Texto digital de Mejor rey de los reyes
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mejor rey de los reyes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-rey-de-los-reyes.

MEJOR REY DE LOS REYES
JORNADA PRIMERA
t C Eais, Prolomeo valiente, O por mil veces bienvenido. Es favor bien merecido de quien te sirve obediente. Alza a mis brazos del suelo, pues es justo que levante a mis brazos, quien Atlanté puede ser del mismo Cielo. Quién vio estimación igual? quién servirte no desea? si cuando menos blasonas, de liberal galardonas en el que nunca se emplea en servirte de esta suerte. Es honra bien merecida, de quien, por guardar su vida, nunca huyó el rostro a la muerte; y el Rey que no es liberal con quien su Reino ennoblece, nombre de Rey no merece. Hazme de este vencimiento relación. . Pues es tu gusto, el dártele en todo es justo; escucha. . Di. Estame atento. De la gran Jerusalén, Ciudad que tomó apellido de Salen, y Isebusco, sus fundadores antiguos, salí contra el Alarabe con ardimientos, e impulsos, tales, que para vencer fuera corta empresa el mundo, al tiempo que el rojo Apolo por su acostumbrado rumbo, dorando frentes altivas de los montes más incultos, desterraba de la noche, capa de robos, y insultos, deslumbrando las Estrellas la tiniebla, o manto oscuro. No has visto de varias flores un campo, a quien dan tributos los bulliciosos cristales, ya por víctimas, o cultos, que sacando por el aire olores de calambuco, y ámbar, alfombras componé de variedad de dibujos? Tal parecían las plumas sobre los copetes duros de acerados morriones, celadas, y yelmos lucios. Miré, que del enemigo era tan grande el tumulto de Soldados, que traía veinte para cada uno de los nuestros; y como es acción desastrada, anuncio de poco valor, y esfuerzo volver el rostro, desnudo el blanco, y luciente acero, embrazando el fuerte escudo, después de animar tu gente, entre el estruendo confuso de resonantes trompetas, y de ruidosos orgullos, le presenté la batalla; y al mirarla, se detuvo el Sol, y los Orbes todos tuvieron también sus rumbos. Acometí al enemigo con tal esfuerzo, que pudo el mismo Sol en su Esfera temer el encuentro duro. Dispararon tantas flechas, tanta multitud de chuzos, que oscurecieron los rayos del Planeta rubicundo. Pero halió tal resistencia, que a los contrarios difuntos faltaran urnas, si fuera. cada saeta un sepulcro. Todo era asombros, y miedos, y por las quiebras, y surcos de la tierra iban corriendo de sangre ríos purpureos. El campo quedó por nuestro; cubierto de cuerpos Turcos, y el enemigo escapó con la vida, que fue mucho. Con estas, y otras victorias, que este brazo, y este escudo te han dado, con la fortuna ofrece a tu Dios en culto de feliz prosperidad, desde el Etyope adusto, hasta el Alemán helado. Quiera el Cielo, que estos triunfos goces por largas edades, y que a pesar del caduco tiempo, tu nombre, y tu fama se dilate desde el uno al otro Polo, viviendo en paz dilatados lustros. otra vez te doy los brazos, que para mejor premiarte, con ellos quisiera darte un mundo entero. Estos lazos prenden más mi libertad. Nada en estimarte hago, pues te debo si te pago de mi Reino la mitad. Invicto Rey, qué es aquesto? en qué, señor, te diviertes, cuando a pesar de tus fuerzas, y tus Ejércitos fuertes, el Imperio de tus Reinos tiranizarle pretende otro Rey, otro Caudillo, que dicen que humilde viene (con esta traza, y ardid . mi infernal astucia quiere, que contra Dios, contra el hombre guerra publiquen sus huestes) quiere abatirte, y quitarte el Príncipe, que ahora viene con el Cetro, la Corona, que ciñen tus Reales sienes. Qué es lo que dices? aguarda, de qué te alteras? detente: quien puede tan atrevido a mi poder oponerse? quién puede ser tan altivo? ni quien en el mundo puede contrastarme, aunque en su amparo Ejércitos condujese, mas que el mar tiene de arenas, mas qué átomos el Sol tiene? No te engañe el valor propio, que de ordinario acontece, que el que más de si confía, con su confianza muere. En vano ostentas rigores, en vano el valor previenes, que contra fuerzas divinas las humanas poco pueden. No sabes que los escritos de los Profetas prometen, que nacerá de una Virgen el que ha de ser Rey de Reyes? el que de la ilustre Tribu de Judá, León rugiente, ha de regir de Israel el Pueblo que opreso tiene? Pues este León furioso, este Protector valiente del Israelítico Pueblo, este que aguardaba, este, hay opiniones seguras, que los umbrales terrestres pisa ya, recién nacido, para dar al mundo leyes. Y aunque de aquesta verdad ay señales evidentes, según los raros prodigios, que a todos suspensos tienen; con lo que más se comprueba, y verificarse puede, es, con la nueva más rara, que al humano juicio excede. Pues hoy, cuando de las aves recibia parabienes el Alba, de su venida tan risueña como siempre, cuando voceaba el día, y las Estrellas lucientes del crepúsculo dudoso informaban vida breve, a Jerusalén llegaron, según su traje, tres Reyes, que guiados de una Estrella, mas que el Sol resplandeciente, facilitando imposibles, y venciendo inconvenientes, atropellando temores, de Climas distantes vienen, y por Regiones diversas, preguntando diligentes: Donde está aquel, que ha nacido Rey de la Judáica gente? Porque después que su Estrella mirarón en el Oriente, dicen que vienen con dones los tres a adorarle, y verle. Esto te advierto, esto pasa: ahora, Herodes, pues eres Rey, y Señor absoluto, lo que más importa advierte: tiemble el Asia de tu nombre, tiemble el mundo, el Cielo tiemble. Y para que en esta empresa salgas vencedor, te ofrece la fama sus prestas alas, el Sol sus rayos ardientes, fortaleza el mismo Marte, Júpiter rayos crueles, Neptuno felicidades, y tu fortuna laureles, que tus sienes Reales unan, que tus glorias acrecienten, que aseguren tus temores, que tus venganzas celebren, que tu memoria eternicen, que tu alabanza no cese, y que tu nombre, y tus hechos se escriban en caracteres de bronce, porque el olvido, ni el tiempo los atropelle. En vano esforzarme intentas, amigo, aunque más me alientes, que solo en haberte oído el ánimo desfallece. Parece que estás suspenso: qué es, gran señor, lo que tienes, cuando se halla en tu defensa aqueste brazo valiente? La nueva tan peregrina de aquese Rey me suspende; mas cuando fuerzas me falten, con la industria he de vencerle, que para eso que me dices una industria se me ofrece, que mi temor asegura, y mi remedio previene. Y cuál es? Que a adorar vayan a ese Rey esos tres Reyes, y vuelvan a darme nueva, con que quiero conocerle por Rey yo también, y darle entonces podré la muerte. Bien dices; y cuando acaso próspero fin no tuviese ese designio que llevas, y contra ti se volviesen los rayos del Sol saetas, balas sus átomos breves, y aunque Ejércitos se junten mayores que los de Jerjes, no tendrás riesgo ninguno, si mis brazos te defienden. Vamos, pues. Tus pasos sigo. . Dios de venganzas, Dios fuer si me tienes ofendido, si desterrado me tienes, si al profundo me arrojaste del lugar más eminente, que en tu Empireo, y alto Cielo se concedió a Coros nueve: Si de Serafín hermoso en demonio me conviertes, qué es lo que quieres de mí? qué es lo que de mi pretendes? No basta, Dios de Abrahan, no basta que se me niegue la Silla, si no que al hombre, siendo de ceniza leve, intentes darle mi asiento? Y siendo tú Dios, intentes hacerte hombre, porque el hombre pueda de hombre Dios hacerse? y por darle a él la vida, te buscas a ti la muerte? Mas no saldrás con tu intento, si desquiciara los ejes en que la máquina estriba de las Esferas Celestes. Seré fuego, seré rayo, que consuma, abrase, y queme, a pesar de tus designios, esta máquina terrestre. Cielos claros, y hermosos, de Estrellas tachonados, en el campo, que ofrece el azul velo, cercando presurosos montes, vegas, y prados, y todo cuanto tiene el fértil suelo, tened el presto vuelo, veréis, porque os asombre, que Dios se ha hecho Hombre: por si el hombre, a quien busca, se descubre, adquiere de hombre el nombre, bajando de la Empirea; y alta Cumbre; y que goces, Joseph, de tales bienes! den todos a Joseph mil parabienes. Mar espumoso, y cano, cuya plateada espuma a voño? montes de plata, y de cristal levanta, las veces que inhumano ol entre infinita suma, en crespas olas, en borrasca tanta, en quien la aguda planta de tanta gruesa nave se desliza suave, abriendo por la espuma ancho camino, y sobre pies de plomo alas de lino, veloz remo, y suave, cuando con calma, nuevo orgullo, y tropa, caminaban veloces viento en popa. Murmuradoras fuentes, risueños arroyuelos, cuyo cristal por partes diferentes agudo se desata, y vuelto en fríos hielos, borda las flores de cristal, y plata, a quien cruel maltrata el Invierno, pues quita a la flor que marchita, lo que alegre le dio la Primavera, porque a sus manos la hermosura muera del campo, a quien imita la juventud lozana, que reverdece, y seca esta mañana. Cantoras avecillas, que en armónicos coros juntas unas con otras a porfía, n en distintas capillas, con acentos sonoros, la bienvenida dais al claro día. Cantad la dicha mía, fuentes, mares, y flores, salgan todos del madre al regocijo, pues tiene al mismo Dios Joseph por Hijo y por altos favores Joseph sustenta, por secretos modos, al mismo que sustenta, y er Joseph, mi Esposo querido: María, mi dulce Dueño: En tanto que en blando sueño queda nuestro Dios dormido, salgo a poner en olvido acrecentados dolores, que entre los fieros rigores de la nieve, escarcha, y hielo, dan al alma desconsuelo, en vez de gratos favores. No eclipséis las luces bellas, que dan vida al claror día, hermosísima MARÍA, Luz del Sol, Luna, y Estrellas, que el Cielo forma quererlas modos, ría a todos. oomueta. de ver que sin arrebol salga ese claro Farol. Y mirando en este punto vuestro Sol como difunto, se pone de luto el Sol. Qué cuidado te da pena? qué pena te causa enojos? qué enojos a tus dos ojos tanta alegría enajena? Quérida Esposa, Señora, serena mi hechizo hermoso, no quieras que cuidadoso llanto me enternezca tanto, que tú lloro anegue el canto de tu Esposo venturoso. Cómo vos queréis, Señor, que reprima la tristeza vuestra Esposa, si hoy empieza a tener pena, y dolor? Nació Dios, creció el amor; mas hoy en trance tan fuerte, crece mi dolor de suerte, que al verme tan afligida, tuviera, muriendo, vida, pues tengo, viviendo, muerte: Que si de una vez muriera, con tantas penas en medio, fuera mi dolor remedio, consuelo mi pena fuera, tantas muertes no sintiera, tanto dolor no pasara, tantas penas no llorara, que en cada gota vertida de sangre, perdí una vida. Cese el llanto, prenda cara, que aunque sentís con razón el ver sujeto a la Ley, quien da leyes como Rey; en esta admirable acción nos muestra, que efectos son de su amor, pues por el hombre, y porque al Infierno asombre, esparciendo de coral fuentes de sacro raudal, se puso Esos por nombre. Mas aunque daros consuelo procuro, Esposa querida, bien sabe Dios, que a mi vida apresura un mortal hielo: que me ha de matar recelo, Cielos, dolor tan esquivo, porque aunque Padre adoptivo soy de mi Dios, siento el ver, que comience a padecer aquel por quien muero, y vivo, Esposo, en tanto dolor mal consolarme podéis, que aunque más disimuléis. de Padre en fin el amor, el encendido color robó de vuestras mejillas, al ver estas maravillas, como miramos los dos en Dios, que por ser de Dios, no hay lengua con que decillas. Y aunque la Circuncisión, que me dejó casi muerta, fue la venturosa puerta de la humana Redención, me traspasó el corazón verle padecer de suerte, que en trance, y rigor tan fuerte, aunque viene a ser la herida para dar al hombre vida, me da rigurosa muerte. Sirvaos, Virgen, de consuelo, en dolor, y pena tanta; ser Virgen, y Madre Santa del Autor de Tierra, y Cielo; que si ya visteis al hielo a este Sol a quien adoro, en tal pobreza, y decoro los tres Reyes concertaron, cuando por Dios le adoraron, dando incienso, mirra, y oro. Y si al que es de Reyes Rey, y Señor de los Señores, opuesto a tantos rigores, entre una mula, y un buey le visteis puesto, a la Ley sujeto, según contemplo, para dar al mundo ejemplo, en el Templo le veréis, pues es fuerza que llevéis Dios a Dios, y Templo al Templo. Corre, Ergasto, Tirso, corre: qué tardos los pasos dais! juro a mí, si no aguardáis, y alguno no me socorre, que un paso no puedo dar. Presto, Tirso, te has cansado. Pues tanto cansa el casar? Y tanto, que yo confieso, que si noviciado hubiera de casado, nadie fuera de los casados profeso. Cómo, Tirso, puede ser? Quién tal se atreve a decir! Y quien se pone a sufrir enfados de una mujer? Si es fea, cansa; y si hermosa, andan de suerte los tratos, que será entre hambrientos gatos de guardar dificultosa. Si es pobre, de balde es cara; si es rica, cria un cogote, dando en cara con el dote, y aún con el dote en la cara. Si es vieja, gruñe; si es moza, y no del todo segura, dice, si da en travesura, que de sus madejas goza. Pues cualquiera gorda es, en prolongados confines, una cuba con chapines, y una Tarasca sin pies. Pues si sucede el ser flaca, cargue el demonio con ella. Si acaso es muy blanca, es fea; si es muy morena, es terrible; si es vaya, es muy insufrible; si es roma, no hay quien la vea. ea aorro Todas quemadas estén, y está propia maldición caiga, sin apelación, a quien no dijere amén. De cuando acá tal despego, Tirso, si por ella mueres? Veis que muero por mujeres? pues de la mejor reniego. Mesúrate, que sospecho, que estamos ya en el Portal. Qué es mesurate? Animal, habria ponerte érguido, y el pecho, y los ojos por el suelo. Por el suelo? cosa rara! no están mejor en la cara? Haz cuenta, Tirso; que al Cielo has de entrar, dando en despojos a dios el alma. . Si haré; mas como lo acertaré, Ergasto, si voy sin ojos? Según las señas, Salicio, que nos dieron, ellos son. Digo que tienes razón: de contento estoy sin juicio. Hola, Ergasto, por tu vida, que me digas, de los dos que están allí, cual es Dios? Ninguno, que es la parida, y aquel viejo es su marido. Luego en el alma me dio. Pregunto, si ella parió, habrá también él parido? Mentecato, que eso ignores! El parir tu sucedió cuando tu Silvia parió? Sí, mas no tuve dolores. Ignorancias son prolijas: dinos, cómo sucedió? Silvia el muchacho parió, y yo comí las torrijas. Pues el comer es parir? No, mas de torrijas harto, me sucedió luego el parto. Gana me da de reír: cuéntanos de qué manera, que su novedad espanta. Hice al parir huerza tanta, con tener la paridera, que juntos, sin más, ni más, en aquel punto, e instante, Silvia parió por delante, y yo parí por detrás. Vengan en buen hora, amigos, a esta humilde Casa, y Corte, donde está el Divino Norte, seréis de mi bien testigos. Llegad, que enseñaros quiero este Divino Farol. Llegad, y veréis al Sol en los brazos del Lucero. Juro a mí, que habrán los dos siendo Dioses. . Necio, calla, que no es así. . Más matrarla? por qué no, si su Hijo es Dios? Habla paso, no des gritos. Pues en qué mi lengua yerra, si pare perros la perra, como la cabra cabritos? Luego también es forzoso, que sea Diosa la Madre, y también sea Dioso el Padre, pues nos dan un Hijo Dioso. Yo con una duda lucho, y es, que aquesta Niña bella dicen, que parió Doncerla. Y aqueso se te hace mucho? Cuantas, Salicio, habrá havido, que ultrajando el doncellaje, por aumentar su linaje, habrán Doncellas parido? Todo lo entiende al reves, Tirso, lo que digo yo es, que Doncella quedó antes del parto, y después: Eso yo no lo percollo, que mi sabiondez es poca. Si no, poner punto en boca; que es corto nuestró meollo para tales Teologías: y juntos los tres lleguemos, porque el parabién les demos entre tantas alegrías. No perdamos la ocasión. Llega tú Yo llegaré, y si escopienzo, hablaré mucho más, que un Cicerón. Sea vuesa Reverencia muchas veces bien parido. Advierte, que vas perdido. Discúlpale su inocencia. Pues pescudo si es Doncel, como ella también Doncella, qué más tendrá darla a ella el parabién, mas que a él? No tenéis que me advertir, el que quisiere enmendarlo, lo haga, y si no vaciarlo, y que vuelva a desparir. Quién oyó tal necedad! habla, Tirso, con concierto. No diré más, si no acierto. Prosigue. Su Caridad sepa, como novios fuimos, cuando juntos nos casamos mi Silvia; y yo, y con reclamos un Zagalejo tuvimos. Calla. Nadie me reproche, que si gusta su mercé, con el suyo le traeré para que jueguen al broche. Nunca vi ignorancia tal! la ofrenda, amigo, agradezco. Quiere, aunque no lo merezco, enseñarme él su Zagal? que soldemente por velle hemos venido los tres. Y también sin interés traemos para ofrecerle de nuestra humilde pobreza con voluntad pobres dones. Dios recibe corazones, porque es la mayor riqueza un afecto fervoroso con un corazón sencillo. d Vamos a ver el Chiquillo, que dicen, que es prodigioso. e Llegad, dormido veréis quien por todos se desvela. Solo el mirarle consuela. Quedo, no le recordéis. Voto al Sol, que es como un oro. Decid, que belleza iguala al Zagal, y la Zagala? Yo por mi Dios os adoro, y en fe de que el alma siente la fuerza de amor no poca, cuando débora os invoca, os ofrezco este presente. Yo, por si a guardar ganado venís, Divino Señor, en fe de mi mucho amor os ofrezco este cayado. Y yo, por no ser ingrato a los bienes que me dais, para que os entretengáis, os ofrezco este silvato. La voluntad agradece quien los presentes recibe. Yo apostaré que si vive, que a mi niño se parece, como si fueran hermanos. Pues en qué, Tirso, conviene Dios con tu hijo? En que tiene ojos, boca, pies, y manos. Quién, Ergasto, lo entendiera! cuando de Dios me dijeron, los que a dar aviso fueron, pensé que de seda fuera, de plata, o de terciopelo; mas después que le vi, digo, que es Dios como tigo, y migo, como mi padre, y mi agüelo, El Cielo, amigos, os guarde, que ya se va haciendo tarde para poder prevenir la jornada, y presentarle. . Voto al Sol, que a acompañarle, si gustáis, habemos de ir. Digo que sí. Pues yo pajas: salto, y brinco de contento: lleva, Ergasto, tu instrumento; tú, Salicio, las sonajas. Y tú, Tirso, qué has de hacer? Calzarme las castañetas, y dando mil zapatetas, bailar tengo hasta caer. Vamos, pues, a qué aguardamos? que ya salen de Belén. Adónde? A Jerusalén. Vamos, Tirso. Toca, y vamos.
JORNADA SEGUNDA
Cuando, Dios de Israel incomprensible, verán mis ojos el dichoso día, en que de la alta Cumbre inaccesible baje para los hombres la alegría? Cuando, Dios de Abrahán, será posible, que se cumpla la Sacra Profecia? Cuando, Señor, porque al Infierno asombre, veré a Dios en mis manos hecho Hombre? Cuando los claros, y Divinos Cielos serán de tanta dicha, de bien tanto, mudos testigos? Cuando mis desvelos saldrán de aqueste hechizo, de este encanto? Cuando se han de acabar los desconsuelos? Y cuando las corrientes de mi llanto, ya de correr, y de llorar cansados, en dulces glorias se verán trocados? Cuando, Señor, después de tanta pena, de tan larga esperanza procedida, mis ojos han de ver la Luz serena de aquella Virgen, que de amor vestida, mansa Paloma, cándida Azucena, sin mancha de pecado concibida, Fuente de Gracia, del Empireó Llave, ha de trocar el nombre de Eva en Ave? Palabra me habéis dado, que el tributo mortal no he de pagar antes, que vea ya rompido ese Celeste Acuaducto, adios vestido de mortal librea: que aunque tengo de Dios este conducto, el alma, a trueco de este bien, desea, siendo la vida tanto apetecida, se llegue el plazo de mi triste vida. Mas qué rumor es este? Qué esplendores iluminan el Templo? Qué armonía de acordados armónicos Cantores iguala a la que el Cielo al suelo envía? Qué fragancia de olor, y qué candores dan mayor claridad, y luz al día? O estoy en el Empireo, y alto Cielo, o el mismo Cielo se ha bajado al suelo. in excelsís Felice Simeón, Varón dichoso, hoy pisarán del suelo los umbrales del Sol, que ver deseas luminoso, las plantas de Claveles Celestiales. Ya se ha llegado el día venturoso, en que excedan tus bienes a tus males: hoy al León humilde en tiernos lazos le tendrás humillado entre tus brazos. Recibe parabién tan soberano, pues por el hombre Dios hoy se presenta, y hecho de Dios Divino Hombre humano, toma culpas del hombre por su cuenta. Recíbele contento, alegre, ufano, lab y en tu pecho piadoso le aposenta: queda en paz, y pues son tus dichas ciertas, abre del alma, Simeón, las puertas. Paraninfo Divino, aguarda, espera, que darte alegre las albricias quiero; mas ya el espacio de la baja esfera con prestas alas penetró ligero. Llegose ya la alegre Primavera, pasose ya el Invierno borrascoso, convirtiendo sus iras en bonanza, cumpliose mi deseo, y esperanza. Que he de ver a mi Dios en estos brazos! los brazos de mi Dios en ellos presos! que a mi Dios he de dar tiernos abrazos! que a mi Dios he de dar humildes, besos! que se han cumplido ya los largos plazos! y han llegado del hombre los progresos! Como con la alegría, y alborozo loco ya no me ha vuelto tanto gozo? Venga norabuena Dios a nuestra tierra: Dios a nuestra tierra norabuena venga. Hola, Tirso, es para hoy? Y también para mañana. Ya escampa. Qué es escampar? bailando me he de hacer rajas. Mira que en el Templo estamos, Tirso, la cólera amaina: No lo dejas? . Ya lo dejo, porque no sé más mudanzas. Ya al Templo habemos llegado: Vendréis, Señora, cansada. No, mi Joseph, que cansancios sufridos por Dios, no cansan. Demás, que con vos, Esposo querido, qué pena iguala a mi gloria, pues en veros resigna su gusto el Alma? Oh Princesa de los Cielos! Oh Señora Soberana, del mismo Dios Madre, y Hijo, llena de virtud, y gracia! Quien sino Vos, Virgen Pura, quien si no Vos, Virgen Santa, mostrar pudiera a su Esposo tanto amor, terneza tanta? Qué dulcemente se quieren! Qué tiernamente se hablan! Hola, Ergasto, di, quién es aquel de las barbas brancas? Es el Sumo Sacerdote. Parece hombre. Qué te espantas? (bres? Pos qué son los Sacerdotes hom- Pues en qué pensabas? Yo entendí que Ángeles eran. Y con razón, pues se encargan de hacer de Ángeles oficio. Y comen? . No sino el Alba. Según eso, yo también pudiera ser Crego. e Calla, que dirás mil disparates. Qué calle? Pues qué me falta, si soy macho, y cómo, y bebo? Qué te falta? linda gracia! el meollo, mentecato, que no sabes, Tirso, nada para Crego. . Si sé tal. Pues qué sabes? Guardar cabras. Qué tien más cabras, que ovejas, pues dicen, que ovejas guarda el que es Crego? Dices bien, mas con otra circunstancia. Lleguemos, querida Esposa, que ya el Sacerdote aguarda. Ya el claro Sol de justicia viene en los brazos del Alba, y el Rey descubriendo perlas entre claveles de nácar. Hola, Ergasto :ola, Salicio, juro a mí, que el Crego habra. No ha de hablar, si tiene boca? Nunca vi ignorancia tanta! Yo llego a decir que viene a empresentarse a su casa el mismo Dios en persona: Señor. Haz la revellada, y quita la gallaruza. Ah Señor. Oh Soberana Señora, de acero, y bronce fabriquen eternas laminas. Hola, sabéis que nos dice? O Qué hagamos luminarias de bronce, y acero. Cierra la boca, no hables palabra, que nos echas a perder. Dejad que señas le haga. Ce, señor, hola, a quién digo? a esotra puerta, no habra. Salgan de contento, y gozo por los ojos tiernas lágrimas. Después que entramos, los ojos del Niño, y Madre no aparta. Señor. Crego, señor hombre: ha señor, cómo se llama? Que llego a ver a mi Dios en este traje! Ya escampa: no hace caso de nosotros. Mire que le digo, abra los ojos, que a presentarse viene en los brazos del Alba el mismo Sol, y su Madre, y su Padre le acompañan: que bajó del Cielo al suelo: que tiene allá su morada, porque os quiere her salvos a todos. Subid las gradas, Emperatriz poderosa, del mismo Dios Templo, y Ara. Y vos, Simeón dichoso, pues vuestra ventura es tanta, que hoy tenéis en vuestras manos toda la Gloria abreviada, recibid el dulce Fruto de las Virgíneas Entrañas, que hoy a presentarse viene el Redentor de las Almas al Templo por vuestras manos; y la que es más pura, y cándida que el Sol, llena de virtudes, sujeta a la Ley Sagrada. Mire como le recibe, advierta que es grande carga, que aunque parece Chiquito, y que no pesa una paja; es muy grande. Quién te mete en Teologías tan altas? has de sustentarle tú? Temo que aquí se nos caiga, y nos deje a buenas noches. Pues callamos todos, calla. En hora dichosa vengan Madre, y Hijo, el Sol, y el Alba. Adiós mi Hijo os presento, ya en vuestros brazos descansa. En su nombre le recibo. Y esta humilde, y pobre Esclava de aquel a quien reverencio, vuestra bendición aguarda. La de vuestro Hijo, y vuestta, Virgen, sobre todos caiga. Que a Dios en mis brazos tengo! que se cumplió mi esperanza! que con mis ojos le miro! que le abrigo con mis canas! que con mis manos le toco! Niño hermoso, Prenda cara, Hombre, y Dios, Dios verdadero de Ejércitos, y Venganzas, tanto amor tenéis al hombre, que Dios a ser Hombre baja, porqué el hombre a ser Dios suba! Vos, Dios, en pobreza tanta, porque el hombre rico sea! Vos, Señor, en pobres pajas desnudo, vistiendo al Sol de rayos de oro, y de plata! Vos os venís a la tierra a padecer muerte amarga, porque el hombre tenga vida! El mucho contento exhala agua viva por los ojos, que son del alma ventanas. El corazón en el pecho de gusto, y contento salta. Beber quiero vuestro aliento, y serviranme de taza vuestros labios de claveles, vuestras mejillas de plata. - juro a mí, que se le come. (. No nos dará una migaja? Calla, tonto, que le besa. No he visto tal ignorancia! No ha de besarle tampoco. Por qué? Le ajará la cara. La ofrenda es dos palomitas. Es la misteriosa paga, con que de su cautiverio hoy el mundo se rescata. Veis aquí, Virgen dichosa, vuestro Hijo, con Dios vaya, y guardadle con cuidado, que ha de ser, advierto, causa de que de Israel su Pueblo unos suban, y otros caigan. Por las señales, que miro en él, será traspasada con cruelísimos dolores, Virgen Divina, vuestra Alma. Ay Hijo del alma mía! hoy con las mortales ansias ade esta nueva, los Dolores del Parto, aunque preservada entonces fui, siento ahora. Y yo siento, Esposa amada, vuestra pena como mía, y de veros, que por lágrimas derramáis menudo aljófar, mis ojos sangre derraman. Dadnos licencia. Y los brazos os doy también con el alma. Ahora, Señor; ahora si, que deja tu palabra tu siervo en paz, pues que vieron mis ojos la deseada venida tuya, la cual prosperaste ante la casa de todo los Pueblos, luz para que sean alumbradas las gentes, y para gloria de la Redención humana. Fuego de Dios qué de cosas hemos visto! hasta mañana me estuviera por oírlos. Vamos, amigos. La baila prosiga, toca, Salicio. De baile, y de grita vaya. Qué nunca han parecido! La tardanza me tiene sin sentido: los tres Reyes extraños vencieron con su industria mis engaños. Cámino no ha quedado en toda Galílea, que el cuidado de tu gente obediente no haya mirado astuta, y diligente. Se ocultaron de modo, que después, gran señor, de verlo todo, poblados, y desiertos, no han sido en parte alguna descubiertos. Estoy de furia loco, y a venganza sangrienta me provoco: Si sus alas presta el veloz viento, he de seguirlos hasta el Firmamento. Invicto Rey, qué intentas? en vano a un imposible, Rey, te alientas, si por servirte solo he corrido del uno al otro Polo, y alcanzarlos sería contar rayos al Sol, parar el día. Aunque para ayudarte, Júpiter te dé rayos, fuerza Marte, la noche sus engaños, alas el viento, la duración años, no es de importancia alguna: tanto les favorece la fortuna. Mas si consejo admites, remedio te daré con que limites el enojo, y la pena, que a tormento, y a rabia te condena. Será del Emisferio toda la redondez muy corto Imperio a tu merecimiento. Ya tú re medio aguardo. Estame atento. Supuesto, que con ardides, poderoso Rey invicto, cuya vida guarde el Cielo felices, y largos siglos, no has podido penetrar, ni descubrir has podido, adonde este Rey de Reyes, para ti fatal Edicto, pisa ya el umbral terrestre. Y supuesto, que atrevidos los tres Reyes, prosiguiendo tras la Estrella sus designios, tus intentos malograron, tomando rumbos distintos, tantos, que a la diligencia mayor de cuantas se han visto en su seguimiento hecha, también se te han escondido: no por eso el valor propio desmaye el valiente brío. Ánimo tus iras den a tus brazos excesivos: acelera tu venganza, Soberano Señor, digno, que por dueño te respeten hasta los Bárbaros mismos indomitos, y soberbios, que eternamente han sufrido del Soberano Señor sobre su efrente dominio. Tiemble el Asia de tu nombre, desnuda el acero limpio airado de tus rigores, de tus ofensas castigo. Por qué consientes, tirano, que otro Rey, otro Caudillo venga a quitarte cobarde de tu Reino el Señorio, que estás poseyendo, a costa de sangre tuya adquirido? Falta a tu sangre valor? falta a tu valor auxilio? no falta; pues si no falta, y de tu parte ofendido estoy, en qué me detengo cobarde, que no te incito a la crueldad más enorme, al más severo castigo, al rigor más inhumano, al hecho más peregrino, al estrago más sangriento, que se cuenta en los escritos? No dicen que este León, este Rey de los Judios, según lo que es más probable, está ya recién nacido en Belén? Pues si allí está, sin ser de alguien conocido, determínate valiente, resuélvete vengativo, porque de ti no se escape, a mandar, que cuantos niños en Belén, y su Comarca S se hallaren hasta cumplidos los dos años, sean pasados las gargantas a cuchillo. Esto te digor esto advierto, no desprecies los avisos, que te da mi noble celo, para que corran los ríos humana púrpura: cierra a los ruegos los oídos: que si lo haces riguroso, si lo mandas ofendido, si con rigor lo ejecutas, dejarás de tu enemigo, a costa de Abeles tantos, castigado su delito, abatida su soberbia, tu acero en sangre teñido, tu temor asegurado, tu Imperio quieto, y pacifico, tus esperanzas logradas, tus intentos conseguidos, tus agravios satisfechos, y tus deseos cumplidos. Quién eres, que así tus voces deleitando mis oídos, dan descanso a mi cuidado, dan a mi tormento alivio? Mi nombre sabrás después, haz ahora lo que te digo. Seré trueno, seré rayo, parto del endurecido vientre de preñada nube, que apenas el estallido fuene, cuando ya el efecto sea del rigor castigo: presto verás mi venganza. . Presto verás tu delito. Y yo también, para darte socorro, tus pasos sigo. . Dios de Abrahán, y Israel, aunque el humano vestido no te disimula, y esconde, hoy tu muerte solicito. Hoy verás, aunque a Miguel vuelvas a nombrar Caudillo, que de oscuro, y tenebroso a tu Sol radiante eclipso. Sacaré de sus asientos los montes, hasta que altivos, ayudados unos de otros, encumbrados obeliscos, suban a pedir venganza al Cielo desde el Abismo. Y entonces sobre sus frentes yo colérico atrevido, verás, que quebranto Esferas, verás, que Estrellas desquicio, verás, que arrojo volcanes, verás, qué rayos fulmino; y del Firmamento octavo, si para venganza vibro la cola, segunda vez derribaré los Zafiros, sacaré el sagrado golfo turbulento de su quicio, pondré discordia en los vientos, pararé del Sol los giros, haré que de los sepulcros salgan cadaveres fríos, para que en su muerte sean de mi venganza testigos. Y si no fuere mío el vencimiento en que confío; asombrando la tierra, haré contra los hombres cruda guerra; pues porque más me asombre; te humillas hoy, para que suba el hon- s se, En tanto que mi Esposa fatigada, los miembros da al descanso, y en sus brazos reposa el León de Judá Cordero manso, pareciendo con ella, que duerme el Sol en brazos de una Estrella, quiero a solas conmigo darme alegre dichosos parabienes del favor que consigo con tan divinos soberanos bienes; que llamar a Dios Hijo, hace salir de madre el regocijo. Aquí de mis sudores al trabajo aplicado de contento, al Señor de Señores, al Rey de Reyes doy vida, y sustento, dando yo la comida al que a mí me dio el ser, razón, y aliento. Aquí tal vez cansado me recuesto en el lecho de María, adonde regalado soy de mi Esposa, y del Autor del día, quedando el tierno pecho agradecido, y en amor deshecho. María, de Dios Madre, me llama enamorado, y dulce Esposo; Dios su querido Padre con semblante risueño, y amoroso: Y yo en favores tales, amores digo, a tanto amor iguales. Oh Divinos secretos, no comprendidos del ingenio humano! Dios me guarda respeto, siendo Dios Criador, yo vil gusano! Que sea tal mi ventura, que obedezca el Criador a la criatura! Dios, cuya mano encierra de la Tierra, y el Cielo los tesoros, asido de una sierra para ayudarme, a los Celestes Coros causando admiraciones! Querubines te alaben con canciones, y con sonoro canto repitan todos, Santo, Santo, Santo. Sueño se me ha infundido entre el contento que mi dicha exhala: él sea bienvenido, si en él he de mirar aquella Escala, que Jacob vió durmiendo: en tú mudo silencio me encomiendo. Justo Joseph, levanta, el dulce sueño, y el reposo deja: mira que la garganta del Niño Dios, si luego no se aleja, amenaza el acero de un temerario brazo, y rigor fiero. A Egipto parte luego, sin poner dilación en la jornada, obal que un tirano severo quiere esta flor en flor dejar cortada, De Herodes vengativo Dios conviene ir a Egipto fugitivo. Qué es esto? duermo, o velo? Herodes vengativo de esta suerte al que es Autor del Cielo, y Tierra, dar intenta dura muerte? Esposa, Niño amado, en Vos tanto rigor! si fue soñado? aquíí Mas la ausencia es precisa, cuando Dios, de su Hijo cuidadoso, por un Ángel me avisa, que de Herodes huyamos rigoroso, antes que del amago venga a seguirse el impensado estrago. Joseph querido, qué es esto? qué pena os causa fatiga? qué fatiga a tanto obliga? pues estáis tan descompuesto. La causa sabréis bien presto. Qué es grande el daño colijo. Con justa razón me aflijo, dulce Esposa, en tanta pena, puesto que su Padre ordena desterrar a nuestro Hijo. Desterrado? dolor fuerte! y ha dónde, Joseph? A Egipto. A Egipto, por qué delito? Por librarle de esta suerte de Herodes, que darle muerte intenta: y que si se alarga, dulce Esposa, la partida, corre gran riesgo su vida. Ay Hijo! ay ausencia larga! ay Hijo del Alma mía! ay Esposo! ay mi Señor! @i con llanto quiere el dolor anegarme. Ay mi María! no temáis la tiranía, ni su venganza sangrienta; que si el Rey quitar intenta up la vida a quien se la ha dado, el defenderle ha tomado el Padre Eterno a su cuenta. No temo, no la aspereza del dilatado camino, sino el ver, que peregrino Dios a padecer empieza. No os cause, Esposa, tristeza lo que os debe dar consuelo, que en tan precioso desvelo, y ausencia tan importante, Vos seréis de Dios Atlante, de Vos será Atlante el Cielo. Con el estrellado manto el Sol llevad encubierto: que aunque más, según advierto, se encubriera fulgor tanto, mi bien lloro, mi bien canto: que en tanto placer llorar, que en tanto pesar cantar, imposible puede ser, porque me negó el placer, lo que me niega el pesar. Recoged, Esposa amada, la pobreza que tenemos, porque aquesta noche demos principio a nuestra jornada. Fuerza será que cansada lleguéis caminando a pie, rama ópima de Jesé; que si a su padre libró Éneas, hijo, y esposa, del incendio, más famosa victoria conquisto yo. No fue tal su esfuerzo, no, pues según lo que colijo, entré el llanto, y regocijo del placer, y pesar nuevo, mas que Éneas soy, pues llevo Dios, Esposa, Padre, y Hijo. Voy a despertar el Sol antes que venga la Aurora. . Id en buen hora; Señora, de las virtudes crisol; qué será ver el Farol en aquella Virgen nave, digna que el mundo la alabe? pues con la virtud, y gracia volvió en gracia la desgracia, y el nombre de Eva en Ave. Que será cuando del lecho salga Dios vertiendo perlas, y a beso llegue a cogerlas su Madre dándole el pecho, juntando con lazo estrecho a su pecho aquel joyel, labrado con el pincel Divino, por modos sabios, y ver que claveles labios sacán leche de un clavel? Aquí, mi Joseph, tenéis vuestra Esposa, y Hijo vuestro. Vuestro Hijo, y Padre nuestro, mejor, Esposa, diréis. De nuevo me enternecéis, cuando desterrado vais a tierras que no ignoráis, y expuesto a tantas fatigas de crueldades enemigas, lo que no debéis pagar. Adiós quedad, Patria amada, de mi gloria, y bien testigos. Adiós, parientes, y amigos. Adiós, antigua morada. Hoy queda desamparada, faltando sus Soles dos. Aunque destierro con Dios, llamarle destierro es yerro. Bien decís, que no hay destierro como ausentarse de Dios. RNAD RCERA ponb n miba
JORNADA TERCERA
No acabas ya de llorar? Ah pesia quién me parió! Quieres reportarte? No: por demás es porfiar. Si el hijo que había parido mi Silvia, cuyos dolores tuve yo también, traidores verdugos me le han morido, no he de tener sentimiento? Y cómo murió? A cochillo. Mal año, tiemblo de oíllo. Yo también, Tirso, lo siento. Parísteslo, Ergasto, vos? No, pero siento tu daño. Oh mal haya el Rey picaño: no se lo perdone Dios. Dicen, que ha matado el zorro todos los niños airado. Él es un grande taimado. Él es un simple modorro. No me hicieran Rey a mí? Pues di, Tirso, si lo fueras, en este caso qué hicieras? Queréis que lo diga? Sí. nqe aadaon ano Pues si es que saberlo quieres, si de degollar gustara, que degollaran mandara luego todas las mujeres. Y quedáramos muy buenos? Pues no? ya que había de ser, lo mejor era, a mi ver, escoger del mal lo menos. Pues si eso efecto tuviera, se acabara el mundo luego. Aqueso, Salicio, niego, antes grande ahorro fuera. Con todo te sé decir, que si Silvia vive un año, podrá remediar tu daño. Cómo? Haciéndola parir. Es imposible. Por qué? no es ella hembra, y tu macho? Miren qué lindo despacho! el por qué, yo me lo sé. Dilo. @ a Porque de provecho no la soy. Es testimonio. No lo es, porque al matrimonio trajo Silvia el niño hecho. Y porque mejor se note, si esto que cuento es así; cuando el dote recibí, me le asentaron en dote. Y pues el niño faltó, si da Silvia en perseguirme, claro está, que ha de pedirme el niño, o lo que costó, que así es costumbre, y es ley. Nunca he visto tal costumbre. Que a tantos dar pesadumbre intente un Rey! oh mal Rey! Plega al Cielo, pues que negra para mí mi suerte ha sido, que si llega a ser marido, que tenga:: Qué, Tirso? . Suegra: que es la mayor maldición, que a un hombre puede venir. Qué, tan mala es de sufrir una suegra? No hay lechón, que más gruña, y de zozobra. Mal con las suegras estás, Ol doilas a Barrabás, no puedo ver quien las nombra. Gente por el monte baja, huye, Tirso. Cómo puedo? A mí los pies con el miedo no me pesan una paja. Corre tras nosotros. Cómo he de huir? no puede ser, que cuando voy a correr, soy un pájaro de plomo. Ven, que al valle, y al egido bajan los verdugos, corre. Cielos, nadie me socorre? de aquesta vez soy morido. A qué Santo he de ofrecertan que abogado del temor sea? pero lo mejor de todo es el esconderme. Si aquí a una suegra tuviera, fuera defensa bastante, porque puesta por delante, ninguno me acometiera. Mas aquí quiero tenderme en aquesta verde hierba. no diantonodo No quede en este Horizonte valle alguno, monte, o selva, que no se penetre, y mire, de Pastor cabaña, o cueva, que no se registre, y todos cuantos niños haya mueran, hasta acabar la venganza de nuestro Rey. Tómate esa. Qué muera? el hijo de puta, traza tiene, si me pesca, de mandar, que al otro mundo me despachen a las treinta. Aquí me han de hacer gígote. No hay Río en la Galilea, que al mar no tribute sangre en lugar de agua. Ojo alerta. Hacia esta parte me escurro, que corro riesgo hacia esta. Ni en Jerusalén se escuchan sino alaridos, y quejas, que entre funestos clamores aún hasta las mismas piedras hacen tener sentimiento, que penas quebrantan peñas. Un volcán tengo en el pecho, tengo un mongibelo, un etna, cuyas abrasadas llamas por boca, y ojos revientan. Revientes, por los hijares, plega a Cristo tú, y la perra puta; que acá te abortó. Si no me engaño, en la tierra un hombre está allí tendido. Ahora es ello, aquí es fuerza fingirme que estoy morido. Sin duda escuchaba alerta lo que estabamos diciendo. Miradle; y a mi presencia le traed, porque me informe. Ah buen hombre: no menea pie, ni mano :ola, buen hombre, a quién digo? a esotra puerta: él duerme como un lirón: hola, buen hombre. No echa oa otrion de ver, que pues no respondo, que estoy morido? Esta es buenas(to? pues como habláis si estáis muer- Porque soy ánima en pena. Pues qué pena padecéis? Qué penas? penas de suegra, que sin cesar noche, y día me persiguen, y atormentan. Y por qué penáis? Por qué? i caseme, que no debiera; y ensógreme, que es lo mismo que si espíritus tuviera. Buen humor por vida mía: no esta mala la desecha: alza del suelo, villano. Entendiéronme la letra. No viene? Ya se levanta. Señores, por reverencia de Dios, que no me deguellen, que irá mi alma muy fea sin gáznate al otro mundo. No temas, villano, llega, que solo quiero que digas quien habita en estas selvas. Si no es más que porque diga, diré de una hasta milenta: pescudeme. Dime, hombre. No so hombre. Pues qué? bestia? Yo soy Pastor, que es lo mismo. No vi mayor inocencia. Dime aquí, cómo te llamas? Yo de ninguna manera me llamo, que siempre estoy conmigo. muiei celo Buena respuesta: cómo te llaman pregunto? Cómo me llaman? por señas, S haciendo así con las manos, o asina con la cabeza. Cómo es tu nombre? Mi hombre? pues piensa que se me acuerda? deme lugar que recorra mi memoria. Ya se enmienda. Yo pienso que se llamaba mi agüela, que gloria tenga, Gila. Di tu nombre solo. Pues a eso voy, y mi agüela Gila a mi madre parió, aunque tenía una pierna mas que la otra de larga como cosa de una tercía. Pues qué importaba que larga, o corta fuese una pierna mas que otra, para parir? Dígolo, para que sepa mo tachas buenas, o malas. A esta la llamaron Menga; esta Menga se casó con Pedro Gil de las Eras, hijo de Mengo, y Pascuala. De este Pero Gil, y de esta menor, de mi agüelo hija, de mi visaguelo nieta, para lo que le cumpliere, nací yo. La descendencia es muy buena. Y me llamaron, hablando con reverencia, Tirso; después me casé con Silvia, hija de Teresa, que es mi suegra, y mi mujer, que el diablo cargue con ellas, si dicen cuando porfían alguna vez, tijeretas. Dime, que leguas pondrán de aquí a la primera Aldea? Cuántas leguas? digo yo, que habrá sin duda las mismas, que hay desde la Aldea aquí. Villano, eso dices? Tenga: por reverencia de Dios, que reporte la collera. Diga, por qué lo pescuda? Posible es que la sentencia, que Herodes ha publicado, de que degollados mueran cuantos niños en Belén se hallaren, y en esta tierra, nunca vino a tu noticia? Mal año que no, y me cuesta el llorar también la muerte de un Ángel, cuya belleza alumbraba aquestos montes como si fueran linterna; por qué me lo degolloren digan, en Dios, y en conciencia? (va: Hay más niños? Si señor, una muy grande cater- con esto pienso engañarlos, . para que de esta manera me dejen. Cuántos serán? Serán más de cuatrocientas crías. . Cuantos vecinos tiene? . Tendrá una docena. Según eso, a salir vienen mas de treinta por cabeza. Mira, necio, lo que dices. Yo lo sé por experiencia. No hagas caso de este tonto. Ello es grande su simpleza. Yo tomaré esta venganza: camina, deja esa bestia. Qué ay, Tirso, cómo te va? puedes ir a las ovejas? Yo me imagino que no, porque por todas las venas del arca del pan, la sangre ha hecho, Ergasto, la vileza: y corre hasta los calzones, sin que restañar se pueda, y huelo a muerto. No es mucho, que hasta acá la sangre llega corrompida. Estoy mortal. Vámonos antes que vuelvan. Vamos. Cómo? heis de decir: que de cierto, en mi conciencia, que un paso no puedo dar, si no me lleváis acuestas. Cómo así? Porque las bragas van de bote en bote llenas. Ven, que entre los dos irás. Fuego de Dios lo que pesa. Llevadme hasta mi cabaña, para que Silvia me envuelva. , l Quién eres? tente, espera, di tu nombre. Saberlo no pretendas, si quieres que mi nombre no te asombre. No mi cólera enciendas, (bre, buscando excusas vanas. . No soy hom- aunque tu serlo entiendas. Mas con eso me irritas. Di quien eres. . Direlo, pues me incitas. En las entrañas de este globo umbroso yace un oscuro, y dilatado espacio, que por ser en lugar caliginoso, forma de varias sombras un Palacio horrisono, terrible, y espantoso. Aquí tienen asiento muy de espacio el luto melancólico, y la noche envuelta en negro, y atezado coche. Nunca allí se vio el rostro a la alegría, sino la melancólica tristeza; ni el padre de Paetón, Autor del día, hizo allí ostentación de su belleza. Solamente la vil melancolía el puesto ocupa baja la cabeza, el medroso temor, el fiero espanto, la confusión, la admiración, y llanto. En medio del espacio hay una roca, de una Ciudad insigne fundamento, cuya grandeza, y redondez no poca, contiene tres moradas, cuyo asiento por escabroso a admiración provoca, siendo de pedernales el cimiento, cuyas duras entrañas sin sosiego llamas arrojan, y vomitan fuego. Y el Tartáreo, y horrible Flegetonte las murallas horrisono rodea con llamas inundando el Horizonte de aquella oscura habitación letea, cuyos turbios raudales Aqueronte de su barca en los remos señorea, dando a las Almas con inmensa suma franco pasaje por la negra espuma. Hy oscuras cabernas, grutas, pozos en este oscuro centro sumergidos, y muchos tenebrosos calanozos, donde solo se escuchan alaridos espantosos, temores, y sollozos, tristes acentos, míseros gemidos, formados en tormentos tan atroces de roncos ayes, y de fieras voces. Ay también de tormentos variedades, diferentes castigos, e infinitos, que han inventado bárbaras crueldades contra indomitos ciegos apetitos, contra lascivias locas, y maldades de torpes multitudes de delitos, siglos de penas tales, que a la boca tiene agua, y fruta alguno, y no la tocas El que es soberbio, allí suspira, y gime, y porque nunca el triste quietud halle, aunque en vano se aliente, y más se anime, un alto monte sube desde un valle en un grande peñasco, que le oprime; y apenas ha acabado de encumbrarle, cuando el duro peñasco vuelve abajo, y empieza, cuando acaba, su trabajo. El que es ingrato, allí también atado a una rueda padece un importuno tormento eterno en su castigo dado, sin esperar remedio, alivio alguno: y una serpiente, con furor airado su delito castiga ya oportuno, siendo tal su desdicha, que aún la rueda en su desdicha nunca se está queda. El adúltero sucio, allí padece un martirio, y tormento intolerable, pues las entrañas míseras ofrece a la hambre de un buitre, que insaciable nunca de su dolor se compadece, pena que ha de ser siempre irremediable, porque al paso que el buitre va comiendo, las míseras entrañas van creciendo. Sin estos, a decirte no se atreve mi torpe lengua la infinita suma de las Almas que el lago Haberno bebe cada día, creciendo como espuma. Tal, que a informarte aún un instante breve fueran siglos eternos; y la pluma de ingenio más sutil, y más subido reducirlas a suma no ha podido. De este, pues, Reino oscuro, de esta gruta, de este duro, y eterno cautiverio, a quien Almas sin número tributa toda la redondez del Emisferio, por mi cuidado, y diligencia astuta, soy absoluto Rey: este es mi imperio, aqueste es mi lugar, este es mi asiento, este es mi albergue duro, y mi aposento, Y no dirás tu nombre? . Fui Lucero, de belleza sin número, y la fama viéndome de esta suerte horrible, y fiero, eclipsada mi luz, Luzbel me llama. De verme despreciado desespero, y en fuego vivo el corazón se inflama, y más ahora que quitarme tiene el poder este Rey, que a ser Rey viene. A fieros desconsuelos me apercibo: qué dices? luego vive? . No lo dudes: librose de tus iras fugitivo; y aunque segunda vez, o Rey, desnudes el blanco acero, fuerte, y vengativo, serán sin duda vanas inquietudes, cuando otro brazo, mas que el tuyo fuerte, le libra por ahora de la muerte. Para qué, si eso es cierto, quiero vida? no habrá un rayo violento, y una flecha, de un arco con violencia despedida, que venga a dar al corazón derecha, y abra puerta a la vida por la herida? Que ha salido tan cierta mi sospecha! la muerte voy buscando con mi acero, rabiando voy desesperando muero. . Y yo qué aguardo, que al oscuro infierno, después de tantas penas, no me arrojo, adonde sea mi tormento eterno entre las llamas del incendio rojo? Recíbeme en tus olas, lago Haberno, que rabiando de cólera, y enojo, a esa laguna Stigia, y al Cocito para siempre jamás me precipito. Venga norabuena Dios a nues- tra tierra: Dios a nuestra tierra norabuena venga. Cese la canción, amigos, y también los instrumentos. Qué es cesar? toquen, y canten, que de gozo, y de contento, a puro hacer cabriolas, no he de quedar de provecho. Ten juicio. En tanta alegría demasiado juicio tengo. Llegad, amigos, llegad, que con los brazos abiertos os aguardo. . Que nos place? Apenas os conocemos, después de tan larga ausencia. Que os parece e Zagalejo que viene? Dios le bendiga. Tirso amigo, qué hay de nuevo? Antes no hay, señor. Pues cómo? Como tengo un hijo menos. Qué muriose? No señor, pícaros me le murieron. Cómo fue? Con un cochillo le cortaron el pescuezo, como a un manso corderillo. Murió al fin por un Cordero. Si murió por mí, no os pese, que yo también morir tengo por él, y por vos. Por mí heis de morir? según eso, no me moriré en mi vida. Ni después de morir, muerto quedaréis. Hablad más claro, Niño, que yo no os entiendo. Sentisteis su muerte mucho? Si sentí; mas un consuelo después me quedó. Y cuál fue? Que tras él se murió luego Silvia de pena. Y llamáis aquesa muerte consuelo? Pues qué pudo sucederme mas mejor, si en todo el tiempo, que estuvimos los dos juntos, no tuve día tan bueno como cuando la enterré. Mira lo que dices, necio. Pues hay cosa más gustosa para un hombre, que por yerro de cuenta, acaso se casa, cómo enviudar? No lo niego, si están los dos mal casados; mas si están bien, hay contento como estar casados dos, que se quieren bien? Arredro: el buey suelto bien se lame. Mas volviendo a nuestro cuento, estabamos bien nosotros? Pues no? Sí, solo un defecto teníamos, y era que andabamos como perros, y gatos todos los días continuamente riñendo. Tú qué diligencias hacías en tal caso? Palo tieso había todos los días: y eso era lo de menos, que el puñete, y coz afdaba, que cantaba de misterio. Mas ni por esas, ni esotras, aunque andabamos al pelo, dejó siempre de salir con la suya, no hay remedio, si de pelo no la sale; que yo do al diablo el jumento, (con perdón de los oyentes) que a palos ha de ser bueno. Doblemos, Tirso, la hoja; y vos, Señor, del suceso de vuestra ausencia nos dad parte. . Si en eso intereso daros gusto, no replico. Ya os escuchamos atentos. Después que desde Belén, por cumplir con el precepto de Moisés, a presentar llevamos el Hijo al Templo; una noche tenebrosa, cuando en el mudo silencio a los miembros fatigados infundía el Dios Morfeo descanso, y quietud, un Ángel se me apareció entre sueños, que me avisó del peligro impensado, y fin funesto, que a mi Hijo amenazaba, si no procuraba luego con diligencia escaparle, saliendo los tres huyendo a Egipto. Yo en lance tal, sin ánimo, y sin aliento desperrté: y como el aviso era del Cielo, resuelto determiné la partida. Y antes que viese bostezos el día, de Nazareth, sin despedirme de deudos, ni amigos, nos ausentamos, caminando por inciertos caminos, y incultas sendas, hasta salir del Imperio de Herodes, de cuyas iras ibamos los tres huyendo, y aunque huyendo de esta suerte, nos libramos de aquel fiero rigor: en tan gran ausencia era fuerza darnos miedo el haber de caminar por parajes extranjeros, entre Bárbaros, y Alarbes, en cuyos tiranos pechos jamás alojada hallaron, ni piedad los extranjeros. Dejo aparte el ir a pie, y cansados; también dejo la aspereza del camino por montañas, y desiertos, cuyos tostados peñascos jamás estampas sufrieron de plantas de hombre en sus frente; sino de fieras, expuestos del Verano a los ardores, y a la nieve del Invierno. Mas enmedio de estas penas, de estas fatigas, y enmedio de tantas penalidades, como era el mismo Dios nuestoo amparo en tantos peligros, en los mayores aprietos liberal nos socorria, dando glorioso consuelo. Tal vez faltándonos agua en un campo arido, y seco; para socorrer la sed, de un pedernal avariento, cuya dureza produce, en vez de agua, duro fuego, nos descubría un ruidoso murmurador arroyuelo con raudal de cristal puro. Y tal vez también sufriendo de la hambre los rigores, como en agradecimiento las palmas nos ofrecían, humillando lo soberbio de su altivez, aquel fruto que tienen, para sustento de aquel por quien le tenían. Así tal vez también fieros animales, obligados de su natural colerico, humillando las cervices, blandos halagos haciendo, la obediencia, que otros niegan daban a su Autor primero. Las aves también alegres, con armónicos gorjeos, nos daban la alboreada cuando despertaba Febo. Pasados, pues, en Egipto siete años de destierro, bajó un Paraninfo alado enviado del Padre Eterno: dijo que el tirano Hetodes había pagado el feudo mortal, y que a Galilea con seguridad volviesemos. Dispusimos la jornada con brevedad, y al ponernos en camino, hasta las piedras mostraron su sentimiento. Los árboles, que hasta allí de hoja, y flor se guarnecieron, para ponerse de luto, de amarillo se vistieron: las flores se marchitaron, las aves se enmudecieron, porque su hermosa armonía truecan en tristes acentos. Todo padecía tristezas: los líquidos arroyuelos, que por plateadas guijas se descolgaban traviesos, de cuyo claro cristal bruñido son prisioneros, a regar las tiernas flores corridos se suspendieron. Finalmente hemos llegado, después de varios sucesos, y de tantos infortunios, a esta tierra, donde dieron al Dios que sustenta a todos su fervoroso alimento. Y ahora, amigos, pasamos a Nazaret por Decreto Divino, allí nos tenéis siempre a serviros dispuestos, a vuestra fe agradecidos, a vuestro gusto sujetos, a vuestro amor obligados, servicios reconociendo, obligaciones pagando, y deudas satisfacciendo. En eso perdóneme: juro a mí, que juro a bueno, que esta noche hemos de dalles a los tres alojamiento en nuestras pobres cabañas, si les place, y les daremos:: Qué has de darles, mentecato? Al Chiquillo por lo menos, por lo bien que me parece, y lo mucho que le quiero, como quiera recibirme, le daré, Ergasto, a mí mismo. Demás, que para comer (so, no hay migas? no hay pan? no hay que- y leche, como el Sol mismo? La voluntad agradezco, y los presentes estimo. Y yo de mi parte dejo para su tiempo la paga. Tanto bien no merecemos. Y yo también de mi parte la satisfacción ofrezco. Con qué modo que habla el Niño! Jesús, que parece viejo! Y no como otros, que yo señalará con el dedo, que mirado, y bien mirado, se parecen a los puerros, que tienen cabezas blancas, y verdes los pensamientos. Con Dios os quedad, amigos. Con Dios quedad? bueno es eso, y llevánsele consigo: cómo se ha de entender esto? Llegad, y abrazadme todos. Aunque yo no lo merezco, llego a gozar de esta dicha. Y yo a ser dichoso llego. Eso sí, abrazar, y dalle, y acá que nos papen duelos. Dadme los brazos. Los brazos? quedaré bueno sin ellos. Ay simpleza semejante! dice que le abraces, necio. Qué le abrace? luego es tarde. Dios os dé muy buen suceso. Los tres con vuestra licencia acompañaros iremos hasta la primer jornada. Vamos, pues. Hola? aguardemos, que a mí el Auror me ha encarga diga al Auditorio nuestro, que a la ida, y vuelta de Egipto pone fin, no a los deseos, y voluntad de serviros; en cuyo conocimiento, que perdonéis os suplico, sus faltas, y nuestros hierros.
