Texto digital de El mejor tutor es Dios
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Luis de Belmonte Bermúdez
- Atribución estilometría
- Antonio Mira de Amescua Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XXVIII de Diferentes autores (1667).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor tutor es Dios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-tutor-es-dios-el.

EL MEJOR TUTOR ES DIOS
JORNADA PRIMERA
1. Ferra de gabia, que el viento lleva con fuerza crue a las peñas el bajel. 2. Amaina. 3. Ahorza. 1. Elemento feroz, que en soberbias olas burlas suspiros, y quejas, porque entre espumas no dejas siquiera esperanzas solas? 2. Alija. 3. Alija, mortal el mar nos previene. 2. Quince palmos de aguatiene sobre la carlinga. 1. El cielo nos socorra. 3. El que pudiere procure salvar la vida, si en esa montaña herida del agua, hay salud que espere. 1. Echemos la barca al mar, si entre la espuma, y el viento no es undoso munumento al que se piensa escapar. Mira Lilardo un bajel subiendo al cielo, y bajando por su ruina, ya luchando en brazos del mar cruel. Loco se puede llamar, si de locura no pasa, el mercader que su casa edilico sobre el mar. Pobre nave, en una peña la arrojan dos elementos. Ya es pelota de los vientos; avolar el mar la enseña. En la chalupa se arrojan dos, o tres, el cielo quiera darles paz en la ribera, que las aguas blandas mojan. En este profundo charco, que ya a los montes excede; lo que una nave no puede, mal podrá un tímido barco. Los remos, y su ventura, y es poco peso quizá a tierra los sacará, madre nuestra, y más segura. Gracias a Dios que ya llegan libres tres personas solas, y las enemigas olas el roto bajel anegan. Qué riqueza, que tesoro, que gente se habrá perdido? Dichoso yo, que me olvido con pobres redes del oro. Inmenso Dios, como puede dar gracias hombre mortal por un beneficio tal, que los límites excede despecho más liberal. Cesen las vanas querellas de las olas, aunque en ellas cerca he visto de mí mismo las tinieblas del abismo, y del cielo las estrellas. Con mis hijos libres llego: déjate, o tierra besar; si Eneas pudo librar un viejo padre del fuego, dos hijos libro del mar. Mayor fortuna es la mía: dichoso aquel que se guía por la razón; desdichado el que en el mar sosegado la vida amada confía. Danos tus brazos, señor: vuelva engendrarme otra vez el amor en tu vejez. No ve el cielo igual amor desde el Aries halla el Pez. Hy hija! cuanto he llorado, temiendo que el mar salado diera fausta sepultura a tu divina hermosura, dejando al Sol eclipsado. Pobres los tres nos hallamos, pero con vida en efecto. La tuya, señor, prometo que Alejandro, y yo estimamos. No es pobre el hombre discreto, El mundo da la riqueza, y el mar con bruta fiereza la sorbe, y la solicita; pero en efero no os quita lo que os dio naturaleza. Castigo del cielo ha sido; si lo conozco, no es tarde, pues quise con ciego olvido, que el mar mis riquezas guarde, sin dar al pobre el oído. El campo del mar surqué, riquezas atesoré, que déjaros a los dos; y con olvidos de Dios de sus pobres me olvidé. Dichoso ha sido el recuerdo, pues para que los imite, como exprimentado, y cuerdo; quiere Dios que el mar me quite todos los bienes que pierdo. El parabién de la vida daros podrá el que quisiera, que al ocio de esta ribera la rriste nave perdida con próspera paz viniera. Cómo escapáis, señor mío, de estos piélagos violentos? Por salir vivos, contentos. Perdéis mucho? . Ese navio que despedazan los vientos. De docientos mil ducados pasan los que veis, burlados del mar, y en él sumergidos, que fácilmente perdidos, con qué trabajo ganados! Perdí al fin un gran tesoro, hallome como nací; pero estos hijos que adoro, son dos naves para mí cargadas de perlas, y oro. Cerca estáis de Alejandría; y aunque humilde pescador, podré, perded el temor, daros una choza mía llena de redes, y amor. Aquí al confuso ruido de ese piélago remido, vida quieta pasaréis, y en efecto viviréis a vista del bien perdido; pero si en desdicha igual le causa al hombre alegría la piadosa compañía, ejemplos de vuestro mal veréis aquí cada día. Y serviréis de escarmiento al mundo, que al mar violento riqueza no ha de fiar, pues nadie puede enfrenar tan poderoso elemento. Yo, amigo, tan pobre estoy, que la palabra que ofreces acepto. . Pues yo mil vec es la cumpliré, Amielas soy: si tu César me pareces, choza, barquilla, y persona, sino imperio, ni corona ofrezco a tus nobles canas, no llores riquezas vanas, a quien el mar no perdona. Antes me consuelo, amigo, verlas perdidas así; porque no es desdicha en mí, sino piadoso castigo. De qué suerte? Escucha. . Di. Es la patria de quien huyo Zaragoza de Sicilia: mis padres fueron ilustres, y mi casa es bien antigua. Profesé cuando mancebo la militar disciplina, que a bélicos ejercicios animos nobles se inclinan, Oficios tuve en la guerra: pero dejelos un día por el ocio de mi casa; y el amor de mi familia. Caseme al fin, porque el cielo me dio mujer noble, y rica, y después estos dos hijos Alejandro, y Serafina. Cubriome la edad de canas, y el corazón de codicia; pasión de viejos, que piensan que ricos se inmortalizan. Al fin, amigo, en diez años adquirió la industria mía esas riquezas, que ahora robadas del agua miras. Sepultado el corazón en mis riquezas tenía, sin acordarme del cielo: qué miseria! qué desdicha! Tirano fui para el pobre; ministro que Dios envía a cobrar lo que nos sobra, porque es suyo de justicia. Ninguna limosna daba; que con ser las obras pías las que matan el pecado, era cruel mi malicia. Qué bien que hubieran lucido estas riquezas perdidas, en las manos de los pobres miserables, y encogidas! Tragolas el mar furioso, y los cielos me castigan: que los vientos, y las aguas por su mandado las quitan. Adquiriéronse tratando en Extranjeras Provincias, desde la Arabia caliente, hasta la Alemania fría. Vieron esta rota nave anchos mares peregrina, segura de mil cosarios Persas, Arabes, y Seitas. Si atrevida navegaba, prosperamente volvía; porque el mar la conservaba para mayores ruinas. Esta paz tan cautelosa del mar, sepulcro de vidas, y de riquezas humanas, engaño mi fantasía. luzgué que fuera perpetua: locos son los que se fían del hombre, del mar, del tiempo, solo Dios es verdad viva. Imagine mi tesoro doblado en Alejandría, porque siempre el codicioso en ganancias imagina. Donde para asegurar con el descanso mis dichas, a mis dos hijos llevaba, porque con mi hacienda rica pudiesen tomar estado por ser su madre Dionisia, que ya esta pisando Estrellas, natural de Alejandría. Lleno de piedras preciosas, sedas, y púrpura fina, que en Damasco, Tiro, España conchas, y gusanos crían. Ese leño que has mirado, hasta esas rocas venía, donde el cielo justiciero guardó su fatal ruina. Escapamos en un barco, o por milagro, o por dicha; o porque ya mi pobreza de ejemplo a los hombres sirva. Las vidas, y cien ducados, que en esta bolla traía, son el caudal que tenemos, gracias a Dios infinitas. Con estos salgo del mar, menos tuve el primerdía que salí llorando al mundo de la escuridad nativa. A pobres darlos pretendo, y en la soledad divina de esta ribera pasar el término de mis días. Alejandro, y yo podremes alimentar esta hija, que en vez de lágrimas vierte perlas, que al Sur dan envidias. Ese traje vestiremos: y en tu trémula barquilla tenderemos sepre elimar la red marañada, y limpia, Estos, pescador piadoso, son mis sucesos que admiran, y aqueste será el remedio de mis pasadas desdichas, Lastimosa historia hauido, mas ya que a vivir te aplicas en el campo, y dara pobres lo que de las ondas lloras. En esta choza primera, que de espadañas marchitas está cubierta, hay un pobre que duros pechos lastima. Rico ha sido como tú, en los sucesos te imita, no en la salud, pues sin ella perpetuamente suspira. Desnudo infelicemente sobre una piedra le inclina, esperando ya del cielo la muerte, o las medicinas. Limosna, será bien dada. De tu mano la reciba, porque en darle estos vestidos se habrán de ocupar las mías. Hijos el tosco sayal, que excede a la tela fina del oro, habéis de vestiros; bienes son que el cielo ennvía, Señor, en tanta probeza que limosna habrá más pía que la nuestra, pues que el mar casi nos dejó en camisa? Clemente el mundo me llama; y mi persona es indigna de este nombre, pues Clemente no fue cuando estaba rica. Con esto, hijos, restauro lo que un tiempo hacer debía, nunca rico di limosna, y ya cuando recibilla pudiera, es razón que ofrezca a Dios las tiernas primicias del bien en que hoy he nacido: que hoy nacen los que se libran de la muerte. . Este vestido puedes dar. . Ay. Serafina de mi alma, trueca, trueca esas lágrimas en risa, que tu dote dará el cielo. Cómo tú mi señor vivas, no quiero mayor riqueza. Qué tragedia peregrina! Qué casa es aquella grande? Ese edificio que miras es la casa de placer de Irene. Quién es? . Sobrina del famoso Emperador de Constantinopla. . Habita en ella? . Sí, algunas veces; porque a la caza se inclina. Y es tan hermosa, y gallarda que con Igualdad admiran su hermosura, y discreción, y varonil bizarría. Ella, y Ricardo que es hijo del Emperador, solían cazar entre aquesos montes. Soledad dulce, y divina. Esta me ofrecen los cielos por la inútil compañía de las soberbias Ciudades, adonde necias codicias me despeñaban el alma, Pasarás mejor la vida en la pobreza que buscas, y en la soledd que estimas. Sí. Alejandro, que con ella pesadas cargas se alivian, y engendra nobles deseos el alma que se eterniza buscando caducos bienes; porque en los eternos libra la pobreza voluntaria más sosiego, y mejor vida. . Es por ventura mi alma de bronce, o de piedra fría, que en polvo no la resuelve tan lastimosa desdicha? Salgan en larga corriente mis lágrimas detenidas, por la vergüenza, y la honra, venza amor, no le resistán. (gas Carlos se anega en ondas enemi- tan cruel estará el mar en darle muerte, como en darme Si ya mi dueño ha espirado, (vida. mudos peces que el mar cría no despedacéis su cuerpo; sea Leandro de esta orilla. Marinos mostruos dejadle, Delfines, que a la armonía de voces, y de instrumentos dais piedad agradecida, sacad el cuerpo de Carlos, que mis quejas repetidas música son lastimosa, dichas mal, si bien sentidas. Mas que me quejo engañando mis confusas fantasías? ojos llorad, callad lengua; solamente el alma diga: (gas, Carlos se anega en ondas enemi- tan cruel estará el mar (vida. en darle muerte, como en darme Di, segunda Diana, (dido porque del verde monte has decen- a la ribera ufana del mar, cuyas espaldas han sufrido al hombre tantas veces, siendo morada de los mudos peces Porque dejas los gamos, de tus perros, y flechas perseguidos, que entre los verdes ramos con sus pardas cabezas van heridos con curso diligente, amorir en las agras dulcemente? Imagen de la guerra es la caza, y de amor el mar furioso; y así de la alta sierra me trae amor osado, y temeroso con ojos indiscretos a mirar en su imagen sus efetos. El mar estando en calma engaña con su paz, y su hermosura: lo mismo piensa el alma cuando mira de amor la paz segura, embárcase, navega; y engolfada en amor, amor la ane- Así del monte altivo (ga. vengo a esta playa para ver pintado aquel amor, que vivo hallar quisiera yo en tu pecho hela- y al fin en el mar veo (do: lo que padezco en ti, y en ti deseo, Ay disgusto semejante al verse un alma querida de mujer aborrecida? que necia está, que ignorante! Porque prolijo todeo da a entender que quiere bien, si ruega, y falta el desdén que da fuerzas al deseo, Cómo la puedo yo amar? en los imposibles crece amor, que solo apetece lo que mucho ha de costar. De la tormenta pasada ha escapado un marinero fuerte, animoso, y ligero cortando el agua salada hasta un peñasco, y allí pide con voces, y señas socorro, que de las peñas pasar no ha podido. . Así me escaparayo también de este piélago violento: o, qué enfado, qué tormento! Como sigue al querer bien la desdicha! mis criados me estorban. Como no vais y de la muerte escapáis ese hombre a quien los hados y el mar persiguen? 1. Ya voy a buscar un barco. Cielos, como entre candidos hielos cerca de este fuego estoy! Porfío en amarle en vano. Ya el fiero mar que ha deshecho tantas máquinas, ha hecho paces con el viento vano. Ya en sosiego; y dulce calma brindan las redes, y espera mudos peces la ribera. Vida alegre para el alma es aquesta:a Dios alabo que me ha querido quitar mi codicia. . Alto a pescar, que ya está manso el mar bravo. Parte ha de llevar Clemente de este lance. . Será incierto, pues quien a Carlos ha muerto no hará bien eternamente. Quiero templar el rigor, y divertir mi pesar; quizá las redes del mar vencerán alas de amor, Ya he conocido en Ricardo desdenes, y disfavores: divertidme pescadores, que en rabia, y amores ardo. . Entre celajes hermosos de hubes al Sol he visto: y así sin cegar resisto a sus rayos maravillosos. Hermosura peregrina. si entre ese tosco sayal, fuerza alguna celestial las libres almas inclina. Hermosísima aldeana, disculpado estaré yo si a miraros me inclinó esa virtud soberana, Cuando admiró el cortesano la simple rusticidad? Cuando ve en la soledad milagro tan soberano. La fuerza de amor me llama, y vuelvo sin resistencia; porque un minuto de ausencia es un siglo a quien bien ama. Irme no puedo, mas ya en vano mi vuelta fue; pues apenas le dejé cuando en mi lugar está otra, y no de mala cara; si bien es mujer humilde. Ojos parleros decidle lo que la voz no declara. No digáis que estoy rendido. que es mentir, y encarecer: decidla que es la mujer que mejor me haparecido. Encomendáis a los ojos lo que a la lengua negáis, y de ese modo mostráis vuestras afectos, o antojos? cortesana astucia. Ignoro si es envidia, o celos son los que turban la razón, y el alma con que le adoro. Si es hermosa la Serrana, el fácil, yo sin ventura: que rigor no me asegura mal suceso? . Es soberana tu hermosura. . Cómo está donde no se imaginó, que es grande te pareció. Cerca está Ricardo ya de querer; pues que la alaba, si quieren matarme celos? mas cuando Amor tuvo hielos por saetas en su aljaba? Si arder me ve, y está helado a mis intentos perdidos: vivos son, y no fingidos estos celos que me ha dado. Acá viene un pescador, con él me he divertir para mostrar, o fingir que no siento su rigor. O si fuera cortesano, a que buen tiempo venía, por probar a costa mía con celos a este tirano. Siempre mudas soledades a quien el alma respeta, vida ociosa, y playaquieta, llena de simples verdades: en vano me persuades a que en ti viva contento; que un altivo pensamiento, cuando en el hombre ha podido serforzado, y corregido, fin dar alma termento? Pescador, que en limpias redes ese marvas aprender; y en ellas te suele hacer tu buena dicha mercedes: si es que divertirme puedes de fuerte melancolía: llega acá por vida mía, que también echó mi mano red al mar; y aunque es en vano, contra los hados porfía. El alma de miedos llena, llegar piensa a obedecerte. Soy Leona? doy la muerte? No Leona; mas Sirena: con cuya hermosura ordena mi muerte el mar. . Qué locura! De que no lo fue segura estad, que no temo tanto: mas quise con este espanto ponderar vuestra hermosura. Reconozco su valor, y admirado vi el sujeto con reverencia, y respeto, y el respeto da temor. No es necio este pescador? como, si apenas me viste, ese valor conociste? Luego, lo que es perfección agrada; que a la razón el sentido no resiste. La hermosura corporal juzga la vista, y la siente; y así juzga brevemente que es su efeto liberal. La hermosura racional del alma el entendimiento la juzga con fundamento de su discurso: y así, como yo no discurrí; fue breve el conocimiento. Confesar puedo una cosa, que la vez que te miré, sola hermosa te juzgué; mas ya discretay hermosa: alma tan rica, y preciosa suele animar raras vec es, Cuerpo hermoso, tú mereces en un sngero estas dos hermosuras; porque a Dios, mas que a otra imagen pareces. No llegue a ser heregia la urbanidad, o locura. Si es su imagen la criatura, porque culpas mi osadía? Esta ha sido cortesía. Ahora dadme licencia para déjaros. . Prudencia será negarla si puedo; porque sin ti, sin luz quedo, y así recelo tu ausencia. Dormiros podéis temprano, si es ya noche para vos yéndome: Príncipe, adiós, que os está oyendo mi hermano. Y aunque es bueno, y cortesano lo que habláis, como discreto, parece poco respeto, que os esté escuchando yo en su presencia. . Quién vio tan peregrino sujeto! el alma ya divertida te empieza, Serrana, a mar. Solo he escapado del mar la libertad, y la vida; la libertad ya perdida. Tente, Amor, porque no pierda también la vida: y no es cuerda el alma que se entregó fácilmente a lo que vio, y de su mal no se acuerda. Por el respeto de Irene es bien que mi amor resista; mas seguiré con la vista a quien presa el almatiene. Amor vengarte conviene de tan descubiertos celos, y con fingidos desvelos daré a entender que los ojos siguen con nuevos antojos lo que me niegan los cielos. Aunque sois pobre, yo soy pobre de menor contía: y así, pediros querría limosna. . Tan pobre estoy, que aún me falta para hoy el sustento . Ya mi ayer. Pues Dios lo ha de proveer. Es celestial Provisor, y yo lindo pedidor: no faltará de comer. Tendiose la limpia red sobre el mar ya sosegado, y tres peces se han sacado. Oh, que avarienta merced para la hambre, y la sed con que mis tripas están! Premio es corto de mi afán: mas en el agúa quien medra? aunque una pequeña piedra de color vivo, y galán, de mi jamás conocida, en las entrañas del pez, que me ha cabido esta vez, he hallado. Si vendida, por sustentar hoy la vida, me dieran algo por ella, fuera piedra rica, y bella. Intentar venderla quiero, quizá valdrá algún dinero. Mi hambre contemplo en ella. De los ojos se desvía con descuido sosegado. El pecho tengo abrasado en mi celosa porfía, Despeñando se ya el día en sus ojos . Llega, pues, que el Príncipe es el que ves; y aquella Irene, su prima. Es piedra de poca estima. Siento que tan corto estés. Piega a Dios que algo me den, que yo con haber tenido tantas, no la he conocido: guárdeses el cielo Amen. Así, pescador, tan bien os suceda. . Mi señor, si es que conoce el valor de esta piedra, que hoy ha hallado en el buche de un pescado, este viejo pescador, con humildad les suplico la compren. . Qué te parece? oscura, no respiandece. Sospecho, y aún certifico, que excede al diamante rico: dájame verla de espacio. Algo parece altopació. Esta, Cinedia se llama; rayos denoche derrama, que alumbraran tu Palacio. Mi padre el Emperador, una tiene, no tan bella. Buen hombre, quieres por ella mil escudos? . Grande error! Bien sabéis vos, gran señor, lo que debe de valer, y buria queréis hacer. No hay persona necia, y ruda, que a su provecho no acuda: advierte, Irene, el villano si la previno temprano: mucho vale, cuando al día suceda la noche fría, será una antorcha tu mano. El humor seguirles quiero: y si se burlan de mí, también me burlo yo así. Al fin, quieres el dinero? No, señor; porque yo esperó, que más por ella han de dar. No la dejes de comprar. Milyquinientos te doy. Esa es burla; necio soy: bien me la pueden tornar. Que alguno la comprará, sin hacer burla primero. En qué ves, que no la quiero? En esprecio que me da. Qué bien informado está el villano del valor: el precio último, y mayor de dos mil ducados es; razón será que la des. Aunque se burlan de mí, quiero decirles que sí. Ella es vuestra. . Vente, pues, a mi casa de placer, rerebiras el dinero. . Qué más desengaño espero! buria no debe de ser: mas que es dudar, y temer, si Dios me quiere pagar lo que hoy escapé del mar, y en limosna he repartido: franco, Señor, habéis sido, dicho el que os sabe dar. Venga mi parte. . Sí, amigo, pobre eres de Dios y tienes muy grande parte en los bienes que me da. . Por eso digo; porque yo no soy amigo de voces, soy pobre honrado: y pues Dios se lo ha mandado, crea que le ha de estar bien, otros pobres hay también. Conmigo tenga cuidado, y calle. Que esta Serrana cause tal deseo en mí de volverla a verl más vi en ella luz soberana. Sabré quien es. 1. Oh, qué ufana vuestra alma debe de estar, viéndose libre del mar, Este es aquel marinero, que se libro del mar fiero. Su mano llega abesar, que es el Príncipe Ricardo, hijo del Emperador. Dame tus pies, gran señor, Levanta: mozo es gallardo. El suceso tuyo aguardo; refiérelo, marinero. No lo soy, que Caballero me hizo naturaleza: aunque no me dio riqueza la fortuna. . Saber quiero tu nombre. . Carlos. Qué tierra? . España. Porqué ocasión la dejas? . La inclinación de las letras, o la guerra, siempre a los hombres destierra de sus patrias. . Pues así; cómo te ves? . Cómo vi en Sicilia una hermosura, de quien, y de mi ventura, mil favores recibí. Sin razón se enamoró una mujer principal del miserable caudal, que el cielo me repartió. Mas su padre se embarcó con ella, porque quería vivir en Alejandría. Yo la seguí disfrazado en su bajel, que anegado se ve en este infausto día. Padeció en el mar tormenta; y así, en tanta confusión, este Español corazón, su vida salvar intenta. Écheme al agua violenta; y el miserable havió, o ya en roca, o ya en bajio, (lágrimas vierto depena) bajó a la profunda arena, sin su dueño, y sin el mío. Hija, y padre, y gran riqueza trago el mar en un instante: y yo desdichado amante volví al daño la cabeza; que siempre naturaleza en los peligros prefiere a lo que mucho se quiere el propio amor: y en efecto vivo, y muero. 1. Qué discreto será quien eso no hiciere, Quieres servirme? . Señor, tuyo soy, honra me das. Pues qué lastimado estás de los cuidados de amor, pienso que tendrás valor para conquistar por mí una Serrana, que hoy vi en esta alegre ribera; y pedirla que me quiera. Que estando vestido así, la podrás ver con recato de un hermano que ella tiene: y también porque de Irene mi prima este amor recato. Señor, haré por servirte lo que alcanzar en mis fuerzas: conquistaré de tu parte la Serrana, hasta que entienda tu amor. Conmigo no hay chanzas: pues que confiesa la deuda, páguela, cuerpo de Dios; porque a mi nadie me espero. (dor Qué hombre es este? . un acree- del dinero de la piedra. Pues es vuestra? . No señor: pero su dueño confiesa que me debe cantidad de dinero, y no pecueña: y quiere con cuatro escudos pagarme. . Pues bien pudiera satisfacer por entero: esperad, que cuando vuelva haré yo que os satisfaga. Bien lo entiende vuesa Alteza: persona más poderosa se lo manda, y regatea el pagarme. . Mas que yo es poderoso? quién sea me has de decir. Quién? Dios Padre. Este es loco. . Qué divierta un bárbaro mis cuidados! Pues vuestra Alteza me aprieta digo, que Dios se lo manda, juro a Cristo; y que le prendan ha mandado, si no paga: (blo. mire si es barro la deuda. Quién le ha de prender? . El día- Hay más extraña simpleza? Deja, señor, este loco: y mira lo que me ordenas en tu servicio. . Qué pongas con discreta diligencia cuidado en verle Serrana. Yo haré de suerte que venga a hablarte. . Y yo premiaré tu cuidado. . No parezca que soy loco, ni que pido dinero que no me deban. Y si el Príncipe me apura diré que tiene mi hacienda, y no me la restituye. Tú das en graciosa tema. Traéis dinero? . No. Sois pobre? Sí, que lo quiere mi estrella. Pues vos no me debéis nada: porque yo tengo mi renta vinculada en hombres ricos. Pues quién eres? . linda flema: soy proco pobre de Dios. Y los que no me granjean con la congrua, habrán de ver cuando les tome las cuentas el Tutor universal, que les pongo de mi letra un ojo al margen del alma, para que a escuras la vean. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Ya que una piedra vendiste mas por dicha, que valor, y te quedas pescador, porque a los pobres la diste: atiende a la vida triste. guarda con que sustentarte; que al mar bruto, en esta parte, razón parece que tiene, si a los hijos que mantiene solo sus bienes reparte. Pobres son el instrumento por quien el cielo se alcanza; son de Cristo semejanza, si paciencia, y sufrimiento les da el estado contento. Y porque te satisfaga cuantó yo por ellos haga en dar a Dios cada día; es la mayor granjería, que ciento por uno paga. Y así la mercadería, ni se arriesga, ni se fía: seguramente tratemos; porque de esta suerte andamos Dios, y yo de compañía. Hola, pobre, no me impida el accipere, y me empache; que por Dios que le despache a las veinte a la otra vida: porque no tiene respeto a un pobre de ropa negra? qué es eso? . Nada. . que alegra esa esperanza, prometo. No mueren las obras buenas, Sois todos de Alejandría? Ego, Domine, solía cuondam vivir en Atenas, Para ser Papa estudié: y si no llegue a ser Papa, hasta el que no tiene capa, puedo decir que llegué. Pues si no me acuerdo mal. El mismo soy de la piedra; mas con la hambre no medra un hombre que es liberal. Yo recibo lindamente; mas también doy lo después: pero la dádiva es a mis tripas solamente. . Dadme limosna, señor, conforme a mi calidad. 1. Conforme a tu necedad, pudieras decir mejor. Pobre de mejor contía, bordonerillo cuitado. 2. Calle señor Licenciado, que lo escuchan todo. . Mía la pesca del mar hoy es. Rogad a Dios que suceda bien el lance, porque pueda daros limosna después, Y entanto, amigos, tomad, mas que dineros, amor. Deme limosna, señor, conforme a mi calidad. 1. Ya se lo has dicho otra vez. Pues ciento pienso decirlo, vive Dios, que es amarillo, doblón parece de adiez. 2. La mano de Dios suprema, os haga franco ese mar, la red se rompa en la playa con el peso deseado; y al fondo del mar salado ningún pez huyendo vaya. Amigos, para que acierte a ver prodigo este mar, venid a verme pescar. Y a Dios pido, que esta suerte de provecho alguno sea, porque todo es vuestro, 2. Iremos, y de la redtiraremos cuando ya llena se vea, 2. Bien podemos con estrobos tirar las cuerdas. . A esta playa vuelvo a ver si encuentro aquel pescador, que tan bien habla de amor: y el alma me da a entender, que me podré entretener: porque hallar en aquel traje tan cortesano lenguaje, es gusto, y admiración. Los soles de Irene son, que al del cielo hacen ultraje, Huir será más cordura, que hay peligro si la veo; pues siempre nace el deseo, de la vista, y la hermosura, Y el deseo, y la locura, tiene grande semejanza, si lo que núnca se alcanza se desea con porfía, no es deseo el que no cría a sus pechos la esperanza. Pescador, ola Serrano. Ya no es prudencia el huir, volventengo, y resistir su resplandor soberano. Dónde vas? . Al mar ufano, de considerar vecina. belleza tan peregrina; huyendo voy por no ver lo que me obligó a volver. Qué fue? . Tu beldad divina como no es de gloria tanta capaz mi vista, temí. Y por eso te ibas? . Sí. Luego la gloria te espantas Mientras que no se levanta el alma alentencimiento, la misma gloria es tormento: porque, o luego se desea, o es fuerza que a quien la vea le falte el conocimiento. Confieso que de esa gloria cualquier hombre es incapaz: mas si yo me estoy en paz, quieta el alma, y la memoria, si es más cierta la victoria de mis locuras, y antojos, negando a tu sol los ojos discreto seré si huyo. Sútil discurso es el tuyo. Entre rústicos abrojos suele nacer una rosa acaso; y en mis razones, que indignamente te pones a escuchar, Princesa hermosa, habrá alguna. . Y poderosa para enseñarme a olvidar. Puede un bárbaro enseñar a un Sabio? . No, pescador; pero oráculo de amor te puede el mundo llamar. Decir que aprendes de mí, paréceme que se entiende del modo que el hombre aprende del bruto; pues yo leí, que a hacer fábricas así enseñó la golondrina. Y que una bestia marina, del sangrarnos dio lición; y el gabilan deltimón de la nave peregrina. De un Serrano como yo, algo pudiera aprender tan soberana mujer, si del bruto se aprendió. Tú eres Serrano? eso no: debajo de ese sayal vive sangre principal; porque cuerpo, y alma son de tan grande perfección, que se disimulan mal. Puedo jurarte, señora, no faltando a la verdad, que hacienda, ni calidad mi pobre estado mejora, mas que esas redes, que ahora mi viejo padre ha calado en el corazón salado de ese mar. . Cómo es tu nombre? Alejandro. Nombre es de hombre de mayor suerte, y estado. Cuando Adan los nombres puso a las cosas, conocía la calidad que tenía cada cual; y lo dispuso en orden: mas ya en confuso no hay hombre que no se nombre; porque no declara el nombre la propiedad natural; solo sirve de señal para conocer al hombre. César se llama un Serrano, y Alejandro un pescador. No se ha de estimar la flor que en el pradillo lozano produjo alegre el Verano, como aquella que se cría en la sierra áspera, y fría el Invierno desabrido: y así con razón ha sido más admiración la mía. iza, tira de la cuerda, iza . Qué es eso? . a las redes. Amor, obligarme puedes a que la memoria pierda de Ricardo, por ser cuerda; porque crece en mi opinión de este hombre la estimación: y de estimarlo, pudiera la voluntad novelera tener alguna afición. De un rigor, y olvido extraño divertirme he pretendido: mas no ha de ser el olvido tal que me obligue a más daño. Volver quiero al desengaño de mi amor, porque es mejor llorar un noble rigor, que una inclinación villana. Adiós, mujer soberana. Adiós, sabio pescador. 2. Iza, que pesa la reda 3. Llena debe de salir. Ya yo me quiero rendir. 1. De cansancio? . No; de sed: ánimo todos tened. 3. Porqué no tiras, Morcón? Porque soy pobre poltrón: mas trabajo yo animando, que no vosotros tirando. Iza, pues, iza. 2. Ah ladrón, como huyes del trabajo. De la red el copo veo tan llena como deseo. Hijos, sacad más abajo la red, en tanto que atajo el suelo de aquesta playa; porque al agua no se vaya el pescado. 2. No has mirado, que no hay en la redpescado! O plega a Dios que lo haya. Cajas son, si no me engaño: no me engaño, cajas son. Cielos! nueva admiración causa lance tan extraño. Busca presto el desengaño, tortugas, y ostras serán las que en esa redestán; porque son peces en cajas. 2. Calla, pues que no trabajas. Mi lengua no es holgazan. Llega Alejandro a mirar cuanto perdí en el navio, que ahora vuelve a ser mío: obras de Dios, a pesar de la soberbia del mar. Con razón en Dios espero: las cajas son del dinero, y de las piedras preciosas. Obras son maravillosas de Dios. . Abrázaros quiero, Vosotros sois hijos míos los que tirando esas redes conseguís tantas mercedes en los mares, y en los ríos. Que mis locos desvaríos hechos así en el Invierno de mi edad, como en el tierno Abril jamás merecieran que tan liberales fueran las manos de Dios eterno. Señor, que buen pagador sois de aquello que debéis; solamente vos pobéis hacer la paga mayor. Pagáis más que recibís: solo vos tenéis piedad; y como sois la verdad, solo vos verdad decís. Padre dichoso, que estás rico en este alegre día, vámonos a Alejandría, que allá más pobres tendrás: y habiendo más pobres, mas crecerá el caudal. . Es llano: porque el pobre es un hermano del rico. Y aún dijo Dios, que la hacienda es de los dos. De ti, si estuvieras sano me sirviera. . Sano estoy: mas por qué me has escogido? Porque humor te he conocido; y te vi tres veces hoy cobrar limosna. Si voy sirviéndote, en mendaré mis costumbres, y seré un arrepentido pobre. Para que todo me sobre, todo a mi Dios lo daré. Mientras más vec es la veo, más conozco su valor, y al conocimiento creo que le es debido mi amor, y al amor muy gran deseo. Mira el Sol por quien suspira mi pecho, y mi voz suspende: la pescadora es que admira; la que redes de oro tiende sobre el alma que la mira. Revolveré en mi memoria mi triste, y pasada historia, para pintar más al vivo tu pasión . Hoy muero, o vivo: Amor, victoria, victoria. A ti vengo mar sagrado, como a sepulcro en quien hace sus obsequias mi cuidado: nuevo Leandro en ti yace en amor, y agua anegado. asoo. VIIIIICRO Imágenes confusas del deso Ilusiones de amor, y de los ojos. Alma, es esto verdad, o son entojos? Es fantástico bien este que veo? Conozco mi desdicha, y no lo creo. No renovéis engaños mis anojos. Oh muerte, no me enseñes tus despojos! Memoria baste ya tu debaneo. Qué miro? no es aquesta Serafina? Carlos, no es este, el que perdido lloro? Me conoces, imagen peregrina? Sí; que eres vida tu del bien que ignoro. r. No me mates placer mi luz divina, Mi dueño. Viva estás? . Viva y te adoro Oh que bien se ha introducido por hombre del mar le tiene buen fin espero. . El olvido que acción, ni derecho tiene a tanto amor. . Solo pido tu amor: que después de verte de los brazos de la muerte libre, no quiero otro bien sino amarte. . Yo también, amarte, y obedecerte. Tener vida no creí, y por muerta te juzgué: ya dos vidas hay en mí, la que del mar escapé, y la que descubro en ti. En otro abismo profundo han dado ya nuestras vidas: y no es menor el segundo, porque nunca estén cumplidas las falsas glorias del mundo. Ricardo, el Príncipe, a quien sirvo, ya te quiere bien; ya solicitar me envía tu hermosura. . A esa porfía llamas abismo también? A esa duda de tu amor, no llamo yo abismo nuevo, que es más noble mi temor; porque soy criado, y debo no engañar a mi señor. Si le digo la verdad causarele enemistad, y temo la muerte fiera. Ya se demuda, y se altera: que extraña facilidad! Quiero hacer que me paseo, por si la pudiese oír. Esos sucesos no creo: mi Carlos ha de vivir los años que yo deseo. Si tú le tienes amor vivirá contra el rigor del tiempo. . Perpetuamente le amaré. . Fortuna, tente; no me enloquezca el favor. Que ha de amarme, esta diciendo perpetuamente: vencí, fuerza rendida pretendo; y en dudar tanto de mí esta victoria, me ofendo. Si es de alguna calidad mi consejo, no detengas a Ricardo esta verdad: nada pierdo en que me tengas una honesta voluntad. Dile como tú has de ser mi dueño, y esposo. . Arder podrá en celos, y en amor, El daño será mayor, si después lo ha de saber. Con mucha facilidad harás que su ardor mitigue: que al hombre de calidad, no hay cosa que más le obligue, que el decirle la verdad. Sola una vez me ha mirado; que de amor, y de vergüenza los ojos no ha levantado. Pues a quererme comienza, quiero como enamorado escucharos. . Razón tienes, que el Príncipe mi señor es gran César. . Muchos bienes le dice de mí. . Y amor vendrá a coronar tus sienes. Ese habrá siempre en mi pecho, No hay que dudar, esto es hecho; amarme le ha prometido: de mi calidad ha sido su duro mármol deshecho. Al fin. . La verdad le di. Harelo así. . Adiós mi bien, Me has de amar? . Digo que sí. Ypodrete hablar? . También, Cuándo? . Siempre. Adónde? . Aquí. Pusose el sol que veía, a cuyos rayos me quemo: y así paso el alma mía de un extremo en otro extremo; noche es ya lo que antes día. Triste vienes. . Si lo viste, lo que responde supiste: que el rostro del mensajero suele decirnos primero, si es la nueva alegre, o triste. Finges, Carlos? . Si a tu llama traigo remedios ajenos del deseo de quien ama ocasión traigo alomenos de más gloria, y de más fama. Hoy puedes ejercitar una virtud singular. Y qué es? . La magnificencia; que es de mayor excelencia, que el ser amado, y amar. Como fue el impedimento el hombre a quien ama; intento que tú la muerte les des. Hablas de verás? quién es? Yo, que a tus pies me presento, Si es la victoria mayor la que alcanza de sí mismo el hombre: mira señor que en este profundo abismo, vida me dio tu favor. Y pues que tú me has librado de ese piélago salado, no me des con no vencerte otro género de muerte más breve, y más desdichado. La que ame en Sicilia yo, me mandas que solicite: el agua la perdonó: no es bien que otro me quite lo que el mar no me quitó, A hablarla fui descuedado; viva, sin pensar, labí: quedé alegre, y admirado; y alfina tus pres volví confuso, y enamorado, Divierte con otro objeto más hermoso, y más perfecto esa liviana afición: que en esto hace distinción del necio el hombre discreto. A mujer fuerte combates: y yo como enamorado, que de vencerla no trates te pido, y como criado te suplico que me mates. A las dos cosas estoy obligado; tuyo soy, pues que la vida me diste: Príncipe, ayer me hiciste, deshacer me puedes hoy. Tal escucho? caso extraño! el hombre bien entendido no juzgue en ajeno dañó: que los ojos, y el oído están sujetos a engaño. Con cuanta satisfacción juzgaba yo su afición, siendo de Carlos, por mía: pero al fin este es el día que he de igualarme a Ecipión, Estás muy enamorado: Hon estamente la adoro. Quiere ellas . En igual grado: pero guardando el decoro al fin aque es ordenado, Ser su esposo pretendí; pero el intento encubrí, porque pobre me hizo Dios; mas ya lo estamos los dos. Y pensáis casaros? . Sí. Acción heroica ha de ser, Carlos, está a mis antojos; la razón ha de vencer padezcan, o no mis ojos; ama en paz a esa mujer. Tratas verdad, y la estimo; ya que la digas te animo: pues con tal facilidad, por no ofender tu verdad en el alma me lástimo. Yo te prometo, y no haya miedo en ti, de no volver cuando a la Ciudad me vaya a esta casa de placer, a estos montes, ni a esta playa. Deja que bese tus pies. Levanta; y pobre no estés: yo te haré rico. . Quién tiene. tal Señor! Ya se fue Irene? Despechada mujer es. El poco amor que en mi vio la obligó a partir sin mí. Y podré alcanzarla? . Sí. Ven, Carlos. . Dichoso yo, que tanto bien merecí. . La famosa Alejandría tenemos ya entre los pies: aquellas torres no ves? ojos tienes, y es de día. Si verás; son el Palacio de Irene. . Del cielo, di. Es amor? . Hermana, sí. Yo te lo diré de espacio. Esta es la calle del mar adonde las plantas pones, y los santos bodegones, que así se deben nombrar. El deseo hemos cumplido, la casa de Doroteo es la que miráis. . Ya veo a mi padre. . Paso, paso. 1. Ay suerte igual, que así en lo llano tropieza! 2 Hízose mal vuestra Alteza? Oh tropieza, o pisa mal. Que mal caballo me diste: mejor fuera aquel Frances. Sí, que es más fuerte de pies, 2 Acaso mal te hiciste? No; mas traigan una silla. para subir a Palacio. 2 Voy por ella. . Y no de espacio Tórcime un pie. 1. Y maravilla fue no hacerte mayor daño: Quiéres agua? . En esa casa la pide; porque me abrasa un rabioso desengaño. . Hola, su Alteza cayó; silla, y agua se le baje. Hola, no tengo algún paje? Oís? parcoe que no. 2. Sillas hay en el zaguán: mejor estará sentada vuestra Alteza. Agua, y rosada mis pajes la bajarán, Hola. 1. El dueño debe ser de esta casa, y es bizarro. Si parece al dueño el jarro, él se la puede beber. 1. Pagado va, y satisfecho, Válgame Dios! que ha caído su Alteza? 1. Sí; y ha pedido un poco de agua. . Se ha he algún mal? 1. No. . Voy por bien temeroso, y turbado. Hermosamente rasado tiene el rostro; está más bella. Fuerte temor dame algún atrevimiento. No de aromático olor, de oro, esmeralda, y coral, que al corazón, triste agrada, te traigo conficionada, señora, bebida tal. Solo es un agua tan pura como lo es la voluntad. Hombre gallardo en verdad! Qué soberana hermosura! Quién vive en esta casa? . Yo, señora, vivirla espero; porque ahora, solo muero, Mal dije: la lengua erró; aunque no dije de amor, ni le declaré su nombre. Cómo parece este hombre a Al exandro el pescador! No bebes? . Decir pudiera que es él: pero no se atreve el alma al crédito. . Bebe. Sabrelo de esta manera: porque mueres? . Porque vi. Huye la causa que viste. Es ya tarde. . Pues resiste. Al principio resisti. Vencio amor? . A mi cordura. Luego no es amor discreto? Es desigual el objeto. (cura. No es amor . Pues qué? . Lo- Ay de mí! que me ha entendido: . y en vano el alma se atreve. De razones mudo: Bebe, mira Infanta que has caído. Si en quien eres caí; también cae mi inclinación, pues baja en esta ocasión desde Ricardo hasta ti. Su atrevimiento es gallardo, en pie le quiero mirar. . El agua puedes llevar: salga del alma, Ricardo. . Sin duda que se enojó, pues de mi mano no quiere agua: con justicia muere quien a tanto se atrevió. . Gallardo me ha parecido: noble es, y amándome está. Vuelve el búcaro, que ya tengo sed. . No me ha entendido No es posible que no sea Alejandro. . Sin temor vuelvo. . Cierto peseador me dijo, que quien desea aquello que no se alcanza, está loco. . Así lo creo: porque el humano deseo es hijo de la esperanza. Según eso, loco estás sino amas tu igual? . Señora, no siempre el que le enamora desea. . Es verdad. . Y más que suele amor igualar sujetos muy diferentes: atropella inconvenientes, hiela el fuego, y quemá el mar. A hacer lo mismo te opones amor contra mí. . No bebes? Cuando tú los labios mueves, bebo amor en tus razones. . Fácil es mi inclinación: mas no, que ya he resistido tres veces, y me han vencido gentileza, y discreción. Cuando no gane de aquesto sino olvidar a Ricardo, lo estimo. . Ya me acobardo, amor no desmayes presto. Cómo te dejas el mar, aquel disfraz, y las redes? Habla Alejandro, bien puedes. Si será mejor negar? Pero no, pues de esta suerte el ánimo no desmaya: vivo me arrojó a su playa para darme mayor muerte. Que no eres de Alejandría? De Sicilia: el alma empieza a temer. . Tienes nobleza? Ilustre casa es la mía. Hoy negaste en Miraflores; que te movió? . Mi temor. Y ahora? . Animome amor. Quién causa aquestos amores? Temo. . Gustaré de oírlo. Iré negando. . Y después? Iré negando. . Quién es? Ya lo dije sin decirlo. Si su Alteza no ha bebido, y quiero alguna conserva, aquí la tiene. Con hierba estas flechas han venido. Mal mi inclinación corrijo, y él se me va declarando: que si dijoiré negando; claro está que Irene dijo. Yo suplico a vestra Alteza que no beba sin comer. Si es aquesta su mujer? que peregrina belleza! Si es casados inclinación vuelve atrás; dama hermosa abrazadme: sois esposa de Alexandro:. hermanos son. Mas gana de hablarme lleva, que ella tiene de beber. Qué contempla esta mujer: el aguaso váyase, o beba. Sa hermana soy, no es casado, Ya vuelvo en mí; y pierdo el mie- (do: ahora si que beber puedo por el susto que he pasado. . Dame el agua. . Qué juicio. ahoravino la seo: Yo agradezco la merced de las conservas. . Servicio, Para, y tende aquene estribo. El Príncipe mi señor. Ya estoylana de su amor, pues pena en verse revabo. Que mi priacoos 1. Sí, Castigo fue la caída de la culpa cometida. En qué? En veniros sin mí. Os hicistis mal, señora: No, señor; y esta enfermera, cuando algún mal recibiera, me diera salud ahora. Es gallarda, es peregrina; sombra es de su Sol, Irene: algo parece que tiene del rostro de Serasna. Y es la diferencia que hay, que aqueste es más soberano: si habéis de darle la mano, quien a vuestra puerta cay, será dichoso. . Su Alteza, por serlo yo se la diera, si tan cerca la tuviera como el alma. . Qué belleza! 2 La silla ha venido ya. Adiós dama. . Tus pies beso, Si me dais licencia. . En eso que vos sabéis se os dará. Para iros acompañando la pido. . Vedme después: ya sé la dama quien es. Quién, señora? . Iré negando. Oh fue antojo, o me asegura: fortuna no des báibenes; ven Serafina. . Qué tienes? O gran dicha, o gran locura. . Vuestra Alteza ha de tomar su caballo. . Aquesio no. No pasaré de aquí yo. Yo os tengo de acompañar delante de vuestra silla. Eso ha de ser excusado. . Quédome, pues, y admirado, si el mismo Sol maravilla de aquesta mujer que vi. Hola, soldado, buen hombre, lacayo. . Dio con él nombre, (do: con aquesto le entendí. Quién vive aquí? . Ya la entien- págueme la relación. Bastará aqueste doblón? Qué rico me voy haciendo! basta, y sobra. Vive aquí aquella mujer gallarda. Cómo se llama? . Leoparda. Es casada? . Señor, sí. Con quién? . Con un hombre hon- de caudal, y de virtud. (rado Así tengáis la salud como vos vais informado, . De nuevo el alma se admira: nuevas hermosuras hallo. Has de tomar el caballo; o has de ir apie. . Carlos, mira: seguro puedes estar de todo punto, que no amaré a tu dama. . Yo no podré de ti dudar. otra he visto más hermosa, algo a la tuya parece: pero es casada, y merece. Qué? . Ser Reina poderosa de todos los albedríos. Yo divertirme procuro por vivir quieto, y seguro de ciertos cuidados míos de Constantinopla: y sí mujer alguna ha de haber que en mi tenga este poder, sola ha de ser la que vi. No pienses que fácilmente me enamoran las que veo: aficionarme deseo para olvidar una ausente. Mi Carlos dame favor, emprende esta luz gallarda Cómo se llama? . Leoparda. Yo conquistaré su amor. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Cansado de la jornada llegará el Emperador a la Corte. 1. Sí señor. 2 Quién es? su talle me agrada. Es Don Ramón de Moncada un Español, que ha venido a negocios. 2. He creído qué es este el padre gallardo de un Carlos, aquién Ricardo en su casa ha recibido, El César llega, señor. Ya desde hoy Alejandría gozará más claro el día: quien me ha obligado es amor, Asiste el Príncipe en ella, y le he vencido a casar. Ya dando al Sol que envidiar, es cada almena una estrella, Parabienes dará el Sol de tan feliz casamiento a Europa: glorioso aumento para el crédito Español verá el mundo: deseada ha sido la paz dichosa. Pareció dificultosa hasta acabar la jornada. Mas ya han querido los cielos que Alfonso, y yo concertados olvidemos los cuidados de tan sangrientos desvelos. Y vos que parte habéis sido de la paz que procuré, segura tenéis la fe de mi pecho agradecido. Mientras no os volvéis a España en Palacio habéis de estar, que os quiere mi amor mostrar lo que os debe. . No se engaña quien os sirve. 1. Ya los rayos del sol al mar se despeñan, y el manto a la noche enseñan entre sombras, y desmayos. Vamos Don Ramón. 1. Con quién el Príncipe ha de casar? 2. Pues en eso hay qué dudar? a su prima quiere bien. Si de estas bodas no toco para seis años dinero, no entiendo de bordonero. Vámonos, pues, poco a poco, dando carrete al humor del viejo; no lo perdamos todo: que así conservamos el individuo, Señor, ya la noche nos ha hallado en limosna, y obras pías. Bien es, porque tengan días las noches de mi pecado. Vamos no anochezca más; si habemos de ira otra parte. Fervor traes. . Por llevar parte de eso, que en limosna das; que cansados eran todos aquellos pobres poltrones! Son de diversas naciones. Y piden por varios modos. Cansa el Aleman, y ruega; llora el humilde Frances; importuna el Irlandes; pero el Español reniega. Que me todo, que oración el señor Morcón tenía? Tú lo sabrás algún día: no oró mejor Cicerón. Pues fue Cicerón mendigo. No me meto en la Escritura; la noche leviene oscura: favor me da ingenio, amigo? De al pobre el que a Dios sirviere; no pidáis tan lastimero: muerome, pues el dinero de que sirve a quien se muere? Es hambre la que me mata, dense a este pobre por Dios: fuerades temprano vos, para que tan mal me trata? Yo entiendo de pobre bien, y sé que cosa es pedir; porque me dejan morir? No haya miedo que le den. Con quién hablas? . Con un pobre el más cansado que he visto: denme ya por Jesucristo. Razón tiene, dale. Es cobre lo que llevo. Toma plata; llévale aquesto. Aguardad. Mira, que la caridad es la que el pecado mata. Si tu pidieras también te holgarás. . Así es ahora. Tome, pues, pobre que llora. Páguéselo Dios, Amen. Cerca de mi casa estoy, antes de entrar quiero ver si algo dejo de hacer de lo que propuse hoy. Visto el Hospital está; la enfermaví, y el tullido; hablé al Monje, nada olvido: recogerme puedo ya. Cristianos de Dios, piedad nunca como yo se vean, remedien mi mal, y crean mi grave necesidad. Al hombre más enemigo moverá mi desventura, Ya mí; con ser piedra dura me enternece, adiós bendigo: hermano amigo que tienes? Necesidad, y dolor: denme por el Redentor Sagrado, de nuestros bienes, En mi casa os quiero entrar qué es esta: dicha he tenido: conóceme, soy perdido. No me puedo levantar. Ayuda Morcón aquí: dónde estás, hola Morcón? Pésame de la invención: palos llueven sobre mí. A mí os podéis arrimar. Soy un pobre muy pesado: algo me dé, padre honrado, y éntrese luego a cenar. A mi puerta no es razón déjaros así. . No impide. Vengan hachas. . Hachas pide; pringar quieren a Morcón. Hola deciende una luz. Esa luz no es importante, que soy pobre vergonzante, si juro a Dios, y a esta Cruz- Quién me ha metido en aquesto? Ayuda Alberto a llevar a un pobre. . Si me han de dar limosna, o palos, seapresto, Señor, no ves que es Morcón? Pues, Morcón; tal picardía? No te dije que algún día te diré mi exclamación, Si saber has deseado como pedí, ya lo has visto. Pase en burla. . Jesucristo de este lance me ha librado. Eres mi dueño, y señor, dar remedio a entrambos quiero, a mi pasión marinero, y a la tuya labrador. Esta primera es su casa. Ya te juzgó enamorado, Ni digo que estoy helado, ni que el alma se me abrasa. Quimeras son tus amores. En la puerta he visto gente, anda Carlos diligente antes de irte a Miraflores. El alma dejó su vida entre esos montes ausente: la fe trujo solamente para ser agradecida. Es de casa gentilhombre. Pues han de ser de la calles Una dama de buen talle, que vive. . No tiene nombre? Si no me engaño, Leoparda, es posible que la vea: Ya se de que pie cogea, el Príncipe es linda albarda. De una Serrana del monte traigo un papel. . Yo le tomo, que soy su marido. . Y cómo se llama? . Rinoceronte. Mujer, y marido tienen los nombres de bestias fieras: si es su marido de verás, mis intentos no convienen. Perdí pardiobre el billete: luego vuelvo. . Qué temor lleva el pobre labrador: mal dije, el pobre alcahuete. Guardas tiene aquesta dama, su marido es aquel hombre, que aún la guarda con el nombre, Rinoceronte se llama. Por los nombres solamente esta casa aborreciera. Carlos, de cualquier manera has de entrar. . Si blandamente no conquistas este Sol, y el modo quieres violento, sobrárame atrevimiento, que soy noble, y Español. Allá vuelvo. Oye, sospecho que es la que en su casa ha entrado: el corazón alterado me está saltando del pecho. Ella es. . Tu Alteza aguarde, donde no esté conocido. La noche nos ha cogido fuera de casa. . No es tarde. Ver a Carlos pretendía; y en vano a la feria fui, para que supiese así que estoy en Alenjandría. Calor hace: yo me quedo en el pario, una luz pide. Si la merced no lo impide, besalla las manos puedo. Y quién sois? . Un labrador. Y qué más? . Soy gente honrada, que le traigo una embajada. De quién? . De nueso Señor. De Dios? . No ve que no había allá Ángeles labradores? es la embajada de amores, y Ricardo quien la envía. Porque más secreto sea solo yo le satisfice. como soy rústico; y dice que hablarla a solas desea, y servirla en cualquier cosa: que la vio cuando cayó Irene a su puerta; y vio que es la mujer más hermosa del mundo, si aquesto entiende, en término cortesano; sabrá que no soy villano: y lo mismo que pretende persuadiré con razones. No es aqueste Carlos, cielos! sin duda le obligan celos a tantas satisfacciones. En la voz le conocí, aunque la ha disimulado; de mi amor desconfiado supo como estaba aquí, y celoso de Ricardo se quiere satisfacer: esto solo puede ser. La respuesta suya aguardo. Que haya ofendido a mi amor . con esta desconfianza, digno será de venganza tan necio, y loco temor. Con celos quiere manchar amor tan puro, y honesto, Carlos! qué he de hacer en esto? satisfacción no he de dar? Donde hay celos, y temor, amor por fuerza ha de haber, mas no es forzoso tener celos el que tiene amor, Qué responde? Que he estimado. esa voluntad que ofrece, de la suerte que merece. Esto va bien negociado. Que yo a su Alteza veré, y sabrá que tengo amor; porque le conste mejor de mi firmeza, y mi fe. Y aunque el hombre que debía estar de mi satisfecho, siendo el alma de mi pecho, duda, teme, y desconfía. Hallar puede en mí su Alteza el amor que ya ha sabido, que Serafina ha tenido con más dicha que belleza. Qué es lo que el alma está oyendo? Aquí está la luz . Pues vete, pon la sobre ese bufete. Mi misma muerte pretendo, mujer piadosa, y tirana, piadosa en estar aquí; tirana en dar contra mí respuesta tan inhumana. Como no me conociste, el corazón has mostrado: yo cuando desengañado, muerto, pobre, solo, triste, mal pagado, bien quejoso; loco, olvidado, ofendido: y lo que más he sentido enamorado, y celoso. No esparzas voces al viento, que responder no me dejas a los agravios, y quejas que yo con el alma siento. No basta haber ofendido mi honesto amor, sin mudanza, con esa desconfianza que a mi casa te ha traído? Vienes con la voz trocada a hacer prueba en lo que digo, intentando hacer conmigo lo que el necio con su espada? Pues de mis castas razones bien, y mal ambos saquemos, pues ya sin duda tenemos diversas las intenciones. No es, Carlos, la tuya buena pues mis palabras convierte en mudanza, que la muerte no me diera tanta pena. Ni una silaba perdí: de todo, ingrata me acuerdo. Para ver que no eres cuerdo, qué dije? . Al Príncipe di, que recibo, y he estimado la voluntad que me ofrece, de la suerte que merece. Quise decir, sin cuidado. Y aunque el hombre que debía estar de mi satisfecho, siendo el alma de mi pecho. Eso por ti lo diría. Duda ya: verá su Alteza el amor que ya ha sabido, que Serafina ha tenido con más dicha que belleza. Que amor he tenido yo con dicha, si no es el tuyo? anda loco. . Vaste? . Huyo. Escucha: no quieres? . No. . Suspenso quedo, y confuso; mas no bien desengañado: que ajeno mal, que cuidado en tal peligro me puso? Que esté Seráfina aquí, sin saberlo, y que la vea Ricardo que la desea! en dura estrella nací. En este pario he sentido que está gente: llega Alberto, otro daño tengo cierto: a que diré que he venidos Pero así se encubrira mi intención . Quién está hays Un hombre. . Qué busca aquí? Mi muerte he buscado ya. Necesidad me ha obligado a lo que nunca pensé: solo aqueste manto hallé. que otra cosa no he tomado. Aquí estoy, humilde ruego perdonen mi atrevimiento: y baste por escarmiento cogerme en el hurto luego. Que a ser ladrón se disponga un hombre? . Aquesta flaqueza a cuenta de mi pobreza será razón que le ponga. Tomad, pues; y en vuestra vida no os acontezca otro tanto: Dios es piadoso, y es santo. Si a los pájaros convida desde su divina altura, necesidad no os asombre: pedid, que él sustenta al hombre como apreciosa criatura. Haré lo que habéis mandado: pobre estoy de confianza, y ladrón de una esperanza que yo mismo me he robado. . Pobre del que a riesgo tanto por necesidad se inclina: tal descuido, Serafina, aquí te dejas el manto? Alberto déjanos solos. . Alejandro. . Qué me mandas? Adónde está Serafina? llama, Alejandro, a tu hermana. Aquí está. . Queridos hijos, ya mi edad caduca, y larga, según la naturaleza, llega al fin de su jornada. Ya visteis en ese mar nave, y riqueza anegadas, y salvamos las tres vidas por milagro en una barca. Concien ducados que aDios ofrecí he vuelto a mi casa mayor caudal que tenía, que Dios de esta luerte paga. Hacerse debe tres partes cuando yo del mundo vaya al tribunal riguroso de la justicia sagrada. Que aunque sois vosotros dos; sabed hijos que en España fui desposado primero con vuestra madre amada. Un hijo tuve, y del parto murió moza, y malograda Doña Beatriz Mompeller, de ilustre, y antigua casa. Fue el casamiento secreto, porque con sola mi espada la festejé en Barcelona sin más caudal que mi fama. Un deudo suyo piadoso, que es Don Ramón de Moncada, que ahora es Embajador de Constantinopla: el alma se me enternece de pena! el niño llevó a su casa; y con nombre de su hijo natural (en tiernas lágrimas se me resuelve la vida) al fin, hijos, en su casa le crió, y según aquestó, ni en ley divina, ni humana cabe que yo desherede hijo de sangre tan clara. Así, que haciendo tres partes, os caben las dos, que bastan para ser ricos, y honrados: adiós se deben las gracias. Muriendo yo, quedáis mozos, sujetos a las mudanzas de la fortuna, y del tiempo, y también en tierra extraña. Daros estado quisiera: pero la vejez, y el alma hacen que niegue a mi pecho respiración la garganta. Y temo una breve muerte: así que aquestas palabras se dirigen a dos cosas a vuestro bien ordenadas. Una, si queréis que os deje un Tutor de soberana riqueza, en cuyo gobierno verdad inmensa no falta. otra, si queréis las partes y legítimas, que darlas podré fácilmente ahora; escoged va de entrambas. Tomemos los dos consejo Seráfina en esta causa: Tutor los dos: nuestra edad ya de los términos pasa. Cosa impropia me parece tener en tutela, y guarda nosotros nuestra hacienda. Nuestra, Alejandro, la llamas? el mar anegó la nuestra; que en las redes marañadas a nuestro padre dio el cielo otra nueva. . Eso me agrada. Al respeto paternal, a tus venerables canas, a la sangre de tus venas, en las nuestras heredada, siempre fuimos obedientes. Nuestra voluntad no es varia: una ha sido, y esa es tuya; dinos, señor, lo que mandas. Pues lo dejáis en mi mano, mi bendiciónos alcanza. Por Tutor os dejo a Dios: a fe que no perdáis nada. Hijos, buen Tutor os dejo, De los bienes de mi casa le entregaré este inventario; no habrá menester fianzas. Al Hospital de San Pedro, que es fábrica necesaria, dejo veinte mil ducados, y diez mil al de Santa Ana. Para huérfanas doncellas, que por pobres no se casan, dejó treinta mil ducados en joyas de oro, y de plata. Para cumplimiento de esto suplicaré al Patriarca la administración acete. Será desde hoy esta casa un albergue de los pobres mendigantes: porque os basta una casilla pequeña, o en esta una humilde cuadra. Y aunque tú mi Serafina, no tienes hoy muchas galas; con solo una ropa negra te has de quedar, y una saya. Un traje pobre, y humilde usaréis, con esperanzas que vuestro Tutor divino remediará vuestras faltas. Esto se ha de hacer tan presto, que se ejecute mañana: hijos paciencia, y volved a la pobreza pasada. Señor, cuando en tu obediencia aquí nos amenazarán desdichas no prevenidas, afrentas no imaginadas: vieras a los dos más firmes que la rígida montaña, opuesta a las blandas olas, que el pie robusto le bañan. Nuestra voluntad es tuya: que aunque son de Dios las almas, por saber que Dios te inspira, tu obediencia nos agrada. Generoso intento tienes; valiente espíritu alcanzas: tu Fe penetra los cielos, pues con obras se levanta Dispon de las vidas nuestras;; que aquí estamos yo, y mi hermana para cumplir, siendo pobres, cuanto por Chisto nos mandas. Lo que promete Alejandro con divina confianza en Dios, cumpliré también: ricas queremos las almas. Que si es Dios nuestro Tutor, el cumplirá su palabra. El Holiptal, señor mío, es casa de Dios sagrada: pues donde podré vivir mejor que en su misma casa? Serviré a los pobres suyos, que es la perfeta ganancia; y es el logro más seguro hacer lo que nos encargas. Ahora venga la muerte, porque de venturas tantas no triunfe el tiempo, y la vida, Todas las glorias humanas no llegan al menor punto del bien que goza mi alma. Hijos, con vuestra obediencia, ricos quedáis con ventajas inmortales, Dios os guía; Dios os defiende, y os guarda: por guarda, y tútela os dejo sus misericordias santas. Pues en su amparo me dejas, riquezas rendad sobradas. Pues dejas a Dios mis bienes, segura está la abundancia. Vuelva a Dios lo que él nos presta. Inmortal será la paga. Dichosa el que en Dios espera, pues para siempre descansa. En nuevo cuidado estoy de este hermano que en España tenemos, porque mi Carlos tiene sangre de Moncada, si son deudos? si serán, que alguna secreta causa confrontando nuestra sangre hace amigas nuestras almas. . A un tiempo la Aurora, y yo llegamos a Alejandría. Tú has sido el Alba, y el día, que sus muros ceronó Vuestra Majestad llegó con tal silencio a esta casa, que si en ella mal sopasa, tendré disculpa. . Sobrina, es vuestra luz peregrina, que un alma de nieve abrasa. (na Vuestro amor me trae: mi herma- cómo está? . Mi madre tiene salud ya, viendo que viene a su vejez tal mañana. Vos, Irene? . Tan ufana, que me doy el parabién. Dadme las manos . No es bien; los brazos diréis mejor, que son vínculos de amor. Las manos lo son también. Tu grandeza haya venido con la salud que deseo. Hijo, si con ella os veo ya diré que la he traído. Y porque me trae vencido un cuidado; mi intención diré, pues hay ocasión: porque no es bien dilatar lo que gusto os ha de dar. Mejor dirás confusión. La dispensación me embía el Papa, y a desposaros he venido para daros, hijos, tan alegre día. Ay desdicha cuál la mía! Habrá mal, cómo el que siento? Bien temió mi pensamiento. Si Ricardo me aborrece: Si Irene mal me parece? Qué desdicha! Qué tormento! Bien descubren los semblantes lo que está en el corazón. Muertes prosongadas son casamientos semesanta. Sin duda que son amantes los dos, y los ha turbado el gusto demasiado: quiero entrarme a reposar, dejando comunicar este amor disimulado. De qué modo será dulce, ni fuerte el yugo de mujer aborrecida? El matrimonio es luz de nuestra vida; pero faltando amor, es sombra, y muerte. Qué culpa tengo yo en aborrecerte? pasión fatal será no pretendida. La ambición de un Imperio me convida y el desengaño su peligro advierte: Si fueras semejante a Serafina. Si fueras a Alejando semejante. A mara siempre. . Amor tuviera eterno. Si amor en esta unión no nos inclina. Si el marido no tiene algo de amante. (fierno Es muerte. . Es pena . Es rabia Porque su Corte ha dejado el Emperador? . No sé; que nunca yo investigué esas razones de estado: siempre vivo descuidado, acierte el Rey, o no acierte; cosos por venir no advierte mi ingenio, hasta que los vea: y así la Corte es Aldea, a quien vive de esta suerte. No admiración, si no suoño piden mis ojos, señor. bia. . Y es in- Voces da el Emperador. Si sois mi divino dueño, yo soy gusano pequeño. Bastan ya esos resplandores: que entre confusos temores ya me alegro, ya me aflijo: cielos, una vez me dijo, paga por mí a mis menores. En suspensión me has dejado! Ramón, en mi casa os tengo. Solo a referirte vengo que un Clemente, que he buscado, bien rico, y acreditado, aquí vivió algunos días; y en limosnas, y obras pías fue amorira un Hospital. Esta acción vence a las mías. A solo Dios ofrecidos pobres dos hijos dejo, y otro que le tengo yo: y entre llantos, y gemidos de viudas, pobres, tullidos, fue muerto, aunque es inmortal. Venir tú con nueva tal, cuando yo tal voz escucho, sin dudapromete mucho; seré obediente, y leal. Señor, que pague, decís, por vos a vuestros menores: ya son mis acreedores; vuestro es lo que me pedís. Pues la palabra cumplís con premio siempre inmortal, hacedme a mi liberal, goce yo de la ocasión que me ofrecéis: Don Ramón, vamos luego al Hospital. . Solo, Alejandro, me aflige verte en aqueste Hospital. Por ti me parece mal, Oh, cuantas veces le dije: Padre, si la caridad comienza, cuando es discreta, del dueño mismo; respeta tu propia necesidad. Qué dijo? . Que se entendía en cuanto a la salvación: pero que la perfección en aquesto consistia. Ya, Alejandro, mi lavor nos habrá de dar sustento. Ignoro, padre, tu intento. dodo dee tu mucho amor. tú has abid saluerte dando con Fe singular, ya no nos dejas quedar para poderimitarte. Ya, Carlos, cuando me vea tan pobre, amor no tendrá. Buena fábrica será. Su artífice lo desea. A la puerta de esta sala vuelve, señor, a mirar un cielo hermoso labrar, Dices bien; porque le iguala. De honesta no ha levantado los ojos. . Tanta hermosura en un Hospital, procura saber quien es. . Hombre honrado el Emperador pregunta quien es aquella mujer. Nunca aquí se penso ver pobreza, y grandeza junta. Señor, aquella es mi hermana. Tiene alguna enfermedad? Pobreza. . Qué calidad? Es noble Siciliana. En que su pobreza estuvo? Padre rico tuvoya. Pues bien, que le sucedió? Dio la riqueza que tuvo. Teniendo hijos? . Señor, fue con pobres liberal, y murió en este Hospital, dejándonos un Tutor. Tutoros dejó sin bienes; mal lo pasaréis los dos, y quién es el Tutor? . Dios. Tutor soberano tienes. Dionos mi padre a escoger hacienda, o Tutor: y así este Tutor escogí. Ahora llego a entender. La voz por estos menores. vuelve Dios: yo he por él; puédenme obligar, que son a iministradores suyos los Reyes. Desco saberras deudos quien son: hazme breve relación mientras este Hospital veo. Ven conmigo. . Fue Clemente mi padre, y fue caballero; llamarole el limosnero . Quédese atras el agente. . Que el Emperador está, dicen en Alejandría? este, sin duda, sería. 2 Por el otro cuarto va su Majestad. . Qué ocasión le hatraído a este hospital? 1 Mira un rostro celestial con modesta suspensión labrando en aquella puerta. Aunque el rostro bajo encubre, mucha hermosura descubre. 1 En su honestidad advierta vuestra Alteza. . Es peregrina, o me buria mi deseo, o es imagen la que veo de la hermosa Serafina. Si algo el rostro levantase la pudiera conocer: pero aquí que puede hacer? Que al otro cuarto se pase tu Alteza, el Emperador manda. . Carlos, oye, has visto a Seráfina? . Resisto con cierto enojo mi amor. No la he vuelto a visitar. Vuelve, pues, Carlos los ojos; verás, si no son antojos, su retrato singular. Dama, su Alteza pregunta si sois aquí la enfermera? Si enferma de amor dijera, respondiera a la pregunta. Seráfina, mi senora, que hace aquí tanta belleza? Dejome en nueva pobreza mi padre. . Quién os adora rico está, no os llaméis pobre. Carlos, ya mi padre es muerto. Si esto, mi señora, es cierto, bien es que mi dueño cobre. Ella es; hay tal estrella! que en tantas transformaciones me arrebata las acciones del alma mujer tan bella! Señor, si me das licencia, seré su dueño dichoso. Habré de estar envidioso: bien haces; amor paciencia. Esta fábrica me agrada: tal arquitectura elijo: Ya te he dicho que soy hijo de Don Ramón de Moncada, y que en su desgracia estoy: redúceme a su amistad. don Ramón. . Señor. . Mirad, un hijo os quiero darhoy: si de España peregrino ha andado, sin vuestro gusto; podrá cesar el disgusto, porque a mi servicio vino. Mucho le estimo, y casado os le entrego: Carlos, llega. Si tu mano se me niega, muerto soy. . Carlos amado, es tiempo ya que me des los brazos? . Suerte dichosa! Y conoced a su esposa Serafina. Quién, quién es? De Clemente el limosnero hija, por inclinación secreta, y confrontación de sangre: tu gusto espero. Es justo amor; mas no puedes desposarte: esto se impida. Júzgame, señor, sin vida, si este bien no me concedes. Es tu hermana? De qué suerte. Eres de Clemente hijos Él eso propio nos dijo a la hora de su muerte. Que tuvo un hijo en España de su mujer la primera; su nombre Carlos. . Que espera quién así se desengaña? Carlos, esta es la verdad. Después sabrás esta historia. Que me niegue tanta gloria cielo tu injusta piedad: No te lástime el suceso, que si estimas su hermosura, igualará su ventura tu mal. . Qué dices en eso? Que me desposo con ella. Señor, no pretendas tal: advierte que no es tu igual. Mujer tan honesta, y bella a cualquier Príncipe iguala: hoy he de quedar casado. Temo. . qué? . Ver enojado tu padre. Él viene a esta sala. Alexandro, yo he de darte (na cuenta, por Dios . A mi herma- de este bien. . De buena gana. Hoy, Ricardo, has de casarte. Dios quiere que su menor suceda en lugar de Irene: más nobleza que yo tiene la que tiene tal Tutor. Señor, ya yo estoy casado; perdona si tu licencia no espero. . Es poca prudencia replicar. . Determinado estoy ya. . Si a Irene tengo casada, no puede ser. otra ha sido mi mujer; a tus pies con ella vengo. Es aquesta Serafina: Sí, señor. . Gran mal recelo, Que bien ejecuta el cielo lo que una vez determina. La misma mujer te daba. Beso mil veces tus pies: razón será que me des la mano que deseaba. Irene ha venido? . Yo por ella ahora envié: Dios inmenso aquí se ve, que esta acción os agradó. Tu gusto es razón que espere. Casada estás. . Nuevo mal: señor, en un Hospital, y tal priesa? . Se requiere. Virrey, y Gobernador de Italia es el desposado. No es Ricardo? Está casado? Aún es el daño mayor: Pero yo me determino: venza mi amor, y yo también. Tú estás casado, con quién? Si me conoce, imagino que me aborrece, y desama. Con un noble Caballero. Quién es? Atreverme quiero Habla. . Alejandro se llama. Entendió mi persamiento: el mismo, Irene, te he dado; llega, Alejandro. . Turbado estoy del placer que siento. Este es el sol que me abrasa. Dudo, Irene, si sois vos. Qué es esto: Es paga de Dios: soy su menor, él me casa. Carlos, señor, es hermano de Alejandro, y Serafina. A tu hermana Alexandrina dará de esposo la mano; y Gobernador de España. será: eso cielo, os consagro. Casamientos de milagro son. . El alma no se engaña. Vamos a casa: y los dos vestid galas. . Nueva gloria; porque diga nuestra historia, que el mejor Tutor es Dios.
