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Texto digital de No está en matar el vencer

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
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Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No está en matar el vencer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-esta-en-matar-el-vencer.

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NO ESTÁ EN MATAR EL VENCER

JORNADA PRIMERA

Esto (generosa estirpe del Godo perdido Imperio) es Zamora, y no tendréis por mal advirtido acuerdo, que os repita, que es Zamora esta Ciudad, pues suspenso en el murado edificio, que es de las Estrellas lecho, sobre cuya almena suya, parece que extran mexpunable tanenose, por tu fánrica, y su piiento la juzgo, si de padrasto, a tan elevado lienzo, el primer móvil no sirve, porque para su hemisferio, aún no es Alcázar vecino, el promontorio del viento, desotra par te la sirve, muralla de onda de su fugitina plata, tan hidrópico, y sediento, que a no despeñar su curso en el salobre elemento, con su cristal inundara del campo el florido Imperio, este imposible venimos a facilitar, y temo, que si se atrasa la industria, se ha de adelantar el riesgo. Don Sancho vuestro Rey soy, harto la empresa encarezco, con decir que soy Don Sancho, y aña dir que la recelo: bien sabéis que soy aquel, que con no imitado esfuerzo, a Zaragoza he rendido tan osado, tan expuesto a los ojos del peligro, y de la suerte a lo incierto, que una Ciudad tan esenta de la ley del cautiverio en el premio de rendirse vino hallar su mayor premio; el mismo soy que a Ramiro Rey de Aragón, feliz Reino, desbaraté junto a Grados, tanto su orgullo oprimiendo, que al ajustarnos los dos, a mi lanza por sus tercios, la humaba prenda pagando, la dejó a elección del hierro, para que saliese el alma, por la espalda, o por el pecho; los Cristianos, y los Moros desde entonces me temieron por esto como sabéis, y me temieran sin esto; por aquestas, y otras muchas acciones que no refiero, me dio el nombre de invencible de la inmortal fama el eco: bien sabéis como mi hermano Don García, fue el primero, que a la nueva división de estas Coronas opuesto, la mitad de su Infantazgo quitó a mi hermana indiscreto, siendo motivo bastante, para que contraviniendo como siempre mi razón a este bárbaro concierto, con que nos dejó mi padre de partición el Imperio, sujetar quisiese a mí, lo que a mi nació sujeto; quítele en fin a Galicia, mas no fue el fin de mis hechos, pues viendo que Don Alfonso se hallaba injusto heredero del patrimonio que a mí quiso vincularme el cielo, por quitarle la cuartana al Leon que quite a mi hermano a León, que desarrugando el ceño, y sacudiendo la indócil melena de rizos crespos, domó la cerviz exquiva al yugo de mis preceptos: Rey me hallé de tres Coronas con esta hazaña, teniendo sin peso de mis vasallos, tantos dominios en peso: un Toro bramaba entonces, que estaba sañudo, viendo que su espíritu tenía femenil maroma preso, y para triunfar de un bruto, tan constantemente fiero, le desaté de aquel lazo en que tuvo el cautiverio de mi hermana Doña Elvira, porque de arrogancias lleno compira ferocidades, un ceño, con otro ceño. Este soy; y osado ahora, llevado de mi ardimiento, de mi razón asistido, a Zamora a rendir vengo: cuerda empresa, que aunque algún la han juzgado desacierto, no sé que advertido sea, quien dice que sin acuerdo, lo que de derecho es mío, lo tomo contra derecho. Ea Cid, ea vasallos valerosos, sujetemos esta Ciudad, y sus muros, pues tan fuertes os contempl que fuera ofenderos mucho, que yo os empeñase en menos? valientes sois, y leales, y en fe de serlo, confieso, que a vosotros Castellanos mas ser que a mi padre debo, pues ya con la sangre propia, ya con el dolor ajeno, calificando mi brío, Monarca me considero tres vec es por mi valor, y una por mi nacimiento. Dete Dios tantas victorias que te envidien cuantos pueblos desnudos abrasa el Sol, hiela vestidos el Cierzo: bien quisiera disuadirte, señor, del presente intento, que habiendo sangre Africana, mal la Castellana vierto, y más cuando por la tuya, es la tuya la que ofendo: mas reparando tu orgullo, tanto me inclino a tu aliento, que aunque reuses brioso, y intrépido mis consejos, se dejan llevar gustosas mis quejas de mis deseos. Mucho más de vos confío que de vuestro heroico aliento, un solo amago es ofensa, sola una voz es trofeo. Los que aquí, señor, sobramos de valde encareceremos, atenciones que se quedan solamente en el silencio: el valor de un Don Rodrigo de Vivar, ofrezca extremos de su espíritu invencible, pero los demás sujetos, hagamos lo que sentimos, sin ofrecer lo que hacemos. Vuestra espada me asegura crecidos triunfos, Don Diego Ordóñez, primo, y amigo, porque en todos mis sucesos es vuestro ardor muy conforme stro: Cid. . Sañor? Id a Zamora. Si han merecido mis ruegos, y mi amor. . No repliquéis, lo que habéis de hacer es esto. Pasamano. . Señor mío? Qué hará el Sol? Dar luz al suelo. No es eso lo que pregunto, el Sol a cuyos reflejos, ceden las Estrellas rayos: adónde estará? . En el Cielo, eso tiene alguna duda? Ya estás pesado. . No creo, señor, que con lo que como estar muy pesado puedo. No lo has de estar, cuando igno que el Sol, la luz, el aliento, (ras, es astro el fatol, y el rayo? El relámpago, y el trueno? Es Beatriz, cuyas Estrellas vibrando arpones de fuego, de sus desperdicios, forma la noche lucido Imperio; estás ya en lo que te digo? Sí señor, y pues lo entiendo, digo que el Sol estará preñado. . Qué dices necio? De resplandores faltaba por añadir al conceto. Esto haced, que esto me importa Digo señor, que obedezco, aunque quisiera advertirte, que es gastar en vano el tiempo pensar que tu hermana Urraca, teniendo tanto derecho ha de entregarte a Zamora, pero ya que estás resuelto a que yo vaya en persona a proponerle los medios que hemos con que tiene por Consejeros a mi primo Arias Gonzalo; y a Bellido Dolfos, siendo tan unidos, y conformes en su aclamación, que creo señor, que de mi embajada no ha de admitir el concierto. Poco en ello aventuramos, y pues sabéis el trofeo, sin batalla es más glorioso, que sepa mi hermana quiero, que comienzo por piadoso, por no estrenar lo violento, pendiente vuestra respuesta, y vuestra person a espero no excedáis de lo que os digo. Es preciso obedeceros. Ay Pasamano! Es costumbre, o dolor? . Dolor severo, de una ausencia que me aflije, con rigores de recelos. Quítale el re, que no es solfa tu amor, que a los, yo tengo celos muy claro los llamo. Pues tú sabes tener celos? Y más que son Riojanos, y los hago yo Extremeños. Extremeños? no lo alcanzo. Oh saludable instrumento, mira señor, mis pasiones son de su monte, y por eso no discurro flligranas, de andar trazando, y poniendo cautela, contra cautela, desprecio, contra despreico; ni contra un desaire, unchisme, ni contra un agravio, un ceso, ni conera un smpiro, un llanto, si no que en teniendo celos, oS, la pacada, y puña sece Como quien eres discurres. Señornío, yo me entiendo, Óyeme agura, y sabrás de mi cuidado el secreto: con Doña Bearriz, amigo, tengo trazado, y dispusto; que en esa isleta que al río hace apacible paseo, salga al descuido, que yo la sacaré a todo riesgo, para que a pesar de todos sus hermanos, padre, y deudos se logren las esperanzas de nuestro amor verdadero. No está dentro de Zamora? De allí sacarla pretendo con la industria que te he dicho y has de acompañarme en ello. Señor tú te has olvidado de persignar. . Majadero, qué dices? . Que si hoy la Cru en la frente hubieras hecho te hubiera librado Dios de tan malos pensamientos. No sé porque causa has dad en contra decirme necio. No es esto contradecirte, sino advertirte primero, de que es hija esta señora, de Arias Gonzalo, a aquel vies que es primo hermano del Cieo y válido cuando menos, de la Infanta Doña Urraca a quien sitiada tenemos y que la tal Beatriz tiene, entre otros primos, y debd manitó lampiño que es lapiel del diablo, y temo que este Periquillo de Arias, que así se llama, es un Leo con ser Aries, y sin duda si alzar figura queremos debajo de las Estrellas, no habrá peorsigno que el nuestro A quién firmemente adora no le adasallan los riesgos. Mira, señor, lo que intentas, porque Beatriz. . Ea necio, calla, y sígueme, que yo no he menester consejeros; y si otra vez me replicas, cobarde, viven los Cielos, que has de probar mis rigores. , Pues si no tiene remedio, Pasamano, Costancilla os mira a vos, como al sesgo, pues ha de entender Costanza que sois algún chihumeco? que? toca Tarara España, cierra Costanza, y a ellos. . No bles vasallos míos, cuyos nobles alientos, fuertes bríos, ensanchan las noticias de Zamora desde donde el aborto del Aurora, a costa de sus lágrimas se cría, hasta donde otra vez se apaga el día: mi hermano, qué rigor! Don Sancho fiero, nombrarle otra vez quiero, pues hantéis menester entre mil luchas para una vez creerlo, oír lo muchas: después que a tantos ha desposcido, de lo que, como veis, nos ha cabido, con la ambición que el corazón le enciende esta Ciudad avasallar pretende a su estendido Imperio, y en mí es menos atroz el cautiverio por vivir tan rémota a su cariño, porque nunca le he visto desde niño; tanto, que si hoy le viera, ni él a mí, ni yo a él le conociera. Vasallos para lanzes tan estrechos, despuso el Cielo tan bizarros pechos, resistid a su orgullo, con tal brío, que te conozcan que es vuestro el honor mío, que aunque mujer me veis, si enfurecida depongo el embarazo o adorno, y el pavés embrazo, del Regi hacer verdad la fal de cuando amor por un acaso fuerte, trocó sus libres flechas con la muerte. Infanta, soberana, del pensil Español, flor Castellana, no venzan tus temores de tu hermano los bélicos furores, para hacer menos noble tu fortuna, que para esta ocasión sin duda alguna, la fama, que por darme aplausos lidia, me preservó del tiempo, y dela envidia; cuida de tu descanso, y tu regalo, pues cuida de tu vida Arias Gonzalo. Y cuando de la parca el golpe duro desmoronase de mi padre el muro, llegando a flaquear firmeza tanta, en mi deja una planta, tan de noble, al rigor más impaciente, que se ingiere en laurel para tu frente, y en cuanto en mi durare el verdor noble tú has de hallarme laurel, tu hermano roble, Yo que en vuestra defensa siempre he sido escudo que en los riesgos repetido publique mi valor, y mi denuedo, aseguraros puedo que primero ha de estar sin luz el día que sin este tesón la lealtad mía. Noble Bellido Dolfos, mi cuidado vive de vuestro afecto tan pagado, que fuera en no mostrarme agradecida dejar, vuestra fineza des lucida: mas que señoro acento, serenando los ímpetus del viento, forma señas de paz? . Un caballero, intrépido, solícito, y ligero, sobre un bruto veloz que oprime osado, a los muros se acerca confiado. Con un blanco pendón hace llamada. Sin duda de tu hermano es embajada. Y que es el Cid presumo, según veo, mi des ed que abran las puertas. Ya las halla, señora, tan abiertas, que sin hacer la guarda resistencia le han dejado llegar a tu presencia. Hasta llegar a mirar el Sol que venero aquí de vuestra Alteza, ninguno me ha de poder reprimir, aunque se estrague el decoro de vuestro respeto así; dadme los pies, bella Infanta. Mis brazos aguardan, Cid, que les deis este buen rato que esperaron siglos mil. No he de negarme a favores, que solo pudo adquirir voluntad tan bien nacida. Sentaos Cid. . Mucho subís mi vanagloria, y recelo que si me atrevo admitir tantas honras, vendrá a tienra el edificio gentil. Deudas pagadas no obligan al acreedor, advertid que esa silla es para vos, y esta, Cid, es para mí. No réplico, si me hacéis tanto honor por persumir que aquí mi afecto me trae, mal, señora, colegís, que yo como Embajador de mi Rey, vengo a decir a vuestra Alteza en su nombre lo que le obliga a venir a veros de aquesta suerte. Más justamente que a sí esta deligencia a vos (cho os ha fiado, decid. Vuestro hermano, el Rey Don San a quien del bronce el búril le dio el nombre de invencible al son del parche, y clarín belicoso en la campaña, y en los asaltos feliz al volumen de sus glorias quiere otro triunfo añadir, y para mejor lograrlo por mí os envía a pedir, que le entreguéis a Zamora si de entregarla os servís, y que en retorno en habiendo de llegarla a recibir, a Medina de Río Seco a Tiedra, a Valladolid, y a Villarpando os dará, haciéndoos restituir en el Infantazgo entero, porque no juzguéis que a fin de alzarse con todo, quiere estos Estados unir; porque el ánimo que tiene es dar a entender así a todos, que por él todos han de mandar, y lucir, y emprende que por su mano gocéis lo que conseguís, que a tanta empresa le llama su espíritu varonil. Y si yo se la negare, qué hará? Tomárosla. . En fin yo he de quedar sin Zamora? Si el Rey os ha de suplir, y aún aumentar vuestro Estado gananciosa a ser venís mas que quedaros sin él. Ahora bien, yo he de seguir en todo vuestro consejo, quiero acordaros aquí de que el Rey mi padre cuando estaún para lus hijos os e cargó, yo Cid, unos de ellos fui, por vuestra cuenta coremos Don Sancho, y yo, y pues cumplís con él en lo que habéis dicho, conmigo habéis de cumplir: yo me hallo neueral, y tanto, que un recelo femenil mis pensamientos los combate, como quien sois me decid lo que debo hacer en esto, Embajador os oí, Don Rodrigo de Vivar os oiga ahora, medid la obligación que tenéis a la verdad que decís. El corazón me enternece . que es mujer, yo estoy sin mí: jamás bestido de acero, en fiera sangrienta lid, estremeciendo los campos bruto Africano te mí como esta respuesta. . Hablad. Cómo he de hablar si al salir las razones las embarga tante empeño. . Acabad, Cid, pues siento yo lo que habláis, hablad vos lo que sentís. Pues digo que no entreguéis la Ciudad, digo que sí, . que la entreguéis: Caballeros . si es que habéis llegado a oír lo que a su Alteza aconsejó que hagáis lo mismo advertido porque si de la Ciudad la entrada me resistis, tantas vidas a la muerte mi espada ha de conducir, que solo el que hallare el Cielo se ha de hallar seguro allí. Eso fuera a no estar vivo el ques esa arragancia. . Vos primo haréis mal si os resistis, pues seréis de los primeros que ha de esmaltar de rubí mi espada. . No ha de ser síe la vuestra la más feliz. Defenderé yo sin vida, y con ardor jubenil que vive en mí, mo straré lo que heredando nací. Es muy temprano, sobrino, y aunque os pudiese infundir vuestro padre su valor. con los años lo encubrís. El valor no busca edad, ni necesita el reñir de más años que el coraje; acaso me han de pedir fe de bautismo los que conmigo traben la lid? Vos tenéis mucha razón sobrino, pero advertid, que hay mucho desde la voz a la fuerza varovil. Yo tengo las que le afaltan, para haceros resistir esa vanidad. . Bellido vos lo entenderéis así, mas de la duda, y del mundo os haré presto salir. Será muy difícil, cuando me tenga a su lado, y si esto intentáis, será en vano, A no estar su Alteza aquí, a vuestro padre, y a vos, y a Bellido, mi sentir dijera de otra manera. Aunque del alto Zenit lloviera Cides el Cielo no bastaran para mí. Bien creo que no bastaran, sueño máns Sodéis decir, que manos blancas no ofenden Siciliano espín rigor las mías: Con vos no ha de competir, no por nájar de venceros, sino por vencerme a mí. Bien está, yo os buscaré, porque al campo he de salir. Al campo? haréis vos muy mal, porque un Narciso gentil, mucho mejor que en el campo parecerá en un jardín. Claro está; para ser áspida venenoso. . Bien decís. Bueno está, Cid. . Ya lo dejón No piensen que tardáis, id, y al Rey Don Sancho mi hermano, cuando os salga a recibir, pues vos me hablasteis por él, vos le responded por mí. Yo haré lo que me mandáis. . Arias Gonzalo, venid. . Ya obedezco a V. Alteza. . Nunca tan ciego me vi. . Vive Dios, que a no tener respeto a suedad, que aquí fuera mi venganza estrago de menosprecio tanvil. Estas nuestras trendas son, pierde Beatriz la extrañeza. Dichosa fue su fineza pues logro mi inclinación, Esta intrincada espesura, que del Sol se deja ver apenas, sombra ha ser a mi dicha, y tu hermosura, aquí estarás, y esta noche, mientras la tiniebla fría, como vasalla del día, conduzga el nocturno cocas, a aquesa primera Aldea te llevaré recatada, dónde estarás retirada sin que tu tío te vea; y después que a ver llaguemos el fin de aquesta conquista, en dulce unión a su vista, mejor su gracia hallaremos, La vida, el ser, y el honón te ha rendido mi albedrío, y siendo tuyo no es mío. El decoro de mi amor has de veré hoy, en secreto ralgos de un amante fiel. Solo es fino amor aquel que empieza por el respeto. Costanza, y constancia mía, más firme que una pareded que por hacerme merced, perderás un señoría? ya estás donde podrá en vand el fuerte de tu opinión perder, pues por guarnición, tiene aqueste Paljamano que te truje, decir puedo, con mil riesgos peleando, pues me venían cercando, diez batallones de miedo, Acción de tanto valos arguye en ti calidad. Es tanta mi calidad, Costanza, como mi amor, y pues el cielo es servido de que logre tus favores, óyeme, porque no ignores a quien llevas por marido, Dime primoro porque, pues te precias de tan vano, te llamaron Pasamano. Escucha, y te lo diré: a sabes aquel exceso, que hizo Caín, cuando de él se dejó matar Abel, a bofetadas de hueso, mostrando así lo profundo, liberal, y Caballero, pues fue Caín el primero que supo dar en el mundo, huyó pues, porque a galeras no le echasen, el traidor, que como era labrador le fue fácil alzar de eras: en los montes que más lejos hallaba, en esos vivía, pasando cuando bestía, su pellejo de pellejos, viole, pues, Lamec con traza de hombre, yendo a caza un día, que como cambral no había se pasaban con la caza, yo paso dijo; al sentillo este bruto, aunque me asombre, que si este animal es hombre, quiero tirar al codillo; acertó una flecha impía, y se la clavó derecha en la mano, cuya flecha fue su postrer agonía. Todos los que en aquel llano vieron como le tiró, y la mano le pasó le llamaron Pasamano, de aquí para tanto bien, los que por nombre tenemos, Pasamano procedemos, familia amiga, con quien no habrá Cristiano, ni Moro, que no tenga conexión, y las armas nuestras son un Caín en campo de oro, con que a ninguno dirán, que en antiguedad cedimos, supuesto que descendimos, Pues Beatriz en este a meno apacible sitio verde, cuyo espeso bosque dista, tan poco de los cuarteles, las dos os podéis quedar, que importa que cuando lleg no me eche menos el Cid, y que con el Rey me encuenteo Mas temo al Cid, que a mi pad porque desde mis nineces en su casa me ha criado, y un año habrá solamente que falto de ella, porque mi padre quiso traerme a Zamora con la Infanta, como tu bien sabes. . Cese tus recelos, porque yo lo dispondré de tal suerte, que nuestro amor se asegure. Vete pues, y aprisa vuelve. Oye, vaya como un rayo, y vuelva como un conete. Quién calla otorga. Ay Costanza! a que de riesgos se atreve ciega, quien de una pasión se deja llevar tan fuerte. No serás tú la primera que por el amor se arriesgue a extremos tan desusados, confusa el lance me tiene: habiendo de ser tu esposo, Don Diego, no me parece, que es delito la osadía. y más cuando es evidente, que tu hermosura idolatra. El honesto fin que emprende mi afición. . Señora aguard que si mi oído no miente, no se que ruido en las ramas, de estotra parte se mueve. ̱. Hijo adoptivo del aire, que en el papel de tu frente, Coronista de tus años, vuelta arismetica ofreces, leespera, que este venablo, seas venado, o siluestre ent exhalación, que a las cumbres te subes por defenderte, pad será tu fatal estrago, mas nada; o poco te vence, pues veloz buzo del aire, todo el Occeano bebes. Ay dé mí! un bizarro joven hacia donde estamos viene, esoe Quédate por triunfo inútil de esas peñas. . Esconderme equisiera. . Mas quién de mí el e esconde; mujer detente, espera, aguarda, no así te retires. . Quién detiene con desatención mis pasos, los fueros de noble ofende. Jamás vi tan bien partida . la púrpara con la eve; perdonad prodigio hermoso mi grosería, que al verme arrebatado en el cielo de vuestro divino oriente, perdió el timón el dircurso, y solo saber pretende quien sois, y con que motivo, tan cerca de los cuarteles del Rey Don Saucho, venís a introducir más ardiente guerra de amor, disparando de vateria de clabeles. Caballero, pues el modo de que lo sois bien se infiere, yo os pido que os retiréis, es que por mujer merece mi ruego atención tan noble. Ved que de todo accidente, libre estáis, si os acompaño; el temor no os de saliente, pues nunca vuestra hermosura, pudo más segura verse, así una vida señora, de vuestro Sol lo estuviese: no vi más divino asombro! . No vi galán más corriente, y desenfadado. . Nada os importa a vos ponerme, a peligro, cuando yo os le doy por evidente. Peor está quien ha pasado, desde el peligro a la muerte. Dejad las curiosidades al plebeyo, no os desvele cuidado que no os importa, y a mi algún riesgo me tiene. Saber quien sois solo intento. Es imposible. . Y si fuese un Príncipe soberano quien ese imposible emprende, tendría alguna esperanza de saberlo? . Antes ser puede como es mayor la distancia, mayor el inconveniente: y así. . Escuchad, y veréis como mi razón os vence. Aquí dejamos las dos. Las dos entres se convirten El daño que a atajar vine, ya está sucedido, tente, y escuchemos escondidos. No sé como os considere, que en vos la beldad atrae, y la discreción suspende. Si acaso pensarayo, que pudierais conocerme, ya os debiera salifanja pero si el verme os ofrece la ocasión, que dais de honrarme, venís con ella a ofenderme, y las mujeres que nacen, algo más que otras mujeres, desestiman lo que son, si estiman lo que parecen. Vive Dios, qué es esto más , de lo que pensaba siempre, por lo que es la joya estimo, sin que extrañe el accidente, y fuera negar los rayos al Sol, como delincuente, en el error de iguoraros si por deidad no os tuviese. Aquello que el Rey ensarta, qué significa? . Mi muerte. Déjale al Rey esta alhaja. Cuánto más la causa crece, se aumenta el deleo más. Mayor hazasa es vencerse. Es ya invencible mi amor. Déjame salir. . Detente, calla, mira, y considera. Qué importa que consideré, si adoro a Beatriz. . Señor, con los amos no es decente partir peras, más Beatrices porque no, principalmente cuando ella, traza de ser tan buena partida tiene. Vete, y déjame, ignorante. Volme, y déjote, prudente. . Aquí dicen que ha bajado el Rey, mas ya le descubro. deme los pies Vuestra Alteza. Qué miro! Yo estoy confuso. Qué hubiese de ser el Rey! Cad, os turbais? . Si me turbo dadáis cuando hieros yo con mí s la hija de Arias Gonzalo? Válgame el Cielo! qué escuc Así gran señor se tratan. Lo que he de hacer dificulto, si satisfago, me ofendo, sino respondo, me culpo, y quizá de entrambos modo? aquesta mujer desluzgo. Cielos que haré en tanto riese con nuevos cuidados lucho. Vos, señor, con tal exceso ultrajáis por medio injusto un sangre que es tan mía? Perplejo estoy, y confuso. Ahora me importo yo, aquí mi esperanza fundo. Cid, Beatriz hermosa, tiene dueño que idolatra el culto, el respeto, y el decoro de los vellos ojos suyos; por mi salió de Zamora a lograr el premio justo de mi amor, siendo mi esposa, y a este sitio por oculto la conduje hasta tomar a más noble intento el rumbo, que el Rey mi señor no ofendo su nobleza. . Restituyo a las venas el coral, que hurtado hasta ahora estave El deshacerse mi duda, hace mayor mi disgusto. Perdonadme vos señor, vos dadle la mano al punto, porque yo me satisfaga. Yo con mi pasión no cumpl A si así mi daño no arajo. Ese es el sin que procuro. No hagas tal Beatriz, y mir que lo estorbo yo. Qué escucho! Verás si le das la mano, de su vida el fin caduco. qué he de hacer, si no obedezco . al Rey, la vida aventuro de Don Diego, y si le niego la mano, mi honor desluzgo. Qué aguardáis Don Diego? Yo estoy sin alma. Es muy justo: esta es mi mano, Aay querido, esposo, tu muerte busco. Qué dudas Beatriz, no llegas? Yo señor: mares fluctuo, . sin dar a mi padre cuenta, a dar el si no me ajusto. Cómo que no? vive el cielo, que todo el dominio junto, de tu voluntad ahora, has de sujetar al yugo. La mano Beatriz me niegas? quién a tal error te indujo? Como no miras mis ojos . para que te diga mucho. qué en fir Beatriz me engañabas? no era capaz de tu gusto Don Diego Crdonez? . qué es esto. El vano temor desnudo, . que no ha de tener el Rey mi fineza por insulto: esta es mi mano. . Oh tirana! . tan presto el recelo tuyo se mudó, pues yo también Beatriz de consejo mudo, y no he de casarme, hasta saber de tu padre el gusto. Eso sí. Pesado empeño. Logre con la industria el triun- A que los dos dilatéis (fo. el casaros no me ajusto, que adonde el honor milita, ya no tiene imperio el gusto. Esta es mi resolución, Y esta es la mía, y si al punto. Ahora bien Cid, por mi cuenta que de aquesto, y mientras cumplo de Beatriz con la opinión, y sus bodas efectuo, de esa quinta, en que la corte tengo en un cuarto, que junto del mío está, cuya estancia por menos capaz no uso, llavad Gucierre a Beatriz, y con el decoro justo, que a su calidad se debe, será asistida, con sumo cuidado, mientras que yo estos enojos ajusto, que de Beatriz, y Don Diego, las convenencias procuro. No tengo que replicar, pues nadie como vos juzgo, puede mirar por su honor. Venid los dos. Más seguro tendré ahora vuestro amparo, esto, y morir todo es uno. . Dejadnos solos Don Diego, Mi vida dio sin oscuros, abismos de confusiones navego en mar tan profundo. Decidme ahora si hablasteis a mi hermana. . Pues quién pues ser a mi embajada estorbo? (do Lo que responde os pregunto Qué gocéis vos lo que es vuestro y ella goce lo que es suyo. Que fue muy vuestro el consejo se conoce en el orgullo con que me lo proponéis. Yo de la pasión desnudo siempre os digo lo que siento. En veros tan importuno, y opuesto al dictamen mío, conmigo acá dentro lucho, sobre hacer demostración con vos de un enojo justo, que sirviese de escarmiento para los siglos futuros; pero encárgome mi padre vuestra persona, y procuro, obedecerle en aquesto. En todo fuera más justo. Ah mucho tiempo que yo con mi hermana afable os sufro. Quién ampara vuestra sangre, no os hace agravio ninguno. Siempre mis hermanos fueron de vuestra piedad asunto. Sí, pero siempre mi brazo en vuestra defensa estuvo. Yo para adquirir Imperios neutralidades no busco. No ostante esa razón siempre lo que mandáis ejecuto. Yo no os puedo sufrir más, que os vais desterrado al punto de mi Reino es lo que os mando. Obedeceros es justo, y no tardaré un instante, sin que en los hombros de un bruto, que presume de obediente, lo que de leal presumo, me alege de vuestras tierras. Sabe el Cielo que me ayudo de mi enojo para hacerlo, porque os dejo muy desnudo de consejo, y he de haceros mucha falta. . Así lo juzgo; pero yo me basto a mí. Monarca os venero Augusto. No os he menester tan grande. Ni yo os quiero tan sañudo. Yo no tengo dos Imperios? Conserucos el Cielo el uno. Yo os guardé mucho respeto. Yo os adquirí muchos triunfos No hay más que un Rey en Castilla Ni más de un Cid en el mundo.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Aquí viene mi señor con el Cid. . Decid que paren los quinientos caballeros que del ejército traje a salirle a recibir en lo ameno de este valle. Favor extraño. . Ya el Rey mi señor tenéis delante. Excesos son de su amor, quiero Don Diego alargarme, para ser tapete suyo cuando llegue: deme. . Dadme, Vuestra Majestad. Gran Cid. . Los pies. Los brazos. . Hoy hacen la Majestad, y el valor oposiciones afables. Vos me habéis de dar los pies Los brazos habéis de darme. Señor. . Cid en esto solo veréis que somos iguales, pues a vos os llamo yo, lo mismo que me llamasteis, porque esta palabra Cid, en lengua Africana vale tanto como señor, luego ya es indicio de igualdades si vos me llamáis señor, que yo a vos señor os llame. así desterráis la ofensa, señor, del que desterrastis, felices son los castigos no dejéis de castigarme: ayer airado conmigo me arrojó vuestro semblante y hoy conmigo cariñoso vuelve a recibirme afable: Crezcan las penas señor, y pueda el juicio turbarse de haber visto esta vez solo tan airosos los desaires. Ya he experimentado en vos la lealtad de las lealtades, yo severo, vos quejoso, yo importuno, y vos constante nos despedimos ayer, para que fuesen señales despediros de pediros palabra famoso Marte, de que habéis de ser mi amigo, hasta que en urna de jaspe sea este animado cuerpo inanimado cadaver. Eso si que es ofenderme, eso si que es agraviarme, y no el destierro, señor, pues dificultáis que yace toda el alma a vuestros pies. Hola vasallos, besalde la mano al Cid. . Yo seré el primero en venerarle. Qué hacéis Don Diego, esperad queréis que vuelva a arrojarme al suelo? Don ya envuestros brazos me alzo con honor más grande. Pase amano, Pasamano, desde el dichoso alpárgate de que ahora es escarpín su boca. . Los pies Reales solo soldado se besan. Con unos mismos linajes de respeto han de tratar Cid nuestras dos Majestades, siempre que os nombren señor haré que todos os llamen, partiré también con vos cuantos Reinos sujetare, esto a vuestra sangre debo, debed, pues, esto a mi sangre mi padre os tuvo por hijo, yo os he de tener por padre. Donde vas fortuna mía, el eje no desencajes, que si mueves más la rueda podrá torcerse, o quebrarse. Ahora bien Cid, ya Zamora podrá resistirse en balde de mí, cuando os tengo a vos; qué habemos de hacer? Qué os pague tomo fiador Zamora la deuda en que me empeñastis; empiece yo a agradeceros en el horrible combate estas grandezas; al muro valerosos Capitanes, el Cid asalta a Zamora, porque quiere en ella entrarse huyendo de tantas honras como el Rey Don Sancho le hace, Tocad al arma, y seguid de su persona el avance, y advertid, que deja dicho, que aunque suba por el aire, le ha de buscar en Zamora el que quisiere buscarle. Amigos, el Cidnos quiere prevenir el hospedaje en la Ciudad, admitamos estas liberalidades, comenzad a preveniros mientras mando que se asalte aqueste quinto elemento que siendo a los dos remate, hace que el fuego se queje, y hace que el viento se cuaje; vos Don Diego aquí podéis quedaros hasta que os llamen las cajas, y los clarines para el segundo combate. Si haré, señor, aunque siento estar parado un istante Pasamano, porque aunque algo me ha fatigado el viaje, pues siguiendo al Cid, la noche toda he gastado en buscarle, a vista del triunfo mal sosiega el noble coraje. Mientras que estamos de escolta para entretenerte, dame licencia para contar lo que mientras tu faltaste me ha pasado con Beatriz. De ese venenoso áspid me quieres hablar? mujer . que tan vilmente mudable dio a entender que me quería, y luego en un mismo instante arrepentirse, un amor se paga con un desairé? válgame el Cielo! si el Rey. inclinado, mas no pase adelante mi discurso; vanas sospechas dejadme. Cómo digo Beatriz. Di Oyes no te suceda el nombrarme otra vez esa mujer. Si como yo la mirases, si como la vi la vieses, yo sé que habías de holgarte. Pues cómo la viste? . Vila; ya no es posible escaparme de pintura, vila dije, hecha un Serafín de carna; y fui a comer sus cabellos, por comer cabellos de Ángel; hecha un cesto de dormida, sobre un tapete fragante de tan vivas flores, que no es mucho querespirasen. Con la mano en la mejilla estaba, y su enojo grave, viendo que tomaba el Cielo con las manos, temi casi, mas como estaban cerrados sus dos ojos celestiales, dieron lugar a lucir de la boca el cordellate: a quien dos de mis sentidos, comprendiendo variables la naviz, dijo, clabeles, la vista dijo corales. Malos años para el hielo, trampa para los diamantes, si en su barba, y en su frente se miraran los crisales. Cruzana el segundo dedo al uno de los pulgares, y notando el arrificio noté que eran señas tales; higas que daba a la nieve su blancura rutilante. De azabache, una sortija. era de esta mano engase, que aunque antes deplata fues fuera entonces de azabache. En su preciosa cintura, que es de su hermosura marge era el límite un tornillo, o alguna cosa de encaje. Mas oficiosa la vista de un pie que advertida aplau descubierta habló una punta, que no permitió el donaire que se cubriese, porque no le tuviesen por grande. llagándome más cerca, me dio a entender el examen, que era todo el pie la punta, y aunque por puntos se casca nunca cendrán punto fijo aquellas puntas errantes: aliñado el desaliño, allí para el ocio amable debió a la naturaleza, lo que no pudiera al arte: mil amagados suspiros, presos del pecho en la cárcel, estremecer hasta el cuello se iban viendo por instances, y yo movido a piedad, porque aquellos pobres ayes, por la puerta de la boca, se desencalabozasen, o a las rejas de los ojos fuesen si quiera a asomarse; la di una voz, y la dije: despertad, que es error grave, que aéis estando dormida, o que durmáis siendo amante: es soñado mi amor dijo, comenzando a sontojarse de un sucendio de claveles, que en llamas de marsilarden, y tan turbado quedé de estas palabras cabales, que llegué a pensar que entonces para que el alma pagase, los ministros del amor me citaban de remate: después que me refirió tu locura, y sus pesares, me dijo una, y muchas veces que te diga de su parte que te espera, porque quiero larga satisfacción darte. de todo, y que. . No prosigas Sepas. . Deja de matarme Que es tuya, y lo hasido siempre Qué importa que amor me llame si en no siendo con perderme no ha de ser posible hallarle, Linaje de ingratitud es ese, y no es bien que nadie diga que tú has procedido de tan villano linaje. Antes bien como su amor, sangre me ha hecho, es costante que así por su sangre miro, porque ya es suya esta sangre, Dime, y es mirar por ella ir a que te la derramen? Muera yo, y mi fama viva, Tú la dejarás de grande tonto, si dejas perder ocasión tan importante. Acaba, no me detengas. Detente tú no me acanes, No escuchas para el encuentro poblar de cajas el aire? Sí señor, y he discurrido, viéndola con tantos parches, que es la guerra una bubosa. Ya no hay paciencia que basto ven Pasamano que quiero que en parasismos mortales tan arrestrado me mires, que puedas testificarle a Beatriz, que tanto bien se embargó con tantos males, y conozca el Rey así, que en este golfo de azares, me hubo menester celoso, para salir él triunfante. No ven que lindo Don Diego el mozo no tiene talle de hacer cosa que aproveche, pero los recelos marchón, éntrese a saco a Zamora, que no ha de dejar de hallarse, que tocar en ella, si es Pasamano, pasacarle, y conozca el Rey así que en estas necesidades, para hallarse con Ciudad, me hubo menester con hambre. . Amigos, este es el día en que los hados tiranos, han librado a nuestras manos, toda nuestra bizarría; ya acuenta de los aceros corre la opinión honrada, el Cidanda de picada, pues catorce Caballeros, que a reconocer salieron la campaña se encontró, y viendo que a uno mató, todos los demás le huyeron: y sin despicarse en esto, escalas arrima al muró, con vuestro valor, seguro tome cada cual su puesto: hijo esa pequeña torre, que es de este lienzo la esquina, mas a las tiendas vecina, ya por vuestra cuenta corre; ese torreón lucido, que enojo a las nubes da con sus almenas, está a vuestro cargo Bellido: yo por si acaso graniza la gente al acometer muy de golpe, he de tener la parte más fronteriza: ea escuadrón alentado, veamos en el rigor cual acredita mejor la parte que le ha tocado. me cuestas, más calle el labio, Cielos, si es cierto mi agravio, para que es mi vida Cielos? Yo ofrezco animoso, y fuerte, que de partidos escaso, les daré por allí el paso, cuando me dieren la muerte. Yo ofrezco con fe crecida, que a mavores famas corre, que me han de quitar la torre, mucho después que la vida. Ya el rumor dice que acá se acercan los enemigos. Pues a la muralla amigos. Todos te seguimos ya. Venid Don Diego, que quiero que pues a la cuesta estamos, a los sitiados hagamos, una llamada primero En la urbar a bizarría, es estilo, que observar se debe. . No ha de faltar la militan cortesía: Ah del muro. Qué dirá? Que quien la campaña mide, por breve laurel que os pide, cuartel dilatado os da; y en fede que si os rendís, usurá de su piedad, os pide aquesa Ciudad. No sabéis lo que os pedís. Esto saca mi deseo, cuando mi furia resisto. Lo mismo sacó de Cristo la mujer del Cebedeo. Dadme entrada, o vive Di si provocado a batalla, lego a afirme de vos, que tan recio he de tirar por vos, que sin más remedio, no por cima, por enmadio del muro os he de sacar, y en el con vos (quien lo ignora) tan gra brecha he de romper, que por ella ha de poder entrar mi gente en Zamora. Vive Dios, que si a mis brazos como vos decís, llegáis, cuando en ellos os veáis, os haré dos mil pedazos; y porque el mundo, se asombre, los pedazos tiraré V hacia a fuera, y mataré, con cada pedazo un hombre. Solo yo en la lid me igualo. Nadie me excede en la lid. De Alcides triunfara el Cid. Pero no de Arias Gonzalo. Hidalgo, yo determino por aquí en Zamora entrar. No es posible que buscar pudieseis peor camino. Vos tardaréis en temerme, lo que tarde en descubrirme, y el tesón de resistirme, durará hasta conocerme. Don Pedro Arias en los bronces su fama invencible dora. No había llegado a Zamora Don Diego Ordoñez entonces, y para que esta verdad mejor se llegue a lucir, a escala vista subir me veréis en la Ciadad, llegando allá tan vecino, a vuestro ardor a oponerme, que con vos he traerme esa almena de camino, para que cuando procura mi fe daros muerte honrosa, la almena os sirva de losa, y el foso de sepoltura. Tan lejos de recelar vuestra vana presunción estoy, que antes esa acción he venido a desear, con furia tan arrestada, que desde luego protesto, de desamparar el puesto, por medir con vos la espada; y del orden sin reparo por la escala bajaré, y la vida os quitaré, si ya no es que cuando clarro, vuestro riesgo se señala, de mi valor con recelo, para subiros al Cielo os presta lacob su escala. Vos que estáis allá subido, decidme quién sois por Dios? Bellido Dolfos. . Que vos sois el que llaman Bellido? Que me ignoréis desconozco, sin que mi vista os asombre; cómo es decid vuestro nombre? Pasamano. No os conozco. Ni de eso os dé muchas ganas. Mas vos mismo me diréis, si clara sangre tenéis. No, que tengo unas cuartanas, De humor venís. Es que vengo del río, pero la puerta me abrid ahora, que cierta cosa que deciros tengo. Pienso que ha de estaros mal, a decírmela acercaros. No veis que tengo que habla- en secreto natural, (ros y no ha de ser con testigos. A mucho riesgo os ponéis. Pardiez, señor, vos tenéis cara de pocos amigos, ea dejadme entrar. . Antes daré castigo a ese error. No queréis? . No. Pues, señor, tan amigos como de antes. Quiero mataros. . Confieso, que susto esa voz me dio. Si no os vais. . Digo que yo me iré con eso, y sin eso. La entrada no me impidáis. Alzad el sitio por Dios. Lástima tengo de vos. Yo la haré horror si abanzáis. Ya prevengo vuestro estrago, Primo, el valor os engaña. Santiago, cierra España. Cierra España, Santiago. y h Vuelve a bajar joven fuerte, si no quieres que te dé la muerte que en cada punta, depósita mi altivez Bello retrato de umor, pues lo significa bien, esas flechas, y esa aljaba, con que aspiras a ofender a quien se quiere rendir, déjame entrar esta vez en la Ciudad, si no quieres ver ultrajar un desdén. Hasta que pierda la vida la entrada he de defender, que en esto mi bien estriva. No es la vida mayor bien, más deseos de asaltar la Ciudad me ha de poner, ver que la defiendes tú, puesto que me acordaré que luego que al primer hombre echó de Dios el poder del Paraiso, le puso un Querubín, que cruel, si volver a entrar quistese, no le dejase volver; y si eú así la Ciudad me defiendes, pensaré que es dámora el Paraiso, y le vendré a apetecer, viendo que un Quierub la guarda y que de su luz a ley, viendo que en él me perdí, no me deja entrar en él. Tú me obligas a que guarde mas a Zamora, por ver, que lo que un hombre del guít tuyo busca, mejor es de lo que yo me pensaba, aquesto me has de daber, que guarde yo bien las cosas, que a ti te parecen bien. Pon poderte hablar más cero me he de arrimandos, o tres pasor a ti. . Pesarame de que te quieras poner a riesgo de que una flecha salga a recibir tus pies, porque supuesto que yo, hazarlo no he de poder las flechas lo harán por mí; que es termino descortes, que deje que venga solo, quien viene a hacerme merced No estad a tanto obligadas las mujeres. . Ya lo sé, mas quién hace oficio de también se obliga a tener de varón las cortesías. La mujer, siempre es mujer, tan falta está la Ciudad de hombres, que te ha menester Soldado? . Tengo yo en serlo mi pedazo de interes. Mas si fueses tú la Infanta? Mas si tú fueses el Rey? Qué haces señor, si he mandado que tocen a recoger por ver el costoso estrago, que en nuestra gente se ve, mas de mil hombres habemos perdido, que al Duero el ser no quitan, aunque le mudan, pues si un coral blanco ayer era a fuer de sus espumas, hoy un coral rojo es, a costa de nuestra sangre, y en piélagos de clabel, tumba de grava es ahora, si antes vivo cristal fue? Válgame el Cielo! . No tardes que aventuras a perder todo el resto de la gente. Esa desdicha ignore, a Dios deidad. . Adiós soben Tuyo soy. . Tuya seré. Si de defender te dejas. Si me dejas de ofender. Dejando al Rey en lid fiera te vienes al Rea o mal Soldado. . Cómo al Real? y aún al cuarto me viniera; mal sabes tú la hambre pura que en un sitio se padece. Preguntarte se me ofrece, cuanto ha que este sitio dura? Dios de estas hambres te guarde, pues solo con tener gana de sitiar por la mañana, muere uno de hambre a la tarde, y así mira amiga mía, si hay algo de la ración. Una lonja hay de jamón. Venga aquesa porquería, Si meriandas no podrás cenar? . Provemos a ver donde llega mi poder, y de la dúda saldrás. La dieta a cualquier persona, la vida, y salud le da. Con esas dietas allá a Vormes; o a Ratisbona. Sola la hambre a retiras te obligó? . Es que no te digo la mina que el enemigo tiene, y la quiere volar. Esa no es mucho remerla, Pues que? era yo algún gallina; Y cómo sabes qué hay mina? Por qué he soñado con ella. Está bien. . Luego repara, que vnc escala me convida yo que no he sido en mi vida, Escalante, ni Guevara, retirón dije, que no ds ser a mi Rey infiel, cuando se va a saltos él, que me venga a brincos yo. Dime; el cabo que te viere de esta suerte retirarte, cuando en puesto ha de ocuparte Cuándo? cuando rien fuere. Eso es marmurar. . No en tal porque el que es pobre molesto que cuenta ha de dar del puesto, sino es hombré de caudal? cuales di, los medios son, para que cualquie su fortuna dignamente. Letras, y armas. . Tu razón es muy santa, y con primor, con ella informarte quiero, como el que tiene dinero tiene el mérito mayor, y que mayor premio así es bien que sele conceda, liega mira esta moveda; estas no son letras? . Sí. Ya pienso que lo penetras: son esto armas? Sí. . Eso espero; luego quien tiene dinero armas tiene, y tiene letras? Bien corre. El de ricos hombres, puesto es que a todos excede, mas lo que el dinero puede, discurre así por sus nombres. Quien tiene una blanca franca, su reputación tendrá, pues a lo menos podrá defenderla con la blanca. Quién tiene un cuarto, a morir no es razón que se aperciba, si no le tiene, no viva, pues no tiene en que vivir. Al mozuelo más travieso, y al más ignorante, y todo, en teniendo un real de aocho, le verás hombre de peso. El que en su trato es ladrón, y a ninguno satisface, en teniendo tarjas, se hace hombre de cuenta, y razón. Al menos diestro, y más rudo en defender una herida, suele impórtale la vida hallarse con un escudo. Y tanto un real vale ahora, que como que con un real solo pretende el Rey ganar a Zamora. Jamás fui mujer que a posta fuese al interes tirando. (o Tú has de hablar, Costanza, qu tu nombre solo entra en costa mas oye, si saber quieres que esto en vosotras no es vio y verás, que de abinicio sois costosas las mujeres. Crió Dios a Adan sin asco del lodo, que no fue poco, ni fue vayeta tampoco el vestirle de damasco, Y tan liberal anduvo, sobre haberle dado el ser, que ni el comer ni el beber, ni el vestir costa le tuvo: y entre tanta maravilla, siendo el que las inventó, luego que mujer le dio, le entró en alguna costilla: y luego al punto, empeñado se halló en buscar de comer para una mujer, que ayer, ni era carne, ni pescado: sin bastarle lo profundo de entendido, y de galán, pues sin lisonja, era Adan; él primer hombre del mundo. Adversa fortuna busco. Estrella contraria sigo. Pero muera mi esperanza a manos de mi destino, si peligra de animoso quien no se rande al peligro. Pero mi afición perezca a manos de mi delito si castiga sus desos quien huye de su castigo. Mi bella enemiga veo. a . Mi airoso contrario miro. d . Pasamano? . Señor? quDie. Salte allá fuera. El orden sigo. Costanza? . Señora? Mira si alguien viene. Hago mi oficio. Tirana. . Villano. Ingrata. . Mudable. Inconstante. . Exquivo. Fiera. . Cruel. Traidora. . Fácil. Tu conmigo. . Yo contigo No sabes tú que rendida a las leyes del olvido en tu desprecio libraste de mi vida el desperdicio, siendo a esperados favores agravio desmerecido, que si esemos de mi muerte para tan fatal destino, yo mi fiscal mismo, y tú; falsa mi ver dugr mismo? Y no sabes tú que yo en los ojos repetados los dolores de mi pleito me cobro a mil parafimos, que me andaban envargardo las puertas de los sentidos, hasta que brotando penas, que el aire vino en suspiros, y dejando el corazón algo menos oprimido, pude decirte mis males, cuando no pudiste oírlos? Tú me has querido? Soy tuya, y lo seré cuantos siglos es ave, sin ser aroma, ojalá fuese tu amor pequeña sombra del mío. Pues dime como tirana, cuando me quiso tu tío hacer dueño de tu mano te negaste a lo que quiso? que satisfacción darás a agravio tan conocido? que tienes que responderme? pero como si esto he visto te vuelvo a ver? Tente, aguarda. Satisfacción no admiro. Por asegurar tu vida fue todo aquellartificio. Artificio? bien lo creo, Beatriz, que para conmigo, o tu cautela, o tu engaño son de tu incostancia indicios. Oye, que porque me culpas tan sin culpa te lo digo, ya sabes que el Rey. Señora gran mal. Qué es Costanza? dilo. Turbada estoy, que el Rey viene, irse Don Diego es preciso por la puerta del jardín que cae al Duero. Eso elijo, porque me aneguen sus ondas. Mejor será que escondido aguardes, y que me escuchas, que con esto determino satisfacer tus recelos. Mejor es irme que oírlo, porque quiero que me debas lo mucho que de ti fío. Presto, que llega. Fortuna templa un poco más lo impío. V muchas veces bienvenido. Una sola me bastara: notando estoy ojos míos . que he visto un hombre es conderse con apresurado aviso cuando entraba yo; qué es esto? amor ta correspondido, examinemos agravios, pues soponemos indicios, porque aún del aire me guardo que suele tener pidos; ruegote que aparte escuhes, Beatriz, un cuidado mío. Cómo puedo yo negarme a tan cortesano estilo. No os vais Costanza? Obedezco. Eso es lo e más estimo, Tropezando en mis ofensas, . sobre mis penas arbitrio, el Rey con Beatriz a solas, grave mal, daño crecido! qué haré? pero qué he hacer, sino esperar suspensido el examen de esta causa, y saber quien ha ofendido mi sangre, y si fuere el Rey buscar de estorbos camino, y si ella misma se ofende, ella se labra el castigo, quiero esconderme, porque arajando los delitos, falte el deshonor de verlo, baste la injuria de oírlo. Acaso no pudo ser. ilusión de los sentidos? Pues yo lo he de ver ahora, Señor, mirad que imagino que esa cuidado, señoor. Ya tu turbación me hadicho tu delito, yo he de entrar. Deteneros determino porque. . Yo sabré porque. Si Don Diego se habrá ido? De aquesta suerte, Beatriz mis sospechas averiguo e No desmayes, cobra aliento, Cómo puedo si me animo a vivir, y al mismo instante que a la dicha aspiro, espiro? No es bien que viviendo mueras Bien es, pues muriendo vivo. Ahora; ahora verás mis enojos vengativos, así yo tu atrevimiento, y mis desprecios castigo: Válgame el Cielo mil veces! es esto sueño, o prodigio? estoy en mí? soy yo propio? qué es lo que me ha sucedido? Hay novedad más extraña! Pues Cid, no acierto a decirlo vos os retiráis de mí? quién os obliga? Vos mismo; tan sin rienda os empeñáis, que cuando tempentenderos no voy huyendo de veros, si no de que me veáis: el espejo en que os miráis he sido siempre, y así todo el cristal os huy, que no quise, vive Dios, que os veáis el rostro vos llaros si habéis de ha A vos mismo en este abismo agravio hacéis tan impropio, que la ofensa de vos propio, me olvida la de mí mismo: tanto el ciego barbarismo, señor de vuestra porfía a ser afrenta crecia, que viendo cuanto se muestra por no enseñaros la vuestra hartaba el rostro a la mía: en lo que acabáis de ver no os haga novedad, no, que llegue a hacer por vos yo, lo que vos debéis hacer: pues cuando negado al ser Real, tan dado al olvido os hallo, y tan divertido, es lición de mi valor que me haga yo el ofensor, cuando soy el ofendido: yo me escondí, aquesto es cierto, que afrentas señor, tan duras, pense verlas más a escuras, mas no tan al descubierto: debed más a vuestro acierto, que yo por no suspender mi intento, quiero volver Rey Don Sancho, al mismo paso, a esconderme, por si acaso queréis volverme a ofender. Quién en mayor confusión, que me estoy viendo; se ha visto! mal haya el amor, mal hayan los celos, que me han traído ocasión de dar pesares al vasallo más indigno de enojos, que ha vinculado sus memorias a los siglos: Beatriz bien sabes que al verte la primera vez, herido quedó mi pecho al asalto de tu hermosura, y que niño amor sin prevebir riesgos, ni discurir los motinos, Un fidalgo de Zamora por nombre Dolfos Bellido si le das licencia, quiere besarte los pies. Que he oído, Zamora quiere entregarse, o será sin duda aviso de mi hermana, sobre el modo de venir en el partido; di que entre muy norabuena. Que siempre que haya querido desengañarle, se otrecen estorbos! . Vosotras idos, que no es bien que cuando llegue os halle a las dos conmigo. Alguna desgracia temo, Costanza, en tanto conflito. V Primero que te refiera, mis lealtades, Rey invicto, me da tu mano a besar Levanta Beslido. . Indigno me juzgo a tanto favor. Pues a que dime, has venido a mi ejército? . Ya a causa de obligarte lo resisto: sobre entregarte a Zamora se consultaron arbitrios (mandándolo así tu hermana) de los mayores Ministros de guerra de su Infantazgo, y porque el parecer mío era de que se te diese la Ciudad, inadvertidos, por no decir envidiosos, Arias Gónzalo, y sus hijos, para matarme en la plaza convocaron los vecinos: yo receloso de ver tan a la boca el peligro, el riesgo tan a los ojos, constante, leal, y fino, y vengo a tus pies benignos, por poder lograr en ellos el sagrado, y el asilo de esta vida, que postrada, te consagro, y te dedico. Alza, que de tu lealtad mayores finezas fío: no en balde Bellido siempre por afecto te he tenido. Rey Don Sacho, Rey Don Sancho no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora, un traidor había salido. No atiendes a aquella voz? Ya escucharon mis oídos de algún émulo villano, los acentos enemigos, dame licencia que vaya a castigar ofendido del dueño infame alevoso, los mal fundados delirios, que según sus desaciertos me tienen enfurecido, le mataran los amagos, y iran demás los castigos. No te alteres, que hasta ahora quien es el traidor no ha dicho. Su nombre es Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido, que si traidor era el padre, mucho mayor lo es el hijo. Trazas son de Arias Gonzalo, y envidias suyas han sido por las que mi honor en todo siempre contrarios nos hizo: cuando contra el Sol vapores no se oponen atrevidos, y cuando contra una hazaña, no aborta el rencor prodigio Así lo juzgo. Señor asistiendo en tu servicio, conocerás mi fineza, y que ese acento mentido, de alguna envidia es cautela, De tu lealtad das indicios, y porque mejor conozcas lo que de tu verdad fío, y lo que obrá tu persona, cuando en mi amparo te admir mi vasallo no has de ser ahora, si no mi amigo: si este es traidor, yo leal le haré en los beneficios: dame los brazos. En ellos el alma te sacrifico. Cuatro traiciones te hahec mira no lleguen a cinco, porque si a las cinco llegan, buen Rey no quedarás vivo. Si lo discurre el valor, juzga ilusión el aviso, mas si lo atiende el recelo, de presagio ofrece indicios. Articulado veneno, que en mi ofensa repetido se conjura, otra vez mientes, que mi afecto esclarecido más puro que el Sol. Aguarda, que nada ultraja mi brío, nada a mi valor se opone, que de asombros, y prodigio ninguna amenaza temo, ni me alteran los peligros, pues solo yo mismo puedo, ponerme horror a mí mismo. A pesar de su altivez, yo haré que levante el sitio.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Yo me voy Costanza mía a Francia, ay de mí, que pena! que me voy? qué he de dejarte? yo lloro. . Lágrimas deja, mientras yo para escucharte, quiero poner esta vela aquí éncima, y mientras da la noche lugar, y mientras tu amo con mi señora, de aquellas pasadas quejas, sobre la culpa de entrambos, disculpas discurren tiernas, sepa yo mí, Pasamano, la ocasión de aquesta ausencia. Por lo que a mí me sucede, dijo aquella honrada vieja, valsos, o llevanos, pues yo no me voy, que me llevan. Cómo qué te llevan? . Cómo para Francia me destierran. Quién amigo? . Los Galones. Pues son Alcaldes? Si necia, no los ves que tienen varas, y aún hay Galones que aciertan a salir tan descosidos, que arrastran amiga, y cuelgan los antiguos Pasamanos, que honraron tantas tirelas, y a quienes dieron las fajas. de terciópelo la venía, las Francesas esterillas, de España hermana los echana ha mundo, mundo, tus cosas, son todas perecederas; yo como soy Pasamano vivo sujeto a la regla de los otros, y así voy donde más lugar merezca, que yo me se donde algunos perpetuanes me esperan. Calla que tiempo vendrá en que aquesos humos pierdan los Galones, y en que solas las puncas los humos tengan, que siempre a los Pasamanos a las enaguas les queda su recurso. . En cosas de agua nunca Costanza te metas con Pasamanos, porque es antipatia secreta, que tenemos con las aguas, y si nos vieres en ellas, verás que estamos vendidos. Eso dirá quien lo entienda. Esto es peor, no oyes ruido? Sí, y recelo que el Rey sea, pues corre riesgo tu vida. Riesgo? busca en que me meta, En qué ha de ser? En un diablo, no hay si quiera una chinela, no hay si quiera un guante, no tienes un dedal si quiera? Yo no hallo camino alguno por donde escaparte puedas, sino es que. Venga el si no es que. Quieres tu vestirte de hembra Y aún me vestiré de Moro. Pues capa, y sombrero deja, y ponte aquesta basquiña. Ve trayendo con presteza lo demás. . Aquí está todo. Aprisita, hay mayor flema, hay algo más que poner? Aqueste manto. Pues venga, ven aquí bustedes señores el retrato de Belerma. Cúbrete, y si alguien entrare, y saber quien eres quiera, dirás que la dueña. . Bien, yo quedo cual digan dueñas. Ay mi bien, que si te ve, temo que materia seas, del incendio de sus iras. Yerro esta vez irme fuera, si ayer fue acierto, ocultarme bastará de su presencia, tú pues le ves arrestado con arte le lisonjea, que la noche, y el poder, tienen Beatria mucha fuerza. Que me empeñe la fortuna siempre conmigo siniestra, en tantas adversidades, que unas con otras, se encuentran! La curiosidad de ver cerca del Alba esta vela ardiendo, y saber la causa que estos desvelos te cuesta, me trae a verte, que quien esta Beatriz tan en vela, desvelos tiene sin duda, porque es forzosa evidencia, que quien no fía al cuidado el sueño, está con gran pena. Cuando vuestra Majestad, todo al descanso se niega, y en campaña con las sombras, el Sol al nacer le encuentra, la pensión del sueño, no es bien que mi afecto venza, que contra la voluntad no tiene imperio la fuerza. Si tan primoroso afecto mi amor Beatriz te debiera, qué mayor felicidad? Ni puede ser dicha aquesta, ni por mí a poderlo ser, dejaráis vos de tener la. Tu desvelada por mí? Por mi Rey que mucho hiciera Si era a título de Rey esa piadosa fineza, obra fuera de la sangre generosa que te alienta: que por mí te desvelases, la ventura Beatriz fuera, que no me está bien tener los méritos por herencia. Tan insigne habéis nacido, por tantas divinas prendas, que no hay cosa en ellas, que deba preferir en ellas. Pues alienten mi esperanza tus divinos ojos, sean triunfos de amor los que han si desdenes de tu belleza. Señora, el Cid. . Ay de que de desdichas me cercan. He aquí que a veces es bue ser pícaros; pues aquesta no le vale al Rey ser dueño, y a mí me vale ser dueña. Señora, que llega ya. Cielos que haré? . Nada tem Con matar aquesta luz señor el error se enmienda. Quién hace mal aborrece la luz, luego algún mal era el que aquí dentro se hacía, pues le fue la luz molesta? pasos, y sentidos míos, discurramos, aunque a ciegas si es tiniebla del honor, la acasión de esta tiniebla. Válgame Dios si habrá sido . quedar a escuras cautela, de alguna traición oculta, o de Beatriz deligencia, bien es menester casar el brío con la prudencia. Qué tema yo de un vasallo . de aquesta suerte la queja. Don Diego a buscarme sale, que aquestos pasos que sueñan son de hacia donde el estaba, mi amor una acción intenta, con que habemos de salir de confusiones tan ciegas: Costanza, no estás aquí? Sí señora. . Aquí te llega, y si hablare el Rey, por mí le responde con cautela mientras a Don Diego libro de los riesgos que le esperan. Bien te he entendido. Aquí acentos breves percibirse dejan. A Don Diego llamar quiero? oyes mi bien. Aquí es fuerza defrázar la voz: Beatriz, ya espero ver que me ordenas. Eres Don Diego? . Yo soy el mismo. De aquí me lleva, que con esta industria, todo lo perdido se remedia. Vamos pues, mi alojamiento . será clausura secreta suya, hasta que por Don Diego, llegue a quedar satisfecha, su fineza con su mano, o con su sangre mi ofensa. . Quiero esperar recatado, . lo que el Cid de esta sospecha resuelve, que aventurar a Beatriz fuera inclemencia, Grandes riesgos me amenazan; pero no es Beatriz aquesta? Herido viene este hidalgo, y aún es de muerte, por señas, que anda tentando la ropa. Dueño hermoso si deseas mi vida, y tu quietud. . El quien quiera que es me requiebra sin temor de Dios. Conmigo huye la injusta inclemencia de nuestra adversa for tuna. Forzoso es que te obedezca? como él me saque de aquí, después el que fuere sea. Sígueme ya. Ya lo hago; si este es el Cid él me estrella. Mas ya es sobrada atención la mía, que la modestia aunque en un Rey es cordura, suele parecer flaqueza: hola, como no entran luces, que aunque a amanecer comienza aún no se distingue el día. Ya salgo señor por ellas, Don Diego no se ha escapado? pues lo que viniere venga. . Ya yo tengo prevenido una disculpa discreta para con el Cid, volviendo de Bearriz por la decencia, y la misma confusión de la sombra da materia a lo que pienso decirle, porque toda mi grandeza, estriba en tenerle grato. Aquí está la luz, y a fuera Bellido, señor, que os busca. Es esto ilusión, o idea? qué es lo que miran mis ojos! Beatriz huyó la violenta indignación de su tío, y él con discreta advertencia volvió la espalda al desaire de hallarme ahora con ella: vive Dios que estoy corrido de reportación tan cuerda, con que prudente me avisa, y he de pagarle la deuda, con sujetar mis pasiones, y darle a entender que pesa mas un heroico silencio, que una articulada queja: más Bellido para ir a reconocer me espera el puesto, por quien me ofrece de la plaza la interpresa; Costanza, quedad con Dios. . Señores, qué gira es esta? que ingeniero inventaria tan singular apariencia? mi señora las afusa; y Don Diego las apelda, y aún el puesto Don Rodrigo con ser un Cid, no sustenta, todos han volado, y todos la sala han dejado yerma, tanto que ha quedado sin Pasamano la escalera, yo sin mantó, y sin basquiña, con que yo soy a quien cuesta el dinero la tramoya; pero que haré, que ahora entra el lance más apretado? si sigo a mi ama, quedan mis prendas muy arriesgadas, también si las sigo a ellas. puedo perder a mi ama; pues que haré en duda tan ciega mucho me tira la ley de criada fiel, y atenta, pero mucho la memoria de mis alhajas me lleva, mucho pesa mi lealtad, y mi interes mucho pesa: vencistis prendas, vencistis, Pasamano, aguarda espera, que más que ser bien criada, quiero ser mujer de prendas. Esto es señor lo más alto del muro, aquí se perdió tanta gente cuando dio el Cidel primer asalto. Bien lo lloran mis desvelos. Si a esotro lienzo llegamos mi ardid has de ver. Pues vamos: mas qué es esto Santos Cielos! Señor. . No notas Bellido que al tiempo que andar procuro toda la almeva de un muro junto a mis pies se ha caído? Buen agüero me parece, pues con dejarse caer el muro, nos da entender, que a tu vista se estremece; si acaso no es buen pasaje de esta almena, que obediente a tu persona valiente, reconoce vasallaje: y atendiendo que a tus pies, muy presto se ha de postrar, te los empreza a besar ahora, para después. Bien dices, pues cuando se caigan por bien miradas, las daré por bien caidas: y cuando a más pelear se arrojen de susto ajenos los de Zamora, eso menos tendremos que derribar. . d Yo he de matarte villano, pues engañarme quisiste en lance tan arriesgado, tú la voz has de mentirme de Beatriz? Pues quieres tú quitarme que me Beatrice? Tú has de burlarte de mí? Ya Señor estás terrible, si yo de aquella manera escapar la vida quise en qué pequé? no es bien que por guardarla me la quites. Dices más que bien, que tú ninguna culpa tuviste, los hados sí, que indignados con desdichas me persiguen. Ahora que has envainado, aquí para entrambos, dime, a la noche enamorarme, y a la mañana escupirme, dónde se sufre? no hay más de salirse como un tigre de mis manos, quien en ellas era enamorado Cisne? no habrá un hora, ingratazo cruel, donde se permite andar a poco sacando, por brújula mis chapines, para contemplar en ellos, pies de puntos tan sutiles, ta han ido siempre a dos quincas, y desdeñarme tan presto? estos ojos no dijiste que eran Auroras, a tiempo que tocaban a Maitines? no me pones ya debajo de estas manos de jazmines la capa para coger las perlas que se derriten? Calla la boca. No ha nada que no cupiera un confite en ella, y que eran sus labios olorosos alelies. Vive Dios. Viva por cierto, señor, y a ti te desvíe de tan malos pensamientos, como esta noche tuviste. Basta majadero. Y cómo si basta, no si no dime, que soy un Sol otra vez. Sígueme, que amor me dice que busque a Beatriz, y tantas confusiones averigue. . De día cuanto quisieres, que como con luz me mire, seguro voy de que se halle en Troya, ni en Mozambique ningún Paris que me aceche, ni Píramo que me atisbe. . Pague así quien sin concierto por cáminos tan tiranos, hace guerra a sus hermanos. Ay villano! que me has muerto Ya del Rey a la crueldad tasó mi industria los bríos: abrid Zamoranos míos las puertas de la Ciudad. Pues huye aqueste traidor, hecho deja algún gran mal, no cumplo con ser leal, si se me escapa el traidor. Cerrad aprisa, que fiero, que me guarde el Cid me avisa. Ya no podrán tan aprisa, que no te mate primero: mas hay que espaldas le ha hecho: la enemiga puerta, y noto, que aunque ardiente el hierro he roto no se si el hierro he deshecho, huyó el peligro, que claro advirtió en mi brazo horrible, con que un bronce insensible, hizo en mi puñal reparo: vos acero que enclavado, estáis con constancia fiel, clavo sois, con que el cartel dejó de mi honon fijado, pendiente, pues, os quedad, pluma de ese bronce cierta, será lamina esta puerta, en que escribió mi lealtad. . Ni está en su cuarto Beatriz, ni el Rey tampoco en su cuarto. Ya sé lo qué es? . Qué? probar la cuartada entrambos. Valedme Cielos piadosos, que ya está de aliento falto mibrio, mas ya es nútil mi espíritu en es letarfo: no puedo mover los pasos: Jesús. . Él me dé su ayuda en lance tan apretado: Rey mío, señor, y dueño, vos de esta suerte, y no abraso con el fuego de mis iras, del Duero el cristal helado? no teme mi furia el Orbe? pero no, que podrá en vano temblar de verme, si así me ve de veros temblando. Ay de mí! . Señor, qué es esto que injusta alevosa mano se atrevió al Sol en quien pierdo Castilla su luz, y amparo? No Don Diego, yo me pierdo solamente mis vasallos se ganan en mí, que yo con mi perdida los gano: a dios amigo, el mayor que los siglos coronaron de lealtad, consuelo tengo de morir en vuestros brazos. Venid en ellos, adonde logréis, o Príncipe infausto, mientras pasáis al eterno, aqueste breve descanso. Llevadme amigos. No acierto de enternecido a dar paso. Si un dardo se atreve a un Re arma traidora es un dardo. Hacia aquí el rumor me guía, pues por aquí deshilado todo el ejército en tropas anuncia tristes presagios: válgame Dios, que habrá sido, que todo el confuso campo, sin mlitar disciplina, e ve desunido en bandos, Adónde está nuestro Rey? Valerosos Castellanos, amigos, seguidme que yo también le voy buscando. Llegad, soldados, veréis el suceso más extraño, que para tan triste día reservó el tiempo voltario. Qué caso es este Don Diego? Este es Don Rodrigo el caso. Válgame el Cielo mil veces! Llorad vos mientras yo hablo rendir procuraba el mando, soberbio arrogante, y vano el Rey Don Sancho, tan fiero que llegó el mundo a dudarlo, y cuando en tantos encuentros, se vio vencedor de tantos, que los unos le temieron, y los otros le envidiaron: sobre el cerco de Zamora herido está el Rey Don Sancho; o traición siempre temida, y rigor nunca esperado, del más enemigo aliento, del amigo más contrario, de augusta púrpura llena las esperanzas del prado: el Rey de tres Monarquías, que quiere el Cielo enseñarnos, que del castigo de Dios no hay seguro Rey humano, Dios castigar quiso al Rey con tan asombroso estrago, por lo que en su sangre propia le vio ejecutar tirano; un tirano traidor quiso, también por venganza obrarlo, y aunque entrambos concurriero antes con rigor osado, herido le había un traidor, que Dios sabe los acasos. Pero lo que yo penetro de este suceso impensado es, que aunque benigno el Cielo muchas veces enojado, permite que haya traidores para castigar agravios. No es el que vemos el Rey, no es Don Sancho el que miramos la sombra si de otro César igualmente desdichado: bien se ve en el joven triste, que con horroroso espanto tiene el invencible pecho con un venablo pasado. Espectáculo sangriento se ofrece a vista de cuantos con las lágrimas, sus ojos para no verle enturbiaron. Y entre escarmientos, y penas, ejemplar fue su dechado, en que vivos aprendieron cuantos muerto le estudiaron. Que en estar pasado, muestra que no andaba en buenos pasos? mas para cuando son Cielos los pesares; para cuando en las cláusulas del pecho se cierra el dolor, y el llanto? abrid a las ansias puerta, y esta luz llegue a asombraros, que en sus primeras auroras, con intempestivo acaso, sus hermanas persiguiendo, dio venganza a sus hermanos. Que poco importa el ser Rey, que poco sirve el ser bravo, pues pagan todos la deuda, luego que se cumple el plazo: ninguno presuma ofensas en sus grandezas fiado; pues vemos hoy, porque a nadie le pese de ser vasallo, que hace. Dios los hombres Reyes mas no para hecer agravios. Con repetidos clamores de toda el alma lanzados, públicaba su desdicha, el más que infeliz Don Sancho, y como uno, y otro ahogo, al aire entonces sembrados a los atentos oídos del campo se dilataron, a las voces que dio el Rey acudió confuso el campo. Aquí, y allí le buscaban, y aunque por cáminos varios nadie le halló, pues los mismos, le perdieron, que le hallaron: yo de muchos el primero le encontré, ya en los amagos de muerto, y vi que aún entonces me recibe con agrado, y a los primeros que llegan dice casi a gonizando: Vasallos, esto es ser Rey? barro soy, por eso barro el suelo, que así a la tierra, lo que le debo le pago: esto es pagar como Rey, y aún así a todos me atraso, que si vosotros vivís, ido del Cielo Santo en las manos; yo muero vasallos míos a manos del Cielo Santo. El organo de mi voz le toqué tan destemplado. que por ser el viento mucho a su estruendo reventaron las conso no halló ya para templarlo modo, si no deshacerlo, y así le ha desconcertado, que aunque el instrumento es mío el cielo puso las manos. Dirán los contrarios, que porque hizo un aleve el daño, los rayos de mi soberbia; y su envidia me mataron: pero engáñanse que yo no hube menester contrarios tan grandes, y así os advierto, que solo de mi pecado, el rayo cayó del Cielo, porque dicen que los rayos, seguridades del tiempo son tan inciertas, que acabo de reconoder mi acierto, cuando muero de su engaño: era villano en las obras, aunque era en la sangre hidalgo, el dueño de esta cautela, que atrevimientos villanos, dan en lo más alto, y dio en mí que soy lo más alto. Temed pues, que si acertó por yerro aqueste benablo con mi pecho; vuestros pechos deben temer otro tanto; prueben otros la braveza de esos aceros bizarros, quitad el lorgullo al Moro, que os le pido como hermano, alzad el derco a Zamora, que como Rey os lo mando. Y cuando carguéis con todo, esta. Ciudad os encargo, que es mi hermana Urraca, y son los de Zamora Cristianos: a Dios amigos que muero, a dios otra vez que falto, a mi ser, y a cada uno, mi ser quisiera dejaros, para mejor Rey os dejo, menos infelice acaso: a mi hermano Don Alfonso obedecedlo, y juradlo. Estas, y más cosas dijo el muerto Rey, y en mis brazos suspiró el alma, volviendo, aquel suceso holocausto; cumplamos su testamento como leales; traigamos de Toledo a Don Alfonso, a que Reine Castellanos, que los Reinos que hoy le vienen Dios se los tiene guardados. Seguid sus preceptos firmes, dadle la obediencia gratos, alentad sus bizarrías, al culto de lo sagrado, decildle que sea asilo, del honor de sus vasallos, y decidle que no sea con sus hermanos ingrato, Quién presentarle pudiera ese cadaver helado, que se viera en su recuerdo de la muerte seudatario? que yo le acordara siempre en medio de sus aplausos, que no fuese ingrato Rey, que no fuese Rey tirano, porque para ingratos Reyes, llueven del cielo benablos. Teneos pesares, que yo os haré menos pesados, si el agua que dan los ojos, no apaga el fuego a las manos. Yo os sacaré de ese empeño; vámonos Cid acercando un poco más, donde puedan escucharme los sitiados. Cuál será su pensamiento? Qué intentáis hacer: retarlos? Retarlos. Mirad Don Diego que aquel Caballero que hace campo abierto; con Ciudad Regia, o cabeza de Obispado, debe pelear con cinco. Eso no me hace embarazo. Señores aquí ha de haber una de todos los diablos. Zamoranos fementidos, que dignamente os lo llamo, pues veo que como aleves, dais a un aleve agasajó: si es traidor, el que al traidor su bajeza no ignorando da acogida, o le socorre, que lo sois vosotros hallo? por tales os desafío, y os reto, desde el más alto al más bajo, desde el grande al pequeño, a todos cuantos nacen, viven, o vivieren en Zamora, o esperaron a nacer después, estoy por traidores esperando. las aguas que bebéis reto, los vestidos que adornaron vuestros cuerpos desafío, y si faltare de tantos quien se me atreva, a las piedras del muro a batalla saco, que bien será menester si me volvéis peleando las espaldas, que llevéis espaldares de peñascos. Oh bárbaro inadvertido, que ofendes el honor sacro de tantos nobles, espera que ya a desmentirte salgo. Venid Don Diego que aceptan el reto los Zamoranos, y mientras van a armarse ellos quiero yo también trmaros. Con este favor seguro va mi espíritu bizarro, esto es primero, Beatriz, . tenga paciencia entretanto, que el duelo de esta traición; embaraza el de su agravio. Vayan señor en tu ayuda, si a cindco emprendes matarlos, cuatro Médicos de a mula, y un mal hombre de acaballo. Viviendo yo, padre mío, la injuria en vano os provoca. A mí el primero me tocado salir a este desafío, Tanta edad no admite guerra, Básteme, pues que me aflija la memoria de una hija que se ha tragado la tierra, sin que duplicando enojos, en una diestra ofensora. miren mis ojos ahora; quitarme un hjó a los ojos Poco os merezco por Dios, pues eso padre os escucho. Ojalá que menos mucho merecierais Pedro vos, fuera mi pena menor, Cese señor el recelo, que he de armarme vive el cielo, y no permitáis señor, que cuando yo represento, vuestro valor singular, os deje a vos pelear, y muera de sentimiento aquesto os go por Dios, cese ahora el competir, que yo solo he de salir, y no habéis de salir vos. Pues ya que os veo empeñado las armas quiero poneros. Quién ha sabido venceros, ya lleva el laurel ganado. Dejad que os ciña la espada, Ya lo espero. . Qué brioso Vos me infundís lo animoso, Ese despejo me agrada. Ahora resta que vos vuestra bendición me echéis. Quiera el Cielo que alcanzéis con la mía la de Dios: abrazadme. . No querría que se alargasen los plazos, por gozar de vuestros brazos. Hay hijo del alma mía. Mas qué es esto, vos señor lloráis con tanca extrañeza, eso es temor, o flaqueza? Ni es flaqueza, ni es temor, si por perfocto nivel, de agua está un pozo abundante en llenándose, es constante que no cabe más en él, y así cuando nube fuerte, su lluora a los campos trae, cuanta sobre esotra cae por lus margenes se viertes pozo es de ahocos aquí mi pecho, y se suerte peno, que está de congojas lleno sin que quepan más, y así cuando la fortuna abara, sobde mis posares llueve, los que ocultana la nieve se derraman por la cara. Ya ocupa el puesto Don Diego, y nada el susto le ofusca; más Don Pedro es quien le busca, de hidalga cólera ciego: ya se envisten con aliento, y con tan igual pujanza que con neutral esperanza, se dispura el vencimiento: que bien uno; y otro cierra, rayos cada cual despide, pero ya Don Pedro mide, envuelto en coral la tierra, y aunque yo dolor padezco, de ver su sangre vertida, la causa del Rey me olvida, las leyes del parentesco, otro a la tela ha salido, menos arrojada va su embestida, pero ya hace acciones de rendido: poco a Don Diego la gloria, esta hazaña le acrecienta, que una victoria le aumenta, la duda de la victoria. otro ha entrado, y su cuchilla, asombros hecha de fuego, mas vive Dios, que Don Diego se ha descompuesto en la silla; pero huyendo, y sin concierto el caballo ha disparado, y del palenque le ha echado, y esotro ha caído muerto, aquí ninguno ha vencido; ninguno el laurel ganó, si uno la vida perdió, y otro la línea ha perdido. El premio que merecer supe con saber matar, me han querido barajar. No está el Matar en Vencer. De los Jueces son rigores, que el vencimiento en los dos confunden. . Gracias a Dios, no quedamos por traidores, Después que salir mande del Reino a Bellido, así la vida le redimí, y el exceso castigué, la duda del desafío, de la Ciudad me ha sacado. Don Diego es gentil Soldado, Ah, qué es dicípulo mío! Señora aquí vos? . Mi pena me niega al ocio menor; pero que nuevo rigor, Rodrigo es este que suena? Un brioso Caballero, fatigando la campaña, que sus presas plantas rinde, a lo libre de sus plantas, hurtando al recelo el rostro, que en un tafetan recata, con las señas nos avisa, de que al reto también baja, y a pie con su acero solo, senecer el duelo aguarda, mas en presencia de todos con raro despojo allana, que con su resolución se mide su confianzas Presto de su debando hará su escarmiento, salía la presunción y pues son las dilaciones contrarias al valor de aquesta suerte de su Rey muerto en venganza, los Zambranos castiga Don Diego Ordoñez de Aza. Ea honor mío, llenemos todo el papel de la fama, y por cuenta de una vida logre el valor una estatua. Esperad, que aquel bestido es mío, y aquella espada es la Colada, y primero que aqueste reencuentro se haga, tengo yo de averiguar, si dos orbes lo embarazan, cuando mis armas reservo, quien se ha atrevido a mis armas. No hay que apurarlo señor. Cómo? La espada que embraza no es la Colada? Sí. . Pues todo saldrá a la colada. A mí este agravio me toca. En viendo yo quien me agravia: pues sobrina, qué es aquesto? Lo mismo hará mi arrogancia con la cara descubierta que con encubrir la caras esto es haberme dejado en vuestra tienda encerrada, a tiempo que ese Don Diego, a quien la Real Casa de Aza, dio el corazón de León, y de Tigre las entrañas: mi heroica sangre, no solo la vierte, si no la infama, y armada de Cid, que es más, que derá? aborrar del alma impresos caracteres que la ultrajan, salir despreciando estorbos, a ejecutar mi venganza. Quien tiene un hermano Duqu Conde de Lemos, y Sarria, y otro de Nájara Conde, y marido de una Infanta, si son los Arias traidores, mal casará con los Arias: y cuando él tan poco tuviera, tuviera, no me casara con quien mancha en mi creyer y dispensara en la mancha. Don Diego, ya en la palestra otro enemigo os aguarda, otro Campión os reta, y otro Zamorano os llama. Esgrimid el fuerte acero a quien en la campal fragua temple más precioso dieron, tantos esmaltes de nácar: y guardaos de mí, que yo riño con heridas de ansias, corto con filos de injurias, y tiro puntas de rabia. conocedme, que no importa; vedme que no me embaraza, y por si siendo varón, y viviendo acompañado de mi agravio, pareciese que con ventaja os buscaba; por eso os doy el saber que soy mujer, de ventaja a las manos: pues trompeta vuelve a tocar a batalla. Caballeros, la lealtad. de Zámora es cierta, y llana, venció su razón, por suya ha quedado la campaña: ya generosa Amazona, rendido yace a tus plantas el acero con el dueño que motivó tu venganza: mi ingrato pecho atraviesa, siega mi infeliz garganta, mas si entre afecto, y respeto es acción calificada por ser fino con su Rey el no serló con su dama; si deshace un parentesco enemistades pasadas, y si es de tu sangre digno, quien sangre tuya derrama, airada otra vez, o airosa mi cuello, o mi mano enlaza; si airada, tuya es la vida. si airosa, tuya es el alma. Tu esposa soy, como vuelva por este mi dio a la gracia de mi padre, y de mi tío si esto mi humildad alcanza. Ya nuestros brazos te esperan así el daño se repara. Y así mi vejez, alivio a tantos pesares halla. Pues cásate tu conmigo, o matárete Costanza. No está en Matar el Vencer, Así esta historia se llama, si hay algún perdón de sobra, concedédsele asás faltas.