Texto digital de La mesa redonda
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La mesa redonda. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mesa-redonda-la.

LA MESA REDONDA
i. Dónde con plumas veloces de Hipómenes, y Atalantas me precipitan las plantas, y me destierran las voces? Dónde me lleva el furor? la venganza me desata? la obstinación me arrebata? y me despeña el valor? Sabed, río; sabed, cielo; sabed, verdes orizontes; sabed, selvas; sabed, montes Hermón, Tabor, y Cármelo, sabed, Provincias inquieras de Abril, que empañando al día, la Sinagoga Judía sale a caza de Profetas, que dejando las Ciudades, donde si sus sombras veo, los mato, y los apedreo, me doy a las soledades. Donde en su sangre traidora, como de fieras campestres, sor a sacrificios siluestres para holocaustos de Flora. Y obstinada Jezabel, he de ser a tu pesar quien ha de desagraviar las injurias de Israel, que vive por alma en mí en venganza de su ley el brazo del mayor Rey, el divino Adonaí. De tan glorioso interés, con tan heroicos cuidados, en los márgenes sagrados del Jordan pongo los pies. Encontrar aquí deseo un Profeta, a quien la Fama el Lucero del Sol llama; pero qué es esto que veo? de las heladas alconas del río lánguido, un viejo sale rompiendo el espejo de zafir, vestido de ovas, y ahoro por la maleza de ese monte caminando, como la vid que trepando, los pampaños endereza del galán oímo a la copa, por la coronada frente de su cabeza eminente, que con las estrellas topa, Y entre el dorado arrebol algunos rayos le quita. presumirse solicita verde atalaya del Sol. Y en un ribazo pequeño miro de pieles vestido ahora un Joven dormido, que respetándole el sueño parece que está, y de arriba ahora le llama el cano tronco verdinegro anciano con voz trémula, y altiva; A valiente Montesinos, a santificado Juan en el vientre de tu madre; a Lucero celestial, que delante del Sol vienes; a Voz del Verbo, que da voz es en estos desiertos; a Embajador del Isaac, que baja a ser holocausto del soberano Abrahan por el hombre con su sangre: despierta, no duermas más. Quién me llama? Yo te llamo. Oh amado Padre Jordan, que me quieres? Montesinos, hijo de esta soledad. dame tu mano, y mis pasos sigue, quien eres sabrás. Adónde, Jordan, me llevas? A estos riscos, que se están abrazando con el cielo, y asombrando con el mar. Ya pisamos sus alturas; portentosa vista! . Juan, ahora que estas en ellos, atento me has de escuchar. Ya te escucho. Montesinos, apenas contó en tu edad el Sol, Padre de la vida; el primer lustro no más, cuando del cielo, guiado de quien iiustrado estás, a estas malezas te trujo la penitencia a criar. t Déjote en los brazos míos, que te ofrecí con piedad, hermoso Narciso siendo de mi sagrado cristal. Estas malezas te dieron el pecho, y alimentar con mi el siluestre, y langostas su agreste rusticidad. Hasta hoy te ofreció vestido la fiera más incapaz de instincto, con la manchada piel que al jaspe envidias da. Los curtidos miembros tuyos, y como en la soledad te has criado de estos montes, el nombre te quise dar de Montesinos: y ahora que la juventud a más gloriosos triunfos te llama con el laurel inmortal, a intentar altas empresas quiero que vayas, pues hay valor tan heroico en ti, y sangre en ti tan Real. Esta espada, que del celo dez,lías fue, llevarás al siniestro lado tuyo, pues su retrato eres ya. Bien sé que no la has de hacer cobarde, parte a ostentar sus aceros, y tu brazo, que en Jerusalén te está esperando la mayor facción que verá jamás el aplauso de los días; y porque aciertes allá, Cata a Siria Montesinos, cata a Sion la Ciudad, cata la Mesa Redonda, dolos Docecomen Pan. El Pan que los Doce comen es el Divino Mana, no el que comieron los hijos de Israel, cuando del mar, apesar de Faraón, del Gitano pedernal, que a tanta inclemencia junta estuvo obstinado más, a ser salieron con nueva prodigiosa libertad, Ciudadanos de la tierra de Provisión, que es manjar que da vida al que le come por virtud tan sustancial, y todos los que comieron esotro, muertos están. Carlo Magno, Emperador del Imperio celestial, que el Reino de los Judios ha bajado a conquistar, es de estos Pares Cabeza; de estos Doce, que darán a la atención de los siglos Divina posteridad. Pedro el primero de todos, este Paladín Roldán, en cuyo valor el Templo Militante ha de fundar. Guí de Borgoña es Andres, su hermano, valiente Par, porque en Borgoña ha de ser de su Tusón Capitán. Diego el Mayor oliveros de Castilla, porque allá le nombre Patrón España en la venideraedad. JVAN, Águila Evángelista, es Durandarte el galán, y por el ver, y creer, Dudón se llama Tomas. A Diego el Menor, que el Justo apellidan, porque está siempre asistiendo a las tablas de la ley, que de Sinal en el monte escribió el dedo del soberano Geoba. Por las tablas, y el valor nombre de Gaiferos dan, Ricarte de Normandia, Felipes, porque tendrán este valeroso nombre entre sus dueños los más. Es Bartolome invencible Reinaldos de Montalban, que hasta dejar el pellejo, por la Fe ha de pelear. Mateo heroico es Guarinos, Almirante de la mar, que en diferentes conquistas, sus espumas cortará Bérnabe es Dardín Dardeña, que ha de salir a intenta valerosas aventuras por todo el Clima Oriental. Tadeo, y Simón, hermanos, naturales de Cana, por lo hermanos son también Calainos, y Galban. Galalón, que entre los otros con traidora opinión va, es Judas, de quien Marías presto ocupará el lugar. Estos son los Paladines, que en la guerra, y en la paz siguen las Lises Divinas, que los han de eternizar. Ea, bravo Montennos, ya es tiempo de caminar, dame tus brazos y el cielo haga tu nombre inmortal. Adiós Padre amado mío, a Dios sagrado Jordan. Adiós hijo de mi vida, que no pienso verte más. A Jerusalentras ti, selvaje Profeta, irán mi venganza, y mi furor; y a ti, y a Carlos, que está con los Pares, que repite el verde anciano Jordan, haré a despecho del mundo, haré del cielo a pesar, que el pan que comen, les sepa a platos de Baltasar, que esta mano en la muralla de Sion escribirá el Manu Tecis Fares, que es; mañana morirás. Este oscuro albergue ahora, que adorna el lóbrego umbral de cipreses, y funestos despojos, señales da de que a la muerte aposenta; yo la voy a consultar contra Carlos en mi ayuda, pues de su brazo mortal no puede escapar si es hombres y vive el cielo, si ya no bajan en su socorro las esferas de cristal, que ha de ser escandaloso nuevo despejo de Acab, si a Misac porjusto apela, a Abdónago, y a Sidrac. y Esta es Judea, valerosos Pares, Reina del Asia, el África, y Europa, y Monarca de montes, y de mares, aquel gigante que en el cielo topa con la verde melena, y rayo a rayo se bebe el Sol en más luciente copa, es el hermoso Livano Moncayo de Palestina, olimpo de Idumea, y centinela del Abril, y el Mayo. De aquí ha de ser el cetro que desea, coronar mis victorias soberar cuando Jerusalén triunfar me vea. Tú, Flor de Lis, que de las hojas canas de la Azucena imitasla pureza, más hermoso blasón de las mañanas, coronarás conmigo la cabeza del Libano también, y vencedora excederás a Hermón en gentileza, y de los ejes de zafir, Señora, comenzará tu nueva Monarquía en el purpúreo Imperio de la Aurora, y Potentado universal del día, esclavo tuyo el Sol a mí Lis de oro dará aplausos la vana idolatria. Tú, mi Esposa mi Iglesia, y mi tesoro, de Militante a la Triunfante unida, desde el humano en el divino Coro vitoriosa estarás, nunca vencida, y en más remotos climas propagada, menos del áspid infernal mordida. A la Cruz, Carlos, de tu heroica espada; al invencible espejo de tu acero, Luna jamás menguante, ni manchada, debo el honor, que dilatar espero por incognitas Playas, y Cenides, donde el Sol no conocen por Lucero, y heroico asombro del Tebaño Alcides despedazar las vivoras Lerneas en más sangrientas, y animosas lides, que si por alma en mi valor peleas, que oposición harán al brazo mío infernales Quelidios, y Medeas? Hoy llamaré animosa a desasío la Sinagoga Hebrea, sin licencia concede el tuyo a mi animoso brío, y a vista de su pueblo, y en presencia de tus bizarros Francos Paladines, me ha de solicitar a la clemencia: tus palabras me alientan por clarines, no porque tengan hoy tiranizados de Jericó las rosas, y jazmines sus injustos, sus bárbaros soldados. soberbios han de estar, y presumidos, que por ti no han de verse despojados, y ello de Capitanes forajidos coronada a frente en escuadrones, atreverse a tus brazos no vencidos. Marchen ahora (oh Sire!) tus pendones la vuelta de Samaria, y Galilea, y batamos sus altos torreones, que viendo el fin la Sinagoga Hebrea de tus intentos, se dará a partido, pues eres mayorazgo de Judea. En tu pecho (Roldán) nunca vencido el edificio de mi Iglesia espero cimentar contra el tiempo, y el olvido. Saulo (Sire) que es Tártaro Rugero, de Gamaliel dicípulo arrogante, también contra ti ostenta el limpio acero, y de la Sinagoga antiguo amante, se atreve a tus Católicas hileras, en su soberbia intrépido, y constante, y en un bruto, que imita las esferas en la velocidad, y en lo estrellado, comó bracán trémola sus banderas. Durandarte el galán, ese soldado, con una voz, del bruto en que confía le has de ver de su horror precipitado. No es este aquel mozuelo que servía mientras el vulgo Hebreo apedreaba a Esteban con soberbia villanía, de guardarles las capas, y no osaba empuñar una guija? quién ahora de valeroso sinrazón le alaba? si matando cobardes enamora a la obstinada Sinagoga ingrata, con poco se contenta esa señora. Vives tú, si la furia me arrebata, que al fanfarrón, al Tártaro Rugero, que contra nuestras armas se desata. Siempre ha de hablar la lengua del acero (Galalón Magances) en casos tales, a no arrogancia, si el desgarro fiero. Siempre el decir, y hacer los hice iguales, debe de ser el Tártaro tu amigo, pues de esa suerte en su defensa sales. Siempre alabo el valor del enemigo, demás que al suyo inclinación le tengo, y espero verle pelear conmigo, que esto a su heroico pecho le prevengo, honrando nuestros Francos escuadrones, porque con su valor mucho convengo. Basta, Roldán, no más. Tú te me opones? Présume mucho de León, que y hacer suele temblar esos Leones, hoy si revuelvo el mundo, he Galalón, yo soy León, que no puede hacer temblar gallo oyéndole cantar. Ofrézcase la ocasión, y verás. Pares, qué es esto? Roldán Paladín, no más; Galalón, soberbio estás: Veré el fin de todos presto, . si no me andan mal las manos, y aunque aleve trato sea, a la Sinagoga Hebrea, si pisan los verdes llanos de Roncesvalles, que son en los campos de Judá, Doñaín, y Josafa. Getsemaní, y el Cedrón, los he de vender, si espero morir (pues soy Magances) desesperado después: y a Carlo Magno el primero, que a los demás favorece, ofendiendo mi valor, que la ofensa del Tabor esta venganza merece. Cuando a Oliveros subió, a Roldán, y a Durandarte he de intental! de su gloria a darles parte, y a mí solo me dejó, que puesto que los demás Pares quedaron también, a mí solo fue el desdén, a mí el desprecio no más, pues de todos era yo el Par de más importancia por la casa de Magancia, que al Sol las Lises subió. Y cuando que sustentar en el desierto tenía, cinco mil hombres el día que pasó detrás del mar de Tiberiades, dio el cargo a otro Paladín, en mi vituperio en fin, siendo el despensero yo. Y habiéndole en ocasiones tantas dado de comer, él vive, que he de poder poco, o de sus escuadrones han de admirar la ruina las murallas de Sion, o no seré Galalón. . Dónde Galalón camina? que aunque lo pregunto yo, bien sé de tus pensamientos los alevosos intentos. Quiéres que le mate? No, Roldán, que esto importa así, para que ya de Isaias se cumplan las profecias, que hoy se acreditan en mí. Las semanas de Daniel, que en mi venida han hablado, de cumplir se han acabado, también; deja que por él la animosa empresa mía se comience a ejecutar, que hoy el laurel me ha de dar la Sinagoga Judia. Un soldado aventurero, que de dos pieles manchadas adorna el gallardo pecho, cubre la robusta espalda, cuya prodigiosa vista de su valor desengaña, y de divinos progresos da gloriosas esperanzas: por el ejército ahora parece que en tu demanda ha entrado, al campo, y al cielo dando admiraciones altas. Montésinos es mi primo, Flor de Lis, Esposa amada, que en el Jordan desdeniño se crió, Dame tus plantas. Llegad a los brazos, primo, Lucero de mi manana, Precursor de mi venida, y al fin voz de mi palabra. No merezco desatar la correa soberana de tu calzado Señor. Esa humildad os levanta hasta los cielos. Este es el Cordero, que sin mancha del mundo las culpas quita, que mi dedole señala. Ya que habéis llegado, Primo, a ocasión que de importancia tanto sois a mi servicio, quiero de vuestra bizarra persona, de quien las nuevas al Jordan bebio la fama, hacer experiencia, dándoos una importante Embajada. Herodes, que de Judea en Jerusalén se llama Rey, y me quira el derecho que me toca por la casa de David, de quien deciendo, con obstinación tirana esta corona me niega, y es necesario que vaya vuestra persona invencible a proponerle las causas, que para su embestidura tengo por los Patriarcas, Profetas, Ineces, y Reyes, de quien por la línea humana gloriosamente origino, valor, y sangre tan alta, que le intimo, que desde hoy no se apellide Tetrarca de Palestina, ni Rey de los Judios, pues tanta justicia contra ellos tengo, o qué bajarán mis armas a ser el árbitro de ella, ya que salieron tan vanas las diligencias de Agripa. su padre, cuando con ansia de hallarme recién nacido o, y dejar asegurada esta Corona, segó tanta inocente garganta. Y que se acuerde, que contra lo que el Levítico manda, con la mujer de su hermano esta casado, que basta por delito contra el cielo para perder con el alma la vida, el honor, y el cetro, no aguarde que mis escuadras ejecuten el castigo de culpas tan obstinadas. Y os hago, para que vais honrado a tan granjornada, Caballero del Tusón, y que le tengáis por Armas, pues os toca de derecho, por haberle en la montaña adorado desde el vientre de Isabel, y hoy con tan rara Fe señaló también con el dedo; el cielo parta con vos ahora, y con él de mi grandeza Cesarea todo el poder: dadme, Primo, los brazos, y a las hazañas vuestras dad feliz principio, a la empresa soberana que os encarga mi valor, y alienta mi confianza, que para estas ocasiones vuestra cabeza guardaba. Carlos, César de dos mundos, yo voy a hacer lo que mandas, y hasta dejar la cabeza, no dejaré la Embajada. . Marcha de Jericó ahora la vuelta. La vuelta marcha de leri Carlos, Carlos, que el Magno tus Pares llaman, nombre que a Alejandro dieron después de vitorias tantas. Una mujer te da voc es desde aquella barbacana del muro de lerico. La Sinagoga es Hebrea. Conocesime? Así me hubieras conocido tu tirana. Ya sé que al título aspiras del Mesias, que hoy aguarda Israel, y los Profetas piden al cielo que caiga como lluvia de las nubes: pero si tú de tan alta dignidad presumes, danos una señal, que nos haga creer, que tú eres el lusto, que han de llover las semanas de Daniel, que hasta ahora de cumplirse no se acaban. Ah generación al fin adúltera, y reprobada! señales pides? no has visto las que en mi derecho hablan? De Judá la ejecutoria, Hijo de David me aclama, y de Abrahan, y en la siempre verde generosa planta de Iesé, que al cielo llega son mis avuelos las ramas, y la Coronada Copa es mi Madre soberana, dame el cetro, y la corona de tu Rey, y tu Monarca, pues su justicia me toca y la sucesión me llama. Si al cerro, y corona aspiran de Judá tus arrogancias, esta de marinos juncos corone tus sienes vanas: y para cetro también tu mano empuñe esta caña; que a Rey fingido, este cetro, y esta corona le basta. De más verdadero Rey, y de Rey que a morir baja por los suyos, a ser vienen estas insignias ingrata. Alza, Flor de Lis, del suelo esta espantosa guirnalda, y con ella me penetra las sienes hasta que salga perla madeja de Ofir tanta púrpura animada, que vuelva un rubí de fuego cada punta de esmeralda. . Ya te la ciño a la frente, que a las vencedoras ramas de este marino laurel deberé mis esperanzas: Qué bien pareces con ella! otro rocío, otra escarcha cubre tu hermoso cabello con la sangre que le esmalta. Dame, amada Esposa mía, ahora el cetro de caña, y con la corona, y cetro que me ha dado la ignorancia de la Sinagoga Hebrea, mal de quien soy informada, a que me jure Israel por Rey marchemos, pues falta el ponerme solamente el título a las espaldas en el dosel de la Cruz, que la batalla mañana representarle pretendo, y aunque pierda en la batalla la vida, he de morir Rey de los Judios: al arma. Toca al arma, que no tienen el mundo para esta espada valor, ni fuerzas, ni vidas. (paña Ah Roldán! que aunque acom tu valiente corazón valores, y fuerzas tantas, tres veces me has de negar antes que el ave del alba a llamar al Sol madrugue, de su arrebol coronada. Antes perderé mil vidas, antes verás la campaña teñida de sangre Hebrea, por mi heroica Durindana. Pues Paladines, primero que entremos en la batalla, cenar quiero con vosotros, y en la mesa que la Fama llama Redonda, por nueva, y maravillosa hazaña, daros mi cuerpo a comer, y a beber mi sangre: salga de madre el poder de Dios, tire consigo la barra de su misma omnipotencia, y maravilla más rara, que ejecutar no le quede en su mente soberana. Aunque vuestra Águila soy, confieso que cara a cara a examinar no me atrevo rayos de enigma tan alta. Ni yo con ser vuestra Iglesia y vuestra Esposa. Aquí saca victor la razón haciendo esclava, cautivando los sentidos, rindiendo el valor del alma. Ya muero por verme, Esposo, a este convite sentada en vuestra gloriosa mesa Redonda, mis Pares vayan ahora a anegarse en dichas, y a agotarse en alabanzas. . A Carlos te entregaré, y a todos doce, si pasan el arroyo de los Cedros. Toma de mí esta palabra, que no la he quebrado nunca, cuando son de esta calaña, y me dio la traición misma leche que nació en Calabría. Fue Caín en mi respeto traidor de papel de estraza; los hermanos de Joseph, gente de poca importancia. Fue Sinón el que introdujo en Troya el bridón de Palas, niño de teta conmigo, y Tomillas una mandria, aprendiz fue Malgesí, caco un Guardámelas vacas, y no supo el ABC, Bellido Dolfos de España. Yo invente las zancadillas, las usuras, las moatras, andar mirando a la tierra, y sobre el hombro la barba. Yo truje al mundo los chismes, el antubión, la almarada, y pienso que fui la sierpe que a Eva le dio la manzana. Tan traidor soy, que parece que he sido mujer, que basta esto para encarecerme entre tantas alabanzas: bien puedes fiar de mí esta facción. Tus entrañas se parecen a las mías, no sé cuál es semejanza del otro: que te he de dar por tan invencible hazaña? No, nos desconcertaremos, que a tu presencia bizarra mas me ha traido la envidia, que la codicia. De plata treinta siclos te daré. Digo que es bastante paga. Galalón, yo estoy tan pobre, que hasta diveros me faltan, otro día habrá ocasión en que recómpense tanta amistad, tan gran servicio. No hay en que gastar palabras, yo voy a hallarme en la mesa Redonda con Carlos, para asegurarlos mejor, que sospecho que mañana darte la batalla intentan. Toma los treinta; qué aguardas? que contados me los dieron los Profetas en el Arca del Antiguo Testamento. Muestra, y en mi pecho vaya todo el infierno a esta empresa. Carlos, si pones las plantas en Roncesvalles, primero que de sus peñascos salgas te he de ver en una Cruz, y no he de quedar vengada, que ha de quedar Flor de Lis (a quien tú tu Esposa llamas, Militante, a pesar mío de mi escrita ley esclava, que esta silla te ha de dar, quien te dio el cerro de caña, y la corona de espinas, porque las manos clavadas, y los pies en ella rijas a Israel, y a tu gallarda Esposa, en afrenta mía, aleves lisonjas hagas. La muerte está de mi parte, mira que enemigo aguardas, si te vende Galalón, y ella desnuda la espada. . Pares, y soldados míos, esta es la mayor fineza, que puede hacer mi grandeza a vuestros heroicos bríos. En este mar cuantos ríos salen de mi Omnipotencia se anegan sin resistencia, cifrándose al ser humano, de Dios todo el Oceano, a breve circunferencia. Mi carne, y sangre os he dado en este Misterio, abismo de prodigios, y a mí mismo yo mismo me he comulgado. Este Misterio sagrado hasta aquí pudo llegar, y de aquí no hay que parar, que dentro de su poder, ni Dios tiene más que hacer, ni los hombres que esperar. Que esta hazaña que por vos obra esta noche en el suelo, términos ha dado el cielo, límites ha puesto a Dios: Siendo Dios, y el hombre dos, tan distintos en el ser, tantos gastos viene a hacer para levantar su nombre, que ha llegado hoy por el hombre Dios a agotar su poder. Y con ser esto verdad, alguno cena conmigo, tan sospechoso enemigo, que me ha de vender: mirad si puede caber maldad mayor en humano pecho, donde mi grandeza estrecho, transformándole yo en mí? que fiera agradece así el bien que el hombre le ha hecho? A mis aleves sentidos, . todas estas flechas van, pero perdone, que están ya los sielos recibidos. Verdad es que están vendidos en precio muy moderado él, y sus Pares, que airado con todos vívoras ceño, y he comulgado veneno en el manjar que me has dag Los cielos, Esposo, están conmigo ablortos en vos, que dais Pan que sabe adios, y Dios que parece Pan. Dónde vuestras ansias van? donde han de llegar, Señor, finezas de vuestro amor? si vos todo al hombre os dais; qué para vos os dejáis, sino es quedaros menor? pero qué clarín es este, que amenazando los aires, horrisonamente ocupa sus confusas raridades? Sobre un ceniciento bruto, sin freno, mas veces ave que caballo, de una gruta de aquellos peñascos sale, portentosamente horrible, un animado cadaber, con la cabeza de un joven, que viene corriendo sangre en la diestra mano. Enblema espantosa! Formidable espectáculo! El vestiglo conozco, nada os espante. Carlos, que siendo del mundo soberbio, y bizarro ultraje, en esa Mesa Redonda estás con tus Doce Pares. Si el valor que diz en tienes, si lo que publican haces, por la Sinagoga Hebrea, acojo cetro arrogante aspiras, y con quien tengo hecha liga hasta que acabe esta facción, he querido venir a desafiarte, porque a los dos se remita. el fin de facción tan grande. Y para que no confíes de tus locos Capitanes, de tus bravos Paladines, ves aquí tienes delante. la cabeza de tu Primo Montésinos, que a una fácil bailadora se la ha dado de presente Herodes; basten, Carlos, estas experiencias para que te desengañes del cetro que solicitas; sino, albrazo inexorable mío, rindiendo la vida, vendrás a desengañarte, que ya conoces, que soy la muerte, Carlos. No sabes que no puedes atreverte a mí que soy por mi Padre inmortal? También sé que eres hombre por estotra parte de tu Madre: y esa, Carlos, te la desafío; qué haces? tiemblas? Esto en mi es valor, que no recelo cobarde: yo acepto tu desafío. Qué armas eliges, pues sabes que esto al retado le toca? Una Cruz sola. Mostrarte valiente quieres? qué campo? El Calvario Roncesvarles de tu batalla, y la mía. Carlos, tu muerte esta tarde verás en él. . Arma, amigos, armas, valerosos Pares; y a la Sinagoga Hebrea embestid por otra parte. Todos seguirán tus pasos. Y yo lavaré tu sangre, para ser Fénix mi vida. De aquesta vez arrogantes, . con la de Carlos, las vidas dejaréis en Roncesvarles. . Ea pueblo Hebraico mío, la acasión tenéis delante mayor que ha visto Israel, para quedar inmortales no dejéis a Carlos hoy (que falsamente el linaje de David profanar quiere con locas temeridades) un Soldado, una bandera, un átomo no se escape de vuestro furor, y el mío, que ya en vuestra ayuda parte la muerte, asombrando el suelo, llena de horror, y coraje. Su espanto por armas lleva, y la guadaña que trae, como segador cruel de las espigas mortales. Ya voy, Sinagoga Hebrea, al duelo del Frances Marte, y las armas que eligió, le llevó para el combate; porque descansado llegue, llevo el caballo delante, que de Carlos me prometo pecho heroico, y valor grande. Tu horror, pues, vaya contigo, funesta, y medrosa imagen de la culpa, porque menos que Dios no podrá esperarte. La batalla se ha travado ahora de entrambas partes, Carlos alienta a los suyos, mas todo ha de ser en balde. Y hoy, que pasando el arroyo de los Cedros ignorantes, Galalón les ha vendido, y en polvo, y en sangre yacen envueltos, y sepultados, Carlos, y los Doce Pares, parece que un Paladín de la batalla se sale ahora roto, y vencido, y procurando escaparse, salirle al paso pretendo, y prenderle, o muerte darle. En viendo herido al Pastor, las ovesuelas se esparcen, mala la hubisteis Franceles la caza de Roncesvarles: aquesta es la Sinagoga de ella pienso recatarme. Detente Frances. No soy Frances. Confiésalo el traje, y lo niegas? yo te he visto con Carlos. Sus Estandartes no seguí jamás. Yo sé que eres de los Doce Pares. Vive Dios que no conozco a Carlos, mas si el ave del Sol ha cantado ahora, que me ha dado por cobarde de Carlos la profecia cumpliendo: vuélvanse mares, llorando los ojos míos, error de culpa tan grande. Peñascos de Palestina, grutas de Siria, amparadme mientras el cielo se obliga de lágrimas semejantes. Y tú, Durindana, en estos tremolando queda el aire, que acero tan invencible de hoy más no ha de acompañarme, y brazo más valeroso por rayo te desenvaine, que a un gallina solamente es dien que un gallo le cante. Huyes? Sinagoga, si huyo por vencerte. . Dame, Sinagoga, algún remedio, que confieso que la sangre del justo he vendido. Tú vieras lo que hacías, parte a las ramas de un sahuco, Galalón, a confesarte de tu ingratitud con él en el perdón, que los parches, y los metales sonoros me están llamando al alcance de tus Paladines. Cielos, que habéis querido dejarme precipitar en la ofensa de culpa tan destetable? Un árbol, como a Absción, para suspenderme, dadme, y a los infiernos le pido, cuando los cielos me falten. Y siembre así por los vientos esos dineros infomes, para que nazcan por ellos basiliscos, y cerartes, y diga el pregón del cielo, cuando publique en tan grandes delitos las culpas mías, quien tal hace, que tal pague. . Sinagoga Judia, el día es tuyo, y la victoria mía, que aunque todos mis Pares, cobardes, y vencidos, los lugares buscando más remotos, de polvo llenos los arneses rotos, huyen de la pelea, no has de vencernos, Sinagoga Hebrea; Carlos, y yo bastamos, Carlos, y yo por todos peleamos. Yo apelo al desafío de la muerte. También ha de ser mío ese triunfo, cobarde, que quiere el cielo que en la Cruz aguarde victoria de la muerte; y porque empieza el desafío, advierte, que en el fin de él espero rendir tu ingrato, tu obstinado acero, Sinagoga, arrogante. Lo mismo aguardo, Iglesia Militante, de tu Campeón valiente. Pues, Sinagoga, escucha atentamente: Ya Carlos de valor lleno, y de invencibles virtudes con ese monstruo, con esa esfinge, que al cielo escupe veneno, a quien todas cuantas vidas hay por feudo acuden, desde la culpa primera al monte Gólgota sube. Ya va el Soberano Isaac con la leña al hombro: y sufre venderse de sus hermanos Joseph, alarbes comunes. Ya está el inocente Abel por holocausto en la cumbre, y espera que con más rabia Caines tantos le injurién. Ya el Nazareno Sansón sobre si el Templo presume precipitar, porque muerto de sus enemigos triunfe. Ya la común enemiga del plebeyo, y del ilustre, que ni respeta beldades, ni repara en juventudes. La que con el tiempo allado tantos Imperios destruye, y en cenizas, y en arenas tan grandes fábricas hunde. Del Divino Campeón la humanidad, que descubre enviste, y de la pelea toda una montaña es yunque. Ya sobre las armas mismas que eligió, y que le conducen al triunfo, y al vencimiento, roto el arnes inconsutil, el mejorable brazo le arroja, y con tres más dulces flechas, que su amor permite, que de la aljaba le hurten, los pies, y manos le clavan; y a la Judaica costumbre, le levanta sobre el monte para asombro de la nubes: ya el Lávaro, ya el Guión del imperio de las luces, que en ellas condujo tantos ejércitos de Querubes, A los vientos se concede que le tremolen, y usurpen, como el álamo, que al soplo del Aquilón se sacude. Y para que su grandeza con afrentas se deslustre, dos ladrones le acompañan a los lados en dos Cruces. Ya al uno, que le conoce, del supliciole introduce en su Reino con palabras, que como Rey, y Dios cumple: Ya le obliga la piedad, que con el cielo consulte el perdón de sus contrarios en tantas ingratitudes. Ya dize, que tiene sed, ya le obligan que guste hiel, y vinagre, y ya al Padre el espíritu traduce. Ya se estremece la tierra, ya el Sol de sombras se cubre, y de esperanzas de rayos la Luna se destituye. Ya corta la noche al día negras bayetas, que enluten los celestes pavimentos de las campañas azules. Ya de los dos Luminares, viudos los campos deslucen, cuanto fue al olfato en flores, rojo, o cándido perfume. Ya desatado en las selvas segunda vez el Otubre mesa las guedejas verdes a los robres, y acebuches. Ya se encuentran unas piedras con otras, y de las cumbres, que a los aires centellean, trinitos monstruos producen. Ya de arriba abajo el velo del Templo se rompe, y huye la luz a rasgar las nemas, de las urnas, y atahudes. Muerta baja de las aves la confusa muchedumbre, primero que el sentimiento por ingratas las acuse. A falta ya de los hombres, porque a su clamor retumben los ecos, funeral le hacen primero que le sepulten las fieras, y a los pies puestas de los túmulos lugubres, de tanta cumbre enlutada, valan, gimen, braman, rugen. Ya los elementos cuatro. que en nuevo caos se confunden, piensan que se descuaderna todo el humano volumen. Ya los ejes en que estriban los once cristales crujen, como que se desencajan los celestes balaustres. Las cérvices de los montes, parece que se desuncen, y se anega el mar en otro de verdinegro betumen. A riscos pasan las olas, porque asalten, porque busquen estrellas, que o no las hallan, o en su espuma se zabulién, Los peces nadando arenas, con mudas solicitudes buscan el mar, dondo el cielo está bebiendo de bruces, No hay centro que no se mueva, firmeza que no se turbe, mármol que no títubee, bronce que no se espeluce, viendo muerto al que es Criador de todo: en todo se infunde un hielo, un asombro, un pasmo, que a la nada le reduce. Ya es cadaver todo cuanto fue visible, y tuvo lustre, que muerto Dios, todo muere se supura, y se consume. Y un ciego soldado ahora en un caballo discurre, y en el pecho más heroyeo de un fresuo el acero bruñe. Ya el agua, y sangre que corren, la vista le restituyen, cuando los parpados cierra toda la octava techumbre. Y a la muerte, que por Dios le reconoce, del fuste de la silla se derriba, tascando alquitrán, y azufre. Y aunque más se regatea, en mortales pesadumbres anega a esplendor tanto, resistencia ostenta inútil. Y en el golfo de la sangre, que gracia en el hombre influye, naufrago escollo se miente, ave parece palustre. Y la que se prometía victoriosas servidumbres, gime atado al pie del árbol, laurel de nuestras saludes. Si queréis ver su trofeo, los ojos alza a esa cumbre, porque rendida también a tantos rayos te ofusques. Menos que siendo de Dios Hijo, vencerme pudieras, y es verdad, pues tu victoria la tierra, y cielo celebran. Ríndete, fiera homicida, pues a mis pies derribada, si con mi sangre anegada, con mi muerte estas vencida. Pelicano, que la vida doy por mis hijos deshecho, lo dice el sangriento pacho, que soy, y soy el manjar en quien quiso Dios cifrar cuanto ha dicho, y cuanto ha hecho. Militante Iglesia mía, pues como tengo a mis pies la muerte, a los tuyos ves la Sinagoga Judia. Hoy tu nueva Monarquía comienza, y la ley dichosa de Gracia (Divina Esposa) con mi sangre se acredita, y da fin la antigua Escrita, sombra de tu luz hermosa. Qué bien parecéis, Señor, que galán, y que bizarro en ese sangriento carro de la muerte vencedor! Ahora os diré mejor requiebros, y a esos sangrientos arroyos, que son portentos de vuestro amor, y mi Fe, para el hombre, llegaré por mis Siete Sacramentos. Llevando atada al trofeo vuestro en tan dichoso día la Sinagoga Judía por Real despojo Hebreo. Ya la Omnipotencia veo de tu Esposo Soberano, y de tu invencible mano. Y acabe triunfante así la Mesa Redonda aquí, y el Divino Carlo Magno.
