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Texto digital de Morir a un tiempo y vivir

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Cabeza
Atribución estilometría
Juan de Cabeza Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Morir a un tiempo y vivir. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/morir-a-un-tiempo-y-vivir.

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MORIR A UN TIEMPO Y VIVIR

JORNADA PRIMERA

Has de morir a mi acero. Ay de mi! détenlo Clara. Tente señor. . Déjame, porque de aquesta tirana he de taladrar el pecho con el rayo de esta daga. Vuelve el acero a la cinta, vuelve esa daga a la vaina. Que es volver la daga, quita porque su concha acerada he de volver en coral. Ya pasan de porfiadas aquesas ingratitudes. Apártate luego, acaba, que su sangre ha de lavar la que me originó infamia. No puede ya detenerlo, y si el Cielo no me ampara, mi muerte es cierta, los Cielos en mi desdicha me vagan. De esta casa nos valgamos, pues que ya la sangre baña de aquese villano el suelo. Con estar abierta, causa nos da para entrar en ella, pero casa de tal data bien puede ser liberal, mas para los dos esc asa. Mas que miro. . Mas que veo. En tierra muerta una dama. En mi casa mi contrario, cuando lo dejé en Granada? Ser el agresor un hombre, que es la peor circunstancia, que me hizo tantos agravios? A cuando espera mi espada. A cuando espera mi brío. Que no yere. . Que no mata. A un tirano. . A un alevoso. Si ha de reñir, a qué aguarda? señor, que piensas, qué juzgo? Qué juzgas? . Que a cuchilladas te quiere comer, no es mucho, porque en tan fiera desgracia, como de Granada eres, sospecha, cuando eso trata, que es mu sabrosa comida la comida de Granada. Esgrime el villano acero. La espada esgrime villana. Porque si te diere muerte, tengo para esto dos causas, la una es el ser mi enemigo, la otra es mirar a esta dama pasado el pecho a tu acero, bien como azucena helada, que al juntar con el clabel aquellas conchas de plata hace del márfil bruñido para tanto arrebol caja. Ah traidor, y como esgrimes el acero; en la campaña no vi valor tan soberbio, pues cuando de herirme trata, resistir no puedo ya las puntas. . Pasarse a Francia a venderlas aun Gabacho. La fuerza tengo cansada de resistirlo, y es tanto lo que a mi valor maltrata, que me da mucho que hacer. Lo que es eso es cosa clara, pues no habrá sastre en el mundo, aunque sea el de más fama, que tenga tanto que hacer; y así si aqueso le enfada, puede coser, aunque sea mañana día de Pascua, que ellos en aquestos días suelen dar punto, y no basta. Terrible el desmayo ha sido. El ruido de las espadas. caballeros me ha traído, estén suspensas las armas en tan infausta desdicha, quién es dueño de esta causa? Es quien serviros desea. Clorinda está desmayada, . buena ocasión se me ofrece, para que en tanta desgracia de mi enemigo me vengue; fingir que llego a matarla importa. . Saber intento quien dio miuerte en pena tanta a esta dama. . No se excusa el decirlo, esta es mi hermana, cuyo pecho con su acero. lo convirtió en puro nacar ese hombre que miras. . Cielos, qué es aquesto que me pasa? Que es darle muerte, antes bien si en la verdad se repara al defenderla mi amo, si acaso vive esa dama, la sacó de ese peligro, y si no ha perdido el habla, si acaso se lo preguntan, dirá en medio de sus amas: este me ha dado la vida. Señor mirad que mi hermana yace muerta, el reo es claro, y para castigo hay causa. Pues qué decís? . Qué prendáis al dueño de aquesa infamia. Eso que decís mirad, porque yo cuando intentabais darle muerte, con el ruido de las voces entre, y daba ya a aquesa alfombra jazmín que tinta en coral, y grana. Caballero venid preso, que vuestra propuesta es falsa, pues aún se mira la sangre en los filos de esa espada. Vive el Cielo, que la sangre conserva el viviente nacar . del que en la calle maté, la ocasión es apretada, porque si digo que yo este hombre maté, se alarga el delicto, pues por eso no puede cesar la causa de sospechar que yo fui el que cometió esta insamia; confesaré que yo sol el que en pena tan extraña le dio muerte, pues con eso la causa tanto no agrava. No acabo de entender esto, mas según mi ingenio alcanza, confiesa que la mató, pues aquel que otorga calla; que quiera aquí confesar que el mismo mato una dama, con su acero, no lo sufro, mas si fuera de amor vaya, yo no sé si ella es la herida, mas para mi amo es la llaga. El ir preso no reuso, mas es acción excusada el prenderme, cuando ignoro si una acción que es tan pesada pudo venir de mi mano. Eso es cosa más que clara, pues se mueve de ligero; no te arriendo la ganancia señor en esta prisión, pues a buen librar tomara que pagues con la cabeza, y cuando de plano cantas, para aqueste ministerio no te quedará garganta. Hidalgo venid conmigo. Seguiros intenta el alma, Cañamón vamos. Ya sigo, si por la concomitancia puede ser reo un criado que no matará una araña. Que tanto una vara pueda, y que algún sastre no haya que la hurte, cuando veo que están hurtando mil varas; solo en aquesta ocasión de robo los excusara, pues la hurtaran de justicia, si sola esta vara hurtarán. Hermano, Lope, detente, ya quedarás satisfecho, quita el acero del pecho, no hieras a un inocente: quedará más transparente tu honor que el Sol, yo me empeño, mira que aqueso es despeño en peligro tan fatal, quita, aparta ese puñal; pero si es aquesto sueño! Volvió del desmayo ya. Ya el parasismo la deja. Dejaré en silencio ahora mi agravio, hasta que mis penas otra vez lo representen, porque quiero a la cautela acudir, con que prendieron a mi enemigo. . Que llega Clara a mirarte con vida. Salte tu Clara allá fuera. Señor mira que es tu hermana. Ya aquesos cuidados deja, que ya quedé satisfecho. Pues mis plantas te obedezcan. Ya sabes como al impulso de tanto tropel de penas quedaste casi sin vida en un desmayo. . Estor cierta, pues el alma padeció tanto dolor, tal tormenta. Ya sabes también, que yo tengo una aversión violenta con los Acuñas. . Ya sé que ardieron en cruda guerra nuestro linaje, y el suyo. Pues escucha. . Di qué intentas? Cuando al robarte el desmayo de las megillas sangrientas las rosas, trocando en nieve lo que se mira azucena, yo con la daga en la mano, con la acción medio suspensa, más colérico el semblante, y menos viva la lengua, en este tiempo miré que entraba por esa puerta, no mi menor enemigo, pues si no lo adviertes era. Quién fue? . . Dn Felij de Acuña, de cuya sangre bebiera, aunque al quitarme la vida fuera veneno en mis penas. No entiendo lo que pretendes. Ya es hora pues que lo entiendas, tú has de darle muerte. . Yo? como a una mujer le entregas empresa de tal valor, y de tanta monta empresa? No digo que tú le pases el pecho, si no que seas instrumento de su muerte de este modo. . No sosiega el alma en tantos ahogos, todo el pecho titubea, acaba, que el sobresalto, o me mata, o desalienta. Cuando estaba aquí Don Felix, como ya escuchaste atenta en nuestra casa, a la voz de aquellas de acero lenguas, vino la Justicia, y viendo que las que fueron violentas engastadas en claveles, eran en tu rostro afrenta de aquel perfil, que a los Alpes, o los engasta, o los hiela: juzgó que estabas sin alma, penso que ya estabas muerta, y por aquesta ocasión, viendo la espada soberbia de mi enemigo en la mano, y por sospechar que era tu homicida, lo prendieron; y así mi afecto te ruega, y así el cariño te pide; que pues engañados piensan que eres muerta, nunca salgas de casa, que no te vean, procurando, hasta que pague el traidor con su cabeza. Obedecerte es mui fácil, cuando sola Clara llega a conocer el engaño. Pues aquesta casa sea tu sepulcro estando viva. En servirte seré atenta. Con razón puedo juzgar que debe de ser de veras, pues si no me engaña el alma estoy más que viva muerta. Nunca has de salir de casa, que aún en los días de fiesta, pues hay en casa Capilla yo haré que sin que te vean te vengan a decir Misa. Harelo como lo ordenas. Tenga principio el engaño, y así desde esta hora misma no te vean si no Clara. Mi fe a obedecerte empieca. Si el semblante no me engaña en lo que el color confiesa, grande susto tenéis. . Grande, solo a vos se descubriera el pecho en tanto peligro, y aunque no os conozco, ostenta gran calidad vuestro trato, y el agasajo nobleza. Estimo el favor en mucho, esperad la recompensa. Pues supuesto ya el favor, y la gran merced supuesta que he de recibir de vos, quiero que noticia tenga de mis errantes desdichas vuestro agasajo. . Y advierta, que lo que ha de proponer en su desdicha funesta, será cosa muy leal, aunque así se le revela. Vine ayer desde Granada a la Ciudad de Valencia, y apenas pisé sus calles, cuando por no sé que tema, a desnudar el acero me obligaron, y fue cierta de mi parte la razón, según juzgo, pues apenas se encomendó a mi valor aquella brillante lengua, cuando maté tres personas; mas fue mi fortuna adversa, pues un Alguácil se halló de aquella parte tan cerca, que me pudo prender luego; mas cuando aqueste me lleva a la prisión, con la daga por el pecho le abri puerta al alma, y fuera lo mismo, aunque Ministros vinieran como peina el Alpe copos, como Aranjuez flores peina. Y también añado yo, que fue la cruda pendencia en la calle, donde había de Boteros una arenga, y como nuestros contrarios, eran gallinas, fue fuerza tener aslo en la casa de un Botero: pero a penas los vio mi amo, acudió, y con su espada cercena tres cabezas de un revés, yo los votos de la tienda empezé a echar por el suelo, en cuya confusa guerra anduvimos valerosos, aunque con cólera inmensa al echar un juro a Cristo, fue fuerza me reprendiera mi señor; yo respondí haz contigo aquesa cuenta, pues si me ves echar votos yo te miro echar cabezas. Lo que os ruego es, tengáis gusto pues noble sangre os alienta, de que esta noche quedemos en vuestra casa, que es fuerza temer al Virrey, pues da al que me matare, o prenda quinientos escudos. . Mas Cómo? serán. Hecha la cuenta, han de ser docientos más; porque si acaso nos pescan a mí me darán docientos, y en ocasión tan molesta cuando el Verdugo me casque al ruido de las trompetas con la vaqueta sin tiento, pensará la turba entera que sol un buey, pues se viene siempre tras mí la vaqueta. El ampararos intento porque mi sangre se precia de favorecer a un triste. Así las damas lo hicieran. Según eso en mi favor vuestra palabra se empeña. Así lo afirmo, y os juro, que aunque un hijo mío fuera a quien hirió aquesa daga, hiciera lo mismo. . Ostenta vuestra nobleza el valor, vuestra sangre lo que encierra. En lo que pueda mi brazo mi amor serviros intenta. Y en aqueso habla muy bien, y aunque su locura es buena el viejo parece cuerdo, pues atento nos confiesa, que en lo que fuere su brazo se estiende solo su vena. Señor sin aliento vengo. Cómo tan turbado llegas? Con un pesar. . Dilo, acaba. Mi señor Rodulfo queda de una puñalada herido, y según todos confiesan un hombre por desasirse de sus manos (fuerte pena) antes de ir a la prisión en el pecho le abrió senda a la muerte, y será mucho si con vida se conserva. Aquesto escucho, y no muero, que Rodulfo fue, a quien deja este reo herido, ha Cielos. para cuando se conservan en este zafir los rayos? Mucho el viejo se lamenta de pesar se arranca el pelo. Señor ocasión es esta para morir de dolor. Que abamos venido a esta desdicha, de pena muero. Ánimo, no descaezcas, porque el viejo me parece que mostrando su clemencia da indicios de ser muy bueno. Cómo di? . Porque se pela. La Justicia ha de ayudarle, si con su pesar se queja. Eso es cosa más que clara, porque la razón nos muestra, que en tan funesta fortuna, y en desdicha tan adversa, le ayudará la lusticia, aunque tú la razón tengas. Ya estamos en el peligro, morir en el riesgo es fuerza. Acude a Rodulfo tú, para que el regalo tenga que conviene, si es que vive. Ya te obedezco. Y se queda el viejo con unos ojos tan alterados, que llega a compararlos mi ingenio con los de una clueca vieja, cuando los pollos le tocan; pero en esto me consuela ver tu valor sin medida, pues mirando a la pendencia, no dirá que eres gallina con esos ojos de clueca. Sabéis a quien con la daga Sospecha. habéis herido? mi pena que es vuestro hijo, por las mal confusas señas que trajo el criado, os pido cuando de nuevo os empeña un desdichado, tengáis en tanto pesar clemencia. No tenéis ya que temer, que aunque vos con vuestra mano aquese acero villano tintasteis en rosicler, tiene en mí tanto poder lo que antes os ofrecí, que faltará antes en mí en tan funesto dolor el que fue paterno amor, que la palabra que os di. A una parte herido miro a Rodulfo, a otra empeñado mi valor, y mi cuidado, aunque a costa de un suspiro: a vuestro favor aspiro, tened firme confianza, y en tan segura esperanza, cuando ayudaros confieso, mi palabra en tanto peso es más segura balanza. Pero desde aquí os advierto en tanta pena, y no escasa, que no quedéis en mi casa; porque será desacierto: el ocultaros concierto en casa de un fiel amigo, cuya casa a ese postigo corresponde, allí estaréis hasta, que otro disponéis, haced aquesto que os digo. Me tenéis tan obligado, que no puede hallar la lengua palabras con que alabar vuestra noble gentileza. Y, crees lo que te dice? Que lo creo, es cosa cierta. Pues yo a decir lo que siento, no sé si atento lo crea con esas buenas palabras, porque al tener mil sospechas, aunque nos tapa los ojos, temo. Qué? Que no nos venda. Seguidme los dos, . Ya sigo Porque por aquesa puerta pasaremos a la casa de mi amigo, sin que sea vuestra persona mirada; venid pues, antes que venga, o muerto, o vivo mi hijo, que hay heridas que son lenguas, y en tener delante al reo con la sangre lo vocean. Que haya permitido el Cielo. ayudar a mi enemigo, para que yo en mi venganza no prosiguiera, testigos sean penas, y dolores, del pesar en que me aflijo. Si supiera donde está, aunque mediara el olimpo, ocultando lo muralla lo escalara, y aunque el risco que borda su falda fuera boca del Vesubio activo, siguiéndolo lo trepera, para que en cadahalso impío diera al suelo su cabeza, y su garganta a un cuchillo. Con la licencia que tengo, y con las leyes de amigo, no me detuve en llamar. Y a sabéis que siempre os sirvo. Qué es lo que me pasa Cielos! Lo que me sucede admiro. Esto es lo que yo te dije. No hay ya que esperar alivio. No hay remedio, ya llegó de nuestra culpa el castigo, ya tu enemigo te tiene, y temo al ver el delito que nos ha de hacer gígote, cuando él se ve picadillo. Decidme lo que queréis. Aquesto quiero pediros. Ahora nos vende el viejo. Ayer este hidalgo vino de Granada, y nos importa, por evitar un peligro, que esté oculto algunos días: con que yo atento os suplico lo tengáis en vuestra casa, porque a mí me ha parecido a proposito. . Mirad que no excusáis el peligro dejándome en esta casa. Yo conozco a quien os fío, No sé como ataje el daño, porque si quedo, es sabido que Don Lope ha de entregarme a la lusticia; y si digo mis recelos, y temores otro pesar solicito, pues doy a entender que soy cómplice en otro delito; mas quedemos, que después con aqueste acero limpio, aunque venga la lusticia me defenderé a sus filos. Mira que nos vende el viejo, mas verás como mi aviso ha de salir verdadero. Y a lo temo. . Vive Cristo que hacemos mal en quedar si eso tenemos. . Os digo que basta mandarlo vos para que seáis servido. Quedáis contento señor? no respondéis? . Sois prolijo, pues como queréis que hable, si en lance tan conocido puede conocer cualquiere que estamos cómo vendidos? Dejarelo aquí encerrado, y con eso daré aviso a la lusticia, y diré, que al venir acá fue visto: he de vengarme aunque falte con las leyes de un amigo. Muera este cobarde, muera, vierta su sangre a un cuchillo, porque a la amistad no falto, si cumplo con mi honor mismo, Señor sabes lo que juzgo? Qué juzgas? Que en el peligro más vale morir; y así, pues tú lo tienes atiro a ese que nos hace ofensa con título de cariño, saca esa espada, y de un tajo, con tu valor conocido, córtale entero el pescuezo, como a traidor fementido. Calla, que no es ocasión de hacer un nuevo delito. Que haya quien diga, que es malo el cortar los enemigos? En esta sala (ha cobarde) (mal mi gran furor reprimo) quedaréis, yo cuidaré de vos, y de vuestro alivio; no puede al verlo mi sangre detener mi noble brío. Estímoos el agasajo, y el grande favor estimo con que me honráis, aún no puedo mostrándome agradecido darle las gracias, que estoy recelando mil peligros. Las gracias le das? Es fuerza. aunque con pecho fingido. Que estemos con tanta pena, y que estando así afligidos quieras darte a decir gracias, no sé como me comprimo. Quedaos con Dios caballero, que al quedar aquí asistido de Don Lope, no hago falta para cuidar de vos. . Idos siempre que gusteis señor, y advertid, que seré fino en serviros, haced que sea el deseo cumplido. Dime, es grande tu deseo? Por qué razón? . Te lo digo, porque si es grande el deseo, sin que llegues a servirlo, solamente con ser grande será el deseo cumplido. Avisaré a la lusticia, . para que en pesar tan vivo venga a prenderlo esta noche, y diré, que tuvo indicios de que se acogió a mi casa; así me vengo. . Yo os pido también, que a mí me mandéis, pues Cañamón en serviros solo tardará lo que tardéis vos; (yo lo afirmo) en mandarme, con que es cierto que de este criado fino seréis servido con gusto siempre que seáis servido. Ya volveré yo de espacio. Siempre señor necesito de vuestras nobles visitas para aumentarse mi alivio. Si eso le dices, será más cansado, y más prolijo que algún devoto de Monjas, cuando es enamoradizo. Adiós caballero. . El Cielo vaya con vos. . Dar aviso en dejar a Julio es fuerza a la lusticia, que el brío reprima de este cobarde. Pues ya los Judas se han ido, y quedamos encerrados en aqueste infierno, o limbo, entremos en cuentas. . Calla. Divertirte solicito: es bueno que por tu causa estemos en este abismo de pesares, y desdichas, esperando que un Ministro venga con seis agarrantes más tremendos que Judios de los del huerto, y que yo solo por servirte fino haya de participar de todos los homicidios de tu crueldad? yo apuesto, y con sospechas lo afirmo, que Cañamón, si es que llegan aprenderte en el peligro, será primero llamado, y que después es cogido. No hay causa para prendernos, si bien se mira el delito. Que digas eso, y que yo te escuche, cuando es sabido que en dos días que en Valencia estamos, y aún no cumplidos, les has dado más ganancia a los Curas, y a los niños, a Sacristanes, y a todos los que viven de este Oficio, que un Doctor de mucha fama. De mucha fama? Sin tino es ese encarecimiento. Mal penetras lo que digo, porque el que tiene más fama, tiene más a su dominio para matar, con que es cierto, que si miras el peligro, más mata un Médico bueno, que el que ves menos perito. Temerario estás. No es cierto, que por aquel enfadillo diste muerte a un tejedor, y aún esta no se ha sabido? Mas no se excusa el temer que se sepa, cuando miro que al ser tejedor el muerto la sacarán por el hilo. No es constante, que a un barbero, sobre que te dio pelillo, diste muerte en esa calle? Mas esta pase, pues hizo con su oficio que salieses de conservar los estribos, porque apura alguna vez quien pica tan de continuo. No saben todos también, que a un soldado con los filos de esa espada, le rompiste la cabeca, a cuyo aviso el que se miro soldado, hiciste fuera rompido? Y no saben también todos, que el Alguácil que nos vino a prender llevó en el pecho con aquesa espada un chirlo, y a mi manoseis puñadas, con que si lo saco en limpio, yo se la pegué de puño, y tú de puño, y cuchillo? Esto sabes, y no temes, esto escuchas, y al oírlo no te mueres de pesar, cuando al ver tantos delitos, todos los cuatro elementos se conjuraron activos contra ti? Mira la tierra, que al respirar fuego vivo bocas abre a cada trecho, y juzgo contemplativo, que aquesas bocas de fuego contra ti solo hacen tiro. Calla no me enfades, calla, porque con esos delirios más enfadas que diviertes, que no es para tu capricho el predicar de ese modo. Más docto soy que un Ovidio, y en grande razón lo fundo, cuando a ser tan docto aspiro, pues con el nombre me llevo la razonde ser perito, porque he de ser un Tostado, si ya Cañamón me miro. Qué intentos tendrá Don Lope? Eso ya está conocido, dar noticia a un Alguácil, para que con sus Ministros, siendo ya los dos tan viejos en cárceles, y garitos, venga luego, haciendo encierro; como si fueran novillos. No temas, porque Don Lope es noble, y con un amigo Ya falta no querrá faltar. al agasajo debido, pues ha más de un cuarto de hora que en sombras ha anochecido, y estamos como lechuzas, sin haber traído un cirio para que podamos vernos, y aún juzgo que todo un siglo nos estaremos sin luz, pues al verlo tan prolijo, me parece que no haremos de él ni cera, ni pavilo. Una puerta abrir escucho, y si no engaña el oído, me parece es a esta parte, en cuyo ancho frontispicio, cuando entramos acá dentro no miré puerta, al oírlo estoy admirado. . Calla, porque para discurrirnos podrá ser que sea buena. Habla quedo, no hagas ruido. A mi gusto está la puerta, pues está tan ajustada, que no puede ser notada, sino cuando se ve abierta: bien mi dicha se concierta, pues Clorinda está avisada, que en esta hora señalada todas las noches vendré a sacrificar mi fe, ya el alma sacrificada. Clara no puede faltar por estas piezas, con que si está Clara, la diré, puede a Clorinda avisar; quiero un poco caminar con paso lento, y modesto para poder salir presto de tan moleste cuidado, ver quiero por este lado el peligro en que me he puesto. Hacia esta parte se acerca (según el ruido señala) un bulto, y me ha parecido que guía hacia acá sus plantas desde la puerta que abrieron. Parece que este fantasma se acerca hacia mí. . Quién va, eres por ventura Clara. Mire que yerra en el nombre. Yo errar? . Y diré la causa, pues el que viene sin luz, juzgo no viene a las claras. Avisa a Clorinda luego para que gustosa salga, porque la puerta fingida está también acabada, que engaña al más avisado, con que aunque Lope llegara a tener sospechas, puedo luego pasarme a mi casa. Aquí el fingimiento importa, . para que después nos valga para discurrir la puerta, que algún ingenio hay de tabla. Cómo no hacéis lo que digo? Está tan enamorada ti Clorinda, que juzgo, y no es pasión de criada, que ha seis horas, y muy grandes que te espera en la antesala; bien puedes creer que son grandes, y que no las hecho largas. Con que podré esa fineza Podrás pagarla pagarle. entrándote luego a verla. Que este duende no se vaya; . si sacan luz nos perdemos, pues al registrar mis barbas, estamos ya convidados a molernos las espaldas, con que en aqueste convite, si mi brujula no es falsa, cuando se ve tan picado, tendremos palo por barba. Obedeciendo a Clorinda, voy a sus divinas aras, ofreciendo el corazón, a quien ofrecí ya el alma. . Señor ya se fue este duende, y pues la salida franca tenemos, por esa puerta por donde entró ese fantasma, salgamos luego por ella. Cómo, si las sombras pardas no dan lugar para que la veamos? . Al tentarla la hallaremos, porque juzgo que hacia esta parte sonaba el ruido, que hizo al abrirse. Pues empieza a examinarla. No puedo tablas tentar, si yo aquesta puerta hallara, fuera dichoso, pues veo, que en desdicha tan extraña, solo con aquesta puerta nuestra fortuna se entabla, Va tiento. . Qué tientas di? Unas perdices colgadas, y no es mucho las encuentre, porque voy al tiento a caza, si acaso alcanzarlas puedo, las perdices van voladas; más adelante. . Qué encuentras? Me parece que esta cuadra debe ser del dispensero, porque toda entapizada está con cosas de gusto. Informame de esto acaba. Colgada una vaca entera he tentado al registrarla, no es malo oponerme a ella. Pues por qué di? Porque es vaca. Camina dos pasos más. Ya te obedezco, ya escampa, la puerta tengo entre manos, no ha sido malo el tentarla, pues hallé sus tablas, ven, y gozaremos su entrada, cuando en nuestros homicidios esta puerta nos escapa. Salgamos, y al estar fuera, no será malo cerrarla por si el que salió volviere luego. . Gusto que se haga como tu dispones. . Ven, porque en tan terribles ansias hasta el último peligro tendrá valor esta espada. Ni a Clorinda he encontrado, ni ver su luz he podido, solo en tan confuso olvido las sombras me han ofuscado; sin mí me tiene el cuidado en tan confusos desmayos, pues al ver estos ensayos, a Clorinda juzgo lejos, cuando faltan los reflejos de sus refulgentes rayos. Por aquí a Clara dejé, cuando me dijo que entrara: que así Clara me engañara, confiando yo en su fe! De ella con verdad sabré si Clorinda me esperó, si a la antesala salió; mas en tan fiero dolor, cuando conozco su amor, mal mi fe desconfió. Clara, Clara; no responde, si acaso de aquí se fue? Bien se conoce, pues sé que a mi voz no corresponde; con la oscuridad se esconde. esta mujer a los ojos, terribles son los arrojos que mi locura concierta, pues al labrar esta puerta. faltan al amor despojos. Pues Clorinda no se mira, y no hay de hablarla ocasión, el peso de la razón a que me retire aspira; mi fortuna se conspira cuando sus iras concierta, buscar intento la puerta, pero intentando buscarla, no puede el dolor hallarla en aquesta pena incierta. En tan terrible dolor, mejor será retirarme, por aquí podré ocultarme, aunque me sobra valor: las sombras con su color no quieren darme lugar para poder encontrar la puerta, gente se escucha el pecho en mil penas lucha, y me manda retirar.

JORNADA SEGUNDA

En aquesa cuadra oscura toda la noche he pasado, mi amor de Clara burlado, sin estimar mi fe pura. Que así Clorinda faltara, cuando en tanto desacierto vino bien en el concierto, de que la puerta labrara! Mi grande peligro es llano, y mi pena no es escasa, porque temo en esta casa Lope que es su hermano No sé qué remedio escoja para que pueda salir, no sé que pueda fingir un discurso que se arroja. Si a mí Don Lope me ve dentro su casa escondido, es el riesgo conocido, pues responderle no sé. Es posible que no vea a Clara, si Clara entrara de esta pena me sacara, en que el alma titubea. Pero en dolores no escasos, aunque el sujeto no veo, sino me miente el deseo hacia acá siento unos pasos. Por si es Lope, el embozarme importa en tan grave mal, el alma quedó neutral, sin vida llego a mirarme. Toda la casa mirad, porque en política, y !eí no puede negarse al Rey lo que buscáis; registrad los puestos más escondidos. No tengo ya que mirar, pues como veis llegué a hallar lo que busco. . Conocidos . son ya mis pesares, pues aquí Don Lope me mira, todo el dolor se conspira contra quien infeliz es. Cauteloso, no encubráis el rostro, ya os conocemos, advertid que ya sabemos quien sois cuando os embozáis. Que me conocen dijeron; quién se les pudo avisar? Ya no se excusa el pesar, pues mis engaños supieron, Aunque al verme confesaron que me conocen, no intento con tan poco fundamento descubrirme. . . Pues llegaron tan claramente a saber que en mi casa os encubrís, es fuerza, pues lo advertís, sujetaros al poder. A gran pesar me condena el conocer que en mi casa padecéis no pena escasa, cuando es tan grande la pena. En tan penosa ocasión por Julio que os trajo aquí me cabe el pesar, pues vi, que os llevan a una prisión. De donde en tanta dureza saldréis por tanto delito, según la leí, y su rito, a que os cortén la cabeza. En lance que es tan penoso, no podéis de mi quejaros, pues cuando quise ocultaros, no hay razón de estar quejoso, La prisión no se os excusa, si la justicia os halló, con que padeceré yo aquesa prisión confusa El orden ejecutad, si el ejecutarlo es fuerza, no quiero yo que se tuerza de justicia la equidad. No puede en mí el corazón ya tanta pena sufrir, de aquí me es fuerza el salir, no perdáis vos la ocasión. . De aquí Don Lope se fue, aunque en dicha tan avara descubra ahora la cara, tanto no peligraré. Pero me dejó admirado, cuando llegó a pronunciar, que en lance tan singular mi delito es tan pesado. Descubrid ya caballero el rostro, y venid conmigo, porque así vuestro castigo ha de ser menos severo. Que no me conoce es cierto el Aguácil, con que puedo descubrirme ya sin miedo, y sin ningún desacierto. Qué queréis? Yo Prenderos. he de ir con vos aprisión? pues decidme en que razón Cuando cometió cabe? aquese acero fatal, delitos tan inhumanos, esos reparos son vanos. Delitos yo? estoy neutral. Pues decidme, quien ignora en tan infelice suerte, que a tres hombres disteis muerte? Y decidme, quien no sabe, que con esa daga hirió al Alguácil que os prendió, vuestro brazo? pena grave! Quien no supo en tanto mal, que en Clorinda, que fue hermana de Don Lope, esa villana daga no vertió el coral? Qué Clorinda es muerta dices? para cuando son las penas, pues el valor quedó muerto para hacerles resistencia? Que mi bien quedó sin vida llegó a pronunciar tu lengua, a que aguardan los pesares, que mi vida no atropellan? Es posible que hubo acero tan cruel, que abriera puerta a su pecho, si Clorinda quitaba vidas enteras? A que aguardo, que no voy, bien como irritada fiera, a quien cazador astuto escalándole la cueva, quito cruel los hijuelos, buscando quien en tal pena a mí me hirió el corazón, aunque en pena tan incierta se encubra el reo traidor en las más remotas tierras del mundo, y aunque lo encubra en sus grutas, y en sus selvas el Alpe, cuya altitud nieve viste, y flores peina? Tu viste a mi bien sin vida? tu viste aquella flor bella marchita, y sin su hermosura? hecho el clavel azucena? Tu esmaltar la tierra viste el rosicler de sus venas, dando la nieve carmín para colorir la tierra? Tu descompuesto el vestido, su hermosura descompuesta, y sin sus dorados rayos la que fue del Sol madeja. No lo creo, tú me engañas, y ya que lo infiera es fuerza, porque si fuera verdad me hubieran muerto las penas. Caballero, y a conozco que es falsa la estratagema que fingís, cuando sabemos que en tan penosa cautela a Clorinda disteis muerte. Eso de pronunciar deja, que me matas vive el Cielo. Las ficciones no aprovechan para dejar de prenderos; seguid, que por esa puerta saldremos sin que lo noten Verdaderas a la prisión. deben ser estas razones, cuando el Ministro me fuerza a que lo siga, no sé si tendré valor en esta desdicha, en este pesar que mi fortuna me ordena. Venid, porque no os importa el hacerme resistencia en tan notorio peligro. No sé como me condena vuestra injusticia a que os siga, pues en un sujeto fuera contradicción el dar muerte con acción que es tan violenta, a una mujer, cuya vida lo alentó con ser ajena. Pues si yo a Clorinda amaba, y al verla con su presencia vivia yo, pude acaso con una punta sangrienta pasar su pecho? . Señor, vos procuráis la defensa, a mí el prenderos me toca, en la prisión todas esas razones alegaréis, que aquí no hay lugar para ellas. Ina la prisión me importa, . pues por esa falsa puerta puedo salir, sin que aquí que estuve Don Lope sepa. Vamos señor, porque ya vuestra resistencia apela. aún asilo que no puede libraros. . Pues es ya fuerza el seguiros, caminad. Cuando en la prisión estrecha me vean sabrán, que no soy el reo de esas deudas. . Lesbia, A dolfo, Nise, Octavio, no hay quien aquí me socorra? Callad, que sol caballero, y advertid, que aquí me arroja mi fortuna . Señor mira que es mujer, y es fuerte cosa el pedirla tú que calle, cuando si las miras todas, no se hallará en ellas una, aunque sea más hermosa, que con ser la más perfecta, llegue a tener buena boca. Pues de qué modo en mi casa? Yo responderé; señora esto es cosa de comedia, y nos trajo una tramoya. Ni sé si suerte, u desdicha en la suerte que me ahoga me dio asilo en vuestra casa; mas será cosa notoria que la suerte me ha traído, pues esa divina Aurora señala bonanza, cuando de una hola, en otra hoja, tropezando en mil peligros, llegué al puerto, y me lo informa vuestra hermosura, pues sois en desdichas tan penosas el Iris que me da vida en mi cansada derrota. Qué vuestra pena es tan grande? El medirla es cosa impropia, Puedo yo aliviarla acaso? No sé qué diga señora. Mirad si aliviarla puedo. Si con decirlas mejora un triste en sus penas, oye. la cosa más prodigiosa que sucedió en estos siglos, sino faltó la memoria con las penas que me afligen. Artícule ya la boca lo que escúcharos intento. Ahora va la bambolla. En la Ciudad de Granada en quien los soberbios muros, o son del Cielo atalayas, o se miden uno a uno: con las solidas esferas nací; pero tan confuso, que pluviera al alto Cielo; mas yo para que me culpo, si el tener buena fortuna no lo consigue ninguno, sino aquel que tiene dicha por el celestial influjo? En esta nació también (al decir aquesto dudo si he de poder pronunciar lo que en la voz artículo) Doña Leonor de Meneses, entonces mejor asunto de la hermosura, en quien yo al ver de él Mayo un presudio, en sus megillas rendí toda el alma, en cuyo culto, aunque tuviera mil vidas, fuera el afecto tan uno, que me parecieran pocas, pues con rendimiento mudo, como le di toda un alma, le ofreciera todo un mundo. Ya pudiste conocer de las voces que artículo, que me rindió la belleza de Leonor, mas no fue mucho, porque sus dos bellos ojos fueron dos dardos agudos, que aquellos hermosos arcos flecharon, pues cada uno, o el alma me penetró, o fue de mi muerte anuncio. Correspondiome Leonor dos años largos, y pudo mas mi desdicha, pues cuando el amor más en su punto, mas vivo el cariño estaba, mandaron sus padres (lucho con un millón de pesares) que dejando luego el mundo, trueque galas, y aparato por un sayal; mas fue inco, pues le mandaron con esto en pesares tan confusos fuera un Convento clausura a su hermosura, y no es mucho, que ya el luto le escogieran, porque quedó tan ditunto su semblante al escucharlo, que pudo en lance tan mudo servir de luto el sayal, y el Convento de sepulcro. Obedecioles Leonor; mas no pudiendo mi orgullo contenerse de adorarla, no había hora, ni minuto que no fuera a visitarla al Convento, con que pudo más avivarse el cariño, porque va creciendo el gusto al paso que aquel sujeto que se adora tiene algunos obstáculos, sin que pueda conseguirse; y así excuso al cariño de grosero, solo a lo imposible culpo. Al lado de la clausura, que fue de Leonor, me trujo a vivir mi fuerte, y como no estaba el amor difunto, viendo que una pared sola era flaco, y débil muro, que dividia mi casa del Convento, con impulsos menos cristianos intento escalarlo, porque juzgo que un amante no repara, cuando a conseguir su gusto aspira en leyes divinas con su ceguedad confuso. Sin avisara mis intentos, porque pudo su buen celo detenerme con el apetito cumplo, rompiendo de una pared el tabique, con que puso mi amor su fortuna al riesgo, pues se teme un infortunio, cuando sobre ser muy malo aquello que emprende el gusto, lleva tales circunstancias, que con ser el daño uno, crece así por lo profano, que pasa de ser injusto. Finalmente abrí la brecha, y cuando el blandón nocturno substituro fue de Febo, al Convento me conduzgo por la rotura, y apenas piso con pasos inmundos el sacro lugar; no sé. lo que diga; pues me juzgo padecer las mismas penas que allá padeció el discurso. Apenas entré pues, vi, no sé como lo pronuncio, abrirse la tierra, y dar ya en volcanes, y ya en humo, todo un etna desatado, un ceniciento Vesubio, que amenazando sus llamas, vueltas en color cerúleo, me dijeron con sus lenguas, (que en casos tan poco justos suele haber lenguas de fuego) vuelve los pasos perjuros, mira que aqueste lugar está consagrado al culto de María, por las hijas de Fráisco, aquel dibujo de dlas rosas cinco; que apror del mundo, 1e B trasladó a sus manos fino, para hacerlo su trasunto. No por aquestos asombros los pasos volvió mi insulto, no por aquestos terrores en mis maldades me turbo, y no por estos avisos en mis torpezas me asusto; antes bien más obstinado, con los afectos más duros, de las llamas con los rayos, bien como celoso lucho, pues al impidirme el paso juzgó mi amor, y mi orgullo que le hacían competencia, y en casos tan importunos, aquellos montes de llamas, aquel ignifero buzo trepé; pasé finalmente por lo intrincado del humo. Al retrete de Leonor torpe el paso me condujo, llego a la puerta, que ya sabia mi afecto rudo, por noticias que tenía de mi amante, llamé astuto, abriome Leonor la puerta, y cuando ajena la juzgo entre pesarosa, y triste, con torpe voz dabio mudo, me dijo aquestas razones, no sé como las pronuncio: Don Felix mira a este lado a Jesús (pena fatal) que padeció en tanto mal en aquesa Cruz clavado: Mira el pecho ensangrentado corriendo el sino rubí por el cáudido alelí. Mira en tan atroz martirio, hecha la azucena lirio, hecho el cristal carmesí. Mira al tierno Benjamín en ese breve obelisco, atiende, mira a Francisco, mi querido Serafín. Tenga con aquesto fin tu intento en tan triste caso, vuelve hacia la puerta el paso, estima en más mi decoro, porque yo a Francisco adoro, cuando en tanto amor me abraso. No por aquestas razones se dobló mi pecho duro, antes bien con más instancias lograr intento mis gustos, amante la persuado, cariñoso la procuro; pero Leonor que es discreta cuando de tibia la acuso, si la enamoro se ofende, más porfías valen mucho, y más en un fino amante, pues persuadiéndola astuto llegue a doblarla desuerte, que sin obstáculo alguno quiso dejar la clausura, y pisar el valle inculto. Reducida ya Leonor a salirse (mal pronuncio estas razones) guíe a la rotura, por cuyo boqueron salir intento; pero el paso nos detuvo una sierpe, cuya frente era un eena, y un vesubio, que arrugando el ceño, hacía de cuatro cuernos agudos dos arcos, que le sirvieron de cejas, por cuyos tufos salíans llamas voraces, edio fuego, y medio humo; era erizado su cuello, todo espeluzado el buzo, la nariz ondeando rayos, la cola en tanto infortunio hecha roscas azotaba el aire sutil, a cuyo estrépito por la boca con estallidos confusos arrojaba plomo ardiente, y arañando en silbos mudos la tierra, ocicaba el suelo, y cuando tanto la acuso, los dientes eran centellas, eran dos llamas los pulsos. Turbada Leonor con esto, yo con aquesto confuso, determinamos dejar aquel tan infame rumbo, volviéndonos al retrete de Leonor, en donde pudo nuestra desdicha esperar, que ese Planeta purpúreo dorase en nuestro hemisferio tanto plateado coluro. Amaneció el Sol luciente, cuando arrepentido cumplo mis deseos, pues hablamos con la Abadesa, por cuyo medio, sin que se supiese el salir de allí procuro. De allí salíco no sabes, y sin esperar un punto me vine a Valencia, en donde sobre no sé que disgustos maté un hombre el primer día y por asilo, y recurso de mi desdicha escoga la casa (infeliz anuucio de mi enemigo, que quiso, cuando hacer otro no pu mas de la prisión me excuso con darle dos puñaladas al ministro, con que astuto he llegado a vuestra casa, aunque como llegué dudo; en ella infeliz estoy cuando a mi desdicha culpo, en ella medroso me hallo, cuando a mi desgracia acuso; en ella triste me miro, cuando me mata un disgusto; en ella turbado estoy, cuando el caso es poco justo; en ella me veis penoso, cuando mi estrella me trujo; y en ella ya finalmente estaré si tenéis gusto infeliz, medroso, triste, turbado, penoso, injusto, cuando a mi poca fortuna veo, culpo, miro, acuso, Por infeliz se os debiera, ya que no por otra cosa el ampararos. . Medrosa os responda el alma entera. Mi hermano ignora el suceso, y así sin hacer reparos piadosa quiero ampararos, cuando infeliz os confieso. Este cuarto habitaréis los dos, porque es caso llano, que no lo sabrá mi hermano jamás. . Aquí nos tendréis, del cuarto no me descarto, y si lo llego a advertir, no he de poder ya decir, que a mí no se me da un cuarto. Me confieso agradecido por esa noble fineza, que esa ilustre gentileza piadosa nos ha ofrecido Galán es, no hay que dudar, . como en tan confusa pena, cuando el amor me condena he de poderme librar? Detén amor ya tus riendas, mas librarme es excusado, pues viene amor disfrazado. Vendrá de carnestolendas. Rompo al recato la nema . de esa dama de Granada, está la llama apagada? No lo estará, pues os quema. De los sabios son consejos, no apetecer lo imposible, con que olvidarla es factible, cuando la miro tan lejos. Si vos señora gustáis desde aquí la olvidaré. Como el alma os penetré, sé bien que la conserváis, En aquesto no hay reserva, que no la conserva digo, que mi amo no es amigo de azucares, ni conservas. Supuesto pues el olvido, cuando estemos más de espacio tengo que hablaros. . Oracio no andaría más medido. Os vais? . Vor a prevenir que os traigan luces . Agravio os hacéis con vuestro labio, cuando podéis vos lucir. Eso es caso conocido, y juzgo según mi ver que puede muy bien arder. Cómo? Por que se ha encendido. Dar la vuelta intento luego, las luces piden las sombras. con aqueso me asombr violentando mi sosiego. No te quedes tan neutral, que luego acá volverá, ella las velas traerá, y el cirio traerá pascual. Que mujer tan prodigiosa, que discurrir tan sutil, que manos tan de marfil, que mejillas tan de rosa. No le quito el ser discreta, mas no la quisiera rica. Cómo eso se verifica? Porque es muy buena pobreta. También tenemos licencia para andar, y registrar esta otra cuadra. . El entrar no se excusa a mi advertencia. Mi hermano salió de casa, muy buena ocasión es esta para hablar yo con mi amante, pues dando un golpe en la puerta, que fingió en esa pared, saldrá con fe muy entera. Es el tiempo acomodado, cuando con noticiacierta sabemos que mi señor tardará mucho. . La brecha que la puerta encubre ignoro. Es con fieción también puesta, que discernir no se puede, pero pues es cosa cierta que en esta pared está, en cualquiere parte de ella podemos dar golpes mudos. Da dos golpes Clara, llega. Pues con tu licencia llego, Dios nos la depare buena. Da más recio; que no puede oírlo. . De esta manera es fuerza que nos escuche. Calla, que ya abren la puerta. Cuerpo de Dios no la abras, sin que cuidadoso veas quien es el que dio los golpes. Ya el abrir la puerta es fuerza. Es César? . Fingir importa. Si señora, o nada, o César. Vine sin luz por si a caso. quiere venir con presteza mi hermano. . Con esas luces, que no tienen competencia, en vano son otros rayos, en vano es otra pavesa. el examinar importa quién es esta mujer, sea mi examen de aquesta suerte. Bien fingida está la puerta. No entiendo lo que decís. Que aquesto César no entienda, no debe saber que soy . quien le habla, cuando deja de declararse con migo; bien podéis dejar quimeras, porque yo soy quien os habla Pues haced que quien sois sepa. Clorinda soy. . Mas decidme, mucho las dudas me aprietan, quién es Clorinda? . La hermana de Don Lope. . Pues no es muerta esa hermana de Don Lope? Cuando con vos habla es fuerza que esté viva. P. No está preso un caballero de prendas. por esa muerte? . No ignoro todo aqueso que confiesas. Pues de qué modo es aquesto? No dirá más que una muerta. Detad para otra ocasión eso que saber desea vuestro cuidado, que ahora no estoy para tener penas. Que con una muerta hables, y que hablándola no temas? yo con estar tan distante tengo temblando las piernas, mira si viene vestida, y mira en tanta cautela, si es alma que viene en cuerpo, mas si hará por venir fresca. Por esta puerta tenemos todo aquello que desean dos finos enamorados; pero yo saber quisiera si vuestra hermana lo sabe. No lo sabe; que a una aldes la retiré aquestos días; válgame aquesta cautela. . No conozco a vuestra hermana, porque al vivir puerta a puerta, el la es el mismo retiro. Está en Madrid, no en Valencia. Advertid pues, que aunque vengo tan amorosa, y tan tierna, vengo celosa, y amante, porque no sé que me cuentan de un galanteo muy fino que tenéis. . El daros cuenta a mí me toca. . Vergante, porque tus porfías necias no me dejan, que me cansan? Aquesto es echar pimienta, para que pique la polla. Pues no queréis, que yo sepa vuestros galanteos, baste, dejad que me los refiera. No quiero decir la calle en donde vive, más crean que a cierta coja enamora, y cuando la galantea, todos se admiran al verlo, pues en tan dudosa pena, aunque más se nos recate por una coja hecha piernas. otra dama tiene hermosa, pero es más fino con esta, pues en su casa se escon de, y si el discurso no hyerra, que a su lado está escuchando lo que hablamos, mi fe piensa. Qué es lo que dices? . Señor todo aquesto es dar la cuerda para que sea más fina, para que más tierna sea. Es posible que estimáis en tan poco aquestas penas, que os atrevéis a traer otra dama en mi presencia? Mirad eso que decís, porque tengo por vos misma muchos pesares. . Por mí tantos pesares os cercan? Esto que os digo es verdad. Sin que mi hermana me viera me entré por ver a Clorinda; pero se quedó suspensa el alma llegando a ver la puerta que fingi abierta. No sé quejará Clorinda de que con fe poco tierna la adoro, pues esta noche, que tengo un poco licencia del Alcalde la visito; quiero ver si una centella me alumbra de sus dos luces, mas si mi fe no está riega, y el tacto no esta confuso, una mujer toco, esta Clara debe ser, a Clara, que es Clara? . No es os a escuras, mire que aunque vemos que clarea. Es Clorinda? Este es mi hermano, señor volved por la puerta, porque juzgo que es mi hermano el que con las sombras negras vino, cerrad bien, que yo, sino fuere, haré una seña para que a salir volváis, voy por luz, para que pueda registrar todo este cuarto. . El amor os obedezca. Parece que la mujer que llegó a fingir la idea, perdió el tacto, no se quien pudo ser. Pues es tan cierta de César la ausencia, quiero ver si Felicio hace ofensa a mi amor, de celos muero. No sé quien acá se acerca, mujer parece sin duda. Cañamón la puerta cierra. Es posible, ingrato amante, que al despreciar las finezas, que hago por vos, cuando fina mi voluntad os alberga, así desprecias mi amor? Esto merece quien ciega la vida a daros se atreve, la vida a daros se arriesga. Pues señora, de que modo agravio vuestra belleza? De que modo, no es constante, que cuando os adoro tierna, vos cobarde me dejáis en laberintos de penas? Señora, lo que decís ignoro, pues no le qu parte al pecho, que ocupar en otro sujeto, y sepa. vuestra deidad, que la adoro; y que otro amor es violencia. Si no me engaña la voz, me pareció que Don César habla con una mujer, pero salgamos a fuera. Qué es lo que miran mis ojos! Qué miró la vista atenta! Qué es lo que atiende el discurso! No es mi hermano? No es Sirena? No es César con otra dama? No sé lo que el alma infiera. No sé lo que atento juzgue. Es bueno señor Don César, que delante de mí misma vuestra voluntad se atreva a favorecer amante a otra dama? . Son quimeras, las que el discurso conoce; señora son apariencias. las que finge vuestra voz. Pues yo misma, pues yo misma, no escuché desde esa parte que le decías: y sepa vuestra deidad que la adoro, y que otro amor es violencia. Lo que decís no es posible, que es fuerza ya que se advierta que esta mujer es mi hermana. Pues antes que yo saliera por esta luz, para ver si era mi hermano, en tal pena, no confesó vuestra voz, no pronunció vuestra lengua, que vuestra hermana habitaba estos días ina Aldea? No entiendo lo que decís, ni es posible que lo entienda. Bien se conoce lo que dijo el criado, que era vuestra se falsa, y que en casa tenéis a la dama misma a quien adoráis. . Qué es esto? señora advertid qué es esta mi hermana, y que os engañáis, si pensáis que esta es cautela. Tu hermano viene señora, mira que viene, que llega. No podemos ocultarnos, vive el Cielo que la puerta nos cerró alguna criada, daré dos golpes en ella, para que la vuelva a abrir. Esta juzgo que es la seña. de la dama que dejé, pues la dije golpes diera, si acaso no era su hermano, salir importa, y tu cierra Cañamón la puerta luego. Eso corre por mi cuenta. Es ilusión de los ojos? . Son ficciones de la idea? Oh yerra la vista, o miente. O miente el discurso, o hyerra. Arnesto Clara, Clorinda; mas la pavesa pequeña, me avisa que están aquí. El que yo me esconda es fuerza, por las causas que no ignoro, vosotros a la defensa os acoged que podáis. Pues guíeme la pavesa en silencio tan confuso; mas el alma titúbea al confundirse la vista; mi enemigo con Don César! no sé lo que juzgue el alma. Ignorando está la lengua lo que puede responderle. . Que yo mismo me viniera a manos de mi enemigo? Pero ya ocurrió respuesta al discurso, por si acaso culparé mi fe traviesa. Señor Don César, ignoro el título, o las cautelas con que en mi casa os halláis. Hallando la puerta abierta que sale a la calle entré, bien como sangrienta fiera. Por qué razón de ese modo? Porque supe en tantas penas que en vuestra casa ocultáis esta tirana, que fuera vil despojo de mi espada, a no saber que esas venas sabrán ilustrar mi sangre, dorando aquesas ofensas con casarse con mi hermana. El alma tengo suspensa. De esta suerte he de librarme, después venga lo que venga. Qué es lo que dice mi hermano? También os traigo otra queja. De qué suerte? . De este modo, porque en penas tan funestas sin tener ningún delito para que a mí me prendieran fuisteis causa. . Yo fui causa? Y está mui llana la prueba, pues el que miráis delante, es quien cometió la ofensa, y ahora lo traigo conmigo, para que con diligencia lo hagáis poner en prisión. De esta suerte se remedia . el que conozca que este hombre entró por puerta supuesta. Lo que me sucede iguoro. Permitid que a vos os prendan, porque me importa, que yo os libertaré. . Ya es fuerza obedeceros, aunque teme el alma, el pecho tiembla. Ignoro lo que decís de vuestra hermana, y es cierta de mi parte a disculpa, pues nunca he podido verla, como ha tampoco que estáis en esta casa, la queja que traéis de estar vos preso, no la entiendo, ni entenderla podré si no os explicáis, solo conozco en tal pena, que ese tirano dio muerte a Clorinda. Que no vean . a Clorinda importa mucho. Es posible, que ya es muerta vuestra hermana? Así es verdad, y ya con vuestra licencia el prenderlo no se excusa, y pues de aquí vive cerca la lusticia, he de avisarla. También quiero con Sirena, dándome licencia vos dejar vuestra casa; sea firme el valor, porque yo que fingí aquestas cautelas os sacaré a libertad. Quede cerrada la puerta. Sola vos podéis señora cuando las penas me aprietan quedar para consolarme, para que yo no padezca. Caballero no os entiendo. otra vez os vi más tierna, conmigo aquesos desvíos dejad, porque desalientan. Advertid que no os entiendo. Pues cuando negras tinieblas daban color a los aires de temerosa; o de atenta, no me avisó vuestra voz después de muchas finezas que por esa puerta entrara? Lo que vuestra voz confiesa no sé, pero en tal desgracia he de hacer yo que no os prenda. Pues de qué modo ha de ser? Con que el Alguácil me vea cuando a prenderos viniere. Pues sola vuestra presencia será bastante motivo? Si será, porque en tal pena soy yo Clorinda, por quien cuando me imaginan muerta os quieren prender; y así viéndome la causa cesa. No os pongáis en ese riesgo, ocultaos ya, porque llega No quiero ser Don Lope. rigurosa, si no atenta. El reo se oculta aquí; pero que mira la idea, Clorinda qui? qué es aquesto? Jesús, qué ilusión es esta? Pues no es esta vuestra hermana? Salte Clorinda allá fuera, . porque importa; Dios me valga, el Cielo todo esto ordena. Luego no es viva Clorinda? sion, porque es muerta eso no se excusa Segu Es cosa ciert la prisión. De Clorinda se frustró la intención, mas será fuerza ir a la prisión, pues al desped me ampararí nuestros pasos. Sin cautelas os seguiré esta ocasión, que en pena tan manifiesta lo que causa una desdicha a estos empeños n e fu

JORNADA TERCERA

Temeroso en la pr me tiene un gr pues un ries temo, y con mu que aquel lance, y la o en tan extraño pesar lo hizo cobarde quedar de Don César en la casa, el corazón se me abrasa cuando lo llego a pensar. Si Don César lo encontró, no se excusa mi dolor, porque sabrá de mi amor, y todo lo que pasó: mas lo que más temo yo en desdicha tan neutral, es el peligro fatal de Cañamón, pues será en quien ejecutará Don César el mayor mal. Aquí está si no me engaño. Ya mi pesar sosego, porque Cañamón es este. Mui bien dices, que ese soy, y criado tan leal e dan al diablo enojados, yo por ti aprisión me doy. Dime, como te libraste en tan confuso dolor de las manos de Don César? El ser quien soy me libró. Pues dime en tu calidad César así reparó? No lo entiendes? Dime, como se entiende esa confusión? Ya que Cañamón soy sabes. Es cierto que lo sé yo. Pues con eso está entendido, porque Don César miró toda la casa irritado, y al estar yo en un rincón de un aposento, no pudo verme, porque me valió para que no me mirase, el ser como un Cañamón; mira si en algunos casos el no ser grande importó, y si el tenerse por menos vale en alguna ocasión. Y cómo quedó Sirena? Quedó como cuando el Sol en día nublado sale, pues su brillante candor regó el llanto en tantas penas, haciendo por tu prisión el nácar jazmín helado, y aljófar el arrebol. Que así Sirena lo siente? Señor mío lo sintió tanto, que no pudo más; mas no es mucho, pues sé yo que tu amor la tiene presa, con que al conocer su amor, no es mucho que estando presa llegue a sentir la prisión. La visita de Don César ha de aliviarme, pues dio palabra para asistirme. Y si a mí no me engañó la vista, acá viene. . Ahora empezará mi favor. Mucho señor Don Felicio me huelgo de hallaros hoy con salud, cuando intereso tanto en eso. . No hay Doctor que salude tan mirlado, pero con tal distinción, que cuando aqueste saluda miente su salutación, pues no hay Doctor que se huelgue de que libre de dolor se mire el que finalmente ha de matar, y es acción verdadera, y no malicia, pues en pesar tan atroz, los más que se mueren, mueren en las manos de un Doctor. Ya sé señor Don Felicio, que aquí por mi preso estáis, y quiero que conozcáis como serviros codicio: Sois sin culpa sacrificio en tan inculpable empeño, y pues llegué yo a ser dueño de que estéis en la prisión, sácaros debo en razón de ese daño, no pequeño. Supe ya como arriesgado, por libraros cuidadoso de la lusticia, medroso sois en mi casa amparado; con que al estar empeñado, no fue el fingimiento vano, pues por camino tan llano excusé tener un tope, con el que visteis Don Lope por ser de Clorinda hermano. Esto supuesto, el libraros detérmino, aunque admirado de que Don Lope ha dejado prenderos, sin más reparos; pues sin llegar a miraros reo en tan terrible suerte, con vos se ha mostrado fuerte, siendo cosa ya tan llana, que cuando vive su hermana no sois vos quien la dio muerte. Tiénela tan encerrada, que aún el Sol cuando dilata tanto copete de plata, tanta plata arrebolada; no puede a su frente helada beberle a copos la nieve, y cuando el término es breve para daros la sentencia, no perdamos diligencia en peligro que no es lete. Aunque así encerrada esté con Clorinda he recabado, que os libre de aqueste estado, y que puede hacerlo sé; por la puerta que formé desde su casa a la mía, sospecha mi fantasía que a daros vida vendrá, con que no lo estorbará quien estorbarlo podría. Muy fina me prometió, que en tan pesarosa suerte os librará de la muerte, pues no sois quien la ofendió: mi fe no desconfió, y no he confiado en vano, cuando es camino tan llano la puerta, y con evidencia será falsa la sentencia a un a pesar de su hermano, Por esta con un vestido, que trocará con mi hermana todo el peligro se allana, que el traje es desconocido; porque al mirar ofendido vuestro valor, y agraviado, trueque lo disimulado, y en aquel peligro os valga, cuando a que la vean salga librándoos de lo culpado. Luego juzgo que vendrá, porque importa su asistencia, pues pienso que la sentencia sin tardar se os propondrá; solo el remedió será, que en tan peligroso encanto descubra una luz su manto, que si así brillando sube, será la sentencia nube, que desvanezca ardor tanto, Estoy tan agradecido por vuestro noble cuidado, que enmudecido he callado, todo suspenso el sentido. Esto es ser reconocido. Siempre lo fie de vos. Seremos uno los dos. Hacéis de bizarro alarde. Don Felij el Cielo os guarde. Señor Don César a Diós. Bien estoy en que Clorinda señor a librarnos venga, pues puede mucho en tal caso hacer su hermosa presencia; mas si a muerte en tal pesar el delito te condena, que haremos? . No hay que temer, porque esa confusa pena con ser Clorinda presente llegará a perder su fuerza. Eso es falso, pues ay Jueces, que al dar alguna sentencia, pecando en rectos, o en duros, no hay presentes que los tuerzan. No hay que temer, si se sabe que es viva. Pero si llega segunda vez a quejarse la parte de los que fiera mató tu espada? . Ya está segura la parte, y quieta. Si está, mas puede quejarse, y en tan penosa tragedia, aunque la aborreces tanto, te perderás por querella; ya parece que te miro por medio la turba inmensa subir alcadahalso, en cuya negra, y lugubre eminencia grantítulo alcanzarás. Por qué razón? Porque es fuerza que puesto tan eminente aquel día te dé Alteza. Ese temor no me aiflige, cuando así Clorinda intenta librarme de esta desdicha, pues su hermosura decreta hacer cara a mis contrastes. Lon mismo un pintor hiciera, mas no solo estarás suelto, sino resuelto en tal pena, si Clorinda, que es el todo, en ayudarte se empeña para que suelto te mires, pero Clorinda en tal deuda, con ser la determinada, tu persona es la resuelta. Grandes esperanzas tengo de que la verdad se vea más clara que el Sol luciente. Pero una duda me queda. Qué duda tienes? . Si acaso cuando a cara descubierta vieren a Clorinda, dicen que Clorinda es alma en pena, que es muy fácil el decirlo, pues que la juzgaron muerta, que haremos? . No puede ser que duda se les ofrezca si llegaren a tocarla. No harán locos esa prueba, pues no han de querer tocarla sabiendo que no se afeita. Cañamón, esas locuras son propias de tu cabeza. Esta es opinión en mí, pero tu tendrás sentencia. Yo sé que viendo a Clorinda, cuando por su muerte llegan a tenerme en la prisión, que quedará satisfecha la causa de condenarme, porque con hombres de cuenta como yo, no se repara en aquesas menudencias. En ser de cuenta te fías? pues juzga que eso no aumenta la calidad. Por qué no? Porque es ya cosa supuesta, que cualquiere dispensero, con ser de muy baja esfera, todas las noches la ajusta, con que ya es hombre de cuenta; más señor mira quien viene. Sin duda debe ser esta Clorinda, que viene a darme la vida. Engañarlo intenta mi cuidado, con decirle soy Clorinda, no Sirena, que pues el vestido es suyo, no es muy difícil la empresa. Medio temblando los pasos, las acciones medio muertas, el color casi perdido, y titubeando la lengua, esta mujer he seguido, porque ha juzgado la idea que es Clorinda, pues el alma reparó medio suspensa en el vestido, no sé lo que en este lance tema; mas el discurso sutil me réplica con tal fuerza, que será fuerza creerlo, pues en tan confusa pena me propone estas razones: No están cerradas las puertas de tu casa? no es tu hermana mui sujeta a tu obediencia? pues qué temes? pues qué dudas? si aunque Clorinda quisiera, tú las puertas has cerrado, y tú mismo te reservas las llaves? pero el discurso no quitará mis sospechas, si su voz no desengaña a quien con tal pena, pena. Pues puedo desde esta parte escuchar sin que me vean he de apurar la verdad. Suspensa el alma, y atenta tenéis señora, aunque son efectos contrarios, sea mi dicha más a las claras, verted rayos, verted perlas, quitad el velo del rostro. Señor mío, vusted sepa, que en esta dama es difícil lo del velo, pues confiesa, que aunque adore muy rendida ningún hombre la desvela; pero sabes lo que juzgo. Qué es Canamón lo que piensas? Que a ser presa se ha venido, y cuando de amor enfermas, tendrás aquí que comer. De qué modo será? . Espera, porque eres, si se repara, tú el enfermo, ella la presa. Sé que mi nombre dudáis, y que no me conocéis, no es mucho, pues no sabéis a quien con celos matáis; mas si atento reparáis saldréis de la duda luego, viendo en mi desasosiego que en vivo amor me consumo, que no se contiene el humo donde hay tan activo fuego. Apenas el alma os vio sacrificando una vida, quedó aunque muerta rendida, pues de ella el amor triunfo: mas tan infeliz nació en su confuso desvelo, que le dio un hermano el C c en condición tan pesado, que no pudo mi cuidado tener con vos un consuelo, Sabed que Clorinda soy, y con verdad mi homicida, sois ya, pues toda una vida Don Felicio fina os doy; no en vano he venido hoy en tan confuso pesar vuestra vida a libertar, pues mí mismo bien he hecho, que si estoy en vuestro pecho, a mí me vengo a librar. Puede haber más confusiones, más pesares puede haber, puede ya más claro ser oyendo aquellas razones? Pero en tales atenciones precipitado al desvelo, no le queda otro consuelo sino llegar a juzgar, que yo la llegué a encerrar, cuando a mi venganza anhelo. Todas las puertas cerradas por mis sospechas quedaron, y es cierto que no llegaron las llaves a ser falseadas; no sé en penas tan pesadas como poder apurar un dolor tan singular como el corazón me abrasa, lo mejor será ir a casa donde lo he de averiguar. Es posible que las flechas de aquel arpón acerado a vuestro pecho han llegado, a mí a matarme tan hechas? en mi conozco sospechas de que a su violencia junta el alma quedó difunta, y como vos sois su estancia por no conocer distancia a los dos hirió una punta. Con Felicio una mujer he mirado, que está hablando desde esta parte, esperando, si es Clorinda he de raber. Con razón podéis creer que en tan terrible dolor estoy muriendo de amor, y sabe Felicio Dios que lo que no haga por vos. Estimo en mucho el favor; pero cuando está rendido César a vuestra beldad, no es crédito de amistad mostrarme desconocido. Eso es dar en fementido, si con eso os excusáis. Que a Don César despreciáis? Solo atenta considero, que más Don Felicio os quiero, cuando vos no lo estimáis. Clorinda es, viven los Cielos, que contra mi fe engañosa (muerta el alma no reposa) me da con Felicio celos. Con esto excito desvelos, con lo cual conoceré si sino estima mi fe. Aay tan terrible pesar? Que no queráis estimar mi amor. . Aquí moriré, Señora el Cielo es testigo, que aunque en mi dicha mejoro tierno, y fino no os adoro por no faltar a un ansigo; este desengaño os digo en pena tan importuna, pues no queda dicha alguna a mi pecho, esto mirad, bien me inclina esa beldad, mas tengo poca fortuna. Eso respondes tirano? eso a mí se has respondido? eso dices fementido? y eso profieres villano? no de mis iras en vano se escapa tú semal quista, porque en tan dura conquista mujer fol, soy agraviada, y una mujer despreciada mata solo con la vista. No puedo ya contenerme, el furor hace que salga. César viene, vive el Cielo que todo lo escuchó, El alma pierde el sentido, y de penas se ve en tal lance cercada. Don Felicio, qué es aquesto? estáis Clorinda turbada? que voces fueron, que voces las, que en confusiones tantas he escuchado de tu lengua? Lance apretado. . Apretada. ocasión es la que miro. Cómo tan confusa callas? A mí el responder me toca, pues fui de las voces causa. Por qué razón fue? . . Por estos ya sabes como esta dama es hermana de Don Lope. Prevención es excusada la que hiciste. . Cor deciros la verdad trata mi cuidado. . Aquí me pierdo si le dice lo que pasa. Al conocer el empeño a que se pone esta dama, si Don Lope a saber llega que patrocina, y ampara nuestra parte, persuadirla intenté porque dejara de hacerme tanto favor, pero fue tan poco falsa, cuando hacerme favor quiso, que a su beldad irritada no estaba el Cielo seguro, a no tener en su cara Clorinda aquesos luceros, que en su cristalina estancia. le persuadieron risueños, que dejase tanta plata en ese cerúleo espejo, en esa esfera dorada. Qué bien Felicio disculpa mis hierros. . No ha sido mala la disculpa, vive Dios, que en tan confusa desgracia se la bebió el señor César antes que se la tragara. Don Felix es fiel amigo, pero Clorinda es muy falsa. Colérico está Don César por los celos de su danía, pero son sin fundamento, porque no es bastante causa el oírla hablar con otro; mas en penas tan extrañas son celos con poca obra, pues son todos de palabra. Descubre villana el rostro, sino es que cuando me matas con tu proceder esquivo, y tu condición ingrata, quieres atenta ocultarlo; bien haces, pues tienes causa para correrte, y por eso la cara encubres villana. Mal juzga el señor Don César, pues en tan triste desgracia una dama, que no es pobre, aunque colores le salgan, nunca puede andar corrida, pues que nunca anda alcanzada, Ya supe tus travesuras, ya tu falsedad tirana, ya conocí de tu pecho cómo a mi pesar me engañas! juzgas que no te conozco? pues advierte, advierte ingrata, que ya sé quién eres, pues cuando tan falsa me agravias, es tan violento el agravio con que me quitas el alma, que rompió ese sutil velo, porque a cosa tan pesada el manto que así te encubre viene a ser sutil muralla. Hay más terrible pesar! . hay más pesarosas ansias? que puedo juzgar de aquesto? que puede inferir el alma de lo que Don César dijo? porque en confusas palabras, ni sé si me pidió celos, ni si me arguyó de infamia. Acaba, descubre el rostro, más villana no lo hagas, porque aquesto es imitar al enfermo, que en la cama pide de agua una valija, que aunque conoce en tal ansia, que lo ha de matar la pide; así yo en tanta desgracia pido aquí que te descubras, pero con mucha distancia, pues aquel pide con vida, y yo muerto a tus palabras. Si ella la cara descubre, serán las penas dobladas pues su falsedad verá cuando llegare a mirarla, porque aquesto finalmente le ha de salir a la cara. No hagáis penar a Don César, pues es tibieza sobrada burlar su amor, cuando finas os piden sus esperanzas, que ese oriente de márfil haga brillar por su estancia esas estrellas, afrenta de la esfera tachonada, que a la carroza de Febo le forma senda de plata, acabad, quitad el manto, las nubes disipe el alba. De penas muero al oírlo, . hay más dolor? hay más ausias? que así Don Felix procure mi desdicha? mas no es causa bastante para culparlo, pues cuando el dolor me mata, juzga que yo soy Clorinda, y no de César hermana. Ella bien puede ser tierna, pero no pueden doblarla. Don César esta licencia me tomo yo, pues no bastan los ruegos, tengo de hacer lo que los ruegos no alcanzan. Mas qué es lo que miro Cielos! Sirena es en pena tanta. . Aqueso violarla ha sido. No pudo ser violarla, pues yo por mirar al Sol, nubes quitar procuraba. Ella lo puede decir, porque es costumbre en las damas, aunque se vistan de verde decir que van violadas. Pues Don Felicio, qué es esto, cómo se queda tapada? Bastante pesar es este para morir mi esperanza. Lance fuerte es el que miro, la ocasión es apretada. Decid como esa mujer, (ha fementida, ha tirana) procura de mi encubrirse? Tiembla al escucharlo el alma, el discurso titubea, y las palabras me faltan. Quieres saberlo; pues oye, y lo diré en dos palabras: la que miras es sin duda una vieja estrafalaria, cuyas mejillas serán dos rosas, aunque arrugadas. Dos rosas en una vieja? Sí, mas serán de guitarra, prosigo, aquesta sin duda debe venir de batalla, pues trae por peto una cota, y cuando encubrirse trata, es el manto la armadura, y ella misma la celada. De Cañamón los discursos, en que a veces disparata, dieron lugar para que una disculpa pensara, con que disculpe a Sirena. Que tu voz no satisfaga Don Felix estas sospechas? Estas ficciones me valgan en tan terrible dolor, César esta suspensión no os engendre admiración, porque nació de unardor; si me salió algún color fue causa aquesta villana, que aunque mi hermana, es liviana; y así en tan dura conquista, me dejó helado su vista, y así me vestí de grana. Dos años ha que faltó! la infame de nuestra casa, el corazón se me abrasa con solo lo que miró; y aunque el alma la buscó cuando no os quitó la vida, nunca la halló de corrida, pero en aquesta ocasión dará sangre el corazón, aunque yo tengo la herida. En lance que es tan impío, y en ocasión tan atroz, quedó fin alma la voz, quedó casi muerto el brío: con gran razón desconfío, cuando tan poco me anima mi valor, porque lástima mucho tan cruel herida, pues debiendo darme vida mi sangre me desanima. Es posible Don Felicio, que la que en la negra tumba sepulta el Sol, vuestra hermana se nombra? . . Así lo pronuncian los ecos de un triste, ha Cielos? hasta cuando la caduca fábrica que me guarnece, y en aqueste mar fluctua, padecerá los pesares que esta tirana me anuncia? Que bien lo fingió; y también, que casi me puso en duda si habló Don Felicio, o César, pues parece en mi fortuna que Don César me reprenda, aunque Felicio pronuncia. No sé en esto lo que crea, pues puede en pena tan muda engañarme a mí Don Felix, mas lo que digo es locura, pues cuando estuve encubierto de aquella voz que artícula, escuché su lealtad, pero luego hallo una culpa que lo carga, cuando miro, que con ficción importuna, dice, que su hermana es esta, cuando vio mi desventura que es Clorinda, vive el Cielo, que aunque vea mis injurias he de ver quien es. . Suspenso quedó en sospechas tan mudas, Don César, no sé que tema de este pesar que me turba. Bien creo que es vuestra hermana, pero me queda una duda. Yo muero del sobresalto. De aquesta suerte se apuran mis sospechas. . Decid pues, para que al remedio acuda. (na, Pues si aquesta es vuestra herma- como al mirarme se asusta, como no descubre el rostro, y como en penas confusas a mi solamente teme, pues de mí se encubre astuta? Mucho Don César lo aprieta, pero la voz se me añuda al conocer que mi amo se hace hermano, que discurra no queda al entendimiento, pero ya el discurso duda, si confiesa ser hermano porque dio en esa locura. Suplicad a vuestra hermana, que aquese zafir no encubra, porque si su luz nos falta quedamos todos a escuras. Eso es pober otro emplasto. Cómo? . Para que descubra Señor Don César mirad, ignoro lo que pronuncia la lengua, lance terrible. Pues cómo el color se asusta? A mí el decirlo me toca, y saldrás de aquesas dudas. Don Felix en qué repara? No es mucho, cuando se excusa que a vos se descubra. . Cómo? Porque por su desventura es tuerta la dicha dama. Tuerta? Y por mala fortuna, pues nació tan desdichada, que al hacer un día puntas vino a picarle en un ojo una abeja tan sañuda, que el ojo voló sin alas, y en tan pesarosa injuria, como si fuera vestido faltó por la picadura. Si no me quieres matar, dejad lo que procuráis, si no es César que intentáis, que tenga un grande pesar: no queráis llegue a probar un veneno disfrazado, que así más disimulado se conserva con ventaja, pues nunca mata en la caja, hasta que es visto, y probado. Es veneno esta engañosa, que si patente lo miro moriré con un suspiro, sin esperar otra cosa: basilisco es, no reposa el alma en letargo tanto, y en tan pesaroso encanto de la muerte soy despojos, pues poco a poco sus ojos matan penetrando el manto. Qué es basilisco no duda, más basilisco de modo, que mata con menos fuerza. Pues por qué razón, o cómo? Porque es basilisco tuerto, y mata con solo un ojo. Llegué a casa, en que miré . a Clorinda, mis ahogos se sosegaron con eso quedando cerrado todo. Aquí Don Felix está, habladle, porque yo ignoro si gustará que yo llegue, y a Dios, pues cumplí con todo lo que se debe a una dama. Id con Dios, ya reconozco el favor que me habéis hecho. Con el peligro a los ojos llego a hablaros. . Por qué causa? Porque Lope sospechoso vino a casa, y tan remiso me procuró los ahogos, que cerró con más cuidado las puertas, pero yo absorto el sentido, vivo el llanto pues se salía a los ojos, de traje mudo temblando, y en paso menos airoso, por tu casa salgo fina, y cuando en la calle pongo las plantas, sin que supiera de donde salí, conozco que mi hermano me seguía, y como es costumbre en todos decirles algo a las damas, llegó mi hermano, mal formó estas razones, yo entonces temblando ya el desahogo, le respondí; caballero, que estoy en Valencia ha poco, la cárcel busco, y las calles, por donde camino ignoro, replicome, que buscáis en la cárcel, con que informó con la verdad su deseo, pues le dije, vengo solo a dar vida a un caballero que lo afligen los ahogos de padecer muerte, entonces con el semblante medroso me dijo, quién es el preso? al que a libertar me arrojo, es Don Felicio de Acuña, le dije, mas fue de modo, que no pudo conocerme, pues fingiendo la voz, formó las palabras de tal suerte, que Don Lope pesaroso, intercadente el sentido, y con palidez el rostro ha querido acompañarme hasta entrar aquí; de modo, que sabiendo a lo que vengo, gala haciendo del ahogo, me ha traído, para que diera con mirarme solo una muerta vida a un vivo, siendo a los siglos asombro. Mal hice en imaginar . que la que a solos mis ojos se recata, fue Clorinda, cuando es el juicio tan otro, pues al mirarla presente mis grandes engaños noto No temo ya la sentencia, porque en lance tan impropio será Clorinda mi asilo. Así lo fuera con otros: pero si juzgan que es duende, y prevenidos de todo viene el Sacristan con ellos, con agua bendita, ignoro al hisopo la respuesta. Todo aqueso es fabuloso. Pero ya sé la respuesta al Sacristan. . De qué modo? Diciéndole con valor, que son fábulas de Hisopo. No hay que temer, pues Clorinda dice, que es empeño propio el librarme de la muerte; mas si no mienten mis ojos Don Lope viene. . A mi hermano ha de encubrirme el rebozo del manto, hasta que viniere la ocasión de serle estorbo. Que así se envoce Clorinda. Pues porque la culpas? . Solo porque en aquesta ocasión, no se ha de hablar con rebozo. Señor Don Felix de Acuña, aunque en mi parece impropio, os vengo a dar un aviso. Lo que me queréis ignoro. Y aún por eso es el aviso, pues es patente, y notorio, que el que no fuere avisado, es siempre ignorante, y tonto. Sabéis que habéis de morir esta tarde? . En tal destrozo he de morir yo también? Calla, no seas tan pronto en darme pesares tantos. Mas en tan funesto arrojo muera a un cuchillo, no en horca. porque es morir con ahogo. Que habéis de morir es cierto, y cuando aquesto supongo os aviso, para que no quedéis oyendo absorto la sentencia que os pronuncian, pues viéndome vuestros ojos en mí veis vuestro delito, y en lance tan peligroso menos parece el castigo, cuando el agravio es notorio. Señor Don Lope, no entiendo lo que noble me advertís, pues desatento decís, no sé lo que estoy oyendo: mui claro estoy conociendo, que es mi desdicha testigo de que os mostráis mi enemigo, y en aquesto no hay disculpa, pues teniendo vos la culpa a mí me dan el castigo. Salió vuestra suerte vana, muy falsa fue vuestra suerte, pues no padeceré muerte, si viva está vuestra hermana: aquesta verdad es llana, pues no siendo su homicida, es malicia conocida la vuestra, que no me acosa, pues aunque es Clorinda hermosa, no me quitará la vida. No sé con qué fundamento decís que mi hermana vive, si ese acero con su sangre tintasteis. . Donosochiste. Señor Don Lope esto es cierto. Que mal modo de ajimirse cuando la sentencia vienen a intimaro no ha de haber piedad? Don Lope ya es preciso que registre vuestra atención estas damas. Pues qué queréis advertirme con eso? . Que la una de ellas es Clorinda, aunque fingisteis ser muerta a mi acero fuerte, y pues vuestra hermana vive, no queráis que yo padezca, porque aunque tres muertes hice aquella ocasión, la parte perdonó de ellas; un triste no ha de padecer sin culpa, pues sus disculpas lo asisten. Mi señor será su esclavo, si acaso llega a ser libre. Ay lance más apretado? . mi desdicha me persigue, si es Clorinda la que miro? mas que sea es imposible, porque los puertas cerradas quedaron, pena terrible! A las dos está mirando con unos ojos de linze. Es esta Clorinda acaso? mas qué es Cielos lo que hice? Sirena es. Y tan Sirena, que sin ser pescado, dicen que le ha dado mala espina a Don César. . Penas tristes, a que aguardáis, que no dais mil muertes a un infelice? Sirena aquí en este traje? Sirena tan sin medirse? No es buena pieza Sirena. Por qué? . Porque no se Don Lope aquesto es verdad; la que en lúgubres matices encubre el rostro, es Clorinda, y advertid que no lo finje el discurso. La sentencia, que aquí luego se os intime mandan, y así despejad. Señor Don Lope, medirme no puedo en esta ocasión, y así es justo preferirme a vos, con que será fuerza, que en lance tan infelice haga nula la sentencia, con que aquí viva se mire vuestra hermana, advertid que es la que miráis, y si pide vuestro deseo mirarla, esta es Clorinda. Bien dice, Don Felicio, yo estoy viva, vuestro rencor semitigue, decline vuestro furor. Mui bien la Clorinda dice, pero en aquesta ocasión cuando vemos este chiste mucho le apretará el caso pues juzgo hará que decline. Encubre el rostro Clorinda, porque es fuerca me castiguen mil desdichas, si te miran. Obediente he de encubrirme. Qué despejen estas damas importa, para que intime la sentencia a Don Felicio. Estas damas no es posible que salgan de aquesta sala; Pues porqué razón? Publique ya Don Lope el fundamento. La pena, y dolor me rinden. Mirad Don Lope, que es cierto esto que mi lengua os dice, y es fuerza que vuestro honor en una infamia peligre si llegan viva a mirar la, cuando al contrario se finje. Responded señor Don Lope. Pena grave, fuerte crimen, no sé lo que teme el alma, no sé lo que el alma dice, mas de esta suerte el remedio es necesario se aplique: Que despejen estas damas no conviene, porque un triste no se alivia con la pena que otro padece, y pues dicen que solo falta el perdón de mi parte, ya está libre Don Felicio, cuando no le da molestia otro crimen. Pues con eso libre queda, y en lance que es tan felice pir a dar parte me toca para hacer que luego os libren. . Mas es con tal presupuesto, que para que se mitiguen las sospechas, de que yo aquestos engaños hice, es fuerza que os caséis luego con Clorinda, y que os suplique que no viváis en Valencia. Razón tiene en lo que dice Don César, obedeced lo que sus afectos piden. Así lo afirmo, y mi mano con grande gozo lo admite. Hoy Don Felix no se casa, porque como no está libre temer a la inquisición no se excusa, con que dice, que cuando le abran las puertas se casará amante, y firme. Y yo su esposa seré. Pues la libertad que pide vuestro gran valor tenéis, Así es razón se publique. Con que pues Lope perdona. también el Poeta pide perdón de sus muchas faltas, cuando postrado se rinde.