Texto digital de Mateo Vizconde
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Ayala
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XXX de Nuevas escogidas (1670).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mateo Vizconde. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mateo-vizconde.

MATEO VIZCONDE
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Prima Laura, que tristeza, que sobresaltos, que enojos eclipsan tus bellos ojos, turban tú misma belleza? Dia en que llega triunfante a Milan tu amado esposo, en ti el gusto tan dudoso, en ti tan triste el semblante? Cuando señora la fama, anadiendo a sus victorias nuevos triunfos, nuevas glorias, por toda Italiale aclama? Cuando previene a su entrada la Ciudad pompa lucida, tu quejosa, tu afligida, siéndomas interesada? Cuando el aplauso festivo ves del popular concierto, en ti el afecto tan muerto, y en ti el sentimiento vivo? Que violencia, que ilusión obliga en tu amor perfecto, a deslucir un afecto por lucir una pasion? dime tu mal. . Causa es grave, que del corazón procede, más referirse no puede, que se siente, y no se sabe. Cómo? . Del alma ha nacido esta pasión, que me enoja, mas no se da mi congoja con el discurso a partido. Después que fue Genetal Máreo por su valor, le miran mal superior los que le vieron igual. Y al paso que tan dichoso logra en el felice estado, los méritos de envidiado, asumpros da al de envidioso. Tres meses ha que salió de Mi an para asolar los bandos, y en su lugar por Gobernador dejó a Filipo, ese villano, alevoso, y falso amigo; a cuya culpa el castigo no iguala, mas inhumano, ya sabes, pues, que ha intentado vencer en mi casta fe la ley de honor. . Ya lo sé, pero ese amante cuidado templarás con la venida de tu esposo. Aunque confieso tu razón, no acaba en eso el peligro de mi vida; pues un dudoso reparo tiene mi elección suspensa, viendo que hay riesgo en la ofensa, si la callo, o la declaro. Pues si la traición no digo, mi opinión desacredito; y si déclaro el delito, le declaro un enemigo a Mareo, y su valor es tal, tal es su ardimiento, que apurará en su escarmiento los extremos al rigor. Con que aventuro en mi esposo la ocasión de un riesgo cierto, cuando de Filipo advierto que as en Milan poderoso. Y si alguno lo ha notado, y le avisa, a un tiempo hallo contra mi honor, si lo callo, el peligro en el cuidado. Y más que en mil ocasiones vi, que Francisco advertido, o sospechoso, ha querido ser Argos de mis balcones. Y es de Mateo tan fiel amigo, que no dudara, que por su honor se arriesgara a algún empeño cruel. Y no paran los temores en esto, que otro recelo hace en mi oculto desvelo las confusiones mayores: sombras, y sueños pesados hacen, Camila, estos días mas graves las penas mías. Deja esos vanos cuidados, y con dudoso semblante, no hagas el daño evidente con quien esperas ausente, y has de recibir amante; desmienta en tu regocijo la hermosura esa sospecha. Poco el esfuerzo aprovecha cuando la razón colijo; y aunque con temor prevengo tu discurso, a que me allano, remedios áplico en vano. Buenas albricias me tengo. Juanelo, dame los brazos, yo te ofrezco. Mal empiezas. Estas mis albricias son. Tú anduviste más discreta, que has salido de un cuidado, y Laura en otro me deja. Llegó mi esposo? . Y tan bueno, turbando esas calles entra, que de ansia de verle están los Médicos que revientan. Mandó que me adelantase a verte mientrar él llega, empantanado en cortejos, y atascado en norabuenas; y yo en sufrisón Polaco, tan tahur en la carrera, que cuando le pico más, él me para con más fuerza. En el popular tumulto, por llegar a tu presencia. me tuvieron ahogado olas de la turba inquieta. Sacome en hombros la plebe, y viendo ya que me llevan en los aires, presumi que era Pegaso el Babieca. Por ver a Mareo entrar unos a otros se atropellan, y entre piélagos de gente toda la Ciudad se anega. Yo en aquel aprieto dije, o lo que diera un Poeta por ver al segundo día otro tanto en su Comedia! Deja esas cosas, y dime, viene gustoso? se acuerda de mi Mateo? te ha hablado de su amor en esta ausencia? Es un coral, un diamante, y aún no igualan su fineza: te quiere, como si tú su propia mujer no fueras: mas en lo que al gusto toca, habrá un mes que le molesta cierto hipocondrico humor. No fue vana mi sospecha; y sabes de qué procede? No me ha dicho su tristeza, mas según lo que colijo de algunas dudosas señas, Francisco Galeazo es quien dio motivo a sus quejas. Qué dicer? mas si ha sabido que me pretende? Esa es necia presunción, porque Francisco ha dado bastantes muestras en Milan de sus lealtades. Mi amo mandó que fuera al ejército, y Francisco por algunas dependencias se quedó en Milan, no quiso ir, desde entoncesse muestra airado, porque a sus solas le he visto estirar las cejas yo, y aún morderse los labios. Ven señora, si deseas ver el aplauso mayor con que la Ciudad celebra a tu esposo, y verle a él, que ahora a Palacio llega, lucida afrenta de Marte, de Adonis envidia bella. Vamos prima. Qué hay Juanelo? Buena moza está, Floreta? . Y dime, has peleado mucho, Ay de mí, que esta venida mas que me ánima, me altera! Oye las confusas voces. Laura, qué tristeza es esa? No se prima. Una aprensión tanto de ti te enajena? Viva nuestro Capitán Mareo Vizconde. Apenas halla en aquestos acentos alivio triste mi pena! Sala los balcones. . Vamos, . De una estocada? por ver si el alma aprovecha contra un miedo que me afije un cariño que me alienta. . Floreta, dame un abrazo. Lindo vienes de la guerra, muy galán te hace ese traje. Las galas de España alientan con aire a cualquier galán. Casi no te conociera. Y no me espantara yo, de que en tres meles de ausencia me tuvieras ya por otro, ni aunque aotro por mi tuvieras. Deja eso, y dime, has pasado por allá grandes miserias? Yo te diré, que tan grandes; Forzado del hambre perra, en cierto reencuentro un día a un muerto corté la lengua, y me la comi lampreada, y aún la tenía con cortezas de mascar tabaco en hoja. Qué inhumanidad tan puerca! y era sabrosa? . En mi vida yo vilengua más perversa, aunque he conocido muchos. hombres de bien malas lenguas. porque por acá se cuentan de tu espada mil hazañas? Mi espada no es hazañera; más oye, porque te admire, una industria la más nueva de mi valor. . Ya la espero. En la segunda refriega que tuvimos, a un Sargento mi enemigo, sobre apuesta, le saqué de una estocada toda la asadura entera. Oye el modo; Cógile junto auna peña, atravésele, y del golpe, que dio la punta en la piedra, torcida hizo un garabato, y luego ti ando fuera salió el higado, y los bofes. Por cierto cruel destreza! Pues más fue, pero en Palacio entra mi amo, y es fuerza retirarnos. . Ven Juanelo, que estoy absorta, y suspensa oyéndote. Ven vustedes, pues más de mil cosas de estas hacen creer tornilleros, que pasan por las aldeas. La fama en bronce escriba, el nombre de Vizconde viva, viva, eterno a la memoria. Baste el aplauso ya, baste la gloria, Milaneies valientes. Más justo es repetir lauros decentes a tu fortuna altiva, viva Mateo el grande. Viva, viva. Por ti Filipo, amigo, victorias logro, y opinión consigo. Tu generoso nombre viva aclamado, y repetido asombre. Solo a ti noble Alberto, el triunfo se atribuye, y el acierto. A tus plantas sujete la envidia su poder, y las respete. Francisco, quién es dueño de tal valor, bien fía el desempeño; presto verás, villano, el primer escarmiento de mi mano. . ofendido le ha hablado, sin duda mi cautela se ha logrado. Y pues todos iguales me honráis valientes, y enfalzáis leales; y a vuestros pechos fío la elección, el gobierno, y senorio de este Estado, y grandeza, no como Capitán, y su Cabeza, siendo en él el primero, sino como un amigo, y compeñero; que en igual recompensa, solicito la paz, y la defensa, que a la patria se debe, ayudado del celo que me mueve; con vosotros procuro, establecer gobierno más seguro. Tu soberbia primero será despojo vano de mi acero. Antes verás postrada esa pompa cruel tiranizada. Mida el cielo en tus glorias, el mérito feliz de tus victorias. Declara tus intentos. Tuya es mi fe. . Prosigue. Estadme atentos. Ya sabéis de las crueles antiguas parcialidades, que en Vizcondes, y Torianos se heredaron en la sangre, Suorigen, y ya sabéis los repetidos ultrajes, y ruinas, que de ellas llora Milan por tantas edades. Díganlo sus campos todos, sus Castillos, sus Ciudades, ya desolación del fuego; ya inundación de corales. O en mí el dolor lo publique de alevosas crueldades, con que Rey mundo Toriano, villanamente triunfante, su odio probó en tantas vidas, donde Tibaldo mi padre honró de púrpura noble los silos de acero infame. Ooberno nuestra facción mi rio Octavio, hasta darles justa venganza a sus deudos, fama eterna a sus parciales; pues asolando, y rompiendo en repetidos combates, de armadas belicas huestes, poblaciones militares, fueron lastimoso ejemplo de su denuedo al examen, cuantos conspiró traidores el vil Toriano linaje, Demoliole sus Castillos, saqueo sus fuertes Lugares, taló sus campos amenos, venció sus tropas cobardes. Y yo, que a la sombra entonces de otavio, en sangriento alarde, tuve heroicas locuciones de las escuelas de Marte. al Marqués de Monferrato, que acaudillaba arrogante del ejército enemigo la mayor, y noble parte, con la gente de mi cargo, en tres batallas campales vencí, y brotando sus cuellos al campo el caliente esmalte, las que eran campañas verdes, se creyeron rojos mares. Volvimos, pues, a Milan, dejando a Hotavio al dictamen de su dominio sujeto, el pueblo en seguras paces. Y atendiendo a que en la edad no habilitaba el coraje, de ardimientos que causaron ya sus canas venerables, en mi renunció el gobierno; y aunque remeroso Atlante, al peso molesto quise retirar el hombro frágil. En vano fue, porque el pueblo, en careciendo mis partos, hizo violencia el afecto, y el gusto ley involable. Tomé el gobierno forzado, y dando de todo parte al Emperador, que el cielo vida, y posesión dilate, fue Francisco Galeazo mi amigo, que está delante. Aa cobarde fementido! p presto haré yo que le manche mi espada en tu pecho aleve, centro de injustas maldades. fue a visitarle en mi nombre: Y su Alteza por honrarme me nombró de Lombardía Vicario Imperial, y el Ave de sus armas generosas adorno mis estandartes. Goberné con justo celo, gozando en la paz amante de Laura, mi dulce esposa, dichosas tranquilidades. Hasta que oculto el rencor de aquellos odios tenaces, volvió a prender en centellas los apagados volcanes. Alterose Lombardía segunda vez, y con arte mañosamente introdujo el llarques la envidia fácil. Conspiró diversos Pueblos, juntó copia innumerable de Lombardos forajidos, y en fin por diversas partes entró sembrando traiciones. su saña en los naturales. Salí acortar sus disignios con Alberto, a quien añade la fama en tantas victorias, nuevo blasón que le ensalce. Quedó en mi lugar Filipo en Milan, porque admirase de suprudencia, y gobierno los excédidos quisates. Y desplegando otra vez al aire los cafetanes, sualiento intimó el clarín, su horror el puisado parche. Escuchó Milan sus ecos, ardió en las venas la sangre, y el belico estruendo al brío hizo lisonjas suaves. Con ocho mil hombres solos, hijo de Belona, Marte, sujeté del Monferrato las plazas Inexpugnables. Turín, Casal, Pontestura, Moncalvo; y cuantas Ciudades. rebeldemente siguieron las ambiciones sagaces del Marqués, fueron despojo de mis fuertes Canitanes. Prendí al Marqués, y rendido, hice que a mis pies jurase ser tributario en su Estado, capitulando las paces. No queda Lugar de cuantos Milan contiene en su margen, que a la obediencia rendido no se sujete, y se hallane. En fin ahora solo resta dar los medios eficaces quepretendo, en que la paz se establezca más durable. Filipo a Milan gobierne, pues ya sus vecinos saben, cuantos aciertos le asisten, cuantas hazañas le aplauden Alberto sea en la guerra árbitro, pues militares experiencias acreditan suvalor siempre triunfante, Y yo libre a tanto peso en gustosas soledades, la amenidad de una quinta tendre por dichosa cárcel, donde gustoso al retiro. allá sin que sobresaltan mi quietud molestos miedos será el primero que saqué en defensa de la patria, el acero penertante. Este, amigos, es mi intento, sin pretender excusarme, ni a los casos del empeño, ni del riesgo a los azares. Porque así logrando a un tiempo aumentos a nuestra parte, seguridades Milan el alinio mis pesares. En esta acción valerosa, a pesar del tiempo ensalce vuestro nombre el Orbe todo, yo viva, y Milan descanse, Mas mis rencores animan. . sus fingidas humildades, pues conociendo del Pueblo el afecto inseparable, con seguridad propone lo que falso persuade; pero yo haré que su muerte me facilite el dictamen. O qué bien la tiranía, con apariencias sagaces blandamente se introduce al Señorio! mas antes fenecerán con su muerte las soberbias vanidades. No gobernará a Milan . Filipo, si me costase mas vidas, que Estrellas bordan todo el celeste homenaje. Mas, pues, Mateo ha ignorado, que es de Laura ciego amante, yo remediaré la ofensa, sin que larraición declare. No me respondéis? Ninguno habrá, que no se embarace en responderte, y pues son Filipo, y Alberto parte en las honras que rehusas, yo será más justo que hable, sin que intereses me muevan, ni cumplimientos me atayen. De ti Mareo me admiro, que hoy en la edad más brillante de tus años aniquiles la esperanza que ha de honrarte. Cuando Italia te venera, cuando la fama te aplaude, cuando la envidia te teme, y la fortuna se abate a tus plantas? tu remiso, tu dudoso, tu inconstante, tírubeas con el peso que tantos años llevaste? Tu Tarria, y tu nombre ofendes, pues en caso semejante en ti compras un desdoro, cuando a ella un peligro añades. Como quedará Milan, sin que tu brazo a menace los traidores, que hoy se encubrer castigados, y cobardes? Quién habrá que no se atreva al pueblo, si le mirasen desamparado del brío que en ti respetaron? Nadie, nadie Mateo: y no digo, que a Filipo el valor falte; mas como será temido, quién no fue vencedor antes? Vuelve en ti, mira tus hechos, usa el brío que heredaste de tu gran padre Tibaldo, no te impidas, no te atajes, el curso de tus blasones, que entre los que están delante, ninguno querrá otra cosa; y si alguno lo intentare contra la razón, yo sé que no tendrán de suparte, ni a los nobles, ni ala plebe, ni a Milan, ni a sus Ciudades, ni a Italia, ni a mí. Detente, Francisco, espera, no pases adelante, que primero sabremos morir constantes, que permitir que a Milan su brazo, y Mareo falten. Mas seguro con su muerte . haré mi fortuna estable. Quien puede haber tan tirano contra su patria, que infame al honor de ella, anreponga villanas comodidades? o que presto a tu sobernia . las alas han de cortarle! Eso si Alberto invencible, eso si Filipo, alabe el mundo de vuestros pechos el valor siempre admirable. Bien de Filipo remedio la traición, que advierto fácil. Oh cruel! cuanto acreditas tus injustas falsedades, solicitando, que en mí ciega la atención se halle. Soldados, Vizconde viva. Viva felices edades. Basta amigos, ya obedezco vuestro gusto. No se pare el brío. Logra las dichas que te esperan. No se canse el brazo en cortas hazañas. Monte seré incontrastable, si tal aliento me ayuda, o pensamientos! dejadme, que no es posible que Laura mi honor, y sufama manche, Entra a ver tu amada esposa. Bien dices, o sí mis males en tan crueles indicios la muerte, o la vida hallasen! Oye Alberto. . Filipo, a tu cuello los brazos anticipo con fe siempre rendida. Tuya es mi voluntad, tuya mi vida. Justamente cor sigo tales favores. . Hoy serás testigo del prometido empeño, con que he de hacerte de este Estado dueño, A ti solo es debido, más dime lo que tienes prevenido, que yo dos mil soldados traigo a tu devoción subordinados, dispuestos, obedientes, seguros, ajustados, y valientes, cuyos nobles ardores, soberbios vienen, vienen vencedores, y en su nombre prometo la victoria. Pues yo con gran secreto valerosos prevengo tres mil soldados, que a mi nombre tengo en Milan prevenidos, nobles los más, sin muchos forajidos, que por todo el Estado cautamente mi voz ha convocado; pero un inconveniente halló en la dilación, y tu prudente consejo el caso espera. Di la ocasión, y si importare muera, Ya sabes como atento a Máteo escribí con sabio intento, que aqueste Galeazo, que siempre a mis acciones fue embarazo, con indicios traidores, pretendia de Laura los favores, y que yo a Laura adoro, siendo infeliz blasón de su decoro, pues en esto trazaba ver si acaso Mateo le apartaba de aquí, dando al deseo, mas desahogo en uno, y otro empleos Ya lo sé, y aún no dudo, que acreditarse tu cautela pudo, porque habiendo llamado a Francisco Mateo, he sospechado, que excusó la partida, en que mostro malicia conocida, confirmando el recelo. Pues no fue en él, si no sagaz desvelo, que de mi sospechoso, por parte de Marco cuidadoso, sirvió a mi amor de espía; y pues tan poco la experiencia fía de estas cosas, primero que a conferirlas llegue, dar espero asuntos a mi fama; muera el Vizconde: aquesta noche llama, Alberto, tus soldados, pues que ya en la Ciudad acuartelados están, que yo atrevido, tendré de mis amigos prevenido el número bastante; y atajando el espíritu arrogante de este cruel sangriento, a la hora que el pueblo soñoliento la fatiga redima, a los aplausos de hoy su sangre imprima nuestra justa venganza, Tu valor asegura tu esperanza en nada contradigo tu opinión. . Pues ea Alberto amigo a ejecutar valiente. Condoca tus amigos. . Trae tugente. Mueran hoy los Vizcondes. A tu fama en tus hechos correspondes. Escuchen sus oídos. antes que los avisos los gemidos. Y cuando el golpe llegue, corra sangre Milan. . Milan se anegue. En tiernos suaves lazos mil veces de mi ventura, los ojos a tu hermosura, a tu garganta los brazos, pues de tan violentos plazos, cumplido el término injusto merece gozar sin susto el alma en tan dulce calma, no de vencedor la palma, sino de dichoso el gusto. Yo en tu amor con fe rendida logro iguales, por más gloria, nueva dicha en la victoria, nuevo descanso en la vida: ay de mí, que mal fingida la voz al semblante exorta! Laura, en indicios reporta males que el temor previene. Pero ocultarlo conviene. Más diss mular importa: en ti, Camila, la suerte dichas íguale a lo hermoso. Y en ti dilate glorioso el valor que Italia advierte. Antes de llegar a verte, Juanelo nos ha contado, que venías disgustado, y medroso amor colige, nuevos riesgos que te asligo. Presto en unindicio he dado, pues quien pregunta curiosa causa, en mi disimulada, si estalejos de culpada, no lo está de sospechosa. No me permitas quejar de aquel tormento enemigo. Si la ausencia fue testigo, por ti, que mi amor desvelas, pero en vano te recelas, si triste no estoy contigo. Mal mis sospechas reprimo. Mucho en su semblante ignoro, yo Laura siempre te adoro. Yo, señor, siempre te estimo. O soy mal miron del juego, Floreta, o estos señeres . Qué? Se requiebran con flores, y temo en fuliero empleo, que arme un garrote Mateo, si andam pandillas de amores. Estas loco? . Me convida la malicia en mi experiencia, porque nunca hice yo ausencia, que tú no hicieses partida. Licencia es justo que os pida a los dos por no impedir. Antes yo para escribir, solo deseo quedar. Mucho me da que dudar. Mucho tengo que sentir. Obedecerte es forzoso. Luego en tu divino cielo voy a templar mi desvelo. Fiero mal! dolor penoso! . A Dios, Laura A Dios esposo. Prima, ven: . tú miedo iguala mi pesar. . Mi ardor se exhala. Floreta. . Qué te da pena? Si no hay en Laura una, y buena, por Dios que temo una, y mala. Juánelo quédate aquí. ciega mi pasión provoco. Qué me mandas? Estoy loco. anda ve a Franciico, y dí, que le aguardo: ya perdí del todo mi sufrimiento! Yo te obedezco, el intento ignoro, y le juzgo grave. . Con su vida haré que acabe la causa de mi tormento, que para haber castigado el delito presumido, aunque no me haya ofendido, basta el haberlo intentado. Filipo me dio avisado cuenta de su intento aleve, luego justa el brazo, mueve la venganza que anticipo. Pues ya el saberlo Filipo, la satisfacción se debe, desuerte, que facilita contra Francisco el temor, que no ha ofendido mi honor, pero que lo solicita. Y este discurso acredita ver que si culpa tuviera, Laura, secreta estuviera entre los dos la pasión, sin que en público ocasión Francisco a la nota diera. Muera, pues, el que atrevido, siendo de mi honor tirano a la obligación villano, y a la amistad fementido me dio ocasión. . Ya ha venido Galeazo. Y mi violencia le espera; entre, pues, paciencia falta al sufrimiento ya. Alterado el pecho está, ya estoy aquí a tu obediencia. Sígueme, pues. El semblante turbado en Mateo divulga en mudas alteraciones, dudosas señas confusas: tras ti voy. . De aquesta suerte mis desdichas se aseguran. Mil cosas forma la idea, sin que por más que discurra, de apariencias tan extrañas, Laura mi razón descubra. Esta cuadra retirada, que cae al parque asegura mi intento, las puertas cierro. Tus prevenciones anuncian al alma alguna traición. No he de repetir mi injuria, que fuera dar vanidad a su muerte con la culpa. Si es porque a Címila adoro tu prima. . Ahora desnuda el vil acero, cobarde, que aunque es tu defensa injusta nunca fue venganza noble la que aleves medios usa. Qué dices, Mateo? aguarda quién ha ofendido? quién turba mi lealtad, mi fe? Tú mismo. y no manoso introduzga cobardes satisfacciones, que si la ofensa pronuncia el labio, serán mis iras con el dolor más profundas. Vive el cielo, que te engaña la infame lengua, que acusa mi amistad, y has de atenderme, o matarme. . Si eso buscas, mi honor te husa escucharte, y matarte no reusa. No es posible que sin armas me ofendas ya, y si es que juzgas, que el acero de mi mano puede ocasionar la culpa, que yo no tengo, si ahora contra tu pecho se empuña, por esta ventana es bien que al parque caiga, y desnuda, quede la verdad. . Detente, ahora Mateo busca modos de lucir el brío, dame la muerte, o escucha. Turbado estoy, vive el cielo! quién vio acciones tan confusas? matarle será bajeza, declararme, no es cordura; persuadirme, es liviandad, y aquí imposible se juzga; que sea capaz de traición quien tanto de si asegura; que haré? . Si ahora pretendes lauros a tu fama Augusta, desengaño a tus sospechas, a mis ofensas disculpa, créditos. Coged las puertas, y entre la confusa turba de nuestra gente, no escape de todas sus vidas una. Quién alborota el Palacio? alguna desdicha anuncia el alma. . Muera Vizconde. Ohtraidores! quién divulga la voz aleve? Villano, si abriré. . Señor, procura escaparte, que el Palacio por todas partes circundan de gente, y armas buscando tu muerte. . Hh cruel fortuna! Dame esa espada, Juanelo. Toma, que para esta turba a mí me basta la vaina. Ahora verá quien funda traiciones contra tu vida. Entrad dentro. Infame turba, presto veréis mi valor: Mueran todos. Tú me injurias? A tu lado estoy, Mareo. La soberbia es quien te acusa. También contra mí, Filipo? Sí, pues a Milan deslustras. Mentís cobardes, traidores. Soldados. Jesús que bulla por aquí: Sigue mis pasos. Tras ti voy. La gente acuda. Y a vuelven. El golpe cierro a esa puerta. . Bien discuipas tu fama. El estar sin armas, es para huir linda escusa. . Monte seré en tu defensa, libra a Laura. El alma es tuya, o Milan! en que te ofende quién por ti su muerte busca? JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
En este hermoso jardín, cuyo sitio siempre ameno, lisonjas hace a los ojos, gustos ofrece al deseo, podéis las dos divertiros, mirando sus cuadros bellos. Siempre de galán te precias. Siempre acreditas, atento tu voluntad generosa: Solo estimo, solo precio este apacible retiro, que venturoso poseo. Seis años ha que a Milan dejé por mi dicha, huyendo de la indignación tirana, con que Filipo, y Alberto amenazaron mi vida; y en el hermoso recreo de esta quinta, que tres millas dista de Placencia, atiendo solo a desterrar cuidados, bien que tal vez al esfuerzo de la aprensión se resiste inútilmente el deseo; y acordando de Francisco la triste memoria, vuelvo a dar el alma a la pena, y al discurso el sentimiento. Nunca de su muerte ha avido nuevas. . Si sería cierto. Bien claro se arguye. Grave pena! . Sabe el cielo que aún hoy la llora mi amor. Con tan lucido ardimiento en mi defensa se puso aquella noche, impidiendo el paso, y mezclando airado su furia entre el vulgo ciego, que fue imposible escapar, Al fin Filipo soberbio, tiranamente poscé las vanidades de dueño en Milan? . Oh plebe injusta! que presto olvidas, que presto los aplausos: más que mucho, si en tus motivos violentos, y crueles, puede más la novedad que el afecto? Temo que te has disgustado. Estas materias dejemos. Penas la vida atropellan. Pueden a tu heroico pecho hacer falta las grandezas, que ya despreciaste a un tiempo? que importa, señor? . No, Laura no es mi dolor tan grosero, no es mi pasión tan villana, no es tancivil mi tormento, Yo ambiciones, yo grandezas, yo vanidades, yo imperios? Mas precio vivir contigo solo en aquestos desiertos, donde ni quejas me buscan, ni me solicitan ruegos, que cuanto en Milan tenía: goce Filipo el Imperio, cuya nunca quieta carga le será riesgo, y no premio. Pues si la ambición en el reina, cuando en mí el desprecio en lo que el desea, es pobre, yo soy rico en lo que pierdo. Pues qué te aflige? declara tu mal, si es capaz mi pecho de de verte en el pesar, lo que en las dichas te debo. Me aflijo cuando en Franciso acuerdo el valor, y cuando del vil Filipo la ofensa, con que pretendió sangriento acomularle su culpa, y me allijo porque veo, que han quedado sin castigo tan viles atrevimientos. Señor repórtate, y mira. Esposo, mi bien, no es tiempo hoy de ejecutar en ti esos vivos ardimientos. Albricias, señor. . Albricias a mí que lo vi primero. A mí que lo dije antes. En hablar a todo el pueblo llevarás tú la ventaja. Qué ha sido, decidlo piesto? A mí me tocan. . A mí me vailan. (tas. Acabad necios. Dadme a besar vuestras plan Qué miro! . Cielos, que veo! Gran dicha! Llega a mis brazos, que el alma te aguarda en ellos. Aunque la nueva he perdido, por ti, Floreta, me huelgo. Tu suerte a la nuestra iguala. Tu vida ánima mi aliento. Solo en mí, divina Laura, solo en mi Camila alberos, son piadosas las fortunas, venturosos los efectos. Declárame tu venida. Resiérenos tus sucesos. Comunicanos tus dichas. No me tengas más suspenso. Después de la infausta noche, en que atropellando riesgos, dichosamente pudisteis libratos todos, saliendo por el parque, mientras yo hice a la defensa opuesto, muralla mi pecho a tanto emvate cruel de aceros, mezclado en la turba ciega salía la calle, rompiendo golfos de gente enemiga; yo de la vida en desprecio aclamé tu nombre heroico; y aunque a mi voz concurrieron valerosamente algunos de tus amigos, y deudos, fue la resistencia inútil, porque convocando Alberto de sus soldados villanos la mayor parte, rindieron, no por valientes, por muchos, el mayor numero nuestro. Y mitigando su saña en la sangre que vertieron tuya de honrosas lealtades, fueron sus vidas el precio. Retirámonos algunos, bien que pocos, yo a un Convento me acogí, de donde supe, que luego en Milan pusieron guardas a sus puertas todas, asolando, y inquiriendo a cuantos delbando tuyo halló su rigor sangriento. Arterose la Ciudad, tomó Filipo el gobierno, y juráronle obediencia, mas que por amor, por miedo, Yo adverrido, y recatado oculto vivi este tiempo, donde un Religioso, a quien le comunicana Alberto sus disignios, y en quien viven disimulados afectos, me avisaba cada día los más ocultos sucesos de Milan, y por él supe la traición con que fingieron, escribiéndote en mi agravio Filipo, que yo. . El aliento suspende antes que tu voz; cuando mis iras renuevo, sea a la garganta sazo, sea al corazón veneno, ya lo sé, y de aquella ofensa! mil veces Francisco vuelvo a pedirte que perdones a mi amistad necios hierros. Prosigue. . Supe también que tú, asegurando el riesgo, a Plasencia habías venido, y esperando a que más quieto el rencor en tantos días asegurase el desvelo de las guardas, la fortuna favoreció mis intentos; porque viniendo a Filipo en este tiempo un correo del Emperador Augusto de Enrique, por cuyos hechos, la fama cansada ya, repite roncos sus ecos; con nueva de que a Milan llega, según ley del Reeno, a coronarse, y que pasa a Roma, Eslipe ha hecho prevenir en la Ciudad lucida pompa, y el pueblo divertido, y convocado de aclamaciones, y juegos, me dio lugar de salir, teniendo yo con secreto en el campo prevenido un caballo, cuyo aliento, la distancia a tantas millas burló en dos noches soberbio. Y aunque peligros mayores amenazaran mi esfuerzo, en logro de esta ocasión, desesperado, y resuelto saliera por darte avisos, que a tu honor, y amistad debo. Todos te lloran quejosos, y del bando tuyo afectos, muchos parciales se encubren, que en mísero cautiverio de la cruel tiranía siguen forcados preceptos. El Emperador te estima, las dignidades, los puestos, que mereció tu valor; fueron de su mano el premio, Italia teme tu nombre, Milan te espera suspenso, la justicia te acredita, y te favorece el Cielo. Ea, pues, Mateo invencible, sala eternizar tus hechos, pide a Enrique su favor; di tus quejas, pues es cierto, que no ha de negarte ahora lo que él te ha dado primero, Suya es la causa, salgamos a recibirle, hazle dueño de tu voluntad, anima los corazones dispuestos, castiga la tiranía, siega los infames cuellos. Tente, tente, no prosigas, que en este honor que apereces, mas me niegas, que me ofreces; más me ofendes, que me obligas Pues cuando lograr procuro la quietud en tal reposo, un Estado peligroso me das por otro seguro? Y a mi modo de entender, donde no hay firmeza alguna, goza de mejor fortuna quien no tiene que perder. Posea igual señorio Filipo, que fuera errado yo en decir, que me ha quitado Imperio, que no fue mío, Pues en suerte tan dichosa, mi voluntad ofendida le confiesa agradecida a su traición, no quejosa. Mucho tuesfuerzo limita esa opinión que le ignora, pues el honor te desdora, lo que el gusto te acredita. Y cuando en tu nombre altivo muerto ya el valor no asombre, yo para enfalzar tu nombre tengo el aliento muy vivo. Mi patria la libertad a dlama, y en suquererla, cumpliré por ti, y con ella con el honor, y amistad. Por ti cuando airado mida la venganza con la ofensa, y por ella en tu defensa perdiendo la noble vida. Demás de que nunca arguyo de ti en tan ciega opinión, que olvides la obligación debida a su honor, y el tuyo? Y si obligar no ha podido tu queja el verte ultrajado, de tu casa deesterrado, de Milan desposeido. Y en fin el desdoro infame, que hoy divulga sospechoso, tu heroico nombre es forzoso que a la venganza te llame de mil nobles la vertida sangre, que ya por tu fama su injusto desdoro aclama, olvidada, y ofendida, que por fuerza has de escuchar de quien los llega a aplaudir, que ellos supieron morir, y no los sabes vengar. Y el gusto que te desvía, y que Filipo asegura, pocos dirán que es cordura, y muchos, que es cobardía; Porque es muy dificultoso hacer que el vulgo advertido, viendo que estás ofendido, crea que no estas quejoso. Con que la malicia esmalta su traición, dando a enrender, que estaba injusto el poder en quien el valor le falta. Eso no, porque primero verá en iras que reprimo, que olvido cuanto no estimo, y que puedo cuanto quiero. Y si contra mi engañado Milan, tan presto olvidó la grandeza que me dio, por los triunfos que le he dado, Hoy llegará a examinar, pues mi honor delacredita, que ni me dio, ni me quita lo que yo puedo tomar. Pues señor, esposo. . Laura, perdone esta vez tu amor, que lo que pierde el honor, el gusto no lo restaura. Yo soy quien al riesgo obligo, la fama al amor prefiero, no ha de hallarme lisonjero el que me merece amigo; esto te importa. . Bien dices, sa gamos Francisco luego, abrase a Milan mi fuego. Justo es que el nombre autorices de Vizconde. . Suerte esquivas Qué presto el gusto se altera! Filipo a mis manos muera. La natria, y tu nombre viva. Ea, Francisco, a partir. Marchar esta noche importa, porque una jornada corta de Milan ha de dormir el Emperador. . Hoy gana mi honor por ti nueva vida, Laura breve es la partida. El alma a tu honor se allana. A Dios prima. El Cielo ordene dichas a tu sangre iguales. Logren premio los leales. Pierda la envidia el que tiene; ven a disponer Mateo. Ya te sigo. . Pena fiera! A Francisco hablar quisiera. A Camila hablar deseo. Lloras? . Pues no he de llorar? Por Dios que me haces reír. No puedo verte partir. Y podrás verme trinchar? Siempre la opinión desdoras de este amor que contradices? Verdad será lo que dices, mas no creo en lo que lloras. Por que? . Porque ya se infiere de la damaque es mejor, que nunca llora de amor, aunque llora cuando quiere: mas dejando estos enojos, a ser tuyo me resuelvo, si no vuelves tú, y yo vuelvo. Cuándo te verán mis ojos? Según la tiene trazada el Poeta, a mi entender, nos volveremos a ver en la tercerajornada. Y será larga? . Esas cargas no dará, según infiero, porque hay señor mo, querero, que no sabe sufrir largas. Y cuando el cuento no alaban se ven desgracias notables en comedias perdurables, de estas que nunca se acaban; pero ven, que Galeazo puelve aquí . Mi amor te espera con los brazos. . Vamos fuera, que yo en público no abrazo. . Ya propicia la fortuna, Filipo a tu aliento mide, dichas que eterno le aplauden, favores que le eternicen. Ya quieto Milan sujeta a tu dominio invencible la cerviz, y en su castigo teme alteraciones viles; que dudas, pues? . No sé, Alberto no sé qué violencia oprime el corazón que ignorada con necios medios me aflije. Hoy llega el Emperador a Milan, donde me asisten mas de veinte mil Soldados, que juntos a recibirle en lucidos escuadrones, pueblan esos camposlibres; y aunque el dominio poseo de todos, y aunque repiten mi nombre siempre aclamado, por más lauro, por más timbre tuviera hacer en Vizconde esta obediencia posible. Mucho tu valor desdoras con esos temores viles, cuando él huyendo su muerte, desterrado, y pobre vive. Dices bien, mas yo confieso en las dudas que me afligen, que no le temiera airado, tanto como temo humilde. Muchos lloran su fortuna, en quien la memoria escribe piedades, donde el castigo halla entrada muy difícil. Bien quisto ha sido del pueblo, es prudente, y aunque finge gustosa quietud segura, son apariencias sutiles, con que cautamente obliga muchas atenciones linces; Y así, Alberto, antes que llegue . Fía la disposición experiencia en que aniquile la industria al poder, es bien que su muerte facilite mi intento, Vizconde muera desterrado, y solo asiste en Plasencia, y fácilmente se hallará quien examine el valor contra su vida, porque con ella se eviten los riesgos, que aunque dudosos, . Todo a mi suerte se allana, deben temerse. . Bien dices, yo tengo quien lo ejecute, y haré que presto acredite mi deseo, y que el dominio nunca en tu valor peligre: de más que deben temerse, con la venida de Enrique Emperador, nuevos daños, por ser él quien a la exrirpe, de Vizconde ha engrandecido. Bien con tu valor se mide tu prudencia, esto conviene, y así podrá ser que animen mis deseos alfavor de Laura, de aquella esfinge, de aquella sirena hermosa, de aquel encanto, en quien vive siempre el cuidado de aquel dulce divino imposible, pues sola, y en mi poder, no habrá oposición difícil, y en tanto que damos medio a todo; Alberto, apercibe las tropas, y haz que en buen orde, favores, y aplausos logro, formado un campo se mire dos millas de la Ciudad, que con tres salvas publique aplausos a la llegada del Emperador, y admire a un tiempo horrores que asombren, y afectos que me acrediten. a mi cargo. . En ti está firme el peso de tanto Imperio; salgamos a recibirle, se juntarán con nosotros todos los nobles, que asisten en Milan. . Ya prevenidos solo esperan a que avise la marcha el belico estruendo de los sonoros clarines. hoy haré que me confirme Enrique en el Señorio. No habrá quien no solicite, que tule mandes. . Alberto, todo a tu amistad se rinde, Capitán General eres, y otro yo. . Mife te asiste, . más la marcha empieza. . Va. ordena el campo que riges, (mos, mientras yo los nobles junto. Tuyo he de ser. . En mí vives. Vuelve otra vez a mis brazos, noble Capitán heroye, porque mi afecto te estame, antes de oírte quejoso, A tus pies, invicto César, hoy llega el más prodigioso ejemplo del mundo, en quien cada suceso es asombro. Y cuando en ellos rendido, mas que las dichas que pierdo, estimo el honor que gozo. Mucho el verte deseaba, que ya del metal sonoro de tu fama a mis oídos, llegaron los ecos roncos, y ya que en Milan te ofende la envidia, villano monstruo, que contra el mérito anima siempre la ambición, y el odio, Ya sé que arropellando las leyes de tu decoro, el honor que yo te he dado te niega contra mi propio; habla, pues. . Solo te pido, que justiciero, y piadoso, hoy en mis quejas atiendas a mi razón, y este umbroso ameno campo permitas, que sea decente solio. Retiraos todos, y tú Francisco, a quien reconozco, pues por parte de Mateo te he visto, y afectuoso puedes quedar. . Yo también me quedaré, si no estorbo; ea despejar, señores. . Prosigue, que atento oigo. Breve será mi discurso. Emperador generoso, en cuyos ombros extriba la máquina de ambos Polos, No cansaré tu atención, refitiendo necio, o loco hazañas que son debidas, mas que a mí tu nombrheroico. Yo soy quien debió a Milan tantos aplausos honrosos, tantos afectos leales, tantos lisonjeros votos; que en populares tumultos, y en marciales alborozos, con el renombre de Magno me vi aclamado de todos. Nombraronme por Caudillo, y yo atento, y cuidadoso a la quietud de Milan, queriendo partir con todos el logro de mi fortuna, examine los quejosos, que por ser contra mi bando, les era el dominio estorbo. Y entre estos, a dos traidores; perdona si no reporto mis iras, que nunca sabe la pasión buscar adornos al discurso, a dos villanos favorecí, que alevosos forzaron de mi amistad las armas contra mi propio. Filipo, y Alberto son los dos, que ingratos te nombro desagradecido el uno contra mi vida, y el otro contra mi honor; aquí el ansia impide en mudos ahogos el aliento; y no es posible que halle razón, que halle modo para ponderar su culpa, porque hay tan viles oprobios, que aún no puede la razón referirlos sin desdoro; Basta decirte, que han sido ingratos, cuyo afrentoso nombre incluye, mas que callan mis acentos vergonzosos. Estos dos, pues, tiranizan el Reino, haciendo notorio su dominio a la violencia, conque en sangrientos arroyos, castigadas las Ciudades, se han visto purpúreos golfos. Estos mi hacienda aniquilan, estos a mis deudos todos en públicos cadahallos castigan, sin que al rabioso impulso de su coraje hallen natural socorro, las canas que en otros fueron matizados blancos copos. Y no contentos con verme abatido, pobre, y solo en Placencia, y olvidado de las injurias, que noto, villanamente declaran por rebelde, y sospechoso mi nombre, haciendo este agravio a la lealtad que blasono. No me empeñan, no me obligan vanidades, ni sobornos, que la fortuna asegura en la duración de un soplo: el honor, que eterno vive, solicito, y en ti apoyo justa defensa, advirtiendo, que fue a mis servicias cortos tuyo el premio, que hoy publican injusto en cargos honrosos. Para esto, señor, te busca mi afecto, mide ingenioso la ofensa con el delito, y si hallas en mi desdoro algún indicio, castiga lo que a ti te toca solo; mas si acalo. . No prosigas, porque ya las tropas oigo, que a recibirme han salido de Milan, aque es forzoso disimular, hasta tanto, que halle mi cuidado el modo a tu favor; ven conmigo, que mi brazo poderoso, ha de establecer seguro este dominio en tus hombros. Hechura soy de tus plantas. Filipo, y Alberto Escoto son los primeros que llegan a tu presencia. . El asombro has de ser de toda Italia; hoy a milado dispongo, que entres en Milan seguro. Indigno me reconozco en honiras tan señaladas. Todo a tu valor es poco. Hasta merecer tus plantas. Hasta llegar a tus ojos, grande Emperador; mas cielos, que miro! . Pero que noto! En vano la voz se anima. Sin brío el aliento formo. Turbados están los dos, levantad. Que mal reporto aquí mis iras! . Que mal satisfago mis ahogos! Nueva desdichas colijo. Nuevos temores recobro. Proseguid. . Yo soy Filipo Guidón. . Yo Alberto. Conozco a ambos a dos, más mi saña, con tan grande desahogo ha provocado Filipo, trayendo vanaglorioso estandarte con las armas de Milan, cuando dispongo, que solas las de mi Imperio sirvan de temor, y adorno? Vive Dios, que ha reparado Enrique en el necio oprobio de aquella insigna, su error castigaré necio, y loco, pues que se atrevió. Qué intentas? Lo que es a mi honor forzoso; como Filipo atrevido, de esta suerte has profanado, necio, atrevido, y osado, lo que nadie ha presumido, pues tu atrevimiento ha sido de tus traiciones testigo; de esta suerte te castigo, abatiendo tu ambición, porque este solo es blasón del estandarte que sigo. Cómo, soberbio? . qué es esto? en mi presencia? . Mi vida está a tus pies. . Atrevida acción! mudo, y descompuesto Filipo está? . Solo en esto pudo errar mi afecto ciego: la desatención no niego, y niego el delito, pues la soberbia eche a tus pies, la Cruz a mis labios llego. Hola, Soldados. . Qué ordenas? Vaya en un batallón preso Francisco. . Térrible exceso! Justo es, pues tú me condenas. No vi más dudolas penas! Pague su culpa tirana. A ti mi intento se allana, a ti, Alberto, se te ofrece su guarda. . Rigor parece. En fin vénimos por lana? Ven tu Mareo a Milan acompañándome a mí. Para servirte nací. Creciendo mis dudas van. Presto mi valor verán los traidores . Nada infiero de este honor enque prefiero a Filipo. . No apercibo sus fines . Confuso vivo. De enojo, y envidia muero. La libertad viva, y mueran de la patria los traidores. Mayores desdichas temo. ̱. Quién ocasiona estas voces? Gran señor, el vulgo ciego viene aclamando a Vizconde, mirando a Francisco preso; si tú, señor, no socorres, con ardid, y con prudencia este encendido desorden, pues dicen. . Vizcónde viva Felices indicios logren mis esperanzas. . Bien es que mi brazo los reporte. Dónde vas Filipo. . Voy a hacer respetar tu nombre. Esa defensa a mí solo me toca. . Bien se conoce la variedad del intento, no he de impedir sus acciones. Viva Fllipo. Filipo muera. Viva la justicia, amigos. Viva el Imperio, y Vizconde Todo el ejército en tropas se divide, y los ardores del fuego que centellean, la luz entre el humo esconde. . Mucho me aprieta este miedo, yo apuesto que se descose. De vencida va Pilipo; que bien el cielo socorre la justicia, que en Mateo mis afectos reconocen. Ya es tiempo que mi presencia enmiende aqueste deforden, en Alemanes valientes, ea Milaneses nobles, también mi esfuerzo os anima Si la tierra no te esconde, hoy haré que mis agravios con tu vil sangre se borren. Morir podré, no rendirme; aunque la ventajanote de tantos como me siguen desechos los escuadrones nos desamparan, amigos; retiraos, . Por alli corren los vencidos, ahora es tiempo de salir, nadie me estorbe, que voy hecho un basilisco: Desbaratados sin orden los traidores se retiran. Pues sigamos los traidores, Esperad, tened el paso, Francisco, Mareo Vizconde, que dar la muerte al que huye, no es valor, dejad que logren en su fuga su castigo, que eun traidor, cuando conoce su ultraje, su misma envidia le da muerte más enorme. Tu valor, y tu prudencia publique la fama en bronces. Solo en ti pueden juntarse dos tan ilustres blasones. Entremos, pues, en Milán, porque mi presencia logre su quietud, y en vuestro aplauso se conozcan mis favores. Beso mil veces tus pies. Francisco, a amigo tan noble como vos, premiar espero. Si tu grandeza dispona mi amparo felice s oy. . Venid. tu piedad nuevos blasones, Fortuna, pues corres en mi favor, ten tu rueda. Astros, pues vuestros rigores cesan, sedme ya propicios. Porque alcance. . Porque goce. ni el gusto en los accidentes. Paz. . Quietud. Descanso. . Y gusto (conde. el mayor, el más decente Ven Francisco. . Ven Viz honor con que la fortuna JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Ya está en tu mano seguro el bastón, ya te obedece rendido Milan, postrando los afectos que le debes. Pues apenas tu periona vio, que con honras decentes, apadrinada de Enrique, ánimos, y afectos mueve. Y apenas me vio a mi preso, cuando llevada igualmente del amor, y la piedad, en altas voces la plebe libertad pidió, y justicie, contra la opresión rebelde de Fllipo, y alterado el campo, que estaba enfrente de la Ciudad, puesto en orden, se dividió en varias huestes, que unas tu nombre apellidan, y otras la traición defienden. Ya Filipo temeroso, huyo amenazas crueles del vulgo, desamparando sus amigos, y parientes. Ya el bando de los Torianos oprimido desfallece, y a costa de tantas vidas, tu poder conoce, y teme. Y a Alberto a tus pies rendido logró el perdón, en que adqiueré afrentas él más crueles. Ya vives quieto en Milan con Laura, sin que se alieren; ni el ocio en las invasiones, Ya en fin lograrás mañana, ha de coronar tus sienes. Señor de todo el Estado te juran. . Francisco tente, ya conozco, ya conozco, que mi humildad engrandece el César, y que son justos losr epetidos laureles, que en mi asegura su mano cuanto del mérito exceden. Tres meses ha que en Milan asiste, donde le debe más honras mi afecto humilde, que mis servicios merecen; pues solo para quietar las sediciones crueles de rebeldes conspirados, se detuvo; y finalmente mañana ha de coronarse el César, mañana quiere, que por señor de Milan me juren, y que en mí quede sin dependencia el Estado, siendo el primero que vence en semejante grandeza desigualdades tan fuertes. Solo en ti fuera posible tan arduo intento, que debes a la estimación de Italia el que todos te confiesen rendimiento, y vasallaje; y de cuantos nobles pueden hoy igualarse en la sangre, ninguno ay que no desee besar tu mano rendido, solicitando que reines. Premio es de todo el Estado, que tu brazo le gobierne, pues a su habrada amenaza no hay traidor que no respete. Y si ofendido Filipo, que hoy vive oculto, divierte e rencor, y con sus deudos solicitare oponerse, será tu desensainutil, cuando a tu obediencia ofrecen las haciendas, y las vidas cuantos por dueño te atienden. Yo le estimara a su enojo la oposición, porque viese, que de la ofensa pasada, siempre aquellas iras hierben en mi sangre, y de su fuego está el ardor más venemente. Bien previno su castigo pues ya por cierto se tiene que está en Napoles, adonde el Reyle ampara, y defiende; con cuyo favor anima locas esperanzas siempre de su traición cautelosa. Prevenga vanos poderes, solicite empresas necias, nuevas traiciones fomente, que le arrastren al castigo; pues cuantas él dispusiere cautelas, serán victorias nuestras; pero Enrique viene. Cuidadoso le advierto. Llegó a tiempo el aviso, y no fue cierto, pues ya en otra experiencia, se pasan las noticias a evidencia. Dame, señor, tu mano. Los brazos es más justo, pues allano cada vez que te veo, muchos logros dichosos al deseo. Servirte solicito. Tulealtad en los riesgos acredito; esta carta me escribe de Roma un confidente, en que apercibe, que en Nápoles previene el Rey Roberto gente, y que se tiene aviso, que procura conducirla a este estado, en que asegura Filipo la cautela, con que en nuevas traiciones se desvela; pues teniendo entendido, que a Nápoles huyó, se habrá valido de su favor. . Qué incierta. la sospecha en sus dudas se concierta; cuando oculto conmigo vive en Milan para mayor castigo. En vano solicita medios con que su infamia se acredita, si yo en tu nombre rijo este acero, que teme. . Bien colijo de Italia la defensa en tu mano. . Primero a tanta ofensa satisfacción debida me dará la venganza con tu vida. . Su obstinación severa le conduce al castigo que le espera. Su malicia engañada se verá, como es justo, castigada. Bien queda asegurado el riesgo en el valor, en el cuidado, que le afianza. Que mal Enrique mi disignio alcanza. El deseo en Alberto se éxplica cauteloso, y duda incierto. Y pues mañana espero, que Mateo Vizconde, a quien prefiero, quede en Milampor dueño, fiando a su valor todo el empeño de cualquier accidente que resulte, podré seguramente partir luego, y conmigo vendrá Alberto también, que yo me obligo a ocupar supersona en Alemanía, Tu grandeza abona, mi humildad siempre corta. Eso a Máteo, como a Alberto importa, pues es caso forzoso, que el uno este ofendido, otro quejoso, y apartando, los quito la ocasión al peligro, y al delito. Justo pesar me dejas, cuando la guerra espero, si me alejas de Milan un soldado como Alberto, Saliendo tan honrado, antes dicha es de todos, y se debe estimar por muchos modos. La obediencia me obliga, pero alivio será de mi fatiga, haber re conocido en Milan tu gobierno, y ser rendido a tus pies el primero, que jurarte lealtad mañana espero. Bien mi amor te merece ese afecto leal que te engrandece. Que engañado en tu suerte, los peligros ignoras de la muerte, pues antes que tu mano bele, te hará la mía el triunfovano. Qué diferente explico la intención que de Alberto no público. . Francisco es bien que vaya a recorrer las plazas donde haya falta en todo el Estado de pertrechos, y gente, y con cuidado los reparos prevenga, que a su defensa importa, sin que tenga entrada el enemigo, que por flaca peligre. . Yo me obligo a que halle en su violencia iguales escarmiento, y resistencía. No podrá. . Tu Mateo, ven conmigo a mi cuarto, que deseo disponer la jornada, dejando en tu noticia asegurada Mi lealtad te asegura mi desvelo. Advertiré de todo a Filipo esta noche, dando modo al lance que se ordena. Mal disimula Alberto tanta pena. Vamos, pues. . Ya te sigo. Su envidia arguyo. . Mi pasión mitigo. Diste a Fráncisco el papel? No lo di sino a un criado suyo, pero yo quisiera saber Floreta en que andamos? Porque lo dices? . Lo digo, porque yo soy hombre honrado, y tú con pliegos sin porte, no me has de hacer ordinario. Pues qué recelas en eso? Recelo, que con mi amo no hay burlas, y si averigua algo, y me pega con algo por subirme a corredor, me puedo ver enterrado. Camila me dio el papel, y puesto que ya le traigo, ya es grosera tu malicia. Eso es lo peor del caso, aunque el récelo aseguro de Camila, en el recato para pensar que hay delito, basta venir por su mano. Pero dejando estos miedos, pues también nos han dejado hablar a solas aquí; los dos un discurso hagamos. Va de discurso. . Ya sabes, que es el diaseñalado mañana en que ha de jurar Milan por dueño a miamo. Ya lo sé . Y sabes también, que no ai criado alto, o bajo en casa, que no pretenda mercedes, y aún los esclavos para su rescate esperan la merced, con ser Paganos. Ve adelante. . Tú has servido cual Dios sabe, a nuestros amos de fregona, y yo también he servido a un rocín de hayo, siendo en cuidarle, y seguirle tan diestro de pies, y manos, que hasta Decano del trote he llegado por mis pasos. Así es verdad. . Según eso, bien podremos en Palacio tú, y yo por lo merecido, pretender un tanto cuanto. Como el cuanto a mí me dejes, de mi parte pretendamos, mas tú que piensas pedir? Eso? mi ascenso está llano, yo soracaballerizo. Qué seré si nos casamos? Tu caballeriza, y sota. Sota? mejor es caballo, pero tu consejo admito, y pues me lo has acordado, he de pedir un buen dote. Bueno será un dote al diablo, y quién ha de ser tu novio? Quién si no tú? . Malos años, ejiforas hoste puro, abernuncio, guardapablo; Dios me libre, a redro vayas, guarda la gamba, a otro alano, abre el ojo, va de retro, tira fuera, y verbuncaro, como quien escucha el trueno, y tiene miedo del rayo. Oiga, oiga la tarabilla, pues no conoce el menguado que soy yo mucha mujer, y el muy poco hombre? Oye al caso un cuentecilo. Y que frío que será. Casó un enano con una moza alta, y fea, por alcanzarla, y llegando a la Iglesia, notó el pueblo lo mismo que tú has notado, poco hombre, y mucha mujer; y dijo un miron bellaco, tan de sigual matrimonio no he visto, por que casaron? dijo ella, yo por sobra; y él respondió, yo por falto. Pues tan loco fuera el necio, o tan de sobra me ha hallado en el mundo? . Yo no apuro aquí lo sobrado, o falto, solo sé que la mujer en los más enamorados, siendo propia es pesadumbre, y siendo ajena es regalo. Y porque veas que es mujer, y que toma por su mano un hombre en el matrimonio, escucha, y juzguen del patio Entre ser villana, o noble la mujer dos riesgos hallo, pues si hay bellacas castizas, ser mala casta es bellaco. Si es gorda, por consecuencia trae consigo lo pesado; y si es flaca, también tiene su liviandad por lo flaco. Si es blanca, monta muy poco, y tan fría como el ampo, no se moverá a un cariño por no desdecir del mármol. Si es negra, junta en su rostro Solimanes, y Albayaldos, tanto en riquezas peligra, como peligra en trabajos. Pues pobre, tray quien la dé; y rica, busca a quien dallo: si es habladora, me cansa; si calla, y hablo, la canso. Hermosa, me mata acelos; fea, me mata a regalos; y tras de otros mil defectos que dejo por no ser largo. El novio que sufra, o tiña, no escapa de manso, o bravo; pero tu ama, y Camila salen aquí, y entretanto yo me escurro. Dónde vas? Picada estoy del picaño. Vine buscando, señora, a mi señor, que ahora trato de asistir muy puntual, y voyme de Enrique al cuarto, sino mandas otra cosa. Ve con Dios. . En fin tacañ En fin digo, que soy tuyo por el camino ordinario, mas lo que toca a marido, i. solo de pensarlo bramo. Bien mi deseo aseguras. No dudo que tus cuidados tendrán el dichoso logro, que merecen, cuanda hallo tan de parte de mi amor la razón con que me allano a ser yo la intercesora. Y solo Laura en tu amparo fiara yo la experiencia de mi dicha. . Empeño tanto juzgo que ha de estar ocioso con Mateo, pues si es llano que a la amistad de Francisco, hoy se confiesa obligado, si reconocido atiende, la deuda en darle tu mano, con que un premio facilita viene a ser interesado. Dices bien, pero Francisco, aunque noble, vive falto de hacienda, y temo. . No temas ese pequeño embarazo, y considera, que ofendes a Mareo en tal agravio, que siendo de Milan dueño, si la obligación reparo, en pensar que será pobre, de umigo le haces ingrato. Sabe, pues, que yo esta noche por un papel he llamado a Francisco, y determino, comunicándole el caso, hacerque mañana sea entre festivos aplausos. el día en que se declare nuestro intento, apadrinado del favor que en ti aseguro. Deja Camila a mi cargo el empeño, pues conoces lo que yo en tu gusto gano. Laura divina, a estas horas sin recogerte? . Esperando estabamos yo, y mi prima a que vinieses, y es tanto lo que a mis ojos te niegan, ya de Milan los cuidados, que a la fortuna culpaba estos necios embarazos del gobierno, y más gustosa trocara en dichosos ratos la soledad que he perdido, que la graudeza que aguardo. No solo en ti, Laura, bella son prolijos, son pesados los accidentes, que niegan a mi amor de dulce alago de tus favores, mas estás pensiones con que idolatro en ti, es justo que me cueste la dicha que vale tanto. Temiendo estoy que Francisco llegue al puesto señalado, y así pretendo evitas la dilación: mas despacio, lograréis esos cariños sin testigos, y yo aguardo vuestra licencia . Primero es preciso que a este cuarto pase ahora, porque tengo que acabar unos despachos, que importan luego, y así podéis las dos retiraros. Bien mi intento se dispone. . A darte lugar me parto, ven Camila. . Ya obedezco, Id con Dios. Piensa el menguado, que ha de quedarme a deber la ofensa? Pues yo en qué agravio tu voluntad? . Trae Juanelo esa luz. . Para esta ingrato. Déjame pasar Floreta, y deja el cansarte en vano, porque esto de ser tu novía, . no se me pondrá en los cascos. Dudoso el aliento muevo cuando al riesgo me avecino, y a lo mismo que me inclino, parece que no me atrevo. Pues hoy que amante acredita Camila mi fe constante, cuanto le dispensa amante cobarde al gusto limita. De un papel suyo llamado, vengo a acreditar mi pena; pero la lealtad condena lo que atropella el cuidado. Y siendo Mareo mi amigo, presumo que es más delito el favor que solicito, que la pretensión que sigo. Mudo el silencio asegura dulces empeños de amor, y a esta parte el corredor está, donde hallar procura mi esperanza nuevo aliento; quiero llegar prevenido al puesto, pero ruido de abrir una puerta siento, retirarme aquí esforzoso, quién será? válgame el cielo! que me conozca recelo, y de honrado estoy medroso. Ya todo el Palacio, yace del sueño en la dulce calma, y esta llave a cuantas puertas tiene asegura la entrada, pues desde que habite en él, yo con cautelosa maña la he guardado, porque sea instrumento a mi venganza. Ejecutala atrevido, que mi valor te acompaña hasta morir, o dar logro a tus justas esperanzas; y a este sangriento, a este aleve que tiranamente agravia mi opinión, y solicita verme rendido a sus plantas, corta el espíritu altivo, las presunciones ataja, anece los orgullos, de sujeta las arrogancias, y sean su honor, y vida triunfo poco a empresa tanta. Tu Alberto, con los soldados, que prevenidos aguardan, al mismo tiempo que yo, triunfe de su vida ingrata. Tendrás cuidado en sacar a Laura, y hacer que partan a Cremona, donde todos nos juntemos. . Con tu escuado saldrá Lucindo al camino, que yo ayer por una carta le di aviso, y de los Huelfos tendrás ya puestos en arma dos mil hombres en Pavia, sin las tropas que ya marchan de Nápoles, con que el Rey Roberto tu causa ampara. También de Bresa me avisa Feliciano, que la plaza me entregará luego al punto. Muerto Mateo en Italia, nadie habrá que te compita. Quién pudo ser el que entra a tal hora, que no he visto pasar luz por esta cuadra? Pues ea, Alberto, a emprendo esta es la puerta que pasa al cuarto pero que miro, abierta está? . El cielo ampa tus intentos, entra, pues. Gente escucho en esta sala, mayor confusión padezco, mas ya parece que pasan, sin duda serán criadas, ver quiero, pues, si ya aguarda Camila para salir hoy de confusiones tantas. Flora, Camila. Qué escucho? estas son voces de Laura, alguna traición recelo. No hay quien responda? Tulbada la advierto, Cielos que haré? mi misma culpa me ataja; irme de aquí, es cobardía; ser descubierto, es infamia; dudoso estoy, y corrido. Esposo, señor. Qué aguarda mi osadía? vive el cielo que he de entrar, aunque arriesgara vida, y honor; pues primero es la suya, que mi causa. O pese a la suerte escasa, que me impide las acciones! siempre conmigo tirana: Hasta el cuarto de Mareo llegué, y en él descuidada a Laura he visto, y sospecho, que de allí su esposo falta, pues aún no está recogida. Y apenas me oyó asustada, cuando el Palacio alborota; Alberto de mí se aparta con la oscuridad, confuso estoy, pues si aquí le llama mi voz, la acción se aventura; quien en confusiones tantas se ha visto? o qué estrella aleve mis alientos embaraza! Salir quiero, pero ya de otro cuarto una luz sacán, encubrirme importa. Digo, que es Laura la que alterada da gritos como una loca. Grave empeño! Esa luz saca . conmigo; pero que veo! hombre alusión, o fantasma, quién eres? . Perdido estoy, medios al discurso saltan; pero aquí de mi va or, pues donde la industria acaba, no ha de embarázar un riesgo lo que anima una venganza. En vano ocultarte piensas, del rostro el embozo aparta, porque tu recato mismo me está diciendo tu infamia. Y si traidor te presumo, podrá tanto imaginada esta culpa en mi violencia, que aún antes de averiguarla, será tu vida infelice pequeño triunfo a mis ansias. Dime quién eres? . Si haré, y porque muriendo salgas de tus dudes . Jesu Cristo! Filipo Guidón te mata. Primero mi ardiente fuego re abrasara con su llama. Del vil instrumento apelo a mi violencia. . La espada será en tu defensa menos, cuando acción al fuego falta. Muere traidor. . No le tires tajos, pesar de mi alma. Herido estoy, tente, espera. Mateo, ahora que clama, mete el pie izquierdo, y concluye con la de Rueda, que es franca. M Tarde en mí la piedad buscas. Esta es la ocasión bizarra de lucir en su defensa; yo quiero sacar la espada. Sántiago, pero que digo? por Dios que no me acordaba, que fui gallina en el paso de la segundajornada, y si ahora por descuido la cólera me arrebata, hecho aberder la comedia, Jesús, allá se las ayan. Válgame el cielo! qué sombras esta noche sobresaltan mi pecho! , . Difunta estoy. Máteo, señor. . Que, llamas? No estaba aquí retirado mi esposo; di? como faltas de su lado? qué es aquesto? Di, Juanelo? . Ay que no es nada, está matando a Filipo. Al de mí! . Desdicha extraña! Qué dices? . Lo que te digo- Cómo tú no le acompañas? Pues he de déjaros solas? Así su lealtad agravias? Así su opinión ofendes? Lo primero son las damas. En vano cobarde huyes, pues si al centro no te bajas, te he de conocer. . HAy triste! fue recatando su infamia, este es Francisco. otradanza que le heseguido, ignorando tenemos; dale, no temas, que esta es gente amilanada. A qué aguarda tu osadía, que no vas? Cómo a qué aguarda? pues es hombre el otro, que ha de reñir con ventaja? Apenas Filipo aleve, rindió entre mortales ansias la vida, cuando otro asombro mis alientos sobresaitan la voz de Francisco escucho a esta parte. Esposo, aguarda: Florera, a su Alteza avisa, Voy volando. Quita Laura. . . Muere aleve. Acá se acercan. . Entrare Ay de mí! . A tus plantas. me postro, si ya a un rendido (reo merezco piedad. . Aparta Mas Detente, espera. Dale, linda patarata, no le han valido sus pies, y quieres que otros le valgan? Tú le defiendes? . Si amigo que su vida me restaura mil confusiones, y es bien, antes que muera apurarlas. Pues para que no averigues a más delitos la causa, sabe, que en tu cuarto mismo estaba oculto, que Laura dio voces, que entre atrevido, y examinando las cuadras, de una en otra temeroso, quien fuese, y puesto que hallas en iguales experiencias sus traiciones declaradas, y que confiesa hoy mayor su culpa, pues se recata el rostro, no solicites mayor prueba a la venganza, que está remiso el valor, donde la ofensa está clara. Espera, que más confusa hoy mi presunción se halla; si temerosa de un riesgo, de muchas dudas cercada; a Filipo di la muerte. Qué dices? . que en esta sall le halle encubierto, y que ya la terra su sangre mancha: Alberto estaba en mi cuarto, y sin duda le esperaba Filipo, porque atrevido hizo a su delito espaldas. Laura dio voces medrosa, tu dichos amente te hallas en mi defensa a tal hora, que no pudo ser sin causa tu venida, y todo junto tanto mi discurso ataja, que lo que el honor resuelve, la confusión embaraza. Pues para que de una vez tus dudas se satisfagan, y al precio de aquesta vida, acaben ofensas tantas. Sabe, que yo con Filipo, darte la muerte trazaba esta noche, acuyo efecto le tuve oculto en mi casa, y él contra tu honor resuelto, después de empresa tan ardua, robar a tu esposa quiso, juzgando contra su fama violentamente dar logro a imposibles esperanzas. Mas ya que el cielo en tu amparo, piadoso siempre embaraza el disignio, y mi delito confieso, sea tu espada llave que en mi pecho aleve, franquee la puerta al alma. Dice bien, ya ha confesado, ahorcarle, y Santas Pasquas. Prodigios son cuántos miro! Tu vida el cielo restaura. Ya solo falta saber Francisco, que dicha extraña fue la que te trujo? . Quién sería el Ángel de tu Guarda? por Dios, linda friolera, Turbado Francisco calla, mas yo diré señor, sabe, que a mí. . Basta, basta, no digas más, que ya sé. Señor, ya su Alteza baja a este cuarto. . Ay de mí! ahora Máreo mi vida ampara. Bien obligado le tiene. Que novedad tan extraña ha sido la que al Palacio altero? pero ya el alma alguna traición recela. Porque vuestra Alteza salga de confusión, este asombro le puede informar la causa. Válgame el cielo! qué miro? Dentro de mi cuarto estaba con Alberto, que rendido segunda vez me declara sus traiciones, y los dos contra mí. Pues a que aguarda tu valor, cuando remiso el castigo en él dilata: matadle. . Antes yo te pido su vida, porque mi fama se aumente. . En él la piedad, mas que te acrédita agravia. Pues tú le defiendes? . Yo le desiendo, que es villana aquí la venganza ya, y así mi piedad le ampara. Pues yo porque con su vida logres acción tan bizarra, se la permito, y ordeno, que de una torre no salga, donde su traición declare los comprehendidos. . Turbada la voz, aún no te agradece. . Llevadle luego. . A la jaula vaya uste, que allá vecemos, si tiene en el cantar gracia. Premiar a Francisco espero, y por la fe con que guarda tuvida, seis mil ducados le doy de renta. . A tus plantas siempre humilde me confieso. Bien es que yo satisfaga de mi parte: la la mano a Camila. . Mi esperanza logren. Tus afectos premian. Digo, yo nací en las malvas? Haz que te den mil escudos. Y yo con Floreta en casa desde hoy te doy el oficio de Boriller. Bien te pagan. Menos a Floreta acepto; y si a ustedes les agrada esta verdadera historia, rogará a Dios por sus almas el Pocía; y si no es buena, les empeña la palabra, de no meterse en suvida en más historias. Deogratias.
