Texto digital de No cabe más en amor, ni hay amor firme sin celos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco Carbonell
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No cabe más en amor, ni hay amor firme sin celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/no-cabe-mas-en-amor-ni-hay-amor-firme-sin-celos.

NO CABE MÁS EN AMOR, NI HAY AMOR FIRME SIN CELOS
JORNADA PRIMERA
Qué rigor (raro enigma del anhelo!) de mis ansias te aparta, o te destierra? En qué esfera, o región (ay Dios!) se en- de tus ojos la luz? Si es en el suelo, (cierra como el ansia, el cuidado, y el desvelo de un solícito amor no hallarte intenta? Mas ay! que tú no habitas en la tierra, que eres Ángel, y vives en el Cielo. Oye, hermoso prodigio, mira, advierte, que es rigor que me debas una vida, y que en pago me des tan dura muerte. Solo está, y triste su Alteza Hermano, Astolfo, señor, es posible que mi amor no alcance de esa tristeza la causa? Ay hermosa Irepe! que es tan grande mi sentir, que solamente un morir es el remedio, que tiene, y en él mi alivio se encierra. Es la guerra la ocasión, de esa tirana pasión? Es la guerra, y no es la guerra. Cómo puede ser ignoro. Sí, pero no igroras, no, que antes de ella estaba yo rendido, al dolor que lloro. Es así, porque después que de esa Quinta vecina, (que allá con Parma, confina, y fin de tu estado es de ella a Ferrara volviste, jamás te he visto con gusto. Que mucho (tormento injusto!) Si desde entonces (ay triste!) toda el alma, Irene, vive sufriendo tan dura muerte. Nada, señor, te divierte? en nada alivio recibe tu mal? ni en ver que triunfantes tus Armas siempre gloriosas se entran por Parma animosas? Son armas más penetrantes las que traspasan mi pecho: Es batalla más ardiente la que allá en sí misma siente el alma; mas pues sospecho, que con piadosa intención mis ansias saber deseas, escucha, para qué veas si las tengo con razón. Era, bellísima Irene, la estación más agradable del añó, en que a ser Monarca de Prados, Montes, y Valles, en sus fragantes alientos el Abril florido nace. En una de sus Auroras, cuando ya el Fénix radiante por el balcón del Oriente se asomaba en los amantes brazos de la rubia Ninfa coronado de plumajes, Solo, y a pie penetraba lo enmarañado de un Parque? cuando entre el rumor confuso de acentos mal asonantes de mal distintos clamores, oigo una voz penetrante, que el aire tan débil corta, tan sin aliento, tan frágil, que para que yo lo entienda le prestó el aliento el aire. Favor, soberanos Cielos, dijo la voz, y al instante, entre confuso, valiente, entre animoso, cobarde, para salir de esta duda, por una, y por otra parte el oído, y vista aplico, y veo (terrible lance) que entregada a un parasismo sobre la florida margen de una fuente estaba (ay Cielos! aquí empiezan mis pesares una mujer (qué mal dije!) pues no era si no un Ángel, que del éxtasis traído, era un hermoso cadáver. Eclipsado el Sol más puro, bruto el más rico diamante, pálido el jazmín más bello, mustio el clavel más fragrante, tibio el rayo más ardiente, Sin luz la más luminante Antorcha del firmamento: pues era:: pero esto baste, que el peligro en que se mira la Ninfa bella, es tan grave, que al labio, y matid impide, en tan arriesgado lance. si a el uno que te la pinte, a el otro que te la alabe; pues arrojando sobre ella el bárbaro Rey del valle el aliento, la buscaba para el aliento quitarle. Llego ligero, y el bruto al sentirme, y al mirarme, la riza guedeja encrespa, sacude el tosco celaje de la frente, y en mí pone la vista, tan arrogante, que al aliento más robusto pudiera volver cobarde. Tirano bruto (le dije qué intentan tus crueldades? no ves que es de tu soberbia despojo una oveja fácil? pues cómo por triunfo buscas la resistencia más frágil? Si el apetito te incita de tu ambición insaciable, ejecuta en mí tus iras, no quites la vida a un Ángel, que ya del susto a tus pies, apenas con alma yace. Esto dije, y como sí el irracional Alarbe me entendiese, denodado deja el sitio, arrogante me acomete; pero apenas llegó conmigo a abrazarse, cuando al sentir oprimirse de mi furia incontrastable en la lucha, conocí, e que tanto llegó a pesarle, que el frío de la cuartana le acometió, sin entrarle. En lid campal, cuerpo a cuerpo, hicimos valiente alarde uno, y otro del valor; mas viendo yo que el combate duraba tanto, añadiendo al cañamo inexpugnable de mis nervios nuevo aliento, llegué animoso a apretarle contra el alma de tal suerte, que por más que por librarse del lazo estrecho, poblaba la vaga región del aire deleronco acento; por más, que el enroscado celaje de la cola, se ponia en la frente por plumaje; por más, que el márfil agudo de los diez corbos alfanjes, ya valiente lo esgrimia, ya lo encogia cobarde, no se vió libre, hasta que construyó de suncoraje, con el último rugido, la postrer gota de sangre. En fin, Irene, a mis pies miré funesto cadáver el bruto, Rey de las fieras, horror, y asombro del Valle. Victorioso de la lid, ufano, alegre, y triunfante llegó a la Ninfa: permite aquí el oírme un instante, que he de hacer, como en bosquejo la pintura de esta imagen. Suelto el azabache terso de sus cabellos a el aire tenía, cuyas medejas, tremoladas con donaire, p ondeado, marfileguiaban, que inundabar los cristales de su cuello; nunca vi tan hermoso maridaje, como en su garganta hacía la nieve, y el azabache: Aunque turbadas las luces de sus ojos celestiales, de su incendio despedían tan luminosos volcanes, que al Sol de envidia encendian; y yo al sentir abrasarme entre sus reflejos, dije: Cómo puede, como cabe, que un Sol eclipsado encienda, dos rayos sin luz abrasen? Mira si logrando apenas luz sus ojos, obras tales hacian; qué fuera (ay Cielos!) si todo su ardor lograsen? Con el susto de su rostro, los rubies, y granates desampararon la nieve, mas no pudieron robarse de su boca, porque en ella, añadiendo más esmalte a sus labios, tan sangrientos dejaban verse, o mirarse, que dudo con causa justa, si el coronado (salvaje, cuando profanó su aliento, hirió sus rubios corales, pues en vez de dar claveles, brotaban, Irene, sangre. No sin prodigio vi juntos en pecho, manos, y talle, llovido el helado Enero, nevado el Abril galante, unidos ardor, y nieve, y amor en estrecha cárcel. Y en efecto, como estaba de las galas montaraces adornada, panecia con flechas, sarco, y plumaje bella emulación de Venus, hermosa afienta de Marte. Su pie:: pero dónde voy? dónde pretendo engolfarme? que no miro linadvertido, que ya la divina imagen vuelta en sí del parasismo, con córteses ademanes discreta me agradecía mis generosas piedades. Bizarro joven (decía) con qué una mujer pagarte, podrá acción tan generosa, hazaña de tanto es malte? La vida te debo, bien los espumosos traudales, que en desatados rubies brota ese bruto cadáver, lo pública; y así es bien, que yo agradecida:: basten, dije entonces, bellos enigma, los afectos agradables, que aunque es razón me agradezcas la fineza, en esta parte ía quisiera, que te mostraras mas que agradecida, amante, más piadosa que tirana, pues me tratas con talarte, que cuandor te doy la vida; es cuando intentas matarme, pues los rayos luminosos de tus luces penetrantes el pecho, tienen postrado, el alma en ceñizas yace. Aquí llegaban mis ansias, y rendimientos amantes, cuando rémora alevosa, cruel, y venenoso aspid de mi labio; y de mis voces, fue el oírle, y escucharse confuso tropel de gente, que esparciendo en varias partes a los vientos repetía: buscad todos vigilantes, tranco a tronco, y planta a planta la selva, el monte, y el valle. A cuyas voces turbada me dijo: Joven galante, a tu vida importa, que esta gente no te halle conmigo a solas, y así retírate; pero antes que te vayas, será bien, que entiendas en esta oparte, que voy siempre agradecida, ya que no pueda ir amante, pues mi altivez no lo sufre. Esto dijo, y al instante con veloces pasos sigue la senda oculta del Parque, dejándome tan confuso, los sentidos tan neutrales, tan torpes los movimientos, bien así como la Nave, que en su carrera perdió norte, timón, y velamen Oh cuantas veces, o cuantas, con el frenesí de amante, me eché los brazos al cuello ciego, loco, e ignorante! que como mis brazos fueron depósito de aquel ángel, creyendo que estaba en ellos, llegué yo mismo a abrazarme. Viéndome, pues; de esta suerte, por no morir de cobarde, o por aliviar mis penas, seguir la quise el alcance; pero estorbómelo el Cielo, cubriendo, el Sol de celajes, brotando rayos las nubes, horror, y escándalo el aire. Viéndome, pues, en tal pena, viéndome en congojas tales, exhalando el corazón del pecho vivos cristales, liquidado por los ojos en desatados raudales, decía: Pues no es posible conseguir gloria, tan grande; ojos llorad, que el llorar es alivio de los males. onnro Esta, en fin, la causa es de mis ansias, y pesares: mira si es justa razón, Irene, para quejarme. Hablar en cosas de amor, bien sé que es en mi desdoro, mas sin que se aje el decoro, ni se estrague el pundonor. Por demás, Irene, es. Pues digo, que me ha alentado Saber, que es tu mal causado Solo de amor. Por qué, pues? Porque no sé qué belleza tan altiva pueda ser, que no se rinda al poder de tu estado, y tu nobleza. No es esa mi pena dura. Pues cuál es? No ser posible descubrir este imposible, que tanto mi amor procura. Por más que el ardiente anhelo de mis ansias la ha buscado; no es posible haberla hallado en cuanto contiene el suelo. Verdad es, que a mis tristezas aliento da en tanto mal un criado, que leal de todas cuantas bellezas la fama aplaude por bellas en Italia, con recato, hago me traiga el retrato, por ver si por dicha de ellas es alguna la hermosura, o el dulce imán ignorado, que busca ardiente el cuidado de mi amor, o mi locura. Permítalo el Cielo así. En vano otro alivio espero. Quién es el criado? Iufiero, que es aquel que viene allí. Adiós gracias, que ya veo de Ferrara las Fregonas: derrengada el alma traigo. Dión, vengas en buen hora. Dame tus, plantas. Levanta, qué hay de nuevo? Muchas cosas. Pues qué te detiene? dilo: Aqueste es, Irene hermosa, el criado que te dije, por quien esperanza cobra el alma. Es leal Urón. En vida me hacéis las honras: más vale así; pero dime, señor, cómo, o por qué cosa tengo de empezar primero a referirte mi historia? por Marte, o por Venus? Es guerra más rigorosa para el Alma la de amor. Prométome grandes cosas, si por dicha di con ella. Dárete yo el alma toda. Y qué haré yo con dos almas? Pues dí, qué quieres? Acorta por tu vida de razones, y ve mostrando las copias que traes, porque deseo mucho verlas. Sea en buen hora: irelas sacando a tiento, como aquel que de la gorra suele sacar cedulillas de la risa: de esta alforja así yo las sacaré, pues las traigo llenas todas de los retratos, señor, de todas cuantas gorronas hoy celebra por bonitas la fama toda la Europa, sin olvidar la mulata, ni perdonar la fregona: cuantas se untan de pomada, y cuantas con miel se adoban, hecha a mano de mortero, de todas viene la copia. Acaba ya por tu vida. Hasta de una lagañosa también el retrato traigo. Y a qué efecto? No se ignora; porque ay ojos, que también de lagañas se enamoran Vaya este, pues. No es ingrato; pero es poner con la Aurora la noche, Pues vaya otro. . Es más luciente la antorcha, que deslumbra mis sentidos. En aquestos pliegos traigo, señor, en sucinta forma quien son, en qué tierra viven, qué estado, y cómo se nombran. Cuerda ha sido la advertencia. Es lo que al cuento le toca: a ver si es este por dicha. . Hay ignorancia más loca! Pues qué tenemos? Villano, este es de hombre. Qué te asombra? como estamos en Italia, no falta a quien se le antoja los hombres Venus con barbas:: Qué necedad! . Por curiosa he de verlo: Amor me valga; qué airoso! si su persona es deesta suerte, sin duda si le viera, a su amorosa presencia rindiera yo::- Mas qué digo? yo estoy loca; ver en un punto, y amar? hay fuerza más rigorosa! mas disimule mi error. Dime, de quién es? Gustosa me inclino a oírlo. De Enrico, Príncipe de Parma. Toma, apártalo de mis ojos, que me causa tal congoja por ser suyo, que ni aún verlo quisiera pintado en copia. Pues hay más que no le veas? Venga, pues. Y cuán en contra a mí me sucede, pues tanto el alma se alboroza de saber quien es, que siento en ella no sé qué gloria, que aún en ver que es mi enemigo; ver su imagen me aficiona. Muéstrame otro. . Que se haga: y van cuatro, aqueste toma, adiós, y a la buena dicha. Tente, no más, que este sobra: (ay de mí) válgame amor; confusa está la memoria, torpes las demás potencias, yo sin mí, y el alma toda en un caos; porque es aquesta la rara beldad, que adoran idólatras los sentidos, cuya nieve venenosa, hidrópico el corazón, bebe con sed tan ansiosa que al paso que bebe más, mas que se templa, se ahoga. Ciego sus rigores amo; (mas ay de mi!) que es de forma su desdén, que más que mata, con él atrae, y aprisiona; y así, qué mucho que el alma, ya Fénix, ya Mariposa, se arroje ciega a abrasarse entre sus luces hermosas, o su favor solicite, para alcanzar de esta forma, que enmiende con el halago, quién con rigor enamora: Por cierto, belleza rara, justas fueron las zozobras en ignorar tal Deidad, y con justa causa ahora la celebras, pues es digna de tu voluntad heroica. Grandes albricias espero. Te las prometo. . Prontas quisiera verlas, señor, porque es grande pecadora mi fortuna, y temo que se me arrepienta en un hora. Bien está: sin dilación di, Drón, quién es esta Diosa. Espere usted, que lo vea: hay no es nada, la mondonga por Cristo que estamos buenos. dilo. . Ahora a vuelve al punto. ve? P esta fregona ti miga, y así, ni aún verla en copia. P quién es? de ser? . Di presto rmosa rmana de Enrico. Pa lucha absorta: Parma (Cielos!) mujer tan prodigiosa? sea el centro qué pecho reposa? como te paga a amorosas, nez tan grandes, na pregona, que al que pusiere tu Estado persona, sus nca mano. Pues qué le mueve a tal obra? le nunca faltan, 1. Emo que a Enrico toca icies de derecho. e1 Hay sinrazón más noctoria! vidia más villana! A cuyo efecto, de toda alía se han aprestado personas, has más udando con sus armas ocurando de esta forma, o por guerra, por a mí inseguir su mano hermosa: endo entre todos, señor, que más dichoso logra e su favor, Filiberto puque de Mantua. . La boca erra infame, (ay infelice! qué flecha tan venenosa ve está (ay Dios!) que me ha pasado sus filos el alma toda! Apenas, Cielos, apenas encontré la dulce gloria de mi amor, este veneno, esta furia, esta congoja este volcán, este etna, este infierno, que así nombran a los celos, me ha trocado el gusto en mortal ponzoña. Cuanto tengo, cuanto valgo, mi Estado con mi persona, todo a sus pies le rindiera si no fuera (qué zozobra!) (de pensarlo me estremezco esta pasión rigorosa de saber que al Duque estima. Mas qué digo? ay ansias locas! dejadme, nadie me siga, que basta me sigan solas mis penas, estoy sin mí; perdí el sentido, y memoria: Mas qué mucho, si en el pecho siento la lucha rabiosa de amor, y celos, y que estos, consiguiendo la victoria de los sentidos, me dejan sin razón el alma toda. . Preciosas son las albricias. Ay Drón! Siga piadosa tu lealtad su frenesí, y ven, me darás la copia de Enrico, que quiero verla de espacio en mi cuarto a solas: y porque guardes secreto toma este diamante. Oigan, que este estima lo que aquel desprecia; qué linda cosa fuera, si se enamorara del hermano mi señora: Puede ser, mas como sea por verla también celosa, y que herida de la peste tire piedras como loca, le diré como ama Enrico a Octavio su prima hermosa. . Desde aquí, gran señora, del Sol Atlante, si de Parma Aurona, puede ver vuestra Alteza el valor, la osadía, y gantile con que tu gente invicta valerosa esta Ciudad combate tan famosa. Duque invicto de Mantua, cuyafrente, a pesar de la envidia, en el Oriente siempre ceñida viva, ya del Regio Laurel, o sacra oliva, con vos segura vengo de conseguir el lauro que prevengo. Cuando a mi cargo viene, hermana, ese cuidado no conviene aumente mi desvelo de tu vida lidiar con mi recelo. Pues escusado fuera, que a la guerra viniera, si he de tener sus penso el vengativo acero, cuando pienso ser yo misma valiente del Duque de Ferrara el Occidente, móvil de tanto susto. Solo por darte gusto dejé, Florida hermosa; que a campaña vinieses valerosa. Pues eso mismo, Énrico valeroso, te obliga a permitirme generoso (plea. a que yo misma vea quien más valiente en mi favor se em- Pues si ha de ser, señora, desa suerte, yo el primero seré, queosado, y fuerte, con amante cuidado, me precipite al riesgo denodado; y pues desta victoria depende conseguir tan alta gloria, arma, Soldados, arma; Florida viva; Norte, y Sol de Parma. Yo de la misma suerte pretendo responderte, ya que el mayor trofeo es verte en el estado que deseo: y hasta tanto, Duquesa, te aseguro no ebainar de mi acero el filo duro. . Tu vida, hermano el Cielo imortalice: Hay memoria infelice! hay pensamiento amante! dejadme ya por Dios solo un instante, que basta que en el alma, la una viva en caos, la otra en calma. h . Deme a besar Va Alteza, señora, la suela, o planta de ese ponleví. . Levanta, quién eres? . Soy una pieza, un corredor, una posta, un Médico, un Oídor, un lacayo, un servidor, un pasatiempo, una costa; y en fin, un sérvil gentil de un vasallo tuyo ahora, que esto todo, gran señora, logra un hombre por ser vil. Y a qué tu cuidado viene? De su parte vengo yo a decirte, como entró Astolfo, y su hermana Irene esta noche en la Ciudad con gran socorro, y destreza; y así, que sepa tu Alteza, que hay mucha dificultad en rendirla por violencia, tanto por la mucha gente, que dentro encierra valiente, como por ser la presencia. del Duque quien la defiende. Mayor será mi trofeo, pues así podrá el deseo conseguir lo que pretende. Quién es vuestro amo? Es un gorrón aventurero. Es noble? . Gran Caballeno, pues se halla en cuatro pies, y sus fuertes armazones lo dirán a maravilla, pues sin ser Rey de Castilla, todos ellos son Leones. Sin duda que en tal blasón algún misterio se encierra. Tuvo un día cierta guerra con un amigo León; y habiendo triunfado de él, puso en sus armas así: Mas si quieres verlo; aquí las traigo yo en un papel. Darme gusto puede ser. Pues ese gullo asegura, . que esta breva de madura ha de venir a caer: Veslas aquí. No sé, Cielos, . qué es lo que desto colijo: solo sí, que un regocijo . sienten allá mis desvelos. Toma, pues. . Advierte, que este es retrato de un hombre. Pues señora, no te asombre, perdona, me equivo qué: Mas ya que mi engaño erró, dámelo, y se enmendará. Oigan, qué arrobada está! . parece que le agradó. Amor, las flechas detén, que este es el mismo a quien debo la vida: En qué dulce cebo mis ojos (ay Dios) se ven! Dámelo, Señora, apriessa. Oye, espera, que no sé qué siento al mirarlo, que mas me agrada que me pesa: Luego si me hallo rendida, y el ver su aspecto me agrada, debo estar enamorada: no, que es solo agradecida. Pero si siento abrasada el alma, y de amor herida, mas que estar agradecida, es estar enamorada. Dulce pena, feliz calma, Sin duda que esto es así, pues al punto que te vi te has hecho señor del alma: Mas qué me dejo rendir de Amor (ay Dios!) desta suerte? Sí, que es su fuego muy fuerte, y no puedo resistir. Según veo en su atención, lumbre el pedernal explica; él es, pues que ya le pica de su llama el sabañón; cara ha puesto de alesuya. Cómo te llamas? . Urón. Toma este rico cordón: y dime por vida tuya, sin que lo encubra tu error, el dueño deste retrato, porque agradecerla trato la fineza, o el favor, que alguna vez le he debido. Tómale, pues. . Si me ponés tan dorados eslabones, qué mucho me hayas rendido? Pero a su fuerte invasión, qué plaza tan dura habrá, ni qué castillo podrá resistir a tal cordón? Cordón, cuya fuerza blanda pudiera rendir sin guerra, tras Saboya, a Inglaterra, todo el Imperio, y Holanda. Cordón, pues, que sin pesar, Sin echárselo, pudiera hacer, que luego se diera Barcelona, y Gibraltar. Dilo ya. . Sin faltar nada lo diré, presta paciencia. Es la noble descendencia de mi amo tan honrada::- Ya cansas. Es mi amo, pues, solo un pobre Caballero, que apenas de Aventurero le sirvo hoy. . Tan pobre es? Tanto, que por no tener anoche con que cenar, la espada hube de empeñar para darle de comer. Este volsillo, que encierra dentro bastante interés, dale de mi parte, pues, y dile que: . Guerra, guerra. Mas qué escucho! Presto venga. Después, Urón, me verás, que de essa voz el compás estorba que me detenga. Vuélveme el retrato, pues, si acaso gustas. . No puedo; deseo ver su denuedo, yo te lo diré después. . Al muro, al fuerte; al castillo. Bien pudiera usted, en tanto que sonaba aqueste espanto, haberme dado el bosillo. Miren si acaso podía a más maldita ocasión Salir con la tentación: Mas en fin, a mi osadía qué le toca hacer aquí, pues ya la lid se travó? Arrojarse a ella? no: retirarse de ella? sí. Pues no hay cosa en lucha fiera, que se vea con más gana, como toros de ventana, y pendiencia desde afuera. Los Cielos conmigo sean. Levanta, joven bizarro, ánima, cobra el aliento, que a tan valiente Soldado se deben muchos favores. Bello enigma, soberano, una, y mil veces felice soy, y al verme en tales lazos, bien pudo decir, y bien, que ha sido el suceso infausto caer para levantar, pues me levantan tus brazos. Qué fue esto? mas qué veo! Qué ha de ser? Mas Cielos santos que llegan a ver mis ojos la rara beldad. . No en vano, al verte caer del muro, con más piedad, que cuidado llegué, joven valeroso, a ampararte, y así pago una vida que te debo. Que mucho me la hayas dado, cuando mi muerte, y mi vida están, señora, en tu mano. Qué ha sido esto? Hber querido, vanamente temerario, ser el primero, señora, que trémólase bizarro las armas de tu hermosura en el muro del contrario. Yo os estimo la osadía. Quién por ti no será osado? Dime, quién eres? . Perdona el que lo calle, hasta tanto que lo publique por mí el aliento de este brazo. Y ahora con tu licencia, valeroso vuelvo al campo, o a ser de una vez dichoso, o a morir de desdichado. . Qué animoso, qué atrevido, qué intrépido, qué arrojado por la batalla discurre! qué valiente! qué bizarro! Pero qué rumor es este? No he de dejarte hasta tanto, que mi prisionero seas. Es tu pretensión en vano. Rinde las armas . Primero verás de tu vida el plazo. He de rendirte. . Te engañas. Príncipe, señor, hermano, permite que a mi valor se le deba aqueste lauro. Hermano, y Príncipe dijo? Sin duda, si bien reparo, que es ella Florida bella, y él Enrico; pero estraño la diferencia del rostro con la copia del retrato. Ríndete al instante, joven. Primero veréis de ambos el estrago. . . Llegad presto. 1. Ya gran señora, a tu lado nos tienes en tu defensa. Pues procurad sin agravio rendir los dos a pisión, que es la Princesa, y su hermano. 2. Rendid las armas. 3. Matarlos será mejor. Ah cobardes, primero os haré pedazos. 1. Rinde la espada. Villanos, a vuestro pesar veréis vuestros intentos frustrados. Eso sí, guarda tú el pecho, que yo en la espalda me encajo. 3. Huyamos. . Pero qué veo! Ireneles Cielos sagrados, qué haré en ocasión tan fuerte? cuidadoso, y descuidado quitaré el cendal del rostro, y así escucharé el agravio. . Oh, quien si no tu pudiera ser remedio en tanto daño! Tu esclavo soy. . Mas qué miro! Astolfo (ay Cielos!!) mi hermano contra mí, contra su Patria? qué horror! qué asombro, y espanto! Date a prisión, no permitas, que ejecute temerario mis iras en ti. . A ti solo, segundo Marte gallardo, me prindo por prisionero, y mi obediencia consagro. Ya en esto quedas servido: y pues ves, señor, que el Campo fugitivo se retira a la Ciudad, acertado será seguir el alcance, y tras el dar el asalto. Viven los Cielos, que aliento tan valiente, y esforzado, Solo cabe en quien anima un corazón de Alejandro. Este es quien me dio en el monte la vida animoso, cuando siguiendo el ligero corzo, del León me vi en las manos. Mucho a su valor se debe. Y aún más de lo que he pensado; pues este es también el mismo por quien supe con cuidado, que Astolfo entró en la Ciudad, y el querahora denodado por entre tanto enemigo va rompiendo, y penetrando montes de acero, y se arroja en medio de todo el Campo. Ya animoso a la muralla se llega, y precipitado, tremolando el Estandarte, así pública su labio. Viva Florida divina, dueño hermoso del Estado de Ferrara. . Viva, viva, y gocele muchos años. Buscad amigos a Astolfo. Ya essa es diligencia en vano. Por qué, decid? . Porque apenas llegué, señor, a Palacio, yo el primero en busca suya, pudo en alas de un caballo escaparse fugitivo en hábito disfrazado. Levanta, Marte segundo, asciende, llega a mis brazos, que es muy digno tal valor de premiarse en tales lazos. Bien estoy a vuestros pies, no me levantéis en alto. Bien merecen sus hazañas favores tan soberanos. Cielos, en qué ha de parar agradecimiento tanto? Quién eres? . No sé de mí, mas que saber, que no alcanzo más padre, ni más nobleza, que mi acero, y este brazo. Basta: a mi cuidado queda premiar valor tan hidalgo. Y a vos, Filiberto invicto, os estimo lo bizarro. A Florida lo estimad, pues todo el valor, es claro, es hijo de su hermosura, pues presta aliento a mis brazos. Amor, sus pende las iras, . no esgrimas cruel el arco. Seguidme, Duque: y a vos os encargo del cuidado de esse galán prisionero, y os ruego le deis buen trato. . Y yo ruego a vuestra Alteza, hermoso dueño adorado, se retire a los Reales, dando treguas al cansancio, y a tan contrarias satigas. Oh quién pudiera, tirano, . reducirte a una pavesa con las centellas que exhalo! Señor Duque Filiberto, con essos nombres de espacio, que se ofende quien los oye. Y como que yo me agravio. Y aún lo siente el pundonor. Urón? . Señor. . Con cuidado! . Muy bien el valor mostráis. retira esse prisionero a mi tienda. . Qué me espanto, Amor, si eres tú quién riges? Cómo, Urón, me has engañado con el retrato? . No sé. No lo siento; pero vamos. . . Noble sois, seguid la empressa, Sola Florida se queda. Solo allí miro al Soldado. Pues lograré esta ocasión. Pues no perderé este rato. Yo me llego. . Yo me acerco. . Quedad con Dios, gran Soldado. . Yo le nombro. . Yo le llamo. Darele a entender mi amor? Le explicaré mi cuidado? Sí, que Amor así lo quiere. Sí, que así mi pena allano. Mas no, que el temor me impide. Mas no, que mi honor agravio. Pero he de callar muriendo? Pero he de morir callando? En mí será cobardía. No será mi amor ossado. Cobarde mi aliento está. Mi valor está turbado. (cho::- Mas qué mucho::- . Mas qué mu- Si me anego::- . Si batallo:- Con un mar de mil recelos:- Con un monte de cuidados? Voyme, pues. . Yo me retiro. Sufre, amor. . Sentid, quebrantos. Mas ay de mí! que me quemo. Pero ay de mí! que me abraso. Vuelvo a verle. A hablarle llego. Yo le aviso. . Yo le llamo. Pues ya sin fuerzas me siento. Pues ya sin valor me hallo. Soldado? . Señora mía. Pues cómo tan mudo el labio? tienes que hablarme? no llegas? Señora, por no enojaros, conociendo mi humildad, me retiro por no hablaros. Oh si nacieras mi igual! Oh quién pudiera hablar claro! Harto mis ojos te dicen. Mi valor te ha dicho harto. Es hijo, en fin, de los rayos de vuestros divinos ojos. Qué decís? Que a vos se os debe todo el valor del criado. pues yo faltar a mi hermano no puedo. . Qué me decís? No Puedo hablaros más claro. Ni yo me entiendo a mí mismo. Él os guarde: Ten, fortuna, que ya es tu favor sobrado, ya en los hombros de tu rueda al trono me has levantado,
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Callo, y lloro, porque temo llorando, y callando tanto, que me abraso con el llanto, y con el callar me quemo. No cantéis más, (ay de mí!) dejadme, que no quisiera, que nadie me hablara, o viera, sino a quien el alma di. Tal estoy desde que vi su bizarría robusta, que todo (ay Dios!) me disgusta, todo le fatiga al alma, y solo en tan dura calma, ip ver su copia es lo que gusta, Esta es (Cielos!) de mi mal la ocasión, su dueño ausente de Parma está; pues valiente, con cargo de General fue a rendir en lid campal a Ferrara; y pues un rato estoy sola, sin recato, ya que hablar sin susto, y miedo con su original no puedo, quiero hablar con su retrato. Tú, que de aquel que yo adoro eres una imagen fría, oye un poco el ansia mía; que eres incapaz no ignoro de sentir por lo que lloro; mas ya que por mi pesar sentir no puedes, ni hablar, por tener ausente el alma, por lo menos en tal calma no dejarás de escuchar. Habla, pues, dile a tu dueño, que toque animoso al arma, que vuelva triunfante a Parma, que ya sin rigor, ni ceño iré su amor alagüeño, sin ver la desigualdad. lo tema la vanidad e tan heroico trofeo, que es tan grande mi deseo, que ensalzará su humildad. ̱ . Dame tus pies. Con bien vengas, Urón, que alegres noticias me prometo. . Las albricias es menester que prevengas. Yo te las ofrezco. . Pues sabe, como victorioso, triunfante, ufano, y dichoso mi amo viene. . Nueva es, que debo estimarte assí: toma, aqueste reloj rico. Mi lengua, aunque sucia, aplico a tu limpio ponleví. También sé, que con victoria viene el Duque Filiberto. Aquesse triunfo, por cierto, no me da pena, ni gloria. Mas qué belico rumor es este que rompe el viento? Hacen salva al vencimiento uno, y otro vencedor. , , guerrean a un tiempo mismos Deme tu Alteza sus plantas. Llega a mis brazos, Leonelo. Cómo de la tierra al Cielo, señor, mi humildad levantas. Duque invicto Filiberto, ansiosos están mis brazos de los vuestros. . Son dos lazos, que enlazan un amor cierto. Florida? . Hermano, y señor? Una, y mil veces es bien, que rindas el parabién al invencible valor, de dos tan fuertes guerretos; pues ya por su brazo, y brío sujeta al dominio mío Ferrara está. . Agradeceros debo a un tiempo, y daros gracias de trofeo, que es tan justo a vos, Filiberto Augusto. No me atormentéis, desgracias. Porque con mayor desvelo sois quien más fino, y propicio os empleáis en mi servicio: y a vos, valiente Leonelo. Penas, no me congojéis. De este Estado invicto Polo, porque se os debe a vos solo mas de aquello que debéis. Y a mí no se dice nada, cuando se me debe a mí mas de aquello que debí hacer con aquesta espada? Qué sé os debe? . Haber prestado esta hoja mil veces yo al que la suya quebró, y nunca se me ha pegado. Augusto Enrico, aunque a mí no me toca hablar en esto, por ser quien soy ya supuesto, que el lance lo pide assí, sin agraviar parte alguna, por los dos deciros puedo, que ya del uno el denuedo, ya del otro la fortuna, iguales en dos valanzas si bien en el fuerte abismo de tan nobles esperanzas, hoy la de Leonelo Augusto puede, con, justa razón adelantar su blasón; pues por su brazo, o su gusto, por su valor o violencia, que otro dudo lo alcanzara, hoy en nombre de Ferrara vengo a daros la obediencia. A Florida se la dad, puesto que es suya esta empresa. A tus pies por mi Duquesa rendida está mi humildad. Levantad, quién sois? . Roberto, que por noble, y por leal me honró como a General Astolfo. . Y con gran acierto. Vamos, pues, a descansar: seguidme, Duque. Ya os sigo: mal mi esperanza consigo con tan continuo pesar. De aquí con recato (ay Cielos!) un instante he de escuchar, por ver si puedo apurar la causa de estos recelos. Leonelo? . Señora, qué me mandáis? . Saber gustara la conquista de Ferrara, cómo, o de qué suerte fue. Pero porque considero, que vendréis cansado en fin, en la reja del jardín yo misma esta noche es pero, donde sin cezobra alguna de todo me daréis cuenta. Hay enemiga, cruental qué escucho, cruel fortuna! Él lenzuelo, por no errar, servirá de cierta voz, que suspendiendo veloz el aire, entonces llegar podéis sin temor, ni miedo. Beso, señora, tus pies. Dios os guarde (Amor ya ves que hago todo cuanto puedo.) . Cielos, qué es esto que oí! qué es esto (ay Dios!) qué escuché! Pero yo me vengaré: h . más esto quédese assí. Hay más venturosa dicha! Ello dirá si es favor. Astolfo, Duque, señor, qué estrella, o cruel desdicha en tal miseria te ha puesto? Tú así, señor, disfrazado, contra ti, contra tu estado? qué enigma ha sido, o pretexto, que tu grandeza atropella? Tú con nombre de Leonelo? Esto es permitirlo el Cielo, o quererlo así mi estrella; y pues esto ya no tiene remedio alguno, Roberto, callar, y ver es lo cierto, pues esto es lo que conviene. Seguidme, pues. . Señor, vamos. Urón, dime tú, qué es esto? No, no lo entiendo, supuesto que todos así jugamos. Confuso, por Dios, estoy de este cuento, y cuando intento apurar el pensamiento de Scila en Caribdis doy. . En fin, Dión, que eso todo con Florida te pasó? Todo, señor, sucedió de esta suerte, y deste modo. Qué ella tiene mi retrato? mil triunfos Amor previene. Tan en sí pienso le tiene, que lo mira sin recato. Fortuna, tente por Dios! Que apresure el Mar su entrega el Sol su arrebol le ruega. Paremos aquí los dos. Ardiente Fénix, tú, que en dulce abismo, en cuna naces de zafir brillante, y en urna de cristal, y de diamante tú mismo te sepultas a ti mismo. Tú, que volviendo en ti del parasismo miras con ojos de oro luminantes desde la fe más pura, y más amante, hasta el bárbaro error del Ateismo. Tú, que a Adán en Palacios de zafiros tuviste amor, y ya tus luces bellas saben de amor, atienden a mis sus piros, y en cenizas convierte tus centellas, pues ves que Amor me espera entre los giros, trémulos de la luz de las estrellas. Leonelo? Príncipe Augusto? Estamos solos? . Si estamos; retírate. . Ya nos vamos, aunque no con mucho gusto. Oye, que en breves razones quiero decirte, Leonelo, la causa de mi desvelo, y el móvil de mis pasiones. Sabe (ay Leonelo!) que el alma tan enferma está de amor, que abrasada de su ardor vive en tan ardiente calma, y en tan penoso vaibén, que en todo siente disgusto. Mas cómo ha de tener gusto quién de amor siente el desdén? Muero (ay triste) a su rigor, y su esquiva crueldad. Vive en Parma esa beldad, Y en Palacio. . Pues señor, qué hermosura puede haber, que pueda, si bien sé mira, de ti librarse? . La ira tan sola de una mujer. Siendo mujer (caso injusto!) tienes más en tal batalla, pues vive aquí, que es gozarla, o por violencia, o por gusto? No es consejo ese de viejo: y por ciertó me alegrara, que te saliera a la cara la imprudencia del consejo. Mas la beldad que te tiene en tal calma, sepa yo. Quién pudiera ser sino Sola la esquivez, de Irene? Cómo los ardientes senos no rasgáis, Esferas ballas? vibrad airadas centellas, esgrimid rayos, y truenos con a mi pecho cruel: venga el Cielo sobre mí. Caiga solo sobre ti, y tu consejo tan fiel. Pues señor, puesto que tiene su cuarto puerta al jardín, y reja también en fin, primero hablarla conviene. Con esso, Leonelo amigo, le das vida a mi esperanza. Oh como cruel alcanza el Hado ya mi castigo! Y pues ya la noche fría demuestra tender su manto, espérame, amigo, en tanto que aquí vuelve el alma mía. . Válgame el Cielo sagrado! y su infinito poder esta vez sea conmigo; pues si me falta esta vez, mas que temer a los Hados, a mí me debo temer. sa quien, Cielos, en el mundo, decidme por dicha, a quien lo que miran mis desdichas ha podido suceder? Ser tercero de su Dama ya se ha visto; pero ser, (Cielos!) de su mis ma hermana, de su propio honor! en quien esto se ve, ni se ha visto? mas ay! que ya en mí se ve. Cabe ya más en desdichas? ya más no puede caber: Viven los Cielos, que estoy por darme muerte cruel, y castigarme yo mismo con lo mismo que yo erré. En qué ha de parar la lid de tus locuras? . En qué (ay Uron!) parar podían, sino en venir a perder la vida, y el honor todo? El Príncipe:: . Ya lo sé. Pues qué sabes? . Lo que Enrico te dijo de mano a pie. Y qué dices de mis ansias? Que se te emplean muy bien, pues así tú lo has dispuesto. Maldígate el Cielo amen: Eso dices . Pues qué quieres? Esto discurro: Ahora ven, que antes que Énrico me oiga, hablar a Irene podré, y advertirla prevenido de todo lo que ha de hacer. Pues de essa manera, no podrás a Florida ver. Cómo es possible, (ay Drón!) antes de mi parte ve, y le dirás a su Alteza perdone el ser descortés con sus órdenes que el Hado me impide el lograr tal bien, por servir bien a su hermano. Decírselo así sabré. Pues en oyendo el acento de una dulce voz romper el céfiro, con recato se lo dirás. . Si diré. Yo estimaré tu cuidado: Y pues que ya a oscurecer la noche empieza (ay de mí!) por aquí conmigo ven, consejaremos los dos. Mas bien te siguiera a Ángel, que a lidiar con tus locuras: Pero ya qué hemos de hacer, si así mi suerte lo quiere? Orón, sigámosle, pues. . Antorchas puras, y bellas, que sin eclipse, o capuces, Siendo de la noche luces, sois del Firmamento estrellas: Vuestras lucientes centellas de celajes embozad, reine en vos la oscuridad, pues importa a un desdichado en las sombras de embozado descubrir la claridad. Con el nombre de Leonelo fingido, intenta mi amor lograr el sumo favor, que humano le ofrece el Cielo. Yo he de apurar mi recelo, para saber desta suerte si Florida (pena fuerte! a Leonelo, quiere, o no; pero si ella le ama, yo me vengaré con su muerte. Cuando es tan grande el favor, que le hace su hermosura, mas mi sospecha assegura, y acredita su rigor. Mas ya un confuso rumor se escucha en la reja fría: Ea, Amor, pues eres guía de tan tirana pasión, pues es tuya la ocasión, haz de suerte que sea mía. Tu fineza igual no tiene. Pues esto, señora, passa. Que en fin, Leonelo se abrasa en la hermosura de Irene? Sí señora. . Yo estoy muerta: De qué mondo lo has sabido? Ya ha días que lo he entendido, y lo sé por cosa cierta. Qué dices? ay ansia fiera! y ella rendida le adora? Desde el instante, señora, que la trajo prisionera, y con ella vino en fin a Palacio con porfía, ya de noche, ya de día, se hablan, por el jardín. Y les has oído (ay Dios! qué trataban en efeto? Siempre hablan en secreto, y siempre solos los dos. Hablando están en la reja, mas nada oír he podido: hacer pretendo ruido por ver si alguno se aleja. Allí está, señora, un bulio, y hacia aquí viene veloz. Pues rompa el aire la voz, que si es él, no dificulto, que llegue al punto al señuelo. El irnos fuera mejor. No, que pretende mi amor apurar este recelo. Parece que un instrumento sueña ya, sino me engaño. Amor te dé el desengaño. Rompa, pues, tu voz el viento. Por una cruel mudanza Fenisa lloraba tanto, que en el ardor de su llanto consumia la venganza. Parece que a ocasión buena mis cuidados han venido; pues si no engaña el oído, ya el tiple animado sueña. Poquito a poco, y oculto voy acercándome aquí: Mas ay Dios! qué veo allí? Jesús, y que grande bulto! Llore, que si llora, es bien sienta dolor tan injusto, pues que quiso por su gusto amar sin saber a quien. Por Cristo que el tal salvaje, sin decir arte, ni jo, a la reja se llegó: con que así dar mi mensaje mal podré; qué bueno fuera dar aviso a mi señor! En ti confiado, amor, me llego a mí misma esfera. No habla esta letra conmigo. Sois Leonelo? . Si señora. Pues qué imagináis ahora? Lo mismo que aquí ya os digo: Águila soy, que se pasa así a la Región del Sol: mas si su ardiente arrebol ya me deslumbra, ya abrasa, Águila no debo ser, sino Salamandra amante, que al mirar la luz brillante de tus ojos, por arder entre centellas tan bellas, a morir en su deseo se arroja, por ser trofeo de sus ardientes centellas. No está malo aquel reclamo: Mas quien será esta Adalid, que se finge con ardid mi amo, sin ser mi amo? No ufano con el favor de que yo aquí os he llamado, os queráis pasar osado a frenesíes de amor. No sé, Florida divina, en qué he ofendido tus ojos, ni alcanzo que a sus enojos diese causa mi fe fina, ni mi corazón constante. Pues no presumáis, Leonelo, que ignoro vuestro desvelo, como de quien sois amante. Vive Dios, pues celos tiene, . que es señal de que le ama: Yo amar, señora, a otra dama? Pues negarás qué es a Irene? Callen, que está bueno el caso. Qué es esto que pasa, Cielos! . ella celos, y yo celos? en vivo fuego me abraso. Parece que os ha dejado confuso, el haber oído, que vuestro amor he sabido. Confieso que estoy helado, . y en este celoso abismo a hermosura tan ingrata, con lo mismo que me mata, he de matar con lo mismo. Qué me respondéis? . Es cierto, que yo: . Terrible sentencia? A Irene: . Celos, prudencia. Quiero. Tente que me has muerto. Haya enredo más extraño! Oh quién en esta ocasión pudiera hacerse un León para aclarar este engaño! Señora, considerando, que atreverme a tu hermosura era en mí más que locura, siendo quien soy, y más cuando sé, que el Duque Filiberto os adora tan rendido, fuera ser muy atrevido pretender con poco acierto contrastar la oposición de tan soberano aliento. Yo estoy sufriendo el tormento; y él hace la confusión. Ves ya claro, que te agravia con Irene su deseo? Ya por mis desdichas veo cierta tu sospecha, Octavia: Luego el haberos mudado ha sido por cobardía? Conozco la humildad mía, y esto quita ser yo osado. Luego no ardéis en la llama dónde soliáis arder? Echémoslo ya a perder: . Si ya os confieso, que ama el corazón la beldad, señora, de Irene bella, pues amor me ofrece en ella, que se premie mi humildad; fuera, sí:: . Sois un grosero, un atrevido, villano, necio, loco, altivo, y vano, sin prendas de Caballero. Pues no digos yo que fuera quien soy, si no solo ser la más infame mujer, es imposible que hubiera hombre, ni creo se hallara, que por haberse mudado, a la dama que había amado lo dijera cara a cara. Y pues fue tan atrevida vuestra lengua, idos, Leonelo, aprisa, que vive el Cielo, que os haga quitar la vida. Ven, Octavia, y ese necio déjale, en fin, por villano. . Muere, enemiga, al tirano rigor cruel de un desprecio: Ya voy consolado, amor, pues que logró mi esperanza tan sin pensar la venganza de mi celoso dolor. Ya no hay aquí más que ver; pues cesó todo el reclamo; voy a dar cuenta a mi amo de lo que tiene de hacer. . Aquí quiero descansar Sola un instante conmigo: vete, Octavia, que el castigo, el tormento, y el pesar, que me ha dado amor (ay Cielos!) basta me hagan compañía. Verte sola no quería. Conmigo quedan mis celos: vete, pues. . Servirte es justo. . Amor tirano, enemigo, cómo tan cruel conmigo? cómo tan falso, e injusto? No bastaba, cruel amor, haber (fuerte desvarío!) humillado mi albedrío a tu halagüeño rigor; si no que también (ay Cielos!) para aumentar mis pasiones, a confesarlas me pones en el potro de los celos? Si sujetado me hubieras a un Príncipe soberano, y luego después tirano iras a iras anadieras, sufriera tu tiranía: Pero hacer que mi desdén depusiese, contra quien mas mi desdén me decía? Pero rumor siento allí de gente, según infiero, curiosa escucharles quiero retirada desde aquí. Pisa con silencio, amigo. Ya piso, señor, desuerte, que si me siente la tierra, será que la tierra siente. Yo he de apurar esta noche si el móvil de sus desdenes es otro amor. . No es pos ible, ni es razón que eso sospeches, Nada el oído averigua, por más que escucha, y atiende. Lleguemos, pues, a la reja, por si las ansias ardientes de mis suspiros alcanzan, que su hermosura las temple. Qué cobarde! (ay Dios!) animo las plantas! . Pero parece que con lentos pasos van hacia la reja de Irene. Pienso que abren la reja. Y si la vista no miente, una mujer salió a ella. Pues por ver qué es esto, un breve instante nos esperemos. Cielos, si habrá querido mi suerte, que haya venido mi hermano! porque mis congojas quieren desahogar con él sus ansias, para que el remedio intente: Mas si no me engaño, allí. diviso confusamente, dos hombres; mas quien ignora; que Astolfo será, que viene a verme con su criado? Sea imán, para que llegue la voz de aqueste instrumento. Sin duda que cantar quiere. Pues escuchemos un poco. Sentidos, callar conviene. Por dar gusto a la pasión de un amante desvarío, me dejó sin albedrío quien me tiene el corazón. Tienes razón, pues por mí . así (ay Dios!) llegas a verte. Mas si así por su rigor en prisión a verme llego, será porque diga luego, que más no cabe en amor. De Irene (ay Dios!) es la voz; bien da a entender claramente, que es Leonelo la ocasión de la prisión que padece: mas no siente la de Marte, la de amor si solo siente. Ya el aire de mis suspiros tímido sus plantas mueve, pues poco a poco se acerca. Ya el uno llegó a la reja: ojos, oíd mudamente. Cé, es Leonelo? El mismo soy, hermosa, divina Irene, Leonelo dijo? (ay de mí) y qué si no cortesmente se respondió! hay enemigo! mal pagas lo que me debes. Pues llégate a mí por Dios, porque he tenido hasta verte de lo trájil de un sus piro todo el corazón pendiente. Envidia me da de oírla: Ya, Cielos, qué más patente he de ver el desengaño? Habla con recato, Irene, que no falta, quien escuche. Y como que hay quien atiende. El tiempo no da lugar para que pueda atenderte. Quién lo estorba? Mis desdichas. Pues para que las aumentes, sabe que el Principe:- Ay Dios! no prosigas más, detente: ya por mi mal lo he sabido, puesto que él conmigo viene Solo a gozar tu hermosura. Ya nada escucharse puede, según lo secreto que hablan. Qué mal sufre quién bien siente! ya no puedo esperar más. Que nada pueda entenderse Leonelo? . Señor. En qué tanto tiempo te detienes? Gran señor, presta paciencia, que es el castillo muy fuerte; pero es pero que muy presto rendido se nos entregue. No cese el fuego de arder, vuelve, amigo, otra vez vuelve, y repítela mis ansias. Pues qué es lo que yo he de hace Aquí el remedio que tiene es, que a abrir bajes la puerta, que dentro a tu cuarto entre. Qué dices? (ay Dios) . No temas peligros, ni inconvenientes, cuando ves que estoy contigo. Leonelo, di pre qué tenemos, muerte, o vida? Vida, señor, mas que muerte. Haya más raros enigmas! en qué vendrá a parar este encanto? . Advertida quedas de lo que has de hacer, Irene. Tuya soy, Leonelo mío, haz de mí lo que quisieres. Tuya soy Leonelo mío, haz de mí lo que quisieres? Qué es esto (ay de mí!) qué miro? ay villano más aleve! que así burle mi grandeza! Ya, señor, tu Alteza puede cantar el lauro. . Qué dices? Que ya he conseguido que entres: Vamos, pues. . Dame los brazos, amigó. . Qué te detienes? que ya está abierto, señor. Todo a tu valor se debe. Cielos, aún esto es peor: Vive Dios, que bajó Irene a abrirle la puerta: ay triste! el corazón se estremece; dentro entraron: mas qué aguardo, supuesto que puerta tiene a mi cuarto, que por ella no entro vengativa, y fuerte a castigar tanto agravio? a vengar la injuria aleve de estos traidores, que a el alma sus tiros hacer pretenden? A los favores atenta, que os servís, señor de hacerme, ya en acordaros de mí, como de venir a verme, concedí con la licencia, que con este confidente mandó intimar Vuestra Alteza. El Cielo su voz aliente. . Visitas, señor, como estas a estas horas, de esta suerte, para una vez si son buenas, con malas para dos veces. Quien os viere así venir embozado cautamente, entrar por la puerta falsa del jardín, anteponerse primero con un criado, para que yo entrar os deje, teniendo puerta este cuarto pública, por donde puede entrar solo el que procura honrarme, o favorecerme, mas que especie de favor, parece de mal espesie: Qué dirá, vuelvo a decir? Bastan ya, divina Irene, tus quejas cuando conozco, que advertida cuerdamente culpas mi poco recato; pero si erré, enmendareme, viniendo a verte otra vez solo, o como tu quisieres. Antes Vuestra Alteza escuse el venir, señor, a verme, que una pobre prisionera de qué provecho ha de serle a un Príncipe tan famoso. Pedirme, o mandar que deje de gozar la luz hermosa de tus ojos, bella Irene, es privarme de la vida, pues con ella se sostiene. En qué lucha, honor, te miras por mi causa! cuerdo llegue a ver como nos hallamos: Señor? . Leonelo, qué quieres? Qué tenemos, bien, o mal? Mas que bien, mal me parece. Eso me parece bien. . Resístese cautamente, respondiendo a mi sentido, aunque al caso diferente de lo que buscan mis ansias. Pues los cariños no cesen; y si no basta, el rigor venza lo que ellos no pueden: Haz, señor, como te digo. Eso a los dos nos conviene. Cielos, hay mayor desdicha! que yo mismo infamemente contra mí, contra mi honor arme, ayude, y aconseje! pero suframos, Amor. Cómo tan cruel procedes contra un alma que te adora? mi bien, los enojos cesen, no esgrimas, por Dios te pido tan tirano fuego, y nieve; mas si gustas de ese hechizo, ya que el ardor me concedes, en que ya Fénix me abraso, no el refrigerio me niegues. Cielos, se hallará en el mundo hombre, que mire patente tal infamia! y a sus ojos a su hermana la requiebren? Es la pretensión en vano. Mis lágrimas no te mueven? Son tiranos cocodrilos, que con la ternura quieren atraerme a su dulzura, y después darme la muerte. Duélete de mis suspiros. Son Sirenas, que pretenden con sus ecos atractivos dorar su traición aleve. Vive Dios! pues que no bastan, ni mi llanto a enternecerte, ni lamentos a ablandarte, ni gemidos a moverte, que ha de alcanzar el poder lo que el cariño no puede, y que el ardor de mi pecho ha de apagar esa nieve de tu mano: Ten, Leonelo, la puerta, que nadie entre. Esto ha de ser deste modo. Quién vio lance cómo aqueste! ya me falta la paciencia. Vuestra Alteza se refrene, y advierta, que tengo hermano de condición tan ardiente, que en sabiendo esta osadía sabrá vengarla valiente. Esas vanas amenazas, ni las recela, ni teme mi valor, y más si ya se halla sin armas, ni gente, ausente, y sin fuerza alguna. Pues aunque se halle ausente, allá los ojos de él alma lo están viendo tan patente, que imagino, y aún lo creo, que nos mira, y nos atiende. Esas son vanas ideas, que el alma presentar suele. No tanto, que de ella misma, no salga, si se ofreciere, para defender su honor. Pues llámale a ver si viene. No dará lugar tu Alteza a que le llame. . No pueden ya mis ansias sufrir más. Pues si mi honor no te duele, yo le llamare, porque él me ampare. . Mas enciendes con esso mi ardiente sed. Y a mí para que me vengue. Hermano, Astolfo, señor, como a tus ojos consientes tal agravio, tal infamia? Mas me incitas. . Señor, tente. Ya es afrenta esperar más. Abreme esta puerta, Irene. Muera el atrevido que::- Pues qué atrevimento es este? la espada sacas, Leonelo? Haya lances más crueles! No repara vuestra Alteza, que hay en esta puerta gente, que entrar pretende atrevida? Irene, qué te detienes? abre esta puerta. . A qué malo ocasión Florida viene! pues su voz dice que es ella. Antes su piedad no puede llegar a tiempo mejor en ocasión tan urgente. Abre ya presto, qué esperas? Voy a abrirla prestamente. Vive Dios, que no quisiera, que Florida conociese mi flaqueza! pero así dispongo el que se remedie: ireme por donde entrare, y venga lo que viñienre. Las luces mató: oh tirano! Qué rumor ha sido aqueste? cómo está esta pieza a oscuras? no hay en esta sala gente? Hola, Octavia, Celia, Jalia, sacad aquí brevemente luces. . El. Cielo me valga! . Ya aquí, señora, las, tienes. Esto solo ver quería. No estoy en mí del suceso! Hase visto tal exceso! Leonelo, pues qué osadía, o qué vil atrevimiento es este? Vos torpe, y mudo con el acero desnudo, Sin luz en este aposento con Irene? . Pena fuerte! Y a solas? decid que ha sido. Que el Príncipe se hayaido, dejándome de esta suerte! Alguna infamia asegura la turbación de los dos. Confuso estoy, vive Dios. Y yo, por más que procura el pecho, y valor previene, formar razones no puedo. Sin duda os usurpa el miedo la voc No me habláis, Irene? Gran señora (estoy sin mí!) lo que esto fue, brevemente lo sabrás. . El Cielo aliente su voz. . Si me escuchas. . Di. Un Pirata cauteloso, señora, la causa es de la desdicha que ves; pues atrevido, y mañoso, sentido de mi rigor, o de mi desdén esquivo, esta noche quiso altivo robar (ay Cielos!) mi honor. De las sombras ayudado, h . Sin que lo sintiesse yo, en mi cuarto (ay triste!) entró, y luego después osado, Sin dolerse de mi honor, ni temer mi resistencia, lograr quiso con violencia lo que no pudo su amor. Di voces, y quiso el Cielo, que a sus acentos veloces, lastimado de mis voces, presto acudiese Leonelo. Valiente sacó el acero, de su honor haciendo alarde, huyó el traidor, y cobarde: y este es el mal que refiero. Ánimó un poco mi aliento, . que aunque lo confiesa todo, es con tan distinto modo, que ya no siento el tormento. Muy bien la flaqueza doras. Yo, señora? pena fiera! Si yo, Irene, no supiera como a tu Leonelo adoras, y que él por ti se desvela abrasado de tu amor, yo le diera, en tanto error crédito, si a tu cautela. Gran señora, (fuerte abismo!) pues quien ha dicho a tu Alteza, que de Irene la belleza, puede me verme? . Tú mismo. Yo, señora? . Tú, Leonelo. Pues cuándo? . Esta noche fue, Pues yo esta noche te hablé? No ha mucho. . Válgame el Cielo! Pues dónde fue? . En el jardín. Ay desdichas más extrañas! Mira, advierte, que te engañas, porque yo no he sido, en fin, quien en el jardín te habló. Bueno será, que avisado, de la música llamado, fuiste el mismo que llegó a mi reja; y luego:- . Ay triste! Tras varias adulaciones, con atrevidas razones, claramente me dijiste, que a Irene adoras rendido, idolatrándola amante; y ahora porque está delante quieres negarlo atrevido. Si otro en mi nombre embozado! . Todo lo ha escuchado, Cielos! tanta ventura logró, él será el dichoso, y yo seré solo el desdichado. Luego lo negáis los dos? No te dio aviso un criado, que por tenerme ocupado tu hermano esta noche (ay Dios!) mi obediencia no podía, a pesar de mi dolor, llograr el sumo favor, que tu gracia me ofrecía? A mi nadie me ha avisado; y si disculparte intentas con cautelas, más aumentas tu culpa; porque ya dudo que no fueses: . Estoy muerto! Quién dijo que a Irene amas, sé yo qué ardes en sus llamas por muy fijo, y por muy cierto. Señora (desdicha airada!) eso es agraviar mi honor. Ya, Irene, sé bien tu amor, no te pongas colorada. Señora, quien tal levanta: A mí no me espanta el ver, que amor tenga una mujer. A mi señora, me espanta. Pues dígalo tu canción a pesar del dolor mío, pues te quitó el albedrío quien te tiene el corazón. Qué es lo que oigo, Hado cruel! Qué escucho, injusto tormento! Bien se vio, pues al momento, que allá en la lid llegó él, Sin más resistir, postrada le dijiste (en celos ardo!) solo a ti, Joven gallardo, entrego humilde la espada. Confirme, Irene, esto todo hablarle esta noche, en fin, por la reja del jardín, y el decir con fino modo, cuando a su amor te prefieres, con amante desvarío. Tuya soy, Leónolo mío, haz de mí lo que quisieres. Todo lo oyó, hay desdichada! Luego en fin, enamorada, sin reparar en recelos, resuelta bajaste a abrir, y subiéndole a tu cuarto:- Pero ya, ya he dicho harto, porque podáis advertir, que he sabido que no ignoro el fuego de amor que os quema; y así aquesa estratagema, que intentáis contra el decoro, de ese desnudar de acero, de ese pirata homicida, de esa ocupación mentida, de ese aviso de Escudero, para mí ha sido escusado. Y supuesto que ya veo lo que procuró el deseo, deciros será acertado, (mal mis pasiones resisto) cuando mi molestia veis, que ya, Leonelo, sabéis, que he sabido lo que he visto. . Oye, señora, (ay de mí!) qué es esto que escucho, Amor? Qué es esto, infeliz honor, qué está pasando por ti? Hay hombre más desdichado! Hay más tirano rigor! Hay más infelice amor! Hay honor más desgraciado! Irene. . Astolfo? Qué dices de semejante desdicha? Por ti padecer, es dicha. Somos los dos infelices. No hay en mi infelicidad. Pues por qué . Presto concluyo, porque es este gusto tuyo, y es así tu voluntad. Pudo en desdicha mayor ponernos el Hado airado! No tiene la culpa el Hado. Pues quién la tiene Tu amor, No puede más mi desvelo. Quéjate de tu locura. Libre, Irene, tu hermosura de tales iras el Cielo. Mi honor ha puesto en balanzas de ese frenesí el rigor. Por acudir a tu honor perdió Amor las esperanzas de conseguir el blasón de su deseo. . Yo infiero, que es razón mirar primero por tu honor. . Así es razón. Desde hoy, Irene mía, aunque mi amor parta raya, seré de día atalaya, y de noche seré espía. Aunque no estés tan despierto, yo estoy segura conmigo. Es muy fuerte el enemigo, y estamos en campo abierto, sin muro que nos defienda. No hay más muro que el querer defenderse una mujer; que como ella lo pretenda, es por demás la invasión. Es frágil la resistencia a la tirana violencia de tan estrecho cordón. Yo procuraré estorbar tan profunda demasía: mas por tu vida, otro día solicites evitar otra ocasión semejante, no se encienda alguna llama; basta que sea tu dama, y que tú seas mi amante. . Dices bien, que es enemigo, que a todo trance venció: Amor, a quien le pasó lo que hoy me pasa contigo? Yo por ventura he soñado desdicha tan fiera, y rara? Yo ayer Duque de Ferrara, y hoy apenas un criado? Yo ayer de todos servido, de mis tierras estimado, y hoy en tan mísero estado todo este sausto perdido? Ayer yo con pompa ufana, con triunfos, y con despojos, Siendo la luz de mis ojos el espejo de mi hermana; y hoy, sin grandeza, ni fama, su honor corriendo fortuna por otra parte, y por una reputada por mi dama? Yo traidor, y temerario contra mi Estado, yo mismo haberlo puesto (qué abismo!) a los pies de mi contrario? Yo estarle sirviendo hoy solo de humilde vasallo? en qué extremo (ay Dios!) me hallo? yo soy Astolfo, o quién soy? Pero quién a esto me obliga? Amor: o fuerza cruel! Y ay ya más que hacer por él? Eso solo que lo diga el tiempo; fiero rigor! Ya en Amor no cabe más? Si cabe; pero tú harás, que más no quepa en Amor.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Violentar el albedrío de la voluntad de amor, o no es temer su rigor, o es más que Amor desvarío. Sin duda que disfrazado Amor en músico activo, injuriado, y vengativo esta letra me ha cantado. Sentido está porque osado el desvelo, o dolor mío, pretendió con desvarío, con violencia, o con rigor, no menos que al mismo Amor violentar el albedrío. Pero si se halla agraviado de mi atrevimiento altivo, a no ser él tan esquivo, no fuera yo tan osado. Pero qué pecho abrasado de su fuego, y de su ardor, y herido de su rigor no intentará mitigar sus incendios, a pesar de la voluntad de amor? No niego que fui tirano en hacer tal desatino; pero si amor es divino, vea que yo soy humano. Perdone, pues, lo profano, ya que confieso mi error, porque el atreverse a Amor, y profanar su respeto, o es de algún delirio efecto, o es de temer su rigor. Cruel con justa razón querrá despicar su agravio, pues le perdí poco sabio la debida adoración. Altiva fue mi ambición; porque osar con loco brío violentar el albedrío de amor, cuando no es su gusto; o es infamarse de injusto, o es más que amor, desvarío. Dejad el sonoro acento, suspended el dulce canto, que más que aliviar mi llanto, es aumentar mi tormento. Que no haya sido posible, ni de mis ansias el fuego, ni ya de Leonelo al ruego ablandar este impossible! Mas, sino miente el desvelo, hacia aquí pienso que viene paso a paso con Irene, hablándola (ay Dios!) Leonelo. Aquí, retirarme intento, pues amor a ver me obliga, como esta dulce enemiga se duele de mi tormento. Siguiendo a mis enemigos. secreta, y celosa vengo, ojos, y oídos prevengo para que sean testigos: que aunque Irene me ha contado de aquel encuentro el suceso, todabía me confieso con sospecha, y con cuidado, y no estoy segura, no. Qué en fin, a Florida diste parte del suceso triste? Todo conforme passó, Sin que cosa reservara, le referí, porque viera, que su hermano Énrico era móvil de pena tan rara, y que tú no eras mi amante. Créyolo Florida así? Pienso, Leonelo, que sí. Hablar mudos, y adelante, porque aunque aquí no hay paredes que os escuchen, pero hay ramos. Amor, hasta aquí. bien vamos. Pues con cuidado estar puedes por si alguien viniere, Urón. Por más que el oído aplico, solo Florida, y Enrico es lo que oyo mi atención. Y en fin, que dar no pudiste a Florida aquel recado? como esta noche ocupado me tuvo Enrico. . Ya oíste lo que tengo referido, pues te he dicho; como osado otro galán disfrazado, y con tu nombre fingido, habló con Florida bella, y después de mil ternuras, y enamoradas locuras, por ponerte mal con ella, trazó todo aquel enredo. Pícaro, pues no llegaste, y a estocadas le mataste? Muy bastante hizo mi miedo en tan grave tentación. Pues qué hiciste? dime al punto. Viéndome casi difunto, pude huir de la ocasión. Esto ya parece cierto. No le conociste? . No, Solo si me, pareció ser el Duque Filiberto, porque todo su conato se encaprichó con el duelo, de poner mal a Leonelo. Ya darle crédito trato a este engaño. Quién ignora que Filiberto sería, y esa infamia fingiría, Sabiendo que el alma adora tan fina a Florida bella? Fuese Filiberto, o no, Solo puedo decir yo, que me he interpuesto con ella, porque estime tu fe pura, porque tú mi amante no eres, diciéndole, que te mueres por su divina hermosura. Tú mi intercesora, Irene? Cuando tú lo eres de mí, que yo lo sea de ti, por qué admirado te tiene? No has visto el Galán primero allá en la farsa fingida, ser de su Dama querida, a su pesar, el tercero, de algún poder obligado? Tal vez acontece así. Pues hoy sin ser farsa aquí, tú de otro poder forzado, solicitas mi favor, Siendo mi Galán primero, y vienes a ser tercero, o por gusto, o por rigor. Pues yo también en efecto, con ser tu primera Dama, obligada de la llama, o de tu amor, o mi afecto, tan noble soy de manera, que aunque sé tu amor injusto, Solo por verte con gusto quiero servir de tercera. Acercarme más pretendo por ver si los puedo oír; pues aunque intento advertir, poco, o nada es lo que entiendo. Hay más grave confusión! Yo no acabo de entender este bien que pueda ser; h . pues no sé si con pasión Irene se queja fiera: El confiesa que me ama, ella dice que es su dama, y no siente que me quiera; que a sentirlo, quien ignora, que celosa se mostrara, cuando él pasa cara a cara a decirle que me adora. Violentado de un rigor ella dice es su tercero; con que de esto bien infiero, que él debe tenerla amor: pero no, que a amarla él, él engaño no sintiera, ni a su cara nombre diera de una infamia tan cruel: pero sí, que a no adoralla, no sintiera el rigor fiero de ser Énrico tercero: En qué confusa batalla me miro! pues cuando aquí, si salgo de un error ciego, en otro abismo me anego: pero dejémoslo así. En fin, Florida creyó, que yo su hermosura adoro? Que lo creyó, no lo ignoro, puesto que me agradecio haberla desengañado, de que yo a ti no te amaba, ni que tan poco me daba tu persona algún cuidado. Ya desde aquí me previene oír mejor el ansia mía. Sí será por ironia lo que está diciendo Irene? Haya cuentos más extraños, que los que pasan, señores, entre los vivos amores de aquestos muertos hermanos! Ya Leonelo, según veo, tu pecho de pena sale. Mucho un buen tercero vale. Tuyo será este trofeo. Yo no entiendo este sentido. Hoy a servirte me entrego. Pues dame los brazos luego, que amante, y agradecido, con dicha tan alta ufano: A todo tu amor me obliga. Qué es lo que haces, enemiga? Qué es lo que intentas, villano? Llegó de mi vida el plazo. Cayó en tierra mi altivez. Por Cristo, que aquesta vez los cogieron en el lazo. Pues qué atrevimiento fiero a tal acción os obliga? A Leonelo, que os lo diga, que yo ni puedo, ni quiero. Quién se vio en tan fuerte lucha? habrá desdicha mayor! Mayor será, y aún peor, si es que acaso ha habido escucha. Por qué a el labio la voz quitas, traidor, en delito tal? Es esto lo que leal en mi favor solicitas? Turbado estoy, vive Dios, y la voz aliento en vano. Por qué callas, di, villano? No estamos solos los dos? Yo te embarazo, enemigo? bien se ve que ella es tu dama. Si ya la furiosa llama, si ya el ardiente castigo, que me ha dado esa tirana, lo conoce, y no lo ignora Florida, qué importa ahora que esté presente mi hermana? Pues estad, señor, atento, y sabrá vuestra pasión lo que ha sido en conclusión. Por Dios que está bueno el cuento Bajando, pues, esta tarde al jardín, pudo mi estrella ver a Irene, hablar con ella, y haciendo rendido alarde de tu amor, su ardiente fuego le expliqué, y que su belleza es causa de tu tristeza, y de tu desassiego, Después con modesto ver piadoso dijo: Ya veo será tuyo, este trofeo: como dándome a entender, que por mi ruego admiría tu galanteo amoroso, o porque lo vergonzoso mas lugar no le daría, o porque le agradeciese tan altos favores yo, por finezas los vendió; pero sea lo que fuese. Solo sé, señor, que dijo, herida de amante fuego, hoy a servirte me entrego: y yo con el regocijo de haber logrado tal gloria mi desvelo repetido, viendo ya el fuerte rendido, y por ti tan gran victoria, sin aguardar a más plazos, ciego del gusto, y vencido, dije: Irene, agradecido a darte llego los brazos; pero si anduve atrevido en llegar a tal sagrado, disculpe por mí lo osado, el ser por ti agradecido. En todo has dicho verdad, que esto escuchó mi desvelo: alza del suelo, Leonelo, que es cierta tu lealtad. Y ya qué mis desvaríos estorbaron tales lazos, lo que te quité en sus brazos, cobra, Leonelo, en los míos. Bien merece mi humildad tan levantado favor. Ello a costa de tu honor se cura la enfermedad. Bien doraste la traición, enemigo; pero aquí, por estarme bien a mí, sufra, y calle mi pasión. A quien en tanta desdicha amor obligó jamás? Pues no te oyó lo demás, ha sido sobre la dicha. Qué, depuso essa omicida, ya su desdén, y dureza? Humanose su belleza al verse de ti querida. Vida has dado a mi esperanza. Solo a darte gusto aspiro. Por ti, Leonelo, respiro. ze Mucho una porfía alcanza. Vuelve por mi vida, amigo, repítela mi deseo. Solo en esso está mi empleo: Amor, tirano enemigo, por qué es tanto tu rigor contra un corazón rendido? Ya yo me doy por vencido, pues más no cabe en amor. . Vete, Uron. . No dificulta Uron el ser obediente: bueno está el cabe presente, más cuenta con la resulta. . No me das, Florida mía, parabién de tanto bien? Yo me doy el parabién, pues es mía tu alegría: mas ahora decirte quiero:- Qué es lo que decir me quieres? Que para tales mujeres es excusado el tercero; porque cuandó al fin se llega una dama semejante a admitir algún amante, y su amor resuelta entrega, no gusta, (y es caso justo de que sepa su afición mas que solo el corazón l0 de aquel a quien dio su gusto. Yo te estimó la advertencia. La experiencia te dirá si bien advertido está. Pues, Florida, la experiencia esta noche hacer pretendo, si de mí te compadeces, y con tu favor me ofreces, que en tu reja::- . Ya te entiendo, la del jardín, y algo tarde ve, que Irene estará en ella. Tu vida, Florida bella, el Cielo piadoso guarde, Amor, ansias, y desvelos, vamos también a inventar el modo con que apurar de una vez pueda mis celos. Varia imagen infausta de la Luna, cuya vana deidad adora ciega la bárbara ignorancia, que no llega a saber que eres más que la fortuna: Solo una vez piadoso, solo una, que te muestres conmigo, amor te ruega, pues hoy a tu poder el mismo entrega la empressa más felice, y oportuna. Mañana es, pues, el día en que alagüeño dueño elige el amor de su hermosura: ea, fortuna, depóngase ya el ceño, que si alcanzo por ti tan gran ventura, y a Florida me das por dulce dueño, serán mis armas tu imagen, o figura, Mañana, (ay Dios!) mañana es la estación gloriosa, en que Florida hermosa, ya piadosa, o tirana, elige (qué ventura!) el dueño que ha de ser de su hermosura, Los Príncipes famosos, los Nobles Ventureros, que asistieron guerreros, ya todos valerosos a verla tan ufana en el festín se juntarán mañana; Federico de Ursino, Carlos de Vitiniano, y el de Orbitelo ufano; pero nada imagino me da mayor recelo, que es (ay Dios!) la soberbia de Leonelo Ea, tirana Diosa, ea, fortuna mía, pues ya se llega el día de empressa tan gloriosa, Siquiera una vez, una no dejes de ser mía por fortuna. Cielos, qué passá a mi honor? este abismo en que me veo es a gusto del deseo, o es a desco de Amor? Si el Príncipe por mi amor su misma salud maltrata, no estimarlo fuera ingrata, y aún fuera más que rigor. No me ruega Ástolfo ahora, que con amante ficción entretenga su afición, por lo que ya no se ignora? Pues si me ruega mi hermano ya casi lo que deseo, no admitir su galanteo, Siendo señor soberano, fuera más que tiranía, y más cuando en dicha tanta, antes que humilla, levanta a más ser la altivez mía. Y pues quiso él ser tercero por su gusto, o por su amor, no menos que de su honor, miráralo bien primero; y así, puesto que me siento tan obligada de Enrico, a estimar su amor me aplico, y a dar aliento a su aliento. Irene? . Señora mía? Sola en el jardín tan tarde, cuando viene haciendo alarde la noche en sombras del día? Sobre esta alfombra, señora, de esmeraldas guarnecida, entre despierta, dormida, contemplando estaba ahora, al ver los tibios candores de rosas, y luces bellas, un Cielo al jardín de Estrellas, y a el Cielo un jardín de Flores. Del sueño fue fantasía. Ni lo dudo, ni lo creo. Pues una cosa deseo, que hagas por el ansia mía. Pues qué pedirme podrás, que por ti no haga mi amor? Que esta noche sin rigor hables a Énrico no más en mi reja; y pues tu anhelo por Leonelo me ha pedido, yo por Énrico te pido, y te ofrezco por Leonelo, Pidiéndolo tú, es muy justo, aunque lo riña el recato, que deponiendo lo ingrato, haga, señora, tu gusto. Mucho estimo esse consuelo. Pues otra vez te suplico, que pues ya yo estimo a Enrico, que tú quieras a Leonelo. Pues dime, por quien tú eres, a qué fin fue el desvarío, tuya soy Leonelo mío, haz de mí lo que quisieres? Ya te he dicho en tanto afán, que a Leonelo estimo yo, por ser quién es, pero no para esposo, ni galán. Pues quién es? . Ahora perdona el callarlo. . Quién lo quita? Quien su muerte solicita, y el miedo de su persona. Vamos ya, que es hora, Irene. Voy a daros gusto en todo. . Y yo voy a trazar modo con que mi industría previene ver como conseguir puedo el que de una vez assí de este enigma, o frenesí descifremos el enredo. Qué en fin viste a Irene? . Sí, Díjístela mi deseo? El efecto lo dirá. En qué lo dirá el efecto? Cómo ya estará en su reja esperando, y un pañuelo es la señal que me dio, porque no tengamos hierro. Pues mueve quedo las plantas, Moviéndolas voy tan quedo, que si se menean, es porque las menea el miedo, no por los passos que dan, sino por lo que yo tiemblo. Ve con cuidado mirando, que no sin causa recelo, que encubierto por aquí esté el Príncipe, que cuerdo querrá ver si algún amante tiene Irene. . Así tendremos. en este encanto de amor algún Príncipe encubierto: mas mira que ya la reja me parece que han abierto. Ya, Cielos, he conseguido. de Irene el dichoso puesto en su reja con su nombre hablar a Leonelo intento, y con cautela apurar de tanto enigma el misterio. Quien duda, que a repetirla vendrá el engaño, que cuerdo él fingió, para librarse de tan arriesgado empeño? Mas si no viniere, Amor, las lágrimas que mi pecho por mis ojos desatare, serán lenguas, que el tormento expliquen, que el corazón sufren en tan tiranos celos. No ves que ya hizo la seña? Pues recatados lleguemos. Dos hombres aquí se acercan, quiera Amor que sea Leonelo. No bastaba, Irene mía::- Mía dijo? yo me muero. Que de tu mano divina fuese el transparente hielo el norte que me guiase, Sin valerse del senuelo de la olanda? . Yo os estimo la lisonja, y la agradezco, por ser de Florida sobra. Plúguiese a Dios fuese eso; pues desde la noche (ay triste!) que aquí nos estuvo oyendo, no he visto afable su rostro, fundando, todo su duelo en que eres mi dama tú. Ese, es todo mi desvelo: . No puedes desengañarla? No, Irene, ya no hay remedio: yo mismo he de ver si alcanzo lo que no alcanzo yo mismo: y así pues te dijo Urón, ̱h . que aquí me esperases, quiero decirte (ay Irene mía!) el sin a que a hablarte vengo. Ya deseosa lo aguardo: Sin duda, que en este puesto . estaban los dos citados con la señal del pañuelo. Acaba, di lo que quieres. Pues, Irene, a lo que vengo es, que ya ves que manana elige dichoso dueño de Florida la hermosura. Ya lo sé. . Pues solo quiero, que le repitas mis ansias, los cuidados, los desvelos, que me debe su belleza, que sola es el norte bello, que siguen mis es peranzas: que la idolatro, y venero por ídolo de mis ojos: que no quiero que la obliguen servicios, ni arrojamientos, sino dila solamente, que por ella vivo, y muero, que quiero ver si la obligan mis ansias, y rendimientos; y si esto todo no basta:- Ya basta, no más, Leonelo. No me quites este gusto. Quizá ella te está oyendo, como estuvo la otra noche. No tendré yo esse con suelo. Cielos, si será, ya hora, que el imán de mis deseos. haya sálido a la reja? Mas si no me engaño, creo que ya está en la reja Irene: temeroso, Cielos, llego. Cé, es Énrico? . Quién pudiera ser señora, sino el mismo? tu esclavo, señora, soy. Vienes solo? . Solo vengo: tan rendido, como amante, estimándote de nuevo la piedad de tu belleza, con que cobro nuevo aliento. Mucho obliga amor tan fino. Eslo tanto, que sin miedo puedo asegurar, bien mío, que llegó ya a tal extremo, que en Amor no cabe más, que el amor que yo te tengo. En fin, qué a Florida adoras? Tan fino, tan verdadero; pero si ya no lo dudas, para qué preguntas eso? Es, que me está bien a mí . una, y otra vez saberlo. Pero qué hicieras ahora, si te diera un lazo bello, que ella me dio para ti conmovida de mis ruegos, por favor, porque manana, llevándole en el sombrero al festín, podáis los dos por la seña conoceros, puesto que otro semejante ella llevará en el pecho? Si los hierros de esta reja no lo impidieran, sos pecho, que solo de la alegría hiciera cuatro mil hierros; más dame tu bella mano, ya que los brazos no puedo. Ese es tu deseo todo, y aún es todo mi deseo: toma, y el lazo recibe. Ay Dios! que no sé que siento en su nieve, que me abraso en lo mismo que me hielo! Advierte, señor, que ha entrado gente al jardín. . Pues presto retírate, Irene hermosa, y haz lo que dicho te tengo. Yo haré por ti cuanto pueda, y oficios de buen tercero. Gaarde el Cielo tu belleza. Y tu vida aumente el mismo: Vamos, que aunque voy con dudas ya a lo menos voy sin celos. Un bulto allí se menea, pisa, señor, con silencio. De mi venganza inducido, V y guiado de mis celos, sin reposo los sentidos, otra vez al sitio vuelvo, por ver sí mis celos pueden encontrar aquí a Leonelo: Pero si no es fantasía, o es ilusión del deseo, hablando a la reja está de Florida. . Señor, tiento, que allí se quedó clavado. Rémora fue, según pienso, de sus pasos (ay de mí!) un hombre, que (yo estoy muerto!) arrimado está a la reja de Florida. . Y si el ceceo no miente, con ella misma, señor, que está hablando creo. Mucho obligarme has sabido. No busco mayor trofeo, que llegar a merecer llámaros mi dulce dueño. Cuando llegue essa elección, bien podéis estar muy cierto, que seréis el preferido. Qué escucho, divinos Cielos! Qué es lo que oigo, duras penas! Un favor pedirte quiero. Pues qué queréis? Que merezca, que para el festín dispuesto lleve una fineza tuya. Gastosa dártela espero: toma este lazo, y por otro que yo tengo a su mudelo, conocerás mis favores. Vive Dios! cón no consiento que esto pase? el alma toda respira vivos incendios. Que esto a mi vista consienta, cuando así muero de celos! Oh como en el alma estimo favor tan dulce, y supremo! Yo lo volveré en asombros. Y yo en espantos sangrientos. Pues var a decir relación, dígase, que es justo, escucha. Florida de Parma Augusta, generoso invicto Enrico, cuya vida aliento logre por tan dilatados siglos, que a numerarlos no alcance toda llacedad del guarismo. Yo soy Astolfo de Esté, Duque, y Señor del Dominio de Ferrara: qué os admira de verme? yo soy el mismo, que busca vuesto venganza, tan sin causa, ni motivo, que a sufrirlo, la ocasión, yo lo explicara sucinto; pero pues ya no hay remedio, dejemos este litigio. Y voy solo al que robado de un retrato peregrino, que expressaba la hermosura de Florida, habiendo oído, que, en Parma se publicaba, y prometía en Edicto, que el que rindiera a Ferrara, y me venciera a mí mismo, triunfando (ay Dios!) de mi vida, sería esposo aplaudido de Florida soberana. De mis ansias commovido, y de la sombra incitado de sus dos rayos divinos: viendo que para ganar gloria tanta, era preciso que me perdiesse yo propio, a tan gran empresa aspiro, pues rompiendo inconvenientes, y atropellando peligros, venciendo dificultades, dejado todo al arbitrio del amor, y la hermosura, sajiz, a tuto, y altivo os sorví de Aventurero en el combate reñido de Lidonia, donde fueron mis hazañas, mis prodigios tan hijos de mi valor, de mi acero, y de mi brío, quen pero no lo ignoráis, y así a la fama remito, que lo publique por mí, porque escuse el referirlo. Traidor, pues contra mi propio, y de mi Patria enemigo, con cargo de General, con que me honró agradecido vuestro pecho generoso, premiando así mis servicios, conquisté mi mismo Estado, Plazas, Fuertes, y Castillos, hasta llegar a Ferrara, donde mañoso, y altivo, recatando mi persona, después de haberla vencido, hice a gusto de mis ansias, que por su dueño, divino se jurara, a un solo amago, por su Duquesa (ay Dios mío!) a Florida hermosa: mira si alguno por amor hizo jamás fineza tan rara; pero fineza no ha sido aquesta, en comparación de la que hacer determino. Nada, pues, ha sido, nada ejecutar el servicio de haber yo mi propio estado a vuestro poder rendido. Nada perder mi grandeza, Patria, ser, deudos, y amigos, batallar contra mi propio, conquistar mi Señorio, sujetar mi vanidad, enajenar mi albedrío, y a gusto de mis pasiones, como criado serviros: daros a los dos la vida cuando sois mis enemigos, o cuando pude a mi gusto, en riesgo tan conocido, con vuestra muerte, o prisión, assegurar mi partido. Nada, pues, ha sido aquesto; mas después, de estos servicios, aprisionar a mi hermana, consentir (aquí me rrito!) atrevidos galanteos, sufrir deseos lascivos, atrevimientos profanos, callar torpes apetitos, ser yo mismo el medianero, exponerla a mil peligros, saber mi injuria, y afrenta: mucho es esto, si bien miro, mas no, que si bien lo advierto, esto todo nada ha sido; y solo llega a ser mucho entregarme yo a mí mismo, solicitar mi ruina, procurar mi precipicio, sepultar mi nombre, y fama, arrojarme yo al suplicio, pretender mi perdición, y desear mi castigo, que esto todo se resuelve en dar mi cuello a un cuchillo, por conseguir de este modo lo que Parma ha prometido. Y assí, puesto, gran señora, según lo que tienes dicho, que de tu gran hermosura, galán, esposo, y marido solo será el Caballero, que ponga a tus pies invictos la vida del Duque Astolfo: . ya a ellos está rendido, ya es alfombra de tus plantas, ya pisa su cuello altivo la hermosura de tus pies; yo le abato, yo le humillo, yo le prendo, yo le entrego, yo le postro, yo le rindo: Toma, pues, el duro acero, esgrime su agudo filo contra mi misma garganta, o contra mi pecho fino vibra su punta acerada; pero si te falta el brío para ejecutarlo, yo con ánimo nunca visto, seré de mi propia vida verdugo, parca, y cuchillo. Logre assí tan alta gloria, cúmplase, pues, lo ofrecido, dame de esposa la mano que yo con la otra atrevido (o haré que logre mi aliento el último parasismo. Será gustosa mi muerte, pues que por ella consigo, (aunque tan breve) la gloria de ser tu esposo, y marido; porque con acción tan rara quede, señora, advertido, que a más no puede obligar de amor el poder altivo, penia porque quien llega por él a darse muerte a sí mismo, no cabe más en Amor, ni es possible haya cabido. Caso espantoso! . Admirable! Y aún creo, que nunca visto. Notable arrojo por cierto! Es mi amo un Leandro fino. Levanta, Astolfo, del suelo, levanta, Joven invicto, que no es digno de la muerte quien es de mi mano digno; y aunque mi hermano se enoje, hoy el darte determino el premio, que tu valor por mi amor ha conseguido. La mano, pues, con el alma (perdóname hermano Enrico, a Astolfo le doy, porque ya por esposo le elijo. Gran gueto recibo en esso. Y yo tirano castigo. otra vez, Florida bella, a tus pies el labio aplico; pues si hoy la vida me das, será para que rendido vuelva otra vez con el alma a ofrecerla en sacrificio. Astolfo, mi mano es esta. Como tu esclavo la admito, o te dueles de mis ansias, o pagas amor tan fino. La razón vence el enojo. Todo tú lo has merecido. Supuesto, Astollo, que ya de medianero has servido a el amor de Irene bella, hoy otra vez te suplico, que lo seas verdadero, ya que lo fuiste fingido, para que siendo mi esposa, sea nuestro amor más limpio. Todos son favores tuyos. Y yo la dicha consigo. Cómo a dueño de mi alma, bella Irene, te recibo. Ya en albricias puedo darla, Sin que recele el registro de Leonelo. . Filiberto? Qué mandas, Príncipe invicto? Que pues Florida no puede ser ya vuestra, si os obligo con daros a Octavia bella::- Gustoso soy, yo la admito por mi dueño. . Yo soy vuestra, no es tan malo, si consigo, si no un Príncipe de Parma, un Duque de Mantua rico. Pues ya que todo se ajusta con tal gusto, dueño mío, para salir de esta duda, que me digas los suplico, con quien a noche en tu reja hablabas con tal cariño? Esso a Irene que lo diga, pues ella fue con Enrico los que hablaban en mi reja, y yo la que hablé contigo imade? en la tuya por Irene; porque con este capricho apurar quise mis celos, para que quede entendido, que no hay firme amor sin ellos. Basta, no más, dueño mío. Cuando todo queda en paz, no resta, señores míos, sino es irse poco a poco; y si se consigue un victor, será para que otra vez, con deseo de serviros, vuelva a embarcarse el Poeta imaño en aqueste laberinto, dejando en esta primera los amantes prevenidos, que más no cabe en Amor, y a los celosos alivio, ni hay Amor firme sin celos, que es todo un assunto mismo.
