Texto digital de La muerta por el honor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La muerta por el honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/muerta-por-el-honor-la.

LA MUERTA POR EL HONOR
JORNADA PRIMERA
4 Unque el aire te sepulte entre las sombras adustas, y en sus entrañas robustas la tierra misma te oculte; o he de conocer quien eres, o la vida he de quitarte. No harás poco en escaparte de mis iras. . Pues no quieres darte a conocer, severo te he de dar la muerte. Es mengua, que hable cobarde la lengua, cuando habla osado el acero. . Hombre a los ojos me tira tu brazo golpes desunctos? Esto es ponerte los puntos, a donde tienes la mira. Chispas las espadas duras echan de sí. . Qué recelas? Esto es encender las velas. porque no mueras a oscuras. O pese a la sombra fua, que así dilata el deseo! Eso quita el ser trofeo del rigor. . Jesús, María: Muerto soy. . Este Gigante, ya dio en tierra. . Confesión. Oigan, con que devoción, que la pide el Guardainfante. De todas partes al ruido gente parece que viene; el retirarme conviene, para no ser conocido. Aunque alas te preste el viento, te ha de seguir mi furor. Ven tras él. . Tras ti, mejor que tras él, iré contento. Dichosa sujeción, blanda coyunda, Pacifica prisión, yugo suave, Fácil cadena, indisoluble llave, Alagüeña opresión, unión fecunda, En quien el hombre su memoria funda, Y la tierra su ser, hasta que acabe: Lazo inviolable, pues en ti no cabe (Después de dado) voluntad segunda. Oh apacible Deidad! oh nudo eterno! Qué hechizo, que enbeleso, que victoria Goza, el que ligas con afecto tierno Al casto yugo de tu vanagloria; Pero si es a pesar, todo es infierno, lo que si sale a gusto, es todo gloria, Dígalo yo, pues constante hoy en tálamo dichoso, espero hacer dulce Esposo a Felisardo mi Amante. Ya la triñada armonía de esos acentos veloces, sesteja con dulces voces, la gloria de tu alegría. Aplauda con voz sonora el mismo Amor su trofeo; pues junta en casto Himeneo a Felisardo, y Aurora. Qué suave encanto, no homita vuestra voz el suave acento; y una, y otra vez, al viento repita, sí. . No repita esa voz mortal, y fuerte, triste, ansiosa, y dolorida: llore endechas de mi vida, cante exequias de mi muerte. Mi bien, señor Felisardo, qué voces tan descompuestas, o tan impropias, son estas, ajenas de las que aguardo? Cuando mis ansias amantes (culpando ya su tardanza para alentar su esperanza te aguardaban por instantes, porque mis justos enojos, hallasen de sus agravios tierna disculpa en tus labios, fino descargo en tus ojos? Vienes, señor, de esa suerte, perdido el color, y aliento, siendo un rayo cada acento, si cada voz una muerte? Qué tienes? qué traes? qué miras? quién tanta quietud altera? Tú, falsa, enemiga, fiera, eres causa de mis iras. Yo, mi bien? . Tu aleve trato Qué alhajas las dos por Dios, y qué lindas, que las dos estabáis para un Retrato. Qué es esto? Al Dios! Homicida, soberbia, vil, cautelosa, a esa apariencia engañosa, a esa falsedad fingida, con que cubres, con que doras el acivar de ese engaño, daré ahora el desengaño. ya que finges que lo ignoras. Dime, alevosa Sirena, Cocodrilo fementido, quién es un hombre atrevido? Pero engañose mi pena, si atrevido le llamé; porque él osado no fuera, si licencia no tuviera para el lance en que le hallé, Quién es el nuevo desvelo de tus ojos? Di, qué amante quien esta noche arrogante Ícaro, escalar tu Cielo? Y lo hubiera conseguido, si entonces yo no llegara, y del Cielo le arrojara colérico, y ofendido. Si más claro el caso avaro no dices, yo no lo entiendo. Dice bien, y así pretendo entornárselo más claro: Porque de una vez alcance tu Aurora, y mi Serafín que sé yo su mal latín volvérselo a un buen tomance. Díme tu, Correo de a pie de la Estafeta de Amor, que a las de tu oficio, honor este nombre da, quien fue aquel venereo Campeón, a quien tu codicia osada, mal segura, y bien pagada, franqueó por un halcón la entrada, por una escala, que a sus hierros ató? Pues, y a quien dijistes después (haciendo del caso gala) sube, señor, que ya es hora, pues la escala está segura, sube verás la hermosura de tu idolatrada Aurora. No fue así? Qué te espantas? Jesús, y qué testimonio. hombre, te tienta el Demonio, que ese enredo me levantas? Bien dije yo, y no fue en vano, que tu pagada osadía, a pies juntos negaría el caso. . Calla, Villano, o vive Dios, que atrevida, en castigo de tal mengua, cortándote antes la lengua, te quite después la vida; Felisardo, si pretendes darme muerte rigoroso, no te valgas cauteloso de injustos medios, que ofendes con tan tirano recelo, y sospecha tan injusta, no solo tu fama augusta, sino al mundo, a mí, y al Cielo. Yo tan loca había de ser, tan resuelta, y temeraría, tan atrevida, y tan varia. y en fin, tan fácil mujer, que en ocasión en que están mis bodas ya tan cercanas, habían de dar mis ventanas libre entrada a otro Galán? Advierta tu demasía, que hay en casa mil criadas, y pudieron (mal miradas) cometer tal osadía. Es así, desemvultura fue de criada, el decir (al tiempo de ir a subir llega a gozar la hermosura de Aurota: sí, no se ignora, que está fue libre licencia; pues ya tengo la experiencia, que hay en tu casa otra Aurora. Y así, por si otra vez yo (si vuelvo a rondar tu calle) otro empeño en ella no halle, en que empeñe el valor, no dejes (ai Aurora impía!) de reñir en tus criadas, que licencias tan osadas no se tomen otro día; porque en tan duro penar, y en tan fuerte discurrir, ni tu tengas que sentir, ni yo tenga que llorar. . Oye, aguarda: ansia tirana! Mira quién llama: estoy muerta! Querrá entrarse por la puerta, quien no entró por la ventana. El Príncipe solicita hablarte, Señara. Quién dices? Altriste! También el Príncipe te visita? Flora, di que entre su Alteza, pues no le puedo negar la entrada. . Yo, a mi pesar, me retiraré a esta Pieza. Retirarte está de más cuando el Príncipe no ignora, que eres mi Esposo. . Señora, que pensar en eso ar más, que se piensa, y cuando sea eso cierto, es caso justo, que antes de serlo (qué susto!) aquí a estas horas me vea? Entra, Granizo, conmigo. Salir quisiera mejor. Oh cómo temo, qué horror! o mi muerte, o mi castigo. Perdone esta demasía tu hermosura, Aurora bella, puesto que es la causa ella, de que venga el ansia mía a repetir a estas horas, (entre congojas tan graves) los cuidados que ya sabes, los desvelos que no ignoras. A buscar (en tu piedad) vienen mis fatigas medio, que es justo, que dé el remedio quien causa la enfermedad. Herido de muerte estoy, y la esperanza perdida de restaurar ya la vida; ciego a la fortuna doy mi esperanza, por si alcanza en los riesgos que atropella, dejando llevarse de ella de vida alguna esperanza. Esto es (oh dueño adorado!) si afectos tan finos pagas, pues está en tu mano, que hagas dichoso ya a un desdichado. Solo me faltaba esto para apurar mi paciencia. Y a mí, pues otra pendencia ordena el Diablo muy presto. Tu Alteza, señor, se siente un espacio corto en tanto, que da treguas el quebranto, a prevenirme prudente justa una queja. . Repare tu enojo, Aurora (ain de mí! que te adoro. . Quién aquí os oyere, y escuchare ese amante rendimiento, sin tener de mi experiencia, pensará que a esa licencia dio causa mi atrevimiento, Si los cuidados no ignoro, sino dudo los desvelos, que os cuesto, señor (ha Cielos!) tampoco vuestro decoro dudoso está, ni ignorante, de que la entereza mía, al mar de vuestra porfía, fue siempre roca constante: porque no admitiera excusa de mi pundonor la parte, si alaín, no fuera Anajarte, ni a vuestro llanto Aretusa. Yo, Príncipe generoso, (como sabéis) a mi gusto tengo Esposo: ved si es justo el que yo ofenda a mi Esposo? Pues tanto adoro su aliento, y el alma le ama, que entiende, que oyéndome está, y se ofende solo de oír vuestro intento. Esto sentado, y sentado, de que Lisarda, mi hermana, y prima vuestra, mañana será (según lo tratado por vuestro Padre) dichosa Esposa vuestra no es bien pretenda otra dama, quien tiene ya elegido Esposa; pues su gala, y discreción (sin que la pasión me lleve) de justicia se le debe la mayor adoración. Yo confieso, Aurora hermosa; que Lisarda, desde el día, que a Nápoles, desde Ungría vino, para ser mi Esposa; que su divina hermosura idolatré con exceso; que es perfecta te confieso, y peregrina su hechura. Pero a vista de esa bella clara Antorcha luminante, el Lucero más brillante apenas parece Estrella. Lució imagan de alabastro de Lisarda el arrebol; mas salió después tu Sol, y quédose solo en Astro. Su beldad, porque concluya, por única tuve, pues, mas vi la tuya después, y olvidóseme la suya. Así tan rendido amor, tan presto olvida el cariño? Como a Amor lo pintan niño, siempre se va a lo mejor. Con esa misma razón (si Amor razón admitiera de ese amor por falsa diera esa constante opinión. Cómo, di? . Cómo sería posible, que vuestra Alteza, viendo luego otra belleza, se olvidase de la mía. Pero una cuestión tan vana ataje aquí un medio honroso; y es que yo soy de mi Esposo, y vos, Señor de mi hermana. No seré, como tú quieras. Si será, pues yo no quiero. Pues vive Dios, Áspid fiero, que pues mis ansias severas no te mueven, y atrevida le dieres antes la mano a Felisardo villano, que dar remedio a mi vida, que has de ver todo el placer del tálamo a que hoy aspiras, correr en golfos de iras, arroyos de rosicler. En qué le has dado pesar, y al Príncipe has agraviado, que siendo tú su vocado, ya no te puede tragar? Temple incendio tan aleve, que a extremo tal me provoca, tu mano, ponla en mi voca, templará mi ardor su nieve. Suelta, Príncipe tirano la mano. . Viven los Cielos. Tente, señor. . De mis celos tengo horror. . Suelta la mano. No puedo. . Tente, señor, no arrastres, ni eches bambolla, que hemos de perder la polla, si triunfas de matador. El Rey con Lisarda hablando, señora, a tu cuarto viene. . Retirarme aquí conviene. Aguarda, espera, aín de mí! hay lance más importuno! De nada, ingrata, te asombres. Mas quién está aquí? Dos hombres. Se engaña que no es más de uno. Pues quién eres tú? . Yo soy (si el oírlo no le asombra, de aqueste cuerpo la sombra. Ciego de cólera estoy: mas yo dejaré vengada mi furia, dando a los dos la muerte. . Pues vive Dios, que lo estorbará mi espada. Oh, qué desgracia! no hay quien embarace una desdicha? La puerta encontré, que es dicha: Sígueme, Granizo, ven tras mí. Hola, qué es esto? quien bárbaramente osado, así profana el sagrado del mismo Sol? Hola, Arnesto, Fabio, Ludóvico, Alberto, llegad luces. . Que sea yo tan desgraciado, que no encuentre puerta, ni puerto! Ya están aquí, Gran señor, las luces como lo ordenas. Quién da ocasión a estas penas? quien grosero, quien traidor, (bella Aurora) este sagrado profana, loco, y sañudo? Vos, Príncipe, aquí desnudo el acero, y enojado? Qué tenéis? Mas nadie habla? Todos calláis? Tú, Villano, con la espada así en la mano? Qué exceso es este? . Ya entabla el diablo aquí mi fatiga. Torpe estor . Mortal me siento Haced, pues, que en un tormento, ese hombre la causa diga. Vean tus sentencias duras, menos cuerdas que resueltas, que no es bien que ande a vueltas tan cuerdas con mis locuras. El Rey me tiene por otro, Flora, vuelve tu por mí. Vegua soy, hablo por ti, porque me has olido a potro. Señor, este hombre no ha dado ocasión a lo que pasa, porque es criado de casa, y al ruido habrá llegado. Por que, Aurora, estás tan muda, que al Rey la ocasión no dices de lances tan inferices, y nos sacas de esta duda? Alegre, ufana, y gustosa, oyendo, señor, estaba del modo que celebraba Amor, mi suerte dichosa; pues con métrica armonía, y con trinados acentos, a mis felices contentos mil parabienes rendía. En esto estaba, señor, divertida, cuando atiendo venir del Príncipe huyendo, lleno de asombro, y temor, ese criado afligido, diciendo. Ampara mi vida, señora, de un homicida, a quien en nada he ofendido, y quitármela pretende. Fiadosa al Príncipe obligo, que suspenda su castigo: mas viendo, que más se ofende voces di: no hay, repitiendo, quien una desdicha impida? tan a tiempo, que sentida de ti mi voz, acudiendo al ruido tu Majestad, pudo tu sacro respeto ser el Iris más perfecto de tan fuerte tempestad. Esto es lo que sé, Señor: si el Príncipe imadvertido. conmigo anduvo atrevido, corrígelo con amor; y pues él la causa sabe, que a tal exceso le obliga, mandadle vos que os lo diga, que yo con pesar tan grave, y tan necio frenesa, estoy de sentido ajena. Perdonadme, que la pena me tiene fuera de mí. . Lleva tú el cuento adelante, si es que la soga te aprieta. . Que este demonio me meta en embuste semejante! . En qué al Príncipe ha ofendido villano tu atrevimiento, para ser tan desatento? Aquí fue Troya; mas yo, ya que el diablo así lo ha urdido con otro enredo; si puedo, . he de tramar este enredo, porque quede bien tejido. No hablas, villano? . Señor el Príncipe, que Dios guarde, quiso conmigo esta tarde entretenerse a la flor; divertido le he tenido con mis gracias, sin desgracias, que su Alteza con mis gracias tal cual rato ha divertido. De este juego se enfadó, viendo que en él no ganaba; con que al ver que se ensadaba, mis flores retiré yo. Pasamos al juego luego de las Damas, mas mi ciencia, teniendo más experiencia, que el Príncipe en este juego, a pesar de su jactancia, no le di nunca lugar de que pudiese lograr su deseo la ganancia. Viéndose en lid tan penosa, y que industria ni porfía la victoria conseguía, se valió de la forzosa. Yo que entendí su destreza, y que con hambrienta llama iba a comerme la Dama, le jugué no sé que pieza, que el deseo le fustró. Enojose altivo, y fuerte, de ver perdida la suerte, severo me amenazó; yo al instante escapé huyendo, y sin reparar en nada, sacando aitado la espada, me vino hasta aquí siguiendo: y el riesgo considerando, aqueste auxilio aclamé, y de los pies me amparé de Aurora, mi dueño, y dando a esa luz un soplo, y otra a esta hoja de la legua, pudo dan alguna tregua a que llegases tú aquí; pues ya el respeto perdido de Aurora, sin duda alguna; que su venganza importuna la hubiera ya conseguido. Todo pasó en este instante, señor, lo que oyendo estás, y por no enojarte más, me quitaré de delante. . En buen paraje, Áspid fiero, . dejas mi valor, y fama, pues de ocioso uno me infama, y otro de necio, y grosero. No sé, qué medio esta vez halle, que a mi enojo cuadre, que os corrija como padre y os castigue como Juez: mas con impiedad propicia, y con benigno rigor, piedad a un tiempo, y furor, mediará amor, y justicia. Un Príncipe generoso, a quien en la humana lidia aplaude la misma invidia, y teme el más poderoso, ha de estar entretenido con las gracias de sin juglar, dando con esto lugar de pasarse a lo atrevido? Esto no admite disculpa: si anduvo con vos infiel, quejaos de vos, y no de él, pues que vos tenéis la culpa. Como violar, vive Dios, el sacro Alcázar de Aurora, cuya osadía desdora a ella, al mundo, a mí, y a vos? Pues cuando no os compitiera en la sangre, en lustre, en ser, le bastaba el ser mujer, y al que de ella se valiera, para que vos más prudente, venciendo vuestra pasión, os aplaudiese la acción de cuerdo, atento, y valiente. Esos bríos varoniles de más heroicos triunfaran, si en los hechos se emplearan de Gerjes, Hector, y Áquiles. Esto, piadoso, y severo, como padre, y Juez os digo, siendo perdón, y castigo, aviso, y enojo. Pero si la ociosidad a vos si las alas, que os he dado, para ser necio, y osado os dan causa, vive Dios, que sabrá mi ardiente celo cortar con venganzas sumnas, a vuestras alas las plumas. y a vuestros bríos el vuelo: Oye, Señor, mira, espera: Vive Dios, qué una enemiga a hacer extremos me obliga? Pues su engaño, o su quimera (mejor diré su desprecio) aquí lugar haya dado, a que el Rey me haya tratado de ocioso, cobarde, y necio. Mas mi engañada esperanza sabrá con un modo sabio, despicarme de este agravio, y tomar de esta venganza. Así se va vuestra Alteza tan furioso, e indignado, que no os merece un cuidado, mi cuidado, y mi terneza? Perdona, Litarda hermosa, que ciego de mis enojos, no vi la luz de tus ojos, siendo de ellos Mariposa. Solo me faltaba ahora . contemplada en tanta calma a Lisarda, cuando el alma arde en los ojos de Aurora. Siempre, Lisarda, tus flechas hirieron mi corazón; y así olvide tu pasión esas injustas suspechas que aunque habrás visto estos días en mis afectos tibieza, no es la causa otra belleza, tristes, si melancolías: mejor diré, que un rigor. . Y ahora perdone tu queja, si mi afecto así te deja, que esta furia, este dolor, esta ansial, este frenesí, a un delirio me condena: Perdona, pues que la pena me tiene fuera de mí. Ah traidor! como no ignora el alma ese desvarío, y que ese helado desvío nace de adorar a Aurora. Mas no dudan mis desvelos, que su constante desdén ha de ser, ingrato, quien de ti me vengue, y mis celos. Llorad, tristes ojos míos, y tan incesante sea, que el amargo humor, que el pecho en el corazón encierra, a impulsos de vuestro llanto se cónsuma, y desvanezca. Y cuando llegue a faltaros la pura ardiente materia del vital aliento mío, que me anima, y me sustenta, a pedazos desatada en tiernas líquidas perlas, materia de ella forméis; porque cebados en ellas, no cese de vuestro llanto la blanda corriente tierna, hasta que rendida ya la humana débil miseria, conforme os vaya faltando, se vaya apurando de ella. Mas si quitarme la vida, no podéis de esa manera, acaudalad en el pecho la abrasada copia inmensa de cristales que arrojáis, y cerrándole las puertas, por donde tan libremente preso el corazón las suelta, precipitadlo en sus hundas, porque naufragando en ellas, perdida ya la esperanza de volver a vivir, sea cada lágrima un dogal, y un tosigo cada perla. Es posible, gran señora, que entregada a tus tristezas has de esar la noche, y día humedeciendo la tierra? Suspende por Dios el llanto, porque al paso que más riegas las dos flores de tus ojos, mas que florecen, se secan. Si de amor sientes morirte; por qué en suspiros y quejas tu dolor no desahogas, y das a tus ansias treguas? Aquel nevado animal, cuya natural limpieza, robar con ímpura mano astuto Pirara intenta; por no manchar su blancura, ni adulterar su pureza, a los traidores deseos la vida infeliz entrega. Yo así triste de esta suerte, por no infamar mi entereza, por no ajar mi pundonor, ni despreciar mi grandeza a manos de mi silencio dando al sentimiento rienda, iré rindiendo el aliento; porque en afición tan ciega, donde el decoro peligra, donde la opinión se arriesga, si un átamo se desliza de su soberana alteza, al más leve soplo, viene todo su edificio a tierra. Y así, si en silencio, y voz, fama, y desdoro pelean, calle el labio, triunfe el brío, viva el honor, y amor muera. Casese, pues, Felisardo: goce, pues, de Aurora bella la celestial perfección, entre sus dulces cadenas, que yo afligida, y llorosa, mientras ellos se festejan, a imitación de aquella Ave, que en la música que alterna, si aplaude alegre su vida, si muere infeliz endecha, cantaré con triste llanto al compás de tristes quejas, los aplausos a sus glorias, y a mis ansias las exequias. Rosaura? . Invicto Señor? En qué la estación amena de estas dilatadas tardes, con que el Mayo señorea la Primavera florida, entretienes tus tristezas? Aquí contemplando estaba en esta apacible esfera, hermoso Pensil de Flora, bello imperio de Amaltea, del modo que rozagante el florido vulgo inquieta, con blandos soplos del Noto de su República bell; pues moviéndose al impulso del Ábrego, que las peina, bullicioso catre hondeado, mullida cuna traviesa le ofrecen todas las flores; porque su apacible Reina, artullándose en las unas, en las otras se suspenda, Oh, cuán al contrario, infanta, en el Príncipe se muestra esa honesta diversión, y esa entendida advertencia: Pues al paso que tú en todo el gusto me lisoujeas, él solo en darme pesares ejercita su obediencia. Quejoso está el Vulgo de él, desgracia es fuerte, y severa, cuando a una voz todo el Pueblo de su Príncipe se queja. Cuantos memoriales abro, no hay ninguno que no sea un Áspid bañado en tinta, cada tengión una flecha, cada acento un basilisco, y un besuvio cada letra. Quejas son todas, Rosaura, cuantas ven, cuantas encu entran contra el Príncipe mis ojos: y las que más me atraviesan el corazón, son (a Cielos! (quien aquí callar pudiera, por no avementar el dolor) las que la bella Lisarda me repite a cada paso; que aunque las calla discreta, con los lenguas de sus ojos más claras las manifiesta. En qué fundará tu hermano no casarse ya con ella? Por qué dilata sus bodas? cuando con ansiosas verás me pidió para este efecto, que de Ungria la trajera? No vio su Retrato antes? Y rendido a su belleza, no se hicieron a su gusto los conciertos? Pues qué idea es la suya? Qué ocasión allá en su interior reserva, para convertir ahora toda aquella ansia en tibieza? Aurora, y Lisarda son dulces adoradas prendas de Vencislan mi hermano, Rey de Ungria, cuya huella, en Imperio más glorioso, pisa ya tronos de Estrellas. Dejome el encargo a mí, de que a mi gusto les diera estado, en que fuese a más, si cupiese, su grandeza. Lisarda al Príncipe doy por mayor, y a Aurora bella a Felisardo. . Al de mí! . Qué tienes, hija, qué altera tu semblante, que el color perdido, si descompuestas las acciones, de un desmayo dan tristes pálidas señas? Qué tienes, Rosaura? . Efectos son, gran señor, de mis penas, que por instantes me abrasan, si por momentos me hielan. Mas ya aliento, aunque es en vano. Pues decirte más quisiera, mas tu accidente lo ataja, solo el prevenirte es fuerza, que esto al Príncipe le digas, porque no dude; y advierta, que no me dé más enojos, que si en un todo la emienda no procura, y que mañana al mismo tiempo que sean las bodas de Felisardo. Aprieta otra vez la cuerda. . No da la mano a Lisarda: vive ese ardiente Planeta, rojo luminar del día, cuya Garzota Febea, la hermosa deidad de Tetis con soplos de nieve peina. cuando al rendirse en sus brazos. toda su luz se embelesa, que ha de ver en mis rigores un ejemplar su soberbia. Esto le dirás, Infanta, sagaz, advertida, y cuerda, porque a decírselo yo, según la pasión me ciega al reconocer en él la más leve inconveniencia, es muy posible, que aitado, sin que el amor me contenga, me precipite la ira, y me arrastre la impaciencia. . otra vez a el llanto vuelves? No has visto tal vez deshecha en fugitivos diamantes fuentecilla lisonjera, cuyos deshilados copos sierpes dibujan de perlas, que atajando su corriente vejetativa cadena, por romperla; por burlarla, va recogiendo en sí misma mayor copia de raudales, y al sentirse con más fuerza, burlando la oposición, vuelve a correr con más priesa? Pues así mi corazón. deshecho en lágrimas tiernas, fuente formó de los ojos, y en vagas rápidas sendas a pedazos se salía; atajó la real presencia su corriente, y todo el tiempo, que en sí la tuvo suspensa, fue juntando mayor golpe de cristales? pero apenas, que se vio con más poder, cuando rompiendo las puertas del respeto, a impulsos digo de las llamas, que despiertan las bodas de Felifardo, por más que el decoro intenta reptimir tanta corriente, burlando la resistencia, sin poderse contener vuelve a correr con más fuerza. Advierte, que Felisardo, cruzando esas verdes yedras, hablando con su Escudero hacia este sitio se acercan, si la vista no me engaña. Oh quién hablarle pudiera, sin que le pudiera hablar! Pues hagamos la desecha, como que aquí divertidas estamos, mientras él llega. (. No me hables de Aurora más. Por Dios, que es hueria advertencia después que del riesgo escapas, y a mí en el riesgo me dejas, y que ella me meta en otro; con esos once de oveja ahora salgas. . Fue desgracia, que no encontrases la puerta, cuando yo te lo previne. Siempre un mentecato encuentra, sin tener cabeza nunca, quien le rompa la cabeza. Mas con la Infanta hemos dado. Fuerza es hablarla. No es fuerza, cuando ya la voluntad del más Cartujo se lleya. Siguiendo vienen mis ansias la causa que las somenta, por ver si de mí se duele. Pues nu muevas más la huella, porque allí está con la Infanta. pues escuchemos atentas. Jamás han visto mis ojos, hermosa Infanta esta esfera tan librida como ahora, ni tan alegre, y amena; pues parece que a porfía andan las flores opuestas, sobre la que más bizarra en esta ocasión se muestra: de suerte que todo el vulgo de plantas, y flores bellas, lo que estás de plata visten, cuelgan de esmeralda aquellas. Con que suspendido al ver grandeza tan rara, y nueva. pregunté: Floras hermosas, qué novedad es aquesta? Quien del orden natural así os saca! Y la respuesta que me dieron, fue decirme las más avisadas: Necia es esa pregunta, cuando la soberana belleza de Rosaura, con sus ojos nos mira, alumbra, y alienta. Tenéis razón. . Bien está: El que tn papel de Comedia tiene que representar, a la memoria lo entrega, y una, y otra vez lo ensaya, para que el verso no pierda. De esta suerte, Felisardo, vuestro amor tiene en la idea un papel que hacer mañana en una amante Comedia, que a la hermosura de Aurora Himeneo representa; y vos como el Galán sois, por no errar alguna letra, conmigo hacéis el ensayo, vendiéndome la fineza, puesto que a mí me feriáis, lo que compráis para ella. De mayor realce es digna la hermosura vuestra. Flora, yo muero de celos. Señora, presta paciencia. En fin, qué mañana, aln triste! son, Felisardo, qué pena! vuestras bodas? . Así el Rey lo ha dispuesto. . Pues quisiera una fineza pediros. Alhrloralún temor me inquieta: Qué querrá pedirles ha Cielos! Oye, y calla. . Qué fineza, por imposible que suere, podrá pedirme tu Alteza, que antes de ser pronunciada, ejecutada no sea? Apremio, y ejecución a un mismo tiempo hacen fuerza. Ved, que el empeño es difícil. Por más difícil que sea, palabra os doy de serviros. Pues haced que se suspendan vuestras bodas, hasta tanto, que se os conceda licencia. Dama hermosa es quien lo pide, yo quien me empeño por ella; la respuesta no la aguardo, puesto que se considera; que en fe de vuestra palabra. ya le le llevo la respuesta. . 2. Pescadorcilla de fama, por Dios que es la Infanta, y diestra, pues sin anzuelo ni caña, al cebo de una cautela, te ha pescado una palabra, que para faltar a ella, o te has de subir al Cielo, o has de faltar de la tierra. No faltará una disculpa, con que dejar satisfecha la dilación con el Rey, hasta lograr la evidencia de una traición tan villana, que me aflige, y me atormenta: Mas quién será esta mujer? A esa pregunta tan necia, a no haberse ido la Infanta, pudiera dar la respuesta. Mas si no mienten mis flores la Dama será. . . Ella misma será por desdicha mía, y por dicha suya. . Cierta de este Oráculo la voz te respondió verdadera. Mujer espanto, o enigma, mas traidora que Medea, con la voz de Cocodrilo, siendo el llanto de Sirena: que me sigues? qué me quieres? Qué te espanta? qué te altera? Nada quiero, nada digo, mas que oír, como festejan la hermosura de Rosaura, contra la naturaleza, vueltas Estrellas de flores, plata, y oto las arenas? y saber que hay en Palacio Dama de tan altas prendas; que empeñe a la misma Infanta, que tus bodas se suspendan; hasta tanto que te den licencia suya, que mientras. no faltará una disculpa, qu con el Rey, hasta que logres de una traición manifiesta el desengaño; que tú bizarro se lo concedas de esta manera. . Por Dios, que lo oyó sin perder letra. Desengaño puede haber. cuando para más cautela, traición a traición añades? Pues no basta la vileza, del que Ícaro de tu Cielo, escalando iba la esfera de tu Sol, si no que altivo el Príncipe te festeja, y que tú de mí lo encubras? Luego es clara consecuencia, pues de mí lo recatabas, que tu ledabas licencia. Lo que pasó con él mismo esa nocue, si te acuerdas, puede desmentir, mejor que yo, tan injusta prueba? Además, que a nadie puedo quitar, que me adore, y quiera, como yo no dé el motivo. Repara que allí se acerca el Príncipe, y viene hablando con Celia. . Bien: pues con Celia su Alteza, qué puede hablar? Pero estas murtas espesas nos encubran mientras pasa. Pues a los dos nos defienda la cenefa de estos sances, mientras que de aquí se ausenta. Ello no puede faltar alcoba, cortina, o pieza, que esconda Galán, o Dama: mas como no tuvo el Poeta a mano aquí la cortina, se valió de la cenesa. Estás de todo advertida? De todo advertida estoy. Toma esta cadena. . Soy tu esclava ya de por vida. Cadena la dio, gran cosa, por Dios que me hace del ojo, y quisiera por antojo hacerla por yerro esposa. No me dirás, pues, señor, quien aquellos hombres fuero, que atrevidos te envistieron, cuando a triunfar de tu amor iba a subir tu desvelo por la escala, que me dio tu prevención, y que yo até al balcón? . Justo Cielo, duélete de mi innocencia. Dichas, qué oigo? Calla un poco. Difícil será, pues toco desengaño, y experiencia de la fe de Aurora hermosa. Jamás lo pude alcanzar; que a saberlo, a su pesar les diera muerte furiosa. Pues si mis rubios cabellos, a poder de sangre hablarán, ellos más bien alcanzaran, lo que no alcanzarán ellos a valerse de los pies. Qué el señor Manzano era el que con voz lastimera pidió confesión? Quién, pues, en tan urgente ocasión hombre de hecho se hiciera, y en la ocasión se valicia, de lo que dio la ocasión. Celia, cuidado con todo. Advertirte quiero ahora, de que Lisarda, ni Aurora, jamás, señor, de algún modo licencia tan atrevida alcancen, que es lance fuerte, que tendré cierta la muerte, o muy dudosa la vida. Perdonen, pues, los decoros . de mi Ama, y Aurora, pues si entrar dejo a esta hombre, es porque siempre la entra de oros. . Qué encargas con tal pasión a Celia, no lo dirás! Ya, Manzano, lo sabrás, en llegando la ocasión. Vamos, pues la noche fría, ausente ya el Rubricano, de su imperio soberano, posesión tuma hasta el día: la sombra desea ahora mi corazón girasol, por ver si amanece el Sol en los brazos del Aurora. . No me hables de Felisardo, Flora, en tu vida jamás. Que no hables tú con él más, es, señora, lo que aguardo. Qué hinchadas las dos están: parecen, sí, sus carrillos dos ratones con soplillos, a poder de soliman. Aurora, mi bien, mi asilo. Hombre, asombro, enigma, espanto, que traes de Sirena el canto, si la voz de Cocodrilo, qué me quieres? qué me sigues? Que de mi desconfianza, en vez de tomar venganza, mas que te ofendas, te obligues; pues en fin debes mirar, que no agravia el que no ofende, y más el que ya pretende feliz, y ufano (a pesar del poder, ira, y ofensa del amenazado exceso, ser tu esposo. . Aún hay en eso mas qué pensar, que se piensa. Con aire te descalabra con tus palabras. No es bien falte un Caballero, a quien tiene dada su palabra, de que no se casará hasta que le den licencia, y faltar a esta obediencia desdoro grave será: que al Rey para asegurarle la dilación de mis bodas, no faltará como a todas, una discuspa que darle. Y así, en tanto que se ordena, o lo pensamos los dos; Felisardo, guardeos Dios, que a morir voy de mi pena . Oye, espera, ain dulce encanto! siguen mi llanto, y mi ruego tus ojos, por si en su fuego se aplaca mi tierno llanto. Adiós hombre. Adiós mujer. No me hable en su vida más. También tu enojada vas? Esto es lo que debo hacer; pues de fiel, por hacer gala, con infame conjetura a su amo le asegura, que yo até al balcón la escala. Pero en maldad tan esquiva, que sabe su Amo ya sé, quien la ató, y la dio, y quien sue quien por ella a subir iba. . Este es el cuarto de Aurora, y ella al sueño reclinada en aquella silla yace sola, en silencio la casa, amor te lleve a su gloria cuando de este mundo partas. . Mejor del cuarto Planeta dirás, que es el bello Alcázar, pues en él asiste, ain Cielos! a Deidad más soberana, que aplaude en rasgos la pluma, celebra en ecos la fama, y el pincel bosqueja en líneas: dormida está, amor me valga! pues más hermosa se ofrece, con estar más desmayada. Oh dichoso Dios! dichoso tú, que sin desvelo alcanzas del Cielo la flor más bella, del suelo la luz más clara. Qué haré, soberanos Cielos? besaré su mano blanca? Sí, que la ocasión convida: No, que el respeto lo embarga: Sí, que mi amor lo desea. O, qué bien dijo el que canta, que una hermosura dormida, mil atrevimientos causa. El Príncipe es, vive Dios, no fue mi sospecha vana, pues solo él pudiera osado arrojarse a la ventana, y entrar tan resuelto; pero logré por la misma escala, qué él subió, subir también: y aunque arriesgue vida, y alma le he de dar muerte. Fortuna ya tienes su suerte echada. Como el dado no te toque, mas que azar la suerte salga. Déjame Tirano asombro; tente, sangriento Pirata, no el alevoso apetito, sediento Neblí sin alma, cebes en el casto pecho de la más incauta Garza. Aparta, quita enemigo. Válgame el Cielo! soñaba, que de la intrépida furia de un fiero Neblí asustada, era mi aliento despojó, entre las voraces garras de su apetito, Mas Cielos, . qué miran mis ojos! Laura, Flora, Julia. . No des voces divina Aurora repara, que haces público tu afrenta, si así nos ven tus criadas. Pues en tu cuarto a estas horas, las puertas todas cerradas, projimo a tu lecho, mira si tanto indicio sin causa. podrán desmentir tus voces: pues es evidencia clara, que si hablas, tu afrenta dices; si callas, tu ofensa tapas. Y pues de una suerte, o de otra tu honor ya corre borrasca, anéguese en el silencio: advierte, mira, y repara. que que hay muy orande diferencia desde el que sirve al que manda, como de un Cetro a un Bastón. Ea, no permitas, que haga una osadía, lo que un rendimiento no alcanza. Quién vio lance más cruel! En esta Galera humana, si no me engañan mis flores, hemos de ver amatrada al banco de una violencia, una Galeota forzada. No sé, Señor, de qué suerte tuviera mi honor a raya esta flecha desasida, esta piedra desplomada, esta bala despedida, y esta furia desatada; pero es imposible cosa, una vez precipitadas cualquiera de estas especies, detenerlas, ni pararlas. De esta suerte, en vuestra Alteza será diligencia vana, querer reprimir su arrojo; porque si el poder le arrastra, el amor le precipita, mi resistencia le agravia, su apetito le despeña, y ciego en nada repara, amenazando a mi honor, como efectos de tal causa, harán estos más estrago, que pudieran disparadas hacerlos en mi innocencia flecha, furia, piedra, y bala. Esto supuesto, y supuesto, que mi honor en penas tantas, como el cristalino espejo que al menor vapor se empaña, está corriendo tormenta, y que no puedo estorbarla, ni permitir que se pierda la joya más estimada, ni embarazar esta afrenta, ni consentir esta mancha; pues de otra suerte no puedo, si no es con sangre lavarla. Estoy, Príncipe Tirano, resuelta, y determinada a perder antes la vida, que ofensa a mi Esposo haga: Pues a trocarse la suerte, el Regio Bastón que manda, a la tosca hazada, creo, según mi amor le idolatra, me pareciera en su mano un Cetro de oro la hazada. Oh blasón de las mujeras! Por Dios que las dos Romanas, si en lance de tanto empeño, hoy otra vez se miraran, que fueran niñas de teta, con Ungara tan bizarra. Pues vive Dios, ya que el ruego tanta dulzura no ablanda, que he de pasarme a la fuerza. (. Pues yo así sabré estorbarla. Déjame salir, Villano. Detente un instante, aguarda. Qué haces mujer? Con tu acero quitarme la vida osada; porque se vea en el mundo, que si hay Príncipes que agravian, hay mujer tan valerosa, que supo fuerte, y bizarra, en defensa de su honor, morir constante, y honrada. Jesús mil veces. 2. Detente, mira, espera. . Santas Pascuas. por Dios, que con lindo aire se pegó la bofetada. Extraña, y bárbara acción. Más bárbara, y más extraña ha sido, Príncipe injusto, tu violencia temeraria. Aguarda, Tiranó Dueño, no de esa suerte te vayas: vuelve, vuelve, y este áspid, que le ha servido de Parca a este constante prodigio. del tierno pecho le saca, y su veneno en el mío, instigado de tu sana, has que el corazón del centro deshecho en corales salga. Mira, espera. . Felisardo, tienes razón; mas repara, que si la razón te sobra, a mí tampoco me falta. . Bien despachado te deja, muy buen desenfado gasta el tal Príncipe Tarquino. Si la obediencia jurada, vive Dios, Príncipe aleve, el golpe no me embargara, que yo vengara su muerte: Mas alhaflor, hyerta, y helada! al deshojado jazmín! ain joventud mal lograda! al desgraciada hermusura! jamás, con más justa causa, más bella me has parecido; más es consecuencia clara, que a no ser tú tan hermosa, no fueras tan desgraciada. Al infelice de mí repitan con tiernas ansias mis tristes suspiros, como cada lágrima que exhala el corazón por los ojos, al pasar la estrecha estancia, no se vuelve dogal duro, y anudando la garganta al organizado fauce, la respiración no ataja, Pero tu muerta, y yo vivo? tú con vida, y yo sin alma? no puede ser. esto es sueño, lo imaginación se engaña, que yo vivir no pudiera, si el aliento te faltara. Mas allá de mí! que bien debo creer desgracia tan infausta; no tanto por verla, como por ser mía, y ser desgracia. Pero este aleve puñal, que en defensa de tu fama, a ti al pecho te penetra, y a mí el corazón me pasa, lo sacaré, y en recuerdo de tan heroica constancia, lo gravaré en mi memoria, siendo el rubí en que se baña de tu hermosura infelice, pálida imagen de nácar. haciendo pleito homenaje, puesta una mano en la Espada, otra en las tuyas, te juro por estas Antorchas claras, que a impulso del Dios Febeo, son lucientes salamandras, de no amar otra mujer; porque publique, la Fama, que hasta después de la muerte, te supo adorar el alma. . Por Dios, que todos se han ido dejándome a mí la carga; pero llamaré a Florilla, porque me ayude a llevarla: Mas hemos quedado buenos, pues en la primer Jornada, sin Dama nos deja el Poeta; con que en las dos que nos faltan. si el Calán tiene papel, será el del Galan sin Dama. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Despierta si estás dormida, segur del aliento fuerte: ven y me darás la muerte, pues ya aborrezco la vida. Sin duda, que el corazón me está leyendo este acento, supuesto que lo que siento dije con triste canción: Oye, pues, dura invasión, furia del hombre temida; su rumor, no embebecida te tenga el sueño mortal: y para acabar mi mal, , . Despierta si estás dormida. Ya que el continuó enemigo de tan infausta memoria, no consigue la victoria, de que acabe ya conmigo. Tú, que el más leve castigo de tu impulso, es una muerte; no dilates esta suerte, a quien ansioso la espera, pues es tu aguda tijera , . Segur del aliento fuerte. Ven, pues, no te tardes tanto, pues por más que lloro, y siento, ni me anega el sentimiento, ni me ahoga el triste llanto. Ven oculta, y sin espanto; porque el asombro de verte, el deseo no despierte de querer vivir más horas: y así con huellas traidoras , . Ven, y me darás la muer Mas aí! que mal digo infiero, en desearte encubierta; ven te pido descubierta. porque ver semblante fiero me da la muerte primero, que el tosigo de la herida. Ven, y acallada, o sentida, como mi fin solicites, y no este alivio me quites, , . Pues ya aborrezco la vida. No dejéis de repetir esos acentos veloces, por si la muerte a sus voces acaba ya de venir. De qué me sirve el vivir, cuando tan muerto me advierto pues en sueño tan despierto, lo que con el llanto escribo, es que cuando estoy más vivo, entonces estoy más muerto. Y así, pues que solicita mi bien ese triste acento, una, y otra vez al viento repita, sí. No repita: Antes si el clamor homita, y con más alegre acento, al compás de mi contento en consonancias propicias, cante a mi amor las albiicias, y el parabién a mi aliento. Cielos; qué oye el alma mía. Imagen, luz, debaneo, apariencia del deseo, sombra de la fantasía: quién eres? Que aunque ya el día deja el imperio de Flora. no sé que bien se atesora en tu voz, aliento, y alma, que me dicen en tal calma, que eres, mi adorada Aurora. Mas si en la aparente gloria, en que el deseo te advierte, te representa la muerte, por lisonjear la memoria, en congoja tan notoria debo estimar su piedad; pues en tal penalidad el alma, el rato respira, que ni bien te cree mentira, ni bien te duda verdad. Felisardo, no este instante, . que concede la fortuna; gaste tu duda importuna en digresión semejante. Oye de un amor constante la más extraña fineza. que por guardar su entereza ejccutó una mujer. por dar al mundo a entender, que hay en la mujer firmeza, Ya suspenda la atención te escucha en llanto deshecho, mientras lidian en el pecho una, y otra admiración. Apenas, amado Esposo, sobre las arenas rubias, cayó esta mortal humana débil fábrica eaduca, rendida a un fatal desmayo, parentesís, que fluctua entre la vida, y la muerte, ni bien verdad, ni bien duda, Apenas, pues, de esta suerte me dejó la sen Jjusta del fiero Neblí tirano, causa de penas tan duras, Y que tú así me dejaste como Flora lo divulga) cuando en los brazos amantes de Lisarda, que me busca, Granizo, y Flora me entregan, que aunque cadáver me juzgan, ella no sé qué esperanza mi respiración le anuncia, que aunque tarda, de animada vitales anuncios pulsa. Alentada en su deseo, en tanto que el llanto enjuga, y que el lecho me previenen, ella a sí misma se ayuda, y con Flora solamente, sin que otra criada alguna, ni que más deudos me vean, de mi remedio procuran; y con fraternal cariño, en la pieza más oculta del Palacio me pusieron, fiando a sus conjeturas con el lonro de mi aliento, no sé qué ideas futuras, Aquí, pues, con gran secreto me asistieron a la cura, Flora, un Fisico, y mi hermana; siendo en todos tres tan muda la asistencia, que ellas mismas. con ser quien lo hacen, lo dudan. Con este cuidado, pues, y esta diligencia, en sunma cobré nueyo ser; mas yo del riesgo apenas segura me vi; porque en otro riesgo no volviese a verme, astuta llamé a Lisarda, y la dije: Si crees, hermana, si juzgas, que ya sin peligro estoy, te engañas, porque la furia del poderoso enemigo, que robar mi honor procura, al verme con nuevo aliento, nuevas cautelas, y astucias ha de inventar, por lograr sus esperanzas injustas: Con que así, de qué nos sirve que a mi ser me constituya, si yo quedo en mayor riesgo, y tu expuesta a más injurias? Y así, para que se eviten más pesares, más angustias, mi muerte se ha de fingir, negras vayetas adustas publiquen tu sentimiento, y mi fingimiento cubran. Celia ha de morir, porque siempre infiel, falsa, y astuta, al Príncipe le dio entrada por una ventana tuya, y le introdujo en mi cuarto, no una noche, pero muchas, movida de la codicia, que a tal acción la estímula: Mira, si de este castigo es digna tan grave cuipa. Celia ha de morir, Lisarda, volví a repetir segunda vez, y ella misma ocupe la triste funesta tumba; y con el mismo aparato, pompa, honor, y sepultura, como a mi misma persona se le ha de dar a la suya. Esto, pues, así dispuesto, sabaz, Lisarda, procura (oh bien por mi bien estar, o por conveniencia suya) ejecutar de tal suerte, que aunque mis ojos escuchan una noche exequias tristes, y mis oídos no dudan, que siendo la viva yo, era Celia la defuncta: al verlo tan bien fingido, entre suspensa, y confusa, estuve dudando un rato, si la que la caja ocupa era Celia, o era yo; hasta que de tanta duda sacarme pudo Lisarda, en quien a un tiempo se junta los pesames de mi muerte, y la enhorabuena suya. Yo, pues, Felisardo, emmedio de tanto tropel de angustias, tanto vabel de congojas, como a los dos nos circunda, por darte cuenta de todo, y por lo mejor discurras, sabiendo que las más noches, bajabas a la espesura de este flotido tapete, sitio alegre, donde muchas te escuché por esa reja celosas quejas algunas, ardientes finezas otras, efectos de amantes luchas. Sabiendo, digo, que aquí bájabas de tu fortuna a quejarte, o a sentir la mortal ausencia dura de mi amor, cauta dispuse, el que con secreta industria rompiesen esa pared; porque su tosca rotura paso a este sitio me diese, siendo estas tejidas murtas quien como muro la guardan, como fuerte la circundan. Por esta, pues, Felisardo, tímida, torpe, y confusa, he salido a darte aviso, de que vivo, y si es que duran las cenizas de mi amor en el fuego de las tuyas. La ocasión Amor te ofrece entre borrascas tan duras, porque a soplos de una ausencia puedan arder más seguras. Porque si te doy la mano de Esposa, aquí se aventura, que el Príncipe vengativo sus viles intentos cumpla. Si al Rey se dice su infamia, aunque hoy enfrene su furia; qué importará, si mañana su aleve intención sañuda, con una traición secreta tomará venganza injusta. Y así, Felisardo, ahora, que mi muerte disimula cualquier recelo, animoso (si me amas como aseguras) llévame a Ungria contigo, que mi hermano el Rey, a cuya Majestad, todo su Imperio la obediencia le tributa) sabrá estimar tu valor, y amparar nuestra fortuna. Y cuando esto así no fuere, la grandeza más augusta, que me pueden dar los hados, es lograr yo la ventura de vivir siempre a tu lado, juntando en dos almas una. Si la gloria de mirar viva Aurora, tu hermosura, con el contento de oír de tus voces la dulzura, no me obligan a que haga, en vez de afectos locuras, o es, que ya no ven mis ojos, o mis oídos no escuchan? Pero esta vez el silencio (oh adorado dueño!) supla lo que no explicare el labio, siendo las acciones mudas de mis brazos, quien publiquen el gozo, que al ver se inmundan, hoy fragrante Rosa bella, la que ayer lloraron mustia. Mas gente parece que entra. Pues a mi apacible gruta me retiro mientras pasa. Bobería fuera mucha preguntar si eres mi Amo, puesto que ya no se duda, que desde que el Sol se acuesta, hasta que el Alba madruga, hecho Geremias, de tu Jerusalén defuncta, estás al pie de estas plantas hecho racional lechuza; pues el accite que escurren esas lamparas, o alcuzas, con los puchetos que haces, por no beberlo lo chupas. Granizo, qué buscas? Nise es la que andaba en tu busca, pero encontrome, y me dijo: dila a tu Señor, que cumpla lo que ese papel le ordena. Quién lo escribe? A esa pregunta él te dará la respuesta, si la firma no la oculta. Dámele, pues. . Veisle ahí. Antes mi celosa furia (. lo ha de ver, suelta villano. . Santa Engracia, Santa justa, Santa Rufina, y las once mil Virgines, todas juntas en esta ocasión me valgan: Jesús! qué mala figura, que hace esta Dama fantasma en apariencia de bruja. Dame, Aurora mía, el pliego. Señor, sueñas, o caducas; así con los muertos hablas. Viven esas luces puras, que hechas esponjas lucientes, o vueltas aves nocturnas, en lamparas de diamante a el Sol los rayos le chupan, que del incendio voraz, que ya en mi pecho se encumbra a ser móngivelo ardiente, désate celosas furias, que cuanto encuentren mis ojos a pavesas lo reduzca. Yo no sol Aurora, soy Tirano, una sombra suya, un áspid, que vengativo: Quién entre la sombra oscura, hablando está aquí de Aurora? otra Alma en pena es sin duda. El Príncipe es (aí de mí!) todo el aliento fluctua. Calla, y retírate aquí. . Quién aquí de mí se oculta? Quién eres, sombra de nieve? Porque tus voces divulgan, que eres la imagen helada de una beldad ya defuncta. Él me ha conocido, Cielos! . Pero válgame la industria: de Aurora soy la pariencia, Pues con quien aquí sañuda dabas voces? . Contra ti. Esa es cautelosa astucia; pues las vores, que aquí dabas, a saber quien las divulga me han traído: con que es cierto, que antes de llegar, alguna persoña contigo hablaba. Dígalo el decir con furia: no soy Aurora, Tirano, un áspid soy: y así excusa mi voz decir lo demás, que escuché, pues no se duda, que oiria lo demás quien esto oyó. . La fortuna nuevo empeño aquí me ofrece. Pues di contra quien pronuncias esas furias? . Contra ti. Contra mí, por qué? . Qué lucha es la que se ofrece, Cielos? . Porque la sombra caduca de mi espíritu vaguea, por disposición oculta, que yo no puedo alcanzar, esta vana arquitectura. Tan presente en mi memoria está tu violencia injusta, que a cada paso que doy presumo, y es bien presuma, que otra vez vuelves osado a profanar mi clausura. Y de esta idea llevada, si en este temor confusa, me pareció que el ruido, que entre esas plantas arrulla el Ábrego blando, eran las aleves huellas tuyas. Con que yo entonces furiosa dije: Viven esas rubias esponjas claras, que a el Sol deben la luz conque enjugan el puro aljófar, que el Alba cuando esta más fría suda, que désate ardientes rayos. Pero el repetirlo excusa mi labio, si lo escuchaste; y así a Dios. . Aguarda, escucha, que esas voces son impropias en quien alto Imperio ocupa. Y así he de ver, vive Dios, a pesar de esa disculpa, si eres Aurora, o si eres fantasía, que me burla. Tente, Filiberto, advierte, que al tocar mi vestidura verás que se desvanece esta aparente figura. Yo he de verlo. Pues así . esa osadía se burla. Frustro su atrevido arrojo. Ven, que ya queda segura mi Aurora. Yo no lo entiendo, por más que el seso se apura: o es bruja esta muerta, o sino es esta muerta, es bruja. . Aquí dijo que quedaba Aurora, el Príncipe, ha Cielos, que aún no se acaban mis celos, pues aún su amor no se acaba! Confuso, absorto, y suspenso me deja asombro tan raro, pues lo que pienso reparo, que es delirio lo que pienso. Pero si fue Aurora bella, como solo me tocó su recelo, y no me dio de su agravio la querella? Y si no lo fue, por donde se desvaneció a mis ojos? o donde de mis enojos este prodigio se esconde? Parece que está dudoso, si fue Aurora la que habló: Firgíreme Aurora yo, y engañaré mi celoso desvelo. . Creo, y no en vano que otra vez pasos escucho, cobarde conmigo lucho. . Quién va? Quién es? Yo, Tirano. Pasmo, asombro, o frenesí, qué me sigues? qué previenes? si de mí a quejarte vienes, por qué te escondes de mí? Mas solo mi pecho siente, en tan dura, y triste calma, creerte una sombra sin alma, que con ansia más ardiente, o más amante imprudencia, a no ser mía preven, que a volver tú a tu desdén, volviera yo a mi violencia. De tan ciega voluntad empresa tan loca creo; pues eso ya no es deseo, antes si temeridad. Que dirán, si bien se advierte, y le llegara a saber) que obligaste a una mujer a darse a sí misma muerte por guardar su integridad. Y que hiciera el Rey mi hermano si un exceso tan villano supiera con realidad? Mas pues hecho tan tirano se anegó en mí, y en Lisarda, a qué tu esperanza aguarda, que no la rindes la mano? Y así ovviarás lances fuertes, pues excesos semejantes amenazan por instantes, estragos, ruinas, y muertes. Vivir yo, ya es imposible, en esta mortal miseria: mas si la humana materia otra vez fuera posible volver a tomar, te advierte aquí la entereza mía, que a volver tú a tu porfía, valviera yo a darme muerte. q , . Espera, viven los Cielos, fantasía imaginada, que no has de burlar osada segunda vez mis desvelos: perdona el osado intento. Suéltame, o de esas Esferas furias bajatán severas, que atajen tu atrevimiento. Nada temo, ni recelo: Floro, Celio, Octavio, aquí traed luces. . Alh de mí! toda me ha cubierto un hielo: los Cielos me valgan. Presto acudid todos veloces, que el Príncipe es quien da voces: Hijo, qué tienes? qué es esto? qué da a tu aliento embarazos? Pero no me digas nada; porque al mirar desmayada a Lisarda entre tus brazos, a su accidente sospecho, quien la ocasión habrá dado. En un caos está anegada todo el babel de mi pecho. Aí de mí! . Ánima, Lisarda, cobra el aliento. . Ya siento, que cobro, Señor, aliento, pues eres tú quien me guarda. Qué ha sido esto, Infanta hermosa qué te altera? Mas colijo, que habrá sido de mi hijo la condición rigorosa. Bien que al ver aquí los dos de noche, y solos, me ha dado no sé que libre cuidado, que no lo entiendo por Dios. Pero sea lo que fuere, está bien de cualquier modo; y más cuando cae todo en quien por su luz se muere. No dudo yo, que eso vea, y que obediente a mi gusto haréis, que empleo tan justo mañana, Príncipe, sea. Porque de hacer lo contrario; vive este Lunar ardiente, que trocando lo prudente en severo, y temerario, haré con justa violencia, aunque lo sienta la Infanta, que a mis pies vuestra garganta rinda humilde la obediencia. . Muy enojado, Señor, va tu Padre, razón tiene, que le obedezcas conviene, y que temas su rigor. Está vertiendo la herida. . sangre ardiente de hora en hora, que el que de verás adora, por más que olvide, no olvida. Id, Señora, a recogeros, que asustada estáis, y es tarde: vuestra vida el Cielo guarde. Lo haré así, por no deberos, ni obligar a vuestra Alteza, a que la fineza haga de asistirme, pues no hay paga que compense esa fineza. Vuestro sol: o, que de cosas, . que revuelve en un instante una mujer, cuando amante arde en las llamas celosas! El Rey con discreto modo, de fácil me hizo objección; mas yo con una ficción le pondré remedio a todo. Fingiré, que a Aurora vi, que me llamó, y que turbada, al oírla, desmayada, entre las flores caí. Que di voces, y acudió el Príncipe, y que rendida en sus brazos, dio a mi vida albergue; mas esto, yo lo fingiré de tal modo, y lo trazaré tan bien, que de todo saldré bien, aunque sienta mal de todo. . En fin, que a Granizo diste el papel tú misma? . A él le di, Señora, el papel, como tú me lo advertiste; y que en esta fuente bella, que Amor de Venus la llama, le dije, que aquella Dama del empeño, al margen de ella a su Señor esperaba, para hablar allí con él. Pues si eso mismo el papel a Felisardo ordenaba; fue, Nise, grave ignorancia repetírselo tu labio. Agravio, que no hace agravio, no es delito de importancia. Ya vendrá, y pues el señuelo es un blanco lienzo, enojos dad el cambray a los ojos, que si a ellos cuajado hielo sube a enjugar los raudales, que vierten sus poros bellos, puede ser que baje de ellos desecho en puros cristales. Notables cosas emprendes; más advierte que peligras, si aquí conocida eres Cuando muerta me imaginan, y en tan diferente traje, cómo he de ser conocida? Y no sabremos, lo que este disfraz solicita? Apurar mis justos celos, saber quien es una Ninfa, que a Felisardo (ha cruel!) para este sitio le lita por un papel a estas horas, de lo que tuve noticia; hablarla yo en nombre suyo, y saber con este enigma, qué pretende, o que le quiere. Cosas del diablo máquinas: pero no advirtes, Señora, que por más que la voz finjas, te han de sacar por capón, por el tiple de gallina? Amor todo lo atropella, Si los ojos no deliran, rumor de pisadas siento. En fin, que Nise advertida te dijo, que aquella Dama del empeño me escribía aquel papel para hablarme? Nise me dio esa noticia, que de otra suerte, Señor, como saberlo podía, sino es que para saberlo, me inviabas a la otra vida, a que la Dama santasma, quita billetes, y quita hocicos, me lo dijera. Pues pisa con tiento, y mira si alguien viene. . Va de acecho: sino me finje la vista, y el mucho miedo que tengo, una zorra de una hormiga, un ejército de cuerpos allí en sombras se divisan. Pues no pasemos de aquí hasta ser reconocida. la gente que ocupa el sitio. Dos hombres, Señora pisan ya la margen de esta fuente. Si es Felisardo, atractiva la olanda, el imán será, que aquí sus pasos dirija. Si para que un corazón, que haciéndose está cenizas entre el incendio amoroso, de un rato ignorado enigma, que buscando van mis ansias entre la tiniebla fría. Si para que no se abrase, pellas de nieve le tiras, o bien, si para que un alma, que cuasi a ciegas camina por las sendas del destino, sin saber que rumbo siga. Si para que no tropiece entre las sombras que pisa, confusamente piadosa, le pones tan dulce guía. Si para una vida, que en el mar de amor rendida, golfos de dudas navega, montes de asombro conquista necesita de tu norte, para salir a la ocilla. Si para que no zozobre entre Catibáis, y Scila, en el Cielo de tu mano ese Iris nevado vibras: ya dichosamente osados al ver estrella tan fija, al puerto de tu belleza, felices los tres arriban. No oyes Señor. . Calla necio. que hay más que oír que imaginas Si esos afectos corteses, si esas finezas rendidas, si estas amantes lisonjas son, Felisardo, reliquias, pel fuego de vuestro amor, aún conserva en las cenizas de vuestro abrasado pecho, o si vuestra fantasía, creyendo que habla con él, esos conceptos me invia: ved que yo no soy Autora, ni de su beldad divina una sombra; pero solo se ufana mi bizarría, que si en beldad no la iguala, de que en prendas la compita. Esto supuesto, y supuesto, que ya la Infanta os diría el empeño, que con vos una Dama solicita, en cuanto a que vuestras bodas suspendáis por unos días: No es esto así? . Sí señora. Pues Felisardo, esa misma Dama yo soy, que sabiendo la desgracia sucedida (no sé como esto dijera, porque temo inadvertida despertar memorias, que puede ser que estén dormidas. Sabiendo digo, que ya de la prisión que os ceñía, libre está vuestro cuidado, tan solo saber quería, si en nuevo rumbo empeñado, no sé de que modo. . Oprima (prodigio hermoso) tu labio la voz, porque ya la mía, advertida del favor, con que tan cortés me obligas, modos procura discretos, sabias frases solicita, que a tal fineza se muestren atentas, si agradecidas. Mira que es la Infanta creo, o mis flores me la pintan en forma de iegua humana, o de racional pollina. Pícala con un despego; mas mira como la picas, que puede ser se delvoque si reconoce la herida. Cielos, quién será este hombre, que ser yo mismo se finja, y me usurpe tanta gloria? Quién será tan peregrina mujer, que compite, ha Cielos! sino en lo hermoso, en lo altiva con Aurora? . Nada dudes, si es que a buena luz lo miras, que el espíritu de Aurora será, que con la noticia del galanteo, querrá en sombra, y en voz mentida, como me quitó la letra, el quitarte a ti la tinta. Señora, para que pueda mi voz andar advertida en responderos merezca me digáis, a quien rendida mi voluntad, es deudora de afectos, que no adivina mi discurso, a quien los deba, ni a quien mi amor los dirija. Cómo quieres, Felisardo, que yo quien soy te repita, cuando reconozco en ti una voluntad tann tibia? No es tibieza esta, señora. Pues qué es? . Una debida adoración, un respeto, y una fe constante, y fina, que aún le guardo a Aurora bella; pues en el pecho tan fija está su imagen, que aunque pisa Esferas cristalinas, si está para todos muerta, está para mí muy viva. Cada vez más dudas toco. Él, si no sueña, delira. Según eso, estáis resuelto a no amar? . Es cosa fija. Es un grosero un villano, loco, altivo, quien no estima mi favor; mas viven esas ardientes plumas floridas, que en cuadernos de diamantes con luciente roja tinta; fortunas del tiempo escriben, ya adversas, o ya propicias, que este afecto convertido áspides éxale en furias, víboras bomite en iras, centellas vibre en venganzas, que ardientes, y vengativas, esa altiva vanidad, esa ingrata fantasia, a el más leve aliento mío caiga deshecha en cenizas. Ven, y deja a ese villano. . Qué es esto, fortuna impía, qué hombre es este que ha venido a duplicar mis desdichas? Desabuciadas van las dos, sin esperanza de vida. Para llaga tan ardiente, frígida la medicina fue menester que ha de ser siempre contraria a la herida. Desespérese en su amor, muera en flor; mas aín que es idra y aunque segur este engaño siegue su garganta altiva. Qué importa, si con la fuerza (si la razón no le quitan le han de renacer más cuellos con esperanzas más vivas. En fin, vamos, que yo haré, que esta amorosa porfía cese quitando la causa, y su efecto no prosiga. Antes, apariencia falsa; primero, sombra mentida, en voz, nombre, vida, y forma del original que imitas, que te ausentes de este sitio, he de sabar, qué te obliga a el fingimiento que intentas, o a la verdad que acreditas, nsurpándome traidor, nombre, forma, voz, y vida. Si amante de esta belleza, y hallándote con noticia del cuidado que la debo, del favor que solicita hacerme, celoso tú con ese ardid determinas desvanecerio, te engañas si lo piensas, o imaginas, porque he de solicitarla, hablarla, verla, y deciría este error; porque no es justo padezca mi fama invicta la obrección de desatento, cuando atentas bizarrías, sin amar, agradeciendo pueden quedar más bien vistas. Felisardo es este, o cuanto . sentiré ser conocida; pero aunque en algo me arriesgue, yo lo esturvaré atrevida No respondéis? . Caballeros de prendas tan conocidas como yo, cuando en el brazo tienen valor, y en la cinta el acero núrica dieros a preguntas tan altivas más respuesta, que la que acero, y valor practican. Pues yo haré, viven los Cielos, que a tu pesar me lo digas: la noche en todo te ampara. Poco a poco te retira, Flor: conmigo. . Eso haré. mas que poco a poto, apriesa. No huyas, cobarde. No corras. . Entra tras mí. , e De mis iras la noche, el aire, y la tierra, te guarda, te esconde, y libra en vano, porque has de ser vil despojo, mas que miran mis ojos? Mas que los míos no ven, porque no deliran. Quién profano, y atrevido. profana esta sacra Esfera? Mas quien si no tu pudiera. Acudid, que aquí es el ruido. Mejor dirás el hechizo. Mas, ain Dios! . Yo me acobardo. Ampárame, Felisardo. Socorreme tú, Granizo. , . deje Las voces son de la Infanta, llegad presto. . Estoy absorta: este es Rey, así importa, . que aquí de espesura tanta me cubran las verdes ojas. En mí no estoy del suceso. Quién, Infanta, a tal exceso te obliga? Con quién te enojas? Qué es esto? Tú a un parasismo rendida? (en furores ardo y en brazos de Felisardo? Quién ocasiona este abismo? Qué asombro en este jardín hay esta noche, o encanto, que todo es horror, y espanto cuanto se mira? Y desmayada tú el limpio acero desnudo, Felisardo? Y desmayada la Infanta así, y su criada del mismo modo? Estás mudo? Quien tus acentos embarga, que de tantas confusiones no me sacan tus razones? Ni a mí me quita esta carga; que como es carga doncella, y yo tan gran bestia sol, por caer con ella, estoy, ya por echarme con ella, Valedme, Divinos Cielos! Al de mí! . Infanta, suspira. En vano el alma respira. . De verla así me da celos. . Padre, y señor. . Hija amada, qué es esto? Qué novedad lobresalta tu beldad? Mucho ha sido, y no fue nada, En esa Fuente hermosa, a quien guarnece el jazmín, y rosa con natural pintura, el Abril su florida Arquitectura; siendo penacho de ella una Estatua de Venus, mas tan bella, que si ella la mirara, a sí misma en estatua se invidiara; pues con ser de alabastro, solo le falta luz para ser Astro. En ella contemplaba, del modo que las flores salpicaba, cuando la noche bella iba poniendo un Sol en cada Estrella; (Soles. porque en sus tornasoles, se viese un Sol deshecho en muchos Suspensa estaba en esto, cuando escucho rumor de espadas, con silencio mucho; y aunque de asombros llena, olvidando la pena llegué, por si podía estorbar mi presencia tal porfía: cuando a mi primo encuentro, en el frondoso centro de esa verde espesura, del modo que lo ves sin compostura. Vuelvo la vista, por si ven mis ojos contra quien se fulminan los enojos; y veo (aquí fallece el corazón, el brío se entorpece) encendida (aquí falta el aliento, y el pecho sobresalta un pavor) y no en vano, mano, pues una Antorcha vi en la blanca de la beldad, que llora (rora. el mismo Sol, por ser la misma Au- Yo vi a Aurora Sra pero de suerte al mirarla quedé, que si la muerte un rato no embargara el impulso vital, es cosa clara (según el susto era que del temor del susto me muriera; con que asombrada al bella. embargada la voz, torpe la huella, helado el movimiento, solo pude tener algún aliento intercadente, y tardo, teniéndome en sus brazos Felisardo, donde muerta, y rendida, piadoso puerto halló mi triste vida. La causa de este espanto, pues mi Primo la sabe, mietras tanto, que el temor se mitiga, será justo, Señor, que él te la diga: que yo estoy de tal suerte con asombro tan suerte, que la voz que artículo, es solo efecto mas que de mi valor, de mi respecto: y así, dame licencia, pues ya eslris de todo tu presencia. Aquí a pesar del decoro, he de oír un rato breve, por si de este ingrato aleve puedo saber lo que ignoro. Pues qué ocasión has tenido, Felisardo? Oh quién aquí el acero contra ti sacó loco, y atrevido? Cómo la Infanta bella divertía, Y el agua sus tristezas entregaba, entre estas flores lágrimas vertía, y entre esas plantas quejas inviaba, a la tierra, y al viento el ansia mía, por ver si acaso de esta suerte hallaba, para alivio de pena, y dolor tanto, en la queja dogal, muerte en el llanto. En esto divertido el debaneo, la esperanza engañaba mis querelías (no sé si era piedad) cuando en sin veo al corto resplandor de las Estrellas, de dos bultos las sombras, que al deseo permitió su descuido conocerlas. Denodado me arrojo luego al punto y quien son arrojado les pregunto; pero de ellos el uno, valeroso la respuesta me libra en el acero: Recíbole valiente, y animoso, huyen los dos cobardes; pero infiero, que más lo hizo el ardid, que lo medroso. Sigo sus pasos, y al doblar ligero de esos cuadros la punta, acción, y huella la sombra me embargó de Aurora bella, Brillante un rayo de cuajada cera en la nevada diestra descogía, desnudo traía el brazo, y no supiera (como tan blanco, y terso parecía) distinguir cual el hacha, o brazo era, pues a no ver la luz que en ella ardía tuviera por sin duda de un pedazo; autorcha, mano, luz vestido, y brazo. Quién osado, si bárbaro, profana de esta Espera lo sacro, dice altiva: y yo al ver su Deidad tan soberada, creo, al oír su voz, que me habla viva. Mas allí de mí! que fue su sombra vana, pues al llegar la Insanta (oh suerte es- quiva!) allí a un tiempo se viero en un punto, desvanecido un Sol, y otro desuncto. Fuese, en fin, y quedé de asobro lleno como aquel a quien rayo despedido del centro oscuro, del adusto seno le hace perder la vista, y el sentido con el ardiente horror, que causa el truevo, y en tin vabel se mira sumergido. De aquesta suerte yo: Pero aquí ceso pues este, Señor, es todo el suceso, Confuso el caso me deja, y más cuando el alma ignora lo que solicita Aurora con ese horror: Si la aqueja de algún cargo el peso grave, fuera bien que a mí me hablara; pues en mi carino hallara, quien lo hiciera más suave. Señora, no ves, no miras salir ciertos mis recelos? Ya lo veo, y de mis celos me abrasan las duras iras. Pesares, que era la Infanta . quien me esperaba en la Fuente. Felisardo, el alma siente cuanto este horror te quebranta; mas supuesto que no tiene ya el sentimiento remedio, olvídese con un medio, que mi afecto te previene; porque tus grandes servicios hacen tan justos empeños, que a pagarlos son pequeños los más altos beneficios. con el asombro de Ungría premié tu heroico valor; cortole el aliento en flor la segur de Cloto impía, Pero si perdiste hoy de Ungria una Infanta hermosa, otra, no menos preciosa, aquí en Rosaura te doy. Ansias, qué escucho! yo muero, Desdichas, que digo? qué r Gracias mil veces, Amor, . te da mi dolor severo. Este es el premio mayor, que a tus servicios prevengo; y este es el medio que tengo para templar tu dolor. Gozalo en paz, Felisardo, que yo en tanto que previenes las fiestas y parabienes, en el Tálamo te aguardo: donde a un tiempo ver aguarda en dichosa unión mi Estrella, a ti con Rosaura bella, y al Príncipe con Lisarda. . Ven, Nise, que alegre voy con fortunas tan propicias. Qué de cosas en aliaticias, señora me has de dar hoy. . Quién, sobrranos Cielos, en el mundo se habrá visto en empeño tan severo? Posible es que se escriba otro primero pero imposible que haya otro segundo. Si recibo el savor, que Segismundo en Rosaura me ofrece, considero (ro que pierdo a hurora, i en perderla espe de mi vida el despeño más prosundo. Si no lo admito, mi desgracia advierto con la Infanta, y el Rey, y si lo digo, que vive Aurora bella, es caso cierto, aventuro su honor con mi enemigo: o, dadme Cielos tan dichoso acierto, honor no pierda, Dama, Rey, ni samigo. Felisardo. . Aurora hermosa. Ya yo me espantaba cierto, que cierto no me espantaba este trasguito de muertos. Como este exceso ejecutas, cuando ya el Alba tonmiendo va sus nitidos cristales? Ya no repara en excesos, ni a exponerse a riesgo tanto, quien ya corre tanto riego. A darte dos parabienes he salido a un mismo tiempo, Felisardo porque son tan fuertes mis sentimientos, que ya que yo sepultada muera en vida fuera yerro, que en en el silencio murieran también sepultados ellos. El primero es de la Dama, que en el cristalino espejo de esa fuente te esperaba, para hacerte feliz dueño de su favor, como así lo habrás ya visto, supuesto, que el papel que te escribió, y que yo quité a ese necio, fue con este intento solo; y solo con este intento bajaste a la fuente tú: Dígalo aquel sentimiento, que mostraste al ver que otro por ti gozó lo halagüeño de su favor. Sea el segundo, el alto, y heroico empleo, que el Rey te ofrece en Rosaura, con cuyo prodigio nuevo, se sepultaron de Aurora los ya desunctos afectos: Goza en paz. . Baste, Señora. Esta Dama, a lo que entiendo sino la creo por Diablo, mas que por Duende la creo. Si bienes (oh dueño hermoso!) cuando vez que estoy muriendo, cautamente preparada de tan suave veneno, para acabar de matarme: agradecértelo debo, que vivir un infelice, es más que alivio, tormento. Que a mí me escriba un papel Dama que yo no pretendo, cuando no la solicito: en esto, qué culpa tengo? Que el Rey, en fe de tu muerte, a mis servicios atento, para aliviar mis fatigas, a la Infanta me dé en premio, esto en el Rey no es delito; ni yo en oírlo te ofendo; Y cuando entendí, que ahora al verme de penas lleno, a remediarme venías con finezas, y consejos, vienes derramando enojos, vienes bomitando incendios. parabienes publicando, con tan contrarios afectos, que son exequias, que cantas a un cerazón que esta muerto; Qué remedio podrá darte, la que buscando el remedio, el que halló para su vida, es el mismo que le ha muerto? La primera serás tú, que consiga en estos tiempos moirise segunda vez: válgate el Diablo el enredo. Pues cómo, Villano, tu . tienes tanto atrevimiento, que hablas delante de mí? Yo castigaré, si puedo, la osadía del papel. Solo a mí me aoca eso. Cuerpo de Cristo conmigo, y que a lo vivo hace el muerto esta fantasma con faldas. Aí dulce Aurora, qué haremos? Huir del peligro a Ungría, como antes te lo he propuesto. Eso fuera hacer delito, donde ofensa no se ha hecho. Por qué, di? . Porque si el Rey de tu beldad me hizo dueño, para qué es la fuga, cuando el propio Rey gusta de ello? Pues decirle la verdad. Es poner a Filiberto en ocasión, que su Padre castigue su desafuero; y que él aracundo guarde, si llega a empuñar el Cetro, en vengativas cenizas, de sus rencores el fuego. Pues casarse con Rosaura. Y eso qué alivia este duelo? Darle gusto a Segismundo, y asegurar tú tus miedos, servir a tu Dama, y dar gusto a Rosaura en su empeño. Y ese es buen remedio (aí triste!) para excusar sentimientos? Pues qué quieres que te diga? Buscar un prudente medio, para que aún tiempo mi amor quede con todos bien puesto. Yo no le hallo. . Pues hay más de que consultéis discretos el caso todo a un Letrado, a un Doctor, a un Zapetero, a un Escribano, y a un Sastre, pues son hombres todos estos, que aunque remedio no haya para todo dan remedio? Pues dejarlo al tiempo, que puede ser que enseñe el tiempo, lo que innoran nuestras ansias. Eso será lo más cierto, que no es del caso que Aurora viva, o no viva muriendo, que la cautela se aclare, que el Príncipe vuelva fiero, a seguirme con más ansias, y ponerme en otro riesgo. Y en fin, tampoco es del caso, que el Rey lo que te ha propuesto, si hor te lo dice benigno, te lo mande justiciero mañana, que esto es lo más, si te parece lo menos. Y así, Felisardo, adiós, hasta que te enseñe el tiempo. modos, con que aún tiempo mismo, puedas tu quedar bien puesto conmigo, el Rey, y la Infanta, con tu Dama, y Filiberto. . Si haré, si el Cielo piadoso favorece mis intentos; pero si fuere el influjo de mi Estrella tan adverso, que se oponga riguroso al logro de mis deseos; también fabré sepultarme osado, fino y resuelto, en el centro de la tierra, donde jamás el silencio sepa dar de mis uoticias, hasta que el dolor intenso de mis ansias, poco a poco, lima forda de mi aliento, vaya siendo de mi vida dogal, cuchillo, y veneno. . Florilla mía, así vivas, si acaso el Dios Himeneo, a un Diablo humano en el mundo tu carne da sin el hueso de suegros, que es gran fortuna casarse ogaño sin suegros, que me digas este encanto esta tramoya? . Ya entiendo, aunque no lo entiendo mucho; mas solo decirte puedo, que mi Ama muere y vive, cuando quiere, y cuando quiero. Por Dios, que está va a la parte, o es el Tahur de este juego, o anda aquí la Dama duende, o mucho Diablo anda en esto. .
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Del modo que te prevengo lo has de hacer, Lisarda todo. En hacerlo es de ese modo, por darte gusto convengo; pero dificulto. . Qué? Que la idea surta efecto. Por qué? . Porque si su afecto ama de veras, la fe de amor, es caso imposible borrar lo que impresionó en el corazón. . Pues yo lo tengo por muy posible. Mucho me espanto de ti, que lo facilites tanto. Dime, y no te cause espanto. no es mujer Rosaura? . Sí. Pues si eso tu amor alcanza; por qué, di, no has de creer, que caber pueda en mujer aún tiempo amor, y mudanza? Sepa, pues, Rosaura hermosa, que si no en su luz se enciende el Rey de Ungria, y pretende hacerla su dulce esposa. Vea también su Retrato, y el pliego que él mismo escribe, que si grata lo recibe sin melindres del recato, en la dura, y ciena ley de la amante vanidad, le ha de hacer gran novedad, verse querida de un Rey; y en fin, sepa esta homicida, que el Rey mi hermano la quiere. Mucho atrae, si se infiere, verse una mujer querida. Señor, hecho tenía el juicio si es que tengo juicio alguno) por no ser más importuno a salir de tu servicio; porque muy mal visto fuera ser vo tan leal criado, y este secreto guardado de mí, tu pecho tuviera. Solo de tu fe leal fiar pudiera, Granizo, que vive el divino hechizo de mi Aurora celestial. Pero ella allí con su hermana hablando está, desde aquí un rato oigamos, no vi perfección más soberana. Su pliego es este, Lisarda, y este su Retrato, advierte, sino tendrá a feliz suerte la hermosura más gallarda de lograr tan altas dichas. Qué escucho, tristes desvelos, ya el tosigo de los celos mis glorias vuelve en desdichas. Mira sin pasión ni afán, y sin que mi amor se alabe, no tiene presencia grave? No es bizarro? No es galán? Míralo, si solemnizas mis gustos, sin embarazos. Primero vuelto en pedazos, antes deshecho en cenizas, al Etna, al volcán, al fuego, que en vivas ansias desato, medirá el viento el Retrato, pisará la tierra el pliego. Suelta el papel, enemigo. Deja el Naipe Felisardo. Ya vendrá, y pues el señuelo es un blanco lienzo, enojos dad el cambray a los ojos, que si a ellos cuajado hielo sube a enjugar los raudales, que vierten sus poros bellos, puede ser que baje de ellos desecho en puros cristales. Notables cosas emprendes; mas advierte que peligras, si aquí conocida eres. Cuando muerta me imagiban, y en tan diferente traje, cómo he de ser conocida? Y no sabremos, lo que este disfraz solicita? Apurar mis justos celos, saber quien es una Ninfa, que a Felisardo (ah cruel!) para este sitio le sita por un papel a estas horas, de lo que tuve noticia; hablarla yo en nombre suyo, y saber con este enigma, qué pretende, o que le quiere. Cosas del diablo máquinas: pero no advirtes, Señora, que por más que la voz finjas, te han de sacar por capón, por el tiple de gallina? Amor todo lo atropella. Si los ojos no deliran, rumor de pisadas siento. En fin, que Nise advertida te dijo; que aquella Dama del empeño me escribía aquel papel para hablarme? Nise me dio esa noticia, que de otra suerte, Señor, como saberlo podía, sino es que para saberlo, me inviabas a la otra vida, a que la Dama fantasma, quita billetes, y quita hocicos, me lo dijera. Pues pisa con tiento, y mira si alguien viene. . Va de acecho: sino me finje la vista, y el mucho miedo que tengo, una zorra de una hormiga, un ejército de cuerpos allí en sombras se divisan. Pues no pasemos de aquí hasta ser reconocida la gente que ocupa el sitio. Dos hombres, Señora pisan ya la margen de esta fuente. Si es Felisardo, atractiva la olanda, el imán será, que aquí sus pasos dirija. Si para que un corazón, que haciéndose está cenizas entre el incendio amoroso, de un raro ignorado enigma, que buscando van mis ansias entre la tiniebla fría. Si para que no se abrase, pellas de nieve letiras, o bien, si para que un alma, que quesi a ciegas camina por las fendas del destino, sin saber que rumbo siga. Si para que no tropiece entre las sombras que pisa, confusamente piadosa, le pones tan dulce guía. Si para una vida, que en el mar de amor rendida, golfos de dudas navega, montes de asombro conquista necesita de tu norte, para salir a la orilla. Si para que no zozobre entre Caribdis, y Scila, en el Cielo de tu mano ese Iris nevado vibras: ya dichosamente osados al ver estrella tan fija, al puerto de tu belleza, felices los tres arriban, Alabar de tin hombre afecta, su persona de discreta, de bizarra, y entendida: Que mucho cuando esto toco, que invidioso en mis desvelos, co con las ansias de los celos hiciese extremos de loco? Pero en lance tan extraño, satisfaga algo tu queja, lo corrido que me deja tan dichoso desengaño, y sea cuanto prevengo disculpa a mi sinrazón. Tú tienes mucha razón, pero yo también la tengo. . Pues así . esa osadía se burla. Frustró su atrevido arrojo. Ven, que ya queda segura mi Aurora. . Yo no lo entiendo, por más que el seso se apura: o es bruja esta muerta, o sino es esta muerta, es bruja. . l - Aquí dijo que quedaba Aurora, el Príncipe, ha Cielos, que aún no se acaban mis celos, pues aún su amor no se acaba! Confuso, absorto, y suspenso me deja asombro tan raro, pues lo que pienso reparo, que es delirio lo que pienso. Pero si fue Aurora bella, como solo me tocó su recelo, y no me dio de su agravio la quererla? Y si no lo fue por donde se desvaneció a mis ojos? o donde de mis enojos este prodigio se esconde? Parece que está dudoso, si fue Aurora la que habló: Firgíreme Aurora yo, y engañaré mi celoso desvelo. . Creo, y no en vano que otra vez pasos escucho, cobarde conmigo lucho. . Quién va? Quién es? Yo, Tirano. Pasmo, asombro, o frenesí, qué me sigues? qué previenes? Cielos, quién será este hombre, que ser yo mismo se finja, y me usurpe tanta gloria? Quién será tan peregrina mujer, que compite, ha Cielos! sino en lo hermoso, en lo altiva con Aurora? . Nada dudes, si es que a buena luz lo miras, que el espíritu de Aurora será, que con la noticia del galanteo, querrá en sombra, y en voz mentida, como me quitó la letra, el quitarte a ti la tinta. Señora, para que pueda mi voz andar advertida en responderos, merezca me digáis, a quien rendida mi voluntad, es deudora de afectos, que no adivina mi discurso, a quien los deba, ni a quien mi amor los dirija. Cómo quieres Felisardo, que yo quien soy te repita, cuando reconozco en ti una voluntad tan tibia. No es tibieza esta, señora. Pues qué es? . Una debida adoración, un respeto, y una fe constante, y fina, que aún le guardo a Aurora bella; pues en el pecho tan fija está su imagen, que aunque pisa Esferas cristalinas, si está para todos muerta, está para mí muy viva. Cada vez más dudas toco. Él, si no sueña, delita. Según eso, estáis resuelto a no amar? . Es cosa fija. Ya entiendo bien el pretexto: Yo no sé lo que me habláis. Pues no, tan presto olvidáis? para que olvidáis tan presto? Las memorias tiene frías mi Amo ya con sus pasiones. Suyas son estas razones. Razones son esas mías? Si más claro no me habláis, yo no os entiendo, señora. Con más claridad ahora os lo diré: No ignoráis, que aquella Dama, por quien hice aquel empeño yo; un papel os escribió? Es cierto, señora. . Bien, y que en la Fuente de amor la vieseis en él decía. No niega eso la fe mía. Donde a pesar de su honor, y a gusto de oculta Estrella, allí una noche os habló? Eso solo niego yo, pues yo nunca hablé con ella. Qué neguéis, no es caso justo, lo que yo quizás oí. Que yo a obedecerla fui, noble, cortés, y con gusto, es verdad; pero otro hombre (antes que llegase yo con mi nombre se embozó, y habló con ella en mi nombre. Y pues este caso ya no ignoráis, guardeos el Cielo, que ya advierte mi desvelo, que vuestra Alteza vendrá a ver este breve plazo a Lisarda, e imagino; que a vista del Sol divino, cualquier sobra es embarazo. Dice muy bien, y mi afán lo mismo hacer considera porque a vista de la cera se derrite el Sacristan. Huyendo va de mis ojos este enemigo, ha cruell y lo que advierta yo en él, y le adoren mis enojos? Qué bajó a la Fuente dice; pero afirma que no habló con quien allí le citó, porque otro fue el que felice por él se fingió: esto dudo, Amor, pudo suceder esto así: Si pudo ser; Pero no; que ser no pudo; pues no ignora el ansia mía, que tomó el papel él mismo, y nadie pudo, qué abismo! saber lo que contenía: Pero si esto no fue así, con quién riñó allí violento? Pero cese este argumento, pues esto no es para aquí. Bella Lisarda, perdona, que el sentido aprisionado en la cárcel de un cuidado, que me aqueja y apasiona, no ha podido hacer alarde del cariño, y la fineza, con que estimo tu belleza, que el Cielo mil siglos guarde. Cuidados tú? Mi afición mucho siente, prima hermosa, que sienta tu pecho cosa, que te inquiete el corazón. No he de extrañar, y sentir, cuando espero, que gozoso sea Felisardo mi Esposo, el ver, el mirar, y oír en su condición esquiva, que esté, consecuencia es cierta, yo en su memoria tan muerta, y Aurora es su fe tan viva? Buena ocasió de mi estrella . aquí mi deseo alcanza, para templar su esperanza. le aseguro, Prima bella, que es el aín tan repetido, y tan continua la queja de sus ansias, que me deja muchas veces sin sentido. Y aunque observo sus acciones, sus discursos, sus lamentos, sus penas, sus sentimientos, suspención, y admiraciones, solo infiero, en lo que adora su soledad, y retiro, que juzga con un suspiro dar nueva vida a su Aurora: como de su acento impío, quizá escuchó tu hermosura. Ese es extremo, o locura, o es más que amor desvarío. Pero qué papel es este? Fortuna el acaso ha sido: . Hoy, Prima, lo he recibido del Rey mi hermano. Pues preste, Lisarda mía, paciencia un rato tu discreción, que está en verso, y la afición me estímula a esta licencia. No estés en verlo cobarde, que el papel para ti viene; esto mi amor te previene, mas ya sé que viene tarde. Llego la fama a su oído de tu beldad, y a sus ojos tu Retrato; y en despojos te invia el alma rendido. Una, y otra vez gustosa . parece le ve, y le mira, tierna, sollosa, y suspira, y arde en su llama amorosa. Embebecida en el pliego está, cautelosa trato mostrarla luego el Retrato, para añadir fuego al fuego. No sé, Amor, que hechizo grave . en mi pecho ha introducido este incendio, que leido tan alagüeño, y suave, que Fénix el alma, ya ade gustosa en su fuego: si este efecto causa el pliego, qué efecto su copia hará? Discretas, Lisarda, están las décimas, y yo estimo este afecto al Rey mi primo; y si añade lo galán, lo, bizarro, y lo brioso, a lo discreto, asegura, que la mayor hermosura tendrá por timbre dichoso ser amada de tal dueño. Por generoso le aclama, deshecha en lenguas la fama. Galán es; mas de este empeño sea su Retrato mismo quien apoye mi pasión: míralo con atención, y así saldrás de ese abismo, Válgame Amor! si la gloria, . que en este Retrato veo, de un mal pagado deseo, me borrara la memoria? No lo amara mi amor poco; no tanto por mejorar de suerte, como por dar castigo a un soberbio loco. Rosaura, qué te parece? Presencia tiene gallarda, y su persona, Lisarda, que la aplaudas más merece. Que te ha gustado no ignora el corazón; pero siento, que llega tarde su intento. El Rey te llama, Señora, con gran prisa. . Y tu deseo no sabe lo que querrá? Si no me engaño es, que ya son vísperas de Himeneo. Vamos, Prima, y tu esperanza de estas razones se acuerde, que un soberbio mucho pierde que un rendido mucho alcanza. Quién diablos me metió a mí en oficio tan vidrioso, de andar llevando, y trayendo papelitos al Dios Mómo? Perdóneme el Dios Cupido. que si le aplico este apodo, el ser hijo de la noche, o hermanos suyos, los tontos, que andan tras él hechos bubos, sino es lo mismo, es lo propio. Mas de qué me sirve a mí (vuelvo a decir) este honroso ejercicio de Estafeta, pues me aprovecha tan poco, que no puedo hacerme hombre por más que entre a robar oros; que aunque de aquesta prevenda algún beneficio gozo, no es para salir de pobre; mas cuando han visto los ojos, que un beneficio tan simple, haya compuesto algún tonto Pero Pero en fin, yo como y bebo, visto, y calzo, que no es poco, si en tal tiempo con mi oficio visto, calzo, como, y bebo. A dar voy este papel a Florilla si la topo, para que lo dé a su Ama; quiera Dios, que en este arrojo no dé en la Infanta de hocicos. o en el Príncipe de ojos: Por si la suerte me ofrece ocasión, que sin estorbo a los hiertos de esta reja decirla pueda tan solo a Florilla, que una abeja al olor del Cinamomo de los ojos de sus niñas para hacer panal sabroso, viene a chupar el licor de las niñas de sus ojos. Con esto, y esta cadena, que un Alquimista famoso nunca de oto pudo hacerla, aunque pudo hacerla de oro: veré si puedo cazarla, que a la liga de este adobo, dejarse cázar pudiera el Pénix, y el mismo Apolo. A la reja llego, pues tan en silencio está todo. . Mas aíní mis pobres narices! Mas aintriste de mis mocos: quién va? . Ya yo me espantaba, de que no hacía el Demonio de las suyas. . No responde? Tenga usted paciencia un poco, mientras me acuerdo quien sol. Buena flema gasta el loco. Pues el hermano, o prudente, si digo de mi meollo, tendrá valor? A un Manzano, no hay sierpe que le dé asombro. Vive Dios qué es Manzanillo! . y pues su miedo conozco, he de burlarlo si puedo. Diga quién es? . Estoy pronto: yo soy el alma. . Ceniza. De aquel rácimo. . Resculdo. A quien el Agosto. . Fuego. En agraz segó. . Remojo. En fin, soy Aurora. . Noche. Y vengo a pedirte. . Lobos. Para un muerto. . Sepultura. Que está sin camisa. . Roto. Le des tu vestido. . Quita, Que le hace gran falta. . Robo Déselo de buena gana, no aguarde que mis enojos, de un soplo le haga que vuele, del Tartaro al Elesponto. Acaba ya? . Ya tírito: Señora, ya poco a poco, con el frío, hoja por hoja . se va desnudándose este Olmo, Todo el vestido ha darme. Allá ya el vestido todo. Cuál ha quedado el póbrete! . si por dicha el Astro Rojo le diera un rayo a la Luna, fuera un cuento mui gustoso, Qué diera porque Florilla le encóntrara de este modo, para coronar la burla: mas yo veré si lo logro. Quede en paz el seor Manzano, y hasta que el resuello ronco de un silvido le dé aviso, no salga de estos contornos: pena, si mueve las plantas, quedar convertido en tronco. Anda con cuatro mil diablos, Fantasmilla del Otoño, que con el miedo ya estaba si me ahogo, o no me ahogo. Por Dios que he quedado fresco; y no es lo peor de todo lo desnudo, sino el aire, con que sopla el señor Noto, Pálida sombra fría, de la noche incorporada fantasía; cuyos densos horrores, sepultando Febeos resplandores, con ceño macilento, del ardiente clavel sois monumento. Si en el silencio triste, que origina tu horror, noche, consiste, que un deseo engañado (do, en las sombras de un bien imagina- (venga en pasión entretenga; reiuen tus sombras que aunque el Sol no (rora; quizás, que sin ser hora, me amanezca en tus brazos nueva Au pues esta considero, fue la que habló primero, cuando Lisarda bella cautelosa me habló después por ella. Pero si Aurora fuiste, a mi esperanza triste dile donde se esconde tu apacible Deidad, habla, responde? engaña con tus voces mi memoria, que aunque vana no deja de ser gloria. Mas si no es debaneo, o lisonja aparente del deseo, allí segunda vez en sombra breve, su apariencia se ve de helada nieve. Mi miedo no es escaso, que un Pirámide andante, paso a paso a mi al triste se llega, (ga. ya el diablo me previene otra refrie- Si movida a mis quejas, divina Aurora, tu reposo dejas, no de tu voz me niegues el consuelo, que mientras que te escucha mi desvelo, si la esperanza de su bien no alcanza, ya engaña con oírte la esperanza. Por Aurora me tiene este fatasma y aunque él miedo me pasma, ser ella fingiré, por si consigo hacer con él lo mismo que conmigo aquí hicieron ahora. De qué, decid señora, ese silencio nace? Jengo helada la voz del siío que hace. Llégate a mí sin duda te abrigará mi amor. Estoy desnuda, y el empeño me ataja, por habérseme roto la mortaja: y si te has condolido, dame, seas quien fueres, tu vestido; que a un pobre derrotado; cualquier vestido le vendrá pintado. Vive Dios, que la voz, y el modo extraño, y que no es Aurora, y si es engaño, yo lo examinaré, y osado, y fuerte, sea quien fuere le daré la muerte. Quien eres, voz fingida, santástica, engañosa, sementida? Aay triste, di en el lazo, no dudo de mi vida llegó el plazo. Aquí me dijo Granizo, que perdió el papel: más ojos, qué mala visión que veis! Villano, tú de ese modo aquí, qué invisión es esta? mas tu pecho codicioso ya descubrió tus intentos; pero templaré mi enojo con darte infame la muerte. Florilla, tras ti me escondo, pues llegaste a esta ocasión. Ea, Señor, mi socorro le valga. . He de darle muerte. Esto es burla del Demonio, que uno me quite el vestido, y me dé de palos otro. Quién te le quitó, Villano? La misma Aurora, que ha poco, que me pidió para un muerto el vestido, y yo piadoso se lo di. . Y qué querías hacer conmigo lo propio? Vive Dios. . Tente, Señor. Pero Flora, tú aquí, como, y con luz, qué buscas? . Busco Señor, un junquillo de oro, que se le cayó a mi Ama hacia aquí. . Dificultoso será hallarlo en la espesura de este Labirinto hermoso. Pero qué papel es este? Peor es esto que lo otro. . Yo, Señor, que saber puedo. . Es este el cordón dichoso, que invia a buscar tu Ama? Si será, porque no ignoro; que nunca esconden las flores, sino áspides venenosos. Tu Alteza, Señor, se engaña; pues lo que yo busco, solo es el cordón, que Manzano tiene al cuello que es el propio, que se le cayó a Lisarda. Jesús, el Diablo sea sordo: para acabar de aburrirme, esto me faltaba solo. Haz, Señor que me le dé. Acaba Villano, loco: dáselo presto, a qué aguardas? Toma, y permita el Demonio, pues mi desahogo era, que a ti te sirva de ahogo. Yo sabré guardar la ropa. Idos, y dejadme todos. Señor Manzano, otra vez si fuere a nadar al golfo de Amor, cuenta con la ropa, que hay Sacres, abrir el ojo. . Vive Dios, que siento más, que no la burla, el oprobrio de Florilla, y de vergüenza, yo mismo de mí me corro. . e 2, - Entremos en cuenta honor, celos, vamos poco a poco, amor, déjame un instante, ansias, sufrid los sollozos, que hay mucho que discurramos entre lo honrado, y celoso. Este Basilisco mudo, este Reloj ponzoñoso, estos ojos sin veneno, y este veneno sin ojos: no sé que especie de furias, o que género de ahogos ha revuelto en un instante allá en el pecho que toco, en un beluvio de dudas, tin móngivelo de asombros. De quien esta aguda flecha, que me pasa el pecho todo, será, Cielos? Si Lisarda ofendida de mi modo, vengativa de sus celos, ha puesto su amor en otro, y en este papel le avisa el plazo tan breve, y corto de sus bodas, para que remedie mal tan notorio? Pues esto así me lo afirma el decirle, que despojo será de un veneno antes que a dueño impío alevoso rinda su albedrío: esto por mí lo dirá quejoso su amor de mi trato injusto: quién lo duda: Bien lo noto. Y esta sospecha acredita, el descuido cuidadoso, con que a buscar el papel vino Flora; pues no ignoro, que él el perdido sería, y no la cadena de oro: luego Lisarda es mudable? Mas qué digo? Yo estoy loco; ahora siento mudanza? ahora mi yerro conozco? Sí, que yo he dado la causa a mi ofensa, y a su enojo. Pero qué digo, alh de mí! yo dolo en Lisarda pongo, cuando Lisarda es un Ángel? cuando su lealtad conozco! Mas aí de mí! que es mujer, y en la mujer cabe todo. Válgame Dios, si Rosaura no gusta, que sea su Esposo Felisardo, por tener puesta su afición en otro, y ella este papel le esctiba: Si puede ser: Pero como esto mi labio pronuncia? Pues vive ese vidiente globo, que cuando aspiran sus rayos le ofrede el Mar mánseolo, que si atrevida la Infanta falta a la fe, y al decoro de tu Real sangre, en algún cobarde pecho ambicioso los ojos hubiera puesto, le sacara yo los ojos. Luego no es la Insanta? No, y ni aún presumirlo oso, que al espejo de su honor la presunción es desdoro. Pues si tampoco es la Infanta, discurramos otro poco: vacilemos, pues, discurso, por ver si apurarlo logro. Será, Cielos, Felisardo, que altivo, y vanaglorioso, menospreciando a la Infanta por tener ya dueño hermoso, quizá a su gusto elegido, mirando el lance forzoso de dar la mano a Rosaura, intente, atrevido, y loco, dando este aviso a su Dama, buscar algún medio, o modo para dilatar las bodas? Bien puede ser, si es que noto, que hay bellezas en Palcio, que pudiera el rubio Apolo, a lograr alguna, ser mas que con Dafne dichoso. Pero no, no puede ser; pues es público, y notorio, que desde que Aurora bella de diamantes pisa olobos, no se ha visto en Felisardo, constante extremo amoroso, ni alegres sus ojos tristes, ni enjuto su noble rostro. Luego, Cielos soberanos, si Felisardo tampoco no es, decidme benignos, decidme por Dios vosotros, pues yo no lo alcanzo, quien este áspid venenoso escribió, pues al mirarlo, suspenso, mudo, y absorto montes de dudas navego, piélagos de empeños toco. Entre la ardiente ceniza, que en el corazón escondo, guardaré este suego vivo; que si los Cielos piadosos me permiten que averigue entre mi silencio heroico, si es de alguno de los tres este basilisco sordo, no con más violencia el rayo de la nube ardiente aborto, que en la Torre más altiva, que en el más soberbio escollo siempre el destrozo ejecuta; no ejecutara el destrozo con más furia, con más ira, más valor, más presuroso, como el volcán de mi pecho, rompiendo los senos todos de la mina en que se abriga, en vengativos enojos, rayos volará de acero, muertes vibrará de plomo, que su osadía reduzcan a cenizas, humo, y polvo. . q Viven los Cielos, Villano, que te he de quitar la vida. Ten, Señor, no la caícida sea mí daga, y tu mano. Por tu descuido cruel, mi enojo así satisfago. No merece tan mal pago de mis servicios lo fiel. Cómo, Villano, perdiste el papel? . Dígalo él, pues fue el perdido el papel, y yo el mal hallado (al triste! En fin, que dijiste a Flora lo que en el papel decía? Cómo iba de letra mía, pude saber lo que a Aurora en él la decías, pues, con que aunque alguno lo encuentre, por más que en sospechas entre, nunca sabrá cuyo es. Cielos, ya el dorado coche a los Ántipodas guía, y su ardiente bizarría ya va ocupando la noche, y el plazo se llega ya de mis fatigas, y Aurora no ha parecido hasta ahora. Eso es, que durmiendo está; pero la Insanta muy cierta, que te quiere de por vida, mientras que la otra dormida, ella ella te busca despierta; pues paso a paso, sin tardo movimiento, y muda huella, entre esos cuadros, es ella quien te busca. Felisardo. Infanta hermosa. Qué veo? Qué es esto? Con tan escasa llama, el deseo os abrasa a el prevenido Himeneo? que a esta hora tan descuidado pisando estáis esta esfera, cuando el Tálamo os espera, quizá con algún cuidado? Pero dirá mi esperanza al mirar tal extrañeza, o que es sobra de tibieza, o es falta de confinuiza. El propio cargo, Señora, que me hacéis en tal abismo, os debo yo hacer el mismo; mas quien duda, quien ignora que quien solo se ha casado por razón de estado, creo, que sin cumplir su deseo, cumple la razón de estado. Y él, para esta boda, ufano, por qué otra gala no viste? Porque nunca tiene un triste, sino es quien le dé de mano. Y de lazo qué pedazo para el sarao previene? El desdichado no tiene, sino es en la horca lazo, Yo sé, que cierta doncella esta flor le feria en fin. Por qué? Porque en el Festin pueda usted danzar con ella. La que flores feria un bruto, qué Porcia será, señores? mas pues ella siembra flores, yo haré por coger el fruto, Amor. V Qué intentas, necia? Hacer aquí un desatino, castigar aquel Tarquino, y forzar a esta Lucrecia. Dejar intento caer . con caidado aquesta flor, por ver si logra mi Amor, que la llegue él a coger. Mirad, que de vuestro brazo ese lazo se ha caído. Qué lo extrañas, eso ha sido, porque caigas en el lazo. Empleo tan soberano, de vos solo es digno, en fin, guardarlo para el Festín. Mejor empleo en mi mano tendrá tan alto favor; pues yo soy, qué os estremece? quien solo coger merece el fruto de aquesta flor. Necio, loco, presumido, qué ocasión, o qué osadía, para tanta demasía os da licencia atrevida! . Vive el Cielo, que mi enojo a este loco en corto plazo sabrá, quitándole el lazo, castigar después su arrojo, En vano es que lo pretendas. Pues yo me voy confiada a . de que sabrá vuestra espada poner en cobro mis prendas. No sé si estime a este hombre . la acción, sin saber quien es, porque este ingrato después, de la misma acción se asombre. . Con su hoja, si se enoja, nadie quitarle osará esa flor, porque no habrá quien se atreva con su hoja. . Que vuestro valor pretenda cobrar bizarro, y sañudo esta prenda, no lo dudo; pero advertid, que esta prenda, para que esto se concluya de de una vez, la doy al suelo, y el que osado en campal duelo la ganare, que sea suya. Tu generoso despeño, joven, me tiene admirado, y el reñir más esforzado de mi honor, que de tu empeño Pues hable la espada mía. . La mía también. . Tú, menguado pon al punto de contado, sin más cuestión, ni porfía, esa flor, sin fruto en tierra, y lo mismo que ves haz. Mejor será en mala paz dársela, que en buena guerra, Es un gallina. . Imagina, que en el lance en que me hallo, mejor es en quien no es Gallo, (que no Capón) ser Gallina. Valiente eres. . Tu ardimiento infunde valor al mío. Mucho obligas con tu brío. Mucho rindas con tu aliento. El Rey viene, Estoy mortal. Advierte que Aurora soy, mira el empeño en que estoy. Aí suceso más fatal! Qué es esto? quién alborota este jardín? . Aquí callo, es, en forma de Caballo, Señor, quien triunfa una sota. Felisardo, que así os veo rifiendo en este confin, cuando os aguarda el Festin con las glorias de Himeneo? Qué ocasión a esta ocasión os movió a sacar la espada? No puedo hablar de turbada. . Quién se vio en tal confusión! . no sé que decir por Dios: esos Máscaras me han dado la causa. Estáis engañado, que quien la ha dado sois vos. Y porque tu Majestad advierta; que esto es lo cierto. qué irá a decir? yo estoy muerto. Una encubierta Deidad, bella invidia de Diaba, con la licencia que a todas permiten las sacras bodas de la Infanta soberana, viendo estos cuadros venía, cubierta el bello semblante de un blanco, y rojo volante; cuando la for tuna mía, que sorastero curioso, viendo estaba los primores, con que forman esas flores nuevo Chipre, y más hermoso, volviendo el rostro, Señor, la Dama vi, que he pintado, y no sé si con cuidado dejó caer esa flor. A cogerla llegué ufano, diciéndola prevenido: mitad, que se os ha caído este lazo; en vuestra mano logra feliz, respondió, empleo, la Nise bella, y así en el Festín con ella danzad está noche yo iba a hablarla agradecido, cuando llegó denodado este Caballero osado, diciendo muy atrevido, con voz airada, y suspensa: nadie como yo merece esa flor; si os lo parece; vive Dios, que quien lo piensa se engaña, dije, él severo, resuelto, y sin embarazo la respuesta libró al brazo, y la pregunta al acero. Yo hice lo mismo cortés: todo el suceso este ha sido, si yo anduve inadvertido, ya estoy, Señor, a tus pies. Levantad: Es esto cierto, Felisardo? . Gran Señor, así es. . Luego el error causó vuestro desacierto? Perdona, Señor, si atajo aquí tu palabra; pues este Máscara, al reves le tira a mi amo el tajo. Quién sois? Soy un Caballero, que de la fama traído de las fiestas, he venido solo a verlas, e. Pues yo quiero conocer quién sois: qué os pasma? Descubrios. . Qué venablo! tiró, de la manta el Diablo, y acabose la Fantasma. Aí lance más apretado! . Perdone tu Macestad, que repugne mi lealtad la obediencia, pues es dado en días de tanto gozo, que a cualquiera que así entrare nadie en el traje repare, ni ose quitarle el embozo. Aunque mi palabra Real valga para que entre, y salga, quien quisiere así, no valga para con vos. . Grave mall . Cielos, como evitaré . tan fuerte empeño? Señor, si os merezco por favor, esta vez permitid, que esta Máscara reserve el rostro de vuestros, ojos, que el fuego de mis enojos no quiero que se conserve al conocerlo, y que airado no me pueda contener, y vuelvan a renacer las cenizas que han quedado. Aunque es fácil el remedio, para que esa noble injuria mitigue su ardiente suria, el ver que estoy de por medio, porque lo requiere el día, o por pedírmelo vos, aquí os perdono a los dos: y vos seguidme. Oye, aguarda, mira, advierte. Qué he de mirar; ni advertir? sino solo ir a rendir el espíritu a la muerte. Nada récele tu brío; pues porque amor se concluya, o esta noche he de ser tuya, oh jamás has de ser mío. . Flora, con esa modestia te vas? . Sí. Por qué? Porque ando de tu valor sospechando una coz. . Pues soy yo bestia? Poco menos. . Voto a Dios, picaña. . Vamos a espacio, que no somos en Palacio alcamonias los dos. . Celebren con dulces voces acordes los instrumentos, la unión de dos tiernos Rayos, con dos Soles los más bellos. Celebren, aplaudan, festejen los ecos del Clarín sonoro; del Lírico Plectro, plausibles delicias del Dios Himeneo. o - , . , s, Qué bien el soñoro acento, qué bien el pensil florido, que sueña aquel a los ojos, y este parece al oído. No es el Delfín escamado, con más armónico estilo, suspendió cantando Arión el Imperio cristalino. No en el Templo de Diana los sacros Coros festivos hicieron más bello alarde en aplauso de sus Ritos; como el venereo aparato de tanto hermoso prodigio. Y como el Marcial alarde de tanto Adonis invicto, forman con ecos, y adornos; pues los vientos suspendidos, apri- aprisionados los ojos, y embargados los oídos, sin poderse contener, arrebatan atractivos, unas tras si las potencias, y otros tras sí los sentidos. No sé a qué efecto, Señora, toda de azul te has vestido? Porque el timbre de mi amor, todo de celos ha sido. De rabia os vestís, en qué vuestro amor os ha ofendido? En que de Ángel se pasó a ser mortal basilisco. 1. De que estáis esperanzado el color verde da indicio? Solo en fe de una esperanza aliento, señora, y vivo. 2. Pues de qué lirio os vestís, que andáis con pasión esfijo? Por desnudarme de loco, quise vestirme de lirio. 3. Vuestro amor os desespera, pues os feriáis de pajizo? Tuve por él cierto susto, y así me puse amarillo. Que estáis con amor en paz, en la blanca flor confirmo? No es si no que tiró al blanco, y como ciego erró el tiro. Baste ya el glorioso aplauso, cesen los ecos sestivos, que ya es tiempo de aclamar lauros del rapaz Cupido: y así descubríos todos. Amor me valga! qué miro! . Cielos, Felisardo es a quien mis celos he dicho. Por qué vos no os descubrís? Quien en el juego que admiro, ni juega, ni va a la parte, qué importa que esté escondido? Cuando a todos he mandado descubrirse, inadvertido, por no llámaros soberbio, pues no hay soberbios conmigo, habéis andado, y así a qué aguardáis, descubríos. Eso es volvernos, Señor, al lance que antes tuvimos. Mas porque hombres como yo, no piense algún atrevido, que el temor, o cobardía me esconden, mas que el motivo de ser conocido; ya me importa ser conocido, descubriéndome. Aguardad, que ahora no es gusto mío, que os descubráis. Pues ahora a tus pies, Señor, te pido, permitáis que se descubra; pues sus arrogantes bríos (mejor diré el lance fuerte, en que me ha puesto el destino) me obligan a conocer un corazón tan altivo. No ha de ser ahora: hija. Padre y Señor. A tu Primo la mano le da de esposa. Qué haré Cielos. . Pobre Grillo, y que esposado te miras. Toda me ha cubierto un frío. . Qué te suspendes, Rosaura? Un temor, un parasismo: Pero si es ley la obediencia la mano os doy. Yo la admito por dueño de un corazón, que os idólatra rendido. Echó la fortuna el resto. . Loco, villano, atrevido, q quien, para arrojo tan grande, os da tal valor? . Vos mismo. Cómo? . Cómo de esta mano vos, Acreedor primitivo me hicisteis: y de esta, porque . ya tiene dueño elegido. Ya falta, Señor, paciencia; pero en tan gran labirinto, descubriendo a este Traidor, se saldrá de tal abismo. Mas ansias, qué es lo que veo! . Mas Cielos, qué es lo que miro! . Pero desdichas, qué advierto! . Arrojo notable ha sido, . Qué severo el Rey la mira. . De nieve soy sin Granizo, . pues Florilla me ha burlado. Vive Dios, que mi vestido . el Granicillo se ha puesto! Gracias a Dios, que salimos . de esta Muerta, Duende, o Diablo. Fortuna es sueño, o delirio! . No extraño, Señor, que al verme todos se hayan suspendido. Que os admira Aurora soy; viva estoy, un sueño ha sido lo que ha pasado por mí; pues la muerte que he fingido, aunque hubiera sido cierta, la tuviera por alivio, a no haber llegado a ver tan dichoso sin cumplido: Fingida ha sido tu muerte? Sí señor. . Pues qué motivo a tal acción te obligó; Conservar el puro, y limpio claro espejo de mi honor; porque un Pirata atrevido, confado en su poder, llevado de su apetito, de mi entereza, una noche ser dueño tirano quiso; y su intento consiguiera, a no haberme allí valido de entregar (nueva Lucrecia) el aliento al duro filo de un puñal, de cuya herida cayendo en el suelo frío, pudo librarme la muerte del más violento Tarquino. Y convalecida de ella, conociendo, que el peligro se quedaba en ser, por ser poderoso el enemigo, para estorbarlo, en secreto Lisarda, y yo dispusimos, que mi muerte se fingiese: Esto, al silencio remito; pues más de espacio, señor, os daré de todo aviso. Solo diré. . Basta, Aurora: y pues yo la causa he sido del delito, bien merece se le perdone el delito, quien como yo lo confiesa. Vive Dios, que el rigor mío, a haber tenido noticia, lo ejecutara contigo. Por eso se dio al silencio. Yertos de amor, Rey invicto, se miran con más piedad. Pues yo seré más benigno, dando a Lisarda la mano. Hasta que haya conseguido un desengaño, no puedo. En qué materia! . El motivo este papel lo dirá. Yo lo veré por mí mismo. . Dulce bien de mi deseo, mañana en la noche; advierte, que en Tálamo mi muerte previene el Dios Himeneo. Mi vida será trofeo de un veneno, antes que a impío dueño rinda mi albedrío: y así, mira lo que ordenas, pues un día tiene apenas ya de plazo el dolor mío. Cielos, mi papel es este. . Miren donde a hallarse vino mi perdido pan, pues tuve ya por él mi pan perdido. Pues este papel a mí en qué me culpa? En el sitio donde le hallé, hallé que Flora le buscaba: luego es fijo, que otro a ti te lo ascribió? Sabed, que el papel es mío esa duda satisfaga; pues yo a Aurora se lo escribo. De eso buen testigo soy; y será mejor testigo el señor Manzano, cuando desnudo en el Paraiso, al soplo de mis astucias, lo dejé cual verduguillo, desnudo su medio talle, a la vergüenza del siglo. Que tú me burlaste? Siento tan tarde haberlo sabido: mas si a encontrar nos volvemos, ya probarás tú mis filos. Satisfecho ya, Lisarda, Galán, Esposo, y Marido os doy la mano, . Y el alma de nuevo, Señor os rindo. Y tú, Aurora, da la mano a Felisardo, que estimo mucho tu vida. . Los Cielos te guarden, señor, mil siglos. La fama de generoso estienda tu nombre invicto: que Rosaura también tiene al Rey mi hermano por digno dueño de tal hermosura, siendo gusto suyo. . Y mío, pues más desear no puedo. Tuyo, Aurora, es mi albedrío. Horilla, esos cinco encaja, por saber cuantas son cinco. Del tovillo al pie soy tuya. Nise, yo del pie al tovillo soy tuyo. . Pues toca a gloria, como cobres el vestido. Y aquí, piadoso Senado, si el deseo con que os sirvo os ha acertado a agradar, si me alienta vuestro auxilio, volveré a surcar osado con el débil leño mío, el piélago del Parnaso, donde engolfando los filos de mi tosca pluma, pueda con tan alto Patrocinio, escribir asuntos nuevos: si es que nuevo asunto ha sido la Muerta por el Honor, de quien el perdón os pido,
