Texto digital de El niño gigante, San Mamed
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El niño gigante, San Mamed. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nino-gigante-san-mamed-el.

EL NIÑO GIGANTE, SAN MAMED
JORNADA PRIMERA
Hoí en nombre de toda Césaréa soy, señor, quien se emplea en juraros sunmiso rendimiento; adjunto con el cual os represento el júbilo, que nuestro afecto siento en la elección de nuevo Presidente. Faustino, aquí he llegado a conocer el celo, y el cuidado, que Césarea, en modos precordiales, exhibe a los mandatos Imperiales. A el Invicto Aureliano, cuyo poder, he imperio soberano es de tantas Naciones aplaudido, y con temor, y amor obedecido, debo a un tiempo mi ser: y en este día su Grandeza en mis flacos hombros fía el cargo del gobierno preeminente de Cesarea, y partes del Oriente. Y como el celo, que a Aurelio anima, solamente se intima a arrancar de entre todas las Naciones sacrílega raiz de Religionas; y como es la Cristiana la que ciega dimana con falsas novedades de negarles el Culto a las Deidades, traigo un Edicto, por el cual obliga a el que ese Dios crucifizado siga, o rendir a los Dioses sacrificio, o morir afrentoso en el suplicio. Y así, Lidoro lee ese decreto. Ya lo hace notorio mi respeto. Estando a nuestro cuidado el proveer Ministros, que celen el Culto de los immortales Dioses, constituimos por Gobernador de esa Provincia a Alejandro, a quien damos toda nuestra Au- gusta potestad, para perseguir, y obligar a los Cristianos, a que sacrifiquen a las Deidades, o morir: especialmente, le cometemos la causa de Mamed, un rapaz Cristiano, conocido por famoso Mago, que ha burlado a Demócrito, mi Presidente, y aún a nuestra Cesarea persona: Obrdecedle en todo. Esto es en suma. . Sin la resistencia menor, vuelvo a juraros la obediencia. Informarme quisiera de ese Mamed; que entonces dispusiera mi rigor el castigo a su persona, según la calidad de que se abona. Yo os haré relación, aunque no mucha. Con la atención respondo. . Pues escucha. En tiempo, que el Sacro Imperio Roma no se vio regido de Valeriano, y Calieno a el poderoso dominio de la gran Ciudad de Gangra; que es Capital del Partido de Paplagunía, Provincia (según Prosomeo quiso) de la Galacía, fue electo por los Césares Invictos Alejandro, en el gobierno. Y como el primer motivo de los Romanos alpira a mirar engrandecido el Culto de nuestros Dioses, allí empezó con castigos Alejandro a perseguir a los Alumnos de Cristo; entre los cuales Teodoto, de ilustre sangre Patricio, por rebelde a las Deidades fue también comprendido, Y no pudiendo el Prefecto castigar por propio arbitrio a Cristiano, que era noble, sue forzoso remitirlo a esta Ciudad, donde Fausto tenía expresado Edicto de castigar, fuese noble, o no, quien de este delito adoleciera: Rusina, su cara consorte, visto el estado en que se hallaba la causa de su marido, quiso seguirlo en sus penas; y para mejor cumplirlo, reparte a pobres, y a presos su Partimonio, y al mismo tiempo a Teodoto en prisión sigue en penoso camino. Iba en este tiempo en cinta de Mamed, y muy propinquo el tiempo a el parto: llegando ante el Prefidente, y visto el cargo, sin dar lugar de su condición lo altivo a más, mándolos poner aquella noche en la frío de un calabozo: allí puesto Teodoro o fuese rendido de los malos tratramientos, o del rigor compelido, rindió en las darás prisiones la vida: quedó en deliquios. Muerto Trodota, Rusina en lance tan dolorido, dio a la luz en animado frute, al prodigioso niño. Aquí crecieron las ansias, las congajas, los su:piros de Rusina, a cuyo impulso, con su afecto siempre sino, puso en manos del difunto Teodoto todo su alivio; pues entre mortales ansias también consoicio le hizo. Los Soldados, que a este tiempo oyeron tiernos gemidos, bajaron a la mazmorra, y hallaron entre sus grillos a el tierno infante, buscando el ya destiento abrigo de la madr:: en este caso algunos de compasivos llegaron, y del regazo inanimado, a el auxilio de Amia, una ilustre Matións, lo trasladan, y en cariño maternal, desde este tiempo ella los doptó por hijo. Lo que precuró primero fue darle aquel primes rito, que reciben los Cristianos, y ellos le llaman Baptismo. Prosiguió su tierna infancia con un ingenio tan vivo. que monstraba en pocos años de la ancianidad capricho; y en la ley, que profasaba salió tan diestro, que hizo Catedra, donde acudían a oír sus melifluos dichos, no tan solo los infantes, que eran de su tiempo mismo, sino el de más alto ingenio, y más elevado juicio; siendo en toda Capadocia por oráculo tenido. Ocupado en esto estaba Mamed, cuando Amía a los sllos de la Parca dio en despojo el estambre vitalicio; y aunque cupo sentimiento en verle destituido, y huérfano en tiernos años; no ostante, elige su arbitrio huir las comunidades, y los consolcios del siglo; y siendo heredero de Amia, repartió entre los mendigos lo pingue del Patrimonio, reservando a su preciso sustento, solo un rebaño de ovejas: y su ejercicio fue andarlas pastoreando por los montes distrahado. En este tiempo Aureliano, nuestro Emperador Invicto, llegó a ceñirse de Roma, de victorias bientejido, el laurel que su persona tenía tan merecido: y sucrdiéndole a Fausto, Demórrito, señor, vino anteresor vuestro, el cual con más rigor dio principio a perseguir los Cristianos; y ante él, por este dalitó, paració Mamed de quince Abrites aún no camplidos. Y pregúntan iole entonces el Pretidente sus riros, dio tal razón, que dejó admirados los oídos del Prefecto: que guardando los privilegios artiguos a la nobleza, dispuso con prisiones remitirlo ante Anreliano, que estaba a la sazón detenido en Egas: pues en Tiana tenía asantado sitio, con pretexto de pasar a Palmira, y su distrito, para mantener la guerra contra el immorial prodigio del Asia, la gran Cenobla, que con arrojado brío, en oprobrio del Imperio, varónil se ha defendido. Entonces viendo Aurellano de un rapaz los desatinos, por complacer las Deidades emplez a por los castigos de los azotes, por ser este más proprio de Niños; más persistiendo el dictamen de sus errados designios, fue con aceradas puntas despedazado, y harido. Y aquí se experimentó más pasiuo; pues de improviso, siendo horror de la crueldad, quedó ileso del martirio. Aquí Aureliano furioso mandó prevenir activo una hoguera, y este medio también fue desvanecido; pues de algún Márico genio, o por fuerta de lí mismo, con la ficción de un horror, de que fui, señor, testigo; pues a la sazón hanraba Aurellano mis servicios con Decurión de su guarda: En fin, con horror fingido de entre las manos se libra, y atonitos los Ministros, todos en esta ccasión quedaron despavoridos. Desde entonces no se ha vuelto a saber la parte, o sitio donde habite; y todo cuanto aquí, señor os he dicho, es un rasgo de su vida, pues dejo de referiros etros prodigios, que usaba su ardid, y yo os certifico, que a no tener experiencias de los Cristianos hechizos, creyeramos por milagros los que admiramos prodigios. También, si en mi natural cupiera espanto, Fanstino, no dudo, que me admirara, tan solo de haber te oído. Tan Mago es ese Cristiano? Ciegos, que a Dioses indignos veneráis, volved los ojos a la verdad, que os predico. Ah, señor, como no manda, oque se calle un muchechillo, que parece loco, andando por la Ciudad dando gritos? Este sin duda es Mamed. Ciegos Idolatras, Cristo es el Dios, en cuya mano está del Cielo el dominio. Escándalo de los montes, fiero parto de esos riscos, dónde vas de aquesa suerte? A darte a entender, impío, que soy Mamed, el menor de los siervos, que han seguido a Jsucristo: tus Dioses, que todos son fementidos, ladrones, aduladores, homicidas, y lascivos, merecen ser detestados por inventores de vicios; pues en Dios:: . Calla, blasfemo; vive Júpiter Divino, que el no arrancarte la lengua, a fineza le has debido de mi furor: Tú a mis Dioses própalas tales delirios? Ay de ti, y cuantos veneran los simulacros malditos! Yo haré que calle: Soldados, a este bárbaro atrevido V ponedlo en dura prisiión entre cadenas, y grillos; porque en público mañana, con sulidos silogismos, he de confundir su ley: y a él tengo de confundirlo también; y si no quisiera a Seraéis sacrificio rendir, servira estemplar d a muchos en el suplicio. El plazo acepto, y verás con qué claridad afirmo la verdad. . Ea, llevadlo. 1. Ven, traidor. 2. Ven, enemigo. Lidoro? . Señor? . En tanto. que este cuidado preciso de la religión, concede alguna tregua al sentido, te he menester esta noche para otro empeño que sigo. Alabarás mi cuidado. Tú, Fanstino, ven conmigo, que quiero communitarte cierto secreto escondido en que luchan mis pasiones. Todas mis venturas cifro en darte gusto, señor Ay, Lucinda, dulce hechizo! los instantes, que a tus ojos falto, me parecan siglos. Pues que no hay lugar, por más que he estado gato en atino, para hablar a mi señor, paso entre paso las lío, y hacia una taberna doy una vuelta de gravillo. . Lucinda, en que tu timor te trahe tan discursiva? Cintia, mi imaginetiva suspensión nace en rigor de haber leido en Ovidio, para más confusión mía, el poder, y tiranía, que se sujeta al Dios Lidia; pues en cuantas dive siones han dejado a las memorias, que venerar las historias, ya verdades, ya ficciones, no hal parte donde no se halle amor, y siempre lubsigue, que de mui piadoso obligue, o de guerrero batalle. Con que viendo estos efectos, digo, hablando con mi estrella: Ay infelice de aquella, cuyos sentidos sujetos están a una indiferente elexción! Sin que yo advierta, si será mi dicha cierta, si fingida, o aparente. Y esto te molesta? Sí. Luego, según lo que admiro, el amor haciendo el tiro ha logrado el blanco en ti? No lo dudes, pues no fuera homana mi veluntad, si de amor a la Deidad poderosa resistiera. Pues quién, Lucinda divina. tus afectos mereció? No se si me atreva yo declarar, lo que domina tan secreto el corazón, que aún los sentidos lo ignoran. Mir anhas perdida lloran a Lucinda, Coscorrón. Sí señor, que la más linda en eso viene a parar. R Yo la detérmino hablar, antes que el dolor me riada. Tente, que con Cintia está. Eso más a mi pasión? Por si se ofrece ocasión, señor, retírate acá. El secreto más oculto E se conmúnica a una amiga. En vano, Cintia, me obliga tu voz, que ya dificulto, como el accento más leve del pecho puede salir; y así, puedes disuadir le que en mí tu intento mueve. Si en una instancia cortér contigo infelice sol, quédate en paz, que me voy, porque al viento sola des tus quejas: Libia, conmigo ren. Discreta has andado; pues escoge mi cuidado la soledad por testigo. Ea, Cintia las llo: valor, y no hay flaquear, sino llegar, y pegar. Quiéresme, Márica, o no? Si te da él sí, con bambolla puedes darte en mil ternezas una hartazga de finezas, hasta que digas cebolla. No me digas más, que en sus rayos ya ciego me arresto. Cómo qué? Si no haces esto, mira te quedas a fluj. A vuestras plantas, señora. Indarlo, pabas. . Faustino, pues como a tal desatino das ejecución ahora? Quién os causa desconsuelos? Mi desdicha, si lo adviertes; pues se han trocado las suertes, y yo he de morir de celos. Ya perderé tus cariños. Échate allá este tomate: quien viere este disparate, dirá, que es cosa de niños. Cómo er eso? . El Presidente Alejandro, enamorado por tu fama, ha consultado conmigo su pena ardiente; y así, de su parte en tales ansias, me obliga te vea, y hable, porque a un tiempo sea yo tercero de mis males: Con que mira si mi suerte es capaz de tener dicha, cuando encuentra mi desdicha la precisión de perderte. Perderme? . Soplo se llama, señora, y no hal que admirar, pues se puede, sin jugar, soplarle a un hombre la Dama. Mucho nuestro afecto trueca esa lealtad, que reparo. Señora, yo canto claro, el de puro corté, peca. Qué debo hacer, cuando veo, que aún sin verte te enamora? No lo dije yo? Señora? Cata viene otro correo. Cintia, aguarda. . Esta tirana mucho mi secreto apura, y ya es preciso seguirla, porque mi amor no presuma. Lucinda, pues qué remedio a las penas, que me turban, pones? . Vete, que después, en los jardines que ocupan lo deleitoso del Parque, te lacaré de la duda. Amor lo permita. Noche, en cuya tiniebla muda espero, que dé a mis ansias la Deidad de Amor, ventura: a qué aguardas, que no acabas de apagar la antorcha rubía, pues sabas cuanto a un amante ofende el Cielo, que alumbra? Libia, escucha dos palabras. Tenga un poco de cordura, y recaro. . Pues ahora andas con esas dulzuras? No le conozco. . Ay qué lindo. Y si vieras mi pintura, me conocieras? . Entonces puede ser. . Queda segura, que esta noche, si Dios quiere, la cabeza bien madura me he de poner, hasta que haga un Soneto en lisura tal, que quien lo oyere, diga: Dios te bendiga, criatura. A donde dices, que Cintía me aguarda? . Junto a las puras corrientes de aquella fuente, a quien hace alegre tumba hermoso un toldo de yedra, cuya apacible frescura lisonjean desperdicios del aura, que olores hurta a los jazmines, y rosas; y porque logren en sunima todos los sentidos, cuantos divartimientos conduzcan a su esplrara, hizo poner entre las diversas murtas diversidad de instrumentos, cuya métrica dulzura, cuando es hálago a el oído, es suspensión a la injuria del pesar. . Bien se divierte. Ya los accentos se escuchan. Amado desengaño, quien te tiene, mayor felicidad tener no espere. Mira, Libia, pues el Sol está vecino a la espuma donde muere, y donde nace Pénix en dorada cuna: mejor es que tú te vayas: y si Cluria te pregunta la causa de yo negarme a sus persuasiones justas, dirás, que en el Templo tengo esta hora más que nunca en un sagrado culdado una diligencia oculta. Pues por qué quieres negarte a su trato? . Porque gusta mi pasión, sin más testigo, soltar del pecho las dudas. Lo has de apurar todo? Vete. Mi obediencia lo ejecuta. . Ahora que la noche, confuso participio, empieza en su principlo a poner negros velos a su coche, quiero gozar del aura, que a las flores alienta, por ver si esta tormenta de cuidados; tranquila paz restaura. Ay, amor! como luchan, en contrario despeño, de Faustino el empeño, y las ansias mortales que lo escuchar Con otro amor baraja su amante pensamiento? Pese a tan vil intento! Pese a propofición tan vil, y baja! Solo quisiera (ay, Cielos.) que Faustino llegara; porque en mi voz hallara seguridad de sus presuntos celos. Mas si no es que burlarme quiere el viento, parece que a el sentido se ofrece; pero con todo es fuerza asegurarme. Y después que la seña conozca de mi amante, saldré fina, y constante. (ña. Amor me ayude, pues amor me empa- Este es el sitio, sin duda, a donde Alejandro quiera alarde hacer de su amor; temeridad me parece su intento; pero es soberbia su condición, de tal suerte, que presume su altivez, que todos por si le deben al respecto, y esta noche, sin dar más lugar, se atreva a venir solo, por ver una Ninfa, que le tiene la imaginación confusa, y me previno viniese yo antes, para despejar, si es que acaso hubiere gente: Notable cosa! Qué un hombre, sin conocimiento intente tal acción. Pero yo cumplo aquí con obedererle. Gracias a amor, que la Antorchas de ese Planeta luciente la noche ocultó; mas (Cielos!) un hombre allí me parece que siento. . Un bulto diviso: llegome a reconocerle. Quién aquí? . Yo he menester, que el sitio le me franque? y libre: dejarlo os importa, anter que la paz se llegue a uitrajar. . Dejadlo vos, que es lo que más os conviene. Yo os perdono la arrogantia, si os vale. . Sí de aquesta suerte: para vos irá mi acero. Y el mío, que se defiende. Es en vano; que mis celos me alientan; y así:: @̱ . Detente, que has muerto a Lidoro. . Cielos, qué es esto que me sucede? A el válido de Alejandro e maté inadvertidamente. Para animar este cuerpo Dios licencia me concede, porque así contra Mamed mi persecución empleca. Mas de la sombra amparado intento, que el hecho quede sepultado en el silencio, dando en aquestos cipreses sepultura a este cadaver; y así: Quiérreres? Suspende el paso. . Pero qué asombro! Funesto cadaver, no eres Lidoro (qué susto!) a quien ahora entra estos laureles acabé de matar? . Sí, que los Dioses me conceden la vida, y que sin lesión ante tu vista me empeñe a acabar con nuestro duelo, Si el motivo, que refieres es ese, segunda vez mi brazo te dará muerte. Mucho se tarda Lidoro. Pero qué lance es aqueste? Lidoro? . Sí, que mi nombre la espada no es bien que niegue. Tu lado amparo. . A los dos, ya menos mi valor teme. Faustino? . El brazo responda, y callen más intereses. Pues ya Alejandro está en medio. Sosieguese lo valiente. Qué es esto? . Señor? . Aquí toda mi ficción se siembre. . Precilo es disimular aquel pasado accidente. Lidoro amigo? . Perdona, Faustino amigo, el no ha verte conocido. . Nuestra urano confirme la antigún siempre eterna amistad. . Qué causa os pudo obligar, que hicieseis tal agravio? . Fue, señor, porque inadvertidamente aquí. . Corred, registrad los sagrados vergeles, Mas oye. Qué es esto? . Son las Ninfas, señor, que vienen a el suceso. En este sirio quien a profanar se atreve su immuvidad? Suspended el belimenojo, que os mueve. Mirad, Ninfas, que Alejandro es el que tenéis presente. Señor, pues con qué pretexto vos aquí? . Suspensa tiene el alma tanta hermoura. Qué perfección tan celeste! p. En Lucinda arrebatado está. Debo agradecerle a el susto, el haber llegado a ver vuestros rosicleres. Hay más divina mujer! Si es esta la que encarece la fama, aún le faltan lenguas en lo que tanto engrandece. Informadnos de este caso cual el fundamento fuese. Por Faustino me recelo. No es causa, porque se altere vuestro sosiego: el disturbio fue un desacierto, que suele originar un acaso Harto mi valor lo siente. . Faustino? . Señor? Cuál de estas es Lucinda? . Amor las trueque! . Es aquella. Y el hermoso prodigio, que se parece junto con ella, quién es? Esa, señor, que encarecer, es Cintia. . En su Sol divino sedienta mi pasión bebe los rayos. . Con desazón voy en haber visto este suceso, pues se ha frustrado mi deseo. Señor, cese el empeño, y por ahora perdonad inconvenientes, y dadnos licencia. . Ninfas, si es que mi afecto merece serviros, lo hará, , Señor, mucho el nuestro le agradece. Ea, infierno, que el incendio de Alejandro, impulsos tiene de mi fuego: él será causa de rencores, y de muertes. Fanstino, Lidoro, amigos, ya es hora de recogerse y no por lo sucedido se olvida mi celo ardiente de los Dioses: a Mamed has de traer prontamente, donde el Philosofo Publio venza en argumento fuerte su error. . Lo que a mí me toca es solo el obederte. Faustino, libre entré aquí, y mi libertad pendiente queda en los ojos de Cintia: conquistarela, aunque arriesgue la vida. . Eso durará, hasta que haya conveniente ocasión para librarla mi amor valerosamente. Válgare el Diablo el soneto, y quien a tal me merió, quien a Libia parteó, y quien la parió, en efecto. La noche con ansias mil me pasé en claro, y cruel ahora sobre el papal se me derramó el candil. No sé como no me he muerto de regaño; pero ya conforme esta pasará, vaya cojo, o vaya truerto. El cuento, por vida mía, solamente estriva en ver, qué forma hemos de tener de hablar a su Señorla; porque hay criada imprudente, que al reedor de la etiqueta, pica mucho de discreta, como si ella fuera gente. Toda su tarés rara es estarle, sin consejo, ya mirándose al espejo, ya embarnizando la cara, ya el entrecejo pellizca, ya el sillo a los labios pone, ya la frente se compone, que no le falte una pizca: y alguna tan esmerada trahe su cara raída, que la pone más lucida, que una Valenciana espada. Hal otra, que de la meña cuida tanto la maldita, que por ponerse bonita, parece una carantoña. Hay otra, que casquivana, por ensanchar su deseo, el Lunes se da un jalbeo para toda la semana; y desecho aquel retablo, que todo el engrudo cubre, una por una descubre ser hija de un pobre diablo. Con que de Libia sospecho lo mismo; pues la que sabe desconocérseme grave, la mitad tiene ya hecho. Mi nombre pienso que oí. Libia sale: desayuno el amor muy oportuno me ofrece. . Quién está aquí? Libia, tu amante, que fiel, en efecto, te ha servido, y el soneto prometido te traigo en este papel. Qué haya dado tu locura en perseguirme! . Señora, eso es a parte, y ahora escucha: va de pintura. Libia, no me conoces? Pues discreta un retrato har de oír, que me hizo Lucio, y verás, que sol pobre loco, y suclo, desplifartado, señas de Poeta. No quiero oír tus quimeras. . Dejarme (ya me provoca) con la palabra en la boca? pues lo oirás, aunque no quieras. Mientras que llega Lidoro, Publio, Faustino, sentaos. Aquí está, señor. . Mamad, si tus ciencias valen algo, en este público puesto responderás a este Sabio. Yo confío, o Presidente, en el poder soberano de mi Dios, que fácilmente desataré tus engaños. Mucho de este sin recelo. Todos pendientes estamos de vuestra voz. Pongase ya la dispura en teatro. Pues defender a los Dioses me toca, mar acertado me paracía, señor, que las razones dejando, arguyamos de experiencia. Sí; porque allá los Cristianos tienen una ciencia, que as imperceptible a cuantos les oyen. . Porque la escuchan con prava intención los malos, les parece imperceptibla, no a los buenos. . Cuántos rasgos an los ingeniosos libros el docto ardid ha pantado; cuantas cuestiones la sabia Thiloropia ha tocado; cuanto el Astrólogo mi de por paralelos, y grados, he pasado línea a línea, sin que quedase un reparo a mi ingenio; y entre todas estas Ciencias, no he encontrado noticias de ese Dios Cristo. Por no malograr tus años, deja, Mamed, de seguir a ese Dios crocificado, y a Júpiter sacrisica. Esto es ya salirdel caso. Presidente, yo aquí he sido tan sos mente llamado a defender el poder de Cristo, y en eso estamos. Pues bien, da alguna señal. Yi que tu ingenio ha pactado, que no quiere por azimes, vemos a las obrar. Vamos. Mucha afición me hos dabido en esta ocasión, Cristiano, que en tus razones admiro ser de otro numen más alto. Por parte de la verdad su verá Cristo exaltado, sin que a su nomore resista la chuima de Diosas falsos: y así:: . Dotente, hechicero, no empieces ya con encantos. Much me temo. p. Seliiaga, Lidoro: Piensas que algo han de poder sus palabras? No, pero aquí es excusado. Por turinsidad si quiera, hoy su vana se veamos. Ya veréis acreditada mi fe, y atrí, simulacros, cuentos en esta Ciudad sois del Pemonio alentados, en nombre de Jesucristo verdadero Dios, os mando, que dejando esos altares, bajéis al Reino del llanto. Favor, teñores, favor estrinnocente, que el diablo quiso abrasar con los Dioses, que en el infierne ha encerrado. Qué horor! . Qué pasmo! Qué asombro! Pese a mí, Cielos tiranos! . Esto miro, y no reviento? Favor, señor, que me abraso! Quita, necio. Qué es aquesto? Que los Dioses boquiabajo cayaron hechos cenizas, y algunos hechos pedazos, que un casco de uno me hizo en esta cabeza un gallo. Santo Júpiter! . Vocea, bárbaro, un poco más alto, que si está dormido, el susto quizás le habrá despertado. Mira por ti, y por los Dioses. Aunque fuera en este caso infenita mi paciencia, pienso que hubiera acabado a tanto susto: traidor, por Juplter soberano, a quien ofendiste infiel, que de una vez tus encantos tandrán fin sacadle presto de este lugar arrastrando, hasta que llegue a la orilla del mar: con un palo atado a la garganta de plomo, sumergidlo allí; eatro el agua de mi venganza sea: esto ejecutadlo luego. Las luces te ofenden de la verdad, obstinado? Ya callarás: ven, traidor. Traedio vosotros. 1. Ven, Mago, Qué humildad! Yo os sacrifico, mi Dios, aquestos trabajos. Eso sí, quien tanto sabe, bien es guste lo salado: Qué bravo cuartel tendrá esta noche entre el pescado! Así acaben de una vez mis tormentos. Pese a tantos disgustos! . Qué movimiento es este? . Fuera de encanto. De repente las esferas parece, que llueven rayos. Cascaras, yo huelo mal, con dos compaces me escamo. . Bárbaros, a Mamad libra el poder más soberano: huid las iras de Dios, que os están amenazando. . Qué aguardas? Válgame Apolo! Confuso voy. Yo turbado. Ah furor! a sentimlento! Pues allí el Cielo contrario se me opone, viva, vive, Mamed, que sobre el agravio, que padezco, solo siento l verme de ti ligado, que aunque ares niño, giganto te adviarto, pues me has postrado.
JORNADA SEGUNDA
(JORNADA SEGUNDA) Ah Mamed? Ah Mamed? Fuerza es que calle, obrdezca tu voz, Desciende al valle. O mi norte! o mi luz! oh mi carrera; qué me dispones? Hoí tu dicha espera hallar un gran consuelo. Yo le alabo por siempre: tantas dichas a un asclave? Tu penitencia, y tu ayuno, que tan admirable ha sido, sea acepta ha merecido delante del Trino, y Uno. Qué es lo que a tus plantas ver? Un báculo. . Hiere atanto de la tierra el elemento, junto a donde están tus ples. Con haberlo ejecutado, se acredita mi obedlancia mas: oh sacra Providencia! qué libro es este sagrado? Suba otra vez al monte, que en la intrincada sierra, un Altar preparado por Catedra te espera: a los irracionales predicará tu lengua la Divina Palabra, que hol el hombre despracia. Sube, porque a tus voces verás atentas, olvidando rigores, todas las fieras, Oh soberano portento! A el ver tanta novedad se pasma la cortedad de mi rudo entendimiento. Oh penitencia, contento de las fatigas del alma! Pues hoy en dichosa calma he llegado a merecar (qué dicha!) por ti tener este báculo por palma. Moises, dejando la Greí Isráelltica, subió al monte, donde ayunó a honor del Supremo Rey: Después bajó con la Ley para aquel Pueblo, que anduvo desordenado, y estuvo la diferencia en los dos, que por mandado de Dios bajó el monte, y yo le subo. Ya tardo en ejecutar este Divino Precepto; a las fieras con respecto empezaré a predicar: La lección he de buscar; de Marcos es la lección, donde dice este renglón: Id, y a toda criatura predicaréls. Qué dulzura tan grande! qué admiración! . 1. A el llano. 2. Hacia el repecho. 3 Cerco, cerco. Atajen ese puerco, que a mí para ponerme en tal paraje, no me acierto a poner el equipaje. he de contar con modos más sutiles otra, que yo viceza de Alguaciles. Llegaron, donde estaban de mañana unos pobres tomando resolana; preguntan por un reo, y como pudo dijo uno: Yo no habló, que soy mudo. otro dijo, ládino como tordo: Yo bien lo oí pasar; y este era sordo. otro responde luego: Señores, yo le vi; y estaba ciego. Dijo otro: Aquí pasó, bien descublerto en darecho de mí; y él era tuerto. Dijo otro moceron como un barranco: Vamos a echarle el guante; y era manco. otro saltó a callá, con gran enojo: Vamos tras él corriendo; y era cojo. Y an fín, con toda aquesta compañía, que más se remedaba a enfermería, salieron a buscar al delincuente: encuentransa con él mul brevemente. Ármanse todos, como galeotes contra él con sus palos, y garrotes; él viéndose apretado, fue preciso echar mano al montante, y de improviso, con brío, con valor, y animó entero, a este doy, a este quiero, a este no quiero, dejó aquella pobrea, o enemigo:: Cara el oso, al jaral. Dios sea conmigo. Ay, qué toda la sangre se me ha helado! En estas piedras busco mi sagrado. Tened, que derbocado se apresura, quo sin que le ponga freno la espesura. 9 . Ah Monteros, no hay alguno, qué refrene ese aliento de Neptuno? Yo me empeño. 1. Imposible es, aunque quiera, oque más veloz, que vuelo es su carrerra. Válgame el Cielo! qué infelice quedo sepultado entre riscos. . Su denuedo, cue según lo que parace, entre mortales ansias desfallece; pues siendo de mi influjo mal guiado, Y a mi impulso cayó precipitado. Aquí, que me hallo solo, con cachaza, e Veloz arroja el hallto del pecho. en lugar del primor de aquesta caza, , Quita, monstruo infernal: qué en lo que has hecho? Ah, pese a mis tormentos! Y qué así el Cielo se oponga a mis intentos? Huyo de aquí: frustrose mi cautela, Go que este rapaz desvela coda mi poderoso ardid; pues asistido de está siempre de Dios favorecido. . Amigo, por virtud del Dios cue adoro, y siempre reverencio con decoro, vuelve en ti. Quién me nombra? Quién me trahe a la luz desde la sombra? Un Pastor pobre. Absorto lo reparo. Ven conmigo. Tú solo eres mi amparo. . 1. Gran infortunio! (do? Desdichado acuardo, cuando en Faustino un gran amigo pier- Mandad a recoger la montería: Qué encontrada salió la suerte mía! Pues esperando ver logrados gustos, Eso contra mí se conspiran tantos sustos, Amigo, qué hay de nuevo? 1. Coscorrón, a decirlo no me atrevo. Tu amo peligro de una caída. Ay señor de mi alma, y de mi vida! 1. Mucho es que sientas tu duelos ajenos Estorá hecho tortilla, cuando menos. Ay mi señor! 1. Tu duelo es con zalamo. Vil a ponerme luto por mi amo. Ah traidor! qué es esto? Cómo sin armas aquí me ves, quieres que pasto de fieras sea? . No. El paso detén: amigo, cobra el aliento, mi a que yo sol Mamed. Qué escucho! El rapaz Cristiano? Cuando el Presidente infiel cierra obstinado el oído a las verdades de Fe, Dios me manda, que predique a esos oyentes que ver: brutos, y fieras humilla Dios, para dar a entender, que los brutos incapaces, aún obedecen más bien a el Evangello, que el hombre. Absorto estoy! Ya yo sé, que está cercana a mi vida la dicha del padecer; y así, a Alejandro dirás de mi parte, que yo iré a verle presto. . Qué dices? Pues yo contigo cruel? Esto por fineza, quiero que te llegue a merecer; y para que mejor puedas a la Ciudad emprender tu jornada, dos Leones por guardas te mandaré: sin daño te llevarán, y a el monte se han de volver. Vete, porque a pocos pasos los hallarás. . Fuerza es te obedezca, pues confuso, no te acierto a responder. . Tigres, Leopardos, Leones, Ciervos, todos los que habels al alimento piadoso dado en el monte a Mamed, con Dios os quedad, que yo ya me parto a padecer; tanto bien os haga Dios como os debe mi mertad: como hijo, en mansedumbre, de vuestra leche mamé; y así, el sentimiento de hijo, en déjaros llevaré. A ti, piedra, el Evánjello entrego; y pues a mis pies lo produjo el Cielo, al Cielo le toca volver por él. Oh tu Rey de aquestos bosques! óyeme: Yo me he de ver por castigo entre las fieras; y así, te mando, que estés ese día prevenido, y entrarás con altivez ese día en Césaréa, y todo el bárbaro infiel, que de Cristo blasfemare, despedazarás cruel con tus vengativas garras, dando con eso a entender, que cual Rey sabes vengar ofensas del mejor Rey. Con esto, adiós os quedad, vuelvo a decir otra vez, montes, habitación mía, que ya no os habitaré jaás, porque a mejor monte me está llamando mi Ley, donde sin fatiga espero, que aterno descansaré. Lucinda, de este modo tu descompuesta? Mientes, errada santaría, no con sueños perturbes a mis bienes. Qué tienes? Ah sañora? Cintia? Libia? . Por verte alborotado vengo siguiéndote. Mi afecto lo agradece. Sabed, que estando ahora pacisica, y alegre, dando mortal tributo a el Dios Morpeo, Dios de palideces; cuando no bien dormida astaba, una aparente ilusión a el sentido en la imaginación se me ofrece. De un caballo furioso caer infelizmente vi, mas esto fue sueña; no le vi, no le creo, aunque lo viese. Si por eso fue solo el albototo, cese al temor. . No ré, Cintia. lo que en el corazón latido: mueve. Vence esas ilusiones, si quieres ser prudente. Bien has dicho. . Bajemos (til. del jardín a el pensil hermoso, y fer- Ay, Faustino, qué tanto . como mi susto siente, no sé lo que me dice, cuando sé, que de na vives ausente, Válgate Dios por Dama fantasmosa, qué, siempre de esta suerte nos ande! No me espanto, que es genio de muje. 1. Quién tal desdicha creyera, ni tal suceso? Ay de mí! En ti, Faustino, pardí, y en tu amistad verdadera, el espejo, en quien miraba mi consejo sus acciones, y del peso los baldones del regir, en ti fiaba. Con veinte mil desconsuelos, en señal de buen criado, salgo aquí todo enlutado, hecho un retablo de duelos. 1. Lldoro también, señor, en lance tan repentino, favoreciando a Faustino, se arresto con gran valor. Tampoco de él se ha sabido? 2. También quedó por allá, Lidoro a tus pies está, Seas, amigo, bienvenido, No me dirás, qué impensado azar as este que siento? Señor, está un rato atento, te disé lo que ha pasado. Apenas, que la furiosa, y la intrépida carrera advertí, y que peligraba tu amigo Faustino en ella, corrí:: . Tened, que no entren en la Ciudad esas fieras. No receléis ningún daño. Qué miro, Cielos! Solilega, señor. Ay, que aquí me tragan sin remedio, Dad la vuelta a el monte otra vez. Qué asombro. Ya son más dobles mis penas. Esta es virtud de Mamed, siempre opuesta a mis cautelas. Se fueron ya: da un abrazo a Coscorrón. Necio, deja esas frialdades. . Mis lutos desde hol los cuelgo en Ginebra. Qué es esto? Qué origen tuvo esta admiración tan nueva? Saca mis dudas de calma. Oye, señor, mis tragedias, Ayer, cuando del ocio la taréa daba tregua pacifica al desvelo, y divertirse tu pasión desea, a Argeo caminamos sin recelo, aga donde a impulso ventoreo, que se emplea, ni a la Garza valió su altivo vuelo, ni al Gamo, que por alto aliento corra, entonces lo ligero la socorre. Así, pues, en sus breñas divertido, porque más a mi salvo logre un oso, tomé un Cuártago: así que ful sentido en su espalda, corrló tan presuroso, a que de ninguno siendo socorrido, ni impedirme del monte lo fragoso, vine a parar de mi poco distinto, E de peñas, a un fragoso labirinto. No tanto estorbó el Músico de Tracia, C cuando el Caos oyó templada lira, allanó con lo dulce de su gracia, Acomo en este dístrito se conspira e contra mí, y yo temí por mi desgracia, Q creyendo hallar allí funesta pira, que estaba en aquel sitio de horror tanto, algún rasgo del Reino del espanto. No fue mul vano entonces mi discursa; pues entre sus entrañas de horror llenas indomito el Bucéphalo en su curso, me despeñó en su centro, donde apenas aborto fui de aquel bárbaro incurso, se infundió tal letargo por mis venas, que usurpándose todos mis sentidos, los vi a mortal imagen reducidos. Destiruto (a mi ver) de los vitales alientos, del desmayo en lo profundo, solo se representan a mis males sombras, con que en pesares más abundo y entre fantasmas tristes, y letales, humana voz a ver la luz del mundo me trajo, y encontró la suerte mía al Cristiano Mamed, que me alristia. Dos veces admirado en este empeño, al ánimo suspende este fracaso; una considerando en el empeño, que me indujo la furia del Pegaso; otra, viendo a un rapaz, que tan pequeño supiese en sus entreñas hallar paso, y entre esta confusión, o esta quivera me habló Mumad, diciendo la siguiera. Por entre trontos, y tejidos ramos, una senda, que al Sol ninga la entrada, todos seguimos, cuando al fin llegamos a donde estaba una ara preparada, en que a su Dios dulcificos reclamos su devoción ofrece levantada, abriendo un libro, donde miré escritos los que su Ley ofrece sacros tiros. Apenar a este sitio me condujo, pravino a mi flaqueza nuevo aliento de humores, que vidente le produjo; y mientras esto gozo con asiento, dio una voz que a los montes introdujo, y vi, que con alado movimiento vinieron a escucharle sus razones Tigres, Ovejas, Ciervos, y Leones. Aquí atonito yo, recelé el daño, viéndome entre peligro tal, inerra; mas el Pastor, que cuida aquel rebaño, el temor asegura de mi suerte cuendo con reverencia, y modo extraño, vi humillado lo indomito, y lo fuerte, dano a entender con rendimientos tales, que eran en algún modo racionales. Y después de acabar la nartativa que tomó su discurse por tarea, volviose a mí, con voz blanda, y festiva me dijo: Vete, amigo, a Césaréa, y al Presidente di, que alegre viva, pues presto habrá ocasión de que me vea; y para que la senda me galasen, dos Leones mandó, que me guardasen, Llegué:: Y yo llego también. Ah furias! qué yo no pueda ap. ofenderle. . Sacros Bioses, qué es de vuestra Omnipotencia. El tropel de novedades, que en este día me cercan, tal me han puesto, que no acierto de su resudien la puerta. Tú con tus dichos me admiras; tú con tus voces me inquietas, y entre tanto labi into mi paciencia se despeña a el furor; pues tus razones hallo a mis Dioses opuestas. Traidor Mágico, otra vez te pones en mi presencia? Sí, porque al valor Cristiano ningún rigor amedrenta. Pues si hasta aquí te han valido tus mágicas apariencias, yo te haré poner de modo, que aún siquiera lugar tengas de invocarlas retiradlo de aquí, y al pie de esa sierra, que poco distante miran los muros de Césarda, sepulteio vuestro enojo, tirándole tantas piedras, cuantas ese cuerpo débil de tal manera demuelan, que parte ninguna quede en tanto rigor ilesa. Si uno tuviera un agravio de otro, y quien siente la ofensa, por vengarte del contrario, la mies, que el Octabre encierra, intentando a riquilarlas, riego echase, qué dijeras de este desagravio? . Antes eso beneficio fuera, que el riego diera incremento, por más que el otro quisiera hundir su fruto. . Así es, tiranos, vuestra violencia. El grano de Jesucristo procuráis echar por tierra, y regado con la sangre de los Mártires, se aumenta tanto, que por una vida reñacen mil a la Iglesia. Para buen tiempo has guardado sosísticos vanos temas, cuando estol:: mas qué aguardáis? Venid: haced lo que ordena Alejandro. 1. Ven, injusto. Vamos, porque no se pierda la ocasión, en que merezco Imitar al gran Esteban; y si quieres añadir a mi suplicio las piedras, enviame allá tus Dioses todos, qua yo haré materia bastante de sus fragmentos, para que mi triunfo veas. Anda, que ya quedará castigada tu blarfemia. Ven, que si el Cielo le diere . a mis rigores licencia, han de quedar tus memorias en el centro de la tierra. . Oh Mamed, de tanto estrago . quieA la libartad te diera! Señores, viendo estás cosas, me he quedado hecho una bestia, Faustino, casos opuestos, como has visto, no me dejan más lugar para mostrarte lo que tu vista me alegra. Entra a descansar, en tanto, que tu espíritu se alienta de las pasadas fortunas. Mi amor alentado queda mucho más con tal favor. Señor, aguárdate, esperas estás vivo? . No lo ves, naclo? . Yo no lo crayera, sin verlos deja palparte. No te burles; y pues queda mi temor libre, y exento de las ya pasadas penas, sígueme. . Y a dónde? . A qué sea Lucinda la primera que participe, que vivo; IGANTE, porque hasta ver sus estrellas, no me persuado, que tienen vida mis muertas potencias. Vamos allá, y de camino, en un sigón, o taberna, cuelgo el luto, porque Libia como un palmito me vea, Un suceso peregrino (señora, la voz se entibia no has sabido? . No: di, Libia, Has de saber, que Faustino, según me han contado ahora, saliendo a caza ayer tarde, por hacer mayor alarde de las fuerzas, que atesora. Siguiendo a un oso su empeño, tan arrestado se vio, que por allá se quedó. Qué has dicho? Hay quérido dueño? Fue el caso, que sin pensarlo, él, y el caballo cortieron tanto, que no percibieron donde paró él, ni el caballo. No fue vana la ilusión del sueño, y sus ejemplares, porque todos los pesares adivina el corazón. Ay, esperanza perdida! Lucinda (vengo asustada) no has sabido (estoy turbada Qué? . Escucha por tu vidas Dicen, que hoy en la Ciudad, con dos feroces Leones, sujetos a sus razones, entró (extraña novedad! Faustino, aquel Caballero de Alejandro mui valido: toda la Ciudad ha sido de rumor, y espanto fiero un caos, por haber visto esta marabilla rara: y yo, si blen lo repara tu atención: mal me resisto del susto que me ha causado. Volme a valer del Altar, a donde pueda encontrar para mi temor sagrado, Qué es lo que has dicho, mujer? que en lo que me has referido, me has dejado sin sentido. Tal no sé ha llegado a ver. Divino S,que ameneces, para alumbrar ma deseo, gracias al amor, que veo tus divinas cándideces. Lucinda, mi bien. . No mala hora escogimos los dos: y así, luado sea Dios. Qué gozo a mi gozo iguala? Dueño mío, qué ta encuentro libre? Gracias al amor. Ya descana mi temor, cnmo la piedenes su centro. Digre coa reclama: el rar es deparder: Puede: esta mujer de las nueve de la fama. Ahora he de ver si Cintia ancnta mis rendimientos; y así vendo:: ma Faustino está aquí: escuchas pretendo, si es que acaso tengo en él para mi amor buen tercero. Manda a fuera esa criada, que importa hablarte en sacreto. Vete, Libla, que si Cintia acaso me echare menos. dirás, que estol divertida en el jardín. Ya te entiendo. Libia. Libia, pues te vas sin echar dos requiebros? No me pide el cuerpo gracias. Quieres oír el sonero, que te prometí? . No. Pues anda a los quintos insisrnos. Coscorrón? Señor? . Ahora har de ir, y ensiltarás presto dos caballue. . Para qué? No me lo preguntes, necio, cuando después lo sabrás. Voy a servirte en un vuelo, y de camino iré a ver a mi amigo el tabernero. Qué preverción será esta? Lucinda, desonés de tantos como he padecido riesgos, descanso habiéndote visto. Ahura tenemos esto? Aquí hay trición. . Y de paso vengo a decirte resuelto, que Alejandro, ese tirano, te enamora en el supuesto nombre de Cintia, que yo troqué. Esto oyen mis tormentos! Un Etna sol. . Con que así, aquesta noche prevengo el llevarte a Alejandria, donde tengo algunos deudor huyamos de este tirano. Esto escucho, y no reviento Si en eso está tu descanso, huyamos, mi bien: abierto un postigo del jardín hallarás. . De tanto riesgo salgamos, pues la fortuna se declara en favor nuestro. Yo velaré, Amor alcance buen logro a nuestros intentos. El Cielo nos saque en bien. Adiós, y firme te espere . Mientras cumplo con librarte, por siglos las horas cuento. Mientras cumplo con librarte, por siglos las horas cuento? Bien está. Quedo sin mí! Besubios, y Mongibelos encubro. . Señor, si acaso:: Contra mi amor tal unredo? Contra Alejandro este agravio? Señor? . Por Júpiter Regio, que no ré en aqueste caso como mis pasiiones templo. B Mi amar halla, que es Lucinda la que adoré: tú me has hecho este dobles. . Si es que acaso mis servicios merecieron algún premio de tu mano, óyeme, y mátame luego. Habla, aunque ya tu disculpa no te será de provecho. Invictísimo Alexandro, cuyos blasones excelfos, a el trono de las Deidades han remontado su vuelo: yo soy Faustino, que el hado siempre a mis dichas opuesto, el fausto, que dio en el nombre disminuyó en los efectos. En esta Imperial Ciudad, señor, sol tan Caballero, cuanto ilustre por la sangre, que los Elablos produjeron; mas esto sabido ya, me paso a buscar los medios de mi disculpa: no había al primero rengión negro dado señas de razón an mí, cuando prisionero fui del amor; no te espantes, que tan presto mi ardimiento sujetase, cuando nace a par del vital allento, y en nuestra generación concurre quinto elemento. En los ojos de Lucinda hallé, señor, mi despeño. Si esto os parece delito, culpad al amor primero; pues parece, que al formarla apuró cuantos conceptos naturaleza anotó en al celestial cuaderno. Pero delante de vos vanamente la encarezco, cuando de vuestra grandeza hizo mayor su tropeo, y mi pasión disculpada, dice en este presupuesto, que dedicada a las Diosas, en el religioso Templo de Opis asiste, por ser probado en los ritos nuestros, que las docellas asistan, desde sus Abriles tiernos, consagradas a su culto, hasta tomar Himeneo; por lo cual, señor, otra ara le sacrificó mi afecto a su inmunidad, a dondo rendía el debido obsequio a Lucinda coronada por Deidad de mis deseos. Empezar a referiros las fatigas, los anhelos, las pasiones, los quebrantos; y en fin, arversos efectos, hijos de desconfianza, hasta conseguir el premio, por prolijo os disgustara, cosa, que en contra pretendo. Solo os diré, que a las flores de un lícito galanteo cogí el fruto en los favores, que un amor permite honesto. Llegó la ocasión, que Marte, atropellando respectos, en la infame ociosidad, levanto desasosiegos; pues a impulsos mal guiado: se levantaron i un tiempo Tártaros, y Persas contra el Sacro Romano Imperio. Entonces, para cumplir con la ley de Caballero, en servicio de Aureliano emplee todo mi esfuarzo. Y después de haber ganado con mi espada privilegios bastantes, que a mi nobleza añadiesen timbres nuevos, volví a esta Ciudad, a donde a la vista de mi dueño esperaba, que lograsa al alma de tanto tiempo la posesión, que en sus brazos juzgaba eterna mi afecto. En este tiempo también venisteis vos por Prefecto: os debí aquella finezas, que mostró vuestro cortejo en honra mía, la cual no borra mi pensamiento. Communicasteis conmigo de vuestra pasión lo interno, y sirviendo con lealtad, yo contra mí de tercero fui en vuestro amor, porque hablando a Lucinda con secreto, sintió la proposición, y por cierto estorbo dejo la resolución en duda, hasta la noche, que vuelvo a el Parque, donde encontrastelo a Lidoro, y yo tiñendo impensadamentes entonces a el rumor de los aceros, cuando bajaren las Ninfas, di lugar al fingimiento con la segunda intención de iros aní entreteniendo, hasta que en salvo pusiese su hermosura; pero el Cielo contratio, por salir de uno, me puso en mayores riesgos. Cintia es hermosa, señor, digna de tan noble empleo como vos; porque sus prendas envidia la misma Venus. Ya me llegué a declarar con vos: alcance mi ruego, que en pretender a Lucinda depongáis vuestros intentos. Si al nombre de Cintia distela lugar amante en el pecho, logre aplausos su hermosura, así los Dioses supremos, de las pasiones celosas os hagan, señor, exento: Así cuantos enemigos a vuestro valor opuestos tuviereis, de vuestro impulso queden glorloso escarmiento; y como yo a vuestras plantas rendido, señor, me veo, al ámbito de la tierra os reconozca su dueño. Bien pensarás, que aunque he estado a tus razones atento, se ha movido a lo pladoso de mi condición lo serlo; pues no es así, que ha añadido a mi cólera más fuego, el saber, que bajamente, habiendo yo en tu secreto fiado el alma, has obrado traidor. . Mirad, que es ajeno ase nombre a mi nobleza. Tu noble, y precias de serlo? Un traidor eres; por Marte, que es pira flamante el pecho de venganzas: tú a mi gusto, y mi desagravio quieto? De mi condición milagro ha sido: ese ingrato objeto canseguirá mi poder a tu pesar vive el Cielo, mas por darte pesadumbre, que por cumplir mi deseo. En mi presencia jamás, traidor, te mando, y requiero, que estés. . Señor? . Todabía tienes vil atrevimiento de hablarme? . Matadme, y sea sin darme colos. . Yo infiero, no motirás con los míos, pues los tuyos no me han muerto. Mas fiero ejemplar ta espera. No te vas? . Ya vol temiendo vuestro enojo; y si fortuna . fuere propicia a mi intento, presto de tus tiranías triunfaré. Tal fingimiento a mí? Qué de mis pasiones el amor haga desprecios! Mas no me espanto, que es niño, y como niño hace juego de ellas: que me haya fiado de un traidor es lo que siento: mas yo vengaré:: ̱ . Señor? Lidoro, pues qué hay de nuevo Qué ha de haber, si no pesaros . para mí? Que al hechicero de Mamad, en el suplicio, ni aún las pledras le ofendieron, y a la cárcal otra vez los Soldados le trajeron. Qué dices? que me has dejado mortal. . Impulso supremo de la Magia, que ha alcanzado; no si no virtud del Cielo . le valió de tal manera, que burló todo el esfuerzo de los tuyos. En un horno ponlo mañana de fuego. Así lo haré. Luego al punto importa, que con secreto a Paustino prendas. . Ya cayó en desgracia tan presto? ̱ . Es un traidor; y después, Lidoro, que lo hayas preso, en la torre de Palacio los ojos, con rigor fiero, la has de sacar: Pues me ofende ap. con los ojos, sean ellos B de quien tome la venganza. Esto a tu cuidado dejo. No me veas, hasta que cumplas lo que he dicho: luego aún es tarde, según siente tantos agravios el pecho. . Bien está: lo que Maed me ofende, desde aquí intento me deseñoje Faustino; y antes que cumpla el precepto, ha de triunfar de su vida, si lo permiten los Cielos. A Lucinda ha de venir a robar fino, y resuelto; mas yo infundiré a Lucinda con sútil encanto un sueño, o letargo, con que pueda desvanecer al propuesto fin, que tiene; y si después atr apariencia la muestro difunta, él mismo ha de ser su asafino: Ea, infierno, hagamos horas aquí hasta lograr mi deseo. Por el reloj son las diez, por las cabrillas las doce, por mí potra son las fiete, por mintripas las catorce. Los caballos, mi señor . o quien docientos azotes le diera a las tabarneras, que echan agua en los pipotes. Yo no lo quiero Cristiano, porque:: trasple? Rempojome alguien? Quién me anda inquietando? Mejor es que me acomode por entre tanto. Caí? Dios nos dé muy buenas noches. Pele a mí! que este criado viniase! mas le conoce, que no está en si: retirarlo importa a mis intenciones. Oyes, levanta. No pisen de esa manera los probes. Qué haces aquí? . Me dormí: an puerto soy en cuanto hombre: hi: perdona señor mí. Retírate de aquí. . A dónde? Dande? Aguarda. Ten, y no memtes a coscorrones, harta Cuscesrénsol yo. A espacio con esos golpes. Vete de aquí presto. . Ya tomo la manca, y el cusque a tenderme en otra parte. Ea, pues, qué aguardas? Volme. Porque Faustino está carca, hago aquestas prevenciones. Aquí me quiero ocultar, donde empiecen mis firciones. Qué largo que le parece un instante a quién aguarda! Oh como Lucinda tarda, y ya mi cuidado croce! Coscorrón leal se ofrece a servirme en este empeño. Ya, tirano, de tu ceño libraré:: Muere. . Ay de mí! Mas qué triste voz oí? No ha de gozarte otro dueño. Ay infeliz! Quién procura aquí, cuando:? . Ay desventura! Alejandro es. . Mas que seas quien fueres, quiero que veas llega esta triste hermosura. Penas, qué es esto que miro? Es esto cierto? Ay de mí! Ea, que invencible aquí lograré a su vida el tiro. Hermosa ajada azucena, Rosa, deshecha a los viles rigores de un cierzo ingrato; o lo que es más cierto intime, alma de mi vida muerta, es posible, que terrible cuchillo trocó en ceniza de tu coral los carmines? Oh quien a costa pudiera, de mi vida iba a decirte; mas no digo bien, que aunque divo hastas razones tristes, no son de mi vida, que esta me falta en modos sutiles. Tirano golpe que has muerto S la mejor Deidad de Cipre, si a lo divino te atreves, por qué a mí no te atreviste primero? Mas pues los hados de esta suerte lo permiten, quien viva supo adorarte, sabra muerta hacerte firme consorcio; y pues que no puedo con la gracia redimirte, que concedieron los Dioses a el amante de Enridice, te quiero dar a entender. que repas (ay infelice! que yo mirato, si tú mueres, que no vivo, sino vives; y así, este aleve instrumento, que se atrevió a tus matices, cause en mi corazón dolor sensible, y encuetre yo en sus silos con mis fines sino sí. Bárbaro intento. Ten, la vida no te quites. Reniego de mi impaciencia. Hy penas más insufribles. Rabiando voy, pues el Cielo contra mí tanto parmite. . 4 Quién eres tú, que me estorbas quién eres tú, que me impides? cuando miras:: mas difunta Deidad, a dónde te fuiste? Soy quien procura ganarte. Donde la Deidad que dices esta? . Aquí de cruel rigor mísero despejo existe. Es aquí? Dónde me traes? A que esta hermosura miros. Cielos, es vordad, o sueño? Mi bien? Lucinda? Reprime tu pasión. . Deja que llegue a tocar sus rayos lince. Quién eres, que así:: mas ya tu presencia me lo dice, Mamed Cristiano, pues como tú aquí? . Porque a librar vino tu vida, como otra vez te acordarás, que lo hice. Y aunque Alejandro furioso con prisiones me restrinje, porque el gran poder adviertas de mi Dios, que eterna vive, con los hieros en los pies, aunque me ves, no me Impiden, porque he venido guiado de otra mano más sublime: una apariencia el común enemigo, con que hundirte intentó en mostrarte muerta esa belleza, que Clicia amas; pere Dios, que guarda tu vida para otros fines, me mande desvanecer las posiones, que te oprimen. Mucho me obligas, y así, déjame, que vaya, y libre de una tirana agienaza nuestras vidas. . No es posible. Tan presto a mi vida el Sol, que le anima oscureciste? Sí, que a la prisión me vuelvo, y solo resta advertirte, que un infortunio te espera, en el cual he de asistirtes y tu agradecido entonces, en mi ley has de seguirme. . Oye, Mamed, no me dejes en tanta calma: sublimes deidades, qué acasos son estos que hacelí se conspiren contra mí? Apenas acierto en contienda tan terrible dar lugar a mi discurso para que las aurhórice, cuando vengo (qué tormento!) amante, Jual, y firme ena vez mis venturas el amor las facilita: tanto estorbo, tanto asombro contra mi pecho amorine la fortuna? Ay, Mamad, cuanto ai pecho obligado vive para contigo. sin duda, que el Dios, que adoras, y siguas, es más poderoso sobra tantos Dioses, como finga la bárbara obstinación de los arrados Gentiles vanamente; de hol más fuerza, es que el alma publique glorias de tu Dios, pues tanto en mí ha causado, que admira. Mas esto a parte, la Aurora, que para que el Sol camina despoja el Cielo de estrellas, ma avisa, que me retira. Perdona, hermosa Lucinda, que ocasión habrá, en que firme con menorazar de estorbor tu beldad mi valor libre.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA ( Hombre, quieres dejarme? Ay qué me matas! Te han hecho algo mis patas? 1. Ande, que he de llevarlo ante Alejandro. . Y para qué? 2. A colgarlo. Ta veas. Quién aquí con desatino se queja! 1. Como mandas de Paustino siscalizar su hacienda toda, luego al criado escondido hallamos. . Fuego en lengua tan maldita. Bien está: si en servirlo se ejércita, participe también alguna pena: al punto le colgad en una almena. 1. Vamos presto. Señor, qué habéis mandado? Mirad, que yo no sol para colgado, Por qué? Si la cabeza abajo toca, se me vendrán las tripas a la boca. Y ese es Impedimentó? Mi reclamo es, que yo viva, y cuelguen a mi amo. Serás leal siguiendo su fortuna. La lealtad no me llena cosa alguna, ni me mata la hambre, y sin entono tengo yo privilegios en mi abono. Cuálas son? Con salarios tengo yo tres hermanos Boticarios, y excusada es la cuelga, cuando labes me matarán con purgas, y juravas. Echadlo por la gracia que ha tenido, pues mi pesar con ella ha divertido. ̱ . Me huelgo, y ojalá que me mandara, que a este perro barbillas le colgara. 1. Anda, que bien libraste con tu treta. Oyes, qué tu colgarme? Zapateta. de Salte tú a esa antésala, y en vivien- Lidoro, entra a avilarme, ̱ 1. Vol corriendo. Ah Dioses! que así un mísero Cris- tiano triunfe de vuestro imperio soberano! 3. Qué poderosa Mágica le corona, y que así el fuego: especta su persona? Mas aquí en mi presencia pretendo hacer la última experiencia; gpues quizá, como niño, lo rendiré a lo blando del cariño. Pero dejando un rato esta imaginación, ahora trato probar la fortaleza de Lucinda, cual bronce en la entereja; que cuando yo arrojado en mis enojos a Faustino mandé sacar los ojos, oy determina, que al Templo de Opia fueran, y que vlolenta aquí me la trajeran Lidoro, y mis Soldados al momento: Bien sé, que es temerario atrevimiento; pero a hacerlo me obliga o el vencer el rigor de una enemiga. Este es el sitio donde oculta yace, de cuya guarda solo soy quien hace oficlo de Juez, y de Ministro, a cuyo oculto registro y a nadie han permitido mis desvelos, que aún a veces el Sol me causa celos. Ay émula del Cielo, hermosa Estrella, si fueras tan humana, como bella! Hasta cuando tu rigor mi vida ha de perseguir? Déjame, ingrato, morir, y no violente, mi honor. Lucinda, cese el dolor. Dime, tirana, hasta cuando, de tus desdenes el bando contra mí has de conspirar? Cuando, di, se ha de acabar el seño que estol mirando? Sacrílego te contemplo: Qué fama piensas dejar? Como intentas violentar, a quien en Sagrado Templo se consagró? . Todo ejemplo a mi pasión es en vano; y si quieres verlo llano, verás, que el discurso topa el robo que hizo en Europa Júpiter, Dios soberano. Y si es este desatino toda mi culpa, podrá disculparme lo que va de ser yo humano, el divino. Y por eso este camino escoges de tanto susto? Sí. Cucinda, que mi gusto as este, y lo he de lograr; y así, una mano has de dar a mi ardor. . Aparta, injusto. Favor, Cielos. . No te alejes de mí, que ningún poder aquí te ha de defender, aunque a los Cielos te quejes. Con la vida no me dejes antes que haga tal horror. Favor, Cielos! Tu clamor no ha de suspender la sed de mi incendio. Por Mamed ae fiende el Cielo tu honor. Mas qué extraña novedad! Qué es esto Cielo divino? Ven, que donde está Faustino estriba tu libertad. Dioses, qué as esto? Esperad, que yo a los dos:: mas qué digo? En vano al susto mitigo: Ay de mis tristes culdados! Hola, Lidoro? Soldados? 1. Señor? . Quién aquí contigo? No sé: solo en mi quebranto queda por más confusión el susta, y la admiración, que ha producido el espanto, Dejadme todos, en tanto, que a Mamed le conmunico esta azar, que no público. Mucho se aumentan mis males. Ea, furias infernales a vuestro auxillo me aplico. . Llegad vosotros dos sillas. 1. Con prontitud son halladas. Ea, Mamad, no estés triste, ni por novedad aplaudas venir así, cuando quiero honrarte ya con mi gracia. Siéntate. Señor, los siervos de Jesucristo, se ensalzan siempre sumisos; y así, perdonad. . Mira, que hablas conmigo: yo te lo mando, siéntate a mi diestra. . Basta aunque jamás me he preciado de aquestas honras mundanas. Una queja quiere darte mi amistad. Queja? Ya tarda. Tan gravee, como atreverte contra las leyes Cesareas; pues libraste los cuarenta, que presos contigo estaban. Ay, señor, pues yo qué fuerzas tengo en quebrar las aldabas fuertes de los calabozos? Dios, que su poca constancia conoció, mandó del Cielo con una Páloma blanca miel, y leche, para que sus alientos recobrarans y después de haber comido, los liberró de las guardas Dios con su poder. Ya de aso en ti no tomo venganza. Yo te lo perdono, y ruego tú me perdones, que haya sido contigo cruel. Antes dobo darte gracias, que en cada herida ma has puesto una corona esmaltada. Ya desde hoy más serás mi valido en toda el Asia. En ti solo he de fiar el logro de una esperanza. Señor, de qué suerte? . Oye. eiedo experiencas tantas del poder, que has adquirido por la virtud de la Magia, quiero, que me facilires una emprasa: no es mul ardua para ti, cuando hemos visto, como a las fieras amansas en los montes con portentos, y aún con tu voz avasarlas todos los cuatro Elamentos: El Alte, cuando burlabas los azoces de Aureliano: La Tierra, cuando te hallabas entre rodadizas piedras sepultado en sus entrañas: El Agua, cuando del plomo el Cielo te formó tabla: Y an fin, el Fuego dos veces te ha respetado en sus llamas. Estos prodigios, y otros humor visto, con que labras lumortal tu nombre: ahora para coronar tu fama ha de templarme un ardor, que hasta el corazón me pasa. Ya penetro donde va . su intanción disimulada. Pues declaradlo. . Contigo, amigo, mi mal descansa Saba, que yo adoro Clacío la hermosura de una Dama, y al paso, que mis su piros llegan víctima a sus aras, en vez de acoptarlos, fiera los helocastos ultraja. Tan cruel? Si: ascucha un rasgo de lo que alude tirana, si es que ancuentro en mi discurso cepto, en que ponderarla. GANTE El risco, que a el arrabol del Sol, que le instuye puro, siempre te obstenta más duro, cuanto más le hiere el Sol: El ave, que sin desmayo ufana los giros bebe: el laurel, que altivo mueve su vanidad contra el rayo: el vapor, que humilde sube a hollas frígidas regiones, y luego en exhalaciones es incendio de una nube: El diamante, que se ostenta ingrato sirmpre al buril: las perlas, con que el Abril en lágrimas se alimenta: el arroyo, que fulmina espejos de cristal dentro, y al que mira en su centro burla en risa cristalina: El basilisco, que mata con un miras lolamente: la vibora, que si siente el ple, ponzoñas desata: Y en fin, risco, ave, laurel, vapor, diamante costoso, parlas del Abril hermoso, arroyo, que burla infiel, basilisco envenenado, vibara, cuando la ultrajan, as cada cual una imagen, que de esta mujar he hallado; y después de esto se junta, para que crezcan mis ansias, que despreciando finezas. con otro amante me agravia. Hoy, de su ingrata hermosura pansé triunfar; pero vana fue mi intanción, que de un Joven (oh ilusión quizá) llevada para que crezcan mis celos, fue el ulanto ocasión, que pasma soso pensarlo; y pues tú tanto por la Magia alcanzas, deshaz este entanto, ordena tus máquinas, pon en planta tus líneas, asusta el viento, por si puedes violantarla: ponme en posesión segura de su beldad deseada, que si esto logra tu estudio, yo haré, que rijas la Sacra Monarquía, que Aurellano So hoy dueño avioluto manda: yo te aseguro poner S8 en tus sienes, la que esmalta Corona el Imperio Augusto, que como yo le informara a el Emperador tus partes tan excelentes, y sabias, te honrará como mereces; y si aquesto no te agrada, pide, que todo imposible aquí mis ansias te allanan. Oh qué deseos tan torpes! Así la pasinatrastra una terrena hermosura? o sraguidas humana! Qué me responder? . Que yo me atrevo en pocas palabras a apagarte esos ardores. Cómo ha de ser? Con el agua e s lamente. . Con tal fácil remedio? Sí, que es tan alta su virtud, que abre la puerta para soberanas gracias. Es gran medicina. . Pienso, que burlas en lo que hablas. Cuando en ti no ha parecido la verdad burla pesada? Volvamos, Mamed, formales: Tú te atreves con el agua facilitar mis deseos? Yo lo digo por la llama, que sientes: si quieres, luego verás como se te aplaca, echándotela yo en forma de Baptismo. . Loco, calla: tal pronuncias! . Contra el fuego es medicina extremada. Que esto me suceda, Dioses. Qué así un rapaz avasalla mis pasiones! . Pues, señor, si este remedio no tratas de tomar ve qué dispones, o qué tu poder me manda, porque yo no sé otro alguno. Con razón yo recelaba esa respuesta: y así, a lengua tan arrejada, mi mano así la castigue: Tu vil sabio el suelo barra. Mientras más baldones me haces, con más glorias me regalas. Ah de mi guarda? Ministros? Gatos de aquesta manada, acudid al miz. 1. Qué ordenas? Que aqueste a la cárcel vaya otra vez. . Donde nací, y la estimo como Patria. Calle, y venga. y . Oh mala gente! y quién pudiera ha patadas molerles todos los huesos, porque así a Mamed ultrajan. Ven acá, no ares tú el que yo mandé, que lo colgaran? Sí señor, que a no tener la apelación boticaria, lo habieran ejecutado: como ahora llueven manzanas. . Llámame presto a Lidoro. Más prompra, señor, se halla mi lealtad a tu servicio. Según lo listo que anda vidoro en cualquiera parte, parece diablo: su cara no da a entender otra cosa; mas voy tras de esta canalla. . Cómo os sue con el Cristiano? Salió mi industria frustrada, Harto lo temí: Señor, aquí ha llegado una carta, orden de nuestro Aureliano, que invicto aplaude la fama, donde expresa la victoria, que consiguió de la Palas del mundo, la gran Cenobia, prodigio immortal del Asia; y por ser grato a los Dioses, todos los Cristianos manda, que las mazmorras tuvieren, sacrisicar a las bravas fieras, cuya sangre sirva víctima sacra a sus aras. Todo lo cual esperando estoy que lo veas, para hacerlo saber por toda Césaréa. . Bien llegada sea; y para ser cunplida, será el primero que salga Mamed en ansithaa tro esta tarde. . Si ese falta, tendrá quietud el Imperio. Ahora, mientras descansa mi sosiego, haz descubrir, por aquesta puerta falsa, desda donde de esa torre se mira la oscura estancia, ese esqueleto, en que están mis iras bien empleadas. Ya la descubro. Gran gusto me hardados lisonjeada quada mi pasión en verle. El vulgo está en la engañada opinión, de que Aurellano lo mandó desterrar. . Traza buena, para asegurarme, porque es de noble prosapia, y trmí, que algún motín contra mí se levantará, si llegara a imaginarse an la desdicha en que estaba; y aún esto es piedad, según sus agravios siente el alma. Déjalo, que entre miserias llore su suerte contraria. . Si a este, y Mamed los pudiera acabar yo con mi rabia, aunque serán siempre eternas, fueran menores mis ansias. . Ay infeliz de mí, que así anochezco, siendo blanco a crueles desenojos! Qué causa diero (ay!) mis tristes ojos para el tirano estrago, que padezco Es ajeno el delito, y yo adolezco? Mas entre tantos míseros despojos, de mi memoria son fieros abrojos de Lucinda recuerdos, que carezco. Hay glorioso tormento aperecido, de mi memoria idolatrado daño! Ay, Mamed soberano, y prodigioso Ya el golpe de mi pena es tan crecido, que no acabar es solo lo que extraño: hasta cuando dilatas mi reposo? Joven, que así me dejaste, SIGANIE como en rápida carrera de mi vista te ausentaste, y a la celestial esfera ufano te remontaste? Cómo aquí me dejas? Donde errante voy? . Ay de mí! Mas qué el amor me responde? Es un infeliz, que aquí vivo cadaver se esconde. Válgame el Clelo. Qué miro? Estoy mortal! quedo muda! Tú quién eres, que a el retiro liegas, a donde sin duda esta de la muerte el tiro? Quién ha de ser? Quién por ti quejas a el viento le fía. Ay! Si es verdad lo que oí? Mi bien, respóndeme: di, eres tu Lucinda mía? Que si respondo, inegada . en mí mismo sentimiento. Pues quién aquí te dio entrada? Un Joven, que por el viento a este lugar me traslada. Ese sin duda es Mamed. No, porque era más hermoso. Oh prodigio suyo! pues en esos asombros es el Joven más portentoso. Pero hablando de otra cosa, llégate a mí, y tu arrebol a mi suerte tenebrosa supla las faltas, que el Sol niega a mi quietud penosa. Castigue el Cielo la ingrata causa, que te puso así. Lucinda, tu voz abata el mal deseo, que trata, porque no te coja a ti. Pues cómo, querido dueño, el furor del Cielo Santo en mí ha de emplear su ceño? Cómo por quererte tante me miras en tal despeño. En qué Tigre, o fiera brava cupo crueldad semejante? Cuando el tirano mandaba cegarme, ya no dudaba, que eras tú mi Sol amante; mas aunque ves, que carezco de la vista corporal, mul dichoso me parezco, pues al alma la engrandezco con tu imagen immortal. O si lograra la palma de seguirte en tus enojo,! No muestres en triste calma S sentimiento, que del alma temo me ciegues los ojos. El hado así lo ha querido. Padezca igual desconsuelo mi vido. . Todo esto ha sido por competir mi desvelo con un tirano atrevido. Dime, ha vuelto a su quererla Alejandra? Sí, mi bien. Y cs mente fue con ella? Su pierensión atropella siempre clano mi desdén. Oh qué varonil honor! Mas, mi bien, atento escucha: por qué será este clamor? Novedad se me hace mucha: en Palacio es el rumor. Algún grave mal recelo. Pues, Lucinda, ausentate, culta este desconsuelo. No, porque en tanto desvelo a tu lado acabaré. Por ti no temo los hador. Son sus lañas rigorosas. Nada temen mis cuidados. Oh ejemplo de valerosas! Oh ejemplo de desgraciados! A fuera, que estos Ministros parece que andan sin sombra. Ah pobres Cristianos, mala os van haciendo la boda Coscorrón, qué es de tu vida? Oh Libia, que siempre sorda, no te has querido jamás mover a mis baba: bobas! Qué vuelta dio tu fortuna? Tengo estrella picarona. Faltó mi amo. . Qué dices? Le han pegado una transmonta, y a mí también me querían poner como esea moscas en el aires más libreme, y corriendo la pelora ando por hal en Palacio al rededos de las ollas de la cocina. . Pues sabe, que con mi ama, la propria estratagema han ardido. Cómo así? . Una tenebrosa noche (qué gran sacrilegio! del Templo de Opis la robar. Cincis, y la: Ninfas quedaron viendo hacerlo tan absortas, qu que na acletan a pedie al Cielo, que la socorra. Ah mucho? Habrá cuatro días. Libia, a trampa se me antoja. El mismo tiempo mi amo ha que fartó. . Sospechosa demonstración. . Mas dejemos esto, y vamos a otra cosa. No sabes que hay esta tarde? Ya lo sé, qua se dextroran muchos Cristianos, y yo la primerita de todas entro a tomar puesto. . Antes a las ansias, que te adoran no das por favor un guante? Guante? Lanzada. . Reporta, y damelo. . No los tengo para andar entre la escoria de tu ropa. No? Pues anda norámala, picarona, que piensas que vales algo, y valer maldira cosa. Seltad el Tigre. . Mas ya han soltado, como moscas, las fieras a los Cristanos, y Mamed (notable cosa! es el primero que sacan. Ya llega el Tigre; mar ola, qué prodigio! Aunque feroz, a sus plantas se le postra. Soltadlos todos, que aquesto Magr sus Magias implora sin duda. . Yo vol allá a ver él sin de esta obra. . Hechizo, hechizo. Milagro del Dios, que Mamed adora. Bárbaros, que la pasión en vuestra en vidia cegáis, pues a la verdad negáis las puertas del corazón: el ver el Rinoceronte humillado vos espanta, cuando confiesa a mi planta el bien que le hice en el monte? Ni aún el Tigre la osadía tuvo de serme tirano, cuando advirtió, que mi mano el pasto le repartía; y entre estos prodigios, y otros, que habéis hol llegado a ver, las fieras saben tener más razón, que no vosotros. Qué siara a su bienhechor visteis pagar con baldones, sino vuestros corazones rebeldar a su criador? 4. Ay de mí! 2. Su furia brava huyamos. . Ya el León, que allá en el monte avisé, bajar la montaña acaba: Ea, famoso adalid, muestra en aquesta ocasión como vengas al León de la estirpe de David. Aqueste León, sin duda, que tiene rabla canina. 1. Tal no se ha visto. 2. Sus garras huyamos todos aprisa: Ay, Cescorrón! Ponme en salvo, y dame la mano. . Quita, porque si tu mano toca mi ropa, luego se tizna. Déjate de eso por Dios, y líbrame. . Reina mía, cilte, si quiere librarse ponga las faldas en cinta. Oh pícaro! solo en ti estas razones cabian. Favor, Dioses. Los blafemos, que imploran las fementidas Deidades, mueran. . Tu Dios, Mamed, en tanta fatiga me defienda. . No receles, que ya su virtud te libra. Bárbaros, qué es del poder, donde vanamente fía vuestra ceguedad? En tantos Dioses, mirad si os envían favor con que os defendáis. Oh fiera, que así públicas el poder de tu criador! Muera todo el que apellida a Cristo. . Muera esa fiera, Soldados. Ni aún resistirla podemos. Viles Cristianos, por vuestras hachicerías tal sucedo? . 1. Huye, señor, que la fiera se encamina a destrozarte. . Qué miro? Sin duda a emplear las iras va en Alejandro: librarle aquí mi Dios me permita. Herosco Rey de los brutos ten la furia embravecida. Aguarda. Sacras Deidades, parece, que estáis dormidas? Como permitír, que esté vuestro honor en demafía ultrajado? De tal suerte, que ni aún seguro en mi silla puedo estar. Clalo tirano, que contra mí te conspiras, qué me quieres, pues ya veo contra mí tantas desdichas? Reniego de mi paciencia! Ah Lidoro, que peligra mi aliento: Qué fiera es esta? Qué preguntas, si la misma confusión tengo? A Mamed, qué aguardas ya, que no quitas de en medio? por sus encantos bajó esta fiera nociva, y ejecutó, como has visto, ese estrago, que lástima. n . No hay quien mate a ese hechicero 1. A donde hallaré cabida, no me destroce el León? Tente, hombre, donde camina, 1. Señor, huyo como todos han hecho. . Llégate aprisa: por los Dioses inmortales mis aulias te lo suplican. Llégate, y a ese Cristiano, que en ese teatro miras, abre con ese tridente tantas puertas en heridas, cuanta, basten, a que exhalen el aliento, que respira. Arráncale el corazón de entrañas tan mal nacidas. 1. Vive blarte, que las puntas, que este tridente fulmina, la, ha de ver en su pecho estampadas, y esculpidas. Acábalo de una vez, porque se sacién mis iras. Todo el Imperio Romano, mientras él vive peligra. V. Ya, señor, del pecho empecé la cruel herida, que abriéndole todo el cuerpo, bastó para que las tripas cayasent verlo allí viene tal, que es milagro que viva. Seguidlo, que hasta que acabe no descansan mis fatigas. Muera de esta suerte, quien mis pesares origina, y mueran cuantos infames ver, saldoro, que acreditan a ese Dios Cristo: hoy será Césarea perspectiva, a donde de mi rigor se mire la fama escrita. Ojalá, que yo taviera más licencia concedida para acabar de una vez todas las Cristianas vidas. Y pues así este rapaz burló las astucias mías, dejar no puedo este cuerpo, que mi sentimiento estriva ahora en ver lo que el Cielo en mi agravio determina. . Bien ejerciste tu oficio. Quién pudiera darte albricias por tan noble beneficio como has hecho, pues me envías tan presto al descanso eterno de las celestes delicias! Ea, señor, ya faltando va la tarés continua del humano ser: mi Dios, si acaso, como debía, no os he servido, vos sola misericordia infinita: Perdonadme, y en vos fío el remedio en mis fatigas. Vuestra Soberana Madre, que confieso pura, y limpia, de quien nacisteis, mi Cristos en este lance me asista. . Quién, señor, tuviera ahora que perder por vas mil vidas. mas esta alma, que me disteis vuestras manos la reciban. Suba en buen hora a tener descanso feliz, a donde eternamente se esconde la gloria del padecer. Suba el Sol del Otiente, donde en mejor asiento sus rayos reverberen, ostentándose ilesos sus reflejos. , qu - Puesto, que la confusión, y el temor de los Soldados, obligó, que los candados, no echasen de la prisión, camina, que fácil es se logre nuestra partida, sin riesgo de ser sentida. Guía donde está Mamed: en él solo tengo yo toda mi esperanza firme, que, aún muerto, pueda cumplirme la palabra que me dio. Siguiendo habemos venido su sangre. . Felice calma! gran gran gozo siento en el alma: Quiera el Cielo, que cumplido vea mi deseo. Allí paroce que está disunto. Qué dices? Llágame junto. Puedo ya tocarlo? . Sí. Divino Mamed, que tanto tu fe mi corazón labra, ya es tiempo, que la palabra me cumplas: de este quebranto líbreme por tu virtud el Dios que adoras. Oh Cielos! Lucinda, ya mis consuelós han cobrado la salud. Qué portento! . Dicha extraña! Y yo rendida ma inclino a tus pies, Mamed Divino. En gozo el pecho se baña. Lucinda, mi bien, los brazos me da: ya de de hoílos dos, agradecidos a el Dios de Mamad, en fumes lazos hemo: de saer ficar las vidas. Sí, prenda cara: y ahora en Mamed repara, qué rostro tan singular! no es más bello el arrebol de la mañana. . Aún le excede su hermosura: bien se puede llamar émulo del Sol. Válgame el Cielo! Ay de mí! 1. No hay quien el estrago impida a esa malograda vida? Mas qué asombro es al que aquí registramos? . Hal portento semejante? Oh desdichada mujer. Cintia es, que embargada está del vital aliento. Acudamos, y a las iras del hado demos consuelo. Ah Ciuria? Válgame el Cielo! Dónde estoy? Cintia, no miras, que está junto a ti el dichoso JGANTE Mamed: a obra el vital hilo. Deide noí le llamo mi asilo. Oh Cristiane prodigioso! Mas veces gracias te dol. Cuál fue la triste ocasión de tu desdicha? . El León, que así en los brasfemos hoy ejecutó sus rigores, me cogió con furia brava, y ya inteliz me juzgaba pasto a sus brutos rencores, sin que nadia me pudiese valer, su ferocidad me trajo por la Ciudad, porque mas notoria fuese la desdicha del pesar; y ya mi temor disuelto, cuando en mi razón he vuelto; mas me he empezado a admirar cómo os hallo aquí? Cuál es el norte, que aquí es convino? Del Dios de Mamad Divino es el predigio que ves. Este es solo el Dios que vence sobre las falsas Deidades. Ya a la luz de esas verdades mi ceguedad se convence. Ya a ese Dios Divino sigo con vosotros también yo. Hasta ver si es muerto, o no este Cristiano enemigo, no sosiega mi deseo; y así, me quiero infurmar, que le tengo de buscar para:: Mas, Cielos, qué veo? Traidor, tú aquí? Tú, tirana, delante de mí te pones? g Sí, que no temo baldones de tu inútil furia vana. Si el corazón obstinado os tiene vuestra pasión, ablandad el cerazón con lo que hoy habéis tocado? ̱̱ Mirad a Mamed, qué hermoso yace, aún con visos mortales, dándonos claras señales de su gloria, y su reposo. El Dios, que siempre Divino en nos ha predicado, es solo el que en uno, y otro Polo manda en immortal destino. Hoy en su muerte hemos visto, que dejando Dioses viles, innumerabres gentiles se convirtieron a Cristo; y yo el primero, señor; admira mi nuevo ser, pues me mandaste poner espectáculo de horror. En vuestro enojo resuelto, para más atormentarme, los ojos mandáis sacarme, y hoy clatos me los ha vuelto el Dios de Mamed; y así, muevan vuestra rebeldía los prodigios, que este día han acontecido a mí. Vuestra amistad profesé; y así, haced, que siempre iguales también nos haga immortales a ambos una misma fe. Dejad esa Religión que el demonio anima, corazón me lástima mirar vuestra perdición. Yo no sé como me templo, cuan lo en bárbaras razones, mil ofensas, y baldones contra mis Dioses contemplo. Como tus labios insanos hablan tales desatinos? Mas por los Dioses Divinos, que has de morir a mis manos; y antes que en rigores mil manche tu sangre mi acero; tengo de acabar primero con este hechicero vil, que pues llegó mi fiereza esta ocasión a tocar, yo mismo le he de apartar de los hombros la cabeza. Ay infelice de mí! Lidiro, Lidoro, amigo, socorreme, que me abraso. Qué horror es este? Malditos los Cielos, que originaron tal chaos: ya commovidos contra mí los Elmentos crueles, y opuestos miro. venid, acabad cominigo, porque ya en rabiosas ansias soi estrago de mi mismo. Válgame el Cielo, qué horror nos causa! Tales castigos bien merece, quien tirano contra el Cielo se ha atrevido. Ay qué horror visten los Cielos! Los Elementos unidos, a la muerte de Mamad sentimientos han mevido. Dioses, vuestros Simulacros de los altares deshizo la horrorosa tempestad. Quién causa tantos prodigios? Qué oscuridad! Ah señores, quien me da un cuarto de abrigo? Válgame quien me quisiere: Ah Dios Baco, Dios del vino, Dios de todos los borrachos, por qué nos mandas granizo? Señores, el mundo está para dar un estallido. Ah Cludadanos? . Señor, eres tú? Yo sol Faustino, que por milagro del Dios de Mamed, aquí estoy vivo. Señoras, aquí os encuentro? 2. Sí, Libia. Señores míos, aquí viene un Escolar, o demonio, que es lo mismo. A vosotros, a volotros, Cesarlenses, os predico. Atendedme todos. . Fo, qué mal me huele este bicho. Yo sol el Demonio: soy el espíritu maligno, que a los ídolos aliento, y quien en traje mentido de Lidoro entre vosotros he tanto tiempo vivido; porque aquella infeliz noche, que tú en el jardín, Faustino, le diste muerte, alcancé de Dios licencia, y le animo por perseguir a Mamed. Cuando en aquel precipicio te viste, fuiste guiado de mi espírita nocivo. Cuando a Lucinda otra vez robar quisiste muy sino, con mis Mágicos encantos difunta entonces la finjo, para que desesperaras, siendo tú de ti asesino. Siempre perseguí tu vida, por tener concepto fijo, que habías de morir Cristiano. lo cual ya lo tengo visto. Mas como el Dios a quien sigues, por un su Profeta dijo, que los Ángeles mandaba para guardar el camino del justo, y en su virtud a el áspid, y a el basilisco pisarias de esta suerte Mamad se portó conmigo, siendo Gigante en poder contra todos mis designios. Mucho debéis, Cesarienses, a Mamed, pues me es preciso a declarar, que los Dioses de las gentes son iniquos. El Dios, que él os predicaba es el verdadero Hijo de Dios, a quien obedece al Orbe todo sumiso. Hasta aquí tengo licencia, Cesarienles, de deciros; y para confirmación de todo, aqueste precito, que veis en mortales ansias luchar, de cuyos delitos, aún la tierra no se atreve ser siadora, en el abismo sempiterno a acompañarme llevaré en tristes gemidos. Ay de mí, que estoy penando por los siglos de los siglos. Anda con seis mí! demonios, Ay, que me aturde el sonido : En Sevilla, en la Impre de los truenos! Fo, qué peste! Aay diablo más cochino? Amigos, ya habéis notado prodigios tan inauditos. Qué aguardáis en implorar la piedad del Dios benigno? Implorémosla por medio de Mamed, que es nuestro asilo. Inclito Mártir, qué ufano (ría huellas celestes zasiros. Ruega a el Sunmo Señor, que para glo- de su nombre, este horror deshaga pio. Ya a su divino imperio, sin resistir, rendido, ya ce deshecho tanto horror del elemento cristalino. Viva el gran Dios de la naturaleza, de cuya mano penden los dominios. Viva el gran Dios, . Viva, y reviva, que ya me lavanto sano, y timpio de unas pícaras ladillas; que más de un año contino los sobacos solapados me tenían, y podridos. Ahora, pleguetesanes, de contento salto, y brinco. Ahora retiraremos este cadáver divino, hasta que a la paz Cristiana el Cielo, del gentilismo, que prevalece, la libre. Y entonces Templos condignos la devoción le consagre. Ahora todos unidos corramos por Cesarea, alabando en altos gritos a el Dios de Mamed, poniendo nuestras vidas a el martirio. Vamos diciendo gustosos, en alabanzas de Cristo: y . Viva el gran Dios de la naturaleza, de cuya mano penden los dominios.
