Texto digital

Texto digital de El mejor amigo, el muerto y el capuchino escocés

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco de Rojas Zorrilla
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El mejor amigo, el muerto y el capuchino escocés. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-amigo-el-muerto-y-el-capuchino-escoces-el.

Logo BICUVE

EL MEJOR AMIGO, EL MUERTO Y EL CAPUCHINO ESCOCÉS

En fin, e:,te vas? Si, mi Aurora, mi padre a Paris me envía, vien.do que la ambición mía tanto las letras adora. El rey de Escocia me destierra. Que mal mi amor has pagado, pues por ellas olvidado te veo. Tu lengua yerra, que antes por saber amarte con mas eficacia quiero ser en letras el primero para saber obligarte, y pues siempre te ador6 mi fe con tanta firmeza por tu hermosura y nobleza, aunque mi padre ordeno esta ausencia, firme en ti mi amor permanecerá que aunque se va, no se va; tu voluntad vive en mi, que si ausentarme prevengo solo es por ser obediente a mi padre. Justamente, quejas, primo, de ti tengo, que si mi esposo has de ser es legítima evidencia que quien procura la ausencia no me procura querer. Tu remisión he culpado, pues con desvíos te veo negarles a mi deseo la deuda que has confesado. Vete a Paris, que yo se que te causan mis finezas, que a pesar de mis tristezas, llorando no olvidare aunque no pagu.es mi amor. No me culpes. Es forzoso, que dejas de ser mi esposo. Mucho ofendes mi valor. Pues si esto, primo, te ofende, más me ofendes con tu ausencia, procura hacer resistencia. Aurora divina, atiende. Ya sabes que mi madre, Juana, cuando se murió, por testamento ordenó a Jacobo Lesleo, mi padre que para que yo heredase su hacienda es con condición que tuviese obligación. de que a Paris me enviase a estudiar, murió, en efecto; mi padre por ver cumpli.do su testamento ha querido ponerlo ya por efecto, pues de no cumplirse ansi, a pesar de mi pesar, me puede desheredar, con que yo te pierdo a ti. Mira si quieres que atento a tu amor pierda tu amor que lo que juzgas rigor yo por cordura lo siento, pues aunque me ausente ahora ni me pierdo ni te pierdo, juzga mi intento por cuerdo, que esto es por ganarte, Aurora. Si es de esa suerte, no quiero detenerte ni estorbarte, solo quiero suplicarte, primo, por lo que te quiero, que no me olvides. No hare. Pones dudas en mi amor. Debate yo este favor, que yo te le premiare. Firme siempre en mi memoria amanecerá mi aurora. Pues quiero advertirte ahora que a la aurora sigue el sol y aunque es su luz más brillante, que no olvides inconstante la aurora por su arrebol. Mudos amigos que al hombre le dais tanta estimación, vuestras advertencias son un dulcísimo renombre, quiero con vosotros dar treguas a mi pensamiento, pees dividido en mi, siento sin saber de que un pesar mi amigo Enrique, olvidado de mi amistad no me ve, pero yo le buscare que alivio es de mi cuidado, quierole, no lo encarezco mucho, como a mi le quiero, por el vivo y por el muero y ser firme amigo ofrezco, que un amigo que es leal en mucho debe estimarse que no es muy fácil hallarse en el mundo amigo tal, el es mi. amigo y testigo, hago al cielo aquesto es cierto, que aun seré después de muerto el m.as verdadero amigo. A Jorge buscando vengo, que es el centro de mi vida, que aunque la trae perdida en Dios esperanza tengo. Si auxilio le da a mi mano que como él no le deje que si es Jorge ahora hereje que ha de ser Jorge cristiano. Católico soy, mi Dios, de la tiranía al peso y si ahora no lo confieso, bien sabéis las causas vos; permitid que en la j ornada de Paris llegue su bien, pues yo con el voy también, en ceguedad despeñada vive y no me atrevo a hablarle; ay, cielos, llegue la hora, el que soy cristiano ignora y así no puedo industriarle, que recelo que a saberlo tal su ley sigue inducido que hubiera ya prevenido muerte a mi firme desvelo. Jacobo Lesleo, su padre, me estima a mi por su amigo. Si Enrique no va conmigo, nada hay que a mi gusto cuadre. Enrique es todo mi bien, móvil es de mi. albedrio. Mi amigo es y señorío tiene en lo que soy también. Este libro que me induce al verdadero camino es doctrina de Calvino que desengaños produce. Algo fatigado estoy, supla ahora de esta suerte el ensayo de la muerte lo que al estudio le doy. En mi Jorge hablando esta, móvil dice que soy suyo; si móvil soy, bien arguyo que mi amor se lograra. Llévole el sumo al despeño y el estudio le rindió. iOh, que mal libro escogi6 para que se entregue al sueño! El no me ha sentido a mi, y, pues que pude llegar a verle, intento trocar, si me ayuda el cielo aquí, ese libro sin razón que le eleva tal empeño y, cuando salga del sueño, halle en el su salvación. Ayude Dios este celo. Este es el de la verdad. Perdido soy, que impiedad, si me ha visto su desvelo... pero no, no... recordó aunque hablo con igualdad: "Este es el de la verdad"; sin duda que lo sato y a mi hoy la es conocida; yo me voy, de aquesta suerte, cuando salga de la muerte, encontrara la vida. . Yo que para mi te elijo a Dios tu auxilio pedí concediomele y ansi te sello para mi hijo. Que como tantos producen los jardines que yo piso, estas letras son aviso que a la ley de Dios inducen. Y de este divino empeño ha de hallar la confusión tu valiente corazón cuando despiertes del sueño. Mucho alcanza y mas negocia la oración con Dios. Por mi, tu estrella te trujo aquí a ser prodigio de Escocia. Queda en paz, que he de ayudarte como a prenda que es tan mía, y, en dejando tu herejía, Arcangelo has de llamarte. Mi hijo, ¿que hace? Esta ocupado en sus libros. Si, es leído, será discreto, que ha sido el camino que ha enseriado a los hombres a vivir. No hay en Escocia, señor, libro que a su grande amor no procure conducir. Hoy un libro le han traído y tal gusto en el mostro que al que se le trujo le dio el caballo mas querido. Y desvelado en leerle, esta todo hoy de manera que en esa cuadra primera divertido podrá verle. Quiero ver si halla camino mi desvelo y la fe mía a oscurecer su herejía, que esta discordia imagino entre los dos que ha de hacer con este confuso indicio a mi intento más propicio con este intento ha de ser. ¿Supiste el titulo? Si, y su titulo es en fin la vida del serafín Francisco. Suspende en ti tu voz, que ml oído ofende y en ella el enojo allano. ¿Supiste si era cristiano ese que mi mal pretende? Libro de cristiano admite, cuando solo determino que a la ley del gran Calvino con obediencia imite. Señor, no se' si lo era, solo se que le tomó y que al punto se partió. Quién conocerle pudiera a quien tal engaño dio! Sus errores son muy llanos, pues vidas de los cristianos para su afrenta admitió, cuando Escocia por el mas noble, el mas rico publica a Jacobo Lesleo; apli.ca las noticias que me das que desdoran su opinión. Vive mi enojo, que a ser verdad que intenta ofender mi sagrada religión, que vengando yo en su vida mi ley, mi ira y mi agravio que sin publicarlo el labio fuera su mismo homicida. No es mi hijo quien intenta por una frágil memoria oscurecer una gloria que mis blasones alienta. No ha de ir a Paris, que quiero que los estudios olvide. (Mi intento erre, Si no lo impide su enojo injusto y severo.) Esa pasión que has mostrado oyendo mi relación puede ser que en la ocasión te deje desengaño, que tu hijo en lo obediente a tus leyes y a la nuestra dando ejemplares nos muestra lo útil y conveniente. Redúcete pues a creer que es solo curiosidad. Hasta saber la verdad en mi enojo me has de ver. Pues fácilmente podrás, que aquí suspendido al sueño le han servido de beleño sus letras, (y en él verás fin dichoso en sus empeños.) Habla quedo, no te sienta hasta examinar la afrenta si es que la hallas en mis ojos. el que docto quiera ser todo lo quiere saber. "Doctrina de Arrio", buen libro, agrádame este camino. Ves como te dije yo que tu pasión te cegó? . "Docto libro de Calvino". Esta es la ley que yo sigo y si Jorge la ha seguido, en mi estimación ha si.do hijo, heredero y amigo. Este que en la mano tiene es el libro que te dije. Di, dolencia que me aflige, pues a ser mi muerte viene. Este es titulo afrentoso que siendo mudas sus lenguas están publicando menguas con. un pregón riguroso. Hacerle pedazos quiero, pero si es a lo que aspiro examinar con secreto de su dictamen indicios, mejor será, cauteloso, averiguar, que si. altivo voy ahora a la venganza sin saber este motivo puede ser que llegue antes la ejecución del castigo que la culpa, y inocente quizá estará del indicio. "La vida del serafín Francisco, como remiso excuso la. ejecución.". Cuando patentes he visto las causas que le condenan., digo que no eres mi hijo, hijo eres... del serafín. Aun mis agravios dormido hace públicos su lengua. Hare pedazos el libro. Hijo he se a pesar del astro contrario, i oh signo! del divino serafín, del prodigioso Francisco. Ah, señor, como ha nombrado vuestros secretos divinos! Ya el sufrimiento no cabe, ni pudo en el pecho mío este ponzoñoso acen.to hallar estancia o abrigo. Hijo ingrato que pronuncias, despierten tus desvaríos. Mi indignación hará al pecho desconocido 'bocas por donde pronuncies los últimos parasismos. Válgame el cielo, ¿que es esto? Cuando al pertinaz dominio del sueño surtos quedaron mis potencias y sentidos, cuando al descan.so entregado, quedo el discurso rendido, dando treguas la fatiga del estudio y, entre visos de ilusiones, gustos toco ahora pesares miro. padre y señor , ¿que es aquesto? Eso te pregunto, hijo. Que libro es este que ahora de las dos manos asido, una enojos le amenaza y otro le halaga benigno? eso preguntas?, que error tan grande!, cuando a este libro le debo el crédito todo pues a él, bien puedo decirlo, lo memorable le debo, pues docto, cuerdo, advertido, sagaz, astuto, curioso, amoroso, afable y pio, franca senda me conduce para ejemplo de los siglos. Cierra el labio ingrato, aleve, como en el error metido de ese discurso engañado, has confesado tú mismo atributos elocuentes a ese errado basilisco. Suelta, infame... No le ofendas, que ofendes al cielo mismo si le rompes. ¿Por qué no? Porque vas inadvertido, que estas elocuentes letras son de aquel docto Calvino, cuyas leyes reverencio como tan supremo rito. Tu lengua de engaños llena a las verdades que miro contradicen y a las lenguas mudas, por donde averiguo que la tuya, cautelosa, es falsa, y las suyas, digo, que son la misma verdad, pues a ti te han convencido. Lee este título aleve. es esto, penas, que he visto? "La vida del serafín", apenas, cielos, respiro, "Francisco"; como en mis manos estos áspides abrigo, producidos de cristianos, que en la opinión me han mordido? Enrique, amigo, ¿que es esto?, sabes acaso...?, ¿has visto quien es la causa secreta que así infama el pecho mío? Tan confuso como estas me tiene aqueste prodigio. Lo que decir puedo es que mi ley constante sigo, (y como pues es la ley verdadera y la de Cristo.) Pero ¿qué pregunto yo?, si ya es evidente indicio que entre las flores el áspid anda oculto y escondido. Mis libros fueron. las flores, este, el áspid, y ha querido morder en nuestra opinión, supuesto que la ha ofendido. Dar en átomos al viento, rasgo a rasgo y giro al giro quiero sus letras. . ¿Qué voces, señor, son esas?, ¿que ha sido? ¿Cómo temerario das a la indignación tus bríos? Como el cielo le atajo los pasos al desvarío! Luego Notable sueño... No sabes No he sabido de aquesta enigma el dictamen. Dime, quien te trujo un libro que por paga de él le diste 'un caballo agradecido? Un docto maestro fue, a quien su prudencia envidio. Y ¿era este? No, señor. Vuestra remisión admiro, qué dudas son las que veo?, ¿cómo neutral averiguo las confusiones de un. padre con. las enigmas de un. hijo? Pues era? Vesle aquí. "De los cristianos. Aviso que a la ley de Dios inducen". ¿Y esto es lo que te han traído?, ¿por esto diste un caballo? Señor, ¿qué dices? ¿Qué digo?, que guardas tu religión con muy curiosos estilos. No merece mi cuidado ni respuesta ni cariño. No basta que a Jorge Lesleo ausentes del pecho mío y que con las esperanzas viva mi amor, cuando ha sido ejemplo del mismo amor y emulación de sí mismo, y que a Paris, ay de mí, cuando esposo le imagino, le envíes? Aquí los hados, siempre contrarios y esquivos hoy aquí no me le nieguen., me le suspendan remiso. o es sumo cuanto he escuchado, o es ilusión del sentido, o enajenado de mi me estoy dudando a mi mismo. Aurora, padre, quien, como... Habla. Responde. Yo digo. Sabe, Aurora, que tu esposo miente el labio inadvertido, que no puede ser tu esposo quien cauteloso ha ofendido ley que juntos veneramos y permanentes vivimos a emulación. Calla, padre, que vive el denuedo mío, que a no ser que el que pronuncias tales razones el mismo, que el corazón le sacara irritado y ofendido, adorar que fiero engaño el error del cristianismo? No sabe Enrique, pues es el móvil de mi albedrio, todo mi celo, mi amor, mis deseos, mis cariños?, sabe Aurora también que es, a pesar del olvido, centro de mi amor, que soy con culto santo y divino, el defensor de mi ley y que, derramada en hilos, mi sangre opuesta a las otras será en Escocia prodigio? ¿Cómo afrentas mi valor y cómo de mi has creído un engaño, una ilusión., un portento en fiero hechizo? Mas pues de mi desconfías, de esta suerte ahora digo que no quiero los estudios, que no apetezco el cariño paternal, sino indignado irme al monte y, vengativo, vengar mi enojo en sus fieras, en sus plantas, en sus riscos. Vamos, Enrique, que yo, Como tú seas mi amigo, en Aurora y en mi padre depositare el olvido. Tente, hijo, tente, escucha, que de ti no desconfío, ero como veo a un tiempo contrariedades y miro a otro tus palabras, da crédito el discurso mío mas a lo que niegas que a lo que aparente he visto. Th has ofendido tu sangre y así f me resuelvo. Amigo, suspéndete. Si lo mandas, Enrique, tu gusto sigo. Por Aurora te lo ruego. Si. son. bastantes los míos, no quiero que vuestros ruegos agradezcan mis cariños. Aquesta amistad de Enrique le lleva a su precipicio, y siento de el en mi pecho no sé qué oculto camino de que es cristiano y le ausenta forzado del amor mío. No me atrevo a declararlo, pues le quiere y ha querido Jorge de manera que El móvil de su albedrío le llama. Averigüe el pecho, sienta y calle sus retiros, y ruego al cielo no paren en verdades los indicios.) Carlos, mi señor, se apea en aqueste instante mismo, de una posta y yo con el de otra me apee un poquito antes solo para daros de su venida el aviso, y esperando está a la puerta. Sea Carlos bienvenido, que otra cosa no esperaba para mi jornada. Hijos, cesen los enojos. Vamos, salgamos a recibirlo. ¡Que bien que me dijo el alma los recelos que ha temido! Dadme, Carlos, vuestros brazos. Vuestros pies mi puerto fijo sean, pues estando en ellos, todas mis glorias consigo. Amigo Carlos... Ya veo todo el deseo cumplido, después de besar la mano, Aurora, pues, conseguido, se olvida con esta dicha el cansancio que he traído. Yo soy vuestra esclava. A Enrique conoced. como a mi amigo, que es otro yo. Si otro vos es, con mis brazos confirmo el ser suyo como vuestro. Haceisme los mil favores, seré mas, si imagino la amistad de Jorge en. vos. ¿Cómo os fue en Londres? Deciros puedo que de honras y aplausos vengo muy agradecido de vuestros deudos, pues todos a podía han pretendido que en nuevas obligaciones os este y os las confirmo, deseando ver a Jorge en Paris. Dais siempre indicio de quien. Sois los cumplimientos no son para los amigos, y porque vendréis cansado, amigo Carlos, supli.co deis licencia que sirviendo os vamos al cuarto. Admito, por hablar los dos a solas nuestros discursos antiguos, el favor, pero a vos solo esta licencia os permito. Todos habemos de ir sirviendoos al cuarto mismo. Por obediencia lo acepto y tantas honras estimo. (Entes de razón, haciendo entre confusos conflictos recelos, me atemorizan y me vencen desvarío.) ¿Pues, Enrique, tu suspenso?, ¿cómo no vienes conmigo? Ve con Carlos, que yo aquí te aguardo. Ya te he entendido. Yo satisfaré tu duda, celos de amistad han sido y, entre los dos, has de ser el más verdadero amigo. La ca.sa confusa es esta, que no haya a un recién venido como yo quien le apadrine. De hambre he de perder el sitio, no más postas y yo escapo de esta en que he venido. Digo. vaya vusarced al tinelo, o aguarde que a un negocito voy, que un paje esta en la cama y esta ayuda me ha pedi.do que se purga por detrás. Miren que gentil aliño despacho de botica me has dicho, viejo de Santa Susana, ¡paguete Dios el aviso y a Matusalén alcances!, que a to que yo averiguo pocos días te llevo. Si conocieras mis bríos, coquin gabacho ti vieras, que son de mío y que friso con el demonio. En llegando a esa edad, siempre imagino que los mas viejos se vuelven luego a la edad de los niños, haciendo mil travesuras con gorjeos, con chillidos, doblando la ejecución, Si al pensamiento muy vivos. Mucho habla para huésped. Soy fuego. Pues aviso que a Paris vaya a encenderle. No sabes el refrán antiguo, cada gallo canta en su muladar, y el que ha sido bueno en el suyo y ajeno. Pues con eso ¿qué me ha dicho? Que soy gallo de Paris, que cantar ahora ha querido en el que es mi muladar. Vaya poquito a poquito. que soy escoces. Pues sepa el escoces y escocido que soy trances. parece que esta en su casa? Ha venido a mandarme a mí., por Dios, que es el despajo muy lindo. Calle el viejo que son burlas y si a Paris va conmigo, he de ser yo su Jordán. gastador? Helo sido, pero ya se me ha olvidado, mas gasto lo que no es mío con gran liberalidad. Pues desde aquí te confirmo por capa azul. Di, ¿que es capa azul? Mas ya he concebido lo que puede ser. ¿Qué es? A lo que he entendido, estreñido De la bolsa y muy gorrero. Eso es, y a los estreñidos con esta ayuda les hago que anden corrientes y nombre del diablo, ¿qué haces hospitalero del limbo, con esa ayuda? Ayudarte. Que eso es a morir te aviso y no hay en todas mis tripas que pueda evacuar. Por Cristo, que ha de llevarla por fuerza, desatasquese le digo! Hombre de todos los diablos„ eres escoces, ¿Qué has visto en ml que desatarme mandas? Lo que he visto, he visto. Desataquese quo quiero evacuarle. Si no he henchido, hombre del demonio. di, ¿qué me has de evacuar? Gallito se me hace, furia francesa intenta usted conmigo. Esa es furia italiana y es peor y he de dar gritos que lleguen al mismo cielo. Señores, que me ha ofendido en el honor este viejo. ¡Favor, ayuda! ¡Que ruido es este? Este viejo es, que ha dado en que vengativo un hurón de jirapliega ha de echar en lo escondido de mi vientre. Y lo he de hacer si vas al inferno. dos. Calla, trances, quo esto es burla, si yo voy contigo a Paris y tú mi Jordán serás y yo mi exorcismo. No vas a Paris, pues calla. Tú darás en el garlito. ¿Qué es esto quo el alma ve?, pues he llegado a admirarlos a un tiempo celos de Carlos y a otro celo de mi fe, Piadosos cielos, ¿qué hare?, ¿será mejor el decir que soy cristiano y morir a manos de su rigor? No, que mal logro mi amor sin poderle conseguir; ,que he de hacer, discurso mío? Dadme un camino, mi Dios, pues sois el camino vos de la verdad., manso y pio conozca su desvarío mi amigo porque le deje, pues ha venido otro hereje a persuadirle mas ciego y no ha de admitir mi ruego por mas que yo le aconseje. Lo que él mas estima soy, que mas estimo es; conozca, conozca, pues, las mejoras que le doy. Admítalas, pues que voy del mismo cielo guiado y pues el tiempo ha llegado de partirse en mal tan fuerte o logre por el la muerte o logre lo que he logrado. Otra vez me vuelvo aquí, como no me asegure. Ya en el libro que troque, la amenaza descubrí, conocido el riesgo vi, pues darle la muerte quiso su. padre y mejor aviso es evitar sus enojos y ausentarle de sus ojos adonde no este remiso. ¡Válgame mi sufrimiento!, que es esto que sin querer aquí he llegado a saber? Quiero escuchar mas atento. Aunque fue vano mi intento y acrisolada opinión pudo hacer la confusión, Si no consiguió su fin la vida del serafín hacer entes de razón., hágalos en su memoria con mi ley y con la suya, y de las dudas arguya cual ha de llevar la gloria; consígase la vitoria por mi ley, pues que se ha visto que es de Cristo, y siempre Cristo ha de quedar vencedor, pues un hombre pecador para este combate alisto. Y tú, alivio de mi pena, no estés con tal compañía, lugar en el alma mía te haga mi amor, pues ordena en tal confusa cadena la suerte que disfrazados andemos disimulados. Dios mío, supremo rey, derogad aquesta ley que es abismo de pecados. Buena estaba mi opinión, bueno andaba mi valor, pues en manos de un traidor oculta la confusión vivía. ¿Qué sinrazón a esta se puede igualar? que hoy haya venido a manchar, siendo yo mismo testigo, la ingratitud de un amigo, la fama mas singular. ¿Que he de hacer?, m.as no es error discurrir confuso el labio en un descubierto agravio que me ofende en el honor. Determínese mi horror a ser sangriento homicida de su aleve infame vida y, antes que público sea mi agravio, mi hijo vea su cautela convencida. Muera a manos de mi acero este áspid disimulado, muera quien no ha respetado a rito tan verdadero, que yo con su muerte espero que mi hijo ha de lograr el mas supremo lugar; que si engañado ha vivido en su amistad, ya he sabido de quien le puedo librar. Al cuarto de Jorge entra disimulando su suerte, en é1 le he de dar la muerte, puesto que en el me ofendió, y a su castigo llego y voy a la ejecución, ¡ea, valiente corazón!, en daño que es tan prolijo, amigo que engaña a un hijo, mátele su sinrazón. Enrique me está aguardando y yo con cuidado vengo, que aunque Carlos es mi amigo, Enrique es solo mi centro. En esta grave jornada es el. consuelo que llevo llevarle como a mi amigo, como hermano, y a maestro. qué discreto que es Enrique, que cortes, que caballero, que entendido, que leído! Sabe, amigo mío, el cielo que tanto estimo tu vida como me estimo a mi mismo, y que de tu voluntad nacen todos mis deseos. Al fin convencí a mi padre, con persuasiones y ruegos, que le enviase conmigo; no sé que de Enrique siento, que su amistad me promete felicísimos sucesos, pues cada vez que le miro, afable el rostro y sereno, me representa la idea un oculto pensamiento que no le llegó a entender y permanece en mi pecho. Si ausente de mi le juzgo, ni descanso ni sosiego, solo los libros y el tengo por divertimiento, y es de manera el amor que si alguna vez leyendo estoy algunos discursos, mas en su nombre me elevo que en el gusto de las letras con ser de mi gusto el centro. Si a Gaza me voy, parece que yendo Enrique, que llevo la seguridad del tiro yace en el aire su acierto. En fin, Enrique es tan yo mismo que juzgo en dos cuerpos un alma y un corazón que nos sirve de gobierno. Nuestra amistad en el mundo puede quedar por ejemplo, pues ni Pilades ni Orestes se estrecharon ni quisieron haciéndose eterna al mundo como los dos nos queremos. Enrique, vivas mil años, Enrique, guárdete el cielo siempre para ser mi amigo. ¿Dónde estas, Enrique? . ¡Muerto soy! valedme cielo santo! ¿Qué escuche? Penas, ¿qué es esto? Quien ha ofendido mi ley, muera en horrores sangrientos. De Enrique y mi padre son estos confusos acentos; uno la ira pronuncia y el otro se queja severo. ¿qué será? Ya con tu sangre de mi ley sabe el desprecio. Ya expiro. ¿qué has hecho, padre? Detente. Di lo que has hecho. Vengar tu ley y la mía. ¿en quién? En Enrique. El fuego de tus palabras me enciende, y soy todo yo de hielo. ¿adónde esta? Vesle aquí, que yace al castigo cierto; muerte al aleve le di con este luciente acero. ¿qué hizo? Era católico. Pues te lo dijo? El mismo. De su. boca lo escuche. No pronuncies mas, que temo al acento de tus labios llegar a perder el seso. ¿Católico, Enrique? Penas, no es posible, yo lo niego, que era el móvil que regia de mi espíritu el anhelo y nunca le vi ofender a la ley que sigo y tengo. Cruel padre has sido, padre, a mi me has muerto severo, pues me has quebrado del alma el mas cristalino espejo, porque el verdadero amigo es un cristal de consejos. Dadme la muerte. Callad, que en vuestras pasiones veo que consentíais los dos la fealdad de aquellos yerros. ¿Que dices? Señor, si no me mata el, dolor, no tengo sentimiento racional, porque es de fiera mi pecho. Pues sabed. que el libro aleve, cuyo titulo no quiero que infame mis nobles labios os dejo cuando en el sumo fuisteis enigma de vos sin dar al discursos medios. El se condeno y su lengua lo confeso, esto supuesto. Dejad errad.as pasiones y entregadas al silencio. A Paris os vais mañana con Carlos, amigo vuestro. De Aurora seréis esposo, en quien vinculados tengo los blasones de mi casa como a únicos herederos. Y si un amigo os quite, bárbaro, atrevido y ciego, Carlos es mejor amigo y de mas cuerdos consejos. Si seguís la ley que sigo, os estimo, Os amo y quiero, y Si católico fuereis, habrá para vos acero y derramaré mi sangre si mi sangre ofende al cielo. Deme el discurso valor si le hay para tanto aprieto, si es fantástica ilusión que a. la idea se me ha opuesto; mas ¿cómo digo ilusión? Si yo toco, si yo veo muerto el. móvil de mi ser y el tacto en el aprovecho, cuando su. vista lo finja, que no solo fin.ge supuesto, que dos sentidos se ocupan, yacen dos mis sentimientos. Como el dolor no me acaba, viendo en su sangre revuelto aquello que yo mas guise, sin hallar ningún remedio? ¿Católico Enrique? Miente el mundo y aun el respeto de mi. padre miente, como puede ser? Yo no lo entiendo, por que camino guiado pueda echar el desacierto, Si no es que Aurora indignada de ver que tanto le quiero, fuese causa de su muerte; mas también me yerro en esto, y supuesto que no hallo recurso a tantos tormentos, a Escocia quiero dejar, ni quiero padre ni deudos ni quiero alivio ninguno ni regalos ni festejos ni admiraciones ni dichas ni descansos ni. contentos ni esposa ni sucesión ni amigos, puesto que veo que entre la amistad de Carlos y mi amigo Enrique creo que de los dos, solo es el mejor amigo el muerto. Fúnebre horror que en señas desiguales vistes para temor sombras letales. Asombro, espanto, pasmo que me ofuscas, ¿Quién eres, que pretendes o que buscas, que mirándote estoy y lo he dudado Si la vista o el tacto me ha engañado? Mas no que a un tiempo vi y toque de hielo un Moncayo de nieve, un Monjibelo de fuego que me abrasa; ¿qué pretendes encubierto el rostro? Mi valor ofendes, pues al querer vengar mi enojo airado sin fuerzas me mire triste y turbado; ¿cómo el reposo inquietas de mi vida y del lecho me llamas, suspendida la lengua? Desata aquesa duda, que enigma de la sombra yace muda. No tema tu valor. Nunca ha temido; dime, ¿quién eres? Dírete a que he venido, mas no quien soy, que puedo en mal tan fuerte al pronunciar mi nombre darte muerte. ¿Quién puedes ser? No quiera in evidencia saber mas de a que vengo. Pena fuerte; luego ministro has sido de la muerte y de Dios despachada a dar me vienes fúnebre embajada. Eso mismo procuro. Asombro mucho. Ya empiezo pues. Prosigue, que ya escucho. Jorge generoso, a quien Dios ha concedido el auxilio mas dichoso a intercesión de Francisco, yo vengo del enviado a que sepa tu destino la ceguedad en que vive y el engaño que ha seguido. Esas indomables setas de Arrio, Lutero y Calvino son falsas y la verdad es sola la ley en Cristo, con cuya fe se consiguen los once cielos impírios. Calla, sombra; calla, horror; ¿cómo, di, te has atrevido a venir con embajada que ha indignado el pecho mi'? ¡Qué poca atención .me muestras! Ti a mi ley te has atrevido con tan osadas palabras a ultrajar. Sé que es abismo de engaños y de mentiras. ¿Cómo suspenso y remiso no castigo...? Mas ¿qué es esto? ¿quién ha embargado mis bríos que al ir a la ejecución del. merecido castigo es remor a tu respeto de los pensamientos míos? Ah, como vas engañado, si no escuchas lo que digo!, pues esta tu salvación en oírlo y admitirlo. Vete, sombra, de mi vista, que al verte perdí el sentido! No des voces, que sale ahora. Carlos tu engañoso amigo. Así mi insaciable enojo aquesa magia o hechizo vengará, que me detiene, No veré, ya que has venido, quien eres por si es que puedo verte acaso en otro sitio donde pueda de mis ansias apagar el fuego vivo? ¿Quieres verme? Eso procuro. Mi bien. Ya lo he dicho. Y si me yes, ¿me oirás? Como tu errado designio la ley que adoro no ultraje, te escuchare. Ese partido no acepto, aunque tú me escuches, porque la que tanto estimo me ordena que aquí la tuya, que ciego y vano has seguido, oscurezca. Pues, di ahora que secreta causa ha sido, quien la ejecución me impide de castigar tu delito. Eso ignora. ¿Quién pudiera detenerte, si no es Cristo? Dime, ¿quién eres? Yo soy. ¿Qué es esto, asombros, que miro? ¡Ay de mi! Déjame, Enrique, si la venganza has pedido de tu injusta muerte al cielo, mi padre fue inadvertido quien te mato, ¿qué me quieres? Déjame. Detente, amigo. ¡Carlos, Pierres, hola, criados! Venid presto. Ya te he dicho que no temas de mi vista, que aunque soy cadáver frio, espíritu ardiente en Dios habla ahora por ml contigo, que aunque no truje licencia, ya Dios me la ha concedido para decirte quien soy y así, atiende a lo que digo. Tu. padre me dio la muerte y, aunque me la. dio, yo elijo el bien que gozo por ti; me la dio, pus he querido como amigo aprovecharte y reducir tus motivos. Sabe, Jorge, que de Dios soy indigno paraninfo que viene a decirte como llevas errado el camino de la verdad, pues la ley que ciego hasta aquí has seguido es falsa, pues solo es la verdad la ley de Cristo. Esa he seguido y así halle el premio merecido pues gozo de la presencia del Dios que has ofendido. De secreto la seguía auxiliado de divinos favores con mil deseos de verte a ti reducido a la verdad, mas tu padre, viendo mis justos designios„ me dio la muerte. Yo soy, Enrique, a quien has querido tanto y a pagarte vengo con recompensas„ no olvidos, que si admitidas de ti son, has de ver en ti mismo el galardón de los cielos de gracia haciéndote rico; I oye mi voz y repara que en el solio del impírio, siendo como eres hereje, a Dios le habemos pedido para ti auxilio eficaz aquel divino Francisco y yo; yo, por ser quien eres, y el, para que seas su hijo. Engañado Jorge, Enrique es el que verd.ad te ha dicho y Carlos, sectáreo, ciego, que aquí con el has venido es quien te aconseja Admite mi celo pio y no creas su consejo, que es muy peligroso aviso, pues de las dos amistades, el muerto es mejor amigo. . ¿Quién puede el mar de mis dudas surcar con tantos peligros? Quién dar crédito a tanto intrincado laberinto? ¿cómo puede ser verdad lo que un cadáver ha dicho, bulto con voz y sin alma, con aliento y sin sentido? Como la ley que venero de tan opuesto prodigio se ve ultrajada? Mas es el crisol en que se han visto los quilates que realzan lo puro, lo terso y porque en las oposiciones la virtud luce del vicio. Enrique en sombra funesta o en espíritu mentido se me aparece y me dice que la ley que él ha seguido es la de Cristo, y la mía es falsa. Pierdo el sentido, y dice que de Dios viene enviado a que el remiso conocimiento me aclare para ser de aquel Francisco, que ellos llam.an serafín, hijo suyo; en bello aprisco, yo dejar mi ley? ¿y yo creer un error tan. conocido? Miente mu veces Enrique y no pudo ser mi amigo hombre que oculto traiciones contra mis piadosos ritos; daré cuenta de esto a Carlos. No, que no he de ser creído, y ha de decir que son sueños cuantos aquí le han sucedido; borré la inclinación aquel carácter antiguo que nuestra amistad fijó, supuesto que falsa ha sido. A Carlos solo le creo, a Carlos solo le estimo, a Carlos solo le aplau.so, a Carlos solo le envidio, pues que contra los papistas engañosos y fingidos alista enojos, venganzas, persuasiones y castigos; cai.ga. el temblor de mi brazo este dilatado hechizo de la cristiandad., que yo creo lo que siempre he creído, y creo que entre los dos Carlos es mejor amigo. Elisa, ya ha confesado mi pasión su desvarió y pues Rego el pecho mido a haberse a ti declarado, cree que es grande mi amor. Yo le vi en mal tan tirano y aunque ha intentado mi hermano, a costa de mi dolor, que en mi cuarto retirada ni le vea ni me vea, quiero, aunque a mi riesgo sea, viéndome precipitada, que le busques y le digas como adorándole estoy y no le digas quien soy, que así mi dolor mitigas. Dile que aquella mujer que en los disfraces de un manto vio y hablo dos veces tanto por él se llega a perder que quiere esta noche en calma de la tormenta que sigo que venga por un postigo para declararle el alma, y pues que este cuarto tiene ese postigo secreto y él le ignora, tendrá efecto no conocerme Si viene. Elisa, ya me he fijado, mujer eres, no te admire que inconvenientes no mire en haberme declarado. No es muy fácil Blanca hermosa Si más atenta lo miras lograr la empresa a que aspiras por ser hoy tan peligrosa. Carlos, mi señor, manda cuando el huésped vino a casa que esa puerta que se pasa al cuarto que se cerró no se abra y solo fue para que las dos vivamos en el cuarto donde estamos y adonde nadie nos ve; y ese postigo, que va a la puerta del jardín, mando que para este fin [Falta verso en se comunique y será el riesgo muy conocido Si yo le llamo advertido de que por él entrará; pu.es mi señor es forzoso, habiéndote recatado del amigo que ha hospedado, que ande en esto muy dadoso, y si le ve, es evidente el riesgo que no reparas. Si. como yo, Elisa, amaras no estuvieras tan prudente. Dime por tu. vida ahora, de dos veces que hablaste tanto en el te apasionaste que tu delirio le adora; quererle tanto es delito, aunque bien lo alcanzo ya, que en la privación esta. mas activo el apetito. Dices bien, Elisa amiga, discreta lo has reparado, que una mujer ha adorado lo que quieren que no siga. En un hibleo le vi y el no supo quién yo era, pluguiera a Dios supiera, que por mi hermano, ay de mi, lo callé. Tántalo soy, que en la pena que se fragua tengo la fruta y el agua en los labios y no doy, ni mi pena lo consiente, y es tanto mi fuego ardiente que no le apago con agua, que el decoro da a los ojos. Esta es mi pena, lo eres la que el consuelo has de dar, velo Fuego a ejecutar, pues te estimo por quien eres; por el postigo le di que ha de entrar, que esperarás, que otra casa es le dirás, pues es forastero aquí; y de esta suerte hallar puerto en el mar de mi dolor esta locura amor podrá en mal que es tan cierto. Irete luego a servir, que esto a tu nobleza pasa, mas no ha salido de casa y así, Blanca, déjale ir, que soy criada y rogada. Mira lo que podré hacer, yo le sabre encarecer tu amor como fina criada. Pues adiós, fieros desvelos, que es tanta vuestra fiereza que atropelléis la nobleza den me remedio los cielos. Que haya sola una criada de natural como yo, y llegue tiempo en, que no venza el natural rogada. Ella quiere que la venda y que yo sea su Judas, ¡ay, borracho amor, que muchas los montes! No hay quien te entienda; riesgo tiene el recadillo, mas a lo que imagine, cuando a mi huésped hable, soñé no sé que Demonios son las mujeres; cuando Carlos nos guardó sin duda que adivino el suceso. ¿Que me quieres demonio u hombre? Te quiero. almorzado? Yo, si. Su criado viene aquí con Pierres. Por ti me muero. Maldita sea tu alma, con esta cara me quieres y me dices que te mueres? Si, que tengo el juicio en calma. Señora, si por forastero . os mueve una sin razón, tened a este picaron que me trae al retortero. Haced que el enojo extinga si algo mi llanto negocia. ¿querías lo en Escocia echarme„ di, una jeringa.?, pues, voto a Dios, viejo verde de setenta navidades. Yo he de hacer las amistades. Y yo que de mi se acuerde. No seas, Pierres, inhumano. Donde las toman, las dan. ¿No habías de ser mi Jordan? Deme vuesarced. esa mano. De ser su amigo la doy. ¿NO habías de ser mi opuesto? No. Pues que la mane me dio y yo empeñada me voy, no vuelvan .mas a reñir. Aunque me pise la boca, no hablare. Aqueso le toca. Ahora ¿sabrasme decir que hubo de Enrique? Murió, y aquí para entre los dos, esta dando cuenta a Dios, que Jacobo le mato cuando venirse quería, y mi amo ahora le flora. Si en. cuentas esta hasta ahora, muy largas cuentas tenia de tan prodigiosa historia; aquesas dudas no allano. Vivid como buen cristiano y las hace de memoria, mas juzgo que está penando por esta amistad. tan rara que con mi amo tuvo. Cara le costa. ¿Le estáis hablando? De un muerto que allá dejamos. Aquesos son desaciertos. Desenterramos los muertos si a murmurar empezamos. ¿Esa no es locura? SI. Y añade que también que es mengua. Como regale mi lengua, mas que diga mal de mi. que provecho es hablar de las honras ajenas? Tú me reprehendes y apenas puedes tú asegurar de tu lengua que prefiere mismo demonio? Amigo, haga usted lo que le digo, y no haga lo que yo hiciere, y con esto yo me voy, que ni amo quiere salir. Contigo me tengo de ir, y no seré yo quien soy, Si de ti no me vengase. Pues que sale, irme prevengo, que del corretraje tengo algo si. a dar se inclinase. Elisa, tú has de ayudarme a vengar de aqueste viejo y me has de dar un consejo para poder desquitarme de una burla, y sea luego, que quiero desatinarle. Para la noche llamadle procura y pídele juego y -veras qué burla trazo., voyme que estar aquí es yerro. ¿Así como va de encierro? Con muchísimo embarazo., Carlos, mi señor, le da por cárcel aqueste cuarto a mi ama y 1.o siente harto. Pues ¿cómo sales tu acá? Oye vuesarced, mi rey, preguntas son escusadas, no se entiende con las criadas esa rigurosa que yo salgo cuando quiero a esta antesala y así mi amo no me guarda a mí. Ni tú te guardas, infiero. Quédese. Pierres„ con Dios. y prevenga lo que digo. Tus ojos hermosos sigo, deidad, veámonos los dos, que me has parecido bien ¡Ay, que enamora el bergante! No tengo alma yo. Flamante. Pues mejor que yo, quien puede enamorar? ¿Por qué? Porque en estas ocasiones Enamorar con. doblones, y es entrar con lindo pie; que hay mujer que, con perdón, si. la dan alguna 'vez, con ser cosa tan soez, se enamora de un capón. Lo mismo será contigo, aunque uno y otro repruebo, que un capón y un viejo es cebo de poco provecho, amigo. Cuidadoso os solicito decidme vuestra tristeza, porque ofendéis mi lealtad, ,que tenéis, amigo? Apenas sabré decir lo que tengo, solo siento que me pesa de veros tan cuidadoso. acaso vuestra pena de amor? Si de esto procede y lo ha causado la ausencia de Aurora, ved en Paris en la plebe y la nobleza de tanta hermosura cual puede minorar la pena que padecéis, si es de amor, que para todo mi hacienda, mi. ser, mi vida tenéis a vuestro gusto sujeta. Ocultaros de mi pecho la mas mínima sospecha fuera no estimaros, Carlos, y a nuestra amistad ofensa. Sabed que vi en un hibleo la .mas divina belleza, la mas suprema deidad que pudo formar la idea, pues a lo humano excedía hermosura tan perfecta. Háblela, oyome, ausentose. pedí que al sitio volviera, volvió a rendir otra vez mis sentidos y potencias. No fue posible decirme donde vive ni quien era, lo mas que sacarla pude fue decir que la palestra de nuestro amor ha de ser aquel sitio y que me ruega que no procure saber mi recato y mi prudencia mas de lo que me dijere porque a ser de otra manera la perderé; aquesta Carlos, es la causa de mi. pena, el. objeto de mi amor, la inquietud de mis tristezas, el ahogo de mi anhelo el centro de mis potencias y finalmente es la causa que me aflige y me atormenta. Atentamente he escuchado como quien tanto desea vuestro gusto ese desvarío que, como remedio tenga, al imposible mayor no hallare resistencia. ¿No decís que en ese hibleo, sitio aplazado, os ordena que la veáis? Pues yo iré con. vos y de esta manera conociendo yo esa dama las pasiones que os engendran las dudas de la ignorancia cesaran, pues todo cesa con que su casa sepáis, su calidad y nobleza. No, Carlos, no lo miráis con atención, pues la prueba que quiere hacer de mi amor es no hallar en mi sospecha de que procuro saber donde vive y si se yerra con llevaros, .1a esperanza que gustoso me alimenta mal logro y pongo el recato y mi vida en contingencia. ¿Quien puede hacer repugnancia a vuestra mucha prudencia? Yo solo que por acá, si es menester diligencias para conseguir la dicha que en esa dama os espera, las hare y pondré por vos cuanto en el caso se arriesga. Guardeos el cielo mil arios, que quien tal amigo encuentra no puede buscar más dicha pues en el la cierta. Dejad cumplimientos, yo lo soy- vuestro. ¡Oh, como estrechan los lazos de una amistad si es amistad verdadera! ¿Qué os ha escrito vuestro padre? En esta carta postrera me dice que los parientes de Enrique hacen diligencias por saber quién le dio muerte. Muy justa fue y no me pesa pues era cristiano. Carlos, no hablemos de esa materia. Dejad a Enrique, que Enrique, al pronunciarle, la lengua llena de horror se entorpece. Fue vuestro amigo y recuerda la memoria aquel los tiempos. Dejado, per vida vuestra, que vos solo sois mi amigo, y dadme ahora licencia, que el cuidado de mi amor hasta su centro me lleva. ¿queréis que os acompañe? Amigo, no Pierres venga conmigo. Con vuestro gusto se mide quien os desea agradar en todo, y todo como deseo os suceda. Mucho os debo. En eso os pago. Sois noble. Son honras vuestras a lo que un amigo vale. A lo que un amigo cuesta. El diablo anda en Cantillana, ¿quien me ha metido alcahueta?, pero bien imaginado, es oficio de discretas; tan mala cara es la mía que me meto a ser tercera, religión que solo tías por las sobrinas profesan, vendiendo gato por liebre, si no es que un perro se encuentran, que al correr tras la sobrina muerto entre las dos se queda. pudiera para -mí hacer de las mías? Esta obligación. de servir nos dan por la obediencia; valgan los diablos mi ama que ha visto en mi que me echa a comante lobos? ¿soy por ventura yo tan fea que no puedo al mas jarifo, preciado de bigotera, costar algunos suspiros y hacerle que sea poeta y que un soneto me escriba, estrambotado con piernas y pies forzados? Mal haya mi habilidad y mi lengua. Este es el sitio aplazado donde el amor se recrea de don Jorge y mi seora. Aquí mi obediencia espera, quiero pasar la lición, que he de daré ropa afuera de vergüenza pero yo ¿cuando he tenido vergüenza si puedo entrar un recado por el ojo de una dueña? Si va a decir la verdad, casi el miedo no me deja discurrir, que puede Carlos venir. En hora tan buena, hermosísima deidad, alma de aquesta floresta, des alientos a las flores y rayos a sus estrellas. ¡Ay de mi! Pierres es este, si me conoce dio en tierra la tramoya. Descubríos, mayo de esta primavera. Mirad que somos perdidos si aquese criado acierta a conocerme. Pues ¿sabe quien sois'? Lo que uno pelea con la abstinencia si sirve a un amo que solo emplea la vida en andar a caza de mujeres, pues Si llega a cazar cincuenta, nunca dice al. criado "toma esta de barato" y muchas veces sirvo de perro de muestra, mas, voto a Dios, que si puedo, que no he de ser hobo. Esta es mi. embajada, señor, y dicha al pie de la tetra. La calle es a las espaldas de donde vivís, las señas son un balcón y un postigo, y yo he de estar a la puerta aguardando, y mirad bien, que me aviso que os dijera que vais solo. Obedeciendo su ley, inviolable queda mi esperanza, ¿a qué hora iré? A las doce. Esta cadena de lo mucho que yo os debo corta recompensa sea. ¡Vive el cielo, que la aprende! Oiga lo que el oro enreda. Y este bolsillo recibe Ahora sin duda la merca y la ha echado las prisiones para que huirse no pueda. Vivas mas años que Sarra. Agradecimientos deja. Señor ,que haces?, que es perro con la de rengo te pega, mira que es mujer común, pues sale a los trigos. Cesa, ignorante. ¡Ah, bergantín, miren, Si me conociera! Hable por boca de envidia del bolsillo y la cadena. Yo voy muy agradecida. Es muy corta paga esa aún que pretendo. hacer, que el remedio de mis penas eres y siempre seré reconocido a las deudas. Guárdate el cielo. El te guarde. Dar votes ahora quisiera. que las pusiera en. el cielo. Deja que te riña y deja que lo aconseje, quo has hecho que en Paris la más que cuesta es un almuerzo o un. cache, unos dulces, una cena, unas ligas u. zapatos, unas cintas o unas medias, y está muy agradecida, sin sujeción ni quiñoneras; con solo aquese bolsillo o con sola la cadena, me atrevía a que gozaras a 1a gran Pantasilea. Pierres, deja tus locuras, que no es coma tu lo piensas. Sien.do forastero aquí. ¿quieres tú saber quién sea? Mucho ignora y mucho se, solo sé que vivo en. ella. Y dime por vida tuya, tu dama a tu tercera a quien has pagado antes del entrega de la hacienda? Es de mas merecimiento la luz de mi. inteligencia. Si otra vez vuelvo contigo, me has de carear con esta socarrona, par si acaso aún estaban le queda para encender lumbre yo en su corazón de piedra. ¡oh, si el topacio del cielo, aquellas llamas inmensas con que al día alumbran fuesen presto apagadas pavesas!, ¡vístete día de luto hasta que en catelas de luz te adornen y ahora guarnece con las estrellas el ámbito y despreciando entre las cerúleas selvas, a Faetón nade en sus ondas hasta que goce mí. prenda! Ven, Pierres. Vamos, señor. Amor sus alas me presta. No es posible que me olvide de aquel bolsillo y cadena. Guárdense, Elisa, los cielos que es fuerza que se prometa mi amor tal felicidad; en efecto, eres discreta, mi amiga eres y te estimo en la estimación que es fuerza, pues quien me ha dado la vida es mi amiga verdadera. alguien? Pierres no más. ¿te conoció? Eso fuera andar yo desconocida. Sin atención llego, y llega al sitio donde le viste hecho un Macías en pena; yo, cuidadosa en los riesgos, cuando veo que le lleva consigo, cual quedarla, discurra la más atenta, pues como a una azogada me rehilaban. las piernas, sospechan.do que había dado con tu hermano, más en estas, hecho un Argos de medio ojo, la campaña corrí entera sin descubrir el contrario; sosiégueme, llegue cerca, propuse los muchos riesgos que había en que conociera quien era yo aquel criado, y el, con bizarría atenta, tan en todo estuvo que ociosa. fue la advertencia; dile tu embajada y el., como el que gana si juega, un bolsillo de barato me dio y aquesta cadena. Yo he cumplido con las leyes de criado, solo resta irme a esperar al postigo pues que la noche se llega. Dejo al silencio lo que te estimo aquesta fineza, mas disimula que Carlos, mi hermano, a este cuarto entra. Blanca, hermana, ¿cómo, di, te hallas retirada en esta estancia? Perdóname, que fue fuerza el que aquí vivas, que aunque tus recatos y prudencia tan advertidos en todo en mí no engendran sospecha, guise a la seguridad y a la ocasión que las venza la prevención, porque Jorge en ese cuarto estuviera que confina con el mío, pues a la amistad estrecha que tenemos es forzoso satisfacerle las deudas. Esta noche tengo, Blanca, que hacer una diligencia amorosa, y prevenirte quiero que aunque tarde venga he de entrar por el postigo, pues tengo llave maestra de tu cuarto, por no hacer ruido por esa otra puerta, y así te aviso que aunque ruido en el postigo sientas, adviertas que soy quien entro sin que cuidado consientas. En todo tu gusto sigo y he de estar a cuanto ordenas como a mi hermano y señor tan obediente y sujeta, y antes yo te he agradecido que aqueste retiro sea mi divertimiento, pues en todo lo que le tengas tengo yo gusto. ¿Qué es esto?, ya mis esperanzas muertas quedaron, pues hay gran riesgo Si acaso con el encuentra.) Quédate, Blanca, con Dios, que es de noche ya y me esperan donde te digo. Trae luces, Elisa, al punto, esperas? Teniendo quedo tu riesgo. Voy al instante por ellas. . A quien puede suceder lo que me está sucediendo? La suerte me está impidiendo mi dicha, puedo hacer?; Si me arriesgo, puede ser que se pierda mi opinión, si no me arriesgo, ocasión pierdo y en mal tan terrible hallo en todo un imposible que me dobla la pasión; pero mujer con valor llega a recelar de nada, ¿he de ser tan desgraciada que encuentre luego mi error? Tened animo, valor, no desmayéis, que es en vano, y pues tengo de mi mano a Elisa, yo he de vencer, que no tengo que temer, pues que lo ignora mi hermano; no pretende mi decoro, si quiero solicitarle otra cosa mas que hablarle y decide que le adoro, pues de esa suerte minoro este delirio, esta pena, este abismo que enajena mi sentido al discurrir, Si no es que a mas sentir el hablarle me condena. Loco quieres volver a aqueste viejo misma no me diste este consejo? Yo he de vengarme de el de esta manera, que hemos de jugar? A la primera, porque es juego de envite y si perdemos, a recoger mas presto nos iremos. Sentémonos aquí. Ya yo me siento, al molino hemos de ir. Yo juego atiento y a quien juega conmigo causo enojos, Si .no juego, señores, con antojos. En verdad, señor vejete, que lo yerra. No ve palmo de tierra. Eso causan inviernos y veranos. Alcen vuesas mercedes por las manos. Un seis he alzado yo, Ye he alzado un as. Un siete. Toma el naipe, pues los dos, paso. Paso señores. Y yo Paso. Y bien pasado estáis. Yo no hago caso Tome cartas usted que me deshago Ahora contra la mía en un balcago Yo no le quiero. Yo le quiero, y quiere revidar con él, vale mi dinero. De aquesta vez Como se, hayla. Ye no veo las cartas, despabila me parece que llevo ya el flux cierto, ,que, has hecho, diablo, que la luz has muerto? Ve lo a encenderla presto. ¿Hay tales miedos? Señores, con el dinero cepos quedos. Nadie de mí sospeche, que me aparto. ¿Adónde he de entender? En ese cuarto hay luz. Yen presto. Voy atiento. Logrose lindamente el pensamiento. No hay luz si in imagine en la casa, si no va a la cecina. De aquesta vez sin duda se la pego creerlo hemos de hacer aquí que es ciego. por que salga de tino. Empieza, que ya vuelve imagine. No hallo la luz en el 'nuncio, Sin caos esta la casa muy profundo. Esla tiene setenta. Eso es mentira, esta si que las tiene. Mal lo mira. No ha de crecer aqueso mi consejo Hasta que llegue y nos las cuente el viejo. No me trueque las cartas. Yo las llegue. ¿Que es aquesto, señores, estoy ciego? Pierres, corrió veis a escuras? Yo no los veo, aunque hacen mil locuras. ¿Vienes en ti vejete? ¿dónde has ido? come vi que tardabas, la he traído. Llégate unas y deja tus quimeras. ¿cuál es mayor de aquestas dos primeras?, no he de pagar si no lo juzgan luego. no hay que tratar yo ya estoy ciego! ¿Aqueste no es un siete? Puede serlo, Pero yo no lo veo para creerlo. Y este un seis que hacen treinta y nueve Y estos siete y figura Que lo apruebe. el tercero nos falta, Yo lo apruebo. apenas de dolor los ojos muevo, no es bueno, que he sentido repentino dolor. ¡yo soy perdido! Has cegado por dicha, ¡qué desaire! Por desdicha me ha dado algún mal aire al salir por la luz. Eso habrá sido no hay que afligirse e1 cielo lo ha querido. Por salir yo por luz para alumbraros me ha sucedido aquesto tengo claros los ojos, Pierres, yo la culpa tuve. Hechos los ojos tienes una nube, mas esta es hechicera, Ya yo me calmo Y si la pagan. cura por ensalmo. Veinte de a ocho tengo, si bastara todos al punto aquí los entregara. Dádmelos presto y los pondré por obra. Toma aqueste bolsillo. Basta y sobra Dejémosle al instante Voy corriendo. ¿No empiezas a curarme? Ve diciendo: Saturno, Plutón et quibum et oculos aperlos curate ipsum. Escurramos presto el lazo, pues que la ha tragado Bien has dicho. Por debajo de la puerta le echaras luego la Luz. qu6dese solo. Él se ha de aborcar. mamola el de, la jeringa. ¿No acabas, Elisa, ya?, en vez de sanarme pienso que me vas cegando mas; Jesús, que cataratas! Ni yo no puedo despegar las pestanas; Dios nos libre de un aire corrupto, ¿hay tal que por salir a encender haya llegado t cegar? Oraciones de Calvino, Pierres. me habrás de enseñar si no sane, y un bordón que me adiestre: mas ay, ay Elisa, Pierres, ¿que es esto?, ¡oh francés de Barrabas! Pegomela, por Calvino. Y yo la trague en verdad; corrido estoy, si puede, no me la ha de ir a penar, galón francés es: aguarda que contra ti he de trazar el caballo de Sinón para poderme vengar. A escribir vengo de priesa un pliego que has de llevar al correo, porque -tengo un negocio, y he de costar allá en punto de las dote, Pues ya muy presto Baran; todo recado hay aquí, date prisa. Así será que si pierdo la ocasión, perderé la libertad. Pus durmiéndome estoy todo, si no acaba cuanto va, que con el primer bostezo me quedo come un bausán. Aún no puede el pensamiento para escribir dar lugar ¡ay, adorada hermosura!, pienso que en hablarte está todo mi bien. Han llamado. Sí, señor, llamado Illán con golpes ele la otra vida pasito y a compás. imaginación seria y ye me pude engañar que son los golpes que el pecho porque me vaya me da. ¿Es esta indignación? Mira quién es. Yo estoy tal que no me mirare a mi de miedo. Pues, ¿quién será el que a estas horas inquieta mi sosiego? Barrabas. Tenía esa luz, ¿está abierto? No, señor, porque al entrar eche el golpe, Ábrele. pues, di de que turbado estas, toma esta luz. Se me muere con el resuello. ¿No vas? Sí, señor, todo me voy más que adelante Dacia arras. Abre. Ya abro, ¿que es aquesto?, muertecito, san san san Calvino„ san Arrio, aquí me socorran. Di, quien va. Tu amigo Enrique. ¿Qué dices? Que es la primera verdad que dije en mi vida. Llega, dile que entre. Desde acá se lo puedes decir, que hay muerto que matará con la vista solamente. El quizá no querrá entrar, porque te ve acompañado, algún secreto será para los dos v así yo, si el miedo me da lugar, me voy, allá te lo hayas, él fue tu amigo leal, recíbele, que yo ahora voy a una necesidad tan precisa que está hecha por tardarme un poco más, muestra con él lo valor y ahora quédate en paz. . ¿Qué me quieres? ¿qué me quieres?, espíritu pertinaz, por qué no me dejas. Ahora lo que lo quiero sabrás, Es mi bizarría tal que si al infierno bajaras. empeñado una vez ya, a sus cóncavos bajara. Otro camino será el que has de llevar conmigo„ pues por mi lo has de salvar. Prosigue, dime. ¿Qué quieres? Presto. Jorge, lo verás. Ministro de Dios he sido, que be venido de sal real alcázar solo a intimarte dos veces tu errado afán. mas incrédulo al aviso, le has admitido tan mal que, corriendo desbocado, en el precipicio estas para dar en el abismo del engaño y la maldad., tú estas con el pensamientos donde aguardándote están en un postigo, v tu muerte confirmada estaba ya a no tener. los amigos que per ti rogando están. La dama que solicitas y que pretendes hablar esta noche hermana es de Carlos, que llegará acaso la misma puerta con un rayo artificial para romperte del pecho el corazón y vengar sin conocerte su agravio., vengando la indignidad. Este postigo que he dicho en el mismo cuarto está de Blanca y es de esta casa, que come tan ciego vas en tu herética locura no atiendes a In verdad„ y para este desengaño conmigo ahora vendrás, que has de sal ir a la calle donde patente veras el crédito de mi fe, que el blanco donde han de dar las balas del arcahuz he de ser por reservar tu vida para otro fin más propicio. Llegue ya a ti mismo el desengaño, porque así conocerás c6mo la amistad de Enrique es la perfecta amistad, pues después de muerto ha sido el amigo más leal. Enrique, no me resisto ni memos dejo de estar dudoso, pees cuando tú estos avisos me das a la experiencia le entrego aquesta incredulidad. Ti dices que esta casa vive el engaño que da actividad a mi amor, pues supuesto que es verdad que Carlos en su venganza la ira ha de ejecutar en ti, por ml quiero ver cuando la vida me das, si es tu ley la verdadera o en ella engañado estás Pue sigue mis pasos. Cielos, Más dudosa el alma va. El último desengaño en este riesgo ha de hallar. Ya hemos salido a la calla, desde aquí has de caminar Codas las dudas que tienes. Dios auxiliándote esta: Carlos, tu amigo, ha llegado. ahora conocerás como no hablo yo por mi, quédate tú aquí. ¿Quién va? Pase adelante. El postigo un hombre abriéndole esta. cuya voz no he conocido, valor el honor me da, el agravio, atrevimiento). Váyase o si no se va, Aqueste rayo de plomo puerta en el pecho le hará. A ese rayo hay otro rayo que aquí en mi defensa va. A tu obstinada respuesta responda el fuego voraz. ¡Muerto soy! Vengue mi enojo, y pues que vengado esta, aunque las dudas me llevan, de mi honor hecho y volcán, por no ver quien atrevido mi casa imam') violar, antes de ser conocido, que es fuerza que acuda ya justicia, yo me retiro mucho llevo que pensar, si no es ya que ladrón fuese y que intentase robar, pero sea lo que fuere ya en fin no la maldad; voyme por esotra puerta Reno de dudas. Ya estas satisfecho, pues lo has visto. Aquesto abortó el volcán de aquel rayo y en tu vida se habrá de ejecutar esta noche, pero Dios ansí te ha librado ha. porque has de ser en Escocia prodigio de santidad. Tu mejor amigo ha sido el muerto, quédate en paz y vote a Roma, que allí todas tus dichas están, . Aguarda, Enrique, detente, que ya creo tu verdad, no me dejes, tente, amigo; la herética probidad dejo, que ha sido engañosa, pues la ley de Cristo da nueva luz, nueva alegría a mi ser, que es otro ya. La ley que seguiste sigo y a Roma al instante: ira mi arrepentimiento a hacer penitencia para hallar el perdón de tantas culpas; la peligrosa amistad de Carlos ya la renuncio y Enrique solo será mejor amigo el muerto. pues por él me he de salvar. Gracias le doy al cielo, pues me ha dado el bien que he deseado, pues en tanta discordia en mí obró Dios de su misericordia, y por amigo Enrique que aquesto es cierto y por sus ruegos hallé tranquilo puerto, Hablé en persona, ¡qué favor distinto!, al vicediós en Roma, a Paulo Quinto, de gloriosa memoria y conseguí en su mano la vitoria, pues después de negarme, que me espanto, por haber sido hereje, el sayal al santo se opuso con piedad tan generosa en mi defensa aquel docto que resolvió la duda en que me deje la religión, porque nacer el hereje abjurado, que tanto instimula no contradice aquella santa bula, si no es al que católico ha perdido la ley de gracia y en otra ha reincidido; en fin, junto al palacio, ¡qué ventura, me dio su albergue san Buenaventura y ArcángeL por nombre dicha rara, si con él a los cielos agradara y en él el general mandó que _fuera a persuasión del ruego. Ah, si pudiera en Aberdón de mi. patria, porque cuadre al cielo a reducir mi amado padre a aquesta ley divina que me alienta y a oscurecer la suya que le afrenta. Y así, incesable os pido causa de causas, pues me habéis traído a tal conocimiento que logre yo en mi padre un dulce intento y a camino tan llano le conduzca mi amor de ser cristiano; ande, hermano, no imagine quedarse que es a su costa, Padre, si va por la posta, ¿cómo quiere que camine? Ya conozco que es muy llano su cansancio, pero no se quede. No digo yo que el diablo me hizo cristiano, no basta a lo que imagino, que obedezco con paciencia y hablando con reverencia que vaya corno un pollino, cargado con este lío, donde dos vestidos llevo, uno viejo y otro nuevo, uno suyo y otro mío, trajes que han de desmentir religión que profesamos, pues si no nos disfrazarnos, nos han de mandar freír estos contra quien alistas que prediquemos los dos. ¿Quién? Si nos ayuda Dios. Tus parientes calvinistas. Dios nos ha de dar valor. Bien con eso le negocia. Pues ya pisamos de Escocia los limites. ¡Qué rigor! A mi padre porque aplique la duda que he concebido, díganle, ¿acaso ha venido a verle otra vez Enrique? Que ando con este muy dado, temeroso y a fe mía, que terno su compañía a fuer de su acompañado. Tengan sus dudas templanzas, no desmaye en la ocasión, porque en llegando a Aberdón, logrará sus esperanzas. Por Dios, que beber me dejes, por si me puedo aliviar, no basta que a predicar vamos a tu tierra. hereje. Ayune, que es ignorancia despertar así la gula. Padre, yo saqué una bula para no ayunar en Francia. Calle, que Dios le ha de dar fuerzas en el corazón. Padre mío, con perdón, un cuento quiero contar. Llegó un día un pasajero a una venta con gran priesa. mandó que luego la mesa le acomodase el ventero, tal muy mal barbado y con gana de raparse; empezó el dicho a tentarse la barba, que era cerrado, y como el pelo le escarba. y barbado se miró al ventero preguntó: ¿Hay quién quite la barba? Era taimado el ventero y con gran presteza baja, el recado con que saja, que era huésped y barbero. Los pail-os le acomodó, y con mucha ligereza el hierro a molar empieza, en la bacía miró que unos gatos maullando llegaron a acueste ruido. preguntó muy compungido la novedad admirando: "Estos gatos ¿qué pretenden'?, que veloces han llegado". "No le den a ucé cuidado los gatos, que ellos se entienden., es que suelo derribar en la navaja pegados de la cara unos bocados y vienen a mariscar". "Barbero -dijo- inhumano_ o ventero barbicida, ¿en qué te ofendió mi vida que a galos me echas, tirano?-. "Esa navaja esta mala, pues por eso tengo yo tal pujanza, que si no_ con ella el pelo se iguala. procuro sin embarazo que e] coraje no reporta que lo que el yerro no corta corte la fuerza del brazo". Pero él, viendo tantos danos y a los gatos Maullar. la barba a medio bañar. se levantó con los paños; viendo que no disimula. dijo. -¿,No se quiere estar quedo?, pues yo he de afeitar a su barba o a su mula, que mis gatos son honrados: mire, pues, cómo ha de ser y que carne han de comer, que no han de volver burlados-. "De esta suerte son sus yerros, pues por mis humildes tratos si no me echas a los gatos, me quieres echar a perros-. Ya su ignorancia condeno y en la ociosidad los darlos. Mas que huyó con los paños si me tira más el freno. Pues con esa recompensa, diga nuestro Dios obliga. Necesidad, padre, obliga a lo que el hombre no piensa. . Pase delante que en fragua . Mi padre esto es aliviar el cansancio y el pesar. Y ¿es vino? No sino alta de cepas. En penitencia, pues su ignorancia le obliga, arrodíllese aquí y diga un miserere, Paciencia, pues me cogió, Oiga, padre. antes que empiece mi pena, si aquí el beber me condena. aunque a mi gusto no cuadre, aún seré re por trago bebo y nos ajustaremos, y ansi no nos detendremos si una vez por todas pago, Bese el suelo su desaire. Y la bota con perdón, pues quedó de camaleón, alimentada de aire, Fray Arcángelo„ perdone mis muchas impertinencias, que todas son apariencias del diablo, que se me opone. Ya es tiempo que nos quitemos para la seguridad los hábitos. En verdad, que mucho riesgo tenemos si nos ven estos herejes y aun terno que nos suceda. Ahí en aquella arboleda, fierres, es bien que los dejes. Voy a desnudarme en tanto. Cúbrelos bien con los ramos, para que cuando volvamos halles nuestro hábito santo; hoy, porque al cielo le cuadre mi celo con. mi intención, he de llegar a Aberdón a remediar a mi padre. Con esto el juicio se agota, miren qué alivio prevengo, aunque tanto juicio tengo corno vino va en la bota. Deja el llanto. Es imposible, pues es tanto el sentimiento que a puro dolor estoy de sentir sin sentimiento. Jorge, cristiano, ¡qué pena! dicen que su ciega vida de un sayal pardo cubierto anda, que en el siglo suyo le tienen por menosprecio, pues pidiendo y mendigando anda a todos el sustento. Tú tienes, señor, la culpa en enviarle a tantos riesgos, desanudando el lazo paternal y de himeneo. Aquel amor de tres almas, que repartido en tres cuerpos, uno alimentado de otro parecieron uno al verlos. Solo el. llanto es mi alegría. Solo el dolor, mi consuelo. Aquella amistad de Enrique causa fue de tanto incendio, pues por él vivo pesares y por él vive tan ciego. Yo no sé qué puedo hacer, el discurso no halla medios, pues la distancia tan larga embarga cuanto pretendo intentar. En Roma vive tan gustoso, me dijeron, que ni el amor paternal ni el cariño de tu celo le obligan y, ya olvidado, es olvido de si mismo. ¡Ay, hijo, traidor ingrato! ¡Oh, amante falso y grosero! pues olvidaste quien eres... pues usas del. menosprecio... ruego a los ciclos piadosos... ruego a los piadosos cielos. que a las manos de mi ira halles en ti el escarmiento. que entre mi dolor y llanto tengas sepulcro funesto. No te pueden conocer, Arcángelo, deja el miedo. No terno con Dios de nada. Pues yo castigo me terno. ¿Quién se ha entrado en este cuarto? Yo, que deseoso llego de daros aquesta carta, aunque pretendo primero besaros la mano. Alzad, ¿quién os la dio? Un hijo vuestro, el cual en Roma propaga a la ley del evangelio tributo santo. ¡Qué pena! Y mi jornada sabiendo, me encargó que en Aberdón diese esta carta. Yo he hecho diligencia como noble, porque de serlo me precio. Tuve aviso de que sois su padre y ahora llego a claros estas noticias, si bien sé que el sentimiento de ¡a mudanza de ley que sigue os ha de haber puesto algo olvidado de Arcángelo. Leed la carta. que no quiero anticipar más noticias. ¿.Qué decís'? Yo estoy muerto. De Arcángelo, que tomó este nombre en el convento que es de san Buenaventura cuando el hábito le dieron. ¡Cómo podrá mi dolor dar a mi pasión aliento para escuchar y leer un deshonor y un desprecio! ¡Vive el cielo! Perdonad, porque yo a daros no vengo disgusto. No de mi enojo juzguéis aquí, caballero, que la indignación que muestra es más de contra el soberbio hijo que el cielo me ha dado. Perdonad si descompuesto ilícitos agasajos mis pasiones os han hecho. Disculpado estáis en todo, y en vos no puede haber yerro, pues el amor paternal en vuestro pecho contemplo. Minorad esa pasión, que muchas veces el ciclo a vueltas de un gran pesar suele enviar el consuelo, dadme licencia ahora, que a negocios a que vengo es fuerza acudir. Razón justa es que aludáis a ellos, pero en mi casa ha de ser, aunque hospedaje pequeño, e! vuestro, y ansi me haced gusto de que mientras leo se aderece donde estéis. ¡Qué bien lo dispone el cielo! Me habéis dejado. señor. tan aficionado al veras que ese cortés agasajo agradecido os acoto. ¡Qué de dudas tiene el alma! Perdonadme mientras leo. (Señor, bien encamináis mis amorosos deseos, vea reducido yo a este venerable viejo que tan engañado vive, vea logrado mi intento en Aurora, pues por vos, exponiéndome a los riesgos, ni me acobardan peligros ni amenazas me dan miedo.) Deo gracias, padre. ¿,Qué ha dicho? Lléveme de mis afectos, súplame mis faltas. Ten cordura. Cordura tengo, ansi tuviera gordura, que la legumbre me ha puesto el ayuno v disciplina corno un espárrago o bledo, ¿No me diréis por qué causa aquel ignorante y ciego joven se olvidó de sí? La causa no, los efectos os puedo decir, dejó según las noticias tengo a un amigo suyo. a un Carlos, y ausentose de secreto, fue a Roma donde tuvimos yo y él grandes pasatiempos y me quiso bien. j Oh, in2.-rato! Y tal mudanza los cielos hicieron en él que a pocos días tan otro lo veo que la soledad amaba y aborrecía el comercio. el júbilo, la alegría, el gusto y el divertimiento y. dado todo al sayal, decía que solo aquello era salvarse y que al mundo le tenía por desprecio, Voyme, que aquestas noticias están labrando en mi pecho que me acaban; no escuche el oído acentos, que todos son basiliscos, áspides coa él tan fieros que me están mordiendo el alma sin hallar ningún remedio. ¡Ah, qué engañada que vives! Deo gracias ¿no nos iremos? Mira que has de mal lograr mis designios, calla necio. Apenas puede el dolor distinguir los rasgos negros, negros para mi ventura con la pasión estoy ciego. ¡Ay, casa donde nací! Otro yo, tan otra os veo que casi ya no os conozco; ves aqueste cuarto mesuro, aquí había un palomar que solía en otro tiempo ser lisonja a mis tristezas. Pues ¿cuándo vos, caballero, tuvisteis esas noticias?, ¡cielos, qué escucho y qué veo! ¡Perdido soy! Ya frustré mis designios indiscreto por hablar. Deo gracias, padre, pregunto, ¿quién es el necio? No sé qué nueva mudanza en mí ha causado el que estoy mirando, que juzgo que a Jorge en él estoy viendo y que la edad le ha mudado y él, temiendo mis respetos, no quiere decir quién es, pero yo pretendo cuerdo hablarle como a mi hijo, y si es él, hallé el acierto hoy en la misma mentira la verdad, y si mi afecto, llevado de mi pasión, viere que no es él, es yerro muy fácil de disculpar, a hablar con cautela empiezo. Yo no sé qué le responda, si por mí no habla el cielo. Es posible, amado hijo, que pueda tu desamor a costa de mi dolor darme un tormento prolijo; con justa causa me aflijo, si bien habiéndote oído y visto a mis pies rendido, hallo por justa razón concederte aquí el perdón pues vendrás arrepentido. Ya en el paternal abrigo estás, llegate a mis brazos, vuelve a anudar con tus lazos mi amor, pues eres testigo que siempre vives conmigo. A pesar de la memoria, vuelve a dilatar la gloria a estas canas que, con verte, me has excusado la muerte, pues me has dado la vitoria; bien sé que cristiano fuiste y en tan errado camino la ley santa de Calvino con tu ignorancia ofendiste. Ya, hijo, te arrepentiste, padre has hallado y esposa; a Aurora en tan rigurosa pena puedes consolar ya, Jorge, puedes hablar en ocasión tan forzosa. La tramoya dio en el suelo, aquí nos mandan freír por cristianos; el huir importa, ¡ayúdeme el cielo! Padre y señor, me desvelo con mi ley divina y pura, no arrepentido procura dejarla, seguirla intenta; al cielo la tuya afrenta con obstinada locura, esto de mi amor es prueba, pues porque al cielo le cuadre, vengo a aprovechar a un padre que errado camino lleva. La iglesia romana ID nieva tu dictamen riguroso, mira que hacerlo es forzoso, porque en tan urgente pena tu mala ley te condena a un tormento poderoso. De Francisco, el serafín, soy hijo, aunque aquí me ves, el capuchino escocés es mi nombre. Tengan fin tus errores, porque sin la advertencia que has hallado no pudieras ser culpado, pero ya habiéndola visto, culpa es que dejes a Cristo, que es el bien que le procurado. ¡Qué engañado y ciego vienes, Jorge, y lleno de pasión!, bien pudo la indignación cuando engaños me previenes, castigarte los que tienes, mas procuro que amoroso olvides lo escandaloso, y en tu obstinado despecho quiero sacarte del pecho tu intento, que es engañoso. Ni soy Jorge ni tu hijo, que para haberlo de ser al cielo le has de ofrecer ser cristiano, que colijo, si tus pasiones corrijo, que siendo tu hijo yo, que el ser que tu ser me dio, en un camino tan llano, que si te obliga a cristiano, con otro ser te pagó. llorando. ¿Lloras, señor? Ya me has dado indicios que arrepentido a mi verdad has venido, pues tan presto te has mudado; tu semblante me ha obligado a que, arrojado a tus pies , dulces albricias me des, confesando con tu lengua, de tus errores la mengua, Cristo es Dios y tu Dios es. Pues ¿no lo publicas? Si. Publiquémoslo los dos, dime ¿quién es Cristo? Dios. Mas, ¿quién responde por ti?, pero ya lo colegí, embargote el llanto triste y, como te arrepentiste por dar gozo a mi desvelo, por ti ha respondido el cielo y hl pecado venciste. . Pues de esa suerte te vas, no ha de dejarte mi amor, que postrado mi valor puesto que indicios me das mi gozo conocerás; cuando y que te estimo el llano no enmudezcas, pues si gano en hablar tu salvación respóndame tu razón., ¿qué pretendes ser? Cristiano. ¿Cómo te vas de esa suerte y me cierras por de fuera? Oye, padre, aguarda, espera, ¿pretendes darme la muerte?, mas no, que si bien se advierte, causa secreta te guía, pues oyó la oreja mía, cuando tanta duda allano, que pretendes ser cristiano, llegue, señor, aquel. día; dulce pensamiento mío discurramos esta duda, a hablar el ciclo le ayuda no hablar él sin desvarío, mucho en la duda porfío si fue piedad o ti mas no desmayéis, valor, aunque el tormento se aplique, Francisco santo, mi Enrique, válgame vuestro favor, solo sentiré morir sin mi sayal soberano_ que aunque en morir tanto uno, pues eterno he de vivir, fuerza es que llegue a sentir dejar mi padre enemigo de mi ley, sed vos testigo, Enrique, pues es tan cierto que siempre fuisteis mi puerto corno verdadero amigo; mas ¡cielos!, ¿qué ven mis ojos?, Francisco santo, ¿qué veo?, cómo cumplís mi deseo, pues me traéis mis despojos, y para mí no hay enojos, pues he visto en dicha tal que me vestís el saya! que dejé por disfrazarme y que venís a ayudarme, pues me dais escudo igual. hijo de mi religión, que con él la confusión vencerás de aqueste encanto; yo te he de ayudar en cuanto tú me hubieres menester y conmigo has de vencer y has de conseguir la paz; ya armado te dejo en paz, te queda no hay que temer. Lleno de gozo me dejas, padre mío, aunque te ausentes, tus divinos resplandores me animan y favorecen. No quede cuarto en la casa que no se registre, lleguen hasta los más escondidos. ¿Qué ruido, cielos, es este? Examinad si el papista la ley de Calvino ofende y si pertinaz la irrita le dad afrentosa muerte. Hijo de mi corazón, tu riesgo es muy evidente; un bando ahora han echado contra aquellos que supieren de los cristianos que habitan en Aberdón, y tu suerte o mi desdicha lo ha hecho, que de ti noticia tienen, y la justicia a buscarte ahora a mi casa viene, y aunque preguntarte quiero qué disfraz, Jorge, es aqueste, no me atrevo, que no es tiempo ni tú puedes detenerte. Vete presto. ¿Eres cristiano?, porque si cristiano eres, no temo el poder del mundo. Digo más, ya responderte no puedo. Pues ¿cómo mudo te ausentaste sin que dieses aclaración a la enigma de llorar tan tiernamente? Escapa ahora tu vida. ¡Dentro, entrad! Mira que vienen. No excuso el morir por Cristo corno tú su ley confieses. Yo te buscaré. Y adónde. Donde mis hados quisieren. Así te viera en mi ley. Así responder pudiese. Por esa puerta saldrás, que yo a estorbar que no entren salgo hasta que estés seguro. Mi riesgo es muy evidente, hágate el cielo cristiano y dejes de ser hereje. Tomadas están las puertas, imposible es que saliese. Turbado estoy, ya no .puedo librarme cuando se ofrecen tantos imposibles, bien que de riesgos más urgentes los cielos me han de librar, que quien tal amigo tiene, tal intercesión de Dios aguardo auxilios que ofrece a mi afecto, pues deseo morir por su mil veces. Quien en el cielo confía y en él su esperanza tiene, nunca le falta el auxilio. Dios me envía a socorrerte, Arcángelo, y el dolor que llevas de que se quede en las dudas de cristiano tu padre con las de hereje. Sabe que en tu ley sagrada, por tus ruegos ha de verse, y aquel prodigio que oíste, que veloz el aire hiere, cuando enmudeció tu padre fueron causas convenientes a su dolor, porque fue tanto que al querer romperle, por los ojos se exhaló sin que la lengua pudiese; ven conmigo, que a librarte me envía Dios. ¿Quién merece tales auxilios, mi Dios? Tuyo soy. Mi amigo eres. ¡Ah, quién hubiera creído tus verdades diligente! Nunca para Dios es tarde. En él confía mi suerte. Lleno de gozo me llevas. ¡Qué poco hice en quererte como te quise! Ya ves que te lo pago. Así vieses cuán agradecido estoy. por ti Dios me favorece, por ti gozo aquesta dicha. ¿Ya horror no te causa el verme? ¿Como puede darme horror un espíritu celeste? El mejor amigo, el muerto, adorado Enrique eres, mira que te he menester hoy más que nunca. ¿Qué sientes? Dejar a mi padre. Ahora el huir es conveniente, que después podrás buscarle. No vuelva a Italia sin vede. Ven pues, que el cielo te ayuda. Contigo temer no pueden mis riesgos ni mis peligros pues .me guías: así viese reducida al Evangelio aquesta sectárea gente. ¿Qué puede hacer un cristiano que en estas dudas se mete? ¿No fuera mucho mejor haberme estado en mis trece y no andarme tras Arcángel° a predicador de herejes? ¿Quién le ha metido, me diga, en esto al padre fray Pierres?, pues andaba a pierna suelta, esto quiere, esto no quiere, y ahora si ve una col., que ha visto un capón parece según la gana le acosa, y en comiéndola a mil dientes, apenas llega a las tripas cuando sosegar no puede, porque un levante deshecho en las tripas se enfurece, que hasta aligerar el barco no es posible que navegue; ahora bien dejo el discurso y voy a lo conveniente. En esta talega traigo con que mis dolores pueden tener alivio, que duelos con pan son menos, se entiende, En Aberdón lo compré, que no fue muy poca suerte, El padre Arcángelo queda en un riesgo muy urgente en su misma casa, y si es que sale aquí venir puede, que es donde el sayal dejó, predicador galancete, allá le dejé y si no, lobos cómansele herejes, que yo mc quiero comer este quesillo, aunque tiene hechas unas resistencias, de mi boca a los corchetes, durillo está, mas no importa que mi tahona lo muele. Un rabanillo de perlas con aqueste queso viene, pues con lo coloradillo aunque algún picante tiene, encaja bebe con guindas. ¡Oh, que lindo es, que trasciende!, estos han sido principios, saquen postres en que entienden', hola, criados, si me enojo, por Dios que toque a jarrete. Miren qué presto que vino a señor, ¡qué de mercedes y maravillas obráis con un gusano terrestre, No lo merezco, mi Dios, mas vos hacéis corno siempre con vuestros siervos; salado está el tocino, bien puede enviarnos Dios su rocío, miren qué presto que viene. Murió el polvo, pero ya, si no me engaño, anochece y Arcángelo no ha venido, si el discurso no me miente, le habrán dado pan de perro, que es pan de sus ascendentes; ahora bien, pues sosegaron las hermanas tripas, pueden arrullarme entre estos ramos, mas quien almohada tiene como esta no necesita de nada cuando se duerme; ya yo he tendido la raspa, venga ahora lo que viniere. ¡Ah, de la maleza tosca, ah, del encumbrado risco, con cuya cabeza abollas los etéreos epiciclos! ¡Ah, de la bronca dureza, cuyos oscuros abrigos para duración dejó su nombre el diluvio escrito! ¿Habéis visto por aquí aquel infelice hijo que a costa de mi dolor por mi desdicha he perdido? ¿Habéis visto aquel ingrato cuya noticia he seguido, que es asombro de los hombres y es de la tierra prodigio? De aquesta antorcha guiado de mi bien destituido, pobre, cansado, sin norte, voy sin aliento y sin brío. De aquesta llama guiada, sin consuelo, sin abrigo, desterrada de Aberdón, salgo sin culpa y conmigo. Perdí [a] Aurora con mi pena. Perdí a Jacobo. sin brío me animo, ¿por dónde iré sin noticia y sin camino? ¿Adónde iré de esta suerte, con la lobreguez que miro, sin hacienda_ desterrado, sin remedio ya y sin hijos? Dar quiero mi voz al aire, impelida de suspiros. Si la vista no me engaña, hacia allí una antorcha miro, si ya no es agrie] fuego, el que del pecho respiro. Hacia allí veo una llama. si no es que corneta ha sido, que predomina en amagos el fin que aguardo rendido. Llamaré por si mc oyen. Llamar aquí determino. A Arcángelo llamarle quiero, ansí por si le obligo. Jorge Lesieo, ¿dónde estás? Si no es acción del oído, oí a un tiempo con dos nombres llamarme, sin duda ha sido la justicia que inquiriendo anda en mi alcance. El distrito del monte mi amigo Enrique aquí me dejó y me dijo que aquí mis mayores gozos los he de ver conseguidos; no quise saber en qué, porque los secretos juicios de Dios son incomprensibles y a su poder infinito mi obediencia le consagro y a su voluntad resigno mi ser, mi vida y mi alma, pero ya a mi vista miro dos bultos con dos antorchas. que uno llega a aqueste silfo de aquel monte despeñado y olio procura lo mismo, . Jorge. Arcángelo. ¿Qué es esto? Hijo amado. Padre mío. Aurora. Señor. ¿Qué es esto? Qué ha de ser, di., basilisco, ponernos con tus errores a los dos tan abatidos, Mira la riqueza toda, la pompa y el señorío de la riqueza mayor cómo por ti se ha perdido, pues puede decir mi pena, cuando tan otra me miro, escollo armado de hiedra, yo te conocí edificio. Ay, hijo, que desterrados de Aberdón hemos salido, porque estuviste en mi casa. Al publicar el delito, que fue contra los cristianos, de ti noticia han tenido; solo el consuelo que tengo es haberte hallado, hijo, aunque me miras tan otro, que solo por mí se dijo ejemplo de lo que acaba la carrera de los siglos. Señor, si de mi dolor no aplacáis lo que he sentido, ver mi padre de esta suerte no puede el afecto mío a la conversión que aguardo dar generoso principio. Hablad en mí, gran señor, sus pechos empedernidos ablandad con la verdad, que en vuestro nombre la digo. Guiados del cielo vienen, esto es lo que Enrique dijo; padre, cuyo ser conozco, Aurora, que el cielo quiso para llegar al descanso empezar por el destino del dolor, oídme atentos, pues Dios aquí os ha traído. Sabed pues que en mi niñez antes que el feudo debido de la razón me obligase al conocimiento lijo, tuve amistad con Enrique, aquel que dieron tus lilas muerte atroz, guísele tanto, sin duda el cielo lo hizo, que el móvil de mis acciones le llamé y mi albedrío, bien puedo decirlo ahora, pues más que entonces le estimo. Era cristiano secreto en Escocia, que el peligro que tenía le obligó a recatarse advertido. Supístelo porque el cielo te lo reveló impío, para que yo me salvase le diste injusto castigo. Ausenteme pues de Escocia con Carlos, amigo mío, a París, porque era deuda que concediese a los libros el trabajo antes que el gusto de la herencia y el cariño de heredero me entregases según quedó instituido cuando mi madre y tu esposa pasó de este infeliz siglo. Apenas llegué a París, cuando en eficaz auxilio mi amigo Enrique entre sombras para llevarme al camino de la verdad, se aparece a impedir mis desvaríos, pero yo menospreciando sus celestiales avisos, más horroroso que cuerdo le olvido y desestimo. Y un día, cielos piadosos, no sé cómo lo repito, teniendo presente un riesgo, que calla el decoro mío, de él libró, pues en él un inmortal basilisco de plomo violento y fuego fue a su pecho pasadizo. Desengañé por entonces, mis errores conocidos, y una noche de secreto sin dar a Carlos aviso, un criado suyo y yo nos ausentamos y fuimos a Roma, donde a los pies del pontífice divino arrojado conseguí este hábito de Francisco, cuyo escudo el alma para todos los peligros; pedí licencia al guardián, que es en cl convento asilo, pues fue san Buenaventura el que tomé en mis cielitos, que mc diese para Escocia licencia: fue concedido partirme dejando con gran sentimiento mío, aunque encaminé mis pasos al suelo patrio nativo, llegué a tu casa dejando en un escondido sitio este sayal que venero y, tomando traje indigno_ lo disculpaba la empresa, si la indecencia lo hizo. Conocisteme, efecto, y persuadiendo que a Cristo admitas y dejes cuerdo aquel error de Calvino, te retiras y enmudeces, cerrándome allí un postigo: perfile favor al cielo en tan urgente peligro, diómele, mi amado padre, el seráfico divino. Entraste turbado entonces, hallasme en este conflicto y en este traje admirado, piadoso_ compadecido me dices que el vulgo ciego de mí ha tenido aviso de que estoy en Aberdón, que me ausente o el peligro de la vida mi amenaza, porque un bando se ha extendido, que al papista que estuviere de secreto o escondido, que le den luego la muerte, mas yo que la estimo, en defensa de mi Dios, ni la excuso ni me indigno, persuádale, turbado atiendes a mi peligro, baste ha de tener la gente que en busca. mía ha venido; otra vez invoco al cielo, otra vez vuelve mi amigo Enrique, de allí me saca, déjame en acueste sitio donde dice que mis gozos en él he de ver cumplidos. Oigo una voz que nombra. salgo en fin, distintas miro 2 dos antorchas que me buscan, concédome a sus cariños, no huyo cl riego ni le temo, lástimas oigo y suspiros, sé que desterrados vais, porque sois comprendidos por haber entrado yo en tu casa; en el delito buscaisme, yo más piadoso os busco y os solicito; ea, padre generoso, cuya educación estimo solo por las esperanzas que tengo de ser creído, y tú Aurora, sangre mía, mirad qué verdad os digo: Cristo es verdadero Dios, seguid, seguid su camino, y para que aquesto todo tenga dichoso principio, quiere Dios que para santo tengáis tan buenos padrinos. Mirad, que el cielo se abre y vienen a ser testigos de esta evangélica ley de gracia tesoro rico, Enrique cutre nubes bellas y mi divino Francisco. ¿Quién se puede resistir a tanta verdad, yo digo, seráfico santo, si eres padre de mi amado hijo, que tu hijo quiero ser y desde aquí me consigno en hábito de tercero, y a ti, Enrique, te suplico que me perdones, que fui atroz, sangriento, ministro de vida tan ejemplar, a tus pies estoy rendido y aunque pobre peregrine por yerme destituido de mi hacienda, yo he de ser cristiano y la ley de Cristo guardar y morir en ella. Esa palabra te admito, Esa palabra te ateto y te perdono. Yo digo que seguiré religiosa en un convento francisco la ley de gracia divina donde desengaños libro. Pues partid. los dos ahora, que en vuestra casa el asilo hallaréis de vuestra hacienda otra vez restituido. Incesablemente causa de causas, ahora os bendigo, de alegría llora el alma, feliz yo que he conseguido con los mayores todos los deseos míos. Tú, Arcángelo. parte luego a Montegiorgio, que es sitio donde guardián has de ser y di cómo yo te envío, que con esta carta al punto has de ser obedecido; en la provincia de Ferino, su diócesis te afirmo que has de pasar a gozar los méritos que has creído. Señores, ¿qué luz es esta que me sacó de dormido?, pero ¿qué veo? Deo gracias, padre mío, padre mío, soñando estaba que a un torno le hilaban los intestinos, ¿qué novedad es aquesta? Son del cielo justos juicios. Dadme, señor, vuestros pies que de hoy más me califico por hijo vuestro, pues siendo cristiano más os estimo; dadme los brazos y adiós, porque es forzoso el partirnos, caminad luego a Aberdón. Deo gracias, padre, que digo busque hermano, compañero o búsqueme a mi un borrico. Yo os echo mi bendición, con que fin aquí ha tenido, El mejor amigo, el muerto y el escocés capuchino, donde en la segunda parte veréis mayores prodigios, si a don Francisco de Rojas le dais de barato un vítor.