Texto digital de Mudanzas de la fortuna y firmezas del amor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mudanzas de la fortuna y firmezas del amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mudanzas-de-la-fortuna-y-firmezas-del-amor.

MUDANZAS DE LA FORTUNA Y FIRMEZAS DEL AMOR
JORNADA PRIMERA
Varonil osadía, con que valor la remendada pía, exhalado furor del Horizonte, alma del yermo, escándalo del monte, se despeña al combate, cuando Porcia, esmaltando el acicate en púrpura caliente, mide veloz el campo floreciente Ya Porcia, y Federico (Rey famoso de Nápoles, ilustre, y generoso) vienen a acompañarte, ella excediendo a Palas, y él a Marte. Sobrinos. Cran señor, daños tu mano. F Porcia, de verte, el monte vive ifano: porque cuando le pisas, su esmeralda matizas; y dando a Abril para lucir liciones, nace un clavel donde la planta pones. Vuestra Alteza, señor, escuche atento, oirá un milagro, hijo de su aliento. Agradecida estimo honras de vuestra Alteza, y de mi primo, Di, Federico. Honraba la maleza, coronando los montes de belleza, Porcia mi prima, cuando, sobre un melado bruto, que usurpando al rayo lo violento, hijo del viento es, o el mismo viento, tan viento en la carrera, que si por dicha el viento se perdiera, para poder hallarlo, vinieran a buscarlo a este caballo; preso en la piel melada, toda de negras moscas salpicada, que quizá se mancharon por la color de miel que en el hallaron, Hallo en la margen de ese arroyo frío, senda de plata, que camina al río, un Oso osado aleve, robando el alma dulce a un corcho breve mas así que vio a Porcia, torpe, y triste, el huir deja, y al caballo embiste, que como era melado, le juzgó de pañales fabricado: Porcia entonces opuesta a su fiereza, con el venablo el pecho le atraviesa, y por la roja herida tragó el acero, y bomitó la vida; no paró aquí su brío, pues dejando la fiera con la muerte agonizando, midió el valle florido, z j spañ y un León halló en el embravecido, que cometa de pluma, humedeciendo el bozo con espuma, abrasada la piel, vivo el desuelo, la guedeja erizada, crespo el pelo, que cuando brama, o gime, cinco puñales cada mano esgrime, altivo la acomete, sacudiendo los rizos del copete. Cércanle los monteros, y antes que dibujara los aceros. a la menor herida de mi prima, que la cerviz nerviosa se lastima, embarga el movimiento, y el alma exhala avueltas del aliento, y aunque muerte la herida le asegura, más presto se murió de su hermosura. Es Porcia honor de entrambos Horizonte: valerosa Diana de estos montes. Hónrame vuestra Alteza. Qué brío? . Qué hermosura! Qué belleza! . La caza prosigamos Aguardad, que a la sombra de estos ramos, que de este risco en la zanesa, o falda, se dan tiernos abrazos de esmeralda, a todos juntos referiros quiero un extraño suceso. Ya le espero: Yo le aguardo obediente. Pues todos me escuchad atentamente, Carlos mi padre, que yace en trágicos Mauseolos, Rey de Nápoles insigue, que es el Reino más hermoso tuvo dos hijos, que fuimos Enrique, y yo, siempre en todo, hasta en el nacer opuestos, pues de un infeliz aborto nacimos los dos luchando; mas que mucho si uno solo había de heredar el Reino, y es el Reinar tan gustoso, que aún sin conocerlo entonces, lo pretendimos heroicos! Criose Enrique arrogante, soberbio, vanagloriose, a las lisonjas atento, a los desengaños sordo, a los consejos severo y a las delicias gustoso; España yo al contrario, por afable, y por modesto, de todos granjeé las voluntades, siendo mi humildad soborno, que tiene imperio en las almas lo apacible, y lo piadoso Y así después que mi padre fue a pisar dorados solios me eligió el Senado a mí por Rey, y Monarca solo. Dividiose el vulgo en bandos, alterose el Reino todo, crecieron oposiciones, duplicáronse alborotos, ocasionando a mi hermano los rebeldes, y alevosos, a que contra mi esgrimiera el dorado alfanje corbo: pero que mucho que entonces pelearamos furiosos, si antes de nacer luchamos en aquel albargue corto Venció Enrique, y a sus sienes condujo el círculo de oro con aplausos, porque siempre agrada lo justo a pocos. Y en tanto que con mi acero defendía valeroso mi justicia, perseguidas de Enrique, inhumano monstrue mi esposa, y mi hermana; a cielos! con disfraces temerosos, a esa aldea trasladaron su belleza, y sus asombros. Estaban ambas en cinta, y del parto riguroso murió la Reina, y mi hermana le imitó después, que solo de sus muertes tuve aviso, que desdicha, y que malogro Yo de la sangrienta guerra, donde los valles, y lotos. sobre la verde librea se matizaron de rojo; partí en un bruto ligero, que despedia fogoso sangre viva, y muerta espuma por la boca, y por los ojos. Fui a Alemania; sin hallar favor en mi Reino todo; pero cuando del vencido se acuerdan los poderosos? Veinte veces doró el Sol, hoguera ardiente del trono, de quien son centellas vivas tantos astros luminosos, visitándole en su albergue el pelo al celeste Toro, mientras yo ausente, gozó Enrique del cetro heroico. Mas el cielo, que no niega a tiranías el rostro, dispuso que restaurara con el Aleman socorro mi Reino, vencí a mi hermano, murió; y su ejército roto, huyendo de mi cuchilla, se retiró temeroso. Cobro a Nápoles, y en ella segunda vez me corono con agasajo de muchos, con emulación de pocos. Hoy he dispuesto esta caza porque informarme dispongo en la aldea de aquel monte, pardo obelisco del globo, que de luchar con los vientos, cristales suda en arroyos de Albano labrador noble, que fue el amparo piadofo de ma de mi hermana, y de la Reina, ya de la Parca despojos, si parió mi esposa triste, que no sin pena lo ignoro; si fuere varón, con Porcia, en Himeneo amoroso, darán límite al cuidado, y a las esperanzas logro; y si es mujer, Federico será Monarca dichoso. Quisiera, nobles sobrinos; que gozaráis los dos solos, a Nápoles, mas el cielo lo impide con este estorbo, Aquella aldea que ciñe la zanefa de aquel soto, nos dará sin dilacción pena, o gusto, mal, o asombro, Este es el misterio oculto que ignora mi Reino todo, este el Príncipe que aguardo, la tiranía que lloro, la esperanza que me alienta, la desdicha que supongo, el sujeto que refiero, y el desengaño que noto, si para sentido mucho, para referido poco. Extraño caso! . Notable! Ya me tiene cuidadoso. A tu gusto, gran señor, están obedientes todos, Si tiene el Reino heredero, gócele alegre, y dichoso que ninguna ley permite lo contrario. . Alegre os oigo, Pues al monte, que ya Febo dibuja en líneas de oro las sacudidas espumas de ese marítimo golfo Hoy sabrá Nápoles bella si tiene Príncipe heroico, Si es varón, he de ser Reina. Si no es varón, me corono. A guarda, tener Leonido, dónde vas de aquesa suerte? A dar a Carlos la muerte, suéltame. . Estás sin sentido! Que me mata. . Y tu villano vive Dios, que has de morir No hallo por donde huir del rigor de este tirano, en el tener, o soltar pende el vivir. . Suelta ingrata, Aquí de Dios, que me mata, sin dejarme confesar. A Carlos matas, cruel? su vida a la Parca ofreces? Sí, pues a mí me aborreces cuando idolatras en él; tú das vida a tu rigor, yo aliento al cuidado amante, tú en los desprecios constante, yo constante en el amor: y en estos celos que toco, cuando el sufrimiento pierdo, solo me queda de cuerdo saber que me tienes loco, Qué es esto que miro cielos! Margarita con Leonido, ay de mí, que siempre han sido pensión del amor los celos! quiero escuchar a los dos. Engañado estás Leonido, Sañ que que ni a Carlos he querido, ni quiero quererle. Ay Dios esto dice Margarita cuando me llama su dueño Olvida el loco despeño que tu enojo solicita. Luego mienten mis recelos? No te desengaño ya? Viven los cielos, que está satisfaciendo sus celos. Mengo, quiero a Carlos yo? Dónde vas torpe villano? A casa de un tirujano. Hete herido? . Pues no? la ropa siento mojada, y las bragas mucho más, y es cierto que por detrás me has dado alguna estocada. Di, villano, quiere bien Margarita a Carlos? . Sí, así me quisiera a mí. Mengo, el discurso deten, yo tengo a Carlos amor? di más necedades juntas. Para que me lo preguntas si tú lo sabes mejor? Que negando ingrata esté nuestro amor, de celos muero. Como sabes que le quiero Cómo? yo se lo diré, porque los vi el otro día hablando tan tiernamente en la margen de una huente, que el agua se sospendía por ver hablar a los dos, y de aquí su amor arguyo, que el dijo si no soy tuyo, mi vida, mal me haga Dios. Después, seguo pude ver con amorosos excesos. las manos, y boca a besos se los quería comer; y advirtiendo su locura entre mi dije, al mirarlos, que es Sabbado pienso Carlos pues quiere comer grosura. Que mis señas no entendió, ete. . Si podiere ser también me acuerdo que ayer ella un abrazo le dio, Con el susto se ha turbado en nada ha dicho verdad. Engañosa es tu piedad. También se me había olvidado que Margárita envío hoy a Carlos un papel. Cómo lo sabes infiel? Porque se lo llevé yo. Es aquesta turbación? a cólera me provoco. Sin duda Mengo está loco; o bárbaro sin razón, vuelves con otras locuras? . Se me olvidaba por Dios, que a noche hallé a los dos en un aposento a escuras, Miente. Pues mi amor piadoso cómo no halla alivio en ti? Quiero engañarle, ay de mí, porque no mate a mi esposo; los celos te tienen loco, Leonido, que en pena igual, yo no quiero a Carlos (mal) yo no estimo a Carlos (poco) deja celosas quimeras, no te enojes, dueño mío, olvida ese desvarío, dacional de España s Vive Dios, que va de verás. Margarita, esa esperanza pondrá freno a mi impaciencia aunque hay poca diferencia entre mujer, y mudanza. Adiós, y cuando se aleje tu beldad, no con despejo te quejes de que me quejo, pues haces porque me queje. No hay humano sufrimiente contra pasiones celosas, y pues las padece el alma, salgan, salgan por la boca, que no tiene amor, ni celos el que en ansias tan notoria: se vale de la prudencia, para desmentir congojas. Carlos, esposo, mi bien, dueño, mi señor, mi gloria que tienes, que tan turbado fuego parece que arrojas? toda la color perdida, trémula la vista absorta, sin disfraz el sentimiento, sobornada la congoja, la pena con mucho brío, trocada en jazmín la rosa, todo negado al aliento, cuya suspensión informa que intentas plaza de hielo, o que estudias para roca Bien como cánoro arroyo, dulce del prado lisonja, que siendo en cuna de peña alma de un risco sonora, muere en túmulo de plata perdiendo la primer forma, pues a los soplos del Cierzo tan helado el curso estorba, que es hielo lo que fue perlas, y granizo lo que aljófar. Cómo, Carlos, no me miras? que disgustos te apasionan? refiéreme tus pesares, descansa conmigo a solas. Que tienes, Carlos, que tienes? Tengo, villana alevosa, tengo celos que me afligen, aflicciones que me enojan, enojos que me suspenden suspensiones que me asombran asombros que me atormentan tormentos que me apasionan, pasiones que me lastiman, lástimas que me alborotan, alborotos que me ofenden ofensas que me congojan, congojas que me disgustan, disgustos que me provocan; mira si tengo razón para estar de aquesta forma Celos, Carlos estas loco! querido dueño. . Ah traidora, Eso me dices? no sabes con las ansias amorosas que te adoro? finges Carlos? Que me dices, engañosa, si son mis ojos testigos de que a Leonido aficionas? No es cierto lo que refiero? testigos las flores todas que para dormir la siesta las recuesta el viento ahora; si ya no es que desmayadas de ver tu traición se postran, que hay dolor para las flores, cuando a los hombres les sobra Oye, advierte. . Déjame, y mira que me ocasionas a que Nacional de España y a que esta brillante daja envaine en tu pecho ahora aunque es mejor en el mío pues vives en él tu propia moriremos los dos juntos, pagando de aquesta forma yo, haberte querido bien, tú, haberme sido alevosa, moriré yo por leal, tu morirás por traidora. Estás en ti? escucha Carlos, que me atormentas, y enojas. Suelta Sirena, que cantas cuando del alma despojas; tocodrilo, que das muerte, cuando más lágrimas lloras; si yo te vi con Leonido, quieres negármelo ahora? vive Dios, que no salí a matarte; qué congoja! porque como nunca tuve tu lealtad por sospechosa, quedé absorto en el agravio, y cual toro, a quien provocan en la ruidosa palestra los silvos, y las garrochas, que sin herir con las puntas con el ceño solo asombra, y dudando en la venganza, cuando más ciego se enoja acepillando el arena, viste de espumas la boca, globos de menudo polvo fábrica, donde se esconda: y a título de embestir parece que se reporta: así yo, viendo mi agravio, el alma turbada toda dudaba cual de los dos me daba mayor deshonra, y entre suspenso, y confuso, vivo escollo, y viva roca, negándome a los castigos, me concedí a las zozobras, Leonido, que con tu tío Albano quedaba ahora; mas ay, Carlos está aquí, él me desuella, o me azota Recado traes de Leonido? tú, traidor a mi persona; quiere Margarita bien a Leonido? . Di tu ahora otras locuras, villano. Ella sin duda se enoja, porque le digo que a Carlos ama, yo enmendaré toda la necedad de denantes; señor, Margarita adora a Leonido tiernamente, eso es cosa muy notoria. Esta bien, ingrata a Dios. Carlos mío, amada gloria. Déjame, que no me ablandan tus cautelas, y lijonjas. Ay de mí, yo me contento con treinta palos. . Ahora verás si te adoro, Carlos, turbada está el alma toda. Leonido aleve villano, nube oscura, opuesta sombra al esplendor de mi amor, yo soy de Carlos esposa Si lo cautelé advertida, fue porque altivo pregonas dar la muerte a Carlos, digo? a mí, que es todo una cosa. Tan imposible es quererte, como vestir las alfombras pa a Nacional que l que pule Mayo de estrellas, y las esferas de rosas; dueño mío, estás contento? Mi silencio te responda. Y yo he dicho lo que siento; mira tú lo que te toca. Absorto, y suspenso aquí halla mi conocimiento en ti tanto atrevimiento, como sufrimiento en mí; sucedió lo que temí, pero yo como a enemigo daré a tu traición castigo, y sin que tu amor lo impida, quitare la aleve vida al traidor que está contigo, Vive Dios, que si intentarás oponerte a mi valor, que mi cólera, y furor, villanos experimentaras: tan alto al cielo volaras, que con muda turbación, dando al Orbe admiración tu vil persona sirviera, o de cometa en la esfera, o de nube en la región: Es tan valiente mi brío, es mi denuedo tan fuerte, que para darte la muerte basta solo un soplo mío Enfrena tu desvarío, disparates no refieras, pues con voces palabreras desacreditas tu intento, que el soplo es cosa de viento, como lo son tus quimeras, Yo luchando en fuertes lazos, doy a un Oso confusión. Y yo en el monte a un León lo hago dos mil pedazos; y si te cojo en mis brazos. luchando en penosa calma, he de llevarme la palma, pues tanto te he de apretar, que no ha de hallar lugar por donde salir el alma. Leonido, si por amarme quieres dar a Carlos muerte, no podrás de aquesa suerte ni tenerme, ni aún mirarme, que yo que supe entregarme a Carlos, siempre fiel, vivo en su pecho con él, y si tú eres homicida, mal podré yo tener vida si se la quitas a él A Carlos el alma quiere, y por la unión que recibe, tendré yo vida si el vive, tendré yo muerte si el mueres su aliento de mí se infiere, el gusto de ambos es uno, y el disgusto, si hay alguno, y así en el lance feros, o moriremos los dos, o no morirá ninguno. Dejarte es cordura en mí, porque se, cobarde, loco, que eres para mí muy poco, y soy mucho para ti. Aguarda, villano, aquí, Con armas podré aguardar . Carlos oye; qué pesar! reñir quieren: qué imprudencia! por estotuar la pendencia a Albano quiero avisar. Ahora verás, villano, que no has de hacer competencia al valor que en mí estos montes, o le aciontal de España S0 o le temen, o veneran. Teneos, qué es esto Leonido? Apenas forma la lengua palabras, porque la estorba de cólera el alma ciega. Leonido mi hijo adora esta divina belleza, por natural simpatía, o consonancia de estrellas, mas ella se inclina a Carlos yo soy padre, y no quisiera que permitiera el amor contra la lealtad cautelas: Qué es esto? Señor, el Rey ahora llega al aldea. Salgamos a recibirle. Excusada diligencia. Albano amigo. . Señor. deme los pies vuestra Alteza. Di lo que pasa, y si tiene Nápoles Príncipe. . Bella mujer! . Gallardo villano) Qué majestad! Qué grandeza Tu hermana, invicto Monarca y mi señora la Reina, que alcatifas de zafir pisan en solios de estrellas, huyendo del Rey Eurique; vinieron a aquesta al dea, a dar a las flores vida, a dar lástima a las peñas. Parió la Infanta una niña, y muriose, viendo apenas el rosicler de los rayos del más ardiente Planeta! Mas la Reina mi señora le dio a Nápoles la bella un Príncipe, que conmigo se ha criado en estas sierras, sin que el temor de tu hermano, gran señor, me permitiera descubrir su calidad, manifestar su grandeza. Acaba, cual de los dos es mi hijo? no suspendas ni dilates el discurso. Es Carlos, llegue tu Alteza. Dame. Príncipe, los brazos. Que tus plantas me conceda te ruego. . Levanta Carlos que agrado, y que gentileza! Tanto este Carlos me enfada como esta serraña bella me enamora, pues me quitan a un tiempo los dos (que pena el el Reino, y ella el alma; bien dicen los que confiesan, que amor se rinde a su objeto, porque él es todo potencia. Notable mudanza ha sido! Fortuna, y naturaleza, si con favores me obligan con dichas me lisonjean. Una me da una corona, otra un padre, en quien respeta con veneración el alma, valor, aplauso, y grandeza; y de las dos obligado, si satisfacer pudiera, primero que a la fortuna, premiara a naturaleza. Sois discreto. . Yo el primero llego a rendir la obediencia a4 acional de yo, da!) eta mere an l a mi Príncipe, y señor; deme los pies vuestra Alteza. Y yo aguardo en esas plantas me reconozcáis por vuestra. Federico, y Porcia son mis sobrinos. . La soberbia me excusará, si a mis pies os postráis de esa manera. Alzad prima, Porcia alzad, que en los dos ve el alma atenta un valeroso Alejandro, una bellísima Elena. Confuso estoy de mirarle. Rendida estoy a sus prendas. Hoy pierdo un Reino, y la vida. Hoy gano esposo, y soy Reina. Hoy se aumentan mis cuidados. Hoy se menoran mis penas. Todos, Príncipe, y señor, humildes tus plantas besan. Es el Conde Arnesto. Alzad a vos, Albano, esa Aldea, con licencia de mi padre, os doy. Tu nobleza ostentas Yo me acordaré de vos mucho os debo; Mengo venga a la Corte, porque gusto de sus gracias. . Guarda huera. yo entre Duquinos, Duquesos, y Ducos? . Esta cadena tomad, y servid a Carlos, Prendeisme; señor, con ella; esto es llamarme de loco, ya empiezo a privar estrella, pero si yo soy privado, privada será Teresa. Quién es Teresa? . Mi herman: que ayer se fue a unas novenas, porque le de Dios un hijo, que no pare, aunque pudiera. Pero ya con la merced que nos hace su insolencia, no solamente mi hermana, mas no quedará en la Aldea serrana que no se empreñe. Gracia tiene: las líteras carrozas. . Vamos, porque se den principio a las fiestas del Príncipe. . Yo agradezco aquesas honras supremas. Yo voy rabiando de envidia Y yo voy de amores muerta. Solo el Príncipe ha quedado, Sola Margarita queda. Oh fortuna, qué mudanzas para darme muerte inventas! Oh amor, como no te rinde la Majestad, y grandeza! Quisiera llegar a hablarle. Llegar a hablarla quisiera; Margarita. . Gran señor, deme los pies vuestra Alteza. (ao Por qué es el llanto? . He queri- un hombre, y perderle es fuerza. Y por qué es fuerza perderle? Porque se ausenta, y me deja. No deja quien quiere bien, quien tiene amor no se ausenta: que importa que yo me vaya si con vos el alma queda? no lloréis. . Es imposible, porque el amor que me alienta es flor, que en las verdes ramas de la esperanza se alberga, y se podrá marchitar si los @ Nacional de España S1 si los ojos no le riegan. Quien ama, y no llora, Carlos, (digo señor) aún no llega a la perfección de amor, que en las lágrimas se ostenta que son sangrías del alma para desahogar las penas, y quizá por esta causa al amor le ponen venda, acordando la sangría a quien amaré de veras. Cómo podré, Margarita, vivir con gusto en tu ausencia! Luego has de amarme? Eso dudas? Verás otras damás bellas, y olvidaraste de mí Nadie iguala tu belleza. Un Príncipe a una villana! Las calidades dispensa amor, que es Dios, y es amarte aumento de mi grandeza; qué temes? Qué has de olvidarme, Soy firme, Ay allá Sirenas, Seré Vlises. Quiera el cielo. Quién dijera! Quién dijera! Qué disgusto. Qué pesar! Dulce dueño Amada prenda. Que en la aldea te quedarás! Que tú a la Corte te fueras! Y Leonido? Es engañoso, Si te sirve? Eso me acuerdas? Qué has de hacer? Despreciarlo, Y si llora? Seré peña. V4 Y si habla? Seré áspida me olvidarás? Es quimera, Ay mi bien, que dicen todo los que amor experimentan, que sin ausencia hay olvido, mas no sin olvido ausencia. Ninguno mi amor iguala, seré excepción de la regla. Dame un abrazo, y aDios, Mis ojos con él te queda. Ven acá pues de esa suerte te vas tú de mi presencia? Pues qué quieres? Que me hables. Tuyo soy Si verdad fuera! Iras a verme? Si Carlos. Cuando amores? Cuando pueda. Ya me llaman, y no puendo detenerme. . Carlos, ea a Dios. . Margarita mía. Carlos mío, dulce prenda, Adiós, Adiós, dueño mío, Qué te quedas? Qué te ausentas? Quién se quédara contigo! Quién a la Corte se fuera! El alma toda te dejo. El alma toda me llevas, to Ap
JORNADA SEGUNDA
JORNADA segunda Notable melancolía! Extra ordinaria pasión. A todos da confusión, Carlos, tu pena, y la mía. Esta feliz npuedad no divierte tu cuidado. cuando del humilde estado subes a la Majestad? Que pena, Carlos, pretende dar eclipses a tu gusto? que pesar te da disgusto que tristeza te suspende? No es tristeza aquesta mía, pues verás, cuando lo intentes, que son cosas diferentes tristeza, y melancolía. Pues procede la tristeza un de alguna causa interior; melancolía es humor natural, que nunca cesa. Y así no culpes en mí la tristeza que advertiste, que yo, señor, no estoy triste, y melancólico sí. Cuando es tanta la pasión, es bien que perdiendo el brío reconozca el albedrío el yugo de la razón. Mas es que melancolía la que te aflige, divierte con tus primos mal tan fuerte. . Hoy. Conde, la industria mía se ha de lograr, vive Dios, que a Nápoles me asegura. Del Príncipe la ventura pio estorbaremos los dos. Rey de Nápoles serás, si tiene mi industria efecto. A tu gusto estoy sujeto, como en las obras verás. No es locura mi ambición, pues cuando por el no Reino, puedo decir que del Reino me quita la posesión. A mí me niegas, señor, el mal que balta a enfadarte, ya porque pueda imitarte, me da lecciones mi amor, que excesivo me condena al pesar que en ti miró, que mal tendré gusto yo cuando te miro conpena. Tantas cosas diferentes, prima, novedades son que causan admiración. No se admiran los prudentes. En quien siempre se ha criado a la soledad atento, disfrazar suele el contento la novedad del estado. Sospecho que Carlos, Conde pues no le agrada mi prima otra dama amante estima, y su voluntad esconde, y así, para que al terreto vaya, y en él de esta suerte le demos los dos la muerte, un papel fera el tercero. Pues luego a escribirle voy. Vamos. Cuando no ha valido contra ie a ada 2 España contra penas el olvido? Nunca estando como estoy. Si te inclinas a cázar si al monte quieres volver, er yo, primo, que aunque muj doy a una fiera pesar, te seguiré en esas breñas, tiñendo en lances fatales, el venablo de corales, y de púrpura las peñas, Y porque gusto recibas poblaré con flechas ciertas, el viento de plumas muertas, el monte de plumas vivas Sujétame la pasión, y así de tu pensamiento guardo el agradecimiento para mejor ocasión. Pues de esa suerte, señor guardo yo me voy. . El cielo o Penosa, triste, y cobarde me tiene mi loco amor Ay Margárita, ay beldad divina, tus perfecciones con sofísticas razones disfrazan la voluntad, mucho me cuestas, penosa vive el alma que en ti habita, que como eres Margarita, es fuerza que seas preciosa, Válgate Dios por mujer. Mengo que te ha sucedido? Vengo absorto, y suspendido. Qué tienes? . qué he de tener? oye, señor, este cuento. Una dama quiso hablarme, y al allegar a llamarme, reparé, señor, atento, que bostezó, y con malicia tanto abrió la boca bella, que le cabia por ella todo un nabo de Galicia. Yo con gusto extra ordinario, que la novedad provoca, me acerqué, y vi que su boca se parecía a un rosario, ensartados en los diestros labios, rojas celosías, los dientes Ave Marías, y las muelas Padre nuestros Y como al rosario toca tener cruz, que es ordinario por darle Cruz al rosario hice una Cruz, y en su boca se la metí, a su pesar, y ella quedó de manera, que yo pienso que aunque que no volverá a bostezar. Aunque visto a buena luz, no fue la mía simpleza, porque siempre quien bostes hace en la boca una cruzí diome este la niña loca, y que es mi discurso entiende memorial, en que pretende que se le achique la boca; dijo que era para ti. Esta noche en el terrero, Príncipe, hablaros quiero, esto solo dice aquí, Ella es, darasme pesar si haberla vas, porque juro, señor, que no estás seguro, si ella vuelve abostezar. De calidad diferente ha de ser la que me llama Podrá ser que sea otrada que te quiera tiernamente lo, eza de Por divertir mi pesar iremos juntos los dos. Aqueso no, juro a Dios, no soy para acompañar No des en eso, ven irás acompañarme, Temo. . Qué? Qué ha de tragarme si es la dama del bostezo. , a , e, . Ya la ausencia de Latona, sombras despliega en el aire, vistiendo de negros lutos lo que adornaron celajes. La Luna, en solio nocturno, coronada de granates, golfos, de tinieblas sulca en chalupas de azabache. Y viendo ausente a su hermano, solicitando buscarle, enciende el cielo de antorchas, muda, asustada, y cobarde. Y si la ausencia del Sol ocasiona sus pesares, que mucho que yo afligida, de llantos que me deshacen; de celos que me desvelan, de penas que me combaten, celosa, penosa, triste, sola, tierna, ausente, amante, ha ver a mi amante venga a buscarle, y a buscarme, que estando sin él, no es mucho que a mí misma no me halle? Teodora, Eufronia, y Eugenia, y otras mujeres constantes por amor se disfrazaron, has que habrá que amor no alcances Y pues todas no pudieron en profecia igualarme, yo que su firmeza excedo, las ímito en este traje; solo el traje mudar puedo, porque no serán bastantes, hay Carlos, para que mude mis pensamientos leales, cuantas penas, celos, muertes, ansias, ausencias, pesares tiene amor, que adoro firme, y no sabré ser mudable. Y cuando mi pensamiento quisiera por despicarse en tu ausencia divertirse, por no ser contigo fátil, fuera mí misma homicida, que si eres querido amante, mi dueño, yo que de mí me olvido, en olvidarte, no fuera lo más dar logro a venganza semejante, vengándome en mí de mí porque a mi pudo olvidarme. Bien se, Carlos de mis ojos, que no he de verte, ni hablarte, pues me tengo de ausentar, antes que Febo galante entapice el rojo Oriente con dorados tafetanes: pero alegre de mirar este Alcázar donde yaces, daré la vuelta a mi aldea, que en desdichas semejantes, a quien la perla no puede, la caja basta aliviarle. Palacio bello, que guardas mi feliz, y tierno amante, esfera del sol que adoro, trono de mi dulce imagen, concha A4 concha de una ilustre perla, jardín de la flor más grave, cielo del astro más noble, albergue hermoso de un Ángel. No me niegues a mi esposo, no me escondas a mi amante, sin aliento vengo a verle sin vida vengo a buscarle permíteme ver mi dueño pero que digo, si Atlantes son de las nubes que abollan tus torres piramidales. Hermosa noche. . Una negra vestida de sombras tales, y estrellada como huevo alabas? . Calla ignorante. Gente siento, en esta esquina será fuerza retirarme. A quién la color morena Mengo, no es muy agradable? Lo blanco es muy dejativo, Pues en una dama, y dame, que todo es uno, no alaban la blancura? . Variables son los gustos, las morenas exceden en el donaire, ingenio, y brío, a las blancas, por ocasión de la sangre, según Filosofos dicen, y esto no lo ignora nadie. Y pues la noche es morena, y moreno, Mengo, el Ánge que adoro, cuando la alabo, ni te admires, ni te espantes, Cielos, el Príncipe es este, turbada estoy, y cobarde estatua sin alma soy. Que se atreviera a llamarte esta mujer! no me espanto si es la causa amor. . A facso vario, traidor, y al fin hombre que es lo mismo que mudable! A ver otra dama viene, cielos si llegaré a hablarle, amor me dice que salga, celos me dicen que aguarde, Por gozar de la frescura de la noche, y desahogarme que me enfadan de Palacio forzosas autoridades, vengo a terrero, no a oír, porque cuidado me cansen las razones de esta dama, que se ha atrevido a llamarme Que bien sabes, Mengo, tú, como idolatro constante en la bella Margarita, dulce ocasión de mis males, Aguárdame, daré vuelta a los balcones? Quién trae estas armas, como puede bullirse, ni menearse? Cielos, ya vuelvo a vivir celos, la cólera baste, Mengo se ha quedado solo hola; váyase al instante. Ay Jesús, si es alma en per Qué digo? váyase. Aguarde, que soy nuevo en la ciudad, y será el perderme fácil. Morirá. . No, para que Donoso está; es un cobaro gallina. . No puede ser, que no están sin acostarse las gallinas a estas horas, l España te face b de, pard yo juro de no estorbarle. Despeñarele del monte si se detiene a hablarme. Hará mal, porque en subiendo a lo alto, luego al instante me da vadigo. . Conoce quien soy, o mi nombre sabe? No, mas según sus acciones temerarías, llamarase despeñamengos. . Al punte parta de aquí. . Ya se parten A Carlos he de aguardar: que tiene? no se va? . Iranse. Yo fingiré que soy Mengo, y así tengo de engañarle. Oye uste, donde me he de ir? Hay necedad semejante? Pues me envía, diga donde quiere que vaya. . Donaire gracioso, vaya al infierno: hay más donoso ignorante? Voy, mas yo no sé el camino, venga conmigo a enseñarme, Seña he hecho a los balcones, y no me responde nadie; Mengo. . Ay, mi Carlos, la voz disfrazada ha de ayudarme, que hay señor? Vámonos Mengo, que todo en silencio yace. Fue burla? . Oh desconfianza de que yo viniera a hablarle. Si Margárita supiera esta travesura? . Ay Ángel divino, y querido dueño, Mengo, di sin engañarme no es Margarita hermosa? No. . Vive Dios, ignorante, que te dé de cintarazos cuando grosero la ultrajes, Yo los doy por recibidos. Ay claveles rozagantes, rosas desplegando nácar, lilios, jazminos galanes. Sabeas pomás del bosque blancas pastillas del aire, que en su frente no se afrenten que en su boca no se hallen que en sus mejillas no brillen que en su aliento no se exhalen pues unas manos hermosas, sembradas con mil donaires de hoyos, o sepulturas. donde entierra libertades. Tan buenas mis manos son como las suyas. . Vergante vive Dios, que estás borracho. Él es. . Pues muera. A cobardes, a ellos Mengo: vive Dios, que Mengo solo es bastante a retirarlos: qué aliento! con que valor, con que aire pelea. Ay de mí. qué es esto? a la vuelta de esta calle estaba aguardando a Carlos, y no sé determinarme por dónde podré huir, mas 9pe I1 mas ay, aquí está un salvaje: miento, que más ay de cuatro, o seis; parece gigante, que alto, y qué corpulento! Este es de ellos; a cobarde. Que me matan, que me hieren que me horadan, hay madre, que me espichan, que me enclavan. Mengo. . Señor. Dame, dame los brazos. . Burlas conmigo porque juego? . Qué donaire. Tengo este vicio de huir de ocasiones semejantes. Los traidores solo huyen. También huyen los leales. La vida te debo Mengo, vuelve otra vez a abrazarme, nunca te vi más valiente. Señor gustas de burlarte? Como ahora dabas voces, si a los dos ahuyentaste? A qué dos ahuyenté? Jesús, y que disparates! Mataste a alguno? . Yo? que no he reñido con nadie, sin duda que no soy Mengo. Carlos. . Qué quieres? Quédaste herido? los dos huyeron. . Quién eres? Mengo tu paje. Ay de mí, que no soy Mengo. Tú eres Mengo? Eso dudaste? Cuál es Mengo de los dos? que aquí hay engaño notable. Si me he convertido en dos? La cautela ha dado al traste. Si él es Mengo, que soy yo? Descúbrete. No me mandes descubrir, que acude gente al alboroto. . Dirasme quién eres. . Señor perdona, que es encubrirme importante por los que vienen. . Pues toma este cautivo diamante, y ve mañana a Palacio. Belo tus plantas Reales. . Señor, mira que soy Mengo el de verás, no te engañe ese demonio. . No engaña; vente conmigo, que es tarde. ̱. Válgame Dios, o hay dos Mengos, o yo no soy el que de antes. Tan extraño suceso, que me tiene admirado te confieso, Qué Mengo aquel villano. con diestro acero, y valerosa mano, prevenido de brío, ppuesto a tu valor, y opuesto al mío, nos siguiera arrogante asustado, colérico, y galante! Vive Dios que lo dudo. Rayo del cielo fue su esto que agudo. ue Yo acional aEspaña Yo le diera la muerte, mas por no descubrirme de esta suerte me retiré advertido, que si me conociera el atrevido, con valiente desuelo, a cuchilladas le arrojara al cielo, y tan alto volara. que en las mismas estrellas lo estrellara. El enojo reporta, y vamos, Federico, a lo que importa, Pues tiene inconveniente quitar la vida a Carlos mi pariente para ver su ruina, dispongo una cautela peregrina. Cuál es? . Conde, que Albano el que en la Aldea le crió villano: mas después lo sabrás, vente conmigo, porque de mis intentos seas testigo; verás en un instante despeñar este bárbaro arrogante del trono de la Luna, que a mi pesar le ofrece la fortuna. Luego has de ir a la Aldea, pues ves con el afecto que desea el alma tus aumentos, contrastada de varios pensamientos, que ninguna persona sosiega pretendiendo una corona, y así desde aquel día, vivo, amigo, sin gusto, ni alegría, solo pesares siento, que donde hay pretensiones, no hay contento; apenas he gustado manjar, que es abstinente mi cuidado; ni el sueño me convida, parentesis forzoso de la vida; que en semejante empeño, no son parciales la ambición, y el sueño. acional de Es Carlos sin duda está aquí Allí a Federico miro. De su fortuna me admiro. De verle me suspendí. Creciendo mis penas van, mirando a quien aborrezco El lauro a sus pies ofrezco de bizarro, y de galán Que mal Carlos me parece Qué lucido es Federico! Mi pena en la vista explico. Mi amor en su talle crece. Ni me agrada, ni le estimo. Ni me ofende, ni me enfada. Dárale muerte mi espada. Dárele el alma a mi primo: Que así sus dichas abona! Que así agrade su venida! Quien le quitara la vida Quién le diera mi corona! primo. . Primo. Qué pasión manifiesta tu semblante? Solo un achaque es bastante a darme esta suspensión. Y por esa causa ayer a las fiestas no saliste? Sí, pero pues tú las viste, hazme, Príncipe, placer de referirlas, Pudiera excusarlo mi disgusto; pero quiero darte gusto, ello fue de esta manera. A las fiestas que Nápoles pública, en que el afecto que me debe explica, el Sol, o de envidioso, o de corrido, en rebozos de nubes escondido, negó su bizarría. más Porcia duplicó la luz al día, dando al Oriente de un balcón dos soles coronados de rayos, y arreboles Corrieron treinta toros, que ocasionando tímidos desdoros, con saña, ira, rencor, rabia, desuelo, barriendo el coso, acepillando el suelo, cuando los dos montantes esgrimian, sangrientos parecían, con cólera inhumana, arpones de coral, rayos de grana. En un morcillo, hijo de la noche, salió el Marquez, que en el noturno coche pudo lucir su ligereza suma, vida del Euro, escándalo de espuma no viste el mar colérico, ruidoso, tan obediente al Borcas proceloso, que con cristal logrando sus deseos Daf dio córcobos, corbetas, y escarceos, y cudicioso de mejor esfera, escaló el agua el cielo, osada, y fiera, subiendo tanto en espumoso vuelo, que se dejó dos peces en el cielo? así el bruto bozal, con pompa tanta se erige en la carrera, y se levanta, que repitiendo las ovadas huellas, las chispas, y centellas, con que el viento encendia, de la región del fuego las traía, y como fuego ardiente fomentaba, y por la boca humos exhalaba, parecía el morcillo hijo del viento, tizón con alma, hoguera con aliento, El Marqués valeroso, que sujetó su espíritu fogoso, en libreas galantes, tanta copia introdujo de diamantes, que engolfado entre luces, y centellas, me pareció que se quemaba en ellas, y pretendió decirle mi desuelo, tente hombre, que te quemás, vive el cielo Llegó al toro, y galante dio un rejón venturoso en un instante, y entrándole la punta con destreza, lo que fue garrochón, hizo cabeza. Salió después Riselo, vestido de leonado terciopelo, en un rucio rodado, más anduvo Riselo desgraciado, pues que corriendo tropezó sin verlo, todó sin que pudiera detenerlo, brotando el bruto en suma, sangre en los ojos, y en la boca espuma y siendo despeñado, una vez rucio, pero dos rodado. Salió el Conde con tanta bizarría, que duplicaba el rosicler del día, siendo de plumas gualdas, gerde G3 verde origen un broche de esmeraldas tan brillante, y lucido, de dorados esmaltes guarnecido, que si el Sol verde fuera, todo el vulgo creyera, que el Sol de las esferas verdadero se le había puesto al Conde en el sombrero, y lo pensó el caballo, pues sin poder pararlo; corría tan ligero, que a sus galas las plumas del penacho daban alas, y volando fogoso; parece que decía a los del coso, mirad que yo no corro, si no vuelo, por volver a llevar el Sol al cielo: era este un alazan fuerte, y lozano, y al hollar torneando cada mano, con cándidos reflejos, las herraduras parecían espejos, en que el bruto bufando, el copete, y la clín se iba mirando. Llegó a un toro, y con gala denodada le dio el Conde tan grande cuchillada, que el cuello le cortó, y de sangre llena, cayó la armada testa en el arena, y con mortal porfía, como cuando dio el golpe le embestia le hirió con tan súbita presteza, que le acomerió el toro sin cabeza, Después gozo Lisardo aplausos de valiente, y de gallardo, y en un blanco Andaluz, a quien hería, que un pedazo de nieve parecía dando a entender por señas, que encendiendo centellas en las peñas? al ir veloz corriendo, por la cosa se iban derritiendo de su nieve las pellas; con el fuego, y calor de las centerlas) llegó a buscar un toro, que en la plaza, a tan tan sañudo amenaza, que parece que ciego, escupe espuma, sangre, humo, y fuego, y con ansias fatales, de la frente esgrimiendo los puñales, con ansiosa querella, aquí embiste, allí brama, allá atropella, y con vivo desuelo, la arena escarba, y se la tira al cielo; si no es que con las manos en tal guerra, para sembrar su sangre ara la tierra, lo como mata tantos su desuelo, para enterrar los muertos caba el suelo; llega Lisardo, aguárdale animoso, y en la crespa cerviz con alborozó fue llave su rejón, que abrió la puerta, y la sangre salió viéndola abierta; trochó el asta, y galán en diestro vuelo arrojó el asta al cielo, y yo, primo, no dudo que a la región del fuego llegar pudo, para que el vulgo viera bájar carbón, lo que subió madera, Mas después proseguiré, que siento a fuera ruido. Dejadla descomedido. Aunque no quiera entraré. Qué es esto? . Una guarda fue y estorbaba su locura la entrada a esta hermosura, Y es bárbaro tal rigor, pues es la Iglesia mejor, y nos deja entrar el Cura. Príncipe, a verte he venido, en nombre de aquella aldea, que es tu patria, y te desea; estas flores he traído, perdona si yerro ha sido. El dueño de mis amores t veo. . Tus floridos favores merecen mejor esfera; pero quien es Primavera, que puede dar si no flores? Primo, esta aldeana adoro desde que vi su valor, sirviendo estoy al amor de aljaba con flechas de oro. Merécelo su decoro. No queréis flores? . Pues no? Lo verde mi amor tomó, porque mi esperanza acuerde. Si vos eligís lo verde, lo azul elegiré yo. Lo verde ofrece consuelo, y es más perfecto color, Bitea Nacional de España Antes lo azul es mejor pues con él se adorna el cielo, y esa es librea del suelo, que se desluce, y marchita Su ofensa no se permita, que ese toldo guarnecido la vista azul lo ha fingido. Pues juúzguelo Margarita. Que trocaráis las colores quisiera, pues en rigor, le está al Príncipe mejor lo verde, que azules flores son libreas superiores que el cielo, y la tierra encierta quien lo azul elige ierra que lo verde es más amable que al fin el cielo es mudable, y siempre es firme la tierra Qué ingenio tan sazonado Que despejo tan lucido. De celos estoy perdido. Loco estoy de enamorado; Carlos, pues me he declarado, píntale mi amor constante mi osadía no te espante, y disculpa el ser grosero, pues siempre alcanza el tercero lo que no puede el amante. Darte gusto solicito, oye aldeaña hermosa. Esta pasión amorosa a tu discreción remito. Un Flegra, un Volcán imito, que necios los celos son pues con falsa aprensión estorba su sentimiento, la luz al entendimiento y al discurso la razón, Margárita, de ti ausente, en triste, y penosa calma, estuvo a peligro el alma de otro mayor accidente; no has visto al Sol esplendiente, cuando al brillar su fulgo; en la esfera superior, una nube más vecina, sirviéndole de cortina, encubre su resplandor? Pues así esta ausencia ahora fue nube de tu hermosura quedando sin ella oscura el alma que en mí te adora; tú eres mi vida, señora, y ausente es fuerza decir, que vivir sin ti, es morir, tu ausencia fue mi homicida; porque quien está sin vida, cómo ha de poder vivir? El ver a Mengo me admira; Federico con enojos no aparta de mí los ojos, y no sé porque me mira. Que este ha dos hombres retira, siendo un rústico pastor, que osadía, qué valor! De ver su atención me espantó porque me mirará tanto? No vi más valiente ardor Tan poco, Carlos, te debo, que tienes celos de mí? Desde que a mi primo oí, fuego en sus palabras bebo. No adviertes como me atrevó a verte en traje aldeano? Que tú fuiste, es caso llano, valiente en esta ocasión. Pues tiene comparación este mcero, y esta mano? Nacional de España Be y Darás muerte a mis desvelos. Digo que obediente estoy y que empeño mi palabra de no pedir celos. . Yo puedo, Carlos, ofenderte? que mal conoces mi amor. Sí, puesto que divertidos, Margárita, están los dos, dame un abrazo. . No Carlos. Por que lo excusas? . Por no ensuciar con mi sayal tu brocado. . Qué dolor acaba; dame los brazos, no me atormentes por Dios. Mira que nos ven; No importa. Me has de pedir celos? No. Qué al fin eres tan valiente? No hay otro hombre como yo Y que es tan cierto, que anocho solo acometiste a dos? Sí señor, y a ser ducientos tuviera el mismo valor, más huyeron los borrachos que a no huir la ocasión, albondiguillas hiciera de sus nalgas, voto a Dios. Y conociste quién eran? No señor, más juzgo yo que serían dos figuras, Una mano. . Tuyas son, De manos a boca gozo, Margárita, tu favor pero cuyo es este anillo? a traidora, vive Dios: (no estoy en mí) quitarete la vida (sin alma estoy Qué tienes? de qué te turbas? Quién este anillo te dio? Ya rompes el juramento, ya me pides celos? . No, que no son celos los míos, agravios, ingrata, son Dimé quién te dio este anillo? Tú mismo, mis ojos. . Yo? Sí, que yo fui anoche, Carlos, quien con aliento, y valor, opuesta a los dos traidores, malogré su pretensión. Qué dices? Lo que te digo, pues en traje de varón vine ha verte del aldea. Oh milagro del amor! , , .y Notable engaño. Aquí está. Bien mi industria se logró. Vuestra Alteza me perdone mi engaño. . Carlos. . Señor Ya no sois Príncipe, Carlos sobrino de Albano sois. A semejante cautela dio motivo mi ambición, pues por ver reinar mi sangre, Príncipe a Carlos llamó, Margárita es verdadera Princesa en Nápoles hoy, de mi señora la Reina en esa aldea nació perdonad, señor, mi hierro? Pues me confiesas tu error, el descubrir la cautela te solicita el perdón Margarita es esta? . Hija, dame los brazos. . Señor, tanta dicha! qué mudanza? Princela os llamarán hoy, Nacional de España decid, viva Margarita la Princesa. . Viva. . Y vos Carlos, no os vais a la aldea, que os estimo mucho yo. Los ojos hablan a Carlos, que lenguas del alma son. . Carlos, fortuna es mudable. no tengo la culpa yo. Carlos, la mudanza siento, que remedio? guardeos Dios. Carlos, volved a la aldea, villano sois, señor no. Carlos, aunque sois villano, no niego que os tengo amor, Muy fríos hemos quedado; señor Príncipe, a señor, para tan poquito tiempo no fuera Príncipe yo. Huela use de aquesas flores. pareces Corregidor, que acabando sus tres años sin oficio se quedó. Risa me da de mirarme, que cargado que estoy yo de memoriales! pareces, óyeme atento, por Dios a un San Blas que está en Gandul que habiendo una fiesta, y dos, lo mudan en otros santos, con galas, y ostentación ya es San Pedro, ya san Pablo, ya es San Cosme, o san Simón, ya es San Alberto, y pasando de la fiesta la ocasión, lo desnuda el sacristan ponele mitra, y bordón y se vuelve a ser San Blas; así eres tú vive Dios, eres San Blas en la aldea, y hiciste aquí al señor San Alberto, o San Joseph, pues tienes las flores hoy; mas ya se pasó la fiesta, y nos volvemos los dos, tú a ser San Blas como de antes, y yo vuelvo a ser pastor Apenas, cielos, apenas puedo articular la voz, luchando con tantas ansias que afligen el corazón. Que de linajes de ahogo ha fomentado el dolor, para atormentar el alma, que de congojas buscó! Bajel combatido rompo con el discurso veloz el piélego de mis males, y el golfo de mi pasión El Rey a voces confiesa, que yo su hijo no soy Porcia me llama villano, y deja lo que fingió, Margarita calla, y goza de su fortuna el favor; Federico se despide de la amistad de los dos, el Conde me niega el rostra, doblando mi turbación, Albano dice que olvide lo que mi dicha gozó, y hasta Mengo me pierdo el respeto, y el temor; pero que mucho si es hombre el Rey, Porcia conoció mi bajeza, y su altivez la Princesa aquí miró sus aumentos, Federico desigualdad en los dos el Conde vio mi mudanza y Albano mi turbación. lacional de España 9u Que me dejen, que me olviden con desprecio, y disfavor, siendo propio de los hombres que la ingratitud formó, desamparar al vencido, y aplaudir al vencedor: entre pesares; y enojos, (ay de mí que del menor (válgame Dios) teme el alma, (no puedo hablar de dolor) ni busca remedios ella, ni alivios admito yo. No siento, isustre Princesa, dejar la corona; no, porque si la gozas tú, no la deja mi valor. Solo siento, ay de mí triste, ver que las mudanzas son tan vecinas de la ausencia, que olvidos ocasionó, cuando la dicha que gozas me dio aquel fingido error! Tu Margárita, tu propia dijiste con turbación, alteradas las palabras, desalentado el valor, que sin ausencia había olvido, sin olvido ausencia no; no te dejé de adorar, mas te quise, vive Dios, siendo villana en la aldea, y yo en la Corte señor; que la voluntad perfecta en la fortuna ostenzó los quilates de su fe, las prendas de su valor. Quieran los cielos; pue ya lo que dejas de ser soy; que no me olvides Princesa, pues Príncipe te ame yo, Quisiera con mis suspiros doblar el viento veloz, dar lágrimas a las peñas, a las aves suspensión, entrar a Palacio a verte, ponderarte mi dolor, y examinar tu firmeza, y dar la muerte al traídos Federico, que con celos dobla mi fiero rigor. Pero mejor es morir, perder la vida es mejor, que hablar al Rey es locura, quedarme en la Corte error, que no ha de verme hoy vasallo el que ayer su Rey me vio. Matar a tu primo es culpa. irme a la aldea, dolor, sufrir mi mal, imposible, morir, desesperación quejarme; medio sin fruto, suspirar; poco valor, hablarte, mucha osadía, ausentarme, indiscreción, dar voces, atrevimiento, vileza; pedír favor, y verte en ajenos brazos el que en los suyos te vio, Es una ansia, angustia pena, dígala quien tiene amor, y así entre tantas desdichas pretendo ausentarme hoy, y quizá de lastimada la muerte, si me escuchó, estorbará mi martirio, matándome de dolor, que es su guadaña excusada donde hay celos, y afición. Pero si sorda a mi llanto, si endurecida a mi vez, paña ma me negare este consuelo, y me diere esta pasión, entonces en esos montes pediré al cielo favor. Adiós, bella Margarita a Dios mi Princesa, aDiós: todo lo truecan los tiempos, todo el cielo lo mudó, solo no se mudará mi constancia, y mi afición, pues a pesar de desdichas, tuyo he sido, tuyo soy y verá en mí el Orbe todo, entre disgusto, rigor, ansia, celos, pena, susto, mal, tormento, y compasión, mudanzas de la fortuna, y firmezas del amor. . A
JORNADA TERCERA
JORNADa tercera Deja, señor, de llorar con lastimosa porfía, solicita la alegría, y disimula el pesar. Olvidar para vivir, Mengo, mi remedio fuera, como yo olvidar pudiera Ya quien me obliga a morir; mas es fuerza padecer las penas que el alma siente, que está Margárita ausente, y es Margárita mujer; con su primo, a su pesar, intentará el Rey casalla, que puedo hacer? Olvidarla. Ya la procuro olvidar; pero a Margárita bella cómo olvidarla podré? si a Margarita adoré, que es Margarita una estrella. Mas ya Margárita ingrata, aunque al olvido la ofrezco, por Margárita padezco, y Margarita me mata; Margarita me limita la vida con locos celos, hay Margarita, los cielos me libren de Margarita. Andarlo pabas, hay más Margáritas que nombrar? eso es quererla olvidar? Ay Mengo, que necio estás. Un enfermo en su querella, que es su pecho ardiente fragua ya que no goza del agua, se enjagua al menos con ella. Y pues ausente provoca Margarita aquesta calma, ya que no la goce el alma, gócela al menos la boca. No hay quien a olvidar te ayue ese mal que el alma pasa? Qué haré si mi bien se casa? Aguardar a que enviude. Acábame esta pasión, ya de morir no me excuso, ya mi bello Sol se puso, Pues toquen a la oración, Digo que es notable ardor el que tu mal solicita, aquel jeme de carita tanto te cuesta? Mi amor no se puede compreender, dacional de España ye a y en aquesto lo verás, que quise quererla más, y no la pude querer; siempre mi amor la desea, con que regocijo, ay Dios, estuvieramos los dos casados en el aldea! Para que quieres casarte porque según advertí ha de ser lo mismo en ti el casarte que cansarte Si ella por darte pesar se casa, en esta mudanza puedes tener más venganza que verla, señor, casar? Toma de mí esta lición no te cases, pues verás que no he tratado jamá de casarme, y la razón, porque cualquiera mujer si es limpia, me ha de cansar, si es lucia, me ha de enfadar, si habla, me ha de moler, si es niña, me ha de pedir que la arrulle con desdén y si es vieja, llevo a quien ayudar a bien morir: si es viuda, es insufrible, si es doncella, es melindrosa, si tiene madre, temosa, si tiene padre, terrible, si tiene tía, de establo, para solo atormentarme, más valiera no casarme, y que me llevara el diablo. Si es necia, ha de atormentarme, si es discreta, ha de aburrirme, si es honrada, ha de pedirme. si es mala, ha de deshonrarme noble, llevo a quien servirla, villana, a quien tolerarla si pobre, a quien sustentarla, y si rica, a quien sufrilla; si es fea he de aborrecerla, si es moza, la he de guardar, si es gorda, me ha de matar, y solamente con bella, porque cualquier gorda es, en prolongados confines, una cuba con capines, y una tarasca con pies. Y cuando buena la hallara, si hay alguna que sea buena, verla poner diera pena en manos, cabello, y cara soliman, zabila, afeite, alcanfor, habas, lejia, alumbre, taragontía pasas, almendras, aceite agua de estaño, unto, miera orozus, aonjolí; vino, alheña, inguente cetrino, almártaga, adormidera, ajengibre, azucar, hueno, cardenillo, esclarimente, albayaldle, oropimente, trementina, azufre, sevo, injundia, leche, arrebol, limas, javoncillo, miel, pepitas, manteca, hiel, vnas, mostaza, alcócol. Son altivas, variables, pues con intentos villanos, ponen mudas en las manos en fe de que son mudables, Y así, deja de pensar en casarte, vuelve en ti, y aprende, señor, de mí, reventar, y no casar. Deja, loco, necedades. lacional de España vete. . En la tecla que toco por lo que tengo de loco, he dicho aquestas verdades Un bajel que se dilata por el mar, a quien se atreve, divide estorbos de pieve, sulca páramos de plata, de tocar el puerto trata, mas la vana pompa abate, pues el mar que le combate da, porque no se aventure, no puerto que le asegure si escollo que le maltrate. Canta un pajarillo amante, de un olmo en la verde falda, sobre ramas de esmerada, con su pico de diamante: mas una flecha volante su fatal tragedia ordena hallando al teñir la arena con sucesivo coral, donde buscó el bien, el mal, donde el festejo, la pena Un corzo, que veloz vuela, parece en ligero aliento que le da plantas el viento, o que le da el viento espuela; más alevosa cautela su curso estorba de fuerte, que por un venablo fuerte pierde en la sangrienta empreza la vida en la ligereza, la ligereza en la muerte. Sonoro atroyo camina besando en la selva hermosa, si los labios a una rosa. los pies a una clavellina; mas una roca termina su precipitada suma: y porque más no presuma, sin permitirle cogerlas, si empezó en copos de perlas, acaba en copos de espuma. Navegué el mar, cante ausente corri veloz, subí igual, siendo estampas de mi mal bajel, ave, corzo, y fuente; pero halla tristemente la esperanza que se apoca, escollo en pena no poca, flecha en desprecios del bien, venablo en fuerte desdén, y en ausencia opuesta roca. Carlos, sabéis como el Rey ha salido al monte a caza, con Federico, y el Conde, y la Princesa, y la Infanta? Esta noche en nuestra aldea recoger la gente manda, y es forzoso prevenir, con estentación bizarra, recibimiento debido a su Majestad Cesárea. Leonido, no ignora el Rey cuando sale a estas montañas, la incomodidad que en ella; le sobra, y pues sale a caza, la voluntad en la aldea suplirá las demás faltas: de suerte, que Margarita viene? . Sí, y tan bella dama que puede dar hermosura a los albores del Alba; dicen que con Federico el Rey su padre la casa, tenéis celos? . Si Leonido, siempre los tiene quien ama. Luego amáis a la Princesa. Es dueño de toda el alma, al de España las, ente ima a Y qué sacáis de ese amor? Solo quererla, y amarla. Un villano a una Princesa? Mentís, que es tan noble, y alta la sangre que hay en mis venas, que es imposible humillarla: Príncipe soy, vive Dios,y quien no lo piensa me agravia, porque de mis pensamientos la gloria no imaginada se remonta a las estrellas, y aún allí no está muy alta. Qué es esto? Carlos, que dice que el es Príncipe, y me agravia con palabras injuriosas, mas yo tómaré venganza. Villano, traidor, cobarde, viviendo yo; con que causa decís que Príncipe sois? otr ofensa declarada am no ha de quedar sin castigo, porque perdáis la esperanza. Y aunque es menosprecio mío reñir con persena baja, y ensangrentar este acero soña en vuestra sangre villana sicad da espada, y ahora vuestra opinión obstinada se defienda de mis bríos, T con obras, no con palabras. Reporte se vuestra Alteza, que humildo a sus Reales plantas, confieso que no ofendí su Majestad soberana. M Defiéndete, o vive Dios que he de matarte. Hay tal ansia? y que por ser su vasallo no ha de matarle mi espada! P Para asegurar el Reino es la ocasión extremada, que es fuerza matando a Carlos, el reinar yo con la Infanta. Vive Dios, que he de matarte si no te defiendes, saca el vil acero. . Señor será traición declarada, será ofender mi lealtad. Pues dárete de estocadas. Pues voto a Dios, y a esta Cruz, en quien mis labios se estampan, que para sola esta acción ha salido de la vaina, que si vuestra Alteza apura mi sufrimiento. Ay que matan a Carlos, favor. . A Mengo, no alborotes al Rey, calla. Voyme, que no he de poder sufrirme a mí en tales ansias. Agradeced que ha venido. Yo me escurro a estotra sala. Fuese, y tu Mengo, también Qué enojo te agravia, obligándote a sacar el acero de la vaina? Conde, he querido metar a Carlos, a Nacional de España a Carlos. . Es temeraría resolución. . Calla Conde calla, no me digas nada, que hoy he de matar al Rey, y a Carlos, para que salgan, lográndose mis intentos de temor mis esperanzas Él ausente dueño mío, gloria de mis pensamientos, por quien me sobra el cuidado, por quien me falta el sosiego. he visto; Carlos. . Señora rabiando estoy. Qué hay de nuevo? como te va en el aldea Penoso vivo, y contento. No implican contradición gusto, y pena? Si en mí veo. pena de vivir ausente de lo que gocé algún tiempo, y gusto de habitar solo la soledad de estos yermos donde ni viven lisonjas, ni mueren conocimientos. Quien duda que gusto, y pena tendré, pues que estoy, confieso por una parte penoso, por otra parte contento? Carlos, y Porcia hablando a solas, qué es lo que veo? Agradecida os escucho. Carlos, en el alma siento vuestra mudanza, y mi pena, sabed que os estimo, y quiero. Esto va perdido, muerta estoy. Ya mi dueño, veo las acciones, y los ojos manifiestan mi contento ay Margarita divina, quien pudiera hablarla, cielos si esta Porcia se ausentara. Entre aquellos verdes freso yace una hermosa alcatifa de flores, búcaros bellos. donde arroja el Alba aljófar, aromatizando el viento, la frescura de un arroyo argenta el hernoso suelo, respiración de una roca, banda de vidrio del yermo, ruiseñor dulce sin alma, marfil vivo sin aliento, no quiero sin ti gozarle, vamos. . Gustosa obedezco Escápeme lindamente del Infante. Llegar quiero, señora. Aparta villano; un Etna llevo en el pecho, pa que el verle hablar con mí me tiene muerta de celos. En Carlos me dejo el alma Absorto quedo, y suspenso: Margarita, estos desdenes? Margárita, estos desprecios? aparta villano a mí? esto escucho, y no estoy muerto No bastan de Federico los agravios que padezco? lo. as, se sue vco l cielos, cielos, dónde estoy? Señor, en el cementerio de Santiago. . Daré voces. No, que con eso, y sin eso te tienen todos por loco, y es excusado remedio. El mar alborotaré. Qué dejas que hacer al viento? Lastimaré aquestos riscos. Mas te lastimarán ellos si te arrojan una piedra que te dé de medio a medio? A mudable, tus finezas has olvidado tan presto Mira cual risco lloroso, duro del monte repecho que promontorio de guijas y de peñas Polifemo, cristalinas perlas llora, y respondiendo a los ecos, acusa tu ingratitud, las peñas te dan ejemplo. Margárita, así me olvidas? así me dejas, mi dueño? Es una grande bellaca. Aún a quejarme no acierto: eres al fin mujer, y borran presto siglos de amor con bárbaros desprecios. Son mujeres, y tienen guarda infantes y así de que te olviden no te espantes, que aquestos guarda infantes lo han hecho, solo porque les venga el mundo estrecho. , ; : y Penosas melancolías de la Princesa pudieron obligarme a ver la aldea: Contenta vive de veros. No se halla Margarita en la Corte, estos desiertos le deben efecto. Es fuerza, que al fin se ha criado en ellos. No hay música que la alegre, ni divierta, Conde, y pienso que la música a los tristes duplica los sentimientos; dónde está Carlos? Cazando. Mucho hablarle deseo, que le he cobrado amistad, y me pesa se haya vuelto a la aldea, mas no pude detenerle con mis ruegos; el modó es cuerdo; y prudente. siente su mal, como cuerdo. Auséntose el pundonor si no la afrenta. Los cielos. son testigos, que quisiera fuera Carlos mi heredero. Persurdirme no he podido a que deje de ser cierto que es mi hijo, pues la sangre en amorosos afectos paña me me descubre, y me revela dudosos conocimientos, , ; c Señor. Porcia, Margarita, ya estas, Princesa, en tu centro, el rostro inclinas penoso, los ojos bajas al suelo, cuando yo a tu corta patria alegre vengo, y contento, por el que en ti solicito, estás más triste, qué es esto Los celos me tienen muerta, Ya del Filósofo veo la opinión acreditada, pues dice, que en los ingenios sabios, la melancolía adquiere mayor imperio No está en mi mano alegrarme, No tiene, señor, sosiego. Ven a descansar Princesa. Antes sola quedar quiero, Del acha que que le aflige el llanto es mejor remedio. Descansa hasta que el Sol se despeñe al mar soberbio, tornasolando las nubes, pardos borrones del cielo. Qué infierno de amor, y cielos atormenta mi prudencia? terrible mal es la ausencia, pero mayor son los celos; cuando procuran desuelos alimentar con favor esperanzas de mi amor, doblar mi daño pretendo. pues de Caribdis huyendo doy en Scila, que es peor. Salid lágrimas impías, mas si son tan diferentes, las de disgusto calientes, y las de contento frías: fuego aumentaran las mías, y cuando no en sus despojos, si contra celos, y enojos es amor ardiente fragua, que importa que arrojen agua a las luces de los ojos? Si te mueve la piedad, Carlos, ilustre señora con tristes voces ahora en aquesta soledad, entre peñas, desconsuelos, lágrimas, ansia, y dolor, pública su firme amor. divulga sus tristes celos. Mejor dijeras los míos. A quién tanto te ha querido correspondes con olvido! No digas más desvaríos, Mengo, déjame por Dios, Carlos es un alevoso, y ese engaño cauteloso es concierto de los dos, Dos mil diablos te lleven si no te adora, y estima. Si yo le vi con mi prima? Sus lágrimas no te mueven? si mal no me acuerdo yo, algún tiempo le querías, cional de España y en su ausencia no vivías. Ya ese tiempo se pasó Si él me da celos tirano, téngole yo de querer, siempre expuesta a padecer los rigores de su mano? Eso es quejarte de vicio, pues tanto tu ausencia siente que desde que vive ausente tiene perdido el juicio; su triste melancolía el último extremo toca no se le cae de la boca Margarita en todo el día, Si tu voluntad repite, tierno, amoroso, y cortés lo dice tan dulce, que es cada palabra un confite. Con tu nombre se almibara, se aloja, se encanelona, se conserva, se enturrona se pestiña, se azucara, se enmiela, se almibariza se confita, se mescocha se alfeñica, se vizcocha, se endulza, y diacitroniza Verle hablar solo espanta, él se da a sí la respuesta, con Margarita se acuesta, y con ella se levanta su congoja no limita el otro día severo, por decir, dame el sombrero, dijo, dame Margarita. Cuando come, es poco, o nada hoy le pregunté prolijo, qué quieres comer? y dijo, a Margárita guisada, su prima a beber le dio ayer perlas, y corales, que son para tales males remedio, y los arrojó, diciendo, sin la luz mía me darán doblando el mal. corales, gora coral y las pellas, perlesía; quieres que le llame? Sí. Vivas mil años, señora, con quien amante te adora, yo voy. Mengo, vuelve aquí. tú No me envías a llamar a Carlos? A Carlos yo? Pues no he de llamarle? No. Hay semejante pesar? Corte, llámale. Si iré, Ven acá, no vayas, tente. Mudanza más de repente, ni la he visto, ni veré, Mengo, no vas a llamarle? Sí. Pues quién te manda ir? Voto a Dios, que ha de venir, aunque no quieras hablarle, Ay Carlos del alma mía, estos celos que me das engendran afectos más en mi amorosa porfía. li Que me manda vuestra Alteza? @a Nacional de España 1o 10o Yo? quién sois, o qué queréis? Qué escucho, cielos, que escucho? muerte, a cuando aguardas? ven Princesa, dueño, señora, ya es imposible querer disimular la congoja, que me sirve de cordel al cuello, a la voz de estorbo de ñudo a la lengua, a quien no traslada el sentimiento los afectos de su fe, porque al miraros ingrata me eleváis, y suspendéis; tanto amor faltó tan presto mas sois, señora, mujer, y aún siéndolo, vive Dios, me admiro de conoces aquella voluntad firme sin sombra de lo que fue! trocado en gusto el olvido, y la fineza en desdén. Cuántas veces esta fuente margenada de clavel fue cristalino testigo de nuestro amor, y por las reciptocas terneza que más piadoso escuche el curso cejó al aljófar, doblando al blanco papel las olas hojas, adonde dibujó envidias tal vea el ruiseñor amoroso, siendo su pien pincel, cuantas veces. Basta Carlos, confieso que os quise bien, que negar yo recatada lo mismo que sabéis, es, poner el crédito en duday eoa o preciarse de cruel: pero pues discreto sois; mas antes quiero saber que hablabáis con mi prima, cuando con ella os halle. Ponderó me su firmeza, y yo necio, y descortes, siendo mi disculpa vos, aún no supe agradecer los favores que me hizo y respondí con desdén. La verdad, no mintáis Carlos Lo cierto digo. Esta bien; digo pues, Carlos, que ha dado nuestra fortuna un vaiven, a mí al trono me subió, y a vos os derribó de él. Premiar vuestro amor quisiera, más imposible ha de ser, vos sois villano; yo Reina, que dirá el mundo, si ve, que estimo, siendo Princesa, lo que villana adore? Abatirme es imposible, porque me pongo a perder vida, corona, y honor; intentar haceros Rey es tempridad, mi Reino cómo os ha de obedecer? Pues amar para dejaros ser firme para no ver esperar sin esperanza, es una locura, es un despeño, y una ide: y es en conclusión querér arrojarse a los peligros no sujetarse a la ley, vivir condenada en vida aclonal de Bblaa y mar y mártir una mujer luego si bien lo miráis luego, si lo pensáis bien, olvidaros no es delito, déjaros yerro no es. Carlos yo voy a casarme con mi primo, que es mi bien, que el amor, que os he tenido lo troque, Carlos, en él; Adiós, no me decís nada? Carlos, no me respondéis? Pues un muerto ha de hablar? Luego dais a mi desdén crédito? esposo, señor volved mis ojos, volved que gusta de dar picones amor, como niño es. Como puedo yo olvidaros si toda el alma tenéis? dadme los brazos. En ellos. cobro Margarita el ser que así gustas de engañarme? Esto es jugar. Es querer poner a riesgo la vida Gaande la disculpa es. Disculpa en burlas, señora! las burlas matan tal vez, y mudanzas aún de burla jamás parecieron bien. Te has acordado de mí? Sola una vez me acorde, porque nunca me he olvidado pero dime has de querer aún villano, siendo tú Princesa? Calla no des con esas dudas cobardes desdoros a mi placer. Mal mi voluntad conoces por ti déjara de ser Reina de cuanto ilumina el Delfico rofiche: en carrozas de diamante, y en círculos de clavel. Rumor en aquesta puerta, si no me engeño, escuche. Escóndete en este lado pesárame si me ven. Llena el alma de cuidado, y el corazón de recelo, todo entregado al desuelo, todo a la razón negado penoso, atemorizado vengo a matar a mi tío conosco que es desvarío. siendo mi sangre, y mi Rey, mas al yugo de la ley no se rinde el albedrío, Seguros todos están solo no lo está de mí el Rey, que durmiendo aquí fin sus cuidados tendrán Creciendo mis ansias van donde mi ambición se abona mi atrevimiento perdona, hijo de altivos desuelos, Rey poderoso; mas cielo que no puede una corona Ingrato en matarle soy yo me confieso cruel, mas soy Rey, muriendo el, po1 y, si y, si vive, nada soy; confuso, y dudoso estoy, la razón tengo perdida, la ocasión es atrevida, y la pretensión me advierte que está mi vida en su muerte y está mi muerte en su vida. Federico, Federico, sobrino, porque me matas? tus crueldades son ingratas contra el amor, que público Mis definios multiplico pues da voces su pasión en dormida elevación, ea, viva mi osadía, pues lo supo en profecía sépalo en la ejecución Tente Federico, Muera. Matadle, muera el traidor Qué es lo que miro? qué es esto? sobrino, válgame Dios! Si un alevoso delito, que ambición ocasiono; arrepentido en la culpa, puede merecer perdón; A tus plantas reconosco mi delito, y mi dolor. y antes que quites la vida que atrevida te ofendió digo que Carlos es hijo tuyo, y mi osado rigor el angaño, y su mudanza con Albano negoció. Vuelva el Príncipe agozar el trono, y su posesión, que Albano, y yo le quitamos opuestos a su valor; y pues los dos te ofendemos castiganos a los dos. Y antes lepa vuestra Alteza, que porque le tuvo amor a la Princesa mi hijo su calidad ocultó la natural voluntad, mas ya pública mi voz, testigo el divino cielo de la verdad, que trazó, que es Carlos Príncipe invicto y Margárita, señor, su prima, pues de tu ermana en esta Aldea nació. De esto puedes en la aldea hacer luego información, y castiga mi delito pues a tus plantas estoy. Alzad del suelo, que quiero darle generoso oí asunto nuevo a la fama concediéndoos el perdón. Fedetico quiso darme muerte, como confesó, mas ya arrepentido yace después que aquí examinó de su valor los quilates a la luz de la razón, y si ahora le castiga mi justicia, y mi rigor paña de será ofender a un amigo no castigar a un traidor? Levantad del suelo, El cielo prospere tu sucesión. De Carlos a Margarita de esposo la mano, y vos a Porcia. Ay Carlos, dichoso el discurso de mi amor. Callando explico mi dicha, y aquestas, Senado, son mudanzas de la fortuna, y firmezas del amor.
