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Texto digital de Las mesas de la fortuna

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
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Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo II (1722).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las mesas de la fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mesas-de-la-fortuna-las.

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LAS MESAS DE LA FORTUNA

scuchad el Pregón de las Mesas, Mortales, oíd, y sea mi voz quien bata las alas del Cefiro manso, rompiendo del Aire la vaga Región. . Oíd, atended, escuchad el Pregón, sea el aire inspirado, el Clarín, estremecida la tierra, el Tambor. Sea el aire inspirado, Yo soy la Sabiduria; que en la Celeste mansión, los movimientos gobierna de la máquina inferior. Yo soy la ciega Fortuna, en quien el hombre adoró a los Astros del influjo, aún antes que el explendor. Hoy os prevengo un convite, de quien pinta Salomón, sobre las siete Columnas el excelso Aparador. Hoy os pido de un banquete la Religiosa oblación, en que a mi Deidad rindáis los mismos frutos, que os doy. Oíd, atended, escuchad, Cielos, qué Bando fue aquel? dijera Infiernos mejor! Dioses, qué Pregón es este, que el Aire rompió veloz? La Sacra Sabiduria, que del labio procedió del Altísimo, moviendo el Universo su voz, en fe de que al Pueblo suyo se le comunica Dios: Su familiar traje viste el día, que concedió moral cuerpo a su Deidad, la Retórica ficción. De los volantes Hebreos adorna cándido airon sus rizos, y de su niebla aquel tejido vapor, o es blanco soplo de gasa, on. La Sacra Sabiduria (repito) propone hoy Mesas, mucho he discurrido, y mi Ciencia superior, a oscurecer la evidencia, aclara la confusión. La Fortuna, que este Globo estrellado dominó, mandando de los Planetas el influjo, y el ardor, no sé, qué pregón de Mesas, a mi oído artículó. Y pues de las Letras Sacras, siempre bastardo embrión, fui yo, que de Gentil Rito, profana noticia soy, y cuanta Philosofhía al Gentilismo enseño, mi docta profanidad, ecos de sus voces son, ecos iré percibiendo. Pues las Obras del Señor, por Deidades Soberanas el Gentilismo creyó; hoy, que la Sabiduria convida a sus Mesas, yo convidar quiero a las mías, formando opuesta razón de sus mismos ecos, vean todos, que su erudición el Gentilismo, de vagas Paginas vacras firmó. Atento a su voz, ni aún rompe mi aliento mi suspensión. Hombres lograd la fortuna. Fortuna. Pues el Cielo os pide hoy, Os pide hoy. Hoy. Que concurráis a un convite, Un convite. Combite. Del Señor, en que ofreció. En qué ofreció, Ofreció. De los frutos del Pan, y el Vino. Del Pan, y el Vino. Vino. El Sacro Manjar, el Celeste sabor. Sabor. Oh cómo de sus razones dice aparte mi razón. La Fortuna os pide hoy un convite, en que ofreció del Pan, y del Vino el Celeste sabor. De estos quebrados acentos, al Gentil diciendo voy: La Fortuna os pide hoy, Oíd, escuchad, atended al Pregón, Atended al Pregón. Al Pregón. Sea inspirado el Aire, el Clarín El Aire, el Clarín. (bor El Clarín. Y estremecida la Tierra, el Tam- La Tierra, el Tambor. Tambor. Escuchad al Pregón de las Mesas, Mortales oíd, , l - Voz, cuya rara armonía, tan dulcemente sonó, que por la duda, y el metro dos veces fue suspensión. Voz, en quien mi afecto mira tan rara contradicción, que si en lo dulce suspende, arrebata en lo veloz. Por dónde vas? Por adonde tu acento el aire llevó? Pues Pueblo Hebreo, Romano Imperio. Dónde vas? Voy siguiendo una voz, que todo mi Pueblo escandalizó. La Sabiduria (según testifica Salomón) labró para si un Palacio, cuya Máquina fijó en siete excelsas Coumnas, de tan alta elevación, que las Pirámides flechan con sus Arpones el Sol; aquí prevendrá un convite, en que ella misma mezcló en las Mi priosas Mesas, de sus Vinos el Licor. No habiendo llegado el tiempo, en que a sus Siervos envió al Muro a convidar cuantos pasaren por su mansión: no sé quien hoy de estas Mesas el Misterio publicó? Que ciego vas, pues no adviertes, que solo conmigo habló ese Oráculo Divino, diciendo, que el superior poder de la Gran Fortuna, Diosa, a quien más veneró mi Imperio, pendiendo de ella, de el mal, y de el bien el Don, quiere que le haga un convite, donde le ofrezca mi Amor, en Sacrificio rendido, los frutos, que ella medio. Y tú, que ciego no adviertes, cuan lejos te interpretó sus voces de mi verdad, tu profana erudición; oyendo quizá fragmentos, que a su acento el aire hurtó, dando a las fauces de un risco, el ece organización. Si eso te parece a ti, síguele tú, que aunque yo tengo el temporal dominio en ti, no en tu Rengión: T. 11. mas porque veas, que más bien mi sospecha se fundó; ya sabes, que el Capitolio, Monte en quien la población de Roma empezó y de donde siete Montes mundó, rompiendo Diques de Muros en su circumbalación, oprime, de la Fortuna el Gran Templo, en que erigió Servió Julio, agradecido a su amparo, y su favor; siendo la Fortuna, pues quien tiene el poder mayor en Cielo, y Tierra, a quien toca la libre distribución del bien, y el mal, que en la rueda. Orbicular repartió todas las Lunas de Marzo, por ser esta la Estación en que producen los Frutos sus esperanzas en flor. Pongo en su Templo una Mesa de Pan, y Vino, que son más nutritivas substancias, sin que quede Viador, Peregrino, ni Mendigo, que no tenga refacción del Templo de la Fortuna, porque aplaque su rigor, dando aquel año los Frutos, mas en colmo, que en sazón, siendo esta costumbre mía, que no en vano refirió mi labio, por asentar esta Historial prevención; y siendo Luna de Marzo, como dudarás, que habló conmigo el acento dulce, cuando dice su Pregón: , . La Fortuna os pide hoy: Como en la Luna de Marzo, mi Levítico ordenó de su Cordero legal, la más solemne oblación; y de este convite, hable el dulce boreal rumor; pero yo, que no lo creo, si advierto, que aún no llegó el prescripto feliz tiempo, en que el matutino albor; cuaje el cándido tocío, en la piel de Jedeón; castigaré voz, que da a este escándalo ocasión: Esta es la Luna de Marzo, en que mi Pueblo al Gran Dios de Ciencias, Adonay; de Batallas, Sabachor; de Victorias, Jeoba; y al que todo lo cifró, en llamarse Dios de Isaac, de Abraham, y de Jacob, ofrece el gran Sacrificio, en el Templo, que fundó Zorobabel, en la Sacra nenas (ay de m furor verde Cerviz de Sion; y no como en Roma tú, a ese fantástico error, por quien no en vano en mis días, Isalas exclamó, contra los que a la Fortuna ponen esta obstentación de Mesas, que a sus Rstares votivas ofrendas dio: hoy celebro mi Phasé, donde junte mi fervor, con el Cordero legal, que Víático tomo mi Pueblo (al salir buscando la Tierra de Promisión, también en Luna de Marzo) el Pan de Proposición, que en los Campos de Belém, que de los Cielos es Troj, a las Espigas de Ruth, dieron las mieses de Bohor. Pues yo seguiré el acento, que a mi Imperio repitió. Yo el que dijo al Pueblo mío, en esa dulce canción: 2. . Escuchad el Pregón, y apenas, penas ( suspendido mí en tantos ahogos halla senda a la respiración, que de lejanas ideas, acá me representó la Ciencia, que no perdí, quizá por mayor dolor, al ver, que del Sacro acento de aquel convite, escuchó la Gentilidad el eco, y el Hebraismo la voz: O, lo que discurro, al ver, que en estos dos Montes, dos Templos, y dos Sacrificios la Curiosidad halló; en un ritó, y en un día tan opuesta imitación! O tu Espíritu impuro, que veloz vistes de Bronce el aire de tu voz, dando en Estaruas mil Oráculos confusos al Gentil, y haciendo por mi Ciencia singular, sentir el Barro, al Leño articular; formando Simulacros, a este fin, a Astarot, a Dagón; y a Bahalín, Idolatria? Quién me llama? Quién ha hecho, que te den los Mortales tan vana adoración; hasta poner al Sabio Salomón a tus pies a ofrecer; siendo allí el ahumar más, que el arder, gomas de tanto bálsamo Oriental, que a los ardores del mayor fanal, hacen sudar, y saben derretir los troncos aromáticos de Ofir, Príúcipe de la Luz, que de la sombra el lóbrego capuz, arrastra ya tu pálido explendor, convirtiendo en incendios el ardor; pues empañas con densa lobreguez, aún al espacio diáfano la tez de tanto Azul vitil; pues en supersticiones del Gentil, yo que soy su profana Religión, a tus astucias debo aquel blasón, de que mis Aras sepa dilatar, desde el Mar Indio, hasta el Bermejo Mar, adonde el Culto el Bárbaro me da, lágrimas orientales de Saba, y hasta el Pueblo de Dios, a dios infiel; dígalo Dam, y dígalo Betel: términos, que a tu anhelo, y a tu afán, en Samaria me dio Jeroboam; bien, que primero yo los adquirí, por la Estatua, que tuve en Sinal, pues soy la Idolatria (aunque otra vez lo diga) y en la varia redondez, de este visible Globo sublunar, te debo el dominar los extremos, que son límites de su Esférica mansión; cual es tu pena, cual tu pesar, tu dolor? Oye mi mal, si pena tan atroz, en las cláusulas cabe de la voz; pero antes, que te llegue a responder, pues más persuade, que el hablar, el ver la Retórica en docta permisión dé cuerpo a una alegórica ilusión, retrocediendo el tiempo, pues obstar, no puede a ti, ni a mí, tiempo o lugar; que ves del Capitolio en la cerviz, Monte, que a Roma, Excelsa Emperatriz, que ciñe de los Orbes el Laurel, queriendo ser Padrastro, fue Dosel? Qué ves? En su cervidez miro a Noé, que vino a Italia, en fe de proseguir su nueva población; huyendo la soberbia confusión de la Fábrica altiva de Babel, que Ciudádela de Nembrot: cruel la intentó contra Dios fortificar, y aquí el Gentil le supo idolatrar; pues lano le llamó, y Janículo al Monte, en que habitó, y adonde Roma se fundó después, y de su nombre fue lanvario el mes, en que empieza del año la estación; y no aquí solo mi superstición paró, pues pasó a hacer Diosa Celeste a Besta, su Mujer. Oye, pues, lo que entonces reveló, en las Agriculturas, que enseñó. Yo soy, mortales, el segundo Adán, pues de mi vuelve el Mundo a proceder; cuantos hoy vivos en su Esfera están, a mi fecundidad deben el ser. Aquí le enseñe a Italia el Vino, y Pan conocer, cultivar, sembrar, coger; porque mi industria supo conseguir, oro moler, granates exprimir. El Iris, que esmaltó vario matiz, después de la funesta Tempestad, tremolada Bandera fue feliz, de tanta Celestial serenidad, oprimio de los Montes la cerviz la Arca; y apenas dieron libertad las Espumas al Mundo, cuando en él, de este licor se vio el primer plantel. A mí el primero me obligó a dormir, y no falta quien diga, que a soñar verdades, en que pude percibir, cuanto el Cielo me deja penetrar. La embriáguez, que me llega a prevertir, alto misterio sabe figurar: pues de ella miro resultar también, Reprobo Can, Predestinado Sem. Plantole de mis Ciencias el primor, para ser medicina Celestial, que incluye misterioso este licor, la substancia del Bálsamo Vital, Sangre será después, cuando el rigor de los hombres proterbos, que su mal, hasta el Lagar le sepa conducir, y en la Viga el Rácimo vea exprimir, Pues Vino, y Pan por mí sabéis usar, mi Ciencia os deja su alimento en fin, hasta que de la Aurora vea cuajar en el mana la risa Rapidim. Entonces, pues, las rosas de Sennaar coronarán las Palmas de Sethim, y el Rácimo después de Promisión florecerá las Viñas del Cedrón. . Ya has visto, como en Roma hizo plantar Noé las Vides, y sembrar también trigo; pues ahora hemos de llegar a vista de la Gran Jerusalén, no hay en nosotros tiempo ni lugar, cuerpo a otras sombras las especies den, concepto forman para mi infeliz: qué miras del Calvario la cerviz? Oh Monte, cuanto dejas que dudar! A Un Cordero inmolado miro en él, que en Viernes quiso a Dios sacrificar en este Monte el Inocente Abel, y aquí en Viernes, su Vida llegó a dar, a manos de Caín fiero, y cruel. Oye, ya que este Monte bebió en fin, del primero mortal primer carmín. Piedad, Señor, que invoca tu poder, la ansia mortal del inocente Abel. Este Cordero, Señor, cuya no manchada piel viviente cándido copo selpa de los Montes fue: Primicias de mi Rebaño a tu Deidad consagre, nevado símbolo humilde de pureza, y sencillez. Las primeras aras tuyas quiso la envidia cruel, con mi sangre salpicar, con mi púrpura encender. Y pues el primero humano he sido, que llega a ver de la muerte en su semblante la funesta palidez, piedad, Señor, que invoca tu poder, la ansia mortal del inocente Abel. Ya ves, que del Calvario en el con fin las puertas a la muerte abrió Caín; y ya ves, que fue en él el sacrificio del primero Abel; pues pueda ahora, sin mudar lugar, a edad segunda el curso adelantar. Aquel hierto cadáver es de Adán. Puesto que cuerpo a sus ideas dan mis tropos en Retórica Gentil, para un concepto escucha, que sutil el acento veloz también le presta numerosa voz. La vida espero en este Monte, pues la muerte tuvo su principio en él. Quién concederá a mis voces, que eternas las sepa hacer en la lámina el Buril, o en pedernal el Cincel? Se que mi Redentor vive, y algún día ha de volver a ceñirme este cadáver, a circundarme esta piel, y que en esta misma carne he de ver a Dios, a quien yo mismo juzgo gozar, y mis propios ojos ver: la vida espero en este Monte, pues la muerte tuvo su principio en él. Has notado su acento? Ya sé yo, que en este Monte Adán se sepultó, y que la vida espera recibir, donde la muerte entró, si llego a oír los Versos, en que Jobnos da razón de aquella universal Resurrección. Pues da otro paso más, (ras. y otro asombro en el Monte toca- A Isaac distingo allí, mas no es Cordero aquel que tiene? Sí, que en este Monte el Sacrificio fue, en qué Dios, de Abrahan probó la fe. Haz, Señor, que el Cordero de la Ley, Cordero de mi sangre sea después. En este Monte, Señor, mi vida os llego a ofrecer en Sacrificio, Abrahán, el Gran Padre de la Fe, este Cordero inocente, por mí os ofrezco, porque, aunque lo Divino vive, lo humano ha de fallecer; y pues otro Sacrificio os ha de ofrecer en él, de otro Cordero inmolado, que de mí ha de descender, haz, Señor, que el Cordero de la Ley, Cordero de mi Sangre fea después. Qué ves ahora? No es el que está allí Melchisedech, el Sacerdote? Sí, y omitiendo si el mismo fue, que Sem, por Rey glorioso de la Gran Salen este Monte habitó, y en él, el Vino, y Pan sacrificó. (cer Llegue, Señor, el tiempo de ofre. tu Vino, y Pan, el Sacerdote Rey. En este Monte, Señor, en las especies, que ves, Sacrificio consumado halló de Abrahan la Fe; y pues otra immolación, en su Cumbre te ha de hacer el Sacerdote segundo, Orden de Melchisedech, llegue, Señor, Y pues la Muerte, aquí tuvo principio, y el Sacrificio también: Y pues en este sitio está mi Tumba, y espero la vida en él: (da Y pues en este Monte, adios mi vi- (do mi Padre llego a ofrecer: Y pues en esta Cumbre consuma- de Pan, y Vino, el Sacrificio fue: Piedad, Señor, que invoca tu Poder, la ansia mortal del inocente Abel. La vida espero en este Monte, pues la muerte tuvo su principio en él. Haz, Señor, que el Cordero de la Ley, Cordero de mi Sangre sea después. Llegue, Señor, el tiempo de ofrecer tu Vino, y Pan, el Sacerdote Rey, Y llegue a tus oídos el clamor; De Abel. De Adán. De Isaac. Melchisedech. Y llegue a tus oídos el clamor de Abel, de Adán, de Isaac, Melchisedech. Has notado sus acciones? Sí; pero no bien entiendo, Sabio Oráculo, de todos los Ídolos, que poseo; qué tiene que ver, que aquel Pregón, que fue en sus gorjeos dulzura vertida a toda la diafanidad del Viento, diese al Hebreo la voz, y solo al Gentil el eco? Con que Noc fuese a Italia, que habitase donde vemos hoy a Roma? que enseñase de la míes, y del sarmiento en ella la Agricultura, pasando a mostrarme luego tres Sacrificios, que en ese Monte, en tres Viernes se hicieron, y el lugar, que al primer hombre sepulta; porque no quiero, que el obstentar variedad de noticias el ingenio, porque el argumento exorne, nos confunde el argumento. A mi perturbada idea, que le acuerdes agradezco mis proposiciones, para que veas, que aunque diversos. asuntos, están tocando las especies, que he propuesto, son todas líneas distintas, que van a parar a un centro. Siempre fue ciencia de todos. los rebeldes Comuneros, inducir a sus delitos a cuantos pueden, a efecto de rebatir el castigo con la multitud de Reos, siendo al poder menor daño; perdonarlos, que perderlos. Yo así habiéndome perdido, el trágico atreyimiento de querer ser como Dios, y competirle, poniendo mi Trono sobre la Cumbre del Monte del Testamento, procuré inducir al hombre al mismo partido, al mismo intento de rebelarse. también a su Dios, queriendo ser como él; cuyo delito comprobado en Juicio pleno, Reo de lesa Majestad, le obligó a salir huyendo del consiscado Palacio, a tan penoso destierro. Auxiliar el hombre, en fin, de mis astucias, hacemos guerra contra el Cielo ambos; y en demanda del pretexto, que tuvimos de ser Dioses, mis artes te introdujeron a ti en Babilonia, dando adoraciones a un Leño, en donde el Cincel dio bulto a la memoria de Belo. Y así; cumplí como pude, mi palabra al hombre, haciendo idolatrar, por Deidades, a los mortales, primero, que a mí, con ser más autigua en mí la ambición de serlo. Hice después, que por Dios me adorasen, construyendo a mi soberbia su Rito; Simulacros, Aras, Templos, Sacrificios, Holocaustos; y no con su error contento, las Estrellas, Sol, y Luna hice adorar, excediendo a mi parecer a Dios, las Luces de su Emisferio. No contenta la ambición humana, con ver sujeto a un Imperio todo el Orbe, en donde faltar pudieron, primero, que a su Dominio, Provincias a sus deseos; aún del Cielo se introdujo a hacer el repartimiento, fingiendo a su arbitrio tantas Deidades: qué debaneo, qué frenesí, que delirio, les pudiste hallar más necio, que inventar los hombres Dioses? A quien han de tener miedo, o tener miedo a los hombres, de Dioses, que inventan ellos? Entre cuantos Simulacros por tu Religión me dieron nubes de olor en aroma, y noches de humo en incienso, el de la fortuna fue el de mi mayor aprecio, el de mi mayor blasón, y en el que cifrada tengo mi gloria; pues su Dominio al Fiel, y al Infiel estiendo; al Fiel, porque esta fantasma de Estrellas, este compuesto de segundas causas, y esta ceguedad, de quien creyeron, que eran los casos influjos, aún antes de ser sucesos, para quejarse de Dios, los hombres la introdujeron, y fingiendo otro poder, que tenga arbitrio supremo en sus brenes, y en sus males, por quejarse con respeto de Dios, otro Dios suponen, que su desgracia ha dispuesto, y con la queja idolatran tanto, como con el ruego. Donde encontrara yo alivio? dónde hallara yo consuelo? viendo, que la Providencia de Dios, tanto esté asistiendo a producir un gusano, y a concederle alimento, como al gobierno de toda la máquina de Luceros, que en parpados de luz brillan los ojos del Firmamento? Que no haya paso en el hombre, de que no cuide, atendiendo, allí a evitarle un peligro, aquí a estorbarle un despeño, tan idalgamente, que muchos peligros secretos, estorba, sin revelarlos a los hombres, no queriendo llevar, ni el leve tributo de un corto agradecimiento? Qué consuelo (otra vez digo) tuviera yo, no teniendo introducido en el mundo, creer, que hay fortuna, a efecto, de que los hombres a Dios no le agradezcan el premio, ni teman de el el castigo, en sus casos acudiendo a quejarse, y a gloriarse con tan distantes extremos de su suerte, si son malos, de sí mismos, si son buenos? Demás de esto, en la fortuna, no solo logra mi anhelo, que los hombres ambiciosos adoren los Astros; pero, que el hombre idólatre a hombres; porque cuando, di, soberbios Ídolos de la fortusa; los Poderosos no fueron? A estos la ambición ofrece humos; en nada me vengo de la soberbia del hombre, sino en abatirle, haciendo adorar al hombre mismo, de quien espera su aumento, y de quien no le recibe. Mira, pues, que Dioses estos, tan inútiles, que cuando el mísero rendimiento, por lo que ruega idolatra al mal atendido obsequio, se desvanecen del culto; pero se ofenden del ruego: quede esto supuesto, y vamos, a que de algunos Hebreos, que fueron solos los Doctos, en los Antignos tuvieron de las Ciencias los Gentiles, ciertos lejanos recuerdos. Abrahan la Astrología les enseñó a los Caldeos; fue de Jeremias Plarón Discípulo, estando a un tiempo huésped en Egipto el uno, y el otro en Egipto preso. Socrates tuvo noticia de Dios, y por conocerlo el Areópago de Atenas, le hizo morir por Decreto en aquel mismo Lugar, en donde después fue el Templo, que ciega Gentilidad consagro al Ignoto Deo. Historias Sacras confusas pudo percibir en lejos el Gentil, hasta que quiso Prolomeo Philadelfo pasar a su Librería las Biblias; a cuyo efecto, de la Gran Jerusalén le envió Eleázaro el consejo del Saledim, que tradujo las Escripturas en Griego en la Alejandriana Plaza; y antes, que de aquí pasemos, quede asentado, que en Viernes se acabó, y instituyeron Fiestas al Viernes de Marzo, los Gitanos, en obsequio de haberles Dios ese día revelado los secretos, cláusulas, y voluntad, de su primer Testamento. De estos Misterios, que oscuros los Romanos percibieron, y de su Fuente Nativa, viciados iban de Omero, Ovidio el Metamorfoseos compuso; y aunque no hallemos cláusula en ellos, ni nombre conocido en el contexto de la Escriptura, con ser parecidos los suecesos, fue estudio, porque no quiso, ambicioso de su ingenio, que se conociese el hurto, y también por el recelo de que Teoteco, mezclando el Génesís con sus Versos, a vista del Pueblo todo quedó de repente ciego. Pues si las Fábulas todas tuvieron sifundamento en Letras Sagradas (como te mostrara más extenso careándolas, a no ser gran digresión de mi intento) por cuanto (ay de mí!) por cuanto pudiera ser, que el Proverbio, en que la Sabiduria (que rige del Universo el Globo, y da el bien, y el mal) fabricó un Palacio excelso de siete excelsas Columnas, en que sus Mesas poniendo, y mezclando sus Licores, convidó en sonoro acento a los Peregrinos, fuese de quien solo oyó los ecos el Gentil, ya la fortuna colocada en este Templo, sobre la cerviz del Monte consagra, quizá por eso, las Mesas de Pan, y Vino, Viático al Pasajero, en Viernes de Marzo? Oh cómo se oculta aquí algún misterio, según sordas voces hacen el ruido al entendimiento! La primera parte es esta de mi temor; y no es menos, que esta primera, que he visto, la segunda, que recelo. En esta excelsa Montaña del Golgotha, a quien dijeron Calvario, por ser su cumbre suplicio infame de Reos, cuyos Cadaveres guarda; ofrece a Dios un Cordero, Abel, y cobra la muerte en él su primero feudo. En esta Cumbre, de Adán está el verde Monumanto, como delincuente, en fin, que traen al Suplicio muerto. Aquí Abrahan sacrifica a su hijo, y aquí vemos, que ofrece Melchisedech el Sacrificio incruento, consumado en Pan, y Vino; pues si hay quien afirme, que estos prodigios en este Monte en Viernes de Marzo fueron, con razón en este Monte, otro Sacrificio temo en otro Viernes de Marzo, que sea (corriendo el velo a tantas alegorías) Luz, de cuyos rayos tiemblo. No solo, pues, de este Monte temo; porque en él sospecho, que será aquel gran Conbite, que Salomón ha propuesto, sino de el del Capitolio, adonde hoy celebrar veo de la Fortuna el Conbite en Roma, pues a este efecto entablé la alegoría, que dio a las especies cuerpo, mostrándote de sus Cumbres los dos elevados cuellos, y los prodigios, que en ellas, fantasmas son de mi miedo. En tiempo del Rey Acab (ha Historia, como en ti advierto, de los futuros indicios, el Juicio más verdadero!) En tiempo del Rey Acab, nos dice el Sagrado Texto, que empezó Dios, por sus culpas, a cansarse de su Pueblo; y en este mismo se ponen los primeros fundamentos de Roma, en el mismo Monte que Noe hábito; y habiendo la Ascendencia del Mesías contraído casamientos ya con la Gentilidad; este nuevo Parentesco, y el haberle dado Dios, por medio de Prolomeo (cómo ha interesado en él) traslado del Testamento, me hace recelar, no solo el que haga Dios heredero al Gentil, desheredando al Hebraismo Proterbo, sino, que también elija a Roma para su asiento, y al Monte del Capitolio, quiera pasar los portentos del Calvario, para cuyo Vaticinio, ca iremos de los dos as circunstancias. Si a este su nombre le ha puesto la Calabera de Adán, al Cápitolino veo, que otra Calabera, que oculta se halló en su centro, dio nombre de Capitolio: en su fundación contemplo, que en aquel tiempo, en que Roma tuvo principio, pudieron saquear a Jerusalém primera vez los Caldeos, con qué abandonando a una; de Dios el poder inmenso, empieza a poner en otra los ojos: si a los soberbios Muros de Jerusalém siete Montes dan cimientos, Roma oprime siete Montes, con el bulto, y con el peso. Esperanza de los Montes, le llama Jacob, al Verbo; y allí el Esposo venía de la Esposa a los requiebros, Montes, y Valles saltando, de unos a otros transcendiendo. Dice Dios, por Isalas, que no solo ha de hacer Cielos nuevos ese día, sino Tierra nueva, y Montes nuevos. Noc (que en su siglo fue, por Patriarca Supremo la Cabeza de la Iglesia) posesión tomó en su tiempo de esta Cumbre, que a mi ver predestinó para centro de los Sumos Sacerdores. Pues si dicen tantos Textos, que Dios ha de mudar Montes, no sin justa causa temo, que mude al de la Fortuna su Corte, cuando me acuerdo, que Noé del Pan, y el Vino, nos enseñó aquí el Misterio, y que el mismo Pan, y Vino, que en Viernes de Marzo vemos, que el Templo de la Fortuna, en su Mesa franca ha puesto, por Víático de tantos Mendigos, y Forasteros, sea un rasgo, sea un viso, una figura, un reflejo (antevisto en el Calvario, en sus Sacrificios mismos) de otro Misterio, que yo a pronunciar no me atrevo, pues solo de imaginarle, entre mis llamas me hielo, entre mis hielos me abraso, y absorto, mudo, y suspenso, toda volcanes la ira, carámbanos todo el pecho; me mata el ver, que rabiando, de imaginarlo me muero. Bien unidas a una duda, tantas especies vinieron diversas, donde no solo son justos tus sentimientos, que es razón muy desgraciada tenerla, para tenerlos; y en la razón de dudar, otra en mis Artes no encuentro, que deje a tu perspicacía, cegarse para el consuelo; sino aguardar, que sentencie el tiempo tu duda, siendo árbitro el tiempo, de todos los enigmas encubiertos, que va a costa de la vida revelando; en cuyo extremo, de qué le sirve al mortal lo que aprende de él, si vemos, que nace el hombre ignorando, y se muere en aprendiendo. En tanto, que lo Historial va a tus dudas descubriendo luz, una vez entablado lo alegórico, gocemos en representable idea, del mísero rendimiento, con que a la Fortuna adoran los mortales, que en diversos Simulacros varios suyos, a quien presta voz tu aliento, van consagrando a tus bultos, en tu obsequio, y en su obsequio, los Círculos Religiosos de tantos humos sabeos. Empiece, pues, de la Historia el parentesís en esos Himnos, que la entona el Mundo, en su Cuito, repitiendo, Venid de la Fortuna al rito excelso, que árbitro del influjo de los sucesos, penden de su dictamen, malos, buenos. Bien dices, entanto, que hoy uega el plazo a mi deseo, en el Combite, que en Roma a la Fortuna prevengo quede al Teatro del Mundo el representable objecto del culto de la Fortuna, en que tanto lisonjeo yo mis vanidades, cuando repiten esos acentos. Cuando dicen en mi aplauso las cláusulas de su metro: Venid de la Fortuna al rito excelso, Atend mortales, oíd, que el Aire veloz, que inspira mi voz, en metro canoro, de Acento sonoro, al azul Turquí le rompe los Velos del Aura sutil. Yo soy la varia influencia de este círculo feliz dé Astros, y Signos, a quien llamó Fortuna el Gentil: la rueda, que me atribuyen de la variedad a mí, es la Esfera de quien pende, ya inclinar, y ya influir; efecto soy de los Astros, en cuya hermosura vi templado el furor de arder en el primor de lucir, aquí los destinos varios del hombre piden, y aquí el giro Celeste llega los premios a repartir; y pues como inteligencia a que me veis asistir, ya desciendo, como genio, a quien Deidad presumís: Atended, mortales, oíd, que el Aire veloz, Ya, Fortuna, publicando en mi métrico Clarín del Orbe, por el confín, las cláusulas de tu Bando; hoy a los mortales llama mi dulce acento veloz, puesto, que alcanza mi voz a cuanto gira la Fama. Pues en mi persona unida la apariencia considero, de influjo allí verdadero, y aquí de Deidad mentida, y con los mortales es mi astucia en tu Religión, Ídolo de la ambición, y Deidad del interés. Esta venda, mi desvelo me previene; y no te asombres, que en mi locura los hombres, hacen ignorante al Cielo; cegando mi falsedad de su ingenio la torpeza, pues no ve, que en su pureza consiste mi ceguedad; y creyéndome influencia en las desgracias mayores, por disculpar sus errores, me figuran contingencia; y pues el Cielo previno en sus círculos fatales los signos, que a los mortales guardados tiene el destino, llamémoslos, que bien fundo, que a nuestras voces vendrán, los que por su suerte están a los umbrales del Mundo. 2. Ah del Mundo, ha de los Hombres, que ciegos hijos de Adán, de posibles criaturas, a ser criadas pasáis? venid, llegad, a correr a merced del destino las sendas inciertas del bien, y del mal. Venid, que yo la Fortuna, en el Globo sublunar, segunda causa inferior de la causa Universal. Venid, que la gran Fortuna; cuyo poder Celestial, tendrá por influjo el Fiel, y el Bárbaro por Deidad. Os aguardo con extremos de placer, y de pesar; y el hacerme mala, o buena, en vuestra mano estara. Vuestra vida tiene escrita, por su Ciencia singular, de esos Cuadernos azules, en las hojas de cristal. 2. Venid, llegad, a correr a merced del destino, las sendas inciertas del bien, y del mal. , e Solo mis voces sonoras el Orbe obedecerá, pues todo el Orbe se mueve de mis voces al compás. La Sacra Sabiduria sabe en su mente guardar, con el mérito previsto, el destino del mortal. Yo soy quien mueve a su arbitrio esa Rueda circular, donde el premio, y el castigo, al hombre la suerte da. Hoy en esta Alegoria, desciendo a la Tierra ya, para mostrar cuanto en ella del hombre soy familiar. Fortuna, ven, y verás en la Providencia mía, como mi mano te guía al hombre, a quien ciega vas. Con temor a hablarte llego, si cabe temor en mí: Oh Deidad! cuando advertí, que el Vulgo ignorante, y ciego me consagra Estatuas mil, que en mi adoración previene. Pues el Sol, qué culpa tiene de que le adore el Gentil? tú eres de mis Luces bellas influjo, y es tu Deidad aquella casualidad, que pende de las Estrellas; que para hacer desgraciado al hombre, o feliz, de un modo se vale el Autor de todo de las causas, que ha criado, y esa ceguedad primera, quizá tuvo luz en ti del Ángel, a quien le di el Gobierno de la Esfera; yo, en fin, dispongo tus casos, por quien de Jobel clamor, le dijo a Dios: Tú, Señor, contaste todos mis pasos. Con una Deidad habló la Fortuna allí tan bella, que me suspende: mas de ella no tuve noticia yo, preguntarlo es necedad, aunque yo, si bien se indicia, para ser después noticia, soy antes curiosidad, a su tiempo lo sabré, Quiero a los hombres llamar, de su Fortuna a gozar. Tu acento repetiré. (bres, 4. Ah del Mundo, ha de los hom- que ciegos hijos de Adán, de posibles Criaturas, a ser Criadas pasáis! Venid, llegad a correr, Llamados somos. No impida yo vuestros pasos. Quién va? El Amor propio, que está a las puertas de la vida, y el primero, con razón es, que encontráis, si a ser viene primero afecto, que tiene el hombre en su corazón. Si alguno al verme repara, tan barbado, no se asombre, que el Amor propio del hombre no ha menester mejor cara. Todos se quieren a sí, con tal, cual Dios se la dio, con tenerla mala yo, me estoy muriendo por mí. Al Mundo voy, porque entienda el destino de mi ser. Primero os ha de poner el Amor propio esta venda. Por qué ciegos tu rigor, así a vivir nos convida? Todos andan en la vida ciegos de su propio amor. Seguir mi suerte previno, de mi fortuna los casos. Seguir intentan mis pasos, de mis Ados el destino. Adónde ciego iré a dar? Dónde voy? Conmigo ven. Ven tu conmigo también, que yo te sabré guiar. ,y Tom. Il. Quién, Cielos Santos, así me conduce? Mi poder. , . Primer paso del nacer, dónde me arrojas? A mí. Cielos, absorto, y pasmado esta piedad me dejó! Cielos, a esta duda, yo helada, y muda he quedado! Adónde el Cielo me envía? Adónde mis plantas van? A hallar la Fe de Abrahan. A encontrar mi Idolatria. Cielos, que causa, o razón, antes de nacer daría para hallar la Idolatria este? aquel la Religión? Cuál causa es posible, cual, que antes de nacer os den, para hallar uno tal bien, y encontrar otro tal mal? Solo porque tú has querido le da la Fe tu desvelo, a beneficio del Cielo, quizá mal agradecido! Desde aquí el destino mío, dónde mi planta guió? Hasta aquí te traje yo, y desde aquí tu albedrío. Fortuna, ven, y al humano, porque hallar sus dichas pueda, le moverás esa rueda, gobernándote mi mano. En qué mi astucia se fía, si al destino del humano, de la Fortuna la mano mueve la Sabiduria? Esta Corona encontré, que mi Fortuna me ofrece. A la Fortuna agradece, Reino, que yo le entregué, Yo he encontrado este Tesoro, con que delicias ordene, Nada encuentro, que me llene, pues soy la ambición del oro; pero a esta parte me aplico. Dichas su metal indicia; quién eres tú? La Abaricia: y tú, quién eres? El Rico. Contigo iré, Y es justicia, uno, y otro repartir, pues nunca he visto seguir a los Pobres la Abaricia, Esto, solo es para mí; ay de la miseria mía! Pues qué del Rico sería, si no te criase a ti? Oh cuanto podéis ganar los dos, si os sabéis medir, tú, en la aflicción del pedir, tú, en el mérito de dar! Para el hombre, yo el ser al oro, y quise fiel, que tenga el mérito él, de poder dártele a ti. Yo las Ciencias encontré. Y yo en esta Luna pura, el crisol de mi hermosura. Yo la Agricultura hallé, Todo lo juzgo rendir. Todo lo pienso mandar. Todo lo he de despreciar. Todo lo quiero adquirir, A tostos he de moler. A todos he de negar. Y yo a todos he de dar con mi sudor de comer. Pues no tiene qué mandar, feliz este Sabio es, Dichoso es el Pobre, pues no le da Dios, que guardar. Oh bien haya el Señorio del Rico, soberbio, y vano! Venturoso el Cortesano, guardado del Sol, y el frío. Aunque en repartir prosigo su fortuna a cada uno, lo que advierto, es, que ninguno está contento conmigo, Yo de todo justifico; aunque el oro no le sobre, que no le falta al más Pobre, algo, que le envidie el Rico. Pues por eso estoy yo aquí, que en la adversidad mayor, les consuela el propio amor, con lo que piensan de sí. Dioses, qué os podré pedir, viendo las dichas lograr, con fatiga al esperar, con cansancio al conseguir? Oh, qué de Doctrina encuento, si observo; que de este modo se cansa el Alma de todo, tirando solo a su centro! De todos me apartaré; porque mi lección no impida el Comercio de la vida. No vale, que el Sabio ve, vuélvase luego a tapar, pues que de todos se aleja. El Sabio nunca se deja del Amor propio cegar. Nada te veo conseguir. Consigo, el no desear, y nada puede faltar, a quien no quiere adquirir. Tu desgracia experimento, por lo poco, que en ti valgo. Bien sabia yo, que para algo me dio Dios entendimiento, desdichas me han de enviar; pues claro se ve que el Cielo me anticipó este consuelo, anteviendo algún pesar; y me quiso prevenir con valor para esperar, que a otro no le ha de enviar, que no le sepa sufrir. Muchas riquezas poseo. Mas te falta, que adquirir. Pues qué pude conseguir, si aún no me deja el deseo? A que las guardes te aplico, pues ninguna ay, que te sobre. Este quiere vivir pobre, con ansia de morir rico. Pues que deseas más bienes en prosperidad tan alta, pobre eres, pues que te falta tanto más de lo que tienes. Dame por Dios: Perdonad. Tu caridad: Qué importuno! Que Dios da ciento por uno. Esa Escriptura mostrad. Dios, Señor, que quiso hacerme, puesto, que me crió ya, por su Providencia está obligado a mantenerme: Pobre me hizo por mi mal, y en vos, a quien tanto dio, el sustento me libró, pues tiene en vos su caudal: ved lo que somos aquí, yo mísero, y rico vos, pues de vos se vale Dios, para alimentarme a mí. Mas rico venís a estar vos, pues os falta tener solo un poco que comer, y a mí un mucho, que guardar. Que este está más pobre crea, pues como a usarlo no viene, le hace falta lo que tiene, y también lo que desea. Pues reviente. Venga acá, que modo es de responder? Pues para que he menester al Rico, que no me da? y si cuando él poseyó, mi hambre no satisfago, con no rogarle le hago tan inútil, como yo. Labrador, tan fatigado vives en tu suerte? Sí. pues vos me tenéis a mí de Tributos tan cargado. Mas lo estoy yo, si se indicia, tenerme tú en recompensa, cargado de tu defensa, de tu paz, y tu justicia. Ay infeliz! Ay de mí! Válgame el Cielo! Qué fue? No sé en qué aquí tropece. Aquí no sé en qué caí. Rendirlos por varios modos, mi belleza así procura; cuendo la humana hermosura, no fue el escollo de todos? Conmigo a una pretensión ven. A otra conmigo ven. Pues me conocéis? 2. Sí. Quién soy en vuestra estimación? 2. Cuando a pretender me ofrezco mi mérito, no eres hoy. Bien sé yo, que no lo soy, más bien se, que os lo parezco. Ved, que no será importuno, cuando a pretender se ofrece, si el amor propio parece mérito de cada uno. Mérito, venir procura conmigo. Que soy no ves el Amor propio? Ese es mérito de la Hermosura, que el ajeno es deshonor. Rey, paciencia has menester, todos van a pretender, cargados de propio amor, Señor? Qué pedís? Mandad los Tributos suspender. Pues de adónde he de tener para tu seguridad los medios; si considero lo que recibo de ti, sueldo, que me das a mí, como a cualquier Jornalero? Señor, alguna merced de ti espero. De ti fío, que el mérito premies mío. Oh ambición, cuanta es tu sed! Rico, pues has de gastar, por adquirir, y tener todo el tiempo en pretender, qué dejas para gozar? Y con qué fatiga lucho, si en la experiencia, que toco, de todos recibo poco, y todos me piden mucho? Pues dicha no tengo alguna, ni mi razón consiguió; por qué senda podré yo sobornar a la Fortuna, pues en mi servir es ley? Cuando pretendas, hermano, pide a Dios, en cuya mano está el corazón del Rey. A mi mérito se niega esto? El merecerlo yo, no basta? Quién mereció, jamás a conseguir llega. Ya que mérito me nombres, sabed vos, y sabed vos, que nada repartió Dios, tan a gusto de los hombres, como el mérito; pues vi (cosa, que me desatina) que cada uno imagina, que le tiene para sí. Y el mérito (según vio el Ingenio más profundo) es solo lo que en el Mundo ninguno al otro envidió. Que en mi tenga la influencia predominios tan fatales! Todo se acaba, mortales, venid a dar residencia. Corona, y Cetro perdí. De Ciencias me despojé. Acá el Tesoro dejé: Ya mi hermosura perdí. Ya se acabó mi dolor. No tengo, que desear. Ya dio fin el afanar, y el comer de mí su or. Ah, qué fortuna perdimos! Ah, qué desdichas gozamos! Tom. Il. Que alegre tiempo rasamos Qué poco le conocemos! Fortuna! Ahora conocida soy? decid? Sí, porque asombre, que no te conoce el Hombre, hasta después de perdida. Lo que nos diste ofrecemos, lo que prestaste entregamos; con nada en el Mundo entramos, y con nada de él volvemos, . Puesto, que llamados van del Soberano Poder, siguiéndolos iré a ver, la residencia, que dan. Yo a los que nacen después, asistiré. Si fingida farsa de la humana vida esta Alegoria es, pues es Dueño Soberano del Mundo el Romano Imperio, ahumará el culto mío la Fortuna del Romano. Ya que de Marzo la Luna creciente se deja ver, mis Mesas iré a poner al Templo de la Fortuna; pues mostrarme solicita esta Alegoria ya, que ella es quien todo lo da, y ella es quien todo lo quita. A otros iremos a dar, lo que a estos quitó su suerte. Sí, que a ninguno en la muerte suecesor ha de faltar. Ya el parentesís cerrado, en que aquí el Ingenio quiso mostrar de la gran Fortuna los progresos suecesivos: pues fuerza es para hablar de ella, explicar quien haya sido, en el dictamen del Fiel, y del Bárbaro en el juicio. Lo Alegórico aquí dejo, donde lo Historial prosigo: Hasta cuando, Cielos, siempre piadosos, y solo esquivos para mí, me ha de durar el dilarado martirio de las dudas, que el Lucero ha consultado conmigo? y las que yo encuentro nuevas, en que mil léjanos visos contra mi deseo espero, contra mi esperanza finjo? Que ha de heredar el Gentil la Fe, me tienen previsto del Volumen Sacro, tantos celebrados Vaticinios: qué fuera (ay de mí!) qué fuera, que Dios hubiese querido, de tantas veces, como hemos sido por los mismos filos opuestos imitadores, los Cielos, y los Abismos serlo ahora; y como yo mudé del Imperio mío la Metropolí del Asia, a Europa, habiendo venido desde Babilonia a Roma, que es hoy mi Imperial asilo, Dios de la Asia, a Europa traiga su Corte, habiéndolo sido primero Jerusalén, y se pierda a mi Dominio del Monte de la Fortuna, el Coronado Obelisco. Ya tiene Templos en Roma su Poder, que enmudecidos mis Oráculos en tiempo de Augusto Octaviano, dijo el de Apolo en Delfos, ya de sus ruegos compelido, no puedo hablar, que los labios sellados me tiene un Niño Hebreo, más poderoso, que yo en Belén ha nacido. Y entonces Augusto, en Roma un Templo consagrar hizo, al Primogenito grande de Dios, que su poder quiso ser en mi Imperio adorado, aún antes, que conocido. Este mismo derribó mis Ídolos en Egipto; y este en Palestina ahora hace tan raros prodigios, que a los Espíritus todos. de mis Simulacros miro dudar, si es Profeta, o si es el Mesías prometido: bien, que el Hebreo proterbo, de mi furor inducido, hoy que es el Viernes de Marzo, a este Portento Divino, en la Cumbre del Calvario previene infame suplicio. Hoy es el Viernes también, en que consagran mis Ritos las Mesas de la Fortuna todos los años; ya vimos, que Isalas exclamó contra los que han ofrecid a la Fortuna estás Mesas en términos expresivos; pues quien quita, si otra vez acá en mi mente concibo, en tres Viernes, en el Monte Calvario los Sacrificios, y la muerte de este joven, hoy en él a un tiempo mismo, que en este Romano Monte, al Pasajero apercibo de Pan, y Vino las Mesas; que un misterio, no entendido, unas lejanas ideas, unos rasgos mal distintos, de Monte a Monte me ofrecen al discurso combatido, manifiestos los temores, aunque ocultos los indicios; pues que diré, si me acuerdo del Simulacro esculpido de la Fortuna en el Templo? Ea ingenio, aquí es preciso ponderar las circunstancias con verdad, por el peligro de que lo que es estudiado, os parezca discurrido, porque está su Estarba en él, del modo, que yo os la pinto. Una venda blanca cubre sus ojos, por lo sabido de que la Fortuna es ciega; tiene una Copa de Vino en una mano; y en la otra, unas gabillas de Trigo. Si este es un rasgo, una sombra de la Fe, a quien tan Divinos Ingenios han de pintar así? no en vano me aflijo, de ver, que la Mesa, que hoy ofrece a los Peregrinos, sea sombra de la que temen mis Espíritus impíos. Figuras, y sombras son de esta Luz los exquisitos Misterios de la Escritura, de ellos tomaran los míos, en sombras, otros Misterios en Fábulas escondidos; pues quien quita, si el Gentil, del Hebreo, ha percibido sombra de sombra, que tenga luz de luz el Gentilismo? Luz de luz, dije? No más, . no más, discursos prolijos, que pues ya tienen del Viernes las Ceremonias principio a gozar de sus aplausos, de mis dudas me retiro, y de mi discurso quiero esconderme en su bullicio; (lo; pues que hiciera (ay de mí!) el ver si me mata el discurrirlo? El Víático Pan de las Mesas, que hoy la Fortuna previno, para ser sustento de tanto Extranjero mendigo, celebremos en Metros, cantemos Himnos, y agradezcan rendidos los frutos, que espera colmarnos el año la Espiga, y Rácimo. Ya que de mi Religión a la piedad instruido consagro estas Mesas, para que todos los Peregrinos, que se hallaren hoy en Roma, lleven para su camino refacción, que los aliente, y que repare sus bríos, dando, a honor de la Fortuna, Caridad de Pan, y Vino, votivo, y anual obsequio de Servió Julio instruido; y hasta hoy, que Tiberio impera, continuado en mis distritos, vosotros, los que a tomar su limosua habéis venido, dad gracias a la Fortuna; Y pues este es Pan bendito, y a su Templo consagrado, postraos humildes rendidos, que primero es adorarlo, y después es recibirlo. Si haremos, pues a su Estatua humillados repetimos, celebremos en Metros, cantemos en Himnos, Peregrinos errantes, que vagáis los distritos del Orbe, siendo el Norte los rumbos del destino; oíd, que de mi Estatua espíritu Divino, organizando el marmo! alienta vaticinios, saciados a mis Mesas el Vino, y Pan votivos. Pero Cielos, qué es esto? que torpemente animo la voz, pues hyerto el pecho, el labio enmudecido, heladas las palabras, cuajados los suspiros, balbuciente el aliento, (frío, y el bulto estremecido, toda me va cubriendo un sudon al pasmo, al hielo, al susto, al parasismo. Cielos, qué es esto, que vemos? Qué es esto, Dioses, qué miro? todo el Cielo titubea, y los Orbes Cristalinos de aquel circular encaje están rompiendo los quicios . O la máquina estrellada de esos eternos Zafiros caduca, o su Autor padece en el último conflicto. . Si eso en su Philosofía la Gentil noticia dijo, qué haré yo, viendo romperse los Cielos al estallido? . Que ha de ser (ay de mí!) viendo todos mis sustos cumplidos; pues a esta hora en el Calvario acaba de espirar Cristo? Caiga el Cielo sobre mí, pues me amenaza en prodigios el fiero vaivén de toda la Máquina del Olimpo. . Lucero? Calla, que ya en vano a tenerte aspiro; pues hoy de todas las sombras cumplida la luz he visto. . En el Monte mismo, adonde temí el postrer Sacrificio, y al general terremoto arruinado el edificio en Roma, de la Fortuna, en polvo desvanecido cayó el Simulacro. Oh nunca hubieses introducido la representable idea de aquel retórico estilo, careando estas dos Ciudades! Por qué? Porque ahora es preciso, que del Historial pasemos a Alegórico sentido, volviendo a unir los objetos, que al asunto propusimos. Feliz yo, puesto que primero he sido, que de la vida, y la muerte he gozado en este sitio, adonde sacrifiqué mi Cordero. Y donde he visto yo sobre mi calavera correr los purpúreos río? de Sangre, y Agua, en quien tienes los Sacramentos principio. Y yo, que sacrificado aquí suspendió el cuchillo Dios, dejándole elevado para el cuello de su hijo. Y yo, que en las dos mejoros especies de Pan, y Vino Sacrificio consumado, e incruento le dedico. Y yo más feliz, que de tantos siglos, por Cabeza de la Iglesia en este Monte el dominio asente de sus Prelados, donde está el tremendo juicio, Metrópolí de la Fe, que se le da al Gentilismo, quitándosela al Hebreo será; y donde el Pan, y el Vino, que sembró, no sin Misterio, en él veré convertido en Carne, y Sangre en el Templo, que en las ruinas de este mismo Santa María de las Gracias se llamará. Y pues ha sido el Pan gracia de las gracias, y en este Sagrado Archivo consagrado en Sacramento, a todos le deposito. Vuelve Fortuna a vivir con afecto tan distinto, como ser del Fiel fortuna; pues otra el Fiel no ha tenido, que este Sumo Sacramento, por cuyos méritos dignos, del bien, y el mal le dispenso al hombre los beneficios, y ofrece este mismo Pan, Víático al Peregrino. Si haré, viendo, que en el Viernes de Marzo hayan concurrido, desde el origen del Mundo asegurados indicios de los bienes de los hombres. A eso oponer determino mi rabia. Yo mi furor. Y yo todo el dolor mío. Yo quiero gozar la Fiesta, pues que salta esto poquito de propio amor, en amor del projimo convertido; y a esto poquito, que falta, que estéis atentos suplico. En Viernes de Marzó el hombre criado fue, y producido. En Viernes muriendo yo, la muerte tuvo principio. Y en Viernes tomó tu Pueblo el Víático en Egipto. Y en Viernes a mí me deja traslado de sus Escritos. Y en Viernes, Adan rebelde de Dios la Gracia ha perdido. También en Viernes de Marzo tomó carne humana Cristo. Y si en Viernes se revela Adán a su Señorio, en otro Viernes tres Reyes, Dones le ofrecen rendidos. En Viernes de Marzo muere, habiendo correspondido los minutos de la Muerte, a minutos del delito, a hora de tercia miró Jesús la Cruz del Suplicio. A esa misma hora Adán, el Árbol vedado ha visto. Los brazos luego le estiran los rigurosos Ministros, porque alcancen a los clavos. A esa misma hora ha estendido Adán el brazo a alcanzar del Tronco el pomo nocibo. Sacrílega esponja al labio le da amargo bebedizo. A la misma hora, en que Adán gustar la Manzana quiso: Contempla María del Árbol pendiente al Verbo Divino. Y Eva no quita los ojos del Árbol del Apetito. Quitando el nombre de Madre en el último conflicto, dice a la blanca paloma: Mujer, ves aí a tu Hijo. A esa misma hora Adán, sin decu Esposa, dijo, a la pregunta de Dios: Esta Mujer me ha perdido. Los Bárbaros echan luego suerte sobre sus vestidos. A esa misma hora a Adán, le vistió Dios del pellico. El Paraiso le ofrece, a un Pecador convertido. Ya esa misma hora a A arrojó del Paraiso. Los candados, y cerrojos rompe a las puertas del Limbo. Y en el Paraiso pone, para guarda un Paraninfo. 2. Con que en los minutos propios del Viernes de Marzo, vimos al hombre en correspondencia, Pecador, y redimido. Callad, que a tanto portento: Callad, que a tanto prodigio: De mi sombra he de ir huyendo. Huyendo iré de mí mismo. . Y yo, para no creerle, sin casa, ni domicilio, las entrañas de los Montes, habitaré fugitivo. Yo, en venganza de esta muerte, te sabré dar el castigo. Y pues heredó la Fe los portentos, determino del Viernes pasar al Jueves, en que se vio instituido este Milagro, de todos los Milagros referidos, a quien diremos, variado el objeto, aunque no el Rithmos El Víático Pan de las Mesas, que la Fortuna hoy previno, para ser sustento de tanto Extranjero Mendigo, celebremos en metros, cantemos en Himnos, y agradezcan rendidos los frutos, que espera colmarnos el año, la espiga, y racimo.