Texto digital de Los mejores peregrinos y Jerusalén sitiada
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los mejores peregrinos y Jerusalén sitiada. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejores-peregrinos-y-jerusalen-sitiada-los.

LOS MEJORES PEREGRINOS Y JERUSALÉN SITIADA
A Stro infeliz, si trémulo Lucero, casi apagada Antorcha, Luz perdida, Sol eclipsado, lóbrego brasero, Planeta infortunado en tu caída, Marte vencido trágico Guerrero, Capitán de Milicia fementida, Campeón denotado, ya sin fama, cómo duermes? despierta. . Quién me llama? Cómo dormido? Nunca me he dormido, Cómo en sosiego? Nunca he sosegado. Cómo en quietud? Jamás en mí la ha habido, Miedo, y rencor a un tiempo? fuerte lucha! cuál puede ser la causa? Desde el infeliz combate, puesto que más me atormenta y momentanea pelea, que en solo un instante fue invasión, lid, y tragedia. Desde el infeliz principio, en que me vi Inteligencia de Luz, mas por mi altivez quedé sin Luz, y con ciencia, que esta nunca me faltó en fortuna tan deshecha, para más tormento mío, Cómo en tal suspensión! No la he logrado. Pues qué pasmo es aqueste no advertido, qué es del Leteo olvido no pensado? No es quietud, suspensión, sosiego, o sueño? No es si no ira, rencor, horror, y ceño Esa saña, ese orgullo, esa fiereza es la que mi coraje en ti buscaba, no se entibie ese ardor con tu pereza: Ahora si que mi furor te alaba, que se postra el valor de un buen Soldado a vista de un Caudillo acobardado. Oh pecado común, que tarde llega a alentarme tu voz, que me baldonal pues al temor desde hoy mi ardor se entrega. a Ya el pavor, el ahogo me apasiona, ya la altivez, y orgullo en mí se niega, pues solo hallar podrás en mi persona un sobresalto, un susto, un civil miedo, que es de una ley, que en sombra aún ver no puedo, Pues qué sombra oscurece tu luz bella? Una Mujer, que es rayo que deslumbra. Es fantasma aparente? Es una Estrella. Es presagio; o cometa? Es Sol que alumbra. Parece ya de amor esa querella. Mas hija es del rencor, que en mi relumbra. Atento escucha: ver tan vivo mi discurso, y ver mi gloria tan muerta. Desde entonces, pues, quedé con ojeriza tan fiera contra Dios, y contra el hombre, viva imagen de su idea; pero no hay que referirlo, cuando tu saberlo es fuerza, pues siendo tú mi Pecado, y alentando tu proterbia, ̱la mi pertinacía está clara, que es mi acción la tuya misma. Yo, pues, que te vi en mi propio veneno que me alimentas, espíritu que me mueves, potencia que me gobiernas, como vengativo áspid, como ponzoñosa fiera, entre flores de un jardín te escupi, para que fueras el Cierzo de sus matices, de sus verdores el Etna. Tosigo conficionado fuiste, con visos de néctar, pues a un brindis belicoso de una mujer indiscreta, con una poma de amores brindó al hombre dos mil penas; y apenas en sus entrañas huésped intruso te hóspeda, cuando sintiendo actuado el ardor de tu potencia, entre mil congojas, y ansias, entre desmayos, y quejas, perdió el estado feliz de su primer inocencia. Tan radical este daño quedó en su naturaleza, pasando a ser de actual, habitual la dolencia, que ya manchada la estirpe, hidra de siete cabezas, si en un andividuo es muerte, a toda una especie afea; y no hay que espantar que el daño del tronco en las ramas prenda, que el defecto en las premisas destruye la consecuencia. De esta forma te introduje en el mundo, porque pueda introducir tu malicia franca puerta a mis cautelas, y contra el Linaje humano, ya publicada la guerra, tu espía doble del trato, yo guerrero de su ofensa, lo que tu estragas en vicios, yo destruyo con mis fuerzas. Oh cuantas veces le puse ya en la última experiencia! Ya en las aguas de un Diluvio sepulté toda la tierra; ya en tres años a las nubes seque, porque no llovieran, con cuyo estrago quedó. si no absorta, boquiabierta; ya en las llamas de mi centro sorbi Ciudades enteras; ya en terrémotos se asusta, ya en uracanes se asuela, porque en todos elementos el Mundo halle su tragedia, porque son tierra, aire, y agua, suspiros, sepulcro, y huesa. Yendo, pues, tan ventajosos mis progresos, nueva empresa alento mis esperanzas, pues siendo ojeriza nuestra usurparle a Dios la gloria, y al hombre la gracia bella, viendo que el Pueblo de Dios está reducido a esa Ciudad de Jerusalén, que la Militante Iglesia en alégrico estilo significa, y que desde ella, como de seguro Fuerte, el hombre a los dos guerrea, me pareció buen acuerdo ponerla sitio, y para esta acción, resolví que fueses a espiar sus Fortalezas, sus presidios, guarniciones, sus valvartes, y sus fuerzas, e introdujera tu astucia vicios, delicias, flaquezas, diversiones, y regalos para que a un tiempo le fueran duro combaté mis armas, tus blanduras dulce ofensa: que no son conta un Imperio menos eficaz pelea las delicias, que las balas, que los estragos las cuerdas, Hasta aquí (vuelvo a decir) con fortuna mis banderas se despliegan ventajosas; pero desde aquí (qué pena!) abatidas (qué desgracia!) el que las recoja es fuerza, pues lo que era orgullo, es ya horror, espanto, y tibieza; pues estando suspendido, llevado de mis ideas, me pareció que me hallaba en Parmos, y que en la esfera del aire vela (qué espanto!) una Mujer de estas señas, Un Sol de otro Sol vestida la miré, y de doce Estrellas coronada, que la Luna tapete era de su huella. Preñada estaba, y cumplido el tiempo de que pariera, cuando una sagaz serpiente, con airada faz, espera que para, y al punto hacer al tierno Infante su presa, que émula de tantas luces, busca el despique en que muera, pero no logró su astucia, que por mayor providencia, e luego que de entre su Claustro salió a luz la Luz más bella, burlando a la fiera esfinge, en hombros de Inteligencias se trasladó a mejor Trono, dejando a la airada fiera turbando el aire a bramidos, y estremeciendo la tietra, Allí una voz exclamó. diciendo: Indomita fiera, frustrado se han tus designios, desde aquí tu ruina empieza, porque este Príncipe es quien por edades eternas ha de imperar; y porque más claramente lo veas, vuelve los ojos, verás el nupcial Trono que huena, la Corte que le recibe, y los triunfos que le esperan, Volvila vista, y miré una Ciudad, la más bella, que vio el Mundo, ni que pudo idear naturaleza. suexpugnables murallas la cercan, de cuyas piedras lo sólido la defiende, lo precioso la hermoséa, En cuadrada forma estaba fundada, con doce puertas, tres para cada costado, de hermosa correspondiencia, cuyas claves, y linteles de preciosos sondos eran, No con más lucido ornato para sus bodas se asea la Desposada más noble, ni la más rica Doncella, que esta Ciudad se adornó para el Príncipe que espera, En medio de este Teatro un Trono Regio descuella, en que el Rey manso Cordero, adoraciones granjea. Allí Coronas le rinden, músicas le lisonjean, Santo le aclaman las voces trinadas, que el Coro alterna, Reconocer la Ciudad quise, y aunque por las señas la desconocí, el presagio de mi desdicha rastrea, que era esa Jerusalén, que con celos me atormenta. Pues siendo esto así, que mucho que mi orgullo descaezca, que mi aliento tituvee, y se rinda mi soberbia? Pues veo que a mis intentos opuesto el Cielo se muestra, con tal conato, que no hay designio que no me tuerza; pues volviendo a requerir aquestas noticias nuestras, hallarás calificadas mis zozobras, y quimeras Si en el Diluvio hubo un Arcas en que el Mundo se renueva, para un Cuervo una Paloma cándida, que al Arca vuelva con la reseña de paz, y un Iris que la sanea; si el agua falta, una Nube a fecunda los campos riega; y si el hambre al Pueblo afliga, hay una Aurora, que en perlas les da el Mana por alivio; a una sed, se abre una peña; a un Capitán Holofernes, una Judir le deguella; a un Aman hay una Ester, y una Ave para una Eva: estos presagios infaustos, y profecias adversas son las que mi ciencia ofuscan, y zozobran mis potencias. Y sobre todo, mirar que esa Ciudad ya desierta, de los vicios poseida, y a las maldades sujeta, en la hoguera de su ruina Fénix la vida renueva; qué mucho, pues, que me asusten qué mucho que me estremezcan tantos misterios, y anuncios, tantos presudios, y emblemas, como esa región del aire atemorizan, y pueblan? Pues Mujer, Judit, Ester, Arca, Paloma, Iris, Piedra, Nube, Mana, Lluvia, Infante, Sierpe, Ciudad, Trono, Puertas, todos misterios, que ignoro, todas frases, que me ciegan, todas voces que me asustan, y enigmas, que el alma tiembla, son todas sombras, que asombran el explendor de mi ciencia, pues son de luz más gloriosa la sombra más verdadera. No por leves fundamentos desprecio hago de esas señas, ni a liviandades las juzgo, que a tales avisos, fuera más temeridad, que arrojo, faltar recelo, y cautela. Mas no es bien pasen a ser temores las advertencias, puesto que advertido el daño, es más fácil la defensa. Mas es cobardía infame, indigna de tu nobleza, que descaezcan los bríos a vista de una experiencia. Qué osadía obuenca, quien de solo un riesgo se altera? Al que le postra el amago, el golpe qué hará, si llega? Quien de ver el Mar se asusta, qué Indio habrá que le enriquezca? Quien del estámpido muere, que efecto a la bala deja? Y finalmente, el que solo del Sol a un revejo ciega, sin ver del Sol la hermosura, con la luz a oscuras queda? Y así, Caudillo valiente, cobra aliento, que es vileza; que a Luzbel deslumbren sombras, siendo él la luz de tinieblas. Oh qué eficaz mi Pecado . a la persidia me alienta! mas cuando el pecado mío la pertinacía no esfuerza? Como quieres que no dude, si el Cielo todo en mi ofensa se declara? . Conociendo que son ilusiones esas vagas sombras, que te asustan; y porque más bien lo creas, escucha de mí el estado en que está la Ciudad puesta. La que señora del Mundo se miró, hoy se ve sujeta al Romano Imperio, siendo esclava de su violencia. Si Rey aclama, es intruso, pues tirano Herodes reina, haciendo con homicidios esmaltes a su Diadema. Ya sin Consejos se rige, ya el Senado de setenta Ancianos, rindió a cuchillo, con las leyes las cabezas. No hay ya Religión, ni Ley, la idolatria se aumenta, ya el Sacerdocio se vende, las Dignidades se arriendan, la lujuria arde en incendios, fecunda es ya la torpeza, al descuido de las armas solicita la pereza, los edificios se arruinan, y las calles se despueblan. Oh República infeliz, como tu ruina esta cerca! Pero de aquestos principios, qué fines son los que esperás? Este es el estado en que la puso mi diligencia: que te queda ya que hacer, si yo la tengo deshecha? Alienta, pues, no receles; y para más evidencia, cuan otro la ves ahora, mira desde esa eminencia, de la que en Parmos la viste, pues hoy gime; y se lamenta. Atiende allí a jeremías, por si sus llantos te alegran; escucha a David, que en Himnos canta tu gloria, y su afrenta. O lo que debo a tu astucia, Pecado! Y cuanto deleitan estas ruinas a mis ojos, siendo mis glorias sus penas! Cómo, Jerusalén, tranquilidad esperas, sin muros que resistán, y el contrario a la puerta? Como la que dio leyes al Mundo, heroica Reina, se halla ya despoblada, de enemigos opresa? Ay de ti, Ciudad bella, qué cautiverio, y destruición te espera! Eso sí, pese a mis ansias: qué bien este llanto sueña a mi oído! aunque no en balde la avisa esta dulce queja. Escucha a David, verás como de la humana fuerza desconfía, el ver cumplida del hombre las diligencias. Si el Señor no edifica las rodillas, que están hechas del que la Ciudad labra, ociosa es la tarea. Qué importará que al Pueblo desvele tu defensa, Jerusalén, si el Cielo en tu favor no vela? Ay de ti, Ciudad bella, que esclavitud, y destruición te espera! Aunque del Cielo el poder vele contra mis cautelas, mi astucia sabrá del Cielo burlar la docta advertencia Todos tus más amigos te burlan, y desprecian, y olvidando tu llanto, te miran como adversa. Si alguno abre la boca, con baldones te afrenta, y rugiendo murmura como rapiante fiera. Cercada de fatigas:: Sin humana defensa::: Tus delitos te tienen. Tus contrarios te cercan. Ay de ti, Ciudad bella, qué esclavitud, y destruición te espera! Que más cierta tu victoria quieres ver, cuando te muestran estas voces sus temores, estos llantos sus miserias? Ya parece que a mi orgullo le alientan estas querellas. Pues a la empresa, y a vista de los estragos que esperan:: Pues a la invasión, y a vista de mi rabiosa fiereza:: Jeremías con sollozos:: David al son de sus cuerdas:: Por regalo de mi oído:: Por lisonja a mi soberbia:: Repitan sus voces en tristes endechas: Ay de ti, Ciudad bella, que esclavitud, y destruición te espera. Osada bestia infernal, tu mismo horror te despeña, pues donde buscas el logro, tu ruina mayor encuentras. Esta Ciudad, que abatida miras, nunca más excelsa que ahora, ni más heroica en majestad, y grandeza. Como tan presto te olvidas de Parmos? ya no te acuerdas de su profético aplauso? Tan presto ignoras, qué es esta Jerusalén Militante, que es lo mismo que una Iglesia inviolada, eterna, fuerte, incontrastable, y perpetua? Pues, cómo, di, tan osado, con nuevos contrastes, piensas destruirla, cuando nuevos fuertes de gracia la sellan. Qué presto, Poder Divino, tus ojerizas renuevas contra mí! juzgas que ahora es como la vez primera, en que los dos mano a mano al Cielo hicimos palestra? Pues no ha de ser, no ha de ser, que si venciste en aquella ocasión, no es fácil que en la segunda me venzas, pues allí fue de poder a poder la competencia, y aquí es medianero el hombre, de cuya humana flaqueza haré escala, con que logre asaltar esa eminencia, y a esa Iglesia Militante entrarla tengo por fuerza, que son sus muros muy bajos, y en mí muy alta la ciencia. Pues en qué, di, Esfinge, fundas tu arrogante empresa? En que estando introducida tanto mi malicia en ella, sobra mucho de su ira a reducirla en pavesas. Por eso habrá quien destiere tu astucia, sagaz Arleta, y habrá quien ponga la planta sobre sus siete cabezas, Quién puede ser? Allá en Parmos una mujer te lo enseña. Fúndome en que ni un combate puede resistir tu almena. iv. Foralecida la viste, no olvides muros, ni piedras. Qué importa que su edificio se erija, y se fortalezca, cuando ya sin Rey se halla, que la rija, y la defienda? No miras, que aquel Cordero es León de Juda, qué reina? Y aunque tenga Rey, qué impor- si despoblada la encuentra? (ta, será Cabeza sin Cuerpo, y Rey sin quien le obedezca. De mejores Ciudadanos la poblará, de quien tenga obras, y Fe, que darán por él la vida, y por ella. Nada de eso experimento. Tiempo vendrá en que lo No llorara Jeremias (veas si alguna esperanza hubiera. David no desconfiara, si el remedio previniera. Pues escuchad, y veréis cuan otro su acento sueña. Jerusalén, en Psalmos a tu Señor celebra: da, Sion, alabanzas al que de ti se acuerda. Fortalecidos muros, y pertrechadas puertas de nuevo en ti edifica, y tus gentes congrega. Feliz Jerusalén, esta fineza en ti el Señor, por su piedad, estrena, Qué importa que soliciten reparos sus diligencias, si donde no hay fundamento, el edificio flaquea? Piedra firme es su palabra, fundamento de su Iglesia, que no es nuevo que se diga, que el Verbo Cristo es la Piedra, Esa Palabra es confusa, no hay quien esa cifra entienda. Pues atiende a Jeremias, verás lo que dice de ella. En el Señor confío, que es fuerte en las peleas, ha de verse poblada, la que ahora desierta. Y que de David salga fecunda descendencia, que la gobierne, y rija con su Palabra misma. Feliz Jerusalén, esta fineza en ti el Señor, por su piedad, estrena. No ha de haber persecución, que no imagine en su ofensa. Ni en su defensa habrá medio, que su amor no la provea. Con hambres la afligiré, cuando otra cosa no pueda. El nutritivo grano, que saciarte pueda, en la trojabundante de tu Dueño se encierra. Pues sedienta la tendré, porque de su llanto beba. El Espíritu inmenso, en taudales de ciencia, bajará a hacer que corran en cristales las perlas. Celebrad, Ciudad Santa:: El Monarca, que esperas: El Señor que te rija:: Porque tanta fineza en ti el Señor, por su piedad, estrena. Pues antes que aquese Rey para remediarla venga, sabré asaltarla, y hacer, que a fuego, y sangre perezca. No tardará la Palabra, presto cumplida has de verla, que ya a la puerta tu ruina, y él a los muros se acercan; pues esta primera Noche, . . Divinas Inteligencias: que entre todas es la Buena, en Belén (que aunque es distinta Ciudad, en aquesta idea alegórica se entiende por una primera fuerza de estotra ilustre Colonia) quiere alojarse, y desde ella para su Iglesia previene entrar triunfante en su Iglesia. Pues mi astucia tomará los pasos, porque no pueda tomar posesión del Trono, ni del triunfo, que le espera. No es fácil que le conozcas, hasta que dentro le veas, porque disfrazado viene, y encubriendo su grandeza en cristalina Carroza, trae las cortinas cubiertas. Pues para que (aunque se oculte) no se huya a mi violentia, a cuantos a esa Ciudade Peregrinos se enderezan, he de asaltar valeroso en latrocinios, y ofensas; y así impediré, que entre también el Príncipe en ella. Pues yo para conducirle, sentaré Militia nueva de Signados, que con Cruces de sus espadas sangrientas, figura del Estandarte, que más temes, y más tiemblas; conduzca los Peregrinos a aquesta Ciudad excelsa, porque para más injuria, admires en tu presencia una Religión, que sale de su Militante Iglesia. Pues astucias infernales: A la batalla os convoco. A hacer al Infierno guerra. Y tú, Ciudad infelice:: Y tú de las gentes Reina::: Teme mis furias, y estragos. Sus asechanzas no temas. Que a destruirte:: A ampararte::: Todo el Infierno se apresta. Todo el Cielo se previene. Y el Príncipe de tinieblas::: Y el Verbo Divino en carne:: Te combate. Te renueva. Y di, llorando tu ruina:: Y al ver tu Príncipe alterna:: Ay de ti, Ciudad bella, que cautiverio, y destruición te espera! Feliz Jerusalén, esta fineza en ti el Señor, por su piedad, estrena. Quejosa, y llorosa de mi suerte adversa, a estas soledades me traen mis querellas, por si hallar pudiese en las asperezas ternura, que ablande a mis duras penas, Yo soy la infelice mal casada Menga, que amando a Riselo, Zagal cuyas prendas en aquestos valles iguales no encuentran, por dar gusto a un padre, que interés le ciega e a un villano torpe, rústico en presencia, doy un si forzada: Oh nunca le diera! pues vivo sin gusto, sin paz descontenta, sin quien me enamore, con quien me atormenta; mas pues la culpa tengo, pague la pena. Ay de mí, y hay de aquella, que por dar gusto a un padre, casa por fuerza. En fin, Borrego, quisisteis, que el Sacristan en la Igreja hiciese las mostraciones, para casaros con Menga? En fin, quisisteis tener a un suegro con una suegra, que es lo mismo que escuchar dos lechones a la oreja? En fin, quisisteis vos mismo ir por vueso pie con ella a casaros mano a mano, muy galán, y con gorgüera? En fin, salió el Sacristan con Cruz, hisopo, y caldera; y os remojó lindamente, diciendo el Requien aternama En fin, vos pescudó el Cura, Borrego queréis a Menga? y respondisteis que sí, con vuesas once de oveja. En fin, pásito a pasito, groñendo el Cura en su lengua, en la Igreja vos zampó, sin que pidieseis Igreja. En fin, juntando vos luego cabecita con cabeza, us ató, como quien dice: unzamos aquestas bestias. En fin, el buen Cura dijo, ararorun famuleram, que uncidos, y hartos de arar, es pulla, aunque yo no quiera. Finalmente, y en efrento, por cabo de estas quimeras, yo vine a quedar casado de los pies a la cabeza. No es aquesto así, Borrego? pues qué heis de her? tener pacien- y sofrir: no mijor es (cia, dalle, que sofrir a ella, que en un hombre el ser sofrido sueña mal, es gran bajeza. Pero vos no lo quisisteis? sí, pues pagaréis la pena. Pues qué heis de her? ahorcaros, que es una gran diligencia para escaparme de un golpe de mis surgos, y de Menga. Ea, pues, esto ha de ser, señores, nadie me tenga: no hay que andar, hoy me he de ahor- aunque yo fuera la Reina. (car, Oh injusto padre! qué has hecho? mira que a una hija entregas al cuchillo de un verdugo, no tienes de ella clemencia? No la tiene: plegue al Cielo:: Mas en vano es mi querella, no tienes la culpa tú, yo la tengo (suerte adversa y pues la culpa tengo, pague la pena: Ay de mí, y hay de aquella, que por dar gusto a un padre casa por fuerza! En fin, Borrego, ha de ser, no hay que tener más pereza: mas pienso que fuera bueno, antes de esta diligencia, el mirar bien, por si acaso me desmayo, no suceda alguna cosa quizá que salga cara la fiesta. Pero allí está mi marido: solo el verle me atormenta. . Mas no es esta mi mojer? hola, digo, arre allá, Menga. Hasta el hablar es de bruto: . que me quieres? . Que me quie- pero por qué ojillorosa? ras; que bien ojialegre eras, Por verme tuya, y sin gusto. . Pues veis esta soga, veisla? Si veo. . Pues si la veis, señal es que no estáis ciega. Brutalidad como tuya. Pues tiene virtud muy buena para escasar mal casados, y puedes valerte de ella muy fácilmente. . Cómo es? Cómo? ahorcándote con ella. Ahórcate tu primero. Eso no, que te riyeras, como te quedabas viuda, haciendo la gata muerta. Pues yo me ahorcare, Arre, parda: pues qué, lo tomas de verás? Y tan de verás lo tomo, que me ahorcaré, como vea que te ahorcas, pues con eso podré morir muy contenta, pues muero, viendo que muere quien me mata, y atormenta. Cierto que me quieres mucho, pues a apartarte no aciertas de mí: ahora bien, si ha de ser, (bos a mitad la diligencia partamos, y a un tiempo entram- nos ahorquemos. . Norabuena, daca la soga. . No, no. yo vos la echare, no sea que os la echéis mal, y caigáis, y os quebréis alguna pierna. Mirad, ya estamos atados, ahora tirad afuera, como perros, hasta ahorcarnos, y quedarnos en porreta. Ea, tirad hacia allá. Así lo hago muerte, llega, Yo también ea, Borrego, que para quies la habilencia: hola, , no tires tanto. Esta es la postrer fineza, que hago por ti, mi Ríselo. . Ya saco yo tanta lengua, ya el pecho se me levanta; ya me muero a toda priesa. Adiós, Ríselo querido, . Adiós, amor, yo estoy muerta. Yo también, adiós, Borrego. Dios te dé la Gloria eterna. Acude aprisa, Pascual. Qué desgracia ha sido estar Estar Menga casi ahogada; afloja esa soga. . Espera, que acá está también Borrego, casi ahorcado. . Mi bien, Menga, vuelve en ti, qué tienes? . Qué quieres, Ríselo, que tenga, si tengo un mal, que la muerte es solo quien lo remedia. A Borrego, hola, Borrego, hay figura más horrenda. Borrego, Borreguillo. Voto a nos, qué borreguea? no conoce que estó ahorcado, y que no puedo hablar lletra? No llores, mi bien, repara que valen caras las perlas. A Borrego. . Y que apostamos que, si me quito la cuerda; le pego dos zurriagazos. y le hago tener vergüenza? Teneos, cómo hacéis eso? Tengo yo razón que suebra, Qué razón tenéis? ninguna, Diga osté, si oste estuviera ahorcado en gracia de Dios, se holgara que otro viniera, estando oste sosegado, a quebrarle la cabeza? Posible es, que siempre andéis los dos en estas quimeras, cuando la Villa, atendiendo vuestros méritos, intenta daros la Vara de Alcalde? A qué bien hace! y lo acierta, pues con eso podré ahorcarla con josticia, y sin pendencia. Mejor será que os hagáis amigos. . Cómo ella quiera, seamos amigos, que no es para cada Noche Buena esto de ahorcarse, por solo dar que reír en la Aldea. Ea, Menga haced las paces. En fortuna tan adversa, . el engañarme a mi propia es la mayor conveniencia: quérrele, aunque sea fingido. Qué decís? . Que por mí, sea; que te quiero, mi Borrego. Toca esos huesos, Borrega, y déjate de ahorcada, pudiendo ser Alcaldesa. Perdona, Riselo mío, que esto diga en tu presencia. . Yo, Menga cumplo en quererte, cumple tú en seguir tu estrella. Ea, Borrego venid, porque la Vara os espera. Vamos, porque sepa el mundo, que Borrego es gran cabeza. . Purísima María, Espejo cristalino de pureza, en quien, por dicha mía, al formar tu belleza, su primor excedió naturaleza: No sé como dijera alguna de tus muchas perfecciones, que todas no pudiera, (nes. pues tus bellas facciones el más diestro pincel copia en borro- (do Mas désele licencia a que diga mi amor lo que ha estudia- con tanta reverencia, y tenga este traslado precio por fino, y no por acertado: as que el oro es brillante, más hermoso que el Sol, fanal del Cielo tu pelo rutilante; pero no le compare mi desvelo, pues ni el Oro, ni el Sol vienen a pelo. Lo terso de tu frente, reparo es del amor, mas no tropieza, aunque es tan excelente, termina mi rudeza, y así la voy pintando con llaneza. El arco de Cupido se vence, al ver tus ojos sin enojos; y viéndose vencido, sus flechas, en despojos, rinde el amor a vista de tus ojos. De nácar tus natices, son balla a la mejilla, que provoca las flores a contienda de matices; y el clavel, a quien toca, dijo en esos tus labios, punto en boca. La nieve tomó a pechos el hacerte un dibujo soberano, y al mirarlos en blanco tan bien he- quedó el armiño ufano, (chos, y al cristal, y al mársil le dio de mano. Hallar pia en el inmenso Mar de tu luz, difícil es, María, pues absorto, y suspenso en ver tu bizarría, en calma deja siempre el alma mía; Si en copia, María, grosero mi pincel pudo agraviarte, honeste la fe mía el defecto del arte y crédito le de para adorarte: lo cual hago tan fino, que al mirarte mi Esposa, sin recelo, glorioso me imagino, pues me juzgo en el Cielo, teniéndote por mía acá en el sucio. Joseph, Esposo amado, fino Consorte de mi fe, y pureza, tu elegancia ha mostrado, cuan grande es tu fincaa, pues tan deudora deja a mi belleza, pinceles, y primores, que te los dio tu amor, claro se infiere; y viendo ser amores, dirá aquí quien te oyere, este es Pintor, y pinta lo que quiere. Como tanto te quiero el que me quieras, tanto estimo, pues en ti hallar espero, como en Esposo, arrimo, fineza de Galán, y amor de Primo, Primo, Galán, y Esposo, a servirte rendido me dedico; si bien, que vergonzoso, cuando a aquesto me aplico, temo la confusión de no ser rico. Pues si posible fuera tenerte con regalo, y con decoro, cual mi afecto quisiera, fuera corto tesoro de las Indias de Ofir precioso el Oro. Y así, Esposa querida, siento que mi ejercicio no acaudale con que os halléis servida; pero al mayor se iguale, que si a vos se dédica, mucho vale, No, Joseph de mis ojos, temo afán, ni pobreza, ni eso te cause enojos, pues no hay mayor riqueza, que tener tu virtud, y tu nobleza; antes esta taréa es de mucho valor, pues gana un Cielo: y pues en mí se emplea, lo pide mi desvelo, que, por no poder yo, pague tu anhelo. Lo que siento, es, Señora, entre tanta congoja, este camino, que es fuerza hacer ahora, en que ese Sol Divino se ha de ver sin decencia peregrino: y más cuando es forzoso que vais a pie, Señora, y estando tan preñada, que aunque corta jornada, para vos la conozco muy pesada. Yendo yo a vuestro lado, nunca el camino me será penoso, y el que así lo ha ordenado, que es Dios Poderoso, sabe que así conviene, y es forzoso. Victor Borrego el Alcalde. Digan vitor, y haré ahorcarlos. Victor, con salud lo cumpla. Qué es aquesto? Es, que han nombrado Alcalde, y a lo que creo, vendrán a casa, por darnos cuenta del que han elegido, que como los debo tanto, con vasallaje de afecto se comiden así a honrarnos. No hacen mucho, pues conoce tus prendas, y tu agasajo. Borrego, muy géntilmente la vara os sienta. . Mal ajo: a mí, aunque sea una albarda, me pone siempre galano. Amigos, seáis bienvenidos. Para ser vuestros criados, que será la mayor dicha. Yo os estimo el agasajo. Vive ñosla, que de veros, Joseph, me alegro, que rabio; Dios te dé salud, Borrego. Dios us guarde muchos años, y de esta bella muesa Ama, que es vuestra Mojer, veamos un Hijo, que a Abrahan le saque de su sotano. Qué sencillez tan graciosa! Yo só Alcalde. Heme alegrado: Dios os lo deje cumplir. Eso es cierto, y todo un año, que en esto de comprimientos he sido un Cid de muchacho. Cierto es que lo merecéis. Dios us guarde muchos años. Oh cuanta envidia los tengo a estos dos tan bien casados! No es bella Mojer, Pascual? Si es; pero consolaos, que la vuestra no es muy mala. Sí, para el tiempo en que estamos, Menga es hermosa, dispuesta, y tiene muy lindo garbo. Veis, qué os parece dispuesta? pues no me llega al zapato. Amigos, yo parto al punto para Belen ved si algo me mandáis. . Pues a qué vais? Camino, por ser llamado de un Edicto, en que se manda, que sin reservar estado, suerte de gente, ni oficio; sin legítimo embarazo, de cada familia dos, de los Pueblos comarcanos, acudan a su cabeza de Partido, y como estamos a su Provincia sujetos, es forzoso, que allá vamos. Y quién ha dado ese ahito? Es un expreso mandato, amigos, de Augusto César. Y quiere darnos con algo, o nos quiere dar librea? No llama, si a empadronarnos. Pues valga el diablo su alma, el grandísimo borracho, que le hemos hecho nosotros, para hacer empaderarnos? A empadronarnos, Borrego. Que ya lo entiendo, a empañarnos. Amigos, quedad con Dios, que yo al instante me parto, que como llevo a mi Esposa, y su parto está cercano, es fuerza abrevie el viaje, porque más presto volvamos. El Cielo os dé buen camino, y os vuelva con bien a entrambos. Si hará, que llevando un Cielo conmigo, no hay que dudarlo. Vamos, Esposa querida. Guiad, pues, Esposo amado, que cuando a mi lado os llevo, llevo un Ángel a mi lado. Por cierto, rara virtud! dos Ángeles son entrambos. Y aunque digamos, que más, juzgo yo, que no pecamos. Puesto que el César nos llama, que se le lleven los diabros, y vámonos a empañar por nuestros pasos contados. Y vos, Menga, eis de ir allá? Y si me cogiese el parto en el camino, qué habías; de hacer conmigo en tal caso? Oigan, pues estáis preñada? Sospecho que sí, o me engaño. Pues por obra de quién es, porque todos lo sepamos? No lo sabéis? No. . Ni yo, Mas cuánto va qué es milagro? Ríselo, sábeslo tú? Yo? cómo, u cuándo? Ah bellaco! Borrego, dejad locuras, y ved que se cumple el plazo del Edicto, y que ir es fuerza. Aquesto de fuerza es malo: Menga te ha forzado a ti? A todos nos ha obligado. Sí, que es Agosto Cerezas Emperador muy honrado, que nunca fuerza a mujeres, que solo fuerza ha barbados; y puesto que nos obriga, luego al punto nos partamos. Vamos, porque la comida para el viaje prevengamos, Hola, llevad buenas botas, pan, queso, y dos horcas de ajos: porque para esta empañada no falte lo necesario: Vamos, Menga. Y no previenes en que yo vaya a caballo? No, hermana, porque el Cerezas manda ir a pie, y este es causo reservado en el edito el irse paso entre paso. Pues cómo, estando preñada, he de ir a pie? . Cómo? andando, y aquesto ha de ser aprisa, que es tarde, y hay poco andado. Prevenid los caminos, disponed las sendas al Señor, porque halle en todos el hospicio, que desea. Este general pregón, aviso, u Edicto, sea notorio a toda criatura, puesto que de todas ellas es deuda igual el rendir a su Hacedor obediencia. Y así, pues con todos hablo, todos a esta voz atiendan, que aunque en el desierto clamo, en todo el mundo resuena. Prevenid los caminos, disponed las sendas al Señor, porque halle en todos el hospicio que desea. Y porque en la alegría equivocadas las señas de Ángel, y voz, no confundan el concepto, todos sepan, que soy eco de una voz, que de la Palaora eterna es Precursor, y Lucero, que del Sol la Aurora enseña; y así, haciendo entrambas lucos, de Voz, y de Inteligencia, y Precursor de uno, y otro, es bien que el oficio ejerza, dando en realce al asunto e nuevos visos la Vanderá, e insignias de Juan, en cuyo nombre milita la excelsa, y universal Religión, que es la guía, y la defensa de los Peregrinos, que, o caminan, o navegan a Jerusalén devotos, ya por mar o ya por tierra, Y así, en un supuesto solo alegórico, se ostentan Ángel, Juan, y Religión, que en solo una voz se encierras con que no hay que preguntar a Juan otra vez quien sea; y disculpe el entendido esta salva, o advertencia, y aunque sobre para el docto, quien lo ignore, lo agradezca. Y porque nuestro discurso a la metafora vuelva, a un tiempo defiendo, exhorto, y hago notorio, que llega el Cordero de Juda, que es Rey de Cielo, y Tierra: y para que su hospedaje las criaturas prevengan::: (dan. Este pregón escuchen, y atien- porque de todos a noticia venga. Y así, Tierra, Aire, Agua, y Fue- Cielo, Sol, Luna, y Estrellas, (go, brutos, aves, peces, flores, montes, valles, fuentes, piedras, hasta el más humilde, pues en todos, y a todos llena, y el ser tenéis de su ser, siendo nada, si él no fuera. Todos rendidos, gustosos, por ver que a ilustrarnos venga, de criatura tomando humilde naturaleza, predicando, que con todos partícipe, e igual entra: cada uno en su ser mismo mil regocijos prevenga, y con festejos la espere por su camino, o su senda. El Sol más brillante luzca, serena la Luna crezca, brillen los Astros más puros, encienda el fuego su hoguera, el Aire leve su suerte, bórdese a esmaltes la Tierra, den las flores su realce, corran las fuentes risueñas, canten las parleras Aves, brote en los valles la hierba, los montes se hagan pensiles, dóciles se hagan las fieras, hasta el humilde gusano vario júguete parezca; y más que todos, el hombre, como aquel que más granjea, pues humano traje viste, y la Redención desea, pues con su gracia le ilustra, y su gloria le franquea, De la virtud los caminos allanaré, que no tengan tropiezo alguno, que impida aquesta entrada, que espera. Este pregón escuchen, y atiendan, porque de todos a noticia venga; Prevenid los caminos, disponed las sendas al Señor, porque halle en todos el hospicio que desea. Al arma, infernales furias, Pecados, a la pelea. Arma, arma. Alerta, atended, que gente el camino huella: guerra, astucias infernales. Dio. . Este pregón escuchen, y atiendan, porque de todos a noticia venga: Prevenid los caminos, disponed las sendas al Señor, porque halle en todos el hospicio que desea. Guerra, guerra, al arma, al arma. Arma, arma, guerra, guerra. Guerra pública el infierno, que en estragos se recrea: haga el furor de mis iras estos cáminos palestra, que Pirata de estos montes, Vandolero de las selvas, armando fuertes de vicios, de pecados, y de ofensas, tengo de impedir que pase mortal ninguno hacia esa Ciudad, que tanto me aflige, me confunde, y me atormenta: y a ese Rey, que espera ufano, impediré que entre en ella, y si le hallo entre mis brazos le convertiré en pavesas. No hay senda alguna, que no tomado haya mi cautela, que ministro de tus iras, mi espíritu sagaz vuela: y de estos siete caminos, que siete Virtudes sellan, siete capitales vicios, que mis pasiones somentan, hoy son para nuestro aviso vigilantes centinelas, con orden de que si pasan algunos la línea nuestra, el fuego concupiscible de mi irritada furia enciendan, para que con la noticia, juntas todas nuestras fuerzas, luego al instante se apresten siete rayos, siete flechas, que disparadas a un tiempo, son combate sin defensa. Oh cómo he de ver lograda con tu astucia mi cautela. No hará tal, vil cocodrilo, que ya en tu oprobio se aprestan siete invencibles Virtudes, que siguiendo esta Vandera, son para aquesa Ciudad propugnáculo, y defensa, y de este Rey la Persona trae en comvoy, porque pueda con su escolta entrar triunfante en su Militante Iglesia. No es posible que el asedio de mi Escuadra se defienda. Prueba las armas, verás como se frustra tu empresa, Si haré, porque convencido en tu arrogancia, lo veas. Pues al arma toque el Cielo. El infierno se prevenga. Y no por eso mi voz su primer asunto pierda, previniendo los mortales el bien que se les acerca con la venida del Rey, diciendo todos atiendan. Y no por eso desista mi aliento de su propuesta, diciendo, tocad al arma. , . Arma, arma, guerra, guerra. Prevenid los caminos, disponed las sendas, Guerra, guerra, al arma, al arma . arma, arma, guerra, guerra. Ea, Pecado común, esta es Belén, primer fuerza de esta Iglesia, esta Ciudad, que tanto nos atormenta; que aunque dististintas Ciudades, en la realidad se encuentran, es en esta alogoría primer valvarte, o puerta. En esta dicen, que el Rey disfrazado entrar intenta, porque desde aquesta quiere entrar triunfante en aquella, haciéndola un Buen. Retiro, hasta que esté ya dispuesta su entrada, y coronación en su Corte. Esta primera facción por tu cuenta quede, tú has de correr la floresta, y explorando sus caminos, cerrar su entrada, no sea e que por ocultos atajos la asalte. . Temor no tengas, que de mi pueda esconderse, pues sé tan bien esta tierra, (que la entrada de la vida se llama) que no habrá senda, que mi vista no examine, que no discurra mi huella, pues ninguno en ella nace, ninguno por ella entra, que no sea de mis iras destrozo, ruina, tragedia. Pues yo, mientras que tus Tro- corren el campo encubiertas, (pas haré tienda de esas ramas, pues desde su alta eminencia registro a un tiempo el camino, y Ciudad: más gente sueña. Voy a prevenir el Campo, Ve a hacer fuego a la tierra, que yo desde aquí escondido veré quien es quien se acerca. Ay de él, si a mis manos viene! Ay de él, si mi ardor le encuentria Qué terrible oscuridad! No se divisa un Lucero, Es, que mi horror los encubre con las nubes de mi ceño, Y Borrego no va aquí? No le he visto. Par Dios bueno, pues sin duda se ha perdido, démosle voces: Borrego. A Borrego, dónde estás? Ay, Dios mío, que me he Zagales. . (muerto, Qué ha sucedido? Borrego, dinos, qué es esto? Madre mía de mi alma, que me he escalfado los sesos. Hy desdichada de mí, ahora sales con eso? Dame, Ríselo, si tienes, le ataremos un pañuelo. Veisle al. . Veamos si acaso la comilura se ha abierto. Qué mujer? . La comisura. Buena comisión tenemos, llama quien coja la sangre. No tienes sangre, Borrego. Sí, la verdad es que no, y están los calzones llenos. Ea, que no será nada: di, cómo sucedió esto? Dinos, cómo ha sido el caso? Escuchad, que ya escomienzo Como me quede dormido, ya anochecido despierto, y luego que en pie me puse, y no os vi, como yo tengo ruin la vista, que de noche lleve el diabro llo que veo, para buscarnos en llano, eche por aquesos cerros, la por entre unas jaras con mucha priesa a pie quedo, atentando con los ojos, y mirando con los dedos, porque como hacia oscuro, veia solo por el tiento: cuando por entre una mata sale un llobazo de aquellos que hay en todo este contorno, y abriendo tanto guargüero, quiso el Borrego engullirse: yo, por huir, estropiezo, y zas, doyme tal porrazo, que retumbó el golpe lluego por donde no hay comisión, como debo de estar hueco. Empezó a correr la sangre, que según su olor, yo creo; que estaba ya corrompida, porque huele a perro muerto. Que tu cogiste ese lobo, es Borrego lo más cierto. Antes él me cogió a mí, mas yo le desollé luego: pero dónde está la bota? Qué la quieres? yo la llevo. Porque no se queje el lobo, volverle a dar su pellejo. Aquí en este espeso monte decir a mi abuelo, que había bravos ladrones. Pues, tonta, qué importa eso? no voy yo aquí, que só Alcalde? pues de qué heis de tener miedo? Y qué has de hacer tú, si salen? Qué haré? morirme de miedo. Más fácil es el huir. Eso no es de Caballeros, ni aún de un Alcalde Ordinario. Ea, que va amaneciendo, daros prisa. . Ea, pues, vamos. Dónde vais? deteneos, que está a estórbaros el paso todo el poder del infierno. Chispas! aquesto es peor, que lo del llobo, y tropiezo. Ay de mí! . Ay de mí infelice! Vandolero es. . Buñolero? Villanos, vive el enojo en que vivo, y en que muero, que he de estrenar en vosotros los estragos, que prevengo, si intentáis pasar de aquí. Y quién le mete a él en eso? Que a esa Ciudad no lleguéis, me importa. Pues no lleguemos. Y digo, quién es oste? para impedirlo? . Yo mismo, que en diciendo que soy yo, digo todo cuanto puedo; pues solo yo, con ser yo, puedo trastornar el Cielo, puedo estremecer la Tierra, y que tiemblen los infiernos. Pues solo con decir yo, que só el Alcalde Borrego, le puedo prender a oste, y puedo dempus de preso, dalle doscientos, y ahorcarle, y echarle a galeras lluego. Mira que eso es irritarle: qué es lo que haces, majadero? mejor es por cortesía reportarle. . . Claro es eso, Pues llego con cuertesía: mi señor Don Buñolero. Cobarde infame, villano, como atrevido, y grosero, se atreve tu infame lengua a irritar mis ardimientos? No digo yo que es peor la cuertesía con estos? Como tu prenderme a mí, si todo el Orbe es pequeño, para que yo me dilate? El Mar es corto elemento, pues le tragaré de un sorbo, de un soplo extinguiré el fuego, siendo a mi respiración todo el aire poco aliento. Ahora bien, pus van dos cuartos, que si quiero, que le prendo? Favor aquí a la Josticia. Mas de ese nombre me ofendo, pues ninguno a la justicia ha sido más que yo, opuesto, y en ti, porque en ti esa vara miro, que tanto aborrezco, tengo de estrenar mis iras, y entre mis brazos deshecho, te resolverá en cenizas de mis iras el incendio. Ay, que me mata, señores! Huye, Menga. Huye Riselo. Huyamos, que es un demonio. Ay valga el diabro sus huesos! Agradece a las Estrellas el corto poder que tengo, que si licencia tuviera, te abrasara con mi incendio. Borrego, escapa, si puedes, ven tras mí. . No es nada ello, que me ha dejado brumado: tiñoso, borracho, perro, yo sé, que si cojo un canto:: Qué habías de hacer, di necio? Dejarle donde se estaba: mas los Zagales se fueron. Señor, déjeme ir a mí, y no le llevaré preso. Qué es dejarte vivo yo? que pues matarte no puedo, te he de hacer las extorsiones posibles: vete al momento desnudando ese vestido. Mi sayo? qué escucho, Cielos! para que le quiere oste? Yo sé para que le quiero, . que ha de servir de disfraz en las cautelas que emprendo. Pues quien ha visto en el mundo la Josticia puesta en cueros? Ea vete desnudando. Pues qué va de veras esto? Tan de verás te lo digo, que si tardas en hacerlo, para sacarte el vestido, te haré pedazos el cuerpo. Seor Buñolero, piedad, mire osté que estoy enfermo, y le apestará el vestido. Qué mal tienes? Tengo muesos, me vo como una canilla. Enfermedades no temo, que es incurable la mía, y las he perdido el miedo. Si no lo quiere creer, pase osté a oler los gregüescos. Ea, no acabas villano? Que tengáis clemencia os ruego: Hy ropilla de mi alma, que me dejas! quita presto, o morirás a mis iras. . Ay, señor estese quedo, tiene oste la ropilla; mas las bragas tienen hechos unos tantos cuantos nudos, y desatallos no puedo; si osté tiene buenas uñas, deshágame aqueste enredo. Y aún el hilo de tu vida sabrá dividir mi acero. Oh malditas sean tus manos, que me ha abrasado el pellejo! Este hombre es el dimoño en traje de Buñolero. Quieres que arranque ese monte, y te sepulte en su centro? No, señor, tome llas bragas, lla camisa, mas no el cuerpo, déjeme este de barato: mas ay! sacarlas no puedo, porque están de bote en bote, y huelen más que a Romero. tire osté, tire de ahí, porque acabemos más presto. Oh quién licencia tuviera bárbaro, vil (ardo en fuego!) para acabarte a mis manos! Con qué gusto (en iras peno!) te matara! pero ya que me lo estorban los Cielos, de este modo pagarás tan viles atrevimientos. Ay, que me mata, Zagales! no hay quién me socorra, Cielos! Mas ya se fue: Lladronazo, pícaro, deshonra buenos, vorgantón: Ay, madre mía, que se fue, y me dejo en cueros! y lo que es peor que todo, y más en el alma siento, que se llevaron lla bota, que a no ser así, con eso me pudiera covijar, allo menos por adentro. Cuerpo de ños, qué hielo hace! Yo apostaré, que en saliendo de este monte, que hace un frío como aquí, ni más, ni menos. Así decía un Pastor, que estaba en su red durmiendo, y por un ahujérito sacaba bónico el dedo, y le volvia a meter, y decía muy contento: a Ay qué frío hace allá fuera! y estaba él detrás en cueros. pero vámonos de aquí, pues no se halla otro remedio, por ver si más adelante a los Zagales encuentro; y por si estuvieren cerca, dándoles voces ir quiero: Menga, Ríselo, Pascual, Ergasto, adiós, Caballeros. Mi dulce Esposa, mi muy amada prenda, lo áspero, y encumbrado de esta senda os llevará, sin duda, muy cansada, que os veo tan preñada, que juzgo a cada paso, que es la hora, que raye el Sol celajes de esa Aurora: y así me aflige tanto el veros caminar con tal quebranto, y sabe Dios, que si decentes fueran, de Carroza mis hombros os sirvieran. Cómo puede ir cansada, Esposo amado, quien tan fino Galán lleva a su lado? que a vista de finezas, y de amores los abrojos del campo se hacen flores, y puede tu terneza hacer pensil la cumbre, y la aspereza; y así en tu compañía no hay disgusto, que nada es de trabajo, donde hay gusto. Consuélame, María, ver tu conformidad, y tu alegría, propia en ti de grande entendimiento; pero aunque tú te animes, yo lo siento. Siempre, Joseph, por muy cierto he tenido que el Señor que ha querido estar en mis Entrañas hospedado, y para Madre suya me ha nombrado, quizá por justos juicios nos permite estos trabajos; porque se acredite mas su gran Providencia quiere pasar, y hacer este camino, más clara obstentación de ser Divino; y pues así lo ordena, injusta es, mi Joseph, en ti la pena, que dispone el Señor por varios modos lo que conviene al bien común de to- (dos. Son de tanto consuelo esas razones, que os inspira el Cielo, que de mí han desterrado toda congoja, todo mi cuidado; y así sea lo que fuere, su voluntad se cumpla, si él lo quiere. iv. Espíritus Soberanos, aladas Inteligencias, venid, para ser conmigo partícipes de la empresa e mas digna de nuestro amor, pues en la Sagrada Esfera, jamás se dio a Paraninfo mensaje de más excelsa autoridad, que me mandan a asistir, y a aguardar venga a esta Señora, que en sí, Custo día más digna, sella a un hombre, del Cielo gloria, a un Dios, Cielo de la Tierra; y pues que viene la Aurora, aves más dulces, y diestras, con música saludadla, diciendo conmigo en ella:: Salve, Estrella Matutina. Salve de los Cielos Reina. Salve, Emperatriz gloriosa, vida, y esperanza nuestra; y pues el Fruto bendito, que tú puro Claustro encierra, porque sea gloria suya; toda la gloria te entrega:: , . Salve. Estrella Matutina, Salve de los Cielos Reina. Quién sois, gallardo Mancebo, que vuestra heroica presencia, con su dulzura conforta, y con su vista consuela. Soy un Peregrino, que de otra Región más bella soy natural, aunque a mí me parece muy bien esta; que aunque es hermosa la mía, mirando vuestra presencia, entre aquella, y esta no hallo apice de diferencia: hacia Belén me encamino a una grave diligencia, con que iré en servicio vuestro, y cumpliré mi promesa. No sé qué me dice el alma, mucho el Cielo me revela. Bien entiendo, Soberano Paraninfo, enigmas vuestras, y sé que iréis muy gozoso. Sí, como en la Gloria misma; y así el júbilo, y el gozo que llevo, me dan licencia usando de la común diversión que el campo presta) para que cantando en Hinmnos, vuestros afanes divierta, diciendo en festivas, dulces suaves, y acordes cadencias:: Bendito sea el que en nombre del Cielo baja a la Tierra. Qué pues él León de Juda, manso Cordero se ostenta, hoy comprendiendo el misterio de Juan, a todos advierta mi voz, que este es el Cordero manso, que apacible llega a desterrar de las culpas enmarañadas tinieblas, Bendito sea el que en nombre del Cielo baja a la tierra. Ahora, furia infernal, para la invasión te apresta. . Alerta, Soldados míos. nadie en la lid desfallezca, que en la ocasión, el valor altivo se experimenta. . Al arma, al arma. Qué es esto? i. No, Señora, tengáis pena, ni os receléis, que el peligro, aunque a todos común sea, no llega a vos, que guardaros podrá quien de él os preserva, a esta entrada de la vida, (que así se llama esta senda, pues el estrecho es por donde pasan todos los que a esa Jerusalén se encaminan, en metafora de aquella estrecha distancia, que hay del no ser, al ser, la infestan Vandoleros forajidos, que a los que pasan, y encuentran en su estrecho, los asaltan, sin que reservarse pueda nadie de la tiranía que en todos se experimenta, desde que cierta mujer abrió a todo mal la puerta: pero vos, Señora mía, libre estáis de su violencia, que habéis de salvar el riesgo con excepción de la regla. No solo no me congoja, pero ni su voz me altera. Arma, arma. . Ya es preciso que yo salga a la defensa; mas no me aparto, Señora, que mi afecto con vos queda. Aguarda, Esfinge, verás, que es ya ocasión de que creas, que soy freno a tu arrogancia, y de tu orgullo soy rienda. . Oh María! mucho admira mi alma, absorta, y suspensa; pero estando en ti elevada, qué mucho esta dicha tenga! . Ea, fiero cocodrilo, cómo resistirte intentas? Tente, Poder Soberano, ya me rindo, espera, espera. Victoria aclamen los Cielos. iv Y postrada tu soberbia a los pies de esta Señora, rinde el cuello, porque sea, si una mujer tu principio, otra tu muerte, y tu afrenta. No siento, no, (suerte infame!) el que tu poder me venza, sino que quiera también, que vil esclavo me vea de una humilde criatura, de una Mujer (qué vileza! que es inferior (qué desdicha!) a mí en la naturaleza; y que ponga (qué coraje!) su pie sobre mi cabeza. Sí, porque veas, soberbio, cuanto Dios la humildad premia. Ay de mí! que derrotado segunda vez ya me es fuerza, que recoja mis escuadras: Pecado común. Qué intentas, Luzbel, que ya mi desgracia, y tu traición es muy cierta. Qué es esto que miro, furias? a no ser triunfo, quisiera. qué es lo que advierto, fierezas? mi pecado (qué ignorancia! de una Mujer (qué miseria!) aherrojado (ay infelice! que esta es sin duda la misma, que vi en Patmos, y esta es de aquella sombra la idea. Hh pese a mí! como sufro esta ignominia, esta afrenta? En fin, Mujer, me has vencido: mas qué pronuncia mi lengua? puede mi altivez postrarse? Miente mi voz, si tal piensa: miente, miente; mas bien dice, porque ya no hay resistencia para tal Soberanía: ya mi orgullo titubea; pero es infamia el rendirme, mi brío en si vuelva, vuelva: acaudille nuevas huestes, árbole nuevas banderas, que pues hidra es mi pecado; y brota nuevas cabezas de Espíritus pertinaces, siempre viva mi proterbia ha de estar, y desde hoy haré más viva la guerra, hasta hacer, que aqueste Rey, que tanto guardas, y celas, deje la vida al estrago de mi traición, y mi ofensa. . podemos llegar a ella. Morir tiene; pero hay de ti, si tú su muerte ordenas, pues muriendo, es más seguro que destruya tu potencia. Y tu serpiente engañosa, vete de aquí, que es tan fea tu presencia, y tan odiosa a esta Soberana Reina, que ni el mirarte rendido, Si haré, yo me iré, y advierte, que aunque vencido me deja esta Mujer, a mi imperio no defrauda la entereza, pues aún me queda dominio en los demás hijos de Eva, y con ellos prevendré a ella, y su Rey más ofensas, y presto en mis asechanzas verás de ello la experiencia. . Ya, Señora, está seguro el paso,, pues de la regla común excepción os hizo la Sabiduria Eterna. Y mi alma agradecida tanto a sus piedades queda, que de la suerte que puede su humilde Esclava celebra a mi saludable Dueño; y viendo que mi bajeza súblima a tal beneficio, gozosa digo, y contenta:: Que al todo Poderoso, Señor de Cielo, y Tierra, magnifica mi alma, (gra- y en su aplauso mi espíritu se alta Esta es la Ciudad, Señora. ya descubre sus almenas nuestra vista a corto paso, Ay de mí! que no sosiego entre mis rabiosas penas; y así, aunque aquesta Mujer tantos cuidados me cuesta, que por Divina la juzgo, al ver sus humanas señas, sospechoso, y temeroso, tengo de asechar sus huellas, que no puedo convencerme, a que es Dios el que está en ella. Sea lo que fuere, a mí, aunque vencido me tenga, y tantos prodigios mire, que la Tierra, y Cielo alternan, hasta conseguir su ruina, he de insidiar su belleza: y pues levantado el sitio, vencido ya te confiesas, disfrazado introducirte tengo en la Ciudad, y en ella haré, que no le reciban sus Ciudadanos, que es fuerza valernos de aquí adelante de astucias, y de cautelas. Bien dices: ve a ejecutar tu intento, porque no tenga la Ciudad Rey, ni el Rey Trono, que es lo que mi envidia intenta. Esta es la Ciudad, Señora: ya de todas vuestras penas, de vuestro afán, y trabajo tenéis el descanso cerca. No llevo cansancio alguno, que mal cansarme pudiera, cuando el Cielo nos envía, con su singular clemencia, favores que nos conforten, y glorias que nos diviertan, Sin embargo, he recelado, que estén cerradas las puertas a esta hora, y será forzoso aguardar a que el día venga, pues a deshora, imposible es, que abrir las Guardas quieran. Aquí de toda mi industria, que pues al muro se acercan estos, que tanto me afligen, fingiéndome centinela de la Ciudad, he de hacer que confundidos se vuelvan. Yo haré, Señora, llamada, por si las Guardas despiertan; y puesto que no carece de misterio, el que sea esta Ciudad Militante, sombra de otra Triunfante, que espera ver a su Rey victorioso, así con las voces mismas que allí ha de ser recibido, aquí le reciba aquesta: y así atended, Ciudadanos, sabed, que el Príncipe llega disfrazado, y no por eso desconozcáis su grandeza. Franqueadle, pues, los muros, haced las murallas brechas, para pue entre el que ha de ser triunfo, gloria, y dicha vuestra. Ah de la Ciudad. Quién llama? Abrid las dichosas puertas, para que entre el Señor de la Gloria eterna. Quién es aqueste Monarca de Majestad tan suprema? que aquí no le conocemos, sino solo a nuestro César. Es el Señor Poderoso, es el Fuerte, es el que reina entre las lides, y en sí incluye la Gloria misma. No le conozco, que no m son esas bastantes señas. Al Dueño de las Virtudes abrid las dichosas puertas, para que entre el Señor de la Gloria eterna. Ah de la Ciudad: sabed, que pide entrada, con muestra de paz, un Hombre, que dice, es el Príncipe, que espera, y como Rey se introduce, pidiendo le abráis las puertas. Decidle, pues, que se aparte de delante, si no intenta, que en un palo le pongamos: no hay más Rey, que nuestro César, y el Príncipe, que esperamos traerá señales diversas, pues vendrá turbando el aire, y fulminando centellas. Oh cuanto alegra a mi industria ver logradas mis cautelas! (vergue. No puede entrar, no hay al- Oh cuanta congoja, y pena siente mi alma en estas voces! No es mucho, María bella, pues predicen que has de ser Mar de congojas, y penas. Aquí tengo unos parientes, y me holgara, si pudiera darme a conocer, acaso hicieran que nos abrieran. También, Joseph, excusada parece esa diligencia, que según Juan, ni aún los suyos conocerlo han, aunque tenga para aquel que le recibe, que dar muchas preheminencias. Pues, qué hemos de hacer? que parece que se me acerca el parto, pues toda el alma en nuevos gozos se anega. En esta humilde Cabaña, pajizo Portal, que pega contra el muro, me parece, hasta que el día esclarezca, que pasemos, y albergada en él estaréis siquiera, que aunque no es decente hospicio, estando en él Vos, es fuerza que el Cielo envidie su estancia, y que en Cielo se convierta; y porque veáis cuan otros aplausos aquí os esperan, oíd los festivos Coros el regocijo que ostentan: Espíritus Soberanos, que de la Triunfante Iglesia, Jerusalén más heroica, habitáis la clara Esfera, estotra Jerusalén vuestro Príncipe desprecia, y así, entre vosotros busca el hospicio, que le niegan: haced que el recibimiento vuestra Colonia prevenga: y para que entre triunfante, abrid las dichosas puertas, diciendo en sonoro acento:: , . Bendito sea el que en nombre del Cielo baja a la Tierra. Oh cuán otras estas voces, que las pasadas resuenan! Pero esta es humilde estancia, cuanto es aquella soberbia, a y siempre entre los humildes está la gloria más cierta. Entrad, pues, Señora mía, que este Dios, que así lo ordena, quizá de una humilde choza hará una Celeste Esfera. Si entraré, que el alma dice, que aquí asegura grandeza. Entrad, pues, y salva os hagan gloriosas Inteligencias, Bendito sea el que en nombre del Cielo baja a la Tierra. Ya se retiran, y ya ha logrado mi fiereza sus designios, pues mi anhelo temió, que se introdujeran en la Ciudad Peregrinos. . Menga, bravamente nieva. Nunca más frío he tenido. Parece que obra de tema. Elada estoy. . Yo tírito: Borrego en qué habrá parado? Con gran cuidado he venido. Yo no, que solo le tengo de volverle a mirar vivo. Pues qué habías de hacer sin él? Casarme luego contigo. Ay, Menga, aquesos favores no los eches al perdido, que oír finezas imposibles, solo sirven de martirio: descansemos ahora un poco, que ha mucho, que no dormimos. Mejor será que almorcemos. Eso en habiendo dormido. Cielos, si Borrego vive, no vuelva acá. Con el frío, el tiritón vengo dando! tan grande como un ovillo: que no ha de haber calentura para este diabro de frío, que me ha cogido estas cuerdas, y me ha dejado aterido? Elado estoy voto a un canto: fuego que aire; mas qué miro! gente hay aquí: quién va allá? no habrán? están dormidos? Válgame Dios! si serán lladrones quizá echadizos? pero sean lo que hueren. Hola, arre allá: a quién digo? Mas ay Dios! no es esta Menga, y Pascualejo? Ay qué lindo! Adónde tendrán lla bota? hacia aquí está, ya la he visto: aquesta es lla calentura, ya se me ha quitado el frío. Ea, antes que despierten, Borrego, vaya un traguillo: aprisa, que aunque se vierta. no se manchará el vestido. . Bravo está; pero qué es esto? pan, cecina, y queso? lindo: Zagales vaya un bocado. Anden, señores, Qué digo? este debió de soñar, que va andando su camino; pues yo a la bota he de hacer, que me sueñe, voto al cinto. Menga, dónde está la bota? Lla bota no se ha perdido: qué tierna está la cecina! en la boca se hace añicos. Qué he de hacer ahora tras ella? Toma la bota. Él lo ha oído? qué ha de ir? . Aprisa la bota. Parños, porque oste lo ha dicho, que ha de ir lla bota, lla bota, lla bota, y aún el botillo. . Quiere más? está contento? esta vez por osté ha ido, ahora vaya por mí, que de todos es el vino. Con esto estamos en paz, venga el queso, y panecillo, no sea el diablo que despierte, y acabemos con palillos. Hola, Menga, no bebemos? Dadole ha: pues no ha bebido? ha visto la sed, que tiene! no hay vez que bebo por él, que no le saque un cuartillo: pero por ser camarada vaya esta. Hola, a quién digo? Ríselo, Menga, qué veo! . . Gloria a Dios en el Impíreo, qué alma en pena! Qué ay, qué ha sido? Ay, Ríselo, qué es fantasma! . De algunas alegres nuevas Pues qué, no me han conocido? Borrego só, no me ven? Qué vives aún? . Qué estás vivo? como son unos pollinos, Clero está, pues que me veis. Cómo en camisa has venido? Cómo so conjurador. Y de qué? . De los cuquillos, pues todo lo que he encontrado, . Hacia acá viene un Mancebo: par nos que lo he destroído. Y el pan, la cecina, y bota? . El desatará la duda. El llobo lo habrá comido. Borrego, dónde has estado? Yo os lo diré despacito. Cuéntanos, pues, brevemente, Borrego, qué ha sucedido? Si haré, sentaos todos, que es . No seas tonto, majadero. mu llargo el cuento. . Ea, dilo. . Calla bruto. . Tened juicio. y sea breve. . Así llo haré, Finalmente, como digo, . io. Pastores, sabed, que soy dempus de esto, y otras cosas, y todo lo referido, me socedió no sé qué, y cata aquí el cuento dicho. Siempre has de ser mentecato? Oigan, pus si me han pedido que sea breve, que más breve puedo ser de lo que he sido? Pero dinos, como huiste, y desnudo aquí has venido? Miren la enfaculta toda, como vengo sin vestido. Pues decir bebí poquito: . Por cierto que eres gran tonto. Quieren que lo diga? . Dilo? Digan todos sí. . Sí, si, sí. Pues yo no quiero decirlo. Callad, escuchad: qué es esto? y paz al hombre en la tierra. Qué dulzura! . Qué perdigio! aquesta voz es aviso. Sí, sí, atarela al dedo: no alcanzáis aquestas cosas; yo, como só retónlico, os diré lo que inifica: veréis el calletre mío. qué galá trae, y qué brío! Señores, me quemen vivo, si no es el lladrón de marras, que al arregosto ha venido a quitarme la camisa, con todos sus palominos. un Celeste Paraninso. Qué dijo que era, Pascual? un silvestre paranizo? Sabed, que esta feliz noche un nuevo Sol ha nacido. Ay, Señor, qué extraña cosa! Sol de noche? quién le vido? Sol, que a deshacer tinieblas de maldades, y de vicios, en los brazos del Aurora, que más Pura ha amanecido, en el Portal de Belen se reclina hermoso Nino: que es el Mesias Divino, y en los brazos de MARÍA se obstenta de amor rendido. Yo huera allá; pero temo::: Qué temes? . Que en el camino hay un lladrón, con quien corre mi camisa gran peligro. iv. Venid, que yo os guiaré, pues me han dado aqueste oficio. No hay que andar, yo no me atrevo i. Venid, Zagales, conmigo. Oh quién tuviera riquezas, para poder a este Niño rendírselas a sus pies! Corazones quiere limpios. Quién va? . Deteneos todos. Hele aquí, votado a un pino. Teneos, no huyáis, Pastores, De qué os asustáis, amigos? Aquí, ardid, y atrevimiento, . pues que todo está perdido, echad el resto al descaro, y al atrevimiento bríos: yo no pretendo ofenderos, antes deseo advertiros, que no paséis adelante, que en esos montes vecinos se emboscan unas escuadras de ladrones foragidos, y hay en pasar grande riesgo, y manifiesto peligro. Para esta astucia me valgo . de aqueste traje, y estilo; y aún yo, con tener valor, a pasar no me he atrevido. Es mucho que los temáis, pues yo sé sois tan altivo, que a otra Escuadra os atrevisteis de más valerosos bríos. id a adorarle, Pastores, . Ah, pese al Infierno todo, qué presto me has conocido! Oyes, Menga, juro a ños, que trae puesto mi vestido. Piensas, di, que con disfraces has de lograr tus designios? Pues estás muy engañado, que antes, traidor basilisco, te han de servir de instrumento a tu ruina, y precipicio. Qué es, fiera, lo que pretendes? Que no pase Peregrino a adorar a Dios, ni vea de ese prodigioso Niño, (sea Rey, o sea Mesias, que ni uno, ni otro confirmo) ni las glorias con que nace, ni las dichas que yo envidio. i. Pues mira tu cuan frustrados tus intentos han salido, que he de hacer que aprisionado oigas tu mayor martirio; y así, con esta cadena aherrojado, y asido, escucha la adoración de los Pastores sencillos. Eso si prendámosle, que llo tiene merecido: yo daré ayuda, y favor, puesto que só Alcalde vivo: átele bien, no se vaya. Llégate, loco, atrevido, . llega a mí, te haré pedazos. No harás tal, que yo le asisto. Quién como yo en el Poder? Quién cómo Dios? Ya me rindo. Malaño, y cómo regaña! ahora que está rendido, y bien agarrado, tengo de dalle dos mil pecilgos, como él me dio dos mil coces, por la merced que me hizo. Pecado común, ahora de tu favor necesito. Mal podré ayudarte, cuando no hay resistencia en mí mismo, que a vista de tanta gracia, que huya el Pecado es preciso. . Váyase muy noramala, que a vista del Chocotico, no tiene cabida oste, y acá nos queda su amigo, para ser de aquesta fiesta el estanfermo corrido, que a puro bote de llanza, y a cáchete he de atordillo, y hasta después, amarrado le he de dejar a este aliso. Llegad, Pastores, llegad, veis aquí el recién nacido, tributadle adoraciones, que está para recibiros, llorando por corazones que es el mejor sacrificio. Pues si corazones come, sacome al punto este mío; pero no querrá comerle, que está muy duro imagino, pues que de gozo no salta, y se va con el Choquillo. Ah pesares, que esto escuche! que a este tormento he venido! Calle, hola, o le haré ahorcar, si despega más el pico. Hh pese a mí, que este es el tosigo más nocivo! Señores, este es el blasfemo: cierra el labio, sarnosillo, que te pondré una mordaza, y luego cien sambenitos. Lleguemos todos, Zagales, para ver este prodigio. Qué hermosura! . Qué belle- No he visto Niño más lindo! (za! Oigan, oigan, y qué bello es el mueso Zagálico! Oh Inmenso Dios Poderoso! que tanto tu amor ha sido, que quieres nacer tan pobre, sin un reparo, ni abrigo! Hijo de mi corazón, mi Jesús, regalo mío, no lloréis que a vuestra Madre afligen vuestros gemidos, y aunque es el llanto de amor, es de dolor el oírlo. Niño hermoso, que nacer entre la escarcha, y el frío quisisteis tan sin amparo, y con tanto desabrigo, quisiera, para albergaros, tener un Palacio altivo, y entre sedas, y brocados daros precioso atabio; pero no tengo otra cosa con que aquí pueda serviros mas, que este humilde capote, que otra alhaja no he traído: humilde es el don, más supla la fe con que le dedico, porque vuestra hermosa Madre os haga de él un mantillo. Yo este gaban os ofrezco, para que os dé algún abrigo: no os puedo servir con más, que si tuviera infinitos tesoros, a vuestras plantas hoy los postrara rendido. Ea, marido, llegad. Que llegue osté, la suplico, que si yo quiero llegar, rato ha que me sé el camino. Salve, Hija de Dios Padre, salve, Madre de Dios Hijo, y del Espíritu Santo Esposa: alegre te miro, por verte llena de gracia, pues ya el Señor es contigo. Bendita tú sola eres, y porque ya el Fruto bendito de tu Vientre, Jesús nace, para dar al Mundo alivio. Ruega por nosotros, Madre de Dios, que seamos dignos de conseguir sus promesas. Por los siglos de los siglos. Aquesta toca tomad, hecha de casero lino, y perdonad, que quisiera fuera de un lienzo muy rico. Oh qué bien lo eis rellatado! ahuera, que yo me sigo. Servitor, Señor Susepe, me allegro que haya parido muesa Ama con bien por cierto, que es famoso el Mancébito: yo no traigo, que ofreceros, antes, Niño, he de pediros, hagáis buena a mi mojer, y, que no me muestre ocico. Dios, Zagales, os lo pagué, que el Niño, Dios infinito, el amor os premiará, con que a verle habéis venido. El que dejó Regio Trono por este Portal pagizo, os pagará vuestros dones. Qué portento! . Qué prodi- Y tú, Espíritu rebelde, (gio! tu orgullo humilla rendido; y pues al Rey más Excelso darle cultos has oído, desiste de tu arrogancia, y conozca tu delitio, que ya no hay fuerza en tu astucia, ni en tus cautelas hay brío. No ha entrado en Jerusalén, aún me queda ese resquicio. Algún día lo verás triunfar en ella festivo. Pues hasta entonces, infiernos, r recibidme en vuestro abismo. Hh pese a quien me parió. que me deja destroído! . Por qué lloras? . Voto a un que se lleva mi vestido. (canto, Espíritus Soberanos, entonad con dulces Himnos de este Príncipe Supremo los elogios infinitos, dando al hombre en hora buena, diciendo en Coros festivos:: , . Paz en la tierra a los homa bres, Gloria a Dios en el Impireo. Con que damos fin, pidiendo el Ingenio, que esto ha escrito, si ha habido falta, perdón, y si ha habido acierto, un victor.
