Texto digital de No hay con la patria venganza y Temistocles en Persia
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay con la patria venganza y Temistocles en Persia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-hay-con-la-patria-venganza-y-temistocles-en-persia.

NO HAY CON LA PATRIA VENGANZA Y TEMISTOCLES EN PERSIA
JORNADA PRIMERA
Qué dulcemente acordes flores, pájaros, y fuentes respiran, cantan, y ríen al ver que la Aurora viene! diciendo, que viva, se aplauda, y celebre la que es alegría feliz del Oriente. Muera Grecia. . Persía viva. Muera Egipto. . Viva Jerjes. Espera, cobarde. . Hijo, repórtate. . Señor, tenle. 1. Déjale, Libio, porque es afrenta tuya, que emplees en un tapaz el acero. Aparta, señor. . Quién piense que puedan ser cobardías moderaciones prudentes, se engaña, y ved::- 2. Tente. . Aguarda. Qué estruendo, qué ruido es este? A las puertas del Palacio del Augustísimo Jerjes, hay quien a alzar, no la voz, pero aún la vista se atreve? Decid, qué ha sido, Soldados? 1. Señor::- . 2. Señor::- Respondedme, o vive él mismo, que::- noble Capitán, atiende. Airosa presencia! . Apenas a esta gran Corte de Oriente, desválidos, y extranjeros, llegamos hoy al ponerle las horas al Sol la hermosa carroza de rosicleres; cuando al excelso Palacio, Real esfera de tus Reyes, o el acaso nos guió, o nos condujo la suerte: Admirando su exterior grandeza estaba inocente nuestra atención; pero a un tiempo dulces ecos nos suspenden por una parte, y por otra ver amontonadas gentes con instrumentos marciales, ir más furiosas, que alegres. Diciendo, que viva, se aplauda, y celebre la que es alegría feliz del Oriente. , . Muera Grecia. . Persía viva. Muera Egipto. . Viva Jerjes. Ellas por mí te lo han dicho; y como a saber qué fuese una, y otra novedad (porque se excitó igualmente con las Liras y Clarines, por Músico y por valiente este joven a esos hombres llegase: a uno responderle con menos urbanidad, que la que un Soldado debe, no sé que de qué os importa, advenedizo? escuchele. Díjole lo que bastó, ofendido, para hacerse respetar de él, y que sepa, que el noble natural debe honrar tanto al extranjero hombre de honor, como::- . Cese, cese tu voz, admirable varón, no digas más, tente. Quien ha sido: pero nadie me lo diga ya: tu eres, . pues tu misma turbación te declara delincuente? y así, mientras el castigo te señalo, hola, prendedle. Señor, yo::- . Calla, cobarde, que bien el serlo pareces; pues los hombres de valor nunca fueron descorteses. Nobles extranjeros, esas métricas voces alegres son obsequio, que a Cleonisa, sobrina del Rey, previenen cada mañana sus Damas luego que ven que no duerme, divirtiéndola en las raras tristezas con que está siempre. Qué oigo, Tulipan? Cleonisa en Persía? . Pues qué más quieres? Si se acordará? . De qué? de que, a pesar de los crueles sediciosos, la sacaste de las garras de la muerte? Sí. . Podrá ser; pero hay poco que fiar de las mujeres. El Militar aparato, son las Reclutas, que vienen de todo el Imperio, para la guerra que se previene con Egipto, Grecia, y Lidia, que decir marchando suelen::- Muera Grecia. . Persía viva. Muera Egipto. . Viva Jerjes. Y pues ya estáis respondidos, razón es que también quede satisfecha vuestra injuria: vaya ese reo::- . Suspende, generoso Persa, el orden, que a dar vas contra él; penetre antes tu espada mi pecho, que a castigo le condenes. Déjale, que a cien carreras de baqueta le sentencie. Calla, infame. Hay quien me diga, que manos blancas no ofenden? No hay arbitrio. Pues yo he sido quien le provocó imprudente: yo quien la ocasión le di, y el que el castigo merece: tenga él vida, y muera yo, que al que mi enemigo fuere le quiero con vida, para ser yo quien le dé la muerte. Ay tal bobada! . Gallardo joven! pecho clemente! De dónde sois, extranjeros? Por ahora más no conviene decirte, sino que somos de región tan excelente en armas, letras, riqueza, y política, que puede con las mayores del mundo competir lo demás quede para el oído del Rey, si logro que me oiga. . Advierte, que el Capitán de su guardía soy a quien darte compete, o impedirte el paso. . Pues si hacerme este honor pudieres, preséntame al Rey. . Si haré; y para que fácilmente hasta las últimas salas, que el cuarto Real contiene, puedas entrar sin estorbos de Guardías, y a mí me encuentres, quiero que este pase mío por salvo conducto lleves. Mucho te debo. . Tu aspecto a un raro afecto me mueve. Algún día puede ser::- Nunca, porque de él se acuerden, beneficio hice. . Eres Noble. Artabano solamente diré que soy; lo demás mis acciones lo refieren. Pues tuyo soy. . Y ese joven, pues (según dijiste) tiene a la Música afición, si con destreza la ejerce, puede ser que Cleonisa en obsequio se granjee por mi influjo algún caracter decoroso. . Una, y mil veces esclavo tuyo, Artabano, quiero que me consideres. Ay Tulipán! qué ventura fuera que::- . El Diablo lo entede, y por tu solfa, a los tres el pescuezo nos solfeen. Dejad libre a ese Soldado, pues piadosos interceden los dos por él. . De la vida que me das, disponer puedes. Adiós, pues. Mire usted. . Di. Si acomodarme pudiese en Palacio, también tengo mis antusiasmos solemnes de Poetrasto. . Vos? Sí; no hay copla mía que no apeste; pero digo mal, de cuantos escriben como se debe. No hagáis caso de ese loco. 1. Qué bufón! 2. Qué impertinente! Adiós, amigos. . 3. Los Cielos, Capitán noble, os prosperen. Qué quieras, Neoclides mío, exponerme y exponerte cada instante a un precipicio con ánimo tan ardiente, que aún al mío, por la edad que gozo robusta, y fuerte en que los hombres corrigen sus acciones más rebeldes, aventurar solicitas, y adelantarte pretendes? sin duda (ay Cielos!) que ignoras, hijo, quien soy y quien eres. Antes, señor, porque sois Temistocles el más fuerte, magnánimo, experto, ilustre, afortunado, y prudente General, que jamás tuvo la República Ateniense nuestra ingrata Patria, aunque después de tantos laureles como a tu espada, y consejo, que tan mal paga, te debe: de ella misma perseguido te ha obligado a venir entre tus enemigos los Persas, a morir infelizmente; preciándome de hijo tuyo, no hay otra cosa en que piense sino en buscar quien me mate, o en matar a quien me ofende. Ay hijo! que los destinos mal con despechos se vencen. El magnánimo varón ha de sufrir de la suerte el ceño airado constante, no precipitadamente. Piensas que estás en Atenas, donde el nombre solamente de Temistocles::- . Señor, no a mis iras se lo acuerdes: oh Patria injusta! o cruel madre! Madre? madrastra; y si quiere la fortuna su veleta volver, serás un pobrete si espada en mano no la entras, hasta que de ella te vengues. Qué dices? yo de mi Patria vengarme, aún cuando pudiese? no hay con la Patria venganza en hijo que noble fuere. Está bien; pero a qué fin te has venido a Susa? quieres que nos conozcan los Persas, y nos frían y desuellen por los muchos beneficios que les has hecho mil veces de destruir sus Armadas, y arruinar sus altiveces? tanto, que el coco es tu nombre, Temistocles, y aún su muerte; esta es la grande prudencia que alaban en ti las gentes? Vamos, Neoclides mío. A qué mal tiempo, aunque aleve quisiera ser con mi padre, dices, Tulipán, que deje a Persía, estando Cleonisa en ella ya. . otro demente! qué Cleonisa, ni demonio? habrá mozuelo como este? Esto ha de ser: vamos, hijo. Adónde? . A que sepa jerjes, que Temistocles está en Susa. . A tal te resuelves? No me oíste cuando hablé con Artabano? . Hay juguete más caprichudo! . No creo, padre mío, que lo aciertes. Como acertar, si es un hombre Jerjes de genio tan fuerte, que porque el Mar le rompió aquella increible puente que echó en el Peloponeso, como si un muchacho fuese le amenazó, le azotó, y le echó grillos? qué puedes esperar que haga contigo? Señor::- . Tú mi hijo eres? ven, o no vengas, que tengo de entrar, y hablar, aunque oyese decir::- Temistocles muera, y viva el que al Rey le entregue. He: salimos del cuidado; entre usted; vaya usted, entre. Qué es esto, fortuna? . Hado, qué es esto? . Qué? horca me fecir. A las puertas de Palacio, como la orden nos previene, el primer cartel se fije. Si serán estos carteles de nuestra tragedia, y yo quién haga en ella el sainete? 1. Ya está. Temistocles muera, . y viva el que al Rey le entregue. 1. Libio, allí están; ocasión buena de vengarte tienes. No haré tal, que fuera infamia. 1. Pues yo sí, si tú no quieres. Daos a prisión, Extranjeros, . de orden del Rey. . Cómo puede un noble, al nombre Real, resistir? aquí me tienes. Primero::- Qué vas a hacer, hijo? . 1. Qué intentas, aleve? dose la espada Desciñe irá a decir (trance fuerte!) que primero la razón sepamos por que nos prenden? Dice bien. . Porque el decreto del Rey manda, que al que encuentren en traje, o señas de extraño, sospechoso, o diferente en lengua de los dominios de este Imperio, se le apremie a que dé quien le conozca, y abone, o se le sentencie, sino a pena capital; porque hay noticia evidente de que en Persía se halla oculto el General Ateniense Temistocles. . No lo dije? Y porque el que de él supiere le delate, dos talentos por premio se le prometen; con que así::- . No digas más. Desventura, no hay que esperes. 2. Dadnos las armas. . Tened: será seña suficiente de no ser yo el que buscáis, ni con quien la ley se entiende, esta firma de Artabano, que me abona? 1. A verla. . Ecce. Suya es y tiene su sello, con que puesto que la tiene, seguro es, que se la ha dado conociéndole. . Y ustedes, malditas sean sus almas, no la han visto? buena especie. 2. Tiene razón. . Con que así, no hay para que se sospeche mal de estos tres. . No señor. Vamos, pues. . Y a tocar vuelve, porque Temistocles muera, y viva el que al Rey le entregue. Muera Temistocles, muera, . y viva el que al Rey le entregue. . Y ahora, padre, qué dirás, oyendo contra ti ese riguroso pregón? . Que no hay al hado que temerle: la fortuna a los arrestos animosos favorece: y así, pues que ya! echada tengo a la suerte, ven, o no vengas, te vuelvo a decir que hablar a Jerjes quiero, venciendo peligros, recelos, e inconvenientes; porque todos con el hombre cuando muere el hombre mueren. Pues padre, a morir contigo (y por Cleonisa) me tienes resuelto. . Y a Tulipan, que por ti en malva se vuelve. Pues así Persía::- . Mi amor::- Y el diablo que lo revuelve::- 3. A pesar de los acentos que contra mí el aire hieren::- Digan, Temistocles viva, y muera el que al Rey le entregue. De cuantas veces el marcial acento, alma de mi colérico ardimiento, supo ser embeleso de mi oído, ninguna para mi más grata ha sido, ni lisonja mayor de mi osadía, que el repetido toque de este día con que asustan el aire, viento, y tierra las lenguas tan sonoras de la guerra. Felizmente parece que consigo las reclutas hacer para el castigo, que a Grecia, Egipto, y Lidia dar emprendo: toda Persía a una voz me está diciendo a qué, Jerjes, aguardas? no te nombres Reiya, como hasta aquí, solo de hombres, pues a guerra tan justa, en tus banderas se aprestan furias, y se alistan fieras. Rojanes? . Gran señor. Qué gente envía la Batria? . Diézmil hombres este día acaban de llegar, todos Soldados de brío, y pundonor; y en los Estados de la Partía, la suma diligencia del Príncipe Artajerjes, sin violencia está haciendo reclutas numerosas de gentes sumamente belicosas; y ha jurado, señor, no entrar su Alt en la Corte, hasta traerte la cabeza del General Temistocles. Oh Cielos! que afientas, que cuidados, que desvelos semejantes me cueste un hombre solo! No he sido susto de uno, y otro Polo? terror humano, y Jerjes finalmente, que pensaba extender desde el Oriente hasta el estrecho de Hércules mi nombre, mi Imperio, y mi dosel? pues como un rémora pudo ser de mis empresas? (hombre El mayor enemigo, si no cesas de refrenar tu justo sentimiento, de ti mismo a ser vienes: ese aliento, ese invencible espíritu, esa extraña real magnanimidad, con tanta hazaña, tanto triufo, y poder, no es bien que piense en que ese astuto pérsido Ateniense te ha podido vencer. . Rojanes, calla, que en nada mi pesar consuelo halla: Temistocles es solo quien ser pudo no solamente de su Patria escudo, sino la nube, escándalo, y desmayo de este Sol, de este pecho, y de este rayo. Pero porque no se diga, que el que quiso con su esfuerzo vencer al mundo, no puede vencer una pena; quiero a pesar mío, mostrar que aún a mí mismo me venzo: a Cleonisa mi sobrina en tan triste extremo han puesto sus raras melancolías, que algún trágico fin temo con su vida; a cuya causa he mandado, que a su obsequio todos asistáis, su cuarto festiva palestra haciendo de músicas, y festines, porque el amor que la tengo, y perdió en su padre, solo recompensar así puedo. Y todos, señor ansiosos de servirla, y complaceros, no omitimos ocasión de festejarla; y Darieo el Infante vuestro hijo, su primo, por tan discreto, instruido en bellas artes, y lenguas, Galán, discreto, en la música se lleva el noble laurel, y premio de todo, aunque con la envidia común de nuestro deseo: y más de la ambición mía. . Qué gusto me das en eso, Rojanes, que es el Infante de mi caricia el objeto. Y con razón: que sea fuerza . celebrar al que aborrezco por lisonjear el oído del Rey su padre! . Id luego a decirle que le llamo, Artabano: y vos los pliegos . despacharéis con la orden de que se hace en todo el Reino el bando de hoy. . Voy, señor. Y a Cleonisa también quiero que la llaméis. . Obediente os sirvo pero yo creo, que a besar vuestra Real mano vienen los dos. . Pues no tiempo perdáis vos en lo que os mando. . Está bien: loco deseo de Reinar aunque el amor que a Cleonisa manifiesto, le acompaño con el fin de que Jerjes el derecho, que a la Corona de Esparta por muerte de su Rey tengo, proteja; no me atormentes, que harto me aflijen los celos. . Ya están aquí sus Altezas. Idos todos, mientras templo un breve plazo mis penas con los dos. Ya obedecemos. Tío, y señor? . Padre mío? Las plantas::- A esos pies regios::- Le dad a quien más os ama, y más os debe. . Está puesto el más feliz de los hombres solo por ser hijo vuestro. Llega, Cleonisa, a mis brazos, levanta, amado Darieo, que vuestra vista pudiera solo sosegar mi pecho: cómo estás, sobrina? . Cómo podré, señor, mereciendo de vuestra Majestad tantas honras, favor y consuelo, sino muy combalecida de mis tristezas? . Mi anhelo es ese solo: y tú, hijo, esta mañana qué has hecho? Ejercitarme en las dos destrezas, que tener debo de las Armas, y Caballos, de cuyos nobles manejos después de veros iré al noble estudio que tengo de otras artes como son Pintura, Música, y Versos. Cualquiera de ellas es digna de que la ejercitéis; pero ved que del Caballo, y Armas aquel estudio primero es alma de la nobleza, gala esotras del ingenio; y aquella alma, y esta gala piden (para hacer perfecto cuerpo en un Príncipe) que no olvide los documentos de Política, e Historia: y si añadierais a ellos la práctica disciplina de Marte, no es lo que menos os ilustrara aquella alma, y os adornara aquel cuerpo. Quedo instruido. . Cleonisa, Aquémenes, padre vuestro, y hermano mío, murió (con su obligación cumpliendo) por mí, y por Persía en Egipto: esta desgracia no puedo remediar, sino mirando que vos heredáis el premio que mereció su valor: Yo os amparo, yo os atiendo; yo os mando ahora quitar todo señal del funesto luto que tomasteis; yo que solo penséis deseo en regocijos; a todos he encargado vuestro obsequio: las más hermosas, y más diestras Damas, que este Reino celebra en habilidades, os sirven; y si extranjero alguno llega, que sea también del agrado vuestro digno, por hábil, mandad se os traiga: solo en recreos, y diversiones pensad, mientras dando tiempo al tiempo, vuestra beldad se corona con algún laurel supremo. Cómo os pagaré, señor, tanto amor ni el que le debo a la Reina mi señora? pues al vuestro compitiendo, una hermosa prisionera me ha enviado al mismo intento, tan adornada de gracias, beldad, modestia, e ingenio, que ella sola me bastara para mi total consuelo. Y es verdad; pues ella pudo de la pena que padezco en mi amor, no poco alivio facilitarme. . Me alegro: y quién es esa? . Eufrosine, noble Ateniense, que huyendo con otras, cuando Rojanes la puso a su Patria cerco, dando en sus manos::- . No más, Cleonisa, que bien me acuerdo de que las mandé (ser nobles matronas reconociendo) servir y tratar conforme su caracter, de los nuestros; y que a la Reina mi esposa se presentasen, trofeo único que nuestras armas de esta expedición trajeron: mas cual de estas Damas es la que decís? . Disponiendo unos tonos al estilo de su Patria con esmero quedaba. . Estimarla mucho debes; y pues de mi Imperio las urgencias no me dejan un instante de sosiego, diviértete, Cleonisa, y a Dios: y quedad, Darieo, con tu prima. , . Ya, señor, del pregón que se echó, a un tiempo se ha enviado a las Ciudades principales los expresos convenientes, que mandaste. Bien está. Unos extranjeros, que hombres ilustres parecen, especialmente uno de ellos, airoso en presencia, hablaros solicitan. . Y aquel Griego de la República enviado de Atenas, por quien sabemos que Temistocles en Persía está oculto, con intento (sin duda) de somentar alguna traición, lo mismo por mí a vuestra Majestad pide. . Decid que entren luego al Salón Imperial, donde oír a unos, y otros quiero, y animar a mis Vasallos para esta guerra que intento. Vendréis también vos, Cleonisa, acompañándoos Darieo con vuestras Damas, y en tanto, pasaréis al aposento de la Reina a saber como de sus achaques molestos hoy se halla. . Mío es también aquese cuidado vuestro, padre. . Y de mi amor. . Yo a honra tal áspiro atento. Vos de mi servicio Real tenéis cosas de gran peso entretanto a que atender. Mi ansia es solo obedeceros. Qué esperáis, sobrina? . Guarden vuestra Real vida los Cielos. Si habrá hoy música, Martesía? Qué sé yo? allá lo veremos. . Júpiter Olimpo, si me concedes el contento de descubrir muerto, o vivo a Temistocles, un Templo, que exceda a cuantos en Asia tuvieses, labrarte ofrezco. Que no pueda mi ambición de reinar, encontrar medio de declararme con Jerjes, ni de ablandar el severo desdén de Cleonisa, y más siendo mi ribal Darieo? pero, Amor, cautela, y ansia, paciencia, y disimulemos. . Mientras que mi amado padre se ha quedado con pretexto de ir mirando sus primores, escuchando en uno de esos salones lo que de él hablan las Guardías, y Palaciegos; ya que hasta aquí por la firma ningún embarazo han puesto, quiero, Tulipán, desde este balcón, que cae sobre el bello jardín del cuarto que han dicho ser de Cleonisa, un momento ver si su beldad descubro. Y qué logramos con eso? dirás a adorar la concha, ya que la perla no puedo, de aquel serafín humano, de aquel tu diáfano Cielo, de aquel tu radiante Sol, y todo aquel alfabeto de tontadas, que decías de Eufrofine, por quien muerto de amor, todo era escribir epigramas, y sonetos, y poniéndolas en solfa cantárselos hecho un ciego, que también allá en Atenas se usan ciegos jacareros. Si sabes, que entre las Damas ilustres que perecieron, por no haber Naves bastantes, o no haber llegado a tiempo de embarcarse, cuando a Atenas la puso el Persiano cerco, una de ellas fue Eufrosine; qué delito es (saber quiero) que estando difunta ella, esté mi cariño muerto? Pobre del pobre a quien cubre la tierra, dice un proberbio de las viejas de mi tierra; y yo lo digo sin serlo, porque también a Espiochilla su Criada, hice mis gestos. Pero si murió; una, y otra vayan con Dios, y busquemos en el libro del Amor otro capítulo nuevo. Mucho, Tulipán, la quise, y no sé como en mi pecho darle lugar, aunque breve, a otro amor, que el suyo, puedo. No nos cuentan que bajo por su Erudice allá Orfeo, y que la sacó, a poder de música del Infierno? Pues por qué no bajas tú por Eufrosine, no siendo menor que Orfeo cantor, Galán, valiente, y discreto? Oh pesie a ti, que has querido hacerle al alma un recuerdo tan doloroso. . Pues qué te ha venido al pensamiento? La dulzura, con que un día así cantaba, diciendo::- Ay Amor quien creyera, que siendo niño, tuvieras tanto acierto para los tiros? Mas son los pechos el imán de sus puntas, y ellas acero. El chico es un gilgüerillo; en oyéndole, me enlelo. Amante pasión tirana, diviertante mis afectos, y para aliviar mis penas (neroso, sean mis voces remedio. Tierna pasión de un pecho ge- donde has de hallarquietud, donde reposo, si el corazón suspenso, en tanta calma, vive, padece, siente, y pena el alma con dolor insufrible? Ay dulce amado bien, ay imposible! oye mis ecos oye mis suspiros, y haz cuenta, que me escuchas, y te miro, Canta el ave lisonjera con su voz apetecida, la hermosura esclarecida la da vida, y explendor: así yo constante, y fino, de mi suerte rigurosa lograré la más dichosa, si halla alivio mi dolor. Hombre, estás en ti? no ves que pueden estarte oyendo, y de aquí echarnos a palos? Bien dices; que de mi afecto llevado, no reparé en lo que hacía, . Pues vueltos los rostros hacia el jardín por disimular estemos, porque al oírte, de allí sale no sé que gente. Quién dentro de esta sala cantar pudo tono que yo supe un tiempo? Qué sé yo? y aún juraria, Eufrosine, que era el eco de Neoclides, voz, y estilo. Ay dulce perdido dueño! no me lo acuerdes, y ven (pues de nuestro pensamiento será ilusión) por aquí, para salirle al encuentro a Cleonisa. . Sí, que ya esta acción echará menos: allí hay dos hombres. . Mujeres parecen, según lo hueco que pisan. . Volver a hacerlas es preciso acatamiento. Si será de estos el que cantó? más válgame el Cielo! Si acaso: Jove me valga! Qué es lo que miro? . Qué veo? Espiocha. . Tulipan. Señora. . Señor. 4. Qué es esto? Señora? si es ilusión. Hombre? si es sombra. Si el cuerpo es de Tulipán? . Si el alma es de Espiocha? . Caballero. Hermosa Dama. Él es. . Ella es sin duda. . Despachemos. Sois, o no sois. . Eufrosine? Neoclides? . Majadero, no ves que de la otra vida vienen así que te oyeron? Tú en Persía, mi bien? Tú en Persía, bien mío? . Tú aquí, Camello? Bórrica, tú aquí? . Pues cómo? Pues cómo? . Fuera esparmientos, y abrazo por barba. . El alma::- El corazón: . Llega. . Llego. Quién podrá, si no la muerte desatar nudo de afectos? Donde Neoclides: mas qué es, Júpiter, lo que advierto? otro paso de ilusión, mas no de tanta. . Qué es esto? en hora buena tan bien hallado estéis, Caballero, que merezcáis: Eufrofine no es esta, hija de mi fiero émulo Aristides? . Este . Temistocles el opuesto mayor de mi casa no es? . . Plaza a sus Altezas. . Quedo, que aún queda por desollar el aquel de aqueste cuento. Si nos habrán visto? . No. Pues qué haremos? Pues qué haremos? Ocultaos aquí conmigo. Volveos a entrar adentro las dos. . Vamos, pues. Acania. Su Majestad ha dispuesto, como os digo, diferir para mañana el Consejo, y Audiencia, a que os convido; porque recibió un expreso del Príncipe, que respuesta pronta necesita; y esto me manda a vuestras Altezas decir. . Bien sabe que tengo a su agrado resignado mi arbitrio. . Y yo mi respeto. Así a decírselo voy. . Pues como os iba diciendo (ya que a la Reina turbar no fue lícito el sosiego) primo, y señor, qué os parece la voz y el estilo regio de Eufrosine? . En uno, y otro mucho que celebrar tengo. Hay tal Enfrosinear de señora? . Ya yo lo veo, que es su favorita. . Calla, no entienda que lo podemos sentir. . No es cosa de risa mirar, señor, que así estemos representando escondidos el más heroico silencio? Calla, loco. . Callo, mas sino me río, reviento. Lo que aplaudo más en ella, primo es ver cuan al intento, y de repente, compone la letra y música a un tiempo, así en el Ático idioma, como en el Persiano. . Entiendo, que en Atenas patria suya, májima es de su gobierno poseer todas las ciencias, y aún las lenguas con esmero. Es política, que puede aprovechar mucho a un Reino. Estén, o no estén salgamo Valor para hablar no tengo, por el peligro en que están, y yo estoy. Eufrosine? . Viendo, que remiso el corazón, y entorpecido el ingenio, ni aquel respirar podía, ni este encontrar un concepto, dije, qué mucho uno, y otro pame faltéis, si os considero sin aquel divino influjo, que espíritu os da, y aliento, pues tanto ha que estáis sin ver la luz de quien es sol vuestro. Quién es sol suyo, Eufrosine? Quién puede, señora, serlo sino vuestra Alteza, en cuya beldad no cabe defecto, y sin quien, ni vida yo, alma, ni ser tener puedo? Qué zalamería! amiga. Qué adulación! . Qué embeleso! Qué ahora esta mujer saliese para doblarme el tormento! Si siempre con vos, señora, . quién así os esté aplaudiendo está, quien se ha de atrever a proferir de su afecto producción, que bien parezca, primor, que merezca serlo? Vive Dios, que este hombre hablando por cualquiera, me da celos. No merece ese castigo la humildad con que pondero mi gratitud, a quien es por tantas causas mi dueño. Dueño? por quién lo dirá? Por Cleonisa, majadero. Castigo es el celebrar vuestra agudeza? . Sin serlo, más desaire que alabanza, es llamar a uno discreto; yo no lo soy, con que así aunque ofenderme no puedo, por ser vos quien lo decís, la ironia es lo que siento. Yo estimo tanto a mi prima, que sin otro algún respeto mas de que sois Dama suya, y que está de vuestro ingenio tan complacida, es preciso estimación daros. . Luego por su Alteza, y no por mí logro lo que no merezco? Si se habrán ido, Espiocha. . Ya parece que se fueron. Ay Dios! . Por vos, y su Alteza vos valéis tanto, que creo que celos de vos tuviera, a poder de vos tenerlos. Que un hombre como yo esté con paciencia tanto tiempo? Que yo esta plática escuche sin salir? . Tente, muñeco. Si queréis bien, no debéis padecer mal tan grosero. Antes por ser tan amante tenerlos de todos debo. Eso fuera no querer. Antes querer más es esto. No hay con celos fino amor. No hay amor fino sin ellos. Ir contra el común sentir de los amantes es eso: y aunque los facultativos términos casi no entiendo de Amor (al Cielo pluguiera) oír tu razón deseo. Pues si vuestra Alteza gusta así en un tono lo pruebo. Y puede ser que en el mismo intente yo responderos. Es Amor dulce querer, y con celos un rigor; luego más fino es amor, que no da que padecer. Es Amor un simple ardor A sin los celos, y su afán, luego los celos le dan al amor más explendor. Sin rigor amor si habrá. Sin rigor amor no habrá, que es tibieza. . Qué es dolor. Sí. No. y Amor celoso furor. Si vos tuy ieráis mi amor, no os burlaráis de los celos. Celos la pide? yo salgo. Y también yo. . Qué habéis hecho? Qué gente es esa? . Quién sois, hombres? . Si no lo remedio, ay de mí, y de ellos! . Soldados. Señor. . Cómo hasta aquí dentro entró esa gente? arrojadlos, o matadlos. . Deteneos, hasta que sepáis quien son. Vengarse de mí es su intento, descubriéndome. . Sí dice quien somos, a Dios pesquezo. Voces da el Infante. Quién te enoja, hijo Darieo? Nadie, señor. . Esto más? Fiero lance! . Extraño aprieto! Si no que habiendo hasta aquí entrado esos extranjeros, sus Altezas lo extrañaron, no sabiendo que uno de ellos es (yo no sé qué decirle) un nuevo Músico diestro; que en un breve rato que (mientras su Alteza fue a veros) conmigo habló, conocí su inteligencia en su empleo. Parece que habiendo oído, según vuestra orden, que siendo habilidad se le admita, pretende este honor. . Aquestos los extranjeros, señor, son, que licencia pidieron de hablaros; y como vos mandasteis, que al Salón Regio entrasen, les di mi pase, para que hasta él sin tropiezo llegaran. . Esto ya tiene otra cara. . Respiremos, . corazón. . Aunque así sea, atrevidos siempre fueron en entrarse hasta aquí, y no adonde debían. . De eso sería causa ignorar (como es tan grande, y excelso) las entradas de Palacio. Y como también dijeron, que dilatabáis la Audiencia, viéndonos ya una vez dentro, nos fuimos embelesando sala a sala, hasta este puesto. Y sois el Músico vos? No señor mi compañero. Pues vos qué sois? . Yo, Poeta; no lo veis en el pergeño? Y esotro quién es? . Señor, es un hombre que traemos para que vaya a la Plaza, nos barra, y ponga el puchero. Venerole como a padre, por su prudencia, y consejo. Cuál es vuestra Patria? Al mundo todo por Patria tenemos. Qué has dicho? . Qué necedad! Pues no lo tengáis por yerro, que cualquier parte del mundo Patria le es al varón bueno. No sois el primero vos que lo ha dicho; pero tengo por especie de traición el negarla. . No es lo mismo no decirla, que negarla. Sois Sirio, pues, o Caldeo? Yo me declaro. Ateniense. Pues como así, si sois Griego, y de Ciudad, que aún de oír solo su nombre aborrezco, por ser Patria del mayor enemigo de mi Imperio, os atrevéis a poner delante de mí, sabiendo, que el menor enojo mío es susto del Universo? vivo yo::- . Jerjes invicto, cuya planta humilde beso, pues en ti humana deidad las Divinas reverencio: cierto es que Aténiense soy; pero no embaraza el serlo; a que tu clemencia implore, pues de ella a valerme vengo en mayor servicio tuyo; es esta mi culpa: luego qué culpa esta ser podrá, siendo tu mayor obsequio? Yo vengo, Rey, a entregarte a Temistocles; para esto te pedí Audiencia, porque antes quise asegurar el premio: y no es el vil interés, que estás por él ofreciendo; que aunque es más para mí el mío, para tu grandeza es menos. Pues qué pides? que aunque sea no una Ciudad, todo un Reino, según lo que compro en él, nada es para mi deseo. Que me ampares, y mi honor defiendas solo de aquellos que con el odio, y la envidia se eclipsan, es lo que quiero: Ampárame, no de ti, que si ofendido te tengo, castigo de tu Real mano para mí será trofeo. Con que tú de mí te amparas, y no de mí? . Sí; y pretendo, al paso que compasivo, encontrarte justiciero. Pues entrégame al traidor Temistocles. . Ya no puedo. No puedes ya? . No, que es otro el Temistocles, que ofrezco. Pues hay dos? . Uno hay no más; pero este es valiente, recto, noble, y heroico; mas no es traidor, ni supo serlo. No es el astuto Ateniense, que General de su Pueblo, con sus ardides desaira cuantas hazañas emprendo? Ese el que te entrego es. Y ese es el que yo apetezco, Pues ese soy, yo. Quién? . Yo; y yo me entrego a mí mismo. Si en el teatro del mundo . la discreción de los tiempos representase, una seena de tan extraño suceso, no fuera de inverosimil calumniado el pensamiento? Pues no, porque realidad es todo: lo que a mi pecho pasma, es ver cuanta es de mí la confianza que ha hecho aquel mismo, que debiera temer más mis sentimientos. Qué de asombros! qué de dudas me asaltan! si será cierto qué es él? qué haré? o cual batallan en mi encontrados afectos! esto ha de ser: Artabano? Gran señor? . Escuchad. . Helo: su castigo manda. . Ay padre de mi vida! . Qué decreto tan cruel le espera! . Qué pena me causa! . Qué atrevimiento! Qué lástima! . Qué locura de hombre! Deguello tendremos. Bien está, señor. . Cleonisa, si fuere del gusto vuestro ese Músico, una vez que Eufrosine le ha propuesto, recibidle, que mañana al caso hará en el festejo, que se ha de hacer en Palacio. A qué fin? . Al que reservo. Qué es? que a cantar vaya un hijo de su padre en el entierro. Por mí no tengo interés. Pues yo interés soy quien tengo, Venid, Infante venid, Rojanes. Ya os voy siguiendo. Qué enigma es este? Qué arcano! Qué solapa! . Qué misterio! Quédate, pues, para darle la orden, Eufrofine: Cielos, . desde que este joven vi, de Temistocles el hecho, la indiferencia del Rey, y de todos lo suspenso, en qué dudas no fluctuo, qué confusiones no tengo? . Ya hoy no hay paso de garganta. Mañana le hay de pescuezo. . Venid, Temistocles, donde manda Jerjes. . Obedezco. Amado padre, contigo voy a morir. . Yo no tengo orden de llevaros, antes la tengo de deteneros. Pues yo:- . Joven imprudente, qué lloras? qué haces extremos? Jerjes es hombre, y es Rey: espera a ver de su pecho cual carácter puede más el infimo, u el excelso. Tomad la espada. . Es honor, y quitarosle no debo. Pues ya sé que tengo vida si con el honor me quedo. Qué espíritu! . Qué constancia! Qué estoy vivo? Qué estoy suelto? Neoclides mío. . Eufrosine. Pues los hados::- Pues los Cielos::- Cuando a mi vista te traen::- Cuando a hallarte me trajeron::- En vez de ser más propicios:- Son más crueles. Mas adversos. Qué remedio podrá haber::- Cual puede ser el remedio::- De su rigor? De su influjo? Si no el valor? El esfuerzo? Adiós. . Adiós. Vamos. . Vamos. Mas vuelve. Cuándo, mi dueño? Cuando quieras. Querré siempre quererte. . Y yo amarte. Y luego de Temistocles en Persía dirá lo que fuere el tiempo.
JORNADA SEGUNDA
Anda aprisa, Tulipán. Señor, poco a poco, y deja siquiera que salga el Sol a dar sus continuas vueltas al Orbe, como acostumbra: basta que la noche entera como Pegasos de noria hemos gastado en dar vueltas al contorno de Palacio, sin haber tomado aún media onza de sustento, desde que llegamos a sus puertas ayer. . También de alimento sirven a un triste las penas. El cuidado de mi padre, y no saber qué sentencia le dará un Rey de tan cruel, y vengativa soberbia como Jerjes, si se enoja; ver las grandes diligencias, que por su prisión se han hecho; los insultos que se cuentan de mi padre contra él; no me han de hacer temer sea ya triste mísero estrago de su rencor, y fiereza? Sí; pero aquel disimulo con que el Rey procedió, aquella extravagante salida de encargarte recibiera a su servicio Cleonisa, cuando la gente suspensa esperaba tempestades de furiosas providencias; y en fin, viendo que los dos somos gente de su tierra, y compañía, dejarnos en paz, y con conveniencia, da mucho que discurrir. Ay amigo. no pretendas suavizar las amarguras de mis congojas. . Pues ea, sea cuanto tu quisieres, y sepamos a qué te entras en Palacio tan temprano; que aunque nadie nos detenga, porque, en fin, como criado de Cleonisa (que ya es fuerza que estén de ello prevenidos los Soldados) ya entrar puedas hasta su cuarto a estas horas; no es el venirnos simpleza, si estarán de siete sueños Cleonisa y sus Damas bellas? No; porque desde que el sol de su hermosura despierta, como las aves al Alba saludan (si bien te acuerdas de lo que Artabano dijo) así con dulces cadencias sus Músicos la previenen parabién de que amanezca: con que cuando mi venida acelerada no sea, por Músico suyo (a que fue ya condescender fuerza, por no ser bien desmentir de Éufrofine la agudeza) debiera serlo, por sí logro que Cleonisa bella le ampare. . Es bueno, que está también en la inteligencia de que él somentó en Egipto la sublevación sangrienta, en que infeliz pereció a la espada, y mano misma el Rey de Lidia su padre Aquémenes; y haces cuenta de que pida por él? hacla de que le acuse ella misma. Si tan presto la piedad del Rey conseguir pudiera yo, como desengañar a Cleonisa de esa ciega presunción, menos mis ansias, y mis sobresaltos fueran. Tan de tu mano lo tienes? Sí, porque conservo en ella esta sortija, que: pero no es para que ahora lo sepas: sígueme. Neoclides? ya iba a culpar la pereza con que has retardado verme, sabiendo, que quedé muerta con lo que sucede. . Pues como estaré yo de penas con un padre en tal aprieto, y tú a tanto riesgo expuesta, si a saber que engaño fue, y nos conocemos, llegan? Ya en mi amor disimular que de Temistocles seas hijo, es forzoso, por mí, y por lo que ocurrir pueda contra tu vida, y que sigas la no despreciable idéa de la pretensión fingida de Músico, que aunque ajena tanto de tu ilustre sangre (como Profesor ya de ella) se han visto favorecer Príncipes en otra Ecena. Y si mandase, Eufrosine, que en esta ocasión ejerza mi habilidad, tendré yo, si en mi padre el Rey se venga, valor para celebrar con mi canto su tragedia? Mas de su prisión qué sabes? Nadie la intención penetra de Jerjes: ni el Capitán dice más, de que de él queda encargado. . El Rey anoche tuvo una explendida cena; mandó asistiera la Corte; hizo mercedes diversas, y nadie jamás le ha visto con la cara tan risueña; y aunque Rojanes y otros, que su desgracia celebran, de Temistocles movían conversación, se los deja con la palabra en la boca, prosiguiendo otra materia. Lo más que se le oyó fue al alzarse de la mesa decir, ya eres feliz, Jerjes, pues está en tu poder Grecia. Eso lo dirá, porque sin la espada, y la prudencia de Temistocles, seguro tiene el poder triunfar de ella. Y en aquello del festejo, qué dijo? . Que previnieran mandó decir a Cleonisa del jardín en la floresta sus Damas, y yo esta tarde algún festín en que hiciera su hijo Darieo papel, y que a ti también se oyera. No llegará el caso, pues si quiere::- . Cleonila; cuenta. Lo que madruga. . Esta noche la ha pasado muy inquieta; y sobre habernos de ti hecho mil preguntas necias, antes del día nos ha hecho a todas poner pie en tierra. Con quién hablas, Eufrosine? Con el extranjero, a quien mandé hoy volver. . Esta bien. Perdonad, si tarde vine. Tarde no es, más hará mal el que sirve, si a su dueño de su cargo en desempeño no acudiere puntual. Creed, señora, que cumplir de este modo me veréis, como experiencia tenéis desde que os entré a servir. De qué experiencia hace alarde vuestra voz? yo os vi hasta ahora? No sé; pero ya hoy señora, decís que no vengo tarde. Es así; mas yo os creí hablar en otro sentido. A ninguno, que he servido, le acuerdo que le serví. Mal hacéis, que es dar indicio de querer altivo ser. Echa el mérito a perder acordar el beneficio. Beneficio el servir es del que sirve? . Estoy hablando de servir señora, cuando se sirve sin interés. Si como habláis, cantáis, raro estilo el amor os dio. Lo mejor que tengo yo es que canto, y hablo claro. Pues yo de oscuro os condeno en lo que aquí os he escuchado. Está el pobre acatarrado, como ha dormido al sereno. Y a Temistocles, que ayer hasta aquí con vos entró, conoceisle? . Hasta ayer no le acabé de conocer. Cómo eso pudo haber sido? habladme a mí sin recato. Porque aunque este no es ingrato, el pobre es desconocido. Yo os oí llamarle padre, y por tal quererle. . Y bien? a cualquier vieja también la quiere y la llama madre. De eso es bien se colija, que buena educación goza. Sí; y por eso a cualquier moza la quiere, y la llama hija. Si sois su hijo, o no, deseo saber. . El Cielo, la suerte::- Ya, señora, entran a verte Rojanes, y Darieo. Si hemos de cantar mandad, y qué, que eso el Coro espera. Algún problema quisiera. Uno hay nuevo. . Ese cantad. Cuál obliga más, queriendo su fineza hacer mayor, el que no teme el rigor, o el que está el rigor temiendo? Ya que hasta el sagrado umbral de vuestro cuarto, señora, (que por serlo de la Aurora, es esfera Celestial) con temores se adelanta mi amor a poner la boca en el apice que toca de la tierra vuestra planta; no os quisiera disgustar con una atenta porfía, que os puede tal vez por mía ofender más que obligar: Y pues ya en vuestro arrebol ha mi cuidado advertido, que con bien le ha amanecido a este día vuestro sol; y antes que abrasar me mire, y Faetonte llegue a ser en la luz que quise ver, permitid, que me retire: dadme, pues, licencia. . Yo no creo que es delinquir querer un culto rendir al Numen que se adoró. Y pues el más fino es de Amor, que no obstante el ceño de la deidad, se haga empeño de siempre estar a sus pies; solo de vuestra presencia faltaré, porque oiga, que lo mandáis; mas no porque os deba pedir licencia. Mal, Rojanes, mal, Darieo, en tan opuesta opinión puedo dar estimación, ni aprecio, a vuestro deseo; pues ni en uno ni otro siento que justa razón sería aplaudir la cobardía, ni amar el atrevimiento. . Pues no es fineza cobarde padecer uno en su amor? La seña de amor mejor no es de amor hacer alarde? Yo esto sigo. Yo esto emprendo. No más (ay de mí!) que a nada, a las dudas entregada que aquel joven me da, atiendo: porque para mí el mejor modo tendrá de obligarme aquel que menos a hablarme llegue en afectos de amor. Yo de aquel tono que oí, tal vez asunto percibo. El tono me dio motivo para el rumbo que seguí. Claro está, que eso sería, y que una, y otra expresión, no amor si no discreción serán de cortesanía: porque cuando de otro antojo llevarse alguno creyera, no sé en mi entonces que fuera lo que ahora no es enojo. Mas porque no me culpéis que desairados os dejo en el atento cortejo, que de orden del Rey me hacéis; ya que el asunto os ha dado el problema, probad, pues, cual más fino amante es, el tímido, o el osado? Si ha de ser vuestra agudeza el árbitro que decida:- Si quien en la lid presida de los dos es vuestra Alteza::- Yo vencí. Yo a triunfar vine. Yo a ser Juez no me ofrecí; otro lo juzgue por mí. Quién ha de ser? Eufrosine. Aunque siempre para mí . lo está, hoy más cruel la he visto. Jamás desde que la asisto, . esquiva como hoy la vi. Para haberlo de juzgar, que es necesario confieso saber qué es Amor; y en eso (ojalá) no puedo hablar. Yo, aunque pudiera, he quedado sin voz, de ver que os molesto, ni hacer mucha gala de esto es estudio de un Soldado; con que para que en los dos no haya enfado, ni entereza, guarde Dios a vuestra Alteza, que al Rey hago falta. Adiós. La ida del humo. . Ya el uno bien despachado se va. Ya con esto no será mi silogismo oportuno. Por qué? no os dé eso cuidado, que es muy distinto, señor, querer por razón de Amor, que amar por razón de estado. Y con diferencia estimo yo el temor, que la arrogancia, sobre haber mucha distancia de Rojanes a mi primo. Siendo así, no fuera cuerdo, si me quisiera excusar, pudiéndome razón dar, un tono de que me acuerdo: pero falta el lucimiento, no habiendo quien contradiga. Pues Éufrosine otro diga, que venga a ser al intento. Y siguiendo la opinión contraria, que el vuestro arguya, cuando ninguno concluya, pasará por diversión. En mi destreza no habrá para tanto. . Yo la fío. Pues así decía el mío. Pues así el mío dirá. Lo que en amor se temen son los desprecios; pues si a estos no me expongo, nada merezco: Luego es más fino quien hace a lo que adora más sacrificio. El que tímido adora deidad que quiere, conoce a lo imposible más reverente: Luego es más digno, pues gradua a su numen de más divino. Lo temeroso, digo, premio merece. Es verdad, más es premio muy contingente. Y este es más culto::- Mas ansia aquella::- Para lo que se adora::- Para lo que se obsequia::- Luego ya es de un amante mayor fineza: Aspirar::- No aspirar::- De quién venera. Si tú estuvieras de humor, Neoclides, qué dijeras? Qué sé yo? todo me cansa, pues para mí todo es pena. Estas cuestiones de Amor más sosisteria encierran que realidad, a mi ver: y así, mas se atiende en ellas, que a las de la voluntad, del pensamiento a las pruebas. Extranjero (que aún ignoro vuestro nombre) yo os quisiera ver decidir esta lid, conforme la opinión vuestra. No pudierais elegir menos digno Juez, si atenta veis lidiando una hermosura, y un Príncipe en la palestra. Esa repugnancia, hija será de vuestra modestia. Decid no tengáis reparo. Es que yo ignoro la ciencia del Amor y la lisonja. Una vez que doy licencia, de qué tiene que temer quién de hablar claro se precia? Pues no desairo a Éufrofine, pues si dijo fue por fuerza, . y del Infante tampoco quiero aprobar la sentencia, contradiciendo a los dos diré lo que me parezca. Decid, que cuanto más pronta, gustará más la respuesta. Y más hoy que más se atiende a apoyaturas, que a letras. Pues ni al tímido, ni osado les concedo yo que sean finos, ni amantes. . La causa decid, en música puesta. El temor, de tibieza señal es fija; y el no temer, confianza de la osadía: Pues cómo fino puede ser lo cobarde, ni lo atrevido? El temer es respeto::- No ama quien teme::- Solicitud estotro::- Qué mal parece::- Pues en qué agravia? En ser omisión uno, y otro arrogancia. Pero es más culto:- . Mas ansia aquella::- Ni de lo que se adora, ni de lo que obsequia. 3. Luego:- es de un amante::- No::- Ya::- Jamás::- Mayor:: y fineza:- Aspirar a las::- No aspirar a las::- Liras::- Temer, ni buscar:- 3. De quien venera. Vuestra opinión: . Ya, señora, su Majestad os espera, y al Infante mi señor, para que oigáis la sentencia de Temistocles. . Ya aquí quedó el corazón sin fuerzas: Ay Tulipán! muerto soy. Pues Tulipino, requiescat. Vamos, Infante. . Por él . suplicaré cuanto pueda. Su vida al Rey pediré. . Nos llaman a linda fiesta. Qué lástima! . Qué pesar! Enfrosine, a Dios. . Te quedas? Pues puedo yo concurrir al pregón de su tragedia? Qué sabemos. . Pues yo iré; y si dispone que muera, primero se embotará el cuchillo en mi cabeza. . El que supiere la historia, verá si miente el Poeta. Aunque por vos he logrado, noble valiente Rojanes, que el Rey me haya oído en dos audiencias particulares desde ayer acá el designio con que he venido de parte de mi República a Susa; y tan benigno, y afable con esperanzas me deja de que convendrá en las paces, que solicito en su nombre, la vez que puede entregarme a Temistocles, de nuevo os intereso en que::- . Baste, ilustre Lisandro, hijo de Aristides, aquel grande Héroe, en quien Atenas tiene mas que Ciudadano, Padre: Baste, Lisandro, que seas un enemigo inmutable de Temistocles (según manifiestas) para darte de mi influjo con el Rey no pocas seguridades: además, de que hoy tampoco hay que vencer, al mirarle de la muerte tan vecino, según discurrimos, que antes creo será menester los ruegos más eficaces, para que le deje vida, que allá en Atenas le acaben. La República estará siempre obligada a pagarte los buenos oficios que hagas en su favor. . Yo, en señales de satisfacción, te ofrezco que vuelvas aún más triunfante, que juzgas, a Atenas. . Cómo? Haciendo, que sin rescate, ni cargo alguno, contigo vuelvan a sus Patrios Lares unas nobles prisioneras, que tratadas como tales, como es público, y notorio, patricias tuyas, que audaces nuestros Soldados hallaron escondidas y cobardes en Atenas aquel día que de ella huyendo en sus naves sus Ciudadanos, la entramos sin oposición de nadie; y al ver ser Damas ilustres, tratándolas como a tales, a Persía se condujeron::- Qué oigo? . Para presentarse a Amestris del Rey Esposa; si bien, que con los afanes de tan prolijas jornadas, destemples de tan distantes climas, y el mal de la ausencia, que suele ser incurable, han fallecido las más: mas de ellas una admirable, no tan solo en hermosura, sino en las habilidades de Música, Poesía, y posesión de otras Artes, en servicio de Cleonisa, sobrina del Rey, atrae de los comunes respetos aplausos universales. Cómo se llama? . Eufrosine. Ay, generoso Rojanes! que esa es mi hermana. Pues cómo, siéndolo, de ella no sabes? Porque como no atendiendo yo ni Aristides mi padre, mas que a la común salud de la Patria, los cobardes Criados, a cuyo cargo, para que la acompañasen, quedó (ay Dios!) desamparada dejándosela, a las naves se fueron diciendo, que temerosa de embarcarse, había dado lugar a que los Persas saciasen en su tierna noble vida la saña de su coraje. Pues no fue así, que bastaban ser Persas, y gobernarles mi conducta, para usar de atentas urbanidades: ella lo diga, no yo, cuando la veas. . Pues dame ̱ de du a mas que toda Atenas vale, y llévame a que en sus brazos::- Espera, que ahora es muy dable que con Cleonisa su dueño venga; mas ya Jerjes sale con la Corte al Real Salón, donde en público has de hablarle, a fin de que de la entrega de Temistocles se trate: Yo al paso le salgo tú espera hasta que te llamen; y a Dios, ilustre Lisandro. Adiós, valiente Rojanes. . Al poderoso Monarca, que el Tigris, y el Indo aplauden, y desde el Persico golfo manda hasta los Caspios Marés; el Orbe venere, pues ínclito sabe ser susto del Fuego, del Mar, Tierra y Aire. Viva el Rey Jerjes. . Cleonisa, sentaos; sentaos, Infante, . Qué Majestad! Qué grandeza! Qué sobresaltos! Qué males! Gloriosísima Nación, que aunque noble hija de Marte en el valor, por Perseo, de Jove tu origen traes; a Jerjes tu quinto Rey escucha, que quiere darte un parabién, que consuele muchas infelicidades. Notorio es, que Grecia, y Persía desde Dario mi padre (el primero de este nombre) están en odio implacable; y que desde que a este Trono me exaltó tan vigilante, en todo el tiempo que reino he atendido infatigable a dilatar tus Conquistas, y a ponerte dominante, como lo han visto los climas, y lo han sufrido los Marés; tanto, que el nombre de Jerjes se interpreta el Guerreante, o Guerreador porque en todo el nombre a los hechos cuadre: mas no he sido tan feliz como osado y arrogante; pues aunque he vencido a tantos Asíáticos, y Orientales, a los Griegos Europeos no he podido sojuzgarles. Dígalo esta última guerra en que a ellos con nuestra sangre vio en la lamina escribir sus glorias, y mis pesares: porque aunque llevé a esta empresa (la admiración no lo extrañe) un millón de armadas huestes, y más de cuatro mil Naves, cuando me retiré a Cima después del Naval combate en que quedé derrotado, y Temistocles triunfante, casi veinte mil no hallé con quien poder consolarme. De mi desgracia corrido, y ciego de mi desaire, apenas llegué a mis Cortes después de sumos afanes, deserción, lástimas, marchas, contramarchas, sed, y hambre; ha sido todo mi anhelo buscar medios de vengarme, y de castigar de Egipto la rebelión lamentable en Aquémenes mi hermano, y de Cleonisa padre, con todas las guarniciones nuestras degollado yace. Pero cuando más ansioso estaba en estos afanes, el mismo que me venció, el que nuestra fama abate, el que inspiró en los Egipcios la sublevación infame, y el que en Persia oculto, idea que alguna traición se frague, Temistocles finalmente, de mí ha venido a ampararse, su cerviz pone a mis pies, y de mí mismo se vale: al mismo tiempo de Atenas viene pidiéndonos paces un Embajador, que ofrece partidos muy importantes, como a Temistocles quiera a su Senado entregarle por traidor y de su Patria, venenoso astuto Áspid, que la ha oprimido tirano con el título de Padre. Aquí hay tres objetos; uno, nuestro rencor: el caracter de mi Majestad el otro; y el bien público, que trae la paz a un Reino, el tercero: mas no el rencor os inflame, ni a mi caracter miréis, ni las paces os halaguen. En nuestro poder está Temistocles; sujetarme solo, nobles Persas, quiero a vuestro común dictamen: mirad lo que resolvéis que haga de él; vedlo bien antes; porque si en los pareceres, vasallos, no os concordaréis, no os quejéis (en la sentencia que entonces habré de darle) de que falte a la piedad, o que a la venganza falte. Qué prudencia! . Qué cordura! Hablen por todos Rojanes, y Artabano tus Ministros Políticos, y Militares. Buen acuerdo, unir valor, y prudencia. . Pues nos hace la Corte este honor yo digo, que el que hablaros entre antes el Enviado de Atenas en público es importante. Y que en público también Temistocles por si hable. A uno, y otro conducid a mi presencia. notable caso! . Gran resolución! Quién el que viene de parte de mi Patria será? . Quién será el que contra mi padre de Atenas viene? A los dos tienes, gran señor, delante. Poderosísimo Rey::- Excelso Monarca::- Dadme::- Vuestros pies::- Vuestra Real mano:- A besar. . Oiga el diantre! no es Lisandro? No es mi hermano? Sí: él es. . Qué ira! Informadme vos, por vuestro Soberano, de los cargos que le hace a Temistocles su Patria. Estos son los más notables: Que no siendo el más ilustre Patricio, llegó a elevarse a la suma Prefectura del gobierno: Que quitarles a los Ciudadanos hizo las rentas y utilidades comunes, que de la plata rendían los minerales: Que con título de hacer guerra a Reinos confinantes, en máritimos aprestos gastó excesivos caudales, que pudieran para fines más útiles emplearse: Que para hacerse bienquisto de los genios populares, levantó el destierro a todos los que en pena semejante se hallaban ausentes, por las Leyes Municipales: Que cuando vuestro poder entró en Grecia tan pujante, y el Oráculo de Delfos dijo, que Atenas fiase su defensa, no en sus muros de piedra, sino en baluartes nuevos, que de embreados leños la Arquitectura formase; a todos indujo a que la Ciudad desamparasen, y huyesen con sus familias, y tesoros en las Naves, quedando el valor de Atenas con descréditos cobardes: Que cuando se pasó a Egipto desterrrado, sin dar parte a la República, hizo (por fines particulares) que aquel Reino el Rey de Lidia contra vos le sublevase: Que Esparta, y Lacedemonia quejosos de él por su parte, a mi República piden la satisfacción que baste, para evitar de una guerra los extremos miserables: Que indiciado de traidor, siendo fuerza desterrarle, no ya por el hostracismo, sino como a hombres vulgares eran trescientos talentos su caudal, siendo así, que antes de entrar a mandar ni aún ciento tenía: Que por vengarse se valió de los Molosos, enemigos capitales de Atenas, y de ellos mal seguro viene a turbarle (encubierto) a vuestro Imperio las pácificas lealtades: Por esto mi Soberano pretendiendo cincerarse de esta, y de otra inteligencia contra Potencias tan grandes, que no sean las gloriosas estratagemas de Marte, os da esta noticia, y quiere firmar paces amigables, como vuestra Majestad tenga por bien de entregarle a Temistocles, o en él obre lo que por bien halle. Si los años no enseñaran, y las Políticas artes tanto a los hombres, qué presto era fuerza condenase el ánimo más benigno a Temistocles: más calle mi prudencia, hasta escuchar si a los cargos satisface. Temistocles, qué decís a acusación semejante? Mucho puedo; pero en suma. diré, señor, lo que baste. Quejose a Apolo la Culebra un día de que todo pie humano la pisaba; y que cuanto más tímida ella huía, mas del hombre la huella la insultaba: Déjol Apolo, si mortal, e impía, mordido hubieras a la planta airada, que a pisarte llegó la vez primera, otra alguna tal vez no te ofendiera. Vime en el solio yo de la fortuna; persiguiéronme envidias, no hice caso; fácil me fue abatirlas una a una, y en vez de ofensa, a hacerlas favor paso: mi tumba quiso ser quien fue mi cuna; de quien oriente fui, busca mi ocaso, ayer libré a mi Patria, hoy me condena, la culpa tuve yo, pague la pena. Siendo el más noble, aspiré al mando de mi Patria, excelencia es más que mía; pues en mí un ejemplar iba ganando de los hijos de espíritu que cría: Estábanme los triunfos excitando, que del grande Melciades veía, hijo suyo también; y de estos modos empecé a enoblecerme como todos. Si Naves construi con los caudales que al público rendía cada mina, logré evitar con aparatos tales, que a Atenas no oprimiesen los de Egina: los Corsarios de Tetis los cristales desampararon por temer su ruina: aseguré el Comercio, y hallé un cierto modo de triunfo, sin salir del Puerto. Si indulté a muchos nobles desterrados, fue un ardid de política oportuno, para que contra Atenas en Estados a ella enemigos, no sirviese alguno: y si felices quise hacer sus hados, fue Aristides tu padre de ellos uno: . no sé, pues, qué buen hijo da por vicio, que le hagan a su padre un beneficio. Si el Oráculo Delfico, seguros nos declaró en los muros de madera, no son las Naves de madera muros? pues qué interpretación más verdadera, sobre libraros de los riesgos duros, del asalto, el ataque, y la trinchera? mientras que Jerjes por la tierra entraba, yo por el Mar le destruí su Armada. Que yo sublevé a Egipto, es desvarío: es, Jerjes, falsedad; en tal no pienses: el que es somento suyo, le hacen mío, para hacerme mal quisto mis patrienses: pues saquearon mi casa a su albedrío sediciosos ocultos Atenienses, mientras libraba en suerte tan tirana un hijo mío a una beldad Persiana. Si estar quejoso el Esparciata hallas, y el Rey Lacedemón de mi ofendido; es porque, a pesar suyo, las murallas reedificar de Atenas he podido: Dices la queja, y el motivo callas, que beneficio de la Patria ha sido: volvedlas a arruinar, veréis con esa satisfacción como su enojo cesa. Por solo indicios de traidor me infama, y me confisca Atenas mi tesoro? si esto de quien la ilustra hace en la fama, con quien la afrenta, qué ha de hacer ignoro: La envidia en mis contrarios es la llama en que se quemán con la sed del oro, que gané con mi espada, y mis servicios: pues quién es más traidor, yo, o mis Patricios? Que a los Molosos fuese hay quien me ar- ya una vez desterrado, mal condenas, (guya; que un hijo expulso de la Patria suya vaya a domiciliarse en las ajenas: También es culpa que los deje, y huya? qué quiere de Temistocles Atenas? quéjase que a ellos vaya, si me arroja, y si desprecio su favor, se enoja? Si a ti (oh Rey Jerjes) por amparo vengo, de que tu paz quiero alterar me acusa: tú lo sabes, señor; testigo tengo en tu piedad de a qué he venido a Susa: En que me des castigo no convengo? acaso mi humildad morir reusa? no te he ofendido más que con la hazaña de haber de ti triunfado en la campaña. Muera yo, si esta es culpa; pero muera como valiente, e ínclito Soldado; esa será la paga que me espera de cuanto por mi Patria he peleado: pero primero mira, y considera, que es el pedirme por razón de estado, temiendo Atenas que con tu alianza vida no ha de dejarle mi venganza. Y así, pues queda el cargo satisfecho, júzguelo tu rigor, no tu clemencia: abra un puñal las puertas de mi pecho, y verás el candor de mi inocencia: De las gentes no faltes al derecho; esa paz es mañosa inteligencia; y finalmente, mira en lo que hicieres, que Temistocles soy, y Jerjes eres, Ya Temistocles ha hablado; Persas, qué responderé? qué queréis? . Queremos, que sea de ti perdonado. Que pues de ti se ha fiado, merezca tu compasión. Que conozcas su razón. Que le debes perdonar. Pues yo no le puedo dar a Temistocles perdón. Ahora salimos con eso, por más que la Corte media? no dije yo que en tragedia pararía este suceso? Castigarle, te confieso, que parece crueldad; pues::- Si eso ser justicia ves::- Por qué tu rigor padece? Porque perdón no merece quien digno de premio es. El perdón precisamente sobre culpa ha de caer; pues como le ha de tener quién de culpa está inocente? Si Temistocles prudente me venció fuerte, y glorioso, yo de su dicha envidioso, por culpa he de dar, decid, que fuesemos en la lid yo infeliz, y él venturoso? Luego si este no es delito, ni culpas esotras son, . el timbre, con su perdón, de justiciero me quito: Yo obrar recto solicito; esto con mis hechos pruebo: con que el juicio errado llevo, si, aunque el dar es blasón alto, a lo que es justicia falto, dándole lo que no debo. Y menos me satisfago de su fe, si homiso estoy, si porque en el juicio de hoy lo que no debo no pago: En cuanto ejecuto, y hago solo gloria esclarecida, es mi vida apetecida: esta en él la vengo a hallar; luego premio debo dar a quien a mí me da vida. Porque qué más interés, qué otra vida haber podrá, que esta gloria de que está Temistocles a mis pies? y el gran timbre de que es mi piedad de una excelencia tan grande, que en competencia de mi valor cotejada, lo que no pudo mi espada lo consigue mi clemencia? Él, pues, tiene ya la gloria de que esta gloria me da; él a hacerme inmortal va, y él se hace eterno en la historia: Vanagloria a vanagloria lidiamos; pues no, cruel seré en cederle el Laurel de darme más que le di; pues deme él la gloria a mí, y dele yo el premio a él. Pues en pagar no tardemos, ya que han llegado los plazos, por el favor de los brazos la justa paga empecemos: Ven, Temistoeles, formemos un lazo, si hacerle quieres, de tan unidos poderes, que dude el mundo desde hoy si hoy Temistocles soy, o si tú el Rey Jerjes eres. Señor, tus benignidades son de mi humildad asombro. Por tuya a Magnesia nombro con otras cuatro Ciudades. Aún más favores me añades? no me basta a mí tu amor? Con uno, y otro favor a Atenas saber irrite, que por más que ella te quite, te ha de sobrar a ti honor. Señor, si de mi pensáis, que lo que yo he dicho::- (ha, penas!) Ya sé que lo dice Atenas, mas no que vos lo digáis: Con esto darme excusáis respuesta, que la enviéis, y de partir no tratéis, hasta que mejor, Greciano, en el nombre que yo gano conozcáis él que perdéis. Mi Patria, señor:- No trato por ahora que ser os cuadre, ni cruel con vuestra madre, ni con mi clemencia ingrato. Cleonisa, el festivo rato, que ros dije, dadme este día; todo sea ya alegría, pues con Temistocles ya, la Persía suya será, porque ya la Grecia es mía. Quedaos, y al Embajador . por mi y por vos quiero, y digo, que le tratéis como amigo, si él os trató de traidor. Ya a más afecto el Amor, que os cobré, pasó. Mandad a Rojanes: su amistad útil para mí he advertido. Propenso os soy, y os lo he sido. Guardeos Dios. 3. Adiós quedad. . Éufrosine, al Extranjero Músico di se prevenga para hoy; mas antes, que venga a lo que mandarle quiero. Está bien. Que es su hijo, infiero; . y pues en Egipto dijo libró a una Dama, y es fijo que aquella Dama fui yo; si el Rey al padre premió, yo quiero premiar al hijo. Ateniense, en hora buenas . os doy de ventura igual; y creed, que Persia tan mal no os tratará como Atenas. Tantas dichas son ajenas de mi mérito. . En mi ganas mucho aprecio. Y muy ufanas en las Damas regocijo. De qué? . De que vuestro hijo quiera bien a las Persianas. . Oyes aquello? . Ya infiere mi amor nueva vida ahora. Escuchad vos. . Qué, señora? No sé mi dueño qué os quiere, Mi gloria es que::- El que os oyere no os has de notar? . Memoria haga de mí. . Linda historia! que ciego que está un amante hermano, y padre delante! y hay::- . Qué? Mi dueño y mi gloria! Que mi hermano espera miras; más cree::- . Ve sin embarazos. Que siento darle los brazos. Mas lo sentirán mis iras. Lisandro? Hermana? retiras del mío tu pecho? . Sí. Tal desvío te debí? Sí, infiel. Sin rigor me trata. Pues más a una Patria ingrata atendiste, que no a mí. Es verdad que te dejé en el riesgo por mi fama; y así ingrato a mí me llama, pero a la Patria por qué? Cuál más ingrata habrá que la que es cuna de los dos si a sus hijos, como el Dios Saturno débora y más? También tu enojo me das? vete en paz. Guárdete Dios. Lisandro? . Padre, tus pies me da, y tu mano a besar. Tiempo tendremos de hablar los dos; Lisandro antes es. De que tan feliz te ves me alegro. . Ah perro tirano! Si harás, que el buen Ciudadano::- No le creas, padre mío. Ah de rendir su albedrío a la ley del Soberano. Atenas a mí me envía::- A servirla, ya se ve, y es justo así hacerlo el que su interés la Patria fía: tú bien sabes la fe mía, para con la nuestra? . Sí. Pues de mi parte la di, y de ello estaréis seguro, que no se fie en más muro, que en este que tiene en mí. De Jerjes con el favor, su ruina serás fatal. No creas, Lisandro, tal. No? No porque tengo honor. Te ofendió. . La tengo amor. Más pesa más, la balanza de la venganza. . No alcanza a tanto en mí. . No colijo porque. Porque en un buen hijo, no hay con la Patria Venganza. . Oíd, Temistocles. . Ved qué le queríais decir. Que hoy me quisiera partir. Y nos hicierais merced. Vuestro gusto en eso haced, mas no si el Rey no lo sabe. Ya no hay asunto que acabe. Pues id; mas con la confianza de que una noble venganza contra la Patria no cabe. tan tra tra tra traa ER
JORNADA TERCERA
Ya, Temistocles, que el Rey por vuestra prudencia suma, vuestra expedición, justicia, y equidad, con vos consulta de las más arduas materias las resoluciones suyas; por lo que os debo, y en nombre de muchos Nobles, os busca propicio mi confianza para un favor que procura. No creeréis, Rojanes, cuanto siento que se me atribuyan las providencias de Jerjes (no obstante ser todas justas) a deliberación mía: ya le he pedido me excluya de su Imperial Gavinete en que violento me ocupa; no quiere, pero ya que de hacerme este favor gusta, decid, que para serviros tenéis mi amistad segura. El Embajador de Atenas a toda la Corte junta ha interesado, en que el Rey, una vez que no hay alguna esperanza de convenio entre esta Corte, y la suya, no le detenga y le deje salir cuanto antes de Susa; pues aunque lo está tratando con una increible y suma benignidad, de su ausencia la proposición no escucha; y así, vos::- . Mucho deseo que cuanto antes se le cumpla ese gusto; pero el Rey dice, que hasta que concluya el curso de los favores, que hacerme piensa, presuma, que cuanto más ansia muestra, su anhelo tanto más frustra. Pues contra el agrado real se tiene el ruego por culpa, no será razón Lisandro que en ella por vos incurra. . Yo, Temistocles, no sé que más aumentos, venturas, y estimaciones os puede dar ya; su mano os inunda de bienes; cinco Ciudades os ha dado; las consultas todas van a vos; lugar tenéis en el Aúlica junta de los Magos, que a los Sabios los Persas así intítulan. Y así, pues vuestra amistad (cómo decís) solo busca ocasiones de que yo vea que vuestras injurias olvidáis, y nuestra antigua enemistad se reduzca a una conforme armonía, que recíproca nos una, este favor que Rojanes os pidió, a una parte, acuda mi confianza a vos por otro. Decid. . Eufrosine aún dura con la ira, y desagrado que siempre conmigo usa; es, como sabéis, mi hermana: hasta aquí tuve seguras esperanzas de que a Grecia conmigo se restituya. No lo quiera Amor. Mas hay quien lo indispone, e impugna: Irme y dejarla, aunque sea con tan gran protección; nunca será bien visto en Atenas, ni en mí se hallará disculpa: debaos, pues, que Cleonisa, y el Rey a este efecto influya vuestra autoridad el logro de que de su Patria cuna, y su esclarecido padre vuelva a gozar las ternuras. A cuanto sea bien vuestro pronto estoy; pero quien duda que eso es privar a Cleonisa de la cosa que más gusta, y quitarla a vuestra hermana su más gloriosa fortuna? Que espíritu tan Persiano tenéis! y qué mal segura puede estar de vos la Patria! si acaso::- . Esa conjetura, en lo que debiera ser, no en lo que será, se funda. Sentís que amemos a Persía? es nuestra patria segunda, y a Persia debemos cuanto la primera nos usurpa. Tener tan de parte vuestra al Rey, os pone en altura adonde mis sentimientos no les es fácil que suban. Mas, Temistocles, mirad que en el viento, y la fortuna no hay que confiar, pues cuando menos se piensa, se mudan. . Si imagináis:- Qué hacéis? . Ir a castigar al que abusa de tu paciencia, señor. Rapaz, tente, y ten cordura: qué nos ha dicho Lisandro? no es su pretensión muy justa contemplarse con desaire? qué mucho, pues, que de él huya? Quiere llevarse a su hermana? fuera lo contrario culpa: se vale de mí? hace bien: halla objeción, y regula por falta de gusto mío lo que es poca suerte suya: y por si acaso ignoro de la suerte la instable condición, luego me advierte que no me desvanezca; pues esto no es más ley, que se agra que no que se calumnie? Ya del hado la oposición severa no ha cesado? qué puedes temer, pues? Yo nada temo: pero no por mirarme de un extremo a otro extremo pasar, pongo en olvido alucinado, y poco prevenido, que puede en adelante variar la fortuna de semblante; y no quiero sentir ni que se cuente, que cuando fui feliz, no fui prudente. (to, Jerjes es Rey magnánimo, y Augus- tú Varón sabio, agradecido, y justo. Entre un Rey, yuna vida de ese mo- cabe un suceso, que lo turbe todo. (do La virtud donde quiera luz es pura. Y de un soplo, qué luz esta segura? Mucho te estima el Rey. Y yo le obligo. Podrá nunca dejar de ser tu amigo? Podrá mandarme lo que hacer no pueda, y entonces la amistad en odio queda. Con su favor, que habrá que no recabes? Oh qué poco es, Neoclides, lo que sabes! Ya lo conozco, señor, ya lo veo, padre mío; por más que al loco volcán de mi espíritu encendido, ni le apagan tus ejemplos, ni le templan tus avisos. Pues, Neoclides, sabiendo que no hay bien, que sea fijo, como has de poder creer, que sople siempre propicio de su amistad el Fabonio; ni que entre los beneficios no puede estar como el Áspid entre flores escondido algún político intento, que cause mi precipicio, viendo cruel a una Patria, y piadoso a un enemigo? No creas::- . El que supiere decirme de mi amo el chico donde le hallaré::- mas ay! . que he dado con él, y el tío. Qué hay, Tulipan? . Voy hecho un loco, dando gritos, porque una niña me envía a que pregone otro niño. Qué nino? . Él de la Rollona, Por qué? Porque ha hecho novillos. De dónde? . De la Maestra; y está la pobre en un hilo, como ve que es hora ya, y a la Escuela no ha venido; y porque que se le pierda teme, a mí me ha cometido la impertinencia de que le busque, y lleve conmigo. Sabrá bien que tú eres hábil para unir lo dividido, y así, ve a hallar a quien buscas. Antes (qué chusco es mi amo!) . no soy el más erudito en zurcir sayos ajenos, que si remiendo es el mío. Qué frialdad? . Está al cierzo la veleta de mi juicio. Pues ve a encontrar a quien buscas. Ya le hallé. Dónde? . Contigo. Conmigo? No; equivóqueme: con su padre, que es lo mismo. Ya te entiendo; y pues le hallaste, llévale, y ve con él, hijo, y le advertirás de paso por consejo, si es tu amigo, que porque más remontado de lo que debía, quiso con alas de débil cera volar Ícaro atrevido; cuando pensaba imprudente escalar hasta el Sol mismo en abismos de cristal, halló tumba su delirio. Señor::- Yo no hablo con vos; mas si el Ícaro habéis sido, aquí al Dédalo tenéis: volad por donde yo os Pues, padre mío, ya que me abre tu amor el camino para declararme, sabe que aunque Cleonisa ha advertido algún afecto:- . Villano, a ti afecto? habrasle dicho acaso que fuiste tú el hombre que compasivo aquella trágica noche de la sedición de Egipto, entrando el rostro cubierto la libertó del peligro, hasta dejarla en la nave de su Nación, que a ser vino para su inocente vida el sagrado fugitivo? Siendo hijo tuyo le había de acordar un beneficio? pero, o por lo que te oí en público, o porque ha visto en mi mano la sortija, que ella me dio, por indicio solo de agradecimiento cuando volverme vio al mismo Esquife en que la conduje, pues al punto su Navio cortó cables, e hizo velas, infiero::- . Bastante has dicho: pero advierte, que lo propio para los premios no ha sido estar el rostro de un Numen amante, que agradecido. Qué advertencia para muchos boquirrubios presumidos, que si los habla una afable, a Dios, voló golondrino! Adelante con el cuento. Digo, pues, que no la asisto tanto por lo que me honra, y que me admitió al principio como Músico, ignorando quien yo era; cuanto::- Clarito; porque a nuestra Paisanita Éufrosine antes la quiso, la quiere ahora, y la querrá por los siglos de los siglos. Calla, infame, que el Rey viene, y vete de aquí, hijo indigno, pues la sangre amas, que habías de aborrecer: mal me irrito, . que del odio de los padres no tienen culpa los hijos. Vete a servir a Cleonisa, puesto que a llamarte vino de orden suya ese traidor. Dígole a usted, que ha mentido quien dice, que no es el Rey mi señor el que ha venido. Qué es esto? . Locuras son de aqueste Criado mío. Ya sé que es hombre de humor, y que entretiene me han dicho a Cleonisa con sus gracias. Antes el entretenido soy de su Alteza. . Por qué? Porque sin sueldo la sirvo. Pues yo os daré propiedad. Esa es la gracia a que aspiro; pues sin propiedad, señor, es todo gracejo frío. Neoclides? . Señor excelso. Con ese Criado idos, que Darieo no se halla sin vos un punto. . Al benigno espíritu de su Alteza debo mucho. . Es vuestro amigo, Iré a ponerme a sus pies. Ay Tulipan! no has oído a mi padre, qué enojado me respondió? . Anda, bobillo, que él de Eufrosine será suegro, como tu marido. . Temistocles. . Gran señor? Cuanto ha que de mi cariño merced ninguna recibes? Hay hora para bien mío ociosa en vuestro favor? hay más honras que a este indigno Esclavo hacerle podáis? Si con mi poder las mido, y tus méritos, apenas te atiendo como te estimo: pero mientras que elevarte a cuanto pueda consigo, sabe, que el marcial apresto, (que todo el objeto ha sido de mi real resolución, después que de ti vencido quedé en la postrera guerra) tan completo está, y lucido, que animosos los Soldados de pelear, imagino, si en machar tardan, se den la batalla entre sí mismos. Pero no pudiendo yo acudir con tres distintos movimientos a tres partes, solo falta, que Caudillo para cada expedición se nombre y ver solicito si confirma tu dictamen los que por el mío elijo. Artajerjes, mi hijo, quiero que haga la guerra de Egipto, y Rojanes la de Lidia. Son Generales muy dignos. Grecia es la que me da más cuidado; y así he querido que General contra Grecia vayas tú en el lugar mío. Señor, qué dices? servirte ofrezco contra el Egipcio, y el Lidio, como un Soldado particular y al arbitrio del Cabo más inferior, que aún para mi es excesivo blasón, pero contra Grecia no es honor tuyo, ni mío, que yo por General vaya, ni aún por Soldado. Qué he oído? no es honor mío, ni tuyo emplearte en mi servicio? Es incurrir de traidor yo en el carácter indigno si venzo, porque vencí, si no, porque no he vencido. Eso para mi es enigma. No lo será, si me explico: fui a Grecia, y vencí; y a quien venzo, destruyo y arruino con la victoria? a mi Patria: en quien empleo los filos de mi vengativo acero? en mis Ciudadanos mismos. Qué sangre vierto? la mía: qué quemo? mi patrio nido, los Altares de mis Dioses, y hasta del sepulcro frío las venerables cenizas de mis mayores derribo. Yo quién soy? un Ateniense, un Griego; y en fin, un hijo que la mano no tan solo levanta (tiemblo al decirlo!) contra su madre (qué culpa!) pero en ella (qué delito!) ensangrienta (qué maldad!) el ejecrable cuchillo; mira si no es esto ser traidor, bárbaro, e impío? No vencí, y venciome Grecia, o porque el Cielo lo quiso, o porque los Griegos son siempre (bien te consta) invictos; el primero serás tú, señor, con ser tan mi amigo, que atribuyendo este daño a mi culpa, y no al destino, me dirás que fui un traidor, vil, injusto, y fementido: con que si (que venza, o no) de esta nota no me libro, y traidor de cualquier modo soy con mi Patria, y contigo; mira si el querer de mí, siendo traidor, ser servido, podrá ser (venza, o no venza) honor ni tuyo, ni mío. Dioses, qué poder, qué encanto, qué violencia, qué atractivo . tiene este hombre en sus razones, y verdad, para conmigo, que para contradecirle nunca me deja camino? pero aquí, mas que la fuerza, le ha de obligar el cariño. Mucho, Temistocles, hay a tu extraño silogismo que decir; mas por a suspendiendo (no mi juicio, sino mi resolución en esto) solo te digo, que resolviendo hoy hacerte el honor menos oído, quiero que esta noche: pero temo si antes te lo digo, que encuentres para excusarte razones también, y arbitrios, y entonces será desaire lo que ahora es reparo digno: mas de aquí a este plazo, piensa cuerdo, atento, y advertido sobre la proposición de ir a Grecia por Caudillo, que es empeño de mi amor, interés del Reino mío, que es mi gusto, y finalmente, que soy Jerjes, que te estimo, y que antes que te lo mande, te lo ruego, y te lo pido. Pídeme la vida, y no mandes tal. . Qué delirio! Como he de querer la tuya, si está la mía a tu arbitrio? Muda, señor, de dictamen. Soy tenaz en mis caprichos: piénsalo bien, que a los dos nos importa. . Ya lo he visto. No hay remedio? No le hallo. No te convenzo? . Soy risco. Pues a Dios, hasta la noche, Temistocles. . Rey invicto, hasta la noche, y a Dios. Sin mí voy. Sin alma animo. Mas oye. Mas señor, mira::- Que podrá ser::- Que confío::- Que haya modo::- Que haya medio:- De que yo quede servido. De quedar contigo bien. Yo lo ofrezco. Yo lo fío. Pues a Dios. Hasta la noche. Tuyo soy. Y tuyo he sido. Tenéis ya, Éufrofine, todas dispuesto al asunto que te dije el tono sabido, para esta tarde? . Ya en él estamos todas. . Y ya yo a mi pesar bien lo sé. A tu pesar? por qué causa? Porque fácil no me fue hallar algún pensamiento, que a un hombre a entender le dé, que hay quien le quiera, sin que haya en el peligro, tal vez, de desairar el decoro de la que le quiere bien; y hube de encargar la letra. Pues qué riesgo puede haber, siendo bajo del disfraz de un tono, que suele ser fantasía del ingenio? Y tanta la habilantez ser de Neoclides discurres, que haya de poder creer, que (no digo tú, señora, sino otra) le ame, porque de un tono en lo indiferente le oiga, en que ni el nombre de él, ni el de la que le ama consta? No digo tal, más veré, haciéndole que responda, si lleva, o no lleva bien saber que le quieran. Qué hombre lo siente? . Ni qué mujer. Pues id, llamad a las otras. Ven, Espiocha: hado cruel, que se haya de mi fiado hoy Cleonisa, para que a Neoclides le diga, que lo que en ella es desdén para con todos, cariño es solo para con él, y que siendo contra mí sea fuerza obedecer? Por qué dijiste, que tuya la letra? . Porque quien con sus versos tercero contra si dirá que fue? Corazón, ya has conseguido, a pesar de mi altivez, que la tristeza, a que tan sin alivio me entregué desde que el esfuerzo vi de Neoclides, que fue aquel Soldado que me libró sin dárseme a conocer, le haya dicho de que nace a quien poco a poco fue sacando por tus efectos que su causa efecto es. Quien creyera que en mi Patria, en mi casa y a mis pies, a Neoclides había mi voluntad de tener, para que con diferente modo de obligarme fiel, de obsequiarme reverente, y de servirme cortés, la que por ascua empezó, volcán llegase a crecer? Llega, que allí sola está. Con violencia será, pues si he notado que a Éufrosine no la doy algún placer cuando cortejo a Cleonisa (aunque por bien parecer) siendo en su presencia, cuanto mas si en su ausencia me ve tributarla las lisonjas del Cortesano babel? Celosilla, celosilla veo que anda un sí es, no es. Sabe el Cielo::- Allí la causa está de mi mal: desdén, y desabrimiento quiero mostrar. , . Señora. . Sabéis que os mandé llamar? Apenas pude llegar a entender, que tan feliz me quería mi ningún mérito hacer, cuando a vuestro cuarto en alas de mi obediencia llegué. Tenía gusto esta tarde que Éufrofine, y vos cantéis (o la oigáis cantar a ella, porque es nuevo) no sé qué tono, que estudiado tiene; mas si violento tal vez venís, no será razón cansaros; y así volved adonde tan bien hallado estabáis. . Mandome el Rey, que entrase a ver al Infante mi señor, y::- Está muy bien. Un instante::- No más, basta, no hay para que os disculpéis. Yo, señora::- Qué demonios, señor, tiene esta mujer? Ah, sí: Neoclides, decidme . (si es que se puede saber) aquella Dama Persiana, que a vuestro padre escuché decir, que habíais librado de la sedición cruel, conociaisla? . En mi vida hasta aquel punto la hablé. Quién era? No sé, señora. Y está en Persía? . No lo sé, Y era hermosa? No lo dudo. Si yo sé que lo sabéis, de hombre que verdad no dice, qué concepto puedo hacer? Cualquiera que de mí hagáis, señora, veneraré. Pues: pero a mí qué me importa? Ni a mí. Cuidado tened con la repetición. , . Canta tú, y descuida con las tres. an aquí::- Ya, señora, es celos, y está también él. Aunque es mi primer cuidado, prima, estar a vuestros pies; permitidme que a ellos puesto a dos sentidos les dé con vetos a vos, y oír la dulce música, que os previenen, el más digno néctar que pueden beber. Del uno os alabo el gusto, pero del otro::- . También: porque si es hechizo el canto, la belleza encanto es. Y a quien tal canto no encanta, mal canto le dé en la sien. Yo os estimo la lisonja: y pues escuchar queréis, Éufrosine va a cantar, aunque el asunto no sé. Es de un Apólogo en forma la siempre viva a un clavel decir que le ama una rosa. Florida ridiculez. Pues Éufrosine, a qué aguardas? A que un galán señaléis, que del clavel la persona finja, para hablar con él. Neoclides, como otras veces, nos hará tanta merced. Vive el Sol, pícaro::- . Sí, Neoclides. Cantad, pues. Galán del Mayo, cuyo purpúreo rosicler sonrojo es de las flores, que junto a ti se ven. Amores de una rosa escucha, pero ve, que espinas la hacen guardia, y es rama de un Laurel. En cierta triste noche, que un ábrego cruel en términos la puso quizá de fallecer, de ti enlazada ella favoreción quedando enamorada de tu valor cortés. Ay qué ventura, qué dicha, y placer quedar en dos vidas por dar una es! Ay qué ventura, qué dicha, y placer quedar en dos vidas por dar una es! Qué os parece? . Has entendido el busilis? . Déjame. La letra mal; el asunto, . el tono y destreza, bien. Por qué mal? Si es cosa mía la puedo yo encarecer? Vuestra? La letra no más. El suceso imaginé, Si me entenderá? Eufrosine me mandó escribirla. . Pues siendo así, de toda ella por fuerza os acordaréis? Podrá ser. . Pues desde aquí proseguid el tono. . Ved que como es notorio que hay dicha por la voz, creeré, si de esta dicha me valgo, que se me censure. . Quién podrá culpar que obediencias rindáis a una excelsa ley? Esto es prevenir, señora. Y estotro satisfacer: cantad, Neoclides. Aún falta mas que apretar el cordel? Pasándola a la rosa de aquel a otro Vergel, de su galán ausente morir casi se ve. Pero alivió su pena creciendo su querer, que el hado trasplantase junto a ella su clavel. Amante, y con recato, afable, y con desdén, si acierta ella a explicarse, ni a comprenderla él; pero a una siempre viva mandole el medio ser, por ver si corresponde de declarar su fe. Ay qué ventura, qué gloria, y placer mostrando el cariño, lucir la esquivez! , . Ay que ventura, Hasta aquí es lo que escribí; si otro ha escrito más, no sé. Pues qué ha de quedar la rosa sin respuesta del clavel? Que la dé la siempre viva. El clavel que se la dé. Pues no está aquí el Tulipán, que sabe de eso también. Vive Dios, que enfasis tiene . el tono, y desaire es de mi ingenio, y mi valor sufrir que celos me den. Ah traidor amigo! ha injusta enemiga. . Qué tenéis? Disgusto de que no acaben el discurso, para ver en qué para el pensamiento. Eso está fácil, con que Neoclides la respuesta finja. . Y cuál debiera ser? La que vos dierais, si vos fueráis él. . Pues atended. Y según fuere (gustando . vos) proseguiré también. Dirasle a esa hermosura, mas qué la dirás? qué? si ofensa es tuya, o suya cuanto decir podré; suya porque me quiere, tuya si soy infiel; que aunque a ella bien la estimo, te quiero a ti más bien. Ya la ama quien la estima, y engaña así a la que supone que la adora con pérsido doblez. Ya sé que es venerar, y sé lo que es querer. Por qué, pues, con la rosa ingrato eres? Porque no hay más ventura más gloria y placer::- Que amar quien me ama::- Que amar yo a quien amo::- Sin otra ofender. . Pues teme tú, rosa::- Pues llega a temer::- Del ábrego iras, furores de aquel que es Áspid, cicuta, y veleño cruel. No se cante más; qué es esto? en presencia mía hay quien con tan vivos accidentes se descomponga? . Tened; que esto no es más que argentar con la acción lo que canté. Esto es la manifatura, el afecto y el aquel. No es sino rabia, furor, y . Señora::- Prima::- . Ten prudencia, recato mío; y pues evidente ves tu desengaño y el riesgo en que ibas a caer, arroja del corazón huésped que no puede en él sin lunar de mi caracter entrar, vivir, ni caber. El Rey a vuestras Altezas llama, para que os halléis a un acto de honor que quiere a Temistocles hacer. Decidle que al punto vamos a ponernos a sus pies. . Mas Neoclides, Eufrosine. Gran señora? No extrañéis algún sentimiento mío por la expresión que noté; pues la gravedad Persiana no lleva el estilo bien; que uso, licencia, o llaneza de la Grecia podrá ser, y no haga el afecto tanto, que del afecto os llevéis. Sí señora, que se pongan como Gallos otra vez. Si creyera:- . Si pensara::- No hay que creáis, ni penséis, sino que pues es preciso ir a ver qué manda el Rey, todos me seguid diciendo, y aún yo con todos diré::- Que no hay más ventura, más gloria, y placer, que con desengaños quedar todos bien. Esto, señor, os suplico, y aunque conozco que os cansan, bien que llenas de respeto, mis repetidas instancias, es preciso::- . Embajador, yo discurro que manana podréis de Susa salir, porque una resulta aguarda mi Majestad esta noche de Temistocles, que os haga, (aún más de lo que queráis) acelerar la jornada. Esto es por lo que a mi toca; pero en cuanto a vuestra hermana, mirad allá con Cleonisa como podéis hallar traza de que convenga el amor que la tiene, en que se vaya con vos a Grecia; mas creo que es diligencia excusada. Yo cumplo con lo que debo hacer por mí, y por mi hermana. Está bien; y vos Rojanes, sabed que mi confianza de vuestra conducta ha hecho elección, y vuestra espada para acaudillar las Tropas contra Lidia destinadas: el Príncipe a Egipto irá. Y la de Grecia? A esa falta que el General que he elegido para que a mandarla vaya, admita el bastón, que a mí solamente confiara, a no saber que a vencer su nombre solo le basta. No sé que en Persía haya un hombre de recomendación tanta. Pues yo sí. Quién es, señor? Dejad que llegue la Infanta con Darieo, y lo sabréis, que a ellos solos esperaba para que estén al honor presentes, que yo le haga. Pues a tu augusta presencia lo están ya. , . Dadnos las plantas. Con bien lleguéis a mis brazos. Qué será aquesta empañada de noche? Cómo mi padre, Tulipán, no está en la sala? Estará haciendo oración, que cierto es un alma santa. Artabano, conducidme con parte de mi Real Guardía a Temistocles aquí. Preso, señor? Qué ignorancia! con el honor que a mí misma persona se le acompaña. Esta es mucha ceguedad. Todo en mi desaire para. Gran misterio encierra esto. No sé qué recela el alma. Dárico, ahora veréis como saben los Monarcas ínclitos premiar virtudes de los que a tener alcanzan primer lugar en el Templo del valor, y de la fama. Sabed, si a ser Rey llegáis, imitarme, e imitarlas. Quién de vuestra heroicidad a un rayo solo llegara Aquí, invictísimo Jerjes, tenéis: el Cielo me valga! Qué es esto? Hacer la fortuna su oficio; pues cuando ensalza mas, es cuando el precipicio más infalible señala. No puede precipitarse hombre que mis brazos halla. Esa será su subida; pero en faltando tu gracia, cuanto mayor fue el ascenso, fue la caída más alta. Culpa tendrá el desasirse, que en ellos siempre hay constancia. No es fácil resistir siempre a impulsos de la desgracia. La desgracia que se busca, ninguno debe culparla. Suele venir en el traje de fortuna disfrazada. Sois prudente. . Sabio sois. Qué madúrez. . Las viandas. Respeto da su entereza. Qué aparato! Qué grandeza! Temistocles, la más alta honra que mi Majestad te puede hacer sobre cuantas me debes es esta, llega: mi silla, y mesa te aguardan, no para que como amigo a quien otro amigo llama, conmigo comas, que igual honor del tiempo en la farsa, o se ha visto, o se verá, sino para que un Monarca como Jerjes, el manjar te sirva, y la copa traiga. Señor, qué queréis de mí? ya tales extremos pasan, en vez de honor, a desprecio; (perdonad que estas palabras la confusión las pronuncia, que por mi humildad os habla.) Yo a tu mesa, si merezco llegar, es solo (qué ansia!) como el Can, que agradecido de su dueño, las migajas que recoje entre sus pies con lamérselos, le paga, y aún querer esto sería mas que humildad, arrogancia. No, Temistocles, por vida de mi deidad soberana, que has de acceptar el favor, sin que dejes desairada en público mi fineza: toda la Corte a tan rara demostración he mandado que asista; en vano te apartas de lo que nadie en el mundo de mí, sino tú, lograra. Vuelvo, señor, a rogarte (si me quieres, si me amas como tu hechura) que así a tu hechura no deshagas. No hay remedio, has de admitir, Temistocles. . Que mi instancia no te obliga? Antes me enoja. Pues permite que se parta desde mi ruego a tu gusto la no medida distancia: yo me sentaré a tu mesa, yo probaré las viandas, y los néctares, no más que tus Criados me traigan; pero tú no has servir. Mas que el postre, y una taza de licor, con que concluya honra tan extraordinaría. Yo lo accepto. Pues ocupa la silla, y las consonancias sirvan el sonoro plato también de las alabanzas. 4. Al Capitán más glorioso el más ínclito Monarca con su más alto favor la inmortalidad le labra. Deidades, si es lo que temo, . muera yo y viva mi fama. Oculta hay sin duda en esto . alguna májima. . Y rara. , s 4. Al Capitán más glorioso el más ínclito Monarca con su más alto favor la inmortalidad le labra. Ya para alimento sobra lo que para honor me basta. Espera, que hemos los dos de cumplir nuestra palabra: el postre y la copa. Aquí, señor, prevenido estaba. Esto me toca servirte, mas con esta circunstancia, que esta es tu vida, y tu honor, tu muerte aquella, y tu infamia. Si el manjar de este me admites, aquella excusas tomarla, todo mi amor está en este, mi gloria, y mi confianza; todo mi rencor en este, mi ira, mi enojo, y mi rabia. Este para que no dudes, ni el mundo lo ignore, espada, y bastón de General contra Grecia de mis Armas: aquel denodado bruto, púrpura confeccionada, con otros tosigos crueles, que apenas le gusta mata: este admite, o bebe aquella, porque elija tu constancia, pir a destruir a ( o dar la vida a mis plantas. Hé: descubriose el pastel, y reventó la empañada. Si la nota de traidor en que te dije incurría de ir contra la Patria mía, no te hace fuerza, señor; no sé que podrá el rigor vencer, y tenacidad de tu injusta voluntad; pues cuando yo hacerle evito quieres que con mi delito delinca tu Majestad. Ya veo que lo clemente, lo liberal, y lo amigo, es darme oculto castigo con un perdón aparente; es querer astutamente la ocasión aprovechar viéndole de ti amparar a hijo que tanto la aprecia, para poderte de Grecia con Grecia misma vengar. Mas no lo has de conseguir, que aunque a la vida me exhorta tu cautela, qué me importa, viviendo infame vivir? muerte me quieres decir que es la ponzoña que vierte ese vaso, activa, y fuerte? Jerjes, engañado estás, que antes más vida me das pensando darme más muerte. No obstante, porque no estés quejoso de mí, repara que tomo el bastón; mas para solo volverle a tus pies: Pagado en esto te ves de cuantos (porque quisiste) beneficios, Rey, me hiciste; y porque exceda, y no iguele, te doy mi espada, que vale mucho más que tú me diste. Ten, que aunque doy de barato que no quieras por tu honor ser con tu Patria un traidor, eres conmigo un ingrato: yo darte la vida trato, que quiere quitarte a ti: yo enemigo te admití, ella madre te desprecia; pues por qué pagas a Grecia lo que me debes a mí? Porque si para ofenderla a ir contra Grecia me obligo, por ser ingrato contigo, soy vengativo con ella: es verdad que me atropella, y que honras tú mi virtud, pero en la solicitud en que te veo, y me ves, aquella venganza es peor que esta ingratitud. Lo ingrato es culpa inhonesta. La venganza enorme vicio. Va aquel contra un beneficio. Y contra una Patria esta. Ella te aflige, y molesta. Pero enojarme no alcanza. Véngate con la esperanza de que tendrás gloria doble. Soy noble, y en hijo noble no hay con la Patria venganza. Pues qué más quieres aleve ser conmigo, que vengarte? has de morir, vive Marte; el veneno toma, y bebe. Si haré; mas deja que lleve al sepulcro un regocijo. Cual pueda ser, no colijo: casi al oírle, me templo. Él del generoso ejemplo que, doy muriendo a mi hijo. Adiós, Neoclides amado, Lisandro, quedad a Dios; . la paz os pido a los dos, pues muero desagraviado: ya Atenas verá logrado que no ha podido asustarme la muerte que quiso darme: señor, yo el bien considero que te debo, pero muero porque no quiero vengarme. Morir? eso no, que aquí está un hijo que se ofrece a esa muerte. Y te parece, que esa es vida para mí? Qué en fin, vas a morir? Sí, porque en el veneno esquivo, hallar mi vida percibo, y con mi muerte, el mejor medio de no ser traidor, ingrato, ni vengativo. Y así, heroico bienhechor de tu mayor enemigo, hijo, Rojanes, amigo, señora, Atenas, señor, Corte del Asia mejor, Sol, Luna, Astros, Hombres, Mar, y cuanto en la sublunar esfera del Orbe hubiere, aquí Temistocles muere por no quererse vengar. Detén, Heroe inimitable, la mano, la copa aparta, que no merece morir un hombre de tal constancia; vive y vive más que nunca en mi amistad, en mi gracia, y viva Grecia por ti, quede la paz vinculada entre ella, y Persía; tú seas Iris de nuestras borrascas; tu valor celebre Grecia, contigo se ilustre el Asia, y Temistocles, y Jerjes pongan el mundo a sus plantas; decid Temistocles viva. Temistocles viva. Vaya, y esto ha de acabar sin boda? No, que por seña más clara del amor que a Atenas tengo, con Neoclides casada ha de quedar Eufrosine. Venturosos yo, y mi hermana, con vínculo tan glorioso! Feliz yo. Y feliz el alma, que logra lo que desea. Señor, quien la acción hidalga de darme vida en Egipto hizo, fue Neoclides. . Basta, que a cuenta mía sus premios corren. De mayor hazaña lo es esta sortija suya, que para que lo acordara el favor, en algún tiempo me dio: y pues prenda tan alta ya en mi mano no está bien, ni Cleonisa ha de tomarla, si da licencia, a Eufrosine se la doy. De esas le hagas. Lisonja me haréis en eso. Pues Esposo ofrecí darla correspondiente a Cleonisa, a mi hijo, y por dote a Batria la doy. Cesaron mis ansias. Contra Lidia, y contra Egipto batan mis huestes las marchas. , . Al Capitán más glorioso el más ínclito Monarca con su más alto favor la inmortalidad le labra.
