Texto digital de El monstruo de Cataluña y peñas de Monserrate
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- Francisco Antonio de Bances Candamo Probable
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El monstruo de Cataluña y peñas de Monserrate. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/monstruo-de-cataluna-y-penas-de-monserrate-el.

EL MONSTRUO DE CATALUÑA Y PEÑAS DE MONSERRATE
JORNADA PRIMERA
Lis pantoso Dragón, que con intento de que se incendie la región deel viento la inundas de volcanes, que el abismo te prestó para copia de sí mismo; ya que permiso da el Omnipotente de que venga yo a ser del Penitente, retirado prodigio de estas peñas, expugnador astuto, que alagüeñas baterras poniéndole, destruya la fortaleza de la virtud suya; (. Vuelve a surcar la esfera; bate, bate, (pues a la vista estoy de Monsorrate) la tortuosa cola, y vuela a donde la Monarquía de Luzbel se esconde. Oh Pirámides altivas, o obeliocos, que del Cielo parece al que os ve, que estáis la fábrica sosteniendo; atended, y ved del modo con que lidio, y con que venzo, pues lidiar y vencer yo, es casi siempre uno mismo. Juan Guarí, o Guarín, valiente Catalán, Soldado un tiempo que cobarde ser no pudo Soldado Catalán siendo después de haber dado a Francia (sus Lises de oro siguiendo contra rebeldes feroces muchas pruebas de su esfuerzo: desengañado del mundo, y huyendo sus debaneos, colgó la espada, y se vino al ser de este Monte excelso habitador Penitente, y aún imitador perfecto de aquellos Santos Varones antiguos Padres austeros que en la Tebaida de ligipto pasmo eremítico fueron. Aquí en el concabo breve, oscuro frío bostezo de un Peñasco; aún para Cueva muy reducido terreno; entregado a la Oración y a otros ejercicios, llenos de meritorias virtudes; tanto pesar al infierno causando está; qué Luzbel, Príncipe suyo soberbio, para ver si derribar su fortaleza podemos: A Astarot (que por demonio impertinente, y molesto el Príncipe de las moscas quiere decir en Hebreo) y a mí (de pasiones torpes inspirador) Asmodeo: nos elige parajeses del sitio que le ponemos. Mas con la astucia infernal de que Astarot en el cuerpo de Ríquilda, bella hija del noble Conde Vifredo, (de Barcelona el segundo de los de este nombre entre ellos) se haya introducido, al fin que ha de ver el Mundo luego; y yo fingido Eremita también de este monte mismo; de Juan Guarín solicite la amistad, con el pretexto de querer de sus virtudes seguir el místico arreglo. Y pues cuando militaba era tanto su ardimiento, que casi en su valor eran frenéticos los extremos; la primera tentación con que de su entendimiento la tranquilidad y paz empezar a turbar pienso, la guerra ha de ser usando de fantásticos objetos, que a la vista le presenten los Reales y verdaderos traces, que hoy en las campañas de Vique están sucediendo entre Moros y Cristianos para que excitando el fuego Militar; que ya extinguido está en su valiente pecho; sino totalmente en parte se conmueva por lo enos, y más si ve que va el Moro a los Cristianos venciendo. Ea astucias; el combate contra Guarín comencemos, haciendo que oiga decir entre bélicos estruendos::- Arma, arma, guerra, y viva Carlos de Francia, Monarca nuestro. Viva el valiente Mahomad, Africano Alcides nuevo. Arma, arma, guerra, guerra San Dionis. Mahoma. A ellos. Ya dejando la oración, que es su ejercicio perpetuo, de su cueba sale, al ruido de las voces y los ecos de las militares trompas: y pues que ha sido contemplo eficaz mi ardid; victoria en lo demás tener pienso. Amada quietud mía, qué confusión guerrera, qué bélica armonía te perturba y altera? Cuando escuchó rumores de combate la dulce soledad de Monserrate? Aquí, que solamente con cláusulas suaves oyes canoramente trinar multitud de aves acompañadas del susurro lento, que los árboles forman con el viento: Aquí, que hasta la fiera desmiente sus rigores, y ahujas de la esfera coronados de flores, los peñascos parece que respiran, gracias al Cielo de que en paz se miran. a Aquí pudo la guerra entrar ni a los oídos del que al Mundo los cierra y a sus gustos mentidos, y los ojos aparta de él, huyendo puede llegar el belicoso estruendo? Mas será debaneo, o engaño del sentido. Ya vacilar le veo. Dios mío, qué habrá sido este rumor que a Monsérrate aterra? Mover contra ti yo::- Arma, arma, guerra. Valor, fuertes africanos. Cristianos nobles, aliento. Viva el valiente Mahomar. ̱̱. Viva el gran Carlos Rey nuestro. Ya de mi duda he salido pues sin saber como puedo, ni penetrar con la vista ni con el oído a un tiempo tanta distancia, ni tantos estorbos como hay en medio, veo desde esta eminencia que un valeroso mancebo, que por el escudo, debe de ser hijo de Vifredo el Conde de Barcelona, (pues no pudiera otro menos que un hijo suyo llevarle) se halla en un choque sangriento con los Moros en los campos, que a vista de Vique, el terso cristal del rápido Gurre va fertilizando: el Cielo permita, que de la fe se publique el vencimiento: y si hará, que en vergonzosa fuga, los Arabes puestos, dicen::- Huyamos, pues es imposible defendernos. Volved cobardes, volved; y de mi tomad ejemplo, que el socorro de Aragón no puede estar de aquí lejos. Hasta acabar con vosotros no he de envainar el acero. Seguidlos, hijos. Seguidlos; que, si pudiera, hasta verlos derrotados, el alcance no dejara. Aunque en el pecho de Guarín ha hecho mi ardid mucho y poderoso efecto, no es suficiente: inspirarle con más eficacia quiero, fingiendo al campo cristiano vencido, y en fuga puesto. Pero qué miro?; De que tan de repente los nuestros la espalda vuelven? Pues que ha llegado a tan buen tiempo el Aragones socorro; la retirada troquemos en abance. Gran Señor retiraos, que es inmenso el número que ha salido de la emboscada. Tencos, hijos, y no malegréis la victoria. No podemos a la nueva multitud de Moros resistir. Esto oigo, y no voy a ponerme al lado de él! Vifredo, Señor, pues nos dejan solos; con las vidas escapemes. Monta en cualquiera caballo, y librate. Ya yo veo que a la fortuna es preciso que ceda el valor. No puedo, resistir a los impulsos de piedad, viendo en tal riesgo a aquel Príncipe Cristiano: y puesto que armas no tengo, árboles, prestadme un tronco. Ya le ha enajenado el celo de Religión. No se escape, Moros, el joven Vifredo. Muera. Por la fe, y por él daré la vida, primero que le alcancéis; pues yo solo basto para deteneros. Ah hermano Guarín, a donde va tan furioso? No puedo detenerme más. Pues yo si que podré detenerlo. Voy a matar::- Jesús! Sea Jesús conmigo. El infierno me valga, que al oír su nombre a quien se le postran Cielos, tierra y abismos, faltaron los santásticos objetos que yo le puse delante, estos ultimos supuestos si verdaderos los otros. Qué mira? Qué hace? está lelo? Sin mi estoy: adónde están las tropas que estaba viendo, los ejércitos vencidos, y vencedor? Ni aún el eco de las voces e instrumentos tan solamente ha quedado militares? Si sofé? Si fue ilusión? Acanemos: Orrio, en dónde estamos? mire Áee, y le mueve. que su hermano compañero Lamparón, es quien le llama. Ya lo veo, ya lo veo. Y yo el que será difícil tu ruina si con el medio de haberse entrado Astarot ya de Ríquilda en el cuerpo, no acabo de conseguir mi deseado trofeo: voy a inapirarle, pues ya a ella y a su padre veo subir la cuesta. No quede en Monsérrate algún seno que no se registre en busca del pasmo de este desierto. otro engaño! otra falaz aprensión! 3 Está sin seso? a salacia y engaño llama el que yo a decirle vengo, que en su busca todo un Conde de Barcelona, Vifredo, viene a este monte? Yo habla bajado a buscar sustento a Monistrol, tropezó conmigo con que sabiendo que soy en la santa vida su socio, el buen caballero me mandó que se lo avise. y yo más veloz que un ciervo se lo llegué a decir, cuando hecho un orate le encuentro asido::- No me lo acuerde: mas dígame:; vio dos gruesos ejércitos peleando? Oyó el rumor a lo menos de la batalla? Guarín, hermano, qué está diciendo? qué ejército? qué batalla? que todo está en un silencio profundo, y como un balsa de aceite: pero ya nuestro buen Conde está aquí. Aquel es Sin duda, Guarín; lleguemos. Si de vuestras plantas son dignos mis labios groseros; dejad que os las bese. Dadme los brazos, que los aprecio mas que un gran estado. Infunde veneración con su aspecto. Sin que mi humildad se agravie, decidme si en algo puedo serviros. Dejad, dejad, que desquicie de su centro esos riscos, hasta que sucesivamente puestos unos sobre otros, rasgando los celestes paralelos logré despeñar conmigo otra porción de luceros. Hoy veré Guarín si puedes mas que Astarot y Asmodeo. . Ya por mí os han respondido los lamentables extremos de esa infelice hija mía, que de los dañados genios poscida está. Qué lindo! Endemoniada tenemos? a Mas qué mujer hay, que no tenga el demonio en el Cuerpo? Qué desdichada beldad! . Apuraron los excesos de la perfección los astros que en su Horóscopo influyeron. a Pues los conjuros no han sido eficaces a extraberlos? con tanto dominio están los espíritus protervos? De los sacros exorcismos compelidos respondieron, siempre que se les apremia a su salida::- Escuchemos, que puede esto ser del caso. Y para qué? m. Yo me entiendo. Que a Ríquilda! que es el nombre que tiene este triste objeto de la desgracia) jamás dejarían, si el precepto no les obligaba de un Hermitaño, que el desierto habita de Monserrate, Varón muy mistico; y puesto que es tan pública la fama de vuestra virtud, y el Cielo me ha concedido encontraros para tan piadoso efecto; este savor os merezca: haced::- Parad el acento, pues faltándome en tal daño méritos para el remedio; que no soy el que buscáis imagino. 3 El nombre vuestro no es Juan Guarín? Mal pudiera negarlo. Pues sois el mismo que el dañado genio dijo violentado. Y si los ruegos de un Padre:- Esperad Señor, que pues indigno me veo, no es bien que cueste un alivio todo el interes de un ruego. Llegue Ríquilda: tu amparo me valga, Señor inmenso. No hipócrita, no, no esperes que se postre mi denuedo a tu voz. Genio rebelde, desvanecido, y soberbio; aunque ni hay virtud en mí, ni caracter digno tengo de que por ella, y por él ose presumir que puedo expelerte, si no solo por obedecer, sabiendo, que el obediente Varón según seguro proberbio) hablará (esto se logrará) victoria; y gran fe teniendo en Dios, que para altos fines se vale de humanos medios: En nombre del que de nada crió todo el universo te mando que de Ríquilda salgas: sal. 3 Como a precepto tan débil y de tan corta potestad, en ningún tiempo (bien que se vale del nombre del Altísimo) el proterbo espíritu de Astarot obedeciera, no siendo para que le sea su ruina lo que parezca trofeo? 3 Como a nombre del Señor, y por la fe que en él tengo te resistes? Y si has dicho que la dejarías luego que te lo mandara yo; cómo no lo cumples? Perro, cata la Cruz; exi foras. Pues tú hipócrita embustero te me atreves? vivo yo::- Que me ahoga; presto, presto, favor, favor. Agradece a lo que yo sé, el que dejo cin castigo a tu osadía, que si no::- Ay Dios, que me ha puesto a mordiscones como a un San Tázaro mi pellejo. Ea espíritu infeliz, cumple ya, cumple lo mismo que has ofrecido. Mentí: os engañé: no no quiero salir de la Criatura. Pues repetiré el apremio de inovear el Santo nombre de Dios. Ya, ya te obedezco: pero no tan para siempre como pensáis; oíd esto: porque apenas de tu vista este miserable cuerpo a que oprimo se aparte, cuando con el permiso que tengo de Dios, furioso a ocuparle volveré, así lograr pienso, que con él la dejen, y obren las máquinas que somento. Sal, que después::- Ese triunfo te ha de costar muchos riesgos. Venéisteme Guarín: tiemble de mí todo el Universo. Vete con dos mil demonios. Qué asombro! Qué gran portento! Hija, Ríquilda. Del susto he quedado haciendo gestos. Yo estoy como si en Monseny estuviera por Enero. Yo siento en mi hancia Occidente no sé que olores muy feos. Ay infeliz! Alma albricias, que cobra el perdido aliento. Yo, sí, cuando:: mas a donde estoy? Ríquilda, en el centro de nuestra dicha, pues es aqueste extraño portento en virfud, a quien tu alivio y mi consuelo debemos. Pues permite, que hecando, reos tu mano, a tus pies mi atecto agradecido se postre. Todos ejecutaremos lo mismo. Tened, que a Dios Solo el reconocimiento se debe, no a mí; que soy un miserable instrumento no más, de que se ha valido, para lo que no sabenies. Amada Prima en mis brazos el parabién te prevengo. Yo con los míos, Garsenda, le admito. Si del ingenio será esto invención? La historia lo dice de verbo ad verbúm. Permite, Señor, que extrañe que aquí mi hermano Vitredo no esté. Con Pedro Alemany, aquel ilustre guerrero, que mi Señor Balduino, Conde de Flandes primero, me dio cuando de allá vine, celebrando el casamiento con su hija, y Madre tuya, para que con su consejo, valor y prudencia, fuese mi norte en este gobierno de Barcelona, (que Conde de ella viene a ser lo mismo que Virrey o Capitán General; por el Rey puesto) Salió a la campaña contra Mahomat Alí, que soberbio Rey de Vique se intitula; y alguna invasión ha hecho) en mi Condado, y es justo castigar su atrevimiento. Como mi triste accidente me ha tenido sin acuerdo tantos días ha, Señor no he sabido que Visredo mi hermano, hubiese a campaña sálido tráígale el Cielo con las fortunas, que yo como hermana le deseo. No serán tan venturosas . si lo que vi sale cierto. a Mas qué inquietud por la vista se na introducido en mi pecho? Yo en fin Juan Guarín. Señor, por dos partes subir veo . Caballeros, que dejando así que han llegado a veros los caballos, a los que vienen de posta con ellos, a vuestra presencia llegan. Ramón Polch, este es, e infiero, que del Ejército aviso trae de algún buan suceso. Y este Arméngol de Moncada que ha estado en Francia, sirviendo a nuestro Monarca Carlos. A quién por el poco pelo le llaman Carlos el calvo. 2. Dadme Señor, los pies vuestros. Alzad Folch, Moncada alzad, que tanto honor no merezco. De vuestro hijo es esta carta. Y del Rey es este pliego. Antes que todo es el Rey: abrole, y su firma beso. Conde, estando los Normandos de cada día más ciegos en su rebeldía, y que esta llama se va de mi Reino con nuevas sublevaciones en varias partes prendiendo; con las tropas catalanas, que embarcar podáis más presto, vendréis a Tolón, en donde a ellas, y a vos os espero; porque con vos, y con ellas darles el castigo quiero. Yo el Rey. Señor, está toda la Francia en terrible aprieto, si Cataluña y su Conde no van allá luego, luego, a volver por el honor del Monarca. Qué esto a tiempo llegue de estar en campaña la mejor gente que tengo contra el Moro! Pues hay más que ir yo allá, y de aquellos perros no dejar uno sin que le pasemos a deguello? Están allí Pedro Alemany, y también mi hijo Vifredo, y Ramón de Folch, que acaba de llegar. Pues si están esos, no se necesita más para saber que vencieron. Lo que os escribe mi Primo, ved, Señor. Fuerza es hacerlo. Padre, y Señor: A Mahomat en diferentes encuentros le hemos derrotado, tanto, que casi deciros puedo, que si en Vique no se encierra, no le queda otro remedio de estorbar, que con su vida pague sus atrevimientos. Hasta el Gurre le he seguido, y mañana en Dios espero de suerte atacarle, que esta Campaña acabemos con la gloria que os desea vuestro humilde hijo Vifredo. Luego Pedro Alemany dice, La menor duda no tengo Gran Señor, de que masiana conclugamos su escarmiento: Polch dirá en el triste estado que quedan los Agarenos. Alemany. De esta manera servir al Monarca puedo con las Catalanas Tropas de lo que pensé más presto: y así entretanto que llegan, y las Reclutas hacemos con que remplazar las que hayan en esta experición muerto; dejar para su defensa bastante guarnición dentro de Barcelona, y las otras Plazas del Condado nuestro, del cuidado con que vine a Isonsérrate, irme intento desembarazado: Juan puesto que el dañado genio dijo al salir de Ríquilda, que a ella volvería luego que se apártase de aquí; que se quede con vos quiero acompañada de Flora, hasra que sin el recelo, de que otra vez su salud peligre todos estemos. Llevad, nañor vuestra hija, que ninguno habrá tan nocio, que al Padre de la mentira dé crédito. Yo no tengo otra habitación más que esa escasa Cueba, bosteno melancólico del basto embrión de aqueste Cerro; pues aún de Santa Cecilia la hermita. De quien Santero soy por merced del Obispo de Ianresa:::: Está tan lejos, que ::- Y aún ella le sería incomodo acogimiento; y así Señor:- No prosiga, que pues lo más le debemos; a mi suplica no es bien niegue su piedad lo menos. En tanto que aquí Ríquilda permaneciere, en el Pueblo de Monistrol a la falda de Monserrate, en que tengo mi más deliciosa Quinta; estaré a todo atendiendo desde allí: Y pues excusaros no podéis a lo propuesto, quédense las dos, que ya mis Criados: pero de esto no os cuidéis vos: A diós hija. Con harta pena obedezco vuestro precepto. Esto importa de los dos para el sosiego. Venid Folch, venid Moncada. No entiendo este pensamiento a qué sin es. No sé yo si el Conde anda cuerdo en esto. Adiós Prima. Adiós Garsenda. Pues no puedo convenceros; hasta doblar la alta punta do ese Risco, en que el descensó para Monistrol están y montéis; en vuestro obsequio iré. Y yo hasta que la mano os bese mil veces. Eso no puedo negaros. Cuanto ser hija obediente siento! . Hermanitas, si es que gustan elas sorviré de bravero, que el hábito no hace al Monje impolítico, y grosero 2. Viva el Hermano mil afíos. Aquí estamos para eso. Jesus hijos; abrenuncio: vayan con Dios ellas, y ellos: Si logro entrar a servir al Conde, la Hermita dejo, que estoy harto de estar de lambre satisfecho hasta el pezcuezo. . En Malignos Genios infernales, albricias, que según ciertas señales, creo ya que es segura la victoria nuestra contra Guarín. Ya su me- moria, su ciega voluntad, y entendimien- to, muy preocupados de un amor vio- lento, estan en tal conflicto; que imagino, que si no calma el Hacedor Divino la tempestad, que somenté en su pe- cho; mísero esclavo nuestro le hemos he- cho: Y para más asegurar su daño con la falsa apariencia de Hermi- taño cautamente con él introducido ver ospero mi triunfo concluido. Ya el Conde con su séquito, to- mando literas, y caballos va bajando a Monistrol, dejándose a su hija con Juan Guarín: mi conjetura es fija, que si es gran riesgo una Beldad mi- tud, a solas, qué será comunicada? Ya las conduce a la Criada y a ella hancia su Cueva; y la infeliz Don- cella luego que sola se ha quedado, llora, y conociendo su disgusto Flora, la consuela divierte, y entretiene; y aquí Guarín confuso, y triste viene. Ya que solo me he quedado, examinemos, deseos, qué ceguedad es la mía, y que peligro es el vuestro. Vi a Ríquilda, y admiré tu perfección; ah, qué presto el error de haber mirado tan justamente le peno! La que empezó sus pensión se fue pasando a embeleso, para que la voluntad rindiese al entendimiento. Valime de la razón, porfié contra mí mismo, y cuando creí podía triunfar con solo ir huyendo; manda el Conde que Ríquilda (qué ocasionado precepto!) se quede aquí: Fingiré, pues no me vio, que ahora llego. Para ver si::- Penitente asombro del Universo, dónde te ocultas! 3 Mas quién con su voz mi torpe acento suspende? Juan Guarín, donde te podré hallar; mas que veo? Si soie el favorecido de Dios, si sois el que dieron canonizados aplausos sus muchos merecimientos; y en fin, si sois Juan Guarín a quien yo buscando vengo; no me neguéis vuestras plantas. posa. 3 Qué hace? levante del suelo, que el nombre del que refiere, y no los méritos tengo. Dígame quién es? adonde habita, y cuál es su intento? Bien presto te lo dirá el ravo aún antes del trueno. Mi nombre es Ergasto: el más horroroso oscuro centro que yace al pie de ese risco, es? mi habitación; y habiendo de la eremítica vida observado los preceptos muchos años; le pedí a Dios (al nombrarle tiemblo?) me descubriese quien era en el Orbe el más perfecto Siervo suyo; y a porfías (que a la Deidad yence el ruego) me reveló que eráis vos, y que habitabáis aquestos despoblados; con que ansioso a solo imitaros vengo, si en la escuela de la vida os mereciere, Maestro. Ay de ti oveja, que el lobo viste la piel del Cordero. Por mucho que lo examine, razón alguna no encuentro, que lo que deéis abone: mas no me excuso por eso de que en mi tengáis, Ergasto, un amigo, un compafero de quien fiaros podéis. Sin duda le trae el Cielo a este hombre para enfrenar mis amagados despeños. Fortuna tan soberana, no sin vanidad la acepto. De esta suerte aconsejurle podré a su ruina, y supuesto que por mí esté en su poder Ríquilda, vencer espero, pues la mujer es peligro mayor que el demonio mismo. Hacia mi Cueba venid (pues llegar a las dos veo explayándose a esta parte) y os descubriré mi pecho; pues más que vos de mí, yo necesitar de vos creo. Ya os sigo: desde hoy verá . el mundo lo que yo puedo. . No te divierte Señora ver tan bello a Monserrate? La pena que me combate no admite diversión, Flora. Pues qué tienes? No sé yo como explicar lo que siento: todo es asombro y tormento desde que a Guarín vi yo. 3 Quieres que con lisonjeras voces algo cante? di? Qué importa decir que sí? Caata, Flora, lo que quieras. . Lo más cruel de un pesar, de una fatiga violenta, es que cuando más se sienta menos se puede explicar. Parece que adivinaste la angustia que me penetra: Jamás oí mejor letra, Flora, que esa que cantaste. Pues la repetiré. No; que viendo que me desvío de la Cueva, ese horror mío se acerca aquí. Y quién es::- Yo::- hechándoos menos, Señora, ausioso os vengo a buscar, por si es que queréis tomar algún regalo. No es hora. Almibares y conservas varias dejó vuestra gente, y aunque no es mesa decente, lo serán flores y hierbas. Si Señora, ven que ya justo es se coma y se beba. A la boca de la Cueba todo prevenido está: Venid. No, no es menester que conmigo vengáis vos; quedaos. La senda, las dos no la podemos perder. Me quedaré si os obligo. Renovó el verle mi horror. Qué aspereza! qué rigor! etr De ello (oculto) fui teerigo. Dejadlas ir y decid vuestras penas, no tengáis reparo, que en mi encontráis un amigo proseguid. Ya que mi, desasosiego, amado Ergasto, te he dicho, y que a instancia de un capricho se va duplicando el fuego; con tu virtud singular me ampara amigo, pues se que de esa suerte podré yo de mí mismo triunfar. Juan, estima tu desvelo, y aquesa inquietud abona, pues con ella una corona te va fabricando el Cielo. De la hermosura el poder logra Ríquilda cifrar; luego consigues triunfar pues te da que merecer. Cómo, si aún cuando procura resistirse mi pasión, se pone mi indignación de parte de mi locura? Bien ajeno de pensar en los Babeles del mundo, del sosiego más profundo gozaba el bien singular: cuando con asombro mucho me extraen de mi quietud, de guerrera multitud voces, y estruendos que escucho. Vi a un joven: pero ya de esto cuenta te comencé a dar: esto me empezó a excitar, pero fue con fin honesto. Vi a Ríquilda (oh triste instante!) mas luego que la vi, infiero que lo piadoso y guerrero se volvió en torpe y amante: los impulsos del valor son justos y naturales, pero injustos e infernales los efectos de este amor. Yo me abraso: todo el etna en mi corazón abrigo. Eso sí, vayan sus ansias labrándole el precipicio. Yo no basto contra mí. Ahora es auxiliares míos, . ocasión de que en su pecho meroduzcáis el abismo; pues tan imposible os veo Juan Guarín de reduciros a procurar el volcán apagar, que tan altivo vuestro corazón abrasa; yo dijera:- No remiso estéis, cuando los consejos os pido que necesito. 3 Qué me dijeráis Ergasto? No sé que os dijera, amigo, porque es tan inadmisible de vos el dictamen mío::- No lo será; proseguid. Ved que aún tiemblo de decirlo. Pues yo de escucharlo, no. No que os conforméis os digo, Guarín con mi parecer; Sino que si yo en tan vivo fuego de amor me mirara abrasar: hasta extinguirlo no parara Y con qué medios? Con los que dicte el cariñio, ofrece la soledad, brinda la ocasión, y el mismo rendimiento facilita con quejas, y, con suspiros. Y me juzgáis tan ajeno del conocimiento mío, que con esto solo pueda presumir desvavecido conquistar un imposible? Pues si no es bueno el arbitrio de lo obsequioso; apelad ciego, amante y atrevido a que logre la violencia lo que el ruego no ha podido. No Ergasto; que aunque olvidado ya de Dios, y de mí mismo, de mi pasión arrastrado en la culpa he consentido; veré si cortes siquiera a una esperanza la obligo. Bien: pero no me volváis a hablar en vuestro delirio, si después de aconsejado obráis por vuestro capricho. No os desazonéis; tened piedad de mi mal, amigo. Porque la tengo, hablo así. Pues yo resuelvo:- Decidlo. No sé; que entre cobardía, ceguedad, amor, peligro, respeto, conocimiento, ocasión y desvarío; que he de hacer, si no caer de un abismo en otro abismo? . Ese es, miseros mortales, el triunfo que solicito; y en el que este desdichado que venga a dar es preciso. a Hombres que os quejáis de mí porque a pecar os incito, porque os combato, y las culpas apetecibles es pinto? 3 Os quito yo la mamoria de que es un Dios infinito al que ofendéis, y que no hay tentación o influjo mío que no le podáis vencer con la oración, el martirio Santo de la penitencia, invocación del divino nombre de Dios, y otros modos de conseguir sus auxilios poderosos a sacaros de los mayores peligros? Pues no os quejéis de mí tanto, quejaos de vosotros mismos, Siendo más que yo vosotros de vosotros enemigos. Engañé a Guarín (es cierto) con el aparente viso do hombre penitente, y dado a virtuosos ejercicios. Consúltome los trabajos de su espíritu rendido a un desordenado amor. a No vio en los consejos míos la seducción, la malicia, y los patentes desvíos del camino verdadero de la virtud? Flarto indicio tuvo de que (aún siendo humano) no le hablaba como amigo de su salud; si no como un pérsido, un fementido consejero, desooso de perder más al perdido. 3 Qué diligencias ha hecho de hombre timorato y pío? a Qué oración, qué penitencia, que lágrimas, que suspiros ha prosentado en las aras, del Señor, ni a que Ministro sagrado suyo a pedirle consuelo en su pena ha ido? Nada de esto ha ejercitado; a nada de esto ha acudido; sino a soltar ciegamente las riendas a su delirio; pues no se lamente luego del yerro que ha cometido, porque yo lo induje a él; sino porque no se quiso valer de los medios santos de la gracia impetrativos a que ni se niega el Cielo, ni yo basto a resistirlos. Pero aunque de él he triunfado, y Dios por sus altos juicios huya, que tan gran pecado cometiese permitido, corno el haber con violencia ajado un cándido Lirio; aún satisfechó no estoy, aún del todo no he vencido, hasra, que sus mismás culpas, precipicio a precipicio añadan: mas ya su culpa contristándole a este sitio. le trae saldrele al paso para esforzar su delito. Adónde pudiera yp ocultarme de mí mismo? 3 Qué trae hermano, turba do el rostro, el color perdido? (alguna novedlad grande temo) ya::- Si ya no os ha dicho la vergüenza del semblante mi maldad, Ergasto amigo, sabed::- Ea proseguid, que yo de nada me admiro. Que a Riquilda, loco y ciego, (o quien hallara un estilo que bástase a declararlo Sin la costa de decirlo!) mi ceguedad::- No digáis mas, que el menos advertido. podrá comprender los fines. os no ignorando los principios de vuestra pasión tenaz: Mas como a quien ha tenido para cometerlo aliento falta para repetirlo? Porque hay errores tan enormes, tan sacrílegos delitos, que es más improba insolencia que ojecutarlos, decirlos: tomé en vista del error que causaba en sus oídos mi persuasión amorosa; que faltaba de aquel sitio la criada::- Mis astucias la sugirieron motivo. Y Lamparón con el Condo bajó a Monistrol::- Lo mismo hicieron con él. Tomé:- El postrer consejo mío? e gozpe Sí, postrando del candor mas puro el fuerte castillo a su pesar y a favor de un desmayo, o parasismo que la trastornó en estatua cándida de mármol frío. Aunque negarte no puedo ser execrable el delito; el perdón alcanzarás de Dios, como arrepentido le pidas: pero hacia el Mundo se ofrece un reparo digno. Cuál es? Que si tu pecado se hace público, es preciso que tu virtud se imagine hipócresla en el siglo, dando escándalo tu vida y escarmiento tu castigo, y el ser de un hombre consiste en la opinión: luego es fijo, que no estimará tu fama quien supiere tu delito. Pues qué puedo hacer? Dar muerte a Ríquilda. Yo? qué has dicho? Lo justo, pues solo Dios y yo somos los testigos de tu pecado; y faltando Aiquilda, no queda indicio contra ti; no te detengas, que si procedés remiso, y viene Flora; malogras el proyectado designio. No tienes valor? qué dudas? Hállome, desprevenido de todas armas, con que poder matarla. Conmigo (porque ocurren en los montes, ademas de los peligros, necesidades que piden semejantes utensilios) le traigo yo: su garganta siega con este cuchillo. Venga: en cada pie parece que muevo un monte: hado impío, pues para acción tan infame, para insulto tan indigno me prestas valor, sin duda de alguna fiera soy hijo. No vienes tú? Yo me quedo, por si a Flora venir miro, a detenerla, y matarla si conozco que es preciso: anda, Guarín. De esta vez osado me determino. Que yo le administre acero nadie extrañe, pues es fijo, que facilitar los medios para el pecado es mi oficio? Cobrada, al llegar; la encuentra del desmayo, y su designio ella viendo, exclama::- Virgen. María! Tiemblo de oírlo. Valedme. Muere a mis manos. Por qué me matas, impío? Porque tu inocencia pague culpa que yo he cometido. Ay de mí! Ya ejecutó la mayor maldad, que han visto los hombres. Toma tu acero, que ya ha rendido a sus filos la vida; mas su cadaver dónde quedará escondido? En algún oscuro centro, que los peñascos undidos descubran. Pues tú me ayuda. Si harel, si en esto te sirvo. . Mírala desde su blanco cuello desatados ríos de sangre correr. Ya, ya tu atrocidad grande miro. Oh quién la pudiera dar por sepulcro el del olvido! Advierte Ergasto::- Qué dices? Qué es poco seguro el sitio para ocultar el cadaver. Yo le haré tan escondido que cuando le busques, llegues aún dudarle tú mismo. Pues cómo? Haciendo mordaza de aquesta boca, aquel risco. s, Qué pasmo! Quién eres hlombre que más que humano te admiro? Y con razón, desgraciado, pues soy el que te he vendido. Ay de mí! Luego tú eres nuestro común enemigo? Yo soy, el que para hacerte empezar a dar principio a tu ruina, te hice ver y oír como a ti contiguos ejércitos guerreantes en otros distantes sitios con que su ardor excítase tu espíritu primitivo. Yo el que con la permisión que darme el Criador quiso: el porque, él solo lo sabe, no hay que investigar sus juicios) en el cuerpo de Ríquilda a Astaror, y otros malignos genios, introduje, para que del conjuro impelidos dijesen, que no saldrían aino por el exoroismo de tu virtud, y que como una vez de él ya expelidos) fáltase de tu presencia, volverían a oprimirlo, para que con la ocasión y la soledad del sitio, sucediese la tragedia mayor, que verán los siglos. Y en fin, yo el que en la apariencia de Eremita te he inducido con mis precitos consejos a tan atroces delitos: y agradece, que no tengo licencia del Infinito para publicarlo, pues no hubiera en el extendido espacio del Orbe, en donde por mil diversos caminos no manifestara a todos los vivientes, cuan impíos delitos, dos en un punto hombre vil has cometido; tao para afrenta tuya, como para tu castigo. Pues eclipsado lucero arrojado del Empíreo, padre del engaña, cual el mayor motivo ha sido (dejando los generales, que para como enemigo común del género humano proceder siempre has tenido) para procurar mi ruina? La envidia de que un indigno miserable hombre, mortal gusano, tan aplaudido de admirable varón, fuese; que cuantas veces has ido a Roma, al entrar en ello, por propio impulso movidos los metales sonorosos de las torres, y edificios sacrosantos, se tocasen con señales de festivos, como a un Santo Taumaturgo salva haciéndote a tu arribo. Todo el catalán estado y otros de Reinos distintos en oyendo decir Juan Guarín, están persuadidos a que nombran un Macario, Antonio, o Pablo de Egipto; pero ya acabó tu fama; ya el Cielo, el mundo y abismo Saben quien eres, y que eres::- Quién huyendo de sí mismo, de esta eminencia se irá despeñado::- Yo lo impido. Pues con el cuchillo propio que dejé en sangre teñido de esa infeliz hermosura dándome yo a mí el castigo, me degollaré. También lo estorbaré. Pues precito, e como siendo tú el que inspiras en semejantes conflictos a la desesperación, haces ahora el oficio del corazón más piadoso, más humano y compasivo? Porque esta que te parece piedad, es un artificio de mi furor, para ver que sálida, que camino hallas para responder cuando seas requirido de adonde Ríquilda está; pues ya criados distintos del Conde, con Lamparón llegan, trayendo exquisitos regalos por una parte: por otra Flora, los riscos enternece no encontrando a su Señora, y contigo todos han de dar. Si piensas que te engaño, llega a oírlos. Juan Guarín adónde estás? Ríquilda, Señora? Al mismo tiempo que una tempestad va viniendo que ha estallidos de horrendos truenos, señal da de cuanto está ofendido de ti el Cielo, y yo te dejo, pues ociosas averiguo por ahora mis astucias. Y pues vil esclavo mío eres, e imposible casi tu salvación imagino; pues no cabe penitencia que haste a tanto delito vive lo que quiera Dios sin el humano castigo, mientras vienes a tenerle eternamente conmigo. Esto es por desesperarle, . que no porque se haya visto que Dios no use de piedad con corazones contritos. Esa sí que es la mayor tentación, el más impío influjo que a un pecador le sujieren los abismos vil padre de los engaños, mientes, que el Señor benigno volverá sus dulces ojos a mí, como arrepentido de todo mi corazón me vea: que si hoy mal hijo soy suyo, él siempre ha de ser padre amoroso y propicio. Y pues que mis graves culpas bárbaro escándalo han sido del tiempo, yo haré a pesar del infierno y sus ministros, aunque por ahora el Cielo parezca que vengativo a arruinar va por mí al orbes unos y otros por los riscos anden buscándome, y yo vaya a Roma fugitivo; que sea mi penitencia admiracian de los siglos. Qué tempestad! Juan Guarín. Señora. Abajo, al abrigo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Bestia marina, tétrico bajel, con quien alguno comparó a Luzbel, que como los del mar vierten cristal por la nariz y boca; tu infernal Móngivelo, que hiciera volcán ser (dando aviso el májimo Poder al salobre elemento, y espantar (a no invisiblemente navegar no solo a Barcelona, y su Monjuí, sino a toda la tierra para aquí: y al ver que huello la terrena tez sumerge en el abismo tu altivez que contra Juan Guarín no solo hoy sino contra un arcano, astuto voy ardides previniendo, con el fin de glorias ofuscarle a este confín. No es mi intento renovar iras ahora de que fuera la credulidad del Conde, tanta a la fútil respuesta de Guarín, cuando avisado de que a su hija no encuentran en parte alguna del Monte, preguntándole a él por ella le satisfizo con que de nuevo a un furor sujeta infernal, y arrebatada de una diabólica fuerza, se había de Monserrate ido, sin que diligencia alguna hubieso él dejado de hacer para hallarla, o muerta o viva en todo el espacio de sus intrincadas breñas: satisfacción, que a no ser en virtud de providencia superior, que no comprendo, ser despreciada debiera como digna de mayor apremio, examen y prueba. a Mas si así el Cielo lo quiso, de qué servirá la queja? Dejo también el perar de que en una oscura cueva de Mansérrate esté haciendo de sus culpas penitencia el deshonesto falaz homicida, hecho una fiera racional, un Bruto humano cubierto de ásperas cerdas de la cabeza a los pies, según las sagradas letras que de Nabucodonosor Rey de Babilonia cuentan; que a esto, o poco he de poder, o he de hacer que el mundo sepa que él delincuente fue, aunque o por causas secretas, o por castigo del Cielo, de sus delitos en pena se haya transformado en una tan espantosa apariencia: y voy a que con no haber perdido mi ser la ciencia, no me deja comprender el Cielo que luces bellas todos los sabados bajan desde la celeste esfera a Monserrate.; A qué fin unos fenómenos de esta brillántez se ven? de que maravilla o extrañeza pueden ser anuncio?; Acaso será que el Cielo con ellas cansado de que tan grande reo impune se mantenga como quien dice: aquí están a que descubierto sea las envían? No, que de otro medio mejor se valiera; y si para descubrir algo oculto descendieran; fuera sin duda al cadáver de Ríquilda, aquella tierna cándida flor, que Guarin::- 3 Pero furor no te acuerdas del tesoro Celestial, de la inmaculada perla, que desde que a Cataluña las escuadras Agarenas invadieron, la piedad cristiana escondió en las peñas de Monserrate, porque así librarla pudiera del Mahometano furor, que los Sacros. Templos quema, y las Imángenes santas haja, rompe, ultraja, y quiebra? Sí, pero si ahora casi Barcelona está en la misma prejimidad de volver a su esclavitud primera, a Como ha de querer el Cielo que tal aurora amanezca, tal tesoro se descubra, y salga a luz tal Estrella, para que lo que no entonces, en este siglo suceda? . Oh incomprensibles arcanos! o insondables providencias de Dios! pero hasta apurar a que estas luces desciendan, ya que veo malogradas mis diabólicas ideas de hacer naufragar la armada en que Vifredo navega que desde Flandes por Francia embarcándose en Marsella viene a librar el Condado Barcelones de que vuelva a verse en poder del Moro, que ya sitiada a Manresa, y bloqueado a Monserrate porque de él no se guarezcan de toda la Cataluña hacerse Señor espera: contra Juan Guarín volvamos hasta donde dé licencia el Omnipotente y pues toda Barcelona llena de júbilos está, viendo que ya Monjul ha puesta seña, de que por Levante vienen las catalanas galeras con su Señor, yo he de hacer de modo que el Conde sepa que Juan Guarín vive, y que en Monsérrate se alberga. Mas tanta gloriosa Cruz tremolada en las banderas, slámulas y gallardetes de las naves que se acercan me horrorizan; de ellas huyan por ahora mis cautelas. Vinguí en bon hora el Conpte estimar, tan ben vingursía com es desitjar; fárala raló farala, rala que de golg de veure tor hom boix está vinguí, vinguí, vinguí el Conpte estimat. Ya está aquí vuestro Conde, - talanes, no para descansar de los afanes, que por el Rey de padecer acabo con la guerra Normanda, y junto al cabo de Cruces en el mar, calor y escar- chas, que he tolerado en las prolijas marchas desde Flandes a Francia, y de Marsella a esta de España, la Ciudad más bella, la que es envidia de los Reinos todos, primera corte de los Reyes Godos; la que feliz idea se pregona de la misma hermosura, Barcelona: pues apenas mañana el Sol hermoso su luz nos muestre cuando valeroso pienso salir de Marte a la campaña a destruir la belicosa safia de la Áfricana multitud opuesta, que mi Condado casi todo infesta, porque me ve tres años su arrogancia estar ausente dando auxilio a Francia, llamado de su Rey Carlos segundo contra el Normando ejército iracundo. Pero este corto indispensable espacio que tardaré en llegar a mi Palacio, toma, toma Vifredo, hijo querido, mis cariñosos brazos. Solo os pido vuestras plantas, Señor. Bella Garsenda, sobrina amada, no tu amor se ofenda de que a Vifredo haya abrazado antes. Mis sentimientos siempre tan amantes. de vuestro gusto son, que me pesara si por razón de Dama me abrazara vuestra Alteza primero, que a mi Pri- mo, a quien por sí, y por hijo vuestro es- timo, (y por mi amado bien) pues no era justo por la atención desazonar el gusto: mas vuestra esclava soy de cualquier modo. (todo. Aquí un Heren es el primero en Y hay algo para Laura:- Y para Flora::- 2. De los favores vuestros? 3 Quién ignora que en mi jamás pudo caber olvido de quien en mi casa haya servido, para premiarle bien? De esa manera, un grande ascensó Lamparón espera por maestro de lenguas. De quién dudo. (do, mudo. De vuestro hijo Mirón, que es mu- de nacimiento; mas por mi eficacía ya habla pa, pa, ba, ba, más con que y que violencia! (gracia, Que eres necio infiero. (tero. . Si me despide, vuélvome a San- Perdime por hablar. Luego que aviso tuve tuyo del riesgo tan preciso en que está Barcelona y su Condado, habiéndose tal número aliado de Reyes Moros para conquistarle, pasé a dar parte al Rey, y a suplicarle, que ademas de mis tropas catalanas me diese algunas suyas; fueron vanas mis suplicas, por cuanto está en sus tierras embarazado con distintas guerras su Majestad, mas viendo mis servicios, mis hazañas, y clásicos indicios de mi sidelidad; ya que no gente, me concedió en mejor equivalente por previio y recompensa a mi ponsona Conde en propiedad ser de Barcelona, renunciando el derecho, y sus honores en mí, y faltando yo, en mis Suceso- res. El cuarto Conde he sido en cuanto al inando de vice Rey, al Rey representando como vasallo respectivo suyo; pero ya es este estado mío, y tu yo en falleciendo yo, siendo el primero en cuanto al Señorio, y propio fuero de la dominación: nación valiente ya soy vuestro Señor, e independente de otra cualquiera real soberanía, ya otra no reconozco que la mía con la pensión no más de un feudo honroso a la francesa Lis: Este glorioso escudo es mi blasón por la excelencia de mi sangre vertida en la presancia de mi Monarca, quien, sobre la herida puesta su mano Real de ella teñada; con sus dedos formó::- (Súmo de coro!) las, cuatro barras sobre el campo de oro, que era tan solo la divisa mía; no porque escudo de armas no tenía, pues descendiente ilustre en Alemanía. de los Duques de Austrasia soy y Albanía; (llo; Señor en Rosellón de Horca y Cuchi- de Arria, de Confienty su Castillo; pero quise afiadir a la heredad, adquirido nobleza con mi espada; y así sin más blasón que el campodo oro en España he lidiado contra el Moro, contra el Normando en Francia, y los Bretones hasta lograr el timbre, y los blasones, que la Real dignación me concediese, y yo por mi valor me mereciese. Ya lo ha logrado la constancia mía: con que podéis decir desde este día, que es Cataluña un Soberano estado franco, libre, absoluto, en premio dado a mis hazañas, por quien darle pudo: son mis armas las barras del Escudo, que cuando el tiempo y las edades Peños de Mo que otros Reinos con barras se her- mosean, confesarán sin presunciones vanas, que son aquellas barras Catalanas adquiridas con sangre, y por denuedo del segundo Jofré, Grife, o Vifredo del nombre, Conde vuestro; del pia . No, mi Garsenda, doso Luis el primero, Emperador glorioso, digno Sobrino, y regio Primo her- mano de Carlos hoy de Francia Soberano. Solo en tan elevado personaje, Príncipe de su sangre, y su linaje pudiera el Rey de Francia, y su Co V. Nadie, aunque andado rona, el Condado ceder de Barcelona; haciendo en Cataluña desde antes que la invadieran Arabes turbantes tanta nobleza, (como saben todos) originaria de Monarcas Godos. Pero Pedro Alemany donde se . Yo siempre he discurrido, que en halla? En Manresa, Señor; a gobernarla le envien, así que supe de por cierto que el Moro iba a sitiarla. (ha sido De tu acierto muchas gracias de doy, pues siempre Pedro Alemany de mi bondad querido. Cuando con Quinidilda Esposa mía hija de Balduino, me venía desde Flandes a España, que es mí cuna; me le traje conmigo, y por fortuna Singular siempre tuve que en mi estado hubiese en él tenido un acertado. y un soldado tan ínclito y valiente, que por su Ministro le elegí al ins- tante, que para ir a campaña edad bastante en ti reconocí, sobre denuedo: nunca negar su grande valor puedo. V. Ni yo, Señor que debo a su en- señanza en la primer campaña la alabanza de volver vencedor, pues si no hubiera . Qué celo! el Muro Rey Mahomad; pero su brío, y su prudencia fueron norte mío. Solo el placer de aquella gran para entrar en la Corte; anochecién- pudo templar entonces la memoria de mi pardida desgraciada hija: ay infeliz Ríquilda! No se aslija Vuestra Alteza, Señor, y solo atienda a olvidar tal pesar. eso puede ser fácil para un padre que tanto la estimó? 3 Que dio a su Madre la triste muerte en esta ausencia mía, sino perdida tal? oh triste día! Mas decid, ya que en esto se ha tocado, pareció Juan Guarín? se haya de Monsérrate peña a pesa en busca de Ríquilda ni una seña de él ni de ella encontrar ha conse- seguido. Sin duda algún dragón se le ha (aquella engullido. gran tempestad; de rayo u de cen- tella la furia le alcanzó, y (como sos pecho el viento le llevó cenizas hecho. Señor, como mandaste que viniera luego que fondo en Barcelona diera para ello adelantándome; está todo dispuesto en la Ciudad, del mismo modo, que es vuestra voluntad. Noble Moncada, a cuando pudistéis vos faltar a nada, que gusto mío sea? No he querido Consejero, un Privado conveniente, ser de ningún Cuerpo ilustre recibido, hasta que a oios las gracias le haya dado en la Iglesia mayor, y venerado el santo Cuerpo de la catalana Eulalía martir; ya que aplande ufana mi gratitud, que sea siglo de oro mi edad por la invención de tal tesoro. Oh qué piedad! Qué devoción! por Pedro Alemany sido, me venciera 3. Diola en él, padre a Catalusia (mo entiendo) el Cielo. Ya va, si esto aguardabáis (co- Y Consellers, Ciudad, Obispo y Clero, anhelan veros ya. Su amor infiero. Vamos ya: Ramón Folch esta jornada conmigo a Francia dejaré premiada. Arméngol de Moncada no me olvido, ni de vos, ni otros nobles que han venido a ella en séquito mío: los soldados de tierra, han de quedar desembarca- dos esta noche: mañana la revista general de la gente que se alista he de hacer, y salir: pero que en- presa discurres que urje más? Señor, Manresa está en grande aflicción: Vique ganada Solo los dos castillos de Moncada y Cerbelllón subsisten sin rendirse, y a la conquista vemos prevenirse, de Barcelona el bárbaro africano. En sin Señor, no hay Pueblo comas- cano casi que ya no esté, si no rendido, projimo a estarlo: el arabe atrevido porque nadie en sus riscos se recate, tiene puesto bloqueo a Monserrate; y así que es muy preciso considero de allí desalojarle, lo primero::- Conveniente es echar de su as- pereza los Moros que la ocupan. Vuestra Alteza, me dé, Señor, licencia para hablarle, en cosa qué tal vez podrá importarle, y más si es en secreto. Retirado me tenéis ya; decid. Yo he averiguado que. Juan Guarín con vuestra hija asiste en Manserrate: en una cueva triste ella está oculta y nanca sale de ella, él si que el monte con libertad huella; Yo, porque allí, Señor, me he reti- rado de los Moros huyendo, que han lle- gado a sitiar a Manresa en donde vivo; lo sé muy bien. Gran premio te apercibo, hombre, si hablas verdad. Si bien se mira, nadie decir podrá que esto es mentira; pues ella muerta entre sus riscos yace, y él penitencia en forma bruta hace. Yo os serviré de guía. . . Bien, amigo: pues mañana allá voy, venid con- migo para enseñarme lo que más deseo: que es verosimil este aviso creo; . mas no quiero mostrar que haya po- dido inmutarme esta nueva que he tenido. Qué le habrá dicho al Conde (en vano. aquel villano. A quien lo ignora, es preguntarlo En, Barceloneses, vamos donde a todos honre vuestro amante Conde. Anen endevant, tots de la ma- nera que son exits cantantsins la ribera. A la Catedral guíe, vuestro gozo. Qué júbilo! Qué dicha! Qué alborozo! Aclamad todos tan Rear porsoda. Visca el Conpte, y Señor de Bar- celona. Vinguí en bon hora el Compte estimat Ya al Conde lo he excitado con mi aviso para que sin que falte a lo preciso de su ideada expedición, consiga (y más si al Moro ha decamparle le inbestigar a Monsérrate todo obliga) risco a risco; logrando de este modo; que a Juan Guarín encuentre, pero antes conviene que los bárbaros turbantes le desocupen, y alcen su bloqueo, y para esto es preciso que el deseo de rendir a Manresa les imluya, ya que es más cierta la victoria suya; si el ejército todo se halla unido: y pues distancia para mí no ha habido que estorbo pueda ser de mis intentos, de Mahomad me conviene los alientos ir a excitar para el proyecto mismo. Alas prestadme furias del abismo. . Qué hay de Manresa, Alamir? Que se resiste de modo, que si no va el campo todo, creo no se ha de rendir; y más si llega a saber, que el Conde de Barcelona a socorrerla en persona viene. Será menester al paso salirle, y que antes que se llegue al trance de una batalla, el avance a esa Plaza se le dé. 3 Mas con que gente Vifredo puede emprender resistirme? Mahomad si quieres oírme, yo te lo diré, pues puedo. Benumeya bienvenido. De él la figura he tomado, . pues hallándole emboscado queda preso y mal herido. Como ayer te ofrecí, fui vistiendo el tosco gaban de labrador catalan sin reparar nadie en mí; vi del Conde la llegada, de Barcelona el contento, su aplauso y recibimiento, y aprestos de esta jornada. La mejor tropa que el Conde trae, es la que Balduino Señor de Flandes le ha dado, porque el Frances no ha podido dársela por encontrarse guerreando a un tiempo mismo con Normandos sublevados, y otros muchos enemigos de la Francia, y del Imperio. Las atalayas, ya aviso dieron de haber dado fondo en Barcelona navios y galeras con banderas, que conocer no han podido. Eso es, porque el nuevo escudo, de armas, que el Conde ha adquirido tremolaban en efecto, con este Plamenco auxilio, y el de cuantos Catalanes, que es un número crecido) a refugiarse a la Plaza de Barcelona han venido; la experiencia, y el valor de muchos fuertes Caudillos que le asisten, como son todos los esclarecidos descendientes de los nueve Generales, que el invicto Otger Cátalo a expeler los Moros trajo consigo a Catalufia, y en ella establecidos, y ricos se han propagado en diversos generosos apellidos, que por sus proezas grandes serán honor de sus siglos; Con estos, pues, y el aliento arrogante de su hijo Vifredo, a quien ya viste darte en los campos vecinos a Vique la gran derrota, que todabía sentimos, de Pedro Alemany valiente noble Flamenco asistido, que a gobernar a Manresa y vá defenderla ha venido sin más tropa que su espada, y el valor de sus vecinos; y con el grande favor que espera su pecho invicto de su Dios; y la que llama su abogada el Cristianismo, sale resuelto a morir o vencerte; y yo te digo, que juntes todas tus Tropas, dejando el fragoso olimpo de Monsérrate las que le bloquean, pues sabido es, que un ejército junto, puede más que dividido. Ese, fuerte Benumeya, ha sido el parecer mío. Manda pues, luego tocar a recoger que yo mismo correré en toda la falda de Monsérrate, los sitios en donde cuerpos de guardía haya, para que remisos no esten en juntarse y vengan a los Reales conmigo. 3 Cuando de ti, Benumeya, no fui siempre bien servido? que toquen a recoger, y venid. . Ya te seguimos. Ya el Conde de Barcelona adelantado ha salido de algunos acompañado, Sin que obstánculos su brío halle en agitar el bruto y en recelar los peligros, y ya Guarín, a buscar el alimento preciso Sale de la oscura gruta, de quien es cadáver vivo. Yo he de hacer, sin declarar que es él (pues me lo ha prohibido el Altísimo) que le hallen, y si fuere conocido, puede ser que de encontrarle se origine su castigo. Ved, mortales, cuanto estrago contraen vuestros delitos. . No puede mi flaqueza ya de hambre y sed rendida aventurar la vida, sin que por la maleza salga a buscar el rústico alimento, pues me hallo desmayado, y sin aliento. Porque menos no eche el Conde mi asistencia, y falso no sospeche mi aviso, en la apariencia propia, mi aspecto mismo, y forma mía otro infernal espíritu le guía. Seis días ha que me alejo de la gruta, recelando el encuentro de alguna tropa astuta del agareno Rey, que al pie acampado a Monsérrate tiene bloqueado. Mas ay! que a mi delito, Señor, no es suficiente ni mi aflicción presente, ni mi dolor contrito, pues aunque mares de mis ojos corran y aunque mis culpas laven, no las borran. Como bruto, no basta que ande, quien como bruto manchó del alma astuto la fiel limpieza casta, apero quien sino un bruto con fiereza tal yerro cometiera, y tal torpeza? Aquel el sitio es donde::- (ah memoria, que haces las culpas más capaces de llorarlas!) se esconde aquella ajada flor, o mustia estrella de Ríquilda aquel risco el cuerpo se- lla; más huir de aquí intento, que aunque el ardor mitiga, el común enemigo, de un leve pensamiento aún las cenizas muertas de un olvido, el calor que hubo en ellas ha encendido. Ahora es tiempo, ministros, míos, en que a triunfar vuelva, y así de vosotros uno finja la voz lisonjera de Riquilda, para que él se persuada a que es ella, quien le llama, y al precepto falte de la penitencia. En cada paso que doy hancia la fuga, recela mi temor, parece que muevo un monte: o quién pudiera Cielos! huir de tan torpe pensamiento, que me inquieta toda el alma. Juan Guarín? Si es ilusión de la idea? quien me pudo conocer, teniendo forma de fiera? Juan Guarín? Segunda vez a articular la voz misma vuelve mi nombre, y no veo nadie que formarla pueda en este sitio, sin duda es del demonio cautela. Ah Juan Guarín! Juan? Quién llama? Quien a tu piedad apela: la infeliz Ríquilda soy, a quien tú en esta funesta concavidad sepultaste dejándola ya por muerta: sácame de ella, que aún viva, de Dios la suma clemencia me mantiene, por algún prodigio que a él se reserva. Cielos, qué escucho? esta es de Ríquilda la alagüeña voz misma: qué haré? más como doy crédito a una apariencia vana del demonio, pues para que a cometer vuelva algún error consentido, se vale de esta cautela. Quién desconfía de sí, de caer está muy cerca. Qué respondes? Que no creo seas forma verdadera de Riquilda, si no sombra del abismo que en ti alienta; y así huyendo de ti espero triunfar de ti. Aguarda espera. Es en vano. A llamar vuelve. Juan que a hacer vas? Penitencia. . Pese a todas mis astucias: y pese a mí! que me venza un hipócrita falaz, polvo vil de esta manera! Pero puas abandonada. de la gente Sarracena la falda de Monserrate toda desde la eminencia advierto el Condo que están, ahora de lograr mi idea es la ocasión, retirando Sin que ninguno lo advierta, el dañado genio mío que le guiaba hasta a esta frondosa parte, pues ya viendo Juan Guarín que llega gente armada, vuelve huyendo de que ninguno le vea. Válgame Dios! Mucha gento veo, que hancia mí se acerca: si me habrán visto? y yo estoy muy distante de mi cueva. Dónde me esconderé? Denme algún concavo estas peñas. Por qué has huido de mí, villano? Ya salió cierta mi presunción. Ya que está de donde escapar no pueda, voy a dirigir al Conde hancia esta parte. . Esta senda seguid, que allí está el villano que desea vuestra Alteza. Sí: aquí estoy; y con razón me llamáis villano, en prueba de que si es la ingratitud villanía, y el que peca es ingrato a Dios, en mí esa ingratitud se encuentra. En este llano podéis señor, descansar, qué es esa mucha fatiga. . Y mayor será el gusto que me espera, si logro el fin con que vengo a esta montaña. Si anhela vuestro valor a los Moros, señor ahuyentarlos de ella, ya, como en fuga se ven ir marchando. No era esa la razón de mi venida: y pues no os doy parte de ella, Sin duda que hasta lograrla no convendrá que se sepa. Aquí una grande rotura diviso, que hacen las peñas a modo de natural mina, que el monte penetra; y según la claridad que por otra boca la entra me puede facilitar, sálida, huiré por ella. Dios me valga. Aunque más haga, tu fuga, como yo pueda, no te valdrá! ay gran Señor; muerto llego a tu presencia de asombro y pavor. Pues qué hay? Escúcheme vuestra alteza: Apárteme Señor de vuestro lado sin avisarle en esto anduve errado; mas mi disculpa sea el mismo celo, que de servirle tiene mi desvelo. Llegué a la parte retirada, en donde creí encontrar, (oh generoso Conde lo que os signifiqué que vi algún día; pero al llegar la solicitud mía, solo encontré este mísero ropaje que de Guarín fue penitente traje: recogile, por ver si cierto era, cuando descubro una horrorosa fiera que de la cueva, en donde él mora ha; Sale: a pintarla no pienso que equivale mi rudo labio: un monstruo espan- toso; el cuerpo tiene similitud de oso, es cuadrupedo, pero caminando no con los pies cual los demás va an- dando sino con las rodillas: de cabello a manera de cerda, rostro y cuello cubre de modo que naturaleza, monstruo jamás crió de tal fiereza: Yo, que vi tal asombro veloz huyo, él vuelve atrás el movimiento suyo, como que huir también de mi desea, y en sin me da ocasión para que crea ser de esta fiera el pasto carne huma- na, y siendo así no es conjetura vana el que a Guarín, y a vuestra hija bella los deboraron los furores de ella. Este saco lo muestra, que es diseño! de que fue destrozado cuando el due- fío. Y adónde está? venga una pi- ca al punto. No será bien buscarla en tropel junto: en dos trozos o tres vaya la gente dividida; cercarla es conveniente: unos por allí vayan; otros bajen hacia la falda, y por aquí la atajen otros; que yo, señor, aquí me quedo a ver si viene, y darle muerte puedo, como le den a mi valor espada. Dadle la vuestra vos; . ve con Moncada Vifredo: Ramón conmigo venga, y el que la suerte de encontrarle ten- ga, no la dé muerte, que mi gusto estriba, en que se cace, y se asegure viva. V. Moncada y yo, por esta parte vamos. 1. Con su Alteza nosotros nos quedamos. Con quien me siga a ir por aquí me inclino. Al repecho. Hacia arriba. Hancia el camino. . Ya no se puede escapar; y oyendo la vocería de las gentes, que biscando le van por partes distintas, conoce que de Dios es voluntad que le persigan y le alcancen, y sin que se valga para la huida de ponerse en pie ni alzar tampoco al Cielo la vista, a este descubierto llano se acerca: sobre esta cima me pongo para avisar al Conde y su comitiva que lleguen. Señor inmenso, de más ultrajes son dignas mis culpas, pues como a fiera me acosan, y es la fatiga de solicitar librarme inútil; y pues cogidas o- todas las sendas me tienen; que soy bruto es bien que finja, y dejar a Dios que obre, por sus piedades benignas. Ah del monte! Caballeros, Soldados, venid aprisa, que aquí está la fiera. Todos por las voces se dirijan del Labrador. A este llano llegad, que según se mira, sin movimiento la tiene muerta el cansancio, o rendida. Al llano. Al llano. Aquí está. Nadie, si no solicita defenderse, la haga daño. No es mejor por la barriga meterla un chuzo? . Ninguno la ofenda. El Señor me asista. Extraño Monstruo! Espantosa 2 Fiera, tal vez nunca vista! Rucional bruto parece si con reflexión se mira; pero su cerdosa piel de hombre le desacredita. Veis si os dije bien? Qué veo? Este es el Conde: mi vida, si es que llega a conocerme corre riesgo: de mí misma humildad quiero valerme, que aún en los brutos obliga. A vos se acerca. Señor, apártate por tu vida, no te de alguna guantada. Los pies me besa, y se humilla. Este ensayo es para cuando . te los bese yo algún día, pidiéndote me perdones. Raro pasmo! Esta rendida bruta humildad de postrarse solo a mí, es prerogativa que le indulta de que nadie le haga mal: la gracia mía tienes Labrador, aunque la causa que me traía a este monte, y tú no ignoras, quiere la suerte enemiga que no se logre: tu ahora . con los Soldados que pidas, a Barcelona conduce esa Fiera: la comida, de que veas que más gusta, la da toma con que vivas socorrido en tu pobreza. Señor::- En vano replicas: entrégasela a Garsenda, y que la pongan a vista del Pueblo de mi condal palacio en donde ella diga. Para que no sé te escape, échale fuerte trabilla que aunque ahora parece obeja, puede volvérsete arpía. De las cerdas o cabellos de su cabeza, así asida la pienso llevar. No obstante, lleva gente y de ella cuida. Yo haré porque no se escape de la jurisdicción mía. Pequé como bruto; sufra como bruto las fatigas. . Ea Folch, ea Moncada, pues ya vemos por la orilla del Llobregar, extenderse nuestro ejército, y nos insta el socorrer a Manresa, y (como el caso lo pida) entrar en cumpal batalla con el Moro a toda prisa bajemos de Monserrate, y aunque sea la morisca multitud tanta, y tan poca nuestra gente, aunque lucida, no hay que temer que Dios es quien da Reinos y los quita. Con tan valeroso exorto, quien no ha de vender su vida a mucha costa de Moros? V. Ya de impaciente palpita el corazón, por llegar a las manos. Quién milita por la fe, aunque muera, compra la eternidad. Yo tenía mi cierto miedo más ya erna soy, vomito chispas. Pues a castigar al Moro, y el catolicismo viva. Pues a castigar, . Pese a mi cólera! muerto Benumeya, y no abortan mis iras fuego que abrase a la Cataluña toda? Él, como ofreció, el paraje cercano de Barcelona obsérvaba el movimiento de las Católicas tropas, y una partida avanzada por donde estaba una posta se entró acometiole, y él quedó preso, y tan herido que dentro de pocas horas a la inexorable Parca rindió su alma valerosa. Eso cómo puede ser? si en Monsérrate me informa de lo que a estar prisionero no pudiera. Pues no pongas duda; murió Benumeya. Pues por la celeste antorcha, que su muerte he de dejar tan vengada, que una gota de su sangre, cueste un mar de lu cristiana, y conozca Manresa, que así Mohomad sé lo jura por Mahoma. Tocad al arma, Africanos, y las escalas se pongan a las murallas, sin que cuartel se dé. Al arrma toca, mientras conduces la gente de Peñíscola, y Tortosa. Perros, husta que no quedé en Manresa, ni una sola vida la he de defender. 1. A nuestra Nación no asombran los ejércitos de Jerjes. 1. Ya sabemos las matronas catalanas a la patria defender como amazonas. Si de los Cartaginenses pudisteis triunfar en otra ocasión, no presumáis que triunfaréis de mi ahora. Pues subid perros. Arriba. 1. Pugen, pujen canallota. Arriba. A traídos! Arriba; y quemar la Ciudad toda. 1. Mala pesto os toc; primer aniren tors a la forca. Advierte Mahomad, que ya el Conde de Barcelona el Llobregat ha pasado desbaratando las tropas, que dejaste para hacerle oposición. Poco importa si con mi ejército todo desvaneceré esa gloria. Mahometanos, el asalto suspéndase por ahora, y a derrotar acudamos al Cristiano que nos corta. Que ha de derrotar, si el Cielo (que por cuenta suya toma esta expedición) envía en gallarda humana forma armado de punta en blanco desde la espuela a la gola a mejor Jefe glorioso que guíe, anime y socorra a los Catalanes. Hijos, viva la fe de Dios. Toca a retirar. Antes falta castigaros de tal forma: que solo el nombre os asusta de mi nación valerosa. Y salir los de Manresa a completar la victoria. Ay de mí! Salve el que pueda la vida, que ya se postra la mía a tus pies, invicto Señor. Nadie su persona insulte: no eres Mahomad Rey de Vique y de Gerona? Sí. Pues con tal prisionero y ver derrotadas todas tus formidables escuadras, qué más triunfo, qué más gloria? Ni para mí qué más rabia que el ver que el Cielo socorre a quien la Cruz, de quien huyo en sus banderas trémola. . Mucho es el esfuerzo vuestro, Cristianos; mas mi derrota la debéis a un Caballero, que en el peto una Cruz roja grabada, y un manto blanco cubierto, y que un bruto monta, que con ser bulto de nieve fuego exala por la boca. Este que (según decía Jorje soy) Jorje se nombra, vibrando una fuerte lanza, nos arruina, y nos destroza de suerte::- No digas más, que ya conozco que es obra, del Cielo este triunfo, y que al Santo Martir nos toca aclamarle por Patrón de la Cataluña toda. Entremos pues en Manresa, en donde por tal victoria gracias al Cielo le demos . y de privilegios y honras a sus fuertes Ciudadanos les colme por tan heroica desensa mi gratitud. Besan tus pies nuestras bocas. Pedro Alemany, de explicaros mi gratitud, no es ahora ocasión. Para un Flamenco noble como yo, es la honra de servir bien, al que sirve, su más estimada gloria. Folch, cúrese Mahomad, y hasta que me vuelva todas las Plazas que me ha tomado; prisionero en Barcelona, y hués ped vuestro será. . Sabré obsequiar su persona. Catalanes decid todos, desde hoy por deuda forzosa San Jorge, San Jorge siempre que entréis a lidiar con tropas Mahometanas. Y entre tanto, al son de cajas y trompas decid que viva, y que triunfe el Conde de Barcelona. Viva, y triunfe, triunfe y viva el Conde de Barcelona.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Hermosísima Ciudad es Barcelona: no hallo cosa en ella que no sea benemérita de aplauso: Qué jardines qué edificios! Qué magnificos palacios! Bien de sus ilustres dueños muestran los blasones altos. Y que atención tan laudable en todos sus ciudadanos a sus respectivas artes! Y eso, que aún no ha descansado de las marciales fatigas, porque aún que hayan con el lauro venido ella;, y las demás poblaciones, del Condado, de derrotar nuestras tropas, y a su Señor Soberano restituido muchos Pueblos (por vosotros usurpados en la ausencia de su Alteza;) con todo sin el descanso de una larga paz, no pueden florecer los artesanos, producir la agricultura, ni el comercio estar medrado, bien que a los Barceloneses, nunca ha podido estorbarlos para lidiar con vosotros, lo industrioso a lo Soldado. Uno de sus más gloriosos timbres, es el de que cuando se perdió España al principio casi del siglo pasado, ella la postrera fue que se rindió al Mahometanó, y la primera que a costas de su sangre logró echaros de sí; aunque auxiliada de él Emperador Carlo Magno, glorioso frances Monarca: y Barcolona aclamando por su Señor a tan digno Augusto auxiliar por acto de gratitud justa, y de un rendimiento voluntario; se ha mantenido por él, siendo en estos tristes años de la esclavitud de Espasa que siglo y medio ha lloramos, la más disputada plaza entre Moros y Cristianos. Yo creo que de esta vez no os queda gana de andaros haciéndonos morisquetas, Moros por el fuerte chasco de haber venido por lana, y haber vuelto trasquilados. Calla necio, que en las glorias humanas no hay que fiarnos. Son Reyes muy poderosos de Mahomad los aliados, para que si hoy no mañana de su valor no temamos (mejor diré recelemos que aquí al temor ignoramos nuevas invasiones más cumplamos con el mandato de cortejar a Mahomad, que no es de pechos honrados ni obstigar al prisionero ni mal hablar al contrario. ! Qué bien piensa Folch! y que . prudente es, y cortesano. Soy un puerco; y así a hablar de Barcelona volvamos. De mi salud el recobro, (porque de la herida el daño, aunque perdí mucha sangre no fue cosa de cuidado mas por ver a Barcelona le tenía deseado que por conveniencia mía; y pues de todos honrado lo he conseguido, deseo tributar los holocaustos de mi respeto a Garsenda, que es según me han informdo Sobrina del Señor Conde, (que a Barcelona la trajo, por haber muerto sus padres, Señores de un grande estado en la Galia Narbonesa) después de besar la mano a su Alteza, si este honor me concedieren entrambos. No sé si querrá mi Prima satisfacción otorgaros tan estimable, sino es que preceda mandarlo el Conde mi tío. Yo en esa inteligencia hablo. Cómo le tocó la Prima respondió algo destemplado el Moncada: los amantes de pulgas hacen Caballos. Ya sale su Alteza. 3 Folch, Moncada, habéis cortejado a Mahomad? Ah visto todo (aunque haya sido de paso cuanto hay que ver en mi Corte digno de atención? Me hallo de Vuestra Alteza Señor tan favorecido, y fanto Don Ramón, de Tolch, Moncada, y todos estos hidalgos Barcelóneses me honran; que no os lo puede mi labio encarecer, si no puesto a vuestros pies. Levantaos, que aquí gastamos muy otras políticas los Cristianos de las vuestras: 3 Estáis ya totalmente restaurado en la salud? Si Señor. De parte vuestra me han dado de nuestras paces (oh treguas, pues no creo que por largo tiempo duren, por la poca se que hay en los Africanos) algunos cortos precisos preliminares tratados. Mas mientras no me cedáis vos, y vuestros aliados desde la raya de Francia hasta Llobregar; y cuanto de Lerida acá se incluye en veinte leguas de espacio; no daré oídos a alguna proposición: recreaos pues tenéis bastante en que, en Barcelona entre tanto. Con impaciencia notable, a mi hijo Vifredo aguardo, que a cierta averiguación le envié; y sin duda el caso necesita de más tiempo que pensé: a nadie le he dado cuenta de a que le envie. A Garsenda que la aguardo aquí decid, Lamparón. Volando voy como un rayo. Si es verdad lo que me avisan los vecinos comarcanos de Monserrute, que libres viéndose de los osados Moros, sus casas, y haciendas han vuelto ya a su descanso; no puede dejar de ser maravilloso presagio de alguna felicidad. Qué podrá ser? No lo alcanzo. Tío y Señor vuestra Alteza le dé a mi humildad la mano. Sobrina, para que os vea siempre es menester llamaros? Señor, nunca están mejor mujeres como yo (salvo estar en vuestra presencia) que en la quietud de su cuarto. Peregrina es la Cristiana. Cómo la papa el perrazo! Si celos del aire matan, que será si el Moro acaso la atención con que la mira, no deza? Dale al bizarro Rey de Vique, y de Gerona mi prisionero, un escaso indicio de no asustarte los turbantes africanos. Y más cuando quien los cifie está a vuestros pies. . A espacio Moro, que hay más que vos, otros dignos de anelar estarlar, y no lo logran; ved como lo conseguirá un esclavo infiel y de tan opuesta religión, y ritos falsos. Moncada lo reverente no puede ser desacato. Si lo es, cuando en el sujeto no hay méritos para tanto. No os sufriera en la campaña lo que os tólero en palacio. En ella, y en él seremos Moro vos, y yo Cristiano, y así nunca ser podremos amigos, sino contrarios. Algún día:- Para luego es tarde el que lo veamos. Bueno está Moncada, y ved que a Mahomad de hacerle trato muchas honras. Yo Señor, por vos también se las hago; mas que él se tome otras, que no se le hagan no lo paso. Genio raro! Mucho tiene Moncada de temerario, mas si amante es de Garsenda, aunque de ella no premiado; hace bien. Mucho he sentido. . . que sus celos declarado haya así Moncada. El pobre como ve que es más humano tu semblante con tu Primo Vifredo en todos casos, que con él, hasta del Moro la atención le causa enfado. Quita afuera. Qué rumor es ese. Yo, que he llegado lleno de gozo a tus pies por la nueva que te traigo. Catalanes, bendecid al Señor: oh Padre amado! qué júbilos! qué alegrías! o feliz, y afortunado tu tiempo! Para ti el Cielo te tenía reservado el mayor bien, el mayor tesoro, el mejor hallazgo. Hijo, pues que ha sucedido! No sé si podré contarlo de contento: escuchad todos, y perdonadme, si acaso mi ternura algo aquí enlazo de sacro con lo profano. Sentaos todos, y escuchemos: no os excuséis, yo os lo mandó. Descercada Manresa, destruida la arabe multitud, que a nuestro estado afligido tenía, y conseguida la victoria que tanto os ha ensalzado; a sus casas volvió la gente huida: viose el Templo de Dios de nuevo honrado de los fieles como antes y segura se entregó a su labor la agricultura. Mientras permanecieron los insultos del Mahometano; algunos pastorcillos de Monsérrate en concayos incultos se mantuvieron con sus ganadillos: allí pasaban todo el dia ocultos, y al esconder el Sol sus claros brillos cuando las negras sombras se extendian a traer el pasto a su redil salían. Mas viendo quieto el monte, y que no hallaban riesgo ya que temor, dieron aviso a Manresa no solo de que estaban en libertad; que el Cielo darles quiso; sino de que los sabados notaban bájar del Cielo luces, con un viso de ser por grandes, plancidas, y bellas celestiales fenómenos o estrellas. Despreciaron sus dueños la noticia; mas la afirmaban tanto a cada paso, que dio motivo al Clero, y la justicia de ir a indagar tan singular acoso. Dieron parte al Obispo, y con pro- picia inclinación a examinar el caso; a Monsérrate sube con la gense, que a tal examen quiso estar presente. Ven de las luces el descendimiento, y oyen extraña música; de donde, en virtud de esto, forman pensamiento de que allí el Cielo algún prodigio esconde: a vuestra Alteza avisan del portento, como a su dueño, y soberano Conde; Vuestra Alteza me envía a que lo vea, y no vuelva hasta ver lo que ello sea. Viendo la maravilla continuada, (es pecialmente en Sabado) acordamos la pesa examinar, que circundada de música, y de luces admiramos ayudados del pico y de la hazada y la fuerza de brazo, que aplicamos; el risco hacia donde iban derrui- mos, y en su concabo al Cielo todo vimos. Hallamos dentro de él: diré a la Aurora poco elogio será de su hermosura: diré que al mismo Sol? No, que des- dora a tanta Majestad esta pintura: diré que era una Imagen, que ena- mora las Almas, porque lo es del alba pura, que en gracia fue por Gracia conce- bida y de perfección toda enriquecida? Con esto os diré más que en todo cuanto la más alta retórica elocuencia, porque de asombro y agradable espanto nos ha dejado absortos su presencia: No es el Abril tan oloroso, cuanto la fragrancia que exala; y la alicencia que tiene en sí su bulto peregrino, solo lo sabe el Criador divino. Su cara maravillosa morena es, y en mi sentir, es porque quiere decir, morena soy, pero hermosa. Tiene esta perla preciosa ojos muy vivos, y abiertos, y son divinos aciertos de su poder, expresivos, que mueva con ojos vivos a los corazones muertos. Su soberana beldad, que tanta gracia atesora; representa a una Señora de más que mediana edad: y al mirar la Majestad, que en su semblante demuestra, con el júbilo que muestra. Salve cantó todo, fiel; tu alegría de Israel y honor de la tierra nuestra sentada parece estar sosteniendo en su regazo, con su santo izquierdo brazo, un niño muy singular sobre su hombro izquierdo, a dar va su izquierda mano, y es morenito si le ves también el bello Garzón, de un niño en la proporción de cuatro meses, o tres, Saca esta Divina perla de su diestra mano el todo, con tan admirable modo, que su hijo pueda verla. la palma de ella, tenerla se ve hancia arriba, y tendida; como en señal conocida de esperar en esta acción gracias, para el corazón devoto que se las pida. Corona, celeste manto viste, y túnica encarnada como Princesa jurada por. Reina del Cielo Santo. Y porque el mundo vea, cuanto la castidad su grandeza ama, tiene su belleza de oro un mundo, en quien se ve una azucena porque el mundo esté con pureza: Pero en vano en pintar sigo pasmos de mi entendimiento, pues no cabe tal portento en todo lo que no digo: solo a la piedad obligo a que de ir a verla trate, pues nadie habrá que relate (bien las luces lo decían el tesoro que escondían las Peñas de Monserrate. Luego que el Santo Obispo, cuya silla, porque hoy Vique es del Moro está en Manresa, vio aquella soberana maravilla, la fimbría sacra de la Imagen besa. Sácala con respeto y se sencilla de la concavidad, y a toda priesa como en Diocesí suya la supone, a Manresa llevársela dispone. A sus brazos la fía, con la ayuda de algunos Sacerdotes que allí había, todos llegamos; nadie hay que no acuda a Procesión tan reverente y pía. a Qué alma Cristiana pudo allí estar muda sin cantar alabanzas a María? Mala nuestra nación, señor, ser puede, pero ninguna en tal virtud la excede. Ibamos por los riscos caminando, por la parte oriental del eminente cerrado Monte hancia Manresa, cuando quedó el Obispo inmóvil de repente: pero la admiración se fue aumentando, cuando por más que porfiar intente su fervoroso celo en que la bajen, nadie pudo mover la Santa Imangen. Esto viendo el doctísimo Prelado, conoció, (y lo creyó nuestro desvelo que aquella translación, en desagrado era de la alta Emperatriz del Cielo: por lo que luego la erigió el cuidado, como pudo mejor, en aquel suelo tan áspero, y fragoso, una Capilla en donde Dios obró tal maravilla. De Monistrol por más cercana aldea, al Sacerdote Parroco la fía, porque de luz, y culto la provea asistiendo allí gente, noche y día. Ahora, Señor, vuestra grandeza vea lo que dispone, ya que a la voz mía cosa no le ha quedado que relate, de lo que ha sucedido en Monserrate. Qué albricias te podré dar . por tal noticia? hijo amado? llegó a mi pecho, disfruta las caricias de mis brazos. Epoca feliz la mía, pues en ella se han hallado el cuerpo de Eulalia, y este milagroso simulacro! Llámense luego los más péritos, más afamados artifices, que en piadosa gratitud a favor tanto, en ese sitio, en el mismo terreno, en que fue su agrado detenerse, y la Capilla primera la están labrando he de edificarla un Templo suntuósísimo, aunque cuantos Si vas a Monserrar ves per Sant caudales tenga consuma en su fábrica, pues cuando la Emperatriz de la gloria me ha favorecido tanto con la invención de su imangen, con nada que haga la pago. Y según mi corazón me anuncia, el orbe Cristiano ha de admirar con el tiempo glorias de tal Santuario. Aún siendo Moro me alegro de oír favores tan altos en cultos de a quien le da mi alcorán elogios varios. justo parece, Señor, que cuanto antes todos vamos a adorar ese divino y preciósssimo hallazgo. Yo, aunque en Monserrate estuve cuando a aquel buen Hermitaño llevastéis a vuestra hija; quisiera velver, y aguardo mereceros que también vaya ahora. . A pie descalzo? No me atrevo a tanto. Pues ya que tan de gozo estamos; su Alteza permitirá (porque parece que al caso viene) te dé una instrucción no solo a ti, sino a cuantos a Monsérrate ir descen, en un soneto de un sabio, Catalán ingenio en lengua del Páis con pies forzados que se ha de escribir de aquí a algo menos de mil años. Y el Paracronismo pase por gracia. . Ya le escuchamos que not picará el Sol per mes quet no vajes abCalés, gasta mes ves comuna pajesa sobre un veurás allí unas perlas común las Esmeraldas com un plat de los Diamants mes grosos que un gran y entre las llantías mira la de el si pujas a la hermita del bon con molt no facias: lo jerrich veurás Pinsan que pren pinyó a lo de la ma del que va vestir de un altres cosas veurás que jo no perque no caben en aquest Ahora pues, por celebrar la invención de tan sagrado tesoro, como también porque con vosotros trato de festejar a Mahomad, dándole silla a mi lado y en mí mesa, las viandas sacad, y aunque dolor tanto me cuesta ver que a Mirón mi hijo tercero no ha dado habla el Cielo, pues que mudo de nacimiento le hallo en la edad (en que pudiera hablar ya) de cinco años, con todo, en mí mesa quiero que hoy coma. Voy a buscarlo Y todos venid al grande salón del condal Palacio. Garsenda, aquí Mahomad: vifredo aquí sentaos: aquí Folch, aquí Moncada: vaya, que estáis esperando que mi hijo Mirón, aquí se sentará; y canten algo. Aquí están ya el pobrecito mudo. Pa, pa. Qué agraciado Infántico! qué criatura tan hermosa! no me espanto de vuestra pena. Papa, papa, La fuerza que hace el muchacho por decir padré y se queda a la mitad del vocablo. Cuando dan en Monserrate del Sol los brillantes rayos se quedan oscurecidos por que allí hay otro más claro. Porque no haya objeto alguno en mi Corte, y mi Palacio digno de vuestra atención con que no os obsequie; el raro. Bruto, la admirable fiera que en los ásperos peñascos de Monsérrate cacé, y conservar he mandado; trae, Lamparón. Muy bien sabe Dios que aunque tan gordo y manse está; temo que algún día nos haga un servicio flaco. . Es de la naturaleza el prodigio más extraño que habréis visto, y lo que más a todos tiene admirados, es su mansedumbre, siendo tan espantoso. Aunqué daño alguno le hagan por ver si se enoja, los criados, le tólera con un modo mas que de bruto, de humano, El Niño suele jugar con él, se pone a caballo en él, como si un cordero fuera, y él le hace agasajos, muy ajenos de su bruta ferocidad. Ea vamos seor Porch pelut, que también hoy es usted convidado: anda salvaje. Dios mío, cuantos míseros trabajos padezco, sean a cuenta de mis horribles pecados. Figura de monstruo extraña! dudo que en el abrazado pais de la Libia, se haya tan raro animal hallado jamás. Ba, ba. Que os le arrime hancia vos? Ba, ba. Ya os le traigo: como por ciertos motivos a nuestro Conde le han dado el renombre del belloso; este oso al Niño ha gustado. Miren, como el bruto come lo que el Niño le están echando, pero es el pan, que a la carne parecé que le hace ascos. Bendito seáis Señor, que me estáis alimentando sin merecerlo, y bendito quien por vos me lo está dando. Levántate, Juun Guarín, que ya Dios te ha perdonado. Extraño asombro! Prodigio admirable. El Niño ha hablado. Y Juan Guarín llamó al monstruo, que se levante mandando. Qué es esto? Me ha sorprendido tan maravilloso caso. Esto es que cuando Dios quiere por sus Divinos arcanos, habla da a los mudos, y hace a tiernos infantes, sabios. Quién eres tú, tantas veces monstrvoso increible pasmo de nuestra admiración, pues no solo un prodigio ha obrado el Cielo, en que lo primero que han proferido los labios mudos de ese infante, haya sido lo que a ti se ha hablado, sino que la bruta especie perdiendo tú al escucharlo, a la forma racional pasa tu ser ignorado, y el oír que Juan Guarín sea cómo te ha llamado? Qué es esto? No sé, Señor, si tendré voz para hablaros: y así para poder daros respuesta categórica es justo que primero os desprendáis del pasmo que os mo- lesta; pues para luego que es más digno in- fiero: y no penséis que fábula sea esta que a contar voy, sino hecho verda- dero que deje eternizada su memoria, en el largo volumen de la historia. Yo soy Juan Guarín, yo soy aquel que en las peñascosas estancias de Monserrate cometió la más traidora sacrílega impura, osada, bárbara y escandalosa culpa, que ha cabido, en quien alma racional le informa. Yo, Conde, de vuestra hija manché con violencia loca el justo decoro: luego de una ceguedad a otra pasando, con un cuchillo que me administro alevoso la falsa amistad de quien mi mismo rubor no nombra, pues de espíritu infernal la naturaleza logra; segué la garganta bella de aquella inocente rosa; con su púrpura regando las rústicas amapolas: haciendo sepulcro suyo esa estancia pavorosa de una oculta quiebra, a quien todo el peso de una roca sellándole la rotura, le sirve de eterna losa. Fuistéis en su busca, y yo fingí que dé una espantosa infernal furia movida se arrebató de tal forma, que era preciso se hubiese precipitado ella propia: fue para un padre afligido mi satisfación muy poca Dios lo dispuso así: él sabe porque no pedisteis otra. Marchastéis a la campaña llevándoos todas las tropas catalanas en servicio del Monarca frances contra Peños las Normandas rebeldías, dejando con la victoria que Vifredo logró en Vique por entonces quieta toda esta comarca, y segura la plaza de Barcelona. Quedé solo más no tanto que conmigo mi memoria no viviese para estar fiscalizando por horas mi vida: con que a sus ecos mostrándose menos sorda a publicar mis delitos resolví pasar a Roma, y a los pies del ViceDios confesé mis culpas todas. Culpas: y al ver que por mías eran más escandalosas, pues la injuria del amigo claro es que el agravio dobla, por penitencia me dio que viviese de la forma que habéis visto, como bruto, paciendo la hierba sola: Y por especial castigo que me dio el Cielo, o por otras naturales causas, luego se me fue cubriendo toda la carne de esta espantable larga melena cerdosa, sin mirar al Cielo nunca hasta que una milagrosa demostración declárase haber su misericordia perdonádome: y pues un prodigio ya lo pregona, de la lengua de ese infante en las ligaduras rotas; Conde Vifredo, a tus plantas estoy; y pues es penosa aquesta inútil porción de vida, que ya me sobra, en ella de tus ofensas, y agravios venganza toma, si es que la piedad cristiana con avisos no te exhorta a que un perdón de una injuria la venganza es más heroica. Raro suceso! El asombro me tiene sin mí. A mi tonta. Admiración nunca oída! Extrañeza prodigiosa! 3 Como faltando al Cristiano ser, que en mis venas se informa pudiera yo castigar a quién el Cielo perdona? Libre estáis; mas para que logre sepultura honrosa Ríquilda en el nuevo templo que edificaré a la Aurora de Monserrate; a la perla de Catalusa preciosa, yo os volveré a bestir de él pardo buriel, gerga tosca, que usabáis, y en Monserrate asistiréis a la obra de la capilla que labran, mientras, que yo allá ir disponga a poner la primer piedra del nuevo templo. Esa heroica piedad ha de hacer sin duda tu posteridad gloriosa. Y en llegando al monte yo, me señalaréis la roca, que el cadaber de Ríquilda oculta. De mi memoria no se ha olvidado el fragoso Panteón en donde reposa: voy Señor a obedeceros. . Vos Mahomad, de Barcelona tened entendido, que no saldréis hasta que todas las capitulaciones que terminan nuestras discordias, como pido, no firméis. Y cuando no, serán de otra calidad los tratamientos que le haré a vuestra persona. En cuanto esté de mi parte, no dudéis que se componga todo a vuestro gusto. Así lo comprendo. Por Mahoma que irme sentiré, sin que Moncada quien soy conozca. Venid conmigo, Mahomad, y ved que abreviéis importa. Yo le concederé al Conde lo que pida por ahora; más tenga yo libertad y el tiempo dejar que corra. Si cuando de Monserrate vuelva no encuentra las cosas de la paz compuestas, creo que hemos de tener historia el Moro y yo: y pues Garsenda no estima mi fe amorosa, porque más quiere a Vifredo; vaya con Dios, porque novias un Moncada a cada paso se las encuentra de sobras. . Que vaya al estribo de vuestro caballo, Señora, a la subida del monte, me permitiréis? Responda a eso mi Tío, que yo no tengo voluntad propia. . Le quiere más que a sus ojos, y est á haciendo la gazmoña. Ese es primor en las Damas. Fuego de Dios en vosotras. . Ya que mi infernal sasia no ha podido conseguir de Guarín el fatal trance; pues si logré de su virtud la ruina, no que el mundo ni Dios le castigasen; manifestó que quiso perdonarle, en fuerza de que fue su penitencia a los ojos Divinos agradable, y a vista del prodigio el Conde mismo de sus delitos Juez, a un tiempo, y parte le indulto de la pena merecida por imitar del Cielo las piedades; orden dando también de que le quiten . 1. Canta tú, Pona. la inmundicia cerdosa de sus carnes, . 2. Balla tú, Blay. y que con más aseo que antes, vista . Que a quí lí la obsequís su heremítico pobre tosco traje, a qué espera ya el insierno, ni que aguarda mi desesperación, que en los volcanes eternos del abismo no se oculta a vengar en sí misma su desaire? Mas como fuerza es que las malignas inteligencias, como yo, un instante no cesen de buscar a quien deboren, como el León cuando está hambriento hace, pues ha querido el Cielo que en la concha áspera y desigual de Monserrate se haya ya hallado Perla tan preciosa como la Santa Mariana imagen, y de todos los pueblos comareanos vienen devotas almas a millares a tributarla reverentes cultos y a pedirla favores celestialés, siendo como es mi impísimo conato turbar la devoción en los mortales, impedir obras buenas, y ejercicios que puedan al Señor ser agradables. En la aparente forma de africano yo con otros Ministros infernales a todos cuantos pueda he de invadir- leo, fingiendo que he venido a cantivarles. Esa tropa festiva que se acerca es de Manresa, cuyo celo amante a su Gobernador acompañando viene cantando elogios a la Imagen. Al paso les saldré, y desenvainando los fantásticos filos de este alfanje, impediré el progreso de sus votos con el pánico susto que ses cause. ̱s. antes el Cielo dando voz a un mudo - a - Minyonas Manresanas pujem a Monserrar; veurem de Cataluña la perla celestial. favors ella fa. Aquí, amigos, es preciso que algún rato se descanse; pues como subir a pie he ofrecido para darle muestras de mi devoción a la Señora en su Imagen, confieso que fatigado un poco estoy. 2. Donchs nosaltres entre sant proseguirem les cansóns sota aquets abres. Yo os lo impediré. . Y yo haré que lo que intentas no alcances. Guardeos Dios devota gente. Él también a vos os guarde. 2. Ay cuán búnich pelegrí! Qué rostro tan agradable de mancebo. Deú lo guart. Decidme si muy distante está ya la Santa Cueva, en donde mientras se acabe la Capilla, se venera (por ser la dichosa parte donde se halló) la Sagrada Imangen de la admirable Reina de Cielos y tierra? Qué furores, que coraje me causa aquel Peregrino! Que haya querido negarme el Cielo el conocimiento de quién es? 2. No sembla un Ángel el Peregrinet? De aquí un cuarto de legua casi aún estará: si queréis, muy bien puede incorporarse vuestro fervor con nosotros. Acepto favor tan grande, que puede ser que no os pese Señor, que yo os acompañe. Pues vamos allá. 1. Y tornem tor seguir a cantar Jaume. Miñonas Manresanas, Daos por cautivos o muertos si os resistís, Catalanes infelices. Ay quins Morus! Y quinas caras de diables. Nadie tema. 3 Qué es temer? que aunque las armas les falten a los míos, con mi espada Sola, seré yo bastante a castigaros. 1. Minyóns cop de pedra. 3 No es más fácil que yo de este bordón mío las armas que traigo saque y al abismo los arroje? Ya te he conocido. Abate furia infernal tu soberbia, y el paso no le embaraces a quien va a ver de María los reflejos celestiales: huid de mí. Y de tal suerte, que los infiernos nos traguen. Y pues ya impedi al precito que a los fieles ahuyentase de su devoto progreso, vuelvo a la Sion triunfanto. Y eis Morus? Y el Peregrí? Oh a ellos las concavidades de las peñas los sorbieron sin duda; o fueron salaces sombras que el aire llevó; y aquel Serafín en carpe fue::- Pero de quien él era ya nos dio señas bastantes. Prosigamos el camino; y lleguemos cuanto antes a los pies de la divina Aurora de Monserrate, y no cesemos amigos de infinitas gracias darle. nsons que sen devotas, si planhen. Visca la perla de Monserrat consoladora deis Cataláns: visca la Perla, y anem allá. . Qué hermosura tan divina! Qué esigie tan admirable! poco fue lo que dijiste, hijo, poco la alabaste. Cuando la besé la mano, sentí en mi espíritu un grande imponderable consuelo. 3 Y no ha podido encontrarse luz de cuando pudo ser, que los fieles la ocultasen, o como pudo haber sido su venida a este paraje? El Obispo, y otros sabios varones, dan por constante que en la perdida de España por librarla del ultraje alarbe, aquí la trajeron Barcelonesas piedades. La Capilla para ser echa tan de prisa, y tales los desmontes de peñascos; es bastantemente grunde. Desde mañana daréis ordan de que materiales se acopién, y se conduzcan al monte, que quiero darle a la fábrica del templo principio. Allí es el paraje donde quedó sepultado el desangrado cadáver de la inocente llíquilda; pero no será muy fácil de descubrir. Porqué causa? Porque un compañero infame (que sin duda era el demonio) en fuerza de algún mal arte, así que la sepultamos, hizo que se desgájase desde la cumbre un peñasco (qué es aqueste) que cerrase el cóncabo de la peña sepulcral. Dificultades. mayores el hombre vence: y pues cuanto para lances como este se necesite hay en la hermita; Oficiales y peones vengan, y traigan los útiles que importaren. Pues a ocasión he llegado de que pueda presentarme a los pies de Vuestra Alteza; no neguéis honor tan grande a mi fe. Gobernador De Manresa, dadme, dadme los brazos, y a mirar como se excaba, se rompe, y abre ese risco, y de su hueco se exhuma el triste cadaver de mi hija, concurrid, ya que a tal tiempo llegasteis. Si de menester para ello con estos fuertes Zagales que conmigo vienen, prontos los tenéis: ea, gabanes, o gambetos fuera. 1. Vinguín perpáis y totes les altres serramentas, y al treball. Pues paya que más suave se haga la jatiga, alguna alegre letra? ellas canten. Treballan fadríns, minyóns tregallan, que quí no treballa no guaña jorgal. 1. Ánimo Minyóns, que el Roch a poes cops mes, ja va a caure. Brío, que ya está Muchachos si se cae, o no se cae. Cayó por fin. Por milagro Divino, mas que por arte ni fuerza humana. 3 Mas que prodigio tan admirable es este? Qué raro asombro! Mayor portento no cabe. De rodillas se mantiene. Y puestas las manos yace, como que está en oración. Y en el cuello las señales de degollada conserva. Hija mía! Amado Padre! Que está viva, y habla! Calla. No vuestra piedad extrañe maravilla tan excelsa, prodigios tan singulares, pues invocando en mi muerte a la que de Dios es Madre, logré por su intercesión. piadosa se consérvase vital sepultado aliento el que fue vivo cadaver. En fin, yo me he mantenido en un deliquio agradable Sin que del tiempo sintiese los perezosos instantes; y pues Dios ha permitido que esta maravilla óbrase María en mí; la fe otras mayores por ella aguarde. Llega hija mía, a mis brazos. Y los tuyos, Prima, dame. Hermana. Señora. Todos al Señor conmigo alaben. Y a la Verje, que es perquí es fer aquest gran miracle. Yo rendido a vuestras plantas os pido perdón. Quién sabe, que a perdonar enseñó Cristo, en perdonar qué hace? Ven y daremos las gracias ante la divina Imagen de su Santa Madre, que se ha hallado en poco distante concavo de tu sepulcro, a quien un templo labrarle he dispuesto ya. Y en él de Templo haciendo que paso a Monasterio, acabar quiero mi vida. Complaces tanto a mi celo con eso, que haré, luego que se acabe vengan Religiosas de él Convento que tú, y tu Madre frecuentabáis de San Pedro de las Puellas; y los Padres Benitos del de Rípolí; serán a quienes yo encargue de la Iglesia el culto y todas, vuestras espirituales direcciones, y serás de sus ascéticas Madres tú la primera Abadesa. Señor, aquí en Monserrate clausura de Religiosas fundar, es muy reparable por los riesgos::- Si después que muera mi hija, se hallasen inconvenientes, harán mis Sucesores, que pasen a poseerle los mismos Monjes de Rípoll, y bajen a San Pedro de las Puellas, de donde salieron antes, sus Religiosas. Por esa determinación, te alabe el mundo, Señor. Y yo justo es que mi vida acabe, Sirviendo en él a la Aurora Divina de Monserrate. Yo os lo concedo: y pues es hoy día de dichas tales; Polch, Vizconde de Cardona os hago: a Moncada darle quiero a Aitona; y a Alemany título y rentas iguales a su mérito: Garsenda con mi hijo Vifredo case, y el Cielo en todos vosotros sus bendiciones explaye. Todos tus plantas besamos que con esto acabe Monstruo de Cataluña, señas de Monserrate.
