Texto digital de El mejor alcalde, el rey
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Martínez de Meneses
- Atribución estilometría
- Tirso de Molina Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor alcalde, el rey. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mejor-alcalde-el-rey-el.

EL MEJOR ALCALDE, EL REY
JORNADA PRIMERA
Huye, que ya se cumplió mi gusto, ven por aquí. En fin la gozaste? . . Sí Y sabe quién eres? . . No, porque al pedir luz, maté la vela, y que viene siento su pasa en mi seguimiento. Sígueme, y calla. Si haré El Al Conde, a esposo, a mi bien, a señor, yo vengo sola: Criados, amigos, oía: que ahora durmiendo estén cuantos me sirven? Rosendo, Fonfeca, Aldonza, Lucia: Qué es esto desdicha mía? Don Garcia el Conde huyendo, después que el fruto ha gozado tantos días pretendido, tantos meres defendido, y tantos años guardado: Hay cielos! no hay gente en casa? Quién da voces a tal hora? El Buenos criados. Señora: Cuál es así quién te abrasa? que sueño te ha despertado? que desgracia ha sucedido? que mala nueva has tenido? que ladrones te han robado? que sientes? . El De sasosiego, y todo lo que propones, muertes, desdichas, ladrones, agravios, deshonra, y fuego; seguid a un hombre que aquí. con una marana nueva, la mejor joya me lleva que de mi sangre adquití; buscalde por esa huerta; seguidle por ese valle. Eso sí, gritar, y darle, una vez que esta despierta, diga, que diabros la toma, que par diez que me ha quitado el sueño más quillotrado que hay desde Galicia a Roma: soñaba yo que Dominga. No estoy para gracias necio. Cómo de amarla me precio, y me ha vido hecho una guinda. Ay cielo! qué causa pudo. ausentar al Conde así? Ella, y yo. Vete de aquí. Él uno, y otro desnudo Estabamos, do dira. Por muerto os lloro honor mío. Cuando menos en el río. Esto es amor? Oiga acá; agárrela de una pata. Hay suceso más atroz? Y disparome uda coz, que pienso que sengo chata la natiz. Quién de hombres fía, llore como yo infeliz. Yo que sin media natiz. me vide, y que se resa: voyme a ellar No es el Conde hombre que burla ha de hacer. Y correr, y más correr. ̱. Si a su sangre corresponde, y a mi honor, no será ingrato. Hasta que al fin agarte. Mas porque cielos! se fue? Luchamos los dos un rato con mordiscones, y coces. Sin honor, no quiero vida. Y cuando la tuve asida, despertaronme sus voces. (rico. No es más noble, aunque es más Y cuando tener pense a mi Dominga, me hallé dando vesos al borrico. Tarde venimos Sotelo. Tu Padre culpa ha tenido de que te hayas detenido hasta hora; pero el cielo, que con sus luces pequeñas, faltas del Sol satisface, para que la goces, señas, una piedra al val con tira, pues son las señas usadas que amor responde a pedradas, y faldrá tu Doña Elvira. Aquí villanos están. Ay de mí! Muesama Eluira: dígame, porque sospira? A Elvira nombrado han, Sotelo, descubríreme? Ya lbiempleza a hacer el día: dile que eres Don Guicia, que no es amante el que teme. Quien a Don Garcia nombro? Quién a Doña Eluira adora. Sois vos Conde? Si señora. Ya mi pesar se acabó, Pues hay gente, yo me, excurro, y a dormir me torno a echar: mas si volviese a soñar, y me hallase con el burro? . Pues bien mío, que ocasión, . . Sótelo será testigo cuando en lícitos abrazos, el amor tejiendo lazos, o daba su posesión, os pudo hacer con tal priesa, por dar a mi dicha justos, a la mitad de los gustos, lebántaros de la mesa? si fue porque luz pedí, porque mi gente llamé; y declararle intenté, quien ha de ser desde aquí dueño mío, y mi señor, poco agravio os pude hacer si mi esposo habéis de ser, y en las ditas del amor, dos veces da quien da luego, cuando os público me deis lo que en secreto ofrecéis, y asegura mi sosiego; para que ha de estar secreto: no hay Rey que os vaya a la mano: no hay padre que os sea Tirano, pues el vuestro es tan discreto: No me habláis? Parad, señora, despertad, volved en vos, que no os entiendo por Dios, o aún estáis durmiendo ahora: Yo culpaba mi tardanza, y a cierta ocasión precisa, quedando espacio a mi prisa, da a mis desdichas venganza; pues colo de escúcharos, que alguno más diligente que yo en la ocasión presente, pretendió con engañaros mis dichas desvaratas; porque yo en fe del concierto que hizo ayer mi gozo cierto, ahora acabo de llegar. Qué decís Conde? qués es eso? de que la verdad os digo. Si es que por quitarme el seso con la honra habéis trazado aquese enredo indiscreto, porque hace en vos el efeto, que suele un amor gozado: testigo este lugar del honor que me debéis, cuando villano neguéis la deuda; por no pagar la noche que os encubrió con luz, aunque es casa muda el silencio que os dio ayuda, el cielo, Dios, vos, y yo, que bastó Conde, y sobró pues si el honor os fíe, que me negáis mostraré, del modo que dio, y cobró. Yo Doña El vita me olgara que menor la deuda fuera, porque aunque no la debiera, por ser vuestra la pagara; pero acosta del honor, es muy cara, y no me atrevo a pagar lo que no os debo: buscad, señora, al deudor, que os lo debe, y haréis bien; más de mi mostrad por donde, y a Dios entre tanto. Conde, tratad mi fama más bien, que si os admiti apacible, no me convenzáis extraña. Yo os probaré, que se engaña, y veréis, que es imposible lo que por ser negligante perdí, y me pedís: a Dios. Esto escucháis honra vos, y no os vengáis? ola, gente, hortelanos de esta huerta, venid, aquí está el Ladrón de de mi fama, y opinión: acudid, cerrad la puerta, dadle muerte. Doña Elvira, que intentáis con vocear? Ingrato Conde, probar mi agravio, y vuestra mentira. El mismo pecado turba al que al hacerle animo. A lá puerta no acertó, Toda la villana turba de esta huerta, y casa viene con nosotros. La espada a cortar acostumbrada, mi difensa a cargo tiene: vive Dios rústicos! Palo, que si os pego un espeton Qué buen tarle de ladrón! Hay ya ladrones de raso? No deis, señora, ocasión a alguna remeridad: quien os ha amado mirad, y me hurtó la bendición, porque yo, viven los cielos? que no ha una hora que salí de mi casa, y llego aquí aconfirmar con mis celos vuestro agravio, y no querría acrecentar vuestros danos con desgracia. No hay engaños contra el honor, Don Garcia, ni os baldrá, no siendo fiel, el ser en está ocasión Conde, do, Conde y ladrón! Hay ladrones de dosel, de sitial; y aparador, con mayordomo, y con coche, que andan hurtando de noche, y de día a lo señor. Ya que no quieren los cielos, ni permiten mis desdichas, guardar secreto a mi amor, ni a mi derecho justicia. Criados de aquesta casa, vasallos de aquesta villa, jardíneros de esta huerta, oíd las desgracias más. De Payo Sotomayor, y doña Sancha de Limia soy, puesto que desdichada, única heredera hija: muriéronse al fin, dejando su nobleza en cifra en mí, y para conservarla, que no dura si no es rica, la villa de Carracedo, prados montes, fotos, viñas, ganados de todas suertes, posesiones, caserias, mi dote hicieron copioso, si con igual compañía, reciprocando mi estado, no me engañarán mentiras: la fama podrá decir, si ocasioné a la malicia, a que agraviando mi honor, pasquines haga a mi vida. De esta suerte conservé mi libertad muchos días, hasta que buscando ardides para asaltarla la envidia, vino así a mi casa el Conde, gobernador de Galicia, Don Pedro de Trava, a quien la nobleza deposita sus blasones, y atributos, y la virtud su justicia, ca Nacional de España truz trujo consigo a sus hijos, y entre ellos a Don Garcia, este que degenerando de su ser mi honor la estima viome; y si amor, como dicen, por los ojos aportilla el alma su libertad, vino a perder por la vista. Puso, hay cielo! desde entonces a mi voluntad sencilla, cerco que duró dos años sin perdonar baterias. Mostrome en fin lisonjero, lágrimas tan bien fingidas, ansias tan bien ponderadas, palabras tan mal cumplidas. Crelle, que amor gitano, con las palabras hechizas, persuadiendo por ensalmos, y obligando con mentiras: la comunicación larga, la importunación prolija, la frecuencia poderosa y la pretensión antigua, pudo en lícitos deseos, a fuerza de mil porfías, a noche sacarme un sí, que me ha de costar la vida. Dio me palabra de esposo, si bien por algunos días, pidio silencio a mi lengua, porque de tener noticia de este amor su padre el Conde, 1rí me dijo, ocasionaría pesadombres, que a su ausencia, y a mis penas diesen prisa. Prometido señalé para esta noche enemiga el término de sus gustos, y el plazo de mis desdichas. Entre el temor, y vergüenza, de recelos convatida; le aguardaba, sin fiar secretos de tanta estima, ni aún de la pequeña luz que me ofreció una bujía, que como es su llama lengua, sospeché que lo diría; hasta que asaltando el Conde este cuarto a escala vista, mudo, y a escuras llevó de mi honra las primicias. Viéndome yo ya su esposa, y el alma, como adivinía, por asegurar libranzas, que mal cobra quien bien fía, testigos de aquesta deuda quise llamar, que aunque obliga dar a solas, ya no pagan sin escrituras, y firmas. Pero apenas di una voz, pedí una luz encendida, cuando el Conde alborotado, dando tiempoy su malicia, la luz mató rebedado, haciendo la escala misma; que en su amor torpe terció, cómplice vie de su hua. Bajele atajar los pasos; di voces enternecidas, desperté toda la casa; y en fin las lágrimas mías a buscaros me obligaron; pero el cielo que castiga tiranos, y honras ampara, de suerte lo desatimna, que a mi presencia le torna del modo que al homicida, que creyendo que se aleja, da en manos de lajusticia. Criados, pues, de mi casa; jardineros de esta quinta, si el pan que en casa comistes, en vosotros lealtad cría, si dais crédito a mi llanto, si mis penas os lastiman, o al violador dad la muerte; o a mí, si él queréis que viva; o para que pague, haced prender en su persona misma; mi honor es acreedor, prendelde, que si porfía que por deudas no ha de ir preso, quien ser hidalgo pública, menos es que villano D Garcia, para que no viva oculto pues ni obras paga, ni palabras Si en ausencia de su dueño (quita somos, Conde, los criados a defenderle obligados, y un beneficio pequeño, es digno de justa paga, no os espantarán extremos, si con él los pretendemos que el honor se satisfaga, y hemos de perder la vida, ante; que pierda su fama quien, sus criados nos llama, La nobleza conocida, del Conde, Gobernador, vuestro padre, cuando entienda que preso os quedáis por prenda de quien os pide su honor, vuestra ingratitud culpando, nuestra ley ha de alabar, y la justicia amparar, que nos está administrando. i. Pardiobre, si así os andáis, . Averigué mi deshonra, que dejéis las hembras buenas, no hacéis; son catar colmenas, y luego las afusáis? ̱. Ved en lo que os resolvéis, Conde, que el Sol ha salido. Ni me doy por ofendido de lo que conmigo hacéis, pues os ha la fe obligado de la casa donde estáis, ni de lo que me imputáis estoy amigo culpado, como afirma mi semblante. Dentro en la cuadra, señora, donde duermes, hallé ahora esta daga, y este guante; debiósele de caer al agresor de este insulto, quien te pretende ofender. El cielo volvió por mí! Ya hay testigos, Conde ingrato, contra tu villano trato. Satisfareos así, de que es verdad lo que digo: La guarnición es dorada, y llana de aquesta espada; si creéis este testigo, siendo negra aquesa suya, y gravada, muestras doy de que culpado no estoy: Haced que esotro me arguya; veis aquí que no me cabe; ni con este otro conviene; dos señales rotas tiene de sortijas, porque acabe vuestra querella importuna de ver que inocente vengo mirad si en la mano tengo, señora, sortija alguna. y en tan confusos extremos, fuerza es Conde que quedemos vos sin culpa, y yo sin honra. Andad De Garcia con Dios, que aunque quedáis de este engaño libre, no lo estáis de él daño que se me sigue por vos. Ahora el pésame os doy; Dios que mi inocencia muestra hade volver por la vuestra confuso, y celoso voy! . Perdido os lloro honormio, la afrenta que os agravio; este guante os arrojo en senal de desafío, armas os da el que os desprecia; más, pues, no se halla el camino de conocera Tarquino, dese la muerte Lucrecía, y llorad por iguorante, burlas que os hizo un tirano, que prometiendo os la mano, solo os ha dejado el guante. . Lastimoso, y triste caso! Sueño parece que ha sido. Si cuando él la dijo envido, ella respondiera palo, y no quijera tan presto, jugara con más ventaja, más hechose en la varaja, y por eso perdió el resto. Vete a cabar ignorante. Dominga, si yo os quillotro, Qué? Dejarcos como ellotro, una daga, y luego un guante. . Anda no hagas caso de eso, si a dona Elvira goce, por tan dichoso suceso, sin que se sepa quien fue, quien la aura quitado el seso con la honra, que temor me puede causar cuidado? yo no la he tenido amor? llegue a calo descuidado del no esperado favor? hallé de la quiela abierra la puerta talla, y oso entré de noche en la s gaoteca que nunca soy perezoso cuando amor me abre la puerta; sintieronme de un balcón, dijeron, hay va la escala, y sin temer la ocasión, subí a escuras a una sala, ganando la bendición a un Conde, a quien oí nombrar, reconocí a Doño Elvira, y al fin goce por callar lo que parece mentira, y tu puedes sospechar; pidió luz a una doncella levánteme alborotado, encontré al salir con ella, y matando rebozado la luz, por no ser por ella conocido, al sin bajé por donde al valcón subí: si dichoso la goce, qué quieres? Entonces fui, señor, quien te acompañé, y ahora quien te aconseja, que goces de la ventura que amor en tus manos deja, para que tal hermosura no quede de ti con queja. Ella es mujer; y gozada basta para aborrecerla, pues nunca de mí fue amada. Siendo rica, noble, y bella, no pudieras perder nada. Yo, Montero, había de hablar dos veces a una mujer? bueno. Opinión singular? gran Turco debes de ser. No soy, más seleimitar, deja que pretenda ahora de está Serrana divina, corresana labradora, con coma reana peregrina, y en fin animada Aurora, ya sabes que estoy Montero, rematado por su amor. Huelentodas a romero. Y yo aveja de su flor, labrar un panal espero; hamé parecido bien, y no corresponde mal, ni me mira con desdén. Pues de seda, y de sayal, tas gustos vestir se ven, hoy que es día de Santiago, la verás en esta hermira, que estos Serranas en pago, de que el vugo a España quitar que le puso el Godo; estrago; cada año vienen devotos, y haciendo fiestas aquí, cumplen novenas, y votos. Trae el Apostol tras sí mil peregrinos remotos; mas oye que van viniendo. mil Serranos, y con ellas. la mía, que amaneciendo; cual Alya entre las estrellas, claveles viene esparciendo. Lindo es Abril afe, más mijor el Apostole: lindo es el Aorilflorido, derosa, y jazmn vestido, y el Apostol es más garrido, que en somo el rocín se ve: lindo es el Abril a fe, Lindo es Serrano el Verano, que de flor viste el camino, y no hablando a lo diuno, porque todo soy humano, mas lindo es mucho el jardín. de esa cara lisonjera, donde la edad primavera, de amor, de rosa, y jazmín, hizo cuadros las mejillas, y de donde diera ufano. el alma a ser yo oltelano, clabeles, y matabilas. Maranillas? pues estoy yo acaso lescoronda? Matabillas de mi vida, pues maravillado voy de cuan dura en mi favor mis penas os confideran. Bueno; anyios que nos espera. A tenerme vos amor, escucharades mi mal. Mire, señor D Fernando, para no andarnos cansando, a ser su merce mi igual, ahorrándole el trabajo que por mis amores tiene, nos echará el Sacristan desde la trebuna a bajo. Y si os doy palabra fiel de esposo? Mas voberias; no vienen bien senorias con la abarca, y el buricí. Porque no, si tantos Reyes que el mundo nigen, y admiran, si en sus principios se miran estar unciendo los bueyes? limpia sangre, y ser sencillo tenéis, y por esto os quiero. Así lo dijo el barbero sangrándome de un robillo: más dígame en buena fre, que se casara conmigo? En buena fe que os lo digo, Vala el diablo a su merce. Mas yos no queréis bien solo por ser caballero? a Nacional de España Mirad, si os quiero, o no os quie Dios lo sabe, y yo también: (ro, Mas id a la ermita vos, pues padre ha de estarallá, que en hablándole, quizá dará el si si está de Dios. . Provocado me has a risa; loco, y rematado estás; palabra de esposo das a una Serrana de frisa, y una Doña Elvira dejas de tela, que a cargo llevas? F. Ya estimoen más frisas nuevas que no telas, si son vielas; gócela yo, y pida ciento cuando gozada me enoje; y quien las palabras coge, fía en aire, y guarda el viento: Mas escucha, que ruido Es aquel? Válgame el cielo! Un Caballero en el suelo yendo corriendo ha caído, que el caballo tropezó en un tronco. A dalle ayuda, es bien, Montero, que acuda: Ven, mas ya se levantó, y huyendo se fue el caballo. Caro me pudo costar el salir hoy a cazar. Hola, escudero, vasallo, aquel caballo tened. Alonso es el Infante: Hay suceso semejante! Corte, Montero. A merced juzgo extraña hallarme aquí: Mas que voy desde hoy medrando? Gran, señor? Oh Don Fernando! Vos sois? Qué es esto? Cal siguiendo un oso, y pudiera a contecerme peor. Sentís algo, gran señor? Un poco de agua quisiera. Voy a pedirla a esta quinta. Cuando el caballo cayó, la espada se me quebró saliéndose de la cinta, no me hallo un punto sin ella. Ni un Príncipe, es justa ley, que tan presto ha de ser Rey, deje jamás de traella. Póngase está vuestra Alteza, pues tal dicha ha merecido. Alhaberla vos traído, califica su fineza; pero en fin basta ser vuestra: El Castillo de Velvis os doy por (ella, Acudís al valor que en vos se muestra. Ladaga. Ya me la quito; la baina sola está aquí, no sé donde la perdí, estimábala infinito; debióseme de caer, y siento ahora el perderla, que os quise servir con ella. El agua voy a traer. Ya es tarde, y estoy mejor. Atado el caballo dejo, gran, señor, en aquel rejo. ̱. . Sois, Fernando, cazador. que así acudís por aquí? A caza, señor, andaba, de una fiera humana, y braba. Mujerdiréis? Señor, sí. Pues por aquesta aspereza? Vive en esta quinta acaso? Con más humildad me abraso; de la sierra es su belleza. Si os estorbo, no perdáis, Fernando, vuestra ventura, que amor todo es coyuntura: Gozalda, pues la buscáis, que presto vendrán aquí mis cazadores. No es justo, gran señor. Este es mi gusto. Verdad es que ahora fui a una fiesta convidado, que toda aquesta montaña hace al gran Patrón de España, sobre aquel verde collado que santifica una ermita. Pues convidaos la Serrana? Si, gran señor. Mas humana es que vuestro amor pública: Id con Dios, que podrá ser que no se acabe sin mí la fiesta. Siendo eso así, dos fiestas podremos ver, una del Santo, y después la que con vos, señor, gana. Contad también la Serrana, y serán para vos tres. Gran, señor, sin mí a cazar? Por poco Conde os vengara, si el cielo no me ayudara: Un oso pensé matar que mi gente descubrió, y cuando le iba alcanzando, en un tronco tropezando, conmigo el caballo dio: mas saltando de la silla, me valió mi ligereza. (teza Guarde el cielo a vuestra Al- para amparo de Castilla. Viva mi madre, y señora, muchos años, Conde amigo. No heis de ir a laermita, digo, Dominga rezongladora. Pues soy vuesta mujer? Sí. Aún no nos hemos casado. Soy marido adelantado, como tercio de alquiler. Vos marido? mas nonada. Pardiez que no heis de ir allá. Pardiez que he de ir, aunque vos no queráis. Pues juro años de daros una puñada. Lástima es ver de la suerte que nuestra pobre señora está; desmáyole, y llora, y hubiérase dado muerte, sino estuvieran con ella. Notable desgracia fue! Qué gente es esta? No sé. Mas la espada no es aquella, cuya guarnición conforma con la daga del Autor de este insultos su labor tiene, su hechura, y suforma. Corred vos, ida avisar a mi señora entre tanto, y procurad convocar cuanta gente hubiere en casa. Apedir albiicias voy. . Su postrero día es hoy, si con ella no se casa. Vendrá alguna de mi vente Conde, y luego nos iremos. Hao, qué es aquesto? Callemos, que pienso que es conveniente. Pero quien el dueño es de esta quinta? Es de una dama desgraciada. Si el que ama no cortes ponde cortés, bien la llamáis desgraciada. Es Dn Eluira, señor, en sangre Sotomayor, y en hermosura extremada; yo sé que os admirara, si gustáis de ver lo que es. Dejaldo para después, que sale su gente acá. Con el Conde Don Garcia. está. Y con tanto sosiego, como si no fuera Autor del agravio que te ha hecho: Mira si verdad te he dicho. En lo primero que he puesto los ojos, es en la espada, que la metieron por ellos los agravios de su Autor; la misma guarnición veo en ella, que en esta daga; cierta la venganza tengo, mi honor está a vuestra cuenta, mi hacienda, y vida os ofrezco, si ahora la restantáis. Daos a prisión, Caballero. Cómo ay risió? conoceisme? Quitad, villanos. El Ay, cielos! el Infante n Alónso no es el que presente tengo? si el Infante anoche fue quien hizo al Conde tercero del hurto de amor confuso, y por no ser descubierto huyó matando la luz. Que dudo lo que hace cierto el estar juntos los dos, y los testigos que tengo? Apartaos vasallos míos, y vos ilustre heredero de la sangre de Borgona, y de Don Alonso el Sejto. Cómo es posible, heredando la sangre de tal avuelo, que si los Príncipes son Soles, y vos lo sois nuestro; siendo Sol matáis la luz, y a escuras hagáis excesos? Los Reyes de quien venís, a los que escalando vieron honras de doncellas nobles, dieron castigos severos. Cayoseos aquesta daga cuando salisteis huyendo; como reinaréis, si echáis la justicia por el suelo? Para honrar vasallos leales, descalzar el guente vemos los Príncipes; pero vos al contrario lo habéis hecho; pues en vez de dar la mano, alzando, y enobleciendo vasallos, derribáis honras de leales, que os sirvieron. De esposo me dio palabra el Conde; ved cuan discreto es, pues siendo esposo mío, ha sido vuestro tercero. Si asaltasteis esta noche mi ya violado aposento, que en tálamo coniugal esperaba el propio dueño: n Cuando neguéis poderoso las prendas en que hizo empeño la fe que al cielo debéis, apelando al mismo cielo, presentaré por testigos la guarnición de este acero, que al de esa espada conforma, y este guante, en quien espero, que a Dios tiene de dar voces, haciendo lenguas sus dedos, que a mi venganza le obliguen, o a darme muerte a lo menos. De vuestro modo de hablar, he colegido el suceso, por consecuencias oscuras, señora, del pesar vuestro. La espada que me condena, me dice quien es el reo de vuestro agravio, y mi enojo, que espero remediar presto. Dadme aquesa daga, y guante, por testigos verdaderos, que convenzan al culpado, de quien ya noticia tengo. Id esta tarde a la ermita del Apostol Zebedeo, donde se juntan festinos los Montaneses del Bierzo, que antes que mañana vuelva a dorar las cumbres Febo, a las quejas que formáis dar satisfacción prometo. Y entre tanto que lo cumplo, quedar por culpado quiero, por no avisar descuidados del delito que no han hecho. Poned los pies enmi boca. Alzad, señora, del suelo, dad fin a vuestros suspiros, enjugad los ojos bellos, que el que os deshonró de noche, con un noble casamiento de día os tiene de honrar. otra vez los pies os beso. Qué es esto, señor? Después lo sabréis, Conde. Sospecho de vuestra Alteza mil cosas, que me admiran, y no creo. Presto os desengañaréis: Ya vienen mis Caballeros; en prendas de mi palabra, la espada, señora, os dejo que truje, y esta me cino. Segura, y fiada quedo de esa palabra Real. Id donde os aviso luego, y a Dios: Oh Fernando ingrato! esto hace un Caballero? Desdichada venturosa, llámaros desde hoy podemos, pues un Conde en un Infante trocáis. Milagroso trueco! El parabién de la Alteza que adquirís os damos. Esto, y el honor que ya restauro, a vuestra fe, y leallad debo. Amigos, seguidme todos, que si esta tarde me veo de Al onso esposa, y Infanta, yo os premiaré con exceso. Dominga, habéis de iralla? El Diabro cayera en eso: No ves que nos lleva a todos? Pues vome a poner de nuevo; mas no miréis a Chamizo. que si se os pega, y me pego, y me dieréis celemines; ha de haber. Qué? Ahorcamiento.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Dejeos Dios ver, mis Serranos, . Prega a Dios, de estos infinitos días, con medra de vuestras crías, con colmo de vuestros granos, con salud de vuestros hijos, con paz de vuestras mujeres, logro de vuestros averes, y bien de vuestros cortijos. Teniéndoos Benito a vos por Alcalde en el Conceja, en la virtud por espejo, mayordomo en lo de Dios, y en todo por nuesa guía, que a fe que bien se trasluce, lo que media, y lo que luce con vos nuestra Cofradia; pero el cielo os dará el pago. Que en ramada, y que compuesta está la hermita. Es la fiesta de nueso Patrón Santiago. Estaba el Altar bizarro, pardiez, y la Cruz curiosa con tanta azucena, y rosa. Pues el Santiago, es barro? Al diabro barro, el cochillo en sangre Moras bañado, con el brazo arremangado, sobre un caballo morcillo. que los Moros despachurra. Miedo, pardiobre me dio. Cuando en procesió salio, en viendo al rocín mi burra dio un rebuzno; y yo que hago, luego la rodilla hinque, y mi alma le encomendé. Al caballo? O al cuartago; no iba el Apostol sobre él? Calla bestia. Callad vos. Al caballo? que me haga a mí como a él. Vos gastáis bienvuestra hacienda. Ni la mujer me da afan, ni me piden hijos pan, ni celos me dan contienda; que queréis? Dios multiplica a quien le sirve el caudal. 2. Casadero estáis, y heis mal, siendo persona tan rica, en no dar a estos peñascos hijos que sirvan a Dios, porque no muera con vos el nombre de los Carrascos. Ya que a esto hemos llegado, mientras el queso, y el pan de la caridad nos dan, pues vísperas se han cantado, pardiez, hermano Benito, si no lo habéis por enojo, que ha días que os eché el ojo para yerno; y que infinito me holgara, que con Olalla, matrimoñando esta vez, me dieras buena vejez, que reviento por casarla. En lo que a la moca toca, cosa es bien averiguada, que os viene pintiparada. desde el botina la toca: No hay corazón que no agarre, es limpia como el cristal, tanto, que el patio, y corral, de dos escobadas barre. s de mil, aunque las gracias son tres, azogue trae en los pies cuando baila al tambóril: Si consuegramos los dos, dareos en estas campiñas cuatro aranzadas de viñas, de buen vedueño par Dios; seis anegas de centeno; que he sembrado en aquel coto, con sus tierras, y en el soto un prado vestido de heno; el buey bragado, y la vaca barrosa, con dos becerros, veinte cabras, y dos perros; la mohina, que aunque flaca, y que ha cerrado, es borrica, que de puro andar camino, sabe de coro al molino, y una yegua, pieza rica: De ajbar de casa os daré, cuatro sillas, y un escaño, con dos arcas de castaño, y la cama que heredé, de mi avuela, que haya Dios, con dos esteras de paja, un cubo, y una tinaja; y los paramentos dos de la historia de Sansón, el uno, que es singular, y el otro, que hace llorar con pasos de la pasión; ya Olallá, que no será la peor, pues es tan bella, y darcos, en fin con ella una buena voluntad. Esa estimo yo en mi fe, Antón Serrano en lo justo, que de casarme no gusto, puesto que las partes sé de Orallá, y lo que merece, si le dieran al casado un ano de noviciado, como en los Monjes se ofrece, toda via me atreviera a probar a lo que sabe, si es manjar agrio, o suave, si es carga grave, o ligera. Par diez no tenéis razón, que el Cura cuando. Sermona, siempre al matrimonio abona: Dios le echó su bendición, y le hizo Sacramento; y si no venid acá, en que estado se hallará mayor amor, y contento, como en dos buenos casa dos Hay gusto como llegar cansado a casa de arar, y de repastar ganados, y en asomando a la puerta, verse cercar de Angelillos, que como los cabrstillos, a quien el hombre despierta, balando en mal pronunei adas palabras, oyendo estas, taita acá, padre aculla, con voces regocijadas; con tan dulces embarazos, quien no ha de mostrar placer? Pues que al llegar la mujer abiertos los tiernos brazos; con que coronando el cuello, como paloma os arrulia, y entre la inocente trulla, formando un escuadrón bello, llegar al hogar, do tiene ropa enjuta, que os apresta junto a las brasas también. Todo eso, Alcalde confieso, que en el buen casado es llano; pero vos Antón Serrano, pesáis la carne, y no el hueso, contáis el bien, y no el mal- pues repartis las maduras, repartid también las duras, y pondréis el peso igual. No fuera bueno avisar a los amigos Serranos? O, señor, denos las manos! aquí se puede sentar; descuidos son de groseros; siempre yerro en cuanto hago. En fiesta de Sautiago, no vienen mal Caballeros. Los que lo fueren como él, y dejando travesuras probaren sus aventuras siempre contra el Moro infiel, bien parecen estos días, señor Oo. Fernando acá; más ay Caballeros ya con muchas bellaquerias. Entre estas rústicas fiestas me divierto, y entretengo las veces que a verlas vengo, más de voluntad compuestas, que de riqueza, y ornato. Si a tu gusto corresponde, vaya. Por vida del Conde que hemos de holgarnos un rato. No hay fiesta que pueda sello, si vos, señor no la honráis, boda que no apadrináis, bateo sin irabello: Bendiga Dios tal llaneza, como en vos el cielo cría. Sientese su infantería. No se llama sino Alteza. Conde, aquesta sencillez me da gusto; pues ha avido fiestas? Avemos oído lindas vísperas pardiez; porque lo gorgollorea, señor, nuestro Sacristan como un Sanson Dije bien? Habrar, y sea que se sea. Y ahora en qué se entendía? En traer la caridad que aquí cada año se da, y repartirse quería: Mas, pues, su Alteza ha llegado, (dar; abrémoslo de dejar. No, Alcalde, empiecesea yo quiero ser convidado. Alto, pues vos gustáis de eso, haceldo todo traer. Gusto será ver comer a un Infante pan, y queso. Don Fernando? Gran señor? Vos me habéis traído acá. Siempre vuestra Aleza está haciendo a todos favor. Ya sacan la caridad. Y con baile? No podemos dar más de lo que tenemos; recibid la voluntad con que os hacemos merced. Yo la recibo a mi cuenta con cien hanegas de renta de trigo que doy haré esta caridad mayor. Viva más años que granos nos da. Asentaos mis Serranos. Este sí que es buen señor. Sembrando estaba esperanzas un Serrano labrador, entre espinas de los celos, en la grania del amor: El arado es su memoria, que sin él la no hay amor; la firmeza es la aguijada, los bueyes las penas son; como el amor todo es fuego, cubierto está de sudor; y mientras que se le limpia, cantar de esta suerte oyó. Mucho pica el Sol, más pica el amor. 1. Mucho pica el Sol luciente, por Agosto si hace calma. 2. Más pica el amor ardiente, pues llega a abrasar el alma. 1. El Sol se lleva la palma. 2. El amor es vencedor. Mucho pica el Sol, Aquí dicen que está el señor Infante. El señor Rey decid. Pues ayo mío. La lealtad con que constante Castilla os llama Rey, y de quien fío, que siendo a vuestro avuelo semejante, términos ensanchéis al señorio, que hasta Toledo su valor dilata; y el Rey Aragones quítaros trata la Reina Doña Urraca vuestra madre, del Sejto Alfonso única heredera, viuda del Conde ilustre vuestro padre, que envidiosa llevó la muerte fiera, sin advertir lo que a sus Reinos cuadre, que el ciego amor, ni ve, ni considera; al de Aragón, la Real cerviz humilla, y con su libertad la dio a Castilla. Siguiose de este infausto casamiento, tiranizar las fuerzas Castellanas, el Rey Batallador más avariento, que agradecido a voluntades llanas, con que causando justo sentimiento a vuestros Ricos Hombres, las tiranas intenciones del Rey, no Rey verdugo, nuestro León conoce, y rompe el yugo. Doña Uiraca, aunque tarde reducida, a la verdad del Rey menospreciada, con falsos testimonios abatida, con tirana ambición desheredada, de los Grandes del Reino perseguida, y en León de su oretirad, por ilícito juzga su consorcio, y al Romano Pastor pide deborcio: En ti tenuncia el Reino de los Grandes, que olvidado te ven en esta tierra, persuadida, o forzada, porque mandes. las armas nobles; y en tan justa guerra, ya no es razón que tras las fieras andes, sino que eches las fieras de tu tierra, que brama tú León, porque en sus garras. no desmenuza Aragonesas barras. Ea, pues, joven Real, quita a Castilla, si es su padrasto el Rey, este padrasto, cautiva está, procura redimilla; labra a tu nombre Templos de alabastro, a colocarte vienen en tu silla, Don Gutierre Fernandez el de Castro, y muchos nobles a Aragón derriba. Por Castilla, y Leon Alfonso viva. A tan justa lealtad, tan justa empresa, ni sé contradecir, ni hacello puedo; la soberbia me obliga Aragonesa, los Reinos por mi avuelo, y madre heredo; libremos a Castilla, si está opresa, partamos Ricos. Hombres a Toledo, dejemos ya los montes de Galicia, que el cielo es protector de la justicia. El cielo aumente siglos a tu vida, porque España con ella se remoce. O. Viva el Séptimo Alfonso, en quien impida la muerte su valor. . Su Alteza goce el nuevo estado con salud cumplida, que toda aquesta sierra reconoce la medra que ha tenido con su trato. Deajís el Reino hao, por un Curato? Guardeos Dios, buena gente, que yo os digo que he de echar menos vuestra compañía. No se olvide de herdarnos el trigo de tenta que mandó a la Cofradia. Ida mi Mayordomo. . Si consigo me quisiese llevar, su Infanteria, sería. Qué? . Sería. Habla despacio. . Porquerizomayor de su En el camino he sabido nuevas que me han alegrado, gran señor, de que he temido. con la mudanza de estado, nuevos agravios de olvido. Dícenme, que vuestra Alteza trueca por la Majestad del Reino nuestra aspereza; y así de esta novedad mi justo temor empieza, pues aunque la ley de amante vencer cualquier otra ley duda mi dicha inconstante, que cumpla viéndose Rey obligaciones de Infante. Mal vuestro temorindicia, bella Elvira, del estado que hoy me corona en Galicia; pues si un Rey es obligado. a, administrar la justicia, en cuyo espejo se ve el gobierno que adquirí, no hay duda, aunque pena os dé, si Infante lo prometí, que Rey os lo cumpliré. Dadme esos pies, gran señor. Alzad, señora; si el día que un Rey, o un Emperador, adquiere la Monarquía, prodigo aumenta el amor de sus subditos, haciendo inercedes a sus vasallos: hoy Ricos Hombres pretendo págaros por imitarlos, lo que os confieso debiendo a Pontevedra, y Orense. doy a Don Pedro de Traba, que así es bien que recompense sus servicios. Quién no alaba tal largueza? Nadie piense, que con tan corta merced, ayo, vuestro valor pago: En honor también tened, la Coruña, y Santiago; y del modo que antes, sedo Gobernador de Galicia. Prospere tu vida Dios. Castro, muy larga noticia los hechos me dan de vos con que honráis nuestra milicia, Marqués de Satria, y de Lemos, Conde quiero que seáis. En vuestra Alteza tenemos otro Alexaudro, pues dais de quien sois tales extremos. Conde sea de Didón Don Suero. Tus plantas beso. Y Don osorio en León Alcaide. o. Por ti intereso a mi casa un Real blasón. Mi Alferez es General, Don Garcia. Honrado quedo de tu mano liberal, Y Di Gomez Manzanedo, quiero que en mi casa Real Mayordomo sea Mayor. Cuanto más nos estás dando, das más lama a tu valor. No llegáis vos, O Fernando? Bástame a mi gran señor, ver a vuestra Majestad. Rey de Castilla; no quiero más premio, y felicidad. Habláis conto Caballero; ese guante levantad, que se os debió de caer. A mí, gran señor? no es mío. Mirad cuyo puede ser, que pues que le alcéis porfío, algo debo de saber. Misterios me habla todo hoy el Rey, y de su semblante severo temblando estoy; quien le pudo dar mi guante? si sabe que deudor soy de Dona Elvira, no en vano ha venido aquí, si llega a acusar mi amor tirano. Fernando, el que un guante niega, mejor negará una mano; y no es indicio pequeño el que habéis contra vos dado, pues el guante que os enseño, si ahora le habéis negado, a noche os negó por dueño; mostro del modo que pudo, que es noble, si vos villano, que cuando os vio ingrato, y mudo, no quito vestir la mano que el honor dejó desnudo. El que se arma caballeio, entre las cosas que jura, una es defender severo las honras que en la hermosura piden ocorro al acero, y en lugar de defender esta noble profesión, anoche quisistes ser no cabal lero, ladrón del honor de una mujer; y así vuestro mismo acero os quiso dar justa paga, dejándo os como a grosero, pues cayéndoseos la daga, os nego el ser caballero. veis la aquí, que si el armar caballeros toca al Rey, como os vio degenerar de quien sois, por justa ley se vuelve al primer lugar, y dándome vuestra espada, casi he conocido de ella, que no adornaros le agrada, pues como cía en vos doncella, receló el verse forzada. Aplacad cuerdo la ira, que en mi provocáis liviano, y aplacando a quien suspira, antes que beseis mi mano, dad la vuestra a Doña Elvira; que porque la merezcáis, sois Conde de Ponfertada; y pues vos señora estáis satisfecha, si agraviada, y con Fernando tornáis a restaurar vuestro honor, el contento ponga tasa a vuestro enojo, y rigor; pues es un Rey el que os casa, y un Conde el que os tiene amor. Aunque de la presunción, señor, con que llegué aquí, caiga mi imaginación, si al fin se restaura ansí de mi honra la opinión, fuerza es que ácete la empresa que ya reusar no puedo; la mano mi dicha os besa, pues si Reina no, al fin quedo por vos honrada, y Condesa. La vergüenza, gran señor, con que estoy por mi responde. La mano lo hará mejor: daldaa vuestra esposa Conde. Cortalla era mal menor. . Padre, Padre, no ve aquello? con Don Fernando se casa nuesa ama. Qué te va en ello? Hay amor, salid de casa! quitadme el yugo del cuello, verá lo que hay que fiar en bragas de seda, y oro. Zelos, ahora hay lugar de volver por el decoro de quien os quiso injuriar; pero es el Rey su padrino, satisfaceros no puedo. En vuestra casa imagino, antes que parta a Toledo, puesto que estoy de camino, desposándoos rematar vuestra pena en alegría. Por fuerza haurá de tornar si os partís el mismo día, gran señor, nuestro pesar. Suple Condesa un matido mil disgustos canalleros, vamos. En fin se han rompido de mi libertad los fueros, casado, y arrepentido? Estimad vuestra mujer, no lleguen a mi noticia quejas. Mi espejo ha de ser? váyase el Rey de Galicia, que yo sé lo que he de hacer. En fin ya no hay que esperar en amores de un casado? Si se me viene a quejar, Conde, espada me habéis dado con que os pueda castigar: mirad que tengo de ser Alcalde, que he de juzgar lo que mal os viere hacer, si se me viene a quejar la que yo os doy por mujer, fiado en los infinitos blasones, no de la ley rompáis los santos distritos, que es para vengar delitos, el mejor Alcalde el Rey. , s. Pardiez sindo Rey han hecho, y buena mujer le han dado, Antón, al nuevo Encondado. Ooh. Mas que le entre en mal provecho De qué lloráis vos Holalla? Mi llanto, y yo nos lo habemos, que el, y yo nos entendemos mejor. Bien sé yo, aunque calla, donde le aprieta el botín; envidia de que se case Doña Elvira, y se le pase de su hermosura el jardín, al presente la da enojos, Pues no es mocosa la polla. Zelos, envidia, y cebolla, luego salen a los ojos; no hay cosa de igual mohina, para una muchacha bella, que el ver quedarse doncella, y casarse la vecina, Cada cual vivir procura como manda Dios. Alcalde, en el árbol está en valde la breva una vez madura. Ahora, Benito, es posible que no me queréis por suegro? Libre, y soltero me alegro. Condición tenéis terrible: 1. Pardiez si terceros pueden aquesta vez con vos algo, y yo alguna cosa valgo, que habemos de hacer que queden estas cosas concluidas. Benito Carrasco, ea, todo el lugar os desea la dicha como a sus vidas: si os casáis, común será el gusto, y más con Holalla y si llegáis a gozarla, de año en año os parirá un hijo como un becerro. 2. No habéis de decir de no, basta que lo pido yo. Vivir como bestia, es hyerro, en soledad, y tristeza, de hacienda, y casa cargado. Bueno es un Ángel al lado, cuando os duele la cabeza. Si todos me quieren bien, y todos me aconsejáis que me case. Qué esperáis? Echa acá el sí, y diga Amen la muchacha, que me aflijo de veros dudaransí. Digo. . Qué decís? Que sí. A rempujones lo dijo. Y vos, Holalla? Temía de casarme echa intención; salió guera la ocasión, que al fin bastaba ser mía: digo que quiero a Benito, y que a mi padre obedezco. Concluyose el parentesco, gozaos por infinito. No hay para que dilatarlo; Doña Eluira tiende ser madtina, que os querrá her honra, pues sois su vasallo. Siendo novia? No repares en eso, que si se inclina cuando es novia a ser madrina, tendrá los gustos apares. Vamos, y la caridad quédese para mañana. Espera un poco, Serrana, y mis dichas escuchad; como en las Carnestolendas a pares se casan hoy, y quillotrándome estoy; mi cachorra, no te ofendas, sufriendo el amor córcobos, y por Dominga salido, a Olalla le dais marido, y a mí que me papen lobos. hola, decilde os soprico, que me dé la mano, o pie, y mire lo que pasé por su amor con el borrico. En, Dominga, bien haya quien no pierde la ocasión, Mingollo es gentil garzón. Pues todos se casan, vaya mas al amor que me enseña primero quiero probar. En qué? En que me has de llenar mañana el coral delleña. Vaya, que por todo pasa mi amor; mas heis de saber, fino sois buena mujer, Dominga, que hay leña en casa. Vamos. Casada estoy ya; Fernando del Alma os quito. 1 Honrada mujer, Benito os han dado, Ello dirá. Pluguiera al cielo, Lucia, que el tálamo se volviera túmulo, en que feneciera mi poca dicha este día, descuidos de Don Garcia, de mi desgracia cuidados, mis pensamientos burlados en galeras del honor, siendo el comitre mi amor, los obliga a ser forzados. D Fernando es Caballero, del Rey Alfonso privado, Conde ilustre en el Estado, que ver aumentar espero: No es el marido primero, que con semejante engaño se casa, ni es tan extraño el suceso que en ti pasa, pues con él honras tu casa, y satisfaces tu daño. A despedir al Rey fue, cuando vuelva, le recibe amorosa, y apercibe brazos en que preso esté, que si apacible te ve, corresponderá propicio, y tú en tan sabroso oficio, como la razón te alumbre, le querrás bien por costumbre, si ahora por ejercicio. Bien dices, si no supiera? de su poco asiento, y seso, y de su vivir travieso, lo poco que de él se espera. Ya es casado, considera al novillo al yugo asido, con grillos al atrevido, que el plomo al Águila cansa, el freno al caballo amansa, y el matrimonio al marido. Aquí está la nueva Conda, denos a besar las manos, señora, su señoria. Pues bien Benito Carrasco, que se ofrece por acá? Cómo ven que se ha casado su señoria, imitan a su dueño los vasallos: Todo huele a casamiento, no hay baca en soto, o en prado, que no tenga ya su toro, olmo que no esté enlazado de yedra, o parra; palomo que arrullos no dé en regalos a su mansa compañera, arroyos sin dar abrazos a las flores, o a las penas; tuy señores por los ramos, gilgueros en los espinos, y calandrías en los cardos, todos cantan a sus bodas Bendiga Dios el buen año, no quiere acabarse el mundo. Los pesares tengan cabo, viendo que los de mi puebro, que hay tantas bodas, han dado en que yo también me case; cuanto pude lo he reusado, mas en fin me quieren bien, pues procuran mi descanso. Hoy, pues, a fuer de ruegos, nos havemos concertado, sino lo ha por enojo, la hija de Antón Serrano, y yo; ya conoce a Holalla de estas montañas el Mayo, no quitando lo presente: En fin el Beneficiado, en cas del Alcalde acaba de emparejamos las manos, y por postre, de dos, síes, la bendición nos ha hechado. Esto es cuanto al desposorio, y para el primerdisanto, nos habemos de velar, y echarnos elyugo a entranbos: Quisiera yo, pues, señora, dar buen principio a mi estado con ella, madrina nuesa, porque siendo sus ahijados, su vertunos deje ejempro, y a fe que mucho demando; per ca Nacional de España pero no puede dar poco, señora que vale tanto. Yo, Holalla, de ser lo gusto, y el parabién quiero daros, si es que es a contento el novio, El ojo a otro tenía echado, mas su mercé me le aojo. Qué decís? Son cuentos largos; lo que le hago saber, señora es, que pues me caso, pienso servir mi matido, y después de Dios amarlo; Dios me casa con mi igual, diz que el matrimonio santo, añade cuando es de verás, el amor en los casados: no haya miedo mi Benito, que ocupe de Dios abajo otro hombre mis pensamientos, otro dueño mis cuidados. Hay simple sabia! qué bien sin sabello me estás dando liciones, que desde aquí en el corazón traslado ya destierro del sentido, pensamientos malogrados, esperanzas mal cumpadas, deseos mal empieados: Fernando es ya mi esposo, no haya miedo Dn Fernando, que admira el alma desde hoy otro que él, de Dios abajo. En fin es nuestra madrina? Yo os proviero todo el gasto de la boda. La Condesa viva. Y los dos desposados. e Mando ve, que me volviese desde Villafranca. Extraño valor! notable llaneza! F. Diciendo que el nuevo estado me excusaba del camino; más que camino hay tan largo como es el del matrimonio sin amor? Más corto, y llano, es el que hacen por aquí al Apostol los Gabachos: es posible que no puedes pasar, señor, el bocado del matrimonio, aunque duro, con la salsade un Condado? Es el bocado de hueso. No de freno de caballo, pues le tragaste una noche. Todo manjar trasnochado, causa, Montero, fastidio: pues de scasado a cansado, hay tan poco, no te admires, si la aborrezco, y me canso. Es cruz la del matrimonio, derrien gaste, no me espanto, pues por coger una nuez, te echan acuestas el árbol. e. Ay Serrana de mis ojos, en tu sayal tosco, y basto, no en sadas abor ecibles, ha lará mi amor descanso. A pedir de boca llagas; Olalla con sus Serranos están en tu casa alegres tus bodas regocilando. Y para aguar mi alegría, por contrapeso, a su lado, la Condesa que aborrezco. Señora, el Conde ha llegado. Ay cielos lesposo mío? O, señora. Tan temprano? No quiso el Rey que pasase a delante. Ni yo paso con gusto cuando no os veo. Que quieren estos villanos en casa? Va lgaños Dios, como revienta de hidalgo! Envidiosos de mi dicha, porver que me dais la mano, dos Serranos, dueño mío, ahora se desposaron, y me escogen por madrina. Y son? Benito Carrasco, y Holallá la del Alcalde. Cómo es eso? Sosegaos, que os importa a vos, mi bien, que se desposen entrambos, que así os turbáis? Vive el cielo, tústicos, groseros, cafías, que si el casamiento pasa adelante, que en tal caso ha de poblar con vosotros esos robles, y Castaños! Idos villanos de aquí. Pues en que os han injuriado? Idos tan bien vos, señora. Ellremé por no enojaros. . No se casan sin licencia. de su señor los vasallos. El Cura nos dio licencia, que se llama Licenciado. Quién os mete a vos en eso? llevad oreso a este villano, y al desposado también. No más de porque me caso? ̱. No me repliquéis, llevalde. Miren si empiezan temprano las cargas del matrimonio? Y vos, Holalla, este pago dais a mi amor? Ya, señor, tarde piache, casado, es pedir peras al olo; a Dios, Igreja me llamo. . Señor, por amor de Dios los suelte. No hay un lacayo que a palos me mate a estos? Hao, flujes llueven de bastos, a huir. Hay cruel Serrana! las primicias de tus brazos gozaré, o aquestos montes abrasaré pues me abraso. . Fuese. . Sí, Puro Miguel. Mira que Miguel me llamo. Mas puede el Conde que el Cura: que diabros le aura tomado? Diz que cuando un señor bebe, se tiene por mal criado el que bebe al mismo tiempo; como el Conde se ha casado, los que se casan con él, le aurán pardiobre enojado; si ya no es por que de Olallá. pretende estrenar el baso. El tien celos de Benito. oste puto. Lindo Enfalmo hay para esta enfermedad. Qué? Un ástil de cuatro palmos.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA HOlalla, cruel estás! No vendré por agua más a la fuente de Palacio, si su mercé no me deja. Es posible que haya sido tan poderoso tu olvido, tan poco eficaz mi queja, que de aquel amor pasado, de aquel mirarme risueno, de aquel apacible ceño, reliquias no hayan quedado? Reliquias que ofenden tanto, y que causan tentación, de que importancia me son, si yo tengo a todo el santo? Quién es el santo? El que está preso por vos, Santo es eso? Sí, que pues le tenéis preso, martir del honor será; padecer sin culpa, es cosa santa, bien lo sabéis vos; el matrimonio de Dios, santo es también, yo suesposa de Benito, a quien amor tengo, y servir solicito, que es por vos un san Benito, aunque en noblecéis mi honor. Si bien me hubieras querido, señal hubiera quedado, cruel, del amor pasado. Yo os quise para marido; como el Infante os casó con mujer que os busco igual, y yo sentí la señal que en el alma me quedó, púseme al momento en cura, por quedar con mi honor sano. No habéis visto un ciruiano, cuando alguna herida cura, que por el peligro enseña, áplica el hierro, y la luz, y abriendo la herida en Cruz, la señal que era pequeña, hace grande, y saca luego el hueso podrido? Sí. La señal que queda allí, es de la navaja, y fuego, no de la primera herida; pues el ejemplo aplicad: Hirió me la voluntad, con peligro de mi vida, diome mi padre el remedio con Benito, a cuya luz, como el matrimonio es Cruz, abrió el corazón por medio, y por dueño le confiesa, con que el alma a sanar viene, y si alguna señal tiene, de Benito es, que no vuesa. Pues aborcaré yo a Benito; y vuestras vachillerias, que aumentan las llamas mías, vendrán a ser su delito. No le ahorque yo el honor, que para vos, señor Conde, Alcalde, y Rey ay. A donde? Qué gentil pescudador! en Castilla. De aquí allá hay mucho. Temed su ley, que diz que es cual Dios el Rey, que en cualquiera parte está; guardaos de mi padre Antón, que pienso que ante él ha ido a quejarse. Ya he sabido que se hubó de la prisión; mas yo no temo amenazas: vos, l de que amándonos los dos, y dando a mi gusto trazas, palabra os doy de matar a Doña Elvira, de quien sospecho que quiere bien, y aunque le dio más lugar del que conviene a mi honor; antes que fuese mi esposa, a Don Garcia, que es cosa que a los dos está mejor; a mí, por quitar solpechas de quien de noche admitia escalas de Don Garcia, para asaltos de honor hechos: Y a vos, por lo que interesa vuestra medra, pues que gana el subir desde villana al estado de Condesa; y si a mi gusto abarienta esta cuenta no os agrada, hacelda, que os veis forzada, y acertaréis con la cuenta. No querrá el cielo que salga con ella vuestro rigor; antes, pues, la herráis, señor, cuenta errada que no valga, que yo que contar no sé, con ser diez los Mandamientos, la fe de mis pensamientos por los dedos contaré. El primero, que es amar mi esposo después de Dios. El segundo, que en los dos firme la fama na de estar, que de guardarle juré. El tercero, como honesta guardar su honor, que es mi fiesta. El cuarto, que le hon raré como a mi dueño, y cabeza. El quinio, que es no matar, por que en mi vida ha de estar la castidad, y firmeza. En esotro que se sigue, que reuso de nombrarle: consentiré por guardarle matarle el que me persigue El séptimo, no hurtarás, y esto en ninguna ocasión seréis de su honor ladrón, aunque me amenacéis más. El octavo, aunque el Dimoño solicite mi deshonra, yo prometo, que a su honra no levante testimonio. En el nono, que amo yo, después que el alma le di, diré, pues le he dado el sí; por ser nono, a vos nono. En el décimo condeno a la que con honra pasa con lo que Dios le da en casa, y apetece amor ajeno. Veislos todos diez aquí, que se rematan en dos, amar sobre todo a Dios, y a mi esposo como a mí. Contado he con ambas man os, en cuenta que a Dios agrada, porque la vuestra esta erradra, y no hay cuenta con Serranos. El Merino Mayor de aqueste Reino, señor, te viene a hablar. Quién? . Albar Perez. No me ha visto después que el Rey nos hize Condes de Ponferiada, y viene ahora? Y con él la Condesa mi señora. El deseo que ha días que tenía de darle el parabién del nuevo estado a Vueseñoria, que mil años goce, y aumente el cielo, ya que se ha llegado el obligarme el Rey con este pliego, a que en persona venga, y esta carta en propia mano dé. . Mercedes nuevas, no solo del recibo de ella espero, si no ser de tan noble mensajero. Si de los agravios de que se me han que jado vuestros vasallos, no dais, vista es- ta, satisfacción, iré en persona a poner reme dio en ello. JO ELREY. Esto dice la carta, yo quisiera saber que agravios sonlos que me imputan, y las personas que de mí se quejan; porque sin conocerlas, dificulto que haya remedio para el daño oculto. A un Benito Carrasco tiene preso, Serrano, y su vasallo, porque quiere Vueseñoria a una Serrana hermosa, esposa suya, que se llama Holalla, y dicen que ha jurado de forzarla. Así? Es ese Benito un gran bellaco; si le hice prender, es porque ha hurtado la hacienda de una ermita, en que ha dos años que es Mayordomo; y de esa suerte intenta abonar contra mí su mala cuenta. Los diezmos usurpáis a las Iglesias. de todo vuestro estado; ya es. . . Es mentira; cuanto más, que bien puedo yo en mi tierra sus rentas aplicar para la guerra: Mas yo prometo a fe de Caballero, de librar a Benito aquesta noche, sin que su esposa tenga de mi queja, y a la restitución de las Iglesias, esta semana, si es que debo algo. Valor en fin de aquese pecho hidalgo: A Antón Serrano, que conmigo viene, tiene de perdonar Vueseñoria. Pues si su Majestad lo manda, sea lo que él, y vos queréis; hacelde que entre. Deme los pies vuestra Señoria. . . Villano, los pies pedís, y Holalla no da mano? Alzad del suelo, y no haya más enojo; vuestro amigo he de ser. . Chinche en el ojo. Al Rey escribiré cuanto obediente a sus mandatos sois. El cielo os guarde! Veranlo los villanos esta tarde; hombre de pecho sois, Antón Carrasco. También lo digo, pues que sos pechero. Yo estoy bien con los hombres de ese modo: Hoola, llevalde preso. . Acabe ahora: Preso otra vez? Es esa la palabra que al Merino mayor de dar acaba? Ea, acabemos, pues: Hola, llevade. Que no reparara en que soy Alcalde? Quiero honraros así, no tengáis miedo. Mas que ha trazado herme el Conde el honor del ahorcado? Dícenme que el Conde intenta a mi Benito soltar mañana, y vengo contenta, que con vos a su pesar haya caído en la cuenta: A vos las gracias os debo de esta merced a la fe, vasí a daros las me atrevo. Ay Serrana! ejemplo fue en aqueste tiempo nuevo, la lealtad que a tu Benito guardas, en que como espejo me miro, y constante ímito. ̱. Todo amor antiguo, y viejo, del alma, señora quito; ami dueño quiero bien, porque a mi estado se iguala, yen sus bodas será bien, si el cuerpo viste degala, que vista el alma también. Dichosa ella, pues que halla sabrosa correspondencia en quien vive de adorarla, y tiene de mi paciencia, que ama aborrecida, y calla. Ingrato me corresponde. No llore su Señoria. otra vez sale acá el Conde, que te viese no querría; tras ese tapiz te escende, que si escucharle me dejas, yo sé que máquina enojos, con que aumenta más mis quejas. Amor está lleno de ojos, como los celos de orejas. Obele, que aunque hable paso, detrás de este tapiz puedes pedirle para este caso teca Nacional de España las suyas a las paredes. Por esta mujer me abraso, y tu puedes ser el medio de que aplaque mi cuidado. Bellaco medio has buscado, si en el mío tien remedio. Pues vos la habéis de llevar un recado. Terceron en honrada religión, su marbé me mande entrar. Ved que me importa infinito que vos la habléis, y no otro. Vaya, sere su quillotro. Fingid que os envía Benito, a decirla que esta noche. el carcelero le da licencia para ir allá. Mandarela que trasnoche persiga. Y que por si el Conde, Los que me ven amar tosdos sayales, perseverando en su intento impide su casamiento, y ella a su fe corresponde, la puerta a las once le abra, porque dándole lugar, la boda ha de consumar. Saltará como una cabra a abrille luego: Persiga. Que de esta suerte asegura su casamiento, y ventura; y cuando que vaya diga, premiárete de mi mano. Y Bénito ha de saber algó de esto? Fuera hacer que te matara, villano. Dios me la depare buena: A darla el recado yo, basta que alcayuete so. Miguel, la lengua refrena, porque en hablando palabra, de un robre te colgaré, Yo la boca cerraré, cuando el la la puerta os abra. dicen que es bajo amor el que me enciende, no son nobleza, como el vulgo entiende, y que cuantos el sue o comprende, pues la belleza rústica pretende, pudiendo amar sujetos principales. Yo digo, que dineros, y caudales, si no en la sangre, en almas son iguales, Que mayor calidad que la hermosura! en tierra vil se cría el oro, y plata; No es tan firme la palma como el roble? Correspón diera Holalla a mi ventura, Que solo el ser a mi tormento ingrata, La pone a pleito el título de noble. pues por ella aquí avisada, no saldrán, señora, ciertos: Qué juzgas de estos conciertos? Mi ventura confirmada, Déjeme darle lugar, y verá el recado que halla. en la puerta, y en Holalla. Pues qué has de hacer? Qué? tomarun estaca a la carreta, y arregueando las faldas, santiguarle las espaldas. Ánimosa es la receta! mas no ha de ser el castigo así. . Cómo le parece? Ya, Olallá amiga anochece, a tu casa he de ir contigo; téngole amor a mi esposo: trazando voy voy un enredo, con que asegurarte puedo contra mi honor provechoso. Vamos. A fe si llegara por Benitó a herme regalos, que a punerazos; y palos, yo le desenvenitara. No se llegue, que le temo, vesto de amor, luego e pringa. No tenéis razón, Dominga; oíd. Digo vos ao Demo; digo que estáis porfiado. Muérome por vuestro amor, que siempre imita al señor, si bien le sirve el criado: Como O allá quiere bien a Fernando, y es Serrana; mi voluntad que es villana, a vos os ama también. Pues yo y todo a Olalla ímito, que palaciegos no quiero, que por Mingollo me muero, como ella por su Benito. Abémonos de casar el disanto, Dios delante, y siendo Oh allá constante, no se tiene de quejar el que ha de ser mi marido. Qué halláis en un hombre dos hombres? Mal dije por Dios! en un bruto, aunque vestido en traje de hombre, si en mí tenéis un dise reto amante, en estímaros constante, y que de hidalgos nací, y soy en nombre Montero, de los buenos de Espinosa. Picareisme, y soy rijosa, y el Serrano que yo quiero tien mil gracias, y un donaire a mi inclinación igual. Donaire? Con mi cagal, cuanto hay en el mundo es aire; y así sin herse embarazo, Id, Montero, donde vais. Qué queráis, o no queráis, os he de dar un abrazo. Pues llévese ese pellizco de camino. Embracijados están los dos: A malvados! y dirán que es gato arisco. Ai! visto nos ha Mingollo. No estoy yo aquí? qué se os da? Algún diabro os trajo acá. Llos. . Voyme. Idos al rollo. Di. Gallega: Es bien que intentes que yo sea tu leñero, para que tú con Montero en mi agravio te calientes? Pues ahorcamiento, traidora. No, Mingollo de mis ojos, que no te he dado yo enojos. Qué efa? Pues lo que vi hora, Quiliorros del enemgo, (tal. Yo ahorcaré . No haras vaciaa de Ca Eché seña en tu corral, pensando casar con tigo, mas pues te estrujó Montero, Dominga él leña te dé, que yo por la míairé, Mas mal ano. Y sea el primero, (go. mi seña quiero llevar. No haya más, mi amor, mi amí Daca mi leña te digo, que no me quiero casar. No más de por un abrazo? Abrazo, y por delantera? No, Dominga, oste a fuera, roto te aura ya el retazo. El Conde te anda a buscar. Primero serás mi amigo. Daca mi seña te digo, que no me quiero casar. Date prisa, que te aguarda. Montero, aros la dejo, celos son mal salmorejo, antes sofrité una albarda; mandad mi leña volverme y con ella, os avení. Mira que espera por ti. Sí, mucho deseáis verme fuera de aquí, por pegar con ella. Ireme contigo. Dame mi leja te digo, que no me quiero casar, No estamos matrimoniados? Desmatrimóname luego; yo la lonar es otro el fuego, y los dos abrazijados: A Dios, Dominga. Pues vaya, que no faltará marido. Cómo yo? Y aún más erguido, Con leña? Y que me la traiga. No se mi da, par Dios, está. Ni esta a mí, que es más pequeña. Así? Pues venga mi leña. Harta tiene aquella cuesta. Hasla de dar? No he de darla. No me sigas. No te sigo. Daca mi seña . Donosos celos, par Dios, ver en lo que paran quiero: Dominga, no soy Montero? pues yo iré a cazar tras vos. Zelos, si en pechos ilustres soléis hacer vuestro asiento; si buscar pechos villanos, porque os honráis con mi pecho? Por averíguaros hoy, sobornando al carcelero, salgo a vuestra luz oscura, que sos humo, si sos fuego. Mañana dicen, que el Conde, con palabra, y juramento, ha prometido soltarme, y ser el padrino él mesmo. De estos celos colegid, pues estudiáis argumentos, pues sois villanos malicias, y agravios, pues sois discretos, Ayer, olalla adorada del Conde, su padre viejo, aprisionado conmigo, y las cárceles rompiendo, quejándo se al Rey Alfonso, con que se agravia de nuevo, Fernando, sin ablandarle, ya amenazas, y ya ruegos, Olalla mujer, y sola, y que al Conde amó primero, y mandar soltarme ahora, mandar casarme tan presto, ayer culpado, hoy sin culpa; hoy inocente, ayer reo; que sacáis celos de aquí? Que estoy agraviado, es cierto, no porque a serlo os llámara desengaños, y no celos. Ay de mi triste memoria! siempre injurias revolviendo: Hay de la honra en opinión! hay de amar aborreciendo! Mas ay del preso, (el seso! que entre tristes memorias pierde quiero volverme a la cárcel, que dentro de ella tejiendo sospechas con esperanzas, engañaré mis deseos. Cuando ofende un poderoso, si es que está ofendido, el cuerdo no ha de averiguar injurias, si está la venganza lejos. Bien puede ser que haya el Conde mudado de pensamiento, y que del Rey el castigo, ponga a sus locuras freno. Pero hay de mí! de que modo sosegaré entre el infierno de tantas contradicciones, como dentro el alma tengo? Hay del esposo, que ausente le da un poderoso celos! hay de sospechas con causa! hay del honor si está enfermo! y hay del preso, que,. En fin salió bien mi engaño? Pensando que eres su dueño, te aguarda en fin como novín, con mas amor, y deseos díjome que la tirases a la ventana en viviendo una china, y te abrirá, porque no te sientan dentro los de casa, y den aviso al Conde, que estando preso te soltaste de la cárcel. Y. Tiene, aunque villana, ingenio; tira, pues, Mingollo amigo. Olalá con un pedrero tirara Dominga al branco; donde acertó tu Montero: una chinilla va allá de media libra de peso: Mira si estaba despierta? Ojos, oídos, qué es esto? Piedras a mi casa el Conde, no siendo el honor de yerro? y acertándole, quien duda que le hauran herido, o muerto? Viles averiguaciones, acabad con migo presto, que si celos martirizan, que harán desengaños ciertos? A la ventana ha salido de mi infamia el instrumento; abrasarase mi casa, que él es fuego, y ella viento Es mi bien? Soy quien por vos; hasta ahora triste, y preso, ha ablandado el alma mía de mis prisiones los hierros; la dilación es dañosa, limitado traigo el tiempo, quieta siento ya la casa, solo yo soy el inquieto; haced cierta mi ventura, pues con este nudo ciego se ata nuestro amor de modo, que nunca se ha de ver suelto, Entrad, dueño de mi vida, que de aqueste modo quiero hacer brazos de mis brazos, que coronen vuestro cuello. . Colose dentro, par Dios, yo, y todo al pajar me cuelo, porque enire pajas maduren los celos que he de Montero. . Ea deshonra, ya habéis salido con vuestro intento, salid con mi muerte ahora, quitadme también el seso; venció el poderr, y riqueza, y el honor ya poel suelo quebró por lo más delgado. Diréis me quele anudemos; mas no, que el honor con nudos, es camino con tropiezos, con motas el paño fino, y la honra con remiendos, no hacen buena la bor nunca, jumos están su amor ciego es fuego, y fuego el agravio, juntemos fuego con fuego. Vive Dios, que he de abrasar hoy mí misma casa, haciendo. inquisición de mi afrenta, y a cuantos están con ellos! ea, llamas poderosas; castigad los deshonestos; hay libertad ya perdida! hay desengaños, o infiernos! (neros? Mas ay de aquellos. que ofenden con poder; y con di- Serranos, aquí con agua, que nos que mamos. Ay cielo! agua, que nos abrasamos. Agua amigos, fuego, fuego. Ya la materia lluiana castiga livianos pechos; mi casa con mi deshonra abrasa rapias, y leños; la ceniza quita manchas: no estoy contento con esto, el palacio he de abrasar del Conde bárbaro, y fiero; Nerón de mi infamia soy. no hay cuenta ya con respetos, cuando a cuenta de mi agravio ha de andarmi honor en quentos. Cuente el mundo mi venganza, y digan los que la vieron, que no hay cuenta con Serranos, cuando afretan caballeros, Qué es esto desdicha mía? Hay más trágico suceso! vamos, Holalla a mi casa. Que se abrase el Conde temo defiéndale el cielo j amén; las llamas suben al cielo. Agua, que nos abrasamos; traigan agua. Fuego, fuego. Conde, los muchos agravios que a sus vasalos ha hecho, como habéis visto; a la posta me han sacado de Toledo; que las quejas que me escriben, piden apriesa remedio. No bastava, gran señor, enviar desde Toledo un Alcalde que juzgara de Don Fernando los hierros, y no venir vos? , Garcia, para casos tan mal hechos, es mejor Alcalde el Rey, para castigar soberbios: hicistes lo que os mandé? A su misma puerta he puesto esta noche un cadahalso, y de tres palos groseros. un patíbulo afrentoso. Muera cual villano en ellos; haced cercarle la casa. Con docientos vallesteros le tome puertas, y pasos. Vérale el Sol en saliendo satisfacer agraviados, dar témora los soberbios, con que respiren los pobres, y al rico sirva de ejemplo. De esta suerte inmortalizas tu nombre a pesar del tiempo. Sabrán hoy los desleales, que hay justicia en estos Reinos. Ya Serranos no hay sufrir los tiranos desafueros de esta peste de las honras; el sin duda pegó fuego a nuestras casas: Amigos, el sin Dios, sin ley, sin miedo, nuestras mujeres deshonra, nuestros vecinos ha muerto, y una hacienda usurpado; muera el tirano primero, que del modo que esta casa quemá también nuestros pechos! y si de aqueste alboroto pide el Rey cuenta diremos que no hay cuenta con Serranos, si el poder quiere ofenderlos. Derribémosle la casa, amigos, y compañeros; muera el Conde don Fernando! muera el Conde deshonesto! Ya las llamas vengativas queman desde los cimientos, los maderos, y paredes de sus nobles aposentos, Muera el Condelviva el Rey! Muera el Condelbiva el Rey! A vuestro, señor, villanos? Al Rey por señor tenemos. La sierra se ha con jurado; a don Fernando traen preso, que no perdonan injurias, lo que ha perdonado el fuego Amigos, si sois Cristianos, si las lágrimas que vierto ablandan almas de bronce, si os ente ruecen mis ruegos; mirad que el Conde es mi esposo, La satisfacción ofrezco que pidáis, no me deis muerte, cuenta haced de lo que os debo. Que no hay cuenta con Serranos. Librad a mi esposo, cielos! A vuestro señor matáis? Solo el Rey es señor nuestro. Haced más cuenta de mí, mirad que soy caballero. Que no hay cuenta con Serranos. Ahora hermano Montero, veremos como sabéis her cabriolas en el viento. Líbreme Dios de villanos! Echalde un dogal al cuello. Serranos, el Rey es este. Quién? El Rey es cuando menos, Sus mismos vasalios dicen, señor, que ahora le han preso. Él nos descuartiza a todos. Tened Serranos sosiego: qué es esto? Señor, vengar agravios que nos han hecho. 1. A mí me forzó una hermana. 2. Fuego puso a un Monasterio, donde una hija metí. 1. Dos sobrinas vengar quiero, que me tiene quillotradas. Señor, si sois justiciero, si en vos los pobres, y ricos hallan igual siempre el peso, si hay honor entre villanos, restituid el que pierdo, pues el Conde aquesta noche ofendió mi casto lecho. Cáseme, por mi desdicha, no por voluntad, por ruegos de amigos, no sé si falsos, de vecinos, y de deudos: Prendiome el día de la boda, y el poder al fin venciendo, la firmeza derribó de mi esposa por el suelo. Salí esta noche adivino, sobornando al carcelero; vile entrar dentro en mi casa, y yo de cólera ciego, mi venganza encomendé a las llamas porque el fuego mi albergue pobre, y su alcázar, ha postrado por el suelo. Si esto merece perdón, solo porser Caballero, matadme a mi por villano; pues ya el honor paga pecho. Iquicto Rey Don Alonso, a cuyos pies ponga el cielo cuantos Reinos en España el Godo perdió postrero: De tu mano me casaste, mis agravios reduciendo al estado honroso, y noble, que en gracia tuya conservo; las quejas de este Ser rano, puesto que con fundamento, son falsas, porque su esposa es honra del siglo nuestro: Yo en su nombre, y en su casa, el amor del Conde viendo, que vence al más poderoso; no hay porque traer ejemplos, quise esta noche celosa, gozar lo que el casamiento a los consortes permite, mas no con fin deshonesto; sino para conservar con hijos el nombre nuestro, y propagar mi linaje: Y así de noche saliendo a una ventana, fingí ser de su amor el objecto, y con el nombre de Holalla, admitía mi esposo dentro: Pero apenas de sus brazos el fruto cogí primero, cuando con voces confusas, la venganza envuelta en fuego, puso a mi ventura fin, y a no huir, le hubiera puesto a la vida, gran señor, que sin el Conde aborrezco. Volvime huyendo a mi casa, que con el castigo mesmo, hecha imitación de Troya, será de Galicia ejemplo, Si este castigo no basta, y vuestra Alteza severo viuda me intenta dejar, deme la muerte primero: Mas si la piedad ilustre, que en los generosos pechos, como en propia esfera vive, permite lugar a ruegos, a Don Garcia de Traba pongo, señor, por tercero de mi llanto, a tu valor, ya estos pies que humilde beso. Gran, señor, a Don Elvira servir, y obedecer debo; la vida del Conde os pido. Garcia, como puedo, si su gran desobediencia llego a perderme el respeto? Las cartas que le emvíe, con mi firma, y con mi sello, no hizo caso de su Rey, por mirar que estaba lejos, ofendiendo mi valor con traidor atrevimiento: No hay perdón a tales culpas, y pues que yo mismo vengo a ser juez de aquesta causa, juzgar justamente quiero el castigo, aleve Conde, aunque está tan lejos, veldo ya sobre vuestra cabeza, que servirá de escarmiento cortada, a cuantos traidores a sus Reyes no temieron. Llevalde de aquí, y al punto en el cadahalso mesmo, que delante de su puerta aquesta noche se ha puesto, la cabeza le cortad. ̱. A tu gran piedad apelo. No hay piedad, que ya el Alcalde cerrado ha vuestro proceso; y vos, señora, ya aquí sin esposo ahora os dejo, que no ha sabido estímaros; darosle mejor pretendo, y si os quité a Di Fernando, con Don Garcia os ofrezco más amor, y más valor. Soy, señor, esclavo vuestro. Yo, señor, perdón os pido. Tu honor está satisfecho, pues ya que las obras no, castigo los pensamientos que tuvo el Conde en tu agravio. Dominga, si es que Montero no os ha llevado la cata, seréis mía; y si no, vuelvo por mi leña. . Ni una tilde me falta. Toca esos huesos. Vivas, gran señor, mil años. En ve inte no paguéis pecho, ni alcábala; porque así pretendo satisfaceros de los daños recibidos, España te dé su Imperio. Las Corónicas nos cuentan este notable suceso, y de ellas quedó en España el decirse por proberbio, que no hay cuenta con Serranos, Escarmienten los soberbios, que a los humildes ofenden, pues al Reyes justicieros. Este fue el mejor Alcalde, dad perdón a nuestros hierros.
