Texto digital de El míralo todo en Castilla, en Nápoles y en Sicilia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El míralo todo en Castilla, en Nápoles y en Sicilia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/miralo-todo-en-castilla-en-napoles-y-en-sicilia-el.

EL MÍRALO TODO EN CASTILLA, EN NÁPOLES Y EN SICILIA
JORNADA PRIMERA
Y Tictor, victor Salamanca. V Viva el Rei Pelipe V. Portugal, señores, viva, y viva su Rey Juvicto. Llama, Márcelo, a Isabela, y a Don Lope, mi sobrino, porque quiero, que ya sepan de tanta fiesta el motivo. Hoy todos los Estudiantes de este Pueblo Salmantino andan por aquesas calles como locos dando gritos, y yo quisiera saber a qué fin es tanto victor. Luego que vengan tus amos, que lo sepas, es preciso. Pues si en aqueso consiste, ya desde aquí los diviso. Pues diles, que entren, que ya les espera mi cariño. Señor, a vuestra obediencia está el rendimiento mío. PRIMERA La voluntad siempre en mí. prompta está para serviros. Yo salto para escuchar, si, como a mi cargo, es fijo, que tengo en aquesta casa solo de servir oficio. Llegó aquí ya la noticia como casaron los hijos de Nuestro Invicto Monarca; (que Dios guarde) muchos siglos, con los del Rey Lusitano, cuyos Reales regocijos, hoy con aplauso celebra el concurso Estudiantino. Paso también a informaros, como por buenos amigos adquirá plaza en Palacio, a cuyo honor adquirido se junta como a mi hija de Camarista colijo lograra con digno empleo, también en el Real servicio de las Intantas, lo que me ha ce el cuidado preciso seguir la Casa Real, dejando por ahora Libros. Catedras, Leyes Authores, y los demás requisitos de mi antigua profesión; y queriendo hoy advertirlo a vuestra noticia, es fuerza el que estemos prevenidos muy luego, pues yo en breve el viaje determino. En toda fortuna, siempre, buena, o mala he de seguiros. Mi suerte, señor, la sundo, por mi señor, y mi tío, que a ser más, y no ser menos, lo asegura vuestro arrimo. Y yo me haré así de pencas, pues caderilla, abánico, basquina, y chinelas son claros gajes de serviros. Trueque feliz de mi estrella, son aquestos vaticinios, pues las letras son cimiento de las honras que imagino Siempre en mi tendréis Don Lope, pariente, amparó, y amigo, Aquí entro yo, porque estado, con más silencio imagino, que un Fraile en el Refectorio; y que an el Coro un Novicio; para hacer acá en lo atento, mas infinitos juicios, que he de dejar Famulante los bártulos en que afirmo, o que ellos a mí me aburren, o yo los tengo aburridos: hallá voy a se planeta de todos los doce Signos, y en Libra de mi ración, he de encontrar al de Virgo en un rico Marrimonio. Si no caigo en mi destino, que femoso, y Cortesano criado fiel me baticinio, Corredor de lances cultos; pero de la bolsa un prisco: yo contaré mis sucesos, y todo cuanto registro, que sol el Míralo Todo del uno, y del otro siglo. Cada uno de sus fortunas. Choronista le averiguo, poniendo a cuenta presente las memorias sin olvido. Pues vamos a disponer lo mucho que hallo preciso. Vamos, y plegue a los Cielos, siempre nos sean propicios. Y vámonos los dos solos a ver si juega el colmillo. Sí, que el proberbio lo afirma, todo Estudiante es canino. Con la celebre noticia de que los Reyes de España con toda su Comitiva hoy en Badajoz se hallan a ejecutar casamientos, que entre dos Reinos se tratan, es el Príncipe de Asturias con la Infanta Lusitana, y el del Brasil, que es famoso con la perla Castellana, Esos casamientos son como se ve a la trocada. Vine, señor, a buscarte para inen tu compaña, dejando en afán prolijo de las leyes, pues me entabla el destino el nuevo empleo de las sendas cortesanas, a que dispuesto os discurro; y puesto, que así se traza, si dáis licencia a mi afecto, será norte de este Mapa, de mi vida, dando el rumbo en seguir vuestra jornada, que si os debí el majisterio en las leyes, ya trocadas, las acciones del discurso, de mi fortuna, la plaza se ha de seguir en vuestro abrigo a elección determinada. Yo os acepto muy gustoso, la elección; pues nada falta de mi afecto, que os dedique, y más cuando en vos se halla tanta amistad con Don Lope, mi sobrido. . Muy ufana quedará mi estimación con honra tan señalada. Tan plausible es, Don Alonso en mi afecto esa jornada, que a no ser elección vuestra, llegara a solicitarla, pues Condiscípulos somos, y amigos; y a que se igualan nuevas transformaciones la realidad de las causas: Venid, y el tiempo, a los dos copie en fortunas preciaras de la suerte igual valanza. Y mi sotana trueque a el avito de Marte las joviales circunstancias. Pues idos a disponer, que podréis hacernos falta. Pues voy a prevenirme. Y sea para mañana. En esto voy advertido, señor Don Roberto, ufana mi suerte con tal favor. Mi amista no os muestranada. Señora, siempre el respecto a vuestros pies obligada deja mi obediencia justa en lograr honras tan altas. Mi padre, y primo os estima, y yo he de seguir su estampa. Criado soy, señora, vuestro. Bamos, pues, y aquesto basta. Pues retiraos Don Alonso. Qué amenidad tan gustosa! Sin duda, que aquí de Chipre, en competencia de Flora se excedieron los pensiles. Qué frondosas alamedas! y qué igualados matices! La hermosura de las fuentes, y sus estamas lo dicen que bien cuidadoso puso el arte esmeros fabames. Aquí, pues, determinado tengo escuchéis lo plausible de una cantada, que el genio apasionado repite la unión de este Re lolazo, pues el tiempo lo permite, afianzando a ser facistol, la plana de estos jardines. Lisonja hacéis a mi justa, pues he destado el oirle. Yo lo he discurrido así, y ahoñora Inés lo sacilite, llamando a Juanelo al punto; que los Múlicos avise. Voy, que por oír yo cantar, los Ciegos juzgo clarines. . Todo el Lusitano Reino justo es que lo solemnice, pues muda esta unión respectos, que juzgó España imposibles. Aquí está el señor Juanelo. El por él sol, y tu simple. No se harodeado en los dos un Paso, sin que deslice. Parte. Juanelo, y al Maestro de la Opera le aviles, como eframos esperando, para e tiempo que se dice. Uny al punto a que gorjeen las flantas, y violines. Son tan festivos aplausos los de este Reino invencible, que solo guerras de amor han coronado sus timbres, Marte alienta en las violas los ardores como esgrime, en cada cadencia un rayo, que encanta, vasalla, y rinde. Antes que el Músico venga os prevengo una noticia: Don Roberto de Rivera, y Doña Isabel, su hija, licencia piden, señor, de haceros una visita. No discurro quien será aquesta Noble Familia. Es, señor, Doña Isabel, una Dama Salmantina, que hoy de nuestra Princesa vino siendo Camarista. Diles, Juanelo, que entren, y ven a prevenir sillas. Voy, y volveré al instante a ver esa Marabilla. No te parece, Leonor, a estos señores reciba allá en la Sala de Estrado? Antes, señor, discurría gocemos la hamenidad de aquesta estancia florida. Ya no es tiempo de pensar porque ha entrado la visita. Señor Don Luis, desde el lance, que por peregrino, acaso a la entrada, que en Lisvoa hizo la Princesa, cuando entre aquella Comitiva a tanto noble Fidargo concurrimos, no he podido, ni veros, ni visitaros, correspondiendo a lo atento a conocer vuestro garbo, y la airosa bizarría, con que me ofrecisteis, cuanto pendiente de vuestro arbitrio careciese en Reino extraño: a que agradecido yo, y mi hija, confesamos esta deuda en ofreceros cuanto a vuestro obsequio valgo en mi empleo, y los favores que debo al Rey Lusitano. Amigo, ya es muy notorio a estilo cortesano practicar urbanidades dignas de immortal aplauso; Esta casa es ya muy vuestra mi Carroza, mis Lacayos, mis haberes, y deseos, para serviros, en cuanto vuestra amistad me impusiere seguro de vuestro agrado. Leonor bella, siempre tuve el mismo deseo, y hoy gano esta ventura, aunque a costa de un tan dichoso trabajo, como el buscar la ocasión de conoceros, y hablaros. Yo me doy por obligada del favor, por lo que gano, y desde hoy tendréis en mí una amiga, cuyo trato en recíproca fineza, solo estudie en vuestro agrado, Favorecida, y ufana quedo de favores tantos. Vos, amigira, tendréis en mi desde hoy muy sobrado mi afecto a la moda del esti so cortesano, acá en el orden, de fina sol mujer de gran tamaño, en el secreto me pierdo, y en el silencio me gano. Pues yo, amiga, soy en todo lo que habéis dicho un retrato: con que así haremos un par, que a los de Francia es un rasgos mirad si será posible hallar dos de tan buen tajo. Las materias de Castibla, en Portugal celebramos mucho, señor Don Roberto, en asunto soberano de nuestra bella Princesa; pero en el decir lo vario de las noticias, lo más de sus faustos nos callaron: y si por primer favor, y ocupar aqueste espacio de tiempo, con gusto igual os estimara, que en algo de tan prodigrosos lances hicierais memoria un rato, si no os disgusta, porque a nuestra Nación le es grato oír, y saber lo que toca al punto de los Fidalgos. Yo, señor, os lo suplico, pues de mi gusto lo es tanto, que a comunes Relaciones. aún aprecio, y aquí alcanzo con vuestro favor el gusto, por entero de este caso. Señores, para serviros hoy tan dispuesto me hallo, que me hacéis una lisonja en el gusto de agradaros. Oíréis un breve poema, que mi padre a concertado. Pues empiezo a obedeceros por servir a vuestro agrado, mandasme, señor, que refiera de la feliz Esfera de novedades ciertas, y cabales así en las vodas Reales, que el Orbe ha celebrado (do del Príncipe de Asturias afama- con su Consorte bella, del Lusitano Cielo hermosa estrelía, y el Prícipe eminente, que del Brasil esmalta el rojo oriente con la bella de el mundo marabilla, María Victoria, Infanta de Castilla; y para gozar de las dichosas paces, nombró el Reya el Marqué de los Bal por ser Gamade de España, vases, que a Portugal en posta del Sol baña los Montes en diamantes, multiplitando rayos más brillantes, en puros explendores, (res, pues son del Sol de España los fulgo. cuando a llevar la Joya, (apoya, grandezas, que este Olimpo Hspaño lo que en breves razones dice este discurso en Relaciones: Concluido este viaje sin que haya otra ocasión, el curso ataje el aplazado asiento, que de dos Monarcas firmamento es en la raya hermosa, siguió el destino de la acción famosa; y del sueceso, que ya llega, fue de los Desposorios, y la entrego, de las bellas Infantas, cuyas luces, y estrellas fueron tantas, que senecido de este caso el modo, y el Regio Desposorio, acabó todo, siguiéndose de júbilos iguales entre los dos Monarchas fiestas Rea, (les, con tan festivo asunto, que aquí perdió el ornato el fausto juna excediéndose el Arte (to en los dos Reinos por mostrar su para y el de Asturias contento (te, pobló en su Corte nuevo firmamen- a cuyos Astros solo (to; compitiéndose uno; y otro Polo quedó el felice cambio concluido; y esta es de este suceso expresamen? la esfera jubilosa de su Oriente. (te Confiesoos, que me ha tenido divertido la bien hecha narración de vuestro ingenio, que este succeso concierra. Esto ha sido lo conciso sin digresiones molestas. El alma de los discursos, en la substancia se estrechan. Hasta esto trañe de más gusto estarlo mucho en cadencia, que diga en cláusulas de oro lo que ciñea lo que expresa. Lo mismo es cuando en un sí todo un dote se concierta. Hermana, cada uno siente donde le punza la queje Aquí están ya los Orpeos Portugueses, con quien mide el más Rui Señor el canto, porque Castela se admire. 1. Aquí están, Señor Don Luis quien a serviros dirige las tareas del estudio de este concierto apacible. 2. Solo vuestra orden se espera. Justo es, amigos, que estime, que acompañéis el aplauso, con que Portugal repite las glorias de aqueste asunto, Ya la atención se apercibe, que tras el gusto, el afecto de otra armonía se sirve. Siempre la cadencia es alma del concierto, cuando dice, conforme con el asunto, lo que al oído so ennice: y más cuando esta Nación es en todo tan plausible, y en obsequio de su Reí con sus afectos compite. Por eso el Orbe celebra sus faustos en los butiles. En todo igualáis las honras que en vuestro favor consiste, Y ya qué hay en que tenernos? vuestra atención nos lo avise. Pues, amigos, al efecto. 1. Ya el arco el serviros dice: De las doradas flores Aladas, que el Mayo argenta, y el Alba augmenta, cante mi lira, cuando el Narciso de Austria hizo en Lusitana, flor soberana bella la Aurora, canta sonora la unión hermosa, Jazmín, y Rosa, Brasil triumfante, y en tanta gloria de amor Victoria logra en Mariana Rosa temprana, Laurel amante. 2. Amor flechero fue aventurero, y en dulce lucha su dicha escucha, cuando vencida de dos bellezas triunfa finezas bello tropeo, regió Himeneo de gloria unida. 1. Hoy amor a nuestro Imperio sus arpones avasalla, que a la beldad que se rinde, triunfo de su dicha enlazan. 2. Un Adonis Lusitano, Victoria logra en dos Almas, que es la guerra tan suave, que por unirse se matan. 1. María Bárbara, y Fernando, Príncipes son en España, y para Reinar amantes, su amor su Imperio dilata. 2. El Príncipe del Brasil Victoria logra en Mariana, que hace guerra en su hermosura, la fe con que la idolatra. Qué bien el metro dibuja de los afectos que siente la gala de su fineza en los genios Portugueses, bien puede gloriarse el Orbe, que Vasallos a sus Reyes ninguno, entre sus lealtades competirlos, podrá verse en la espada, y en el verso demuestra su aliento siempre, siendo en la Escuela de Marte Músico ardor el que impele. El valor, en la ternura no se mudan, y entorpece, que antes lo apacible encubre la entraña de fuego en nieve. La solla con la viola llevo a la Campaña siempre, y con pasos de garganta, cualquier gallina se muere. So Fidalgo muirancioso, y no de Gamos monteses, sino de los fortes gamas, que ason brarón a la morte. Bien se ve en tu ligereza. Parejas hay diferentes. Digo, pues, amigos míos, que este bolsillo demuestre mi estimación al trabajo de este rato tan alegre. 1. El Cielo os guarde, señor. 2. Y tan feliz os prospere, que vuestra Prose se ilustre, siendo de Abis el Muestre. Adiós, que yo el buen afecto aprecio como merece. . Ya señor Don Luis discurro, que el viaje a Sevilla llegue tan pronto, que sea preciso prevenciones de repente. justo es, que os retiréis. Solo el separarme siente porahora el gran afecto, que vuestras prendas me debe; pero es justo obedeceros de otros cuidados pendiente. Pues, señor Don Puis, adiós. El os guarde, y os conserve, Amiga, vuestra soy ya, y seré perprivamente. Esa honra, y ese gusto conservar a mi amor siempre. Y yo, señora, también, que sigo a mi ama el torrente. Yo lo estrmo, a diós, amiga. E os guarde y os prosuete. Adiós el tono de lués, la hortelana, que no puede como el Alba entre las coles, hallarse en los misereres: Ea, pois, bela Castela; a vos es fuerza me acerque, pues a Sevilla la Grande, va con la Fidalga gente nuestra Infanta Lusitana, y yo llevo acá entre dientes ciertas cosquillas de amor, que me comen; y estremecen: silencio, penas, silencio, que hay sus celos, y su dengue, y ahora es tiempo de callar, que sin cenar nadie duerme. En qué piensas, majadero? Haces unos Entremeles, que pareces en el gesto a un Poeta de los veinte? Tengo yo un alma en mis carnes; y está en penas diferentes, pues callo, y acá en la ierga se me queda el accidente, una sarna, que se cura con el Cura, si se quiere; y si no se rasca, así se carcome el que padece, tengo como pobre miedo, que la cabeza me enferme con vaguedos, que la Luna cuando está menguante, tiene, y tengo pocos dineros: miran si lo triste puede, no siendo más hasta aquí; que un jumento estar alegre. Juanelo, allá en la Borica puede informar lo que siente, que hal remedio para todo, y mire lo que hacer tiene. No me has entendido, Inés? Entiendolo quien lo entiende. Pues plega a Dios, que en sordezeas. Pues piega al Cielo que ciegues, Fámoso para la caza. es este apacible sitio del monte de Castila blanco; que es de Sevilla vecino. Aún por eso nuestros Reyes lo dedican para el tiro en afanes de Diana, en que ahora divertidos estarán en Santa Hlaya. Creo allí se han detenido en alguna gran batida, que en su bosque se previno por Don Alonso del Corro, de que estaba con aviso, y yo, mi Flora, quisiera, sepas lo que he discurrido. Ya, señora, lo sabré, si gustas de referirlo. El que nos fuesemos luego paseando ese camino, por si lograr fuese acaso algo de su regocijo. Vamos, pues; en hora buena se de vuestro gusto al destino. En esta selva apacible, florida estancia del Mayo, donde sus amenidades, son el umbroso teatro, en que el afán del camino se brinda alegre al descanso; de cualquiera pasajero ataremos los Caballos, y de este breve reposo, válidos algún espacio, daremos tregua al desvelo de cuidados Cortesanos. Sol conforme, pues yo vengo de la jornada cansado, y ya la Villa está cerca, conque no sirve de atraso el habernos detenido. Sin duda, que el Rey ha estado deteniendo en este sitio de alguna batida al paso. Es verdad, pues estas voces lo acreditan, y reparo que el rumor se nos acerca. ̱. Guarda el toro, huye, que el diablo no es más valiente, Perico. Ya se nos vivo un fracaso. No hay quien me socorra, Cielos en riesgo tan apretado? Cuantos Santos hal invoco: Válganos un Todo Santos. La voz de mi prima es esta, si yo a el eco no me engaño. Vamos, pues, a socorrerlas, que hasta lo lastimado de su queja, para hacer cuanto obliga el empeñarnos. Descansad, señora, aquí que ya queda asegurado el peligro, pues la fiera, despojo es ya de ese campo mas qué es esto, bien lo dije yo, que el eco pronunciado era de Isabel, mi prima. Ya, señor, de este desmayo restaurada: mas qué miro! Don Lope, primo, no extraño esta acción, en el valor de tu sangre, y lo gallardo de tu brío, pues en todo sois de lo noble el dechado, Venturosa, y peregrina, la ocasión, aquí me trajo, pues en ese Prado yo, y Don. Alonso dejamos del camino algún descanso viniendo de Badajoz. Aquí podéis descansar, señora, algún buen rato, que ya está la compañera por mi camarada en salvo, Toda mi vida, señor, por vos, estaré rezando, que os libre de tias, y suegras, que son del mundo contagin tal valor nunca se ha visto! En que os detuvo el fracaso, que os detuvisteis, pues yo dejando desjarretado el Toro saque a mi prima. Llevó el medio hacia otro lado a esta niña entre la breña, y aba yome miré admirado, pues solo una Zorra fue de su temor el fracaso. Esa Tigre, o ese León dio sobre mi tan gran salto, que sacudiéndome el polvo, y sintiendo mil araños, ya me discurrí tragada de la gran bestia de plano Por teneros tan por suya hizo el brindis en el trago; pero no era buche aquel en que cupiese tal garbo. Yo, señor, (oy de tal genio en lo suave de mi trato, que pudiera sucederme este peligro en lo blando. Vámonos, pues, a Sevilla, que mi Padre está esperando. Para serviros, señora, yo osiré acompañando. Pues ahora con vos iremos. Yo me iré con los Caballos. Vámonos por aquí, prima. Soy gustosa de este hallazgo. Vámonos, pues, señores, no suceda otrofracaso.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Llámame a Leonor, amigo, que no descanso un instante, que sol padre tan amante, que con su atención consigo el alivio más constante. Voy, señor, que aquí dirán con acertado consejo, que quien se contempla viejo, busca sus canas jordan, y en ella gusto, y gracejo. La marcha ha sido prelija, y su juventud Lozana, aunque el mal rato corrija no dirá de buena gaña cosa que sienta, o la aflija. Señor, algo divertidas estabamos al jardín. Y por eso entreten das pero a serviros, en fin, siempre estaremos rendidas. Ya que a esta Ciudad me trajo de la obligación, que sabes el destino, y que en los faustos de los casamientos Reales no pude hallarme, a motivo del curso de mis achaque, cuando Castilla, y Lisboa en demostración gigante hizo a la Fama carteles, que sus clarnes reparte mientras la Carroza llega, para que a Palacio paso abelar la Regia mano de la Princela, escucharte apereciera el sueceso, y concisamente grave lo substancial de las tiestas, pues como los naturales de nuestra Nación aprecian tan honradas vanidades, sin pasión, ni digrosiones, tu ingenio sabrá en lazarle. Aunque yo, por mi cuidado de Camarista, este lanco no hubiera atendido tanto, de todo hicieran capaces las noticias de ambos Reinos de Caballeros, y Grandes, y así, señor escuchad de mi obediencia el dictamen. Pues si yo he he estarme muda? antes por ver, y saber ando en espíritu, siendo archivo de novedades, serviré de apuntador, si algo, señor, se olvidare, si este ingemo no se atraza. Y lo harás, Inés, muy grave. Y por tal, ya, me contemplo capaz de este Guarda. Infante. Los criados no han venido, aunque discurro no tarden. Puee eso habrá lugar para poder escucharte. , Fue, señor de aquesta suerte, y breve por no cansarte, De Caya al undoso pie, frente al Reino. Lusitano llegó aquel Ángel humano, Mariana Victoria, y fue tanto el concurso, que de sus ojos las luces bellas, sembrando el Campo de estrellas, a su culto enamorado. le sirvió el Prado deestrado. solo por besar sus huellas. Llegó el bello tornasol, su amante el Príncipe; y tal fue de amor su extremo, cual Clicie, imita al Girasol. su cielo en bello arebol, iluminando la esfera. en la brillante carrera. de su Curso hasta Palacio, no dejó en el bello espacio, que a nadie con él luciera, Los adornos, los primores, los arcos, machinas bellas, del diamanteron quererlas, según muestran explendores, parieras se ven las flores, rompiendo arpones Cupido, no ya ciego, si rendido. a tanta belleza todos, dejaron albedrío, y modos. del nuevo Imperio adquirido. El Monarca Lusitano, Padre del Principodió, del gozo que recibió expresión al Soberano sujeto, a quien dio la mano. el Adonis del Brasil, mercedes en mil en mil con los Fidalgos reparte, su Imperio con amor parte gloria, que imprimió el buril. (to Muy bien, Leonor, has dispuesa la digresión, en que estrecha lo Regio de tanto fausto, y me he divertido en ella. Yo me alegro haya logrado, serviros, señor, en ella. Estor, Leonor, discurriendo el que es preciso; que atiendas, hay que hacer una visita, que se debe, y esta deuda es de primera atención. Don Roberto de Ribera, y su hija, la que sabes, que en Lisboa dejó prenda, de esta urbanidad, y es justo. pagar con igual moneda. Es, señor, tan de mi gusto. esa obligación, que atenta, cuando se me señalare: por lisonja, y obediencia. la ejecutará ma afecto. Está bien, tiempo nos queda. para que se determine. ahora: tú a tu cuarto entra, porque tengo que hucer yo. Señor, norabuena sea. Pues a Diós, hasta después. Ven, Inés, no te detengas. Cómo me he de tener? si tú me trañes, y me llevas. Y pues, señor Don Alonso? es posible nos veamos, desde que de Salamanca aquel viaje trocamos usted hacia Badajoz, y yo al Reino Lusitano, donde me ha sido preciso de tenerme más de un año para cierta diligencia, y negocio de cuidado? Y después, que Don Lope, de vista nos apartamos, nos fuimos a Badajoz, donde se habían tratado los Reales casamientos Entre los dos Soberanos, Los cuales, ya concluidos llegamos a Castilablanco, en donde a Isabel, mi prima, le sucedió cierto acaso. Un ferocísimo Toro se desmando del ganado, y saliéndose al camino, a mi me puso en cuidado. Ay, señor una Raposa a mi me dio tan gran salto, que a no tener tal valor me hubiera dado un desmayo! Un Portugues Caballero, que ha venido de Lisvoa, y con él junto, una dama acaba de apearse ahora, el cual en la Comitiva le he visto yo, quien me nombra, y dice, que a visitaros viene, y el nombre me informa, que es Don Luis de Castro Coelio. Ya, ya me acuerdo quien es; Ese Caba lero me honra mucho, y lo experimenté, en su Reino en muchas cosas; dile que entre luego al punto. Ya a la ante sala se asoma. Soncitando este gusto, con incansable memoria, no descansó mi cuidado a esta obligación forzosa, hasta venos, la que ya mi seguro afecto logra. Con igual desvelo yo, de este jubilo hice corta la jornada, deseando de vuestra vistala gloria. Señor Don Luis, no le queda expresión, en que se acoja la libertad, ni encarece mi afecto, cuanto forzosa, obligaciones, y afectos son de vuestro arbitrio todas, No acaso, bella Leonor estaba en mi bulliciosa el alma, con alborozos, que este gran gusto le informa, siendo tan vuestro mi afecto. Señor Don Alonso, ya este Caballero abona las mayores circunstancias, que mi estimación apoya el señor Dun Luis de Castro, cuya nobleza es notoria, y su hija, a quien mi casa le hes de sus honras deudera. Señor, mi fortuna es tanta, que de esta casa a la sombra logró el felice principio de servaros desde ahora: Mas qué divina belleza. . todo el albedrío me roba, y vos, señora, sabed desde hoy, que a mí me toca, como criado de esta casa veneraciones muy propias a vuestro respacto siempre. No sé qué fuerza ingemosa me inclina a escucharle bien! Señor éstimo tal honra. Mi estimación igualmente, señor Don Alonso adepta ese favor, y en el tanto servirá de Ejecutoria, serviros en cuanto quepa, y vuestro agrado me imponga. Protesto mi obligación. Yo, señor, a quien le toca pordeudo, y el afecto obligación, sinlisonja tendréis un criado añadido, que de este empleo blasona. Por amigo, y señor mío desde hormi afecto coloca vuestra estimación en todo lo que a serviros me importa. Guardeos Dios, señor, y vos desde hor, conoced señora cuan obligado estaré al empleo, que me toca: p hay hermosura más rara! digna es de amor la corona. A tanta cortesanía siempre quedare mui corta. Y vos, amarga, qué hacéis, que estorde este gusto loca? Aunque yo, juicio no pierdo, a lo menos se alborota: qué nos vemos en Sevilla? Mejor fuera on la mamorra, huyendo voy de fantasmas, que este cuaderno me sosoca: unos todos cumplimientos, y estas también habladoras. . Ya, señores, que sentado queda en mi afecto las honras, que taniguales merezco, como a esta región hermosa. he venido, y hor se mira teatio de Reales pompas, y allá a Portugal llegó en Relaciones dudosas, envuelta la fama en ellas de las acciones heroicas de este Andaluz Horizonte gustara, si no os enoja, porescribarlas allá una breve fácil copia; que trasunte losfestejos de esta verdadera historia. Yo a serviros me alentara, aunque era dificultosa cuervar con corto ingenio la acción, que será oficiosa a otro numen más difuso. Don Alonso de Mendoza; nuestro amigo, de este asunto se hará cargo, y en la forma, que haga cadencia lo breve, hará difusa la nota. Siendo este el primer motivo, que a vuestro agrado con voca mi voluntad, y obediencia, diré lo que es grande en poca plara, aunque lo soberano tal vez la pluma lo emboza, o lo rudo le disipa los explendores que acorta. Vuestro ingenio ya lo indica Dichoso sois, Don Alonso, que ya la suerte os mejora, Vuestra casa es el Oriente, y ahora en fuerza luminosa de este precepto diré lo que en serviros me toca. Salió, pues, señor, Decreto del Rey; en qué dispusiera. la Real Comitiva el viaje, que a Sevilla se endereza, y en su ejecución, al punto la marcha luego comienza con toda celeridad, y a breves jornadas llega a descubrir este olimpo, que de Alcides, obra excelsa, dio al Orbe asunto supremo de sus glonias en las prensas, objecto al Romano Solio, que Cesar Augusto cerca entre muros de diamante, sus homenajes, y almenas. Salió su Ilustre Senado ha demostrar lisonjera la pacta de suslealtades, que a besar la mano llegan, obstentando bizarrías, tan hijas de su grandeza, que encarecerlo a su fausto hace conocida ofensa, pues no dice lo que incluye. y al mismo tiempo las lenguas sonoras de los metales de esa elevada eminencia de la Torre, de su Templo, máquina siempre suprema; y estos, y la Artilleria, para la entrada dispuesta, con repetidos vesubios su aclamación interpreta. Siguiose en triunfales arco en sus Calles, y Plazuelas, los ornatos más difusos, los enigmas más discretas, la noche suplió el Oriente en antorchas, cuya bella, y confusa variedad. con ingeniosas pavesas iluminaban el aire de fuego en docta academia, a cuya invención concurre la Majestad, y Grandeza, quedándose el día siguiente: al besamanos, y en esta acción, el serío Senado su pláceme representa después, por el orden, que corresponde a su grandeza. Los Tribunales rendidos a la Real presencia llegan. a demostrar el afecto, con que a sus Reyes veneran los demás del grave cuerpo, de su notoria Nobleza, por sus órdenes también la Real mano alegres besan; y los demás lucimiento: que entrefunciones diversas, ya en máscaras, y paseos, y otras muchas gentilezas. en que lesfue menester a corrarle la fineza; para que no desangrasen las fiestas, los caudalece: coronando jubilosas la función, en la minerva de las ciencias los que cursan sus siempre dectas Escuelas. Los Estudiantes, los que en la literal palestra desatados, por las Calles, entre la noble cadencia de clarines, y de cajas, y Abues un victor llevan, los que a voces repetían lo que incluye la tarjeta. Victo ruv estro gran Pilipe, Victor nuestra heroica Reina, victor el Príncipe Excello, victor la Ilustre Princesa, victor los bellos Infantes, victor las Infantas bellas, y todo el brillante Cielo de sus Grandes, y Nobleza, de sus Damas, y señoras Camaristas, y doncellas, y victor Sevilla, que tantas lealtades obstenta. Don Lope proseguirá lo que del sucesoresta. Yo para serviros yo, siempre pronta tendré la obediencia. Concluidos los concursos. de las fiestas, y cortejos. en esta Noble Sevilla, Emporio del Universo, Cabeza de Andalucia, y de Epaña claro espejo; determinaron los Reyes el pasar a ver los Puertos de Santa María, y Cadiz, y por su feliz Regreso, y en asunto tan solemne: las fiestas se prosiguieron, a que se siguieron muchos aplavios al Real obsequio de Toros, y Cañas, en que la Nobleza hizo el progreso de su grandeza, y lealtad en comados lucimientos. Toreó Bretendona el mozo, Legórburu hizo portentos, coronando su presteza Don Nícolas de Toledo, no habiendo júbilo alguno, que este Sevillano Pueblo no dedicase a el asunto de los Reyes por cortejo. La Real Universidad con todo su Claustro pleno, en variedad de colores expricó su grande afecto, La Taología en lo blanco, que a Dios tiene por objecto en lo verde, y encarnado, Canones, y leyes vemos. Lo celeste son las Artes, y lo amarrillo es Galeno. Y Don Fsancisco de Herrera que es un Colegial moderno, presidió unas Conclusiones de Institura; y del Digesto, a la Reina las dedica en nombre de su Colegio. Don Salvador de Velasco, que es un Canónigo ciego, y Colegial de Bolonia, puso el primer argumento, defendió que al Rey no obliga la ley, y en este supuesto, a la Reina no comprende de aquesta ley el Decreto. A Velasco se siguió el Doctoral de Palermo, que a Sevilla había venido a la defensa de un Pleito. El que tomó el propio asunto. y prosiguió el Argumento. Tercer Argumento puso Don Júcobo Samaniego, que aunque es un Doctor tan mozo arguyó camo Maestro, dice, que del menor hijo, no e el testamento: y en aquestas Conclusiones todos lograron el premio. El señor Doctor Herrera va por Ordor a Oviedo, también fue a Panama Don Jácobo Samaniego En la Real Advana su renta ha logrado el Ciego, y su Pleito a conseguido el Doctoral de Palermo: y esta, señor, es la historia de tan aplausible corcejo. Nunca menos, de este gusto inferilo divertido en lo copioso, y lo grave. en lo oculto, y lo conciso de vuestro ingenio, y así siempre a todo agradecido de caré las ocasiones. que acrediten lo que estimo este favor, y este gusto. No haré nada yo en ser viros. cuando tenga en que agradaros. Y ahora, señores remito para otra vez el gozar de favor es repetidos vuestras, dispensando ahora el ya forzoso reriro. Esta casa siempre es vuestra, y le será aperecido el que la honréis muchas veces. Yo soy el que las recibo. Amiga tan vuestra quedo, que me voy, no me despido. Lo uno consiento forzada, lo otro nunca lo permito. Pues a diós, y vuestro quedo. Ay qué poderoso hechizo! . sin alma quedo en su ausencia: Señor mirad, en que os sirvo, que me mandéis solo espero. Que soy vuestro me repito, como avuestros pies, señora. Tantos favores estimo. Adiós, pues bella Leonor. Adiós mi dulce cariño. Tú serás mi mazapan, a pesar de Marcelillo, que es un fiero maldiciente. Ese es un triste monfino. Allá en Palacio os veré. Allá os veré de preciso. Qué hai, amigo, como va de servicio, con élamo, que parece, que te veo triste, mustio, y algoslaco? Márcelo de mina vida, si miñas penas supeiras, de de or te quebrantara. ten corazaón en el peito; mas por estimaros en, descansar con voce querro, y tambéín comunicaros. lo que fechado en mi peito te no desde este Veraún, y hoy que estando tañendo la viola, y divertido. tenía men pensamento, cuando por delante de mí pasó un fermoso lucerro, que me provocó si corazaón, y en fique casi morto; y pienso, que he de morrer, por no achar a ello remedio, por estármela achechando. los amores de un Galego. Ent le teño porfiado, mas tein duro su peito, y es su corazón de azo, pues no le hacho remedio: Amores tienes, Juanelo? mira que te engaña el diablo, que a los pobres no harpiedad, sino es cuando se hacen cuartos; y si por la Cruz se arriman, por devoción al Calvario, no hallan, pidiendo limosna, si no es por fuerza un cornado, y qué música le das? No la compuso un Letrado? Pues es punto de derecho? Me amigo; pero es de trato. Dila, pues, si te parece. Pero eso ha de ser cantando. De meus ollos tirana, dulce inmina, vos soy la luz serena, que el alma mira: hay que yo morro, y me cheban los Cregos. sin un Responso. Brava cosa! cierto que obligará eso a un sordo, pues escucharme una, que le viene de prueba el modo. Si mis ansias, márica. no te enternecen, ni este canto te ablanda, allá va este, que es un canto de esquina, que te reviente. Eso no vale, Márcelo, que no esmoza de las veinte. Pues vamos a echar un trago. en la taberna de enfrente. Vamos logo, que allá te aguardo. Los Músico nos avisan como esta noche sucede la cantada de Palacio; luego que el sueño evidencie: seguridad en mi Padre, fuesemos, si tú quisieses. a oírla disfrazadas, pues, tan inmediatamente senos ofrece ocasión. Has discurrido muy bien: pues poco en esto se pierde, y dar puede, que concurran algún galán al retrete. Dices bien, dame los mantos, y vente luego al instante. Voy, y vuelvo brevemente. . R Aunque parezca osadía, discúlpelo el ser mujeres, que en esto noble, y plebeyo, casi nada se difieren. Ya está mi señor durmiendo, al negocio, que se pierde la ocasión si la tardamos, vámonos ligeramente. De todos cuidados, hoy excusado, aquesta noche reservé para lograr la Opera, que se dispone en Palacio, pues que todo buen gusto, ligero corre a escucharla, porque es concierto de Italia acorde. Yo igualmente iba a buscaros con el mismo intento, porque me la han celebrado mucho, y sin vos fuera disforme la diversión, pues sabes lo que os estimo, y el orden con que nos acompañamos. Son de nuestro tiempo flores de quien hace ramillete los jubeniles ardores. Ya esta calle nos descubre el concurso de los coches. Atajemos por aquí, no el concurso nos estorbe. No habrá quien nos favorezca en tan grande demasía? Habrá atrevimiento tal! Jesús, tal no discurría! Dejadnos, señores, que no somos lo que se mira, que el irde paso a una casa. a estás horas nos obliga: ustedes por bien nos dejen. Vive Dios, que es picardía no rompeles las cabezas! Pues hay más que hacereso? pues por vida de quien soy, que a estos groseros, que a estas señoras porfían en acosar, si muy luego, del caso no se desvían, se llevarar a los caícos sabida la cortesía. 1. Seo guapo, poco a poco, que mi espada está muy lista para poderle enseñar a estocadas la cartilla. Ahora lo veréis, infames. Y yo a enseñaros la mía os hará que confeseis vuestra grande cobardía. 2. Vive Dios, que son centellas! huye, Périco, con prisa, porque te han de remendar el sayo, si te descuidas. Jesús, y qué desdichada sor, pues a penas se mira equivocado un alivio, ya un dolor me martiriza. Señora gran herrorfue salir solas; aunque a vista de este valor, encontramos remedio en tanta desdicha. Hacer pudiera temer de amor aquesta enemiga ocasión; mas ya el aliento cobrado, el irnos apricisa. Apenas el corazón dentro del pecho palpita. Ahy canalla más cobarde! Sus términos lo decían, y de las pobres señoras, qué tal el susto sería. Dos bultos veo hazia allí sobre un portal. . son las mismas. si no que se han desmayado. Señoras, si la fatiga de este lance ser lo pudo fatigaros, ya está limpia la calle, y podremos ir, si gustáis, en compañía vuestra, solo por serviros. Esto, si no os cansa, niñas. Señoras, si algún desmayo os ha dado, por mi vida, os servirá algún reparo? Señor Galán, a la mira de este acaso, fue el porque de Palacio, con gran prisa a oír algo de Opera, breve nos disfrazamos. . La misma ocasión, otigino, de eso snecios la porfía, con que todo paro en susto. Por cierto, que estoy corrida. Señora, si la fortuna nos concede tan propicia. ocasión, quieren quitarnos, que el Cielo nos de esta dicha. El favores como vuestro. A sernos la suerte esquiva, fuera gran rigor, señora. Siempre mi pecho os estima. Dadme, señora, una seña para lograr una vista. Para mañana en la Alcázar os la tendré prevenida, que una Dama Portugüesa, es quien más hoy os estima. Y yo sorún Estudiante, y natural de Sevilla, aunque desde Salamanca, me trajo la suerte mín, para sorviros en esta ocasión, hoy tan propicia. Y voce, seor Castezao. diga como se nomiña. Yo también soy Estudiante, y natural de una Villa, que se llama los Tejares a Salamanca vecina. Recibid este Retrato, dónde seré conocida. Por dueño de mi firmeza lo recibela fe mía, y por debida atención, os retorno esta sortija. Y vocé, seor Fidalgo. no me da alguna cosiña? Recibe aquestas monedas, entreblancas, y amarillas, y dime como te llamas, que el amor me hace cosquillas, y ya deseaba el verte ese geme de carita? Qué mañana la verás, ya lo dijo, señorita, ella se llama Leonor y yo me llamo Inéfica. Vámonos, pues, Caballero, que ya irme me precisa. Parairos acompañando, no hay razón que nos lo impida. Vamos también, porque teño, que facer en la cocina. A la criada me atengo: vamos, señora luésica,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Qué apacible está la tarde! y qué bien aquestos cuadros, matizados con las flores, que son las galas de Mayo, y alguna gente al intento, a divertirle va entrando! Y en esa misma, señora, los sujetos aplazados. Repara si hacia acá vienen. Reparo que van llegando, que al reclamo de tu filis, no es marabilla, ni pasmo. No somos las dos aquí tan únicas, que otros garbos, imán para el mejor gusto, hay en el jardín reparo? El tuyo, señora, es tan sabido, y lisonjeado, que muchos afe tomaran ser alguno de el aguardo. Por las schas prevenidas, parece que hemos hallado el asunto peregrino, que a noche aquí nos citaron. Lleguemos, y si no fueren, poco hace el arrojo al caso, que hablar con Damas, cualquiera puede a estilo cortesano. Señoras, si acaso ha sido. la copia de este retrato vuestro original, permita a mi afecto, y mi cuidado. me confiese amante Clicie. al influjo de sus rayos. . Inés, no ves quien ha sido. . el Cuballero citado? El que en casa Don Roberto. . concurrió según reparo. Ya lo conozco, y aquesto es mejor para el acaso: yo soy de aquese pincel, de forme mentido rasgo en que suplió el arte diestro, lo impenfecto, en lo copiado. Cielos, esta mismo es, . la que misojos miraron en casa de Don Roberto! ya queda, amor, mejorado: Confiesoos, señora mía, que es murdesigual mirando santas luces, he imposible fuera al vivo retrataros, cuando no dan vuestros ojos a el más lince pincel; mano, que atrevidamente al Cielo pueda copiar en sus Astros las difusas perfecciones. Yo os estimo el elevado empeño con que mé honráis; pere debo aseguraros, que el engaste de lo fino es la fe de lo estimado; no tropocéis lisonjero en la piedra del engaño. Testigos hago a los Cielos, señora, que os idolatro. Esta es, Inés, la criada; que en la visita, de paso le vi la tarde, que estuvo con Leonor en el Estrado; y vos, señora doncella, ques yo no tengo retrato, el conoceros quisiera, para luego celebraros. Tiempo queda para todo: vocé es de amor muito fidalgo. Divina Leonor, la fuerza de mi respecto, y el plazo de la tarde, nos estrecha a dividir vuestros rayos, separando, por ahora, esta dicha a mejor rato, donde con menos testigos. logre yo favor tan alto. Yo os lo permito, por ser ya razón; pero os encargo no olvidéis, para lo fino, las leyes de cortesano. Eso siempre es imposible. Y vos, señora, sepamos, qué queréis de mi atención? pues ya es fuerza, que nos vamos. Que me honreis en lo que pueda, no ser molusto al agrado. Yo os prometo, Inés hermosa, para otro día un regalo. Dime, Flora, no reparas en Don Alonso, y mi primo, con la dama Porteguesa cómo están tan divertidos? Ya, señora, lo reparo, y que están como unos micos, más fruncidos en sus cocos de ver ya a los prodigios. Es ordinario embeleso de la juventud, y el sitio acomodado a estos lances, los hace más peregrinos. Pues, señora; bien será, que les demos un comillo, y a medio bordo lleguemos a hacer del caso registro. No quifiera dar pesares a nadie. Pues si es tu primo, qué importa? Vamos llegando. Vamos, pues, digo, qué lindo! aún por también ocupado faltáis grosero a un aviso? Señora, yo no os conozco, y tener mur advertido. el que me culpáis por otro, pues no sol, el que atrevido os falta en lo Cortesano. Ya lo tengo yo bien visto. Yusted, señor Don Alonso, que gustoso, y divertido le considero: mas ya re conozco, que es muy digno el empleo de su garbo. Caballeros, ya se ha visto lo poco que conserváis lo atento, con lo creído de vuestra nobleza, mas yo agradezco este motivo, para que volváis a ser con estas, señora, fino. Y es mucha superchería tenernos como palillos de dientes, en reteniendo con engaños el capricho: Vayán ustedes muy presto, allá con Damas del Río, que se van con la cortiente de esos comunes cariños. Vamos a espacio, carita, que este casolo examino, querer, y mudarse a un tiempo, de lo pintado a lo vivo. Amigas, aqueste chiste le quise dar a mi primo, que yo en su empleo, no debo otra cosa, que aplaudirlo, salí a ver estos jardines. Y el veros mucho lo estimo: este caso en todo muestra vuestro donaire, y estilo, que al mismo iniento, esta tarde, yo, e Inés solos salimos. Yo os absuelvo, por lo que uso novedad su estilo, pues yo logré, casualmente, este encuentro peregrino, cuando Don Alonso, y yo acordados resolvimos el gozar aquesta tarde de aqueste a pacible sitio, con tan buena suerte, que este encuentro hemos tenido. Dos veces el caso aprecio, pues encuentros peregrinos lazonados con el chiste son de todo aplauso dignos. Amiga Flora, yo estaba como un fiero basilisco en la cólera, y tema el haceros un prestiño. Las uñas tenma yo en ristre; y si el caso ha sucedido, a todo el persignum creo: te lo hubiera hecho yo giros. Gracias, que no fue la suerte; yo al Cielo el sucesa estimo. Pues para este desengaño, es justo, que dulce, y frío toméis, pues aquí immediato estaba ya prevenido para unos forasteros, que son antiguos amigos. Y se ha logrado mejor, si logramos el servirlo. No podemos rehusarlo, si lo recurris motivo de enojo. Temer es justo. Así queda desmentido: vamos, señores, al punto. Las dos, tu norte seguimos. Venid, señora, que oyes de mi fortuna el principio. Vamos fortuna, que aquesto es un gusto sin peligro. Yo es imposible concurra, porque mi Padre, imagino, ha de estar en casa ya, y así al punto me retiro. Es verdad, señora, vamos, que será un día de juicio. Pues yo tampoco he de ir sola: Adiós, que no determino. seguirlos, que no es decoro a mi decencia, ni estilo. Es así; pero otra vez han de caber en el garlito. Adiós, y no te descuides, que nos veamos. Yo lo afirmo. Sabes, Inés, lo que ahora. discurro, para mañana? Mientras no llego a saberlo, cómo he de acertar en nada? Es, que teniendo entendido, como en Palacio se traza, que una Opera se celebre, y mi Padre no hará falta en ella, que tú le avises. a Don Alonso, que en casa detérmino yo un festejo, que será una ferenata, y avisarás a Isabel, con cuya asistencia haya ocasión para paconcurso, que en Don Alonso se aplaca. Sí señora, eso, y lo más, que a mi buena ley se encarga, lo tomaré yo de prueba, y sin soltar las ensanchas. Yo lo creo de tu amor, y ahora vamos, que hago falta. Vamos, señora, y aprisa, que la noche ya está en casa. En este Decreto encuentro el orden, que el Rey me da, que es el de pasar gustoso a Italia, en la novedad de que el Duque Infante llegue de Parma a el Cetro ducal, anejo a la gran Toscana; y pues mi suerte podrá conformarse en su servicio; pero me ataja el estar, Isabel en el estado de perfecta honestidad; pero en fin, ello es preciso, esta noticia sabrá, veremos si se halla en ánimo a navegar: yo lo participaré, y ella determinará; mientras voy a prevenirme, porque el viaje tarda ya, y paso a mi cuarto, y dejo por ahoro lo demás. Distes el recaudo, Inés. Sí señora, y con tal orden, que hasta el señor Don Dlonso quedó, junto con Don Lope, convidado a la ocasión; y Doña Isabel dispone, que cuanto el Sol a Occidente esconda sus esplendores: Está bien, ahora, dispón, que el Estrado prevenido esté al punto. Soy conforme; pero repara, señora, no haga el Diablo se destronque la siesta, y nos sobrevenga algún susto a troche, y moche. No ha podido mi cariño aguardar lo que aplacaste, hermosa Leonor; y así por verte, el adelantarme fue estudio de mi cuidado. En todo aciertas a honrarme. Mi prima, y yo, siempre estamos pendientes en un dictamen, que es lograr vuestros favores. Y yo siempre a sus alcances, girasol de sus afectos siguen los míos iguales. Tantas honras, y finezas son deudas, para que pague mi gratrtud en serviros. Muchos tus favores valen hermosa Leonor, y yo lo siento así por mi parte. Yo lo estimo, Flora mía. Es Flora mujer de clase. Los Músicos no han venido, aunque discurro no tardan. 1. Ya están, señora, a tus pies rato ha aquí detenidos, esperando la licencia, tan solo para serviros. 2. Vuestro agrado es el objecto para lo que aquí venimos. Pues dad principio al festejo. 1. Señora, por peregrino, escucharéis un juguete, que compendía el repetido clarín de los dos Monarcas, que el Olbe admira por Quinto, el de España, y Portugal. Mucho el pensamiento estimo. que es asunto murdiscreto. 2. El aire es más esquisito. 2. Reducir lo sunmo de tanta grandeza, es querer se abrevie a un puño la tierra glorias de dos Quintos la Europa celebra, que en letras Romanas. la Virepresentan. Vaso dicen de oro, victorias demuestra, y uniones pública ufana la Letra Que ya sabe el Mundo, que un Quinto le acuerda, turbó la osadía de infieles Vanderas. 2. Carlos de Alemania, de España diadema, sus triunfos, y palmas Pelipe le exceda. 1. Y de Juan el Quinto Columna perfecta, el Sacro Teatro, que la fe sustenta, la Crucen el pecho, la Espada en la diestra: 2. La Luna se esconda, que a sus luces mengua el Turco turbante, la bárbara escuela del falso Mahoma, que en sus muros tiembla de los dos aceros, gloria de la Iglosia, terror de Paganos, de Herejes afrenta. 1. Oh Vivan los Quintos edades eternas, uniendo a sus armas el Afisca entera. ̱. Tamoso el prologo está. Bien se infiere, o mucho antes. Bien corresponde al intento. Justos aplausos les cayen. Pues tocad ahora a danzar, porque el gusto se dilate. 2. Y qué tocada ha de ser? La Babiera es bien se dance, y del señor Don Alonso el garbo principie el baile. 1. Yo lo haré como pedís. Solo agradaros me place. Señor Don Alonso; yo rompo el Festín, y es bien cuadre ier vos a quien yo señalo si gustáis a acompañarme. Señora, favor tan alto, solo pudiera alentarme, que yo de desvanecido fuera en la mudanta un jaspe. Hhy flecha, que al corazón, . con munición agradable le das recia batería! Qué es esto amor? Qué veneno introduces tan suave! Qué arrosa que está Leonor! Es un milagro su talle. Prima, que bien desempeñas de aquesta ocasión lo grave; pues se ve que de tu filis eres maestra en el arte. Con la merced que me hacéis siempre he salido triunfante. Señora, la última vuelta. Con esta concluye; amor no culpéis mis liviandades. O yo estor ciego, o no miro este atrevimiento; nunca hubiera yo dado campo al vuelo de aquesta injuria! Leonor, Leonor, cómo es esto? cuando la lengua le anuda, pudo el dolor; mas qué miro. fuego mi cólera escupa contra un Lusitano pecho este agravio: mal pronuncia mi valor, cuando mi acero ya tarda; pues a mi furia haré yo en golfos de sangre, que se ahogue quien procura ofenderme; pero así: Tened, señor, que se ofusca en los lances del decoro quien se atropella, y abulta antes del estrago el medio, que todo el caso asegura: Caballero, decid, coo esto ha sido, sin que acuda de Don Luis el sentimiento a hacer tan grave la culpa? A eso responderé yo, sin que otra cosa presuma el señor Don Luis, que este Caballero; en cuya atención se funda el duelo. Es mi amigo, y a esta junta concurrió cuando a mi prima, de esta casa hasta la suya pasé yo por conducirla, y en compañía asegura la más prudente atención a lo que esta casa ilustra: esta es la causa, y no más. Esa misma pudo; o nunca hubiera acá venido, que así paró en que se incluya mi inteligencia a Leonor en esa ofensiva duda! Los corteles cumplimientos, ni amparan, ni disimulan, que Leonor le dé la mano a quien de esposo no ajusta. No lo dijo yo? ha, Inesilla, que buena felsa te anuncia mi cariño por el hueco de ser del caso garduña. Auda pícaro taimado, tú lo que sientes lo cructas, que el tomo del arte aman en tu estante no se busca. (no, Mi Amo no juega esta ma- y el hombre al basto renuncia, Señor Don Luis, ya habéis visto, que a vuestra cólera muda ha estado la resistencia de mi valor, y me imputa de cobarde, y de atrevido vuestra zaña, y no presuma hombre alguno, que en mi quepa temor de peligro nunca, sino atravesara el Mapa de este caso, la inconcusa, veneración, y respecto de vuestra hija, a quien buscan mis reverente, afectos con las luces que diviliga su decoro, y su virtuda, y en conformidad se ajusta todo, si yo la merezco por Esposa, y no os disgusta. Siendo así, yo lo confirmo. Albricias amor, que hoy triunfa amor de tantos cuidados, que cuesta una amante industria. Esta es mi mano; señora. Dichosa soy, pues son tuya. Acasos tan peregrinos. la suerte al acierto busca. Yo celebro aqueste empleo prodigioso; en lo que indulta. a sen mi amigo; este logro de su impensada ventura: No lo dije yos mas ya lo que falto aquí es el Cura, y derechos de Inesilla, que el Consistorio arobuja. Tal invidia mentecato! Tuya es aquí la fortuna. Pues ya que de aqueste lance con tanto logro se ajusta de mi estimación el susto, que a mi decoro tributas, hijo amado, aquesta casa desde hoy en él todo es tuya; pues no tengo otro pedazo del alma, que esa que anuda a el dulce lazo de esposa vuestra, sus virtudes muchas. Sea mil veces norabuena, que este placer me promulga mi amistad con mi deseo, que edades gocen maduras. Vuestras honras, Caballero, mi mayor dicha aseguran; pues soy servidor tan vuestro, que immortales bronces pulan en búriles de finezas, lo que mi fe grata jura. Ya, pues, señor Don Alonso, quedáis prisionero, acuda a su quiete mi Tío, y Prima, mientras a Italia apresura. nuestro viaje, que ya llega el tiempo de la conducta. Ya a la América sabéis, pues su Majestad me ilustra con el Gobierno; y Begencia de Santa Fe, donde juntas con mi señor, y mi dueño, aquellas regiones suplan lo que el oro, que no tengo, gastara en porciones mudas, por celebrar de este caso las más estimables nupcias. Hijos, yo no tengo más, que a vuestra elección se cumpla de las honras, que adquirís, el que mi amor acúmulas. Pues el caso ha sido así, con una letra concluya de este filis Himeneo, la jubilosa coyunda. 1. Yo, señor, también lo aprecio, y haré al caso lengua muda, de su aplauso el instrumento, y la voz que lo articula A la dulce cadena que enlaza, mor el Imperio, en dos almas se mira gustosa vivir en un pecho: de Leonarda apacible, y el joven Adonis supremo, lo que pudo constante fineza heroica en el premio. Y aquí ilustre Senado, da fin aquesta columna, y el Author ahora os convida para la Parte segunda.
