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Texto digital de El mérito es la corona

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Atribución tradicional
Agustín de Salazar y Torres
Atribución estilometría
Agustín de Salazar y Torres Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mérito es la corona. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/merito-es-la-corona-el.

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EL MÉRITO ES LA CORONA

Ya que el mar se serenó, ligad la vela a la cruzada entena, y a esa desierta playa, a quien sirve ese monte de atalaya, poned la proa. Ya que sosegado el fuego de las ondas, deseado puerto ofrece a la falda de esa sierra, las áncoras calad. . A tierra. . A tierra. Por ser de Venus cuna, qué fija es en lo instable la fortuna del mar! . Solo el humano atrevimiento creyó fijas las ondas, firme el viento. Como menor mudanza creer podía el que de Amor, y el que del Mar se fía? si uno es monstruo de arenas, y de espumas, y otro Deidad sin ojos, y con plumas. Ya que a no conocido terreno, de las ondas he salido, con mis voces intento ver, si piadosa me responde el viento. A saber me resuelva, qué inculto seno piso. . Ah de la selva? Mas quién mis voces usurpa? Quién mis ecos: Mas qué bella, qué rara, qué peregrina mujer! Si de aquestas selvas eres la Deidad, permite a un Peregrino, que ofrezca a las aras de tu culto la tabla de su tormenta. Que seas Deidad no ignoro, mas no sé cuál Deidad seas; porque de Palas, y Venus equivocando las señas, entre luces, y entre arneses, es esta la vez primera, que adornan a la hermosura las galas de la fiereza. A qué Región he salido? en qué Templo se venera tu nombre? que pues has sido quien me libró de las fieras aras del Mar, quiero hacer sacrificio a tu belleza, no deba yo el beneficio, ignorando a quien le deba. Extranjero peregrino, que en traje, y discurso, señas de noble sangre acreditas, sabe, que tan Extranjera sol como tú, en estos montes; porque del Mar lu inclemencia. a esta playa me ha arrojado; y aunque yo saber quisiera quien la habita, algún recelo, por ser más de lo que piensas, me hará mudar de dictamen; y pues viento, y Mar dan muestras de serenidad: . Detente, porque si saber deseas donde estamos, y el recelo lo impide, aunque está Isla fuera habitada del horror, del espanto, y la fiereza; taran sus montes y aunque en vez de peñascos, Etnas, en vez plantas, Harpías, y en vez de flores, Sirenas, lo que saber solicitas, no has de irte sin que lo sepas: y a cualquiera trance, expuesto hallarás en tu defensa mi valor. . Tanto confío de las generosas muestras de tu valor, que me obliga a que admita tu promesa. Pues otra vez lo confirmo. Pues yo la acepto, mas sepa, ya que la fineza admito, a quien debo la fineza. Una de esa nobles Islas, que el Mar Egeo sustenta, es mi patria, la noticia de una divina belleza, tan peregrina (qué necio empezaba a encarecerla delante de tu hermosura! sin advertir, que era ofensa. aún a su beldad, hacer grosería la fineza. De una beldad la noticia (digo otra vez) a la excelsa Isla de Delos, guiaba mi fortuna, cuando opuestas sus iras del Mar, corriendo entre esas rozas, tormenta, a estas playas me arrojaron, porque Amor quiso que viera entre llantas, y entre espumas, que en llamas, y espumas reina: y pues ya te he obedecido, permite también, que sepa de ti. . No más, no prosigas, que parece, que una misma fortuna a entrambos nos guía, pues también a Delos era mi viaje, porque coma por este tiempo las fiestas. de Apolo, sus moradores en su Oráculo celebran, para que de algunas dudas. rompiese las torpes nieblas, a consultar su Deidad iba, cuando la violencia del Mar me arrojó a la playa; y para que se parezcan. (otra vez vuelvo a decir) nuestras fortunas, belleza hay en Delos, que me obligue también, pues de su Princesa Lindabridis, es la fama de sus generosas prendas tan rara, que me ha movido a curiosidad el verla, para probar si desmiente la noticia a la experiencia. Pues eso a ti qué te importa? Quizá más de lo que piensas; pues me importa:- . Qué? . Que viva Madián edades eternas, repitan segunda vez las liras, y las trompetas. Viva el gran Príncipe nuestro. Viva, reine, triunfe, y venza. Y aplaudiendo sus triunfos: Cantando sus empresas: Vuelva a decir el parche: La lira a decir vuelva: . Que viva. Que reine. Que triunfe. . Que venza, Raro caso casi fue Oráculo la respuesta. Es verdad, pues que por mí respondió la contingencia, que: . El Príncipe Madián viva. . Que viva, que reine, que triunfe, que venza. Hacia este Templo eminente. que a pesar de la arboleda que le ciñe, los derados capiteles reverberan, concediéndole a la vista el Sol, lo que el bosque niega, baja el concurso. . Veamos, si de las voces diversas algo colegir podemos, cuando el eco a decir vuelva: Para que sus glorias inmortales sean, al Templo de Apolo el Laurel ofrezca, repitiendo acordes las suaves cadencias: . Que viva, que reine, que triumfe, que venza. Al Templo de Apolo dicen las voces; si acaso fuera aquesta la Isla de Delos? Pues a este sitio se acerca el concurso, remitimos las dudas a la experiencia. Bien has dicho, y aún podemos, entre esas ramas espesas ocultos, examinar los motivos de tan nueva aclamación. . Otra vez te repito la promesa de estar siempre a cualquier trance mi valor a tu obediencia. Yo lo admito, y lo agradezco, y pues ya a este sitio llegan, hacia esta parte te oculta. Aunque replicar pudiera, de escrupuloso el valor, ya de obedecerte es fuerza. otra, y mil veces decid, que viva edades eternas el Príncipe Madián. Que viva, que reine, que triunfe, que venza. , . Y porque sus glorias inmortales sean, al Templo de Apolo el Laurel ofrezcan; y acordes repitan las suaves cadencias, que viva, que reine, que triunfe, que venza. . Ya la lealtad concorde de la plebe, y la Nobleza, muerto el invicto Arquelao mi padre, que ahora reina en mejor Imperio, pone en mis sienes la Diadema, que con su valor forjaron rayo a rayo las empresas. Antes que ilustre mis sienes el Laurel, a la suprema Deidad de Apolo he querido consultar, porque la excelsa Majestad de hombres, y Dioses tan continua dependencia tiene, que con sucesiva, e invencible providencia, dependen de que estos manden, el que esotros obedezcan: a su Templo, pues, guiad, para que de su respuesta colijamos los progresos de mi Corona, y las huellas de mi invicto padre siga; que las heredadas Regias gloriosas perrogativas, hasta que propias parezcan con la imitación, no juzgo, que deben llamarse nuestras. Prosiga el acento acorde, y las músicas, y fiestas con Delos la Deidad de Apolo siempre celebra en anual sacrificio; hoy con culto, y reverencia mayor repita el concepto, diciendo en suaves cadencias: Y porque sus glorias immortales, sean, al Templo:- Tened, parad, no prosigáis, no se ofenda el aire con vuestras voces; no la divina, la excelsa Deidad de Apolo llaméis al castigo, que quien llega a los Dioses con el ruego iniquo, la misma oferta, que parece adoración, es de la Deidad ofensa. Una injusticia pedís, y procuráis la respuesta de los Dioses? Oh vil plebe, que ignorantemente ciega presuntes, que a los insultos lo divino condescienda! El agravio de los Dioses en mi agravio me consuela, porque la ofensa de Apolo y la mía es una misma y así mi voz, y su vez es quien es habla; a la queja de un Dios, y de una mujer antended, y pues espera su respuesta vuestro ruego; oíd, que esta es la respuesta. Al pie de Cintio, ese monte, cuya falda, y cuya frente, cuando una en el Mar empieza, otra en el Cielo fenece: al Sol levanta sus puntas, ocupando el aire leve su espacio, máquina hermosa. de Torres, y capiteles, de pirámides, y almenas, tan elevadas, que teme verse taladrado el Globo de la Luna, y muchas veces: son sus nocturnos faroles los Luminares Celestes. Esta población hermosa es cabeza preeminente de Delos, la más ilustre Isla de cuantas guarnece el Mar Egeo; que en roscas: de cristal, nevada sierpe, o ya sus arenas lame, o ya sus peñascos muerde, que a la continua porfía de iras, y halagos de nieve, aún no resisten las ondas, aún los escollos se vencen. Esta, pues, mi generosa patria fue, y el Cielo quiere, que la que empezó a ser cuna, hoy a ser sepulcro empiece. Entre las constituciones, que oblervaba antiguamente Delos, ya sabéis, que es una de sus principales leyes, que fuese electivo el Reino; y quizá por parecerle; que, como sea preciso, que alguno el peso sustente del gobierno; en la elección lo mejor se elige siempre. Bien, que es política inútil, porque tal vez acontece, que el buen Ciudadano, sea mal Rey, cemo el más valiente Soldado, mal General; que es menester que manejen los Cetros, y las Diademas, desde las cuna les Reyes; que en quien no tiene enseñadas a la Corona las sienes, como le hacen novedad la Púrpura, y los Laureles, suelen mudar los honores las costumbres fácilmiente. El Reino, pues, atendiendo a tan grande inconveniente, otra ley constituyó, con que aún mismo tiempo fuese el dominio hereditario, y electivo. De aquí empiece mi queja, y vuestra atención, que aunque referiros quiere mi voz lo que ya sabéis, como la malicia suele fingir ignorancia, es justo, que aún lo que sabe le acuerden: La segunda ley ordena (digo otra vez) el que fuese el dominio hereditario, y electivo, de esta suerte: Del disunto Rey los hijos, decreta la ley, que hereden la Corona; pero no el que primero naciere, sino el que más digno sea de reinar, el más valiente, el más generoso, el más justiciero, el más prudente, el más piadoso. Oh dominio venturoso una, y mil veces, a quien dio la suerte el Cetro, porque mereció la suerte! El motivo de esta ley fue, para que si tuviese el Rey muchos herederos, sabiendo, que el Cetro siempre el mérito había de darse, los dos Pelos atendiesen de las Armas, y las Letras: mas con medio tan prudente, que no todo se entregase al valor, porque el que quiere que su razón lea su espada, es temerario, no es fuerte: y al contrario, si al estudio se entrega todo, se suele hacer remiso el valor; y así, es justo que le temple con la prudencia el denuedo: y si algún extremo hubiese entre estudioso, y guerrero, para el uso de los Reyes, entiendo que importa menos lo docto, que lo valiente. Si acaso único heredero tuviese el Rey, este siempre se imaginaba el mejor, y con razón evidente, pues era elección del Cielo, que es el que nunca errar puede. Dispuso la misma ley (aquí mi justicia empiece) que también la hembra heredase como el varón, y que fuese el Rey el árbitro solo de elegir, y justamente, pues nadie puede juzgar la facultad que no entiende. Muerto mi padre, quedamos a la Corona igualmente herederos yo, y mi hermano, sin que mi padre pudiese declarar cual de los dos le heredase, pues su muerte fue impensada; y aún según el discurso de la plebe, que aún el natural acaso siempre hacer malicia suele; creyó que lo acelerado de su fin, castigo fuese de los Dioses, por haber (según juzga injustamente) quitado el Reino, y la vida al Rey de Nisia, Hipómenes; y aún imagina, que a dos hijos suyos, sin que hubiese mas motivo, que el no hallarlos; y aunque todo esto parece que no es del caso, he querido referirlo, porque vieseis como cuando juzga el vulgo, siempre juzga vanamente. Y más hoy, que sin tener mas causa para que herede mi hermano, que el ser varón; le coronáis; y pues este es solamente el motivo, segunda vez atendedme. Deponiendo, que violáis lo sagrado de las leyes, no son iguales las almas? ellas infusas no tienen todas las ciencias pues como la de reinar neciamente solo han de saber los hombres, e ignorarlas las mujeres? Diréis, que para la guerra, que es la que el Reino más tiene en paz, y justicia, implica lo hermoso con lo valiente; sin advertir, que es invidia, por notar cuanto os excede. nuestro valor, que no implica lo duro de los arneses a la blando de los pechos. Dígalo rompiendo huestes Semíramis, y ostentando a un mismo tiempo pendientes, del blanco pecho la espada, de la rubia crencha el peine: Cloelia, Pantasilea, y Cenobia, qué laureles marciales no consiguieron? que aún hoy inmortales penden en los Templos de la Fama, sin que el triunfo consiguiese la beldad, si no la espada; ved como somos valientes, pues para rendir nos sobra lo hermoso, y basta lo fuerte. Diréis, que para reinar, tanto importa lo prudente, como el valor pues que ciencia hay hoy que no se debiese a nosotras. No fue Palas de Letras, Armas, y Leyes la inventora? Entre vosotros Aras, y Templos no tiene por Diosa de la prudencia? No debéis a las mujeres aún el uso de leer, y escribir los caracteres, con que del mundo la más remota distancia puede hacerle comunicable con la pluma? No se deben a Safo, y Carmenta? pues es consecuencia evidente, si os enseñamos nosotras, que os excedemos; pues siempre es fuerza, que sepa más el que enseña, y el que aprende. Mío es el Cetro, vasallos, el que de noble se precie siga mi justicia, no se diga, que infamemente sola a una mujer dejasteis, por ser la parte más débil: Y advertid, que en lo contrario violáis sacrilegamente el respecto de los Dioses, lo sagrado de las leyes, la fe, la paz, la concordia. No se diga, no se cuente entre las demás Naciones; que injustos, y descorteses, coronáis una injustia porque una mujer no reine. Viva Lindabridis, viva. Oh vulgo, y cómo te mueves de cualquier leve motivo! Nunca fue motivo leve la razón, y la justicia. Si acaso tú la tuvieses, el primero que pondría hoy la Corona en tus sienes fuera yo; pero si sabes, que la Nobleza, y la Plebe unidas me coronaron, sin que de mi parte hubiese más violencia, que su afecto: por qué ahora alterar quieres la paz del Reino; y más cuando, porque sin Reino no quedes, con el Principo de Paros tu casamientos se tiene discurrido? . No prosigáis. De su respuesta pendiente está el alma. . Con lo mismo que reducirme pretendes, es con lo que más me agravias; Reino, que mío no fuese, había yo de admitirle? No sabes tú cuan rebelde, cuan esquiva he resistido de Amor a las duras leyes, que a pesar de ser injustas, tanto vasallaje tienen? Primero entregara el pecho a un acero, que rindiese mi voluntad a otro imperio: porque, qué importa que reine yo en los demás, cuando en mí sujeción más preeminente ha de tener otro dueño? y si él mi dominio tiene, qué importa empuñar el Cetro, ni ceñir de otros las sienes, cuando ha de ser, para ser obedecida obediente? Y pues ya tengo leales, que mi justicia defienden, sabré de tu tiranía hoy vengarme. . Cómo puedes, si todo el Reino me sigue, conseguirlo? . De esta suerte: toca al arma. . Al arma toca: solo Lindabridis reine. Reine el Príncipe Madián. Deteneos, no el luciente acero contra una dama empuñéis, cuando no puede tener hoy más de su parte, que aquesos pocos rebeldes. Y aún me pesa, que no tengas Cabeza, que a defenderte llegue, con quien yo pudiera templar mi enojo. . Bien puedes pues yo sol quien la defiendo. Necio Extranjero, quién eres? Soy quien sabra conseguir el que Lindabridis reine; soy el Príncipe de Paros, que aunque sé que me aborrece, también la hermosura hace obligación los desdenes. En tan impensado lance no sé que he de responderte. Yo responderé por ti, pues contra él armas, y gente hallarás en tu defensa. Pues tú, Extranjera, quién eres Soy la Princesa de Siros; y sabe, que no me mueve la inclinación a tu hermano: qué mal el corazón miente! . y qué mal que finge el alma! No me obliga a defenderle mas, que no tener razón tu altivez. . Cómo pretendes, siendo mujer, no amparar la parte de las mujeres? Por eso mismo, pues tú eres quien más nos ofendes. Di por qué nos exageras doctas, guerreras, prudentes, cuando todo importa menos, que el ser mujer, pues excedo docto, prudente, y guerrero? Qué invencible heroico fuerte Capitán no se ha rendido a la beldad: qué prudente Sabio? Cuando mayor gloria fue, que Ejércitos venciese el llanto de las Sabinas, que desbaratar las huestes de los Romanos Cenobia? No es más, que a Fidias rindiese una Estatua, que el que a Ulises, con los encantos aleves venciese Circe? pues si es cierto, que a la beldad ceden las armas, y la elocuencia, deja que los hombres reinen; deja que manden, que postren, que estudien, y que peleen; verás resultar mayor gloria nuestra, cuando vieres, que al Sabio le concluimos con un silencio elocuente, que mandamos al que reina, y vencemos al que vence Poco te puedo temer, si tan poca fuerza tiene, como tu razón, tu acero; y este argumento evidente te lo diga: A mi hermosura ninguno puede atreverse a decir, que se ha rendido, ni yo he de pensar que puede haber tal atrevimiento; siendo imposible igualmente el decirlo, y yo pensarlo: qué consiguen mis desdenes de un triunfo, que es, aunque sea; lo mismo que si no fuese? Demás de que la hermosura no es adquirida, y laureles. que consiguió la fortuna, menos estimarse deben, que los que emprende el valor: y lo que yo consiguiere, solo lo quiero deber al mérito, no a la suerte; y así: . No más, no prosigas; que la que viste prudente, quizá llorarás guerrera. No la paz del Reino alteres; mira: . Solo a mi justicia debo mirar . Pero advierte: Ya advierto, que el Cetro es mío, Y pues hay quien te defiende, a que aguardas: toca al arma. Solo Lindabridis reine. Y yo el primero seré que lo defienda. Eso puede hacer justa mi venganza; pues contra ti solamente. ensangrentaré el acero: toca al arma. , . Madián reine. , . Reine Lindabridis. Guerra. Arma, arma. Mandián, suspende el denuedo; Lindabridis, espera. . Di, qué pretendes, Dirceo? . Qué solicitas? Solo que no se ensangriente en civil guerra la espada, pues la propia sangre vierte vuestro furor: Ciudadanos, del amigo, del pariente queréis triunfar? La victoria. será llanto, cuando viereis, que no es menos desdichado. el vencido, que el que vence; suspended, pues, es furor, Como suspenderse puede, cuando ves, que mi justicia de mi defensa depende? Si ves, que la tiranía de mi hermano, solo puede redimirse con la espada, que medio ha de haber? . Aqueste; La ley del Reino no manda el que las hembras hereden. como el varón? . Es verdad. Luego tú, Madián, no tienes más justicia que tu hermana? Ni tú, Lindabridis, puedes decir, que es más tu derecho, que el de tu hermano? . Qué quieres sacar de esa consecuencia? Esto: Decid, si viniese vuestro padre, y la Corona a uno de los dos le diese, el excluido quedara quejoso? . No. . Fácilmente puedo ahora componeros. Cómo podrás? . Atendedme, Quién eligiera mejor, vuestro padre, aunque prudente, oh los Dioses? . Que los Dioses mejor eligieran siempre, fiera delito el dudarlo. Pues si hoy tenéis evidente el Oráculo de Apolo, cese la violencia, cese la ira; y el que su Deidad hoy para el Cetro eligiere, reine solo, porque así cumplís a un tiempo igualmente con la paz, con la justicia, y con la ley, sin que quede el no elegido quejoso, porque el desaire se siente cuando le causa la ofensa: y como los Dioses siempre obran lo justo, no agravian- y no hay queja en quien no ofende. Viva Dirceo. . Y Apolo quien ha de reinar decrete. Qué respondéis? . Qué podemos responder a tan prudente resolución? . Yo convengo en que de los dos gobierne el que decretare Apolo. Juraislo solemnemente? Sí juramos. Pues festivos acordes acentos llenen de dulce armonía el aire, diciendo en Himnos alegras: Grande corazón del Cielo: Corazón del Cielo. De Astros luciente Adalid: Luciente Adalid. Bello Monarca del día: Monarca del día. Honor, y alma de Zafir. Alma del Zafir. Corazón del Cielo, luciente Adalid, Monarca del día, Alma de Zafir. Di, quién reinará, pues te toca a ti, por Rey de las luces, solo el elegir? Guíen los choros al Templo, y los Himnos repetid. Tened, parad, atended. El dulce acento no oís de la gran Sacerdotisa de Apolo? . Ya su feliz respuesta esperamos. . Pues salgámosla a recibir, diciendo: Tened, parad, oíd, admirad, escuchad, atended, que el sacro Laurel, hoy es de ninguno, y de entrambos es: Pues Madián, y Lindabridis, igual justicia tenéis, por ser el Cetro de entrambos, de ninguno puede ser. Esta es respuesta de Apolo, no es contradición, porque otra ley os constituye, sin derogar vuestra ley. Tu Lindabridis, si hallares tal Príncipe, que vencer pueda de tu heroico hermano la generosa altivez, será tuya la Corona, que a otro esfuerzo has de vencer, porque en el mérito ajeno consiste el propio tal vez. Si hallo quien venza a mi hermano Apolo, que reinaré dices gran misterio oculta! pero: . . Escuchad, atended. Tu Madián al contrario, si acaso hallares mujer, que exceda de Lindabridis beldad, ingenio, y desdén, la Diadema será tuya: bien, que de ella has de temer, que la libertad te quite, quien la Corona te dé. Si hallo quien venza en mi hermana valor, beldad, y esquivez, dice que el Cetro será mío. . . Escuchad, atended, Cuantas Islas el Egeo contiene, teatro ha de ser de Marte siempre sangriento, de amor no menos cruel. Cuantos Príncipes contienen en su hermosa redondez las Cicladas a la lid competidores veréis. Según eso, amor me da . aliento para emprender, que el Reino de Lindabridis sea. . Escuchad, atended. La belleza, y el desprecio veréis militar también, que al fin es hijo de Marte, el que hijo de Venus fue. La primera que se oponga . a Lindabridis seré; y espero que su soberbia rinda. . Escuchad, atended. Lidiad, venced, porque el Cetro más estimable logréis, porque la Corona, solo lo que cuesta ha de valer. Escuchad, atended, que el sacro Laurel hoy es de ninguno, y de entrambos es. Detente. . Repara. Advierte. Y empresa tan singular, nos declara. . De esta suerte: No ignoráis, que en esas bellas luces solo he sido yo a quien Apolo enseño las voces de las Estrellas: que me dan la primacía en Grecia los más discretos que apuraron los secretos a Magia, y Astrología. Siendo esto así, para que, o teatro, o palestra sea, de la más heroica idea un Castillo formaré, donde en vasas, y linteles, borden relieves sutiles, porfías de los buriles, afanes de los cinceles: y porque su Arquitectura sea con igual primor, campaña para el valor, teatro para la hermosura. Ya en baluartes, ya en jardines se imiten, dulces, y graves los trinados de las aves, las voces de los clarines. Porque en armonía igual, el más atento presuma, que son clarines de pluma los pájaros de metal. Este, pues, el más seguro fuerte, por materia, y arte, para que a cualquiera parte vaya con solo el conjuro; veréis su máquina grave, que el viento escándalo sube, de jaspes, y bronces nube, con músicas, y flores ave. En este, pues, nuevo encanto, Mantenedores serán Lindabridis, y Madián, vagando Reinos, en tanto, que los competidores, que vinieren a lidiar, Apolo venga a juzgar vencidos, o vencedores: qué decís? . Que ya empeñado el valor, remitir quiero hoy mi justicia a mi acero, y de él salir coronado; busque mi hermana quien pueda a mi valor exceder. Yo también quisiera ver, como hallas tú quien me exceda. Lo que el tiempo nos dirá, ocioso es el discurrir. Ved, que yo he de competir una vez opuesto ya. Yo me alegro de tener tal competidor. . Y yo lo que mi aliento empezó he de proseguir. . El ser te agradezco la primera que se me oponga. . Pues vamos a emprender. . Todos estamos pendientes de ti. . Quisiera, puesto que se determina vuestro aliento singular, que sea el primer lugar de la lid esa vecina Isla desierta, en que ufana dio Latona al feliz suelo las dos anto chas del Cielo en Apolo, y en Diana, donde a los dos luminares del Cielo hagáis sacrificio en un anciano edificio, que olvidados sus Altares dejó nuestra inadvertencia, y allí el pregón repitamos de la ley. . Todos estamos, Dirceo, de tu prudencia, y disposición pendientes. Pues el Castillo al encanto de tu voz empiece, en tanto, Fitonisa, que elocuentes te siguen los dulces Choros de tus Ninfas, cuyo acento será rémora del viento, diciendo en ecos canoros: Esperanzas de amor, y fortuna, con voces, con ecos, con cláusulas suaves, el aire fabrique, al aire se entreguen, el aire las lleve pues son del aire. El aire fabrique, Raro asombro! a los acentos se mueve máquina grave de torres, y capiteles, de almenas, y baluartes. De mi voz al precepto el vano viento escalen, sola esta vez ligeros, los bronces, y los jaspes, que el aire fabrique, que al aire se entreguen, que el aire los lleve pues son del aire. Que el aire fabrique, Ya la fábrica perfecta se ve, y aunque inestimable hace el valor su materia, cede la materia al arte. Pues qué aguardáis? entrad dentro. . Vamos, pues, Venid, y el parche, y el clarín a los acentos de la música acompañen, diciendo con nuestras voces, que triunfos de Amor, y Marta, El aire fabrique. al aire se entreguen, el aire los lleve pues son del aire. Qué determinas? . Seguir a Lindabridis constante, hasta vencer a su hermano: y tú, qué intentas? Vengarme de Lindabridis, venciendo; su vanidad; y pues parten a la Isla Ortigia en aquese encantado asombro, al aire: otra vez demos las velas. Bien has dicho, y en su alcances, si vuela el Castillo nube, séanlo, bajeles aves? que le sigan. . Pues al mar. Al mar. . Pero en cualquier trance advierte, que no te suelto la palabra. . De tu parte siempre estará mi valor; mas pues los acentos suaves. mueven el Castillo, vamos. a embarcar. . Cortad los cables. Ah del mar? Ah de la playa? Llevad el ferro a las naves. Echa el bote. . Echa el Esquise. Buen viaje. . Buen viaje. Ea, amor: . Ea, fortuna:- Al mar entrego mis males. Al mar entrego mis dichas. No blasones de inconstante. No demudable te precies. No se pregone en tu ultraje: No en tu oprobio se repita:- Con dulces acentos: Con cláusulas graves: Que tus penas. . Que tus glorias: Tus gustos: . Y tus pesares: El aire fabrique, al aire se entreguen, el aire los lleve pues son del aire. Haced salva. . A izar las velas. Buen viaje; buen viaje. Tente, Rosicler. . Villanos, dejad, que den los cristales. sepulcro a mi infausta vida. Si es que quieres despeñarte, no sea con tanta prisa. Mira, que hay tiempo bastante, y no ha menester un hombre, para morirse, matarse. Dejadme; o viven los Cielos, que mi enojo, mi corage os dé la muerte. . Eso dices? Lo peor es, que dice, y hace. Ay qué me ha muerto! Altas rocas, que ya de mi vida frágil fuiste cárcel, sed sepulcro, que a quien a desdichas nace; no es justo que se distinga el sepulcro de la cárcel: desde este escollo- Detente, qué solicitas? . Que acaben con mi vida mis desdichas, con mi muerte mis pesares, y que mis males remedie el último de los males: déjame morir. Detente; hijo. . No te nombres padre: de quien nació, como hombre, y como fiera criaste. Advierte:- En vano pretendes. Mira: Resistes en balde. Tenedle los dos, teneirle. El demonio que le guarde. Así veréis: Dónde, hermano, tan demudado el semblante, tan acelarado el paso huyes? . A ninguna parte: aún de mí ya no es posible el huir, porque es tan grande: la fuerza de mi desdicha, que cuando quiero buscarme; como remedio la muerte, hay quien la muerte embarace. No me sucediera a mí; que si quisiera ahorcarme; aún donde no hubiera esparto, me sobrarán logas. . Antes, hijo, que mi inútil vida con tu sinrazón acabes, dime, qué causa te mueve a tal despecho? . Qué grave nuevo accidente te obliga a tanto furor? . Si sabes, Claridiana, mis desdichas; si mis infelicidades, Danteo, no los ignoras, porque queréis obligarme a que mis males repita, porque se doblen mis males? La primera luz del mundo vi en el inculto hospedaje de estas rocas, de esta breñas, donde mal, o nunca, o tarde llegan los rayos del Sol, pues apenas su luz nace cuando ese monte la oculta, sin que el Alba de la tarde se distinga: mas ay Cielos! que a los montes estimarles debo, que abrevien los días que han de vivir mis pesares! Aquí, pobres, afligidos, cercados por todas partes del Mar, con grillos de nieve pone a la natural cárcel, vivimos, sin que de humano comercio sean tratables estos escollos, adonde solo se oyen disonantes, en vez de humanos acentos, los rugidos formidables de las fieras, los azotes del Mar que en las rocas bate, y al ser ellas las heridas, es solo quien gime el aire. Y si alguna vez a humana planta se miran tratables estas breñas, es a solos los Piratas, que estos mares infestan, por cuya causa fue preciso, que con arte para nuestra pobre choza gruta oculta se labrase, cuya boca un risco sella: oh pensión de los mortales. oh fortuna! qué temores tendrán tus felicidades en la próspera, si aún hay recelo en la miserable! Pero lo que hoy me ha obligado al furor con que me hallaste, al despecho en que me viste, solo han sido tus piedades, pues en mí han sido inclemencias. Dime, por qué me enseñaste, si aquí solo he de vivir, los primores de las artes; y las Ciencias? A qué fin la política admirable del reinar quieres que sepa, sino he de mandar a nadie? Por qué he de saber, sino es lo que sé comunicable? y sin hablar, lo mismo es el sabio, que el ignorante. El tesoro que se oculta ninguno debe estimarle, solo cuando se dispense se conoce lo que vale. Demás, de que si en mí has visto un espíritu tan grande, que apenas cabe en mí mismo, porque me representaste el valor, la Majestad, lo firme en todas edades de la memoria, y la fama en quien la adquiere constante? Y al contrario, qué infeliz, qué vil, y qué despreciable es el hombre entre los hombres, que a ser otro no más nace. Pues como di:- . No prosigas, porque es tu razón tan grande, que con la evidencia más concluyes, que persuades. Por qué, dime, inútilmente . la máquina nos pintaste de la armonía del Orbe, si no había de gozarse de nuestro deseo? No es la mayor de las crueldades, pintarle al sediento fuentes, que no ha de beber? manjares delicados al hambriento, que no han de poder gustarse? Para no desear el mundo, dejárasnos ignorantes, puesto que no se desea solo lo que río se sabe: tiene razón Rosicler. También estás de su parte, Claridiana? . Y con gran causa: como a un hombre de mis partes le vas a pintar tabernas, en que no ha de emborracharse? Tú también? . Tiene razón: a una mujer de este talle, de esta cara, y de este brío te has atrevido a pintarle, que hay galanes en el mundo, que no han de ser mis galanes? Quita loco. Aparta, necia. Ay, hijos, los Dioses saben, que yo de vuestra fortuna: mas no puedo declararme. Pues quién lo impide? Dilo. . Son inexorables. Nada los dos reclamos. me apuréis, baste, baste, pues solo puedo deciros: Piedad Dioses immortales! Favor, Cielos! . Piedad, Dioses! Raro acaso! de los mares, al ir hacia las desdichas, respondió el eco piedades! Mas a la piedad del Cielo. no responde, pues el aire se empaña de negras sombras. Y al compás de formidables voces, que forman los truenos, golpes, que dan los embates de las ondas, dicen tristes los míseros navegantes: De Amor los encantos. en bienes, y males, el aire fabrique, al aire se entreguen, el aire los lleve pues son del aire. Oh, qué bravamente sueñas el que lloren, y que canten! La música con el llanto grande armonía me hace. Raro asombro! por el viento, de donde el eco suave se escucha, máquina rara entre confusos celajes. se apercibe. . A averiguar vamos asombro tan grande; seguidme. . . Ya te sigo. Oyes, anda tú delante, por si tropezare en algo. Eso es quererme, salvaje? De dos que se quieren. bien, basta que el uno se escape. . Sin mí estoy! . Nada receles; por esa boca, que sale a nuestra cabaña, entremos. Qué intentas? . Si serenara el tiempo, buscar asilo en algunas, de estas Naves, que a otra Región me conduzca. Pues cómo quieres dejarme: Ya te quedas con Danteo. Siguiéndote iré contenta, que también tengo valor. Pues vamos, por más que bramen mares, y vientos, pues algo al acaso ha de dejarse. Dices bien; por más que el viento:- Por más que digan los mares: Ya en lamentables acentos- Ya con acentos suaves: Sobre la cerviz de aquesa gruta el Castillo descanse. Cielos, favor! . Piedad Dioses! Ah varia fortuna instable! Ah inconstante suerte humana! Que tus bienes -. Que tu males: El aire fabrica, al aire se entregan, el aire los lleva por ser del aire, JORNADA SEGUNDA Aferra, aferra de gabia. Favor, Dioses! . Piedad, Cielos! A la escolta. . Al chafaldete. Aún se perciben los ecos de los tristes Navegantes: mas qué mucho, si del Cielo. no han cesados los castigos, que no cesen los lamentos? Ya de la lóbrega gruta. por el oscuro bostezo de mi cabaña he salido: rara oscuridad! el denso negro vapor ha robado a mi vista los objetos, y a cada paso tropieza la planta, y el pensamiento. Claridianas Claridiana? con la turbación, y el miedo, sin duda perdió mi hermana la gruta; volver pretendo. a buscarla; pero en vano, pues nada percibir puedo entre el caos pavoroso de las sombras: mas los ecos de mi voz serán su norte, una, y otra vez diciendo: A la escolta. . Al chafaldete. Piedad, Dioses! . Favor, Cielos! Serénese el Mar, suspéndase el viento, y huyendo las sombras, naciendo las luces, respiren a un tiempo fragancias las ondas murmureos, las aves gorjeos. Qué asombro! de la armonía a los suaves acentos, impensado resplandor me ha cegado; yo pretendo cobrarme; y pues ya las sombras a la luz del Sol huyeron, volveré a buscar la boca de la gruta; mas qué veo! Cielos, qué fábrica es esta? no es este inculto terreno el de mi cabaña? Sí; pues cómo (en vano me aliento!) la que fue choza es Alcázar? el que fue escollo ya es Templo? el que fue risco es pensil? pues en vez de robles secos, y de enmarañadas zarzas, donde pájaros funestos en vez de cantar gemían. Repitan a un tiempo las flores fragrancias, las ondas murmureos, las aves gorjeos. Sueñor no; porque este asombro; no cupo en el pensamiento, y lo nunca imaginado, jamás representa el sueño. Sin duda alguna Deidad, con nuevo oculto misterio, labró para sí este Alcázar: quien pudiera saber, Cielos, quién es, para que en sus Aras la diera mi rendimiento debido culto! . . Yo sola. Parece que respondieron? yo pretendo examinar tan nunca visto portento entre estos ramos oculto. Yo sola quedarme quiero: idos vosotras, sin que cese el suave concepto de la música, por ver si con ella, y con lo ameno de estos jardines, alivio hallo a mis dudas. . . Si el bello esplendor de tu hermosura hace estos vergeles Cielos, sin duda, que con mayor propiedad repetiremos: Que de tu luz animadas, respiran a un tiempo las flores fragrancias, las ondas murmureos, las aves gorjeos. En qué de golfos de dudas fluctúa mi pensamiento! A que fin a esta desierta Isla los Dioses quisieron conducirnos? quién será quién la habita? . Yo. Qué veo! quién eres, monstruo? detente. Si el afectado recelo es para que no te crean Deidad las señas del miedo, es inútil el fingirlo, cuando yo no he de creerlo. Bello prodigio ignorado, que de esfera superior habitaste el esplendor para ser de mí adorado: si este Templo has fabricado para que mi admiración te dé en él veneración, ya es justicia a tu beldad, poniendo tú la Deidad, poner yo la adoración. Si esta vaga Arquitectura, que tu encanto quiso hacer pues no es error el creer que es Mágica la hermosura) fue para que mi ventura tu belleza Celestial adore, es muy material; y mejor templo mi fe te da en el alma, porque sea tu culto immortal. A tus pies rendido: . Espera, monstruo; en quien dudo neutral, si te crea racional, con tantas señas de fiera: saber el modo quisiera de cómo has entrado aquí: No sé más de que te vi, y te entregué vida, y ser; si de mí quieres saber puedes preguntarte a ti. Aunque la ignorancia fuera quien pudiera disculparte, si prosigues, castigarte sabré. . Nunca quien venera puede ofender. . Considera, que si el paso no limitas, y seguirme solicitas la vida te quitaré. Pues dime, qué perderé, si lo que te doy me quitas? La vida quieres quitarme, que a tus ojos recibieron la planta, el ave, y la flor? no es crueldad de tus desprecios, que hayan de merecer más, porque saben sentir menos? que muero yo, y ellas viven, testigos son esos ecos, que dicen, que al ver tus ojos: , . Respirán a un tiempo las flores fragrancias, las ondas murmureos, las aves gorjeos Ya tu ignorancia no puede disculpar tu atrevimiento; y así, labré castigarle con huir. . Es vano intento, porque yo te he de seguir, que no es culpa del acero la violencia del imán. Villano, viven los Cielos, que si osado: . No te enojes. Si atrevido: . El que es respecto no atrevimiento le nombres. Me detienes? . Cómo puedo vivir ausentes tus ojos? Pues tu vida: . Nada temo. Ah de pagar tu osadía. Ah del Castillo? que un fiero monstruo me sigue. . Qué intentas? Que muera tu atrevimiento si me sigues. . No es tan fácil, porque yo a ninguno temo, y llevándome la vida, de qué muerte tendré miedo? Ah del Castillo? que un monstruo me sigue. . Al jardín entremos, que allí se escuchan las voces. Hermano? . Nada recelo. Lindabridis? . Al Alcázar. Al jardín. , . Valedme, Cielos! Hasta que la claridad esta boca ha descubierto, que es la que a nuestra cabaña sale, entre el horror, y el miedo, perdí a Rosicler: Hermano? En dos partes sonó el eco: más Cielos, a dónde estoy? qué nunca visto portento! qué fábrica es esta, Dioses? quien en asombro tan nuevo hallara quien me dijese:- Seguir el monstruo soberbio, Muera. . Matadle. . Al Alcázar. Al jardín. Qué raro estruendo! qué confusión! sin mí estoy! volverme otra vez pretendo por la boca de la gruta, hasta ver.- Dentente fiero monstruo: mas que es lo que miro! Suspende el furor sangriento, gallardo joven. . Ya está, hermosa Deidad, suspenso, no solo el acero, mas el corazón, y el acero: tú eres el monstruo a quien siguen? no se engañan, bien dijeron, que monstruo es de la belleza tu hermosura. . No te entiendo. Si engañados del Villano rústico traje grosero como fiera te seguían, como, di, no conocieron, que entre las villanas plantas es el esplendor más bello de la rosa? que el Aurora entre celajes funestos despliega mejores luces? que el Sol logra sus reflejos mejor entre pardas nubes? Y así, tú en ese grosero traje, más bella te animas, imitando, y excediendo del Sol, la Aurora, y la Rosa, fragrancia, luz y reflejo. Quién eres, Deidad: quién erés? Nada responderte puedo, mas que: . . Seguidle. . Muera. Qué es esto? . Cobra el aliento, pues engañados del traje como a fiera te siguieron, y yo impediré sus iras. Pues qué aguardas? yo pretendo . en yéndole por la gruta ir a buscar a Danteo, y a Rosicler. A qué esperas? Es, que dejarte recelo. Primero es el defender mi vida. . Es verdad, mas siento: Qué . Que tú me das la muerte, cuando tu vida defiendo. . Seguidle. . Matadle. . Muera. No le sigáis, deteneos. Valedme, Cielos! . Hermano? Caridiana? . Di, qué estruendo en ese? . Es perder la vida. Pues para huir de ese riesgo no podemos por la boca de esta gruta, hasta lo espeso penetrar de la montaña? Bien has dicho, si bien llevo más susto del que imaginas. Si así la vida podemos eximir, di, qué recelas El que yo no cobro huyendo de aquí, la vida. . Por qué? Por que aquí la vida dejo. Seguidle, que por aquesta parte ha entrado. . Deteneos. Pues como tú, hermano; impides. seguir ese monstruo fiero? Porque el temor os engaña, porque la que vais siguiendo no es fiera, si no Deidad; no es monstruo; si no el más bello. prodigio, que ha visto el Sol. Qué dices? el que va huyendo. un rústico joven es; que aunque gallardo, y dispuesto; las señas de humano miente en el traje. . Mucho el miedo te ha fingido. . A ti el engaño. Fácil es, que averigüemos. quien se engaña de los dos. Bella Deidad, ya el recelo puedes perder; pues que yo en tu defensa: qué es esto? como de aquí se ha podido ausentar? . Todo el ameno: laberinto de esos cuadros. de ninfas, examinemos, pues del jardín no es posible, que haya salido; y veremos quien de los dos le ha engañado. Mutadle. . Dioses supremos; valedme! No le ofendáis; levanta, joven, del suelo: Bella Deidad, no receles. Mas qué miro! . Mas qué veo! Dónde estoy, Dioses piadosos? qué prodigio es este, Cielos. Este dices que era el joven que seguí Era el bello prodigio que tú dijiste este anciano? . Qué te puedo responder en tanto asombro? Pues mi admiración te responde. . Dime, anciano, cómo pusiste entrar dentro de aqueste Alcázar? . Y cómo. la entrada no defendieron. los dos disformes salvajes que la guardan? . Cómo puedo responderos, hasta que de la admiración, y el miedo me desposea: decidme, quién sois? porque cobre aliento, o mi temor, o mi vida. De nada tengas recelo, pues con quien estás hablando es la Princesa de Delos, y yo su hermano. . Ay de mí! que estos son de quien más debo a- recelarme; pues la vida de Rosicler corre riesgo, si acaso a saber llegasen quien es. . De qué tan suspenso estas? . Si antes el temor, me turba ahora el respecto. Nada temas; di; por donde entraste aquí? . Al ir huyendo, de la fiera tempestad, entre en el oscuro centro de una gruta, y hasta aquí he salido: callar quiero que buscaba a Rosicler, y a Claridiana, pues de ellos ninguno puede saber, e importa su vida. . Es cierto lo que dice, que al salir de la gruta, que entre espesos. jarales estaba oculta, le seguimos. . Pues supuesto; que por ella se ha librado el joven que iba siguiendo, dime si acaso le has visto. Pues por esa parte, es cierto que se ausentó una mujer, di si la encontraste. . Cielos, sin duda alguna noticia tuvieron, de que encubiertos Claridiana, y Rosicler viven aquí; y que por eso han venido ha aquestas playas! mas yo perderé primero la vida, que les declare quien son. . Otra vez suspenso te has quedado? no respondes? Lo peor es, que ya los vieron, pues que por ellos preguntan, . y han de buscarlos. . Qué nuevo accidente te enajena de ti? responde. . No puedo responder; porque; si, cuando, lo que decís: . De tu miedo,--- y tu turbación, arguyo, que algún oculto misterio hay en lo que te pregunto: y advierte, que hasta saberlo no has de salir del Castillo. Yo nada deciros puedo mas de que . Calmose el aire, suspéndase el viento, y al templo de Apolo salude el concepto. Que no hace la Deidad el simulacro, sino lacaras, los votos, los ruegos. Lindabridis, Madián, a qué aguardáis? cómo al Templo de Apolo, al voto ofrecido no vais? cuando ya dispuesto todo está, por mi elección, y los suaves acentos de la Fitonisa os llaman, una, y otra vez diciendo: Que no hace la Deidad el simulacro, sino las aras, los votos, los ruegos. Mas qué miro! aquel anciano no as Danteo? No es Dirceo el que miro? . Él es sin duda; mas disimular pretendo. Hasta mejor ocasión, no es justo hablarle. Hacia el Templo guíen los festivos Coros, porque ya saber deseo de la respuesta de Apolo, en qué parte será el duelo de la lid, en que ha de ser arbitrio el valor del Cetro. Para salir de esa duda, igual es en mí el anhelo de la respuesta de Apolo. Mas para cumplir a un tiempo con otra travada lid más peligrosa en el pecho, pues contra ella no bastan del corazón los esfuerzos; en tanto que al sacrificio vamos, el monte corriendo id vosotros, hasta hallar una mujer, cuyos bellos ojos servirán de norte a vuestros pasos. . No quiero porfiar contigo otra vez: mas penetrando lo espeso de la maleza, buscad un robusto joven fiero, que solo para que vea mi hermano su engaño, es cierto, que otra vez deseará el verle. Ya todos te obedecemos, sin que quede risco, o planta, que no corramos. . Primero, por si acaso no encontraréis la que busco, tened preso a ese anciano, que él dirá quién es. . Nada decir puedo. Venid. . Vamos, que la vida perderé, mas no el secreto. . Y por si a las puertas llegan del Castillo, avisad luego a las guardas, que no impidan su entrada. . Ya tu precepto vamos a ejecutar todos. A quién buscáis? y a qué efecto son tan raras prevenciones? Aqueso pide más tiempo; vamos ahora al sacrificio. Vamos, y sea repitiendo vosotras los dulces hinmnos, y vosotros el estruendo de la venatorias voces. Vamos, y en confusos ecos allá repitan los montes. Y aquí diga el dulce acento: Al bosque. . Al llano. . A la selva. A la ribera. . Al repecho. Serénese el Mar, suspéndase el viento, y al Templo de Apolo salude el concepto. A la ribera, a la playa, hacia esta montaña, al cerro. Que no hace la Deidad el simulacro, sino las aras, los votos, los ruegos. Hasta ahora agazapado, de la tempestad huyendo en una de aquestas cuevas estaba tomando el fresco; pero al oír tantas voces ha sido tanto mi miedo, que he pensado dos mil cosas en menos que ha que lo pienso. Válgame Dios, y qué gusto es el oír tanto estruendo! ninguna mujer a solas vida tuvo miedo, que los melindres a secas, no se logran, solo habiendo auditorio, por cumplir con la damería, hacemos, sin que, ni sin para que alarazas, y aspavientos: puede haber gusto mayor? Puede haber más estupendo temor . Que oír a un tiempo mismo: Que escuchar a un mismo tiempo:- A la cumbre. . A la ribera. A la playa. . Al risco. 5̱. Al cerro. Que no hace la Deidad el simulacro, sino las aras, los votos, los ruegos. Estelilla? . Darinel? . Cuánto de hallarte me alegro! Ahora entra bien el melindre. . Qué sientes de aquel horrendo fiero espantoso rumor? Que la congoja, el recelo me tiene, yo, que, si, cuando, sin mí estoy! . Cobra el aliento, pues a tu lado está quien se está muriendo de miedo. No me dejarás, siquiera desmayar por cumplimiento? No faltara otra ocasión: pero dime, qué podemos colegir de tanto asombro? antes borrascas, y truenos, y ahora música, y caza? Yo solamente recelo, que si la caza es de liebres corre tu vida gran riesgo. Eso digo yo y si fuese de lobos sería lo mismo. Sabes lo que he presumido? Qué? . Que esto es encantamiento. Y de qué lo has colegido? Mira, cuando nuestro viejo le contaba a Rosicler (para divertirle) cuentos, solía contar unas cosas así, poco más, o menos. Por más señas, que yo estaba con la boca abierta, oyendo cuando en una Isla desierta había un Príncipe encubierto; y que el tal, sin saber como, ni como no, un día saliendo al monte, hallaba un Castillo, que dos salvajes soberbios le guardaban; y él entrando (esto es después de haber muerto los dichos salvajes) iba por mil jardines amenos, y en uno de ellos hallaba una dama de ojos negros, y manos blancas; la cual, como digo de mi cuento, le regalaba, hasta tente bonete, y de sus sucesos le hacia una relación; diciendo, que un jayán fiero malandrín la había quitado, sin más, ni más, el Imperio de la Isla de Trapisonda. Luego él, diciendo, y haciendo, mataba al dicho Gigante, y se casaba al momento con ella, y todo se hacía por arte de encantamiento. Qué sabes tú si a nosotros no sucederá lo mismo? Ello no se pierde nada; por el monte nos entremos, que puede ser: mas qué miro! m̱̱ El encanto dicho, y hecho. Vive Baco, que es Castillo, o que yo estoy hecho un cuero: advierte, que si hay Infanta encantada, que te dejo. Sí, pero si acaso fuere algún Príncipe encubierto el encantado, te irás norámala. . Santo, y bueno. Las puertas están cerradas. Pues hay más de qué llamemos? Ah del Castillo? . Quién llama? El encanto va derecho: querrás creerme Estelilla, que estando conmigo mismo considerando este talle, este brío, aqueste aseo; y sobre todo, este raro soberano entendimiento, siempre conocí, que no era cosa para ti. . Lo mismo mil veces me sucedía, pues al mirarme al espejo de los arroyos, decía: Posible es, que aquestos bellos ojos, estas blancas manos. que son bienes que da el Cielo, por parar en Darinel han de ser bienes mostrencos? Habla con más cortesía, mira que ya es otro tiempo, y soy Príncipe encantado. Eso ahora lo veremos, que puede ser que yo sea la Princesa. . Llamar quiero otra vez: Ah del Castillo? Quién llama? Esto no está bueno, que yo no quisiera ser Príncipe con tanto estruendo. Hola, guardas del Castillo, salid, que hay aventurero. Ah Brunelo? . Ah Brilladoro? Grillos de oro con buñuelos muy bien se puede llevar; el encanto es estupendo. Solo temo, que ahora salga algún Gigante, diciendo: Oh tú, que te has atrevido con valeroso denuedo a llamar, qué solicitas? Ser Príncipe cuando menos, si ustedes nos dan licencia. Salvagitos malo es esto! temblando estoy. . Ya sin duda habréis leído el letrero de ese Padrón. . No señor, porque yo a leer no acierto en paredón. . Advertid, que si no sabéis el Griego Idioma, que está en Latín también. . Para mí es lo mismo uno, que otro; y así usted nos le lea. . Oíd atentos. Saben Latín los salvajes? Ahora sales con eso? los salvajes asorrados en Latín, son los perfectos. Cualquiera Príncipe, que quisiere probar la aventura de este Castillo, y adquirir la posesión de la mayor Isla del Archipiélago, si fuere Dama, ha de vencer en gra- cia, y hermosura a la Princesa Lin- dabridis; y si fuere Caballero, ha de exceder en gala, y valor al Príncipe Madián, que son los dos Mantene- dores de esta aventura. Pardiós, que está la aventura a medida del deseo. Sí, que estamos macho, y hembra; y si hay Dama, y Caballero no tendremos que envidiarnos, que al fin hay de ello con de ello: con vuestra licencia entramos. Aunque es verdad, que primero habías de batallar con un rugiente León fiero, y un disforme Cocodrilo, precepto de Mastían tengo para que entres tu. .e yo lo que al Príncipe le debo. A mí también Lindabridis me dejó mandato expreso de que si acaso vinieses, entrases libre, y sin riesgo. La Princesa Lindabridis hace su negoció en eso, y en la elección se conoce, que es mujer de entendimiento; no lo perderá de mí. Ea, entrad. . Vaya primero vuestra Alteza. . No señor, entre Vuestra Alteza. . Eso en mi fuera grosería. Qué atención! . Qué cumplimiento! Venid Príncipe. . Ya voy, solo por iros sirviendo. Pues ya hemos obedecido de Madián el precepto, y Lindabridis, porque vuelvan los que van corriendo la montaña hacia el Castillo será bien que los llamemos. Dices bien. . Ah de la selva? Ah del monte: ya están presos los dos villanos, venid: toca el clarín, Seña han hecho ya las guardas de las puertas. Al Castillo . Qué es estos a quien dais voces? . A todos los que la selva corriendo van, pues ya a los villanos, tu mandato obedeciendo, hemos franqueado las puertas. Y dónde están? . Prisioneros han quedado en el Castillo. Son un villano grosero, y una mujer, en el traje rústica. . Cuánto me alegro de que veas, como yo no me engañaba! . Lo mismo te puedo yo responder: cuanto al alba le agradezco el volver a ver sus ojos! Pues el mandato supremo del Oráculo de Apolo manda, que a la Isla de Delos el Castillo vuelva, donde se ha de consumar el duelo, en que ha de ser el valor, la hermosura, y el ingenio, los que dignamente os den los aplausos con el Cetro: vamos, pues, a qué aguardáis? pues quita al merecimiento el valor la remisión. Es verdad, y pues ya llevo a quien me ha usurpado el alma, mas en alas de mi anhelo ha de volar el Castillo, que no en las alas del viento. Cielos, no sé qué recela el alma del rendimiento de este joven; pero como yo de un villano me acuerdo? sin duda de mí me olvido. otra vez la seña han hecho desde la Torre. . Al Castillo. Ya unidos, los que siguiendo iban a los dos villanos, han llegado. . Ya deseo saber quien son; pues indica, sin duda grande misterio la turbación del anciano al nombrarlos. . Pues con ellos vamos, fácil es después averiguarlo. . No entiendo, que misterio encierra estar en aquesta Isla encubierto Danteo; pero después procuraré hablarle. . Entremos en el Castillo, y mi voz se entregue con él al viento. Vamos, que ya de tu voz las nuestras serán el eco. Volad encantos de amor. Volad. . Y pues que decirse suele que sois Torres en el viento, que el mismo viento las mueve. Vuelen. . Escalen el aire, las Auras penetren. Vuelen. . Las alas del Noto sus plumas le presten. Vuelen. . Y esperanzas del viento el viento lleve. Vuelen por las Auras, por los Notos vuelen. Amor, Deidad me socorre, pues cómo Deidad me vences! Recelos, qué le decís al alma, que no os entiendo? Dudas, quitadme las sombras para que la luz encuentre! No por mi amor se repita: No mis recelos me muestren: No mis dudas pronostiquen: Lo que esos ecos refieren. Vuelen las Auras, por los Notos vuelen, y esperanzas del viento el viento lleve. Esperanzas del viento el viento lleve? Aunque ha cesado el estruendo de las voces: . Aunque cese el ruido de gente armada: Siempre noto: . Admiro siempre:- Nuevo asombro. Nuevo encanto. Pues si la selva enmudece: Si guarda silencio el bosque: Repite el Aura mil veces: Que esperanzas del viento el viento lleve. Más remiso huye el acento. Lejos sueña el eco leve. Parece que de las cumbres: Desde las nubes parece: Qué responde: Qué repite:- Siempre errante: Huyendo siempre; , . Vuelen por los Notos, por las Auras vuelen. le Claridiana? . Rosicler? cómo de mí separarte pudiste? . Llegué a temer, que por defenderme a mí no te habías de ocultar; y me quise separar solo por librarte a ti. De una Deidad lo violento mi muerte intentó severa, como si en su beldad fuera delito mi rendimiento. Esa me obligó a que huya de tanto fiero homicida, sin que guardase mi vida por mía, sino por suya. Y aún creo, que consiguiera lo que intentó su rigor, si de un joven el valor tu vida no defendiera. Por qué? . Porque a mí me vio, y juzgando, que era a mí a quien seguían, a ti engañado te libró. No obstante, volver deseo a examinar su rigor, demás de que otro temor me obliga; pues a Danteo, los que a los dos han seguido, posible es, que hayan hallado, pues yo no le he encontrado habiendo el monte corrido: al Castillo he de volver. Yo pienso, que más te llama, que no Danteo, la dama que viste. . Bien puede ser Mejor es, que no arriesgar tu vida, que le busquemos otra vez, pues que podemos después el aventurar ir al Castillo, y que vamos los dos corriendo la selva. Ya que a eso me resuelva, porque no nos dividamos mucho, en la gruta te espero. Luego allá te buscaré; pues ya lo que quieres sé. No sabes bien lo que quiero. Adiós, que yo de la sierra la falda discurriré. Yo la cumbre escalaré. Tomad puerto. A tierra. . A tierra. Nuevo estruendo en la ribera se escucha. . Tropel de gente se desembarca. Detente, rústico. . Villana, espera. Dime, Pastor de estas selvas: Dime rústica Zagala:- A quién sigues? . De quién huyes? Yo solo a ti te buscaba. Yo por ti el bosque corría. Tú buscarme? por qué causa? Tú seguirme a mí! a qué efecto? Sabiendo, que tú a mi hermana, y a mí nos has defendido de un riesgo, en que interesaba, no menos que honor, y vida, volvía puesto a tus plantas a pedirte: . No prosigas, que yo no te entiendo nada. Sabiendo, que tú a mi hermano quisiste quitar tirana la vida, siendo tus ojos de su delito la causa, volvía humilde a rogarte, que perdones. . Tente, aguarda, que no es posible entenderte. Si es afectar ignorancia, no querer, que el beneficio te agradezcan. . Si es que ingrata otra vez quieres quitarle la vida, que te entregaba, yo le volveré a tus iras. Mira, Pastor, que te engañas. Zagala, qué es lo que dices? Yo llamaré a Claridiana. Quién me nombra, Rosicler? Anfión? . Astrea? Qué extraña fortuna ha sido el hallarte! Yo agradezco al Cielo que haya tenido tan grande dicha, como encontrarte. . La rara tempestad, que dividirnos pudo, impidió, que a estas playas hasta ahora no arribase. También yo de la borrasca hasta ahora no he podido librar: y cuando buscaba la noticia del paraje en que el Castillo descansa; este Pastor engañado, con misteriosas palabras. me ha tenido. . Lo mismo a mí con esta Serrana me sucede; y es sin duda efecto de su ignorancia. Fácil es averiguarlo: este joven, Claridiana, no es el que nos dio la vida? No, pero aquesta es la dama, que te la quiso quitar. También como yo te engañas. Cielos, todo es nuevo asombro! Toda es confusión el alma! y pues ya se pierde el tiempo en inquirir la montaña. para buscar a Danteo, vamos al Castillo. . Aguarda: en qué parte está el Castillo? Al monte. . Al llano. A la playa . Qué es esto? Son mis Soldados, que por orden mía talan el monte, para buscar el Castillo, . Yo a mis damas también ordené lo mismo, y que en voces acordadas digan, corriendo la selva: Cómo se engaña quien de amor los encantos sigue en ansias! Qué mal alcanza el que sin alas sigue un Dios con alas! Si es que buscáis el Castillo, yo os guiaré, mas con palabra de que habéis de defendernos, si acaso alguna desgracia en él nos amenazare. Commigo no temáis nada, que defenderos prometo. De aqueste temor es causa la novedad. . Yo no temo, que no caben en el alma amor, y temor, porque quien teme, no diga que ama. Ea, guiad al Castillo. Primero quiero a mis damas llamar. . Y yo a mis Soldados; Ah del monte? . Ah de la playa? Venid, que nos llama Astrea. Vamos, que Anfión nos llama. Venid, que ya hay quien nos guíe, Vamos, que ya asegurada la vida de Rosicler, volver a ver deseara aquel joven. . Aunque pierda la vida, si veo la rara Deidad que adoro, será felicidad la desgracia. Por dónde nos conducís? Por esta gruta se pasa hasta el Castillo. . No entréis. por ella, pues que la rara oscuridad, y aspereza, no es fácil el penetrarla de quien no la ha franqueado: conduce tú, Claridiana, a los dos por la otra parte, que sale a nuestra cabaña, pues en ella está el Castillo. Bien has dicho, y cuando hayas asegurado tu vida, o los ruegos de esta dama, o los míos, será fácil el llamarte. . Pues qué aguardas? Venid por esotra parte, Ya te seguimos, La Clara soberana luz del Norte que sigo, guíe la planta, y el corazón por aquesta lóbrega horrorosa estancia hasta salir a las luces, a cuyo esplendor el alma vive: mas qué es esto, Cielos! no es aquesta mi cabaña? si; pues qué se hizo el vergel? adonde pudo el Alcázar desvanecerse, por donde huyeron mis esperanzas? Si sueño? no, que no fueron y más desdichas soñadas, y en la desgracia no hay duda, cuando es mía la desgracia. Donde has volado, divina beldad? dónde el viento escalan tus luces? Si es, que en las plumas de Amor vuelas, fue tirana violencia del ciego Dios, que equivocando las armas, a mí me deje las flechas, y a ti te preste las alas. Por estotra parte el monte registraré planta, a planta, tronco, a tronco, peña a peña, flor a flor, y rama a rama, quizá me darán noticia; compasivos de mis ansias, de adonde vuelan mis penas; puesto que menos ingratas son, que la beldad que sigo, la flor, el risco, y la planta. Pero si en ellas no hallare noticia, desde esas altas rocas, al mar despeñado, examinaré, si apagan tantas llamas tantas ondas, diciendo: Dónde, Serrana, nos conduces? . Tú sin duda perdiste de esta intrincada selva la senda. . Qué es esto? cómo? pero mi cabaña no es esta: qué es esto, Cielos: aquí no estuvo el Alcázar pues cómo, di, Rosicler, pudo de aquí? . Claridiana, a mi nada me preguntes; no sé nada, no sé nada. Aguarda. . Ay de mí infeliz! Detente, . Tu soberana Deidad, y tu Caballero, si los ruegos, si las ansias de un triste en los nobles pechos la piedad asegurada tienen, siendo la Nobleza asilo de la desgracia, ampare vuestra clemencia aquesa infeliz hermana mía, que en mí es ya insufrible la pena, el dolor, la rabia, el furor, la ansia, el despecho, que me ahogan, que me acaban, que me rinden, que me postran, que me encienden, que me abrasan, remediaré con mi muerte, si es que con la muerte acaban pesares del alma, siendo inmortales con el alma. De esta suerte acabarán mis desdichas. Qué desgracia! Qué desdicha! . Ay infelice! Desde aquestas rocas altas se ha precipitado al mar. Seguidle, y haced que al agua echen todos los Esquises. Ah del mar? . Ah de la playa: Echa el Barco. Echa el Esquife. . Vosotras, pues desmayada está esa infeliz belleza, llevadla luego a mi Nave. (extraña locura!) . Ya obedecemos. Sin duda de grande causa nace su despecho. . Todo es confusión; y pues falta el Castillo de estos montes, vuelva otra vez nuestra Armada a buscarle. . Bien has dicho, pues de estas vecinas playas adquiriremos noticia. Vamos, pues. . Echad las lanchas Llegad a tierra los Barcos. Al agua todos. Al agua. . JORNADA TERCERA Haced salva, que el Castillo tomó en esa falda asiento, En hora dichosa venga a la grande Isla de Delos, la afrenta de Marte, la envidia de Venus. Viva Lindabridis, viva Madián, Príncipe nuestro. Ya que el Castillo ha parado junto a ese eminente Templo de Apolo, antes que el concurso de la aclamación del Reino impida a salir de tantas dudas, como acá en el pecho batallando, sin vencer, consiguen el vencimiento: traed luego aquel anciano, que en la Isla desierta preso quedó. . Aguardad, no es mejor el que veamos primero a los dos villanos? . No, sepamos de este el misterio de ocultarlos, que después con la evidencia de verlos, habrá de decir quién son; id por él. . Ya obedecemos. . Que esté anhelando, por ver la que me mata; y temiendo . el peligro de sus ojos, aún sea peligro el anhelo! Qué merezca mi memoria . de un rústico el rendimiento, y que la piedad usurpe el dominio del desprecio! Cómo es posible, que sea . parto del monte tan bello prodigio? . Cómo es posible, que tal valor, tal ingenio . fuese aborto de los riscos? Ya está a vuestras plantas puesto quien en ellas sacrifica su inútil vida. . Del suelo levanta, y dinos, anciano, quién eres? y qué misterio oculta, que al preguntarte por dos rústicos, suspenso, turbado, absorto, y confuso, los negaste. . Pues sabiendo quien somos, no ignoras, que te hace sospechoso el miedo, culpado la turbación, y descortés el silencio. Señora, si yo: . No tema porque si es algún adverso acaso de la fortuna quien te obliga a que el secreto guardes, commigo seguro estarás, pues te prometo el ampararte en cualquiera trance. . Señor, no mi miedo, ni mi turbación arguyas a algún oculto misterio, sino que la admiración de ver encanto tan nuevo, como un Alcázar, en vez de un escollo, fue el efecto de mi turbación; y pues a vuestras piedades debo la palabra de ampararme, solo os pido, porque dejo en mi Patria honor, y vida, que mandéis, que me den luego un Barco, para volver adonde el cariño tierno de dos prendas: . No prosigas, que el desear con tanto anhelo el eximirte, hace ya evidencia los recelos; y porque veas, que no es el ausentarte buen medio para poder eximirte, esas dos prendas vinieron con nosotros. . Qué decís? Qué te turbas? ahora el miedo de sus vidas, ha de hacer . que descubra su secreto. A esa mujer, y a ese joven, a quien las guardas prendieron de las puertas del Castillo, traed. . A tus plantas puesto:- No más; y advierte, que a no decir quien son, verás presto en sus vidas, y en la tuya castigado tu silencio. Ay, amado Rosicler! . ay, Claridiana! Mas Cielos, mejor será declarar quien son, pues que ya los pierdo ocultos. Ya están aquí, mudado el traje grosero a más decente, los dos villanos. . Temblando espero el volver a ver tus ojos (oh soberano portento! pues me alumbran como luces, y me abrasan como incendios: mucho desmaya el valor. No sé que recela el pecho, . que con latidos me habla en idioma, que no entiendo. Ay de mí! prendas del alma, que os hallo para perderos. . Aqueste, señora, es el joven. . Qué es lo que veo! Esta es, Madián, la villana. Qué es esto que miro, Cielos! Albricias, alma, que ya . sé que no correrán riesgo Claridiana, y Rosicler! Mucho, Lindabridis, debo a vuestra fineza; en fin, sois mujer de entendimiento, pues os prendasteis de mí. Piadosos Dioses, qué es esto! Y vos Príncipe Madián, obrasteis como discreto en moriros por mis ojos; y creed, que no nos debemos nada en esto del amor, que ha templado mis desprecios mucho la fuerza del trato la primera vez que os veo. Qué es esto que por mí pasa? No me respondéis: qué es esto? aún no os hartáis de mirarme? por cierto, raros extremos de amor! de verme está absorta, y entre el temor, y el afecto, no se atreve a declararme su atrevido pensamiento. Príncipe, no me decís cualquier cosa? qué suspenso . está de ver mi belleza! si en idioma Palaciego habla callando: sí, que es grande hablador el silencio. Declaraos, que no soy tan ingrato, como parezco. Villanos, quién os condujo? Por arte de encantamiento a ser Príncipes venimos. Cómo entrasteis? Eso es bueno; nos entraron dos salvajes de dos hombres más discretos, que en toda mi vida he visto. Dime, anciano, quién son estos villanos? . Los que buscáis, no decís que son? . Danteo está acá? Sin duda, que es también Príncipe encubierto. Pues de qué le conocéis? No hayemos de conocerlo, si nos ha criado? . Aquí . mucho importa el fingimiento, porque a Rosicler no vuelvan a buscar: señor, el miedo me hizo negar que estos eran mis hijos . Esta este viejo borracho? . Ay tan gran bestia! que no conozca este necio, que ahora somos sus hijos por arte de encantamiento. Pues venid acá, caduco, carroño, caramacueco, siendo vuestros hijos, como nos hacías estar sirviendo a Rosiclerillo, y a Claridianilla, y a ellos con mucha conversación tenías mucho respeto? y quebrando los refranes, con nosotros era a un tiempo la poca conversación la causa del menosprecio? Quién es ese Rosicler, y Claridiana? . Uno de ellos es un joven tan bizarro, tan galán, y tan discreto, casi, casi como yo; ved si es encarecimiento. Y la otra es una muchacha, con quien sin duda fue Venus una moza de fregar; y si no sol yo, no entiendo que haya otra que se le iguale: bien parece lo molesto; en fin, la desconfianza es madre de los discretos. Ves cómo todo es engaño? Ves como a voces diciendo están tu traición? . . Haced con músicos instrumentos salva al Castillo. A la tierra , . saludad, y tomad puerto. Vuelva otra vez a decir el pregón la ley del duelo. A tierra, a tierra esperanza, no sean de amor los anhelos, como el viento varios, como el mar inciertos. Tocad a desembarcar. Al puerto todos. . Al puerto. Escuchad, moradores de Delos, que aquesta es la ley, que se observa en el duelo. Escuchad, moradores, Lindabridis, Madián ya los Príncipes supremos de cuantas Islas contiene en sus ondas el Egeo, al certamen han venido, y cuantas beldades fueron por vanidad de Cupido, bella emulación de Venus: y porque la lid empiece del valor, y del ingenio, que tu presidas en una Academia se ha dispuesto; y que tú seas Madián mantenedor de un Torneo; y al publicar el pregón la Fitonisa, hacia el Puerto navegan Anfión, y Astrea, que son los que se opusieron primero a los dos, por cuya causa en confusos acentos, dicen de Astrea las Damas, y de Anfión los Marineros: A tierra, a tierra esperanzas, no sean de amor los anhelos, como el viento varios, como el mar inciertos. Tocad a desambarcar. Al puerto todos. . Al puerto. Salid, pues, a recibirlos, siguiendo el dulce concepto de la hermosa Fitonisa, que repite a un mismo tiempo: Escuchad, moradores, Escuchad, moradores, A recibirlos salgamos; pero tú en tanto, Dirceo, has de hacer una fineza por mí. . Qué es la misma, pienso, que yo te quiero pedir. Ved, que es mi ocioso el ruego, cuando el precepto bastara en mí, para obedeceros. Pues es, que de aqueste anciano, que es el que trajimos preso de la Isla Ortigia, examines quien es el prodigio bello de una mujer, que en sus riscos, Deidad habita sin Templo; miento, que culto immortal se erigió el alma en el pecho. Y que examines también quien es un joven, que a un tiempo con ella entró en el Castillo. Pues qué os importa? No menos me importa a mí, que la vida. Qué dices? . En mí es aquesto no más que curiosidad. Yo prometo obedeceros. Así, si no consiguieres con la promesa, o el ruego saber esto que te encargo, prevendrás un Barco luego con gente, para que vuelva a la Isla. De donde presos harás, que a los que buscamos, pues tienen noticias de ellos nuestros Soldados, los traigan al Castillo. . Obedeceros os prometo en todo. . Pues vamos, que el confuso estruendo de liras, y de clarines nos llaman: oh siempre ciego amor! . Oh siempre inconstante fortuna! . Qué bien los ecos. Qué bien repiten las Auras: Que son tus engaños: Que son tus anhelos: Como el viento varios; como el mar inciertos. . A tierra todos. . A tierra. Haced salva. . Tomad puerto. Escuchad, moradores, &. Escuchad, & Cierto, que se ha despedido con poco comedimiento la Princesa Lindabridis. Cierto, que es un desatento este Príncipe Madián. Pues a fe, que si yo vuelvo a ser ingrato, verá, que pesada mano tengo en despreciar, y que valen lo que pesan mis desprecios. Idos los dos, y dejadnos solos. . Ya obedecemos. Oyes, Estela. . Qué dices, Darinel? . Que no es muy bueno ir un hombre enamorado por arte de encantamiento . Dadme, Dirceo, los brazos. Dame los brazos, Danteo, que ya estaba en mi amistad impaciente mi silencio: di, qué fortunas son estas? Aguarda, mira primero si puede alguno escucharnos. No temas. . Pues oye atento, Ya sabes, como a Hipómenes, Rey de Nisia, quito el Reino injustamente Arqueldo. Ya sé la guerra, que Delos injusta trabó con Nisia, porque de leves pretextos se originan grandes odios: bien, como tal vez se vieron de inútil leve pavesa graves ocultos incendios. También sabes, que Hipómenes perdió la vida, y el Reino en trance de una batalla. Ninguno debe saberlo mejor, que yo, pues que vine a Delos por prisionero; pero sabiendo, que era gran Sacerdote del Templo de Apolo, como es la grande auxiliar Deidad de Delos: del Príncipe Madián he adquirido el valimento, así por la Religión, como por ser en su Reino por mis ciencias aplaudido, que en ningún acaso adverso quitó jamás la fortuna bienes del entendimiento. La ira, el rencor, y la laña de los vencedores fieros taló a Nisia a fuego, y sangre; y viendo a Hipómenes muerto, porque heredero no quede, buscó dos infantes tiernos, hijos suyos; pero yo, al ver evidencia el riesgo, llevado de la lealtad, huésped de los nobles pechos, hurtándolos a la ira, a la Isla Ortigia con ellos me ausenté, donde educados en valor, y entendimiento los he criado, hasta que el otro día, saliendo de mi cabaña, me hallé en el Castillo, en que preso he venido, sin saber, oh como buscarlos puedo; oh a quién pediré favor, para librarlos del riesgo que les amenaza; pues habiéndolos descubierto Madián, y Lindabridis, según lo dice el anhelo con que por ellos preguntan, turbado, absorto, y suspenso, a un mismo tiempo me dice su peligro, y mi recelo. Viva Anfión. , . Viva Astrea. . Escuchad moradores, Escuchad, Ya salen a recibir a los Príncipes supremos, Lindabridis, y Madián; ninguna ocasión el Cielo pudo ofrecernos mejor, que de los mismos que al duelo asisten; pues de Hipómenes, o son amigos, o deudos, nos podemos amparar; y puesto que yo orden tengo de enviar por los dos, es justo, que algo al caso dejemos: retírate, mientras yo con el concurso me mezclo a disponer lo que importa. Todo a tu arbitrio lo dejo; a Dios. . Adiós, porque yo estos ecos voy siguiendo. El Cielo nos dé su amparo. Si hará, que es piadoso el Cielo. Viva Anfión. Viva Astrea. Escuchad moradores de Delos, Escuchad moradores de Delos, En oportuno tiempo hemos llegado: ven, Rosicier commigo, que admirado de tu fortuna, y discreción, te has hecho huésped en mi piedad, como en mi pecho. Cuando por ti mi vida fue de las rizas ondas eximida, aunque a tus pies la ponga, no agradezco lo que te debo, puesto que te ofrezco solo lo que me diste: mas ay de mí! que en vano se resiste de la memoria el alma combatida; cobré la vida, y muero con la vida. Déjalo agradecido, sino es, que el beneficio recibido con volverle a acordar, pagarme quieres: y pues de nadie conocido eres, a la Princesa Lindabridis quiero hacerte de mi parte mensajero, diciendo, que en su nombre intento ufaño, oponerme a su hermano; porque de su belleza ver deseo, o mi vida, o su Reino por tropeo. Para tan alta empresa, mi ignorancia confiesa. Deja agradecimientos, y ahora vamos siguiendo los acentos de ese pregón, que en voces repetidas, por las ligeras Auras esparcidas, dicen a mis anhelos: . Escuchad moradores de Delos, Escuchad moradores de Delos, Qué gustosa, y qué ufana escucho estos acentos, Claridiana! pues en tan breve tiempo ha conseguido mi afecto tu fortuna, si no ha sido mas, que tu desventura, tu discreción, tu agrado, y tu hermosura: de tu ingenio fiada, al Príncipe Madián una Embajada has de llevar, diciendo, que mi aliento espera de su hermana el vencimiento, pues de su parte:- . Espera, y primero, señora, considera mi indignidad, y mi ignorancia. . Nada tienes que replicarme, acompañada irás de quien te guíe. . Mi albedrío mal puede replicar cuando no es mío. Vamos siguiendo ahora la armonía sonora, que repite, animando mis recelos? . . Escuchad moradores de Delos, que aquesta es la ley, que se observa en el duelo. Escuchad, Venid conmigo, que es justo ir a recibir a Astrea; que aunque es mi competidora, nunca fue la competencia enemistad en los duelos del ingenio, y la belleza, y más en los superiores. Si habrá hecho la diligencia, que le he encargado, Dirceo? memoria qué me atormentas? De Anfión un Embajador pide, señora licencia para hablarte. . Dile que entre. Entrad, que esta es la Princesa. Señora (pero qué miro!) Qué veo! si es de la idea engaño? . Si otra vez sueño? Qué transformación es esta? Qué ilusión es esta, Cielos? Él es, no mienten las señas. Ella es, porque es imposible, que con otra su belleza se equivocase. . Decid (el disimular es fuerza, qué os turbáis? qué os suspendéis? No queréis que me suspenda, al ver, señora, que aún tiempo, entre glorias, y entre penas son mis bienes ilusiones, y mis males evidencias? No os entiendo. . No? pues y me explicaré; y pues que sueña mi fortuna, permitid que lo que sueño refiera. Soñaba yo, que en lo inculto estaba de una desierta Isla, a quien cercaba el Mar, en cuya inculta aspereza, riscos, y escollos vivía, solo trataba con fieras. Quéjeme al Cielo, y airado el Cielo, quiso que viera una hermosura, en castigo quizá de mi injusta queja, pues con su rigor hallé menos ásperas las peñas, menos rebeldes las rocas, y más tratables las fieras: y porque veáis, que es sueño lo que os refiero, esta bella divina hermosa Deidad, en la fábrica suprema se presentó de un Alcázar; y yo creyendo, que fuera Templo suyo, a su Deidad sacrifiqué el alma, y ella despreciando el sacrificio, que en las Deidades supremas debe de manchar las aras la indignidad del que ruega: en vez de piadosa (ay triste!) cruel, airada, y sangrienta quiso quitarme la vida: si así pagas las finezas, beldad inhumana, como castigaras las ofensas? Soñé también, que libraba mi vida de su violencia, más por suya, que por mía, y que saliendo a la selva los suyos me perseguían segunda vez, como fiera. Mas yo que morir deseo al rigor de su belleza, al volver al riesgo, hallé, que ya la fábrica excelsa, que el viento formó, en el viento se desvaneció, y que aquella hermosa dulce homicida huyó también, porque fuera mas cruel mi muerte; pues que fue ausentarse su belleza, huir del arco el que en el pecho lleva clavada la flecha. Sueño nuevamente, que por ilusión vuelvo a verla; pues: . No más, sino queréis que castigue la indecencia de hablar así conmigo (mal el corazón se alienta! . qué discreto! qué galán! y advertid, que si sangrienta soñada os quitó la vida una beldad, que despierta quizá otra os dará la muerte. No es mucho, cuando es la mismas Qué decís? . Que si ha de ser arrepentirme defensa de mi vida, no la quiero, pues contra vos cometiera mayor delito. . Pues cómo? Fácil es la con secuencia: mi delito es adoraros, mirad, señora, si fuera, siendo tan feliz la culpa, mayor delito la enmienda. Es eso de la Embajada de Anfión? . Ah tirana! ah fiera que ya lograste la herida: ah villana! ah injusta estrella! Pues el responder sentís? Sí señora, pues me muestra el cuidado en la pregunta, el temor en la respuesta. No es más que curiosidad rehusar de oír la necia ilusión de vuestro sueño. Pues supuesto, que en mí es fuerza el cumplir con la lealtad, aunque a manos de ella muera, el Príncipe, Anfión, señora (ay de mí!) dice, que llega a probar si su fortuna (qué mal el alma se alienta!) es tan feliz, que en el duelo (ay Cielos!) vencedor pueda daros el Cetro; y pues que ya cumplí con su fineza, cumpla yo con mi dolor, no escuchando la respuesta. . Oye, escucha, espera. A quién llamas? A ún sueño, a una nueva ilusión: sabe, que el joven que yo seguí en la desierta Isla Ortigia, mudadas las toscas pieles groseras en milatares adornos, ha entrado a pedir licencia para entrar en el certamen de parte de Anfión. . Qué creas tal engaño? . Si ahora ha estado conmigo. . Qué es de la idea vana representación. . . Aquí una dama de Astrea dice, que te quiere hablar. Pues yo en tanto haré que sepa Dirceo, si me he engañado. Cómo es posible, que pueda. caber en tu entendimiento tal engaño? . La experiencia lo ha de decir: fiera, o hombre, qué de cuidados me cuestas! . Decid que entre aquesa Dama. Entrad, que aquí está su Alteza. La Princesa Astrea: Qué es lo que miro! . Cielos, esta es ficción del pensamiento! No es la Deidad, que venera. el alma? . No es este el joven que me libró de la violencia de aquel encanto mi vida? Sí que su beldad concuerda con la imagen de mi pecho. Sí, que no mienten las señas. que en mi memoria quedaron, o en mi voluntad impresas. No sé como he de explicarme. El disimular es fuerza: no me atendéis? . Es que yo. al miraro: Vuestra Alteza. de qué se turba? . Es, que explica. mucho amor poca elocuencia, Buenas albricias espero. de Astrea, pues que por ella, sin duda tales extremos son . No, tirana, pretendas, si la fineza no admites, equivocar la fineza; y puesto que ya de amor; o sombra, o ilusión seas, pues siempre imaginación son de amor glorias, y penas, antes que, ingrata, a mi vista otra vez te desvanezcas, pues te permito la herida, permíteme a mí la queja. Como fiera te seguían, cuando libré tu belleza de un riesgo, en que tú me diste la muerte por recompensa. Pienso que no se engañaron, pues aleve, pues sangrienta, la que libre, como hermosa, hoy me mata como fiera. Permite: . No prosigas: mucho temo que se venza . mi constancia; pero yo lo impediré. . De mis penas has de escuchar los gemidos, ya que nos los agradezcas. No es eso a lo que he venido, Injusta beldad: . Astrea dice, que a entrar en el duelo: No así ingratamente fiera:- Hoy con tu hermana ha venido: Atropelles mis finezas. Pues conoce, que empeñada: Qué a mis suspiros no atiendas? En tu defensa:- . Ah tirana! Lidiará por su defensa. Advierte, que yo: . Ya sé, que el agradecer es fuerza su favor vuestra atención. Mas estimo tus ofensas: Tan grande cortesanía ya es justo que os agradezca. Cómo? . Poniendo por vos, pues que de parte de Astrea traje fina la Embajada; también fina la respuesta. . Oye, escucha, espera, aguarda. A quién llamas.? A una nueva ilusión, a un nuevo asombro: Sabe, que aquella belleza, que en la Isla Ortigia seguí, trocadas ya las groseras pieles a decente adorno, llegó de parte de Astrea a decir que entra en el duelo. Qué sea posible que creas tal engaño! . Ahora acaba de hablarme. . Qué es de la loca vana representación. No te burles de mis penas, sino averiguemos. . Ya mande, que se suspendiera la embarcación del anciano Bien has hecho, porque era ya la diligencia ociosa; pues los que en la Isla desierta buscamos, hoy han llegado a Delos. . Qué bien ordena el Cielo nuestros designios! . Yo haré, que Anfión, y Astrea, pues son deudos de Hipómenes, su vida, y Reino defiendan: y adónde están? . Con nosotros han estado. . Y yo quisiera que: . . En la lid del ingenio batalle la belleza, para que vean la discreción hermosa, la hermosura discreta. Ya publicando el pregón del Torneo, a la Academia las Damas, y Caballeros han llegado. . Pues es fuerza el salir a recibirlos, en tanto de tu prudencia fío, que averigües, como mudados trajes, y señas los dos han venido a Delos. Mira que sin duda encierra gran misterio el impensado modo. . Ninguno interesa mas que yo, en averiguarlo. Creolo de tu fineza. Así lo podéis creer. Pues vamos, puesto que llegan, al jardín a recibirlos, donde ha de ser la palestra del ingenio. . Vamos, pues, que hoy se ha de borrar la necia opinión del vulgo. . Cómo? Como suelen a las feas atribuir la discreción, y vas tú. . . Para que vean la discreción hermosa, la hermosura discreta. En tanto que divertidos están, importa dar cuenta de lo que pasa a Danteo; mas él viene. . Qué me ordenas? Sabe, que el Cielo piadoso va mejorando la adversa. fortuna, que siempre el Cielo escucha las justas quejas, despertando sus piedades. las voces de las ofensas. Pues qué novedad ha habido? Que ya Claridiana bella, y Rosicler han venido. a Delos. . Qué decís? . Deja ahora la admiración, el modo, que es apurarle al Cielo su providencia, y vamos a lo que importa; Sabe, que ya he dado cuenta a los Príncipes que fueron de Hipómenes en defensa, por amistad, y por deudos; y que defender protestan a los dos, y agradeciendo tu lealtad, y tu fineza, yo he dispuesto, pues que muchos hoy de aventureros entran al Torneo, que los dos:- pero la música diestra nos avisa de que ya han venido a la Academia; después me veré contigo. Vamos, que de la clemencia del Cielo espero lograr mi lealtad. Vamos, que sueña segunda vez la armonía, avilando que ya llegan. Pues a obrar. . A conseguir, pues la fortuna esta empresa nos ofrece. . Tal no digas, que fortuna siempre es ciega, prudencia ha de obrar, que no hay fortuna, donde hay prudencia. En la lid del ingenio betalla la belleza, para que vean la discreción hermosa, la hermosura discreta. Ya que este ameno pensil es la florida palestra, que para lides de ingenio; destinó la Primavera: pues me toca presidir, saber de todos quisiera, si el amor se ha de decir, o callar; y aunque parezca que no es cuestión para damas, antes sí, porque se vea, que quien busca la noticia, aún no tiene la experiencia. Y así, para que mejor la proposición se entienda; lu música la repita, preguntando en el problema: , . Quién es más fino en amar, quién calla el dolor, o quién dice el dolor? Mas fino idolatra aquel que lo dice, que aquel que lo calla, Adora más firme aquel que lo calla, que aquel que lo dice. Defina el ingenio, quien siente mejor, quien calla el dolor, o quien dice el dolor. Pardiós, que yo lo que siento, al instante lo dijera: bueno es, que me muera yo, y mi dama no lo sepa? Sepa que me mata, que si mi muerte no remedia, yo he cumplido con decirlo, e irá sobre su conciencia. Cierto, Darinel, que sueles discurrir como una bestia. Discúrrelo tú mejor. Quita, loco. Aparta, necia. El amar la perfección, es preciso, no es violento, porque es el entendimiento quien dirige la elección: pero pasa a ser pasión allí amor, con que no dura la razón, y la cordura; luego si es locura, ya el más discreto será quien callare su locura? Mucho la beldad limita el que calla su fineza, cuando aplauso en la belleza, y no piedad solicita: porque el que calla; le quita la adoración, pues no hubiera quien la beldad aplaudiera, ni su poder admiraran, porque si todos callaran, ninguno lo conociera. La que quiere que se vea el triunfo de su hermosura, o ser ingrata procura, o ser piadosa desea; ya piadosa, ya cruel sea, uno, y otro impropiedad, viene a ser en la beldad; y con el que calla fiel, ni es piadosa, ni es cruel, y se acredita Deidad. El silencio más atento quita a la beldad la gloria; de qué sirve la victoria, si se calla, el vencimiento? publique mi rendimiento por triunfo de su crueldad, aplauso de su beldad sea la queja repetida, y manifieste mi herida su acierto, no su piedad. No será amante fiel el que no calla su amor, que está mal con el dolor, puesto que se queja de él: solo siente fino aquel que calla su mal violento, que el más fino rendimiento es contra una misma acción, en el silencio atención, y en la voz atrevimiento. Aunque al sacrificio llego de la Deidad, no la ofende en la pira que se enciende el vano esplendor del fuego; antes acredita el ruego duplicando la beldad, y el silencio en realidad es delito, y no atención, pues callar la adoración es no decir la Deidad. Quien no calla su dolor, poco debe al sufrimiento. Muera yo de atrevimiento, y no muera de temor. Yo imagino, que es error publicar lo que se quiere. De aquel que calla se infiere temor. . Yo no sé temer, estando fino en querer. Quién pensare: Quién dijere:- No más; porque la cuestión del ingenio, no es palestra de otro duelo. . Claro está, porque a serlo, yo dijera: Viva el Príncipe Madián. Viva Anfión. . Viva Astrea. Viva Lindabridis. Ya esta aclamación da seña que, para que a la justa del torneo entréis, espera todo el Reino, y divididos en opiniones diversas, según el afecto, así alternadamente sueñan distintas voces. Pues vamos a la justa, donde vean, que también tiene el acero, como el ingenio, elocuencia. Y yo el primero seré que entre en la lid, porque sepan que sabe argüir la espada, lo que propone la lengua. Pues a la lid. A la lid. Vamos, pues a la palestra hemos de asistir; y advierte, que si acaso Madián queda vencedor, que ha de ser luego conmigo la competencia. Solo por ella no más deseo que Madíán venza. Pues a la lid. A la lid. Vamos todos con las mismas voces de la aclamación, que dice en partes diversas: Viva Madián. , Viva Anfión. (za. Que siga a Amfión es fuer- Tente, Rosicler. Y yo es preciso con Astrea i. . Aguarda, Claridiana. Qué solicitas? (lid. Qué intentas? Que tú has de entrar en la Qué decís? Que vuestra adversa fortuna, ha querido el Cielo, que tan favorable sea, que aún en vuestro pensamiento no ha de caber. Que te crea, cómo es posible? Sabiendo, que eres más de lo que piensas. Pues quién somos: y de quién lo has sabido? No es aquesta plática para este puesto, venid, que Danteo espera con armas para la lid, y Príncipes, que defiendan vuestra justicia, poniendo en tu frente la Diadema, que te usurpó la fortuna. Advierte: Nada me adviertas. Mira: Venid, y no el tiempo se malogre, que allá cuenta os daré de todo. Vamos, pues que no es la vez primera, que siendo sueño mis dichas, me ha de engañar por inciertas Vamos, que nada me asombra, que si ilusión, o apariencia ha sido siempre mi vida, poco aquesta vez se arriesga en que una fortuna más la suerte me desvanezca. . Tente, Darinel, aguarda. No me detengas, Estela, que he de entrar en el torneo: cómo es eso? la Princesa Lindobridis ha de ser mía, o sobre eso morena: Si no tienes prevención (sas de armas, de motes, y empres- cómo pretendes salir? Eso no es de consecuencia? cuando ellos se armen de acero, yo me armaré de paciencia. Qué te obliga a tal empeño? Si sabes, que la Princesa Lindabridis ha de darse por esposa a aquel que venza a su hermano, como quieres, Estelilla, que yo pueda dejar de entrar en la lida por Dios que he de entrar por ella a reñir con la Hermandad, si la Hermandad me asaetea. Luego estás enamorado? Ahora sales con esa? Mira, aunque yo algunas veces soy desdeñoso por tema, luego al primer rendimiento que me hace alguna belleza, no puedo más, al instante me rindo como una bestia: Demás de que ahora el amor me ha entrado con más violencia por ser por encantamiento. Yo del Príncipe pudiera, Darinel, enamorarme también, por la razón misma; pero al mirar sus desprecios, sabiendo que, soy Princesa encantada; tan esquiva, tan desdeñosa, tan sesga estoy, que tengo un amor, que es, como si no fuera, Tú eres mucho más robusta de complexión; , . mas ya sueñan las cajas, y los clarines, que es la señal de que llegan al Templo, y aunque no entre a tornear, una cautela he pensado de capricho, en que Lidabridis sea mía. . Cómo puede ser? No han de ganarla a ella por armas ellos. Sí. . Pues dando cuenta a la Princesa, sacarla por el Vicario, y probar luego la fuerza. El arbitrio es como tuyo, pero ya el concurso llega, acompañando a los ecos de cajas, y de trompetas, los músicos instrumentos, con la Fitonisa, y ella segunda vez el pregón vuelve a repetir. Paciencia; que yo he de oír pregonar la que quiero! ah vil Estrella! lo que pecaron los ojos, han de pagar las orejas: . Escuchad el pregón, en que lidia el esfuerzo, y premia el Amor. Escuchad el pregón. (to Entre el concurso encubier- siguiendo estas voces voy, hasta que el Cielo me ofrezca de declararme ocasión. Será no menos que un Cetro del que venciere blasón, y el valor conseguirá de una beldad el valor. Escuchad el pregón. Amor es hijo de Marte, y así, como se crio entre el horror de las lides, no le hace la lid horror. Escuchad el pregón. Si por Amor se batalla, ninguno tendrá temor, cuando está experimentada en la lid una pasión. Escuchad el pregón, en que lidia el esfuerzo, y premia el Amor. Ya han hecho señal las cajas, sentaos, pues con los dos los jueces habéis de ser de la lid. í̱é̱ , , Ya el marcial son de la caja, y el clarín, Madián por Mantenedor del Torneo se presenta. Y el nombre de su pasión trae expresado el escudo. Un Sol es entre el horror de las sombras eclipsado; y con sereno esplendor una clara, Luna, y dice una letra entre las dos: Si Claridiana me alumbra, no necesito del Sol. A Clara, y Don Ana quiere. Bien hace en querer a dos. El primero que le sigue es el Príncipe Anfión. Bien muestra su gallardía las señas de su valor. Igual ha sido el combate. Viva Madián. Viva Amfión. Yo procuraré a otra suerte ser vencido, o vencedor. Nuevo aventurero ha entra- , . (do: y no sé que el corazón me dice, que no le entiendo. Este es Rosicler, mas no me daré por entendido hasta mejor ocasión. Qué confusa que está el alma entre esperanza, y temor! Tropecé, o pese a mi aliento! Malo fue ese tropezón. El aventurero ha sido quien al Príncipe venció. No ha vencido, que un acaso no ha de injuriar el valor. El aventurero viva. Muera, pues que se atrevió un Extranjero ignorado. No es fácil, que sabré yo defenderme. Y más viniendo con nosotros. No es razón que le injuriéis, deteneos, ni que el premio que le dio junto el valor con la ley, le quite la sinrazón. Decid quién sois, Caballero. Eso he de decirlo yo. Ilustre Reino de Delos, sabed, que al que el Cielo dio hoy esta dicha (quizás por darle satisfacción de otras pasadas miserias) es el Príncipe, y señor de Nisia, a quien mi lealtad de vuestras iras hurto, con su hermana Claridiana. Cielo, otro nuevo dolor! . qué sepa quien es a tiempo que no pueda darle yo el Cetro! Prosigue, acaba. Confusa, y absorta estoy. . Arquelao vuestro padre injustamente quitó a Hipómenes vida, y Cetro, y hoy de su hijo el valor árbitro es de vuestro Reino, porque así Apolo vengó su injuria, siendo a su injuria igual la satisfacción: Nadie de eso puede ser mejor testigo que yo, pues Válido de su padre fui. . Qué rara confusión! Descúbrete Rosicler. Cielos, es otra ilusión! es otro engaño! otro sueño! Pues cómo, dime:- Anfión, Astrea, ya a su defensa os ofrecisteis los dos, primero es vuestra palabra, Digo, que tienes razón; Rosicler árbitro sea del Reino. Pues vencedor ha sido, según la ley, él solo haga la elección. Que todos están borrachos no echan de ver, que yo soy solo el Príncipe encubierto? Pues mi dicha consiguió ser hoy árbitro del Reino, poco en él, señora, os doy, pues me queda sentimiento de no ser el dueño yo del Orbe, para ponerle a vuestras plantas. Acción tan generosa agradezco. y pues dueño soy por vos ya de Nisia, yo os la entrego, digo, restituyo. No la quiero no siendo vuestra. Pues a Claridiana yo se la entrego, con los brazos. Yo la acepto, y pues acción tan generosa da invidia, por imitas a los dos, se la entrego a Madíán. Mas fineza he de hacer yo: Madian tuya es ya Delos, pues tuyo. el Reino: dale la a Rosicler. . Tal favor, aún no cabiendo en el alma, mal cabrá en la explicación. Esta es mi mano. Tú en Nisia reina, y Claridiana hoy Delos la aclame por Reina, si merece tal favor mi suerte. A tanta fortuna mal puedo negarme yo. En tal dicha, pues Apolo ya su Oráculo cumplió, sea de Anfión, y Astrea amistad la oposición; y juntos Siros, y Paros, celebren la dulce unión. Siempre es bueno para amigo tan grande competidor. Tú, Astrea, dame los brazos. Vuestro seré. Tuya sol. Pues tanta dicha celebre la festiva aclamación de liras, y de clarines, diciendo en acorde unión: Son encantos las dichas, que fábrica Amor, ilusiones parecen, y verdades son.