Texto digital de El mayor triunfo de Julio César
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mayor triunfo de Julio César. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mayor-triunfo-de-julio-cesar-el.

EL MAYOR TRIUNFO DE JULIO CÉSAR
JORNADA PRIMERA
A Las heridas mortales del ciego tirano Dios, menos piadosa la ausencia::- Oh cruel proposición! ya yo la lloro en el alma, sin concluirse en la voz. No prosigáis, que ya entiendo, puesto que el objeto soy de cuanto intentáis decir, cuanto el ingenio pensó. Siempre acredita la ausencia las heridas del amor, pues estas siempre son bien del mal, que aquella causó. Miente quien las dulces flechas con el veneno inflamó a quien a impulsos piadosos les da nombre de rencor. No es padecer el amar, que no puede ser rigor de la razón del querer el adorar con razón. Si siempre el merecimiento el halago mereció, como ha de ser agraviar lo que es deuda en la atención? Ay Carisio! tanto ausente, llegas a deberme hoy, que el no morir de este mal, es yerro de mi dolor. Proseguid, mas sea mudando de tono, y letra. Quién vio por aquí a Julia? más nadie me lo diga; porque yo estas letras sean testigos de mis lealtades. Adiós. Julio tu padre. Qué he oído! . oh gran padre de su Patria! cuán celosamente altivo esmaltas de tus mayores la antigua sangre, el antiguo blasón, que en acciones tales ganó su fervor invicto! Retirad los instrumentos, pues ya a otro asunto distinto debe atender mi cuidado. Partiré al Senado, y fío, que en esta acción de mi padre, de mejor laurel ceñido le tendrá la estimación, ya que otra desprecia esquivo. Señores, tal disparate no vi después que platico el mundo. Que se halle un hombre tan mentecato, y tan frío, que lleve mal el ser Rey? y que se vea aturdido, y confuso por no serlo? Aquí de Dios: es oficio, que ningún hombre de bien hasta ahora lo ha escupido? Y sobre esta bobería, quién en el mundo habrá visto, por no serlo ir a la cárcel, aunque fuera el Rey Perico? que por no verme yo en ella domando cepos, y grillos, Emperador, Rey y aún Roque fuera por el Dios del vino. En fin, yo me vuelvo allá pían, pían, y por el camino que vine, en tanto, que Julia al Senado prevenido, que los socorra dispone. Quiera Júpiter divino, que de su locura estén los dos muy arrepentidos, y a mí me deje volver, sin dar a nadie motivo para perderme el respeto, pues lo doy por recibido. . La ocupación de los tiempos, no solo en guerras, ni libros ha de gastar el prudente, sin gobernar el dominio, que uno adquiere en lo sangriento, y otro arrastra en lo entendido, y es preciso conservar lo que se tiene adquirido. Y así, Cónsules de Roma, estos memoriales míos, que me dieron a la puerta, extraños, y advenedizos, por parecerme importantes, que los miréis os suplico; porque este es de Julio César, y este de su noble amigo, que piden::- . No prosigáis: ya el Senado está instruido en esta causa; y si Julio el tesoro, que ha expendido injustamente en la Asia, lo tuviera recogido, con él pudiera el Senado alistar en su servicio muchas legiones, con que le sacara del peligro. Mas ahora, que por su causa exausto el Erario vimos de Roma, sufra constante la pena de su delito. Con pasión habla Pompeyo. . Yo no apruebo ese designio. Aunque notéis de arrojada mi noble resolución, Padres de la Patria ilustres, es precisa obligación, que entre a hablar una mujer, cuando hay falta de varón. Sabed, que Julio mi padre, preso en Nápoles quedó, por ser leal a la Patria. Con el Cetro le brindó Nápoles, con tal, que fuese contra su Patria traidor; y viendo que no quería cometer tal sinrazón, ni Carisio, a quien para esto eligieron mediador, presos en duras cadenas a los dos los tienen hoy, y condenados a muerte, sino admiten tanto honor; pero en fin, como Romanos leales y nobles los dos, ni el laurel acepta Julio, ni Carisio ser traidor, en persuadirle a la infamia de la vil conjuración. Miradle noble ofendido en una oscura prisión, al que el sacro Capitolio tantas veces ilustró con su venerado aspecto, con su docta discreción, padeciendo tanta injuria: miradle, que ni el temor de la muerte el valor rinde, ni a lo noble la ambición. De la Corona, y el Cetro desprecian el sacro honor, y la majestad, en todos tan deseado blasón, que aún soñada su grandeza a cualquiera deleitó. Esto hacen Julio, y Carisio, por defender el honor del sacro Romano Imperio, de todo el mundo Señor. Ea, pues, Cónsules nobles, qué espera vuestro valor, que no libra del peligro a quien, si fuera traidor, a toda Roma pusiera en suma consternación? Tremolad ya las banderas, sueñe el bronce en su favor; y si faltaren Soldados, Damas alistaré yo, que al Napolitano Reino causen miedo, y confusión, que estas lágrimas que vierto, no son de flaqueza, no, de pena son y de rabia, de mirar vuestra inacción. Deponed, Matrona, el llanto, y advertid, que no es razón, por salvar a vuestro padre, arriesgar el pundonor de entrar así en el Senado, dando motivo al error, que puede causar en Roma tan grande resolución. Dareisles que sospechar, viendo que quisisteis vos adelantar esa queja, nacida de la pasión, o que no hay valor en Roma, o que os sobra la razón. Toleren, pues, los trabajos, que a no estar firmes los dos en el intento que llevan, saldré a castigarlos yo. Den este lauro a su Patria, y a su lealtad un blasón, que a no hacerlo así, faltaran a su noble pundonor, cuando en Carisio, y en Julio todo el esfuerzo faltó. Esto como Cónsul digo, que a no serlo, vive Dios, como Caballero fuera a echarlos de la prisión, poniendo a Nápoles fuego, causa de esta indignación. Yo solo, Julia, respondo, que ha sido en los dos error haberlo callado tanto, para evitar la ocasión: Y si se hubiera avisado con tiempo de esta traición, escusaramos sospechas, que engendra la presunción. Flacos son sus corazones, pues se postra su valor, sin tener manos, teniendo el poder, que se las dio. Que pueda mi odio más contra Julio, que mi amor; pues adorando a su hija Julia, animando estoy yo estos baldones, con quien tanta gloria a Roma dio! Eso respondes? . Sí, Julia. Mira::- . Ya mirando estoy, que esto es querer disculparse, viendo la injusta razón, que han tenido en no aplacar las iras de su furor; y sé, que será la causa de esta determinación, sus intentos mal fundados, cuando sabe la razón, de que no hay medios ningunos para seguir su opinión; y es fuerza, que consideren que se halla el Imperio hoy empeñado por las guerras, que Julio en el Asia dio: y pues él tiene la culpa, me parece a mi mejor procure desempeñarse, y enmiende tan gran error. Ya, Pompeyo, he conocido en ti una mala intención; pues son injustas razones, que no debe un Senador, aunque las sienta en el alma, publicarlas con la voz. Si bien miro, que hallo juntos, de parte de la traición, los intentos mal nacidos de tu desesperación. Qué motivos has hallado, para que viendo el valor, con que mi padre ha servido, borres su reputación? No ignoras, que si en las lides hoy al Senado empeñó, por eso le añadió fama a costa de su valor. Bien podías atender a que he llegado aquí yo a pedir esto al Senado, y que su justa razón ha de llegar algún día a volver por su opinión. No sé si lo has acertado te prometo, que aunque yo la dije lo que sentía, fuera, Pompeyo, mejor, que no declararas tanto lo oculto de tu pasión, que se compondra mañana de este tumulto el rigor; y son grandes, con imperio, para enemigos los dos. Pues que cumplida la hora este día se llevó la disensión, que tuvisteis con Julia, Pompeyo y vos; vamos a pensar de espacio lo que nos esté mejor, que no es razón olvidar las finezas, con que obró Julio en las guerras del Asía, que en ellas blasones dio a Roma, y sus Senadores; añadiendo más valor a las Imperiales Aves, que puede darles el Sol en los más remotos climas, que nos dan adoración. Vamos, Craso, que se está conociendo la pasión, que tenéis a Julio. . Solo sé, que es digno de este honor. Argos he de ser siempre vigilante en lo que a ti te toca. Eres constante: yo dispondré el modo. (do. . Míralo bien, pues te apadrino en to- Hoy logra en sola esta acción dos méritos mi obediencia: pues si un precepto ejecuto, una lástima me cuesta. Preciso será vencer mi compasión, si a la fuerza de haberlo fiado de mí, no puede haber resistencia. Este cartel, y esto acero, con esta llave, es la empresa, que en el suceso de Julio, y Carisio me encomiendan. Quieran los Dioses, que el orden que traigo se desvanezca, reduciéndose los dos a lo que el Reino desea. Como su guarda, y custodia, divididos mi cautela los tiene, y puesto, que al riesgo, y a la blandura no muestran, ni Julio estimar el Cetro, ni obligarle a que Rey sea Carisio, la junta toda del Reino manda y ordena, que esta notificación a Julio ponga en su puerta (resolución bien piadosa! y esta llave porque pueda ver a Carisio, y tratar con él su última respuesta. Abro, sin que lo conozca por ahora su advertencia, hasta que yo me retire, para que libres confieran, y sin sujeción entrambos lo que a todos nos convenga; y retirado a esta parte podré escuchar cuanto intentan, y resuelven, ya aceptando, o ya haciendo resistencia. Permita el Cielo, que excusen con buen acuerdo, que sea quien su muerte les intime, quien de imaginarla tiembla. Mas ya del Cónsul los pasos siento, que sin duda abierta su puerta ha reconocido, o algún descuido en mi atenta introducción, a curioso le mueve: encubrirme es fuerza. Si en el silencio al oído todas las voces son ciertas, la voz escuché y los pasos de un hombre y es consecuencia de que no puede engañarme la novedad de la puerta. Cintio es sin duda, y a nadie descubro, por más que atenta a todas partes la vista llevo: novedad es esta, que me da mucho cuidado. Mas qué miro? acero, letras, y llave? qué misterioso es de mi vida el emblema! pues para decir, que muero, le costó estudio a la lengua. Quiero leer mi ruina, que si en mi valor hay fuerzas para hacer la vanidad, cómo he de poder temerla? Dice así: Julio, la junta . del Reino, que de nobleza, y plebe se halla formada, te requiere, que convengas con la aclamación de todo, aceptando la Diadema, que digna de tus virtudes, y méritos considera. Avisos te dan, y medios, esta es la llave, que encierra a Carisio, con él puedes aconsejarte no quiera ver en su afecto trocados los efectos tu cabeza. Viven los sacros Cielos, que menor enemigo no pudiera competirle a mi honor sus altos vuelos, ni mi lealtad venciera menos monstruo, que a Nápoles altivo, despreciando su intento temerario: si de ser noble vivo, quién podrá persuadirme lo contrario? Muera yo y el Senado su integridad mantenga, pisando la cerviz a los traidores, que indomitos su ley han traspasado; que en tanto, que se venga su saña en mí, seré de sus rigores con mejor ejercicio, si antiguo Cónsul, nuevo sacrificio. Mas como en mi amor cabe no buscar compañero en mi constancia, si arbritro de la llave (cia, soy, que incluye a Carisio en dura estan- a donde el hado adverso en la tormenta los dos corremos por la misma cuenta? Mas quién la observancia turba de este silencio con pasos, que hacia dónde estoy se acercan? pero como dudo, cuando sé, que solo Cintio puede, como Capitán, y Cabo de la nobleza, pisar este retiro, cuidando como guarda fiel de aquella, que se fio a su cuidado? No darme por entendido pretendo. Todos los diablos tuvo esta empresa en el cuerpo, mas la logré, como un rayo. Tacón, como este imposible has vencido? . Cómo? entrando por delante de la guarda sin habérmelo estorbado; pues como a los dos asisto, no pusieron embarazo en que entrase la salida es la que yo estoy temblando. Deja locuras, y dime tu diligencia. . Excusado será, señor, el decirte, que vi a Julia y que en su mano le di tu carta, y que ella la nema rompió, y callando todos, la leyó y leida se enfureció, y de allí a un rato dijo, que al Senado iba de cólera reventando. Mas dime, señor, ahora, qué hay de novedad? mi amo te ha podido persuadir a que seas Rey? hay algo? Calla, necio; y pues que tú sabes donde retirado está Carisio (supuesto que nos asistes a entrambos por favor de Cintio) guía a su prisión. Este criado fue dicha que no me viese; pero me da algún cuidado al ver, que por la otra puerta llegó y ya hablando a su amo está, sin que de aquí alcance a escuchar lo que han tratado. Mas qué miro? hacia la puerta de Carisio guían ambos: seguirelos; mas los tres vuelven a este mismo cuarto, cuyo acaso ha sido dicha para poder escucharlos. Quiero ocultarme más cerca, no se pierda mi cuidado. . Noble Julio? señor mío? Sean mi vida tus brazos. La mía te doy en ellos: . qué hay de nuevo? . Ese tirano, ese aleve Pueblo injusto, que inobediente al Romano, soberbiamente se opone a sus leyes, ha acordado en una junta, a que asisten plebeyos, y cortesanos, el darnos pública muerte, cuando no nos convengamos por resolución postrera, yo a ser Rey, tú a no estorbarlo, esto ese cártel contiene. Qué me dices? . El Senado nunca nos puede faltar con el socorro y más cuando Julia lo busca. . Eso solo bastaba a estar confiado yo cuando de otras razones no esperara el desengaño. Viva nuestro honor, Carisio. Viva Julio nuestro hidalgo proceder. . Viva la Patria, a costa de nuestro daño. Vive tú y vivirá todo. Ya es empeño temerario y terquedad vive el Cielo, y así a intimársela salgo. Llegue a esta parte la Guarda, . y entren dos conmigo, en tanto, que les leo la sentencia, para luego ejecutarlo. Esta, Julio, es la sentencia, que la junta me ha mandado ejecute en vuestras vidas; ya llegó el último plazo: escuehad que dice así. Acabose, llegó el rayo. Romanos, la junta ilustre de este Reino tributario en otro tiempo al Imperio, habiéndolo bien mirado se le negó a su dominio, y en tan alta acción nombrando Gobernador valeroso en Julio, a quien siempre ha dado tantos méritos y prendas esa esfera de topacios; y viendo su ingratitud, y que no quiere aceptarlo, por contemplación a Roma, dispone, que en un cadahalso muera, y Carisio con él; para que así nunca osados puedan blasonar, que leales nuestras honras despreciaron. Eso Nápoles mandó? Su justicia esto ha ordenado: y es uso antiguo del Reino, que el reo si está culpado, debe firmar su sentencia: los dos lo estáis por ingratos; y así, Julio, esta es la pluma, cumple con la ley del mando. Aunque en mí no hay culpa alguna mas que la lealtad, que guardo, fuera falta de valor, si llegara a repugnarlo; y así firmo la sentencia. Julio, fiel Cónsul Romano. Ya, está firmada. . Qué veo! firmó corazón bizarro! Firmad vos también, Carisio. La ceremonia del diablo! . Vos no firmáis como Julio? Excusado es el mandarlo, pues lo que obra un amigo, y más en caso tan arduo, a su ejemplar debe obrar quien se precia de bizarro, sin que el horror de la muerte suspenda el impulso al brazo. Digo, señor Fariseo, y dónde está mi recado? he de garrapatear yo? Sí, amigo, sobre ese cabo. Estás dado a Bercebú; mira que soy hombre honrado, y ese se hizo para ti. Ya yo a firmarlo me allano, porque todos conozcáis, que de esta suerte dejamos noble ejemplo a la lealtad, y a la amistad un aplauso. Dejadme entrar. Qué es aqueso? Esto es haber yo llegado, y haber venido conmigo el más fiero desengaño de la ingratitud de Roma, contra los que Ciudadanos, y Patricios tantos triunfos, como honores, la está dando. Qué dice el Senado, Julia? Que os dejéis ahorcar entrambos, que allí queda él. . Calla, loco. Pues que queréis escucharlo, atended, que esto me ha dicho Roma, y todo su Senado: señalándose entre todos un traidor, un vil, un falso enemigo de los tres, que en público ha deslustrade vuestras lealtades, diciendo, que sois traidores entrambos, y que a la fe de la Patria, a vuestro honor vuestros lauros; por ambición, o interés cobardes habéis faltado. Tente, Julia, vive el Cielo. Cómo::- (de ira estoy temblando!) Hay quién ose::- Hay quién se atreva::- Traidor: . Aleve, villano::- A mi lealtad? qué furor! A mi honor? terrible caso! Sin que el fuego de mi ira::- Sin que el incendio, que exalo::- No le abrase, y le consuma? No le convierta en estrago? Quién es ese vil aleve::- Quién es el traidor tirano::- Que así baldonó mi honor? Que así publicó mi agravio? Dinoslo, Julia, qué esperas? Acabad, qué estáis dudando? Digo, pues::- Hay tal tardar! sacanos de este preñado, que a mí me rallas las tripas viéndote así tartaliando. Que fui, como te avisé, a quejarme en el Senado de como ya estabáis presos en este Castillo entrambos. Logré la ocasión, y entré a tiempo, que estaba hablando de unos memoriales míos, que di por cámino extraño, Craso, noble Senador, el cual estaba exhortando a todos que a la defensa debía el Pueblo Romano acudir de vuestras vidas, por vuestros méritos claros, por vuestra heroica lealtad, y por nobles Consulados. Hablaron otros entonces, y salieron encontrados unos y otros pareceres, estando solo a guardando por ser el número uno, siendo los Ministros tantos, de una parte como de otra, el voto del más tirano. Pues hablando (como dije) añadió muy enojado, que pues tuvisteis la culpa, y en las guerras le has gastado con el Asia el Real tesoro, procures el remediarlo. Acaba, Julia, no ocultes el traidor, tímido el labio. Dinos, señora, quién es? qué es lo que estás esperando? Fue Pompeyo (ay de mí triste!) Parece que me ha pesado, . pues profeta el corazón me está ya profetizando, que en mí ha de tener dominio el que injurio ahora contrario: mas como le ha de tener, si a Carisio es a quien amo? Para qué así te detienes? y los demás, qué votaron? Fueron de su parecer, e inadvertidos fallaron, que murieseis de esta suerte, sino podéis remediarlo. Ah traidores! Ah enemigos! Ah vil Pompeyo! . Ah tirano! Yo acabaré con tu vida. Tú morirás a mis manos. Ea, Carisio qué haremos? Julio, afrentados estamos: remedio pide el dolor con morir no está curado; y así, mira qué resuelves, que yo aún no tengo firmado, ni he de querer, hasta verte de Nápoles coronado por dueño de sus blasones, viviendo se halla el trabajo; pero se lava la afrenta con la sangre del contrario. En la amistad, y en la guerra te he asistido como honrado; pero en la afrenta, no puedo. Y así escoge en este caso la Corona, porque yo solicite con cuidado vengarnos a un mismo tiempo losados de aqueste tirano; y siño, no hay amistad, estando mi honor manchado, que yo he de escapar la vida por matar este villano. Perder hoy su honor elijo, que es caso muy temerario les granjee yo blasones, cuando me están afrentando. De enojo el pecho revienta! vil Patria, traidor Senado, tú has procurado mi muerte, tú el crédito me has quitado? tu sentirás mis rigores, tu llorarás tus estragos, tú verás en sangre envueltos tus míseros Ciudadanos, y tus invencibles muros a mis iras arruinados. Ea, Cintio, ya qué esperas? di a Nápoles (fiero caso! que ya me tienen aquí humilde, pobre, agraviado, y de la herida, que sienten, padeciendo el mismo estrago. Pero que yo vengaré sus injurias y mi agravio: yo haré, que Roma en pavesas arda al fuego, en que me abraso, siendo retrato de Troya: y mis valientes Soldados, talen, arruinen, destruyan, hasta el Capitolio Magno: para que así hecha cenizas, la que fue oriente, sea ocaso, de los que naciendo nobles los hizo el rigor tiranos. Ya estás resuelto? . Sí, Cintio. Pues ya qué espero, qué aguardo? Nápoles vuestro Rey viva, pues ya Julio ha revocado la sentencia, que le disteis, ofreciendo gobernaros. Soldados, dad esta nueva a todos los Cortesanos, pase, pues, la palabra. y Si de su voz no escuchamos ese favor, no es posible, que a hacerlo nos persuadamos. Soldados, yo os lo aseguro, y con la vida y mis brazos quiero pagar el cariño, con que me habéis ensalzado: vuestro soy fiad de mí, que como noble, y bizarro os mantendré en vuestro Reino, y os defenderá mi brazo. A vuestras plantas humildes:: A vuestros pies humillados::- Llega Celio Capitán. Llegan, señor, los Soldados, que guardan aquestos muros, y pueblan aquestos campos. Levantad, no estéis así, valientes Napolitanos, que ya vuestro duelo es mío, y tomándole a mi cargo arrestado, y valeroso, talando montes, y campos haré, que a mis pies se postren los muros más encumbrados. Pues este laurel, señor, que tantos triunfos ha dado, corone tus nobles sienes: y decid, Napolitanos, al son del bronce, y la caja, que viva felices años. Viva Julio nuestro Rey. Viva siglos dilatados. Viva, y beba, que con eso vivirá infinitos años. Venga donde nuestras vidas con rendidos agasajos leal vasallaje le juren, besando su invicta mano. Y a donde algo doblemos, que de hambre estoy rabiando, después que me miro libre del cordelejo pasado. Vamos, amigos, que es tiempo de entregarnos al cuidado, y alistar en mis Vanderas los más valientes Vasallos. Y llega, Carisio amigo que en el valor de tus brazos han de descansar los míos después de tantos cuidados; pues mi vida, el corazón, cuanto puedo y cuanto valgo, todo te lo ofrezco y todo ha de correr por tu mano. Y solo para esta empresa de mis invictos Soldados por su General te nombro; acepta luego este cargo, y lograremos la dicha de vernos todos vengados: y para romper la guerra, y con Roma declararnos por perpetuos enemigos, lo primero que aquí mando es, que Cintio, Embajador se parta luego al Senado, y le diga, como el Reino la Corona me ha entregado. El cargo, señor, acepto de General de tu Campo; y en muestra de mi obediencia, el primero, que la mano te bese de Rey soy yo. Levanta, amigo, a mis brazos. Pues la palabra te doy, que me han de ver los Romanos puesto sobre sus murallas, que ya una vez arrestado tengo valor y soy noble. Yo lo fío de ti; vamos. Ven, Julia. . Ya yo te sigo. Dime, como no has llegado a darme la enhorabuena, hija, de este nuevo estado? Temo, padre::- No hay que temas. Siento::- Hay qué sentir algo? Que es Roma grande enemigo. Mayor es, Julia, mi brazo, y verás si llega tiempo, que me dices lo contrario. Julia, espera. Qué me quieres? Saber si vivo en tu agrado. Siempre lo vives, Carisio. Que puedo estar confiado:- De que siempre he de ser tuya. Si tu padre::- Es excusado el temor. . Y si te obliga a elegir dueño más alto, viéndose ya Rey? No temas: pero pues está en tu mano el que a mi padre me pidas, no malogre tu amor tanto cuidado, como me cuestas en que lo estés dilatando. s Aguarda. Qué es lo que dices? Que pues también, soberano dueño mío, está en la tuya premiar mi afecto postrado, no te mude la grandeza de mirarte en otro estado. Siempre seré firme: a Dios, Espera, y sea tu mano quien lo asegure. Carisio, quien te ha de dar ese lauro es mi padre; a él se la pide, que suya es sola mi mano. Y solo mío el temor de verte en ajenos brazos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Pues ya que a vista estamos de los muros de Roma, y no distamos de ella seis millas, dinos a qué vienes, para qué de estas Tropas te previenes con tan grande secreto, que la causa notamos, no el efecto. Decláranos, Carisio, en qué consiste, que tan confuso estás, tan mudo, y triste, que ni hablas, entiendes ni nos miras, y solo alientas, cuando más suspiras, suponiendo en el rostro, y las acciones. aún más mal, que insinuan las razones, Sácanos del cuidado de mirarte tan triste, y disgustado, después que recibiste una carta de Julio. Ay de mí triste! Acaba de parirlo, que en caso de decirlo, sin decirlo, es tenernos, señor, en pena tanta con el agua no más, que a la garganta. Pues es el declararme ya forzoso, cuando a vista de Roma mi brioso valor nunca vencido, sabe (atended ya al reprimido volcán de mis desvelos de mis penas, mis ansias, y mis celos, en tanto que esperamos, que en su ocaso el Sol muera. Ya escuchamos. Ya sabéis todos la causa, que dio motivo a este Reino, para negar el dominio al Senado y al Imperio: y también sabéis, amigos, que cuando llegó Pompeyo con la nobleza de Roma a ponernos en aprieto, y a salir a la Campaña, quiso mi suerte o el Cielo, me hiciese vuestro Caudillo Julio el gran Príncipe nuestro, para que con él saliese a estorbar los movimientos del Ejército Romano, que osado, altivo, y soberbio a castigarnos venía con furor y con denuedo, señalándose entre todos Pompeyo con más despecho, o con más pasión, a quien (como ya sabéis) resuelto Te derroté y le vencí, y con valor fui siguiendo su alcance, hasta el Rin undoso, por el cual vadeando fueron a dar las nuevas a Roma de vuestro brío y mi esfuerzo. Retíreme con mi gente, y los Romanos, sabiendo las muchas dificultades, que encontraban en vencernos, trataron de ajustar paces casi de pavor o miedo. El modo de concertarlas fue, que se valió el Imperio de los Príncipes amigos, Francia, Grecia, y los Caldeos, y enviando Embajadores, para que Julio de nuevo volviese a asistir en Roma por Cónsul, y él anteviendo que era el medio de ilustrar mas su fama, y sus progresos; lo aceptó, con calidad, que de Nápoles el Reino fuese de tantos tributos libre, quedando el Imperio sin derecho en sus estados, y Julio su heroico dueño. Coronose, en fin, por Rey, bien a pesar del Imperio, restituyéndome a mí también en los mismos puestos, y honores que antes gozaba, entregándome el manejo de las Armas Militares, y el político gobierno. Llegamos en fin a Roma, y con aplauso del Pueblo ocupó apenas la silla, y yo me volví a este Reino, cuando de Roma recibo por una Posta este pliego, en que me avisa aquí el Rey, que cauteloso Pompeyo, buscando inmensos favores de Potentados, y deudos, le pidió a Julia su hija, y sin que tuviese medio se la entregó inadvertido, de que nunca dos opuestos naturales hacer pudo amigos el parentesco. Aquí es donde (ay de mi triste!) la voz se hiela en el pecho. Julia es ya de mi enemigo; pero para qué me quejo, ni se queja aquel, que fía el bajel de sus afectos de la inconstancia del mar, que es la mujer? pues al viento de otra caricia, otro halago vuelve la proa a otro dueño. Yo se la di a mi enemigo, yo a Roma la llevé mismo, sin saber, que la llevaba a entregarla a dueño ajeno, pues no me lo dijo Julio que la casaba más siendo tal nuestra amistad, cualquiera culpara, como mi afecto no la pidió por esposa a su padre; pero puedo responder, que mi desdicha, o los continuos reencuentros, en que embarazado a Julio hallé siempre, causa fueron de usurparme la ocasión, y de malograrme el tiempo. Pero a vista de perder a Julia, lo que más siento, y más aviva el volcán de mis insufribles celos, es ver, que sea su esposo un hombre, que por sí mismo lugar se hace en toda Roma, porque es entendido, cuerdo, valeroso, afable, noble; y tiene dado al Imperio mas triunfos su invicto brazo, que en ningún Cónsul le vieron: que una cosa es la pasión de mi ofensa y mi despecho, y otra cosa es conocer sus altos merecimientos: que al noble nunca le venga la lengua sino el acero. Mas, aunque todo es del caso, quiero atajar este fuego, que llamas sobran a donde es el pecho un mongibelo: y paso a que también Julio, con presteza, y con secreto me ordena en la misma carta, que junte las armas luego, y marche con mis Soldados hasta ocupar este puesto: raras cosas me suceden, pues cuando estaba entendiendo gozaba tranquilidades, después de tantos recelos, mi presunción se anticipa a discurrir, si habrán vuelto a encontrarse en el Senado nuestro Príncipe, y Pompeyo; que a ser, como lo discurro, fuera en tantos desconsuelos la felicidad más grande el más dichoso suceso, que podía la fortuna prevenirme; pues habiendo ocasión, en que pudiera mi valor en marcial duelo (ya en Roma, o en la Campaña) encontrarme cuerpo a cuerpo con Pompeyo, se apagara esta llama de mis celos, este agravio, aquesta injuria, este odio, aqueste tormento, esta ira, aquesta pasión, que lloro, sufro y padezco, dándole muerte irritado a quien de celos me ha muerto. Aí es algo, lo que tenía dentro del cuerpo: milagro es, que un tabardillo no te haya dado; los dedos mete a ver si te queda más que vomitar. . Es cierto, que en tal linaje de penas es justo tu sentimiento. Pero el valor se aproveche, cuando el mal es sin remedio. Sin remedio? para qué madurativos se hicieron: no es mujer aún Julia? . Loco, deja la chanza. . Y qué intento es el tuyo? . Que pues ya de sombras se cubrió el Cielo, que con las Tropas oculto tú te quedes aquí, Celio, y que hasta los muros propios de Roma los dos lleguemos; pues me previene aquí Julio, que un postigo tendrá abierto del jardín, que al muro cae, para que con más secreto pueda entrar a hablarle, aunque hospedándose Pompeyo, como me avisa, en su casa, aventurar el suceso es más que ocultarle. . Julio habrá prevenido el riesgo de que en el jardín no haya gente. . Pues no dilatemos la diligencia. . Yo acá, según la cuenta, me quedo. Conmigo has de ir. Para qué? Para que en cualquier suceso a Celio avisarle puedas. De noche nunca estoy bueno para avisar. . Ah, fortuna! si mudaras el cruel ceño en apacible semblante, y lograse ver al dueño ingrato, que adoro. . Y di, es cosa de que al sereno nos haga mucho esperar Julio? . Cuando le esperemos, qué importa? . Tú esperar solo a una Dama, es bien, no a un viejo. Vamos, Cintio y tú, Celio, te queda. . Ya te obedezco. Ah, si encontrara ocasión en que vengar mis desprecios! Ah, si encontrara con que matar el hambre, que tengo. . Las heridas del amor, por más que curarlas quiera el olvido, siempre dejan memoria que las acuerda. Qué bien dice la canción! pues cuando más advertida quiero sanar de la herida de tirano cruel arpón, mas mi culpable pasión, para que la vida pierda en la resistencia cuerda de mi fama y de mi honor, como incurable el dolor, la herida de amor me acuerda. Y así borrar puedo en vano de mi perspicaz memoria una apetecida gloria, que se llevó el viento vano: mas si a Pompeyo la mano di ya, a sufrir me condena mi honor, callada esta pena; pues en tan gran desvarío, aunque mi albedrío es mío, mi voluntad ya es ajena. Divierte ese mal tremendo, pues te lo están enseñando allí el pájaro cantando, y aquí esta fuente riendo. En vano olvidar pretendo de mi memoria el dolor. Volved a cantar. . Mejor es no cantar calla, Livia, pues la música no alivia. Las heridas del amor::- Que no cantes te he mandado, que en vez de alivio, es tormento, que suaviza la memoria los pesares, que padezco. Idos, pues. . La soledad alivie mi sentimiento, que la soledad fue siempre de un triste el mayor consuelo. Mal cámino de sanar es huir de los remedios. Vete, Flora, y no repliques. Amor niño Dios tirano, qué victoria, o qué trofeo puede ser de tu poder, que a tu deidad rinda feudos la que ya su libertad sujetó a preciso dueño? Qué triunfo puede ser tuyo, Amor, que estando queriendo ya a mi esposo, pues el trato engendra también afecto, no puedo de la memoria borrar, por más que lo intento, a Carisio, cuando ingrato de mi mano hizo desprecio? Pero viéndome rendida al continuado desvelo de procurar olvidar a quien olvidar no puedo, convidándome esta fuente está con acordes ecos a que parentesís hagan mis penas. Sentarme quiero a su margen: más parece, . que de mi propio desvelo el sueño va fabricando la quietud de mi sosiego. . Todo lo que preveniste has conseguido, supuesto, que hallando abierto el postigo del jardín, te hallas ya dentro de él, donde puedes hablar todo hasta aquí: Cintio, tú te queda en aqueste puesto, para que en cualquiera trance halle este postigo abierto. Pues qué intentas más que hablar a Julio? . También intento ver si en Pompeyo podré vengar mis ardientes celos. Él lo da por recibido; mas mucho te pide el cuerpo. Para cualquier trance tienes mi valor siempre dispuesto, que a quien a un riesgo le llaman riñe, mas no da consejo. No réplico obedeciendo. . . Pues yo, que no he de reñir, el consejo darte puedo. Será como tuyo, di. Que si acaso tu despecho consigue encontrar a Julia, que te vengues de Pompeyo con ella, que es lo acertado, y riete de su suegro. Qué escuche tus desatinos! haz, Cintio, lo que te ruego: aquese postigo guarda, que a buscar a Julio entro. Arrestado estoy a todo; yo la salida te ofrezco tener segura. . Yo no, que ya algo que dormir tengo. Vete, pues. . Él no ir contigo siento mucho. . Pierde el miedo. De tu valor mucho fío. Bien puedes, que tengo celos. Oh amor si a Julia encontrara! mas qué loco devaneo, cuando un infeliz encuentra con la dicha: mas qué veo? una mujer a la escasa luz, que da la luna, veo, que a la margen de esta fuente rendida se mira al sueño: desde aquí inquirir podré si es mi ingrato hermoso dueño. a Julio. . Bien se ha dispuesto . Ay infelice! . Qué escucho? si es ilusión del deseo? de Julia es la voz: qué haré? pues la ofensa de mi afecto, o mi amor ciego, me están aún los pasos suspendiendo. Traidor, aleve Carisio, . déjame, no intentas ciego con amantes osadías empañar el limpio espejo de mi honor en quien se mira sin sombra alguna Pompeyo mi esposo, mas qué ilusión, fantasía, o devaneo, es este, que en apariencias tan propias me finge el sueño, que aún despierta me parece que estoy a Carisio viendo, que osado, aleve, tirano, intenta: . Lo que yo intento es solo hallar desengaños de un mudable falso dueño. Qué veo? quien eres hombre, que entrar hasta aquí resuelto osaste? . Carisio soy. Pues cómo atrevido, y ciego aquí tú, sabiendo::- (ay triste! No te turbes, pierde el miedo, que solo vengo a quejarme de tus ingratos desprecios, de tu inconstante pasión, de tu halago lisonjero. Eran estas las promesas, los nobles ofrecimientos, que me hiciste de ser mía? Son aquestos los extremos de una pasión de tres años, en que logré de tu afecto tantos favores? . Carisio, detente, que estoy creyendo que ignoras que hablas conmigo, o ignoras lo que es respeto. Eres tú inconstante, ingrata, y me buscas a mi atento: quien se queja de una ofensa, que busque decentes medios para quejarse? . Quién fue causa de su ofensa, haciendo desestimación grosera de mi amor y poco aprecio de mi mano. . Julia, Julia, mira, que es vulgar concepto dejar un delito propio, a costa de un yerro ajeno. Dime, en qué han desestimado mis amantes rendimientos tus soberanos favores? pero en vano hallar intento en ti razón, que no sea otro engaño otro desprecio. Eres quién causaste tú mi nunca pensado empleo con la cobarde omisión, con el tibio encogimiento de no pedirle a mi padre mi mano, en el largo tiempo de tres años que lograste mis favores, y grosero te quejas de mi inconstancia, sin culpar lo desatento de una tibieza, que siempre desacreditó tu afecto. Cuándo tuve ingrata fiera, ocasión, lugar y tiempo? si tú sabes bien que siempre barajaron mis intentos la fortuna y el acaso de tanto infeliz reencuentro, como perturbó de Julio tu padre el constante pecho. Lo que sé, Carisio, es solo que atropellar es acuerdo los inconvenientes, cuando se aventuran los sucesos. Dices bien, que confiar fue gran culpa, ya lo veo, de una principal mujer: mas tan mudable en extremo, que solo porque remiso contemporizaba atento los fracasos de su padre, aguardando mejor tiempo en venganza de esta culpa, estándole suponiendo a su amante mil favores, sin más ocasión, más duelo, se casó aleve con otro. Aunque bastaba el desprecio de entregarla el mismo amante, que estás, falso, suponiendo, en los brazos de su esposo; no fue en ella, caso es cierto, satisfacción del agravio que la hacía, fue despecho de su infelice fortuna; pues mirando, que su mismo infiel amante sabía su tratado casamiento, y no lo estorbaba, ciega se vengó de sí, supuesto, que se entregó a ajenos brazos, aún contra su mismo afecto. Julia, Julia, eso imaginas? si yo lo sabia, el Cielo me falte y de aquesa esfera abortado de su seno caiga un rayo y me consuma. Detente, Carisio luego de mi padre no supiste, que me casaba? Es muy cierto, que de ello no me dio parte; pues a saberlo, primero, que entregarte a mi enemigo, me diera muerte. . Hay suceso semejante? habrá desdicha como esta: pues todo el yerro de nuestro infeliz amor estuvo (de pena muero!) en persuadirme, Carisio, a que confiado, atento a tu amistad, y persona, Julio mi padre, era cierto que fiándote lo más, no te ocultara lo menos, y que antes cumplir con él quisiste, que con mi afecto. Yo había de anteponer a tu mano otros respetos? nada tu padre me dijo. Pues ya no tiene remedio, Cómo no, viviendo tú, y muriendo yo de celos? muera Pompeyo. . Qué dices? muera yo y viva Pompeyo, que es mi esposo y como noble mirar por su vida debo. Qué aqueste agravio te escuche? esta ofensa? . En qué te ofendo? En confesar, que a tu esposo quieres. . Si no lo confieso, es acreditar, Carisio, que a ti te quería y siendo preciso ya el olvidarte, fineza es más, que desprecio, decir que a mi esposo estimo, cuando amante ya no puedo: y puesto que te he escuchado cuerda, y aún te he satisfecho, vuélvete por donde entraste advirtiéndote, que tengo para otra vez, noble esposo; y así, no intentes resuelto profanar más el sagrado de mi honor y su respeto; porque mis iras sabrán castigar atrevimientos. Aguarda, espera, tirana. Qué pretenden tus despechos? Que sepas, que eres mudable; y que pues vengar no puedo en ti mis fieros agravios, me he de vengar en Pompeyo, entrando a darle la muerte a tus ojos. . Estás ciego! Carisio, aguarda. . Qué quieres? Que pues yo soy quien te ofendo, me quites la vida a mí, no el honor que en más aprecio, que la vida, que esa es mía, y mi honor es de Pompeyo. . Muera yo, conmigo acaba, porque te quise algún tiempo, y manchando estoy las aras del honor con el inmenso llanto, que vierten mis ojos, al verme en brazos ajenos. No llores Julia, mi amor premia con tus brazos. . Necio, y atrevido estás no basta a templar tu aleve incendio, el agua, que vierto, en honra de mi decoro, sintiendo no ser mía, por ser tuya? Yo he de lograr el trofeo de tu mano. . Quita, aparta, No seas cruel. Viven los Cielos, que si no te vas, que llame a mi esposo. . Mas con eso me irritas. . Hola, Criados, Irene, Flora, Pompeyo. Qué voces son estas, Julia? qué tienes? Válgame el Cielo! Fuerte lance! Mas qué miro! quién eres, hombre soberbio que a profanar te atreviste de mi honor el noble templo? Yo le encontré en este sitio (válgame todo mi aliento, . para dejar sin sospecha mi noble honor) y queriendo reconocerle, ocultó el rostro a su aleve intento. Qué aguardas, hombre, no hablas? (qué remiso está mi acero!) . por si halla alguna disculpa, que te indulte de mi incendio. En quedando los dos solos diré quien soy; pues ni vengo a profanar el sagrado de tu limpio honor, ni menos a buscarte. . Pues a quién buscas en aqueste puesto? Ya he dicho, que estando solos te lo diré. . Vete luego, Julia, a tu cuarto. . Sin duda, que satisfacerle cuerdo solicita. . No te vas? Mira::- . Vete. Ya obedezco: a mi padre iré a avisar, para que evite este riesgo. . Quién aqueste hombre será? . pero qué es lo que recelo? pues a estar culpada Julia no me llamara. Aunque intento matarle, el honor de Julia siempre he de dejar bien puesto. Ya estamos solos, el rostro descubre. . Hacerlo no puedo. Pues a quién buscas? A Julio. En mi casa a Julio? . Siendo de los dos, no contradice que le busque aquí, viviendo también Julio en ella. . Dado, que eso sea, a aqueste puesto como tu pudiste entrar resuelto a buscarle? . Habiendo hallado abierto un postigo, que sale a ese muro, y siendo aqueste jardín el sitio, a donde llamado vengo a verme con Julio. . Pues ya que apurar no sea cuerdo aviso, a lo que aquí vienes, pues puedes aún no saberlo, quién eres he de saber. Que descubrirme no puedo ya he dicho. . Será forzoso, cuando empeñado me veo. Difícil es conseguirlo. Todo es fácil a mi esfuerzo, contra quien no hay resistencia. Ninguna? Ninguna, puesto, que rayo fue fulminando siempre mi invencible acero. Menos bizarro algún día os he visto yo volviendo el rostro al peligro: el Rin es testigo. . Vive el Cielo, . que este es Carisio vengarme de él dos veces aquí intento; una con la espada y otra con su afrenta. Los sucesos de la guerra, la fortuna los da, no la espada; pero si volver pudo la espalda mi nunca vencido aliento, fue al desmán de la ventaja, mas no al traidor, que rigiendo las Tropas venía. . Solo es traidor, mal Caballero, quien pensare, que Carisio es desleal. . Yo lo pienso; y así castigo atrevidos. Lográronse mis desvelos; . pues así podré vengar mis ofensas y mis celos. Fiero pulso! . Fuerte brazo! pero cómo me detengo en matarle? . Herido estoy en el brazo y el acero perdí. Pues vuelve a cobrarle, que aunque en el honor me has muerto, en matarte sin defensa no quedaba satisfecho: vuelve a reñir. . Ya lo hago, pues me incitas. Deteneos; por qué osados indignáis las iras, y los aceros? Lo que yo sé es, que llamado:- De mi amistad, y mi afecto fuiste, Carisio, y que el sitio era aqueste jardín mismo, previniéndote, que entrases por un postigo, que abierto hallarías en el muro, para que con más secreto pudiese hallarte en negocios importantes al gobierno de Nápoles. . Ese acaso . de hallar el postigo abierto, en cuanto dice conviene con lo mismo, que he supuesto. Prosigue, pues. . Ya prosigo: me alentó a entrar aquí dentro a buscarte, y encontrando con Julia, llegó Pompeyo; reconocerme intentó, y de mi recato haciendo duelo del lance, ocasionó de reñir sin conocernos. Convenir en lo que dice, . hasta vengarme, pretendo. Lo que Carisio ha contado fue motivo a nuestro empeño, pues no prevenido yo de que hubiese quien resuelto, o en tu favor confiado, osase entrar aquí dentro, solicité castigar el atrevido despecho. En no haberlo prevenido es culpa mía, no yerro de Carisio, que ignorar hasta aquí pudo, Pompeyo, que los dos aquesta casa habitamos. . Pues no siendo culpado Carisio en nada, de vengar airado dejo esta leve sangre que me sacó mi acero mismo. Herido estás? No es la herida de cuidado. . Ponte un lienzo. A mi cuarto a repararla iré, que estorbar no intento vuestros designios. Qué hubiese de suceder este encuentro sospechoso es fuerza vaya. A saber de ti voy luego. Alguna conjuración intenta su aleve pecho: pero yo inquirir sabré sus más arcanos secretos, y dando cuenta al Senado arruinaré sus intentos. Fuese ya? . Solos estamos. Pues no perdamos el tiempo. Yo te he llamado, Carisio, para desahogar del pecho contigo tantos pesares, ansias, penas, sentimientos, como están mal reprimidos sirviéndole de tormento. Yo casé a Julia (qué horror! obligado de los ruegos de tanto Cónsul Romano, con Pompeyo, discurriendo, que el lazo del matrimonio, el amor, y el parentesco con Pompeyo, lograrian vencer su orgullo soberbio: pero apenas consiguió a mi Julia por trofeo de su amor, cuando ambicioso del mando el dominio excelso, a mi consejo es contrario, y a mi voto siempre opuesto, confederándose a él otros Cónsules del genio suyo, que de sediciones llevados, y de plebeyos intereses, mi desdoro compran, ambiciosos premios de este baldón, de esta injuria, esta afrenta, este desprecio, ya en vano puedo llevar el ignominioso peso: y así, de mi cuello altivo sacudir el yugo intento de que otro mande en mí, cuando Rey de Nápoles me veo. Y así yo intento añadir a mis gloriosos trofeos el mayor que es el invicto lantel de este sacro Imperio. Yo pretendo coronarme, ocupando el Solio Regio, y avasallar a mis plantas tantos Cónsules soberbios: grande es la empresa, Carisio, a mucho remonto el vuelo; pero las empresas grandes glorioso al valor hicieron: el renombre esclarecido de César tomar espero, no el de Rey, ni Emperador. Haces bien de mi ardimiento fía la victoria, Julio, pues solos con ochocientos Soldados, que me acompañan, y a tu arbitrio están dispuestos, como tus vasallos leales; mañana el Solio supremo del Imperio has de tomar, dándole muerte a Pompeyo. En el Senado mañana cómo lograrlo podremos? Entrando a la deshilada disfrazados y encubiertos al reír del alba en Roma, y tus Soldados cogiendo las puertas del Capitolio, luego que del Solio Regio ocupares el dominio te aclamarán, defendiendo no solo ellos tu persona, mas tus parciales, y deudos. Obre, Julio, la fortuna, que los generosos hechos la osadía los emprende, y el triunfo el hado supremo. Carisio, con tu valor dueño seré del Imperio. El primer César serás. Ese, Carisio, es mi intento. Pues a la victoria. Al triunfo. Lograranle tus alientos. Tuyo será mi laurel. Aún con menos me contento. Con qué? . Direlo mañana, si de un agravio me vengo. Nada negaré a tu brazo. De tu amistad yo lo espero. Vete, que a cumplir es fuerza con mi enemigo Pompeyo, que temo alcance a saber nuestros ocultos intentos. Queda en paz, y el hado quiera, que ciñas el Laurel Regio. Y si no lo consiguiere, quíteme la vida el Cielo. A buscar a Cintio voy. y a darle de estos intentos parte. Ah adversa fortuna, si te cansaras de serlo! Pompeyo qué intentará mandando doblar la guarda? En saberlo el juicio tarda: grande novedad tendrá tan extraña prevención. En si encierra gran misterio. Sin duda, contra el Imperio se forja alguna traición. Hoy a todo el Magistrado de Cónsules, Senadores, de Patricios, y Señores, y Plebeyos ha juntado. Sin duda, que los llamó, intentando proveer el Consulado, que ayer muriendo Livio vacó. Bíbulo logró más suerte, pues de Craso el Consulado tuvo sin haber vacado. El destierro es civil muerte. Retirémonos aquí, a ver como van entrando: más Pompeyo llega. . Dando le van memoriales. Di, Bruto, hiciste lo que dije? En ejecución lo puse: doblada la guarda esta. Cómo a mí no me descubres ese intento? . Presto el tiempo lo hará por mí. Aunque me acuse . Julio de ingrato, primero es Roma mi Patria ilustre, que el respeto paternal, que a él le debo; y pues que supe, que conjurados Carisio, y él están, Julia disculpe, que manifieste al Senado su traición; pues así cumple mi lealtad con lo que debe, y a vengarse mi odio acude de Carisio, que me ofende, y Julio, que me desluce. Ya Julio llega al Senado, cercado de muchedumbre de gente. . El sequito suyo le granjean sus virtudes, por liberal, y apacible. No hay duda, que en Julio lucen más méritos que en Pompeyo, pues soberbio los desluce. 2. Que mi gente prevenida . está, de Carisio supe. Ea, valor, a la empresa, no el miedo cobarde frustre anhelar a una ambición, que hace la osadia ilustre. Hoy la pretensión de Craso, que este memorial incluve, me ha de dar noble motivo a que el Trono Regio ocupe: pues si en el cargo de Cónsul a Craso no restitucen, porque parcial mío fue, ocuparé la alta combre de la Majestad. . La hora es ya, Cónsules ilustres, ocupad vuestros asientos. . Oíd antes que pronuncies cosa alguna, ni el Senado en otros actos se ocupe. Este memorial de Craso entrando al Senado tuve, y pido le decretéis: atendiendo a que no cumple vuestra grandeza con menos, que en restituirle al lostre honor de Cónsul Romano; pues cualquiera que le impute alguna culpa en su noble lealtad y heroicas virtudes, lo que a él le desautorice, fuerza es, que a mí me deslustre. Bíbulo notorio haga lo que el memorial incluye. Así dice: Craso, Consul de Roma, rendido acude a la piedad del Senado, para que con él la use, restituyéndole al noble honor, al sagrado lustre de que le desposeyó la envidia, no sus virtudes. Basta: diga que su culpa, no la envidia. . Nadie dude, que no la hubo en Craso. Es cierto, y cuando la hubiera, cumple piedad pidiendo al Sena por muerte de Livio ocurre vaca la Plaza de Cónsul: Julio vote. . Que la ocupe Craso con las mismas honras mando. Qué es mandar? no injuries la potestad del Senado: que votes basta, y se ajusten a tu parecer los nuestros. Lo que yo vote, no dude nadie, que no se ha de hacer, pues a cualquiera que excuse obedecer mis decretos, que a mis leyes no se ajuste, le hará mi atrado valor, y mi altiva pesadumbre más pedazos, que astros tiene ese luciente volumen, donde se escriben mis hechos, siendo sus parrafos luces. Esa ambiciosa altivez, es preciso que la fundes en ser más que Cónsul. . Pues si en eso solo se cumple mi voluntad, desde ahora intento, que se ejecute. Ea, Solio Imperial, que a nadie sobre ti sufres desde Tarquino, ya es tiempo de que adquieras nuevo lustre con mi persona: ya subo a ocuparte, no murmuren, que solo mi pecho es digno de subir a tanta cumbre. . Y pues ya sentado estoy, veamos a donde acudes a que de la posesión ninguno me desocupe. Qué atrevimiento es aqueste? A qué osadia te induces? sabes que ese asiento el peso solo de un Monarca sufre? Así quebrantas las leyes sacras de un Senado ilustre? Aquí para mí no hay leyes, y los Romanos, que sufren vuestras codicias y robos, injustas leyes sacuden. Y para que yo las borre, me da sus solicitudes esta Silla, pues soy yo digno solo de que os juzgue. Es el Senado primero, que tu atrevimiento inútil. Baja, atrevido Faetón, despéñate de esa cumbre. Viva Julio, invicto César. Viva, y del Senado triunfe. Quién esta traición aclama? Guardas del Senado ilustre, quitad la vida a este aleve. Muera. Julio, ya te acude mi valor: ocupa el Solio, que aunque abortaran las nubes rayos, no fueran bastantes a que ese Trono no ocupes. A ellos, fuertes Campeones. A ellos, Romanos ilustres. Viva Julio. Julio muera: la libertad solo triunfe. Sangrienta se va trabando la batalla, a lo que entiendo, y de ella vengo huyendo al mirar que vienen dando: que a no estar lleno de mosto, desatino es singular, que yo me quiera matar por Julio, ni aún por Agosto. Mas Carisio cuenta da de ellos, matando a rigores, mas que matan cien Doctores, pero cura hay por acá; pues Julio allí despachando a Romanos con despejo, que aunque riñe como viejo, pelea como un Bernardo. Ten piedad, padre, y señor, del noble Pueblo Romano. Mueran todos a mi saña. Compadécete a mi llanto. Julia es aquella qué miro! pues sin duda, del estrago movida, vino a ser iris de tanta ruina al Senado. Aguarda, aleve Pompeyo, pues aunque cobarde al rayo de mi ira la espalda vuelves, has de morir a mis manos. No le mates, cruel Carisio. Escapósele por Baco, a Carisio el tal Pompeyo: a llevar en los zapatos mi nombre, no menudeara tan fácilmente los pasos. Mas Carisio hacia acá viene, como un perro yo me encajo en aquesta madriguera, no huela que soy gazapo. . Que me dejase la Toga este cobarde villano de Pompeyo, y que la vida escapase de mis manos! . Sin duda alcanzó Carisio a mi esposo, e irritado de su agravio, y de sus celos, sangrienta muerte le ha dado, pues ya hallarle en vano puedo. Mas qué miro? infeliz hado! Carisio está aquí, y la Toga de Pompeyo en su vil mano veo de sangre teñida. Cómo, traidor inhumano, has dado a mi esposo muerte? Como al Imperio has quitado el atlante, en cuyos hombros dascansó en paz tantos años? Sin duda, que con ventaja derramó tu acero airado esa sangre, que vertida, aún la púrpura está honrando de esa Toga. . Ingrata, cruel, aún a tu esposo no he dado muerte: mas el sentimiento de ese tierno amante llanto, que aún derramas en anuncio de su fin funesto, tanto írrita mis nobles celos, que colérico indignado, cual saeta despedida del arco, a matarle parto. . Aguarda, espera más ay de mi infeliz! que en vano le detengo; pues ya cruel su rencor ha ejecutado en mi esposo: ya le dio muerte sin duda, pues cuando la sangre de aquesta Toga no lo estuviera anunciando, mi corazón, que es profeta, con el susto, el sobresalto, me lo está diciendo, pues falleciendo a dolor tanto, tímido late en el pecho un difunto pulsatardo. Esposo, señor, Pompeyo, no fue Carisio tirano quien te dio muerte, yo misma soy quien la muerte te he dado, por haber antes querido a un traidor, aleve, ingrato, que vengándose en tu vida, en mi vida se ha vengado. Mas articular las voces ya no acierta torpe el labio: la vista se turba, y todos los sentidos van dejando el natural uso suyo. Qué fuera con dos mil diablos, que esta mujer se muriese, y me hicieran a mi cargo, que la maté yo! A Carisio viene mi temor buscando; porque después, que siguiendo fue a Pompeyo mi contrario, no le he vuelto a ver y remo si le han muerto. . Ya faltando me va la vida, yo muero al dolor: Dioses sagrados, favorecedme. Qué veo! Julia (dolor inhumano!) qué tienes? mas no responde: yerto cadaver helado, el color al rostro niega la respiración al labio, sin pulsos está. . Ello es hecho; ella murió de algún flato, y la historia cantará como es verdadero el caso, que murió de sentimiento con la tal Toga en las manos, aunque en la Comedia viva; mas yo a contárselo escapo a mi amo, no sea que yo sin comerlo, pague el pato. . Julia, hija? qué dolor! para accidente, u desmayo mucho es esto; mas qué veo? la Toga de mi contrario ensangrentada aquí miro a sus pies: no hay que dudarlo; él, sin duda, su vital antorcha apagó tirano; a que Julia con las ansias de la muerte de su ingrato esposo, asió de la Toga, y él se la dejó en las manos. Qué haré, Cielos? que la pena de dejarla aquí, estorbando me está, que a darle mil muertes no vaya mi enojo airado. Por esta parte echó Julia. Busquémosla. Mas qué extraño expectáculo! Señor, pues qué es esto? Haber dado muerte a Julia; mas la pena no me deja pronunciarlo: cuidad de ella, mientras voy a vengar tan cruel agravio. . Aguardad. . Si muerta está, qué ha de aguardar? Qué quebranto! Llevémosla, y sepa Roma, que Julio la muerte ha dado a Julia su hija. Qué oigo? hay más infeliz presagio! A Julia ha muerto su padre? a mi esposa? pero engaño es, pues hubiera yo muerto a haberme su sol faltado. Fortuna, tantos baibenes, tantos sustos! No ha bastado, que todo el Pueblo de Roma cobarde me haya dejado, sino que a Julia mi esposa digan la ha muerto? Romanos, muera Julio, pues dio muerte a su hija; no un tirano de la cabeza del Orbe el laurel ciña sagrado. Eso sí, Rómanos nobles, muera Julio a vuestro lado tenéis a Pompeyo. Muera también Carisio. m. Cercadlos. Por aquí van. Qué es aquesto? Julio, señor? . Conjurado el Pueblo se ve, diciendo, que yo a Julia muerte he dado, siendo el traidor de Pompeyo quien apagó su sol claro. Qué dices? Pompeyo ha muerto a Julia? infeliz fracaso! Cómo, Cielos, tengo vida! Pues, señor, a qué aguardamos? Muera, pues, Pompeyo y Roma arda en iras, y en estragos. Aguarda, que no es valor el morir de temerarios: nuestros Soldados son pocos, y contra un Pueblo irritado no hay resistencia ninguna. Pues qué intentas? Retirarnos con valor y bizarría, y que de Roma salgamos. Sin vengarnos, eso piensas? Antes, Carisio, lo hago, para vengarme mejor de Pompeyo; pues pasando a Nápoles, alistar podré mis nobles vasallos, y arruinando a toda Roma, ceñirme el Laurel sagrado, que la muerte de mi hija de las sienes me ha quitado. Dices bien. . Y muy rebién, pues dice el común adagio, más vale salto. Seguidlos por todas partes. . Cercando nos vienen. Pues escapemos. Hecho un etna, un volcán parto, sin dar a Pompeyo antes cruel la muerte. A qué aguardamos? Vamos, pues así lo quiere el destino de los hados. . Por aquí van los aleves. Seguid su fuga, Romano:. Su alcance imposible es, pues en orden retirados se han salido ya de Roma. Que así se hayan escapado, sin tomar satisfacción del más inhumano agravio en la muerte de mi esposa! donde hallaré, Cielos sacros, alivio a tan grave pena, si en la muerte no le halló? En tu esposa hallarle puedes, pues vuelta ya del letargo, que la pena ocasionó de tantas ruinas, y estragos, a dar vida con su aliento volvió a las flores del campo. Qué dices, Bíbulo amigo? Que solo ha sido un desmayo el que eclipsó de su sol sus lucientes bellos rayos. Vamos a verla: y pues Roma por Julio queda llorando tantos estragos, y ruinas, tantas muertes, y fracasos, prevenga luego sus armas para estorbar de un tirano la ambición, con que al Laurel intenta aspirar osado. Muera Julio, porque Roma sacudir logre el pesado yugo de que la gobierne otro Tarquino tirano. Eso sí, Roma destruya este injusto infiel padrastro.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Esas voces, dueño mío, y aquellas cajas, Pompeyo, con ese traje, que vistes, ocasionan mi tormento. A donde, dueño y señor, triste, afligido, y suspenso te llevan las ansias mías, dejándome a un mismo tiempo muerta el alma, que te estima, vivo el dolor de que muero? Julia, bien sabes la causa, que ocasiona estos estruendos marciales, contra tu padre se mueve todo el Imperio. La reputación de noble me llama, y el desempeño de tanta sangre vertida, como bárbaro, y soberbio derramó tu airado padre, de su púrpura sediento, a castigar su osadía parte mi noble ardimiento. Contra mi padre? . Sí Julia. No sabes, que el ser le debo? Si lo sé. Qué eres mi esposo? Sí, Julia. . Que si tu acero derrama su sangre vierte la mía? . Todo lo veo: pero primero mi madre fue Roma, que el parentesco contrayese yo con Julio tu padre y así, antes debo satisfacer los agravios, de quien hijo me confieso, que atender a la fineza de tu paternal afecto. Esas voces me disculpen, que al són de marciales ecos, y de instrumentos sonoros, van poblando el vago viento. Publicad el bando aquí, que es la casa de Pompeyo. Para dar de todo aviso . a Julio, observando vengo lo que este bando pública. Alternad los suaves ecos. A mis ecos sonoros venid, volad, moradores de Roma, corred; porque en ellos ofrece el Senado a triunfo adquirido, glorioso laurel. 1. Salga el magno, el augusto Pompeyo, a quien el Senado le da su poder, y gobierne las armas Alcides, hasta que se mire vengado por él. Cuando el Senado lo mande, mi amor y mi llanto es quien rémora afable debía tu ímpetu detener, incitando contra aquella, que te adora. . Dices bien, Julia; mas es el honor quien me está mandando, que::- 2. Marche al son de las trompas, y cajas, olvide lo hermoso de Julia; pues es nuestra ruina, si mira sus ojos bañados en llanto de su rosicler. Puedo yo contravenir contra un precepto, en que ves que previniéndome el riesgo de tus ojos, manda, que tu hermosura olvide, cuando tan dificultoso es? Ser fino con una Dama, crédito noble es también del valor, y no abandona su esfuerzo animoso, quien por no ofender a quien ama, deja de vengarse cruel. A cobardía, no a amor se atribuirá en mí, que faltara al común agravio, por el privado interés de mi pasión y más cuando el bando pública::- . Cruel, qué puede el bando mandar, que sinrazón no sea? . Qué::- 1. No divierta en amores ninguno, agravios que siente de ajeno interés; porque el gusto sin honra no vive, por más estimado, y querido que esté. Cuando el decreto promulgue tan bárbara injusta ley, y obedecerle sea fuerza, no se debe obedecer tan prontamente, Pompeyo que parezca al partir, que el deseo de vengarse en mi propia sangre, es quien a la obediencia calza alas de pluma a los pies: y en fin, no hay remedio alguno? Julia, no hay remedio, pues forzoso es luego partir, aunque se deje mi fe en tus ojos toda el alma; pues me está llamando el fiel eco del clarín ruidoso, y ese acento acorde, que al triunfo convoca, cuando repite una y otra vez::- A mis ecos sonoros venid, volad, moradores de Roma, corred; porque en ellos ofrece el Senado a triunfo adquirido, glorioso laurel. Pues vete, no te detenga mi llanto, Pompeyo; pues nunca un pecho de diamante le consiguió enternecer, ni la porfía del llanto, ni el búril del ruego fiel. Tus lágrimas deteniendo me están tiernas, y no sé, como el bajel de mis ansias tanto golfo ha de romper. Aún más de lo que intentaba saber, he sabido, pues en aqueste mirador a Julia, y Pompeyo ve mi atención, que se despiden; en qué para he de saber. No llores, Julia. Pompeyo, vece al punto, que otra vez te llama el cavado bronce, como culpándote, que a quien Marte incita, pueda amor niño detener. Cómo tengo de partir, sin que los brazos me des? . Mis brazos corona sean de tu fino amor cortés. Los míos unan dos almas a un lazo estrecho más qué es esto, que el corazón, profeta del mal, y el bien, me está diciendo en latidos? Pues qué te dice? No sé. Explícate, esposo. . Julia, presunción cobarde es del amor que siempre teme lo que más ama perder. No me disfraces el mal con la máscara del bien: qué te anunció el corazón? Lo que me predijo fue, que el último abrazo nuestro este, Julia, había de ser. Qué es lo que dices, Pompeyo? Pues vive mi amante fe, que entre el peligro amorosa me he de perder yo también. Pues qué intentas, Julia? Nada. Declarate, esposa. . Ten, que ya el clarín armonioso te llama tercera vez, y la dilación es culpa en quien seal, y noble es. No puedo contradecir lo que yo propuse. . Pues a triunfar, esposo mío. Julia, a morir o vencer. Qué dolor! Qué fuerte trance No te vas? Adiós, mi bien. Perdone el noble decoro, que aunque parezca altivez, a ver mi muerte, o mi vida, he de partir yo también. . Ya se fueron con amante fineza, y rendida fe se han despedido; y pues no me queda qué saber, y de cuantas prevenciones de guerra el Senado cruel ha hecho contra Julio, tengo dadole aviso; este iré en persona a darle yo, que a mi valor no está bien, que sirva a Julio en la paz, cuando en la guerra el laurel del triunfo le puedo dar, si llego a tiempo también: pero Marco Antonio, y Bruto aquí vuelven otra vez. Pase la palabra y marche todo el Ejército. . Hacer más sospechosa no intento mi persona; y así es bien extraviando las jornadas partirme a Nápoles. Ve gobernando diligente, Bruto, esas Tropas. . Si haré, cuanto a mi cargo tocare, como Capitán sabré gobernar con la lealtad, que he hecho siempre. Al parecer, que no vas gustoso siento a aquesta guerra. . No sé qué sobrenatural causa, que no llego a comprender y solo a nuestra amistad la fineza) causa es para no marchar gustoso, y más contra Julio. . Haber sido padre de la Patria, y ser hoy padrastro cruel, vence cualquiera atención, que le hayas debido. . Aunque sus sediciones condeno, no puedo, amigo vencer esta secreta pasión, que le tengo pero al ver el que atropella Pompeyo, por el parentesco, que con él tiene mi lealtad, obra lo mismo también, aunque lo siente el cariño: . mas qué rumor este es? Que ha montado ya Pompeyo, y esta salva Real a él le hace el Ejército. . Vamos. Vamos, Bruto, amigo. Quién de este amor me descifrara la causa? pero si es influjo del Cielo, él solo es quien la puede saber. . Haz, Cintio, diligente, antes que el Sol se oculte en el poniente, que seis tropas ligeras de caballos, que aún el viento no pueda aventajarlos, al fin de la Francia marchen luego, que de pena, y cuidado no sosiego, mirando que ya tarda Carisio, a quien mi afecto fiel aguarda, que en mi nombre advertido a pedir al Francés Monarca ha ido sus Tropas auxiliares, contra las invasiones militares del Imperio Romano cuyo poder, marchando ya tirano sé de Celio que viene, y por si el Rin ocupan, ya conviene, que asegurar mis Tropas la persona vayan, pues, de Carisio. Bien abona tu cuidado propicio el afecto que tienes a Carisio: marcharán al instante tus Tropas, siendo yo quien arrogante las vaya conduciendo. Tu cuidado sabré premiar. . Pues a partir osado voy. Parte al momento: mas qué clarín sonoro asusta el viento? A saber voy la causa; mas ligero de un caballo desmonta un Caballero, y a tu vista ya llega. Quién será? Quién a tus plantas llega feliz y contento, Julio. . A mis brazos levanta, Carisio amigo, ellos sean quien seguras confianzas te den de mi amor. . Y yo no merezco, señor, nada? Yo me acordaré de ti. Si tu memoria es tan flaca como mi posta, por Baco, que será larga la paga, cuando traigo hecha una breva: Qué, Tacón? di? La fachada de las mismas accesorias de aquesta viviente casa. Aparta, loco. . Carisio, qué te ha sucedido en Francia? Que su Monarca te envía sus auxiliares escuadras, las cuales sus cabos ya traen en concertadas marchas, y estarán aquí muy presto; y en muestras de la alianza, y amistad Real, que contigo hace el invicto Monarca Francés, a decir te envía, que si al socorro no bastan las escuadras que te ofrece, que en tu ayuda toda Francia vendrá, y su Persona Real, si es que al socorro le llamas. A darme vuelve los brazos, que solo tú con tu hidalga bizarría, y tu discurso tan grande empresa lograras; agradecido es preciso, que le sea al Rey de Francia. Y qué has sabido de Roma, señor? . Que Pompeyo marcha por Capitán General de las Legiones Romanas a toda prisa. esto Celio me avisa. . Cuánto se tarda en llegar, tiene de vida mas su ambiciosa arrogancia: y qué avisa Celio más? Que aunque Roma está irritada conmigo, es el vil Pompeyo quien aviva más la llama del enojo, concitando a todos a la venganza; y por él me llaman todos el padrastro de la Patria. Él solamente es padrastro, y aún vuestro. Esa arrogancia tendrá castigo muy presto, y la nobleza Romana reconocerá, que eres digno del Laurel, que aguardas: y no avisa Celio más? El por saber solo anda, . si ha resucitado Julia, que es por lo que más se mata; pues no ha hallado quien le diga si es viva, o muerta. Con ardua diligencia dice Celio, que Bíbulo de la Alsacia para reclutar espera gente, con la cual aguarda con su retén marchar luego. Que Julio no me hable nada de su hija! mas sin duda . murió, pues de ella no habla; mis esperanzas murieron, mas no mi justa venganza. Y vino Celio, señor? Yo le avisé que marchara luego aquí, con que en venir ya tarda Celio. No tarda, cuando ya a tus pies está. . A mis brazos, Celio, alza: cómo has tardado? . Señor, porque del Rhin a la falda de un monte, que le circunda, esperando están las Guardas de Pompeyo un gran socorro; y viendo que me cortaban el paso, me fue preciso tomar extraviadas marchas para llegar a tu vista; y después de darte largas noticias de otros avisos, que son de grave importancia, no malograr la ocasión de servirte con mi espada. Yo te estimo la fineza, pues de tu diestra bizarra fío la empresa mayor; y a los avisos te pasa, que participarme intentas. El primero es, que mañana con el retén llegará Bíbulo, con lo que falta al Ejército. Y Pompeyo? . pero quien esta llamada con las voces del clarín hizo? . Desde la muralla lo podrás ver más lo que a advertir de aquí se alcanza, es un Soldado arrogante, que armado de todas armas, sobre un bruto, aquí se acerca. Veamos, pues, qué es su demanda. Ah de ese muro soberbio: ha de aquesas atalayas. Quién llama? Decid a Julio, que a hablar a un Romano salga. Julio te habla, di quien eres? Soy el trueno, que os aguarda, relámpago, a cuyas luces miréis vuestra misma infancia, y después saliendo el rayo, que arruina, destruye, abrasa de la nube de mi pecho, os convierta en polvo, o nada. El fuerte Pompeyo soy. el terror es quien te llama de todo el Orbe, el ilustre libertador de su Patria, y pues ya sabéis quien soy, ahora atiende a mi demanda. La ambición de este Laurel generoso, que en las altas Deidades le conservaron hasta aquí para sus sacras sienes, desde que Tarquino le hizo posesión tirana. La ambición de este Laurel (vuelvo a decir) fue la causa de tu deslealtad cobarde, y tus presunciones vanas: este es el propio Laurel y aqueste mismo el que ensalza mi frente; pues si aspirar a él se atrevió la arrogancia de una deslealtad, mejor a la lealtad se consagra de quien no la tiranice, sino a méritos le alcanza. Mas si le queréis, cobarde, como posesión tirana de tu soberbia ambición, de tu presunción bastarda, y ceñírtele pretendes, a los Campos de Farsalia sal luego, que allí te espera cuerpo a cuerpo y lanza a lanza, el mismo asombro de Marte, el propio pasmo de Palas, el terror de las Naciones, el asunto de la fama, el invencible Pompeyo que con decir esto basta. Y el senor mátalo todo, solamente de palabra. Expurio parto de Roma, bastarda nube preñada de cautelas y traiciones, soberbia Torre elevada sobre el viento, pues te fundas en desvanecidas basas: torpe Cónsul de un Senado, donde solamente manda la sinrazón y gobierna la ciega ambición tirana: cómo, cobarde, te atreves a retar hoy cara a cara a quien aleve volviste, cuerpo a cuerpo y lanza a lanza las espaldas en el Rin, buscándote sin ventaja? Mas pues me retas, cobarde, a los Campos de Farsalia, teatro, que en la Tragedia represente tu desgracia, a quitarte ese Laurel, que en tu cabeza se infama, y las sagradas Deidades para mi frente guardaban; al punto saldrá a buscarte animoso a la Campaña el escándalo del Orbe, el Hércules de la Fama, el horror de sus contrarios, el pasmo de toda Italia, Julio Emperador de Roma, pues que ya César se aclama, quien ese Laurel, que cines, le ha de adquirir con su espada. Y el señor timebant gentes, que es lo que decir te falta. Tus arrogancias verás presto a mi esfuerzo frustradas: en la Campaña te espero, que en ella menos se habla. Al punto salgo a buscarte. Pues toca, Trompeta. Aguarda, Pompeyo. . Si en detenerme dilatar tu muerte tratas habla, pues, que aqueso más vivirás, que en salir tardas. No es Julio quien te detiene, que es Carisio quien te habla. Pues qué quiéres? Que si a Julio por más suerte (que es voltaria la fortuna) consiguieres vencerle, triunfar te falta de quien invencible es fuerza, que su venganza le haga. Porque veas, que desprecio de uno y otro la arrogancia, si queréis salir los dos, os haré a los dos Campaña, que traidores solo abultan, mas no cortan sus espadas. Vive mi ardiente coraje, aleve, que si me aguardas, te tengo de hacer pedazos, aunque desde esta muralla me arroje. . Qué es lo que haces, Carisio? . Buena arrogancia! no te arrojes, que es quitarme la gloria, si es que te matas, de que yo lo pueda hacer cuando salgáis a Campaña: a los dos solo os espero. A mí es a quien solo aguarda. A mí me reta. . A los dos os desafío, que para mi valor, mil desleales, siendo yo noble, no bastan: toca, Trompeta; allá aguardo . en los Campos de Farsalia. . Hay arrogancia mayor! Qué intentas? Que luego salgan a la Campaña mis Tropas; con el socorro de Francia parte en llegando. . Qué dices? así mi valor ultrajas. Yo había de dilatar el ir a tomar vengauza de aquese cobarde? a Cintio, que lleve el socorro encarga de Francia. . No por lograr una tan feliz hazaña, como dar muerte a Pompeyo, se aventure una batalla. Aunque de Cintio podría confiar el que llevara el socorro que le estorbe es preciso, que su espada me quite el triunfo de dar la muerte a Pompeyo. . En nada la batalla se aventura, sabiendo, que hace ventaja nuestro Campo al suyo, cuando el socorro no llegara de Francia a tiempo lo mismo sucediera en el que aguarda el Imperio. . No hay que hacer consecuencias, que mi marcha luego ha de ser: tú, Carisio, a las Escuadras de Francia has de esperar. . Vive el Cielo, que no ha de decir Italia, que de tu lado falté, cuando sales a batalla; y así por vida:- . Detente, no jures, que te lo manda Julio, no como tu amigo, sino como quien las Armas, Capitán General rige, siendo absoluto Monarca de Nápoles. . La obediencia ya es precisa, aunque a mi fama oscurezcas. . Mas se ilustra el Soldado en la Campaña, cuando obedece, que cuando peleando un triunfo alcanza. Qué esto quieras? . Es querer lograr la victoria. . Que haya, quien por ir a pelear se mate, pesia mi alma! a ser cosa de comer cierto es, que yo me matara. La Caballería, Cintio, tú regirás de mis Guardas: tú, Celio, por Capitán irás, que mi afecto paga tus servicios. . Tus pies beso. Y yo también por tan altas honras. . Hasta esto, fortuna, . andas conmigo tirana, pues ni aún preguntar a Celio puedo por Julia! más nada ha de estorbarme, a que antes, que Julio llegue a Campaña, no haya de Pompeyo yo tomado fiera venganza, estorbando el desafío con el socorro de Francia. Al punto marche mi Campo. Marche, y pase la palabra. Con aloja de danzantes mas quisieran remojarla. Haced alto en la falda de ese olimpo, que sirve de guirnalda a esos campos amenos, de fragrancias, y flores todos llenos, que para animaros, yo soy el primero que al riesgo se aventure. . Muera Julio. Muera, Romanos y a ellos. Con qué sentimiento irrito contra Julio mi ardimiento! A ellos, Napolitanos. A ellos, y viva Pompeyo. . Viva Julio. . Hasta la tienda ha llegado mi despecho de mi enemigo y por más que le busca mi ardimiento, es imposible encontrarle; que así Carisio, rompiendo el Campo, me haya quitado la gloria de que mi aliento cuerpo a cuerpo en la Campaña diese la muerte a Pompeyo! pero yo le buscaré, aunque me le oculte el centro de la tierra. Que nos cargan, de los repechos logremos abrigarnos. . . Ah Romanos, no os retiréis pues ejemplo os da mi valor. . Qué escucho! este es Pompeyo al encuentro le saldré. Seguidme todos. Espera, aleve, que cuerpo a cuerpo ya en la Campaña, y sin ventaja nos vemos, prueba ahora, si es que riñes, como hablas. . Aunque el duelo excusaste de la lid a que te retaba, haciendo romper mi Campo, por no arriesgarte solo, acepto aquí la batalla: riñe. . Ya lo hago. . Notable esfuerzo. Gran valor. . En vano ya resistir su impulso puedo. A lindo tiempo llegamos. Qué atropelles tanto riesgo! No hay temor en las Matronas Romanas, si a riesgo veo a mi esposo, a quien estimo, y a mi padre, a quien venero. Sígueme: pero qué miro? mi esposo, y padre! teneos, no irritéis así indignados contra mi vuestros aceros; pues de cualquiera la vida es la vida con que aliento. Tú aquí, Julia? Tú aquí, hija? Mas aparta. . Quita. Ciegos, o me habéis de dar la muerte o he de excusar vuestro riesgo. En vano lo solicitas. En vano es tu noble intento. Que he de dar la muerte a Julio. Que he de matar a Pompeyo. Pues mirad, qué habéis de hacer, que muralla de ambos pechos en mi empleará vuestro impulso las heridas del acero: y así los dos::- . Quita, Julia. Julia, aparta. Defendernos es imposible, Romanos, huyamos. Seguidlos. . Cielos, qué oigo! en fuga aleve se pone mi Campo. . A ellos. Victoria por Julio. Amigos, a Julio todos busquemos, pues en toda la Campaña no ha parecido. . Pompeyo, ponte en fuga, que los míos me buscan y no pretendo darte muerte con ventaja. Primero morir intento. Llegad, que aquí Julio está peleando con Pompeyo. Muera este aleve. Qué es muera? no veis, que yo le defiendo? Matadlos. Tened, que es Julia que nos detenga. . Cobardes, morir matando es mi intento. Sino suspendo su impulso, . le han de matar: Deteneos, Napolitanos. Por Baco, que los Romanos huyendo van ya. . . Victoria por Julio. Viva el gran Príncipe nuestro. Viva, a pesar de cobardes: ahora entra la mía: a ellos. No quede ningún Romano vivo, seguidlos. . Lo apruebo: mas dejen siquiera uno, para que cuente el suceso; más Carisio viene aquí. Qué no encuentre con Pompeyo! de qué me aprovecha el triunfo, que ha conseguido mi esfuerzo, si de quien dio muerte a Julia, que era mi bien, no me vengo? que no vengue yo la muerte de::- Julia, Julia. . Qué es esto? quién antes de que formase su nombre, me hurta el acento que quien la llama es Pompeyo? Dices bien; mas como muerta de ánima en pena la invoca. Pero como me detengo en irle a dar muerte? . Aguarda: pero tras él voy. Pompeyo, libra tu vida, que yo, que no te sigan defiendo. te ha de alcanzar mi despecho: aguarda, aleve. Detente, tirano. . Qué es lo que veo? si es ilusión del sentido, o fantasía del miedo! mi hija. . No hay ningún respeto, , , , . Dejadle, no le sigáis, Soldados. . Que a tan mal tiempo llegase mi padre! . Carisio? hija Julia? . Albricias, Cielos, que viva está Julia, pues novedad ninguna ha hecho. Viva Julio, viva, y logre de César el Laurel Regio. Señor, a tus pies rendido se postra el Romano Pueblo, y por Monarca te ofrece vasallaje. . Su fiel celo premiaré. . Y si es disculpa el haber con sentimiento desnudado contra ti, señor, el luciente acero, te suplico, que a tu gracia me vuelvas. . Bruto, no puedo negarte lo que me pides, pues ser mi contrario es cierto, que no puedes tú, ni yo serlo nunca tuyo, puesto que hay secreta causa en ambos, para no hacernos opuestos. Mi hijo es, más publicarlo . por su honor, ni el mío, debo. En Farsalía, antes que a Roma llegues, te dará el Imperio la investidura de Rey. de su nombre? . No conoces, . Carisio, pues a tu esfuerzo es a quien debo el Laurel, partirle contigo ofrezco. ya la llama? . Bueno es eso: . Tu amigo, y vasallo soy. Julia, cesen los extremos de tu pena, que a tu esposo le hizo infeliz ser soberbio. Tú a Pompeyo por marido me diste. . No te lo niego: yo lo erré. . Y yo lo lloro. Y yo amante lo padezco. . Aunque el viento te dé alas . Visto el triunfo, saber falta, en lo que acabó Pompeyo: nadie se vaya, señores, porque es el alma del cuento. Vamos, hija. Julio viva. Viva el gran Príncipe nuestro. Seguidle todos. Atajadle, muera. Imposible es seguirle, aunque se quiera; porque ya despechado desde la cumbre se ha precipitado de este soberbio monte. Despeñado Faetonte logré mi precipicio: hado inconstante, si hasta aquí propicio, hasta donde mi adversa infeliz suerte ha de llegar, si en brazos de la muerte severo tu rigor me considera, por qué me usurpas, que en sus brazos mue- más cuando a un desdichado (ra? la fortuna su muerte no ha estorbado por quitarle el consuelo en ansias tales de qué acaben sus penas, y sus males! Pues cuando mi despecho bájar pedazos hecho creyó al rigor esquivo en tanto risco, me contemplo vivo: vivo, para que sienta mi infame deshonor, mi vil afrenta, pues Julio ya ha triunfado de mi valor, de Roma, del Senado con tal desdoro, haciendo que por salvar la vida salga huyendo de la batalla (pena rigurosa!) dejándome la vida allá en mi esposa: pues esto en mi contemplo, si soy de la fortuna infausto ejemplo, para qué quiero vida? ser intento yo mismo mi homicida: más es desesperado impulso, cuando puede mi irritado valor tener confianza del logro de mi ofensa la venganza, dando la muerte a Julio mi enemigo, siendo escándalo, ruina, atroz castigo de Roma, Patria mía, pues me dejó su aleve cobardía en el peligro: y puesto, que me veo libre de que me sigan, Tolomeo Rey de Egipto triunfante, he sabido no está de aquí distante: de él mi valor intenta valerse, y con sus armas tanta afrenta vengar; y así qué aguardo, que en buscarle ofendido, y noble tardo? y pues mi ruina el hado me previno, al acaso me entrego del destino: él me guíe en fortuna tan severa, (. donde tome venganza, o dónde muera. Ocupa, señor, el Solio, el Cetro empuñe tu diestra de aqueste Imperio Romano, que es del Orbe la cabeza. Las Águilas Imperiales, batiendo sus alas, sean quien del Laurel te coronen por heroico augusto César. . Romanos, honor del mundo, yo os estimo la fineza, con que vuestro leal afecto mi coronación celebra. Y en recompensa os ofrezco de vuestra noble obediencia manteneros en justicia de tal suerte, que anteceda el premio al mérito, antes que la súplica intervenga. Por padre, y César, señor, la primera soy que os besa la mano. . A mis brazos, hija Julia, levanta; y en muestras de lo que te amo, a Pompeyo luego al punto que parezca, conservarle te prometo en las altas preeminencias, y honores, que antes tenía de Cónsul, con la grandeza de esposo tuyo, olvidando su ingratitud. . Que esto yo vea, y no muera! . Tus pies beso por tal favor. . Por diversas partes he dado ya orden, que le busquen. . Mi obediencia por Monarca de este Imperio la mano, señor, te besa. La ceremonia prosiga ahora. A tu vista llega a toda prisa un Soldado de Tolomeo, que audiencia pide. . Decidle que entre. Si de Pompeyo trae nuevas? Tolomeo, Rey de Egipto, sabiendo que tus proezas premia la invencible Roma con el título de César, este presente te envía, en muestras de la perpetua alianza de amistad, que hace contigo, y en muestras de saber, que el mayor triunfo tuyo, es el que te presenta. Llegadle: pero qué miro? . hay atrocidad más fiera! la cabeza es de Pompeyo. De dolor, de ansia, de pena el corazón por los ojos . se exhala en lágrimas tiernas, pues no pasan de la muerte los odios en la nobleza. Recatarla de los ojos de Julia es bien. De tan ciega inhumanidad, decid a Tolomeo, que tenga por cierto, que he de tomar una venganza sangrienta: esa fuente retirad. No sé qué el alma recela, viendo llorar a mi padre. Qué llanto es este del César? En qué pudo Tolomeo ofenderte, cuando era Pompeyo tu cruel contrario, y te envía su cabeza por presente? Hombre, qué dices? la cabeza (yo estoy muerta! de Pompeyo? . Del que fue contrario de Julio César . la cabeza es esta. . Cielos, en desdicha tan adversa, mi propio dolor verdugo de mi infausta vida sea; mas ya la voz se entorpece, el corazón ya no alienta, y aqueste humano edificio desalentado flaquea. Retiradla de mis ojos, . y lo que desmayo muestra, no sea preciso accidente, y llevad esa cabeza. Y tú, aleve Embajador, dile a tu Rey, a esa fiera, que inhumanidad tan grande he de ir en persona misma a castigarla, tomando la venganza más sangrienta, que en los anales del tiempo escriben sangrientas letras. Yo le diré a Tolomeo cuan mal pagas su fineza. . Hombre aciago, si eres Martes, por qué de Sabado llegas? Vamos, que de pena muero, y cuando Roma celebra mi coronación gloriosa, diga una, y otra tragedia, de mi infausto fin la ruina, pues con desdichas empieza. Aunque el sentimiento es justo, en vaticinios no creas, pues nadie quitarte puede el que ya Emperador seas. A grande costa es, Romanos; pues a perdida tan tierna, como es una hija, y es la de un amigo, no queda más consuelo, que vengarla: muera Tolomeo. . Muera. Y aquí, Senado discreto, si es que os agrada, fin tenga:: La Batalla de Farsalía, y el mayor Triunfo de César.
