Texto digital de El mesías verdadero, auto al nacimiento de Cristo Señor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mesías verdadero, auto al nacimiento de Cristo Señor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mesias-verdadero-auto-al-nacimiento-de-cristo-senor-el.

EL MESÍAS VERDADERO, AUTO AL NACIMIENTO DE CRISTO SEÑOR
Dh Erantón, no tantas voces. ̱. Vecino, dejadme hablar, que yo os prometo callar después de darla de coces. Coces a mí? qué molestía! y más como vos las dais, que tan recias las tiráis, como las tira una bestia. Ay, qué bestia me llamó! dejádmela dar, vecino. Deteneos, que es desatino, no veis que enmedio estoy yo? Adver id, que no es decente dar si a vuestra mujer, y me debéis proceder, pues lo sois, como prudente. Pareceos, que mil maldades haga, que a esto me obliga, y que tras ellas me diga dos pares de necedades? Y tanto, que aunque yo decirle una verdad clara, con muy desenvuelta cara me responde luego, miente: y ya la muy bellacona, tan diestra está en sus porfías, que por sus bellaquerías está hecha una poltrona; y así, aunque os parezca malo, tengo ya resolución de sí me da la ocasión, darla del pan, y del palo. No deis crédito, vecino, porque es un enredador, y según es de hablador, hablará algún desatino. Él es un gran picaron, y sin culpa me disfama, porque se estará en la cama todo el día hecho un potrón, y me manda a troche, y moche, aunque sea injusta ley, que yo a la mula, y al buey de a comer a media noche: queréis vos que no le riña, siendo tan grande infensato, que de puro mentecato no me comprauna basquiña? Pareceos, vecino, bien, que ande yo con saya parda? Allá en los infiernos arda quien con vos me casó, amén. Bellaca, a mi maldiciones? quitaos, vecino, por Dios, que si no fuera por vos la matara a mogicones. Bueno está, vecino, basta, hacedlo esta vez por mí. Mogicones a mí? . Sí. A él, y a su mala casta: no basta los que me ha dado, sin hacerle yo el por qué? Los pocos que son, a fe, podéis creer que me ha pesado. Basta: y decid, Perantón, el enojo por qué fue? Eso yo me lo diré, pues soy quien tiene razón. Eso no, porque es mi mengua, que vos lo digáis, por Dios. Yo lo diré como vos, pues tengo tan buena lengua. Ya me canso de sufrir, basta lo que os he sufrido, que no he de ser yo marido, o lo tengo de decir. Dejad que lo diga ella, supuesto que nada os va. Si eso le decís, no habrá diablos que puedan tenella. Gila, callad, que no ignoro, que ya no tenéis razón. Si eso decís, Perantón se meterá con un toro. Ea, pues sea de modo, que entre los dos haya un medio. Minguez, no tiene remedio si yo no lo digo todo. Idos, no tengáis mohina; que yo lo remediare. Yo voy, pero volveré con un garrote de encina. Escuche, señor vecino, . supuesto que a su merced cada día con los pleitos le damos en que entender; agora que Perantón solos nos dejó, y se fue, de los enojos presentes la causa le contaré: Ya sabe, pues, que tenemos allá fuera de Belén un establo derribado, y en él la mula, y el buey. Díjome, que enhoramala fuera a darlos de comer; yo respondí, con razón, esa sea para él. Y este será para vos, que por Dios hemos de ver si podrá más el garrote, que vuestro mal proceder. Vecino, por vuestra vida el palo le detened, que me rompió una costilla. Ojalá que fueran seis, porque el loco, por la pena vuelve a su primero ser. Perantón, soltad el palo, y advertid, como me hacéis estar aquí detenido, sin por qué, ni para qué, supuesto que yo no puedo meteros en paz. A fe, que agora que estáis sin palo, de decirlo acabaré. Ay, que os puedo dar con otro, y aún me quedan otros tres, porque si el uno se rompe, otros dos quedan en pie. Veamos si de este modo, mujer, os ablandaréis, u defenderéis, que siempre tijerillas han de ser. Marido, decidlo vos basta, no me castiguéis, porque desde aquí os prometo de callar, y obedecer. Eso sí, cuerpo de tal, acabara yo: mujer, pensáis que los palos son como fruta de sarten? Pardiez me huelgo, vecina, de que os sepáis conocer, que al fin, al fin es marido, y le habéis de obedecer. Agradecédselo al palo, vecino, que vien se ve, que si dependiera de ella, no lo permitiera hacer. Pues que ya Gila consiente, decid por que causa fue, y todo cuanto ha pasado póngase debajo el pie. Razón es que lo sepáis; señor Minguez, atended, que todo cuanto ha pasado de mi boca lo sabréis: Esta mujer, o este diablo, que demonio debe ser pues me saca de juicio con su condición cruel, ofreciose que esta tarde un poquito me ocupé, y la dije, que llevara heno a la mula, y al buey. Díjela, viviera presto, mas ella lo hizo al revés, porque se estuvo dos horas, y aunque diga casi tres. Viendo yo tanta tardanza, fuila a buscar, y la hallé sentada con mucha flema, hablando no sé con quien: mirad si pude reñirla con razón entonces bien; pero la muy atrevida, sobre la culpa tener, me arrojó de un empellón de la mula entre los pies. La mula, que es cozquillosa, sin advertir, ni atender a que yo su dueño era, estendió tanto los pies, que una coz me dio en el brazo, y otra en mitad de la fien. Hiviose luego de lado, y tiro segunda vez, con que me echo de volca sobre los cuernos del buey. El buey, que es fiero en extremo, cuando el peso vio caer, las agujas de la frente comenzó de revolver; tirome dos, o tres golpes, y al primero me quedé con las nalgas en pelora, y zarandeado muy bien. Yo que me vi tan amargo, a reñirla comence, mas ella con más veneno, que un basilisco cruel, por la boca, y por los ojos se me pensaba comer: dila yo dos boferidas, alborotose cual veis, llegasteis vos a las voces, no se quiso componer; dijisteisla que callase, ella no lo quiso hacer: fuime, como lo dijisteis, luego el garrote saqué, dila muy géntiles palos, con ellos se domó bien. El suceso os he contado, y vos lo escucháis también, y si Gila está en sus trece, os lo contare otra vez. Cila se enmendará ya; y vos hucedme merced de prometer una cosa. Eso yo prometeré De no tocar más a Gila Cómo no me haga el por qué. Yo os quitaré la ocasión, Oh cómo me huelgo a fe! Pues doite, Gila, los brazos. Yo el alma, pues tuya es. Animaos, querida Esposa, no os falte ahora el esfuerzo, que pues ya los gallos cantan, cerca tenemos el Pueblo: Ánimaos, por vida vuestra. Amado Joseph, no puedo; que estoy tan rendida ya, que un paso más no me atrevo, Dejadme llevar, Señora, en los hombros vuestro Cuerpo, por ver si podré llevar sobre mis hombros el Cielo; o si no, sobre este risco, que acompaña este arroyuelo, guardándole las espaldas, porque no le prenda el hielo, os podréis sentar, Señora, para que así descansemos hasta llegar a Belén, pues tan cerca le tenemos. Perdonad, Señora mía, pues yo quisiera teneros, (aunque vos merecéis más) alfombras de tercio pelo. Enjugad, Esposo amado, los cristales, que vertiendo vuestros parpados están para crecer mi tormento: que vengo cansada yo, Señor mío, no lo niego, pero viniendo con vos, aunque lo esté, no lo siento. Ay Esposa de mi alma, que bastante causa tengo, para sentir vuestra pena; pues la inclemencia del tiempo, la oscuridad de la noche, el camino tan perverso, vuestras plantas delicadas, y al sin vuestros años tiernos, y predestinada vos para Princesa del Cielo, más hermosa que la Luna, pues sin duda se escondieron ella, y todas las Estrellas, envidiosas por no veros: no queréis que llore, y sienta en tanta pobreza veros, que la piedad de un peñasco solamente os de consuelo? Dejadme llorar, Señora, que aunque tuviera de acero, de duro bronce el alma, se convirtiera en afecto: sentaos, y sobre mis brazos podéis recostar el cuerpo, y así juntos con mi capa, los dos nos abrigaremos. Estimo la voluntad, y el favor os agradezco, y a vuestros brazos me acojo para descansar en ellos: Tened, Esposo, paciencia, que quiero romper el sueño, que me esta dando cómvate con sus prolijos efectos. Descansad, que yo seré mientras os dure, el silencio, Argos del mayor Tesoro, que tiene la Tierra, y Cielo. Descansad, Madre de Dios, mas hermosa que el Abril, que pues todo el Cielo os guarda, segura podéis dormir. Descansad, Madre de Dios, más hermosa que el Abril, que pues todo el Cielo os guarda, segura podéis dormir? Descansad, Virgen, pues tal dicha tenéis en el suelo, que os consuela desde el Cielo la Capilla Ángelical, segura estaréis de mal, pues la armonia sutil del Cielo os dice, que mil Ángeles están con vos: Descansad, Madre de Dios, más hermosa que el Abril. Dormid, sin tener recelo de temor, Esposa bella, pues os guarda tanta Estrella, con los Ángeles del Cielo: quien como vos en el suelo tal favor pudo advertir? Pues merecisteis oír la ventura que os aguarda, que pues todo el Cielo os guarda, segura podéis dormir. Advierte, Zágala hermosa, aunque descansas así, que antes que venga la Aurora. novedades habrá en ti. Advierte, Zágala hermosa, aunque descansas así, que antes que venga la Aurora novedades habrá en ti? Válgame Dios! qué recelo me causó esta novedad, que diciendo la verdad, estoy convertido en hielo! Mas si os guarda todo el Cielo, qué temor se engendra en mí, aunque diga desde allí aquella voz milagrosa: Advierte Zágala hermosa, aunque descansas así; mas el verdadero Amor, que os tengo, Señora mía, me suspende la alegría con un natural temor, mi pena se hace mayor, cuando indiferente aquí considero lo que decir a la voz sonora, que antes que venga la Aurora, novedades habrá en ti. Ya quiere el Sol de Justicia alegre al mundo salir, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti. Ya quiere el Sol de Justicia alegre al mundo salir, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti? Ya se acabó mi recelo, albricias, Señora, os pido, pues tal nueva os han traído desde el Alcazar del Cielo: con tan celestial consuelo alegre podéis dormir que hoy habéis de combatir del demonio la malicia, porque ya el Sol de Justicia alegre quiere salir. Dichosos llamo a mis brazos, pues tal dicha consiguieron, que sin méritos pudieron prenderos en dulces lazos: quiero daros mil abrazos, para que me honréis así, pues en este instante , que sale el Sol más luciente, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti. . Válgame Dios, con qué sustos, amado Joseph, despierto! pareciome que verá un Coro de Ángeles bellos, que cantando me decían, con Ángelicos acentos, que esta noche ha de nacer el Señor de Tierra, y Cielo; y a más de eso, las entrañas de tal manera las tengo, que cuanto hay en ellas son evidencias del efecto. Vamos, Esposo, de aquí, porque ya conozco, y veo, que se acerca por instantes la hora del Nacimiento. Dejadme, Señora mía, que a vuestras plantas primero me postre, porque ya os miro con tantos merecimientos, que de estar a vuestro lado, por muy indigno me tengo. Qué es esto? conmigo hacéis tan injustos cumplimientos, siendo yo una Esclava vuestra, y la que debe hacer eso? Levantaos, no estéis así. Pues lo mandáis, quiero hacerlo, que como a Madre de Dios me toca el obedeceros. Vamos, Señora, a Belén, que allá tengo muchos deudos, que se tendrán por dichosos de que a su casa lleguemos. Y pues el Dios de Israel le escoge por patrio suelo, venid, Vara de Jesé, y saldrá de vuestro pecho el Arroyo de la gracia, que inundará el hemisferio. Dadme la mano, Señor porque es oscura en extremo la noche. . Venid, Señora, que sobre mis hombros quiero llevaros hasta Belén, que de esta manera pruebo, si podré sobre mis hombros llevar todo el Mundo entero. Dame la zamarra, Caro, pesar del avuelo mío, y de quien con tanto frío quiere repastar el hato. Fuego de Dios, cual están metidos en los colchones, hechos unos marranchones, sin cuidado del gaban, cuantos están en Belén. No se los envidio, Cato, que no les cuesta varato el gozar de tanto bien, porque hay muchos Caballeros, que no comen por vestir. Eso debe provenir de que no tienen dinero. Pues claro está, majadero. Pardiez, yo pense, inocente, que en dinero solamente consiste el ser Caballero: que en viendo muchos botones decía, a mi parecer este debe de tener algún costal de doblones; mas pues eso oigo decir, no estimo sus bizarrías, y de sus caballerias me da gana de reír. Ay otros advenedizos, amigos de pasatiempo, y estos un poco de tiempo campan con dones postizos; pero después que el dinero, y la bolsa se acabó, luego al instante murió también el ser Caballero. Ay gente de muchos modos, más tengo por opinión, amigo Charo, que son en la Corte enredos todos. Si pasa lo que contáis, norámala para vos, si la vida de los dos por la que tienen trocáis. No tengo, hermano Betún, otro mayor regocijo, que cuando llego al cortijo tenderme como un atún. Después encendemos fuego, y llenamos las barrigas con un caldero de migas, y roda la bota luego: para mi no hay otros toros, ni siento alguna fatiga, cuando siento mi barriga, que está como el punto de oros? y me parece mejor, según lo que yo imagino, beber siempre puro el vino, como acostumbra el Pastor, que él no comer, y vestir al uso de Ciudadanos, mas los Pastores villanos todo es comer, y dormir; y por abreviar razones, yo que coma, y beba bien, y esté quien quiera en Belén metido entre sus colchones. En todo tenéis razón, vámonos a repastar. Pardiobre quisiera hablar en esta conversación. Cuando estemos más despacio, y tengamos buen abrigo, hablaremos, Charo amigo. de las cosas de Palacio: vete a la cabaña luego, para que a Belardo digas, que nos prevenga unas migas, y que tenga bravo fuego. Pardiobre, Betún, espero, si tienes bastante lardo, que hará unas migas Belardo, que hablarán en el caldero: yo voy luego de camino. Yo también saco el ganado. Hh sí, que no te he contado, que tenemos mucho vino. Es posible, que en Belén, donde tantos deudos tengo por no acogerme en su casa me niegan el parentesco? Mas (oh Virgen) si supieran quien viene conmigo, es cierto, que os acogieran a vos, aunque yo no lo merezco: y es tanta la compasión, que me da, Señora, el veros en medio de tal conflito, que el alma de sentimiento se deshace en dos arroyos por aliviar el tormento. Es posible, Esposo mío, que estéis tan triste, sabiendo, que ha de nacer esta noche el universal Consuelo! Alegraos, pues el Mesías ha de nacer ya tan presto, que antes que llegue el Aurora le daréis abrazos tiernos: No os aflijáis porque sean tan ingratos vuestros deudos, que pues esta con nosotros el mismo Rey de los Cielos, él nos buscará posada en donde nos alberguemos. Vamos al Mesón, Señora, que allí con nuestro dinero habrá segura posada; mas Dios sabe lo que siento el ver que vuestra pureza, mas pura que los Luceros, más bella que el rosicler del rubio, y dorado Febo, esté con tanta indecencia, pues vuestros merecimientos son tantos, que las Estrellas, y los Planetas más bellos se habíán de congregar, para que formaran de ellos un Palacio para vos. Ese amor os agradezco: lo que importa agora, es, que acudamos al remedio, que se acerca por instantes la hora del Nacimiento. Ya, Esposa mía, llegamos al Mesón, si bien me acuerdo, este ha de ser conocido, quiero llamar: Ha de adentro. Quién llama? Dos Peregrinos. Por Dios, miren qué Harriero con veinte, o cuarenta mulos, o qué ricos Caballeros, que nos puedan dar ganancia, con tan riguroso hielo nos quieren hacer abrir. Hermano, compadeceos, sino es de mí, de mi Esposa, que afligida por extremo del frío, la traigo aquí, sin tener otro remedio, que es el de vuestra piedad; y así, por amor del Cielo, abrid la puerta, señor, pues tan solamente quiero un rincón de vuestra casa, por no estar en descubierto: Qué bien lo sabéis fingir! Si las lágrimas, y ruegos de una mujer afligida pueden ablandar un pecho, con lástimas, y suspiros, congojas, y llantos tiernos os ruego lo que mi Esposo ha dicho, porqué no tengo fuera de vuestra piedad, esperanza de remedio. Hermano, Dios os provea, que como el César Supremo ha publicado el edicto de que le traigan el feudo, tanta gente ha concurrido, que todos los aposentos, rincones, caballerizas de gente rica están llenos, y parecerá muy mal, que entre tantos Caballeros metamos a dos guitones, pues tenéis talle de serlo, y si está para parir, vaya a parir a otro puesto, porque no estamos de espacio para hacernos mondongueros: no me causen más, que a fe, si no se van al momento, les tirare ladrillazo, que les derribe los sesos. . Cielos, qué desdicha esta! pero ya, Señor, lo entiendo, porque vuestra Majestad quiere con tales efectos comenzar la. Redención del general cautiverio, que, pues ha de ser a costa de trabajos, y tormentos, anticipando la paga, comienza en su Nacimiento. En vano es vuestra porfía; pues sin duda quiere el Cielo, que el Nacimiento de Dios sirva a los hombres de ejemplo, pues siendo dueño de todo, nace tan pobre que al suelo le pide para nacer de sus cóncabos, y senos un rincón, y él se lo niega; sin advertir que es su Dueño: Vamos, demos otra orden, que ya parece que veo ilustrado todo el Orbe con los cándidos reflejos, que esparce el Divino Sol hoy con su Oriente primero: Vamos, que la Aurora es ya, y está diciendo el Lucero, que no tardara un instante la venida del Sol nuevo. Turbado estoy vos podéis pedirle, Señora, al Cielo, que os diga donde daréis posada al Divino Verbo: pedidlo, Señora, vos, porque yo no lo merezco, que al fin, como Madre suya, atenderá a vuestros ruegos. Del Alcazar Soberano hoy baja el Supremo Rey a visitar todo el Mundo desde un Portal de Belén: no va con ostentación, que con eso da a entender, que se ha hecho muy humano, y lo quiere parecer. Ya, Joseph, de nuestra duda la voz nos ha satisfecho, pues dice, que en un Portal ha de ser el Nacimiento: busquemos en donde está este soberano puesto, pues hospedándose en él, quiere Dios engrandecerlo. Aquí está una puerta abierta, y que sin duda sospecho el que habemos de buscar: entremos Virgen, adentro. Piedad, piedad, Perantón. En semejante maldad, Gila, no tengo piedad, pues me sobra la razón. Teneos por amor de Dios, no hagáis estos desatinos, advertid, que los vecinos se han de reír de los dos, pues dirán, que a troche, y moche, cuando ellos están durmiendo. los dos estamos riñendo. en lo mejor de la noche. Decid, Gila, que modestia puedo yo tener con vos, si de la una a las dos deéís que soy una bestia? Pues si levantáis contienda por ocasión tan escasa. Pues para qué os tengo en casa si no me guardáis la hacienda? Pareceos bien, que la puerta, donde nuestra hacienda está, desde anoche tarde acá estará muy bien abierta? Pues si vos os la dejasteis, tengo yo acaso la culpa? No es esa buena disculpa, pues la última os quedasteis. También es injusta ley, que sin culpa pague pena. . Ay de mí mula morena! hay de mi garrido buey! que según soy desdichado, bien los puedo ya llorar, pues no tengo que esperar, sino que los han hurtado. Hh de casa. . Callad ya, que por vuestros desatinos. acuden ya los vecinos a las voces. . Quién va allá? Perantón, responded vos. Yo no, pues con tal mohina estoy, que me desatina. Abrid, por amor de Dios; Vecino, no importa abrir, que ya no sois menester, y así, bien podréis volver sin pesadumbre a dormir. No soy el del pesadumbre, porque llego de camino, soy un pobre Peregrino, que os pido una poca lumbre. Gila, este es el ladrón, que las bestias nos ha hurtado, y a ver si hemos despertado vuelve el grande picaron. Mirad, que mi Compañera está empañando un Infante, que ha nacido en este instante al frío. . Guardad afuera, no basta la burla ya, que con esos animales habéis hecho en mis corrales? qué agora volvéis acá? Idos de aquí en hora mala, que por Dios, si cojo un canto, haré yo en vos otro tanto. Qué pena a la mía iguala! . Mira si va acía el Portal, que quizás te has engañado. HAy mi Gila, que se ha entrado por la puerta del Portal! Ay desdichada de mí! HAy mula de mis entrañas, que aunque eras de malas mañas, tenía gran bien en ti! Hay buey de mi corazón, y buey de tan buena ley, que podía ser del Rey por su buena condición! Ay Dios, y con qué pachorra os estáis sin ir allá para ver lo que será! Adónde queréis que corra? A buscarlos por . oste puto, que no quiero. Vos sois bravo majadero. Y si me hurtasen a mí? Pues esperad, que yo iré. Id vos muy en hora buena: ay de mi bayo, y morena, que en mi vida los veré! Cansado vengo de audar tocando en todas las puertas pidiendo una poca luz; pero mi fortuna adversa a tal extremo ha llegado, que cuantos hay me la niegan: llorando estoy: mas ay Dios, que es tanta la indiferencia en el juzgar porque lloro, que ni juzgo si es de pena, si de alegría mi llanto, pues tantas causas alega cada parte, que imagina, que estoy llorando por ella! Immenso contento tengo de ver con cuanta llaneza hoy por Hijo, se me ofrece la Majestad más Suprema; miro, que sin merecerlo tanto mi honor acrecienta, que entrega a mi confianza su más estimada prenda: Esto es llorar de contento, pero también la tristeza alega bastantes causas para que llore por ella; pues cuando estoy tan honrado me miro en tanta pobreza, que para verle, aún no tengo el resplandor de una vela: a todo el mundo la pido, mas todo el mundo la niega, los hombres no quieren darla, y la esconden las Estrellas. Mirad si con justa causa, Cielos, mi alma revienta, destilando dos arroyos con neutral indiferencia. Remedio os pido, Señor, pues que vuestra Omipotencia cualquier imposible allana, pues ya veis en las tinieblas, que vuestro querido Hijo con su Madre Santa queda. No te desconsuele ver así eclipsado el Sol, que en ausencia de sus rayos Dios te envía este farol. justo Joseph, esta luz te envía Dios, porque veas, que en tu justa petición tuvo debida atendencia: Vete, y consuela a tu Esposa, pues tú tienes cargo de ella, entre tanto que los Ángeles una Capilla conciertan. Voyme, que soy elegido para dar al Orbe cuenta de la gloria de los Cielos, y de la paz de la tierra. Paraninfo Soberano, aguarda, detente, espera, que de nueva tan gloriosa albricias darte quisiera; mas que aguardo, que no voy a ver la Divina Prenda, que en los brazos de mi Esposa derrama lágrimas tiernas? Alegrense las barrigas con el caldero de migas. Alegrense,. Caldero querido mío; remedio de mis trabajos, pues con unas migas de ajos me suelo quitar el frío, aunque sea desvarío te he de querer, y adorar, y te tengo de llamar remedio de mis fatigas, Alegrense, Baste, amigos, el hablar, porque se enfría el caldero, comamos migas primero, que tiempo habrá de vailar. Muy bien ha dicho Belardo; que si no se enfriarán, y al instante se hclarán, porque tienen mucho lardo, Ya yo saco mi cuchara, y luego también las cato. Siempre habéis de ser vos, Cato, el que se ha de desmandar? Allá mal fuego de Dios, que la boca me he escalfado. Eso hubierais ahorrado si estuvierais quedo vos. Traigamos algunas ropas para podernos sentar. Dejadlas ahora estar, porque se enfrían las sopas. Bizarras están pardiobre: Belardo es bravo miguero. Pues afe, que en el caldero no arriendo yo lo que sobre. Pardiobre, Betún hermano, que tenéis linda pachorra, pues por coger la chichorra ahondáis tanto la mano. Dejadme comer, que aún el caldero no se agota. Mojón, y venga la bota, que esta junto a ti, Betún. Bébase, que el vino está como el día en que nació. El primero bebo yo, por ver si verdad será. . Fuego de Dios con el macho si no ha bebido un quintal. Pues harto será de mal, si deja de estar borracho. Venga, que también yo quiero decirle mi parecer. De modo, que yo he de ser quién beba de lo postrero? pues yo me vengaré a fe, aunque beba tras de ti. Qué beberéis tras de mí? Eso está en si yo querré. Brindis a provecho mío, y a salud de todos tres: . o qué bravo licor es, que ya me ha quitado el frío! o qué bien enciende el casco! Yo que tuviera a mi cuenta tan solamente de renta todos los días un frasco. Ya te se sube a la testa, y te salen los colores. Ya al amigo los vapores lo tienen hecho una cesta. Debéis pensar que me empacho con un trago, ni aún con seis, comed agora, y veréis después quien está borracho. Alegremente comamos, aunque me da desconsuelo ver que llegamos al suelo, y que ya las acabamos. Válgame el Cielo, qué lumbre por todo el monte se estiende, que parece que se enciende todo el pinar de la cumbre! El ganado se ha esparcido con mucho desasosiego. Pardiobre que hay bravo fuego, qué demonios habrá sido? Por el aire van centellas de lúcidos resplandores. Sin duda alguna, Pastores, que se caen las Estrellas. Quizá alguna anima en pena será que anda por . Ay desdichado de mí! , que música suena. Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres, pues ha nacido el Mesías en esta dichosa noche. Qué saladamente canta! por Dios que es lindo chiquillo, No tiene con garrotillo ocupada la garganta. Albricias, Pastores, pido, pues desde el Supremo Alcazas a daros alegres nuevas el mismo Dios me despacha: sabed como ya ha nacido aquel Mesías, que aguardan en el seno de Abrahan tantas detenidas almas. Alegraos, pues que ya pisa la Majestad Soberana los umbrales de la tierra vestido de carné humana. En un Portal de Belén envuelto entre secas pajas, ha nacido en un Pesebre, el cual le sirve de cama: no está con ostentación, porque le falta las galas, pues los tápices que tiene son de pardas telarañas: Un Venerable Varón, y su Madre Virgen Santa, llenos de gozo, y de llanto le asisten, y le acompañan: caminad a visitarle, mirad, que Dios os lo manda, y dad parte a los Pastores, que están en otras cabañas: yo os he venido a dar parte de tan feliz embajada, que soy Nuncio despachado de la Corte Soberana. Cómo ha venido tan pronto? pardiobre que me ha dejado suspenso, y embelesado hecho un grandísimo tonto: Ay suceso semejante! Aquí ya no hay más que hacer, sino que vamos a ver al recién nacido Infante, porque así el Ángel lo ha dicho. Dices muy bien, y así luego, tú, Betún, ordena un juego. pues tienes tan buen capricho, Metámonos muy galanes, pues a Dios hemos de ver. Ya yo me quiero meter el gaban de pasamanes. Yo, aunque tengo poco ropa, le llevaré una camisa, que me ha hecho mi Belisa de famosa cerristopa: que pues ha dicho, Zagales, que desnudo al frío está, su Madre le sacará de ella dos, o tres pañales. Yo quiero llevar un queso de famosa leche a fe, y al tiempo que se lo dé le tengo de dar un beso. Yo llevaré lo que pueda, pues dice que es tan pobrete, principalmente un bonete con cuatro flecos de seda. Lo que uno ha prometido llevelo muy puntual. Y vamos luego al Portal a ver al recién nacido. Hola, Gila, Gilla, hola, venid norámala acá; mas me maten si no está con el ladrón en parola. Gila, Gila no responde; mas según soy desdichado, temo que me la han hurtado, o la bellaca se esconde; más ojalá que eso fuera donde mi mal estribara, porque otra mujer hallara, aunque blanca no tuviera: Gila, si duermes, despierta, porque es mucha tu tardanza; pero yo en tu confianza puedo llamar a otra puerta. Ay desdichado de mí! bajarte quiero a buscar, pero más quisiera hallar la mula, y el buey, que a ti. Gl i excellis Deo. Gloria in excelsis Deo, Niño hermoso, y soberano, Hijo natural de Dios, que bajáis a padecer de la Celestial Sion: Vos, que siendo Rey del Cielo, dais muestra de vuestro amor, naciendo desnudo, y pobre sujeto a cualquier rigor: Vos, que en tinieblas nacisteis, siendo tan claro Farol, que con vuestros rayos dais luz a la Antorcha mayor: Vos, que en el Cielo, y la Tierra tan Omnipotente sois, que todo con vos se hace, y nada se hace sin vos: Como vuestra Majestad, siendo absoluto Señor, se ha entregado de esta suerte a la humana sujeción? Mas vuestra misericordia es atributo, que no repara en razón de estado, cuando hay bastante razón, porque el hombre que criasteis está metido en prisión, y vos, como a prenda vuestra, queréis ser su Redenror: En hora buena vengáis, que pues participo yo tanto de vuestra clemencia, podré, con justa razón, celebrar vuestra venida, teniendo gozo mayor. Amado de mis Entrañas, Hijo de mi Corazón, tan bello, que a media noche suplis la falta del Sol: como, sin yo merecerlo, hicisteis de mi elección, honran dome con ser Madre; siendo vos el mismo Dios? Cómo, siendo tan Imnenso, hicisteis tal redución, que a mi pecho se redujo lo que el mundó no abrazó? Cómo, siendo vuestra Esclava, quisisteis, que fuera yo Archivo de todo el Cielo, pues vos todo el Cielo sois? De verme así engrandecida, llorando, Señor, estoy, y también, porque no puedo, conforme merecéis vos, daros un Palacio Real como quisiera mi amor. Todos los hombres celebren vuestra venida, Señor, pues que todos tienen de ella igual participación; mas como no son bastantes, por su grande imperfección, ya la Ángelica Capilla tenéis en substitución: la tierra os aromatice con una, y con otra flor: el aire, para alegraros, os ofrezca el Ruiseñor, y las aves más sonoras, que con acento veloz celebren vuestra venida, cuando reberbere el Sol: El Cielo os ofrezca Estrellas, que con rojo resplandor asistan para dar luz a su natural Criador, que yo, como soy tan pobre, aunque vuestra Madre soy, no puedo hacer más que amaros con el alma, y corazón. Hermoso Niño, que habéis escogido este rincón para concha de la Perla de mayor estimación: Vos, que con ser infinito, y ab aterno immenso Dios, habéis hecho este Pesebre esfera de vuestro Sol: Vos, que sin yo merecerlo, y tampoco Perantón queréis honrar nuestro establo con tan heroico blasón: en pago de tantas honras quisiera, Niño, ser yo la más rica de Belén, para que en algún favor vierais si tengo deseo de daros satisfacción; también quisiera advertin ser la partera mejor para poder empeñaros conforme merecéis vos. O esta Gila está durmiendo, o el demonio la llevó, o ella de las suyas hace por probar mi condición: desde la puerta podré escuchar con atención, para poder advertir si adentro hay algún rumor: no quiero entrar allá dentro, porque tengo gran temor de que como hurtan bestias, también me hurte el ladrón. Ay semejante locura! sin duda borracho estoy, pues por iracía el establo, acía la Iglesia me voy: esto es verdad, juro a san, no veis qué compuesta voz? los Sacristanes están cantando la gloria a Dios; mas no, que estoy en mi puerta? hay tan grande confusión! Pero si la Iglesia es, que aquel grande resplandor es el que arrojan las lamparas: Hay borracho como yo, que me pierda de este modo! Mas quiero con atención atender a lo que cantan, porque me agrada la voz. No lloréis de aqueste modo, vida de mi corazón. Vive Dios, peor es esto, . porque agora Gila habló, y le dijo al Sacristan, vida de mi corazón: el haberme así perdido fue ya de Dios permisión, para que viniera a ver mi afrenta, y mi deshonor. No lloréis así, mi vida, pues os tengo tanto amor, que os quiero, por vida mía, mucho más que a Perantón. Oh bellaca mala hembra! . tal por cual, esta traición se ha de hacer a un hombre honrado, y en la Iglesia! Voto a dos, que yo haga al Sacristan, que se acuerde de quien soy: ella lo requiebra a él. Tomad, que este abrazo os doy en muestra de lo que os amo. Ya el sufrimiento acabó. Bellaca, infame traidora::: mas qué es esto? qué temor me ha suspendido los pasos? Venid, venid Perantón, que al contrario ha sucedido de lo que pensabáis vos. Venid, que este es el Mesías, que a su Pueblo prometió el grande Dios de Ifrael el día que Adán pecó. Venid, y dadle las gracias, pues nos hace tal favor, que nuestra caballeriza para Palacio escogió. Niño hermoso, y soberano, humilde os pido perdón, pues os llamé Sacristan, y pensé que eráis ladrón. Lástima os tengo, por cierto, de veros en tal rigor, que desnudo vuestra Madre en un Pesebre os parió. Con vos, mi Mula, y mi Buey, ganan gran reputación, pues aquesta noche han sido lacayos del mismo Dios. Perdonad, que a vuestro Padre la lumbre le negué yo; mas en verdad, si supiera, Niño, que era para vos, que os trajera de mi fuego yo mismo el mejor tizón. Tararirirán, tararena: Tararirirán, tantan. Tararirirán,. Alégrese todo el suelo, pues le envían tal consuelo desde la Corte del Cielo, con dicha tan singular. Tararirirán, Alegrense los Pastores, pues el Señor de Señores viene a padecer dolores, y por todos se hace mortal. Tararirirán, Regocíjese el ganado, pues quien fertiliza el prado de los Cielos ha bajado con el humano sayal. Taratirirán, Basta, Pastores amigos, que ya en el Portal estamos, donde dicen que ha nacido. el Mesías Soberano. Catalo pardiobre allí en el Pesebre llorando. No oís, que desde el Cielo Ángeles están cantando? Ya lo oímos, llega tú, y háblale primero, Caro, y ofrécele lo que traes. Pasa primero, Belardo. que tienes mejor capricho, que me turbaré en llegando. Pues yo llegaré el primero, pues que lo estáis reusando. Yo soy un pobre Pastor, Niño, que os beso la mano, aunque el miraros tan pobre me tiene muy lastimado; pero a fe, si vos queréis, os dé todo mi ganado, que lo venda vuestro Padre, y os saque de este trabajo. Agora, para presente solamente un queso traigo, y os tengo de dar un beso, porque lo tengo jurado. . Yo también, bello Zagal, soy un Pastor, que del campo os vengo a ver, y a traeros, para que os metáis debajo, un famoso camisón, y vos, Señora, tomadlo, que cuatro, o cinco pañales sacaréis de él, que es muy largo. . También yo traigo un bonete, que por vida de mí sayo, para el día de mis bodas lo tenía muy guardado; pero teniéndole vos, está mejor empleado. Tomadlo, buen viejo, vos, y metédselo por casco, que bien le guardará el frío, porque está contraforrado. Perdonad de la miseria, pues en voluntad no falto, que yo quisiera traer un gaban de fino paño. Por cierto, amigos, que habéis tan generosos andado, que aunque rústicos, seréis ejemplo de Cortesanos. Y pues el recién nacido ahora no puede daros la recompensa que piden vuestros bien intencionados afectos, yo en nombre suyo lo recompenso, y lo pago, mostrándome agradecido. Y también pido al Senado, que nos perdone las faltas, si acaso habemos errado, dando fin al Nacimiento del Mesías Soberano.
