Texto digital de No es amor como se pinta
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido (Tres ingenios)
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No es amor como se pinta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-es-amor-como-se-pinta.

NO ES AMOR COMO SE PINTA
JORNADA PRIMERA
Con menos prisa, señor, hoy te puedes pasear, que no está para gastar aquesta noche mi humor. Onotan apresurado, que des los pasos te pido, que hombre que anda tan corrido, no parece despejado. De Cataluña veniste, pluviera a Dios no vinieras, pues todo ha sido quimeras, cuanto después aprendiste. Ya en macilenta agonía, contigo es bien que desbroche, sales de casa de noche, y estás en casa de día. Todo es cuidado, y misterio cuanto de tu afecto tomo, tan mortal a veces, como quintilla de cimenterio. Si alguna cosa pregunto, bachisler, o placentero, yo por menudo te inquiero y me respondes por juntó: A la nochecer salimos, y al amanecer volvemos, y alcanzamos tus extremos solo los que los sufrimos. Dime, señor, tu aflicción, tu pena me di también, que un lacayo tan de bien, bien merece relación. O por lo menos me di, ya que vivo preguntando, a en casa de DonFernando vas por vida tuya? . . Sí. Pues supuesto que es temprano, aunque ya apenas seve, ya que tú me diste el pie, he de tomarme la mano en preguntarte primero, porque estás tan tristio hay alguna dama fea, que te cuesta tu dinero? que cuando más presumida de tu talle fanfarrón, si la entiende el socarron, dice que es bien entendida Tienes pulgas en la cama, o con sus rayos te hiere la dama que no te quiere, o aborreces la que te ama? Porque de puro callado los afectos encareces, y por el tiempo dos veces La cor hode tus cecodzos olonie as, l, caquees Pcezcejas, 1. D ̱̱ n r e Ecztada Piense que cmado, y ciego a Cataluña partiste, porque ofendida temiste a Estefania en n Diego. Pues ella al verse gozada de tu afición atrevida, más el mirarse ofendida, sentirá el verse olvidada. A Salamanca volviste, y con permisión sucinta habiendo estado en la quinta a la ciudad te veniste. Y por aquí Estefania, no te encuentre apie, o a coche, haciendo del día noche, hoces de la noche día. Pano infinito he extrañado, perde name si me admiro, que en medio de tu retiro en la ciueled te has entrado. No alcanzo por Dios tu intento, dime que te ha sucedido, que por Dios que estoy corrido de ignorarlo. Escucha atento. Divertiame la caza, o ya con los cuidados me embaraza remediarlos es justo, o en ello libro la opinión, y el gusto, trágico es el suceso. ayor Arlante pide tan gran peso, s tasta una pena siente, pasa con quel estauna corriente, En mi cuarto escondido, secreto has de tener el que he venido, que hasta del Sol recelo, que si lo ve lo ha de parlar al cielo: consultaremos medios, que eficates conduzgan los remedio y porque más te alientes, escucha un alma que se vio entre diente Junto a la fuente umbrosa, que el riesgo murmuraba sospechosa tegiéndole laureles por cielo de su cama mil doseles, y en el cristal sus almas, fecundas de sí mismas como palmas; robaba a mis potencias adormidas el ladrón natural entrambas vidas, no de dolor ajenas, porque hasta en sueños les maltratam pene que infelices memorias, no aciertan a gozar fingidas glorias mientras con flores bellas, incensaba oloroso a las estrellas. El prado, que es un pomó de juncias de tomillo, y cinamomo, y cantadandas aves en capillas sonoras tonos graves, celebradas de un viento, que hechiza, si no engaña con lo lente recostado en el monte, contrapeso factal del orizonte; con tan extraño vuelo, que es pedestal, y baya de ese cielo, de cuyas plantas bellas, parece que son fruto las estrellas. Estuve un rato cortó, duando el monte despide un fiero obose levantome asustado, hallo todo el contorno alborotado, con perros que bajaban tras de un oso, que fieros acosaban, aquí es obligación pintar el oso: si rviose lo valiente a lo brioso, al despelo el denuedo, y la resalución al dar más miedo, notaba la color en lo tostado, pues torpe cuanto airado, y vengativo, pero él le desengaña, en su fiereza tropezaba altivo: esta es del oso la mayor belleza, porque en lo bravo es gala la fiereza. aumentar la canícula del cielo. Brotava por la boca y como en todo el cuello la cabellera crespa, y como el pelo en hondas se rizaba, en ellas presumí que se anegaba. porque un golfo te mi del mar muyhondo, y porque yo le acose, y el animal bajel, que se iba a fondo un perro acada lado se le cose. Y en lugar de librarme, y de ofenderle, Y en fin, en fin su pena de símismo acudíyo a socorrerle, porque cuando en los ojos alos copos que herían, los rayos que sus llamas despedían unetna, o mongibelo con el fuego, y el agua, o que luchaba por salir con todo, Mas él, que del cristala los reflejos, de noche, pues laveo, blanco se vio, y luego en los espejos dulce, apacible, gloria del deseo, de sus ojos sangriento, en su eclipse se extraña tan violento, porque saber podía que se tuvo por otro, y en su ofensa, la dama que te dijefácilmente, esgrimiendo en las puntas la defensa, que yo no estoy ausente. si el conherirse a si no se avisara, temiéndose a sí mismo se matara. porque creció la cólera en el pecho de un hervor tanta sangre a su pecho, a la disposición lo corpulento, (to, que se cubrio la espuma de otra lana, y todo él junto armaba un cruel porten. y viéndola los perros más humana, desconocen el bruto que acosaban, que él se había con sus humos requemado, y en lugar de morderle le alagaban, y los enviste con tan loca saña, que pudieron de un vuelo Entre el tumulto, a quien el oso inflama espumas, de quien él fue parda roca, entre el riesgo, entre el susto veounada que de un caballo al suelo despedida, ymá, cuajó la espuma, al acercarme a bello, zozobraba en los riesgos de su vida, en mí lo noble me irtiró animoso, reparo que la nieve más la encrespa, y en su belleza me llamo lo hermoso llegó a mí, llegó el bruto desangrado, y el cuerpo de una lanza atravesado, le vino a sujetar por la melena, con que esforzando el brazo, vidos volcanes, sin causarenojos vibro la espada, trincho el espinazo, y del Ángel segura ya la vida, la deje con mis ansias defendida, que ya a sus bellos ojos, me pareció que había formado el cielo, fueron mis ansias, y mi amor despojos. Conocila, adverti en lo soberano, que sus dos elementos en la fragua, que n Fernando: ay cielos! es su herma amoroso, y resuelto no, sobre vestirle entrambos a su modo, dejé la quinta: a Salamanca he vuelto, sin que salga de día, y emprender indignada, como noble, vengarse como honrada Aquí es donde brotó tan abundante bien que a su hermano de nobleza extremo li copia del vellón rico, y flamante, que se lo haya contado no lo temo, a estotra dama con más gozo asisto, que aún Dn Fernando ignora que la he visto: de tu hermano Fernando hacerla esposa este es mi amor, mi gloria, mi tormento quisiera. como lo he dicho, no como lo siento. En hipérboles tan bellos, tanta estrañeza he advertido, que he llegado de aturdido las cejas a los cabellos. Pero lo que yo he notado. en la presente ocasión, que vino a la relación el oso como pintado. Junto al Tormes? era tenca un oso como un venado; pero ya, ya lo he pensado, sería el oso de Cuenca. Con mucha necedad burlas, Carapiña, con frioleras, pues advierte, que a las verás, nunca llegan bien las burlas. Pero ya mucho tardamos, que me espera Don Fernando. Igual te estará esperando su hermana, y tu dueño. Vamos. , , e Ya n Ana Cirón venir podía que pues se aulentó el día en trémulos desmayos, del Sol ausentes no entran los rayos; pero más que gustosa, parece, hila, que te miro hermosa. Disgustada, señor, es cosa rara, que novedad admiras en mi cara? que en vano persuadiera lo gustoso de afuera vn oculto cuidado pormás que este en el pecho disfraza. alcanza el Sola ser rasgo, Voy con eso contento, y en viniendo doña Ana a mi aposento mi bien puede aben turbado, te espero, porque airosa, Solas nos han ya dejado, bien puede tu cuidado dar la voz al aliento seguras treguas del mayor tormento, Ay Luisa! quién pudiera, no digo encarecer, contar si quiera de mi pesar severo el mayor accidente, no el más fiero, que en tan penosa calma ma me ofende el gusto, me atormenta ela A Don Enrique adoro, su recíproco ardor, yo no lo ignoro; pero como el amor es tan gigante, el más pequeño instante, que de mi amor se ausente, llóralo el pecho, la aficción lo siente. Pila mentecato quedo. Ya no hay aquí mentecato, que el viejo ya se salió, y en su cuarto le debamos: lindamente lo tracé; pues con esperar un rato, el en su cuarto se entró, y nosotros en el cuarto de Clara, poquito a poro nos vamos, señor, entrando. También fue ticha que no estuviese Don Fernando en casa. Ventura fue: mas señor, vamos al caso, que a vista del Sol parece, que nos ibamos cegando. . Bellísimo hechizo mío, hermosísimo misagro, (do, de cuyos rayos apenas, que suspensión, que embeleco, neciamente descompuesto, groseramente afectado, tus luces, o de su ardor, empañar los bellos rayos, cómo? Enrique, no prosigas, ni amorosamente airado quieras doblar la fineza, que con la vida te pago; pero como si aseguras créditos de enamorado, en mis ojos no has leido mi sentimiento, o mi agravio; no me quieres? no me quieres? engañasme? . . no te engaño, antes ha sido fineza el haberlo preguntado, entre dos que se enamoran, ella fina, él arriesgado. No más que un alma da vida a los espíritus de ambos, porque tan unidos viven, que hasta del menor amago son los registros del uno, del otro también cuidados. Yo te enamoro, verdad, que la vida me ha costado, perdida gloriosamente de tu amor en el encanto. Tú que me quieres has dicho. luego es preciso que a entrambos un alma nos dé la vida de finos, y enamorados. Entré a verte mariposa, de tus luces abrasado, gala haciendo del peligro, y del imposible escarnio. Vite, y el alma gozosa, como acero, que al contacto de tuiman, algunas veces estuvo disimulado. Salio a recibirte, y tú melancólico el agrado, mustias las flores, que son de tu hermosura el presagio, me recibiste, y entonces dudé con razón, y tu enfado, porque si la mitad mía estaba gustosa, dando muestras, de que tu belleza es su mejor agasajo: y triste la otramitad con amor dudaba, cuando en un alma vi que había extremos tan encontrados. Eso mismo había de hacer, triste a tu amor, pues es claro, que de lo que bien se quiere, es el amante un traslado. Melancólico, si triste, contento, si despejado, que no ha de gastar en dudas lo que puede en desagravios. Digo que me has de querer, aunque no quieras. extraño modo es ese, Garapiña, de traerme a tu reclamo. No soy galán? No por cierto. no soy valiente? . Menguado No soy airoso? . ni un pelo Díceslo porque soy calbo? pues has de saber Luisica, que después que en eso he dado, no hay en Salamanca, quien me lo quite de los cascos; pero volviendo a mi empeño, no soy discreto! . no hermano. No soy rico? Menos. Pues porque no me quieres, diablo? Porque no quiero al amor sin culpa a hacerle forzado. Pues la primera eres de todas las de tu tamaño, que el buen galán escogió pudlendo escoger el malo. Tervezas son merecidas, cuantarre agradece el labio. Rendimientos de una fe son cuantos te he declarado. a. . Clara. Mi padre me llama, voy, no te vea en mi cuarto, que con Doña Ana Girón es fuerza, que al vuestro vamos, la vuelta será muy presto, y así podéis aguardarnos aquí, porque con nosotras ira mi padre, y mi hermano, jamás tan temprano viene, y cuando llegase a hallaros. aquí siendo vuestro amigo, no ha de poder extrañarlo. En fin, que me quedo. . Sí, que es preciso nos vamos, mas será la vuelva breve: a Dios. A Dios que aquí aguardo. Luisa el manto te encomiendo que no es tu costumbre el manto no sea que lo taído quiera volver en rasgado. Oye, no me hable a la cola, que lo sentiré lacayo. Anda, a malas suegras mueras, si hay buenas suegras acaso. Ya malos araños tú, si hay también buenos araños. . Digo señor, que el amor, es un hombre muy honrado. No más disparates uigas, cuando ves que muero a manos . . Con doña Ines he salido de una hermosura que adoro, de un donaire que idolatro en Clara de la hermosura, y del donaire milagro. Señor, después que te sirvo solo sé que es el cansancio mi muy caro compañero, aunque nunca muy amado. Mas ha de diez y seis horas que no duermo, y es trabajo, que usándose sueño suelto, solo han de ir al sueño atado. Mas ha que no duermo yo, pero fuera desacato, que se durmiese quien tiene tan bellísimo contrario. Mas con todo en esta silla quiero feriar al cansancio, en breve rato de alivio, mucha parte de descanso. No se si tengo enemigos, pero bien me persuado, que está mi cara no es de tener apasionados, y a los pocos que tuviere, pienso que los tendré hartos, y hago mucho, que conmigo, no hace otro tanto mi amo; pero durmiose usaced, hablen por su vida bajo, que ha menester el Poeta, que tenga sueños el paso. Yo me duermo, que también tengo mi sueño en el patio, y si no es tan bien nacido, ha de ser mejor criado. De mala gana estaré durmiendo en ajeno cuarto, más deme Dios la soltura. que el sueño ya me le hadado. , a de casa, que el ser Verano ha podido disculpar de ser tan tarde el reparo. Ella se queda en su casa con Celia, mientras yo hago diligencias, que mi amor tanto tiempo ha procurado. Hay amor lo que me cuestas! no eres rapaz, si no anciano, pues a persuasiones mías, no has vencido el ser ingrato. Hoy hace, si a la memoria no le falta también algo, para que de todas tres potencias mi empeño falto. No más que racional bulto, parezca mi afecto airado: hoy digo que hace, mas no, no me traigan los agravios los pesares de quejosos, sin las glorias de vengados. A pedir a Doña Clara vengo, que diga a su hermano si sabe de mi enemigo, puesto que han sido soldados, porque aunque fuera mejor decirielo a don Fernando, es mi galán, y pudiera celoso, y desesperado, lo que yo busco en remedios aconsejarme en estragos; pero como está tan sola esta pieza, cielo santo! Porque cómo, muerta estoy! descubres, soy duro mármol! a mis ansias, que dolor! el enemigo, que agravio! cadaber vivo que informas el pecho más inhumano, que en tiranas inquietudes ha vivido conservado: bulto que de don Enrique (ya te nombre, caso rarol) que no pudo el disímulo dar privilegió al recato) como cupo en tu nobleza, como en tu pecho bizarro, más pesia a mis iras? cómo esta venganca dilato a vista del ofensor, y ofensa del agraviado. Matarele? más que digo, yo soy de mi honor sagrado la defensa, y neciamente venganzas ofrezco al labio? No digo bien, con caricias podía ser, que a los alagos le traiga de agradecido, cuando no de enamorado, Es así verdad, mas no muera con su daga falso, para que escarmiento sea de hoy más a cuantos villanos tiramente han querido ser de Cupido vasallos: que digo? no estoy en mí! sentimiento más a espacio, que atropelláis las venturas, por prevenir los reparos. No es este de mi deshonra el arbitro que han dejado contra mi femenil brío tiramente los hados; pues que en su muerte remedio? o que de su muerte saco? sino hacer público el que fue secreto desacato. Despertarle, pues elijo, que cara a cara un agravio fuerza a los mejores bríos, y espíritus más gallardos a que por el rendimiento dena las razones pase, Bien está, o quieran los Cielos que mis afectos pre salgan de tantos abismos, y de sentimientos tantos! Ha on Enrique de Herrera, no duermas, que es demasiado a la vista del peligro, querer vivir descuidado: ha Enrique. , Mi bien, mi Clara. - Qué dices, cruel estrago de mi vida, y de mi honor! Hay tan fiero sobresalto! que donde entendí mi dama viniese hallar mi contrario: o si tan dichoso fuere, que no topase cerrado; porque a la calla padiese salirme, crueles hados! ya hallé abierto el cielo; quiera Estefania, que el rato que me has estorbado, tengas infelizmente doblado! . O que bien hiciste, infiel, en imatar la luz! qué es claro, que donde sobra el delito, el testigo es excusado, que hasta la luz, que en pavesas, al aire sube en penachos, ardor rizo, que procura afectar incendios altos, con lenguas de llamas vivas te acordara el desdichado estado de mi nobleza, y de tu infamia el estado. , , . . Quién sois, que tan neciamente d. . Por la puerta del jardín, con llave que he negociado, instado de mi fineza, y del cariño de Fabio, criado de Doña Clará, quaceo melte brrzado procute ponerme en salvo. r ̱ Voces si no me he engañado escuchó la fantasía, y por si acaso me engaño, antes que mi cuarto, quiero ver de doña Clara el cuarto. Señor, mi dueño, mi bien, puesto que el amor te ha dado para su conocimiento, cuerdo aliño, pecho hidalgo, no de una mujer rendida (uios? te olvides. . . Qué es esto agra como de mi hermana, oyendo tan públicos desacatos en su cuarto, no sepulto sus pensamientos livianos. (esta? Mi hermana: ay de mí! no es pues como cielos ha entrado en esta casa? si son finezas con Don Fernando, más de sus infames venas to aré venganza airado. Tro. no me escuchas? . Don este ace no respondes? . F. este airado basilisco ponzoñoso toanse las será tu muerte, y estrago. s Pero qué nuevo rumor es este? ay cielos! que al paso ha sálido de mi dicha, y en mi desdicha se ha entrado. O si hallase mi desdicha puerto en tan grande naufragio donde escondida pudiese salir de empeño tan arduo. resistis impulsos tantos? Reñid, y conoceréis, que sé castigar agravios. Parece que el cielo quiso, no tan del todo enojado, darme esta puerta, con que Ninguno de estos que tiñen he conocido, y es llano, que si alguno mi amo fuera, que ya me hubiera llamado, tanto que en esta cabeza hubiera sacado el tanto, porlo que ha tenido de quebradero de mis cascos; sangre pero esta es mesa, y apriesa, antes que me den, debajo de su cárpeta me pongo, no me escondo, que me zampo. i. . Para, para. d. . Este es mi padre, no quisiera que arriesgado . me hallase en duelo, que es fuerza que sienta: aquel que ha llamado, es mi padre, porque voy juntamente a sosegarlo, por no obligar a sus bríos, a que me olviden de ancianos, y viendo en su casa un duelo, quiera intentar remediarlo. Caballero, en esta pleza me esperad, que ya yo salgo, donde apenas ofendido me veáis, cuando vengado. . Id en buen hora, que yo donde me advertís aguardo: si toparé con la puerta de su aposento, ya he hallado abierto, esperar le quiero dentro de su mismo cuarto, que aún no quiero que me vean si es posible los criados, que siendo el duelo sabido, tarde llega a ejecutarlo. Que no queda mi enemigo tan seguro, he imaginado, que no puedafácilmente dejar mis bríos burlados. Cerce, no está por aquí, pues en mi aposento es llano que se metió, pues no hay otro abierto, quiero cerrarlo, que el punto de un noble, es bravamente porfiado. Parece que hacia allí cierran una puerta, algún criado debe de ser, a esperar otra vez honor volvamos. Juzgo que estos mentecatos se han ido, pisemos quedo, no nos den, amigo miedo, dos perros por mogigatos. El salir no he de acaballo de la casa, bien me acuerdo, y aunque en ella no me pierdo, agora al menos no me hallo. Dalle en tropezar, y dalle en la oscuridad incierta, ya he topado con la puerta, por Dios que es la de la calle. Pues me escapado, harto valgo, y a la segunda el Poeta, veremos como halló treta para salir como galgo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Bonanza halló mi pecho en la mayor tormenta, pues sospecho que mi padre ha quedado en su cuarto ocupado (tiende con on Enrique agora, mas no en- mi pasión que pretende, pues cuanto más discurre, mas lo ig vi- nora viniéndole a buscar tan a deshora. . O lo que obra con amor un pedae Sin reposo en el río me ha tenido el amor (qué desvarío, si bien pagada la fineza lloro) del galán Enrique a quien adoro, . Fraallanará mi ardor los imposibl más viendo que mi padre divertido . Abra, pues esta puerta mi cuidad queda con la visita que ha venido, que yo no sé quien es, quiere el cuidado d. . Esta puerta he de abrir, pues que equn buscar a Don Enrique, si ha esperado, el llamar de esta suerte a mi enemigo como le dije amante en mis enojos, . Pero pasos he oído, es cosa cierta cuando llegue apartarme de sus ojos, de aviso le firvió el abrir la puerta, y porque su afición no espere tanto, . . Dejar llamar no quiso, vengo a buscarle sin quitarme el manto, el abrirle la puerta fue el aviso. O que injusta es la ley; válgame el ci que en ajenos delitos puso duelo, (lol , pues sin haber la ofensa cometido; me hallo en la deshonra comprendido;, . . La puerta abrieron, si acaso pero en vano discurre mi ardimiento; cuando queda cerrado en mi aposento, intenta fatisfacerme el que quiso a pesar de mi cuidado. desvanecer mi honor acrisolado, . . La puerta abrieron sin duda que vive de esta suerte, a pesar de los tiempos, y la muerte. Con lo que he discurrido, sin poder encontrarle he presumido, . . En su cuarto dejé ahora que de aguardar cansado, en mi cuarto sin duda se habráentrado, y vine aquí; porque no Ea, la llave es esta, que a la puerta, en mi venganza remiso he de aplicar ahora, si es que acierta a encontrarla, la pena en que me anego, pues no contenta con dejarme ciego, . . No es esta la voz de Enrique? en el tropel de males padecidos me ha dejado suspensos los sentidos. d. . Si es que a vuestro padre ya La puerta estaba abierta, y así lo que he pensado es cosa cierta; que aunque verme en mi casa está muy llano por ser tan grande amigo de mi herma era disimular, puesto en su centro (no, no podrá embotar los bríos, su amor, ocultándose all a dentro. ha de juzgarse artificio. Sentimiento es bien grave el que estoy padeciendo, abrio la llave. F. Oh cuanto emprende honor mal sa fecho! Intentaré las cosas más terribles, y salga de prisión mi encarcelado. Enrique compadecido de sus pasados delitos. que procura mi enemigo satisfacer mis agravios a costa de sus peligros. a mi padre recogido, me juzguéis, cuando el honor sirve al pecho de incentivo. ni su lenguaje apercibo. hablasteis, y recogido le dejáis, con que nosotros sangrientos, y vengativos, el faltarnos la ocasión, lo suspenso en el obrar ̱. Cl no es Enrique con qué hablo? no entiendo lo que me dijo. ̱. . Determinad si queréis, que por un salso postigo, de quien tengo llave, porque de mi cuarto cae al río, nos salgamos por la puente, que es hermoso pasadizo, de tanto asogo cuajado, de tanto corriente brío, y hagamos el verde campo de maleza entretegido, campaña de nuestro enojo, y de nuestro duelo sitio, pues siendo tan a deshora, será don Diego preciso, que la quietud lisonjee nuestro esfuerzo, y nuestro brío. Do Fernando es con quien hablo y pienso que esta sin juicio. Sepuesto pues que a estas horas estara ya recogido viiestro padre, me parece, que para cuitar peligros de los estorbos, que siempre ataján un desafío, que sin dilación alguna dentro vuestro cuarto mismo acabemos nuestro duelo. i. . Hay más ratos de atinos! don Diego es este que me habla, según en la voz colijo. Como no me respondéis escuchando lo que os digo? Cómo exculáis la respuesta, si atendéis a mis disignios. (do. F. Ha Diego. . Ha Dn Fernan E pero que es esto Dios mío! tienta y . Mas qué es esto santo cielo! Soy un bronce. Estoy sin juicio. Mujer es esta sin duda. Que es mujer esta imagino. Ya esforzoso el conocerme. Ya el conocerme es preciso. Pero como si cerrado dejé yo (no lo averiguo) en mi cuarto una mujer vengo hallar un enemigo? Mas como si mi contrario dejó el Duelo en el principio, cuando espero, me envía una mujer para proseguirlo. Mas quién es examinemos, porque pueda mi destino con la luz del conocerla hallar fondo en tanto abismo. Pero sepamos quién es, porque en rumbos tan distintos sea puerto el conocerla del trivente más noscivo, Quién eres? no me respondes? hiera tu voz el oído. Quién eres? désate el labio la duda de este prodigio. Hay confusión más extraña! Hay más rato laberinto! no me respondes? pues juzga, que ha de estar mi valor fijo en este sirio hasta que salga el Sol, y agradecidos, trinando acordes le hagan la salva los pajarillos. Pues el responderme excusas, sin moverme de este sitio he de estar, hasta que Febo, la madeja de oro fino tienda liberal porque vuelvan a nacer los lirios. d. . Ya es forzoso declararme, según el caso averiguo. Ya el declararme es forzoso, según advierto el peligro: cansado don Diego estáis. Don Fernando, sois prolijo. Cl. soltadme. . . no me dejáis? O por el cielo divino. O por el divino cielo. Lligro. Que aunque me exponga al pe- Que aún al peligro me expoga ̱ . De voces. Me encienda en gritos. Vive Dios que es Don Clara, en nueva pena me aflijo. Estefania es sin duda, más crece el tormento mío. El achaque del honor a celos se ha reducido. Consumio todo mi agravio de los celos el martirio. Pues es cierto que ella fue la causa del desafío. Pues de todo nuestro duelo, visto es que la causa ha sido. (no Mas si hablaba con su herma tener celos es delitio. Jua, d. . Mas si con su hermano habla el celar es desvarío. Pero como él a sus voces se mostró siempre remiso. Mas como a sus voces él siempre estuvo suspendido. No lo alcanzo, aunque discurro Discurro, y no lo averiguo. Pero debió de ser otro. Pero que fue otro colijo. Y así las quejas del pecho salgan luego al labio mío. Y así artícule la voz ausa de mis suspiros. Ya he visto vuestro rigor, y mi desdicha he mirado, pero no desengañado, queda con esto mi ardor: antes crecido mi amor se mira en mí (cosa rara!) pues quiere mi suerte avara, que vea en mi loco aprecio. si cara acara un desprecia, unos celos cara a cara. ta Ve vuestro amor muy distín la pena por más que ciego, hoy le pinten todos luego no es amor como se pinta, Sus ojos sin venda, o cinta, juzgarán del mal, y el bien, luego ya no amará quien logra con su dama enojos. Porque ninguno con ojos llegó a esperar el desdén. No son mis celos recelos, que vanamente resisto, si vuestro rigor he visto, también he visto mis celos: dadme algún alivio; cielos para vencer la conquista, pues si quiero que resista sin ojos mi fino amor, sabe entonces el dolor darle para todo vista. De vuestro amor, segunsé logro con razón sucinta, el no ser como se pinta, puesto que todo lo ve, y así vuestra fe no es fe: pues mira ya sin antojos, y sentira los enojos, en llegando a despreciarle, porque el hacerlo, es tocarle en las niñas de sus ojos. ̱ . Yo quejas? eso es engaño. on bueno es por Dios que lo niegues Fernando oyó mi queja, según mi pasión advierte. Ya es tarde, y así n Diego es hora de recogerse; pero de la sala el tiento he perdido. . . Las paredes hoy me han de servir de Norte hasta que a la puerta llegue. n Fernando, ya es muy tarde, y no es razón que se temple a costa de mi peligro, de vuestros celos la muerte: ausentarme es lo que importa, mas el tiento (soy de nieve) he perdido. . . Pues yo no será mucho, que le yerre, como soy recién venido. Ite! ̱. Horror granderd. Et. dura fuer Quién va? . . Quién es? La respuesta da mi espada de esta suerte. id. . D. Diego es viven los cielos, mi peligro es evidente, porque es on Estefanía su hermona, hados crueles! n Fernando es vive el cielo! soy perdido, si es que a verme llega porque Doña Clara es su hermana, adversa suerte! ̱. Hay del dicha más atroz! Hay tormento más uchemente! Él viene acabar el duelo, porque otro nuevo comience. Porque comience otro empeño acabar mi empeño viene. Como espadas en mi casa, alborotarme se atreven? Este es Don Gónzalo, cielos, si sale será evidente de Don Clara el peligro, pues es preciso que lleguen a ver el padre, y hermano su deshonor claramente. Mi padre es este: ay de mí! que ha de reñirme si a verme llega con Estefania. Y si saca luz, no puede de los ojos de su hermano su deshonor esconderse. Hay mujer más desdichada! Hay más infelice suerte! Quien en mi casa a estas horas atrevidamente aleve inquieta? qué confusión a los ojos se me ofrece tan notable, estoy sin mí! Aunque lo miro, no puede asegurarse el discurso, que no es el caso aparente. (ble! Quién vio empeño más terrí por todas partes se ofrecen dificultades, con que el discurso se convence. Hay lance más apretado, que aqueste que me sucede! no hallara remedio al daño, aunque el discurso le piense. Quién sois, que con encubriros vuestra intención se oscurece? hable el semblante animado, porque da indicios de aleve aquel que agrava la culpa con cubrirse, pues se advierte traición en aquel que hablar por él el rostro no puede. Declarenos el semblante, si la lengua no se atreve la duda que en lo encubierto, se súpura, o se suspende. No se por Dios lo que me haga No es posible el responderles Mármol helado me animo. Inmóvil tronco soy siempre. Aún consultáis la respuesta. Hablad, porque es caso fuerte, que ni con voz, ni semblante intenteis satisfacerme. Como el ruego no os obliga, ni la cortesía os vence, a que la voz del semblante, da lo que el pecho siente. Pues no queréis declararos al rógaros tantas veces, obre el acero en mi brazo, porque mis pesares cesen. Pues no queréis descubriros, cuando nos veis tan corteses, lo que no consigue el ruego, logre el acero luciente. Ea n Enrique, mueran. A vuestrolado estoy siempre con esta que en Caraluña fue instrumento de la muerte. Deteneos Enrique. Don Gónzalo el rigor cese. Que sois amigo, y pretendo en este lance valerme (ble, de vos . Pues siendo tanno- es preciso el defenderme en el empeño en que estoy, puesto en la ocasión presente. Es Don Fernando? Es Don Diego? d. . El mismo soy, aunque puede mi desdicha, según es, enbárgaros justamente al alma la obligación, que tenéis de conocerme. El mismo soy que pensáis; pero las dudas se ofrecen con razón, pues la desdicha me acredita diferente. Es el caso, que esta dama a quien mi brazo defiende, hermana es de este embozado; pero como sucediese entrarnos aquí, no es tiempo de que ahora te lo cuente, y ansí os suplico me deis ardid con que se remedie. La dama que está conmigo, es hermana (lance fuerte!) de aquel que esta allí embozado (con la misma verdad quiere engañarle el corazón) su peligro es evidente: Era, como aquí entramos, no impor ni hay tiempo para saberse: noble sois, vedlo que os toca, que a todo estaré obediente. Terrible lance es por Dios, no sé como lo remedie. El lance es bien apretado, y el remediarle conviene. Ya tengo un remedio, y juzgo que hallar otro no se puede: mataréis vos esa luz, porque muerta, fácilmente me escapare por mi cuarto hasta que a la calle llegue: la llave es esta, y así con eso será enidente asegurar el peligro. Harelo así, el temor cese. Mas ya un remedio he pensado con que asegurado quede: esta llave es de mi cuarto, que en él no habito; y es este: pediré la luz a Enrique, como que el dolor pretende examínaros de nuevo, y disimuladamente la mataré y vos entonces os saldréis, y también puede irse con vos esta dama. Vivid más años que el Fénij Enrique. . En señor, más ay. ̱ ̱. Tropezasteis? lindamente se me dispuso. . . Y la luz es ya contrahecho pevete. Hola Fabio. . E. No ha podido mejor que fue disponerse. Luisa, Fernando, sacad luces. . Esta sacar puedes. Pongámonos a las puertas. Do. Gónzalo, eso conviene. Ya traigo la luz. Pues dame, mas cómo esto me sucede? bien sucedio: mas es fuerza dar a entender que se siente. Sucedio como esperaba, mas disimular conviene. Pero ninguno ha quedado, no sé como esto ser puede, cumplí como noble a fuera, obren como ellos quisieren. No quedó ninguno cielos, el como, dudaré siempre, yo cumplí mi obligación, lo demás sea como fuere. Quién vio desdicha mayor! Quién vio más penosa suerte! templad vuestro sentimiento. Cómo queréis que se temple: si en la menor de mis dudas varebozada mi muerte. Ya en los Teatinos ahora las tres dieron de contado, y mi amo no ha cenado, ni cenara en esta hora, y de estarme sin desvío, tanto tiempo aquí aguardando, sospecho que platicando estoy ya para ludio, véndrase luego a costar, y dormira por los dos, y en anocheciendo Dios he de volverle a esperar: él tiene bien raro humor en lo que del tal se ve, disparates hace, que no los hiciera un señor. Ninguno a sufrirle basta su condición a mi ver, sin duda debe de ser de murcielagos su casta. Esto por Cristo me anega en mi llanto repetido, más debe de haber servido al Rey allá en la Noruega. No he visto más rara cuña en el dormir; y velar, sin duda se debe usar lo que hace en Cataluña. En el sufrirle pregona su condición, que es muy niña que ha salido Garapiña de los caños de Carmona. Por Dios que es bueno esperar en casa hecho un maladero; pero supuesto que espero, yo quiero galantear. Galanteare, aunque se precia a Luisilla de advertida; pero sobre presumida tiene un pedazo de necia. A Laura es muy graverona, a lues nadie la desea, a Juana, pero es muy fea, a Leonor, mas es gorrona. Y aunque me haga cosquillas de aquesta ingrata el cariño, no ha de ser mi amor tan niño que ande siempre entre mantillas. A Elvira, mas es muy terca, a Ilabel, quiere dinero, a Nise, es de un zapatero, a Antonía, mas es muy puerca. En fin no halla mi cuidado, si con mi gusto me ajusto, una dama de mi gusto, porque soy muy delicado. Y esto no es andar cruel con mi pasión cuerda yo, puesto que para más no tengo licencia del fiel. Mas no soy hombre muy raro, pueso que advertiros quiero, que sino apuesta dinero no se me hace el gusto caro. Garapiña. . qué hay señor, gracias a Dios que has venido. qué hora es? . Ya ha amanecí (si vendrá de buen humor) Ido y así presumo a mi ver que serán las cinco ya más, o menos. . . Bien está. Tienes ganas de come? pues según llego a advertir en la ocasión mala, o buena, que si te comes la cena, de almuerzo te ha de servir. No tengo. . Y de reposar? Tampoco. . Bueno has vení dime que te ha sucedido: Ido: no lo puedo penetrar, de la causa muestras das, si bien se llega advertir, bien me lo puedes decir, que no sabes que soy Blas el que el amor de sus niñas con el que te tiene apuesta pues siempre tuvieron esta condición los Garapiñas. O que mal has advertido Garapina mi disgusto, puesto que mi mayor gusto disgusto te ha parecido. Este que miras embozo en mi suspenso semblante, es disimular amante de mi dicha el justo gozo. Pues qué tenemos, señor que hoy a entender no te acierto Que llegó a seguro puerto con tranquilidad mi amor. O tu ingenio desvaría. o no te entiendo. . Mi fe dice Garapiña. . Qué? Que ya Doña Clara es mía. Ya el discurso te ha entendido sin llegar a discurrir: tu en fin me quieres decir, que vienes hecho un marido, de donde infiero en rigor, con alivie tu cuidado, pues no vi jamás casado, que no entiviase su amor: Y por Dios que estoy sentido de tu suerte rigurosa, pues es una misma cosa, casado que arrepentido; Pero por ver acabado tu amor, y tu voberia, me alegro por vida mía, de verte, señor, casado. Garapiña, mi afición crece con el poseer, porque al que es fino querer le aumenta la posesión. Y aunque tu hayas presumido, que casado perdere mi amor, con Clara seré mas amante que matido. Pues tan viva la fineza al desprecio se desvía, que aún cuando la llame mía anelaré a tu belleza. Y así el pecho me maltrata en mi amorosa pasión, el ver que la posesión este tiempo se dilata, que como sé que con ella hade llegar más a amar lo que se tarda en llegar, todo mi gusto atropella. Pues señor, no me dirás, porque en esto no me arguya, cuando me dices que es tuya, que es lo que falta? . . No más, cuando está Clara obligada, y el fin del suceso espera, que su viejo padre quiera veniren ello, . No es nada, pues no estuvo así tu amor desde el principio? . . Es ver- mas hay una novedad (dad; muy grande. Y cuál es, señor? dimelo, porque me cuadre, que me traes a troche moche. Es, que yo propio esa noche se la he pedido a su padre. Y la respuesta que ha sido, por tu vida buena, o mala, que te vayas noramala, o que has de ser su marido. ̱. . Dijo que hoy respondería lo que llegaba a sentir. Pues lo que está por venir te causa tanta alegría? No ves tú, que cuando amante se la pedí por esposa, viyo que el alma gozosa sole asomaba al semblante, Y aunque mi loca afición estuvo un rato temiendo, el estarle el alma viendo me solego el corazón, Pues le dijo cara a cara mudamente su dolor, o que vano es el temor, cuando es vuestra Doña Clara, Y pues esto es así, a ver llega en mi amor singular, si puede haber que dudar, o puede haber que temer. Si puede haber en tu intento, aunque esté el alma advertida, una cosa muy temida. Y cuál es? El casamiento. Pues el hombre más profundo ha de llegar a temer, lo primero a su mujer, y a su luegro lo segundo. Mas dejando esto, a que aspiras, que no lo llego advertir, pues sin cenar, ni dormir, hoy en la calle te miras. A preguntar no se atreve Garapiña la ocasión: señor, repara que son ya muy cerca de las nueve, Y mis tripas, vive Dios, según se han alborotado, sospecho si que han dejado de comer hoy por los dos. En. Quiero ir, pero no ves dos mujeres. . no estoy ciego. En. que hablando están con n Diego Ya las veo señor, pues? (sto En. no adviertes, que aunque no he vi aún de ninguna la cara, el pecho que es Doña Clara me dice; que mal resisto esta pena que me avisa los rigores de mi estrella. Y la que miras con ella, no reparas que es Luisa: yo he de seguirlas, que aspiran las ansias en que me anego a vengarme. Por ver si paga mi amor Estefania, que ingrata a mis finezas maltrata con uno, y otro rigor. Hasta su casa he venido, pues de su pecho he pensado, que aunque no esté enamorado ha de estar agradecido a costa de mi nobleza: a noche en fin se libró, si piedad le pareció se engaña, que fue fineza: la que viene es cosa rara; mas con dos mujeres viene, retirarme me conviene hasta ver en lo que para. Digo que no hay ningún medio. sin que pierda mi opinión. Sosegad el corazón, que para todo hay remedio. Si a conocerme en rigor me llega el que me ha seguido, es fuerza que haya perdido de todo punto mi honor: El in duda (estoy sin mí) hablar nos vio con Dn Diego; y así apasionado, y ciego nos ha seguido hasta aquí. A esa justa presunción, es forzoso que me ciña, porque entonces Garapiña. nos miro con atención. e. . De limite el temor pasa. en la aflicción que traéis, sin duda que no sabéis, que estáis segura en mi casa; ya si podréis sin dudar, cuando del riesgo os aparto, retirada en ese cuarto, el fia del caso esperar. Decís bien. . Vamos aprisa. que Don Enrique ya sale. Vuestro sagrado me vale en ocasión tan precisa. Garapiña, ya empeñado. fuera bajeza el retiro, y así quiero mas qué miro? hay hombre más desdichado! Cielos, qué es esto que veo? Bronce soy en la disculpa! Confirmo éel propio su culpa Engañome mi deseo. Quién vio más rara quimera; pescaron nos el coleto sin saber como (en efecto) dimos en la ratonera. Como otra vez a mis ojos, fementido, aleve, ingrato, con vuestro engañoso trato me renováis los enojos, si con bárbaros antojos. me solicitáis vencer, sabré yo instrumento hacer, del mismo amor, que en rigor, no hay quien se vengue mejor, que ofendida una mujer. Sois malnacido, y villano, cruel, homicida, aleve, que quien a tanto se atreve conocido es por tirano: a vuestro gusto me allano en llegaros a olvidar, mas antes podéis pensar, si os está bien mi desdén, que quizá me queréis bien, cuando ya no haya lugar. Neciamente atropelláis. esta deuda que advertís, pues cuando más le encubrís, más torpe la declaráis; si lo heredado pensáis, que os ha de hacer bien nacido, es engaño, que ha advertido justamente mi cuidado, que no es blasón lo heredado, si es infame lo adquirido. Pensad el caso mejor, y así vendréis a obrar bien, que un repetido desdén suele entiblar el amor; no esperéis a que el rigor impere en mi voluntad, pues os digo por verdad, que si ponáis tarde el medio, como sin tiempo el remedio, seráociosa la piedad. Quiero ver lo que responde; dejadme penas, dejadme. Quiero ver si acaso: ay cielos! amante la satisface. Ya que mi desdicha quiere, que con afectos la pague, pues cada instante a mis ojos me la pone, sin que baste del aborrecer la fuerza aque deje de cansarme, el afecto finja un rato, y disímule el semblante el veneno que el alma disfrazadamente late. Mucho siento que me culpes mi amor, aunque no hallo fácil satisfacción que a tus quejas adecuadamente cuadre; mas si acaso mis disculpas las atiendes favorable, sin que memorias antiguas de ribieza te embarazen. Hallará alivio tu enojo en las que alterné verdades, confieso que fue gran culpa de tus ojos ausentarme, cuando mariposa en ellos me sacrifique poco antes: mas si al que vuelve rendido no se excusa el perdonarle, ya el perdón he granjeado de mis pasadas crueldades, arrepentido estoy ya, no el ser la culpa tan grave, haga el silencio candado de tus hermosos corales, el que tan humilde ruega, bien es que perdón alcance si el no haverte visto es culpa, desde que vine le baste por disculpa el temor mío de la indignación de un Ángel. Ya ves con cuanta razón fue el encogerme cobarde de los rayos que despiden esos ojos celestiales: a tus pies estoy rendido, y de ellos no he de apartarme hasta que compadecida a perdonarme te allanes. Deja Enrique las disculpas, y los enojos se acaben, porque en el que duran mucho da pocas muestras de amante. Qué es lo que he oído fortuna? en iras el pecho arde. Hay mujer más infelice! hecha he quedado un cadaber. Has de darme más enojos? Cómo eso dices, si sabes, que rendido a tus dos soles vivo de solo mirarles. d. . Vanamente me reporto. No he de poder reportarme Advierte bien que es perderte el llegar a declararte. Mas si a declararme llego será el empeño notable. Que más perdida me quienn cuando he perdido a mi amante Mas el perderme que importa, cuando no puedo ganarme. Pues la disculpa creida, Enrique en mis brazos halle para acreditar la dicha cariñoso el hospedaje. Con favor tan grande, quien ha de poder olvidarte, pues no es posible que amor, y agradecimiento falten. Ya no es posible el sufrirlo; Ya es el sufrirlo desaire. Cómo ingrato! Cómo aleve! Eso es dar con todo al traste. Pero que veo, desdichas! Pero qué miro pesares! Pero que advierto desvelos! Pero que reparo, males! Esta no es mi hermana, penas! Cl. este no es mi hermano, azares! No es Don Clara esta, cielos! No es Don Fernando mi amante! luego el matarla es forzoso! Luego mi peligro es grande! Luego defenderla debo! Luego mi pena se sabe! Mas la suspensión no es la que ha de poder vengarme? muere ingrata, pues ofendes. la nobleza de mi sangre. Reportaos por vida vuestra. Dejadme, Enrique, dejadme. . Mejor salio que entendí. Co no déjaros? primero tinta veréis en corares de au sangre de mis venas vna espada, que me aparte. Pues en vuestro pecho haré de mi deshonra el examen. Caballeros, no advertís, que en mi casa (triste lance!) es mengua que ejecutéis la ira de vuestro coraje. Hubo desdicha mayor! no es posible el remediarse, Pero deteneos, que crecen muy por la posta mis males: mi hermano viene, y es fuerza, que presuma (qué pesares!) que es el empeño por mí, cuando en él no tengo parte. Con nuevo empeño se agrava el que empezó, simple lance, Aún empeño tan extraño, otro de nuevo se añade. Si queréis obedecerme, aún el remediarlo es fácil. Cómo? . . Cómo? De esta suerte: diciendo que a visitarme ha venido doña Clara, y que vos (penas dejadme! por ser su hermano venisteis por ella, y si preguntase por don Enrique decirle, que viene con vos, y baste el ser mujer, y afligida, para que nobles galantes me saquéis de aqueste modo de un empeño tan notable. Por no hacer público el daño será preciso el callarle. Obediente estoy a todo, el ser vuestro gusto baste, E. Alivio hallarán mis males. Salgamos ahora de esto, que en casa será más fácil satisfacerle mi culpa, por más que la juzgue grave. Pues vamos a estrotra sala. Vamos, vamos al instante.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Mira Garapiña si está Don Enrique en casa, advirtiéndole que es una mujer quien le llama. Esa advertencia, señora es te prometo excusada, porque a esta casa no vienen, sino es visitas de damas. El no está en ella, aunque a mí (sustituto de sus faltas, me ha dado poder in totúm para recibirlas, y hasta que venga, puedes señora aguardarle en esta sala, porque es deuda muy debida (unque muchos no la pagan) el agasajar, a quien de agasajos no se paga: Y advierte que no me admiro de verte aquí, porque cada día tiene mi amo de aquestas visitas tantas, que no es nuevo el recibirlas, porque es viejo el aguardarlas. Y pues has venido a tiempo, señora mía, que estaba aguardando, según dicen, como del Mayo las aguas, aque viniera una de estas, para que por mi quedara en este puesto, te encargo, que a las que vinieren, hagas lo mesmo que he hecho contigo, advirtiéndolas bizarra, que esperen, mientras me llego a una diligencia. d. . Aguarda, que me has de decir primero (ya que los celos me matan) donde vas? . Adónde voy? a un negocio de importancia, que importa, señora mía, que luego al instante vaya. No te irás, sin que lo digas primero. . Advierte, repara, que no lo puedo decir, Dirasmelo sin que haya en tu lengua más respuesta. Digo que eres porfiada: que bobas son las mujeres, . cuando están enamoradas. Al fin te lo he de decir? pues digo que voy. . . Acaba: adonde? Señora, ha echar a aquesta hoja una vaina. . Ay que mal se compadecen los cuidados con las chanzas! Hay ingrato don Enrique, que mal a mi amor le pagas, pues infeliz en las dichas soy feliz en las desgracias! Con que pagarás ingrato, afectos que en viva llama, concebidos en el pecho me están abrasando el alma? Pues por verme, cruel Enrique, al fuego de amor postrada, estoy sintiendo en mi pecho lo que mis ojos declaran? Quien pudiera, ingrato amante no hallarse tan obligada a aqueste dios, que no es díos el que del amor se aparta? Infierno sí, de unos celos, que por este dios se causan? más cielos, allí parece (si el oído no me engaña) que están abriendo la puerta! retirarme a aquesta cuadrá importa, que así veré si es quien mi pecho idolatra. Al punto señor que vi; que por la calle pasabas, fui a avisar a mi señora, y diciendo que tomara el manto para seguirte, sin hablarme más palabra (que tiene pocas razones, a quien las obras no faltan) Aqueste papel me dio, y yo como bien mandada te fui siguiendo los pasos: alcánzete cuando estabas abriendo señor la puerta: el papel es este, falta que rompas paso la nema, con cuidado no se vaya un alma que viene dentro, porque de ese cuerpo es alma. Viose mayor desventura con tal agravio mezclada, que mis ojos estén viendo de aqueste ingrato la infamia, y en sus manos un papel escrito por otra dama. abriéndole está mas antes que de su prosa informada este la vista, le haré aleve dos mil migajas. A comunicarle llega, y en mis celos anegada, llego ingrato a descubrir el blanco de tus infamias. No le hago mil pedazos, porque viene a ser contraria venganza, ver en el suelo un agravio en partes tantas. y vos idos al momento, y decida aquesta dama, cuyo es aqueste villete, pues sois tan buena criada, que yo me quedo con él. Qué es esto que por mí pasa? el adagio está en la mano, sinoviene a las espaldas entrar por lana y volver, ecetera, que esto basta. No sé por Dios que decirla; ni sé discursivo que haga en tal lance como aqueste; pero la ficción me valga: . eñas! si conoces dueño mío. Ha traidor, que ahora me enga- Que soy tu amante, y que soy. No digas más traidor, calla, que cantas como sirena, y cual cocodrilo encantas; que más evidencias quieres, ingrato de tus mudanzas, que haberme dado yo misma con el agravio en la cara? quieres falso persuadirme con cautelosas palabras, que no es verdad lo que he visto? No mi bien, que es excusada presunción cuando te adoro satisfacerte enojada: mas si tujeos de un amante, contigo señora acaban, que me escuches, considera, que esta culpa que me achacas inocente la padezco. . Aquí me dijo quedaba este falso Don Enrique, Luisa con una tapada; no me mintió, quien pudiera (no avivéis celos la llama) no reparar en quien soy para salir agraviada opro 2í Confieso mi bien que se halla de tu parte la razón, y confieso que la causa de tu amorosa inquietud, vive muy justificada. Ha cru el! también a mí (detened celos la espada) con latraición a los ojos tus engaños me amenazan. Cesen, dueño de mi vida, vanos recelos, si bastan disculpas de un firme pecho a desvanecer su rabia. Firme te adoro mi bien, y en víctimas te consagra, el pecho ardientes suspiros, que el corazón los exhala. Qué es esto que escucho cielos! ya la paciencia me falta: . Cruel Enrique, en que piensas, cuando obligado te hallas de mi amor? tan fino amante te miro de aquesta dama. Y nos señora, que frágil dais crédito al que os engaña, como atrevida a mi amor, profanado habéis sus aras. No sabéis que Don Enrique. Amor, encubrid mis faltas! Es ya mi esposo, y mi dueño, Qué decís, que es ignorancia todo cuanto vuestra lengua pronunciando está inhumana: si Don Enrique me tiene, acabad conmigo ansias, antes que llegue a explicar lo que siento desdichada. . Ya es la sospecha precisa. de los que me ofenden celos, pues salir he visto cielos de esta misma casa a Luisa. . de mi honor, y amor llevado a efectuar vengo el duelo que dije (vano recelo) con don Enrique empezado. d. . Bien claro se muestra, para confirmar mi pensamiento, que es (ay Dios) fiero tormento la que está allí Clara. . Mas que miro; allí no están. dos mujeres, que porfía mi discurso, Estefania, y su criada serán. , Pero su hermano está allí; disimulemos amor. C. Detened pecho el dolor, porque su hermano está aquí. A on Enrique hablar quiero. Quiero a Don Enrique hablar. Si podéis. . . Si os da lugar aquestas damas, que infiero, señor Don Enrique, ya que ha sido poca atención venlr en esta ocasión; cuando vuestro amor esta gozando dichas de amante. d Di Celos, paciencia, y sufrid! . Sufrid celos, y advertid de esta ingrata lo inconstante! . Aqueste es mi hermano, cielos! Cielos aqueste es mi hermano! Ah sucedido a hombre humano tanta confusión de duelos? . La ocupación que tenéis. Señor Don Enrique el gusto Que la dejéis será injusto. No es justo que le dejéis. Y así quedaos con Dios. d. . Con Dios os quedad; porque. d. . Por verme con vos haré. Yo haré por verme con vos. Por centinela a la puerta, cielos me pondré, hasta ver si sale aquesta mujer para presunció más cierta. . Por Argos el corazón estara puesto en mis ojos, hasta averiguar enojos, si es cierta mi presunción. . Si para más confusiones, admiraciones faltaran, y penas, en mí se hallaran las penas, y admiraciones. . Hay amor, que desdichada es quien estima tufe; mas si no eres díos se ve, que no tienes culpa en nada. . Dime aleve, y falso amante (dejadme penas un rato! con que pagarás ingrato de mi pecho lo constante? si. . Y tú aleve, que enajenas un gusto con mis disgustos, con que pagarás los sustos, que a padecer me condenas? Callas porque estás culpado? Porque estás culpado callas? Cesen por Dios las batallas contra un triste, que el cuidado señoras de vuestros celos, es forzuso se suspenda, y que cese la contienda de tan injustos desvelos. Porque en aquesta ocasión, que advirtáis, señora quiero, que está el libraros primero, que no la satisfacción. Y qué miréis que peligro en mi honor señora, si. con tal empeño de aquí, no os desmiento del peligro. d. . Ya el recelo de mi asalto con un sobresalto lucha, y ya me obliga su lucha a que venza el sobresalto. . Ya el temor con ser menor, que el amor que me maltrata, como mis celos dilata me ha de vencer el temor. . Ya Enrique ingrato te dejo, porque venzas esta daño, Y yo entregada al engaño de tu ingratitud me alejo. Señoras, que es vuestro intento? detened, que juro a Dios, que están en la calle dos guardas de este monumento. Qué es lo que dices? Que advierta todo airoso, y rico talle, que está Don Diego en la calle, y don Fernando a la puerta. Qué dices? . lo que has oído por más señas que al entrar le quise. . . Acaba de hablar. Estoy, señor, aturdido, porque al ver su vista airada, en sus acciones prolijo me dijo. . . Di qué te dijo? qué dijord. . si. Garseñor nada Deja Garapiña gracias en esta ocasión, y advierte, que me veo de tal suerte, que son para mi desgracias. Yo haré incierta su aprovecha (aunque no es incierta amigo) que habiendo un falso postigo, poco el cuidado sospecha. Señor, señor, malo, malo, por la calle viene a prisa, como el que tarde va a Misa el buen viejo Don Gonzalo. Que escucho! mi padre viene Que confusiones son estas! Cielos, sacadme de aquestas congojas. . No se detiene un punto, que llega acá por sus pasitos contados, que los dos arrimados, dejaron el puesto ya. Señor, que empieza a subir. ̱ . Señoras, que os detenéis, por esta puerta podréis conseguridad salir. . de mi fe los desengaños? Bien dicen hoy tus engaños, que no eres cómo te pintan. Oh señor, Enrique. ̱. . Señor mío, aquesto es cautivarme el albedrío, amicala señor venís ahonrarme, aquesto es obligarme le nuevo cada día. que es agraviaros mucho, porque veo, el amor de Himeneo, que si el mismo deseo convos alguna cosa deseara, quevencido quedara. Mirad que vengo a hablaros, labra a cumpliros vengo Enrique la palabra hasta veros casado ifuera Clara, y supuesto que gustosa . Don Enrique se casa, lo queya de su mano a vuestra mano, diciéndole su intento 2. Por ser tanta la dicha, spuesta en cal a Doña Estefanía. la desconoce el alma, aunque pudiera cielos la porfía de Doña Estefania, haciendo reflejión a la memoria, . ponerme en muchas dudas esta gloria. Qué suspensión tan rara! muda Enrique el color de vuestra cara, supuesto que jamás así os he visto. Mal el temor resisto, cuando por verla cielos tan hermosa, yo propio la he pedido por esposa. . No os admire, señor, que en el semblante Cómo (ay amor) se despintan falgan las suspensiones, pues galante despide el corazón su triste embozo, y al rostro le traslada por más gozo. La suerte que he tenido me tiene suspendido, que es muy propio del gusto la presencia el hallarse dudoso en su evidencia. El casarme, señor, con Doña Clara, es dicha que declara que merezco yo mucho, pues merezco ser esposo de Clara, a quien ofrezco, no digáis eso, no, por vida mía, entregado a la dicha de mi empleo, para lograr con él en dulce calma de talamo fecundo, fértil palma. Digo señor, que luego me casaré con ella; y así os ruego, y de un cierto negocio a informaros, que no lo dilatéis, pues de ello gusto, y que estuvieráis solo, bien quisiera, hacedme, señor mío, aqueste gusto. Saca sillas aquí, y vete afuera, . . Co la obra quisiera responderos, Garapina. . aquí está, no meire lejos dadme Enrique esos brazos verdaderos, sinoir de este viejo los consejos. . y estad cierto, que así como la noche Movido del amor, que el pecho os tienda su manto sobre el claro coche, estaré con cuidado que os di de procurar que vuestra esposa aguardándoos en casa. . ella obedece, yo lo estoy, pues gano yo desvaneceré su casamiento, (mad. . Con Dios quedad, y aquí la cor- Ido. de la razón de estado, no extrañe la llaneza en nuestro agra Venid, señor. Enrique perdonadme, yo sé muy bien la casa. Señor, dadme licencia, que hasta abajo reciba el agasajo de hallarme a vuestrolado. G. no quiero ser Enrique porfiado. C. Digo que salgo admirado de haber visto a mi señor, que quiera, fuerte rigor! casarse siendo casado, que aunque no lo está atropella de ver el amor, a quien por el mal, o por el bien le fuerza a casar con ella. Él viene, gentil partida. . Gozare en amantes lazos de doña Clara los brazos, sin que nadie me lo impida, Garapiña, donde está tu gracejo? . Aquí. Hy amigo, se de mis glorias testigo. Pues hay nuevas glorias ya, Garapiña hay muchas cosas: que felizmente mi fe te las dira. . Ya lo sé que esta noche te desposas, que todo lo he estado oyendo. Pues qué dices de mi dicha? Digo señor, que es desdicha, Por que? Porque no te entiendo. No sabes di, que su honor debes a Estefania, y que casarte sería con otra mujer error. No conoces que galanté, en su amor a instantes creces, y al paso que la aborreces, te adora a ese paso amante. No sabes que es más fineza el querer aborrecida, que no quien correspondida. quiere para más certeza. Y aunque sé que serán malos los discurso que dijere, si yo no te concluyere, que me des cuatro mil palos. Tú me puedes concluir? Si señor. . . Pues empieza. Escucha de una fineza lo que te quiero decir. La que quiere con tormento aprueba su voluntad, querer con comodidad, ánula el merecimiento. Quien firme se halla en su intento siendo amante aborrecida, esta logra merecida de las finezas de amante, que no quien quiere galante por verse correspondida. Si concluyo con tus voces. a tus argumentos vano, a que te allanas? . Me allano. a que me des dos miscoces. La que quiere con tormento es tela su voluntad; la que con comodidad es propio el merecimiento: Quién firme se halla en su intento, siendo amante aborrecida, lograr no puede aplaudida. las finezas de su amante, que estas las goza galante; quien se ve correspondida. Quién se ve correspondida, señor, no es fina en querer, que la afición ha de ser de su mismo amor nacida: luego quien quiere advertida, de atro amor no tiene afecto, yes llano, porque el efecto delamor, es la fineza, y no le habiendo es certeza, ser lafineza de efecto. Quién se ve correspondida, satisface con querer, y esta es fineza, por ser de otra fineza nacida: luego en quien quiere advertida de otre amor está el afecto, porque aste amor hace efecto, obligando a la fineza, y no le habiendo, es certeza, ser la fineza de efecto. Buena ha estado la respuesta, mas si ajuicio se reparte, la de tener yo más parte, que tu señor en la apuesta; pero ahora que has de hacer, iraste, porque anochece, ya mí que irás me parece abuscar a tu mujer. Por Dios que he sido feliz Garapiña en tal suceso. No falta señor por eso quien haya sido infeliz. Ay cuitada Estefania, como tu rabia prevengo lástima por Dios la tengo, que eslinda por vida mía: . con Clara te casas, cielos! no te acabo de entender, Porque lo dices? . Por ver que ya en fin no tiene celos, cuando en casa por su estrella, de don Diego ayer se entró, no me dijiste, que no te habías de casar con ella? pues como agora tu pecho no teme aqueste rigor. Porque es en vano el temor, cuando me hallo satisfecho: que aunque con Don Diego, sí hablaba, no era su gusto, y por no darme disgusto quiso ocultarse de mí: las cuantas serán al fin Garapiña? . Aguardo a que. n. A qué aguardas? . A que dé el relox de san Martín. Ya se me acerca el cuidado de ver a mi esposa humana. Yo entiendo que irás por lana, y volverás trasquilado. . Ya con dulces esperanzas el sol ocultó su coche, ya viene afable la noche. a quien ofrezco alabanzas. Ya el sol se ocultó en su coche, y ya la noche voy viendo: hay señor, y como entiendo, que se ha de hacer todo noche. . Al fin Enrique has de dar a doña Clara la mano esta noche? . En. Es caso llano, quien me lo puede estorbar. Ninguno, tú lo verás lo que Garapiña aliña, que es un hombre Garapiña, que no se ha oído jamás, si no es ahora, y no excuso, porque tengo de uso el nombre, de que esta noche se nombre entre el mal uso el buen uso. Ya me parece que es hora, según la noche lo advierte, que vayas señor a verte en los brazos de la aurora. Ya felizmente anegado en la dicha que imagino, gozaré, aunque amante indigno del talamo deseado. Voy a verme (cosa rara! con mi amor (lance gustoso!) dichosamente amoroso a vista de doña Clara. A Enrique vengo a decir, que don Gónzalo le aguarda: . como tu señor se tarda? En que se tarda. . En venir? este ignora el casamiento; . pues no sabes que se casa con mi señora? . Eso pasa: ahora en este momento de apartar se acaba Luisa. Pues a Dios, porque no puedo detenerme. . Quedo, quedo, que también yo estoy de prisa: al fin se casa mi amo? Di que quieres, que mepierdes, ya lo sabes. . Que te acuerdes que Garapiña me llamo. Con aqueso que refieres? Qué refiero? muchas cosas, que entre mujeres dichosas, tú la más dichosa eres; digo Luisa, si te apuestas a quererme, no habrá más. Pues porqué? . Porque trairás siempre Luisa el uso a cuestas, Pues porque, di, si te amo, el uso a cuestas trairé? Pues no sabes Luisa, que? Blas Garapina me llamo. Aquese nombre se trueca con el buen uso, en maluso: y ya sabes que al mal uso se quiebra siempre la hueca. A Dios, que muy lindo oficio has tomado. . En conclusión nos veremos? . Si busón, Cuando? El día del juicio. Yo me voy, pues es preciso avisarla de su engaño a Estefania, y que el daño le remedie con mi aviso. . Qué siempre el pesar al gusto le ha de seguir con mil penas, y siempre el gusto al pesar le ha de recibir con ellas. Que viniendo por la calle; (ha don Diego, quien pudieras no hacer duelo en este lance de la razón que me fuerza) le encontrase, y me dijese, cielos, que con él me fuera a efectuar con el duelo, de sus celos la tormenta. Aguardándome en la calle dijo que quedaba, mientras. que salía de aquesta casa. adonde mi amor se aluerga. Dudoso estoy, vive el cielo, pues dos empeños me cercan: aquí me llama el amor, y el honor allí me espera. Si no correspondo amante, es dar a mi esposa quejas, si noble, no salgo al duelo, es de mi estado bajeza, consumanme cuidados, ahóguenme las penas, mientras honor, y amor acaban competencias! A Don Enrique vi entrar en mi casa, aquesta es buena ocasión para salir con mis celos de la ofensa: señor don Enrique. . . Amigo. La amistad nunca aprovecha, señor don Enrique, cuando) el agravio la demedia. E que decís? . . Venid conmigo, porque en aquel cuarto intenta, que es de mi padre, y no habita agora en él, mi nobleza asegurar una duda, y vencer una sospecha. . Sin duda que don Gonzalo aún no le aura dado cuenta que me caso con su hermana; mas sigámosle, no entienda. si se lo digo, que es cobardía la modestía. . Aunque a don Enrique estaba esperando a la puerta, del agravio que me ofende. me trae aquí la enidencia; pues tomando aquesta luz, que en la primera ante puerta. encontre, sin recelarme he venido hasta esta pieza. Pero que ruido de espadas en aqueste cuarto sueña: cerrado está, vive el Cielo, echaré la puerta en tierra. Aquí he de tener la llave, que me dio, porque me fuera, don Gónzalo, aquella noche que fue ocasión de mis penas. Deteneos don Fernando, cese Enrique la pendencia. Y que mi intento no lo grase! Por lo que riño no sepa! . Referidme don Enrique, decidme por vida vuestra, que os ha movido a reñir; mi curiosidad merezca saber la causa, si es digna señores de que se sepa. El refetiros la causa, es don Diego dependencia que le toca a don Fernando, cuando de discurso ajena ignoro esta causa yo. Señor don Fernando, fuera la amistad ingratitud, si capaz no mereciera saber lo que la razón a un pecho ilustre le fuerza. La causa que preguntáis don Diego, que no se sepa importa al honor, porque es tan mía como vuestra. . Y así he de reñir con ambos don Diego, porque me empeña el ver que con otra llave habéis abierto esta puerta. Con don Enrique es forzoso, hasta que vengado vea un agravio que me mata, que no cese la contienda. Y así he de reñir a un tiempo, aunque por causas diversas, con do Enrique, y con vos. . Detened, que fue primera mi intención con don Enrique, porque en vuestra calle mesma le desafíe, y estaba aguardándole yo en ella: Y así con vos, y con él, entre agravios, y sospechas, he de reñir vive el Cielo Detened, que agora entra la obligación en que estoy, en dos lances que me fuerzan. Con vos dón Diego, es debido, por ser la causa más cierta, el que conmigo riñáis; con don Fernando, la tema de haberme desafiado, sin decir porque me empaña, a que también con el riña; y así entre dudas, y ofensas venza el acero el agravio, la duda el acero venza. . ruido en mi casa de espadas? quien movió decid aquestas decisiones de los tres? Él uno es mi esposo, penas! Pues en mi casa don Diego? diga Fernando tu lengua, que ha sido aquesto? y tu Enrique que en el rostro lo de muestras, como estándote aguardando alegre, para que en tiernas palabras del Himineo, amoroso concedieras toda una alma a Doña Clara, satisfaciendo mil deudas, te halló Enrique con la espada en la mano ya. . . Sosiega, señor Don Gónzalo el pecho, no te alteres, considera, que apenas el rubio Apolo nego sus rayos, y apenas tendió su manto la noche, obligando a las estrellas a que le sirvan de adorno cuando entregado a la fuerza de mi amor, salí de casa, atiende de que manera. Como un rayo, que de dentro de su esfera se delata, y las furias no dilata hasta llegar a su centro; así salí, cuando encuentro el fuego de amor buscando, no lo que iba deseando, que era señor a mi esposa, si (na fortuna rigurosa! a Don Diego, y Don Fernando, que sacando los aceros, cada cual por si comienza, uno a obligarme que rina, otro a decirme que vea, ignorando yo las causas, que es la suya la primera. En estos lances señor, me vi, cuando tu presencia, movido de nuestras voces, con Doña Clara mi prenda, veniste señor aquí a desvanecer tragedias. Qué decís señor n Diego? y tu Fernando, que piensas, sino hay de por medio agravio: don Enrique con vos puedan algo mis canas. . . Aquí ya es obligación que tuerza los celos por ver casada con Don Enrique a esta fiera, y ser muchos los contrarios, venza el desengaño, venza. . Digo señor, que me ofrezco (ay amor lo que me cuestas! a que que de efectuado lo que vuestro celo ordena. Y yo padre que a tus plantas humilde llego, te ruega mi afecto, que le perdones: y a vos Don Enrique sea de mi hermana el casamiento logro feliz, que en eternas edades de años dichosos, renazga Fénix, y muera. Ahora verá mi amo lo que Garapiña ordena. . Señor, a tus pies postrada Doña Estefania llega a quejarse de un agravio, por no decirle a sí mesma. Don Enrique, aqueste ingrato, señor, que tanto me cuesta, este que tienes presente: aquí se anuda la lengua, aquí la voz se entorpece, aquí la razón se hiela, y los agravios, y celos unos con otros tropiezan. Obligada a sus amores, movida de sus finezas le correspondí amorosa, y afable le admiti tierna, Adorábale constante, procurábale alagueña, y en mi pecho colocaba su ingratitud por finezas. Al fin, señor, este ingrato, pronunciad aprisa penas, pase la voz del recato alos labios su modestía. Me debe (detente aliento, no me hagas pregonera, que no puede ser actora, la que es su infamia rea) El honor, ya declaraste de mi delito la afrenta, y el corazón por los ojos sale en lágrimas desechas. No has visto puesto en la llama un madero, que oprimido de aquel fuego que le inflama. de sus incendios movido tiernas lágrimas derrama? Y si al fuego hay triste suerte; mi amor señorse abalanza, cuando en su agravio advierte, ardiente suspiros lanza, y tiernas lágrimas vierte? No has oído que a un viviente, cuando le quitan la vida, la justicia cuerdamente; ignorando el homicida, aprisionan mucha gente! Y a los que el indicio culpa llevan donde el cuerpo está, y al que no tiene disculpa la misma sangre se da en el rostro con la culpa. Pues aquesto mismo hagó delante de mi ofensor, cuando al verle satisfago, que es causa de mi dolor con el llanto que deshago. Este quiero señor mío, que te ablande, y que te mueva, volviéndome a Don Enrique, pues siendo mi esposo cesan pesares, desdichas, duelos, agravios, congojas penas, y entre el amor, y el honor, también cesan las contiendas. Admirado me ha dejado. . ̱ . que he escuchado, cielos, muera. quien del honor de mi sangre las leyes, infame, altera: morirás, viven los cielos; aunque montes se opusieran de ejércitos de por medio. a estorbar tan clara afrenta, . Y vos don Enrique, como habéis hecho tal vileza? Cielos, hay más confusiones! que aquesto a mí me suceda! Qué mujer tan infelice llego a ser, cielos! Comedia es todo cuanto aquí pasa. . Sacad don Enrique aprisa aquese acero. . No es nada lo que Garapina ordena. . d. . A mí me es fuerza también el satisfacer mi ofensa riñendo con don Enrique. . Ea don Enrique, ea, conmigo, viven los cielos habéis de reñir, fenezcan los recelos que me incitan entre cuestiones sangrientas. Tente hijo Don Fernando, y tu don Diego, sosiega el corazón que te anima, y el agravio que te alienta; veréis entrambos a dos, como a tantas diferencias trueco el agravio en honor con la más viva experiencia; y así la mano de Enrique de esposo se la conceda a tu hermana, pues le debe lo que callando confiesa. Y tu Don Diego a mi hija da la tuya, con que queda por todas partes vencida del amor la diferencia. Ya Don Fernando mi hijo, yo casaré con las prendas de doña Ana de Girón. Ya las bodas están hechas. Digo señor Don Gonzalo, que es interés la obediencia; y así doña Estefania esta es mi mano. Y aquesta señor don Enrique es la más feliz con la vuestra. Ya son mayores mis glorias, siendo menores mis penas. Dando la mano a don Diego se concluyen las cautelas, y con este desengaño, es preciso que conceda, que no es amor cual sepinta, pues si a verle mi amor llega, se conoce que no es ciego, y si burla mis finezas, no es díos pues no hace justicia, ni rapaces, pues impera en la voluntad más libre, sin que resistir se pueda, cuando del arco despide la munición de sus flechas. . Y Garapiña señores? Y Luisa, señoras Reinas? Tú que quieres, Garapiña? Y tú Luisa que deseas? Qué? casarme con el uso para quebrarle la hueca. Y tu Garapiña? . Yo desposarme con la rueca para hacerla mil pedazos. Casaos muy nota buena, y aquí postrado a las plantas del senado, la academia pide perdón, y también los tres, que la hicieron, ruegan, que les perdonéis las faltas, supuesto que fue el hacerla en ocasión tan precisa, no vanidad, si obediencia.
