Texto digital de Mazariegos y Monsalves
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
- Atribución estilometría
- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mazariegos y Monsalves. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mazariegos-y-monsalves.

MAZARIEGOS Y MONSALVES
JORNADA PRIMERA
Señor Diego, yo os suplico no paséis de aquí. Aunque siendo vuestro primo, Isabel bella, debiera, sin ser grosero, obligaros a que no menosprecies mi cortejo; pues tan poco reparable es, una vez que os encuentro junto a la Iglesia, venir sirviéndoos; con todo eso debo, como quien amante aspira al dichoso empleo de ser vuestro esposo no disgustaros, ni aún sirviendo; y así me quedo, aunque a costa sea de mi sentimiento, pues si cuando os veo, vivo, en dejándoos de ver, muero. Aunque las muchas licencias de amistad, y parentesco os disculpen, no quisiera que llegue mi padre a veros conmigo, pues una vez que os nego mi mano, atento a las muchas travesuras con que en Zamora habéis hecho escandaloso, el que fuera no culpable galanteo, a ir midiendo con el juicio las pisadas del deseo, fuera darle pesadumbre pararme a hablaros; mas puesto que todo el tiempo lo vence, esperad a que abra el tiempo camino a nueva esperanza; pues lo que yo por vos puedo hacer, solamente, es no disgustarme del intento. Ven, Inés. El Cielo os guarde. Quedad con Dios. Este huevo quieresal, aunque está duro. Ve sus pisadas siguiendo, Beltrán, y luego que queden en casa, avisa. Obedezco. En este sitio te aguardo. Siempre (ay de mí!) que me acuerdo de que a Franciso sonsalve mi tío (a quien aborrezco con extremo, aunque lo riña la amable razón de deudo) me negó de Isabel bella la mano, con el pretexto de querer así enmendar lo travieso de mi genio, a la llama de la envidia aviva el odio el incendio. Pero él viene; hacia este lado, hasta que al Ayuntamiento otros Caballeros vengan, me apartaré, que no quiero, que mi cólera malquiste mi queja. Gracias al Cielo, que ya apiadado a mis ansias, me facilito el consuelo de ver a mi hijo, antes que rompa de mi flaco aliento la parca el hilo; y, o cuanto tan feliz nueva celebro, por el gusto con que ha de aplaudirla Isabel! Pero allí mi sobrino está; y pues quejoso le tengo, desde que no quise dar oídos al casamiento, alagarle solicito cautamente, que en efecto como se quiete, para él mi hija, y mi hacienda Yo le hablo. Señor Diego Mazariegos, buenos días, Di vertido en mi propio pensamiento estaba tan ocupado, que si vos no me habláis, pienso que pasaráis, sin que yo os hablase. , Así lo creo. Raro natural! En fin, qué me mandáis? Este pliego de mi hijo Diego, asegura, que habiendo tomado puerto en Denía, triunfante, y rico con los marciales trofeos, que ganó en Corón al Turco, estará en Zamora dentro de quince, o diez yseis días, y no he querido, sabiendo cuanto os alegraréis vos, negaros, o suspenderos este aviso. De que venga con la salud que deseo me alegraré, y no hago poco, pues nada me importa menos. Él, y yo, para serviros, siempre, sobrino, estaremos. Yo os lo estimo, como es justo; que cansados cumplimientos! Y esto aparte; pues dudar no podéis, que somos vuestros; decidme, pues al Cabildo, como antiguo estilo nuestro, venimos día de Reyes al Religioso Convento de Santa María la Nueva, si a él algunos Caballeros han venido. Yo imagino, que fui quien llegó primero, aunque ya el Gobernador, con Don Gregorio Cisneros, y Luis de Guadalajara, mi primo, llegan. Qué viejo . y cansado estoy! paciencia, pues apenas estar puedo en pie, aunque el frágil arrimo de esta caña, quiera el peso sufrir de mi edad anciana. Buenos días, Caballeros. Gregorio, Luis, bien veni- dos. No creeréis cuanto me alegro, señor Francisco Monsalve, de veros con tanto aliento. No es tanto como parece el brío; pero en efecto, algo se ha de hacer, señor, por la obligación del puesto: pues no fuera razón, que un Regidor Decano, habiendo hoy materia grave, falte al Cabildo. Yo agradezco la fineza, pues estriba en vuestro voto el acierto. Yo la lisonjaos estimo. No es si no conocimiento; pues vuestra nobleza, edad, y experiencias, os han hecho Oráculo de Zamora. Ahora, señor, qué hay de nuevo? Nuestro glorioso Monarca Carlos Quinto, a quien el Cielo prospere siglos dichosos, insta por el cumplimiento de la oferta que Zamora, (para el glorioso trofeo de esta guerra contra el Turco) hizo, aumentándole al Tercio de León dos Compañías; y no estando aún resuelto quien ha de ir por Capitán, fuera bueno, que tratemos de dar aquesta Vengala. Cuando la Ciudad, cum- pliendo con su lealtad, ofreció ese servicio, me acuerdo, que propuse yo a mi hermano; pues su sangre, su denuedo, y en fin, el haber yo hablado en su favor, le habían hecho mas digno acreedor, que cuantos anhelan al noble premio de esa Gineta; y ahora que se vuelve a hablar en ello, répito, que en quien mejor, que en Fernando Mazariegos estará empleada? Oh cuanto, que hable mi sobrino siento en materia donde anda, cómo interés el empeño? Señor Don Diego, las cosas, que deben constar de acuerdo de muchos, no todas veces se suelen resolver presto; y así esperad, que el Cabildo atienda al merecimiento de vuestra Casa. Es, que cuando la Ciudad debiera (viendo cuanto gana en que mi hermano haya de tirar su sueldo) habérmelo a mi rogado, es comprar a mucho precio la gracia; pedirla yo. Qué mal el altivo genio disimula! Muy bien hizo en decir su sentimiento. Válgate Dios por muchacho! Eso de rogar un Cuerpo a un individuo, discurro que se entenderá de aquellos, que tienen menos cabeza que la mía. Mas, o menos, todas lo son. Es verdad; pero yo::: Señor Don Pedro, suplícoos, que no a porfía la plática pase, puesto que en los mozos es tal vez disculpable el ardimiento. Y vos, sobrino, advertid, que llamados a otro efecto venimos de la costumbre; cuando el caso llegue, creo, que todos estos señores, por ser yo quien se lo ruego, nos honren a todos, dando su voto a Fernando; pero aún entonces será fuerza, si a la graduación atiendo, que hablen antes los que son más antiguos Caballeros. Caballeros más antiguos dijo? Que he escuchado, Ci los! Con que cordura reporta su colérico despecho! En Zamoran que pueda (de enojo tiemblo!) ser Caballero Hijo dalgo más antiguo que yo siendo Mazariego mi Apellido; y si hubiera el más moderno de hablar después, vos debíáis dejarme a mi hablar primero, pues Hidalgo más antiguo soy que vos. Sobrino, Diego, yo no pude hablar, ni hablé de la antiguedad, que el tiempo dio a vuestro noble Linaje en Castilla; pues teniendo vos sangre mía, sería desairarme yo a mí mismo. Lo que decir quise, y dije, es, que en nuestro Ayuntamiento hay muchos Capitulares más antiguos que vos; y esto baste, para que entendido a mejor luz el concepto, os satisfagáis. En mí quedo yo bien satisfecho, sin que vos, que caducando estáis, mas que discurriendo, lo intentéis. Sí, eso sería, explicarme yo mal; pero vos lo entendisteis peor. Ya he dicho, que lo que entiendo es, que yo soy más antiguo Caballero que vos. Eso es querer de mi paciencia fabricar mi menosprecio. Francisco Tous de Monsalve soy, cuya nobleza heredo de gloriosos ascendientes, que en la Andalucia dieron nuevo esplendor a la fama, como lo dir a mi entierro en San Julian de Sevilla; y el que más vano, y soberbio juzga de sí, podrá estar con ser mi igual muy contento, pues nada hay mejor que yo. Lo dicho dicho. Pues, necio, tu conmigo? vive Dios, que::: A ran loco atrevimiento castigo así. Ay infelice! Estando yo de por medio se hacen estas demasías? A lo hecho, ya no hay remedio. Si le ay, daos a prisión. Por tan pequeños excesos, hombres como yo:: A su lado a todo trance estar debo. Dame la espada. Mirad, que por justicia os respeto, y no hago poco en negarla, antes que matando, huyendo; Poco importa, si yo os sigo. . Y yo, aunque con otro intento, pues será para matarle. Pus pasaréis por mi acero. No habiendo más que ese estorbo, presto veréis que le venzo. . Seguidle. Ay de mí, infelice, una, y mil veces! Qué es esto? Qué ha habido aquí? mas mí amo no es aquel que está en el suelo? Don. Luis, suspended las iras. Don Gregorio, deteneos. Siendo Useñoria, señor Don Frey Diego de Toledo, quien me lo manda; en mi cesa el enojo, mas no el duelo en que me empeñé, amparando a mi amigo, y a mi deudo. Señor Don Enrique Enríquez de Guzmán, vuestro precepto es ley en mí; pero basta ver que de un castigo cedo, sin que a una venganza falte. Y pues al veros me ausento: Y pues me voy por serviros:: No es de temor:: No es de miedo:: Si no por ir en alcance de quien amparar intento. . Si no por ir tras quien solo es valiente con un viejo. . Señor? Gándul? Por tu vida, que me informes del suceso. Mas qué miro? no es Monsalve el que de la edad al peso, rendido en la tierra yace? Señor Francisco, qué nuevo acaso es este? Señor, esto es en solo un momento medir los distantes polos del honor, y el vituperio; esto es morir de un agravio; esto es vivir de un desprecio; y esto, en fin, es un dejar de ser lo que he sido, siendo lo que nunca ser creí; pues en contrarios extremos, yo mismo me estoy a mí preguntando por mí mismo. Sosegaos, por mi vida. Cómo puede haber sosiego en quien a manos de osado robusto, loco mancebo, siendo su brazo el ministro, y esa caña el instrumento, perdió fama, honor, y vida. Ahora salimos con eso? Ya su desgracia discurro. Para los valientes pechos se hi cieron las penas. Sí; pero si es principio cierto no haber sin honra valor, será preciso argumento de haber el valor perdido; saber que la honra pierdo. Si en tantos males, Monsalve, puede haber algún consuelo, sealo saber, que en mí tenéis, para amparo vuestro, a un Gran Prior de San Juan. Ya, señor, sé cuanto debo a vuestra piedad, y sé, que sois generoso nieto de aquella Alba, que amanece coronada de reflejos. Mas nada es tan imposible al poder de lo supremo, como dar honras perdidas; pues si yo propio no vuelvo a cobrarla, mal podré asegurar que la tengo. Ya que el estar de esta suerte no es bien, a vista del Pueblo, vamos a casa. Mejor dijeras al monumento; caiga el Cielo sobre mí. Si a mite arrimas, podremos llegar allá poco a poco. Y los dos, ya que a este tiempo llegamos, señor Francisco, acompañándoos iremos. No señor, que en mí ya cuanto es honor esta violento. En sabiendo esto su hijo, . que malha de andar el cuento! Cortesanos de Zamora, a diós, a no más ver, puesto de un agravio, que a sadero o, que dijo, ta es veneno. Lástima el verle me ha dado. Ya que hubo de ser, me alegro de que quien le hizo la ofensa sea Diego Mazariegos; pues así podré tener esperanza de que el ceño de Isabel se mude, pues no pueden tener efecto sus bodas; y así, porfía, vamos a intentar de nuevo finezas, que persuadan las cóleras de su cielo. Ah de la Venta. Quién llama? Huéspedes. Ya soy con vos. Vamos, que erél, por Dios, que era el Yermo Guadarrama. Ten ese estribo, García, y procura acomodar los caballos. Den lugar, hidalgos. Pues todo es día, a espacio, y sin hacer daño; pues ello ha de ser primero a la recua del Harriero. Arre, zaina. So, castaño. Ah Patrón? No está en la Venta. Cuerpo de Cristo conmigo: Venta, y sin Judas? Pues digo, sabré yo dar mala cuenta de mi persona? No, cierto, pues nadie lo erró jamás, poniendo la mitad más. Ten aún el rostro cubierto de la máscara, Leonor, hasta que solo nos deje esta gente, aunque se queje el hermoso resplandor de tu cielo, de que así le empañe niebla grosera. Qué importa, como en mí esfera haya rayos para ti, que a nadie le alcance el día de la luz que estás amando? La ropa de contrabando, de cuáles de los tres? Mía. Mas como no seáis cruel, no desconfiéis de vos, que soy hombre, que hago a dos. El diablo cargue con él. Ah huéspeda. Ya os escucho. Que nos dejéis solo intento este pequeño aposento; pues no habiendo de estar mucho en la Venta, no os podrá ser de algún inconveniente. A la que es honrada gente no se niega nada acá; y así, ya es vuestro. Cumplir espero mi obligación, satisfacciéndoos la acción. Mujer, acabate de ir, pues temo, que he de tener con esta nube delante disipulado el semblante. Prevéngaños de comer, huéspeda; pero cuidado, porque la amistad no quiebre, no nos den gato por liebre. Qué hablador es el Soldado. Idos, pues; y como digo, a nadie dejéis entrar. Por adentro vos cerrar podéis aquese postigo, pues hay llave, hasta que aquí la comida traiga yo. Adiós, niña. Niña no. Pues qué cosa? Así, así. Siempre, Bernardo, has de estar de buen humor? Pues quién puede, Albaro amigo, aguantar un cámino de otra suerte? Ya puedes, Leonor divina, ir desabrochando de ese negro botón, los hermosos fatigados rosicleres, que si con más susto nacen, con más púrpura florecen. Diego, señor, quién rendida a su obligación dos veces, una en lo mucho que ama, y otra en le mucho que debe, desde Genoba, su Patria, contigo a Castilla viene; como podrá no aplaudir el que dichoso se llegue el feliz plazo de entrar en Zamora, donde trueque las fatigas del que aguarda a glorias del que posee: Pues aunque sin ser mi esposo, no lograras, que viniese huyendo la injusta saña de un padre, que estando ausente tú, quiso darme marido, aún más por sus intereses, que por mi elección, no sé qué tiene, señor, qué tiene esto de lograr las dichas, temiendo los accidentes, que hasta que en tu casa esté, donde segura celebre mi fortuna, es el ganarte nuevo susto del perderte. Luego que sepa tu padre, por cartas de mis parientes, ser yo, Leonor, quién te logra; aunque no quien te merece, no dudo, mi bien, no dudo, que enojo, y disgusto cesen. Ved, que Bernardo Sotelo, y Albaro de Sosa, vienen acompañando a Monsalve, vuestro esposo, hasta ponerle seguro en su propia casa; y estando con ellos, miente cualquier recelo, pues nadie:: He de entrar. No es fácil que entre. Qué ruido es este? En la Venta preguntas, qué ruido es ese? por Dios, que no es mala, . Hidalgo, ya le han dicho, que se espere. La Ventera es la que llama. Abre, y mira, qué se ofrece, volviendo a cerrar. Ventera de Bercebú, qué nos quieres? Un hombre, que en los apreos correo de a pie parece, preguntando entró en la Venta si había llegado un huésped Soldado, que caminaba a Zamora, porque tiene que darle una carta; yo, porque no inquietase a ustedes, le despedí, y porfiando en que ha de saber, qué gente hay en este cuarto, hubimos de andar los dos a cachetes: con que para que se vaya, mirad, qué he de responderle. De Zamora viene? Sí. Qué fuera, Cielos, que fuese alguna novedad mía? Huéspeda, decid que llegue; y tú, Leonor, otra vez, pues no hay adonde esconderte, vuelve la máscara al rostro. Cómo al cántaro las nueces. Entrad, buen hombre. Deo gracias. Correo, decid en breve, qué buscáis. Señor, yo soy un Escudero a las veinte de un Hidalgo de Zamora; y habiendo, porque conviene, salido de allá, buscando un amo, que tengo en cierne, por no errarle, en el camino voy informándome ha drede en Mesón, Posada, o Venta, por si es fácil que le encuentre entre los sueltos caballos de los vencidos Ginetes; y así, si ustedes acaso saben de él, si vive, o muere, anda, o corre, viene, o va, sale, o torna, llega, o vuelve, digán melo, así los libre Dios de otros impertinentes como yo. Mostrad el pliego, pues el sobre escrito puede darnos más luz. Vele aquí. No sé qué el corazón teme, Celia, que en el pecho late confuso, y intercadente. A Diego Tous de Monsalve dice Pues para mí viene, yo le abrite. Esa palabra gozando esté para siempre de Dios en su eterna gloria. Mientras él la carta lee, decidme vos, qué hay de nuevo en Zamora? Usted me deje descansar, y luego habrá parleta. Cielos, valedme! Qué es esto? Dios te dé gloria. Desmayose de repente. Diego? Amigo? Dueño, esposo; ay de mi infeliz! No vuelve? Pícaro, tú, pues la carta algún veneno contiene, has de morir a mis manos, Hombre del demonio, tente, que yo no tengo la culpa. Bernardo, ayuda a ponerle sobre esta silla, y en tanto que el perdido aliento débil cobra, pregunta a esas líneas la ocasión de este accidente. Si este se desmaya ahora, he de escapar como un conete. Señor, esposo, ay de mí! que si este suspiro ardiente no le resucita, en vano quiere amor parecer Fénix. Amo mío de mi alma. Qué es esto, que me sucede, fortuna? Corazón mío, albricias, que ya parece que vuelve a vivir. No digas, mi Leonor, si no que muere, quien en brazos de la vida sale a encontrar mayor muerte. Ay de mí! Rara desgracia! Ocultarles me conviene, que es muerto su padre. Diego Sotelo, qué es esto? Atiende, y verás lo que su padre en esta carta refiere. Muy Magnifico Señor, estando el día de Reyes en Santa María, hubo alguna disensión, entre Diego Mazariego, y yo; pero él, ciego muchas veces, arrancándome una caña de la mano, osadamente me dio con ella de palos, sin que embarazar pudiese mi deshonor, por hallarme sin fuerzas, y sin parientes. Doile a usted esta noticia, para que desde hoy no intente llamarse hijo mío, pues mejor serlo le compete de mi señor, y mi padre (que Dios en su Gloria tiene) pues murió con honra; y solo lo que a usted, he de deberle, es, no hablar en la materia, pues yo cercano a mi muerte, para que a mí me perdone Dios, perdono a quien me ose de. Fecha en Zam ra. Qué pen Duro agravio! Trance fuerte! Monsalve, para estos fieros no prevenidos baivenes de la fortuna, se hizo el valor; y pues dos fieles amigos tenéis, que son Pilades, de tanto Orestes, discurrid, sin que os atajen ningunos inconvenientes, lo que os importe hacer. Cuánto Bernardo Sotelo ofrece, cumplirá Albaro de Sosa. Si algún consuelo haber puede en mi mal, sealo ver cuanto mi fineza os debe. Ocho mil ducados son lo que nos ha valido este saco de Corón; y así dispón de ellos, y prevente a cobrar tu honor. Mis joyas, aún cuando tuyas no fuesen, siendo mi esposo, a tu arbitrio están. Y aún mis perendengues. Pues por el Avito santo, cuyos perfiles guarnecen mi pecho, juro de no desceñirme los arneses, dormir en lecho mullido, ni comer pan a manteles, hasta que lave la sangre de ese vil traidor aleve, la afrenta de un viejo padre. Pues bien, como hacerse suele entreiguales Caballeros, con todo el rito solemne, lagamos pleito homenaje de cumplir lo que promete nuestra amistad. Con tal, que hayas de satisfacerte en el plazo de dos años; y no estándolo, decente sea en nosotros vengarbos de ti, dándote la muerte. Yo lo acepto. Yo lo juro. Pues a Zamora, y abrevie las jornadas al camino nuestra prisa, porque quede asegurada Leonor en mi casa. En Benavente, también podrá estarlo. Esto, Albaro amigo, conviene. Escudero, haced que pongan bridas, y vámonos. Quieren que pongan la mesa aquí? Mujer, con eso te vienes, estando yo hecho un veneno? Para que los platos quiebre, hay razón? Mira no hagas. que te los junte en la frente. Leonor, aunque mi fortuna. tanto me desfavorece, no habrá, como tú me influyas, peligro que no atropelle. Ya están puestos los ca- vallos. Ah qué pocas veces mientes, corazón Huéspeda, adiós. El Cielo con bien os lleve. Temed, temed, Mazariegos, el rayo que se desprende en mi espada, de esa hermosa, sagrada fragua, celeste. . Oíd, señora. Villano, mal Caballero, y traidor, tan ajeno de mi honor, cuanto indigno de mi mano: como, sin temer mi enojo, osáis poneros así (qué ira!) delante de mí? Cómo áspiro a ser despojo de tu ceño, por lograr, cuando me llegó a rendir, que no acierte yo a vivir, queriéndome tu matar. Óyeme. Mira, cobarde, que si a un viejo te atreviste, porque sin armas le viste, la ira que en mi pecho arde sabrá vengar el dolor de haber de su pena muerto. Un osado desacierto, no ha de ser en tu rigor culpa tan sin venía, que vencido al enojo el plazo, lo que ha irritado mi brazo no desenoje mi fe. Y más cuando porque crezcas a tu saña más quilates, no quiero que no me mates, sino que no me aborrezcas. Hombre, que al error que emprende, tan ciego se precipita, que su propia Dama irrita, y su propio honor ofende; cómo? más plática es vana; idos, idos, o por Dios, que por librarme de vos, me eche por una ventana. Tened, que solo dispuesto a daros he entrado aquí satisfacción. Aila? Sí. Pues qué podéis decir? Esto. Por acechar de Belisa el divino resplandor, ayer, con capa de nubes, salió disfrazado el Sol. Qué he oído? De Don Enrique está la música es, que así lo dijo Ginés. otra vez a oír aplique su mal mi atención. No habláis? Qué música es esta, Cie- los! No, porque ya (aspacio celo solo he menester que oigáis. , . Qué es Belisa, de Aldea belleza tan superior, que hace de la ajena envidia otra nueva perfección. Si era la prisa por esto, para qué era menester fingir cóleras, que a ser traiciones vienen; mas puesto que otro despique no hay hoy, para quien quiere buscarle, que es echarlos de la calle a cuchilladas, me voy. Mirad, que es ya demasía querer vuestro aleve trato aventurar mi recato. Vive Dios, que mi osadía en ellos ha de vengar tu mudanza. Pues sin creer, que os tengo de detener, id a morir, o matar; porque yo satisfacción no he de dar al que no ha sido capaz de ser mi marido. Ni ya la quiero, que son muy patentes tus traiciones, para creer tus mentiras; pero presto de mis iras haré mis satisfacciones. . Ay de mí! pues de su arrojó, que ha de hacer, Inés, colijo, lo que dijo. Pues qué dijo? Echa ahora ese cerrojo a la puerta, y ventras mí. . La pícara, que la puerta no dejase a Enrique abierta, pues así se lo ofrecí a Ginés, con quien me envió unos carámelos de oro; y así, aunque es contra el decoro de mi ama, cumplayo, y lo que viniere venga. . Pues aquí caen las ventanas de su cuarto, aquí podéis repetir la letra. Vaya. Por acechar de Belisa, Pero un hombre, que a la calle (si la noche no me engaña) salió de ese portal, viene hacia nosotros; o cuantas sospechas, Cielos, motiva la novedad impensada de este acaso! Caballeros: Qué se ofrece, camarada? Los vecinos de este Barrio, a horas como estas, se cansan de que les quiten el sueño las voces de las guitarras; y así, por esotra calle podéis iros. Quién lo manda? Quién lo sabrá conseguir. De qué manera? A estocadas. Difícil es el empeño. Ahora lo veremos, mandrias. Matadle, que es desvergüenza, que a tan difícil hazaña un hombre solo se arriesgue. Señor, aquella es tu casa. Cuál? La del portal abierto. Que este a estas horas espanta así. Qué quieres, será descuido de las criadas, A mala ocasión venimos, pues ruido de cuchilladas hay en la calle. Y bien cerca; pues por no volver la espalda, retirándose detres viene un hombre. Aquí te aparta; er, pues lo que nos toca ha dirá el lance. Vuestra saña podrá quitarme la vida, mas no que incurra en la infamia de volver el rostro. Muera. 3. No es fácil, que hay quien le ampara. Yo os lo estimo, Caballeros. Conocida la ventaja, retirémonos; pues menos importa dejarlos franca la calle, que no que aquí me conozcan. Lo que mandas haremos. Fuego de Dios, y como Sotelo abanza; como Sosa calla; y riñe; pues mi amo; ahí que no es nada? Señora, dónde estás? Celía, no des gritos, calla, calla. Cómo que no, si nos dejan solas. Pues que, yo soy paja? Bien dices, vamos tras ellos, para que en buena, o en mala fortuna, un mismo destino nos gobierne. No te vayas, que ya mi amo volverá; pero pues cogieron aldas en cinta, yo voy tras ellas. . Volved, hidalgo, a la vaina el acero; prues huyendo la cuadrilla, desampara la calle. Fuerza será, no tanto porque ellos hayan ausentado se del puesto, cuanto por que desangrada está mano de una herida, tan flacamente desmaya, que me es imposible ya tener en ella la espada. Mucho lo siento, más ved, pues esa, hidalgo, es mi casa, si queréis entrar en ella, hasta que más sosegada la vecindad, podáis iros. Mi casa dijo! Aunque tanta sea la sangre perdida, mejor es, que a mi posada me retire, antes que venga la justicia, de quien anda receloso mi valor. Quién de mi casa se ampara, noble sagrado halla en ella; y así, en tanto que mi fama a dos amigos acude, en ella entrad, y no traiga segundo empeño otro acaso. Id con Dios, y a mi desgracia suplid el no acompañaros. Pues del puesto Leonor falta, no hay duda fue en nuestro al cance: ciego amor, dame tus alas para buscarla. Quién, Cielos, será este hombre, que mis ansias viene a crecer? mas qué dudo, cuando a Monsalve esperaban sus deudos? En fin, fortuna, maliciosamente varia, has hecho que favorezca hoy al propio que la agravia? Y pues él abrió camino a mi seguro, qué aguardas, susto? Quién va a la justicia? Un hombre solo, y sin armas. Sin armas? Sí; pues lo mismo es no poder manejarlas, que no traerlas. Mazariegos es, señor. Pues entregadlas, y daos preso; porque habiéndoos conocido, de esta Vara es obligación prenderos, y más cuando a mis instancias habéis escondido el rostro, desde el día de la infausta afrenta de vuestro tío. Ya lo estoy, aunque a mí rabia le pese. Pues por ahora venid, señor, que en la casa (pues no lo puedo excusar) de Luis de Guadalajara, vuestro primo, os dejare debajo de confianza, hasta que esto tenga ajuste. Vamos: Isabel ingrata, quien creerá, que siento más, . que mi prisión, tu mudanza? . 1. En dejándole, es preciso volver a hacer esta causa. 2. Claro está. Ya que he dejado mi familia asegurada, vamos, amor, a saber si cumplió Inés su palabra. Sí; pues abierto el postigo me ofrece franca la entrada. Pues qué espero, que no subo, y de Isabel soberana, aunque a hurto bebo las luces: fortuna, guía mis plantas. . Hasle visto entrar? Sí. Quién será quien nos hace tanta merced a estas horas? Yo, Gándul; pues es cosa clara, que no es Monsalve, sabré, volviendo a sacar la espada::: Sotelo? Sí Dónde está Leonor? En la Retaguardía. Señora? Mi bien? Tu ausencia mil cuidados costó al alma? Ya estoy aquí, y pues la suer- aplacó su ceño, gracias al influjo de tu cielo; sígueme. Gándul, en qué andas? Acecho, Celia, un ratón, que ha de caer en la trampa. Adónde ibas de esa suerte? Vi entrar un hombre en tu casa y iba así a reconocerle. Pues si eso te sobresalta, suspende la acción, y entra tras mí. Buena va la danza. Oh cuantas desdichas, Cielos, de una desdicha se enlazan! En qué vendrá a parar esto Hombre, ilusión, o fantasma, que a estas horas el sagrado de este retiro profanas, quién eres? Isabel bella, no hermosamente indignada castigue tu ira el mismo atrevimiento que causa. Pues cómo! Qué es esto Inés? Señora, yo no sé nada. Ah traidora! . . No te quejes, que aún peor esta que estaba. Cómo? Cómo he visto (ay Dios!) a la luz de la antesala cinco, o seis bultos, no menos, entrar por la primer cuadra. Estando conmigo. Si algo puedo merecer por dama, sealo, que en esta pieza os ocultéis, hasta que abra camino el Cielo a estas dudas. Si haré, porque tú lo mandas. y porque sin duda es la justicia, que en demanda de averiguar el motivo de la pendencia pasada, de los criados querrá informarse, hallando franca esa puerta. Hola, Fortún, Fabio, como la arrogancia no castigáis, del que osado. a esta hora en mi cuarto anda? No des voces, Isabel, que yo soy. Suerte contraria! Digo, hermano, pues tú, como:: Hermano dijo: hay más rara confusión! Ay infelice! que ya ese luto declara mi mayor mal; pero antes que me aclares dudas tantas, dime, dónde está? Qué susto! Un hombre:: El Cielo me valga! Que huyendo:: Cruel estrella! Entró aquí. Pena tirana! Sin duda vio entrar a Enriqu Yo. De qué te sobresaltas, si yo mismo. Grave empeño! Hice que en mi casa entrara a ampararse, por tener pasada de una estocada la mano derecha; y pues él sin duda se recata de mí, sin saber quie di dónde está? Suerte airada! . en raro lance estoy puesto; todos los pasos me atajan: retirarme, es imposible; esconder el rostro, infamia; reñir con todos, despecho; y arriesgar después la fama de una mujer, que es lo más: pues de todo airoso salga mi valor, pues con herirme esta mano con mí daga le satisfago, y me libro, sin extrañar, que esto haga el que nació Caballero, por el honor de una Dama. Si tú no le has visto, yo le entraré a buscar. Ya escampa. Toma esa luz. Para qué, si ya estoy a vuestras plantas, y agradecido me arrojo, pues ser, honor, vida, y fama os debo. Pues si aquí Enrique entró con su mano sana, cómo ahora la saca enferma? Adonde una duda acaba, otra empieza! Caballero, pues ningún riesgo os amaga, idos, pues acompañando os iran mis camaradas. Esto tenemos ahora! No hay para que, pues cer- cana de aquí está mi casa; y porque tanta deuda satisfaga, yo soy Don Enrique Enríquez de Guzmán. Ya vuestra espada lo dijo; y ahora, señor, vuelvo a instaros con más causa, que dejéis iros sirviendo. Fuerza es no hacer repugnan- cia. por no desmentir la herida. Pues ya son las doce dadas, vamos; para que a los dos a casa otra vez los traiga. Quedad con Dios. Él os guarde. No son malas las andanzas, Albaro, de aquesta noche. Sí, pero todas honradas. Y ahora, Isabel, para que puedas quedar informada de quien es la que a mi lado ves, y los que la acompañan, retirémonos a esotra pieza. Seguid mis pisadas, señora. Oh cuán venturosas fueran, Cielos, mis desgracias, si en tantas como suceden, no fueran más las que faltan! Venga, hermosa. Ya voy, Reina. Quién creerá, que en la va- lanza de amor, y honor, sea fuerza divertir el peso a entrambas, atendiendo como noble a estas casuales, extrañas aventuras del valor; mas si mi estrella me ampara, presto dejaré a los siglos memoria de mi venganza.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA segunda Eso, Inés, he de deberte, y estaré toda mi vida a tu amor agradecida. Lo que propones advierte; pues aunque yo pierda el miedo a ir, sin que el riesgo te asombre, contigo vestida de hombre; culpada, sin culpa quedo, si sabe mi ama, que yo motivo fui de que así salgas, señora, de aquí, donde mi amo te dejó; y más si sabe, que a ver de su hermano al amigo, salí de casa contigo. Porfuerza lo ha de saber? Sí; pues aunque su belleza, al instante que anochece, lo que por un Diego ofrece, por el otro Diego reza, puede ser me llame; pues suele con mis chanzas frías templar sus melancolías. No hay que reusarlo, Inés; pues para el disfraz que empre- hendo, teniendo ya prevenidos de mi esposo los vestidos, lograr mi designio entiendo; y cuando menos me va, en que disfrazada vea a Mazariegos, que sea mi lris, quien aplaque ya tanta tormenta cruel en que peligra mi dueño, de un empeño en otro empeño. Doy que ya metida en él logres disfrazarte en casa, sin que alguna compañera nos atisve; doy que quiera nuestra fortunilla escasa, que no pregunten por mí: y doy que lleguemos luego a la casa, en que el tal Diego preso está; mas no ves:: Di. Que las Guardas, que a la entrada, de orden del Gobernador están, fuerza es, que en rigor la quieran hacer cerrada, sin dejar por el postigo entrar, ni aún a Belcebú. Por eso quiero, que tú seas quien vaya conmigo; pues viéndote algún criado, y diciéndole tú a él, que es la tapada Isabel, cesa en ellos el cuidado, y yo a Mazariegos hablo, sin que recelosos queden. Válgame Dios, lo que pueden las rogativas del diablo; pues resuelta estoy ya a ir, con sola una condición, Cuál? Que en logrando la acción, al punto me he de venir, porque no pueda mi ama echarme menos. Aunque es Inés? sensible, lo acepto. . Pero ya isabel me llama. En qué piensas? En que ya estarme será mejor, pues sale hasta aquí. Leonor? Bella Isabel, como va de tristezas? Cómo quien de solo un golpe tirano, perdió un padre, y un hermano. Aunque mi esposo también se arriesgue, no tu dolor empiece a llorar su muerte; pues no ha de poder su suerte mas que puede su valor. Ya que hasta ahora mis fatigas saber de ti no han logrado, lo que tanto he deseado; suplícote, que me digas, como esta ventura fue, por quien tener mi amor gana, tal amiga, y tal hermana. Escucha, y te lo diré, Para la conquista. Muera. Prendedle. Qué nuevo acaso es aqueste? Sí queréis tener un famoso rato, salid al balcón. Pues qué hay? Que anda la de mazagatos. en la Plaza; y entre todos los que andan revoloteando, a Sosa, y Sotelo he visto. Para salir de cuidado, detrás de la celosía de ese balcón nos pongamos, Ya, Isabel, te sigo: Inés, no te olvides del encargo. No haré: qué gran día es el de pendencia en el barrio! Matadle. Prendedle. Muera. Pues ya tienes libre el paso, huye, que en aquella esquina te está esperando el caballo. Así lo haré. Ve seguro de que ninguno de cuantos te siguen, pase de aquí. Cómo aqueste desacato no se castiga? Señor Gobernador, sosegaos, que os tendrá gran conveniencia hacerlo, estando empeñados los dos en hacerle espaldas. Quién sois vos, para que osado os arrojéis a ese empeño? Quién sobra, para lograrlo, pues basto yo. Ya que vos, por la obligación del cargo, tan templado procedéis, yo, en quien no hay ese embarazo romperé el inconveniente. No os ha de salirbarato. Qué es aquesto? . Como un Domingo de Ramos se alborota la Ciudad? Que haya el Gan Prior llegado, siento. Oír, ver, y callar me importa. Pues cómo cuando desde Salamanca vuelvo a Zamora, en ella hallo tan gran novedad? Decidme; pero qué miro? Bernardo, aquívos? Bastará ahora, saber, señor, que postrado a vuestros pies:: Eso no; llegad, llegad a mis brazos, que a un señor Comendador de San Juan, tan gran Soldado, es debido este cortejo. No soy más, que vuestro esclavo. Y pues con vos, qué es, parece, este disgusto, sepamos, qué causa ha habido para él? Mucha. Ninguna. Yo, hidalgo, sabré decir al señor Gran Prior, lo que ha pasado. Yo también, que no hablo Griego, y es razón oír a entrambos. Ya os acordaréis, señor, de aquel infelice acaso de Monsalve. Si me acuerdo, que no es muy para olvidado. Pues habiendo él muerto, y yo, puesto preso a su contrario en cas de Don Luis, su primo, por querer así, evitando mas disensiones, ovviar, que llegasen a las manos Diego Mazariegos, y un hijo del difunto anciano, que a vengar dicen, que vino su afrenta; un día, de tantos como hubo en el intermedio, nos amaneció fijado un cartel, en que, valido de los Fueros Castellanos, que del honor en demanda quieren no se niegue campo a cuantos le pidan, siendo Caballeros Hijos dalgo: A público desafío le llamaba; con que usando de la templanza, con que debe en semejantes casos mediar la justicia, quise componerlos, y ajustarlos, sin sangre, pero fue en balde, por haberse retirado el retador a Miranda de Portugal, donde en vano, por cartas le he persuadido. Y hoy Señor Invicto, estando ambos Cabildos, y el Pueblo en la Procesión de Ramos, en alta voz se escucho un pregón (suceso raro!) en que Diego de Monsalve. dar ofrecia de hallazgo a quien le dijese donde ver podría a su retado, quinientos ducados, que daría con su resguardo el seor Gregorio Cisneros, que hoy el puesto de Escribano de Ayuntamiento ejercita. A lo no visto, a lo extraño e esta acción, por no decir, Señor, de este desacato, la Iglesia dejé, queriendo castigar al que echó el bando; pero esos dos Caballeros, rostro haciendo, al temerario intento de defenderle, quisieron embarazarlo, a tiempo que Useñoria llegó; y puesto que ha llegado, vea su experiencia, vea su valor, vea su garbo, qué debemos hacer todos, antes, que más empeñados, de un estrago, que se evita, resulten muchos estragos. Asegúroos, que no ha visto la experiencia de mis años caso igual; pero todo esto se ajustará, donde estamos un Toledo, y un Guzmán: Mas saber es necesario, señor Gregorio Cisneros, pues sois el Depositario, qué hay en esto? B. Que la talla de los quinientos ducados está pronta; porque aunque sin darme parte se ha echado; mi vida, mi honor, mi hacien- da, todo es en caso tan arduo de Monsalve. Ah buen amigo! Qué pocos ay de este palo! Nada en eso arriesgaréis; pues si mi primo ha callado hasta ahora, no respondiendo al cartel, es porque ha estado preso, y en casual pendencia tiene pasada la mano derecha: mas veréis presto, que del mismo fuero usando, sale a mantener lo hecho. Quién pudo jamás dudarlo de su valor; pero quiere Diego Monsalve, mi ahijado, que en salir a defenderlo no se vaya tan de espacio. Quién pensaré:: Cómo, habiendo dicho que toma a su cargo mi tío, duelo, y ajuste, hay quién presuma? Templaos, Enrique, que estas materias, mas las concluye el agrado, que el ceño; y puesto que yo, señor Don Pedro, me encargo de componer este duelo, podéis ahora retiraros con esos dos Caballeros a la Iglesia, que entre tanto, yo, con Bernardo Sotelo, a quien parece que ha dado su voz Monsalve, veré como es posible ajustarlo, estando fijados ya los carteles. Con tan alto medianero, me prometo felices fines: mas hago presente a Vueseñoria, que en tocando a que en el came po peligre alguno, de dos Caballeros tan bizarros, daré cuenta al Rey; y él, como ar bitro Soberano, les negará la palestra, evitando así los Bandos, que se seguiran, si en ella mueren el uno, o entrambos. . A dar cuenta a Mazariegos iré de lo que ha pasado. Advertid, señor Gregorio, Qué? Que aquellos dos Villanos, que veis junto a aquella esquina, son Monsalve, y su criado; y esto os lo advierto, porque sé, que solicita hablaros. Está bien: daré la vuelta, porque no sea el hablarnos tan reparable. Id con Dios, que en la de enfrente parado, estar a la vista intento. Mientras mi tío está hablando, pasar de Isabel la calle quiero, por si puedo acaso beber mi muerte en sus ojos, quemar mi vista en sus rayos. . Para que después no quede tropiezo alguno, sepamos, que condiciones incluye el cartel. Yo, pues le traigo, os las diré. No, mostrad. Pues de él queréis informa- ros, este es. Dice así:: Yo creo, que nos cansamos en vano, porque Monsalve no entiende, más, que de andar a porrazos. Notorio sea a todos los Caballeros Hijosdalgo, vecinos de esta Ciudad de Zamora, como yo Diego Tous de Monsalve, Cayalle. ro del Insigne Orden de Calatraba, Maestre de Campo de Infantería Española en el Ejército de Lom- bardía, y electo Gobernador de Tín, y Pontestura: Habiendo lle- gado a mi noticia el estupendo desacato con que el señor Diego Mazariegos baldonó la persona de mi difunto padre (que Dios haya) le reto, aplazo, y desafío a la Isla que hace Duero entre Portugal, y Cas- silla, u otro cualquier sitio, Villa, o Lugar que sea de igual seguro, don- de le espero con las armas, que él eligiere, ya sean blancas, o de fuego, a pie, o a caballo, armado, u desnu do, para así tomar la satisfacción que me importa: Advirtiendo, que si dentro de dos meses no pone su persona en público, respondiendo al tenor de este en la Ciudad deZa- mora, o Villa de Miranda de Por tugal, donde al presente me hallo, la tomaré con armas de fuego, aún- que sean arrojadizas, tusigo, o pon- zoña, cosa indigna de poner en memoria de los hombres. Ni la forma, ni la acción, con que Monsalve ha intentado dar satisfacción al Mundo, es culpable; pero estando yo de por medio, Sotelo, quisiera ver si encontramos untérmino, que se ponga entre el riesgo, y el agravio. Muy difícil es, señor. No lo niego; pero algo se ha de fiar al discurso. Solo el remedio, que yo hallo, es, que Diego Mazariegos diga en público Teatro, que si a Francisco Monsalve se atrevió a darle de palos con la caña, fue por verle solo, indefenso, y anciano, y que ya de lo que hizo se arrepiente. Aunque yo tanto desee estas amistades, menos mal es no ajustarlos, que tratar medios indignos; y así, ved en este caso, pues temiera proponerlo, como podré aconsejarlo. Si el sujeto a quien quitó el honor, fuese un extraño, debiera llevar al fin la acción; mas siendo cercano deudo suyo, entender debe, que hace por sí mismo, cuanto por el tercero hace, pues vienen a ser uno ambos. Es verdad, mas yo, Sotelo, no me ahorrara con mi hermano. También yo hiciera lo mismo; pero para el desagravio, mas debe poner, quién puso mas para el riesgo; y añado, que estando incapaz, porpreso, menos pierde en confesarlo, pues hace violento, lo que no hiciera voluntario. Ahora bien; pues ajustar es, como dice el adagio, sin la huéspeda la cuenta, hagamos, señor Bernardo, una cosa: yo esta noche os llevaré al propio cuarto, en que Mazariego está; y habiéndole antes hablado al Gobernador en esto, pues de la justicia, es claro que lo ha de tomar mejor, veremos lo que sacamos en limpio, pues es razón oír al interesado. Soy contento; pero advierto, que de nada que sea trato, Monsalve ha de saber nada. Bien está. El cuento va largo. Ve, y calla, Gándul. Señor, harto veo, y harto callo, u dígalo el cuello antiguo del disfraz de Maragato. Pues yo a prevenir de todo al Gobernador me parto: Quedad, Sotelo, con Dios. Él os guarde muchos años. En mi posada os espero. Yo iré, como habéis mandado. En buen empeño me ha puesto el acaso de un acaso. Ya que el Gran Prior se ha ido, saber en lo que ha quedado con Sotelo, es bien; y más, cuando Cisneros, dejando el concurso, vuelve al puesto. Albaro, seáis bien llegado. Qué hay de nuevo? Oíd aparte. Señor, no es mejor hablarlos? Qué dices, loco, no ves, que aún viniendo disfrazado, podrán entrar en malicia los que lo ven? Ya reparo el inconveniente. Aquel es Monsalve; y pues de tanto secreto, fiar es fuerza solo la expresión al labio: Yo le hablo. Señor, Cisneros. Ah buen hombre. Así me llamo. De dónde sois? Él, señor, de Marruecos; yo, de Cuacos. Acercaos acá. No puede, que tiene un mal de contagio. Es verdad: mas si Dios quiere, yo espero presto estar sano. Llegad, pues. Qué me mandáis? Es seguro ese criado? . Sí. Pues sabed, que yo tengo modo de que entréis al cuarto donde el Mazariego está, para que podáis restado satisfaceros; según os parezca necesario. Qué medio? Albricias, honor! Cómo está mi casa al lado de la de Don Luis, adonde preso está vuestro contrario, he advertido, que rompiendo por la cueva algún pedazo, bien que pequeño, de tierra, salir puede al cuarto bajo la miña, sin que el romperle tener pueda algún reparo, por haber de dar la boca en un retrete excusado, que cae al jardín; y pues yo, de tenerla me encargo adelantada, por solo serviros, mirad vos, cuando queréis ir a conseguirlo. Esta noche, que más plazó no ha de conceder mi enojo. Pues en mi casa os aguardo? y desmintamos ahora el recelo de pararnos. a hablar. Cómo? Así: Idos ya, y agradeced que no os mato a vos, y a ese picaron. Yo estimo ambos agasajos, como es razón: Tanto enojo porqué pido mi salario? Id, y de quién os le debe ved como habéis de cobrarlo. . Si cobraré, que para eso se hizo el valor de este brazo? Bravo mozo! Qué ha sido eso? Un tan familiar sin diablo, amigo a la gana pierde. Y adónde bueno, Villanos? A mi casa, Caballeros. Pues en día tan feriado, qué tenéis, que hacer en ella? Parece lerdo, y es zaino. Qué? prevenir muchas cosa? importantes para el Campo, que para el Labrador, todos los días son de trabajo, Bien hacéis. Haslo entendido? Sí; y siguiéndole a lo largó fuerza es ir, por si hay alguna novedad. Miren que vamos a mi casa, Caballero Oh! quiera propicio el hado, pues ya descubrí camino, que ponga mi honor en salvo. Oh cuanto la ley de amigos puede en los hombres honrados! h , Que al fin el Gobernador vino? Y a no haber mirado que era Juez, le hubiera echado por aquese corredor. Pues qué dijo? Que no haría, (o péseme, o no me pese) bueno el campo, sin que diese satisfacción mi osadía a las ajadas pavesas de mi tío. Pues con eso, qué intenta? Viéndome preso; quiere precisarme a esas indignidades del brío. Y dado, que tú lo hagas, qué logra en que satisfagas al cadáver de tu tío? Que de su parte me den una carta, que en la balla embarace la batalla, viendo Monsalve, que quien fue el principal ofendido, que es su padre, le aconseja, que olvide rencor, y queja. Y tú, qué le has respondido? Nada, pues de mi furor ciego, en locura como esta, creí, que no darle respuesta, era responder mejor. Si yo en tu lugar me hallara, de otra suerte respondiera. De otra suerte? . Sí; pues diera la satisfacción. Repara, que Caballero, y pariente, estás hablando conmigo. Pues porque lo soy lo digo. Cómo puede ser decente, Luis, del valor que hay en mí, hacer tan viles acciones? Reduzcamos a razones la razón. Responde. Di. El satisfacer, no es vil acción, que el brío oculta? No, cuando de ella re sulta haber de reñir después. Desdecirme, es desacierto de lo que obró el brazo altivo. Para lidiar con el vivo, qué importa acallar al muerto? Qué podrá el mundo decir al verme satisfacer? Dirá, que ha sido el ceder menos mal, que el no reñir. El primer desaire, quien le negara en caso igual? Nadie puede quedar mal, saliendo a reñir muy bien. Reñir no puedo en rigor, sin hacer tan ruin exceso? No, Diego, pues siempre preso te tendrá el Gobernador. Pues esta es tu casa, dame la libertad generoso. Y porque salgas tu airoso, es bien, que yo quedé infame? Por un balcón me echaré, siendo yo de mi homicida. Lo embarazará esa herida. A que sane esperaré. Estará cumplido el plazo; y Monsalve ha dicho ya, que a traición te matará. Para todo hay embarazo? Sí; y solo el medio propuesto, senda abrir puede al valor, pues así el Gobernador solo es quien queda mal puesto. De suerte, que en esta acción no hay resquicio a la malicia. Satisfacer por justicia; no es culpa, que es precisión: y ya ha habido Caballero, que dio en la Carcella mano a su contrario; y ufano de haberlo hecho así primero, le mató después, sin que a su obligación contradiga, pues contra el punto no obliga la palabra, que se da. Dices bien; y pues no hay otro medio, de que en la palestra salve el riesgo personal, que pasar ahora por esta desairada circunstancia, y el no reusarme a ella es asegurarlos, haga la precisión conveniencia. Esto importa. El Gran Prior quiere hablarte. Pues la misma intención traerá: a esa cuadra te retira. Antes quisiera, por la puerta del Jardín salir a una diligencia, que me insta, que presto vuelvo, para saber en qué quedas con él. Dile que entre. Adiós. Ayúdeme la cautela: Señor, pues Vueseñoria en esta casa? Aunque sea prisión, señor Diego, quise venir a veros en ella. Pues no hay duda, que vendréis a hablar en cierta materia, de que ya el Gobernador me ha dado parte. (esto es fuerza honor) que os sentéis os ruego. Aunque por lo que desean todos, que este duelo acabe sin sangre, a hablar vengo en esa dependiencia: no sois vos con quien la he de tratar. Nuevas dudas me añadís; pues yo no he de daros la respuesta? A mí, no, sino a quien, para que hagáis vos lo que os con, venga, podéis responder ahora. Cómo? De aquesta manera: Detrás de aquesa cortina os poned, para que apriesa salgáis de aqueste cuidado; y en aquesta dependencia, sabed, que mi autoridad, ni propone, ni aconseja: vos sois dueño, vos haced lo que mejor os parezca. Así lo haré; quien culpare . de baja mi acción, advierta, que para más enmendarla, es preciso cometerla. . Señor Sotelo. Ya estoy, señor, a las plantas vuestras. Pues llegad, y tomad silla. En todo es bien que obedezca. Ayer, tratando de ajuste en aquesta competencia de Monsalve, y Mazariegos, disteis para componerla un medio; y porque de algunas circunstancias no se acuerda mi poca memoria, siendo muy importantes, quisiera volvieseis a referirlas. Pues oíd. Valor, paciencia. El medio es, que ante el sepul- cro de Monsalve, se arrepienta Mazariegos de lo que hizo, confesando, que si viera a su tío con espada, y con más robustas fuerzas, que las que su edad caduca le permitían, no hubiera atrevídose a injuriarle: El modo de que esto tenga efecto, y le desagravie, es, que en la Bóbeda misma donde yace, se disponga un Tribunal, en que sea el Gobernador el Juez, cuyo poder me discierna el cargo de Curador del sepulcro, porque pueda pedir por escrito, cuanto a su derecho convenga. Pues una vez que así cobren su honor, las frías pavesas de aquel ajado cadáver, en su nombre, y de mi letra, yo le daré a Mazariegos carta, con que reconvenga a Monsalve; y él entonces, no hay duda que en la palestra ciñéndose en todo a cuanto ve que su padre le ordena; como amigo abrace al mismo, que como contrario espera. Las grandes dificultades, no es posible que se venzan sin medios dificultosos: mas satisfacción como esa, creo yo que Mazariegos, según el valor que obstenta, no la dará. . Si dará; y las causas que me fuerzan, hasta que las diga el tiempo, las ha de callar mi lengua. De suerte, que vos:: En nada. repara, quien se despecha. Luego queréis? Esto importa: y es verdad; pues como tenga yo arbitrio; el mundo verá . el valor de aquesta diestra. Y cuándo ha de ser? Mañana, pues no permite más flema la loca ceguedad mía. Por Dios, que no lo creyera . Pues si os parece, señor, preven ir haré en la Iglesia de Santo Domingo, cuya Bóbeda el sepulcro encierra de Monsalve, cuanto para función tan no vista, sea eo Bien está; y pues dándoos está tanta priesa el ansia de conseguirlo, adiós, que yo haré que venga el Gobernador por vos mañana, así que amanezca. Mil años os guarde el Cielo. No haber hecho resistencia, Mazariegos, a entender da, que hay intención secreta. Pues para entrar por la mina mas camaradas me esperan, hora es ya de que los busque, concluida esta diligencia. . Ah buen Soldado, por Dios que parecéis de mi escuela. . A quién, sino a mí, fortuna, puso en tal trance tu rueda, pues para que gane honra, es preciso que la pierda? Mas pues dada la palabra, sobran ya las advertencias, acudamos a otra cosa. Beltrán. Señor. De esa puerta no te quites; y si acaso llegare gente de fuera, avasa. Quedo advertido. Sí solo es la intención vuestra hablar a Beltrán, allí está; pero nadie sepa, que hasta aquí entrar os deja mos. Id seguro de que apriesa volveremos a salir, pues breve es la diligencia a que venimos. Adiós. Ya estamos en la palestra, señora. Pero dos hombres hasta esta cuadra se entran. Inés, todo felizmente hasta aquí sucede. Quiera Dios, que no sean los postres aceitunas zapateras. Hidalgos, en esta casa qué se os ofrece? Esta es buena. No respondéis? En sabiendo, si es que el nombrese me acuer- da, si un tal Beltrán se perdió entre la gran polvareda. Mi nombre saben? Y aún más, pues sabemos su conciencia. Diga, pues, quién es? Yo soy. Inés? vengas norabuena. Pero cómo en este traje? Como importa a la Comedia. Bien está: mas dime, quién es la hermana compañera? Isabel, bobo, que a tu amo quiere hablar, sin que la vea nadie de casa. Pues voy a llamarle, porque es fuerza, que le alegre la visita. Presto verá que le pesa. A qué aguardas? Voy volando. Pues dentro, señora, quedas de su cuarto, adiós. Que en fin Yo daré la vuelta. Poco importa, si conmigo quedo para mi defensa. Si me ha echado menos mi ama, habrá la marimorena. A prevenir a mi primo vuelvo: mas qué miro? a estas horas embozado un hombre en mi casa? ver es fuerza quién es, y qué solicita. Ánimo, osada cautela, y hagamos al conseguirla disculpa del emprenderla. Embozado Caballero, cuyo recato despierta con las voces del cuidado el ocio de mi sospecha, qué buscáis aquí? Sin duda es este, y acaso intenta darse por desentendido del disfraz aunque pudiera . daros la respuesta, antes mi semblante, que mi lengua, me importa saber, primero que os hablen las evidencias, si sois Diego Mazariegos. Por averiguar quien sea quien a estas horas le busca, he de fingir, nunca niegan hombres como yo, su nombre, y para cuanto se ofrezca Diego Mazariegos soy. Pues presto os dará respuesta Quién? La voz de esta pistola. . Muerto soy. Así se venga quien, aunque mujer, procura satisfacer una ofensa. Qué ruido es aquel? Las armas tomemos todos, y muera quien con fingido pretexto nos engañó. Suerte adversa, salir por aquí no es fácil, pues ya las Guardas se acercan. Qué haré? pero de Don Luis, pues este es el cuarto, intenta valerse mi susto, que él, siendo Caballero, es fuerza que me ampare, si le digo quien soy. 1. Tomad esa puerta. Qué es esto? 1. Que vuestro primo difunto yace en la tierra, y el que le ha muerto, sin duda cautelosamente piensa escaparse, pues huyendo entro en vuestro cuarto. Penas, en raro empeño me hallo, pues según dicen las señas del disfraz con que Beltrán la vio en esta cuadra misma, es Doña Isabel. Qué haremos? Retirad a esa pequeña pieza el cadáver, y nadie me siga. 1. Sin armas entras? Sí, que con este enemigo más estorban, que aprevechan. 1. Notable desgracia ha sido! Dar al Gobernador cuenta es preciso. Tropezando he entrado de pieza en pieza a esta Galería, en quien a los rayos, que dispensa distante aquella luz, no hay salida por donde pueda huir, sin que me conozcan: Qué haré? Mas pues tiene esta puerta cerrojo con que cerrar por adentro, vea . mi valor, restado a todo, si rompiendo estás vidrieras, puedo salir al jardín. Pero ay de mí! que la tierra, participando el contacto de mi desaliento, tiembla, y en cada queja que forma, muchos alientos vosteza. Echad la puerta en él suelo. Ya no es, indignada estrella, una sola mi fatiga, que para que a instantes crezcan, la puerta rompen, y el centro, por respirar más apriesa, en divididos pedazos va sacudiendo las piedras, Qué haré, fortuna? Ninguno, hasta que yo de más cerca reconoza el sitio, llegue. Pues avisa cuando sea ocasión de entrar socorro. Voces, y pisadas sueñan. Pero qué escucho? sin duda han sabido mi cautela, y oyendo los golpes, salen. Ah, señor, los echo fuera? Yo te avisaré. Yo solo he de entrar. Ya aquí no queda recurso a mis confusiones. Mujer, que dos veces fiera::: Hombre, que incauto dos ve- sin mirar cuanto te arriesgas, (ces aquí has entrado, quién eres? Mi esposo; quien tal novela discurrir pudo jamás! . Pues quién en mi casa misma me lo pregunta a mí, cuando una desgracia me empeña (bre; en entrar siguiendo a ese hom- como yo el riesgo desmienta . de Isabel, nada me asusta. Quién solo saber desea si sois Mazariegos. Sí, que aunque sin armas me vea; jamás negué yo mi nombre. Ah, señor, los echo fuera? Ah quien pudiera decirle que le engaña, pues yo misma le di la muerte. Y vos, que con traición, y con cautela. como callando, la boca de aquesa mina confiesa) aquí entráis, quién sois? Monsalve. Ay de mí! mi muerte es cierta, pues cautelosa su hermana, . después que en mi cuarto deja muerto a mi primo, me trae donde su hermano me espera. Qué haré? Porque no se diga, que hombre a quien mi valor reta, no le pongo en libertad, para que una vez con ella al cartel responda, vine por esa mina secreta a sácaros de aquí; y pues nada que temer os deja el que con esta hidalguía os libra, para que os venza, veníos conmigo. Si haré, pues la misma acción demuestra el valor de vuestro pecho; pero antes dejar es fuerza en salvo a este Caballero por precisa dependencia, que me obliga a que le ampare, y así al punto doy la vuelta; en dejándole seguro. Aunque recelar pudiera al veros ausentar; hombres como yo, nunca recelan. Id pues. No mal se ha dispuesto. Ah señor, los echo fuera? Venid. Ya os sigo. Tirana, ya hay algo que me agradezcas, pues cuando tu más traiciones, vengo yo a hacer más finezas. Qué dirá, Cielos, en viendo que no soy yo la que piensa? De esta manera me excuso de ejecutar la propuesta satisfacción, pues ahora ha de ser de otra manera. Ya de haber dado la muerte a Mazariegos, me pesa: mas cuando en mujeres sabe la cólera obrar más cuerda? Aquí os espero. Al instante volveré a vuestra presencia. Qué empeño, Cielos, sería el que obligó a mi enemigo a no venirse conmigo, antes que su bizarría a aquel hombre asegurase, que advertido, y embozado aún la voz ha recatado, mas no a discurrirlo pase el juicio, porque es error querer apurar así los lances que:: Abrán aquí al señor Corregidor. Qué es lo que he oído? Ninguno la puerta abra, si no quiere saber que a mi enojo muere. Ay lance más importuno, la justicia, suerte fiera! sin duda, habiendo sabido que estoy aquí, me ha seguido. Ah señor, los echo fuera? Sí, Gándul, pues es forzoso, que mi arrojo osado intente vencer tanto inconveniente a todo riesgo. Ah del foso. Qué hay, Gándul? Qué es menester entrar de socorro ya. Pues alborotada está la casa, no hay si no hacer arbitrio la precisión, y lograr nuestro deseo. Gracias a Dios, que me veo en puerto de salvación. Pues vive Dios; que creí del tal sotaño endiablado salir túllido de un lado. Pues el hado quiere así tanto oponérsenos hoy, no hay si no perderse ya. Señor Monsalve? Quién va? Diego Mazariegos soy, que habiendo a aquel Caballero por la puerta del jardín puesto en salvo, vuelvo a fin de lograr a vuestro acero una acción de tanta gloria; como la fama os destina. Pues a la mina. A la mina. La Virgen de la Victoria vaya conmigo. Delante iré yo para guiaros. Atropellemos reparos, pues nada es más importante, que salir de aquí: Esto, y más fuerza en su amparo hacer es, para matarle después. Digo, y yo me quedo atrás? Baja, pues. Aprieto fuerte! Ayude mi intento el Cielo. Echad la puerta en el suelo. A donde tirana suerte, se habrá escondido Isabel, que faltando de mi lado no la encuentro? Si habrá entrado porque la amparase en él su hermano a este puestor? Pero como es posible, si aquí mayor peligro encontraba? Donde un recelo se acaba otro comienza: hay de mí! Qué debo, Cielos, hacer? Pero un peligro otro salve de esta manera: Monsalve? Pues no quiere responder, sin duda desconoció la voz; volveré a llamar: Monsalve? Dejadme entrar. . Quién mayor confusión vio? Y tomad todas las puertas. Salirle al paso pretendo. Quién de esta suerte? Yo soy, señor Diego Mazariegos. Pues cómo? Ese disimulo sobra conmigo; y pues veo, que de mí huyendo, os entra a este último aposento, decidme, qué hacéis en él? No sé. Quién, decid, ha a Don Luis? No sé. Si a nada respondéis; pero qué es esto Pues por la mina, salió sin duda, así quiero . asegurarle; el motivo de retirarme aquí dentro (ya que habiéndolo vos visto, en vano negarlo intento) fue querer romper la boca de esa oscura mina, viendo, que muerto mi primo, ya cesaba en él el empeño de mantenerme en su Cárcel. Pues están a un mismo tiem- po haciendo una, y otra ruina, público vuestro despecho, venid a mi casa, donde. os he de mantener preso, hasta que mañana tenga lo capitulado efecto. Estando sin armas, como . hacer resistencia puedo? Vamos, pues: oyes, Beltrán, . pues Isabel, como creo, oculta queda en mi cuarto, procura, por el secreto postigo de ese jardín, librarla. Ve sin recelo. Preciso es disimular, que anda dama de por medio, según me dijo el criado, que me avisó, que en efecto la obligación del honor es antes que la despuesto. Venid. De cuantos acasos, fortuna, y todos adversos, . se compone el complicado volumen de mis sucesos! Con el difunto me dejan a solas? Luego volvemos. Pues sea cuanto antes, porque me está dando prisa el miedo. No se mate, que aún no es tarde. Pues ya en la calle nos vemos, decidme, donde queréis qué os deje? Si hablo, me pierdo; mas como es posible, que de tan nunca visto aprieto salga, sin decir quién soy? Has visto, Sosa, el silencio que gasta este hidalgo? Digo, poco a poco, Caballeros; pues como dicen las viejas, hace oscuro, y huele a queso. Pero esperad, que si no me han mentido los reflejos, gente viene por la calle, y con luz. Este pequeño portal nos encubra en tanto que pasan. Mas que tenemos otra aventura. A la puerta me quedaré, por si puedo conocer a alguno. Amor, en vano contra los ceños de un desdén, armar procuras porfías, ni rendimientos, pues dé la calle me aparto; aún sin el leve consuelo de ver abierta una reja. Por esta calle podemos ir más aprisa. Allí un hombre se ha recatado encubierto. Pues reconocerle importas Quién va? Y quién, decid, tan recio lo pregunta? La justicia. Oh cuantos desaires debo al estorbo de esta herida! Apartad, que así más presto el nombre dirá:: Yo soy. Señor, pues de donde bueno a estas horas? De la usada quieta diversión del juego, y por ser ya media noche me retiraba. Sirviendo os iré hasta vuestra casa. Antes, pues, de ronda creo (según lo asegura ese retirado Caballero) que a cosa vais de cuidado, he de ir con vos. Yo os confieso, no el cuidado, el pesar sí, pues no pudo mi desvelo estorbar una desgracia, de que por no detenernos no os doy cuenta; pero ahora todo el cuidado que tengo es ninguno, pues tan cerca mi casa está, donde a Diego Mazariegos esta noche tener oculto pretendo. Diego Mazariegos dijo? Qué es lo que he escuchado, Cielos! Pues en fe de esa verdad no paséis de saquí. Obedezco. Y adios. Él, señor, os guarde. Para reventar el fuego de mis enojos, fortuna, abreviale el tiempo al tiempo. Quién ama un desdén, qué en vano procura encontrar sosiego. . Quién vio mayor confusión! En fin, pasaron sin vernos? Sí. Quién era? La justicia. Y en fin, qué hay de nuevo? Esto: Hombre, ilusión, o mentira de mi propio devaneo, pues hecho dos, cuando juzgo, que te aseguro, te pierdo, eres Mazariegos? No. Luego el que allí llevan preso lo es? Tampoco. Cómo no? si aunque yo me engañe, es cierto que el Gobernador no pudo desconocerle? Sabiendo, que en su propia casa yo, por vengarte a ti, le he muerto, Tú le has muerto? Sí. Qué has dicho? Ol acábeme mi tormento! Buena va la danza, Alc Pero como con mi acero, si por ti pierdo el honor, seas quien fueres, no vengo tan nuevo agravio? Qué haces? Eso me preguntas, viendo igual traición? Sí, pues puedes haber padecido yerro. Pues para que no se vaya alabando del trofeo, yo le mataré. Detente. Tú me detienes, Cisneros? Sí, pues rara vez aciertan los primeros movimientos. Cómo puede sin castigo quedar, el que loco, y ciego hacer pudo yerro igual? Como soy yo quien le ha muerto. Leonor? Esposa? Por vida! otro chiquillo tenemos. Qué es esto? habla, dilo apri- sa. Esto es, esposo, que viendo, que tu contrario, (hay de mí!) no respondía (qué miedo! a tu cartel, (soy infausta!) en este traje, creyendo acertarlo (extraño ahogo!) con esta pistola (hoy muero!) entrando : No digas más; hay de mí infeliz! que aleco de esa voz, cada palabra me va atravesando el pecho, a hombre que tengo retado, y para que cumpla el duelo, vengo a librar, da la muerte el frenetico despecho de una mujer? Para cuando, para cuando, airados Cielos, son los rayos, si no es ya, que a mi propio ardor me que- mo. Pues cómo, si Leonor dice, que le dio muerte su esfuerzo, dices, que presole llevan? Si a mi propio no me entien- do, qué quieres que te responda? Aquí el más prompto remedio es, que yo alcance la Ronda, y informado del suceso, a desengañaros vuelva. Pues a qué aguardas? ve presto, que en mi mal, es muchos siglos de pena cada momento. En tu propia casa puedes aguardarme. Allí te espero. No aquí te detengas. Vamos. Mi bien, mi señor, mi dueño si yo pude. Leonor, calla, que aunque te culpo, te qu en Malogrose mi fineza. Oh quiera, vencido el ceño de la suerte, que quien noble restado, altivo, y resuelto, muere por cobrar su honor, le venga a cobrar muriend
JORNADA TERCERA
jornada tercera Esta toc Solo, señor, falta, que el Gobernador, que fue por el preso, haya venido. Mucho que llegue deseo la esperada ejecución de tan no vista función; porque yo hasta ahora creo no ha habido tal novedad. Aunque quiera la memoria, averiguando en la historia casos de la antiguedad, buscar otro semejante, que no le ha de hallar es cierto. Dar satisfacción a un muer- to, no sé, que sea bastante desempeño del que vivo pretende su honor cobrar. No, pero es querer templar de esta suerte el genio altivo de Monsalve, cuya saña cuando a darle se prefiere la carta, fuerza es modere las iras de la campaña. Lo cierto es, que el ofensor no pierde nada en querer a un muerto satisfacer; pues conviniendo a su honor poner, cuando al campo sale, su persona manifiesta, aún más que lo que le cuesta, es lo que la acción le vale. Es verdad, y el juiciqe mío, que el Gobernador no nos oye, es, que su ardor dejar quiere libre el brío, por poder hacer patente, saliendo al duelo aplazado, que se muestra aquí templado, por lidiar allá valiente. Pues cómo, no siendo así, quedar airoso podrá, satisfaciendo? Ya está el Gobernador aquí. Con él viene el Mazariego. Caballeros, buenos días. Dios guarde a Vueseño? rías. Bien venido, señor Diego. A vuestros pies. Eso no, porque cumplimiento igual siempre le he llevado a mal. Pues como pudiera yo tomar en desdichas tantas otro asilo, otro favor, que no fuera, gran señor, el puerto de vuestras plantas? Creedo; que os estimo, quisiera serviros, como era justo, en materias de más gusto Yo espero, que menos fiera permita mi suerte, que vuestra piedad me duplique con el señor Don Enrique una honra, con que podré acallar a mi fortuna. Que os sirvamos siempre, no dudéis, mi sobrino, y yo; y puesto, que una por una dándonos prisa va ya el tiempo, ved, Caballeros, pues como ha dicho Cisneros, todo prevenido está, y está la bóbeda es, si de entrar en ella es hora. Dejadme, penas, ahora, que yo os vengaré después. . El que lo mandaseis vos aguardaban los demás. A obedecer, y no más, hemos venido los dos. Señor Diego? Qué queréis? Que hasta que entraros ad- vierta la campañilla, a la puerta de la bóbeda os quedéis. Está bien. Vamos, señores. Isabel, de aquesta suerte, sin tener miedo a mi suerte, pienso lograr tus favores; pues contrario de tu hermano, aún me queda la esperanza de que sea su venganza mérito para tu mano. Entren, pues, Vueseñorias, y el asiento, que les toca cerca del sepulcro, ocupen. De melancólicas sombras vestido el aire, aún las luces iluminan perezosas. Venid, sobrino. Pasad, señor Albaro de Sosa. Él acto, y el sitio, a un tiempo melancolizan, y asombran. Señor Francisco Monsalve, cuya llama generosa en el sepulcro de un mármol yace; Dios os tenga en gloria. Vos, cuyas nobles hazañas veneraran las historias; descansad en paz. Pues hoy vuestra fama se mejora; con bien estéis. Vuestro asiento tomad. Función prodigiosa! El Curador del sepulcro puede ya entrar. Esa sola orden aguardaba. Oh cuántas novedades ocasiona un loco arrojo! En demanda del honor, que por vos cobra hoy Monsalve, qué pedís? Que esta petición se oiga. Pasad a vuestro lugar. Qué es esto? para una cosa tan fácil, es menester todas estas pasmarotas? Y porque más abreviadas las legales ceremonias se gane el tiempo, entre el reo. Bien podéis entrar. Absorta mi imaginación, turbada, aún lo que está viendo, ignora. Para que se evite el daros traslado, de lo que informa la parte contraria; oíd. Pues estar aquí no estorba el ser pleito de justicia, silencio. Noble congoja, déjame, que presto haré yo, que mi valor conozcan. Bernardo Lopez Sotelo; Caballero de la heroica Orden de San Juan, y adlitem Cura dor de la persona de Erancisco de Monsalve, ya difunto, como consta del discernimiento hecho para demandar su honra; como más haya lugar de Derecho, en toda forma parezco, y digo: Que Diego Mazariegos, de Zamora vecino, estando en la Plaz día de Reyes, a la hora en que a sus Capitulares por costumbre se convoca a Santa María la Nueva, empeñado de una en otra porfía, se atrevió a dar al dicho, en perjuicio, y contra su honor, y fama, de palos; siendo de tanta deshonra el instrumento, una caña, que en su mucha edad, y poca salud, traía por muleta; y porque a su lustre importa, que, aún muerto, cobre la antigua fama, que ha sido notoria: Pido, y suplico a Usiria órdene, mande, y disponga, que el susodicho ofensor confiese, que viendo sola a mi parte, y sin espada, se atrevió a emprender tan loca acción. otro sí: Que ya le pesa, siendo su propia sangre, de haberle afrentado, llevado de la furiosa primer acción de la ira; pues de esta suerte se logra su única satisfacción, para no quedar con nota: que así es justicia, que yo pido, y para ello, y costas, Extraña suplica! Vos, qué respondéis, pues a toda la demanda estáis presente? Que a dar satisfacción pronta estoy dispuesto, mirando, que quien a un tío deshonra, a si se agravia; y no solo contexto con lo que ahora el pedimento refiere, sino que porque conozca el Mundo, cuan sin arbitrio la cólera humana obra, y que ajarle allí, es aquí reverenciar su persona: ante sus nobles cenizas postrado, le desenoja . mi amor, así del agravio, como de ver que ocasiona su muerte mi inadvertencia. Pues en mi transfiere toda la facultad de mi parte el derecho, bien es ponga fin a tanta enemistad, dándoos en nueva concordia de la suya aqueste abrazo. Basta, para vanagloria mía, ser vos quien me añade el nuevo favor que hoy goza. Hechas ya las amistades, a vos, Curador, os toca dar la carta que ofrecisteis. Sí; mas primero me importa, que conste por testimonio, no solo de lo que a boca Mazariegos satisfizo, sino de la acción con que ahora se ratificó en lo dicho. Yo, Sotele, de una, y otra verdad le daré. Pues para que ni un punto se interponga de dilación, a escribirla pasad, pues es ella sola quien la amistad asegura. ve en vano piensan estorbar lo sangriento de la lucha, supuesto:: pero no rompa mi voz, de tanta cautela el silencio, hasta que ponga en ejecución mi intento. Yo creo, según lo nota mi atención, que ha de salir esta prevención ociosa. Preciso es, que la desmienta viendo que a tan poco airosas circunstancias le precisa su suerte. De aquesta forma poco se arriesga en que salgan al campo, ovviando la nota de no verse en la campaña, cuando ya es en toda Europa público el duelo; pues viendo Monsalve, que le perdona su padre, es fuerza que temple las iras, que le ocasiona el deseo de vengarse. Por más medios que propongan creo que el duelo no ha de salir tan a poca costa, que sin sangre se fenezca. En las más dificultosas materias, halla el ingenio camino, que las componga. Escrita, y sellada ya la carta, porque conozcan, que en cuanto puedé concurre mi parte, a la más piadosa circunstancia del ajuste, en la mano se coloca de cadáver, de quien puede; dando fin a esta discordia, recibirla su sobrino. Y no solo de él la ton ecto, si no que en ella, con el sello de la boca, vuelve a dar de lo tratado otra nueva ejecutoria. Pues, Caballeros, sepamos el sitio, el día, y la hora del propuesto desafío, pues en esto se malogra el tiempo que se dilata. Pues de mi oficio es forzosa obligación, sea a otro día de la prodigiosa Ascensión de Jesucristo; y el sitio que se les nombra, el Campo de la Verdad, extramuros de Zamora; y para que brevemente se prevengan, y dispongan; Vueseñoria, Señor, (puesto que a todos nos honra) lleve a Diego Mazariegos a su casa, porque corra del señor Sotelo a cuenta hacer esta ceremonia con Monsalve. No tan solo ofrezco asistir a cosa, que es tan de mi obligación, sino que os hago notoria la circunstancia de que le acompañamos yo, y Sosa, en el Campo, de Padrinos. Pues para que corresponda en todo, igual lucimiento, Enrique, y yo, en esa propria ocupación, serviremos a Mazariegos. Con sola la dicha, gran Señor, me desenoja. Ya que el elegir las arn por desafiado os toca, ved las que elegís. Después que mi Ahijado las escoja, iremos Enrique, y yo, a avisárselo (pues sobra tiempo en que hacerlo) a N salve, para saber de su boca hasta donde ha de llegar el duelo; y puesto que ahora lo que insta más, es poner en público sus personas: venid, señor. Señor, vamos. Pues en la estancia fragosa del Monte, espera Monsalve, al Monte. Si estas tramoyas supiera él, aí fuera ello. Ya tienes la ocasión pronta valor, de dar a entender, que no a mi fama desdora, que a mi tío satisfaga, como a mi primo responda. Yo espero en Dios, que todo esto con brevedad se componga. Leonor aunque tu tristeza tanto te aflija enemiga, que de continua fatiga se ha hecho ya naturaleza, templa el tirano, sangriento influjo de su rigor, y aprenda de mi dolor a desechar el tormento. Ay Isabel! ay hermana! por más que lo procura alma, en mi desventura cualquier diligencia es vana. Pues cuando más amoroso mi pecho le llora ausente, culpadamente inocente, he disgustado a mi esposo. Qué arrestadamente osada te atrevieses a intentar a Mazariegos matar, no hay duda, que fue arriesgada injusta resolución; no solo por los acasos, que en tan indecentes pasos pudo ocasionar la acción; cuanto porque si no hubiera errado el golpe cruel tu ira, le dejabas a él incapaz de que pudiera recobrar su honor jamás; mas ya que a Don Luis hirió el plomo, y a Diego no, sin causa medrosa estás de su ceño, pues su amor. tan cabal vida recibe, por tu hermosura, que vive a cuenta de tu favor. Que no cumpliera su fe con menos demostración, es cierto, pues mi pasión, luego que a Genoba fue, y que en mi solicitud declaró su voluntad, para él solo hice piedad mi constante ingratitud. Por él, de mi Patria, ay Dios! el cariño me destierra, y de vuelta de la guerra de Corón, con esos dos amigos suyos, al Mar y enci la saña traidora. Por él, en fin, en Zamora vivo, tan sin animar, por el riesgo que recelo, que en su vida puede haber, que es continuo fallecer lo que ánimo, y lo que anhelo. Y por él, en fin:: mas esto de qué sirve (ay infelice! si más que la lengua dice, mi llanto explica. Supuesto, que nada mi ruego alcanza, temple tu melancolía ver, que ya se llego el día, en que tomando venganza del traidor de Mazariego, en salvo ponga su honor; y esto (ay de mí!) es en mi amor lo que más a sentir llego. Pues en caso semejante siempre pierdo, y nunca gano, cuando aventuro un hermano, y pongo a riesgo un amante. Si no fuera por estar de duelo, oyeras ahora una letrilla, señora, que he acabo de estudiar, que es de grande diversión. Y cómo dice, querida? Salió a Misa de parida a San Isidro en León. De gusto es. En mis fatigas divertirme es por demás. Presto, señora, podrás dar a tu pesar dos higas; pues, como avisó Sotelo, dentro de un hora, tu amor, tendrá en casa a mi señor. Ay, Inés, que aunque del duel resulta mirarle airoso, también el verle arriesgado. Ese es pequeño cuidado en el valor de tu esposo; y pues ya, Leonor, la voz por la Ciudad esparcida de que hoy quedará en su casa, sin temor de la justicia, ocasionará el atento concurso de las visitas, en tanto que llega, para animarnos con su vista, retirémonos a esotra, excusada galería de mi cuarto. Dices bien; pues Inés, podrá advertida quedarse aquí, y avisarnos, pues tan cerca está la dicha de ver a Diego. Ven, Celia. Ya que me dejáis de espía, id sin cuidado. Quién, Cielos; creerá, que aún cuando ofendida estoy de mi primo, siento llegar a oír, que peligra. . Pues hoy solamente abierto ha encontrado mi fatiga de Isabel el cuarto:: pero aquí está Inés. Quién diría, que el dejar sola a Leonor a noche, y dar tan aprisa la vuelta, me haya valido el no verme despedida de mi ama; pues aunque sabe: Yo llego: Que ella atrevida fue en casa de Mazariegos, ignora, que mi malicia fue quien la enseñó la casa, y que después:: Inés mía. Ay! quién está aquí? Yo soy, y no culpes mi osadía, pues viendo cuanto a mis jas su rostro Isabel retira, que tu le des de mi parte este papel, solicita mi pena. Señor, qué dices? no consideras, no miras, que están esperando a mi amo? Si se retiro a la Villa de Miranda, como puede venir tan presto? No finjas, que bien sabes tú, que hoy ha de venir. Por tu vida, que hagas por mí esta fineza; pues si logro:: Hay tal manía! Que ella escuche. Vete presto. Con quien tan inadvertida Inés: mas qué es esto, Cielos! Yo soy; no tu tiranía, bella Isabel, desconozca aquello mismo que anima. Yo, señora, rehusando, que tú ese papel recibas, hice:: Señor Don Enrique, pues de vuestra sangre invicta es deuda no aventurar la adquirida fama antigua de mujeres como yo: idos, pues os lo suplica mi atención. Si haré; después, que estas mis quejas rendidas las escuchéis pronunciadas, pues no las leéis escritas. Ved, que de esta misma cuadra os sacó libre una herida voluntaria, y puede ser, si porfíáis, que de ella misma, si viene mi hermano, os saquen muchas heridas precisas. Herirme yo, pudo ser porque era yo quien me hería; mas lo demás, no es tan fácil. Que será lo que la obliga a Isabel; mas con un hombre esta aquí. En vano porfía vuestro error, que no he de oíros Quién será, estrella enemiga, este hombre, que con mi her- mana hablando está? Bien sería saliendo atajar el lance. Pues ya que a oírme se resista, señora, vuestra extrañeza indignadamente esquiva; este papel:: Qué papel? Ahí es una niñería. Monsalve es, extraño aprieto! Aquí Don Enrique? Viva estatua soy. Qué a mal tiempo me hizo salir mi desdicha. Ya escampa, y llueven empeños Yo no sé lo que le diga. Pues cómo? Señor Monsalve, no extrañéis, que ya a la vista vuestro duelo (estoy turbado) venga a cumplir tan precisa. deuda, como:: El Gran Prior te quiere hablar. Dale guindas. Aquí mi tío? ya en vano mi despecho solicita satisfacer con la espada. Dísimulemos, fatigas. Qué le diré? Nada; pues saliendo a lograr tal dicha, he de ser yo quien a un tiempo le responda, y le reciba. No es menester, que ya entra. Señor, pues Vueseñoria en esta casa? En quién tanto, señor Monsalve, os estima, este no es favor, que es deuda. Y aún por eso yo a cumplirla me he adelantado. Sobrino? bien hallado. Gándul, sillas. No son menester, que hoy es muy oreve la visita. Por qué de tan alta sombra vuestro temor os retira? Llega, Isabel; Leonor, llega. A vuestras plantas invictas: Señoras, qué hacéis? Mostrar, que se ensalza, quien se humilla. La venida de mi tío, pues me dijo, que vendría a circunstancias del duelo, hoy de disculpa me sirva. Señor Diego, porque el tiempo parece que ya nos insta, estando tan cerca el plazo del combate. Aunque me riña tu respeto, que te ataje perdona, pues me precisa mi punto a hablar antes. Di. Yo, Monsalve, con la misma intención, y al mismo efecto en que hablaros solicita mi tío, entré aquí; pues siendo el, y yo quien apadrina al retado, nos tocaba poner en vuestra noticia las armas con que al Cartel responderos determina; sabiendo de vos también las sangres, o las venidas, a que reducís el noble despique de vuestras iras. Por si en casa no os hallaba, en este papel traía estas, y otras circunstancias que avisaros; pero altiva esa Dama, discurriendo, que era mi intención malicia, negándoos, aún se resiste a tomarle, sin que diga lo que incluye; a cuyo tiempo llegasteis vos, y pues libra de mi tío en el informe su acción mi galantería, pues también como Padrino con esta intención vendría, con él me voy; advirtiendo, (pues creo que mi venida os ha costado algún susto) que hombres como yo, no estilan entrar a hurto, en casas donde, cuando el garbo patrocina dependencias de la honra, antes la dan, que la quitan. . Quién pensaré, que:: Esperad, que sin motivo os irrita vuestra altivez. Yo, señor: Bien está, si desconfía . de él, bien hecho está lo hecho. Pues no es fácil que le siga él::: Adónde vais, Sotelo? A llamar a Gándul iba. Primero es bien que trate. mos las circunstancias condignas al duelo. Porque esa acción nuestra presencia no impida, dadnos licencia. Creed, que en cuanto pudiere os sirva Sois Toledo en fin. Soy quien vuestra quietud solicita. Muerta voy. Sin alma parto. Valiole la escapadiza. Mi Ahijado, señor Monsalve, mirando ya tan vecina la acción de su desempeño, dice (porque a la malicia resquicio no quede alguno) cuanto siente, que enemiga su estrella, le haya estorbado responderos más aprisa; pues estando preso, aún no le quedaba a su osadía el consuelo de arrojarse (por tener muy mal herida una mano) por ventana, rejado, balcón, o mina. Esto supuesto, en virtud de los fueros de Castilla, dice, que el día aplazado os espera, a toda guisa de pelea, en la campaña, sin más armas defensivas de su parte, que la fácil olanda de una camisa, que mostrando el pecho, muestre cuan buen Caballero lidia. Que todo el restante adorno, para entrar con bizarría en la balla, sean Gorras, Boemios, y Calzas, ceñidas, de una Vanda, a nuestra usada Castellana moda antigua. Y en fin, que para que sea la batalla más reñida, elige espadas, y dagas, de igual marca, igual medida, peso, y temple, cuyas puntas, cuando a los reflejos brillan del Sol, deslumbren lucientes, para eclipsarse teñidas. Hasta aquí dice mi Ahijado, y desde aquí es bien prosiga yo, a efecto de que digáis, hasta donde vuestras iras quieren que llegue este duelo. Hasta que de tres venidas en el encuentro resulte sangre, desaire, o caída, que me deje ventajoso, pues soy yo quien necesita de satisfacción. Es cierto. Pero pues sentencia fija es, que las satisfacciones no constan de las heridas, sino de ponerse en parte donde, aunque no las reciba el reo, deje al actor su desgracia desmentida, cesar deberá el enojo, cuando el que al duelo presida, como quien en él la Regia autoridad ejercita, le dé porbuen Caballero. Pues en las no prevenidas oircunstancias del acaso, el misno suceso avisa lo que debe hacerse, en vano es, gran señor, prevenirlas. Con todo es bien no olvidarlas; y a Dios, que dándome prisa están otras prevenciones. , . Si a tal cuidado se fían, seguro está el logro. Dónde vais? A cumplir la precisa obligación de serviros. Quedaos, o por vida mía, que no pasaré de aquí. Quién tanto vuestra vida estima, fuerza es, señor, que obedezca. Señores, hasta la vista. . Por Dios, amigo, que ahora no has de decir, que propicia la suerte no anda contigo, pues ya, a dios gracias, se arri- ma la ocasión del desempeño. En vano mi voz explica su gozo, y así es mejor, que al silencio se remita: Entrar a ver a tu esposa será razón. Ofendida la tendrá mi enojo; pero presto las ternezas mías persuadirán sus desvíos. Bravo tiempo de caricias! Si es amor hijo de Marte, de qué, Sotelo, te admiras? Lindo día, Ga Beltrán, amigo, hoy no es día de que hables tu conmigo, pues ya nuestra amistad fuerza es que cese? Yo soy tu amigo fiel, pese a quien pese, y tu raro disignio no comprendo. Seo Beltrán, Dios me entiende, y yo me entieno Dime, qué contingencia cobró nuestra amistad? Voy de pendencia. No te he dado motivo, vive y has de decirme el caso, Estoy de duelo. Oye por Dios. Quiere que desembuche la causa? Eso pretendo. Pues escuche: no es natural, que un siervo se sustente del pan que leda su amo? Es evidente. Un mismopan, er no cría unos humores? Essentado. Nuestros amos, viniendo a esta refrí no se quieren matar? Quién te lo niega. Pues cómo ha de negar en mis cuid que si a los amos siguen los criados, en el humor fatal que predomina, y de un mismo alimento se origina, han de ser de este duelo en los furores, enemigos Lacayos, y Señores? Niego la consecuencia al argumento; pues si lo igual se arguye del sustento, no hay pan, ni humor, que iguale las razones, porque ninguno paga las raciones. Has dicho bien; y pues servir es justo a nuestros amos, cese ya el disgusto, y a su tienda cada uno. Escucha ahora. Que hayas querido así venir, señora, por más que sirva de disfraz el manto, entre concurso tanto, a ver en riesgo al que amas? Quién amante, puede, temiendo un mal, vivir distante del mismo mal que teme? En igual daño, menos pena es el susto, que el engaño; pues cuando a yerle acuda, muchas penas excuso en una duda. Pues entre tanta gente como al duelo presente de Portugal concurre, y de Galicia, estar podemos, sin causar malicia. Ay, Diego, y quien dijera::: mas déjame memoria. Aparta, a fuera. e, El ruido, que a la voz el paso impid que ya el Gobernador (que es quien preside) está en el campo, dice: Y entre inquietas ondas de gente, Cajas, y Trompetas. Adiós. Adiós; y pues a mano estamos, cuenta con los Escudos de los amos. Tápate bien, Inés. Tirana suerte, guarda esta vida a trueque de mi muerte! Ya que la hora señalada del prevenido combate llegó, y como Juez del campo me toca a mi asegurarle; ved, Cisneros, si la balla (antes que a las tiendas llame está limpia de tropiezos, prevenidos, o casuales, que puedan servir de estorbo. Antes, que al sitio llegaseis la registre, y son en ella ambos terrenos iguales. Pues el sirlo que me toca ocuparé; y porque al grande prevenido duelo vaya abreviando los instantes, haced llamada a las tiendas. Caballero, que delante estáis de ese pabellón armado estorbo del aire quién es, decid, quién le ocupa? El señor Diego Monsalve. Decidle, que al primerto- que: de la marcha, que escuchare, se manifieste en la Tela. Quién es, quien, decidme an- tes, lo manda? De la palestra el árbitro Comandante. Está bien. Vos, Caballero, cuyo denuedo galante, la entrada resguarda de ese belico monte portatil. decidme, quien es el noble lidiador, que en su homenaje se previene? El señor Diego Mazariegos, Avisadle, que a la primer marcha que oiga salir puede a presentarse. Quién lo manda? El Juez del campo, Id con Dios. El Cielo os guarde. Están prevenidos? Ya solo falta, que los llame lclarir Pues toca a marcha, mientras de sus tiendas salen, , , s, Vos, pues sois quien retador comparecéis donde os hacen campo los Fueros antiguos de Castilla, porque nadie ignore cuan justa causa a nuestra presencia os trae, decid, qué queréis? Mostrar, que pues no estuve delante el día del infeliz ajamiento de mi padre para dar la muerte, a quien tuvo osadía de ajarle. hoy, que en Castilla me hallo. debo, haciendo de mi parte lo que debo, como buen hijo, y Caballero, darle el castigo, que es debido a un arrojo semejante. Vos, que retado salís, qué respondéis? Que no sabe satisfacer el valor con más voz, con más lenguaje, que el de la espada. Llegad, y ante las Sacras Verdades de los cuatro Evángelistas haced el pleito homenaje. s Juráis vos, que al desafío solo os conduce el dictamen de mantener vuestra honra, sin que contra el queretasteis tengáis otro algún motivo de enemistad, o coraje, que os estimule? Sí juro. Jumis vos, que solo os trae el reparo de que no os arguyan de cobarde, no respondiendo al cartel, sin que entre los dos se halle otro motivo? Si juro. Y jurais los dos iguales, que a esta lid venís sin pacto, superstición, o carácter, nomina, ensalmo, medarla, u otro no lícito Arte de seguridad, que al otro en la lid os aventaje? Si juro, sopena de quedar con nota de infame. Si así lo hacéis, os ayude Dios; y si no, os lo demande. Pues en tanto que las armas se entregan para el combate a los dos Padrinos, pueden los otros dos registrarles los pechos, por ver si ambos al tenor del cartel salen, En la forma que previno mi Ahijado, sale Monsalve. Mazariegos, cumple en todo con el valor de su sangre. En quedándose en camisa, cierto, que estarán galanes. Lindo abrigó para el tiempo. Son las armas que tomasteis para Mazariegos? Sí. Son las armas las que antes envío Monsalve? Ellas son. Pues por más seguridades trocad entrambos arneses. Primero, para que salve el recelo de que puedan envenenadas enviarse, desde el recazo a la punta por ambos filos los lame mi lengua. Del mismo modo, haciendo yo el propio examen, aseguraré los míos. Tomad ahora. Circunstantes, en tanto que de la lid lo sangriento dure, nadie dé voz, ni haga acción, que sea motivo de que desmayen, o alienten los que pelean; que así notorio os lo hace de parte del Rey, (a quien sobstituye en igual lance) el que la palestra manda; y para que a reñir pasen, tocad al Ave María. Recemos, antes con antes. Aquí estáis bien. Este sitio es vuestro. Ya el Solos parte mi acero. Cómo no entrega la carta, para que aplaque Monsalve sus iras? 4. Veamos a quien su denuedo vale. Toca al arma. Toca al arma. 4. Dios vuestra justicia ampare, Herido estáis. Caballeros, tened, pues habiendo sangre, no queda acción a otro empeño. Cuando vos no lo estorbaseis, de nuestro oficio era hacer, que a más sangrienta no paso la lid. no es bien que el duelo emva- race. Pronto estoy a responde. Por vida de nuestro grande Monarca, el Emperador Carlos Quinto, que Dios guarde, que os escarmiente mi enojo, si es que pasáis adelante en vuestro intento, pues a am- bos dejóbién puestos el fácil acaso de esepiquete. Si tendrás de que quejarte ahora? De alegría, Inés, al ver tal dicha, no cabe el corazón en el pecho. Solo esta vez favorable se mostró el hado. Los brazos os dad, para que afiancen deudo, y amistad. En ellos, primo, y amigo, se enlace mi amor; y para que a todos conste, enacción semejante, que si de tu padre pude satisfacer al cadáver, fue para lograr ponerme en libertad, y mostrarte, que correspondo a quien soy; esta carta lo declare. Por Dios, señor, que en e juicio que hiciste, no te engañaste. Los Caballeros, Enrique, nunca saven ser cobardes. Por Dios, que nos engañó. Estando en este paraje, hizo bien. Tal sea mi alma. Aquí me manda mi padre, que como amigo te estime, y como a primo te trate, sin que entre los dos jamás heredado el odio, manche el valor vuestro; y aunque verla en mi poder extrañe, pues no sé a qué fin se ha escrí to, solo espero a que me mandes. Para que tanta ventura al mayor logro afiance, solo una cosa te pido. Qué? Que por esposa alcance tener a Isabel mi prima. Yo lo ofrezco de mi parte, Yo lo acepto de la mía, pues así debo premiarte tantas finezas. Andar. En tantas selicidades dónde está mi esposa? Aquí. Para que a mis brazos pases en prueba de que hoy que cobro mi honor, puedo ya llamarme en público esclavo tuyo. Y aquí la Comedia acabe del extraño duelo entre Mazariegos, y Monsalves.
