Texto digital de La mayor victoria de Constantino
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- Ambrosio de Arce
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- Ambrosio de Arce Segura
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XIV de Nuevas escogidas (1661).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La mayor victoria de Constantino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mayor-victoria-de-constantino-la.

LA MAYOR VICTORIA DE CONSTANTINO
JORNADA PRIMERA
Muera todo vil caudillo, soldados míos su sangre ventida en copiosas lluvias, mi enojoso incendio apague. Soldados, no ejecutéis tan viles atrocidades, que nacen de la imprudencia, y no del acielto nacen. El primero que divida las cuellos, será mi alfanje. Mi acero será el primero, que inocentes vidas guarde. Quién se opone a mis preceptos? Quien ocasiona impiedades, que muentadas de la ira la Regia púrpura manchen? quién cruel? . Quien alevoso impide? Intenta cobarde. Hermana. Mi Rey, señor, perdóname, que ignorante no te huniese conocido; pues como el blasón amable de la piedad te ha faltado insignia de ánimos Reales, al verte sin él, mi vista desconocio tu semblante. Tú vuelves por los Cristianos? tu por los que miserables en penoso cautiverio, mas muertos, que vivos yacen? quién te mueve a su defensa? La injusticia que les nace. Vengar mi injuria es ser justo. No tienes de que vengarte, y puede tu Real decoro en la acción aventurarse. Amor, pues eres deidad, . ya tu luz mi incendio arde; débame por ti esta justa. atención, mi libre amante. Yo he de ejecutar mi intento. Y yo he de impedir su ultraje. De qué modo? Si me escuchas. No penetro su dictamen. Pues ya atiendo a tus acentos, aquel patíbulo infame. Pues pueble mi voz el aire. Y sabes Príncipe invicto, Rey de cuanto en verde margen florenda fecundo el Trigris, ciñe cristalino el Ganje, Que por muerte de Saper, Rey de Persia, y nuestro padre, sucediste en la Corona, y su valor heredaste, al tiempo que Constantino gobernaba, con el justo heroico blasón de Grande, Y al tiempo que tú alto esfuerzo quiso a tu Corona darle; mas Provincias que la adornen, y más Reino; que la ensalzen. Por cuya ocasión rompiste (no sé si cuerdo ) las paces, que toda el Asia gozaba con firmes tranquilidades. A Babilonia rendiste, a Gerusalén ganaste, por medio de lo que entonces regían sus homenajes: que traidores al Imperio, y a su señor desleales, te ofrecieron dos Provincias con sus términos capaces, a costa de nuestro honor, y a precio de poca sangre. Constantino en este espacio a Gerusalén triunfante llegó, con sus escuadrones, por si remedios hallasen, aquella que los Cristianos adoran por venerable; donde dicen; que su Dios, venida la humana sangre, muriendo por todos, hizo el universal rescate, siendo honroso desde entonces Y viendo el Emperador los muros incontrastables de Gerusalén, rendidos a tus vasallos leales; y que tú los gobernazas, cuerdo, capaz, y constante, por no ceder de la empresa sus escuadrones reparte, en este cercano monte, florido estorbo del aire. Ya los impele animoso al prevenido certamen, lo sonoro de la trompa, y lo ruidoso del parche. Bien que estímulos ociosos son los rumores marciales, cuando su Rey los anima, piadoso, activo, y afable. Tú las Águilas Romanas, que en sueño apacible yacen, no atento con ambiciones cautelosas, despertaste el incendio que apagaron justas conveniencias paces, a los soplos de tu impulso, con nuevos alientos arde. Y ahora intenta tu acero, que bebas cautiva sangre en el vaso de la ira; porque ardiente sed aplaques; los que la primera acción discorsivos calumosaren, culpándote de que altivo ajena Provincia invades. No injustas satisfacciones políticas, hay que darles; mas si ejecutas tu enojo el vengativo dictamen; y a las voces del acierto respondes con agraviarles. Que razón de estado puede con el mundo disculparte? pues maltratas, rompes, quiebras él siempre fijo candor de la piedad, que en los Reyes debe asistir inviclable? Que León, si no le agratian, endilece el Real coraje, tan solo cuando le pisan se irrita, y ofende el aspía? No ya con viles acciones toda tu corona infames, que ofender a los rendidos es valentía cobarde. Ceda a la razón la ira, y no la impiedad se alabe, de que un superior Mon o la fomente, o la ampare. Si intentas que victorioso todas tus gentes aclamen en campo abierto, el valor haga de si digno alarde. Los Cesareos escuadrones sean resistencia fácil al ímpetu valeroso de tus fuertes Capitanes. Incite alentado el bronce a cuerdas temeridades, herida la piel, aliente nobles incendios que abrasen, No vengativo el enojo, impulsos afrente Reales; atenta, sí, la prudencia todas sus acciones mande. Ea Rey, despliega al viento los Persianos estandartes, gobierna atento tus gentes, rige imperioso tus haces, que yo embrazando el escudo, y en la diestra el corbo alfanje; pues las quietudes de Venus cambió a las iras de Marte. Persiana Belona, opuesta a las tropas militares, conseguiré más ultorias, que lleva el lordan cristales, que al cielo alumbran estrellas, que adornan flores los valles. Porque diga todo el Orbe, cuando en mis acciones hable, que si supe reprimirte, supe también imitarte. Deidad, cuya fortaleza, en tu alto ser se asegura, que vences con la cordura, y rindes con la belleza. Pues mis ímpetus altivos mitigas, y mis enojos, el indulto de tus ojos gocen todos los cautivos. Con tu gracia mi piedad vean esta vez honrada; por Dórice tenéis vida; por mi gozáis libertad. Este humano proceder me reprime mi rigor; pues os libra mi valor, por volveros a vencer. Y en su efecto generoso, que vea vuestro Rey quiero, que le venzo en lo guerrero, y le excedo en lo piadoso. Viva la Deidad altiva, que las vidas nos ofrece, lo que supiedad merece: viva muchos siglos, viva. Qué Dórice haya podido lograr tan justos intentos! Qué bien sus libres intentos regocian mis sentidos. Ya Dórice ves lograda tu persuasión. . Ya señor, reconocida al favor, a tus pies estoy postrada, y mi afecto agradecido se muestra, cuanto humillado; pues la piedad te hace amado, hágate el valor temido. Via de uno, y otro bien, y no permita tú ardor, que el enemigo furor te cerque en Gerusalén. Dórice, en cuyo consejo vive mi Imperio seguro; pues tu heroico cristal puro sirve a mis iras de espejo. Aunque en sus muros seguros estamos, contra el destino no ha de decir Constantino, que nos encierra en sus muros. Porque adquiera el valor gloria, con una, y otra hazaña, mi ejército a la campaña saldrá a conseguir victoria, Vea, vea su castigo, que para llegarle a ver, solo me falta saber la intención del enemigo. Y por lograr mi deseo; pues que le sobra osadia, sea simulada espía Simon, ese anciano Hebreo. Que prudente, y que constante intenta lograr la hazaña. Ea amor, ya en la campañe . verás tu Cristiano amante; porque logres tu intención: mi lealtad le buscará; pero allí le miro ya; el Rey te llama, Simon. Qué me mandas? Qué me ordenas? Mi voz no te llama a ti. Mi nombre en tu labio oí, y vengo (terribles penas!) a saber (triste pesar. lo que manda (injusta ley!) Serpeño, piadoso Rey. Hay amoroso penar! Porque de aquel cuidado me sirva leal, y fue, y guardé la Cruz de aquel, ya que por acaso ha entrado; y porque pueda lograr hoy todos mis pensamientos, consiguiendo mis intentos, a entrambos he de ocupar en la ocasión que deseo. Si le templará mi ardor? Atiende Simon Nacor, escucha Simon Hebreo. Solo aquesto reprimir pudo mi envidia veloz, cuando me hizo una voz a su presencia venir. Que arriesgada, y que piadosa reprimimiste el Real furor. no fue hazaña muy costosa. Esto se ha de hacer así. Respóndate mi obediencia. Ya supo mi diligencia, cuando hacia el Cedrón salí, que a ludea Constantino viene con prudente celo, y que su primo Roselo, a quien rige ardor divino. Qué bien en ajeno labio su nombre el alma escuchó. A Zafa ayer se partió, para estorbar cuerdo, y sabio el socorro que te envía, con providente desvelo, tu grande amigo Dorelo, o no logre su osadia Róselo atrevido, o quiera el cielo, y mi indignación, que su piadosa intención en las esperanzas muera. Esto supe, y cauteloso, hoy a su ejército iré, donde lo demás sabré. Y yo también preinroso. Id, pues veo vuestro celo, que en mi dicha tendréis parte. Prospere tu Imperio Marte. Guárdete, señor, el cielo; porque no halle Constantino con hallar la Cruz, sostiego, haré que le abrase el fuego, aún a pesar del destino. . Por vengarme de este espero, aunque Serpeño me honra, decir, que parte aresora aquel piadoso madero. . Vamos, Dórice, a ofrecer a Marte fiel sacrificio; porque con el beneficio obliguemos su poder. Si hablabapor mi el amor, Nunca en su Templo gustosa su sacro bulto adoré. Déjenme entrar, porque haré una acción escandalosa. Quién causa aqueste rumor? Un cautivo, que porfía con imprudente osadía, con que te ha de hablar, señor. Decid que entre. Y entraté con el Rey muy enojado, por no haberme degollado. Humor tiene. . Pues porque no es piedad daros la vida, y después la libertad? Si señor, y esa piedad diera yo por recibida; porque en mi fe siempre listo esperaba firme a firme, si me degollaban, irme a cenar con lesu Cristo. De vuestras voces infiero. Decídmelo en mi presencia, Que tendréis buena conciencia. Sí, que no soy despensero. P. Amor, aquel no es Turpín? Allí está Dórice, bueno. Si se va de aquí Serpeño, le hablaré. . Qué sera fín! Esta breve disación, a mi grande amor agravia, De adónde sois? De Morabía. De qué lugar? De Alcorzón. Dilates fieros. Nunca ese lugar oí. Si señor, allí nací, y nací haciendo pucheros. Vamos, y pues tu valor, unido con tu hermosura, la victoria te asegura. Quién reprimiera su ardor! Salgan ya mis batallones, pala adquirir fama eterna, a la campaña gobierna, Dórice sus escuadrones. Soldados ya vuestras glorias, con aquesto aseguráis, pues por General lleváis, deidad que ofrece victorias, Luego al inttante del muro saldré, para obedecer, a ese monte, y no volver, sin la victoria te juro. Vea el Cristiano arrogante su castigo, en mi valor mire su estrago: ay amor! que hablaste contra tu amante. Si bien así asegurada, de su peligro estaré, pues que le defenderé, con el pecho, y con la espada, Ya inspirado el instrumento, llama para el sacrificio. Y él llama para un oficio muy santo. . Cruel tormento! Vamos a cumplir el reto, de Júpiter soberano. Yo he de hablar a este Cristia. A hablarla me precipito: (no. Dórice, a quien esta vez, debe más que todos yo, agradecer mucho; el no tener cascada la nuez. Turpín, tú también cautivo? Yo también pues por ti he estado apique de estar a horcado, por cansarme de estar vivo. Luego no fue estratagema de tu ingenio, lo fingido? acaba, di, lo que ha sido? Usted gasta linda flema, Róselo amante, y valiente, porque Aljasa se partía, fiado en la industria mía, que soy mozo inteligente, sin que pueda resistillo, que viniera me mando, vine, y al entrar me vio, un mal Cristiano, un Morillo, y en tal instante me prende, que el diablo que el fuego atiza, al Rey tu hermano Herodiza, y el en su rigor se enciende, mandándonos degollar, hasta que tu intercesión vino a alcanzar el perdón, y que no puede alcanzar. En fin me mando decirte, como esta tarde vendrá, que yo apuesto que estará, muerto por verte, y oírte, Y si lo tienes porbién, como es el mancebo fuerte, solo señora por verte, entrará en lerusalen. Porque estimo su cuidado, mi amor en su afan gustoso, le quisiera valeroso, no quisiera aventurado. Guiando mis batallones, y haciendo a los vuestros frente, estaré, si de tu gente; mas son vanas ilusiones. Si toda Persia viniera, y si junta la cercara, a toda Persia pasara, y a toda Persia venciera, con sus fuerzas inhumanas, solo por verte un poquito, que ha sido desde chiquito, muy amigo de Persianas. Tan amante está Roselo? dime, dime su fineza? No tanto que a otra belleza. Qué dices? qué? Qué desvelo! Claro está, alguna Cristiana será su amante cuidado. Solo sé que enamorado, por la tarde, y la mañana, de su amor hace aparato con grandísimo furor. Quién le debe tanto amor? ay Dios! . Quién? Sí. . Tu retrato. En mis amantes desvelos, quisiera apacible ardor, porque creciera mi amor, que se ausentaran mis celos; en mi retrato, y le agrada. su pintura lisonjera? Sí, que tu hermosura entera viene allí como pintada, y le esperán vencedor, porque a tu amor satisfaga. Vete Turpín. Dios te haga mujer de un Corregidor. Constantino, sabrá de mi cuido, como Serpeño a enviado a los Cautivos: pero ya le veo, que descansa en cansancios su deseo. Solo con sus esfuerzos se acompaña, que es su alivio la tienda de campaña; mi voz le ha de decir. Madero Santo, gozo del Orbe, y del Infierno espanto. Hablando con la Cruz está, y no es tiempo de divertirle, volvereme. . Orempo, no os volváis, que queréis? . Cómo te via solo, y atento al Cielo, no quería. ocupar tu cuidado. A los Cautivos libertad ha dado el Persa, Rey que a tu poder compite, y con bastante escolta los remite a tu ejército, y hoy por ser preciso, que lo sepas, señor, traigo el aviso. Bien está, grande acción, dejadme solo. El uno, y otro Polo, conquiste tu valor, Monarca augusto, pues eres sabio, atento, fuerte, y justo. Madero Sacrolanto, del Cielo gozo, y del Infierno espanto, cuya forma, que humana reverencio, me anunció la victoria de Majencio, escrita con celestes impresiones, del aire en las diáfanas mansiones. Si tu amparo me vale, quien habrá que se iguale a mi poder? qué importa que Serpeño en Palestina vierta su veneno? si imprudente procura, deslustrar la hermosura, encubriendo su forma Sacrosanta? Pero no envano su valor me espanta, cuando veo que envía valeroso los Cautivos, haciéndose piadoso, y es la piedad blasón tan soberano, que si es piadoso, no será tirano, porque si aquesta Cruz sus pasos guía, la piedad borrará la tiranía. Dos cosas ha intentado conseguir mi cuidado: descubrir a la Cruz será mi gloria, y alcanzar de Serpeño la victoria. que esta pudo saber ya mi deseo, la Cruz oculta por aquel Hebreo, que infiel depositario, la encubre en el distrito del Calvario, con solo de su nombre la noticia, si ya no le descubre su malicia. A Eliazar, y a Matías, por prudentes, mandé que le buscaran diligentes, inquitiendo quien es, a mi presencia, le trajera el álago, o la violencia, También dispuse con igual desvelo, por saber con certeza que Dorelo, socorro enviaba a el Persa, o la fortuna se le muestre adversa. Que Róselo feliz, en cuyo arte, se copia Adonis, se retrata Marte; saliera con un trozo de mi gente, para aquella facción la concurrente, a impedir sus disinios valeroso, y esta tarde le aguardo victorioso. También porque a mi ejército conviene, con no poco socorro aguardo a lrene Princesa de Siquen, hermosa, y bella, en hermosura, flor, en luz, estrella. Con estas prevenciones, castigaré del Persa sin razones, y consiguiendo gloria, (con su memoria, vive mi memoria) hasta hallar el pacifico estandarte, con el luciente arnes me verá Marte, en la campaña armado, ya siendo Genetal, y ya Soldado, y si logrando singular trofeo, consigo mi deseo, quién habrá que a mis dichas se adelante? Ya Róselo, señor, viene triunfante. El premio mi corona le previene. Ya señor, con su gente llegó Irene. Lleguen los dos, a quien el Orbe aclama, por asuntos más dignos de la fama. Y el que rendido a vuestras plantas yace, premio que mis servicios satisface. Y la que por serviros oportuna, con dicha tal no teme a la fortuna. Porque después de conseguir victoria, a su gloria corone tanta gloria. Porque adquiera descanso mi desvelo, quién pudiera no amarte infiel Roselo? Tu Majestad, señor, me dé su mano, para adquirir el lauro soberano. Su Majestad permita que humillada a sus pies, por estar más encumbrada. Vuestra Alteza señora, de Palestina más constante Aurora, no deslustre con esto su luz pura. Que perfecta hermosura: y pues Irene en la ocasión se hallá, referidme Róselo, la batalla. Pues eres tú quien lo dispones todo, el suceso, señor, fue de este modo. O nunca a Siquen fueras, para causarme, hay triste! angustias fieras! Descubrí la vanguardía de Dorelo, cuando la sombra al resplandor de tierra, y díjome se mira tu desvelo, vencedor a la luz y en paz la tierra. Vitoria alcanzará tu justo celo, pues Dorelo, cuando el retó guerra, sombra, que de su honor sesatisface, y Costantino luz que la deshace. Vile en un bruto, risco en la firmeza, de negra piel, y de encendido aliento, copiose en él hermosa, la fiereza, estremecio la tierra el firmamento. Al Águila excedio la ligereza, y la velocidad al pensamiento, la crín es tempestad, el cuerpo roca, rayo los ojos, y volcán la boca. Ordeno que mi gente unida rompa, por sus menos unidos escuadrones, respiró esfuerzo la animada trompa, aun en los más cobardes corazones, hizo la muerte de sus furias pompa, al encontrarse entrambos batallones, medroso el Sol de la encendida guerra, en una nube su hermosura encierra. No envano temió el Sol uina futura, y que le asiste polvoroso manto, que ocultando desvelo la hermosura, manifieste a la tierra triste espanto. No se engaño, pues el rencuentro dura, y las rompidas hastas suben tanto, que cercando se ésaro ardiente coche, se apagé el día, y se encendio la noche. De esta, y de aquella parte riguroso, el cómvate duró con igual suerte, deslumbraba el acero luminoso, asilada guadaña de la muerte. De quien no se reserva el valeroso, pues ofende más fuerte, en el más fuerte, y muchas veces para más estrago, nos sobró la amenaza del amago. Cómo suele de un río la creciente, arrancar cuanto inunda, cuanto baña, y después refrenada la corriente, mirar estragos que hizo en la montaña. Ansí yo, reprimiendo ardor valiente, los ojos estendí por la campaña, mirando a nuestros ímpetus altivos, los hombres muertos, y los años vivos. En tu augusta memoria me encendia, con que aumente furores en tus gentes, a pesar de la belica porfía, venciste más con términos prudentes. A ti es debido el triunfo de aquel día, que pusiste los medios convenientes, al Dios que veneramos tanta gloria, lauro a los tuyos, y a la Cruz victoria. De tan valiente Soldado, De General tan experto. No aguardaba menos dicha. No pudo temerse el riesgo. No olvidaré esta victoria; yo premiare vuestro celo. A vuestras plantas postrado, no áspiro tener más premio, Mira Róselo mis ojos, que hablan con el silencio. Siendo pacifico amor, tiene amor a lo guerrero? Si Julia, porque también, es riguroso su incendio, que en esta farsa amorosa, la que quiere con acierto, representar su papel, allá dentro del afecto, se ha de ensayar en lo fuerte, para acerrar en lo tierno. Vamos, porque podáis dar al descanso un breve tiempo, aligerando el preciso continvo afán del gobierno, En el cansancio descansa, el que a su corona atento, cuanto debiere al reposo, lo gastare en el desvelo. Vuestra lealtad en las voces. Vuestro amor en los efectos. Pronuncie. . Diga. Publique, que para aumentar sus Reinos, Constantino Magno viva, con la duración del tiempo. Para rendir a sus plantas, cuanto ganare mi es esfuerzo, decid Soldados que Irene aliente siglos eternos. Para triunfar del orbe, y del desti- . Desde aquel día dichoso, (no. 1. Irene viva. 2. Viva Constantino. El parabién de la grande victoria adquirida os debo, recibilde, y conceded: detente atrevido incendio. . Siempre estaré agradecido. No os quiero yo si no atento. Mal el amor disimula. . Entendí su pensamiento, mas no puede mi atención corresponder su deseo, si es para Dórice llama, cuanto es para Irene, y esto en todo el campo no hallé a Turpín, si habrá llegado? Si he llegado, y rellegado, y tatara rellegué. Di Turpín, como fue tanta tu dilación? o qué ha sido? He tenido. . Qué has tenido? Un aprieto de garganta, y mirado a buenas luces, como ha puesto en el camino, nuestro César Constantino, tanta inmensidad de Cruces, en rezar mis oraciones me estuve; y esto me abona, que también como persona, tengo yo mi devociones. lolaste a Dorice? . Sí, H y tan hermosa la vieras, que en ella las primaveras se copian, y el Porosí. Pues rosas, y maravillas, perlas, oro, y cristal, roca, tiene en el cuello, y la boca, en los labios, y mejillas. que la vi, Belona fuerre, ser ministro de la muerte, en concurso numeroso. Pues aumentándose enojos, precisas muertes les daba, y que mucho si mataba, con su espada, y con sus ojos. Vino sin alma, Turpín, que me la quitó cruel, aquel piadoso, y aquel humanado será fin. No estes sin alma, señor, miralo con más cuidado, porque un hombre desalmado hará el delito mayor. Desalmado es el que intenta hurtar, con lo que nos vende, y irse al infierno pretende, como Judas por la venta Desalmado el que perjura, desalmado es un gibado, un manco, un tuerto, y un cojo, un calvo, y un peliroso, un capón enamorado, y las fruteras, que ajuar, que al infierno sin querer, no se van por su placer, pero van por su pesar. Estos si son desalmados, y saco mi parte yo, que tengo un pono mas no los que son hombres honrados. Siempre de un modo has de estar? No tengo otro, ni le elijo. Y Dórice, qué te dijo? Eso es hablar de la mar. Acaba. . Dírelo bien, que dejando la muralla, para darnos la batalla, saldrá de Jerusalén, esta más fuerre Belona, que el mundo puede temerla, y que no, señor, por verla, aventures tu persona, porque su amante cuidado, en desdichas receloso, si te quiere valeroso, no te quiere aventurado. Por ver su hermosura rara, los imposibles venciera, al claro olimpo subiera, y en Jerusalén entrara, si mi altivo pundonor me dejara, que no es ley dejar de servir mi Rey, para servir a mi amor. Y esta que amante cordura, parece va recelosa, a mi pasión amorosa, mas su razón asegura. Porque fuera infame al bella, faltando a la justa ley, y siéndolo con mi Rey, también lo fuera con ella. Y en tal caso su belleza, mdara su voluntad, pues viéndome ser lealtad, me mirara sin nobleza. Que es la que mira el obje to, y pudiera no quererme, tan solo Turnín, por verme, en lo mejor imperfeto. Porque tiene con primor, en la curia del querer, para amar, y aborrecer, su política el amor, Pero mi brío valiente nunca ha de estar inconstante, que no puede ser amante, el que discurre prudente: a sus escuadras iré. Mira que te pierdes hombre, No hay peligro que me asombre. Pues ya desde aquí se ve su ejército, de verdad que te pierdes inhumano, mira que tiene un hermano, que degüella con crueldad. Sígueme, acaba Turpín. Ya nos descubren, y nos martirizan a los dos: ya nuestra vida dio fin. Qué ruido es aquel? A un Persa su caballo precipita. Mas con la espuela le irrita. El tiene fortuna adversa, ya rueda. Ya? qué desvelo! en vuestra Cruz se ha librado. El lance viene rodado, ya está aquí. Válgame el Cielo! Pesar qué es lo que miro! Como entre tanta violencia, ni los riscos me ofendieron, ni me mataron las peñas? El caballo a nuestra Infanta por aquel monte despeña, a socorrerla soldados. Ay qué de esta vez nos pesca! En ti madero divino. Dórice. . Róselo. Ha penas! No te asustes, que mi nave cuando a nafragar empieza, en tanto golfo de escollos, como este dístrito cercan, en esta Cruz halló puerto, aún antes de la tormenta. La Cruz te libró? . La Cruz fue de mi vida defensa; los Cristianos nos decís, que vuestro Dios murió en ella por amante. Nuestra Fe lo acrédita, y lo confiesa. No murió por todos? . Sí: que fue de todos la ofensa. Mas que de esta vez nos cantan a ambos el requiem aternam. Pues que mucho que su forma a mi peligro interpuesta, segunda vez me librara, o con amor!, o clemencia, si es gloria de los amantes, que veneración intentan, por su grande amor andar repitiendo las finezas? Luego a Dios agradecida. Porque el ser amante precia, se le inclina algo mi afecto; pues como solo en tu escuela he aprendido los cariños, y de su Deidad inmensa, por mi Religión contraria ignoro todas las señas: esta que se ha conformado con lo que el alma venera, basta para que me incline, a creer que es Deidad suprema, lo que amante con exceso por el amado se arriesga, hasta padecer la muerte, sin reparar enla ofensa. Así su incendio amoroso tu corazón encendiera. No me lioró de la muerte esta insignia que venetas? Así lo vio mi temor. Y yo también. Pues ya empieza con lento calor su llama, a disponer mi materia. Porque mi esperanza viva. Porque mi amor agradezcas, no temía, no, la muerte, que me amenazaba fiera; por ser el último trance de las humanas miserias, si no solo por no verte; esta fue mi angustia, y esta la pena que me afligia, no de los riscos la pena; pues antes que me matara el estrago de sus peñas, al angustia de no verte, me vieran tus ojos muerta. Con que Dórice divina han de pagar mis finezas a las tuyas, si tu amor cada instante las aumenta? Con que no te mire, ingrato. Primero esa ardiente hoguera; que en el cuarto cielo habita, abrasándose a si misma, faltará al día; y primero se contarán las arenas, que el mar encubre en su golfo, y muestra en su faz la tierra, que falte mi amor: deidad por quien viven mis porencias; pues mi voluntad te adora, y mi memoria te acuerda. Licito mi entendimiento, este amor me representa, quieto mi discurso breve, en paz mi aliento sosiega, mi esperanza en ti descansa, y en ti mi vista se alegra. Ya comfustibus, aa mís, tus soldados me rodean. Con esto crece mi amor. Con esto mi amor se aumenta. Pues a Dios Róselo. . A Dios. contigo la Cruz te llevas? Sí, que un oculto cariño, que en el alma se aposenta, a su devoción me inclina. Oh! si la adoración ciega de los Dioses. . No te dije (ay Róselo!) que ya empieza con lento calor su llama a disponer mi materia. Porque mi dicha se alegre. Y porque mi incendio crezca. Oh quién te viera Cristiana! Quién cada instante te viera! serás firme? . Mi palabra se asegura en mi nobleza: Serás constante? Mi amor en mis finezas se muestra. Pues viviendo sin temores. Y alentando sin sospechas. La palma de los amantes se ha de llevar mi prudencia. El lauro de las que adoran ha de alcanzar mi fineza. Quién se quedara contigo! Y quién de aquí no se fuera! Hay amor lo que denes! Hay amor lo que me cuestas! El cielo vaya contigo. Con tu Dios, Roselo, queda. Que de haber hablado tanto no se les seque las las lenguas? SEGUNDA JORNADA
JORNADA SEGUNDA
Turpín el de Bras Herguidos, mas gustoso que un atún; y tan bello, como un Será fin de los caídos. Responde a las ansias mías, Judia noble nací; porque no gustas de mí? Porque no como ludias. Que de Róselo el cuidado a mi señora desdeña, y con Dórice se empeña? Sí, que está muy alcanzado. Como él quieres ser traidor, y mi amor no lo consiente. No le imites. Que sirviente no ha imitado a su señor? Porque a mi quietud conviene; y por no darme desvelo, Julia, no sepa Roselo todo lo que cuento aIrene; Pues a Bórice, por Dios, que aunque miento, la has contado, que de Irene enamorado mi amo está: penen las dos, si lo dice, seré ingrato; y no dirá mi rigor, como quité a mi señor de su Dorice el retrato: y para que Irene hermosa le vea, le traigo, es bella. Y es luciente? Cómo estrella. . Y es jarifa? Cómo rosa. Pues enseñame el retrato. Vesle aquí; pero allí viene. Quién Turpín? No más que Irene. Aquí mi embuste desato. Que esta pasión que se atreve a embarázar mi sosiego, sea cuando más me debe, para Róselo, de nieve, y para lrene, de fuego? Que haya yo de padecer, sin poderme declarar, y que tenga infiel poder, animo para querer, y no aliento para hablar? Señora. . Turpín. Mi celo, por ser un poco hablador, cuando a tu piedad apelo. Pasa adelante el amor? está muy fino Róselo? Porque Julia tu criada, cuando en aquesto me habló, me dijo muy ponderada, que a Dorice hermosa, no puedes verla, ni aún pintada Solo por ver, si ha mentido, aquí el retrato he traído. por ver si lo puedes ver. . No tiene mal parecer. Ves cómo verla ha podido? Hermoso su original será; pues que mi desdén te hadado por celestial, y no me pareces mal, aunque no te miro bien. Copia de primores llena, para causarme desvelos, aunque imagina mi pena, que me pareces tan buena, porque te miro con celos. Si es dicha ser estimada, dicha tienes siendo hermosa, si, que la fortuna airada, por hacerme desdichada, te hizo a ti bella, y dichosa. Quien te llegó a retratar, fue en profecia cruel conmigo, o fue singular, que para darme pesar, aún tiene fuerza un pincez? Lógrese en ti mi despeño, a maltratarte me empeño: pues que tu dueño es ingrato, que culpa tienes retrato, de cuanto causa tu dueño? Para acordar mi dolor has de estar en mi presencia; porque del verte al rigor, o se consuma mi amor, o se acabe mi dolencia. Dónde, señora, has estado? De ver mi gente he venido. Ya el enemigo ha sacado sus escuadras. Y atrevido la batalla ha presentado. Ya viene el Emperador de mirar sus batallones. También Roselo. Oh traidor! . Viene con él. Hay amor! disimula tus pasiones. Ya prevenida tu gente aguarda para salir tu orden. Pues a envestir. Qué animosa? qué valiente? soldados, por cuya gloria, me prometo el (mejor día; pues me doy en profecia para bien de la batalla, y el Persa, fiero inhumano, violando Divina ley, intenta aclamarse Rey, por el medio de tirano; y los suyos a su ejemplo rinden observantes culto, a un loco grosero bulto, indigno de estar en Templo. El Persa la paz destierra en su intento pertinaz; y donde nació la paz, quiere introducir la guerra. Pues a pesar de sus bríos, solo en tiranías diestros, hoy han de vencer los vuestros amparados de los míos. Solo aguarda mi deseo, para triunfar, y vencer, que Marias, o Ellacer, me traigan preso al Hebreo. Que huyendo a mejor luz, con injusta indignación, ha estorbado la intención de la soberana Cruz. Si enárboló su estandarte, grande, altivo, soberano, he de triunfar del Persiano, aunque más se ostente Marte. Soldados, a pelear, a conquistar, a vencer, que no podemos perder, cuando vamos a ganar. La gloria de Cristo inmensa, cuya Divina persona, de Palma, y Laurel corona al que muere en su defensa. Ya ánima el bronce alidiar. Ya se aumentan mis enojos: el incendio de mis ojos, Dórice, te ha de abrasar. Yo voy, señor, a asistir los Romanos escuadrones. Y yo iré a matar gorriones. Oh he de vencer, o morir, Róselo; porque tu ardor se aumenta en este retrato; y pues que te miro, ingrato, guárdate de mi rigor. Pues con mi valor fiero, haré al Persa resistencia. Ya, señor, a tu presencia viene Simon prisionero. Más se aumenta mi furor, cuando maltratar me veo. Ya se cumplió mi deseo. Nada me causa temor; pues con callar, y sufrir de la fortuna el baiben, aunque mil muertes me den, la Cruz no he de descubrir. Si yo fuera Constantino, y en tal ocasión me hallara, a este Judio pringara los riñones con tocino. Decid donde? Mi lealtad lo dijera sin malicia, y aplacando tu justicia, aumentara tu piedad, si lo supiera; mas no sé la parte, el modo, o donde este madero se esconde: Mi intento así se logró. Si no vale lo amoroso con vos, valdrá lo severo; y me veréis justiciero, si no me queréis piadoso. Para lograr mi intención, en ti, gran Señor, confío, Señor, el cuidado mío trae prisionero a Simon. Muchos son estos Simones: quien tuviera su gobierno, que yo llenara el infierno esta vez de chicharrones. Con él acabo de entrar. Yo solo le traje aquí. Yo en el Cedrón le prendí. Este es Nacor, que pesar! que a mis intentos contrario, y a su Mesias infiel, ha de descubrir cruel el madero en el Calvario. Como en acento fingido, embarazando el trofeo, fingís que sois el Hebreo. Yo, señor, no lo he fingido. ni tu gente se ha engañado, ni este suceso te asombre; pues como somos de un nombre se equivocó su cuidado, y el que buscas es Nacor: lograré así mi malicia. Los dos verán mi justicia. Simón es este, señor. Inmenso Dios, mi humildad hoy a vuestra gloria áspira, no queráis que la mentira oscurezca la verdad. Aunque mil muertes me den, nunca lo he de descubrir. Al César le he de decir, goce el mundo tanto bien, a vuestros pies mi deseo, por mejorar mi destino, mas no excelso Constantino. Allí está Simon Hebreo; te he de decir. . Qué pesar! La parte. Desdicha fuerte! Dónde? Qué penosa muerte! (llar, La Cruz de Cristo has de ha- a declararlo me inclino. Hable tu acento veloz. Quien le impidiera la voz. Oye, más no Constantino, yace en medio del Calvario ese prodigioso monte, cuya altura se eslabona con los celestiales Orbes, una parte más incendios, mas acentos interrompe: que fuerza impide mis labios? que ardor abrala mis voces? Este se va endemoniando: miren allí que visiones. Que os detenéis; vuestro acento diga la parte que esconde. Todo el infierno me ofende. Verdad es, endemoniose. Quién me abrasa, quien me ofen- el que para que no logres (de? tu aleve intento consume, con su incendio tus razones. Yo soy el monstruo infelice, cuyos pensamientos nobles aspiraron a borrar a Dios la imagen del hombre; y el que ahora con ocultas misteriosas permisiones este humano cuerpo aflije; porque no descubra donde se guarda aquella señal, que me da tantos horrores; y para que Constantino hoy los designios malogre, haré. . Proseguid, que causa ha impedido vuestras voces: decid la parte que encubre? No sé donde, no sé donde ese madero se guarda. Mi justa intención se logre. Pues el rigor? Pues es el potro. Ya, señor, tus escuadrones, gobernados de Roselo, los del enemigo rompen. Pues vamos a la batalla, y si luego desconformes os hallaren mis piedades, veréis los dos mis rigores, Turpín. . Señor. Conducildos al batalión de la Corte, y asiltiréis por su guarda. Yo guardían de dos Sayones? señor, mira lo que ordenas; pero vamos, no me oyen. Así, Monarca, me tienes mas seguro, que en prisiones; porque me importa asistirte. Porque mi intento se logre, turbando la vista de este, hemos de asistir conformes a impedir Simón, y yo del César las pretensiones; que después a la prisión yo le volvere. Señores, no vienen ya? qué es aquesto? el uno, y otro escapose. Simon Nacor, con los brazos pagaré tus intenciones. Nanca creí que indignatan a nuestro leoba tus voces, descubriendo aquel secreto, pues nuestros anteceflores hicieron para encerrarle a chinos sus corazones. Pues ellos por aquí están, que un humillo de Simones me está dando en las narices. Más firmeza que en el bronce verá el César en mi pecho. A más miran mis rigores. A qué tu valor aspira? Aque ese Róselo, oye, muera al impulso atrevido. De quién Simón? De mi estoque. Como yo soy puerco, huyeron de mi aquestos dos señores. Oh como cuando les deja Dios de su mano a los hombres, sin poner yo de mi parte crueles inspiraciones, me aventajan en ofensas, y me exceden en furores! Pues Simon a la venganza. Quiera el cielo que se logre. Pues qué Róselo deshace nuestra ley suprema, y noble, muera este Príncipe altivo. Muera este pasmo del Orbe. Hay mi nariz! en el campo también los dientes se esconde, En él se ostente mi enojo. Y en él mis aceros corten. Porque puedan mis deseos lograrse en mis intenciones. . Y porque tu voz no diga lo que saben mis rencores, intentarán darte muerte: Tema el mundo su desorden, que sale a turbar el día el Príncipe de la noche. . Por la perra que pario al perrillo de San Roque, que ni uno, ni otro parece, que he de hacer fuertes rigores. Ya del Persa el batallón a nuestras tropas camina. Señores, el ser gallina no es mejor que ser capón? Si yo con mis bríos ciertos, y sin impulsos altivos, puedo estar entre llos vivos, he de estar entre los muertos? Los que este ejercicio llama, y seguir la guerra quieren, dicen todos, que si mueren, viven después en la fama: esta razón me desvela, no es mejor decir canalla, el vivir, para ganalla, que morir, para tenerla Nunca me cautó colquillas. este modo de pelear, miren allí por matar las lanzas se hacen astillas. Si vence el Persiano Rey, y la fortuna es adversa al César, me llamo Persa, la vida ahora, es mi ley. Acá vienen con denuedo, Turpín teme su locura, de este monte en la espesura escóndete tú, y tú miedo; Desde aquí podré escuchar, y desde aquí podré ver, si alguien me quiere ofender un poco, le he de matar. 1. Viva solo Constantino. Este tira con denuedo, ya mí me tira mi miedo. 2. Mejorarase el destino. . Saldré a a ofenderlos ahora; pero el miedo me detiene, que llega vencida Irene, y Dórice vencedora. Hoy a mi valor rendida. Ya de tus bríos mujer, no me puedo defender, que riñes favorecida: perdí la espada. Y con ella. la libertad perderás. Ha buen Turpín, no tendrás valor para defenderte? Mi amor su quietud consiga; pues lrene es la que veo. Que se vea mi deseo en poder de mi enemiga? Hermosa es, y valerosa, Hermosa es, y arrogante. Disculpa tiene su amante. Ya se llegó la forzosa, y ya de ampararla trato, aunque por bien me hagan mal. Yo daré al original desvelo con el retrato. A defenderla me inclino. Logré todos mis cuidados. Ea valientes Soldados, que peligra Constantino. Aumentaré valerosa su peligro. . Ya iu tiro. Pues que cautiva me miro, yo te haré morir celosa. Que de su prisión testigo sea, sin dar algún medio. No es mi dolor sin remedio; pues llevo a lrene conmigo. Ya se la lleva, y Roselo viendo a su Rey peligrar, con todos llega a chocar, que valor, y que desvelo su brío aumenta el cariño, y ya con todos enviste: o buen Roselo, que fuiste valeroso desde niño. Ya de vencida los nuestros iban, y ya le ha librado al César, grande soldado, esto es ser hombres diestros. Ya, gran señor, malograron los contrarios sus disignios: ya estás libre, y mi valor solo hallado en el peligro, vuelve a darte la victoria. . El cielo vaya contigo, Pues yo huyendo de batallas, me voy, pues que no me han visto. De una deidad segrada, que en ese eterno obelisco, fuego; por ser luminoso; hielo, por ser cristalino; bienes, pues de ti derivan, sin números beneficios; y solo tarda en gozarlos, quien no se atreve a pedirlos, y te ha de encontrar mi ruego con el blasón de benigno; pues mi petición, por justa, lleva el mérito consigo. Los Persianos Escuadrones, ido latras vengativos, tan cohumo se resuelvan a tu poder infinito, que no puede en la compaña menor señal de haber sido. Y tu madero glorioso, que aclarando al aire agiros, me libraste de Magencio en el Tiber cristalino; pues ahora con más Fe te creo, adoro, y admiro. Tues te busca mi cuidado, y desea mi cariño, uea mi humildad debida repetido el beneficio. Segan Moises al viento, pendientes los brazos míos; pues tu señal da victorias, solo bastara este indicio, y aquesta forma de Cruz, a vencer mis enemigos. Constante en mi enojo firme, gran señor, en lo que pido, he de estar hasta que el Cielo. Constantino, Constantino. Qué divina voz me llamal Constantino. Qué proaigio! Sagrada voz, ya te escucho: logrose el intento mío. Tus acentos penetraren los celestiales zafiros; pues segunda vez te ofrece victoria la Cruz de Cristo. Que celestiales acentos, misterioso Paraninfo, que no te miro, y te oigo; pues me prometes benigno victoria, alguna señal hoy me muestren sus prodigios, para que más confiados en tus favores mis bríos, con razones se aumenten, muestra de tu amor lo fino; porque para conseguir triunfos de mis enemigos, indicio mayor aguardo: este es el mayor indicio. Celeste sagrado incendio, Árbol, que en el Paraiso, del velo defrutifica el agricultor Divino; pues que su señal venero, y pues que su forma miro, ya no temo los contrarios, ya dichoso es Constantino. Tus acentos penetraron los celestiales zafiros; pues segunda vez te efrece victoria la Cruz de Cristo. Ya los Persas se retiran de mis tropas combatidos, y aclamando la victoria, dicen en ecos distintos mis soldados. Ya tenemos tionfos por la Cruz de Cristo Qué mucho, si su estandarte se muestra en el cielo escrito, que eyhis conseguido lauros, yqde os hayáis atrevido, pues Para adquitir victoria. Este es el mejor indicio. Que para más tormento, cuanto procuro, y cuanto imagino, se quede en el intento, que el Cielo favorezca a Constantino, y porque más me asombre, trianfe de mi deidad altiva un hombre! Aquí de mis centellas, salgan en humo denso mis furores, a usurpar resplandores a las estrellas, a marchitar las flores. O penen cuando peno, ofenda el rayo sin que avise el trueno, ofenda, ofenda el rayo. Turbe mi sombra a quien con guirnalda, falte a la tierra el Mayo, y confusa del Cielo la armonía, con pavor sin segundo, el mundo entienda, que fenece el mundo. Vanos son mis gemidos, porque Dios con los hombres siempre atento, como sus redimidos su voz primero escucha, que mi acento, y cuando áspiro a estragos, tan solo me concede los amagos. Ya Dórice vencida viene, y también amante de Roselo, mi rigor en su vida, halle en tanto penar algún consuelo, que libren del abismo, la defiende el caracter del Bautismo, como su dicha ignora; ya los Dioses adora, y sus bultos alaba, muriendo a mi rigor será mi esclava. Matárela logrando mi desvelo, y quitárele esta victoria al Cielo, ya viene de sus bríos amparada, vencida, y agraviada. Y yo para asistir a lo posible, a esto bulto infelia, haré invisible, turbándola su vista, el Cielo me conceda esta conquista. De Róselo vencida, y desdeñada, mortal dolor! angustia desusada! sin gente, sin amparo, sin consuelo. Lograrase si puedo, mi desvelo. Voy a serusalen por senda incierta. Hoy antes de llegar te veré muerta, que ya mi astucia mi rigor previene. Después que mi valor cautivó a Irene, y embiando su hermosura a la Ciudad, para que esté segura, y después (ay ingrato!) que miré mi retrato en su poder, y a la batalla altiva volví con pena de mirarme viva, y que iban mis gentes tan veloces, de aquella insignia, qué. . Penas atroces? Llena de resplandor, y de alegría, mejoró con su luz, la luz del día; y ahora fatigada, solo de mi pesar acompañada, en aquesta maleza. Marchitaré si puedo su belleza. Expuesta del contrario a los rigores. Si ejecutados viera mis furores. Envano a Irene a la Ciudadme empeño; pues rendida del sueño, de la pena rendida, agraviada, y vencida, no puedo dar un paso (triste suerte!) sin que tropiece en sombras de la muerte? Ya mi cansancio en mi rigor se empeña, servírame de alivio aquesta peña, símbolo del ingrato que desdora, el noble proceder, y a Irene adora, fingiéndome fineza sus alientos; pero cuando no engañan sus acentos. Allí viene Roselo (fuerto daño!) impedirá mi engaño, mas que importa si firme con mis rencores, en él, y en ti logrados mis furores he de ver, y logrado mi deseo: Pues también vendrá aquí Simon Hebreo, inspirado de mí, para que muera a sus manos Róselo, angustia fiera! Y cuando no consiga a darles muerte, con impulso forzoso, altivo, y fuerte, consiguiré, que viéndose irritados, mirándose ofendidos, y agraviados, den la muerte a Simon, y a este que aflijo; o sí mi intento me saliera fijo! Con que no se sabrá de aquel madero, que blasfemo venero; yo volveré a matarte Belona fuerte, que acrédita a Marte. Con un descanso alivio, en cuya suerte, goza la vida indicios de la muerte: el espacio que fueres mi homicida, tendra vida mi vida, olvidada de aquel que mis afectos, quizá por tan perfectos, paga con los desdenes: quién vio dármelos, recibiendo bienes? Ya mis penas veloces, me impiden el alivio de mis voces, y ya el común beleño, de este viviente alcazar se hace dueño. A todo muerto aburrido, que hoy mi cólera divisa, le he de quitar la camisa, en quitándole el vestido. Esta es victoria a piequedo, ya que se sale con todo, que también tiene su modo, de vencer el señor miedo. Iré a buscar más despojos: pero a Dórice lucida miro allí, y está dormida, si, que no alumbran sus ojos. O qué perla tiene al verlos, quisiera ser su polilla, que el tener su gargantilla, me viniera a mí de perlas. Y he de perderla el decoro; sin justicia, y sin razón, no Turpín; mas ay que son sus sortijas como un oro. Mi gana quiere que elija, el quitarésela, por ver si me la llevo al correr, en el campo la sortija. Quitársela pues yerma la selva está, y sin testigos; oye quien tiene enemigos dice un refran que no duerma; en manos a labor, gozaré de sus despojos, pues no me ra tan sus ojos. Qué es lo que intentas traidor? Malo, el peso se me eriza, ya me oyó, triste aflición! que diera tan presto con los huevos en la ceniza; pero debe de soñar, yo vuelvo con gran placer. Qué me vuelvas a ofender! que me quieras injuriar! Ya no es mentira el oilla, juro a Cristo que me vio, o ella duerme bien, o yo soy el de la pesadilla. Voyme, que aquí arriesgo mucho, . Si acaso la enseño a lrene, y voy a perder mi fama, que es por tablilla mi ama. Vuelve, y te daré, Qué escucho? que vuelva dice. Mi afecto. No mejor es un vestido. Porque aunque me has ofendido. Porque mi amor tenga efecto, y para lograr mi bien. De esta vez he de llegar. . . Calla que son mentirosos, A Dorice he de buscar, aunque entre en derusalen; pero a llique desconsuelo! la miro al sueño rendida, si de aquel hombre ofendida. Solo he de amara Roselo. Logre todo mi cuidado, pues enecento entendido, me escuche favorecido, y me presumi agraviado, ofepoere al que procura, Qué haces? señor, estás loco? Si su aflición no provoco, si no estima mi hermosura. Si estimo prodigio hermoso, pues tu sueño me ha advertido, de que estoy correspondido, cuando me temi celoso. Si en mi acento has escuchado la caricia, y no el desdén, si oíste en mi voz también, fue todo mi bien soñado, razón que el sueño ha inventado es, y su fineza incierta, pues despierta más acierta, mi voz te dije advertida, que si te amaba dormida, ya te aborrezco despierta. el retrato, y mis quimeras me da mi amo para peras. Qué tu discurso previene? que ha recelado, o qué tiene? quien guerra en dos albedríos causa para males míos? Acaba, di, tus temores, dormida te oigo favores, despierta escucho desvíos, siempre para amarte grato, sin discursos sospechosos. los acentos de un ingrato: conoces este retrato? Qué es esto, infame traidor? Yo no se le di, señor. A mi impulso has de morir. Para esto se hizo el huir. e Seguirate mi rigor. Detén el fingido enojo, no pretendas desatento, curar con todo un engaño, la dolencia de un desprecio. Ni juzgues que si él me diera este retrato que tengo, copia que el ser despreciada, solo parece a su dueño. Había de hacer mi ira caso de un acaso, siendo fiel, me le diera dudoso, todo lo que he visto cierto. Pues quién pudo si no es él? Oh como es mayor tormento, ver disimular agravios, que el dolor de padecerlos? Pronuncie el labio tu pena, que ni discurro, ni entiendo, de tu enojo lo que dudo, ni de tu voz lo que temo. Pues si lo mismo que sabes, quieres oír de mi acento, no te diré como Irene, prisionera de mí esfuerzo, puede en la batalla, y sacando de su faldriquera el lienzo, se le cayo este retrato. Ni tampoco (lance fiero! te diré como me dijo, que por aplacar los celos, o sospechas que tenía de mí, se le diste atento. Nada te dirá mi voz, porque si tu lisonjero, no has de poder remediarlo, para que quieres saberlo? Para saber que es menor de lo que temía el riesgo. No escucharé tus disculpas, que no es en los hombres nuevo, la diferencia de aquel, grande, altivo mongibelo; mostrar el incendio fuera, y guardar la nieve dentro. Muera el impulso atrevido, de traidor infame acero; fálteme el día, en el día, sea en la voz lisonjeto, a mi amigo sospechoso, ni con mi Rey desatento. Y lo que es más, tus caricias se muden a tus desprecios, si le di a Irene el retrato, ni si te ofendió mi afecto, permita el Cielo. Detén, deten las voces Roselo, que me está mal el dudarlo, que me está mejor el creerlo. Y es que como tiene el alma otro más noble deseo, y como para adquirirle, eres tú el forzoso medio, sin escuchar más disculpas, doy crédito a tus acentos, por conseguir el segundo, viendo logrado el primero. Que deseo es, o sea, el que quieren mis deseos. Para vengarme del César, siguiendo vengo a Róselo, pues con su muerte malogra el César sus pensamientos. Porque mirando sus gentes, hoy a su Caudillo muerto, han de desmayar cobardes. Y si vencedor Serpeño, se mira de Constantino, he de atajar el intento, y no ha de saber adonde, esa oculto aquel madero. La religión verdadera, sola es la que profeso. No lo duda mi cariño, que dentro del alma tengo un afectuoso cuinado, de un divino amante nuevo. Qué amante? qué dices? qué? O no te asustes tan presto, porque este amor que te digo, no estorba, ni impide el nuestro, por ser lícito, y entrambos, lugar tienen en mi pecho, ni te agravio con quererle. Di, quién es? Tu Dios inmenso. Solo esta vez un alivio tuve, y esperaba un riesgo; pues sola está la campaña, bien conseguirlo podemos, yéndote conmigo, sea la resolución el medio eficaz, por donde pasen a lograrse mis deseos. Dices bien, logre mi dicha el más superior trofeo, de lo que me dijo Drances, y aca da instante me acuerdo. Quién es Drances? El que rige, en ausencia de Serpeño, a Persia. . Pues qué te dijo? Que me tenía un secreto guardado en su corazón, cuya dicha, y cuyo efecto, en Jerusalén logrado le vería, y por su riesgo. Por aquella parte vino Simon hebreo, mi fuego su llama aviva, si viera o dichosos mis intentos. Vamos Dórice divina. Pero allí miro a Roselo. A Dórice miro, muera. Cumplase ya mi pretesto. Lógrese ya mi intención, por ver si consigo fiero, que mirándose irritados, viéndose ofendidos estos, a entrambos nos den la muerte, Logrado veré mi intento, y no se sabrá de aquella valiente insignia que tengo, pues solo en los dos se guarda, a mi industria su secreto: ea rencor a aplacarte. Presto verás que es mí celo, de tu ley amante firme. O lo permitan los Cielos! Matarele. . Matarela; aquí de mi ardiente celo. Detén el brazo. . Traidor, deten el impulio fiero. De mi espada. De mi alfanje. Verás el rigor sangriento. Verás riguroso estrago. s. Cumplido mi intento veo. Pero no puedo ofenderte. Ni yo maltratarte puedo. Quién a mi impulso sujeta? Viva estarba soy de hielo. Quién me detiene? Matadme. . Ofendedme. Qué es aquesto? Yo medrosa en mi venganza! Yo me acovardo! Yo temo! Qué espera vuestro rigor? Y qué aguarda el valor vuestro? Yo vuestra muerte he intentado Yo pretendí vuestro riesgo. Y tu secreto me tiene, el impulso de mi acero. Furia divina sujeta, mi vengativo instrumento. Prodigios son cuántos miro. Asombros son cuantos veo, . Y vaya contigo el Cielo. . Si a su ira . Si a su enojo. No le irrito. No le aumento. Mas si a Dórice consigo. Si ya me voy con Rotelo. Cuando intento sus ofensas. Cuando sus daños intento. Qué temores acobardan, mis invencibles esfuerzos? Qué combates hay que el remezcan, lo constante de mi pecho? Siempre firme. Siempre una. Fío en mi rencor. Proterbo. Han de crecer mis finezas. Se han de aumentar mis afectos Ha de aumentarse mi llama. . Sin que ninguno lo entienda Y ha de ofenderlos mi incedio. Corran la campaña toda ya los caballos ligeros, en busca de nuestra Infanta, al valle, al monte. Qué es esto? Mis Soldados, que en mi busca contento está, y tu pagado; vienen ya no podemos conseguir lo que intentamos. Cómo no? si valor tengo, pura librarte de todos? Será conocido el riesgo. vete que ocasión mejor, han de buscar mis deseos; y para que no te sigan, quiero salir a su encuentro. He dé perder esta dicha? Cuando es el perderse cierto, no es cordura aventunrarse. Qué asombros! Qué sentimiento! El Cielo te haga Cristiana. Que después está conmigo; para mi pena el Infierno, y por impedir que halle, Constartino aquel madero, yo desquiciate del Orbe, los constantes firmamentos. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Tú se le diste traidor. Yo no di a Ireve el retrato. Infame a mis pies. Zapato. . Confesarás. Qué rigor! Pues quien se le pado dar; si guardado. Qué contienda! (si no tu y le tave . Andar, si ya Irene se le dio a Dórice, y si ya Irene, él no querererte previene, porque su amor se pasó a Serpeño, y él la adora. Si de Dórice el cuidado que me das voces ahora, vamos a nuestra Embajada, no seas conmigo ingrato, y lieve el diablo el retrato, vamos no te duelanada. Hoy para lograr mi bien (aunque lo impida el destino) he de dar a Constantino, ganada a Jerusalén. Pues señor, no estemos muertos acábate de empeñar, y vamos presto a tratar, con la Ciudad de conciertos. Cercados con aparatos, de tus fuertes escuadrones, están comiendo rarones, vueltos los perros en gatos, y al instante se darán. El César como piadoso. Rey, como padre amoroso, cuando los nobles están, tratando como leales, por merecer su piedad, de entregane la Ciudad, juntos con los naturales. Antes pretende su acierto, sin acordarse de agravios, que yo trate en medios sabios, con el Persa, de conciertos. Y si su altiva fiereza, con mi Rey no se compone, que se ejecute dispone, lo que intenta la nobleza. A esto voy a la Ciudad, adonde (ay amor! ) veré, para premio de mi fe, aquella humana deidad. Pues vamos con mucho amor, ya no hay más que caminar: más, di, no me han de tratar a mí, como Embajador? Calla necio. Qué desdén! Si la Cruz se descubriera su logro, el César tuviera ganada a Jetusalén. Presos están los Simones, y puestos a buen recado, aunque está el endemoniado en sus pares, y en sus nones, Cada instante le conjuran; y el diablo no quiere huir, porque no puede salir del cuerpo, aunque le ayudan. No se escaparán ahora, como de mí se escaparon, que a un poste los amarraron. Vamos a ver el Aurora, causa de mi alegre día, sin que el peligro me asombre Señor, allí viene un hombre con grandísima osadía. Con recelo del contrario, por su ejército pasé, y en la Ciudad entraré por la puerta del Calvario; cumplírase mi deseo: que miro? ay de mi! A él digo. Di en manos del enemigo. Diga quién es? Un Correo. Y eso dice de repente. Di, dónde vas? . Dilo bien, Señor, a lerusalén. Y ha caminado a las veinte. Pues de adónde vienes, di? De Persia vengo, señor. Por si es aqueste traidor, y por si nos miente aquí, lo que lleva puedes ver, las cartas puedes mirar, que en ellas vas a ganar, señor, antes que a perder. Dices bien, y aunque no mienta y diga verdad constante, algún aviso importante puedo hallar. A buena cuenta; he de abrirlas, no me exorte. Por ser pobre os pido, qué. Él no es pobre, no se vé que es hombre de mucho porte; esta que primero vi, sin más, ni más he de leer. Este pliego he de esconder, que es para Dorice. Aí que ha escondido? diga pues? Yo no tengo que guardar. Al punto lo ha de mostrar. Un pliego de cartas es. A darle me precipito, porque mi paciencia irrita. Déjale, que trae escrita mi sentencia, sin delito; para Dótice es el pliego, y es mi dolor tan cruel, que esta nieve del papel, me quema; y abrasa. Fuego. De algan Príncipe Persiano será, que aquesta beldad obligue su voluntad, como obleto soberano. Quién te dio (fuerte rigor!) esta carta? . Qué pesar! De aquesta vez te he de ahor- de Persía. No sea quimera. Aquesta carra me dio, cuyo pliego me mandó que a Dórice se le diera en sus manos, porque importa, sin que le viera Serpeño. Hable, diga; que se corta? sea en contarlo más diestro. Drances pues, un noble anciano, que del Cielo soberano de Dórice fue Maestro, y a Persia gobierna (advierte) me dio el pliego. Qué prolijo! ya no ha dicho eso. Y me dijo. Menos penosa es mi suerte. Que le diera con efecto. Que puede ser que la escriba, porque mi esperanza viva: aquel gozo, aquel secreto, que ella me dijo ignoraba, y que Drances le sabia; porque siempre que quería decirielo, lo estorbaba. Diferente, acaso a ti, estas cartas abriré, y en ellas major sabré. Ay desdichado de mí! Si es placer, o si es pesar. Calle el cuitado, no tema. Abro medroso la nema. Qué más tengo de callar? mis males son infinitos. Nunca tales miedos vi: venga acá, dígame aquí, si hay en Persia. Qué? . Coritos. Nunca ese nombre escuché. Ya se alegra mi señor. Señor, el Gobernador (car. . Que no cese mi temor! La dicha mayor hallé. Ah mi amo, que tenemos? Ay del pesar, o el placer? no has acabado de leer? Haré como loco, extremos; Cristiana Dórice? hay más dicha, ni mayor fortuna! Entró de lleno la Luna: qué dices? pues que me das de albricias por alegrarme; porque con poco se harta Turpín? Escucha la carta. Eso es pedirme, no darme. Por no tener ya esperanza de la vida, y por lograr algún alivio en mi muerte de la mayor felicidad, te doy nuevas: por el nacimien- coeres suprema, por la Religión divina; pues gozas la dicha de el Bautismo, el modo fue; pero ni mi dolor me da lugar de más no- ticias, ni tu dicha consiste en más que tener por cierto lo que te aseguro. Brinco, salto, lindo, bueno. Señores, déjenme ir. Porque este puede decir lo que ha pasado, a Serpeño, no ha de entrar en la Ciudad; y porque crédito dé, la carta le llevaré a Dórice, si es verdad lo que imiro. Dichas Reales, ya todo tu gozo tienes. Que nunca se de a los bienes el crédito que a los males? Hh de venir con nosotros este? Sí atraele contigo. Qué diera con mi enemigo! El morirá en cvatro potros. Dónde me lleváis? Mi amor consiguió el mayor trofeo: tema el Persa; y el Hebreo estragos de mi valor; pues que para sus enojos, que es a lo que más se inclina, me da Dórice divina, el incendio de sus ojos. Temor el otro? que tal. ̱ Qué padezca tal desdén! Que si no le trato bien, es porque le quiero mal. Espera Deidad sagrada, Hombre, Dios, único, solo, comparación de ti mismo, y semejante a ti propio. Aguarda, que ya te escucho, espera, que ya te adoro, tu infínito ser estimo, y tu sacro nombre invoco. Mas no te veo, que pena! encontré en el puerto el golgo: Célfora, lrene, criados, como a mis acentos sordos? Que nos mandas? Qué nos quieres? Mal reprimo los sollozos. Turbada tú? Tu confusa? Perdido el color del rostro? Sin púrpura tus mejillas? Y sin resplandor tus ojos? Vistes a un hombre admirable, cuyo aspecto prodigioso temores causa, y respetos, penas origina, y gozos? Hombre en tu cuarto, que dices? Será ilusión. Será asombro. Verdades son, y no agravios, las que en mis voces propongo. De qué modo? si tal hombre ninguno vio de nosotros? Si atendéis a mis acentos, escucharéis de que modo. Pues dilo, que ya te escucho. Comienza que va te oigo. En hora que el Sol efrece, la batallaa los asombros de la noche, y con sus rayos, se hace dueño de ambos Polos. Mis cuidados descansaban en los brazos del reposo, cuando repetidas veces escucho mi nombre; y noto cercano bulto, que miro, divino acento que oigo. Asustome temerosa, asegúrame piadoso, mirele menos confusa, y en mis miedos me reporto. Reyera, pues le ceñía diadema de cambrón tosco las sienes, cuya corona, era su mayor adorno; pues hacia dentro sus puntas, le lastimaban a él solo: pretendiendo, como Rey supremo, y Monarca heroico, que sus vasallos no vieran en su semblante amoroso rigores, ni aún por indicios; y así con prudente modo, para que no les ofendan, los guarda en sus sienes todos. Abellanado el cabello, pende en ondas por sus hombros, a cuya hermosa madeja la peina, o la riza el Noto: En dos partes se divide, para descubrir su rostro, en cuya espaciosa frente se ve el cristal luminoso; a las luces que despiden graves luceros sus ojos. El carmín de sus mejillas, al impulso riguroso de infame diestra, tenía algo cardeno lo rojo. No os espantéis, que mis vo? en acentos mistenosos refieran lo que ignoraban, de este prodigio que nombro; pues al verle y al mirarme fue mi discurso tan otro, que si antes era infecundo paramo lleno de abrojos, frutos que da la ignorancia, alimentada del ocio; ahora es jardín florido, cuyo inculto territorio, el Agricultor Divino labró a interiores coloquios. Morada túnica viste, que la ciñe esparto bronco, traje que le dio la ira; porque lo dispuso el odio. Dogal le maltrata el cuello, y un cruzado leño al hombro, un cruzado leño: aquí van creciendo mis ahogos; y al articular acentos, solo pronuncio sollozos. Un madero, que admirable, un leño, que milagroso me liberto de la muerte, cuando en ese altivo escollo, el bruto que diestro oprimo, espantado de si propio, al mirarse en una fuente, claro aliento de los troncos, me precipitó al abismo; siendo en tanta pena gozo, encontrar con una Cruz, a quien con la diestra tomo; y cuya admirable forma fue mi Norte en tanto golfo. Abierto el costado tiene, y las manos, y pies rotos, aunque entre tantos tormentos, mejor le miré lo hermoso; bien como al Sol, cuando nubes le cercan su ardiente Solio, que se mira su belleza sin ofender a los ojos, y el que antes no se miraba, entonces se atiende todo. Y así a esta deidad que digo, y a este lucero que copio, le vi toda la hermosura, sin peligrar en el fondo de su luz, por mitigarle las nubes de los oprobios. Por ti padezco (me dijo) en acentos prodigiosos, siendo Cristiana me ofendes, con no conocerme, solo por tu bien, en este traje la Divinidad embozo: el Rey tu hermano me quita mi antiguo supremo solio, y Constantino pretende adquitirle Religioso. Hoy logrará su deseo, y hoy será dueño de todo, cuanto ilustra a Palestina, descubriendo aquel tesoro por quien anhela; y gozando de los Persianos despojos, tu hermano ha de ser el medio, y tú has de ofrecer el modo, dijo; y al querer hablarle se desapareció, como rayo, que rasgando el viento con estruendo pavoroso, el mirarle, y el no verle, es en un instante solo. Hombre Dios es el que dijo, y el que padecio por todos la muerte, en esa eminencia, donde yace el Mauseolo, que ocultó tu sacro Cuerpo, por mí te busca piadoso. No persigamos su ley, antes su estandarte rojo enarbolado en tu diestra, sea de tus dichas logro. Rey, señor, Monarca, hermano, que es nombre más cariñoso, en fe de su Religión: vence Constantino heroico, ya viste aquella señal pendiente en el claro globo, anunciarle la victoria a pesar de tus enojos; y ya escuchas en mi labio sus profeticos asombros. Vence tus indignaciones, conoce, lo que conozco pues con esto, más triunfante en tu Reino victorioso, te aclamarán tus vasallos, gozarás en paz reposo, gobernarás tus Provincias afable siempre, y piadoso; porque con Dios, todo es glorias, y sin él, penas es todo. Como tu voz no he creído, no he estorbado tus enojos; pues creo, que fingimientos de la fantasía han sido. Y si otro alguno dijera mal de los Dioses que estimo (por Irene me reprimo) presto su castigo viera. Porque derogar el Rey puede la pena, el castigo te perdono, que contigo, no se ha de oblervar la ley. Y en mi ha de ver Constantino, si en mis enojos me enciendo. Sin decir lo que pretendo . obraré lo que imagino; y reprimiendo mi ardor, la sombra huirá de la luz, que he de venerar la Cruz, si la Cruz me dafavor. No enójaros intenté; pues en lo que he dicho aquí, no dije que lo creí, solo he dicho que le hablé: . Así encubriré mi intento. O quién, Dórice, le viera de mi ley, aunque sufriera de los celos el tormentos . Si bien, después que he mirado a Serpeño, y él a mí, un nuevo incendio sentí. No entenderá mi cuidado, . por divertir tu tristeza, mi Dórice; y porque Irene se alegre, mi amor previene (qué soberana belleza!) lícito divertimiento. La música en la armonía nos ofrezca su alegría al compás del instrumento; y las vanas ilusiones, que causa el sueño, no creas; pues tienes cuanto deseas en constantes posesiones. Y tú, divina beldad, . (que en los dos tu pena esquiva seré parte, tu cautiva, y yo sin la libertad) el Palacio haced ardín, no venza la pena ingrata. Cuando el dolor me maltrata tendrán mis deseos fin. A tu precepto obediente, lo que me mandas haré. Tu voz obedeceré. Que esté de mi bien ausente!! . . La fineza del amor, Y tomando el instrumento, porque Dórice divierta su pesar. En todo acierta. Poblará mi voz el viento. Tomad lugares. Qué ardor! Porque Serpeño reprima, . cuando muestra que me estima mi voluntad, y su amor. en la letra le daré a entender, como ha de amar. Comienza Irene a cantar. Ya te obedece mi fe. Lo mismo que aborrecer es no templar la pasión; porque es ley de la razón, querer, por solo querer. Bien a mi culdado viene. . Bien dice, a mi pensamiento. . Que bien ajusto a mi intento. . Isiré mi deseo a Irene, pues trata el mote de amor, en él puede discurrir el intento, y divertir de las penas el rigor. Dórice, el verso primero declare, Irene prosiga, para que mi afecto diga de mi amor lo verdadero. Y la música refiera cada verso de por sí; porque quien le explica aquí, pueda declararle. Era el primero. Qué placer! La música lo dirá. Mi amor así se sabrá. Lo mismo que aborrecer, es amar, por solo amar; quien ama por el favor, en llegándole a alcanzar, apaga todo su ardor: quiere para no querer, el que así llega a sentir; luego su amor viene a ser, por engañar, y fingir. Lo mismo que aborrecer. Bien declaré mi afición. . Ya mi acento se previene. El segundo toca a Irene. Es no templar la pasión. El que hubiere de quererme, solo por mi ha de estimarme, que es amar, por más que amarme, lo mismo que aborrecerme. Quién espera galardón, ama con vulgaridad; y esta común opinión, es no estimar la verdad. Es no templar la pasión. Bien mi intento declaré. . Bien declaró su intención. . Porque os ley de la razón. Así la responderé: Cuando por su vista ánimo, sin faltar a su decoro, entenderá la que estimo, que solo por si la adoro, en que mi pasión reprimo. Así adoro mi afición; porque es amor más perfecto; porque es más noble pasión; y porque es gloria del objeto. Porque es ley de la razón. Quién pudiera responder! . Dórice, el mote prosiga. Pues la música lo diga. Querer, por solo querer. De este querer, lo encumbrado, y de este ardor, lo lucido, por premio de su cuidado, que muchos le han intentado, que pocos le han conseguido, el que llega a merecer amor, que no hay quien le iguale; llegó al eterno placer, que toda una gloria vale. Querer, por solo querer. Así quiero al Dios que estimo, pues da premios soberanos, solo el Dios de los Cristianos. Mal tanto gozo reprimo! . Calla aleve, o vive el cielo. no ha de intentar ofenderme, . Solo a adorarle me inclino. De parte de Constantino viene el general Roselo, a hablarte con el seguro de tu palabra. . El rigor reprimiré. Ay amor. No ha de rendírsele el muro, esto mi valor previene; y tanto su ofensa aprecia, que le he de ganar a Grecia, si está de mi parte Irene. A mi cuarto me retiro, para templar mi desvelo, . hoy seré tuya, Roselo. Más cada instante la admiro. A la Infanta asistiré, para animarla a su intento. . Cuando tendrá el pensamiento, premio debido a su fe? 1. Dispueste está la nobleza a entregarte la Ciudad. 2. Señor, a tu Majestad vengo a decir (qué tristeza!) como con aleve trato disponen los naturales, a tu piedad deslcales, Siempre estará el César grato a los nobles; mas primero que se altere la Ciudad, quiere saber su piedad el designio verdadero del Persa, y a esto me envía. 1. Estaba con mucho espacio; y pues vienen a Palacio los conjurados, el día no se ha de pasar, sin qué se me logre mi desvelo; pues se empeñará Roselo, si el empeñado nos ve. A qué mi indignación tarda? 1. Tendrá mi designio efecto. . Pues disponed con recato, que se prevenga mi guarda, para prenderle: la ley de Embajador, no dispensa con la traición, y en la ofensa. Ya puedo hablar con el Rey, Porque no me vea airado, le daré el debido honor, que toca al Embajador, disimularé el cuidado. A vuestras plantas me inclino obediente. Alzad del suelo. Así, señor, soy Roselo; y así, seré Constantino. Que intenta el Emperador, que se rinda la Ciudad? pretende que su crueldad se ejecute en su rigor? Solo procura su Imperial presencia, aunque del mar le estorba la distancia, restaurar lo que es suyo, por herencia, que no le mueve, no, vana arrogancia a este fin ordenó su providencia; (Columna, que sustenta su constancia) que te diga mi voz en breve acento, lo que pretende su piadoso intento. Hoy tu piedad magnifica se indigna, a querer la quietud de Galilea; y si no dejas libre a Palestina, con el fecundo espacio de ludea, verás a su valor tu fatal ruina, si bien la paz es lo que más desea, (y verás, aunque tanto estén seguros) el estrago forzoso de tus muros. Sus amenas Provincias combatiste, sus heredados Reinos asolaste, las puertas de la paz fiero rompiste, y su Ley Sacrosanta profanaste: quién ignora que al César ofendiste? y quién, que sus vasallos alteraste? violando en todo las comunes leyes: Esto han de hacer Monarcas? esto Reyes? Esto ha de hacer el que piedad blasona? Eso, Róselo, no es de la embajada, . cuando pedís que os deje una Corona, habláis con voz, conmigo, acelerada; quien jamás con oprobios galardona, ya vuestra astucia miro descifrada; y ya verán atentos mis cuidados, todos vuestros disignios mal logrados; sin que de Embajador gocéis el fuero, cuando vuestras cautelas he sabido. 2. Ya con la guarda tu mandato espero. 1. Ya deja mi cuidado prevenido la aclamación del César. . Pues si fiero niegas a mis razones el oído, tendrás en todo la fortuna adversa. Valientes Ciudadanos, muera el Persa. Qué escucho! malogrose mi desvelo. 2. Ya toda la Ciudad contra ti viene. Pues a pesar de cuanto intenta el cielo. A tu lado; señor, tienes a Irene. A tu lado Dórice está, Roselo. Con tu valor el mío se previene. Ya haciendo resistencias al destino. , Gerusalén esta por Constantino. Cómo, si vivo yo? mortal veneno! Ya tenéis a Róselo, por amparo; vuestra traición, a mi rigor condeno, que en crueldad a las furias me comparo. 1. Muera a vuestro rigor el Rey Serpeño. Por matarle, yo solo le reparo. Yo le defiendo. Temblara la tierra. Guerra contra los Persas, guerra, guerra. como grañada le abren. Ya el morín se ha declarado; y ya todos de la parte le Róselo, al Rey de Persia, Ya las afnfo el Correo a Persia; porque galante mi amo le dio doblones, solo porque no cantase. Grande bulla y lindo día, miren cual están las calles, tan el culentes, tan frescas, que aún están corriendo sangre. Pero que es lo que he mirado, el Rey de los Persas sale herido que a un a los Reyes, no han de perdonar los males? Alevos viles, traidores, aquí me tenéis, matadme. Ya está obra esé empezada, bien será que yo la acabe, porque si le mato, el César me hará por lo menos grande. Tan grandes son mis heridas, que solo en mi aliento caben: que en esta ocasión mi hermana, a los contrarios ampare, mas muero a aqueste dolor, que a los golpes penetrantes de mis enemigos; ya siento que el alma se parte. Iré a morir ofendiendo, ha traidores aguardadme, que en vuestra sangre pretendo que mi ardiente sed se aplaque! . Por la puerta del Calvario, como una saeta sale, en las sombras de la muerte va tropezando, ya cae, que desdicha. Muerto soy. Pues Rey, requiescas in pace. Ya murió el Rey, vuestras vo- a nuestro César, aclamen (ces. victoria por Constamtino. Oh bien haya amen la madre que os pario, que bien pronuncian la victoria sus gaznates; va a la Ciudad, y Roselo viene por estotra parte con Dórice, y con frene, dos personas importantes, a recibirles gran fiesta, si hoy también la Cruz se hallase, que allí vienen los Simones, y el endemoniado, que hace cosas como mil demonios: Túrpín chitón, que ya salen. , , ,y Si es verdad lo que me dices? Así lo asegura Drances en su carta. Qué fortuna! ya no temo sus pesares. Entrare en Jerusalén, porque el Hebreo me aclame vencedor. Primero puesto, hoy a vuestras plantas reales, os ofrezco una victoria, y a Dórice, cuyo a fanse, y cuyón ojos salieron, de más rielgos maseriunfantes. Que no se aplaque mi enojo! Que mi incendio no se aplaque. . Hoy a su valor le debes, la victeria que alcanzaste. Sola soy yo la deudora, y en rendido vasallaje, me sujeto a vuestras plantas. En mí tenéis quien ampare, vuestra belleza. gran señor, lo mismo hace. Siempre me tendréis atento. Qué esperado está, y que grave Logré la mayor fortuna, Llegue a la dicha más grande. Ay quién exceda, mi suerte! Hay quién mi amor aventaje! Quién pudiera darle muerte! Oh quién pudiere matarle! Que para lograr mis dichas, Ya señor, vuestro brazo omnipotente, me concedio triunfar del Persa airado, y de lauros, y glorias ilustrado, es el Orbe diadema de mi frente. Con muda voz, por ser más elocuente, os pido que se logre mi cuidado, si la Cruz no descubro que he logrado? haced en mí vuestro favor parente. mayor victoria me falte, y que el común enemigo impida a mi suerte, que halle el más dichoso madero, y el más sagrado estandarte? Ay de mil para mi pena, miro desde aquí la parte, que encubre la Cruz. El César, está en suspensión notable. Aqueste monstruo que aún vencido brama, deesterrad de este cuerpo, que en divino incendio, grato el corazón se inflama. Reverente, y postrado a vos me incino, y hasta ver de la Cruz la altiva llama, no ha de ceder del ruego Constantino. Ya tu acento penetró esos muros celestiales, ya se concedió tu ruego, antes que le pronunciases. Qué admiración! Qué prodigio! Qué portentosas señales! Venciste, César, venciste, triunfaste de mí, triunfaste. Qué estruendo! ̱. Cielos; qué asombros! Cierten que el diablo se sale. Célar, la mayor rictoria de nosotros alcanzaste. Todos lo demonios andan aquesta vez por los aires, Señor, con el corazón, el alma este gozo aplaude. La ley de Cristo es la cierta, y por tu intento alcanzaste, no sin misterio veniste, gran señor, por esta parte, donde se encubre el tesoro, que más que tus Reinos vale. Y pues por tu intercesión, quedé libre de la cárcel, en que preso me tenía, el más infelice Ángel, hoy te han de decir mis voces. Qué alegrías! Qué pesares! Donde se encubre la Cruz, porque mejor se ocultase. de aquedap cantarle. en aqueste monte yace, ordena que tus soldados adonde señalo, caben, y la hallarán. Grandes cosas hemos visto en un lustante! . Pues yo he de ser el primero que tanta dureza ablande. Todos con los instrumentos te imitaremos constantes. Ya está aquí lo necesario: ea buenos oficiales. Vano ha de ser el trabajo, que en oculto centro yace en el monte, y no es posible. que tantas peñas arranquen. Ya la que da las victorias, bañada en Divina sangre, por premio de Constantino, a ofrecer la mayor sale. Qué celestiales acentos! Qué voces tan celestiales! Prodigios son cuantos miro Claridad ilustra el aire. Ya moviéndose la peña, muestra el sagrado estandarte. Tres son las que se descubré. Sola es una la triunfante: cual será la verdadera? Quiera el cielo que se hallen . en confusión, y que ignoren, lo que mis rigores saben. Pará saber lo que intentas, mi fe, señor, te persuade a una experiencias pente Y es, que si Dios, cuando está vestido el humano traje, resucitaba los muertos; este maderondmirable, por el contacto divino, será su virtud constante. Una inspiración oculta a que así mi acento hable, me mueve; propón el medio que de esta duda te saque; y porque adore la Fe, cuanto la vista mirare. Nueva Sibila, que adviertes los secretos, y los sabes, hoy tu medio se ejécote. El más cercano cadaver que hay en el campo, es del Persa. Ya tus soldados le traen. Asi he de lograr mi dicha, Y así mis felicidades ven cumplido aquel anuncio que llego a pronosticarme, que había de daryo el modo, y mi hermano el medio. Acaben mis angustias de ofenderme, y mis ansias de matarme, Que aún no me evite mi suerte la desdicha de mirarte: o si pudiera mi aliento daraliento a tu cadaver. Llegad las Cruces al cue. si este medio se lograse! Yo he de tomar la primira. Vited la toma, bien sabe, que no es esa la Divina, mira hombre no te abrases. Inmóvil está. está ahora, como antes, Pues yo la segunda llego, si con la que es acertase. ̱. Si esta será la infalible? ̱. Si esta será la constante? ̱ , a No es está, ni ha sido esotra: duro está como un diamante, Yq he de llegar la tercera: . Anuncio grande! Salver celeste anuncio de victorias, si tú eres el verdadero, da la vidaa este cadaver: porque el alma te venere, y porque la voz te alabe. Cristo es verdadero Dios, y está su Cruz inefable. Qué felicidad! Qué dicha! Grannde goro. Árbel del más eterno Paraiso, Que ofreces triunfos. Que consigues glorias. Siendo escarmiento a un tiempo, y sieno Rigno de aclamaciones, De memorias. Para gozar a Dios, medio preciso. Norte, que guía a la mayor bonanza. Columna, en que se fía la esperanza. s que la mayor victoria grada mi asistencia, Templo ofrezco, que llegue tura a las estrellas; de venerada viva signia verdadera. a Róselo llegó el día, que la mán Ayl que Bautismo, y dos bodas, para la Ciudad se aprestan. Di dos. Bautismos, que yo sigo la Ley verdadera. Yo, con cuántmo cosas miro, no se ablanda mi dureza. Ya que la mayor victoria, el más soberano César in, perdonad. Senado los defectos del Poeta; pues quien la escribe, rendido, sujeto a las plantas vuestras, con deseo de agradaros, hoy a sorviros empleza.
