Texto digital de Mejor flor de Sicilia, Santa Rosolea
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- Atribución tradicional
- Agustín de Salazar y Torres
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- Agustín de Salazar y Torres Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mejor flor de Sicilia, Santa Rosolea. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-flor-de-sicilia-santa-rosolea.

MEJOR FLOR DE SICILIA, SANTA ROSOLEA
AL espejo Venus bella sus perfecciones consulta, porque solo en su reflejo halló igualdad su hermosura. Y amor la pregunta, al salir el Alba hermosa, coronada de esplendor: quién brilla mejor? de Venus la Aurora, de Venus la Estrella, o de Venus la rosa? Y el eco responde a la duda de amor beldad superior, aunque es Alba, es lucero, y es flor, sin duda es más bella que la flor, el Aurora, y la Estrella. Qué inútilmente procura la comparación hallar elogios para pintar aplausos de la hermosura! Y aún es necia, es atrevida la alabanza en la deidad; que no es grande la beldad, que es capaz de encarecida. Los lazos. . Tienes razón, que no puede venir bien la comparación, a quien no admite comparación. A tu belleza, es intento vano, el querer compararse: porque solo en el no hallarse, se halló el encarecimiento, Las lisonjas, la dulzura de la voz impide, Irene. Prosigo por lo que tiene de armonía la hermosura. Vaya, y sea el canto llano, para que pueda durar, que el tocado ha de acabar tarde, y empezar temprano. Al salir el Alba hermosa, coronada de esplendor: quién brilla mejor? De Venus la Aurora, De Venus la Estrella, De Venus la Rosa. Aurora es tu hermosura, que dos soles despierta, (da, no la que en trenzas de oro al Sol salu- que el Sol saluda tus doradas trenzas. Tu beldad es lucero de tan alta influencia, que es Estrella del Sol, pues que te anuncia, y es de la misma luz el Sol Estrella. Eres purpúrea Rosa, en nombre, y en belleza, pues Reina te venera de las flores, quien de las flores venerada es Reina. Si bien aunque Aurora, Astro, y Rosa seas, Beldad superior, aunque es Alba, es lucero, y es flor: sin duda es más bella que la flor, el Aurora, y la Estrella. Las joyas. Bien singular es tu gusto, pues tocando te estás, cuando están cantando. Pues qué he de hacer? . Regañar. Estela, extraño es tu humor. El tuyo sí que es extraño. Por qué? . Por qué es el regaño alhaja del tocador. El que no riña te espantas? Pues, di, no me he de admirar: tocarse, y no regañar, prueba es de que has de ser Santa. Eso suele suceder a las feas. . Estas cosas, mas las sienten las hermosas, que tienen más que perder. Las memorias . Extrañeza es, que las hayas pedido, que memorias nunca han sido alhajas de la belleza: y más en tu singular desdén, que no ha conseguido por natural el olvido la memoria de olvidar. Díganlo de tu rigor tantos rendidos despojos, que al imperio de tus ojos postró el amor. . . Qué es amor? voz es bien extraña, pues hasta ahora la he ignorado. Qué aún no debe tu cuidado averiguar lo que es amor! Es un padecer que introduce el alhagar, y un ver que aprende el cegar, por el estudio del ver. Y en fin:: . . Cesa de explicar lo que no puedo saber, que al incapaz de aprender, es inútil enseñar. Perdóname, que es error desprecio tan estudiado. Sabes lo que he reparado? que entiendes mucho de amor. Así pluguiera a los Cielos . no dijeras la verdad: y así, ay de mí! tu beldad no alimentara mis celos. Mas pues la ocasión aquí tengo yo, la he de lograr. Pues tú me has de disculpar, si atenta me escuchas. . . Di. Bellísima Rosalía, que Rosa en la Majestad, no permitió tu beldad. que aún el hombre acaso sea: En cuyo divino Cielo, si a la beldad te comparo, tiene Sicilia más raro, más hermoso Mongibelo: Pues si el Etna en sus ardores, imitando la belleza, se compone de aspereza, de nieves, llamas, y flores, tu esquivez es roca dura, nieve tu tez, y tus manos, llamas tus ojos tiranos, y flores es tu hermosura. Luego tiene con verdad Sicilia en igual ardor, un Volcán, que es todo horror, y otro que es todo beldad; pero mi ingenio es tan rudo, que aquí esta materia dejo, a que la diga ese espejo, que hable más cuanto más mudo. Y así a otra materia quiero volver el discurso ahora: cuando tú sabes, señora, que tu tío el Rey rugero, a quien todo el Orbe aclama por sus inclitas victorias, pues no bastan a sus glorias, muchos templos de la fama, solicita darte estado, de los ruegos compelido, de cuanto Príncipe ha sido de tu beldad obligado, generoso pretensor, pues lo son de tu belleza, aún más que de la Grandeza de Sicilia, que en rigor, felicemente procura, quien busca en su cautiverio, no hermosuras de tu imperio, si imperios de tu hermosura: Prende bien. Cuando el más fino, el mán galán, más airoso, y aún pienso que el más dichoso. Quién es ese? . Valduino, tu primo, a quien esperando dicen que tu padre está de la guerra, de que ya vendrá presto, y en llegando, como esperan, victorioso, otra victoria mayor, (oh aleve, oh falso, oh traidor!) . logrará siendo tu esposo. Cómo, di, puedes negarte a ser del amor trofeo en tan felice Himeneo? Tiende el pelo a esotra parte. Amar con tanta decencia, ya no es amor, es razón, Muy lejos de la afición está Irene, la obediencia. Luego tú has de obedecer a tu padre, oh vil pesar! que muera por preguntar lo que me mata el saber? Irene, si es que me obliga mi padre a fin tan honesto, pero yo discurro en esto Cintia, la letra prosiga, Por qué quieres divertir, señora, que amante viene tu esposo? . . Déjame, Irene, que ya es indecencia oír tan necio, tan vano intento. Extremos son bien extraños; me estuviera yo diez años hablando en un casamiento. Calla, necia. . No entendí que en aquesto te ofendiera. Salios todas allá fuera. Sola has de quedarte? . . Sí. Mira, que tantos extremos son injustos. . . Bien está. Advierte. . No he dicho ya que os vais? . Ya te obedecemos. Más me da que sospechar su enojo. . Raro furor! Siempre vi que el tocador pararía en regañar. Oh cuánto el alma recela Por si su enojo templamos, con la letra prosigamos. Dices bien, prosigue, Estela: Qué necia curiosidad fuesa de Irene, y qué enfado. que en mi beldad no hay cuidado que no sea mi beldad. Es verdad, y el eco responde a la duda de amor: beldad superior, que aunque es alba, es lucero, y es flor. Sin duda es más bella que la flor, el Aurora, y la Estrella. Aún es inferior a la Aurora, la Estrella, y la flor. Más qué segunda dulzura contraria el aire animó! si es aprensión? pero no. pues dijo que mi hermosura. sin duda es más bella que la flor, el Aurora, y la Estrella, Aún es inferior a la Aurora, la Estrella, y la flor Oh qué penosa! oh qué atroz confusión! ay infelice! qué bien esta voz me dice! qué bien me dice esta voz! Divina Rosalía, la vida de la Rosa, goza solo lo bello, pues logre tu beldad lo que se goza. Si Rosa es la hermosura que reduce su pompa a términos de un día, no desprecie tu beldad las horas. Lucero es tu belleza, astro de Venus logra en delicias de Venus, del Niño Dios las flechas generosas. Estrella es tu hermosura, huye la luz traidora, que con las sombras nace, y se apaga igualmente con las sobras, Aurora que amaneces al Orbe en luz hermosa, imítala en la risa, goza del mismo mundo que coronas, Si de la Aurora imitas la breve instable gloria, imítala en el llanto, llorando nace, y porque nace, llora. Mira que la hermosura:: La mortal pompa:: Sin duda es más bella:: Aún es inferior:: Que la Aurora, la flor, y la Estrella. A la Estrella, la Aurora, y la flor. En confusión tan veloz, esto apruebo, esto otro elijo; qué bien esta voz me dijo! qué bien me dijo esta voz! Eco de quien guiar me dejo, quién a mi asombro te obliga? Ese espejo te lo diga. Pregúntaselo a ese espejo. Un Cetro, y una Corona en brillante esplendor regio, vuelve el cristal a mis ojos en el cambiante reflejo, sin duda es de la primera voz aviso, y el misterio no es difícil de entender, no; pues el blasón supremo de Sicilia, en sus dos aves me lo indica, a cuyo vuelo remontado, apenas es esfera capaz el viento. Jeroglífico es felice, por donde me avisa el Cielo, que de mi beldad dependen los generosos progresos, los heredados blasones de mi sangre, y de mi Reino. Sin duda que es así . Sí. No. . Mas otra vez el viento en nuevas contradicciones responde; qué he de hacer Cielos? Este espejo te lo diga. Pregúntaselo a ese espejo. Ay de mí, qué nuevo asombro! Generoso Infante tierno, el reflejo me retrata, mas tan cándido, tan bello, que en lo terso del cristal se confundiera lo terso de su perfección, a no separarla lo sangriento. Si es ilusión de la idea? no puede ser, que tan bello prodigio no fue capaz de fingirle el pensamiento. Las blancas sienes Divinas baña púrpura dichosa, que es muy propio de la Rosa la púrpura, y las espinas. Pies, y manos peregrinas ilustra rojo esplendor, temor causa, y causa amor: o nunca vista Deidad, como será la piedad, si en sí aún es dulce el temor? Qué he de hacer en tan confuso laberinto? . De tu Reino seguir las prerrogativas, que por mí te anuncia el Cielo. Sígueme a mí, Rosalía, tendrás más seguro Imperio, Y repara ufana, Y advierte dichosa, Qué Deidad hermosa, Qué hermosura humana, Sin duda es más bella, Aún es inferior, Que la flor, el Aurora, y la Estrella. A la Estrella, la aurora, y la flor. Qué he de hacer, Cielos Divinos? Oh nunca visto portento, que a tanta copia de rayos, a diluvios de reflejos, a tempestades de luces, se ciegue el conocimiento! Que vista espera en las sombras quién es en las luces ciego? Mas huyan las torpes nieblas, consiga el entendimiento. Seguid las prerrogativas, que por mí te avisa el Cielo. Seguid las prerrogativas, que por mí te avisa el Cielo? Bien dice: mas qué he de hacer para lograr ese intento? Seguirme a mí, Rosalía, tendrás más seguro imperio. Seguirme a mí, Rosalía, tendrás más seguro Imperio? Mejor me avisa esta voz, mejor me sueña este acento, huyan de la vanidad, Señor, los vanos trofeos, huya la inútil diadema: pues que ya por vos pretendo, solo con el despreciarlo, hacerme digna del Cetro. Yo la pompa, la hermosura haré eterna, conociendo, que del mundo los honores, los faustos, los lucimientos, en la estimación son varios, son fijos en el desprecio. Pues, qué aguardo? estos adornos, inútiles, que antes fueron estorbos al corazón, siendo embarazo del pecho, el primer despojo sean, Señor, el primer trofeo, que a templos del desengaño de dique el conocimiento. Vuestra soy, vuestra he de ser: aún a respirar no acierto; oh cómo faltan las voces. a quien sobran los afectos! Vuestra soy, y siendo vuestra, nada dudo, nada temo, porque quién podrá estorbar tan justos, tan verdaderos afectos? quién? , Valduino viva. . . Ay infeliz, que el viento con nuevas admiraciones responde, pues cuando quiero decir, que nadie podrá embarazar de mi incendio el justo ardor, nuevas voces dicen, que: . . Viva Rugero: Viva Valduino. . . otra vez los militares estruendos me halagan con armonía, me amenazan como riesgos, pues al desengaño, apenas me encamino, cuando opuestos salen contra mí Valduino. Sinibaldo. . El Rey Rugero. Qué dices? . Qué Valduino tu esposo:. . . Qué dices, necio, Mira que no soy el novio, porque yo, según entiendo, solo el tercero he de hacer, y ese es papel de discreto. Yo me intento retirar, pues para evitar un riesgo, el medio es huir. No podrás negarte al común contento, de que tu padre, y el Rey, y tu primo a un mismo tiempo traen los despojos de Marte a sacrificar a Venus. Aunque tan felices nuevas, bella Irene, te agradezco, un accidente me obliga a no admitir el obsequio de Valduino. Si mi nombre, señora. . . Válgame el Cielo! El primer feliz anuncio esa cuando a Sicilia llego, en vuestros divinos labios, ya las victorias no aprecio, porque como son alhajas de la fortuna, y el tiempo, esta ciega, y aquel vario, no hay que fiar en sus premios, porque, o los borra el olvido, o los madan los sucesos; pero favores, divinos, mal pueden temer el riesgo del tiempo, ni la fortuna; y es porque obran tan exentos de los humanos acasos, que aún sobra el merecimiento, pues merece no lograrlos, el que piensa merecerlos. Muy lejos está de novio el que viene tan discreto. Seas bienvenido (ay de de mí! qué he de hacer? disimulemos corazón!) Tampresto os vais? Ah ingrato! cuánto me alegro de tu desprecio! Ah tirana, . que sola esta vez te creo! Qué esquivas son las hermosas! No ocultéis los rayos, bellos tan violentamente airados, que esparcirlos, y esconderlos, es muy atroz tiranía. Volved, porque temple al pecho la hermosura de la luz, los estragos del incendio, Mi padre, y el Rey, a quien toca premiar vuestro esfuerzo: Hija. . Sobrina. . Qué sea en mi cada paso un riesgo! No me permitió el cariño oír el Feliz suceso de Valduino, sin que tú le escuchases, porque entiendo que se cuentan las victorias sin duda con más aliento, cuando refiere la hazaña quien tiene a la vista el premio. Bien, señor, tantos honores os mereciera mi afecto, si acoso fueran capaces (ay de mí, que en veno aliento!) de soberanos favores, humanos merecimientos. Qué bien en ti se conoce, Rosalía, que en lo bello, es la perfección del alma, el alma de lo perfecto! Qué feliz soy, Sinibaldo, pues os dio el Cielo un portento de discreción, y hermosura. Yo, señor, os lo concedo, sin que sea en mi amor propio, pues la beldad debe al Cielo, que eso es dádiva divina: e gualmente lo discreto debe a la docta enseñanza de Cirilo, que un gran Maestro, el entendimiento ilustra, ya que no de entendimiento. No lo dudo. . Yo, señor, que nada debe os confieso a mi enseñanza, pues tanto desde los años primeros ilustró sus perfecciones la luz de su entendimiento, que dudo, si acaso fui enseñando, o aprendiendo. Mirad, señor, que de un Rey que engrandece, de un Muestro, que aplaude con la pasión, de un padre, que mira ciego, harán siempre los aplausos sospechosos los afectos. Di algo tú, que te has quedado, embelesado, y suspenso. El silencio, Bermirhel, es mi voz . Pues calla, necio, para que mejor se entienda la fineza del silencio. Ea, Valduino, contad de la guerra los sucesos, Vuestra Majestad, señor, le sacó de un grande empeño. Cómo? . Porque el que no rie- gran cantidad de conceptos (ne para alabar a una dama, el socorro más a tiempo, y más ordinario es, ponerse a contar un cuento Quita, necio. Ea, decid. Vaya sin estadme atentos, Grande Rugero Normando, de cuyo? altos trofeos son volúmenes los siglos en los añales del tiempo: Ya sabes, y saben todos, como siendo tú el primero Rey de Sicilia, a quien dio, no la aclamación del Reino, la Corona, pues la debes solo a tu merecimiento, que Boemundo tu hermano, determinado, y resuelto, de envidia del Cetro, intenta poder usurparte el Cetro, para cuya ejecución sacrílega, previniendo una gruesa armada, vino a infestar los mares nuestros. Mas llegando la noticia, para frostrar sus intentos, Eduardo tu General, con veinte bajeles gruesos, y yo con treinta galeras, levamos anclas a un tiempo en el Faro de Mecina: y al del unir del terreno las Armadas, pareciar montes que se divieron a la instancia de las ondas, de la unión tenaz del Puerto. Poblose de las el mar, de pino, y brea, y del peso oprimido, para dar a entender su sentimiento, al quejarse se valía de los gemidos del remo: A pocos Soles la Armada de tu enemigo al encuentro nos salió, y las Capitanas dispararon tan a un tiempo, que el reflejo de su luz, fue luz de nuestro reflejo. Que mucho, si nadie pudo distinguir quien fue el primero: porque estruendo, plomo, y humo, tan en un punto se unieron, que siendo uno el estallido, no distinguió el más atento, si acaso eco de su voz, fue de nuestra voz el eco. Abordáronse los buques, menospreciando los riesgos del mar, del fuego, y del plomo: y tu gente con esfuerzo generoso, con valor nunca visto, conociendo la muerte, el riesgo, el peligro, solo no conoce el miedo. Mezclados asombros eran, el aire, el agua, y el fuego: el fuego en vibrados rayos, el aire en confuso estruendo, el agua en sangrientas ondas. Y no le bastó al denuedo a disistir de la empresa, a retroceder del riesgo, saber que contra una vida se unieron tres elementos. Rendida la Capitana del enemigo, y deshechos sus buques, vino a quedar el azul campo por nuestro. Bien que al cantar la victoria, empezó a inquietarse el viento, y el mar, y del enemigo embarazó el seguimiento. pues a cóleras pasando los primeros movimientos, nos hizo segunda guerra, más peligrosa: el suceso lo diga, pues Eduardo corriendo con rumbo incierto, se separó de nosotros. Oh inestabilidad del tiempo, y la fortuna! pues cuando. aclamando el vencimiento, los clarines, y las trompas decían: viva Rugero; ah breve instante nos vimos entre votos, y lamentos, diciendo. . Cielos, socorro, Aferra. . Amaina. Qué nuevo asombro, que del acaso parece que hizo suceso, responde? . Contra esas rocas desarbolado, y deshecho embiste un bajel. . Y ya en miserables fragmentos le han dividido las ondas, y las sirtes. . Pues qué espero, que en su socorro no voy con mi gente? Acudid presto; por si se puede salvar la suya. . Valedme Cielos? Qué lástima! . Qué dolor! otra borrasca en el pecho, en piélagos de cuidados, fabrican mis pensamientos. Cielos, no hay quien me socorra? De Eduardo es este acento: corred todos, que su vida mas que la victoria, aprecio. Ya, señor, es excusado, pues Valduino resuelto, a pesar de la borrasca, y de la furia del viento, le saca a nado, por dar a entender como es su pecio monte, a quien vencer no pueden dos unidos elementos. Gran valor? . Gran bizarría! Por cierto que ha echado el pecho al agua, como pudiera el más bizarro, resuelto, generoso, ilustre altivo, noble, insigne cabernero. Ya estás libre. . No lo dudo, que habiendo tomado puerto, a vista de tal deidad, a pesar del hado adverso, no es el riesgo ejecución, solo es amenaza el riesgo. Mucho de vuestro peligro el veros libre, me alegro, Yos, señor, dadme los pies, pues quien feliz se ve en ellos, mal a la fortuna puede recelar. . Alzad del suelo; y porque tantas finezas como a Yalduino debo, hoy remuneradas vea solamente con un premio; que sé que con Sinibaldo ajustado el casamiento está ya de Rosalía, hoy a vista de mi Reino:: Ay de mí! . Será su esposo, Qué escucho? Válgame el Cielo! Permitid que a vuestras plantas, señor, mi agradecimiento sea. . Alzad, que bien merece tanto valor, tanto premio. Cuando en mí fueran menores, señor, los honores vuestros? Señor, si yo (ay infelice!) divino Esposo supremo, . pues miras veloz el daño, no tardes en el remedio. Id, pues, luego a prevenir de la boda los festejos, dignos a vuestra grandeza. Al instante os obedezco, que aunque es el tiempo veloz en los amantes empleos, son con las alas de amor tardas las alas del tiempo. Ven sobrina. . . Ea mi Dios, conmigo voy, mucho temo; pero advertid, que también voy con vos, y mucho espero. Vos Eduardo, y Valduino, disponed los dos a un tiempo los aparatos festivos: y tú, Irene, los festejos de músicas, y saraos. Solo les faltó a mis celos este dolor. . Eduardo, de amigo tan verdadero no dodo grandes finezar. Deudor soy, y amigo vuestro: Ay Rosalía, que ya mi esperanza murió! Cielos, no era mejor en las ondas morir, que no en los incendios de mis celos! qué tiranos andáis conmigo, pues creo que por darme más cruel muerte buscáis más cruel instrumento! Eduardo? . Irene? . Quisiera hablarte en mis sentimientos. Mejor pudiera en los míos hablarte yo, mas no creo que hay tiempo aún para quejarme: pero cuando no fue el tiempo veloz para las desdichas, tardo para los remedios? Te engañas; que ya los dos anticipado tenemos un alivio. . Yo lo ignoro. Yo no, pues los dos nos vemos infelices, y el unirse los que sienten un mal mismo, es consuelo en la desdicha, aunque es desdicha el consuelo. Pues tus males, de qué causa se originan? . Del desprecio con que el Rey me trata, pues siendo igual el parentesco, son las honras, los aplausos, los cariños, los festejos, y a Rosalía, y el darla estado, es lo que más siento, pues ha sido declararla, contra nosotros, del Reino heredera. No prosigas, Irene, que ahora creo que adivinaste mi mal, pues no solo en nuestro pecho los sentimientos se imitan, pero es uno el sentimiento. Bien que de una misma causa nacen destintos efectos, que no siento que Valduino goce honores, goce previos del Rey, ni que el Reino herede. solo (ay infelice! siento. que lea de Rosalía esposo, y este veneno, este furor, esta rabia, esta envidia, aquestos celos, que son mías allá de envidia, rabia, furor, y veneno, son los que causan mi muerte; qué mal dije! que aún no tengo el alivio del morir, por que, o vill, o infame incendio, si como violento abrasas, no matas como violento! No a la desesperación entregues el sentimiento, que si la muerte deseas, por no morir de tus celos, morirse por no morir, en un generoso pecho, aunque siempre el miedo es vil, eso es lo más vil del miedo. Pues, qué he de hacer? . Acudir que aún no es tarde, a los remedios. Esto dudo. . Tú no eres por estados, sangre, y puestos, igual a Balduino? Sí. En cualquier lance resuelto, no tendrás en tu defensa por amistad, o por deudo, quién te ampare? . No lo dudo. Pues, si tomas mi consejo, nuestros males se remedian. Cómo? . Como tú, resuelto, a robar a Rosalía te determines, que luego, con el Rey, y con su padre, no es difícil hallar medios de conseguir el perdón, que de amor todos los yerros fácilmente se remedian con la fuga, y con el tiempo. Tan deresperado estoy, que a hallar posibles los medios, para lo que me propones, lo ejecutara. . Para eso yo misma te ayudaré Cómo? . Yo dejaré abierto el jardín, que cae al cuarto de Rosalía, y al tiempo que cante Estela una letra, puedes entrar; y teniendo quien a la puerta te guarda las espaldas, previniendo un bajel, pues cae al mar el jardín, ningún recelo puedes temer. . No prosigas, porque de suerte has dispuesto mi felicidad, que ya nada dudo, nada temo, sino a mi fortuna. . No la temas, que amor es ciego también, como la fortuna, Y qué coliges de serlo? Que porque es ciego también, aman el atrevimiento. En él confío. . Pues no te tardes, que ya en los negros celajes se empaña el día, y muere el Sol. Pues no es tiempo de desperdiciar las horas: Amor, a ver me resuelvo, si es acaso la fortuna hija del atrevimiento: Irene, adiós. . Ten cuidado con la seña. Mis intentos favorece, amor; y pues me he valido del ingenio, para que logre mi industria esta venganza que espero; no seas, amor, voluntad, sé una vez entendimiento. . Viva Valdulno. Viva Rosalía. Pues afrenta de Venus Pues de Mavorte afrenta; Él es blasón de las lides, Ella heroico es blasón de la belleza, Viva Valduino. Viva Rosalía. Ella afrenta de Venus. El de Mavorte afrenta. Y en parleros clarines. Y en liras tiernas. Al Orbe repitan con voces diversas, porque triunfe el valor, y la belleza, viva Valduino, viva Rosalía. Las tinieblas oscuras, noche infausta retira: mira, mira, que a mi mal te apresuras, no, no anticipes tanto, sombra, horror, asombro, espanto. Tú, soberano Esposo, mi confusión ampara; para, para el curso tenebroso, suspende a mis querellas Noche, Cielo, Luna, Estrellas. Si a seguirte mi aliento amante se resuelve, vuelve, vuelve, y mira en mi lamento, si es, que obligar te dejas, penas, llantos, ansias, quejas, Dulce jesús Divino, mi confusión socorre; corre, corre, pues ves que determino dejar, por tu belleza, sausto, pompa, honor, grandeza; Las necias vanidades mis lágrimas destruyan, huyan, huyan, y borren tus piedades, perdidos en engaños, horas, días, meses, años. Los Palacios profanos, que hoy en mi honor se emplean, sean, sean por ti despojos vanos. y triunfo más costoso, padre, Reino, Rey, esposo, Ya conozco lo incierto de esta máquina altiva, viva, viva contigo en un desierto, mi alcázar sean breñas, troncos, riscos, grutas, peñas. El riesgo está cercano, no el tiempo se malogre; logre, logre, Esposo soberano, ver en vez de desdichas: Glorias . . Gozos. Triunfos. . Dichas. Glorias, gozos, triunfos, dichas? Sin duda a mis penas graves el Cielo se compadece, pues que respondió, parece, el Cielo en voces suaves. De amor al mayor trofeo, ven Himeneo, ven, ven, Himeneo. Distintos acentos son, ay de mí! los que he entendido, estos verdad del oído, y estotros del corazón. Pero a los segundos creo, pues son infelicidad; porque estos son realidad, pero estotros son deseo. De amor al mayor trofeo, ven, Himeneo, ven, ven, Himeneo Ya es sin remedio mi mal, que estos acordes acentos, estas cláusulas festivas, son de que se acerca el riesgo; prevención es de mis bodas; mi mal es cierto. No es cierto. Pues verás en tus desdichas. Glorias. . Gozos. Triunfos. . Dichas. Quién me ampara? Yo te amparo. Quién me alienta? Yo te aliento. Bellos Jovenes, en cuyo divino esplendor a un tiempo infunde vuestra hermosura gezo, y confusión al pecho. quién sois? mirad, que confusa, entre gozo, entre respecto, siento un temor reverente, que no se atreve a ser miedo. Nada temas, Rosalía, que los dos por mensajeros venimos de aquel Esposo, a quien tu afectuoso anhelo generosamente aspira. Rafael soy, mi nombre mismo, que es medicina de Dios, aliente tus desconsuelos; que penas, que a Dios anhelan, el mismo Dios es remedio. Yo tu Custodio, a quien debes tan cuidadoso del velo, que aún antes que tu nacieses, anuncié tu nacimiento a tus padres, porque amante Dios, anticipando el premio, tus afectos admitía aún antes de tus afectos. Divinos Embajadores, como mi agradecimiento a tan divinas finezas hallará encarecimientos? Mas ya veo, que es en vano hallarlos, Señor inmenso, no oigáis las voces del labio, oíd la voz del afecto, Disponed de mí, mirad, que aún a respirar no acierto, qué mucho, si en mí no vivo; vivo en vos, pues por vos creo, que no aliento donde animo, y es, porque donde amo, aliento; qué he de hacer? Pues qué pretendes huir del cercano riesgo, y en vez de Palacios Reales, habitar incultos yermos, trocar galas a silicios, poblaciones a desiertos, vanas pompas a humildades, a grutas dorados techos: y en adonde la aspereza, el horror, el menosprecio del mundo, si no mayor, sea igual a tu deseo. Eso solo solicito, no tardéis a mi consuelo: quién me ha de guiar? Eso dudas? nosotros, y tus afectos, que pasos de Ángeles sigue quien busca a Dios. Solo quiero, si lo permitís, llevar un retrato, por consuelo, de mi esposo, y de los libros, que me sirvieron de espejo para mi enseñanza, algunos que me eligió mi maestro: dejando galas, y joyas al mundo, pues suyas fueron; no me siga, pues ya ve, que lo que me dio le vuelvo. Ven, pues, que a lo que pides, entrambos te ayudaremos, y mira que el tiempo es breve. Ea, adiós padre, adiós Reino, adiós Palacio. . Parece, que te enterneces, ven presto: mira que el riesgo es cercano. Ya nada me asusta el riesgo. Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, triunfos, dichas, premios, Esta es la seña de Irene: entre esas ramas cubiertos estad, hasta que yo avise. En todo te obederemos. Ven adonde te esperan, Himeneo. lauros, triunfos, dichas, premios. No te suspendas. . Ya voy. Nada temas, cobra aliento, pues cuando esas voces dicen entre los profanos ecos. , . Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, dichas, triunfos, premios. Para alentar tu temor, repetirá nuestro acento. Ven donde es cierto: Voy donde creo. Qué hallarán tus fatigas: Qué hallarán mis fatigas, Glorias, gozos, trianfos, dichas. Allí está la feliz causa de mi loco atrevimiento: pues qué aguardo, que no logro la ocasión? mas el afecto se va pasando a temor: o amor, siempre hijo del miedo? Apresura más el paso, que te amenaza otro riesgo, Pues qué puedo recelar? El ser mía: acudid presto. Qué nos mandas? . Ay de mí! quien bárbaro, desatento:: No te asustes, que así tiene anticipado el remedio este daño. . Con amparo tan soberano, no temo, y ningún peligro? . Como podrás librarte; Mas Cielos! es ilusión? es engaño de la idea? es vano sueño? No estaba aquí Rosalía? no la escuché al mismo tiempo que la música de Irene decía en dulces acentos: Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, dichas, triunfos, premios. Ven donde es cierto: Voy donde creo:: Qué hallarán tus fatigas:: Qué hallarán mis fatigas:: Glorias, gozos, triunfos, dichas. Qué es esto? como ilusión me la desvaneció el viento: no la visteis? Nada vimos. Nueva confusión! yo intento examinar del jardín aún lo más oculto; oh bello portento de amor, que imitas al amor en los portentos! Venid, pues. . Ya te seguimos. Bien se ha logrado mi intento, feliz ha sido mi industria, pues ya la música ha hecho la seña: que logró Eduardo la ocasión, tengo por cierto; pues dejando a Rosalía sola, de su cuarto vengo, y en él, ni en todo Palacio la pude hallar: mas qué veo! el Rey, Valduino, y su padre, con lo más noble del Reino, vienen a los desposorios: aquí importa buscar medio para no ser yo culpada. Ya se previno mi ingenio, pues con solo retirarme, y al buscarla con lamentos fingidos, con falsas ansias, con afectados anhelos, referir de Rosalía la fuga, consigo a un tiempo la venganza en mis pesares, y el alivio de mis celos: retirome, pues que ya se acercan. Vuelva el acento festivo, y vos, Sinibaldo, id por Rosalía, que quiero ser de sus bodas padrino. Beso, señor, los pies vuestros, por tanto honor. . Quién podrá hallar agradecimientos, señor, a rantos honores? Amor, a explicar no acierto tanta dicha, que no es Esfera capaz el pecho. Prosiga el Epitalamio en dulces suaves acentos, y avisad a Rosalía, y a Irene. . Ya obedemos. Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, dichas, triunfos, premios. Ven, y el volante sea vago esplendor del viento, y a la luz de tus teas cobre vista amor ciego. Exambre de Cupidos, tus talares siguiendo, sus alas, y tus plumas apresuren el vuelo. Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, dichas, triunfos, premios. Ay de mí, qué es lo que miro! Nada temas, que del velo oculta de aquesta noche nadie puede verte. . Ay Cielos? Qué es lo que sientes? El ver a mi padre, es lo que siento: mas ceda el afecto humana, señor, al divino afecto: padre a Dios; adiós esposo; adiós Palacio; adiós Reino; adiós Rey. Todo lo olvida, y advierte, que todo es riesgos. Es verdad, ya lo conezco, y más, cuando aquesos ecos inútilmente repiten, hiriendo el alma, y el viento:: Ven adonde te esperan, Himeneo, lauros, gozos, triunfos, premios. Nada importa, pues los dos para confundir su acento, para ahuyentar tus temores, otra vez repetiremos. Ven donde es cierto, que hallarán tus fatigas lauros, gozos, triunfos, dichas. Ven adonde te esperan, Himeneo, triunfos: Callad, no prosigan esos lastimosos ecos, si antes anuncios del gozo, ya presagios del lamento. Qué es esto lrene? . Qué sientes? Ay infelice! . Qué nuevo accidente te apasiona? Ay de mí! mucho recelo de su turbación? . No es nada, yo sé lo que tiene. Necio, tú puedes saberlo? Sí. Pues di lo que es Dilo presto. Dilo, acaba. . Qué ha de ser? envidia del casamiento. Quitad ese loco: frene, de qué es tu desasosiego? No puedo explicar, señor, con voces el sentimiento; Rosalía, hay triste! . Acaba. Atropellando el respecto de su decoro, ya sea por horror al casamiento, ya sea de Valduino por odio; tu real precepto violando, de tu Palacio se ha ausentado. Bien lo ha hecho. Qué dices, Irene si es de sus celos fingimiento? . mas no será, que es pesar, y es mío, y ha de ser cierto. Acaba, todo es veneno vierte, aunque menos bastaba para matarme. . Inquiriendo el jardín con gente armada, (que ya se ha librado, es cierto, Eduardo; así no importa, a para evitar mis recelos, hacer la verdad fingida.) Gente armada (a decir vuelvo) hallamos en esa parte, que cae al mar. Bien lo ha hecho. Pues qué aguardo, que a inquirir mi agravio no voy resuelto, o a morir me determino? . Yo te seguiré, pues llevo igual razón, valduino, aunque mayor sentimiento. . Ah de mi Guarda? seguidme, todo el Palacio cerquemos, y la marina. . Ya todos vamos en tu seguimiento. . Tiene? . Cirilo? . Mira si por ventura fue yerro, o ilusión aqueste aviso. Quién más, que yo, que sea incierto interesara? . Pues yo lo escucho, y aún no lo creo. . No tiene ejemplar el caso: y en fin se fue, bien lo ha hecho. . Ya Eduardo la habrá ocultado, bien se han vengado mis celos: ruego a amor, que no le encueneren! Hacia el jardín. Hacia el puerto. A la matina. . Al Alcázar. Nada en el jardín encuentro, sino confusión, y voces: y así confuso, y resuelto, hasta su cuarto he venido. Si es acaso aqueste estruendo en busca de Rosalía? Algún ardid que ha dispuesto Irene, y ella la oculta: todo lo dudo, y lo temos Allí viene ya Eduardo, que como logró el intento de robar a Rosalía, desmentirlo intenta cuerdo, no ausentándose. Eduardo? Irene? . Qué bien has hecho en no ausentarte, pues ya lograste el feliz intento de robar a Rosalía. Qué dices, que no te entiendo? Que la ocultes bien, y adiós, que de discurrir no es tiempo, pues de vernos a los dos, corre peligro el secreto. Oye, escucha, aguarda, espera. Hacia la marina, al puerto. Al Alcázar, al jardín. Mezclado con el estruendo disimula; pues que ya eres el felice dueño de la más felice prenda. Espera; qué es esto, Cielos? Rosalía? . Rosalía? Dudando estoy lo que veo: Irene dice, que yo la oculto, cuando este estruendo indicios da de su ausencia. Son ilusiones? Son sueños? Pero cuando las fortunas de amor no lo parecieron? Mas yo intento averiguar determinado, y resuelto, mecelado con los demás, este prodigio, siguiendo las mismas voces que dicen. Hacia la marina. . Al puerto. Rosalía? . Rosalía? Mal el desengaño espero ver, pues tres ciegos me guían; la confusión de mi pecho, que es ciega, a quien acompañan ciega noche, y amor ciego. JORNADA SEGUNDA , sú , Ya que a los rayos del Alba huyen las nieblas oscuras, y las luces resucitan, cuanto las sombras sepultan: Ya que al despuntar del día huye la noche confusa: y cayendo al mar, parece más precipicio, que fuga: Ya que vencida la cumbre. de aquella difícil punta, que arbitro de mar, y tierra, registra mares, y espumas: Ya que libre de los riesgos, que te amenazaban, justa piedad del Cielo permite, que para vencerlos, huyas; pues en las lides del mundo es tan contraria la lucha, que el que hace cara, es vencido; quien vuelve la espalda, triunfa: Ya, pues, que desde esta cumbre descubres la más inculta parte de Quisquina, adonde eras señora absoluta; bien, que el Cielo ha permitido, que cuando el serlo renuncias, nunca más tuya ha de ser, que cuando no ha de ser tuya: Pues aquel áspero monte, cuya fragosa espesura nunca piso humana huella, y abn habitar disicultan la veloz ave sus rocas, la torpe fiera sus grutas: ha de ser tu habitación, que en fin, el Águila Augusta, para preparar su nido, tan alta eminencia busca, tan arduos sitios escala, que el vulgar pájaro duda, si habitan, dejando el aire, en otra Región sus plumas: Y pues ya a la vista tienes lo que tus afectos buscan, apresura más el paso, mira que el Sol apresura su carro. . Bien lo conozco, pures más abrasan, que alumbran, sus rayos, y apenas puedo mover las plantas: o suplan, Señor, afectos del alma, de humana pensión la injuria; que si la naturaleza, como torpe, se rehúsa, los pasos que ella retarda el corazón apresura: mas venza a la parte vil la generosa; qué angustia! qué ansia! qué dolor! . Qué siente: Como al cansancio se aúnan los desvelos de la noche, el penetrar las incultas veredas de esos escollos, no solo del Sol la injuria me fatiga; pero heridas las plantas de las agudas peñas, y espinosas zarzas, inclementes, como rudas, siento (ay de mí!) no el dolor de sus rigurosas puntas, pues no siento que me hieran, sino que el tiempo me usurpan de llegar donde deseo: Señor, pues quien fina os busca, aunque se apresure, tarda; mirad si en vano me angustia el seguiros torpe, cuando aún tarda quien se apresura. No te acongojes, que el Sol, ni el cansancio te hará injuria: pues aunque ya es del Estío la ardiente estación adusta, en que más hieren los rayos, hará el Cielo, que se cumpla lo que Dios promete al justo, pues ni te herirá la Luna con sus rayos en la noche, ni en el día el Sol, y turbia nube, ya que no la apague, templará su ardiente furia. Raro asombro! ya se entibian las luces del Sol, o suma inmensa sabiduria! que con una nube anuncias como alumbrarán tus rayos, si hasta tus sombras alumbran. Ahora, porque del cansancio no te acongoje la angustia, y la carga le minore; dame esos libros. . Rensa mi indignidad tal favor. Siempre la obediencia es justa. Dame la Divina Imagen ahora de Jesús, a cuya sacra voz se humilla el Cielo, y los Abismos se asustan, Ese no sé si es alivio, o es pesar. . Qué dificultas, cuando a la vista le llevas? y para que más segura pongas la planta, te doy el báculo, que a segunda jornada hoy destina el Cielo, pues es con el que en la inculta campaña de Siria fui peregrino, cuando a justa piedad del Cielo, guíen a Tobías, cuando juntas conseguimos dos victorias, venciendo en desigual lucha, yo de Asmodeo el horror, y él de Sara la hermosura. Si miro a mi indignidad, cuán turbada, cuán confusa me dejan vuestros favores! Oh gran Dios! oh bondad suma! oh fuma piedad! Quién vio el premio antes de la lucha? Vamos, pues. . Vamos, y en tanto de nuestra voz la dulzura haga suave el camino. Qué felicidad! Escucha. Ah del Cielo? Ah del Cielo? Ah de la Tierra? quién llama? quién llama? Quién con suspiros el Cielo penetra. Escuchen, atiendan los Coros Celestes, afectos, y quejas, De quien con suspiros el Cielo penetra, escuchen, atiendan. Alados Serafines, de rosas, y jazmines, de lirios, y azucenas, matizad el aire, bordad la tierra. Y a la feliz Esposa. que solicita ansiosa de afectos divinos morir al ardor, Cercadla de flores, que vive de amores. Que vive. . Que muere. Que vive en favor, de que muere a favores. Que vive. Que muere. Que vive de amores, y muere de amor. Cercadla de flores, que vive, que muere, que vive de amores, que muere de amor. A la feliz Esposa, Fénix de este con fín, que hoy ha de ser su Arabia instamente félix. A la que de su incendio en la amorosa lid morir de amor desea, y vive de morir. Venid, Serafines alados, venid, tamplad su dolor: cercadla de flores, que vive, que muere, que vive de amores, y cuere de amor. Cercadla de flores. Cercadme de florer. Que vive. . Que muero. Que muere. Que vivo. Que vive de amores. Que muero de amores. Que muere de amor, Que vivo de amor Sea en fragrante lluvia, de clavel, y jazmín, cada risco un vengel, cada valle un vergel. Crea el inculto monte aún hoy otro matiz, que le usurpo al Estío el Imperio de Abril. Admiradla, que solo por amar, y sentir, deja el Palacio Real, por la cabaña vil, Venid, Serafines alados, venid, seguid su fervor, de que muere a favores, cercadla de flores, que vive, que muere, que vive de amores, que muere de amor. Cercadla de flores. Cercadme de flores. Que vive. . Que muero. Que muere. Que vivo. Que muere de amores. Que vivo de amores. Que ulve de amor. Que muero de amor. Cerradme de flores, que muero de amor. Cercadme de flores, que muero de amor? Otra vez: qué tormentos! qué pesares! la misma letra en los Cantares, cuando (qué rabia!) en su pasión dichosa desmayada de amor yacía la Esposa. Sin temor de la lucha, vencer pueda, y rendir las garras del León, del Dragón la cerviz, A sus huellas se rinda el Basilisco vil, y el áspid, aún pisado, no se le atreva a herir. Venid, Serafines alados, venid, guiad su temor, cercadla de flores, que vive, que muere, que vive de amores, que muere de amor. Cercadla de flores, Cercadme de flores, Otra pena! otra rabia! otro disgusto! que lo que por David promete al justo Dios, en mi oprobio, vea que quiere que se cumpla en Rosalía! pues dice, que hollará: qué ansia! qué injuria del Áspid; y León, veneno, y turia, del Dragón lo sangriento, del Basilisco el venenoso aliento: conmigo habla el oprobrio en sus honores, más probará, a pesar de sus favores, que soy Dragón sangriento, León furioso, cruel Básilisco, y áspid venenoso. Pero pues que ya a la boca de aquella gruta se acercan, que ha de ser su habitación, sin duda, entre aquestas peñas oculto estaré, que no puede sufrir mi soberbia el ver sus honores, hasta que en ultrajes se reconviertan. . Aquesta es tu habitación, este ha de ser, Rosalía, tu Alcázar, aquesta roca el Ara felice sea donde coloques tu Esposo, pues que no es la vez primera, que erigieron a su Nombre sacros Altares las piedras. Dulce soberano Esposo, ya estamos en la palestra; pero a quien puedo temer, siendo vos en mi defensa? Conmigo habéis de habitar en esta inculta aspereza, conmigo el inculto albergue de aquestas ásperas breñas será vuestro Templo, cuando Cielo, Sol, Luna, y Estrellas, aún no son Trono capaz de la Majestad inmensa de vuestro poder, y humilde alfombra son Mar, y Tierra, Aire, y fuego a vuestras plantas? Mas ay! que el alma os hospeda, Templo haciendo el corazón, en cuya blanda materia, porque raina amor, sin duda, que sea a vuestra fineza Trono mayor, que el que forman en gloriosa competencia, Aire, Tierra, Fuego, y Agua, Cielo, Sol, Luna, y Estrellas. Y tú, soberana Madre, de la Gloria dulce puerta, por donde la eternidad al pecador se franquea, Estrella del Mar, pues ves, que en la borrasca deshecha del Mundo, tú sola has sido el Norte de mi tormenta: haz, señora, que seguro Puerto a mi naufragio sean estas rocas, y tu amparo, libre del piélago, vea que a mí las peñas me salvan, si a otros zozobran las peñas. Una Corona he dejado, por ser tu esclava, mas piensa mi amor, que solo por ti la tiene, cuando la deja; que ser de tal Reina esclava, hace las esclavas Reinas. No en vano piensas, pues, por una, logras muchas Diademas. Qué es esto, Cielos? parece que responde a mi fineza. No en vano piensas, pues, por una, logras muchas Diademas. Iris hermoso de paz, María baja a la tierra a duplicar las Coronas, que logras más, cuando dejarlas piensas. En una el oro asegura quilates de tus finezas, y en otra cándidas rosas la gracia te asegura, y la pureza, Mira si en vano piensas, pues por una logras muchas Diademas. Si una Corona por mí has dejado, Rosalía, ya con dos te da mi amor duplicada recompensa, que no menos premios logra quien el ser mi esclava ostenta, para que pueda decir, tu Fe, con mayor firmeza: No en vano piensas, pues por una, logras muchas Diademas. Celestial dulce María, mi amor; mas muda la lengua, en no acertar a explicarse, pienso que a explicarse acierta; que la fineza sin voz, es la voz de la fineza. Pues que por ti Iris de paz he venido, en paz te queda; persevera, y ama, pues no ama quien no persevera. Para que celebren Cielo, y Tierra, que no en vano piensas, que por una, logras muchas Diademas. Quién puede ya ser ingrata a tan alta recompensa? Salve, dichoso desierto, salve, venturosa cueva, eterna habitación mía; y vosotras, Aves, Fieras, Peces, Fuentes, Troncos, Riscos, Montes, Valles, Bosques, Selvas, Agua, Viento, Tierra, Fuego, Cielo, Sol, Luna, y Estrellas; sed testigos de mi amor, y todos contra mi sean, cuando ingrata corresponda, al ver: oh piedad inmensa! , Que por una, logro muchas Diademas. Que por una, logro muchas Diademas? Mis volcanes, mis furores qué esperan? más bien esperan, que ahora no es buena ocasión de alterar en Rosalía su fervor, puesto que alcanza, bien contra mí, mi experiencia, que a vista de los favores, siempre el amor persevera. El primer fervor no es fácil pervertir, mas cuando vea que se entibian sus ardores, que la distancia sienta, que hay de una gruta a un Palacio, de un ayuno a una opulencia, de un Reino a una soledad, de la gala, y la riqueza a la desnudez, y en fin, cuando la memoria sea su mayor contraria, al ver que aleve la representa aquella suma distancia que miden, los que cotejan felicidades pasadas desde presentes miserias: entonces, vuelvo a decir, yo haré que mi furor sienta; pero ahora, ya que no me puedo vengar en ella, me he de vengar en su Reino: en discordias, en tragedias todo el Palacio se abrase, toda la Corte se encienda, pues le sobra a mi furor, y a mi indignación sangrienta, ser de Rosalía patria: alerta, Palermo, alerta, que visibles, e invisibles armas hoy te harán la guerra. . Tente, señor. . Loco, aparta, o harás que tu vida sea vil despojo de mis iras. Ay que me has muerto! más fuera mas mi lealtad, que tu agravio, si tú en razón te pusieras, Qué razón? villano, calla, que en los celos, en la ofensa, no hay más razón, que tener razón para no tenerla. No obstante, si a discurrir tu conmigo te pusieras, había de convencerte. Pues qué razones intentas hallar para convencer mis justas iras, mis ciegas indignaciones, si sabes que; pero torpe la lengua, mudo el labio, el corazón turbado, el alma suspensa, aunque aciertan a sentir, solo a pronunciar no aciertan: que anoche, cuando (ay de mí!) mi fortuna (oh quien pudiera en una afrenta decir sin las voces el afrenta!) si anoche (vuelvo a decir) cuando mi fortuna era la más feliz, a un instante se mudó en la más adversa? A un instante las venturas fueron desdichas, y en penas se transformaron las glorias, y a un instante fueron quejas. Los gozos, y los honores trocó un instante en ofensas: mas qué me admiro, si dije, que de la fortuna era mi primer felicidad, que un instante la pervierta? pues ciega, inconstante, fácil, siempre en su voluble rueda, dichas: y disdichas, solos instantes las diferencian? Todo eso con menos pansas, y exclamaciones, se encierra en que anoche al desposarte, se huyó. La tirana, fiera, alevosa, cruel, injusta Rosalía. Qué bien sueñan tus oprobrios a mis iras! Y que sin duda la tierra en sus entrañas la oculta. Es verdad. Pues diligencias de mis celos no la hallaron: y es imposible que pueda nadie encontrarla, pues celos la buscan, y no la encuentran. También es cierto. . No dices, que se ausentó de manera, que ya es imposible hallarla? Sí. . Pues ahora me deja discurrir, y tu verás cómo se alivian tus quejas. Ven acá, hombre del demonio, era, acaso, Rosalía mar que una dama muy noble, muy hermosa, muy discreta, y muy niña? pues di ahora, si tú en razón te pusieras, con todas aquestas faltas qué se ha perdido en perderla? Maldígate el Cielo, amén: y así me la representas viendo que muero de celos? Ay de mí! . Siempre consuela así un necio. Si no escuchas, y a puñadas argumentas, no es fácil el convencerte: y solo para que veas que son dichas tus desdichas, yo te supongo que sea noble, discreta, y hermosa, si tú cuerdo consideras, que había de ser mujer propia, qué se ha perdido en perderla? Loco, ya que consolarme en mis pesares intentas, por qué, villano, no pintas sus crueldades, sus ofensas, sus tiranías, y en fin, que para mi fue tan fiera su aversión, su odio, que pudo ocasionarla a que hiciera tan desesperada acción, como atropellar la Regia Majestad de su decoro? oh injusta beldad! qué hicieras castigando los agravios, si así pagas las finezas? y así: . No has de proseguir: en casa, di, no te queda el consuelo de esa injuria? En quién? . En Irene bella, que tan fina está, aunque tú por las pasadas sospechas, que después averiguaste ser falsas, diste la vuelta, y casarte pretendiste; y pues tu dejaste a esta por esotra, ahora puedes amar esta por aquella: porque es gran dicha en amor, que una vaya, y otra vuelva; y dejando una por otra, pues una va, y otra queda, a aquella, que se ha ofendido, jurársela, para esta. A nacer solo de amor mi desdicha, aún no admitiera ese alivio, porque es mal remedio, el que aconseja al herido, que se cure con una flecha; otra flecha. No son de celos mis males, solamente son de afrentas, donde no llegan los celos: quién, Cielos! ha visto penas, que al tormento más atroz, que son los celos, excedan? En lo que no discurrimos, que es lo que a todos desvela, es, quién la aconsejaría ausentarse a Rosalía? y quién ocultarla puede? Aquí mi veneno vierta. Como sus raras virtudes a todos tan manifiestas han sido; solo en Cirilo su Maestro cae la sospecha, pues creen, que la aconsejaste, viendo, que estaba resuelta a no casarse, que oculta estuviese, hasta dar cuenta al Rey, y a su padre, y luego escogiese más perfecta vida, de que tan airados su padre, y el Rey se muestran contra Cirilo, que creo que les infundí en mis penas todas mis iras. . Mejor las mías decir pudieras, pues él ha sido la causa del dolor que me atormenta: pues a quien tanto me ofende, la ha enseñado a que me ofenda; mas presto me vengaré de su enseñanza. . Y desea mi indignación encontrarle, por dar alivio a mis quejas, vengándome en él; mas juzgo que hacia esta parte se acerca Irene, yo me retiro, que no quiero que me vea desairado. . Antes, señor, era brava ocasión esta para usar de aquel remedio. Ven conmigo: mas por esta parte Eduardo viene, y no quiero hablarle, que aún quisiera, corrido yo de mí mismo, huir de mí, pues me avergüenza al verme a mí mismo; tanto puede en un noble la afrenta: vamos por estotra parte, y con razón, pues por ella a Cirilo solo veo: sígueme aprisa. A pendencia ir yo deprisa? Eso no, antes templar es prudencia entre el amo, y el criado, la cólera con la flema: hacia aquí quiero ocultarme, . Pues a este villano deja aquí mi astucia, por dar a otros incendios materia, seguir quiero a Valduino, porque mi rencor encienda. los volcanes de sus iras. . Cuanto mis ansias desean hallar a Irene, por dar alivio a las torpes ciegas confusiones de mi pecho! Hablar a Eduardo quisiera, para saber donde oculta tiene ahora a Rosalía, y asegurar mis recelos. Si allí Eduardo no estuviera, había de decirle a Irene, como había sido por ella en la bazaja de amor aquel que sin jugar tercía, que es casi, casi alcahuete: mas por sí sola se queda, aquí me quiero aguardar. Eduardo? . Irene bella? cuanto la ocasión de hablarte dudosa el alma desea, para ver si puedo hallar la luz entre las tinieblas de mi confusión! Qué escucho! galanteo es, pues empieza con tinieblas, y con luces. Como tan ardua materia, es menester ocasión de poder hablar en ella, sin que nadie nos escuche, Por eso ahora lo aciertan, que yo soy hombre secreto. No ha habido tiempo en que pueda preguntarte, donde oculta has renido a Rosalía, para quietar mis recelos. Alarguemos las orejas. Y así, dime dónde está para que segura pueda estar yo de mis temores. Solo les falta a mis penas esta nueva confusión: dime, Irene, hablas de veras, o burias de mis pesares? Tú parece, que deseas que se acrecienten los míos: dime, al hacerte la seña, tú no entraste en el jardín, y quedando Rosalía sola, lograste el robarla, y con prevención discreta, mezclado con los demás, por evitar la sospecha de no ser tú el agresor, volviste? . Detén la lengua: mira que todo es engaño. Bien excusado es, que quieras ahora fingir conmigo: y si es, que acaso recelas el de no decir donde está Rosalía, porque temas el que alguno nos escuche, yo veré con diligencia estas murtas; pero quién aquí se oculta? Yo era, que estaba, porque, sí, cuando; porque he escuchado con ellas; que las orejas me quitan, . apostaré las orejas. Villano, tú aquí escondido, qué solicitas? . Qué intentas? Yo me estaba haciendo sordo. Ya has visto cuanto se arriesga, Eduardo, en que secreto, que tanto importa, se sepa. Solamente con dar muerte a este infame, se remedia. El remedio es de botica, pues que mata: mas si quiera, no me sucediera, Cielos, lo que sucede a una dueña, que muere por escuchar, sin que por escuchar muera? Qué determinas? . Por este balcón, que al mar se descuelga, le arrojaré . No hagas tal, que si al mar me echas, es fuerza que hable la lengua del agua, cuando callare mi lengua. Vaya al mar precipitado. Ahora caigo en la cuenta, de que por esto, sin duda, me llamaban buena pesca. Suspenderán cruel acción, pues puedes: . Irene bella, mira que fui tu alcahuete. Así remediar es fuerza, Los agravios de mis canas, si imaginaste que en ellas se hielan, como prudentes, no, como nobles, se hielan. Valduino, Cirilo, qué es esto? Es vengar mi ofensa en quien ha sido la causa. En grande ahogo me viera, si me hubiera echado al más. Tente, Valduino. . Espera. Sobrino, qué es eso? . Quién alevosamente intenta violar de aquestos umbrales el decoro, sin que tema de mi justa indignación el castigo? . La respuesta, señor, te dará Cirilo: y pues sabes, que una ofensa en el que sabe sentiria, ningún arbitrio le deja, la desatención perdona piadoso, si consideras, que es inadvertencia ver en un agravio advertencia. . Yo lo defiendo: ah señor el del balcón, para esta! . Tente. . Aguarda, qué decís vos, Cirilo? Que su queja, y mi ofensa son injustas; pues viendo, que yo defienda de Rosalía la fuga, por creer con evidencia de sus heroicas virtudes, que tan ardua acción no hiciera sin motivo superior, crees, que yo la causa sea de su ausencia, y que conmigo la consultase. . Y es cierta su sospecha, si este nombre puede tener la evidencia; porque quien (oh injusta hija!) tan vil acción defendiera, sino quien la aconsejara; Es agraviar mi nobleza, y:: No más, no, no prosigas Aquí importa dar yo fuerza a esta razón, y el incendio contra mí se desvanezca, si el criado revelare lo que oyó. Tengo por cierta la razón de Sinibaldo. Quién duda, que es evidencia? si aún la más leve acción suya no ejecutó Rosalía sin vuestro consejo. . Todos los que imaginan yo piensan, que yo:: Qué es esto? no basta que mi indignación se templa, y que no os doy el castigo, que tan merecido fuera a tan grande deslealtad? pero el perdonarla sea para enmendar el delito: y si no hacéis que parezca Rosalía, pagará su fuga vuestra cabeza. Qué es esto, Cielos? . Esto es justo castigo a una ofensa, porque hace el delito suyo quien el deliso aconseja. Eduardo, pues cómo? . Nada me digas, que aunque quisiera, no es posible defenderte, Cirilo, y solo me pera, que se aviniesen tan mal tus canas con tu prudencia. . Tú Irene? . Nada me digas, pues que yo conozca, es fuerza, que es en todos la razón igual, siendo igual la queja. Venid todas: bien sucede, pues ya con esta sospecha en Cirilo, haré que calle con dádivas, y promesas, el criado. Bueno ha quedado. De esta vez todos le pegan al Maestro cuchillada. Qué esto mi valor consienta? yo de todos ultrajado? pues que aguardo, que no venga mi injuria, mi justo enojo, siendo mis canas otro Etna de Sicilia, que en su agravio fuego ocultan, nieve ostentan? Esperad todos, veréis que aún arde en mis nobles venas el no olvidado valor: que la sangra en la nobleza, con la injuria de los años, no se apaga aunque se templa. Aún no del todo embotados los filos: mas qué imprudencia me arrebatas, si es mi Rey el dueño de mis ofensas? y mi amor, ni aún a quejarse se atreve; sienta mi ofensa sin las voces mi lealtad, que a la Majestad suprema puede llegar el dolor, mas no del dolor la queja. Es posible, oh justo Rey, que con tantas experiencias, de mi consejo en la paz, de mi valor en la guerra, creyeses de mí, que pude ser desleal: las finezas que tú, y el Rey no me debes, premias tan mal? quien creyera que aquel que fue de Sicilia el más venerado, hoy sea ultraje de todos? quien pensara, mas quien no piensa, que nadie debe admirarse, si el que sube, te despeña? Pues siendo de la fortuna el gran teatro su rueda, en las varias mutaciones, con que adornan sus tragedias, subidas, y precipicios cada instante representan. Mas, por qué de la fortuna me lamento, si pudiera mi razón haber vencido su inconstancia? pues es cierta proposición, que no hay fortuna, donde hay prudencia. Llegó el desengaño tarde; pero miento, que no llega tarde el desengaño nunca, y aunque me cueste una afrenta, viendo lo que vale, creo que vale lo que me cuesta; pues huyamos, desengaño, de la dorada cadena de la ambición vana siempre; que la prisión, aunque sea dorada, por más vistosa, no ha de ser menos molesta. No el temor es de la muerte, o Rey, el que me destierra de tu Palacio, motivos más superiores me alientan, que acá en el pecho me hablan, sin que el pecho los entienda. A imitarte voy huyendo, bellísima Rosalía, hija amada, porque salga verdad la común sospecha; bien, que al contrario, pues creo; que ya siendo mi Maestra, lo que no te aconsejé a ti, tú a mí me aconsejas. Adiós para siempre, vana ambición. Qué bien te ordenan mis astucias! Despechado ya Cirilo de su afrenta, del Palacio huye, y sin duda, que desesperado intenta la venganza de su agravio; pero ahora aún más le queda que hacer a mi incendio, pues ya el criado le dio cuenta de lo que oyó, a Valduino, y darle muerte sangrienta, en venganza de su honor, él, y Sinibaldo intentan: qué bien suenan a mis iras las voces! pues dicen: Muera quien villano solicita: Y quien alevoso intenta: Quitarme el honor. Primero os costará mi defensa la vida. Tened, qué es esto? Es saber con evidencia, señor, como ha sido falsa en Cirilo la sospecha: y que Eduardo alevoso fue el que robó a Rosalía. Qué decís?? . Que ese criado, por casual contingencia lo oyó. . Por estos oídos, que se ha de comer la tierra. Qué decís vos, Eduardo; Que yo, si, cuando:: Bien muestra vuestra turbación la culpa: ea prendedle. . Antes muera a mis manos. . Quién me ofende, con la vida aún no me venga. Qué es esto? a todos prended. A tu cólera violenta invisible de he asistir. Pues aquí ya es evidencia el peligro de mi vida, tan deresperado sea el remedio: al mar me arrojo por este balcón. Y ese era por el que usted me arrojabas pero con menos destreza volara yo, que por Dios que sin tocar en las peñas, y sin decir agua va, porque antes dijo, agua venga, se vació por el balcón, y nadando a toda prisa, en un barco se reciben, y puestos en su defensa sus amigos, y parciales, toda la playa cubierta está de gente, sin que los que le siguen le ofendan, por más que dicen: Matadle. Seguidle. . Muera. No muera. Seguidle. . No le sigáis, Sea muy en hora buena, pues, como a mí no me cojan. Villano, infame, otra es esta. Cómo, dime, revelaste, que Eduardo: . No tengas pena, porque yo conté la historia a mi amo, de manera, que a ti en nada te he culpado, mas que en todo, en mi conciencia, Adiós. Seguidle. . No es fácil, que corre con miedo. Venzan, oh amor, mis penas, al ver que tú ocasionas mis penas: venid a ver, qué resulta de tanto horror. Que se encienda toda Sicilia en mis iras, y pues ya su incendio empieza, apresurando su ruina parcialidades sangrientas de Eduardo, y de Valduino, como ya lo manifiesta alterada la Ciudad, diciendo en voces diversas. Muera Eduardo, y sus secuaces. Valduino, y los suyos mueran. Ahora inquieren mis iras, ahora mi astucia venza la constancia, y el sosiego de aquella causa primera, que ocasiona mi furor, y supuesto que mi ciencia no ha menester tiempo, para que las distancias se venzan, desde el Palacio ya me hallo en la habitación desierta de Quisquina, y ya parente la gruta horrible se muestra, Inculto Alcázar, por quien otro Alcázar Rosalía dejó; mas según la acción en una de aquellas peñas, que la bronca arquitectura bronca colunma sustenta, escribiendo está, y aunque un báculo el cincel sea, que es inútil instrumento para tan dura materia, el rebelde pedernal obediente a cada letra, a leve impulso se ablanda, y el Cielo en dulces cadencias le suaviza la fatiga, diciendo en cláusulas tiernas, La qué constante vive de sus finezas, en peñas las escribe, para que sea su firmeza cestigo de su firmeza. Obedezca, dura roca, a mi anhelo tu dureza, queden en ti del incendio de mi afecto amantes señas: ayúdame tú a sentir, y amar, que no será nueva maravilla, si amor hace que hasta lo insensible sienta: igual a tu duración vivirá. , . Para que sea tu firmeza testigo de mi firmeza. Qué nueva fineza puede ser la que esculpir intenta? En el Idioma Latino escribe, y según me muestran los gravados caracteres, dice así: . Yo Rosalía:: El nombre me asusta! Hija de Sinibaldo. . Qué tierna es la memoria de un padre! Señor de Quisquina, y de las Rosas: . No me pesa, que de lo que fue se acuerde, quien de ser tanto se acuerda. Por el amor:? . Y es verdad, que solo amor me violenta. De mi Señor Jesucristo:: Ay de mí! que al nombre tiembla todo el infierno. . Vivir determiné en esta cueva. No dice más; mas qué puede decir más, si ya confiesa, que no porque de delitos le sirva de recompensa, no por ambición de glorias, no per recelo de penas, sino por amor? . Vivir determiné en esta cueva. No lo lograrás. . Yo quiero aclarar más estas letras, para que inmortal el risco las guarde, y:: Para que sea su firmeza testigo de mi firmeza. Mal imaginas, pues yo haré, que al Palacio vuelvas, dejando gruta, y desierto, sin ser posible, que venzan tus finezas mis astucias. Espíritus, que en la eterna prisión del lóbrego Abismo habitáis? Qué nos ordenas, Príncipe del Imperio de las tinieblas? Que del aire iluminado, tomando forma diversas, forméis fantásticos cuerpos, y con la voz, y acción misma de Irene, y de Valduino, una con suaves cadencias, y otro con ruegos, y halagos, finjáis, que buscando vengan a Rosalía, con todos los que en el Palacio eran criados, y amigos, y que, o por razón, o por fuerza, la han de sacar del desierto, sigiendo que el orden sea del Rey, y su padre. . Ya la ejecución es respuesta. Pues yo voy de Valduino a tomar la forma venzan sus finezas mis engaños, por más que escriba en las peñas, por más que esculpa en las rocas su afecto. Para que a su firmeza testigo de su firmeza. Ya el traslado está perfecto del original, que queda mejor escrito en mi pecho: otra vez a leerle vuelva, por lo que se alegra el alma cuando lee. Yo, Rosalía, hija de Sinibaldo, Señor de Quisquina y de las Rosas por el amor de Nuestro Señor Jesucristo, determiné vivir en esta cueva. Ya estáis obedecido Divino Esposo amado, y esculpido mi amor queda en las peñas, para que conociendo:: Por las señas, aqueste es el desierto, cercad el monte. . Al llano. . Al bosque; Al Puerto. Qué militar estruendo pavoroso aliera mi reposo? y en repetida voz (ay infelice!) al compás del clarín, el eco dice: Buscad la fugitiva beldad, que en vano huye, si esmaltan sus huellas, si doran sus ojos, la selva de flores, el aire de luces. Extraña confusión de mis temores! Cuando allí el aire hieren los horrores del rumor belicoso, eco aquí armonioso también me atemoriza (oh fuerte impía!) como si fuera horror el armonía; si por aquí pretendo librarme, dice el militar estruendo: Al monte, al llano, al bosque, a la marina, Y si torpe la planta determina por esta parte huir, me contradice sonoro acento, que más cerca dice: Seguid la fugitiva beldad, que en vano huye, si sus huellas si doran sus ojos, la selva de flores el aire de luces. Suerte inteliz! quien con el Coro viene de la suave música, es Irene: quien dudar puede, que a buscarme sea? cuando dice su voz . Ah Rosalía? En daño tan terrible el remedio el huir Es impos ible, ya la fuga, señora Mayor desdicha! Y puesto que a la Aurora la saludan los vientos, siendo las aves dulces instrumentos: ahora la hagan salva los clarines, y cítaras al Alba: y pues aún de estos riscos los horrores, por las señar de luces, y de flores, nos dieron las noticias de tus huellas, qué mucho que digamos hoy con ellas: Viva la Aurora, a quien la Aurora imita. Y que al huir tus rayos, se repita. Seguid la fugitiva beldad, que en vano huye, si esmaltan sus huellas, si doran sus ojos, la selva de flores, el aire de luces. Irene? Valduino? como, si, cuando, yo: No así el divino bello esplendor turbéis. . No así, señora, borréis los esplendores a la Aurora. A servirte venimos, Y todos a tus plantas te pedimos: Qué pretendéis de mí? Que una embajada de tu padre, y el Rey: mas asustada estás, cobra el aliento, y aquesta roca sea augusto asiento de tu beldad. . Sosiega tu fatiga, pues ves, que la lealtad es quien obliga a buscarte, y seguirte. Y todos a servirte solo venimos. . Bien ha sucedido, pues verdades las sombras ha creído. Proseguid la embajada: oh cuanto lucha con recelos el alma! . Pues escucha. Apenas en tu Palacio la infausta nueva se supo de tu fuga, cuando el Rey, tu padre, y yo en el confuso laberinto del pesar, formando varios discursos, todos supimos sentir, pero discurrir ninguno; y es, que andaba la razón embarazada del susto. Pasó la noticia luego a ser común, con que el vulgó tu determinada fuga la sentenció por insulto. Divulgose por delito, siendo virtud: mas qué mucho? si es discurrir lo peor antigua pensión del mundo. Mira cómo dejarías al que tanta parte cupo del escándalo común, pues quedamos en un punto, yo afrentado, el Rey quejosa y tu padre, en quien estuvo junta la queja, y la afrenta, fue el mayor contrario tuyo, porque a tu justo cariño, vanció el sentimiento justo. Qué indomita fiera (dijo) que habita montes incultos, huyó de sus padres? Qué ave dejó el paternal arrullo? Aún el pez le reconoce entre los senos oscuros del mar: y tú Rosalía, con proceder más injusto, huyes de quien nunca huyera el pez, el ave, ni el bruto? De estos escándalos eres la causa, que aunque se tuvo noticia de ti, no ha sido común, hasta que tu al mundo otra vez te manifiestes, y puesta en el Solio Augusto, vean que tu honor excede al Sol, pues aún este juzgo, que los átomos le ofenden, con ser los átomos puros. Demás, de que si en razón tu resolución discurro, deponiendo inconvenientes de los vulgares tumultos, aún en la misma virtud hallo inconvenientes sumos, Tu veniste a este desierto, movida de los impulsos primezos, en que el fervor suele cepar el discurso. porque si acaso pretendes han el piélago profundo de la perfección, surcar de la eternidad los rumbos: no es la vida solitaria el camino más seguro para una mujer, y más en ti, que apenas tres lustros has cumplido de tu edad, cuando varones robustos, doctos en ciencias, en años, y en experiencias maduros, no solo han perseverado en el desierto; mas muchos rayeron precipitados, despeñándose en un punto del Solio de las virtudes, al centro de los Insultos: y tanto de ti confías? mira, que es áspid oculto la soberbia, es yedra aleve, que halaga con lazos rudos al muro, y no se conoce, hasta que derriba el muro. Aún para el Cielo no es el desierto digno asunto de las Reales personas, porque estas nacen al mundo como el Sol, pues ves, que el Sol desde la cuna al sepulcro, para común beneficio, le dio luz el Cielo justo; tanto, que porque no cese, dejan sus rayos difuntos a la Luna, y las Estrellas por lucientes sustitutos. La virtud es una antorcha, que en tu mano el Cielo puso para alumbrar a tu Reino: será bueno, que tu gusto inútilmente pretenda trocar su esplendor en humo? Vuelve al Palacio, señora, que allí sus rayos difusos, siendo de todos ejemplo, servirán de enmienda a muchos, pues no ignoras, que del Rey siempre el Reino se compuso al ejemplo: si es guerrero, todo es glorias, todo es triunfos; si es cobarde, todo es miedos; si es docto, todo es estudios; si es malo, todo es delitos; y si es bueno, todo es justo, Pues si todo esto conoces, por qué a la virtud el uso quieres quitar, malogrando a tan bella planta el fruto? Vuelve al Palacio (otra vez digo) no el favor oculto tengas, que el Cielo te presta, pues no solamente es tuyo, porque es bien como de todos; y si le ocultares, juzgo que el que te dio como don, ha de pedirte como hurto. El Rey, señora, te espera; tu padre, viendo seguro ya su honor, en tu defensa venza el amor al disgusto; y yo, en fin, que más que todos perdí, la parte renuncio, que de ser tuyo tenía, no dejando de ser tuyo; pues que tantas razones, que te han vencido, no dudo, ven, pues, ha ser de Sicilia Astro del mejor influjo, Aurora del mejor Sol, Sol de los rayos más puros, Corona de sus trofeos, de sus desdichas Escudo, para que blasonar puedas de otro más glorioso triunfo, venciéndote a ti, pues sabes, que cuanto yerra el discurso, solo ha sabido vencer, quien a si vencerse supo. Válgame el Cielo! confusa todo lo advierto, y lo dudo. Qué esperas, señora? vamos, adonde pague el tributo que debe a tu adoración Sicilia en rendidos cultos. Ven, y serás la Deidad, que de tantos infortunios libres tu patria. . Serena de tus llantos los diluvios. Consuela a tu anciano padre, Dale a tu patria este triunfo. Quiera tu Rey. . Sosiega tan peligrosos disturbios. Ven señora, Qué he de hacer? Señor, pues tú mi recurso eres, con la voz del llanto a ti más dudas consulto, si es tu voluntad. Qué esperas? Qué aguardas? Si me condujo a esta quietud tu favor, como quieres a segundo riesgo entregarme, Señor, dulce Esposo, Eel refugio? Qué te detienes? . Qué tardas? Lo que la razón no pudo, mira, que hará la violencia, Y que yo con ella cumplo el orden del Rey. Mi Dios, sed mi amparo, sed mi escudo en tanta lucha de dudas. Ya el Cielo te oyó. Qué escucho. Dulce Esposo? No prosigas. Huye, cobarde, y asturo dragón, pues miras que el Cielo asiste en amparo suyo. Dulce jesús! . Ay de mí! Y ay de todos! El profundo Abismo se abra. . Sea eterna cárcel, y eterno sepulcro de vuestro torpe furor. Qué temor! qué ansia! qué susto! Nada temas, Rosalía. Si temas, pues a segundo caos haré que Sicilia se reduzca: el mar profundo, tierra, fuego, y aire sean, deshecho el concorde nudo, con ruinas de los mortales, fiera amenaza del mundo. Qué horror! Qué pasmo! Qué asombro! Cobarde dragón, no es mucho, si el Cielo te lo permite, para hacer mayor el triunfo de Rosalía. Qué horror! solo vuestro amparo pudo ser alivio en tanta pena. Recurrid a los incultos montes de Quisquina, allí hallaréis puerto seguro. Al monte. A la cumbre. . Al llano. Que han de encontrarme, no dudo, los que derrotados vienen al monte a buscar refugio. Ya el Cielo buscó el remedio; pues a más áspero inculto monte te trasladaremos, que así el Cielo lo dispuso. Cómo? De aquesta manera, pues así admirara el mundo, Que Agricultor Divino trasplanta a fruto mayor la Peregrina Flor a monte Peregrino. Al monte. . Al llano. A la selva. Qué Agricultor Divino &. Si es que hay refugio en el mundo, cuando perece el mundo. JORNADA TERCERA Dónde, dragón sangriento, manchando el Sol, inficionado el viente tenaz tu ambición sube, rayo embozado de preñada nube? Ignoran tus rencores, que si de rayo ostentas los ardores, cuando al aire desciendes, te apagas de lo mismo que te enciendo pues qué es lo que pretende tu desvelo? Solo oponerme a la piedad del Cielo, y que su amparo vea, que es inútil, venciendo en Rosalía su constancia, su Fe, su amor. . En vano tu veneno tirano, lograr procura el alevoso intento, pues otra vez teatro será el viento de tu segunda ruina. Aunque fuerza Divina la ampare:? . No prosiga tu venenosa voz, y esa enemiga torpe niebla, en vapores conjelada al Abismo te arroje desatada, para que tu ardor ciego en el centro del fuego aumente el fuego, O pese a mi furor! . Caiga violento del viento el rayo, que infamaba el viento Qué importa, que vencido caiga de tu violencia compelido, si nuca me ha de hallar el Cielo airado, por más vencido, menos obstinado? pues por más que le vea amparada del Cielo Rosalía, la he de vencer, aunque rebelde imita su constancia las rocas en que habita. Si a tanto asalto, siempre victoriosa has o su Fe tu astucia venenosa, con nuevas luchas obstinado intentas sus triunfos duplicar en tus afrentas? Pues qué triunfo ha conseguido de mí su Fe ni qué hazaña, cuando a favores del Cielo solo vence su constancia? Y si no, recopilemos su vida. . Aunque siempre es vana pretensión, el convencer tu obstinación, porque salgan tus afrentas de sus triunfos, de tu oprobrio su alabanza, admiro la conferencia. Rosalía, de la clara, generosa, ilustre, invicta estirpe Real, noble Dama, nació con tan bella flor, a ilustrar tan noble planta. Y antes que naciese, el Cielo, a sus padres les declara su nacimiento. Es que via, que desde su tierna infancia tanto se adelantaria la razón, que fuese vana la experiencia: o qué feliz, qué glorioso es, quien no aguarda a que obre el tiempo, y los siglos con la razón adelanta! No tanto, pues la hermosura de que fue privilegiada también del Cielo, pues nunca se vio belleza más rara, ni más perfecta, aumentando lo material la elevada beldad del entendimiento, para que en ella se hallara ser alma de lo perfecto la perfección de las almas: la hermosura material, digo otra vez, tan pagada la tenía de sí misma, que con repetida instancia la comultaba al espejo, solo porque imaginaba, que el reflejo en el cristal repetiría, era aumentarla. Qué importa; si en ese mismo espejo, que la retrata lo hermoso, halló el desengaño de la hermosura? oh hazaña nunca vista en lo mortal! Ve, que su beldad la halaga con razón, y su razón en contemplación más alta, con ser verdad su hermosura, ve, que su verdad la engaña. Eso fue al ver un prodigio. del Cielo. Es verdad, mas cuántas veces ha llamado el Cielo a la obstinación humana, fin que ella responda? luego será digna de alabanza Rosalía, pues a Dios responde, cuando la llama; y tan fina le responde, que deponiendo las galas, los faustos, los lucimientos, aún lo que más estimaba de su hermosura, que eran las doradas trenzas vagas de su cabello, al aceno las entrega, y no sin causa, porque como los cabellos los pensamientos señalan, porque en su imaginación segunda impresión no haga su beldad de su beldad en la parte que más ama, atrancando los cabellos, los pensamientos arranca. Esa fineza quedó al punto remunerada, pues Espíritus celestes la asistieron, y en sus alas la trasladaron al Templo a dar las debidas gracias de tan no vistos favores, y de María exhortada, invisible desde el Templo la volvieron al Alcázar. Y allí empezó tu malicia a luchar con su constancia, pues movidos de tu astucia su padre, y el Rey, casarla intentan, con tan tenaz, con tan repetida instancia, que el halago pasó a ruego, el ruego pasó a amenaza, y la amenaza a violencia; pero ella con confianza generosa, a todo opuesta, como roca, a quien asaltan repetidas crespas ondas del mar, no se mueve a nada, pues solo para vencerlas, es bastante tolerarlas. Mas como podían veneer ruegos, iras, y amenazas, a quien rompió del amor profano flechas, y aljabas, y oyó una Regia Corona: oh mujer. Oh beldad rara! que a vencerte, aún siendo justo, amor, y ambición no bastan. Si bastaran, no lo dudes, si la noche destinada para sus bodas, Custodio, y tú no la trasladarán al Desierto de Quisquina. De esa fineza fue causa su fineza, y merecido premio, viendo, que dejaba por el Cielo una Corona. Si aún no era suya, no es tanta su fineza, mayor fuera poseyéndola, dejarla. No hará tal, porque no hay dicha que no sea imaginada mayor, que no poseída; luego fineza más alta, que dejar la posesión, es el dejar la esperanza. Pasó su amor a prodigio del mismo amor, de un Alcázar a una gruta, en cuyo albergue, en cuya lóbrega estancia, nunca vio del Sol la luz: Mas qué mucho, si en su opaca mansión las fúnebres sombras tan eternas habitaban, que, aún despedida la noche, se ignoraba la mañana. Qué importa, si en ese error, en Iris de oro, y de nácar mil vaces bajó María y su Esposo a iluminarla, quedando el lóbrego albergue, si antes horrorosa estancia de la noche, después claro perpetuo Oriente del Alba: Aquí en vez de balaustres dorados, en vez de almohadas, y plumas, era una peña su lecho, y de las amargas incultas silvestres hierbas su alimento, solo el agua de sus lágrimas corrientes fecundas las preservaban a su ser, porque es el llanto cristal de la sed del alma. A esa abstinencia tal vez el Cielo la administraba suaves manjares. . Es cierto, mas era, cuando la escasa porción de la estéril hierba la faltó, pues su constancia de la oración solamente se alimentó, siendo tanta la violencia fervorosa, que cuan inmóvil estaba en el suelo la rodilia, en el Cielo la alabanza: salía el Sol; iluminando su rostro, y en la campaña de luz, dando un torno al mundo, volvia a herirla en la cara, tanto, que juzgó el Sol mismo, viendo, que siempre la halla fija, al nacer, y al morir, y al resucitar, no humana criatura, sino inmóvil escollo de la montaña: A esa oración repetida, Coro alado acompañaba de Querubes, que en acordes cláusulas tiernas cantaban dulces Himnos, con que a un tiempo las cláusulas halagaban, como voces los sentidos, como armonías el alma: Ese alivio interrumpías con varias voces, con vanas, disformes, horribles sombras, pues tomando formas varias de fieros sangrientos monstruos, su quietud amenazabas, aún mucho más, que su vida: cuantas veces despeñada la arrojaste de las rocas? cuántas heridas tu rabia multiplicó en su inocencia? tanto, que hoy su sangre esmalta las peñas, porque las peñas aún la observan venerada; que púrpura tan dichosa, si la injusticia, o la saña derramarla pueden, saben aún los riscos venerarla. Qué importa, si a los horrores de ilusiones, y fantasmas, se armaba de aquel Madero, cuyas ventajosas armas esgrimidas contra mí, aunque en mi defensa armara todo el infierno, era siempre muy desigual la batalla. En fin, si por diez y siete años, que en esta montaña, y en la de Quisquina habita, diabólicas asechanzas no han bastado a pervertirla, ya con visibles fantasmas, ya con luchas interiores, que son las que más declaran su glorioso vencimiento, pues siempre la imaginada lid es la más peligrosa, por ser tan viles las armas, que amparando al enemigo, contra su dueño batallan. Y en fin vuelvo a repetir, si ha vencido su constancia de todos los elementos la inclemencia, pues la saña tolero del Sol ardiente en el Estío, y la escarcha del crespo erizado invierno, sin más amparo a su airada furia, que tu desnudez, y su paciencia: qué aguardas, qué esperas poder rendir a mujer tan soberana, que basta a vencer, lo que humanas fuerzas no bastan, pues toda la fortaleza la apuró a la tolerancia? No obstante, si libre el Cielo mi incendio no violentara, yo obrara tal experiencia, que viera precipitada su fortaleza. . Ya el Cielo te lo permite, qué aguardar? mas sabe, que está es la lucha postrera, pues la esperada Corona logrará presto: y la que fue en sus montañas la Mejor Flor de Sicilia, será presto trasladada a Lucero, cuyo influjo será amparo de su patria. Antes que llegue esa dicha, es mortal, y pues alcanza mi ardor del Cielo licencia, esta experiencia me basta para estorbarle esa gloria. Y cuál es? . Representarla lo que sucede en su Reino, las guerras de quien es causa, el olvido de los suyos, las pompas, faustos, y galás de que carece; y en fin, ver su enemiga casada con el que había de ser esposo suyo; y pues baja ya de su gruta, rendida a la miseria, y postrada a prolija enfermedad, en cuyas penosas ansias hace mayor impresión la felicidad pasada en la fatiga presente, mi astucia empiece. No acabar de convencer tu furor? cuando ves, que aunque postrada al dolor, al desconsuelo, y a la enfermedad, descansa meditando en el volumen sagrado, pues ves, que baja leyendo, que:: Huyendo Elías de los odios, y amenazas de Jezabel, fatigado el desierto penetraba, pidiendo a Dios, que abreviara su fatiga, pues descansa solo un justo con la muerte, y así, afligido clamaba: Señor, quítame la vida, Qué imaginación tan rara el caso me representa! De un Palacio a una campaña pasó fatigado el grande Profeta; parece, que habla conmigo en parte el suceso, pues huyendo, no la saña de Jezabel, sino aquella ambiciosa pompa vana del Palacio, cuyo halago tiene fuerza de amenaza; huyo de ella temerosa al desierto, y aún no basta el huir para vencer esta prolija batalla de la memoria, que aleve cada instante me retrata el cariño de mi padre, el dulce amor de mi patria, Si de mí se han olvidado los míos? pero esta vana representación suspenda la meditación sagrada, que la memoria parece, que a la voluntad arrastra, Prosigue, pues, el Profeta, lleno de penosas ansias. A la sombra de un enebro se durmió: o pensión humana! que en fin, solo con la muerte, o con su imagen descansa; y aún lo mismo me suceda, pues parece, que entregadas al descanso las potencias, y los sentidos en calma, va el sueño del pensamiento serenando las borrascas. Ya ha llegado la ocasión de lograr tan arduo empeño, Pues qué intentas? Que del sueño vea en representación lo que casa en realidad en su Reino, aunque vestido de sombras, Cuándo no ha sido en ti engaño aún la verdad? Lo que ha perdido, y pudiera su esperanza poseer, para su injuria ha de ver. Cómo? De aquesta manera. Noble Reino de Sicilia, Corte ilustre de Palermo, pues ya muerto Sinibaldo al prolijo sentimiento, bien, que sentimiento justo:: Ay amado padre! Veslo? ya obra el paternal amor. Ese es natural afecto. De la fuga de su hija Rosalía, hoy pretendiendo de Valduino a los leales servicios dar justo premio, de la bellísima Irene ha de ser felice dueño, pasando a ella los favores, las preeminencias, los puestos que perdió la inadvertencia, la osadía, el desacierto de la infeliz Rosalia, pues de ella, ni su Maestro Cirilo, ni de Eduardo la diligencia, ni el tiempo, aún la más leve noticia no nos ha dado, y supuesto que ha muerto en la realidad, o que en nuestro olvido ha muerto:: Qué ansia! qué dolor! qué pena! Mira como del desprecio el sentimiento la aflige. No es delitó el sentimiento. Por no afligir la memoria con los pasados sucesos, gustos presentes los borren; y así prosiga el concento festivo, proseguid, pues el sarao. Y yo el primero he de ser, si el más ruin va por delante. . Y yo quiero danzar contigo. . Aqueso? Al que me tocaren. . Eso es destreza, y las mudanzas, con son, y fin son, entiendo que siempre sabes hacerlas. No tanto, que ahora aprendo. Reverencia os hace el Alba, vencida del candor vuestro, pues vos anuncias dos Soles, y ella blasona un Lucero. No danzo más. . Pues por qué? Porque no es el tono nuevo, ni él son. . Pues qué han de cantar? Cosa del uso, y del tiempo, como que de noche le mataron al Caballero, o a la gaita bailó Gila. Qué frialdad! . Aparta, necio. Al Orbe llamó Himeneo, en voz canora, que fue antes rémora del mar, e imán del bosque después, Cuando a segunda armonía a un mismo tiempo se ven todas las ondas parar, todos los riscos mover. El Coro hermoso de Gracias respondió a Himeneo en tres rosas del Cielo de Venus, y Estrellas de su vergel. En flores preso el cabello, en sus guirnaldas se ve brillar Lucero el jazmín, Astro lucir el clavel. Tan veloz la planta mueven, que la que más tarda fue, a pisar mares, y selvas, ni ahajará espuma, ni míes. En tanto, pues, el Amor depuso el arco cortés, y al Sol de mejor Aurora así la dio el parabién. Generoso Valduino, logra por siglos eternos la feliz dichosa unión. Irene, prodigio bello, en quien no pudo aspirar lo perfecto a más perfecto, sean eternas tus dichas. Y en los dos numere el tiempo, En oprobrio de Marte, En injuria de Venus, Siglos por perfecciones, y por trofeos. Salgan los novios ahora, y dancen graves, y sesgos muy triste una zarabanda, o un zarambeque severo. Salga Irene, y Valduino. Salid. . Ya os obedecemos. Qué pesadez tan prolija! Ves cómo siente? . Yo creo, que en el dolor que padece, aumenta el merecimiento. A la dulce unión con que Amor blasona unir esplendores del Sol, y la Aurora, Todas las Deidades, que a Himeneo invocan, asisten propicia: por luz de su antorcha. Solos Marte, y Venas su esplendor embozan, Marte de corrido, Venus de envidiosa. Con qué anhelo el alma se entrega ambiciosa! A la dulce unión, con que amor blasonas Sus triunfos logrando en tu vista hermosa, Unir esplendores del Sol, y la Aurora. Qué mucho? si siguen, y entibian mis glorias, , . Todas las Deidadas, que a Himeneo invocan. Y así, a los aplausos que Himeneo logra, , . Asisten propicias por luz de su antorcha. Y porque le excedes, Porque la desdoras, Solos Marte, y Venus su esplendor embozan. Que mucho se oculte, al ver tus victorias, , . Marte de corrido? Que mucho que esconda su luz a tus ojos, Venus de envidiosa? Pero ceda sus triunfos, Ceda sus glorias, Marte de corrido, Venus de envidiosa. Mas qué belica armonía, Mas qué militar estruendo, Parece que ha respondido, Parece que habla en el viento, Cómo en defensa de Marte? Cómo en venganza de Venus? Mas que se le desbarata el segundo casamiento, y tenemos otra fuga, y otro Eduardo tenemos? En fin, hay hombres dichosos: Quién en militares ecos? Quién en bélicos rumores? Inadvertido, Soberbio, Loco, . Ciego, Temerario a mi dicha, . A mi respecto, A mi fortuna, Alevoso se opone? Yo:: . Mas qué veo! Mas qué miro! Ya es mayor tu bárbaro atrevimiento; no eres Eduardo? . Sí. Miren si di luego en ello? ya está Eduardo en la estacada, Pues qué intentas? Oíd atentos. Qué confusión! otra injuria verá ahora Mas con eso acrisolas su constancia. Eso nos dirá el suceso. Generoso Rey Normando, que en el Siciliano Imperio, hoja a hoja los laureles te brotaron los trofeos: Tú, que del ramo inmortal, que te dio el merecimiento, para no tener segundo, le coronaste el primero: Escucha a Eduardo, aquel que en señado de tu esfuerzo, anmento en tantas victorias tus aplausos, y tus Reinos. Bien, que también fueron tuyas mis hazañas, que el aliento. de un Rey valeroso, hace suyos los triunfos ajenos, lidiando por él tu ejemplo. Tu Reino, en fin, me ha debido muchas glorias, ya sospecho que voy a llamarte ingrato, pues cuando a quejarme vengo, para acordarte un agravio, un beneficio te acuerdo. Creyó Sicilia que fui quien robó el prodigio bello de Rosalía. . Ay de mí! Su afrenta siente. . Es afecto natural de su decoro. Y que fui el dichoso dueño de su belleza creyó, animando este concepto falso, el honor de su padre, y de Valduino el despeño. No me admiro, que el más leve indicio, lo dan por cierto celos, y honor, que implicando contradicciones a un tiempo, no hay quien más dude, ni quien más crea, que honor, y celos. Con esta falsa sospecha darme la muerte emprendieron, animados del agravio imaginado, y de deudos, y amigos acompañado, a cuyo evidente riesgo, viendo inútil el valor, determinado, y resuelto me arrojé por un balcón al mar, no porque temieron mis alientos su valor, sino porque quise cuerdo, viendo inútil mi defensa, guardar para mejor tiempo el esfuerzo, que no lo es sino está airoso el esfuerzo. Oculto, o Rey, de tu enojo he estado; pero sabiendo que ya muerto Sinibaldo, que a mí me juzgan por muerto, culpado, o cobarde, que todo es uno, aunque yo creo, que en el que noble ha nacido, es el que le ofende menos, quien de cobarde, o culpado, o muerto, le juzga muerto. Y así, para defender mi honor, y el honor supremo de Rosalía, prodigio divino, que el mismo Cielo, sin duda para ilustrarla, la ha ocultado, a matar vengo a Valduino, y a todos cuantos no tienen por cierto, que fue falsa la sospecha que me acumulan, y espero hasta que se ponga el Sol, en la falda de ese excelso Promontorio de Sicilia, a quien, por raro, Palermo llama Monte Peregrino, donde de amigos, y deudos acompañado, verá el mundo (oh invicto Rugero! como si hasta ahora oculto he estado a ti, y a tu Reino de él, y de ti me ha ocultado, no el temor, sino el respecto. Oye. . Escucha. Aguarda Espera. Ya sabéis adónde espero: deudos, y amigos, al arma. . Viva Eduardo. . Tu denuedo presto verás castigado: al arma, amigos, y deudos. Viva Valduino. . A tu lado amante, y resuelta espero ver frustada su osadía. Y yo a tanto atrevimiento daré el debido castigo: seguidme. . Raro suceso! Al arma tocad. . Tocad al arma. Válgame el Cielo! Atiende a su confusión ahora. . Tú verás presto cuán inútil es tu astucia. Ay de mí! mi padre es muerto! yo culpada en el decoro! por mi pervertido el Reino! amenazada mi patria por mí! mas cómo el afecto natural doy al discurso, cuanto todo es vano sueño? es vana ilusión? y aunque fuera verdad, y que el Cielo a su favor permitiese revelarme los sucesos de mi Reino, y de mi Patria, no es dolor, sino consuelo, los peligros ver del golfo desde la quietud del puerto, Pero el sentimiento justo de mi padre, mucho temo, que el pensamiento me venza; pero pues fue mi remedio la meditación sagrada en el duro desconsuelo de esta enfermedad prolija, de aqueste dolor se vero, que en el reloj de la vida me numera los alientos; para vencer esta vana ilusión, otra vez vuelvo a la sagrada lección, desde donde borró el sueño; que el pensamiento se vence, mejorando el pensamiento. Has visto ya su constancia? Qué importa, si mi despecho le borrará de ese sacro volumen. . Es vano intento, que ya Dios no te permite más licencia. . Ya lo veo, pues es inútil mi rabia, mi ira, mi furor, mi incendio; y así, al Abismo otro Abismo en mi confusión le entrego. Y yo voy a prevenirla el laurel del vencimiento. . Prosigue, que estando Elías en aquel dulce sosiego, le tocó el Ángel de Dios, y le dijo ya despierto: levántate, y come, y vio el Profeta (qué portento!) un pan a su cabecera, y un vaso de agua, y comiendo, volvió a quedarse dormido: Que mucho, que más sosiego le diese aquel pan, si fue feliz, glorioso diseño del Pan de Ángeles, del grande inefable Sacramento, en que se da Dios al hombre: bien, que de cándidos velos oculto, como quien cela entre la nieve el incendio: ay de mí! que esta es más fuerte representación, pues veo, que de tanto bien me priva mi indignidad. Cómo, inmenso, Divino, Sagrado Esposo, parmitís, que en el postrero último aliento, me falte del alma el mejor aliento? Si el desierto desdeñáis, ved que siempre en el desierto fue figurado el feliz Misterio de los Misterios, En el desierto llovió el Maná; en el monte excelso de Moria fue el Sacrificio de Isaac; de Josué al precepto en la campaña paró al Sol su curso, y volviendo al mismo caso en que estoy, a Elías en el desierto, en su congoja, con pan le alimentasteis del Cielo. Testigos son vuestras voces, pues en el segundo sueño volvió el Ángel del Señor, y le dijo: Tus deseos cumplió el Cielo, Rosalía; levántate, y ve siguiendo mi voz, que será tu Norte para hallar el Pan del Cielo, no ya en el desierto en sombras. Con temor, y con afecto te sigo. . Qué bien me sigues, que tan Alto Sacramento se ha de buscar, Rosalía, con temor, y amor a un tiempo. Pues qué aguardas? . Qué repita tu voz con mi voz, diciendo: Aves, peces, fieras, tierras, y Cielos, bendecid con sus obras al Criador vuestro. Aves, peces, fieras, tierras, y Cielos, bendecid con sus obras al Criador vuestro? Qué dulce acento divino en uno, y otro Horizonte se oye? Con razón el monte hoy se llama Peregrino: y más si a la confusión atiendo de otro portento, adonde el entendimiento busca, y no halla la razón Hay mundo, necio de ti solo, que me desprecio Pues no te dejara yo, a no dejarme tú a mí: o qué loco es, qué necio quién sigue tus esplendores! pues castigas con honores, cuando premias con desprecios. Despreciado, al fin, salí de la ambición, y del ocio, y aunque indigno, el Sacerdocio felizmente conseguí: y entre estas grutas severas vivo, oh mundo! no te asombres, que solo el huir los hombres hace tratables las fieras. Oh soberana virtud! ahora a conocer llego, desde aquel desasosiego, lo que vale esta quietud. Aquí con dicha cumplida vivo, porque en mi sentir, el del mundo no es vivir, sino es engañar la vida. Mas la causa de que sea feliz en vida, y olvido, solo de ti lo he aprendido, hija amada Rosalía: cada vez que tu beldad me acuerda tu triste historia, lástimas de la memoria lamenta la voluntad. Si te he de ver? mas qué intento tan vano! qué discurrir tan loco! cuando acudir debo al celeste portento con que el Cielo me mandó, que al tiempo que celebrase, una Forma reservase en el pecho; pero no puede saber mi cuidado cual fue del Cielo el intento, ni el Divino Sacramento para quien le ha reservado. Ya mi celo obedeció su precepto singular; pero quien me ha de guías a lo que él me manda? Yo. Asombro, que a mis anhelos cubierto el rostro respondes con voz, y luz, aunque escondes luz, y voz en muchos velos: quien eres, y quien veloz te envía? . El Cielo me envía a ser de tus pasos guía. Vamos, pues. . Sigue mi voz. Escuchad montes ásperos, ya generosa emulación de Abril, pues vuestras rocas rígidas envidia dan al Celestial Zafir. Broten los riscos fértiles inundación de rosa, y de jazmín, y la montaña, piélago se juzgue de clavel, y de alhelí. Puéblese el aire diáfano de dulces aves, que con voz sutil entonen dulces cánticos al Sol, que resplandece en su Cénit. Ya en sus montañas prósperas, antes terreno inculto, y yermo vil, ven en sus riscos fértiles, de Ruth la Espiga, de Caleb la vid. No envidiéis en sus páramos la lluvia del Maña que admiró Sin, pues con luz más espiendida, el Sol de aquella sombra veis lucir. Sol, que entre nubes cándidas por más que oculte su espiendor feliz, teme con plumas de Águila aún el más remontado Serafín. Venid, venid, y con cánticos dulces, con dulces ecos, aves, peces, fieras, tierras, y Cielos, bendecid con sus obras al Criador vuestro. Sacra luz, que a mí sin mí me llevas, de tu armonía, sepa yo donde me guía el Cielo piadoso? . , . Aquí lo que tu afecto desea logrará. . Aquí tu esplendor te gulara con luz mayor. Quédate en paz, Rosalía. Cirilo, adiós. . Mal podré yo sin tu norte guiarme, espera. . Cómo dejarme ahora intentas? . Por qué:: No te hago ya falta yo, que el Divino Pan que ves, aunque Pan de Ángeles es, solo el hombre le gozó. Pues adónde mi deseo hallará ese bien? Adónde dices que otra luz la esconde? Mas qué miro! Quién eres, feliz anciano, en quien atenta imagino, que mucho ocultas divino, si el traje te miente humano? Y tú, que en esta aspereza, mal oculto tu esplendor entre el horror, el horror da señas de la belleza, quien eres, y como aquí vives, mujer peregrina? Soy Rosalia, sobrina del Rey Rugero. Ay de mí! Lloras? No es esto que muestro pesar, como tú lo infieres, es gozo. . Pues, di, quién eres? Soy Ciriso tu Maestro. Quién dices? Hay hija mía, no te aflijas. . No es pesar, tú me enseñaste a mezclar el llanto con la alegría. Quién, di, para mi consuelo, a este yermo te redujo? El Cielo. Y quién te condujo a ti, por mi bien? . El Cielo, Pues logré la feliz suerte a que el Cielo me convida, ven, y te diré mi vida, pues ya se acerca mi muerte. Y aún por eso me ha mandado Dios, que para tu partida traiga el feliz Pan de vida en el pecho reservado. Pues ven le colocaremos en mi Altar. Ay hija mía! feliz tu . Con la armonía de alados Coros cantemos. , . Aves, peces, fieras, tierras, y Cielos, bendecid con sus obras al Criador vuestro. Ya que de vuestro valor acompañado he venido, en defensa de mi honor, hasta el aplazado sitio, en que para sustentar, que fue falsa en Valduino la presunción de que yo ocultar haya podido a Rosalía, en defensa de su honor, y el honor mío: cuerpo a cuerpo la batalla ha de ser, que haber venido acompañado, fue solo asegurar el peligro de la violencia, teniendo tan generosos testigos del valor, y la justicia, que hoy me asiste. Pues el sitio destinado a nuestro duelo es del monte Peregrino la falda, y ya hemos llegado: Sabed, que es el desafío cuerpo a cuerpo, y que el venir de vosotros asistido, amigos, y deudos, es, por estorbar los motivos de populares tumulto, Solamente a ser testigos venimos de tu razón. , Solo a mí me inquieta el brío, pues en oyendo pendencia, me convierto en Basilisco, pues mato solo mirando. Ya ha llegado Valduino. Ya está Eduardo en campaña. Valduino, pues no ha podido disuadirte la evidencia del falso, el aleve indicio, que contra el honor sagrado de Rosalía ha tenido tu sospecha, y la de todos los que te siguen: sea el brío árbitro, que distribuya en los dos premio, o castigo. Yo creo, que la sentencia promulgas contra ti mismo, pues con la verdad, mi acero te dirá:: Cielos Divinos! no hay quién me socorra? . Quién en el monte ha respondido en lamentables acentos? Válgame el Cielo! Qué miro! Irene? . Pues cómo aquí? Los aceros vengativos suspended, y oiréis la nueva causa de mi precipicio: sabiendo (oh amado esposo!) quise asistir a tu riesgo, porque le temió el cariño allá en la imaginación más formidable, que visto: que el peligro imaginado hace mayor el peligro. Para esto apresté un caballo, y oculta entre aquesos riscos estaba, cuando (ay de mí! vi horrible (en vano respiro! un monstruo, que en voz humana, acercándose, me dijo: Moradores de Siciria, oíd el mayor prodigio que ha visto el mundo en el curso insensible de los siglos, seguidme todos, venid. Oh tú; monstruo peregrino, que del coraje mitigas los impulsos vengativos, quién eres? . Quién eres, fiera misteriosa, que has podido suspender nuestro denuedo? Aún no me habéis conocido? Cómo es posible? Que, en fin, no conocéis a Cirilo? Cirilo? Válgame el Cielo! Raro asombro! . Gran prodigio? 3̱. Pues cómo? . No os admiréis, a asombro más peregrino reservad la admiración: venid, y entre aquestos riscos veréis el mayor milagro del Cielo, y en Paraísos transformados sus escollos, adonde más de tres siglos la divina Rosalía oculta al mundo ha vivido, por no merecerla el mundo; ya en mortales parasismos envuelta, quiere dejar el suelo, y en el Empireo la mejor Flor de Sicilia ser Astro: venid conmigo, para que digno sepulcro le deis, si hay alguno digno, sino es que se le construyan esos Orbes cristalinos, siendo pirámide el Sol, y los Astros obeliscos. Qué asombro! . Qué admiració! Qué portento! . Qué prodigio! Venid, antes que la muerte borre su esplendor divino. En tanto que se averigua, el duelo queda indecilo. Suspéndase . Pues qué aguardas? que ya tados te seguimos. Pues a la cumbre. A la cumbre. Otros al monte. Ya, Esposo mío, que de la humana pensión que amaga el común peligro, oíd, Señor de mi amor estos últimos suspiros. Hoy no el morir, Señor, llego a temer, Pues sé, que es numerado el respirar; De de el nacer me pude recelar, Porque el morir empieza del nacer. Mi temor más glorioso viene a ser, pues solo es mi temor considerar, Que si más padecer es más amar, Hoy me quita el morir más padecer. Solo de amor, Señor quiero morir, Divino amor, las flehas aprestad, Ya os presento por blanco el corazón: Yo sé que el tiro no ha de de lucir, Que del blanco, Señor, la indignidad, No desaira el cierto del arpón. Ya, Rosalía, verás tantos afectos cumplidos. Y gozarán tus fatigas lauros a tú, triunfos dignos Ah del sagrado Zafir, en cuyos Orbes volubles, para ser eterno el día, eternas viven las luces? Ah de los felices montes, cuyas gonerosas rumbres, si antes estériles plantas, hoy blancos lilios producen? Ah del sagrado cuaderno, a donde en hojas azules, con a actores de Etrellas las de Dios, se esculpen? Eh de la feliz montaña, que hoy a Cielo se reduce, pues la habitación de fieras, es ya Solio de Querubes, El Cielo, y la tierra acordes se unen, pues a la Rosa mejor de Sicilia, que a ser Astro nube, festivos, alegres, serenos, felices, fabrican, preparan, adornan, construyen, los montes, los Cielos, con flores, con luces, tálamo alegre, túmulo dulce. Qué felicidad! el yermo hoy a Cielo se reduce, pues si embarazo del Sol hasta ahora fueron las nubes, hoy es nube el mismo Sol de más soberanas lumbres; porque Ágata, y Cristina otra vez le restituyen flores a los patrios montes con Oliva, y Ninfa: oh ilustres asilos de vuestra patria! sin duda amor os conduce, A que te preparen con flores, y luces tálamo alegre, túmulo dulce. Ya dichosa Rosalía, libre de riesgos comunes, tu virtud sobe gloriola al centro de las virtudes. Hoy, porque hollaste del mundo la ambiciola pompa inútil, del desprecio de las sombras labras. Coronas de luces. Ven, y serás de tu patria el Astro que la asegure la piedad del Cielo, aún cuando el Cielo su ruina anuncie. Si bien tu esplendor ahora quiere, que al mando se oculte, hasta que te halle piadosa, cuando afligido te busque. A colocarte venimos al salió que te construye tu Esposo, que amante ordena, porque Cielo, y tierra ilustres. Que el Cielo, y la tierra acordes se unen: pues a la Rosa mejor de Sicilia, que a ter Astro sube, testivos, alegres, serenos, felices, fabrican, preparan, adornan, construyen, los montes, los Cielos, con flores, con luces tálamo alegre, túmulo dulce. Dulce Jesús, dulce Esposo, mi indignidad se confunde a tanto favor, mas quién a vuestra piedad acude, cuando halló menos clemencia? la vida me deja inútil: piedad mi Dios; que a morir de amor, amor me conduce, el alma es vuestra, esa os doy, si es que da quien restituye. Y esa subirá a gozar de las eternas quietudes. Y este misterioso mármol tu sagrado Cuerpo oculte, hasta el tiempo que destina el Cielo, y pues ya se cumplen sus misteriosos portentos, montes, y esferas divulguen: Que hoy los Cielos, y tierra acordes se unen, pues a la Rosa mejor de Sicilia, que a ser Astro sube, festivos, alegres, serenos, felices, fabrican, preparan, adornan, construyen. tálamo alegre, túmulo dulce. Si estos acordes acentos al sitio no nos conducen, inútil será buscarla. Que la ha ocultado, no dudes, misterio que no entendemos. Desde la falda a la cumbre todo el monte hemos talado. Solo las cláusulas dulces piadoso el Cielo permite. Todo es armonía, y luces. Diciendo en elogió suyo, el Cielo que las difunde. Que Cielos, y tierra acordes se unen, pues a la Rosa mejor de Sicilia que a ser Astro sube, alegres, festivos, serenos, felices, coronan, preparan, adornan construyen, los montes, los Cielos, con flores, con luces, tálamo alegre, túmulo dulce. Ya con tan grande evidencia nuestro duelo se concluye. Vuestro soy, y mi lealtad otra vez del Rey procure la clemencia. Y el Ingenio a vuestra piedad acude, y los yerros de su pluma tan arduo asunto disculpe.
