable tragedia, pues te arrojas al destrozo, sin que a tus daños atiendas. Porque quien dice quien juzga; quien imagina, quien piensa, que yo; pero en vano quiero calificar mis grandezas, cuando el enojo es exceso, y todo el pecho es un Etna, que cuando el agravio es tanto, y tan contra mí la afrenta, sin tiempo son las palabras, ociosas las congruencias, de más las satisfacciones, y sin sazón las respuestas; y así los aceros hablen, porque de esta suerte veáis mentidas tus esperanzas, castigada tu soberbia. Eso pretendo. . Eso busco. Y esto mi valor desea. Porque pienso que será esta vez tu muerte cierta; si, que encantos harán, que . sacar la espada no pueda, y así morirá a mis manos. Qué aguardas, di, que no llegas? no temo no, tus encantos, que de Tinacriaa la vuelta me dio un Sabio esta sortija, que tanta virtud encierra, que tu ciencia no obrará a donde estuviere ella, ahora, pues, lo verás. Ya aquí mi valor te espera: qué violencia, qué poder mi brazo, y mi mano enfrena? Dioses santos, quien la mía suspende, oprime; y sujeta? Qué es esto? no el vano en alma me informaba esta sospecha: Príncipes, así el respeto se guarda al Rey? Vuestra Alteza me escuche. . Yo lo diré. A mí me toca. Mis quejas. Mis agravios. Peno. . Muero. El Rey viene. No quisiera que en este lance se hallara, disimulese esta ofonsa. Qué confusio! tn las viste? Si señor son tantas velas, que no puede una Atalaya certificarse en la cuenta, porque tanto lo veloz las conduce a las arenas, que entiendo que desembarca el dueño que viene en ellas. Quén será el dueño? al favor, Príncipes, a la defensa de esa heroica valentía dédico todas mis fuerzas, pues el rigor de los hados, mi vejez cansada, y muerta quiso sujetar al yugo de esta no esperada pena. Padre, y señor, quién te aflige? quien tu gran valor sujeta, quien contrasta tu quietud, quien se opone a tu grandeza. Mis desdichas, pues que Delio me dice, que ahora llegan, y aún teme que desembarcan de muchas Naves de guerra varias gentes, y así importa, que vaya a reconocellas un aliento que los pasme, y un valor que me defienda. Quién mejor que Artemidoro. Y Lirgandeo? . Que atienda solo en guardar tu persona; y yo la suya, que en ella interesa mi cuidado; vaya Artemidoro, ofrezca a la primera osadía su blasonada soberbia: a un peligro de este modo le expongo a una contingencia, que una lisonja a mis ojos le sale cuando se ausenta. Júnte se mi gente al punto, y Artemidoro con ella, enfrene el ímpetu altivo de esta gente, en su asistencia triunfe mi mayor cuidado; General le nombro; venza, como NO AT CONTRCA ÉL como valeroso Marte, tanta impensada bravesa. Este favor. . Este agravio? Este amor. . Esta bajeza. Esto se me debe a mí. Esto corre por mi cuenta, y esta acción, Rey, y señor. Mas Largandeo, interesa mi Reino, que a mi persona le asista siempre la vuestra Así es verdad, y es muy justo, porque con vuestra presencia, cuando le excuso un peligro, me granjeo una terneza; y no se hable en esto más. No quedan bien mis querellas. Yo voy, señor, y verás tanta enemiga bandera, a pesar de su arrogancia, venci das, y descompuestas. . En tanto que la muralla reconozco vos las puertas terraplenad. . Mi cuidado solo servirte desea. Recoja el lino ya el volante leño MOR ENCANTOS, Suspensa me tiene el alma la novedad de esta guerra, y así, al remedio acudamos, Parténope se defienda, socorraso este cuidado con aquesta diligencia. Cuando el concurso mayor que tiene él mundo viniera, fuera poco contra ti, pues ha de hallar resistencia tan invencible en mi espada, tan heroica en mi braveza, que sus vidas de barato pienso darle a la clemencia: Esos afectos estimo. Y yo entiendo tus grandezas celebrarlas con la fama. Los pies beso a vuestra Alteza. Vamos hija. . Muerta estoy, Bella Celaura, no temas, que es prodigio mi valor. Si te pierdo? Las Estrellas de tus ojos son mi guía, y harán como no me pierda. el Piloto, que el ceño de sus montes Parténope descubre, a pesar de una nube que le cubre, gracias al Sol dorado, que en Parténope miro mi cuidado. Haga la Nave salva, pues es de tanto Sol opaca el Alba, sirvan de Ruiseñores sonantes bronces, sirva en vez de flores, en cumpos de Zafir el aire vago, de Rosalvirá el más inculto amago. Aferra ese peñasco, sirva puente a mis triunfos, libre en él mi gente, de todo mi cuylado, el logro de haber ya desembarcado, y con orden venciendo la maleza, el llanto ocunen, porque a su esperanza reatró a mi enemigo le sea en el castigo, y mis rigores sienta, pues tal de su venganza estoy sedienta, que en la esperanza vivo del rigor que en mi fuerza le apercibo. Ya la suerte, y el hado me condujo al estado en que vasallos míos sepáis de que me nazca tantos bríos. Aquí, Princesa, a todos tienes, establece loyes, modos, que a tus inteligencias rindamos entre alientos, obediencias. Aunque hasta aquí mi afrenta os he calla- yo que sepáis intento mi cuidado, (do, porque quiero, contándoos mi tormento; infundir en vosotros nuevo aliento, y así escuchadme, amigos, para que de mis penas seáis testigos. Ya sabéis como vino a ser mi esposo Lirgándeo engañoso, que grata le admití, que él muy ufano, amante procuró mi blanca mano, que yo lo deseé, que él lo procura, que mi honor lo asegura, que con dulces finezas él me obliga, que le aliento tal vez a que prosiga, que se mostró muy firme, y muy amante, y pues esto sabéis, paso adelante: Una mañana (ay triste! segunda vez la pena el alma enviste, una mañana, cuando el copete del monte iba rayando el Sol, cuyas melenas confundían claveles, y azucenas, y a pesar de las olas procelosas, del mar salió cogiendo frías rosas; en este tiempo, pues (oh alevosía!) en una Nave que en la mar tenía, con prevención de gente, se embarcó esta mañana, y aunque veo que así mi honor profana, y que de ello me informan, no lo creo, y con ansias, y penas el deseo. Aunque el dolor le ofusca, en su cuarto le busca, y llegándose al lecho, sin él le halla ya todo deshecho, y encima una almo hada esta carta cerrada, la nema rompo, y mi contraria suerte la precisa sentencia de mi muerte en ella me pública, y de mi deshonor me certifica: mas quien sabe a que obliga un desdén fiero, verá lo que padezco, y lo que muero; mas porque no extrañéis mis sentimientos, así dice el papel, estad atentos; Señora, la conveniencia de mi vida, y de mi estado, toda el alma me ha llevado a Parténope, fue influencia; Mi voluntad inclinó, como Estrella a su Princesa, perdonadme, que esta empresa de tus ojos me ausentó. Y aunque es mucha verdad (o amor tiraño!) que no me debe, no, ni aún una mano, con todo, el vulgo necio juzgará, si, en mi daño este desprecio; porque quien vio que tanto me asistía, no dirá que esperanza solo había; y en cuanto al ver que así me haya dejado, habrá ya sus caprichos confirmado, juzgándome ya Dido, de otro huésped ingrato fiero olvido. Esta ha sido mi afrenta, está mi pena, que el alma los sentidos me enajena. Si hasta ahora, cual veis, yo le he ocultado, ha sido, amigos, por razón de estado; más ahora que os veo en el empeño, la causa, y el valor aquí os enseño, o vengadme atrevidos, o la vida. aquí veréis en trozos dividida. Muera Lirgandeo, muera, que el sentimiento parece, señora, que en ti establece sustituciones de fiera. Estoy tan agradecida, viendo tan grandes alientos, que vuestros ofrecimientos son otra alma de mi vida. Castigaré así el mal trato que uso al be conmigo, pues dos veces mi enemigo quiso preciarse de ingrato. Parténope, estos ensayos teme, que luego has de ver que soy Júpiter mujer, pues también fulmine rayos. Qué un caudillo sin nombre, los mares calme, y esta tierra asombre! viven los Cielos santos que anhela horrores, y bosteza espantos. Si deidad es sagrada, será de todos tanto venerada, que al rayo altivo de sus luces bellas, vivirán obedientes las Estrellas; mas sea lo que fuere, quien muere de temor, dos veces muere. Esste bastón pusiste hoy en mi mano, y glorioso, y ufano, restitui! lo pienso a tu grandeza, venciendo osado esta marcial braveza. Quién, Lirgandeo famoso, no seguirá tus pasos animoso, si el golpe de tu espada ha de imitar con fuerza acelerada? rompe, acomete, emprende, y verás que en sus vidas más ofende. Ya mis desdichas crecen al paso que los Dioses me aborrecen, nuevos cuidos, ya nuevos rigores fieros ejecutores de mi vejez cansada, oprimida del tiempo, y mal pagada, acometen el alma de tal modo, que para dar con todo en el último fin de mis alientos, sobraba el uno de estos sentimientos, y crecen de manera, que vienen juntos, pues ninguno éspera. Padre, y señor la pena olvida, quién a tanta te condena? (migo Ver que el poder se aumenta a mi ene- pues cuando del primero me fatigo, más Naves se descubren, que los cristales de sus mares cubren. Pues qué importa, señor, que lluevan naves mas que el mar tiene peces, el viento aves. faltará quien resista sus armas, tu poder en su embestia, y verás su pujanza tan caida, que le han de sobrar muertes a la vida. Son estas ocasiones tan propias de valientes corazones, que el peligro olvidara, si lo preciso de él no me folzara, pues has de ver postrada desde ahora su altivez con mi mano vencedora. No hay quien de este valor favorecido no muera de valiente, y de atrevido. De aquí el contrario campo se divisa. Un trompeta se acerca a toda prisa, y la sigue aspirando al triunfo, al lauro, un Cometa mujer, si no es Centauro. Rey Cloanto, Rey injusto, soberbia, y loca Celaura, falso, y traidor Lirgandeo, Parténopeses piratas, que en tierra firme robáis una opinión, que en las aras del Menfis de sus blasones glorio amente se abrasa. Oidme, y sabréis quien soy, Da si si no anticipa la fame entre asombros de mi nombre, el que adquiere mis hazañas. Yo soy Rosalvira. yo soy la Reina de Tinacría, con esto os lo he dicho todo, que para vosotros basta. Pues cuando tanto poder que por caudillo me aclama, no viniera, traigo altiva vuestra ofensa en propias armas Pues si el cabello prendido, suelto al aire flechas tantas, os embestirán de rayos, que os abrase en la campaña. Si centellas de mis ojos mi enojo os arroja, cuantas un volcán vibra son hielo, si a su fuego se comparan. Pues que si las de mi aliento furiosamente os asaltan, como rayos de los cuerpos os traspasaran las almas. Si la razón que en mi boca asiste, pide las llamas que abrasan mi corazón, excederán mi venganza. Pero porque no digáis, que mujeriles palabras son tempestad de verano que atruenan sin obrar nada; a todos os reto, a todos, y porque sepáis la causa, sea el primero Lirgandeo, que con civil arrogancia, y con menosprecio mío, me dejó escrita una carta tan doscortés como suya, tan suya como villana. Al Rey, porque los designios de su pretensión ampara, y con descrédito mío aprueba sus esperanzas. AMOR ENC ATOS, A Celaura porque admite a su voluntad las blandas caricias de Lirgandeo, Príncipe de la inconstancia, que en mí el decoro es deidad, y las Estrellas le guardan tanto respeto, que el Sol por acudirle le faltan. Si imagina, que el amor esto ocasiona, se engaña, porque jamás ha admitido un aplauso suyo el alma, un afecto su cuidado, un desvelo su alabanza, una tristeza su ausencia, ni una terneza sus gracias que a otro culto dediqué el triunfo de aquesta palma, aunque ingratamente quiso cortalle al gusto las alas. No esto incita mis alientos, no esto conmueve mis ansias, que también sabré matar a quien en esto me agravia. Rey, Celaura, Lirgandeo, Parténopeses mi espada es un prodigio, a la muerte la sostituyó guadaña. Con ella a todo rigor segaré vuestras gargantas, en la campaña os espero, toca al arma, toca al arma. Que esta mujer me persiga de este modo (oh suerte avara!) que quiera con lo violento malograr mis esperanzas. Esta arrogante mujer a la defensa nos llama; ea, Soldados valientes. Muera Rosalvira. Y cuantas presunciones de arrogante sus alientos acompañan. Desdichado soy sin duda, pues cuando llegaba el cuando que tienen los cesamientos, en vecinos, y en aliados, y en este esperaba yo, que celebrando mi amo sus bodas, la panza hinchera de arroz, gallinas, y cuanto lisonjea el apetito para ocasionar los tragos. Esta guerra, por mi mal, treguas puso a mi estomago, pues que me entretiene el gusto, y el cuando se duda cuando. Pero aunque el hado insufrible use conmigo lo zaino, en esta sortija fío todo mi bien, y mi amparo. Mi amo se la olvidó en un bufete, y es llano que es aquesta la que a él le dio un Mágito extremado, en la cual, sin ser un hombre enfadoso, ni cansado, ninguno le puede ver, y así en el dedo la zampo, y en la guerra determino dar a todos los contrarios más cuchilladas que tiene un vestido de verano. Guerra, guera. Mas qué es esto? ya se encontraron los campos ya se buscan, y se acercan, ya son fuego, ya son rayos, ya son Martes, ya son Lunes, y yo que lo estoy mirando, que de nada me dolía, ni me aflige, ni me enfado, antes bien voy a esconderme, y a los que fueren pesando, yo les daré en caperuza, treta que no la alcurzaron, ni zurdos, ni Galalones, Cárpinos, tuertos, ni calvos, ni mujeres, quinta esencia de enredos, trampas, y engaños. No os espansten los rigores, venced valientes Tinacrios. Parténopeses, la fama os previene eternos lauros. Lindamente les sacudo, ello es arbitrio extremado, y con los que ahora salen, entiendo hacer otro tanto: Allá va. 1. Válgame Apolo, en la cabeza me han dado; pero no sé quién, ni como, que no parece contrario: que he de hacer? . Irse a curar en casa de un Cirujano, mientras espero aquí otro para rompelle los cascos. Huyendo de la batalla, donde esconderme buscando voy, quien ahora tuviera, para estar más bien guardado, la bolsa de un avariento. Este es Dinero qué aguardo? hoy por los celos de Lidia llevará su ramalazo. Válganme cien tabaquistas, que bien podrán, pues hay tantos, sin duda es fantasma, o brujo, pues no le encuentran mis tajos. Aquesta vez, Dincrillo, has de pagar tu pecado. Quién eres? Un Dios Poeta, que como nunca legasto, no lo tengo, siempre estoy con el dinero encontrado. Pues diga, pues lo que quiere? Hoy mandan los Dioses sacros, que no trates de querer en invierno, ni en verano a Lidia. Yo lo prometo: podré tomarla una mano? No replique, y vayase. Digo. . No chiste. Pues callo. No calle. Pues qué he de hacer? Irse, ni apriesa, ni a espacio, sin hablar, y sin callar, viendo, y sin ver. Caso extraño cómo aquesto puede ser? De aquesta suerte, fiando solo en aquesta sortija. Válgame Apolo sin carro, y Neptuno sin Tridente. Lindamente le he burlado; pero el estruendo de guerra en mi engendra sobresaltos. Lirgandeo con destrozo mata a lo seguro, dando a los Médicos envidia; qué me detengo? qué aguardo? Espera, señor, espera, verás valiente a tu lado a Moatra, cuyo nombre va destruyendo, y talando las haciendas; hoy, sortija a vos apelan mis cascos, ved que si en ellos me dan, entrambos a dos quedamos, vos sin opinión, y yo bien herido, y mal curado. Ea, Soldados valientes, a ellos, porque ya el Lauro AMOR ENCANTOS, la fama está previniendo a vuestros pechos bizarros. Ea, pues, Tinacrios míos, ea, valientes Soldados, a ellos, prueben la furia de vuestros lucientes rayos. Válgame el Cielo, qué es esto? Ay de mí, que estoy mirando? No es aquesta Rosalvira? No es este mi amante ingrato, Artemidoro? Ella es, aunque desprecie sus rayos, nueva Palas me parece, Marte, y Venus en el campo. Siempre eres contrario mío, aleve, y amante falso, contra mí las armas tomas, y a mi enemigo animando le favoreces, y ayudas a costa de mis agravios? Pues no basta, que por ti, por tus rigores, y encantos le conduciste a mi amor, y le obligaste a mi agravio, pues si no burló mi honor, dejó en contingencia el lauro de mi opinión, y obligó a que en los cristalnos campos surcasen armados leños a castigar mi contrario; pues vive el Cielo. Detente, Rosalbira, que es engaño pensar que supe jamás que eras caudillo del campo, que a saberlo, todo el mundo; pero ya blasono en vano, cuando bastan solamente para vencer tus contrarios, los rigores de tus ojos, pues tantos fulminan rayos: deja que mil veces ponga a tus plantas estos labios, que eternamente confiesan de aquese Cielo el milagro. Como siempre Lirgandeo fue tu amante, y mi contrario, si pretensor de Celaura, yo de Celaura olvidado, por vengarme de los dos, con nunca vistos engaños, porque él no goce a Celaura, quise asistirle a tu agravio. Aunque, Príncipe, me engañes, quiero creerte, a mis brazos llega; amor ya de tu imperio conocí el mayor encanto, que a donde una estrella influye, se precipitan los hados. Artemidoro. Ay de mí! mi gente me está llamando; a Dios, Princesa querida. Vaste, y me dejas ingrato? Válgame el Cielo! qué haré, que amor, y honor batallando me tienen aquí indeciso? Qué consideras? El caso, ser tu contrario, y amante. Yo soy tu amante, y contrario. Yo he de animar a mi gente. Conducir yo a mis Soldados, da principio a la batalla. Iré a prevenir el campo. Así me dejas cruel? Ya en su firmeza me abraso, si me ausento, si la dejo, con su vida soy ingrato, y no valgo con mi honor lo que con ella me infamo. pues la dejo en el peligro, y si es que la dejo acaso, pierdo mi honor, y mi gente: si me vencen mis contrarios, confuso estoy, y dudoso. Dioses santos, Dioses santos, o ayudadme compasivos, o aconsejadme más gratos. No te vas? Estoy muriendo. Qué esperas? Rigor extraño! Qué imaginas? Cielo mío, ya yo estoy determinado. Pues qué intentas? Qué? quedarme. Y tu gente. Menor daño es que peleen sin mí, que dejarte. . Eres bizarro, Rosalvira, Rosalvira. Voces oigo de mi campo, perdida soy si les dejo, y cuando me está obligando este, ausentarme es vileza, y si me quedo, mi agravio está clamando en mi pecho, pues que dejo de vengarlo; mas esto es fuerza. Qué intentas? Qué? partirme. Ay dueño ingrato, así mi amor te obligó? Culpa, no mi amor, mis hados, que tan forzosa ocasión intenta ahora apartarnos; amorir iré sin ti. Sin ti el morir voy buscando. Qué más muerte que tu ausencia? Qué más rigor que mi llanto? Artemidoro. Princesa. Aquí me tenéis Soldados. Soldados, aquí estoy yo. El Rey con todo su campo llega ya. Válgame el Cielo! Los Generales bizarros, en vez de pelear altivos se rinden a su contrario. Rosalvira es, gran señor la que azotando los campos de cristal, es quien pretende satisfacer un agravio que Lirgándeo la hizo, dejándola con engaño burlada, ofendida. . Tente, que vive el Cielo, que es falso quien en Rosalvira ha puesto, y en su honor defecto. El campo con las armas lo pública. Pues con las mías al campo lo defiendo, y cuerpo a cuerpo, a vos que sois mi contrario: yo siempre estamé a Celaura, y con fingidos encantos procurasteis persuadirme. Pues yo temo en mis agravios la satisfacción que dais. Y yo, pues sabéis el caso, Princesa, la mano os doy, vuestro soy, que en desenñagos M ane Anros quiero confesar aquí, que contra amor no hay encantos Sin doda el Cielo lo or leña. Albricias amor, pues hallo un desengaño a tu vida, y a tu delicia un aplauso. Pues si es que Celaura gusta, dele a Lirgándeo la mano. Leísteme la intención. Vivas infinitos años. Y pues mi padre difunto yace en los Palacios sacros de los Dioses, y sus Reinos quedan debajo mi amparo. Pues soy su Reina, y señora, y pues la guerra ha cesado con aquestos casamientos, a recogor nuestros campos vamos, que quiero partirme. Viváis infinitos años. Con esto, Senado ilustre, quedará calificado, que aunque es encantos amor, contra el amor no hay encantos. Perdonad de tres Poetas los hierros, que a vuestro amparo sacrificaron las Musas, para lograr sus aplausos.