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Texto digital de El negro del cuerpo blanco y el esclavo de su honra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán
Atribución estilometría
Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Salamanca, Imprenta de la Santa Cruz, s.a.).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El negro del cuerpo blanco y el esclavo de su honra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/negro-del-cuerpo-blanco-y-el-esclavo-de-su-honra-el.

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EL NEGRO DEL CUERPO BLANCO Y EL ESCLAVO DE SU HONRA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRP ERA , . a mi condición desespera. Supuesto que en esta sala pha de ser, Laura, la fiesta, yen que toda la familia mostrando su afecto, intenta celebrar con un sarao la feliz unión estrecha que mi anso, y tu señora han logrado, bueno fuera ensayarle antes, porque no se yerre. . Bueno fuera; y más cuando todos ya prevenidos, nos esperan; y mi señora, y su esposo en esa sala primera, que a los jardines del Rey las ventanas caen, intentan hacer tiempo. . Di, y su padre? Con ellos está. A qué esperas? llama a los Músicos, pues. No hay para qué, que ya llegan 2. . Fuego, fuego. con los demás. Mi señores, cuando se empieza la siesta? (que ya de puro esperar, Luego al instante: mas antes hemos de pasar aquella mudanza, en que estamos todos dudosos. . Aquesa, el que la yerra es usted. Ahora se verá: pues ea, toquen ustedes, y canten y veremos quien lo yerra. Des de el Imperio que Júpiter manda, hasta los mares, que dómina Venus, ven himeneo, ven himeneo verás enlazar los arpones que labra Venus al agua, Cupido en el fueg ven himeneo, ven himeneo: ven, y Corona, Deidad del Olimpo con ramos de mirtos, amantes trofeo Lveimeneo, ven himeneo. é. Padre, esposo, Fénix. Ay de mí! y omos Ay, que mi señora es esta! Señores, vamos a ver de que mi ama se queja. No he parar hasta el río. ̱ Fuego. Ay de mí, Cesar! Soldados; ha de mi Guarda; Acudid todos atentos y a remediar tanto daño: no vi más voraz incendio! Y . Fortuna, ayuda mi industría. Quién va? Sin duda, que es Celio, . que en este sitio le dije que aguárdase: nuestro intento se ha conseguido, logrando a é. entre el descuido, el desvelo de mi pena, y de mi ahogo; toma, y camina acía el Puerto, mientras que yo, con el Rey ((que la fortuna traerlo quiso a este lance, según (de sus criados infiero) aunque a lo lejos, desdigo las sospechas del incendio; que después a la marina bajaré. Aunque le dé el centro su sepulcro, he de alcanzarle. Aunque plumas le dé el viento, no ha de lograr su traición. ̱̱. Muere traidor; mas qué miro! Muere tirano: qué veo! Almirante,, César. . Padre, Esposo: ay de mí! . Qué es esto? el Rey se etreve a mi honor? es este el debido premio a mis servicios; casarme la misma noche que vengo y esa misma noche ciego, con afectación de amigo, (oh ahógueme mi tormento!) querer robarme a mi esposa? El Rey se atreve al respeto dé mi casa? vive Dios. Cómo, si el traidor soberbio del Conde se arrojó osado a robarme, es el Rey mismo el que alienta la traición? Contra César, a quien debo tantas victorias, y contra el Almirante del Reino: hay quien se atreva a ofender en hija, y esposa! el pecho disimule: amigo Cesar, quien atrevido, y soberbio, intentó, noche, en qué logras, después de vencidos riesgos, la luz de Fénix divina; dar sustos del fuego, al fuego, tanto,, que viendo abrasarse a repetidos incendios tu casa, por estar cerca mi Palacio, llegué a tiempo que pude en tal ocasión librar a Fénix: qué es esto? Habla, César, habla amigo, (que estoy dudando, y creyendo que estatua, tu confusión, a golpes del pensamiento, (con el cincel del asombro te va labrando a ti mismo Bien crees, señor, bien duda pues al asombro que tengo mi misma pena me labra estatua a mi sentimiento. justo es el tuyo. Señor, ya apagado está el incendio. Bien dijeras, si a volcanes no fuera Troya mi pecho. Qué miro! Celio? Señor. . No te di? Habla. . Estoy muerto! triunfante a Sicilia (ay ansias!) - No huyas Laura, que te abrasas. No pide agua mi cuerpo. s co Si pide, por que quien dice Laura, dice también fuego. Mas mi ama. Mas mi amo. oyes, callate, callemos. El Conde está pensativo: cual habrá sido el intento de hacerlo todo horno? ltodos se miran sus pensos. Conde, pues que ya quedamos todos seguros del riesgo, yo me retiro a Palacio. Que me conociese temo. Y tú, César, con tu esposa, mientras el estrago hecho se repara, os pasaréis a Palacio. . Yo agradezco el favor. . Cielos, qué escucho!)) al lucir cobarde el fuego, Fénix conviene a su intento? ya se confirman mis dudas. Señor, a esta nieve atento el incendio, no ofendió mi cuarto, con que podemos escusaros ese ruido: mas se aumentan mis recelos. . de Palermo, con deseo Está bien; quedad con Dios. Yo sabré velar, discreto Argos, mi honor. Yo sabré en tan conocido riesgo, mirar por mi casa. . Yo sabré morir, pues con eso se acaban tantas desdichas. Yo sagaz, velando, atento inquiriré tanto agravio. Y así, cuidado. . Recelo. Duda. . Pesar. Dadme arbitrio para castigar soberbios. . Dadme industria, con que pueda! el cual queda ya aprestando saber mi muerte, o mis celos. . armada gruesa en sus Puertos Dadme luz, con que examine tanto enigma mi consejo, . Dadme más cruel dolor, para morir del tormento . Deme el fuego calentura, pues de mirarlos me hielo. . Agua al fuego en que me abraso, aunque a Laura se la echo. . A quién habrá sucedido tanto tropel de tormentos? pues cuando juzgó mi amor en el mar de sus desvelos, despreciando riesgos, ir echando el Áncora al Puerto, mayor tormenta me aparta en el golfo de mis celos. De que ha servido, tirano, aunque soberano dueño? de qué ha servido a tu imagen rendirle víctima el pecho, Isilenciosamente oculta, donde al consagrarte afectos, en la llama de mi ansia, por no airarte, aún con el humo de mi suspirado aliento, al arder amante ruido, murió tímido el silencio? tanto. Señor, el Teniente de encontrarte, cuidadoso llegó a casa; y yo entandondo ser negocio de importancia, le conduje a aqueste puesto, que es adonde te dejé, Bien hiciste: dile, Celio, que llegue: cruel batalla de amor, dale al pensamiento treguas: no lo discursivo aumente el ansia de nuevo. Teniente, seáis bienvenido. Enrique, con el secreto que me ordenaste, escribí al de Nápoles tu intento, contra Sicilia, y a ti te remite aqueste, pliego; firmado hallarás el trato. Llégara presto? Y tan presto, que de hora en hora le aguardo. A Y los auxiliares nuestros están prontos? . Si lo están; lo que importa es el silencio, hasta que la ocasión llegue. La suerte ayude tu intento. . Perdona que te pregunte; qué confusiones tu pecho padece? pues mientras puse, como me mandaste, el fuego, volviendo donde dijiste, más admirado te encuentro; qué es esto, señor? . No sé; de sí misma, renaciendo. que en las penas que padezco, aún mi sentido se ignora, sin saber yo de mí mismo. Qué padeces? . Un dolor. Busca el alivio. . No puedo, que al acercarme al alivio se me huye más el remedio. Tus celos son o tu amor? No es mi amor, si no mis celos: Dispuse, pues, que esta noche, que era la hora, en que (hoy muero!) casaba Fénix con Cesar; pues daba lugar el tiempo del descuido, el que emprendieses por alguna parte el fuego; pues acudiendo al peligro Don César, y yo acudiendo adonde Fénix estaba, entrando antes encubierto, (que esto fue fácil, por darme Laura entrada) a un mismo tiempo, sin saber quien fue aquel homb él al fuego acudiría y yo con mi amado dueño al mar, donde prevenido tenía ya un Bajel; a esto te dije, que me esperases: emprendistes el incendio; alborotose la casa, y venciendo riesgo a riesgo; cogiendo a Fénix en brazos, por un postigo del huerto salí; mas oyendo voces movió el estar de estas cosas ara en el sitio que te dije parado un hombre; y yo ciego, entendiendo, que eras tú, le entregué a mi ingrato dueño, qué desmayada del susto, pálido el rosicler bello marchitada su hermosura, eclipsó sus dos luceros, formando de opacas luces de armiños su Mausoleo, para acreditarse Fénix ASigo al Rey, busco la guarda, pera desmentir con esto, aún la más leve sospecha, que hubiese contra mí; puesto que haciéndome de la parte de Don Cesar, y acudiendo con el Rey a remediar la voracidad del fuego, no pudiendo la malicia del más cauteloso pecho, mirándome como parte, indiciarme como reo: y al llegar adonde estaba el Rey, examino, advierto, discurro (ay de mí!) reparo, ya dudando, o ya advirtiendo a Fénix, que ya juzgaba entregada al mar, y al viento restituida a su esposo: ignorando lo que veo a quien engañado, y ciego la entregué; quieres que tenga más pesares, más tormentos, smas desdichas, mas ahogos? (más infortunios, más riesgos, pues cuando buscó mi amor entre sus ansias remedio, el camino del alivio, fue vereda del tormento? Pues qué remedio a tu amor has de dar ya? . Qué remec que llegaba el Rey (que aquesto sa vivir alcanzando a Fénix, o morir, si ya la pierdo. contiguo el Palacio) y viendo g Males, que advertido to de de otras penas desiguales; venid, poco a poco males; tormentos, id poco a poco. A noche (el ansia me abrasa!) cuando lograba (ha rigor!) de Fénij puro el amor, a incendios ardió mi casa: y entre las llamas deshechas hallé, con tirana ley entre los brazos del Rey otro abismo de sospechas; a Fénix (qué mal sosiego! pero si hay tan corto espacio desde mi casa a Palacio, el socorrerla en el fuego su causal razón sería: mas no, que en ansias atroces Fénije mi esposa dio voces: pues de qué voces daría; uando a sus labios se asoma; pimas hay de mi suerte escasa, que cuando gime la casa, es senal que se desploma. La ocasión le puso el fuego; la alteza le dio el poder: Fénix (ay Cielo!) es mujer, aunque noble; y si ahora llego a discurrir esta acción no haga mi dolor más juicios que son muy fuertes indicios, poder, mujer, y ocasión. Asi el Rey, que es justo, y sabio contra su mismo decoro, el terror qué he puesto al Moro me paga con un agravio? Así el aberle servido ya en el Asia, ya en el Norte, olvidado de la Corte, tanto, que habiendo venido, como había tantos años que faltaban, entre enemigos aún mis mayores amigos mis mayores contrarios? vive Dios, que: e . Gracias pido a mí pues que te he encontrado, que de puro estar hallado s te debes de haber perdido. Dueño es el Rey. Ay tal calma! De hacienda, y vida en rigor; pero no lo es del honor, que aquesta es prenda del alma; quitarasme (oh Rey impío! Señor, tocaste alesuya? La hacienda y vida, que es tuya, no me quites lo que es mío. Con quién has reñido ahora, señor? No dirás con quién? no te ha parecido. bien Doña Fénix mi señora, son indicios tus desvelos, son sospechas tal sentir, son celos tanto gemir? Villano, di, qué son celos? qué es sospecha? qué es iudicio que te arrancaré veloz el corazón por la voz. Detente, has predido el juicio? Celos yo? . Ay tal borrasca! no rasques más su rigor, que es una sarna el amor, que pica más, si se rasca: loco eres de parte a parte, según ahora imagino pues tan grande desatino hiciste, Qué fue? . Casarte: cásese un calvo, un sufrido, un simplón, un corcobado, un don lindo, un porfiado, un tonto y un presumido. Señores, oídme ahora que os predico la verdad: hijos míos, libertad que es divina defensora: sabed, que mozas, y viejas Solo las puede llevar un labrador que va a arar, (por que consiente las rejas. Digo, señor, el motín ade tu ansia no mitigo yo has de jugar hoy conmigo a lo de salta Martín: qué tienes en dichas tales, no me lo dirás, señor? Tengo, Martín, un dolor, que en cuatro partidos males, nace aviso al sentimiento, crece duda en el gemido, vive sospecha al sentido, y muere conocimiento. Deséchale. . Es dolor fuerte. Quién le causa? . Un desvarío. Aliéntate. . Falta el brío. Olvídale. . Es una muerte, incapaz de olvido; es un dolor, que más se aumenta; es una fiera tormenta, que da con todo al través, es un sentir, un penar, un llorar, un padecer un prevenir, un temer; y en fin, es, donde cifrar pudo el Infierno el ardor de aquel insaciable mal, pues siendo el dolor mortal, les eterno su dolor. Ese mal que desatina, y aquese dolor que encarna, sin duda, señor que es sarna, o si no, es hambre canina; y aunque mi discurso gruñas, no hay más dolor, que tener hambre, y no haber que comer, o sarna, y no tener uñas. Amor, honor, y lealtad, dudas abanderizando tumultos de pensamientos amorinan ahora en bandos: la lealtad me está advirtiendo, que es mi Rey; pero mi agravio, que es tirano me aconseja; y no es Rey, aquel que osado; por dar gusto a su apetito, manchar intenta lo claro de un honor; pues muera: aguarda pensamiento, temerario, vuelve en ti, y de la disculpa Sírvale el delirio al labio; pues aunque el Rey sea cruel, es mi Rey, yo su vasallo; y de traidor no me libro, aunque el Rey obre tirano. Logre el Rey por poderoso el despojo de mi agravio; esto ha de ser: muera Fénix. Esposo, tú tan airado contra mi vida, y tu vida, que vive en mí, con tal lazo, que a costa de tus alientos doy respiración al labio? Tú, que idolo a mi fe, en altar imaginario, no hay instante, que no rinda en la llama, que consagro, sin descuido la fineza, sacrificios al cuidado? Sin duda, que algún indicio tiene del Conde: mi labio enmudezca, y yo no diga su traición, que es desacato de mi respeto, pensar que ni el Sol puede turbarlo: no sepa de mí su empeño. Mi esposo, mi bien, tú, enfadad en mi mayor alegría? tú, al discurso vacilando mi muerte? en qué te ofendió eL pecho, que te ha adorado? César, mi bien, dueño mío. Ay hechizo soberano! Si estos no son celos puros, está loco, o yo borracho. Señor, no dirás tus penas? No encuentra la voz el labio para explicar su dolor. Tan grave es? . Y tan tirano que es veneno, si lo digo, y tosigo, si lo callo. Calla, esposo, que harto diz enmudeciendo, y callando: que es retórico el silencio, Idioma de desdichados. Miramo, sin duda es loco. No es loco, Martín, tu amo; yo si he nacido infelice, donde en las penas que paso, aún el llanto, que es alivio, a mí me sirve de daño, renaciendo mi tormento en el alivio del llanto. Morir elijo, Don César; grande remedio a gran daño, que arruinada está la Plaza más segura del contrario: o, mas qué digo! vive el Cielo, que el honor que puro guardo, espejo ha de ser del Sol, aunque impere con sus rayos. Mi bien, mi señor, mi esposo, acábese dolor tanto; no manches en mí el acero, que dirá el vulgo villano, que fui culpada, pues diste satisfacción a tu agravio. Yo misma de mi pesar yo misma de mi quebranto, yo misma, yo misma, yo he de somentar mi estrago, dejando al mundo en mi muerte un acuerdo, un Epitafío, dad una memoria, que diga del mundo al grande teatro: murió por guardar su honor, Lque fue mucho, y costó tanto. Ya parece que el aliento, de mi dolor sofocado, al oprimirlo la pena, os, nace aliento, y muere lazo; pues al miedo de tu enojo, al sustorquedas airado, lo al pavor del tu amenaza, y dé tu ira al amago rand desanimado el sentido, no es cadáver lo animado. dice Fénix, esposa, mi bien, dueño mío. Ya ha espirado. oco. . Esposa, mi bien; qué miro! el corazón ser har quebrado no; de dolor, y en mis suspiros va saliendo hecho pedazos. Flora, Laura, acudid todos, porque mi ama gorjeando a quedó como un pajarito. Pues qué, Martín, ha pasado? qué es esto, señor? . Qué Fénix rendida quedó a un desmayo. Qué desmayo, si está muerta? Mientes, infame villano, que aún no ha muerto, pues yo vivo. Fénija mía. . A esotro barrio: no ves que está frío el pulso? Sin duda (yo estoy temblando!) que algún veneno fue. . Calla, no me asegures mi daño: para qué (ay de mí!) es la vida, si sus ojos me han faltado? no hay unrayo para un triste? Sin hallar ningún criado hasta esta sala (qué miro!) todo soy de hielo, y mármol. César, amigo, que es esto? con qué desdicha he encontrado, cuando un recado del Rey te traigo? . Del Rey recado? qué he de hacer, en dos precisos lances de amor, y vasallo? pero disimule el ansia: qué me manda el Rey? suframos, corazón. . Espera y dime antes, qué infeliz acaso es este Cesar? . Adónde están del Rey los mandatos? todo es después, nada antes, y así, Enrique, da el recado: muerto estoy! Yo estoy sin vida! que te llegues a Palacio manda el Rey. . Pues es preciso; quédate tú, mientras parto, por si su padre de Fénix legare, y dile, que (el llanto no me deja hablar, amigo) murió Fénix. A mi lamo voy siguiendo. Qué has oído? desdicha, qué has escuchado? pesar, Laura, qué es esto? Lau- o Laura mía, Laura. . Andallo; mujer grande soy sin duda, pues me vienes laureando; tú tienes la culpa de esto: ven acá hombre temerario, somos Judios, que anoche quisiste a todos quemarnos? Ay de mí! . Albricias, penas. Parece que ha respirado. Fénix, bien mío, señora, hermosísimo milagro dale al alma nueva vida. Mira no vuelva mi amo. César, esposo? Ay de mí! qué veo! Vuelvan los rayos de tus dos hermosos soles a dar luz al breve espacio de tu Cielo; el Conde soy, que aunque viva despreciado, con más sed de tus desdenes, hidóprico busco el daño p por si apuro del desprecio toda la ponzoña al vaso. Dos años ha que te adoro, tu Deidad idolatrando; y tú, ingrata. Basta, Enrique, basta, Conde: vos osado, os atrevéis a decirme arrojos tan temerarios? qué es oíros? qué es amor que no sea a Cesar? el labio reprimid, o no sabéis quien soy, o estáis olvidado de mi sangre, o el sentido habéis perdido acordaos, Conde, que os estará bien; y si quiere vuestro garbo agasajar mi fineza, galán, cortés, y bizarro, olvidarme, que este es para mi grande agasajo. Señor Conde, un albedrío no puede ser violentado: yo os aborrezco: queréis que os lo dé a entender más claro? idos, que César vendrá; y si aqueste desengaño no basta, vive mi honor, Deidad a quien idolatro, que aunque rama sois del tronco que nació a ser soberano, de la segur de mi ira, de mi enojo al fuego airada, respetando al tronco, abrase corte, arruine, con las mano con los dientes, la villana rama, que intentó mi agravio Oye, escucha. Pobre Conde y cual queda el desdichado! a Pues vive Dios, que mí a en iras el favor trocando; más tema ya, que cariño, y más porfía, que halago, lo que no logró por fino, tiene de lograr por falso; que el amor es un incendio,, que si intentan apagarlo revienta volcán, y acaba haciendo mayor estrago. De qué triste vuestra Alteza está? quién el arrebol le pudo empañar al Sol, eclipsando su belleza? Vuelva la flor, en el broche del rojo capullo, a abrir; empiécese el Alba a reír, quite él pesar a la noche; dejad ya vuestros enojos, pues veo que dais mancillas al nácar de las mejillas, con las perlas de los ojos: y en fin, al dulce rigor de tan tierno suspirar, ved, que estan hoy con pesa la voz, la perla, y la flor. Este dolor, que inhuman me aflige (tirana ley!) nace de ver, que sea un Rey cor sus vasallos tirano: ño de mis celos rompió el ansia la voz; desvelos ory M lo causan, por que los celos no suben tan alto, no, que si su volcán, espesas o, llamas éxhala a porfía, acía mi soberanía no han llegado las pavesas; que si con temeridad subieron al pensamiento, alentadas del tormento las pisa la Majestad: As lo que siente mi grandeza, y entre mi pesar batallo, es, que a tan leal vasallo quiera agraviar vuestra Alteza; y falso encubierto Griego, porque su esposa es hernosa, para robarle a su esposa pongáis a su casa fuego. Mitigad esa que clama, llama, que arde con violencia; y el cristal de esta advertencia apague al fuego la llama: mirad por vuestra persona, recoged vuestro sentido; n pues cuando el Moro atrevido os inquieta la Corona, y con un clamor eterno todo el Pueblo alborotado, en tumultos levantado, ha confundido el gobierno; Vos olvidado (ha rigores!) de vos, y vuestro decoro, ni le pobéis freno al Moro, ni castigáis los traidores. Qué es esto? volved en vos; la mano empuñe el acero. Adónde está lo guerrero? salid, pues, o vive Dios, que aprendiendo mis enojos, entre parciales, y estraños, de Semíramis engaños, y de Tomiris arrojos, ocupando de la silla el borren, el bruto encienda; y en una mano la rienda, y en la otra la cuchilla, hiriendo, aunque se disguste, al blando hijar, yerro activo, el pie firme en el estrivo, u fijo el cuerpo en el fuste, he de matar más traidores, he de rendir más tiranos, que dora el Sol rubios granos, y abre el Alba tiernas flores. . Oíd, señora, esperad: fuese, sin poder su queja satisfacer mi razón. A quien habrá, que suceda, lo que a mí, pues olvidando los traidores, que me inquietan la Corona, me descuido de mí mismo, y solo emplea mi juicio todo el discurso, en saber quien contra Cesar intenta su deshonor? naciendo de aquesta misma razón, para con mi esposa, su agravio de su defensa. El mudar de parecer en que ahora vaya a la guerra, aamí, y a su honor importa. Aguardando está Don César. Decid que entre. Gran señor qué me manda vuestra Alteza? (ay de mí!) . Seáis bienvenido. Estando a las plantas vuestras es forzoso. . Y yo también siados veces vengo, es fuerza, que sea bien revenido. Quién sois vos? Un alma en pena, que asiste en el Purgatorio de Palacio. . Cosa nueva: al Palacio le llamáis Purgatorio? Y muy de verás. . Por qué? Por que entrando aquí, el pasar por tantas puertas, el golpe de la alabarda, el encuentro con la dueña, la pregunta del Enano, el aguardarse allá fuera del guarda Damas; y en fin, del Busón la friolera, que B que para que otro se ría, hace llorar al que encuentra: de culpas no cometidas aquí el Purgatorio encuentra, hasta que merece ver el Cielo de vuestra Alteza, donde descansa, después de pasadas tantas penas. Aparta loco: señor, guiado de mi obediencia, vengo a escuchar lo que vos me mandass (la voz no alienta!) y solo espero, que Fengg; digo, señor ̱oj Esten a. Detente, pasión, no el labio de mi delirio dé muestras. ̱. Aquí encubierta he de oír lo que el Rey habla a Don César. Cesar, a lo que te llamo Ssolo ha sido, a darte cuenta como Bárbarroja ha puesto su Armada sobre Cerdeña; y como el Gobernador ha muerto en una refriega, sobre estorbarles el sitio; mas ya he friso su defensa a Carlos tu hermano. . Beso, gran señor, a vuestra Alteza, por la merced que hoy hacéis a Carlos, las plantas vuestras. Y quiero saber de ti quien puede ir a socorrerla. Vuestro General, señor, y vuestra Armada, y yo en ella. Me hace falta tú persona en Sicilia, no Don César. Cómo no? tu Majestad por mercéda me de licencia que le juro de que el Too el sitio quite a Cerdeña. Que a un Soldado tan leal solicite el Rey su afrenta? Mira bien. . No hay que mirar; y digo bien, Fénix muerta. Advierte. . Todo advertido está. . Pues de esa manera, con Carlos tu hermano parte Sí al socorro que te espera; vos y advierte, que el Rey Guillermor tu amigo, en Sicilia queda ti por resguardo de tu casa. Ya no hay peligro que tema. El Cielo te dé victoria. . que Guarde Dios a vuestra Alteza. ̱. Suspended, César, el irosriad y advertid, que mayor guerra do en vuestra casa dejáis: vencedla, César, vencedla, antes que: discreto sois, Si no deis lugar a que pueda, o la ocasión, o el poder, o el arrojo, o la violencia, hacer que: más harto os digo. con callar. Estimo de vuestra Alteza el consejo, más señora, ya no hay peligro que tema; y antes a la guerra parto, por ver si dichoso en ella pierdo la vida, que a tantos pesares ha estado expuesta; y ruego al Cielo, que ardiente, la primera vala, o flecha que dispare el enemigo, dé en mi pecho, porque pueda en dos desdichas, la una ser alivio de otra adversa. Cesar, con ese despecho mal el daño se remedia, que la ausencia en vuestro pecho forzoso es cause más guerra, que el odo puede causar a las Islas de Cerdeña, porque quien recién casado la muerte busca hace ofensa a su esposa en el cariño, y Fénix es tan atenta, tan hermosa, tan amante, tan noble, que es ella misma su mejor comparación; y ha de sentir esta ausencia con tal extremo, que juzgo, que al veros partir, es fuerza, si antes no la mata el llanto, vos lo consigáis con ella. . rmo r. Qué ha de conseguir, si ya tienes la mortaja hecha, yel c. Albricias, señor, albricias. Puede haber alguna nueva, ̱. que me cause gusto? . Sí. No puede ser, Fénix muerta. tro. Mas viva está, que tres tías, dos as y una suegra. Mujeres hay como gatos, y esta es una verdad cierta; si no mueren siete veces no haya miedo que se mueran. Qué es lo que dices? ̱. Que Laura me dijo, que a toda prisa te buscara Para qué? Para que cuenta te diera, como mi señora Fénix volvió del desmayo buena. No lo dije yo, que todas se hacen gáticas muertas? Fénix vive? . Sí señor. Mal haya tan mala nueva. Cómo mala? estás en ti? te, si te pesó de que muera, como te pesa que viva? da no te entiendo. ̱. No me entiendas, que también ignoro yo: tú darás luego la vuelta a casa, a decir que el Rey ho, (me priva de que merezca ver a Fénix: tú a su padre buscarás por que prevenga mi viaje. . Ya obedezco. Voy señor, a lo que ordenas. . ̱. Solo me quise quedar por ver si el discurso treguas puede conceder al alma, pues en confusión opuesta, la razón, con mi delirro, con mi alegría, mi pena, con mi amor, mis celos y mi gusto, con mi tristeza, huestes de amor, y de honor, Sí forman tan civiles guerras, que contrarios equivocan la dicha con la tragedia. En tendimiento, qué alumbras? corazón, qué me aconsejas? qué he de hacer, aliento mío, en los males que me cercan? Yo al Rey he dado palabra de socorrer a Cerdeña, con el seguro de que Fénix (ay de mí!) era muerta, dolor en que consistia el alivio a mi sospecha. La Reina, como prudente, o celosa, me aconseja, que de mi casa no falte; indicio, que es evidencia de que el Rey (ha Rey tirano dolosco así cambia tu grandeza por las lealtades, agravios por los servicios, ofensas? qué he de hacer? (o entendimiento, norte de la humana idéa!) si acaso para mi alivio algún discurso te queda, qué he de hacer? cuando palabra he dado de ir a la guerra, donde arriesgo en la tardanza mi crédito si por ella se pierde Cerdeña; es cierto. Mas mi honor también se arriesga, si por ir a una Batalla dejo en mi casa una guerra; allí el crédito me llama, de Sicilia, en su desuo Aquí me llama mi honor, Deidad, que el alma venera; si a uno sigo otro me llama; preciso es uno otro es fuerza; este es honor, aquel es honor de mi fama misma; cobardía es, si no voy si falto de aquí, es vileza: pues corazón, qué he de hacer entre razones opuestas de un crédito, que es mi honra, de un honor, que es mi nobleza? B2 bien bien estoy, que el que entre honor, y honor, si un honor se deja, no falta al honor, soión falta por el honor, de manera, que en dos empeños iguales en todo albedrío, queda el duelo para escoger, sin que su punto se ofenda; porque no se da a los lances imposible contingencia. Es cierto; pero la duda en pie todabía se queda, sobre cual empeño aquí he de elegir: en la guerra arriesgo mi fama? sí. Y en aquesto qué se arriesga? el que digan, que cobarde anduve, y perdí a Cerdeña. Qué arriesgo, si de aquí falto? todo el honor que me alienta. Y qué arriesgo en el honor? el muro de mi nobleza, el castillo de mi honra, de mi crédito la fuerza. Cuál es mayor de estas Plazas? cual es de más consecuencia, Cerdeña, o mi honor? mas es mi claro honor, que Cerdeña; pues si guardo esta en que hallo más peligro en su defensa, guardándome a mí, desdigo de cobarde la sospecha. Pero la palabra al Rey ahora también me argumenta, siendo preciso cumplirla; mas no es precisa su fuerza; que palabra sobre engaño, no es palabra, si hay cautela. Yo he de fingir que me voy; y con este engaño, atenta estará el alma, advirtiendo, aún las más leves sospechas. Pero el modo de quedarme oculto, y sin que lo sepan dudo, pues aunque era fácil, que de día no me vieran, saliendo de noche a ser de mi casa centinela, arriesgo en esto no estar a todo presente: ea discurso mío, no hay rumbo, camino, o vereda, que sea alivio a mi tormento que sea remedio a mi pena? más piadosa en mi memoria en mi fatiga, me acuerda el caso que un renegado, porque no le conocieran en la guerra los Cristianos, obró, pues teñido en ella de Etiope el rostro, aún sus mismos parciales, eran quien más le desconocían. Pues qué aguarda mi cautela pobe se el modo de la pasta con que a la naturaleza del Negro Etiope, imita con similitud tan nueva, que aún sabiendo, que es eng se duda como evidencia. El rostro me he de teñir seguro de que no puedan conocerme, aún en la voz, que ninguna impresión queda habiendos estado tan poco en Sicilia, pues apenas llegué de sal guerra, cuando logré a Fénix; y en la guerra tanto he estado, que ahora soy extranjero en Patria misma: y es verdad, pues mis amigos me desconocen, que esta Y ocasión me da la suerte favorable, por adversa que quizá de aqueste lance se vale, porque me atreva con ese seguro a ser testigo de mi tragedia. Mas otra duda, que no es de menores advertencias se me opone, y es, que al Re es preciso de Cerdeña escribirles las noticias del estado de la guerra, y cuantas operaciones se obraren, y el Rey mi letra conoce, pero mi hermano Gobernador a Cerdeña no va? así lo dijo el Rey pues declararle mis penas intento, y darle unas firmas en blanco, para que pueda avisar al Rey de todo y en socorriendo a Cerdeña, con resguardo de mi hermano oculto daré la vuelta para apurar mis designios Fortuna, ampara al que llega al templo de tu Deidad a valerse de tu estrella y pues para más criso! me he visto de manchas feas en el cristal de mi fama aquestas sombras impresas dirán al Mundo, que soy con aquesta industria nueva gañ el Negro del Cuerpo Blanco, por no ver mi fama negra. PEy JORNADA SEGUNDAA

JORNADA SEGUNDA

El deNápoles, Cónde, qué responde? Que su Rey Sicilia le verá Y tú, Conde, qué dices? será, Guillermo hoy de nuestro intento; que habrá salido hermosa, de lador cierra el mando GeneralMal y guerra tiene sobre Cerdeña, y las más noches los inquieta, asaltando los aproches que de día vatió su Artilleria sin césar en la guerra noche, y día. Habiendo César ido que le ha de rechazar teme el sentido, y más Cerdeña estando abastecida. Qué alííola interpresa ahora le im no lo dudaré yo, que tiene aliento; (pida, mas en eso consiste nuestro intento, que mientras la Campaña man tiene elJd para nuestra hazaña, es ardid conveniente que divertida tenga allá la gente; y pues en el serviero a mí me excedes del Rey, este es el trato ver le puedes. Pues luego que la noche cuando negra la espalda vuelva el cocho del Sol, desde la cumbre, hasta la falda. Y si acaso tiene el Sol negra la espalda en la casa, que ya nuestro cuidado para mayor cautela ha decretado te aguardo prevenido, para hablar de este caso; y pues ha sido este homicida, este Rey tirano el que la injusta muerte dio a mi her- es bien, que su castigo (mano halle con mi venganza. Como amigo a tu lado estaré Pues al intento; logremos con su muerte el pensamiento El de Nápoles es hermano suyo, más afable, y piadoso; y pues arguyon que soy traidor, mirando mi nobleza me concluye el mirar, que no es vileza matar a un Rey injusto, he inhumano cuando aclamamos Rei al que es su hermano Nuestra venganza logrará el castigo Así la ofensa de mi honor mitigo, La fortuna, mejor que mi cuidado, l sdis pone ver a Fénix: no habrá dado el último reflejó la luz bella Que escarmiento ̱. Te eod ni la sombra del Sol la blanca Estrella cuando estaré en su casa; y pues forzosa es su asistencia, dicha tengo en que me asista, pues buscar prevengo modo, para decirle que me aguarde. y volverme a su casa, aunque me tarde; pues que Laura el postigo del jardín, dice, deja entreabierto para el fin de mi amor y amigo, en esté puesto no es ocasión que hablemos más en esto; al sitio decretado. Pues, no haya falta. Mi cuidado no se descuida Adiós, que importa ahora no hacerle falta al Rey, y pues desdora así mi honor, venganza Ya se erpera en nuestro miento. TUDJORDOmR Ayuntamiento de Madrid e Alun, cana mer Amor, que alientas las almas; amor; que los corazones ánimas a conseguir imposibles, nosme notes el que examine las luces con las sombras de la noche; y por no ser tilde oscuro de la desgracia, borrones tiñan mi rostro, que no es la primer vez, que compone el arte, sobre una sombra labrar puros los candores: o el Artifice lo diga, que diestramente dispone, para admiración del arte, plata, y pez, sacando el molde, a diligencias oscuras, logrados los resplandores. Ah, como él honor se mira a las Estrellas conforme; pues para acreditar luces Cmas brilla en la oscura noche. Partí con mi hermano, en fin, a Cerdeña, donde al choque primero de las Armadas, de Sicilia los Pendones tremolaron la victoria, en el tiempo que tres Soles en tres Auroras, dejaron todo el círculo del Orbe: Entrose, en fin, el socorro, Ly cauto yo en él, adonde yapenas había oscura bajado la negra noche, cuando en una Saetia, que trajo la nueva, el nombre: a un tiempo y color mudado, dejando a mi hermano el orden de gobernarse, y también la advertencia, que no logren saber el fin de mi ausencia, cuando allá mi falta noten mis amigos, y criados dándoles causa, que estorbe a que su cuidado haga Jcualesquier averiguaciones: Argos de mi honor, volví, alentando mis temores, a castigar evidencias, o impedir las ocasiones. De la antesala he pasado, discursivo en mis pasiones, sin ser visto, ni escuchar aún la menor voz: adónde estará Fénix? a espacio pensamientos no ya el golpe logréis, haciendo cuidado de un descuido: nada se oye; o celos! cuanto tenéis de cobardes, por traidores. Rapaz Cupidillo, ciego Dios Lince, no te retires, que en riesgos de los instantes ay contingencias posibles. Bien hicieron mis sospechas en volver, si riesgo corre en un instante, según repitieron esas voces. Vuela Cupidillo, si dichas consigue no, no te retires, que en las fortunas, la suerte el castigo no distingue. Si distingue, pues al lance, que así repetís acordes, en sus acasos prevengo reparos, por qués así logrení mis prevenciones fingidas, aparentes prevenciones. Calce plumas, calce, tu deseo libre no, no te retires que en diligencias cobardes se logran tarde los fines. De los jardines del Rey esta música se oye y lo que allí es armonía, es guerra que el pecho esconde, y es verdad, pues los oídos, de lo mismo que proponen forman guerra; y aunque vaga la voz, sin forma se oye, para la lid, mis recelos forman cuerpo de las veces. MFlora, Laura. Qué nos mandas? Cerrad aquesos balcones, que caen al jardín. . Por qué? Por que el dolor aprisione al alma, que sus pesares no es bien alivie. . No llore perlas el Alba, que ríen los nácares de tus soles: diviértete. . Ay Laura mía! qué gustos, qué diversiones puedo tener, si a Don Cesar hortengo? . Feliz el hombre, que haciendo costa a los riesgos su seguridad conoce. Dejadme, que el pensamiento, (gusano, a taréas logre labrar con memorias tristes, cárcel breve a mis pasiones, adonde vuelvan mis ansias laanacer de sus rigores. M. Señora; pero qué miro! igues pañ Nicasio, San Onofre. Qué tienes? pero qué veo! señora, un Negro disforme, como guarda de tesoro, está allí . Quién eres hombre? Señora (ay Fénix divina!) no mi presencia os asombre, libre oy decidme, si sois Fénix, esposa del César, porque para vos traigo esta carta; yde que esclavo me nombre Vuestro, y de César, la suerte infeliz, feliz dispone sus acasos, porque siendo e, preciso arrastrar el golpe, el hierro de la cadena suavizó los eslabones, saciendo atento al reparo, cuando amable quietud logre. No es muy bozal este Negro. Será este un perrazo noble en la estirpe de los galgos. Bien mi engaño se dispone. Fénix soy, dame la carta; llega. . Dudan mis temores. De qué? damela. . Ahora sí. Pues qué diferencia pones de un punto a otro? Bien grande: y es mucho que no lo es, azo porque antes mi mano estaba con discursos muy conformes dudando llegar al día, por no unir contradicciones; más ahora que el Aurora quita el cendal, que se opone a eclipsar rayos de nieve, que ya tu mano descoge, llego sin temor, pues media el Alba entre día, y noche: Oh qué bien en el jazmín reberveran mis borrones! Este Negro está muy blando. Los Negros son algodones. Dónde hallaste esa noticia? En la historia de Achiotes, que dice, que son al Sol, para que su pluma moje, algodones estos negros del tintero de la noche. No se haga bufón, amigo; y mire, que no me enoje, que le estrellaré los sesos. Son huevos? . Mal gesto pone. Oiga, y qué humos tiene el tizón! . Con dulces golpes, la aguja del corazón, que inquieta se reconoce, alborotada en el pecho: mas qué dudan mis razones, que trémula esté la aguja, si está mirando su norte? Mahomet, gustosa he leído de mi esposo los renglones; y admiro que no me dice con quien vienes. Que eso noten vues- vuestros reparos, no admiro, cuando acá no me conocen. Fiado de mi nobleza me envió solo; (no os asombre, que también hay entre los Negros políticas atenciones; en un barco, que el aviso trajo al Rey hoy antepone mi deseo, el lograr ver que a vos por dueño conoce. Ya veo mi esposo, dice, como en un travado choque tu persona hizo cautiva; y mientras que se dispone tu cange, gusta que estés en mi casa: que eres noble me avisa, y también, que estime tu persona. . Son favores, que Don César, mi señor me hace, y juro, que el nombre no merezco en el de esclavo vuestro, pues hoy: labio, adonde caminas? Fénix, qué hace?? Divertida con un Gozque, que ha enviado mi señor, está. Fénix? Ya espero que logre la suerte todo mi intento. Entre uno de los choques, que ha tenido allá en Cerdeña Cesar, mi esposo, este noble Etiope cautivó. . La suerte, que nos fue entonces, al principio favorable, acabó infeliz, de adonde resultó mi cautiverio; dichoso, pues, que me opone a tus plantas. . Alza, pues, que muy bien se reconoce que eres noble en tu atención: cómo es tu nombre? . Mi nombre es Mahomet; Etiopia, a quien campañas, y montes riega el caudaloso Nilo, es mi región: Saba el noble Patrio albergue de mi vida, que que que fue un tiempo, desde adondo, diré por influjos del destino, parece salí a surcar el salobre Y Mar, donde fui de mí mismo que o Pirata de mis pasiones, son enemigo, siendo amigo andando el día, y la noche, . para sustentar mi pena, a corso de mis temores: s. por Cabo, en fin, de una nave, entre las que el golfo rompen, qu a los Mares de Cerdeña o llegué: mas cesen mis voces; al solo sé que soy tu esclavo. S0 La fortuna no es innoble, espera que mudará tu suerte; y pues ya la noche baja, Fénix, a tu cuarto te retira. . Hasta donde, Conde cruel, llegarán tus aleves sinrazones? La Reina Matilde, haciendo a mi humildad más favores, me ha mandado que la vea: no es, sino para que estorbe de Don Enrique el arrojo; y así . Crueles rigores qué intentará? . Tu licencia espero, y alientos cobre mi amor para aquesta empresa. Soy a obedecer conforme contigo a la Reina; y pues voy a mis obligaciones a Palacio, como padre y amante entraré en el coche contigo: y tú a Mahomer pondrás su cuarto. . Ajustó que el tizón se quede en casa. Ea, vamos. . Hoy mejores seguridades ofrezco. . Yo vengaré mil baldones. Mi amo, y mi ama se van: fortuna ha tenido el Conde; as antes abriré el postigo, que la siga, ni lo note, que yo sirvo a mi interés: Señor Negro. . Ese es mi nomb que qué quieres, blanca? . Que venga dondos diré su cuarto. . Oyes, parece que te parece el Negro. d. Y qué? . No se enoje, que querer a hombre de Negro, con cortésanos primores. Martín, no seas malicioso. Son tasezos presunciones. Cuidadoso me ha dejado, nabe) y en mayores confusiones, en, que a Fénix llame la Reina: o como los celos roen al corazón! Y le arrancan ospechas de los vapores; pero asistirla su padre, nace mis dudas menores he que no ignoro, que sospecha, como yo, sus intenciones: vamos, Martín. . El irá a dormir con los lechones, que no le quiero conmigo. Ya le he dicho, no me enoje: preciso es tratar con estos, porque el engaño se logre. ̱t. Por Dios, que le tengo miedo señor Mahomet, si usted corre, porra conmigo, y corramos ncia porrientes correspondones. Vamos, amigo Martín a. que ya es hora. . Hasta dónde? quieres mojar la palabra es ven donde hay buenos licores, Voy a beber con los celos un veneno, que me ahogue. le Voy a beber un vinico, ustos que triaca me conforte. ̱̱amúia . a. or es y Tapaz Cupidillo, ciego lince, note retires que en riesgos de los instantes an: Ra contingencias posibles. ̱. El mar de mi confusión se volvió a su tempestad, donde la serenidad fue más susto a la razón. ombDe unos, y de otros desvelos, que confusión, que sosegaste volviste, donde encontraste, de las hondas de mis celos, el suspiro en la violenta (tormenta, alivio a que aspiro: me aflige más el suspiro por aire dé la tormenta. Navfrago el incendio hecho en el mar de la evidencia y el rigor de su inclemencia dio conmigo en el despecho. Oh ruina del amor! que al trono de mi deidad, sin mirar la Majestad, arruina tu rigor. Puede el Rey, es ceguedad, cuando tan justo le hallo ofender tan buen vasallo? quién me dirá la verdad? ̱l Yo a tus pies, Reina, y señora, buscando alivio en mis males. Sola tú me la dijeras. Vengo hoy a sacrificarme a tus aras. . Alza, Fénix, a mis brazos. . Celestiales esferas son, donde sube el que así humillare sabe al templo de tu grandeza, al puesto de tus piedades, abrigo, y sagrado busco, si lcomo Puerto, y como Imagen: avégante Peregrino, pues en los inciertos mares de mis penas, en los riscos de mis tristes soledades medroso, en suerte infeliz teme el sentido cobarde, peregrino, al bandolero, Pirata navegante. Por asilo de mis penas, por remedio de mis males te busco, y tu compasión mis ahogos acomoañe, que males acompañados Cuelen ser menores males, Amparado del poder, Oo, sin qué en mi riesgo repare, oá el templo de mi honor terso oy intenta profanarle, ,tropellando imposibles. Su Majestad, que Dios guarde, manda llamar a su Alreza: Qué mis celos, y pesares, hasta el acaso publiquen! Qué ahora entrara mi padre, para no decir quien es el traidor que me combate! Prosigué, Fénix. . Señora, solo concluyen mis males con pedirte, que interpongas tu piedad, y al Rey le hables, para que de tanta guerra mi esposo Cesar descanse: Esto, señora, te ruegan mis ahogos, mis pesares; Deidaderes, y mujer, enternezcante mis males; como mujer los ahogos, y los ruegos como imagen. De qué Fénix no prosiga ha sido causa su padre; pero sil mis celos hablan, qué importa que su voz callea Fénix, yo tendré cuidado, que quizá aquese mal nace, sin que tu tengas la culpa, de osadas temeridades. El Cielo guarde tu vida:- Plegue a Dios, que no la guarde, de esta traición: hay quien qu pues por su visita pierdo ganar unos buenos guantes. Ven, hijo, que pues Don César no está aquí he de acompañarte. Quién, señor, unió tan fino finezas de esposo, y padre? En dejándola en mi casa volveré, porque no aguarde el Conde, adonde citados han deraguardar los parciales; que presto vengar espero agravios que el Rey me hace. Ay Don! Cesar! ay esposo! qué de sustos, me combaten! Abierto dejé el postigo, para que por él entrase l( el Conde; y yo centinela del jardín, he de aguardarle después que esté recogida mi ama; esto, amigos, hace dar, ante omnia, que no hay cos que un don liberal no arrastre. y Luchando con dos sos pecl de mi vida, y de mi fama, amparado de la noche, vengo a averiguarlas ambas; (para cuya prevención, asistido de mi Guardía he venido; retiraos lninguno siga mis plantas; eperadme en este sitio hasta volver. 1. Lo que mandas obedecemos, señor. . A dos cosas de importancia he salido de Palacio: una, el aviso (qué infamia!) de que aquellos que me asisten con más pariño, esos tratan de darmen muerte, y se juntan, siendo noche en una casa que ignoro; y saber deseo, quien son los que así me agravia Una carta hoy recibí, sin firma, que me avisaba la Regia Corona amarla, poniendo al amor, embate de una traición su garganta? da otra, celar atento otró honor viva atalaya; pues mientras César armado, con su vida el mío aguarda, al buen vasallo, el buen Rey paga en lo mismo que paga, inquiriendo, el que ser puede el que su casa profana, para que a un tiempo se vean su venganza, y mi venganza. Hoy me escribe dando cuenta, Ced tomo llegando mi Armada con el socorro, tuvieron un choque, con dicha tanta, que en lo oscuro de la noche se favoreció la Plaza; y en mi es nueva obligación, que yo este favor le haga: cos celosa la Reina vive creyendo cierta, que agravia pech mi cariño su decoro: de su engaño no se espanta el discurso, pues la noche del incendio, desmayada a Fénix sobre mis brazos la hallaron; que a no ser tanta la confianza de César, perdiera él la confianza. Quién sería el hombre (ay Cielos! que una acción tan temeraria ejecutó? quién sería? más ahora en la probanza a del delito solo juran las dudas que su ignorancia ̱ tan solamente deponen: ten más basta, discurso, basta, que si son testicos dudas, - amal comprobara la causa. Las paredes del jardín son estas: esta es la falsa había puerta: más Cielos, que o sobre falso está cerrada. Sí, Fénix? qué es lo que digo? quie ya lo dije, vil, villana, al honor más puro imponé, por fácil horrible mancha. No pudo dejarse abierta, creyendo, que la cerraba esta puerta, algún criado? si pudo: O no pudo falsa quedar abierta al soborno? también: pues sea esta la causa, o sea olvido, en ctumbral le me ha de ver la luz del Alba. n (Cónde? . Quién? Enrique, entra. Qué escucho, Cielos! co- Qué aguardas? mi señora fue a Palacio, a que la Reina alcanzara del Rey, el que mi señor volviese a la Corte; si andas con temor, y el tiempo pierdes, no le eches la culpa a Laura. Qué he de hacer en este lance? torpes animó las plantas. Oh delito !que a un fingido, a todo un Rey acobarda. Pero sepa mi amistad fingir, hasta que de tantas sospechas salga mi pecho. Espérate un poco, aguarda, que, de la ventana que hago he de cobran la alcabala: eres tu preloj del Sol, que apunta, y no da? Reparas bien; toma esta sortija, Digo, que soy buena lanza. Ahora importa saber si Fénix aquí es culpada, o es traición, que ha somentado el Conde con la criada. La puerta dejé entreabierta, cautela precisa, para si el padre de Fénix viene, que el Conde al instante salga sin detenerse. . No vienes? Sí: ven siguiendo mis plantas. G Mucho, Celio, hemos tardado, y estará esperando Laura por la puerta del jardín. Y el Almirante? . Tan varias son las dudas en que queda, que creo que vendrá el Alba, y no las habrá resuelto: yo fingiendo, que unas cartas, precisas para aquel lance, se mequedaron en casa, pude así desocuparme, y lograr dicha tan alta, dando treguas al amor, para mitigar mis ansias. Mira, señor, lo que intentas Ceva ao cd. O qué necio, Celio, andas en aconsejarme! pues mi amor del carinó pasa a ser desprecio; y así, mirándome en las dos causas, de amante, u de corrido, la ocasión he de lograrla. Aquesta es, Celio, la puerta; bien me cumplió la palabra, que abierta está; Celio, tú en la otra calle me aguarda. ̱ En la quietud de la noche Mdormidos todos descansan; y solo yo desvelado. de mi honor hecho atalaya, vengodoclar mi delito aquuo ha honor, que con ley extraña me traes a inquerir la culpa, Ein querer hallar la causa! Prudente, y cuerdo mi hermano, ha gobernado la traza, sel según parece, de suerte que a mi industria no ha hecho falta. Qué pesada está la noche! qué a espacio las horas pasan en el reloj de un cuidado! qué de golpes no maltratan el corazón, al volante de la memoria tirana, Sin que el mostrador, que es el sentido, en penas tantas, señala para el alivio el índice a la esperanza! Del cuarto de Fénix es esta la puerta, su entrada ha de ser lecho al cuidado. Can soy, que lince descansa, velando leal al dueño, previniendo en su constancia el latido, como aviso, y el diente, como amenaza. Qué en silencio está la noche! dormida, yace la casa; de qué temes, corazón? ahora en la ocasión desmayas? el Almirante está fuera. César está en la Campaña? pues corazón, de qué temes? Hasta recoser la casa ha sido fuerza que esperes; A logra de tu amor el ansia, pues da lugar la ocasión, que no importa, que tirana Fénix se muestre, que al fin sies mujer, y aunque se halla enamorada de César lle puede olvidar mañana, que las más somos así: vente conmigo. . Ah criadas, domésticos enemigos del honor! . Qué me acobaro acía aquí ha de estar su cuarto, que hoy me lo, previno Laura. Pasos lentos aquí escucho; tormentos, id con templanza. Quién va? quién es? no respond Adiós, hundiose la casa, temblando de miedo estoy. Quién es? Confusión extraña! En lo impensado del lance, el discurso se embaraza Pues de esta suerte sabré, quien el sagrado profana de esta casa. . Muerta estoy! que este es el perro que ladra. Toda mi suerte es abismos. Trae aprisa luces, Laur que en la antesala es el ruido. Con el susto la criada se apartó de mí, y no sé adonde pongo las plantas: qué he de hacer? Cónde? . Quién es? Quién quieres que sea? Laura vente conmigo. La puerta encontré: qué a espacio que andas. Traidor, adónde te ocultas? En mi casa cuchilladas; hola, ola, criados; quién va? Mi señor; ay que no es nada. ̱. Ya he encontrado a este traidor. y. Este discurso me valga: ha de la Guarda, Soldados. Quién atrevido en mi casa? alel . Quién en mi cuarto atrevido? Muera el traidor que te agravia. ̱. Tente Mahomet, que es el Rey; hasta llegar la venganza, a disimule mi prudencia. . ̱ay Gran señor, qué es lo que mandas? spasando por esta calle las, Rescuché como llamabas, y hallando una puerta abierta barda he llegado, qué te pasa? o, bien he salido del lance. Bien finge el Conde su infamia y a vos, quien os ha traído aquí Este es perro de casa. ondees. Válgame aquí la disculpa. Naturaleza, o constancia, que tenemos de ser fieles esclavos del que en campaña nos vence; aquí me ha traído al rumor que se escuchaba: y si alguno, allá en mi tierra; launque el Rey fuera, intentara profanar mi sacro honor hoy Ista deshoras en mi casa dando a la malicia asuntos para sospechas villanas, alo defendiera constante ser traidora esta Espada; porque ya el honor de César es mío, cuando se encarga de él mi lealtad y sería en mí no amor s no infamia no dar muestra algún atrevido injusto y aleve trato del venono por divino manchar la brinte fama Quita perro o vive Dios que a un su alteza se halla delante. . Basta, Almirante. Aunque me ha enojado, tante lealtad pagaré. . Quién es, antes que hebléis más palabra, ese Etiope? . Un honrado Aplacoque en la Campaña cautivó valiente César. Nunca vi acción más hidalga, que un bárbaro sea leal con su señor, y que haga aquesta traición el Conde. Cuál habrá sido la causa de hallarse aquí el Rey? mortal, aún no ánimo las palabras. Suspensa he quedado al ver este lance; estoy turbada! Cielos, el Rey a estas horas como entraria en mi casa? Dejando esta confusión, paso a agradeceros tantas mercedes, como hoy hacéis a mi casa, y siendo extraña la novedad, os pregunto. No vendrá sin caso a casa. Disimular es preciso, y mal podré, hasta que haga dar castigo a tanta culpa, como tengo averiguada: Almirante, yo salí esta noche a inquirir tantas noticias, como me han dado de unos traidores, que tratan de oponerse a mi Corona; traición, que si averiguarla consigo con sus cabezas al Mundo daré venganza. Antes que tú la averigües, la verás en ti lograda. A estos recelos conviene ir previniendo la saña, Y saliendo de Palacio, al pasar por vuestra casa, abierto encontré el postigo del jardín; oí unas vagas voces, curioso me acerco sin dejar, que de mis Guardas éntrase alguno, que el Conde en en entrar aquí. . Fue causa oír tu voz, pues pasando acaso también, la Guarda encontré y al mismo instante, que tu Alteza la llamaba, movido de mi lealtad, siendo norte tus palabras llegué, cuando el Almirante llegó también. Bien la amasa. Encontré con ese esclavo, sacó valiente la Espada; hizo bien; llegasteis vos, y solo siento que haya sobresaltadose Fénix. Estando en quietud la casa, qué ruido sería aqueste? y como encontró la falsa puerta del jardín abierta? todo lo dudo: a mis plantas un papel está, y ser puede a mis dudas de importancia: aquesta sea la industria, para que no noten, ni hagan reparo en alzarte. . Fénix, yo los considero asustada perded el recelo, entraos en vuestro cuarto, y mis Guardas, de los estilos corteses y vos Conde, me asistid. . Y yo. que también el noble esclavo Vos quedaos en casa, que yendo el Conde conmigo, segura llevo la espalda. JOh aleve Cónde! oh tirano, como tu traición me agravia! ya os obedezco, señor. Qué muda has quedado, Laura! . Ojalá no la tuviese; Pues ya sé, que el Conde, Enrique, mas no puede ser más grande, de aqueste agravio es la causa; yo castigaré su arrojo pues al que me sirve infama. Yo velaré de mi honor, Arnos prudente, mi casa. Yo motihé de mi pena, Lb si resistencias no bastan. Yo daré Rey a Sicilia, desagraviando mi fama. Yo consiguiré mi amor, que eo Lándole fin a mis ansias. plot Y en tanto, que del castigo o sepa llega el filo de mi Espada dime Y en tanto, que del embozeperoca aqueste engaño me guarda. tembla Y mientras mi injusta suerte, tu ser h de ser contra mí se cansa. dilo Y en el tiempo que no logr qu de mi amor aquesta llama. con M. Y en el interín que llego llos ce a conseguir la venganza lo que Deme prudencia mi industria. Deme paciencia mi ansia. Deme mi honor fortaleza. ̱. Deme consejo mis canas. Denme los hados ayuda para a crisolar mi mancha, pues por no empañar mi honor me la he puesto yo en la cara. SAC JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Y Aunque conozco, señora, que por lances de la suerte soy tu esclavo, no por eso en mi noble pecho puede faltar la atención, usando. políticas leyes tiene; y así, señora, te pido, no al pesar ciega te entregues, que des alivio a tu pena. Ay Mahomet que tú no tien noticia de misgrande ahogo que el mío (ay de mí!) si puedo dime tu dolor, señora, que tal vez suceder suele, hallarse alivio a la pena En lo más humilde, y débil. Negro soy, más Negro noble; válgase en tanto accidente tu concepto de mi tinta, que sabrá lo que escribiere Ltuclabio con ella, hacer que que e con mudos caracté es, solo tú, que los escribas lo sepas, si los leyeres: dime tu pena (ay de mí!) boz?pero calla, no la cuentes: temblando estoy de su voz: erte, stu sentimiento refiere; lilo, calla, no lo digas; logo qué varios pareceres consulta el entendimiento! los celos, como impacientes, lo que ignorar más desean, ríalo que saber pretenden. Quién mete a este Juan Latino en ser duelista de requién? Con lágrimas me lo dices; es, porque es más elocuente el llanto? grande dolor or se explica en Idioma breve: amira, que dudar me haces el que ahora imagine. . Advierte, tist, que hablas conmigo, Mahomet, vive mi honor aleve, vil, que en ti un castigo haga, de suerte, que. . Señora, tente, perdona, si te he ofendido. Dices bien; quieres que lo eche como yo quiero a mi esposo. por esa ventana? . Yo, señora. Aquí de prudente me valgo, que tales hombres lo más purpúreo oscurecen, y él sospecha, que aquel lance a que anoche fue presente, me atemoriza, y así tien mi labio mi fama aliente. Aunque castigar pudiera tu osadía (honor me temple!) porque infame no presumas vedo en mi pecho sombra leve de ofensa contra mi esposo,: vive el Cielo, y mi honor siempre, que al que tal imaginare, que al vil, que tal presumiere, s yo misma, a manos tiranas de mi honor, le daré muerte: eestas lágrimas que miras, si acaso a tiste parecen que poco valor. . Alma, albricias. Tengo esfuerzo muy valiente para derribar Coronas, si acaso se me opusieren. No vi más bellas las iras, ni más dulces los desdenes: enójate más conmigo; tienes razón, fui imprudente; dime más, pues que perdonas, que tu rigor no me ofende, castiga mi atrevimiento. Enojada no la temes; estás loco? . Ya más cuerdo este rigor me etiene. Como ha de temerla, sí su hermosura ahora más crece enojada? pues si miras, en una mejilla tiene el Sol, y en otra la Luna. Pues es Almanaque, Fénix. Señora, di por tu vida, qué tanto a Don César quieres? No quiere tanto la risa del Alba, prados, y fuentes, no la vid al olmo altivo, no la yedra al muro fuerte, Ay idolatrada Fénix: también Don Cesar te adora, pues me aseguró mil veces, que en víctima toda el alma consagró a tu sol luciente, y en las aras de tu imagen vive, cuando a ti se ofrece: grosero he jugado el lance; juzgue, si le sucediese este caso a otro cualquiera, no siendo lo que parece, si ciego de amor, y celos, especular no quisiese, fingiendo lo que no sabe, Cla causa que así le tiene. Ay Fénix del alma mía! Mi señor acía aquí viene con el Conde Don Enrique. Ah traidor! y qué mal puede disimularse un tormentó. Qué así su lealtad arriesgue, con el Conde el Almirante, y que aquella carta encierre el vil trato de los dos? o quién oírlos pudiese! Vamos, Laura. . Ya te sigo: o ejemplo de las mujeres! De estos ruidos que hay en casa! . Bien me ofrece tú cobras los intereses. Él lo será, el lame platos. Qué he de ser yo? Alcahuete. Esto de tener oficio de ayuntamiento, no puede dejar de valer. . Martín, mira no nos oiga ese jazmín de Guínea. . No, que suele irse muchas veces en postillones de idéas, adonde a él le parece, Dno nos oíra, que ahora divertido está a las veinte: en fin, Laura, eres tercera? Qué es tercera? No lo entiendes; ministra del Dios Cupido. Qué es ministra? Hacer poderes en negociación de amor. Qué es negociación? Valerse de componer albedríos. Qué es componer? No lo adviertes; ser alfileres del gusto. Dime, qué son alfileres? Corchetes del Dios de amor. Perdona; qué son corchetes? ̱. Bien sus traiciones recelo: Hurdidores del cariño. Y qué hurden? Lo que tejen. No lo entiendo. . Pues sino, aquestos son alcahuetes; y si preguntares más, los Diablos, Laura, te lleven. Y a ti, Martín, Barrabás, por que el Infierno no enredes. . Ii a escuchar sus intenciones, Que un Rey tan justo, y tan sabio a una pasión se sujete? Conde, mientras a mi cuarto mi entro por unos papeles, de aguárdame en esa sala, no y perdona. la fortuna mi deseo: aguarda, escucha, detente. Qué me mandas? Al intento: amor, el fiarme de este he intentado, para que este ingrato dueño Fénix, o por amor, o violencia, a conceder mi amor llegue, teniéndole de mi parte, para lo que se ofreciere, obligado del soborno. Dime, señor, qué pretendes? Te atreverás? . Nada dude aunque aquí esclavo me adviertes. Qué intentará el Conde, Cielos! Pues mira, seve que; viene alguien Ninguno te escucha. . Yo. No he podido más brev salir: . Qué así el Almirante aqueste lance impidiese? Qué llégase a esta ocasión? Mahomet, allá fuera vete. Estos, aquí su traición, sin duda, que a tratar vienen: Ya obedezco. . Oye, en esa puerta te está, y si quisiere alguno entrar, antes de avisarnos, no le dejes. Yo sabré lo que pretenden. s Pues aqueste Negro, anoche, fue ocasión de que perdiese el lance; por él espero lograrle, más fácilmente. Pues este cancel la puerta oculta, aquí he de ponerme abio, a saber lo que resuelven. m. El trato que está firmado del de Nápoles, me tiene irto muy cuidadoso, y no sé donde está; mas pues ya tienes noticia de él, hasta luego, que le busque, no nos puede importar, pues ha de estar entre los otros papeles: y pues que ya estamos solos, que aunque de Fénix es este el cuarto, estará retirada. No lo está, que a saber viene, si alguna traición se trata con mi padre, en que ofenderse pueda mi honor; pues no dudo que algún engaño somente para vengarse de mí el Conde. Tu pecho puedes es? ude descubrirme sin tardanza. Amigo Almirante, atiende. ̱. Retirarme más afuera tesSabe, pues, que los parciales o5 quiero todo mi cuidado tiene prevenidos y esta noche Yo. al de Nápoles pretenden aclamar. pre Conde, al intento: corónese de laureles, y muera su hermano, que intenta agraviarme. El cree, que el Rey es quien galantea las luces puras de Fénix, es y soy yo; dichoso engaño fue el del fuego. Acabe este padrón de mi deshonor. es Qué escucho! necio imprudente, qué honor libras, si le manchas he,con una traición aleve? Cielos, como así mi padre ofender al Rey pretende? El General de Batalla el Puerto tomado tiene. Poco importa si sus Cabos y mis órdenes obedecen. Y la Caballeria, que manda Alejandro Sereni, a la obediencia del Rey de Nápoles ya se ofrece. C. Apenas verán su antiguo General, cuando se enfrenen. Todos el motín esperan Lun tiempo nobleza, y plebe. Lo primero, Conde Enrique Crpnra Rey conviene. Quién lo emprenderá? No sé, pero dime, te parece, que a Mahomer me declare, ese Etiope valiente, ofreciéndole, que libre se verá, si lo emprendiere? Valor tiene Mahomet; pero no sé Ya ardiente mi furor Tbrará, al Rey, aunque sebzcoy me ofende, pues más puede que mis celos mi lealtad. . Pues de qué temes? en esta ocasión conviene pues su intento he conocido, y por si acaso pretenden declararme sus intentos. En muy grande error se mete mi padre. . A llamarle voy: hola, Mahomet. . Qué pretende, llamando al Negro . . Señor, qué me ordenas? que obediente vengo a saber lo que me mandas. La puerta Hoy tiene mi lealtad de castigar atrevimientos aleves. Mahomet, teniendo por cierto que, aunque Negro, noble eres, y como tal, libertad desearás, si tu emprendieres nuestros designios, dinero, y libertad te promete nuestra grandeza. . Qué mandas? que si libertad me ofreces, a todo riesgo me expongo. Pues mira, si tú te atreves. Lnatar al Rey Guillermo. Mucho en dudarlo me ofendes. n Tendrás valor? . Eso dudas? Tendrás ánimo? . Eso temes? con esto estorbo, que de otro para el lance se valiesen. El modo de introducirte en su cuarto ya previene mi discurso. Cómo? . El Rey me envió a llamar, cuando entre, por detrás de los tapices podrás seguro esconderte. Oh cuando yo entre a escribir una carta, que me tiene ordenada para el Cesar puedes entrar. . Mas no espere la duda. . Pues a la empresa. Lo que mi valor hoy puede ofreceros, es, que muera el que a mi Rey ofendiere. Eres valiente, Mahoment. La razón hace valientes: dadme un puñal. . Este mío, instrumento de su muerte sea (y de mí!) . Qué ha sido? Herirme . Es, que previene derramando sangre. . Qué? Felicidad en mi suerte. Ea, Mahomet, a la empresa, para que tu fama aumente. Este triunfo más añade a tus invictos laureles. Pues yo os aliento; id seguros, hasta que mi rigor llegue; ea lealtad, a librar a mi Rey, aunque me ofende. Mahomet. Ay dueño amado! qué mandas? En mi cuarto (suerte infiel!) mi sentido los ha escuchado la prevenida traición, que quieres ejecutan, y tú al Rey no has de matar. Yo lo pido. . Hay corazón! Y antesote advierte el cuidado, que ejecutes tal rigor, que el Conde es solo traidor, y mi padre está engañado. El Rey no tiene delito mi ho en la culpa que previene mi padro m Pues quién la tiene? pues dilo ya, que más me irrito. culpa A ti, qué te toca ese y es aviso? Y por qué saber casti tu puedes, o pretender lamig que el Rey fuese, o que no fuesy Algó, pues, si me tocara; mas qué es esto? dónde voy? hoy que olvido, que Mahomer soy tan ahora,y no César. . Pensará lamue mal, y el que intensa mi agravios todo sepa, que en mi pecho cupo; de y si el corazón lo supo, no lo ha de saber el labio. A Rey pronta avisaré del riesgo en que está metido, haciendo, favorecido a quien traidor es, y fue; pues será razón que cuadre, El librar así a su enemigo, cuando en librarle consigo no se despeñe mi padre; pues apercibido el Rey, no lograrán el intento, que yo ofensas no consiento; sque es de honor primera ley; y así, Mahomet, reparar debes, no siendo homicida, que yo he de perder la vida, o al Rey la tengo de dar Que he de perder yo la vida, o he de dar la vida al Rey. Corazón, qué más indicio de mi agravio quieres ver? qué más evidencia, honor? o ley de m celos cruel! que el que tiene en ti razón, el más ofendido es. Puede ser esto lealtad? sí, bien lealtad, puede ser; mas sea agravio, o lealtad, a mí me toca atender a castigar los traidores; y si ella lo es también muera Fénix, que así vive mi honor, mi lealtad, y Rey, adresy muera también su padre, pues en su delito hallé culpa, que el castigo obstenta; y en honrosa empresa es ley castigar por ser traidores, amigo, padre, y mujer. desY pues ya la traición llama a mi lealtad, por que fiel oy pretende desmentir tan aleve, y falsa fe; sará la mueran, mueran los traidores aviotodos hoy, a la altivez de mi valor; sus delitos castigados han de ver. Esta carta que confirma su traición, la llevaré conmigo, porque el Rey vea mi lealtad, y viva el Rey, (y que muriendo también Fénix, ya no tengo que temer. , . siendo a los ojos reparo y Almirante. . Qué temor! A Cesar, mi grande amigo, escribisteis? . Mal mitigo mis recelos, si señor. Muestra, firmaré. ̱. Qué fiero es el delito! turbado estoy al mirarle airado. Desiendo lo que más quiero. sabrá que prevenida está la traición? . Mi hermano, da, M el de Nápoles, tirano se muestra contra mi vida; sí, pues lo hace evidencia un papel, que se me dio, Sin saber quien, ni quien no, ayer, estando en Audiencia: ninguna razón abona su atrevida sinrazón, pues por mayor y varón, herede aquesta Corona: causa será a sus intentos, y en su vil parcialidad, lo una informe deslealtad de vasallos mal contentos. El temor, temo al hablar, mi que mi traición no publique. Avisad al Conde Enrique, que venga. . Voile a avisar: su vista me causa horror; mas mi temor es en vano: muera, pues es Rey tirano, ̱ y satisfaga mi honor pues el Conde ya habrá entrado al Negro en este aposento, y en consiguiendo el intento, nada quedará arriesgado. . O ambición del mandar! o anhelo del interés, si supieras bien, queles la fatiga del reinar! en la Corona brillante, son, si lo averiguo aquí, sangre el más puro rubí, llanto el más fino diamante: al principio, sabiamente fue una venda el laurel claro, el coronarse la frente; dque el reinar, es padecer dos anhelos la cabeza; que son, guardar la grandeza, adquirir, y no perder: por eso aquella Matrona, que Rodulfo Emperador l negó Audiencia, con rigor l murmuró de su persona, diciendo en triste gemir, viendo tardarse la ley, deja de Reinar, o Rey, si al vasallo no has de oír: de forma, que en los Estados han de hacer los Reyes buenos, de los descuidos ajenos slo Luroprios todos los cuidados. El Conde tarda, y el sueño treguas previene a mi mal; que aunque Rey, nací mortal; y aunque reparo el empeño nada en mi peligro advierto; y así, duerma mi sentido, que el Rey, aunque esté dormido; se teme como despierto. D Con secreto los traidores, shasta el cuarto (C acción loca!) del Rey me han entrado; allí temor causa su persona; dormido le advierto, es cierto: logre la acción más heroica mi brazo: esta carta quee es la que su traición informa, al Rey la he de poner donde sepa; mas qué veo! otra se le cayó de la mano: aunque en acción temerosa late el corazón suspenso no sé qué razón ahora me obliga a tomarla: Cielos, qué es lo que mi vista logra? Don César, mi General de Tierra, y Mar (grande honra!) luego, que aquesta veáis, a mi Real servicio importa, que os partáis para Sicilia. El Rey Guillermo: Ea, locas Cu imaginaciones mías, Ho y Isino sospechas traidoras, no es posible, no es posible que Rey, que el Mundo pregona ( Hpor justo, intente agraviarme: pague una fineza a otra: el trato de los traidores, y el de Nápoles, ahora poner pretendo a sus pies, pagando leal sus honras: estas carta es para mí, y pues a los dos importa esta, que a él conviene, dejo, con que no es razón impropia dejar leales traiciones, tomar traición honrosa; que si el Rey merced me hace, quizá a mi honor injuriosa, será esta grandeza, cuando pueda alentarlas; mas sombras, no eclipséis de un noble pecho la luz de su fama heroica. Aquí retirarme intento, mi a antes que despierte, y me oiga ;d. y si los traidores vienen, señor pues que los aguardo ahora, d. juzgando que al Rey he muerto, anten yo he de conseguir dos cosas: ̱̱. E una, que el Rey su traición acción sepa de ese papel; otra, que vea el Rey mi lealtad, y ellos mi valor conozcan; sirviendo aqueste instrumento, mi que alentó una acción traidora de pluma, con que hoy escriba con su sangre mi victoria. Dando treguas al combate en que lucha la memoria, llena de imaginaciones, frágil, el sueño aprisiona los sentidos, por común tributo, que el cuerpo cobra; Ique el estar tan desvelado este descuido ocasiona: mucho tarda el Almirante; aquí a nadie veo: hola Señor, qué mandas? el Negro nuestros designios malogra, cuando la gente ya aguarda el aviso. . Aquesto importa. ̱. No sé que el alma recela, que me inquieta temerosa. Los traidores han salido. Un sobresalto me ahoga: llamado de vuestra Alteza Despejad. ̱. Desde aquí oig lo que le quiere: el sentido no sé que al alma le informa, Ya que hemos quedado solos, decidme, porque me importa, quién es de Sicilia el Rey? Vuestra Alteza a quien pregona el Orbe por su valor; él sabe la traición toda. Alzad, Conde, aquesa carta; leedla, y sabréis quien logra mí mi amistad por su valor. ga . El verle airado me asombra: Señor? . Qué esperáis? leedla. Yo, sí, cuando, mi persona, to, sntentó. . Leedla, pues. El Almirante, traidora acción ha usado conmigo. Mis intentos bien se forman. aMuy turbado el Conde está. acabad. . A esos pies postre mi vida, si el Almirante leal usa. Qué os estorba? Este el delito descubre: Cónde qué es esto? . El ignora el veneno de la carta. Mi vida al, temor zozobra: ya leo, sí, la sentencia, que aquí mi muerte pregona. Yo el Rey de Nápoles, digo, yjuro, que mi persona ofrezco con diez mil hombres al Conde Enrique: no oigas mi traición, pues ya al decirla, el mismo delito me ahoga. Ah vil amigo! a traidor! Mi cólera más enojas; groodadme esa carta. . Señor. Qué veo! El alma está absorta: quién al Rey el trato dio? Bien mis intentos se logran. Sin duda, que a mí en Palacio elme cayó (qué deshonra!) Hasta el Negro falta aquí. Aún la evidencia lo ignora; igan quien sería, tan leal, que de esta traición me informa? noste bastaba, traidor, en Ser contra mi persona? Nada en mi defensa advierto. e. Sino, que con acción loca, derribar la Monarquía, tonal pretendes de tantas formas; a pretendiendo mi muerte, sabatiendo esta, Corona ya con un amigo, a quien, porque mi favor le honra, quiere tu vil intención infamar su fama heroica sen dos acciones aleves; una, infame; otra, traidora; aquella, contra un vasallo; Jesta, contra mi persona. Vive Dios. . Señor, señor, ya mi traición es notoria; el Rey Guillermo Segundo os llaman, y la piadosa Grandeza. Aunque Babo Docel os perdonara la loca altivez, y la soberbia, que con acción alevosa, a bárbaramente atrevido, habéis intentado la otra, de atreverse al honor puro, y entrar amparado en sombras, a profanar de tal templo con vuestras plantas las losas; y oculto Griego, intentáis, por fuerza, llama traidora. Vos prevenís en el Puerto, sobre las húmedas olas, varada Nave, que lleve robada la mejor joya, que a no ser Fénix muralla de diamante, a tales horas hubierais, con vil intento, logrado tan, gran derrota: no reparáis? que sois poco Júpiter a tanta Europa. Vos arrojado, y soberbio. (aquí el enojo me ahoga!) a las casas de un Soldado que llegó de vencer Tropas de enemigos, a quien yo, por logro de sus victorias, hice descansar, atando a sus manos vencedoras el dulce lazo de Venus en coyundas amorosas, atrevéis a poner fuego, y robándole a su esposa, me la dais a mí, juzgando, que yo era el traidor, que pronta tenía vuestra cautela a vuestra espalda engañosa: contra Cesar vos. Qué espera mi venganza? Qué esto oiga? ah traidor! Ah justo Rey! salí de mis dudas todas: gerdone el Rey su presencia, o castigue mi persona, que donde mi agravio encuentro, les la venganza forzosa . Vive Dios, más otro muerto: Jesús! Tened, señor, vuestra Espada valerosa y de matar a un traidor no me privéis de la gloria. Muerto soy! Qué has hecho, Negro? ̱. Aquellas cajas me estorban el responderos. Traición, traición. . e En tan injuriosa afrenta pues satisfecho estoy, con mi Espada rompa montes de acero, ganando que a mi fama desdora . Cc Euna Sa persona, por qué un Ejército grueso, ocque sin duda cautelosa la malicia prevenido tenía, del Mar sé arroja, ̱ ̱rs asaltando la Ciudad. Ah traidores! que aún se logran de suerte, que por él solo vuestros intentos: yo solo con mi Espada. Señor, ahora Fénix, tu riesgo me dijo: mas qué veo! ya se postra ̱ El la vida de este traidor MYopagando tan alevosas traiciones. n mi en este caso vale Qué es lo que miro! ya cesaron mis zozobras. El Rey con su muerte, hoy dos satisfacciones toma. Pobre Conde. . Mas, señor, s. Viva; mas cierro la boca. solo tu persona importa librar en tan claro riesgo. Nada a mi valor asombra: voy a castigar soberbios, y a frustrar traiciones lozas. ̱. Arma guerra. D. . Viva el Rey Guilleg nPolonia Mlmevalga, y Santa Susana: habrá aquí dónde me esconda? Donde hay tantos, que te asomb Dos mil cuadrillas de diablo quedan en casa, señora. Qué traes Martín? qué te pas Basan más de dos mil cosas: estando yo en casa, el Negro corriendo, mas que cien postas, entró al cuartó y yo al salir a verle, le vi la forma de mi amo propriamente, que tomó con ceremonia de encantamiento sin duda. Yo le vi, y con temerosa acción le seguí, y al punto se vino a mí con rabiosa indignación con la Espada en la mano; yo, que cosa tan diabólica conozco salgo a la calle; y él, contra los enemigos, valiente, echando fuego se arroja: tendrán los Negros victoria, que son estos Negros diablos: aunque por este se nota que en casa dejó lo negro; mas es, por que lo conozcan su valor. . Qué será esto? Estoy confusa. . Yo abror lal muerte del Conde, esconda mi maldad: Martín qué dices? Que no entiendo esta tramoy Viva Guillermo y Sicilia. Napolitanos, al Mar, que nos cortan, que nos cortan dey da retirad ese cadáver Yo, señora soy quien más debo alegrarme de su castigo. Es notoria tu lealtad Mas no es ella la única que la memoria del Conde me hace mirar con horror según de notas tienes otras causas tú para aborrecerlo. otras y de tal naturaleza que con ser en quien blasona de noble, el mayor delito conspirar contra la propia persona del Rey, aquí i otro sentimiento estorba que por traidor le aborrezca explícate no dudosa me tengas con ese enigma. del conde la pasión loca fue quien se atrevió al sagrado de mi fama Juan dichosa capo fui en que muriese el condo sin decir que a mí me toca Mucha parte. con que el fuego que la noche de tus bodas se vio en tu casa. presumo que de su industria fue obra para conseguir robarme Luego el Rey A aquella hora llegaba allí, cuando el conde amparado de las sombras de la noche, entre la gente que allí el incendio amontona entrar pudo y me sacaba entre la mortal congoja de un desmayo. leg. segun eso el entrego tu persona al Rey Ah cuanto te debo pues con tus palabras borras unos celos que mi alma martirizaban? e señora pensasteis que el rey pudiese Es hombre y tú muy hermosa. Pero ¿qué rumor es este? El pueblo en confusas tropas corre a palacio gritando Traición, traición dentro el Almirantes da persona del monarca resguardemos. Mi padre es según se nota quien acaudilla la plebe Ay mi Dios! Qué temerosa te tiene La confusión de este tumulto y las sombras de la noche nos ocultan al rey y la plebe ansiosa por mostrar su lealtad quiere guardar su persona. Dónde está su Majestad? A la frente de sus tropas se puso al primer rumor que se escucho. De esa forma voy a decírselo al pueblo, y a castigar la acción loca de los traidores. se señor no olvidéis que quien blasona de ilustre sangre. NNo sigas. del rey será la victoria o moriré en el empeño borrando mi sangre propia la mancha de una traición imaginada. lee dudosa me tienen estos eniomas. Fenir tú estás recelosa de tu padre Tú le avisas su de ber. en las congojas que he padecido estos días no es señora. más corta nunmomento sema ver que mi padre engañado por el conde, parte toma en las necias pretensiones del de Nápoles ahora conoceréis mi dolor y veréis que unas a otras se suceden mis desdichas. degn que las acciones heroicas del almirante desluzca una traición. seatBuena broma se ha movido. que sucede Suceden más de mil cosas pero todas tan extrañas que aun es la menor de todas ese furioso tumulto que la ciudad alborota. estando yo en casa el negro unmomento seda D desa ola. retirad ese cadáver puesson hi virta provoces mi indigración, recordando sis traiciones. Yo, señora soy quien mis debo alegrarme de su castigo. Es notoria tú le altar Mas no es ella. la única que la memoria del Conde me hace mirar con horrir. Según de notas. tienes otras causas tú para aborrecerle. sena otra y de tal naturaleza que con ser en quien blasoned de noble el mayor delito conspircir contra la bropia enun momento peda otro sentimiento estorba que por traidor de aborrez Explícate. no dudisa de me tengas con ese enignra y del conde li pasión loca fue quien ce utrevió al sagrado de mi fama. Man dichosi mi en que munese el Conde sin decir que aimi me toca mucha parte. Con que el fuego que la noche de tus bodas le vio en tu casa presumo d. que de l industria fue obra para conseguir robarme Luego el Rey. A aquella hora llegaba allí, cuando el Conde anr parado de las sombras de la noche nfisión entre la gente que allí el incendio a montora entrar pudo y me sacaba entre la de un demrayo de sgun do el entre yo te pestona al Rey Ali cuanto le debo pues con tus palabras borras unos cebs que mi alma martiriabar Tenio Señora pensarteis que el rey pudiere. Es hombre y tú muy hermosa. Pero y rumor es este El pueblo en confusas trijos corre a pulticio grituno ento Traicón traición Dentro Al mirarte ali perlorra del monarcos resguardemos Hi padre es según se notro quien acandilla la plebe AAy mi Dio. Qué temerosa te tiene S Almirante= La confusión de este tumitto y las hombras de la noche nos ocultan al Rey y la s sera ar quiere guardar su perlona dinde está su Majerta A la frente de sus tropas le puso al primer rumor que se escucho te de esciforma. voy a decircel al pueblo ya castigus la liccón locos de los traidires. señor. no olvidéis e quien blasoneo de ilustre sangre no sigo del Reylesa la dictoria omoriré en el empeño berrando mi sangre propio la mancha de una treición Imagurada dudosa me tienen estos entimás eTú estás receloso de tu padre? Te le coisas se debes que he padecido estos días no es señora, la más corta ver que mi padre engañado por el conde, parte toma en las necias pretensiones del de Nápoles. Ahora conoceréis mi dolor y veréis que unas a otras se suceden mis desdichas. fe las acciones heroicas del almirante desluzca una traición arti Buena broma se ha movido? Que sucede Suceden más de mil cosas pero todas tan extrañas que aun es la menor de toda ese furioso tumulto que la ciudad alborota estando yo en casa el negro corriendo más que cien postas entró al al salir de mi amo propiante que tomó con ceremonia de encantanto sin duda. Yo le vi y con temerosa acción le seguí y al punto se vino a mí con rabiosa indignación con la espada en la mano, yo que cosa conpreo tan diabólica salgo a la calle y él contra los enemigos, valiente echando fuega se arroja de suerte que por él solo tendrán los negros victoria que son estos negros diablos. aunque por este se nota que en casa dejo lo negro Mas es poque lo conozcan su valor. selto Qué será esto. Estoy confusa. Yo abrorta Viva Guillermo y sicilia Viva más cierro la boca. Uno Napolitar que nos cortan que nos cortan DenNNiva nuestro Rey Guillermo; . César. victoria por él, victoria. Qué gusto con estas voces recibe el alma, y qué gloria! ̱. El rumor acía Palacio viene; gran dicha se logra. JVivan Guillermo, y Sicilia. Acá, camina la tropa. Ya rendidos los traidores, por abrigo el Puerto toman. Señor, hoy puedo llamarme, mas que otras veces, dichosa, pues te veo. Ya frustrada aquesta acción traidora. Qué no rinde, tu valor, cuando tan claro se nota? Capitán, lo que os ordeno, es, busquéis, por lo que importa, sabe, que el Negro que dio al Almirante, que altivo entre las contrarias Tropas mostró su valor, a fin de Saber, quien con tan loca osadía; aquí en mi cuarto entró el Negro, y que conozca un Soldado, que valiente, desmintiendo oscuras sombras; los rayos que fulminaba; alumbraban su victoria; y pues cobarde el contrario huyó al Mar, las Galeotas que estuvieron prevenidas, vayan siguiendo su rota tras ellos; y los Soldados de mi Guarda, se recojan a Palacio. . Ya obedezco. Mas quién esto inquieta ahora? De. Sin que te valga el sagrado! mi lealtad, por esta carta, de Palacio, a mi furiosa ira rendiras la vida, vengando en ti culpa impropia: amuere traidor. Mas qué veo! Detente, que el caso ignoras. Esposo. . Al mirante. y de cólera indignado, Cómo, gran señor, me estorbas, que dé muerte, aún a mi padre, pues ofende tu Corona? Para librarse de suegro, muy gentil achaque toma. Yo, señor? . Basta, Almirante: César, tú aquí? . Luego que oigas la causa, podrás hacer que mos que mi cabeza se ponga a tus pies. Este es el diablo. Cesar, esposo, (qué gloria!) Sosegaos todos, y dime, que el darle muerte ocasiona a tu padre, cuando es quién defendió mi persona? y di, cómo aquí has venido? La digresión es, forzosa: delante de tu persona muerte al Conde, soy yo; y yo, quien con pasiones celosas, juzgando que me ofendías en sospechas tan notorias. como sabes, de Cerdeña me vine a celar mi honra, teñido negró; y al tiempó que tú en mi casa a deshora entraste una noche, vi, que el Almirante me informa su traición, en aquel trato, que hallaste a tus pies; y otra, que el Almirante, y el Conde intentaron (acción loca!) darte muerte, por lo cual de mí se valen, y logran el entrarme hasta tu cuarto; donde, porque se conozca que para evidencia sobra que me escribias, troqué el trato, que no la notoria infamia en él declaraban. En esto, el Conde le toma; tu té irritas; yo conozco que mi terso honor baldona, Sin sin atender tu persona, le di muerte, como viste, logrando de aquesta forma, tu venganza, y mi venganza: fui a quitar de mí la sombra, que empañó el rostro, y salí a ganarte esta victoria, y a dar muerte al Almirante, a tiempo, que tú lo estorbas: Y. Señor los mismos recelos de Cesar tuve; y hoy postra mi lealtad a vuestros pies la cabeza, que ocasiona a un error, una sospecha. Y si en esto en mí se nota ofensa, rendido estoy. Almirante, hoy te perdona mi piedad por César. Dichas hoy, con tu piedad, son todas. Los brazos doy por castigo a una acción tan valerosa. Esposo, dame los brazos. Ay Fénix, y el alma toda debo dar a tu constancia. Cesó toda mi zozobra. Laura, dame tú la mano, siquiera, por que haya boda. Tuya soy. En ser tú mía te acreditas de muy tonta: YY aquí, Senado discreto, da fin la no vista Historia, del Negro del Cuerpo Blanco, Cy el Esclavo de su Honra. Halla rase esta Comedia, y otras diferentes en Salamanca, en la