Texto digital de Mentir y mudarse a un tiempo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Diego Figueroa y Córdova o José Figueroa y Córdova
- Atribución estilometría
- Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mentir y mudarse a un tiempo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mentir-y-mudarse-a-un-tiempo.

MENTIR Y MUDARSE A UN TIEMPO
JORNADA PRIMERA
Die Gracias a Dios que llegamos. Cuatro mil gracias le doy, Rendido Moscon estoy. Desde Olmedo caminamos veinte y cinco leguas fieras: mal hubiese el majadero, que fue el inventor primero de postas, y de carreras, Ya éllas en Madrid en fin, no dirás con que intención despediste al postisión, tu cuártago, y mi rocín, y misterioso, y pausado vienes por el Parqué agora subiendo hacía la Priora; Ya al sitio habemos llegado del Prado nuevo, a quien riega sus apacibles distritos la fuente de Leganitos. La fama; que es andarlega, piadosa, y caritativa, le aplande por varios modos; aunque su alabanza a todos se les hace cuesta arriba. Agora decirre intento mi pensamiento, que ha estado oculto. Nunca a un barbado le digas tu pensamiento. Oye. A este sitio he venido, por ver mi cuidado en él, si la divina Isabel, con supie le ha florecido, que como en tiernos primores le pisen sus plantas bellas, logrará el prado en estrellas, el imperio de sus flores. Mas no es Don Diego de Luna, el que miro? Hoyo me engaño, o este es Don Juan de Avendaño. Don Diego? Ya la fortuna en sus brazos me recibe, pues habiéndoos encontrado mis dichas ha asegurado, Y ya en ellos apercibe mi amistad, la confianza conque ha deciros me obligo que soy vuestro fiel amigo. Nanca dudó mi esperanza vuestra fe; porque en mi pecho tenéis el mismo lagar, Yo también te he de abrazar Moscon, inuyhombre te has hecho. Después sabras cosas grandes, Desde que a Flandes partisteis sola una vez, me escribisteis. No habo más lugar en Fandes que en aprender el lenguaje del Páis, y el que la guerra en sus terminos, encierra: llamando al hurtar, pillaje; ra la presa, contradique; ta la manteca, butiro; a la almena, casamuro; a los lugares, mastrique; Bulburque, Brujas bunquerque; Lobaina, Ostendí Malinas; a las montañas, colinas; a las tapias, ornaberque. Y en fin para con destreza, beber cerbeza sin daños, que son menester diez años para entrar en la cerbeza; nos ofuscamos de modo, que en aquesto consumimos el tiempo que allá estuvimos, y aún no lo aprendimos todo. Aún te dura el buen humor? Si señor, que de esta suerte doy tres higas a la muerte, y merio del Dotor; que el que vive sin ninguna pena, ambición, ni quererlas, se burla de las estrellas, y gobierna a la fortuna. Bien dices: que el que en su estado, ni envidiado, ni envidioso vive contento, es dichoso. Mas dejando aquesto aún lado, saber la ocasión pretendo que tan presto de la guerra de Flandes así os destierra? Escuchalda. Ya os atiendo, Bien os acordáis Don Juan, de aquel venturoso tiempo, en que nuestros corazones, con un nudo tan estrecho, vincularon el cariño que redulo nuestro afecto; a una voluntad, dos vidas; dos motivos, aún intento; aún pecho, dos corazones; y dos almas, a un deseo. Ya os acordaréis también de aquel lance, en que mi acero (que las más veces se forman. de el acaso los empeños) hirio a aquel hombre en el prado porque arrogante, y soberbio, quiso apartarme de un coche donde feriaba el intento de ver el rostro a una dama, a un aparente cortejo; que sin saberlo el cariño, le suele afectar el ruego? Ya todo el suceso supe; y que en ese tiempo mesmo, por huir de la justicia que buscaba con desvelo al agresor, os partistes. habrá dos años, y medio, sin gusio de vuestro padre que nunca supo este empeño, a Flandes. Oíd agora lo que salta del suceso. Embarcado en un navio, monstruo de dos elementos, que el aire rompe hacia fuera, y el agua corta hacia dentro. Surqué del mar los cristales, y llegue a Flandes, a tiempo que el Rey de Francia, en persona abrasando, y destruyendo, el fértil Páis de Henao, con un campo, en que se vieron llenos de plumas, y galas, treinta mil soldados vielos. Puso si lo a Valencianes, plaza donde obró el Diseño al fortificar sus muros tan mi itares aciertos, que se adelantó en el arte la ejecución al intento. Llegó la nueva a Bruselas, del sitio, y aquel Mancebo generoso, aquel prodigio de la guerra, cuyo esfuerzo en inmortales arcllivos víncula la fama al tiempo. El señor Don Juan en fin, que solo su nombre excelso. puede epilogar sus glorias coronista de sí mesmo. Viendo que aquel la provincia. se aventuraba, perdiendo. la plaza, juntó sus tropas, y ya atrestado al empeño de socorrerla en persona haciendo lisonja el riesgo salió a campaña, y siando de aquella facción el peso, al de Conde, y Caracena Capitanes, a quien dieron tan repetidos laureles, la fama, el valor, y el tiempo. Formó el campo, en militares escuadrones, dividiendo. el ejército, en tres trozos, y en cargo el uno: mas esto ya os lo habrá dicho la fama, y juntamonte aquel pliego que escribí, dándoos aviso Don Juan, del mayor suceso, que las armas de Filipo Sol de Españo, y señor nuestro, en esta edad han tenido, donde iguales se excedieron, sin deber nada a la dicha el valor con el ingenio: basta saber que el contrario campo, derrotado al fiero choque de nuestros leones, sus escuadrones deshechos; retirado el Rey de Francia de su gente, prisioneros dos Generales, entradas sus trincheras: y en escro ganada su Artilleria; tiendas, bagaje, y pertrechos. de guerra, quedó la plaza socorrida, y en eternos, bronces, el nombre esculpido de los tres; pues los tres fueron los primeros al peligro. Dígalo el humor sangriento, que vertieron sus heridas, purpureo heroico trofeo, que tubricó sus victorias en los Anales del tiempo. Esto supuesto, dejando. aquel famoso suceso. de la siguiente campaña, ya le sabréis, no os lo cuento, el socorro de Cambray. Halgo en fin, que un Extranjero Capitán itallano, como siempre han sido opuestos a la Nación Española, dijo, arrogante, y soberbio, que a su Nación se debía la gloria el lauro; y el premio de aquella facción yo entonces, tocándome ya el empeño por mi patria, le respondo: De vuestra Nación confieso, que en la Moitar Escuela na sido siempre un espejo, donde se mira el valor: Pero con España fueron ociosas las competencias, cuando tan vivos ejemplos; ya de antignas tradiciones; y ya de acasos modernos, la dar el laurel sagrado por primera, en el manejo de las Armas, replicome: Yya encendido en su pecho odo, y en mi lara, Begurn da a los acenos de las palabras, si bien, mas dichoso mi ardimiento, que su arrogancia, le hizo medir de una punta el suelo. Murio en fin, y aquella noche, fiando a su manto negro mi vida, por desusadas sendas, y rumbos inciertos, llegué al mar, a tiempo que daba las velas al viento un navio para España: Embarqueme, y su elemento blandamente favorable, sin oposición del tiempo, nos condujo a la Corña; parto a Madrid, donde llego, a tiempo que la fortuna me avisa, Don Juan, al veros, que ya acabaron mis ansias, mis disgustos, mis empeños, mis dudas, y mis pesares; pues todo cesa teniendo de mi parte la fieneza de amigo tan verdadero. Vos seáis muy bien venido, que ya en vuestra patria el riesgo de aquese lance, es ninguno; y porque el señor Don Pedro tenga tan alegres nuevas, con vuestra licencia, quiero adelantarme. Esperad, que por agora no intento ir en casa de mi padre, hasta averiguar primero, con que semblante recibe mis travesuras; supuesto, que por ellas, sin su gaso, me partía Flandes, y vuelvo también fin su gusto agora; y así unos días pretendo estar oculio, entretanto que solicito algún medio, para volver a su gracia mi obediencia. Pues Don Diego, sino vais a vuestra casa, fuera agravio manifiesto, no serviros de la mía: en ella estaréis el tiempo que gustaredes. Amigo: yo de vuestro noble pecho aquese favor admito; porque brevemente espero no causaros. Vive Dios, que ofrecí de cumplimiento mi casa; y él la ha acetado, y hospedarle será hyerro, teniendo en ella una hermana moza, y por casar; mas esto remediarlo determino. Puesto que honráis mis deseos, favoreciendo mi casa, iré a prevenirla luego: Y por excular el lance de que nadie os vea, siendo tan conocido en Madrid, ni sepa el señor Don Pedio vuestra venida, podéis retiraros, y en lo espeso del Parqué, aguardar la noche, mientras yo a buscaros vuelvo. para llevaros conmigo d. . Ya fuera Don Juan exceso, costaros tanto cuisado. Donde vivís? No está lejos; en la calle del Relox, casas de Don Luis Pacheco, como entráis, a mano izquierda atres calas, Al momento que anochezca, iré a buscaros. ̱ . Pues allá; amigo; os espero. lu con Dios. el cielo os guarde: pondré su cuarto tan lejos . de Doña Juana mi hermana, que cumpla advertido, y cuerdo, a un tiempo con su decoro, y la amistad de Da Diego. . Dicha fue hallar a Dn Juan, en ocasión que podemos estar en su casa ocultos. Es mi amigo verdadero desde nuestra edad primera, cuando, como sabes, ciegos en la uventud, y el ocio, no dispensó nuestro aliento, ni los empeños de Marte, ni las delicias de Venus. Ya me acuerdo, señor mío, de ese tiempo, y ya me acuerdo, de que tu por influencia. de algún Planeta mañero, o de algún Astro gran Turco, que influyó en tu nacimiento, naciste tan derretido, tan antojadizo, y tierno, que cuantas ves, tantas quieres, sin reparar tus deseos en edad, talle, ni cara, tanto; que te vi muy tierno enamorara una zurda; y otra vez, aún mas fue esto; a cierta dueña pasante de sesenta, punto menos; que castigo tu mal gusto, pidiendore casamiento. Moscón, esta propiedad, aún más que por vimperio, la tengo por alabanza; pues burlando los extremos de amor, y su tiranía, doy a mi cuidado un medio, donde la comodidad nunca aventura el sosiego. Y di cómo has de salvarme? perdona si reprendo tus descuidos: la faltilla de mentir, con tal exceso, que una verdad en tu boca siquiera de cumplimiento jamás la escucho; hasta el nombre mudas sin venir, apelo con cuantas mujeres hablas:d. . Por Dios, yo te vi entres galánteos que aún tiempo tuviste en Flandes llamarte Don Blas, Don Mendo, y Don Ramiro. Moscón, contar con destreza un cuento, y usar una fulieria en la ocasión el ingenio, es discreción. J. Para, para. que en el cristal lisonjero, que aquesta fuente tributa, pues está solo este puesto quiero divertirme un rato. Mujeres son. Ya lo veo. Ya se apean, y a este sitio llegan. Que apacible, y fresco está el prado nuevo Ines. Aquí divertir podemos lo que falta de la tarde, que Don Luis tu hermano, eterno ya por los ojos de el alma (pues en todas partes se halla) divertido con el juego no viene hasta muy de noche. No le dijiste al cochero, que se fuese? Sí señora, que fuera notable hierro siendo el coche conocido detenerle aquí, viviendo las dos tan cerca, Qué dices, de aquel talle? Que te veo mi Don Diego, con impulsos de llegar, y poner cerco a aquella plaza. que su donaire me ha muerto: que airosa mujer Moscón? No lo dije yo, apostemos que ya te mueres por ella. Qué quieres, no soy de hielo, ni de bronce. Llega a hablarlas, pues la soledad, y el tiempo te brindan con la ocasión. ̱. Tapate lnes, que no quiero que nos conozcan. Señores, atención, que aquesto mesmo hará mi amo con todas las que aquí fueren viniendo. Bello enigma, que el nublado de ese manto ha oscurecido, para hechizo del sentido, para riesgo del cuidado: en vano habéis ocultado, lo que en mi fe se asegura, que como el alma es tan pura, y al veros me dejó en calma, contemplo vuestra hermosura, Este embarazo grosero, que densa nube os oculta, al paso que os dificulta os descubre lisonjero, que como el Sol. ̱. Caballero elegante, culto, y sabio, que haciéndole al alma agravio muy falso, y muy satisfecho fiáis la razón del pecho de la crudición de el labio. Id con Dios, y ese conceto, de el Alba, el Sol, y el nublado, que traéis bien estudiado, guardad para otro sujeto, que aquí de ningún efecto os ha de ser la porfía. Culpa obedecer sería, aunque arriesgue el enojaros, que ofenderos por ámaros, no estraga la cortesía; yo os adoro desde el punto que os vi, tan muerto. ̱ . Esperan, que se me hace novedad que me requiebre un difunto. Divino hermoso trasunto del Sol. Dejad las quimeras, que ese planeta en esferas de luz, brillando reflejos, de aquí está agora muy lejos. Que así os burláis de las verás de mi amor. Luego inducido de tan repetido encanto como por brujula el manto en vuestra fe a introducido: me amáis constante, y rendido? Así es, porque sin míraros sean indicios más claros, de afecto; tan verdaderos, adoraros, para veros; que veros, para adoraros. ̱ ̱. Amor firme tca emprende fantasías, que el perfecto amor crece en el objeto. Amor en lo que aprende se forma, y tal vez enciende su llama sin eleción, Isab. amor que funda en razón su desvelo, y su fineza, como vive en la firmeza no cabe en una ilusión: luego ese afecto ha nacido de un antojo, que ha formado la ocasión, sin el cuidado. En el alma he discurrido vuestra hermosura, ella ha sido quien reveló al pensamiento, su perfeción. Y si atento os pasáis, desde esa idea haverme, y me halláis muyfea? Vuestro raro entendimiento ámara. I. Ya confesáis ser engaño el que emprendéis, pues ignoráis lo que veis, y no veis lo que ignoráis. Y vos Madama no habláis aún soldado, que ha venido de Flandes muy derretido solo a veros? . Tray dinero? No traigo, mas darte quiero. Qué? . Un consejo. Solo pido doblones. . Si ese metal te inclina, apacible, y blando niña, ya estoy acabando la piedra filosofal. Mife os adora inmortal, y dudarlo es ofenderme: cuando al Sol pude atreverme? Porque vuestra fe me asombre; desid quien sois? sepa el nombre de quien me quiere sin verme tanimo amante, y galán. Negar.o fuera delito; yo me llamo don Benito Perez. Perez de Guzman? No Reina, por San Millan, que no puede irse a la mano en mentir. Benito? es llano, que el hombre no es Caballero: así se llama el Cochero de casa; pero tu hermano, señora. Válgame el cielo! quedad con Dios, porque es fuerza ausentarme, Caballero. Situiéndoos iré. Que llega. aquel hidalgo seguirme, le detengáis, que se arriesga en ello mi honor, y vida. Así lo haré. Pues tan cerca está nuestra casa Ines, podemos entrar en ella por la puerta del jardín. Vive Dios, que mi sospecha se aumenta, con el recato de las tanadas, que al verlas, mi hermana Doña llabel me ha parecido una de ellas. Seguitelas Ya es preciso detenerle: así lo ordena mi industria, señor Don Lope de Lara, escuchad. Advierta vuestro engaño, que no soy el que pensáis. Por las señas me engañe. Volved, no vi cosa que así le parezca. Que dad con Dios Caballero. Esperad Voy tan de priesa, que no puedo. Solo os pido, que me digáis. Hay tal tema? ya es necedad la porfía, No merece tan grosera respuesta mi cortesía. Palabras tan descompuestas No es posible, antes os pido, sabrá castigar mi acero. . que aquí os quedéis, y si intenta . Esto ha parado en pendencia. Yo cumplí mi obligación. A ellos, que son badeas. Muerto soy, Así se ahorra, que lo haga el Dotor. Que tenga esta mano tan pesada? 1. Dada la calle la vuelta, y seguidlos. Vive Dios, que la justicia nos cerca. Qué haremo? Esta es la calle de Leganitos, y en ella no hay Templo que nos oculto: ya es de noche, la primera casa nos sirva de ampao. Aguarda, señor, espera, que aquí una puerta he encontrado abierta, y según las señas de las ramas que la adornan, es de algún jardín. Pues entra, y ella amparé nuestras vidas. Ay Jues! yo vengo muerta; si nos conocio mi hermano. No lo sé, más di, qué intentas? , h Abre esa puerta, que quiero, por si aquí mi hermano llega, que me halle con Doña Juana nuestra vecina, que en esas casas, que a la vuelta caen, y son acesorias de estas, vive con Don Juan su hermno, de Avendaño, y de esta puerta, que a entrambas casas divide, tenemos llave maestra. las dos, por ser muy amigas, y visitarnos por ella los más días; pues con esto desmentiré su solpecha. Dices bien; pero antes quiero cerrar, señora, la puerta del jardín que con el susto, con el ahogo; y la priesa la dejé abierta, Sí os mueve una desdicha, que ciega por cumplir mi obligación me formó la contingencia. Qué peregrina hermosura! . permitid, que oculto pueda librarme de la justicia, que me sigue a toda priesa. Siendo vuestra casa astilo de mi vida, aunque en la esfera de vuestros ojos divinos está mi prisión más cierta, que en su violencia: Moscón, has visto mujer más bella. Perdido estoy, que, qué dices? Agora enamoras Reinas: si acaso tienen de nones en casa alguna despensa, sotano, esconce, rincon, desvan, tejado, escalera, cueva, algive, pozo, noría, caballeriza, o bodega, escondednos, y libradnos de la justicia, no sea, que llegue aquí en nuestra busca, y que estando en la presencia del Sol, nos ponga a la sombra. Sosegaos, y nada tema vuestro recelo: No es este Don Benito? yo estoy muerta. Si señora. Qué desdicha! sin duda fue la pendencia . con mi hermano: Caballero, ya en mi obligación es deuda; pues os valéis de mi casa ampararos: a esa pieza os retirad, que yo ofrezco, si aquí la justicia llega, slibraros. Agradecido, señora, a tanta fineza, bien que advertiros es fuerza, que viene en vuestras piedades disfrazada una violencia, que al darme vida me mata. Señores, que se requiebra todo. Vos habéis perdido la memoria en la pendencia. bueno es decirme tanpada, . lo mismo que descubierta. Mudable es, sobre llamarse Don Benlto. Jnes, Marcela, Beltran, traed unas luces. (ta Mi hermano, ay de mí! esa puer abre lnes; vos Caballero retiraos. Pues como intentas en casa de Doña Juana esconderle? Así no arriesga el lance, mi prevención; pues cuando mi hermano venga receloso, y quiera ver toda la casa; la ajena no ha de registrar. Bien dices: aprisa. . Ved que se queda con vos el alma, Él la tray guisada a la Portuguesa. Hermana, fortuna ha sido, que de peligro no sea la herida de Fabio. Hermano. Disimular mi sospecha . conviene agora; que has hecho esta tarde. En la tarea del cañamazo ocupada, y con Doña Juana bella mi vecina, de visita he estado. Y yo con las media; de pelo, que para tí estoy haciendo, en conciencia, que a puro menear las manos, las abujas, y la seda, y el punto, tengo mayor, que esta casa la cabeza. Vano mi recelo ha sido. . Y aunque me riñas, es fuerza decirte, señor, que es cosa terrible, que así nos tengas encerradas todo el año, sin ver Prado, ni Comedia, ni fiesa alguna, de cuantas la grande Madrid celebra. Teniendo una hermana aquí, tan virtuosa, y atenta, que es un ejemplar su vida del recato y la modestía. Ines, esas estaciones en mujeres de la esfera de Doña lsabel mi hermana, fueran indecentes muestras de liviandad, y que al vulgo dieran bastante materia, para murmurarlo; y más, cuando por horas espera Doña Isabel a su esposo, Don Diego de Luna y Leina, Caballero noble, y rico, que sirve al Rey en las guerras de Flandes, a quien n Pedro su padre, en cartas diversas ha avisado los conciertos; y solo espera que venga, para efetuarlos. Eso es lo que más me atormenta; pues me caso sin mi gusto. Ines, mi hermano lo acierta; porque las nobles mujeres, siempre están con más decencia en su casa, que en el prado. Y dejando esta materia, tu rostro, hermano, me ha dicho, que traes alguna tristeza: que tienes Don Luis? No es cosa, que importe, cierta sospecha, que ya llegó a desengaño, me ocasionó una pendencia en el Prado nuevo, donde una herida, aunque pequeña, dieron a Fabio, y la causa fueron dos tapadas necias, que por recato, o por burla, se encubrieron de manera de mí, que quise seguirlas. Que aquestos lances sucedan! miren las malas mujeres, si sucediera por ellas una desdicha. Por cierto, que es un bobo el que se empeña por dos mujercillas ruines. Y aún esa, lnes, es mi tema, que la honrada asista en casa. Aún bien, que las dos apenas vemos el Sol. Ven hermana. Quien de mí a tivez creyera, que me haya picado el ver, que cora un tiempo festeja en mi Don Bénito? amor no ables son tus quimeras. Según se tarda esta dama, parece que no se acuerda de que nos tiene en el Limbo? Di Ay Moscon! jamás quisiera salir de aquí mi culdado. Luego la quieres de verás. Eso preguntas; la adoro. Pues como tan presto dejas a la tapada del Prado? Necio; puedo yo quererla, si no la he visto? Don Diego, como ripio no desechas de amor, y en tu condición, lo mismo es una, que ochenta, juzgué que a entrambas querías. Ya en mí esa costumbre cesa; solo esta hermosura adoro. Qué bizarra? qué discreta nos libró de la justicia? desde hoy protesto que sea imán de mis pensamientos, sin que otro cuidado pueda introducirle en el alma. Si durare la protesta, mas tiempo, que el que tardares en ver otra, quiero en pena de ser incrédulo, ser calbo, zardo; y ser Poeta, que es peor que serlo todo. Aguarda Moscon, espera, que una luz, según parece, hacia esta parte se acerca. Albricias; sin duda vienen a sacarnos de tinieblas. Pon Luisa en ese busete esa luz, y mientras venga Don Juan mi hermano, podrás aderezar esa pieza, para el huésped, que esta noche ha de venir. Qué obedezca es preciso: mas qué es esto? dos hombres señora. Apenas muevo los labios; pues como vos, cuando de esta manera entrasteis? Hola, criados. Suspended la voz, que fuera que ha poco que salio fuera, desaire en vuestra hermosura valeros de otra violencia, para matarme, y teniendo propias armas, con que puedan triunfar de mí vuestros ojos, fuera ociosa diligencia, que con un rendido useis, señora, de armas ajenas. Cielos! este Caballero, . no es el que vive en mi idea, desde que por mí en el Prado dio castigo a la soberbia de aquel hombre, que a mi coche, con resolución grosera, se llego a reconocerme? Decid, como en esta pieza habéis entrado, que el pecho al veros aquí, no acierta con el susto? Sosegaos; y la púrpura sangrienta, que usurpó el miedo, volved al rostro, la contingencia de un accidente dispuso, que yo un disgusto tuviera en el Prado nuevo, y siendo allí el retirarme fuerza, de la justicia, encontre acaso la puerta abierta de un jardín, entre, y llegué a una sala, donde empeña a una dama mi peligro, para que librase en ella mi amparo; y ella piadosa, me mando entrara esta pieza . Si pienlas, por esa puerta. Sin duda, que Doña Isavel intenta librarle de la justicia por mi casa, y qme muinecia resolución, si mi hermano, le hallase aquí: Caballero, . esta cala no es la mesma. de esa dama, que decís, y pudiera más atenta, y advertida, sanear vuestro riesgo, sin mi ofensa; pues mi honor, pero no es tiempo agora, de que en mi queja se aumente vuestro peligro. a este Caballero lleva Luisa, y mirando primero, si hay en la calle quien pueda estorbarlo, le pondrás. en salvo. A las plantas vuestras postrado, ya he satisfecho de esta obligación la deuda; pues vos me dais una vida, y os dejo el almapor ella. El alma, hombre del demonio, si en tantas partes la empeñas, cómo has de poder quitarla? Vana fue mi diligencia: no pude hallara Don Diego en el Parqué. Yo estoy muerta, mi hermano. Mas ya ha venido, que no bastó mi cautela a embarázar, que no viese a Doña Juana. hermano, que yo he tenido culpa agora. Bien pudieras estarte en tu cuarto: vos vengáis muy en hora buena Don Diego a honrar esta casa que ya con el alma espera servira tan noble guésped. Hay tan extraña novela! . aqueste es Caballero, que Don Juan mi hermano hóspeda: alma volved a vivir. de Don Juan; hay tal suceso! proseguir su engaño es fuerza: nunca dudó mi amistad iguales correspondencias de vuestro pecho, y así, apenas la noche negra eclipsó al Sol, cuando vine a esta casa, por las señas que me disteis en el prado, llamé Don Juan a esa puerta, y esas señoras me abrieron. Aquesta es la vez primera, que ha mentido en su provecho, de su casa, nos balio Parece que se concierta . a entrambos esta d sculpa. su voz, con mi turbación. Si hermano, de esta manera sucedio. Perdón os pido señora, de que grosera mi atención, no os conociese. la cortefía, no es hierro: Ay Don Diego, si me vieras . Doñalsabel. el alma! Venid amigo descansaréis. Qué belleza! Que buen talle. Qué Lacayo, tan jatifo. Qué sirvienta tan meliflua: a Dios Aldonza. A Dios Cosme. A Dios Quitería.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA La casa sin duda esta . A. . Extraño suceso ha sido el que a noche nos pasó. Aún lo estoy dudando yo. Quién dime hubiera creído, que por el falso postigo de aquel jardín, sin pensar suesemos los dos ha dar a la casa de mi amigo? Notable desgracia fuera, a ser la disculpa vana Por Doña luana su hermana más que por mí lo sintiera, mas como no tuve culpa, y Don Juan señas medio Y di no te has informado de aquella dama primera del jardín, sabes quien era? Al descuido, de un Criado me inlorme, y como lo allana el cuidado que en mí ves, supe que esta dama es Yerro que tan presto en mienda de Don Luis Páchaco hermana, y que se llama Molcón, Luego infiero que con esta, al retortero, tres damas, Don Diego son las que traéis? No estes cansado; tres damas? Es cosa llana, Doña! sabel, Doña Juana, y la tapa da del prado. Si acaso mi pecho fiel de las tres una eligiera, presumo Moscón, que fuera la hermosa Doña Ilabel; más burlando ese cuidado, vive ufano mi sosiego. Y no me dirás, Don Diego, porque a la dama del prado, la dijiste muy severo, por mentir así un poquito, que te llamabas Benito, que es nombre de Despensero? Como alli no me importó, (a su vista lisonjero) decir mi nombre, el primero dije que se me ofreció: esta es maña vieja ya del culdado, si lo miras. Y dime cuantas mentiras has dicho de ayer acá? Calla loco, Tú al desgaire, las echas que es bendición. Dichas a buen tiempo, son agudezas de buen aire. Sabes en que he reparado? que son santas tus promesas, porque la verdad confiesas, pero no la has comulgado. Por loco, y simple te dejo. Ya parece que llegamos. Aguárdate, que ya estamos en la calle del espejo. En ella tu padre vive: di, no le quieres hablar? Tú solo agora has de entrar, que he de vercomo recibe mi venida pues infiero de su mala condición, que aún dure la indignación. En este portal te espero de enfrente, y con lo que hubiero pues vas de todo instruido, me avisarás advertido. Venga ello como viniere; ahora bien, ya de cautela. Yo en efeto soy un loco, miento mucho, y medro poco, porque estoy en buena escuela: entrome pues de rondón, salir el viejo previene, que el coche a la puerta tiene, ten buen ánimo Moscón, porque eres hijo de buenos, y según agora están las cosas, poco te harán treinta palos más, o menos. Miraste la lista toda de Flandes? Letra por letra la mire, y no tienes carta. . Denme los Cielos paciencia! que habiéndole escrito a Diego, que luego al punto se venga, porque de su casamiento hechos los conciertos quedan con Doña! sabel Pacheco, que ha de ser su esposa bella: siquiera por darme gusto, no haya tenido respuesa! que querrá de mí este Mozos no es Moscón? Él me mosquea: dame a besar ellas plantas. Dieg. Moscón, que venida es estas donde queda vuestro amo? Quédara de aquí dos leguas, instas, y cabales, menos lo que viene andando de ellas, jumó a las Rozas quedaba. Viene bueno? Una jaqueca, trae en el robillo izquierdo. El corazón me revienta en el pecho de alegría de ver que con salud venga, Sin duda que recibio mi carta, y con diligencia sin responderme se vino. Moscón? . Señor. Bien pudiera Diego haberse adelantado. Si de tu casa hizo ausencia, por travesuras de mogo, no es justo, señor, que tema tu indignación? No me espanto: en fin los dos en Bruselas asististeis? . Si señor. Y en su misitar escuela era bien visto mi hijo? Si señor, solo una tuerta dio en mirarle de mal ojo. ̱ . Necio, yo te hablo deberás, Pues si un mismo caso piden, la pregunta y la respuesta; hablando de verás digo, que en valor, en gentileza, en cortesía, en agrado, y en entendimiento muestra y ninguno que le exceda. Notable gusto me has dado, que bien a el alma le sueñan estas nobles propiedades: toma por las buenas nuevas esta sortija: más dime entre esas partes que cuentas de Diego, no tiene alguna que afear las otras pueda, que nadie nace perfeto? Esa es muy larga materia de contar. Di por tu vida? Ha sorrija lo que aprietas: tiene una faltilla. Cuál? Unas mentirillas echa, que es para alabar a Dios. Como sin perivicio sean, no es granfalta; porque en fin el tiempo todo lo enmienda, y en la Corte perderá con la sangre que le alienta, este defeto. No es fácil. Mucio tarda. Aquí me espera, que presto vendre con el. Válgame Dios lo que pesa de un hijo el amor, confieso que en los años que me cercan no he tenido mejor día. En fin con su esposa bella, se sollegará este Mozo: el bueno a mis ojos venga, que las mudanzas de estado, todas las costambres truecan. Dame señor, esos pies. que hay muy pocos que le igualé, . . Hijo bien venido seas, levanta, dame los brazos: cómo vienes? La respuesta no te doy, porque quien viene en tu gracia, a tu obediencia, padre, y señor, es preciso que con gusto, y salud venga. d. . No me harto de mirarte, de verte me matabillo, válgate Dios por Diaguillo, quiero otra vez, habrazarte: bravo mozo! gran soldado. Ser tu hijo, es el blasón que qme dio alguna opinión. Ya Moscón, me lo ha conado, caiga el Cielo! y sé que todo es ansí: discreto en venirte fuiste, ven acá, no recibiste un pliego que te escribí? No señor. d. . Pues ya me llama hislo mío este caidado: sabe que te he concertado de casar, con una dama rica, y hermosa. Diegarla cruel fortuna! Que estáis dudando? Esto es imposible, cuando ha de ser luego de cañas. adoro a Doña! sabel. Qué respondes? Pena fiera! que he de hacer para excusar este lance? . Imaginar una mentira soltera: casado, para su humor es bueno. Que estás diciendo? Yo señor. Vamos mintiendo. . (amor mis intentos guía) . Hay tan extraño rigor! hablarme estáis reusando? Mi industria me ha de valer, tiene sobre su hermosura cielos aquesto ha de ser! . A Dios, ya la vafraguando, . estas partes singulares, Sabe señor. Que cansado. Que casarme. A eso venís. No es posible. Qué decís? porque? Porque soy casado. Eso ha decir se atrevio vuestra lengua: sobre mí Yo si aquí. . Qué preso se la envocó. Sin mí o den; loco, atrevido, aquesta vegez me dais. Señor, si no me escucháis. Qué disculpa inadvertido podesedarme en esta acción: vos casado a mi disgusto? Escúchame, y si no es justo, castígueme tu atención. No va malas sus marañas. . Amor ayuda mi intento. . Escúchenle que este cuento . . Don Fernando de Mendoza, que es en empresas tan grandes Maestre de campo en Flandes, y este honroso puesto goza por su sangre, y su valor. Fue mi amigo verdadero, el apellido, ya infiero que te habrá dicho señor, su sangre; este tal tenía una hija tan hermosa, tan honesta, y virtuosa, que siendo del Sol afrenta, (comparación es oscura) seis mil ducados dejenta, y la amistao de los dos dieron lugar. Vive Dios, que miente por los ijares. Aque a doña Luisa bella viese un día. Bueno va. Quedé al verla, claro está, perdiendo el juicio por ella. El miente de calidad. y lo relata de modo, que con ser mentira todo, pienso por Dios, que es verdad. e. de aquesa acción no me quejo, que hoy no se hallan en verdad, gran tenta, y gran calidad. La mosca le picó al viejo. Digo, pues. . . Decid, señor. Que amante la festeje, suspire, gemí, lloré. d. Primer jornada de amor. En fin, para no cansarte, pasados, a lo que creo, dos años de galanteo, una noche, escucha aparte, dando la mano de esposo, mas afable a mi porfía, ella acabó de ser mía; y yo empezé a ser dichoso. Mira tú en tan ciego abismo, si alguna dama sirvieras, tan noble, y rica, que hicieras? Digo, que hiciera lo mismos Ahora disculparte quiero, si es verdad lo que has contado. Ello está bien sentenciado a pagar de mi dinero. Casado en resolución estáis? Y por más consuelo, su amor ha premiado el cielo confruto de bendición, Calla loco, Aunque lacayo, nadie conmigo se meta; tiene un Diagito de tera, que habla más que un papagayo. Hilo tenéis, que recela vuestro miedo? Necio estás. Un año tiene, no más, y va por supiea la escuela. Ahora, señor, la prudencia se mida con el consejo, Vos en fin estáis casado, esto no tiene remedio: encubrirle determino en esta ocasión, a Diego de Doña llavel el nombre, que es cuerda atención: supuesto que no puede ser su esposo, hablaré a Don Luis Pacheco esta tarde, y le diré; que este mozo, poco atento, no quiere tomar estado, y que está en Flandes; supuesto que ha de volver por su esposa, que aunque lo sienta yo quedo disculpado en esta parte. Moscón, trae la ropa luego; y vos hijo, no salgáis de casa, hasta que yo cuerdo desenoje a vuestra esposa: digo, a la que había de serlo, sino estáos en vuestro cuarto, que tiene muy nobles deudos esta dama, y es preciso, que han de sentirlo en extremo. Quedaos aquí, que yo voy; pues es día de corrdo, a escribir a vuestra esposa a Flandes. Mámola él vielo. d. . Así, que no me acordana de miedad, notable hierro! como decís que se llama? Doña Luisa. . Ya lo veo: de qué? Si se le ha olvidado, dimos con todo en el suelo. Doña. Luisa digo, del . sobrenombre no me acuerdo, que antes le puse, Acabad. Di más quizá no cairá en ello. Diré, pues él no se acuerda; el que se ofrezca primero: Don Luisa de Guzman. . Si la memoria revuelvo, de Mendoza me dijistes, no Gazman. Pesconte. . Die. Cielos! que le diré? otramentira. C. más válgame aquí el ingenio. También se llama Guzman; porque su avuelo paterno, Don Antonio de Guzman, por quien tiene de derecho el mayorazgo, dejó cláusula en su restamento, de que se llame Guaman. quien le posea; y por esto Doña Luisa mi mujer, como le está poseyendo, es Mendoza por su padre, pero Gueman por su avuelo. De todo voy informado, a Dios, De risa reviento. Qué dices de esto Moscón? Que de los diez Mandamientos, - que debemos guardar, eres en el octano un portento, Dime hombre del diablo: Jonde hallaste en tan breve tiempo, tantas mentiras? parece, que se te metió en el cuerpo toda una legión de Sastres? Moscón, mas que mil Imperios quiero mi libre albedrío; con mi estado estoy contento, fuera de que como sabes, a Doña Isabel pretendo, y a Doña Juana, si bien, mas rendido aquí el afecto, mariposa de sus luces, en DoñaJsabel me quemo, y en su llama sacrifico víctimas mis pensamientos. Está bien, más di señor: has de seguir el precepto de tu padre, que te manda no salir de casa? . . Bueno. era eso en mi condición: deja que se vaya, y luego saldremos los dos. Qué intentas? Ver esta tarde pretendo a Doña Isabel divina, con color de que la debo. la vida, y de esta manera cumplo allí con dos afectos; pues logrando lo amoroso, queda garvoso lo atento. Inesí la me ha pedido un manto, y aquí le llevo, para dársele; porqué la tal lues es mi dueño, Vamos amor, deidad eres; hoy a tu piedad me entrego. Amor, por amor de Dios, que nos saques de embusteros. Aquesto has de hacer por mí. Es imposible Don Juan. Mis esperanzas están libradas, Ines, en ti: adoro a Doña lsabel, y pues su hermano está fuera, y hallo esta ocasión, quisiera, que le des este papel. Hablarla Don Juan procura, que yo lo estoy reusando; porque ha de matarme. Cuando no fue ingrata la hermosura? en que ofendo su decoro? pues la sirvo tan secreto, que solo sabe el respeto, que a Doña llavel adoro. Mira: yo aquesta embajada hiciera esta vez por ti; pero te aborrezco. A mí? No me hallo de ti pagada. Dices bien. Un descuidillo da lumbre en mil ocasiones. Toma Ines esos doblones, que van en este volsillo. Aunque aquí me los ofrezcas no haré tal. Este no es pago de mi amor, que aquesto hago, porque tú no me aborrezcas. Ahora bien, tomarle quiero; pues tan cortés se me ofrece. Jesús, y que bien parece, el modo con el dinero. Dime, qué hace tu señora? Quedaba en el tocador. Lince logrará el amor desperdicios del Aurora, Si la vieras; va al estrado, a media luz su hermosura, la gala sin compostura, y el aliño sin cuidado. Tiene para los sentidos, que están de mirarla hiertos, unos rigores despiertos entre unos ojos dormidos. El peso, que sin decoro, se esparce inquieto, y se humilla de verla si a gargantilla, hace mil extremos de oro. Labios de coral, y grana, lisonja hermosa del viento, y el Alba libra en su aliento perfumes a la mañana. Si te renvevo la herida, venza al cuidado la duda, esta es la verdad desnuda, mira tú, que hará vestida. Ay lnes, que necia estás en la duda que me ofreces; pues cuanto más la encareces, el amor me finge más. Loco estoy! yo estoy perdido! sabrás decirla mi amor? Dame el papel más señor, gente a esta parte he sentido Pues lues, por esa puerta, que hace a mi cuarto, vendré esta noche, y la tendré, porque lo sepas, abierta; ya deshora, del papel la respuesta me darás. Don Juan, a que hora vendrás? Hay bellísima Isabel! . entre las doce, y la una, Bien está . Noche serena, o duélete de mi pena, o haz dichosa mi fortuna. En fin, Doña Juana viene a verte? Cómo es amiga, sin prevención esta tarde, quiere hacerme una visita. Pues lo que yo te suplico; ay Doña Juaña divina! es, que tu hermana, galante, la regales, y la sirvas. Y aunque en tus escaparates, no faltarán vuserias de gusto, que puedas darla, que estás, entre las amigas, son cortesanas llavezas, quiero que por cuenta mía, corra, hermana, su cortejo; en el coche, a toda prisa, de la calle mayor quiero traerte unas niñerias, que la des; pues dos razones a darré gusto me obligan. Es la primera, saber; que eres, hermana, entendida; y la otra, que a mi costa hagas la galantería. Hay hermano! ya te entiendo, tú has ganado, y solicitas. darme barato: yo quiero . hacerme desentendida. Que mal Isabel entiendes del amor las follerias; nunca he estado más perdido. Pues di, que razón te obliga, habiendo perdido, tanto, a este empeño? Espucha. . Dila. Suele un tahur acabar de perder cuanto tenía, menos algún resto, que de picado no le estima. Impaciente se levanta, y alzando acaso la vista, le suele dar de barato al primero que le mira. Quién recibe el beneficio, al que se le hace se inclina, porque al viso de un despecho luce una galantería. Esto mismo me sucede; via Doña luana divina, entreguela toda el alma, baraló el amor mi dicha, habiela, perdí la suerte; porque era suerte mía. Déjome, hermana, picado, y entre finezas perdidas, no me ganó la memoria, que es lo que más me fatiga; mas cuando en un desdichado se halla memoria perdida? Doña suana hermosa, es la que me dejó sin vida; yo, quien la perdía sus ojos; y tu eres la que nos miras. El último resto, que? en la memoria se cifra, te doy, hermana, abrasado, para que tu agradecida. esta memoria le acuerdes, y de mi parte le digas, que mi amor; pero tú eres Isabel, muy entendida, yo un hombre muy infelice, Doña Juana muy esquiva. Tú te hallar de mi obligada, confulta contigo misma, viéndome morir de amante, lo que es justo que le digas. . Discreto mi hermano ansí, cuando a Doña Juana adora, se ha declarado. Señora. Ines, tu estabas aquí? De tu semblante colijo, que estás traste. Triste! no, pluviera el cielo! mintió, si el semblante te lo dijo. Si es porque tarda Don Diego, el que tu esposo será, presto de Flandes vendrá. Necia estás: ay amor ciego! al cielo, ay de mí! pluviera; porque mi amor se lograta, que ni de Flandes llegara, ni a ser mi esposo viniera Don Benito: yo estoy muerta! Tapada me hablo en el Prado, y anoche aquí su cuidado me exajero descubierta. Amor, decidmelo vos: como he podido rendirme a un hombre tan poco firme, que enamora a un tiempo a dos. Turbado a vuestra presencia llega mi agradecimiento, tan ciego, que el sufrimiento no aguardó vuestra licencia. Perdonad mi inadvertencia, aunque grosero haya sido: pues cuando vengo rendido a arrojarme a vuestros pies, dora en mi lo descortes, la seña de agradecido. La vida os debo, y si aquí no buscara esta ocasión, faltara a mi obligación, por vos; por ella, y por mí. Por vos, porque siendo ansí, que os la debo, os agraviara, si el beneficio olvidara. Por ella, porque se ve segara, y por mí, porque esta dicha mal lograta. Yo os adoro tan constante, al riesgo de mereceros, que en el peligro de veros. No paséis más adelante: hay hombre más inconstante? . Ya el sufrimiento es en vano: Ines. . Señora. Ha tirano! que mal su engaño concierta, Qué quieres? Desde esa puerta mira si viene mi hermano. Así lo haré. De este encanto salga esta vez mi pasión. Inesilla. Qué hay Moscón? Mira que te traigo el manto, De puntas? No hay para tanto: la Premática lo enseña. Bien tejido? Es una peña. De gloria? No te alborote: es un manto de anascote; porque tú has de dar en dueña, Ya estamos solos, decidme Caballero, que habéis visto en mí? qué seña? qué amago de liuiandad, de cariño, para que atrevido loco, osado, y desvanecido queráis intentar. Señora, si adoraros es delito, si os ofende un rendimiento, si una atención ha podido irrítaros, culpa fue de vuestros ojos divinos; porque aborrecer, y amar, es pensión del albedrío, Necio fuera el que al miraros, no se rindiera al hechizo de vuestra rara hermosura, de vuestro ingenio divino. Si es ansí, cerradle a todos los ojos, y los oídos, yo os adoro, con la pena de no ser correspondido; y pues apetezco el riesgo, me hallo bien con el peligro. Venid acá; supongamos, bien de esta suerte lo finio, . que me amáis, y os correspondo, que aún supuesto es desvarío, decid, fuera entonces bueno, que llegase a mis oídos, que amabáis en otra parte? Ella sabe, vive Cristo, señor, de que pie cojeas. Qué decís? Señora, digo, que os engañaban, por Dios. Mirad, que quien me lo dijo es persona que lo sabe. Mucho aprieta este testigo. Hayer en el Prado nuevo, muy amante, y muy rendido no hablaste a una tapada? El demonio se lo ha dicho. Qué respondéis, esto es cierto? No niego, que en ese sirio hablé ayer tarde a una dama, y más que amor, fue capricho llegar a hablarla, tapada estaba, y si verdad digo, era muy vana afectada, Ayudarle determino: . No he visto mujer tan fea, a el yo le vipor un resquicio del manto la cara, y era una sierpe, un basilisco, viela un poco, desvaida, un ojo tuerto, otro vizco, con tres varas de pescuezo, y media vara de ocico. Buena me ponen los dos. . Engaño habéis padecido, que esa dama es muy hermosa, muy rica, y su nombre mismo es Doña luana de Rojas, muy mi amiga, y que me dijo, si bien me acuerdo, que vos os llamabáis Don Benito Perez, que a hablarla llegasteis, y que tuvo vuestro brío una pendencia por ella: Decid, señor Don Benito, son aquestas buenas señas? Es verdad? Verdad ha sido. Quién creerá que me está mal, . y que me huelgo de oírlo: ahora entro yo; pues como ciego, loco, inadvertido, cuando estáis en otra parte empeñado, osáis indigno poner los ojos en mí? viven los cielos divinos, que mi desprecio. Señora, si yo a esa dama no he visto, como he de tenerla amor? advertid que fue fingido, cuanto a esa mujer le dije, mi amor, mi fe, mi albedrío, solo están viviendo a cuenta de vuestros ojos divinos. Luego no pudiera ser? también ese amor fingido? No pudiera, Si pudiera. Amiga; pero que miro? Cie. Cielo! Doña Juana es esta. D. Diego aquíe mal reprimo mi pesar . Amiga mía, mil siglos me han parecido los instantes que has tardado, Esa fineza te estimo. Fuego de Dios que ojos echa. Este Caballero vino, amiga, a darme las las gracias, de que tu parte has tenido; pues le libramos entrambas anoche, de aquel peligro de la justicia, Ha traidor! A vuestras plantas rendido esta obligación confieso. Señora. Que ha sucedido Ines. Don Pedro de Luna en aqueste instante mismo, por tu hermano ha preguntado; y habiéndole respondido, que no está en casa; del coche se apea agora, y me ha dicho, te quiere besar las manos. Esto es peor, vive Cristos Tupadre, señor. Señoras, a quien habrá sucedido tallance? este Caballero me importa, yo estoy perdido! que no me vea; y así a esta pieza me retiro, perdonad por Dios. Que llega. Aprisa, cuerpo de Cristo. 2i. Aunque sé que no ha venido el señor Don Luis, señora, lograr he querido agora esta ocasión, advertido; si bien de alguna criada, error, o descuido fue, que no entrara a saber, que estáis tan bien ocupada. Y así aquesta inadvertencia, vos enmendarla podéis, suplicándoos que me deis, para volverme, licencia. Salir de cualquier empeño sabéis galante, y airoso, aquí no le hay; pues ocioso es poner tasa a su dueño. Vos lo sois de aquesta casa, y yo el descuido sintiera; pues iros sin verme, fuera hacer mi fortuna escasa, que aunque en Doña Juana atente reparaísteis, y corrés, es muy mi amiga, y no es visita de cumplimiento. Perdonadme vos señora. Vuestra atención no prosigas por vos, por mí, y por mi amiga soy muy vuestra servidora. Sentaos pues: Pues lo mandáis, . fuera necia la porfía; y también es groseria, pregúntaros como estáis. Que aunque es usada opinión ser con las deidades, siento muy vulgar el cumplimiento, cortesana la atención. Mas dejando aquestas cosas, si el amor da su conselo, que dirá de ver a un viejo entre damas tan hermosas? Si esos son vuestros reparos de las dos, podéis creer, que os han de favorecer. Permitid; que regalatos intente; porque dirán, viéndome fanorecido, que viejo, y escaso, han sido malas partes de galán. Mirad que queréis las dos? que he de empeñarme esta vez, y al cabo de mi vejez he de quedar bien, por Dios. Galante sois, más mi hermano. Perdonad, señor Don Pedio, que agora sé que aquí estáis. Milaños os guarde el cielo. Mandáis algo? Dos palabras a hablaros a parte vengo, que nos importan a entrambos. Dadme licencia que quiero llegar a hablar a mi hermana en cierto negocio, y luego sere con vos: a esa pieza los entrad Allí os espero. Cielos! hacia donde está Don Benito va Don Pedro: muerta estoy. Si se habrá ido mi padre? pero que veo! aquí está. Que a esto me obligue; mas que es lo que miro! Diego, . vos aquí? rabio de enojo; hay tan grande atrevimiento cuando os mande, que de casa no salieseis, desatento no me obedecéis? Señor. Con el dío, válgame el cielo! . pero yo lo enmendaré. Dile una mentira presto. Qué me respondéis? Señor, en este cuarto postrero de esta casa, sé que vive un Caballero Flamenco, llamado Guillermo Estrocí, para quien yo traigo un pliego de mucha importancia. Miente. Vine a buscarle, y por ierro, pensando quera su cuarto, pude entrarme en este, a tiempo, que avisaron que venías, y por saber el precepto que me has puesto, me escondí. Él no sabe lo que arriesgo, . si aquí le ven. Mas si tú me haces espaldas, bien puedo salir por aquesa puerta, que hace al cuarto. Acabad presto. De un amigo. Pues salid. Aguardar aquí pretendo, a que se vaya mi padre. Los rostros aca volvieron, . A lo que vengo ya no es posible salir, yo por las costas me quedo. Señor Don Luís, pues estáis ocupado, yo no quiero estorbar, y así otro día. Estando aquí, fuera yerro no hablaros. Pues Doña Juana, entrémonos allá dentro, y te llevaré al jardín. Acompañaros pretendo. Perdóneme Doña Juana, . y virtud, que aquesta es que mi honor es lo primero: señor Don Pedro, porqué no penséis de mí, que puedo ser culpada en este lance; Sabed que este Caballero, que hallasteis aquí escondido, siendo yo ignorante de ello, es un Don Benito Perez, que trata su casamiento con Doña Juana mi amiga, esto de paso os advierto; porque imaginéis de mí, que culpa ninguna tengo. s a la obediencia, y respeto Don Benito Perez? siendo casado en Flandes, se casa en Madrid? Hay más enredos! este mozo ha de matarme; más disimular pretendo, hasta aneriguarlo todo. Ya estamos señor n Pedro, esta dicha, que él es mozo, solos, y si es que Don Juan os estorba, es negocio que no importa, que le oiga ese Caballero. Señor Don Luis, los discursos humanos están sujetos, o a la inconstante fortuna, o a lo variable del tiempo. Mas de lo posible nadie puede hacer, estó os advierto, o bien para la disculpa, o bien para el sufrimiento. Confieso, que os di palabra de que fuese mi hijo Diego, esposo de vuestra hermana. Qué es esto que escucho cielos! Y qué obligado a sus partes, gala, hermosura, y ingenio, la que más estima el cuerdo; me empeñe en esto con vos, bien mirado, pude hacerlo, que a un padre, señor Luis, debe un hijo estar sujeto. Pero él, habiéndole escrito en diferentes correos, y en avisos, de esta dicha que le aguarda, poco atento; mas que mucho, si estas canas de su condición nacieron, faltando a ser hijo mío, Cielos, que escucho! mi hijo que debe un hijo a su padre: Atrevido, loco, y necio responde, que su albedrío es libre, y que está sirviendo en Flandes, para adquirir por su persona, y sus hechos, méritos para su casa: Y que aunque está conociendo y que no se alistan presto en la campaña de Marte, sus deficias de Nimenco, Esto siempre ha respondido, y yo a suplícaros vengo me perdonéis, si he faltado a esta palabra, advirtiendo, que ha de quitarme la vida este mozo, loco, y ciego; pues ni la razón le obliga, ni le convence el respeto. Y creed señor Don Luis, que tanto en el alma siento esta falta, que a tenerle en Madrid, fuera el primero, vive Dios, que castigara tan bárbaro atrevimiento. Aunque sé qué él ha venido, . pues en mi cuarto le tengo, ayudaré a aqueste engaño, que es Doña lsavel mi dueño; y puesto que él no la admite, a ser yo el dichoso vengo. Digo Don Luís, que es ansí: en Flandes está sirviendo, y de allame lo han escrito. Vive Dios, que a conocerlo, y a estar aquí, yo le diera a entender, que es desatento, quien vuelve el rostro a una dicha que no mereció. . Teneos, que aquesa es otra materia. Digo, que no es Caballero, quien obra tan mal. Mi hijo no os oye agora. Estáis vielo, y a no mirar a esas canas. Aunque nieve os parecieron, congeladas de la sangre, son rayos que aborta el pecho, y vive Dios, que mi hijo os puede ensevar a serlo, Tencos Don Leis, Apartad, que ha de castigar mi acero esta arrogancia, Dejalde, bríos reservados tengo para defender mi honor. Si no me ha engañado el eco, ruido de espadas, que miro! con mi padre es el empeño: A vuestrolado, señor. Como os entráis Caballero de aquesta suerte en mi casa? A ninguno he satisfecho con el acero en la mano. Qué miro! viven los cielos, que ha de morir. . Apartad. Mirad, que este Caballero, es el que riñó conmigo ayer en el Prado nuevo, y dio a Fabio aquella herida. No hay ajuste? No le aceto. muera a mis iras. No es fácil. Ya es diferente este duelo, pues estamos dos ados, y yo con quien vengo vengo. Yo salgo a ver esta fiesta. 1. Echad la puerta en el suelo: abran aquí a la justicia. Hermano. . . Hermano. Teneos, y advertid, que la justicia al ruido de los aceros ha llegado, y a esa puerta llama aprisa. Pues qué haremos? Yo lo diré; pues aquí no ha avido lance, ni empeño de honor, que a ninguno importe, vos con el señor Don Pedro, por esa puerta que cae a mi cuarto, podéis salír, sin que nadie os vea. Pues vos entraos allá dentro con mi hermana, y con la vuestra, que yo a detener me quedo la justicia. . Bien decís. En otra ocasión pretendo vengarme. En cualquiera parte sabré yo satisfaceros. Señores, juego de cañas es ver encerrado aquesto. Amor, tu piedad invoco. . Amor, ayuda mi intento. . Yo vengaré mis agravios. . Yo lograré mis deseos. . Reñiré a Diego mi hijo. . Bien salí de tanto empeño. . Cielos! pues que yo también encertado aquí me quedo, y no hay remedio a mis ansias, buenas noches Caballeros.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Después que se ha recogido la casa, y yo me he quedado a mi pesar encerrado, hablara Ines no he podido; pues si el tal Don Luis me viera escondido aquí, en rigor, juzgue el piadoso Letor, del modo que me pusiera. Viendo en fin ya sosegada la casa, voy a inquirir, si hallo por donde salir, como quien no dice nada. Hago cuenta, que un amigo muy enojado, y severo, dice, Moscón, ahora quiero entrar a cuentas contigo. Diga usté; porque se inclina a servir a un Caballero, que sobre ser embustero, pues le dejó aquí, es gallina? Yo respondo, soy leal, y si mi amo en conclusión; no me paga la ración, también yo le sirvo mal. Replicome, es mal mirado, y de su amo no creyera, que hablara de esa manera; yo respondo, soy criado. Él la cólera en un tris, dice, arrugando la frente, sois un pícaro insolente: aquí es preciso un mentís. Miente, digo, que Moscón, ser hombre de bien es llano, Dios nos libre, alza la mano, y cáscame un bofetón. Yo le digo con tonillo, que a mi furia corréspende: hombre, que has hecho? y responde, darle soga a ese carrillo, Sacó la sierpe buida, doy cuatro pasos atrás, llegome quédito, y zás, tírole la zámbullida. Meten paz, a nadie hablo, uno me ase, más me irrito: ven aquí, porque poquito sucediera una del diablo. Pero hacia esta parte sueña ruido: a escuras? bueno va, alguna dueña será, que a estas horas anda en pena, Pues todos se han recogido, y se ha llegado la hora, que Don Juan dijo, yo lagora vengo a saber si ha venido, para darle del papel la respuesta mi cuidado, que aunque yo no se le he dado a mi ama Doña Ilabel, a Don Juan, por mil razones, engañarle detérmino, que el por, aqueste camino irá escupiendo doblones. De mala mis palos van. Quiero llegarme: es Don Juan? Aquesta es la voz de Ines. . aquí en la bolsa los tengo. Ha ingrata, los ademanes son estos, de que me adoras? tu vestida, y a estas horas andas buscando Don Juanes? . Vesla al, mas tú me lo pagarás. Es Don Juan? confusa estoy! Fingire la voz: yo soy. . . Calla Ines, y mete encasa Albricias pido. . No más? que hay lnes? Que mi señora leyó el papel. . Adelante: hay otra cosa? Y constante, me dio a entender, que te adora, buenas tus fortunas van, que la agradas te prometo. No hace mucho, que en efecto soy muy discreto, y galán. Don Juan, en mi vida vi tan cortesano papel. Mucha cosa, la Isabel perderá el juicio por mí, Estoy tan agradecida a los doblones, señor, que me diste, que mi amor. Aguárdate por tu vida. Doblones, si no me engaño, . ellos serán de Moscón, ciégala tu San Antón: cuantos te di? caso extraño! Veinte y cinco. Acción grosera! por Dios que anduve civil; mas no te de pena, mil traigo en esta faltriquera, rica he de hacerte, esta noche, cien doblones te he de dar. Mas ay Dios! quién va? quién es? . El me los da, no hay que hablar, . de aquesta vez ando en coche. Traes los veinte y cinco? Sí: Pues llevártela prevengo; dámela acá. no te empeñes, bueno está: qué es esto que por mi pasa! . la dicha, que Dios te da mil escudos: no son hartos a tantas obligaciones; en lugarde los doblones . la bolsa lleno de cuartos: TomaInes. Eres amable; pero tantos no me des. Señores, que quiera Ines hacerme a mi miserable? Con tanto oro, que he de hacer? Aqueso no te alborote, guárdalo para tu dote, que yo te he de hacer mujer. De ti voy muy obligada. Ya nos veremos los dos. Pues a Dios Don Juan. . A Dios, vusted va bien despachada. Ven aquí ustedes porque a veces ha sido buena la oscuridad, pues me voy haciendo de oro con ella. A vil Jues, tu doblones de contrabando, en mi ausencia! solo un escrúpulo tengo y es que Jnes seis redies lleva de calderilla en la bolsa, conque va a mi costa llena, y no se por Dios, si son ochabos los que me deja, ahora digo que es maldita la oscuridad, quien tuviera un candil de garavato. Pues ya la noche hace treguas con el sueño; y a esta hora Ines dice que me espera, vengo a saber del papel el suceso. Pasos sueñan, o estoy borracho. Es Ines? Quién en la calle estuviera. No responde? Este es Don Juan, que vuelve por la respuesta; quiero engañarle en falsete: yo soy. Ay Jues! qué nuevas das a mi amor? tu señora leyo el papel? a mis penas ofrece alguna esperanza? acaso es mi muerte cierta, o mi vida? habla por Dios Señor mío, albricias vengan: la mejor nueva del mundo te traigo. Dila que esperas? acaba lues. Mi señora, si no me mienten las señas, está perdiendo su juicio por ti de . Qué dices? espera, eso hace Doña! sabel? La pobre señora queda desmayada, por tu causa. Ines mía, deja, deja que te abraze. No es posible. . . Porqué? Porque soy doncella, y vengo en panos menores. Pues toma aquesta cadena. Mira si traes otra cosa. Y agora Jues, vete apriesa a socorrer a tu ama, que yo pagaré esta deuda algún día, a Dios. . Señores, habrá alguno que esto creal yo cadena, yo doblones, cuando espere que me dieran cien palos! el buen don Juan que lindo despacho lleva, yo apueso que desde aquí va el pobre a sacar libreas, para casarse mañana. Vive Dios! que con la puerta no encuentro, mejor será aguardar a que amanezca, pasearme quiero un poquito porque el sueño no me venza, que dicen que los paseos hacen las horas pequeñas. Ahora bien, señor Moscón, que haremos de esta cadena? llevarla al contraste? si, que la hechura se pierda. Parece que estoy inquieto, que poco el rico sosiega? acabose de esta vez; compro casa, y pongo renta, Pero los rayos del Sol por esta ventana entran, que como es Verano, acaso debió de quedarse abierta; yo me escurro, pues la luz me guía, allí está la puerta, doy con mi cuerpo en la calle. Que poco el pecho sosiega con un cuidado: mas cielos, que miro! Hémosla hecho buena? Cielos! no es este criado de Don Bénito? Hay más penas! que hacéis aquí? hablad. Señora, ayertarde en esa pieza, mi amo, y yo nos escondimos. Ya lose. . Pues vusted sepa, que mi amo pudo salir, y yo me quedé en tinieblas esta noche, por las costas. Ay de mi! sacarle es fuerza, porque no le vea mi hermano; idos. . Que me place Reina: Hay más azares? Hermana. A Dios, soltose lapresa. . Mi hermano: sin alma estoy. . Mas, quién es? Requiém aternam. . El manto que traigo a Ines me valga aquí. Yo estoy muerta! No habláis hidalgo? Señor, aunque el extrañarme es fuerza, yo soy oficial del sastre de casa. Qué bien lo enmienda. . Ya que venís? . A traer este manto; y por más señas, es para está mi señora. Si hermano, yo que viniera le mande, y es oficial (ayude amor mi cautela) . de Juan de Vergara, el sastre de casa. Anduvo discreta; pues ya sé como se llama. Si no me mienten las señas, con vos, y con otro hidalgo antiyer una pendencia en el Prado nuevo tuve, y vuestros trajes, sospechas daban de ser forasteros. Si n Diego aquí estuviera . el mintiera por entrambos. Es verdad, que de la guerra vine antiyer; pero antes fui aprendiz, y mi conciencia no era para ser soldado. Quise volverme a mi tierra, y queriendo profesar Religión más recoleta; hice voto de ser lastre. Vos lo pintáis de manera, que os creo: dejad el manto, y idos. . Disparate fuera, . no está acabado, al n Luis . le he de pescar su moneda. Juan de Vergara, señor, me dijo, que te dijera, que le envíes del dinero que le debes, algo a cuenta, porque está muy alcanzado. Siempre este hombre me atormenta por dineros: no los tengo. Yo de ninguna manera puedo volverme sin ellos. Cansado sois, hay tal tema! llevalde esos ocho escudos, porque agora estoy de priesa; y decilde, que mañana puede venir por la resta. Vivas mil, señores, que bien engañados quedan, y yo me voy a mi casa con doblones, y cadena. . Hermana, quédate a Dios, que tengo una diligencia que hacer. Pues Don Luis no tardes. Aprisa daré la vuelta. . De extraño susto he salido: a quien suceder pudiera este lance? muerta estuve. Qué novedades aquesta; tu vestida tan temprano? Aqueso mismo pudiera preguntarte amiga yo. Fácíl será la respuesta; pues a estas horas a hablarte me rrae amiga una pena, y estar de ti muy quejosa. Quejosa? Sí: bien te acuerdas de aquel hombre, que antenoche libraste, por esa puerta de mi cuarto? Aqueso hice, porque Don Luis no le viera. También yo tenía ese riesgo, pues tengo hermano; esta queja es la que tengo de ti, y tu sancarla pudieras, si quieres hacer por mí Isabel, una fineza Que puedes pedirme tú que dificultoso sea en mi amistad. Siempre fuiste mi amiga muy verdadera. Sabrás, que a este Caballero de quien hablamos, en deuda le estoy, desde que en el Prado; pero esta es larga materia de contar, y que a ti amiga no te hace al caso el saberla. Solo digo, que me importa hablarle, y aunque pudiera verle en mi casa, ya ves el peligro, a que se empeña mi honor, si le ve mi hermano, y así amiga, yo quisiera fuese en tu jardín, pues tú nada en este lance arriesgas, sabiendo las pocas veces que Don Luis tu hermano entra en el, y aunque venga acaso, teniendo una falsa puerta el jardín, que hace a la calle podrá salirse con ella. Qué es lo que escucho! tambien . a Dona Juana, festeia Don Benito! de esta suerte he de apurar mi sospecha. Amigas somos las dos, y así Doña Juana, bella, fiarte puedes de mí: es amor el que te fuerza, a hablar a este Caballero? Aquien mejor lo dijera que a ti: no es sino mostrarme agradecida, y atenta a una obligación; porque lo preguntas? . No me pesa de hallarte tan libre el alma: Ha ingrata, quien te creyera! . porque mi hermano te mira. Ay amiga, esas materias no las tratamos nosotras, y así responde mi lengua, que tengo hermano, y que estoy . . Aquien habrá sucedido, a su obediencia sujeta. Pero dejando esto aún lado, qué me respondes? . . Quesea a noche quedó encerrado. como gustares amiga ̱ . Pues ya con esa licencia. voy a escribirle un papel, en que le diré que venga a las diez en punto a hablarme, y una criada las señas le dará de tu jardín, para que errarle no pueda: Quédate a Dios, que esta noche: que salgo de aquestas dudas, vendre a verte: Norabuena; de todo quedo avisada. No es mala ocasión aquesta de apurar de Don Benito, el engaño: a toda priesa y hoy a escribirle un papel, pues no conoce mi letra, en nombre de la tapada, y pues sé que alas diez queda de llamarle doña Juana; pondre que a las ocho venga para hablar antes con el sin que conocerme pueda, y de esta suerte sabre, en cual de las tres se emplea su amor, y porque el jardín no conozca, haré que tenga una silla prevenida. Jues, y que el venga en ella, rodeando algunas calles, porque confuso no sepa, Pero mejor el suceso lo dirá que yo: cautelas ayudadme, y hasta tanto que satisfacerme pueda, de acual de las tres se inclina, denme los Cielos paciencia. lo que por mí esta pasando! en la casa de lsabel, Moscón, y si allíle encuentra, ay de mí! Don Euis su hermano, sin culpa mía, se arriesga su opinión, y su recato. Toda la noche en la calle, ha asistido mi cuidado vigilante; y no ha salido, y ahora a la calle, entre tanto vuelvo otra vez a buscarlo. Amor, pues doña! sabel, es el dueño que idolatro; perdóneme la tapada, y doña Juana, hoy consagro a tu piedad este empeño. Diego? Buen fermón aguardo, . de mi padre. . . Venid acá, sabéis quien sois? No he dudado, señor, que soy vuestro hiso, y que con esto soy cuanto puedo ser. . No lo parece, vive Dios, que no dais paso, que en descrédito no sea de vuestra opinión; cobrando fama de: conque vergüenza lo digo: de hombre tan vario, y mentiroso, que sois la nota, el obleto, el blanco, y la fábula del pueblo, que es un público te atro de el hombre, donde en balanza igual se representaron del sujeto de los hombres la calumnía, o el aplauso. Vos os llamáis Don Benito Perez? y siendo casado en Flandes, con Doña Luisa de Mendoza, estáis tratando de casaros en Madrid? estilo tan torpe, y bajo no os lo enseño vuestra sangre. dos veces queréis casaros sin enviudar? yo presumo Diego, que ni sois Cristiano, ni Caballero? Qué escucho! vive Dios que aquel borracho de Moscón, aquel infame, a mi padre le ha contado mis sucesos. Declaradme, antes que sea este caso de Inquisición, lo que en esto huniere. . . Por Dios que extraño señor, de vuestra prudencia, que le deis crédito a tantos embustes; yo Don Benito Perez? yo en madrid me caso? Jesús que necias quimeras! Cuando todo fuese engaño, bien pudo ser que isabel . por su honor, y la recato lo fingiese: por lo menos cuando os encontre encerrado en casa de aquella dama fue mentira el disculparos, con decir que allíos entrasteis por yerro, buscando acaso aún Caballero Flamenco: pues de todo me he informado, y se que ninguno vive en ella. Aqueso esta llano, porque Don Guislermo Estrocí, ha poco que se a mudado. al barrío de la Merced, y ayer le di los despachos. que de Flandes le he traído; por más señas que a su cuarto se entra por un corredor, pasando primero un patio, y una escalera, que tiene un esconce a aquesta mano. Vos lo piatáis de manera. que os lo creo. Don Fernando. de Andrada, tu grande amigo te está en el coche esperando. Yo le avise que esta tarde viniese, a llevarme al prado? ahora bien Diego, de vos siendo como sois casado, ruindad ninguna he temido, y que enmendaréis aguardo. la otra faltillas más esto se ha de tratar más de espacio, quedaos con Dios. Vive el Cielo! que ha de pagarme este enfado el vergante de Moscon. Gracias a Dios que te halló, señor mío? Pues infame, después que me ocasionaron tus embustes, con mi padre un disgusto tan pesado; te pones en mi presencia? vive Dios! Detén la manó. Pícaro, chismoso. Hy tal! yo a tu padre? . . Si Villano. Por no perder la costumbre de mentir, me halevantado. un testimonio. Agradece. pícaro, que no te mato. El esta loco. . . A esta dama. Ya le ha venido ami amo, lo que ha menester. Aquien buscáis dama bella? . Andallo mas que la enamora a tiento: descubrid la faz, sepamos que moneda corre dentro del tálego de ese manto. Quita necio; descubrios, que hacer prisionero el garbo, y el donaire, es tiranía. Si no es que en ese nublado, disfrazáis piadosa al Sol, por no cegar con sus rayos. Si fuese alguna buscona, está muy bien empleado el concepto: más qué es esto? a pares vienen los diablos a tentara mi Don Diego, el tiene ripio a la mano. Aquien digo reinas mías, no responden? si son trasgos con guardainfante:; son mudas? sie pues váyanse al estanco del solimane más pregunto, búscanme amí, o amiamo? A mí decís? qué mandáis? aunque el misterio no alcanzó, de tanto silencio, dos papeles me dais cerrados, y os vais sin llevar respuestas oíd, esperad, Volaron, vive Cristo que son brujas, abre, y lee. . . Leo, y abro. Si fíais de mi obligación, mi agradecimiento, a la noche- cer os espera una silla en la puer- ta de la Encarnación, donde por- qué importa a mi recato, os lle- varán a parte que yo salga de este empeño, y vos cobréis la memo. ría perdida. La tapada del prado nuevo. Qué piensas hacer? Moscón, acudir al señalado puesto, y serulta esta dama. Y si aqueste fuese engaño? En mi valor fuera injuria mirar en recelos vanos. Sabes quién es la tapada? Doña Isabel! me ha contado que sa llama Doña Juana de Rojas. . Vamos al caso, abre el segundo papel, y lo que dice veamos. Por excusar a mi herma. no una sospecha, no os suplico me veáis en mi casa, en la de una amiga espera mi queja tomarla. tisfacción de vuestro olvido; y pa- ra esto os buscará una criada a las diez en la puente de Leganitos, No firmard. . No. Quién sería, esta dama? . . Yo he pensado, que es según dicen las señas Doña Juana de Avendaño. Piensas ir a verla? Dieguabia que en esto no hay embarazo siendo distintas las horas. Y Don Isabel? . . Es llano, que la adoro. Pues Don Diego, como empeñas tu cuidado en tantas partes? Moscón, ya en esta ocasión no hallo como excusarme, y en ella, a Doña Isabel no agravio, pues sin intención la ofendo. Aunque me lo diga un Santo, no lo he de creer de ti. Discurres como hombre bajo, que en este duelo de amor, cuando me siento obligado de dos mujeres tan nobles, del pundonor fuera agravio, negarme a lo agradecido, faltando a lo cortesano. Y así perdona Isabel, porque en esta acción no hallo que deje de ser amante por dejar de ser ingrato Esto que digo ha pasado: dile señora el papel, y fin la respuesta de él, como tú me lo has mandado, sin ser conocida vengo volando. Aque so importó a mi decoro, pues yo de aquesta suerte prevengo traerle aquí recatado, para averiguaransí Ines, si me quiere a mí, o a la tapada del prado. Pues aunque una misma he sido, permiten ines, los Cielos, que yo de mi tenga celos, Ya todo está prevenido, la silla en la Encarnación queda aguardando, y la puerta esta del jardín abierta, ̱ . Fue cuerda resolución, que no sepa donde viene, y entienda que le ha llamado la tapada que en el prado le habló. Muy bien lo previene tu industria: pero yo infiero (callarlo fuera delito) señora, que el Don Benito, es grandísimo embustero, porque otro papel le dio Luisa, cuando yo llegué, y aunque disfrazada fue, pude conocerla. . Yo, todo lo he trazado, a fin de averiguar mis desvelos, sus engaños, y mis celos. Ya quedas en el jardín, Dios te de muy buena mano, y con bien a tu hermosura saque de aquesta aventura. J. Rirírate, y si mi hermano. viniere. Ya te he entendido, vendré volando a avisarte. 1. Dómingo en aquesta parte, según nos han prevenido hemos de dejar la silla, 2. Quita los palos. 1. Ya lo hago. 2. Y vamos a echar un trago, a la ermita de Juanilla. Siguiendo vengo a miamo, para ver en lo que paran estos sucesos parece si la noche no me engaña, que este es de Doñalsabel, el jardín, su puerta falsa. es esta, o yo estoy borracho. Aquí sin duda me aguarda. la tapada, y por las señas de las flores, y las ramas, que apenas la noche oscura!, dispensa entre sombras pardas: este es jardín. Ya ha venido; amor tu industria me valga: sols Don Benito? . . Sí soy; y porque un error no haga grosero el afeto mío: decid si sois la tapada del prado? Hablad sin recelo; la misma soy. Nunca el alma. pudo engañar mis sentidos. ̱. Teneisme tan olvidada; fingite la voz: qué dudo aún siendo yo la que os llama que hayáis acertado a verme. Solo puede mi ignorancia. deculpar ese descuído; pues si no se vuestra casa, mi quien sois, aunque os adoro, como pudieron mis ansias so licitarme esa dicha? ̱. Luego me queréis? El Alba, no os tan amante del Sol: y menos enamorada la Clicie vive en sus rayos, yy muere que mi esperanza mana a mayos, Deteneos; y esos requiebros de nácar, que sin alma los pronuncia el aire, de las palabras, a Doña Isabel Pacheco, guardad, que deidad tan rara a ingratos no ha merecido correspondencias tan falsas. Que escucho! viven los Cielos, que sabe cuanto me pasa con Isabel qué deáís? hay quimera más extraña; yo a Doña Isabel Pacheco, galánteo? aquesa dama jamás la he visto, ni hablado, y esta vez solajurara, que hoy su nombre. Que nunca la habéis visto? Cosa es llana, que nunca la hable ni vi en mi vida. Pues no falta. quien diga, que cierta noche, por su jardín, y su casa, os libró de la justicia. Esto está peor que estaba; . todo lo sabes señora. Aquí me trae mi esperanza, por ver si viene Don Diego. Pasos siento, entre esas ramas os retirad, mientras voy a averiguar si son falsas estas noticias. Amiga Doña! sabel? Doña Juana, ya vino aquel Caballero; llega a hablarle confiada porque más decente vaya, que la ocasión, y la noche son del pundonor contrarias; tú has de acompañarme. . Yo . Ay de mí! iré como tu criada, eso es lo que yo deseo; porque averiguen mis ansias estos engaños. , . Fuerte lance! Ya vuelve. Nunca creí que llegara vuestro olvido a esta fineza. Siempre, hermosa n Juana; así me dijo Isabel, que se llama la tapada, os mereció mi cuidado, que dieseis crédito a tantas ansias como desde el punto que os vi, ha padecido el alma: bien sabéis vos que os adoro. Hay hombre más embustero! . y vuestro amparo me valga, cortida estoy de quererle. Aa traidor! Con vuestra hermana está Doña Juana, y vengó, por ser ya tarde, a llevarla. Que estaban en el jardín, me dijeron las criadas. Yo estoy de vos satisfecha, mis sospechas fueron vanas, y agradecida conozco vuestras finezas hidalgas. señora esa confianza. Que escucho! Y rendido, y ciego, mi vida ofezco a esas plantas, en mi amista. . . Pues amiga; d. . Un hombre está en el jardín: a que aguarda mi venganza? Quién va? . Quién es? mi hermano. . Santa Susana: el diablo me hizo curioso; s. pero esta silla me valga. Grave empeño! No responde? Mis palabras . son de acero. Caballero, si antes que todo es la dama, procurad ganar la puerta, a un tiempo quiere tres damas! que es mi hermano el que procura con mi muerte su venganza. Seguidme las dos. ̱ I. Ay cielos! Aquesta es la puerta, entrambas venid conmigo. Ninguno con malicia, o ignorancia, podrá decir de mi brío, que vuelve al riesgo la espalda, cuando me llama el empeño de un honor, y de una dama. Di. Bien os merece mi amor, l. , Muera a mis manos. C. Qué es esto? Hafiera! a tiaidora! ah falsa! Don Juan, no visteis un hombre, que en este sitio (mis ansias, apenas hablar me dejan) estaba agora? . . Ha tirana de mi honor! hablemos claro, igual es nuestra desgracia: Luis, aquí estaba un hombre, y también nuestras hermanas estaban en el jardín: una ha de ser la venganza, puesto que es una la ofensa. Bien decís, no quede rama, que agora; mas vive el Cielo, que abierta la puerta falsa está del jardín, y el hombre no parece: ah vil hermana! Aquí una silla de manos! misterlos son, que no alcanza mi cuidado. Vedsien ella hay alguno, que de tantas dudas nos saque. Señores, descubriose la maraña. Quién val quién es? Señor mío, soy un pobre, que llevaban al Hospital, y esta silla es del Refugio. . . Dechanza responde, viven los Cielos. Detened Don Juan la espada: No es el sastre? Soy un puerco. Que trajo aquesta mañana el manto a Dona llavel? Faltaba en él una cama, No temáis. . Y por esta? enfermo de mal de lada, le vengo a traer en silla. En silla? Sí, que en albarda fuera venir indecente, señor mío, a vuestra casa. Don Luis, perdone mi amor, aunque os encubrí, por causas que importaron, que Don Diego de Luna en Madrid estaba; sabed que es el Caballero de la pendencia pasada, y aqueste hombre es su criado. Atrojose con la carga: pobre moscón. ̱ . Pues infame, como atrevido me engañas, con enredos, y quimeras? Eso de mentir es maña, que en la escuela de mi amo lo aprenderá una calandría. Tú has de decir cuanto sabes de este lance, o esta daga, te harahablar por muchas bocas, Esa cortesía basta, para obligarme, mi amo. Acaba, dilo. . Se llama Don Diego de Luna, aunque le confirmó una tapada en el Prado, habrá tres días, y es Don Benito sugracia. Iten, venimos de Flandea los dos, por una impensada desgracia, que allá túvimos. Iten, entrambos, sin tasa mentimos, y enamoramos. icen, Don Diego dilata el casarse; porque tiene desde que llegó, tres damas en cierne; y de todas tres es Doña Isabel tu hermana la Sultana. . . Calla aleve, no pronuncies tal infamia contra mi honor: vive el Cielo, que he de lavar esta mancha con la sangre fementida de Don Diego, y que su casa ha de volver en cenizas este incendio que me abrasa. Seguidme Don Juan. Amigo, a todo trance mi espada hallaréis a vuestro lado; que mucho, cuando me llaman . celos, y honor. Tu villano, porque a dar cuenta no vayas del suceso, ven conmigo; cámina infame. Él me agarra: corchético es el Don Luis. Honor, tu indulto me valga, para que en las aras tuyas sacrifique mi venganza. Ya estáis en parte, señora, donde asegarar podéis el recelo que tenéis. Sosegad un poco agora el susto; puesto que ha sido en lance tan importuno tal mi suerte, que ninguno hasta aquí nos ha seguido. En mi casa estáis, creed que os defenderá mi espada a vos, y a vuestra criada. Yo agradezco esa merced, y mi temor salisfecho de ver vuestras atenciones, libra mis obligaciones al valor de vuestro pecho. Mas soy de lo que pensáis; y pues no me conocéis, ni aún mi nombre no sabéis. Por Dios que engañada estáis. Vos sabéis mi nombre? Sí: salió vuestra industria vana, Sé que os llamáis Doña Juam. Aquesto dice por mí; no hay que dudar, él me adora, bien lo explica su cuidado. Pero una luz he mirado, que hacia aquí viene, señora; en aquesa pieza luego os entrad, que no quisiera que nadie de casa os viera. Bien decís. Pues entraos. Diego. . . Señor. En iras me abraso: que hacéis aquí? Agora vengo, y hallé esta cuadra sin luz. Ya no basta el sufrimiento, venid acás vos casado sois en Flandes? es bien hecho engañar a vuestro padre? Vive Dios de un enbustero, mentiroso, vil, y indigno de la sangre que os dío el cielo, que os he de quitar la vida. Quién os dijo; yo estoy mueto! que no soy casado? Yo, infame, que agora vengo, ciego de cólera estoy, de hablar con un Caballero amigo mío, y que estuvo con vos en Flandes a un tiempo; el cual, ay de mil me ha dicho, que es mentira, y embeleco, cuanto decís, a quien yo pregunte, advertido, y cuerdo, si conocio a Doña Luisa de Mendoza, o por lo menes, a Don Fernando su padre; y el admirado, y suspenso me respondió, que era engaño, y que os venisteis huyendo por una muerte, de Flandes. Esto no tiene remedio, . cogiome todos los pasos, y pues finezas le debo a la tapada, y está por mi culpa en este empeño, y es rica, y noble, pagarle esta obligación pretendo, dándole mano de esposo: Decirle a mi padre, quiero, que ella es la dama de Flandes. d. . Estáis pensando otro enredo que decirme; pues no es fácil que os lo crea. Antes me quejo de vos; porque a vuestro hijo tengáis en tan mal concepto: como en Flandes ha de estar mi esposa, si agora vengo de recibirla, y llegó en aqueste instante mesmo. Doña Luisa? Sí señor. Donde está? En este aposento. Y eso es verdad? Quién lo duda? Pues llamalda: el juicio pierdo Bien podéis salir, señora. Aquí está; pero que veo! Doña Isabel es por Dios, y Doña Juana, esto es hecho: muerto estoil Qué es lo que miro! en esta casa mi suegro! Seáis señora; qué miro! muda estatua soy de hielo. Adónde está Luisa? . . Señor. Mas aquí pretendo . disimular: Advertid hijo, que es engaño el vuestro; porque esta dama que veis, es Doña isabel pacheco, la que ha de ser vuestra esposa. a Hy mucho que hacer en eso; porque primero soy yo, y a mí me quiere Don Diego. ̱. Albricias amor, que escucho! . este es el novio, que espero! Doña llabel, Cielos! era . la que me daban por dueño. Amiga cansaste en vano. Como en vano? bueno es eso. Entendámonos señoras. Echad la puerta en el suelo. más que miro! ah vil hermana, al satisfacer intento con tu sangre aqueste agravio. ̱. . Muere tirana. ̱. Qué veo! mi hermano. Mueran. No es fácil, que soy yo quien la defiendo. Esperad señor Don Luis, que para todo habrá medio. Para quedar bien los dos, por imposible lo tengo. Señor Don Luis, escuchadme como advertido, y atento, dé a vuestra hermana la mano de esposo, tendrá este duelo fin. En eso ponéis duda? Pues hijo, dale al momento la mano a Doña llabel, Eso es lo que yo deseo: tu esclavo soy, dueño mío. Esperad señor Don Diego; porque antes que se la deis vengar mi agravio pretendo. Vos me sacasteis de casa a mi hermana, y desatento, faltando a la ley de amigo me ofendéis; y en este empeño airoso queda Don Luis, y yo desairado quedo. Y así, a mi hermana le dad la mano aquí, o de no hacerlo, os responderá el valor con la lengua del acero. Señor Juan, escuchadme: vuestro amigo verdadero fui siempre, y os aseguro, que culpa ninguna tengo en que esté aquí vuestra hermana; y estoy por Dios tan suspenso de hallarla aquí, como vos; pues sin culpa mía. Eso a mí el decirlo me toca: Yo hablé esta noche a Dn Diego en nombre de una tapada; pero después el suceso sabréis de espacio, mi amiga no ha tenido culpa en esto. Porque estando en el jardín entrasteis los dos a tiempo, que conmigo Doña Juana en él estaba, y temiendo las dos vuestra indignación. No digas más, ya hasle medio para quedar bien los dos. Pues cómo es posible? Siendo yo esposo de vuestra hermana, que pues yo estoy satisfecho, vos también podéis estarlo. Esto no tiene remedio, mi amor muera, y mi honor viva. Yo soy el dicho en eso: paciencia amor, porque ya solo de mi honor me acuerdo. Y aquí la Comedia acaba, cuyo título a Don Diego le viene bien; pues que supo mentir, y mudarse a un tiempo.
