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Texto digital de Las mocedades del duque de Osuna

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Atribución tradicional
Cristóbal de Monroy y Silva
Atribución estilometría
Cristóbal de Monroy y Silva Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las mocedades del duque de Osuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mocedades-del-duque-de-osuna-las.

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LAS MOCEDADES DEL DUQUE DE OSUNA

JORNADA PRIMERA

Ve no quieres ver al Duque tu Padre? Cuando estoy preso de Alcalá de Guadaira en el Castillo soberbio, y a divertirme esta noche he venido de secreto a osuna, fuera imprudente acción, loco atrevimiento, darme a conocer a nadie, ni que supieran, que vengo quebrantando la prisión, y atropellando el respeto, el decoro, y la obediencia, que al Rey, y Ese reparo parece milagro en ti cuando veo, que de tu condición nunca reparas en los despeños. Estás borracho, Carrillo? Tres días ha no lo bebo: mas dime, por qué engañaste a Don Octavio, diciendo, que ibas a Urrera? . Ya sabes, que en Utrera estuve preso, donde fui Galán de Celia, que ya enfadado aborrezco. Con esta ocasión a Osuna a ver otras Damas vengo, a Don Octavio le finjo, que voy a Utrera: es mi deudo, a su amistad, y prudencia le debo aqueste respeto; pues si entendiera que vine a Osuna, y no a Utrera, es cierto, que con razón me culpara por el disgusto que puedo causar al Duque mi Padre, si sabe que a Ossuna vengo: no obstante, que desde aquí me he de partir de secreto a Urrera, que disfrazado ver a Afanador pretendo, que me han dicho es muy valiente, y no le he visto, respecto de que estaba ausente, cuando estuve en Utreta preso. Sigamos aquesta calle, que en ella, si no me acuerdo mal, vive Lucinda. . Vamos, que es entendida en extremo, aunque no bella. . Son siempre la belleza, y el ingenio, como el provecho, y la honra, el Poeta, y el dinero, que se juntan mal, señor. Ella, Carrillo, es un Cielo: más Latín sabe, que Antonio de Nabrija. . Eso no es nuevo en Osuná, que como hay aquí Estudiantes tan diestros, y todos les dan lección, aprenden en poco tiempo Latín, que les es muy fácil; pues si solo un Muestro vemos, que basta a enseñar Latín, las Damas de Osuna, es cierto, que le aprenderán mejor, teniendo tantos Muestros. En siendo Daque, Carrillo, no me ha de quedar, si puedo, un Estudiante en OJuna. Pues qué has de hacer del Colegio, que es fundación del herosco Cande de Ureña tu abuelo? Fundaré Universidad, que sea de más provecho. De qué ha de ser? . De las armas, que si son Polos de un Reino letras, y armas, puesto que has tantas de letras, no es yerro, que haya una de armas siquiera, El valor, señor, yo pienso, que no se estudia. . Se adiesta, y ejercita, por lo menos, para cuando es menester; que si viene contra el Reino un Ejército de Herejes, no hemos de salir leyendo. Como hay paces no se estiman hoy las armas. . Es mal hecho, Carrillo, ya sé que son los Soldados como fieltros, que los traen por los rincones, y nunca se acuerdan de ellos, hasta que llueva. . Bien dice En esta casa mi dueño vive, llama. . No responden. Pues vuelve a llamar más te O se ha mudado, o es sorda o no quiere abrir, o dentro tiene algún Estudiante, que estará, si mal no entiendo, enseñándola Latín. Fuera grande atrevimiento. El nombre común de dos habrá estudiado. . Pues, a mí se había de atrever a ofenderme? . Si estás preso en Alcalá, y de ella ausente, qué mucho? Fuera de que esto en estos tiempos se usa, y ella ha estudiado los tiempos conjugando está amo amas, pues no responde. . Ea, acaba, llama, o derriba esas puertas en el suelo: que con aquesta aspereza me trate! . Dijo un discreto, que eran las mujeres, como las manos, que un año entero las regalan, ponen mudas, y las cuidan en extremo: y si se olvidan dos días de aliñarlas, al momento se asperan, perdiendo todo cuanto en un año se ha heci pues si esto pasa en dos días, qué será en más de doscientos, que ha que no vienes a Osuna? No me canses, llama. . Vuelvo a llamar: abran aquí: mal haya quien está dentro. Quién es? . Vive Dios, que es voz de Estudiante: abra presto, seor Licenciado. Quién llama tan loco, y tan descompuesto a estas horas? a quién buscan? Al diablo. El hombre es resuelto. Pues si procuran al diablo, vaya a buscarlo al infierno. Hombre, mira, que::- Estás loco? no digas quien soy. . Ya espero saber (porque de esta suerte con tan poco miramiento, alborotando la calle, me han interrumpido el sueño) quién es? . Yo. Quién es yo? . Yo, que yo soy solo, que vengo a visitar a una Dama, que vive aquí. . Peor es esto. . Voto a Dios: . Bien dije yo: Estudiante es, que echa verbos. Váyanse a dormir. . Tú solo, y tu padre, y tus abuelos, y tu alma sois borrachos. Respuesta dará mi acero. Es ruido de cuchilladas? ten esas mulas, que pienso, que hay pendencia en esa calle, y el corazón en el pecho saltando está por llegar; bien así como a los ecos del metal suele el caballo romper con furioso aliento, tascando caliente espuma, los alacranes del freno. Muerto soy. . Uno. Ay de mí! Dos. . El demonio anda suelto: el Marqués es. . Pues huyamos. Él de Peñafiel es, Cielos, contra quien amotinados se vibran tantos aceros, y ya acobardados huyen: valor notable! Que luego me conocieran? . Aquí tienes un rayo en mi esfuerzo, señor. . Quién eres? . Yo soy Don Miguel Ribera, y vengo a buscar a Afanador a Osuna. . Noticias tengo de tu valor. . Vuecelencia me honra, sin merecerlo. Para qué a Afanador buscas? Para probar los aceros: dicen, que hoy se partió a Utrera, y allá buscarle pretendo. Yo voy a Utrera, no digas la resolución que tengo de buscar a Afanador. A qué aguardas? vamos presto, que el alboroto, señor, es tal, que el Duque sospecho, que ha de salir a quitarle esta noche. . Vive el Cielo, que has de pagarme Ossunilla, tan villano atrevimiento. . A veros vino el Marqués, y mucho extraño, señora, no hallarse en Utrera ahora, aunque lo recelo, pues solo de Alcalá he venido mi sospecha a averiguar; no sé donde pueda estar, ni quien le haba detenido. Don Octavio de Aragón, mal paga mi voluntad el Marqués, pues su crueldad compite con mi afición. Esta criada me dijo, que os vio pasar, sospeché, que venía el Marqués, y fue el contento, y regocijo de verle tanto, que vengo sudando por cada poro, atropellando el decoro, aunque tan mal premio tengo. Ya que habéis venido así, vuestro amor es bien le aguarde, que podrá ser que no tarde: sola está esta casa, aquí segura hablarle podréis; y si el sentimiento os deja, referidme vuestra queja. Escuchadme, y la sabréis. Amor (qué mal empiezo!) miré, ay de mí! (mi turbación confieso) al Marqués, mas qué aguardo? por qué confusa en referir me tardo mi congoja, y mi pena, teniendo el alma de pesares llena? Mas ya la has advertido, que Amor miré, y Marqués he referido, y que en estas palabras se ha cifrado el prólogo de todo mi cuidado; que si miré al Marqués, forzoso era, que el Amor a mirarle se siguiera. Ese, pues, joven, ese que la fama de generoso, y de valiente aclama, Scipión de España, honor de Andalucia, Marqués, que es mar de gala, y bizarría, flor del árbol del gran Duque de Osuna, a quien rinde el copete la fortuna, dueño de Peñafiel, que a tales señas, fieles les serán las mismas peñas; salió a caballo un día, que Jasón sobre el bruto parecía, navegando brioso la espuma al golfo undoso; pues de tanta iba lleno el caballo, tascando el duro freno, que temí, que en sus olas engolfado, fuera fuerza, tal vez, salir a nado. Hollaba tan galante, martillando las guijas arrogante, que de cólera ciego iba sembrando por la calle fuego. Hériale el Marqués en los hijares, derramando corales a millares, y entre el fuego, y la sangre derram sujetó su fiereza apresurada; y no fue mucho lo venciera luego, cuando le daba guerra a sangre, y fue Corto el andar, con arrogancia loca, muchos pasos repite en tierra poca yo, que ya deseaba, entonces vana, que el Marqués se acercara a la ventana, cuando el caballo via la cortedad que en el andar tenía, dije en mi pensamiento (mal reparo la turbación, sin duda, lo ha causado torpe bruto, ese error te han enseñado que en los pies, y las manos traes clavado que de Vizcaya vino, y hoy ensaya la cortedad, que trajo de Vizcaya? Llegó a la reja, hablome, respondie y díjome un favor; yo agradecile con una flor, que le arrojé, y astuto quiso, que pues flor daba, diese fruto Al fin, primo, le adoro, y rendida la torre del decoro; ya el Marqués (qué locura!) el castillo asaltó de mi hermosura, que le rraté, y le quise, y fuerzaca, que el castillo con trato se rindiera que fue yerro confieso, porque es resuelto, libre, y es travo mas como el alma amante era su esclan por señal este yerro le faltaba. Unas veces me admite cariñoso, otras desprecia mi agasajo (es movo rendime fácil (no me causa espanto que a veces es testigo de mi llanto; y viéndome llorar, sin ser cuenda, despreciada he de ser, y aborrecida; que entre quien leyes del Amor profesa el ruego debilita la firmeza. Estos son mis desvelos; en mantos de tibiezas, y recelos naufraga mi cuidado, que de su amor el etna se ha templad y ha de parar su olvido en despreciaro mira si tengo causa de quejarme. Con razón estáis quejosa, pues el Marqués no os estima. Mal haya el poco valor, rfía. que se rinde a la po Señora, el Marqués se apea. Ya no ha sido la visita sin efecto. Don Miguel. valiente sois. . Vueseñoria me honra. . Corrido estoy, que así me trate Osunilla: qué no fuera Duque ahora yo! . Tu primo, con dos ninfas, están aquí. . Será Celia, y ya no puedo sufriria: Como causa una mujer, que ruega a quien no la estima, a quien la aborrece agrada, y agasaja a quien la olvida? Señor? . Don Octavio? Dónde. fue de Alcalá Vueseñoria? A osuna. . Pues está bien? No me prediquéis, por vida vuestra, que vengo enfadado: esas nubes me fastidian, descúbranse, y no se hagan de rogar, que aunque son lindas, y se venden caras, soy pobre de Amor, por mi vida, y no he de poder comprarlas. Antes tiene en comprar dicha, porque compra muy barato, si yo no me engaño, Usía; pues aún con buena esperanza no le paga a quien le estima. No dije yo que era Celia? buen desayuno, a fe mía, . después de reñir anoche; es muy buena una poquita de pendencia de una Dama. Con licencia de Usiria me voy. . Habladme después. Qué ha habido? . Grandes ruinas; no hay aceite de Aparicio, señor, en cuantas Bóticas hay en osuna, que baste para curar las heridas, Mucho es que me conociera, quien con tan desconocida . voluntad vive. . No es desprecio el que no te sirva, Celia, como a los principios de nuestro amor: no colijas ingratitud de mi pecho. Saber la ocasión quería. Cuando te empecé a querer era en Invierno. . Qué linda disculpa! . Ahora es Verano, y es como tapicería la mujer, que solamente es bien que al Invierno sirva. Qué sufra yo estos desaires! . La voluntad se me enfría con el calor: yo he de hacerle . desaires, por ver si olvida la porfía de su amor. . . Compran higos? . Llama aprisa a aquel que vende los higos. Señor, el amor estima de Celia, que su fineza de tu voluntad es digna. Quién lo duda? esa cadena os poned, por vida mía. Excusadas son, señor, prisiones a una cautiva; guardadla para el Invierno. Toma tú. . Beso las cintas de tus zapatos, señor. Qué vende? . Higos por libras; son frescos, y los trae puestos entre paja. . Cosa limpia, si están bien maduros. . Ea, qué aguardan, que estoy de prisa? Desatácate. . Está loco? Desatácate, o por vida::- Señor:: . Ay tal desatino! Injustamente castigas la ignorancia de ese simple, como si fuera malicia. Carrillo, atale las manos atrás, la canastilla atásela del pescuezo. Ay, que no lo conocía, y es el Marqués. . Ve con él, Carrillo, aunque se resista, y ponle en el Alrozano. Excelencia, Señoria, por amor de Dios. . Mi Celia::- Aay condición más altiva! Probad los higos. Qué es esto? ya, señor, tus demasías apuran mi sufrimiento. Al Altozano camina. Señor, señor::- No hay remedio. Yo voy confusa, y corrida, a donde más no me veas; porque acciones tan indignas truecan el amor en odio, y en desdenes las caricias. Ejércita rus pesadas travesuras, ejercira tu condición ran inquieta, que no has de verme en tu vida, porque más no te diviertan las burlas a costa mía. Aguarda, Celia, detente. No vendrá, que va corrida. Se enoja, porque con higos la convido? . Poco obligas a quien tiene tanto amor. Regalarla, no es servirla? Estos higos para Celia no son higos, si no higas. Ponme luego de cenar, que vengo, Juana, cansado. No me dio poco cuidado verte, Afanador, tardar; porque como tu valor la fama siempre le aclama, tengo envidia de tu fama en algún pecho traidor. Juana, quien trata de ser valiente, por varios modos, solicirando que todos le lleguen a engrandecer, puede vivir cuidadoso, y prevenido, no quien procura proceder bien, ni envidiado, ni envidioso. Verdad es, que agradecido debo a mi fortuna estar, pues no se puede alabar nadie de haberme ofendido; que sufrir es cobardía el que con valor nació, mas si no me ofenden, yo no rrato de valentía. Aquí, Afanador, la mesa tienes, siéntate a cenar. n Parece que oigo llamar. Quién es? a cenar empieza mientras yo desciendo abajo. Responde, que ya me siento siempre el buen mantenimiento es alivio del trabajo, aunque sin él pocos son los que le pueden gozar. Un hombre te quiere hablan Quién puede en esta ocasión buscarme? di que cenando estoy, y que entre en hora bue porque cenaré con pena, si sé que me está aguardando; y no es razón que esté en pie, que ser descorrés no quiero. Buen provecho, Caballero. Dios guarde a vuesamerced: llega silla: estoy dudando quien vuesamerced será. Cene, y luego lo sabrá, Cuándo ha de ser? En cenando. Antes saberlo quisiera, por excusar el cuidado. Pues sepa, que yo he lleg solo a averiguar a Utrera, si mi valor competir puede con el que he sabido, que tiene: al fin, si es servido, los dos hemos de reñir. Está muy bien; yo he lleg cansado de mi heredad, será descomodidad reñir sin haber cenado; ayudeme vuesarced, y en cenando reñiremos. Gentil flema! esto tenemos? mucho estimo la merced; pero vengo con más gana de reñir, que de cenat. Todo se hará. . Ay tal pesar! Oyes, salte fuera, Juana. Es gallina la que cena? . Sí, hidalgo, gallina es, que yo las mato, y después me las como. . Poca pena mis acciones valerosas le han causado, pues así cena sin cuidado. . A mí no me espantan pocas cosas. Este es gran hombre, o es loco: corazón, mucho te empeñas. . Brindo a su salud, por señas de que le ha de durar poco. . Daré la razón: prudente el susto ha disimulado. Vive Dios, que es alentado. . Vive el Cielo, que es valiente. . Hidalgo, no me dirá si pesa mucho? . Por qué lo pregunta? . Porque sé, que a mis manos morirá ahora, y he de ir cargado de él a la Iglesia después, que aqueste trabajo es el que me da más cuidado. Parece que ya lo tiene negociado en tal acción. El que tiñe sin razón, a parar en esto viene. Yo le he de matar, y ultraje será a altiveces molestas; mas puede llevar a cuestas el cuero de su linaje. Poco a poco: ay tal crueldad! Veremos cual de los dos libra bien. . Válgame Dios, y qué poca caridad! Soberbio es Afanador; . su denuedo al Mundo asombre. A la puerta aguarda un hombre, que quiere hablarre, señor; aunque le he dicho que está aquí un hombre, ha replicado. Entre, no le de cuidado, que solos nos dejará el que viene negociando. Poco importa a mi valor. Quién es aquí Afanador? Aqueste que está cenando: y quién le busca, quién es? Un hombre que ha deseado verle reñir. . Qué he dudado? Don Miguel es este, él es. Aquesta ocasión, que veo para reñir, deseó mi valor. . Ah, sí, pues yo le cumpliré ese deseo: siéntese. . Yo estoy dudando, como esto podrá ser hoy, sabiendo que solo estoy para lo mismo esperando; que vine primero aquí, y en esta acción me prefiero. No importa venir primero, yo ha más que le conocí. Aquí de ordinario asisto. Mañana podrá venir. Yo primero he de reñir. No ha de reñir, voto a Cristo. Sosiéguese que yo sé lo que se ha de hacer en esto, para que quede bien puesto todo. . Y es? . Yo lo diré: Juana? . Qué esto llege a oír! mi sufrimiento me admira. Señor. Ve a la puerta, y mira si hay más que quieran reñir; ciérrame después la puerta, vete allá fuera, y por más que oigas, no abras, o verás, Juana, tu cabeza abierta. Ya su flema me importuna. Ya enfada su necedad. Por vida de la amistad::- Qué Que vaya una aceituna. Acabe, que vive Dios, que ya enfadado le aguardo. Pues todo lo que me tardo, les doy de vida a los dos. Loado sea Cristo. . Quién es? Un Oficial de reñir. Qué se atreviese a venir . Carrillo aquí? . Ya están tres. Es vuesamerced servido? Yo me sirvo en cualquier parte. Qué Cofadría de Marte es esta que me ha venido? Primero llegué. . Es verdad, mas no importa. Qué importuno! Caballero, cada uno riña por su antiguedad: yo llegué el postrero, y yo aguardaré aquí diez años. Para estorbar estos daños, mi discurso traza halló, y me parece advertida, según lo juzgo. . Cuál es? Reñir yo con todos tres. Es ventaja conocida, e infamia indigna de un hombre como yo. . Riñan los dos, que he de saber vive Dios, quién es este gentil hombre. Entrad a otra cuadra mayor. Ea, pues, qué aguarda? . Qué, no he de reñir con usté, sino con Afanador. Su osadía reconozco, y vengarme ahora espero. No se canse, que no quiero reñir con quien no conozco. Pléguete Cristo. Ay de mí! ay señor Marqués, favor. Pícaro, que mi valor hayas ofendido así. Señor, pues de aquesta suer Vuecelencia? estoy perdido, vive Dios. . Milagro ha sido no haberle dado la muerte. Di, pícaro, como a entrar te atreviste sin temer? Por si fuera menester quise venirte a ayudar. Siempre libras por busón. Gran destreza! Bravo aliento! Señor, de mi atrevimiento pido mil veces perdón. Yo de mi descortesía. Llevadle, que sois los dor dos Alcides, vive Dios. Honranos Vueseñoria. Venid conmigo, que quiero a cierto amigo probar. En el gusto, y el pesar, siempre obedecerte espero. Es notable su valor. Y su condición severa. Por Dios, que es honra de Jere y de España, Afanador. Valientes, los que el Lugar alteráis por varios modos, guardaos esta noche todos, que sale el diablo a rondar. tatrarra tratralera era a

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda A la orilla de un arroyo, marjenado de esmeraldas, que el ameno Guadaira camina con pies de plata. Don Octavio de Aragón ha venido hoy a buscarme? No señor. . Gran noveda me hace, siendo tan tarde: y Don Miguel de Ribera? Llegó de fuera, y a apearse fue a la posada. . Tocad, y cantad algo, ignorantes, que no sea Primavera; que según esos Romances tienen de verdura, pueden servir de ensalada. . Canten algunos tonos de otoño, no sea todo amenidades, que le da dolor de tripas al Duque de oír sus cristales, rosas, espadañas, olmos, y otros verdes disparates. Los Ruiseñores sonoros la triste noche suavizan, que es muy propio de señores hacer de las noches días. Baja, Carrillo, a la puerta, y tráeme a cuantos pasaren vendiendo alguna cosa por la Ciudad. . Que me place: pobres de los que vinieren, qué buen despacho ha de darles. . Amainando blancas velas, a quien el Euro, tal vez, sigue con veloces soplos, solo por verlas correr; el Troyano más galán, en el ligero Bajel, que ya es ave de las aguas, y ya es de los vientos pez::- Señor, aquí están dos hombres. Qué oficio tienen? . Suave, y dulce, porque es Melero. Y quién es ese? . Un cobarde, pues trata en gallinas. . Cuántas trae? . Mas de treinta aves. Señor, ha de comprar miel? y si no, mire que es tarde, y me hace mala obra. Cuanta en tu sombrero cabe? En mi sombrero? . Sí. . Poca, que no es sombreto muy grande. Llénale de miel. . Señor::- No me repliques, vergante. Mal lance ha echado el Melero. . Y vos pelad esas aves. Cómo, señor, si están vivas? Pues vivas han de pelarse; de cuantas se pelan muertas, es mucho, necio, ignorante, que algunas se pelen vivas? No querrá comprarlas nadie. Así os las comeréis vos; porque no es justo, que trate en gallinas un barbado; pues el nombre es de cobarde, y la mala compañía basta para inficionarse. Qué he de vender? Vende gallos, que al fin son valientes aves. De gallos no habrá salida. Pues guardadlos, ignorante, para las Carnestolendas, y entonces podrán gastarse: corte, ayúdale a pelar. Señor::- . No replique, y ande. Aquí tienes el sombrero lleno de miel. . Cuánta hace? Dos azumbres. . Pues tocaoslo. Qué me le toque? . Al instante. El diablo anda en este hombre: . huyendo podré escaparme. . Que se va, seguidlo. . Aguarda. Soltad, Pajes infernales. . Ponedle el sombreto. Ya el pobre Melero yace hecho una abeja. . Las plumas llevad, y al punto emplumadle, A ver el pestiño vivo, y a celebrar el donaire se ha juntado todo el barrio. Compran natanjas. . Qué trae aquel? . Naranjas, señor. A buen tiempo: en esa calle sembrad todas las naranjas, para que puedan tirarle. Daca el emplumado. Aleves, viven los Cielos, que os mate. Panal va hecho el Melero. Por qué? . Porque si se hace el panal de ceta, y miel, él lleva la miel delante, y detrás lleva la cera, con miedo de que le maten. Al Melero, al Gallineto, y al Hortelano, pagadles al punto tres veces más el valor de lo que traen. Siempre ha de estar Vuecelencia haciendo estos disparates? Don Octavio de Aragón, así los propios pesares divierto con los ajenos: qué queréis? que soy un Áspid, un Basilisco, un Vesubio, un Etna, y cuantos volcanes de humo, llamas, y de rayos pueblan la tierra, y el aire, cuando atento considero los pesares, que me hace, mal informado de mí, su Majestad: que me ultrajen, me tengan preso aquí! Que de esta suerte me traten! que a esta puerta de Triana y la prisión me mudasen! ve así mi valor se oprima! vive Dios, que he de ir a Flandes, he de ser terror de Europa; que no es justo aprisionarme, cuando puedo ser ruina de Holándeses desleales. A tantos he de dar muerte, que en ríos cotra la sangre, tiñendo al Mar las espumas: los diques, y los raudales de los Flámencos Paises, de miedo mío han de elarse. Corra mi fama los climas más remotos, y distantes; divúlguese mi valor, el Sarraceno cobarde, el Turco, Pirata aleve, y cuantos del Nilo al Ganjes huellan la famosa orilla, pueblan la arenosa margen, del Duque, Conde de Ureña, tiemblen, y huyan cobardes. Y es muy justo, que tu nombre se etérnice, y que se guarde en las memorias de España, mas que en pórfidos, y jaspes. Escuchando a Vuecelencia he estado, que perturbarle no quise, y saber deseo quién le enoje y quién le canse Recuerdo de mis disgustos, memorias de mis pesares, solo me enojan, que a mí quién se atreverá a enojarme? Afanador, qué es aquesto? de dónde venís? . Me trae, señor, no sé qué disgusto, y de vos vengo a ampararme. Pues qué ha habido? Don Fadrique de Toledo, ilustre Marte, está alojado en Utrera con escuadras Militares. Echáronme dos Soldados, pienso que por ultrajarme, y de la superchería irritado mi coraje, cosidos en un colchón juntos los tiré a la calle. Vieronme sus camaradas, y procurando vengarse, no les fue bien, herí a muchos, otros huyeron cobardes. Don Fadrique me buscó, y me vive por no darle satisfacciones, que yo nunca satisfago a nadie. En mi servicio os quedad: vuestro esfuerzo, y vuestra sang me inclinan a que os estime. El Cielo, señor, os guarde. Si te quieres divertir, vamos al río esta tarde. Y aún para templar mi fues no es Guadalquivir bastante. Notable es su condición. Yo me quedaré a esta parte escondida, llega tú, y si gustare de hablarme, me volverás a avisar. Ponte donde no te alcance a ver. . Bien segura quedo. No es malo el brío del Ángel. No viene a buena ocasión, si pretende enamorarme, que ahora con lo severo tengo olvidado lo amante. Guarde Dios a Vuecelencia. Descúbrase, a ver si el talle se conforma con el rostro. Este papel vengo a darle . a Vuecelencia. . Dos papeles son, mi Reina, los que trae; aqueste, y el de su cara, y ambos con cubierta: acabe, y descúbrase. . Es muy mala la letra, y no hay que cansarse, que no me he de descubrir. Hermosa es, no me enfade, descúbrase. . Vuecelencia puede, señor, perdonarme. De Celia es la firma; no quiero leerla; aquesto trae, y viene haciendo melindres? Ay ingratitud más grande! que le rompió sin leerle. Plegue a Dios, pues destaparse no ha querido, que no lleve que contar a sus comadres. Ya, mi señora alcahueta, que muy zabareña, y grave no ha querido que la vea las facciones del semblante, todas cuantas Dios le dio tienen de verlas mis Pajes. Hola. . Señor? . Desnudad esta mujer. . Reportadle, Don Octavio. . Está enojado. Que aquesto en el mundo pase! Quitadle hasta la camisa, y en esa sala arrojadle un canasto de garvanzos, y desnuda en unos grandes chapines, los coja todos. Señor::- No hay que replicarme. Carrillo, ve tú a la plaza de San Francisco, y harasle que pregone a un pregonero, que me han traído de Flandes un extraordinario monstruo, y aquí le tengo esta tarde; que vengan todos a verle. Oye::- . Esto ha de ser. No ultrajes una mujer de esta suerte, que no es blasón tuyo. . Baste: vive Dios, que la ha de ver toda Sevilla. . Admirable. Parte: así dejará Celia de escribirme, y de cansarme. Ya tuvo fin el ardor de mis pensamientos necios, que el viento de los desprecios apagó la luz de Amor: qué ingratitud! qué rigor! qué desaire! y qué desdén! muerte los Cielos te den, cruel amante desleal; pues sabes premiar tan mal, a quien te estima tan bien. Que esto sufra una mujer con honor, y con valor! o pesie todo mi amor, que así me ha echado a perder! Pesie el tirano poder, a quien de aquesta pasión se fía la ejecución, ultrajando su malicia, los fueros de la justicia, las leyes de la razón. Pues de mi loca esperanza eres, ingrato, enemigo; mi amor trocaré en castigo, y mi firmeza en venganza: Ciega en mi desconfianza, injuriada, y ofendida, resuelta, osada, atrevida, valerosa, altiva, y fuerte, tengo de darte la muerte, pues me has quirado la vida. . Hay más rara confusión? Sevilla se ha despoblado por ver el monstruo, que ha dado a todos admiración, y risa; pues la mujer vestida en uso de Adán, en el puro cordoban, le ha hecho el Duque coger de garvanzos un almud, en chapines, de una sala, a donde tal vez resbala a costa de su salud: aunque ella poco se inquieta, pues le da, cuando se queje, mil escudos, porque deje el oficio de alcahueta. Mas este es el Alguácil, que con porfía grosera quiso prenderme en Utrera. Es la hazaña muy civil, y lo ha de saber el Rey, para castigar locuras, que son estas travesuras contra la razón, y ley. Por qué con voz inhumana tanto lo llega a sentir? Pues no tengo de teñir, si me afrentan a mi hermana? Es su hermana? En eso hay duda? Consuélese en tal crueldad, con que es la misma verdad su hermana por lo desnuda. Yo pienso, que alguna arroba bebieron los que esto hicieron. Por lo menos, no le vieron en las espaldas corcova. Ya que no puedo vengarme en el Daque, lo haré en él. Detente, Alguácil cruel, mira::- . No hay que replicarme, venga preso. . Que me llevan. No se me deje caer. Socorro. . Aquesto ha de ser, aunque en su defensa lluevan rayos. . Cómo profana esta prisión singular? Porque pretendo vengar los garvanzos de mi hermana? Alguácil de dos docenas, menos cuatro; Afanador me libre de tu rigor. Qué es esto? Vengar mis penas. Hay más norable insolencia? Hoy me quitó el Duque cruel mi hermana. . Cásela con él Muera. . Muera. . Resisten Qué es esto? . Un Alguad pretendió llevarse preso a Carrillo. . Pierdo el seso. La pasión siempre es civil: es de Laura hermano. . Fue acción villana, y grosera: pagarala. . A este en Utreta con la fantasma asombré. Los trastos; que has prevenido puedes, Carrillo, sacar. Voy. . Yo te sabré vengar Ya Don Octavio ha venido. Señor? . Primo querido? Qué oscura está la noche. Después de huirse el luminoso coco del Sol, Padre de luces, y centellar se han negado a la vista las estrellas Que mucho, si las nubes son del Cil oscura población, lóbrego velo? Algún demonio, entiendo, que te dicta, señor, lo que poniendo vas en ejecución. . Así divierte mi afecto enfados. Qué harás de esta suerte de estos trastos cargado? Ya, Carrillo, estás cansado. Solo quiero preguntarte, para qué es el cordel? Para ahotcarte. Para qué son bodoques, y ballesta? Por Dios, que estoy por darte la respuesta con ella misma. Esta medicina para qué puede ser? . Tú lo adivina; que todos lo ignoramos. A qué enfermo extreñido a cutar vamos? Don Octavio, es Botica aquella? . El almirez lo significa. Pues pon ese cordel atravesado, el un rémate en ese clavo atado, y con el otro fuerte, oculto en esa puerta, de tal suerte, que no te pueda ver el que cayere. Si algún mal sucediere lloverá sobre mí? . No te alborotes; apúntale a los vidrios, y a los botes: Afanador, si viene el Boticario, huid, y os seguirá. Qué extraordinario modo de burla! . Puesto que no veo, de punteria servirá el deseo. (vicio, Si ha de haber cuchilladas, que es su no le apunte al aceite de Aparicio. Tiro? . Sí. Qué es aquesto? Veinte redomas por el suelo ha puesto. Vuelve a tirar. Qué gustes de estas cosas! Ya son tus advertencias enfadosas. Vive Dios, que es mal hecho. Pues tire mejor él, y más derecho. Corre, que ya te sigue. Si le acierto a alcanzar, matarele: ay que me he muerto! Mas valiera, si el daño se repata, quebrar los botes, que quebrar la cara. Vive Dios, que la cara me he deshecho. Vávase a recoger, y abrigue el pecho. Esta es burla: volverme es acertado; mas ni aún con que curarme me han deja- (do, No es crueldad? No, Don Octavio, que esto es juego, y no hay agravio; que crueldad ser no puede, aunque lodices, romperle a un Boticario las narices: mañana, porque más no te alborotes, le enviaré cien escudos para botes. La justicia es aquella, que tondando viene. . Una burla estoy pensando. A la justicia no; porque, en efecto, es digna de temor, y de respeto. La justicia por sí siempre es justicia; mas tal vez de un Ministro la malicia, injusta la hace. Adiós dará la cuenta. Mientras la hace, llámenlo valentía, o atentado, ha de llevat, amigo, adelantado un poco de castigo; las espadas empuñad, y finjamos cuchilladas. Catrillo, ten cuidado de tener el cordel bien ajustado. Ya lo haré, si en tal susto puede ajustado estar lo que no es justo. Ruido de cuchilladas en aquesta parte sueña. 1. Ténganse aquí a la justicia: acudid todos apriesa. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. 1. Ay, que me quebré una pierna. 2. Ay, que me abollé la cara. 3. Yo me abollé la cabeza. 1. Vive Dios, que es un cordel, que han atravesado. . Ea, retirémonos, señor. 2. Quién va a la justicia? tengan: no responden? a qué aguardan? suelten las armas. 3. Es tema no querer hablar? Pues vive Dios, que han de ir a la ballesta. Ya la tenemos aquí; pero el demonio se suelta en el Duque, y en los suyos. Resistencia, resistencia; favor aquí a la justicia. Airosamente pelean: Alguáciles, y Corchetes, por la tierra llana ruedan: uno se escapó huyendo; debe de ser, según vuela, el Escribano, y sus plumas le dan tanta ligereza: mas ya los otros le siguen; por el Duque el campo queda. Hay mayor gusto, que ver huir? . Ahora qué resta hacer? porque todabía no han hecho aquestas dos piezas su papel. . A dónde vive el Alguácil? . Aquí cerca. Vamos allá: Afanador aquesta pistola tenga, . que está cargada sin bala, ni munición. . Y qué ordenas? Que a aquel Alguácil de hoy le habéis de tirar con ella, y al punto, que Don Miguel le rocíe con presteza con ese instrumento de agua de almagra, de que está llena. Será extremada la burla. Notables cosas inventas. Es el Duque? . Quién le busca? Un criado suyo. . Llega. No ha sido el hallarle poca dicha. . Qué quieres? . Apenas a rondar saliste, cuando llegó un criado a la puerta, y me dio aqueste papel, advirtiendo tesle diera al punto, porque importaba mucho: aquí traigo linterna prevenida, para que, si importa, luego le leas. Alumbra. . Qué será esto? . En esta Isla, que riega el Betis, un Caballero de ilustres, y nobles prendas, os aguarda aquesta noche, que averiguar quiere en ella, si quien hace ofensas sabe en el campo defenderlas. Si será traición, que alguno, por vengarse de mí, ordena (Cielos) sacarme a la Isla? pero lo que fuere sea: yo he de ir solo, vive Dios, sin que los tres nada entiendan. Vete. Suspenso ha quedado el Duque. Señor, que sea disgusto temo. . No es nada Esta es la casa. . A la pues llama. . . Quién es? . Estas su voz. . Quién es? Abre apriesa. Apercibid la pistola. Quién me llama? Abra, y advierta, que importa. . Sin duda baja pues que ya los pasos sueñan Quién es? Conoce usté al Duque de Osuna? . Qué gentil fiena a estas horas! si conozco. Pues porque otra vez aprenda a respetar sus criados, tome. . Confesión, clemenda Ay, que me han muerto! Hola, aquí os aguardo; dad la vuelta, llegad a verle fingido. En tanto, sin que me vean voy a la Isla: el valor no ha de vivir con sospechas, y el mío jamás temió. Ay, ay! . Qué voces son esta Confesión. . Quién está aquí Señores, lástima tengan de mí: si Cristianos son vayan a San Pedro apriesa, y tráíganme un Confesor, y sino a la Magdalena vayan por un Cura presto, que me desangro. . Qué llena tiene la ropa de sangre! Dónde es la herida? . Abiertas las costillas a este lado siento; vayan muy apriesa, miren que me da un desmayo. Anímese, que ya llegan Confesor, y Cirujano. De aqueste lado le tengan. Mire usted no me lastime, no me entre mucho la tienta. Qué tienta? que vive Dios, que no tiene nada; vuelva. Cómo puede ser, si siento la bala dentro? . Es quimera; pero pague con el susto su osadía. . Burla fue esta. Vaya a acostarse. . Esta sangre qué es? . Almagra. Hay tal cautela! Notable ha sido la burla! Entre, recójase, y duerma. Aún no lo creo, por Dios. . A dónde está el Duque? En esta puerta quedó. . No parece. Busquémosle, que recela el alma algún daño. . Yo daré a esta calle la vuelta; id los tres por esa. . Aquel papel no la ha de hacer buena. Pues mi amante tan ingrato a los riesgos, y las quejas, justas finezas olvida, y obligaciones desprecia: en esta Isla, que el Betís con muros de cristal cerca (que es bien que venga a la Isla quien tiene en ardientes penas asidos los pensamientos, que son de Amor dulces prendas) ver el sangriento castigo, que da el valor a la ofensa, la venganza a la justicia, y la razón a la afrenta. El Duque muera, aunque yo viéndole sin vida muera. O lo que pueden los celos, y lo que irrita la fuerza de un desprecio, pues me obliga a que atrevida, y resuelta, arrojada, y temeraria, la cobardía depuesta, con que a mis intentos puso freno la naturaleza, con varoniles acciones, descubra la llama inmensa de Amor! Tú, Betis undoso, de quien Oriente las sierras son de Segura, y Ocaso del Mar las espumas crespas, locos volcanes apaga, y amantes incendios templa; mas no sé yo si es bastante para templar tantos Etnas, que para el fuego que traigo, es poca el agua que lleva. Rompiendo un barco veloz las cortientes alagüeñas del río, que sus cristales por esta playa pasea, llegué a la Isla, y aquí, sino me engaño, se acerca un bulto: aqueste es sin duda. Si doy crédito a las señas él es: es el Duque? . Sí: y tú que con tan resuelta osadía me has llamado, quién eres? . Quien una ofensa vengar pretende en tu vida. Pues ya la ocasión se llega, desnuda el luciente acero, que aunque tú mi igual no seas, yo depongo el ser quien soy: llega. . Defenderte intenta del brío de mi coraje. Con qué denuedo pelea! Con qué valor se resiste! Aunque le falta destreza, es una nube lloviendo rayos de acero en centellas. Te detienes? . Mal la voz con el aliento concuerda. Vuelve a reñir, a qué aguardas? Pues verás: qué miro! Celia? tú con espada, y broquel? Yo soy, qué quieres? pelea. Hay rapaza más airosa? Pues simple, no me dijeras cuando yo te despreciaba, que eras valiente? ven, llega a mis brazos, que te juro, vive el Cielo, si supiera, que tanto valor tenías, que fueras de mis finezas dueño. No he visto mujer más bizarra, y más resuelta! Es tanto el rigor, señor, con que me has dado la muerte, que quise, para vencerte, valerme de mi valor: así presumi mejor rendir tu desdén, y es bien cuando dos fuerzas se ven en los dos, pues tengo osada yo la venganza en la espada, tú el agravio en el desdén. No es bien, que el alma resista en el castillo asaltado del pecho de tal Soldado la valerosa conquista: amante, y rendido asista, postre el ingrato valor, deponga el ciego rigor, rinda el desdén sin segundo, para que confirme el Mundo, que es hijo de Marte Amor. No tengo que agradecerte, que me vuelvas hoy a amar, que era forzoso premiar mi amor, y trocar mi suerte: porque si era piedra fuerte, como del desdén lo infiero, tu ingrato pecho severo, y mi acero te tocó; qué piedra fuego no dio a los golpes det acero? La piedra, Celia, tocada del acero al duro ruego, después que despide el fuego, se vuelve a quedar helada: y si el alma enamorada vive, tu luz adorando, que no es piedra, estoy juzgando que a serlo, era fuerza, entiendo, estarme siempre riñendo, para que estuviese amando. Gente viene. Que es posible, que de esta suerte se atreva Vuecelencia::- . A qué? A atriesgar su persona? . Así nos deja ayudando a bien morir a un Alguácil? . Qué os inquieta Así se da cantonada a los amigos? . Tu ausencia, y el recelo del papel, nos dio tal disgusto, y pena, que partimos a buscarte: dijo un guarda de la puerta, que habíais salido; llegamos al río, tuvimos nueva, que habíais pasado a la Isla, y venimos donde tengas defensa en nuestros aceros, si alguna traición te ordenan. Y Afanador? . Fue por otra parte a buscarte, y que venga dudo, que solo este barco estaba a la orilla. . Pena me ha dado vuestra venida. Un hombre nadando llega a tierra. . Sin duda es él: desnuda la espada obstenta atravesada en la boca. Quién va allá? Gran valor muestra. Afanador, qué es aquesto? Cómo está con esta flema Vuecelencia, cuando yo creí, que ahora se hundiera esta Isla a cuchilladas? Sosiega, que la pendencia ha sido con una Dama. Cuerpo de Cristo con ella. Celia alentada, y briosa me sacó a reñir, y es esta que estáis viendo disfrazada. Desprecios a quien no alienta? En vano me mojé. . Raro valor! . Extraña fineza! Volvámonos a embarcar: Celia con nosotros venga. Al fin, vuelves a premiar mi amor? . Será, Celia, eterna la fe con que he de adorarte. Qué prendas das? Qué más prendas, que el alma? Me harás más burlas? Todo mi amor será verás. Y el desdén? . Ya tuvo fin. Y el desprecio? . Fue una tema. Me has de amar? Mas que a mi vida. Con qué amor? . Ahora empieza. Adiós, Doque. . Celia, adiós. Qué bizarro! . Qué resuelta! Líbreme Dios de tu brío. Como a mí de tu belleza. tra tis tralera tia ciatia alera ciatra

JORNADA TERCERA

JORNADa tercera Sea el señor Don Octavio de Aragón, tan bienvenido, como ha sido deseado. Dios, Afanador amigo, para blasón de la Patria, dilate tu vida un siglo: a dónde está el Duque? . Ahora con Don Miguel, y Carrillo a ver la Comedia fue. Y vos? . Verla no he quetido. Por qué? Porqué nunca gusto de Comedias. . Pues conmigo habéis de ir, que dilatar no quiero el ver a mi primo: sentí el no salir con él, mas ya sabéis fue preciso, pues salió, cuando en Madrid estaba yo con designio de desengañar al Rey, que mal informado, quiso dilatarle la prisión, que el vulgo juzga delitos los juvéniles ardores, y los valerosos bríos. Decidme, mientras llegamos, todo lo que ha sucedido después que de la prisión salió. . Escuchadme, si os sirvo en referirlo: En Sevilla, . de aquel esférico libro del Orbe el mejor discurso, dio de su valor indicios, como sabéis: de la puerta de Triana, en que prodigios fue dando a la emulación su valor nuevos motivos, le mudaron la prisión, de Arévalo al gran Castillo, cuyas soberbias murallas compitiendo con los siglos, son de inclemencias del tiempo inexpunables testigos. Hallose en esta prisión el Duque tan oprimido, que viendo en su libertad el cuidado más remiso, muy prolijo el sentimiento, y el pesar muy conocido, se entristeció de manera, que Alonso Gonzalez, hijo de Marte, Capellan suyo, que en las armas y en los libros fue asombro de Salamanca, nos dio de su pena aviso a Don Míguel de Ribera, a mí; y los tres revestidos de valor, mas que de armas, mas que de industria, de bríos, a cuarenta arcabuceros, que le guardaban continuos, embestimos una noche: procuraron resistirnos, mas no les valió su esfuerzo vano, sobervio, y altivo; porque Don Miguel fue un rayo, y el buen Clerigo, no he visto quien con más lindo despejo, y más sazonado aliño pelee; porque enfaldada la sotana, dio principio a la pendencia, esgrimiendo un montante, sin que tiros le ofendieran, que entre el humo parecía un torbellino. Perdonad, si en referir aquesto os escandalizo, que San Pedro, padre suyo, otra noche hizo lo mismo, por librar a su Maestro. Yo fui, al fin, quien menos hizo; pero bastamos los tres a dejar todo aquel sitio desocupado de gente; y sin estorbo subimos a la Torre: a nuestro Duque libramos de aquel peligro; y a la posta desde allí aquesta noche partimos, antes que en brazos del Alba saliese durmiendo Cintio. Entramos, al fin, en Francia, con acuerdo y con designio de pasar todos a Flandes en defensa de Filipo, a donde el Duque restaure su gracia con sus servicios. En una Aldea de Francia, que es jornada del camino, donde una noche llegamos (y bien mojados) tuvimos un disgusto, y un enfado de cuidado, y de peligro; porque al huésped, un Francés soberbio, y descomedido, le maltrató; llegó el Daque, y con cortesia quiso reportarle, mas no pudo; y empeñado va su altivo corazón, de bofetadas le dio: el Francés ofendido, acaudilló en un instante a sus parientes, y amigos. Cercaron toda la casa, envistieron atrevidos, resistímosles valientes, matamos a cuatro, o cinco: alborotose el Lugar, toda la justicia vino, tocaron luego a rebato, siendo la Aldea un abismo de confusión, y de armas, de llanto, voces, y gritos. De más de doscientos hombres la cólera resistimos; y pues a mí, Don Octavio, que al temor no he conocido, me parecieron doscientos, que eran muchos más colijo. No bien satisfecho el Duque con valor, arrojo, y brío, pegó fuego aquella noche a la Aldea; y vive Cristo, que ardía, que era un contento eran, según nos han dicho, Herejes, y él quiso hacer un Auto del Santo Oficio. Salimos, al fin, señor, de la Troya de poquito a pie, y no poco cansados; al fin, desde allí partimos a Paris, donde una Dama, toda garbo, y toda brío, cuyos soñolientos ojos despiertan al más dormido, le pescó dos mil escudos, sus amorosos motivos entreteniendo, y aunque ella procuraba resistirlo, entró una noche en su casa, y a la voz de un, ay Dios con bellidos ojos, que nunca fueron tan bellidos por lo traidores, y más descansada de un Domingo, dijo, que se retractaba del pacto del compromiso; porque tenía hecho voto de ser Monja a San Francisco. El Duque con desenfado, mal se compadece (dijo) querer ser Monja, y que yo sin haberlos prometido guarde el voto de pobreza, haciéndoos vos dueño mío, y de mis jovas también: mas la Religión estimo de suerte, que ya que el voto de castidad ha querido guardar vuestro honor, ahora que guardéis, Reina, os suplico, el de la obediencia; y luego yo, que quiso, o que no quiso, por su mandado, la testa de una celada le visto, poblada de candelillas, y desnuda, aunque hacía frío, sacándola de su casa, la dejamos en un sitio, donde no la dejó nadie, pues al alboroto vino tanta gente, que la pobre, como no via entre el bullicio, más esquinas tomó, que un Predicador perdido. Esto es, señor, lo que pasa, y aquí está desconocido el Duque, porque pretende no darle cuidado a Enrico, Rey de Francia, de las Lises Clodoveas noble asilo. Notable humor gasta el Duque; mucho me he holgado de oíros, y de que en esta ocasión aquí se haya detenido, porque caminemos juntos: cuando en Madrid tuve aviso, sin dilación me partí; porque pasar determino, con él a Flandes. . Fineza notable! . Todo es debido a los favores, que siempre de sus afectos recibo. Esta es, si no me engaña la confusión, y el bullicio, la Casa de las Comedias: en un balquete, imagino, que el Daque ha de estar. Entremos. Con harto disgusto os sirvo. Quién duda, que es gran Comedia, pues tanta gente ha venido. Qué Comedia puede ser, si en Francia, según me han dicho, en prosa se representa? No iguala al suave estilo de la Poesia Española ninguna Nación. . Carrillo, bravas Damas. . Extremadas: qué de Gabachos que miro! Ya empezarán la Comedia, que ha llegado el Rey Enrico. Así alivio del gobierno los cuidados. Allí miro al Duque. . Escucha, Carrillo, no es Don Octavio aquel? . Sí; y Afanador con él vino. Por la posta me siguió: mucho la fineza estimo: cé. . Mirad, que el Duque llama. Subid. . Después, dueño mío, nos veremos. . Callad, que empiezan como el Rey vino. Monsieut de la Rochela, non me boti buí, pois soz tan bon soldato en la guerra, como buí, non me boti buí. Al fin, Monsient de Bolí, que vas contra el Rey de España? Y he de vengar en campaña la injuria que recibí; diéronle a mi padre muerte sobre San Quiatín, y yo quiero, pues el ser me dio, vengarle de aquesta suerte. Sobre San Quintín? me espanto de aquesta superchería: fue grande bellaquería matarle sobre tal Santo: cómo, señor, le mataron? En la cabeza le dieron con una alabarda. . Hicieron muy mal, pues no le avisaron: materia de duelo es esa; que fue, según adivino, tratarle como a cochino, sacudirle en la cabeza: tales son los Españoles. Es su soberbia Nación archivo de la ambición: los Franceses somos soles. Está muy desvanecido con las Indias el de España. No ha hecho jamás hazaña a quien respete el olvido. Descolorido no ves al Duque? . Quién lo está menos? Él nos trata como buenos. Piensa el Rey de España, que es el mayor; mas su arrogancia le engaña en su parecer; pues aún no merece ser vasallo del Rey de Francia. Mientes, voto a Dios, Gabacho, y los que oyéndote están mienten, si crédito dan a tu voz. . Gentil despacho. Aunque el Rey esté presente, no ha de quedar Francés vivo. Notable enojo recibo. Joven ilustre, y valiente, enviste, que Don Octavio, y Afanador artogantes tomarán de los Farsantes venganza de aqueste agravio. Que me matan. . Ay de mí! Mueran los villanos. . Mueran. Muerto soy. . Todos se alteran. Nunca mayor valor vi. Villanos, con esta hazaña os pretendo aquí enseñar, cómo habéis de respetar el valor del Rey de España. Prendedlos: ha de mi guarda, cómo temisos estáis? Viles Franceses, no huyáis. Mi valor los acobarda. Será, villanos, etetno castigo tan singular. Váyanse a representar al rablado del Infierno. La furia de mi valor no dejará en Paris gente. Qué brioso, qué valiente manifiesta su valor aquel máncebo atrevido! Con qué arrojada fiereza acometió su nobleza! De su empeño he colegido, que quien de su Rey ausente así defiende el honor, lo defenderá mejor cuando le tenga presente. Monsient, non me boti bui, A mí, traidor, no repotres, Botí bui::- No entiendo botes. Esclavo soy de buí. Tú te atreves a mi Rey? a mi Rey, borracho? . Ten Españólete valiente. No lo sabéis bien. . Ya es le Si el Rey de Copas turbadas tus potencias tuvo aquí, hoy sabrás, que para mí el de España es el de Espadas. Entra, Español, al calabozo. Cielos, como sin culpa he de sufrir desvelos tan duros? más, culpa es, si se advien seguir un loco amante de esta suerte No escugiera otro vicio! tan presto de ladrón usa el oficio? No soy ladrón, Francés, que mi enidade llora la libertad, que me han robado. Yo en Paris? (qué rigores!) . yo presa? (qué pesares!) sea prólogo mi voz de mis dolores, viertan mis ojos fuentes a millares. Ay Daque, dueño mío, adorada prisión de mi albedrío; por seguirte, y por verte, he llegado a las puertas de la muerte! Ponedle grillos. . Amigo, excusar los grillos puede, si gusta. . Tan delicado es de pies. . Mas los Franceses lo son de cabeza, pues a muchos sé que les duelen a estas horas. . Que no quieras descubrirte? . Ya me vuelves a causar? . Ponedle grillos. Aquestos doblones pueden redemir la vejación. . Está bien; mas solamente será la suya, porque sus camaradas no tienen de quitárselos. . No importa. Ya al calabozo descienden. Dios los guarde, camaradas. Qué pretendes de esta suerte? vive el Cielo::- . Calla, calla; porque le daré la muerte, vive Dios, a quien mi nombre, y nobleza descubriere. Cielos, no es aqueste el Duque? . quiero acercarme. . Ustedes se vayan acomodando. Señor? , . Qué es esto? quién eres? Soy la infeliz más dichosa, pues aquí he llegado a verte. Celia? mi bien, la ocasión de tu prisión me refiere. Qué hay Don Miguel? Qué ha de haber, Afanador, que me tiene aqueste loco del Duque fuera de juicio. . Él se entiende. Yo con grillos? yo en la cárcel? Si Don Octavio lo siente tanto, qué haré yo? . Y al fin, señor, osada, y valiente, siendo Fénix del Amor, como de desdichas Fénix, sabiendo, que a Flandes ibas, te he seguido de esta suerte. Al entrar en la Ciudad, las maletas ver pretenden las Guardas, desvalijaron civiles, y descorteses mirropa, hallaron entre ella mis joyas, y aquí me prenden, diciendo, que hurtadas son: mas como de aquesta suerte estás preso tú en la cárcel? qué es esto? habla, que tienes, en turbación tan confusa, de un hilo el alma pendiente. Escucha, y sabrás la causa, que en esta cárcel me tiene. Camaradas, cada uno, o pagará la patente, refiera de su prisión la causa. . Seores Franceses, den principio a lo propuesto; diga el hermano Vejete. Yo, señores, me crié en España. . Tenga, espere: fue Amolador, o Aguador? vendió navajas o peines? 1. Señores, yo fui en Sevilla en casa del Asistente Aguador de carretón, pienso que catorce meses. Que estos se vayan a España, donde sin vergüenza venden el agua que no nos llevan! Cuando los viles Franceses llevaran agua de Francia, vaya con Dios; mas que intenten que el agua, que allá tenemos, nuestro dinero nos cueste! Prosiga, por qué está preso? e or soplón. . Y 1. Por valiente, por siete chirlos que he dado. Oh gran Francés mata siete! 1. Soy asombro de Paris. Tan mala figura tienes? Don Miguel, qué decís de esto? Que está diciendo, no advierte, que es su arrogancia enfadosa? como puede ser valiente un hombre que fue Aguador, cargado ordinariamente del carretón, como el otro de la Piscina? no piense que está entre bobos. 2. Yo soy de los Pares descendiente. Calle, que es un pobretón. Yo voy, por un pistolete, huyendo de España a Flandes; y dio en que había de prenderme un Monsient, porque pasé delante de él sin hacerle cortesía. . Cómo es esto? Español es? . Sí, mis Reyes. Y de dónde es? . De Sevilla, donde Alguácil de los veinte fui. . Señor? . Qué? El Alguácil del pistolerazo es este. Qué dices? No hay que dudarlo: hombre mira que presente está el Duque. . Habla más quedo. Qué dices? . Que verlo puedes. Señor? . Dónde camináis? A Flandes. . Por qué? Atendedme: Cuando de Venus se ensayó mi hermana, por los garbanzos, no por la manzana, el infelice día en que holla la sala parecía; pues con garbanzos, y con carne estaba, aunque de ellos el zumo se apartaba: yo indignado de verlo, y más de oíllo, prender quise a Carrillo, para vengar mi enojo, y del tuyo despojo fui; pues aquella noche me burlaste, y tirarme mandaste el pistolete, que aunque no tenía bala, me pareció de Artilleria. Celebrose la burla de manera, que en saliendo de casa, hoía a cualquien decir (hasta el más mísero pobrete, allí va el Alguácil del pistolete. Los muchachos aunados me seguían, y daca el pistolete, me decían; y si en la plaza, o en la Audiencia entrabo una rueda de todos me cercaba, diciendo, sin vergüenza, ni embararo doliole mucho a usté el pistoletazo? Aún los amigos, que a mi esposa hablabía de mi herida, el pésame le daban; y a tal estado vengo, que a un niño que yo tengo, cuando me iba por vino a la taberna, decía la gente con voz tierna: Es, niño peregrino, para curar a tu padre aquese vino? Pues qué diré, señor, de un primoberna que tengo Cirujano; tuvo noticia de que estaba herido, vino despavorido, y sin que de su intento un punto tuena dio que había de curarme de por fuero Al fin, señor, yo viéndome afrentado determiné venirme a ser Soldado; pues me han corrido tanto, que un Peer me dijo, que mi cara era baqueta Gracioso, por Dios, ha estado Don Octavio, qué os parece? Vive el Cielo, que no sé, señor, quien sufrirte puede: buen humor gastas ahora. Tú preso? esto se consiente? Al Embajador de España avisaré. . No lo intentes. La puerta del calabozo abrieron. . No me parece esto bien. , Los Españoles dónde están? . Aquí nos tienes A tomar la confesión vengo, porque los jueces dan el término por horas. Y ya en la plaza previenen horca: encomiéndense a Qué escucho? Cielos, valedme! Haced la Cruz; qué decís? Digo, que desde un balquete me puse a ver la Comedia, y unos borrachos Franceses hablaron mal de mi Rey; enojeme, y arrojeme al tablado, donde algunos maré. . En aquesto convienen todos. . Pues vayan firmando. Qué aquesto el Duque consiente! no tiene juicio el hombre que le sigue. . Amigo, él quiere, vive Dios, que nos ahorquen. Señor::- Calla, que no entienden lo que he firmado. . Qué dice la firma? . Después lo puedes por los efectos saber. Adiós; y al punto se apresten. Afanado:? . Qué decís? No siento tanto la muerte, como que me ahorquen, porque la afrenta sin mí me tiene: yo ahorcado? voto a Cristo:- Señor, dime, qué pretendes? a qué aguardas? a qué esperas? Yo, señor por ti mil veces moriré, sí, vive Dios; más excusalo, si puedes. Cómo puedo yo excusarlo? Señor, haz que me deguellen a mí, porque si me ahorcan, bien conoces que es perderme. Señor, por amor de Dios::- Amo mío, no me dejes ahorcar; soy yo negocio, que tengo de estar pendiente? Amigos, a confesar, que es de día, y ya el Corchete, y los bórricos aguardan: salgan luego los Franceses del calabozo. . Qué escucho? escribirele un billete al Embajador de España, que aquesta es locura. Advierte::- Presto, señor Don Octavio. Callad, y ánimaos, pobretes. Qué nos hemos de animar, pléguete Cristo, si tienen los bórricos a la puerta? Don Miguel, Afanador, y Carrillo? . Qué nos quieres? Vamos presto a la Capilla: todo el mundo se confiese. Oís? no os he dicho yo, que va de veras? . No puede el Embajador de España dejar de venir a verle. No ves que están los borricos a la puerta? . Cuatro veces he soñado, que me ahorcaban. Pues veréis como os sucede. Vamos de aquí. . Cristo mío, que me ahorcan, miserete. . Agradece con extraña fineza su Santidad la concordia, y amistad, que hoy tiene Francia, y España. No dan pequeña ocasión los Españoles en Francia, que es en ellos la arrogancia hija de su inclinación. Prometoos, que me admiró el Español alentado: qué colético al tabiado ayer tarde se arrojó! Envidia tengo al de España, por el afecto, y la fe de sus Vasallos, que fue digna de un Hector la hazaña. Señor, llegando a tomar, para substanciar la causa, la confesión a los presos; y porque los Jueces mandan, que los ahorquen al punto, firmó uno de ellos: qué rara confesión! le, y verás. Dice la firma más alta: Don Pedro Girón, el Duque de Osuna, y Grande de España. Claro está, que no pudiera atreverse a tan bizarra acción, sino un hombre ilustre. Corrido estoy, y a la Guardía prevenid con apararo, y con Majestad Cesarea . le traigan luego a Palacio. El Embajador de España pide licencia. . Sin duda, que ha sabido lo que pasa: aguarde, porque conmigo también por el Duque vaya. Vive el Cielo, que este loco se ríe, y lo hace chauza, sin ver que están los borricos a la puerta. . Alma Cristiana, acuerdare de tu Dios. Es posible, que tal haga un hombre como vos? . Pues qué hago yo en rezar? basta, que lo hacéis chanza también; pues qué queréis, que se vaya un hombre de aquesta vida cómo Turco? . Hay más cansada porfía . Creo en Dios Padre::- Oís, Don Miguel, por la estampa de Dios, que me han de ahorcar. Llega, y mira cuales andan. Despéñalos, por tu vida. Celia, escucha, mira, y calla. No confesáis? . Cómo puedo? si luego al punto nos sacan, y yo para prepararme he menester diez semanas? Criador del Cielo, y Tierra::- Qué dirán mi Madre, y Juana Padre nuestro: voto a Dios que estoy sin juicio. Ay, qué ausias! Que se esté riendo de vernos y jugando con su Dama, que se la deparó aquí Bercebú. . No tienen alma, Esto de estar los borricos a la puetra me desmaya. No tenéis Rosario? . No, amigo. . Oís? Qué hay? . El alma en los sueños de estos días me adivinó esta desgracia. Afanador, el demonio nos trujo a parar a Francia. Qué dirán de mí en Vetera, que la estimo como Parria? Creo en el Espíritu Santon El Rey, el Rey, puerta franea Liberrad. , Dónde está el Daque? Rendido a vuestras Cesareas plantas. . Primo, levantaos, cubríos. . Fineza rara! Cómo venís? . Cómo quien tan grande favor alcanza: perdonad, si la pasión::- En inmortales estatuas merecéis ser aplaudido, primo: dad orden que salgas libres cuantos presos hay. Viva el Hércules de España, Don Miguel, ya no me ahore Con que a mí me degollarán, no sintiera el morir. . Dios se lo perdone, que estaba bien contrito. . Vamos, prim Estimo mucho honras tantas, Viva el gran Duque de Osur Y aquí, Senado, se acaban las Mocedades del Duque. Perdonad las muchas faltas