Texto digital

Texto digital de La negra por el honor

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La negra por el honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/negra-por-el-honor-la.

Logo BICUVE

LA NEGRA POR EL HONOR

JORNADA PRIMERA

Señor Don Lope Fajardo, O vuesamerced se reporte, que para ser más cortés, obligaciones le corren. Que le incita, qué le mueve, que le obliga a que malogre, siendo descortés conmigo, lo que le dio estirpe noble? Si la nobleza heredada de ilustres antecesores le incita, obliga, y mueve, por estar en cuerpo joven, a estragar la urbanidad, advierta, que no es conforme a las leyes de hidalguía; antes bien en el más noble, como la virtud ilustra, como en remotas regiones se extiende el nombre, y la fama, con que gana más renombre, de la misma suerte pierde (y aún con alas más veloces) lo que le dio la nobleza, cuando con acciones torpes procura ser homicida del honor; porque el mal nombre, la mala fama, el mal hecho, los insultos y traiciones, lo veloz hurtando al rayo, de tal suerte se dispone, que haciendo cerca el destrozo, el trueno más cerca se oye; y deslustrado una vez el honor, aunque pregone la fama, que fue mentira, las malas inclinaciones dan más crédito a lo malo, que a lo bueno; y no hay quien borre lo malo, que se imprimió en villanos corazones: Y así, pues de su linaje heredó, señor Don Lope, lo que Valencia no ignora, y lo que el mundo conoce; desista de empresas tales, su intención atrás se torne, muera su intento en agraz, su orgullo se desentone, que de esta suerte dará más brillantes explendores al tronco de los Fajardos; mas si por serlo, se opone al lustre de la nobleza, pretendiendo se desdore de los Centellas el oro, sepa, que mi pecho esconde centella, que vuelta en rayo, a los Fajardos destroce; y sacada de su esfera tantos vapores convoque, que con diluvios de sangre a toda Valencia ahogue. Ea, a la calle se salga, ea, a su casa se torne, que si lo entiende mi padre, aunque el ser viejo le estorbe, la afrenta le dará bríos, y esgrimirá, como joven, contra el Caín de su honra el ya retirado estoque. cuando a mi padre falte el aliento, yo en su nombre, como Centella impelida de su centro, que en el monte no respeta laurel sacro, olmo altivo, o tosco roble, no sabré tener respeto, llevando el honor por norte, a cuantos Fajardos hay, no en Valencia, en todo el Orbe. Y así, cortés le suplico, antes que más se amontonen rigores de mi nobleza, que aqueste Reino alboroten, que me deje, y que se vaya; pues conoce, que es de bronce mi pecho a tiros lascivos: sin que yo más le informe, pudiera haber conocido en dos años ha, que torpe pretende con galanteos, lo que no es justo que goce. Yo, pues yo nunca admití ni sus ternezas, ni amores, ni sus quejas, ni suspiros, ni sé, qué ocasión se tome tales descortesías Yo soy Centella, y soy noble, y el honor, que me ha entregado mi padre, aunque se trastorne el mundo, le he de guardar puro, y limpio. No se asombre de verme con tanto brío, de escucharme estás razones, de mirarme tan valiente, que el honor en pechos nobles da esfuerzos, da valentías, da bríos, y da valores, para que animosa, y fuerte, destrozando sinrazones, tome la mujer más frágil venganza de un pecho doble. Quisiera, Leonor hermosa, Sol de aquestos orizontes, Sirena de aquestas selvas, y gloria de aquestos bosques; quisiera en esta ocasión tener libres mis acciones, ser dueño de mi albedrío; mas no soy mío, y dispone, mi dueño, pues que en dos años a mis finezas, y amores has sido en tus enterezas áspid sordo y roca inmóbil, que use de poder y fuerza, para que por fuerza goce el nácar de tus mejillas, los rayos de tus dos soles, el ámbar de tus alientos, y el todo, que te compone: que del duelo de aquel Dios, a quien se rinden los Dioses, con ser rapaz, y vendado, ordena, manda, y dispone, que quien se niega a finezas, no se libre de rigores. Dos años ha, que te adoro, dos años, que eres de bronce, y dos años ha, que roca te resistes a los golpes de mi amor; es tanto el fuego, que ya en mi pecho se esconde, que encubrirle es imposible, aunque quieran mis pasiones. Viste cristalina fuente, que entre los troncos de un ro brota humilde cristal puro, y poco a poco entre flores, que lisonjea apacible, hace que el cristal se enrosque, hecho serpiente de plata una vez, y otras azogue; y después ya represado, porque hay paredes, que estorben su corriente, sirve al Sol de concavo espejo, a donde sus mejillas arrebola, y sus guedejas compone, hasta que llega creciente, que grillos, y estorbos rompe, y con la fuerza del agua no hay flores, que no deshoje, no hay tronco, que no atropelle, no hay mirto, que no desflore, no hay olmo, que no deshaga, no hay laurel, que no destronque, no hay búcaro reservado, por dónde quiera que corre? Pues así mi amor ha sido, le de mirar los candores de tu belleza, nació, por lo pequeño, tan pobre, y tan humilde, que apenas se determinan entonces de publicar por cobarde los pensamientos menores. Diose, al fin, al galanteo, a la fineza entregose, y como sierpe de plata se enroscó en dulces renglones; pero hallando resistencia en tu pecho, represose de tal suerte en mis entrañas, que cercado de temores, cobarde ha estado dos años, hasta que ha hecho, que brote tanto diluvio de fuego, que sin mirar a lo noble, atropelle valentías, y resistencias apoque. Mira tú, Leonor hermosa, si puedo, aunque más te enojes, por dar a tu honor la vida, dar a mi amor muerte enorme. Esto imposible ha de ser, y así, Leonor, o disponte a admitir finezas mías, para que no se malogre el gusto de amor tan fino; o perdona estos rigores, pues me obligan tus desaires a que por fuerza te goce. Aespacio, señor, a espacio; eso de gozar se borre, que primero de los Polos. le destroncarán los gonces, que llegue a colmo su intento; que para que no se logre, sr en el duelo del Amor aquesa ley se dispone, el honor dispone, y manda, que se aprovechen de voces, cuando las fuerzas faltaren: que no es justo que los hombres, llevados de su apetito, cándida azucena roben, rosa nacarada ultragen, y puro jazmín deshojen. Pero demos caso ahora, que aquí forzada me goce, qué se ha de quedar después? Amor? no, que el amor torpe, en gozando lo que quiere, se deshace, y descompone: Gusto? menos; porque el gusto es natural en el hombre en tristeza convertirse. No dilates con razones sofísticas, el gozarte, que antes crecen los amores, las caricias, y ternezas; pues siendo dos corazones, uno se hace solamente. Esa unión en lazos torpes, no es unión indisoluble; pues se ve que el más Adonis con un asomo de celos las finezas interrompe: y cuando parece crecen, es causa que se desdore el honor de la que tiene por amiga, y el que pone las cosat en lenga aunque suspire, aunque llore, aunque se lamente y diga, que le ahogan sus pasiones, y que es amor todo aquesto, que relata, y que propone; no es amor, sino cortina de su torpeza. . Aunque informes, en defensa de tu honor, con argumentos mayores, no viene a ser de importancia; y así, es bien, Leonor, que tomes resolución de humanarte, pues yo la tengo esta noche de gozarte, aunque no quieras. Primero verás los montes más erizados, jardines de murta, arrayán, y flores, que logres tu pensamiento. Ea, Leonor, no des voces: dame siquiera una mano. La que se precia de noble, solo la da a su marido; y el que pretende consorte, nunca fuerza, porque es fuerza, que se hagan informaciones, para que sentencie el Juez, que se case, o que la dote; y el honor, que anda en papeles, aunque testigos le abonen, no cobra lo que ha perdido: y cuando, al fin, se despose con ella, como es por fuerza, nunca están los dos conformes. Y a mi honor le está mejor, porque el mundo me corone, morir antes, que rendirme a tan locas pretensiones. Pues vive Dios, que esta daga ha de mancillar su corte . en el carmín de tu sangre. Qué es esto, señor Don Lope? en mi casa a tal hora con el acero en la mano? bien se dora el honor de esta casa, (el corazón de rabia se me abrasa!) . qué venida es aquesta? hablad, Don Lope; pero la respuesta (todo es entre turbado, entre confuso, y ciego la estaréis coloriendo en vuestro pensamiento, a lo que entiendo: ella será fingida, por darle al honor mío alguna vida. Aa, Leonor, quién dijera, que mi honor por tu causa así estuviera! ya querrás disculparte, cuando de esta manera vengo a hallarte, con que no tienes culpa, y en ocasiones tales no hay disculpa. Padre, y señor::- . Ah infame! no ha de asombrarte de que así te llame; que una mujer honrada, siempre la puerta ha de tener cerrada, y nunca así estuvieras, si con gusto a quien llama no le abrieras. Digo, señor::- . No digas, que a más enojos con hablar me obligas: vete de mi presencia. Ya me voy, pues me das esa licencia. Don Lope, claro hablemos; de andar con circunloquios excusemos, que cuando hay mucha pena, no tengo la retórica por buena. Digo, pues, brevemente (aunque esta ocasión ha sido urgente, para formar sospechas, que al lustre de tu honor se tiran flechas.) Qué cosa tan pesada! Que tu hija Leonor no está culpada en abrirme la puerta; ella, señor Don Jayme, estaba abierta; y viniendo a buscarte::- Don Lope, para qué? . Para rogarte, que a tu sobrina hablases, y con ella, aunque indigno, me casases: subí por la escalera; Doña Leonor salió a saber quien era, y por ti preguntando, azucenas, y rosas deshojando, me dijo, que su prima Doña Clara no intentaba casarse: y mi amor comenzando a exasperarse furioso, y fin sentido, la voz turbada, y el color perdido, la causa preguntando, ella también me dijo titubeando, que Monja ser quería: y viendo que mi amor no conseguía, siendo Monja, su intento, sin juicio, y sin razón el pensamiento, entre turbado, y loco, para matarme le faltó muy poco. Basta, Don Lope, basta, para saber que mi Leonor es casta: hora es de recogernos, tiempo nos queda en que podamos vernos: yo veré a mi sobrina, y si acaso a ser Monja no se inclina, apoyando tu intento, trataré de los dos el casamiento. Qué importa que lo trate, si todo cuanto he dicho es disparate. Cuando habemos de volver a Barcelona? . No sé. Pues yo menos lo sabré; pero si acabaste ayer tus negocios, y te han dado todo lo que has pretendido, no ves que es tiempo perdido estarte aquí? . He comenzado otros negocios mayores. Mayores? y de qué son? De una secreta afición. Ahora tratas de amores? ahora das en ser tierno, cuando tratas de partirte? si pudiera persuadirte, que salieras de ese infierno, y a caballo te pusieras, sé que te estaba mejor, porque el Valenciano amor todo es trazas, y quimeras. Y cuando pienses que estás más servido y más pagado, en habiéndote pelado, pelado te quedarás. Pero no sabremos, quién aquesa Sirena ha sido, que te ha encantado el sentido? Por la ley de hombre de bien, que aunque decírtelo quiera, no sabré decir quién es. No te quejarás después, si digo, que son quimera los Valencianos amores; pues la primera ocasión, que has tomado, es confusión, y no es de las menores. Porque amar, y no saber a qué sujeto se ama, aunque sea bizarra Dama, fantástica viene a ser. Qué fundamento has tenido, para estar enamorado de mujer que no has hablado? Que estés atento te pido. Saliendo ayer del Aseo, salió tras mi una mujer, que su talle, y parecer deseo daba al deseo: y juzgué por lo exterior, mirándolo tan airoso, que será más primoroso lo secreto, y lo interior. Detuve el paso a mirarla, y ella también le detuvo, y como vi que no anduvo, fue forzoso el galantearla. La cabeza descubrí airosa correspondió, y allí el amor comenzó a hacer suertes en mí. Quise más cerca llegar, para decirla mi empleo; pero su airoso meneo no me concedió lugar. Fuese, y el pecho alterado con los incendios de Amor, sintiendo un nuevo calor, me dejó medio picado. Y deseando saber quien era, la fui siguiendo, aumentándose, y creciendo el fuego, que empezó a arder. Al revolver de una esquina, con destreza, y con donaire, por favorecerme el aire, fue sumiller de cortina. Y siendo yo girasol, vi con ansias, y desvelo, mucho sol en poco cielo, mucho cielo en poco sol. En adorno natural bordó su rostro hermoso con un carmín vergonzoso, por verse sin el cendal. En el cielo, que mostró, unos ojos vi serenos, que el matarme fue lo menos, y lo más fue el verlos yo. Enojada contra el aire esta belleza divina, volvió a correr la cortina con rigor y con donaire. Y como yo cubrir vi con cortina negra el cielo, con más ansia, y más desvelo quedé más fuera de mí: Porque entre dolor tan fuerte, faltándome su belleza, colegí, que tal tristeza es anuncio de mi muerte. Su viaje prosiguió, yo sus pisadas seguí, no sé en qué me divertí, y mi Dama se ocultó. El corazón hecho brasa me dejó en mayor empeño, pues no conocí a mi dueño, ni puedo decir su casa. Y estando tan empeñado, mira tú, si de Amor sabes, si son negocios más graves los que ahora he comenzado. Buen remedio. . Qué remedio (ay Mirón!) me puedes dar? El mejor que se ha de hallar, es que pongáis tierra en medio; que amar sin saber a quien, viene a ser grande locura. Este remedio, no es cura, que usar de ella me esté bien: porque si yo me ausentase, por carecer de esta gloria, como haré que la memoria de esta gloria se olvidase? Si yo pudiera borrar del papel del corazón aquesta impresa afición, bien se pudiera tomar el remedio que me has dado: mas viene a ser contra mí, pues viene a crecer así mas la pena, y el cuidado. Tú adoras en conclusión, sujeto que no conoces, y aunque le des muchas voces, voces en el aire son. Esa mujer en tu idea, se te representa hermosa, discreta, apacible, airosa: yo doy que más que esto sea. Sino la puedes hablar, ni sabes a donde vive, has de estar hecho un Caribe, sin saberte reportar? Todo ha de ser papar viento? considéralo, señor, y mira, que aqueste amor es solo de pensamiento. A Barcelona camina, y si te da en el camino pena este amor peregrino, requebrarás una encina, un peñasco, o puercoespín; pues lo mismo viene a ser querer aquesta mujer, que querer un matachín. Y en llegando a Barcelona fabricarás en tu idea, porque de tu gusto sea, aunque sea una fregona; que tiene los mismos ojos, el mismo talle, y meneo, y con este galanteo divertirás tus enojos. Y así, vendrás a juzgar con alegría, y con gusto lo que a ti te da disgusto, por no poderlo alcanzar. Que fealdades, y hermosura de viles, y principales, yo juzgo que son iguales, cuando se quedan a oscuras. Como te hallas exento de los arpones de Amor, gastas siempre buen humor; pero yo, que el pensamiento siempre le tengo ocupado en padecer, y penar, a descansar. no acierto Ya que en tal locura has dado, qué piensas hacer? . Morir entre penas, y desvelos, hasta que quieran los Cielos este enredo descubrir. Ahora bien, si es que ha de ser, alguna invención busquemos, con que a esta mujer hallemos. Ángel dirás, no mujer. Yo me quiero fingir ciego, y tú mi mozo serás, que sin duda así saldrás de tanto desasosiego. Porque con una perrilla iremos de casa en casa, y jugando al pasa pasa, que soy diestro a maravilla, todas las Damas saldrán, y tú podrás conocer esta angelica mujer, de quien eres tu Galán. Calla, loco. . Por mayor la mano puedo besarte, pues es menester atarte, para curarte ese amor. Vamos, Mirón. . No rabuena, mas no dejo de temer, que alguna nube ha de haber de pepino y verenjena. Parece, prima Clara, según muestra el semblante de tu cara, que vienes algo triste: esta melancolía en qué consiste? Ya que el semblante ha sido claro espejo de mi dolor perplejo, y el color macilento ostenta que está enfermo el pensamiento, oye, Leonor querida, daré vida a mi vida, que con tan graves males de la muerte rondaba los umbrales; y sin duda muriera, si ahora este consuelo no tuviera. Sabrás, Leonor (ay Dios!) qué infausto hado me ha puesto en tal estado, que siendo yo tan mía, que de todo Galán escarnio hacía, ya tan otra me veo, rendida al gal de Don Lope Fajardo, que entre sospechas, y recelos ardo; pues hoy hace seis días, que no ha rondado las ventanas mías. Obligome cortés, y comedido, cédula de marido me hizo cortesano, y yo rendida, con palabra, y mano, dueño le hice (ay Cielo!) de la vergüenza el velo se borda de escarlata, la voz entre carámbanos se ata: mas, al fin, le hice dueño de la prenda, que está en mayor empeño. Seis meses ha, Leonor, que dueño mío goza mi talle, y brío, sin que mostrasen quiebros, finezas, galanteos, y requiebros; pero ahora ha faltado, no sé si de cansado de las finezas mías, a las que hacer solía bizarrías, y como falta (ay Cielos!) el corazón se abrasa en duros celos. Esta la causa ha sido, prima mía, de mi melancolía; mira tú si es bastante, que ajado el rostro, pálido el semblante mostrando estén los ojos recelosos enojos: que un corazón siente ver tantos siglos a su dueño ausente, que en verle retirado, temer puede mi amor que se ha causado. Quién de tal caballero creer pudiera, que tal bajeza hiciera, y que estando casado con mi prima, y habiéndola gozado, intentara gozarme! no quiero declararme, por no doblar su pena, basta que el alma esté de celos llena, que en amantes desvelos, es la pena mayor la de los celos. Pena, Clara, me ha dado tu cuidado; no me espanto, que ajado muestres en rostro hermoso, que esté tu pensamiento tan celoso; y que estando gozada, temas ser olvidada; porque el hombre más fino, en llegando a gozar, tuerce el camino: pero Don Lope es noble, y no tendrá contigo trato doble; que si ahora estos días ha faltado, será porque ocupado le tendrá algún negocio; y como los de Amor piden más ocio, negarase amoroso, por no estar presuroso, que sospecha engendrara, si, como suele, no te visitara, ni con tanta terneza, que era más cumplimiento, que fineza. Y así, sosiega, Clara, no estés triste, que sin duda consiste su tardanza, y desvío en lo que dice el pensamiento mío; que Don Lope Fajardo, cortés, como gallardo (qué digo? de mentiras) por quien amante lloras, y suspiras, de ti no está cansado, sino que algún negocio le ha ocupado: yo aseguro, que tiene el pensamiento, como tú, con tormento, con ansias, y desvelos, imaginando, que estarás con celos. Vivas, Leonor, mil años, libre de aquestos daños, por aqueste consuelo. Trueca, prima, la pena, y el recelo en gustos, y alegrías, que presto te verás como solías. No pienses, prima Clara, que tú eres sola entre las mujeres la que padece penas, que muchas almas de ellas están llenas; y algunas son tan graves, que cerradas las llaves a todo humano medio, no hay quien para curarlas de remedio: y aunque tú estés celosa, puedes ser envidiada de dichosa; porque para curar esas pasiones, son las satisfacciones remedio tan urgente, que cobra vida Amor muy brevemente: pero triste de aquella, que siguiendo la huella del Niño Dios vendado, tan sujeta, y rendida la ha dejado, que sin conocer dueño, inquieta vive en amoroso empeño. Quién puede haber que viva tan inquieta, tan rendida, y sujeta, sin que en esta conquista entrase Amor primero por la vista? Bien dices, prima Clara; pero advierte y repara, sabrás el como ha sido la inquietud que suspende mi sentido, para que así no ignores, que mis penas, y males son mayores. Yo vide en el Aseo, habrá tres días, con tantas cortesías, un gallardo mancebo, que a la vista sirvió de dulce cebo. Era el tal forastero tan noble, y Caballero, en su traza, y postura, en su modo de hablar, y compostura, que, a un lado la terneza, nobleza puede dar a la nobleza. Parte por parte, para más enojos, le miraron mis ojos, y el alma apasionada, en lo más interior le dio posada. No es esto, prima mía, de mi melancolía, ni de lo que mi pena sentir sabe, lo rigoroso, y grave; que lo peor ha sido, el no saber quien es quien me ha rendido. Repara ahora, advierte, y considera, si aquesta pena fiera, aqueste grave exceso se pone con tus males en un peso, cual será más pesado, cuál tendrá más cuidado? Tu amante es conocido, el mío es forastero, y se habrá ido: Tú, al fin, puedes hablarle, mas yo la traza ignoro de hallarle. Yo no puedo buscarle en la posada, que una doncella honrada, honesta, y recogida, tiene honor, y recato, que lo impida: Tú con sola una carta harás, que a verte parta: si yo escribirle quiero, solo sabré decir: al forastero; que, porque más me asombre, iguoro la posada, como el nombre. Quejosa estás de celos, yo, sin ellos, estoy de los cabellos: tú, al fin, remedio tienes, con que tus males trocarás en bienes; mas yo por mi desdicha, tengo tan poca dicha, que con penas mortales los que tuve por bienes, ya son males: mira tú, Clara, ahora, cual de las dos con más razones llora. Señora, mi señor te está esperando, y por ti preguntando, con tal desasosiego, que por los ojos brota vivo fuego. Nunca a casa viniera. Que me viera tu padre no quisiera. Pues al jardín te baja, y por la sala baja te saldrás a la calle; y mira si hay remedio que se halle a tan graves extremos. En el Grao mañana nos veremos. Huélgome que hayas sabido de aquesta mujer la casa, y quién es esta señora, que te ha pertubado el alma; porque así cesarán penas, que galanteando ventanas, rondando puertas de noche, escribiendo finas cartas, tengo por cosa infalible, que se ha de rendir la Dama a tu gentileza, y brío, con solo dos ojeadas. Yo aseguro, si te ha visto, y ha conocido en tu cara, que con extremo la adoras; que ya de puro adorada está blanda como higo, cuando le mojan las aguas de Septiembre: la verdad, no esta tierna? no está blanda? Bien haces en darme penas; dame males, dame rabias. Aqueso sí, vive Cristo, que si te da la viaraza, sin reparar, que te sirvo, que te descalzo las calzas, y que compro la comida, me darás tal manotada, que sin nárices me dejes: y si Mirón luego rabia, se acabará, sin remedio, de los Mirones la casta. Ahora quiero culparte: Si sabes, que tengo trazas en el arte de alcahuete ingeniosas y delgadas, y lo que tomo a mi cargo, de estas manos no se escapa; cómo, señor, no me has dicho, que en tu nombre vaya a hablarla, que algún recado la lleve, que solicite la entrada, y que tus partes alabe, que no hace poco el que alaba? Ea, Mirón, dame penas, dame males, dame rabias. otra vez? . Y otras tres mil. Por qué quieres penas tantas? Porque haces bien de burlarte de quien tan de veras ama sujeto, que no conoce, ni sabe cual es su casa. Ahora tenemos eso? que más adelante estabas entendí. . En quererla más es, que Amor se adelanta. Qué piensas hacer? . Supuesto que remedio no se halla, partirnos a Barcelona, donde el alma apasionada dé suspiros a los vientos, quejas a las peñas altas, cristal líquido a los ríos, fuego a las activas brasas, y a la muerte, en que ejecute los filos de su guadaña; porque ya sino es morir, otra cosa no me falta. Y cuándo mandas, que ensille? Ya es tarde, por la mañana sin falta me he de partir. Quiera Dios, que sea sin falta: si hay algo que negociar, no aguardemos a que el Alba siembre aljófar, para hacerlo. La respuesta de las cartas, que a Don Jayme traje, es fuerza pedir. . Aquesta es su casa; y pues a la puerta estamos, de la ocasión goza. . Llama, direle, que las emvíe esta noche a la posada. Ah de casa? Quién da voces? El que lo pregunta salga, y podrá verlo. Qué quieren? por quién preguntan? . No es mala, según su fisonomia, su figura para Italia. Está en casa el señor Don Jayme? No señor; salió a la plaza, yano ha venido, más presto dará la vuelta: si manda, que alguna cosa le diga, lo haré de muy buena gana. Ver quisiera su persona, porque el verla me importaba. Si tanto importa su vista, aguarde a que venga, o vaya a buscarle. . Pajecito, no hable con tanta arrogancia, que le bajarán los humos. Yo qué he hablado? Mirón, calla, que no es tiempo de alborotos. Como tiene pocas barbas, habla tan lampiñamente. El Lacayo es el que habla menos cortes, que debía. Qué voces son estas? . Basta, Mirón. . Estos Caballeros por mi señor preguntaban; digo, que en casa no está: y convertido en bravatas este señor echa fieros; y serán las amenazas, los bríos, y valentías de hombre que caballos rasca. Pues me ha conocido el juego, vuelvo a su lugar la espada. Cielos, no es esta señora . la que me ha robado el alma? Amor, no es este el incendio . que me cónsume, y abrasa? Es posible, que no es esta . la que mis desdichas causa? Este, sin duda, es mi dueño. . Sin duda es esta mi Dama. . Señor, de qué te suspendes? Tu descortés? llega a hablarla. Señora, qué te enmudece? cómo ahora tanto callas? Ay Celio! no sé qué tengo. Tus mejillas nacaradas, en azucenas se han vuelto. No es mucho que esté tan blanca quien sustos de amor padece. De qué estás tan asustada? De ver este forastero. Pues no es tan fiero, que espanta. Antes, Celio, su donaire viene a ser tanto, que mata. Qué tienes, señor qué tienes? Mas dicha, que imaginaba: he hallado al dueño mío, el Sol que se me ocultaba, la Ninfa de aquestos montes, de Valencia la Diana, el asombro de hermosura, y la Estrella que buscaba. Pues para qué te suspendes? por qué anudas la garganta? Voto a Dios, que estás borracho, y que te hace caravanas el juicio: si ha tantos días que estás inquieto en la cama, en la calle y en la mesa, solo porque no hallabas rastro de saber quien era, como ahora que la hallas, y tienes buena ocasión, tienes la boca cerrada? Dices bien, hablarla quiero, más tengo temor. . Quién ama, y está cobarde en decir sus pasiones, y sus ansias, abranle la sepultura, repíquenle las campañas, venga el Cura, y Sacristan, y aunque estén llenos de sarna los Niños de la Doctrina, porque otra cosa no falta. Si su donaire te inquieta, a hablarle llega, y descansa. Dices bien: ha Caballero? Señor, mira que te llama. Perdonad, señora mía, . porque divertido estaba en lo que vengo a tratar con el dueño de esta casa; y así, descortés he sido, y también porque no osaba atreverme al sol que gira en la esfera de esa cara, que en ese abreviado globo, puso el Cielo tantas gracias, tanto diluvio de fuego, tanto incendio de las almas, que tengo por imposible, que el corazón que se halla mas libre, o no se sujete en golfo de tantas llamas al menor rayo: y temiendo que mi vida peligrara, el temor descortés me hizo; mas ya que licencia tanta me conceden vuestros ojos, llego humilde a ver qué manda esa divina belleza a este esclavo. . Qué bien habla! Yo soy quien ha de serviros; mas antes que habléis palabra, os suplico me digáis vuestro nombre y vuestra Patria. Si en eso, señora, os sirvo, Don Cosme Luján me llaman, y mi Patria es Barcelona. En respuestas y demandas no estés más; dila tu amor. . La voz, y la lengua se atan, cuando decírselo quiero. Amor, para qué dilatas . el decirle mi pasión? Anímate esta vez. . Vaya: Señora, yo::- . No te turbes. Quisiera::- . No hagas pausas. Saber también vuestro nombre. Una, y mil veces mal haya quien sale con eso ahora. En el modo, y en la traza . con que habla Don Cosme, he visto que tenía amor, y dilata el decirlo de vergüenza; parece que las dos almas se han conformado en aquesto, pues temores tienen ambas: mas salga el temor del pecho, el miedo la voz deshaga, rompa grillos de vergüenza el amor que está en el alma: mas (ay honor!) que no es justo, que de libre sea notada una principal mujer; vuelvan atrás las palabras, y no descubra la lengua, que yo estoy enamorada de Don Cosme de Luján. Qué temes y te acobardas, si está mostrando el semblante, que como tú está picada? No me decís vuestro nombre? Toda Valencia me llama Doña Leonor de Centellas. Que mucho que me abrasaran, si su hermosura y su nombre . tantas centellas exhalan! Señora Doña Leonor? Qué decís? Siempre ocupada has de estar de esta manera? No consideras, que ultrajas de los Centellas el tronco? Aqueste hidalgo te aguarda, que dice, que quiere hablarte, con negocios de importancia. Señor Don Cosme Luján, que perdonéis mis palabras os suplico; no advertí quien con mi Leonor estaba, y así hablé de esta manera: qué mandáis? . De aquellas cartas, señor Don Jayme, que traje, que he de partirme mañana, quisiera llevar respuesta. Aquesta es otra bobada: qué has dicho? . Mirón, qué dije? Que has de partirte mañana has dicho a Don Jayme. . Cielos, a donde desdichas tantas tienen de llegar! qué haremos en este caso? . Una traza se le ha ofrecido a mi ingenio; déjame hacer. Quién pensara, que cuando hallé tanta dicha tan presto (ay Cosme del alma!) en desdicha se volviera! publique el Amor mis ansias, a ver si obligarle puede, que se quede, y no se vaya: mal haya la cobardía, el miedo, y temor mal hayan, que siendo para casarme con Don Cosme, no era infamia el declararle mi amor; y siendo iguales las casas en calidad, no era riesgo en que mi honor peligraba. Huélgome, que la sentencia de este pleito, y de esta causa, en vuestro favor saliese: luego envío a la posada la respuesta. . Vuesarced mire si otra cosa manda; pues para servirle tengo obligaciones que bastan. . Ya me parece, señor, que no partirás mañana. Por qué? . Porque del Virrey, que por instantes aguarda, viene a buscarte un criado; y dice, que al punto vayas a verte con él. . Señor, siendo persona tan alta quien el recado me envía, no es justo que haya tardanza en acudir a saber la causa por qué me llama. Decís bien. . Adiós, señora: a Leonor llevo en el alma. . Señor Don Cosme Luján, ya que el partir se dilata, veámonos esta noche. A dónde? En esta ventana. . Qué dices de mi capricho? Qué es ingenioso. . Mis trazas, en los mayores aprietos siempre son de más de marca: piensas verla aquesta noche? Pregunta es esa excusada. Dígolo, porque si vienes, y como ahora la hablas, no diré, que eres amante, sino que eres calabaza. Cómo te va de amor de Doña Clara? No quisiera que ahora se tratara de esta materia, Claudio. Lope, amigo, no te de pesadumbre lo que digo, que como te juzgaba enamorado, y tanto, no ha mil años lo has estado, que a Adonis en ternezas excedías, de esa suerte juzgué que te estarías; y como es lisonjear un tierno amante tratarle siempre de su amor galante, no pensando, Don Lope, te enfadara, por eso pregunté por Doña Clara. Pues enfádame mucho, a fe de hidalgo. Si acaso puedo yo servirte en algo, dime lo que gustas. . Es el caso, que por Doña Leonor, Claudió, me abraso, y llegando a decirla mi terneza, tigre responde, llena de fiereza. Esta noche pretendo, Claudió amigo, siendo roca en la calle, ser testigo si otro, fuera de yo, la galantea, para poder decir, cuando la vea admitiendo finezas, que la honrada en su retrete ha de estar cerrada. Una ventana abriero. . Mi sospecha de aquesta vez ha de quedar deshecha. Oscura noche, vestida de tinieblas, y de horror, favoréceme piadosa, y la amante de Endimión, no la permita sus rayos, hasta que me oculte yo. Si habrá Don Cosme venido? en la calle oí rumor; sin duda es él, llamar quiero: ce, cé. . Ya llama. . Sois vos? Cosme, no respondéis? cómo tan cobarde sois? Fingirme quiero su amante. Bien harás. . Sois vos? . Yo soy el amante más dichoso, que paga tributo a Amor; pues llega a tanto mi dicha, que los rayos de ese sol desvanecen las tinieblas, que causan en mi temor. La noche es acomodada, y pues hay buena ocasión, te suplico que no seas tartamudo. . Quién llegó a la cumbre de dichoso, nada le falta. . Señor, advierte, que la fortuna los más altos derribó. Ya no temo su mudanza, pues ha fijado Leonor su rueda varia hasta ahora. Que esté firme, quiera Dios. A la calle hemos llegado, estas las ventanas son; mas sino mienten mis ojos, bultos se divisan dos, y el uno hablando a la reja: ya se abrasa el corazón de celos! . No te lo dije? mira si verdad salió. Qué he de hacer en este caso? matarelos; pero no, que de mi adorada ingrata está por medio el honor, y aunque me engaño, no es justo, que se manche su opinión, y se deslustre lo noble, que de su tronco heredó. Cuando en mi casa estuvisteis, yo confieso que la voz cobarde estuvo en el pecho, y descubriros no osó la terneza con que os amo; mas ya perdiendo el temor digo, que toda soy vuestra. Qué es esto, vendado Dios? sin duda me ha conocido, y quiere de su rigor disculparse. Claudio amigo, yo he llegado en ocasión más dichosa, que pensé. Por qué? . Porque en mi favor. ha salido la sentencia. Mañana os pido, señor, que en el Grao nos veamos. . Qué es aquello que sonó? Gente sospecho que viene. Pues advertid, que a mi honor no está bien que nadie os vea. Mejor es matarlos. . No os quiero tan fino amante, que deis muerte a mi opinión. Pues a Dios, Leonor hermosa. El mismo vaya con vos: retirada aquí, he de ver si vuelve Cosme. . Señor, los dos se fueron, y pienso, que ella se está en el balcón aguardando a que tú llegues, que pudo ser, que la vio a la ventana, y llegase a lo sonso, y socarrón a entretenerse con ella. Bien dices; pero el temor no me deja asegurar: mas aunque temblando, voy. . Hay lugar para un amante, que ser dichoso pensó, cuando otro llegó primero, y le hurtó la bendición? Necio es amante que pide lo que al otro se le dio; y así, para tal se vaya que soy mujer de valor, y si hay alma para uno, no la tengo para dos. Para aquesto me llamabas? ha fementida Leonor! tanto gustabas que viese, para darme muestra atroz, que empleabas tus finez en otro? Pues vi que he de ser verdugo suyo, o que he de matarme yo. Acabose: ahora puede con verdad, y con razón, decir que primero llora el que postrero llegó. esa taa traltas en tratia taal en tiatas

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Perdido todo el color, sobrina Clara, te veo, qué tienes saber deseo. Verte en mi casa, señor, me ha dado aqueste temor; que como el venirme a ver, para reñir suele ser, y ha tanto que no te vi, solamente el verte aquí me ha hecho el color perder. Si aquesa la causa ha sido, restituya el corazón al rostro su perfección, que otra ocasión me ha traído: recobre el color perdido de tus mejillas la plata; viva la fina escarlata, de quien fue el miedo homicida, y sabrás que mi venida esta vez de gusto trata: Oye, Clara. . Ya, señor, con más brío, y más aliento, llena el alma de contento, perdido todo el temor, y recobrado el color, te escucho. . Habrás de saber (muy breve pretendo ser) que hallé a Don Lope Fajardo::- Entre confusiones ardo. Ocho días puede haber, en mi casa con Leonor. Cielos, qué será de mí? Era de noche, y temí ser en mengua de mi honor; preguntele con furor, colérico, y ofendido: Don Lope, a qué habéis venido a mi casa? y respondió, como enojado me vio, muy cortés, y comedido: Digo, aunque estoy con Leonor, no ha sido para ofenderos, que solo he venido a veros, para que me deis honor: sabed, que yo tengo amor a vuestra sobrina Clara; quisiera que se tratara casamiento entre los dos, y vine a hablaros a vos, para que se efectuara. Dije, que lo trataria; ahora a tratarlo vengo, en aquesto parte tengo, pues eres sobrina mía: que dieses el si quería, si te inclinas a casar, yo te lo vengo a rogar: Don Lope es rico, y Fajardo: tu respuesta solo aguardo, para volvérsela a dar. Yo confieso, señor tío, que en todo tratas mi bien, y que es, confieso también, Don Lope del gusto mío: más forzar el albedrío a que con resolución dé respuesta, no es razón, sin darle tiempo, y lugar, para que pueda pensar del caso la conclusión. Que sin mirarlo casarse, juzgo que no es acertado, pues hay quien se haya casado solamente por vengarse: y después más triste hallarse, que a los principios, se halló; y no será bien que yo dé palabra sin pensar, pues sé, que hay pies para entrar, pero para salir no. Cuerdamente has discurrido; mas también has de temer, que por no te resolver, quedes, Clara, sin marido: a decírtelo he venido, y pues consultarlo quieres contigo por ser quien eres, después a verte vendré, para que a Don Lope dé la respuesta que me dieres. Qué respuesta te he de dar, si con él casada estoy? mas por la fe de quien soy, que no me dieron lugar a poderme declarar de Doña Leonor los celos; que si antes tuve desvelos de Don Lope, y su rigor, ahora Doña Leonor sospechas me da, y recelos. Quién dijera, quien pensara, que diciéndola mi amor, ingrata Doña Leonor tal suceso me ocultara? Que le quiere es cosa clara, porque sino le quisiera, lo que pasó me dijera; mas por dejarme engañada, fingió estar enamorada de quien no sabia quien era. No en balde mi ingrato amante en verme se detenía, porque amor nuevo tenía, que enamoraba galante; y preciado de constante, ostentando bizarrías, estaba noches, y días (aquestas son quejas llanas) muy presente a sus ventanas, y muy ausente a las mías. Pero no importa, Leonor, que así me hayas engañado, y que me hayas ocultado la fineza de tu amor: que cuando llegue a rigor de querérmele quitar, su firma por mí ha de hablar; y viendo que estoy casada, tú quedarás engañada, pues me quisiste engañar. . Aguardando está Leonor tu prima para ir al Grao. No estaba para sarao; mas como la tengo amor, no quiero usar de rigor. Antes, señora, podrás si melancólica estás, divertirte, y alegrarte, que los jardines son parte para aquesto, y mucho más. En qué mi prima ha pasado, Celio amigo, aquestos días? Siempre con melancolías consultando está el estrado. Sabes si tiene cuidado, que triste la obligue estar? Bien te puedo asegurar, como hijo de quien soy, que no he visto hasta hoy, cosa, que sea de notar. Lo más que decirte puedo, es, que con gracia, y donaire, de suspiros puebla el aire, de que yo suspenso quedo: y si más dijere, excedo los límites de razón; y así en cualquiera ocasión, que me pregunten, diré, que suspira, bien lo sé, mas no sé de qué pasión. Pues vámosla a consolar: pero mal dará consuelos, quien para quitar los celos consuelos quiere buscar. En el Grao se ha de hallar, que sus frondosas riberas, y concertadas hileras, al más triste dan placer. Vamos, que allá he de saber . de aquestos celos las verás. . Dónde vamos? . Qué sé yo? Al Grao habemos llegado. Un hombre desesperado a sí mismo se ignoró, e ignorándome a mí mismo, con mucha razón diré, que a donde vamos no sé. No está mal el filogismo; mas quien aqueso alcanzó, no dirá en tan triste estado, que por falta de Letrado este pleito se perdió. Porque si lo consideras, te dije sin ser que es el Valenciano amor todo invención, y quimeras. Míralo en el que has tenido, pues te ves en tal estado, que ignoras si estás burlado, o si estás favorecido. Favorecido, eso no, que si dar favor quisiera, te hablara de otra manera la noche que te citó. Luego viénese a inferir, sin que puedas excusarte, que el llamarte fue burlarte, para tener que reír. Digo, que estoy concluido, la consecuencia concedo; pero que estoy, decir puedo, burlado, y favorecido. Burlado, viendo quedarme a la Luna de Valencia, cuando entendí, que licencia tenía de declararme. Favorecido, no hay duda, pues yo tuve por favor, decirme Doña Leonor, que a verla de noche acuda. Mas con todo, tal estoy, y entre burlas, y favores crecen tanto mis dolores, que no sé a donde me voy: que aunque estoy favorecido, cuando me miro burlado, los celos no me han dejado casi nada de sentido. Pues de quién estás celoso? Aqueste es mi mal también, que el no conocer de quien me trae inquieto, y sin reposo: que si a conocer llegara el que los celos me da, estuviera muerto ya. Aqueso es cosa muy clara, porque estando yo a tu lado, aunque no lo has menester, yo sé que había de volver, como dicen, trasquilado. Repara, que dos mujeres vienen allí. . Quiera Dios, que no te enredes con dos, y que de nuevo te alteres. En el talle, y en el brío parece Doña Leonor aquella. . Vendrá, señor, a disculpar su desvío. En fin, prima, estás celosa? Forzoso es que celos tenga. De quién los tienes? de mí? Escucha, y sabrás mis quejas. Alterado el corazón, el alma llena de penas, confuso todo el sentido, y zozobrando la lengua, te declaré, que Don Lope (ay de mí!) que no quisiera volvértelo a referir; pero sin duda te acuerdas, y así no quiero cansarme en repetir mis ofensas, que al pecho más diamantino cansarán si se refrescan. Viéndome desconsolada, me consolaste discreta, agradecítelo entonces; ojalá no agradeciera, pues ahora vengo a verme por tu ocasión con más pena, con más rabia, con más celos, y con mayores sospechas. Aquestas nacen, Leonor, (bien es que escuches suspensa, de ver, que contando yo mis congojas, y finezas, tu roca sorda a mis males, echaste a tu boca puertas) por no decir, que Don Lope a tu padre pide y ruega, que mi casamiento trate. Tu padre, en efecto, llega a decírmelo, y entonces, por decir que en tu presencia se declaró, y me encubriste, al descubrir mi flaqueza, la verdad de aquese caso, se engendraron en mi idea sospechas, que tú le quieres; porque fino le quisieras, no ocultaras mi ventura, para quedarte con ella. Esta es la causa, Leonor, de mis celos, y sospechas; considera si es bastante, para que rabie con ellas. Antes que satisfacción te dé a tan locas quimeras, me has de decir, prima Clara, una cosa que me altera. Qué haremos, Mirón? . Callar, que ellas dos tienen sus bregas, y esta no es buena ocasión, para que te favorezca. En fin, dices que mi padre te dijo, que en mi presencia Don Lope se declaró? Díjome de esta manera: Que hallándolo una noche contigo, y teniendo menguas de su honor, ardiendo en llamas de celos, y de tristezas, le dijo: Qué hacéis, Don Lope, en mi casa? y por respuesta dio lo que tengo contado. Escúchame ahora atenta: Que mi padre con Don Lope me hallase, verdad es esa; que la ocasión le alterase, temiendo, que a los Centellas, algún deslustre viniese, también lo dice, y confiesa el alma: pero decir, que Don Lope en mi presencia respondió lo que tú dices, eso solamente niega; porque mi padre::- . Señora, Don Lope con otro llega dónde estás. . Qué dices, Celio? Lo que escuchas. . Ya mis quejas, Clara, contra ti se vuelven. Por qué? . Porque no siguiera Don Lope nuestras pisadas, si tú no se lo dijeras. Plegue a Dios, que si mis ojos le han mirado::- . Deja, deja las maldiciones, que ahora de muy poquito aprovechan; antes en parte me alegro, que llegue, para que sepas, Clara, de su misma boca, que no admito sus finezas, que sus requiebros me enfadan, y me cansan sus ternezas: échate el manto, y verás tus desengaños, si llega: tú, Celio, entre tanto llama al dueño de aquesta huerta. Voy al punto. Para qué le envías? . No es bien, que tengan satisfacciones de honor, testigos, que dañar puedan. Dijo anoche, que en el Grao aquesta tarde la vea, y vengo amante dichoso a gozar de su belleza. Está bien; pero si acaso siente, que contigo venga, qué has de hacer? . No sentirá, que es tan prudente, y discreta, que siendo tu amigo mío, con amistad tan estrecha, gustará de lo que gusto. Aquí es justo se requieran las espadas, porque vienen dos, y me han dado sospecha, que es el uno tu contrario; y siéndolo, es cosa cierta (si bien será a pesar mío) que se han de probar las fuerzas. Pluguiera al Cielo sagrado, que yo tal suerte tuviera, que así acabaran mis males. Quieres que vaya a la Iglesia a mandar abrir el hoyo? Oye, Mirón, que ya llegan. Señora Doña Leonor? . Quién os da tanta licencia? No me mandasteis anoche, que os viese aquí? Mis sospechas ya se van averiguando. En vuestra ventana misma me dejistes::- . Ay de mí! aquesto es para que crezcan as sospechas de mi prima: mal haya la mujer necia, que a la ventana se pone con su amante, cuando hay puertas, que facilitan la entrada, y desmienten las orejas de quien se ajusta en esquinas, como cincelada piedra, para escuchar lo que pasa, mas la industria lo remedia: yo he de hablar claro a Don Lope, porque mi prima no entienda que soy mujer cautelosa. Ya entiendo vuestra cautela, señor Don Lope Fajardo; mas Doña Leonor Centellas lo que de noche pronuncia, por la mañana no niega. Confieso, que anoche dije a mi amante, que me viera esta tarde en este sitio; pero si bien se os acuerda (ya que fuisteis tan curioso, que hecho centinela necia escuchaste lo que dije, con las oscuras tinieblas) no os acordáis, que a Don Cosme llamaba a voces mi lengua? Si os llamáis Cosme, está bien; pero si no, ved que es mengua usurpar el nombre de otro, para acreditar finezas. Estas no las hay en mí ra vos, y justo fuera, Lope, estar escarmentado, pues sabéis que mi nobleza otra noche se os opuso, cuando intentastes por fuerza robar la fragrancia pura de mi cándida azucena. No os acordáis, que mi padre, estando en tal competencia entró vio que en vuestra mano vibraba cuchilla tersa, que si ejecutara el golpe, malograra de mis venas el carmín, y que enojado me arrojó de su presencia? No quedasteis vos con él, para desmentir que ya que afrenta no había, forzosa era la sospecha? La disculpa que le disteis, vos solo podéis saberla, que como yo no os amaba, ni os amo yo, me dio pena; y así escucharla no quise, corrida de tal bajeza: es verdad esto, Don Lope? Ojalá mentira fuera. Pues si es verdad, como ahora vuestro atrevimiento intenta poneros tan descortés dónde mis ojos os vean? No haya más, señor Don Lope, y pues os hablo de veras, fenezcan los galanteos, y acaben las diligencias, que en defensa de mi honor, siempre he de ser una misma. Demás de esto (hablemos claro) si yo sé, que tenéis prenda, que os estima, y os adora, fuera bien hacer ofensa a quién del alma es amiga? No, Don Lope, esa fineza dejadla para otra parte, que yo, aunque mucho os quisiera, sabiendo que estáis prendado, entregara con violencia a la muerte el dolor mío, a pesar de mi firmeza. El jardinero está aquí. Vengáis muy en hora buena. Que mandáis a este criado, que no habrá cosa en que pueda serviros, que no lo haga? Señor, pues que todos llegan como moscas a la miel, lleguemos, gustemos de ella, que ya están los que te miran cansados de tu paciencia. Calla, Mirón, que estoy viendo en qué para esta quimera. Por vida vuestra, Hortelano, que me cojáis dos docenas de limones, los mejores, que se hallen en vuestra huerta. Voy a cogerlos al punto. Qué os dijo aquella doncella? Qué sabéis vos si lo es? Que lo sea, o no lo sea, este nombre quise darle. Díjome, que la cogiera dos docenas de limones. Está bien: dadme licencia, que con vos vaya a cogerlos. Venid muy en hora buena. Vamos, Mirón. Dónde vamos? hay otra invención siquiera? Amor todo es invenciones. Mejor dirás borracheras. . Señora, ya que se ha ido quien perturbó mi respuesta, quiero darla, si me escuchas. Qué podéis decir, que sea, Don Lope, en abono vuestro? Puedo decir, que si piensas, que yo a otro dueño me rindo, ni hay impresión en mi idéa de otro amor más que del tuyo; lo que estimo me aborrezca, lo que pretendo no alcance, y que todo me suceda cuanto intentare al revés. Quién podrá tener paciencia para oír ofensas tales? pero escuchar la respuesta de Leonor me importa ahora. Lope, mujer de mis prendas, nunca finge, si aborrece, ni obligada lisonjea: y así, aquesas maldiciones ya llegan a ser perfectas; porque si vos me estimáis, yo no estimo cosas vuestras. Si pretendéis alcanzarme, es quebraros la cabeza; y si decís, que a mí sola el Dios rapaz os sujeta, es falso. Falso, señora? Sí, Don Lope, que hay quien pueda testificar lo que digo antes que acabe su vuelta el farol que alumbra el orbe. Vivas edades eternas por la quietud que me has dado. Mi dueño aguardando queda con los limones cogidos. Muchas desdichas me cercan, pues siempre vienen estorbos cuando yo no los quisiera. Aguardar a que se vayan, ya que voltaria su rueda tiene contra ti fortuna. Bien, amigo, me aconsejas. Yo en tanto voy a esparcirme por lo ameno de esas huertas. . Y yo a buscarte iré luego, Claudio amigo, con presteza. Cielos, qué es esto que miro? . si Villano este no fuera, dijera que era Don Cosme. Aunque atrevido os parezca, recibid aqueste ramo; y advertid, que no le diera sino a vos sola. . Conoceisme? Doña Leonor de Centellas pienso que os han de llamar. Si llamo verdad es esa. Pocas veces os he visto; mas sabed, que a la primera que os vi el Dios ballestero me dio en medio de las cejas un bravo golpe; y a fe, que si diferente esfera tuviera mi nacimiento, que presumido cometa señalara a vuestra casa, para ser el dueño de ella. Mas como me dio fortuna entre humildad, y bajeza tan cortos merecimientos, y contrapuestas estrellas, estoyme en mi traje humilde, que las abarcas groseras no frisan bien con lo grave del brocado, y de la seda. No penséis, que mis razones dirijo a que os encarezcan; que claro está fuera en mí atrevimiento, y soberbia. Pero quiero que sepáis, que vuestros ojos me cuestan mas de un rato de cuidado; tanto, que si ser pudiera, os fuera a ver muchas veces; pero como la obediencia de los amos es primero, me obliga a que gustos pierda. También, si he de hablar verdades (si bien decirlo es bajeza) le enamoré cierta vez; a la visita primera me dijo, que aquella noche la viese: entenderse deja, estando yo enamorado, que estaría dando priesa al Sol, que abreviase el curso de las postas, que gobierna, que fuese a darlas agua mayor golfo de perlas; porque faltando sus luces, me ayudasen las tinieblas gozar dichoso amante mi amor con las Estrellas. a hablarla; y cuando llego, ocupada la reja: el que con ella hablaba; yo con voces tiernas, muy necio sois: y para tal me deja, o, que un alma tiene, n solo dueño la entrega. dé en la calle confuso, llena el alma de sospechas, si me citó, porque viese quien la sirve y galantea. Y desde entonces mi amor prometió de hacer ausencia de querer mujeres tales, que engañan cuando requiebran. Y así, esta flor de azahar os doy porque en vos fenezcan los azares, que he tenido después que Amor me sujeta. Declarado se ha Don Cosme, . y sus razones me dejan en mayores laberintos, que el intrincad declarado se ha el enredo de Don Lope; pero entienda Cosme, que no estoy culpada; líbreme aquí mi inocencia. Bien lo parla el jardinero. Pues si bien le conocieran el ingenio, se espantaran: desde que anduvo a la escuela dio muestras de ser grande hombre; en diez semanas y media aprendió de todo el Cristus solamente cinco letras. En efecto, jardinero, que esta flor de azahar me entregas, porque acaben tus azares? Pues dime, así vida tengas, yo qué culpa tengo de ellos, que cuando tú los desechas quieres que los tenga yo? fineza es esa grosera. Mas pues dices, que me quieres, yo le estimo por fineza, y por hacerte favor, te digo, que si pudiera, trocara aquesos azares en amores, y ternezas; pero para consolarte en tus ansias, y sospechas, yo apostaré, que tu Dama no ha intentado hacerte ofensa, después que te quiere a ti, en lo que un cabello pesa. Y si la noche que dices, que mandó fueses a verla, con otro Galán la hallaste, yo me atreveré por ella a jurar, que fue engañada: que hay hombres, que sin licencia quieren tomar atrevidos los favores que les niegan. Y si por eso no más detérminas no quererla, vuelve a verla, que yo sé, que la hallarás con firmeza; y si entonces conocieres, que mal semblante te muestra, sin hacer caso de mí, prosigue en aborrecerla. Qué dices, Mirón? . Señor, digo, que es sabia, y discreta; bien ha entendido la historia. Pues vos me mandáis, que vuelva a proseguir en mi amor, será justo, que obedezca; pero si al revés sucede de lo que el alma desea, os tengo de echar la culpa. Consiento en esa sentencia. Venid, pues, por los limones. Vamos, que ya la centella, que abrasando montes gira, presurosa se despeña al campo de los cristales. Aguarda. . No me detengas, que no estoy para escucharte. Aguarda, o será por fuerza. Qué quieres? Aquí me has dicho, no estimando mis finezas, que habrá testigo que jure, que soy dueño de otra prenda. Porque excusemos de lances, hable la que está encubierta. Caballero mal nacido, indigno de la nobleza, que te han dado los Fajardos, colocada en las Estrellas: cómo la haces este ultraje? Son aquestas las promesas, que amante me prometías, cuando gozaste la prenda de mi honor más estimada? Mal haya, amén, la que necia con dos palabras de azucar, a hombres tales se sujeta. Antes de gozar, qué finos, qué bien hablan, y requiebran; pero en gozando, qué falsos, y qué llenos de tibieza. Traidor y falso Don Lope, no te acuerdas, no te acuerdas, que me diste una, firmada de tu mano, y de tu letra, que habías de ser mi esposo? No bastaba esta promesa, no bastaba esta palabra, para no hacerme ofensa, sino intentar con mi prima tan impensada bajeza? No le dijiste a Don Jayme mi tío, pues tío era, que tratase nuestras bodas, cuando te halló con ella? Pues vive Dios, falso Lope, ya que has dicho en mi presencia, que no tienes otro dueño, que he de juntar las Centellas, que te destruyan, y abrasen, y yo he de ser la primera, que contra ti vibre rayos, para que de esta manera quedemos las dos vengadas de estos agravios, y ofensas. Vamos, Clara. Ya voy, prima. No te vayas tan resuelta, aguarda un poco. . Qué quieres? Decirte, que fue quimera lo de nuestro casamiento; que si pronunció mi lengua tal cosa, cuando me halló Don Jayme con su hija bella, ni supe lo que me dije, ni es creible, que dijera cosa tan disparatada; sin duda Don Jayme sueña, y soñó lo que te dijo: demás, que no se me acuerda haberte dado palabra; y si la di, como aquesas palabras se lleva el viento, que no tienen subsistencia en acabando el zunvido del aire que se las lleva. Plegue a Dios, traidor Don Lope, que me vengan malas nuevas de tu vida, y cuanto intentes todo al revés te suceda. Bien haces, niega palabras; bien haces, niega promesas, que algún día, a pesar tuyo, confesarás lo que niegas, pues hay justicia, y hay Dios; Dios, en cuanto a la conciencia, y justicia, a quien tu firma ha de hacer que no se tuerza. . Qué laberinto es aqueste? qué confusión es aquesta? sin duda Doña Leonor me mandó, que aquí la viera, para descubrir a Clara mis amorosas finezas, pensando, que con aquesto me obligara a no quererla; pero engáñase Leonor, que al fuego ha echado más leña para incitarme a gozarla, sino por gusto, por fuerza. . Celio, viste a Don Cosme? Sí señora. Di por tu vida ahora, ya que viste el talento, y compostura, su cortesano hablar, y su cordura, si yo en quererle bien no la he tenido? Digo, que cuerda ha sido, y no por ser mujer, de frágil lana, que poca opinión gana, que antes tú la has ganado, por haberla empeñado por, tan discreto dueño; pues cuando el vulgo sepa tu empeño, en vez de murmurarte (como lo suele hacer) y desdorarte, vendrás a ser de todos envidiada, mirando tu elección tan acertada. En efecto, Leonor::- Qué es esto, Cielos! Para darme desvelos mayores, que hasta ahora he padecido, o por gusto, que en esto hayas tenido, o por burla de mí, viéndome amante, me llamaste delante de Doña Clara; porque Doña Clara de tu boca escuchara, que como amante fino, a servirte me inclino, para que ella celosa conmigo se mostrase rigorosa, y yo de ti ensadado, entregara al olvido mi cuidado; más engañose en eso tu deseo, que es poner acícates a mi empleo; y pasando, Leonor, más adelante::- Sin duda, es importante negocio venir vos a aquesta casa: (el corazón de cólera se abrasa) cómo, Don Lope, osáis, siendo grosero, no noble Caballero, villano sí, y villano fementido, pues me habéis desmentido, cómo pisar osáis estos umbrales? Pensáis que son iguales a los de otros villanos? Imagináis acaso, que las manos le faltan a mi brío, para vengar tan loco desvarío? Pues sabed, que un agravio en mi linaje, a la sangre más fría da coraje. Vete, Leonor de aquí. Señor::- . Acaba. Tu hija soy, y esclava, y es forzoso que en todo sea obediente. . De esta suerte, Don Lope, se desmiente a un hombre como yo? Señor, no entiendo lo que me estáis diciendo. Tan presto se ha olvidado un Caballero, que me echó por tercero con mi sobrina Clara, para que efectuara tan noble casamiento? queréis decir que en lo que digo miento? pues hoy a mi sobrina, cuya hermosura es más que peregrina, dijisteis, que Don Jayme se engañaba, y que como soy viejo lo soñaba. Pues vive Dios, villano Caballero, fementido, y grosero, ya que con Doña Clara habéis estado, descortés, atrevido, y desairado, y a mí no me cumplís lo prometido, que vos habéis mentido, y mentís treinta veces por la cara. A deshonra tan clara, y tan viles razones, treinta mil bofetonés por paga era muy poco; mas déjote con uno como a loco, que tengo por deshonra, para vengar agravios de mi honra, escribir de mi nombre, y de mí dos veces me he vengado de un villano. Aguarda un poco, alevoso, no te ausentes tan ufano, de que haya hecho tu mano un hecho tan poco airoso: mas si corres temeroso de ver, que hay en mi valor para vengar este error, bien haces, corre ligero, que alcanzarte presto espero con las alas de mi honor. Dónde vas? . Ay Leonor mía! Qué tienes? . Para estar loco me viene a faltar muy poco; y así, de mí te desvía, pues alcanzarte podría de mi furia y mi rigor. Qué tienes, padre y señor? tú de agua los ojos llenos? Tengo más, y tengo menos. De qué es lo más? De deshonra. Y lo menos? . De mi honra, que es lo que lloran los buenos. Aquí Don Lope escribió en abreviados renglones, que treinta mil bofetones en uno solo me dio: en el suelo me arrojó como papel cancelado, y como está deslustrado de mi nobleza el papel, a que me dé voy tras él el lustre que me ha quitado. . Aguarda, padre y señor, y repara como sabio, que para vengar tu agravio (el mío diré mejor) tiene mi pecho valor de lo mucho que le has dado. Celio? . . Señora? . Recado de escribir. . Aquí está. Presto la mancha saldrá de lo que Lope ha borrado. Bien quisiera, prima hermosa, no decirte a lo que vengo. Para la furia que tengo, vendrá a ser superior cosa. Porque no quedes quejosa, cuando tu amor es tan fino, Don Cosme está de camino. Qué dices? . Lo que me escuchas. Ea, penas, venid muchas (entre dudas desatino:) Aquí me combate amor, allí el honor pide ayuda; no sé a qué parte me acuda, si al amor, o si al honor: pero cese mi temor, a uno y otro me acomodo, disponiéndolo de modo mis nobles resoluciones, que entre tantas confusiones quede satisfecho todo. A dónde Don Cosme está? En mi casa le dejé. Pues aguarda escribiré, breve la nota será. Date prisa, que estará aguardando con cuidado. Prima, aquesto está acabado: pero dime por tu vida, . sabes aquesta partida de qué se haya ocasionado? Que de amor está perdido, dice, y premiado muy poco, y por no verse más loco, toma el irse por partido. Que le des este te pido, quizá le tendrá mi amor: . tú, Celio, lleva al traidor de Don Lope este papel, que quiero curar con él la enfermedad de mi honor. . Mal hiciste. . Bien, o mal, ya se hizo. . Pues a lo hecho, suelen decir ruego, y pecho; pero no ruina fatal. Don Lope, temblando estoy, que son muchos los Centellas, y con tan justas querellas por arruinado te d Pierde, Claudio, esos temores, que también son los Fajardos alentados, y gallardos en ocasiones mayores. Doña Leonor, mi señora, este me dio que te diese. . Díjote, qué respondiese? Respuesta no pide ahora; abrele, y en él verás lo que pide, y lo que ordena. Quejas serán de su pena. Leyéndole lo sabrás. Casi confuso he quedado, Claudio amigo, de esta acción. De toda esa confusión, y de todo ese cuidado, puede sacarte el papel. Dices bien, abrirle quiero, aunque de su enojo infiero, que vendrá veneno en él. Breve nota, sentimiento ostenta su brevedad. A mi padre al punto hablad sobre nuestro casamiento. Claudio, entiendes este punto, que escribe Doña Leonor? Y según es su tenor, que ha consultado barrunto el caso; y viendo, que son los Centellas, y Fajardos tan nobles, como gallardos, y de celebre opinión, a los dos ha parecido (no sé si bien lo acomodo) hacer paces de este modo. Discreto pensar ha sido. Aqueste es mi parecer: cuando le piensas hablar? No lo pienso dilatar, a la mañana ha de ser; porque con ventura tal, acabando su desdén, lo que no quiso por bien, viene a conceder por mal. . Bien te estaba el capotón del codicioso Hortelano: qué presto alargó la mano, cuando sacaste el doblón. Pero dejando esto aparte, qué dice Doña Leonor? escribete algún favor? si es favor tengamos parte. Y si son penas? . Las penas, por ser siempre tan pesadas, son malas para tomadas, para dejadas son buenas. Ahora dirá el papel, si son penas, o favores. El premio de tus amores sospecho, que viene en él. Si os preciáis de Caballero, como os preciáis de galán, en el campo de San Juan aquesta noche os espero. Hay confusión? hay quimera? Confidera tú, Mirón, si puede dar confusión quien habla de esta manera. Si os preciáis de Caballero, como os preciáis de galán, en el campo de San Juan aquesta noche os espero. Quién puede dudar aquí, hablando con tal desvío, ser papel de desafío? Mas si acaso la ofendí en hacer aquel disfraz? Pero no, no se ofendió, porque entonces respondió con semblante muy de paz. No entiendo, qué pueda ser escribirme de esta suerte. Escucha atento, y advierte, si lo quieres entender: Todo cuanto escribe aquí son razones de azul, y oro, que por guardar su decoro las ha colorido así: Tú la enviaste a decir, que tu partida es mañana; y como no pierde, y gana, contigo se quiere ir: que estando en tu compañía, mejor os podréis casar; si aquesto es desafiar, vengan muchos cada día. Sin duda en lo cierto has dado. Tengo ingenio peregrino. Con eso será el camino::- Qué, señor? . Menos cansado: vamos a casa, que es tarde. Sí, ya es hora de cenar. Y me causará pesar, que Doña Leonor me aguarde. La cena esté prevenida, con que poder regalarla, que esta noche pienso darla el parabién de salida. Qué mal un corazón noble reposa, si está ofendido: y qué bien al más cobarde, le somenta, y le da bríos. A Don Lope le escribí, que en aqueste ameno sitio le aguardaba aquesta noche, a donde del valor mío conozca las bizarrías; y sepa, que aunque de vidrio la sabia naturaleza a las mujeres nos hizo, el vidrio en bronce se trueca en apretados peligros, para castigar valiente a villanos atrevidos. Ya es hora de que viniera, mas de tardarse, colijo, que teme de mis alientos la venganza, y el castigo: mas con todo he de aguardarle. Este es el campo, y el sitio en que me escribe Leonor, que aguarda: si aún no ha venido; pero qué dudo? que Amor es tan brioso, aunque niño, que alas se pone en los pies, cuando tardarse no quiso. Ya viene, sino me engaño. Entre aquellos sauces miro un bulto, sin duda es ella. Aquí de sus desatinos pagará el atrevimiento; porque el agravio, que hizo a mi padre, y a mi honor, brío me infunde valor Es Doña Leonor? . Yo soy. Aqueste favor estimo, . como es razón, y en el alma le tendré siempre esculpido para pagarle a su tiempo; pero ahora, dueño mío, no será bien nos cansemos en episodios prolijos. Válgame Dios! no es Don Cosme el que está hablando conmigo? . mas yo a Don Lope he llamado con carta de desafío. Vamos, mi bien. . Poco a poco, que a este sitio no he venido a escuchar finezas locas, rebozadas con delitos; sabes para qué te llamo? Hasta ahora no he sabido mas, de que amorosa quieres irte mañana conmigo. Qué es contigo? Vive Dios, Caballero mal nacido, que antes me diera la muerte, que hiciera tal desatino. Aquí tengo de matarte, y luego dejaré escrito, con tu sangre fementida, en estos sauces, y alisos: Aquí yace un Caballero; Caballero? mal he dicho: un villano, que a mi honra quiso echar un sambenito. Repórtate en tu lenguaje. De que hago lo que digo. Pues yo qué agravio te he hecho? Ya te haces olvidadizo? gustas de que lo repita? pues no quiero repetirlo: saca la espada. . Señora, aquese fuera el delito primero, que cometiera contra ti: tal barbarismo no he de hacer; pero si acaso, el haberte yo querido con tan fino amor, te ofende, aquí estoy a tu servicio, mátame, para que acabe de un a vez amor tan fino. Esas finezas, pe, ahora no las admito. Don Lope? Don Cosme soy. Ah traidor! ya te he entendido: en la voz si lo pareces; pero considero, y miro, que eres lobo, y te disfrazas con la piel de blanco armiño. A sagrado te acogias, temeroso del castigo; pero no valdrá el sagrado, si bien ese nombre estimo. Y pudiera perdonarte por él cualquiera delito: pero no perdamos tiempo, desnuda el acero limpio, si no quieres que furiosa te mate. . Quién habrá visto . ocasión más apretada? yo reñir conmigo mismo? yo con la imagen que adoro? yo con el Sol a quien sigo? qué es esto, sagrados Cielos? quién vio mayor laberinto? Ya tu dilación me cansa. Si es forzoso, no resisto . el reñir; mas pesarame, que de mí estoque los filos te ofendan con un cabello. Detente, que me has herido, y temo, que es penetrante la herida, mas no desisto de mi venganza, hasta tanto, que te vea cadaver frío. Aguarda, Leonor hermosa; espera, Ángel divino, que si bien no estoy culpado en nada de lo que has dicho, por darte gusto seré homicida de mí mismo. Válgame Dios! si es Leonor la que conmigo ha reñido? pero yo en qué la ofendí ira tales desafíos? a, confusiones, ea, ea, penas, y martirios, acabadme de una vez (sino es ahorro si vivo) a vista de lo que adoro entre tantos parasismos. Pues si el bien tengo presente, y gozarle determino, huye tan veloz de mí, que sin penetrar sus visos, lo que al parecer es fácil, se convierte en laberintos.

JORNADA TERCERA

jornada tercera En efecto, tú, Leonor, cuyos nobles pensamientos, hasta ahora competían con los candores de Febo, llevada de tu apetito, no sé yo por qué suceso, al agresor de una infamia, que la escribió con sus dedos en el papel de mi rostro bruñido, limpio y terso, y ahora con tal borrón, sucio, deslustrado, y feo, mas que enojada, amorosa escribes tiernos requiebros? Ah Leonor! qué bien estimas la nobleza, que te dieron los Centellas, cuyo tronco brotó con tal pujamiento, que sus pimpollos llegaron a competir con los cedros! Tú, cuando estoy deshonrado, cuando tengo puesto un velo de infamia sobre la plata, que fue oro en otro tiempo, escribes, que a verme venga, para que en tu casamiento se trate con quien postró todo mi honor por el suelo? Has escrito este papel, porque venga a ser espejo de mi agravio, y mi deshonra; y cuando llegara a verlo me refresque la venganza, y estando el agravio fresco, destilen fuego los ojo S, brote el corazón veneno, los alientos se remocen; y cuando yo por ser viejo no pueda, incite a los míos, que saquen el limpio acero, y acudan a la venganza? Si por aquesto lo has hecho, premio aquesta acción merece, alabo tu pensamiento: mas no, Leonor ya conozco, que anda el Amor de por medio, y no mira en puntos de honra, por ser rapaz, y ser ciego. Pensabas, que tanto daño se resarcia con esto, que le avisas que me vea, y que me hable al momento, para que trate tus bodas? No, Leonor; viven los Cielos, que mientras yo tenga vida, no has de lograr tus deseos. Tan turbada me han dejado de tus razones los ecos, que entre afligida, y confusa a responderte no acierto: yo a Don Lope? yo a Don Lope? No quieras dorar tu yerro. Confieso que le escribí, pero fue con otro intento. Que otro intento pudo haber, si a voces está diciendo esta carta y vesla aquí de tu mano, y de tu sello::- A mi padre al punto hablad sobre nuestro casamiento. Y aquí, Don Lope, ha venido a tratarlo? . Santo Cielo, . qué laberinto es aqueste? Digo, señor, que confieso haberle escrito, más fue, para que en el campo ameno de San Juan, aquella noche midiesemos los aceros; que aunque soy mujer, los bríos de tus márchitos alientos, con el agravio presente, revivieron en mi pecho. Sin duda que se trocaron los papeles, y a mí due llevó Clara e a Don Lope llevó Celio el de Don Cosme Luján: mi turbación trazó aquesto, para mayores desdichas; mas para todo hay remedio, descubramos la maraña, Amor lince, y Dios flechero. Muy al contrario, Leonor, me informa lo que estoy viendo en este papel, si aquí de tu letra escrito veo: A mi padre al punto hablad sobre nuestro casamiento; y Don Lope viene a hablarme: como quieres que dé credito a lo que dices? . Señor, ya que el aliento postrero ha llegado de estos lances, escucha. . Ya estoy atento. Yo confieso, que a Don Lope, no por amor que le tengo, ni por estimar finezas de rondas y galanteos, escribí un papel, y en él en abreviados conceptos, le llamaba a desafío, si acaso era Caballero: la verdad, señor, te digo: pero estándole escribiendo, alborotada mi prima, lleno de temor el pecho, entró y me dijo: Leonor, bien quifiera excusar esto; mas como te quiero bien, ocultártelo no puedo: mañana se va Don Cosme; si hallas algún remedio para detenerle, yo hago en esto lo que debo. Apenas estas palabras escuché, cuando me quedo mas que carámbano helado; porque la sangre en el cuerpo faltó a sus obligaciones, quedando tan sin aliento, que fue mucho no morirme; mas el generoso centro cuidadoso de la mía en tanto riesgo, aliento me restituye; y volviendo al ser primero, tomé la pluma, escribile, que te hablase; el papel cierro, y como estaba turbada, entre amores y entre incendios del agravio de Don Lope (ay Dios!) los papeles trueco, dando a Don Lope el de Cosme, y a Cosme el de Lope dieron. Aquesta herida lo diga, que ahora en el brazo tengo, pues por salir a vengarte vine a hallarme en mucho empeño con Don Cosme, imaginando ser Don Lope el que el acero esgrimia; mas si él fuera, que no me costara, creo, la sangre que me ha costado; que la culpa quita alientos, acobarda al más valiente, y al animoso da miedos. Esta es la verdad, señor; que bien a Don Cosme quiero, lo es también y si lo hicieras (señor y padre) mi dueño, aunque en las mujeres nobles viene a ser atrevimiento, yo fuera dichosa hija, y tu padre verdadero. De tus pensamientos nobles, querida hija, me alegro, que bien merece este nombre, quien tiene tal pensamiento. Y ahora que cierto estoy, que no estás culpada, quiero latisfacer a Don Lope: dónde está? . En este aposento: has de volver dónde estoy? Sí, Leonor, al punto vuelvo. . Válgame Dios! qué de penas se amontonan en mi pecho O quién hablara a Don Cosme, para decirle el enredo del papel! si se habrá ido, entre dudoso, y suspenso de este suceso pasado? si dará quejas al Cielo e alevoso de mi trato, qu le llamé, y mal Caballero? Ay de mí! todo es desdichas; mas (ay Dios!) de qué me quejo, si él se declaró conmigo, y yo no quise creerlo? Padezcan, pues, mis sentidos, salga a pedazos deshecho el corazón, pues yo sola tengo la culpa de aquesto. Dónde vas? . A despedirme de Don Jayme. . Y es de cierto, que nos hemos de ir? . Por Dios, Mirón, que ha de ser tan cierto, como el Sol alumbra el Orbe. Y si acaso mira tierno Doña Leonor, qué has de hacer? Ser risco en la Mar expuesto a las olas, sin que en mí se divise un movimiento. Yo he visto otros muchos bravos, que con solo dos pucheros, que hace la tal melindrosa, son cera blanda, que al fuego hacen de ellos cuanto quieren, y de ti será lo mismo: Allí está Doña Leonor. Allí? pues atrás me vuelvo, que yo no la busco a ella: Ahora tenemos eso? Mi señor Don Cosme? . Mira, que te llama. . Tan grosero en aquesta casa estáis? Tengo por azar el veros; y así me vuelvo a la calle. Señor Don Cosme, tan presto dais la vuelta? . Señor, sí, porque a despedirme vengo de vos, y no será justo, que os dé sospechas, y celos, si me halláis con vuestra hija. De tan noble Caballero, no tengo que sospechar: qué decís? . Tengo dispuesto para esta tarde el viaje; y solo saber pretendo, si me mandáis en qué os sirva. Venís a tan lindo tiempo, que me excusáis de buscaros; si bien el veros resuelto, para hacer vuestro viaje tan brevemente, me ha puesto en cuidado. . Si serviros en alguna cosa puedo en Barcelona, esperad, y veréis como procedo; pero mandar que me quede otra vez aquí, aunque, excedo los límites de cortés, perdiéndoos a vos respeto; el partirme es tan forzoso, que no puedo hacerlo menos. Todos estos son enojos, que tiene conmigo: ay Cielos, qué de desdichas me cercan! Hasta ahora bien lo has hecho; pero si llega Leonor, te ha de ablandar sin remedio. No hayas miedo que me ablande. Solo aquesto me da miedo. Por vuestra vida, Don Cosme, que me digáis, si merezco saber la causa, qué causa os obliga a que resuelto estéis de iros esta tarde? Tuve anoche cierto encuentro con persona de importancia; y estando en Valencia, temo no salir bien otra vez; que como fui forastero, no habrá quien haga mis partes. Yo, Don Cosme, las he hecho: oyendo el caso he sabido; y así, aseguraros puedo, que a quien la sangre sacasteis, os quiere como vos mismo. Y si acaso os da cuidado aquel billete, que os dieron, de que para vos no se hizo, podéis estar satisfecho. Y si este encuentro teméis, no temáis tales encuentros, que yo aseguro las paces. Estando vos de por medio, no hay mal que temer se pueda. Ya el risco se va rindiendo a las olas de la solo falta el suave viento de Leonor, que si este sopla, cierto estoy que nos quedemos. Quisiera, Cosme, casaros. Por tan grande Caballero, no tendrá duda, señor, que sea bueno el casamiento; pero con quién? Con mi hija Leonor. . Yo ganaré en ello, sino hubiera de partirme: mas si con este concierto queréis, señor, que se haga, por mi parte ya está hecho. Con tanta resolución? Señor: . Vienes en esto, Leonor? . Si yo soy quien gana, razón es que venga en ello. Pues con esa condición, que habemos de partir luego, esta es mi mano. Y la mía es aquesta. . Buen provecho os haga, amen, la lazada. Vamos, pues, a disponernos para el viaje. . Por Cristo, señor, que yo no te entiendo. Pues yo si me entiendo a mí. Tienes por ventura celos? No, Mirón, mas esto hago, por no venir a tenerlos. . Has negociado bien? De tal manera, que de otra suerte, Claudio, lo quisiera. Pues cómo has negociado? Sabrás como ser pude engañado con el papel de desafío, pues cuando pensé estar favorecido, fue para mí de tal quimera, que el papel, que me dieron, de otro era. No está malo el engaño; pero ya que has sabido el desengaño, y sabes, que a otro escribe esas finezas, y que en nada le estiman tus ternezas, que aguardas a la puerta de su casa? El corazón de celos se me abrasa: entró allá un forastero, hay dentro grande ruido, y saber quiero, si es posible, la causa. Este Lacayo puede poner pausa a todos tus deseos. No es tiempo ya de aquesos galanteos: miren, por vida mía, la Galleguita con lo que venía. Por vida vuestra, hidalgo::- Bien sé que lo soy, pero si valgo alguna cosa para su servicio, me tendrán vuesarcedes muy propicio; mas ha de ser de priesa, que ponen ya la mesa, y si en ella no asiste mi presencia, me quedaré a la Luna de Valencia. Que me digáis os pido, por qué ocasión este alboroto ha sido? Está bien preguntado: con mi señor Don Cosme se ha casado Doña Leonor, asombro de hermosura, y el casamiento se hizo en coyuntura; y siendo inexcusable su destino, que estaba de camino, y el ir a Barcelona ser forzoso, anda la casa toda sin reposo: ya de camino estamos, y para caminar solo aguardamos a Don Jayme, que fue por la licencia del Arzobispo, para que en presencia del Cura de esta Aldea más cercana se case la Diana de estos valles, y sotos. Aquestos son, señor, los alborotos, que se han causado ahora en esta casa; aquesta es la verdad de cuanto pasa; y pues no es para más, y se hace tarde, perdone vuesarced, a quien Dios guarde. Parece, que has quedado con lo que este Lacayo ha relatado, confuso, absorto, y mudo. Darme pena no pudo mas triste, y más penosa: pero vamos al puerto de Tortosa, donde verás, amigo, lo que hago. Si el ser tu amigo con aqueso pago, vamos muy norabuena, mas no quisiera que en más grave pena se embarcara tu intento. En Tortosa sabrás mi pensamiento. Con gusto se fue Leonor. No es mucho vaya con gusto, que no puede haber disgusto en casados con amor. Cuando ha de partir mi tío? Muy brevemente será. Primero se tratará este casamiento mío. De Lope agraviado estoy, mas hago al Cielo testigo, que se ha de casar contigo, o no seré yo quien soy. Edades largas, señor, tributes censo a la vida. En el alma está esculpida la ofensa hecha a mi honor: mas yo le haré confesar, ya que ahora se desdice, que Don Jayme verdad dice, que me vino a rogar, que lo tratase contigo; que para que lo confiese, aunque a Don Lope le pese, basta que yo sea testigo. La ropa he de componer para llevar a Leonor; y así vamos, que tu honor por mi cuenta ha de correr. . Vienes cansada, Leonor? Mal me puedo yo cansar, cuando para descansar, tu esclava me hizo el Amor. Estimo aquese favor; si bien después que te vi, tan esclavo tuyo fui, que el alma te hizo su dueño, poniéndome en tanto empeño, que en ti vivía, y no en mí. Mil almas tener quisiera para emplearlas, Leonor, en tu amor; porque tu amor es de superior esfera, y yo contento viviera con tan soberana suerte, viendo, que sin merecerte, publicara mi osadía, que pocas almas tenía, mi Leonor, para quererte. Yo soy quien puedo decir, sin lisonja, Cosme mío, que de mi amor no me fío, para poderte servir: y así te quiero advertir, ya que la ocasión me ofreces, que si digo muchas veces, que te amo con amor loco, todo lo que digo, es poco para lo que tú mereces. Y casi vengo a pensar, viendo mi excesivo amor, que como temprana flor, a sazón no ha de llegar. Qué te obliga a imaginar, Leonor, en tan dulce estado, cosa de tanto cuidado? El considerar, mi bien, que los que se quieren bien, casi nunca se han gozado. Cese la pena, y desvelo, que te da ese pensamiento; porque nuestro casamiento, Leonor, le ha ordenado el Cielo: y así, pierde ese recelo, no te aflija, ni te altere, tu amor larga vida espere, sin darte tantos cuidados, que los bien, y mal casados le gozan lo que Dios quiere. Ya está todo prevenido, señor, para caminar; pero falta vida al Mar, de la mucha que ha tenido: el Marinero ha subido a la gabia y dice ahora, que al despertar el Aurora viento apacible tendremos, y alegres caminaremos, en tanto que el Alba llora. Entra, Leonor, en el Mar, que yo en su margen gallarda, lo que el Céfiro se tarda, me divertiré en cazar: desde allí verás tirar al conejuelo medroso, que alegre, ufano, y gozoso sale a pacer esmeralda en la marítima falda de aqueste piélago undoso. No, mi bien, aquí estaré a la sombra de este risco, a quien el verde lentisco humilde besa su pie: aquí a Celio llamaré, si bien, quedándome aquí, el alma, que vive en mí, en la caza ha de seguirte: aquesto es, Cosme, decirte, que no me hallaré sin ti. Presto volveré, mi cielo. No siendo de aquesa suerte, más cierta será mi muerte, que no la del conejuelo. Vamos, Mirón. Ten consuelo, señora, con que han de ver, antes dele anochecer, de tus luces los reflejos, a tus plantas más conejos, que un asno pueda traer. . Dónde está el señor Don Cosme? Ahora a cazar se fue. No es mala ocasión aquesta para lo que he menester. Qué modo de hablar es ese, Marinero descortés? es del Mar ese lenguaje? Sabes quién soy? . No lo sé. Pues escúchalo, y sabraslo: Este vestido, que ves, es impropio en mí. . Y el modo de hablar impropio es también, aunque sea quien me habla disfrazado el mismo Rey. Yo soy Don Lope Fajardo, que sin dejar de correr las postas en que he venido desde Valencia, llegué a Tortosa, y he tomado este traje. . Para qué? Para poderte decir, fin que lo pueda entender Don Cosme, que yo te adoro, e y que después que m tus ojos, nunca los míos con asomos de placer se han visto: y así, Leonor, vengo a ponerme a tus pies, para ver si mi humildad tu rigor puede vencer; que ya viene a ser sobrado conmigo tanto desdén. Pero si mis humildades no quieres favorecer; el sitio está convidando, pues aquí nadie nos ve, ni hay marido que lo impida a que goce el rosicler de tus labios: mas yo espero, que aquí premiado ha de ser con mucho gusto mi amor: mas si con todo, a la fe de mis crecidas finezas no quieres corresponder, la humildad, con que suplico, en rigores trocaré, tomando, Leonor, por fuerza lo que no me das por bien. Ya son tres veces con esta, Don Lope falso, y cruel, las que has probado en mi daño la fuerza de mi poder. Y si a tres va la vencida, lo que a la segunda vez respondí, respondo ahora, supuesto que ya son tres. Ves este escollo, que el Mar espumoso, como infiel, con balas de oro combate desde la cabeza al pie, sin dejar de combatirle, desde que empieza a nacer el Alba, hasta que en urnas de nácar, y de clavel, encierra todos sus rayos ese farol, que sin pies va corriendo por la esfera, sin verse cansancio en él; y el piélago no cansado, aunque comienza a tender la noche sus lutos negros, y el escollo no se ve, no deja de combatirle, pensando, que de vencer del risco la fortaleza; pero todo en vano es, porque el empinado escollo no se sujeta, antes bien, valiente, como arrogante, si alguna nave, o bajel, impelidos de la Mar, le llegan a acometer, los destroza, y los deshace, rindiéndolos a sus pies? Pues así, arrogante Lope, Doña Leonor ha de ser, que siendo mi pecho escollo en firmeza, venceré tiros de finezas torpes, trabucos de querer bien, balas de arrogantes bríos; y si fueres descortés conmigo, entre estos peñascos, por decir, que aquí no hay quien se oponga a tus disparates, la vida me quitaré con la espada de los dientes, que a una valiente mujer los dientes sirven de espada contra un Caballero infiel. No tan colérica, y brava, Leonor, cese tu desdén, trueca en amor los rigores, y el desprecio en bien querer: porque te vuelvo a decir con término muy cortés, que es mejor hacer por gusto lo que por fuerza ha de ser. Ay de mí! que está resuelto: . en este caso, qué haré? pero válgame la industria, que estoy sola, y soy mujer. En fin, Don Lope Fajardo, he de quebrantar la ley de honrada, y noble? . Leonor, la fuerza de querer bien en esta ocasión me obliga, a parecer descortés. Digo, pues, señor Don Lope, supuesto que así ha de ser, que no ha de ser profanando de la vergüenza el clavel: vamos a la P abe, ese gusto te daré; que el secreto, y el recato, supuesto, que he de ofender a diós y a Cosme mi esposo, de mucha importancia es. A donde podré decir de esta agua no beberé; pues aunque valiente he sido, al fin me dejo vencer. Lo que tú quisieres quiero. Sí, más saldrate al revés, . porque has de quedar burlado, o no ser noble mujer. Herida va la Garza. A cargar vuelve, y tírala otra vez. Bien se revuelve por la región del aire a las Estrellas. Irá a darlas de ti muchas quererlas. Con qué velocidad surcaba el aire! Y acosada veloz huye al desgaire. Poco la detenía el ir herida, que el coraje la influye nueva vida. Conociendo ventaja, no me espanto, que por librarse caminase tanto. Tente, Mirón, que sobre aquel escollo, de aquestas selvas natural cogollo, un Gabilán con vuelo acelerado, arrogante, tenaz, determinado, despedazar pretende una Paloma, sobre el puntal arisco de esa loma: ella escaparse intenta de sus garras; y perdiendo el timón, y las amarras, en el mar de su angustia se desboca, ya la vuelve a seguir de roca en roca: ella huye tal vez, ya la da alcance, ya la sigue cruel (qué fiero trance!) y con sus uñas corvas ya la prende, mas ella con su pico se defiende: la crueldad de este pájaro me cansa, y me lástima la Paloma mansa: dame, dame recado, porque quiero atajarle los pasos a ese fiero, y veré si le privo de la vida. Bien lo merece el palomicida; vamos tras él, señor. Vente conmigo, que no se ha de librar de mi castigo, aunque atraviese toda la campiña. Dios me defienda de aves de rapiña. Para qué con tal primor me has querido aderezar? Pretendo así festejar a Don Cosme tu señor. Yo he de hacer cuanto me mandes; Ya conozco tus extremos; quiero que representemos el Valiente Negro en Flandes. Aunque dijera mejor, pues me he llegado a tizuar, que quiero representar la Negra por el Honor. Aunque Negra, hermosa estás. Cómo tú me quieres bien, negra te parezco bien. Gusto a mi señor darás viéndote con tal color. Que tendrá gusto sospecho, cuando sepa, que me he hecho . negra, por guardar su honor. Razón será, que probemos los pasos más apretados. Ya, Celio, están bien probados; pero cuando nos erremos, perdón tendrá nuestro error: Porque en aquesto, que emprendo, solo que acierte pretendo, . la Negra por el Honor. Vete arriba, aguarda allí; que presto te ire a buscar. A ti te toca mandar, y el obedecer a mí. Querida Doña Leonor, ya el Sol se quiere poner. Qué importa? que yo he de ser la Negra por el Honor. Quién eres? . Esclavo soy de Doña Leonor. . Así? Si señor; dejome aquí, y aquí aguardándola estoy. A dónde fue tu señora? A la plaza de Armas fue. Acaso sabes a qué? Por Don Cosme gime, y llora. Yo la quiero consolar en tan grandes desconsuelos. Yo, entre tantos desvelos, voy a Don Cosme a buscar. Dónde está Doña Leonor? Qué la quieres? Quiero hablarla, para decirla, y contarla una nueva de dolor. Qué es la nueva? Que a su esposo, gallardo, animoso y fuerte, una rigorosa muerte le dio un Jabalí cerdoso. Qué dices? . Lo que has oído. Si está muerto mi señor, acábeme a mí el dolor. De aquesto testigo he sido: en el campo yo le hallé con el Jabalí luchando, y casi ya agonizando cuando partí le dejé. Aquesto vengo a decirla, sabe Dios, que me da pena, mas la nueva mala, o buena, de alguno tiene de oírla. No la des ese dolor, basta que a mí me le has dado. Tú, pues eres su criado, se lo contarás mejor, que por si acaso no es muerto, quiero allá volver de prisa; de esto a tu señora avisa, pues te digo lo que es cierto; que sabe el Cielo el dolor, que me ha hecho padecer. Ahora sí, que he de ser la Negra por el Honor. Negra mi ventura ha sido, pues hoy me vengo a hallar un pie en tierra, otro en la Mar, fin esposo, y sin marido. El rostro me había tiznado solo por mostrar quien soy; pero ya de suerte estoy, que toda negra he quedado: porque el alma negra está de tristeza, y compasión: negro tengo el corazón, y negra es mi vida ya. Mas cómo aquí me entretengo? cómo estoy con tal reposo? voy a buscar a mi esposo, que otro consuelo no tengo; porque en tan grave dolor digan las lenguas parleras, que hoy represento de veras la Negra por el Honor. Por Dios, señor, que estoy muerto. Yo también estoy cansado. Lleve el diablo el gabilán, que sin duda más que pájaro, fue el demonio, pues de suerte los dos habemos quedado, que ni tú estás para haca, ni yo, señor, para haco. Aunque la brillante antorcha quiere ya esconder sus rayos detrás del zarzo biombo, que cubre el cerúleo carco, y entre confusos desvelos Leonor estará aguardando, quiero descansar un poco . en lo ameno de este prado. Bien dices, más hace falta, para alivio del cansancio, un pedazo de candiota de los licores de Baco: que si va a decir verdad, según estamos cansados, fuera de mucha importancia beber siquiera dos tragos. Qué bien las naves parecen! Desde aparte sí, más hallo, que tratar con tales bestias es grandísimo trabajo. Yo apostaré, que Leonor con amorosos cuidados se ha asomado muchas veces de la Nave en lo más alto a ver si yo: pero aguarda, . no es aquella, que en lo llano de la plaza de Armas huye de un Marinero villano? Ella parece, señor. Vive Dios, que aquel presagio del gavilán, y paloma, pronuncio fue de este caso. Aguarda, querido dueño. Ten, Marinero bárbaro. Cumple lo que has prometido. Estás loco? . Enamorado si estoy. . Qué es esto que miro? ea, Mirón, vamos, vamos, que mi honor riesgo padece. Tente, traidor. . Es en vano defenderte de mis bríos. De los cristales el campo me defenderá de ti. . Quién corazón más gallardo, que esta mujer ha tenido, llevando el honor por blanco? Que me ahogo, que me ahogo. Yo voy a ver si la saco. . Que se ahoga dice: Cielos, quién vio más triste fracaso! Ya nada, ya no parece; con las luces que ha dejado el mayor de los Planetas, se divisa naufragando: ya el Marinero traidor, temeroso de su daño, quiere dar velas al viento, que si hasta ahora ha faltado el celebrado Fabonio, ya sopla piadoso y manso, aire dando a los traidores, porque no vengue este agravio: pero como me entretengo, si Leonor se está ahogando? Mirón, desnúdame presto. . Qué quie Echarme a nado, a ver si librarla puedo. Ya será imposible caso, que ha rato que no parece; y estoy, señor, sospechando, que sin Sacristan, y Cura ha dado sepulcro sacro a su cuerpo el Mar piadoso. Llámale, Mirón, tirano, no piadoso, pues conmigo tan tirano se ha mostrado. Con todo, he de entrar en él, y las grutas taladrando, buscaré el cadaver frío. Y si te quedas acaso en alguna de sus grutas, siendo del Mar Hermitaño para siempre, qué tendremos? Vivir siempre::- . En qué? En descanso. En fin, señor, te resuelves? Sí, Mirón. . Lleva Rosario para encomendarte a Dios, que hay allá peces tan malos, que si encuentran con un hombre, al primer hociconazo sin vigotes, ni narices, le dejan bamboleando. Ya voy tras ti, dulce esposa. Tú morirás ahogado. Qué importa, cuando ella Ero, que yo venga a ser Leandro? . Yo entiendo, que de esta vez Mirón se queda sin amos, siendo huevos, no en tortilla, sino por agua pasados. En fin, se ahogó Leonor? El caso más desdichado es este, que ha visto el mundo. Asombro ha de dar y espanto a Valencia este suceso; y si llega a imaginarlo su padre, corren peligro por ti todos los Fajardos. Es imposible saberse, porque a mi nadie en la N me ha conocido. Don Lope, como te estás tan de espacio, cuando el justicia mayor de Tortosa ha echado bando, que te prendan, o te maten? Quién al justicia ha informado, que yo soy el agresor, para que publique bando, que me maten, o me prendan? es imposible. . Un esclavo, vertiendo lágrimas tiernas, lo que pasa le ha contado; y como el caso es enorme, luego al punto despacharon Requisitoria a Valencia, y a la puerta de Palacio, y en otros muchos cantones están papeles fijados, que publican lo que he dicho; y los Ministros juntando contra ti quedaban gente para correr esos campos. Aquesto pasa, Don Lope, aquestas nuevas te traigo como amigo, por si quieres, que nos pongamos en salvo. Claudio, qué haremos? Don Lope, solo tu consejo aguardo. Retirémonos al monte, y si Vándidos hallamos, con ellos nos juntaremos, en tanto, que estos naufragios tienen bonanza. . Bien dices, vámonos al monte. . Vamos. . Lindamente nadaste, mas, al fin, en el Mar te la dejaste. Este suceso me ha quitado el juicio. Si de buzo ejercitas el oficio, vendrás a ser el Rey de aquesta gente. No comiences a estar impertinente. Déjolo, pues, y trato de otra cosa: no quieres que lleguemos a Tortosa? porque estar en el monte, y sin comida, a pique estamos de perder la vida. Como a mí la media me ha faltado, ese cuidado no me da cuidado. Por Cristo, que es muy linda la respués Vándidos, a la cuesta, que por ella va gente. . No te: aquella voz? No vengo a sentir nada, que cuando aquí me envistan Vándole y muerte rigorosa me den fieros, como ya la mitad tengo perdida, favor será privarme de la vida. Voto a Dios, que me agrada el dichecillo: yo morirme? temor me da de oíllo. Rindan luego las bolsas, Caballeros. Si su coraje es solo por dineros, en esta bolsa viene cuanto tengo, y a dársela con gusto me prevengo. Tres blancas hay en ella. Linda cosa. Es moneda, por Dios, que está mohosa, porque no ha habido nadie que la quiera. Haga franca usted la faldriquera, y no se haga ahora mojigato, que ha de medrar muy poco en este trato. Este bolsillo encierra unos escudos, que si han estado mudos, y tanto a vuestras voces han callado, es porque me conozco desdichado, y quisiera obligaros de esta suerte, a que vuestro rigor me diera muerte. Si tanto lo deseas, alzo el gatillo. . Tan cruel no seas, que me importa saber si son espías: llevadlos a la cueva. Ay ansias mías! Allí sabré el intento que han traído. Lléveme el diablo, amén, si te heofendido. Peñascos coronados de lentiscos, y hayas levantadas, que en estos verdes prados sin costa fabricáis brutas moradas, que me digáis, os pido, si sabéis de Don Cosme mi querido. Levantados pimpollos, que servís de garzoras en el viento; sin que aquestos escollos por altivos os causen descontento, que me digáis, os pido, si sabéis de Don Cosme mi querido. Avecillas parleras, que formando capillas con donaire, y volando ligeras cruzáis el monte, lisonjeáis el aire, que me digáis, os pido, si sabéis de Don Cosme mi querido. Todo calla a mis voces, hasta mis propios ecos han callado, porque huyendo veloces, viéndome triste, sola me han dejado; que a un triste, y sin ventura, todo le falta, si no es la sepultura. De la cima del monte un pajecillo he visto que ha bajado; a prenderle disponte, que ser perdida espía he sospechado, que la justicia envía. Poco fruto tendrá con este día. Dónde va, camarada? Ay de mí! qué es aquesto, santo Cielo? Si es espía enviada, ya halla lo que busca su desvelo: dónde vas, pajecillo? Lo que preguntas no sabré decirlo, porque yo estoy de suerte::- No te turbe el habernos encontrado. Dame, dame la muerte, que sola esta ocasión he deseado. En la falta de seso al otro se parece, que está preso. Palabras no gastemos, confiesa con presteza a qué has venido. Señor::- No hagas extremos, quitadle luego al punto ese vestido, que estando en el tormento confesará verdades. otro siento, que están atormentando. Dime, si la justicia de Tortosa el monte viene ojeando. Cómo podré decir, señor, tal cosa, siendo yo pa Él eco de esta voz conocer quiero. No te suspendas tanto, sino quieres morir en el tormento. De mis ojos el llanto ya publicando está, que no te miento. Pues di presto quien eres, si aquí de mi rigor librarte quieres. Como me des palabra, que no me ofenderás en un cabello, te lo diré. . Ya labra en mi pecho el deseo de saberlo: por Dios Santo te juro, que de mí, y de mi gente estás seguro. Pues oye atento, y sabrás, que aunque en este traje estoy ostentando, que soy hombre, soy mujer, y no varón. Yo soy, para no cansarte, la infeliz Doña Leonor de Centellas. Ya colijo, que es todo embuste, y ficción cuanto me quieres decir. Oye atento, que yo soy la misma, que estoy diciendo, y si hecha relación me hallares ser mentirosa, yo por consejo te doy, que me hagas más padazos, que átomos calienta el Sol. Yo soy, te vuelvo a decir, la infeliz Doña Leonor, a quien Valencia, mi patria, el primer aliento dio. Allí Don Cosme Luján, Caballero de valor, cortés, valiente y gallardo, tan fino me enamoro, que me rendí a sus finezas; no fue mucho, porque amor, antes que yo le tratase, a ser suya me inclinó. Antes de aquesto, un Don Lope, noble sí, pero traidor, pues sin mirar la nobleza, que de su tronco heredó, quiso una noche en mi casa, sin mirar en mi opinión, ser contra mi voluntad bandolero de mi honor. Valiente me resistí, mi padre Don Jayme entró; quedose con él Don Lope, por darle satisfacción. Dejo aquesto, y vuelvo a Cosme: mi padre, al fin, le habló para casarme con él; y conformados los dos, partimos a Barcelona, el mi esposo, y suya yo. De Tortosa en los Alfarques, no sé por qué permisión de los Cielos, en el Mar, en aquel tiempo faltó Céfiro manso, que sirve de alas al vaso mayor. Don Cosme, por divertirse, a buscar caza salió: en este tiempo Don Lope, que caballo volador vino siguiendo mis pasos, de Marinero tomó traje humilde, y otra vez de mi pureza el candor quiso robar: yo confieso, que aquí tanto me apretó, que a no valerme la industria, de mi honor fuera ladrón. Dile palabra, en efecto, de ser suya, cuando el Sol no pudiese descubrir mi flaqueza; pero yo, por ser la que siempre fui, y dar más lustre a mi honor, adorné con mis vestidos a un paje, que me sirvió: yo traje de hombre tomé, tiznándome con carbón mi rostro; dio tras el paje Don Lope, sin atención si era Celio a quien hablaba, o si era Doña Leonor. Viéndose el paje confuso, temerario se arrojó al campo de los cristales, dolor! hizo sepulcro del Mar, pues en efecto se ahogó. Yo tiznada, en fin, por ser la Negra por el Honor, iba a buscar a mi esposo, y díjome un Cazador, que un Jabalí colmilludo, rigoroso le quitó la vida, y por estas breñas, destilando el corazón a pedazos por los ojos, marchito todo el color, sin alma todo el aliento, y toda sin alma yo, vengo a buscar el cadáver. Esto, Caballero, soy, lastimente mis desdichas, muévate mi compasión, enternezcante mis penas, duélete de mi dolor, y cúmpleme la palabra, que aquí tu lengua me dio. Este mi suceso ha sido, y esta ha sido la ocasión de disfrazarme, por ser la Negra por el Honor. Hola, Pastores del monte. Acudid a aquella voz. Con gusto te obedecemos. Qué encanto es este, Mirón? mi esposa viva, yo preso, sin poder mostrar mi amor? Aguarda a ver en qué para. Después que tu relación he escuchado, y sé quien eres, me ha pesado, vive Dios, de haberte dado palabra de no ofenderte. . Señor, no te pese. . Si me pesa: Pero si yo dueño soy de estos montes, de estos sotos, y de toda esta región, y por ella estoy así, no será razón, que yo deje de lograr mi intento: gozarela? pe que a quien por vivir honrada con tal valor se tiznó, es bien que el mundo la llame la Negra por el Honor. Date a prisión, viejo loco. Será después que los dos me quitéis la vida. . Cielos, . mi padre es este! Señor, . si acaso el ser desdichada contigo algo mereció, te suplico, que les mandes, que no traten con rigor a mi padre, cuyas canas merecen veneración. Quién eres tú, que me llamas padre? . Tu hija Leonor. Cómo estás en este traje? Casos de fortuna son. Dejadle, no le matéis, hasta que lo mande yo: por qué le tratáis así? Mirando la perfección de esta mujer peregrina, a los dos nos pareció, que solo tú la mereces: hase hecho valentón, y solo para traerla donde la goces, causó esta pendencia, que ves. Muy bien pareció a los dos, pues esta ha de ser mi esposa. Quién eres? . Don Lope soy, que si hasta ahora he mostrado esquivez a tu afición, viendo que Leonor tu prima, Negra por guardar su honor se ha hecho, quiero pagarte, saliendo de confusión, la obligación que te tengo: y a Don Jayme mi señor pido perdón de mis yerros. Que te los perdone yo es justo con tal suceso. Yo debiera por mi honor, ingrato, satisfacerme de otra manera, mas hoy es preciso que mi agravio ceda a tu proposición: esta es mi mano. Y los brazos confirmen mi firme amor. Premió el Cielo mis fatigas. Prima, el parabién te doy; tú el pésame puedes darme, pues mi Don Cosme murió. Don Cosme tu esposo vive. Y también vive Mirón. Quién dijo aquello? Los presos. Pues salgan de la prisión, para celebrar mi dicha. Querida Doña Leonor, yo vivo, a pesar de cuantas asechanzas intentó la fortuna; y pues el hado, que ingrato me persiguió, amotinando rigores contra mi amante pasión, trueca los riesgos en dichas; es preciso, que mi amor logre, a pesar del destino, benigno tu hermoso sol. Qué es esto, divinos Cielos? no me dijo un Cazador que era muerto? Yo lo dije; pero mi lengua mintió por mandado de Don Lope. Confieso, que fue invención, por gozarte más de espacio, pero en vano me salio. No me des satisfacciones, que yo satisfecho estoy. Don Cosme, seamos amigos, que los yerros por amor, dignos son de perdonar. De todo te doy perdón. Pues tan bien se ha negociado, y todo en paz se acabó, solo falta que en Tort sepa el justicia mayor lo que pasa, porque cese el procurar tu prisión. Bien dice Claudió. Pues vamos a contar lo que pasó. Cómo que? tengan, señores, porque falta lo mejor. No hagáis caso de este loco. Cómo que no? vive Dios, que después de estar callando como un eterno Mirón, no he de parlar por saber (ya que el negocio acabó) lo que importa que se sepa aquí, en Flandes, y en japón? Pues qué será? Di? qué esperas? Ae de quedarme, señor, a la Luna de Valencia, sin que me den un reloj, que me toque, y le retoque con la llave de mi amor? Yo te prometo mil pesos, para que cases, Mirón, a tu gusto. Vivas, Cosme, más años, que vueltas dio este farol, que ilumina a ese grande pabellón. Y con esto, aquí el Poeta a todos pide perdón; porque tenga fin dichoso la Negra por el Honor.