Texto digital de La mayor dicha en amor y glorias del rey Fernando
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La mayor dicha en amor y glorias del rey Fernando. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mayor-dicha-en-amor-y-glorias-del-rey-fernando-la.

LA MAYOR DICHA EN AMOR Y GLORIAS DEL REY FERNANDO
JORNADA PRIMERA
Oóolo ̱. Oberbios Mahometanos, que engañados del aliento aún pretendéis resistir las miserias del asedio, a vuestro Alcarde decid, eres que el Rey Fernando ha resuelto sino entrega la Ciudad, entrarla a sangre y a fuego, no dejando de sus muros señal que acuerde a los tiempos que pudo hacer resistencia a su católico esfuerzo. Pues decid al Rey Fernando, que yo que las veces tengo del Alcarde (por estar ausente) no solo intento entregarle la Ciudad; sino que he hecho juramento a nuestro Santo Profeta, de que la he de ver primero volar al aire en cenizas que entregarla; y cuantos dentro viven, juraron de verse antes que rendidos, muertos. Pues católico Fernando, glorioso Marte guerrero que a la militante Iglesia sacrificas tus afectos; zcomo no das el castigo a esos enemigos fieros, asaltando la Ciudad, donde con herordo celo antes que sufran el golpe, reconozean su escarmiento? que yo seré la primera que en sus Almenajes fieros la cruz de Cristo enárbole, en cuyo asalto muriendo, logre la mayor victoria, la ley de Dios defendiendo. Vuestra Majestad, Señora, temple tan noble ardimiento, que el valor de nuestros brazos asegura el desempeño. Mandad que se dé el asalto, Señor, no lo dilatemos. Dad licencia de que yo de un brinco suba el primero a echar toda esa canalla, Gran Señor, a los infiernos, y que heche toda la plaza a rodar, si me enfurezco. Yo no puedo brincar tanto, Señor, porque ya estoy viejo; pero como suba arriba, yo os aseguro y prometo que no deje Moro vivo, y seáis de la plaza dueño. Valerosos Españoles, aunque confianza tengo que cada uno de vosotros puede darme el vencimiento, con todo quiero esperar a que se incorpore el tercio que manda el Conde de Ureña; pues cuando estoy conociendo lo difícil de la empresa, a exponeros no me atrevo. Nosotros somos bastantes; dar el asalto queremos. Oh valientes Españoles, vuestra lealtad agradezco; pero resuelvo aguardar al de Ureña. Es buen acuerdo, aunque con tales soldados seguro estaba el suceso. Ya llegó el Conde de Ureña demos el asalto luego. Llegó el Cónde? Si Señor, y a tus pies, Monarca excelso, pido que me des tu mano. Ureña, mucho me alegro que llegéis a esta ocasión, En todas estoy dispuesto a vivir para la fama, si por la fe y por vos muero, La tropa pide el asalto, qué haremos? Dársele luego, pues si antes que se les mande el peligro están pidiendo, no dársele, fuera injuria, y consedérsele, es premio. Dice bien. Mandadlo vos. La merced os agradezco, y yo os ofrezeo morir, o la victoria os ofrezco. Noble Marqués de Águilar, ese torreón derecho asaltaréis hasta uniros con la muralla del centro: al maestre de Santiago llevad, y a Portocarrero, a Don Sancho de Castilla, Luis Fernández Pacheco, los maestres de Calatrava y Alcántara, con los tercios que el Marqués de Astorga manda, y Don Antonio Toledo. Vos, Señor Marqués de Cadiz, por ese lado siniestro haréis lo mismo, llevando al gran Marqués de Caicedo, Don Hurtado de Mendoza, a Don Alonso Sarmiento con el Donde de Tendilla, a Don Diego de Salcedo, Don Juan de Murcia y su gente, y a Padilla: y por el centro afaltaré yo, quedando Don Luis y otros Caballeros en defensa de los Reyes, hasta lograr el trofeo. Hijos, por la fe y el Rey a morir vamos resueltos. Como por la fe muramos, todos morimos contentos. Dichoso Monarca es quien tiene vasallos como estos. Envidiarlos puede el mundo. Vencedor, Rodrigo, o muerto. Padre, a no dejar ninguno. Hijos, arriba. Asaltemos. Viva la fe de Dios. Viva. Soldados, a defendernos. Españoles, hoy es día que aquesta Ciudad ganemos, porque luego en sus mezquitas a nuestro Dios coloquemos. Hijos, la gloria de Dios es la que solo pretendo; mostrad que sois Españoles, sus contrarios acabemos: yo os sigo, Soldados míos. Qué hacéis, Señor? deteneos. Qué intentáis? Acompañarlos, que envidia a su valor tengo. Baza por el Rey Fernando augusto Monarca nuestro. Aquí Moros, que se llevan nuestro Estandarte. Qué advierto! Ureña en peligro está: qué aguardo que a socorrerlo no voy? Mirad vuestra vida. Nada reparo ni atiendo; que no estimo la victoria si tan gran Soldado pierdo. Aunque la sangre me falta, no me faltan los alientos; muerto podréis verme, mas no me veréis prisionero. Viva el Rey de España. Hijos, ved que el de Ureña está en ríe socorredle. Ay infeliz! Qué escucho! Válgame el Cielo! . ; Oh victoria desgraciada, pues la gano a tanto precio! me falto el mejor Soldado que ha visto el Mundo: oh portento del valor! muchas victorias perdiera por no perderlo! Yo, Señor, muero gustoso, pues mi obligación cumpliendo, por la fe de Dios y vos derramo mi sangre. Presto, retiraos. Eso no, porque mientras tenga aliento he de morir o vencer, no desamparando el puesto; y el estandarte del Muro sea alfombra a los pies vuestros. Qué hacéis? Morir con el gusto . de daros este trofeo. Oh Español el más valiente que hasta ahora ha visto el tiempo, digno que en bronces y jaspes, se hiciera tu nombre eterno! a ti te debo la gloria de aqueste día. Es ejemplo y del valor y la lealtad. Los Moros salen huyendo. Pues cortémosles el paso, y mueran todos. A ellos. Viva el Rey Fernando, Hij a vuestro lado estoy. , s Perros, no ha de quedar uno vivo, pues este luciente acero es rayo que se ha forjado de las iras de mi pecho. Mahoma, favor. Buen Santo llamáis en aqueste aprieto: idle al infierno a buscar. Ríndete, Mora. Primero convertidas en besubios las cóleras de mi pecho, para abrasaros a todos será esta espada el incendio. Seguid todos el alcance. Viva el Rey. Pero qué es esto? Esto es mostrarte, Señor, la osadía y el denuedo de una mujer invencible, que despreciando los riesgos, por su ley y por su patria de su vida no hace aprecio. Suspende, valiente Mora, los rigores y los ceños; pues en mi favor la suerte les quitó el merecimiento; y en tanto que en la Ciudad a dar a Dios gracias entro con mi ejército triunfante que el alcance va siguiendo de los Moros fugitivos, saber quien eres deseo, pues tu valor y tus prendas de noble origen las creo. Oh fortuna, cuán mudable en esta ocasión te advierto! Daraja soy, Rey augusto, de Celín Muleí Hameto, de Baza Alcarde valiente, hija, mi origen trayendo, del Boaddelín, Rey famoso, que aclama la fama en ecos: mi padre pasó a Granada a ejecutar los conciertos de mis bodas con Osmín primo del Rey, a quien dieron nombre de chico en Granada, y es el que hoy gobierna el Reino: viendo pues que la fortuna con sus variables sucesos en un día me quitaba honor, fama, padre y dueño, la muerte quise buscar, pues fuera menos tormento, perder una infeliz vida, que no perder lo que pierdo: no perder la libertad, no perder mi padre aprecio, ni perder de mi explendor los esmaltes siempre regios; perder mi esposo es lo que causa el dolor que padezco: esto solo me congoja, esto solamente siento, y esto solo podrá ser verdugo a mi vida fiero. Tan tiernamente le adoro, tan finamente le quiero, que aún en lo propio que le amo, lo que le amo no pondero. Y así, bañando tus plantas, Señor, con mi llanto tierno, te pido la libertad que solamente apetezco, paraque vivamos juntos, yo dichosa y él contento. Esto humilde a vuestros pies, heroico Fernando, os ruego; vos Católica Isabel ayudadme en este empeño: compadeceos de mi suerte, atended a mis lamentos, tened lástima de verme tanto dolor padeciendo, pues no puede haber mayor aflicción y desconsuelo, como verse separados dos que se aman con extremo. Daraja, del suelo alzad, y aunque ahora no os concedo la libertad, por razones de estado que yo reservo, yo os prometo la tendréis: mitigad los sentimientos. Hermosa Mora, yo haré con el Rey logréis el premio de un tan fino y firme amor. Solamente podrá el tiempo mostraros (ay infeliz!) mi justo agradecimiento. Ya desierta la campaña, Señor, de los Sarracenos, solo se encuentran en ella los muchos que quedan muertos. Una completa victoria, Señor, os ha dado el Cielo, paraque la Cristiandad se aumente por vuestro celo. A dónde queda mi hijo? Se ha empeñado en seguimiento de los pocos Moros que han quedado. Pues yo apuesto que no les vaya muy bien; y que al que pille por medio, de un golpe, no necesite segundo con el primero; que tiene un brazo pesado como el Diablo. Gracias demos al Cielo, pues tan benigno se declara en favor nuestro Mas qué veo? Ureña, amigo, Soldado el mejor que tengo, gloria y honor de la España, jo cuanto el miraros siento de esta suerte! Gran Señor, yo muero con el contento de verter toda mi sangre por la Iglesia. Oh noble pecho! a mi tienda le llevad, donde con el mismo esmero que si fuera mi persona se le cure: yo te ofrezco Ureña, que muchas vidas cueste la tuya. Es portento invencible del valor. Mucho a su persona debo. Al retirarme, Señor, del alcance, prisioneros hice dos Moros, que dicen son de paz, y que es su intento hablar con su Majestad. Decid que lleguen, sabremos que pretenden. Suerte infausta, jen que estado que me has puesto! Monarca el mayor del Orbe, a tus pies:- Cielos! qué veo? Qué miro? desgracia! hoy ti De que has quedado sus Hija amada! Padre mío! Dame los brazos. Y en ellos el corazón. Triste ansia! cómo de pena no muero! Cómo el pesar no me acaba! Cómo al dolor no fallezco! Vuestra Majestad perdone, me arrastrasen mis afectos que son nacidos del alma, y reprimirlos no puedo; y si el llanto lo permite, diré, Señor, a que vengo. Hablad. Yo, invencible Rey, sor el infeliz Mahometo, padre desgraciado de Daraja, que a tu supremo poder la trajo cautiva de su hado el influjo adverso: conelvidos dejo en Granada de su boda los conciertos, y cuando su amante esposo la espera alegre y contento, numerando su fineza largos siglos los momentos, llegó a Granada la nueva que a Baza pusiste cerco, y fueron las alegrías presagios del sentimiento. Y así a toda diligencia a Baza, Señor, me vuelvo con Alboacen, el padre de Osmín, para llevar luego a Daraja, y libertarla del peligro manifiesto: mas pues llegamos tan tarde, no nos queda otro remedio que implorar vuestra piedad, que apelar a tus pies regios para que compadecido de pesares tan acerbos, el alivio que buscamos en tu bondad le encontremos. Yo Monarca Soberano, con humildad y respeto, que esta gracia nos concedas, Señor, a tus pies te ruego. Ya he respondido a Daraja, que por ahora no puedo; y a vos os digo, que libre la veréis, mas no tan presto. Oh qué insufrible martirio! Oh qué terrible tormento! Ay Osmín, que algún arrojo recelo de tu despecho! Ya no queda más que hacer, Señor, no hay que deteneros; entremos en la Ciudad paraque allí descansemos, que a fe que de matar Moros el brazo cansado tengo. Rodrigo, habéis muerto muchos? No los conté; pero creo que si matara otros tantos cada día, en poco tiempo no hay duda que fuerais Rey de Tetuan y de Marruecos. Así lo tengo creído. Yo acreditado lo tengo, y llenaré voto a Dios de Moros todo el infierno. Señor, no tiene Monarca Soldados de tal aliento. Rodrigo:- Lo dicho, dicho; pues por mi dijo el proverbio, valiente como Rodrigo. Habla poco. Pero bueno. Ea hijos, a dar gracias al Cielo es justo que entremos en la Ciudad, y vosotros disponed partiros luego. Así lo haremos, Señor. Guarden tu vida los Cielos. Adiós, hija. Padre, adiós. Dame el abrazo postrero. . Tomad, padre de mi alma: Mi Daraja, no me ausento aunque me voy. Yo contigo me voy aunque esclava quedo. Adiós, hija. Adiós, Señor, y a mi esposo: qué tormento! dad de mi parte este abrazo, y dadle, (de pena muero!) mi corazón, donde vive siempre en él como en su centro. . En celebración del triunfo digan sonoros acentos:- En tanto que nuestras vidas acaban el sentimiento:- En hora dichosa lleguen los Españoles guerreros a coronarse de triunfos de sus victorias en premio: diciendo la fama. Diciendo la fama. En métricos ecos. En métricos ecos. Que vivan los Reyes. Que vivan los Reyes. Católicos nuestros. Católicos nuestros. Conque tormento el corazón es- pera las nuevas de un cuidado que le altera, y más si de amor nace! dura suerte pues cuanto vive en él, es fiera muerte. Oh Celín, lo que tardas en traerme nuevas del bien por quien espero verme libre de penas, ansias y rigores, logrando de Daraja los favores! disfrazado me vengo de Granada sabiendo como Baza está cercada a libertar mi amado dulce dueño, fineza propia de tan noble empeño. A Celín envie que la avisase, y el modo de lograrlo se tratase, y tarda siglos los instantes breves: como viendo mis ansias no te mue- ves más veloz que mí mismo pensamiento, a darme la alegría y el contento! icual será mi fortuna venturosa, cuando en los brazos de mi amada esposa viva feliz, correspondido fino, sin temer inconstancias del destino! Daraja mía, mis pesares calma; dame la vida, pues eres tú mi alma. Oh afortunado día!? mas qué veo? sino engaña a mis penas el deseo, Celín viene; mi afecto le reciba; cómo queda mi esposa, di? Cautiva. Oh Cielo soberano! o rigor fiero! si a mi esposa perdí cómo no muero? dulce Daraja mía, amada gloria, ídolo que mantengo en mi memoria; fortuna mía, pues en ti cifraba las venturas que el alma contemplaba, tu cautiva? tú esclava? dura suerte! tú de mi separada? yo sin verte? paraque ya sin ti quiero la vida si ha de ser de mí mismo aborrecida? si yo a tu lado esclavo me mirara mis justos sentimientos minorara: que a tu lado, aunque esclavo yo me viera, la esclavitud me fuera lisonjera: mas vivir sin tus brazos no es po- sible; que muera yo primero es más factible. Recibe por fineza, amada esposa, esta vida infeliz, que me es odiosa; paraque sepas, gloria apetecida, que más te quiero a ti, que no a mí vida. Amo constante en fin, muero va- liente, adorando a Daraja. Señor, tente. No me impidas, Celín, Tu yerro advierte. No me estorbes, cruel, que me dé muerte. Viviendo tu remedio puede darse, mas si mueres, es cierto no ha de hallarse; que no aflige, Señor, siempre im- portuna la inconstante Deidad de la fortunas Daraja esclava! Pues llegaste a amarla, podrás como tu vivas, libertarla. Dices bien, contenerme eso ha podido; dame cuenta, Celín, de como ha sido. Tomó a Baza Fernando Por asalto, y entre la confusión y sobresalto, a Daraja, Señor, cautiva hicieron: Rei pidie. ron (pues en esta ocasión los dos llega- ron) su amada libertad: no la lograron; y con los Reyes, triste y afligida queda en Baza, Señor. Infeliz vida! Todo lo vi como iba disfrazado; busca modo que acabe tu cuidado. Ah! desgracia cruel! un breve instante la desdicha causó que lloro amante. Celín, entrar en Baza deternino por si tal vez propicio mi destino, nace que pueda ver mi amada esposa; y con ella tratar (suerte penosa!) el modo de librarla, así logrando el mayor bien que ansioso voy bus- cando. A Granada te vuelve, y con es- mieros recogiéndome joyas y dineros, búscame en Baza, pues allí encu- bierto me encontrarás, si no me encuen- tras muerto. Solo en servirte mi placer consigo. Ya se que eres, Celín, mi fiel amigo. Templa tu pena. Háranlo mis cuidados. 2. Hasta que su rigor muden los hados. Cómo, desdichas, en tan cruel tormento puede estar reportado el sentimiento! hay Daraja adorada de mi vidal mas mi fineza queda ya corrida, viendo (pues al dolor fino no muero) que como yo quisiera no te quiero. A Baza voy, en donde:- Favor, Cielos! Mas que acentos turbaron mis desvelos! No hay quien me favorezca? Fuerte empeño! desbocado un caballo quiere al due- fío precipitar furioso y arrojado, y parece mujer; acuda osado a estorbar su ruina presuroso. Ay infelice! Ya del peligroso infortunio temido libertada, recobraros podéis. Quedo obligada, generoso mancebo, a la hidalguía con que estorbasteis la desdicha mía: y para que agradezca, como es justo, libertarme de riesgo, golpe y susto, saber es bien quien sois. Yo, Dama bella, soy quien a influjos de su adversa estrella, su patria deja, pues le fue importu- na, y en otra hallar pretende su fortuna. Puede ser que el acaso haya orde- nado puedas con mi favor verlo logrado, pues yo son Doña Elvira de Padilla, conocido linaje de Castilla: mi padre está en el cerco porfiado de Baza, y mi hermano está a su lado adquiriendo a su fama nueva gloria; y teniendo por cierta la victoria, por orden suya al campo yo venía con mi familia, y en la selva umbría una tropa de Moros fugitivos, intentaron llevarnos por cautivos: del campo de Fernando unos sold a los Moros seguían, conque osados nos libraron de riesgo tan urgente; mas mi caballo del tropel y gente espantado, corriendo desbocado doblaba a mis pesares el cuidado: y pues libre ya deél a verme llego, que a Baza me acompañes yo te vuego, pues tan cercana está, que agradeci- dos mi hermano y padre, a tu valor uni- dos hacer podrán felice tu fortuna, pues te trató hasta aquí como im- portuna. Oh! si quisiera el hado por tal medio, dar a mis fieras ansias el remedio! yo estimo a mi ventura (jay de mí triste!) que esta ocasión me ofrezca de ser- virte, pleito homenaje haciendo, que ob- sequioso con todo aquel respeto decoroso debido a tu persona, conducida segura a Baza vaya y atendida. Yo pagarte tan noble acción pro- meto. Yo esa palabra que me dais acepto. Pues no nos detengamos. Ya obedezco. Yo este favor pagártele te ofrez- co- A Baza voy en busca de la aurora que amanece a mi amor, que fiel adora; quieran los Cielos que consiga ha- llarla ya que tanto me cuesta el adorarla; a mi cuenta estar debe el enpren- y a es lo. Ya que todos fervorosos a diós las gracias rendimos de tan felice victoria, como a tu favor debimos, sin dar treguas al descanso, a Granada determino marchar a ponerla cerco; pues mi cahólico brío no sosegará hasta que logre extirpar del dominio español al sarraceno, y su pendón abatido, pueda tremolar al aire triunfante el de Jesucristo: ya de toda España, que llora bajo el yugo impío cuatro cientos y noventa y cuatro años, más asilo no les queda que Granada; pues conquistémosla, hijos, y nuestro valor recobre la perdida de Rodrigo. Ensalcemos nuestra fe, restauremos atrevidos tantos profanados Templos, que rendían sacrificios al mayor Rey de los Reyes, gloria y honor del Impíreo. Cuthólico Rey Fernando, renombre que has merecido por el tesón con que siempre persigues los enemigos de la Iglesio, pues prudente son tus triunfos, tus desigmios; Quién, viendo tu heroico celo de immortal aplauso digno, no te seguirá constante, no te acompañará fino? y yo seré la que despreciando peligros, y apeteciendo los riesgos, vestido el acero limpio, blandiendo la dura lanza, mandando el bridón altivo, seré Católica Palas, para que aplaudan los siglos la Católica Isabel, portento, asombro y prodigio. Señor, vamos a Granada, que yo solo, vive Cristo, basto para conquistarla, aunque guarden sus castillos y torres, cuantos Demonios hay en el infierno. Fío, de vuestro valor, Padilla, lo que decís. Pues cumplido lo veréis, y más veréis; pues puraque sin peligro entréis, Señor, a pasar a los Moros a cuchillo, derribaré las murallas a puñadas, los rastrillos, la Alambra y Sierra nevada, pues hay para todo brío. Oyes, nada harás en eso, pues obligados nacimos a perder todos las vidas por la fe y el Rey. Yo digo que sí, mas no lo hacen todos, y yo lo haré. Aunque ofendido mi reneor sentir debiera los improperios que he oído, no solo yo no los siento; más ignorando el motivo; sin que lleguen a irritarme me da placer el oírlos; solo de Osmin la memoria, se lleva el cuidado mío. Vamos allá que veréis que no pueden resistirnos los Moros las cuchilladas que les damos yo y mi hijo, que son nuestras cuchilladas Señor, a manha martillo. Aunque os necésito tanto en la guerra, os necesito por ahora en la paz, y así Gobernador os elijo paraque quedéis en Baza, que ha menester un caudillo, plaza recién conquistada, de lealtad, prudencia y brío; y pues en vos se halla todo, todo de vos lo confío, y habéis de ser responsable a volvermela. Si os sirvo en Baza, en Baza me quedo; aunque más, Señor invicto, quisiera andar entre Moros, que entre procesos y escritos: pero yo los haré cortos, porque en habiendo delito, será el traslado a la parte la ejecución del castigo. Con vos quedará Daraja, y os advierto que la estimo, y la doy mi protección. Quedo, Señor, advertido; a mi hija la entregaré, que la avisé que al proviso viniese, y me da cuidado su tardanza. Vuestro hijo con vos quedará, hasta que del todo restablecido esté el de Ureña; Águilar arreglará lo preciso a la fortifieación de la plaza, y luego unido con vuestro hijo y Ureña, irán de Granada al sitio, donde espero que arrojados tan crueles enemigos, quede España enteramente libre de su infiel dominio. Quiera el Cielo tus empresas se logren, Fernando invicto. 1. . Doña Elvira de Padilla llega ahora al campo. Qué he oído! Cielos, mi hija! Mi hermana! que no hubiera antes venido para ver las cuchilladas que di a los Moros malditos. Decid que llegue. A tus pies, oh Monarca esclarecido, tenéis una esclava humilde: y vos, Señora, prodigio del valor, y la prudencia, dadme los vuestros. Yo estimo, Elvira, vuestra persona por vos, y por los servicios de vuestro padre y hermano; pues las glorias que consigo, a tales soldados debo. Señor, con tan excesivos favores nos sonrrojáis. Padilla, el Rey advertido no ha de quitarles la gloria a sus valientes caudillos; y es justo darles el premio pues se exponen al peligro. Padre, vuestra mano espero. Mis brazos te da el cariño. Hermano querido! Hermana! ya los brazos te Por si os importa, Señor, daros pretendo el aviso, que una partida de Moros al parecer fugitivos la campaña anda corriendo. Voy por ellos, vive Cristo. Qué decís? Dónde yo esté no ha de quedar Moro vivo. Suspendeos: decid, Elvira, Nos cercaron atrevidos, e intentaron cautivarnos, pero fueron resistidos por unos soldados nuestros, y yo por un imprevisto accidente me libre; y aunque me vi en más peligro, me libró de él un mancebo que allí se halló compasivo, y me vino acompañando hasta aquí. Pues ya es preciso conocerle, por ganarle tal favor. Yo le he efrecido tu amparo. Muy bien has hecho. Elvira, yo te confío la asistencia y el cuidado de Daraja, pues aspiro hasta darla libertad, no se queje del destino con tan buena compañía. Responda mi agradecido afecto por la merced. Mi silencio sea el testigo que muestre cuanto agradezco lo que con la voz no explico: esto es preciso, fortuna! Si quisieres el vestido rocar por el de Cristiana lo estimaré; no te obligo a que lo hugas, pues no quiero que pienses que lo que digo, contra tu ler se dirige; que es solo porque he creído que darás a tu hermosura con él realces más vivos. Quién desde luego, Señora, te ha rendido el albedrío, no le queda más acción que sujetarse a tu arbitrio. Id, Elvira, a descansar con Daraja, y a su alivio atended, que yo os lo encargo. Yo serviros solicito: ven, Daraja. Vamos pues a obedecer al destino. Aunque parezca entereza el no haberla concedido la libertad, solo fue por ver si el trato continuo entre nosotros la ilustran sus ofuscados sentidos; y conociendo su error pide el Sagrado Bautismo, pues en dar almas al Cielo fundo los esmeros míos: Padilla, ved que otra vez al cuidado os apercibo de Baza, mirad que pueden con cautelosos designios aspirar a recobrarla. Quedo, Señor, instruido. Ea hijos, a Granada, para ver si conseguimos vuelva otra vez al poder del Católico dominio; y si no muramos todos por la ley de Jesucristo, como Cristianos valientes, y como Españoles finos, Viva el Católico Rey Fernando, por largos siglos. Vivan mis nobles vasallos, por quien el Mundo conquisto. Publiquen métricas voces: Digan acentos festivos:- Que viva Fernando triunfante y temido, e Isabel gloriosa de España prodigi
JORNADA SEGUNDA
Cuanto, primo, mi amistad la fortuna ha celebrado de veros sin el peligro que creyó nuestro cuidado. Primo, justa recompensa de tu afecto sean mis brazos. Yo os doy mil enhorabuenas de que estéis tan alentado, paraque volváis de nuevo a ser del Moro el estrago. Cuidado, Señor, que habéis estado bien apretado, y para la vida que suelen tener los soldados, estar con la muerte al ojo, voto a bríos que es un gran chasco. Rodrigo, hombres somos todos, De eso, Señor, no me aparto; más ved que el consejo es bueno por más que yo sea malo. Siempre estáis de buen humor, Señor, el que tengo gasto: Cómo os sentís? Aunque el golpe me dejo mui maltratado, me siento restablecido; solo me ha debilitado la mucha sangre vertida; mas ya la iré restaurando con la esperanza que presto he de vengar el mal rato en los Moros de Granada; pues no he de dejar airado Moro que a mis pies no sea vil despojo de mi brazo. Eso sí, cuerpo de Dios, vámonos luego a matarlos, que entre vos y yo veréis que pronto los despachamos. Y cuándo podréis marchar? Al instante, que vasallos como yo no desamparan a su Rey, y más en casos en que va la honra de todos, y de la Iglesia el reparo. Pero estando tan herido:- El Rey mantiene al Soldado solo para la ocasión; y si en esta yo le falto, no cumpliera con el Rey ni con mi honor; y arrestado más gustoso perderé la vida que no el aplauso. Tan solo un Conde de Ureña su vida así despreciando, apeteciera el peligro. Disponed lo necesario porque marchemos al punto, despediéndome entre tanto de vuestra hija. Señor, no pretendo replicaros: ves a decirla que venga. Voy allá. Con sobresalto estoy, primo, hasta saber como el sitio se ha ordenado de Granada, que es asunto en que pende (no hay dudarlo) perderlo todo en perderlo, ganarlo todo en ganarlo. Primo, esta causa es de Dios, él la tomará a su cargo. . Cómo pretendéis partiros, Señor, tan acelerado, sin haber convalecido? Porque así, aunque mal me aparto de un peligro que apetezco, y un riesgo que he deseado. No os entiendo. Yo tampoco lo entiendo, y lo estoy pasando. Riesgo y peligro? No hay duda. Cuál es el remedio? El daño. Pues si el daño es el remedio, cuál será el daño? El descanso. Conqué el mal alivia? Sí. Y el alivio daña? Es claro. Qué causa el alivio? El ver. Y el mal? El haber mirado. Quién lo dispuso? La suerte. Quién puede enmendarlo? El hado. Callad, callad que es enigma vuestro mal, y al explicarlo no lo entiendo, porque entiendo que me está bien ignorarlo. Mejor me estubiera a mí, pues cuando decirlo trato, no lo digo, porque queda dicho todo en lo que callo. Qué lisonjeras palabras son estas que me sonaron al oído como ofensa, y al corazón cómo halago! Qué hechizo es este traidor que causándome el estrago, está en el estrago el gusto, y sin él el sobresalto! Y qué arbitrio queda? El tiempo. Pues qué hará el tiempo? Explicarlo. Pues no quiero saber más, que si el tiempo ha de aclararlo, quiero hasta que el tiempo llegue mas que saberlo ignorarlo. Amor, prestame valor; porque es efecto tirano, que esté en los ojos el fuego, y en lo corazón lo helado. Ya está todo prevenido. Vamos, Primo. Primo, vamos. Vamos, Señor, que reviento por dejar descalabrados esos perros que nos traen a todos aperreados; más buena se les aguarda, que aunque corran como galgos, yo aseguro serán pocos los que escapen de mis manos. Harto siento no poder, Rodrigo, irte acompañando, más tendré paciencia, puesto que así lo quieren los Diablos Don Luis, dónde está Daraja? Estará, Señor, llorando, como siempre, verse ausente de su esposo el mastinazo. Quisiera antes de partirme verla: decid que la aguardo. Ella aquí sale; sin duda con el mismo intento. a . Cuán hermosa, noble Daraja, tu desconsuelo templado se ha de ver?; cuando has de dar alguna tregua a tu llanto? Nunca, Señor: para mí ya los gustos se acabaron, faltaron las alegrías y los placeres cesaron. Será ya mi triste vida un incesante quebranto, un continuo sentimiento, y un eterno sobresalto. No os espantéis que es mi mal infinito, y no es extraño sea infinito el dolor, pues solo así satisfago: es mi amante, dulce esposo lo que he perdido, y no hallo otro idioma que mi muerte que explique lo que le amo. Oh Cielos! porque sufris que se vean apartados dos que se aman firmemente obedeciendo a los Astros? adorado esposo mío, recibe por holocausto, los dolores que padezco, las lágrimas que derramo. En las aras de tu amor mi corazón abrasado sea ofrenda cariñosa que rendida te consagro: más perdonadme, Señor, que el dolor en que me hallo, me arrástrase descuidada, llevada de mis cuidados. Pero si sois compasivos, sino son de bronce o mármol vuestros pechos, me daréis la razón, y apiadados de tanto tropel de males que fieros me han asaltado, me ayudaréis a sentir tormentos tan inhumanos. Noble Mora, condolido al debido y bien fundado sentimiento que os oprime, quisiera liberal daros en vuestros males alivio, y en vuestras penas descanso. Amáis firme, noble sois; conque no es, Daraja, extraño tanto sintáis lo perdido, habiendo perdido tanto. En todo cuanto yo pueda serviros, y esté en mi manos, me hallaréis en favor vuestro, en todos tiempos y estados. A Grañada voy al cerco que le ha puesto el Rey Fernando el Católico. Y en ella no hemos de dejar perrazo, que no lleve pan de perro. Voto a bríos que estoy rabiando hasta no dejar podenco que otra vez vuelva a ladrarnos. Qué escucho! ay de mi infeliz! no basta destino infausto lo que padezco, que quieres con más rigor aumentarlo? como podré tolerar el temido amenazado riesgo de mi amado esposo, sin morir solo en pensarlo! Señor, si mi desconsuelo, mi sentimiento, mi llanto, y ser mujer (qué es lo más) acaso puede obligaros, rendida a esos pies os pido todo mi explendor postrando, tengáis lástima de mí, mi aflicción considerando. Mi esposo es y su espíritu bizarro ha de defender su patria a todo trance arrestado. Si acaso sois tan felices como en Baza, y vuestro brazo logra tan grande victoria contra el poder Africano, no ofendáis mi amado esposo, no de la saña guiados quitéis su preciosa vida, porque no podréis tiranos quitársela con el golpe, sin perderla yo al amago. Mirad que en su vida pende la mía; mirad que estamos tan unidos, que si el uno muere, los dos acabamos. No me privéis del mayor bien que rendida idolatro, que constantemente adoro, y que firmamente amo: o antes sañudos y fieros dadme a mí la muerte airados, que será menor dolor en tormento tan amargo, que muera yo sin saber que muere mi esposo amado. Daraja, dejad el susto; porque el Cielo soberano por donde menos se espera, da el alivio en los fracasos. Yo lastimoso de veros aunque tenía jurado de no dejar Moro vivo, si está en mi arbitrio librarlo lo haré; pero esto se entiende sino viene haciendo el guapo, que entonces perdonaréis, pues sin poder remediarlo, de la primer cuchillada le parto de arriba abajo. Daraja, en mi obsequioso y postrado halluréis, que finos cultos rinda a vuestro simulacro, y el tiempo será el testigo. Fuera conocido agravio que me valiera yo de ellos para creeros; mandado podéis dejar a quien siempre os servirá con agrado, y ruego al Cielo en un todo os vea yo recobrado y libre de todo riesgo. En uno depositado tengo mi gusto. Si es gusto, mérito ninguno hallo. No está el mérito en tenerle. Pues en que está? En encontrarlo. Elvira, guardeos el Cielo; Daraja, adiós. Muchos años se dilate vuestra vida. Ay Cónde! que me has dejado en el pecho un fuego que lisonjeramente blando siento el estrago, y sintiera que me fúltase el estrago. Sea la fama quien publique vuestros hechos; qué encontrado . afecto es este, que siento sin que llegue a penetrarlo que es contra mi leí la guerra, y los quiero ver triunfando! A los Reyes mis Señores, que les hagáis por mi aguardo el redimiento debido. Hermana, dame los brazos, no llores, que nunca debes más alegre estar; que cuando voy a matar muchos Moros, y a ganar muchos aplausos. Padre, a dios quedad. Rodrigo, mira; los hombres honrados, cuando mueren con honor, nunca, quedan olvidados. Cuidado no te conozcan por la espalda los contrarios, sino solo por la cara. Oyes, cuando llega el caso se aprieta bien, se da recio, adelante, y Santiago. Así serás hijo mío. Por eso no hay que encargarlo, que las cuchilladas mías son, Señor, de buen tamaño: yo se que si fuenais vos mi enemigo declarado, que alguna vez me diríáis, que no arrempújase tanto. Padilla, a Dios, hasta vernos . El haga por vuestros brazos que el español hemisferio quede limpio de Africanos Y el hado os de la ventura que a mí me niega tirano. Daraja, tanto sentir no tengo por acertado: modera el llanto. No puedo por más esfuerzos que hago. En la deliciosa estancia del jardín procura un rato dar a la vista recreo, dar al corazón descanso. En nada le puedo hallar sino teniendo a mi lado a mi idolatrado esposo: mas porque en su solitario recinto podré más bien de las fatigas que paso dor más corriente a mis ojos, y al llanto suspiros blandos, iré con vuestra licencia, que en tormentos tan extraños la soledad es el propio p lugar para un desdichado. . A lástima mueve el verla. Al mirarla en tal estado, árbitro quisiera ser de darla con pecho hidalgo la libertad, y se uniese a su esposo en dulce lazo. Propia acción de un pecho noble. Y a otra materia pasando, aquel joven que valiente del despeño del caballo te libro, y se quedó en casa para el cultivo y cuidado del jardín, presumo, Elvira, que aunque se ha disimulado, ha nacido en otra esfera; pues su estilo cortesano, modestia y valor no son prendas de un hombre ordinario. Yo no se más de lo que te dijo, cuando llegamos: pero pues es hoy el día primero que está, veamos si acaso el tiempo descubre lo que los dos sospechamos. Por ser el día primero que mi fortuna ha logrado que entre en el número yo, Señor, de vuestros criados, vengo a ofrecer los primeros afanes de mi trabajo a vuestra hija Doña Elvira, mi Señora; y en los varios matices de aquestas flores mis afectos la consagro: si bien excusar pudiera esta acción, que ofensa hago en lo mismo que la obsequio; es de flores no hurac quien Primavera preciosa, para dar más que admirarnos van sus plantas produciendo más plantas a cada paso. Fortún, yo te estimo mucho el deseo que has mostrado de agradar, puesto que sirves; y a tus prendas inclinado para cualquiera ocasión yo te prometo mi amparo. Yo te agradezco, Fortún lo que me has lisonjeado; y solo siento que llegues a tratarnos con engaños, sin descubrirnos quien eres, pues tu retórico labio desmiente el rústico oficio, en que te hallas empleado. Un hombre pobre, Señora, soy no más en quien mostraron las desdichas su poder, y sus crueldades los astros: por esto dejo mi patria, y a Baza vengo buscando mi fortuna, pues en Baza la tengo, que habiendo hallado piadosa, noble acogida en vuestra piedad, cesaron los males que me afligian, pues en dichas se trocaron. Siempre mi amparo tendrás, porque te estor obligado al peligro que evitastes a Elvira. Yo por pagarlo, mi favor, Fortún, te ofrezco, Reconocido y postrado, ímprimo en mi corazón vuestra piedad; y pues falto a la obligación que tengo, que me deis licencia aguardo. 2. Adiós, Fortún. v suerte, ten piedad de un desdichado, que miseramente vive abatido y ultrajado. Donde mi corazón hallar pre- tende el alivio que busca por consuelo, si en parte alguna puede conseguirlo, y en todas solo encuentra su tor- mento? to destino fatal, cuan fiero influyes contra el blanco infeliz de mi fiel pecho; y cuan tirana tu ojeriza impía ostentar contra mí quiere lo adver- sol Perdí mi libertad, perdí mi patria, perdí mi padre, perdí mi explendor Regio, y del feliz estado de mis dichas al infeliz pase del cautiverio. Pero nada me fuera, no, sensible si a mi esposo adorado, amado dueño, no me arráncase con violencia in- justa de la fortuna infiel, el cruel ceño. Osmín idolatrado, apetecido objeto de mis ansias y desvelos adonde hallarte podrá la que te adora, la que vive sin ti, siempre muriendo? pero gente parece que se acerea: hasta en esto, hado injusto, eres se- vero, pues ni aún la soledad gozar me dejas tan solo porque sabes la apetezco. Huiré de este sitio a otro que pueda con mis sus piros ocupar el viento, con mi llanto regar la fértil tierra, y mi vida acabar al sentimiento. . Hasta cuando desgracia tus rigores con sañudo rencor, con cruel exceso han de apurar la poca tolerancia que le ha quedado ya a mi sufrimiento? no ultrajado mirarme y abatido, no mirarme en estado tan diverso, no servir a mis propios enemigos siendo de la fortuna vil objeto; siente mi corazón, pues fino amante por tan amable causa lo padezco. Solo siento no hallar la dulce prenda que es atractivo imán de mis deseos, hechizo poderoso de mis ansias, y divina Deidad de mis afectos. Pero tiempo y constancia espero sean los que a mi fino amor les den el pre- mío; y en mi amada Daraja me concedan la ventura mayor que ansioso anhelo. Pero aquí se encamina una Cristana a impedirme vendrá en lo que con- templo: fuerza es disimular tan fiera angustia, y fingir que al trabajo solo atiendo. Si yo lograra, Osmín ama- do, verte:: Si yo pudiera verte, amado dueño: Césaran los pesares que me oprimen. La tormenta calmara en que me veo. Pero cuán apartado: ay Dios, que miro! Mas cuán distante estás: Cielos, qué veo! Cómo pretendes ilusión fingirme:: Cómo fingirme quieres pensa- miento:- Que viendo estoy lo que ando yo anhelando? Que lo que ando anhelando, es- tor yo viendo? Pero si este es Cristiano: Si es Cristiana: Ya se está demostrando:- Se está viend 2. Que me das las delicias aparen- tes, y me das los pesares verdaderos! Ay Osmín! Qué he escuchado! mi Daraja, ídolo del amor más fino y tierno, Osmín, tu esclavo sol. Dulce bien mío! . mas el placer quitándome el aliento, las acciones me embarga. ; Oh Cielo Santo! cómo en igual desdicha no fallezco! Daraja de mi alma, dulce hechizo de los ojos que en ti su luz tubieron, vuelve a los tuyos su explendor her- moso; porque puedas los míos ver serenos. Desmayada Daraja, y no se eclipsa el claro resplandor del firmamento, no se turban los aires, y se viste la luz del día de capuces negros? de que me sirve haber feliz hallado la idolatrada prenda de mi afecto, si en hallarla he tenido más martirio, pues cuando llego a hallarla más la pierdo? Los aires llenaré con mis suspiros, rasgaré con mis manos yo mi pecho, pues el Sol cuyos rayos me animaban, han perdido la luz, y yacen hiertos. Desgraciado de mí, pobre infelice. Osmín desventurado! o duro extre- mo! jo mano deliciosa en que esperaba de tanto duro afán el feliz premio! acomo siendo un compuesto de jaz- mines, eres cardeno lirio macilento! esposa, mi Daraja, mi alegría, mi placer, mi regalo, mi consuelo, como puedes morir cuando yo vivo, y como si no vives, yo no muer sácame el corazón. Osmín querido. Ventura mía, albricias. Qué te veo! Sí, Daraja adorada, si mi gloria, si pedazo del alma, que es mi centro, pues como era posible que pudiese faltar, donde tú estás, mi amante pecho? Oh qué dichoso día! ya, fortuna, a tu inconstante rueda perdí el mie- do; que pues pude encontrar mi esposo amado, desgracias y desdichas ya no temo Aún lo mismo que veo estoy dudando, y no puedo creer lo que estoy viendo, que es tan grande fortuna la de hallarte que lo que es realidad, lo juzgo sueño. Los ojos te examinan, y los ojos juzgan que están engaño padeciendo; haga el examen con mis propios brazos, por dejar a los ojos satisfechos. . En ellos enlazado te se postra este esclavo rendido y placentero, sacrificios haciendo de tus luces, idólatra feliz de tus luceros. Ay Osmín adorado dueño mío, aliento de la vida que mantengo, pues consigo tenerte ya a mi lado, ni más fortuna, ni ventura quiero. Tuya soy, dueño mío, eternamente, tú solo, Osmín, serás mi amado dueño, y que por serlo venceré imposibles, juramento solemne hago a los Cielos. Correspondes, bellísima Daraja, al inmutable amor que te profeso, pues te amo tan constante, firme y fino, que juzgo te he de amar desp muert mo está casa, dónde si te conocen, corres riesgo? Como en tu busca, con Celín ver nia cuando a Baza tenían puesto cerco, a llevarte a Granada, y mi desdicha cruel dispuso no llégase a tiempo: conque ocultando patria, ser y nom bre pude como fingido jardinero, quedarme en esta casa con designio de saber donde estabas, y resuelto a precio de mil vidas que tubiera sacarte de cautiva a ser mi dueño. Yo te agradezco, Osmín, tanta fineza y de tu fino amor tan noble empeño; y si de enamorada antes te quise, también agradecida ahora te quiero. Qué gloria, mi Daraja, como amarte, siendo de perfecciones un compen- dio! Qué ventura, mi Osmín, como quererte, cuando te miro de excelencias lleno! tuyo es mi corazón, mi alma y mí vida. Tuya es mi voluntad, mi fe y mí afecto. Y como, Osmín, ordenas liber- tarme? Esta no es ocasión que lo tratemos; y pues estar los dos en una casa otra dará de hablarnos y de vernos, no hagamos que reparen nos hablamos, si por desgracia alguno lo está vien- Bien has dicho, y pues ya trémulo el día quiere apagar sus luces y reflejos envolviendo en oscuras densitudes los explendores diáfanos de Febo, cuando Latona el manto hala tendido porque reine despótico Morfeo, volveré presurosa para hallarte, y nuestras finas ansias renovemos. Ardiente Mariposa, Clicie amante del Sol luciente por quien vivo y muero; aguardaré gustoso hasta que vuelvas, porque pueda abrasarme en tus in- cendios. Pues a Dios, adorado esposo mío. Adiós, idolatrado hermoso dueño. Y piensa que en tu ausencia yo no vivo. Y piensa que en no viéndote, yo muero. Seme constante y fino. Yo lo juro; seme firme y se fiel. Yo te lo ofrezco. El tiempo te dirá como te amó El tiempo te dirá como te quiero, Y tu mano en mi boca:- No mis brazos son debido favor de tus esmeros. Adiós, Daraja. Adiós, Osmín querido. 2. Y hasta verse cumplidos mis de- seos alimentese amor con la esperanza, y sufra las desdichas por el premio. . Ese hombre que buscáis por las señas está en casa cuidando de este jardín. Señor, la sangre me llama a pasar hasta encontrarle tantos cuidados. Se llama Fortún? Si Señor; (sin duda que este nombre le disfraza.) Es mi hermano, y no es estra que quieran verle mis ansias, después de tan larga ausencia. Noche presurosa baja; porque tu lobreguez pueda dar claridad a mis ansias. Fortún, este hombre te busca, le conoces? Dicha rara! si Señor, que es muy mi amigo. Tu amigo? Terrible ansia! Si Señor. Pues él ha dicho que es tu hermano: Suerte infausta! todo se perdió. Por qué dices cosa tan contraria? Remedielo mi cordura. Fortún, hermano, repara que soy García, no Celio, con el que se equivocaban, por parecérseme tanto, todos allá en nuestra patria Bien lo ha enmendado Celín. . Como ha hecho alguna mudanza en tu rostro el tiempo, y yo quedé en edad tan temprana, cuando a la guerra te fuiste, de engañarme ha sido causa. Vive Dios, que aqueste acaso, . que alguna traición se guarda en estos me da a entender contradicción tan extraña; los modales de este hombre, tener hija hermosa en casa, a darme que maliciar son bastantes circuustancias. Resuelto estor a matarlos a los dos ha cuchilladas; mas no; tengamos prudencia, que es muy grande la distancia de ser Soldado a ser Juez. Qué será suspensión tanta! Adiós García, Fortún. 2. Él os guarde. Vigilancia, no sosiegues, pues que tienes que acudir a cosas tantas. Ay Celín, de que gran susto he salido! Cuando entraba informándome, por sí noticia de ti encontraba, me salió al paso ese hombre, que según el lance aclara de esta casa es dueño. Sí. Cuyo encuentro fue la causa que no te hablase yo antes, y que entre los dos tratada quédase la forma de cómo hablaros. Y Daraja? Amigo Celín, mas dicha tengo, que la que esperaba; y pues que la oscuridad nuestros designios ampara, escóndete entre esos ramos mientras un rato se pasa, paraque despacio hablemos después; que esta puerta falsa tendré abierta, paraque sin nota de nadie salgas. Bien dices. Todo, fortuna, me pronósticas bonanzas. Un bulto miro hacia allí, si será mi dicha tanta que sea Osmín? Si será Daraja? Quién es? Quién anda solicitando esta dicha desconfiando de lograrla. Ay Osmín, hay dulce dueño, cuan gustosa que se halla un alma con la ventura que ha tenido inesperada! Qué diré yo, amada prenda de mi vida y de mi alma, que he encontrado mi alma y vida cuando menos lo esperaba? mas no perdamos el tiempo que quizá nos hará falta. Sabe pues y como Celín, dueño mío, se halla en Baza, con él hablé, aunque de paso, y los dos daremos traza para sacarte y llevarte a Granada: aunque cercada esté, no es impedimento, pues por la sierra nevada podemos entrar en ella sin estorbos. Yo arrestada a todo, por ti me arrojo. Habla con él, y tratada la forma, disponlo tú, que por si notan mi falta me retiro, y si pudiere volveré, porque informada de todo quede. Bien dices: cuanto padece quien ama! Cuanto sufre la que quiere. Celín? Osmín? La voz baja, y nunca me nombres, por si alguno en el jardín anda. En la espesura del bosque, con un criado de guardía prevenidos dos caballos están: conque si a Daraja puedes hablar, es muy fácil buscar modo de sacarla, y a Granada conducirla. La fortuna me prepara cuanto puedo desear; las acciones temerarias ha de ser el emprenderlas antes que premeditarlas. Daraja aquí ha de volver, pues a que el arrojo aguarda? gocemos hoy la ocasión que quizá no habrá mañana. Ves, y ten los dos caballos prontos, que yo sin tardanza a Daraja llevaré, y en fortuna tan extraña, antes en Granada entremos, que anuncie rayos el alba. Mas rumor siento hacia allí, si será Daraja? Aguarda y toma::- Por si averiguo:- Esta caja en que se guardan preciosas joyas. Qué escucho, Cielos:- Papeles y cartas. A hija aleve! Todo a fin que la empresa deseada se fácilite mejor; y pues nada te acobarda, y estás con resolución, a prevenir lo que falta me voy, y a que todo esté de la suerte que me encargas. No era Daraja, desdichas? ya me parece que tarda. Mi valor:- Celín, amigo. Moros tenemos; la casa es un infierno. Muy breve la joya tan estimada que perdimos, volveremos osados a restaurarla: no han de poder impedirlo, que aunque Padilla la guarda, él sentirá del estrago el primero la amenaza. No la tendrán los Cristianos mas en su poder, en nada te detengas, que esta noche lograremos dicha tanta. . . Esta es traición de los Moros para recobrar a Baza; bien me advirtió el Rey Fernando: vive Dios, que escarmentada quedará su alevosía! en mi hija sospechaba, y es la plaza la que anhelan. Volveré aquí con las guardias, y daré a los alevosos el castigo de su infamia. Hay hombre más venturoso iconque gusto aguarda el alma las fortunas que le esperan! como calmarán mis ansias en los brazos de mi esposa, porque las suertes trocadas las que han sido penas fieras, sean delicias regaladas. Es posible que he de verme dueño de mi soberana amada, querida esposa, y ha de lograr mi esperanza la más adorada prenda, que el corazón idolatra! si vendrá:- Cerrad las puertas. Ay infeliz! Nadie salga. Qué acaso! Quién está aquí? Yo Señor. Desdicha rara! Vil traídor, hombre alevoso; a tu perfidia malvada de esta suerte: pero no, siga como juez la causa, y un verdugo le escarmiente, no le castigue mi espada. Pues por qué motivo? Infiel, aún osas hablar palabra! llevadle y en la más fiera prisión esté hasta mañana, en que un dogal le dé el premio de su traición en la plaza, Oh fortuna cuán mudable de un extremo al otro pasas, pues me arrebatas la dicha que entre las manos estaba! Señor::- Nada he de escucharte. Mirad:- En vano te cansas. Qué yo merezco:- La muerte; L y mañana has de lograrla. . No asustará su horroroso. semblante, a quien nada espanta. Ay apetecido hechizo! hay mi adorada Daraja! no siento morir, pues tú eres de mi muerte causa: por ti vine, amado dueño; y si mi fineza rara pierde la vida por ti, la muerte no me acobarda.
JORNADA TERCERA
Pues no he podido obligarte a que la verdad me digas, y a todos los cargos míos respondes con tus enigmas, lo que la piedad no pudo, habrá de hacer la justicia. Prevenid luego al momento el suplicio, su castigo de estarmiento merecido a la malicia. . 2 . no de mi rigor te quejes puesto que tú le motivas, y otra vez vuelvo a ofrecerte el perdón, si das noticia de los que contigo unidos cautelosos pretendían esta plaza recobrar A con tan vil alevosía. Nada tengo, que decir, ni declarara que me sirva de disculpa; pues no hay culpa en mí, más que mi desdicha. Pues estas, joyas y cartas para ti no las envían? Es así Y ellas, no dicen y en su contexto te animan que recobres valeroso la rica jova perdida, y del poder del Custiano la restaure tu osadía. Es cierto an Conque el delito ya comprobado se mira. Qué delito? De traición. Traición en mi fuera indigna. Pues es lealtad? Si lo es, y el Cielo, la justifica. Pues la culpa te convence y el delito se acrimina; darás al Cielo el descargo ar de esa lealtad escondida; y a tu manifiesta culpa yo la pena merecida. De traidor te he convencido con estas joyas y firmas; nada en tu defensa alegas que indemnizarte consiga, conque si la culpa es tuya, no será crueldad la mía: antes que pasen tres horas, a un dogal haré que rindas el aliento, porque puede ser la dilación nociva. Aprovecha para el alma lo que te queda de vida Cuando muera, habré cumplido con la noble siempre fina envidiable lealtad, que de traidor me acredita. ; Porque la verdad no dices? Har estorbo, que lo impida. Pues rebelde a mis instancias solo en misterios te explicas; hoy en la pública plaza morirás con ignominíia. Ay Daraja, que por ti la infelicidad es dicha! Nada puede convencerle; veré si consigue Elvira, (ofreciéndole librarle por hallarse agradecida a la vida que le dio) lo que saber solicita mi cuidado, que si ignoro los cómplices, no se evita la traición, y quedo siempre expuesto a que la consigan. Espíritu combatido de tan injustas impías fieras rigorosas penas que del deseanso te privan; alienta y cobra valor de tan crueles fatigas, que te roban el descanso y el gusto te tiranizan; pero a mi heroico valor la muerte no le horroriza, y más siendo por Daraja, dulce, hermosa, apetecida lisonja de mis sentidos, que su dueño la apellidan; como yo muera por ti, amada esposa querida; será la muerte lisonja, será la impiedad delicia; al culto de tu deidad mi vida se sacrifica, siendo mi encendido pecho la más reverente pira. Fortún. ; Quién me llama? Yo. Señora, pues- Qué te admira? Que en tan horrible mansión, todo el Sol, Señora, asista. Fortún, dejando lisonjas que no son aquí precisas; quiero veas de mi pecho la generosa hidalguía: mi padre me envía aquí, por ver si puedo advertida conseguir que me confieses los demás que pretendían contigo cobrar a Baza, y que por lograrlo, finja te quiero dar libertad, por hallarme agradecida al peligro que evitastes de aquella infausta caída. Pero yo que generosa pretendo mostrar altiva de mi noble corazón la heroicidad que le inspira; en justo agradecimiento de la deuda recibida, sin que a mi padre obedezca, ni pretender que me digas traición, ni complices, tengo tú libertad conseguida; por esta puerta que pasa a esa hermosa Galería, puedes bajar al jardín sin que ninguno lo impida, y saltando por sus tapias que con el campo confinan, buscar asilo seguro a tu amenazada vida. Estas joyas te prevengo, C porque de alivio te sirvan, y siento no poder darte la seguridad cumplida; que si en mi mano estubiera, no dudes que la tendrías. Con esto cumplo, Fortún, contigo, y conmigo misma; contigo, por la piedad, conmigo, por lei precisa, que pues la vida te debo, no he de ser desconocida: mayormente cuando creo que la traición que te indicia, solo ser puede aparente sin que llegue a ser precisa. Y cuando lo hubiere sido, al mirar mi bizarría, no tengo duda ninguna que de intención mudarias; pues como yo correspondo a tu beneficio fina, creo que fino tú al mío, también corresponderías. Y pues ni a mi Rey, mi leí, ni mi padre se origina agravio en la ilustre acción a que mi razón me anima; huye, Fortún, vete luego, tu projimo riesgo evita: pon en salvo tu persona, de este peligro te libra, favorezcante los Cielos, y vive en vida tranquila, que yo quedaré gustosa, consolada y complacida, que cumplí mi obligación, pues con noble gallardía, una vida que te debo, te pago con otra vida. Deja, Señora, que humilde bese la tierra que pisas, por piedad tan generosa, como conmigo ejercitas; y perdonadme también que después de agradecido cumpla contigo, y conmigo, y por los dos no la admita. No, Fortún, a tu temor tomar posesión permitas, que es más que desdicha afrenta morir de la cobardía: si te condena la suerte, mi noble piedad te libra: aa qué esperas? huye luego, no tu inacción por remisa malogre ocasión que tarde se cobra una vez perdida: vete luego. No, Señora, en tu pretensión insistas, que no habiendo de lograrla te desaira el repetirla: yo vine por una prenda enpeñado en conseguirla; y pues no quiso la suerte que mis intentos consiga; más bien puesto quedaré. Empresa será más digna perder la vida, que no vivir sin que la consiga: si huyo sin lograrla, muero; pues si en suerte tan impía peligra mi vida ausente, y aquí mi vida peligra; muerte será más gloriosa morir, Señora, a la vista del empeño, que morir huyendo con cobardía: que aquello es valor heroico, y estotro bajeza indigna. Agradece mi favor, ten solo con que le admitas: vete luego, burla el riesgo, huye, pues así te libras, porque será obstinación que en tu pensamiento insista. Mira que el tiempo se pasa, y es precioso; determina: seguro vas, nada temas; yo iré hasta las tapias mismas del jardín, para ayudarte a saltarlas:; qué vacilas? salva tu vida. Señora, mi gratitud os suplica no hagáis empeño en lo que no es posible se consiga; pues no he podido lograr el intento a que venía; mas quiero morir honrado, que vivir sin alegría. Cómo tu vida desprecias? Por hacer mi fama digna. Pues por ensalzar la tuya, no ha de padecer la mía: mi padre impaciente está esperando que le diga lo que de ti haye sabido: yo procuraré entendida entretenerle, entre tanto que quizá ya convencida tu obstinación se resuelve; y por si lo determinas mientras yo hablo con mi padre una confidenta mía te enviare no ofuscado a mi suplica resistas, cuando en beneficio tuyo tan de veras se dédica, paraque luego me den las alabanzas debidas de que hubo mujer tan noble, que por ser agradecida, pudo la vida librarte, con tanto afán y fatigas. En que, destino cruel, en que, fortuna enemiga, os he ofendido, que así contra mi esgrimis las iras? jes otra cosa la muerte que el punto en que se terminan las insoportables ansias en que un infeliz vacila? pues si esto es la muerte, y yo por mi amada apetecida adorada hermosa bella Daraja, la espero; sirva de consuelo en mis afanes, ser ella quien la motiva. Como yo muera por ti cumpliendo con la debido obligación de adorarte; será mi muerte mi vida. Daraja mía:- Osmín mío, dueño en que mi amor se cifra: ;qué es esto? pues tú en prisión? jeres tú a quien dice Elvira, que le anime y acompañe porque libertad consiga? Yo soy. ; Pues porqué te prenden? Porque sin razón malician soy traidor, y quiero a Baza recobrar: fiera desdicha! Pues cómo no te declaras, que así todo el mal se evita? Porque si no me creyeran declarándome, ofendían de mi heroica regia estirpe las nobles prerrogativas; conque es cuerdo aviso estar desconocido, y que viva el honor, que es delicado vidrio, y todo le lástima, Deja que explique mi llanto, mi sentimiento, y que digan los ojos lo que no pueden explicar las voces mías. Yo soy la causa, ay Osmín! de tus males y desdichas; yo soy la desventurada por quien lloras y suspiras; como pues tendré consuelo en situación tan impía de que a lo que más adoro, causo penas tan crecidas? adorado esposo mío, dulce gloria, en quien estriban de esta infelice mujer las ya perdidas delicias; supuesto, esposo, que yo he causado tu ruina; véngate en mí, que no debo vivir quien tu mal motiva. Quítame la vida. Amada esposa del alma mía, yo te adoro tiernamente; y así, cuanto más me opriman los infortunios, los cuento, siendo por ti como dichas: si nada por ti pasase, ningún mérito tendría mi amor que me hiciese digno de fortuna tan crecida. Ay Osmín no te detengas, pues Elvira facilita tu fuga: sal, dueño mío, que otro día más propicia la suerte dará ocasión para que la acción consigas: huye, mi bien. No, Daraja, de una ilusión poseida tan contra mi honor y amor me aconsejes:; qué diría de mí la fama, sabiendo que por ti a Baza venía, y que me vuelvo y te dejo en Baza! fuera bien vista tal bajeza, que aún yo propio me avergüenzo en referirla? Pues, Osmín, mi amado esposo, en que la fama perdías, si solo te ausentas oí para volver otro dia? vamos presto. No porfíes, que quedándote cautiva no he de ausentarme: pretendo que veas cuanto te estima mi fino amor, y que solo a tus aras se dedica. Cuantas penas y ansias hay que sufrir, he de sufrirlas gustoso, antes que apartarme de tu hermosa amable vista. De admiración a los tiempos mi amor, pues ya se avecina el plazo a mi vida, y cuando pudiera salvar la vida huyendo; antes que dejarte quiero mirarla perdida. Si yo ausentarme contigo pudiese, todo tenía remedio, mas no es posible; pues las tapias con crecida dificultad, por ser altas, podrás siendo hombre subirlas, y es imposible que yo saltarlas pueda: no tibia tu resolución malogre tanta fortuna. Algún día, Daraja, conocerás la fina constancia mía: vete pues, que viendo que contra mí no se averigua la traición; la libertad me darán:; cómo podría de aquí apartarla, porque no supiera mi desdicha? dame los brazos y a Dios mi Daraja: enternecida el alma pierde el aliento en lo mismo que se anima. Mi adorado Osmín, qué es esto? ;porque tus ojos destilan lágrimas? Amada esposa, tus brazos de alivio sirvan a tu esposo. Amado dueño:- 1. El Gobernador me envía a deciros, que la hora se acerca, de que os dirija al suplicio, y que el verdugo la muerte os de merecida. La muerte? Cielos! Daraja! 2. Qué es esto? más comprimida la respiración, apenas alienta: demos noticia al Gobernador, a ver que en tal lance determina. . Ya que nos sirve de abrigo aquese monte eminente, que apenas dista de Baza media legua; hasta que lleguen las partidas que registran la campaña, no se intente alzar el campo. Invencibles Españoles, las ardientes iras de vuestro ardimiento la tolerancia refrene, que ya vendrá la ocasión en que las mostreis valientes en la toma de Granada, para que nuestra fe quede triunfante y gloriosa, de esa morisca canalla aleve. Todo lo que en ir tardamos, de vida los perros tienen; pero yo les aseguro, que harto escarmentados queden y se acuerden de mí, si queda alguno que se acuerde. Ureña, mucho he sentido el veros tan prontamente en el campo; que soldados como vos, que dar me pueden con su espada más victorias, que conquistas yo emprendiere; se han de estimar aún más que pensáis. Señor, quien merece de tan gran Monarca tantas honras y tantas mercedes, lo que debe hacer no haría, si lo que hago yo no hiciese: el ensalzar nuestra fe, a esta guerra solo os mueve, y esto mueve a cuantos nobles España en su centro tiene, para que de aventureros su vida por la fe arriesguen: y si el Cielo, Señor, gana el que aquí la vida pierde; no puedo excusarme yo de perderla una y mil veces como Católico insigne y como Español valiente. Eso sí, cuerpo de Dios; Señor, no hay que detenerse, vamos al punto a Granada, porque ya estoy impaciente de enviar tantos morazos al Infierno; que se lene, y quede la fe de Dios triunfante y gloriosa siempre. Ureña, quien tanta sangro por la fe glorioso vierte, y fue su pecho el escudo de tantos golpes crueles; razón será que en el pecho perpetua señal le quede, que a los venideros siglos el porque la lleva acuerde: y así aquella roja espada con que Santiago venco los enemigos de Dios; vuestro pecho adorne y muestro que a quien sirve como vos igual premio se le debe. Vuestra Majestad, Señora, honrarme ha querido siempre. Vos lo merecéis, Ureña. Lo merece y remerece, y me alegro, voto a bríos, como si a mí me la diesen. En tomándose Granada, vos la tendréis igualmente. Pues vamos con mil demonios a tomarla,; qué os detiene? Esperad. Con esperar haréis que me desespere. Señor, aquellos dos moros que ayer os pidieron dieseis la libertad a Daraja; hablaros ahora pretenden. Si en la libertad insisten de Daraja, la pretenden en vano, que aficionado a sus prendas excelentes quisiera que por las luces trocara las lobregueces. Puede ser que nueva causa los traiga. que ll gue Decido Poderoso Rey, que de Católico adquieres el renombre, tus invictas plantas a los dos concede. Alzad, Moros, y decid lo que queréis. Que oí se muestre tu piedad, y compasivo nuestras desdichas remedies. Volviamos a Granada a llorar la triste suerte de Daraja, y a esperar que tu corazón clemente la diese la libertad; y a encontrarnos, Señor, viene un criado, con aviso de que se desaparece de Grañada Osmín, sin que nadie averiguar pudiese, cual pueda haber sido el puerto donde sus ansias le llevan. Tememos que poseído de algún furor vehemente, de razón enajenado a un precipicio se entregue. Y para ver si estorbar su peligro se pudiese:- Y que si no ha sucedido el daño, no sucediese::- Segunda vez a tus pies rogamos humildemente:- Des libertad a Daraja, que para que en ella quede:- 2. Esclavos, Señor, seremos los dos voluntariamente. Compadecido mi pecho a las penas que padecen los vuestros; quisiera daros el alivio que pretenden si piadoso no advirtiera, que seré en acción tan fuerte elemente para vosotros, mas para ella inclemente. Infeliz de mí! Infeliz de quien tanto llora y siente, Señor:- A mi tienda vamos, mañana volved a verme. Al sagrado, Señor, de vuestras plantas llego en el desconsuelo de mis penas, que sufrirlas no puedo por ser tantas; las piedades en vos no son ajenas: tu fama ilustre al Cielo la levantas: las crueldades, Señor, tú las condenas; pues halle tu piedad la que ha logrado en tus plantas, Señor, tomar sagrado, Afligida, Señor, desconsolada llego a tus pies: en pena tan crecida vuelva aquesta afligida consolada; da consuelo, Señor, a esta afligida; la que murió viviendo atormentada halle muriendo con la muerte vida, o en tu heroica piedad que el alma espera, mi vida aliente y mi quebranto muera. Mi esposo, gran Señor, cumpliendo amante; a Baza a libertarme fue valiente, arriesgando por mi fino y constante fama, vida y quietud con pecho ardiente; la fortuna cruel siempre inconstante castiga su fineza injustamente, y esta gallarda acción que en sí es laudable, la gradua, Señor, abominable. Saben que está mi esposo disfrazado, y creen que traidor puede haber sido yo soy la prenda que buscaba osado, y juzgan que a cobrará Baza ha ido: por traidor, o gran Rey, ya reputado, sin que cierto el delito hayan sabido, a muerte le condenan afrentosa ofendiendo su estirpe generosa. Egecutar oí quieren la sentencia, la hora ya se acerca rigorosa, no dilates, Señor, tu real clemencia, no la tardanza la haga infructuosa, acelerad, Señor, la diligencia, huced feliz a esta infeliz esposa, y no acabemos con infiel estrago él del golpe fatal, yo del amago. Muestra de tu piedad lo generoso; su vida a vuestros pies pido rendida; no muera, gran Señor, mi amado esposo, quítenme a mi primero, o Rey, la vida: continua esta vez lo piadoso, mírame pues llorosa y afligida, logra con la piedad gloriosa palma dejándome a mi esposo de mi alma. Oh soberano Monarca:- Oh Monarca el más clemente::- Ten compasión de nosotros. De nuestros males te duele: no permitáis, o Fernando, muera ignominiosamente quien es leal y quien trae su origen de tantos Reyes. 2. . Tu piedad nos valga. Ved, Fernando, que ha de atenderse la real sangre, y no es posible traición quepa en quien la tiene. Señor, que la hora se llega ahora tu piedad se muestre. Rodrigo, partid al punto, id a Baza lo más breve que podáis y suspended el acto hasta que yo llegue a examinar por mí mismo el caso. Voy brevemente a estorbar que aquese perro el demonio se lo lleve. Le perdonáis? Sí, Daraja. Rey piadoso, mil veces beso tus pies: voy a darle noticia que es tan alegre. Hija::- Mi esposo es primero. o Es efecto que merece ser envidiado. Inmortales elogios su amor merece. Monarca el mayor del Orbe, tu piedad los Cielos premien, y ellos den a tus hazañas los merecidos laureles. Del un polo al otro polo vuestros aplausos resuenen. Águilar con el de Cadiz del campo cuidando queden, dando las órdenes para que a marchar mañana empiece, en tanto que voy a Baza, para que informado quede. de este caso. Yo también hallarme quiero presente, que es tan extraño, que toda nuestra atención se merece. Ureña, venid conmigo. Ley es el obedecerte. Dadnos licencia, Señor, que a celebrar nuestra suerte lleguemos con vos. Es justo. Pues en tu aplauso resuenen las debidas alabanzas, diciendo todos alegres Fernando e Isabel vivan, triunfantes gloriosos Reyes. Fernando e Isabel vivan triunfantes gloriosos Reyes. Justo Dios de los Cristianos, bien sabéis vos mi inocencia. Sacadme de este peligro, que ofrezco a la piedad vuestra pedir el Santo Bautismo, poniendo por medianera a vuestra Madre Sagrada, y defender su pureza Pues el cruel desmayo fue causa de que se suspenda la justicia, y recobradas aunque mal tiene sus fuerzas; porque sirva de escarmiento que a otros traidores contenga, al suplicio le llevad, y ejecutad la sentencia. Estos ultimos alientos envueltos en tristes penas, Daraja mía, te ofrezco; mostrando así, amada prenda, que hasta que perdí la vida, no te dejo mi fineza. Por ti voy a morir. Vamos. Su culpa pague la pena. Crueles, dadme a mi esposo: Osmín mío Dulce prenda! Qué escucho! aparta Daraja pues que te obliga indiscreta::- Tu perdón traigo. Qué dices? Es locura: la sentencia pronto ejecutad. Tu vida pedí al Rea, y su clemencia te la concede. De entrambos entiendo ya las cautelas: Y que es Moro disfrazado aclaran las evidencias: retirad de aquí a Daraja, aunque sea con violencia, y al instante en el suplicio aquese alevoso muera. Comó, traidores, al Rey así negáis la obediencia? perdonado estás, esposo. Ninguno su voz atienda: llevadle. Daraja:- Osmín::- Esta ha de ser la postrera vez, que te vea! adiós pues. Esperad. Nada los detenga. Adiós, Daraja, y de mí, pues muero por ti, te acuerda. Cielos! dueño de mi alma! Adiós. Todos se suspendan. Ya alienta mi corazón. , Hijo, qué venida es esta? A deciros, que el Rey mando suspendáis hasta que venga, de Osmin la muerte. Qué dices? Cielo, si es mi dicha cierta! Del Rey alcance el perdón. Es cierto: Daraja envuelta en llanto lo consiguió. Cuánto debo a su fineza! ay Daran lo que vales! Ay Osmín, cuanto me cuestas! Venid. Viva el Rey Fernando, viva Isabel nuestra Reina. Sus Majestades llegaron. Dónde está Osmín? A esas regias plantas, si logra la dicha, mi humildad de merecerlas. Hijo mío! Padre amado! Tú en tal estado! Qué pena! Porque veáis la piedad que un Cristiuno Rey ostenta, y que magnánimo sabe usar bien de su grandeza, sin averiguar la culpa ni que des descargo de ella, hoy la vida te perdono. Este no es favor, es deuda, que a Dios imitan los Reyes, perdonando las ofensas. Si tienes culpa, el castigo te le dará tu vergüenza, viendo que ofendes a un Rey, que tan benigno se muestra: si no la tienes, consigo librar así tu inocencia, que es obligación precisa en un Rey favorecerla. Alza, Osmín, y acuerdate, la ilustre sangre que heredas, que ella te inspirará altiva nobles heroicas empresas. Felice yo, que parece que ya mis desdichas cesan. Católico Rey Fernando, a quien el Orbe venera por el valor de tu espada, por la bondad de tus prendas? testigos hago a los Cielos, que jamás ni aún leve idea tube, Señor, de ofenderos; ya a tus pies fuera indiscreta acción el no declarar de este caso la evidencia. Sabiendo como Daraja en Baza cautiva queda, por si podía librarla me disfracé con cautela, sirviendo de jardinero en la casa que se hóspeda: esta, Señor, es mi culpa, y no discurro que sea tan grande, que en vos no halle disculpa en el cometerla. Es mi esposa, y yo la adoro, con ella vivo, y sin ella muero en continuo quebranto, al rigor de mi tristeza. Pues ya he merecido, Rey, que tan benigno me atiendas, otra merced, gran Señor, espero que me concedas. Padilla, si bien se mira, no era causa esta fineza para sentenciarle a muerte. Señora, él no me confiesa nada de esto, cuando yo le sentencié; y con inciertas palabras, ni concedía ni negaba: a estas sospechas se agregaron estas joyas y estas cartas; de manera se explican, que cualquier Juez lo mismo que hice yo, hiciera. Esas le enviaba yo con Celín, siendo la empresa a que le animó, Daraja, callando con advertencia su nombre, p que el secreto descubrieran. Pues porque veáis a cuanto mi generosidad llega, con la vida te concedo a Daraja; libre queda, pues para lo que intenté que entre nosotros viviera, el Cielo por otro medio puede disponen suceda. Ya estás libre, con tu esposo vive feliz y contenta. Esposo, dame los brazos. Daraja, tu acción se tenga: y a vos, Señor, estimando las honras que me franqueas, os digo que a ser su esposo no es posible que consienta. Qué escucho! tirano Osmín, eeste premio se granjean los extremos de mi amor, de mi afecto las ternezas? cuando libres ya de sustos nos ofrece nuestra estrella felicidades y gustos, las turbas de esa manera? Daraja, cuanto un amante puede hacer por la belleza que adora; yo he hecho por ti, a costa de ansias y penas; y últimamente la vida iba a dar por ti, que es prueba clara que te quiero a ti A aún más que a mi vida misma: pero puede más conmigo ya, Daraja, la creencia de un Dios, que por verdadero el alma a voces confiesa: Cristiano quiero ser; veo que esta es la segura senda, por donde puede lograrse la felicidad eterna. Estas y otras reflejiones en la prisión tengo hechas. Yo he conocido cuerror que contiene la voz vuestra, Solo por Dios te dejara Darajas dejarte es fuema, que de todo ha de apartarse quien a Dios hallar desea. Padre, adiós: a Dios, Mulei Dios me inspira, Dios me alien yo sol Cristiano, y tu Mora, nuestras leyes son opuestas, y la de Cristo no puede mesclarse con tu vil fecta. A tus pies pido el Bautismo, porque con su gracia pueda del rebaño de los fieles, ser la más humilde oveja: pues amonces valeroso me emplearé en la defensa de la que es Madre de Dios, María de gracia llena. Y Católico invencible, asistido de su diestra, seré terror de el hereje; pues si mil vidas tubiera, las perdiera defendiendo a tu virginal pureza. Levanta, Osmín, a mis brazos, Digno eres de fama eterna. Daraja: Nada digáis, que las que antes eran quejas, al ver su resolución, es preciso gracias sean. Osmín, hace muchos días que mis intenciones eran las mismas y las callaba, recelando que no fueran de tu gusto; y confiaba que mis álagos pudieran moverte a, lo que tú mismo pides con tan finas muestras: y así también a tus pies te pido que me coneedas, Rey, el Bautistio sagrado, paraque sus aguas puedan lavar de la primer culpa la mancha con que nos sella. Y no presumas, Osmín, que le pido; porque sea medio para nuestra unión, pues aún cuando tú no quieras ser mi esposo, yo he de ser Cristiana, para que veas que a Dios, por solo ser Dios, adora el alma de veras. Daraja de toda el alma, deja que a tus pies dé muestras de mi contento; pues ya nuestras dichas serán ciertas. También lo serán las mías, viendo que el Cielo granjea hoy dos almas; pues el darle muchas mi celo desea. El Rey y yo los padrinos seremos, porque se vea cuanto estimamos al que a nuestro Dios reverencia: tu nombre fera Isabel, y el tuyo Fernando. Sean nuestras lágrimas las voces, que aplaudan las dichas nuestras. Osmín:- Daraja::- Padre mío! El alma vive contenta:- Mi corazón consolado:- 2. De vuestra fortuna inmensa. Gran Rey, a Granada vuelvo, paraque recoger pueda algunas joyas, y al punto a tu campo dé la vuelta; más dejando granjeados con cuidado y diligencia, parciales, deudos y amigos, A paraque fácil te sea su conquista, y pueda yo de mi hijo seguir las huellas, pues la católica fe veo que es la verdadera. La misma intención a mí, Fernando invicto, me lleva. Los dos llegad a mis brazos; y ya con esa promesa, no dudo que de Granada la conquista lograr pueda. Padre mío! Padre amado! Hijos, no es tiempo se piere Hoy tode el día es venturas, pida mércedes cualquiera. La que yo pido es, Señor, que la mano me concedas de Doña Elvira. Ya es tuya, si es su gusto. Que le tenga es fuerza, quien te obedecs: salió mi ventura cierta. Ya logré cuanto anhelaba. Yo me doy la enhorabuena. Rodrigo, dadme los brazos. Ya os los doy con arta pena. Por qué? Porque sois cuñado, y que riñamos es fuerza. Osmín, las joyas os vuelvo, que son vuestras. Yo hago de ellas corto obsequio a Doña Elvira. Bizarría es como vuestra. Vamos donde consigáis la ventura más suprema. Y donde todos gozosos, mostremos como celebran nuestros afectos los triunfos de la militante Iglesia.
