Texto digital de Los médicis de Florencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los médicis de Florencia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/medicis-de-florencia-los.

LOS MÉDICIS DE FLORENCIA
JORNADA PRIMERA
a Deja Isábela hermosa, que al inocente pueblo fatigado, de servidumbre odiosa, anime el jugo a sacudir osado: no me cierres la puerta, a tantos daños por mi mal abierta. Deja hija querida, si quieres excusar de infame muerte mi ya caduca vida, que muera honrado, y burle de mi suerte, pues quedarán perdidos los males que me tiene prevenidos. Aunque falta en la mano del juvenil ardor la sangre ardiente, el tiempo intenta en vano robar del alma el ánimo valiente: abreme, o daré voces, o al suelo rendiré la puerta a coces. Padre, y señor, qué es esto? que cólera os levanta de la cama armado, y descompuesto, que pueblo, que valor, envidia; ofama, o que forzoso hado os lleva a tanto mal precipitado? La noche, en que Florencia celebrando las bodas de su dueño, hace al Sol competencia, dejáis el lecho, y despertáis el sueño, la espada ya dormida, de orín, de olvido, y de valor vestida? A inocente Isabela, esa grita, esa fiesta ocasionada me pone el alma en vela. Porque, señor, la fiesta no os agrada? Por qué? porque ha perdido su libertad mi patria, estoy corrido. Abre la puerta, y muera. No lo permita Dios, dejad tal hecho, no salgáis allá fuera, o abriréis vos la puerta, y yo mi pecho, si la mar de mis ojos se atreven a pasar tantos enojos. Si ese tronco desnudo de la villana muerte es derribado, quien servirá de escudo en la prolija guerra de mi hado? vuelva al clavo la espada, o en mi pecho, señor, quede envainada, Oh amor, que no has podido? no llores, hija, mas, suspende el llanto, que me has enternecido, tanto puede el amor; y el amor tanto, Dadme, padres las manos. Oh Mediéis, o patria, o ciudadanos, Descanza aquí conmigo; que nuevo mal ahora te desuela? A Alejandro enemigo, y si fueras varón, hija Isabela, s. De varón tengo el pecho, Oye mi mal. Ya, padre, lo sospecho. Guillermo de los Opazos, tu abuelo, amada Isabela, de la casa de los Pazos, ilustre honor, y cabeza, casó con nieta de Cosme de Medicís, que en Florencia llaman padre de la patria, padrasto mejor dijeran. Murió con este renombre, y por sus grandes riquezas, sus dos hijos, Cosme, y Pedro, su nombre, y lugar heredan. La humildad, que encubre faltas, fue causa de que pudieran, siendo los pies de su patria, ser de su patria cabezas. Casaron ilustremente, y de estos dos en Florencia quedaron Laurencio, y Julio, gente liviana, y soberbia. Los cuales desuanecidos con sus oficios, y rentas, desestimaron mi sangre, que es la mejor de sus venas. Agraviaron a mis deudos en el honor, y en la hacienda, sin ver que la sangre noble no sufre ninguna afrenta. Determinaron los Pazos de matarlos, aunque fuera solos sin armas, durmiendo, en el Senado, o en la Iglesia. Y juntando sus amigos, y hasta mil hombres de guerra, quisieron vengar su agravio, y libertar a su tierra. Y un Domingo de mañana, en Reparata la nueva, donde ellos iuan a Misa, aguardaron a la puerta. Y entrando los dos hermanos, pagó Julio su soberbia, y se les libró Laurencio, sin que matarlo pudieran, La gente vulgar, y grave, atrevida, loca, y necia, viendo a Julio ya sin vida, dijeron, los Pazos mueran. Turbáronse mis parientes, cuando vieron la inclemencia del pueblo ingrato ofendido, y murieron sin defensa. No quedó Pazo en Italia; reliquia antigua de Grecia, sino fui yo, que por niño me libré de su fiereza. Crecí, y conmigo el enojo, y aunque solo, y sin hacienda, por Italia, y por el mundo resucité mi nobleza. Hízome la Señoria Dictador, por ser quien era, pensando aplacar mi furia, sin otras tantas cabezas. Entonces Carlos Octavo pasó a Italia a hacer guerra, y ganando a Luca, y Pisa, llegó a cercar a Florencia. Al cual fue con embajada Pedro de Mediéís, que era hijo del difunto Julio, desgraciado por herencia, Tratole medios de paz, y quiso mi suerte buena, que le engañase el Frances, y nos dejase sin fuerzas. Diole a Pisa; y a Llorna, Petra santa, y Cerecena, que son las llaves de Italia, con que abrió a su mal las puertas. Volvió contento al Senado, mas cuando entendió Florencia el concierto de las paces, rabiaba de enojo, y pena. Echolo la Señoria afrentosamente fuera, adonde así la ocasión para humillar su soberbia. Y si no vengué mi agravio en quien me hizo la ofensa, en fin me vine a vengar en toda su descendencia. Pues por lo que hizo Pedro, los desterré de Florencia, publicando por traidores los que fueron padres de ella. Saqueáronles las casas, y de sus soberbias puertas. hice borrar los escudos honrados de armas ajenas. De las calles, y las plazas. quité sus estatuas bellas, que las temí por ser tantas, aunque eran bultos de piedra. Quise hacer derribar las suntuosas Iglesias, que hizo Cosme el primero, porque su nombre muriera: Pero por santas, y muchas, no ejecuté mi sentencia, olvidando yo mi agravio, y los Medicís su tierra. Hasta que por mi desdicha. Carlos Quinto, de quien cuentan, que ha de sujetar el mundo, y otros mil mundos que hubiera. Quiso vengar este agravio, haciéndonos cruda guerra, por contemplación del Papa, sangre de esta gente fiera. Sujétonos, como sabes, y es tal mi fortuna adversa, que dio a Alejandro de Medio el Estado de Florencia. Y por atarnos las manos, y que nadie no le ofenda, le casa con Margarita, hija natural del César. Que sin duda quiere Carlos levantar a las estrellas esta casa, pues la funda sobre tan preciosa piedra. Manana ha de entrar triunfa con Margarita en Florencia, dejando asolada a Italia de tantos gastos, y fiestas. Ya perdió la libertad mi amada patria, mi tierra, ya los Pazos se acabaron, ya los Medicís comienzan. Palacios vive Alejandro, yo una casilla pequeña, en humilde lecho duermo, y el duerme en cama de tela. En su mesa sobra todo, todo me falta en mi mesa: el viste brocados ricos, yo visto una pobrejerga. El manda todo un Ducado, yo no le tengo de renta, con hija del Rey se casa, a ti un villano te espera. A él le sirven, yo me sirvo, de mí huyen, a él se allegan, el es señor, yo vasallo: tengo razón, mi Isabela? No es esta bastante causa de mi enojo, y de mi pena, de ver que cuando yo rabio la ciudad le hace fiestas? Paraque quiero yo v si ya murió mi nobleza? . Paraque son estas canas, si el pueblo no me respeta? paraque alcancé mis armas, si no he de vengar mi afrenta? Toma allá la vil espada, dame, Isabela, una rueca, yo me rindo a la fortuna, pues ha vencido mi estrella. Mas quien ha de ser valiente con tanta edad, y pobreza? A mi Isabela querida, si valiente joven fueras, libertaras a tu patria, y tu nombre engrandecieras. Mas ya que no quiso el Cielo si no hacerte flaca, y hembra, persíguelos con las armas, que te dio naturaleza. Maldice al Duque Alejandro, di como yo, mi Isabela, que de su Estado no goce, y que mal logrado muera. Que su mayor enemigo sea Gran Duque de Florencia, y lo mate a puñaladas el amigo que más quiera. Mas le quisiera decir, que estoy rabiando de pena, y pues me faltan las manos, quisiera tener mil lenguas. . Fuese llorando. Leonora, muy viejo está cada día, por cualquiera cosa llora. Graciosa melancolía es en la que ha dado ahora. Son reliquias del valor de aquel pechazo famoso, mas qué importa, si el rigor sujeta esfuerzo mayor. Este enojo envejecido con los Mediéis, me tiene sin hacienda, y sin marido, y así, Leonora, conviene que cobremos lo perdido; uno de ellos ha de ser mi esposo. Casarte quieres? estás loca? Qué he de hacer? las que son nobles mujeres algún dueño han de tener. mi padre se va acabando, quiero quedar con marido. No ves que te está adorando el Duque? Si está perdido, yo también. Estás soñando? Bien despierta estoy, Leonora, esto ha de ser; el consejo no se hizo para ahora. La vida de un padre viejo has de aventurar, señora? Pues yo la aventuro? . Sí, que el Duque lo ha de matar si te casas. Cómo, di? Porque en él se ha de vengar del casamiento, y de ti, que los enojos pasados de hijos, padres, y abuelos por tu amor disimulados, por tu desdén, y sus celos, han de quedar castigados. El Duque es un gran señor, no hará cosa tan fea. A mayor poder, mayor peligro, y cuando no sea, soltera estarás mejor. Yo, Isabel, no me casara, y lo que tú no recibes del Duque, yo lo tomara, que eres muy necia, pues vives pobre con tan buena cara. Yo me he de obligar? no ves, que el menos valiente amor vence al más bravo interes? cuanto más que tengo honor, y el Duque casado es. No se ha de casar conmigo, aunque nobleza me sobre: y así, mi Leonora, digo, que quiero marido pobre, y no poderoso amigo. Cosme de Medicis fue la inquietud do mi sosiego, y a quien doy la mano, y fe. Bien pintan el amor ciego, pues tantos daños no ve: Cosme un hombre aborrecido del Duque, y tan desgraciado? Lleva a Cosme este papel. Si haré, pues la razón duerme: mas di, qué escribes en el? Que venga a las dos a verme, Oh hazaña de amor cruel, Mira que te has olvidado de poner el sobrescrito. Basta que vaya firmado de mi nombre mi delito. Y adónde hablarle has pensado? Por el jardín le he de hablar. Bueno estás, tu padre llama. Pues yo le voy a acostar. . , Amor aplaca mi llama, no ha de ser todo penar. Yo tengo puestos los ojos en Laurencio, que he de hacer para aplacar mis enojos? pues no puedo merecer, que triunfe de mis despojos. Allí vive despreciado, y aquí tan amado vive, que yo misma me he olvidado; Amor, tu brazo apercibe, iguala al cetro, y arado. Dame alguna traza, Amor, pues tu porfía promete vencer más alto rigor: pero con este billete puedo aplacar tanto ardor? Isábela escribe en el a Cosme, que venga a casa, yo quiero dar el papel a Laurencio, pues se abrasa en el hielo de Isabel, Vendrá a verla, y yo vestida con sus ropas, y ayudada de la noche, tendré vida; pues que vendré a ser gozada de quien jamás fui querida. Altos yo me determino: más ay Dios, Cosme se ha entrado en casa, y viene mohíno, mas quien licencia le ha dado para tan gran desatino? Pero si dueño ha de ser de todo, bien puede entrar, él es, quiero me esconder, que si me ve, le he de dar el papel, que no ha de ver, Déjame Claudió, no me des consejo, que quiero bien; y estoy determinado, déjame entrar, y muera, a te dejo Y En casa de Isabela te has entrado, sin reparar a Cefió tu enemigo, al necio vulgo, ni aún al Duque airado, qué pretendes aquí? Que seas testigo de la lealtad de mi hidalgo pecho; verasme batallar a mi conmigo, verasme en fuego, y laorimas deshecho vencerme a mí, que es la mayor victoria. No pongas el valor en tanto estrecho, vencerte ahora es no emprender tal gloria, no veas a Isabel; no intentes tanto, harto harás en vencer a la memoria. Vete, que sale a sosegar mi llanto, mi querida Isabel. Cosme qué es esto? con justa causa me has movido a pena; no te escribí, que en público, y tan presto me vinieses a ver. Estoy perdido. Si te vieron entrar; si mal dispuesto mi padre no estuviera recogido, fuera hoy tu fin. Pluguiera a Dios, señora; que mayor mal mi hado ha prevenido, ni tuve papel tuyos ni esta es hora de sospechar, aunque es la de mi muerte, Yo acabo de escribirte con Leonora, y no te pudo hallar: pero que suerte) tan adversa te obliga a inmonso llanto? Qué mayor mal, a cielo! qué perderte? Perderme a mí qué causa puede tanto? Mi desdicha; que puede lo imposible, y hecho a tantos males no me espanto, no te merezco yo. . Ya estás terrible, ya tu rabioso enojo has declarado, advierte que al amor todo es posible, sin duda, dueño mío, te has cansado de pretenderme, viendo mi dureza, y estás ya de esperar desesperado, reza Si mi papel leyeras, tú asp trócaras en favor, y te juzgaras por digno dueño de mayor belleza, las glorias del amor siempre son caras, ya se acabó el rigor, ya soy tu esposa, Oh que bien te pintaron con dos caras fortuna vil, ahora tan piadosa, cuando es fuerza perder el dueño mío, ya llegas tarde mi Isabela hermosa, yo que aumento con lágrimas el río, yo que ablandé esos montes suspirando, yo que viví muriendo, ardiendo en frío, yo que gasté diez años deseando, yo que fui ejemplo a firmes amadores, y yo que te he vencido porfiando, no te puedo gozar; tristes amores, que no he de ser tu esposo? no lo creo, y que he de malograr tantos favores? que he de huirme, cuando rendido veo el mármol, qué ablande? pierdo el sentido; oye, Isabel, el fin de mi deseo, Cosme estás loco? Sí, que te he perdido. d Ya sabes bella Isabela, y escúchame, aunque lo sabes, como me dejó muy pobre Juan de Mediéis mi padre. Aquel Capitán famoso, que entre mil hechos notables dio la vida por la Iglesia: mas quién por Dios es cobarde? Por lo cual mi madre triste, María de Saluiate, se fue a Trebía, y yo bien niño a acompañar a mi madre. Desde Florencia mi patria, cuando persiguió mi sangre, mandó al Capitán otón que nos prendiese, y matase. Mas otón compadecido de una inocente, y un Ángel, no ejecutó la sentencia, tiempo habrá, en que yo lo pague Allí estuve hasta que el Papa mi tío mandó llamarme a Roma con Alejandro, el gran Duque, que Dios guarde Allí fui tan estimado, y me hice tan amable, que fuera señor de Italia, a no ser noble mi sangre. Serví al Duque, aficionome su condición siempre afable, su gala, y entendimiento, su valor, grandeza, y talle. Y al paso que me incliné por mi estrella, y por sus partes. a amarle, me aborreció tanto como llegué a amarle. Fue la causa un lisonjero, gran inventor de maldades, su gran privado Laurencio, infamia de mi linaje. Con lisonjas, con mentiras, con juegos, con liviandades, con refranes, y con versos, con ser tu tercero infame, le ganó la libertad: yo con decirle verdades, con darle buenos consejos, y estorbarle muchos males. Con pretender toda Italia. en Florencia coronarme, quise más que ser gran Duque, ser del Duque amigo grande. Con librarle de la muerte en el campo, y en la calle dos veces, que dos traidores, ay Dios, quisieron matarle. Me aborreció con extremo, y tanto Laurencio vale, que vive soberbio, y rico, y yo pobre, y miserable. En fin así pasé en Roma, hasta que guerras, y paces hicieron Duque a Alejandro, plega a Dios, que el mundo mande. Venímonos a Florencia, donde para tantos males, mi Isabela, te vi un día, y muchos rondé tu calle. Sirviote el Duque también, y quiere amor que no basten para rendirte a su ruego, interes, fuerza, ni arte. Y que pueda mi pobreza premio de un dichoso amante, y mi verdad, y mi ruego, o mi ventura ablandarte. Dije mi amor a Laurencio, y que era maldad notable, que yo sirviese a su dama: y tú mi Isabel, bien sabes, que no lo entendí jamás, díjole que me matase, o me echase de Florencia, paraque a su amor te ablandes, Pareciole bien al Duque, en fin me llamó esta tarde, y encerrado en su aposento, con bien airado semblante me dijo aquestas palabras: Cosme, los que son mi sangre, jamás hicieron traición, y las vuestras son tan grandes, que os destierran de Florencia: partios luego; y esto baste: yo le pregunté la causa. y él, aunque prudente, y grave, la hizo, porque los celos no guardan secreto a nadie. Néguele nuestros amores, dije, que estaba ignorante de los suyos: supliquele que en Florencia me dejase. Representé mis servicios, y el deudo de nuestros padres: dijo que no; repliquele, y ya enojado, ya afable, dijo: Cosme, partios luego, lo que pedís no es tan fácil, que no me importe la vida, pues sois causa de mis males, Isábela os quiere bien, yo la adoro, y sus crueldades, sus desdenes, y rigores del amor que os tiene nacen. Yo estoy rabiando de celos, y aunque me pobéis delante mis grandes obligaciones, mis tormentos son más grandes. Cosme primo, amigo muero, que una pasión tan notable no es amor; Dios me castiga, pues me da la muerte un ángel. Si es verdadera amistad la vuestra, si sois mi sangre, lastimeos verme muriendo, dad remedio a mis pesares. Ahora, ahora es el tiempo. que con prudencia admirable ganéis el primer lugar de los amigos leales. Venceos vos, que yo no puedo, primo, amigo remediadme. dejad, dejad a Isabel, partios al punto, o matadme, Dijo, y echado a mis pies, siendo sus ojos dos mares, el quedó mudo, yo loco entre mil ansias mortales: La amistad que tengo al Duque, y tu amor, contrarios grandes, empezaron la batalla, y el amor vencido sale: bien se, Isabela querida, que la vida ha de costarme; pero al Duque he prometido no verte más, ni hablarte, muera yo, y el Duque viva, pues con vivir, y dejarte, seré ejemplo de amistad, y ejemplo seré de amantes: mira sitengo razón de sentir tantos pesares, pues me destierran de Italia, cuando pudiera gozarte. Quédate, Ilabela, adiós, pues son tantos mis pesares, que tuve el bien solamente, porque sienta más dejarte. Cosme, Cosme, apenas puedo hablar, cómo? qué te partes? turbada estoy, muerta estoy, qué es esto? no puedo hablarte. Laurencio, tu primo el Duque? tu partirte, tu dejarme? Cosme, que muero de amor. Ahora, ahora pesares, ahora, ahora es el tiempo de embestirme, y de matarme, Ea que Ilábela llora, ea, memoria, acordadme de tantos perdidos bienes, de tantos ganados males. Amor, que pierdo a Isabela, desdén, que llegó a rogarme, celos, que pretende el Duque, y es enemigo muy grande. Tiempo, la ocasión se paga, rigor, que he dejado a un anga olvido, que ya me ausento, ahora, ahora pesares. Cosme, si el amor, ay cielos, si la lealtad, si la sangre a una mujer: hay no puedo, ay Cosme, no puedo hablarte. Qué me olvidas? qué me dejas? tu partirte? tu olvidarme? para que quiero yo vida? loca estoy. Soy de diamante? Mal haya la boca amén, mal haya la lengua infame, con que prometí a mi primo; querida Isabels dejarte. Mal haya la vil estrella, que fue causa de inclinarme a quererle más que a mí: mal haya el traidor eobarde, que dijo nuestros amores, causa de todos mis males: Detente Cosme, no des palabras al aire. Yo sola tengo la culpa, yo no me quejo de nadie, ya ocasioné mi desprecio, porque en llegando a rogarte, diste principio a mi olvido, propia condición de amantes: para que vanos discursos? para que extremos tan grandes? Paraque lágrimas falsas? que no podrás engañarme, o falso, o ingrato, o cruel, que amistad, lealtad, o sangre, abliga a un amante noble auna hazaña tan infame: venganza, cielos, venganza. ̱. Venganza cielos, matadme. ̱. Yo no soy también tu prima? yo no dejo por amante a un gran Duque de Florencia, señor de mil voluntades? Y cuando tú me repliques. que no pudiera calarme con el Duque, Cosme mío, Cosme del alma, tu sabes, que Laurencio su privado conmigo quiere casarse. Qué dices? ̱. Lo que me debes, lo que debo, no te espantes, Pregúntalo a mis criadas, y a las rejas de esa calle, a esos muros de mi casa, de mi duro pecho imagen. Mas rico, qué tú, es Laurencio, el priva, y nunca privaste, el me busca, y tú me dejas, el es firme, y tú eres fácil, Y con todo a ti te adoro, tu pobreza me es amable, tu desprecio es el que estimo. a tus pies quiero arrojarme. Prima? Aquí te he de dar la vida, o la palabra has de darme, y la mano de mi esposo. Señora? Qué estás cobarde? Quién tiene imperio en las almas? Qué he de hacer yo contra un Ángel qué es esto? cuando a Laurencio da el Duque tantos lugares, sin tener yo en toda Italia ni aún tierra para enterrarme, Cuando le lleva a palario, y a mi manda desterrarme de Florencia, es un traidor, y yo ejemplo de leales. Su misma dama pretende, cuando yo por no enojarle mi dama dejo, y mi vida; A Monarcas miserables los que eligis mal privado, callen los privados, callen los Griegos, y no celebren tantas nobles amistades, que la mía es la mayor, que a un Príncipe tan amable le ofenda el mayor amigo: vive Dios que he de matarte; al Duque ha de hacer ofensa viviendo yo: que esto pase? voy a matar a Laurencio, no es bien que ahora repare en si el Duque me ha olvidado, soy su amigo, y esto baste. Cosme mi bien, que me dejas? Sí, porque es fuerza dejarte, Isábela, ruego a Dios, que mi enemigo me mate, sin que dé venganza al Duque, y que muera como infame, sino eres dueño del alma, y ya que no puedo darte palabra de casamiento, te la doy de no casarme, sin que tú me des licencia, obligación es más grande la del honor, que del gusto: yo he cumplido con dejarte, y cumpliré mi Isabela con nuestro amor con matarme. En fin no tiene remedio? daré voces a mi padre: padre, y señor. Que das voces, si tú quieres que me maten? Tente Cosme, y no me acabes, vuelve la punta a mi pecho, y acabarás tantos males. Ay Cosme, que haré sin ti, vete en paz, y no te cases. será menor mi tormento. Qué he de pasar tus umbrales? no hay un rayo para un triste? No mi Cosme, Dios te guarde. Y a ti, Isabel, mas que a mí, que te quedas? Qué te partes? r. Loco estás Laurencio, espera. Loco estoy, que a no estar loco, mi gusto tuviera en poco, y a tanto amor ofendiera. Loco me tiene el contento de ver la ventura mía, pues pagó amor en un día tantos siglos de tormento. Qué es posible que Leonora, Julio, te dio este papel? que es posible que Isabel me busca, llama, y adora? Qué rendí aquel imposible tan difícil de vencer? o amor grande es tu poder, todo a tu imperio es posible. Vuélveme Julio a alumbrar, que pienso que estoy soñando. Laurencio, estás deseando, y eso te hace dudar, el papel es de Isabel, y me le dio su criada, no es tu ventura soñada. Oye, mi Julio, el papel. Pudo el tiempo, y el amor dar fin a tantos enojos, vos me rendís mil despojos, yo os confieso vencedor. Ved primero que es el fin el casamiento tratado, mirad que hay árbol vedado, y es mi honor el serafín. Creerás ya que estás despierto creerás que Isabel te adora? Creeré que pudo Leonora darme vida estando muerto. Y no creerás, que has perdido el juicio? Si lo creos mas quien cumplio tal deseo que le quedase sentido? yo tu esposo? el seso es poco, loco estoy, que he de gozarte? Bien haces si has de casarte, en haberte vuelto loco, que así disculpa tendrás de hacer tan grande locura, casarte lla más ventura? adelante lo verás. Dime, como no reparas en que el Duque mi señor le tiene a Isabel amor? ya se nace con dos caras? No lo aprendiste de mí, jamás requebré tu dama, no hay gusto como la fama, muy a lo viejo nací. Mira que aventuras mucho, y que al Duque debes más. Vive Dios que loco estás, y aún yo lo estoy, pues te escucho, mas me debo a mí, que a él, no quiero morir de amor, y más quiero ser traidor, que perder a mi Isabel. Es resolución de amantes. pero no de caballero. lu Calla, y mira, majadero, que viene gente. ̱. Un Gigante más largo que una esperanza de Corte me ha parecido, paga de tramposo ha sido, concertadme esta mudanea. Temblando estoy de temor, y vengo acá por valiente. Sin duda que es esta gente. Dos son. ̱. Tanto que peor. Ellos son. Mírenlo bien, no nos den por dara otros. Qué es esto? quién sois vosotros? Escuchad Laurencio. A quién? Cosme vuestro primo soy. Qué quieres? Vengo a buscaros, apartaos, que quiero hablaros. Empezad, que ya lo estoy. Estoy Laurencio ofendido. de vos, . De mí? De vos, sí. Pues ya me tenéis aquí. Desterrado, y perseguido por vos salgo de Florencia, en el campo os quiero hablar, que allá os he de preguntar, si os dio Alejandro licencia para pretender su dama. Sois su tutos? Soy su amigo. Pues desde aquí, Cosme; os digo, que tantó el Duque me ama, que os quitó a Isabela a vos, solo por dármela a mí: queréis más? No, esperad aquí. Es mi mujer, vive Dios. Salios en siendo más tarde a Miraflor, gran traidor. . Yo os aguardo en Miraflor. Adiós pues. El cielo os guarde. Qué es este? Obra de pariente, no quiere más de matarme, y paró en desafiarme. Qué has de hacer, qué es valiente? Qué? gozar a mi Isabel, mientras él está al sereno. Cómo hidalgo que andas bueno, Así he de vengarme de él, porque yo he de publicar que salí, y el no salio. Lo mismo me hiciera yo: más bien tienes que pensar. Considerar que Isabel te llama para casarte, tu primo para matarte, no sé cuál es más cruel. Elige el riesgo menor. o salir desafiado, o muerto, o salir casado, que no sé cuál es peor. Gracioso estás, oye un poco, que han abierto aquel postigo de Isabel. . Dios sea conmigo. Ay mi Julio, que estoy loco. Por Dios que es bien menester. Es Laurencio? El mismo soy, rato ha que aguardando estoy. Sabeis lo que habéis de hacer? la puerta se quede abierta, porque podáis fácilmiente salir, si mi padre os siente, sin que oiga que abrís la puerta. Traéis criado? . Y muy fiel. Pues quédese aquí aguardando, y entrad, y os iré guiando, que está oscuro. . Mi Isabel, cuando he de poder pagar tanto amor? Bien lo he engañado, guarda, Julio, con cuidado esta puerta. . Hombre a la mar. Entrose, pero yo quedo con notable riesgo aquí; pero que se me da a mí, ánimo, que todo es miedo. Luego veinte han de venir, pero no bastarán dos, que digo dos, vive Dios, que de uno pieo huir. Parece que viene gente, miedo les quero poner, pues ellos no han de saber si soy gallina, o valiente. Pongo la capa a los brazos, y sueño espada, y broquel. Aquí vive mi Isabel. Bueno va, la industria alabo, Aquí vive la belleza que adoro, y yo muero aquí: Octavio yo me perdí. Mucho quiere vuestra Alteza, Resístese, y es hermosa. Escribirla. No me escribe. Regalarla. No recibe. No es pobre? No es codiciosa. No es mujer? Y necio vos. Olvidarla. Es fuerte el gusto. Forzarla. No será justo. Pues encomendarse a Dios, Octavio no hallo medio para remediar mi suerte, y entre la vida, y la muerte, el morir es mi remedio. Cada noche vengo aquí, y aún no me ha querido habla Fuerte cosa es porfiar en lo imposible. . Ay de Muy bueno está V. Alteza, para tratar de casarse. Mujer, que puede mudarse es mi mal. . Brava dureza. Vamos, que estoy con disgu Falta Laurencio. No es eso; aunque yo, Octavio, confieso que sin el no tengo gusto. Dévele grande amistad, y estímole más que a mí: pero no está un hombre allí? Ya me vieron. . Esperad que me cuesta ya cuidado; porque no alcanzo a que fin en la puerta del jardín de Isabel está parado, Mucho holgara conocerle. ̱. Buen talle tiene. Aquí es ello, colgado estoy de un cabello, Llegad a reconocerle. Acábose la marana, el diablo me trujo aquí. Caballero. Dice a mí? . Sí. Pues pienso que se engaña, porque no soy caballero. ̱. No es caballero? . No a fe. ̱. Pues quién es? . Yo no lo sé. ̱. Será algún gran majadero. Por Dios que me conocío, pero aunque es gran barbarismo no conocerse a sí mismo, no soy el primero yo. Él es loco. . Dice bien, pues sirvo sin ser premiado. Octavio quién es? . Hh dado el hombre en no decir quien, y parece hombre de humor, que a caso se paró allí. ̱. No va malo esto hasta aquí, si saliera mi señor. ̱. Dice que es un majadero, y dice verdad el hombre. Haced que diga su nombre. Majadero, o cadallero, que todo lo puede ser, suplicoos que me digáis quien sois, o como os llamáis, porque lo quiero saber, y excularey, un enfado. J. Jesús, de muy buena gana, que por cola tan liviana cualquiera enojo es pesado, Yo soy para entre los dos, poeta, y sastre mitad, si puedo decir verdad. Pues diréísmela por Dios. Si haré, escuchad un poco, que aunque es mi oficio mentir, por fuerza lo he de decir, por lo que tengo de loco. Pues decid el nombre. El nombre es, por Dios que lo he olvidado, no debo estar bautizado. Quiéres que te mate hombre? No por cierto. El nombre di. Vive Dios que va de verás, quién me ha metido en quimeras? yo me llamo don Pialí. Nombre de Moro, y con don? Hay dones en Berberia. Este es loco, y desvaría. Todos los hombres lo son, cada uno por su camino. Díjote quién era? . Sí. El poeta don Pialí. Qué notable desatino! Yo estoy de muy buen humor para locuras, echaldo de aquesa puerta, o mataldo, que es todo celos amor. Buen hombre, sastre, o poeta, o dejad la calle al punto, o la vida. . Todo junto, oiga señor estafeta, que en gran confusión estoy, sin saber lo que he de hacer: mas pues me dan a escoger, respondo, que ya me voy. Ya se fue. Ya me ha pesado, Octavio, que se hayaido sin haberle conocido, estoy con grande cuidado: Corred al punto tras él, o matadlo, o traedlo aquí, O. Voy. . Yo no estoy en mí, o celos de amor cruel; si era galán de Isabela más venturoso, que yo? si fingio ser loco, o no? mas sí, que amor es cautela. Quiero llegarme al postigo, quiza podré averiguar mis celos, y mi pesar; hoy se acabará conmigo. Vive el cielo que está abierto, cierta mi sospecha ha sido, que no hubiera conocido a quién de celos me ha muerto? Que haya quien goce el favor, que no pude merecer? más fue elección de mujer, que apetecen lo peor. Ardiendo estoy, y temblando, que haré? a quién busco? a quién sigo? mas como abierto el postigo en la calle estaba hablando? Gran mal ay, viven los cielos, que tiene dentro el galán, los dos gozándose están, cuando yo muero de celos. Este guardaba la puerta, y yo no quiero aguardar, que me acabe aquí el pesar, pues la he hallado abierta. Vive Dios que he de saber entrando allá, quien ha sido el hombre, que ha merecido gozar tan bella mujer.
JORNADA SEGUNDA
ACTO SEGUNDO. Mi Laurencio, tarde es ya. No es tarde, aguardad un poco, mi Isabela, que estoy loco; cuan presto el tiempo se va. En mi vida no os he hablado, y ya que os hablo, no os veo, y apenas el bien poseo, cuando el tiempo se ha pasado, O si nunca amaneciera, o Apolo, detén tu coche, y haz eterna esta noche, así en más feliz carrera alcances la fugitiva Dafne, no en laurel frondoso, sino en medio cuerpo hermoso, menos ligera, y esquiva. Quién más que yo deseara, Laurencio, que fuera an sí? Mas como me he de ir de aquí sin ver vuestra hermosa cara? Sin luz del Sol he gozado, y entre tan grande ventura, siendo el Sol vuestra hermosu a escuras me habéis dejado. Tened, mi bien, encendida luz, y estad muy confiada, que pareceréis gozada lo mismo que pretendida. Será el milagro mayor que ha hecho amor. Es verdad, pero en tan grande beldad, no es el milagro de amor, sino de vuestra hermosura. Dejad esos que ya es tarde, señor, así Dios os guarde, que será gran desuentura, Si a caso mi padre os siente, llevaos la llave con vos, y cerrad, y guardeos Dios, y venid mañana. . Ausente de vos cómo tendré vida? cuando he de poder guzaros sin miedo? quiero abrázaros del alma hermosa homicida. Adiós mi Laurencio. . Adiós. Yo le he engañado muy bien. . Oh mal haya el tiempo, amén, que nos aparta a los dos. Adiós plantas, a Dios fuente, que con el agua, y el viento celebrastes mi contento; Pero qué es esto? allí hay gente. e , Por todo el jardín he andado, y no he visto a nadie en él, perdona, casta Ilabel, este celoso cuidado. Yo ofendí tus generosos pensamientos soberanos, mas son los celos villanos, y así son muy maliciosos. Oh cuán venturoso fuera, si en este jardín gozara mi Isabel, si se ablandara: más es diamante, y yo cera. Plantas, decídselo vos, así el viento bullicioso siempre con soplo amoroso os regale: mas ay Dios! No está allí un hombre encubierto? a ingrata, perdón te pido, cuando el galán escondido gozas, habiéndome muerto. Sin duda que este es el hombre, a quien el otro aguardaba; cielos, gozándola estaba: sabré, vive Dios, su nombre. Pero el honor de Isabela? que honor, cuando estoy rabiando? Acá se viene llegando, gran mal el alma recela. Si es Cefio, que me ha sentido? esio fuera, mas no, con más cólera viniera a cobrar su honor perdido. Sin duda, que es escudero de casa, o es mi criado, que por burlarme se ha entrado en el jardín. Caballero. No es su voz, y ya se abrasa el alma, quién puede ser? la voz quiero conocer: más hombre fuera de casa, estando Julio a la puerta, no es posible: mas ay cielos, que ha dado vida a mis celos una fe, que juzgo muerta: Si es otro galán, que ha muerto a Julio, y ha entrado en casa? Qué es esto que por mí pasa? ni le si yerro, si acierto: Si doy a este hombre la muerte, es forzoso que al ruido despierten, y soy perdido, que no es bien que de esta suerte ande un Duque de Florencia, que ha de casarse mañana con la beldad soberana, hija del César, paciencia, paciencia celos, y amor: mas si se acierta a saber, que dirá el mundo, si el ser le debo al Emperador? Y más con hija de un hombre, que a Italia revolverá por vengarse? . Quién será? Ahora bien, yo sabré el nombre, quiero sacarlo a la calle, o al campo, esto es lo mejor. Si es el Duque mi señor que es su voz, su andar, su talle? A hidalgo. Quiero fingir la voz, del Duque es sin duda, hoy la fortuna se muda, qué he de hacer, que he de decir? A mí me importa saber quién sois, y qué hacéis aquí? Si lo ha sabido, ay de mí, qué tengo que responder? Si conocío mi criado a la puerta? si avisó Cosme al Duque? pero no, que aunque enemigo, es honrado. Sois sordo? qué hacéis aquí? Ánimo. Decidme el nombre. Quién me lo pregunta? Un hombre. Jamás a un hombre temí. Si sois deudo, o pretendiente de mi Isabela, yo soy su primo, y casado estoy con ella; y si sois prudente, No alborotemos la casa, que estoy casado en secreto, y es bien que tengáis respeto a Isabela. Aquesto pasa? De celos no estoy en mí: yo gusto de respetar por su honor este lugar, más salgámonos de aquí, que en el campo, o en la calle sabréis que no puede ser Isabel vuestra mujer. Gran traza, yo he de engañarle, en el campo es lo mejor. Pues señalad el lugar. De Cosme me he de vengar: el valle de Miraflor, Pues seguidme. Ya yo os sigo, pero no por esa calle, a Cosme hallará en el valle, hoy morirá mi enemigo. En gran peligro me vi, pero muy bien me he librado, Cosme me ha desafiado, y el Duque sale por mí. Cansado ya de esperar mi contrario en Miraflor, sale a campaña mi amor, con él he de pelear: si llego a considerar, que por el Duque cruel dejo a mi amada Isabel, peno, y dudo, rabio, y digo, que yo soy un fiel amigo, pero no amante fiel. Qué haré? fuerza de mi estrella que amar al Duque me inclina, rara influencia divina, que tanto gusto atropella: perdóname Isabel bella, que te dejo, y no te olvido, y pues al campo he salido, ya pienso vencer así, porque en venciéndome a mí, lo demás doy por vencido. Allí viene un caballero, si es a caso mi enemigo? él es, esta vez castigo la traición de un lisonjero. Un grande rato ha que espero a mi contrario en el valle; gran necedad fue dejarle sin darle en el jardín fin, pues al salir del jardín se me fue por otra calle, Agradézcalo Isabela al César, que su temor pudo obligar a mi amor a sufrir esta cautela, Pero en vano se desuela, quien jamás tuvo ventura, no vi noche más oscura, yo mismo a mí no me veo. Que no halle a quien deseo la misma noche procura, apenas se donde estoy, o noche, un bulto está allí, sabré si es él, sois vos? . Sí, poned mano; que yo soy, yo soy, acabad, que estoy cansado ya de esperar. También lo debéis de estar de vivir. . Y muy causado, y como desesperado he de morir, o matar. Pues yo os vi con menos fieros, no ha mucho, y con más paciencia, y antes que os mate, licencia me dad para conoceros. No salen los caballeros al campo a burlarse así. Decid quien sois, Yo? . Vos, sí. Loco de cólera estoy, villano, ignoras que soy Cosme tu primo? . Ay de mí. Cosme soy el desdichado, a quien tanto has perseguido, Cosme del mundo temido, y Cosme del mundo amado. Soy quien tres veces le he dado la vida al Duque cruel, y el amigo más fiel, quien le acudio en su pobreza, quien le sirvio en su riqueza, y quien le ha dado a Isabel; soy a quien más he debido, y a quien peor ha pagado, soy quien sale desterrado. El traidor me ha conocido. Por lo bien que le he servido, y soy quien tan pobre estoy, pudiendo ser Duque hoy de Florencia. Ay cosa igual? Y matando a un desleal sabrás, Laurencio, quien soy. Basta Cosme, ya lo sé. Qué es esto? válgame Dios! Fuerza es que fuerades vos, quien tan alevoso fue; esta es la palabra, y fe que me distes, mas en fin sois hombre bajo, y ruin, bien cumplís el juramento, prometerlo en mi aposento, y gozarla en el jardín. Decid que no os he hallado dentro del, y que es traición de Laurencio, o ilusión, todo cuanto me ha pasado. Vos mismo habéis confesado, que de Isabel sois marido, de vos mismo lo he sabido, sois tirano, sois cruel, vos el amigo más fiel? Señor, yo jardín? yo amor? yo casamiento? tú aquí? Laurencio? no te ofendí. Turbado estás, a traidor, al valle de Miraflor salimos desafiados, ya estamos bien apartados, defiéndete, que por Dios, que con uno de los dos han de acabar mis cuidados. Tú no me puedes negar lo que yo acabo de ver, si Isabel es tu mujer, yo soy quien te ha de matar, vivo yo, no has de gozar el bien que por ti he perdido. Ni mi palabra he rompido, ni yo te he desafiado, ni en el jardín me has hallado, ni soy de Isabel marido. Ya, traidor, no han de valer tus fingidas humildades. Si no has de escuchar verdades, dame, gran señor, la muerte. Si haré, porque de esta suerte fenecerá mi dolor; toma la espada, traidor, o te mataré sin ella. Hay más desdichada estrella? tente, aguarda, oye señor. No les dejé el postigo por cobarde, sino porque Alejandro no me viera, que a no ser nuestro Duque, Dios le guarde, ni entrara en el jardín, ni yo me fuera. No en vano hagas de tu pecho alarde, deja eso ahora, porque el alma espera, saber que dice Cesió al papel mío. De su arrogancia, y su vejez me río. En fin? Llegué a su casa. Di adelante, Por Cesio pregunté, salió el buen viejo, si bien caduco, altivo, y arrogante, casi en los hombros de Isabel fue espejo allí el cielo, señor, sirvio de Atlante, dile el papel, leyó, ton o consejo consigo, tomó el báculo, y de espacio, y bien confuso llega ya a Palacio. O si llegara ya. . Ya estará en casa. Viste a Isabela? No, más vi a Leonora, es hembra altiva, y de favor escasa, no me valió decirle Sol, ni Aurora, ni aquello que me hiela, y que me abrasa. Qué dijo de Isabel? Oh, que te adora. Qué más te preguntó? B Fiestas, y entrada del César, que por ti no han visto nada. Por mí? Por no enojarte no han salido. Oh venturoso yo con tal esposa. hay ventura, señor, sobre marido, gasté lindo almacen, y culta prosa, no me quedó ni talle, ni vestido, Sl galán, o desairado, fea, o hermosa, aderezos de calles, y caballos, que por ser viejo dejo de pintarlos. La salida del César a la empresa de Lutero, y sus falsas heregias, sus partes, el valor de la Duquesa, lugares, ceremonias, cortesías, familia, ostentación, comedia, mesa, juego, fiestas, saraos, mil alegrías, y por sentir a Cesio en tu aposento, no digo en un romance todo el cuento, A recibirle voy, que es sangre mía. Laurencio Dios os guarde. o1 il ó A Cefio tío, ldisloqa cuando mi casa mereció este día? Cuando el tiempo burló mi antiguo brío, que a ser cuando fortuna obedecía por fuerza, no por gracia, el brazo mío, no pisaran mis pies estos umbrales, presagio triste de mayores males. No hagáis menos mi gusto, con la pena, que me causa ese llanto, esos enojos. El alma como está de males llena, revienta por la boca, y por los ojos, no os admiréis, que el hado me condena, a que rinda a su imperio estos despojos: mas dejando esto aparte, este criado me dio vuestro papel, y gran cuidado. Decisme que os aguarde en mi posada, y que tenéis que hablarme. Así lo digo. Así, pues aunque ya no ciño espada, no aguardo dentro en casa a mi enemigo, no luenga edad la sangre tiene helada, que este brazo, que un tiempo fue castigo de los tiranos Medicís, ahora restaurará su patria vencedora. Qué me queréis? y adónde? que a esto vengo, las armas, y hora señalad, que es tarde. A Cefio, a padre, a tío en que detengo la atada lengua, en la razón cobarde? no os desafío yo, mi patria vengo, que es caso feo, que Florencia aguarde dueño tirano, esclavitud pesada, teniendo ese consejo, y esta espada. Si los Medicis fueron sangre mía, sangre mía también los Pazos fueron, ya todos con rigor, y tiranía se vengaron, si necios se ofendieron: acábense los bandos, llegue el día tan deseado, que mis ojos vieron, que olvidéis vuestro enojo, y seáis mi padre, dadme a Isabel, y libertad mi madre. Haced, señor, mi suerte venturosa, S. merezca si es posible ser marido, padre, y señor, de mi Isabel hermosa, pues él si de su boca he merecido: haced también mi patria venturosa, que toda Italia ayuda me ha ofrecido; hay armas, ocasión, gente, y dinero, y solo él si de vuestra boca espero. Ay tal maldad? ay tal atrevimiento? cuan vana siempre fue la vil riqueza, que quepa en tu arrojado pensamiento i gualar tu caudal con mi nobleza? mi hija me has pedido en casamiento, cuando por mi linaje, y su nobleza el mismo César me parece poco? soberbio presumir, o joven loco. También salieron los ilustres Pazos de otra vez que casaron en tu casa? a mí te atreves, que te haré pedazos, y aún polvos con el fuego, que me abrasa? la mano a mi Isabel, cuando mis brazos, aunque Alejandro con el Sol se casa, han de eclipsar los Medicis tiranos? la mano a mi Isabel, teniendo manos? Quédate vano rapacillo, loco, la mano a mi Isabel? tío, señor, escucha; espera un poco, considera más bien lo que he propuesto. A nueva furia mi rigor provoco, Mira, señor, que el cielo lo ha propuesto. advierte, que he gozado a mi Isabela. Es verdad lo que dices, o es cautela? Válgame Dios! Señor, yo la he gozado, del alma, y del jardín tengo las llaves, sin tu gusto con ella estoy casado, mi calidad, y hacienda ya la sabes, considéralo menos enojado, no detérmina bien los casos graves la cólera, si en esto te he ofendido, perdón mil veces a tus pies te pido. Cielos, qué escucho? para tanta afrenta guardasteis este viejo tantos años? como es posible que mi honor consienta de este traidor tan viles desengaños? la misma honestidad mi casa afrenta, Isábela gozada por engaños, no puede ser, es virtuosa; es sabia, mas si es mujer, qué dudo? ella me agravia; qué haré cielos? qué haré? dadme consejo, pues que me habéis dejado sin sentido. Señor lo que conviene te aconsejo; mira que soy tu sangre, y su matido. Calla villano, calla, que aunque viejo, sabré cobrar mi honor, si está perdido, a Italia he de alterar, y al mundo. Padre, oye a Florencia, pues la llamas madre. Su libertad ofrezco, oye, espera: hay furia igual? ay condición más vana? que me niegue a Isabel, cuando pudiera ser Duque de Florencia, y de Toscana? hay más triste suceso? adiós pluguiera que la mano más vil, mas inhumana te quitara, Alejandro, estado, y vida, pues por ti pierdo mi Isabel querida: que haré si ha de matarla? estoy sin seso; e amén. Favor notable, no se ha visto de amor tan grande exceso, el gran Duque, y con serlo, el más afable te visita en tu cuarto. Ay tal suceso? En la antesala está, no es variable la fortuna señor. Vio a Cefió a caso? No lo ha visto ninguno. Extraño caso! Laurencio primo? Gran señor, qué es esto? tan grande exceso ha hecho V. Alteza con un criado suyo el más humilde? Cómo me habéis faltado algunas noches a tan grandes festines de Palacio, y en tan grandes pesares de allá fuera, y me escribistes, que os faltaba el gusto, y la salud, he estado con cuidado, y vengo a visitaros por enfermo: cómo os halláis? Confuso, y aún corrido de la merced, que vuestra Alteza hace a esta humilde hechura de sus manos, las cuales beso por merced tan alta: ya estoy bueno señor. Estad muy bueno, que he menester Laurencio vuestra vida, y por si os dura mucho la tristeza, Villacayan es vuestra, cuyos prados, montes, y sierras, ríos, y jardines, han obligado a olvido a los antigos, que fueron maravilla de los hombres, y no es mucho que haga maravilla; por daros gusto, pues que no le tengo si os falta albos. Los pies de vuestra Alteza he de besar, porque poniendo en ellos la boca, signifique en las acciones lo que calla la lengua de turbada. Los brazos tengo yo para mis deudos, a quien estimo tanto, alzad Laureacio, dejennos solos, que quisiera hablaros. Despejennos la sala, caballeros, ya se han ido, que quiere vuestra Alteza? Quisiera de un traidor una cabeza, muy enojado estoy. Señor conmigo? No, Laurencio, con vos, andad pariente. Mil vueltas había dado el pensamiento imaginando, gran señor, la causa. y no la hallaba. Claro está Laurencio. Quién, señor, ha enojado a V. Alteza? Quién pudiera atreverse, si no es Cosme, por la fama, que tiene en toda Italia: Cubrios Laurencio. . Gran señor. Cubrios: ya os conte, que la noche desdichada, víspera de mis bodas venturosas, que no me acompañastes, fui a la calle de mi Isabel, adonde hallé aquel hombre arrimado al postigo, a quien Octavio nunca pudo alcanzar. Ya lo he escuchado, y como en el jardín estaba Cosme, y llevó a Miraflora vuestra Alteza, como si allí estuviera lo sé todo. Quise matarle, y arrojó la espada, mas no por eso se aplacó mi enojo. Hiriole vuestra Alteza? Bien quisiera, pero no me aguardó; yo estoy celoso, muera Cosme, Laurencio. Cosme muera. Temo que en Trevia vivirá escondido, y Trevia está muy cerca de Florencia, sobrame amor, y fáltame paciencia. Poder te sobra, si te falta dicha. Pues venza mi poder a mi fortuna. sio A este hipócrita adora toda Italia, los Forajidos le apellidan Duque, que en fin ama a Isabel, que es más delito, y en su muerte, Laurencio está mi vida, la quietud de mi estado, y es mi gusto. Que te obedezca todo el mundo es justo. Llán enlo por éditos, y pregones, y en tanto que el proceso se fulmina, el poder, y el amor, fuertes jueces, me mandan, que yo goce mi Isabela, o por fuerza, o por gusto. Extraño caso: de qué suerte señor? . A la Duquesa le he dicho, que Isabel es prima mía, muy pobre, muy hermosa, que no es justo aventurar la fama de mi sangre, permitiendo que viva con un viejo, tan pobre como Cefio, y tan caduco, que la traigamos luego a mi Palacio por dama de su Alteza, donde pienso, gozándola, acabar con mis pasiones, y con Cosme, y con cuantos intentaren quitarme el bien, que yo no he merecido, no puedo más, Laurencio, estoy celoso, rabiando estoy, estoy desesperado. Los cielos contra mí se han conjurado, podré estorbar resolución tan grande? Qué me dices? Que advierta vuestra Alteza, que aventura su Estado, y su persona, si goza de Isabela sin su gusto. Por qué? hablad. Quisiera no enojarle. Decid Laurencio. Es belicoso el padre, la ofensa grande, tiene muchos deudos, y los Medéis somos tan odiosos, que con pequeña causa nuestra patria se ha de alterar, y sacudir el yugo, que tan pesado les parece a todos: la libertad, señor, siempre fue amable, y el señorio, que adquirio la fuerza, está sujeto a fáciles mudanzas: mire bien vuestra Alteza lo que intenta. No os he visto jamás tan elegante en persuadirme cosas de mi gusto: la prudencia no evita el mayor daño? Si señor. Pues qué haré? temeré en duda la subita mudanza de mi estado, o estorbar de mi muerte el fin precioso? sino gozo a Isabela, yo soy muerto; y si gozo a Isabela tendré vida; y vivo yo, veremos quien se atreve a mi estado, y persona. Mejor fuera que no hiciera mudanza de su casa, que si viene a Palacio, mi señora es fuerza que descubra este secreto, y que el César lo entienda por sus cartas, Será muy gran delito contra el César, será bien que dejándola en su casa, la goce Cosme a su placer las noches, muriendo yo las noches, y los días? basta, no me canséis. Hay prendas mías: Cielos que haré? dírele mi secreto? pero de suerte está, que ha de matarme. Haced poner, Laurencio, la carroza. y vámonos a casa de Isabela, donde seréis testigo de la suerte, que se ablandar a Cesió mi enemigo. De mi deshonra habré de ser testigo. Id vos delante, y avisad a Cefio, que me aguarde en su casa. Estoy sin alma, mal haya la privanza, hacienda, y vida, que me cierran los labios: matarelo, que yo no he de sufrir tan grande agravio, Qué decís? qué pensáis? Estoy sin gusto, de ver que vuestra Alteza persevere en tal resolución, temo un gran daño. No teme amor, ni admite desengaño, Si vivo en vos en este apartamiento, como estoy viva ausente de mi vida? y si dejé el vivir con la partida, cómo es posible que este daño siento? Si siento, como del humano aliento no me priva una pena tan crecida? o es que la pena está en el alma asida, que imita en lo inmortal a mi tormento. Mas como el alma se quedó conmigo, y no partió, mi Cosme, a acompañaros, siendo de vuestro cuerpo el más amigo? Bien quisiera partir allá a gozaros: mas yo que solo el bien de amaros sigo, no la dejé, por no dejar de amaros. Señora, señora mía, dame albricias de un gran gusto. Ay Dios, y que bien empiezas, prosigue, prosigue presto. No puedo más, que estoy muerta, porque de solos dos saltos subí toda la escalera: a Cosme he visto en la calle. En la calle? Y en tu puerta. Qué dices? Que está en tu sala. Loca esto, y quien tal creyera. Daré voces? pero no, contentos tened paciencia, que importa disimularos, que amor huye de quien ruega. Prueve Cosme mis desdenes, que el que no sabe de penas, no sabe estimar los gustos, y lo fácil se desprecia. Isábela? . Cosme? . Bueno, haz que se salga allá fuera Leonora. . Leonora? . Sí. Qué quieres? . Morir quisiera. Bueno es, Cosme, tener vida; y para que no la pierdas, podrás irte de mi casa, que si lo sabe su Alteza, castigará justamente, que hayas vuelto a entrar en ella que quien es tan fiel amigo, quien hace tantas finezas, que deja su misma dama casi entre sus brazos muerta, es lástima que amancille, con una hazaña tan fea, ya la divulgada fama, que borró la suya a Grecia. Si aquel ardor invencible, con que intentó tu soberbia el desprecio de mi amor, no le haviva tu nobleza. Qué haré de tantas estatuas, con que ha intentado Florencia celebrar tan grande hazaña, haciendo tu fama eterna? Esta es palabra de noble? esta es, Cosme, la promesa, que al Duque, y a Dios hiciste? que presto diste la vuelta. Ahora bien, vete con que aunque es de mujer mi lengua, por lo bien que te he querido, yo callaré esta flaqueza. Mira, Leonora, la calle, no pase alguien, que le vea, y en saliendo, cierra luego, que temo que se nos vuelva: y con tanto Dios te guarde. Aguarda, aguarda Isabela, que yo no vengo a rogarte, ni hacer al gran Duque ofensa. Vuelve, y no vana presumas, que con desprecio me venza, ni tu discreción valiente, ni tu hermosura discreta. A tu casa he vuelto ahora, solo por saber quien sea quien mereció en tu jardín mas que un Duque de Florencia. Quién entra por el postigo a gozar la primavera, que en tus mejillas de rosas vínculó naturaleza. Quién fue el galán venturoso? s. I. Detente Cosme, no quieras disculparte con mi infamia; la puerta, Leonora, cierra, y echa de casa ese loco. La puerta, Leonora, cierra, y abre a la noche el postigo del jardín, para mi afrenta: vive Dios que has de escucharme. Habla más paso. Si hiciera, a no estar loco, y rabiando: a fuera locas promesas hechas a un tirano dueño, sonjas premia. sol A fuera, valor soberbio, que no hay valor, que se atreva a resistir en el alma ejércitos de belleza. Celoso, estoy, y rendido, si hay algún hombre que tenga de nieve, o de bronce el pecho, ose victoria tan nueva. Celoso vengo a saber, quien en tus jardines entra a gozar el dulce fruto, que sembraron mis ternezas? Quién es, a quien das la mano de ciposa, para que sea tirano de mi ventura, salteador de mis riquezas? A quien rinde, los favores, que hacer dichoso pudieran al mismo amor, si atrevido osara tan alta empresa? A quien en solos dos días abres, Isabel, la puerta, si en tantos años no pudo hallarla mi dicha abierta? Porque prometí no verte, mal haya tan vil promesa, te entregaste a ajeno dueño? baja venganza, Isabela. No dieras tiempo a un agravio, pues diste tanto a mis penas? que fácilmente castigas, y que fácilmente premias. Son estos, di, los extremos, las lágrimas, las ternezas, los desmayos, los suspiros, con qué sentiste mi ausencia? No respondes? qué me dices? que si quiera no lo niegas? Callando me das tormente, y tú el delito confiesas. Ahora bien, yo te he perdido, y es muy justo que te pierda, quien dejó por su enemigo la más estimada prenda. Mas si es verdad, que los ruegos en la muerte, o en la ausencia de los que bien se quisieron, suelen tener mayor fuerza, Yo que estoy mortal, te ruego, que saber de ti merezca, si has escogido a Laurencio por dueño de tu belleza. Que con verdad que me digas, partirá el alma contenta, y celebrarán tus bodas mis funerables obsequias. Primero llegue mi muerte, ay mi bien, hablas de veras, que entendí, que tus disculpas buscabas entre las quejas? Yo bodas, y con Laurencio? yo jardín? yo amor? yo puerta? Leonora, qué entedo es este? Querra disculpar su ofensa, fingiendo otro nuevo agravio. Será disculpa muy necia. Yo Cosme no soy mujer de quien presumir pudieras bajas venganzas de amor, que es dotrina de otra escuela. Revuelve toda la historia de tu amor, y mi firmeza, y verás en mil ejemplos cuanto te quiere Isabela, Laurencio, el Duque; y el mundo i gualado a tu pobreza, los estimo en lo que piso, y esto te doy por respuesta: Quieres más? . Viven los cielos, que fue tan cierta mi ofensa, como yo soy desdichado? mira si hay cosa más cierta, Laurencio en tú misma calle, queriéndole yo echar de ella, me juró que era tu esposo, y por tu honor Isabela. Quedo corrida. Y yo muero, y con mi lealtad muy necia le llamé traidor al Duque, y el entre risa, y soberbia me dijo, entre mil agravios, yo no pretendo a Isabela para el Duque, el Duque si para mí, y porque sea, me favorezca, y te olvide, te destierra de Florencia. No le creí, y por vengarme, le repliqué que se fuera al Valle de Miraflor, donde entendí que mi ofensa, o mi vida dieran fin, pero son ambas eternas. Allí aguardé hasta el Alba, que entonces en vez de perlas, salió sembrando desdichas, cogiendo yo el fruto de ellas. Vi venir un caballero, y el deseo, no las senas, me persuadio ser Laurencio, quise matarle, y pudiera, si al descubrirse no viese al gran Duque de Florencia, Quedé atonito, y suspenso, todas las acciones muertas, y el Duque muy enojado, entre bien injustas quejas, me dijo, que en tu jardín atada tengo la lengua, vio entre sus plantas un hombre y preguntando quien era, le dijo, que era tu esposo: y pensando que esta ofensa, o esta ventura era mía, me quiso matar por ella. Plugiera a Dios, pero en fin, mi lealtad, y mi nobleza, huyeron del Duque airado, que la natural defensa entendí que le ofendía, y por desusadas sendas vengo, Isabela, a tu casa, mira tu ahora, Isabela, si yo no entré en tu jardín, quien en tus jardines entra. Esta es invención del Duque, si tus celos no te ciegan, te sacarán de tu engaño las razones de mi ofensa. Si dices que me pretende el Duque, para que sea esposa de su privado, que mucho que el Duque quiera infamándome obligarte a que dejes a Isabela. Desafías en mi calle a Laurencio, y cuando esperas en el campo tu enemigo, sale a matarte su Alteza, claro está, que si Laurencio al Duque no le dijera, que no lo supiera el Duque, y que al valle no saliera. Esto es concierto de entrambos, y cuando mi esposo fuera Laurencio, paraque fin una mujer de mis prendas entretuviera a su primo? Calla Cosme, que es vergüenza sufrir tu necia lealtad, ni hablar en estas materias: vete luego de mi casa, ni me escribas, ni me veas. Vete presto. Aguarda, escucha, vuelve por Dios, Isabela, a referir lo que has dicho, que va el desengaño a priesa alumbrando mis sentidos: mas quien del Duque creyera, que para darla a Laurencio me quitara a mí mi prenda? De un grave sueño despierto, a fuera celos, afuera, que Isábela es mi mujer. Eso es si quiere Isabela. Si querrá, que injustos celos no fueron jamás ofensa, que no merezcan perdón; pero que loco creyera, que los señores engañan, que los señores no premian? A Alejandro, así se dejan servicios de tantos años? así el honor se atropella de una mujer principal? mas qué importa que así sea, si yo estoy desengañado, basta ya locas quimeras? En fin, he de perdonarte? Sí, que es deidad la belleza. Ahora Cosme, yo te adoro, no hagamos burlas las verás, tuya soy. . Dame los brazos. Si daré, porque lo creas, por el Duque me dejabas? Isabel no lo refieras, que aunque fue el delito grave, basta el dejarte por pena, pongamos remedio en todo. Lo que importa es, que me quieras, que hes más del amor mío, que a tu enemigo no creas, que ha de ser dueño tirano, que te salgas de Florencia, que a mí me lleces contigo, que le demos cuenta al Celar, para que escriba a mi padre, y remedie tu pobreza. Yo mi bien quiero lo mismo. Fácilmente se conciertan amantes, que bien se quieren. Baste estas paces por fuerza, que yo merezca tus brazos. Yo los doy porque me creas. Señora, grande desdicha. Qué hay Leonora? dilo a prisa. Tu padre casi difunto, la barba toda revuelta, los ojos llenos de llanto, con gran cólera, y gran priesa por la escalera se sube, y ya le siento aquí fuera. Válgame Dios que desgracia, si te vio entrar, yo soy muerta. No es posible que me viese, ten aliento. Abre la puerta de este tocador Leonora; escóndete Cosme, y cierra, Está en casa Isabela? Isábela está en casa a tu servicio, Si es verdad, si es cautela? jamás la liviandad me ha dado indicio, y fue buena su madre, honra, y favor contra el amor de padre. Qué mandas? . Estás sola? Leonora está en la sala. . Salte a fuera: en una, o otra hola flutua mi honor del mal de afrenta fiera, oyenos aquí alguno? Que viejo está mi padre, que importuno. Nadie nos oye. . Infame, afrenta vil de mis honradas canas, que así es bien que te llame; pues que las aras del honor profanas: vil mujercilla loca, fiero cuchillo de mi vida poca. Mancha de aquel brocado, que tejieron los Griegos, y Latinos! incendio que ha abrasado los homenajes de mi honor divinos: como, si el ser me debes, te casas sin mi gusto? a mí te atreves? A mí? . Señor. . Qué es este? De cuyo nombre se estremece el Orbe. Echó fortuna el resto. No tengo brazo, que mi afrenta estorbe. Señor escucha un poco. Cesió lo sabe todo, yo estoy loco. Si matará a Isabela? Qué tengo de escucharte? . Mi disculpa. Será alguna cautela. No te engaño jamás, ni hallo culpa en mi inocente pecho: padre, quién te ha engañado? qué te he hecho? que puerta; que ventana, que fiestas, que vestidos, que paseos, o que amiga liviana, que vanos pensamientos, que deseos en mi jamás has visto? De nueva furia el ánimo revisto. Tu vana hipocresía no ha de librarte de mis fieras manos, pues que la sangre mía mezclaste con los Mediéis tiranos. y al más infame de ellos le diste la ocasión por los cabellos. Tu dentro de mi casa gozar de tu galán, o tu marido. Él sabe lo que pasa. Si la quiere matar, yo soy perdido, que el honor, y la vida he de arriesgar por Isabel querida. Tú elegiste en efeto como mujer, y yo con estos brazos estorbaré, que un nieto junte otra vez los Medicís, y Pazos. Señor. . Saldré? qué espero? Padre escúchame, y muera. . Yo primero, Qué tengo de escucharte? Si Laurencio de Medicis. . A cielos. Ah llegado a gozarte? Laurencio a mí? . Que hoy rabio de celos, Por el jardín ha entrado Laurencio, y te ha gozado, y te has casado: Yo lo sé de su boca. Posible es que a Laurencio no conoces? el miente yo estoy loca. Cosme lo escucha todo. . Daré voces, porque mi pena es tanta, que no cabe del pecho a la garganta: engañome Isabela. Laurencio te ha engañado. . Tú me engañas, Ay padre, que es cautela. Ay que muriendo amor me desengaña. Llama a Laurencio luego, y apercibe el cuchillo, el lazo, el fuego. Si en mi presencia osado, que me gozó, ni aún que me habló, dijere, con mi infamia ha intentado que me case con él, o desespere, pues tal de mí has creído? siendo mujer en poco te he ofendido. Mas si con tanta infamia Laurencio ha pretendido el casamiento: si fueras Laida, o Lamia, (siendo mi hija) a tanto atrevimiento, diera castigo tanto, que fuera Italia mar de sangre, y llanto. Dejárete encerrada, y yo iré por Laurencio, aguarda un poco; y si no estás casada, de este soberbio mancibillo loco tú verás el castigo; y si lo estás, yo moriré contigo. Aquí, señor, te espero. Cerró la puerta? . Sí. . Cerró la puerta? procura abrir, que muero, o quien tuviera la del alma abierta, y quedara en tal calma, que pues murió mi amor, muera mi alma. De que sirvio Isabela, si es verdad, que Laurencio te ha gozado, dar con tan vil cautela, vida, y ventura a un muerto, a un desdichado? dejarasme en mi suerte, no sintiera otra vez desdicha, y muerte. Sin seso estoy, yo rabio, abreme si es posible, que no cabe en tu casa mi agravio: cielos, qué es esto? Escucha, que no aillave. Que pregunto a los cielos: esto es amor? . Mi Cosme. Estos son celos. Si acabo de decirte, que Laurencio pretende mi deshonra, porque has de persuadirte a qué dice verdad? . Porque a tu honra ninguno se atreviera, ni a tu padre Laurencio lo dijera, a no ser tu marido: abreme ya, o la puerta haré pedazos. Mi bien, mi padre es ido por Laurencio, yo quiero que tus brazos me den muerte afrentosa, si dijere el traidor que soy su esposa. Hay mujer semejante? abre Isabel, no intentes nuevo engaño, si la puerta es diamante, no aguardaré tan fiero desengaño. Pues que aguardar no quieres, muera de amor, por quien de celos mueres, acábeme tu espada. Qué intentas Isabel? . Morir contigo. Detente. . Soy honrada, quiero acabar, pues triunfa mi enemigo del bien que yo tenía. Quién vio tal condición cómo la mía? suelta, que yo te creo, pues quieres que no oiga lo que he oído. Ya te he dicho verdad, no es mi marido, aguarda el desengaño. No aguardo por lo menos menor daño: Y vive Dios si es cierto, que se atrevió Laurencio a tu deshonra, que aquí ha de quedar muerto, yo con vida, y sin celos, tú con honra, Escóndete, que vienen. Oh que gran fuerza las mujeres tienen. Apenas pasce la calle, cuando encontré con Laurencio en un coche, tan aprisa, tan turbado, y tan suspenso, que a penas me conocía: paró, y díjele en efecto, con cuantas verás negabas tu infelice casamiento. Yo he dicho verdad, responde, gran mal ay, vamos de presto a casa, que ha de ir el Duque a ver a mi prima luego. Yo extrañando la visita, medio loco, y él sin seso, llego con Laurencio a casa. Pues dile que entre Laurencio. Ya, Isabela, estoy aquí, ni sé si vivo, o si muero, escucha a lo que he venido. Mejor será que primero averiguemos verdades. Aflejad un poco celos. Sabes Laurencio quien soy? Bien empieza. . Bueno es esto para quien está sin vida: si lo haces por respeto de las canas de tu padre, se Isabel que eres mi dueño. Si has dicho que me has gozado, y casadote en secreto conmigo, digo que mientes como infame caballero. Y si a mi honor te atreviste, por ver a mi padre viejo, para vengar mi deshonra, valor, y nobleza tengo. Confiesa como has mentido, y si no, viven los cielos, que he de ahogarte entre mis brazos, porque seas escarmiento de alabanzas fabulosas de galanes de estos tiempos. Parece que hablas de verás: si supieras que hay de nuevo, no negaras lo que pasa. Qué pasa traidor Laurencio? Niegas qué eres mi mujer? Di la verdad. . Si lo niego. Qué importa, si él lo confiesa. Si por miedo lo has hecho de tu padre, advierte prima, que ya es diferente tiempo, el Duque viene a tu casa cansado de los desprecios de pocos años de amante, que el poder se cansa presto. Quiere llevarte a Palacio, y ya por fuerza, o por ruego, me dice, que ha de gozarte, que ignora mi casamiento. Mira, Isabel, si es razón, que a tu padre le neguemos, que estás casada conmigo, y que pongamos remedio en tu deshonra, y la mía, o que yo muera de celos? Quédan más males, fortuna? Quedan más desdichas cielos? El Duque te pretendía? Engañadome ha Laurencio, no sabe el Duque su amor. No vio igual desdicha el tiemp que haré? que Cosme lo escucha pues que yo he perdido el seso cuando estoy perdiendo a Cosmo no es posible que le tengo. Qué respondes Isabel? Respondo, qué es otro enredo? padre, Alejandro pretende, que me case con Laurencio, y si me lleva a palacio, será porque tenga efecto, que el Duque lo sabe todo. No lo sabe, vive el cielo, (hay mudanza tan notable? mira no presuma de esto, que tienes piedad del Duque. Cordura es mudar consejo, Isabel, dime verdad, pierde el temor, y el respeto, que yo quiero perdonarte, y como tú quieras, quiero, que te cases con tu primo, y los dos me deis un nieto, con que olvidemos agravios. Qué es casarme? plega al cielo, que si tal cosa ha pasado jamás por mi pensamiento, que aquí me trague la tierra. Tiene más pena el infierno? Isabel estás en ti? si los cipreses funestos, si las yedras amorosas, que envidiaron mis requiebros, si las esta tuas hablaran, si las fuentes, que tuvieron mudas entonces las lenguas, por dar buen ejemplo al viento, contaran nuestros amores, no los negaras tan presto. Isabel, en fin mujer, posible es, que cuando vengo casi sin alma a tu casa, procuras que salga muerto? Cefío, no es esta la llave de tu jardín? dime Cefio, esta es letra de Isabel? le el billete. . Ya lo leo. No me llama? no me da palabra de casamiento? no me señala el jardín por tálamo, y el silencio de la noche por la hora del más felice suceso? Esta, Isabela, es tu letra? Cielos, qué es esto, que veo? el papel, que escrebía Cosme está en poder de Laurencio? Aquí se acabó mi vida, calló Isabel. . Di que miento. Digo que mientes mil veces, loca estoy. . Del mal el menos, Isabel deja locuras, mas quiero que sea mi yerno Laurencio, que tu galán Alejandro, ya está hecho. Mira que no estoy casada. Pues si no lo estás, yo quiero que con Laurencio te cases, dale la mano. . Qué es esto qué intentas, si te he gozado? Que esto escucho? qué esto veo? Padre, yo no he de casarme, porque no quiero, ni puedo, que estoy casada con otro, con quien, te diré a su tiempo. Si liviandad te parece, pon tú la espada, yo el cuello, y quitándome la vida, no me culpará mi dueño. Ay tan grande desvergüenza? Conjuráronse los cielos con mi desdicha este día. Matarela. . Tente Cefio, que el Duque siento en la calle, yo averiguaré el misterio de esta mudanza, y en tanto pongamos los dos remedio en nuestra afrenta. . Sobrino, no temas, yo soy tu suegro, ya olvide nuestros enojos, que la humildad, y el respeto con que me buscaste pobre, me obligaron, y rindieron. Tus pies besaré mil veces. Levanta hijo del suelo, defiende a Isabel del Daque; que de Isabela yo espero, que hará lo que le mandare. No sé padre, no lo entiendo. Fuéronse ya? Abre Isabel por donde salir, que temo que he de acabar hoy con todo, échame de casa presto, o vive Dios de dar voces, que me abraso, fuego, fuego. Oye Cosme mi disculpa, y quedarás satisfecho. No tienes que disculparte, Isabela, yo te creo, tú no escribiste el papel, tú no llamaste a Laurencio, tú no le diste la llave del jardín, ni te halló dentro el Duque, ni estás casada, ni lo que decir no puedo, porque quiere mi desdicha, que no me acaben mis celos. Abreme, o diré que estoy encerrado en tu aposento, paraque me mate el Duque, Laurencio, Alejandro, o Cefio. Mi bien, mi señor, mi Cosme, que te pierdes, y me pierdo, calla, y a cualquiera parte do la fortuna, y el tiempo me arrojare, ve a buscarme, que este papel de Laurencio a ti lo escrebí, mi Cosme, y hay notable engaño en esto: con Leonoralo envié, pregúntale tú el suceso, si a caso el Duque me lleva, que yo, Cosme, bien me acuerdo, que el día que te partías te pregunté si te dieron este papel, y olvideme de pedille, y de rompello. Esto es verdad, ten cordura, que algún día querrá el cielo que vivas desengañado. Déjame Ilabel, que muero. No des voces. . Vive Dios. El Duque, Laurencio, y Césio aguardan en la antésala. Ay Cosme, enciérrate presto, que yo salgo a recibirlos, tu Leonora avila luego que se vaya el Duque, a Cosme y cuéntale mientras vuelvo, a quien diste mi papel: mira, Leonora, que temo gran traición en este caso, y si este tirano fiero me llevare a su palacio, haz, Cosme, lo que te ruege. Vete con Dios, no aventures mil vidas por unos celos, yo vuelvo en yéndose el Duqu Dime, Leonora, primero la historia de este papel. Luego, que ahora no puedo, Leonora, espera, aguarda, fuese, otro engaño, otro ented de concierto están los dos, a Isabel cuan tarde veo, que te has burlado de mí, pues de esta vez querrá el cielo cuelgue la roja cadena en el suberano templo del divino desengaño, pues con tal rigor me has hecho testigo de mis desdichas, que ya no les llamo celos.
JORNADA TERCERA
ACTO TERCERO. No admires Cosme ingrato de verme en Trevia en trije pere- grino, que amor abre el camino, vence dificultades, admira mi firmeza, soberbia vencedora de su Alteza. Dejásteme en las manos de poderoso amante, que a la flaqueza mía opuso su poder, y bizarría, ejércitos formando contra mi gran pobreza, de ambición, y riqueza, y viene este Filósofo a ver sabías ouejas entre rudos pastores, con poner escuadrón contra las flores. Cuando mis ojos tristas; excediendo los mares, (las, lágrimas vierte, que llamabas per- y con tus labios hiuas tú a cogerlas, te vienes muy de espacio a ver nativas fuentes, alabas sus resurtes diferentes, que lanzas de cristal riegan del cielo, en diluvios de aljófar a este suelo. Del jabalí cerdoso, al conejo medroso, del simple pajarilló, al Águila Real, que es su caudillo, hasta el pece inocente, con red, perros, y anzuelos les hacen cruda guerra, en el aire, en el agua, o en la tierra, y no ves descuidado mayores asechanzas de un Daque despreciado, que con menos sosiego, no en aire, en agua, en tierra, sino en fuego, con celos te hace guerra, de quien tiembla ya el aire, el agua, y tierra el desdichado día, que en mi retrete te dejé escon- dido, me llevó a su palacio ese Duque iaño, allí mi padre anciano, no como flaco viejo, a mi defensa remitio el consejo, prendiose, y por vengarme, le conté allá Duquesa el intento amoroso de su traidor esposo, soltó a mi padre luego, y llévome a mi casa, llamé a Leonora al punto, que es de un papel, que siendo pa- ra Cosme, se le diste a Laurencio? y quién de mi jardín le dio la llave? niega que no lo sabe, despídela de casa, y con rigor promete descubrir el enredo del billete: quise dejarlo todo, sin darte más disculpa, que no se debe dar donde no hay culpa. Viendo tu infame trato, tu duro corazón, tu pecho ingrato, cuando con mil pregones, en las públicas plazas, n con libelos, y editos, dicen ya libremente, que contra el Duque conjuraste gente: los más de los rebeldes Forajidos. Oféndese Florencia, adonde eres amado, que siempre fue bienquisto el des- dichado. El pueblo se amotina, matan los pregoneros, y rasgan los editos, y en alabanzas cabian tus delitos: y el Duque más prudente, con perdonarte apaciguó la gente. mas temen que en secreto no te quite la vida, que es discreto. Con este pensamiento, cuya flor se derrama por Florencia, pido al viejo licencia, y a Trevia parto al punto, con solos dos criados, secretos, y obligados, fingiendo que venía en santa romería a esta vecina Iglesia de la Virgen del Huerto, que es mar, nave, farol, estrella, y puerto. Aquí, Cosme, he llegado, aunque ofendida, a verte, por excusar tu muerte vengo a desengañarte, si es que quieren los cielos, de tus injustos celos: vengo a ofrecer osada, si temes tu enemigo, un corazón, que siempre está con- tigo, de mi pequeña casa, por si ausentarte quieres, traigo en joyas, y en oro, en rica voluntad, pobre tesoro. Dispón de todo ahora, y examina a Leonora, y busca el desengaño, pruebe también tu daño, que yo a ofrecerte vengo un alma, que no tengo, una mujer rendida, un pobre caudalillo, y esta vida. Yo confieso Isabela, que en Trevia retirado, quise vivir del todo descuidado, dieron mis ignorancias juveniles a Cortes, y a Ciudades treinta Abriles, de donde si no aumento, saqué desengañado un pensamiento: pensé que mi pobreza, que el pobre en cualquier parte está seguro, y vine a esta aldea, donde en dulce reposo vivía, ni envidiado, ni envidioso, ni del Duque me acuerdo, ni en nada soy culpado, sino en ser desdichado, ni he visto Foragidos, ni conjurado gente, pero siemprespadece el inocente. Aquí, como los días permanecen eternos, revuelve la memoria nuestra amorosa historia, aunque procuro ciego el buscarte disculpa, no la hallo, Isabel, todo te culpa, pues que un papel, y llave, que aunque calla Leonora, bien lo sabe, Mandaste, que me diga a quien dio tu billete, dejasme en tu retrete, y después de una hora viene por mi Leonora; sacame de tu casa, sin decir lo que pasa; ni contarme el suceso, vengo perdiendo el seso a retirarme a Trevia, y culpasme de espacio, que con el Duque te dejé en Pa- lacio. Señor de esta alquería, entre pastores rústicos suspendo el alma en armonía, déjame aquí Isabela, yo me en- tiendo: déjame en estas fuentes murmurando de esta dos diferentes, y que entre peñas viva fatigando la caza fugitiva, o admirando el misterio del prudente escuadrón del dulce imperio, que de la vil fortuna no temo cosa alguna, pues en su fácil rueda, no ha quedado ya mal, que me su- ceda: ni ausentarme quiero, que el pobre en cualquier parte es extranjero. Venga el Duque a mi aldea, que no suele morir quien lo desea; y tu vuelve a Florencia, y entrégale a Laurencio el corazón, y vida, y el oro que has traido, que el oro más precioso es no vivir de nadie temeroso. No respondas, señora, viva tu honor, y muera ya Leo- nora, que hasta aquí ha callado, fue malicia, fue miedo, fue cui- dado, lo, criado de Laurencio, del alma, y del jardín le di la llave, delito fue de amor, si bien fue gra encóntrele la noche, (ue: que me mandó Isabela, que te diese el billete, de tantas desuenturas alcahuete. Detúveme con Julio, y por hacerse tarde, le rogué que a tu casa te lo llevase luego, y con su engaño, dilatado fuego, porque el traidor ingrato, con bien doblado trato se lo entregó a Laurencio, y aún le entregó la llave, con que ha dado colores a fingidos favores: y porque no se case, a costa de su fama (ma, pública, que Isabel le adora, y lla- que en su jardín ha entrado, que le ha escrito el papel, y se ha casado, sino fuera mentira, no negara Isabel el casamiento, pues su padre gustaba, y baste por disculpa, aunque en esto no hay culpa, conocer a Laurencio, que deje su riqueza. No digas más, Leonora, que yo te he perdonado, y tú me has satisfecho, perdóname, Isabel, lo que yo he hecho, que aunque sufrir quería, por los ojos brotaba el alegría. Tejamos mil abrazos con amorosos lazos: celebren mis pastores nuestros dulces amores: prados, ya llegó el día en que Isabel es mía, cantalde la victoria al santo desengaño, divino triunfador del ciego en- gaño. Deja Cosme querido extremos, y recelos, y guárdame un favor para otros celos. Lo que ahora conviene, es que partas a Roma, aunque pierdas tu hacienda, y no goces tu prenda: amparate del Papa, y a este tirano arrójale la capa. Mira que está celoso, y es cordura temer al poderoso, teme tu injusta muerte, (te, y después no te quejes de tu suer- que en torno de la Luna (na. los más son los que asen su fortu- Dices bien Isabela, huya aquí la verdad de la cautela: Claudio, ensilla caballos. Ay Dios qué gente es esta? Daldes con las pistolas la res- puesta, ese es Cosme, matadle, Válgame Dios! Huyamos, que es el Duque. Huye Isabela al coche. . Cielos, qué es lo que escucho? qué es lo que miro, cielos? (los? vengo a matar, o muérome dece- oye Isabela, espera, tened esa mujer, y Cosme muera: aguárdame que rabio, que averiguo mi agravio: yo mismo fui testigo del bien de mi enemigo? muera Cosme, criados, pues mueren mis deseos malogra dos. Tened la ligereza de esa mujer, o monstruo debe- lleza: y tu monte gigante si te duele mi mal, ponte delante, o en tan fiera huida, (da, en duro mármol quede converti- o esquiva desdeñosa, pues que huyes del sol virgen fron- dosa. Altas montañas de Trevia, cuyos empinados riscos con las estrellas se miden; a competencia de Olimpo. Amparad un desdichado, cuyos llantos, y suspiros robustas piedras ablandan, triste aumento de los míos. Temblando estoy, y turbado, válgame Dios; que habrá sido de Isabel, y de Leonora? Hola han. . Voces he oído, si vuelve el Duque a matarme: pero sin razón me afljo, un hombre es solo, y a pie, ánimo corazón mío. Hola han, que no haya un alma, en que comedia se ha visto, que falte un pastor a un hombre, que se perdió en el camino. Adónde estará esta hermita, donde Isábela ha venido, estoy por romper las cartas, yo he dado en gentil oficio, Suelta la espada villano. ̱. Ladrones dieron conmigo. señor, hasta la camisa, hasta quedar como Indio en el puro cordoban, está todo a tu servicio. No eres Julio? . Julio soy: mas del miedo estoy tan frío, que más parezco Deciembre. Julio no me has conocido? J. Muy peor está que estaba, que no me mates te pido, no quede el mundo sin Julio, que se quejará el Estío, Médicos, y Sacristanes. Notable ventura ha sido, de este sabré si Leonora verdad, o mentira dijo; encontraste al Duque a caso? Aunque de lejos le he visto, que revolvia a Florencia. Cómo has errado el camivo? Perdime en esta montaña, y por no serte prolijo, dame licencia, y tu mano. Hay mucho que hablar contigo. Adónde vas? . Aquí es Troya, cogiome, pescome vivo: voy, señor con un despacho del Pontifice tu tío. Pues has estado tú en Roma? Casi un mes, y ayer venimos Laurencio, y yo por la posta. Muéstrame el despacho amigo. El qué señor? . El despacho. Ay señor, y quién tal dijo? qué es un despacho del Papa? Has, Julio, lo que te digo, o darte he mil puñaladas, e dará poquito Luego a mí, toma en hora buena, y por el porte te pido, que me dejes ir, que es tarde. Yo te enseñaré el camino; conoces una criada de Isabela? . He conocido a Leónora, y otras muchas. Si Julio, Leonora digo, Hazle gozado? . Gozado? que mal conoces sus bríos. Por lo menos tienes llaves de su jardín. . Quién lo ha dicho? Quién? Leonora. . Di que miente, que la llave del postigo ella se la dio a Laurencio. Luego tú no la has tenido? Yo, señor, para qué efecto? Celos, donde no hay resquicios para el Sol, entráis vosotros? sútiles sois, y atrevidos. Leonora de Barrabas, qué es esto en que me has metido? No te dio un papel Leonora? que me dices? . Yo no he visto mas de uno para mi amo: quieres que pierda el juicio? que notable testimonio. Y dime, Julio, has sabido, si a Isabel gozó Laurencio? no lo digas. . No lo digo. Engañadome ha Isabela. quien vio tan nuevo martirio, celos en taza penada? para morir resucito: es de Laurencio esta carta? di la verdad. . Aunque firvo, en mi vida fui alcahuete. Presto veré si has mentido, A la señora Isabela, que Dios guarde, . Cómo dijo A Isábela escribe el Papa? Vendraerrado el sobrescrito. Temblando rompo la nema. Abriola, yo soy perdido: Ay señor que mal he hecho. Ya estoy muerto, ya estoy vivo. Mi bien, yo he llegado bueno de Roma, y a tu servicio, con tus cartas, y regalos, alegre, y favorecido. Prometesme que en Florencia me dirás con que motivo negaste a Cefio tu padre, que estás casada comigo. Sabe Dios que lo deseo, y si a verte no he partido, es porque me manda el Duque, que no salga a recibillo. Vente, y deja las novenas, y no pongas en olvido hacer favores a Cosme, y escribirasme si has dicho en Palacio, que es tu esposo, paraque el Duque mi primo haga quitarle la vida. Dios te guarde. Tu marido, Cielos, qué es esto que veo? No doy por mi vida un higo. Para matarme, Isabela, me das favores fingidos. Amor, que ofensa te he hecho; cuando apenas he subido con mi esperanza a la cumbre, me derribas al abismo? Sísifo soy de tu infierno. Yo tengo gentil aliño, provome el alcagüetazgo, Vive Dios, que pues ha sido tercero de mis desdichas, que has de llevar el castigo. Señor, mira que me ahogas, que me valgan te suplico, las leyes de Embajador. otra carta se ha caído, alza esa carta villano, muestra. . San Blas sea conmigo, válgate el diablo por hombre. Así dice el sobrescrito: A Bartolome Valorio. No es aqueste un Foragido enemigo de Alejandro? notable mal imagino. Yo vengo ahora de Roma, y dejo ya prevenidos, para libertar la patria, los soldados, que os he escrito. Venios a Florencia al punto, y aquí sabréis el desinio de todos los conjutados? y porque me importa, amigo, matad luego al portador, que es Julio un criado mío. Laurencio. . Qué es lo que dices? esto llevaba conmigo! hay tan gran bellaquería! buen pago de mis servicios. Ay señores, que mal hombre, Cosme tengo de decirlo? es un traidor vive Dios: Jesús, a no dar contigo, me hubiera muerto Valorio. Con cada letra me admiro; libertar quiere a Florencia Laurencio. . Estoy sin sentido. Dime Julio qué hay en esto? Quiere matar a tu primo. Al Duque? . Al Duque. . Es posible? Al Duque, extraño delito: di Julio, e Porque lo trató conmigo, pretendiendo con regalos obligarme al homicidio: mas yo que toda mi vida no ofendí a Dios en el quinto, le dije que no mil veces. y así no anduvo advertido, en fiarme este secreto, aunque tarde lo previno con el porte del despacho. J. Amor, agravios olvido, en tocándome en la vida del amigo más querido: carácter fue tu amistad, pues del alma no han podido sacarte tantos agravios. Julio, yo me determino a que vamos a Florencia, sepa el Duque los delitos de este traidor. . Estás loco? que espantoso desatino, tú no sabes lo que pasa? no es mejor, que entre estos riscos aprendamos a hermitaños, que en esta edad es oficio? Yo apostaré que a estas horas dentro en Florencia ha metido Laurencio cuetro mil hombres, y más, que son infinitos los linajes conjurados, que como Alejandro ha sido algo tierno, están quejosos, y afrentados los vecinos. No vamos allá señor. Que en tan notable peligro está el gran Duque Alejandro? cuantas veces, señor mío, te previne esta desdicha! mares son, que no son ríos mis ojos: Julio que haré? con que industria, con que arbitrio podré dar lavida al Duque? pero paraque me aflijo? yo voy a entrarme en Florencia, y con la espada, que ciño te defenderé del mundo, y al son de mis tristes gritos moveré a piedad las piedras, si faltaren mis amigos. Ya voy, ya voy Alejandro, no temas, que yo soy vive: y si yo llegare tarde, al fin moriré contigo: camina a Florencia, Julio. Vive Dios que vas perdido. Perdona, que aunque supe que aguardabas, no he podido salir, vengo de Roma de visitar al Papa nuestro tío, que está muy malo. . Y tú vienes bueno? Yo vengo, mi Leonor, a tu servicio, cómo está mi Isabel? . Con gran cuidado. Diole mis cartas Julio mi criado? De espacio estás, y sabes que hay de nuevo? como en tus cartas a Isabel le mandas, que favorezca a Cosme, fue a la hermita de la Virgen del Huerto, junto a Trevia, y sabiendo que el Duque andaba a caza, casi a sus ojos ojó en la que de Cosme, donde el Duque los ha visto, y por poco perdieramos las vidas. No puedo desear mejor suceso, ya el Duque me lo ha dicho, pierdo el seso, el fue a matar a Cosme por su mano, viendo el favor que tiene ese villano; librose a su pesar, y viene loco. Segúnera su gente, no fue poco, metiose Cosme en el frondoso monte, y del Duque temblaba el Horizonte: Isábela en el coche, que tenía, volaba a par del viento, no corría: mas pienso que este Cosme es tan amado, que los mismos soldados le han librado. No importa, no, que el Duque es poderoso, él le vendrá a matar, que está celoso. Dejemos esto, y vamos a otra cosa. Un recado te traigo de tu esposa, como negó a su padre el casamiento en tu presencia, y por estar ausente, no te ha dicho la causa, está afligida. En tu boca, Leonor, está mi vida: dime porque lo hizo mi Isabela, que no en vano admiraba su mudanza? la industria de mujer todo lo alcanza. Porque su padre la matara luego, si confesara que eras su marido, que el gusto que mostraba era fingido: no se atrevió a decirlo por sus cartas; ni aún de su mano se atrevió a escribirte: yo fui la secretaria en esta ausencia, teme que ha de matarla. . Extraño viejo. Pero Isabel te adora de tal suerte, que vida le será por ti la muerte; quiere esta noche hacerte una visita en tu cuarto. . Qué dices? . Lo que pasa, porque ya no es posible ir a su casa, levantó las paredes, y el postigo lo tapió de tal suerte, que es ventura, que aún el Sol halle paso a la verdura. Leonora, tú me engañaso? yo sueño? Sí, mas con tal melindre, y condiciones, que has de reirte mucho, estame atento. Lo primero, que no ha de haber persona año dentro en tu cuarto. . Claro está Leonora. Pues que no ha de estar claro es el segundo: No quiere que haya luz, tiene vergüenza. No te espantes, Leonora, ni terías, dile que noches he de hacer los días: ni habrá gente, ni luz; pide otra cosa? Que de tu cuarto me has de dar la llave, porque si a caso sales con el Duque, no estemos en la calle. . Bien previene, mas como el Duque, y yo somos amigos, el Duque tiene llave de mi cuarto, y del cuarto del Duque yo la tengo, y son llaves maestras del Palacio, y temo, como es tanta la privanza, no quiera visitarme. . Pues qué importa, habrá más de esconderse en tu retrete. Dices bien, Isabela vendrá sola? Yo me vendré con ella, pero al punto me volveré, por si llamare el viejo. Esta es la llave, y está una cadena en albricias del gusto que me has dado: dile a Isabel, mas no le digas nada; di que el contento me ha dejado mudo. Mujer que quiso bien todo lo pudo. El Duque sale, ve con Dios Leonora. La cadena le muestro a mi señora. Laurencio. . Gran señor. . Partios al punto, y decildle a Isabel, que ya he venido de Trevia, según dijo el secretario, que esta noche en su casa, o en la mía la he de gozar, o que he de dar la muerte a su padre, y a Cosme su marido, por quien ya mis justicias han partido: que esto ya no es amor, si no porfía. Fortuna, y celos, ya ha llegado el día, muera el Duque esta noche, muera el Duque, notable traza el cielo me ha ofrecido. No vais Laurencio? Haz cuenta que he venido. od No sé señor si lo diga, Cosme te pide licencia para hablarte. . No hay paciencia, posible es que no castiga el cielo este atrevimiento? mátele luego la guarda. . Espera, señor, aguarda, que no merece mi intento tan riguroso castigo. Quiéres matarme traidor? qué quieres aquí? . Señor, déjame a solas contigo, que importa. . Conmigo? Sí, que bien seguro estarás. Aunque quieras no podrás matarme, saliós de aquí. qué quieres que solo estoy? qué intentas? . Desengañarte, Laurencio quiere matarte. A mí? mientes, no te doy crédito, no he de ofender solo con el pensamiento a Laurencio, mas tu intento bien claro se deja ver. No hallaste otra traición con qué disculpar las tuyas? Las traiciones son las suyas, laicaltades mías son. Lee esta carta, y después me puedes mandar matar. No has de poderme engañar. Lee, y tú verás quién es. Libertar quiere a Florencia. Mira, Cosme; que es mi amigo Laurencio, y es tu enemigo, repórtate, y con prudencia trata negucio tan grave, no me hables, Cosme, así, de quien quiero más que a mí, Advierte que nadie sabe lo que se siente el dolor que está lidiando conmigo, que la ofensa del amigo es el agravio mayor. Estoy, Cosme, por romper las cartas, que mi afición es tal, que tan gran traición yo no la quiero saber. Es la enfermedad mayor la rendida voluntad, sana de tu enfermedad, pasa la purga señor. Mi bien yo he llegado, bueno: qué es esto Cosme? . Lee más, Purga de celos me das, no es medicina, es veneno. Lee, y sabrás la ocasión de tus rabiosos recelos, porque me maten tus celos, fingió Isabel mi afición. porque la vieses conmigo, sabiendo que hiuas a caza, fue a visitarme, y fue traza de Laurencio mi enemigo. Quién en sujardín hallaste, fue ese traidor, que no a mí, Julio me lo dijo así: mira de quien te fiaste. No está esta carta firmada, Disculpas busca el amor, lee la otra carta señor, donde verás confirmada la mayor alevesía, que cupo en pecho Cristiano, Tu amigo, tu primo hermano contrasta tu Monarquía, el pueblo, y los Forajidos, contra ti están conjurados mas de cuatro mil soldados armados, y prevenidos tiene deutro de Florencia. sabre los ojos señor. Basta, muera este traidor, pues la amistad, la clemencia, dónde está Julio? . Aquí. llega Julio. . Estoy turbado. Julio, seáis bien llegado. Beso tus pies. . Quién podrá esistir tanto dolor: jalzad del suelo, y creed, Julio, que os haré merced: lqué hay en esto? . Gran señor, querdad es cuanto ha contado Cosme, y yo soy buen testigo de que lo trató conmigo, y de haberme despachado con los plienos, que has leido, (perdime, a Cosme encontré, leyó las cartas, y a pie ya darte cuenta ha venido, sin que reparase en nada, que es notable su lealtad. Ejemplo de la amistad, gloria de la edad dorada, dadme, Cosme, mil abrazos, engañome este traidor, yo me vengaré. . Señor, yo no merezco tus brazos déjame besar tus pies. ̱. Vos veréis lo que os estimo. sois mi amigo, y sois mi primo. Laurencio señor. . Él es. ̱. Bajaos, Cosme, al cenador del jardín, porque el criado no me escuche. . Ten cuidado no te mate este traidor. Deme albricias, vuestra Alteza. ̱. Saltos me da el corazón, qué haré? . Señor que ocasión causa tan grande tristeza? Venís solo? . Solo vengo, Cerrad la puerta. . La puerta? Sí. . Qué es esto? si fue cierta mi sospecha? ya prevengo mi disculpa. . Qué es posible que Laurencio lea traidor? Tú lágrimas, gran señor? tú, a quien nada es imposible Yo lloro, Laurencio, si, que disculpa en mi valor estar en mi pecho amor, es niño, y llora por mí. Lloro, y pretende mi llanto mi ignorancia disculpar, que es muy fácil de engañar un hombre, que llora tanto. Como la fortuna he sido, pues con mi necio favor he dado el lugar mejor a quien no lo ha merecido. Muro fui, quise enlazar la hiedra entre piedra, y piedra, y viene a ser esta hiedra quien me quiere derribar. No te entiendo, solo digo, que aunque en callar tu secreto ganas nombre de discreto, no lo ganarás de amigo. A Laurencio, a Dios pluguiera no lo fueramos los dos. Oh gran señor, ruego a Dios primero Laurencio muera, Cuando intentasteis quebrar las estatuas, que tenía Roma, y el pueblo os quería con justa causa matar, no os libré? no os defendí? y cuando me dio este Estado el César, que no os he dado? dueño sois deel, y de mí. Pues porque con tal rigor, leed Laurencio, habéis querido el nombre de agradecido, trocar por el de traidor? No sois mi deudo; y amigo? porque me queréis matar? porque os queréis conjurar con Valorio mi enemigo? Tanta gente prevenida, para matarme a traición? no basta esta sinrazón para quitarme la vida? Que estáis quejoso sospecho, solos estamos los dos, por mí os suplico, y por Dios, que me digáis que os he hecho: si con celos, a que fin, si amáis a Isabela, amigo, no os declarasteis conmigo cuando os hallé en el jardín? No a una mujer, todo el mundo os diera, segunos quiero, porque Alejandro el primero no ha de exceder al segundo. Si es envidia de mi estado, que envidiáis lo que tenéis, decidme lo que queréis, y de que estáis enojado? Bien os podéis declarar, que aquí estamos sin testigos, Laurencio seamos amigos, que yo os quiero perdonar. A señor, si vuestra Alteza tal ha llegado a creer, solo puedo responder que me corte la cabeza. Es verdad que yo escrebí a Valorio; y he procurado ver quien está conjurado en Florencia contra ti. Con todos hice amistad, por saber sus intenciones, y tratando estás traiciones, hice mayor mi lealtad. Mil veces te he descubierto muchos traidores así, y si no fuera por mí, quizá ya te hubieran muerto, Juntar ahora quería tus contrarios en Florencia, para que sin resistencia los mataras en un día. Y si no te lo he contado; fue hasta tenerlo hecho, pensando que de mi pecho estuvieras confiado. A Julio quise matar, porque dicen que trataba matarte, y se lo pagaba Cosme, que quiere reinar. Y ellos dos sin duda han sido quien estas cartas te han dado; un enemigo, un criado, son los hombres que has creído Esta carta de Isabela es falsa, no es de mi mano, ni trae firma; este villano aura hecho esta cautela. Preguntas si tengo amor a Isabela mi señora? ella vendrá a verte ahora, y sabrás si fui traidor. Sabe, señor, de tu dama, si es verdad que te he ofendido, que si fuera su marido, no la trajera a tu cama. Y en tanto dame licencia, y si me quieres matar, porque yo no pienso estar en Palacio, ni en Florencia. Que me dices, que Isabela a mi gusto está rendida? vuestra es, Laurencio, mi vida, traición, engaño, cautela fue cuanto me habían contado, y por haberlo creído, perdón mil veces os pido, no estéis, Laurencio, enojado. Que os respondió la belleza que adoro? mostró disgusto? J. Solo en cosas de su gusto me hace merced vuestra Alteza, fuy, llegué, hablé, y vencí, temió Isabel tu crueldad, rindiose, y por su beldad todo tu estado ofrecí. No pidio más de una cosa. ̱. qué fue Laurencio? . El secreto? ̱g. Mil veces se lo prometo: es discreta cuanto hermosa. Dijo que no has de tener ú en todo tu cuarto guarda. Quien a un sera fín aguarda, que guardas ha mevester? Ni haura guardas, ni criados, yo solo en mi cuarto espero, amigo, mirad que muero amanos de mis cuidados. Id presto por Isabel, presto, presto, que estoy loco, rendida Isabel, es poco mi Estado. . Ya soy fiel. Dadme Laurencio los brazos. J. Mira señor no te mate. Dejad ese disparate, poned redes, armad lazos contra nuestros enemigos, que a fe que he cogido dos, que me han de pagar por Dios el revolver dos amigos: Quién son? . No se ha de saber hasta que venga Isabela. ̱. Voy por ella: esta cautela ser Duque me ha de valer. ̱. Octavio? . Señor. . Mandad que no haya en mi cuarto gente, publicad que estoy ausente, y luego al punto bajad por Julio, y Cosme al jardín, y en el cuarto de Laurencio, con secreto, y con silencio los encerrad, tendrá fin é el ídolo de Florencia, y acabarán mis enojos, nono cubrid a los dos los ojos, y prendedlos con prudencia, sin que pueda haber testigos. Laurencio se habrá de holgar. En albricias le he de dar presos a sus enemigos; si los prendo en otra parte, se ha de alborotar Florencia. Digo, señor, que es prudencia, venza a la fortuna el arte, dame la llave señor. Solo mi quietud procuro. No hay hombre que esté seguro del pecho de este traidor. . Quiero entrarme a desnudar: válgame el cielo, que he oído un espantoso gemido, apenas acierto a audar. Temblando de espanto estoy: allí una mujer me llama, quién puede ser, si es mi dama? aguárdame, que ya voy. Es aquel Laurencio, sí, Laurencio, tanto rigor? que me mira este traidor: ola gente; estoy en mí? extraña melancolía, loco estoy, voyme a acostar, cuan juntos suelen andar el pesar, y el alegría. Aguarda, no cierres Octavio, y verás cuan presto acabo, como Sansón, con la vida, y con el templo. Esta es gran bella quería; no pudiera haberlo hecho un surdo, ni un cegijunte: ves algo que yo no veo? Solo veo mi desdicha, buen pago, Julio, buen premio de mi lealtad, dónde estamos? No lo sé que vine ciego, mas según la escuridad, esta remos en los versos de algún Porta muy culto: estamos ahora buenos: O lealtad de Bersebú, si hubiera en aqueste tiempo Danes Urgel el leal, fuera más traidor que un cuervo. Yo temo que ha de matarme. De esto has de estar muy contento, porque dentro de cien años estarán los libros llenos de tu nobleza, y lealtad. Escucha, Julio, que pienso que abren la puerta. . Mal año. Oh que terrible, o que feo es el rostro de la muerte, sin espada estoy, qué haremos? Morir, pues somos leales. Abrieron Julio? . Ya abrieron. Oh escura apasible noche, siempre piadosa a los ruegos de venturosos amantes, en tus sombras me encomiendo, favorece mi osadía: Laurencio, señor Laurencio. Julios voces de mujer, si es Isabela, yo muero, en piedra me ho convertido. Para marido eras bueno. Laurencio, Isábela soy. Ay Julio, rabie de celos; Isábela ha preguntado por Laurencio, este aposento es de Laurencio sin duda. Fingirme Laurencio quiero. Ce, Ilávela; habla más paso, que debe de estar despierto el Duque. . Hacia adónde está? Conmigo mismo no acierto. Estás solo? Solo estoy, bien me puedes dar dos besos, Hase, sabido de Cosmo? Si Isabela, ya está preso. Dale gracias a mi industria, sabe Dios lo que me huelgo. Dios te dé mucha salud. Cuantas veces, perdí el sueño deseando esta ocasión, para decirte el intento con que le negué a mi padre el amor, que te confieso. Aborrécete de suerte, que en sabiendo el casamiento me diera mil puñaladas. Muchas son, bastaban menos. Con la llave, que enviaste he venido a tu aposento, vergonzosa, y afrentada de mi amor, y mis deseos. Huélgome que estés a escuras, y en este mudo silencio piensa el remedio de todo, pues sabes que eres mi dueño. El que has pensado enemiga será. . Detente, qué es esto? Dar venganza a tanto agravio. Laurencio. . No soy Laurencio Cosme soy. . Válgame Dios, Cosme, señor, qué te he hecho? advierte que soy Leonora. Quiér? . Leonora. Lindo cuento, No me mates, oye un poco, que pues hoy mueren tus celos, bien puedes darme la vida. Loco me tiene el contento, Leonora, pues como entraste en el cuarto de Laurencio, tomando el nombre a Isabela, sin haber en su aposento luz amante, ni criado? ̱. Es peregrino el suceso; por engaño me ha gozado Laurencio; siempre fingiendo que soy Isabel. . Qué dices? La verdad, Cosme, te cuento; conmigo estuvo en mi casa en el jardín. . Santos cielos cuando merecí este día! darte mil abrazos quiero. Oh dichoso desengaño; dulce fin de tantos celos, como os librasteis del Duque? Corrió la posta el cochero para llegar a mi muerte, y a descubrir este enredo: la llave, el papel, las cartas, todo es traza de mi ingenio, que Isabel no tiene culpa. Leonora todo lo creo, que para mi desengaño, bastaba hallarte aquí dentro. A mi Isábela ofendida, tuyo soy, si quiere el cielo: celebrad tudos mi gusto. No será mejor primero buscar por donde escaparnos, que yo he estado más atento aquella palabra llave, que a tu amor, ni tu embeleco. Dame la llave Leonora. No temas, ni tengas miedo, que yo te doy la palabra como noble caballero, de ampararte. . Dios te guarde, con esto he cobrado aliento, vamos, y abriré la puerta. Tente, aguarda. . A lindo tiempo. Parece que oigo ruido, y entre el confuso silencio de la noche, tristes voces. Válgame Dios, y qué es esto? Escucha Julio. . Si escucho, Si será en el aposento del Duque, que está aquí cerca. Ay Julio, gran mal sospeche, el Duque es muerto sin duda. Qué me dices? . Lo que temo, sola esta vez me he turbado; todo me ha cubierto un hielo. Julio escuchaste otros golpes? no hay duda, Alejandro es muerto, y yo he de vengar su muerte, otras lealtades tenemos. Para ahora es el valor, mi Julio avisa al momento justicias; y Capitanes, y a mis amigos, y deudos diles todo lo que pasa, y como tiene Laurencio en Florencia Foragidos, toca al arma, cierra presto las puertas de la ciudad, convoca en mi ayuda el pueblo, que me tiene grande amor, llamen a Isabel, y a Cefio, y prendan los conjurados: tú Leonor, despierta luego, si quieres vida, el Palacio: ea, valiente mancebo, ea Leonora gallarda, que con la daga, que tengo he de matar al traidor, o tengo de quedar muerto. Tú me matas? . Yo te mato. Hola criados favor. Muere tirano. . Oh traidor, que bien me pagas ingrato, que te he hecho? . Darme celos Ya yo te ofrecí mi dama. Quiero reinar, quiero fama. Valedme piadosos cielos, a Cosme amigo fiel, por mi mal no te creí, y hoy me vengo a ver así, ya yo estoy muerto, cruel, déjame. . Acaba tirano. Pero hoy morirás conmigo. Suelta Alejandro enemigo, ay, el pulgar de la mano me ha arrancado con los dientes, ay que rabio de dolor: qué es esto infame traidor? corazón esto consientes? el Duque cayó en la cama, quiero corter las cortinas: alma, que es lo que adivinas, qué temes, o quién te llama? qué haré? en extraña ocasión vino a Palacio Isabela, apagado se ha la vela, notable es mi confusión: a Isabel quiero avisar, y a Cefio, yo estoy turbado, si daré aviso al Senado? libertad quiero gritar, libertad, yo tengo atada la lengua, notable miedo, libertad: hablar no puedo. La puerta tiene cerrada, que maldad, echadla al suelo. Qué es esto? Dios sea conmigo, no es la voz de mi enemigo? castigo ha sido del cielo. Dictador, soldados, pueblo, muerto es el Daque Alejandro en su cama a puñaladas. Aquí Laurencio encerrado? A traidor, que has muerto al Duque Socorredme, cielos santos. No han de valerte los pies. Fortuna tantos trabajos? Gran lástima, del balcón a la calle se ha arrojado Laurencio, y Cosme tras él. (bos. Ay Dios, si se han muerto entram, Yo voy también a arrojarme; vive Dios que está muy alto. muera el traidor, muera, muera. Dejadme con él, soldados, sin duda Laurencio es muerto, hoy dará fin de los Pazos el nuevo enemigo mío. Mirad desde aquí el Palacio todo cubierto de gente, mira el popular aplauso que todos hacen a Cosme: grande mal, los conjurados, los rebeldes Foragidos, viva Cosme muchos años, apellidan, Cosme viva, repiten, desde el villano al más noble de Florencia, los viejos, y los muchachos van diciendo, viva Cosme, hoy el prudente Senado le levanta por gran Duque. Viva Cosme muchos años. Cumpliose mi maldición, murió el infausto Alejandro a las manos de suamigo, Duque es su mayor contrario. ̱Salto, y brinco de placer. ̱. Murió el traidor a mis manos, mil puñaladas le di, el corazón le he sacado, beví su alevosa sangre, y en el mirador más alto he hecho poner su cuerpo, para escarmiento de tantos: mostradle, paraque teman. Rebeldes, y conjurados, este es Laurencio, Florencia, escarmentad, ciudadanos, que aún no he vengado la muerte del malogrado Alejandro. Si acabará de vengarse vuestra Alteza, cuyo estado dure más que el mismo tiempo, señor, a mi padre anciano manda derramar del cuello su cabeza, que aquí estamos, el para sufrir su muerte, yo para morir llorando. Yo responderé a su tiempo, Isabela, y entre tanto, hago Dictador perpetuo a otón, porque así le pago haberme dado la vida, y a Octavio mi secretario, a Leonora entraré Monja, pues me encargué de su amparo, y a ti Julio valeroso, por premiarte no te caso, yo te doy. . No me desnada, que con eso estoy pagado. Con todo toma una villa la mejor de mis Estados, y aquí verás como es buena la lealtad. . Gentil despacho, agradecelo a la llave de Leonora. . Estoy soñando? cielos, que ha llegado el día? Isabela, yo te he dado palabra de no casarme sin tu gusto, hoy me caso, mira si me das licencia. Señor, no estaba obligado un gran Duque de Florencia a cumplir lo que ha jurado, Cosme de Medicis. Bien, pero siempre estimo tanto la palabra, que dio Cosme, que hoy te da el Duque la mano, pide licencia a tu padre. A tus pies arrodillado pido perdón de mis culpas. Dame, gran Cefio, los brazos, que de esta suerte os castigo, lo pasado sea pasado. Déjame besar tus pies. No quieren eso mis brazos, vamos a ver la Duquesa, que desmayada en su cuarto aguardará al Duque nuevo, y a dar entierro a Alejandro, cuya verdadera historia, como se ha representado, la escriben muchos Autores. No has de llamarlos Senado, Pues con esto dará fin la tragedia de Alejandro,
