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Texto digital de El muerto disimulado

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Ángela de Acevedo
Atribución estilometría
Ángela de Acevedo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de una suelta sin datos de imprenta (Londres. British Library: 11728.a.28).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El muerto disimulado. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/muerto-disimulado-el.

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EL MUERTO DISIMULADO

JORNADA PRIMERA

Deja, aparta, no me dar a una infame la muerte. Ten, señor, el brazo fuerte por amor de Dios. Mil vidas, si tantas naturaleza le hubiera dado, a mi enojo fueran pequeño despojo. Templa, señor, tu fiereza. Suelta, o matárete a ti. Pues mátame a mí, y no mates C a mi cole Ay de mí! déjale ya Dorotea, no le impidas sus furores, para que de sus rigores ofrenda mi vida sea; que es menos riguridad, que yo a sus fieras manos muera, que ver que tirano quiera quitarme la libertad, donde hay honor, en los hijos no se admite: calla, quieres que te quite. La vida? Baste señor, mi ama se acomodará con tus preceptos en todo. Mal con eso me acomodo. Aqueso mejor le está: Válgame aquí mi cordura, . y de la blandura el medio, que a veces muestra el remedio mas que el rigor, la blandura, sacinta, del corazón única prenda querida, de mi edad envejecida. alivio, y consolación. Bien, como discreta, alcanzas, que son del padre el empleo, los hijos son su deseo, y todas sus esperanzas. Su imaginación, su anhelo, su importancia, su cuidado, son su lisonja, su agrado, su interés, y su desvelo. Y si aquesta natural propensión se deja ver en el que llega a tener muchos hijos, desigual debe de ser, y diferente, pues no es amor repartido, el amor del que ha tenido. un hijo tan solamente. Según esto, inferir puedes, si sola una hija tengo, que amor a tenerte vengo, porque agradecida quedes. Yo la gratitud, que espero hoy de tu correspondencia, es, que ajustes tu obediencia. a querer lo que yo quiero. Que en esto, Jacinta, son los padres de Dios figura, cuando el buen hijo procura ir tras su disposición. Quien no sabe conformarse con la voluntad de Dios, aunque lo sea en la voz, Cristiano no ha de llamarse. Donde, Jacinta, colijo, que aquel hijo, que disgusta a su padre, y no se ajusta a su querer, no es buen hijo. Argumenta tu intención opuesta al intento mío, que es muy tuyo tu albedrío; digo, que tienes razón. El albedrío es exento, y no sufre violentarse; pero debe sujetarse. para hacer merecimiento. Podrás decirme en efecto, que sendas mejores miras en el estado a que aspiras, que es estado más perfecto. De tu opinión no disueno, pues la Religión, es cierto, que es de todos mejor puerto, mas también hay otro bueno. Y aunque a seguir aconseja lo mejor la perfección, no falta a la obligación quien por lo bueno lo deja. Si el ser Monja mejor es, también es bueno el casar, y así te has de acomodar a lo bueno de esta vez. Pues no tengo quien herede de mi casa la nobleza, hoy lo mejor tu belleza es por lo bueno dejarp En todo estado (sin vicio) servir a Dios bien podrás, y quizá, que en este harás, Jacinta, a dios más servicio. Yo Esposo no quiero darte de mi mano, que en la tuya, dejo en causa tanto suya la elección para casarte. Privilegio no pequeño, que muchos padres prolijos nunca fían de los hijos semejante desempeño. Galanes la Corte tiene muy dignos de merecerte, llega, pues, a resolverte, que esto, Jacinta, conviene. Ve, pues, a quien se aficiona de tu persona el agrado, que siendo noble, y honrado, yo haré rica su persona. Oh buen viejo! aquesto sí, que es tan poco escrupuloso, que deja eligir esposo; no me hicieran esto a mí. Qué dices? Padre, no sé que diga en esta ocasión, si tanto a mi inclinación tu gusto opuesto se ve. La inclinación fácilmente, pues la prudencia la excede, vencer la prudencia puede, que todo vence el prudente. Consúltalo, pues, contigo, y haz, Jacinta, por vencerte, que esto llego a requererte como padre, y como amigo. Dorotea, tus razones la dejen desengañada, que a veces de una criada pueden más las persuasiones. Dila, si quiere vivir, que mi gusto ha de observar, que o lacinta ha de casar, o lacinta ha de morir. Sabes ya del pensamiento de tu padre? Qué imagina? Poco es lo que determina; tu muerte; o tu casamiento. Siempre me viene a matar. Muy diferente es la suerte, señora, y muerte por muerte, mejor es la del casar. Cuando no es el casamiento al gusto de la mujer, no hay duda que viene a ser el casar grande tormento. Mas si en su mano se deja la elección, de aquesta suerte; es vida lo que era muerte, lisonja lo que era queja. Qué razón, señora, luego tienes, di, para quejarte, cuando llegas a casarte a tu gusto? Gusto? niego, que aunque en mi padre veo, que me da la autoridad de casar con libertad, no casaré a mi contento; que hallo por tan importuno el casar, porque te asombre, que en el mundo ningún hombre me puede agradar, ninguno. Tú eres la mujer primera, que sin amor he topado. Después que amor me ha dejado quedé de aquesta manera. Luego tu amor has tenido, pues dices, qué te dejó? Amor he tenido yo, pero de él me he despedido. Qué de amor te despediste? No me apures la paciencia, que del alma la dolencia agravias. Ay de mí triste! Si algún mal secreto tienes, ya tu amistad me lo diga, señora, que de una amiga se fían males, y bienes. Aunque no son para dichas desdichas mías, pues eres mi amiga, y saberlas quieres, te contaré mis desdichas. Una vuelta, poco más, en su radiante carroza, ha dado a los doce signos. el bello hijo de Latona; después que para la empresa más lucida, y más hermosa, que han admirado los siglos, y advertido las Historias, en que la Nación insigne, que entre las Naciones todas. confunde la envidia a pasmos, a sustos la fama asombra, poniendo de Portugüesa en la armada de Saboya el Non plus ultra a sus timbres, y a su primor la Corona. Concurrió de todo el Reino la Nobleza más famosa, a emplear su gallardía en ocasión tan heroica; y entre muchos Caballeros, que se hallaron de Lisvoa en esta Corte, ventaja de las Cortes de la Europa, fue Clarinda (ay, como el alma se aflige en esta memoria, que las cosas, que se pierden, lastiman cuando se nombran!) Clarindo digo, en quien puso la naturaleza todas las prendas, que hacen amable, y querida una persona. La gentileza, la gracia, la discreción, que son cosas, que raras veces unidas en un sujeto se topan, le hicieron compuesto rico, para darle poderosa jurisdicción de ganarle al amor muchas victorias, robando las libertades; porque no es como las otras la guerra de amor, que en esta, quien más vence, es quien más roba. Bien lo ha sentido la mía, que aunque exenta, y cautelosa de amor, contra las saetas, fue siempre constante roca; a los ojos de Clarindo. con resistencia tan poca se halló, que quedó cautiva; el como fue, oye ahora. De San Antonio en la Iglesia, adonde; por su devota, y quedar de nuestra casa. tan vecina, voy a solas casi siempre a oír Misa, vile, y viome, y de curiosa pasó la vista a empeñada; porque es cosa muy notoria nacer de amor los empeños de las vistas licenciosas; pues si los ojos se aplican, luego el corazón se postra. Clarindo aplicó los suyos, quizá porque halló tan pronta curiosidad en los míos; donde sacando forzosa consecuencia de admitido, tal vez de aquesta lisonja llevado, al siguiente día acudió a las mismas horas al puesto, a que no falté, porque ya de la misma forma nuestros deseos estaban, y esto el deseo ocasiona, repetir las diligencias por si la suerte se logra; repitiéronse las vistas, repetición tan dañosa. a mi libertad, que luego la vi perdida, y no es corta: la perdida, Dorotea, que cuando el mando pregona, y la experiencia pública, que lo perdido se cobra por Antonio, en Si Antonio quedase yo perdida sola. Un papel, que alcé del suelo, que por industria ingeniosa. dejó Clarindo caer pasando por mí a la hora, que iba ya de S. Antonio saliendo la gente toda, fue el sello con que el amor hizo mi prisión notoria; si las vistas no se engañan (decía el papel) señora, y con los ojos del alma los del cuerpo se conforman; que amor a los dos obliga sospecha quien os adora, por lo que respuesta aguarda. de su razón sospechosa. Respondí con el deseo, y siendo así no se ignora cual sería la respuesta, si, respondí deseosa. De la noche, pues, siguiente, entre, las confusas sombras, le di punto a que me hablase, dando por sena amorosa un ay, a que acudiría, bajando a esa reja angosta más vecina de la calle, a las doce, hora más propia de amor para la cautela; y por dar a su persona noticias de nuestra casa, le advertí de aquesta forma: que habiendo el papel leído, que yo por industria ardidosa en el mismo sitio eché, (y Clarindo alzó) con toda. sagacidad me siguiese, (que casi un amante se informa) hasta entrarme en casa yo, para quedarle en memoria, Sucedió como quería; llegó la ocasión gustosa, que juzgué por muy felice, por no poder haber otra en que hablaramos los dos; porque en la siguiente agrora se partía con la Armada Clarindo para Saboya. Descubriéronse los pechos, aunque con palabras cortas, porque donde hay verás muchas, suele haber razones pocas. Diome de quien era parte, a que era deuda forzosa darle parte de quien era, y por acortar la historia, su lucida cualidad, con sus prendas primorosas, fueron para mi deseo tan poderosa lisonja, que le aceté la palabra de ser mío, y de su esposa, se la di también diciendo de la fineza por honra, que aunque de aquella jornada no volviera (oh cuanto llora el alma este vaticinio!) no sería poderosa segunda elección conmigo, que es de amor sabida cosa, que no se aficiona más aquel, que más se aficiona. Con esto nos despedimos, si él saudoso, yo más saudosa; que es cierto, que a quien le queda, mas las saudades ahogan. No repares en la frase, que de ausencia este síntoma solamente se declara, cuando en Portugues se nombra. Quién dijera, Dorotea, que la fortuna envidiosa malograra tan aprisa de mi esperanza la gloria? Mas siendo de amor, no es mucho que así fuese venturosa, que de amor las esperanzas brevemente se malogran. Malográronse las mías, que al recogerse la flora, cuando esperaba el deseo de sus ansias las mejoras; mintiome la confianza, que las que amor ocasiona, nunca han sido verdaderas, siempre fueron mentirosas, Preagio de mi desdicha a fué un sueño, en que me transforma la fantasía a Clarindo, dando a una espada traidora la vida, envuelto en su sangre: no fue ilusión; si no sombra de mi tragica furtuna, porque luego se pregona de su muerte la noticia, sin saberse hasta aquí otra circunstancia, que decirse, que de una herida alevosa murió, sin que el homicida se sepa, porque suponga, que fue la desdicha mía quien tuvo la culpa toda. Por culpada mi desgracia en tal caso se conozca, pues nunca la culpa falta donde la desgracia sobra. Esta es, Dorotea amiga, lo que pasa, mila ahora (si hus conocido las verás de una pasión amorosa) si a Clarindo quise bien, si aún sus memorias adora el alma, si le perdí, y si he de poner por obra la fineza prometida (en que amor me hace deudora, de no admitir otro dueño: como es posible que ponga de parte esta obligación, si del alma no se borran de amor empeños primeros? Eso no, no se acomoda mi inclinación con aquesto; morir sí, que en tal congoja no es tan penosa la muerte, como es la vida penosa, Cuando admirada me dejas, me dejas más admirada, de que siendo tu criada, no sepa hasta aquí tus quejas. Es verdad, que tu primor no puede en esto culparse, que de nadie han de fiarse secretos, que son de amor. No culpo tu sentimiento de tu malogrado amor, antes siento tu dolor, y tus disabores siento. Mas parece sinrazón; sino remedias el daño, irse tras el desengaño de esa tu resolución. El primero amor, no hay duda, que es del alma impresión fuerte, pero mudada la suerte, también el amor se muda. De tu constante firmeza ya quedas desobligada, porque la vida acabada, acabase la fineza. No, pues, ese amor te impida otro amor, y si olvidarlo quieres, procura trocarlo; que amor con amor se olvida, y no teniendo poder amor para te inclinar, lo que no haces por amar, hazlo por agradecer. Agradece de un amante las verás con que te adora, pues te merece, señora. Ten, no pases adelante si en Don Albaro has de hablar de Gánboa, porque es hombre, que hasta la voz de su nombre me llega, amiga, a enfadar. Su porfía de amor, ciega, prolija, importuna, y vana, me enfada, que es cosa llana, que siempre enfada quien ruega. Se, que le llego a deber un desvelo peregrino; pero si amor es destino, que le debo agradecer? Bien es que se satisfagan deudas, que el amor pública, mas si el natural replica, deudas de amor no se pagan, Según eso, recibir una carta, que me ha dado no querrás? Mal has andado, Dorotea, en la admitir; mas ya, que lo has hecho así, cortesía será el bella; veamos lo que dice en ella: yo la abro, pues, dice aquí: Si puede dar pesames en la causa de un sentimiento, quie participa el sentimiento por la misma causa, bien puedo mani- festarle a Vame el que me ca en la muerte de Clarindo, cuya perdida nos ha hecho al dos iguales la desdicha, pues un tiempo le faltó a mi afecto tan grande amigo, como a su be- lleza amante; y aunque debiera quejarme de que hallase su amor tanto agasajo, donde el mío sien- preesquivez, quedará mi queja concabal satisfacción, cuando permitiéndome la dicha; que su- cediendo en su lugar, merezca quien t tener por dueño, ofrezco por esclavo. Cuya per sona el Cielo me guarde como quiero. A. de Gamb. Si hasta aquí con desagrado he mirado su persona; e este papel me ocasiona más fastidio, y más enfado. Excusada cortesía, su osadía lo inspiró, pues así se resolvió a tan grande demasía: Notable facilidad, y confianza es la suya, de que es fuerza, que se arguya su indiscreta vanidad. Y quien le habrá dicho a él, que era Clarindo mi amante, para escribirme ignorante un semejante papel? Ay, que no sé, Dorotea, qué el corazón imagina, que mil veces adivina lo que puede ser, que sea! Don Albaro fue sin duda de Clarindo el homicida. Ay, señora, por tu vida de tal pensamiento muda: y de qué inferirlo puedes? Mira si tengo razón en esta mi presunción, para que advertida quedes: Don Albaro se pregona, amigo particular de Clarindo, y alcanzar podría de su persona nuestro amor, que aunque consig quedar debía el secreto, el que es amigo perfecto nada esconde de su amigo, Don Albaro viendo, pues, Clarindo favorecido de amor, y él aborrecido, que insufrible dolor es, quien duda, que de su enojo, por acabar mi esperanza, queriendo tomar venganza, fuese su vida el despojo? Entre amigos tal maldad? eso era ser alevoso. Quién de amor está quejoso no respeta la amistad: y no será, no, el primero, que una novela ha leido, en que el caso ha sucedido a un amante Caballero. Señora, eso es fingimiento. Su ejemplo muestra el fingir, y para esto presumir, ya tengo este fundamento. Yo, pues, intento apurar (te quien fue autor de aquesta muer- Apurar? y de qué suerte? La respuesta has de llevar, que una experiencia ha de ser de lo que pensando estoy; anda, que a escribirla voy. Qué intenta lacinta hacer? Yo apuesto que en hora y media nadie (según lo imagino) A ha de dar en el camino, que lleva aquesta Comedia. Ya en Lisboa estás, y aqueste el terrero es de Palacio, tropiezo hermoso de Tetis, rica adoración del Tajo. Gallarda plaza por cierto! Todo en Lisvoa es gallardo pues no ha visto cosa boa, según lo afirma el adagió, el que no ha visto Lisbos. Por la crueldad de los hados bien a mi pesar la veo, pues la muerte de mi hermano, cuyas noticias la vida a mi padre le quitaron, me obliga a pisar sus calles. Mejor (si bien lo he pensado) dijeras, que de curiosa lo has hecho, porque yo no alcanzo como por aquesta causa hayas, señora, trocado a Lamego por la Corte. No te he dicho, Papagayo, que me voy tras el deseo de saber quien fue el tirano homicida de Clarindo, pues hasta aquí no han llegado de su muerte otras noticias, que las que hasta aquí llegaron, diciéndose, que en la Armada de Saboya le mataron, sin saberse quien ha sido el traidor, el vil, el falso, que de mi hermano en la vida la de mi padre ha quitado; yo, pues, que de este disgusto quedé con vida, no en vano has de imaginar, que ha sido sinó para que el espacio de todo el Orbe examine, hasta que de aqueste agravio pueda encontrar el Autor. Te expones a un gran trabajo, que será tiempo perdido averiguar este caso: quien busca a quien no conoce, señora, cómo ha de hallarlo? sin nombre, ni señas quieres buscar un hombre? ay tal paso? eso vendrá a ser lo mismo, que ha sucedido a un villano entrando en cierto Convento de Frailes, que preguntando por uno, de cuyo nombre se había el tal olvidado, dijo, Padres, solamente me acuerdo (si no me engaño) que el nombre empezaba en Fraya lindas señas, mentecapto, le respondieron: no hay duda, que así podréis informaros, como si un Fray solo hubiera en el Convento: otro tanto digo por ti; como quieres sin indicio bueno, o malo, buscar un hombre, señora, que a otro la vida ha quitado, como si hubiera en el mundo solo un matador? buen chasco, Desatino es del enojo, no hay duda, mas no hay reparo en el enojo, que es ciego; bien, que de una luz me valgo ya para el intento mío; pues según me han informado, de esta Corte un Caballero camarada de mi hermano, en esta jornada ha sido, y de él podré ver, si acaso, como amigo, que era suyo, algunas noticias hallo; bien, quedel nombre me olvido, que me han dicho, mas del barrio me acuerdo en que vive. Bueno para Lisboa, excusado es el barrio sin saberse la calle, porque es tan largo, y tantas calles encierra un barrio, que por ser tantos los vecinos, ni ellos mismos las saben; pero veamos, que barrio es ese, señora. San Pablo me han apuntado. Allá se va por aquí, que aún me acuerdo de estos pasos de otra vez, que acá he venido; pero para preguntarmos por un hombre amigo de otro, dispárate es; pero vamos, si el nombre fue con S Pedro, vaya el hombre con S. Pablo. Y de camino quisiera saber, hallando este hidalgo (que yo quiero suponerlo) cuando él no supiere darnos. de aquesta muerte noticias, (que no será gran milagro; porque es muy raro el amigo, sino fuere amigo raro, que en los peligros, y riesgos. se halla de su amigo al lado) que haremos? Ir determino a hablar al Rey a Palacio, y requerirle un decreto, en que doce mil ducados. prometa a quien descubriere quien dio la muerte a mi herma- que tantos, y aún más daré, (no, amigo, por alcanzarlo, pues no me faltan diveros como sabes; y si acaso este interés me consigue del matador el hallazgo, que el interés muchas veces tiene poder, Papagayo, para allanar imposibles; y así, por más que este caso solicite la fortuna, por mi desdicha ocultarlo, la diligencia del oro, que sabe muchos atajos, puede tal vez descubrirlo; si este logro, pues, alcanzo, no pienses, que por justicia, Papagayo, he de llevarlo, aguardando a que el verdugo deje en su muerte vengado a mi enojo; porque yo misma, cogiéndole con mis brazos, le he de hacer víctima horrible para ejemplo de tiranos. Notable crueldad! tú misma intentas ser el Carrasco? mas no me espanto, señora, porque dicen; que es probado, que entre los árboles todos así hay hembras, como hay machos, y así Carrascas se encuentran, como se encuentran Carrascos, Y no es mucho, que verduga te ostentes, por lo gallardo. de tu hermosura, que aquesta la ha hecho el Niño vendado de los hombres matador. Te burlas, y me das chasco? no me hables en hermosuras, sinó en coriscos, en rayos, en fierezas, en rencores, en pasiones, en enfados, en pesadumbres, en iras, en furores, en estragos, que la cólera mi pecho hizo un incendio, en que ardo, Así lo enseña tu nombre, señora, que te has mudado; si ardo, es de Lisardo el eco; que mucho en tu nombre hablando, que arda Lisarda también? Aquese nombre he dejado, y mira no te equivoques, que has de llamarme Lisardo. Cuando Lisarda te llame, no será el error muy craso, ni ocasión daré con eso a que el disfraz, que has tomado de hombre quede conocido, y a todos conste a lo claro, que eres mujer; no está el punto en el nombre, yo me declaro; no hace el nombre macho, o ham- pues entredos Papagayos (bra, ay Papagayas también, y en las Golondrinas damos con Golondrinos, y vemos, que estos son apellidados con el nombre femenino, y aquellas también nombramos con la masculina voz; lo mismo en ti estoy pensando, que aunque mi voz te apellide Lisarda, quien te ha quitado el ser Lisardo, señora, porque hay mujeres Lisardos, y hay también Lisardas hombres? De aqueste traje me valgo A para la venganza mía, con más libertad buscando de mi hermano el homicida. Mas oye, si no me engaño, que en aquesta casa sueñan cuchilladas. Está dando algún Maestro de esgrima sin duda lición, Subamos, pues, que la puerta está abierta, a ver lo que es. No me allano a aprender en esta escuela. Reparad. Ya no hay reparo, sino es el de los aceros. La confianza. Es sagrado el honor. Pues cuando hubiera escrúpulo, con la mano de esposo satisfacia. De eso no me satisfago; Don Albaro de Gamboa no satisface su agravio sinó con darte la muerte, o morir. No has escuchado aquel nombre? pues me acuerdo, que es del hombre, que buscamos, de que me he olvidado, el mismo. Puede ser, mas no hace al caso que habrá muchos de este nombre, Por si es, a saberlo vamos: entra conmigo. Ea entremos, aunque harto estoy recelando, que entrando de uñas arriba, me salga de uñas abajo. . De esta suerte de mi honor vengar las injurias trato. No el honor así se venga, que es ofenderlo apurarlo, y más si son las sospechas procedidas de un engaño. Qué engaño, aleve, mi acero te hará el desengaño claro, Ved primero. Ya lo he visto. Caballeros, reportaos, y de los aceros vuestros reprimid los golpes bravos, No puedo sacar el mío, que está mal acostumbrado, y por ser poco devoto, nunca hasta aquí le contaron de Coimbra en la procesión de los desnudos. Dejadnos; que os obligó, Caballero, a entraros acá? El diablo, que no fue Santo, ni Santa. Ea, no haya más, hidalgos. A muy buen tiempo ha venido este hombre, para excusarnos. a los dos una desdicha; y así, pues lugar me ha dado, yo me retiro. Cobarde, huyes? espera. Mi brazo os detendrá. Nos veremos a solas los dos. En salvo se pone este amigo, acierta. Pues que me habéis estorbado mi venganza, contra vos se han de volver mis enfados. Sinrazón es, que mi acero sabrá rebatir, Remalo; con mi amo es la pendencia? que harás en aqueste caso, Papagayo? ya se ve, por si acaso algún Cristiano. va por la calle, que acuda decir de los Papagayos, siguiendo el común estilo, quién pasa, quién pasa? Raro valor! Tened, que la espada se me ha caído. Oh bizarro Lisardillo, que hecho hombre: de espadas ganó la mano. Tomad, y a reñir volved. Eso no, más las volvamos a las vainas, y os suplico (que ya me veo aficionado a vuestros bríos) quien sois. me digáis? A mi Lisardo me llaman; soy Forastero, y vengo por un despacho de servicios a la Corte. Y servicios harto malos. Calla bobo, Sí señor, y voy siguiendo a mi amo también a la forastera. Quieres callar, mentecato? No, porque no son de estima los Papagayos callados, que se quieren habladores: al fin, como voy contando, paseándonos los dos por esta calle, escuchamos cuchilladas acá dentro, y la puerta abierta hallando, por esa escalera arriba subimos; este es el caso. Y donde es vuestra posada Un mesón de los diablos, que está a las puertas del mar, que el mar contra nos airado nos tiene echado por puertas. Pues sírvase vuestro agrado de esta casa, que es ya vuestra, señor Lisardo. Mil años vivas, poco más, o menos; pues que tu primor honrado nos saca de un purgatorió, cual es un mesón; me parto a conducir las maletas. Eso no; aunque obligado quedo a vuestra cortesía, señor, no quisiera daros tanta molestía. Lisonja me hacéis grande, y así pagaos de este deseo. Los míos ya a vuestro servicio allano; ve por las maletas, pues, Papagayo. Voy de un salto. Yo hago luego disponer a vuestra persona un cuarto. De la urbanidad de este hombre mi afecto está muy pagado. Beatriz, Hipólita, hermana. Oh si así como agasajo encuentro en él, mi fortuna me hubiera aquí deparado noticias de lo que busco! si es este el mismo Don Albaro? Sin duda alguna los Cielos hoy quieren de mis desgracias, Lisardo, haceros testigo, que os ha traído a mi casa la suerte, a tiempo que yo pretendía con mi espada tomar en mi primo Alberto de mis ofensas venganza. pues dándole el parentesco confianzas temerarías para llegar atrevido a hablar con Beatriz mi hermana, con ella hablando le hallé, y la vida le quitara, a no entrar en este tiempo vuestra persona en la sala- a meterse de por medio, porque él de mí se escapara: y ahora que adentro fui, para que se diera traza a disponer el aseo (quién jamás lo imaginara!) para el agasajo vuestro, hallo, que con la criada, falta mi hermana Beatriz, que por una puerta falsa (oh falsa puerta a mi honor!) se han salido, dando causa con esta ausencia, a que crea, que es ya mi deshonra clara, pues nunca hubiera salido a no estar Beatriz culpada: que haré, pues, con mis afrentas? que he de hacer con mis desgracias? Señor, en trances de honor las quejas son excusadas; y quien más las disimula, menos a su honor ultraja. De ausentarse esa señora, es presunción temeraría inferirse en ella culpa, pues del recelo obligada de los escrúpulos vuestros, temiendo alguna venganza, que de la inocencia suya en esta ocasión tomara vuestra presunción celosa, de alguna vecina a casa se acogería. Esta carta traigo, señor, para vos. Para mí? Quién tal dudara? pues para quién, si a vos dice? Villete de alguna dama es, que a Don Albaro quiere, que lo merece su gala. Veamos lo que dice aquí. No le falta aquí a mi ama en que escoger, y el mancebo, que así con tan poca barba también sus años apoca, bien de mancebo en la gracia acaba con los deseos, porque si mancebo acaba en cebo, es cebo de amor para cautivar las almas. Qué es esto, amor, tú me tiras, sin que hasta aquí de tus armas los tiros conozca? ay Dios, que conquista tan extraña! En celos amor comienza, quien de su ardid tal pensara! de envidiosa emulación posible es, que mi amor nazca! Sí, que es Don Albaro airoso, y alguna dama prendada se ve de su gallardía; y esta consideración basta para mover mi afición; que amor sigue las pisadas de otro amor, y en competencias sus incendios se señalan. Dorotea, de este amigo la asistencia cortesana, me hace dejar por ahora la respuesta reservada; yo responderé, y por porte de carta tan estimada de mi afecto, por mi vida de esta sortija te paga. Esta sí, que es la respuesta para mi más necesaria, que la otra no me importa: besa tus pies esta esclava. . No puedo ya mis empeños, Lisardo, encubriros nada: y pues de mi honor el duelo sabéis, ved también la causa de mi amor en un papel, que cuando gustoso agrada al alma, entre sus renglones, se mira asustada el alma. Obligada del amor de vuestra cor- tesía, y persuadida de la cortesí de vuestro amor, bien quisier luego premiar vuestra volunta con las gratitudes, que debo a inclinación, a no impedirme! deuda de una fineza; pues he he cho un voto de no admitir de hombre alguno la mano, mien tras Clarindo estuviere vivo; que esta constancia me merecía afición; y aunque hasta aquí h corrido noticias de su muerte, como no las hay de quien se las dio, no se da mi desengaño por satisfecho, sin que vos, así como me dais los pesames de esta falta, me deis también, sin ella (si lo habéis sabido) del homicida par- te, que solo de esta suerte acaba- reís con los deseos de vuestra pretensión, como yo con la pre- tensión de mis deseos. Dios os guarde. Jacinta. Si este es mi hermano Clarindo buen camino me prepara . la suerte para mi intento, yendo esta dama empeñada por amor, que le ha tenido, en el lance; solo falta, que Don Albaro aquí sepa la noticia para darla. La carta, que habéis oído, Lisardo, es tan buena, y mala, que apuntándome una dicha, me recuerda una desgracia; dicha, porque me convida a poseer la esperanza la mano de una mujer, que tanto el alma idolatra; desgracia, porque me arguye de la culpa más extraña, que a hombre alguno ha sucedido: oídla en cuatro palabras. De Lamego un Caballero en la ocasión de la Armada de Turín, vino a la Corte, que Clarindo se llamaba; y embarcándonos los dos, le tuve por camarada, de quien fui íntimo amigo por sus prendas, que eran raras; y siendo su amigo estrecho (oh amistad tan mal lograda!) bien puedo decir, que fui amigo suyo usque adaras, pues su vida sacrificio fue de mi traición villana. El caso fue, que por veces de Jacinta, que yo adoraba, me repetía favores, con que mi celosa rabia, viendo encontrarle cariños donde yo hallaba esquivanzas, pues siempre Jacinta hermosa conmigo había sido ingrata; se enfureció de tal suerte, que cuando Clarindo estaba viviendo en mayor descuido, con dos fuertes puñaladas de mis celos en su vida satisfice la venganza. Por el Ejército todo su muerte fue divulgada, sin saberse el homicida hasta aquí, porque tal traza supo tener mi cautela en esta muerte tirana, que el Cielo, y yo solamente lo sabemos, y lo alcanza ahora vuestra persona; a quien, por la confianza, que ya promete de darme en la lid más empeñada de mi fortuna, salida de amor a mis esperanzas, he fiado este secreto; y pues no fe de sengaña de la muerte de Clarindo, hasta que noticias claras del homicida Jacinta llegue a saber (circunstancia para que goce dichoso de su mano soberana) de hacer por mí una fineza me habéis de danr la palabra. Esta es realidad, o sueño? qué es esto, que por mí pasa? . que encuentre yo a mi enemigo a tiempo, que amor me embarga vengarme, pues la fortuna en este hombre me depara mi ofensor, cuando me tiene ya su amor aficionada? Mi amor con mi agravio miro; quién vio cosas más contrarias? que haré en lance tan terrible? que haré en empresa tan brava? Ea, amor, deja el empeño, no quieras a quien me agravia; ea, agravio, las pasiones de amor venzan tus audacias, Parece que divertido me oístes, pues me dilata vuestra atención la respuesta, que mi petición aguarda. Divertida no, suspensa se mira, y perpleja el alma, viendo, que a un amigo vuestro distes muerte tan osada. No hay amigo, siendo amante. En mi hay experiencia contraria, pues con amor no hay enemigo, . cuando luego no te sacan (lla tu vida aquí mis furores. Si a lo hecho, pues no seha- remedio, resta, que solo le queráis dar a mis ansias, que en la fineza consiste, que os he pedido. Empeñada mi palabra a una fineza? que puede ser? pero vaya, que el amor por él me obliga a que mil finezas haga. Qué decís? Si está en mi mano, palabra os doy. Pues pagada está de mi amor lacinta; y para premiarle, basta saber quien mató a Clarindo (que aún con su vida se engaña confesando que fui yo, aunque su amor fue la causa, como le ha querido bien, cosa es bien averiguada, que enojada contra mí, perderé dicha tan alta. Vos me habéis de dar licencia, y permitir, que me valga de una mentira, diciendo, que aquesta muerte fue obrada por vos, consintiendo en esto, porque con mi logro salga; y cuando de aquí os suceda alguna fortuna mala, me obligo yo a deshacerla. Solo aquesto me faltaba, . ser yo mi enemigo mismo, y en amores de otra dama! mas ya palabra le ca. veamos en que aquesto para, que cuando Jacinta quiera darle la mano, estorbarla pienso con otra mentira, que haré, que sea informada de que él a otra dama quiere; y si no valieren trazas para impedirle este logro, y mis celos no se acaban, sabrá entonces en su vida tomar venganza mi espada. En tanto agravio, paciencia, que por ahora os embargan los celos la ejecución, para que agravios no haya donde hay celos, si otras veces agravios celos apartan. Qué me respondéis, Lisardo? Que aunque es cosa temeraría tomar sobre mí una culpa, es nuestra amistad ya tanta, que haré por vos este exceso. A vuestra nobleza hidalga mi amor, y mi vida debo. Y sin duda no te engañas, . cuando Lisarda te quiere, y por eso no te mata. Y pues de mi amor el pleito tiene ya salida, falta, que la tenga el de mi honor; y así, pues Beatriz mi hermana no parece, y fue el motivo Alberto, es fuerza que vaya luego a quisarle la vida, si así un honor se restanta: quedaos, Lisardo, que ya vuelvo. Tened, porque aquesa llaga no se cura así. A lo menos con la sangre así se lava. . Tras él voy para impedirle l- de su enojo esta desgracia. . Señora, imprudenté arrojo fue el de tu resolución. Diome, Hipolita, ocasión el recelo de un enojo, pues pudiera ser despojo del enfado de mi hermano mi vida (qué es deshumano un antojo, si lo advierto) hallándome con Alberto, aunque en modo cortesano. Nunca de ti liviandad llegaría a prefumir, que aqueso era desmentir tu sangre, y tu calidad; ninguna facilidad en la nobleza es censura de su reputación pura, pues solamente se advierte, que en quien es de baja suerte no hay reputación segura. Una condición celosa, cual en mi hermano se ve, sin porqué, ni para qué siempre ha sido escrupulosas yo, pues, como soy medrosa, de cualquiera acción me asusto, y contra el temor injusto de esta suerte me prevengo; y así, como has visto, vengo huyendo de su disgusto. Su disgusto solamente contra tu primo habrá sido, por haberse introducido en su casa. Aqueso siente, por amarle tiernamente el alma con más razón; sin duda su indignación le habrá quitado la vida, Hipolita, que esta herida adivina el corazón. Si con tu hermano reñía Alberto de mano a mano, también, señora, tu hermano el mismo riesgo corría; mas dime por vida mía de cual más pena tuvieras? Si es que amor bien consideras, en vana pregunta das, porque siempre obligan más que la sangre, amantes verás. Mas que prima de vihuela en la de amoreres fina; mas adonde te encamina, sin que amor de ti se duela, pues conmigo te desvela a pisar las calles, di? No se va bien por aquí. de Jacinta a casa? Bien. Pues siendo mi amiga, quien me valdrá mejor a mí? su casa me ha de valer en tal trance. En eso asiento, que pensaba, que a un Convento te querías acoger; que Monja no quiero ser, que nunca he sido inclinada a la vida de encerrada. Ven, pues, mis pasos siguiendo Vamos, que aquí, a lo que entiendo, se da fin a la jornada. sion,

JORNADA SEGUNDA

no me persigas, supuesto, que tengo el ánimo flaco para semejantes duelos; que siempre quien es cobarde tope de aquestos encuentros? Parece, que aquestas cosas suele deparar el miedo: Jesús! que Santo advogado se hallará contra los muertos? Si eres sombra de Clarindo, como en tu presencia veo, y vienes a pedir Misas, déjame, que te prometo de buscar un Sacerdote en la materia más diestro, que el mismo Amaro da se ponga a decir mañana media docena a lo menos; Harás como buen Cristiano, Papagayo, que con eso saldré de mi Purgatorio, que le tengo en este puesto. Purgatorio? poco has dicho; mejor dijeras infierno, porque es desesperación un mesón de los dineros; más por qué en este lugar penando estás? En él peno de cuentas por un engaño. Engañaste al Mesonero? Enga Quién tal pensara! lo que son juicios del Cielo! Desde niño me arrullaron con aquel vulgar proverbio, que quien esta gente engaña al Cielo se va derecho. Pero entre mis penas sabes cuál es mi mayor tormento? Cuál es? El olvido, amigo, de mis amigos, y deudos, que con sufragios de mí no se acuerdan. Mal es viejo, que se hace un hombre olvidado en poniendo tierra en medio. Sin duda no me han tenido con certidumbre por muerto. Cómo no? todos lo saben también como yo lo creo, pues han corrido noticias de que en la Armada te han muerto. Y el homicida se sibe? (cho No es posible, aunque se han he- diligencias en el caso. El quedará descubierto a manos de mi venganza; en tanto disimulemos, celos, hasta averiguaros, que aunque dicen que primero son que celos los agravios, primero ahora son celos: Y que se ha hecho mi padre? Tamó las de Villa. Diego su vida con este enojo. Murió? De una vez el viejo; no le has por allá encontrado por el final hemisferio? Y mi hermana? Aquí está el punto, pues si la verdad le cuento, aunque por su causa hizo Lisarda tan grande exceso, será la pena doblarle, sabiendo su arrojo fiero; viva, pues, el secretillo, y quédese en el silencio, que ni aún de los difuntos se ha de fiar un secreto. Mas no sé que he de decirle, que no puedo hablar de miedo: Tu hermana se metió Fraile. Fraile? Monja decir quiero, que esto de Frailes, y Monjas todo viene a ser lo mismo, pues tienen hábitos todos, y viven en Monasterios. Y tú dime, Quita allá, no puedes hablar de lejos? Quién te ha traído a la Corte? Yo sirvo a un veci no nuestro, treinta casas más arriba, y a la Corte con él vengo a proveernos de Bulas, para venderlas al pueblo; y la mala vecindad de chinches de este aposento, me hace mudar a otra parte aquestos trastes, que llevo; no hay Poeta, vive Dios, que mienta como yo miento. . Y dime, ven acá. Tate, no te avecines, que tengo una poquita de sarna, y pegártela recelo. Aqueso no temas tú. Pues esotro es lo que temo. Dime. Oh cuanto dime, aguarda (de esta me escapo) que ya vuelvo. . Fuese, y el miedo, que ha tenido le hace de mi ir huyendo, que por muerto me ha juzgado. Sin duda un común concepto se ha formado de mi muerte, y el fin solo de mi intento consiste en disimulallo, y ánimo me da para ello el juicio de Papagayo, que quedó de pavor lleno en viéndome en la posada, del cual cauteloso, viendo, que el susto me confirmaba la opinión en que estoy puesto, fui con él disimulando, figura de muerto haciendo. Cosas suceden extrañas; quien dijera, que viniendo a dar en aquesta casa, donde el huésped, que es harriero, me ha traído de Madrid, camino por donde vuelvo desde Nisa, do he cuadado en casa de un Caballero herido de un falso amigo, de que sucedió, que luego (según me informé) se tuvo (por morir en aquel tiempo un soldado de mi hombre) mi muerte por caso cierto: había de hillar aquí Papagayo; extraño encuentro! qué querrá aquesto decir? que como él no es verdadero, y del miedo el sobresalto, le dejó de juicio ajeno, no me fío en sus razones; bien, que pesaroso advierto, que en lo que toca a mi padre, ninguna duda le puedo poner, que una nueva mala tiene aqueste privilegio. Sea lo que fuere al fin, que yo no he de ir a Lamego, sin primero una venganza satisfacer, y unos celos: venganza contra un ingrato, que la amistad ofendiendo, me quiso sacar la vida (oh traidor, falso, y grosero) envidioso de lacinta ser de mis sentidos dueño, celos de aquesta hermosura; porque de sus ojos bellos cuando me aparté, me dijo, que aunque los hados siniestros. no me dejasen con vida llegar de Lisboa al puerto, siempre de mí la memoria tendría tanto en el pecho, que ya más pudiese inclinarse: de amor a otro alguno empleo, De esta, pues, promesa suya, experiencia hacer queriendo, con muerto disimularme saber ahora pretendo (pues ya sé que está lacinta por casar) si los deseos de Don Albaro conquistan la belleza porque muero. Y si Jacinta rebate sus amantes galanteos con la constancia debida, que de su fineza espero. Bien cuesta a la ofensa mía el disimulo, que apresto, que a Don Albaro tomara quitarle la vida luego. Mas de mi amante cuidado quedo ahora, por consejo, muerto para mi venganza, y vivo para mis celos. Y muerto disimulado, mejor ocasión reservo para el desagravio mío, que con el disfraz, que observo, cuando esté más descuidado, y seguro presumiendo mi enemigo, que no vivo, tendrá con su muerte encuentros. A tal disimulación amante celoso apelo, para adquirir desengaños de lo que a lacinta debo. Mas para hacer más ejacta esta experiencia, que empiendo, de su firmeza, y constancia, qué traza hallaré? qué medio? Si amor tiene de enseñarme, vamos a estudiar ingenio; para dar en la salida de mi amante desempeño. Vea usted como ha de ser, cómo tengo de decirlo? sin más detención mi anillo al punto me ha de volver, que estába en mi cofrecillo, Es usted muy confiada cuando tanto se arrojo, que mal de mi presumió, que eso en mujer tan honrada no sucede como yo. Oh, pues, si a la honra va, que en su merced resplandece, cosa es, que no se encarece; usted muy honrada será, mas mi anillo no parece. No tiene ella culpa, sabe quién esta culpa ha tenido? mi ama, que no ha advertido, que en ninguna casa cabe quien no ha en su casa cabido: y gente así de este talle nunca ha sido de provecho; a tal gente de ver hecho, que le ha de enseñar la calle pues no entra con pie derecho. Hible bien, que si salimos de nuestra casa, en verdad, que no ha sido liviandad, porque solamente huimos. temiendo una adversidad. Liviandad, no afe, inquietud no tome usted, ni se asombre, al tener en casa un hombre dale nombre de virtud; diga, mi Reina, a qué nombre? De un primo, que en casa entró, que culpa puede formarse? puede en eso repararse? No señora; y que sé yo, si él primo llegó a llamarse? y aún diciendo está su cara, que tendrá usted buena treta para de amor estafera. Cuando usted me lo enseñara fuera entonces alcahueta. No soy mujer, que de un vicio tan afrentoso me venza, que soy mujer de vergüenza. Este interés del oficio A apunta su desvergüenza. que ha dado para hacer la confesión del hurto, buena razón; y piensa, que ha disfrazado así su mala opinión. Pues diga, puede negar, que ha sido de mi señor este anillo, que de amor por anuncio usted le dar, se le daría en favor? Yo con intento sencillo seme llegado a recibir. Así lo llego a advertir, sin duda Obispo de anillo la quiso constituir. Es usted muy linda joya, y que bella es la criatura; es una inocencia pura: para hacer una tramoya no vi más linda figura. Con sus tárminos villanos por lo menos no convengo. Es una; pero no tengo boca. Pues yo tengo manos, con que de infames me vengo. Acudan, que una traidora, mis señoras, me maltrata. El anillo suelta, ingrata, o te he de matar ahora. Acúdanme, que me mata. Qué es aquesto, Dorotea? B. Hipolita, qué es aquesto? Vuestro rumor manifiesto, Vuestra impensada pelea, Qué ha sido? Decidlo presto. Señora, osada me descompuso, y en mi cruel sus manos puso. Si estoy, señora, culpada, el castigo no rchuso; mas tengo tanta razón, que un anillo le pedí, que me ha tomado, y así, por no hacer restitución, contra ella me enfurecí. Como a tal desenvoltura, Hipólita, te atreviste, que a Dorotea ofendiste? dime, aquesa travesura en mi casa la aprendiste? Yo, como el anillo hallé haber sido de tu hermano, a restaurarlo me hallano, y por eso le tomé para volverlo a su mano. Él me lo dio por mi vida, por más que he instado con él, por corresponder fiel con su urbanidad crecida, como porte de un papel. A saber que no le quiero, . no tuviera ese primor. Si lacinta tiene amor a mi hermano; en ella espero Iris contra su rigor. Pudieras disimular más, Dorotea, tu queja, que de urbanidad se aleja con los huéspedes quebrar, Aquesa porfía deja, Hipólita, y la sortija da a Dorotea, que es suya. Mi voluntad es la tuya; tome, hermana, y no se aflija, ni de villana me arguya. Muestra este anillo; parece, que es el que a Clarindo di: . contra Don Albaro aquí ya más mi sospecha crece: aquí mi anillo? (ay de mí!) en verdad, que es piezahermosa; de mí le puedes fiar, que ya te lo volveré a dar, muestra a ver. No hay que dudar; de ti fiaré la cosa mejor, que se puede hallar. Hagan las dos abrazadas. paces. Basta que lo digas. Somos amigas? Amigas, que solo son las criadas de sus amas enemigas, Ya, señora, me informé, y tengo claras noticias del lance de vuestro hermano con vuestro primo; con vida están los dos. Dios os guarde, señor, pues tanto me alivia esa nueva, que me dais, cuanto el corazón temía, que entre los dos sucediera alguna grande desdicha. Lo que ahora importa, es, que en este caso se elija el más prudente consejo, para que aquí se consiga contra tan penoso abalo, la bonanza más tranquila, Qué consejo más prudente puede deparar la dicha en aflicción semejante, que él, que mis desgracias fían de esas venerables canas, que la esperanza me animan para en mis tribulaciones. hallar remedio, o salida? Pues yo con vuestra licencia. voy buscar a toda prisa vuestro hermano, y darle parte de como en la casa mía se queda vuestra persona, con que viendo que mi hija tiene tan grande amistad, aunque la pena es precisa, que le dará vuestra ausencia, quedará más divertida. descansando su cuidado; (si hay descanso; que se acmita en los cuidados de honor) rogándole, que permita, que deis a Alberto la mano, pues no pierde su hidalguía en esto, por ser de Alberto la nobleza bien sabida; que mire las circunstancias de la ocasión que le obliga a aquesta resolución, que de otra suerte perigra la honra, que el que dirán pone mancha en la más limpia. Y porque más se compongan estas cosas, determina, señora; mi voluntad, cuando de aquesta se sirva, ofrecerle (lo que a muchos puede ser causa de envidia) a mi hija por esposa; que aunque es cierto, que laci no se inclina a aqueste estado, viendo como vuestra amiga, que hay conveniencia aquí vuestra (pues vuestro hermano cumplida la pretensión, que aspiraba de ser yerno mío ha días, según lo que me ha constado por señas, que me lo indican; con este gusto quizá, que vendrá en lo que le pidan, olvidando pesadumbres, que experiencias nos avisan, que a veces con un cuidado otro cuidado se olvida) no dejará de inclinarse a aqueste interés mi hija: En buena ocasión mi intento A, repite aquesta conquista, que es de su mano Don Albaro por cierto persona digna. Plegue al Cielo, que así sea. . Antes perderé mil vidas. . En tanto de aquesta casa, como vuestra casa misma, servíos, señora, y tened buen ánimo, que un buen día espero en Dios, que ha de darnos: ea, trata de divertirla. Ya de amigas nuestras amas pasarán a cunaditas. Y de amigas pasarán, que amiga, y cunada implica. Quien quiere algo de la tienda, que traigo cosas muy lindas. de Genoba, de Venecía, de Alemania, y de las Indias? Señora, va por la calle vendiendo una Caloyita muchas cosas tan airosa, que su gracia certifica, que las vende muy baratas, porque es dé caras envidia su cara. De esas villanas hay algunas muy bonitas. Llamémosla para vermos? Llámala, si es que se inclina Doña Beatriz mi señora a ver alguna cosita. Esto de curiosidades gusto a los deseos brindan, me holgaré de ver. Mi Reina llegue usted, suba acá arriba. El Cielo influya en mi ama comprarme algo, que tenía para prender el cabello necesidad de unas cintas. Dios guarde a vuesas merce- que bella es la compañía, (des; que aquí con Jacinta está, . bien, que si a la luz se mira de sus hermosos luceros, toda belleza se eclipsa! que hermosa que es la muchacha! De Pascoa es una carita. Válgate Dios por mozuela; no sé, que en su rostro miran mis memorias, pues parece de Clarindo copia viva. Ya, Jacinta cuidadosa en mi repara; amor rija bien mis disimulaciones, . a que en tal traje me anima mi edad, que aún le faltan seña por dó el hombre se divisa. Veamos, pues, lo que aquí trae, ponga usted la canastilla. Y cómo se llama? Clara; aqueste nombre me sirva . de disfraz. Aún semejanzas (ay tristes memorias mías!) . tiene en parte de aquel nombre por quién el alma suspira! Bien es, que clara se llame quien con tal donaire brilla. No se burle, mi señora, porque tengo de entendida solamente el conocerme. Descubra usted sus droguitas. do Aquí tengo ricos guantes, obra en verdad peregrina de Milán, que dan de mano; a los de mayor estima. De cristal claros espejos, tan verdaderos, que avivan a las feas desengaños, si a las hermosas animan. De piedras inestimables traigo aquí raras sortijas, que no hay que poner el dedo en más noble gallardía. Medias de precio estimadas, con quien las medias más finas se llevan el lustre a medias, que en estas es sin medida. Abánicos primorosos, que por su gala excesiva, del aire, de su donaire, aire el mismo aire mendiga, Bolsillos de tanto precio, que cada dobla metida en ellos, dobla el valor en más corriente valía. Al fin, cintas, tan hermosa traza del Arte, que afirma, que jamás hasta aquí se puso para parto igual en cinta. Bien sabe vender sus cosas. Cierto, que es encarecida. Mana tiene su lisonja. El vender todo es mentira. Una docena de varas cuanto de estas cintas, diga, me ha de costar? Mil reales, que las vendo baratillas. No más? viose tal barato? Soy una mujer perdida; bien muestro, que ha poco tiepo aqueste oficio ejercita quien tan mal sabe vender. Cuánto tiene de esta vida? Algunos piensan, que es muerte; Ay de aquí allá muchas millas Cuál es? Yo soy Saboyana, nacá en la Ciudad de Nisa. Qué la ha traído a Lisboa? Palabras de hombres fingidas, que engañan a las mujeres; pues en la ocasión lucida de la Armada, en que Lisboa dejó la tierra Turina de admiración de su gala tan llena, que aún hoy se admira: Verdugo es esa memoria para un alma tan sentida. . Cierto galán de esta Corte, por amistad, que tenía con mi padre, tuvo entrada (confianza mal permitida) en su casa, y tantas veces me habló, que la cortesía. se hizo amor, que estas dos cosas. siempre fueron muy vecinas. Con promesa al fin de esposo (oh promesa fementida!) me robó amante la joya, que en el mundo más se estima. Con la Armada en fin partiose, diciendo a la despedida, que iba a disponer sus cosas, y que entonces volvería, para ponerse en efecto la palabra prometida. Viendo, pues, que de la vuelta el plazo pasado había, que me dio, por engañada me di luego en su malicia; y hurtando a mi padre joyas, y dineros, ofendida, y mujer (dos circunstancias, que un arrojo facilitan) de hombre el hábito tomando, y alquilando a toda prisa una mula, que ligera de Belerefonte hacía olvidado el bruto alado, conmigo en la Corte Villa di, y con igual brevedad. en aquesta esclarecida. Ciudad, y por este ingrato haciendo varias pesquisas, no he sabido parte de él, con que pienso fue mentirá, y que me supuso el nombre, pues por él no hallo noticias. Y viendo que una mujer de aqueste trato tenía libertad para correr las calles, y de esta guisa entrarse en cualquiera casa; me ha animado a que le siga, por si topo su persona ingrata, y desconocida. Caso extraño! de esa suerte también puede ser fingida su Patria, y no ser Lisboa. Tal mi desgracia sería; pero como aquesta Corte es una feria continua, a que acude tanta gente, no será gran maravilla. toparle. Y como era el nombre, que ese galán se ponía? Muy bien la metira entablo, se llamaba Me permita Don Rodrigo mi señor, licencia Vueseñoria para besarle la mano. Señora, esta voz se indica de tu primo, Cómo es esto? Como el amor adivina, habrá sabido sin duda, que aquí estás. Si mi salida ha sido tan impensada, no es posible. Él se visita. con mi padre muchas veces, y así aquesta su venida será por ese respecto. Hay más de que se despida, pues mi señor no está en casa! Dorotea se lo diga. No, que licencia dará para cuatro palabritas lacinta. Yo le doy lugar, quita esos trastes, Clarilla, y recojámonos todas. Eso no, sin que me asista tu persona, no he de hablarle. Yo no tengo de ser vista. Aqueso es lo que me agrada. . Queda tú en mi compañía, Hipolita. Abierta está la puerta. Y mi alma afirma, que abiertas están las suyas. Entre quien es, suba arriba. Beatriz mía, que ventura es la que amor me depara; pues aquí (quién tal pensara!) me encuentro con tu hermosura? Ausente de tu luz pura cuando el alma le anochece, ya la Aurora le aparece? Son del deseo esto antojos, A pues la estrella de tus ojos por milagro me amanece? Qué milagro es este, amores? que novedad, prima mía? dime, mi bien, porqué via debo a amor estos favores? Esto fueran disabores, que de mi señor temió; y así, tanto que le vio de espadas contigo hacerse, temió en el juego perderse, con que afuera se salió, Dirás que fue demasía, y arrojo en una doncella; pero por todo atropella de un temor la cobardía; y como es amiga mía Jacinta, a su casa apelo, asaltada del recelo del peligro de los dos, aunque más, primo, por vos se empeñaba mi desvelo. Pero que milagro, primo, es el que hace a mi deseo aquí el amor, pues, que veo sin esperar lo que estimo? A Don Rodrigo me animo de amor en este accidente mi amigo a pedir, que intente a Don Albaro ablandar su prudencia, que acabar suele un gran pleito un prudente, Los dos, que estaban parece hablados, que a mi señor ya fue del viejo el primor, hablar en lo que se ofrece; mucho en el mundo acontece, vino el suceso pintado. Don Rodrigo es tan honrado, que esto tomó por su cuenta; y lo que mi hermano intenta presto verá mi cuidado. Y que hombres (pregunto yo) serían, Beatriz, aquellos, que subieron, y uno de ellos a los dos nos apartó? Quién sabe acá quién entró? viene celos a pedir? solo aqueso por venir falta ahora a mi señora. Celos no, porque la adora mi alma sin los admitir. Yo de aqueso no sé nada, que por otra puerta fui así que a mi hermana vi sacar contra ti la espada, quedando de anhas cercada, presumiendo un mal extraño, hasta que de aqueste daño me asegure, que a mi fuego, me dio, informándose luego, Don Rodrigo el desengaño. No se hable en aqueso más, a lo hecho no hay remedio, loque Importa es ver si es medio el viejo de aquesta paz. Y sino fuere eficaz, qué haremos amor? penar, callar, y sentir. Eso es la vida acabar, Pues yo os tengo de ayudas a los dos a bien morir. No se anticipe la pena, y póngase ahora pausa. a la ternura, que causa escrúpulo en casa ajena. Hasta ver, pues, lo que ordena en este de amor vaiben la fortuna, a dios mi bien, Adiós, que tendré memoria de avisarte. Y después gloria; por siempre jamás, amén, Si acaso, señor mío, de honor en las adversas ocasiones puede un dolor impío algunas permitir satisfacciones, con la nueva mi pecho, que me dais, queda en parte satisfecho. Si amparado se hubiera en la desatención, en que ha caído, de alguna que no fuera vuestra casa, Beatriz, que le ha valido, por este arrojo osado no pasara, más fuese a lo sagrado. Que mucho me costara, de su recato en tal descompostura, que a otra parte llegara de un tan grande desaire la censura; mas en vuestra nobleza ha tomado buen puerto su flaqueza? Y así, pues no se suelda la menor quiebra (que es un vidro fir del honor, que una Celda de un Convento la oculte, determino, Por vos, pues, si la muerte no le doy, la sepulto de esta suerte: Eso es dar ocasión, para que de Beatriz, contra el decoro, alguna presunción se atreva a concibir algún desdoro; y de honra las materias piden unas consultas mucho serías. Lo que bien me parece; Caballero, pues Alberto es su deudo, que su mano merece, que se case con él. Yo considero, que por aqueste modo se hace la presunción cierta de todo: pues viéndose, que Alberto es tan pobre, y Beatriz tan bien dotada, el escrúpulo advierto del vulgó, si con él la ve casada. No hace desigualdad Y la pobreza en la sangre, y cualidad: A2 si Alberto, y Beatriz, pues, son iguales, no puede esto extrañarse: y cuando digan, que es efecto, que de amor pudo causarse; no se agravian primores de honon que muchos casan por amores, Y si así se mejora, Don Albaro, de honor aqueste susto, no saldrá esta señora de mi casa sin darme aqueste gasto; y cabal, porque sea, ya vengo en lo que vuestro amor desea; que a lacinta bien sé pagáis (nada se esconde) ha muchos días (que a porfías se ve de paseos, de amor idolatrias. El alma a esa señora nunca puede negar cuanto la adora; mas tan poca privanza mi amor con su agasajo ha merecido, que ni aún confianza de poderla mirar he conseguido. Su recato excesivo jamás verse ha dejado de hombre vivo. Y si muerto algún hombre pudiera ser testigo, lo afirmara. Qué decís? No os asombre; mi amor con esta carta se declara, también curiosidades hubo allá, si hubo acá facilidades. Para que Don Rodrigo. sepa, si a Beatriz fácil amor pinta, que en la carta testigo halla de que lo fue también lacinta; y no sola mi hermana se quede con la nota de liviana. Aunque yo si muy bien creo (porque todo Clarindo me decía) que en el honesto aseo de Jacinta no ha habido demasía, sino honesta afición, cual de Beatriz me enseña la opinión, Admirado me deja Don Alvaro esta carta, pues juzgaba de Jacinta mi queja, viendo como a casar no se inclinaba, que en el mundo no hubiera hombre alguno, que bien le pareciera. Ay caso cómo aquesto? no hay formar de mujeres pareceres; engaño es manifiesto fiar en condiciones de mujeres. No, pues, aqueste antojo os venga a ocasionar algún enojo, que yo desde aquí me ofrezco, fío solo por esposo, más criado ya ser suyo apetezco. Y pues por su constancia (que he estimado) que ya el alma la imagina, como con otro fue, conmigo fina, no tiene de admitirme, sin que sepa quien dio a Clarindo muerte lacinta, he de servirme de vos en la respuesta de esta suerte; que está tan admitida. de mi aquesta su cláusula advertida, que cuando ella quisiere, el homicida tengo de mostrarle. Adiós, pues, que Dios quiere sin duda a mi vejez buen yerno darle: s A Lisardo debiendo la traza estoy, que cauteloso emprendo; y con qué agradecerle la fineza no tengo en cuanto valgo; do estará para hacerle. presente lo que pasa aqueste hidalgo? para darle le espero cuenta, como a un amigo verdadero. a Ya la celosa invención, y industriosa estratagema, que hallé para de Jacinta entrar en la casa misma; he visto también lograda, que a mi Jacinta me ruega a que me quede en su casa, obligándome a que venga buscar a aquesta posada mis ropas, que aquí se albergan, y haga a su casa mudar mis trastes con diligencia: que como ha considerado por las inculcas, y señas, que le di de aquel galán, que he dicho me supusiera el nombre, para engañarme; (y a la verdad bien lo piensa en cuanto a la ofensa mía) que es Don Albaro, y desea su padre con él casarla, con pie de que se concierta así de Beatriz su hermana el alboroto, pues ella- de su casa se ha valido, tomando ya por su cuenta de Don Albaro aplacar el rencor de tal manera, que con Alberto su primo, que case su hermana quiera; viendo, que en esto vendrá, pues le dan en recompensa de su pesadumbre un gusto, pues ha mucho tiempo anhela de Jacinta ser esposo; y como ella le desprecia, así por poco inclinada, como por tener sospecha (según lo que me ha advertido que de mi muerte (supuesta) fue el Actor: quiere, que yo acompañándole estéá, para conmigo embargar la ejecución que se espera; diciendo, que no se casa con quien dio a otra doncella su palabea. Hasta aquí miro constancia en lacinta bella, de aquí adelante veremos como en ella persevera, porque no he descubrirme hasta apurar la fineza, Aquí dicer, que le has visto? Aquí (aún el alma me tiembla) con mis ojos pecadores le vi; mas esta tu tema me admira, que es desatino. procurar que te aparezca un muerto. Está en mi cuidado; Papagayo, tan impresa la memoria de Clarindo, que aún muerto el alma quisiera visitarle. Pues supón, que la fortuna reserva ese encuentro para mí, porque de nosotros tenga cada uno su aventura; porque tú (según me cventas) encontraste al matador, cuando conmigo se encuentra el muerto, mas yo repato en que hasta aquí tu cautela no me ha dicho quien ha sido. No lo he dicho por vergüenza de ver, que el amor me embarga la venganza de mi ofensa. . Aún lo sabrás, Papagayo: mira, qué fregona es esta? será acaso del mesón? Será, que en las Mesoneras, como hacen las cuentas caras, hay caras de mucha cuenta. Cierto, que la moza es bella. Papagayo es el que miro; y este, que con él se acerca, su amo será sin duda, con quien dijo que viniera de Lamego; pero dudo, que de aquella Ciudad sea; que Galán de aqueste talle jamás le he visto en mi tierra. Gentilhombre es en verdad, y si así como fue hembra mi hermana, fuera varon, y fuera viva dijera, que era la misma. No miras lo mucho que se asemeja con el semblante a Clarindo? Ay, si mi hermana viviera, y así como fue varón, fuera mujer, con firmeza afirmara, que era él mismo! Yo no, que aún me representa el miedo aquí su persona, y hallo mucha diferencia de aquesta cara, que mata, para aquella cara muerta: si no es, que en cuerpo le he visto, y será su alma aquesta Clarinda, porque en el nombre todas las almas son hembras. Apropinquémonos más. Retirome, que se acercan; y entiendo, que en mi repañan. Aguarde usted. Qué me ordenan? No ordenamos, que no somos Obispos, si es que lo piensa? Es cierto, que por aquí, diga, una sombra se muestra, que dicen ser de un Clarindo, si es de casa? Aqueste nueva. . manifesto Papagayo; de casa soy yo, y de verás por aquí esa sombra anduvo, y ha días, que ne se encuentra. Y usted le ha visto también? También, y de la manera, que ustedes viéndome están: pero en casa más enteras noticias le pueden dar, que yo soy criada, y la mesa a un huésped voy a ponar. Añada dos servilletas para los dos, que aquí estamos. El dinero hace la cuenta. Quieres aún de mi verdad más clara, y evidente prueba? El buen Clarindo sin duda de Misas alguna deuda tenía, y así voló, tanto, que de ellas le hice promesa: y así vámonos de aquí, y dejemos la contienda, que ya es hora de comer, y estamos en casa ajena: no demos con la demora a Don Albaro molestia, que por nosotros aguarda; y yo, bien sabes, que en ausencia de la hermana, y la criada, le sirvo de cocinera; y para comer los dos e me dio; mi nombre me cuesta, porque yo os dispongo la papa, y solo el Gayo me queda, que estas hoy de un Papagayo son en la Corte las medras. Vamos, pues, que el corazón más viva la, pena lleva de la muerte de mi hermano, porque aquesta Mesonera, tan vivo traslado suyo, sus memorias me recuerda. Es posible, lacinta, que tanto disimulas de un amor el cuidado, que de un padre le ocultas? Aquesta la exención era, porque rehusas tan constante el estado, que mi elección te inculca? Quién de ti tal pensara? quien presumiera de una modestia tan altiva, como entendí la tuya, Jacinta, aqueste lance? Mas pues ya no se excusa aquello que ha pasado, y tienes la disculpa en que de amor la fuerza tal vez viene de alguna influencia de estrella, o simpatia mucha, que inclina los sujetos; y así entre ti, sin duda, y aquel de quien observas aún memorias difuntas, lo mismo considero: no hay aquí que te arguya; y ahora solo apruebo la elección, que procura en Albaro tu suerte; el cual (pues que así apuras. tú aminte desengaño) la cláusula, que apuntas, aceta, y pronto está, para que te descubra quien dio a Clarindo muerte: la respuesta esta es suya. De doncella el recato, padre, y señor, disculpa no haberte dado parte de mi amante fortuna; y así, pues que confiesas como discreto, y juzgas, que es un destino amor, que corazones junta; no debes extrañar la afición lisa, y pura, que entre dos corazones plantó de amor la industria. Clarindo viome, y vile; y como se divulgan por los ojos del pecho las pasiones ocultas, ajustados quedamos, y así cada uno jura de no admitir empleo, mas, que el que amor se apunta. En la Armada le han muerto, y algunas conjecturas. tengo de que Don Albaro fue de mi suerte oscura el Autor; y queriendo experiencia en mis dudas hacer, le he puesto, padre, la condición, que apuntas. Que como él sí de esposa con diligencias muchas de mi pretende (ha días) porque el deseo cumpla, (como en nada repara quien de un deseo busca el logro) si él la tiene, confesará la culpa. Caso extraño! y que intentas, cuando él no te la encubra, y en sí mismo te diere del homicida inculca? De mi amor con su muerte vengar la extraña injuria. Terrible estás! no miras, que adquieres la censura de negar tu palabra. (que en nobles no se excusa) hallando en ti por premio su confesión tal furia? A palabra cualquiera no se extraña que huya un ánimo quejoso. Y a las sospechas tuyas si él diere el desengaño, y con claridad pura muestre, que el homicida otro fue? Porque acuda entonces de su hermana a la causa (si juzga tu parecer; que así las pasiones se excusan) le admitiré, con tanto, que a doncella ninguna haya palabra dado. Palabra? y pues tú dudas sobre él dar su palabra? A aquesa tu pregunta en casa tengo yo quien responda; Qué lucha es esta de embarazos? y quién? Esa disputa ha de ser la postrera, que primero proturan mis pretensiones von como a cumplir se ajusta la promesa Don Albaro. Yo le aviso importunas confusiones, salgamos de aquesta lid confusa, salgamos, y los Cielos por mis quejas acudan. .

JORNADA TERCERA

Cuando, tristes memori que apuntando me estáis perdidas glorias, Cuando, dulces deseos, q: que enseñándome estáis tieos empleos; Que apenas convidando del corazón la vida van quitando; Que gustos ofreciendo, al corazón lisonjas van haciendo; Tendrán con mis pasiones vu estras riguridades compasiones? Tendrán en mis desvelos Ca el deseado fin vuestros recelos? Acabe ya una vida, que su esperanza toda ve perdida. El disfraz ya se acabe, que cuesta mucho a un pecho, que amor sabe, Si a Clarindo he perdido, poco siento hasta aquí, pues que he vivido: Si a lacinta a ver llego, encubrirme, mucho es, que amor es ciego, Ea, pues, pena impía, muramos, que ya allá va la vida mía: Industria, pues, celosa, declarémonos ya, que sois penosa. Mas tened, que en mi daño habéis de ver de todo el desengaño. Mas dejad, que en la empresa. de sacinta apuramos la firmeza, Clara, Jacinta bella, Aquí estás? Aquí estoy, que era quererla del amor, mi señora, dejar de estar contigo en cualquier hora; quien tu casa ha tenido por puerto contra e hado desabrido; y por tantos favores. deben siempre asistirte mis primores, No favores se indica lo que mis conveniencias certifica, que ve el alma imagina en tislo que ya no ve por mi mohína; y aún por esto me ordena tu vista darme glorla cuando pena; porque del bien pasado tormento viene a ser ver el traslido; bien que quien se recreo, como yo, ya en su pena la desea; con que por retratarme. Clara, a Clarindo, puedes recrearme. Huélgome, y juntamente. me pesa de que en mí se represente su copia, pues tormento te doy, cuando te llego a dar contento, Y tu tienda, que la has hecho? Ya de ella, mi señora, me he deshecho, que ya nada vender quiero, que a comprar solo aspiro lo que quiero. Y están acá tus trastes? Sí que la suerte a mí me dio contrastes. Habla en tu lengua, Clara, porque yo de ella noticia tengo clara, De mi dicha la mengua aún olvidarme ha hecho de mi lengua; por eso me he inclinado a la Española. En breve la has tomado. La lengua Castellana, que es buena de tomar, es cosa llana, Mas vamos otra vez a lo que dices de ese Portugués; que a él soy semejante? Me parece tenerle aquí delante. Así es, que ya me decía mi padre, que con él me parecía; que con él se trataba, y como a un hijo suyo le estimaba; y aún por eso muy fuerte sentimiento he tenido de su muerte. Y dime, nunca (ay triste!) quién haya sido su homicida oíste? No, mas puede saberse, que sin saberse nada llega a hacerse, Pues yo (aquí me consumo) has de saber. Clarilla, que presumo- (no sin causa lo digo) que de las dos hay solo un enemigo; y que es quien te engañó el mismo, que a Clarindo muerte dios No yorras el camino, que así también, lacinta, lo imagino. Que Don Albaro fue de quien te quejas, Clara, bien se ve, pues fuera de las señas, que tú de su personaya me enseñas, bien se confirma aquesto con el nombre, que dicho me has supuesto; porque, si bien lo advierto, es (Uibano de Lago Amado) ciertó, y cabal Anagrama de Don Albaro, porque así se llama, de Gámboa, este hombre, que las letras contiene de aquel nombre; que su industria, sin duda; por engañarse el rombre así se muda. No lo fue si nó mía, que este nombre trazó mi fantasía: o, que diste en la treta; nadie puede quitarte el ser discreta, como el nombre lo pinta; este mismo mi ingrato fue, Jacinta. Pues que fue de mis daños el Autor, fuera de otros desengaños, este anillo lo muestra, que a Clarindo (ay de mi suerte siniestra!) le di de amor por prenda, que a la mano me vino, porque entienda, que de su infame arrojo ha sacado esta prenda por despojo. Este anillo al partirme me dio Jacinta, que después de herirme, y dejarme el traidor por muerto, me robó, que fue el rigor, que sentí más severo, por ser prenda del alma, que venero. Porqué ardid, porqué arte vino a dar el anillo en esta parte? Con él para prendada ser del traidor Jacinta, mal pagada de él está, ni él debía dárselo porque entonces descubría su alevosa traición. Qué piensas? Aprobando tu razón conmigo estoy, que yo, cuando Urbano de mí se despidió, le vi con este anillo. Con eso acabo; pues, ya de inferillo, bien claro ver se deja, que es un mismo el Autor de nuestra queja; y solo por tu causa a mi venganza puedo poner isa; que) la muerte; pero aqueso era quitarle, Clara, el logro a tu amor. No por eso suspendas el rigor, satisface tu agravio, porque ese viene a ser mi desagravio, que en tus enojos ya el desempeño mío todo está; que yo no busco a este ingrato por amor, que ofendida solo trato con su muerte venganza tomar de su malevola esquivanza; y si dicen, que aparta la esquivanza el amor, mi amor se encartas ya en odio, y así intenta con su sangre mi honor lavar su afrenta. Pero si a quien me ofende (por ser grata con él, que te pretende) de amor darle la paga quieres, y de esta suerte así se apaga el enfado, que tiene contra su hermana, y él con esto viene (como me has referido, que, Jacinta, tu padre ha presumido) en dejarla casar con su primo, me quiero acomodar con mi injuria excesiva; y así muera mi ofensa, y su amor viva. Eso no; de ese modo yo a pagarlo venía entonces todo; que es, Clara, cosa cierta, que antes me moriré; me quieres muerta? Si yo muriendo al disgusto acudo de Beatriz, de morir gusto, mas no de esa manera. Don Alvaro, pues, muera. Muera. Muera. Suspended, Beatriz, señora, Por vida vuestra el intento hasta que de aqueste lance se tome el último acuerdo. Del corazón (qué adivina) está temiendo el recelo, que no consienta mi hermano, que sea mi Esposo Alberto. Y aunque yo pudiera casarme sin este consentimiento, o su gusto quiero tanto, que sin su gusto no quiero. Y así, pues, que aqueste abalo dispuso el hado siniestro, y no he de volverme a casa viendo mi peligro cierto; que aunque mi hermano conoce, que agravio al honor no hehecho, honor es escrupuloso, y corre mi vida riesgo: que queréis, señor, que haga metida en tan grande aprieto? No quiero enfadaros más, voy meterme en un Convento: a diós Jacinta, a diós Clara, Dorotea, a diós: aquesto ha de ser; y tú mis pasos ven, Hipólita, siguiendo. Ese parecer no sigo, que en esta casa experimento mucho agasajo, y no es justo, que de ella nos ausentemos. Señora Doña Beatriz, aunque dice allá el proberbio, que el día en que se despide el huésped, es el más bueno para una casa, en verdad, que hoy por esta no lo entiendo, pues le tendremos muy malo cuando sin usted quedemos, Así lo confiesa el alma, porque es un apartamiento verdugo de corazones, cuando es el amor perfecto, Y de Beatriz, como amiga tan de verás, me confieso, siento que quedo sin mí, cuando sin ella me quedo. Decir, que sin vos quedáis mas justifica mi afacto, pues cuando de vos me aparto, lacinta, en el alma os llevo. Bien viene aquí la cuestión, que se alterca ha mucho tiempo, y en problema se ha quedado, que hasta aquí no se ha resuelto. Viene a ser, que de una ausencia quien más siente el golpe fiero, quién se queda, o quién se va? Ea, vaya de conceptos, y a Beatriz divirtamos. Nunca del mal me divierto. Entretenedla, muchachas. Tu parecer sobre aquesto, di, Clara, pues has tocado el asunto. Asunto es viejo; pero sobre viejo asunto decir se puede algo nuevo, Pues cuál es tu parecer? El tuyo, señora, espero. Solo por oírte a ti, he de decir lo que entiendo: quien se queda (a mi sentir) padece mayor tormento de ausencia, que quien se va. Yo digo, que siente menos, Yo digo, que siente más, y en una octava lo pruebo. Venga, porque siendo tuya, por maravilla la tengo, La memoria, que deja el bien ausente, es verdugo cruel de un pecho amante; y el puesto, adonde estuvo, no consiente divertirla a quien queda, ni un instante; y si el dolor es fuerza, que se augmente, si fuere la memoria más constante, quien se queda, no hay duda (así lo siento) que llega a padecer mayor tormento. Tiene razón. Bien ha dicho mi señora. or torme Así lo o- mas yo la opinior sigo- La mudanza de amor en la fortuna es tirano martirio del cuidado, y entonces el martirio es duplicado, si la mudanza fuere más que una: La suerte a quien se va tanto importuna, que deja el bien, y el puesto deseado, donde el mismo bien suyo se ha quedado, que a quien queda, alivio es sin duda alguna; Apartarme del puesto, en que tenía el bien, y irme del bien, que más venero, duplicada mudanza se abalía; Pues ausente no vivo con quien quiero, y dejo de asistir donde quería, con que es de quien se va es ormás fiero. Buen juicio! Lindo! Gallardo! Discreta es Clara por cierto. También con Clarindo. Clara se parece en el ingenio. Buena está la Compañía, y en buenas cuentas el viejo, que es de estas Ave Marías me parece el Padre nuestro. Perdonen haberme entrado acá, sin llamar primero, porque como soy de casa, el mal más f no he hecho reparo en eso. De cata sois? qué decís? Un Pájaro soy domestico, que Papagayo se llama; ve usted cómo soy caseto? Papagayo, cómo aquí? Este hombre ha perdido el seso, Qué casta de Papagayo es esta? Huyo tal gracejo? hay tan suelta confianza? Si es Papagayo, esté preso, Cuál es aquí la señora Doña Beatriz, que deseo agradecerla una gracia? o, i en aqueste Soneto. Qué gracia? El chasco está bueno. De haber dejado su casa, y su moza, por respectos, que no importa, que se digan, para que por cocinero yo sirva ahora a su hermano, porque él, y otro Caballero, que conmigo allí ha aportado, comamos? Y qué hacen ellos en esa casa? Acudimos de una grave riña al pleito, que usted debe de saber, si es que Autora ha sido; el celo quiso el hombre, pues, pagarnos, y así nos ofreció luego su casa, que esto en Lisboa, y para dos Forasteros, como los dos, que a un negocio, y de bien poco provecho, a la Corte hemos venido, importa mucho dinero. Y es buen docinero, diga? No será con tanto aseo como usted. De eso sé poco. Yo (si bien me acuerdo) la he visto a usted en parte, dónde pudiera saberlo? no es Mesonera? Acordado se ha del Mesón, ya no tengo ese oficio, que aquí vivo. Muy buena mudanza ha hecho: Mas volviendo a la cocina; que es mi oficio, a que me vuelvo, con tanto primor lo hago, que al más melindroso enfermo puedo guisar la comida. Qué es en aquesto yan diestro? Qué mal me conoce; sabe, que a una Catedra me he opuesto, y no hay en la Universidad quien más entienda los Textos. Y hay también en los estudios esta escuela? Antes no vemos, que sin ella estudios haya; no prueban los Cocineros? pues aquesto de probar anda siempre en argumentos. Grandes sujetos habrá. Hay sujetos alomenos, que la Corte tiene grandes, la Universidad sujetos. Mucho deben de saber. Según tiene el condimiento, es, que cada uno sabe, cual es dulce, cual es tierno, que les duro, cual es agrio, cual salado, y cual advierto con tan poca sal, que el hombre, que estuviere más hambriento no puede tal vez tragarlo. Gracia tiene el majadero. Quien hoy por hombre mayor se tiene allá? Con exceso se aventaja San Cristobal en la Procesión del Pueblo; este es el mayor de todos, y si fuere al más pequeño, el Enano del Obispo de todos se lleva el premio. El hombre es entretenido. A mucha gente entretengo, como Papagayo soy. Excusad de entreternos mas, y decid, qué queréis? Acabe, porque moriendo estaba ya por decirlo, pero nunca a hablar me atrevo, señor, sin que me pregunten, para parecer discreto. Mas yo traigo comisión para decirlo a los viejos, y no a las mozas. Conmigo viene a ser el pleito luego? ea, pues, dennos lugar. Todas, pues, lugar le demos. . Eso sí, porque esta gente no es mucho para secretos. Decid, que solos estamos. Digo, pues, que está dispuesto Don Alvaro de Gamboa para dar el cumplimiento a aquello, que le ha advertido, señor, el aviso vuestro; que os agradece el aviso, mas que el estaba previendo la cautela, que importaba observar para este efecto; que cuando él tuviera culpa: si la tiene el majadero, mas no quiere confesarla, que aunque amigo suyo es elviejo, al fin de Jacinta es padre) en tal caso del silencio no saldría, porque el logro suyo no tuvizse riesgo. Y entonces buscara un hombre, que en la fe de defenderlo, se confesara el culpado, que todo lo hace el dinero; pero que sin este ardid tiene en casa un Caballero, que el Autor del caso ha sido, que con él se ha descubierto, por amistad, que se tienen; el cual se obliga a su ruego, por no hacer a su amor daño, en presencia del objeto, que amante, pretende hacer confesión de lo que ha hecho; con seguro, que le ha dado de quedar por esto expuesto a defender su persona; y que aqueste desempeño le digáis cuando se hará. Muy bien; mañana le espero, y que me he holgado mucho, le decid, de este suceso. Pues con esto, a diós quedad. Id con Dios. Mucho me huelgo, que otro, y Don Alvaro no, fuese el matador, que a serlo, no hay duda, que de Jacinta fuera el aborrecimiento estorbo de que llegaran a cumplirse mis deseos, que se fundan en tener a Don Alvaro por hierno; pues como Jacinta quiso bien a Clarindo, sabiendo, que él la muerte le había dado; le rehusara por dueño; pues vi en ella de este agravio el odio tan manifiesto: y por eso le he avisado, que se encubriese, atendiendo a ser de Jacinta traza, y experiencia, que su intento hizo con él, sospechosa de que él a Clarindo ha muerto, Pero como ha sido otro, según me avisa, tenemos la dificultad vencida; con que solamente veo por vencer la de haber dado su palabra a otro sujeto. Mas como lacinta ha dicho, que está de puertas adentro quien puede servir de embargo a este logro, yo no siento quien pueda ser si no Clara, esta moza, que su afecto, por su belleza, y su gracia le robó con tal extremo, que siempre en su compañía. la tiene; pero yo no tengo por parte esta tan forzosa, que sirva de impedimento a Don Albaro, si está su amor en lacinta puesto; pues siendo mujer común, (porque hasta aquí no sabemos. que sea de cualidad) con dote para un Convento acomodarse podrá. Y juntamente veremos. si se compone la causa de Doña Beatriz, y Alberto, pues que tomé, como honrado, ya por mi cuenta este pleito. Yo, como de Alberto amigo, mucho en verdad lo deseo; y así en ello he de empeñarme, lo demás hágalo el Cielo. Accidentes tan notables, sucesos tan peregrinos, como los que me suceden, a quién habrán sucedido? Que venga yo tras mi agravio, y ropando a mi enemigo, me embargue el amor, que tome satisfacción del delito! Y que a pesar de mis celos le tengo yo prometido de hacerme misma el culpado, porque él logre sus designios! Que en paga de esta fineza, por mostrarse grato amigo de mi persona, y por odio, que tiene a Alberto su primo, que de mi esposa la mano Don Albaro haya querido me dé su hermana, pensando, que soy yo el que me finjo! Viéronse lances más raros? en qué Comedia se han visto más extrañas novedades, ni enredos más excesivos? El amor quiera sacarme ya de aqueste laberinto de confusiones, que aquesto hace perder los sentidos. o Que duelos más portentosos, que más pasmosos prodigios por hombre alguno ham pasado, que los que pasan conmigo! Qué hallase luego mi hermana Doña Beatriz por abrigo del temor de mis enfados. la casa del dueño mío! Y que por esta ocasión me llegue a mí Don Rodrigo a ofrecerme de lacinta la mano, que amante aspiro! Y que este logro, que anhelo, me lo ofrezca por partido de consentir, que mi hermana dé la mano al que abomino! Que se llegue con mi intento a conformar el aviso de Don Rodrigo, pues tengo dispuesto lo que me ha dicho! Que si me advierte, que traza de Jacinta fue el arbitrio de poner por condición, porque yo logre sus cariños, declararle quien ha hecho de Clarindo el homicidio, que sin este desengaño no he de ser de ella admitido; por vel (como ya sospechas de que el homicida he sido tiene) si por tal respecto homicida me público; C para en vez de me pagar lo mucho que la he adquirido, sabiendo que hice esta muerte, probar su desdén esquivo; lo anteví yo, y al primor de Lisardo he recorrido, para que fingiendo ser el homicida, el camino me deje franco a mi amor; pues habiendo yo cumplido la condición de mostrarle quien dio la muerte a Clarindo, viendo su sospecha vana, ya no puede haber desvío: Quién tal confusión ha visto? Pero Lisardo aquí está; mucho me obliga este amigo, mucho debo a su amistad: Lisardo? Que hay del servicio vuestro, Don Alvaro? Vio Lisardo en vuestro capricho; mi afecto tan empeñado con vos, que solo pediros debo, que de mí os sirváis; y tanto el deseo mío se mira a vuestra amistad, Lisardo amigo, rendido, que igualmente, como, soy de Jacinta amante fino, vuestro amigo soy de verás; y aún (dejadme así decirlo) a dejar de ser Lisardo (por vida mía os afirmo) y otra (muy bien lo encarezco) lacinta fuerades, digo, que por vuestro amor dejara a quien ahora me inclino. Grande extremo de amistad! y ese imposible vencido, cuando Jacinta no fuera muy bien su amor averiguo) . y fuera otra dama yo, fuera lo mismo? Lo mismo. No me sueña mal aqueso: grande amistad apercibo en vos. Y aún por eso quiero, para sermos más que amigos, que nos hagamos hermanos, buscando en vos un marido para Beatriz de mi gusto. Esa honra mucho estimo, mas eso fuera de Alberto para el amor caso impío. Si eso es tener presunción, de que hay en el honor limpio de Beatriz la menor nota, por el Cielo cristalino, que cuando yo tal pensara, a ella, y al fementido Alberte hiciera despojos de mi enojo vengativo. No lo digo yo por tanto, porque otra opinión concibo de las doncellas de sangre, en que no hay de honor peligros: dígolo por no robarle, señor, el logro debido al empleo de los dos; que no puede haber más digno sujeto de tal ventural que Alberto, e Si no me libro con cuatro vuelos, voló el dicho Papaguilsó: Arre allá con tal encuentro. Qué fue? Qué te ha sucedido? No es nada, no; aquel Alberto, o diablo, que es tu primo, con quien, señor, peleabas, cuando a la riña acudimos, al pasar por esa calle se llegó a mí, y me dijo: No sois vos del Caballero, que en casa se ha recogido de Don Albaro, criado? Que el propio era, le he dicho: y él volviome; pues yo tengo de su estada presumido, que mi primo con su hermana quiere casarle; y así os digo, que le digáis que conozca, que Beatriz es dueño mío; y que no ha de ser su esposa, porque es mi amor tan altivo, y mis celos tan briosos, que de este acero a los filos llegara su vid de mi enojo sacrificio. Y para que en la memoria mejor os quede este aviso, tomad, y alzando la mano, cuanto yo no me retiro, tanto me imprime en el rostro él sus mandamientos cinco: o- mis narices, y mis barbas libraron de un gran conflicto, pues sin duda me quedara, cuando me acertara el tiro, con una cara más mala, que la que tengo; que afirmo, según tan mala la tengo, que harto lo he encarecido. Hay término tan ballaco? viose mayor desatino? Mitad, Lisardo, por quien se empeña vuestro capricho, patrocinando un aleve; que a no tener tal padrino; ya hubiera muerto a mis manos, pues habiendo yo querido darle la muerte, dos veces me lo habéis vos impedido. Y quien le dijo al infame, que yo, Lisardo, determino daros Beatriz por esposa? Y lleva muy buen marido: . será brujo, o hechicero el bueno del Albertillo. Donde hay amor, siempre hay celos, y donde hay celos, hay juicios, y así de Beatria amante, viendo Alberto como asiso en vuestra casa, juzgando, que somos grandes amigo sin duda por consecuencia de aquí sacar ha podido, que para mi reserváis el logro de los cariños. de Beartiz. Bien iuferido lo ha, pero quedarase con sus celosos arbitrios, y mi hermana con la suerte de un esposo tan lucido, como en vos le tengo hallado. En el alma os gratifico, Don Alvaro, honra tan alta, mas no quiero ser motivo de eclipsar inclinaciones, que eso viene a ser martirio para Alberto, y pesadumbre para Beatriz, que en su primo puesto el amor ya tendrá. En esto está el gusto mío, en que seamos cuñados. A grado mayor aspiro. . que en Beatriz no hay gusto propio, esto ha de ser, pues. Yo os pido, que elijáis mejor acuerdo. Solo aqueste acuerdo elijo, y hablemos en otra cosa: que te ha dicho Don Rodrigo? Qué mañana, por ti aguarda para el desempeño dicho. Bien está, mañana espero ver mis intentos cumplidos, Lisardo, con la palabra, que me habéis dado en fingiros. el que a Clarindo dio muerte. Será dos veces fingido. . otros mis intentos son, y tengo de conseguirlos. . esperanza, pues pagado, que está de mí, tengo visto, diciendo, que a ser yo dama, hiciera su amor retiro de lacinta para mí; y con esto más le obligo, confesándome el culpado, porque él logre su designio; y cuando quiera lograrse saldré entonces a impedirlo, diciendo, que en casa tiene otra dama a quien debido ha su afición, que soy yo, descubriéndome. Imagino, que estáis, pues suspenso os veo, ya, Lisardo, arrepentido de darme aquella palabra. No me arrepiento, mas miro el aprieto en que me pongo por vos, porque conocido por homicida, me arriesgo. con evidencia al peligro, que amenaza a un delincuente. Entonces a ese conflicto acudiré yo, mostrando; que soy el que ha delinquido. Ea, pues, estamos conformes. No toméis, señores míos, enfados, que aquí estoy yo, que haré cierto el dicho antiguo de pagar el inocente: por el que lo ha merecido, pues que ya sin merecerlo, quería Alberto conmigo hacer el proberbio cierto: con que, siendo Dios servido, será otro día mañana; y pues ya la noche avisos? nos da de horas de cenar, ahora a los dos convido. a que conmigo cenéis; que pues la comida os guiso, soy de esta casa el patrón: vamos, pues. Vamos: el tiro logrará mi amor mañana. . Para mañana remito de mi afición el abance, o de mi agravio el castigo. . No es cosita de cuidado, señores, el enredillo: n ustedes a Lisarda amante de su enemigo, y homicida disfrazado, alisonjeando su apetito, y de Don Alvaro, esposo de su hermana pretendido: que diablo de Poeta máquinó tantos delirios? parece cosa de sueño; han ustedes esto visto? en que ha de parar aqueste de confusiones abismo? mucho tengo que contar si de esta bien nos salimos. Esperanzas, y recelos en mi corazón concurren, haciendo que titubee entre amantes confusiones. Recelos de que Beatriz truenque mis afectos nobles por otros, que a mi cuidado ya mis celos me suponen. Pues de Lisardo mi primo, como amigo, se conoce, que casa, y mesa le ha dado; tengo bastantes razones para que celoso infiera, que para esporo le escoge de Beatriz, para vengarse de mi amor con sus rigores, Con cáia suerte sin duda me asisten ya presunciones (que nunca a un celoso faltan) de que Beatriz se acomode; pues quedando de avisarme de lo que pasa, olvidose hasta aquí; grande argumento para que mis celos formen este concepto: esperanzas por otra parte me ponen de su amor en confianza; pues Don Rodrigo avisome de que me hallase mañana en su casa, que ocasiones se ofrecen, que puede ser, que a mi amor mucho le importen, No sé lo que aquesto inculca, ni lo que de aquesto note; o si alguna buena nueva me esperará en mis amores! Estará mi primo acaso ya con mi intento conforme? Que sí, responde el deseo; que no, el recelo responde: o día, apresura el paso, si vienes porque yo mejore. Vuela, noche, si eres plazo de que por dicha se logren mis amorosos cuidados; llega día, vuela noche. El plazo, sospechas mías, de vuestras dudas llegose, que presto habemos de ver del desengaño a las voces, quien el Autor fue del daño, que es bien que mis ojos lloren sin tasa, que esta es la deuda, que a mi afición corresponde. Ea, desengaños míos, en breve espero, que os conste de quien penas a mi pecho ocasionó tan atroces. Apercibid la venganza contra aquel ánimo doble, que dos vidas ha sacado de su crueldad con un golpe. Haced, iras, vuestro ensayo, para el que os espera choque, sin que mujéril piedad el desempeño os estorbe. Mas si Don Albaro está inocente, y a mis dolores otro fuere quien ha dado las infaustas ocasiones: si le he dado la palabra de agradecerle el informe, con el premio de mi mano, tiro de sus pretensiones, que es el gusto de mi padre, para que así se conforme, con permitir, que Beatriz con Alberto se despose: cuando, afuera de Clarindo, aborrezco todo el hombre, que solamente se inclina una vez un pecho noble; obligándome mi padre a que su elección otorgue con Don Albaro, qué haré? sujetarme a los rigores de casar contra mi gusto? eso no, mas que me cortén el cuello con un cuchillo; mi vida aquí me perdone. En una balanza puesta llega mi amor a advertir su esperanza, sin saber lo que ha pesado hasta aquí, Ya pende para una parte, ya para otra parte, y así se queda en duda el cuidado, sin que le pueda medir el peso; piense el deseo; que se inclina para mí; pero la desconfianza no se puede persuadir a que ella para mí pese, diciendo, que para sí es, que se inclina el pesar, miente sin poder mentir; no miente, porque mi suerte, como es tan poco feliz, es fuerza, que a mi pesar el logro me ha de impedir: Miente, que como no espero bien, que me pueda venir, viene a ser de mi esperanza todo el pesar para mí. Pero Jacinta aquí está, y aguarda sin duda aquí a que le venga mi hermano poner a sus dudas fin: que esta es, poco más, o menos la hora, que oí decir se ajustó, para apuntarle el que llegó ha de linquir en la muerte de su amante, que para ella le admitir por esposo, aqueste pacto ha hecho, y de aquesta lid no sé, que sepa mi hermano; mas como pretende al fin a Jacinta por esposa, y le daría amor ardid para saber lo que amor sabe enseñar trazas mil, para que imposibles llegue un amante a conseguir. Pensativa debe estar, pues no halle ado a sentir mis pasos, yo llego; amiga, señora, en qué os divertís? Cómo es grande mi cuidado no se puede divertir. Será del amor pasado? Cuidado de ese amor, sí; pasado no, que no pasa, cuando se llega a advertir fino el amor, que se llega en las almas a imprimir; y a mi amor, como carácter, nunca, Beatriz, le perdí. Ya con el estado nuevo se olvidará. No Beatriz, que los primeros cuidados no se pueden omitir. No habéis de pasar ahora, señor Alberto, de aquí, hasta ver en lo que para de aquesta ocasión el fin. Mi obediencia es vuestro gusto, aquí estoy para cumplir las disposiciones vuestras. Entonces podéis salir cuando os llegue a llamar yo. Bien está. . Jacinta, allí viene Don Alvaro, aquesto, hija, te vengo a decir, para que tú estés de acuerdo: y vos, señora Beatriz, retiraos; no conviene, que ahora aquí estéis, salid cuando os llegue yo a llamar. Hago lo que me advertís, señor mío. . Pues yo llego a la puerta a recibir a Don Albaro; ea, entrad, la casa es vuestra, subid, señor. . Ea, corazón, ya el plazo quiso venir de morir, o de matar, el valor apercibid, o para matar a quien mi dicha quiso impedir, dándola muerte a mi bien; o cuando no sea así, para morir, si mi padre me obliga a casar a mí con Don Alvaro, que tomo por más suave el morir. Has traído Papagayo aquello que te advertí? El vestido de mujer aquí le traigo. . Servir me puede, escóndele ahora. Llegó, señora, el Abril para un deseo, que Invierno ha llegado a presumir el tiempo en que no ha visto esa rica flor de Lis; y así ahora, que la suerte me llegó la dicha a abrir, viendo a quien más deseaba, ya la Primavera vi, que hasta aquí mi amor lloró, mas ya se puede reír. Unos ríen, y otros lloran, y en tan contrapuesta lid, si la risa es para vos, será el llanto para mí. Dama es lacinta gallarda, y esto me da, que sentir, que hace grande oposición a mi esperanza . Advertir de aquí puedo lo que pasa. Llanto para vos decís? eso es enturbiarme el gusto de veros yo, despedid ya, señora, las memorias de amor pasado, y admitid de mi corazón las verás, pues ya para os disuadir de la duda, que en vos hay de aquella muerte infeliz de Clarindo, aqueste hidalgo quiso conmigo venir, debajó de la palabra, que de asegurarle di su persona; esta fineza por mí ha querido cumplir, confesando la verdad, que él, señora, ha sido al fin el delincuente. . Ah traidor, no ha de valerte el ardid de buscar quien por ti haga un papel, que es tan ruin, que de Papagayo el amo por él se llegue a fingir homicida: qué hombre es este, que en tan grande frenesí ha dado! grande interés le pudo a esto impelir; que de un interés la fuerza a un arrojo tan civil solo obligar puede a un hombre. Vos (mejor talle no vi de hombre, y con Clarindo, ay Dios! algo su talle gentil se parece) el delincuente habéis sido? . Permitir lo quiso así mi desgracia, siendo los dos (ay de mí!) tan amigos, que de hermanos nos tratabamos. . Decid, que ocasión os dio? . De juego fue una porfía. . Es así, presunción mía? diréis, que no, porque descubrís en el anillo otra cosa. Por donde os llegó a venir esta sortija a la mano, que a Dorotea pedí? Oh que inadvertido anduve, . que he dado, sin advertir, de Clarindo a Dorotea el anillo. Reciba de Clarindo aquesta prenda, Os la ha dado, qué decís? Me la dio por amistad. Ya no puedo más fufrir. . Decid que se la robastes. Cielos, que mujer aquí . desmentir a mí me puede? No sé lo que a discurrir la imaginación me enseña, que en aquesta moza vi a Clarindo retratado! Quién sois, que me desmentír? Sin duda él es, de quien Clara se queja, a quien descubrir llegó tal vez por amante este secreto. . A decir quien soy, pues no lo sabéis, ya llego, aguardad. Qué oí? No os turbéis; esta doncella a quien quisisteis mentir, engañándola, parece que de esto sabe. . Yo mentí a esta dama? es falsedad. Falsedad es, señor, si lo de aquel nombre supuesto con que el engaño cubrís. Qué nombre? Urbano de Lago Amado, que incluye en sí las mismas letras, que tiene vuestro nombre. Yo proferí tal nombre? . Ella lo dirá, que fue para conferir la verdad, alguna seña, según de ella lo entendí, a buscar. Qué es esto, Cielos, que veo! en qué ha de venir a parar esto? . No es esta la Mesonera, que vi contigo? . La misma es, o algún duende, que aquí urdir nos quiere alguna tramoya. Señora, algún frenesí. ha dado sin duda a Clara, que ahora la vi vestir de hombre. Qué, qué es lo que dices? Que ahora con ella di en su aposento, quitando el hábito mujeril, y de hombre tomando el traje y ella es la que viene allí. Nadie se admire de verme en este traje, pensando, que es ajeno, que este es mío, porque el otro era prestado. Yo soy Clarindo, que algunos por muerto hasta aquí juzgaro, viviendo yo, que hasta aquí su muerto disimulado. Por la maldad de un amigo (si es amigo aquel, que es falso) de la Armada en la ocasión; que no solo a Saboyanos, mas a todas las Naciones. sirvió de envidioso pasmo; isa herido de su vil mano, que me quiso dar la muerte, dejándome atravesado de dos puñaladas fuertes, una noche por engaño, obligándome a salir a coger el aire al campo, sin armas, que su fin todo era hallarme desarmado; después de conversación, que entre los dos de ordinario se movía, sobre ser yo quien más era estimado de lacinta, que hallé en ella un amoroso agasajo; imprudencia de mi amor, (que amor de prudencia es falto) hacer aquesta jactancia con quien estaba agraviado, como Don Albaro, pues siempre fueron despreciados. sus afectos de Jacinta; un puñal (quien tal agravio de un amigo presumiera!) celoso, y cruel sacando, me lo envainó por el pecho dos veces, que a resguardado no estar de un fuerte coleto, me diera el mortal letargo. Yo viendo, que por celoso fue conmigo tan tirano, disimulándome muerto, me dejé caer postrado, por ver si con esta industria quedaba en el desengaño Don Albaro de mi muerte, para que habiendo librado, después hiciese experiencia con amoroso cuidado de la fe de mi lacinta; y si Don Albaro acaso la pretendía, o si ella le admitia, que empeñado su amante primor me había de no hacer de otro amor caso, aunque en la Armada muriese. Sucedió así, que pensando, que me quitara la vida Don Albaro, que un gallardo anillo, por hacer prueba de mi muerte, me ha quitado del dedo, que consentí, sabé amor con que trabajo, por ser de Jacinta prenda; mi muerte disimulando. Fuese, y dejome por muerto, y yo de un Caballero honrado buscando el abrigo, y puesto en manos de Cirojanos, aunque no eran peligrosas, ni a mí me daban cuidado las heridas, del coleto, que digo, por el resguardo; empero con una fiebre, que me sobrevino, he estado siete meses en un lecho; mas ya estaba casi sano cuando la Armada a Lisboa se recogió; y un soldado, que se llamaba Clarindo como yo, que de un fracafo de unas heridas murió en esta sazón, ha dado motivo a que se tuviese de mi muerte (pues pensaron que yo era) aquesta opinión. Viéndome, pues, mejorado, me partí para Luboa por tierra, adonde buscando traza para entrar en casa. de Jacinta, haciendo exacto examen de su fineza; y probar si en su cuidado conservaba mis memorias, fingime mujer de trato; yendo a su casa a vender; que el amor, como es vendado; sabe vender: admitida de ella fui, suerte, que alcanzo, con la que formé mentira; diciéndole, que un ingrato galán buscaba, que a mí me había palabra dado de esposo, en nombre supuesto, que Urbaño de Lago Amado se decía; y ella advirtiendo de este nombre, que forjaron con otras, que le di señas, los ardides de mi agravio, y de mis celos, las letras, de que es el nombre formado de su amante, y mi enemigo; como quería casarlo su padre con ella, a quien su afecto no era inclinado, afuera de que sospechas tenía de que el tirano me había dado la muerte; quedarme dejó a su lado, para que a su casamiento saliese con el embargo de haberme el honor debido: y así, pues, ya que informado de la constante fineza de lacinta (que es milagro de las finezas, tener de un muerto amante cuidado estoy; y presente está quien con deseo villano me ha muerto; bien es que prueb. para ejemplo de los falsos amigos, de aqueste acero el cas Aqueste brazo su reparo sea. - Quién sois, que le hacéis reparo? Con palabra, que me deis de suspender un rato os lo diré. . Me suspendo; decid. . Llega Papagayo al tope de la escalera conmigo. . Ya estoy en el caso; quieres mudar de vestido. Hayo suceso más raro! quien dijera, que era Clara Clarindo; y que así mi hermano se hubiese con él! Es sueño esto, Cielos soberanos! Clarindo vive, y no muero de contento! ea, animaos corazón, que si hasta aquí con el dolor inhumano de su concibida muerte podisteis, más alentaros habéis menester ahora, que más arriesga a un desmayo un gusto, que una tristeza. Esto es cierto, o estoy soñando! no puedo hablar de confuso. . Quién vio caso más extraño! Pasmados a todos veo, y no es mucho que pasmados estén con caso tan nuevo. Señores, hay más encantos, qué los que hay en esta casa? hay más confuso Palacio? en que más Metamorfosios los Dioses se transformaron? Una mujer se hizo hombre, y ahora (quien ha pensado tal cosa se ha hecho? Qué es? Que un hidalgo, que ahora de aquí se ha ido, en traje se esta mudando de mujer. Cómo es aqueso? Como él viene a declararlo. Plaza, plaza, que aquí viene vuelto Lisarda Lisardo. Cielos, mi hermana es aquesta Lisardo en mujer trocado! . Si es mujer, como parece, mis celos han sido vanos. No se admire quien conoce, que suelen efectos varios una afición, y una pena causar en un pecho humano, de lo que me ha sucedido siendo mujer, porque es claro, siendo más flaco este sejo, que siempre es más arrojado. De la imaginada muerte de Clarindo, que llegando de mi padre a las orojas, viéndose de un hijo falto, que por ser único, fue de su amor tan estimado, quitole el dolor la vida, y con dolor duplicado, viéndome sola, conmigo ha podido tanto el bravo enojo de esta desdicha, que no teniendo otro hermano, ni deudo, que solicite de esta ofensa el desagravio, buscando por todo el mundo de su homicida tirano noticias, porque ningunas de quien fuese se alcanzaron; enojada, y resoluta, mi hacienda, y casa dejando a un vecino, que en mi ausencia tuviese de esto cuidado; en traje de hombre partime sola, con este criado, para esta Corte, por ver si descubría algún rastro de mi intento, que en Lamego ya me habían informado, que un Don Albaro había sido su camarada, y pensando, que él me daría noticias del Traidor, para buscarlo, y darle la muerte, oí, de Don Albaro llegando a la puerta, en casa riña, y por su nombre nombrarlo; y hallando la puerta abierta me fui tras el nombre entrando, donde le hallé con un primo tifiendo; pude apartarlos, donde quedo de mis bríos Don Alvaro tan pagado, que su casa me ofreció, adonde estuve por Lisardo hasta aquí; y como amor, cuando menos se ha pensado, suele cautivar un pecho, conmigo ha podido tanto, que en Don Albaro topé el mismo Autor de mi agravio, pues se descubrió conmigo; y cuando para matarlo me impelia la pasión, la de amor no solo embargos me puso, mas aún por él este arrojo temerario hice de hacerme homicida; orque él su amor deseado con Jacinta, a quien quería lograra, porque era pacto de lacinta, el no admitir de Don Alvaro la mano, sin darle parte primero del Autor de aqueste caso, por confirmar de la muerte de Clarindo el desengaño, porque si por homicida se descubría Don Alvaro, del logro de sus intentos temía quedar privado, que a lacinta enojaría, viéndole Autor de sus daños. No fue mi intento, que al logro Don Alvaro del amado objeto de sus amores llegase, que amor avaro es de aquello, que se quiere, sin querer participarlo; y así solo para mí es, que a Don Alvaro guardo; lo hice solo por fineza, para más lisonjearlo, fingiéndome delincuente por quien solo es el culpado: Y cuando llegase a punto de quererle sus cuidados premiar lacinta, tenía intención yo de estorbarlo, diciendo, que otra mujer tenía en casa a su lado, que era yo, y ponerme entonces del traje en que ahora salgo, que para aquesta ocasión lo traía Papagayo. Y así hermano, pues que vives, y he por tu respecto obrado este exceso, y pues amor, por destino, o por acaso, en Don Álbaro me quiso de mi amoroso cuidado dar el dueño, cuando él quiera ferlo, le perdona. Esclavo suyo a sus pies me confieso, pidiendo humilde, y postrado perdón de la culpa mía, que envidias de amor causaron en amistad tan estrecha este arrojo. Leventaos, que si amor así lo quiere, quiero constante mostraros, que soy para vos amigo, y vos para mi cuñado. Cuñado en mí no tendréis, mas un verdadero hermano, pues Lisarda mi señora me hace tan feliz. Las manos os dad, pues. Con el deseo. Con igual afecto lo hago. Y a vos, lacinta querida, llegó el tiempo de págaros el amor, que os he debido, con el que os tengo, otorgando vuestro padre, y mi señor estos deseos. Mi agrado, y mi gusto apruebo. Aplaudo con el alma solamente ventura, pues no alcanzo con las voces mi contento. Tuyo soy, mi bien. Me alabo de ser tuya. n este gusto bien logrado, señor Don Albaro, hacedme una merced de barato, pues la suerte me impidió el haber en vos logrado el yerno, que deseé. Siempre soy vuestro criado, y en todo he de obedeceros. Pues salid de aquese cuarto, señor Alberto, salid señora Beatriz; tomado he por mi cuenta este empeño, y vos habéis de otorgarlo; este casamiento es mío. En día tan celebrado no ha de haber ningún disgusto; dense en buen hora las manos. La mía es esta, y la vida. Con esta, primo, te pago. Ahora, pues, de los primos pasemos a los criados; cual de aquestas dos mozuelas se aficiona a este Lacayo? Yo no, que con mi señor he de quedar siempre al lado. P. Pues yo sí, que siempre amiga he sido de Papagayos. Real respuesta, Real, de aquí Portugal te llamo; dame esa tu mano, y sea jaula de aquesta mi mano. Y aquí tiene fin dichoso el Muerto Disimulado. Tal caso no ha sucedido; pero como casos raros suceden, también supongo, que ha sucedido este caso.