Texto digital de Merecer de la Fortuna
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Merecer de la Fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/merecer-de-la-fortuna.

MERECER DE LA FORTUNA
JORNADA PRIMERA
, s Lisarda viva, y su frente corone diadema Augusta. Y el mundo la bese el pie, por Reina de la hermosura. Pues rinde con su brío, Pues con sus ojos triunfa. Remite el marcial estruendo, y el sonoro aplauso excusa mi estimación, (obligada a las finezas que escucha) por causa que me conduce PRIMERA a mi Palacio confusa. Quién eres, anciano, que . a instantes me añades dudas, tal vez presumiendo, que eres trofeo de la Fortuna, y tal Filósofo, que haces de las vanidades burla? Un pobre. Que anda a mercedes, por si le redime alguna. Si conoces, que el llamarte nace de ver, que conduzgas (cuando Nápoles me sirve, y sus calles lo divulgan) al adorno de tu casa tus hijos, para que cubran el frontispicio, que tosco dejo el tiempo sin cultura; porque callas el dictamen? que ya veo, que fue injuria del hado aumentarte empeños, cuando se hace ley injusta el darle al pobre, con que más pobre se constituya. Solo digo, que no faltó a la deuda, que es tan una. en todos de celebraros; pues si del oro que oculta la tierra, y sedas que labra el gusano en verdes grutas, visten otros sus paredes, yo con mejor colgadura las mías, pues son de telas, que mi corazón dibuja. Y fue una tapiceria, al uso de altas figuras. Y es ese todo el designio? En otra razón se funda, si yo a un memorial fiara mi intento poco segura, fuera la merced, pues sale su despacho tarde, o nunca; y así en la idea forme el referiros mi angustia por geroglificos Planetas, en quien los siglos estudian, y como hay una elección, adonde avisa, y alumbra el fuego para decir, que cualquier gloria es caduca; también quise yo en la vuestra, pasándoos mi desventura por los ojos, avisaros, porque es mucha, y os confunda. Es lisonja la que haces, o información? Las dos juntas; porque conozco, que en vos mi pena no dificulta hallar alivio en su acción, y por eso entre mis plumas, águila que ya gobierno el vuelo a la sepultura, saque a vuestro Sol mis ojos, porque así con esta industria, llegando a formarse en él, naciesen de esta fortuna. Pues de su necesidad tienes acaso la culpa? Siempre el ahogo del padre en los hijos se víncula. Fuiste rico? . Sin pedir, que en los tiempos que se usan, no es poco, pues ya se vive de lo que en otros se busca. Eres noble? . En las colores, que por las mejillas surcan, lo conoceréis, que tiene el rogar en si una oculta llama, que en los nobles sale, y en los humildes se ofusca. Eres de Nápoles? . No, pues aunque en ella mi cuna tuve en brazos de la suerte, veo que me disimula la mendiguez de tal modo, que de otra parte me juzgan. Cómo empobreciste? Dando de una vez. Liberal, nunca os llamaran; porque el dar de una vez no es acción pura en dar, siempre se acredita el ánimo? . No se ajusta mi parecer con el vuestro, porque hay lance que me acusa de no andar galante en él, y si él pide que le acuda con lo que yo valgo, por obligación se regula realmente lo liberal, el donco la gracia junta y más eficaz es siempre, cuando es la causa oportuna. Cuando oportuna la formas? r En los riesgos que perturban al Rey Alfonso, que fieros, ni a la majestad indultan: aquí es preciso, señora, que las lágrimas concurran, y también, que entre las voces unas, y otras se confundan, con que no éxplica la pena todo lo que la preguntan, en ocultar la noticia parece que se aventura el alivio, y pues en vos Carlos, y Enrique le buscan, ellos os informen, mientras que mi llanto les apunta. Que de relación de viejo no se han de vestir las musas. Nápoles, que en el Idioma Griego con frases oscuras se declara, Ciudad nueva, porque sus hijos la fundan, después que envidias afean, concurriendo a su hermosura el oráculo de Apolo en respuestas que artícula. Nápoles, o ninfa, un tiempo, que a su sien, y planta augusta, el Sol borda de reflejos, y el mar argenta de espumas, siendo un caballo sus armas, que aunque en los aires se esculpan, concediolos, aunque apura es, porque conozcan todos, que el mundo la sirve, cuyas partes de sus vientos hacen en ella apacible junta, a imitación de mirar, que el mar agua la tributa; el Sol, fuego la consagra, tierra, la labra la industria; aira, su timbre la alienta, porque cielo, y tierra gustan, que cuatro elementos mande, si cuatro vientos la ilustran. En esta, pues, Ciudad bella, gozaba en grandeza suma el Magno Alfonso troreos, que más su corona encumbran, añadiendo al lucimiento nuevos brillos que madrugan en su hija Aurora, porque un difunto Sol sostituya. Gobernaba en sin su Imperio, César fuerte, sabio Numa, que importa lo soberano, valor, y saber, si nunca vencen los riesgos que guarda la corona entre sus puntas, por ser de tal calidad, que ofenden, cuando aseguran. Vuestro hermano Federico, como entre si concetua, que a ser Duque de Calabría, no es razón que se reduzga, incitado de su orgullo, o de los que le estimulan con engaño, y con traición diversas plazas opugna: afligido se halla el Rey, cuando en esta coyuntura del seno de Ofir mi padre gozaba riquezas sumas: dos millones le pidió, su hacienda este donativo, quien siendo noble repugna el ser con el Reigalante, ninguno de esto se excusa. Y más si aquella atención, con lo liberal permura, ganando gloria del dar, y así mi padre la busca, ofreciendo lo que tiene, para que advierta quien juzga, que el ánimo es más que el oro, y que ser pobre efetua de patrimonio, porque con la patria, y el Reicumpla. Salió a la defensa Alfonso, y una noche, cuando luchan. la claridad, y la sombra, y en oscuro mar flutuan: dormía el Rey, o que bien hizos, pues de esta suerte se turba. el conocimiento, para. ver una muerte tan dura: diez puñaladas le ofenden; en un Real pecho son muchas, que bastó, para el agravio, que hiera el traidor con una. A la traición, vuestro hermano, alienta, y que la dé ayuda, (perdonadme) de la alteza, impropia acción fue la suya: no sabrá reinar el que no perdona, cuando triunfa, jamás la que fue venganza políticos la disculpan; porque mas la digresción veo que se me censura, no es bien! pues de las primeras, penden las causas segundas. Muere el Rey, y Federico laurel se ciñe, que usurpa, haciendo merced a cuantos; contra Nápoles conjuran: mal hace, que la traición es horo, en cuya letura el Príncipe para obrar cuerdo, sus planas consulta. Nalde ignora que entre aquellas: honras las nuestra, se insultan, al paso que entre el olvido su Cetro, Aurora sepulta, que la lástima nos sigue, que se unen las desventuras, naciendo de aqueste horror una voz, que se conjura contra vuestro hermano, a fin de que tirano le acusan, de que extraño le veneran; quizás porque en él renuncia muchas ideas amor; que al muerto Rey, no dibujan. Crece en el pueblo la voz, maldiciones artícula, y así Dios la favorece, considerando la suya: cuando Federico, un bruto regir quiere, y no le ajusta; pues corriendo al precipicio, cometa se disimula, o se descubre tragedia, que acaba en lo que ella anuncia: de inteligencia movido, que ha sido el caballo juzgan; y yo también añadiendo, que es el que domar procura: el de Napoles; y así, cuello engrie, frente arruga, natiz abre, crin escama, brazo vibra, vista turba, planta altera, freno oprime, acción rompe, espuela burla, alma enciende, cuerpo incita, aire ateza, y tierra ofusca, solo porque lleva mal de ver, que el dueño no ocupa el lugar, que hasta en los brutos luce la lealtad fecunda: y así con el alboroto, que del sosiego le inmunta, desbocado con el Rey, le guio a la sepultura. Faetón, que rige el fuego; sin que el peligro descubra. Muerto vuestro hermano, vos aquesta Corona Augusta os ponéis, en esto solo Nápoles tuvo ventura; porque su Infanta ignorando en sediciones, se turba, pretendiendo la ambición, que su cuerpo se desuna, es cuerpo la Monarquía, y ninguno dificulta; que un alma ha de gobernarle; la naturaleza alumbra el Sol, y fomenta, ayer dos fuera, incendio, y no ayuda; alma, y Sol en vos hallamos; con esencias más seguras. El aplauso se pública, esmerase la cultura, todos os sirven atentos; y mi padre, porque nunca deja de hacerlo el que es pobre, y con menos, más tributa. Pobre no es, cuando tiene a mi hermano, y a mí, en cuyas formas fio el agradaros, delincando en sus figuras su amor, y por esta causa. quiso su casa se pula con estos retratos, dando espacio, a ver si se enjugan a vuestros rayos colores. de retocadas pinturas. O quizás también, señora, porque, o curiosa, o confusa. se las podiáis feriar, pidiéndolas a su industria, que estando en vuestro servicio, y siendo vuestras hechuras, el valor acrecentarán, porque aunque el pintor le infunda, tiene esto de ser del Rey un no se qué, que víncula tal crédito, que aún naciendo de humilde mano, se encumbra, Más reparamos, que todos, estos pretejtos se frustran a la burla remitidos, reduciéndose en preguntas, con que la presencia Real, lo que prometía, ánula; si bien puede ser, que el miedo de aquesta suerte discurra. Y así, águilas, los dos en vos nuevo ilustre buscan. Copias, vuestra estimación quieren contra la calumnía. Nobles, vuestras esenciones piden contra quien las duda, Pobres, vuestros beneficios llaman contra quien les hurta. Porque lográndolo todo, como ya se conjetura. Desde oinos puede llamar los hijos de la Fortuna. Luego según he advertido; sois el Conde Oravio. . El que está a vuestros pies, porque suba a más de lo que ha sido. Y aquel Carlos, y este Enrique. Para serviros los dos. No sé que me muene, ay Dios! . a que lastimosa aplique a Enrique, que? la piedad es muy cierto, y no otra cosa; porque más que ser piadosa, no cabe en mi vanidad. Rinde hermosa la razón cese, pues lleva otro intento, y vea, que es pensamiento su loca imaginación. Entre este mal que recibe, feliz me fuera la muerte Aqueso dices, advierte, que no hay bien, como estar vivo, el ser muerto es un cruel dolor, que nade contrasta, y es desuerte un muerto, que hasta las mujeres huyen de él. Si luego por la piedad vuestra Alteza los encumbra, la intención que se deslumbra, saldrá con la majestad. No conocéis su dictamen, ni en sus voces, ni en su apremio, con que antes de dar el premio, es fuerza hacer el examen. Razón es se les provoque el que os conquisten más tierra, que de un ánimo la guerra, siempre es la piedra de toque. Decis bien. . El apartarlos es lo que mi ardid previene, . porque nunca me conviene, que la Reina llegue a honrarlos. En vuestros males prolijos, Conde, no os puedo ayudar, lo que haré es aconsejar, para la acción vuestros hijos. Su desgracia; mi intención parece que la detiene, y un consejo les previene hoy la conmiseración. Y aunque es en el mundo viejo aquel adagio vulgar, que siempre se debe dar el caudal, y no el consejo. Yo en este con fundamento hallo más capacidad, pues hace a la voluntad ventaja el entendimiento. El don que me habéis pedido, con cederle será impropio, si no os puedo dar lo propio, que decís se os ha perdido. Que si a mi hermano conviene quitar honores, y dar, será en mi tiranizar el daros lo que otro tiene. Al Reino dais advertid, que es bien no me constituya en esa deuda, si es suya, al Reino se la pedid Con que en aqueste balven, que vuestro valor padece, por si alguno le apetece, entra aquí el consejo bien. Moverme es preciso de una razón, y bien adecuada, y es, que no consiguenada, quien le falta la fortuna. Esta siempre se ha fundado tan solamente en tener, y al que rico viene a ser, llaman bien afortunado. Vosotros, como oportuna causa, halláis en mi grandeza, mudando naturaleza, queréis la de la fortuna. Y así os pretendo advertir, solicitándoos el ser, que el empezar a nacer, se forma del adquirir. Este que se aumenta honor, y el mejor principio sigue, o la ciencia le consigue, o le gránjea el valor. La ocasión os acompaña, porque el estudio se vea, la catedra allí os vocea, y aquí os pide la campaña. En ella discurre, Aurora, y al que osado la prendiere, le daré cuanto pidiere, los dos consultad agora. Como lograréis mi intento, y de paso reparad, que la mayor calidad, es la del merecimiento. , , , . Señor, aunque es evidente, En vano al mundo me quejo. El tiempo el antiguo honor nos deshace. . Ese es error, si os han hecho del consejo. Échate a sus pies, y pide, dijiste. . Fue inadvertencia, porque jamás la clemencia con la hermosura se mide. Antes de fuerza ha de ser cruel, si es hermosa, y ya cruel dos veces será, por hermosa, y por mujer. Pues yo en dudas tan noveles, diré sin ningún afan, que más que las que no dan, son las que piden crueles. Que se podía esperar de Lisarda, siendo hermana de Federico: ah tirana, adquirirás de mandar, para volver a tener calidad. Es el caudal el efeto principal, y espíritu de su ser. Y así está puesto en razón, ser de las cosas conceto el más vivo, y más perfecto. Y el de mejor opinión, hacen lindo a un corcobado, y porque juzgue en el hecho, hacen a un tuerto derecho, y a cualquier gordo, deigado. Y aunque se admiren aquí; entre lo que satisfacen, también los dineros me hacen; niéganlo? pruebo, que sí: Tálego me llamó luego, bien puede juzgar cualquiera, que si dinero no hubiera, que no se hiciera el tálego. el que son los bienes causa de la calidad, por ser de todas las cosas alma: yo (pues quien no los procura, suelen decir que los halla) no buscándolos, pretendo correr regiones extrañas, que embarazarme en la empresa, por tantas razones ardua, de prender a Aurora, es yerro, que otros al intento enlaza. La lealtad dejo a parte, no por menor circunstancia, sino por ser una ley, que nunca es bien disputarla. Diversa causa me obliga, porque a costa de las damas, granjear el valor, parece que le pierde quien le alcanza. Medrar, haciendo un baldón, no es decente, y si se gana por este medio, a cualquiera la gloria se le baraja. Y aunque es fácil, que el servir se acrédite con Lisarda, también para el galardón ay dos razones contrarias. La primera, que el prender a mi Reina, es enseñanza, para que otra Majestad no viva muy confiada. La segunda, que ofender una belleza, es causarla horror a otra, que es propio lastimar, por invidiada, con que es cierto, que en tal caso, tanto como sirve, agravia. Y así, como tengo dicho, tiranías soberanas del oro, sin pretenderlas, quiero aspirar a gozarlas, necedad parecerá; pero yo juzgo, que basta, para conseguir ventura, empezar por la ignorancia. Sofisteria es la tuya, que es muy justo despreciarla, que consigue un necio, cuando conocimiento le falta. Quien no sirve, no merece, si esta parte se hace extraña en todos, es culpa, pues todo el mérito lo alcanza. El servir un hombre, cuando una hermosura lo manda, cumpliendo con su dictamen, airosa deja la hazaña. Si esta consiste en prender a Aurora, no es cosa clara, que acreditando el intento, viene a quedar cortesana. Si así en nuestra Casa invicta, más honores se consagran, granjeándolos no podré servir a Aurora, y librarla? Que me culpen, poco importa, pues verán, que esta mudanza. nace, de que aquella acción pide que la satisfaga. Fiarlo todo al acaso, es esta una confianza, que naciendo en las ideas, deshace cuanto levanta. Y así, pues las armas son principio de tantas casas, desde hoy con timbre mayor la mía empiezo a labrarla. Yo sigo mi intento. . Y yo inmortalizar mi fama. Y yo llenarme de cuartos, porque cuanto tengo es tarjas. Hijos, aunque es la verdad, que el merecimiento ensalza la sangre, y es la adquirida desaire de la heredada. Con vosotros no se entiende esto, pues la que me esmalta, no por defecto se encubre, suceso es de la desgracia. Bien sé, que es fuerza vivir del caudal alimentada, y que cuando le he perdido, se debe suplir la falta. Pero no ha de ser a costa de mi vida, que lo paga, si de la dicha queréis nacer otra vez, no hay hartas, sin que la ausencia, y el riesgo soliciten empezarlas? Si el lucimiento intentáis, no ha de ser cuando no es llama la luz de mi vida, siendo vuestro intento quien la apaga, no me falten los luceros que mi noche iluminaban. Si esos, como vos decís, lucian, fue con desgracia al día de la Fortuna; ya sabéis, que sigue ingrata la noche de lo infeliz, pero viene la mañana. Entique, tú eres mi espejo, porque tu intención le empaña. Ella no va por grosero, pero como en todo hay traza, y un paño a cualquier cristal suele ser el que le aclara. Hoy Lisarda me le ofrece, y si aquí le deshechara, es muy cierto, que el espejo en un propio ser quedaba. . , Tálego, detenlos. . No puedo hacer lo que me mandas, porque si van a buscar dineros, es cosa clara, que siendo Tálego yo, les puedo hacer mucha falta: y más cuando a Carlos sigo, en el cual mis esperanzas fundo, aunque fuera mejor en algunas esmeraldas. su consejo me parece de una vida no muy mala, armas no las apetezco, ni las puedo ver pintadas; letras no las solicito, en no pudiendo acetarlas; seré vagamundo? que este calza, come, viste, y pasa, pero sin saber de que, pasa, viste, come, y calza. . Todos me dejan seguirlos, no puede mi edad cansada, hijos? pero ni aún los ecos oirán, ya de mis palabras. hijos? del fuego que exhalo, es posible, que la llama mi sentimiento no informe; pero quien vuelve la cara al horror, cielos, valedme, y entre desventuras tantas, merezca mi pena el verse aliviada, y logre el efeto piedad en la causa. Mi corazón sepultura le da capaz, pero soy piedra en tanta desventura, y así a mi padre le doy sepulcro de piedra dura: aquí vivo retirada, aún de la deidad de Apolo, del mar servida, y guardada, donde sacro Mauscolo labró a mi sangre agraviada: aquesta quinta en mi mal le entristecen los tormentos, y miro en su natural, que hay rocas con sentimientos si hay hombres de pedernal; Lisarda infiel, morirá a mi enojo. . La comida, señora, aguardando está. Como me sobra la vida; me sobra el sustento ya. . luzgué, que al solicitar el mar, tu llanto impaciente se había de sosegar, No, Libia, que su corriente crece más cerca del mar, está al Floris bella? Aquí te asiste: Di el triste caso, aunque se acreciente en mí el dolor, pues con el paso, otros del bien que perdí El tirano Federico, que un tiempo a Calabria rige la Corona de dos Reinos al Magno Alfonso desciñe. No cantes, que se enternece. Ay, dulce padre, prosigue, que aunque el llanto te responda, siempre fue el eco de un triste. Con traición disimulada diversas plazas oprime, dando más fuego a su intento, los traidores que le siguen. Porque la llama no crece, sino ayaire, que la anime. Salió a la defensa el Rey, pero entre sombras le enviste cruel escuadra de fieras Porque las conduce un tigre. Sus vasallos le vendieron. Quien con traidores es libre. Dónde de diez puñaladas. Calla, porque ya se tiñen estas lágrimas que vierto, y viendo las carmesies, podré juzgar, que la vida por ellas se me despide, y cesará la venganza, a que es forzoso que áspire: dejadme sola, es decid a los que de mi guarda asisten, que si el Condestable viene, a estos sitios le encaminen, Libia, no te vayas. Ya, aquí mi afecto te asiste. Quiera Dios, que el Condestable bastanter sí, quien me impide mis deseos facilite, y a los Sicilanos mueva con el pesar que me aflije. Locos, y perdidos vamos por el mayor imposible. Informantes parecemos. Por qué? Porque a estos confines salimos a buscar cuartos, y a otro solar nos remiten; pero esta quinta los tiene, y por duros muy terribles. Quién vivira aquí? Un taur, porque quien lo fuere, vive en quintas lo más delaño. Yo he de ver mucho. Qué viste? Pues nos encubren las hojas de estos sauces, que se engrien, acércate, y te diré, que vi un Ángel. Qué me dices? Y es Aurora. Es cosa clara . Calla. Aunque poco se ríe. Sola está, y el pensamiento con persuasiones insiste, en que la prenda pregunto, puede ser que esto me dicte? no, que fuera desacierto, y porque he de consentirle al achaque, que desprecie los medios, por donde alivio, porque? por lo cortesanó, por la atención: y aquel timor que añado a mi casa no es esta acción? el ser mi Reina, y el ser mujer, porque viven tan unidos los decoros, que un propio respeto piden. Qué te agrada? Aquesos troncos, porque con el aire gimen. Ha señor, piensas el modo de robarla? . Es muy difícil. Pues qué intentas? Delinearla. Porque no se te despinte. Qué hermosa está, y en mi idea con no mentidos matices, clavel bordado a listas me pareces, pues su pelo eslo oscuro que pública frente, y cuello son líneas que rúbrica el ampo, con jazmines que florecen sus niñas esmeraldas, que guarnece Abril de puntas, con que amor se pica; labios, y manos, donde el rostro apli- cristal que alienta, grana que ennoblece: y así equivoca miro su belleza, siendo entre las colores que recama, o coral verde, que al mirar deshoja o marfil negro, que al peinar ateza, o aire encendido, o garbosa llama, o púrpura nevada, o nieve roja. Tú la has pintado muy bien, mas el que extrañes no admires, que en pintura tan de golpe, no la hicieses las narices, poniéndola una pestaña, ya que los dientes la quites, ciego está, pero en sus ojos, como lo verde la viste. Por noticia lo sabia. Y muy fresca. No tu sirven de admiración estos prados? No, pues de verde se visten. La que está a su lado, pinto antes, que otro la deslinde. Blaca espada, la marca la confiesa, un mar rubio es su pelo, es Ale. mana, claro Tajo es su frente, es Toledana sus ojos, amor todo, es Portuguesa. El rostro paz de Abriles es Francesa, la natiz, toda gracias es Romana, media Luna la boca es Africana, los dientes todos, plata, es Ginovesa. Pero no digo bien, así lo doro, pelo tiene (no traves un pelillo) su frente es de lorda, el brío es llano. Los ojos de Saagún, cara de loro, boca de Comes, dientes del Perrillo, y lo demás del Moro, y el Cristiano que te parece? . Muy mal. Hombre, o diablo, que dijiste? Es el Condestable? No. Pues como así os atrevisteis a estar tan mal con la vida, que la perdáis? Y es posible, pues antes fuera grosero quien no llegara a morirse. Sabéis quien soy? Si señora, y a vuestras plantas se rinde bellísima. Aurora, Carlos, hijo del Conde infelice de Castelión, qué sirvió fiel a vuestro padre insigne, quedando pobre, es error, pues no lo es quien al Rey sirve; mi hermano, y yo Peregrinos, a que la fortuna advitrie, nos entregamos, por ver si perdidas se redimen: consejo fue de Lisarda, que en vez de ampararnos, dice, solicitemos valer, que siempre sucede a un triste, cuando a otro pide remedio, que un desconsuelo le libre; al acaso me concedo, yal sitio de estos Paises llegué donde cuando os dudo, fuerza es lo curioso anime. (da. En fin, con aplauso entró Lilar. Forman de Abriles Napoles. Qué es un traidor camaleón; que se viste varias colores, porque mejor su inconstancia indicie. Nada se consigue, donde . no intervienen los ardides, y así con estos que animo; que un tiempo a mi padre sirve, consultándoles mi intento, les incité a prevenirse, para que a Aurora robemos, e informado de que asiste cada día a estas riberas, sola alentado previne el prenderla con recato: que aunque de esta acción los fines impiden aquellos hombres, y el que la guarda es posible que lo sienta, he de intentarlo, que al valor nada es difícil. Amigos, allí está Aurora, rodeándola es verisimil, que los que veis no embaracen por serdos, que la cautive ella, y la que la acompaña a dos caballos se fien, por entre esos troncos id, mientras quedo a divertirles. 1. Servirte solicitamos. Que mi grandeza se obligue, es bien. . Sirviéndoos. Perdido por mí, busqué otro desquite? Válgame Dios! Este acero lo estorba. Carlos? . Enrique? Pues tu alteras? , Carlos? . Ya por esa voz que percibes, conocerás que es empeño, cuando otros no se publiquen favorecer una dama. Y porque más no consignes, yo la he venido a prender, y yo con valor que rige mi impulso, el paso defiendo, a tu ingenio se remite, que vea a quien ayudará, cuando en igualdad compiren una obligación acaso, o una sangre que se extingue, Mal fenecera mi sangre, si yo la acreciento timbres, cumpliendo una obligación más tesoros se me siguen; que empresas contra si propio a ninguno hacen insigne. Yo prendiendo a Aurora, evito que mi padre no peligre. Yo librándola, embarazo, que con la pena litigue. (so. Esto es fuerza. . Esto es forzo No hay remedio? . No. Pues riñe. Antes que todo la dama. Primero la sangre dicen. Esta es bien se lisonjee, Y esta no es justo se irrite. Que no venga la hermandad en delitos tan civiles. . Porque el brío se suspende? Porque la ocasión perdiste, pues ya, Aurora, exhalación, rasgos que formó prescribe, cese aquí el duelo, que adonde la dama, y la sangre asisten, no le hiciera en verter esta, si no en ver aquella libre. Luego conviene con eso lo que ha poco que te dije? Esa questión no embaraza, que no llegue a decidirse, cuando es preciso seguir a Aurora primero linces, tú a negociar sus fortunas, yo a granjearme las felices. Pues a obrar. . A merecer. que en esto, el ser más consiste. A trazar. . A discurrir. Que quien guía, Quien dirige. Bien el designio le logra. . Bien la intención la consigue. Sobre todo esto me llevan a Libia, soy un belitre en haberlo echado a risa, pero es que en esto está el chiste.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA , , , qe, A mi hermano, dichas mil, la prisión de Aurora hermosa le da. Maldita la cosa, mas que un real por alguácil. Ya por poderme vencer, y de mí mismo triunfar, como he callado el pesar, quiero encubrir el placer. Hacéis bien, que aunque tenemos ya los premios conseguidos por mi acción, es de entendidos siempre el huir los extremos. El suceso no me deja hablar conforme mi intento, o ya el agradecimiento, o bien me anime la queja. Es primero. Y por forzosa la he de admitir advertida, porque antes que agradecida, fue primero estar quejosa; que pudo Enrique moverte . a tan bárbara locura? Desestimar mi ventura, perder el miedo a la muerte. Predera tu Reina, impía elección Mi ceguedad agravió la majestad, por granjear la tiranía. Qué logravas? . Un honor. El que así se llame ignoro, pues no ha de dorar el oro el verro de ser traidor. Si es yerro, es bien que os convenza, que el ser pobre me cegó, porque en los ojos me dio el polvo de la vergüenza. Pues si interés te movió, yo dártele no podía, sin tanta bajeza mía? No señora. . Porque no? Porque promete Lisarda, a quien osado os prendiere, todo lo que le pidiere; y yo, que no me acobarda nada; y es justo que os cuadre, movido de esta razón intente vuestra prisión, por hacer rico a mi padre, disculpad el error mío. No pases más adelante, porque en caso semejante, premió cualquier desvarío aqueste diamante. Escollo es la suerte, a quien no medra, a tu hermano dan la piedra, ya ti te envían al rollo. Vuestra grandeza no advierte Tu hiciste la ejecución por tu padre, y la prisión te pago yo de esta suerte. En la piedra tropezé, y vólvime a levantar. No sé que llegue a juzgar, de lo que allí el alma ve. Ella te dio pesadumbre, y aún la envidia te encendió, y así la que te abrasó, es con razón piedralumbre. Aurora, aguarda, el rigor deponed, cese el enfado, porque es materia de estado tratar tal vez con amor al enemigo, y pudiera Nápoles alborotarse, si acaso vos. Inquietarse, es fácil de esa manera, porque con la aclamación, puede libre conmover, y no ha de venirlo hacer, si la pongo en la prisión: eres tú la que me quitas, o lo intentas, la Corona? Soy quien de impedir blasona aquello que solicitas, y no juzgues desvarío, cuando yo por tal le escribo, que lo que nunca fue tuyo, yo lo conquiste por mío. Matalda. . Será traición, porque de la misma suerte sea Lisarda mi muerte, que haya sido mi prisión. Su fin tu designio tuerza. Y no nos cuelguen de un pie, porque hay muchas cosas, que mas quieren maña, que fuerza. Permitir puede un leal que ofendan. Si en algún modo. Para no perderlo todo, me he de conservar neutral. . Más gloria el triunfo te diera, saliéndome tú a prender; pues de mujer a mujer, poca la ventaja fuera; que mandar a ese soldado, oque en el bosque se escondiese, y con otros me prenciese, tus victorias ha agraviado, o si caslaran, que Carlos me intentó favorecer, que de verle padecer, sentimientos, reportarlos es preciso . Qué os llamó a esta osadía? Saber vuestra palabra ha de ser inviolable, ella me dio atrevimiento, ella labra en mí; que naide emprendiera hecho glorioso, si hubiera falta en la Real palabra. p Tenéis razón galanes, no sé que en mi pecho infunde, será el reconocimiento de esta deuda? no lo dude la imaginación. . Qué rico saldrá tu hermano, si cumple Lisarda con lo que debe, aunque lo señor lo excuse. A la torre de Palacio, que es prisión de mejor lustre, al y con mi cuarto confina, llevad a Aurora. Esto sufren, mi obligación, y el afecto, y uno por otro no cumple. Y aquesta dama la asista. Para librarte este ajuste, acetaré. . Será como sueles. El brío no acuses, porque yo en el campo, siempr hice lo menos que pude. Pues con prenderme, qué intentas Intento el que se asegure mi Reino. Aunque te confiese que es tuyo (porque le usurpes) quién a mí me le ha de dar? Muchos Como no discurres, qu que podrán librarme, cuando no me mates, y me ocultes? Porque tu presente, es fuerza quecón las palabras dulces, que dicta la persuasión, para algún hecho les juntes, y presa de mi cuidado, no es tan fácil que lo ajustes. Pero puede ser. Entonces no digo bien al vislumbre menor. Con menos enojo. . Qué harás? Que no lo dispures, Sabré yo. Llevalda al punto. Aa quien pudiera. No turbes el sosiego de tu patria. Pues qué importa que tumultes Mucho, que cualquier vapor, mas presto baja, que sube. Y siempre ha de hallarse, quien contra el nublado conjure? Reportarse es bien, que así . es preciso que se excuse el alboroto de algunos que veis, y que otros inducen. Que os detenéis, Almirante, su advitrio es bien disimule, aunque me da que temer; oís, porque se esegure el portillo de la torre, vuestros soldados le ocupen. Leales os servirán, venid, señora. . Inquietudes de lástima en mi se engendran. Piedades, en mi introducen designios, que agora oculto. Siempre la mujer acude a la venganza más pronta. Llevalda. No te aventures, Carlos. Ay, Tálego. Ay, y quién bebiera una azumbre No es lealtad, quien me mueve no es amor, quien me conduce, no lo pide el lance, no tengo obligación, si ocurre, todo esto, piérdase todo, y Aurora no se aventure. . No me llama Libia, no, por mil razones me incumbe librarla, que he de hacer, que? yo lo diré de aquí al Lunes. . Voy, a que Carlos a un daño valiente no se apresure. . No entiendo a mi pensamiento, por más que se lo pregunte, si en prender a Aurora hice punto, no es razón que estudio como librarla, pues mal a la obligación se acude esta por mí, con Lisarda se empezó, y es bien que dure; luego si falto a servirla, no queda el intento ilustre, si el interés me empeñó, no he de querer se aventure? pues ni estaré más airoso, ni con más ser del que tuve, fuera de que si el amor, con el agasajo se une, mudándose a nueva parte, todo el efeto desluce; verdad es, que lo piadoso en algún modo reduce mis designios, y el juzgar en Lisarda ingratitudes, en cuanto a otra paga digo; que en deudas de amor no incurren jamás las deidades, pues con dejarse adorar, cumplen. Solo se ha quedado Enrique, ap a gran cómvate me expuse, el discurso me atormenta, y de él la razón se huye, quizás porque no conviene en todo lo que él discurre, que se ofreciese a la muerte Enrique, por mi no alude? a fineza si? mas esto obligación no instituye, basta el agradecimiento, que eso una fineza influye; cuanto más, que si atrevido fue, el interés le conduce, y más que por mí, por él esta acción se constituye; pues mi palabra se cumpla, joyas ay. . Pero qué burle el beneficio, lo dudo, y aunque mi mal solo escuche, veré que dice. . Llamarle. no es decente, pues que excuse. satisfacerle, no es crédito, con que se cumple, y así Enrique. Me llamáis? . No. Será fuerza que juzgue, que fue el eco. Aquesto importa, aunque mi labio os pronuncie, será . Para qué? Por solo deciros, que no ejecute. la palabra que os hedado vuestra pretensión. Quién cumple. con su obligación, pagado queda en lo mismo que luce. Cielos, aqueste es el premio, . que a mi valor sostituye, fuera de que este ciamante que nuevo Sol se presume, en mi estimación su dueño le ha dado el más alto lustre; yo enmendaré mis enojos, aunque la mudanza aculen. Tanto le estimáis? . Venero una deidad en sus luces. Pues como mal disimulo la ofendéis? . Por vos. No incurre. esa adoración en pena, (cho por darme a mi gusto? . Escu vuestra Alteza, no ha notado entre los álagos dulces de una madre, a quien furioso el tierno Infante conduce alguno por ofendido, con amenazas comunes, y que piadosa castiga, por evitar se ejecuten aquellos enojos, siendo aunque la piedad confunde: un rigor de otro rigor, quien rédime lo que huye; pues así, señora. . Basta, pesares mucho descubren . mis pasiones vuestro enojo, idos de aquí. Que esto escuche mi pena. Ea qué aguardáis? idos. Ya obedezco, busquen . mis desprecios su despique, en los intentos que encubren no basta en Lilarda el que lo hermoso alo ingrato junte, sin añadir el oprobrío . a mi valor; mas pues cubre su negro manto la noche, librando Aurora presume con un error a otro error, desvanecerte, aunque impugne la razón de estado, que tantas veces se confunde. . De nopagar ribieza grandeindicio en mi atención, pero de que se alienta? del diamante? verdades que acrecienta; ol pero no? que se engaña en mi juicio Para que las razones desperdicio, si un beneficio que le pague intenta; porque? con los reparos entra en cuenta desquítese uno a otro el beneficio. Mas ya con recibirle no le pago? si, aunque no todas veces satisface, cuado interés le gobierno al sujeto Joyas ay, que serán cartas de pago, sea en Enrique, pues que pobre nace, mas que el agradecer; el dar efecto. Ayudado de las sombras, y de mi ruego, pues hizo las guardas por confidentes, retirad de ese portillo de la torre, a quien el mar presta clavazón de vidrio; piso errante aqueste oscuro, o intrincado laberinto de piezas, sin que hasta ahora pueda alguno en mis difinios, o ser estorbo a la entrada, o ser en la acción testigo. Hoy he de dar libertad a Aurora, pues si el motivo principal, para prenderla, fue solamente el ser rico, y vanamente frustrados se ven los intentos míos: no es bien, que por una causa sean dos los ofendidos, fuera de que en esta acción mas a Lisarda la obligo; pues la excuso el ser ingrata, borrándola el beneficio: que no es, no, fineza poca, porque aún desagradecido, el negarle un agasajo, es excusarle un delito. Confuso la planta mueno, sin saber hacia que sitio conduzga su movimiento, llamarermás es delirio, porque el cuarto de Lisarda está de este muy vecino, y si me sienten, barajo el logro de mis motivos. No sé, qué nuevo cuidado. me desalosiega esquivo, desde el instante que Aurora aquel diamante dio a Enrique, si fue favor? que lo dudo, siendo mi atención testigo, y cuando lo califican mis celos; pero que digo, celos yo, miente la lengua, miente el labio fementido: pero si la ha preso, como le favorece? este abismo ha de descifrar mi industria con ella; pues me ha traído solo ese intento a la torre: y aunque los radiantes visos de aquesta luz me ha apagado el viento, por mi descuido lograrados veces ciego con menos nota el indicio. Si no me he engañado, pasos siento hacia esta parte. . Ruido en esta cuadra he escuchado, si no me miente el oído. Sin duda es Aurora; Aurora? Nueva traición averiguo, . que no es esta voz de Aurora; válgame el cielo divino, quien será el que de esta suerte osadamente atrevido intenta hacer de las sombras capa para su delito? reconocerlo me importa, apercibiendo el oído, y la voz disimulando. Cobarde, el aliento animo, Aurora? Quién me ha nombrado? Quién intenta compasivo al desliz de tu fortuna borrarle el rebes prolijo, dándote la libertad. Congoja apenas respiro, quién eres? . Tú lo sabrás, después de hecho el beneficio callaré quien soy, pues todo se aventura con decirlo. Quién a tal acción te alienta? Mi lealtad. Fiero cuchillo, y el riesgo? No me acobarda. Y las guardas? Su descuido asegura mis intentos. La salida? . Al arbitrio queda del hado, pues siempre ayuda a los atrevidos, sígueme, pues. Bien pudiera desmentirme a sus disios, retirándome a mi cuarto; mas con esto, no consigo el conocer al traidor, pues si aquí me detérmino a dar voces, mi Palacio está todo recogido, y no es fácil el oírme, fuera de que en este esquivo lance era aventurar mi vida; a un muy conocido riesgo; pues es evidente, que el que aleve; o fementido se ha opuesto a aquesta traición, ha de procurar impío lograrla más a su salvo, con mi muerte ya es preciso seguirle. . No te resuelves a aquesta acción? . Ya te sigo, procuraré con las guardas examinar quien ha sido autor de aquesta maldad. Ven. Aurora. . En tu castigo hallarán presto escarmiento tus alevosos difinios. , s Más, señora, te condenas al dolor, si tus engaños juzgan desmentir los danos, solo con lloran las penas, aliviate en tus cadenas. No lo logra, aunque lo intento pues tan sin mí este tormento me viene ingrato a dejar; que aún en mí no puedo hallar lugar para el sufrimientos Reina ayer me vi deidad, y aunque hoy en prisión estoy, tengo más libertad hoy, que ayer tuve libertad: no siento la majestad que he perdido, ni me pesa de la prisión; en que avisa contra mí, su rigor vibre, porque aquesta es prisión libre, y aquella es libertad presa: solo llora mi despecho en el cruel rigor que encierra aquesta amorosa guerra, que hace Carlos en mi pecho; pero cielos! no es mal hecho en riesgos tan conocidos, que quieran mal resistidos a pesar de la razón, sujetarse a una pasión el poder de los sentidos? Fortuna ha sido el poder a partarlos de mi padre. Milagro fue, mas señor. Qué quieres? Somos amantes de la Noruega? . Por qué? Porque andamos por desbanes a caza de gangas siempre vacilando oscuridades; pero yo apuesto. . Qué temes, pese a todo mi linaje, no he de temer, cuando veo, que se me ponen delante? Que se pone, majadero. Gran cantidad de salvajes. El temor te los figura. Pues yo apuesto, que aunque callen, que no dejan de mordernos. Tu malicia es ignorante, pero de una luz diviso mal distintos los celajes. Dios nos alumbre con bien. Acerquémonos. Qué haces? Vive el cielo, que es Aurora, Presto amaneció. No ultraje tanto una congoja a un pecho, que se presume diamante. No ves a Libia, señor, hablando con ella afable, ya el corazón en el pecho reventando está por darle más dodos mil bofetadas? Por qué? Pues agora sabes, que el amor de los lacayos no es más de dalle, que dalle? Nada a tu placer divierte, todo ofende a tus pesares. Quién, Libia, en tantos tormentos ha de poder aliviarme? Quién a pesar de los riesgos vence las dificultades? Y quien con aquesta espada dice mucho, y poco hace? Es sueño, o es ilusión lo que estoy mirando. Abrace, señora Libia, a quien anda en vísperas de su amante. Que fantasía, o que horror, tanto el pecho os abate, Carlos soy. . Y yo Tálego, salud, y gracia sepades. Cómo hasta aquí habéis llegado? Andando. Por dónde entrasteis? Aparta, loco, señora, ese portillo, que cae al mar, que ya le tributa menuda plata en su margen, nos dio entrada, sin que alguna de las guardas nos vedase el paso, porque ninguna le asiste, con que en tal lance entró mi lealtad resuelta a libraros; importante es vuestra persona aquí, cualquier reparo es cobarde, cualquier tardanza, es peligro; cualquier presteza, loable, la ejecución es precisa, a quien os sirve constante. También yo a libraros vengo, y aún mejor, que aunque cobarde, soy Tálego, y los talegos guardan bien las cosas reales. Válgame Dios! no bastaba en mí la pasión de amarle, sin estarle agradecida, deuda, que es fuerza que pague, o he de parecer ingrata; mas si puede aventurarse mi honor en agradecerle, que importara que me aclamen ingrata, mucho que el serlo arguye pechos infames: pero si un honor se arriesga, y no es del honor esmalte el pagar un beneficio? si, que así lo persuade la obligación a los nobles; luego es lícito el pagarle? no, que el decoro lo impide, y es primero su dictamen. Vos misterioso, el aspecto confuso, ahora el semblante, si la ejecución os frustra, vuestra conveniencia hable, que el ser cosa que os importa, os será el modo más fácil; y si el peligro os altera, ya eso es de ofensa un linaje; pues quien de mi aliento duda, hace ofensas a mi sangre. No el riesgo, Carlos, ni el modo me confunde de librarme. el temor, si de perderos; porque pechos tan leales, no temerlos al peligro, es agraviar lo que valen. La desconfianza es hija de una voluntad muy grande, y siempre será mayor la que fuere más cobarde. No recelar quien estima, presunción es ignorante, pues solo sabe ostentarla aquel, solo que no labe. Quien arriesga lo que quiere, hace el afecto culpable, que es no temer los peligros, consentir en los azares. Mirad vos, como podrán consentir mis vanidades vuestros riesgos, cuando en vos hacen de su afecto alarde. Volveos, antes que pueda. llegar aquí aventurarse vuestra persona, que estimo con tan crecidos quilates de voluntad, que si acaso peligrara en este lance, vengara en muchos destrozos la menor gora de sangre, vuestra. Mas válgame el cielo como he dejado arrastrarme de mi pasión? mal anduve, ya para la enmienda es tarde: idos, Carlos, que yo, cuando si en mi estoy, idos, dejadme Fortuna, qué es lo que he oído? El aliento no desmaye, vuestro valor ved, señora. Qué decís, penas? dejadmé. Que vos, sin alma respiro, pese al respeto cobarde. Oh pese a tanto recato! Que así mi aliento avasalle. No os vais? Sin vos, no es posible. Pues ir yo con vos, no es fácil Quién os detiene? El peligro. Quién lo alienta? Mis azares. Que en fin, he de irme? Es preciso. Sin vos? Tampoco es dudablo, Pues por las hermosas luces de esos orbes celestiales, que ha de conspirar mi esfuerzo cuantos ocultos parciales umudeo el temo y a pesar de los infames traidores, he de sacaros de este intrincado omenaje, ven, Tálego. Ya te sigo. . Os vais? Vos me lo ordenasteis. Pues a Dios? . A Dios. . Ay Libia. . Qué dices? En buen tomance, serás mía? . Sí. Pues miz. Y has de darme mucho? Zape. Dibujando entre las sombras, ha rato que dudo errante, de cuadra en cuadra el portillo, sin saber en que paraje de la torre ahora estemos, para volver a buscarle. Que no haya astuto podido conocer mi vigilante cuidado aqueste traidor, siendo solo ese el dictamen del haberle yo seguido tanto rato, ya vacilante, pero su recato es mucho. Confuso entre oscuridades vuelvo buscando a Tálego, gran descuido fue el dejarle, dor de por las muchas piezas, no ha de ser fácil hallarle; pero si no me he engañado, rumor siento, no es dudable, que será Tálego. Aurora. El habla, quiero acercarme, por ver si es con Libia. Hoy tengo, a pesar de las crueldades de Lisarda, veros libre. Nuevas dudas se me añaden, que no es Tálego el que escucho, ya es forzoso el informarme. Ven, Aurora. Ya te sigo. Qué es lo que escucho, pesares, Aurora dijo, recelos, no tan aprisa, matadme, os conjuréis, id despacio, tormentos, en el ahogarme; porque contra un solo pecho, sois mucho tropel de males. Tus pasos sigo, que a mí no hay riesgo que me acobarde, Ah tirana, aqueste es el temor de aventurarme; vive Dios, que había otro entrado a librarla antes, y aquí oculto le tenía, porque mejor se lograse su intento; mas vive el cielo que aunque en ello peligrasen dos mil vidas que tuviera, lo he de impedir. No te apartes de mí ven- Ahora aliento, primero habrás de arrojarte a morir en este acero, que lo impide. Triste lance! malogrose nuestro intento, agora verás, cobarde, castigada tu osadía. Ya el cielo quiso ampararme: hola ha de mi guarda, gente no habrá quien pueda escucharme? Vive el cielo, que es la Reina, muere, reaidor. Muere, infame. Luces, hola. Algún mal temo. Pues Carlos, Enrique, acabe mi vida. Yo aquí, señora. Mi hermano aquí, duro trance. Que os suspende, hablad agora, enmudecéis? . Soy de jaspe. Quién de los dos me ofendía? cual de los dos fue a librarme? Yo. . Y quién os facilitó la entrada en aquesta cárcel? Lo curioso, y el descuido de las guardas pudo entrarme. Y a vos? A mi aqueso propio. En decir, y obrar iguales, diversa causa sospecho, decilda, no os sobresalte el temor; porque en albricias de conocer en tal lance, a él le daréla vida, al traidor. . Ay semejante confusión; ha. Carlos mío, y quien pudiera librarte. Vengan ahora tormentos, porque no siendo verdades las sospechas que engendraba, cualquier peligro es suave. Sin alma, a penas respiro. De hielo soy un cadaver. Cielos, mi hermano en la torre! No habláis? No habrá un miserable, que saque de aquesta torre un Tálego embergonzante? Quién da voces? hay más dudas! Señor, es hora de hallarte? Quién eres, hombre? El demonio. Di, quién eres, y a que entraste en esta torre, o haré que a puros tormentos. Tate, cuanto apuestan, que la Reina contra mi gusto me hace ser Tálego de a ducientos. Confiesa. . Renconciliarme no bastará. . Di, quién eres? Direlo luego al instante: yo soy criado de Carlos, él me entró aquí, por llevarse Aurora, esto es la verdad, que an mihiee vobis prastare. Señora, yo. . Bien está, lo que ha dicho, no es dudable; pero Enrique, a que entraria, (aquí ) a visitan amante Aurora, presto los celos sentencian, sin informarse, será verdad; pero no, que no es al crédito fácil, que solicite favores, quien solo alega desaires. Enriqueres quien me ha librado, yo premiaré sus lealtades; salid de mi Corte vos, y mi palabra os ampare, para que no os ponga al pie- la cabeza en que engendrasteis tan infames pensamientos. Mirad bien, que yo. Ea; baste, idos luego, a qué aguardáis? Ya obedezco. Penas graves. Algún día en tu defensa, volvera Aurora a mirarme Nápoles más victorioso, a pesar de estos ultrajes. Idos, Eurique, y mañana volvedme a ver. Dios os guarde, ha Lisarda, como el pecho a la beldad de tu imagen, si no fueras tan ingrata, ofreciera mil altares. Idos vos. . También yo? Sí. . Solo requiescantín pace Vamos, Aurora. Ha, tirana. Y mañana aderezarse podrá en mi cuarto prisión mas decorosa a tu sangre. Vamos, pues, que donde quiera, será ir a llorar mis males. Ah Enrique, mucho te debo. Ah Carlos, mucho te abates. Mas podrá ser, que algún día. Más tiempo podrá llegarse. Qué postrada, y carmosa. Qué agradecida, y afable. Te premie tantas lealtades. Ven, Aurora. Ya, Lisarda, te sigo. Pasa adelante. Válgate Dios, por entedo, que sueño que me quitaste.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Señor, adónde me llevas, pregunto; los desterrados no comen? . Sígueme, necio. Ir a responder yo mismo Para qué? que con los pobres andan de más los tálegos. Hoy comienzan mis venturas. Venturas tú, no lo creo. Por qué? Porque en este mundo, no hay fortuna sin dinero, y somos los dos tan pobres, que habrá tres meses, y medio que salimos deestertados de Nápoles, y este tiempo, buscando mantenedores andas a fuer de torneo, armado de punta en hambre, de estomago aventurero. Confieso, que la riqueza es alma de los sucesos. Pues ya la falta de el alma, la siente mucho mi cuerpo. Aqueste pliego asegura mis dichas. . Dime, te ruego, es por ventura receta para serérico? Oye atento. La confianza que de vuestra lealtad tengo asegurada, el empeño que os pone mi cuidado, que es el de resti- tuir. Aurora, el Reino afianzando Te dé el premio con mi mano. esta función en los confidentes, que nos siguen Sicilia se ofrece, para cu yo efecto me ha remitido humero- sa cantidad de dineros, los cuales os entregaré, si como leal os quisiereis hacer dueñó de la acción; acaudilla do los parciales; que dentro de Na- poles tiene ocultos el temor avisa: reisme de todo Dios os guarde. Qué dices de mi Fortuna? muerto de hambre, y sin dineros; . Salto, y brinco de contento, dime, y qué piensas hacer? al Condestable, y después dar vuelta a Napoles. Bueno, y que haremos, si Lisarda allános pesca el coleto? Calla, cobarde, el valor me asegura, y el secreto. Pues bien puedes irte solo. Dime, por qué? Yo me entiendo. Ea, mentecato, dilo. Pues señor, si estás diciendo, que el secreto, y el valor te aseguran, como puedo a yo seguro también, cuando ni uno, ni otro tengo, no fuera mucho mejor, en pescando este dinero, recogerte a buen vivir, y dejar la guerra, puesto que está ya por disparate, recibido en nuestros tiempos, habiendo ganado el Real, el anda buscando pleitos. Vive Dios, infame aleve, que a tan viles pensamientos, a pesar de tu ignorancia, sea el castigo escarmiento. Mas si mi amo diese en grave solamente con dedos, de riqueza en profecia, buena la hubieramos hecho. Tal a pronunciar te atreves, cuando busca el pensamiento modos en que aventurarse por Aurora, vive el cielo, que te haga. . Digo, señor, acaso has perdido el seso, no asamos, y ya pringamos, que ya te sueñas, sospecho, rico, pues mira, que puede volverse el sueño del perro. Sígueme, y deja locuras. Siguiéndote voy ya, pero. Qué tienes? Pese a mi vida, que tengo de tener, tengo para todos los peligros. Dilo, acaba. Mucho miedo. Qué frialdad, Como mía. Vámonos, pues, santos cielos, si vuestra ayuda consigo, en las hazanas que emprendo, para obedecer Aurora, será el mundo corto Imperio, Santos cielos, si es verdad esta dicha del dinero, todos desde hoy adelante me han de llamar don Tálego. Un enigma es el que sigo confusamente suspenso, pues Lisarda a mi esperanza equivoca, en los extremos ya con cariños alienta, y ya ofusca eno despegos, siendo en la duda que toco tan neutrales los efectos, que ni su álago me premia, ni me abate su desprecio; cielos, podré persuadirme, a que algún oculto incendio, dentro del pecho reserva pero no, que es debaneo; mas que llego aventurar en apurarlo, si advierto, que con mi fortuna, yo no puedo en cualquier suceso el ser ya más desdichado, y ser más dichoso puedo; pero allí viene Lisarda, pesares disimulemos. (do Buscando a Aurora he salí- a esta parte, y no la encuentro, sin duda el jardín asirte, como suele; pero cielos, allí está Enrique, ya el alma comienza a temblar, yo quiero volverme, porque no arrastren mis atrevidos deseos el orden de la razón: pero temores, que intento, así he de dejar vencerme de mis pasiones? yo vuelvo; Enrique? . Señora mía? Congojas, mucho me temo, que haciáis? Hablando estaba. Y con quien? Con el silencio. La conversación extraño, callando habláis? . Es extremo en que la razón propone, y responde el pensamiento. Porque a la lengua usurpáis, el oficio? . No me atrevo a fiar de ella un alivio, que aventuro en el secreto; pues si yo mismo pudiera. saberlo aquí, sin saberlo, porque yo no lo supiera, me lo ocultara a mí mismo. Fineza es de enamorado. El que lo estoy, os confieso. Vos enamorado? . Sí, que aunque en un pobre es defecto, no obstante también un pobre, tiene alma, y conocimiento. Amaréis correspondido? No, más ni yo lo pretendo. Pues el deseo, a qué aspira? A solo amar, sin más premio. Muy tibio es aquese amor. Tibio, por qué? Porque advierto, que el deseo, y la esperanza, son dos precisos efectos, que al amor pueden hacerle, o más grande, o más pequeño. Luego cuando en vos agora faltan estos dos extremos, vuestro amor no será amor, sino solamente afecto. La esperanza tiene fin en la posesión, es cierto, el deseo solo dura, hasta lograr el sujeto deseado luego siempre será amor más verdadero, el no aspirar a lograr lo que se ama, supuesto que no falta la fineza del estar siempre queriendo. A buscar vengo en su cuarto a Lisarda, mas recelos, que es lo que miro, la Reina, y Enrique hablando en secreto, ya van pasando a evidencias las sospechas, que en mi pecho algunas demostraciones han engendrado, yo atiendo. Luego amáis, sin declararos? Mi amor vive en el secreto (locura, dónde me llevas?) Decid, por qué? . Porque puedo una gloria imaginada perderla, si os la refiero. Los bienes imaginados, que se pierden en perderlos? Mucho, que duda un alivio, mientras engaña un deseo. Y ya sabéis, que en decirle le perdéis? . No pero puedo, Ya es anticiparse el daño. Más es prevenir el riesgo. Nunca el amor es cobarde. Es soberano el sujeto, y hace incierta mi esperanza el ver, que no la merezco. Cielos! si soy la que dice? recato mucho el aliento. Congojas! qué es lo que escucho? Decio quién es, que os prometo de hacer vuestro amor dichoso. Ella me alienta, que temo, pues con esa confianza digo. Señora, a buen tiempo. El Almirante ha venido a estorbar un desacierto. Almirante, que decís, que mal encubre el incendio . aqueste amoroso Etlina, que vive dentro del pecho? Hasta mejor ocasión disimularé mi intento, yo atajaré sus difinios, solo a serviros mi afecto me ha traído. . Dios os guarde Donde me subis, deseos, sin notar, que a cada paso os amenaza un despeño? Almirante, haréis, que den veinte mil escudos luego a Enrique, mientras su estado se le restituye. . Cielos! que escucho? Que a sus servicios es bien merecido premio. A vuestras plantas, señora. Alzad, Enrique, del suelo, que aún es desempeño corto, si he de pagar lo que os debo; mucho mi pasión arrastra, mas que he de hacer, si no puedo vencerme más? Mal reprimo mi enojo, yo haré al momento lo que me mandares. Después me veréis, porque ahora quiero ir al jardín a buscar Aurora. Esas plantas beso. Y a Enrique podréis amar, sin escrúpulo, supuesto que no será, siendo rico, en vos el amar defecto. Ya, pues, que vos me alentáis, aquí los mis pensamientos beberán en vuestros rayos de tanta luz los reflejos. Señor Enrique, después me veréis, y haré que luego se os despache. A Vuecelencia tanto favor agradezco, irán siguiendo a su norte el imán de mis deseos: el cielo os guarde. Id con Dios, ya el mal está descubierto, la Reina ama a Enrique, bien lo publican sus extremos; de esto, que pueden hacer? que? que el favor tome aliento, que lo menos se remonte, y que se abata lo regio, de cuya sospecha juzgo, que a instancias de los afectos a Eurique premie Lisarda, desuerte, que le haga dueño de Nápoles, que el amor hace iguales los sujetos. Pero antes que determine hacerle señor del Reino, casándose con él, yo atajaré sus intentos. Sicilia está amotinada por Aurora, este suceso ha de hacer fácil, lo que cautelosamente emprendo; porque no es bien, que un vasalle llegue a gobernar soberbio a Nápoles: pero ahora no es tiempo de hablar en esto, porque lo más conveniente es a1 Buscaréa Aurora, y darele cuenta de lo que pretendo hacer, yo he de librarte, Bellas flores, con vosotros, vengo a llorar mis desvelos, trayendo para decirlos mi dolor por instrumento. Todo es quejas a la voz, todo es voz al sentimiento; pero si puedo quejarme, pesares, de que me quejo? Bien que a mi mal no podrán explicarse mis extremos, pues aún es mi pena grave, mayor que mi sentimiento. Pero diré lo que alcanzo a explicar de lo que peno, aliviando en lo que digo al mal de lo que no puedo. Porque es imposible en lo que padezco sentir lo que sufro, sufrir lo que siento. Todo cuanto toco es penas, todo es ausias cuanto enquentro, todo es sustos cuanto miro, todo es horror cuanto veo, nada es alivio al ahogo: pues si me ánimo al remedio, solo logran mis pesares sustos, pero no consuelos. Tal vez busco algún amparo en los agrados del sueño, pero en vano solicito lograr el bien del sosiego; porque es en mis males despertadon cierto el grave cuidado del duro tormento, Haz, Libia, que cante Flora. Ya, señora, te obedezco. Entre el amor, y pundonor asida mi pasión se confunde, o se previerte, Nápoles, de injusto dueño. . pues en cualquiera lograra una muerte, si solicita a entrambos una vida. Si el honor al silencio se convida, muere mi amor, y lloralo mi suerte; y si mi amor al alinio se convierte, en cada voz mi honor siente una herida. Mas hoy a su dolor calle lo atento, o diga mi pasión lo que le toca, del uno, y otro cesen los enojos, que cumpliendo con ambos mi tormento, cuando ve de mi honor voz a la boca le que dará mi amor lengua en los ojos. Aurora? Lisarda, hermosa, tú en el jardín? . Al vergel me ha conducido el deseo. de verte, Aurora por ver si tu pena se divierte. Dios te guarde, mal podré . se ausente, a Carlos adoro. Cantan? . A pena cruel! si que ya el dulce instrumento lo avisa, y a mí también un nuevo dolor me añade; porque aumenta el padecer cualquier señal de alegría, a quien más triste, se ve Divierte el mal, que te ahoga tan tirano. . No podré. Él la prisión quién lo impide? Mayor accidente es este dolor que padezco. De qué nace? . No lo sé. Luego no es mucho dolor el que repites, porque dolor que ignora la causa de su pena bien se ve, que no es dolor, si no tema injusta, en el proceder de obligar a la razón, a que sienta interés; más razón para sentir, que sentir para padecer. Mayor pena a mi dolor se añade, de no saber la causa que le atormenta; pues el que la sabe, es cierto que podrá aplicarse la medicina más fiel para su pena, que no aquel que la ignora; pues es fuerza, que sienta el mal, sin poder lograr el bien. Tan sin remedio es el tuyo? Solo uno le hallo. . Cuál es? El padecer, y callar. Pues callar, y padecer. Descanse la cuerda un rato, que holgada en el arco es bien, para que tal vez no falte el que se alivie tal vez. Buen aviso. . Por extremo. Hola? a repetir volved aquesa letra. . Bien haces, contigo, dolor cruel! habla sin duda, suspenda tu tirano proceder el rigor, y no al tormento tirante siempre el cordel ejecute tu venganza más crueldades: deten, deten a la cuerda el curso, débale por esta vez mi pisar algún alivio a tu ingratitud, y pues tirante en la pena, el mal afloja agora cortés. Descanse la cuerda un rato, que holgada en el arco es bien. Parece que ha suspendido de tus males el tropel la armonía. . Nunca un triste puede divirtirse, que el ser durable un tormento, es una tirana ley del penar, para que nunca llegue el mal a fenecer. Pues el negarse al alivio, no es quererse conceder al penar, o es tiranía, o desesperación es, que el mal se sienta, es muy justo, pero es injusto también el padecer un dolor, sin remediar su balben. Si es conveniencia el sufrir, es locura el exponer la lisonja del penar al susto del fenecer. No el hilo del sentimiento tirante al peligro esté, mitigue el duro rigor su orgullo, que es menester. Para que tal vez no falte el que se alivie tal vez. En vano le persuades alimos a aquesta infiel pena, que dentro del pecho se hóspeda tirana; pues ya su continua porfía se ha llegado a mudar en naturaleza, desuerte, que su justo proceder, ni por tirano me abate, ni me asusta por cruel. Intermisión el anhelo a tantas fatigas dé, pues descanso que no es ocio, ni ocio, ni descanso es. Quien así alienta el achaque, poco le llega a deber el remedio. . No le tengo? Eso, hermosa Aurora, es penar por desconfiada. Pues porque no lo he de ser? Porque al tormento mitigue en parte la buena fe. En un continuo penar, y sin consuelo, querer el que se crea un alivio, es no quererle creer. No solicitar los medios al alivio una mujer, es procurar condenarse por su propio parecer. Que he de hacer con pretenderlo, si no lo consigo? . Qué? Intermisión el anhelo a tantas fatigas dé Y podra se conseguir solo con el emprender? No, pero con la esperanza se divierte el padecer. Divirtirse no es sanar. No lo niego, pero es engañar el sentimiento. Y un engaño podrá hacer, que se minore la pena? Quién duda que podrá ser. Esa solo es contingencia, y la contingencia fue siempre susto del cuidado; y así, Lisarda, mi ser, mas que no el dudoso alivio, busca el dolor que se ve Pues descaso que no es ocio, ni ocio, ni descanso es. No cantéis más, que no es justo añadir penas, a quien solo su mal se divierte; y supuesto Aurora, que solamente el divertirte me condujo a este vergel, y no he podido lograr mi intento, te dejaré, que no es bien el que mi afecto procure excusarte fiel un tormento, cuando tú tan hallada estás con él: el cielo, Aurora, te guarde. Vida los cielos te den Qué soberbia! . Qué tiranía! Pero el obrar con doblez me importa en los agasajos. . Pero yo castigaré algún día su locura, a pesar del altivez, a Carlos, ruego a los cielos: pero no, no me acordéis memorias, a lo que solo para afligirme ha de ser; mas cómo podré olvidarle? cuando lea; pero tened, pasiones, no así el rescato neciamente profanéis, que la majestad se ofende. Cielos! no es tirana ley, que haya la voz de callar, y haya el corazón de arder? Sí, que el dolor lo confiesa; pues nunca en cualquiet revés me excusara el ser deidad de pasiones de mujer. Señor, adonde me llevas, no ves, que echas a perder una dicha, que está ya, si caeré, si no caeré? Necio, déjame gozar de la ocasión, pues logré la suerte, de que llegase el jardinero a ofrecer tan fácilmente la entrada. Todo te sucede bien, ahora, como traes dinero: pero dime, no has de ver a tu padre, y a tu hermano? No, Tálego. . Di, por qué? Es mi hermano sospechoso. Muy más sospechoso es el jardinero. . Qué dudas? El que nos llegue a vender, dándole aviso a Lisarda. Que eso llegues a temer? Tiene muchas flores. un jardinero, y puede ser, que buscando la del berro, encontremos sin querer la de azar, y de manera, que no nos guela muy bien. Que Aurora todas las tardes, se baja aquí a entretener sola, dijo el jardinero. Pues un bulto allí se ve de mujeres, si será ella? Divertida en un laurel está, mas viven los cielos, que es Aurora, dicha fue, acerquémonos cubiertos de esta frondosa pared de ramos, porque no puedan vernos de otra parte. . Si es el cielo, que nos inclina, no era quererle ofender, cuando a mí me obliga a amar el tratar de obedecer? Quien duda, que era locura, pues pesar, porque ha de ser culpa en mí el amar, si no soy parte en el suceder? Publique el pecho en gemidos. lo que siente, y de una vez descanse el alma, y si el cielo autor de mi afecto es, disculpen en mí el delito, y admitan la causa en él. Que aguardo, pues que no salgo, Carlos, señora, a tus pies por víctima ofrece el alma en las aras de una fe. Y Tálego hace lo mismo, por siempre jamás, amén. Dicha, es verdad lo que veo? si es ficción de tu poder. levantad, Carlos, del suelo, el alma a penas lo cree: decidme, como hasta aquí entrasteis? . Yo lo diré, por la puerta. . Aparta, loco, como mi suerte cruel; causada ya de traerme vagando incierto tropel de ondas en confusos mares, de riesgos aquesta vez al puerto de vuestras plantas me ha conducido fiel? Y yo soy el galeote de este animado vagel. Ay, Carlos, mucho os temo! Decid, señora; porque? Porque a vista de los puertos suele peligrar tal vez la nave más confiada, y rota quilla, y baupres, al choque de algún peligro entre rafaga se ve ser despojo de las ondas el que soberbio, o nobel juzgó en la playa dichoso coronarse de laurel. Ya no hay riesgo que me asuste. Locura fuera el temer, cuando traemos dinero, que es non plus ultra, y es el libera nos a malo, y no nos dejes caer. Que confianza os si vuestro peligro veis. es la que alienta mi fe a no temer. . Esa dudo. De cierto, de cierto, pues mirad, yo no lo sé. vengo de mi deseo conducido a buscar a Lisarda en su recreo; como a Nápoles vuelve así mi her- peropues no me hanvisto, detérmino de mi pecho, y agora oír, cubierto de esta rama incierta, lo que su infamia, o su intención concierta. (quiso quiere sus anos celebrar Lisarda daros parte, señora, de un aviso, Nápoles será vuestra. Ofrece mucho? libertad daba a Aurora, era agraviado yo, haré como le halle agradecido. La más parte del Reino, declarada. . Ten la lengua, esta por vos, Sicilia amotinada, y mis afectos siempre a vos leales, no pronuncie tu labio que Nápoles tenía con secreto, con cuya ayuda ejecutar prometo rabio de enojo! la hazaña más heroica, que derrama por metal duro la parlera fama. Sois en efecto Rey valeroso, que dicha! . qué favor tan venturoso! La ocasión que me conduce por mi decoro, no le doy los brazos Señora, y para mi no hay unos la zos? . Tomad esa cadena. Y quisieraisla saber? . Sí. . Por ser ura la tomo, y ser buena. Ni agradecido, ni leal, ni amante pareceré, si acción tan importante no inpido, aquí mi aliento lo procure V enamorado ya, u agradecido que inporta que mi hermano se aventure si mi gusto, mi honor, y mi sosiego en este lance a venturario llego; (do pero Aurora está allí, que es lo que veo? pues a perder mi ermano meacomo no es aquel Carlos? cielo soberano! porque primero he de ser yo, que todo. Solo al silencio, Carlos, me conbido que es traición, imagino: (mano? y que el puede explicarlo, agradecido quedad con Dios, que es hora. Esta noche gallarda, Mi lealtad me ha traído, porque con sus damas, y todas de concierto me convidan, en él podréis, cubierto en que a pesar del tímido recelo, con esa banda al rostro, entrar ciertas venturas os ofrece el cielo, . A esa obediencia mi fe postro. Carlos, a Dios, y él quiera, que algún día Aquí de mi valor! que es lo que escunpremie ese afecto la esperanza mía. cho? . El alma está suspensa! . Si no lo estorba el cielo soberano Ya auesta ación me llama a la defensa he de poner el Cetro en bra mano. que si otravez mi afecto malpremiado . No podrá ya tu anhelo, porque a Lisarda la defiende el cielo; traidor, tu de esta suertes y que a Lisarda un bien he merecido, . Pescaronios el bulto. Dolor fuerte! . Hermano? hermano tuyo, yo? infame mengua! han conspirado todos los parciales, contra mi sangre semejante agravio: yo, hermano de un traidor, (rojo. Fuego en coraje por la vista ar- Ha de la guarda. . Advierte, que soy tu hermano. Calla. . Con la muerte. Qué es aquesto? Una hermandad de caines, y de abeles. Cielos! ya es mayor mi pena. Que esto mi fortuna ordene! Esto es querer dar castigo a un fementido, a un aleve, cuya nación pretendía quitar el Reino vilmente a Lisarda. Aquí me importa disimular, y conviene, para lograr lo que intento, que Carlos libre se quede, como podré ejecutarlo, de modo, que no sospeche Enrique aquesta intención; mas ya el discurso me ofrece el modo, vos desterrado no estabáis? como imprudente, las ordenes de la Reina vuestra locura se atreve a quebrar; idos, pues, antes que en vuestra ruina escarmienten mas cabezas, y advertid, porque vuestra traición cese, que se cansa la piedad, si la busca muchas veces. Señor, yo. . No repliquéis, con la tardanza se ofende, idos luego. . Advertid, que. Perdido es si se detiene, . nada advierto, idos. Mirad. . Qué aguardáis? Qué te detienes? Ya obedezco. Pues andares. Aunque la vida me queste, ha de ser Aurora Reina. . Que así un bien se me atroperle Salgamos ahora de aquí, y sea lo que quisieres. Bien se ha logrado mi industria. Que sin castigo se fuese. Mal mi dolor disimulo. Yo haré, que la Reina premie, Enrique, vuestra lealtad. Viváis los años del Fénix, iré a dar cuenta a mi padre de todas mis dichas, deme vuestra Excelencia licencia. Idos con Dios. Él os conserve. Dicha ha sido haber quedado solo con vos, donde pueden daros parte mis deseos de los que en sí mismo sienten. Que intentará el Almirante, bien es que el alma recele algún mal, pues prevenido estará, por si sucede, causaraos novedad. Que yo os hable de esta suerte, pues estad cierta, que tengo de poner en vuestras sienes la ya usurpada corona, que os confunde, que os divierte. No queréis que me suspenda al mirar el rostro alegre de una dicha, si le extraño tanto, que entre mis baivenes jamás pudo por las señas mi fortuna conocerle. Pues presto habréis de lograrla, Qué decís? Esto os previene mi palabra. Y mi cariño agradecido, promete pájaros el beneficio. Aquí lo más conveniente es, que a los dos no nos vean hablar, porque no sospechen nuestro intento. Decis bien, Almirante, a Dios. Prospere el cielo esa augusta vida. Para que deudora siempre. Para que siempre invencible. Tantas finezas confiese. Tanto valor vea el mundo. Fortuna, pues me concedes este bien, no le prosigue, o la dicha no comiences. . Para celebrar los años de Lisarda, hoy le previenen un sarao las damas, yo bien podré seguramente pasar título de dama con mí talle mata siete: vaya de disfraz, aplico. . al rostro el cendal, pues pueden con máscaras entrar hoy al sarao, cuantos quisieren a danzar, y puede ser, que entre algún barbiponiente, que a título de Condesa me de algún diamante, viene ya uno, yo me enduco. Con el seguro que ofrece el sarao, quiere mi amo, que de esta manera entre a dar un aviso a Aurora, quiera el cielo, no me queste la torta un pan; pero allí una dama se me ofrece, si será esta Aurora, aquí conoceria me conviene; perdonad, que a vuestras luces a ella deslumbrado este pobrete. Se dejará la cadena, como Dios hizo unas nueces, nunca la cortesama peligrar, mi señor, puede en vos, cuando lo bizarro informa de lo prudente. Qué tan galán os parezco? Mucha cosa, que inocente es el tal enmascarado. Pues no es, porque estoy presente, pero este talle, este brío, y esta pierna, bien merecen algún favor. Esta rosa, tomad. . Purgar me parece, y no me diréis, quien sois? La Condesa, fustan verde. Por Dios, que para entretelas es un tírulo excelente. Y vos, quién sois? Yo, el Marqués de Baijauna, mequetrefe. El título desconozco. Es un título en bascuence. A Vseñoria, señor, hoy de una prisión pretende librarle mi voluntad. Diga Usia, de qué suerte? Quitándole esa cadena del pecho. Aqueso me huele a estafa; pero quizá estará en esto mi suerte, porque adonde menos piensan, suele saltar una liebre; no puede ser que se haya enamorado sin verme de mí, y que aquesta Condesa me haga Conde de repente, bien puede ser. Ea, dicha, ayudame, Usia llegue a quitarla por sus manos. Eso lo haré, como un cuen T. Si me atreveré a quitarte la mascara, mas que teme mi voluntad. Qué es aquesto, tú eres, picaña, vuelve la cadena luego al punto. Vseñoria se sosiegue. quée señoria, ni alforjas. Tálego mío, tú eres? Venga mi cadena. Toma los brazos. No han de valerte, Libia, aquestos arrumacos. Jesús, suéltame, que viene la Reina, y todas las damas. Dos mil demomos las lleven. Celebrado los días del Mayo, vertiendo primores, galanes venid, y en sus verdes años hermosos lograréis las flores del mejor Abril. Sin dejar al compañero, que a cada cual dio la suerte, se dé principio al festín, en esta parte comience la música. Hay mi cadena. Pues la fortuna me ofrece esta dicha, he de lograrla. La banda dice, que es este Carlos. Si la fortuna tirana mi intento no le previerte, en este puesto veréis, como el Reino os obedece: Disimulad, porque importa. Libia, colgado me tienes de la cadena. . Vseñoria, señor Marqués, no se acuerde de que hay cadena en el mundo. Hh picaña. Ha mequetrefe. Haced, que se quiten todos las mascaras, que os conviene, perdone mi hermano. . Sea el lograrlo de esta suerte. Válgame los cielos, mal quien no conoce, agradece, las máscaras os quitad. En peligro estoy patente, si llego a ser conocido: cielos, no sé qué he de hacerme. Que os embaraza la acción. Fortuna ya te estremeces. A qué aguardáis, descubriros, aquí el corazón infiere alguna traición. Mirad. Hh de mi guarda, prendedle, o muera, si se resiste. Eso no, que me defiende mi valor. Pues mis enojos, . casi paran tus aleves pensamientos. Viva Anrora, Reina de Nápoles siempre. Tened qué nuevo alboroto es el que se escucha? Un duende. Señora. Nápoles toda, contra tu persona viene repitiendo, Aurora viva. No es posible el defenderte ya, porque todo Palacio esta cercado de gente, y el Condestable en campaña da más fuego a este accidente: pero que miro! no es Carlos el que a mis ojos se ofrece? Fortuna, ya te cansaste presto, contra mí te vuelves: ya. Aurora, estarás vengada, goza el Reino; pero advierte, que quien a mí me ledió, es quien a ti te le ofrece. No es mi padre? santos cielos! Confusa el alma enmudece. Llegaré a echarme en sus plantas padre, y señor. He de verte, llega, Carlos, a mis brazos. Muy justo es, señor, que llegue, quien os va adquiriendo dichas. Mi intento trocó su suerte. Pues ya que de mis venturas el día llegó solemne, justo es premiar los leales, Carlos. A tus pies le tienes. La mano me da de esposo. Cuando aquí mi fe merece tanta dicha, otro favor habéis hoy de concederme. Disponed a vuestro gusto. Lisarda, y Enrique, queden casados, y de Sicilia le dad la parte en que reinen. Esclavo, y agradecido mi labio tus plantas selle. El Almirante a mi cargo queda, y lo que se le debe al Condestable. El favor estimaré eternamente, evitarles la fortuna quise, y se la di más breve a Carlos A tus pies estoy. . Señor, en mis brazos os previene descanso el alma gozosa, de que os ayude mi suerte, sin solicitar caudal le encontré, que más le tiene quien no le busca, con él le ciñó Aurora laureles; y aunque por naturaleza, que sois mi padre os confiese, a la Fortuna le debo desde hoy el que me engendre. Y yo también. . No os ha dado todo cuanto daros debe? Pues ya estás rico, a Tálego no le das con que se llene? Diez mil ducados con Libia, y aquí Senado prudente, A méritos de Fortuna. da fin, porque se celebren Ensalzamientos dichosos, con parcialidad de Reyes.
