Texto digital

Texto digital de Músicos, amo y criado y el amor por el retrato

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Santiago Garro
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Músicos, amo y criado y el amor por el retrato. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/musicos-amo-y-criado-y-el-amor-por-el-retrato.

Logo BICUVE

MÚSICOS, AMO Y CRIADO Y EL AMOR POR EL RETRATO

JORNADA PRIMERA

Y, Leonor, qué mal resisto este dolor que padezco, esta llama en que me abraso, este fuego en que me quemo! Imposible es el vivir; y pues ves del mal que muero, da algún alivio a mi pena; templa, señora, el incendio de mi amor, con que tus ojos dejen de ser tan severos. Jesús! Por Dios, que mi amo suspiros exhala al viento. Peregil, mucho es mi mal; yo me abraso, yo me quemo: qué he de hacer, Cielos Divinos? Ir a tomar un refresco a la Puebla, o San Martín, que un fuego, saca otro fuego. Siempre has de estar de un humor? No tengo otro, que a tenerlo, le gastara en divertirte, porque es lo que más deseo. Mal pudieras, que mi mal tiene imposible el remedio, y mi fortuna es contraria a mi amor, que es de que muero. Amor es? cuerpo de Cristo! hablaras, que así te entiendo. Amor, Peregil, amigo; pero al paso que el incendio en mi crece, helado hallo aquel divino sujeto que adoro; de suerte, que batallando, y discurriendo por vencer este imposible, ni descanso, ni sosiego. Di, de qué clase es la Dama Es hija de un Caballero principal, y un Mayorazgo posee, que a lo que entiendo, vale doce mil ducados, sin tener más herederos; mira si está bien cercado de imposibles mi deseo. Luego es esta pretensión, señor, para casamiento? Ojalá Amor lo disponga. Pues para ahorrar de tiempo, yo la pidiera a su padre, pues para que venga en ello, le brinda tu calidad, tu hacienda, y el ser primero en tu casa, y la merced que su Majestad te ha hecho de Encomienda de Santiago, que honrando tu noble pecho, acredita de tu sangre el ilustre nacimiento. El estado de mi amor ha menester mejor medio, pues poco me importa el que llegue a alcanzar de Don Pedro, que me la dé por esposa, si sé, que Leonor (ay Cielos!) me aborrece de manera, que ha llegado su desprecio a declararse conmigo, diciéndome: Caballero, no desperdiciéis finezas; con que da a entender en eso, que está ya su voluntad rendida a otro sujeto: y aunque yo la quiero tanto, que si la pierdo, me pierdo, hasta asegurarme bien si nacen estos desprecios de otro amor, es imposible que me valga de ese medio. Pues qué has de hacer? Padecer, y sufrir, y con anhelo solicitar, que me quiera en continuos galanteos, siendo Argos de su calle, asistiendo a los paseos, sobornando sus criadas, hasta saber si otro empeño es causa de que no logre yo lo que tanto deseo. Pues yo te ofrezco ayudar para que logres tu intento, aunque esta señora Dama se nos meta en el Infierno. Ce, Caballero. . Señora, nos trae algún quebradero de cabeza? que en usted mucho talle veo de eso. A su amo busco, y no a él: aparte, y no sea grosero. Es a mí, señora? . Sí, a vos es, señor Don Diego. . Inés, seas bienvenida. A veros, señor Don Diego me trae la compasión, por si acaso os sirvo en esto; viendo vuestro amor tan vivo, y el de mi ama tan muerto, menospreciar vuestras ansias, no hacer caso de los ruegos, no admitir vuestros favores, rasgar papeles sin leerlos, sin otras cosas que callo; y esto, sin más fundamento, que el de haberse encaprichado, desvanecida, diciendo, que no ha de amar en su vida. Vana sospecha, alentemos. Eso postrero que has dicho, Inés, mucho te agradezco, y por aquese cuidado (qué pagártelo no puedo) toma ahora este diamante. No hagáis aquesos excesos, que a mí por paga me basta saber, que te sirvo en esto. Niego aquesa conclusión, Inesilla del Infierno, pues tomas, como acostumbran los que estudian en Galeno, que por mucho que les paguen, siempre les quedan debiendo. Inés, por mí una fineza has de hacer. . A todo riesgo te he de ayudar, hasta que logres de tu amor el premio. Pues esta noche quisiera ver ver a Leonor, por si puedo de este fuego en que me abraso tolerar algo el incendio; y tú has de hacer que consiga, y logre yo este deseo. Es tan terrible mi ama, y tan solícito el viejo en asistir a su hija, que como galán atento jamás la pierde de vista; y no quisiera, queriendo servirte, se malograra lo que por ti hacer deseo; porque en llegando a saber Leonor, que te favorezco, me enviará en hora mala, y así todo lo perdemos. Pues, Inés, yo he de morir, si de su vista carezco: lo que hacer podías por mí, (difícil es lo que emprendo, era copiar de tu ama un retrato con secreto. Fácil será, pues yo juzgo se le hizo sacar el viejo, para casarla en Sevilla con un noble Caballero, y estando dispuesto todo, avisó de haberse muerto una Estafeta, con que se quedó el retrato hecho en poder de mi señora: sacarelo con secreto, y dandótele, tú harás que le copien al momento; y si no el original verás su traslado mismo. Por ti espero ser dichoso: y cuando el retrato espero? Mañana. . No, la mozuela traza tiene de un enredo hacer, como de llevarse un diamante sobre el dedo. Pues aquí mañana aguardo. Y a esta hora, que te ofrezco ser puntual. . Pues a Diós. Él te guarde: aqueste enredo . yo haré que dure, hasta que vengan diamantes sin cuento. Amor, flecha con tus rayos de Leonor los pensamientos, que yo te ofrezco holocaustos en las aras de tu incendio. Y pues que ya estoy seguro de que en Leonor los extremos los motiva inclinación, y no otro amor, respiremos, que el tiempo dará lugar a que puedan los festejos, la asistencia, y la porfía dar logro a mis pensamientos. Eso muy bien podrá ser, mas yo en mujeres no creo. . Escuchen los Madrileños una Jacarilla nueva, que aprendió en la Andalucia el Licenciado Pimienta. Qué te parece Madrid? Cantando quiere mi lengua decírtelo. . Vaya, canta. Pues escucha, que ya empiezo. Es una Corte tan noble, es una Corte tan bella, que quisiera ponderar de sus calles la grandeza, lo lucido, de su Plaza, lo próspero de sus Tiendas, de los hombres lo bizarro, de sus Damas la belleza, el garbo, la bizarría, la gala, la sutileza en el andar, pues el aire es tan sutil, que se lleva a cuanto encuentra de calles, aunque se abrace a una vieja; y en fin::- Déjalo, ya basta. Déjolo, si te contenta. Qué tan bien te ha parecido? No quieres que me parezca? mas déjame ahora que diga una chanza a esa mozuela. Pues mi señora a su prima me manda lleve un recado, A2 con aqueste achaque quiero ir a llevar el retrato. Mi señora, un forastero suplicaos:: . Linda flema! déjeme pasar, que llevo más cuidado del que piensa. Oiga usted, que seré breve. No quiero. . Será por fuerza. Señora, mire si gusta de que su Escudero sea, iré con ella volando, pues soy como una Pimienta. Tome usted, y no se canse, un bofetón por respuesta. Has quedado muy lucido? No poco, pues deja prenda. . Cómo? qué cosa? Veamos. Qué, no es nada. Necio, muestra. Toma, que si la tapada poco lucido me deja, tú me dejarás a oscuras, pues toda la luz te llevas. . Un retrato es de una Dama, cuya divina belleza::- pero seguiré a su dueño; no reparaste, Pimienta, por dónde fue la tapada? Por esta calle dio vuelta. Pues vamos, que he de seguirla, llevado de esta belleza. , . No fue posible alcanzarla. Iba como una saeta: mas dime, qué la querías? Saber el dueño quisiera de esta perfecta hermosura. Y qué harás con conocerla? Declararla que la adoro, pedir de mí se duela. Pues mira, toma un consejo, y verás que te aprovecha; tú no eres Músico? . Sí. Yo no lo soy? . Cosa es cierta: mas qué hemos de hacerí con eso? Qué? toma tú una vihuela, yo un violín, y por las calles iremos de esta manera, como dos ciegos, tocando, y cantando cosas nuevas, y verás que no hay balcón, puerta, ventana, ni reja, donde no haya a escucharnos su cierta Madama puesta: para esto tú el retrato le has de llevar de manera, que puedas reconocer quien es su dueño, y con esta treta verás la encontramos, sin que te cueste molestia. Ay Pimienta! mal discurres, pues es locura esa empresa. Pues qué pretendes hacer? No dejar calle, ni reja en Madrid que no registre, acudir a las Iglesias, donde haya festividades, no faltar a la Comedia, ver los Prados cada día, el río a su tiempo, y Ferias, sin que falte mi cuidado a la menor diligencia, hasta que halle original a esta copiada belleza. Válgate Dios por retrato! Válgate el diablo, embustera! señor, que te persuadas, que el retrato se perdiera! es cosa que pierdo el juicio. Señor bufón, yo le diera porque no fuera verdad::- más tente, señor, espera, que uno de aquellos dos hombres, al dar a esa calle vuelta, grosero quiso tenerme, y entonces, que se cayera pudiera ser muy posible: y así, un instante espera, en tanto que llego a hablarlos. Caballeros, yo quisiera hablaros una palabra. Mandar puede usted, mi Reina. Yo soy a quien poco ha quiso detener por fuerza, cuan- cuando un retrato perdí, y sé, con grande evidencia, que vuesa merced lo halló, suplícole me le vuelva. Señora, muchos cuidados hoy con vuestra vista cesan: mirad, pues, lo que mandáis, que haré cuanto se os ofrezca. Pues, señor, a ese Criado suplicaba, que me diera un retrato de una Dama, que en aquesta calle misma le perdí, y él se le halló; y pues que vuestra nobleza ofrece favorecerme, mandadle que me le vuelva. Yo ofrezco dar el retrato, como su original vea. Caballero, yo os suplico, . que desistáis de esa empresa, pues es el original una deidad, que no llega el más alto pensamiento a merecer que la vea. Importaos algo esta Dama? A aqueso no doy respuesta. Pues lo mismo os digo yo, pues que puedo merecerla. Dad el retrato a esa Dama, y ahorremos de diferencias, que después satisfaré a que no hay quien la merezca. El retrato no he de darle a quien su dueño no sea. Yo lo soy. . Pues descubríos, que siendo vuestra belleza original del retrato, no habrá cosa que no venza. No se les pide a las Damas, que se descubran por fuerza. Ni a los hombres como yo tampoco se les violenta a que den lo que no quieren, y más cuando es joya esta, que una, y mil veces la vida antes de darla perdiera: Pues yo la sabré cobrar. Cómo? De aquesta manera. Yo quiero ponerme en cobro, suceda lo que suceda. Déjame, que solo basto; sigue esa mujer, Pimienta, hasta que sepas su casa. Yo dejaré la pendencia en matando este gallina, y luego haré lo que ordenas. Muerto soy, válgame el Cielo! Dios te dé la Gloria eterna. Jesús! que llegué a mi casa: yo me he escapado de buena. . Yo cumplí mi obligación, sin que de vista perdiera esta mujer, o demonio, a quien yo sigo por tema; pero en esta casa entró, quiero tomar bien las señas, y ir a buscar a mi amo. Sígueme, amigo Pimienta, pues pienso que la justicia nos sigue con diligencia. Pues éntrate en esa casa, y déjalo por mi cuenta. Yo por lo que sucediere, quiero guardar esta puerta. No hagas tal, súbete arriba, que ahora quiero que veas el valor de aqueste pecho, aunque por librarte muera. . Alegre, y desvanecido vive siempre el corazón, seguro de la opinión de que amor no ha conocido. Cantad, decid, malo fuera::- Quisiera:- Queriendo amor desecharle:- Darle:- A aquel, que fuese villano. Mi mano. Fuera el corazón tirano conmigo, si consintiera que que a otro, que noble fuera:: , . Quisiera darle mi mano. Qué bien mi pecho se halla::- Calla::- Al ver por nadie suspira::- Y mira:- Loco está, y desvanecido. No has vencido. Pero qué es esto que he oído? como hay (Cielos, sin mí estoy! quien diga, al saber quien soy::- Calla, y mira no has vencido. Habra quién me venza? No. Y a quién yo me rinda? Sí. Y a quién ha dé ser? A mí. Y quién lo asegura? Yo. Quién sois, que atrevido, y necio, os entráis en este cuarto con tan grande atrevimiento? Quién huye de la justicia por cierto accidente, y vengo a que me valga el sagrado::- Vive Dios, que es uno mismo retrato, y original! . y aún el pincel fue grosero. Pimienta? . Ya te he entendido: prosigue, no estés suspenso, supuesto que hemos hallado logrado nuestro deseo. El hombre viene turbado: sosegaos. . Cómo puedo no estar ya como seguro, habiendo entrado en el Cielo? No es, señor, Cielo esta casa, pero lo es de un Caballero, a quien tiene la justicia, por su sangre, algún respeto; y así, salios allá fuera, que tengo padre, y no quiero, que en lo que yo no imagino, haga su malicia efecto: y antes que os vayáis, decidme si acaso era vuestro acento el que a lo que yo decía me iba contradiciendo. Señora, si no es que acaso fuese, que al ir respondiendo a unas cuantas preguntas que me hizo Pimienta, el eco llegase aquí. . Eso sería, porque mi amo, y yo semos grandes Músicos: y así, es nuestro divertimiento el ponernos a cantar en los mayores aprietos. Pues gustaria de oíros, por ver si acaso fue eso. Pues si en eso te servimos, vamos, Pimienta. . Comienzo. Hasta vencer la batalla:- Calla:- Soldado, que estás con ira::- Y mira::- Que aunque de guapo valido::- No has vencido. Aquesto, señora, ha sido lo que nuestra voz decía a un Soldado, y le advertía: calla, y mira no has vencido. Eso es, según entiendo. Señora, aquí Don Juan viene con su hermana. . Grave empeño! Pues antes que entren, Inés, retira a ese Caballero a tu cuarto. . Este mandato es en mi mayor precepto. Haz, Inés, lo que te mando, y a mi padre en viniendo le dirás, que se ha valido de su casa, por el riesgo de la justicia. Id seguro, que os sacará del empeño. Por mi vida, que han venido los dos a su pagadero; y esta vez me he de vengar, o he de salir del enredo. Venid, señores, conmigo. Yo salir de aquí no puedo. Digo, que no habemos de irnos, que tenemos mucho miedo. No paséis de lo medroso, a querer parecer necio. Ya es imposible salir, porque en el paso se han puesto. Pues retírale a mi cuarto, y estad con todo silencio, ya que habéis entrado aquí tan medroso, o tan resuelto. Y tú, en viniendo mi padre, se lo advierte, porque luego disponga el asegurarlos. Mil años os guarde el Cielo. Ay, Amor, logra la dicha, que me has franqueado tan presto! Válgate el diablo el retrato, en qué confusión me ha puesto! Sospechosa me ha dejado ver en este hombre lo atento con que mirando su mano, me miraba a mí, y suspenso, ofrecía admiraciones a su propio pensamiento: mucho la curiosidad me mueve a querer saberlo. Seáis, señora, bienvenida. Dejemos los cumplimientos, y dame, prima, los brazos. Con el alma os los ofrezco: Inés, lleganos almohadas, y a mi primo trae asiento: vos, señor, cómo venís? . Como que a esclavo, y ha deudo me mandéis, porque en serviros mi obligación cumplo en ello. Yo la tengo de estimaros; y así, mucho os agradezco el que aquesta casa honréis con mi prima, a quien venero como a mi mayor amiga; y que perdonéis os ruego el que hoy la suplicase me viniese a ver. . En ello mi hermana, y yo granjeamos la dicha de poder veros. Mas parecen de galán, hermano, los cumplimientos, que de primo. . Lo cortés en Don Juan siempre, y lo atento sobresale, prima mía. Si vos queréis que sea eso, obligareisme a callar, porque no quiero, que efectos de cordura me malogren de mi obligación afectos. Yo me doy por obligada. Y yo, señoras, no quiero malograros la visita; dadme licencia, que tengo un negocio de importancia esta tarde en el Consejo. Vos, señor, podéis mandar. Mil años os guarde el Cielo. . Parece que algún cuidado traes, prima, porque veo marchitada tu hermosura. Ay, prima, lo que padezco! Vengo a consultar contigo, por ver si tiene remedio de mis males lo profundo, y de mi amor los extremos. Amor tienes, prima mía? pues mal te daré consejo, porque en mi vida he sabido lo que es amor, y no creo, que amor pueda ser cuidado, ni cómo pueda ser eso. Porque tengo el albedrío a otro albedrío sujeto. Pues mal haces, que si Dios, que es el autor, y es el dueño de todo, le dejó libre, para usar de él con imperio, por qué se ha de cautivar? a quien tal hace condeno a vivir con poco gusto. Si corresponde el sujeto con lo mismo, antes es gusto, que no pesar: y lo vemos en muchos, que amantes finos, reciprocamente uniendo en una dos voluntades, son dos almas en un cuerpo. Y dónde se halla está unión? porque si se vende, quiero comprarla, y el Mayorazgo poner por ella en empeño. Esta se halla en el amor. Pues digo que no la quiero: no pases más adelante; prima, de otra cosa hablemos. Tanto el amor aborreces? Conozco que es un remedio, que cautiva la memoria, y priva el entendimiento; y así, yo la voluntad a mi propia me la tengo, con que de las tres potencias uso, sin tener el riesgo de que el amante se queje si le quiero, o no le quiero. Dichosa tú si consigues librarte de tal incendio. Ya no me está bien hablar . en el amor de Don Diego. Callar es fuerza mi amor, a quien no le paga feudo. Prima, vamos al jardín, que allá deespacio hablaremos. Mi gusto es obedecerte. Conmigo el cuidado llevo de volver con brevedad, a saber si los extremos del retirado, los causa tener a la Cárcel miedo. Amor, paciencia, y sufrir, . hasta que os halle remedio. Quién en el mundo se ha visto puesto en mayor confusión? mi amo entrarse hasta aquí, tras él la tapada, y yo detrás de ellos, y al instante meternos aquí a los dos, donde si salimos vivos, será milagro de Dios; pues al instante que entramos, la tapada aquí se entró, diciéndome: Caballero, deme el retrato, sino mire, que aquí ha de morir, sin ninguna apelación. Consultelo con su amo, que al instante vuelvo yo a saber lo que ha resuelto en esta proposición; con que echada la sentencia difinitiva dejó. Yo habré de morir por fuerza, deme valor. San Antón; y a vos, Mosqueteros, ruego que me encomendéis a Dios: mas Inés viene, laus Deo. Tiene ya resolución de darme lo que le pido? porque esta es, una de dos, o volverme mi retrato, o ponerse bien con Dios, que le huele la garganta a la seda de Chinchón. Yo soy noble Montañés, y esa muerte no se dio a ninguno de mi casta, porque hidalgo rancio soy. Habrá hierro de Vizcaya, que quita la opilación. Mi Reina, vamos al caso, si el retrato me quitó mi amo, cómo he de darle? déjeme irle a ver, que yo haré le vuelva a su mano tan cierto como un reloj. Me ha de dar una palabra. Y cuál es? Que aquí el perdón me ha de ofrecer si le mato, por no cumplir. Pido a Dios la perdone (en el Infierno.) Pues cuidado. . Vea yo una vez fuera a mi amo, infundiéndome valor, que a fe, que la tal Inés me la pague, juro a bríos. Bien puedes salir seguro. Dónde me llevas, amor? no, me alejes de mi dicha. Ya tiene aquí a su señor. Quién son estos Caballeros, que están en casa? . Señor::- Jesús mil veces! Santiago, . San Juan, San Pablo, San León, el viejo se nos ha entrado sin decir ni hoz, ni coz. Huyendo de la justicia se entraron aquí los dos. Calla. Mucho que pensar me ha dado su turbación: qué buscáis en esta casa? . A ella nos trajo, señor, el riesgo de la justicia, por un suceso, que hoy tuve con un Caballero, que osado se resolvió a remitirlo a la espada, llevado de su pasión: luego quedó mal herido, con que fue fuerza, señor, retirarme a toda prisa, y la justicia veloz me siguió, hasta que el Cielo por sagrado me ofreció este cuarto, a tiempo que aquesta señora entró, y vos, para que a esas plantas del yerro os pida perdón. . Alzaos, no estéis así. Amor! . A lo que obligas, Yo he visto vuestra pendencia, que esta tarde sucedió; y lo que puedo deciros, que el Criado no murió, pero queda mal herido; y el Caballero salió con una herida en un brazo, y un Alguácil, porfió a querer llevarle preso, hasta que a mí me obligó a asegurar su persona, con que a mí me le entregó; por fin, le dejé en su casa, y creed, que su valor es conocido en la Corte; y de su nobleza yo tengo bastantes noticias, y pues que noblé nació, os advierto, que sabrá cumplir con su obligación. La Casa de los Toledos a mi nobleza me dio, y no faltará mi espada a darle satisfacción. Pues qué Toledo os llamáis? Y la cabeza soy yo de su Casa, y Mayorazgo. Por preguntar nadie erró: fue Soldado vuestro padre? Maestre de Campo sirvió a su Majestad en Flandes, y en la Campaña murió. Don Francisco se llamaba, y fuimos allá los dos grandes amigos, y ahora vuestro quiero serlo yo; cómo os llamáis? . Don Henrique. Pues Don Henrique, desde hoy tomo este lance a mi cuenta, que en cierta causa de honor, le debí yo a vuestro padre quedar con buena opinión: y en lo que pueda serviros no os faltaré, por quien soy. La fortuna, o dicha mía (a quien mil gracias le doy) me deparó vuestra casa. Cual forastero, señor, y que no sabe a Madrid (no os canse mi pretensión) os suplico, que un Criado me guíe (hasta que el lance de se componga) a alguna Iglesia, agradeciendo el favor con que vos me habéis honrado. Aunque vuestra pretensión podía aceptar, no quiero, llevado de la opinión, con que vuestro padre en Flandes por muchos medios me honró: quiero tenerte en mi casa, que en Caballeros de honor las honras nunca peligran. Os los agradezco, señor, mas no quiero embarázaros, do dadme licencia. . Eso no, mi huésped habéis de ser hasta saber la intención de la justicia: a mi cuarto os vend, que la ocasión quiero que me refiráis, por tomar resolución de lo que yo debo hacer. Mil años os guarde Dios, que en mí será obedeceros la mayor obligación. Amor, fériame la dicha de poder decir mi amor al divino original de este copiado borrón. A dónde está tu señora? . . A divertirse bajó hacia el jardín con su prima. Y Don Henrique la vio? No me parece posible, porque cuando él entró, ya mis señoras estaban abajo en el cenador. Prevenlas que no me vean, diciéndoles la ocasión, que de su recato fío, que esté seguro mi honor. Venid, señor, a mi cuarto, . y tú, Inés, para los dos harás que otro se prevenga. Luego a obedecerte voy. Fortuna, para la rueda, ya que has corrido veloz hasta haberme aposentado junto a la casa del Sol. . Solo por eso se dijo, lo que va de ayer a hoy. No se alabe, pues se queda dentro en mi jurisdicción. Son los oficios anales, y el de usted ya feneció; y así, váyase a fregar, porque aquí ya mando yo. Yo me vengaré de entrambos, si aseguro mi opinión. Inés, con que el retirado Caballero es bien nacido? y mi padre de su sangre tiene bastantes indicios? Sí señora, y de tal suerte, que como si fuera hijo en casa le ha aposentado; pero si tú lo has oído, no quiero decirte más, de que Don Diego está herido. De qué lo has sabido tú? De que tu padre lo ha dicho; parece que te ha pesado? El haberle conocido, y el querer él sea su esposa a compasión me ha movido. Y no más? . Pues qué más quieres? Un tantito de cariño. No sabes mi condición? Todo es mudable en el siglo; y en verdad, que la mudanza hecha al son de lo entendido, de lo airoso, y lo bizarro, de lo noble, y bien nacido, señora, del tal Don Diego::- callas? me lo has concedido? Qué me decías, Inés? En breve te he referido todo el amor de Don Diego. Como no se le he tenido, a otro objeto debió de irse la voluntad, y el oído: déjame, tirano Amor, no violentes mi albedrío. Pensativa está la Infanta, ella caerá en el garlito. Ven, Inés, porque ya es hora, y quiero irme al retiro. Vamos, y quieran los Cielos, que tengamos niña, o niño. t tú taltatía tra tatíaltatata JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Unipa, cusiní, cunitamba, foraminibus, sotam, impleriba, que si no me ha entendido la sordiga, yo la haré, yo la haré que me entiendiga. No te he dicho que no cantes, que ya estoy desvanecido, y trates dejarme solo? Señor, cuando te ha ofrecido la fortuna un Caballero, que Ángel para ti ha sido, estás tan triste, y suspenso, cabizbajo, y pensativo? suspira, no estés tan muerto, que me tienes afligido, y lo estaré, hasta saber de tu tristeza el motivo. El cuidado te agradezco, y por descansar contigo te lo contaré, Pimienta, por si encuentro algún alivio. Acaba, señor, por Dios, que rabio ya por oírlo. De Murcia, Ciudad insigne (cuyo asiento, y cuyo sitio goza con la amenidad lo llano con lo lucido) vine, Pimienta, a la Corte, y el venir fue tan preciso, como el asistir a un Pleito, que ha fomentado mi tío Don Juan de Estrada, diciendo, que muerto mi padre, es visto que le toca el Mayorazgo, y no a mí, siendo su hijo; alegando en su derecho unos papeles antiguos, que según los Abogados, así suyos, como míos, afirman, que no hay razón para que el derecho mío no sea primero en todo amparado, y preferido; y sin embargo, da largas, con los legales motivos que da el Derecho, y al cabo es seguro el Pleito mío. En fin, ya sabes las cosas, que se nos han ofrecido, y las que tengo presentes, escucha lo sucedido: Ya sabes, Pimienta, que a aquel origen divino de este retrato, mis ojos hoy tanta dicha han tenido, que han adorado los suyos, siendo sus luces un vivo hidrópico, que cubierto de la concha que Amor hizo, y viendo mi muerte en ellos, mas a mirarlos me animo. Saco el retrato, por ver si es su original, y afirmo anduvo el pincel grosero, y los colores no finos, porque todo era bastardo mirando su origen vivo: mas si para hacer la copia era mirarla preciso, dos disculpas al Maestro allí mi ingenio previno; una, la luz de sus ojos, que tantos rayos a giros esparcen, que era forzoso turbarse, los más altivos; y la otra, que su rostro es tan perfecto, y tan limpio, que solo pudo copiarle el Artífice Divino, que con mano poderosa tanta belleza hacer quiso. En fin, absorto, admirado, sin razón, sin albedrío, sin ser, sin entendimiento, sin memoria, y sin arbitrio quedé, feriando a sus ojos todos mis cinco sentidos; aunque sé por cosa cierta, que me amparó su cariño, y que me entrase en su cuarto a una criada le dijo, dejándome su belleza admirado, y suspendido. Y no es lo que más me aflige el verme a su amor rendido, sino ver, que este retrato le llevaba a mi enemigo su criada, con que es cierto, que se habrá dado ha partido su amor con él, y que ya ha llegado tarde el mío; B2 y más, si hago reflexión de la razón que me dijo, cuando yo le pregunté si era su Dama, y remiso me respondió lo que oíste; por donde cierto averiguo ser segura mi sospecha, y mi pena con motivo: y cuando quiera borrar de la memoria el hechizo, que me ha dado tanto amor, como tengo a este prodigio; ya por noble se me ofrece otro mayor laberinto: pues atento al agasajo, la merced, y beneficio, que recibo de Don Pedro, estoy, según buen estilo, obligado, a defender todo lo que en su perjuicio supiere que se ejecuta, y más si el caso averiguo, que le toca en el honor; coneque es fuerza, que yo mismo solicite, que Don Diego sea de Leonor marido: mira si puede llegar en un hombre bien nacido a más la desdicha, pues tercero de los designios de su contrario ha de ser, siendo matarse a sí mismo, y siendo de su amor propio un rayo, y un basilisco. Luego deseoso Don Pedro de componer, como amigo, la pendencia, me pregunta, qué causas, o qué motivos me movió a ella, a que yo (siendo aquí el más ofendido me fue forzoso el negarlo, diciéndole, que había sido sobre querer conocer a una mujer, que conmigo estaba hablando, sin que palabras hubiese habido que obligasen, que el honor se diese por entendido: Con que si de esto a Don Diego no se le lleva el aviso, ha de ser fuerza el hallarnos diferentes en los dichos; y juzgar ser mucho el daño, sin que pueda haber partido que le allane; y demás de esto, quedar Don Pedro sentido de que yo le haya negado la verdad, cuando tan fino solicita mi quietud: con que por todos caminos, cercado de inconvenientes, hallo este mal que resisto, siendo un siglo cada instante, y cada, paso un abismo. Esto me tiene, Pimienta, tan ajeno de mí mismo, como ajeno de remedio, porque tanto laberinto solo me da confusión, cuando medios solicito: mira, si con justa causa siento, padezco, y suspiro. A, solo un daño, entre tantos, el remedio he prevenido. Y cuál es? . El ofrecerme a dar a Don Diego aviso. Pues como tú hagas aqueso, no será el menor alivio, porque todo lo demás da treguas, y el tiempo mismo nos descubrirá, Pimienta, para el remedio camino. Pues recogete, señor, y este cuidado al descuido le deja, que yo te ofrezco hacerlo como lo he dicho. Ya, ves lo que aquesto importa, y de ti solo lo fío; ve, ey recogete. . Señor::- Haz, Pimienta, lo que digo. Obedecerte es forzoso, aunque lo siento infinito él no dejarte acostado, y si pudiera dormido. Ya estamos solos, Amor, quiero discurrir contigo, u- aunque seas mi enemigo, por si hay alivio al dolor que padezco, y de lo ingrato con que has andado, te quiero las quejas dar, aunque infiero, que me será más barato sacar el Iris de Paz, que es el norte que yo sigo. No quiero reñir contigo, pues hallo sin culpa estás, y vivo con esperanzas, que propicio te he de ver; y así, te he de menester, por si un imposible alcanzas. Y tú, del origen vivo . perfecto, y bello traslado, escucha, ya que ha llegado ocasión de hablar contigo, pues también a ti me quejo: dime, de qué me ha servido, que a mi mano hayas venido? mas ay, que en vano me quejo! mas no obstante, a ti el dolor::- , . Ay amor::- Dice, cal ver aprieto tal::- , . Que mal::- Sin que queja de mí hagas::- , . Me pagas. Monstruo eres, que te tragas todos los cinco sentidos; y así dicen mis gemidos:- , . Ay amor, qué mal me pagas! Mas parece los sentidos tengo al sueño recogidos. Cuando todo recogido está, me trae la pasión solo a buscar la ocasión de ver a este retraído; pero qué miro! dormido, y en una silla sentado está, mal de enamorado, indicio de su sosiego, que dicen, que Amor es fuego, y mal duerme un abrasado. Pero a salir de cuidado vengo resuelta; y así, de este vano frenes? he de volver sin cuidado: pero qué vivo traslado es el que en su mano miro! un etna ardiente respiro! valedme, divinos Cielos, porque sin duda son celos, según a borrarle áaspiro! Mas yo celos? (qué tormento Mas yo amor? (qué desvarío!) si se ha olvidado que es mío aún mí mismo pensamiento? Llamaré al entendimiento por saber:: qué he de saber? cuando he llegado a beber el veneno del amor: miento mil veces; honor, cómo te dejas vencer? Sin duda, que mi dolor, de mi pena apoderado, el valor ha sujetado: pues ya se rinde el valor, la viva llama, el calor, que ha alentado mi osadía, se muere, ya llegó el día, en que mi pasión postrada confiese, que aficionada está, y cerca de rendida. Olvidada de mi ser debo de estar, pues tirana de mi honor, quiero liviana en el mundo parecer: ahora bien, esto ha de ser, muera del alma la llama, cuando la de honor aclama, que es a todo preferida, pues se ha de perder la vida por asegurar la fama. Hombre, duerme sin recelo el tiempo que yo te asisto; porque desde que te he visto, le hago testigo al Cielo, pusiera tanto desvelo en ofender al villano, que pretendiera tirano agraviarte, que dijera, que otra defensa no hubiera para ti más que mi mano. Y tú, retrato, a deidad, a quien contemplo rendido ese sujeto dormido, atiende a mi vanidad, pues ni la curiosidad ha de moverme a saber, si hermoso tu parecer me puede dar más enojos, aunque divisan mis ojos, que es tu rostro de mujer. Ay Leonor, que he de perderte! Qué escucho? válgame el Cielo! Pero qué miro! quién eres? mujer, aguarda, no huyas, imposible es esconderte. Parece que han hecho ruido; pero ya no he de volverme sin ver si puedo espulgar las faldriqueras del huésped; por si encuentro mi retrato una luz en el bufete está, yo quiero llegarme, que hasta allí no puede verme. Pero qué miro? cógite: a Diós, señor, el que duerme. Ya no es posible el huir. Él, postrer remedio es este. No importa falte esa luz, si en la de tus ojos puede lograr la dicha de hallarte. Hazlo, bobo, si pudieres; demás, que yo cerraré, porque según la presente, bueno será que yo diga, aunque no sea valiente, tomé las de Villa Diego, afufelas, y afufeme. Si es que estás arrepentida de haber entrado, y el verme te puede causar disgusto, cubre tu rostro, que ofrece mi nobleza no querer mas de lo que tú quisieres. O, si encontrase la puerta . a donde Pimienta duerme, por si acaso tiene luz! Amor, alivio me ofrece, porque dar voces no es cosa, porque a ellas despertar puede Don Pedro, y salir, y en viendo una mujer, sea quien fuere, para la sospecha suya tiene grande inconveniente. Pero la puerta encontré. Ya sosegado parece que está este cuarto, y a mí solo el cuidado me vuelve de echar la llave a esa puerta, que bien estar no me puede, que Inés, ni alguna criada a mirarla abierta lleguen. Llega, Pimienta, esa luz, y esas dos velas enciende. Para la primera noche bien hallado está este Duende. Qué es esto? Cielos, valedme! Adónde vas? estás loco? Esa es una tapia, tente; qué haces? no me dirás qué buscas de aquesa suerte? sin duda has perdido el juicio. Aay Pimienta! aDiós pluguiese, que del todo se quitara, para que yo no sintiese: más, según lo que por mí está pasando, evidente es, que le tengo perdido: déjame, Pimienta, y vete, vete, que decir no puedo la causa de este accidente, que debo mucho a Don Pedro, y es forzoso que se quede encerrado este secreto en mi pecho, y que no llegue a presumir, que en su casa haya quien pueda ofenderle. Mira, señor, que es de día. Pues retírate, no encuentre contigo de esa manera, que yo también recogerme será fuerza. (Ay Leonor bella, si mi fortuna quisiese, que tu divino traslado a mi mano se volviese!) Mucha confusión es esta! más loco estoy, pues meterme quiero en discurrir aquí lo que no me va, ni viene. De qué sirve, fortuna, prometer. lo que tu mano avara ha de quitar. pues joya tan preciosa a enajenar. llegaste, sin que pueda defender. Quitándome la gloria de perder. por lograrla, pues llegas a negar. el sujeto que pudo antes matar. M1. y no se contentó con ofender. Pues discurro mejor será morir. y este fiero pesar, el pecho te. con mudas voces oigo, que a decir. Viene, viva muriendo, y así dé. la muerte mi dolor, si no ha de oír. Leonor, y ha de vivir siempre sin ver. Este papel para ti una tapada me ha dado, y dice espera respuesta. Ay, fortuna, si han llegado mis quejas a tus oídos, y quieres, por desdichado, que merezca algún alivio! mas ay, que soy desgraciado! de Inés es, dila que entre. . Mi señora ha referido todo el disgusto pasado, diciendo fue la pendencia solo por estar hablando con una Dama; y así, decid lo mismo, si acaso os lo pregunta Don Pedro, pues veis lo que importa el caso de que no sepa que fue por cobrar vos el retrato. Guardeos Dios, señor Don Diego. No dice si le ha pesado, o no a Leonor de que herido esté, quien vive postrado al rigor de su desdén. Hasta la puerta de abajo salí, señor, a buscarla, y según dice un criado, luego que el papel me dio, se fue. . Pues ten tu cuidado, que siempre que venga entre. Don Pedro está al aguardando de entrar licencia. . Di que entre. A esta hora levantado, señor Don Diego? es indicio, que no es cosa de cuidado la herida, de que me huelgo. Yo os beso, señor, la mano por la merced que me hacéis. Y como lo habéis pasado esta noche? . No he sentido, que la herida me haya dado desasosiego ninguno. Lo que dijo el Cirujano fue, que era solo un píquete, con que me fui asegurado, que si no mi obligación aquí! asistiera, hasta tanto, que os dejara muy seguro. Guardeos el Cielo mil años, que siempre confesaré, que la salud, y el amparo le debo a vuestra piedad. Señor Don Diego, son tantos los merecimientos vuestros, que mucho en serviros gano. Y dejando cumplimientos, como noble, y cortesano, me habéis de decir ahora, si movió vuestro embarazo cosa, que obligue al honor a buscar el desagravio. Cuando de vuestra nobleza estoy seguro, negaro? la verdad, fuera, señor, ser al beneficio ingrato; y así, cuanto a lo primero, el honor quedó más claro de la una, y la otra parte; que del Sol los limpios rayos, pues solo fue la pendencia sobre pretender osado mi valor el conocer una tapada, que hablando estaba con mi enemigo, a quien puedo aseguraros, que no conocí, ni puedo decir, si es noble, o villano, solo sé, que su valor dio muestras de ser hidalgo; pero porque no culpéis mi intento de temerario, oíd la causa que tuve para poder intentarlo, que las cosas de Madrid ninguno las ha llegado a dar fondo, ni saberlas, porque son tantos los casos que suceden cada día, tan nunca vistos, tan raros, que muchos por imposibles de creer, llega a negarlos el mismo a quien le suceden, por no aventurar lo llavo de su segura verdad: con que a quien lo cuenta, es claro, que siendo el caso no visto, se ha de quedar murmurando si puede ser, o no puede, con que le obliga a callarlo. Pero mi suceso tiene para el oído más falso mucho con que asegurarle, pues sucede a cada paso. En fin, yo, señor Don Pedro, viví un tiempo idolatrando una hermosura en Madrid, cuyo sujeto liviano dio muestras de que su amor solo al interés villano le rendía el albedrío, ofreciéndole su halago. Yo viéndome algo rendido, y a la verdad bien hallado, procuré por todos medios ser solo quien de sus rayos bebiera todas las luces, siendo a sus acciones Argos. Y viendo que era imposible a su natural tirano vencerle la inclinación, me determiné, forzando mi voluntad, a dejarla; con que ella ha procurado, ofendida, deslucirme siempre que de mí se ha hablado: y yo presente, tal vez me ha hecho de cosas cargo; que jamás han sucedido; y yo de nada me he dado por entendido, hasta ayer, que fue imposible excusarlo, porque delante de mí se puso a dar mi retrato a quien os he referido; y ya ese ve, si obligado estaba a cobrarle, viendo que pasaba a ajena mano. Quise asegurar primero si era ella, porque el manto la tuvo siempre tapada, y llegando cortesano, me respondió con desvío, poniéndome al pecho el brazo: saqué la espada, y sacola, huyó la mujer, y en tanto sucedió lo que sabéis; quedose con el retrato, y a un amigo, de quien yo todo este lance he fiado, envié a hablar a esta señora, y dándole mi recado, dice, que todo es verdad, y que solo le ha pesado de no haber reconocido al que anduvo tan bizarro; que como fue su intención solo el hacerme el agravio, al primero que pasó quiso hacerle el agasajo. Conque así, señor Don Pedro, en volviéndome el retrato, en en lo demás no habrá duda, porque aunque haya llegado su espada antes que la mía, es dicha, pero no agravio. Todo aqueso esta vencido, si hallo el que llevó el retrato, porque os he de hacer amigos, y que os deis luego las manos. Haré lo que me mandáis. Hacéis como cortesano; y cómo el Criado está? No fue cosa de cuidado, con que juzgo sanará. Señor Don Diego, quedaos, no habéis de pasar de aquí. Dadme licencia. Es cansaros. A cumplir mi obligación por obedecer no salgo. Fortuna, ya que el amor con que rendido idolatro a Leonor, de nada sirve, deja que logre el engaño, con que a Don Pedro negué ser de su hija el retrato, que puede ser que si encuentra a este enigma de mi daño, ofreciéndole el ajuste, por quedar asegurado, se le entregue, como quien vive desapasionado de su amor, pues no conoce origen de su traslado: con que es fuerza que Don Pedro, viendo su honor ultrajado al parecer, que pretenda buscar en mí el desagravio, y me dé por conveniente de Leonor la bella mano, que aunque blasone, que es contra el amor un peñasco, la obligará la asistencia, la conversación, y el trato. Ay amor! detén tus flechas, y muéstrate más humano. Ya Don Diego sanará, señora, triste no estés, y si quieres divertirte, escúchame, y cantaré. Ay Juana! que mi dolor hallarle imposible es alivio; pero con todo, si te gusta canta, que entre tanto en esta silla un rato me sentaré; y pues el sueño parece me llama, veré aquí a ver si puedo descabezarle. No tanto te entristezcas, ama mía, deja el pesar un rato, y de alegría vaya un poco, y olvida a ese Don Diego, que son diablos los hombres, y está ciego de puro enamorado: Toma aqueste consejo que te he dado, mira que como amiga aquí te hablo, ponle la Cruz, y haz cuenta que es el diablo; pues sabe el Cielo santo, que yo hiciera otro tanto con uno que me toca, si pudiera, pues contra todos ellos soy Guerrera; y si no, venga alguno, aunque Guerrero sea, y verá valiente aquí le espero. Hay ama mía! a quien yo quiero, bello lucero de noche, y día: mi melodía, durmiendo tú, hará mú, mú, te arrullará. Amor es fuego, deja a Don Diego, lleveos el diablo, con todos hablo, que yo le haré no vuelva acá. Hay ama mía, Esta es ya resolución: . Juana, qué hace mi hermano? En este instante salió. Pues saca al punto los mantos. Mira que el coche llegó. Haz luego lo que te mando. Y si viene mi señor? A ti obedecer te toca. Si puedo, ciega pasión, yo te buscaré remedio, que mitigue tu dolor. Ya tienes aquí los mantos. Pues pónmele: ciego Dios, . ampara mi atrevimiento, pues le ejecuta tu ardor. Señora, no me dirás:: Nada preguntes. Amor, vida, y honor aventuro. Vamos, Juana; pero no sé lo que siento en el pecho, que atormenta el corazón. A dónde con tanta prisa? Esto es al primer tapón. Iba en casa de mi prima, que ahora a llamar me envió, diciendo, que fuese luego. Yo volví en buena ocasión. Juana, retírate afuera. De casa quisiera yo. Toda soy un puro hielo; pero qué importa? valor. Hermana, a solas hablarte hoy ha querido mi amor, para decirte, que digas a tu prima mi intención: y pues sois las dos amigas, por ti logre este favor. Cierto, que como te vi hacer tanta suspensión, puse todo mi sentido en el metro de tu voz, temiendo alguna desgracia. Margárita, qué mayor, si no llego a conseguir lo que deseando estoy? Fialo de mi cuidado, que yo buscaré ocasión en que decir a mi prima lo incentivo de tu ardor. Mucho de tu ingenio fío. Cuando interesada soy, seguró puedes quedar. Adelanta mi temor mi corto merecimiento. Todo lo iguala el amor. Tú, lo has de solicitar. Esa palabra te doy. En el coche puedes irte. Tenía resolución irme a pie:- La hablarás luego? Pues por qué no. . Inés? Señor. Ve acompañando a mí hermana. Adiós, Don Juan. Id cón Dios. Palacio me han contado, que un Caballero riñó con Don Diego, y visitarle se lo debe mi atención, y así voy hacia su casa. Ta, ta, ta, que amanece ya el día, tá, ta, ta, que ya sale el Sol, ta, ta, ta, que Leonor es divina, ta, ta, ta, que es luciente farol. Ahora sí, Pimienta amigo, que me sueña bien tu voz, y me da agrado el que diga::- , . Ta, ta, ta, que amanece ya el día:: Y que prosiga veloz, diciendo con consonancia:- , . Ta, ta, ta, que ya sale el Sol:: Mucho mi pecho te estima al ver le alegras cantando:- , c. Ta, ta, ta, que Leonor es divina: Y se alegra el corazón al ver rematas, diciendo::- , . Ta, ta, ta, que es luciente farol. Prosigue, que me da gusto. Sí? pues sabe, que a mi no. Por qué? Porque no hagan burla, que tengo muy mala voz, y no faltará quien diga si soy gallo, o soy capón; y así, si quieres que cante, cantemos entre los dos. Vaya, que no será mucho, que el que está ciego de amor, por por cincor bocas despida, si puede, algo del dolor, y así, yo le doy salida por elut, re, mí, fa, sol. Vaya, que si tú te quejas, también me he de quejar yo; yo por sol, fa, mí, re, ve, tu porut, re, mí, fa, sol; y así, si gustas, cantemos unas letrillas de amor, que para el caso he traído. Haberlas, y cuáles son? Velas aquí. Pues empieza. Escúchame, que allá voy. Escucha mi acento, que néctar del viento, es de amor saeta, y hechizo de amor, y no chiste, no. Pues todas las Damas, bien saben las Amas, y yo, que te quieren; Jesús, y qué horror! y nochistes, no, que celos tendré, y es mal muy atroz. Amigo Pimienta, bien sabes, que intenta conseguir, si puede, mi pecho a Leonor: y no mientes, no. Pues saben los Cielos me causa desvelos, y que cada día me siento peor: y no mientes, no, que de todas ellas firme Galán soy. Pues vivan las Damas, abrásense en llamas del Dios Cupidillo, y en fuego de amor: y no mueran, no. Y todos nos sigan, y si gustan, digan: Vivan las mujeres todos a una voz, y no mueran, no, que yo las haré coco, corrocó. Qué te parece, señor? Muy buenas están, Pimienta. Y hechas al caso. Ay amor, déjame un rato respire! Y el crecado le llevo a Don Diego quién dijiste? Así tuviera ahora yo de renta un cuento tan cierto como ella se le dio; mas aquí viene Don Pedro. Qué hacéis, señor Don Henrique? Estar al servicio vuestro esperando me mandéis, para luego obedeceros. Y yo, arrojando locuras, que me ha pegado mi dueño. Que a Don Henrique diviertas, mucho, Pimienta, agradezco. En tal, posada pudiera estarlo, señor, un muerto, según franco anda lo puro. La voluntad, y deseo de serviros es lo más. En obligación me ha puesto la gran merced que me hacéis: y mil veces pido al Cielo me dé tiempo de pagar parte, que todo no puedo; pero sentaos un poco. En hora buena lo acepto: mas sentaos vos. . No lo haré. No andemos en cumplimientos, pues sabéis mi voluntad. . Esto es pagar lo que debo. Salte allá fuera, Pimienta. No vi más honrado viejo. . Sabed que traigo una queja. De mí? . De vos. Mucho siento haberos dado lugar a que la tengáis, más creo, que no la habré prevenido, porque de noble me precio, Ce y el que es desagradecido, está de serlo muy lejos. Fácil está de ajustar. Si es fácil, no es lo que pienso. . Si llega a estar en mi mano, sabiendo que es gusto vuestro, ya lo doy por ajustado. Y yo! satisfacción tengo, que a los hombres como yo no dejaréis en empeño. Vive Dios, qué es cierto el daño! sin duda sabe, que el dueño es su hija del retrato! Señor, por satisfaceros pondré mil veces la vida. Pues sabed, que solo vengo a pediros me entreguéis un retrato de Don Diego, que quedó en vuestro poder. Qué escucho? válgame el Cielo! . Y con él queda ajustado de vuestro disgusto el duelo, y yo también de mi queja quedar satisfecho quiero. Saberla he de procurar. Referídmela, que quiero satisfaceros a todo. Y yo, y vos nos ajustemos; y así, atended. . Ya escucho: todas la atención poniendo en si puedo discurrir lo que responder le debo. No refiero beneficios, que si alguno estoy haciendo, se lo debí a vuestro padre, como ya contado tengo; y así, de lo que se paga no se da agradecimiento: con que ya desobligado por aquesta parte os dejo, por lo que dais a la ley, que tenéis de Caballero; y pues por ella jurasteis contarme todo el suceso, por qué fue vuestro disgusto, y yo os previne, diciendo, que importaba, para que yo ajustase con Don Diego, que quedaseis amigos, y al ajustarlo, hallo menos, de lo que vos me dijisteis, el retrato; ved si tengo causa para estar quejoso, pues cuando yo estoy haciendo vuestra parte, y os descubro con lealtad todo mi pecho, vos me negáis la verdad, exponiéndome al desprecio de que Don Diego me diga, lo que yo digo es lo cierto, y a vos os han engañado; con que me resolví cuerdo a callar, hasta saber lo que respondéis a aquesto. Que yo tuviese el retrato, señor Don Pedro, confieso, y que en mi poder no está aseguraros bien puedo, porque antes de reñir a darle volví a su dueño: con que quedando en su mano, me pareció no había duelo, que motivase el retrato; por cuya causa en silencio os lo pasé yo, y no quise contaros este suceso: aquesto os puedo decir a la ley de Caballero. De que así haya sucedido, Don Henrique, estoy contento, porque con eso quedamos Don Diego, y yo satisfechos, y así que sane el Criado, quedará ajustado el duelo. Siempre será vuestro gusto en mi obediencia, y precepto. Adiós, pues. El Cielo os guarde. Yo he de perderme, si llego a saber, que le ha contado todo el suceso a Don Pedro: demás, que no puede ser, porque es noble el tal Don Diego, y habiéndoselo avisado, fuera no tener respeto; porque no hay hombre tan loco, tan tan poco activo, y atento, que si el honor de su Dama ve en peligro, no huya el riesgo, y procure, aunque se abrase, sacarle libre del fuego con la brevedad que pide el limpio honor de su dueño; que si se llega a quemar con lengua voraz del Pueblo, aunque haya faltado llama, dura perpetuo el incendio. Luego si Don Pedro hubiera llegado a saber, que el dueño del retrato era su hija, no se quietara tan presto, claro está; pero también puede nacer su silencio de que yo no sepa el daño de estar su honor de por medio: pues juzga, que yo no he visto, ni sé que es el sujeto de Leonor bella la causa, que obliga tanto secreto; pero sea lo que fuere, yo no he llegado a saberlo? Yo no estoy dentro en su casa, de su mano recibiendo beneficios, que pudieran obligar al más vil pecho? Pues por qué he de permitir pase un instante de tiempo sin que dé a Leonor la mano? qué digo! válgame el Cielo! Pues no es quitarme la vida, si a perder a Leonor llego? Yo estoy loco, yo estoy loco; valedme, divinos Cielos! la mano a Leonor? qué digo Solicitar que otro dueño llegue a ser de su hermosura, sin que le mate primero? Pero si Leonor le quiere::- qué es querer? mil veces miento; pero en vano, Cielo santo, engañar mi amor intento, cuando todos mis sentidos a voces están diciendo, que Leonor viva, y su honor defienda mi limpio acero. ve en peligro, no huya el riesgo, Cuál yerno, que a comer vayas, te diga manda Don Pedro. Ay Pimienta, si supieras, qué imposible que está eso! Vamos, que de ese imposible luego en comiendo hablaremos. Vamos, que no es bien que aguarde. Si nos dejan. Caballero, una mujer infeliz, que mira su vida a riesgo, os suplica la amparéis, sin que lo digáis al dueño de esta casa, que aquí entró: mucho una desdicha temo. Cierra tú, Juana, esa puerta. Sosegaos, que si puedo serviros, señora, en algo, como noble os lo prometo. Vivís dentro de esta casa? Huésped del señor Don Pedro, de quien recibo merced. Y sois acaso su deudo? La amistad que profesamos es el mayor parentesco. Conocéis mucho en Madrida Poco, porque forastero ha que asisto en él tres meses. Siempre en este cuarto mismo? No señora, que ha muy poco, que tanta dicha merezco. Podré saber vuestro nombre? Señor, mira que sospecho, que si no vas a comer, ha de entrar otro correo qué es querer? mil veces miento; a llamarte, y podrá ser, que venga el mismo Don Pedro, y esta Dama preguntona se puede ir al infierno, y volver a preguntar en estando el pancho hecho. Calla, loco. Vos mandad, que serviros es primero: Don Heurique Alfonso soy. Si de no iros hay riesgo de que os vengan a buscar, podéis iros, y en comiendo volveréis a hablar conmigo, porque referiros quiero, en fe de vuestra nobleza, mi desgracia, y el secreto encargad a ese Criado, que me va la vida en ello: y os podéis llevar la llave del cuarto, con que yo quedo asegurada por vos. En todo he de obedeceros. Y de vos yo he de fiar de todo mi honor el peso. Vamos, Pimienta. Ya voy: Abur, Madamas; laus Deo. Señora, no he de saber por qué atropellas respetos y te sales de tu casa? Ya te es forzoso saberlo, y para que no te admires de mirarme en este extremo, que me tiene la fortuna, que lo hizo amor te confieso: mira si ha obligado a muchos a mayores desaciertos, y rendida a una pasión, que apoderada en el pecho avivó tanto su llama, tanto acrecentó su incendio, que sin poder remediarlo, obligó al entendimiento, que rindiese el albedrío a la voluntad, haciendo que la memoria olvidase del honor el privilegio. Me resolví ir a buscar para tanto mal remedio, sin mirar inconvenientes, que como el Amor es ciego, no vio que estaba delante, después de tanto respeto, un hermano, que a mi honor Argos vigilante ha hecho. Salí apenas, como viste, resuelta a ver a Don Diego de Peralta, que es quien vive, y reina en mi pensamiento, cuando entrando por su casa, oigo a mi hermano, diciendo al Cochero que parase, y salir al mismo tiempo del coche, y venirse a mí, quiero esconderme, y no puedo, y en la primera antesala quiso arrojarse soberbio a querer vengar su honor, y yo mi peligro viendo, me valgo de los criados, debiéndoles a su aliento el poderle detener; vuélvome a salir huyendo, sígueme, vuelvo a mirar si: es que me viene siguiendo, y reparo que es así, si no es que lo hiciese el miedo. Aquesto es lo sucedido, porque asegurar no quiero si fue así, que yo estoy tal con el susto, que aún no creo, que puede haber sucedido, Juana, como yo lo cuento. No te se ha escapado un punto, salvo el que tu hermano entiendo, que no salió tras nosotras. Reparaste bien en eso? Y cómo que reparé? más, señora, ruido siento, y juzgo, que hacia esta parte. Pues aquí nos retiremos a esperar a Don Henrique. Válgate Dios por enredo! ta ttaler taaía ta taa tral eraeza JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Las flores, las aguas, peces, y avecillas, que vuelan, que corren, canten, digan, digan: La Venus hermosa, la Palas divina, la Diosa Neptuno, Leonor bella viva. Inés, no me cantes más; hay amor, detén tu incendio! Y dime, no gustarás de que te hable de Don Diego? Que me hables de Don Henrique, cuando a ver su cuarto vengo, me parece que es más justo. Este paño aún está entero, con que para cercenarle es menester mucho tiempo. No entendí, que eras, Inés, tan pobre, y corta de ingenio. En siendo cosas de amor, contigo a hablar no me atrevo. Pues yo licencia te doy para que puedas hacerlo, y de Don Henrique me hables, sin que te acobarde el miedo, que a todo, sin enojarme, te responderé; advirtiendo, que aquesto solo lo hago por descubrir tu talento. Pues digo, que el Don Henrique es muy noble, y muy discreto, muy afable, muy galán, muy valiente, y muy atento, y que pueden merecer sus prendas, y entendimiento, que la Dama más ingrata, la que no ha pagado feudo al Amor, bien le quisiera. Todo, Inés, te lo confieso; pero una mujer de prendas, que su obligación la ha puesto en estado, que no puede corresponder, ni en deseos, porque en las mujeres nobles son delitos pensamientos, por su honestidad, y honor, y porque la ley del duelo no nos permite a las Damas, que del límite pasemos, en que nos puso el decoro de nuestro recogimiento, y en tales? casos nos dice, que haya de nacer el ruego del galán, no de la Dama; y la que quiebra este fuero, descubre su liviandad, y su poco entendimiento; y aunque le llegue la dicha a cumplirla su deseo, y como propia mujer goce en el casto himeneo felicidades, que ofrece correspondido, y atento; tal vez se puede cansar, y atreviéndose al respeto, recuerda cosas pasadas, que aunque sepa que nacieron de la voluntad, no quiere, atrevido, y lisonjero, sino darles aquel nombre, que le ha ofrecido el desprecio, que quiere hacer por entonces villanamente, y grosero: con que en medio de la dicha, de los gustos, y festejos, la que ha llegado a arrojarse, ha de estar siempre temiendo este accidente, y el susto la está continuo mordiendo, como gusano de seda, que labras en propio aposento: con que es preciso morir por no llegar a este extremo. Y te parece difícil hallar a todo remedio? A lo que llego a alcanzar, por imposible lo tengo. Pues si tú le has menester, yo, señora, te le ofrezco eficaz. . Y que yo quede segura de todo el riesgo, que te he referido? Inés, es mucho tu ofrecimiento. De contado al prometido le daré su cumplimiento, y que sobre antes que falte. Yo no sé cómo. . Comiendo. Acaba de declararte, que si sientes lo que siento, lo dicho dicho, yo sola te he de sacar del empeño. Ya no puedo sufrir más, perdóneme mi respeto. Pues, Inés, yo quiero bien, y es Don Henrique a quien quiero, porque desde que le vi hizo en mí el Amor su efecto, tanto, que la misma no che, llevada de su ardimiento, aventurando el decoro, sin prevención para el riesgo, me entré en este mismo cuarto, estando todo en silencio: . . No prosigas, que parece que ruido a esta parte siento. Qué dices? . Lo que te digo, que hay más mal del que entendemos. Ya es forzoso retirarme, que no me conozcan quiero. Mujer, abre, di quien eres, que te juro por los Cielos, que si fueras más dichosa, ampararé tus intentos, Advierte::- Qué he de adver? si un volcán tengo en mi pecho. Mira si viene tu padre. Mucho ese nombre venero. Pues, señora, considera:: Todo, Inés, lo considero. Pues retírate a tu cuarto, y no hagas esos extremos, pues ves lo que se aventura. Sieno se aplaca este incendio, yo no puedo estar aquí, irme es forzoso, diciendo, si este es el Amor, mal hayan de su causa los efectos. Este no es amor. . Pues qué? Unos poquitos de celos. Ya por mi mal lo conozco, que voy rabiando, y muriendo. Pues curete un desengaño, que es curador de los tiempos. Vamos, que yo he de buscar triaca a tanto veneño, aunque sepa aventurar la vida, honor, y respeto. Y yo he de favorecerla: y perdóneme Don Diego, que si se muere mi ama, él la pierde, y yo la pierdo, y no me parece errarla escoger del mal lo menos. Señoras, cuerpo de Cristo! hablen ustedes más quedo; pero qué miro? por Dios, que cerraron, y se fueron. Pimienta? . Señor? Qué haces? Estaba aquí discurriendo. A dónde están las tapadas? Acertaste en eso mismo, aunque no es a donde están, si no es por donde se fueron. Pues di lo que ha sucedido. No es nada, esta puerta abrieron, y se entraron, y cerraron, pero no sé a donde fueron: mira si en breve te he dado razón de todo el suceso. Y tú las vistes entrar? Y con los pies por el suelo. Amor, qué sirve alentarme, cuando todo un mar en medio está de dificultades, que bebe todo mi aliento! Quién te viere discurrir, y hablar con tu entendimiento, pensará, que es sobre cosa que no puede ver un ciego. Pues dime lo que presumes, porque me tiene el suceso tan fuera de mí, que solo son dudas con las que encuentro. Aunque sé que es fiel Pimienta, . si presume lo que entiendo, me importa desvanecerle. Tú sabes lo que yo entiendo? con con que nada que decirte, que tú no sepas prevengo; y así, pues tú solo bastas, a Murcia volverme quiero, quédate con Dios, que voy donde buscaré otro dueño, que fíe de mi lealtad el más oculto secreto. Esa queja es para mí, pues me pasas en silencio lo que te estoy preguntando. Quieres que sea tan necio, que ignore pasa esa puerta al cuarto de Leonor: luego, que dude también que tú lo sepas, cuando te veo enamorado, y rendido a sus hermosos luceros, y que esta mujer no sea ella misma, o por lo menos alguna Criada suya, hechadiza de su ingenio? No pases más adelante, que tu loco pensamiento castigara, a no saber, que nace del buen deseo, que tienes de divertirme, y de que logre el que tengo; y advierte para otra vez, que en ella el recogimiento, la virtud, la honestidad asiste con tanto acierto, que solo vive su gusto a su decoro sujeto. Vete allá fuera, Pimienta, y en tanto que yo sosiego harás que pongan el coche. Hasta salir verdadero, señor, yo no me he de ir. Cerrado esta este aposento, pero no, que está la llave puesta de parte de adentro. Estáis solo, Don Henrique? Y a vuestro servicio, y vengo a saber qué me mandáis. Ves como tomaste yerro. Vive Dios, no le tomé, que aquesta gata de Venus, para cazar el ratón tiene muchos agujeros. Haced que aquese Criado se esté en la puerta, advirtiendo, que avise si viene alguien. A serviros me prevengo. Y tú, Juana, a esa, por donde aquellas Damas salieron, has de estar con el cuidado que ves, que importa el secreto, y, si alguien viniese, avisa. De todo advertida quedo: así salga yo con bien. Que os hable el rostro cubierto permitid a mi decoro. Mucho sentiré el no veros; pero lo he de perder todo solo por obedeceros. Pues en fe de esa palabra estadme, señor, atento. Mis muchas obligaciones, y mi nobleza erencio quiero pasar, porque fuera poner dudoso lo cierto no hablar de cosa tan clara con el rostro descubierto, y lo que en otra alabanza, en mí es decoro, y respeto: si bien, llegando a saber la poca dicha que tengo, quedaréis asegurado de la verdad, porque ingenio, nobleza, y dicha, por grande, nunca se halló en mi sujeto. No sé por donde comience a declararos mi pecho, que como nace de amor::- Señor, mira que Don Pedro llega a este cuarto, que llega. Yo me retiro, advirtiendo, que corre por vuestra cuenta el sacarme del empeño. Vamos apriesa, señora. Qué, hace tu señor? Entiendo, que quiere echarse a dormir. De la Estafeta ese pliego os trajo un Criado mío, . por cuya causa en el tiempo de la siesta me obligó a entrar, Don Henrique, a veros. Señor, a tanta merced me faltan merecimientos. Que sé que lo merecéis os asiento lo primero: y cuando todo faltase, faltaros a vos no puedo, por mi propia obligación: con que así, pronto, y atento os he de servir en todo. Y yo en todo obedeceros. Como de casa me he entrado; más perdonad, que entendiendo hallaros solo::- . Sobrino, no os vais, que este Caballero es amigo, y nos dará licencia para que hablemos. Mi hermano es; ea, valor, no os retiréis, escuchemos. En tanto me la daréis para que lea este pliego. Esta licencia he tomado, por si de esta suerte puedo obligar a que a otro cuarto se retirasen. . Yo vengo a hablaros, en un negocio, que pide mucho secreto. Venid. Adiós, Don Henrique. Que me perdonéis os ruego. En nada podéis errar. Ah hermana vil! por ti es esto. . Ya podéis salir, señoras. Fuéronse ya? . Ya se fueron. Pues, señor, sabed que a mí me importa, que vuestro aliento vaya siguiendo sus pasos, y que tracéis con ingenio alguna cautela, con que podáis saber de Don Pedro, qué le dijo su sobrino, que me va la vida en ello. Ya me he obligado a serviros, y así voy a obedeceros. De vuestro valor lo fío; que llevéis la llave os ruego, porque no pueda salir, si otro llamare, por yerro. Vente conmigo, Pimienta. No miras que nos perdemos? Nací noble, y mi palabra aún más que mi vida aprecio. No es posible sosegar, y echado el manto, pretendo ver si puedo a Don Henrique hablarle:: pero qué veo? tapadas aquí: ya es fuerza, señoras, reconoceros; y así, cierro aquesta puerta. . Señora:: Calla, ya entiendo, y pues una puerta cierra, por la otra escaparemos. Sígueme, Juana. . Ya voy: Dios me saque de este enredo. Qué haces, mujer? espera, que conocerte no quiero. Quién en mayor confusión se ha visto! valedme, Cielos! Fuese, y la puerta cerraron, y allí parece que abrieron: dicha fue sacar el manto. Señora:: pero qué veo? esta otra gala, otra arte, otro garbo, y otro aseo es del que yo dejé aquí, y ha sido muy poco el tiempo para haber hecho mudanza tan grande, y haberse puesto tanta variedad de lazos; mas quiero llegar. . Teneos, que las Damas que buscáis cogieron seguro puerto, de que lo podéis estar. Mi ama es, escuchemos, sin quitarle la ocasión. Esta es Leonor, vive el Cielo! Aquí me importa fingir. Yo que sois la una entiendo, y entraba a buscar la otra. Tan poco conocimiento tenéis? . De lo que no he visto, mal puedo tener acuerdo. Luego no visteis sus caras? Ni las conozco. Muy bueno: cierto que estaba informada, que eráis grande Caballero, pero no lo parecéis. Pues en qué no lo parezco? En qué? en el saber mentir, que lo hacéis con grande extremo. Si con la vida pudiera aseguraros, que es cierto, solo por vos la perdiera. Yo, señor, así lo creo, considerando, que habláis por el divino sujeto, que ahora se fue de aquí. Que sois vos estoy creyendo, porque yo no adoro a otra. Conoceisme? Bien me acuerdo, que os he visto en esta casa. Amor, olvidad los celos; . yo entiendo, que os engañáis. Perdí el Iris de mi acierto, que con él pudiera daros seguro conocimiento. Declaraos, que esas enigmas ni las alcanzo, ni entiendo. Pues, señora, hablemos claros: si sois divino sujeto, seréis el original presto de un retrato:: . Oh qué me trocaste, Amor, la suerte! Que por divino trofeo ido latraban mis ojos en su perfección, bebiendo de la mayor hermosura el más sabroso veneno, pues con mirarle imposible, mas le idolatraba atento. Este perdí::- . Tente, hombre, que tus razones me han muerto! . Digo, que me le robaron, quizá porque conocieron, que no podían mis ojos mirar tanta luz atentos: hizo mi amor al principio los merecidos extremos; y al fin, pudo consolarme saber, que el robo me hicieron dentro de la propia casa a donde vive su dueño, y una sospecha, no vana, de que su mano fue el reo: y si sois su original, de mis congojas doleos. Pues os digo mis fatigas, como rendido, y atento, os suplico os descubráis, pues solamente con eso saldré de todas las dudas, que temo, suspiro, y siento. Pues porque no las tengáis (mucho es mi atrevimiento, pero mayor es mi amor, y a mi honor poco le debo, pues sin haber advertido en tal peligro me ha puesto: en vano es ya retirarme) yo quiero satisfaceros, Don Henrique, de esta suerte. Yo, señora, os lo agradezco, y rendido a vuestros ojos, como quien vive de verlos, os suplico, que esta dicha llegue a la de mereceros, que piadosa con mi amor le deis merecido premio. Luego soy a quien amáis? Da Aunque aventure ofenderos, quiero más por atrevido, que por cobarde, perderos. Vos, señora, sois a quien confiesa todo mi afecto por luz, por Iris, por Norte, que sigo, adoro, y venero; y puesto que la ocasión piadoso me ofrece el Cielo, y vos a él le imitáis en lo hermoso, y lo sereno, imitadle en lo piadoso, pues humilde a los pies vuestros os suplico me admitáis . por vuestro esclavo, poniendo el sello de vuestra mano en lo firme de mi pecho. Don Henrique, no os canséis, y dejad esos extremos para aquel original del retrato, pues vos mismo aquí me habéis confesado, que bebíais los vientos de su divina hermosura. Y mil veces lo confieso. Hacéis bien, no seáis ingrato, que es mucha vileza el serlo. Luego yo, soy tan dichoso, que tengo que agradeceros. Y más de lo que pensáis. Pues sepa yo lo que os debo. Qué más, que contra el decoro haberme aquí descubierto? A mucho aspira mi amor, y a voces me está diciendo, que fíe de vos mayor dicha. Pues esperad la del dueño del retrato. . Así lo haré: y dichoso yo, pues llego a merecer tanta dicha. Luego tenéis ya por cierto, que merecéis su cariño. Sí vos lo decís, no es cierto? Pues tengo yo su albedrío? Y también el mío es vuestro. No entiendo lo que decís. Pues yo explicarme no puedo, porqué me tiene la dicha robado el entendimiento. Con mil confusiones lucho. Dichoso yo si os merezco. Cómo, si a la del retrato amáis tan firme? . Por eso. No os acabo de entender. Pues yo, señora, os entiendo, y merezca por rendido, que rompáis el privilegio del decoro, y que me habléis como amante, que yo ofrezco serlo tanto, que esté siempre amando, y obedeciendo. otra vez de vuestro amparo es fuerza valerme, huyendo de mi fortuna contraria, pues tropezando, y cayendo de un lance en otro, me pone hoy en mayores aprietos, tanto, que ya me es forzoso, por excusar mayor riesgo, valerme también de ti. Qué miro! Prima, qué es esto? Dime, cómo de esta suerte? De admiraciones no es tiempo, sino solo de buscarme a tantos males remedio, pues de tu padre, y mi hermano, que entran en este aposento, es fuerza que me amparéis. Yo el mismo peligro tengo, Don Henrique. . Con la vida ofrezco favoreceros. Yo lo ofrezco más barato. Aí estás? . En mi aposento entrad, de allí a vuestro cuarto podéis pasar. Santos Cielos! doleos de mis pesares, dándome alivio, y consuelo. Y a mí me saque de tantas confusiones como llevo. Y a mí me dé mucha gracia para traer Mosqueteros. Yo he oído todo el chiste, con con que desaté el enredo. Líbreme Dios por su amor de mujeres, y de pleitos. Llegan ya, Pimienta? . No, que a esotro cuarto se fueron. Pues ya me toca el buscarlos a Don Juan, y al señor Don Pedro por dos cosas, pues mi amor la puso en tan grande empeño: y también para acudir a la tapada, pues debo no faltar a mi palabra. No tomarás mi consejo? Y cuál es? . Quiero cantado decírtelo, estame atento. Señor, estate en tu cuarto, y déjalo por mi cuenta, que yo haré que el mismo viejo venga a rogarte con ella: créeme, mira que yo te digo lo que te tiene más cuenta. Pimienta, deja locuras. Si así te agrado, las dejo: más aguarda::- Don Henrique? Qué me mandas? Ves si es cierto el consejo que te he dado? Mi palabra a cumplir vengo, y a suplicaros también, que esta noche con secreto os quedéis en el jardín con atención, que en oyendo cantar, podéis con seguro llegaros al instrumento, donde hallaréis desengaño de lo que estáis padeciendo: y para que conozcáis en lo mucho que os venero, aquí tenéis el retrato . de mi ama, y aDios. Laus Deo. Yo haré lo que me mandáis; pero qué miro! Si llego a cobrar por vos tal joya, mal podré no obedeceros. Dibujo, a donde el buril esmiriló, pulsó diestro, admirando la hermosura sin segunda de tu dueño, pues vuelvo a verte en mi mano, carácter haré en mi pecho, porque no pueda borrarte olvido, ausencia, ni tiempo. Dichoso yo que te miro; noche, anticipa tu velo, pues ves, que toda mi dicha me han ofrecido en tu centro. . Bienvenido, Peregil; diste el papel? De un Criado, de quien soy yo muy amigo, me valí, con que le he dado a Inés en su mano propia tu papel, y tu recado, y te traigo testimonio, . aunque no en papel sellado. Mucho por tal diligencia te estaré siempre obligado. Mi señor, desde el día de tu disgusto ha que mi señora no me da lugar a que un instante solicite el veros; y así os suplico, que con las señas que en otras ocasiones, estéis en la reja del jardín esta noche, a donde veréis a mi ama, y yo os habré servido. Dios os guarde, Inés. señor Don Diego. Parece que lees con gusto. Todo lo que he deseado, Peregil, trae el papel, y estoy ya determinado, si esta noche tengo entrada, siendo de Inés ayudado, lograr por fuerza la dicha, que tanto estoy deseando; pues aunque Leonor dé voces, y se alteren sus Criados, y que su padre despierte, y que su desdén tirano pretenda me den la muerte, Don Pedro, prudente, y sabio, viendo el amor de su hija, si no perdido ultrajado, reconociendo mi sangre, Y y que rendido, y postrado se la pido por esposa, he de hallar en él sagrado, sabiendo que en calidad, si no le excedo le igualo; con que con aquesto queda con el premio asegurado mi mucho amor, y su honor, y en un lazo juntos ambos. Fortuna, ayuda mi intento, y pues dicen que al osado favoreces, yo me animo a robar del Sol sus rayos, mira si más osadía cabe en corazón humano. Buena va la danza, si no acaba en paloteado. Amigo Don Juan, las cosas del honor, siempre se engaña quien pudiendo, con secreto no trata de remediarlas: y lo que yo asegurar os puedo en esta desgracia es, que supuesto que vos con Don Diego vuestra hermana no visteis, y que sagaz, por no aventurar su fama, dijisteis a los Criados, que os tuvieron, que una Dama era, que veníáis siguiendo, a quien vos comunicabáis; con que solo presunción puede haber de aquella entrada por el amor de Don Diego pero no evidencia clara. Y así, para buscar medio, entre confusiones tantas, que nos asegure, oíd lo que mi discurso alcanza: Los dos habemos de estar con continua vigilancia en la calle de Don Diego, y en saliendo de su casa seguirle hasta ver donde entra, y con ardid; y con traza informarnos a quien busca, a que entra, o con quien habla (que todo el oro lo vence) y de esta suerte el hallarla se ha de conseguir, sin que se publique vuestra infamia. Y si Don Diego no ha sido de vuestra ofensa la causa, callar es mejor, Don Juan; porque el que ofendido se halla sin saber el ofensor, está imposible su espada de poder satisfacerse; y así, sobrino, la mancha, que el valor sacar no puede, la lengua no ha de sacarla, antes más la ha de manchar en llegando a publicarla. Este es mi consejo, ahora disponed, que mi palabra os ofrece no faltaros, aunque me estorben las canas. Yo vuestro consejo admito. Pues Don Juan, luego a buscarla por este medio, que el Cielo amparará vuestra causa, pues. sabe sin culpa estáis. Ah vil mujer! ah tirana! qué mala paga le has dado a la nobleza heredada! Ledijiste a Don Henrique, como que de ti ha salido, que en el jardín retirado estuviese, hasta que el ruido de la música le llame? Sí señora, y un tantito le referí de tu amor: y al darle el retrato, hizo mil nobles demostraciones llevado de su cariño, Y dime, no le dijiste como yo no había tenido culpa en que tú le llevases el retrato a su enemigo? cosa que puedes creer, que no se como ha podido perdonártela mi enojo. Todo queda prevenido: fuego! si mi ama supiera, que que aquí a Don Diego le cito. Pues Inés, el instrumento toma, para que ha partido se dé el amor, que se halla entre tanto laberinto, mientras que yo entre estas flores algún descanso apercibo. O tú que estás ausente, amante fino, ven siguiendo mi voz, pues imagino el que no estás distante. Voy volando, guiado de tu voz, y así en estando a la puerta, abreme. Ya llegar puedes, que abierta está la puerta. Aquí me tienes. Cómo os entráis, Don Henrique, hasta aquí tan atrevido? Que me permitáis os pido, que cantando así me explique. Pues atenta os estaré, como os expliquéis cantando. Queréis vaya preguntando? Sí, que yo os responderé. Cómo hasta aquí, dime, te entraste? Tú me llamaste, y estor es así. Digo, que erré::- Yo que me entré:- Ciego de amor. Y así rendido a tus pies pido:- entrarme::- Que nos perdones, Y bella Leonor. Muy lisonjero venís. Verdades son las que digo. Pues a dónde está una luz, que decís que os ha traído, para que os crean mis ojos? de esta manera le incito para que enseñe el retrato. Solo el ser de vos creído pudiera obligarme a dar alhaja que tanto estimo. . Tomadla, para que vuelva al centro donde ha salido, y porque en quien la merezca la ponga vuestro cariño. Ya absoluta permisión me dais para que a mi arbitrio la ponga yo en quien quisiere? Sí señora, que aunque afirmo, que llegar a verla ajena ha de ser mi precipicio, de suerte mi amor os ama, que siendo fuerza sentirlo, tanto que sea el morir para mí el postrer alivio, solo porque vos logréis vuestro gusto, lo remito, para que sea a mi amor, y a mi vida preferido. Pues a tanta obligación fuera ingrato el pecho mío, si no la correspondiera con el propio beneficio; y pues amor me ha sacado de tan ciego laberinto, sea amor quien elección haga de lo que ha querido. Y así vuelva a vuestra mano, pues el corazón rendido os confiesa por su dueño. Venció Amor. . Su gusto sigo. Y yo al vuestro obediente seré siempre amante fino. Pues por la puerta que sale a vuestro cuarto, del mío nos podemos retirar. Ya, señora, he prometido obedeceros en todo. Ni un instante de sosiego Amor le ofrece al descanso. Teneos, que a vuestra reja parece que se ha arrimado. Dejadme salir, que quiero c. castigar su pecho osado. Sosegaos, pues su designio sin que nos vea escuchamos. Ya tiene puesta la seña, si estará Inés aguardando. Bien podéis, señor, entrar, que yo a recibiros vengo. Ayuda, Amor, la fortuna, que me has feriado tan presto. . En vuestra casa se entró. Aunque es ya otro cuidado; vámonos deespacio, honor, que Leonor es un peñasco, que no le combate el Mar, ni le hacen mella los rayos; pero si es mujer, qué digo! ea, entremos, Don Juan, vamos. Pues amor, y honor nos llevan, siendo de una causa entrambos; Cielos, doleos de mí, que vivo desesperado. Entrad, señor:: pero cómo está sin luz este cuarto? Porque sin duda Pimienta abajo me está aguardando; como entiende que estoy fuera. Pero ruido hacia este lado? sentí. Mi señor Don Diego, aquí podéis esperaros, en tanto que saco luces. Ya es forzoso averiguarlo: quién va? Don Hentique, tente. Retírate, por si acaso importa que no te vean. Pues en la puerta te aguardo. No responde? Retirarme es fuerza, y si no me engaño en esta parte ha de estar la puerta, que pasa al cuarto de Leonor, ella es sin duda, aquí he de estar, hasta tanto que sepa quien impidió de mi industria lo intentado. Ya con la puerta encontré. Este sitio está tomado. . Cómo está este cuarto a oscuras? hola, Inés? luces, Criados. Esta es la voz de Don Pedro. Castigarete, villano. Mirad que soy Don Henrique. Don Henrique? Infeliz hado! la voz de mi padre es esta, válgame aqueste sagrado. . Ya tenéis aquí las luces. El que miro es mi contrario. Mi enemigo es el que veo. Qué miro! como encerrados estáis los dos en mi casa? Disculpa de tanto daño ha de ser hoy mi enemigo, ya que Leonor se ha librado. Dicha fue que aquí a Leonor . no hubiese su padre hallado. No me respondéis? Señor, yo supe, que mi contrario en vuestra casa asistía, y como noble, a buscarlo he venido, con intento de satisfacer mi agravio. Oh qué bien qué disimulo! Señor Don Diego, acordaos que la palabra me disteis, que volviéndoos un retrato quedaba ajustado el duelo. Es verdad, puedo jurarlo. Pues si Don Henrique ajusta, que ya le volvió el retrato a la Dama que le dio, no no habrá duelo ya. . Esperaos, que yo no puedo ofrecer lo que vos asegurando estáis, pues antes la vida entregaré, que el retrato a quien no sea su dueño. Y ya, Don Diego, ha llegado la ocasión que os supliqué, que me oigáis sin alteraros; y si mi razón no basta, os satisfaré en el campo, que los hombres como yo los lances no han excusado. Ya os escucho. Pues, Don Diego, si vos gustáis, el retrato quiero volver a su dueño, y que de su hermosa mano le reciba el más dichoso, sin que el otro forme agravio; antes bien ha de quedar a defenderlo obligado. Vengo en ello. Pues salid: Yo, señor Don Pedro, guardo, como el mío, vuestro honor. Qué miro! Cielos, mi hermano! . Teneos, pues. . Esperad. Contra mi honor tal engaño! yo le sabré castigar. Caballeros, reportaos, porque ni yo os he ofendido, ni vuestro disgusto alcanzo, ni sé cual sea el motivo: pero reñid. . Esperaos. Suspended vuestros aceros, que el decoro aventurando, me obliga a salir el veros a todos tan empeñados. Pues como tú (ay infelice!) estás dentro de este cuarto? Oídme, y no os alteréis, como padre, imaginando, que mi honor no puede estar, ni perdido, ni violado. Primero he de asegurarme, como mi hermana ha llegado a salir por esta puerta. Primo, y señor, sosegaos, que yo ofrezco por mi prima satisfacer a ese cargo. Vuelvo a la vaina el acero, de esa palabra fiado. . De lo que pasa por mí . confuso estoy, y admirado. Ay Leonor! premia el amor, . con que sabes te idolatro. Ya de tu voz el suceso confuso estoy aguardando. Pues, Don Henrique, ese esmeril, que el pincel ha dibujado, acaso con perfección, de la lisonja llevado, me volved, pues a Don Diego estáis en esto obligado. Solo a vos pudiera dar lo que es de mi vida amparo. Señor Don Diego, es preciso, que llegue yo a preguntaros si conocéis este rostro? Sí señora, como esclavo vivo rendido a su dueño. Pues qué ocasión os ha dado, para que por fuerza quiera vuestro valor conquistarlo? La que sus ojos ofrecen divinos, como tiranos. Tenéis alguna esperanza, que ellos hayan motivado, o alguna razón, que pueda a tal acción obligaros? Solo mi amor, que es tan grande, que si imposibles más altos pudiera haber, intentara emprenderlos, y alcanzarlos. Pues ya llegó a vuestros ojos el tiempo del desengaño. Don Henrique, como dueño, pues sé lo que en ello gano, retrato, y original es vuestro, como mi mano. Y yo la vida, y el ser a tanta merced consagro. Padre, y señor, el perdón os pido de hierros tantos. . Álzate, Leonor, del suelo, que a mi gusto te has casado. Dichosa yo, pues el tuyo con el mío han conformado. Señor Don Pedro, a esos pies: Ven, Don Henrique, a mis brazos. Ahora, señor Don Diego, agradecida, págaros quiero lo que os he debido, con que mi prima la mano os dará, para que quede vuestro amor más bien premiado. Solo esa dicha pudiera poner en olvido tanto amor como os he tenido. Pues quedan ejecutados aquí los dos casamientos; sabed vos, que acompañando me estaba aquí Margarita, . con que en esto no hay agravio; y cuando le hubiera, ya la palabra que os he dado la cumplo, con que Don Diego merezca ser vuestro hermano. Y yo humilde os lo suplico. Señor Don Diego, son tantos los merecimientos vuestros, que mal pudiera negaros cosa que me está tan bien. Siempre vos me habéis honrado. Voy a llamar a mi prima. No cumpliera mi cuidado, ni mi amor, si no estuviera mi dicha solemnizando. Solo de esta vez, señores, no se casan los Criados. Y aquí da fin la Comedia, que el Ingenio ha intitulado, por el Retrato Amor, y Músicos Amo, y Criado. Y así humilde a vuestras plantas perdonadle hierros tantos.