Texto digital

Texto digital de El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio Sánchez Tórtoles
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/nacimiento-de-nuestro-senor-jesucristo-el.

Logo BICUVE

EL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

JORNADA PRIMERA

(mento, Si mis humildes obras, Dios in- tienen algún valor en vuestros ojos, y si mi afecto llega al Trono excelso, aconde ofrezco el alma por despojos, entre penas pagando el comun ceso, en lágrimas que exhalan mis enojos, te pido que descubras a mi pecho, lo que es tu voluntad, y mi provecho. Ya sabes, dulce bien del alma mía, que a sola esta Deidad me he dedicado pureza virginal, no desconfía (paro, mi esperanza, teniendo vuestro am- antes en esta de impiedad porfía, donde he mudado a mi pesar de estado, espero, gran Señor, con vuestra ayuda, perseverar constante, limpia, y pura. Dios de Israel Soberano, Rey de suma omnipetencia, pues que vuestra providencia gobierna el género humano, de este ramo, que en mi mano al Abril ul traje ha sido; que manifiestes te pido lo que ocultan sus verdores, que temo ver entre flores algún áspid escondido. Blanco, y verde mi esperanza aumentan los dos colores, de la castidad las flores me dan cierta confianza; mas mi discurso no alcanza esta enigma tan oscura, y así mi afecto procura cumplir siempre con lealtad lo que es vuestra voluntad, en que fundo mi ventura. Yo casada, cuando a vos mi Dios con humildad sacrifico os dedreo de mi castidad la palma, el alma, sacadme de aquesta calma; pues solo a vos, dulce Dueno, en este confuso empeño mi Dios, os dédico el alma. Siendo mi Esposa María, alegría, pudiera gozar sin susto, gusto, pues como al alma le ordena, pena: mas ay de mí, que es ajena de mis sentidos tal gloria, y atormentan mi memoria, alegría, gusto, y pena! Pero María está aquí, yo quiero llegarla a hablar, que omisión en mi agasajo no merece su deidad. Llego, pues, prima, y Señora. Esposo, y Dueño, aquí esta la que ha de ser vuestra esclava: ay de mí, que no me da esta pena que padezco, para decirlo, lugar! Mas si vos, Señor divino, sois quien todo lo ordenáis, dejando mi sentimiento, hágase tu voluntad. Es tanto, Esposa querida, lo alegre, que el alma está que entre dulces parabienes su dicha pública ya. Este ramo, que en mi mano a la Primavera da nuevo asunto con sus flores, y al Abril bien que envidiar, anuncio fue de mis dichas, y a gloria tan singular, no es mucho baje del cielo quien tal bien llegue a anunciar. Esposo, mi dicha es grande, mas al quererla explicar, torpe la voz enmudece, y en la cárcel de coral, la lengua olvida el idioma de que antes solía usar; que cuando es grande un placer, solo el silencio podrá con voces ponderativas el gusto manifestar. Los deudos, y convidados, mi Dueño, han venido ya, porque la música avisa, que aguardándonos están. Al Desposorio divino de María con Joseph, vierten aromas los prados dándoles el parabién. Los arroyuelos sonoros apresuran su correr, para bordarlos de perlas, costoso, y bello dosel. La armonía de las flores del más vistoso pincel, matizan de varias formas tapetes para sus pies. Vamos, Esposa querida, que tiempo queda después para decir lo que siente el alma de este placer. Yo voy siguiendo tus pasos; . benigno Dios de Israel, dadme puerto, gran Señor, en naufragio tan cruel, (lio, no quiero más ganado, ni aún mi- que en la cocina lindamente me hallo; yo emperjeño de ser ya cocinero, aunque me cueste, voto al Sol, dinero no he de querer a otra, (tra, porque ella sola el alma me enquillo- y mis guisados, sabrósitos, bellos, las reverendas migas doy por ellos. En la dichosa boda de María, la que todo lo llena de alegría, sin sofrir ningún daño, sacare de mal año mi hambre, de manjares deseoso, que como so, y he sido tan goloso, de todo lo que vide hurté no poco; en pensar en los pratos esto loco. Aquí me siento en nombre de Dios Pa- (dre, no le daré a mi madre tan sola una miaja, el zurrón de telleno se desgaja; aquí, que solo, y sin testigos mallo, sin repartir empezare a sacarlo. Gracias a Dios, que Menga no parece, que el bella me entristece cuando es de comer hora; que bravo trascarton la he dado ahora. Quiero ver lo que traigo so el sobaco, ellalmá me enamora lo que saco; y omillada, rendida, y bien devota, le quiero dar mil besos a esta hora. Bien haya amén el Arca, . que guardó al Patriarca, para que tal tesoro nos dejase, y en los sarmientos tanto bien plantase. No enquillotró Salón con su melena, tanto como esta bora si está llena; quiero dalle otro abrazo, y muchos besos; más creo que en los huelsos, y fraca la he dejado, allalma su fraqueza me ha llegado. Querida de mi vida, y de mis ojos, el corazón me quiebran tus enojos; quiero dejarla ya hacia aqueste lado, y sacar lo que tengo aquí guardado; quiero comer, y canar, no me escucho algún bellaco, y quitandomelo todo, me neque después con algo. Ya me parece que veo cubierto de gente el campo, y yo me voy en ayunas, y bien cargado de palos. Que sabrósito está todo, bien hayan amen las manos, y el callerre, que también lo habrán empergenado. Que de prisa que lo engullo, parece so convidado, que en tal ocasión, no hay navie que coma depacio. Un poco sequito está, y aunque lo he despachurrado, no quiere escorrir adentro sino lo empuja este trago. Parece que a la cabeza se ha subido aquede hermano; grandes pensamientos tiene pues tan presto fue a lo alto. Mas de dos mil locésicas a mis ojos ha enviado, que candelillas que llevan, y hacia allí va un linternazo. Esta procesión parece, yo quiero echarme aquí un rato mientras pasaso el zurrón; guárdenme el sueño entre tanto, 3e . c, . Scora infernales furias, venta siguiendo mis pasos; deja am oscuras tinreblas del caliginoso espacio. Sabed, que entre los tormentos de los incendios que exalo, de ponzunas que respiro, y de venenos que esparzo, un etna de confusiones, un besubio de cuidado:. un mongibelo de dudas, un volcán ardiente traigo. Venid, pues, sin que ninguna se exceptue a mi mandato, por si puedo hallar algún alivio en dolores tantos. Mas no vengáis, deteneos, desacuerdo fue llámaros, que de mayores empresas mi valor selo ha triunfado. De mis lóbregas cabernas, infernales grutas, salgo, absorto de imaginar un nuevo voto, que ha dado a mi audacia cobardía, a mis arrojos desmayo cosa, que jamás se ha visto en todo el género humano. Que voto de castidad una mujer haga, cuando sucesión esperan todos! de esto nacen mis cuidados: esto me saca de mí, en otro fuego me abraso, nuevas ansias me combaten, y nuevos rigores paso; nuevo sentimiento tengo, y en nuevos abismos ardo. Yo quisiera; ay de mí triste! saber la causa de tantos generos de confusiones, abismos de sobresaltos; mas no puedo averiguarla aunque más discursos hago: pues cuando quiero inquirirla. y alguna claridad hallo, se me ofrecen, entre dudas, confusiones, y embarazos. Ahora discurso mío, todo el veneno del vaso apuremos de una vez, que aunque el saber es mi daño, lo que más me oprime ahora es lo que estoy ignorando. Entre Joseph, y María; ay de mí, que al pronunciarlo se llena el pecho de horrores, se viste el alma de espanto! Entre los dos me atormentan con rigores tan extraños, que todas las penas juntas de ese lóbrego Palacio, no hacen, no, la menor que yo padezco al nombrarlos; porque estas penas me tienen todo mi valor postrado, todo mi esfuerzo rendido, todo mi ser ultrajado. Penascosas pesadumbres, encumbrados montes altos, auchos ríos, que servís al Cielo de espejos claros; arroyuelos, que ligeros vais al mar apresurados, mariposas cristalinas en sus ondas anegados. Aves que moráis en chopos, fieras de estos despoblados, vientos, que corréis veloces, fuentes de cristales claros, laureles, que siempre verdes, nunta os ofenden los rayosí cedros, que esparéis olores, gomas de donde ha brotado la fragancia más suave; manchados pardos penascos, tierra madrastra del hombre, do su blasón ha parado, ayudadme a descifrar esta enigma, oscuro caos, donde a puras confusiones ya con mi paciencia acabo. Castidad han prometido, y hoy los dos se han desposado, y a mi ingenio se le oculta el motivo de este caso, sin hallar quien de él me informe: Mas para que me acobardo, no soy quien inquietó esos Cielos soberanos, escandalicé su Orbe, alboroté sus espacios. No soy yo, quien dice Isalas era el más hermoso lauro, que salió a causar envidias al Sol, y entre sobresaltos, al Aurora a darla celos con mi madeja brillando, esparciendo al aire luces, resplandores arrojando. Izequiel también no dijo, que traía en mi calzado el diamante más luciente, y el más hermoso topacio. Yo no los rindo, y sujeto; con mi brazo no avasallo todos los Reinos del Orbe, que hoy se nombran mis esclaros. No fueron mis pensamientos gigantes descompasados; mas hay dolor, que Miguel, imperiosamente ufano, por corregir mi altivez, tomó a su cuenta el agravio, que al Autor Sapremo hice, cuando altivo, y temerario, junto a su Solio divino aspire a verme sentado. Mas aunque fue en esta parte mi valor aniquilado, para empezarme a vengar cuando bájara arrojado, con estas mis fieras garras los dos Polos desencajo. Y aunque car en el abismo desde allí estoy publicando, que nadie se ha de escapar de mis rigores tiranos. Y aunque estas dudas me tienen confuso, y desesperado, de mi vigilancia espero podré presto averiguarlo, Yo quiero ir a Nazarer, todo el veneno ocultando de mi cauteloso pecho, y encubierto, y disfrazado, descifraré mis sospechas, reconoceré mis daños, pondré remedio a mi pena, buscaré a mi mal descanso. Mas allí a un hombre he visto dormido, quiero llamarlo, y será la vez primera, que estas diligencias hago porque más gusto de verlos dormidos, y descuidados, en el lecho de los vicios: hola, pastor, a villano deja ya el profundo sueño. e . Déjame Menga del diabro que uo esto muy bien aquí, y no quiero llevar hato; han vido so que rencina. Vence ese fiero letargo. despierta un poco, y escucha. No me tires de ese brazo, que está el pobre muy enfermo. Acaba ya mentecato, ponte en pie. . No quiero, han vido tan notable desenfado; no me vengas a forzar porque me ves en el campo. Levanta, amigo, que no soy quien has imaginado, Que me quiere su meste, que ya estoy a su mandaro? no me contento del traje, . pardrobre, que estoy tembrando; mire señor, yo so tonto. y Menga me ha enquillorrado, y por eso. . Bien está; el pastor esta turbado, mas que mucho que lo este, cuando a mí me esta mirando: cómo te llamas? (to, Señor mi agüelo fue un meteca y por parecerme a él, mi padre me puso Bato. Cobra el aliento perdido, que no intento hacerte daño, si solo pedirte que, porque juzgo vengo errado, (mejor dijera lo erre en mi arrojo temerario) de Nazarer el camino me enseñes. Lo haré de grado, venga su meste conmigo, que yo se lo iré enseñando. Vamos, que de aquesta obra yo te daré el justo pago. Voto a bríos, que en los calzones me ha sucedido un fracaso, si alguien me busca, yo sé, que me saque por el rastro. Desvelado de mis dudas, confuso de mis asombros, afligido de mis penas, muerto de tantos ahogos, de pesares combatido, cansado de mis sollozos, anegado en el ciluvio de las lágrimas que lloro, dejando mi Esposa amada recogida en su Oratorio, a retirarme he venido, si yo puedo de mi propio, y a pedir humilde al Cielo, que mire atento, y piadoso la aflicción en que me veo, Dios de Israel amoroso, a tantos pesares juntos enviadme algún socorro. Yo os di palabra, Señor, que constante, y valeroso virginidad guardaría, y a mis deseos devotos, por disposiciones vuestras, hoy se le ponen estorbos. Veo en mi Esposa, Señor, un prodigio tan hermoso que para aumentar mis dichas, basta ver sus bellos ojos. Veo, que los descendientes de David, mi padre heroico, anhelando a tanta gloria, por ella han venido todos, Y aunque no quedó ninguno de mis dichas envidioso, al perder prenda tan alta, fue preciso, fue forzoso, en ellos el sentimiento; y yo ciego, mudo, absorto, atendiendo a la virtud de mi Esposa, ya medroso, admirando su hermosura, de mi esfuerzo estoy dudoso. Dadme alguna luz, Señor, en la oscuridad que toco, sacad a puerto esta nave que fluctuando en el golfo de tantos pesares juntos, es fuerza se vaya a fondo, si vuestra piedad divina no le envía algún socorro. No temas, Joseph ilustre, el recibir por Esposa a esta divina Doncella, porque es cándida Paloma, y de los ojos de Dios es la Niña más hermosa, que cuando está más airado en verla se desenoja. De castidad hizo voto en su niñez, siendo sola, y sin ejemplo, Maestra de todos, más virtuosa, que Judie la celebrada en las Divinas Historias; es más bella que Raquel, y más que la Ester graciosa, pues todas son tanto menos, cuanto con el Sol las sombras. Y porque me parto a vera, que está triste, y cuidadosa, queda a Dios. Con tanta dieha, de que alegre el alma goza, el pecho vierte alegrías donde mueren mis congojas. Hay mayor felicidad, que tener tan casta Esposa! hay suerte como la mía en cuantas el mundo nota! Flores, celebrad mi dicha, y con voces misteriosas, alternen las avecirlas el triunfo de esta victoria. Fuentes, reíd mi alegría, si a esos cristales informa el placer, que de estas nuevas nace en el alma gozosa. Gracias os doy, gran Señor, por los grandes beneficios, que de vuestra Omnipotencia, y vuestra piedad recibo. Como tras la tempestad el Iris de paz tranquilo, sale serenando el Cielo; así el bello Paraninfo la tormenta de mi pecho con su embajada deshizo. Aquí está mi dulce Esposo: noble Joseph, dueño mío. Prima, y Señora del alma. Esposo amado, y querido, descendiente de aquel tronco, cuyo pimpolio florido, en sus verdores espera remedio al primer delito. De vuestra virginidad el mensajero divino me significó primores, y su pureza me dijo. De la Fe, y la Caridad Templo vuestro pecho ha sido, de equidad, y de justicia, un espejo cristalino, Columna sois de mi honor, noble amparo, fuerte asilo, donde huyendo de los vientos el alma os tiene por nido. Yo seré una sierva vuestra, porque mi ser es indigno de llamarme vuestra Esposa; pero de esa virtud fío, que imitando vuestro ejemplo, he de acertar a serviros. Seguiré vuestra virtud, a cuyos hermosos visos, Águila de vuestros rayos, beberé estos bellos giros. Renaceré en esas llamas, y cual otro Fenix fino, que vive, y muere en Arabia, hijo, y padre de sí mismo; viviré de obedeceros, cuando muere mi albedrío. De esos favores estoy tan agradecido, que a vuestras heroisas plantas, el alma, que humilde os rindo, pobre don, y corta ofrenda, dará de mi afecto indicio. Quién de aquel Magno Alejandro tuviera el Imperio rico, de Creso, y Midas el oro; no por tenerlo por mío, que nunca el juntar tesoros objeto a mi gusto ha sido; si, para poder mejor como quisiera serviros. Después que lios crió el mundo, no es posible que haya habido ventura como la mía, pues mi dicha, ilustre primo, ha sobrepujado a todas. Que mujer ha merecido, ni merecerá jamás, por los siglos de los siglos, el tener tan justo Esposo. Mi dicha mayor ha sido, pues que tan sin merecerlo, el Cielo a mí me ha elegido, para fiel guarda, y custodia de tan bello Paraiso. A esa casta voluntad, y a ese afecto bien nacido, obligada, y conocida, un favor quiero pediros, y no os quisiera cansar. Que en ámaros tierno, y fino, alegre de tanta dicha, confiesa será preciso el obedecer preceptos, que ya venero, y estimo, como una ley inviolable; no dudéis. . Quiero deciros, que siempre ha usado cormigo. que nuestra hacienda partamos con pobres, y peregrinos, y que obliguemos al Cielo haciéndole este servicio; pues cuanto mayor pobreza tenemos en este siglo, solicitamos vivir allá en el otro más ticos. Quién vio caridad mayor! . quien ha visto, quien ha visto, en unos años tan tiernos, afectos tan compasivos! Ay de mí, que de temor . con su suspensión recibo! si acaso se habrá enojado de este propósito mío? mas no lo puedo creer; Esposo, si os ha ofendido mi proposición. . María, claro espejo cristalino, donde todas las virtudes miran su centro más digno; no solo, prima querida, no solo no me he ofendido, sino que es tan grande el gozó de haberos mi bien oído, que él embargó mis palabras, absorto, y enmudecido, de una piedad tan extraña: ahora, Señora, os digo. que demos en hora buena la hacienda, que con mi oficio procuraré regalaros, gustaré más de serviros. Admiro vuestra virtud, y entre alegres regocijos, sin cesar un breve instante, le daré al Cielo benigno, las gracias de la piedad, Quién tuvo tan santa Esposa! Quién tal Esposo ha tenido! yo he de ser esclava vuestra. Yo vuestro esclavo rendido.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA segunda De mi envidia llevado, (nes he dispuesto de fuertes escuadro. un ejército armado de mis fieros Leones, que soberbios, furiosos, acaben mis cuidados recelosos: entre sierpes, y arpías, entre vívoras, y áspides pintados, paso enteros los días, sufriendo los rigores de los hados, donde padezco penas El volcán de mi pecho inunda fuego eterno en que consumo, si no es que se contraste vanagloria, y espero ver deshecho cuanto se me opuliere en fragilumo; pues mi soberbia altiva áspira a no dejar persona viva. Que se le haya ocultado a mi ingenio el motivo de este voto, (moto, y confuso, y turpado, penetramo hasta el Reino más re- con todos los más Sabios consultando mi pena, y mis agravios; pero como no hallaba la causa del portento que me asombra, y mi discurso estaba entorpecido, y casi sin su forma, me vuelvo sin consuelo a ver de Nazarer el fértil suelo: mas no sé porque vengo a esta tierra traidora, y enemiga; pues que no solo tengo la confasión, que el pecho me fatiga; de mis iras la colara, y la saña, pero envidias mayores me compaten, con más fieros rigores el triunto, y la victoria de esta hazana: la envidia que padezco, en cuyo incendio el alma se me abra inventaré rigores más extraños. hoy de vengarla ofrezco, quemando con mis ojos esta casa: Que llegue un Carpintero a ser Esposo del mayor Lucero! y que tan casto viva, que solo en Dios las almas se dedique, . Virtud. y que mi fuia altica, y todos mis secuaces no publiquen . Pureza. guerra a sus pensamientos barajando los mí mos elementos; de va sagloria el viento haré, que le marchite la esperanza, a . pues ayuda a mi antento mayores, que en las lóbregas cadenas. el ver que por virtud tal prenda alcanza, que no tendré victoria, De la región del fuego para abrasarle arrojaré los rayos en amor torpe, y ciego: mas ay de mí! que ya me da desmayos en ver, que en esto tardo; en mayores incendios tiemblo, y ardo, un diluvio que acabe arranque los cimientos de esta casa, que imita sola a el ave, que entre aromas riquísimas se abrasa, enviaré copioso, y quedaré yo ufano, y vitorioso; haré estéril la tierra, pues soy único, y selo su Monarca, y cuanto en ella encierra, y los tesoros, que mi brazo abarca los vibre de sus ojos, causándole con ellos mis enojos. Mas ay, cuán poco vale pues en mi contra sale (sa, más tema, que en sus daños Quién causa aquesta alegría? María. Quién motiva mi inquietud? Quién causa en mí esta tristeza? Quién habrá en esta bajeza del vn, y humano linaje. que mi valor dome, y haje? Maria, Virtud, Pureza. Qué es esto, que por mi pasa! que de géneros de afrentas atormentan mis sentidos! que laberinto de penas son estas, que me combaten! que mujer puede ser esta, que así mi valor ultraja, que así aníquila mis fuerzas! Ejércitos numerosos de esas obscuras cabernas, como a sacarme de dudas os mostráis con tal pereza? Sacadme de confusiones, porque mi valor os deba la quietud de que carezco; sabed, que mujer es esta. Ipsa conterer capur tuvn. Ay de mí! que esta sentencia otra vez la tengo oída; como es posible, que tenga paciencia para escuchar tan declaradas afrentas? Yo ultrajado y yo abatido! primero que mi soberbia, primero que mi valor esa bajeza consienta, mis ojos despidan rayos, mi pecho confusos etnas, en cuyo voraz incendio el Orbe ardiendo se vea; y en tanto que esto consigo guerra contra el mundo, guerra. Mucho siento, mujer mía, el dejarte, y es forzoso, porque llevarte conmigo puede ser muy peligroso: Ya nos despidió nuesamo, porque su hacienda del todo la ha repartido con pobres, y ahora empergeño el modo, que he de tener, para que quede libre de tu estorbo, y es solo ahorcarte; no parece dificultoso, y así encomiéndate a Dios, y verás como te ahorco. A mi ahorcarmeé harre allá; qué dices Bato, estas loco? es esto lo que me quieres? Porque te quiero te ahorro que mueras de muchas veces. Pues porque ha de ser forzoso el sufrir yo tantas muertes? Porque yo só vueso esposo, y os tengo de dar tal vida, que el morir parezca hermoso: despidámonos mujer, que es tarde, y yo estó ganoso de verme sin sobrehueso; besa el cordel: ay que llora! . ay que puchero! ay qué holla! No te enternece mi llanto? no te abrandan mis soliozos? Que me han de abrandar, si corren tus narices, y tus ojos, en vez de perlas, lagañas, y en vez de cristales, mocos. Miente el muy salvajonazo, ruin, villano. Cómo, voto a bríos, que aquesta vez se ha vuelto la danza coro; mujer mía de mi vida, Menga mía de mis ojos. No hay que Menguearme el alma, que a ahorcarle me dispongo, con que saldré de una vez de pelear con un tonto. Cómo es posible mujer, que al bendito matrimonio le pierdas así el respleuto? Porque hemos de ser en todo iguales, y este cordel me ha de dar venganza. Voto al diabro que va de veras; socorro, Cielos, socorro. qué es esto Bato, para que das voces? Déjeme dar a esta muchas coces, y luego lo diré. Si huira el burro, (curro pues si ahora el cordel el nudo es- pondré dichoso fin a enfado tanto. Menga del Diabro, (sa. y el marrimonio santo? Sil tened juicio, y decidnos lo que pas La condición de este es tan escasa, que ahora que muesamo nos envía, me ha tratado como una fiera arpía: (gajas, mal haya amén el cuerpo, y las mi- que se sujeta a un tonto. Pues yo pajas, como un arpa, y un jaspe bien pesado, me ha deshecho este lado. (da. Yo he tenido razón, que fui incita- Yo más, pues yo huyendo de la hon- Y como que lo soy. (rada. Y muy cumprida; mi cabeza lo diga, guarnecida. Tratalda bien, pues vive recatada. No hay olla en bodegón (dades. más bien probada. Ya no puedo sofrir sus nece- Ni yo puedo sofrir tus libertades. Tontón, villano. . Dejad esas porfías, y venid con los dos, que Zacarias te ha de tener contento en su servicio El primo de nuesamo, pierdo el jeicio. . Yo también a Isabel daré alegría, pues he sido criada de María. (do. Pues si Menga camina, yo me que- Por qué la quies tan mal? Porque no puedo conmigo más. Acaba mentecato. Pues seamos amigos ya, mi Bato, y quítate el cordel de tu garganta. Tenéis razón, en fin sois una santa. Mientras que loseph mi dueño en quieto sueño reposa, ladrón de la media vida, que dulcemente la roba. Y en tanto que el hemisferio está cubierto de sombras con la noche, vengo yo adonde el alma gozosa, no solo no pierde vida, mas de mejor vida goza; a mi retrete me vengo, a dar atenta, y devota, a el León de Juda fuerte. las gracias de tantas honras como hace a su indigna esclava: Oh Majestad poderosa, Dios de Israel Soberano, las grandes misericordias, que usais, Señor, con el hombre, muda me tienen, y absorta: que favores no acreditan lo que estimáis esta obra! retoricamente mudas hablen por mí las Historias, y del Profeta Isaias el baticinio responda, . Vuelvo otra vez a leer esto que aumenta mi vida, ver tan cerca la venida del que salud viene a ser del género humano, ver espero presto en el suelo, vestida de un mortal velo, a la verdad incieada, de mi sayal disfrazada para universal consuelo. Parirá una Virgen bella, mas pura que el mismo Sol, pues su luciente arrebol es sombra oscura con ella. La más divina Doncerla, por humildad virtuosa, ha de conducir dichosa al Artífice divino, que es quien cerrará el camino a nuestra aflicción penosa: Quedará tan limpia, y pura, como cuando el Sol radiante penetra el cristal brillante, sin quedar en él rotura. Puede haber igual ventura con esta que voy leyendo! como el alma no suspendo en estas contemplaciones, y en tan divinas razones, como el corazón no enciendo! Bendita mil veces tú, clara Estrella, quien eres Joven galiardo. Luna ermosa, pues que del Sol de jus que tan confusa, y suspensa O que mujer tan divina, que mujer tan venturosa! más preciara ser su esclava, que ser única señora de todo el Orbe, que yo no estimo la vana pompa del mundo, pues solo hallará por fortuna venturosa que traiga la feliz nueva el llegar a conocerla. Dios a quien el alma adora, permitidme, gran Señor, 24 e . que esta Doncella conozca. Solo María podrá ser Madre de Dios inmenso, pues su virtud, y pureza le bajan desde los Cielos. Dios te salve, Aurora bella, Dios te salve, Sacro Oriente, salve cándida Azucena, llena de gracia divina, espejo de la pureza, pues que la tercer Persona con sus alas te rodea, y haciéndote Esposa suya hoy la gracia te franquea. Contigo asiste el Señor, y a su Majestad excelsa tanto tu virtud le agrada, tan fino amante se muestra, que por tus puras entrañas su supremo Solio deja. Bendita mil veces tú, pues entre las hijas de Eva, llegas sola a merecer el gozar de tal pureza. Qué es esto, Cielos, que escucho! que salutación es esta! has de ser la bella Aurora. (ticia me han dejado tus razones? María hermosa, no temas, que de los ojos de Dios eres la Niña más bella: yo soy, gran Señora, uno, que a su Divina presencia asisto siempre, y me manda, de que quiere hacerse Hombre, escogiendo la pureza de tu santo, y limpio pecho, para su custodia excelsa. Pues cómo puede ser eso, si a su Majestad suprema, le ofreci guardar intacta mi castidad, y limpieza? El como, Reina, y Señora, asolo Dios se reserva; el Espíritu Divino da la traza, mas es fuerza, que des tu elconsentimiento; no cause a tu Deidad pena, que el efecto de esta obra no manchara esa pureza. Dios imposibles alana, y porque esto no padezca duda Isabel tu prima, hoy, cuando menos lo espera esta preñada, y es este el mes sexto, con que llega a verificarse bien, que para la omniporencia de Dios, no puede haber, no, cosa que imposible sea. Póndrase al divino Infante por nombre Jesús, que encierra este nombre tal virtud, que ha de hacer salva a la tierra. Aquí Señor, vuestra Eselava esta postrada, y contenta de hacer vuestra veluntad. Et incarna tus est de Spíritu Sacto, María Virgine. Acán, albricias, que ya de tu remedio se acerca el tiempo, y de Isalas el baticinio se llega. Queda a Dios, Reina, y Señora; queda a Dios, luciente Estrella. ̱e . No sé qué afecto interior, no sé que virtud secreta, entre gustosos desvelos el alma de gozo llena, me traen a ver a mi Esposa; pero postrada en la tierra, en alta contemplación esta elevada, y suspensa. Hay virtud como la suya. hay humildad más honesta! tanto Sol en ella asiste, tanta luz habita en ella, que ya turbada mi vista parece, confusa, y ciega, mariposa, que se abrasa al fatol de su belleza. Ya del extábs errino a volver en si comienza, avergonzado su rostro al Carmín, y al Azucena. Yo quiero llegar a hablarla: Dulce Esposa, amada prenda? Señor, y Esposo querido, vengáis muy en hora buena. Cómo, Divina María, del desearso tan ajena estáis, que siendo tan tarde no pazáis la común deuda? En mi Oración divertida, contemplando las grandezas de Dios he estado, Joseph, y acmirada de que sea tanto su amor para el hombre, que siempre su dicha ordena. No quiero decirle nada del teloro que se encierra en su casa, pues no sé, que voluntad de Dios sea: he sabido, Joseph mío, que Isabel mi prima, que era esteril está preñada, yo, dulce Esposo, quisiera, si vos no tenéis disgusto, que vamos, mi bien, a verla; Y si es para vos penoso este camino que ordena el afecto de la sangre, decidlo, que estoy contenta de obedeceros en todo. Quién vio humildad tan perfecta! digo Señora, que vamos mil veces enorabuena; mas como ha de ser posible, que Isabel tal dicha tenga siendo estéril? Porque a Dios todo es posible, Ya espera el que de serviros trata; cuando vuestro gusto ordena la partida, Esposa amada? Mi Joseph, esta presteza en favorecerme siempre, la toma el alma a su cuenta, para pagar con amor a vuestro amor esa deuda. , , . alegres se regocijan, En fin, que en mi casa están dos criados de mi prima? Sí, gran Señora, y con Bato tendrás ratos de alegría, porque es un simple gracioso, y son tantas las porfías que tiene con su mujer, tantas barajas, y riñas, que todo lo pone en cuentos con sus muchas tonterías. Quise enviarle al ganado por quitarle de rencillas, y sin darte parte de esto B a 24 . no me he atrevido. De oírles estas simplezas, Tamar, gustare mucho, y estima el alma tanto tener nuevas de mi amada prima, que me he alegrado en extremo de que vengan. (. . Toda dicha te dé, mi señora, el Cielo. Grandes son las que me envía el Señor, pues me ha quitado la afrenta que padecía de lo esteril, y mis años su Omnipotencia publican. Y aunque me tiene con pena ver mi Esposo Zacarias mudo, me da mil consuelos, y me sirve de alegría el ver, que es obra de Dios: su Majestad infinita disponga a su voluntad de todo, que yo rendida, le sacrifico amorosa enteramente la mía. Estas montañas, señora, en ver que haya oído el Cielo tus oraciones prolijas. Obras son que yo no alcanzo, y de la piedad nacidas de nuestro Dios de Istael; prodigiosas maravillas son todas, Aquí está Bato, y Menga, señora mía. Deme su meste la pata, y la besaré. Ay simpreza más mal dicha, quítate allá, bestia, bruto. Yo Menga tus colterias no las entiendo, y así, llega tú por vida mía, y dile a señora aquello, aquello que tu decías, de Sol, Luna, y Estrellas, y demás baratijas. Dame, señora, a besar esa mano cristalina. Verá el diabro lo que ensarta, no dijera mi pollina tan remilgado resquiebro. Seas, Menga, bienvenida. Y yo, porque no seré? Queda con salve mi prima? Mas mijor lo sé yo que ella, que la vi tan repolida, que la Diosa Viernes era con ella una niñería. Hay semejante animal, calla simplazo, y no digas tantas necedades juntas. Bueno es eso, que no diga, pardiobre que me ha costado emperjenarlo ocho días. Con salud, señora, queda, y alegre de tanta dicha como con su Esposo tiene, su belleza es peregrina, y su virtud mucho más; toda su hacienda lucida han repartido con pobres. Dime Menga, cuantos días has enquillotrado tú tan grande retartabilla? Vamos Menga, porque quiero que me des largas noticias del desposorio dichoso de mi amada, y bella prima; tu Bato, vete al ganado, que tus simplezas sencillas gustaré mucho de oír. y así quiero que me sirvas. Viva su meste más años, que aquella habec hucha rica, que dizque nace ella propia en el campo de la Arabia. No hay quien averiguarse pueda con tanto maldito lobo. Aunque más industrias haya son ellos más pergeñosos. Voto a bríos, que la otra noche deshice a uno los lomos de un garrotazo, y se fue dando ahullidos espantosos. En casa quedaba ya Bato, aquel pastor gracioso, y venorá juzgo al ganado, y yo que luego acomodo el oficio a cada uno, como Mayoral, le pongo, en que furioso, no deje a vida a ningunos lobos, y tendremos buenos ratos con sus dichos, que es demonio. Y ha recibido nuesa ama a Menga también? . Y todo: Pues estándose ella en casa, y quedando sin su estorbo, no puede faltar al pobre madera sobre sus hombros. Nunca os faltarán malicias. En eso soy como todos. Mejor fuera que dijera, en eso sos como un tonto. Pues a quien dice Salucio, no sé si de malicioso puede dar ventaja a nadie, pero usase tan poco el conocerse las gentes, que murmuran de los otros lo mismo en que están pecando, no sirve de desahogo y en ellos es bueno todo. Dios guarde a la buena gente, y los libre de los lobos. Seas Bato bienvenido. Y bien estados vosotros; ay que comer por acá? porque de hambre me acorro, que no he comido un bocado mas ha de un año? Pues tonto, de casa de Zacarías te sales tú de ese modo? hoy no pudieras comer? De almorzar me dieron poco, hiciéronme unas miguillas, ocho panes fueron solos, y quedé como en ayunas; niren vustedes si lloro con justa razón, pues ha una hora, que no como. El diabro que lo sustente; verá que lindo socorro nos envían al ganado. Cómo vusté es bárbitrojo tiene algo de miserable. Ciego, turbado, y absorto, de verme sin esperanza de saber esto que ignoro, encubriendo mis designios, me vengo a este monte umbroso, decía, señor, que yo a estos simples ganaderos, que están en feliz reposo, sembrar algunas cizañas entre ellos, y de mil modos, conociendo a cada uno, caiga en lo peraminoso, hará mi industria, que aunque esto a mis penas (antes si con ello mismo las doblo) gusto tanto ver a el hombre estar precito del todo, que para su perdición busco ardides industrioso, aunque resulte en mi daño: Ha pastores venturosos. Quién nos busca? Quién nos llama? Podréis por dicha vosotros hospedar a un pasajero, de espíritu tan brioso, que por altiveces grandes se ha perdido en esos sotos. Pues para qué brinca tanto? lleve el diabro su mondongo. No os faltara alguna choza, y algún bocado sabroso. Yo también al primer hombre . uno le di venenoso. Las figuras de este huésped . me hacen sudar arroyos; y a fe que lo que rencilla, que no es ello bueno todo; pero más siente el pensar, que comerá como un lobo, y yo estó rabiando de hambre. Qué dices pastor? . Óyolo; de esta vez me zampa vivo sino muero de medroso: iré a proveerlo todo, porque para proveer está ahora muy famoso. . Vamos, porque coma el huésped. Tiene para mí tan poco quela todas las comidas, ena mi saber lo ha le todo, que tengo en el pecho vn mpid. To a prevenme el reposo. . Que poco le hay para mí, de aquel primer arrojo. a debarle del ganado un Cordero como un oro. . Cordero quieren llevarme esto está bien, pues soy levo. Yo a esconderme, donde no me ouelva a ver de sus ojos. . Esta merced que me hecen a pagaré en oprobios. Darme prisa a disponer quiero lo que han de debar los pastores, porque es tarce, y orar de falta será no estar todo prevenido; mas Sienga, que es puntua!, enrieza va a darles haro. Quiéro me casimular. mientras que pasa el trabajo del uno, y otro jayán; que como, lenga esta necha continumente a tratar con tentus, sabe mejor esmo los na le llevar; y también, porque yo soy, si me llegan a ayudar, mue amiga del trabajo, a quien me ayuda dejar; más chato, que sale el ama. Que enas haciendo Tamaré (res. ̱. Vema, señora mía, de acabar de despachar los pasto- Y ma Esposo, sabes si vestido está? Vestido, señora, queda. A un placer sigue un pesar, nonca hay contento cumplido. El Cielo quiera mirar tu color, señora mía, desde ahora con piedad; mas Menga, si no me engaño, agunas nuevas te trae, porque en su correr veloz, parece que va a volar. Escucha llebel dichosa, así vivas muchos años, la nueva de más contento el suceso más extraño, que habrás oído en tu vida. Pues bie, ci, qué te ha pasado? Sibe, que María ilustre, aques hermoso milagro, aquel prodigio divino aquel asambro de cuantos en virtud, y santidad excelentes se han hallado, y el noble Joseph también, por un camino tan largo como hay desde Nazarer, a visitarte han llegado. Es verdad lo que me dices? Digo, que yo los he hablado; Pues dónde quedan ahora? Al pie de esos riscos altos, que abordan con las Estrellas en su belleza elevados. Traía, María hermosa, un jumento tan ufano de verse de ella oprimido con tan divino embarazo, que parece que decía, aunque de distinto falto, humillaos montes, que yo, conmigo la gloria traigo: cubierto su bello rostro traía, aunque sin cuidado, que hermosura tan perfecta bien puede en casa dejarlo, Salian por el rebozo unos cabellos, o rayos, a cuyo explendor Apolo paró su curso a mirarlos; y viendo los resplandores de sus ojos soberanos, se fue envidioso, y corrido de verse allí aventajado: mas aunque ausentó su luz no la echo menos el prado, pues poca falta hace el uno, donde dos Soles quedaron. Has visto al amanecer abrirse los lirios blancos, llenos de aljófar, y perlas, y de cristales cuajados? Y para decirlo todo, has visto al Sol en los brazos. del Alba recién nacido, en su carroza bizarro. cuya gallarda presencia es la vida de los campos? pues estas comparaciones. vienen a ser un amago con tu belleza divina, porque en su rostro ha copiado el Cielo sus perfecciones. En fin, ella viene dando a cuantos alcanza su vista, vida, ser, gloria, y descanso; imagina tú, señora, pues mi afecto te he pintado, cual sería la alegría, que yo recibí al mirarlos; porque para referirla en mi palabras no hallo. Acerqueme, y conociome el Divino Esposo casto, y dejando los pastores con quien iba yo al ganado; y de los Santos Esposos también su vista dejando, para ganar tus albricias me aparté de ellos volando. Dichosa yo mil veces, pues a ver he llegado, lo que por largos siglos mi afecto ha deseado. Celébrense mis bienes con festivos aplausos. que a pesar del olvido yo espero eternizarlos, Mis pastores alegres. vengan de sus ganados, festejen a mi prima, y a mi Josephamado. Por tus albricias Menga treinta ovejas te mando, escoge a tu contento del más lucido hato. Pero en salir a verlos como tímida tardo, y en alas del deseo, como no voy volando. No tienes que ir señora, detén el veloz paso que ya Joseph, ilustre, con sa Esposa ha llegado a las puertas de casa; Tamar, y yo nos vamos a prevenir lo que es preciso a su descanso Dios te salve Isabel, el gran Dios Soberano te salve, prima mía, a quien el Cielo ha dado, después de penas tantas el fruto deseado. Déjame, dulce Prima, que al suelo que has pisado llegue a poner mi boca. No llegues, sí, a mis brazos, que en los tuyos gozosa hallo yo mi descanso. Valedme Dios inmenso, valedme Cielo santo, que el Infante que encierra este pequeño espacio, de mí vientre gozoso da de placer mil saltos. De dónde a mí, Señora, hermoso Lilio blanco, Zarza, que estás ardiendo sin haberte abrasado. Del Salomón eterno Trono, más bien labrado, que el que en márfil dispuso el asombro de Sabios. De donde a mí tal dicha, que a verme haya llegado. la Madre del Señor, que en tan prolijos años, Patriarcas pidieron, Profetas aguardaron. Bendita tu mil veces, Oriente Sacrosanto, entre cuantas mujeres, hijas de Eva, alcanzaron renombre en sus grandezas, y en su virtud, aplauso. Bendita tú MARIA, bellocino regado. del tocío del Cielo, por Gedeón hallado. 2e . Bendito de tu vientre el truto soberano, que por nuestro remedio quiso estrecharse tanto. De Moisén, y Isaias los ruegos prosongados, con que continuo al Cielo, por el justo clamaron, hoy se miran cumplidos, las nubes enviaron el Divino rocío porque ellos suspiraron. Al Señor de los Cielos, al Dios inmenso, y sabio, magnifica mi alma, y engrandecen mis labios. Y en el que es mi esperanza, en el que es mi descanso, mi espíritu se alegra humilde, y resiguado. Porque mis humildades en la tierra ha mirado, me han de llamar Bendita aún en climas extraños. El que es todo bondad, el que es supremo, y alto, ha hecho en mi prodigios y grandezas ha obrado; tantas, que ellas ensalzan su Nombre Sacrosancto. De sus misericordias, siempre piadoso, y blando, con todos los que le aman está continuo usando. Su grande Omnipotencia, y el valor de su brazo, a los soberbios hace, que se vean postrados. Ya los que siendo justos humildes se mostraron, su piedad, y clemencia altamente ha ensalzado. De sus largas promesas lsrael no olvidado, recibe al bello Jnfante en mí vientre encerrado. Con tus dulces palabras nueva vida he cobrado y con tu vista hermosa un eterno descanso. Adónde está mi primo Joseph, que no le he hablado? Con tu Esposo quedaba, mudamente ensalzando al gran Dios de Israel, por beneficios tantos. Pues entremos, Señora, porque mi Esposo amado goce también la dicha de ver tus soles claro. Con gusto te obedezco ese alegre mandato. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Ya que de mis confusiones salir ahora no puedo, entre estos simples Pastores he derramado el veneno de la ponzoña infernal de mi cauteloso pecho, incitando a cada uno a lo que he visto dispuesto su natural, con mi industria, trazas, y lazos poniendo, para que puedan mejor ir en la culpa cayendo, que pues yo estoy para siempre metido en voraz incendio, con mis ardides haré, que no iean ellos nienos. Penen, pues que peno yo; en el amor torpe, y ciego de una Pastora, procuro, que arda este Pastor Liseno, poniendo en los ojos de ella un tan oculto embeleso, que sin poder abstenerse se esté perdiendo por ellos. Por lo conicioso a Silvio le he llevado, porque veo, que para la perdición del hombre, es el mejor medio. A Salucio; no le he hallado por donde entrarle, que creo, que es su natural de modo, que no es para nada bueno; porque sin tomar trabajo, ni mal gastar ese tiempo, sin saber él lo que se hace vendrá a ser mi compañero. A Bato, por lo gloton le tentara, a no ser esto tan antiguo en él, que puede ser de glotones maestro. Mas uno viene hacia mí, quiero escuchar encubierto, por saber si mis industrias tienen aquí algún efeto. Qué es esto, que por mi pasa, que dentro del alma siento, entre amorosos rigores un cruel, y blando fuego! Tan fuera me trae de mí, que ya, ni como, ni duermo, y entre apacible, y tirano un dolor estoy sufriendo. Mecelo llanto con la risa, pensando en los ojos bellos de Menga, que me enquiliotra con sus graciosos despejos, y aunque apartarme procuro, el olvidarla no puedo. En este simple Pastor no está el tiro muy mal hecho, este ya queda por mío. Diez y ocho ovejas tengo, y por tener treinta y seis ando penando, y muriendo; no sé qué hacerme pardiobre con tanto desasosiego como tengo por tener. Oh, ambicioso, y avariento! con tan insaciable sed, ya por mío te contemplo. Qué traes amigo Salucio? No traigo nada, Liseno, Qué hay amigo? Nada hay. Que para nada sea bueno un natural tan cerrado; pero este, si yo puedo, para lograr mis designios ha de ser el instrumento. No tienes amor, Salucio? Ni tengo amor, ni le quiero! Dichoso mil veces tú. Verá que lindos enredos, Dime, Salucio, eres tú muy amigo de dineros? No se me da de ellos nada, ni los busco, ni los tengo. Pues amigo yo te pido. Pues amigo yo te ruego. Que para verme con Menga, e . y decirla que la quiero, pues en ti no habrá sospecha, me ayudes. Y es eso bueno? Famoso. Oye Salucio, no nos escuche Liseno; me has de querer ayudar para que al amo quitemos unas ovejas? Qué dices? Y puede ser eso bueno? Lindo. Vamos. Y estará ajustado el motivo de mi intento, pues cuando no lo consigan, basta ver que lo emprendieron. Miren por donde ha venido a ser este simple bueno para lo que yo intentaba, que ha sido llegar a verlos a todos mis tributarios. Joseph, dulce Esposo mío, de qué nacen las tristezas, que tan confuso estos días el alma os tienen inquieta? Declaraos, Señor, conmigo, decidme vuestra dolencia, que algún consuelo os daré cuando remedio no pueda, Comunicado un dolor, dicen, que aliviado queda; pues con quien podéis mejor, que con esta esclava vuestra? Ay de mí! que al corazón . me está llegando su pena, pues no puedo asegurarle en sus peñosas sospechas; Dios consuele su aflicción, el Cielo mi honor defienda. Las congojas que me oprimen, los males que me atormentan, no tienen causa, Señora, y así es preciso que sean no más de melancolía; y tiene este mal tal fuerza; que en la compañía crece, y los festejos la aumentan. Pues quiero déjaros solo. Andáis, Señora, discreta. Válgame el Dios de Israel! ( Válgame Dios quien pudiera, o acabar con su dolor, oh tener en él paciencia! Que vívora es esta, Cielos, que dentro el pecho se encierra, con cuyo mortal veneno, repartido por las venas, el pulso sale sin orden, y ya sin vida me deja? Qué es esto, que por mí pasa? osará decir la lengua la causa de mis tormentos, el motivo de mis penas? No osata, porque primero que publicara mi afrenta, con mis propios dientes. breves átomos la hiciera: Pero sin duda ando errado, no fuera mejor, no fuera mas acertado decir los recelos que me cercan, y morir al pronunciarlos, y salir de tantas penas? Mejor es, vaya de males, haciendo del valor prueba: Mi Esposa, ay de mí! mi Esposa en una prolija ausencia tres meses ha estado, Cielos, y ahora; mas tente lengua, no articules de María la más mínima sospecha: mas ay de mí, que lo vi, y es preciso que lo crea! Veo a María preñada; ea, Señor, dadme fuerzas en un rigor tan extraño: válgame Dios, quien pudiera, o salir de tantas dudas, o no imaginar en ellas! María, que al Sol excede en hermosura, y pureza, está preñada sin duda; mas es Santa su inocencia, en tal ejemplo, y virtud pudo caber tal bajeza! En aquellos bellos ojos, que al más desatento enfrenan, en aquel rostro Divino en que aprende la Azucena candores, pudo caber cosa, que virtud no sea! En una Paloma blanca, en una hermosura honesta, en un pecho tan sencillo, en una humildad perfecta, es posible que ha podido encerrarse tal cautela! No es posible, antes creeré, que está preñada; y doncella, y que en su vientre dichoso al Verbo humanado encierra, pues que de las Escrituras cumplido el tiempo se muestra, Esto es cierto, porque a no defenderla su inocencia, de mi vista se ausentara, y de mi casa se huyera, antes que yo: ay infeliz! mis agravios conociera, pues sabe que está escrito en nuestra Ley, justa, y recta, que el que comete (ay de mí!) el adulterio, que muera apedreado, y también un agua sabe la fuerza, que los que van a beber ordinariamente en ella, rompiéndose las entrañas, su culpa se hace evidencia. Pues cómo, si esto es así, es posible que se atreva una mujer, que ha nacido con tan conocidas prendas, a borrar obligaciones, y manchar tanta nobleza? No es posible, yo me engaño, mis ojos es bien que mientan, que defectos en María, es difícil que se vean. Mienten mis ojos mil veces, que no puede ser, que sea mala quien en su niñez ha sido siempre tan buena. Válgame el Cielo divino, qué rigurosa saeta: me está penetrando el pecho, qué respirar no me deja! Que de dúdas me combaren! que de temores me cercan! y sobre todo (ay de mí!) que de celos me atormentan! Como es posible, Señor, Rey de soberana Alteza, que vuestro amor siempre, grande, que vuestra suma clemencia, permita en mi corazón tan descompasada pena! Yo quiero irme, y dejarla, a aquesto el amor me alienta, a los Reinos más extraños, donde de mí no se sepa, en mis celos tropezando, a morir de mis sospechas. Mas qué digo? Ay de mí triste! yo hacer de su vista ausencia! yo apartarme de María viviendo solo de verla! Muerte busco, vida dejo, mal mi discurso concierta la armonía de estas voces, que en su música perfecta, si alguna cosa está errada, ásperamente disueña. Que adoro a María hermosa rendida el alma confiesa, porque sus muchas virtudes la tienen cautiva, y presa. Honor me manda dejarla con tan imperiosa fuerza, que si no obedezco, muero a manos de mis sospechas. Rigurosamente impíos los testigos que presenta, dicen, que es verdad mi agravio que otro sentido pudiera engañarse, no la vista, que perspicaz centinela, ha pasado mis agravios de las dudas a evidencias. Qué es esto, discurso mío? cómo con vida me dejas? como no ha obrado en mi pecho el veneno de la afrenta? Pero, vive un infeliz, porque de vivir le pesa; mas si un sentido en mi daño, me causa tan mortal guerra, otro ha de haber en mi abono, que tenga no menor fuerza. No escuché del Ángel yo, que había mi Esposa bella de castidad hecho voto? Pues si este sentido llega a tocar de mis venturas del Cielo la feliz nueva; como han de poder faltar verdades, que él solo encierra? Mienten mis ciegos recelos, mienten vanas apariencias, que esa luminar Antorcha, no iguala, no, a su pureza. Amor, y honor, poco a poco, tened de mi más clemencia, que apuran mi sufrimiento, y acaban con mi paciencia, unos discursos que salvan, y discursos, que condenan. Mas rendido a la fatiga de una pasión tan molesta, un dulce sueño me oprime, quiero echarme en esta peña, hasta que el Cielo piadoso de tantos males se duela. Escucha, Joseph dichoso generosa, y fértil Rama, de la Estirpe más ilustre, de la más noble Prosapia. Venturoso Descendiente de aquel grande Patriarca, que brazo a brazo con Dios, luchó hasta reír el Alba. Escucha atento mi voz, oye Joseph mis palabras, y pues los del cuerpo duermen, abre los ojos del alma. El Dios de Israel me envía desde la celeste Alcázar, a consolar tus tristezas; no dejes tu Esposa amada, que recelosas sospechas su santa inocencia agravian. No te turbes porque has visto que está tu Esposa preñada, porque es el fruto dichoso de sus virgíneas entrañas; el Hijo del mismo Dios, concibido por la gracia del Espíritu Divino, en quien el remedio se halla de todo el género humano. La Doncella de quien habla el gran Profeta Isalas en sus profecias Santas, es esta, deja el temor, y al Infante, cuando nazca, pondrás por nombre Jesús, que la universal desgracia, piadoso ha de redimir vestido de carne humana. Qué es esto, que escucho, Cielos! bello Paraninfo aguarda, espera celestial Nuncio que en tres Divinas palabras, nueva vida, nuevo ser, halla agradecida el alma. Ay Esposa de mi vida! ay María soberana! bella Ester, que por humisde el grande Asuero te ensalza. Fulgente Estrella, que excedes al Sol en sus luces claras, cándida, y tersa Paloma, que la victoria señalas, volviendo con el ramillo de imperial oliva al Arca. Sois la Zarza que Moises vio del fuego apoderada, sin consumirse jamás al incendio de sus llamas. Ay María, Mar sereno de mis mayores borrascas; como viendo tus virtudes pude atrevido dudarlas? Como sabiendo, que excede tu pureza immaculada a los Angélicos Coros, pude ignorante agraviarla? Qué de vergüenza tendré mirando esa hermosa cara, de que engendrase mi pecho de vos sospechas villanas? a aquellas virgíneas plantas, pidiendo humilde perdón de unas ofensas tan claras? Gracias a tu Majestad, que cesó tormenta tanta. María hermosa, y divina, a la tierra donde estampas el pie, que humilde venera, llego postrado. Levanta, Joseph, y Esposo querido. Maria, mi prenda amada, mas que el Sol claro en pureza, y más que la Luna clara, pues que sus fulgentes rayos son cotarno de tus plantas; corrido vengo yo a ellas, de que unas sospechas vanas tan grande guerra me hiciesen; y a pedir, que mi ignorancia merezca perdón, Esposa, pues sabéis las grandes ansias, que en tal aflicción, Señora, ha estado sufriendo el alma. Antes de solicitarlo están, mi bien, perdonadas, y agradecida en extremo, que vuestra piedad hidalga no me quitase la vida: porque viéndome preñada, y no sabiendo el misterio, fuerza era, que apedreada muriese, querido Esposo. Ay bella Azucena blanca, como no diste, Señora, al que indigno esclavo os ama, cuenta de tantas grandezas, noticia de dichas tantas? Qué aguardo, que no me arrojo . Porque el Cielo lo dispuso de esta suerte, prenda cara. Ya es todo para mi bienes. Ya es todo para mi gracias, pues tengo a Dios en mi pecho. Pues tengo a Dios en mi casa. Habéis oído, señor, un nuevo edicto, que manda imperiosamente el César Otaviano, que vayan todos sus vasallos luego, con presteza, y vigilancia, donde tienen su ascendencia, y el origen de su casa, para tener por escrito cuantos sus mandatos guardan? Ya lo he sabido, Señora, y en pena tan demasiada como es el dejar de veros, todo el esfuerzo me falta, que es una prolija muerte, sufrir ausencias quien ama. No Esposo, yo iré con vos, que aunque es penosa fornada, puede ser para bien nuestro, y de Dios albina traza. Es muy penoso el viaje, y vos, mi bien, delicada, porque desde aquí a Belén hay treinta y dos leguas largas, adonde del Rey Pastor está nuestra estirpe clara. En fin he de acompañaros en fortuna buena, o mala, porque a vuestro lado yo, dicha serán las desgracias. Corrido, y desesperado de verme sin aquel triunfo, de que mi valor me daba constante, y cierto presudio, voy huyendo de mí mismo a los Palacios oscuros, donde entre Caribéis riva, y áspides sirvan de alumnos. Que me vuelva yo vencido, que me vuelva yo confuso, sin que llegase a sabe. lo que cauteloso busco! Y que se vea postrado hoy todo mi esfuerzo junto, sin hallar de mis temores causa, ni motivo alguno! Mas para que mi valor desmaya, y deja su rumbo, sino este mortal veneno esparcirlo por el mundo. Mas ay de mí! que no tengo en este. Reino perjuro, sino confusión, y horrores, entre tormentos injustos. Yo me voy donde mis penas estén pagando tributo a los tormento; eternos, duración de fuego, y humo. El cantancio cruel, amaba Esposa, por montaña tan áspera, y fragosa, aunque lo disimulan vuestros ojos, lo están ciciendo esos colores tojos, O! como siento ver, dulce María, o como aquí me falta el alegría, al Señor que no cabe en todo el mundo vaya peregrinando por el suelo. Tan presto mi querido tierno Infate, os mostráis de las almas tan amante, que antes que a ver salgáis la luz hermosa, vuestre amor peregrino no reposa a dar el censo no debiendo nada, gloria del Padre bienaventurada, peregrino mi bien, y hecho pechero siendo de Dios legítimo heredero: de ajena deuda vais Niño cargado, cuando el deudor el crédito a quebrado no hay duda, que sabéis esta desgracia, pero queréis volverle a vuestra gra- de valiente León, y riguroso, (cia; sois ya Cordero manso y amoroso: ya, gran Señor, las iras, los enojos, son devuestra piedad dulces despojos; descansad vos María sobre el hombro del que en amaros es pasmoso asombro, que vnis pobre, y a pie, niña, y preñada, y aunque disimulsis venís cansada. con la gloria que llevo en mis entra ni la maleza de ásperas montañas, (ñas ni del tiemposa rígida fiereza, han podido causar en mi tristeza; ni el cansació tampoco, Esposo amado pues voy gozando alegre vuestro lado; solo me causa pena desmedida, veros a vos, consuelo de mi vida, con tan grande trabajo en el camino; consolad su aflicción, Señor divino; que yo llevo consuelo el que es bastante, pues encierra mi pecho al tierno Infante: y por báculo al dulce Esposo mío, de cuya protección mi amparo fío. Feliz yo, pues atlante venturoso soy del Cielo más claro iluminoso. Elevados en la gloria de tan gustosos discursos, vemos de Belen las torres sin sentir cansancio alguno. Gracias a Dios Soberano, que cesarán infortunios, pues del gran Profeta Rey veo el encumbrado muro. En llegando allá, Señora, vuestro regalo no dudo, porque de deudos, y amigos es cierto, que serán muchos. Ya me parece que veo con afecto a cada uno, ofreceros la posada, y todos festejos juntos. Ay dueño, y Esposo amado, que ya se llega por puntos el que mi vientre dichoso manifieste el dulce fruto. Pues no os dé pena, Señora, que ya entramos por los muros de la Ciudad de Belén. Qué estruendo sueña confuso! Ya con el mantó funebre tapado el rostro se puso la noche, y de horrores va vistiendo el medio mundo. De la gente, Esposa mía, es tan copioso el concurso, que temo no os atropellen. Si vais sirviendo de escudo a mi daño, Esposo amado, no tengo temor alguno. Vamos por aquesta calle, que hallar en ella presumo un pariente tan cercano, que nos hospede con gusto, que la fuerza de la sangre, entre retórico, y mudo silencio, siempre descubre de sus quilates lo sumo. Esta es la puerta, yo llamo. . Ah de casa. . No me excuso de salir a ver quien es, por si es mi primo, que juzgo que ha de venir esta noche. Oh qué miserable vulto es este, que está a la puerta! no es esto lo que yo busco. O primo, dadme los brazos, donde hallo el puerto seguro, Quién sois? No me conocéis? pues yo Manarés presumo, que bien podéis conocerme, porque es nuestro deudo mucho, Vuestro primo Joseph soy, que ha llegado en este punto aquí desde Nazarer, para pagar el tributo. Viene mi Esposa preñada, y no pareciera justo, siendo tan deudos los dos, siguieramos otro rumbo. Ese favor os perdono, porque mi casa la ocupo con muchos parientes nobles, de aquel tronco siempre Augusto, En poco lugar podemos estar los dos; y yo os juro, no ser en nada molestos. Pesado estáis, y importuno; ya os he dicho, que en mi casa no caben pobres desnudos; id a buscar la posada en algún rincón oculto. Denme los Cielos paciencia; o vana pompa del mundo, que porque me ha visto pobre me niegue por deudo suyo! No os desconsoléis Esposo, que el Cielo, que es el recurso de todos los afligidos, nos ha de amparar. No dudo, Esposa, de sus piedades; más es mi tormento sumo, en veros a vos, Señora, sin tener algún refugio en tan riguroso hielo. Mas aquí, si con lo escuro de la noche, no me engaño, vive un amigo, que dudo, que los haya havido iguales, porque mi pecho, y el suyo solo gobernaba un alma, dando generoso asunto para aplausos a la fama. En fin, eramos tan uno, que son Pilades, y Orestes, para con los dos un humo. Yo quiero llamar, pues sé, que puedo hacerlo seguro, de que con mi vista no tendrá amago de disgusto. Llego a la puerta: ha de casa. Quién llama con tanto susto? . . Mozuela de la posada, Oh amigo, dadme los brazos, que es mi contento tan mucho de veros, que en mis venturas, felicidades no dudo. Burláis por dicha conmigo? porque eso yo no lo sufro. Vuestro amigo Joseph soy, que con el tiempo caduco puedo haber hecho mudanza, mas no en estimaros mucho: Y así, por Dios os suplico, porque me tiene difunto ver a mi Esposa querida preñada, y al hielo insusto, nos hospedéis generoso en vuestra casa. Concluyó con decir, que no os he visto en mi vida. Es atributo de la nobleza, señor, las piedades, que en vos busco. Qué casado que es un pobre cuando su crédito puso en los brazos del pedir; idos con Dios, que presumo, que por probar mi paciencia, habéis inventado adusto esta invención. Dios Eterno, Rey Soberano, y Augusto, como sufris, gran Señor, tanta impiedad en algunos? No se remedia llorando Esposo. Cómo es profundo yerro, el que comete el hombre, fía del hombre mucho; mas este es mesón sin duda. toma maletas, y mi de cebada. 2 . Piensa mozuela esas mulas. Lleve el Diablo el muy borra- él no las puede pensar (cho, pues que siempre está pensando, 2. En qué tonta? En el dinero, que le ha de hurtar a su amo. 2. . Miente la muy fregonzuela, A Estos mocitos han dado en apurar mi paciencia, y si me enojo he de hacer, que me sueñen en conciencia. Yo llego, Señora, a hablarle. El Dios de Israel Supremo os guíe, Esposo; los pasos. Amigo, si un afligido con ruegos puede obligaros, a que por amor de Dios nos deis piadoso descanso a mí, y a mi dulce Esposa, que en este punto llegamos a pie desde Nazarer, os pido, que a nuestro amparo no faltéis, que está preñada, y tan cercana ya al parto, que juzgo será esta noche. Miren que gentil despacho, que bolsillo de doblones viene el buen hombre sembrando para que lo coja yo, sino dos pobres, y un parto. Qué respondéis a mis ruegos? Que no hay posada aquí. Un mármol enternecieran mis ruegos, y las lágrimas que exhalo. Hacedlo solo por Dios, que un rincón humilde, y bajo, para nuestro alojamiento será espacioso Palacio, que premio tendréis del Cielo. Vive Dios, que estáis pesado; ya no he dicho que no puedo, porque es en el mesón tento el número de la gente, que para mí no ha quedado en que dormir esta noche; mas porque veáis que os hago alguna benevolencia, de este mesón hay pegado (aunque fuera de Belén) un portal mal derribado, allí podéis acogeros: id con Dios. Rey Soberano, solo el que en vos confiare no puede hallarse engañado. Vamos, Esposo querido, que el Cielo así lo ha ordenado para más grandeza suya, y más bien del hombre ingrato. Desde que de las montañas Zacarias envió sus ganados a Belén, también venimos tú, y yo; todo ese tiempo un infierno ha sido para mi humor, que es tan notable el disgusto, que me causa este Tastor con su necia voluntad, y su mal dicha afición; que de oír sus necedades ya casi sin vida estoy. Para que es ese melindre, ni mostrar tanto rigor, que no te pesa de ser querida? Tienes razón, si fuera yo como tú, a quien ninguno llegó a decirte una palabra, en tal caso, estimación hiciera de galanteos, que ya tan comunes son. Para que has de saber tú los que habré dejado yo? Si los tuvieras, es cierto no perdieras ocasión. Quizás más que tú he tenido. No me cabsa admiración, que imagines tú todo eso, que es grande tu presunción. La tuya, Menga, aseguro, que es un póquito mayor. En lo que yo la he renido, y en lo que la tengo hoy, es el no querer a nadie, porque crédito no doy a eso, que todos dicen, y ninguno lo sintió. No lo haces tú por eso. Pues por qué, declaralo? Porque vanamente dices todo lo merezco yo. Esa vanidad, amiga, solo en tu juicio se halló, porque en el mío no cabe. Con eso la haces mayor, con que piensas, que no hay quien llegue a tu discreción, presumiendo de Poeta; y hay quien diga que no son tuyos los versos que sacas? No hallo para eso razón, porque mis obras, Tamar, tienen tan poco primor que por lo humilde publican quien es de ellas el Autor. Nadie lo puede ignorar, si no es que alguna pasión del odio llegue a cegarles que interviniendo rencor, no es mucho hallar ignorante, lo que otro tiempo se halló capaz para disquerir con ingenio superior. Yo sé bien, que la nobleza de esta villa, más favor hacen a mis humildades, no más que por ser quien son: Y porque obras de mujer, tienen poca obligación de imitar realces grandes de los que eminentes son. Solo de mi parte se halla el natural que dio el Cielo, y si algún estucio hubiera tenido yo, todos los murmuradores llevarán que contar hoy. Si están nechas ya las migas, sacaldas, que voto a bríos, que el frío, y el hambre juntos, malos compañeros son. Todo tu anhelo es comer. Hago bien. Menga, el rigor de esos ojos me dan muerte. Gjalá, pluguiera Dios. Por qué tal crueldad conmigo? Porque es tanta la aversión que te tengo, que la muerte para mi es mucho mejor. Qué es eso que estáis habrando? Quién le mete al muy tontó, en lo que yo estoy hablando? Tenéis sobrada razón, que yo so un majadero, un simplazo, un salvajón: as migas no me matiera con vos, porque yo no quiero preiros. y el hombre infeliz a, amigos, al olor. Por su vida que los cinco . nuelan mientras como yo. Esa, Bato, es grosería. B. eciar de quien la parió, déjeme usté comer, pues hablar la dejo yo. Bizarras están las migas. Al queso le pego yo. Habéis visto de la noche tan desusado rigor? Al de tu crueldad iguala. Hay más soberbio hablador! Echa por acá la bota, le diré un requiebro yo. No sea de los que sueles. Será cumplido por Dios. . Ah de durar eso un año? Béncito sea el licor: mas ay, escucha Pastores, que si la vota no obró, . llevando las almas llenas el Cielo se viene abajo. ̱. Divino es el resplandor. Y la níúsica suave. , ̱ sin duda ringuna es esta. Escuchad Pastores la más feliz nueva de alegría, y gozo, que se vio en la tierra, No temáis oíría, que es de salud llena, que piadoso el Cielo descansos ordena, para car remedio a vuestras rristezas, salga de cadenas. Ha nacido Dios esta noche Buena, de una hermosa Virgen, quedando doncella. El Cielo abreviado un Portal encierra, entre pobres pajas, y dos rudas bestias. Veréis el Autor del Cielo, y la tierra, que temblando al frío humano se muestra. Si dejáis temores, y venís con priesa, siguiendo las luces, veréis su presencia. . Vamos luego a ver aDios. Ya prevenirle la ofrenda; disponed los corazones, de afectuosos deseos. Pastores, la Noche buena, que tanto hemos deseado, Pues claro está que lo es. Llevemos danzas, y fiestas para alegrar al Cequillo, y a su hermosa Madre bella. Vamos, sin más detención: Vamos muy en hora buena. Dulce bien, mi tierno Infante, dejad, mi vida, el llorar, que es cobardía exhalar perlas un fuerte Gigante; mostraos, mi gloria, constante en los rigores del velo, sufrid ese desconsuelo, envuelto con pobres fajas, estáis holgando en el Cielo. a los rigores del frío, y entre esos temblores fío, que halle el hombre su reposo: muéstrese Adan ya gozoso, alegre su voz resuene, pues mi Niño, y mi Dios viene a dar por él la disculpa; diga, que es feliz su culpa pues tal Restaurador tiene. Si andáis, mi Jesús hermoso, del hombre por la malicia, haciendo de la justicia, porque sabe que animoso, sois su fiador generoso; no os escondáis en el heno, que por defensa, no es bueno coa tan humilde, y baja, como es una humilde paja, y así ese arvitrio condeno, Y si fois tan fino amante, que con sereno rondáis; porqué, mi bien, no miráis, que cuando estáis más galante, es vuestra amada un diamante en lo ingrata, y delicada? pues porque se ha visto amada, usa con vos mil rigores, y ella en la cama de flores gusta de estarse sentada. (cido, Gracias os doy, Señor recién na que por lo humilde, y bonico en la calamidad de mi pobreza, pues para disfrazar esa grandeza, la mayor de la tierra habéis querido. El bruto tiene cueva, el ave nido, y vos solo tenéis en la esperanza de una peña en que echar esa cabeza, que aunque te abláis en las pajas, que sirve al Sol de traspontín mullido. Mas ay de mí! que no venís es cierto a buscar los descansos de la tierra; Temblando estáis, Niño her, noso, antes mi bien, porque al Demonio asombre, venís a prevenir seguro puerto, a quien su culpa el Parallo cierra, y a dar bienes, y dichas solo al hombre. Démonos prisa Pastores, . que ya las voces nos muestran el venturoso Portal donde nuestro Dios se encierra. Ninguno se quede atrás, vamos todos con presteza. Para llegar más aina he rodado yo la cuesta, ya estamos en el Portal, bendito el Cequillo sea. Ea, Pastores dichosos, ya estamos en la presencia del tesoro que buscamos; veisle alsi vertiendo perlas, que para su adorno el Alba quiere envidiosa cogerlas. Lleguemos, que bien conoce de nuestros pechos las vetas, rindamos con gusto el alma a la luz de su belleza. Recibid, mi Niño Dios, este blanco Corderico, se parece mucho a vos. De fruta os traigo esta cesta, que se conserva entre paja, que a vos os lástima, y haja, y a mí el corazón molesta. Aquí os traigo leche, y miel, y daros, mi Dios, quisiera, un tesoro, si tuviera. Yo, divino Enmanuel, que estáis temblando de frío en noche tan rigurosa, mi voluntad fervorosa os quiere dar, Niño mío, pues nacéis en tiempos tales, y vuestro amor singular os hace tan pobre andar, lienzo para unos pañales, Tomaldle, bella María, y perdonad la humildad, que os ofrece mi lealtad, llena el alma de alegría. Yo, Niño mío bonico, ser poderoso quisiera; mas tomad esa montera, y también ese pellico. Yo, María soberana, os traigo también pan blanco, pues anda mi Dios tan franco, que por nosotros se humana. Mi Hijo os premie, Pastores, el afecto que mostráis, salud, y bienes tengáis llenos de santos favores. DONI A escuras hemos quedado. Y llenas de luz las almas. Vamos a dar las noticias a los que hay en las montañas. No caminen tan de prisa. Pues Bato, que es lo que aguardas? Pedir al noble Auditorio el perdón de nuestras faltas. LAUS DEO: Don Pedro valiéndose de lo festi- yo, alegre, y misterioso de esta noche, echó el resto su divino ingenio en la gloriosa Comedia del Nacimien- to del Hijo de Dios, y anduvo tan acertado, que parece le habían gober- nado la pluma seráficas inteligencias, pues su devoción edificó tanto, que enterneció las almas, y abrasó los corazones, para venerar misterio tan Soberano; aclamáronle todos, ex- playando sus ecos en el Universo porque tan dichoso asunto no que- dase en sola la celebridad del Audi- torio; él agradecido, recibió con gozo las aclamaciones, quedando en nueva obligación de suspender con su agudeza los, oyentes, en las si- guientes noches.