Texto digital de No habrá mal donde hay mujer
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Alonso Antonio Agrati y Álava
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta incluida en la Parte XXVIII del Jardín ameno (Madrid. BNE: Ti/120).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No habrá mal donde hay mujer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-habra-mal-donde-hay-mujer.

NO HABRÁ MAL DONDE HAY MUJER
JORNADA PRIMERA
N el Monte entró, seguidle, Ey en las Cabernas incultas de su enmarañado albergue le daréis funesta tumba. Piedad Dioses! Será en vano. Pues le falta la hermosura? Muera aquí, el que profanó el decoro a Rosimunda. Miente la villana dengua, que tal infamia pronuncia. A lo intrincado del Monte. Soldados, que en la espesura se nos resiste el aleve, que así a nuestra Reina injuria. No será mi sangre noble, si amparar al solo duda, contra tres que le combaten. Aunque su amparo procura, será su vida trofeo. Mas será a costa de muchas, si mi valor le defiende. No dirás, sino una furia, con que ya los Dioses quieren ser propicios en mi ayuda. Muerto soy! El huir ya solo nos será precisa industria. . Yo os seguiré, traidores. Qué es lo que intentas? escucha. Qué dices? Que en el seguirlos hay más peligros que juzgas. Pues qué temor lo embaraza? Encontrar con Rosimunda, y su vista en mi pudiera, lo que no pudo orden suya. Pues pasemos más adentro a otra estancia más oculta, i donde libre de la Reina estarás en esta Gruta. Antes, Joben valeroso, de contarte mis fortunas, permite, que agradecido a tu brazo, y piedad suma, sea de tus pies alfombra esta vida, que es tan tuya. Llega a mis brazos, y no tu heroico valor desluzcas, y esta acción en mi precisa, el decir quien eres, supla. Si con eso pago, atiende: Príncipe nací. A la gruta, a lo intrincado, a la selva, no se quede parte alguna sin examen en lo espeso, donde ese traidor se encubra. Valedme Dioses! Qué haré? Príncipe, de esa espelunca te valdrás, donde estar puedes seguro de quien te busca. En que pararás Gislerio, . cuando vivo te sepultan? Prendedle, no le matéis, halle más rigor la culpa de un Tirano, que en mi deja, quien su lugar substituya. Fantasmita! yo me escurro. Hola Zoquete. . Alesuya: hablarás para mañana. Mas eres tú por ventura de las iras de la Reina el objeto, dónde apuntan? No; y encontraste a Alcina? No sé Telamón que arguya, sin su hermana no la he visto. Y la hablaste? el caso apura. Aunque todo mi Zoquete le hubiera desecho en cuñas; pero ya que de tu patria estás distante, procura divertirte en las memorias de sus pasadas locuras. Sola la atención te encargo. Esa la tendrás segura. De Rusia los Nobles Reyes me dieron prosapia augusta, si bien mi Estrella es tan corta, que infeliz desde la cuna, hasta el estado presente no la vi propicia nunca: Pues mi padre, o por secretos, que el hombre no conjetura, o por alguna otra causa (si puede haber causa alguna, con que los padres honesten a los hijos, lo que usurpan? no me declara por tal: Y esta crueldad es una oposición a los Dioses; pues los hijos (nadie duda) son el mayor beneficio, y esta piedad, que es tan suma, mi padre no la estimando, parece que la repugna. Bien el suceso lo dice, no hay medio, en que no discurra desposeerme de el Reino que en mí los Dioses vinculan. Al Príncipe de los Tracios a Gislerio: ya se turba la razón; pero que mucho, si en este pecho fluctua una venganza, que enciendo a los soplos de una injuria! A ese traidor de Gislerio mi padre (qué grandocura!) para dejarle heredero, los votos del Reino busca. Quién creyera, quien creyera, que a mi sangre; siendo suya, la Corona le negara, con impiedad tan injusta, que abata, lo que es tan propio, para que un extraño suba? Hechó esta voz por la Piebe, hace de los Nobles justa; aquella, mal lo recibe, divididos estos, dudan, (que nunca a una tiranía le faltó opinión de junta) el Reino se vuelve en bandos, con la novedad se inmura; pues aunque mi padre (a Cielos!) uso conmigo tan dura impiedad, no declarando, quien era, el Vulgo en una voz, todo esparce, cuanto tirano mi padre oculta. Dividido el Reino todo en estas civiles luchas se hallaba, cuando (oy de mí!) Gislerio los Mares rorca de la Rusia, pretendiendo traidor en sa lid sañuda, conseguir, por más turano, lo que no lo siendo impugna. Pensó lograrlo, por ver tan dividida la Rusia. Mas no fue así; pues entonces muchos contrarios me juran General, para que insista de los Tracios la cruel furia, Tomé el Bastón, mas no pude impedir, que las Casupas de Gislerio, en mis distritos arrojasen tanta suma, tanta multitud de Tracios, que solo al verla confusa, imagino, que mi gente, sino desmaya, se asusta. Ánimo, pues a los míos; salgo al encuentro; en cuya embestida: mas no quiero acordarme aquí de unas tragedias, tan lastimosas, ni olvidarme por menudas las lástimas, que en mi Reino de estos encuentros se juntan. Baste el decir, que fue un año el rigor de aquesta dura opresión, tan sangrienta, tan sacrílega, que juzga, el discurso, que fue Troya solámenle imagen suya. Teatro fue de desdichas, la más inhumana Tumba de Tracios, como de Rusios fue entonces (suerte injusta!) pues no perdonó el rigor, ni sejo, ni edad alguna, haciendo igual el cuchillo a la tierna, y la caduca. Llegó a conocer Gislerio la igual perdida, y ajusta otro medio, siendo aqueste admitido en la Consulta de los Reinos, deseando; que las guerras se concluyan. Mas no fue así, que en mi pecho fomentó guerra más cruda. El medio de mi enemigo se abraza, y se capítula, y el Decreto ya firmado, de esta suerte se promulga: Que el Príncipe de los Tracios en quien Dioscoro renuncia y libremente la Corona, y Telamón, a quien buscan para su Cetro los Rusios, el Cetro, Laurel, y jura, en lucha marcial de entrambos como siempre se acostumbra, amantengan, que al vencedor el Reino amparar pronuncia. Este fue el Decreto en fin, y pactado, se divulga; para que con graves penas ninguno facción alguna apellide, hasta que Marte al Victorioso descubra. De ambas partes nos nombraron Jueces, y estos en su junta nos señalaron el día: Discurre aquí, y conjetura, como estaría mi gente; pues cuando en sangre se inunda, por mantenerme en el Solio, es el remedio que ajustan, poner con tal tiranía al Reino; y mi vida en duda! El día que señalado (como siempre se apresura el mal) llego con alas, para ser antes mi Urna. Apenas Febo este día esparció sus luces puras, cuando en el palenque estaban toda Tracia, y toda Rusia. En un Caballo Gislerio el Teatro todo cruza: Yo le seguí en otro bruto; tan feroz, que con la espuma (pero no, que con agravios es beleidad la Pintura.) Sonaron cajas, y entonces los Jueces remiren una lanza a mi contrario, y otra a mi (así mi nación lo usa.) Ya de acometer en fin hicieron senal segunda, y al primer encuentro (a Cielos!) Gislerio (la voz se anuda!) al tiempo mismo (qué infamia!) a mi acomete (qué injuria!) que quise yo (qué desgracia) abatir (qué del ventura!) su orguiso (pero hay triste!) pues fue la diferencia suma quebrándoseme la lanza, y arrastrándome la suya. Teniéndome ya por muerto los traidores, solo cuidan la aclamación del de Tracia; los leales sepultura quieren compasivos darme, y al mover mi cuerpo, escuchan algún ademán de vivo, en mi postrada figura. El caso dan al silencio, cualquiera rumor excusan, y al ver incierta mi muerte, con esperanzas me curan. De esta suerte yo me hallaba, y Gislerio en su fortuna capitulando (ah traidor!) con mi padre el Cetro; cuya disposición ordenada, el Mar de Tracia fluctua. Quiso el Cielo darme vida al tiempo (ay de mí!) que unas voces entre los Rusios oí, acreditando de injusta la Campaña de Gislerio; pues decían, que la punta de la lanza mía estaba sin asilo en la armadura. Tomo gran cuerpo esta voz, y de aquesta infame astucia, unos culpan a Gislerio, todos a mi padre culpan. Apenas a mis oídos llegó semejante injuria, cuando supe de Gislerio, que amores de Rosimunda en la Citia le tenían: A Citia partió (o nunca llegara yo, para ser de Venus, y Marte tumba!) Pues Alcina, ya lo sabes, así mis sentidos turba. Estos mis sucesos son, y para que yo descubra ese Traidor, ese aleve, imploro también tu ayuda. Yo le he de encontrar, no dudo aunque los Dioses le encubran, aunque la Tierra le tape, aunque a los aires se suba, aunque en la Mar se me esconda; pues con Tierra, aire, y Mar lucha mi agravio, que es contra todos incendio, volcán, y furia. Con tales sucesos, triste me has dejado, Telamón, tanto, que en esta ocasión un Zóquete enterneciste. Y pues ya te has declarado solicitando mi ayuda, desde hoy señor, sin duda, no puedo ser tu criado. Porque fuera desatino, que sirviendo bien Zoquete en la Plaza de alcahuete, tú le des la de Asesino. Y si precias mi servicio, hoy desengañarte pienso, y es, que por ningún ascenso tengo de dejar mi oficio. Digo, Zóquete, que aprecio tu persona, de manera, que así lo haré (quien tuviera los cuidados de este necio!) Quiero que estés advertido de un huésped, que tengo yo, que en esa Cueva se entró, de la Reina perseguido. Y si llega a suceder? Que no te asustes, te digo. Ni aún Muchacho fui yo amigo del juego del esconder. Le sigue Rosimunda? . Sí. Tú no la conoces? . No. Pues si lo sabe, voló, nos manda empalar aquí. El ampararle no intentes, y mi consejo recibe, esta Mujer aquí vive, por no vivir entre gentes. Rosimunda, es mostruo tal, que hasta su Hermana aborrece. Bien lo sé; pues también crece de su condición mi mal. Es un Demonio, señor, temiendo voy dar con él, pues vuelvo con tu papel a la Estafeta de amor. . Ay Alcina! quién creyera que a un pecho tan abrasado, suspendiendo lo agraviado, un amor le detuviera? . Vana ilusión del sentido, ola fatal del sosiego; para qué das vista al Cielo, si la vista ha aborrecido? Como potencia atrevida de flaqueza indicios das? Pues aún siendo Fuego, estás de una sombra tan vencida? Quién eres hombre, que has dado, tanta piedad a mis ojos, que suspendes mis enojos, y me enterneces pintado? Quién eres sombra? qué aspiras, con tan singular despecho, a quitar llaves del pecho, poniéndolas a mis iras? Quién a tu pincel, tirano Imperio tanto le dio? Que como Imán arrastró todo el albedrío humano? Al fin venciste, que al verte, dejando el Alma rendida, siendo Imagen de otra vida, fuiste sombra de mi Muerte. Cuanto pudiste emprender, todo en rendirme se funda; si vences a Rosimunda, que te falta que vencer? Siguiendo voy a mi Hermana los pasos, y el corazón; extraña la suspensión en condición tan tirana. Divertida en un Retrato me parece que la veo: Es posible! Aún no lo creo, de pecho que es tan ingrato! Ciego está mi desvarío; dibujo de mi tormento, mas no es grande el vencimiento, si robaste el albedrío! El corazón ya me anuncia, que a tu original rendí: Mas qué digo? Estoy en mí! que es lo que el alma pronuncia, yo rendirme? Vive el Cielo, que si a tu dueño tirano le tuviera aquí a la mano, fuera mi alfombra en el suelo. Ya me provocas a enojo Retrato atrevido; y necio, verás para tu desprecio, con que desaire te arrojo. Halló el Retrato en la Reina el pago que yo esperaba; . yo le alzaré: Habrá en el Mundo entereza tan extraña? ya que el dueño no pudo, paró en la Imagenda rabia? Que será Cielos tener dos Estrellas, tan contrarias, las dos? Pues a Rosimunda ninguna cosa le agrada como de mi gusto sea; y es la influencia, tan varia; que mantiene en un ser mismo su altivez, y mi desgracia: Pero volviendo a mis cosas demos velas a mis ansias que intenta Cielos (ay triste!) este Príncipe, que tanta novedad al pecho mío, después de su vista causa? qué inquietud será esta Cielos? Pues los sentidos en calma parece, estando contentos, que la turbación no extrañan? Ay amor, que presto hirieron las Saeras de tu Aljaba, haciendo a mi pecho el tiro, para penetrar el Alma! Un Ministro de Cupido podrá entrar con su embajada? Qué hay Zaquete? Bienvenido. Ya señora deseaba; el verte, sin la pensión de Rolimunda tu hermana. Cómo Telamón está? Su tristeza es extremada: con este papel me envía. Sea este Anillo la paga. Señora, mas no porfío: que lindo oficio: Mal haya aquel, que en ser alcáguete toda su vida no gasta. Vete, porque Rosimunda. No digas más, que eso basta para que en mi oficio tema al primer tapón zurrapas. . No sé Cielos; que me arguya de las cosas que me pasan! Este frenesí, o pasión, que tampresto apoderada de la razón: qué pretende? Mas si ya venció la causa, no es mucha, que los efectos el mismo efecto en mi hagan. Demos tienda a la pasión. Que aquel Retrato me traiga otra vez. Mas no es Alcina la que miro? . Quién dudaba, que a lo galán no siguieran finezas tan cortesanas? Esto mis iras permiten! suelta. Rosimunda, Hermana! qué es esto que me sucede! qué disculpa tengo darla? . Señora en el suelo hallé. Aleve, infame, villana. Ese papel, y curiosa. Ese labio cierra, calla, no fomentes iras nuevas, disculpando tus infamias. Para tu mayor castigo leerle intento. Ah tirana! A no tener mi desdicha el consuelo de tu gracia. Señora, si yo inocente. Pudiera con menor causa ser mi vida, Alcina hermosa. Y esto, infame, con quién habla? Trofeo de la fortuna; mas promete la esperanza, aunque la cruel Rosimunda. No leeré más; porque basta, para suspender mis iras, el saber, que cruel me llaman. Alcina, aquestempellido todas mis furias ataja: Pero yo pondré tal freno a tu condición liviana que serás de aquestas manos lo mismo que esta vil carta. . Ay amor recién nacido que presto el Sepulcro labras? . No sé que el Alma me dice! mas si de Alcina (qué rabia!) será el amante aquel hombre, . cuyo Retrato intentaba el Diamante de mi pecho alterar? Locura rara! Pongamos todo el remedio, no levante amor más llama. A del Monre? Hola Fenisa, Abeto,a ha de mi Guarda. Qué es, señora, lo que ordenas? Rosimunda, que nos mandas? No habéis encontrado indicio de ese Traidor, que profana el Sagrado de mis bosques? Desde que la vez pasada, con ayuda de otro Joven, se burló de nuestras Armas, no se ha encontrado señal, aún del sitio que le ampara. Pues volved, y no dejéis cueva, tronco, gruta, o rama, que al examen no entreguéis con cuidado, y vigilancia. Será, como lo dispones. Fénix, ni Alcina no vayan. Mas quisiera ir con las fieras, que el quedar con esta ingrata . Alcina de mi presencia no se me aparte, y acaba de conferirme las Leyes, que mis Vasallos aguardan. Pobre Reino, dónde reinas! . Estas tienes decretadas. Te parece Rosimunda, que una ley, tan mal fundada, querrá recibirla el Reino? Es la ley, la más humana, y a no serlo, mandarlo yo, para hacer la ley bastaba. Además, que toda Citia. la querrá sin repugnancia, cuando su quietud depende, solamente de observarla: Qué disturbios? qué discordias? el Dios vendado no causa? A qué iras no provoca? No suscita a las venganzas? No es cobarde en la Victoria? No es atrevido en la infamia? No es el incendio villano, que quita, y pone las armas? También suele ser el Iris en las discordias más arduas. Al fin, yo quiero, que en Citia las efigies profanadas tenga; que si nuestros Dioses, de unas bodas en su Alcázar, a la discordia expelieron, de Citia haré yo que salga el Dios Cupido, por ser la discordia que más daña. Rosimunda, es imposible, que del Decreto no nazcan mil disturbios en el Reino; y aunque tú nos persuadas, que tu fin es, desterrar las discordias; pues cuando hallas de las bodas el ejemplo, con que intentas desterrarla, se viene a los ojos luego escarmiento en la Manzana. Yo la arrojaré de Fuego, si mi Decreto basta. Pasa adelante Fenisa. Ireme : h . Para conseguir mi saña, echar los hombres de Citia, yo mandaré pablicarla. Alcina, que te parece? Que es peor que la pasada esta, aún siendo aquella, tan sacrílega, y tan mala. Mis leyes, solo por mías das Alcina en reprobarlas, y por los Dioses Sagrados, si me réplicas palabra. Señoras vos (cruel fortuna!) con el cariño de hermana. Es verdad, mas del cariño hasta el ultraje te pasas. Provida naturaleza a las mujeres un Alma, como a los hombres no infunde? Pues por qué han de despreciarla, sepultando en el olvido los dores de ella, y las gracias? Aunque así a las Almas todas la naturaleza iguala, a las nuestras también niega ministerios, que no alcanzan. No dirás, si no que es miedo, con que los hombres recatan el manejo a las mujeres, que a tomar ellas las armas; bien conozen, que su orgullo valerosas sujetaran. Antes bien de ellas se olvidan, por ser de suyo tan flacas. Pues en el Olimpo sacro en guerra, y paz celebradas, no tenemos dos Deidades, que les desmienten bizarras. No está en las Aras Belona? No está en los Altares Palas? Y cuando no las tuvieramos, Amazonas no se hallaran, que aú el día de hoy los hombres, con su nombre se amedrantan. No dio horror al Orbe todo la invencible Cleopatra? Es así; pero que poco mantuvieron su arrogancia las Amazonas, sin ser de su Imperio desterradas? Cleopatra temió mucho del Romano las Escuadras, y el no ser vencida; fue por morir desesperada. Si acabaron sus Imperios fue, porque a Marte negaban los ocultos, dándole a Amos las víctimas profanadas, Cleoparta, temerosa se halló solo, cuando amaba, que es el amor, tan villano; que el fuego mayor apaga. Los Anales de estos tiempos no nos refieren, que España (siendo Teatro infelice de tragedias, y desgracias, con que a sus piadosos Reyes la fortuna les contrasta) no perdió, ni aún una Almena, imperando Mariana? Pero sobran los ejemplos, donde Rosimunda manda. Y a cualquiera; que a mis leyes impidiese la observancia, o no las obedeciendo, o poco atento mirarlas; yo les daré tanta fuerza, les daré tanta eficacia, mojando en su sangre propia la pluma, para firmarlas. Ay Citialsino los Dioses irás de la Reina atajan! . Venid vosotras conmigo, seguiremos la vanguardía de Abeto, que por el monte la rémora es de mis ansias. Ya obedecemos, señora. Dónde nos llevas, tirana? . Amor, si a mi sentido propones la victoria, en cárcel del olvido, porque de mi memoria No condenas también los pensamientos? que avivan más él A, de mis lamentos, Severos tus arpones ostentan el castigo, en darte adoraciones, aún más rigor consigo. No me dirás rapaz, de que te obligas, cuando humildes mis víctimas casti- (gas Si loco, y sin sosiego me tienes desterrado, porqué a mi blando ruego auxilio le has negado? (plora, Pues mi pecho infeliz, cuando te im- tu olvido gime, y su desprecio llora. En ver que poco alcanza, de ti solo se queja, perdida la esperanza tu Arpón ingrato deja: Y si tan infeliz llego a mirarme, mira si habré de tu esquivez quejar- Las tristes ansias mías (me. hallaban en ti alivio, para que llama encendia, si ya la alientas tinio. Mas ay de mí! que tu vendado, y ciego, parece que te burlas con mi fuego! Me acuerdo, que a mis males consuelo tú les dabas, y al ver hoy que son tales conozco te burlabas. Jamás imaginé, tan niño, fueras que mezclaras las burlas con las verás. Quien (ay de mí!) creyera, que a tanto vituperio, así se redujera el Príncipe Gislerio? Estando entre los Montes escondido cuando en la Rusia, y Tracia es tan temido. Si el adorar merece activos los rigores, sin duda, el que aborrece esperará favores. O estatutos de Citia depravados, pues das premio, y castigo equivo- Bastaba no pagarme (cados! amor tan tierno, y firme, rigor es el buscarme, mayor el perseguirme: Oh bárbara nación! así se infiere, donde al triste castigan, por que quiere! que tenga la hermosura lugar, tanta entereza, que oprima (suerte dura!) lo esquivo a la belleza. De todo Rosimunda es un abismo inumana, y divina a un tiempo mismo, Mas ay triste! que muero en la memoria suya, y que a dolor tan fiero mi amor no se concluya? Pero de que me sirve ya el lamento, si van mis tristes lágrimas al viento! Este huésped de mi amo me parece, según pienso, que tray la misma demanda, que Telamón: esto es cierto, cuando él intenta tener conmigo gran valimiento. Pero lo que más me admira, quien a este hombre tan presto de mi ejercicio, le habló? Pues si no con que pretexto, sin haberle visto nunca, se me quejaba, tan tierno, de que su dueño no hacía caudal de su rendimiento: Sacome por el oífato, y busca en mí su remedio; pero allí está, quiero hablarle. Cómo, señor, tan suspenso? En la soledad un triste aviva sus pensamientos. No he tenido la fortuna de ver aquel Caballero, a quien confieso la vida. Anda allá en sus desvaneos: también ama. Eso es bastante para vivir sin sosiego. Ay de aquel, que no tiene, ni esperanzas de tenerlo! No pierdas las esperanzas, señor, así, con el tiempo se mejoran las fortunas. Qué fortuna esperar puedo, si sabes, que tan adversa la tuve al primer encuentro. Ya esta mañana te dije; que la fama de mi dueño en alas de Imán llegó, a los más remotos Reinos; y como el Imán atrae, con un impulso secreto, al yerro, así a la Citia, con otro impulso violento, atrajo también conmigo de mi amor todos los hierros? Yerros les llamé, bien dije, porque su rigor, y peso es cadena, que me enlaza en los grillos del desprecio. Yo, pues, sin poder librarme, reducido al cautiverio, me vi; porque su hermosura a Citia me trajo preso: Llegué apenas, cuando el volcán, buscando origen al fuego, averigué, que en los montes de esta Quinta (huyendo de los hombre) retirada, aún de sus Vasallos mismos, vive; por ser natural tan altivo, y tan soberbio, que en sus pasiones no priva, sino el aborrecimiento. Pero como ya cautivo estaba yo, loco, y ciego, despreciando los peligros hasta la Quinta me vengo: por lo fragoso del monte andaba, cuando en lo espeso a la margen de un arroyo hallé a una Ninfa durmiendo, cubierto el rostro, y un Arco traía en el brazo izquierdo: Curiosa entonces el alma a la Deidad quita el velo. Prodigio raro! pues yo, aunque nunca de mi objeto Retrato, ni Imagen vi, al descubrir, que portento! a la Ninfa, que dormía, a mi amor, hallé despierto, que como el Original estaba en mí tan impreso, lo mismo fue descubrirla, que hacer patente mi pecho. Con tanta dicha confuso, empecé a clamar, diciendo: No eres tú: Mas cese el labio, que solo a rigores nuevos me atrojo, en decir su nombre, y dejándolo al silencio, me acuerdo; que entonces yo prorrumpí en estos afectos: Bello prodigio de amor, permite, que mi ventura idólatre tu hermosura; cuando duerme tu rigor, dormida das el favor, ufano estoy con mi suerte, tu beldad, no, no despierte, que está temiendo mi vida si favoreces dormida que despierta darás muerte. Estas palabras mal dichas la dije, cuando a los ecos de mis voces se levanta, y dando gritos al Cielo, con los ojos despedía, sin otro algún instrumento, Uracanes, más activos, que el Etna, y el Mongibelo. Su guarda empezó a llamar, yo el peligro conociendo, saqué del pecho un Retrato, que con motivos diversos traía: a sus pies le arrojo, y dije; ingrata, si al dueño tus iras no le alcanzasen, castiga en su imagen luego el amor, mas infelice, que ha de adorar sin remedio. Déjola con esto, cuando a mis pasos ponen cerco por lo fragoso del monte sus Guardas, y sus Monteros; donde peligrara entonces, si de tu amo el acero no me amparara (fineza, que eternamente confieso.) Mi suceso es este amigo: ahora mira, como puedo esperar, que el Cielo mude un natural tan protervo, un odio, tan arraigado, un rencor, sin fundamento, una pasión, que me arrastra, una rabia, y un incendio, un frenesí, una locura, una llama, y un despecho, en ella, para matarme, y en mí, para el rendimiento. De Tálamón el contrario, que ha de ser este sospecho, ganar pienso las albricias; mas de mi oficio no es esto, que aunque soy perro de muestra, podré encontrar pan de perro. No me dices nada amigo? Discurro, que tu suceso, aún puede ser favorable. Por imposible lo tengo, No dices, que tu Retrato la dejaste? Sí. . Con eso dudas tú, que no ha de hacer sus cosquilles allá dentro? Yo te aseguro, señor, que es la imagen grande medio de tu amor. . En qué lo fundas? Solamente en este cuento: Una tuerta aborrecía tanto el vino por extremo, que auoque la mataba el agua, no era posible beberlo. El marido (gran bellaco!) vino echó en el jarro mismo donde su mujer bebia: El la bebió; mas haciendo muchos visajes, entonces continuó el marido en esto, hasta que ya conoció era costoso el remedio: Pues el diablo de la tuerta, sin hacer maldito el gesto, después de muy pocos días se mamaba el jarro lleno. Volviole a poner el agua, y bizcueando el ojo tuerro, derramó el agua, y le dijo: Este jarro no es para esto. Así, señor, si le guarda, que en eso no me detengo, como la tuerta del jarro, hará del Retrato aprecio. Si la vista no se engaña, me parece, que en lo espeso algunos bultos diviso. En todo lo descubierto no hay lugar más retirado, que en el que estás. Huyendo de las guardas de estos Bosques a mi retiro me vengo. El rostro quiero cubrir. o Aquel del pasado empeño parece que receloso, al venir yo se ha cubierto. Este es mi amo. . No es este, a quien la vida le debo? Llegad, señor a mis brazos, que aún lugar de agradeceros no habéis permitido dar. Dejad corteses afectos, que en referirme quien sois, pagáis mis finos deseos. No pudiera yo negaros lo que a pocos fiar puedo. Es seguro este criado? Archivo es de mis secretos. Pues siendo así me descubro, el Príncipe, soy. Qué veo? . De Tracia. No digáis más, decidlo con el acero. Caballero, qué intentáis? Matarte, aleve Gislerio, y porque de mí no digan, como de vos, que en los riesgos aseguro mi persona, doy lugar a defenderos. De vos estoy obligado, y ofendido a un mismo tiempo, me ofende el que me injuriéis, si me obligó el valor vuestro; irritado de lo uno, y lo otro agradeciendo, con defenderme no más, entrambos lances suspendo. Porque a tu ira no quede aún escrúpulo pequeño, mirad que soy Telamón. Que no tope yo un abugero, para encajar un Zoquete, que embaraza en este puesto! Aay suceso tan notable! Qué se me resista, Cielos! . No hago poco en defenderme. . A esta parte es el estruendo, Que embarace Rosimunda mis iras! . Malo va esto. Atrevidos, o ignorantes; pues hoy contra mi Decreto, (en que a los hombres la entrada de estos sacros Bosques niego) profanáis en vil palestra el sitio de mi recreo: Los dos entregad las armas; pues si no del Arco fiero serán aquí vuestras vidas para muchas escarmiento. Rendido a tus pies, señora. Ay de mí! qué hablar no acierto! . Está mi acero a tus plantas; pero Alcina! Qué tormento! . Válgame el Cielo! qué miro . Mas yo de esta suerte! Abeto las armas toma, y en dos Torres de mi Palacio prendedlos. Hárase como lo ordenas. Qué Telamón vaya preso! Pero va a la Quinta, donde . libertarla sola puedo. Aquí se queda un criado. Quién le mete en tanto al viejo? A ese podréis colgar, sino confiesa al momento. Señora, que no cumplo años hasta las hierbas de Enero. Fortuna tu rueda para. . Espera honor tu remedio. Mejoré el tiempo las horas. Que no me cuelguen sin tiempo, No domine en mi Cupido. Y si es preciso el desvelo. Si mi venganza no llega. Si quiere amor serme adverso. Si tengo estrella de ahorcado. Si me ablandasen los ruegos. Con penar. . Morir. Llorar. . Un puñal. Y estar al fresco. Acabaré con mi amor. Será mejor mi despecho. Vivité desesperada. Me verán en alto puesto. Jamás quedando rendida. Valor. . Venganza. . Sosiego. Cordel. . Iras. . Paciencia. Honor. . Ansia. Horca. . Despeño. Y pues ya amor con la vista recobra vigores nuevos. Y pues ya de una Mujer pendiente está nuestro duelo. Vendrán los males volando, irán los bienes huyendo. SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
E Rosimunda, Fénix, he admirado, lo que ya con los Príncipes ha usado: siendo su natural tan imprudente, tan soberbio, tan altivo. . Ea, detente, que si ella a las iras da somento, sujeta al natural su entendimiento. Hola, Fenisa, estás apasionada? Ah sido en esta acción también mirada, que el renombre de cruel ha desmentido, Segunda vez repite como ha sido. Ya sabes que la Reina, examinando los Montes de esta Quinta, halló suchando dos hombres? . Ya lo vi, cuyos excesos a los dos en las Torres tienen presos. Prendieron también con ellos un criado del uno, el cual, señora, ha declarado, sin dejarse circunstancia por menuda, la causa toda de la lid sañuda. Fiarse al fin de criados, es desgracia. Diría, que el uno es Príncipe de Tracia, y el otro de la Rusia también era. Al de Tracia, buscando como fiera, desde la Rusia el Príncipe venía, porque en marcial campaña cierto día Gislerio, con industria recatada. Estoy ya de esos lances enterada. En estos Horizontes, como huéspedes se hallaban de esos Montes, a una Gruta los dos, sin conocerse, de la Reina llegaron a esconderse: Declararon quien eran, y al instante. En el empeño estoy, pasa adelante. Rosimunda, señora, en tanto empeño la cólera, las iras, y el despeño, que en el uno irrita, y en el otro enciende, de este modo, discreta lo suspende: Mandó a los dos venir a su presencia, cortéjalos allí con la decencia a su estado conforme, manda, que Telamón del caso informe, obligado el de Rusia, el lance dice, entonces el de Tracia contradice, anduvo su prudencia comedida, más bien su alteración fue conocida; si en respeto a la Reina no se baña, sirviera allí el Palacio de campaña. Entonces Rosimunda (qué enrendida!) por los Dioses jurando, y por su vida, en medio de la Citia, campo fiero les ofrece, mas dijo, que primero en la Rusia el suceso apuraría, y a Abeto por Embajador envía. El plazo admiten ambos, y al momento en sus manos les toma juramento, de no llegar a lances con la espada, hasta volver de Abeto la Embajada. A sí misma la Reina se desmiente, bien la das el elogió de prudente. Ay amor! si treguas tienes, ya recibir podrás los parabienes, suspende de tus ojos tierno el llanto, alentad esperanzas, y entre tanto serán de amor despojos, si alguna libertad diese a mis ojos. No mitiga la Reina las prisiones? Generosas en todo las acciones. de la Reina, juntamente ordena, pena de su ira, de perjuro pena, el que necio, o atrevido quebrantase el coto, o sitio, que ella señalase; en todo así a los Príncipes iguala, cárcel toda la Quinta les señala, piedad, que de la Reina han conseguido, venciendo lo que nadie ha merecido. Gallarda bizarría! Citia lo extrañará de su osadía, se discurre Fenisa, en que se funda esta piedad, no vista en Rosimunda? Aún cuando más la Pleve el caso apura, maliciosa, tan solo conjetura, el ser de sus templanzas loco intento, dar en Oitia a los dos, campo sangriento. Y yo, Alcina, me voy con tu licencia, que culpará la Reina mi asistencia. Gracias a amor, que una vez. piadosa la suerte ha sido! pues de un furor solamente el alma se halló al principio, sino rendida a sus ruegos, inclinada, que es lo mismo; pero ya más favorable, en este lance propicio, me da a entender, como es, del amor mi dueño digno. No porque el alma dudó, aún faltando el albedrío, era otro Paris, sin duda el ladrón de mis sentidos. Confieso que me incliné; pero ya cuando averiguo, que a mi dueño no desdice este afecto, aún siendo mío, pues él, pues ya le conozco, por su amor, que es tan activo, que aún con agravios no olvida las atenciones de sino: encia . daré licencia a mis ojos, y promptos a mis suspiros, para mi amante serán de mi corazón registro. Y pues Rosimunda usó una acción; que no se ha visto ejemplar en lo benigna, de su natural activo, tendrá mi amor sin zozobras, en la esperanza el asilo, en los ojos el consuelo, y en Telamón el alivio, Pero Cielos acá dentro una sospecha conmigo la curiosidad somenta, después que a Gislerio he visto, (que sin duda de la Reina fue de las iras motivo) y al ver que en esta ocasión mitiga tanto sus bríos contra aquel que los enciende, de esta clemencia imagino? nace en ella de otra causa, (ojalá el astro benigno las influencias de Marte pasara a las de Cupido!) Este retrato, que alzé, sin tener yo más arbitrio, que arrojarle Rosimunda, sin duda es traslado vivo de Gislerio: pues siendo así. Supuesto que ha suspendido mi venganza Rosimunda, que no es pequeño martirio suspender las iras, cuando en el más grave conflicto la causa de los agravios ha encontrado el ofendido: este tiempo divirtamos en los afectos precisos, que debe mi amor a Alcina: mas no es aquella: qué miro? ̱. Los matices son tan propios, que no pueden desmentirlo. Para desterrar del pecho esta ilusión; o delirio, que del alma se apodera, sin poder yo resistirlo; no me bastaba sober, que Gislerio fementido, siendo quien es, es notado, que con alevoso asilo, en los empeños cobarde, desdice de bien nacido. Pero no es aquella Alcina? Con algún nuevo locentivo a Alcina mirando estoy! otra vez a mi sentido, Cielos, la pasión incita! No es aquel retrato el mismo? No es un retrato el que veo. Que en mis manos atrevido dejo el Príncipe de Tracia. Si apuraré lo que admiro? Loco estoy. Valedme Cielos! Si me están dando el aviso estos matices, que el dueño es a mis ansias nocibo; porque mi amor no castiga en el matiz el delito? Apurar tengo mi daño. Yo no puedo ya sufrirlo, Temo; pero yo me arrojo Siento, pero yo me animo, Si a su dueño yo pudiera ostentar lo vengativo, fuera ceniza en mis manos. Ya el apurarlo es preciso, deja. Ay de mí! qué es esto? Señora, yo pierdo el juicio! Sin mi estoy disimulemos. . Hermana, en aqueste sitio? Curiosa, señora, yo. Calla infame, aún no respiro . Y vos, Príncipe, pues sois ingrato a mis beneficios, desatento a mis piedades, con mis cosas desmedido, profanando mi Pivacio, despreciando los altivos incendios de mi enojo, haré de vos si me irrito, supuesto que no ignoráis, ya de la Torre el camino, os saquen para un Cadahalso, desde la Torre al suplicio. Ay de mí! que hablar no puedo, todo soy de mármol frío! . Habrá estrella como la mía! a quien habrá sucedido, con una acción indiferente, poner en igual peligro, la vida con Rosimunda, y con mi amante el cariño? Alcina, desde hoy verás, pues desprecieorte otro aviso, si tienen fuerza mis leyes, ejecutando contigo las penas que señalé, para dar en ti principio. Y aquí para entre as dos ̱ . llevarás ahora advertido, que concurren circunstancias en tu loco desbarío, que el quebrantar mis decretos, sobra para tu castigo: Vete ya de mi presencia. Ya me voy, más determino; aquí para entre las dos a Ro decirte, que ya he entendido, que en las leyes de tu gusto, no hay más ley que tu individuo. Qué es lo que dices villana? Si quieres volver a oírlo, es mi sentir que tus iras nacen si bien lo colijo, de presumir, claro está, solo con tan leve indicio, que a algún blanco tuyo atiendo: Rosimunda, il fin me admiro, como tan presto de azul tus pasiones has vestido. Espera, Alcina, y verás, como contra ti fulmino mis iras; pues si a ellas solo temes tanto si me incito; que será si a mis pasiones los celos has añadido? V Valedme Dioses, ay triste! Abrase en el mundo visto, quien de la fortuna sea igual a mi perseguido? Qué desdicha es esta mía? Qué Astro es este tan impío? Qué es esto Cielos? Si a Marte en mi amparo necesito, en vez de triunfo, que espero, soy despojo de sus tiros? Si a los halagos de Venus mis víctimas sacrifico, son desprecio de sus Aras, ultrajándolas Cupido. En os empeños, mi honor siempre peligra conmigo: se desvanece también, cuando más le solicito: A los desprecios me arrojo, siempre que al amor me rindo. Qué influjo es este tirano? Pero ya lo tengo dicho, que es locura hallar estrella, quien sin estrella ha nacido. Pero ya que Alcina al fin, me priva de aqueste alivio, donde mis ansias hallaban en el interín abrigo; veamos (terrible peza!) para más tormento mío, quien de sus divinos ojos es merecedor más digno? Veamos quien es el dueño. Ay de mí! qué es lo que miro? Esto me faltaba, agravios? No es copia de mi enemí, No es retrato de Gislerio? No es este traslado vivo del origen de mi incendio? Pues cómo estoy tan remiso? Cómo bracanes no broto? Cómo rayos no despido? Cómo volcanes no aliento? Gamo Etnas no respiro: Perdone; pues, Rosimunda, que mis incendios altivos, solo a la venganza aspiran; y pues ya lo solicito, agravios iras, venganzas, serán de mi honor ministros, pues hoy a mis penas todas los celos se han añadido . Aquel proberbio vulgar, que la noche a un desdichado es espuela del cuidado, lo llego a experimentar. Para mi mayor tormento de mis males el vabel, envisten como en tropel a mí triste pensamiento. Noche, pues ya me condenas a pensamientos tiranos, imaginación, hagamos epllogo de mis penas. Pero no, que es desvarío, intentar con este medio, solicitar el remedio, que acrecienta el dolor mío. Mas ay de mí! que en mi pecho, aunque más remedio intente, la memoria solamente será bastante despecho. Y no es mucho; si se juntan, para el despecho mayor, temer que contra mi amor todas mis ansias resultan. A quien yo dejé por muerto, hoy dispone el hado esquivo, hallarle en la Citia vivo, para hacer mi ocaso cierto. No, porque al ánimo horror todo su denuedo da; que aún su furia no podrá dar cuidado a mi valor: Si porque vivano intenta; aún delante de mi dueño, desmentin mi noble empeño con que ocasiona mi afrenta. En estas trazas que elige falso, traidor, y cobarde, cuanto más el valoriarde, tanto mi esperanza aflije. Pues mi amor tan despreciado, habrá en desprecios crecido, juntando a lo aborrecido, de alevoso baldonado. Pues se ofrece la ocasión, porqué la he de malograr? ya no puedo más tirar las riendas a mi pasión. Para la que vive ciega, las luces sobran aquí. Qué es esto? quién? cómo así? No te ausentes más, sosiega. Esta voz no es de mujer? no sé el alma que me dice. Esta diligencia que hice, fue Gislerio menester. Señora, no tu cuidado hizo el tiro a ese furol, él a la vista de el Sol corrido se ha retirado. Lleno, al verte de desmayos su breve llama desluces, como no apagarás luces, si entras despidiendo rayos? Gislerio, no digas, no, que al tratarme de divina, juzgarás que soy Alcina, y no soy Alcina yo: solo soy su dama ahora, y no era acción bien mirada, que aceptase una criada, lo que habla a su señora. Mas si me habrá conocido? Esta es la Reina, sin duda, que con retórica muda el corazón lo ha advertido. Hoy corazón, tanto bien con tus desvelos regula, y pues ella disimula, disimula tú también. Parece que te has turbado? El perro tanto en mi pudo, que dejándome así mudo, el silencio ha ocasionado. Mas vos no desmerecéis, según yo os imagino, aún el renombre divino. En eso no más habléis. Os he dicho ya que soy una Dama solamente de Alcina, y que excuséis, (si es que vuestro afecto puede) lo que para mi es lisonja, y a la Infanta se le debe. a ocasión de venir yo, nació tan solo de verte, y como siempre, tenemos lo curioso las mujeres, apagué al entrar la luz, porque no me conocieses. Bien parece que lo finjo. p ̱. Estimo el favor de suerte, que apreciara la visita, aunque fuera muchas veces: Asistis vos a la Reina? A la Infanta; no me entiendes, no dije que sirvo a Alcina. Rosimunda, que mal puedes disimular, cuando el alma está diciendo quién eres? ap No conoces a la Jufanta? Ya la he visto: mas suspende mi discurso, porque tanto . aquí a su hermana me acuerde Apuremos todo el mal, decidme, qué os parece? Aay pregunta semejante? . No imagináis le conviene aquello de el Sol, los rayos, a Alcina, tan propiamente, que siendo aplauso común, es en ella verdad siempre. Qué intentará Rosimunda, con un examen cómo este? . No dudo yo, que es la Infanta luminar tan excelente, que hipérboles semejantes, con que a las beldades suele, o la atención, o el cariño apellidar comunmente ser digna de esos renombres, pero la razón advierte, que aunque Solio soberano entre las Estrellas tiene, otro lugar hay más alto, más excelso, y eminente: podrá Alcina ser Estrella, pero Sol no le conviene. Eso sí, vivamos alma, aunque zozobras me cueste. . Ya os entiendo; Gislerio. No me pesa, si me entiendes. Mas discurro, que el respeto, y no otra causa prefiere a ese Sol, que así le llamas, y es la Reino. . Claramente se conoce; pero a mí tus designios se oscurecen. Porque la razón conoce que a la misma Reina excede en lo bello, y en lo amable, cuando Alcina en si contiene aquel natural agrado, con lo hermoso juntamente, y Rosimunda, sin ser beldad que iguale, ni aúnll a competir con la Infanta, mezcla en si unas altiveces, con que borrara lo hermoso, si hermosura en ella hubiese: Veremos, que me responde. Cada instante más suspenden las palabras de la Reina. Al discurso ya se ofrece . un medio, donde conozca, o por lo menos rastree, si algún cuidado mis ansias, en Rosimunda merecen, su opinión he de apoyar. Príncipe, en qué te detienes? Confieso, que no quisiera por ahora responderte: Rosimunda al fin es Reina, y por eso se le debe, como al Sol. Qué es esto, cielos! La mayoria: mas se entiende, que estos afectos no pasan de rendimientos corteses; porque de Alcina (no hay duda) la razón, o el gusto siente, (oh alguna pasión lo dicta) que naturaleza quiere, ya que en la Ciria no reina, que entre las beldades reine. Luego Alcina es tan hermosa? Albricias Alma! no puede negarle la primacía, sino es alguno, que niegue al fuego la actividad, y los ampos a la nieve. Mucho el examen me cuesta, Ay de mí! mis ansias mueren; que costoso es el remedio! . Hay corazón, cómo mientes! . Me admiro, que esos afectos esa beldad no los premie, y si los ignora Alcina, yo se los diré, si quieres, Pues mi pasión resucita, sigamos esta corriente. . Dirás, señora, a la Infanta, que aunque imposibles me cueste, he de adorar su hermosura. Que así el alma se violente! . porque vive su deidad en mi pecho de tal suerte, que he de amarla (cómo miento!) . aún a costa de desdenes. Que a vista de estos agravios estas iras no se alteren! . Dirasle, que su belleza voluntades tantas vence. Ya nodo puedo sufrir. Que no es milagro, que impere en la mía, cuando arrastra, con que se permita verse. Dirás también a la Infanta. Necio, grosero, imprudente, en qué escuela has aprendido, hablando con las mujeres, el ensalzar tanto a una, cuando a las demás ofendes? advierte, que estoy delante, y en esto bastantemente tu desatención arguyo, que aunque sea, quien se fuere, está ausente, la que ensalzas, y quien desprecias presente. . Señorar mas ya se fue. Aunque a mi gusto le pese, no me pesa, que irritada tanto la Reina se fuese. Qué oscuro que esta este cuarto, el Príncipe no parece. Si al alma no se le antoja, Rosimunda otra vez vuelve. Con los lances que han pasado, es posible, que no deje al amo, y la inclinación de andar metido en papeles. Ella es, corazón sosiega, no digas más que se ofende; . atiende, señora, mira. Si hablara conmigo este? No presumas, que mis labios, en cuanto dicho aquí tienen, consultaron con el pecho. Triste de mí! que me tuesten, si el blanco de estos requiebros, no es el negro de Zoquere. No te apartes, dueño mío, a mis ruegos no te niegues, acércate acá, señora. Para el diablo, que se acerque; este es Gislerio, no hay duda, y tengo de responderle. Es posible dueño mío, que mis ansias no merecen tu asención? . La voz mudo: Príncipe, no me conviene. Esta voz la desconozco: Qué laberinto es aqueste? la Reina pienso que traza con otra satisfacerse. No huyas ya mi bien de mí: Con tanta oscuridad teme mi honor puro, terso, y claro, al llegar a vos tropiece, pues es vidrio tan sutil, y podrá ser que se quiebre. Aunque la tramoya es suya, es el lenguaje diferente. Por Baco; que la tragó; mas si conmigo arremete, que estos Príncipes de Tracia deben de ser muy ardientes. Hay confusión semejante! Señora (qué es esto?) advierte, que no hablo, a quien me responde, sino solo a quien me entiende. Yo me voy, no salga caro haber hablado en falsete: para dar este papel, . ya la traza se me ofrece. Toda mi respuesta queda, Príncipe, en este billete. Aprecio el favor. l42 Soltad. Mas esta mano. . Me quemen, si por la mano no saco una solfa de puñetes. Esta es mujer? no es posible. Luces sacad. . Que se pierde mi honor: callad, Gislerio, Traigan luces al retrete. Ay de mí! Llegó mi hora: Cómo aquí, vivtano, aleve, entraste? Cielos qué es esto! Yo, señor, por mequetrese, con ese papel de mi amor l Calla loco, y agradeco al sagrado donde estás, para no darte la muerte. Este caso pide lejamen, veré el papella quien viene. . Mientras el papel repasa, saldré por donde pudiere. o Lee Gisl. , Telamón. Qué es villano, lo que intenta? pero ya se fuel suspenden los lances, que por mi pasan, en un discurso tan breve? Podré ir dónde me llaman? No: Un precepto me detiene. Si. Una cólera me incita. No. Que a Rosimunda ofende. Que me llama el empeño. No: Qué hará que me despeño. Si Pues mi valor retaron. Nos Qué retarlo no pueden, Veré de espacio este lance, y si no hay inconveniente, me arrojaré; y entre tanto valedme cielos, valedme. . Dejadme, no atormentéis, Alcina, mas mi dolor: Mirad, que es nuevo rigor, el que más os disculpéis. Que no os desengañéis, es posible, dueño mío? Dejadme, que es desvarío: yo confieso, que estoy loco. Qué merezca en ti tan poco, a que te dio el albedrío! Qué mentiroso un engaño, el pecho tanto contraste! y que a tu inquietud no le baste, tan parente desengaño! Siendo tan cierto mi daño, mal tu disimulo intenta; pues antes en mi fomenta tu llanto nuevos enojos, intentando, que a mis ojos tu misma voz les desmienta, Mira, pues, señora, así, de que sirven tus razones, buscando satisfacciones, para aquello, que yo vi. Yo mismo, mas ay de mí! testigo fui de mi mal, y aunque tu disculpa tal, ya me has dado a entender, en el sentir, y no creer, ha de ser mi pena igual. Príncipe, jamás creyer; lo que sucede a los dos, a mí, búscaros a vos, y en vos, acción tan grosera. Hoy, Telamón (suerte fiera!) esa sospecha, que ya tanto en tu aprensión está, haciendo a mi honor agravio, sino cesa con el sabio, con el tiempo cesará. Qué larga va la esperanza! Qué largos van los consuelos! si no se va Alcina (Cielos!) se malogra mi venganza. . Yo prefumo, que es mudanza, no querer desengañaros, a vuestros necios reparos el tiempo responderá; pero advertid, que será solo para despreciaros. A este sitio le llame, y si mi enemigo viene, qué he de hacer? engaño tiene aquello que el alma ve? Al fin, desprecias mi fe? Alcina (yo estoy turbado!) mis ansias has olvidado. Y mi verdad. . Es mentira. Y el buscarte? . Da más ira. Señor, el papel he dador y fue: mas aquí la Infanta. Eso me faltaba aquí. Pronsigu? Zaquete, di. de que tu pecho se espanta? Si me costase una manta, bravo papel habré hecho. Sin duda, yo bien sospecho, No sé, Telamón, que arguya. Alcina, la causa es tuya, pero no saldrá del pecho. No con esas suspensiones, traidor, aleve, villano, intentes lo soberano ajar con tantas ficciones. No valen satisfacciones, aún siendo yo quien las doy, ya desengañada estoy, nada tienes que decir, pues ya sin quererte oír, porque embarazo, me voy. . Alcina, señora, atiende. Que se vaya, señor, deja. Tú tienes la culpa, loco. Alcina será la cuerda, pues sin ponerle la mano, falta, porque no la templan. Deja chanzas, cuando son tan pesadamente necias. Y dime, si el papel diste? Escucha para que veas como pasó todo el lance. El corazón me aconseja, venir adonde me llaman, y en viendo, lo que me empeña, siempre obraré de tal modo, que mi palabra mantenga. Cuanto me dices, admiro; y no te dio más respuesta? Ni yo la esperé tampoco. No sé que el alise me inquiera; al ver venir a Gislerio! Ya parece, que me espera mi enemigo: mas con otro está. . Parece se acerca un hombre, Gislerio será. Vete Zóquete, no crea mi contrario al verte aquí, que tan solo a mi defensa vienes. . Señor, bien dices: desde lejos estas fiestas. Tras este criado voy, que en mi nace una sospecha y he de apurarla, temiendo algún daño no suceda; y si fuese necesario, daré noticia a la Reina. . Solo ha quedado; yo llego. Ea, corazón, qué esperas? Telamón, de vos llamado a este sitio, mal pudiera negarse mi obligación: si bien alguna violencia tampoco podré negar, que a mi obligación le cuesta: porque cuando Rosimunda puso a nuestro duelo treguas, ofreció darnos el campo en más lucida palestra: cuya palabra aceptamos, y juramos (si te acuerdas,) hasta entonces indecisa, tener la venganza nuestra: Este es un inconveniente, que siendo en nosotros deuda. la palabra, a quien somos, faltaramos en romperla. Bien conozco, que obligado (pues de otra suerte no fuera) eso ofrecí a Rosimunda; pero en vos estratagema, negaros a otros empeños, parece, mas que obediencia; pues solamente ofrecimos, el tener las armas, nuestras suspensas, para aquel lance, pero no en otros suspensas. Pues qué otro duelo milita, que nuestro duelo no sea? El tener conmigo vos, una oposición, tan fiera, que no basta en el honor, sino al gusto también llega. No con cifras, te declares, pues más confuso me dejas. Es una infamia atrevida. ̱. Quién da causa? Una apariencia. Dónde asiste? En ni sentido. Sará engaño? . Será cierta. Quién es testigo? Mis ojos, Quién lo dice? Mis potencias. Adónde hace el tiro? Al alma. . De qué nace? De una ofensa. A qué aspira? A la venganza. Quién lo asegura? Esta prenda. Ay de mí! Cielos qué he visto? no es esta la imagen misma que yo dejé a Rosimunda? Ya, Gislerio, con sidera, si este empeño impedir puede, el Decreto de la Reina? Estos celos de mi nacen; p no me faltaba más pena! Por esos Orbes azules de la tachonada esfera, ya que responder no quieres, tengo de ver si le niegas a mi acero las palabras. En qué me detengo? Muera . Dices bien: ya te respondo. . Qué importará que lo sienta Rosimunda, si no puedo tener con celos paciencia. . Salid angustias del pecho. Mas si el alma lo coreja: no son celos estos míos. Oíd, esperad. . Qué ordenas? que no le acabe mi rabia! Cuando un desaire condena (como fue dar mi retrato a mi enemigo) a que sienta, . y a que de mi pecho saque el imán de su belleza: no fuera mejor decirle, que la pasión que le inquieta. Impedir mi furia altiva, no con suspensiones quieras. Podrá sin zozobra alguna . seguir? Mas como piensa mi discurso tal locura? cuando mi pasión vocea, que será engaño intentar, tener con celos prudencia: Príncipe, a la lid volved. . Gislerio, con iras nuevas, sin que tú me lo avisaras, enfadado ya volviera. Con cuantas cosas el alma por cualquier parte tropieza, . más primero es mi pasión. Qué halle tanta resistencia! . Si seré perjuro, Cielos! S Qué cobardes que se muestran los celos, y los agravios! Ay honor! quién tal creyera! Esto ha de ser, que no vence aquel que por si no empleza: . Oíd. Telamón, mirad que es injusta la contienda. Mi enojo segunda vez desvanecer no pretendas: qué querrás decirme ahora? Solo pretendo que adviertas, que al juramento faltamos; porque si a tu pecho altera imaginar que en mi pecho cuidado, o afecto tenga, alguna beldad de Cirla, te engañas, porque aunque fuera. Rosimunda, aquí quedaron. Él eco te dio respuesta. Este presagio faltaba! Cielos, Rosimunda es esta! Falsos, atrevidos, locos, perjuros, pues con cautela, de los Dioses, y de mí os burláis, de esta manera. Mirad, señora. . Es injuria intentar que os atienda. Señora, el rigor templad. Mis rigores no se templan, Como; pues, descomedidos, con acción tan desatenta, tan sacrílega, y tan loca, tan bárbara como necia, mis preceptos despreciáis? No, esos baldones merezca un duelo que se compone, manteniendo nuestra oferta. Pues que empeño podrá ahora quebrantar, cuando se arriesgan mis ordones? Ay de mí! bien lo entiendo: yo soy muerta! Ay triste! que quiera el Cielo tanto sin culpa padezca! Con su vista hace un arrojo, . mas que el valor se despeña. Pues qué decís? intentáis a vista decanta ofensa hacer misterio el delito? Qué importará que lo sepa. . A vista de Alcina muero. . Todo mi pecho es un etna. . Ya en vosotros es más culpa el silencio en mi presencia. Rosimunda, el duele nace de una causa tan tremenda, que con tu venida crece, y porque mejor lo veas; Sa. Telamón, prosiga, que veleidad pareciera, a vista del incentivo, el sosegar la pendencia. Dices bien. Cielos, qué es esto? Ay de mí! desdicha fiera! Advertid, que estoy delante, Eso mis iras somenta. Advertid, que yo os ruego. A tus voces seré peña. Por temer ya de Gislerio, acción no menos grosera, quiero ver si a Telamón mi respeto le sosiega. Ya que a Telamón no puedo, a Gislerio voy (qué pena!) Telamo? mira. . Qué mandas? Gislerio, advierte. Qué ordenas? Que te deba Rosimunda. Qué Alcina, señor, te deba. Ser el iris de este lance. Porque tú lo mandas, sea, Mucho ha merecido Alcina Mucho Rosimunda impetra. Aunque confirmo mis celos. Aunque aquí mis celos crezc? Por dar a la Reina gusto. Porque a la Infanta obedezca Suspéndase nuestro duelo. Nuestro duelo se suspenda. Príncipes: hablar no acierto, aunque en vosotros, tan ciega la pasión, aún a mis ojos anduvo tan descompuesta, no enfrenando a vista nía la ocasión que os desfrena. Esta culpa grande homito, pero uno, y otro entienda, que mi fin es sepultarla en el olvido; pues fuera contra mí, contra quien soy, contra mi misma grandeza, se divulgara en el mundo, por el Orbe se esparciera, que Rosimunda no pudo corregir tanta soberbia. Yo me vengaré de Alcina. . Ya conmigo va más guerra . Ro sí nunda me da celos. . Alcina en tanta tormenta es causa; mas sabré yo con mis iras detenerla. Quien en mujer esperaba, podía hallar cosa buena? Qué inquietud no tendrá el pecho donde una mujer impera? . Qué podía yo esperar contra celos de la Reina? . Aunque los celos, y agravios, tanto mi cólera aumentan, sabré vencerme a mí misma, para que en mí el mundo vea, no Habrá mal donde hay Mujer, aunque más pasiones tenga. . JORNADA TERGERA
JORNADA TERCERA
Parece cosa de sueño todo cuanto me contaste: Es posible que la Iufauta tus iras no mitigase? No, pues mereció la Reina ser el iris de aquel lance. Qué intentas hacer ahora? Sabe el Cielo, el Cielo sabe, que de mis acciones misma; soy el mayor ignorante. Quieres ver, señor, a Alcina? Calla necio, no me hables, ni en tu vida me repitas otra vez lo que nombraste. Yo verla? No ha de deberme, aún si quiera el acordarme. Bien podrá ser eso así, pero son malas señales, de beber en la taberna, junto a la taberna holgarte, Y si no, porque a este sitio los dos venimos tan tarde? Nunca has visto alguna llamo que conspirada del aire, reduce a cenizas todo el lugar dónde se esparce? Y aunque más el viento sople es imposible que abrase, lo que ya otra vez ha sido de sus incendios desastre? Lo que yo adoré, era fuego; mis pasiones, viento grande, cenizas todo mi amor; y aunque el incendio me alcanco como ya otra vez la llama quemó de mi amor la parte, será imposible que el fuego materia nueva en mi halle. Es verdad, mas también suele en cenizas conservarfe grande fuego muchas veces. Bien puede ser, mas no es fácil que la llama resucito entre ceniza cadaver. Pues ya, que intentas en Citia, cuando pescador amante, tu enemigo, su ganancia con tus mismas redes hace? Esperar que en la venganza todas mis iras acaben. Cuándo llegar? ese día? Aunque más quiera tardarse, no podrá mucho Zoquete, pues se espera por instantes que llegue Abeto de Rusia, porque luego al punto pase este duelo suspendido a sacrificios de Marte. Quién lo ha dispuesto? La Reina. Telamó,, no hay que fiarse. Nos de con la entretenida. No podrá ser, porque late tanto agravio a mi venganza, que será imposible aguarde, el que a Citia llegue Abeto, si en la venida tardase. Quién creyera de la Infanta un exceso tan notable? toda su pasión me dijo; y de mi auxilio se vale. La reja abrieron, señor. No pretendas apurarme la paciencia más, Zoquete. Rumor hacia aquesta parte, sino me engaño escuché. Aunque mi amo regañe. Oyes, loco, adónde vas? Deja, señor, regodearme con un poco de palillo. Ve, Zoquete, pero sabe, que ui fuese; ya me entiendes. He entendido lo bastante. Parece se acerca un hombre. . Alcina dispone que hable el Príncipe; por si puedo con mi cautela obligarle, a que en los jardines entre, para hacer su amor examen. Pienso que no llega. Ce. Mudad, señora, senguaje, que me desmaya esa letra. Caballero, no se espante. No queréis me canse horror, cuando una Dama del Arte asegura con la Ce, porque la Don no se escape? En todas vuestras palabras lo lacayo sobresale. También a mí me parece fregatriz vuestro donaire. Aqueste es Zóquete; albricias. Quiero a la reja llegarme. . otro llega. Venís solo? No lo veis. . Que no se tape, decid a ese Caballero. pues ya me cuestan bastantes. Qué es esto Cielos, que escucho! Desvelos el encontrarse. Habláis conmigo, señora? Él es: logrose el lance. p Por vos Príncipe, lo dije. Hay confusión demejante! Sendra, no os entiendo: Mandad luego, que se aparte ese criado. Hazlo, así: Mas me admiro cada instante Príncipe, pues la ocasión mis deseos satisface, prestadme atención un poco. Bueno Zóquete que darte? por Dios que es bueno que yo la parola allí entablase, y por hallarme extreñido; de la parosa me aparten, pero es amor fulleria, que en su baraja de naipes las sotas, y otras figuras son las cartas que más valena Señora? qué es esto Cielos! dejad que el favor extrañe. ̱. Telamón, cuando una dama, el arrojo que yo hace a su pasión, no busquéis de su pasión más señales, Pues tan dichoso me hacéis, el consuelo no dilates de que sepa yo, a quien debo esas finezas gigantes. Este sitio es peligroso, pues la Reina vigilante suele a estas horas velar: dad la vuelta, que a esta parte tiene un postigo el jardín. Pues ella me persuade a que vaya; quiero ver, con nuevo objeto, si salen de mi afligida memoria, de Alcina las falsedades. . No vais? Señora; voy. Anda Telamón, no tardes. Todo se dispone bien. No pienso de aquí apartarme, aunque mi amo se ha ido. Pues aqueste enredonace de Alcina, sin duda está esperando que llegase. Bien puede llegar Zoquete. No dijo mi nombre? Tate, este espíritu es de diablo, aunque tiente con la carne. . En qué se ocupa vuestro amo? Mi amo? el mayor orate que tiene todo el orbe. Pues en qué lo funda? Nadie mejor que yo le conoce. Tercero de sus afanes, juzgo que será Zoquete. Demonio, Mujer, o Sicre, tan por menudo, mi vida quién ha venido a contarte? tú sabes, que soy Zoquere; tú también, que sirvo sabes: No ignoras soy alcahuete; y si pasas adelante, me temo, que has de decir las flaquezas de mi madre. En Palacio vuestro amo alguna belileza aplaude? En eso, sin más melindre, que lograr cuantas le salen. (. A quién cuidados le sobran, no será mucho le falte el sosiego, cuando tiene para el triste, alibio frágil en sus penas, la constancia, y dureza del diamante! Como descansar pudiera, quien en si tiene una cárcel de nugustias, como las mías, tí vivas, y penetrantes, que a no ser mi vida muerte, bastaban para matarme? Parece se acerca un bulto? Pues idos, no sea que pasa alguna guarda del monte, que como la Aurora sale, madrugarán los Monteros. El consejo es faladable: a Dios fregarriz despego. . Adiós, lacáyuelo infame. Un hombre de aquella reja parece que vi apartarse: no hay cosa que al triste pecho algún cuidado no cause! Yo me voy a ver si Alciva ha logrado hacer las paces. Quién (ay Cielos!) en el mundo habrá, que experimentase, tan contraria, como yo, la fortuna en cualquier parte? Qué víctimas habrá habido en los Sagrados Altares de Cupido, que en desprecios a las mías se igualasen! No bastaba, no admitirlas, sino añadir el ultraje de admirir otras, haciendo de las mías cruel desairel Este pago se da en Ciria a una pasión tan gigante que desde la Tracia viene venciendo dificultades! Ay de mí! qué pienso hacer, cuando el Cielo tan constante hoy se muestra en perseguirme? disponiendo, porque acabe amor con mí triste vida, al ver, que los Astros hacen, que yo viva aborrecido, y mi enemigo triunfante. Telamón? mi bien? no huyas. Solamente por librarme de halagos tan mentirosos, con que mi quietud turbaste, sabré arrancar esta reja, cuando otro asilo no halle. Cielos, de mi enemigo no es esta voz? hay más pesares! Déjame, Sirena falsa, déjame, engañoso Áspid; pues en ponzoña conviertes las caricias con que atraes. Ay de mí! Qué es esto penas? podrán levantar los Mares más tormentas en sus ondas, que aquí mi pecho levante? Quién duda será la Reina aquesta que satisface a Telamón? hado cruel! y que no me desengañe! cuando sin buscar, encuentro de mi desprecio el examen? Tienes ya más que decirme? A quién alienta mi sangre, para desmentir, sospechas, no es satisfacción bastante este arrojo, con que pude mi honor todo aventurarle? Aay mujeres! que aunque tengan en lo noble tal realce, por seguir su natural, se olvidan, de como nacen, Necio, desatento, loco, donde tan villano ultreje, tan descompuestas razones hablando conmigo, hallaste? Mas ay de mí! que es mejor ap que disimulando calle, y con afectos le obligue; pues como ya declarase todo mi amor, no es remedio enojar más a mi amante. Ya parece, que la Aurora su luz mendiga reparte, Febo llega, cuyo día, aunque las leyes quebrante, o mi muerte ha de llegar, o mis celos apurarse. Al fin, Telamón. Qué dices? . Esta pasión No te canses. . No te obliga No porfíes. . Y mis ansias? Nada valen. . No me crees? No te creo. . Mis finezas? Son embalde. . Y este arrojo? Eres mujer. . Soy quien soy. Eres mudable. . Tú te engañas. No es posible. . Ya lo verás, Será taide. . En el jardín son las voces. Telamón, la Reina sale. Sabe el Cielo, que me alegro, solamente por dejarte. . En él Telamón confío, que amparará mis verdades. . Sigamos, fortuna mía, ya por último dictamen, la empresa que solicito; pues podrá ser que yo halle a Venus, mas compasiva en los despojos de Marte. Qué es esto? La quinta así! En las puertas tal desorden? profanando mi retiro con desprecio tan enorme: Qué es esto? quién es la causa de tantas alteraciones, como se ven estos días en aquesta Quinta? adónde ni a mi presencia se atiende, ni mi respeto compone. No soy Rosimunda yo? No basta solo este nombre, para que Ciria se pasme, y aún le tiemble todo el Orbe? Pues como un Palacio soso, aunque mi presencia goce. no refrena a vista mía escandalosas pasiones? estáis a mis voces sorda. Señora. Quieran los Dioses, que de la noche pasada los lances la Reina ignore. . Yo, lo tengo de apurar, aunque mis penas se doblen. . Dejadme sola con Fénix. ̱. Sin duda nuevos temores me causa, cuando la Reina, que no me vaya dispone! Maliciosa estoy de Fénix, pues no la vi desde anoche que se apartó con Alcina: no alcanzo, como me informe ocultando en el examen particulares razones, que también a los sentidos están pervirtiendo el orden. Rayos, solo con mirarme, . despide entre resplandores. No sé como me declate. Ay culpas en ocasiones, . que en los mismos Jueces hacen sospechosos los rigores, mas ello ha de ser Fenisa. Señora (ay de mí!) turbose el sontido ya, hasta ver en que este silencio rompe. Si ignoras, Fénia, que a mí se me oculta, o se me esconde, cuanto en mi Palacio pasa, por más, que oculto blasones por más misterio, que encierro, por más secreto, que goce, te engañas: porque no hay apiz, que en la Quinta se transforme, ni sombra alguna, que pase, aunque breve el curso logre, que mi desvelo no sea registro de sus acciones. Cielos, Rosimunda sabe (fueron ciertos mis temores) todo cuanto ha sucedido! . Algunas demostraciones en su rostio stoy leyendo. ap Claramende se conoce, pues solo al suceso van dirígidas las razones. Así, Fénix, es delito, aunque la atención le dore, (pues no es justo a vista mía, se miren más atenciones) intentar, que se me oculto un escándalo tan torpe, desenvoltura tan fea, sacrilegio, tan enorme. Señora, advierte (ay de mí!) no es mejor; que me desvoque, cuando la Reina no ignora todo cuanto pasó anoche? Perdóname, pues la Infanta, cuando sus necios errores, con las iras de la Reina, en tal peligro me ponen. . No, Fénix, no te suspendas: bien me entiendes; y ya sobre necias, por fingidas, son culpables tus suspensiones: no des más campo a mis iras. Rosimunda reconoce, que obedecer a la Infanta. Qué dices? mas ay, que inmóvil me ha dejado esa palabra! . Fue la causa; que aquel hombre en los jardines entrase. Calla necia, cierra el torpe sabio, no prosigas, calla, que aunque tantos rayos brote, no mando, que dél delito, tan claramente me informes. Yo te juro, Alcina infame, por los altos Sacros Dioses, que he de dar contigo a Citia ejemplar, que sirva norte, dándole en tu infame vida al mayor orgullo horrores. Quién duda (ay time!) sería . el atrevido de anoche, ese traidor de Gislerio! Que tantas alteraciones esté causando en mi Reino la venida de estos homores? Qué ruido es este, Fenisa? Parece, que al mar se sorben la máquina de bageles que sobre sus hondas corren. Mucha gente desembarza. Escucha, atiende las voces. Si a los Príncipes nos niegan, no se espere nueva orden. Dejadme ver a la Reina. Rosimunda, hermana, no oy es, en nuestras playas los ecos, que a los compases del bronce de tanta marcial Galera, en repetidos clamores a los dos Príncipes piden? Qué es esto? qué aclainaciones son; las que mis mares turban? Ya, señora; se conoce entre mustitud de Naves, nuestra Capitana noble, que fue la Nave en que Abeto pasó a Rusia con tu orden. Mas Abeto llega ya. Cielos, de estas confusiones permitid, que salga luego, sin añadir superiores motivos al sentimiento, que más mi quietud trastornen. A Lelamón, Rusia pide. La Tracia, a Gislerio logre. A vuestras plantas, señora, dejad, que humilde me postre. Levantad, Abeto, y sea lo primero de esas voces, las noticias que me deis, Esos bélicos rumores de mi embajada han nacido; y porque yo no equivoque la causa con el efecto, permitid, que os informe todo el suceso, señora. Ya mi atención os responde. Emperatriz de Citla soberana, Unica de sus Reinos poseedora, Que de Licurgo provida la plana Te ostentas singular observadora: En la paz te veneran mas que humana, Insigno te respetan Guerreadora, Y la Fama, de tus timbres dando alas, Te eleva en medio de Belona, y Palas. Bien te acuerdas, señora, de aquel día, en que a Telamón de Rusia, y Gislerio De Tracia Príncipe; en tenaz porfía En sacros bosques de estetomisferio Hallaste, con sacrílega osadía, Haciendo de tus leyes vituperio: A los dos, Rosimunda, aseguraste, Donde todo el empeño averiguaste. La causa principal del loco empeño, Cada cual a su duelo conformaba, El motivo mayor de tal despeño En el uno, y en el otro disonabas Entonces tu bizarro desempeño Del cargo la averiguación tomaba: Y poniéndoles tregua a sus porfías, A la Corte de Dioscoro me envías. Llegué, señora a Rusia, y en lamentos Su triste gente hallé tan combatida, Que en leales, y comunes sentimientos Lloraban la esperanza ya perdida, De darle a Telamón Reales asientos; juzgando todos, que acabó su vida, Siendo despojo Telamón en suma Del Dios Neptuno en su salada espuma, Ya Dioscoro, su padre, arrepentido, Estaba su esquivez, triste llorando, Del paternal afecto ya movido, Así mismo este golpe está culpando: Al paso que lo siente condolido, Clamores en el Reino va aumentando, Y lloran muerto, con rigor esquivo Al Príncipe, que dejó en Ciria vivo, En este tiempo, pues, llegué, señora: Y por no malograr tan oportuna Ocasión, ni perder tan infeliz hora, Cual entonces ofrece la fortuna, Audiencia pido, mi venida ignora, Recíbeme, sin novedad alguna; Al oír mi embajada, el Rey se altera, y en sus canas el gozo rebervera. Con nueva tan feliz alborozado, Su pecho, liberal me comunica; De no haberle por hijo declarado, El injusto motivo allí me explica: Del lance de la lid vengo informado, Toda la enmia de él, a sí se aplica, Que no tiene, asegura al pecho mío, Aún leve nota de Gislerio el brío. Este odio a Telamón, señora, nace Del presagio fatal, que un adivino Consutado del Rey le satisface, con tan nuevo rigor, y peregrino, Que de un hijo a Dioscoro vasallo hace La superior violencia del destino; Y emprende ya una acción con su prudencia Que acredite de los Astros la influencia. Libremente, ya Dioscoro renuncia En el Príncipe, su Hijo, la Corona; Legítimo heredero ser pronuncia, El influjo fatal así eslabona: Hallazgo tan feliz al Pueblo anuncia; Tanto la lealtad, de oírlo se apasiona, Pues sin que el Rey su ceguedad detenga, clamavan, todos, que al instante venga En fiestas celebres la Rusia ardía, Celebrando noticia tan felice: Por Gislerio a este tiempo se sentía En Tracia la ausencia larga, e infelice; A su Embajador Dioscoro le envía, Y juntamente, que compongan dice, Pacificos los Reinos sosegarse, Pues no puede Gislerio coronarse. Medios buscaba el Rey de componerse, Para templar de Tracia, ardor fiero: Alborozada Tracia, llega a verse, Al saber de su Príncipe heredero; Y sin más en discursos detenerse, A las Aras se van del Dios Guerrero: Y al Mar todos arrojan, como fieras, La máquina portatil de Galeras. Llegó de Tracia la copiosa Armada Por los Mares de Rusia su derrota; Apenas su intención es divulgada, Cuando Rusia se enciende, y se alborota. Conmovida, pues, la Plebe, y alterada También por Telamón venir denota: A Tracia lo proponen, y pactado, En Liga unidos, pueblan el Salado. Al ver confuso yo, nultitud tanta, Apresuro, y dispongo mi partida; El viento de mi amor velas levanta, Y mi Nave del deseo combarida, Alcanzando a las otras, no se espanta; Con los medios, señora, les convida, Mas viene el popular tan loco, y ciego, Que lo quiere llevar a sangre, y fuego. Al gran valor de Rusia, no es posible Invadir. Rosimunda tanto estruendo, Esta empresa se mira inarcesible, Nuestra ruina señora voy temiendo, Solicita el remedio más factible, No te detengas, cuando están diciendo: Teme el furor de Rusia, si se esp Teme, Ciria, rigores de Aunque presunción tan loca todas mis iras arroje, mas irritada me tienen tus necias exclamaciones. Para abatir el orgullo de esas Escuadras, que rompen con acciones tan villanas, los homenajes de nobles: No serás bastante Ciria? Ay Rosimunda, ocasiones en que Ejércitos así sujetan fuerzas mayores. No dudo yo que tu Imperio pacia, la Tracia. arrojar pudiera montes de Navios a esos Mares, mas a estar sin prevenciones de este inopinado lance, aunque lleguen más veloces, llegaré el auxilio tarde. Ay amor! pues tus arpones, para acabar con mi vida, hoy el llevar se disponen a mi amante; porque quede más pasión en mis pasiones? . Señora, en qué te detienes, cuando el peligro conoces? A los dos Príncipes yo, siendo testigos los Dioses, palestra les ofrecí en estas jurisdicciones de Citia, para el día en que ta venida fuese el Norte de Gislerio, cuyo brío, el de Rusia escureciole. Y así, primero que entregue a los dos Príncipes, no ignores he de cumplir mi palabra: pues si algún motivo entonces me asistió para cruviarte, ya motivos superiores para el empeño me asisten: y aunque todo se malogie, es mi vanidad tan loca, que solo intento blasone, como pudo Rosimunda dos avimos tan discordes, (siendo escándalo del mundo) unir en lazo conforme. En esto estoy empeñada, y porque en nada se inobe, a los Príncipes, Abeto, avisad, que los rumores de sus escuadras sosieguen, y después para mi Corte partan, donde hallarán el fin sus alteraciones, Ya te obedezco, señora. . Ven, Fénix, conmigo, idónde por si a mi intento importase, todo el suceso me informes, Ay ausencia, como ya están hiriendo tus gulpes! ap Que habrá traído de Rusia este viejo mentecato? pues a mi amo se lleva, y a mí el irme de contado para la Corte me manda; y aunque el camino no es largo? pues la jornada no es mas que de una milla espacio, se ofrece buena ocasión para divertirse un rato, y ha de ser por ser de gusto, largamente murmurando. Es verdad que el mundo está lleno de genios tan raros, de figuras tan donosas, de entes tan extremados, que ninguno habrá que pueda pasar sus cosas por alto. Señores no me dirán, porqué razón privan tanto los hombres defectuosos? Al tiempo que están hollados todos los hombres cabales, en quien mínimo reparo la naturaleza tiene para más perfeccionarlos? Qué dignidades no ocupa la canalla de los calvos, los tuertos, zurdos, y cojos, potrosos, y corcobados, los mancos, y tartamudos, y otros mequetreses varios, que son todos pura escoria de todo el linaje humano? No es para perder el juicio el ver que monstruos tan raros, siempre han de ser preferidos, para oprobio, y para agravio de nuetra naturaleza? Pues si la están gobernando individuos, que merecen de ella misma ser escarnio; como podrá bien regida, lucir en su gran ornato, cuando en sus obras preside lo que más ha abominado? Esta es la peste que corre, este el infernal contagio, que con sus tachas, contraen los puestos hereditarios, pero yo tan pensativo en mi tema; bien fundado, he venido, que ya estoy, en la Corte, y en Palacio. Entremos a ver figuras: yo pondré que al primer paso tropiezo en alguna Dueña, o con algún otro trasto; de aquestos que en el camino me han venido acompañando. La acción como vuestra ha sido, Aunque en la Citia yo he hallado tan corto abrigo a mis penas, y a mis ansias tal descanso, que parece que el sosiego les es en Citia contrario, de quien soy degenerara, con las armas ostentando en ese Reino mis iras, pues el Orbe ha publicado, que en mi cautiverio soy prisionero voluntario. Abeto, y Gislerio son, los que se van acercando: yo me voy a ver si encuentro al perdido de mi amo. . Aún sin escrúpulo leve, noticiosa de tu garbo, está, Gislerio, la Reina; y en habiéndola informado, como el valor de los tuyos. valeroso, sosegando, les mandase solamente, que si descompuestos algo los Rusiós acometiesen, los tuyos de Marte rayos escándalo fuesen de ellos, para su ruina, y su daña no hay duda, que su esquivez la convertirá en halagos. Qué intenta hacer Rosimundas para qué nos ha llamado? Al discurso no le es fácil penetrar los soberanos juicios de la Reina. Solo cuando me mandó llamaros, me dijo: como cumpliendo a lo que tiene pactado, quiere a vuestro antiguo duelo darle ya fin, sosegando con ruegos vuestros rencores: y si no en sangriento campo, que componga la Palestra, lo que el ruego no ha alcanzado; Válgame el Cielo! que sean tan esquivos, tan tiranos, contra mí los Astros todos? ya que a la luz han sacado mentiroso a aquel traidor, que mi valor infamando retó el noble empeño mío, en la astucia de villano. Disponen, que llegue a tiempos cuando yo desesperado, la belleza, que fue Norte, la miro para mi Ocaso. Qué he de hacer Cielos! si en mí este divino milagro, al paso, que su esquivez amor va experimentando nueva llama, nuevo incendio, nuevo ardor, y sobresalto, en cuyo volcán activo, Alo remedio, sin amparo, sin cordura, sin alblo, y sin esperanzas, hallo, que perezco, muero, y rindo, y sinalmante me abraso. Singular, señor, ha sido la grandeza, y aparató, que Rosimunda logró al entrar en su Palacio. Muy debida es a los Reves la atención de los vasallos. Qué intentará Rosimunda? Artojo es estraordinario el de sus gentes, señor. No hice poco en sosegarlos, Zóquete, según hallé a mi Ejército alterado, por llevarme a Rusia, donde ya mi padre más humano satisface generoso a los oprobios pasados. El Príncipe Telamón, ya parece que ha llegado. Aunque la liga haya unido a los Rusios, y los Tracios para la empresa conformes, con todo al ver mi contrario, en nuevo furor me incito, que aunque del mayor agravio no quedase causa alguna, solo aliverle, me arrebato, porque aunque todo faltase, los celos nunca faltaron. Qué rumor es este, Abeto? Será, señor, que a este cuarto ya querrá salir la Reina. Ya, señor, hacia este lado entrando va mucha gente, y Alcina; si no me engaño, entre muchas Damas viene. Ya mi mal estoy milando. Este será de tu vida, amor, el último plazo. Este será de mis celos el último desengaño. Quieran los Dioses, que hallen a Venus, y Marte hermanos. . El mejor remedio fuera dejar a los dos por Baco. Príncipes de Tracia, y Rusia, que a mi Corte convocados por mi decreto venís; atención, que yo os hablo. No es necesario deciros, ni repetir necesario el origen, de aquel duelo, de cuyo empeño fue campo el sagrado de mis bosques: baste decir, que infamando. os hallé el sagrado sitio, (omito todo este cargo, y otros muchos, pues sabéis, que a mi noticia llegaron.) Ahora; pues, solo os busco atentos, prudentes, sabios. Bien sabéis, que vuestro empeño sobre mis hombros tomando, os ofrecí; que algún día en mi Reino, señalado, sería del ofendido, victorioso desengaño Ya, pues Príncipes, llegó este día señalado; no porque en marciales luchas vuestro valor ocupando, deis más tesvino a las iras, si, porque en estrechos lazos, hagáis los mismos rencores de ansistad razón de estado, Doscoro; y toda Rusia, a voz ya publicando, como en Gislerio no hubo, en aquel lance, tan arduo, de aquella infame cautela, aún el mínimo reparo. La razón lo persuade, pues así se está culpando Dioscoro al tiempo mismo que el Cetro, y Laurel Sagrado en Telamón le renuncia; y si no vedlo más claro en esas Escuadras, que la antigua saña, olvidando en la liga están voidos, para la defensa de ambos. Esto, Prie ipes, os pido, esto de quien sois aguardo. Ningún disturbio a, ni Imperio se seguirá, de que osados en cualquier tiempo los dos las Vanderas tremolando, el uno sea del otro, despojo, volcán, o rayo: Pero estoy tan empeñada en ser el iris de entrambos, que aún no crepera de mí haverme empeñado en tanto. Y advertid, que Rosimunda es de natural tan vano, tan soberbio, y tan altivo, tan singular, y tan alto, que habéis merecido en ella un extremo tan extraño, una fineza tan loca, una lujeción; y es llano, que lo que la Reina pide, Rosimunda está ignorando. Rosimunda soberana, que con razón, por milagro logras de los corazones las víctimas, y holocaustos, Aún siendo, señora, yo, solamente el agraviado, por dos que toca a este empeño, do si dos modos me aparto. Siendo vos la medianera, qué a tu voz obedezcamos, es precise, mas mitad. Pero advertid. Qué ha causado. Que en la Citia. Que en tu Imperio. Nuevas iras. Nuevo agravio. De una pasión, tan violenta, De un desprecio, tan tirabo. Que aunque más olvidar quiera, por tan imposible lo hallo. Por tan difícil lo admiro, aunque más quiera olvidarlo. Esta pasión. Este incendio. Bastas callad, sosagaos, que también he de apurar esos incendios villanos. Aunque de Fenisa sé, que solo el de Rusia ha hallado correspondencia en la Infanta: ahora tengo de apurarlo, y ha de ser con un remedio, que será mi desengaño. Alcina? hermana? Señora? De tanta inquietud, es claro, que has sido el motivo sola, y para evitar su daño, dale la mano a Gislerio. Fiero rigor! qué he escuchado? . Qué es esto Cielos que he oído! . Rosimunda está soñando! . Alcina en qué te detienes? Sola su respuesta aguardo. . Mi Reina eres, y señora, no pudiera yo negarlo; pero sabe Rosimunda, que aunque tu dominio es tanto, goza exenciones de libre el Imperio de mi mano. Eso sí, vivamos alma. . Vivamos alma, vivamos. . Pues como loca, atrevida. Cuando ya tan clara he hallado. satisfacción a mis celos, seré de la Infanta amparo. Así mi mano no es libre. Nadie intentará estorbarlo; pues para empeño tan noble, me tendréis a vuestro lado. Y a Tracia iré, Rosimunda, por los Mares publicando tu altivez, y mi desdicha. Os quejáis, Gislerio, en vano, pues sabed, que habéis vos sido quien mi altivez trastornando; con vuestra presencia solo, mi condición se ha trocado. Buen ejemplo, pues conmigo toda Citia os alargo. De tu mano es el Imperio, Imperio más seberano: Hay dicha cómo la mía! Dios os haga bien casados. Aplaudid a vuestra Reina, Citios, por el mayor Astro de la paz, cuando ya todos a su ejemplo confesamos. No Abrá mal donde hay Mujer por ser el Itis humano. Y el Autor de esta Comedia, espera ver perdonados sus defectos, por escritos en el Abril de sus años,
