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Texto digital de El monstruo de la amistad

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Atribución tradicional
Pedro Lanini y Sagredo
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El monstruo de la amistad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/monstruo-de-la-amistad-el.

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EL MONSTRUO DE LA AMISTAD

JORNADA PRIMERA

DAra daros a entender que es Doña Leonor mi prima, de la Iglesia os he sacado (de esta suerte no se explica . mi afecto y vengo mis celos, y que cualquier demasía, que es ofensa en su decoro, pasa a ser ofensa mía; y que::- . Tened que una vez que del arco de la ira fulminéis alguna voz de mi sufrimiento indigna, me ocasionaréis, Don Carlos, a que falte a la debida atención de Caballero, que es dejar siempre bien vista la opinión de cualquier Dama; y Doña Leonor por hija de Don Juan de Rocafulí, por su sangre esclarecida, la veneración de todos se merece por sí misma: ved cómo podrá ofenderla quien su virtud acredita; pues el acaso de haber al salir de la Capilla yo de esa Imagen Sagrada, a quien Valencia apellida Madre de Desamparados, y entrar en la ocasión misma Doña Leonor tan a un tiempo, que llegamos a la Pila, ella a tomar agua, cuando yo ya tomádola había: pareciome que era en mí urbana cortesanía ministrársela, a que honesta no solo excusó admitirla de mi mano; pero aún no tomar quiso agua bendita, con que no sé que sea ofensa la que empezó cortesía. Mas esta satisfacción, tan hija de mi hidalguía, la doy solo a la señora Doña Leonar por sí misma, no a vos; que hombres como yo, que provocados se miran, Solo la dan con la espada, que es lo demás ignominia. La satisfaccién admito por l que toca a mi prima, y la que a mí con la espada me des, tomo con la mía. Pues la lengua del acero hable solo. . Ya os incita el mío. . Qué es lo que miro? Dónde vas? qué determinas? Caballeros, tened: pero Don Alejandro? . No impida vuestra espada le dé muerte. Tened, Don Carlos. Mis iras no es fácil que se suspendan. Caballeros, el justicia Mayor, con los Alguáciles, a este sitio se encamina. Prendedlos: acudid todos. Cielos, que ahora me impida mi venganza! . Que este estorbo suceda! . Ya como abispas vienen a la miel. Qué haremos? Para ocasión más propicia dejar el duelo pendiente. Yo os buscaré. . Yo la misma diligencia haré también. Que llegan: vamos aprisa. Retirémonos, Don Jayme, entre tanto que el justicia desocupare este sitio, que volver a él me precisa un cuidado. . Y otro a mí volver a él también me obliga. Ten cuenta si Leonor sale, Gazapo, de la Capilla de Desamparados. . Ya hecho hurón quedo a la mira. Quédate tú a lo que digo. . Cuál vienen a la pesquisa! Mi aviso espanto el nublado. 2. Fuga hicieron. No hay quien diga quién motivó la pendencia? 1. Si señor, los que reñían son Don Carlos de Moncada. Mi sobrino fue? prosiga. Con quién? 1. Con Don Alejandro Torrellas. de la Capilla de Desamparados, dicen, que ya del duelo salian por una Dama. . Qué oigo! No ha un instante que mi hija en ella entró: ah vil recelo! Por Dios, que el soplo venía de aire cierzo. . Siendo así que hay duelo en los dos, precisa obligación se hizo en mí, como Juez, que al punto asista a prenderlos; pues de leves pavesas que un lance aviva, se encendieron tantos bandos en las más nobles familias de este Reino, cuyo estrago ha causado tantas vidas. Señor Don Pedro de Luna, no ignora Vueseñoria, que es Don Carlos mi sobrino, y que las prerogativas de mi sangre y estas canas, que animada plata rizan, los afanes de la guerra aún más que la edad prolija cambiaron, han sido siempre de recomendación dignas. Don Alejandro Torrellas, que se reduzca es precisa atención de Caballero, a cuanto mi voz le diga: y en se de esta confianza, yo me ofrezco en todo el día reconciliarlos a entrambos, tomándolo a cuenta mía, que hecho estoy a ajustar duelos, y sé a qué un noble se obliga; mas esto que ofrezco, es en caso que no lo impida duelo de honor porque en él debe mediar la justicia. Señor Don Juan Rocasull mi amistad fiel os estima, que interpongáis vuestra grande experiencia y bizarría en convenir a los dos, y desde luego lo fía mi obligación a la vuestra: más advertid, que peligra en la dilación. . Al punto parto. Dos causas me obligan . a ajustar sus amistades: es la una ser sangre mía Don Carlos; y así excusarle que a sus muchas demasías otra añada, conmovido de los Bándidos que abriga: la otra es, que Don Alejandro por mis deudos solicita, que la mano le conceda de Doña Leonor mi hija; y era elección acertada, por ser sus prendas muy dignas de cualquier empleo, y ser rico y de sangre muy limpia: y aunque hasta aquí (oh temor sea o modestía conocida no se declaró conmigo, viendo que soy quien motiva su quietud, causa le doy para que a Leonor me pida. No os vais, Don Juan? Ya me voy. La prisión se hizo cecina para los Vergüetas. . Calla. Sin faltar a la debida . obligación de mi puesto, Don Juan Rocafuil me evita, que a otra obligación no falte: si él supiera, que su hija me tiene ahora avisado, que la importa en la Capilla de esa milagrosa Imagen hablarme, para que impida un infeliz lance, en que su honor y fama peligran, qué dijera? No comprendo, por más que el juicio vacila, qué podrá ser, que en Leonor es la virtud conocida. Con mi hija Daña Isabel ha de estar: si tan aprisa lo he de apurar, para que el discurso se fatiga? Ya me aguardarán. Vosotros me dejad solo. . 1. Precisa es nuestra obediencia. 2. Vamos. Cuál van. Como el que con linda gana entra a una viña, y halla ya vendimiada la viña. Ya parece que se han ido. La casa toda voló. Viste a quién te dije? . No. Salió Leonor? No ha salido. Preciso será aguardar, y que Don Jayme supiera que amo a Leonor no quisiera. Nada se viene a arriesgar, . que se esté aquí con tal calma Alejandro; pues mi amor solo ha de hablar a Leonor con el idioma del alma. Pues que ya parte os he dado por qué nuestro duelo fue, sepa yo de vos a qué os mantiene aquí el cuidado. Lo mismo debía inquirir de vos: más la opinión sigo saber solo de mi amigo lo que él me quiera decir. De serlo vuestro la fama tengo, y de vos, en razón os fiaré el corazón, no el crédito de mi Dama. Pues con tan mudo decoro su fiel deidad reverencio, que solo de mi silencio ha sabido que la adoro. Tres años habrá, que sigo gírasol su llama bella, y no se lo he dicho a ella, A 2 ved si lo diré a un amigo. Vuestra fineza es bien rara; y si esa Dama supiera, que la amáis tan sino, fuera ingrata sino os premiara. Y con más razón me obligo, Don Jayme, a ser desde aquí aún más vuestro amigo, sí puedo ser más vuestro amigo. Yo os lo estimo, que en la cruel avara suerte que explico, bien se puede llamar rico, quien logra un amigo fiel. En ser su amigo, es bien cobres fama. . Por qué, Perdigón? Porque los más ricos son antipodas de los pobres. En fin, es fuerza esperar. Preciso en mí es que esperemos; y así el tiempo aprovechemos, que se gasta en aguardar. Cómo? Con la relación, que me ofrecistes hacer movido fielmente ayer de vuestra gran devoción, con principios asentados de la Virgen milagrosa del puro Sol prodigiosa Madre de Desamparados. Como en Valencia he asistido siguiendo el pleito (ay de mí!) que infelizmente perdí, su origen bien he sabido. Yo no, que aunque mi atención estando de aquesta tierra lo más ausente en la guerra, conservo su devoción: siempre he sido negligente, sino ahora, en saber su historia. Pues prevenid la memoria, y escuchadme con fe ardiente. Relación? has de escucharla? Yo no, ni de aqueso trato. No importa, oigamos un rato, que luego iremos a echarla. Valencia, que en toda Europa logra el renombre admirable de fértil, hermoso hibleo de cuantas amenidades produce en frutos la tierra, y brota en flores brillantes; anteviendo allá en su idea, proféticamente instable, que a la amena hermosa copia de sus delicias fragrantes, aún le faltaba otra intacta Rosa, que se descollase sobre todas las demás flores bellas, que admirable excediese en la pureza de las sumas suavidades a la flor de Jericó y Lirios de los Cantares: movida de sacro impulso, dispuso allá en sus piedades (porque quien dijo Valencia, dijo con seguras frases, piedad, culto y devoción.) Perdonen cuantas Ciudades circundan el Orbe, pues ninguna puede igualarse en los reverentes cultos y sacras solemnidades; pues en cada calle tiene su devoción una Imagen de María Soberana, o de su Hjo inefable o de otros Santos, a quien consagran sestividades con tanta magnificencia, y con cultos tan loables, que ya en aromas que ahuman, o ya en antorchas que arden, sube en holocausto el celo a penetrar incesante del Sacro Olimpo divino las inmensas rariedades. Movida de sacro impulso, dispuso allá en sus piedades Valencia (vuelvo a decir) porque mejor se lograse su fe devota, e hiciese el fervor mérito antes, formar una Cofradia, cuyo instituto inviolable fuese dar sepulcro a aquellos cadaveres, que encontrase en el campo, cuyas vidas perdieron al penetrante filo del acero, al líquido curso insaciable de ese cristalino monstruo, que en sus entrañas voraces los hombres dévora, y vuelve a tres Auroras cabales a arrojarlos de su vientre sobre su espalda indomable. Fué creciendo su fervor al paso que ese volante rápido curso del tiempo contó a lustros las edades, hasta que viendo la fiel Cofradia, que la Nave de su devoción surcaba aún en las tranquilidades de sereno mar las ondas, sin norte que la guíase; cumplir a Valencia quiso aquel anhelo implacable de que a su amono pensil se añadiese otra fragrante flor o cándida Azucena, que a todos aventajase; y eligió para lograrlo labrar una sacra Imagen de María Soberana, con la vocación amable y fiel de Desamparados, pues de ellos es sacra Madre. Apenas la discurrieron, cuando ansiosos los Cofrades diestro Artifice buscaban, a tiempo que en sus afanes tres Peregrinos Mancebos ofrecieron delinearles una Eficie tan perfecta, que al natural semejante violento en ella lo mudo el juicio humano admirase. Permítaseme aquí hacer un discurso bien notable en el número de ser tres los que esta hermosa Imagen han de fabricar y uno de todos tres el dictamen; pues si en la mente de Dios (sacro Artifice elegante) para darle perfecciones, darle luces Celestiales al diseño de María, al elegirla por Madre, concurren las Tres Personas distintas e inseparables, siendo Uno en poder, esencia y deidad siempre inefable; fuerza es, que para copiar del origmal la Imagen (si según sus perfecciones la han de sacar semejante) tres los Arífices sean, y una la mente admirable, y que sean::- Mas no quiero que esté el juicio vacilante en si eran Ángeles, pues Espíritus Celestiales eran los tres Peregrinos, como probaré adelante. Señalaron corto tiempo para fabricar tan grande, sin ponerla precio (pero quién pudo al Cielo apreciarle!) uno y otro en los devotos basió a que desconfiasen de los Arrifices, viendo que no cabia en el arte. Mas encerrándose ellos en un taller, donde nadie los viese, ya prevenidos de preciosos materiales, a labrar la Esigie empiezan, Sin que el oído escúchase de escoplo, gubía o formón ruido o golpe al desbastarle al rudo imperfecto tronco la materia indelineable: mas qué mucho, si fue el Templo de Salomón, como saben, símil de María, y esta es de Dios Templo agradable, y en aquel no se oyó ruido de hierro que le labrase; porque en él simbolizada la fiel pureza inefable esté de María, que (si en su original no es dable yerro alguno) no se escuche Llegó el término aplazado, a que fueron los Cofrades a ver la Efigie, bien que desconfiados, como antes ya dije; y entre el concurso (movida de impulso grande) fue a adorar la Imagen una mujer sin vista (notable caso!) y al llegar ansiosos, por si las puertas se abren, desapareciendo a un tiempo entre sus mismos celajes los tres sacros Peregrinos o divinos Oficiales. Cobrados de aquel asombro, la vista a la Esigie esparcen; más deslumbrados la pierden a sus luces Celestiales, cobrándola de repente la ciega: aquí el admirable portento está, mas la causa no puede dudarla nadie; pues el que con fe a María llega a adorar, es constante, que cobra vista; y el que sin fe desconfía, fácil de hallar protección en ella, encuentra sus ceguedades. Pero volviendo a cobrarla con auxilios eficaces, vieron en su sacro rostro una hermosura tan grande, que ni la naturaleza pudo, ni el más diestro arte darla aquellas perfecciones, sino el mismo Dios, que amante de María, la copió con tu ciencia incomparable, alzándose por Divino Artifice de esta Imagen. De estatura natural su airoso cuerpo es de casi siete pies, para que en ella lo milagroso abultase. En el brazo izquierdo tiene a su tierno hermoso Infante, a quien cariñosamente está mirando agradable; y una Azucena en la mano derecha (ya se hizo fácil de descifrar el emblema de que Valencia anhelase a poseer una flor, que a todas se descollase) y no sin misterio pues si el instituto inviolable de la Cofradia fue dar sepulcro a los que hallare muertos, en la Imagen vemos que de índice fragrante Sirve la Azucena; pues si hay difunto, dando antes tres golpes con ella avisa, y moviéndola a la parte donde está el cadaver, va la Cofradia a buscarle. Que labró su hermosa Efigie sacro Artífice es probable; pues copiarla no ha podido el pincel más elegante, como es ella: pero al Sol quién pudo la Luna copiarle? Y más cuando milagrosa se ha observado, que el semblanto muda, según los sucesos, o ya triste o ya agradable, y con más prodigio pues en cuantas adversidades ha padecido la Iglesia o sus Cristianos atlantes, la han visto llorar (oh inmensa piedad de amorosa Madre!) En fin, tantos los milagros son y maravillas grandes que ha obrado, que si Cronista o Aritmético, ese padre de las luces, reducirlos quisiera a guarismo fácil, fueran cortos caracteres lo inmenso de sus celajes. Aqueste es pues el origen de esta Azucena brillante, de aquesta cándida Perla, de esta Peregrina Imagen, de este Lucero Divino, de este Tosoro apreciable, de aqueste mar de piedades, que es de los Desamparados refugio, consuelo y Madre. La admiración me han llevado las noticias puntuales del origen de esta Aurora. Doña Leonor, señor, sale de la Iglesia. . Tu cuidado llega ya a este sitio. . Darle ni aún con los ojos intento . indicio alguno a Don Jayme, que es Leonor a quien adoro. Sabré mi afecto ocultarle: . más Doña Isabel de Luna viene con ella. . Ya se hace mi amor menos sospechoso, . pues acompañada sale Doña Leonor. s. Isabel, no hallo voces con que darte las gracias de que por ti hayan podido en tu padre tener alivio mis penas. Aunque de mí las recates, agradezco, a mi fortuna en haber tenido parte en que algún alivio encuentres: mas si son penas amantes, de mi fiarlas debías, pues de mi amistad bien sabes, que amo a tu primo Don Carlos. Ya te he dicho, que fiarte no puedo ahora mi pecho; presto ofrezco declararme contigo. Qué mal hiciera, si por no har de nadio mi pasión, he discurrido el más trato, el más notable medio, que en lances de amor se ha visto representable, para hablar sin nota alguna aquesta noche a Don Jayme, a quien (ya influencia sea de astro predominante al mío, o pasión en mí) me hallo inclinada a sus grandes méritos o a su modestía, y el intento de llamarle, es para darle permiso de que le pida a mi padre mi mano; y si es que sus ruegos por pobre los despreciare, dándole palabra yo de esposa firme y constante, hacerle cargo a Don Pedro de Luna; pues él es parte en los tratados de verle para que a mi padre hable, y siendo una vez mi esposo, venza las dificultades. Qué hermosa está! El mismo Cielo pasó hermoso a sincoparse en su belleza. . Qué miro? Don Alejandro y Don Jayme? qué sobresalto! . Leonor, no vamos? . Pasa adelante sin atender, pues parece que estos hombres retratarte o retratarme pretenden. Déjalos mirar, pues sabes se quedarán con la vista, si de vernos no cesaren. Si déjara aquel que estimo, si el otro no me causase sustos siempre que le veo. . Que no me entienda el vergante de Gazapo! . Vive el Cielo, que señas Celia me hace con un papel; sin ser visto he de procurar tomarle. Qué mira? . Si este trae cola. Qué vulgar! falda la llame. Logrelo. . Dásele al puto, que importa; y a mi vengarme de una ama, que no admiriendo ningún empleo, los gajes de tercera estoy perdiendo. . Qué hermosas son! Apurarle intento su afecto: cuanl mejor os parece? . Iguales son en la hermosura y fuera de poco urbano preciarme, si por lisonjear mi gusto, a una por otra agraviase. Y vos qué sentís? . Lo mismo: Saliome el discurso en balde, . o son vanos mis recelos. Advierte que hay papel. Dadme licencia, que es tarde y tengo que hacer: a Dios. . Apartarme de vos no es bien, mientras no quede fenecido el lance de Don Carlos. . Mi palabra aquí os doy de no buscarle, en tanto que discurrimos, si debo desafiarle o hacer casual el duelo. Pues en fe de eso, a la tarde os buscaré. . De aquí a una hora podréis verme. El Cielo os guarde. Vámonos los dos, que en casa de la Tiñosa ya hay naipes. Ya entiendo. Si va a seguirlas? pero no, por otra parte el paso destina. Él es, y ha sido dicha encontrarle. Señor Don Jayme? . Señor Don Pedro, pues qué mandarme queréis? Del duelo querrá . que le informe. . Que lo extrañe vuestro discurso me admira. ̱. Qué ahora viniera a estorbarme! Yo, Don Jayme, sé muy bien qué son pasiones amantes, que también he sido mozo, y así de nada admirarme debo, con que en fe de aquesto mis canas no os embaracen. Yo he sabido de una Dama de ilustres prendas y sangre, que en su casa entráis de noche a hablarla con el caracter de ser su esposo, y:: . Tened, no paséis más adelante: yo no tengo Dama alguna de prendas tan estimables, a quien la haya merecido, que entre en su casa, ni a nadio palabra he dado de esposo. Ea, señor, que negarme lo que ella misma asegura, es no fiar de mí. . Hay lance - tan extraño! En lo que he dicho vuelvo ahora a ratificarme. Pues cómo ocultar podréis (ya es fuerza que me declare, pues vos lo excusáis hacer que es a quien amáis constante Doña Leonor Rocafuil, y que los dos inviolable palabra y mano, a fin de conseguir los esponsales, muchos días ha que os disteis, porque en casto nudo enlace vuestras almas el amor? Qué es lo que escucho! aquí hay grave secreto, que en mi fortuna - darle crédito no es fácil. Ella lo dice? . Sí, ella. Afirmar ya es importante . lo que Leonor dice; pues o es milagro de amor grande, o mi rendimiento ella intenta premiar amante. Qué respondéis? Que hasta aquí, por lo que debo a mi sangre y al crédito de una Dama, debí el secreto guardarte; mas ya digo que la adoro, sin que mis deseos pasen de la línea de decentes, en tanto que a enlazar pasen nuestros cuellos. . La atención corresponde a vuestra sangre. Y pues ya me he declarado; sepa yo con qué dictamen se ha declarado con vos Doña Leonor. Con bien grande, pues os importa la vida. otra confusión! Sacadme de este cuidado. . Sabed, que ya ha sabido su padre el que por la puerta falsa, que a una calle angosta cae, y a un Jardín, que paso da a una galería, amante entráis a hablarla; ofendido con sus deudos y parciales os espera aquesta noche airado para vengarse: y así Leonor os avisa, que para que no se pase a perder su honor del todo, y vuestra vida se salve, de la entrada no os valgáis, y ni aún paséis por la calle. No sé si a creer me atreva . felicidad tan notable; pues esto avisarme es, que entre por la misma parte a hablarla; disimular conviene y asegurarle. Palabra os doy de no ir a verla. . Aqueso es bastante. Pero vos, señor Don Pedro, no acreditáis por constante, que Leonor dice me ha dado mano y palabra inviolable de ser mi esposa, y que yo se la he dado de casarme con ella, la cual en vos ratifico? . No es dudable. Pues empeño se hizo vuestro. Tened, que a hombres de mi sangre no se les debe advertir, qué les toca hacer en lances donde el honor de una Dama de por medio está: a su padre le hablaré yo y vuestras bodas haré que no se dilaten: adiós. . Permitid, que a vuestras plantas rendido::- . Don Jayme, no me agradezcáis lo que debo hacer. El Cielo os guarde. Si será cierta mi dicha? mas ser mía y ser tan grande lo desmiente el cruel destino de mis infelicidades: pero apurarlo podrán presto mis ansias amantes. Sol, el veloz curso abrevia, deja que la noche baje, pues en tu muerte mi amor seguro Fénix renace. Qué tienes, señora? . Estoy. con increible cuidado de ver cuán sobresaltado ha estado mi padre hoy; y temo no haya sabido lo que en la Iglesia pasó con Don Carlos. . Él obro más celoso, que advertido, que en Don Alejandro es cierto, que fue una casualidad aquella temeridad, no osadía. . Ya lo advierto, que casual lance fue, y hacer Carlos no debía duelo, cuando la osadía tan castigada dejé de ese hombre, a quien aborrezco con tan notable adversión, que en viéndole, el corazón se me asusta. . Yo te ofrezco se te quite esa manía con un medio universal y aprobado. . Dime cual. Con hablarle cada día. Mas de Alejandro en tu vida me hables. . Cuál está mi ama! si ella supiera la trama que esta noche tengo urdida! A hablarla ha de entrar rendido Alejandro, quiera o no, que es razón que cumpla yo, pues él en oro ha cumplido. Y es mi codicia inhumana tal, que a Carlos entretengo también y ofrecido tengo la hable por una ventana. Mi padre tarda. . Ya son las diez dadas. No quisiera el que Don Jayme viniera: solo aquesta prevención de la hora me faltó hacer a Don Pedro: sí me habrá Don Jayme entendido. . Ya oigo a mi señor toser. Hija? . Señor? Vete, Celia, allá fuera. . Voyme. Aguarda: cierra esa puerta primero. Presto la haré yo cerrada. . Señor, qué tienes? . Honor. Pues tener honor es causa para el menor sobresalto? Sí; pues quien tiene una alhaja de estimación, siempre vive con temor de aventurarla. No te entiendo. Yo a entender me daré: yo sé que causa fuiste de un duelo, que hicieron en la Iglesia esta mañana Don Alejandro Torrellas y Don Carlos de Moncada. Ten, señor, que no es lo mismo, que la altivez temeraria de mi primo hiciese duelo, que yo lo motive. . Basta, que quien descargos previene, supone que está culpada; mas para evitar peligros, ya yo te tengo casada. Casada? . Sí: qué te asusta? Sin mi elección? . Acertada sé que es: atiende, Leonor. Yo a mi cargo esta mañana tomé ajustar el empeño de ambos, porque no pasara de uno u de otro el enojo a alguna fatal desgracia. A Carlos hablé primero, y entre sus razones varias me dio a entender el motivo, con que a mis cuerdas instancias afiancé sus amistades con mano, con se y palabra. Después a Don Alejandro fui a hablar, y con cortesanas demostraciones, no solo me agradeció la alianza de amistad, pero rendido a mis pies (como pensaba el caso sucedió) oye, me pidió con tiernas ansias le concediese tu mano, cuya pretensión tratada la tenía con mis deudos, a cuya atención hidalga no tuve que responder más, que le daba palabra de que suya serías, como tú la elección aceptaras: que no intento violentar tu albedrío, ni me valga la autoridad de ser padre, para hacer, Leonor, esclava tu voluntad, cuando el Cielo tan libre la tiene dada. Don Alejandro es tan noble, que en la calidad te iguala, afable, rico, galán, atento, y:: . Señor, aguarda; que pues tu mucha prudencia me anima, de la ya dada sentencia de muerte, apele al tribunal de tu gracia. Digo, que a Don Alejandro le aborrezco con tan rara adversión o antiparia, por no sé qué oculta causa, que en viéndole, el corazón se me asusta o sobresalta, la sangre del rostro huye: más sangre dije? (qué ansia!) todo el cuerpo desfallece, todo me asusta y me pasma. Hija Leonor, qué es aquesto? alienta, ánima, descansa, alivia con el cristal del llanto aquesa inhumana fatiga del corazón, que yo violentarte en nada intento. . Ay de mí! señor, ya me hallo recuperada de esta pasión que en mí tiene imperio. . Pues ya te hallas restituida a tu ser, a mi fama y a tu fama (pues el duelo de hoy es fuerza que tan público se haga) importa, que a uno de los dos des larmano; tú lo traza allá con tu cuerdo juicio, que no es violencia tirana en mí, si hay causa precisa que te obligue a que acertada elección hagas de Carlos, si de Alejandro la hagas. Primero daré a los silos de un cuchillo la garganta, que a uno de los dos elija. Con vos, Virgen Soberana de Desamparados tengo puesta mi fiel esperanza: en la elección de mi mano bien sabéis con cuantas ansias os he pedido el acierto: y que mi pasión, guiada del cortes honesto amor de Don Jayme fue la causa de elegirle por más digno, sin que a los faustos mirara. Si habrá venido? pues ya sin que nadie lo notara la puerta he dejado abierta, quiero mirar si en la sala está, donde le avisé. Aunque mi desconfianza me trae receloso, estoy ya de Leonor en la casa; mas la galería es que me previno. . A la escasa luz que la noche dispensa, diviso un bulto. . De tardas huellas siento ruido. . Quiero acercarme. . Dicha extraña! sin duda es ella. . Don Jayme: sois vos? Soy quien a las plantas vuestras, divina Leonor, amante y rendido paga finezas que no merece. Esa humildad os ensalza a la cumbre de esta dicha, si es dicha para quien ama hallar quien pague finezas de honesto amor tan hidalgas: de la tierra alzad, Don Jayme: yo os he llamado, obligada a vuestro decente afecto, a daros mano y palabra de ser vuestra, en fe de que recíprocos en ambos se haga este contrato. . No solo os la doy con fe postrada; pero de ser vuestro esclavo la doy. . Pues en confianza de eso a Don Pedro de Luna hablé, para que tratara con mi padre nuestras bodas, pues aunque la hacienda os falta, para vivir con decencia con mi mayorazgo basta, y con una fe::- Mas ruido he sentido en otra sala: esperadme aquí. Fortuna, por cuánto me embarazaras la dicha de que su mano lograse! Mueve las plantas de suerte que ni aún la tierra reconozca las estampas. Ya lo hago. Aquí ha de estar pues: yo vi a Leonor que pasaba de esta galería, donde a gozar de la fragrancia baja del Jardín. . Amor, . mi osadía ayuda. . Aguarda, que aquí está. Qué es lo que dices? Que la vista no me engaña, que un bulto diviso: llega, mas cúmpleme la palabra en no decirla que yo::- No temas, Celia. La hilaza no va mala de esta tela: ahora que se vea falta como con Don Carlos cumplo, que me espera en la ventana: mas yo jugaré una pieza de modo, que algo me valga. . Cobarde llego, por más que me anime la esperanza, que me dio su padre. . Quién va? Notable es mi desgracia! con un hombre encontré. . No responde? . Ya con la espada respondo. Quién solo libra a las voces de las armas la satisfacción no debe de ser dueño de esta casa, como tampoco lo soy: y puesto que en ella hay Dama a quien se tejar podemos, y el uno al otro se agravia, no se aventure su honor al rumor de las espadas. Decís bien; mas qué intentáis? Yo sé por donde se salga a la calle. . Pues guiad, que ya sigo vuestras plantas. Ya en la calle estamos. . Pues es la ofensa declarada en cualquiera de los dos, pues yo os encuentro en la casa de una Dama a quien festejo, y en ella también me halla quien con permiso o sin él dentro de su casa estaba: el duelo de cada uno remitamos a las armas, pues conocido está. . Eso elijo, y mi ardiente saña sabrá ofendido mataros. Lo mismo haré. Gran pujanza. Valor tiene: no reñís? Se desguarneció mi espada: más donde hay daga::- . Tened, que los nobles con ventaja no se satisfacen nunca, y así: . Acción tan bizarra agradecérosla debo con la vida y con el alma. Mas si no miente el oído::- Mas si la voz no me engaña:- Sospecho que yo os conozco. Que os conozco es cosa llana. Don Jayme? Don Alejandro? Hay tal notable desgracia! perdí a Leonor. Ya mi afecto tuvo fin. . Es tan extraña novedad, que dos amigos, y tan amigos del alma, sin saber el uno del otro amen a una propia Dama, que no lo supe. . Ni yo. Fuerza es que algún medio haya. No le alcanzo. . Pues yo sí, sabiendo en qué estado se halla nuestra pretensión. . Yo tengo de su padre la palabra de que Leonor sea mía: y vos? . Decir fuera infamia, . que la palabra y la mano de ser mi esposa me daba, cuando la mayor fineza intenté hacer, que en las aras de la amistad consagró el afecto. Yo esperanza solo tengo de que pague Leonor mis amantes ansias. En mejor estado estáis. Lo estoy y no lo estoy: falta saber quien dentro os metió en su casa. . Una criada: y a vos? . Un feliz lance, sin ser Leonor primer causa. Pues qué intentáis? Que se vea en mí la amistad más rara. Yo, Don Alejandro, os debo en mis fortunas escasas, desde que el pleito perdí, asistencias continuadas, con que he podido pasar con una decencia honrada. La vida también os debo aquí, puesto que sin armas darme la muerte pudisteis, pues una y otra bizarra atención he de pagaros con solo una acción hidalga; la cual es, que desde luego os doy la mano y palabra de dejar la pretensión, aunque a costa de mis ansias, de amar a Leonor: y porque ni aún la sombra mía os haga oposición, de Valencia partir intento mañana. En haberlo antes propuesto me podéis hacer ventaja, no en la amistad mía; pues si me cedéis la esperanza, que tenéis de que sea vuestra Doña Leonor, la palabra, que de su padre he tenido, no solo cedo, más cuanta hacienda en Valencia tengo os cedo, que a mí me basta la que poseo en Castilla, de un deudo mío heredada. Y si por no hacerme sombra ausentaros intentabáis, yo me he de ausentar tan presto, que apenas mañana el Alba sacudirá de la noche los esperezos de nácar, cuando me parta a Galicia a cumplir con fe postrada un voto, que hice a Santirgo en una tormenta. . Rara fineza! . Adiós. . Esperad, que cederme, amigo basta a Leonor. . No basta; pues si con hacienda no os halla su padre, os la ha de negar. Dejad que me eche a esas plantas. Por la donación que os hago iréis mañana a mi casa, que yo allí la dejaré firmada, aunque fuera salga; y tomad mi espada, que yo llevaré vuestra espada: a diós. . Tened. . Excusaros quiero que me deis las gracias. Noble extremo de amistad! que a Leonor a avisar vaya de esto es fuerza, pues aún puede ser que no se haya vuelto a su cuarto. Mas, Cielos, la puerta encuentro cerrada! por cuanto mi infeliz suerte esta dicha me excusara: qué haré? No habiendo encontradlo a Don Jayme, a esta ventana vengo a ver si es que a la calle Salio, y en ella (qué rabia!) hallé a Culia. Del Ja din abierta está (dicha rara!) la ventana; yo me acerco, que hay gente. Si no me engaña el deseo, este es Don Jayme: sois vos? Qué oigo! albricias, alma, que esta es la voz de mi prima: yo soy, Leonor. . Cuando estaba discurriendo qué haría, veo un hombre allí a una ventana hablando: acercarme quiero. Pues la mano y la palabra de que seré vuestra os doy. Hay traición más declarada! esta es la voz de Leonor. En dicha tan impensada, para el agradecimiento aún voces, Leonor me faltan; mas vuestra mano confirme lo que el afecto declara. No es fácil, que hay quien lo estorbe, dándoos la muerte. . Mi espada castigará vuestro arrojo. . Hay suerte más desgraciada! Qué se resista a mis iras! Qué se defienda a mi saña! Muerto soy. . otra desdicha! La muerte, mas que mi espada. mis celos pudieron darle: ya, traidora, aleve, falsa, pues en ti vengar no pude tu alevosía y mis ausias, las he vengado en tu amante, Para esto me llamabas a tu casa y cariñosa mano y palabra me dubas de ser mía, cuando a otro se la ofrecías, ingrata? Mas pues en tan corto tiempo he visto traiciones tantas en ti, de ti huiré tan presto, que desplegando las alas del dolor para mi fuga, rayo de tu vista parta, donde jamás de mi sepas, ni yo sepa de una ingrata. Don Jayme, señor, esposo, mira que un engaño es causa de mi desgracia y tus celos, pues creí contigo hablaba, no con otro. otra traición! Mira::- No he de oírte palabra: quédate, mudable, fiera::- En vos, Aurora sagrada, Madre de Desamparados, pusé toda mi esperanza; y pues culpada no soy, vos volveréis por mi causa, si antes el dolor que sufro, con el llanto no me acaba. Piedad, Estrellas, piedad, templanza, Cielos, templanza. . Adónde, adverso destino, ir podré, que no me añada pena a pena, angustia a angustía, mal a mal y rabia a rabia? pues en la infeliz carrera de mi impía suerte avara, las desdichas se eslabonan, y encadenan las desgracias; mas pues celoso homicida, y engañado amante alcanza de una ingrata y de un traidor mi amor y valor venganza, qué más quiero? justos Cielos, vuestro sacro amparo valga a este pecho abandanado, que va corriendo borrasca entre Caribdis y Escila, adonde naufrago aguarda el discurso fallecer, que dando al traves con ansias de infortunios, de pesares y sentimientos, ya acaba mi débil mísero aliento; pues con muerte me amenazan fortuna y amor, que son los que mi vida contrastan.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA De este risco eminente la altura penetremos. Qué haya gente que habite en esta tierra toda collados, riscos, toda sierra, y en un infernal puerto, que el cabanal le llaman, en que advierto, que afirman con razón, según se indicia, que a la cola del mundo está Galicia; y no son vanos, no, sus fundamientos, pues es tierra que truena a todos vientos. No digas mal del Reino en que sc ens alza desnuda la verdad. Di, y aún descalza, pues aquí trae la gente de más tratos colgados de la cinta los zapatos. Esta aspereza sirve al Peregrino en su adusto camino de mérito mayor, pues con fe pía en el afán de aquesta romería el premio mismo está. No te lo niego; mas yo que no he hecho voto ni reniego, ni tampoco lo hiciera por enviudar, cuando casado fuera, no es un gran desatino, que no venga siquiera en un pollino, sino a pie, como tú, y esto pidiendo limosna por los Pueblos que hay, trayendo muy géntiles doblones, de que vienen colchados tus calzones? El voto le hice así. Buena chacota: qué voto ni qué bota! a traer prevenida esta gran traza de zumaque, señor, la calabaza. Qué mal aquel Filósofo decía, que en la naturaleza nada había vacío, y de portante lo está mi calabaza cada instante. Cómo no lo ha de estar, si el que traemos tú te lo bebes? . Qué? todos bebemos, pues en nuestras jornadas entrambos caminamos con paradas. Qué hará Don Jayme ahora? Por mi vida, que la pregunta es buena y advertida: si donación le hiciste de tu hacienda, en qué quieres que entienda? en mantenerse ufano sin bamborla en su Leonor, su Misa y doña olla. Recompensa fue en mí, no bizarría, a la amistad y fe que le debía. ̱. Doite eso de barato; más presto al beneficio te fue ingrato. En qué lo fue Don Jayme? En que no vino ni aún de ti a despedirse. Yo imagino, que en tan preciso caso le sucedió sin duda algún fracaso, de que estoy con recelo. Don Alejandro amigo. Vive el Cielo, que por tu nombre mismo te han llamado. Quién en aqueste risco enmarañado de tanta peña, cuando a nadie veo, tu nombre pronunció? si es debaneo del sentido. Alejandro amigo, es pera. Ya esta no es ilusión. Mas que lo fuera. De quién será esta voz? Ya se enárbola aquí el pelo: del ánima más sola, que anda en este desierto. De hombre viviente es. No es sino muerto: porque a esta ánima en pena solo el ruido le falta y la cadena, que en caso semejante de voz de la otra vida es consonante. Yo he de ir a ver quién es. Hombre malvado, ahora quieres hablar con un finado! Sea quien fuere. . Antes te santigua, y advierte que en Galicia hay estanmtigua. Yo he de ver quien me llama; mas ya la vista penetra, que desmontando de un bruto, que arredrado a un árbol deja, un hombre, intentando a pie vencer mejor la aspereza de aqueste elevado risco, hacia nosotros se acerca. Alejandro, aguarda. . Ya otra vez te Alejandrea; pero ya llega. . Qué miro! si es ilusión de la idea! Don Jayme? . Amigo Alejandro? Qué novedad es aquesta? Si vendrá a que ratifiques la donación de la hacienda? No habláis. Permitidme antes que vuestros brazos merezca, para que mi desaliento cobre en ellos nuevas fuerzas. Sentís algún mal? . Si siento: tres días ha que me molesta un grave accidente, y es de mi amistad verdadera tal el afecto de veros, que de mi mal la violencia no fue bastante a dejar de seguiros. . Si la pena de vuestro mal halla alivio en mis brazos, ellos sean quien califiquen, que daros la vida en ellos quisiera. Nuevo ser y nuevo aliento cobro en unión tan estrecha. Decidme ahora el caso de seguirme. . Ya se esfuerza todo el desaliento mío. O, quién encontrar pudiera inmensas explicaciones para desdichas inmensas! pero bastante es decir, que apenas (bien digo apenas) os apartasréis de mí, amigo Alejandro, aquella noche, en que demostración hicisteis de la más nueva fineza, que caber puede en la amistad más estrecha, que por no ofender lo noble de vuestra heroyca modestía, basta que yo lo confiese, Sin que a vos os la refiera; cuando a dar aviso fui a aquella enemiga, a aquella engañosa Circe aleve de vuestra hidalga fineza, y hallé, que para un engaño cerrado había la puerta de adonde salimos, y antes yo había entrado en tan deshecha fortuna. Confuso estuve (qué ansia!) cuando a una reja del Jardín hablando a un hombre hallé. El recelo me acerca, y oigo, que con quien hablaba mi falsa enemiga era. Al proseguir, en el pecho ya se encienden, ya se hielan las voces; pero qué mucho, si la propiedad del etna tiene una pasión celosa, pues con la nieve que ostenta por cimera de su cumbre, esta ocultando la hoguera que arde voraz en el pecho, Sin dar de llama la seña, ni dar del ardor indicio, que causa una aleve ofensa, y ofensa tan grande, como ver que mi enemiga misma la mano iba a dar de esposa a otro a mis ojos (qué pena! Arrojeme a embarazarlo con intrepidez tan fiera, como suele de preñada horrorosa nube negra desprenderse el rayo, así le acometí de manera, que entre medir las espadas, y ocupar débil la tierra mi contrario, casi no hubo tiempo para que pudiera articular muerto soy entre sus congojas fieras. Rindió su vida el traidor; pero si mi acero era conjelado ardiente rayo, fuerza es no se distinguiera entre el estrago y estruendo distancia en su muerte misma. Muerto mi contrario, al punto pasé a insinuarle mis quejas a mi mudable, tirana, enemiga, aleve, fiera, la cual con tiernos halagos intentó satisfacerlas con nuevas traiciones; pero huyendo de su halagüeña voz, me despedi ofendido, con pretexto de no verla en mi vida ni de oírla, y de borrar de mi ciega pasión el ídolo falso que adoraron mis potencias. Mi intento pues fue seguiros, partiendo la Aurora misma en un veloz bruto; pero que dude cualquiera es fuerza como viniendo a caballo, y a pie vos, con diferencias de unas jornadas tan largas como hay desde Valencia a Santiago, y más estando de su Ciudad tan cerca, nunca os encontré; mas a eso respondo, que en la deshecha tempestad de mi desdicha, fue preciso que estuviera fuera de Valencia oculto algunos días, pues mientras buscaban al delincuente, fue prevenida cautela quedarme a vista de todos, para poder de más cerca huir de camino el riesgo; porque ninguno sospecha, que se quede sin peligro quien ejecuta la ofensa. Partí luego en vuestro alcance en alas de mi fineza, y hallando siempre noticias de que os tenía muy cerca, jamás pude dar con vos, hasta que llegando a esta elevada cumbre, que es gigante altivo de piedra, os encontraron mis ansias, para que alivio hallar puedan en vos mis celosas iras, mis Sentimientos, mis penas, y en aqueste amenazado mal que mi vida molesta, algún consuelo, bien que esperanza tengo cierta de mi total mejoría; pues luego que mi dolencia me asalto, solemne voto hice con fe verdadera de visitar el glorioso cuerpo de Santiago y esta promesa espero cumplir, doblando la penitencia de ser a pie el ir descalzo, y de la propia manera, para mover su piedad, volver humilde a Valencia, donde olvide mis pasiones, donde a cederos yo vuelva la donación que me hicisteis, y adonde siempre os merezca mi amistad y rendimiento otras heroicas finezas. No sé como ponderaros mi sentimiento en la pena de ver que a dos accidentes vuestro dolor se sujeta, uno del mal que os agrava, y otro de celosas quejas; pero cuidar de la vida es la primer diligencia de un Caballero Cristiano, porque el alma no se pierda; que las humanas pasiones, o se alivian o remedian con el olvido y el tiempo. Mal olvidaré una ofensa tan del alma. . Cierto es que fue ingratitud severa en Leonor: pero en Leonor imposible es que cupiera tal traición pues su virtud, su recato y su modestía la están disculpando: mal hicistéis en no atenderla, porque la satisfacción podía ser de manera, que hallaséis un desengaño que os deslumbrase la ofensa; que una celosa pasión de tal suerte a veces ciega, que hace verdad el engaño. Muy bien hizo en no creerla, pues las más Leonores obran lo mismo que las Lucrecias. Ve tú a buscar el caballo de Don Jayme, pues tan corca ha de estar. Voy al instante. Como en él mejor se pueda os llevaremos. . No sé, Alejandro, si la adversa infiel memoria (ay de mí!) que la ingratitud me acuerda de Leonor, es primer causa de mi natural dolencia: de un mortal trasudor todo estoy cubierto. . Qué pena! en esa piedra os sentad, por si halláis descanso, mientras algún remedio discurro, que traer Gazapo pueda con el caballo. Jnfiel bruto, aguarda, que aunque las riendas me dejas, no has de escaparte. Qué ruido es aqueste? Espera, animal. . Es que el caballo se puso en fuga, e intenta Gazapo alcanzarle. . Ya por instantes más se aumenta mi accidente: o cruel memoria, quién borrarte ahora pudiera! Olvidad eso, y del alma solo cuidad. . En mí esta pasión amante solo es escrúpulo que me queda si el crédito habré quitado a Leonor sin culpa de ella. Alienta, alienta, Pastorcillo, no llores tu pena, alienta, alienta. Qué acorde voz su dulzura el alma me lisonjea, y aún su concepto parece que habla con mis ansias mismas? quién le animará? . A la escasa luz que el Sol al morir deja, veo venir un Peregrino oantando por una senda. Pastor incauto, no amante temas, deja malicias, busca inocencias; borra memorias, no guardes penas, vigila y guarda tus ovejuelas. Ya hacia nosotros camina: qué generosa presencia! Llamadle, que algún impulso sobrenatural me alienta a buscarle como alivio entre mis mortales penas. No es mucho si en ti adivina . el alma con pura ciencia, que la armonía en mí es celestial música excelsa. El Ángel Custodio soy de Leonor, y la suprema Majestad de Dios, a ruegos de su Madre y de mi Reina, me manda por el honor de la que guardo aquí vuelva. Noble Peregrino, en quien dando están bastantes señas la afabilidad del rostro, que hay en ti caridad: llega a ser consuelo de un triste, que padece la dolencia de un cruel accidente. . En qué puedo ser su alivio en esa mortal congoja? . No sé en qué consolar me puedas, y sin comprenderlo el alma como alivio te desea: de qué Patria eres? . Mi Patria distante es de aquí: en Valencia asisto ahora, Ciudadano de una muy preciosa hacienda. En Valencia asistes? . Sí; mi habitación tengó cerca de Don Juan de Rocafull. Qué es lo que escucho! Y qué dejas de novedad en su casa? La novedad que hay en ella es, que a Don Carlos Moncada Don Alejandro Torrellas riñendo le dio una herida tan mortal que en contingencia puso su vida, mas ya ha convalecido de ella. Que le hirió Don Alejandro dicen? Sí; mas no concuerdan con la verdad, pues fue otro el que le hirió en la pendencia. Y quién fue? . Vos lo sabéis. Misteriosa es la respuesta. Con que el padre de Leonor sabiendo que fue por ella el disgusto, por soldar su fama, casarla intenta con Don Carlos, por haber Don Alejandro hecho ausencia de la Ciudad. . Y ella quiere? No; porque dice resuelta, que tiene esposo, a quien ya dio palabra verdadera, como lo sabe Don Pedro de Luna muy bien Luego ella no quiere a Don Carlos. . No; pues aunque le habló a una reja, fue creyendo que el que hablaba Don Jayme Cardona era. Dios te pague el desengaño: algún Ángel eres; llega a mi pecho. . El parabién me doy de que a ser yo venga quien os dé aquestas noticias si para vos son tan buenas; y quedad en paz. . Detente: como tu piedad nos deja en esta aflicción? . Porque es limitada la licencia que me dio quien en mi manda: fiad de Dios la asistencia, que para un prodigio grande tu piedad el Cielo prueba. . Yo muero, Alejandro amigo; y pues fallezco, que sea permitidme en vuestros brazos. Quién daros vida pudiera! qué dolor! qué sentimiento! Pues ya en Leonor no hay sos pecha, su mano solicitad, pues sois acreedor a ella, para que yo satisfaga y el crédito cobre. . Esa palabra os ofrezco, en caso que Dios disponga de vuestra vida. . Ya su voluntad se ha cumplido, en que a dar cuenta vaya de mis culpas: solo en las ansias que me cercan, el dolor que más me aflige. es sin el consueló muera de no haber visitado el cuerpo de Santiago: mas ya esta fábrica humana se arruina, ya llegó la hora postrora. Jesús, Señor, en tus manos mi espíritu se encomienda. Ya ha espirado: qué dolor! qué ansia! en tan grave pena, qué haré? mas al Peregrino volver a llamar intentan mis voces: pero ya (ay triste! se desvaneció en su misma sombra o luz. Cielos, qué haré en turbación como esta; pues que siguiendo el caballo sin duda perdió las señas Gazapo de aqueste sitio? Dejar en esta maleza el cadáver de Don Jayme, en tanto que diligencia voy a hacer vengan por él de la más cercana Aldea, fuera rigor inhumano; hacer quiero la fineza de amistad más grande: yo le he de cumplir la promesa que hizo a Santiago; pues vivo no pudo, difunto intenta mi fe ofrecerle a sus aras, adonde con ansias tiernas, y con lágrimas le ruegue el que con Dios interceda se restituya a la vida: al afán la amistad venza; en mis brazos llevarele, si basto a tanto: mas esta piedad me han de embarazar las denegridas tinieblas de la noche, que parece que más oscura y funesta por la muerte de Don Jayme baja a llorar las ejéquias. Qué he de hacer, Divinos Cielos, cuando no permite vea donde mi cansado aliento afirmar la planta pueda, y en este monte he quedado solo, sin norte y sin senda! Ya el valor no fía el que logre mi piadosa empresa. Ay de mi infeliz! valedme, altas divinas esferas, que el corazón ya cobarde de tal suerte el alma deja, que no siente en tal desdicha si fallece o titubea. 1. Ánima Alejandro. 2. Confía y espera. 1. Consigas la dicha. 2. De acción tan suprema. 2. Que Dios soberano te alienta, y el Cielo piadoso benigno te premia. Mas qué es lo que advierto, dichas? qué maravilla tan bella! trocando el orden común de la gran naturaleza, ya la noche se hizo día, según claro ver se deja. Quién me presta tanta luz, Cielos! 2. Tus virtudes mismás. 1. Yo que soy tu claridad te comunico centellas refulgentes en tal acro. 2. Y yo rayos, con que puedas ver y sufrir con valor, pues que soy tu fortaleza. Caso tan no natural el discurso pasma y hiela, y más conociendo en mí alto espíritu y más fuerza para lograr el piadoso fin de mi intento; pues ea, si este es portento del Cielo, qué espero? en mis hombros venga este funesto cadáver, siendo a este Anquises Eneas. Amigo amado del alma (qué lástima! qué terneza!) ven, que ya parto a cumplir de nuestra amistad la deuda, y a mí mismo yo me diga por consuelo de alta pena y consuelo de tal acro, cuyos extremos concuerdan las lágrimas de mis ojos con mi acción y mi tristeza::- 1. Ánima, Alejandro. 2. Confía y espera. 1. Consigas la dicha. 2. De acción tan suprema. 3. Que Dios soberano te alienta, y el Cielo piadoso benigno te premia. Celia, ya Don Juan me llama, que al ver mi suerte infelice, fue para comer lo que hice buscar un ponte con ama. Ya Don Juan de Rocafull por criado me admitió, pues Don Jayme me dejó, mas la culpa tienes tú. Yo por qué? . Por ser yo fiel, y siempre contigo hablar, y tras tu carilla andar como moscas a la miel. Si supiera ella he dispuesto . el haberme acomodado a espía más que criado de Leonor; más callo esto para mi fin, cuando yo de Jayme, sin que se entienda, manejo toda la hacienda, que Alejandro le dejó, y aún se la gasto. . En qué gloria suspendes tu necedad? En que de mi voluntad no se aparte tu memoria. Concéptico? uso es añejo. Pues nuevo ya no lo esperes, porque si concepto quieres, le tendrás que buscar viejo. Ay, que a Isabel mi ama guía aquí: vete, Perdigón. Ya voy a mi comisión. . Y tu padre, Isabel mía? A hablar al Virey salió, diciendo volvia presto, pues ya sabia, Leonor, que le querías hablar. Mucho debo a su atención, lo que proponerle intento (que ya le noticié yo en la Iglesia y el acaso la conclusión me estorbó de que a llamarle llegasen que pues sabe la razón que tengo para no dar la mano a Don Carlos yo, su autoridad interponga, para que con cruel rigor no solicite mi padre (diciendo que a su opinión importa) que yo me case con mi primo, cuando no puedo hacerlo, y a poder no hiciera de él elección por saber que ha sido ingrato contigo. Por lo que estoy oyendo, qué diera mi amo? Amiga, páguete Amor esa fineza, que es cierto, que aunque vencer mi pasión quiero a vista de haber sido mudable, falso y traidor Don Carlos a mis decentes finezas amantes, no sé qué sobrenatural fuerza tiene superior en mí aqueste afecto aleve, que en mi pecho se hospedó, que aunque estoy reconociendo, que es contra mi estimación acordarme de un ingrato, que a su nobleza falto, me le trae a la memoria su misma aleve traición. Don Carlos Moncada viene. Qué dices, Inés? pues no le dejes entrar. . No es fácil, pues juzgué que mi señor estaba en casa, y le dije, que entrar podía. . Las dos nos retiremos. . Tú puedes ocultarte aquí, Leonor, porque oigas lo que a Don Carlos hablo, pues me da ocasión para insinuarle mis quejas tu propio intento. . Ya voy a obedecerte. A Don Pedro de Luna he de hacerle hoy participe de mi afecto, porque su interposición facilite con mi tío mi boda, pues ya mi honor satisfecho está, sabiendo la natural adversión, que a Alejandro mi enemigo Leonor tiene, y que el favor mas leve jamás le hizo, y es vana otra presunción; pues el haber Alejandro en la noche que me hirió embarazado mis dichas, fue buscar nueva ocasión, no faltando a la palabra de amistad que a Don Juan dio, y a hallarse correspondido, no hiciera ausencia su amor. No llega? . Ya va llegando, mas con pasos de Doctor al salir de la visita, si retarda su porción. Yo entro; mas aquí Isabel? volverme intento, pues no me ha visto. . Señor Don Carlos, a quién buscáis? . Al señor Don Pedro de Luna busco; pero encontrándoos a vos, por no causaros disgusto me retiraba. . Pues yo me lo quiero dar ahora solo por dárosle a vos: pues falso, mal Caballero, mudable, aleve, traidor, pretendiendo mis favores, sin hallar mi indignación, solamente porque os hice dichoso con el favor de admitir los cultos vuestros sin desdeñar la oblación os hice ingrato, inconstante::- Tened, que la culpa no tuve yo vos la tenéis; pues no podéis negar vos, que en el paseo una noche a vuestro coche llegó el del Virey y admitisteis su amante conversación. De esto jamás Isabel noticia hasta aquí me dio. Que llegó el coche no niego, y en el mío sabéis vos, que iba con otras amigas, y excusar ellas ni yo pudimos la urbanidad de una honesta diversión; y presumir, que hubo culpa en mi es presumir que al Sol bastarda nube le puede eclipsar el resplandor. Y vivo yo, que a cruer que en vuestra imaginación formar pudo una sospecha el escrúpulo menor contra el sagrado decoro de mi fama y opinión, que me vengara de suerte::- pero este nuevo furor en mí es de más, cuando ya de ser vuestra desistió mi punto; y más cuando sé, que somentó esta traición vuestro aleve trato para solicitar de Leonor vuestra prima el casamiento; pero si del ofensor tomar por ajena mano se puede satisfacción, ya Leonor me la está dando, pues desprecia vuestro amor por otro, a quien ya constante palabra y mano le dio de ser su esposa. . Qué oigo! todo un etna el corazón respira: pero mi pena disimula mi dolor. Pero a mi punto le importa, que a otro dé la mano o no? Solo sé que ingrata fuistéis. Vos fuistéis solo el traidor. Vos inconstante a mi afecto. Él mudable fuistéis vos. Ese es engaño. . Es verdad. Es una suposición. Basta que yo lo asegure. Basta que lo diga yo. Qué es esto? vos descompuesto, y tú alterando la voz? No sé como me disculpe. . Sin alma y sin vida estoy. . No respondéis? Aquí importa para dar satisfacción al uno, que el otro sepa de mí, que casada estoy. . Yo responderé por ambos: viniendo ahora el señor Don Carlos aquí a buscaros, con Isabel encontro, y movida de la grando amistad, que hay en las dos, desengañar a mi primo quiso de la pretensión, que hace a mi mano, diciendo, como vos sabéis mejor, que he dado mano y palabra a otro. . El Cielo se cayó . sobre mí, pues ya no hay duda que él era, mas mi furor dará muerte a quien me agravia. En esta suposición, no quería persuadirse mi primo haber dado yo a otro palabra, diciendo, que era solo en mi rigor para no admitirle a él, a que Isabel con razón, y la verdad le arguía, y opuesto el uno al otro, dio causa a la porfía en ambos para oírse entre los dos: basta que yo lo asegure, basta que lo diga yo. Bien juega Leonor el lance. . Bien me disculpó Leonor. . Lo que os ha dicho mi hija os hubiera dicho yo no ha un instante; pero como los instantes muda Dios del bien al mal (porque todo está a su disposición) ahora no os lo dijera. Pues qué novedad, señor, hay para que no abonéis el que ya casada estoy con Don Jayme de Cardona? Qué esto oiga mi indignación! . Decidla señor Don Pedro, que siempre se hizo mayor el pesar imaginado. A un Criado, que quedó en esa antesala, avisa que entre al punto: de su voz lo sepa, que para dar una infeliz nueva no halla el discurso razones. Ya rabió la comisión. Mas qué queda a que apolar? Ya aquí a tu obediencia estoy. El contenido de aquesta carta, y qué es tu pretensión, vuelve a decirme. A que habiendo hecho mi amo donación a Don Jayme de su hacienda, como el contrato faltó, a tomar posesión de ella vengo y casar con Leonor. Qué es lo que escucho? (ay de mí!) qué es lo que dice tu voz? Qué pronuncias, hombre? qué hablas? El corazón se cubrió de una congoja mortal. Digo Don Jayme murió. Ese hombre es loco: mi osposo no es muerto, esa es ilusión; pues sin duda a estar él muerto, viva no estuviera yo. Qué es no? no hay sino apelar para la resurrección de la carne. . Ay infelice! que ya a creer falleció me obliga un fatal anuncio, cubriéndome de un sudor helado, que de repente me va embargando la voz. Suerte adversa fue la suya. Cielos, no sé dónde estoy! ya anudándose el aliento, palpitando el corazón, anhelando con suspiros, y sensitivo al dolor mudo el labio, le va al pecho faltando respiración. Qué miro, Leonor, qué es esto? Morir, pues Jayme murió: esposo mío, mi bien: María, amparadme vos. Señora. . Leonor. . Amiga. El sentimiento turbó sus sentidos: grave mal! Confuso y absorto estoy. De un parasismo asaltada en mis brazos se rindio. Pues pronto, Isabel, la lleva donde alivie su dolor. Muerto me tiene su pena. Llevémos la entre las dos. . Quién creerá, que con saber que nacen de ajeno amor sus sentimientos, me causa lástima, mas mi pasión es tan grande, que se olvida de que a otro esposo nombró. Señor Don Carlos, Don Jayme ya murió, y sabiendo vos que Leonor era su esposa, os queda a su mano acción sin escrúpulo ninguno, que toque a su pundonor. No os puedo ahora responder, ya nos veremos los dos. Id con Dios. Guardeos el Cielo: lo que haré dudando estoy, que hasta saber si ya ha vuelto del desmayo sin mí voy. . Que al cabo de mi vejez sea casamentero yo! Pero cuando de un anciano aquestos casos no son? . La apelación salió nula, señor Perdigón. . Señor Gazapo, lo mismo ha sido mi comisión. . Vámonos ambos de aquí, haciendo cuenta, que harto tiempo se paro de esta escena a la que signe. A qué es esa prevención? A que sepan que a su casa ya en si habrá vuelto Leonor. Si no ha un instante. En mudando de escena licencia did el Arte Cómico al tiempo, porque en su ley en rigor siglos los instantes, y los instantes siglos son. Me concluyes: qué aguardamos? pues a Dios, amigo. . Adiós. Qué hace tu ama? . Señor, llorando está, que es quebranto. Cada lágrima en su llanto, es ya en ella un deshonor. Hoy ha de quedar casada con Carlos que quiera o no; por ella no es bien que yo mi opinión vea arriesgada en un vulgo, juez severo contra la reputación, que hace ley de la opinión su crédito verdadero. Harto, señor, me ha costado el haberla persuadido, y ya a tu gusto rendido su albedrío está postrado. Prevenida a esta fortuna dile esté. . A que Carlos ya llegue esperándolo está con Doña Isabel de Luna. . El Justicia Mayor viene con tu sobrino y mi amo. Decid que entren. Ah, Don Jayme, si esto hubieras alcanzado! mas si habías de morirte ya eso te tienes andado. Señor Don Juan, en albricias de que se ha llegado el plazo a vuestro deseo, dadme los brazos. . Favores tantos recompenso con los míos, y sean estrechos lazos de nuestra amistad: a vos os debemos yo y Don Carlos el que suya Leonor sea, yo salir de sin sobresalto. Al señor Don Pedro ya debidas gracias le he dado, y ahora mi rendimiento, por la ventura que alcanzo, a vuestras plantas se ofrece. Don Carlos, llega a mis brazos a lograr cariños de hijo. Di, que de tu humilde esclavo mucha repugnancia me hizo al principio dar la mano a mi prima; mas sabiendo, que los amores tan castos fueron en ella y Don Jayme, no quedo en mi honor reparo. En fin ya, señor Don Pedro, salimos de este cuidado. Que fue grande el vuestro es visto, puesto que en tan breve espacio la dispensación de Roma traer consepuistéis. . Cuando importa al honor, se vencen los imposibles más arduos. Vencer a Leonor no fue lo de menos. . Reportado a una inobediencia pude mostrarme, en haber su mano dado a Don Jayme, mas a otra cruel me ostentara airado. Ahora, Don Juan, dejemos eso:oís? . Qué es oís? por cuanto no oyera esto un rodrigón: ya estoy a vuestro mandado. Avisad a la señora . Doña Leonor, que al estrado salga. . Amor, aquesta gloria no me quitarás. El llanto reprime, que una obediencia con él estás deslustrando, y aprende de mí; pues viendo que Don Carlos, cruel e ingrato despreció finezas mías, sé disimular mi agravio, y aún olvidarle, que antes que mi amor es mi recato. En vano mitigar puedo aquestas lágrimas, cuando mas que al tálamo amoroso, muevo al túmulo los pasos. La vida me ha de costar la violencia que me hago. Hija? . Señor, a tus plantas ya mi albedrío postrado en la obediencia, te está mi vida sacrificando: pon tú el cuchillo, pues pongo el cuello yo al golpe airado: dame la mano. . Leonor, llega a mis brazos, más hallo que no obedece rendida quien obedece llorando: la mano a tu esposo da. Mi vida es tuya, y la mano doy. Espera, no la des: que por superior mandato de Dios, a los fieles ruegos de su Madre, está a mi cargo, que el honesto amor ampare de Leonor, y así la amparo. Por dónde este Peregrino entró? . El vino volando. Quién eres hombre, que intentas oponerte a lo que mando? Aún más que hombre Ángel parezco, pues del Ángel está a cargo evitar, que no cometa tal vez yerro el juicio humano. Leonor no puede, aunque quiera, dar la mano aquí a Don Carlos, pues tiene esposo a quien ya mano y palabra le ha dado. Don Jayme era, y murió. Es cierto; pero los justos arcanos de Dios son incomprensibles: Jayme vive. . Qué he escuchado? Por señas, de que por pronto que volví con un caballo, a mi amo no encontré, y a un Lugarcillo llegamos casualmente, donde en hombros el cadaver llevó mi amo: riño conmigo, y pegué tornillo como Soldado. Sobre que no es vivo. . Sí es. Yo lo vi muerto. Eso es claro. Pues qué implicación es esta? Di, cómo es esto? Escuchadlo. Apenas pues de Don Jayme se dividió del humano barro el alma, sin que ocupe en seno determinado, cuando llevado en los hombros su cuerpo por Alejandro sus, hasta tocar el recinto de la Ciudad de Santiago, adonde visto el cadáver por unos Guardas del Campo, a Alejandro le prendieron, y el Juez haciéndole cargo si él le había dado muerte en su descargo gastaron tres días, sin que al cadaver sepulcro le diesen sacro. Libre Alejandro, con viva se y auxilio más que humano, llevó el cuerpo de Don Jayme a las aras de Santiago, donde con rendida ansia pidió por su amigo al Santo: pero apenas empezó su fiel deprecación, cuando restituido a la vida se vio Jayme. . Caso extraño! Raro asombro! Gran prodigio! Si daré fe, Cielo santo, a que está vivo mi esposo? mas sí, pues pronosticando lo está el alma. . Pues que vive Don Jayme, señor Don Carlos, vuestra esperanza ceso, supuesto que está a mi cargo. Las bodas no se efectuen que yo tenía tratado, viviendo Jayme. Mal puedo aspirar ya a la mano de mi prima. Ni yo puedo contravenir a los altos juicios del Cielo. . Teniendo esposo ya, a mi recato no le está bienque aquí esté; y así, me voy a mi cuarto. Vamos, Isabel, que luego te irás. . Amor me ha vengado de un injusto, y sus desaires son de mí se desagravios. . No dio lumbre aquesta boda. Para mí, Inés, ya la ha dado, pues que le chupé un vestido al póbrete de Don Carlos. . Solo falta al Peregrino preguntar más: otro pasmo! dónde está? . Invisible a todos estoy para el más extraño . prodigio. . Sin duda alguna era Ángel y no hombre humano, Admirados, no debemos ni creerlo ni dudarlo. Vamos, Don Carlos, que ya a Don Juan le embarazamos. Vamos: aunque más prodigios . admire, pues me ha quitado la vida en Leonor Don Jayme, obstinado he de matario. Adónde vais? Voy cumpliendo con mi obligación. Quedaos. Perdonad, que no obedezca, que os he de ir acompañando. . Seor Gazapo, también la comisión ha rabiado: a la Bula de difuntos apelo en llegando el caso. . No sin decreto Divino del Cielo aquí me he quedado a observar los movimientos n de Leonor en el deseado gozo de saber que vive Don Jayme: mas ya reparo, que habiéndose despedido de Doña Isabel, ha entrado en su Oratorio, en el cual tiene un divino Retrato de la milagrosa Imagen luz de los Desamparados. Y pues no se da en mi esencia lugar ni tiempo ni espacio, viéndola estoy, que con ansias fervorosas, y con llantos pidiéndole está a María, Madre de Dios; pero en vano repito lo que ya están articulando sus labios. Ante vos, mística Rosa, de los enfermos salud, llega mi solicitud a esperar me hagáis dichosa: Reina de Ángeles hermosa, puesto que escogida eres, y abogada sernos quieres, por ti mi ruego se admita, pues te gloriamos bendita entre todas las mujeres. Hija del Eterno Padre, por idea portentosa del Santo Espíritu Esposa, y del Hijo de Dios Madre: Mi humilde súplica os cuadre, causa de nuestra alegría, refugio del que en vos fía, Torre fuerte de David, Arca de riqueza, oíd mis voces, Santa María. Por el gozo celestial, que tuvo tu corazón con la hipostática unión, que en tu Seno Virginal Dios se hizo carne mortal, que consiga mi desvelo des puerta franca a su anhelo tal gloria, pues se demuestra, ya que para dicha nuestra también puerta eres del Cielo. Oh clementísima Aurora! esos ojos a mi vuelve, y que en llanto se disuelve mi pecho: advierte, Señora, que vuestra devota llora, dad consuelo a esta afligida; y pues que dulzura y vida nos sois, en vano es tardar, que vos no sabéis negar cuanto un pecador os pida. Con fe pides, tú hallarás el alivio en tu quebranto. Soberana Virgen Pura, Madre del Verbo Encarnado, pues a vuestra intercesión y del Apóstol Santiago vive mi esposo, consigan con vos mis ruegos postrados, que yo, Señora, le vea; pues estoy desconfiando de que mis dichas son ciertas. Debaos Virgen mi quebranto la gloria de verle, y que llegue a estar desengañado de que no pudo ofenderle quien constante le está amando. Concededme este favor, Divina Aurora, Sol claro, Templo de la Trinidad Santísima y su Sagrario, Estrella, Lirio, Azucena, a vos apelo, a vos clamo; la fe de mi ruego oíd, volved esos ojos sacros, a mi aflicción atended, favor os pide y amparo esta pena, esta congoja, esta angustia y este llanto, María, María, ahora. Ya el Cielo se lo ha otorgado y pues que me da permiso por su poder soberano, realmente haré que visible desde aqueste mismo espacio a ver alcance Leonor a Don Jayme y a Aljandro, que despidiéndose están, uno ya determinado de partir luego a Valencia, y otro quedarse en Santiago: Amigo, dadme mil veces los brazos. Desasirsé de los vuestros no puedo por no dejaros. Cielos, la voz de mi esposo es la que estoy escuchando, su voz es; pero qué veo? él es, con Don Alejandro, el que estoy mirando: esposo? Mas el placer ha embargado el acento, y los sentidos ilusos todos quedaron. De dos afectos distintos sufro, Don Jayme, el asalto, pues aunque mi ley debiera, a fe de amigo, obligaros a que conmigo os quedéis, el conocimiento al paso Sale después, previniendo no es cuerdo, leal ni honrado el amigo que dilata de su esposa los halagos, las finezas y cariños al otro y pierda en sus brazos la unión venturosa a que los Cielos le dedicaron, disfrutando de himeneo con felicidad el lazo. Y así, a pesar del cariño, y por todo atropellando, resuelvo, aunque yo lo sienta, a Leonor ni un breve rato robaros pues ya sus ojos de esta ausencia en los espacios siglos harán los instantes, mal viviendo, y bien llorando. Id a ver a vuestra esposa, pues ya satisfecho os hallo de vuestros celos. . Qué es esto? si es aprensión de mi engaño. Vuestra ausenciasiento. . Presto espero que nos veamos en Valencia. . Qué mal sabes lo que está determinado de Dios! pues que de una lepra padecerás el contagio, como dirá el tiempo. . Cielos, apenas a creerlo alcanzo: mucho ha de ser si mi gozo no me da la muerte. . Cuanto apartarme de vos siento! También yo, aunque consolado de ir a unirme con mi esposa. A ese fin fue tal milagro, y otro que falta. . Oh qué rara maravilla! . Mas espacio ya el tiempo no nos permite. Pues volvedme a dar los brazos. Y en ellos el alma toda. Ea, idos. . Ea, quedaos. Qué dolor! . Qué regocijo! Qué felicidad! . Qué lauro! Mas yo a mi sentir atento::- Pero a mi dicha yo grato::- Yo admirando mi ventura::- Y yo al Señor alabando::- Diré al sentimiento mío::- Diré a mi felice hado::- Al júbilo que yo espero::- Yo a otro prodigio que aguardo::- Pues son capaces afectos de darnos vida o matarnos, placeres, aprisa, aprisa, pesares, a espacio, a espacio. tes teal tos tas tas tas tasta e

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Al campo vaya el leproso Echadle de la Ciudad. Piedad. Vaya fuera, fuera. Que empiezan a apedrear: corre, señor. Ay de mí! La calle dejamos ya. Dios nos valga. Habrá tal gente? no hacen más en Tetuan. Este sacrificio admita el Cielo. . Si voy allá::- pero no iré: yo sé, viles, que he de vengar la impiedad. Da No lo es, si el contagio temen el no quererse apestar. Qué es apestar? más apestan los Ductores, cuando hay de pepinos y pimientos epidemia universal. Qué esto me suceda! el Cielo paciencia me quiera dar. A mí no; pues la que tuve se me llegó a acabar ya. Eso es desesperación: de Dios debemos fiar. Qué es fiar? cuando de puro fiar de su Majestad, en este estado me veo; pues pudiéndome quedar en Valencia, por cumplir con lo de criado leal, te fui a buscar a Santiago, adonde te encontré ya con la lepra. . Los trabajos que envía la celestial mano de Dios, no son males, bienes se deben llamar, y darle gracias por ellos; porque Dios se apiada más de aquel a quien da aflicciones, que del que bienes le da. La razón es porque aquel que goza de sanidad se acuerda menos de Dios; el que padece algún mal siempre de él se está acordando, porque llamándole está: y así gustoso me hallo sufriendo esta lepra. . Ya otro Job segundo eres, mas te falta el muladar: pero ya a él te echan los mismos de tu Patria. . En la verdad no me puedo quejar, cuando a conocer no se da mi persona. . A cuándo aguardas? pues no es gentil necedad, que habiendo ya cinco años (que muy presto los habrá que te dio aquesta señora lepra con tanta crueldad, que en curártela has gastado (sin llegártela a curar) con Médicos y Barberos, no tan solo tu caudal, mas cuanta hacienda tenías en Castilla; pues de mal vendida, como quien vende con suma necesidad, se desapareció como el alma de Garibay, quedando tan pobre, que para poder caminar desde Santiago a Valencia, viniendo pían, pían (pero pidiendo limosna, que no hay más que ponderar no comemos los más días, y si algunos, es muy mal? Yo te lo confieso: pero si de Dios es voluntad, qué hacer puedo? Pesie a mi alma! qué hacer puedes? apelar a Don Jayme, pues tu hacienda le diste y tan rico está, que me dicen que en Valencia hombre más rico no hay, pues con lo que le cediste adquirió un loco caudal. Infórmeme, después que te dejé de la Ciudad a la puerta, y he sabido, que tiene Don Jayme ya dos niños, que son las niñas de Doña Leonor. . Creerás, que me alegro de saber su feliz prosperidad? De esto te alegras? (por Cristo, que me has de hacer renegar de verle rico y tú pobre? pues la diferencia hay de comer a ver comer aquel que con hambre está: bien que para que le pidas el que en tu necesidad te socorra, es lo mejor que esté rico; pues no hará nada en hacerlo, sabiendo, que aquel que en la realidad pide prestado jamás. Ya te he dicho muchas veces no me hables en eso más; pues sabes que no le he escrito en todo el tiempo que ha, que en este estado me tiene mi penosa enfermedad, para no reconvenirle a lo que obligado está. Mas que me arguyas es fuerza y cualquiera me argüirá) por qué a Valencia me vine, siendo mi Patria, a pasar la vergüenza de que sepan cuán pobre, cuán incapaz de humanos medios estoy: mas a la objeción que ya yo mismo me he puesto a mí, y otros muchos me pondrán, satisfaciéndote a ti, satisfago a los demás: pues la razón de venir a Valencia fue por dar causa eficiente a Don Jayme: sepa el estado en que está mi persona, y que lo sepa Solo por casualidad, no de parte mía; pues fuerza es que le ha de obligar la modestía más que el ruego; y si entonces liberal no se mostrare, habré yo cumplido con mi amistad. Mira, Dios con ser Dios, quiero que le pidamos, y hay hombre que sabiendo esto, por pedir a Dios no más, le pide una sarna, solo por tenerse que rascar. Pues pidámosle al Señor, que conmueva la piedad, para que nos den limosna. Dios en la necesidad no manda nos ayudemos? Quién nogar eso podrá? Pues tú te ayudas muy poco. En qué me puedo ayudar? En que pides sin tonillo, ni sin lamento eficaz, o alguna plegaria; pues en llegando esto a faltar, ni aún quien va con una Dama un ochavo te dará: mas el hombre prevenido vale por dos: si juntar quieres limosna a montones, oye un modo Celestial: tú tienes lepra, con que tienes audado lo más para Lazarillo. ̱. Loco, qué dices? . Lo que te está de perlas; pues con aquestas tabletas que fui a comprar, como aprendas a tocarlas de esta manera, serás, no tan solo Lazarillo, más bravo Lázaro. . Ya estás causado. . Qué es caunsado? tú lo estás más: o aprende tú a Lazarillo, o a Don Jayme iré a avisar: aquesta es la tonadilla con que el Lazarillo va: A este pobre Lazarillo, . que no ha comido bocado, sino un pan y un panecillo, y una libra de pescado. Qué te parece? . Las chanza? deja, que en la plaza estás de la Seo, y no conviene que te tengan por juglar. Esta la Capilla es de la Virgen Celestial de Desamparados. . Puesto allí podemos tomar para pedir. . Si nos dejan los pobres, que inmemorial derecho gozan aquí. Pues no nos han de dejar? A este Manco una limosna. Limosna a esta Vieja dad. A este Cojo. Al Ciego una Oración manden rezar. Deja que llegue: yo imploro: al Lázaro. . Mas otro hay? quítese. . Viene a pedir? Qué es pedir? yo vengo a dar. Pesadumbres? No. . Pues qué? Los buenos días no más: en que se emplea la Vieja? Yo acomodo en el Lugar a servir las mozas. . Bueno: las viejas debiera más, que las que son mozas, ellas se saben acomodar. De qué es manco? De la mano. Oigan? pues es novedad. Soy Albañil, y caí sobre ella en un corral, desde un tejado una noche. A esa hora qué hacías allá? Yo me entiendo. Qué te entiendes? concluye, pues claro está si te entiendes, y era noche, que irías a trastejar. Por ser domador de burros quedé sin piernas. . Gran mal; y aún por ser domador traes dos muletas que domar. Y tú, Ciego? . Quedé a oscuras por mucho oro ver no más en mi mano a todos cabos. Por tales cabos, hoy hay quien sabe a uno que anda a oscuras, con doscientos alumbrar. Denme permiso a que llegue. Leproso, apártese allá. Cómo? qué le doy un muerto? En lo vivo cuánto va que le casco? A ver. . Teneos; por aqueso no riñáis: yo me aparto. . Soy yo acaso algún tullido, que acá se venía con su lepra? vaya norámala: hay tal? Que caridad falte en estos que viven de caridad! Por eso la buscan; pero por la mitra de Caisas, que Don Jayme hacia aquí viene con Doña Leonor y tray a sus dos hermosos nietos, hecho ya abuelo, Don Juan de Rocafall. . Qué me dices? ilusión tuya será. Pues no los ves? Ya los veo. Pedirle ahora podrás limosna. . Si haré, supuesto que ya se hizo casual con justo ruego: ay, amigo, la vergüenza que me da el que así me vea! . Los hijos de Don Jayme siempre dan. 3. Pues el grito levantemos. Al Cojo una caridad. Al Manquillo una limosna, que Dios se lo premiará. A la Vieja, hermanos míos. Manden la Oración rezar de las tres necesidades. Mira como su vez cualquiera entona gauzua de la bolsa fariona. Querida es posa mía, de mis felicidades alegría, mi afecto no consiente, ni aún este breve rato estar ausente de tus divinos ojos; perdona sí te puede dar enojos que te acompañe. . Amado es poso mío, a fueros de tu gusto, mi albedrío todo lo advierte justo, pues no tiene más leyes que tu gusto: y así el acompañarme no es disgustarme, no, que es lisonjearme; y más cuando contemplo el que es la dirección a aqueste Templo del Alba de María de los Desamparados norte y guía, a quien el ser tu esposa deben los ruegos de mi fe dichosa, tú ser mi dueño mi feliz esposo, de cuya honesta unión, lazo amoroso, esos frutos logramos, tiernos pimpollos, que con fe llevamos a ofrecer cada día, como suyos, al Cielo de María. Qué alegres mis afectos amorosos a mis nietos hermosos acompañan, alarde haciendo ufanos de llevarlos asidos de las manos! Cómpreme usted, abuelo, un pajarito, que cante y tenga cola. 2. A mí un pitito. Sí, vidas mías, yo os daré ese gusto. Yo he de hablarle; Salgamos de este susto. A Don Jayme no ves que está famoso? No lo ha de estar, si rico está y gozoso con esposa tan bella? Con razón has debido encarecerla. En la Iglesia entremos: vamos. Limosna a este Cojo den. A aqueste Manco limosna. A este Ciego que no ve. A esta Viejecita, hermanos. Llegad, prendas mías, pues a darles limosna. 1. Tomen. 2. Yo quiero darla también. A mí. . A mí. 1. Poco a poco. . A mí, cara de clavel. 2. Ay, qué feo es este, padre! No huyas de él, a darle ve. 2. Si es el coco. Anda. . Don Jayme, aguárdese usted, y dé a este pobre, pues darle es lo que es suyo. . Muy bien decís, pues cuanto Dios da al hombre, es suyo; y si él pobre es retrato de Dios, un acreedor nuestro es. Hermano, tome. . No sabes a quién das limosna? . A quién? No me conocéis, Don Jayme? No os conozco, amigo. No es nuevo desfigure el rostro, mas que el mal, la desnudez. Ya la terneza en mis ojos dejó las lágrimas ver. Don Alejandro Torrellas soy. Y yo Gazapo, aunque ya soy Conejo manido. Qué es lo que oigo? Amigo, pues cómo de esta suerte estáis? que contagio es este? . Haber dádome algo en que merezca Dios con la lepra que veis. Casi cinco añas habrá. que me sontavina aqueste contigio, en cuya infícil cura garte toda mi hacienda, quedando en el estado que veis. Pues cómo, Alejandro amigo, cómo, cuando vos sabéis que os debo la vida, hacienda, honra, hijos y mujer, de mí no os habéis valido? Yo, Don Jayme, os lo diré. Raro caso! . Estraño ashombro! Esto habla menester. Decid pues. . Porque sabiendo cuan propio en el mundo es, que el beneficio haga ingratos, en mi miseria más bien aventuraros no quise, verdadero amigo, que llegar a experimentaros ingrato a mi noble ley. Pues para que conozcáis, y todos a conocer lleguen, que excepciones a esa regla comen hay tal vez, señor, con mi esposa he hijos entra en el Templo. Qué hacer intentas, Jayme? . Cumplir con cuanto llego a deber a mi ilustre sangre, y debo a Don Alejandro; pues si con amistad piadosa mi cadáver llevo él en sus hombros a Santiago; yo, sin llegar a temer de la lepra el cruel contagio, siendo Éneas más fiel, en público he de llevarle en mis hombros, hasra que en mi propio lecho helle alivio, consuelo y bien. Y si él a su intercesión pudo conseguir también me diese vida el Apóstol, que Patrón de España es: yo cuantos humanos medios haya aplicarle sabré, para que la salud cobre, que es darle la vida; pues vive muriendo quien vive a expensas de un mal tan cruel. Y para que lo consiga mi ansioso afecto, pondré talla pública, ofreciendo a cualquiera que le dé sano mi hacienda. . Qué dicha! Médicos han de llover. Vamos, amigo. Qué intentas? Qué es lo que quieres hacer? mira, que su lepra puede inficionarte. . No ves, que en mi propia caridad llevo el antidoto fiel? No lo has de hacer. Es en vano. Mira que me has de perder, y te he de perder. . Aparta. Señor, impídele, pues la vida aventuro. 1. Padre, lleva el coco a casa? . Ven, Alejandro mío. . El Cielo premie tu caridad. . Que no lo embaraces, señor, al ver mi ansia? . Déjale, que un acto tan de piedad obre: vosotros tras él id al punto. Ya lo hacemos. . Envidioso quedo al ver con Don Jayme acción tan noblo. Quiera el Cielo, señor: . Qué? Que aquel presagio, que siempre me anunció el corazón fiel al ver a Alejandro, ahora cumplido no llegue a ver. De un acto que a Dios agrada, temer no debe la fe ningún presagiado mal: en el Templo entremos pues. A pesar de ambos, a esta piedad me pienso oponer, que la caridad principio de si propia ha de tener. A la Vieja:: . Al Cojo::- Al Manco::- Limosnita, hermanos, den. Eso repartan que doy ahí. Dios se lo pague a usted. Dios le dé Gloria: partamos. A cómo tocamos? . A tres. Yo creo, que a nada. . Cómo? Como yo lo he menester. Ahgato! . Ah ladrón! Ah vil! A palos lo pagaréis. Fuera, que aquestas muletas tras todos saben correr. . Terrible, señora, estás ya con Don Carlos; pues cuando más rendido te está amando, logra tus desprecios más. Ya veo, que madvertido tu fineza no pagó, y que a Leonor pretendió; mas hoy le ves tan rendido, que su culpa a confesar llega; y si es Dios el Amor, no será Dios en rigor, si no sabu perdonar. Ya punto, Inés, se hizo en mí los desdenes que en mí ves; no hubo menester él tres años para olvidarla? . Sí; pues ausente esos ha estado, y a amante volvió después. otros tres aguarde, Inés, para lograr mi cuidado. Mas si he de decir verdad, tema en mi es, más que desprecio, el que hago de Don Carlos, bien a costa de mi afecto; que en las mujeres que nacen principales, es bien cierto, que es delito de lo frágil el pasar a nuevo empleo de aquel que una vez ya hizo el destino o amor mismo. Acabaras de parirlo, señora, cuando con menos dolores y sin Comadre, paren otras un secreto. Que diera Don Carlos ahora por saber::- . Calla, que dentro de la casa nos hallamos de Leonor pues no me excusa la amistad y el cumplimiento de entrar a hablarla; y más cuando sé con cuanto desconsuelo está, después que Don Jayme a su casa trajo enfermo a Don Alejandro. . Toda la casa lo está sintiendo, pues no descansan un punto; y bien se conoce esto, pues hasta aquí hemos entrado, Sin que en el recibimiento hallasemos alguien. . Dices muy bien; mas ya a Leonor veo que aquí sale. Isabel mía, pues a estas horas, qué es esto? si que la he de admitir crees por visita::- . No lo pienso; pues viniendo ahora de otra, no era cumplir con mi afecto, si pasando por tu casa no entrara a verte. . Agradezco la atención. . Cómo te va de desazones? . Primero que te responda, Inés, ve a Celia a avisar, que luego saque luces al estrado. Voy a obedecer. No puedo detenerme, que es muy tarde, y ha de ir por mi padre luego el coche, y sé que esperando estará. . A todo hay remedio; avisarle que se vaya, y en el mío, que está puesto para los Médicos, que junta ahora están haciendo viendo tan malo a Alejandro, te podrás ir. . Yo lo acepto, y a avisarlo voy. . Aguarda, que una Criada irá a hacerlo. Mejor es que vaya yo, para mandarle al Cochero, que le prevenga a mi padre, Leonor, que en tu casa quedo. . Sea así. Cielos divinos, qué nuevo pesar el pecho me sobresalta de suerte, que aunque el aborrecimiento, que tengo a Alejandro, era bastante a causar mis miedos, de otro afecto nace, pues confusamente latiendo está el corazón, sin que comprender pueda el recelo, qué es lo que me está anunciando con latidos tan violentos! Con el pretejto de etrar (donde ha tanto que no entro) a saber como se halla Don Alejandro, siguiendo viene mi amor a Isabel: mas mi prima: yo me vuelvo a ir por no disgustarla. Quién es? Con temor me acerco. . Yo soy, Leonor. . Pues, Don Carlos, quién os dio el atrevimiento a estas horas en mi casa, estando en ella mi dueño, o estando en mí, que es lo mismo, os atrevéis? vive el Cielo, que si creyera o pensara, que pudiera ser yo objeto ya de vuestras osadías::- Sin mi estoy: de enojo tiemblo. . Suspende, hermosa Leonor, las iras y los desprecios, pues aún fulminado el rayo de la cólera del Cielo, jamás ha herido en lo humilde, por no deslustrar su incendio. Yo no vengo como amante, pues como pariente vengo, sabiendo que está Alejandro tan en el último extremo ya de su vida, a ofrecerme, con la obligación que debo a Don Jayme por si en algo servirle en tal lance puedo. Señor Don Carlos Cardona, si ese es vuestro noble intento iré a avisar a mi esposo Sal Salga luego a agradeceros vuestra atención. . Esperad. La prevención hecha dejo. A buscar vengo a Leonor. Mas qué miro? . Mas qué veo? Un favor me habéis de hacer. Qué escucho? Qué estoy oyendo? muerte le darán mis iras. Vengaranse ahora mis celos. Qué favor me pedís cuando noble me estáis proponiendo, que a ofreceros a mi esposo venís, Don Carlos, sabiendo, que Don Alejandro se halla de su vida al fin postrero? En el favor que os suplico, en nada puedo ofenderos. Decid pues. . Siendo vos, prima, y Doña Isabel un nuevo lazo estrecho de amistad, una alma sola en dos cuerpos, que intercedáis vos con ella (pues rendido la venero) pague mi constante amor con su mano, sin que el ceño de sus rigores emplee en mi amante rendimiento. Alma, volved a vivir. Corazón mío, alentemos. Que esta estimación es mía. Que este no es agravio vuestro. Hablar a Doña Isabel por vos, Don Carlos, ofrezco, y tan presto::- . Que yo misma, antes que interponga el ruego . suyo Leonor, os responda, señor Don Carlos, diciendo, que padre tengo, a mi padre que me pidáis os concedo. Y yo, Don Carlos, que he estado cuanto habéis hablado oyendo, os ofrezco suplicar por vos al señor Don Pedro el que os conceda la mano de Doña Isabel; y a un tiempo de que os vengáis a ofrecer en el pesar que me veo de estar tan malo mi amigo, con el alma os lo agradezco. Un favor y una fineza recompensar a ambos debo; a vos besándoos los pies, . y a vos las manos. . Del suelo levantad. . Siendo mis brazos recompensa a vuestro afecto. Muy tarde es; y así licencia nos conceded, porque luego Isabel se vaya. . Vamos, que irme es fuerza: yo te ofrezco el volver mañana. . En fe de eso, te irás al momento. . Y cómo Alejandro está? Ya tan postrado, que temo que su aliento vital va el contagio consumiendo; y en la junta los Doctores no sé lo que habrán resuelto. Pues no os quiero embarazar; volver mañana os prometo. Yo os lo estimo. . Dónde vais? A cumplir con lo que debo. Quedaos, que se oponen siempre pesares y cumplimientos: siguiendo el sol de Isabel, Clicie va mi amante afecto. . Que ha de morir Alejandro, sin que yo acabe primero? No es posible: quién pudiera apurarle los secretos avisos al Cielo, pues en las ideas del sueño se me representa ha muchos días un galán Mancebo, parecido a aquel gallardo Peregrino pasajero, que de mi creída ofensa fue desengaño tan cierto; el cual me dice con voces (a que crédito dar suelo que mi sangre misma puede ser de Alejandro remedio. Mas mi sangre (no lo acabo de entender, el juicio pierdo) cómo remedio ser puede de Alejandro, cuando advierto, que aunque a mí me la sacara, según aforismo cierto, bebida la sangre humana no es antidoto, es veneno. Pero si en lo que me anuncia la contrariedad encuentro, error viene a ser el dar crédito a tan vanos sueños. Buscar quiero a Don Juan, para Saber qué resolvieron ahora en la junta, pues por asistir al enfermo, pendiente la dejé. . Ya pasaba a tu cuarto viendo que estarías con cuidado: bien que con el desconsuelo de la pena que ha de darte; pues la junta fenecieron los Médicos, desahuciando a Alejandro. . No hay remedio? Uno imposible. . Imposible para mi amistad, sabiendo, que para restaurar su vida diera la mía? . El remedio solo que se encuentra es tal, que en el Católico fuero no se puede hacer, ni hay ley que, lo dispense; pues siendo Gentil Constantino Magno, y un Mocarca tan supremo, hallándose poscido del mismo contagio fiero de la lepra, permitirle cuerdo no quiso, sabiendo era tan cruento, como la púrpura de dos tiernos infantes, con cuya sangre se daba un baño al enfermo; y aquesta virtud moral, aqueste piadoso celo se le premió el Cielo, pues con el sacro baño excelso del agua fiel del Bautismo Sanó el alma, y curó el cuerpo. Qué la sangre de inocentes basta a dar salud? . Es cierto La Medicina lo afirma? Ya el oculto enigma tengo del sueño apurado; pues me anunciaba, que remedio de Alejandro era mi sangre; y mi propia sangre veo que son mis hijos. Aquí es sin duda que hay misterio, y el Cielo me le revela, sin revelarme si ofendo al Cielo en ejecutario; pues sus árcanos decretos el juicio humano jamás ha podido comprenderlos, y una impiedad solicita para obrar algún portento. Y así la vida a Alejandro he de dar, dejando ejemplo del monstruo de la Amistad a los siglos venideros: esto intento. Tú, señor, vete a recoger que creo que es ya muy tarde. . Y tan tarde, que ya Leonor con mis nietos recogida está: tú, Jayme, haz lo propio. . Harelo, en viendo si es que Alejandro sosiega. Pues a Dios. Guárdete el Cielo. Solos quedamos, amor y amistad, en el más nuevo certamen de las potencias, que a humano encarecimiento en hipéboles escrito ha dado la pluma al tiempo. Alejandro ha de morir, duda la amistad, teniendo en casa la medicina en el hermoso instrumento de dos infantes que sirven para su alivio? Luego réplica el amor) dos hijos, dos inocentes renuevos, fruto amado de su padre, por bañar un esqueleto, tronco inútil, se destinan a un cadahalso tan sangriento? Bien dificulta: mas dice pronta la amistad, corriendo el discurso a los anales, que hay celebrados ejemplos en que no la vida ajena, sino que la propia dieron unos amigos por otros, en que allana el argumento, que es menos golpe (no hay duda hacer sacrificio ajeno, que hacer holocausto propio; pues la caridad, advierto, bien ordenada del hombre, nace del cariño mismo. Réplica el amor, que es falso en esta parte el supuesto; porque los hijos son prendas del alma y vida: son pequeños pedazos del corazón de su padre, aquesto es cierto. Dice la amistad: si unido está en un vínculo estrecho el hijo y padre, es forzoso, que no sean dos sujetos disrintos, con que tendrá dominio el padre directo en el hijo; y pues conozco, que debo a Alejandro inmensos beneficios, no le pago con mucho lo que le debo, en darle una corta parte del corazón. Mas opuesto el amor, réplica y dice, que es sacrificio violento, por ser mitad de mi esposa, y aún el todo, que a sus pechos, como dominio más justo, les dio el dulce nutrimento a sus hijos. La amistad se afirma, reproduciendo, que estás prendas de Leonor pudo dárselas el Cielo en himeneo a Alejandro, pues pudo ser suya; y siendo suyas, como dueño propio, al destino obedeciendo, por veredas tan ocultas pudo aplicarse el remedio. Dice a esta sofistería el amor, que aún siendo reo el hijo, no hay ejemplares que apadrinen tan horrendo insulto. La amistad cauta soborna al entendimiento, con que el juicio ya peligra. El amor muestra el espejo de la memoria, en que graba tanta tragedia en bosquejos. La amistad pone delante varios y aparentes velos de obligación no pagada. El amor los va corriendo. La amistad los va cegando. El amor dando reflejos de voluntad: mas qué dudo? si a tanta luz estoy ciego: mueran mis hijos, y viva Alejandro: esto resuelvo. Pero he de ser yo el verdugo? Aquellos abrazos tiernos, que ha de darme la inocencia, no han de templarme, y severo de ellos me he de apartar yo, y con impulso violento he de recogor la sangre, que ya a un golpe fuera menos el dolor siendo la furia aún antes ruina que intento? Y desde el primer suplicio he de pasar al postrero, que asaltado o prevenido, de quien en rigor tan cruento (aunque en tan pueriles años) me diga con llanto tierno y dulce voz: Padre, padre, por qué me matas? qué he hecho: y siendo fiscal su sangre, he de ser dos veces fiero Yo he de ser su patricida? tan inhumano y protervo yo he de ser? Mas si he de ser; y aún más he de ser, supuesto, que después que de sus venas el humor saque sangriento, he de ejecutar la hazaña mayor, el más estupendo caso, la acción más extraña, y el más terrible suceso, que en mármoles y en historias dio la pluma al universo; porque mi fineza explique la amistad de mi fiel pecho; porque Alejandro conozca, que pago lo que le debo; porque mi esposa disculpe la obligación de mi empeño; porque su padre acredite soy amigo verdadero; porque mis hijos perdonen el rigor de mis intentos; porque todos se lastimen en mí; y porque en todo tiempo por el ámbito del mundo vuele la fama, diciendo, que Don Jayme de Cardona, a su obligación atento, fue el monstruo de la Amistad para admiración y ejemplo. . Si lo serás, que invisiblo he estado a todo atendiendo, y el Cielo así lo dispone para el más raro portento. De los amorosos brazos de su madre a este primero robé, que en su lecho blando estaba entregado al sueño. Nadie ya sentir me puede, por estar todos durmiendo; cuyo silencio apadrina de mi impiedad el somento. Ay de mí! mas yo suspiro tan al principio? Ea, esfuerzo, como he de acabar valiente lo que tan cobarde empiezo? junto al lecho de Alejandro le pondré. Oh alto y supremo benigno Dios! a qué fin permites estos portentos, sino porque Ángeles y hombres te aplaudamos y alabemos? Del modo que le saqué dormido, de ese le dejo prevenido a su tragedia. Por la otra víctima entro: pasos turbados, qué hacéis? ay de mí! que a andar no acierto. Mas, corazón, si es fuerza, qué aguardas? ya es toy resuelto. . Quién, si aquesto no lo viera, mortales, pudiera creerlo? Venid, pedazo del alma, porque en sacrificio cruento mi llanto, si no me mata antes::- M s yo me enternezco ahora, cuando es ahora mas importante el esfuerzo? Atropellemos por todo. Venid pues, pimpollo tierno, al suplicio, donde seáis aún más víctima que reo; siendo mi propia crueldad contra el ser que os di yo mismo, el más impropio Verdugo de dos inocentes cuellos. . Pues es tan permitido el tiempo sincopar a breve instante, y objeción nunca ha sido, habiendo visto que del lecho amante a Leonor le ha robado de los brazos, en dos hijos, del alma dos pedazos, y al suplicio los lleva, previniendo cruel el instrumento; el brazo al golpe prueba, que retrocede el mismo sentimiento: mas ya de la inocencia a breve herida, compra su sangre a costa de una vida; y ya pasa cruento a su segundo Isaac, que no advertido de su mal soñoliento, la vida rinde al úíltimo gemido; y del purpúreo humor un vaso llena, que aún más le inunda el llanto de su pena, y ya a Alejandro baña con el licor, y le hace noticioso de crueldad tan extraña; y entrambos en un lance tan forzoso, llora triste Alejandro de terneza, y Don Jayme del dolor de su fiereza. Mas habiéndole abrigado, ir al lecho se resuelve, donde soñando Leonor lo propio que le sucede, en fantásticas ideas agoniza lo que duerme. Tan turbado va Don Jayme, que del tacto propio pierde el acerado instrumento, que fue agresor de dos muertes: y aún la antorcha, que llevaba en la izquierda mano, al débil impulso de sus temores deja caer, porque advierte, que luz que guió a un insulto, no es justo que alumbre a verle. Tropezando ya en sus ansias, buscando va su retrete, cuando a aqueste tiempo mismo ya Leonor de las especies del sueño, mal persuadida si son ciertas o aparentes, busca en el lecho a sus hijos, y no hallándolos, desciende de su lecho mal vestida, y buscándolos con crueles ansias viene aquí: mas si ella tan presto decirlo puede, dígalo ella. . Virgen pura, amparadme, socorredme, que tropezando y cayendo, mi sobresalto hallar quiere mis hijos, a quien el sueño difuntos me los promete. Adónde estáis, hijos míos? que aunque turbadas se prenden las plantas y pavorosa aquí caiga, allí tropiece, . no he de parar hasta que os halle: Cielos, valedme! Mas al caer, un cuchillo, rayo vengativo, advierte mi temor, y una apagada luz: geroglifico es este de mi mal; pues si mis hijos eran luces refulgentes de mis ojos, y apagadas el sueño me las previene, o yo sueño lo que veo, o anuncio lo que sucede. Mas escrito el suelo admiro con purpúreos caracieres, sangre, acero y apagada luz? mi mal es evidente. Y pues sangriento cometa, que alumbra con lo que ofende, es esta vertida sangre, para que el presagio encuentre, de senda me sirva. Pero o el temor sombras me miente, o son mis hijos: mas no pueden ser, que si lo fuesen, al susto ya hubiera muerto, o no ser su madre. Deme valor mi mal, para que a mejor luz lo penetre. Mis hijos son: desquiciados los Cielos do sus dos ejes caigan sobre mí. Queridos pedazos del alma fieles, quién bárbaro en la crueldad, o en el rigor inclemente, hizo tal suplicio? Quién tan iniquo, habiendo Jueces, a una indefensa puericia rompió las comunes leyes? Cuál astro con el aspecto malévolo en su ascendente, si como rayo os influye como relámpago os hiere? Que caribe el más impío, en opulento banquete sirvió el exquísito plato de dos puros inocentes? Qué idólatra en sacrificio en las aras más infieles hizo inmolación de indulto, quedando más delincuente? Qué bruto que el heno pace, qué fiera, que el Nilo bebe, se cebó con ignorancia en la inocencia más débil? Quién como Leona, que rugiendo el monte estremece, y viendo a sus hijos muertos, darlos vida a extremos quiere, nuevo aliento os inspirara, aunque la vida perdiese? Mas pues no puedo lograrlo, por más que mis ansias crueles el corazón las exhale en llanto que el dolor vierte; pues me ha de acabar la pena con tormento más vehemente, sea este instrumento mismo (que vengativo y aleve dividió vuestras gargantas quien me dé airado la muerte; siendo mi brazo el Ministro, mis ansias quien lo sentencie, quien lo llore mi dolor, y en mi misma por mí os vengue. Ya os acompaño, queridas preudas del alma. Detente, que ese castigo sin culpa ( ay de mí!) no le mereces; yo sí, que excediendo a todos cuantos tiranos contiene el ámbito de la tierra, hice crueldad tan aleve. Yo he sido quien esa sangre, que brota en puros claveles, por dar la vida a un amigo, vertí. . A Alejandro? cese tu voz, que ya el vaticinio, que tanto temí, le advierte: o nunca le hubieses visto! Oh nunca noble naciese! Destino airado: Hado injusto: Cruel estrelía: Lflajo aleve::- Cómo no me ahogan mis ojos con los raudales que vierten? Como el dolor no me mata con la angustia que padece? De bronce soy, pues no muero. Mármol soy, pues soy viviente. Qué pesar! . Qué sentimiento! Qué quebranto! . Penas crueles, ya que fui yo el patricida de esos puros inocentes, y cumplí con mi amistad; con el amor cumpla en este dolor de perder mis hijos, pues lo que más dije hiciese, fue que con el mismo acero mi vida así:: . Qué hacer quieres? Matarme. . Primero yo::- No tal juzgues. . No tal pienses. Quita. . Aparta. Porque yo he de ser quien se dé muerte, aunque el mundo lo estorbara, el primero. . Tente, tente, que el alma de ambos peligra con la acción a que se atreve; y a quienes fe sobra, es bien que la esperanza aproveche: pues María, que es fiel Madre de Desamparados, puede tanto con Dios, que a tus hijos (como con fe se lo ruegues) los restituirá a la vida, desde el horror de la muerte, que el Altísimo Señor a. te permitió lo inclemente, por premiarte lo piadoso, pues ya el prodigio le debes de que Alejandro esté sano; y en señal de que hacer quiere por ti el favor que le pides a su Madre, antes de hacerle, por si todas las campañas de las Iglesias se mueven, a cuyo asombro admirado el Pueblo diciendo viene::- Milagro, milagro. . Dime, pasmoso joven, quién eres? El Ángel de Guarda soy de Leonor. Espera. ̱. Tente. Ya se desapareció de la vista. . A tan patente maravilla, pues ya el Sol alumbra con rosicleres, llevemos nuestros dos hijos a las aras reverentes del Sol de Desamparados. Porque con más se los lleve el celo veamos si Alejandro sano esta: mas ya aquí él viene vestido: raro prodigio! Extraño portento es este. A daros vengo las gracias de mi salud; y pues de ese Paraninlo escuché cuanto os anunció reverente, vamos a llevar los niños a la Virgen y a ofrecerle mi vida, que emplear intento en servir a su Hijo siempre. m. Dadme los brazos. . Los míos lo mucho que os debo muestren. Vamos, que de se ya creo, que vida ha de concederlas María a mis hijos. . Vamos, que de se puede creerse. Milagro, milagro. . Dónde esta maravilla sea dudo. . Pues adonde quieres, que tantas, señor, se vean, sino en la Capilla de María Señora nuestra, que es de los Desamparados? Sino nos mienten las señas de la gente, que allá acude, que es verdad se manifiesta. Entremos, puesto que francas a todos están sus puertas. Vamos todos. . Ya os seguimos. En ocasiones como estas, por la devoción se suplen las que nulidades sean. . Mas qué miro! Mas qué advierto! Que delante de la excelsa Soberana Pura Imagen, con humilde reverencia están Don Jayme y Leonor de rodillas; y otra nueva maravilla con Don Juan Don Alejandro Torrellas Votto, está, y ayer desahuciado estaba. . Qué será esta a novedad rara? . Atendamos, que ya a prorumpir empiezan; como en rogativa fiel, sus voces. . Divina Reina,. Madre de Desamparados, porque a cobrar vida vuelvan mis hijos, os los consagra hoy mi fe en las aras vuestras. Muevaos, Señora, mi ruego. Mi dolor os enternezca. Mis lágrimas os obliguen. Compadezcaos mi terneza, pues a vos os debo, Virgen, la salud de mi dolencia. Qué deprecación será F Con licencia, en VALEnciA, en la In en donde se hallará esta, y otras la suya? . No sé cuál sea. Ya vuestro ruego atendió la poderosa clemencia, y ya alcanzó de su Hijo, que a vivir los vuestros vuelvan. 1. Madre mía. 2. Padre mío. Qué es lo que veo? 1. La Reina del Cielo nos dio la vida ahora. . Dicha suprema! Gran prodigio! . Gran milagro! Sedle con fe verdadera, mortales, todos devotos a María. . A vos, suprema Imagen, nuestra fe debe el consuelo en nuestras penas. Hijos, llegad a mis brazos. Vida mía, al pecho llega. Amadas prendas, el llanto en júbilos se convierta. Él felice parabién os demos, aunque sea fuerza carecer de tal noticia. Quién dio muerte tan sangrienta a vuestros hijos? . Después de todo os daremos cuenta. La enhorabuena, Don Jayme, os doy yo con más afecta obligación de pariente. Mis brazos respuesta sean, como pedir al señor Don Pedro Luna os conceda nde Doña Isabel la mano. ̱. Yo la ofrezco. . Pues aqués: es la mía. . Y con la mía Oiago agravios con finezas. Yo en la Religión sagrada del puro sol de la Iglesia Domingo intento acabar lo que de vida me resta. Pues yo Donado seré. Y yo me caso con Celia. Y aquí, Senado discreto, da fin aquesta Comedia, cuyo verdadero caso el argumento comprueba. Del monstruo de la Amistad, perdonad las faltas nuestras.